jueves, 30 de julio de 2020

El Pabellón de Marruecos para la Exposición Iberoamericana de 1929

El Pabellón de Marruecos para la Exposición
Iberoamericana de 1929. José Gutiérrez Lescura.
   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Marruecos para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
   Hoy, 30 de julio, se celebra en Marruecos el día del Trono, que se considera la Fiesta Nacional, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón de Marruecos para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
   El Pabellón de Marruecos para la Exposición Iberoamericana de 1929 se ubica en la Avenida de Moliní, 4, en el Barrio El Prado - El Parque de María Luisa, del Distrito Sur, y actualmente está ocupado por la Delegación de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla.
   La Exposición Iberoamericana de 1.929 supone la transformación urbana más importante de la ciudad en época contemporánea hasta 1992. El recinto se desarrolla en un entorno ajardinado en el que se disponen arquitecturas singulares que lo monumentalizan: apoyado en el curso del río y en edificios existentes de la importancia de la Fábrica de Tabacos o del Palacio de San Telmo, da forma al deseo de crecimiento hacia el sur que la ciudad ya había manifestado en proyectos como el trazado del Salón de Cristina o El Jardín de las Delicias de Arjona.
   El escenario fundamental es el del sector segregado de los jardines del Palacio de los Montpensier y que constituyeron el Parque de María Luisa en honor de la cesión por la infanta María Luisa de Orleáns, prolongado en el Jardín de las Delicias y a lo largo de la Avenida Reina Victoria (hoy Paseo de las Delicias y de la Palmera) hasta el Sector Sur. Otros edificios dispersos se situaron en los jardines de San Telmo o, en el caso singular del Gran Hotel "Hotel Alfonso XIII- en el Jardín de Eslava.
   El trazado inicial surge como consecuencia del concurso de anteproyectos celebrado en 1911 y del que se eligió la propuesta de trazado unitario presentada por el arquitecto Aníbal González y que, en los que le siguieron (1913, 1924, 1925 y 1928), se fue desfigurando en aras de una implantación dispersa con la intervención de un número más amplio de profesionales. El arquitecto dimitió falleciendo poco antes de inaugurarse el certamen.
   El Pabellón de Marruecos, situado en el Sector Sur, próximo al Pabellón de Cuba, participa en el evento en cuanto colonia española con un proyecto abstracto no concebido especialmente para ninguna exposición en concreto. El objetivo era el de plasmar el entorno en que se desarrollaba la vida en la colonia: minarete, celosías, cúpula, lienzos extremadamente blancos y la composición de pretiles, cornisas y vanos, recrean el imaginario romántico de ese oriente próximo contemplado a través de la mentalidad europea en una difícil mezcla de arquitectura doméstica, al interior, y religiosa, en su exterior.
   El edificio se organiza en torno a un patio central y cinco salones: el salón moruno y cuatro salas de exposiciones iluminadas por lucernas cenitalmente. Arquerías de herradura en el acceso al patio y pilares octogonales en su centro para cubrir una montera de siete por siete metros, caracterizaban este espacio principal de distribución a través de sus galerías (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
EL PABELLÓN DE MARRUECOS
   El pabellón de Marruecos pretendía ser una representación fidedigna de cómo era la colonia, la forma de vida de sus habitantes y lo que ella producía. Sería:
El Alminar del Pabellón de Marruecos de la
Exposición Iberoamericana de 1929.
   "... un exponente de lo que es nuestro Marruecos en sus aspectos económico, en el artístico y en el social; que diera al visitante información de lo que produce y de cómo vive... difícilmente puede llegarse a una más fidelísima representación de lo que es nuestra zona".
El proyecto inicial
   El edificio es una síntesis de la arquitectura nacional ya que se concibió como un pabellón ideal para una exposición indeterminada. Es decir, el proyecto, firmado en enero de 1925, no fue una creación exprofesa para la Iberoamericana sino que tenía sus raíces en un anteproyecto de pabellón para un certamen ficticio, que, en colaboración con el arquitecto José Gutiérrez Lescura, Director de la Escuela de Artes e Industrias Indígenas de Tetuán, había realizado el pintor y acuarelista Mariano Bertuchi, quien liego actuaría además como Director Artístico del pabellón. Se aunaban para realizar esta obra dos personajes clave para entender el proceso de renovación pedagógica de las artes industriales experimentado en España e Iberoamérica durante los siglos XIX y XX, en su primera mitad.
   Gutiérrez Lescura era en aquel momento Director de la Escuela de Artes y Oficios Tradicionales de Tetuán, cargo que ocupó desde que en 1920, siendo entonces Arquitecto Municipal de Tetuán, sustituyera a Antonio Got Inchausti. Gutiérrez Lecura sería un gran impulsor de la Escuela; durante la etapa de su gestión se crearon talleres diversos (de haitis y almohadones, de ebanistería, de incrustaciones de estilo granadino,...) con lo que el centro fue adquiriendo un éxito que motivaría, años más tarde, la creación de la Escuela de Trabajo de Tetuán. Precisamente el auge que fue tomando la Escuela de Artes y Oficios, cuya actividad docente se fue consolidando en aquellos años, favoreció la decisión de que las autoridades proyectasen la construcción de un edificio para albergar los talleres que permitieran crear otros nuevos y admitir a un mayor número de alumnos, iniciándose las obras del nuevo edificio, el actualmente en uso, durante la gestión de Gutiérrez Lescura.
   Entre sus obras construidas destacamos la reforma acometida en 1929, durante el desarrollo de la Exposición, de la Hacienda Torre Doña María, del Municipio sevillano de Dos Hermanas, dotando de su aspecto actual a la edificación construida en el siglo XIV, sobre una alquería árabe, por Pedro I el Cruel para residencia de Doña María de Padilla. Como Arquitecto Municipal de Tetuán una de sus obras más emblemáticas fue la Plaza morisca construida sobre el Feddán, posteriormente destruida para construir la Plaza actual del arquitecto Pinceau.
   El otro artífice del pabellón fue Mariano Bertuchi Nieto, pintor español, nacido en Granada, discípulo de Muñoz Degrain (Granada 1885 - Tetuán 1955). Desde 1902 Bertuchi se había hecho conocer a raíz de una exposición en el Círculo de Bellas Artes, y de la obtención en esa fecha del premio de Paisaje en la Escuela de Bellas Artes de Madrid y varios premios y menciones en exposiciones del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1904, 1907). Ya en 1917 había realizado algunas obras de tema tetuaní. En 1921 fue con los soldados españoles a la Campaña de Marruecos, presentando en la Exposición de aquel año varios cuadros sobre Xauen. Tras ella, Bertuchi se afincó en Tetuán, dedicándose con preferencia al paisaje marroquí. Mariano Bertuchi sería el autor de los diseños del pabellón el encargado de la decoración artística que se realizaría con los trabajos ejecutados en la Escuela de Artes y Oficios Tradicionales de Tetuán regentada entonces por Gutiérrez Lescura, para lo que hubo incluso que recurrir a artesanos procedentes de la zona francesa. El éxito de la labor de Bertuchi justificará su nombramiento en 1930 como Director de la Escuela, cargo que compatibilizó con el de Inspector de Bellas Artes y con su profesión como pintor.
Muro exterior del Pabellón de Marruecos de 1929.
   El anteproyecto de estos dos autores se convirtió en la génesis del edificio que nos ocupa, aunque -según Gutiérrez Lescura- nunca se pensó que se llegara a traducir a la realidad, pues no era más que una expresión de los sentimientos artísticos de ambos, quienes -pese a estar "... obligados en razón de sus cargos y de sus aficiones a permanecer en la zona del protectorado español"...- se sentían muy identificados con el arte marroquí.
   Desconocemos de cuando data ese proyecto pero es de suponer que fuese anterior a abril de 1924, ya que está documentado que en esa fecha Aníbal González se puso en contacto con José Gutiérrez Lescura y por tanto sería posible que el Arquitecto General del Certamen, recurriera a éste porque conocía el anteproyecto que había elaborado con Bertuchi. Tampoco descartamos la posibilidad de que cuando Aníbal González tratase con Lescura lo hiciera dado el cargo que éste ostentaba y que aún dicho anteproyecto no estuviera realizado.
   Fue por ello que el pabellón no salió a concurso sino que la Dirección General de Marruecos lo encomendó a Gutiérrez Lescura. El proyecto final, que data de enero de 1925, marcaba sólo las líneas arquitectónicas, la idea general y los principales reguladores del edificio ya que éste eludía todo lo referente a los elementos decorativos, los cuales, oportunamente, habría de concretar el Director General de la obra.
   El terreno, concedido en diciembre de 1925, estaba en el antiguo Camino de Tablada, en los Jardines de las Delicias. Tenía una extensión de 55 m. con fachada a la Avenida de Luis de Moliní y 48 en sentido perpendicular a dicha avenida; es decir el solar tenía 2.650 m2. de superficie. El pabellón quedaba, por tanto, entre los de Colombia y El Golfo de Guinea y cercano al de Marina de Guerra. Para agrupar en lo posible los pabellones estatales se incumplía uno de los requisitos de la memoria del proyecto: aquel que especificaba que el solar, aproximadamente rectangular, debería estar aislado. Aunque sí se cumplía la primera condición -referente a las proporciones del predio- no sucedió así con la segunda, de modo que los problemas posteriores referidos a la ampliación del proyecto primitivo tuvieron lugar al incumplirse ésta.
   El 10 de julio de 1925, la Dirección de Comercio de la Alta Comisaría de España en Marruecos adjudicó las obras del pabellón al contratista Florencio Maesdu, estableciendo seis meses como plazo de ejecución. El importe o presupuesto del proyecto ejecutado por la administración era de 115.428'50 ptas. y por contrata 128.876'66 ptas. Las obras debieron iniciarse a principios del año siguiente. Nos consta que en enero de 1926 ya se estaba realizando la cimentación pues el 6 de febrero The Seville Waterworks Company Limited solicitaba al Presidente permiso para variar la disposición de las tuberías de agua potable del río en los Jardines de las Delicias, ya que éstas estorbaban para abrir los cimientos, ocupándose de ello el ingeniero Sr. Izquierdo.
La fachada principal del Pabellón de Marruecos.
*
   El pabellón de Marruecos resumiría la arquitectura islámica de Tetuán, así como de las artes decorativas tetuaníes (cerámica, madera, estuco, forja, etc.); los mismos proyectistas se mostraron interesados por que, al tiempo que armonizara con el ambiente y la luz de Sevilla, el pabellón destacase por su exotismo local.
   El conjunto marroquí presentaba dos partes que, aunque yuxtapuestas, quedaban independientes entre sí: el pabellón de exposiciones y los bakalitos y las edificaciones complementarias a éstos. El pabellón, que -algo modificado- se conserva en la actualidad, era permanente mientras que los bakalitos, a desmontar una vez concluido el Certamen, fueron efímeros y -como ya comentaremos- se demolieron en 1932. Incorporando estas construcciones provisionales, sus autores pretendías que fuera:
   "... no un edificio de exposición, frío y sin vida, sino una instalación que, a la par, se ajuste en la medida de nuestro saber al estilo de este país, que lleve un poco de vida palpitante".
   Concebidas ambas partes -permanente y provisional- como un todo unitario, podemos desglosar sus componentes desde el punto de vista arquitectónico en los siguientes elementos: un alminar propio de la arquitectura religiosa: una qubba, que lo es de la funeraria; el interior de la doméstica-palaciega y los bakalitos. Estos expresaban cómo vivía el mogrebino que reparte sus horas entre la mezquita, el comercio y el hogar.
   Aunque su entrada no era en recodo, como sería normal en una casa musulmana o un palacio tetuaní, el pabellón propiamente dicho venía a ser una plasmación de la arquitectura doméstica, concretamente de la casa palacio tetuaní de los siglos XVII al XIX. En cualquier caso, parece lógica esta modificación para dar funcionalidad al conjunto como edificio de exhibición. Desde la calle se accedería al pabellón a través de un zaguán. Quedaba éste separado del patio por una triple arcada de herradura, con dos columnas rematadas por capiteles de avispero, labrados a mano sin molde en la Escuela de Artes Indígenas de Tetuán y frontis de yesería tradicional musulmana. El mismo tipo de arquería, aunque de mayor dimensión, se repetía en la división de la estancia para exposición de la zona frontal del patio, con los arcos en cuatro hornacinas que adornan los dos paramentos laterales de ambas piezas. El arquitecto Ramón de Torres, siguiendo la definición de los diferentes tipos de casa-patio que caracterizan la Medina de Tetuán, a partir de los elementos del patio (basándose en el criterio de la historiadora Nadia Erzini) indica que el pabellón de Marruecos en la Iberoamericana respondería al tipo de casa con patio de cuatro pilares y vigas de madera, que se había introducido en la Medina de Tetuán a comienzos del siglo XIX en las casas de los comerciantes de Fez y que se desarrollaría en otras casas más pequeñas. De esta tipología, dirá el autor:
Portada principal del Pabellón de Marruecos.
   "Las galerías de patio, que tiene una dimensión más reducida, se apoyan normalmente en cuatro pilares o mediante un arco en cada uno de los lados. En la planta primera desaparece el uso del arco y cuatro pilares sostienen vigas de madera tallada y pintada. La decoración de la estructura de madera proviene de la tradición de la arquitectura doméstica de Fez. Las formas arquitectónicas se expresan mediante un lenguaje enraizado en los motivos locales tradicionales, que incluyen el empleo de arcos de herradura apuntados y arcos ojivales. Este tipo (de casa) es el que tiene una menor implantación porque rápidamente es sustituido, a comienzos del siglo XX, por el tipo de casa-patio sin pilares".
   En el pabellón el patio central servía como pieza de distribución pues tras sus galerías perimetrales se abrían cinco dependencias. En origen, el pabellón constaba de cuatro salas de exhibición de productos de la zona (metalistería, tejidos, bordados, cerámicas, marquetería, pinturas,...) y un salón moruno. Distribuidas estas salas a los dos lados del pórtico, el Salón o Dormitorio Moro quedaba al fondo, subdividido en dos por un muro pantalla de tres arcos.
   Todas las dependencias tendrían el en techo lucernas para dar luz cenital. Por el contrario, en el centro del patio apoyado en cuatro esbeltos pilares octogonales, quedaba un hueco de luces de 7 x 7 m., cubierto con sencilla montera de cristal y hierro. Según se preveía en el proyecto de 1925 la montera sería de 2 x 2 m., no de 7 x 7 m. como finalmente se realizó, lo que nos indica que también en un principio se pensó que el patio fuera menor. Bajo la montera quedaba un friso decorativo con canecillos y elementos decorativos tallados en cedro de Ketama, realizado en madera sin pintar, con objeto -explícitamente manifiesto- de que se viera que no era yeso.
   El presupuesto total de las instalaciones marroquíes fue 178.876'76 ptas., de las que para la ornamentación del patio central se emplearon 65.000 ptas.
   La decoración interior de todo el edificio se inspiraría en las ricas mansiones tradicionales. Para depurarlas de "anacronismos y mezcolanzas de otros estilos, que la ignorancia artística de algunos naturales les hace acometer", sus autores emplearon piezas de primera calidad, ejecutadas en los talleres de la Escuela de Artes Indígenas de Tetuán, tanto las maderas pintadas o ensambladas, cerámicas (alicatados), como los elementos decorativos, arcos estucados y angrelados, capiteles, etc. Así, se le daría al edificio un sabor local, contribuyendo a ello (además de los bazares, un café moruno y los emparrados), el hecho de los materiales se fabricasen por mano de obra especializada de Tetuán. La carpintería de taller se realizó en la Escuela de Artes Indígenas de Tetuán con madera de tea labrada o tallada y pintada policromada. Se centró en las grandes puertas abatibles realizadas con madera maciza, las ventanas y celosías con tracerías propias del país (de las cuales se conservan cinco), en los artesonados del salón moruno y las puertas de entrada a las salas de exposición, patio y vestíbulo.
Placas en la fachada del Pabellón de Marruecos.
   También en la Escuela de Artes Indígenas de Tetuán se realizaron para decorar el patio y el vestíbulo, zócalos de azulejo (mosaicos morunos o aliceres). Éstos se desarrollan a partir de una estrella de ocho puntas o lazo de a ocho o andaluz, utilizando los cinco colores característicos: blanco, negro, azul, verde y melado.
   Según estaba previsto en la memoria, los pavimentos del patio y del vestíbulo fueron de mármol blanco con aplicaciones. En cambio, en los bakalitos, salas de exposición y salón moruno se emplearon losetas de barro rojo hexagonales de unos 12 cm aproximadamente con aplicaciones de cerámica diseñadas por la Escuela de Artes Indígenas. También lo fueron los afiligranados faroles de metal calado que decoraban el pabellón, de los cuales el que colgaba del centro de la montera tenía dos metros, y los aldabones bronce labrado de las puertas, entre los que destacaba el de la principal. Completaba la decoración del patio una fuente de mármol del país, cuyo coste fue de 1.250'00 ptas.
   Del mismo modo, la opulenta decoración de los interiores evocaría las ricas mansiones tetuaniés, lo que según las fuentes de la época se debió a la "inspiración" del Conde de Jordana. Por ejemplo, los muros del llamado Salón Moro se recubrían por haitín de terciopelo y oro, disponiendo almohadones de seda y magníficas alfombras en los suelos de las alcobas.
   Si al interior el pabellón evocaba las fastuosas viviendas marroquíes, al exterior se ofrecía como un edificio religioso, ello fue necesario para dar una fisonomía propia al pabellón, dado que las viviendas árabes carecen de decoración exterior y nunca se dan aisladas. Por ello, como se hace refiere en el proyecto inicial de 1925, se recurrió a alminares, cúpulas y ornamentación almenada, Así, los muros se remataban con merlones, de distintos tamaños, blanqueados y realizados con ladrillo y mortero de cemento.
   La alusión más clara a la arquitectura religiosa, era el alminar, que era un elemento constante en los pabellones de exposiciones. Aunque en el proyecto primitivo se ideara construir alminares en los cuatro ángulos, finalmente sólo se edificó uno, a la derecha del vestíbulo de acceso, el cual evocaba claramente a los típicos tetuaníes.
   Este alminar consta de dos prismas. El inferior constituye la casi totalidad de la azoma; en él se englobaba la escalera interior que lleva a la terraza superior. La escalera del pabellón es totalmente convencional y moderna, no intentando recrear las de los alminares magrebíes, las cuales generalmente giraban hacia la izquierda según se ascendía. En su exterior el alminar muestra el estilizamiento prototípico de la azoma tetuaní, pero la diferencia externa fundamental entre el del pabellón y el tetuaní de "influencia andaluza", consiste en que aquel ha perdido los paños de sebka que decoran los cuatro costados y han sido sustituidos por unas composiciones historicistas de cerámica. En ambos casos sigue persistiendo el blanco de la cal como componente de revestimiento tradicional.
Decoración del vestíbulo del Pabellón de Marruecos.
   El segundo prisma es una composición menor que tiene la finalidad de servir de remate a la caja de escalera y también, en ocasiones, a los alminares magrebíes. Sirve como refugio del almuédano cuando está en la terraza del prisma inferior. El remate tradicional, suele estar compuesto por un tejadillo como el del pabellón y una terraza pequeñísima con una semiesfera. Indistintamente, sobre estas composiciones se coloca el yamur (manzanas simbólicas) u otro último elemento, común en los alminares marroquíes, también representado en el pabellón: un soporte, en este  caso metálico, que tiene la misión de servir de asta a la bandera blanca izada durante el Adan (llamada a la oración), si es de día y de soportar una simple bombilla encendida si el Adan es nocturno o si es el del Salat al Magrib (el de la puesta de sol).
   También contribuyendo a dar al pabellón una apariencia religiosa, el proyecto primitivo indicaba que en dos ángulos habría sus correspondientes cúpulas, evocando las qubbas funerarias o morabitos de los santones marroquíes, que constaban de un cuerpo inferior, cuadrado y otro superior en forma de casquete. En el caso sevillano las cúpulas eran de ocho paños. Aunque en el exterior daban la apariencia de kubbas, en realidad eran cúpulas de rasilla, enlucidas y encaladas. Además quedaban adosadas al pabellón, disponiéndose sobre salas rectangulares, no cuadradas: una de ellas, la aún conservada, se disponía sobre el Salón de Gráficos y otra en la sala existente tras la anterior y que en las reformas de 1932, desapareció pues, derrumbada con la caída de un árbol, se prefirió sustituirla por terraza, al no tener punto de vista alguno y por no merecer la pena su consiguiente reconstrucción. En cambio, aunque dichas reformas afectaran igualmente a la cúpula de la fachada principal ésta, agrietada y deformada, se reconstruyó tal cual con la misma planta e idéntico peralte ya que su eliminación podía alterar significativamente la fisonomía del proyecto.
   En otro ángulo, la cubierta tendría forma de pabellón con teja verde. Salvo en estos tres ángulos, el resto del edificio iba cubierto con azotea. La teja verde vidriada, que aparecía también en guardapolvos y tejaroces de vanos, era la propia de los santuarios y las mezquitas del Norte de Marruecos pero no de Tetuán donde las cubiertas son en terraza y con tejas normales.
   No podía faltar el agua como elemento esencial en el mundo árabe. Junto al alminar , a la derecha de la puerta de entrada, como sucede en alguna casas tetuaníes, aparecía adosada una fuente compuesta ella por los aliceres cerámicos ya descritos y una pila de recepción. Muy diferente era la fuente que, realizada en mármol, ocupaba el centro del patio.
   La ambientación se completaba con un café moro típico y un jardín moruno entre el muro y el pabellón. Entre éste y los bakalitos se dispondrían rosales, naranjos, etc. y en na de las fachadas laterales, adosados a los bakalitos, un emparrado, de alfanjías de madera y listones. Los emparrados construidos a base de pilares de fábrica de ladrillo enlucido por las dos caras de 0'40 x 0'40 x 4 m., se recreaban en la jardinería doméstica de las casas nobles tetuaníes. Habría que señalar cómo la jardinería del pabellón marroquí envuelve a la arquitectura cuando en el mundo islámico es precisamente la arquitectura doméstica la que envuelve a la jardinería, al ser ésta privada y no pública como en Occidente. Este cambio obedece a la traslación lógica de intereses funcionales.
Patio del Pabellón de Marruecos para la Exposición del 29.
   El pabellón poseería una serie de bakalitos provisionales, bazares o diminutas tiendas de objetos marroquíes similares a las de los zocos tetuaníes, con una única abertura al exterior y un típico cierre con una barra de hierro. Concretamente, se pretendía que fuera una reproducción del Guersa Kebira, pintoresco barrio comercial de Tetuán. Como veremos más adelante, el número de bakalitos construidos se vió ampliado a diecinueve a raíz de las modificaciones habidas en el proyecto en 1927 y 1928. Quedarían no exentos sino adosados a otras edificaciones, como sucedía en el mundo árabe respecto a las casas. Un primer grupo, constituido por trece bakalitos, se dispuso junto al muro de separación con el pabellón de Colombia. En el segundo, numéricamente más reducido (seis bakalitos) quedaba adosado al costado derecho del pabellón, contiguo a las instalaciones guineanas. Pese a que estaba previsto que todos estos bakalitos, dada su condición efímera se derribaran, cuando en 1932 se encargara a Granados sólo se demolieron posiblemente seis del costado del pabellón de Colombia, dejando parte de la construcción para vivienda.
   Una nueva inspiración tetuaní, la militar, se añadiría en 1928, cuando a raíz de las modificaciones en el proyecto primitivo, se aludieran a las defensas tetuaníes del siglo XVII con un pequeño lienzo de muralla almenado, rematado por merlones prismáticos que terminan en piramidón. Ello  se completaba en el frente del conjunto así como en el lateral  contiguo al pabellón de Colombia. En el extremo posterior del muro que separaba ambas instalaciones se dispuso una torre de planta poligonal y base rampante, copia reelaborada del de las antiguas murallas de Tetuán. Por otra pare, evocando las siete puertas que se abren a la medina de Tetuán.
   En un lateral de la entrada aparece una lápida en castellano y árabe con el nombre y profesión del arquitecto y la fecha de construcción con guarismos árabes. Dicha fecha corresponde al calendario gregoriano y al de la Hégira. Los caracteres árabes son en escritura nesjí.
Los cambios de 1927 y 1928
   Durante 1927 y 1928, cuando la construcción estaba ya bastante avanzada, tuvieron lugar una serie de cambios sobre el proyecto inicial. En noviembre de 1928, durante una visita del Delegado General de la Dirección de Marruecos y Colonias al pabellón, de acuerdo con Vicente Traver y Tomás, Arquitecto General de la Exposición, surge la idea de levantar un muro de cerramiento que limitase el espacio cedido a Marruecos.
Una de las puertas del Pabellón de Marruecos.
    Poco después, se pensó ampliar el edificio con nuevas construcciones complementarias; así para servicios generales del pabellón se adosarían, perpendiculares a dicho muro, por su parte interior y dando frente a la Avenida de Moliní, unas construcciones o habitaciones complementarias con puertas de entrada similares a las de Tetuán.
   A cada lado de la puerta más cercana al pabellón del Golfo de Guinea, se situaría un telar y un local para confección de carpintería de objetos morunos (taifores, marifaks, arcas, rinconeras,...). Por otro lado, el muro colindante con el pabellón de Colombia, e 37'75 m. de longitud, llevaría, una gran portada de 3 m. de ancho y dos habitaciones, una a cada lado, con acceso desde el interior del conjunto, la más inmediata al pabellón destinada a oficina para fomento del turismo y la otra al servicio de la instalación general. En el extremo posterior de dicho cerramiento se dispondría un torreón al modo del de las antiguas murallas de Tetuán. La ambientación se completaría con un jardín moruno -de rosales, naranjos, etc.- entre el muro y el pabellón, con una pequeña fuente central. Además, existiría otra adosada al pabellón, como ya se había previsto en el proyecto inicial.
   El muro colindante con el de Guinea pretendía dar la imagen de una típica calle del barrio industrial de Tetuán (de la Sueka o, más propiamente Guersa Kebira) por medio de unos emparrados y, adosados al muro de separación, cinco tiendas o bakalitos para las industrias típicas marroquíes, ejecutadas por aborígenes, concretamente un taller de bandejas y objetos metálicos, carpintería, taller de pintura, otro de objetos de cuero, un telar, un joyero y un babuchero. El espacio existente entre el muro y el emparrado iría empedrado con cantos rodados, asemejando la calle de un barrio moro.
   Los bakalitos -que ya se habían incluido en el proyecto de 1925- además de dar la imagen típica local, servirían para demostrar cómo se trabajaba en el país, puesto que con la venta de los objetos en ellos manufacturados, atendiendo al importe de los mismos, se sufragarían los gastos ocasionados al Estado con motivo de la participación colonial, al ahorrarse el Gobierno el jornal de los indígenas. La Comisión no tenía inconveniente en la edificación de los bakalitos, que además se tenían previstos en el primitivo proyecto ya aprobado por el Comité. Sin embargo, no se consideraba oportuno que se convirtieran en verdaderas tiendas trayendo un stock mayor o menor de producción importados ya manufacturados, compitiendo con otros simples expositores de la zona que acudían sin privilegio alguno, abonando un fuerte canon por el derecho a ocupar un terreno o stand en la exposición.
   El permiso para realizar dichas ampliaciones se obtuvo el 20 de noviembre de 1927. En junio de 1928 se confeccionaron los planos definitivos, aunque el acuerdo definitivo para la realización de las obras no tuvo lugar hasta el 12 de julio del mismo año, al ultimarse todos los detalles de acoplamiento y ser debidamente aprobado por la Alta Comisaría de la Dirección General de Marruecos y Colonias. El 21 de octubre se iniciaron las obras, a pesar de que no habían sido autorizadas de forma oficial.
Otra perspectiva del patio del Pabellón de Marruecos de 1929.
   La realización de dicho proyecto fue bastante problemática. En diciembre de 1928, la Dirección de Obras del Comité consideró necesario modificar o reformar el proyecto, argumentaba que éste perjudicaba la planta o conjunto general de las instalaciones, al ser incompatible con el trazado del ferrocarril planeado entre los pabellones de Marruecos y Guinea. Además su aceptación no había sido oficial.
   Gutiérrez Lescura fue el encargado de negociar con la Dirección de la Exposición cómo armonizar ambos proyectos. Dicha Comisión proponía acercar el nuevo cuerpo al pabellón, pero como así se perdería vistosidad, parecía más acertado y la única solución posible suprimir el cerramiento por ese costado, dejándolo como jardín abierto, y pasar los bakalitos para allí proyectados al lado opuesto, en el sitio marcado en el plano como "Artículos generales del pabellón", entre el de Marruecos y el de Colombia. De esta forma, el edificio ganaría visualidad y quizá una parte de las dependencias que había que suprimir podrían colocarse detrás del pabellón, en el ángulo correspondiente también al de Colombia. Sin embargo, la puerta del lado del pabellón de Guinea si podría construirse pues el ferrocarril pasaría por debajo, no molestando al público. Con los cambios propuestos se lograría, por tanto, salvar los árboles del solar.
   Por eso, a pesar de que el ferrocarril siguió el recorrido previsto bajo una de las puertas del pabellón marroquí, entre éste y el colonial, de forma paralela a ese frente del edificio, la propuesta de modificación no fue aceptada e incluso se aumentó el número de bakalitos. Ambas cuestiones se desprenden del análisis de un pequeño croquis general del edificio que enviara en junio de 1932 el Arquitecto Jefe de Construcciones Civiles de Tetuán a José Granados con motivo de la intervención de éste en el pabellón -obras éstas a las que referiremos con posterioridad-. Según se observa en dicho croquis, finalmente los bakalitos no sólo se edificaron en el lado contiguo al pabellón colombiano, sino que se mantuvieron en el opuesto. Incluso no se edificaron cinco lindando con el edificio colonial sino seis; aumentaba por tanto el número de bakalitos como también sucedía en el otro lado, donde según aparece en dicho croquis, se construyeron trece, en vez de los seis previstos. Sin embargo, esas otras instalaciones que, para servicios del edificio, se habían proyectado junto al pabellón de Guinea, sí se trasladaron a la parte trasera del marroquí siguiendo la nueva propuesta. Adosada a los seis bakalitos cercanos al pabellón guineano, en el ángulo que daba a los Jardines de las Delicias, se edificó un porche rectangular. con carácter decorativo que no servía de acceso ni al pabellón ni a dichos bakalitos.
Detalle decorativo del Pabellón de Marruecos de 1929.
   Las obras continuaron y en febrero de 1929 los trabajos ya estaban a punto de concluirse; fue en esta fecha cuando llegaron a la ciudad, Ángel Torrejón, Director de Colonización del Protectorado, y el arquitecto Gutiérrez Lescura para ocuparse de la instalación de los productos así como de la organización de los servicios de información y turismo en Sevilla.
El contenido del Pabellón
   Aunque salvo el llamado Dormitorio Moro que se destinaba a fiestas, el resto de dependencias del edificio eran salas exposicionales, de las obras que se expusieron en el pabellón marroquí, no tenemos constancias demasiado precisa. Las fuentes insisten en aspectos pintorescos como la vigilancia jalifana del pabellón, mientras que en lo que a arte se refiere, tan sólo sabemos que en el llamado Dormitorio Moro se exhibieron piezas realizadas en la Escuela de Arte Indígenas, tejidos de Xauen y cerámica de Bocoya y del Rif así como gráficos referentes al Departamento Oficial de Colonización. De la organización de las piezas (industriales o artísticas) y los productos agrícolas expuestos, se ocupaba desde Tetuán, Aguilar, Delegado General del Alto Comisario -quien realizaba constantes visitas al pabellón durante la Exposición-, supervisándolo el Ministro Jalifano Ben Nuna (o Nani), Jefe de Aduana del Protectorado, y Bertuchi, inspector de Bellas Artes del mismo. Se quería que el pabellón fuera "un resumen de lo que es Marruecos y aun de la obra de España en su Protectorado".
   El propio edificio se convertía en la mejor obra a exponer, contribuyendo a la proyección y difusión de la labor de la Escuela de Oficios y Artes Industriales de Tetuán, como también sucedería en otros eventos posteriores celebrados en Madrid (Exposición Hispano-Marroquí de 1932; Exposición de Artes Decorativas de 1949), Leigzip (Feria de Muestras de 1942), Córdoba (Feria del Arte Marroquí de 1946), Granada (exposiciones de industrias de 1935, 1936, 1939, 1940), Basilea (Exposición Internacional de Comercio y de la Piel de 1947), y en otras muchas exposiciones y ferias celebradas en España y fuera de ella.
   Según el propio Bertuchi indicaba:
Arco de acceso al patio desde el vestíbulo del
Pabellón de Marruecos de 1929.
   "... para la Exposición Iberoamericana... Marruecos obtuvo el lugar que le correspondía ocupar en aquel certamen sentimental de la Hispanidad. Los talleres de la escuela en este nuevo quehacer se movilizaron: los viejos maestros y los aprendices musulmanes, unos aquí (en Tetuán) y otros en Sevilla, sintieron renacer la gloriosa tradición de la vieja artesanía hispano-arábiga y todo culminó en aquel memorable pabellón marroquí de la Exposición que hubo de mantenerse abierto mucho tiempo después de la clausura, porque los trabajos, de finas modalidades artesanas que contenía, eran un acicate permanente de la curiosidad pública".
La actuación de José Granados de la Vega (1932)
   El edificio que ha llegado a nuestros días no fue el finalmente ejecutado sino que sufrió las representaciones que, de junio a octubre de 1932, realizara José Granados de la Vega, como Delegado Oficial para la Dirección de Obras y arquitecto de la Comisión Liquidadora de la Exposición. En junio de ese año la Alta Comisaría de Marruecos cedió a la Comisión Liquidadora los bakalitos sugiriendo la demolición de éstos, ya que eran de construcción provisional y, por consiguiente, de caro mantenimiento. Argumentaba dicha Comisaría ser éstas las partes menos estéticas del conjunto, las cuales, además, ocultaban las perspectivas más bellas del pabellón, es decir, los ángulos desde su fachada principal. Concluidas las obras al final del verano, la Alta Comisaría se haría cargo del pabellón de cuya conservación se encomendó al Majzen, quien delegaba en Buceta. Por consejo de José Larrucea y Garma, arquitecto Jefe de Tetuán, el Alto Comisariado procedería a la reapertura del pabellón, integrándolo en el programa oficial de Turismo para exposición de productos y labores de España en Marruecos. Estaría el edificio exento de pagos al municipio. Bertuchi se ocuparía de la propaganda.
   Las obras que, dada la mala construcción del edificio contaban con un presupuesto de 2.204'80 ptas., consistieron en un repaso general del pabellón para adecuarlo a su destino. Cuando en octubre de 1932 esta primera intervención ya había finalizado, la Delegación de Fomento encomendó a Granados la realización el cerramiento perimetral  del inmueble, con las consiguientes obras que eso traería consigo, para lo cual incrementó el monto económico hasta 4.065'12 ptas.
Planta del Pabellón de Marruecos de 1929, en un plano de Sevilla.
   De junio a octubre hubo que repasar portajes, solerías, paramentos interiores y cubiertas. En esta última tarea se evidenció la mala construcción del pabellón, que hizo necesario, a partir de agosto de 1932 el desmonte y levantamiento de todas las terrazas y la reposición de sus pendientes, ya que -además de por las filtraciones existentes- se hicieron "de una manera infame", al sentar los ladrillos con mortero de cemento, sin solería perdida, sobre un tendido de hormigón. Como también ocurría lo mismo con la cúpula de la fachada principal, hubo que desmontar y reconstruirla con idéntica planta y el mismo peralte. La última intervención en cubiertas consistió  en la retirada de la montera de cristales, que se había instalado en el Salón de Gráficos al hundirse la cúpula que primitivamente lo cubría, ya que ésta no tenía aplicación alguna al estar bajo una cubierta de azotea. Por ello, se cerró el hueco que en el piso formaba, acortándola al mismo tiempo para que la parte que diera luces estuviera sobre el salón que hubiera de iluminar.
   Para la segunda fase de la intervención, es decir, el cerramiento perimetral del pabellón por el lado contiguo al pabellón de Colombia, en vez de una tapia rematada con un alero de teja vidriada, se prefirió construir un muro de mayor altura, de 3 x 6 x 0'40 m. Éste armonizaría con el resto del conjunto pues, siendo de fábrica de ladrillo -con labores mixtas en fajas horizontales-, quedaría enlucida por las dos caras y porque además, al ser almenado, parecería continuación del cerramiento ya existente.
   La construcción de este muro trajo consigo el derribo de algunos de los trece bakalitos lindantes con el pabellón colombiano. Sólo quedaría un número de locales para almacén, sobre los bakalitos que se mantuvieran, para lo cual se ampliarían las cubiertas de éstos en una superficie de 9 metros cuadrados. Al fondo del solar, dando a los Jardines de las Delicias y perpendicular a dicho muro, se edificó la vivienda del portero. A raíz de tales obras, se precisaba construir tres pilares para soportar la pérgola que se situaba a la derecha del pabellón y que descansaba sobre los muros ahora derribados.
Conclusiones sobre el Pabellón de Marruecos
Plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929, con la
ubicación del Pabellón de Marruecos (nº 59).
   Las instalaciones coloniales en la Exposición Iberoamericana responden a una arquitectura representativa de carácter historicista. La presencia de las colonias españolas en edificaciones de carácter oficial debe encuadrarse dentro de un conjunto de medidas gubernamentales de carácter nacionalista y para el acercamiento a dichas colonias, sobre todo -en lo que respecta al Estado español- tras la Guerra en Marruecos.
   Del anteproyecto de pabellón marroquí, base del proyecto de 1925, debió ser realizado con anterioridad a 1924.
   El pabellón de Marruecos resume los elementos de la arquitectura tradicional tetuaní: el alminar de la arquitectura religiosa, la kubba de la funeraria, los bakalitos de las calles de la ciudad y el interior doméstico palaciego (Amparo Graciani García, La participación internacional y colonial en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Ayuntamiento de Sevilla, 2010).
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