sábado, 5 de octubre de 2019

La Casa de las Moscas

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa de las Moscas de Sevilla.   
La Casa de las Moscas.
Antonio Gómez Millán, 1914.
   La casa de pisos situada en la calle Adriano esquina a Pastor y Landero, popularmente denominada como casa de las moscas por el dibujo de sus azulejos, representa una de las obras más interesantes del arquitecto sevillano Antonio Gómez Millán.
   La obra se lleva a cabo entre los años 1912 y 1914, en un solar de forma difícil y poco habitual que forma un triángulo con fachadas a la Calle Adriano y a la anteriormente denominada Calle Pópulo, hoy Calle Pastor y Landero, más un tercer lado adosado a medianera.
Planta de la Casa de las Moscas en un
plano de la ciudad de Sevilla.
   Es este un edificio de un modernismo personal y tardío de Gómez Millán, construido en un tiempo en el que coexisten varias tendencias arquitectónicas distintas; en el que desde el poder local se trataba de imponer un "estilo sevillano", especialmente con vistas a la próxima Exposición Hispanoamericana del 29, y cuando aún estaba vigente el historicismo en la arquitectura de la ciudad.
Detalle de la fachada de la Casa de las Moscas.
Antonio Gómez Millán, 1914.
Con un programa previsto que desarrolla la planta baja para locales comerciales y las dos plantas superiores para viviendas, el edificio se construye disponiendo sus crujías paralelas a las calles anteriormente citadas y a la medianera, reservando un espacio central vacío en forma triangular como patio de luces.
   Se trata de uno de los mejores edificios que diseñó Antonio Gómez Millán, por su belleza externa y por la solución arquitectónica que planteó al resolver la perspectiva esquinada del edificio. La petición de nueva alineación, la solicitud de licencia municipal para realizar las obras se realizó en diciembre de 1912, obteniendo dicho permiso en enero de 1913, terminándose las obras el 7 de julio de 1914, según certificado del propio arquitecto que se conserva en el Archivo Municipal de nuestra ciudad.
   Consciente su autor de la importancia de la esquina y de la perspectiva que el edificio adquiere desde la amplia calle Adriano, plantea en ese punto una solución original y brillante que marca y enfatiza con un diseño personal y cuidado, volando decididamente sobre ella las dos plantas superiores. 
Otra perspectiva de la Casa de las Moscas.
Antonio Gómez Millán, 1914.
 En la obra realizada predomina la horizontalidad y la reiteración de elementos habituales de su autor, tales como la superposición de huecos adintelados sobre otros de medio punto, las líneas paralelas rehundidas, o los originales remates sobre el apretilado superior. Otros elementos más novedosos como las finas columnillas de la fachada, sirven de contrapunto vertical en la composisición de las fachadas, que mantienen un ritmo compositivo de gran movilidad y soltura.
   El solar tenía una forma poco habitual en el casco sevillano, pues era exactamente un triángulo. Para su distribución el arquitecto eligió una solución bastante sencilla: la disposición de crujían paralelas a sus dos fachadas y a la medianera dándole mayor superficie a las zonas con fachadas al exterior que a la nave contigua a la medianera. La planta baja se dedicó totalmente a locales comerciales y las dos superiores, a viviendas, contando ambas con una distribución similar basada en la correcta ubicación de las tres escaleras de acceso para evitar la pérdida de espacio en pasillos de distribución. El edificio construido tiene ciertas modificaciones con respecto al proyecto original, dado que el solar fue ampliado, fue ensanchada la crujía paralela a la medianera y ganó longitud la fachada de la calle Pastor y Landero.
   Del análisis ornamental del conjunto, podemos adscribir el edificio al modernismo. Sus azulejos son prácticamente únicos en nuestra ciudad por su indiscutible carácter modernista, tanto por el dibujo estilizado, como por los motivos temáticos representados: abejas, mariposas o libélulas, tallos y flores, caracoles que trepan por ramas, singularizados sobre unos azulejos de fondo amarillo, colorido y técnica que nos hacen pensar en ceramistas locales. De las fachadas, podemos destacar su horizontalidad y la reiteración de elementos, algunos utilizados previamente por el arquitecto en obras anteriormente ejecutadas (superposición de medios puntos y vanos adintelados, líneas paralelas rehundidas, enmarcamiento de la parte superior de los huecos, remates originales en el pretil de azotea) y otros novedosos, como las finas columnillas que sirven de contrarresto vertical o los arcos del piso inferior sobre soportes de hierro visto. Cabe destacar cómo los herrajes, elementos característicos de todo el modernismo europeo, son tradicionales y sencillos.
   En cuanto al exterior se refiere, el arquitecto fue consciente de la perspectiva que el edificio adquiriría desde la calle Adriano y de que la citada vía estaba destinada a ser un punto importante en la red de comunicaciones de Sevilla. Ante ello reaccionó dándole una solución original y brillante a la esquina y cuidando el diseño de las fachadas.
   Un aspecto singular en este edificio es su cuidada ornamentación, a base de paños cerámicos con azulejos de clara factura modernista. En ellos, y con un bello trazo estilizado, se representan temas recurrentes de tipo floral entre los que aparecen pequeños animales como abejas, mariposas o caracoles subiendo por los tallos, todo ello sobre un fondo de brillante color amarillo (María del Valle Gómez Terreros, Antonio Gómez Millán (1883-1956), una revisión de la arquitectura sevillana de su tiempo. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1993).
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