jueves, 8 de agosto de 2019

La imagen de Santo Domingo de Guzmán del Museo de Bellas Artes

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Santo Domingo de Guzmán del Museo de Bellas Artes de Sevilla.       
Sto. Domingo penitente.
Juan Martínez Montañés 1606-1607.
Sala X, Museo de Bellas Artes.
   Hoy, 8 de agosto, Memoria de Santo Domingo, presbítero, que, siendo canónigo de Osma, se hizo humilde ministro de la predicación en los países agitados por la herejía albigense y vivió en voluntaria pobreza, hablando siempre con Dios o acerca de Dios. Deseoso de una nueva forma de propagar la fe, fundó la Orden de Predicadores, para renovar en la Iglesia la manera apostólica de vida, y mandó a sus hermanos que se entregaran al servicio del prójimo con la oración, el estudio y el ministerio de la Palabra. Su muerte tuvo lugar en Bolonia, en Italia, el día seis de agosto (1221) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Fundador de la orden de los hermanos predicadores o dominicos. Nació en 1170 en Calahorra, La Rioja, de una familia oriunda de Osma, Castilla. Pasó la mayor parte  de su vida en Francia e Italia. Después de haber predicado en Toulouse contra los herejes albigenses, en 1216 obtuvo del papa la autorización para fundar la orden de los Hermanos Predicadores. Murió en Bolonia en 1221, localidad que visitará para presidir el capítulo general de su orden.
   Su leyenda, muy adornada, copia en parte a las de San Bernardo y San Francisco de Asís, a quienes habría conocido en Roma. A causa de un error intencionado se le concedió el honor de la Aparición de la Virgen del Rosario, cuando se sabe fehacientemente que la devoción del Rosario fue inventada y difundida a finales del siglo XV por el dominico bretón Alain (Alano) de la Roche.
   Su nacimiento, al igual que el de Cristo, habría estado acompañado de presagios. Cuando su madre fuera a rezar ante las reliquias de Santo Domingo de Silos, éste le anunció que ella tendría un hijo, al cual, en reconocimiento, dio el nombre de pila Domingo. Además, la embarazada habría visto en sueños al hijo que debía nacer de ella con una estrella sobre la frente, y bajo el emblema de un perro blanco y negro que tenía en sus fauces una antorcha encendida, lo cual significaba que estaba llamado a defender la fe amenazada por la herejía, como un buen perro guardián. Esta leyenda parece que tiene como origen un juego de palabras con dominico, perro del Señor (domini canis) o Dominicus (Domini custos).
   En Toulouse, donde había acudido para batallar contra los albigenses, defendió su causa mediante la ordalía del fuego, como San Francisco de Asís ante el sultán de Egipto. Dos libros se arrojan al fuego, uno herético, el otro ortodoxo: el primero se quema mientras que el segundo permanece intacto.
   Dominicos y franciscanos atribuyen a los fundadores de sus órdenes, contradictoriamente, una visión del papa Inocencio III, quien, mientras dormía en su palacio vio en sueños la basílica de Letrán a punto de derrumbarse, pero un santo sostenía la fachada vacilante. Dicho santo, que aportaba al papa el refuerzo de su orden es, para los franciscanos, San Francisco de Asís, y para los dominicos, Santo Domingo de Guzmán.
   A Santo Domingo se atribuían otros muchos milagros: salvó del naufragio a los peregrinos que atravesaban el Garona con rumbo a Santiago de Compostela, resucitó al joven Napoleón que había muerto al caer del caballo; derrotó al demonio que en forma de mono lo hostigaba mientras leía, y aun lo puso en penitencia haciéndole sostener la vela que le iluminaba, hasta que el diablo se quemó los dedos y el santo lo echó a latigazos; cuando una comunidad de su orden estaba falta de pan, los ángeles, en respuesta a sus ruegos, trajeron dos canastos llenos a la mesa del prior.
CULTO
   Canonizado en 1234, diez años después de su muerte, Santo Domingo era particularmente venerado en Toulouse donde predicó contra los albigenses y en Bolonia, donde murió y donde se le edificó una magnífica tumba.
   Sus patronazgos son escasos y nunca fue un santo popular, como San Martín o San Francisco de Asís. Pero las innumerables iglesias y monasterios de su orden difundieron su iconografía en toda la cristiandad.
   Las principales fundaciones dominicas en Italia, además de la de Bolonia, eran la iglesia de la Minerva, los conventos de Santa Sabina y de San Sixto en Roma, la basílica de Santa María Novella y el convento de San Marco en Florencia, y la iglesia de los Santos Giovanni e Paolo en Venecia. Además, tenía iglesias puestas bajo su advocación en Pisa, Fiésole, Siena, Orvieto y Nápoles.
   En Bolsena se lo invocaba contra el granizo.
Planta del Museo de Bellas Artes, en
un plano de la ciudad de Sevilla.
ICONOGRAFÍA
   Santo Domingo está vestido con el hábito bicolor de su orden: túnica blanca y manteo negro, colores simbólicos de la pureza y de la austeridad. Su ancha tonsura está rodeada por una corona de pelo. Casi siempre lleva una barba en collar, pero a veces se lo ha representado imberbe.
   Tiene numerosos atributos. El libro, cerrado o abierto, que tiene en las manos, no bastaría para diferenciarlo. El tallo de lirio lo comparte con San Francisco de Asís y San Antonio de Padua: es el símbolo de su castidad, o más bien, alude a su veneración a la Virgen Inmaculada. Sus atributos realmente personales son la estrella roja y el perro manchado que su madre viera en sueños antes de su nacimiento, a los cuales, a finales de la Edad Media, se sumó el rosario.
   La estrella brilla sobre su frente o encima de su cabeza.
   A sus pies está sentado un perro blanco y negro que lleva una antorcha encendida en las fauces (portans ore faculam). Ese perro del Señor (Domini canis) es al mismo tiempo que el atributo individual de Santo Domingo, el emblema de todos los dominicos. "El predicador -dijo Daniel de París- es el perro del Señor encargado de ladrar contra los malhechores, es decir, los demonios que rondan en torno a las almas."
   No se comprende muy bien, por cierto, cómo podría ladrar con una antorcha encendida en las fauces.
   Santo Domingo recibió más tarde el rosario, que se considera obtuvo de manos de la Virgen. Uno de los ejemplos más antiguos de ese atributo usurpado es el cuadro de Cosimo Rosselli, que pertenece a la Colección Johnson de Filadelfia.
   Según el modelo del Árbol de Jesé, los dominicos crearon su propio árbol genealógico. Del pecho del fundador de la orden salen ramas sobre las cuales se alinean los dominicos ilustres, en media figura (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
 Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de Santo Domingo de Guzmán del Museo de Bellas Artes de Sevilla.
   En la sala X del Museo de Bellas Artes encontramos esta excepcional talla de Montañés, realizado en 1606-1607, quien representa al santo, recogiendo las enseñanzas de Torrigiano en su "San Jerónimo penitente", arrodillado, desnudo hasta la cintura, con el hábito caído, en actitud penitente, sosteniendo en su mano izquierda un crucifijo y en la derecha un flagelo con el que se azota la espalda. Esta iconografía no fue corriente para representar al fundador de la orden de predicadores, así como tampoco es normal representarlo con barba. Si es, en cambio, habitual la presencia de la correa negra para ceñir el hábito en la cintura.
Visión lateral de Sto. Domingo penitente.
Juan Martínez Montañés, 1606-1607.
Sala X, Museo de Bellas Artes.
   Este Santo Domingo de Guzmán procede del retablo mayor de la iglesia del desaparecido convento de Santo Domingo de Portacoeli que existió en nuestra ciudad en las inmediaciones del actual colegio Portaceli. Gracias a la descripción de Ponz podemos saber como se distribuyó, y por el propio Pacheco como se doró, pintó y policromó la imaginería de este gran retablo, que, como queda dicho, es considerado como obra clave para posteriores realizaciones conjuntas de ambos maestros.
   Basándose en Ponz, Pacheco, Palomino, etc.. Palomero ha hecho una reconstrucción ideal de la distribución iconográfica de este retablo, que estaría estructurada de la siguiente forma: Banco: con pinturas de Francisco Pacheco. Sagrario: Buen Pastor (en la puerta). San Pedro (en el lateral). San Pablo (en el lateral). Tableros de las calles laterales: retratos del donante, don Diego González de Mendoza y de su mujer. Primer piso: con esculturas de bulto, bajo-relieves y pinturas de Pacheco. - calle central, en hornacina: Santo Domingo penitente. - calles laterales: pinturas de San Jerónimo en el desierto y San Francisco. - exterior, sobre el banco: figuras completas de los Santos Juanes. Segundo piso: con bajo-relieves y pinturas de Pacheco. - calle central: relieve de la Asunción de la Virgen. - calles laterales: pinturas de San José itinerante y Santiago. Ático: tan solo con un bajo-relieve: la Santísima Trinidad coronando a la Virgen. 
Otra visión del Sto. Domingo penitente.
Juan Martínez Montañés, 1606-1607.
Sala X, Museo de Bellas Artes.
   Nada podemos decir de como eran mayoría de estas obras, desgraciadamente perdidas en 1936, y de entre las que, con mucho, destacaba el santo titular, afortunadamente conservado en el museo. No obstante, gracias a las fotos del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla y a la publicación de Hernández Díaz y Sancho Corbacho, si podemos saber como fueron los dos grandes relieves de la calle central, sobre la hornacina de santo Domingo, que, aunque separados por la cornisa del segundo piso, se unían iconográficamente. Estudiados recientemente por Palomero y Hernández Díaz, son fechados como ejecutados hacia 1605 o 1606, con anterioridad al titular. Hernández Díaz dice que "situados verticalmente sobre el santo, primero la Virgen Asunta en trono de nubes, portada por cuatro ángeles, en responsiones laterales, delicada versión en que la señora sube al empíreo, manto abierto y brazos en sorpresiva actitud, que aguarda la coronación por la Trinidad Augusta, situada sobre ella. La iconografía del Padre y del Hijo (éste portando la cruz) es la que viene utilizando el maestro en obras análogas. La policromía mate, elaborada por Pacheco, acrece el interés artístico. Debido a la altura no estaban tan cuidados como el titular (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
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