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sábado, 30 de noviembre de 2019

La Iglesia de San Andrés

 

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de San Andrés, de Sevilla.  
   Hoy, 30 de noviembre, Fiesta de San Andrés, apóstol, natural de Betsaida, hermano de Pedro y pescador como él. Fue el primero de los discípulos de Juan el Bautista a quien llamó el Señor Jesús junto al Jordán y que  le siguió, trayendo consigo a su hermano. La tradición dice que, después de Pentecostés, predicó el Evangelio en la región de Acaya, en Grecia, y que fue crucificado en Patrás. La Iglesia de Constantinopla lo venera como muy insigne patrono (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].   
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Iglesia de San Andrés.
    La Iglesia de San Andrés [nº 48 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 88 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Daoiz, 2 (aunque la entrada habitual se efectúa por la plaza Fernando de Herrera, s/n, y también tiene otro acceso por la calle San Andrés, 3); en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo

   La iglesia de San Andrés es un templo gótico-mudéjar construido en el siglo XIV, probablemente sobre un templo anterior del siglo XIII. Fue una de las parroquias fundadas por el propio Fernando III, debiendo descartarse antiguas teorías que la situaban sobre un anterior edificio musulmán. En el siglo XV conoció algunas reformas, aunque las más importantes fueron las realizadas entre 1766-1778 por el arquitecto Pedro de Silva. Esta restauración de Pedro de Silva no modificó su aspecto medieval en cuanto a la estructura, aunque sí en la decoración de retablos. Nuevas obras de restauración se acometieron en 1884, renovándose con discutible estética la capilla del Sagrado Corazón en 1894. Al amenazar ruina conoció una profunda restauración a finales del siglo XX, terminando las obras en el año 2000. La iglesia, siguiendo modelos tradicionales del gótico-mudéjar sevillano, presenta planta rectangular, con tres naves sostenidas por pilares cruciformes, siendo las cubiertas de madera, la central cubierta en forma de artesa (tres paños, dos aguas hacia el exterior) y las laterales de colgadizo (un solo paño). El templo tiene tres portadas, la de la nave del Evangelio se amplió en 1953, perdiendo sus trazas originales para que pudiera salir el paso de la hermandad de Santa Marta. Las otras dos portadas sí presentan la estructura ojival propia del gótico. La portada de los pies, la de mayor tamaño, fue excesivamente restaurada en el siglo XIX, por lo que puede parecer más cercana en el tiempo. Las esculturas que aparecen sobre el ojival vano de acceso representan a Dios Padre y un apóstol, quizás el titular del templo, siendo datables en el siglo XV, posible momento de realización de la obra. La portada de la epístola, que da a la plaza de San Andrés, se ha visto enriquecida en la última restauración con la aparición de restos mudéjares.

   
     La zona del presbiterio, muy profunda en planta, destaca por su estructura poligonal formada por tres tramos y cubierta por bóveda de nervadura cortada en el centro por un nervio transversal llamado espinazo. Esta misma estructura y cubierta presentan los presbiterios de la parroquia de Omnium Sanctorum y de la iglesia de San Esteban, pudiendo corresponder a la intervención del mismo autor. Conserva en su muros unos arcosolios en los que se perciben restos de yeserías mudéjares. El presbiterio está presidido por un retablo realizado entre 1732-39 por Felipe Fernández del Castillo y Benito Hita del Castillo, aunque debió ser reformado en el último cuarto del siglo XVIII, por lo que ya apunta formas de la pureza de la transición al academicismo. Se distribuye en torno a un banco, un amplio cuerpo dividido en tres calles por columnas y un ático, estructurado en torno a estípites. Del momento de la realización del retablo deben ser las tallas de San Pedro y San Pablo, en las calles laterales y las de San Andrés y Santa Bárbara de la calle central. La Inmaculada del centro del retablo es obra muy anterior, considerándose obra de Jerónimo Hernández (hacia 1570). Debió pertenecer al antiguo retablo mayor, diseñado por Asensio de Maeda y realizado en 1594. Desde el año 1483 la capilla estuvo bajo el patronato de don Pedro de Villasís, receptor de la farda al que se dirigían unas letras que se repetían por el barrio: "judío de larga nariz, para la farda a Villasís". Tiempos tópicos y políticamente incorrectos. En la zona del presbiterio destaca también un interesante apostolado pintado por algún taller seguidor de Zurbarán a mediados del XVII.
   En la cabecera de la nave del Evangelio (izquierda), se sitúa un retablo con estípites de la segunda mitad del XVIII, presidido por una magnífica talla de una Dolorosa de hacia 1760 que algún autor atribuye a Benito Hita del Castillo. Aparece flanqueada por las tallas del jesuita Francisco de Borja y de San Francisco de Paula, el fundador de los mínimos.

   Inmediatamente aparece una capilla lateral presidida por una imagen del siglo XIX del Sagrado Corazón. La capilla tiene una estética neogótica situándose en su retablo unas pinturas de Virgilio Mattoni (1904). En esta capilla se encuentra parte de una sillería del coro de fines del siglo XVIII procedente del desaparecido convento de monjas dominicas de la Pasión, antaño situado en la calle Sierpes. La capilla fue sede de la desaparecida hermandad de San Lucas, del gremio de pintores, y llegó a tener notable obras de Murillo hoy desaparecidas. Le sigue un retablo del siglo XVIII con las imágenes de San José con el Niño, apareciendo en las calles laterales San Rafael Arcángel y San Cayetano. A continuación un excelente retablo de 1587 realizado por Andrés Castillejo en el lenguaje manierista del momento, con pinturas de la misma época de Alonso Vázquez. En su calle central se sitúa una Inmaculada tallada a finales del siglo XVI por Gaspar Núñez Delgado. A los pies de la nave se encuentra un retablo que preside la Virgen de Araceli, réplica de la patrona de Lucena (Córdoba) que realizó Castillo Lastrucci en 1944.
   En la capilla bautismal, de origen medieval, fue enterrado don Jerónimo Suárez Maldonado, obispo de Mondoñedo, que falleció en 1545, y cuyo cuerpo fue hallado incorrupto en las reformas del siglo XVIII.

   La cabecera de la nave de la Epístola (derecha) es también mudéjar, y en ella se encuentran restos de pinturas murales realizadas por Valdés Leal, muy relacionado con la parroquia, ya que aquí fue enterrado. Este ámbito, formado por dos espacios unidos, funciona en la actualidad como capilla sacramental. Las pinturas de Valdés Leal (al que se le recuerda en la fachada principal del templo), imitan la decoración de las yeserías de la época, advirtiéndose también representaciones como las de los Evangelistas. Preside la estancia un magnífico retablo del último tercio del siglo XVII cercano a la estética de Bernardo Simón de Pineda, que preside un relieve de la Virgen del Rosario de Valdés Leal, autor también de las pinturas con los misterios del Rosario que la rodean. De gran interés son las tablas de San Roque, el protector contra la peste y de San Sebastián, el mártir asaeteado, obras ambas de Alonso Vázquez (hacia 1590). Las piezas que representan a Santa Lucía y a San Miguel son anteriores, de la primera mitad del siglo XVI y tienen la firma de Mayorga. El sagrario de plata, con columnas adosadas y el tema de la Eucaristía en la puerta, es obra del platero neoclásico Blas de Amat, de principios del siglo XIX.
   Al muro de la nave se abre una bella capilla mudéjar de dos tramos que presentan bóvedas de lacería sustentadas sobre trompas. Actualmente cobija las imágenes titulares de la hermandad de Santa Marta, la última gremial creada en Sevilla, ya que fue la Asociación de Hosteleros Sevillanos la que la fundó en 1948. En principio era hermandad de gloria, pero en septiembre de 1949 se convirtió en hermandad de penitencia, con sede en San Bartolomé. A la angostura del callejero de la zona de la judería se unió el deseo de realizar un paso de grandes dimensiones. Esto motivó el traslado en 1952 a San Andrés, a cuya hermandad Sacramental se unió en 1982. En 1950 Sebastián Santos Rojas talló la imagen de Santa Marta, que se incluye de forma apócrifa en el misterio procesional. En 1952 Luis Ortega Brú realiza las imágenes del Cristo, Virgen, las Tres Marías, San Juan, Nicodemo y José de Arimatea. En 1956 Ortega Brú hace una segunda Dolorosa, que a su vez es sustituida en 1958 por una de Sebastián Santos. adaptándose la segunda de Ortega Brú como una de las Marías. La Dolorosa de Sebastián Santos, advocada como Nuestra Señora de las Penas, se sitúa en un retablo lateral de la capilla. La notable talla del Cristo de la Caridad, que preside la estancia, fue enriquecida en su policromía por la propia sangre de su escultor. Ya en el muro de la nave, junto a la puerta de entrada, se encuentra una interesante imagen de la Virgen del Carmen fechable en el siglo XVIII (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).

Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Andrés, apóstol;
   Hermano mayor de san Pedro, y como él, simple pescador de Galilea, su nombre, que es griego y no judío, significa viril.  Fue el primero en seguir a Cristo. Por ello los griegos lo motejaron Protokletos o Protoclite (el primer llamado) y los rusos Pervozvanny.
   En los Evangelios se lo menciona dos veces, a propósito de las vocaciones de los dos primeros apóstoles y del milagro de la Multiplicación de los pa­nes. Su leyenda sólo cuenta con la garantía de los Hechos apócrifos.
   Después de la muerte de Cristo habría sido designado para evangelizar la Escitia, es decir, la actual Rusia. Ese apostolado es tan fabuloso como la evangelización de España por el apóstol Santiago. A lo sumo podría admi­tirse que hubiese estado en Ucrania, a orillas del mar Negro; pero se pretendió que había llegado a Roma por «la ruta de los varegos», pasando por Kiev, un itinerario que supera los límites de la credulidad.
   Al tiempo que predicaba en Escitia, un ángel se le apareció y le dijo: «Ve hacia Mateo.» Fue milagrosamente guiado hacia Etiopía donde el apóstol y evangelista san Mateo había sido cegado y metido en prisión. Las puertas de la cárcel se abrieron ante él, se arrodilló junto al mártir, se puso a orar, y al pun­to los ojos reventados de san Mateo volvieron a abrirse a la luz.
   Cumplida su misión, llegó a Grecia y luego a Asia Menor, donde consumó una serie de milagros. Expulsó de la ciudad de Nicea siete demonios metamorfoseados en perros, y en Tesalónica apagó un incendio.
   Encarcelado por el procónsul romano Quirino, gobernador de Macedonia, que lo acusaba de incitar a la destrucción de los templos y desviar al pueblo del culto de los dioses, fue arrojado a las fieras. Lo respetaron un jabalí, un toro y hasta un tigre, que en vez de devorarlo, saltó a la tribuna del circo y trituró con los dientes la cabeza del hijo del gobernador.
   Cuando visitó el Peloponeso, en Patras, que gobernaba el procónsul Egeas, curó a su mujer, Maximila. No obstante Egeas, quien le reprochaba predi­car la desobediencia al  emperador, lo hizo azotar con varas, luego ordenó que lo ataran con cuerdas a una cruz con forma de X (crux decussata), sin cla­varlo, para que la muerte se demorara más. Habría agonizado dos días en la cruz y expirado en el tercero. Fue enterrado por Maximila. En cuanto a Egeas, fue estrangulado por dos demonios.

   Su crucifixión, de la que se habla por primera vez en los Hechos gnósticos, fue imaginada para igualar a la de su hermano san Pedro. Pero al mismo tiem­po era necesario diferenciarla, por ello se le atribuyó un modo diferente de crucifixión que cabeza abajo en una cruz latina. Se supuso, sin la menor prue­ba, que había sido descuartizado sobre una cruz en forma de X, letra que recordaba la inicial griega del nombre de Cristo.
CULTO
   Su culto también se explica, en Oriente al menos, por el deseo de competir con san Pedro que había sido acaparado por la Iglesia de Roma. Por ello Andrés fue reivindicado por la Iglesia griega.
1. Culto en Oriente
   En 357 las reliquias de san Andrés habrían sido trasladadas de Patras a Constantinopla centro que, falto de poder para procurarse las osamentas de los príncipes de los apóstoles, san Pedro y san Pablo, quería poseer el cuer­po de uno de los primeros discípulos de Cristo.
   Pero los habitantes de Patras pretendían haber conservado el cuerpo auténtico del apóstol y hacia 1850 lo cedieron al gobierno ruso a cambio de una canalización de agua potable de cuya financiación se hizo cargo éste. Fue así como san Andrés, a quien se suponía evangelizador de la Escitia y muerto en Patras, se convirtió en patrón de Grecia y también de Rusia. De acuerdo con el cronista Néstor, habría plantado una cruz en el emplaza­miento de Kiev y predicho la grandeza futura de esa ciudad.
   Una de las principales iglesias de Kiev, construida en el siglo XVIII por Rastrelli, en estilo rococó, está puesta bajo su advocación.
2. Culto en Occidente
   Sin embargo la Iglesia latina no quería dejarse confiscar por los griegos cismáticos un apóstol de primera categoría, el propio hermano de san Pedro. Tres países, Escocia, Italia y Francia hicieron valer sus reivindicaciones con­tradictorias.
   Se imaginó que las reliquias de san Andrés habían sido llevadas desde Patras hasta Escocia. De ahí el nombre de la ciudad universitaria de Saint Andrews, adonde habrían llegado, y la introducción en las armas de Escocia de una cruz de san Andrés que está junto a la cruz de san Jorge sobre la Union Jack del Reino Unido de Gran Bretaña.
   Esas pretensiones concordaban mal con las de Italia donde se afirmaba que el cuerpo del apóstol había sido transferido en 1210 desde Constantinopla a la catedral de Amalfi, cerca de Nápoles. Por otra parte, la cabeza de san Andrés (o al menos una de las cabezas de este apóstol policéfalo) fue depo­sitada en Roma en 1462, por el papa Pío II que ambicionaba reunir los restos de los dos hermanos. Junto al Volto santo de santa Verónica, la lanza de Longinos y un fragmento de la Vera Cruz, es una de las cuatro grandes reli­quias veneradas en San Pedro de Roma.   
   Roma le dedicó una de sus principales iglesias bajo la advocación de S. Andrea della Valle. Además, San Andrés es el patrón de Pesara, Vercelli, Mantua, Brescia y Rávena, ciudad ésta que le consagró una iglesia muy an­tigua llamada S. Andrea dei Goti.
   Pero el principal centro de su culto sigue siendo Amalfi cuya catedral le está dedicada y expone en su cripta, para la veneración  de los peregrinos, la pretendida osamenta del apóstol de la que rezuma un aceite milagroso que se llama maná de san Andrés.
   La ciudad de Santander, en España, es el antiguo Fanum sancti Andreae.
   Inglaterra le consagró las catedrales de Rochester y de Wells.
   En Alemania, su sandalia es una de las piezas principales del tesoro de la ca­tedral de Tréveris.
   En Francia, el apóstol se convirtió en patrón de la Casa ducal de Borgoña, porque se lo consideraba evangelizador de la Escitia de la que creían proceder los burgundos. Felipe el Bueno puso bajo su protección a la orden del Toisón de Oro cuyos caballeros llevaban como insignia una cruz en X. El grito de guerra de los borgoñones era Montjoie saint Andrieu.
   Además de Borgoña, en el reino de Francia deben citarse la catedral de Saint André de Burdeos, fundada por san Marcial al mismo tiempo que la de Saint Pierre de Poitiers, la iglesia de Saint André de Ruán y la abadía de Saint André en Villeneuve, Aviñón, frente al palacio de los papas. En París, la iglesia Saint André des Arts fue edificada sobre el emplazamiento de una capilla dedicada a su casi hornónimo san Andeolo, apóstol del Vivarais. El hueso braquial del santo se conservaba en un relicario de Notre Dame de París.
   Además, San Andrés había sido adoptado como patrón por las corporaciones emparentadas de los pescadores de agua dulce (de coulce yaue), los pescaderos y los cordeleros que proveen a los pescadores la cuerda para las redes. Lo invocaban las mujeres casaderas que deseaban encontrar un marido, quizá porque el nombre Andrés evocaba en griego (andros) la idea de un macho, como san Colomán (Mann) en los países de lengua alemana.
   Como curador, era invocado contra la gota, calambres, tortícolis, (stiffneck), erisipela y disentería que se llamaba el mal de san Andrés.
ICONOGRAFÍA
   El atributo más popular de san Andrés es la cruz aspada de brazos oblicuos en forma de X, que los latinos llamaban crux decussata (de decem o decussis: diez, en números romanos, se expresa X), y que tornó el nombre de cruz de san Andrés. También se la llamaba cruz de Borgoña, porque en 1433, el duque Felipe el Bueno, habiendo recibido de Constantinopla un fragmento de la cruz que se habría empleado en la crucifixión del apóstol en Patras, la con­virtió en la insignia de su orden del Toisón de Oro.
   Esta tradición no se apoya en texto alguno. La Patrología griega (t.II,col.1238) sólo nos dice que el cuerpo de san Andrés fue «distendido con juncos», que la leyenda interpretó diciendo que el procónsul lo hizo atar a la cruz con cuer­das para hacerle sufrir más tiempo. En ninguna parte se habla de una cruz con forma de X.
   De hecho, el arte cristiano de la Edad Media ha vacilado mucho tiempo antes de adoptar la cruz en X como atributo de san Andrés. Hasta el siglo XV, la mayoría de las veces se lo representa sobre una cruz latina de brazos hori­zontales, en todo semejante a la de Cristo.
   Los ejemplos abundan.
   En el arte italiano del Quatroccento, la cruz latina todavía es la regla, como lo prueban las pinturas de Fiorenzo di Lorenzo, en Perusa, de Pinturicchio en Spello, de Fra Angelico en Florencia, la Virgen de la Victoria de Mantegna (Louvre) y el tondo de terracota esmaltada de Luca della Robbia en la capilla de los Pazzi, en Santa Croce de Florencia.
   ¿En qué momento aparece la cruz en X? Según E. Mille, el ejemplo más antiguo se encontraría en una vidriera del siglo XIII, en la catedral de Tours. En sus Caracteristiques des saints, el padre Cahier pretende, por otra parte, que «la cruz oblicua o en X, que lleva hoy entre nosotros el nombre de cruz de san Andrés, no se remonta más allá del siglo XIV».
   Esas dos afirmaciones son inexactas. En realidad, la cruz de san Andrés aparece a partir del siglo X en el Tropario de Autun. Debe dejarse de lado el capitel de Saint Pons (Hérault), actualmente conservado en la Universidad de Montpellier, que ha sido reproducido con una leyenda errónea por el ar­queólogo norteamericano Kingsley Porter en su Corpus de la escultura romana. Ese capitel no representa en modo alguno el martirio de san Andrés sino la crucifixión de san Pons, patrón de la abadía del Languedoc.
   Fue a partir del siglo XV cuando la cruz en X se convirtió en parte integrante de la iconografía de san Andrés, posiblemente por la influencia de la insignia de la orden del Toisón de Oro. Esta innovación apareció simultánea­mente en Francia, los Países Bajos y Alemania. Entre otros ejemplos, pue­den citarse en el arte francés una vidriera de la catedral de Ruán, la minia­tura de Jean Fouquet en el Libro de Horas de Étienne Chevalier, una pintura de Holbein el Viejo, un grabado de Lucas Cranach; y en el arte alemán, la estatuilla de bronce de Peter Vischer adosada al relicario de la iglesia de San Sebaldo, en Nuremberg. Al mismo tiempo, la cruz, que era portátil, se con­virtió en gigantesca.
   En el siglo XII, la cruz en X triunfó definitivamente, como lo prueban las pinturas de Ribera, Murillo (Museo del Prado), Cario Dolci (Gal. Pitti), Rubens o la estatua colosal de François Duquesnoy bajo la cúpula de San Pedro de Roma. No obstante, hacia 1610, Caravaggio representaba todavía a san Andrés con las muñecas atadas con cuerdas al travesaño horizontal de una cruz latina.
   ¿Cómo explicar esta sustitución de la cruz latina por la cruz en X cuando los textos no precisan la forma del instrumento del suplicio de san Andrés? Es posible que se haya querido diferenciar la crucifixión de los apóstoles de la de Cristo y que, así como San Pedro había querido ser crucificado cabeza abajo por humildad, se haya tenido la idea de representar a su hermano no sólo atado con cuerdas como los dos ladrones, sino descuartizado sobre la cruz. En principio se había supuesto que había sido crucificado horizontalmente, per transversum
   El capitel de la iglesia de Besse (Auvernia) que lleva la extraña inscripción en acusativo: Passionem sancti Andreä Apostoli, copiada literalmente de la primera frase de la leyenda del santo en un manuscrito de la Biblioteca de Clermont, sugiere otra hipótesis. Se observa en efecto, que sobre ese capitel, san Andrés está atado a una cruz latina mediante cuerdas anudadas en forma de X alrededor de brazos y piernas. Quizá esas cuerdas entrecruzadas hayan dado a los artistas la idea de representar al apóstol ligado a una cruz con los brazos en diagonal. Ya se sabe cuantas leyendas deben su nacimiento a imá­genes malinterpretadas.
   Los pies y las manos del mártir están casi siempre atadas con cuerdas. La miniatura del Menologio de Basilio donde está clavado sobre la cruz es una excepción.
   Señalemos, también a título de excepción,  un segundo atributo de san Andrés que alude al oficio que ejercía antes de su vocación: una gran red de pescador de la cual a veces emergen cabezas de peces, como en las pintores­cas sillas del coro de la catedral de San Pedro de Ginebra (siglo XV). Una es­tatua de piedra del siglo XVI, en la colegiata de Saint Vulfran de Abbeville presenta la misma particularidad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Horario de apertura de la Iglesia de San Andrés:
           De Lunes a Sábados: de 10:00 a 13:00, y de 18:00 a 20:00 (hasta las 21:00 en Verano)

Horario de Misas de la Iglesia de San Andrés:
           Laborables: 20:00 (INVIERNO)
                               20:30 (VERANO)
           Domingos: 11:30, y 13:00

Página web oficial de la Iglesia de San Andrés: No tiene.

La Iglesia de San Andrés, al detalle:

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