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domingo, 18 de agosto de 2019

El tondo cerámico "Santa Elena", de Pedro Millán, en la Portada de la Iglesia del Convento de Santa Paula


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la cerámica de Santa Elena en la portada de la Iglesia del Convento de Santa Paula de Sevilla.   
     Hoy, 18 de agosto, en Roma, en la vía Labicana, Memoria de Santa Elena, madre del emperador Constantino, que, entregada con singular empeño a ayudar a los pobres, acudía piadosamente a la iglesia mezclada entre los fieles, y habiendo peregrinado a Jerusalén para descubrir los lugares del nacimiento de Cristo, de su Pasión y Resurrección, honró el pesebre y la cruz del Señor con veneradas basílicas (c. 329) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el tondo cerámico "Santa Elena", de Pedro Millán, en la Portada de la Iglesia del Convento de Santa Paula, de Sevilla.
     El Convento de Santa Paula [nº 36 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 74 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encuentra en la calle Santa Paula, 3-5-7-9; en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
      En el Convento de Santa Paula, encontramos la excepcional portada de la iglesia. Terminada en 1504, es una perfecta conjunción de elementos góticos (es portada ojival que sigue otros modelos sevillanos anteriores), de recuerdos mudéjares (como el empleo de ladrillos bícromos como material) y de elementos del primer Renacimiento (los tondos cerámicos importados de talleres florentinos o los realizados aquí con la técnica italiana). Su aspecto más novedoso radica en la decoración cerámica, debida fundamentalmente a dos autores: el italiano Francisco Niculoso Pisano y el escultor local Pedro Millán, que supo actuar en el arte sevillano como elemento de transición entre el Gótico y el primer Renacimiento. Al centro, en la clave, un tondo cerámico central procedente del taller florentino de los Della Robbia, con el tema de la Sagrada Familia y los característicos tonos blancos y azules. Florencia en Sevilla. Probablemente es el modelo de los demás, que representan a Santa Elena, San Antonio de Padua y San Buenaventura, San Pedro y San Pablo, Santa Rosa de Viterbo, los Santos Cosme y Damián y San Sebastián con San Roque, todos ellos de Pedro Millán. El fondo de grutescos y motivos renacentistas es obra de Niculoso Pisano, introductor de la técnica del azulejo plano en Sevilla, que adquirió un enorme desarrollo a lo largo del siglo XVI. En el tímpano aparece el escudo de los Reyes Católicos, coronando la portada ángeles de recuerdo gótico y flameros alternados con cabezas de querubines.   En la obra que nos ocupa, la santa aparece de pie centrando la composición vestida como emperatriz romana con corona real y toca de viuda. En su mano derecha porta una gran cruz como símbolo de su hallazgo, mientras que en la izquierda lleva la corona de espinas y los tres clavos. La escena se dispone ante un paisaje con montañas y árboles bajo un cielo manchado de nubes azules. Toda la escena se encuentra policromada, destacando los tonos amarillos de la corona y de la aureola así como los morados de las vestiduras. La composición se enmarca por laureas de flores y frutas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de Santa Elena;
LEYENDA
   Madre del primer emperador cristiano, Constantino, fundador de Constantinopla, debes su popularidad sobre todo a la Invención de la Vera Cruz.
   Nació en Bitinia hacia 250 y fue convertida por Luciano de Antioquía. Se casó con Constancio Cloro a quien había conocido en Asia Menor cuando sólo era tribuno militar. Acompañó a su marido en las campañas de Serbia, donde nació Constantino, y en la de Tréveris y York.
   Pero como Elena no era de origen romano, Constancio Cloro debió repudiarla cuando fue designado gobernador de las Galias por Diocleciano, en 293. No obstante, y aunque Cloro haya tenido tres hijos de su segundo matrimonio, fue al hijo de Elena, la repudiada, a quien nombró sucesor.
   En 312 Constancio, que combatió en Italia contra el emperador Majencio, vio en el crepúsculo una cruz luminosa que se elevaba por encima del horizonte, presagio de la victoria que le abriría las puertas del imperio romano.
   Elena se reunió con él en Roma, algún tiempo después de su triunfo sobre el puente Milvio. Ella hizo construir allí la basílica de la Santa Cruz después de haber sido recibida por el papa.
   En 324 Constantino conquistó el Oriente. Elena lo siguió a Asia Menor, luego fue a Palestina para buscar allí las reliquias de Cristo. Cuando llegó a Jerusalén, en 327, sobre el emplazamiento de la gruta de Belén hizo edificar la basílica de la Natividad y sobre el Santo Sepulcro el templo de la Anastasis o Resurrección.
   Acerca de la Invención de la Santa Cruz existen muchos relatos divergentes. Según San Ambrosio, que habla de ello en un discurso pronunciado en los funerales de Teodosio el Grande, en 395, Elena encontró las tres cruces del Gólgota o Calvario en una cisterna, y reconoció la de Cristo por la inscripción trilingüe del titulus. Además, encontró los clavos de la Crucifixión; con uno de ellos hizo fundir el freno del caballo del emperador (el santo bocado) y con el otro su diadema.
   El relato de Rufino de Aquilea ofrece una versión diferente, que en la traducción de Claude Seyssel (1567), se presenta de esta manera:
   "Cuando llegó al lugar que le fuera revelado en la visión, lo hizo purificar y limpiar. Luego ordenó que cavaran, y encontró tres cruces semejantes, que estaban enterradas juntas.
   Por ello no podía conocer ni discernir cuál de las tres era la de Nuestro Señor.
   Por esta causa, al ver que los sentidos humanos no podrían conocer la mencionada Cruz, se recurrió a la gracia divina. Ocurrió que en esa ciudad había una mujer atacada de una enfermedad tan grave que casi la había matado El obispo Macario, al ver perpleja a la reina y a quienes con ella estaban, les dijo: "Aportadme esas tres cruces, espero que Nuestro Señor nos revele cuál de las tres lo sostuvo y lo llevó".
   Fue a la casa de la mujer enferma... acercó primero una de las dos cruces de los ladrones, pero no ocurrió nada, y luego la otra, y todo siguió igual. Por último, al aplicarle la de Nuestro Señor, sin poder contenerse, ella abrió los ojos y se levantó súbitamente."
   Según una tercera versión, no fue una mujer enferma que curó sino un muerto que resucitó.
   Por último, de acuerdo con una cuarta versión, popularizada por la Leyenda Dorada, el emplazamiento de la Vera Cruz fue revelado por un judío llamado Judas: puesto que un Judas había entregado a Cristo, correspondía a otro Judas reparar el daño restituyendo la Cruz del Redentor. Como se negaba a revelar su secreto, la emperatriz Elena le impuso seis días de ayuno en el fondo de un pozo. Atormentado por la sed y el hambre, Judas se decidió a confesar.
   La emperatriz murió en Tracia en 329, dos años después de la Invención de la Vera Cruz.
CULTO
Lugares de culto

   Las reliquias de Santa Elena fueron transportadas a la basílica de San Pedro de Roma. Además, se la veneraba en una capilla subterránea de la basílica de la Santa Croce in Gerusalemme, en Ascoli Piceno y en Pesaro.
   En la Alemania renana era objeto de veneración, sobre todo en Colonia (iglesia de San Gereón), en Bonn, Tréveris y Xanten.
   En Francia ha dado su nombre a la antigua ciudad episcopal de Elne en el Rosellón, que llevaba en la época galoromana el nombre Castrum Helenae. En el siglo IX, en 842, un monje benedictino de la abadía de Hautvillers, en la diócesis de Reims, se habría llevado sus restos de Roma hacia su monasterio. De esa manera Santa Elena se convirtió en una Santa de Champaña, por ello en la catedral de Reims puede verse su estatua y un altorrelieve que representa la Invención de la Vera Cruz.
   Después de la Revolución, sus reliquias se transportaron a París, a la iglesia de Saint Leu, donde se encontraba la capilla de la cofradía de la Santa Cruz.
Patronazgos
   Patrona de los Caballeros del Santo Sepulcro, también lo era de la corporación de fabricantes y vendedores de clavos, porque al mismo tiempo que la madera de la Cruz encontró los clavos de la Crucifixión. Los fieles se dirigían a ella para encontrar los objetos perdidos, y como la Cruz tenía la virtud de expulsar los demonios, se la invocaba contra los maleficios y las enfermedades que éstos inoculables, tales como el cáncer y la epilepsia.
   En Rusia se siembra el lino el día de su fiesta, para que crezca tan largo como su cabellera.
ICONOGRAFÍA
   Sus atributos son la corona y el manto imperial, pero los más característicos son los instrumentos de la Pasión: la cruz que lleva en los brazos o ante la cual está de pie, formando pareja con el emperador Constantino que lleva la corona de espinas y los tres clavos.
   En las iglesias de Moldavia y de Bucovina se acostumbra representar a la derecha de la puerta a San Constantino y a Santa Elena, simétricamente de pie a cada lado de la cruz (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre el Convento de Santa Paula, en ExplicArte Sevilla.

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