viernes, 2 de agosto de 2019

La Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles de Sevilla.      
Fachada de la Cap. de Ntra. Sra. de los Ángeles.
   Hoy, 2 de agosto, Festividad de Nuestra Señora de los Ángeles, Es fiesta propia de la Orden Franciscana, vinculada al famoso Perdón de Asís o Jubileo de la Porciúncula. En la segunda mitad de julio de 1216, San Francisco de se presentó con Fray Maseo ante el papa, y le pidió “una indulgencia especial para los que visitaren la ermita, sin necesidad de limosnas”. El papa se sorprendió, pues la ayuda económica era imprescindible en estos casos. Con todo, le ofreció un año, más de lo habitual, pero al Santo le pareció poco, y replicó: “Plazca a vuestra santidad concederme almas, no años”. Y, ante la extrañeza del pontífice, le explicó: “Quiero, si place a vuestra santidad, por los beneficios que Dios ha hecho y aún hace en aquel lugar, que quien venga a dicha iglesia confesado y arrepentido quede absuelto de culpa y pena, en el cielo y en la tierra, desde el día de su bautismo hasta el día y hora de su entrada en ella”. La perplejidad del papa estaba más que justificada: el Concilio Lateranense IV, pocos meses antes, había limitado a un año la indulgencia para la dedicación de una iglesia, y a sólo cuarenta días para el aniversario, con el fin de favorecer la única indulgencia plenaria que existía entonces, la de Ultramar, establecida por el Concilio de Clermont (1095) con motivo de la Primera Cruzada. En un principio estaba reservada a los peregrinos de Tierra Santa y a los cruzados, pero el Concilio acababa de hacerla extensiva a quienes colaboraran materialmente con la Cruzada. Por tanto, una indulgencia plenaria sin riesgo físico ni coste económico, con la sola condición de acudir a la Porciúncula sinceramente arrepentidos, era algo inconcebible; de ahí que el papa respondiera: “Mucho pides, Francisco. La Iglesia no suele conceder tales indulgencias”. A lo que él replicó: “lo que pido no viene de mí, es el Señor quien me envía”. Entonces el pontífice exclamó, por tres veces: “¡Me place que la tengas!”. Pero los cardenales, temiendo el golpe que tal indulgencia podía suponer para la Quinta Cruzada que se estaba organizando, hicieron notar enseguida al pontífice que tal concesión echaba por tierra la de Ultramar, mas él argumentó: “Se la hemos concedido y no podemos echarnos atrás, pero la limitaremos a un solo día natural”, y así se lo comunicó a San Francisco, quien, por respuesta, hizo una reverencia y se dispuso a marcharse, pero el Papa lo detuvo, diciéndole: “¡Simple! ¿A dónde vas sin documento alguno?”. “Me basta vuestra palabra -replicó él, alérgico como era a los privilegios-. Si es de Dios, ya se encargará de manifestarla. No quiero documentos. Que la Virgen sea el papel, Cristo el notario y los ángeles, testigos”. Logrado su objetivo, Francisco regresó, contento, a Asís. Al llegar a Collestrada se detuvo a descansar y a orar junto a la leprosería. Poco después llamó al Hermano Maseo y le dijo: “De parte de Dios te digo que la indulgencia concedida por el papa ha sido confirmada en el cielo”.Los biógrafos más antiguos no mencionan expresamente esta importante concesión pontificia, pero cuentan que un hermano muy espiritual, a quien San Francisco quería mucho (probablemente fray Silvestre), antes de su conversión, soñó que en torno a la ermita de la Porciúncula había una multitud de personas ciegas, de rodillas, con el rostro y las manos levantadas al cielo y pidiendo a Dios, con lágrimas, luz y misericordia. Y, de repente, un gran resplandor del cielo los envolvió y les devolvió la vista. La referencia explícita más antigua y autorizada sería una carta de San Buenaventura, ministro general entre 1257 y 1273, hoy desaparecida, inventariada en 1375 en la biblioteca papal de Aviñón bajo el título: “De indulgentia Beatae Mariae Portuensi (léase Portiunculae) Assisii”. Pero los testimonios más importantes fueron los recogidos por fray Ángel de Perugia, ministro de la provincia umbra de San Francisco (1276-7), que sirvieron de base para el Diploma del obispo Teobaldo de Asís (1310), que es el relato más completo y autorizado. Entre los testigos estaba Pedro de Zalfano, presente el 2 de agosto de 1216 en la Porciúncula, donde “oyó predicar a San Francisco en presencia de siete obispos, y llevaba un papel en la mano, y dijo: Os quiero llevar a todos al paraíso, y os anuncio una indulgencia que tengo de boca del sumo pontífice. Y todos los que vengan hoy, y los que vendrán cada año, este mismo día, con corazón bueno y contrito, tendrán la indulgencia de todos sus pecados. Yo la quería para ocho días, pero sólo pude conseguir uno”. Aunque Pedro de Zalfano hace coincidir la proclamación con “la consagración”, según una nota del Sacro Convento de Asís, de la primera mitad del siglo XIII, y el testimonio de Giacomo Coppoli, que se lo oyó decir a fray León, lo que se celebraba ese día era el primer aniversario de la consagración. La concesión, por voluntad de San Francisco, nunca estuvo avalada por ninguna bula, de ahí que, años más tarde, algunos dudaran de la misma, y fue por ese motivo por el que frailes y fieles de Asís se vieron obligados a recoger testimonios jurados de los pocos testigos directos e indirectos que aún vivían. Sin embargo, ningún papa se manifestó nunca contrario, más bien la confirmaron y, poco a poco, la fueron haciendo extensiva a otras muchas iglesias. Además, la ignorancia sobre el tema unos siglos después llevó a creer que la Indulgencia se podía obtener en la Porciúncula todos los días del año, y también esto fue aceptado por diversos pontífices, no sólo para Santa María, sino también para la Basílica de San Francisco. En cierto modo se han cumplido las palabras del Santo, cuando dijo: “Si es obra de Dios, ya se encargará él de manifestarla” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Planta de la Cap. de Ntra. Sra. de los Ángeles
(en rojo) en un plano de la ciudad de Sevilla.
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles de Sevilla.
   La fundación de un hospital de asistencia a los negros de Sevilla por parte del cardenal Gonzalo de Mena a fines del siglo XIV inició la larga historia de la popular hermandad de los negros sevillanos. Aunque son escasos los datos conservados de la época del también fundador de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, la primitiva fundación debió tener una pequeña capilla gótico-mudéjar de la que no queda resto alguno. A mediados del siglo XVI se reorganizó la hermandad ya en forma de cofradía penitencial; en junio de 1554 el arzobispo Fernando Valdés aprobaba sus nuevas reglas. Por aquel tiempo, el primitivo recinto se componía de una capilla, una huerta y un cementerio propio. El edificio fue reformado en 1576 y especialmente a partir de 1604, cuando se reedifica la actual capilla frente a la iglesia de San Roque, en unos terrenos cedidos por el veinticuatro de Sevilla don Juan de Vargas Sotomayor. Se conoce una nueva ampliación de la capilla en 1675, momento en el que se reconstruye la sacristía y la techumbre de madera. Nuevas reformas se realizaron en el siglo XVIII, al añadirse un almacén alto para albergar los pasos. A finales del siglo XIX nuevas obras le dieron la apariencia actual a la nave en la que se sitúa la Virgen de los Ángeles. Las inundaciones del siglo XX, especialmente la de 1961, afectaron notablemente a la iglesia, que fue remodelada con posterioridad por el arquitecto Juan J. López Sáez, reforma que conferiría a la capilla su apariencia actual.
Interior de la Cap. de Ntra. Sra. de los Ángeles.
   Una larga historia de intervenciones que explica la sencillez actual de la iglesia, con fachada a la calle Recaredo dominada por un gran portalón con arco de medio punto culminado por un óculo en su parte posterior y una sencilla espadaña. Por aquí se accede a la nave principal del templo, la original, cubierta con tejado plano de madera y bóveda semiesférica en la zona del presbiterio, que aparece presidido por la Virgen de los Ángeles en un retablo neobarroco de Herrera y Feria. Adosada de forma paralela se sitúa otra nave, de dimensiones más pequeñas, que se habilitó en la reforma de 1965. Está presidida por el espléndido Crucificado de la Fundación, titular de la propia hermandad. Es un crucificado realizado por Andrés de Ocampo en 1622 según documentó una nota hallada en su interior en la restauración a la que fue sometido en 1940. Según algunas informaciones, parece que la obra fue comprada por la hermandad al pintor Pablo Legot, que la tenía en propiedad, y que probablemente realizó una de sus policromías. Con anterioridad, en 1620, Andrés de Ocampo había realizado un crucificado similar para la Catedral de Comayagua en Honduras, imagen que podría entenderse como precedente del crucificado sevillano. La talla, austera, realista, de marcada transición entre el tardomanierismo y el primer realismo barroco, ha conocido diversas intervenciones que cambiaron su aspecto original. En 1778 fue retocada su cabeza para implantarle pelo natural, aditamento que debió ser retirado en el siglo XIX. Por ello no se conserva la primitiva corona de espinas tallada. La restauración de 1989 en el Instituto de Bienes Culturales de Madrid le devolvió buena parte de su concepción original, constatándose la existencia de varias capas de policromía superpuestas a lo largo de los siglos.  
Presbiterio de la Cap. de Ntra. Sra. de los Ángeles.
   La Virgen de los Ángeles es obra del siglo XVIII que, según algunos autores, podría tener una base original en una talla de finales del siglo XVI. Conjeturas apenas constatables hoy, ya que su apariencia actual es fruto de la intervención de Antonio Dubé de Luque en 1984, que alteró notablemente sus facciones. Tiene especial personalidad su palio diseñado por el pintor Juan Miguel Sánchez por su aspecto orientalizante, original estética que la hermandad aplica a otros elementos ornamentales. La decoración mural de la capilla corresponde a la mano del pintor Rafael Rodríguez Hernández, mostrando los temas de la Anunciación, la Asunción y diversos ángeles con filacteria como motivo ornamental.
Nave lateral de la Cap. de Ntra. Sra. de los Ángeles.
   En los muros laterales destacan los lienzos de Juan Ruiz Soriano con el franciscano tema de la Visión de la Porciúncula y la Apoteosis de San Francisco, así como una representación anónima de la Virgen de Guadalupe, piezas todas del siglo XVIII. Una singular placa llama la atención en la entrada de la capilla: "Aquí está el hermano Salvador de la Cruz, conocido por el negro de la Casa Onda, que se bautizó a 15 de Marzo de 1729 en la Parroquia de Santa Cruz y que se enterró en esta Nuestra Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles el domingo 12 de febrero de 1775". Recuerda la historia de un gran benefactor de la cofradía, en la que ocupó cargos durante 35 años tras su conversión, ya adulto, en 1729. Historias como las de aquellos negros que vendieron su libertad para sufragar los gastos de la hermandad o como la de aquel pleito con el cardenal que se zanjó como la famosa frase de que: "Por donde iban los blancos irían los negros". Una historia de siglos en una recoleta capilla enclavada entre ruidos de la Ronda. Frente a la capilla se situó hace poco un monumento a un hermano singular: Antonio Machín y sus maracas. Mira a la capilla. Seguramente canta Angelitos negros (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010). 
    Si quieres, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

La Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, al detalle:

Imagen de Nuestra Señora de los Ángeles

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El Patio de las Doncellas, del Real Alcázar

El Patio de las Doncellas, del Real Alcázar.    Déjame ExplicArte Sevilla , déjame ExplicArte el Patio de las Doncellas, del Real Alcáz...