miércoles, 7 de agosto de 2019

La Iglesia de San Alberto (Oratorio de San Felipe Neri)

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de San Alberto (Oratorio de San Felipe Neri) de Sevilla.    
Portada de la Igl. de San Alberto.
Diego López Bueno.
   Hoy, 7 de agosto, se celebra en Mesina, en la región de Sicilia, en Italia, la festividad de San Alberto degli Abbate, presbítero de la Orden de Carmelitas, que con su predicación convirtió a muchos judíos a la fe en Cristo y proveyó de víveres a la ciudad en su asedio (c. 1306 / 1307) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Carmelita siciliano nacido en Trápani hacia 1240 y muerto en 1306.
   Provincial de la orden, con frecuencia confundido con Alberto de Vercelli o de Jerusalén, quien murió a principios del siglo XIII.
   Salvó a los habitantes de Mesina de la hambruna, haciendo entrar al puerto sitiado tres barcos cargados de víveres.
   Canonizado en 1476. Patrón de Mesina, donde se lo invoca contra los seísmos, también se recurre a él en los casos de esterilidad matrimonial, para curar fiebres y exorcizar poseídos.
   Su atributo es un crucifijo entre dos tallos de lirio.
   A veces se lo representa, como a tantos otros santos, recibiendo al Niño Jesús en las manos e incluso dominando a un diablo encadenado, alusión a la liberación de endemoniados (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Planta de la Igl. de San Alberto, en
un plano de la ciudad de Sevilla.
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia de San Alberto (Oratorio de San Felipe Neri) de Sevilla.
   La historia de dos órdenes religiosas confluye en la iglesia de San Alberto. La Orden del Carmelo y la de los oratonianos o filipenses han habitado uno de los conjuntos más desconocidos de la ciudad. Fue originalmente colegio de estudios superiores de los carmelitas, comunidad que ya tenía presencia en Sevilla en su sede de la calle Baños (rama masculina) y en el convento de Belén en la Alameda (rama femenina). Se inauguró en 1602 bajo la advocación de San Alberto de Sicilia, aunque la iglesia no fue inaugurada hasta algunos años más tarde. Junto a la función docente también estuvo la acogida de diversas cofradías y hermandades como la de la Encarnación, fundada en el siglo XVI en San Pedro por los "porteros de emplazar". Sufrió el conjunto serios daños con la invasión francesa, ya que fue convertido en cuartel, perdiéndose notables obras de su vasto patrimonio. Tras el fin de la Guerra de la Independencia regresó la comunidad carmelita, aunque por poco tiempo, ya que las medidas desamortizadoras de Mendizábal (1835-36) provocaron su definitiva expulsión del convento. El edificio fue sede de la Real Academia de Buenas Letras, siendo comprado posteriormente por un particular que lo dedicó a colegio de segunda enseñanza. En 1893 fue adquirido el conjunto por la comunidad del Oratorio de San Felipe Neri, compra que tuvo que superar un pleito con los carmelitas, asentada su rama descalza en el Santo Ángel pero no así la rama calzada. Con el definitivo establecimiento de los anteriores propietarios en la iglesia del hospital del Buen Suceso, se obligó a los oratonianos a la devolución de diversas obras de arte a los carmelitas, como la Santa Ana de Martínez Montañés o el San Alberto y la Santa Teresa de Alonso Cano.
Interior de la Igl. de San Alberto.
   La historia del Oratorio de San Felipe Neri en Sevilla se remonta a 1698, cuando se fundó su primera casa en la ciudad. Su asentamiento definitivo se haría realidad en una manzana de casas situada entre las actuales calles de Gerona, Doña María Coronel y San Felipe. Allí se situó el convento de San Felipe, que llegó a acoger un patrimonio notable, como el gran retablo mayor de la iglesia que realizó Jerónimo Balbás con la colaboración de Pedro Duque Cornejo en la talla de las imágenes. En el movido siglo XIX, la estructura del retablo pasó al convento franciscano de San Antonio de Padua, no así sus esculturas, que se conservaron en un nuevo retablo. Sufrieron los filipenses el bombardeo del general Van Hallen, un incendio en 1865 y la Revolución Gloriosa en 1868, que los mandó exiliados a Gibraltar, de donde regresaron en 1875. Desde entonces comenzaron a reformar la iglesia, dotándola de una nueva solería, un nuevo zócalo y una nueva decoración pictórica. Hasta 1944 no conseguirían la propiedad de la zona conventual aledaña a la iglesia, que hoy siguen manteniendo.   
Cúpula y retablo mayor.
Igl. de San Alberto.
   La esbelta iglesia fue consagrada en 1626, aunque su capilla mayor fue concluida hacia 1640. Antes habían mantenido los carmelitas una capilla provisional. Sigue el sencillo modelo del tardomanierismo sevillano, planta rectangular de nave única de cinco tramos cubierta con bóveda rebajada con lunetos y arcos fajones. En el crucero presenta una original bóveda elíptica sobre pechinas que está calada por ocho óculos. El presbiterio se eleva sobre tres escalones y tiene coro a los pies. La entrada es lateral por una sencilla portada manierista relacionable con la obra de Diego López Bueno y se abre junto a una antigua capilla abierta dedicada a la Virgen del Carmen. Sobre la puerta de acceso se sitúa una talla en piedra de San Alberto de Sicilia, obra de un discípulo de Montañés, Alonso Álvarez de Albarrán, de la que se ha perdido el ramo de azucenas que portaba en la mano y una diadema de hilo de oro. Su policromía parece corresponder a la restauración del siglo XIX. La torre campanario, a los pies de la iglesia, se eleva sobre base rectangular, apareciendo fechada en 1739, posiblemente el año de la restauración de los daños que causó un rayo en 1736.
Cúpula de la Igl. de San Alberto.
   Ya en el interior, el retablo mayor es obra neoclásica posterior a la invasión francesa que debió sustituir al, según Ponz, "disparatado" retablo anterior (entiéndase barroco). En su camarín central se sitúa un crucificado, copia del Cristo de la Clemencia de Montañés, una obra fechada en 1791 y firmada por Ángel Iglesias. A sus pies se sitúa una interesante dolorosa del siglo XVIII, posiblemente la antigua titular de la histórica hermandad de la Vera Cruz, que residió en el templo tras el derribo del convento de San Francisco. Figuran también en el retablo tallas de Santa María Magdalena, Santa María Egipciaca (éstas dos realizadas por Duque Cornejo para el retablo de San Felipe); el Profeta Elías y Santa Teresa, situándose la Apoteosis de San Alberto en el ático (éstas últimas, de iconografía carmelita, son de la época del retablo). De gran calidad son los dos ángeles lampareros que se sitúan a ambos lados del retablo, atribuibles a la mano del escultor de origen portugués Cayetano D'Acosta. Los retablos de los muros presentan en general poco interés, siendo un reflejo de las pérdidas artísticas que sufrió la comunidad. Destaca en el lado del crucero, un retablo neoclásico con talla de San Felipe Neri, el fundador de los oratonianos, escultura de interés coetánea al retablo. En el otro brazo del crucero se sitúa un retablo con la imagen de la Virgen de Valvanera, la devoción riojana que tiene hermandad propia en la iglesia de San Benito. La flanquean tallas del beato Antonio Gassi y del beato Juan de Ávila, conservando el ático dos esculturas de santos carmelitas junto a una pintura de la Aparición de la Virgen a San Bernardo. 
Otra vista del interior de la Igl. de San Alberto.
   En las capillas laterales se conservan diversos retablos de acarreo sin más interés que el devocional, con imágenes de San Francisco de Sales, San Antonio de Padua o la Virgen del Perpetuo Socorro. De entre todos destaca el retablo de la tercera capilla del lado del Evangelio, del patronazgo de Gregorio Ribera, que conserva discretas pinturas atribuidas a Pacheco y últimamente a Juan del Castillo. Representan las escenas de La Coronación de la Virgen y a Los Cuatro Evangelistas, habiéndose perdido una escena que representaba la Misa de San Gregorio. Aunque no entre en el recorrido habitual, la sacristía presenta una interesante colección pictórica en la que destaca un lienzo del Encuentro de San Felipe Neri con San Félix de Cantalicio, obra atribuida al italiano Matía Preti (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010). 
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