Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

jueves, 27 de enero de 2022

El Teatro Municipal "Gutiérrez de Alba", de Juan Talavera y Heredia, en Alcalá de Guadaira (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Teatro Municipal "Gutiérrez de Alba", de Juan Talavera y Heredia, en Alcalá de Guadaira (Sevilla)
     Hoy, 27 de enero, es el aniversario del fallecimiento (27 de enero de 1897) de José María Gutiérrez de Alba, poeta, escritor, periodista y dramaturgo, a quien está dedicado el Teatro Municipal de Alcalá de Guadaira, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte el Teatro Municipal "Gutiérrez de Alba", de Juan Talavera y Heredia, en Alcalá de Guadaira.
     El Teatro Municipal "Gutiérrez de Alba", se encuentra en la calle Nuestra Señora del Águila, 49; en Alcalá de Guadaira (Sevilla).   
     El teatro Gutiérrez de Alba fue finalizado en el año 1931 bajo la dirección del arquitecto Juan Talavera Heredia, el cual redactó dos proyectos para ello, siendo el segundo probablemente elaborado durante las obras o con una parte importante de éstas ejecutada.
     En el primer proyecto se diseña una sala con un trazado curvo, semicircular en el fondo del patio de butacas, con palcos bajos en todo su perímetro y sin pendiente en el suelo, lo que impedía establecer una curva de visibilidad óptima. En el anfiteatro desaparecían las formas curvas y se resolvía la boca de escena sobre un muro plano. El vestíbulo principal, con su forma trapezoidal y pobres dimensiones, se limitaba a resolver el paso de la fachada al muro de fondo de la sala. 
     El segundo proyecto, que refleja el estado final de las obras, recoge la eliminación de los palcos de planta baja y de las formas curvas de la sala. En el anfiteatro se avanzan los laterales hasta la embocadura, la cual se realiza con muros achaflanados, permitiendo la realización de una segunda escalera que resuelve la evacuación directa hacia una puerta de salida a la calle lateral.
     Los muros estructurales del teatro fueron realizados con fábrica de ladrillo taco, existiendo piedra de albero y tapial en el muro de fondo del escenario. El anfiteatro se sustentó mediante cuatro soportes metálicos sobre los que se disponen cerchas igualmente metálicas, que resuelven la pendiente del escalonado de madera de las gradas. Los forjados estaban construidos a base de perfiles metálicos y la cubierta de la sala con cerchas también metálicas sobre las que existía una cubierta de fibrocemento. El resto de cubiertas era a la andaluza.
     En cuanto a revestimientos, el edificio tenía los suelos en su mayor parte cubiertos por moqueta y los paramentos de la sala estaban decorados. Estos acabados y decoración originales no se han podido conocer bien debido a una intervención reciente en la que se tapizaron los muros de la sala, se sustituyó el falso techo de la sala por uno de porexpan, se construyó un gran antepecho de escayola en el borde del anfiteatro dejando embebida la barandilla primitiva, se colocó falso techo de escayola en el vestíbulo y bajo el anfiteatro, y se enmoquetó de nuevo el suelo de la sala. Tiene un aforo de 395 espectadores.
   El Teatro Gutiérrez Alba cuenta con amplia y diversa programación para todos los públicos, de enero a junio y de septiembre a diciembre. Este teatro se consolida como sede de numerosos actos sociales y culturales de la población tales como pregones, conferencias, galas honoríficas, muestras de teatro y baile, cine temático, espectáculos infantiles, o certámenes carnavalescos.
Conozcamos mejor la Biografía de Gutiérrez de Alba, a quien está dedicado el teatro;
     José María Gutiérrez de Alba, (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 2 de febrero de 1822 – 27 de enero de 1897). Literato, autor teatral.
     Mayor entre once hermanos, se trasladó, todavía en la infancia, a la capital de la provincia para dedicarse con diversa suerte a los estudios. En la Universidad Hispalense hizo Filosofía, y más tarde, Derecho hasta el grado de bachiller. No obstante, su verdadera inclinación siempre le condujo por el aventurado mundo de la república de las letras, con especial predicamento en el ámbito escénico, teniéndosele por introductor de la revista teatral en España.
     En estos primeros momentos debió lecciones a los clérigos paisanos de Alanís (Sevilla) Francisco Rodríguez Zapata, autor de un popular cancionero de la Inmaculada, y José Fernández Espino, director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, que alcanzaron a oír las últimas conferencias de Alberto Lista, patriarca de la escuela poética sevillana.
     Su primera etapa estuvo plena de colaboraciones en conocidas revistas literarias de la época: El Vergel, La Floresta Andaluza…, algunas de las cuales dirigió él mismo: El Duende, La Giralda, El Genio de Andalucía, etc. Gozaron sus escritos iniciales –y no con exclusividad, pues se mantuvo a lo largo de toda su vida- un intenso carácter político, acreedor de funestas consecuencias de las que habría de dar cuenta.
     Con apenas veinticinco años se estableció en Madrid dedicándose a tareas literarias y teatrales. Ausencia de su tierra natal que no impidió la influencia e intervención en asuntos sevillanos, de modo que –y ésa es una de las incómodas cargas de la opinión a distancia- declarado rebelde, fue condenado como reo político por un consejo de guerra, a diez años de prisión en Ceuta. Medida que eludió emigrando a París hasta que un año más tarde sacó provecho del decreto por el que la reina Isabel II concedía amnistía en aras del nacimiento de su hijo Alfonso XII. No amilanó esta experiencia la tozuda intromisión política de Gutiérrez de Alba, quien participó en las revoluciones decimonónicas del 66 y del 68, «La Gloriosa», que dieron finalmente con el destronamiento de Isabel II.
     A la cercana simpatía del nuevo gobierno debió el encargo de una misión confidencial en América del Sur que llevó a acabo entre 1870 y 1874. La reserva de esta encomienda acaso explique que no se dejara razón en archivos oficiales, y de ello se queja Méndez Bejarano, que lo incluyó en una curiosa relación de Poetas españoles que vivieron en América (Madrid 1929), en donde puede leerse que «el feliz desempeño de su difícil cometido dejó expedita la vía para el Tratado que en 16 de abril de 1879 se celebró en Caracas entre España y la república de Colombia”.
     Gustó mucho del ambiente colombiano, y allí permaneció por propia decisión hasta 1890. Su actividad en este país fue muy intensa: publicó una Cartilla Agraria, pero sobre todo destaca El Cachaco (joven de buen humor), periódico fundado y escrito sólo por él. No pasó de proyecto, y es lástima, una obra que, con más de mil dibujos de su mano tomados por aquel continente, pretendía publicar y de la que aireó algunas muestras en revistas como El Globo, La Ilustración Española y Americana… etc.
     Regresado a España buscó refugio en su patria chica, que lo amparó como bibliotecario municipal. Volvió, en su innata afición por la agricultura, al cultivo de textos literarios de difusión, y redactó un Poema didáctico de 1300 versos con diversidad de metros, que es un tratado elemental.
     Cascales, en su Sevilla intelectual, lo señala como decano de los escritores hispalenses, y hace gala de su ocupación postrera en una Confesión general, autobiografía, que no llegó a publicar (Alberto Ribelot Cortés, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Un paseo por el barrio del Arenal

     Por Amor al Arte
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     El Barrio del Arenal es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Casco Antiguo, delimitado por las calles Puente de Isabel II, paseo de Cristóbal Colón, c/ Almansa, c/ Santas Patronas, c/ Puerta de Triana, c/ Zaragoza, c/ Moratín, c/ Mateo Alemán, c/ Carlos Cañal, c/ Bilbao, plaza Nueva, c/ Fernández y González, avenida de la Constitución, c/ Adolfo Rodríguez Jurado, plaza Ministro Indalecio Prieto, c/ Santander, c/ Postigo del Carbón, paseo de Cristóbal Colón, y paseo Alcalde Marqués del Contadero.
     El Barrio del Arenal lo componen las vías siguientes: c/ Adolfo Cuéllar, c/ Adolfo Rodríguez Jurado, c/ Adriano, paseo Alcalde Marqués del Contaderoc/ Almansa, c/ Almirantazgo, c/ Antón de la Cerda, c/ Antonia Díaz, c/ Arenal, c/ Arfe, c/ Aurora, c/ Badajoz, c/ Barcelona, c/ Bilbao, plaza del Cabildo, c/ Carlos Cañal, c/ Castelar, avda. de la Constitución, paseo de Cristóbal Colón, c/ Cristóbal de Castillejo, c/ Cristóbal Morales, c/ Don Pelayo, c/ Donoso Cortés, c/ Doña Guiomar, c/ Dos de Mayo, barreduela Duende, c/ Federico Sánchez Bedoya, c/ Fernández y González, c/ Francisco López Borda, c/ Fray Bartolomé de las Casas, c/ Galera, c/ Gamazo, c/ García de Vinuesa, c/ General Castaños, c/ Genil, plaza de Godínez, c/ Gracia Fernández Palacios, c/ Harinas, c/ Iris, c/ Jimios, c/ Joaquín Guichot, c/ López de Arenas, c/ Madrid, c/ Malhara, c/ Mariano de Cavia, c/ Mateo Alemán, c/ Mesón de los Caballeros, plaza Ministro Indalecio Prieto, plaza de Molviedro, c/ Moratín, c/ Narciso Campillo, callejón Nazareno, plaza Nueva, c/ Núñez de Balboa, c/ Padre Marchena, c/ Pastor y Landero, c/ Pavía, c/ Postigo del Carbón, plaza Puerta de de Triana, plaza Puerta del Arenal, c/ Quirós, c/ Real de la Carretería, c/ Rodó, c/ San Diego, c/ Santas Patronas, pasaje de Los Seises, c/ Techada, c/ Temprado, c/ Tomás de Ibarra, c/ Toneleros, c/ Valdés Leal, c/ Velarde, y c/ Zaragoza.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     El barrio del Arenal es el recuerdo de una Sevilla marinera y colonial que ya no existe. De El Arenal partieron las grandes flotas hacia el Nuevo Mundo y a El Arenal llegaron los fabulosos cargamentos y tesoros que hicieron de la ciudad lugar de peregrinación y puerto de refugio para comerciantes, pícaros y aventureros de todo el globo.
     Paseando por este barrio podemos recordar los siglos de esplendor de la Sevilla del siglo de Oro, corazón económico y cultural de España en los siglos de mayor auge. El nacimiento de El Arenal se debe, principalmente, a la invasión de los vikingos en el siglo IX. Llegaron a Sevilla en el año 844 y la saquearon. Los musulmanes de Abderramán II decidieron que había que amurallar la ciudad para evitar nuevas invasiones.
     Una vez construida la muralla defensiva, quedó una franja de tierra cercana al río, sin protección ni edificios, en cuyo solar irá creciendo, a lo largo de los siglos, un mundo recoleto y dispar al abrigo de las atarazanas y toda la industria marinera que Abderramán II pondrá en marcha. Este origen humilde de El Arenal dará con el tiempo una zona de privilegio a la ciudad de Sevilla, pues por aquí pasarán todas las novedades traídas de América, y de aquí partirán el gran número de rufianes, aventureros y hombres sin fortuna que construyeron el Nuevo Mundo.
     En el siglo XIII se levantan la Torre del Oro, la Torre de la Plata y la Torre de Abdelaziz para evitar posibles invasiones desde el Guadalquivir. Tras la reconquista de Sevilla por el rey Fernando III el Santo, se creó una zona con privilegios y exenciones el barrio de la mar-, donde los marineros, toneleros, cesteros, carreteros, etc., mantenían extramuros la principal actividad de la futura Sevilla: la construcción de barcos y el tráfico de mercancías en la ciudad más importante y populosa de España. Alfonso X el Sabio mandó levantar las atarazanas, y centralizó aquí el Almirantazgo de las flotas de Castilla, por ser puerto estratégico donde confluían las rutas del Atlántico y del Mediterráneo. Esta es la razón de que los marineros que vivían por el barrio de La Carretería y La Cestería (o sea, el barrio de la mar, que abarcaba todo el Arenal), fueran hombres del norte, y principalmente de Santander.
     Tras el descubrimiento de América, Sevilla es Puerto y Puerta de Indias desde 1503, cuando se le concede el monopolio del comercio americano. El Arenal era un suburbio industrioso de Sevilla, una zona entre marinera y transeúnte que ha crecido, inesperadamente, a un costado de la Sevilla amurallada y feliz, a la que entonces se llamaba Atenas hispana. Aquí vendrán a parar los desechados de la península, los galeotes, pícaros y buscavidas que huían de una Castilla fatigada y pobre. Cervantes llegó a Sevilla con la esperanza de resarcirse tras tantos años de presidio y heroísmo bajo bandera española.
     En el siglo XVIII, en tiempos de Carlos III, se construirá sobre las antiguas atarazanas la Maestranza de Artillería, así como la nueva Casa de la Moneda. También se construiría la Real Maestranza de Caballería, para dar rienda suelta a una pasión que viene atenazando al español desde los tiempos remotos del pueblo íbero, el toreo y el toro.
     Con el paso del tiempo el puerto de Sevilla fue perdiendo importancia. En el siglo XIX desapareció la muralla que separaba El Arenal de Sevilla y se urbanizó el Paseo Colón gracias a Pastor y Landero. La tradición marítima de El Arenal fue desapareciendo lentamente, para convertirse en un barrio más de la ciudad extramuros. El muelle de la Sal será sustituido por el de Nueva York y los sucesivos ensanches de la ciudad, como el de la Exposición Iberoamericana de 1929, irán desplazando hacia el sur el viejo arrabal marinero (Turismo de la Provincia de Sevilla).
     Una ruta por el Barrio del Arenal la podríamos hacer teniendo como ejes los siguientes puntos como hilo conductor:
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miércoles, 26 de enero de 2022

La Hacienda del Marquesado de Castilleja, en Castilleja del Campo (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     La Hacienda del Marquesado de Castilleja, se encuentra en la calle Antonio Machado, s/n, en Castilleja del Campo (Sevilla).
     Edificio señorial con dependencias agrícolas y molino de aceite, construido a finales del siglo XIX, que únicamente conserva en buenas condiciones la fachada y el patio, así como algunas naves, ya que los interiores de la misma se encuentran prácticamente deteriorados y vacío de enseres.
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Un paseo por la calle Santa Paula

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 26 de enero, celebramos la Solemnidad, en Belén de Judea, de la muerte de Santa Paula, viuda, que pertenecía a una noble familia senatorial. Renunció a todo, distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró con la beata virgen Eustoquio, su hija, junto al pesebre del Señor (404) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la calle Santa Paula, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle Santa Paula es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de la plaza de Santa Isabel con la calle Siete Dolores de Nuestra Señora, a la calle Enladrillada.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 
     En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
      La vía, en este caso una calle, está dedicada al antiguo Convento de Santa Paula, situado en esta misma calle;
     Recibe esta denominación al menos desde 1606, por el convento de igual advoca­ción allí fundado a finales del s. XV. El ensanche que hay delante del convento ha recibido ocasionalmente la denominación de plaza de Santa Paula. Históricamente poseía un trazado más quebrado que el que actualmente presenta, ya que ha sufrido distintos proyectos de ensanche y rectificación de líneas (1590, 1876, 1904). "De poca vecindad y paso; estrecha y triste" la describía González de León en 1839. Si a ello se une la existencia de varias huertas entre los conventos de Santa Isabel y Santa Paula, se comprenden las continuas referencias a su condición marginal y a la acumulación de escombros en la misma, que en ocasiones impedían incluso el tránsito peatonal. La existencia de una carbonería a mediados del XIX, que vendía el carbón en plena vía pública, no contribuiría precisamente a su adecentamiento. Todavía en 1885 los vecinos denunciaban en la prensa que además de estar hecha un barrizal apenas llovía, las basuras permanecían allí días y días. En 1897 se aprobó su adoquinado, pero no debió llevarse a efecto porque dos años después se propuso la sustitución del existente por otro de cemento, y finalmente fue adoquinada en 1906.
     Hoy describe un ángulo muy cerrado precisamente en el punto en el que a principios de la presente centuria se procedió a la apertura de una nueva calle, pasaje Mallol; delante de la entrada del convento presenta un pequeño ensanche, la antigua plazuela. Posee calzada de asfalto y las aceras se encuentran reducidas a su mínima expresión, a veces sólo el bordillo de granito, como consecuencia de la angostura de la vía y la prioridad dada al tráfico rodado; con todo, es escaso el que registra en el primer tramo y nulo en el segundo, ya que Enladrillada está cerrada al paso de vehículos. Las farolas son de brazo de fundición adosadas a las fachadas. 
     Como en tiempos de González de León, continúa siendo una calle de poca vecindad. La mayor parte de la acera de los impares está ocupada por el convento de Santa Paula. Este fue fundado en 1475 por Ana de Santillán y Guzmán, y la iglesia fue construida por doña Isabel Enríquez, marquesa de Montemayor, entre 1483 y 1489. La entrada desde la calle se realiza a través de una modesta portada gótica de ladrillo sobre la que figura un azulejo que representa a Santa Paula realizado en 1888; tras ella se accede a un compás ajardinado, donde se encuentra la fachada de la iglesia, obra de excepcional calidad, cuyas líneas arqui­tectónicas presentan el estilo llamado Reyes Católicos, destacando la cerámica de Pisano. En la acera opuesta y frente a la plaza de Santa Isabel, se conservan dos viviendas de escaleras de dos plantas; fueron escuela de enseñanza primaria y actualmente están de­socupadas y muy degradadas. Frente a la portada de Santa Paula hay una casa señorial de dos plantas, donde al parecer vivió Juan de Lara, veinticuatro de Sevilla, y en la que Cervantes sitúa su novela La Española Inglesa, tal como recuerda un azulejo colocado en su fachada; tras esta casa hay un almacén, y finalmente un solar en construcción esquina a Enladrillada. Santa Paula se sitúa en uno de los barrios tradicionalmente habitados por artesanos, después obreros industriales y donde los conflictos sociales cobraron gran virulencia, particularmente en los años treinta [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Santa Paula, 9 al 11
. Fachada del monasterio de Santa Paula en la que destaca la portada del Compás, formada por un arco ojival de ladrillo agramilado y sobre él un azulejo de la Santa titular.
Santa Paula, 30. Fuente mural con dos frentes en ángulo recto. Cada uno tiene como centro una hornacina, flanqueada por medias columnas toscanas pareadas y todo ello enmarcado por pilastras jónicas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Paula, viuda
   Viuda romana de familia ilustre que tuvo como maestro a san Jerónimo junto al cual fue a acabar sus días en Belén, con su hija santa Eustoquia. Allí murió en 404. Su tumba fue cavada en la gruta de la Natividad y san Jerónimo compuso su epitafio.
   La catedral de Sens pretendía poseer el cuerpo de santa Paula desde el siglo IX.
   Suele estar representada en las iglesias de los monasterios jerónimos de los cuales es patrona. Sus atributos, copiados de su maestro san Jerónimo, son la Vulgata, traducción latina de la Biblia, y un crucifijo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La calle Santa Paula, al detalle:
Edificio de la calle Santa Paula, 12
Convento de las Religiosas de las Siervas de María
Edificio de la calle Santa Paula, 30

martes, 25 de enero de 2022

La Iglesia de San Pablo, en Aznalcázar (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 25 de enero, Solemnidad de la Conversión de San Pablo, apóstol. Viajando hacia Damasco, en la actual Siria, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino y lo eligió para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo (c. 67) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para Explicarte la Iglesia de San Pablo, en Aznalcázar (Sevilla).
   La Iglesia de San Pablo, se encuentra en la calle de las Campanas, 5; en Aznalcázar (Sevilla).
     Edificio de tipo mudéjar sevillano con tres naves, cubiertas con estructura de madera y separadas por esbeltos pilares cruciformes, más capilla mayor constituida por dos tramos, uno rectangular y otro poligonal, con bóveda de nervaduras. La portada de los pies, que está realizada en  ladrillo y sobresale de la línea de los muros, se enmarca por un baquetón y presenta tres arquivoltas apuntadas rematadas por un alero que se decora con ménsulas y con una serie de almenas escalonadas. La portada correspondiente al muro derecho presenta hiladas alternativas de ladrillo amarillo y rojizo, tres arquivoltas apuntadas flanqueadas por baquetones y decoración de lacería en las enjutas, siendo su remate un alero sobre ménsulas y una fila de cartelas. La torre se halla en la zona de la cabecera pero exenta de la iglesia. En su interior presenta bóvedas de aristas y de cañón apuntado, apareciendo un arco túmido con alfiz en uno de sus frentes. Se remata con un cuerpo de campanas decorado con azulejos que fue diseñado por Ambrosio de Figueroa en 1763. Otras obras barrocas que se advierten en el templo se han relacionado con Pedro de Silva, que consta que intervino en el edificio entre 1765 y 1767.
     El conjunto presenta estrechas conexiones con las parroquias sevillanas erigidas en torno a 1356, como son Omnium Sanctorum, San Andrés y San Esteban. Sin embargo, ésta debe de fecharse a fines del siglo XIV y principios del XV, siendo aún más modernas las portadas, que deben situarse en torno a 1500. También es obra mudéjar el primer cuerpo de la torre, habiéndose realizado a partir de 1764 el remate de la misma, tal y como se indica en el retablo de azulejos de la Virgen de la Antigua, situado junto a la puerta  lateral.
     El retablo mayor, procedente de la ermita de Gelo, se fecha a finales del siglo XVII y se atribuye a Fernando de Barahona. La imagen de San Pablo que lo preside es obra moderna. La escultura del Cristo Crucificado es obra del siglo XVIII. De la segunda mitad del mismo siglo es la imagen de San José, situada en el retablo colateral derecho. Al siglo XVII pertenece la escultura del Niño Jesús que se encuentra en una de las capillas laterales. Las pinturas de la Virgen con el Niño entre ángeles, de San José y de San Luis rey son del siglo XVIII. 
     En la Sacristía hay dos lienzos, uno del Crucificado, de la segunda mitad del XVII, y otro de Cristo atado a la columna, del siglo XVIII, y una escultura de San José con el Niño, de mediados del XVII. Buenas piezas de orfebrería son la cruz parroquial, de fines del siglo XVI, que presenta en la manzana un templete hexagonal con figuras de apóstoles; una demanda de metal dorado, fechada en 1795; un cáliz de plata con decoración en el astil, de la segunda mitad del XVIII y el punzón L. Finalmente, un ostensorio con decoración de temas eucarísticos y rocallas data de finales del siglo XVIII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     La Iglesia parroquial de San Pablo se encuentra en la Plaza de la Iglesia, cerca de la Fuente Vieja y del Centro Cultural El Arquillo, en la localidad sevillana de Aznalcázar. Este edificio es una de las más bellas obras representativas del mudéjar sevillano siglo XIV.
     Consta de tres naves con cubierta de madera y separadas por pilares cruciformes. La cabecera de la iglesia está decorada con mosaicos del siglo XVI que alternan azulejos del XVI. Las fachadas son de época posterior. La principal está decorada con almenas casi renacentistas mientras que la de la epístola tiene una excelente labor de lacería mudéjar entre el arco y el alfiz que la enmarcan.
     La torre mudéjar, que parece fue alminar de una antigua mezquita, está exenta de la iglesia, y el cuerpo de campanas, decorado con azulejos, pertenece al último tercio del siglo XVIII. Los artesonados y retablos de la Iglesia de San Pablo se perdieron en un incendio en 1932.
     En su interior destacan magníficas imágenes barrocas, entre ellas la del Niño Jesús y la imagen de San José, Juan Martínez Montañez. Igualmente se encuentran un cuadro de Cristo crucificado, catalogado del taller de Zurbarán; el Cristo de San Pablo, del siglo XVII y estilo manierista; una importante colección de orfebrería religiosa y libros. La Hermandad de Santiago Apóstol posee cuatro tallas obra de Antonio Castillo Lastrucci.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del apóstol San Pablo;
HISTORIA Y LEYENDA
   San Pablo, quien después de Jesús es la mayor figura de la historia del cristianismo, era un judío helenizado de la Diáspora, nacido en Tarso, capital de Cilicia, y naturalizado ciudadano romano.
   Al igual que el patriarca Abraham, que en principio se llamó Abram, él también llevó dos nombres sucesivos.
   El día de su circuncisión recibió el nombre Saulo (deseado), que llevara el primer rey de Israel. Pero después de su conversión adoptó el nombre lati­no Paulus (pequeño), ya por humildad, a causa de su endeble apariencia, ya por rendir homenaje al procónsul romano de Chipre, Sergius Paulus, quien lo había escuchado con simpatía.
   Por lo tanto, era judío por su origen étnico, griego por su cultura y romano por su nacionalidad.
   Se lo ha calificado de apóstol impropiamente, porque no conoció a Jesús ni jamás formó parte del Colegio apostólico, ni siquiera después de la trai­ción de Judas. Pero se lo asimiló muy pronto a los discípulos. En los Salterios ilustrados se lo compara con Benjamín, como el último en llegar, y el más joven de los apóstoles. Los Padres de la Iglesia lo llaman la Boca de Cristo (Tostomatou Khristou), el heraldo de la fe.
   Dicha asimilación está justificada, no sólo porque ha sido «llamado» por Cristo en el camino de Damasco, sino porque en tal sentido ha tenido un papel fundamental en la difusión del cristianismo entre los gentiles es decir, entre los pueblos paganos. A dicho título merece el mote de Apóstol de los Gentiles (Volkerapostel).
   Más aún, él ha sido el verdadero fundador del cristianismo como religión universal, separada del judaísmo. Convirtió a Cristo, quien era sólo el Mesías de los judíos, en el Salvador del mundo; y a una religión estrechamente nacio­nalista en otra ecuménica, al transplantarla al mundo griego y romano.
***
   Su vida se divide en tres fases de desigual importancia:
l. Un período de encarnizada hostilidad contra los cristianos, hasta su Conversión sobre el camino de Damasco.
2. Su predicación en la cuenca del Mediterráneo oriental.
3. Su martirio en Roma.
1. Antes de la conversión
   Se ignora la fecha de su nacimiento en Tarso; hacia el año 3 según algunos, hacia el 10 de acuerdo con Renan. Su formación intelectual fue rabínica y al mismo tiempo helénica: escribía en mala lengua griega, sobrecargada de hebraísmos.
   Después de haber estudiado en Jerusalén bajo la dirección del rabino Gamaliel, el fariseo, se habría destacado por su odio contra los discípulos de Cristo.
   Si no participó, al menos habría asistido a la lapidación del diácono protomártir san Esteban, cuidando las ropas de los verdugos.
   La historicidad de dichos episodios es muy dudosa. Puede que Saulo, abocado a la persecución del Mesías, descendiente de David, sea una simple réplica de Saúl del Antiguo Testamento, quien persiguió a David. Además, el relato de los Hechos de los Apóstoles, está desmentido por el propio san Pablo, quien declara formalmente, en Gálatas 1: 22, que antes de su conversión «...era, por tanto, personalmente desconocido para las iglesias de Cristo en Judea».
2. Su Apostolado
   Un día, cuando hacia el año 35 iba desde Jerusalén hacia Damasco, fue deslumbrado por un rayo, desmontado del caballo, y creyó oír la voz de Jesús que le decía: «Saulo, Saulo,¿por qué me persigues?» Fue cegado y al mis­mo tiempo iluminado: Caecatus illuminatus est.
   Para Renan y para los críticos racionalistas, esta visión, o más bien esta audición fulgurante que determinó la conversión de Saulo, se explica por el calor cegador del mediodía que, junto con la fatiga de la marcha, habría provocado un principio de oftalmia y una alucinación. Saulo habría sido víc­tima de una insolación.
   Sea como fuere, pasó bruscamente del papel de perseguidor al de celador del cristianismo. Un cristiano de Damasco, Ananías, fue el instrumento de su curación: de los ojos de Saulo cayeron escamas, símbolo de la fe que triunfó sobre su ceguera.
   A partir de entonces comenzó su vida de misionero itinerante, siempre activo. Después de haber predicado en Damasco, donde se vio obligado a evadirse en un cesto descendido desde lo alto de la muralla con la ayuda de una polea, a causa de la irritación de los judíos que lo consideraban un apóstata y le tendieron una trampa, fue a Jerusalén para tomar contacto con Pedro y los demás apóstoles para quienes resultaba sospechoso a causa de su pasado.
   Después, en el año 42 se dirigió hacia Antioquía, la gran ciudad siria que entonces era la tercera ciudad del mundo, y que fue la cuna de la Iglesia de los gentiles.
   Junto a Bernabé, de origen chipriota, quien lo presentara a los apóstoles, se dirigió a Chipre. Allí cegó al mago Barjesús o Elimas, quien azuzaba en su contra al procónsul Sergio Paulo (Sergius Paulus).
   Luego predicó el Evangelio en Asia menor, en Antioquía de Pisidia, en Iconio (Konia o Konich, Anatolia) y Listra en Licaonia. Fue en esta última ciudad donde Pablo y Bernabé curaron a un paralítico y los creyeron, a uno el dios Hermes y al otro Zeus, y debieron rechazar con indignación el sacrificio que los sacerdotes quisieron ofrecerles, como si fuesen dioses.
   Una última campaña, hacia 49, lo condujo a Grecia, primero a Filipos, Tesalia, capital de Macedonia, y luego a Atenas, donde vio un altar consagrado al Dios desconocido y predicó en el Areópago; a Corinto, donde per­maneció dos años. De vuelta en Éfeso, se rebelaron en contra suya los plateros que fabricaban miniaturas de plata de los templos de Artemisa, porque su prédica contra la fabricación de ídolos amenazaba el negocio del gremio. De vuelta en Jerusalén fue amenazado de muerte por los judíos y pudo es­capar gracias a la policía romana que lo mantuvo en prisión en Cesarea du­rante dos años.
3. San Pablo en Roma
   En el año 60, finalmente, embarcó hacia Roma, pero naufragó en la costa maltesa donde escapó a la picadura de una víbora.
   Según Tertuliano, habría padecido martirio en Roma al mismo tiempo que san Pedro. Pero al ser ciudadano romano (civis romanus), tuvo el privilegio de ser decapitado con un hacha, mientras que san Pedro fue crucifica­do como un esclavo.
   Su decapitación habría tenido lugar al sur de Roma, en el sitio donde se edificó la iglesia de las Tres Fuentes (Tre Fontane), porque su cabeza, al re­botar tres veces contra el suelo, hizo brotar tres fuentes.
   En verdad no existe ningún documento preciso acerca de su martirio, que los Hechos de los Apóstoles no mencionan. Es posible que fuera ejecutado hacia 64, perdido entre la multitud de víctimas de Nerón.
   La leyenda de su Descenso al infierno está relatada en la Visio sancti Pauli, prototipo del Purgatorio de san Patricio y del Viaje de san Brandano. San Miguel, que le sirvió de guía, le mostró el puente de la prueba, la rueda infernal, el abismo sellado con siete sellos... Al final de su exploración, pidió a Cristo que extendiese a los réprobos el beneficio del descanso dominical.
CULTO
   Asociado con san Pedro en el culto que se profesa a los dos Príncipes de los apóstoles, san Pablo es el segundo patrón de Roma, ciudad que le dedicó la basílica de San Pablo extramuros (San Paolo fuori le mura) y la iglesia de las Tre Fontane.
   La iglesia abacial de Cluny y la orden cluniacense en su totalidad se pusieron bajo la protección de los apóstoles san Pedro y san Pablo. Entre las iglesias francesas que están puestas bajo su advocación, pueden citarse la aba­día de Cormery, en Turena y Saint Paul de Varax (Ain).
Patronazgos medievales
   En la Edad Media numerosas corporaciones fueron puestas bajo su patro­nazgo.
   Era venerado al mismo tiempo por los clérigos y por los laicos, los teólogos y los caballeros. La espada de su decapitación, que es su atributo habitual, hizo que lo confundieran con un caballero romano, aunque él nunca portara ar­mas. Cuando en la misa se leen las Epístolas de san Pablo, escribió el litur­gista Guillaume Durand en su Rational, «los caballeros permanecen de pie en su honor, porque fue caballero».
   La espada que tiene como atributo le deparó la devoción de los bruñidores. La de los fabricantes de cuerdas se explica, ya porque según los Hechos de los Apóstoles (18: 3), tenía como oficio tejerte las de tiendas con pelos de cabra de Cilicia, y a por un juego de palabras acerca de su conversión, cuando las cuerdas se fabricaban por conversión o torción del cáñamo, ya porque escapara de Damasco en un cesto suspendido de una cuerda.
   El cesto, instrumento de su evasión, le habría valido además el patronazgo de los cesteros. A este título, los cesteros de Origny en Thiérache (Aisne) lo veneraban con el nombre de san Pablo de los cesteros.
   Por el hecho de haberse salvado de un naufragio en Malta, y también del veneno de una víbora, se lo invocaba contra las tormentas y contra las ser­pientes venenosas. Los charlatanes venecianos, llamados uomini della casa di san Paolo, que pretendían llegar desde Malta, vendían como antídoto tierra que decían extraída del sitio donde san Pablo fuera picado por una víbora. Sus víctimas, ingenuamente, creían que esos terrones malteses eran el mejor re­medio contra las picaduras de serpientes (gegen Schlangenbiss). 
   En el Delfinado lo creían capaz de preservar del miedo, a causa de un juego de palabras con el vocablo paou, que en el dialecto del lugar significa al mismo tiempo Pablo y miedo.
   No obstante, san Pablo nunca fue un santo popular, al contrario de san Pedro, cuya imagen paternal de portero del Paraíso gustaba más al pueblo, la altanera severidad de san Pablo mantenía a los fieles a distancia, tal como prueba la relativa pobreza de su iconografía, sobre todo en el arte cristiano primitivo. Es evidente que el lugar que ocupa en el arte no guarda proporción con la importancia fundamental que ha tenido en la difusión del cris­tianismo.
San Pablo, la Reforma luterana y la Iglesia anglicana
   En el siglo XVI el culto de san Pablo experimentó un aumento de popularidad, pero al precio de una transformación radical que nadie había previsto. El apóstol de los gentiles a quien el papado se había complacido en asociar con san Pedro desde la fundación de la Iglesia romana, fue anexionado por la Reforma, y, por decirlo así, descatolizado. Los luteranos no se limitaron a reemplazar a san Martín de Tours por Martín Lutero; además, opusieron el apóstol san Pablo -quien predicaba la justificación por la gracia- al apóstol san Pedro.
   La Iglesia anglicana hizo otro tanto. De ahí que la catedral de la City de Londres se pusiera bajo su advocación, con la intención de eclipsar, a causa de la altura y la majestad de su cúpula, a la basílica papista de San Pedro de Roma.
   A partir de entonces, el papado se desapegó de san Pablo, comprometido por los elogios de Lutero y casi sospechoso de herejía. El arte de la Contrarreforma salido del concilio de Trento, lo puso en el Index.
ICONOGRAFÍA
   Según lo que san Pablo dice de sí mismo en sus Epístolas, y a juzgar por el nombre latino que adoptó, Paulus, el pequeño, era de cuerpo esmirriado, y de una estatura por debajo de la media. Según parece, le cayeron en suerte todas las desgracias y desventajas físicas: era calvo (capite calvo), legañoso, con nariz ganchuda (nasus inflexus), patizambo... Habla de «una espina clavada en su carne», lo que ha hecho conjeturar que estaba afectado por una enfermedad nerviosa o quizá una oftalmia purulenta.
   La iconografía religiosa no ha tenido en cuenta estos datos. Salvo el inglés Hogarth, quien lo encaramó en una silla, los artistas hicieron de ese abor­to epiléptico y patituerto un gigante majestuoso que se apoya en una espada. Sólo retuvieron su calvicie. Además, debe señalarse que dicha característica con frecuencia se ha sacrificado a la necesidad de idealización del arte clásico: Rafael y Lesueur creyeron su deber dotar al predicador de Atenas y de Éfeso con una abundante cabellera. Siempre se lo ha representado con barba.
   En el arte cristiano primitivo sólo tiene como atributos genéricos un libro o un rollo (volumen).
   Su atributo personal es una espada, instrumento de su martirio. Este emblema apareció en su iconografía hacia el siglo XIII, mucho más tarde que la llave de san Pedro.
   La espada suele aparecer desenvainada, aunque algunas veces ha sido vuelta a la vaina (gladius in vagina).
   De manera excepcional, por ejemplo en los ciclos de los Apóstoles, de Peter Vischer, en el relicario de san Sebaldo de Nuremberg, y en el de Tilman Riemenschneidei; en la capilla de Wurzburgo, está representado con dos espadas, ya por analogía con las dos llaves de san Pedro, ya porque una de las espadas haya sido considerada como emblema de la palabra de Dios y la otra como el instrumento de su martirio.
   En su condición de patrón de los cesteros (San Pablo de los cesteros), se lo re­presenta con un canasto tejido, instrumento de su evasión de Damasco.
La Conversión de Saulo
   Corintios: 1: 15; 8: Hechos de los Apóstoles, 9: 1, 9; 22: 12 -19.
   Saulo, quien se dirigía a Damasco para expulsar a los discípulos de Jesús, fue cegado al mediodía por un rayo. Oyó una voz que le dijo: «¿Saulo, Saulo, por qué me persigues?» (Saule, Saule, quid me per sequeris?).
   Resulta inexacto hablar de la Conversión de san Pablo, puesto que él adoptó el nombre latino Pablo (Paulus) después de su conversión.
   El vocablo Visión no es menos inadecuado, puesto que Saulo no vio a Cristo, sólo creyó oír su voz, como Moisés oyera la de Yavé en la Zarza ardiendo y el cráter del Sinaí. No obstante, se asimila esta audición a las Apariciones de Cristo resucitado a los apóstoles. 
 También se emplea la expresión Vocación con el objeto de asimilarlo a los apóstoles, aunque sólo haya oído el reproche de Cristo sin verle, puesto que es­taba ciego.
   Los Hechos de los Apóstoles no aclaran si iba a pie o a caballo. San Agustín dijo que iba a pie, y es así como está representado en los mosaicos bizantinos. El arte de Occidente casi siempre lo supone a caballo.
   Las representaciones de Saulo desmontado derivan de las del Orgullo (Superbia) en el ciclo de los Vicios, inspirado por la Psicomaquia medieval. Los artistas pueden optar entre dos momentos: Saulo cayendo o ya derri­bado en el suelo, a los pies del caballo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Un paseo por la calle San Pablo

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle San Pablo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 25 de enero, Solemnidad de la Conversión de San Pablo, apóstol. Viajando hacia Damasco, en la actual Siria, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino y lo eligió para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo (c. 67) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la calle San Pablo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle San Pablo es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en los Barrios de la Alfalfa y del Museo, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de plaza de la Magdalena con la calle Méndez Núñez, a la confluencia de las calles Gravina, Puerta de Triana, y Zaragoza.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
      La vía, en este caso una calle, está dedicada al antiguo Convento de San Pablo (actual Real Parroquia de Santa María Magdalena), situado en esta misma calle;
     Aunque González de León y otros autores afirman que en siglos medievales se llamó calle del Rey, tal denominación no esta fundada, pues hay que tener en cuenta que en la Edad Media los calificativos de "real" o del "rey" se aplicaban habitualmente a todos los espacios públicos. Por ello el primer nombre conocido de esta calle, al menos desde comienzos del s. XVI, es el de San Pablo, por el convento dominico de esta advocación allí instalado en el s. XIII. Ese nombre debió alternar en el uso popular con el de Ancha de San Pablo, tal como figura en el plano de Olavide (1771). Al parecer ese topónimo surgió en oposición al de Chica de San Pablo, con el que todavía en la primera mitad del XIX se conocía popularmente sólo al primer tramo de la calle. El espacio situado entre las actuales Bailén, Murillo y Ciriaco Esteban se llamaba, al menos desde comienzos del XV, plaza de San Pablo, y tal vez también plaza de la Cruz Verde y Cruz de San Pablo, por la que allí estaba instalada. Según González de León, una parte debió conocerse como calle del Pósito de San Antón. En lo que hoy es el primer tramo de la calle se situaba la antigua de la Magdalena, que se incorporó a la de San Pablo en los años 40 de nuestro siglo. Y en las inmediaciones de Gravina existió hasta fines del XVI la llamada calle Majaderos, también incorporada cuando en ese siglo se construyó la nueva Puerta de Triana. Ya a fines del XIX el topónimo San Pablo es el único que tiene oficialidad en la planimetría y en la documentación.
     Es una vía de considerable anchura, sobre todo en sus primeros tramos, y discurre formando una ligera curva hasta la confluencia con Cristo del Calvario. A partir de ese punto se hace mas rectilínea y se estrecha bastante, para volver a ensancharse en su parte final, aunque una polémica remo­delación hecha en los últimos años haya estrechado notablemente la calzada y ampliado las aceras en ese punto. La morfología actual de la calle es el resultado de sucesivos derribos y ensanches a lo largo de los siglos, hasta derivar en la espaciosidad actual, no del todo lograda, pues aun resta por ensanchar un importante tramo. Desde mediados del XVIII se refleja en las actas capitulares el deseo de dar amplitud a la zona próxima a la Puerta de Triana, situada desde el XVI en el cruce de las actuales Julio Cesar, Reyes Cató1icos y Santas Patronas, y a ese propósito responden sucesivos derribos y alineaciones desde 1863 hasta hoy. 
     Así en ese mismo año propone ya el municipio de­moler dicha puerta, con objeto de trazar un eje de cierta amplitud con Reyes Cató1icos y el puente de Triana. Se derriba, por fin, como otras puertas de la muralla, tras la Revolución de 1868. En el extremo opuesto de la calle se derriba asimismo, en 1889. el compás del convento de San Pablo, y en los años 30 de nuestro siglo la antes citada calle de la Magdalena, cuya acera derecha quedó incorporada a la de San Pablo en 1941. Como consecuencia de estas operaciones la calle adquirió una anchura que históricamente no había tenido y se perfila en la actualidad como un espacioso eje de penetración oeste­ este de la ciudad, comunicación natural con Triana. Por la derecha desembocan en ella Santa Justa, Murillo, Bailén, Cristo del Calvario, Bobby Deglané y Gravina; y por la iz­quierda, Ciriaco Esteban, Mateo Alemán y Zaragoza.
     Al menos desde 1588 hay noticias de su empedrado. En 1603 el Ayuntamiento reclama al contratista por haber realizado el empedrado de ripio y no de aguja, coma se había concertado. En 1859 se suela con adoquines, y en 1904 se subasta la pavimentación de cemento. En la actualidad posee adoquines y amplias aceras de losetas, que en la zona de la parroquia de la Magdalena permiten incluso la instalación de veladores. La calle tiene abundante arbolado: naranjos en su primero y último tramo, frondosos plátanos en el central, con setos y bancos de fundición ante la iglesia de la Magdalena, y palmeras en el punto en que se situaba hasta el XVI la primitiva Puerta de Triana. En 1958 se dotó de alumbrado fluorescente. Hoy posee un sistema de iluminación poco frecuente en las calles del centro: farolas de fundición, de pie, de artístico diseño, situadas en ambas aceras.
     Su caserío, muy variado, ha sufrido grandes alteraciones en los últimos años. Buena parte de los edificios de la primera mitad de este siglo han sido sustituidos por modernas construcciones de cinco y seis alturas, entre ellas los grandes almacenes (Galerías Preciados, actual El Corte Inglés) levantados en el solar del desaparecido Hotel Madrid. Las casas del tramo final de la calle están por lo general muy deterioradas, y no pocas en estado ruinoso y cerradas. No obstante, San Pablo conserva algunos ejemplares interesantes, como el edificio racionalista de la es­quina con la plaza de la Magdalena ,o la casa núm. 3, modernista, construida en 1908-9 por José Espiau y Muñoz; la 6, regionalista, de Juan Talavera (1923-24); la 17, del mismo arquitecto (1925-26); y la 22, una vivienda del s. XIX, de tres plantas y patio interior con columnas. Pero sin duda el edifi­cio mas significativo de este lugar es la actual parroquia de la Magdalena, antigua iglesia del convento de frailes dominicos de San Pablo el Real, fundado por Fernando III tras la conquista de Sevilla. Su iglesia, de primitivo trazado medieval, fue reedificada a fines del XVII por Leonardo de Figueroa y consta de tres naves, amplio crucero, cinco capillas y una bella espadaña. Posee valio­sas obras escultóricas y pictóricas de grandes artistas. Durante la dominación francesa los frailes abandonaron el edificio, que pasó a albergar a la parroquia de la Magdalena. Vuelta la comunidad, se mantuvo allí hasta la exclaustración general de 1835. A lo largo del XIX el viejo convento sirvió para diferentes usos: oficinas civiles, lugar de instrucción para la tropa, etc.  
   Buena parte del compás fue demolido en la década de 1930, dejando exentos muros y portadas del templo. En la fachada de la iglesia hay un bello azulejo del Cristo del Calvario y varias placas de mármol, una de ellas alusiva a la ordenación episcopal de fray Bartolomé de las Casas, que vivió en el convento. En la actualidad la iglesia alberga las cofradías de la Quinta Angustia y Cristo del Calvario, y la hermandad de la Virgen del Amparo, imagen que goza de gran devoción en el barrio y que procesiona anualmente por sus calles. Durante siglos, el trazado, la funcionalidad y la vida toda de esta calle estuvieron marcados por la desaparecida Puerta de Triana, que dio nombre a todo este sector y constituía el cierre del flanco oeste de la ciudad y la vía de comunicación natural con Triana y el Aljarafe. La primitiva debió ser, como las restantes puertas de la ciudad, un baluarte con entrada acodada, y estaba situada en el cruce de Gravina y Zaragoza. En 1588 se construyó una nueva a la altura de Julio Cesar y Santas Patronas. Constaba de un bello cuerpo de arquitectura de orden dórico, atribuido por algunos autores a Juan de Herrera. Tras la apertura de varios portillos y diversas propuestas de ampliación para agilizar el tráfico de la zona, fue demolida en 1869. En su desaparición influyeron numerosas presiones para descongestionar el eje de penetración al centro histórico de la ciudad, una vez abierta la nueva calle Reyes Católicos. Esa función de paso hizo siempre de San Pablo una vía de gran actividad y movimiento, sometida al continuo trasiego de peatones, carruajes y caballerías, y en la que proliferaron puestos de venta, freidurías y establecimientos recreativos. 
     Por ella discurría una de las "madres" o husillos de la ciudad, que provocaba la frecuente aparición de aguas pútridas, fangos y malos olores continuamente denunciados por el vecindario desde fines del XVI. Por su proximidad al río, era también una de las zonas más vulnerables a las crecidas. En el XIX su actividad se intensifica con el paso de tranvías de mulas y más tarde eléctricos, y con la cercanía a la recién creada estación de ferrocarril, tal como recoge una gacetilla periodística: "la calle de San Pablo, si no es la más, es de las más transitadas de Sevilla, ya que por su proximidad al ferrocarril de Córdoba es la primera que atraviesan los forasteros y extranjeros que procedentes del Norte vienen a este rinconcito del cielo; por efecto del mucho paso de carruajes y caballerías es la más sucia de la capital" (El Porvenir, 5-Vlll-1860). También ha sido tradicionalmente lugar de paso de procesiones religiosas y cívicas, recibimientos regios, manifestaciones, autos de fe, etc., y punto de partidas de diligencias y coches para los pueblos vecinos. Cobra especial animación en los días de Semana Santa, por ser itinerario obligado de las cofradías de Triana. En el s. XVIII tuvieron allí su taller los impresores y libreros Gómez, y hasta hace pocos años se situaba el colegio de los Hermanos Maristas.
     En la actualidad cumple funciones marcadamente comerciales, con grandes alma­cenes, ópticas, droguerías, farmacias, electrodomésticos, tejidos, bazares... etc. En su parte final predomina un comercio de corte más popular, con artículos de loza, cristal y menaje del hogar. Tiene parada de taxis y está equipada con quioscos de prensa y chucherías, cabinas telefónicas y bares, que en algunos puntos instalan veladores en el ancho acerado. Soporta  un gran trasiego peatonal en las horas comerciales y un in­tenso trafico rodado de penetración al centro. Su anchura permite el estacionamiento de vehículos, sobre todo en el tramo central. Según la tradición, en una de sus casas había nacido el pintor Bartolomé Esteban Murillo. [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
San  Pablo, 22. Casa del siglo XIX, de tres plantas, con fachada dividida en calles por pilastras. En el interior posee un pa­tio de columnas con arcos semicirculares [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del apóstol San Pablo;
HISTORIA Y LEYENDA
   San Pablo, quien después de Jesús es la mayor figura de la historia del cristianismo, era un judío helenizado de la Diáspora, nacido en Tarso, capital de Cilicia, y naturalizado ciudadano romano.
   Al igual que el patriarca Abraham, que en principio se llamó Abram, él también llevó dos nombres sucesivos.
   El día de su circuncisión recibió el nombre Saulo (deseado), que llevara el primer rey de Israel. Pero después de su conversión adoptó el nombre lati­no Paulus (pequeño), ya por humildad, a causa de su endeble apariencia, ya por rendir homenaje al procónsul romano de Chipre, Sergius Paulus, quien lo había escuchado con simpatía.
   Por lo tanto, era judío por su origen étnico, griego por su cultura y romano por su nacionalidad.
   Se lo ha calificado de apóstol impropiamente, porque no conoció a Jesús ni jamás formó parte del Colegio apostólico, ni siquiera después de la trai­ción de Judas. Pero se lo asimiló muy pronto a los discípulos. En los Salterios ilustrados se lo compara con Benjamín, como el último en llegar, y el más joven de los apóstoles. Los Padres de la Iglesia lo llaman la Boca de Cristo (Tostomatou Khristou), el heraldo de la fe.
   Dicha asimilación está justificada, no sólo porque ha sido «llamado» por Cristo en el camino de Damasco, sino porque en tal sentido ha tenido un papel fundamental en la difusión del cristianismo entre los gentiles es decir, entre los pueblos paganos. A dicho título merece el mote de Apóstol de los Gentiles (Volkerapostel).
   Más aún, él ha sido el verdadero fundador del cristianismo como religión universal, separada del judaísmo. Convirtió a Cristo, quien era sólo el Mesías de los judíos, en el Salvador del mundo; y a una religión estrechamente nacio­nalista en otra ecuménica, al transplantarla al mundo griego y romano.
***
   Su vida se divide en tres fases de desigual importancia:
l. Un período de encarnizada hostilidad contra los cristianos, hasta su Conversión sobre el camino de Damasco.
2. Su predicación en la cuenca del Mediterráneo oriental.
3. Su martirio en Roma.
1. Antes de la conversión
   Se ignora la fecha de su nacimiento en Tarso; hacia el año 3 según algunos, hacia el 10 de acuerdo con Renan. Su formación intelectual fue rabínica y al mismo tiempo helénica: escribía en mala lengua griega, sobrecargada de hebraísmos.
   Después de haber estudiado en Jerusalén bajo la dirección del rabino Gamaliel, el fariseo, se habría destacado por su odio contra los discípulos de Cristo.
   Si no participó, al menos habría asistido a la lapidación del diácono protomártir san Esteban, cuidando las ropas de los verdugos.
   La historicidad de dichos episodios es muy dudosa. Puede que Saulo, abocado a la persecución del Mesías, descendiente de David, sea una simple réplica de Saúl del Antiguo Testamento, quien persiguió a David. Además, el relato de los Hechos de los Apóstoles, está desmentido por el propio san Pablo, quien declara formalmente, en Gálatas 1: 22, que antes de su conversión «...era, por tanto, personalmente desconocido para las iglesias de Cristo en Judea».
2. Su Apostolado
   Un día, cuando hacia el año 35 iba desde Jerusalén hacia Damasco, fue deslumbrado por un rayo, desmontado del caballo, y creyó oír la voz de Jesús que le decía: «Saulo, Saulo,¿por qué me persigues?» Fue cegado y al mis­mo tiempo iluminado: Caecatus illuminatus est.
   Para Renan y para los críticos racionalistas, esta visión, o más bien esta audición fulgurante que determinó la conversión de Saulo, se explica por el calor cegador del mediodía que, junto con la fatiga de la marcha, habría provocado un principio de oftalmia y una alucinación. Saulo habría sido víc­tima de una insolación.
   Sea como fuere, pasó bruscamente del papel de perseguidor al de celador del cristianismo. Un cristiano de Damasco, Ananías, fue el instrumento de su curación: de los ojos de Saulo cayeron escamas, símbolo de la fe que triunfó sobre su ceguera.
   A partir de entonces comenzó su vida de misionero itinerante, siempre activo. Después de haber predicado en Damasco, donde se vio obligado a evadirse en un cesto descendido desde lo alto de la muralla con la ayuda de una polea, a causa de la irritación de los judíos que lo consideraban un apóstata y le tendieron una trampa, fue a Jerusalén para tomar contacto con Pedro y los demás apóstoles para quienes resultaba sospechoso a causa de su pasado.
   Después, en el año 42 se dirigió hacia Antioquía, la gran ciudad siria que entonces era la tercera ciudad del mundo, y que fue la cuna de la Iglesia de los gentiles.
   Junto a Bernabé, de origen chipriota, quien lo presentara a los apóstoles, se dirigió a Chipre. Allí cegó al mago Barjesús o Elimas, quien azuzaba en su contra al procónsul Sergio Paulo (Sergius Paulus).
   Luego predicó el Evangelio en Asia menor, en Antioquía de Pisidia, en Iconio (Konia o Konich, Anatolia) y Listra en Licaonia. Fue en esta última ciudad donde Pablo y Bernabé curaron a un paralítico y los creyeron, a uno el dios Hermes y al otro Zeus, y debieron rechazar con indignación el sacrificio que los sacerdotes quisieron ofrecerles, como si fuesen dioses.
   Una última campaña, hacia 49, lo condujo a Grecia, primero a Filipos, Tesalia, capital de Macedonia, y luego a Atenas, donde vio un altar consagrado al Dios desconocido y predicó en el Areópago; a Corinto, donde per­maneció dos años. De vuelta en Éfeso, se rebelaron en contra suya los plateros que fabricaban miniaturas de plata de los templos de Artemisa, porque su prédica contra la fabricación de ídolos amenazaba el negocio del gremio. De vuelta en Jerusalén fue amenazado de muerte por los judíos y pudo es­capar gracias a la policía romana que lo mantuvo en prisión en Cesarea du­rante dos años.
3. San Pablo en Roma
   En el año 60, finalmente, embarcó hacia Roma, pero naufragó en la costa maltesa donde escapó a la picadura de una víbora.
   Según Tertuliano, habría padecido martirio en Roma al mismo tiempo que san Pedro. Pero al ser ciudadano romano (civis romanus), tuvo el privilegio de ser decapitado con un hacha, mientras que san Pedro fue crucifica­do como un esclavo.
   Su decapitación habría tenido lugar al sur de Roma, en el sitio donde se edificó la iglesia de las Tres Fuentes (Tre Fontane), porque su cabeza, al re­botar tres veces contra el suelo, hizo brotar tres fuentes.
   En verdad no existe ningún documento preciso acerca de su martirio, que los Hechos de los Apóstoles no mencionan. Es posible que fuera ejecutado hacia 64, perdido entre la multitud de víctimas de Nerón.
   La leyenda de su Descenso al infierno está relatada en la Visio sancti Pauli, prototipo del Purgatorio de san Patricio y del Viaje de san Brandano. San Miguel, que le sirvió de guía, le mostró el puente de la prueba, la rueda infernal, el abismo sellado con siete sellos... Al final de su exploración, pidió a Cristo que extendiese a los réprobos el beneficio del descanso dominical.
CULTO
   Asociado con san Pedro en el culto que se profesa a los dos Príncipes de los apóstoles, san Pablo es el segundo patrón de Roma, ciudad que le dedicó la basílica de San Pablo extramuros (San Paolo fuori le mura) y la iglesia de las Tre Fontane.
   La iglesia abacial de Cluny y la orden cluniacense en su totalidad se pusieron bajo la protección de los apóstoles san Pedro y san Pablo. Entre las iglesias francesas que están puestas bajo su advocación, pueden citarse la aba­día de Cormery, en Turena y Saint Paul de Varax (Ain).
Patronazgos medievales
   En la Edad Media numerosas corporaciones fueron puestas bajo su patro­nazgo.
   Era venerado al mismo tiempo por los clérigos y por los laicos, los teólogos y los caballeros. La espada de su decapitación, que es su atributo habitual, hizo que lo confundieran con un caballero romano, aunque él nunca portara ar­mas. Cuando en la misa se leen las Epístolas de san Pablo, escribió el litur­gista Guillaume Durand en su Rational, «los caballeros permanecen de pie en su honor, porque fue caballero».
   La espada que tiene como atributo le deparó la devoción de los bruñidores. La de los fabricantes de cuerdas se explica, ya porque según los Hechos de los Apóstoles (18: 3), tenía como oficio tejerte las de tiendas con pelos de cabra de Cilicia, y a por un juego de palabras acerca de su conversión, cuando las cuerdas se fabricaban por conversión o torción del cáñamo, ya porque escapara de Damasco en un cesto suspendido de una cuerda.
   El cesto, instrumento de su evasión, le habría valido además el patronazgo de los cesteros. A este título, los cesteros de Origny en Thiérache (Aisne) lo veneraban con el nombre de san Pablo de los cesteros.
   Por el hecho de haberse salvado de un naufragio en Malta, y también del veneno de una víbora, se lo invocaba contra las tormentas y contra las ser­pientes venenosas. Los charlatanes venecianos, llamados uomini della casa di san Paolo, que pretendían llegar desde Malta, vendían como antídoto tierra que decían extraída del sitio donde san Pablo fuera picado por una víbora. Sus víctimas, ingenuamente, creían que esos terrones malteses eran el mejor re­medio contra las picaduras de serpientes (gegen Schlangenbiss). 
   En el Delfinado lo creían capaz de preservar del miedo, a causa de un juego de palabras con el vocablo paou, que en el dialecto del lugar significa al mismo tiempo Pablo y miedo.
   No obstante, san Pablo nunca fue un santo popular, al contrario de san Pedro, cuya imagen paternal de portero del Paraíso gustaba más al pueblo, la altanera severidad de san Pablo mantenía a los fieles a distancia, tal como prueba la relativa pobreza de su iconografía, sobre todo en el arte cristiano primitivo. Es evidente que el lugar que ocupa en el arte no guarda proporción con la importancia fundamental que ha tenido en la difusión del cris­tianismo.
San Pablo, la Reforma luterana y la Iglesia anglicana
   En el siglo XVI el culto de san Pablo experimentó un aumento de popularidad, pero al precio de una transformación radical que nadie había previsto. El apóstol de los gentiles a quien el papado se había complacido en asociar con san Pedro desde la fundación de la Iglesia romana, fue anexionado por la Reforma, y, por decirlo así, descatolizado. Los luteranos no se limitaron a reemplazar a san Martín de Tours por Martín Lutero; además, opusieron el apóstol san Pablo -quien predicaba la justificación por la gracia- al apóstol san Pedro.
   La Iglesia anglicana hizo otro tanto. De ahí que la catedral de la City de Londres se pusiera bajo su advocación, con la intención de eclipsar, a causa de la altura y la majestad de su cúpula, a la basílica papista de San Pedro de Roma.
   A partir de entonces, el papado se desapegó de san Pablo, comprometido por los elogios de Lutero y casi sospechoso de herejía. El arte de la Contrarreforma salido del concilio de Trento, lo puso en el Index.
ICONOGRAFÍA
   Según lo que san Pablo dice de sí mismo en sus Epístolas, y a juzgar por el nombre latino que adoptó, Paulus, el pequeño, era de cuerpo esmirriado, y de una estatura por debajo de la media. 
     Según parece, le cayeron en suerte todas las desgracias y desventajas físicas: era calvo (capite calvo), legañoso, con nariz ganchuda (nasus inflexus), patizambo... Habla de «una espina clavada en su carne», lo que ha hecho conjeturar que estaba afectado por una enfermedad nerviosa o quizá una oftalmia purulenta.
   La iconografía religiosa no ha tenido en cuenta estos datos. Salvo el inglés Hogarth, quien lo encaramó en una silla, los artistas hicieron de ese abor­to epiléptico y patituerto un gigante majestuoso que se apoya en una espada. 
     Sólo retuvieron su calvicie. Además, debe señalarse que dicha característica con frecuencia se ha sacrificado a la necesidad de idealización del arte clásico: Rafael y Lesueur creyeron su deber dotar al predicador de Atenas y de Éfeso con una abundante cabellera. Siempre se lo ha representado con barba.
   En el arte cristiano primitivo sólo tiene como atributos genéricos un libro o un rollo (volumen).
   Su atributo personal es una espada, instrumento de su martirio. Este emblema apareció en su iconografía hacia el siglo XIII, mucho más tarde que la llave de san Pedro.
   La espada suele aparecer desenvainada, aunque algunas veces ha sido vuelta a la vaina (gladius in vagina).
   De manera excepcional, por ejemplo en los ciclos de los Apóstoles, de Peter Vischer, en el relicario de san Sebaldo de Nuremberg, y en el de Tilman Riemenschneidei; en la capilla de Wurzburgo, está representado con dos espadas, ya por analogía con las dos llaves de san Pedro, ya porque una de las espadas haya sido considerada como emblema de la palabra de Dios y la otra como el instrumento de su martirio.
   En su condición de patrón de los cesteros (San Pablo de los cesteros), se lo re­presenta con un canasto tejido, instrumento de su evasión de Damasco.
La Conversión de Saulo
   Corintios: 1: 15; 8: Hechos de los Apóstoles, 9: 1, 9; 22: 12 -19.
   Saulo, quien se dirigía a Damasco para expulsar a los discípulos de Jesús, fue cegado al mediodía por un rayo. Oyó una voz que le dijo: «¿Saulo, Saulo, por qué me persigues?» (Saule, Saule, quid me per sequeris?).
   Resulta inexacto hablar de la Conversión de san Pablo, puesto que él adoptó el nombre latino Pablo (Paulus) después de su conversión.
   El vocablo Visión no es menos inadecuado, puesto que Saulo no vio a Cristo, sólo creyó oír su voz, como Moisés oyera la de Yavé en la Zarza ardiendo y el cráter del Sinaí. No obstante, se asimila esta audición a las Apariciones de Cristo resucitado a los apóstoles. 
 También se emplea la expresión Vocación con el objeto de asimilarlo a los apóstoles, aunque sólo haya oído el reproche de Cristo sin verle, puesto que es­taba ciego.
   Los Hechos de los Apóstoles no aclaran si iba a pie o a caballo. San Agustín dijo que iba a pie, y es así como está representado en los mosaicos bizantinos. El arte de Occidente casi siempre lo supone a caballo.
   Las representaciones de Saulo desmontado derivan de las del Orgullo (Superbia) en el ciclo de los Vicios, inspirado por la Psicomaquia medieval. Los artistas pueden optar entre dos momentos: Saulo cayendo o ya derri­bado en el suelo, a los pies del caballo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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