Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Dominicas), de Sevilla.
Hoy, sábado 15 de marzo, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, de Sevilla.
El desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, se encontraba en la calle Sierpes, 9 al 15; entre las calles Vargas Campos, y Azofaifo en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
Hoy, sábado 15 de marzo, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, de Sevilla.
El desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, se encontraba en la calle Sierpes, 9 al 15; entre las calles Vargas Campos, y Azofaifo en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
Fundación e Historia del convento; destino del edificio y de los retablos recogidos por la autoridad eclesiástica.
Aunque no en su ubicación definitiva -Calle Sierpes, entre Azofaifo y Pasión (la actual Vargas Campos)-, se funda este convento de monjas dominicas en el año 1586. Entonces se establece en la collación de San Gil, en lo que fue el primer monasterio, con el título de la Encarnación, de las monjas carmelitas calzadas que el año anterior -1585- se habían trasladado a la Alameda de Hércules y edificado uno nuevo entorno a la ermita de Belén, llamándose desde entonces "de la Encarnación de Belén", vendiendo su primitivo convento a Pedro López Soro, "que era apoderado de un portugués muy rico y le dexó su caudal" para fundar un monasterio de dominicas, "con título de Pasión y renta competente a 12 religiosas".
Arana de Varflora nos da el nombre del portugués Gabriel Luis, y su profesión, mercader, aunque dice ser trece el número de doncellas pobres que debían profesar. Añade que pocos años más tarde, sin precisar fecha, se traslada el convento a la calle Sierpes, aumentando el número de religiosas.
A pesar de que todos los autores consultados coinciden en que, al ser suprimido el convento el año 1837, sus religiosas son trasladadas al de Santa María la Real, lo cierto es que allí no hay tradición ni papeles que den fe de este traslado. Sí los hay aunque escasos en el convento, también dominico, de Madre de Dios, donde los hemos consultado, aunque, repetimos, son muy escasos. También se sigue guardando memoria de las religiosas que procedentes de Pasión murieron y fueron enterradas aquí. En su "Obituario", que se lee todas las noches, constan los días y años de su fallecimiento así como algunos detalles de sus vidas. Las fechas del fallecimiento de las cuatro últimas también están incluidas en el libro de defunciones de Madre de Dios, donde dicen no haber incluido a las demás por llevar en un principio libros separados las dos comunidades.
En el libro de defunciones de Madre de Dios encontramos un dato curioso; la muerte de una religiosa procedente de Santa María de Gracia, sor Patrocinio Casonet y Carmelet (muere el 15 de septiembre de 1880 a los 77 años). Era organista y consta que vino aquí "porque lo pidió". De este dato -una religiosa sola- puede proceder el error que hemos apuntado al hablar del convento de Santa María de Gracia, del traslado aquí de su comunidad. Y a lo mejor, aunque no conste -o al menos no lo hemos detectado- pudo pasar lo mismo con alguna de las religiosas del Convento de Pasión, que prefiriese ir a Santa María la Real. Aquí desde luego vinieron quince y aquí están enterradas.
Los papeles que se conservan, aparte del libro de profesiones, donde constan las dotes traídas por las religiosas y en varios casos en qué se emplean, son: el libro de defunciones, algunas cuentas -de fines del XVIII y XIX- y la copia de todos los documentos relativos a un patronato fundado por Don Pedro de las Roelas que es adjudicado al convento por el provisor del Arzobispado en 1690. Y poco más. Menos, mejor dicho nada, encontramos en el archivo de la Catalana de Gas, que consultamos siguiendo una pista errónea: en un periódico se dijo que esta compañía, fundada en 1843 lo había sido en el solar de un convento. No fue así. Su única relación conventual es que unas casas compradas por la Catalana, situadas en la calle, Azofaifo nº 8 y 9, estaban frente al convento de Pasión. También la finca que en el archivo figura como de c/ Sierpes nº 49 (siempre numeración antigua), estaba "frente de las paredes del campanario del colegio de San Acacio", que perteneció a los agustinos.
Del libro de profesiones proceden los siguientes datos. El convento se llamaba realmente "de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo". Coincide la fecha -1586- de la fundación con la indicada por los autores antes citados y añade que la primera priora fue "la madre Sor María Magdalena, monja de Santa María de Gracia, la cual nos conceda el Señor". Dada la proximidad de los dos conventos, casi se puede decir que la priora apenas pisó la calle para trasladarse de un convento a otro.
De la minuciosa lectura del libro de profesiones deducimos que, o bien la fundación no fue lo bastante rica como para labrar iglesia y convento o, al menos, en la iglesia -una de las pocas de conventos femeninos con tres naves- se excedieron en los gastos. Hacemos esta afirmación porque consta que desde el año 1598 a 1617 se gastan siete dotes de las religiosas que van profesando en "la obra de la iglesia" o en redimir tributos tomados para ella. Lo normal era que la dote fuese de mil ducados de vellón, aunque en algunos casos se sobrepasa -hay una de mil ochocientos ochenta ducados en oro- o viene acompañada -dicen- de alguna propina, que consiste en algún regalo para la iglesia o convento.
A partir de 1617, debe ya estar la iglesia terminada y pagada, pues en 1627 Sor María de San Francisco trae como propina "las colgaduras de brocado para toda la capilla mayor".
En 1631 otra religiosa regala "las sillas del coro alto" y este mismo año Sor María de Santa Bárbara, cuya dote fue de 1.880 ducados en oro, pues "vino reservada de coro y oficios", regala además "3.000 reales que se gastaron en la imagen de Nuestra Señora que está en el retablo maior". Ya veremos que era realmente un alto relieve.
Con otra "propina", de la profesa Sor María de la Presentación, se ponen "las lonas de la casa del forno y cuatro que faltaban en los claustros grandes" en el año 1666.
Pocos años después, en 1690, recibe el convento una serie de bienes, de los que toma posesión el año 1693, procedentes de un patronato fundado por "el veinticuatro Pedro de las Roelas, cavallero de la orden de Santiago y Doña María de Guzmán su muger". Ambos, en testamento otorgado el año 1551, "fundaron un vínculo y mayorazgo" en favor de Don Juan Alonso de las Roelas y Guzmán, "su hijo", y "por una de sus cláusulas" disponen que, en caso de no haber descendientes directos, parte de los bienes de dicho mayorazgo debían aplicarse "para dotación de un monasterio de dicha orden" (Santo Domingo). La fundación se haría "en unas casas principales que entonces eran morada de los fundadores" y en él se sustentasen y profesasen "doce religiosas de su linaje que fuesen admitidas sin otra dote".
La condición de no haber herederos directos no se da hasta pasado mas de un siglo. Entonces, los herederos transversales se resisten a entregar los bienes. Después de una serie de pleitos, iniciados en 1679 por la provincia de Andalucía de la orden dominica, y, por fallo de la Chancillería de Granada, ésta toma posesión de ellos el año 1682. Pero a la hora de ejecutar la fundación hay una serie de problemas: los bienes resultan ya escasos para el fin propuesto y además, dado "el copioso número de monasterios que hay en Sevilla de la orden", -eran cinco de dominicas y un total de veintiocho de distintas órdenes- "habiendo disminuido la opulencia de sus fundaciones", hasta el extremo -dicen que "en algunos casos no hay caudal algunos meses ni para darles el pan a las religiosas", era imposible conseguir licencia para hacer una nueva fundación por estar prohibidas estas "por los señores del reino".
Por si todos estos problemas fuesen pocos las casas donde debía fundarse el nuevo convento, situadas como dijimos en la Alameda de Hércules, eran colindantes con el convento de monjas de Belén -carmelitas calzadas- y "hallándose éstas estrechas de vivienda, se entraron en esta casa en tiempo que gozaban el bínculo los poseedores" y "hoy las casas dichas están incorporadas al convento".
Por todos estos motivos, el Arzobispo, en uso de sus facultades "para conmutar e interpretar la voluntad del testador" y "con grandes fundamentos", da licencia de conmutación: los bienes se asignan al convento de Pasión el 15 de febrero de 1690, con la obligación "de admitir a dichas parientas" -del fundador- sin ninguna dote.
Los bienes pertenecientes al mayorazgo destinados al convento, además de las casas que no reciben, eran el donadío de Torres, del término de Carmona, y cuatro quintas partes del molino de Ajadea, situado en el término de Sevilla a orillas del río Guadaira "con sus tierras y olivares". Se elige el convento de Pasión, habiendo como hemos dicho cinco de la orden en Sevilla, "por no tener como no tiene patrón".
No debían ser grandes las posesiones o pronto debieron quedar ridículas sus rentas, pues el año 1775, al querer hacer uso Doña Ramona y doña Rafaela de los Ríos del privilegio del patronato -profesar sin dote por ser descendientes de D. Pedro de las Roelas-, se encuentran con la negativa de la comunidad, aunque sí les habían dado alimentos y piso durante el período de noviciado. Tiene que intervenir el P. General, quien al fin da la aprobación para que profesen sin dote, pidiendo a la comunidad las trate con amor y les conserve la antigüedad.
De los últimos años del siglo XVIII data un libro de visitas, realizadas por un Padre de la orden. En la realizada el 22 de enero de 1792, entre otras cosas, se ordena a la priora y demás monjas tomen consejo antes de comprar bienes, no sea que resulten poco rentables. Del año siguiente 1793 hay una relación de los bienes del Convento. En total son 69 números e incluye sobre todo casas o censos sobre ellas. No debió ser un convento con propiedades importantes, pero al menos en los pocos años de que se conservan cuentas, gastos y rentas van normalmente a la par.
No hay ninguna nota alusiva a los años de la invasión francesa en Sevilla. Veremos, por noticias recogidas en otro conventos, que desde el punto de vista económico supusieron graves pérdidas para los conventos femeninos. Aquí también debió ser así. Del año 1823 data una petición de la comunidad al P. General de la orden para que condone todos los atrasos y reduzca sus obligaciones de misas rezadas, "por la decadencia de sus fincas y pobreza de la comunidad". En 1827 el P. General les concede también que no se canten las misas "por tener achaques y enfermedad e las religiosas del coro, quedando la priora responsable de restituir el canto cuando cese la necesidad".
Hay noticia de pequeñas obras de albañilería en algunas casas propias del convento en 1827 y en 1835, gastos de carpintería en el propio convento y casas de su propiedad. Consta en el libro de profesiones el paso a la jurisdicción ordinaria "en virtud de las reales órdenes vigentes de 7 de agosto de 1821" (trienio constitucional). El Visitador nombrado es D. Francisco Bucarely.
La última religiosa que profesa en Pasión lo hace el año 1834. Se llamaba Sor María de Natividad, y la última que aquí se entierra, el 14 de febrero de 1836, fue "Sor María de la Concepción, que en siglo se llamaba Doña Ramona de los Ríos", natural de Sevilla. Curiosamente, coincide ser una de las hermanas que profesaron en 1775 sin dote por ser parientas de D. Pedro de las Roelas, fundador del patronato cuyos bienes fueron adjudicados a este convento.
Muy malos, desde el punto de vista económico, debieron ser los últimos tiempos del convento. González de León anota en 1836 que el jubileo que debía celebrarse en su iglesia el 29 de marzo, se celebra en San Esteban "por la orden de extinción y estar intervenidas". Y en el acta de la sesión celebrada el 2 de mayo de este mismo año por el Ayuntamiento de Sevilla, se lee una petición presentada por el administrador del convento, para que se le conceda espera para ejecutar el pago de las cantidades adeudadas en los ramos del alumbrado y limpieza. Pide también "que se retuviese la renta de una sola de las fincas embargadas, dejando las otras en libertad". No sabemos si son atendidas sus peticiones porque se acuerda que sea el presidente quien decida, pero está clara su pésima situación económica.
En la pág. 21 del libro de defunciones se lee esta nota: "el día 6 de mayo de 1837 fue reunida la comunidad de Santa María de Pasión, dominicas de Sevilla, al de Madre de Dios de la misma orden, constando la comunidad de Pasión de quince religiosas, trece de coro y dos de velo blanco".
Este día hay que darlo como fecha de la extinción del convento, aunque el libro recoge después las fechas de las muertes de sus quince religiosas en Madre de Dios. Dos de ellas mueren el mismo día y año: 18 de noviembre de 1847. Las cuatro últimas lo hacen después de la vuelta de las religiosas de Madre de Dios a su convento (en 1868 y durante nueve años las llevan a S. Clemente, perdiendo dos tercios del antiguo edificio). Allí no muere ninguna religiosa de Pasión.
La última fallecida es Sor María de la Paz de Santa Gertrudis. Tenía 98 años y fallece el 24 de diciembre de 1909. Por estas fechas, nada quedaba ya del antiguo convento. Veamos que pasó con el edificio.
Desalojado el 6 de mayo de 1837, no debió tardar mucho en venderse, pues González de León, en 1844, dice que "se está practicando una grande y lujosa obra para varios establecimientos, entre ellos un teatro que se dice ser para operaciones químicas". El teatro se estrena el 19 de septiembre de 1846, con el Hernani de Verdi. Su "fachada y pórtico" los trazó "D. Antonio Cabral Bejarano, en proporciones de exquisito gusto, dejando una plazoleta bastante espaciosa aunque las calles confluentes con este elegante coliseo fuesen vías excusadas y poco limpias". Todavía lo siguen siendo. Hoy, el mismo local, aunque reformado en varias ocasiones, vuelve a ser teatro.
También se establecieron en el antiguo convento un taller de litografía y la imprenta del "Diario Sevillano".
Suárez Garmendia nos dice el nombre del comprador del convento: D. José Henzeta, que lo transforma en teatro, aunque no coincide la fecha -1849- con la dada por Velázquez Sánchez para el estreno -varios años antes: 1846- y la obra, ya en marcha según González de León en 1844. No sabemos si es error mecanográfico o bien D. José Henzeta compra lo que todavía quedaba libre del convento después de hacer el teatro.
La iglesia del convento prácticamente no debió cerrarse. Hemos encontrado en el archivo del Palacio Arzobispal una instancia, dirigida al Gobernador eclesiástico por D. José Rafael Palacios y Malagón, clérigo de menores, con fecha 8 de maro de 1837 -es decir, dos días después de haber salido de convento las religiosas- pidiéndole licencia para mantener la iglesia abierta, agregándola a la parroquia de San Miguel "a la que pertenece". El motivo que aduce es, aparte de la ubicación de la iglesia, la devoción de un grupo de fieles que se compromete a pagar los gastos que suponga su mantenimiento. Debió concedérsele, pues Tassara afirma que la iglesia permaneció abierta hasta su supresión en 1868. Entonces ocupaba la iglesia, y "por más tiempo de veinticinco años", la Hermandad de la Veracruz. Debía estar allí la Hermandad desde fines del año 1840, ya que el derribo del convento de San Francisco, donde esta Hermandad tenía capilla propia, comienza el 12 de octubre de dicho año, y habían pasado 28 desde 1840. Algo más de los 25 que sabemos que estuvieron.
A pesar de los esfuerzos de la Hermandad para conseguir que les devuelvan la iglesia, que dicen se les dio a cambio de la capilla propia derribada en la obra de la Plaza Nueva, invocando para ello los acuerdos tomados por el propio Ayuntamiento en sesiones del 23 de abril, 8 y 25 de junio de 1852, con motivo del expediente incoado por la Hermandad, no lo consiguen.
La iglesia se concede en sesión de 7 de octubre de 1868 a una compañía de veteranos nacionales para cuartel. Todavía tenemos noticias de ella el 20 de agosto de 1870. Con esta fecha, el municipio dirige una "exposición" al Ministro de Hacienda a través del Gobernador de la provincia, licitando la propiedad, o al menos el usufructo de ella, donde dicen han tenido que hacer una serie de obras, para acondicionarla como Escuela Práctica Normal, conviviendo ésta en "buena armonía" con los veteranos.
No encontramos contestación a esta petición, y, probablemente, una vez trasladada la Escuela Normal a local más apropiado, la iglesia se vende. No sabemos la fecha exacta, pero consta que ya está vendida el 20 de enero de 1871 en la conformidad que da D. Francisco Florén para que, a petición de los vecinos de Zufre y su alcalde, se les entregue el retablo mayor de la iglesia y otro más pequeño. Dice no haber inconveniente en la entrega, "habiéndose vendido la iglesia". El 30 de enero de este año, el párroco de Zufre, D. José Mª Ortiz, firma el recibí. (Sin embargo, visitamos la iglesia parroquial de Zufre y el retablo no se encuentra allí ni nadie supo darnos alguna posible pista de su paradero).
Pero no se llevan el retablo completo. Los cuadros que lo adornaban, obra de Pacheco, así como los del retablo colocado al frente de la nave del evangelio, del mismo autor. habían sido ya llevados al Museo. También, los del retablo de San Juan Bautista, colocado en la misma nave, obra de Francisco de Varela, y un relieve de San Juan "en la tina", de Montañés.
Consta asimismo el destino de algún otro de sus retablos, recogidos por la autoridad eclesiástica, en un pequeño inventario, en cuyo margen se apuntó. Se conserva en el archivo del Palacio Arzobispal.
El altar mayor "faltándote los altorrelieves que parece se llevó la comisión del Museo'', "se va" -como hemos visto- a Zufre (realmente no aparecen ni los relieves ni el retablo). "Un altar pequeño, dorado, de la nave de la derecha", se lleva al hospital militar y "tres altares destrozados que se recogieron en Capuchinos (se refiere al depósito de objetos de culto instalado allí) y de ellos se arregló uno para San Lázaro y los restos se concedieron a la Rinconada". Parece pues que el retablo que se manda a San Lázaro fue compuesto con trozos de varios. En él se coloca un cuadro, de autor anónimo, cuyo tema era una santa dominica, procedente del segundo retablo de la nave de la epístola y que se coloca allí en la nave del evangelio.
El coro se lleva a San Andrés. Con fecha 26 de julio de 1871, la secretaría de cámara del Arzobispado ordena que se entregue a esta parroquia. Hemos comprobado que allí sigue.
No hay más noticias sobre el paradero de otros retablos, esculturas y objetos de culto de la iglesia. ¿Se lo llevaron las religiosas de Madre de Dios?, o bien, al quedar la iglesia abierta ¿dejaron todo allí? Lo único cierto es que hoy no queda memoria de nada, salvo lo aquí recogido.
Descripción del edificio.
La iglesia.
PLANTA
"De tres naves divididas por arcos sobre robustas y hermosas columnas de mármol pareadas". La nave central era "bastante alta", y su cubierta "de bovedilla que cubre la montera de madera que forma la techumbre".
"De ladrillo cortado, del orden dórico". Con "un relieve de mármol en el claro del segundo cuerpo que representa a Jesucristo crucificado y otros Santos".
Esta descripción, que nos da González de León, debe corresponder a la portada principal, situada, como veremos a lo pies del templo. Pero había otra, lateral, exactamente en la nave del evangelio, pues Tassara al describir los retablos de la nave del evangelio, hablando del dedicado a San Juan Evangelista, dice que estaba colocado en la nave del evangelio "y junto a una de las puertas de la iglesia". De todo esto se deduce que si la nave del evangelio daba a alguna calle tenía que ser forzosamente a la calle Pasión y la principal estaba situada en la calle Sierpes. Nada sabemos como era esta segunda portada.
COROS
"El bajo estaba a los pies de la nave de la epístola, porque en la del medio estaba la puerta principal del templo, y este coro estaba fuera del cuadrilongo que ocupa el templo. El coro alto está en la nave mayor sobre su tribuna construida al intento a la altura de las naves laterales".
PRESBITERIO
"Se eleva con cinco o seis gradas, y en él está colocado el bello"...
..."de dos cuerpos de medias columnas corintias, con sus correspondientes cornisas, pedestales, sotobancos y demás partes, sujetas a las más exactas reglas del arte y concluye con un cuadro en que está colocado un crucifijo de escultura". Su autor fue Jerónimo Velázquez, maestro ensamblador, quien el 13 de marzo de 1631, otorga carta de pago "al combento priora e monjas de la Pasión de Sevilla". Su precio fue de 9.700 reales, y afirma que lo tiene "acabado y puesto según las condiciones de la escritura de concierto". Siguiendo la descripción de González de León aña dimos que era de madera de alerce, "especie de pino incorruptible", y estaba dorado. Añade también que en el nicho principal del segundo cuerpo había "un alto relieve en que se ven casi enteros y del tamaño natural las imágenes de la Virgen que desciende sobre un trono de nubes con el niño en brazos a dar el rosario a Santo Domingo de Guzmán que se ve al pie de rodillas", y, en los intercolumnio de los dos cuerpos, cuatro cuadros con temas de pasión, originales de Pacheco. No está muy claro el paradero de esta "medalla", "bien dibujada y perfectamente concluida" cuyo autor se ignora y debió ser "la imagen de Nuestra Señora" que regala en 1631 -año que coincide con la fecha de la carta de pago dada por Jerónimo Velázquez- la religiosa Sor María de Santa Bárbara. Sabemos ya que costó 3.000 reales.
González de León dice que este "hermoso altar no se exceptuó de reforma". Se le añade un manifestador en el primer cuerpo de la calle central. No dice cuándo, y, al parecer del autor, "desdice bastante".
Nada más podemos añadir sobre este "hermoso" retablo, pues diversos autores que lo describen coinciden en en los datos. Sólo Ponz añade: "me dixeron que esta comunidad no estaba contenta con su retablo mayor antiguo y será una gran lástima que lo sustituyan por otro moderno sin el debido artificio, como se ha hecho en gran parte de estos templos".
Aunque en el inventario de los retablos procedentes de Pasión que se conserva en el archivo del Palacio Arzobispal no figuran, aparte del mayor, más que otro pequeño, y restos de tres, por la copia del acta de incautación, conservada en el archivo municipal, sabemos que había seis naves en el momento del cierre de la iglesia. De ellos no dice que un retablo en blanco, pertenecía a la Hermandad -de la Veracruz-, y lógicamente lo recogerían. De estos seis retablos, dos estaban en la cabecera de las naves laterales, y eran "de igual mérito que el mayor aunque muy pequeños, de un solo cuerpo".
El retablo que figuraba en la cabecera de la nave del evangelio, con lienzos de Pacheco, que se llevan al Museo, era obra de Juan de Oviedo y la Bandera, concertada el año 1601. La capilla pertenecía a Antón de Melo. El retablo tenía como soportes medias columnas del orden corintio y en la caja principal figuraba una Virgen con el Niño en brazos, con serafines y nubes sobre un pilar (advocación de la imagen). En las calles laterales figuraban esculturas de San Juan Bautista y San Antonio de Padua y en el remate un crucificado en todo relieve entre ángeles. Se ignora su paradero, pero se conserva en el Museo el relieve de la Virgen del Pilar.
En la misma nave del evangelio, y al lado de la puerta lateral de la iglesia, estaba situado el altar de San Juan Evangelista, también desaparecido o al menos no identificado, contratado por Martínez Montañés en 1637 para la capilla del jurado Luis de Venegas en 580 ducados. De este retablo sólo se conserva en el Museo el relieve de San Juan en "la tina".
Entre estos dos retablos ya citados, Tassara nos dice que había otro. Sólo indica que en el nicho había un lienzo representando la Anunciación, que también se lleva al Museo. En el acta de incautación figura como "otro retablo con una imagen y un cuadro de la Anunciación".
NAVE DE LA EPISTOLA
En la cabecera "está San José con el niño Jesús de la mano, de muy buena escultura". Nada sabemos sobre la autoría del retablo y escultura. Sí consta que "una efigie de San José de una vara y media de alto procedente de la iglesia de Pasión", se concede por la autoridad eclesiástica el 21 de diciembre de 1868 a Don Manuel González, y al no pasar a recogerlo se le entrega al "Señor Mariam".
De los tres retablos restantes, que debían estar situados en esta nave (dos había en la del evangelio y una puerta), no sabemos a quién estaban dedicados, sus autores ni el orden de colocación. Por la ya citada acta de incautación, podemos precisar solamente que uno de ellos tenía "una imagen de San Jacinto", otro "una Virgen en el cuerpo alto -que bien podía ser el de la cabecera de la nave-, el perteneciente a la Hermandad "en blanco" y "otro con dos tablas". De éste habla Tassara colocándolo "el segundo como se entra por la puerta de la iglesia".
Como perteneciente a la iglesia, aunque no estuviese permanentemente instalado, queremos dejar constancia de su monumento para la Semana Santa. Juan Martínez de Ariaga se compromete a hacerlo "para la semana santa próxima" el 17 de enero de 1617.
El convento.
EL CONVENTO
No hay más noticias de él que las que nos da González de León. "Es diáfano y con hermosas piezas comunes, aunque las celdas particulares eran por lo común oscuras y poco cómodas por las muchas escaleras y gradas que hay en los tránsitos" debido, según el autor, a "haberse ido aumentando" -el convento- "con casas y pisos desiguales".
"Es muy grande. Tiene sus arcos bajos y alto buenas columnas de mármol: en lo alto con antepechos de hierro y en lo bajo asientos". Estaba sembrado "el claro" con árboles y flores, y tenía una fuente en el centro. En los corredores del claustro había "algunos altares", y también sepultaban aquí a "religiosas notables''.
Tenía también otros patios, -el del forno lo hemos nombrado cuando se le ponen lonas-; entre ellos, nuestro autor destaca el de la portería, pues tenía como el principal "arcos y columnas".
Termina nuestro amigo diciendo que la comunidad fue ejemplar y -aquí nuestra única discrepancia- que se reunió con la de Santa María la Real. Sabemos que no fue así [Mª Luisa Fraga Iribarne, Conventos Femeninos Desaparecidos, Sevilla - Siglo XIX. Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano;
Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual. Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.
En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.
El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.Más sobre la calle Sierpes, en ExplicArte Sevilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario