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jueves, 2 de julio de 2020

El Retablo del Santo Crucifijo de San Agustín, en la Iglesia de San Roque


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo del Santo Crucifijo de San Agustín, en la Iglesia de San Roque, de Sevilla.
   Hoy, 2 de julio, se celebra la Solemne Función Votiva al Santo Crucifijo de San Agustín en la que el Ayuntamiento agradece el fin de la epidemia de peste que asoló a la ciudad en 1649, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Retablo del Santo Crucifijo de San Agustín, en la Iglesia de San Roque, de Sevilla.
   La Iglesia de San Roque se encuentra en la plaza Carmen Benítez, 6; en el Barrio de San Roque, del Distrito Nervión.
   En la Iglesia de San Roque en la nave del Evangelio podemos contemplar un Retablo presidido por la imagen del Santo Crucifijo de San Agustín copia que realizó Agustín Sánchez Cid del antiguo Crucificado de San Agustín, con el busto de una Dolorosa a sus pies. Basado en el milagroso original, sigue presidiendo la función anual en la que el Ayuntamiento agradece el fin de la epidemia de peste que asoló a la ciudad en 1649. 
   Es un retablo a modo de hornacina rectangular enmarcada por dos columnas jónicas, acanaladas en el tramo inferior y con un remate mixtilíneo, todo él de corte neobarroco muy sencillo, y cuyo protagonista indiscutible es el Santo Crucifijo de San Agustín.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Santo Crucifijo de San Agustín;

   En el siglo XIX, los monjes agustinos fueron expulsados de su convento, legando a la Parroquia de San Roque el Santo Crucifijo de San Agustín. En este siglo el Cristo de San Agustín procesionó de diversas formas: el Cristo en solitario, con la Magdalena a sus pies, con la imagen de la Virgen y San Juan. Incluso en alguna ocasión llego ir acompañado de una centuria de armados el Miércoles Santo de 1826, la Virgen de Gracia, llevaba como novedad la corona y la saya bordada.
   El Cristo de San Agustín procesionó en sus últimos años, una vez por década, siendo la última realizada en 1926. Anteriormente estuvo procesionando en Miércoles Santo, hasta 1896. El actual Crucificado es obra de Agustín Sánchez Cid (1944), réplica del desaparecido en el incendio de 1.936, que databa de la primera mitad del siglo XIV. Desde 1990 la Hermandad de San Roque tiene concedido el título y la advocación del Santo Crucifijo de San Agustín, por parte de la Vicaría General (www.hermandadsanroque.com).
   Durante siglos fue titular de una Cofradía sevillana que verificaba su estación de penitencia al humilladero de la Cruz del Campo, gozando de una extraordinaria devoción popular. Asimismo, ejerció una poderosa influencia artística, como lo pregona el hecho de que en 1567 Gaspar del Águila contratara  un Cristo destinado al convento de los agustinos de Écija -hoy venerado como Cristo de la Sangre en la parroquia de Santa Cruz-, "de la postura del crucifijo de santo agustín", explicándose de este modo los patentes arcaísmos de su composición  e iconografía, compensados por el naturalismo con que se tallaron la caja torácica y los finos rasgos de su rostro"; pocos años después, en 1573, fue el castellano Juan Bautista Vázquez el Viejo quien concertó el actual Cristo de Burgos de Sevilla, "con corona de espinas y sus cabellos largos y un paño en el cuerpo según y en la forma que está y lo tiene el Santo Crucifijo de la capilla de San Agustín desta ciudad", aunque dichas semejanzas desaparecieron en la reforma que le practicó Manuel Gutiérrez Reyes y Cano en 1893 (José Roda Peña en El Crucificado en la Escultura Procesional Sevillana, en Crucificados de Sevilla, Tomo I. Ed. Tartessos, Sevilla, 2002).

   "En este sacro convento Casa Grande de Padres Agustinos es cosa devotísima un Santo Crucifijo, llamado generalmente de San Agustín, por estar desde tiempo inmemorial en una capilla dentro de la principal mayor. A cuya devoción recurre luego Sevilla en cualquiera grandes trabajos de malos temporales o enfermedades, y sacándole en procesión general por su calles se han visto milagrosas mercedes del Señor". Así habla Alonso Morgado, en su Historia de Sevilla, de este Santo Crucifijo.  
   La imagen actual del Santo Crucifijo fue realizada por Agustín Sánchez Cid para sustituir a la imagen gótica, de la primera mitad del siglo XIV, que fue destruida por el asalto e incendio de la parroquia de San Roque en 1936. La venerada imagen llegó a este templo, cercano al convento agustino, en el siglo XIX, tras la exclaustración. En este siglo salió en procesión de diversas formas: en solitario, con la Magdalena a sus pies, o acompañado de la Virgen y San Juan. El día de la procesión era el Miércoles Santo, asnillos lo hizo hasta 1896. El Cristo de San Agustín procesionó en sus últimos años, una vez por década, siendo la última realizada en 1926. Desde 1990 la Hermandad de San Roque tiene concedido el título y la advocación del Santo Crucifijo de San Agustín, por parte del Arzobispado. 
El origen de la imagen
   El historiador e investigador José Bermejo y Carballo, en su libro Glorias religiosas de Sevilla, explica que el origen de la imagen no está claro. Hace referencia también a lo expuesto por Morgado, que hace referencia a la tradición que sitúa al Cristo como procedente de la Indias, que fue revelado a un pastor en un acequia cercana o, "como la más segura", que en 1313 fue hallada por un hombre virtuoso en un sótano o cueva del convento.
   "Alonso Morgado y otros le dan tanto más moderno origen, como que fue traído de las Indias Occidentales, pero el año 1434, mucho antes del Descubrimiento del Nuevo Mundo, había en el convento una dotación a este Santo Cristo", explica Bermejo, que señala que por los relatos hechos por los principales escritores de Sevilla se evidencia la mucha antigüedad de la imagen, "y que desprende que fue venerado antes de la dominación de los Sarracenos (musulmanes), fue escondida en la invasión de estos para evitar la profanación permaneciendo así hasta la época de su hallazgo". Tras revelarse la imagen -añade Bermejo- se constituiría una hermandad en su honor.

   La veneración hacia el Santo Crucifijo quedó patente desde el primer momento al formar parta de su hermandad las personas principales de la ciudad. Así, comenzó a salir en procesión de rogativas cuando acontecía una epidemia o un suceso trágico en la ciudad. Así ha ocurrido en una docena de ocasiones, lo que llevó al Ayuntamiento a otorgar a la imagen el título de asilo y protector de la ciudad. Todavía hoy, cada dos de julio, la corporación municipal renueva el voto de gratitud ante la venerada imagen.
Las procesiones de rogativas con el Santo Crucifijo 
   La devoción al Santo Crucifijo, aún cuando su hermandad desapareció en varios periodos, fue una constante en la ciudad durante 500 años. Tanto los sevillanos de a pie como los nobles y autoridades, volvían sus ojos hacia este milagroso Crucificado cuando acontecían epidemias o sequías.
   La primera procesión de rogativas con el Santo Crucifijo fue el 25 de marzo de 1525. Los religiosos de San Agustín llevaron a la imagen hasta el templete de la Cruz del Campo por la falta de agua. "Al salir la procesión estaba el tiempo sereno, y el cielo despejado; más al poco rato empezó a encapotarse y luego a llover, de tal modo que se vieron obligados a concluir la procesión, dejando la sagrada imagen en la ermita de la Cruz del Campo", explica Bermejo.
   El 25 de marzo de 1566, el Santo Crucifijo volvió a salir por la falta de lluvias haciendo estación, de nuevo a la Cruz del Campo, "Antes de 50 pasos comenzó a llover. Siguió no obstante la procesión, más a la vuelta fue ya tanta el agua que ni pudo venir formada. La lluvia continuó después por espacio de 17 días, por lo que se remedió la necesidad", dice Bermejo.
   El 23 de julio de 1588, por la guerra contra Inglaterra, salió el Santo Crucifijo en procesión de rogativas, yendo por primera vez a la Catedral. 

   En 21 de enero de 1606, ante la pertinaz sequía, volvió a salir la imagen. Fue llevada hasta la Catedral, donde fue colocado en la Capilla Mayor, para una solemne función. Posteriormente, fue devuelto a su iglesia en una solemne procesión que implicó a numerosos estamentos de la ciudad. "Las calles y plazas estaban colgadas y llena de muy crecido concurso que pedía a voces el agua", relata Bermejo.
   Así se llega hasta el año 1649, cuando la ciudad sufre una gran epidemia de peste en la que fallecieron, según los relatos de la época, más de 200.000 personas. Con este motivo, los cabildos eclesiásticos y secular determinar sacar en rogativas al Santo Crucifijo y llevarlo a la Catedral. Así se hizo el 2 de julio. El cabildo recibió a la procesión en la calle Placentines y la imagen estuvo en la Catedral hasta el día siguiente.
   "Desde el día en que salió el Señor comenzó a sentirse algún alivio, y al finalizar el octavario que se consagró, cesó del todo el mal, como certificaron los médicos. La ciudad, en su virtud, ofreció ir a darle gracias el 2 de julio de cada año", añade Bermejo.
   La devoción que por entonces ya tenía el Santo Crucifijo era tal que en todos los apuros y aflicciones la ciudad recurría a él, ya no solo sacándolo a la calle, también en funciones de rogativas como la acontecida el 18 de julio de 1655 por el peligro que amenazaba a los galeones españoles en la guerra con Inglaterra.
   El 7 de marzo de 1669 volvió a salir por la falta de lluvias. El 29 de marzo de 1680 volvió a recorrer las calles "por contagios en los pueblos y sequedad". El 30 de marzo de 1737 volvió a procesional por la falta de agua, con la asistencia de comunidades, clero y demás personas de costumbre, el Ayuntamiento y la hermandad.

   La cofradía había dejado de salir en 1713, según constata Bermejo, entrando la hermandad en una franca decadencia que no afectó a la devoción hacia la imagen. En 1791 la hermandad estaba prácticamente desaparecida. Pero el Santo Crucifijo siguió saliendo en procesión. Así lo hizo el 22 de septiembre de 1800 "por la cruel epidemia que afligiese a esta ciudad". También, el 24 de octubre de 1804 "a causa de contagio en la provincia y de terremotos y otros males".
   Tras la Invasión Francesa y las Desamortizaciones, el Santo Crucifijo quedó en la parroquia de San Roque prácticamente ya sin devoción, aunque, por la epidemia de cólera de 1854, le fue consagrado un quinario. Volvió a salir en procesión a la Cruz del Campo el 15 de abril de 1863 por la falta de lluvias. 
   La importancia del Santo Crucifijo también quedó recogida por Miguel de Cervantes en su Rinconete y Cortadillo (Juan Pareja en Santo Crucifijo de San Agustín: el protector de Sevilla en las epidemias, en www.diariodesevilla.es).
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