viernes, 28 de junio de 2019

La Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, de Sevilla.   
Fachada Cap. de los Luises, c/ Trajano.
Aníbal González.
Igl. del Sgdo. Corazón.
   Hoy, 28 de junio (viernes posterior al Corpus Christi), Solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús, que, siendo manso y humilde de corazón, exaltado en la cruz fue hecho fuente de vida y amor, del que se sacian todos los hombres [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, de Sevilla.
Planta de la Igl. del Sgdo. Corazón de
Jesús, en un plano de la ciudad de Sevilla.
   Esta Iglesia (calle Jesús del Gran Poder, 40, del Barrio de San Lorenzo en el Distrito Casco Antiguo), actualmente regentada por la Compañía de Jesús, la antigua iglesia de San Francisco de Paula es el único templo jesuita en el centro del amplio conjunto que llegó a administrar la congregación en siglos pasados (San Luis, Anunciación, colegio de San Gregorio, colegio de los Irlandeses, Colegio de las Becas, San Hermenegildo, Villasís...). Después de la expulsión de la orden por Carlos III, su restauración y la disolución que decretó la II República, la orden de los jesuitas se asentó definitivamente en los terrenos del antiguo convento de Portaceli y en la gran manzana comprendida entre las calles Trajano y Jesús del Gran Poder.
Portada Cap. de los Luises, c/ Trajano.
Aníbal González.
Igl. del Sgdo. Corazón.
   Por la fachada de la antigua calle de las Palmas se accede a la antigua iglesia del convento de los padres mínimos, originalmente titulado como de San Francisco de Paula. Fue una fundación realizada por mínimos provenientes del convento de Nuestra Señora de la Victoria de Madrid en 1589, inicialmente destinada a colegio de estudios. La edificación de la iglesia no se realizó hasta mediados del siglo XVII, sufriendo el conjunto, al igual que otros muchos conventos de la ciudad, los efectos de la invasión francesa. En aquel infausto periodo fue expulsada una comunidad que nunca regresaría, siendo convertido el conjunto en cuartel. Tras diversos usos, después de la desamortización de Mendizábal el edificio fue vendido por el gobierno a la Sociedad Bíblica de Londres, que lo convirtió en templo protestante. Años después, el templo fue adquirido por la sevillana, de ascendencia británica, Sutherland Black, que por afinidad a la Compañía de Jesús donó el templo a la orden fundada por Ignacio de Loyola. De comienzos del siglo XX son los añadidos que se observan en la calle Trajano, nuevas edificaciones en las que se incluye la conocida como capilla de "los Luises" y una fachada neogótica en ladrillo cuyo diseñó corrió a cargo del arquitecto Aníbal González. En ella se sitúa una talla de San Ignacio de Loyola bajo doselete gótico, escultura de comienzos del siglo XX obra de José Lafita. 
Interior Cap. de los Luises, c/ Trajano.
Aníbal González.
Igl. del Sgdo. Corazón.
   La iglesia del Sagrado Corazón presenta un sencillo portalón de acceso que se corona con un frontón partido con el anagrama de los jesuitas, elemento que se combina con una decoración de paños de azulejos alusivos a la Orden de los Mïnimos. Son piezas del siglo XVII que algunos atribuyen a un diseño de Herrera el Viejo. Al centro de sitúa San Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mïnimos, antiguo titular del templo. A su alrededor aparecen San Jerónimo, San Cristóbal, San Leandro y San Isidoro. La fachada tiene una pequeña torre bajo la que se sitúa un moderno azulejo del Sagrado Corazón de Jesús. Los pequeños azulejos de la torre son del siglo XVII y representan a la Virgen con el Niño, San José y San Juan Bautista. Completa el conjunto un azulejo moderno del padre Tarín, jesuita declarado venerable, que está enterrado en una capilla interior de la iglesia.
Portada Igl. del Sgdo. Corazón.
   El interior de la iglesia es una edificación de tres naves, con crucero, marcado presbiterio y coro en la zona de los pies Las naves laterales se separan mediante arcos de medio punto, estando cubiertas por bóvedas de arista. La nave central se cubre con techumbre de madera del siglo XVII que imita modelos anteriores; tanto la cabecera como los brazos del crucero se cubren con bóvedas de cañón. Sobre el crucero  se levanta una bóveda semiesférica sostenida por pechinas en las que aparecen relieves de los cuatro evangelistas. Los muros situados sobre las naves laterales se decoran con diversos cuadros que son copias barrocas de grandes autores. Se pueden distinguir en el muro derecho el Camino del Calvario, de Rafael; la Piedad, de Van Dyck y el Tránsito de la Virgen. En el muro derecho se sitúa una copia de la Anunciación de Van Dyck, el Nacimiento de Jesús y el Niño Jesús entre los doctores.    
Interior de la Igl. del Sgdo. Corazón.
   El retablo mayor es obra del siglo XIX, poco habitual en el panorama sevillano por sus formas y materiales. Fue realizado en mármol, según modelos académicos franceses, por un desconocido artista apellidados Frapolli. Se ordena en un banco, dos cuerpos con tres calles y ático. Lo preside una gran escultura del Sagrado Corazón de Jesús, ya de comienzos del siglo XX. Del siglo XIX es la talla de San Ignacio de Loyola del cuerpo superior. Más modernas son las imágenes de las Inmaculada y San José de los cuerpos laterales, situándose en el cuerpo superior dos relieves con el Nacimiento y el Calvario. Dos grandes lienzos modernos con escenas de San Ignacio de Loyola y una apoteosis de la Compañía de Jesús completan la decoración de la zona del presbiterio. Las piezas más importantes se sitúan en la zona del crucero. En la parte de la Epístola se sitúan diversos cuadros, como un Descendimiento del siglo XVIII. En un retablo neogótico presidido por San Alfonso Rodríguez se sitúa también una Dolorosa, y los arcángeles Miguel y Rafael, todos del siglo XVIII. En la parte del Evangelio se sitúa una excelente talla de Pedro Duque Cornejo, la imagen de la Virgen conocida como la Gran Madre, realizada en 1721. En el mismo testero destaca también una escultura de barro cocido representando a San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, de estética cercana a Martínez Montañés, relacionables con las tallas que realizó Montañés para la Casa Profesa, actual iglesia de la Anunciación.
Cúpula sobre el crucero.
Igl. del Sgdo. Corazón.
   Diversas tallas de discreto interés se reparten por las capillas laterales, un San Francisco de Paula, una imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón o un San Francisco de Borja del siglo XIX. A los pies de la nave del Evangelio se levanta la capilla de las Ánimas, lugar donde se ubica la tumba del venerable padre Francisco Tarín Arnau, de gran devoción en la ciudad.
   Desde esta iglesia procesionó entre 1957 y 1975 la hermandad de los Javieres, cuya fundación se gestó en la congregación jesuita de este nombre, que ocupaba unas dependencias anexas a la iglesia, en el actual recinto ocupado por el Conservatorio Superior de Música (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Sagrado Corazón de Jesús:
   Aunque no se trate más que de una devoción  tardía que, a diferencia de la Inmaculada Concepción de la Virgen, no ha engendrado ninguna obra de arte de primer orden, hay que decir aquí algunas palabras acerca de este tipo iconográfico de Cristo que en el culto católico ha acabado por suplantar a todos los otros.
   Los precedentes de esta devoción pueden buscarse muy lejos. El corazón humano siempre ha sido un símbolo de amor carnal o místico. En sus sermones San Bernardo habla sin cesar del «muy dulce corazón de Jesús (cor Jesu dulcissimum)», a partir del siglo XII. Del culto de las cinco llagas, y especialmente de la llaga del costado, que se desarrolló hasta finales de la Edad Media, debía naturalmente pasarse al culto del corazón. Bajo la influencia de éste, la herida del costado de Cristo crucificado se trasladó de derecha a izquierda, es decir al sitio del corazón, que se supone fue atravesado por la punta de la lanza de Longinos.
   Una curiosa xilografía de Lucas Cranach de 1505 representa la Adoración de Jesús crucificado e inscrito en un corazón, por la Virgen, San Juan, San Sebastián y San Roque.
   No obstante, fue a finales del siglo XVI cuando afloró en la imaginería popular el corazón de Jesús atravesado por tres clavos y engastado en una corona de espinas. A principios del siglo XVII, el grabador flamenco A. Wierix representó rosarios de corazones abiertos o cerrados, de gusto deplorable. Esas imágenes ilustraban los libros de mística piedad para uso de los conventos. No nacieron de la devoción del Sagrado Corazón sino que, por el contrario, las imágenes engendraron el culto por el bien conocido mecanismo de las visiones inspiradas, más o menos inconscientemente, por imágenes grabadas en la memoria
   Al contrario de lo que postula una opinión muy difundida, no fueron las visiones de la borgoñona Marguerite, llamada Marie Alacocque, del convento de las salesas de Paray le Monial, las que constituyeron el origen de esta devoción, patrocinada sobre todo por los jesuitas. El verdadero iniciador del culto litúrgico del Sagrado Corazón de Jesús y de María es un normando: el Bienaventurado Jean Eudes, fundador de los eudistas.
   Las fechas no dejan duda alguna acerca de su prioridad. El P. Eudes compuso en 1668 el Oficio del Sagrado Corazón y en 1670 publicó La Dévotion au coeur adorable de Jésus. En cuanto a Marie Alacocque, profesó más tarde, en 1672, en el convento de la Visitación, donde tuvo su primera revelación en 1673. Por lo tanto, es necesario reconocer orígenes eudistas a la devoción del Sagrado Corazón.
   Todo cuanto se puede conceder a la visionaria salesa es que el padre Eudes no separaba el Corazón de Jesús del Corazón de María, al tiempo que el fervor femenino de Marie Alacocque se orientó hacia el de Cristo solo. Ella contó que durante el ofertorio del Santo Sacramento, Cristo se le apareció en el altar con sus cinco llagas brillantes como cinco soles. Su pecho se abrió dejando al descubierto el corazón, que era la fuente viva de esas llamas. Cristo la mentó la ingratitud de los hombres que ignoraban  su  amor, y le pidió que tomara la iniciativa de un culto de reparación.
   Esta nueva devoción, consagrada oficialmente en 1685, acordaba con la política del catolicismo romano que quería afirmar por medio de ese símbolo del corazón abierto, al encuentro del protestantismo y del jansenismo, el amor de Dios hacia todos los hombres, sin excepciones. El culto contó con las mujeres, especialmente con la piadosa reina María Leczynska, que lo hizo introducir por la asam­blea episcopal en todas las diócesis de Francia, y que lo recomendó a los obispos de Polonia, propagandistas ardientes de esta devoción, que en 1765 aprobó el papa Clemente XIII.
   A partir del siglo XVIII, las custodias de cristal de roca que servían para exponer el Santo Sacramento, ya no tuvieron la forma redonda, tradicional, de una hostia, sino la de un corazón.
   Se conoce la brillante fortuna que tuvo el culto en Francia, en el siglo XIX. Después de los desastres de 1870, los católicos pusieron la reconstrucción bajo la égida del Sagrado Corazón y levantaron en su honor, en la cumbre de la colina de Montmartre, la basílica del Exvoto nacional. Montmartre se convirtió así, después de Paray le Monial, en el centro mundial de la devoción al Sagrado Corazón.
   En España, después de la guerra civil, Barcelona siguió el ejemplo de París y edificó en la cima del Tibidabo una iglesia expiatoria del Sagrado Corazón.
Iconografía
   A pesar de los progresos de este culto a partir del reinado de Luis XIV, fue necesario esperar a finales del siglo XVIII para que el tema del Sagrado Corazón de Jesús entrara definitivamente en el repertorio de la iconografía católica.
   Fue por una mujer, la reina de Portugal, que se pintó la primera imagen del Sagrado Corazón, obra del italiano Pompeo Batoni en 1780. Ésta representa a Cristo cardióforo que tiene un corazón en llamas en la mano izquierda rematado por una pequeña cruz y rodeado por una corona de espinas.
   Esta fórmula ha sido rechazada, y hasta prohibida, por la Congregación de Ritos, de manera que en la actualidad los editores de estatuas de yeso pintado del barrio Saint Sulpice sólo pueden elegir entre dos modelos:
     1. El corazón en llamas de Jesús es aplicado exteriormente sobre su pecho.
     2. Rayos de luz emanan de una incisión practicada en el pecho de Jesús, del lado del corazón.
   Las estatuas del Sagrado Corazón que se multiplicaron a partir del siglo XIX, proceden casi todas de la figura de Cristo esculpido por el danés Thorvaldsen para la iglesia de Nuestra Señora de Copenhague.
   Esas imágenes «cordícolas» son de gusto dudoso, y muchos fervientes católicos no dejaron de lamentar su vulgaridad o insipidez. Lo menos que puede decirse, es que honran poco al arte religioso moderno. No obstante, debe hacerse una excepción con el Sagrado Corazón del pintor G. Desvalieres, que evoca al Cristo coronado de espinas arrancándose con las dos manos el corazón del pecho, en la gigantesca vidriera de la catedral del Cristo Rey, en Casablanca (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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