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jueves, 30 de julio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, y Dolmen) de la localidad de Arenas del Rey, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, y Dolmen) de la localidad de Arenas del Rey, en la provincia de Granada.
     Levantada sobre un declive del terreno, al pie de la montaña y a orillas del embalse de los Bermejales, la actual población de Arenas del Rey apenas tiene poco más de un siglo, tras haber sido completamente arrasada por el fatídico terremoto del 25 de diciembre de 1884 que también acabó con la vida de gran parte de sus vecinos.
     Fue reconstruida y el núcleo más moderno del municipio es el llamado Poblado del Embalse, que fue levantado en la década de 1960. Se ubica junto al dique de la presa, en uno de los parajes naturales más espectaculares de la comarca, al inicio de la gran garganta del río Cacín y en medio de un frondoso bosque de coníferas. El embalse, además de suministrar riego a toda la comarca y las vegas bajas de Granada, constituye un centro recreativo y deportivo de primer nivel. Durante el verano se convierte en uno de los destinos más solicitados para las colonias infantiles y juveniles que organizan las diferentes instituciones públicas de la provincia.
     Región: Poniente Granadino
     Código Postal: 18126
     Distancia desde Granada: 44 Km
     Gentilicio: Arenuscos
     Acceder a su website: www.alpujarradelasierra.es (Diputación Provincial de Granada).
     Localidad asentada junto al actual embalse de los Bermejales, su historia se vincula con la presencia romana y posteriormente musulmana en la zona. El núcleo originario fue destruido por el terremoto de 1884. Anexas a esta población están las de Fornes y játar. En la primera destaca la denominada Ermita de la Resinera, dedicada a San Vicente, con una importante fiesta de carácter devocional en el mes de agosto. En lo que se refiere a játar hemos de señalar que sufrió mucho en el terremoto del siglo XIX, reconstruyéndose con fondos procedentes de Cataluña, región que da nombre como agradecimien­ to a su plaza principal. (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Arenas del Rey se encuentra situado al suroeste de la provincia de Granada, cuyo territorio se extiende por un conjunto de cerros y lomas que conforman las Tierras de Alhama hasta alcanzar, al sur, la imponente mole de la Sierra Tejeda-Almijara. La villa de Arenas del Rey se encuentra ubicada, desde el punto de vista fisiográfico, en la cabecera del río Cacín, concretamente al pie de la Sierra de Játar, junto al embalse de Los Bermejales.  Su término municipal cuenta con algunos núcleos adscritos, como son Játar, Fornes y Los Bermejales.
     El municipio de Arenas del Rey pertenece a la Demarcación Paisajística de Vega de Granada y Alhama (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
     Merece la pena visitar Arenas del Rey, en el Parque Natural Sierra de Tejeda, Almijara y Alhama, con vistas al pantano y con preciosos paisajes y rutas de senderismo. Se creó tras el terremoto de 1884 (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Granada. Anaya Touring. Madrid, 2009).
Historia.-
     Se mantienen vestigios de la presencia romana, árabe y cristiana, pero no hay mucha información hasta llegar a la época moderna. En el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia fue ocupada por soldados franceses. En 1884 su núcleo urbano fue asolado por un terremoto, que destruyó el pueblo casi en su totalidad. En 1898 se inicio la reconstrucción a unos 500 metros de su antiguo emplazamiento con dinero procedente de donativos de todo el país e incluso del extranjero (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de San Sebastián.-
     Templo de tres naves y capilla mayor, se construye en 1887 tras el terremoto de 1884, gracias a las donaciones de la ciudad de Barcelona. Su interior, ecléctico, combina elementos pertenecientes al neorrománico y al neomudéjar, pro­pios de esta etapa constructiva. Está rodeada por un frondoso jardín (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia de Arenas del Rey fue levantada, como todo el pueblo, en el siglo XIX debido a que el terremoto sucedido en la zona en el año 1884 asoló toda la población. Al igual que otras iglesias, durante la Guerra Civil fue expoliada y se perdieron muchas de las imágenes religiosas, de las cuales, se pudieron recuperar bastantes con el paso del tiempo (Diputación Provincial de Granada).

Dolmen.-
     Se trata de un importante núcleo megalítico situado en la cuenca del río Cacín, entre los términos municipales de Arenas del Rey y Alhama de Granada. Las primeras publicaciones se realizaron en 1969 y las intervenciones en la necrópolis continuaron hasta 1974, con una pequeña intervención en 1986. No se ha encontrado ningún poblado asociado, aunque esto puede deberse a la propia situación de la presa.
     Esta necrópolis esta formada por siete núcleos en los que se agrupan los diferentes monumentos. Estos grupos están emplazados sobre lomas que se disponen a ambos lados de la angosta garganta del río. Se trata, entre otros, de los grupos del Cortijo del Cura, el Cortijo de Bartolo, Cortijo de Liñán, Cortijo de los Vínculos, Cortijo de la Navilla.
     La necrópolis del pantano de los Bermejales estaba compuesta por cerca de veinte monumentos megalíticos, de los cuales hoy día solo se conservan la mitad. La forma de estos megalitos es muy variada, aunque predominan las cistas y las cámaras sin corredor de forma rectangular. Por el contrario, son menos frecuentes los sepulcros con corredor, pudiéndose hablar en algunos casos de galerías segmentadas. Las dimensiones de las cámaras suelen ser pequeñas, también por el predominio de cistas. Algunos megalitos fueron reutilizados durante la Edad del Bronce.
     Están construidos en piedras de diferente tipo que proceden de las inmediaciones, donde hay una gran diversidad de fuentes de suministro. La baja altura de los túmulos ha conducido a la desaparición casi total aunque existen indicios sobre su existencia como los anillos de piedras, tal vez no el más exterior (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se trata de un enterramiento funerario situado junto a la orilla del Pantano de los Bermejales. Fue desplazado de su ubicación original y reconstruido piedra a piedra donde ahora se encuentra para evitar que quedase sepultado bajo las aguas del embalse (Diputación Provincial de Granada).

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Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla III: desde la Puerta de la Barqueta hasta la Puerta Osario

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla III: desde la Puerta de la Barqueta hasta la Puerta Osario, de Sevilla.
Calle Resolana
     Esta vía se formó en los años 70 del siglo XIX tras el derribo de la muralla, la cual discurría bajo las manzanas de viviendas fronteras al parque actual, aunque anteriormente ya existió un paseo de ronda extramuros. Recibió este nombre por ser un espacio abierto y soleado, tras el cual se sucedían una serie de huertas periurbanas y daba comienzo el arrabal de la Macarena. La demolición del área fortificada permitió la urbanización a comienzos del siglo XX de la antigua área intramuros más cercana, las actuales calles Conde de Mejorada y Marqués de Esquivel, formadas sobre una serie de huertas, como la de las Cadenas, que estuvieron vinculadas originalmente a la Encomienda de San Benito de la Orden Militar de Calatrava.
     A partir del patín de las Damas la muralla seguía un tramo recto en dirección este, del que se conservan restos de una torre y de la propia muralla integrados en el sótano del edificio del n.º 41 de esta calle. En este mismo sector, se abrió en 1860 una puerta que comu­nicaba con la antigua calle Linos, hoy Feria, también conocida en algunos documentos como postigo de la Basura, ya que era utilizado para sacar la basura que luego se amontonaba extramuros en la Resolana, aunque hay fuentes que consideran que en tiempos de los Reyes Católicos ya se había abierto la llamada Puerta Nueva, con la misma finalidad de extracción de las basuras, y que pudo cerrarse con ocasión de alguna medida contra la peste. En las proximidades de esta calle se ubicaban unas escaleras dobles que permitían el acceso al camino de ronda de la muralla y que aún se podían advertir en el plano que realizó el arquitecto municipal en 1873, una descripción que nos ayuda a entender la distribución de estos acce­sos intramuros a lo largo del perímetro murado.
     En 1894 la Maestranza de Caballería patrocinó la construcción de los llamados "Altos Colegios", hoy CEIP Macarena, en la esquina con la calle Feria, con un proyecto del arquitecto Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el que destacan, entre otros aspectos relevantes, las pinturas murales didácticas realizadas por Francesco Cavallini en las aulas. Por último, el desarrollo del ferrocarril facilitó la instalación de factorías industriales a lo largo de la calle, donde destacaron el almacén de maderas de Luis Ruiz de Rebolledo en el n.º 52 o la fundición de Domingo de la Prida, así como la fundición de plomo de Manuel Mata, 1885, de la que solo permanece la llamada «Torre de los Perdigones», en la que se ha instalado recientemente una cámara oscura.
     Unos metros antes de llegar a la puerta de la Macarena, a la altura de la actual calle Muro, se abrió en torno a 1870 un hueco en la muralla para facilitar el paso hacia el centro de la ciudad de personas y mercancías, la Puerta del Cuco, llamada así por la colonia de cucos que anidaban en esta zona de la muralla.
     La puerta de la Macarena tiene la fortuna de ser la única puerta abierta que conservamos de la ciudad amurallada medieval, tras los numerosos intentos y peticiones de proceder a su derribo. Conocemos su arquitectura original gracias a la descripción realizada por el cronista Luis de Peraza, el cual nos habla de una puerta flanqueada por "dos altas y fuertes torres", precedida por la puerta del antemuro. Sin embargo, el aspecto que presenta actualmente es el fruto de diversas reformas realizadas sobre el primitivo acceso septentrional a la ciudad, la Bab Maqarunna men­cionada en el Libro del Repartimiento.
     Esta puerta debía de presentar un estado ruinoso a mediados del siglo XVI, ya que Hernán Ruiz la incluyó en el grupo de accesos que deberían ser derribados y reconstruidos de nuevo, aunque finalmente Lorenzo de Oviedo acomete la primera reforma de calado en 1588 cuando se sustituyó el acceso acodado por el eje directo que comunicaba el arrabal de la Macarena con la calle San Luis, anteriormente denominada Real, ya que era uno de los accesos principales a la ciudad desde los caminos que venían de Castilla. Por ello, esta puerta constituyó el punto de inicio del cortejo real cuando los monarcas entraban en la urbe, desde Alfonso XI en 1327 a Carlos I en 1526, tras pernoctar habitualmente en el monasterio extramuros de San Jerónimo. En la puerta los reyes eran recibidos por las autoridades municipales y aquí procedían a jurar los fueros y privilegios de la ciudad antes de recibir las llaves de la misma, como recogen algunas lápidas conmemorativas ubicadas en la puerta, las cuales, asimismo, recogen diversas normativas urbanas referidas al acceso a la ciudad. La última reforma importante sobre la puerta la realizó el arquitecto José Echamorro en 1795, quien diseña la decoración del cuerpo superior con el aspecto neoclásico que con­templamos hoy. En la actualidad, los trabajos de restauración de la puerta han sacado a la luz diversos elementos que forman parte de la historia de la puerta: restos del almenado medieval, el color ocre original, los antiguos esgrafiados y otros aspectos decorativos del siglo XVIII, así como una pequeña cámara en el interior del arco que, probablemente, serviría para el cuerpo de guardia encargado de la vigilancia y el cobro del portazgo.
     Traspasada la puerta, se iniciaba la calle San Luis, calle Real, o Hawra Majur en el nomenclátor islámico, quizás una prolongación del antiguo cardo romano a partir del siglo XI. Extramuros, se ubicaba una manzana de casas paralela a la barbacana con fachada a la calle Andueza, como podemos ver en las fotografías y postales antiguas, la cual fue demolida en 1939 dentro de los planes de la gestora municipal franquista para destruir el hábitat conflictivo del llamado «Moscú sevillano». Recientemente se ha levantado un memorial que recuerda los fusilamientos de los defensores de la legalidad republicana producidos junto a las murallas en julio de 1936, por orden del general golpista Gonzalo Queipo de Llano, como represalia por la dura resistencia frente al golpe militar ofrecida por el barrio. Fruto posterior de aquellos tiempos sería la construcción de la basílica de la Macarena en 1948, obra de Aurelio Gómez Millán y patrocinada por Queipo de Llano, sobre el solar de la taberna conocida como casa Cornelio, lugar de encuentro habitual de comunistas y sindicalistas hasta su voladura por orden gubernamental tras la huelga revolucionaria de julio de 1931.
     Frente a la puerta se encontraba la explanada frontera al Hospital de la Sangre o de las Cinco Llagas, actual Parlamento de Andalucía, fundación de doña Catalina de Ribera que inicia su construcción con su hijo don Fadrique en el siglo XVI, bajo la dirección de los arquitectos Martín de Gaínza, Hernán Ruiz, Benvenuto Tortello y Asensio de Maeda. A la izquierda del hospital, la actual calle Don Fadrique enmarcaba la calzada que iba en dirección a Córdoba por la orilla izquierda del Guadalquivir y cuyas primeras paradas de interés se ubicaban en el Hospital de San Lázaro y en el cercano monasterio de San Jerónimo. A la derecha del hospital se distribuía un amplio conjunto de huertas periurbanas (la Barzola, Capuchinos, San Jacinto, la Pintada, etc.) que nutrían los diferentes mercados de la ciudad.
     Desde este punto, el tramo de muralla que discurre en dirección este es el de mayor longitud conservado, tras el derribo generalizado de puertas y murallas en el siglo XIX. Este tramo se preservó gracias al rechazo de las academias sevillanas a dicha demolición, con el apoyo fundamental de la Comisión Provincial de Monumentos y las madrileñas reales academias de la Historia y Bellas Artes de San Fernando, que llevaron a su declaración de monumento nacional en 1908. Comprende 9 lienzos de muro y 7 torres, 6 cuadradas y una hexagonal, la magnífica torre de la Tía Tomasa o Torre Blanca, llamada así por la descripción que hace de ella Luis de Peraza hacia 1535, una tonalidad blanquecina fruto de la cal del tapial utilizado, que ha sido confirmado en los recientes trabajos de restauración.
     En 1870, tras el derribo generalizado de las murallas, se decidió mantener este tramo de muralla porque era el mejor conservado y como memoria histórica del pasado, además de haber sido considerado como el de mayor calidad por Richard Ford y Félix González de León en la primera mitad del s. XIX, una decisión en la que tam­bién influyó el hecho de ser un área con escasa presión urbanística hasta el momento. Este ámbito de la ciudad era un espacio apenas urbanizado, rodeado de huertas extramuros e intramuros, como era el caso de la huerta de los Toribios en la actual calle Macarena. A consecuencia de la urbanización de esta huerta, el promotor, Aniceto Sáenz, solicitó al Ayuntamiento la apertura de portillos en la muralla, que facilitasen la salida y entrada de vecinos y carruajes a las nuevas viviendas, lo que provocó la apertura de dos portillos en 1910, que comunicaban la ronda con la calle Macarena. El hecho de mantener la muralla en este área nos permite contemplar con toda facilidad el antemuro levantado por los almohades tras las Navas de Tolosa en 1212, y la liza entre este y la muralla almorávide del siglo XII, salvo en el área de San Hermenegildo, donde un vivero y un establecimiento hostelero nos lo dificultan. Estamos en la calle Muñoz León, rotulada así en recuerdo de un oficial caído en la guerra de Marruecos.
     La puerta de Córdoba recibe este nombre desde la época del repartimiento, al considerar que daba acceso al camino a Córdoba, aunque Peraza cree que el topónimo recoge la donación del área a las huestes cordobesas que acompañaron al rey Fernando III en la conquista de la ciudad. Es la única puerta que conserva un estado más cercano al original que tuvo la muralla islámica, pero, como el resto de las puertas, ha sufrido notables alteraciones con el paso de los siglos. Presenta la típica estructura de acceso acodado simple, protegido por una torre con patio interior, característica de las fortificaciones almohades, y así se mantuvo este acceso hasta 1569, cuando la Hermandad de San Hermenegildo solicitó al Cabildo municipal la cesión de la torre y puerta para levantar una ermita donde rendir culto al santo en el lugar en el que las leyen­das, erróneamente, situaban la cárcel y martirio del santo visigodo sublevado frente a su padre. Sin embargo, la estrechez del espacio inicial llevó a su sustitución por el templo actual en 1606 gracias al empeño del clérigo fundador don Cristóbal Suárez de Ribera, cuyo retrato realizado por Diego de Velázquez podemos admirar hoy en el Museo de Bellas Artes tras permanecer colgado en la nave principal del templo. El permiso de nueva construcción concedido a la hermandad anuló el acceso original de la puerta, a la vez que se procedió a demoler el antemuro y la barbacana, el rebelín citado en los textos de Rodrigo Caro y Alonso Margado. A su vez, el nuevo proyecto obligó a levantar una nueva puerta en la muralla, recogida en las litografías de B. Tovar y derribada también en el siglo XIX, de la que aún se conservan en el acerado las huellas de la misma y las cárceles para las tablazones que se colocaban ante las puertas para frenar las inundaciones.
     De este modo, la puerta original quedó integrada en el nuevo templo, ejerciendo como portada de los pies de la única nave, hasta que la restauración del espacio por Félix Hernández en 1950 liberó la puerta islámica y trasladó la espadaña del templo desde la puerta a su ubicación actual. Más tarde, la intervención municipal sobre este espacio entre 2006 y 2008 ha permitido reconstruir el perímetro de su barbacana, que también presentaba un acceso acodado que ha quedado reflejado sobre el pavimento y que hoy podemos cono­cer gracias a la recreación infográfica del sistema defensivo de la puerta realizada por la Gerencia de Urbanismo.
     Por otro lado, las intervenciones del siglo XX provocaron la desaparición de los azulejos cervantinos que estaban colocados desde 1916 sobre la fachada de los pies y que podemos ver en las fotos antiguas. Dichos azulejos, promovidos por José Gestoso y Luis Montoto para conmemorar el III centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, fueron colocados en esta ubicación para recordar el episodio del "Alamillo, próximo a este lugar, a orillas del Guadalquivir, en la comedia El rufián dichoso", sin que podamos explicarnos la razón de esta ubicación tan lejana del espacio mencionado, sin duda otro más de los errores de esta serie de azulejos cervantinos que, hasta ahora, no han sido subsanados, a pesar de las reiteradas advertencias sobre ello a la Gerencia Municipal de Urbanismo.
     Frente a la puerta de Córdoba se encuentra el convento de Capuchinos, dedicado a las Santas Justa y Rufina, fundado en 1627 en el solar donde se estableciera brevemente el convento de San Leandro en el siglo XIV. Aquí se encontraban las pinturas que B. E. Murillo realizó en torno a 1665 para el retablo mayor y laterales y que, tras la desamortización de 1836, pasarían al Museo de Bellas Artes, convirtiéndose el edificio en almacén arqueológico y albergue municipal, vendiéndose las huertas progresivamente para levantar espacios fabriles que vendrían a caracterizar esta zona de Sevilla hasta bien entrado el s. XX (Fábrica de Vidrio de la Trinidad, La María, La Unión Industrial y Comercial, Ollero y Rull, etc.), y espacios residenciales y terciarios: las casas del Monte de Piedad, de José Espiau y Muñoz; el Hospital de la Cruz Roja de Antonio Gómez Millán; el antiguo dispensario de enfermedades del tórax, etc. Este espacio extramuros de la ciudad era denominado en la Edad Moderna el «Sitio de las justas», ya que era el área donde los caballeros se ejercitaban en los torneos y juegos a caballo y a pelota. Asimismo, era una zona en la que abundaban las charcas y lagu­nas, provocadas por el desagüe de diversos husillos procedentes de tenerías y almazaras de los barrios intramuros. El tramo de mura­lla existente entre la puerta de Córdoba y la puerta del Sol se derribó en 1870, quedando visible el caserío del barrio de San Julián, el cual también resultó brutalmente demolido en los años 60 del siglo XX, hasta las inmediaciones de la antigua parroquia de Santa Lucía y el beaterio de la Santísima Trinidad, en el marco de una drástica operación urbanística que alteró de manera importante el paisaje urbano de aquella zona de la ciudad.
Puerta del Sol
     Esta puerta se conoce con este nombre desde la conquista castellana, quizás por su orientación al este, a la salida del sol, y de ahí la presencia de la ornamentación solar en el frontispicio de la puerta reformada, como se advierte en la litografía de Tovar. Según las crónicas de Peraza y Margado, era una puerta sencilla, similar a la de Córdoba, una torre-puerta con acceso acodado, cuya ruina y dificultad motivaron su reforma a finales del siglo XVI, abriéndose un acceso directo bajo la torre que le otorgaría un aspecto similar al postigo del Aceite. Fue la última puerta derribada, en torno a 1871, aunque la demolición de los tramos adyacentes había comenzado años atrás.
     En el área intramuros se encuentra, desde 1729, el beaterio de la Santísima Trinidad, una institución religiosa dedicada a la edu­cación de niñas huérfanas y pobres, mientras que extramuros se encontraba el convento de los Trinitarios Calzados, fundado en el siglo XIII en el lugar donde la leyenda situaba la cárcel de las santas Justa y Rufina. Precisamente, recientes excavaciones arqueológicas han sacado a la luz los restos de una necrópolis cristiana tardoimperial romana, integrada en el patio del número 6 de la antigua carretera de Carmona, que podría relacionarse con las leyendas, pero, sobre todo, con el área de enterramientos a lo largo de la vía que saldría de la ciudad por Santa Catalina y que tuvo continuidad durante la etapa islámica. El convento trinitario fue desamortizado y utilizado como cuartel hasta 1882, cuando pasa a convertirse en el actual Colegio de los Salesianos, el cual solo ha mantenido la igle­sia del siglo XVIII.
     También extramuros, en 1758 se fundó la Fábrica Nacional del Salitre (n.º 152 en el plano de Olavide) para la elaboración de explo­sivos, la cual va a estar en uso hasta el siglo XIX, ubicándose las viviendas y oficinas de la fábrica adosadas a la muralla, y la zona fabril en el espacio frontero a la muralla junto al cercano arroyo Tagarete, cuyo abovedamiento dará paso a la actual calle Arroyo. Con posterioridad se ubicaron allí nuevas actividades fabriles, de cuyo recuerdo aún permanecen tres naves industriales de comienzos del siglo XX, aunque dedicadas a usos terciarios en la actualidad. Así pues, la muralla, en dirección a la puerta Osario, quedaba oculta por las dependencias de la fábrica del Salitre, mientras que el área junto al arroyo Tagarete (cuyo cauce fue abovedado a lo largo del siglo XX) fue ocupado en 1858 por un espacio dedicado al mer­cado de ganado porcino y vacuno, proyectado por Balbino Marrón, conocido como el Perneo. Tras su traslado definitivo, se planificó el área con el diseño de nuevas calles y manzanas y en el solar del mercado mayorista se levantó el Laboratorio Municipal, obra del arquitecto Antonio Arévalo en 1912, un edificio que conserva una interesante colección de material e instrumental destinado al cui­dado de la salubridad de las calles de nuestra ciudad.
     Frente al espacio del Perneo, se encuentran los jardines del Valle, recuperados para uso público tras la lucha vecinal iniciada tras el derribo del antiguo colegio de las religiosas del Sagrado Corazón y los intentos de construir núcleos residenciales de nueva planta. Los jardines permiten contemplar un amplio espacio amurallado en torno a los 300 m de longitud, sin barbacana visible, que anteriormente quedaban ocultos y que muestran la peculiaridad de un ángulo de 45° en la muralla, tras el que se encontraba el convento del Valle, fundación de monjas dominicas en 1403, que pasó por varias órdenes religiosas hasta que se instalaron allí los franciscanos observantes o recoletos en 1567, desalojados a su vez por la desamortización en 1835. En 1867 la condesa de Villanueva obtuvo del Ayuntamiento la cesión de los restos del convento, donde se instaló el colegio del Valle, procediendo la comunidad religiosa del Sagrado Corazón a reconstruir la vieja iglesia franciscana en estilo neogótico en 1877, así como a abrir un portillo en la muralla para comunicar el templo con el edificio escolar levantado en los actuales jardines, aunque la idea inicial del ayuntamiento era la mejora de la comunicaciones de este sector urbano. Por último, tras la marcha de las religiosas a Mairena del Aljarafe en 1975, la Hermandad de los Gitanos obtuvo la cesión municipal del templo, adonde se trasladó tras su restauración en 1999.
     Hay diversas hipótesis relacionadas con este topónimo, que mayoritariamente relacionan la puerta con la existencia de un cementerio mudéjar extramuros, el llamado "Osario de los moros", aunque Rodrigo Caro lo relacionó con la deformación del término Onsario o Unciario, por el peso de la harina, mientras que otros recuerdan la aparición del topónimo Bib Alfar o Alfat durante la etapa almohade. En esta puerta se localizaría el llamado peso de la "harina", un instrumento de control creado por las ordenan­zas municipales para fiscalizar que volviera a la alhóndiga del pan la misma cantidad de harina que de grano había salido para su molienda en los molinos del cercano arroyo Tagarete, como el de la Florida en las huertas de Espantaperros, el último de ellos, que fue desafortunadamente derribado a finales del siglo pasado.
     Hay noticias de la destrucción de la puerta islámica y la construcción de la nueva por el conde de Barajas en 1573, como recordaba la lápida sobre el arco exterior, con sucesivas labores de restauración a lo largo del XVIII y XIX, hasta su demolición en 1868. Recientemente, tras el derribo de una vivienda en 2014, se han encontrado los restos de la puerta Osario, en la esquina de las calles Valle y Puñonrostro, aunque posteriormente una desafortunada intervención arquitectónica ha desvirtuado por completo su lectura al construirse un edificio residencial «cabalgando» sobre la propia muralla. 'I
     Los documentos hablan de una puerta poco ornamentada, con dos torreones laterales que la protegían, prácticamente una puerta de servicio, ya que por ella salían gran parte de los escombros procedentes de las obras del interior de la ciudad, escombros que daban origen a los montículos y muladares que se observan en el plano de Olavide. También era un punto de salida del alcantarillado que des­aguaba en el cercano Tagarete. La urbanización realizada a partir de 1869, tras el derribo de la puerta y las murallas, dio paso a la formación de nuevas calles y manzanas de viviendas entre la antigua muralla y la ronda, actualmente la calle Recaredo.
     A partir de aquí, la muralla discurría exenta por la acera izquierda de la actual calle Muro de los Navarros hasta la puerta de Carmona, como podemos ver en la planimetría histórica, mientras que extramuros se había ido adosando a la muralla el arrabal que acogía a la mayor parte de los esclavos negros sevillanos desde el siglo XV. A partir de los años 70 del siglo XIX el Ayuntamiento reurbanizó todo el sector extramuros y autorizó el derribo de este amplio tramo de muralla para facilitar la conexión parcelaria entre esta vía y la calle Conde Negro, desapareciendo de este modo la cerca medieval, cuyo último resto cayó al abrirse la calle Guadalupe (antigua calle de la Torre) hacia Muro de los Navarros en los primeros años del siglo XX. Hacia el final de esta última calle, antes de salir a la puerta de Carmona, podemos ver en la fachada trasera de unos edificios del callejón de Concepción, ubicado a extramuros, los restos de la muralla que dan nombre a esta vía (Esteban Moreno Hernández. En torno a las murallas de Sevilla. Guía por las puertas y límites de un casco antiguo. El Paseo editorial. Sevilla, 2023).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla III: desde la Puerta de la Barqueta hasta la Puerta Osario, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Murallas de la ciudad de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 29 de julio de 2026

La imagen "San Lázaro", de Roque Balduque, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque Balduque, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     Hoy, 29 de julio, Conmemoración de San Lázaro, hermano de Santa Marta, a quien lloró el Señor al saber que había muerto y después resucitó, y de Santa María, su hermana, la cual, mientras Marta se ocupaba inquieta y nerviosa en preparar todo lo necesario, ella, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque Balduque, en la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
        En la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses podemos contemplar la imagen de San Lázaro, de Roque de Balduque (Bois-le-Duc, ca. 1500 - Sevilla, 1561), siendo una obra de madera tallada, estofada y policromada, en estilo renacentista de escuela flamenca-sevillana, de hacia 1553, con unas medidas de 0,78 x 0,38 x 0,18 mts., y procedente del Hospital de San Lázaro.
     Esta pequeña talla, procedente del Hospital de San Lázaro, fue atribuida por los autores del inventario de 1975 y por Torre Ruiz al escultor flamenco Roque Balduque, activo en Sevilla durante el tercio central del siglo XVI. A finales del siglo XX se encontraba en la sacristía de la iglesia, pero indudablemente fue realizada para un retablo, a juzgar por el somero trabajo de su dorso, que apenas está desbastado y carece de policromía. En este sentido, merece recordarse que en 1553, el mayoral del hospital, Antonio Vélez de Alcocer, concertó con los pintores Juan Chacón y Pedro de Villegas Marmolejo el dorado del retablo mayor y la ejecución de diez tablas al óleo (López Martínez 1929, pp. 171-172). Es posible que la escultura que nos ocupa fuera realizada para este primitivo altar -remodelado en el siglo XVIII-, aunque extrañaría que en el mismo retablo se repitiera la iconografía del santo titular, puesto que a su calle central se destinó una tabla con San Lázaro vestido de pontifical que fue expoliada por los franceses en 1811 (SERRERA CONTRERAS 1976, 68).
     Según la tradición medieval, Lázaro de Betania, que resucitó milagrosamente por obra de Jesús, tuvo que huir para evitar la persecución de los judíos. Refugiado en Chipre, habría sido ordenado obispo de la ciudad de Citio, aunque la Leyenda Dorada sitúa su desembarco en la Provenza francesa, donde habría huido junto a sus hermanas Marta y María y llegaría a ser nombrado obispo de Marsella.
     De acuerdo con esta leyenda, Balduque representó al santo en pie, sosteniendo un libro y un perdido báculo sobre el que se apoyaría para equilibrar su sutil contraposto. Luce sotana, alba, capa pluvial, guantes rojos y una mitra que ha sido parcialmente reconstruida en la última restauración. La figura sintetiza bien el elegante clasicismo de Balduque y su gusto por las figuras estilizadas, con una disposición de la cintura algo elevada, siguiendo un canon proporcional de herencia gótica. Torre Ruiz lo relacionó con uno de los Padres de la Iglesia que formó parte del primitivo retablo del Sagrario de la parroquia de Santa María de la Coronada de Medina Sidonia, contratado en 1554, mientras que Juan Luis Ravé apunta otros paralelos con los Padres de la Iglesia del Sagrario de la parroquia de San Juan Bautista de Marchena, con los que presenta notables semejanzas en la disposición, vestuario y mitra de San Agustín o la manera de disponer la capa pluvial plegada sobre la rodilla en la figura de San Gregorio Magno.
     Su excepcional policromía tal vez fuera realizada por Villegas Marmolejo -como propuso Torre Ruiz- o por Juan Chacón. Especialmente ricos resultan sus estofados, decorados con finas labores vegetales y motivos manieristas realizados a punta de pincel, como mascarones, putti y tritones (Manuel García Luque, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Lázaro;
LEYENDA
   Debe distinguirse entre dos Lázaro, el de la parábola evangélica a quien el rico Epulón deja morir de hambre a la puerta de su casa, y el hermano de Marta y Magdalena, a quien resucitó Cristo ¿o esos dos homónimos son el mismo personaje?
   La identidad de ambos Lázaro, cuyo nombre en el Antiguo Testamento también se transcribe Eleázaro, Eleazar y Eliezer, no ofrece dudas. En la parábola evangélica, el rico que muere de sed entre las llamas del Infierno, y que ve en Lázaro en el Paraíso, en el seno de Abraham, pide a Dios que lo envíe a la tierra para convertir a los judíos, y Dios responde: "Tienen a Moisés y a los profetas. Si no los oyen a ellos, tampoco los persuadirá un muerto que resucite".
   La resurrección de Lázaro que se relata en el cuarto Evangelio es sólo la puesta en escena de esta parábola. Lázaro resucita efectivamente, y no obstante los judíos se niegan a creer en el Mesías.
   Como la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón y la Resurrección de Lázaro, han sido estudiadas en la iconografía del Nuevo Testamento, nos limitaremos a hablar aquí de la leyenda provenzal y borgoñona del leproso santificado.
   Se imaginó que después de la Crucifixión de Cristo, Lázaro desembarcó en Provenza con sus dos hermanas, y que se convirtió en obispo de Marsella. En el siglo XII la Borgoña cluniacense se apoderó del falso obispo marsellés cuyas reliquias habrían sido transportadas a Autum para ponerlas al abrigo de los piratas sarracenos. La catedral de Autum, hasta entonces dedicada a San Nazario, fue puesta bajo la advocación de san Lázaro, a quien se erigió una tumba formidable. Los borgoñones llegaron incluso a pretender que san Lázaro había sido obispo de Autum.
   En realidad, él nunca estuvo en Las Galias, y no fue obispo de Autum ni de Marsella.
   La tumba de un obispo homónimo dio nacimiento a la leyenda provenzal de San Lázaro.
CULTO
   Los principales centros del culto de san Lázaro están en Marsella, Provenza y Borgoña, donde, en Autum y Avallan, las iglesias están puestas bajo la advocación de Saint Lazare. La primera de estas localidades pretende poseer el cuerpo del santo, y Avallan su cabeza. Otras reliquias no menos sospechosas, se veneraban en Andlau, Alsacia.
   Tanto en Marsella como en Autum el culto obedece a una confusión: la tumba que se veneraba en la iglesia de Saint Victor, en Marsella, era la de un obispo de Aix llamado Lazare, que vivió en el siglo V. En Autum, el nombre de San Lázaro sustituyó al de san Nazario, es decir, se transformó Nazaius en Lázarus. La misma confusión se produjo en la localidad italiana de Urbino.
   En Autum, todavía en el siglo XVIII se celebraban los juegos del Santo Leproso que consistían en una cabalgata y desfile militar en los Campos de Marte.
   Los orientales pretenden que Lázaro murió en Chipre, y que sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla desde allí.
   La popularidad de san Lázaro está probada por sus muchos patronazgos. Es el patrón de los leprosos y de los leprosarios donde se los atendía, también a ese título era invocado por los panaderos que, por superstición, se creían especialmente expuestos a la lepra a causa de su oficio.
   Como los leprosos pedían limosna, se convirtió en el patrón de los mendigos, quienes en Italia se llamaban lazzaroni. Por esa razón, en la Edad Media se ha representado con  frecuencia la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón en los atrios de las iglesias, el sitio en que se instalaban los mendigos para pedir la caridad.
   Por último, con el viejo Tobías (Tobit) y con José de Arimatea compartía el patronazgo de los sepultureros o enterradores.
ICONOGRAFÍA
   Los diferentes rasgos de su leyenda y culto se reflejan en su iconografía.
   Está representado como obispo con mitra y báculo, sobre todo en Marsella (Altar de la Major), pero más aún como leproso, con unas tarreñas (en cas­tellano también llamadas tablillas de san Lázaro) en la mano, para advertir a los transeúntes.
   En su calidad de patrón de los enterradores, a veces lleva un féretro.
   Por el hecho de personificar la pobreza, en las iglesias su imagen suele emplearse como soporte de los cepillos destinados a recaudar las limosnas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000). 
Conozcamos mejor la Biografía de Roque de Balduque, autor de la obra reseñada;
     Roque Balduque, (?, p. s. XVI – Sevilla, 13 de marzo de 1561). Escultor y entallador.
     Artista flamenco, oriundo de la ciudad holandesa de Bois-le Duc, capital del Bravante septentrional. En 1534 aparece documentado en Sevilla, donde se casa con Francisca de Olivares; bautiza en 1545 a su hija Isabel y en 1550 a su esclava Beatriz. Comenzó tallando la piedra, pero, concluida la decoración del Ayuntamiento hispalense, se especializó en la construcción de retablos e imágenes de madera, elaborando también modelos para piezas de platería litúrgica. Atendió a la clientela sevillana, onubense y gaditana, y surtió al mercado americano a través de las flotas de Indias. Su prestigio le condujo ocasionalmente a otras regiones y, entre 1547 y 1551, realizó varios viajes a Extremadura, dejando obras en Cáceres y Arroyomolinos de Montánchez. En 1561 otorgaba testamento, acordándose de su hermano Andrés de Odebelse, que residía en Cambray. La cartera de pedidos que, al morir, obraba en el taller fue entregada por su colaborador, el holandés Juan Giralte, que concluye el retablo de la Concepción para la parroquia de Santa María, de Guernica (Vizcaya). En cambio, los trabajos pendientes en el retablo mayor de la catedral de Sevilla fueron confiados por el cabildo a Juan Bautista Vázquez, el Viejo, que ultima el relieve de la Huida a Egipto. Su estilo se mueve entre el primitivismo gótico y las novedades del Quattrocento italiano. En su catálogo destaca la espléndida serie de “Vírgenes erguidas con el Niño en brazos” que, en atención a su crecido número y popularidad, el profesor Hernández Díaz otorgó a Balduque el calificativo de “imaginero renacentista de la Madre de Dios” (Jesús Miguel Palomero Páramo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque de Balduque, en la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, en ExplicArte Sevilla.

martes, 28 de julio de 2026

El yacimiento arqueológico Ciudad romana de Celti, en Peñaflor (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Ciudad romana de Celti, en Peñaflor (Sevilla).
     Hoy, 28 de julio, es el día de la Arqueología, un evento internacional que se celebra desde 2011 con el objetivo de dar visibilidad al trabajo diario de las personas que desarrollan su labor entorno al estudio, conservación y difusión del Patrimonio Arqueológico, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Ciudad romana de Celti, en Peñaflor (Sevilla).
     Los orígenes de Peñaflor son muy antiguos. Los testimonios de la Edad del Bronce son reveladores. Más evocadores son los restos fenicio-púnicos que fueron encontrados de manera abundante a los bordes mismos de la villa: tumbas, cerámica de barniz rojo de tipo fenicio, ibérica pintada, campaniense A y su imitación. La ciudad romana de Celti es mencionada por Plinio dentro del Convento Jurídico Hispalense, y en el Itinerario de Antonino está citada con la quinta mansión en la vía de Híspalis a Emérita por Astigi. Sabemos que emitió moneda propia con el epígrafe CELTITAN y en su reverso la representación de un jabalí.
     Su localización ha sido fuente de grandes controversias, y las tendencias sobre su ubicación son dos: aquellos que sitúan a Celti en Sierra Morena, en la zona de Constantina y Puebla de los Infantes, o los que la sitúan en el Guadalquivir, en la actual Peñaflor. Ésta última parece, sin duda, la más acertada dada la cantidad y calidad de los restos arqueológicos allí aparecidos.
     Celti es una de las ciudades de la ribera del Guadalquivir, al igual que Axati, Canama, Arva,..., y parece que tiene su origen en un Bronce Final más o menos reciente. Todo hace suponer que Peñaflor era en época romana, un cruce comercial y un municipio muy importante, un puerto donde los productos mineros de la sierra vecina eran reunidos antes de ser embarcados y exportados por el río. De ahí la convergencia de las rutas que venían de la sierra hacia Celti, un pueblo con papel de puerto minero. Los productos del campo contribuían también a la prosperidad de la villa: la industria de fábrica de ánforas denota un comercio importante de aceite y una agricultura floreciente sobre las tierras vecinas. Estas riquezas se traducen en Peñaflor en la abundancia de vestigios de los edificios públicos sepultados: inscripciones, estatuas, mosaicos y otros testimonios conservados por M. José Paria, Fernando Mallen, Francisco Cruz y Antonio Corba. En el siglo XVIII una gran parte se encontraba aún visible, pero hoy no queda más que al Este una loma cortada por la vía férrea, un amontonamiento de sillares y un edificio de tipo ciclópeo, El Higuerón, construido sobre el borde mismo del río y considerado por Bonsor como un puerto fluvial prerromano. El mismo investigador describe a su vez una tumba familiar en el lugar conocido como "El cortinal de las cruces", con cinco nichos para  depositar las urnas cinerarias. También menciona la existencia de un mosaico aparecido en la calle San Pedro, bastantes capiteles, basas de columnas, restos de edificios en un lugar denominado como Pared Blanca y restos de un acueducto que nacía de la Fuente de Almenara, a 35 kilómetros de Peñaflor, hacia el Norte, los cuales aún se pueden apreciar. Los fragmentos de cerámica son variados y numerosos, de ellos los más recientes son la terra sigillata clara D o las estampillas en rojo que confirman una ocupación romana hasta el siglo V d. C. Algunas inscripciones se han encontrado en el lugar, otras en los alrededores inmediatos, algunas han sido transportadas a la Ermita de Villadiego, a algunos kilómetros al Este del camino de Lora del Río. Se localizaron numerosas marcas de la producción de ánforas. Las campañas de excavación efectuadas en 1979 y 1980, en varios puntos del yacimiento, han documentado una sucesión de poblamiento con estructuras del Bronce Final, Época Turdetana e importantes restos de época romana, con construcciones de gruesos muros de sillares y ladrillos. La excavación realizada en 1986 documentó un horno cerámico junto al río y restos de un trazado urbano en la zona denominada Pared Blanca.
     Desde 1988, La Universidad de Southampton (Gran Bretaña) viene desarrollando un importante proyecto de investigación en el yacimiento, que ha puesto de manifiesto una larga secuencia de poblamiento desde el s. VIII a. C. hasta el III d. C., que se pueden dividir en cuatro grandes horizontes: 
     - Época Tartésica y momentos posteriores, del que se conoce la existencia de estructuras aún por excavar y que aportarán información sobre la fundación de Celti.
     - Época turdetana - romano republicana.
     - Época Alto Imperial romana.
     - Época Bajo Imperial romana.
     Desde época tartésica se observa una cierta continuidad cultural, aunque se produjo una remodelación en un momento impreciso de la República. La ruptura ideológica y cultural más clara con las tradiciones ibéricas se produjo durante el primer cuarto del siglo I d. C., patente por la construcción del foro. Durante la segunda mitad del siglo I y la mayor parte del II d. C., se aprecia un desarrollo y enriquecimiento del complejo monumental. En esta época se produce una paulatina romanización de la ciudad. El centro monumental sufrió una importante transformación hacia fines del siglo II d. C. Según los datos disponibles, el foro fue abandonado hacia la segunda mitad del siglo III d. C., momento en que la ciudad arrastra una larga decadencia hasta su desaparición. La no existencia en el yacimiento de restos de época medieval, hace pensar que la población se trasladó al Este, abandonando su emplazamiento primitivo. 
     De la ciudad también conocemos la ubicación de sus necrópolis, a ambos márgenes de la carretera Nacional 431, antigua vía romana, con especial concentración en el lugar denominado El Camello, donde han aparecido enterramientos de sarcófagos de plomo y numerosas tumbas con ajuar funerario.
     La ciudad de Celti es mencionada por Plinio dentro del Convento Jurídico Hispalense, y en el Itinerario de Antonino está citada con la quinta mansión en la vía de Híspalis a Emérita por Astigi. Sabemos que emitió moneda propia con el epígrafe de Celtitan y en reverso la representación de un jabalí. 
     Su localización ha sido fuente de grandes controversias, y las tendencias sobre su ubicación son dos: aquellos que sitúan a Celti en Sierra Morena, en la zona de Constantina y Puebla de los Infantes, o los que la sitúan en el Guadalquivir, en la actual Peñaflor. Esta última parece, sin duda, la más acertada dada la cantidad y calidad de los restos arqueológicos allí aparecidos.
     Celti es una de las ciudades de la ribera del Guadalquivir al igual que Axati, Canama, Arva,... y parece que tiene su origen en un Bronce Final más o menos reciente. A partir del influjo orientalizante, experimenta un gran desarrollo durante el Período Turdetano.
     Tras la conquista romana, y especialmente, en los siglo I y II d. C. la ciudad tiene su máximo desarrollo debido a la producción y comercialización del aceite y a la explotación de las minas ubicadas en la cercana sierra.
     Tras la crisis del siglo III d. C., la ciudad arrastró una larga decadencia hasta su desaparición. La no existencia en el yacimiento de restos de época medieval, hace pensar que la población se trasladó al este, abandonando su emplazamiento primitivo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El último tramo de la margen derecha del río Guadalquivir ha estado salpicado por multitud de asentamientos y ciudades desde antiguo, debido a que el río propiciaba recursos y constituía una vía de comunicación que posibilitaba las relaciones comerciales y permitía el contacto entre los habitantes del territorio.
     En este contexto se incluye Celti, antecedente de Peñaflor y localizado junto al actual núcleo urbano. Estuvo habitado desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo V d.C.. Celti, localizada en una elevación topográfica y cruce de caminos, jugaba un papel destacado como punto intermedio de la vía Hispalis-Corduba (eje este-oeste) que discurría por la orilla derecha del Guadalquivir constituyendo una alternativa a la Vía Augusta situada al interior para alcanzar Carmo y Astigi, pero además éste era el lugar donde vadeaba el río la vía Astigi-Emerita (eje norte-sur), en una zona próxima a la desembocadura del Singlis (Genil).
     Celti cuenta con un espacio amurallado, urbanismo, arquitectura monumental e infraestructuras (viaria, saneamiento, industrial y funeraria). La ciudad obtuvo el estatuto de municipiumciviumromanorum en época flavia (a partir de 74 d.C.), lo que influirá en su desarrollo posterior. Desde mediados del siglo I y especialmente en el siglo II, se produce un auge tanto de la propia ciudad, como del territorio circundante, debido a gran parte al comercio del aceite y en relación al establecimiento de una óptima red de comunicaciones terrestres y fluviales, hecho atestiguado por restos de entidad como el puente sobre el río Retortillo y el dique ciclópeo de El Higuerón, que probablemente se adscriba a estos momentos.
     Actualmente son terrenos propiedad de la Junta de Andalucía y no existen visitas (Turismo de la Provincia de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el yacimiento arqueológico Ciudad romana de Celti, en Peñaflor (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Peñaflor (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

La Ruta Arqueológica de la Ciudad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad, de Sevilla.
     Hoy, 28 de julio, es el día de la Arqueología, un evento internacional que se celebra desde 2011 con el objetivo de dar visibilidad al trabajo diario de las personas que desarrollan su labor entorno al estudio, conservación y difusión del Patrimonio Arqueológico, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad, de Sevilla.
     La historia de Sevilla está vinculada al río Guadalquivir. "Vinculación" significa e implica relación intima entre dos elementos, la dependencia de una cuestión de otra. La ciudad de Sevilla nace como tal en la época fenicia, hacia el s. VIII a. C., como asentamiento y puerto comercial del primer pueblo que unió los derroteros de todo el mediterráneo, desde el extremo oriente al extremo occidente, mediante la actividad mercantil. El lugar, una pequeñísima península en el fondo de un gran golfo que adentraba el mar tierra adentro, se revelaba como idóneo para sus pretensiones.
     La Arqueología ya ha demostrado recientemente que la antigüedad del asentamiento de la ciudad se remonta a aquel siglo VIII a. C., cuando los fenicios inundan de factorías y puertos comerciales el sur de la Península Ibérica. Para mayor éxito de la Arqueología también se ha demostrado en estos últimos años que el cerro del Carambolo, aquel que ofreció su preciado tesoro en 1958, no fue un poblado de los tartesios, pobladores indígenas de la Baja Andalucía. Ahora sabemos que en realidad fue el lugar donde, usando el punto más alto del entorno y dominando el río, los fenicios construyeron un enorme santuario a la diosa Astarté y al supremo dios Baal, donde practicar sus ritos desde el control de la ciudad de "Spal". Astarté, identificada con la Venus, lucero del alba, se divisa desde lo alto de la vieja Sevilla, todas las tardes despejadas, sobre el cerro del Carambolo, como bien acertó a descubrir el profesor Escacena.
     Desde el alto cerro, los sacerdotes del santuario comprobaban todos los años la declinación estacional del sol, personificación de Baal, hasta el final de su periplo en los días del solsticio -sol quieto en latín- de verano, cuando el dios muere, dando pie al nuevo ciclo anual. Las dos orillas y el río, como medio más moderno de tránsito, quedaban unidos para siempre inaugurando para nosotros la era del comercio marítimo, hasta nuestros días.
     Esta historia, aportada por la Arqueología, ya fue elaborada por el pueblo y sus antiguos historiadores, construyendo tradiciones legendarias y consiguiendo con ello la garantía de su trasmisión oral por todas las generaciones hasta nuestros días. La leyenda sitúa a Hércules como primer personaje civilizado que descubre, en sus viajes por el mediterráneo, el lugar de Sevilla remontando el río y dice "Aquí será poblada la gran ciudad". En el camino de la tradición legendaria, la figura y memoria popular de Hércules queda fijada, en la realidad material de la ciudad, en las imponentes columnas de la calle Mármoles, siempre atribuidas a un antiguo templo erigido al semidiós y que aún conserva el misterio de su funcionalidad original.
     La Historia de Sevilla vinculada al río es evidente a lo largo de los tiempos y podemos comprobarlo a través de un hecho característico que ha pasado desapercibido. Sevilla, la gran ciudad capital del "conventus hispalensis" romano, capital de la taifa abbadí y de los impe­rios almorávide y almohade en Al Andalus, sede regia de Femando III, Alfonso X y Pedro I, metrópolis de Indias, receptora de cuantiosos privilegios, etc. dispone de un término municipal ridículo para su importancia histórica y primacía urbana. Ciudades como Córdoba, Jerez, Écija, Carmona, etc. disponen de enormes territorios propios pero, sin embargo, Sevilla carece de ellos. ¿A qué se debe esta extraña paradoja? Sin lugar a dudas a que su territorio es el mundo, como todos los puertos, un mundo al que se accede a través del río navegable.
     Los testimonios arqueológicos que atesora Sevilla se explican en gran parte por la relación con el río. En época romana, los restos descubiertos en La Encarnación nos ilustran de la expansión de la ciudad por la llanura aluvial, cuando es abandonada por el río y es posible el asentamiento sobre suelos consolidados. En las primeras fases de su existencia, este nuevo barrio de Híspalis se dedica a actividades dependientes del río. La factoría de salazones del s. I d. C., que ha sido descubierta prácticamente intacta, nos ilustra de la pesca y sus productos derivados. Los restos de huesos de pescados analizados corresponden a una variedad amplia de especies: sardinas, jureles, brótolas, rodaballos, etc., cuya captura nos evoca tanto la cercanía al mar que entonces disfrutaba la ciudad, como el bullicio de las embarcaciones pesqueras.
     Un poco más tarde se fechan las inscripciones que se conservan al pie de la Giralda, dedicadas por las corporaciones de barqueros del río. Del comercio fluvial y de la capacidad del puerto también nos hablan los enormes fustes de la Calle Mármoles, de granito egipcio y que tan sólo existe en ciudades portuarias o muy cercanas. La gran cantidad de mármoles y ánforas de rincones e islas perdidas del mediterráneo, nos ilustran de esa actividad que enriqueció a los hispalenses. Entre ellas sobresalía la exportación en ánforas de aceite de las campiñas de la Bética al resto del imperio. En la En­carnación se podrán contemplar las casas de aquellos hispalenses enriquecidos por la actividad comercial de su puerto, cuyos restos arqueológicos se conservan bajo el agua y será muy difícil poder contemplarlas alguna vez.
     En la misma Encarnación podemos contemplar, un curioso y enigmático conjunto eclesial del s. VI que in­cluye una iglesia y unas dependencias asociadas. Las hipótesis que se barajan sobre su funcionalidad se inclinan por definirlo como una especie de monasterio cristiano, que serviría de almacenamiento y distribución de material litúrgico -altares, vinos para la misa, etc.- al resto de la diócesis, según se desprende de la alta cantidad de este tipo de elementos encontrados en las excavaciones. Esta funcionalidad sólo se explica por su cercanía al puerto, ya que la totalidad de este material, con reminiscencias sagradas por los rituales a los que acompañaba, procedía de Oriente, entonces bajo el gobierno Bizantino.
     San Leandro y San Isidoro, obispos de la sede hispalense, no conocieron esta iglesia porque ya había sido destruida casi 100 años antes. San Leandro usó repetidas veces las facilidades del puerto, de la entonces denominada Spalis, para acudir a Constantinopla en ayuda del rey Hermenegildo y a diversos concilios en Oriente.
     La época islámica refleja de forma evidente la vincula­ción de la ciudad con el río. Su puerto la hizo rica y me­recedora de rango de capital y por el río salía y entraba multitud de géneros y de ideas. Las nuevas ideologías inundaron la península y en El Salvador podemos con­templar los restos de la segunda mezquita conocida, fundada en el 821, cuya inscripción fundacional, inscrita sobre uno de sus fustes, ocupa hasta hoy el privi­legio de ser la más antigua conservada en Al Andalus.
     El Alcázar, construido por los reyes de la taifa de Isbiliya, Motadid y Motamid, según se ha podido demostrar por las exploraciones arqueológicas recientes, y las enormes murallas alzadas por almorávides y almohades, más amplias que en ninguna otra ciudad, tenían por destino guardar tan importante ciudad, reyes y califas. El Castillo de Triana guardaba el puente de barcas y la Torre del Oro fue construida para defender el puerto. Junto a la Torre de la Plata se han identificado los restos conserva­dos de las Atarazanas almohades, recintos para fabricar barcos y otros pertrechos de guerra.
     Esa capital de los imperios bereberes en Al Andalus, fue así premiada por su posición estratégica y usada como centro desde el que defender un islam más fundamental. Por ello construyeron una nueva gran mezquita con una torre que fue asombro de siglos. De ella se conservan partes originales fundamentales, trans­formadas con arte y pericia por las civilizaciones pos­teriores. Monumentos vivos que guardan su reliquia arqueológica de las sociedades pasadas.
     Paradojas de la vida, el río que da vida y esplendor a la ciudad es el que trae también desastres y nuevos señores. Si en el s. X fueron los normandos los que asaltaron Isbiliya e incendiaron su mezquita mayor, actual iglesia del Salvador, en el s. XIV fueron las tropas castellanas las que arruinaron los sueños imperiales bereberes a través del río. La rotura del puente de barcas y capitulación de la ciudad ha dejado muchos recuerdos en la ciudad y de el fueron testigos la Torre del Oro y el castillo de Triana, cuyos restos aún se conservan. Sin embargo, la ciudad conquistada y, con ella, la salida al mar por el Guadalquivir, llevará al monarca Alfonso X a construir en 1252 unas portentosas atarazanas donde construir galeras para presionar al enemigo musulmán en el Estrecho. Sus enormes osamentas, de poderosa presencia, se conservan con otros testimonios que nos ha brindado la arqueología, como las Pescaderías del s. XVI o la misma muralla y barbacana musulmanas.
     Muchos otros son los testigos materiales de la Edad Media Cristiana en Sevilla, en especial la espléndida colección de iglesias parroquiales mudéjares con sus torres, monumentos que durante mucho tiempo fueron denominados arqueológicos, por incluir en esta denominación las ma­nifestaciones arquitectónicas de arte medieval. Últimamente, las labores arqueológicas asociadas a la restauración de monumentos, han aportado muchas novedades a viejos monumentos que se han visto enriquecidos en su comprensión y contenidos. La Casa de Miguel Mañara o el Palacio de Altamira, el Alcázar o la Cartuja de Las Cuevas, por citar algunos, han incorporado interesantes restos arquitectónicos aparecidos en las restauraciones y van familiarizándonos con esta estética arqueológica, donde lo fragmentario, vestigios sobrevivientes de épocas pasadas, conviven con el monumento más acabado y reciente.
     La Edad Moderna nos ha dejado un importante y singular vestigio arqueológico como son los restos del Tri­bunal de la Santa Inquisición, dentro del antiguo Castillo de Triana o Castillo de San Jorge como también se le conoció. Estos restos de los siglos XVI a XVIII nos permiten sumergirnos en un momento de la historia, bastante reciente, donde funcionaba esta controvertida institución de control social e ideológico al servicio de la Corona y de la Iglesia. De ella hemos heredado una cierta mala conciencia, auspiciada por la creación de la Leyenda Negra desde Holanda e Inglaterra para comba­tir desde la propaganda al poderoso imperio español. Ahora podemos visitar sus restos, los más completos conservados en España, para reflexionar sobre las actitudes represivas de la sociedad y hasta qué punto se están perpetuando en el momento actual. Construida sobre el Castillo almohade, el castillo de la Inquisición sevillano fue la imagen de esa institución en Europa, gracias a incorporarse a la iconografía de Sevilla en las numerosas estampas que recorrían los reinos del continente. La imagen de Sevilla era representada desde el oeste, como acostumbramos a seguir representándola, asociando la ciudad amurallada, el río con su puerto y Triana con el puente de barcas y el castillo dominante con la leyenda "Castillo de San Jorge o de la Inquisición". 
     Junto a estos restos se conserva aún el Puente de Isa­bel II o Puente de Triana, que incluimos en el apartado arqueológico ya que forma parte del denominado patrimonio industrial. Signo de modernidad en el día de su inauguración (1852) cuando se editaron estampas conmemorativas, padecía extrema vejez en 1970 al cristalizarse el hierro colado con peligro de desplome. Frente a una opinión técnica de la conveniencia de su demolición y sustitución, fue la sociedad sevilla­na y sus instituciones quienes lo defendieron, y otros técnicos construyeron otro tablero sobre las antiguas pilas. Los antiguos arcos de hierro mantienen "in situ" la elegancia de su diseño, tan parisino, pero no traba­jan, constituyendo por tanto una reliquia arqueológica y un valor escenográfico y monumental del río de Sevilla.
     Esta primera clasificación nos permite abrir el panorama de "lo arqueológico" a muchas más manifestaciones que las tradicionalmente asumidas por el término: esos restos materiales del pasado que ocupan en exclusiva un espacio urbano, más o menos amplio. Esas ventanas al pasado material de la ciudad pueden estar abiertas, tanto en una porción del tejido urbano -La Encarnación, Los Mármoles-, como en una porción de una edificación que entresaca y muestra pervivencias que han sido valorizadas desde el método arqueológico. Igualmente, hemos llamado la atención al carácter polisémico que tienen determinados elementos monu­mentales, como las murallas o la Torre del Oro, ya que pueden ser presentadas desde las miradas y los discursos arquitectónico, artístico y arqueológico.
     Igualmente, podríamos utilizar aquellos lugares donde se han producido hallazgos arqueológicos de cierto interés histórico, pero que no han sido conservados visibles. A este respecto cabe mencionar, a título de ejemplo, el lugar donde se descubrió el taller del famoso ceramista italiano Francisco Niculoso Pisano en Triana (c/ Pureza, 44) o donde han sido excavadas necrópolis de diversas etapas de la historia de la ciudad, que hay muchas.
     También podemos mencionar aquellos otros elementos arqueológicos que están conservados en edificios priva­dos o en lugares públicos de carácter comercial, para cuyo disfrute se requiere el consumo de sus ofertas, hosteleras por ejemplo. En este apartado, y por su carácter de pionero, mencionamos los restos bien visibles del bario musulmán que se encuentra en el Mesón del Moro, los restos romanos integrados en el comedor del Hotel Los Seises, o los restos de termas integrados en el Hotel Eme, etc.
     Finalmente, también es correcto que el público interesado pueda conocer la existencia de museos y colecciones de carácter arqueológico, como en nuestro caso son el Museo Arqueológico o el Palacio de Lebrija.
     Hemos pensado que sería apropiado insertar estos grupos la guía que acompañe en su momento al Itinerario Arqueológico. Sería muy apropiado para mostrar la riqueza de contenidos arqueológicos de la ciudad de Sevilla, para mantener la memoria de múltiples hechos y para enriquecer los itinerarios alternativos y las vivencias arqueológicas de los curiosos.
     El interés científico e histórico se implementa con la inclusión del Río como elemento y argumento fundamental en la propuesta al presidir la idiosincrasia histórica de la ciudad de Sevilla y reforzar los dictados del Plan de Desarrollo Turístico Sevilla.
     Desde la aplicación de todas las variables indicadas surge el diseño de un Itinerario Arqueológico que hemos denominado Principal, con Hitos de su recorrido y Apoyos Narrativos del mismo. La duración del recorrido se estima en una jornada de una mañana, desde el Antiquarium, en la plaza de la Encarnación, como punto de encuentro y sede administrativa del Itinerario Arqueológico de Sevilla, hasta el Castillo de San Jorge, incluyendo el tránsito por las calles, una parada para un café, etc. A partir de aquí se ofrece la visita a la Cartuja desde el río, bajando en el muelle de Indias, que está junto al Pabellón de la Navegación de la Expo'92. Todo ello supone una oferta amplia que, sólo contando con la Cartuja, disponemos de contenidos amplios de índole arqueológica, monumentales jardines y huertas, de arte contemporáneo en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Esta extensión de la visita puede ser emprendida en la jornada de tarde o en otra diferente.
     Aparte de este Itinerario Principal, hemos incluido en este documento una serie de lugares de interés arqueológico que cumplen con una mayoría de requisitos, pero que carecen de algunos otros determinantes, como el de la conectividad en relación con la duración de la visita, como para incorporarse a un recorrido que reúna una selección variada y completa de la aportación arqueológica a la historia de la ciudad. Por ello se sitúan en el plano de alternativas que pueden ser consideradas de modo libre o en su vertiente temática, para lo que se ofrece una ordenación en una serie de argumentos narrativos que se exponen a continuación.

Lugares y elementos arqueológicos de la Ciudad de Sevilla:
19. Castillo de San Jorge
20. Cartuja de las Cuevas
21. Baños de la Reina Mora
22. Murallas de la Macarena
23. Puerta de Córdoba
24. Murallas del Valle
25. La Buhayra
26. Caños de Carmona (Fernando Amores Corredano, en Itinerario Arqueológico de la Ciudad de Sevilla. Córdoba, 2008). 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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