Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 2 de noviembre de 2026

El Cementerio municipal, en Los Corrales (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio municipal, en Los Corrales (Sevilla). 
     Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy para Explicarte el Cementerio municipal, en Los Corrales (Sevilla).
      La distribución de los enterramientos se ha realizado siguiendo la línea de las cinco calles en las que se ha compartimentado el espacio, así como el muro que circunda el inmueble. El eje principal es la calle de la portada.  
     Los materiales constructivos son: piedra, cal, yeso y arena; cemento, baldosas, cristal, hierro y ladrillos.
     Los elementos sustentantes son muros que circundan el recinto en mampostería sin revocar y encalada; muros de bloques de nichos y de algunos familiares en ladrillos.     
     Los elementos sostenidos son la cubierta a dos aguas con tejas árabes en los bloques de nichos y a cuatro aguas en determinados familiares. Las lápidas se sostienen sobre el muro o se entierran.
     Masa de arena con cruz y flores en la tierra.
     Tumba de cemento y encalada realizada con forma rectangular sobre la solería.    
     Las calles se han cubierto de baldosas de terrazo. 
     Algunas zonas permanecen con tierra y en ella se ubican enterramientos con arena o con cemento.    
     Puerta principal del Cementerio está hecha en hierro. En un lateral se ubica las dependencias de servicios: sala de forense y servicios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio municipal, en Los Corrales (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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El Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, de José Maestre, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.
     Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.
      La Iglesia Colegial del Divino Salvador [nº 19 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 44 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Salvador, 3 (también tiene acceso por la calle Córdoba, s/n); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En la cabecera de la nave del Evangelio, a la derecha del presbiterio, encontramos en su cabecera el retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, presidido por el Cristo de los Afligidos, imagen de Gaspar de Gines (1635) titular de la hermandad de las Ánimas según se constata en los relieves del banco inferior, donde obispos y papas se consumen en las llamas del Purgatorio. El retablo fue realizado por José Maestre en 1724 y reformado posteriormente por Manuel Barrera. El Nazareno es una obra de vestir que porta una interesante cruz de carey con cantoneras de plata, siendo talla anónima de mediados del XVII. Está escoltada por tallas de San Roque y de San Sebastián, culminando el ático un relieve de la Coronación de la Virgen (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Retablo compuesto por mesa de altar, banco, cuerpo principal de tres calles y amplio ático.
     La mesa de altar está decorada con mármoles blancos y negros y presenta en su frente dos pilastras de jaspes encarnados.
     El banco se articula a partir de una vitrina central (que acoge una imagen de la Dolorosa) flanqueada por dos grupos de columnillas pareadas y dos pedestales ornamentales dispuestos en oblicuo. En los paneles en esviaje se colocan sendos relieves de las Ánimas del Purgatorio, mientras en los extremos laterales del banco, se disponen dos pedestales con abultada hojarasca tardobarroca.
     El cuerpo principal se estructura a partir de un amplio tabernáculo central destinado a acoger la figura del Cristo de los Afligidos. Este espacio se configura a través de tres arcos peraltados que se apoyan en cuatro pares de columnillas sobre altos plintos. Los soportes delanteros de este expositor están colocados con una desviación de 45 grados respecto a los traseros, lo que proporciona un efecto ilusorio de profundidad, reforzado gracias a la pintura de la ciudad de Jerusalén que ocupa su fondo. Las calles laterales están delimitadas exteriormente por sendas columnas de capiteles corintios de los que cuelgan cintas encarnadas. Detrás de estos soportes se disponen dos pilatras cajeadas corintias con decoración floral. Estas calles están ocupadas por dos esculturas de santos sobre sencillas ménsulas: San Sebastián (Evangelio) y San Roque (Epístola), flanqueados por guirnaldas de flores y frutos. Sobre ellos se colocan sendos tondos con bustos de dos personajes barbados.
     Un amplio entablamento sirve de unión entre este cuerpo principal y el ático. Presenta entrantes y salientes, adaptándose a la movida estructura del conjunto. A la altura del tabernáculo central se rompe formando dos volutas que encierran un tondo con un busto de San Jerónimo. El ático está centrado por un relieve de la Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad flanqueado por dos columnas corintias y por sendos lunetos con decoración de abultada hojarasca. Sobre los ejes de las columnas del cuerpo principal se disponen las esculturas de San Juan Bautista (Evangelio) y San Lorenzo (Epístola). Encima de estas imágenes, recostadas en moldurones, la virtud de la Fortaleza (Evangelio) y de la Esperanza (Epístola). Como coronamiento de todo el conjunto aparece la figura del Arcángel San Miguel flanqueado por dos pequeños angelitos que portan guirnaldas de flores y frutos y otros dos con cuernos de la abundancia.
     Estilísticamente, esta obra se encuadra dentro de la retablística sevillana en tiempos de Carlos III (último cuarto del XVIII), caracterizada por una transición hacia las formas neoclásicas: primacía de la arquitectura sobre la decoración, recuperación de la columna como elemento de soporte y  mantenimiento de estructuras dinámicas, heredadas de la época barroca. Todas estas características se advierten en la presente obra, en la que se vislumbran, asimismo, los rasgos definidores de la producción de Manuel Barrera y Carmona: columna de tercio inferior acanalado y los dos superiores lisos (con capitel corintio del que cuelgan lazos), primacía de la calle central, que se adelanta, y empleo de un tabernáculo en el banco y otro en el cuerpo principal flanqueados por pequeñas columnillas. No obstante, al aprovecharse parte de la ornamentación anterior a la intervención de Carmona (golpes de abultada hojarasca tardobarroca), se aprecia cierto carácter híbrido en este conjunto.
     El retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio es el resultado de un complejo proceso constructivo. Vino a sustituir a un primer retablo encargado en 1634 por la Hermandad  al ensamblador Juan de la Aya. De esta obra tan sólo se conserva en la actualidad la que fuera su imagen principal: el llamado Nazareno de los Afligidos, obra de Gaspar Ginés. El 24 de enero de 1721 los hermanos Diego y Juan Manuel Pérez Baños, benefactores de la iglesia, decidieron costear un nuevo retablo para esta imagen. Se concertaron con el maestro ensamblador José Maestre Ayala, que lo finalizó en 1724, fecha en la que se celebró su estreno. En 1778 se añadió una cenefa a los pies del Nazareno y se compusieron los ángeles y remates del conjunto. Se encargaron de estas obras el escultor Lorenzo Pérez y el pintor José Caro. A partir de 1784 se emprendieron una serie de profundas transformaciones que vendrían a alterar sustancialmente el aspecto originario del conjunto. El encargado de estas obras fue el retablista Manuel Barrera y Carmona, que en 1784 realizó un tabernáculo para el Nazareno y una vitrina en el banco para acoger una imagen de la Dolosora (atribuida a Cristobal Ramos). Dos años más tarde ejecutó  las columnas del cuerpo principal y amplió la altura del retablo. Percibió por el trabajo realizado 3.608 reales. El dorado corrió a cargo del ya citado José Caro, que recibió 6.300 reales. El estreno solemne del nuevo retablo tuvo lugar el 24 de junio de 1787 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de las Ánimas Benditas del Purgatorio;
     La inquietud o temor ante  lo que encontrará el hombre más allá de la muerte ha sido una constante en la conciencia colectiva de todos los pueblos y en el sentir individual de cada persona. Esta cuestión ha sido asumida esencialmente por las religiones, que han intentado dar respuesta a tan misteriosa y desconocida realidad. Tanto si la vida ha transcurrido amable y placentera, llena de amor, éxitos, entrega a los demás, fama, etc., como si las circunstancias fueron adversas y estuvo cargada de dificultades y desdichas, al final de la vida aparece la cuestión fundamental: cuál ha sido su sentido, su finalidad; qué encontrará la persona después de este mundo. 
     La muerte biológica sin la fe es el final, el hombre se disuelve en el vacío, la nada como destino de una vida, las oscuras sombras del olvido como perspectiva, o un efímero recuerdo, que se va difuminando; para la conciencia individual significaría un fracaso existencial, opuesto al deseo de permanencia y eternidad que animan a cada persona. Curiosamente es la cultura actual la que, al menos en apariencia, la menos preocupada por el mas allá. Una sociedad adormecida por el consumismo y seducida por las múltiples ofertas de entretenimiento y evasión, que la alejan del sentido trascendental  de la vida, de la auténtica verdad de la existencia humana. 
     En el universo del más allá hay dos lugares bien definidos: el cielo y el infierno; se corresponden con el Bien y el Mal de este mundo, uno u otro serán el destino de los hombres según hayan sido sus obras en esta vida. Pero entre estos dos estados surgió entre el siglo II y IV de la era cristiana la idea de un lugar intermedio y transitorio que acogía las almas de los justos que aun no estaban en un estado de pureza para entrar en el cielo. El cristianismo y la Iglesia Católica han tenido presente siempre el más allá y la vida eterna; su concepción ha ido forjándose a lo largo de los siglos y constituyen verdades de fe, como se recogen en el Credo. De este lugar, y como ha sido representado en el arte trata esta comunicación.  
     Antecedentes del Purgatorio los encontramos en algunos pasajes del Antiguo Testamento, como el que lleva implícito el libro de los Macabeos. Judas Macabeo ofrece un sacrificio por los soldados muertos en combate (2 Mac 12, 38).  
     Este acto sugiere por un lado la idea de la resurrección de los muertos y por otro el valor de los sacrificios ofrecidos por ellos y su salvación; sería un equivalente al valor de las misas ofrecidas por los fieles difuntos en el cristianismo. 
     Los cristianos del siglo I, como herederos de la tradición judía, ya se platearon qué ocurría con el alma de los creyentes después de la muerte, siendo el propio S. Pablo quien abordó la cuestión de la resurrección en la primera Carta a los Corintios “Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que duermen. Porque como por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la resurrección de los muertos” (1 Cor 20, 22). El mismo asunto y la zozobra que provoca en las primeras comunidades  se trata de nuevo en la Carta  a los Tesalonicenses “No queremos que ignoréis lo tocante a la suerte de los que durmieron para que no os dejéis llevar de la tristeza como los que no tienen esperanza” (1Tes 4, 13). 
     En la configuración del Purgatorio como se entiende en la actualidad intervienen tres factores, a tener en cuenta: la doctrina de los concilios que abordaron esta verdad (II de Lyon, Florencia 1439 y Trento 1547), las enseñanzas de los teólogos y Padres de la Iglesia, y los testimonios de los santos y  fieles. 
     Hacia el siglo XII, el Purgatorio estaba configurado en sus conceptos fundamentales evolucionando durante los siglos XIII y XIV; pero sería en el Concilio de Trento en su sesión XXV donde se definió solemnemente la existencia del Purgatorio y se recomendó que esta verdad fuera predicada por obispos y sacerdotes, tenida y creída por los fieles. Esta doctrina estaba en oposición a las tesis luteranas que negaban su existencia. 
     Los Padres de la Iglesia fueron los primeros en aportar con su doctrina las bases para la configuración del  Purgatorio. Así, en el siglo IV, San Ambrosio (347-397), nos da la idea del fuego para referirse al mismo “aquí en esta vida atravesamos por el agua del bautismo que lava los pecados del alma; allá en la otra vida, atravesaremos por el fuego de la expiación que consume las reliquias que en el alma dejan los pecados cometidos después del bautismo”. Su pensamiento influyó en la conversión de San Agustín que siguió la idea del fuego como elemento purificador. El obispo de Hipona manifestó que “el fuego purgativo será más terrible que todo lo que el hombre pueda sufrir en la tierra”, pensamiento que provocó en la imaginación popular toda clase de tormentos y sufrimientos ligados a este lugar de ultratumba.
     La Iglesia Católica ha dedicado un mes para recordar especialmente a los difuntos y a que los fieles ofrezcan durante este tiempo su oración a la llamada iglesia purgante, por aquellas almas que están en el Purgatorio. Esta tradición viene del pueblo judío que ya dedicaba treinta días a recordar a sus parientes fallecidos. También en el mundo romano recordaban a sus seres queridos durante el mes de febrero.  
La Virgen y los Santos como intercesores de las Ánimas Benditas 
     Durante la Edad Media fueron los monjes y el resto de órdenes monásticas los encargados de difundir y acrecentar la devoción a la Virgen María como protectora y garantía de preservación del fuego eterno. Por intercesión de la Virgen se podía abreviar el tiempo del Purgatorio y sacar a las almas de ese lugar en unas fechas determinadas. La Virgen tuvo una especial intervención en la fundación de la mayoría de las Órdenes religiosas, como fue entre los dominicos, los siervos de María y los mercedarios. Intervención que venía avalada por leyendas que recogían apariciones a los santos padres fundadores. La misma Virgen entregó el hábito a la Orden como ocurrió en los cistercienses, premostratenses, agustinos, dominicos y servitas; era su fundadora, su patrona, la abogada de la Orden; en definitiva era estimada como “Nuestra Señora”. La Virgen además del hábito que vestían los religiosos entregó como signo de protección  el escapulario, que junto a los religiosos sería luego difundido también entre los seglares con especiales gracias. 
     Pero si hay una Orden que destaca de forma particular en la figura de la Virgen y su relación con las almas del Purgatorio esta es la de los carmelitas.  
     La Orden hace remontar sus orígenes al profeta Elías, aunque se configura en el siglo XIII. Cuando la Virgen entrega el escapulario a S. Simón Stock le dice que quien muera con él no padecerá el fuego eterno. Este privilegio fue extensivo al Purgatorio en cuanto abreviación del tiempo purgativo. El papa Juan XXII (1245-1334) ratificó este privilegio. En la conocida Bula Sabatina concedía a los carmelitas el derecho de predicar los beneficios de llevar el santo escapulario como signo de devoción a la Virgen, protección y  garantía de salvación. 
     Durante siglos, los carmelitas difundieron la devoción a su madre la Virgen del Carmen, y entre sus gracias figuraba su poder mediador para estar libre de la condenación eterna. “Reina del Purgatorio” es una de sus invocaciones. 
     En este sentido, los portadores del escapulario quedarían libres de la condenación eterna y gozarían de una pronta liberación de las penas del Purgatorio si sus pecados los llevaran a este lugar. 
     Entre las prácticas devocionales más populares figura el novenario de ánimas a la Virgen del Carmen, que se rezaba a partir del 2 de noviembre (Además de las oraciones pidiendo por los difuntos el novenario incorporaba un tema para meditar cada día, bien explícito en su enunciado: Después de la muerte. Intensidad purificadora del Purgatorio. Lamentos de las almas sobre el tiempo perdido. Lamentos de las almas sobre los bienes derrochados. Lamentos de las almas sobre el desprecio de la gracia. Lamentos de las almas por la facilidad en pecar. Lamentos de las almas por los agravios que a Dios hicieron pecando. Lamentan las almas los escándalos dados y Lloran las almas el descuido en la penitencia. La reflexión termina con una plegaria a la Virgen del Carmen como refugio de pecadores arrepentidos).  . 
     Los devotos a esta advocación también rogaban por los fieles difuntos en la oración de la visita semanal, en la felicitación sabatina con oraciones como: “acuérdate de tus queridos cofrades, que por tu santo y bendito escapulario, les ha prometido ayuda en la vida, amparo en la muerte y socorro en el Santo Purgatorio”. En la devoción de los doce sábados, que consiste en una visita a la Virgen doce sábados seguidos, a ser posible los anteriores al 16 de julio, día de la festividad del Carmen, se vuelve a recordar la protección del escapulario y su valor en el purgatorio: “Madre querida, haz que siempre confíe en esa tú promesa liberadora de las atroces llamas de la cárcel del Purgatorio”. 
     Si bien es la devoción a la Virgen del Carmen la más extendida como intercesora universal por las ánimas del Purgatorio, hay  otras advocaciones marianas que asumen la misma idea como la Virgen de la Merced, la Virgen de la Consolación y Correa, etc. También los santos y sobre todo fundadores de órdenes religiosas,  desempeñan una función similar; así S. Francisco, S. Nicolás de Tolentino, S. Cayetano entre otros. 
     Los santos a partir de sus escritos y visiones o de sus leyendas son los que más detalles han aportado para crear una imagen del Purgatorio, vamos a destacar: 
        - San Miguel Arcángel, cuenta con innumerables representaciones en el arte, y también como intercesor de las almas, al cumplir la función de sopesar las obras del alma en el juicio particular.  
        - Santiago Apóstol patrón de España, su intercesión por las ánimas se encuentra en Galicia y Portugal, por la difusión que alcanza el culto al santo debida a las peregrinaciones a Compostela. Se suele representar al apóstol en traje de peregrino, con báculo y libro, como intercesor por las ánimas del Purgatorio que se muestran a sus pies. Tienen un carácter popular, y son una especie de retablillo que se expone a la veneración pública, en la pared de una casa o a la orilla de un camino. 
        - San Jerónimo (342-420). Para el asceta de Belén, la Eucaristía es la mejor ayuda para las ánimas benditas: los difuntos para quien se ofrece la santa misa no sufren tormento alguno durante la celebración de los santos misterios y en cada misa muchas almas vuelan al cielo. 
        - San Agustín (354-430). Considerado el padre del Purgatorio por sus textos y comentarios, que pueden considerarse el génesis de este lugar del más allá. Entre sus escritos referidos a esta cuestión destaca la oración fúnebre compuesta por la muerte de su madre; además de ponderar sus virtudes, pedía a Dios en su plegaria, perdonase las deudas que hubiera contraído en esta vida. En esta petición daba a entender que los sufragios por los difuntos ayudan a perdonar algunas faltas o penas después de la muerte. Bien es verdad que San Agustín estuvo más interesado por otras cuestiones fundamentales como son la fe y las obras o el lugar que ocupa el hombre en el plan divino, pero no se olvidó de las relaciones entre los vivos y  los muertos. Se interesó por el progreso espiritual del hombre en su camino hacia la salvación eterna. “Purifícame y hazme tal en esta vida que no necesite ya del fuego correctivo” En. In Ps.37.3. Comentó refiriéndose al “fuego purgativo” que “su fuego será más terrible que todo lo que el hombre puede sufrir en la tierra”, frase que inspiró las visiones mas terroríficas en la piedad popular.  
        - San Gregorio el Grande (540-604). Doctor de la Iglesia, favoreció el rezo coral y el gregoriano. En sus escritos afirmó: “El remedio más poderoso para aliviar a los fieles difuntos es el sacrificio incruento del altar”. Instituyó las misas gregorianas, consisten en ofrecer treinta misas seguidas por el alma de un difunto. Los cristianos de todos los tiempos han celebrado misas por los difuntos. 
        - San Bernardo de Claraval (1090-1153). Este abad cisterciense gran devoto de la Virgen, es invocado como intercesor de las almas del Purgatorio tal como se representa en la sacristía del monasterio de Fitero. La Virgen  y san Bernardo figuran en un lienzo de ánimas, de principios del siglo XVII. 
        - Santo Domingo de Silos (1000-1073). Conocido “redentor de cautivos”, tal como lo atestiguan las cadenas que cuelgan en los muros de vestíbulo de su capilla en la abadía que lleva su nombre, pasó a ser también redentor de ánimas del Purgatorio. En 1896, después de la restauración de la comunidad benedictina, se creó una cofradía de ánimas que rezaba el oficio de difuntos ante la urna del santo. Los monjes promovieron esta santa devoción y la cofradía contó con una filial en Madrid, a través de su  priorato de Monserrat.  
    
    - San Francisco de Asís. (1181-1226). Está considerado un santo rescatador de almas del Purgatorio, en base a un relato de las Florecillas de S. Francisco, en la Consideración III, donde se narra el milagro de la estigmatización; después Cristo le habla al santo “Te he dado las Llagas que son las señales  de mi pasión para que seas mi portaestandarte. Y como yo bajé al limbo el día de mi muerte y saque de él a todas las almas en virtud de estas mis Llagas, así te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al purgatorio y libres de él, en virtud de tus Llagas, todas las almas que halles de tus tres Órdenes, Menores, Monjas y Terciarios y aun de los que te hubieran sido muy devotos.” A partir de este relato se representa a S. Francisco extendiendo el cordón de su hábito hasta las ánimas del Purgatorio. Un ejemplo lo tenemos en el retablo de Ánimas de Sofán (Carballo, A Coruña). De igual modo aparece en el relieve de la capilla de Ánimas de la catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz). 
        - Santo Tomás de Aquino (1225-1274). El llamado “doctor angélico” escribió un amplio tratado sobre el Purgatorio, en el que subraya el valor de los sufragios a favor de los difuntos. Los tres sufragios más eficaces según santo Tomás: la limosna como efecto de la caridad; la plegaria de acuerdo con la intención que se realiza y la misa, dado que la Eucaristía es la fuente de la caridad y el único sacramento cuya gracia es comunicable; de menor ayuda son el ayuno y la entrega de luces o velas, por considerar obras demasiado externas. En cuanto a las apariciones de los difuntos -las trató en la Suma Teológica- las considera un milagro que permite Dios, mediante obra de los ángeles o de los demonios. Estas apariciones vienen para implorar sufragios a los vivos. Con respecto al lugar geográfico del Purgatorio, lo  definió como “un lugar inferior, subterráneo, contiguo al Infierno” siendo el mismo fuego el que abrasa a los justos que a los condenados, sufriendo la doble pena: de daño y de sentido. 
        - San Nicolás Tolentino (1245-1305). Religioso agustino y gran asceta. Es conocido como el abogado de las almas del Purgatorio. Fue un santo muy popular ya en vida, tuvo fama como confesor y predicó la oración e intercesión por los difuntos. Estando en el convento de Valmanente, una noche le despertaron las voces de un alma del Purgatorio, la de Fray Peregrino de Osimo, que le pidió celebrase la misa de difuntos para que se viera libre de las penas del Purgatorio. El santo se excusó por ser hebdomadario, y por tanto encargado de la misa conventual que debía celebrar según el rito de cada día. El alma de Fray Peregrino le mostró entonces la gran llanura que daba a la ciudad de Pésaro, rebosante de almas en pena que le pedían misericordia. Fray Nicolás tuvo lástima de aquellas almas y celebró un septenario de misas por los difuntos, añadiendo grandes penitencias y ayunos, en sufragio por las almas. Una nueva aparición de fray Peregrino le comunicó que la multitud paciente gozaba ya de la eterna gloria. Este es el origen del septenario de misas de S. Nicolás aprobado por la Santa Sede.
        - Santa Catalina de Génova (1447-1510). Sus escritos fueron recogidos por sus amigos y discípulos en el conocido “Tratado del Purgatorio”,  donde la santa explica los conocidos conceptos de culpa y penas, así de cómo las almas deben purificarse antes de pasar a la presencia de Dios, como enseña a su vez la Iglesia Católica. Recordaba el  deber de los fieles de orar por las benditas ánimas. Junto con San Cayetano ayudó a reafirmar la doctrina del Purgatorio en plena Reforma, tiempo en el que los luteranos pusieron en entredicho este dogma.  
        - San Cayetano (1480–1547). Fundador de los teatinos o clérigos regulares, es conocido como “el cazador de almas del Purgatorio”. Se le representa con el crucifijo en los brazos y a veces con el Niño Jesús. Defendió la misa, la oración y sufragios por los fieles difuntos. En cuanto a las indulgencias consideraba que “son el tesoro que más aprecian las almas del Purgatorio”. Los teatinos, siguiendo a su fundador, mantuvieron las prácticas de piedad a las almas del Purgatorio tales como los lunes de ánimas o las misas capitulares que celebraba cada padre capitular en sufragio de todos los teatinos difuntos. Su imagen figura en el retablo de ánimas de la iglesia de la Coronada. San Roque (Cádiz). En la iglesia de S. Cayetano en Zaragoza los teatinos reflejaron esta tradición a través de un retablo dedicado a Nuestra Sra. de la Agonía, donde la Virgen con el Niño auxilia a un enfermo agonizante.  
        - Santa Teresa de Jesús (1515-1582). La santa abulense relató varias visiones de almas que estaban en el Purgatorio, la más conocida tuvo lugar durante la fundación del convento de San José en Valladolid. Este cenobio se levantó en una casa donada por don Bernardino de Mendoza que falleció antes de terminar las obras. Santa Teresa cuenta en su libro de las Fundaciones como vio el alma de don Bernardino en el Purgatorio. El Señor le comunicó a nuestra santa que dicha alma no saldría de ese lugar hasta que no se celebrara la primera misa en el nuevo convento y fuera expuesto el Santísimo Sacramento.  Este episodio  fue pintado por Rubens que presenta a Cristo de pie y a Santa Teresa arrodillada en actitud de súplica, mientras en el plano inferior están las almas  del Purgatorio y un ángel se dispone a sacar la de don Bernardino de Mendoza. 
        - San Francisco de Sales (1567-1622). Obispo y fundador de las religiosas de la Visitación de Ntra. Sra. (Salesas). Animaba a recordar con mayor frecuencia a nuestros seres queridos ya fallecidos, y ofrecer por ellos oraciones y misas. 
    
    - San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975). Los santos contemporáneos también se han ocupado de las ánimas. San Josemaría decía refiriéndose al Purgatorio: “es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con Él” (Surco 889). Recomendaba tener muy en cuenta a las almas del Purgatorio en la oración y en los sacrificios. De ellas decía “son mis buenas amigas”. 
     En la devoción a las ánimas del Purgatorio jugaron un papel fundamental las cofradías o hermandades de ánimas dirigidas por un hermano mayor y un mayordomo, además de un padre de ánimas. Estos cargos se renovaban el Domingo de Resurrección. Las cofradías fueron y son, en los lugares que aún subsisten, las que promocionan esta piadosa práctica (Iconografía del purgatorio en las iglesias y conventos de Madrid, Vicente Benítez Blanco).                                   
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, de José Maestre, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Iglesia Colegial del Divino Salvador, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Los sitios arqueológicos La Santa, en El Real de la Jara (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos La Santa, en El Real de la Jara (Sevilla).  
     Hoy, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, Solemnidad de Todos los Santos, para ExplicArte los sitios arqueológicos La Santa, en La Puebla de Cazalla (Sevilla).
La Santa I. Se trata de una necrópolis que se sitúa en un corral de ganado a la espalda del cortijo. Las tumbas miden entre 1,8 metros y 2 metros de largo por 0,5 de ancho. Están compuestas las paredes de lajas de pizarra, creemos que previamente fueron excavados en la roca. Además en el cortijo y reutilizados aparecen bloques escuadrados de granito.
     La mayoría de las tumbas aparecen sin la cubierta excepto una. Pertenecen a individuos adultos e infantiles.
La Santa II. Se trata de un despoblado que se construyó en el siglo XIX en cuyas paredes se observan restos constructivos romanos. 
     Está formado por dos líneas de casas paralelas por dónde pasa una calle en medio de las alineaciones. Las casas se conservan en un estado de ruina, aunque sus paredes no están del todo destruidas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Todos los Santos;
CULTO

     La Iglesia necesitó muy pronto celebrar de manera global los innumerables martirios que no contaban con un día de fiesta en el calendario.
   El primer esbozo de este culto apareció en Antioquía y en Edesa, Siria.
   Su introducción en Roma coincide con la consagración del Panteón que el papa Bonifacio IV transformó en Panmartyrion en el año 610, puesto que sustituyó a todos los dioses paganos, cuyas estatuas ocupaban los nichos de la rotonda, por todos los mártires cristianos cuyas osamentas mandara  recoger en las catacumbas. Luego, a los mártires se sumaron los confesores.
   De acuerdo con una tradición popular recogida en la Leyenda Dorada, uno de los vigilantes de la basílica de San Pedro de Roma, que se había dormido durante el transcurso de una ronda nocturna, tuvo un sueño: vio al Rey de Reyes sentado en un trono, entre la Santísima Virgen y San Juan Bautista; hacia él se dirigía una innumerable multitud de mártires, guerreros, ermitaños y vírgenes. Dios ordenó al vigilante que dijera al papa que instituyese una fiesta en honor de todos los santos.
   En 835, el papa Gregorio IV transfirió la fiesta del Panteón, que tuviera lugar el 13 de mayo al 1 de noviembre, y decidió que esta fiesta, que en principio sólo se celebraba en Roma, fuera a partir de entonces una fiesta universal. De esa manera quería ofrecer una reparación a los santos ultrajados en Oriente por los emperadores iconoclastas.
   El nuevo culto, que en Francia fue introducido por Ludovico Pío, está probado por la advocación de cierto número de abadías o de iglesias. La abadía de Toussaint, en Angers, en la actualidad está en ruinas. Además, pueden citarse la Allerheiligenkirche de Schaffouse, y la iglesia florentina de Ognissanti.
ICONOGRAFÍA   
   La iconografía de la fiesta de Todos los Santos de la Iglesia no es muy abundante, pero en cambio ha sido ilustrada por algunas obras de enorme im­portancia en la historia de la pintura, tales como el Políptico de la Adoración del Cordero Místico de Jan van Eyck y el retablo de la Santísima Trinidad de Albrecht Durero.
   Las primeras representaciones de Todos los Santos se copiaron de la iconografía de los Veinticuatro ancianos del Apocalipsis reunidos alrededor del Cristo de la visión de san Juan.
   Pueden clasificarse en dos series, según los santos rodeen al Cordero Místico o a la Santísima Trinidad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Un paseo por el callejón de la Inquisición

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el callejón de la Inquisición, de Sevilla dando un paseo por él.   
     Hoy, 1 de noviembre, es el aniversario de la creación (1 de noviembre de 1478) mediante la bula Exigit sinceras devotionis affectus, cuando se estableció la Inquisición en la corona de Castilla, por parte de Sixto IV, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el callejón de la Inquisición, de Sevilla, dando un paseo por él. 
     El callejón de la Inquisición es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito de Triana, y va de la calle Castilla, al paseo de Nuestra Señora de la O. 
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. Cuando se encuentra cerra­da por construcciones en uno de sus extremos se le llama barreduela o adarve, y en el uso popular callejón, y a veces callejuela. Son muchas las barreduelas que se conservan en el casco histórico como herencia de la ciudad medieval, pero tampoco son infrecuentes en la periferia. Una característica peculiar de las barreduelas es que sus edificios poseen numeración correlativa, mientras que en las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Hasta finales del pasado siglo o comienzos del actual careció de denominación. Se le dio este topónimo por abrirse junto al desaparecido castillo de Triana, donde estuvo el Tribunal de la Inquisición (v. Altozano). Hasta el siglo XIX debió ocupar un espacio sin definir entre el mencionado castillo y las primeras casas de la acera derecha de Castilla; de 1815 se conserva la petición de un particular para ocupar un solar en el lado opuesto de aquél, y en 1914 hay un intento de privatización que fracasa. Por estas fechas se le dota de un pavimento escalonado hacia el paseo Noticias del siglo VIII aluden a la proliferación de escombros y basuras. Quizás para impedir que se arrojasen se instalaría a mediados del XIX una cancela. Hasta fechas recientes estaba definido por dos muros ciegos, uno de los cuales correspondía al mercado. Se acaba de levantar un edificio de viviendas esquina al paseo. En las últimas décadas se había caracterizado por su estado de abandono, utilizándose casi exclusivamente como basurero del mencionado mercado [Mª Carmen Medina, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Inquisición, que da nombre a la vía reseñada;
     La Inquisición española fue una institución fundada en el año 1478 por los Reyes Católicos en España. El conocimiento de esta institución es fundamental para conocer la problemática de los judíos y de los conversos que existía en los reinos peninsulares en la Baja Edad Media y para conocer como se desarrolló la sociedad española durante la Edad Moderna. La Inquisición española investigó a conversos, moriscos, protestantes, etc. y todas aquellas prácticas que iban en contra de la ortodoxia de la Iglesia católica. Esta institución funcionó durante varios siglos, aunque será entre finales del siglo XV y el siglo XVII cuando tendrá una mayor actividad. En esta entrada explicaré sus orígenes, su devenir a lo largo del tiempo y su organización. De esta forma se podrá conocer a esta famosa institución española y comprenderás mejor la vida de las minorías étnico-religiosas en España durante la Edad Moderna.
     La Inquisición pontificia fue creada en el año 1233 por el papa Gregorio IX mediante la bula papal Excommunicamus. En su origen era una institución eclesiástica especial dedicada a la persecución, detención, juicio y castigo de la herejía. Estaba bajo la autoridad directa del papa y se creó con el objetivo de combatir la herejía albigense del sur de Francia. Esta Inquisición pontificia sustituía a la primera inquisición, la inquisición episcopal, que había sido creada por el papa Lucio III a finales del siglo XII mediante la bula Ab abolendam.
     La inquisición pontificia se fue extendiendo a diversos reinos de la monarquía europea, aunque fue encontrando resistencia de algunas monarquías, que no veían con buenos ojos la intervención del papado dentro de sus fronteras. En la península Ibérica, la Inquisición se implantó en el año 1249 en el reino de Aragón, aunque nunca llegó a tener gran influencia. Con el paso del tiempo la institución fue decayendo, aunque seguía estando vigente. En Castilla no llegó a florecer esta Inquisición medieval.
     La razón principal de la creación de la Inquisición española fue para combatir la herejía de los judaizantes, es decir, para ocuparse de los judíos conversos. Ya se ha comentado en otra entrada de este número de la revista digital de La Crisis de la Historia de los problemas que hubo en la sociedad con los judíos durante la Edad Media, que llevó a actos de violencia, como las masacres de 1391. Como consecuencia de esta situación de intolerancia y persecución hacia los judíos, muchos de estos se convirtieron al cristianismos, pasando a ser cristianos nuevos.
     Pero muchas conversiones no habían sido sinceras, sino que fueron consecuencia del miedo que tenían a ser atacados. Por esta razón, en apariencia se convirtieron en cristianos, pero interiormente seguían practicando el judaísmo, manteniendo sus antiguas tradiciones. Esto empezó a despertar el recelo del resto de la sociedad y de la Iglesia española.
     Continuaron habiendo enfrentamientos entre los cristianos viejos y los conversos. Los cristianos viejos denunciaban con frecuencia a los cristianos nuevos y los acusaban de judaizar, a veces con razón y otras veces solamente por odio y temor. El odio hacia el judío era un sentimiento arraigado dentro de la sociedad medieval. Hubo enfrentamientos que acabaron en sangre, como los de Toledo en 1467 y Córdoba en 1473.
     John Lynch señala que muchos enfrentamientos se produjeron entre cristianos nuevos y judíos. La razón era que los nuevos cristianos estaban obsesionados con demostrar su nueva fe y así eliminar sospechas de judaizar, por lo que en ocasiones llegaban a ser los más radicales contra los judíos.
     En este contexto surgieron las razones de la creación de la Inquisición española. Existía un miedo de que se judaizaba por parte de los nuevos conversos, temiendo que extendieran su fe judía a otros cristianos. En un contexto de homogeneización estatal, que iba encaminado hacia una unidad religiosa, se temía que la Iglesia y el Estado se socavaran desde dentro por esta razón.
     Además de una razón religiosa, también habían otras razones de índole económico y social. Por un lado, los judíos, que vivían en las ciudades, eran poseedores de numerosos bienes. Muchos de ellos habían conseguido notables fortunas frutos de sus negocios, por lo que la confiscación de sus bienes era un fruto preciado para la Corona y para la Iglesia, en un contexto de crisis de las finanzas tras su llegada al poder.
     Por otro lado, muchos cristianos viejos de las ciudades, tenían envidia de la posición social de los judíos. Hay que recordar que algunos judíos incluso estaban bien relacionados con la corona debido a sus profesiones como médicos o financieros. La presión social de estas masas también ejerció una influencia dentro de la mentalidad de los dirigentes para crear una institución que vigilara la actividad de los conversos.
     Los Reyes Católicos estaban dispuestos a llegar a la unidad religiosa por lo que estaban dispuestos a emplear cualquier método para conseguirla. Por otro lado, el prior de los dominicos de Sevilla Alonso de Hojeda presionaba a los reyes denunciando la existencia de numerosos conversos que seguían practicando el cristianismo. Pero los Reyes Católicos no actuaban ya que primero debían consolidar su poder dentro de sus reinos.
     Mientras los Reyes asentaban su poder, el papa Sixto IV intentó introducir la Inquisición pontifica en Castilla, aunque no tuvo éxito. Por un lado, querían evitar un aumento de la intervención papal dentro de su reino. Por otro lado, existían numerosos conversos dentro de la administración estatal que, según John Lynch, intentaron impedir la introducción de este tribunal.
     Pero una vez asentada su autoridad en el Estado, los Reyes Católicos pidieron permiso al papa para establecer una Inquisición que estuviera bajo el control de ellos mismos, ajeno a la intervención del papa. El papa Sixto IV, tras algunas vacilaciones, aceptó la petición y mediante la bula Exigit sinceras devotionis affectus, el 1 de noviembre de 1478 se estableció la Inquisición en la corona de Castilla. La bula también establecía que los Reyes Católicos serían los encargados de nombrar a los inquisidores. De esta forma, la Corona accedía a un poder con gran influencia en los siguientes siglos.
     Una vez creada, la Inquisición no lucharía solamente contra los judaizantes. También persiguió a los judíos no conversos y a los moriscos, para después combatir a la herejía protestante, a las sectas, a la brujería y a todos aquellos que no siguieron la ortodoxia de la Iglesia católica apostólica romana. Es decir, persiguieron actos que consideraban que se apartaban de las normas de la Iglesia como la sodomía, la bigamia o la pederastia, por ejemplo. El objetivo final era mantener la pureza de la fe católica.
     La Inquisición tardó 2 años en empezar tras su creación en 1478. En septiembre de 1480 los Reyes Católicos nombraron los primeros inquisidores: fray Miguel de Morillo y fray Juan de San Martín. Estos inquisidores fueron nombrados en Sevilla, de la que se consideraba que era una zona con numerosos judaizantes.
     En Sevilla fue donde se celebró el primer auto de fe. Fue el 6 de febrero de 1481. En este primer auto de fe fueron quemadas vivas 6 víctimas acusadas de judaizar. Era un inicio violento, sin compasiones, reflejo de lo que pasaría en los primeros años de la implantación de la Inquisición española.
     Estos primeros años del tribunal inquisitorial fueron despiadados. Tras el primer auto de fe de Sevilla surgieron tribunales en otros puntos de Castilla. Estos primeros años, hasta el siglo XVI, fueron muy duros y violentos. La Inquisición actuaba severamente. Hubo centenares de víctimas mortales y millares penas de prisión. Era una muestra de la situación opresiva que existía durante los últimos siglos con respecto a los judíos y a los conversos.
     Los conversos apelaron a Roma, a las instituciones locales y a la Corona. Pero no obtuvieron resultado alguno. Pero después, el papa Sixto IV, impresionado por el cariz violento que había tomado la Inquisición en sus inicios, lamentó la concesión del poder inquisitorial a la Corona española e intentó limitar sus poderes y su independencia, lo cual no consiguió. Los Reyes Católicos tenían gran determinación  y mediante las negociaciones del representante español el cardenal Rodrigo Borgia, el papa Sixto IV cedió. No puso impedimento a que Isabel y Fernando tuvieran el control de la Inquisición española y autorizó la creación del Consejo de la Inquisición y el nombramiento de un inquisidor general.
     Así fueron los primeros años de la Inquisición e Castilla. La dureza y la violencia con la que actuó la Inquisición durante estos años le dio fama de dura y violenta, quizás no sin razón. Era un periodo de implantación, donde querían mostrar todo su poder y dar ejemplo a los que seguían judaizando. A partir de 1495 la represión y violencia disminuyó, aunque no desapareció, existiendo a partir de entonces distintos periodos de mayor o menor represión, de la que se hablará posteriormente.
     Tras la creación en Castilla de la Inquisición faltaba ponerla en práctica en la corona de Aragón. Aunque la Inquisición pontificia de origen medieval continuaba en la teoría existiendo, no ejercía ninguna actividad. Los Reyes Católicos, una vez creada en Castilla, tuvieron la intención de implantarla en Aragón con el objeto de tener un mayor poder en estos territorios.
     Pero la implantación de la Inquisición encontró resistencia en los reinos de la Corona de Aragón debido al temor de las noticias de los juicios que venían de Castilla y a que se veía como un agente externo de intervención que podía amenazar los intereses económicos de ciertos grupos. Sixto IV también había prohibido el establecimiento de esta nueva Inquisición en la corona de Aragón en 1482, producto de ese lamento que tuvo el papa al ver las primeras acciones inquisitoriales en Castilla.
     Pero nada podía parar la determinación de los Reyes Católicos. Fernando consigue establecer en 1484 el Tribunal de la Inquisición en Aragón. Al principio no contó con mucho favor, pero a partir del asesinato del inquisidor don Pedro de Arbués en Zaragoza en 1485 a manos de conversos la opinión pública cambió de opinión, provocando la consolidación de la Inquisición en Aragón y un recrudecimiento de la persecución a los conversos de los reinos de la Corona de Aragón.
     Tomás de Torquemada fue el primer inquisidor general de la Inquisición española. Este primer inquisidor general forma parte de la leyenda negra de España, ya que se le acusó de fanático religioso y de ser gran severo con los herejes y los conversos. Su periodo como inquisidor general también fue el periodo con mayor violencia del tribuna inquisitorial, aumentando así la leyenda negra de este primer inquisidor.
     Sin embargo, no se conoce mucho en relación a su biografía. Solamente se destaca que tuvo antepasados conversos, que era piadoso, sombrío, austero, difícil de corromper y de gran integridad.
     A pesar de lo que se piensa generalmente, Torquemada no fue uno de los artífices de la creación de la Inquisición española. Pero sí es verdad que a partir de su nombramiento como primer inquisidor general a partir de 1483 empezó a dar forma a la organización definitiva de la Inquisición española.  Torquemada elaboraría hasta el año de su muerte, 1498, unas instrucciones que definieron la constitución del tribunal y sus procedimientos.
     Torquemada ayudo a  convertir a la Inquisición española en una institución eficaz, autónoma e independiente de Roma. Como inquisidor general había recibido el poder de poder modificar las normas de la Inquisición pontifica para adaptarla a la Inquisición española que el papa había aprobado. En definitiva, institucionalmente la Inquisición se convertía en un instrumento del estado independiente del poder de Roma.
     Los inicios de la Inquisición fueron muy severos. En estos primeros años tras su implantación hubo muchos juicios y condenas a muertes. Tras este duro periodo, el número de condenados a muertes disminuyó, aunque hubo épocas con distinta actividad. Es por ello que diversos hispanistas, como Joseph Pérez o Henry Kamen, han dividido la actividad de la Inquisición española en diversos periodos.
     Un primer periodo sería esa fase de inicio dura, con numerosas ejecuciones que acaeció desde su implantación hasta el final del siglo XV. En esta fase la represión fue dura por su proximidad con el conflicto social existente con los judíos y con los conversos y que acabaría con el exilio o la conversión forzosa de los judíos.
     Un segundo periodo ocurriría en la primera mitad del siglo XVI, con un menor número de ejecuciones. Con la llegada de Carlos I, que en los inicios de su reinado tenía su ideal erasmista, muchos conversos confiaron con esperanza que el nuevo monarca aboliera esta institución. Pero el devenir de los acontecimientos en el interior de España y en Europa no ayudaron a que se eliminara esta institución ya que aparecía un nuevo problema para la religión católica: el luteranismo. Durante este segundo periodo la Inquisición, además de ocuparse de los conversos y de los moriscos, vigilaron los brotes protestantes que iban apareciendo, aunque escasos, en los reinos peninsulares.
     Un tercer periodo llegaría en la segunda mitad del siglo XVI. La Inquisición española se ocuparía principalmente del problema morisco y de los focos protestantes que iban surgiendo.  Los principales procesos contra los protestantes se realizarían a inicios del reinado de Felipe II, siendo los más importantes los que sucedieron en Valladolid y Sevilla. Estos procesos acabarían prácticamente con los intentos de implantar un protestantismo en España.
     Por otro lado, la Inquisición luchaba contra los moriscos, cuyas tensiones aumentaban, acabando con la insurrección de las Alpujarras a finales de los años 60 del siglo XVI y con la expulsión de los moriscos en 1609, durante el reinado de Felipe III.
     También empleó Felipe II a la Santa Inquisición para hacer frente al problema en el marco de los sucesos llamados las Alteraciones de Aragón, demostrando que la Inquisición, además de salvaguardar la fe católica, era un instrumento de la monarquía, ya que tenía la ventaja que dependía directamente de la Corona y la institución tenía competencia en todos los territorios peninsulares.
     Posteriormente llegó un periodo más tranquilo. Con la llegada de Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares, las ejecuciones menguaron, sobre todo debido a que Olivares era poco favorable a la Inquisición. Sin embargo, tras la caída del conde-duque en 1643, el tribunal se vio más libre para realizar sus actividades con más dureza, aumentando el número de condenas y ejecutados.
     En el siglo XVIII la Inquisición española dejó de tener el peso que había tenido en siglos anteriores. Aunque esta institución no se eliminó con la llegada de los borbones a la corona española, la actividad de la Inquisición disminuyó a lo largo del siglo XVIII. Habían varios motivos para ello, como por ejemplo la llegada de las ideas ilustradas, el menor apoyo social o la lejanía con el tiempo de los recién conversos.
    Los ilustrados españoles propondrían en la segunda mitad del siglo XVIII una reforma de esta institución española. Las ideas ilustradas no veían con buenos ojos los métodos inquisitoriales y lo que esta institución representaba. Por este motivo, el santo oficio, ante la llegada de estas nuevas ideas, se dedicaría a combatir a los ilustrados.
     Pero con la llegada de las tropas napoleónicas a España llegaba una nueva edad. En 1808 Napoleón anuló el tribunal de la Inquisición en España. Las Cortes de Cádiz de 1812 también abolieron esta institución. Ninguna de las 2 Españas que estaban luchando en la Guerra de la Independencia querían a esta vieja institución.
      Pero con el fin de la guerra, la vuelta del rey Fernando VII y la vuelta de las ideas absolutistas de este rey Borbón, la Inquisición fue restaurada. Durante el Trienio liberal (1820 – 1823) fue otra vez abolida, ya que los liberales eran contrarios a esta vieja institución que era símbolo de la España absoluta. Finalmente, la Inquisición fue abolida el 15 de julio de 1834 mediante Real Decreto durante la regencia de María Cristina, madre de la reina Isabel II, que por entonces era menor de edad. Era el fin definitivo de la Inquisición española, que había existido en España durante 356 años.
     La Inquisición española fue una institución fundada en el año 1478. Aunque ya existía una inquisición pontifica en Europa, la Inquisición española gozaba de características particulares que la hicieron tan importante. La característica más importante es que dependía directamente de la Corona española, dando mucho poder a los reyes, los cuales emplearon en diversas ocasiones al Santo Oficio como instrumento político.
     Las cifras de ejecutados por la Inquisición española son controvertidas, influyendo mucho la leyenda negra asociada a esta institución. Joseph Pérez estima que en toda la historia de la Inquisición se produjeron unas 125.000 causas. Esto es una tercera parte de las dadas por el clérigo Llorente a inicios del siglo XVIII. No obstante, sobre las cifras de condenados sigue existiendo un debate.
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

El callejón de la Inquisición, al detalle:
Azulejo conmemorativo de la riada del 10 de marzo de 1892

sábado, 31 de octubre de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, Vidrios de Castril, y Castillo) de la localidad de Castril, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, Vidrios de Castril, y Castillo) de la localidad de Castril, en la provincia de Granada.
     Castril de la Peña está ubicado en la falda de un rocoso peñón, al norte de la provincia de Granada, lindando con la provincia de Jaén y con el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. La Sierra de Castril, declarada parque natural, se caracteriza por su espectacular relieve y la abundancia de corrientes de agua, grutas y galerías. En la Sierra Seca se encuentra la Cueva del Muerto, en la que se pueden apreciar numerosas estalactitas y estalagmitas, y la Cueva de don Fernando, la más profunda de la provincia. El río Castril recorre de norte a sur estas sierras, entre cañones, cascadas y simas.
     El núcleo urbano de este municipio está caracterizado por sus pronunciadas calles y por la uniformidad de sus viviendas de baja altura, de fachadas cerradas y blancas, adaptadas al terreno. Entre sus lugares de interés destacan los restos de murallas y torres árabes, la Peña del Sagrado Corazón y el mirador de El Cantón, desde el que se contemplan extraordinarias vistas.
     En el año 1982, Castril, gracias a la conservación de su entramado urbano, fue declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico debido a sus valores históricos, artísticos y paisajísticos.
     Castril destacó durante muchos años por su artesanía del vidrio, que aún conserva. El municipio tiene una fiesta para cada estación del año, aunque la feria grande en honor a la Virgen de los Dolores, declarada de Interés Turístico Nacional, comienza el primer fin de semana de octubre, destacando los encierros taurinos al más puro estilo de los Sanfermines. Castril cuenta con los siguientes anejos: Fátima, Fuentes de Tubos, Almontaras, Fuentevera y Campo de Cebas.
     Desde 1997 existe en Castril un vínculo de amistad y colaboración con el Nobel de Literatura José Saramago, debido a que está unido sentimentalmente con la castrileña Pilar del Río. El municipio le ha dedicado su biblioteca pública a este escritor portugués y le ha nombrado Hijo Adoptivo.
     Región: Geoparque de Granada
     Código Postal: 18816
     Distancia desde Granada: 157 Km
     Gentilicio: Castrileños
     Acceder a su website: www.castrilturismo.es (Diputación Provincial de Granada).
   Las particulares condiciones orográficas de esta localidad hacen que el popular entramado urbano se adapte y se agolpe a través de la ladera de la montaña, coronándose ésta por la espectacular peña que da nombre a la población. De su pasado romano permanecen restos de un puente, pero será en época musulmana cuando se convertirá en ciudad fortificada, llegando Castril a ser uno más de los castillos medievales que surcaban esta fronteriza comarca. En 1490 los Reyes Católicos lo otorgan en señorío a don Hernando de Zafra por los numerosos servicios prestados a estos monarcas, quedando como auténticos dueños de la localidad y sus tierras. Inmediatamente emprende este personaje la repoblación de su señorío y establece en él la importante industria vítrea que lleva su nombre: los vidrios de Castril (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Castril se encuentra situado en el sector noroccidental de la provincia de Granada, en el límite con la de Jaen. La mayor parte de su término municipal está ocupada por la sierra del mismo nombre, perteneciente al Subbético y declarada Parque Natural gracias a su espectacular relieve, fruto de la acción de las aguas corrientes sobre la roca caliza. El Parque Natural es atravesado, de norte a sur, por el río Castril y presenta una variada vegetación arbórea que va desde los bosques de pino salgareño en las cumbres más altas hasta las choperas que orlan las riberas de los ríos. El núcleo urbano principal se ubica en la falda suroriental de la citada sierra cerca del contacto entre el Subbético y el Surco Intrabético (Hoya de Baza).
     El municipio de Castril pertenece a la Demarcación Paisajística de Hoyas de Guadix, Baza y Los Vélez.
     La sierra de Baza separa las Altiplanicies de Huéscar y de Baza. Por los otros extremos la Altiplanicie de Huésca, donde se encuentra el conjunto, se ve bordeada por la orla caliza del Subbético: Cazorla, Segura, Sagra, María. Todas estas unidades orográficas individualizan este territorio del resto de la Andalucía Oriental. El río Castril bordea a la población por su lado Occidental discurriendo a una altitud media de 830 metros. Al constituirse la actual red hidrográfica, Guadiana Menor y sus afluentes se cortaron los depósitos detríticos en unos 300 metros de profundidad, cincelando un prodigioso paisaje.
     En un promontorio elevado en la margen izquierda del Río Castril, al pie de una Peña de laderas casi verticales (donde estaba el primitivo asentamiento), en las estribaciones de la Sierra Seca. Sus altitudes más significativas son: La Peña, 956,1 m.; Ctra. acceso, 931,0 m.; Iglesia, 910,4 m.; Pza. Ayuntamiento, 902,7 m.; Puente sobre el Río, 841,0 m.
     El Núcleo, con forma de semicírculo, ocupa una ladera orientada al oeste, rodeada de zonas de cultivo y arbolado en terrazas.
     El viario urbano responde a  un esquema de construcción de calles tortuosas siguiendo la pendiente del terreno. 
     Morfológicamente su estructura urbana consiste en un conjunto de callejuelas árabes que se adaptan a la fuerte topografía del terreno, destacando la calle del Carmen como vía principal de unión entre la carretera comarcal y la Iglesia Parroquial.
     La trama es irregular de calles estrechas y tortuosas, con fuertes pendientes en algunas transversales.
     Parcelación en manzanas pequeñas, cerradas  y con poco fondo, generalmente de forma largada y con importantes desniveles entre fachadas opuestas. Tipología tradicional con parcelas alargadas y viviendas de una sola planta.
     Casi la totalidad del caserío son viviendas populares. Suelen tener dos plantas, con cubierta de tejas árabes, a una o dos aguas y el caballete paralelo a la fachada. Las casas de más categoría tienen generalmente un patio interior y se muestran a fachada generalmente con balcones, mientras que las viviendas de menor rango el patio se transforma en corral trasero, respondiendo claramente a la menor dimensión de las parcelas.
     Existe también un grupo de viviendas tradicionales burguesas, en su mayoría de finales del XIX- comienzos del XX, caracterizadas por tener un patio interior y fachada encalada con sus elementos arquitectónicos resaltados en colores cálidos, carpintería y balcones de forja, destacando los ejemplos que encontramos en la calles Carmen, Baza y Hernando de Zafra.
     De su pasado romano quedan restos de un puente pero será en época musulmana cuando adquiera importancia y se convierta en recinto fortificado, siendo su  entramado viario laberíntico y tortuoso producto de este pasado musulmán así como de su peculiar orografía.
     Existen desarrollos recientes ocupando la ladera, hacia el noroeste, con actuaciones aisladas, sin una estructura clara y con claras discontinuidades con la trama histórica (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     Castril se remonta a la época de dominación púnica en la comarca. El historiador Tito Livio escribió que aquí fue derrotado y murió el general cartaginés Amílcar Barca. Los romanos fueron los primeros en utilizar la Peña como protección para un campamento militar que más tarde sería villa.
     Durante la época árabe se convirtió en ciudad fortificada bajo la denominación de Qastalla. Desde 1319 fue asediada por los cristianos, y fue cambiando de manos en varias ocasiones hasta la conquista definitiva en 1489 por parte de los Reyes Católicos. En 1490 la casa de Zafra, regentada por don Hernando de Zafra, obtuvo el señorío de Castril y una Carta Puebla que le permitía repoblar el lugar tras la expulsión de los moriscos. En este momento, se levantaron las casas, la iglesia y los edificios que dieron forman al actual municipio.
     En el siglo XIX el pueblo fue incendiado por las tropas napoleónicas y sirvió de escenario para la batalla del Llano de los Tubos durante las guerras Carlistas (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles.-
     Es un edificio de mediados del siglo XVI como certifica el escudo del cardenal toledano Tavera, testimonio asimismo de la confusión castellano­ accitana por el gobierno espiritual de la zona, quedando Castril adscrito a la diócesis de Guadix. El templo fue muy dañado en la Guerra de la Independencia, en la que ardió su armadura mudéjar.
     De lo que hoy observamos, destaca de una ma­nera especial la obra de su renacentista portada Sur, para la que entregaría trazas Alonso de Covarrubias, maestro mayor de la archidiócesis toledana, erigiéndose en una espléndida muestra de puerta toledana en unos parajes meridionales, obra emparentada muy directamente con otras intervenciones de Covarrubias en Toledo o, incluso, Salamanca y Santiago. Daría las trazas probablemente en el viaje que realiza a Baza en 1533, realizándose a partir de este año. La portada Norte, de principios del seiscientos, tiene menos importancia y repite modelos clasicistas más toscamente realizados.
     En cuanto al interior del templo, apreciamos tres naves, hoy en día abovedadas, pero que en su momento estaba coronado en su sección central por una armadura mudéjar destruida en el período napoleónico. La disposición de pilares cruciformes, desde los que salen los arcos de medio punto que dividen el espacio longitudi­nal con capiteles de adscripción dórica sin entablamento y sin buscar la proporción clásica, emparentan claramente el diseño con la per­petuación de las formas de raigambre gótica o, máxime, con las formas iniciales de Covarrubias y su círculo, que tiene en la iglesia mayor de Baza su más destacada actuación, en contra del mayor sentido italianizante de los diseños de Diego de Siloe en Guadix o Huéscar (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, presenta planta basilical de tres naves separadas por arcos de medio punto y pilastras cruciformes. 
     La nave central se cubre con una bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones que se apean en pilastras decoradas con molduras. Las naves laterales se cubren con bóvedas vaídas sobre arcos de medio punto. Existen pequeñas capillas laterales con altares de estilo neoclásico. 
     La cabecera se cubre en su centro con una cúpula sobre pechinas dividida en ocho segmentos y linterna octogonal en su centro. La Capilla Mayor se cubre con bóveda de medio cañón al igual que el Coro situado a los pies de la iglesia con baranda semicircular y recta en los laterales. Las pilastras, lunetos y el intradós de los arcos están pintados de albero y el resto de los paramentos están encalados.
     La torre campanario se halla adosada a la cabecera del templo y encalada hasta el cuerpo de campanas compuesto por cuatro vanos de medio punto, de cantería y rematada por cornisa y pináculos. 
     La portada sur, renacentista al igual que la norte, es de piedra plateresca, centrada por un arco de medio punto que se apea en impostas, sin decoración y jambas decoradas con grutescos. El arco, en su trasdós, se decora con querubines y motivos renacentistas y se encuentra enmarcado por dos columnas con capiteles compuestos. El friso está decorado con ángeles y jarrones y a ambos lados hay salientes con relieves esculpidos. El frontón se corona con una cruz y a los lados dos jarrones con hojas de acanto. 
     La portada norte, elevada con una escalinata, está formada por dos cuerpos. El primero se compone por un arco de medio punto que alberga la entrada, con una  ménsula en su clave, apoyado en impostas y jácenas cajeadas; a los lados hay dos columnas con capiteles corintios. Encima tenemos el segundo cuerpo, de dimensiones mucho más reducidas, compuesto por una hornacina en la que hay una imagen de una Virgen con el Niño, estando aquella flanqueada por dos pilastras y rematada por un entablamento con un frontón triangular, decorado en sus vértices con dos pináculos y una cruz como acrótera.
     En 1490 los Reyes Católicos otorgan Castril en señorío a don Hernando de Zafra como pago a sus servicios a la Corona. 
     Él fue el promotor de esta obra, cuya erección se promulga en una bula del 21 de mayo de 1492 del arzobispo de Toledo, a la sazón don Pedro González de Mendoza.
     En un primer momento el templo perteneció a la diócesis de Toledo, como queda patente por el escudo del cardenal toledano Juan Tavera de mediados del XVI que se halla en el tímpano de la puerta sur. Posteriormente la iglesia pasó a pertenecer a la diócesis de Guadix.
     La construcción se inicia a finales del XV dilatándose durante la primera mitad del XVI, con añadidos en el XVII, como la puerta norte o de la Lonja. La portada sur o del Sol, para la que dio trazas Alonso de Covarrubias hacia el 1533 (periodo en el que el autor estaba activo por la zona del norte de Granada), se conserva muy deteriorada pero es la más interesante artísticamente, reflejando un estilo plateresco de raíces gotizantes, característico de Covarrubias, en contraposición a modos más italianiazantes contemporáneos, como el de Siloé, presente en las catedrales de Guadix y Granada.
     La nave central estaba cubierta por una armadura mudéjar que fue destruida en un incendio durante la invasión napoleónica, el 26 de junio de 1810. De este incendio queda constancia en los ennegrecidos sillares de la puerta del Sol (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Iglesia del siglo XVI, aunque el coro y la capilla lateral son añadidos del siglo XIX. De sobrio estilo renacentista, tanto su parte exterior como interior ofrecen una gran simplicidad decorativa, a excepción de las llamadas Puerta del Sol y de la Lonja que cuentan con una decoración algo más profusa.
     En el interior de la iglesia se encuentra un Nazareno del siglo XVIII y la patrona, la Virgen del Rosario, del mismo siglo. En la sacristía se ubica un pequeño museo de objetos de orfebrería y bordados de terciopelo. A su entrada encontramos un cuadro de la escuela tenebrista granadina (Diputación Provincial de Granada).

Vidrios de Castril.-
     La producción de vidrio de Castril, la más importante del sur de España desde el siglo XVI al XIX, la inicia Hernando de Zafra tras comprobar la existencia en este territorio de los materiales necesarios, arenas silíceas y frondosos bosques madereros.
     Esta manufactura marcará la vida castrileña hasta finales de la pasada centuria -el último horno se cierra en 1878-, siendo vidrios en un  principio, de características populares, que fueron evolucionando paulatinamente hasta conseguir ejemplos de un alto refinamiento estético, caracterizándose por su color verde amarillento. La importancia fue tal que irradió a toda Anda­lucía, abriéndose numerosas fábricas que hacían vidrios semejantes (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Castillo.-
     El yacimiento se sitúa en un cerro al sur del centro urbano de Castril, a una altura de 956 metros sobre el nivel del mar y está delimitado por el oeste y el sur por el río Castril. Por la ladera del cerro se distribuye, entre otras, cerámica medieval de época nazarí (XIII-XIV). En la cima queda un lienzo de muralla que pudo pertenecer al castillo almohade, según las fuentes escritas, junto a fosas medievales expoliadas y estructuras de planta rectangular dentro del abrigo, tratándose de una posible necrópolis.
     Son abundantes los restos conservados de los tres recintos, consistiendo la mayor parte de ellos en muros de mampostería que cierran los espacios que dejan las rocas. En el primero se encuentra el camino de subida que, tras la desaparecida puerta, asciende entre dos murallas, una a la izquierda que lo defiende de los ataques exteriores y otra a la derecha que lo controla desde arriba. Desde este último espacio, que debió servir de plaza de armas, se aprecian los restos conservados del segundo recinto, consistente principalmente en una torre semicircular y un gran baluarte que quizás constituyó la torre del homenaje, hoy desmochado y transformado en una plataforma sobre la que se ha situado una imagen del Sagrado Corazón. Tanto las torres mencionadas como otras de las que quedan restos en estos dos recintos, se colocan en la zona este, ya que por el lado contrario la fortaleza es inexpugnable naturalmente.
     El tercer recinto, al sur de los anteriores, lo constituye un espacio alargado y sensiblemente triangular, acotado en sus dos lados mayores por dos grandes rocas, sobre las que hay restos de construcciones. En el terreno se sitúan, al noreste, el desaparecido acceso y al noroeste, una torre de mampostería con aparejo formando hiladas de piedras medianas y pequeñas. En el tercer ángulo, al sur, hay un muro escalonado de mampostería, enfoscado exteriormente, que cierra el espacio entre las dos grandes rocas y que quizás se usase para pasar de una a otra por su coronamiento. De ser esto así, en la actualidad se conservan unos 15 metros de altura de los casi 30 metros que debió tener. A partir del escalón intermedio, al muro se le trasdosó otro por el interior, posiblemente para conseguir más anchura en su parte superior.
     En el centro de este último espacio triangular, se sitúa el aljibe de la fortaleza. Se encuentra enterrado por su lado sur, ya que ha sido parcialmente excavado en época reciente, encontrándose los restos muy por debajo de la rasante actual del terreno, formado en esta zona por una gruesa capa de relleno. Lo que se ve conforma un espacio rectangular de medidas interiores 6,60 x 2,30 metros, no pudiendo observarse en ningún punto la existencia del pavimento original, por encontrarse lleno de tierra y vegetación. Rodea los tres lados recubiertos un muro escalonado de hormigón de cal, pudiendo tratarse dicho resalte del lugar donde apoyara la bóveda que lo cubriría y de la que no quedan restos visibles, o bien de un doble muro interior, construido para evitar filtraciones, dado que es fácil que se puedan producir grietas por asientos, ya que está construido en una hendidura entre las dos grandes rocas mencionadas anteriormente. Prueba de su mal asiento es la rotura que dicho muro presenta en su ángulo noroeste y que comunica con una sima de la roca.
     Como la mayoría de los muros y torres carecen de cimentación, por encontrarse construidos en el borde de una escarpada peña, no es difícil que existan continuos deslizamientos de los mampuestos, por lo que poco a poco va cayendo por las empinadas laderas hasta el lecho del río Castril o, como ya ha sucedido en alguna ocasión, hasta las casas de la población que se localizan bajo el cerro, sobre todo por su cara este, entre las que se encuentra, a escasos metros, la iglesia parroquial, buena obra de fábrica de sillería del siglo XVI.
     El gran muro situado al sur, presenta socavada su base, por lo que sólo asienta sobre los laterales de la roca, trabajando como arco. Al mismo tiempo, tiene un gran agujero en los dos muros adosados en la parte alta, que llega hasta el escalón exterior.
     En las fábricas de mampostería de sus muros se aprecian varios tipos, lo que parece indicar que se han construido en épocas distintas, en algunos casos reparando faltas anteriores.
     Los restos cerámicos encontrados en la ladera del cerro, ya mencionados en la descripción, datan de una ocupación medieval que se remonta al siglo XI (también se han encontrado restos cerámicos romanos y prehistóricos que no interesan en este caso). Está constatada su existencia en el periodo almohade y el castillo de Castril es ya citado por fuentes musulmanas en el siglo XII (hisn de Qastal). Algunos autores afirman que el río Guadiana Menor discurría a través de esta fortaleza, brotando a través de una roca que se ubicaba en la plaza de armas.
     Es en el periodo nazarí cuando se configura definitivamente, apareciendo como "villa" de frontera de gran importancia por ser una de las fortalezas nazaríes más cercanas a la frontera cristiana del Adelantamiento de Cazorla. En efecto, por su posición, Castril se encontraba en una zona fronteriza fuertemente militarizada en ambos bandos. Consecuencia de esto son las sucesivas escaramuzas e incursiones, que motivaban sucesivos cambios en el mando de la fortaleza, de manos musulmanas a cristianas y viceversa.
     La definitiva ocupación castellana supuso un cambio sustancial, sobre todo por la integración de las alquerías de Lezas y Cebas. Tras su toma, en 1490 se otorga el señorío de Castril a Fernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos. La actual población fue erigida un año después de la conquista castellana.
     En 1998 se realizó en el interior de su recinto una intervención arqueológica de urgencia que documentó una serie de estructuras como una gran torre poligonal (posiblemente la antigua torre del homenaje) que ahora sirve de peana a una imagen religiosa, el aljibe inferior y el cerramiento amurallado del lado sur. También se documentó la zona de acceso desde la villa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).-
     Desde antiguo, Castril ha tenido un gran valor estratégico, sobre todo en el período Nazarí, ya que controlaba el pasillo del Guadiana Menor. Esta vía ponía en comunicación las importantes ciudades de Baza y Guadix con la alta Andalucía, sirviendo de vía de penetración y confrontación entre los ejércitos castellanos del norte del Guadalquivir y las tropas Nazaríes.
     A mediados del siglo XIII, tras la conquista cristiana de Murcia, se fija la frontera con el reino nazarí de Granada quedando protegida por los musulmanes mediante una sucesión de fortificaciones para control de la región. El Castillo de Castril fue una parte fundamental de esta línea de defensa.
     El Castillo de Castril, de origen Almohade, pronto se constituye en el mejor bastión defensivo posible ya que su majestuosa presencia encaramado en la Peña junto a lo abrupto del entorno y el infranqueable cañón del río Castril, disuadían de inmediato al posible invasor. El Castillo de Castril es un magnífico exponente de la arquitectura militar del periodo islámico en la Península Ibérica, su control motivó continuas luchas entre árabes y cristianos. En 1488 paso definitivamente a manos de éstos tras la rendición a los Reyes Católicos del último alcaide moro.
     Los recintos que componen la fortificación están adaptados a la topografía y definidos por muros y bastiones de los que actualmente quedan pocos restos. A finales de los años sesenta se incorporaron algunos añadidos y fue objeto de restauraciones que no respetaron la traza original y desvirtuaron la imagen de la fortificación. La adaptación de las estructuras defensivas a la roca o promontorio en la que se asientan es habitual en las construcciones militares. En Castril esta ‘simbiosis’ alcanza uno de sus mayores exponentes: Peña y Castillo de Castril son un todo perfectamente entrelazado.
     La fortaleza está constituida por dos niveles diferentes. El superior estuvo dedicado al ámbito militar en el cual se distingue la parte destinada a la nobleza y la parte destinada al ejército, y el inferior fue para la población civil. Distintas torres servían de protección y de puesto de vigilancia ante posibles ataques. La restauración finalizada en 2013 sacó a luz los diferentes elementos que constituían la fortaleza: aljibes, la mezquita, torres, murallas, canalizaciones, empedrado, adarve, escaleras, estancias, etc (Diputación Provincial de Granada).
     
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