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domingo, 23 de enero de 2022

Un paseo por la plaza de San Ildefonso

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de San Ildefonso, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 23 de enero, Memoria en la ciudad de Toledo, en la Hispania Tarraconense, de San Ildefonso, que fue monje y rector de su cenobio, y después elegido obispo. Autor fecundo de libros y de textos litúrgicos, se distinguió por su gran devoción hacia la Santísima Virgen María, Madre de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la plaza de San Ildefonso, de Sevilla, que dando un paseo por ella.
   La plaza de San Ildefonso es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en los Barrios de la Alfalfa, y de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo, y formada por la confluencia de las calles Rodríguez Marín, Deán López Cepero, Boteros, Descalzos, Zamudio, y Caballerizas
   La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario. 
     Hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. 
   La vía, en este caso una plaza, está dedicada a San Ildefonso, advocación de la Iglesia, ubicada en la misma plaza, a la que da la fachada principal de la misma.
     Al menos desde 1575 recibe la denomi­nación de plaza o plazuela de San Ildefonso (a veces, San Alifonso, San Alfonso, San Ylifonso) por la iglesia de igual advocación que allí se erige. En un documento de 1713 apa­rece como plaza de la Iglesia. Es una plaza de pequeñas dimensiones y planta triangu­lar, que pudo tener su origen en el cementerio de su iglesia parroquial, del que hay referencias desde 1438. Se empiedra por vez primera en 1575, operación que se repite en varias ocasiones a lo largo del s. XVII; en alguna ocasión se insiste en que "...se haga de buena obra, con piedra y guija grande y cal" (Sec. 10, t .504, 1620); en 1859 se pavimentó con losas y con cemento en 1899; fue adoquinada en 1906 y 1935. La iluminación eléctrica fue instalada en 1941. Contó con una fuente pública en el s. XVI; en 1640 el administrador de los baños allí situados solicitó licencia para construir una poza para desagüe en la misma plaza. Actualmente posee calzada de asfalto, aceras de losetas y cuenta con farolas con brazos de fundición adosadas a las fachadas; carece de cualquier otro tipo de mobiliario urbano, y el reducido espacio de la plaza se encuentra permanentemente ocupado por vehículos aparcados. Además registra un intenso tráfico rodado que desde Caballerizas y Boteros, sobre todo, se dirige a San Leandro y Santa Catalina.
     Desde época andalusí, y hasta 1762 en que se derriban, existieron unos baños públicos situados en la esquina con Deán López Cepero. "Usan muchos los baños, como quiera que ay en Sevilla dos casas dellos. Los unos en la Collación de San Ildefonso junto a su iglesia y los otros en la Collación de San Juan de la Palma, que han permanecido en esta ciudad desde el tiempo de los moros, por el testimonio que se lee en el repartimiento de Sevilla, de averle sido repartidos a la reina Doña Juana también unos baños junto a San Ildefonso. No pueden entrar los hombres en estos baños entre día, por ser tiempo diputado solamente para las mugeres, ni por consiguiente muger ningu­na siendo de noche, que los hombres la tienen toda por suya, con la misma franqueza que tienen las mugeres el día por suyo... A las grandes salas, donde se bañan, salen sus caños que corren de agua caliente y tam­bién fría. Con la cual, y cierto unguento que se les da, refrescan y limpian sus cuerpos, sin que se estrañe en Sevilla el yrse a bañar unas y otras damas quando no quieran yr disimuladas, por ser este uso en ella tan de tiempo inmemorial" (A. de Morgado, Historia de Sevilla).
     En la edificación actual, salvo una casa de pisos de reciente construcción, se conservan casas unifamiliares del XVIII y XIX, de tres plantas y buena factura. Uno de los laterales está ocupado por la portería del convento de las agustinas (San Leandro), donde se compran las llamadas "yemas de San Leandro", afamados dulces artesanales elaborados en la clausura. Algunos cronistas (Varflora, González de León, Gómez Zarzuela) sostienen, al parecer sin fundamento, que la iglesia de San Ildefonso se levanta sobre lo que fuera iglesia mozárabe y después mezquita. 
     El templo actual se construyó entre 1794 y 1841; es por ello la última parroquia histórica reconstruida en el recinto amurallado y la única existente de estilo neoclásico; dos torres con campanario flanquean la portada, sobre la que hay una escultura de San Ildefonso en una hornacina; una verja de hierro, tras la que hay una pequeña zona ajardinada, separa la entrada de la iglesia de la plaza. Es costumbre popular acudir el primer viernes de Cuaresma a rezar al Jesús Cautivo que se venera en esta iglesia; la afluencia de devotos es tal, que se forman largas colas a la puerta del templo 
[Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
San Ildefonso, 1. PORTADA  DEL COMPÁS DE SAN LEANDRO. Consta de dos cuerpos, el inferior, con pilastras toscanas avitoladas, remata­ do por un frontón curvo partido. El segundo lo constituye una hornacina, con la imagen de San Leandro, rematada por un frontón recto.
San Ildefonso, 4. Casa de dos plantas y ático con vanos de medio punto separados por pilastras toscanas. En el interior, patio de columnas con capiteles de tipo renacentista y arcos semicirculares [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Culto e Iconografía de San Ildefonso, obispo
HISTORIA Y LEYENDA
   Nació en 606 y en 657 fue designado titular de la sede episcopal de Toledo por el rey godo Recesvinto, en reemplazo de su tío san Eugenio. Murió diez años después, en 667.
   Al igual que san Bernardo en Francia, se distinguió por el ardor de su devoción a la Virgen. En su tratado, titulado De illibata Virginitate Sanctae Mariae, se convirtió en el campeón de la Santísima Virgen contra los heréticos y los judíos, sosteniendo que María había concebido y parido sin perder la virgi­nidad.
   Su devoción fue recompensada. Según la leyenda, san Ildefonso, que se había preparado con tres días de ayuno para celebrar la fiesta de la Asunción, vio a la Virgen rodeada por un enjambre de vírgenes, descender en su ca­tedral y sentarse en su trono episcopal. Se acercó a ella recitando la Salutación angélica, y María, para agradecerle su devoción, le entregó una magnífica casulla bordada, diciéndole: «Tú eres mi capellán.»
   Según otra versión, la Virgen le habría dicho: «Acércate y acepta de mi mano este presente que he cogido del tesoro de mi Hijo.»
   Este prodigio fue dado a conocer por el sucesor de san Ildefonso en la sede episcopal de Toledo.
   San lldefonso también habría visto aparecerse en la catedral de Toledo a santa Leocadia, quien le permitió cortar un trozo de su velo.
CULTO
   En los tiempos de la invasión de los moros y la guerra de Reconquista, que en España tuvieron los mismos efectos que las incursiones de los piratas normandos en Francia, las reliquias de san Ildefonso fueron transportadas a Zamora, donde operaban milagros.
   El cardenal Ximénez de Cisneros puso bajo su advocación un colegio en Alcalá de Henares que se convertiría en la principal universidad de Castilla, después de Salamanca.
   El culto de san Ildefonso se difundió en el siglo XVII en los Países Bajos es­pañoles. El archiduque Alberto, que antes de ser nombrado gobernador de los Países Bajos había sido arzobispo de Toledo, encargó a Rubens el magnífico tríptico para la cofradía de san Ildefonso, establecida en la iglesia de St. Jacques de Coudenberg, en Bruselas.
ICONOGRAFÍA
   El atributo habitual de san Ildefonso es la casulla que le entrega la Virgen (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Ildefonso de Toledo, obispo, a quien está dedicada esta plaza
     San Ildefonso de Toledo (Toledo, c. 607 – 23 de enero de 667). Abad, arzobispo, conciliarista y escritor.
     De la importancia de esta gran figura de la cultura hispanovisigoda da cuenta el hecho de que, a su muerte, mereció una sucinta biografía elaborada por uno de sus sucesores en la cátedra episcopal de Toledo, Julián (680-690). De este opúsculo, conocido como Elogium beati Ildefonsi, procede la mayor parte de los datos que se conocen acerca de su vida. 
   Aunque Julián no alude a los orígenes familiares de Ildefonso, de la etimología germánica del nombre de este último se deduce que su familia era de etnia goda, y no hispanorromana. De su vida anterior a su episcopado, Julián dice que Ildefonso, sintiéndose desde niño atraído por la vida monástica, ingresó tempranamente en el monasterio de Agali (Toledo). A continuación, en una fecha indeterminada, pero antes de ser nombrado diácono en su comunidad (c. 632- 633), Ildefonso hizo construir un cenobio de vírgenes consagradas en un paraje denominado Deíbia, de difícil localización; si bien, es probable que se hallase en los alrededores de Toledo. Ildefonso asumió, además, a sus expensas, el mantenimiento de este cenobio, por lo que se conjetura que esto sólo pudo ser posible una vez que hubo entrado en posesión de la herencia paterna.
     De ahí que se suponga que su familia pertenecía a la alta nobleza visigótica. Asimismo, se cree que la finca de Deíbia sobre la que Ildefonso levantó el supradicho monasterio debía formar parte de los terrenos heredados de sus progenitores.
     Julián escribe que, con posterioridad a la fundación del monasterio de Deíbia, Ildefonso alcanzó el grado de diácono en Agali. Dado que el propio Ildefonso señala en su De uiris illustribus (cap. 6) que fue consagrado diácono por Heladio de Toledo hacia el final de la vida de éste, muerto hacia 633, esto permite saber que por esas fechas Ildefonso tenía veinticinco años cumplidos, edad mínima obligatoria para acceder al diaconato. Así, su nacimiento se sitúa hacia 607.
     Algunos años después fue elevado al abadiato de Agali.
     Este nombramiento hubo de producirse entre 633 y 653, en que Ildefonso suscribió en calidad de abad las actas del Concilio VIII de Toledo (16 de diciembre de 653). También como abad suscribió el Concilio IX de Toledo (2 de noviembre de 655). Se cree asimismo que hubo de asistir al año siguiente al Concilio X de Toledo (1 de diciembre de 656), pese a que en la suscripción de las actas de este sínodo no aparezca su nombre. Ello se explica por el hecho de que en el citado Concilio únicamente firmaron los obispos y sus representantes.
     En diciembre de 657, en el noveno año de Recesvinto, precisa Julián de Toledo, Ildefonso fue elevado a la cátedra episcopal de Toledo, sucediendo en dicha dignidad a otro gran autor visigodo, el poeta Eugenio II de Toledo. Ildefonso desempeñó este cargo hasta su muerte, durante nueve años y dos meses, dice Julián, quien incluso precisa el día exacto del deceso de Ildefonso: el noveno día antes de las calendas de febrero del decimoctavo año de Recesvinto, esto es, el 23 de enero de 667. Durante su episcopado, su firma no vuelve a aparecer en ningún concilio, por no haberse celebrado durante ese período sínodo alguno en Toledo.
     Ildefonso es uno de los autores más destacados de la Hispania visigótica. Se han conservado de él estos escritos: De uirginitate perpetua sanctae Mariae contra tres infideles, elaborado con anterioridad a su obispado, e incluso, quizás, a su abadiato, un tratado de carácter teológico y apologético en defensa de la virginidad de María, su obra más famosa; dos Epistulae dirigidas al obispo Quírico de Barcelona (c. 653-654 – c. 666), de hacia 656-657, en la primera, Ildefonso agradece a Quírico los elogios que este último dedica a su tratado De uirginitate perpetua, del que Ildefonso le había regalado un códice (con ocasión quizás de su encuentro en el Concilio X de Toledo), y en la segunda se disculpa ante Quírico por no sentirse con fuerzas suficientes para emprender la redacción de un tratado de exégesis de los pasajes bíblicos más oscuros, tal y como le propone el de Barcelona; el Liber de uiris illustribus, escrito durante su episcopado, destinado a completar la serie de los catálogos de los principales escritores cristianos iniciada por Jerónimo Estridonense, y continuada por Genadio de Marsella e Isidoro de Sevilla, si bien, Ildefonso, a diferencia de sus antecesores, dedica exclusivamente su obra a aquellas grandes figuras de la Iglesia hispana, y, en especial, de la toledana, que, a su juicio, han sido unos modelos de santidad y de buen gobierno eclesiástico, con independencia de que hayan dejado o no una producción escrita; el Liber de cognitione baptismi, redactado durante su episcopado, es un tratado doctrinal sobre el bautismo de claro tono antijudío, y, en fin, el Liber de itinere deserti, elaborado como complemento de la obra precedente, a modo de segunda parte de ésta, y destinado a instruir a los recién bautizados sobre el modo más adecuado en que deben comportarse en su nueva condición, si desean alcanzar la vida eterna, obra quizás inconclusa, pues contiene importantes lagunas en los capítulos 62 a 64.
     Gracias al Elogium beati Ildefonsi se tiene un inventario completo de la producción literaria de Ildefonso, lo que permite conocer el gran número de obras perdidas de este autor. Según Julián, el propio Ildefonso distribuyó sus obras, en razón de sus contenidos, en cuatro grandes secciones, cada una de las cuales ocuparía, quizás, un códice: composiciones teológicas y litúrgicas (una), epístolas (dos), escritos litúrgicos de ocasión resultado de su actividad pastoral (misas, himnos y sermones) (tres), y epigramas y epitafios (cuatro). De todas ellas, Julián cita expresamente los títulos siguientes: Liber prosopopeiae imbecillitatis propriae, suerte de autobiografía moral de carácter edificante; Opusculum de proprietate personarum Patris et Filii et Spiritus Sancti, tratado teológico sobre la Santísima Trinidad, y tres opúsculos sobre los oficios eclesiásticos y la liturgia, elaborados durante su etapa de monje en Agali: Adnotationes actionis diurnae, Adnotationes in sacris y Adnotationes in sacramentis.
     Como consecuencia de la información suministrada por Julián, algunos estudiosos atribuyen a Ildefonso otras composiciones, tales como misas, sermones, himnos, plegarias y poemas de dudosa autoría (José Carlos Martín Iglesias, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La plaza de San Ildefonso, al detalle:
     Placa conmemorativa a Luis Cernuda
Edificio de la plaza de San Ildefonso, 4.

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