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miércoles, 22 de abril de 2026

Un paseo por la calle General Castaños

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle General Castaños, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 22 de abril, es el aniversario del nacimiento (22 de abril de 1758) de Francisco Javier Castaños Aragorri, militar a quien está dedicada esta calle, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la calle General Castaños, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle General Castaños es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio del Arenal, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la calle San Diego, a la calle Velarde.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde 1634 aparece el nombre de Tiro (o Tiros) relacionado con una calle del barrio de la Carretería. Según el plano de Olavide (1771) se llama San Diego hasta la actual Pavía, y el tramo siguiente Tiro. En 1845 posee los límites definitivos, y en 1859 se le cambia por el actual, en recuerdo de Francisco J. Castaños y  Aragoni (1756-1852), que venció a las tropas napoleónicas en Bai­lén. Antes de 1937 aparece transitoriamente como Currito Valera. Otro nombre que se vincula con el tramo final de esta calle es el de Tía Norica (Álvarez-Benavides). Casi al final, en la acera de los pares, existe una barreduela al menos desde mediados del s. XVIII, que en el plano de Poley (1910) se denomina de Venegas. Recorre longitudinalmente el barrio de la Carretería. La cruzan Pavía y Rodo; desembocan en ella Aurora, por la derecha, y Don Pelayo, por la izquierda. Se pueden distinguir dos tramos. El primero, hasta Aurora, era bastante estrecho, hasta que bien entrado el presente siglo se inicia un proceso de ensanche. El proyecto es de 1928, pero no se lleva a cabo sino varias décadas más tarde; las casas, de dos y tres plantas, pertenecen a la década de 1950. Sólo se conserva la casa de esquina a Aurora (siglos XVIII-XIX), que produce un estrechamiento de la calle en esta zona. Es peatonal y posee un entrante en la acera de los pares. El segundo tramo debe obedecer al proceso de ensanche que se proyecta en 1874. Más ancho y regular que el anterior, con edificios de dos y tres plantas, pero de gran altura, como los que corresponden a fi­nes del s. XIX, además de almacenes y talleres en las plantas bajas. En su parte final existe el estrecho callejón sin salida citado. En planos de 1911 el extremo de la calle se estrecha bruscamente formando un callejón, que quizás sea al que se refieren documentos de 1745 y 1752. Este segundo tramo permite la circulación de vehículos, pero ésta es casi nula, como en el resto del barrio. La pavimentación con adoquines se lleva a cabo en la década de 1910 y ha sido renovada recientemente. La instalación eléctrica corresponde a 1948 [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Conozcamos mejor la Biografía del General Castaños, a quien está dedicada esta vía;
     Francisco Javier Castaños Aragorri, I Duque de Bailén. (Madrid, 22 de abril de 1758 – 24 de septiembre de 1852). General, vencedor de Bailén y caballero Gran Cruz de la Orden de San Fernando.
     Fue su padre Juan Felipe Castaños Urioste, cuyos servicios como intendente general del Ejército premió Carlos III concediendo a su hijo en 1768 el empleo de capitán de Infantería.
     Cursó sus estudios militares en el Real Seminario de Nobles de Madrid, en clase de oficial de menor edad, complementándolos en Barcelona, adonde se trasladó para acompañar a su padre, que se había quedado ciego, a cuyo lado permaneció hasta su fallecimiento en 1774, marchando entonces a Cádiz para incorporarse al Regimiento de Saboya, al que había sido destinado.
     Entre 1780 y 1783 participó en el sitio de Gibraltar y en la reconquista de Menorca, hallándose el 20 de octubre de 1782 en el combate naval mantenido entre las escuadras inglesa y combinada; su intervención mereció como recompensa el ascenso a sargento mayor.
     En marzo de 1774 fue ascendido a teniente coronel de su regimiento, con el que permaneció en Cádiz prestando servicio ordinario hasta que en 1786 marchó a guarnecer la plaza de Orán, de donde en abril de 1789 embarcó hacia Menorca, pero amenazada Orán por los marroquíes tuvo que regresar el Regimiento de Saboya, consiguiendo el 1 de junio de 1791 romper el cerco establecido por el enemigo y penetrar en la plaza, donde durante un mes resistió el asedio hasta que se firmó el tratado de paz.
     En el mes de septiembre siguiente tuvo que acudir con su regimiento en apoyo de la guarnición de la plaza de Ceuta, amenazada por los marroquíes, consiguiendo entrar en ella y realizar al mes siguiente un arriesgado reconocimiento del campamento enemigo que dio lugar a una violenta salida que desordenó completamente al contrario y en la que quedaron destruidos todos sus trabajos de zapa.
     Ascendido a coronel en abril de 1792, se le dio el mando del Regimiento de África, al que se incorporó en Pamplona y a cuyo frente combatió valientemente entre 1793 y 1795 a los ejércitos de la Convención francesa, a los que se enfrentó en el primero de dichos años en Urdax (Navarra) y Sare (Francia), recibiendo una herida de sable en la cabeza el 23 de junio en la acción del Calvario de Orruña, salvando la vida gracias a un contraataque de los granaderos del Regimiento de África, que consiguieron impedir que cayese en poder del contrario. En octubre recibió el empleo de brigadier en premio a su valeroso comportamiento, pero poco después, durante la defensa del monte de San Marcial, resultó de nuevo herido, esta vez de extrema gravedad, por una bala de fusil que le penetró en la cabeza, siendo evacuado a través de un terreno muy abrupto gracias al esfuerzo de sus granaderos, que le profesaban un gran afecto y respeto.
     Tras un largo restablecimiento pudo volver a la campaña, encomendándosele a finales de 1794 el mando de una brigada acantonada en los Alduides, con la que operó hasta la firma de la Paz de Basilea, el 22 de julio de 1795. En febrero de 1795 había dejado el mando del Regimiento de África al haber sido ascendido a mariscal de campo.
     Los siguientes años los pasó en Madrid en situación de cuartel, siendo desterrado por Godoy a Badajoz en 1799 y permitiéndosele regresar al año siguiente para hacerse cargo del mando de una división destinada a atacar las posesiones inglesas en Ultramar. Pero esta división no llegó a zarpar, pues los ingleses atacaron la Península desembarcando cerca de Ferrol, en cuya defensa intervino Castaños con gran éxito, frustrando los planes del enemigo. Disuelta la citada división, volvió de cuartel a Madrid, pero fue recompensado con el ascenso a teniente general en el mes de octubre de 1802.
     Nombrado comandante general del Campo de Gibraltar, desde este puesto se preocupó por la situación de los españoles caídos prisioneros de los ingleses en la batalla de Trafalgar.
     Al producirse el levantamiento del 2 de mayo, estableció contacto con el gobernador de Gibraltar, con quien firmó un tratado de ayuda por parte de los ingleses en tropas, armamento, víveres y dinero, tras lo cual se dispuso a organizar la defensa de Andalucía, para lo que reunió una división en Ronda. La actuación de Castaños hizo que Sevilla se levantase contra el invasor el 27 de mayo y que la Junta organizada al efecto le declarase la guerra el 6 de junio.
     Nombrado jefe del Ejército de Andalucía por la Junta de Sevilla, pasó a formar parte de la misma y se trasladó a esta ciudad con la división que había formado en Ronda.
     Mientras tanto, Dupont atravesaba Sierra Morena y, tras encontrar resistencia en el puente de Alcolea, ocupaba Córdoba, pero la noticia de la formación de un cuerpo de ejército en Sevilla le obligó a retirarse a Andújar.
     Castaños llevó su cuartel general a Utrera, desde donde procedió a organizar, armar y equipar a los numerosos batallones que se ponían en pie de guerra en toda Andalucía, consiguiendo que el 27 de junio se hubiese reunido un considerable ejército formado por tres divisiones. Dos días después se trasladó a Córdoba con su Estado Mayor, al objeto de reconocer las posiciones enemigas, y pasados otros dos días iniciaba el avance el ejército español, que en los días siguientes vería incrementados sus efectivos con la incorporación del Ejército de Granada, al mando del general Escalante, lo que hizo que las tropas quedasen formadas en cuatro divisiones, al mando de los generales Reding, Coupigny, Jones y De la Peña.
     El 19 de julio tenía lugar la batalla de Bailén, con la completa victoria de los ejércitos españoles, terminando así la fama de invencibles de los ejércitos napoleónicos.
     El 22 firmaron Castaños y Dupont las Capitulaciones de Andújar y el 30 se veía obligado el rey José a abandonar Madrid.
     El 1 de agosto regresó a Sevilla, donde su Junta le concedió el empleo de capitán general, preparándose a continuación para partir hacia Madrid, haciendo su entrada en la capital a mediados de dicho mes. Habiéndose creado una Junta militar destinada a dirigir las operaciones, fue nombrado presidente de ella, al tiempo que se hacía cargo del mando del Ejército del Centro, al que se incorporó el 17 de octubre en Tudela.
     El 23 de noviembre se enfrentaron los ejércitos del Centro y de Aragón a los franceses en Tudela, sufriendo una grave derrota debido a la falta de compenetración entre los generales que en ella intervinieron.
     Tras la batalla, Castaños se retiró hacia Somosierra con el fin de tratar de impedir el paso a Napoleón, que el día 4 había entrado en España y se dirigía a Madrid, pero antes de llegar fue privado del mando del Ejército del Centro, que entregó en Sigüenza, marchando a continuación a Sevilla, adonde se había trasladado la Junta Suprema, que le obligó a pasar a Algeciras a la espera de presentarse ante un Consejo de guerra que juzgase su comportamiento durante la campaña del Ebro.
     Acogida la Junta Central en el mes de enero de 1810 a la isla de León, allí se estableció el 31 de enero el Consejo de Regencia, uno de cuyos cinco miembros fue Castaños, que se trasladó desde Algeciras para asumir este cargo, que conservó hasta que en febrero de 1811 se le encomendó el mando del 5.º Ejército, al que encontró diezmado por las cuantiosas bajas sufridas durante la campaña de Extremadura.
     En abril, en unión de Beresford, tomó Olivenza, procediendo ambos a continuación a poner sitio a la plaza de Badajoz, a lo que contribuyó el cuerpo de ejército del general Blake, enfrentándose todas estas tropas a las del mariscal Soult en la batalla de La Albuera (Badajoz), el 16 de mayo, acción que, sin llegar a resultar decisiva, obligó a retirarse al general francés.
     La Regencia concedió a Castaños como recompensa la Gran Cruz de Carlos III.
     Seguidamente reunió en Valencia de Alcántara (Cáceres) al 5.º Ejército, una parte del cual, unido a fuerzas aliadas, derrotó a la División Girard en Arroyomolinos (Cáceres), el 28 de octubre. Puestos bajo su mando los ejércitos 6.º y 7.º, trasladó su cuartel general a Fuentes de Oñoro (Salamanca), donde organizó la partida de fuerzas hacia Hispanoamérica para combatir la insurrección.
     Tras intervenir parte de sus fuerzas en la reconquista de Badajoz, el 6 de abril de 1812, y ceder las divisiones de Morillo y Penne a Wellington para su participación en la batalla de Los Arapiles (Salamanca), el 22 de julio siguiente, apoyó a éste en su avance hasta la línea del Ebro, en la toma de Burgos y en su posterior repliegue a Ciudad Rodrigo (Salamanca).
     Fundidos los tres mencionados ejércitos en uno solo, el 4.º, quedó éste a sus órdenes y participó en la batalla de Vitoria, el 21 de junio de 1813, mientras él permanecía en su puesto de mando en Burgos y más tarde en Tolosa (Navarra), siendo éste, junto con la prohibición de que los consejeros de Estado pudieran ser empleados en otras comisiones, el motivo que alegó la Regencia para separarle del mando.
     Una vez entregado éste al general Freire, se encaminó a Madrid, donde recibió al Consejo de Regencia a su llegada a la capital, el 5 de enero de 1814.
     Al huir Napoleón de la isla de Elba, se le dio el mando del llamado Ejército de Observación de la Derecha, con el que se trasladó a la frontera de Cataluña con Francia, para penetrar seguidamente en el Rosellón. Derrotado Napoleón en Waterloo, volvió a España y se hizo cargo de la Capitanía General de Cataluña, donde el 5 de abril de 1817 tuvo que hacer frente al pronunciamiento de los generales Lacy y Milans del Bosch.
     En 1820 dimitió de su cargo al producirse el pronunciamiento de Riego y entregó el mando al general Villacampa, trasladándose a Guadalajara y posteriormente a Madrid para continuar desempeñando su cargo de consejero de Estado, hasta que al entrar en España el Ejército de Angulema, acompañó al Rey a Andalucía, pero habiéndose recrudecido en Bailén la enfermedad que padecía, tuvo que detenerse en esa población, en la que permaneció varios meses hasta su regreso a Madrid.
     Fernando VII, que le había concedido en 1815 las grandes cruces de San Fernando, San Hermenegildo e Isabel la Católica, le hizo en 1829 caballero de la Orden del Toisón de Oro, en 1832 le nombró capitán general de Castilla la Nueva y poco después, presidente del Consejo de Estado, concediéndole el 12 de julio de 1833 el título nobiliario de duque de Bailén, con Grandeza de España. En el mes de julio de 1843 fue nombrado comandante del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, en el que cesó para pasar a ser tutor de la princesa Isabel y de su hermana la infanta María Luisa Fernanda, abandonando este cargo al cumplir aquélla la mayoría de edad y volviendo entonces a mandar el Cuerpo de Alabarderos, del que dimitió al poco tiempo. Volvió otra vez a recibir este nombramiento en 1847, y de nuevo dimitió a los pocos días.
     Falleció soltero y a la edad de noventa y cinco años.
     Isabel II acudió a sus exequias y el Rey acompañó al cadáver desde San Isidro el Real hasta Nuestra Señora de Atocha, donde fue enterrado.
     Tras su fallecimiento, el entonces ingeniero general, Antonio Remón Zarco del Valle, pidió a los familiares de Castaños la Gran Cruz de San Fernando ganada en Bailén, que, una vez recibida, se colocó en la Academia de Ingenieros de Guadalajara junto al cuadro de Esquivel que representaba el acto de imposición de la Corbata de San Fernando al Regimiento de Ingenieros, que había tenido lugar en 1850 (José Luis Isabel Sánchez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

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