Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el edificio 6 "Manuel José de Ayala", de Rodrigo y Felipe Medina Benjumea, Luis Fernando Gómez-Estern Sánchez, y Alfonso Toro Buiza, y sus jardines, en la Universidad Pablo de Olavide, en Dos Hermanas (Sevilla).
Hoy, 26 de marzo, es el aniversario del nacimiento (26 de marzo de 1728) de Manuel José de Ayala, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el edificio 6 "Manuel José de Ayala", de Rodrigo y Felipe Medina Benjumea, Luis Fernando Gómez-Estern Sánchez, y Alfonso Toro Buiza, y sus jardines, en la Universidad Pablo de Olavide, en Dos Hermanas (Sevilla).
Edificio perteneciente al núcleo de la antigua Universidad Laboral, hoy Universidad Pablo de Olavide, ejemplo de arquitectura del Movimiento Moderno que constituye una expresión de vanguardia en el contexto andaluz por el grupo de arquitectos OTAISA. El edificio es concebido a partir de una volumetría simple y racionalista, su materialidad original exterior fue la del mampuesto cerámico o ladrillo visto. Sin embargo, en el presente dicha textura se ve cubierta por un revoco pintado, de cromatismo variable según partes del mismo. El lenguaje formal adoptado, por tanto, es de alta abstracción e identidad con el discurso racionalista propio de los años en que se construyó.
Manuel José de Ayala, (Panamá, 26 de marzo de 1728 – Madrid, 8 de marzo de 1805). Jurista indiano y ministro de Capa y Espada del Consejo de Indias.
Nació en la ciudad de Panamá, del Reino de Tierra Firme, el 26 de marzo de 1728, en el seno de una noble y distinguida familia. En 1738 inició su formación en el colegio de San Agustín y San Diego de su ciudad natal, donde estudió Gramática y Retórica.
Hoy, 26 de marzo, es el aniversario del nacimiento (26 de marzo de 1728) de Manuel José de Ayala, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el edificio 6 "Manuel José de Ayala", de Rodrigo y Felipe Medina Benjumea, Luis Fernando Gómez-Estern Sánchez, y Alfonso Toro Buiza, y sus jardines, en la Universidad Pablo de Olavide, en Dos Hermanas (Sevilla).
Edificio perteneciente al núcleo de la antigua Universidad Laboral, hoy Universidad Pablo de Olavide, ejemplo de arquitectura del Movimiento Moderno que constituye una expresión de vanguardia en el contexto andaluz por el grupo de arquitectos OTAISA. El edificio es concebido a partir de una volumetría simple y racionalista, su materialidad original exterior fue la del mampuesto cerámico o ladrillo visto. Sin embargo, en el presente dicha textura se ve cubierta por un revoco pintado, de cromatismo variable según partes del mismo. El lenguaje formal adoptado, por tanto, es de alta abstracción e identidad con el discurso racionalista propio de los años en que se construyó.
El edificio se ordena de acuerdo a un eje longitudinal, del cual dependen las circulaciones principales en sus cuatro niveles (planta baja y tres niveles superiores) y los distintos espacios servidos (despachos, aulas, depósitos). Tres líneas de circulación vinculan verticalmente los distintos pisos del edificio: una exterior -próxima al ingreso- y dos interiores.
Solo una de dichas circulaciones se vincula a un sistema mecánico de ascensor. La respuesta funcional de esta arquitectura tiene una gran correspondencia con la disposición general en planta, estando también en directa relación con los espacios ajardinados exteriores. Al igual que las demás construcciones (edificios 2 al 14) se vincula en forma de peine con el pasillo central o llamado Pasaje de la ilustración, que hace las veces de columna vertebral del conjunto.
Los actuales edificios Manuel José de Ayala (edificio 6) y Félix de Azara (edificio 8) de la Universidad Pablo de Olavide conformaban el Colegio San Juan el Bosco de la antigua Universidad Laboral de Sevilla, el cual fue inaugurado en el curso académico 1965-66, diez años después del resto de los colegios salesianos. Este edificio albergaba salas de entretenimiento en la primera planta y residencia en las plantas restantes para los estudiantes de Ingeniería Agrícola y Capacitación Social.
En la actualidad se localizan aulas para la docencia en diversas áreas del conocimiento, mientras que las antiguas habitaciones de los estudiantes han pasado a ser los despachos de los profesores de la actual universidad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Los jardines del edificio 6 se configuran en varios espacios de planta rectangular, independientes y separados entre sí por el acerado, que rodean al edificio por sus caras norte, sur y este. En ellos pueden observarse distintas especies de árboles, arbustos y plantas herbáceas. Su base es de hierba (fachadas sur y este) y de tierra (fachadas norte y este), y el perímetro se delimita con una línea de adoquines, que según la zona, puede encontrarse al mismo nivel del suelo o por encima de éste, en forma de escalón.
Los terrenos de la cara norte y parte de los del este, presentan una ligera pendiente conforme se alejan del edificio en dirección al aparcamiento 7 y a la calle Lorenzo Rodríguez respectivamente. El jardín de la fachada norte, presenta también un arriate en la parte alta de la pendiente.
En la cara sur se encuentran ejemplares de Pacífico (Hibiscus rosa-sinensis), Flor del amor (Agapanthus africanus), Tipuana (Tipuana tipu), Drago canario (Dracaena draco) así como un Rosal tapizante (Rosa sp.).
El Pacífico es un arbusto perennifolio que puede alcanzar los 2 metros de altura, con hojas simples y alternas, de color verde brillante; las flores son solitarias y tienen forma de embudo, pudiendo ser de color rojo, naranja, rosa o amarillo. La Flor del amor es una planta perenne con raíces tuberosas, hojas lineares de unos 30 cm de longitud de color verde, y flores azul intenso o de color blanco. La Tipuana es un árbol de tamaño medio, con flores amarillas y frutos con forma de legumbre alargada. El Drago canario es un árbol perenne que puede alcanzar los 18 metros de altura, las hojas son sésiles y de color verde y presenta un tronco grueso que no se ramifica hasta cierta altura; las flores son de color blanco verdoso y aparecen agrupadas, los frutos son bayas de color anaranjado. El rosal tapizante puede presentar flores simples o dobles, generalmente en ramilletes que contienen de 3 a 11 flores, y crecen desparramados por el suelo.
En la fachada este son visibles individuos de Álamo blanco (Pupulus alba), un Pino de Norfolk (Araucaria excelsa) y dos ejemplares de Limpiatubos (Callistemon citrinus). El Álamo blanco puede superar los 30 metros de altura, el envés de las hojas es blanquecino, presenta flores rojizas (masculinas) y amarillo verdosas (femeninas), y su fruto tiene forma de cápsula. El Pino de Norfolk es un árbol de copa piramidal que alcanza los 70 metros de altura, con hojas de color verde brillante, y semillas aladas. El Limpiatubos es un arbusto perennifolio que puede llegar a los 4 metros de altura con hojas estrechas, lanceoladas, de color verde, y flores rojas con aroma a limón.
En la cara norte hay varios ejemplares de Falsa pimienta (Shinus terebinyhifolius) y de Palmera mexicana (Washingtonia robusta). La Falsa pimienta es un árbol perennifolio con hojas estrechas de color verde oscuro, flores pequeñas de color blanco y frutos en forma de drupa. La Palmera mexicana puede superar los 30 m de altura, tiene un tronco fino, hojas muy grandes de color verde brillante, flores hermafroditas de color blanco y frutos pardos de menos de 1 cm.
Las Oficinas Técnicas de Arquitectura e Ingeniería S.A. (OTAISA), recibieron el encargo de construir la Universidad Laboral de Sevilla en 1949.
Además de las edificaciones destinadas a acoger a los alumnos, los arquitectos encargados de proyecto tuvieron en cuenta la importancia de los jardines en un campus como este, creando diferentes composiciones, que van desde espacios verdes pequeños a jardines de mayor envergadura y trazado geométrico, pasando por grandes arboledas que limitan con las zonas de cultivo cercanas a la universidad.
Actualmente estos jardines forman parte de la Universidad Pablo de Olavide, que se asienta en los terrenos de la Antigua Universidad Laboral (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Manuel José de Ayala, personaje que da nombre a la obra reseñada;Manuel José de Ayala, (Panamá, 26 de marzo de 1728 – Madrid, 8 de marzo de 1805). Jurista indiano y ministro de Capa y Espada del Consejo de Indias.
Nació en la ciudad de Panamá, del Reino de Tierra Firme, el 26 de marzo de 1728, en el seno de una noble y distinguida familia. En 1738 inició su formación en el colegio de San Agustín y San Diego de su ciudad natal, donde estudió Gramática y Retórica.
Posteriormente cursó Artes en el colegio de San Ignacio de Loyola, de la Compañía de Jesús, para finalmente graduarse como maestro. Aprendió luego Jurisprudencia y por un tiempo ejerció los cargos de promotor fiscal del Juzgado eclesiástico de Panamá y agente fiscal de la Real Audiencia de Panamá. Pasó después a la Península, en donde se graduó, el 20 de noviembre de 1753, de bachiller en Cánones por la Universidad de Sevilla. Alrededor de 1755, se instaló definitivamente en Madrid.
El 18 de agosto de 1763, fue nombrado archivero de la Secretaría de Estado y del Despacho Universal de Indias, iniciándose así su brillante carrera administrativa, donde alcanzó, tras varios ascensos, la categoría de ministro de Capa y Espada del Consejo de Indias.
Asimismo, en 1785 recibió el título de caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III. Durante todos los años en los que sirvió en la burocracia real, Ayala alternó sus tareas oficiales con la ejecución de sus obras. Su empeño en la realización de las mismas se explica por el deseo del autor en progresar en el escalafón burocrático, para lo que escribió numerosas cartas y memoriales ofreciendo estos trabajos a sus superiores, aprovechando además dichas solicitudes para demandar ascensos y recompensas. Llegó a ser tan insistente que sus continuas peticiones le tornaron impopular entre sus jefes. Murió el 8 de marzo de 1805 sin haber logrado, a su juicio, ver recompensada la obra que había realizado, quizá, tal y como han señalado algunos autores, por su falta de criterio riguroso y por apuntar aptitudes de aficionado.
La obra de Manuel José de Ayala es muy extensa, habiendo merecido algunos aspectos de la misma la atención de prestigiosos historiadores y juristas. De toda su producción historiográfica pueden destacarse cuatro trabajos: la Colección de Cédulas y Consultas; el Diccionario de Gobierno y Legislación de Indias; la Miscelánea; y las Notas a la Recopilación de las Leyes de Indias. Centrándose en el Diccionario, resulta imposible comentarlo sin hablar del Cedulario, tal y como es imposible buscar el origen de las obras de Ayala sin hacer mención al caos en el que se encontraban los papeles del Consejo de Indias, y al incendio del madrileño Alcázar de los Austrias en 1734.
El mismo Ayala, en sus numerosos memoriales, hace referencia a la confusión y desorden en que se encontraban los documentos y libros del Consejo que se consiguieron salvar del incendio. Se encontraban éstos apilados y sin orden, lo que ocasionaba su deterioro y dificultaba su consulta cuando eran necesitados por los ministros del Consejo. A estas circunstancias se añadía que habitualmente se “extraviaban” e iban a parar a manos de particulares o de libreros de donde el propio Ayala rescató un buen número. De toda esa lamentable situación eran directamente responsables los funcionarios del Consejo de Indias que, entre otras cosas, no habían cumplido las leyes que ordenaban tener al día el Archivo y guardar todos los materiales referentes a las Indias, los cuales no se podían sacar de él sin contar con un permiso expreso del propio Consejo.
Estas dos razones, la situación de los papeles tras el incendio y el incumplimiento de la legislación por parte de los funcionarios, movieron a Ayala a iniciar su labor. A partir de 1763 consiguió poner en orden la mayor parte de los papeles, mapas y planos que se encontraban en montones de informes.
También reparó la pérdida de documentos, comprando los que tuvo oportunidad a los libreros. De este modo organizó y ordenó los fondos existentes, si bien su labor no se limitó a esto, sino que comenzó a elaborar su colección con los materiales que sus antecesores no habían ordenado, y que el incendio no había destruido.
Su intención parece que fue cumplir ampliamente con su trabajo y recibir una recompensa por ello. Lo primero queda claro que lo consiguió; lo segundo, esto es, las recompensas obtenidas por su labor, nunca fueron —a su parecer— suficientes.
Con el propósito de ayudar a los gobernantes en su tarea confeccionó su Cedulario. Éste recoge una masa legislativa inmensa que pretende llenar las lagunas existentes en los archivos oficiales teniendo en cuenta que los registros de Oficios y Partes no ofrecían una fácil consulta. Una segunda obra elaboró Ayala para facilitar el manejo del Cedulario, ésta no es otra que el Diccionario que resume, extracta y ordena por materias el contenido de la primera. Es decir, son obras que se complementan hasta el punto de que sin la segunda no tiene ningún valor la primera, ya que en definitiva el Diccionario no es más que una guía del Cedulario. Supone el Cedulario una obra de las mismas características que la llevada a cabo en 1596 por Diego de Encinas, en el sentido que ambas obras constituyen auténticos “cedularios”, obras de consulta, tanto en su momento para los juristas, como en la actualidad para los investigadores.
Las fuentes de las que obtuvo Ayala sus copias fueron las que pasaban por sus manos en su labor de archivero, esto es, no utilizó duplicados, sino que reprodujo los originales. También utilizó una colección de la Secretaría de Guerra y además las de Temporalidades de los Jesuitas. Igualmente del extracto de las Consultas del Consejo y Cámara de Indias y de las formadas por la junta encargada de elaborar el nuevo código. Otros documentos los compró en testamentarías, como él mismo señala. Todos estos documentos fue copiándolos según llegaban a sus manos sin agruparlos por ningún orden temático ni cronológico. Para realizar esta colección voluminosa contó con cuatro escribientes que pagó personalmente, llegando a contar con algo más de 130 volúmenes. Ciertamente, desde el primer momento se evidenció la necesidad de una guía para el manejo de este gigantesco volumen de leyes; esta guía, como ya hemos dicho, fue el Diccionario.
En el manuscrito original del Diccionario, las disposiciones se hallan ordenadas y resumidas bajo voces o materias de manera alfabética, aunque siguiendo la ortografía antigua, por lo que voces como “iglesia” o “indios”, aparecen como “yglesia” e “yndios”. Además éstas no se encuentran ordenadas cronológicamente. Cuando se emprendió la edición de la obra, M. M. del Vas Mingo decidió organizar alfabéticamente de nuevo las distintas voces, actualizando su grafía en las que no era previsible que el investigador usase actualmente, o bien haciendo llamadas sobre su ubicación actual. Asimismo, se procedió a ordenar las disposiciones de forma cronológica en cada uno de los términos.
Tanto del Cedulario como del Diccionario se conservan dos ejemplares: uno en el Archivo Histórico Nacional (Madrid) y otro en la Biblioteca del Palacio Real (Madrid). El Cedulario del Archivo Histórico Nacional consta de cuarenta y dos volúmenes manuscritos, mientras que el conservado en la Biblioteca del Palacio Real tiene ochenta y un volúmenes también manuscritos. Por su parte, tanto el Diccionario del Archivo Histórico Nacional como el de la Biblioteca del Palacio Real constan de veintiséis volúmenes manuscritos. Cada uno acompaña a su respectivo Cedulario.
Nunca se ha realizado la edición del Cedulario, debido, muy posiblemente, a que el desorden con que están compiladas las disposiciones y su falta de criterio ordenador dificultan en exceso su consulta. Por otra parte, el volumen de la colección entraña enormes problemas editoriales. Por estas razones es importante la utilización del Diccionario porque su manejo, en sí mismo, permite conocer la legislación dada acerca de una determinada materia entre los siglos XVI y XVIII. Esta legislación está recogida casi al pie de la letra, con un resumen fiel y muy extenso. Del cotejo de las disposiciones compendiadas en el Diccionario con los textos originales, se infiere que la parte dispositiva está fielmente extractada en el mismo, por lo que su manejo hace innecesaria la búsqueda del original en el Cedulario; salvo aquellos casos excepcionales en que el preámbulo y la exposición de motivos, en ocasiones, pueden aclarar el porqué de la ley y hacen inexcusable su localización en el Cedulario (Biografías de la Real Academia de la Historia).
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