Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

martes, 27 de enero de 2026

Un paseo por la calle Azafrán

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Azafrán, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Azafrán es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio de Santa Catalina, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Santiago, Juan de Mesa, y plaza Ponce de León, a la calle Muro de los Navarros.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Hay constancia de que recibe esta deno­minación al menos desde finales del s. XVI. No se conoce el origen de su nombre, pero es posible que antiguamente se vendiera allí tan preciada especia. Su condición de vía larga y estrecha, el irregular trazado de su planta y la confluencia con Santiago frente a la iglesia de Santa Catalina, hacen pensar en un primitivo camino que llegaba a la ciudad a la altura de una puerta de la muralla romana, situada junto a Santa Catalina. A ella confluyen, por la acera de los pares, Ave María y Cenicero, y por la de los impares, Arapiles y Salinas. Ya desde el s. XVI se canalizaban por Azafrán las cañerías de desagüe del Corral del Conde, a las que se unían las de las casas próximas; ello ocasionaba malos olores y, como consecuencia, continuas peticiones de limpieza y empedrado, repitiéndose solicitudes y acuerdos municipales en este sentido a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII; finalmente, fue adoquinada entre 1906 y 1911. Actualmente cuenta con pavimento de adoquín en buen estado de conservación, carece de aceras y conserva antiguos guardaejes para proteger las fachadas de la circulación rodada. Pre­dominan las viviendas de tipo tradicional y construcción de dos y tres plantas, en algunos casos muy deterioradas e incluso deshabitadas; también se han producido sustituciones por bloques entre medianeras de cuatro plantas en los dos últimos decenios. Salvo algún comercio de tipo diario, establecido en los bajos de las viviendas, la calle cumple de forma exclusiva funciones de carácter residencial y soporta escaso trá­fico de vehículos, apenas el de los residen­tes que allí aparcan. En conjunto, pues, todas estas características contribuyen a definirla como una calle trasera, impresión que se refuerza porque las parcelas de mayores dimensiones corresponden a las espaldas del Corral del Conde, con entrada principal por Santiago, y a las de un hotel, con fachada a la plaza del Padre Jerónimo de Córdoba [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Azafrán, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Azafrán, al detalle:
- Corral del Conde

lunes, 26 de enero de 2026

El sitio arqueológico Santa Paula, en Carmona (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Santa Paula, en Carmona (Sevilla).
     Hoy, 26 de enero, celebramos la Solemnidad, en Belén de Judea, de la muerte de Santa Paula, viuda, que pertenecía a una noble familia senatorial. Renunció a todo, distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró con la beata virgen Eustoquio, su hija, junto al pesebre del Señor (404) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte el sitio arqueológico Santa Paula, en Carmona (Sevilla).
     El cortijo fue levantado sin duda sobre una construcción antigua donde subsisten aún sillares, tegulae y ladrillos romanos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Paula; 
   Viuda romana de familia ilustre que tuvo como maestro a san Jerónimo junto al cual fue a acabar sus días en Belén, con su hija santa Eustoquia. Allí murió en 404. Su tumba fue cavada en la gruta de la Natividad y san Jerónimo compuso su epitafio.
   La catedral de Sens pretendía poseer el cuerpo de santa Paula desde el siglo IX.
   Suele estar representada en las iglesias de los monasterios jerónimos de los cuales es patrona. Sus atributos, copiados de su maestro san Jerónimo, son la Vulgata, traducción latina de la Biblia, y un crucifijo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Santa Paula, en Carmona (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Carmona (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

La imagen de Santa Paula, de Andrés de Ocampo, en el Retablo Mayor de la Iglesia del Convento de Santa Paula

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Santa Paula, de Andrés de Ocampo, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa Paula, de Sevilla.     
     Hoy, 26 de enero, Solemnidad, en Belén de Judea, de la muerte de Santa Paula, viuda, que pertenecía a una noble familia senatorial. Renunció a todo, distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró con la beata virgen Eustoquio, su hija, junto al pesebre del Señor (404) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de Santa Paula, de Andrés de Ocampo, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa Paula, de Sevilla.
     El Convento de Santa Paula [nº 36 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 74 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encuentra en la calle Santa Paula, 3-5-7-9, en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
     La Iglesia del Convento de Santa Paula, la preside el retablo mayor, en madera dorada, es obra barroca de José Fernando de Medinilla (1730) que sustituyó al antiguo retablo de Andrés de Ocampo (1592). De este antiguo retablo de Ocampo se conserva la figura de Santa Paula, la fundadora de la rama femenina de la Orden, y las imágenes de San Blas y de San Agustín, identificable por la maqueta de la iglesia que porta sobre sus manos. De Medinilla son las imágenes de de San José y de San Antonio de Padua. Se articula mediante estípites que delimitan cuerpos y calles, estando coronado por un relieve con el tema de la penitencia de San Jerónimo en el desierto (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
     Santa Paula (obra de Andrés de Ocampo de estilo barroco, de hacia 1590-1599, y con unas medidas de 1'44 x 0'60 x 0'60 mts.), en la que la santa ha sido representada de pie, vestida con el hábito blanco y negro de la orden, teniendo su escapulario, bordes del manto y bordes de su túnica estofado con temas vegetales. Santa Paula porta en su mano izquierda un crucifijo, mientras que en la derecha lleva un libro abierto. La imagen se completa con una diadema de plata (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Paula, viuda; 
     Viuda romana de familia ilustre que tuvo como maestro a san Jerónimo junto al cual fue a acabar sus días en Belén, con su hija santa Eustoquia. Allí murió en 404. Su tumba fue cavada en la gruta de la Natividad y san Jerónimo compuso su epitafio.
     La catedral de Sens pretendía poseer el cuerpo de santa Paula desde el siglo IX.
     Suele estar representada en las iglesias de los monasterios jerónimos de los cuales es patrona. Sus atributos, copiados de su maestro san Jerónimo, son la Vulgata, traducción latina de la Biblia, y un crucifijo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Andrés de Ocampo, autor de la obra reseñada;
     Andrés de Ocampo. (Villacarrillo, Jaén, 1555-1560 – Sevilla, 10 de enero de 1623). Arquitecto de retablos y escultor.
     Fue hijo de Francisco de Ocampo, de profesión ingeniero, y de Isabel Núñez; tradicionalmente se había considerado como fecha de su nacimiento 1555, pero en 1986 Luz de Ulierte retrasó el acontecimiento hasta 1560. Nada se conoce de sus primeros años, que se supone que debieron de transcurrir en su tierra natal, ni tampoco en qué fecha tuvo lugar su traslado a Sevilla; se ha supuesto, no obstante, que pudo ser en torno a 1567, para ingresar en el taller de Jerónimo Hernández, con quien más tarde le unirían también lazos familiares. Si se admite la hipótesis de Ulierte, habría que retrasar, al menos en un lustro, su llegada al taller sevillano del maestro abulense.
     La primera fecha, constatada documentalmente, de su establecimiento en Sevilla corresponde a enero de 1575, cuando realizó el examen del gremio, requisito imprescindible para actuar como maestro escultor, entallador y arquitecto; a partir de ese momento, se inició para el joven jiennense una fecunda vida profesional, desarrollada básicamente en el antiguo territorio del arzobispado sevillano. Y es también en ese año, en marzo, cuando contrajo matrimonio con Isabel de Torres, unión de la que nació una hija, Isabel, que andando el tiempo profesó en el Monasterio jerónimo de Santa Marta de Córdoba. Es probable que su esposa muriera en el parto, ya que en julio de 1576 el maestro contrajo nuevas nupcias con Catalina Ponce, hija del arquitecto Hernán Ruiz el Joven, con la que tuvo dos hijas, Andrea y Catalina. Casó por tercera vez en 1604 con Catalina de Paredes, y en 1608 casó por cuarta y última vez con Francisca Maldonado; de estos dos matrimonios no tuvo descendencia.
     Probablemente fueron razones laborales las que motivaron el traslado de Andrés de Ocampo a Córdoba, ciudad donde residió desde 1581 hasta 1585. A este período corresponden al menos dos obras importantes: el retablo mayor del Monasterio de Santa Marta y el tabernáculo para el Monasterio de los Huérfanos, ya desaparecido. En torno a 1591 Ocampo abandonó Córdoba para trasladarse a Granada, centrando ahora su actividad en obras de carácter civil, pues trabajó en el conjunto palaciego que se construía en la Alhambra para el emperador Carlos. De su mano se conservan relieves de temática alegórica y mitológica que adornan las fachadas del citado palacio.
     La documentación ha revelado, sin embargo, que esas estancias de Ocampo en Córdoba y Granada no supusieron un paréntesis en su actividad sevillana, pues en esos mismos años consta su actividad en numerosas obras tanto en la capital, caso de los retablos mayores de las Dueñas, Regina Angelorum o Santa Paula, cuanto en diversos lugares del arzobispado hispalense, como Estepa, Arcos de la Frontera, Jerez de la Frontera, Morón de la Frontera, entre otros. Fueron, sin duda, años de gran productividad, en los que salió de sus manos un considerable número de obras esencialmente religiosas, retablos y piezas exentas, muchas de las cuales no se han conservado.
     Fueron varias las viviendas en las que el maestro habitó a lo largo de su vida; residió fundamentalmente en las collaciones de San Román, San Martín y, sobre todo, en la de San Vicente, en la que se afincó definitivamente en 1619; en esa parroquia recibió sepultura el 10 de enero de 1623.
     Aportaciones esencialmente significativas son su testamento y el inventario de sus bienes, realizado por su viuda Francisca Maldonado tres días después del fallecimiento del artista. Estos documentos, dados a conocer por Miguel Bago y Quintanilla en 1928, resultan de gran interés por cuanto permiten conocer la personalidad del maestro desde otra perspectiva, especialmente la de su formación. Hernández Díaz ha destacado la importante biblioteca que reunió, y que él supone en parte formada por legados de su suegro Hernán Ruiz y su cuñado Jerónimo Hernández; como no podía ser menos, en ella abundaban las obras de contenido religioso, entre las que destacaban algunos textos de miembros de la Compañía de Jesús; tenía también numerosas obras de materia artística, tales como los conocidos tratados de arquitectura de Serlio, Palladio, Vignola e incluso el Octavo diseño del Sumario de Juan de Herrera, que se había publicado en 1589, así como las Medidas de Durero; para la ortodoxia iconográfica contaba con el apoyo de los textos de Ribadeneyra y Villegas. Y por supuesto, había también otras obras de muy diversa temática.
     Asimismo, se ha podido conocer cómo era su taller, pues se recogen de manera bastante pormenorizada los diversos útiles e instrumentos que tuvo en él; dignas de resaltarse son las diferentes series de estampas que guardaba, de las que un buen número eran flamencas, así como varias series correspondientes a El Escorial; y no faltan entre ellas muchos dibujos y “rasguños” salidos de sus manos. A ello se han de añadir diferentes herramientas, modelos de barro y cera, bancos de trabajo y un considerable número de obras que se hallaban en diversas fases de ejecución cuando le sobrevino la muerte.
     La labor profesional de Andrés de Ocampo ha de enfocarse desde dos facetas que en buena medida se complementan: la de retablista y la de escultor. En la primera de ellas, Ocampo se revela como perfecto conocedor de la teoría manierista, aprendida de los maestros italianos, plasmada en máquinas de cuidada traza en las que la arquitectura domina la composición y cuyas calles y entrecalles alojan tanto esculturas como relieves o pinturas, según deseos de la clientela. Aunque muchas de sus creaciones han desaparecido o han sufrido alteraciones, lo conservado permite conocer cuáles fueron las líneas básicas de su estilo.
     Por lo general, estas obras se ajustan a varias modalidades, habiéndose señalado hasta cuatro variantes: los retablos mayores, donde sigue los esquemas empleados por Jerónimo Hernández, basados a su vez en la preceptiva serliana, los formados por tres cuerpos y cinco calles destinados a albergar pinturas; los de tipo ochavado, que en buena parte corresponden al período de sociedad laboral establecida con la viuda de Hernández, y un último modelo, estructurado con dos cuerpos y ático, con calles y entrecalles destinadas indistintamente a pinturas o esculturas. Asimismo, salieron de su taller otras composiciones de menor entidad, como tabernáculos y marcos para cuadros de altar, perdidos en su mayoría.
     El primer conjunto que se le conoce es el desaparecido retablo mayor de la iglesia de la villa de San Nicolás del Puerto (1580), dedicado a San Sebastián, obra que, en opinión de Palomero, mostraba claramente su formación teórica y sus contactos con Hernán Ruiz el Joven y Jerónimo Hernández. Tres años más tarde se comprometió a realizar el retablo mayor de la parroquia de la Asunción de Estepa (Sevilla), en cuya concepción domina el lenguaje arquitectónico, a pesar de las reformas ornamentales sufridas en los comedios del siglo XVIII. Emplea aquí dos cuerpos con calles y entrecalles separadas por columnas estriadas, acorde con los presupuestos del tardomanierismo, tan del gusto del maestro.
     En la década de 1590 trabajó en el retablo mayor de Santa Paula de Sevilla, máquina sustituida en el siglo XVIII, y sobre todo en el retablo mayor del Monasterio de Santa Marta de Córdoba (1592); en realidad, la obra se había concertado en 1582 cuando el artista residía en esta ciudad, y debía ser parte del pago de la dote de la hija del maestro, que iba a profesar en la citada institución. Sin embargo, todo quedó paralizado y las obras no se pusieron en marcha hasta diez años después. Su diseño es más acusadamente arquitectónico, también de dos cuerpos sobre banco y remate en ático, que se disponen en calles y entrecalles para alojar esculturas y pinturas. Recurre al empleo de los órdenes clásicos, haciendo descansar las columnas sobre pedestales recios que se decoran con relieves alegóricos de clara estirpe manierista.
     Tanto en Estepa como en Córdoba Ocampo ha usado estructuras similares, con las entrecalles ligeramente resaltadas del plano, en las que lucían esculturas, en tanto que las calles se reservaban para relieves o composiciones pictóricas; igualmente dispone resaltos en el banco para arranque de los ejes que, en el caso cordobés, son de especial interés por cuanto sus frentes se adornan con relieves alegóricos de estética manierista que evidencian una vez más su formación.
     De sus trabajos en sociedad con su cuñada Luisa Ordóñez, viuda de Jerónimo Hernández, resulta destacable su intervención en el retablo mayor de la iglesia de Santa María de Arcos de la Frontera (Cádiz), obra de largo proceso constructivo, traspasada a Ocampo en 1586, y en la que también intervinieron otros maestros, entre ellos, Bautista Vázquez el Mozo y Gaspar del Águila. Finalmente en 1602 Andrés de Ocampo asumió en solitario todo lo que aún quedaba por hacer, concluyendo el conjunto en 1608. Hernández Díaz, de acuerdo con la documentación conocida y teniendo en cuenta las diferentes intervenciones, ha considerado como del maestro casi toda la arquitectura y buena parte de la talla, así como el relieve de la Anunciación y algunos profetas, que sería lo realizado en fechas más tempranas.
     De forma ochavada, se alza sobre banco con resaltos y consta de tres cuerpos coronados por ático que se articulan en tres calles y cuatro entrecalles; la central alberga cajas adinteladas para relieves rematadas con frontones partidos, mientras que las laterales son de medio punto coronadas con frontones triangulares. Las columnas, jónicas, corintias y compuestas, lucen fustes estriados en vertical con tercio diferenciado en los dos primeros y de espiral en el último. El conjunto es, pues, una obra de fuerte acento romanista, en la que domina la arquitectura, plenamente acorde con la tendencia imperante entonces en Sevilla.
     Otra de las modalidades retablísticas cultivadas por el maestro fue la del marco para cuadro de altar; en 1599 realizó el retablo de Santiago para la parroquia sevillana de esa advocación, un gran edículo con cuatro columnas de tipo corintio coronado por frontón partido y ático, cuya imaginería corrió también de manos del maestro. Desgraciadamente, en 1789 la obra fue remodelada, perdiendo algunos de sus componentes originales al tiempo que se incrementaba la presencia ornamental.
     Tampoco ha llegado a la actualidad en su estado primigenio el retablo del Descendimiento de la parroquia de San Vicente de Sevilla, contratado con Ocampo en 1603. Era asimismo de cuerpo único con ático flanqueado por segmentos curvos de frontón y dos pares de columnas de fuste estriado, bello enmarque para los relieves del Descendimiento y Moisés con la serpiente de bronce, también obra del maestro, únicos elementos que se conservan en la actualidad del mencionado conjunto.
     Si interesante es su labor como retablista, no lo es menos su actuación como escultor e imaginero, realizando imágenes cristíferas, marianas y hagiográficas. En este terreno, el estilo de Ocampo se mantiene dentro de los cánones del tardomanierismo imperante en la escuela sevillana del cambio de siglo. Sus figuras se envuelven en ropajes que se quiebran en multitud de pequeños plegados, lo que provoca ricos efectos lumínicos. Gusta del canon alargado, con rostros de marcadas facciones rodeados por cabelleras de rizos pequeños y ensortijados; las barbas son unas veces largas y onduladas y otras, cortas, rizadas y bífidas.
     Realizó varias imágenes de Cristo crucificado, por lo general muerto, sujeto al madero con tres clavos y cuidado tratamiento anatómico; los estigmas de la Pasión no ocultan la belleza apolínea del cuerpo de Jesús, apenas velado por el paño de pureza, pequeño, ajustado a las caderas y muy plegado. A este modelo responde el Cristo de la Fundación de la Hermandad de los Negritos (1622), con la cabeza inclinada y un largo mechón de cabello caído hacia delante, de facciones acusadas, boca pequeña bien dibujada y barba corta bífida. La tensión se acusa en los músculos y venas de los brazos y en el torso alargado, componiendo una de las más bellas imágenes del manierismo sevillano.
     Entre las imágenes exentas de santos merecen mención aparte el San Pablo de la iglesia de San Martín y el San Pedro de la parroquia de su nombre. Ésta, realizada en 1591, presenta al apóstol sedente en su cátedra, revestido de pontifical, con tiara y actitud de bendecir, sosteniendo sobre sus rodillas un libro abierto mientras sujeta con la mano izquierda la cruz patriarcal. Por su parte, la imagen del apóstol de los gentiles, que se fecha entre 1606 y 1611, atrae por su espléndida cabeza y sereno porte, animado por un suave contraposto; en ella son evidentes los ecos miguelangelescos, tamizados por la influencia de Jerónimo Hernández.
     En cuanto a los relieves, también de muy variada temática, acaso los más interesantes sean los que muestran temas de la vida de Cristo o de la Virgen. Entre los primeros ocupa lugar de primer orden el magnífico Descendimiento de la parroquia de San Vicente, donde la agobiada disposición de las figuras, en acusado primer plano vuelve a poner de manifiesto su formación manierista, habiéndose señalado la posible inspiración en una estampa de Miguel Ángel; la composición, muy cuidada, se ordena en torno al eje central formado por María y el bellísimo desnudo de Jesús, apenas velado por el sudario; a ambos lados se distribuyen las restantes figuras con diferentes grados de relieve, cerrando la composición en la zona inferior la figura de Magdalena, casi de bulto redondo.
     Tanto en Estepa como en Arcos de la Frontera, Andrés de Ocampo interpreta el tema de la Asunción, uno de los más representados por la plástica andaluza, pero en cada uno de ellos recurre a un esquema iconográfico diferente. La Asunción de Estepa (1583) se ajusta al modelo de apoteosis asuncionista, con María con los brazos abiertos subiendo entre ángeles; la Asunción de Arcos de la Frontera es más espectacular, ajustada en su iconografía a los modelos vigentes en el arte italiano; se divide en dos registros, el inferior con el sepulcro vacío rodeado por los apóstoles, y el superior con la Virgen sedente rodeada de ángeles que la llevan hacia el Padre.
     Mención aparte merecen sus dos relieves mitológicos para el palacio granadino de Carlos V en la Alhambra. En ellos representó, como no podía ser de otra manera tratándose del Emperador, dos de los más conocidos trabajos de Hércules: lucha con el león de Nemea y Hércules con el toro (1591), en los que se siguieron las directrices marcadas desde la Corte por Juan de Herrera (María Teresa Dabrio González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Santa Paula, de Andrés de Ocampo, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa Paula, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Convento de Santa Paula, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 25 de enero de 2026

Experiencia Explicarte Sevilla, con los Talleres "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla" de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla

     Hoy, domingo 25 de enero, finaliza la décima semana de otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para los Talleres Socio-Culturales "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla", de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana, del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollados de lunes a viernes por las mañanas y tardes, y que se iniciaron el pasado 28 de octubre de 2025, con la primera presentación de los mismos.
     Gracias a la empresa Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L., por contar con nosotros para mostrarles, mediante los Talleres Socio-Culturales del Ayuntamiento de Sevilla, parte de la ciudad hispalense, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Nos pusimos manos a la obra, y fuimos ofreciendo distintas rutas a lo largo y ancho de nuestra ciudad, desde el lunes 19 al viernes 23 de enero.
 
     Los Talleres desarrollados fueron los siguientes:

- 7ª Sesión - Taller 20 "Conocer Sevilla - 6" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 15, de 10 a 13 h.)
        - Ayuntamiento
                                   
- 7ª Sesión - Taller 18 "Conocer Sevilla - 4" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 15, de 17 a 20 h.)
        - Ayuntamiento
                
- 8ª Sesión - Taller 15 "Conocer Sevilla - 1" del Distrito Bellavista - La Palmera (martes 16, de 10 a 13 h.)
       - Ayuntamiento
  
- 9ª Sesión - Taller 49 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (martes 16, de 17 a 20 h.)
        - Museo de Bellas Artes
                - Exposición Temporal "Arte y Misericordia"
                - Sala I

- 9ª Sesión - Taller 21 "Conocer Sevilla - 7" del Distrito Bellavista - La Palmera (miércoles 17, de 10 a 13 h.)
        - Ayuntamiento
               
- 8ª Sesión - Taller 32 "Conocer Sevilla" del Distrito Triana (miércoles 17, de 17 a 20 h.)
        - Museo de Bellas Artes
                - Sala I
                - Sala II
        
- 10ª Sesión - Taller 16 "Conocer Sevilla - 2" del Distrito Bellavista - La Palmera (jueves 18, de 10 a 13 h.)
        - Ayuntamiento
                          
- 9ª Sesión - Taller 54 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (jueves 18, de 17 a 20 h.)
        - Museo de Bellas Artes
                - Sala II
                - Sala III
                - Sala IV
        
- 9ª Sesión - Taller 17 "Conocer Sevilla - 3" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 19, de 10 a 13 h.)
        - Ayuntamiento
                
- 9ª Sesión - Taller 19 "Conocer Sevilla - 5" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 19, de 17 a 20 h.)
        - Ayuntamiento
       
     Gracias a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, a los coordinadores de los talleres de los Distritos de Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, y como no podía ser de otra manera a todos y cada unos de los amigos que estoy conociendo gracias a estos talleres, de los que me estoy llevando una inmejorable impresión, puesto que está siendo una relación de amistad, más que de monitor-alumno, y de colaboración y aportación mutua, que sin duda está siendo enriquecedora para todas las partes, y que esperamos que sea duradera en el tiempo. 
     Deseando continuar con dichos talleres porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.


















Más Experiencias ExplicArte Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La Plaza Pablo de Olavide, en La Luisiana (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Plaza Pablo de Olavide, en La Luisiana (Sevilla)
     Hoy, 25 de enero, aniversario del nacimiento (25 de enero de 1725) de Pablo de Olavide, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Plaza Pablo de Olavide, en La Luisiana (Sevilla).
   La Plaza Pablo Olavide, plaza del ayuntamiento de la Luisiana, es el corazón de este municipio sevillano. Ha sido recientemente remodelada, convirtiéndose en un lugar de reunión, con amplios espacios, más práctico y transitable.  
     La plaza tiene un diseño radial, con un elemento central, en este caso una fuente, construida en piedra caliza, con un pedestal de piedra con cuatro surtidores de agua y que soporta una farola de fundición de estilo fernandino de cinco focos.
     La plaza cuenta con cuatro parterres donde se han colocado cuatro algarrobos de gran tamaño pensados para dar sombra y que hacen de contrapunto con la encina que se encuentra en el lado noreste de la plaza. Cuatro hileras de naranjos, en total 24, delimitan los lados de la plaza, dando sombra también en los extremos.
     Todo el espacio de la plaza lleva un pavimento en tablero de damas, contribuyendo a presentar un lugar más ordenado, que invita a la reunión y al encuentro entre los vecinos. Toda la plaza está diseñada también teniendo en cuenta que pueda ser utilizada para eventos como ferias de muestras.
     El mobiliario urbano – farolas, papeleras y bancos - se han instalado siguiendo un trazado radial, con el punto central de la fuente como referencia. Esto permite redistribuir las farolas para que toda la plaza quede iluminada en las horas nocturnas, dando una regularidad en la iluminación (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Biografía de Pablo de Olavide, personaje que da nombre a la vía reseñada;
     Pablo Antonio de Olavide y Jáuregui, Anastasio Céspedes y Monroy. (Lima, Perú, 25 de enero de 1725 – Baeza (Jaén), 25 de febrero de 1803). Fundador de las nuevas colonias de Sierra Morena y Andalucía y autor de informes sobre la reforma agraria y educativa durante el reinado de Carlos III y de escritos religiosos y novelas moralizantes a final de su vida.
     Su padre, Martín de Olavide, navarro de nacimiento, se dedicó al comercio y desempeñó diversos cargos en la administración del virreinato del Perú. Su madre, María Ana de Jáuregui, limeña, pertenecía a una familia principal del citado virreinato cuyos miembros desempeñaron importantes puestos en la administración del mismo. En su ciudad natal recibió una educación escolástica, que luego criticó. Estudió en los Colegios de San Felipe y de San Martín, regentado este último por los padres de la Compañía de Jesús y vinculado a la Universidad de San Marcos. A los dieciséis años era profesor en la citada universidad y se había asegurado la interinidad de la segunda Cátedra de Teología (Vísperas de Teología). A los diecisiete, opositó y obtuvo la Cátedra del Maestro de las Sentencias. Esta carrera docente fue acompañada de una rápida ascensión en la jerarquía oficial: en julio de 1741 fue admitido como abogado en la Audiencia de Lima, un año antes de terminar el doctorado en ambos Derechos y previa dispensa de la pasantía. En la misma fecha, el tribunal del Consulado de Lima le nombró asesor, y pasó a ejercer las funciones de asesor general del Cabildo de dicha ciudad, durante la ausencia del titular de este cargo. Finalmente, en los últimos meses de 1745, Fernando VI le nombró oidor de la Audiencia de Lima.
     Esta vertiginosa carrera pública se interrumpió al descubrirse su dedicación a diversas actividades fraudulentas, como la ocultación de la herencia de su padre a los acreedores con el fin de frustrar el pago de las deudas de éste o la falsificación de escrituras notariales. Estas actividades, junto a la relajación en el cumplimiento de sus obligaciones como oidor de la Audiencia, provocaron la apertura de un expediente en el Consejo de Indias sobre su conducta y su destitución en dicho cargo en 1750, hasta que explicase por completo las inculpaciones en que aparecía envuelto. Un año antes de su destitución, partió hacia la metrópoli, a la que no llegó hasta 1752, y se dedicó durante este período al comercio.
     Desde su partida de Lima y su posterior destitución como oidor de la Audiencia, hasta 1766 no desempeñó ningún cargo público. No obstante, hay en este período ciertos hechos que merecen destacarse: el encarcelamiento debido a las acusaciones de proceso de destitución (1754); la boda con una viuda millonaria (1755), María Isabel de los Ríos, lo que le permitió realizar nuevas operaciones comerciales, introducirse en el círculo social más ilustrado de Madrid —compuesto por Campomanes, Múzquiz y Aranda, entre otros— y viajar a Europa; el ingreso en la Orden de Santiago (1756); la obtención de una sentencia de olvido en el proceso que se inició a raíz de su destitución como oidor de la Audiencia de Lima (1757); y, por último, entre 1757 y 1765 la realización de tres grandes viajes a Europa. Visitó, entre otros lugares, Francia, Ginebra, la península itálica y, por supuesto, París, donde entró plenamente en contacto con la cultura del continente, pero sin olvidar su formación española.
     De estos años en los que estuvo alejado de la actividad pública, hay que destacar la publicación, en el año de 1764 y en un entreacto de sus viajes a Europa, de la zarzuela en un acto titulada El celoso burlado. Esta obra fue dispuesta para venderla en el teatro y fue representada en el Teatro del Buen Retiro con motivo de los esponsales de la infanta Luisa con el gran duque de Toscana.
     La dirección del Hospicio de San Fernando en mayo de 1766 y la del Hospicio de Madrid, en junio del mismo año fueron los primeros cargos que desempeñó después de diecisiete años lejos de la actividad pública. El Hospicio de San Fernando, creado tras el Motín contra Esquilache, para recoger a los vagos de la Corte, intentó plasmar la idea sobre beneficencia del conde de Aranda. El aragonés, según sus propias palabras, confió a Olavide la dirección de estas importantes instituciones, que debían ser “modelo” para el resto de las provincias de España, “por su talento, por lo que ha visto en los países forasteros y por la inclinación a establecimientos públicos” de este género.
     Unos meses más tarde, en enero de 1767, fue elegido personero del común del Ayuntamiento de Madrid, desde donde trabajó en defensa del libre comercio. Así, en un informe, firmado junto a José Antonio Pinedo, “sobre licencias y aranceles que se dan a los tenderos, confiteros y demás vendedores de comestibles de Madrid” (inéd., 1767), propone el “ilustrado sistema del Consejo [de Castilla] que en la libertad del comercio funda la esperanza de la concurrencia” en contraposición a la “monstruosa” tasa.
     Apenas llevaba un año en la dirección de los hospicios y seis meses en la personería del común, cuando fue nombrado, en junio de 1767, intendente del Ejército de los cuatro reinos de Andalucía, intendente de rentas provinciales del Reino de Sevilla, asistente de la ciudad de Sevilla y superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, y también se le concedió un año después la Superintendencia de las Nuevas Poblaciones de Andalucía. Al frente de estos nuevos encargos estuvo hasta 1776, año en el que fue detenido y encarcelado por el Santo Oficio.
     La principal empresa llevada a cabo a partir de su llegada a Andalucía fue la colonización de Sierra Morena —iniciada en los despoblados de La Peñuela en 1767— y Andalucía —iniciada en los despoblados de La Parrilla y de La Moncloa en 1768— con seis mil alemanes. El objetivo principal de la colonización, según Olavide, era servir de “modelo” al resto de España. De los nuevos pueblos se debían adoptar las reformas económicas con el fin de “racionalizar” la infraestructura artesanal y agraria de la sociedad estamental y eliminar los factores limitativos que impedían el aumento de la producción agraria e industrial. Olavide defendía la sociedad estamental en la que vivió, y nunca, a diferencia de muchos utopistas, estuvo a favor de un patrón de vida colectivo, sino que la base de sus reformas fue siempre el fomento del interés propio de los individuos y la aplicación de los adelantos vistos en las poblaciones “mejor ordenadas” y “más felices” de España y de Europa. Su apoyo a la sociedad estamental, no significa renunciar a la crítica de hechos como los siguientes: los excesivos privilegios de la nobleza y su absentismo, los mayorazgos, la existencia de numerosos eclesiásticos de costumbres relajadas, la especulación de los grandes arrendadores profesionales, la situación precaria de los jornaleros y de los pequeños arrendadores, la concentración de la población en pocos lugares, el sistema de arrendamiento y de cultivo, la falta de desarrollo de todos los ramos de la agricultura y de la manufactura y las precarias vías de comunicación.
     La base de la colonización olavideña la constituyeron pequeños labradores dispersos por el campo que tenían el dominio útil de la tierra gracias a un censo enfitéutico; labradores que estaban dotados por el Estado de los medios para explotar adecuadamente la tierra y que cercaban su heredad y estabulaban su ganado. Esta situación era la adecuada para que el pequeño labrador mejorara su tierra (aplicara los nuevos sistemas y métodos de cultivos practicados en Europa y regiones más prósperas de España), sembrara diversos granos y semillas, mantuviera adecuadamente cuidado su ganado y desarrollara el resto de los ramos de la agricultura (la horticultura y el plantío de árboles, principalmente). Además, los agricultores tenían una actividad complementaria que los ocupaba en los ratos de ocio, así como a su familia: la industria popular. Junto con esta industria doméstica, se propuso el establecimiento de fábricas dirigidas por particulares, que utilizasen las máquinas y los métodos de producción más adelantados de Europa y España. En definitiva, cuatro son los rasgos básicos de su empresa colonizadora: admisión exclusivamente de población útil (es decir, en edad de trabajar y conocedora de un oficio), primacía de la agricultura y del pequeño labrador, desarrollo de la industria “popular” y dispersión de la población por el campo.
     Olavide no sistematizó en un escrito los rasgos de esta sociedad modelo, sino que aparecen esparcidos en la Real cédula que contiene la instrucción y fuero de población, que se debe observar en las que se formen de nuevo en Sierra Morena con naturales y extranjeros católicos (1767), redactada por Campomanes con la colaboración de Olavide y la supervisión de Miguel de Múzquiz; en un escrito redactado al final de su vida (el Evangelio en triunfo, tomo cuarto); y en los informes, representaciones y otra documentación oficial sobre la colonización depositados principalmente en el Archivo Histórico Nacional y en el Archivo General de Simancas y cuyos destinatarios nos muestran la relación directa o indirecta de los miembros más importantes de la Ilustración y, en general, de la sociedad española del setecientos con la empresa colonizadora (el conde de Aranda, el duque de Alba, el marqués de Almodóvar, Miguel Arredondo y Carmona, Francisco de Bruna, Antonio Capmany, José Cicilia Coello Borja y Guzmán, Manuel Ventura Figueroa, el duque de Grimaldi, Miguel de Gijón, Juan Lanes y Duval, Carlos Lemaur, Miguel de Múzquiz, Miguel de Ondeano, Antonio Ponz, Manuel de Roda, Pedro Rodríguez Campomanes y José Moñino, entre otros).
     Olavide, como intendente de Sevilla, se ocupó principalmente de la navegación del río Guadalquivir entre Sevilla y Córdoba, de la reforma de los gremios comerciales y del fomento de la agricultura. Uno de los escritos más célebres del intendente es el Informe al Consejo sobre la Ley Agraria (1768), al que su autor llamaba “código de agricultura”, que influyó tanto a Romà i Rosell, Cicilia Coello Borja y Guzmán, Bruna, Sisternes i Feliu y Jovellanos, entre otros economistas de los reinados de Carlos III y Carlos IV, como en las reales provisiones de 11 de abril de 1768 y 26 de mayo de 1770 sobre reparto de tierras concejiles y baldíos.
     Para la confección de este Informe contó con un nutrido grupo de especialistas en el tema. Aunque se desconocen sus nombres, los “expertos colaboradores” del intendente pudieron ser los miembros de la Junta de Propios y Arbitrios de la ciudad de Sevilla, que elevaron una representación al Consejo de Castilla, fechada también en 1768, sobre el modo de repartir las tierras de propios de la ciudad de Sevilla. Dicha representación expone las mismas ideas que el Informe: formación de pequeños propietarios, labradores y ganaderos a un mismo tiempo, dispersos a lo largo del campo. Aparece firmada por Pablo de Olavide, Juan Antonio de Zuloeta, Joseph Luis de los Ríos, el marqués de Vallehermoso, el conde de Gerena, el marqués de Grañina, el marqués de Dos Hermanas, Joseph de Santa María y Pardo, el conde de Mejorada y Pedro Joseph Pérez de Guzmán el Bueno. También, hay razones para suponer que los miembros de esta Junta no fueron los colaboradores en la elaboración del Informe. La Junta de Propios y Arbitrios puso continuos obstáculos a los repartos de las tierras de propios de Sevilla realizados según las ideas contenidas en el Informe y es más, uno de los miembros de la Junta, el conde de Mejorada, llegó a declarar que había firmado la representación por imposición de Olavide.
     Vicente Palacio Atard (1964: 153-155) avanzó la hipótesis de que un colaborador del intendente en la elaboración del Informe pudo ser José Cicilia en contra de lo mantenido por Defourneaux (1965: 122-124). José Cicilia era personero del Común de la ciudad de Écija y uno de los escasos sujetos que apoyaba la empresa colonizadora en el seno del Cabildo de dicha ciudad y que, cuando abandonó este cargo, trabajó junto a Olavide en las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía. Cicilia presentó la Memoria sobre los medios de fomentar sólidamente la agricultura al concurso convocado por la Real Sociedad Matritense de Amigos del País en 1776 sobre “cuáles son los medios de fomentar sólidamente la agricultura de un país, sin detrimento de la cría de ganado y el modo de remover los obstáculos que puedan impedirlos” y obtuvo el primer premio. Defourneaux fue el primero que se percató de la semejanza entre el Informe de Olavide y la Memoria de Cicilia, tras una minuciosa confrontación de ambos textos. Palacio Atard señala que esta semejanza “no haría sino describir el origen de una colaboración [de Cicilia] en el proyecto olavideño”. Defourneaux, en cambio, mantiene que Cicilia copia literalmente la mayor parte del Informe. En primer lugar, argumenta el hispanista francés que la Memoria de Cicilia no sólo tiene el mismo contenido que el Informe del intendente de Sevilla, sino que además plagia la forma y las frases, el estilo y el tono propios de Olavide. Añade Defourneaux que cuando la Matritense concedió el premio a Cicilia en 1777, Campomanes conocía la semejanza entre ambos textos; queriendo premiar de esta manera al intendente que, desde noviembre de 1776, permanecía en las cárceles de la Inquisición. Por lo tanto, Cicilia, más que plagiar a Olavide, hizo un favor a su infortunado amigo al presentar el informe a la Sociedad Matritense y conseguir el primer premio. En suma, Olavide contó con la colaboración de un nutrido grupo de expertos para la elaboración del Informe al Consejo sobre la Ley Agraria, de los que se desconocen sus nombres.
     En el Informe se describe la situación del campo andaluz y sus problemas, se aporta numerosa información y se esboza un plan de reforma completo. Su pensamiento sobre la reforma agraria recogido en este informe y en otros escritos del período 1767-1776 ofrece dos líneas bien diferenciadas dependiendo de las tierras en que se fuera a aplicar la reforma. Si eran tierras estatales (baldíos, principalmente) o concejiles (propios y comunales) se debían aplicar inmediatamente las reglas maestras de la empresa colonizadora de Sierra Morena y Andalucía, que eran un modelo para el resto del país. Si eran tierras particulares, el fin era el mismo pero mediante el empleo de la persuasión, de métodos indirectos, “sin revoluciones”. Es decir, las “demostraciones oculares” de un nuevo método de cultivo o tipo de arado, los ejemplos dados por las nuevas poblaciones de Sierra Morena y Andalucía o una legislación “suave”. La principal medida de la reforma agraria, que parte del rechazo de una tasa para la renta de la tierra, se basa en crear pequeños labradores y poner más tierra en cultivo o mejorar su labor. Propone estimular a los grandes propietarios para que enajenen a canon en frutos o arrienden a largo plazo sus tierras, y más aún a los que lo hagan dividiendo su tierra en pequeñas suertes. Otras medidas serían la educación de los nobles y eclesiásticos, que los inclinará al bien público, el establecimiento de sociedades económicas orientadas a fomentar todos los sectores económicos productivos, y la libertad de comercio interior que beneficia tanto al consumidor como al productor, al conseguir la abundancia y baratura y un “buen precio” de los productos agrícolas, respectivamente.
     Su labor como intendente del Ejército de los cuatro Reinos de Andalucía se centró en el suministro de alimentos, utensilios y vestuario a los soldados y oficiales y, en particular, en ubicar el asiento del vestuario del Ejército en el Reino de Castilla y León con el fin de fomentar la industria en Andalucía. Fue más sobresaliente su labor como asistente de la ciudad de Sevilla. En este cargo emprendió diversas reformas, que van desde una ordenación urbanística de la ciudad, hasta una nueva política de abastos, pasando por una reglamentación para la limpieza semanal de las calles. Los tres frentes en los que Olavide trabajó con mayor energía fueron en la ordenación de las diversiones públicas, en la creación de nuevas poblaciones en las tierras de propios de la ciudad (dehesas de Armajal y Prado del Rey, principalmente) y, sobre todo, en la reforma educativa.
     En 1768 redactó el Plan de estudios para la Universidad de Sevilla, junto a seis informes sobre la formación de un hospicio general, un seminario clerical, un seminario de educandas, otro de alta educación para niños y un colegio para estudios de Gramática. Al igual que el Informe sobre la Ley Agraria, el Plan de Estudios es un documento que refleja sus ideas y las de sus amigos. Para su elaboración contó con la colaboración de un nutrido y selecto grupo de intelectuales sevillanos. La Biblioteca Colombina de Sevilla conserva una copia del Plan de estudios con una nota minuciosa del conde del Águila que dice: “De D. José Cevallos es el Plan de Estudios Teológicos, y muchos materiales para la formación del Seminario clerical y lista de Autores. De D. Domingo Morico, la Planta de dicho Seminario Conciliar o Clerical; y toda la parte Matemática y la Médica, esta última con consulta de algunos profesores. Del abogado D. Bartolomé Romero la parte legal. D. Antonio Cortés hizo de Secretario y extendió el informe. El Asistente ingirió [sic] en todas sus ideas y formó los proyectos del Seminario de Nobles, Colegio de Señoritas y Hospicio, siendo originalmente suya la elección de Casas jesuitas para estos destinos. Los médicos consultados fueron D. Cristóbal Nieto y D. Bonifacio Lorite, por el P. Morico D. Antonio Anguita fue preguntado en algo por el Asistente. Todos dijeron lo que podían decir unos hombres que ignoraban el fin de la consulta pues al que más, se le mostró el Plan en bosquejo, y como idea de un facultativo sobre las mejoras que podía hacerse al estudio de la Medicina, sin objeto alguno”. La colaboración de este nutrido grupo de intelectuales sevillanos dio como fruto la convergencia de diversas influencias en el Plan de estudios, que van desde las del valenciano Gregorio Mayáns y Siscar hasta las de portugués Luis Antonio Verney, el Barbadiño. El Plan influyó a Floridablanca, quien, como primer ministro, intentó llevarlo a la práctica en otras universidades, como Alcalá o Granada.
     Todas estas actividades en Sevilla y en las nuevas poblaciones se vieron interrumpidas en noviembre de 1776 con la detención de Olavide por el Santo Tribunal de la Inquisición y la celebración de un “autillo de fe” en 1778 en el que se le acusó de impiedad, materialismo y herejía. Hay unanimidad entre sus biógrafos en señalar que el “autillo de fe” pretendió quitar de la escena a un fiel ejecutor de las reformas propuestas por el gobierno “ilustrado” y dar un castigo ejemplar que sirviese de escarmiento y aviso al resto de la minoría ilustrada. Sus reformas pudieron fracasar por diversos errores, contradicciones o enemigos, pero lo que se percibe con claridad es que se paralizaron con su encarcelamiento.
     Desde su detención en 1776 hasta su muerte en 1803 no volvió a desempeñar ningún cargo público. Olavide huyó a Francia en 1780 y su imagen fue utilizada por los ilustrados franceses, entre ellos su primer biógrafo Diderot, como prototipo de víctima de la Inquisición por emprender reformas dirigidas a paliar el atraso cultural, social y económico de España. Olavide, aunque aprobó algunas de las primeras medidas de los revolucionarios franceses, no compartió los principios en que se basaba la Revolución Francesa porque destruían los dos pilares de una “buena sociedad”, el Altar y el Trono. A raíz de su desacuerdo con los principios revolucionarios intentó pasar inadvertido y se retiró, huyendo de “los horrores de la Revolución”, al pequeño pueblo de Meung, donde administró el Hotel-Dieu, convertido en “Casa de Socorro”. En esta casa estableció a su costa una manufactura de paño para vestir a ancianos y niños pobres, al igual que años antes hiciera en el Hospicio de San Fernando. Además, fue miembro fundador de la Société Populaire de Meung.
     Coincidiendo con un período en que antiguos y nuevos amigos estuvieron en el poder (Jovellanos, como ministro de Gracia y Justicia, y Luis Mariano Urquijo o Francisco de Saavedra en la Secretaría de Estado), Olavide regresó a España en 1798 para retirarse a la ciudad andaluza de Baeza. Los últimos diez años de su vida dio a luz una extensa producción literaria.
     La obra más conocida, por las numerosas ediciones en castellano y otros idiomas, es el Evangelio en triunfo, o Historia de un Filósofo desengañado (1797- 1798), escrito en Cheverny. El libro consta de cuatro volúmenes, a destacar el último donde desmenuza de nuevo su pensamiento socio-económico, que había expuesto y llevado a la práctica entre 1766 y 1776.
     En cuanto a la reforma agraria, insiste en la formación de pequeños propietarios, poseedores al menos, del dominio útil de la tierra, asociación de la labranza y cría de ganado, introducción de mejoras agrícolas, “industria popular” y el ejemplo para que los propietarios adoptasen estas reformas, “sin revoluciones”. La diferencia más destacable con respecto a sus propuestas anteriores es que la colonización en este caso habría de ser privada, es decir, la tendrían que iniciar los particulares y no el Estado como en 1767. Otras obras de carácter puramente religioso escritas en este período son Los poemas cristianos (1799), el Salterio español o versión parafrástica de los salmos de David, de los cánticos de Moisés, de otros cánticos y algunas oraciones de la Iglesia en verso castellano (1800), y, por último, el incompleto Testimonio de un filósofo conservado en el Archivo Municipal de La Carolina (Jaén).
     Al final de su vida también escribió, con el seudónimo de Anastasio Céspedes y Monroy, novelas recogidas en sus Lecturas útiles y entretenidas (1800-1817). Algunas de estas novelas fueron reeditadas póstumamente en Nueva York en 1828. Se trata de novelas de carácter moralizante e influidas por autores ingleses como Richardson, que critican los vicios que afectan a las sociedades y a las buenas costumbres y cantan las ventajas y pureza de la vida en el campo (Luis Perdices de Blas, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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El Plano de Olavide (1771), en la Sala I del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Plano de Olavide (1771), en la Sala I del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla
     Hoy, 25 de enero, aniversario del nacimiento (25 de enero de 1725) de Pablo de Olavide, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Plano de Olavide (1771), en la Sala I del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla
        El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala I del Conjunto Monumental podemos contemplar el Plano de Olavide (1771). Han pasado más de 250 años de la creación del Plano de Olavide, fruto del pensamiento ilustrado y que todavía sigue siendo un instrumento de referencia para el conocimiento de nuestra ciudad. En 1771, siendo Pablo de Olavide Intendente en Andalucía y asistente de Sevilla, se editó el primer plano de la ciudad siguiendo un criterio científico y riguroso. Fue diseñado por Francisco Manuel Coello y grabado por José Amat. Constituye la primera representación topográfica plana de la ciudad y sirvió como planimetría básica para el conocimiento, la transformación y la modernización de Sevilla a lo largo del siglo XIX.
Hospitales, asilos y orfanatos en el plano de Olavide:
        l. Hospital del Amor de Dios. Solares de los Cines Cervantes y cine Trajano.
        2. Hospital del Espíritu Santo. Solar del Teatro San Fernando, hoy manzana comercial de la c/ Tetuán.
        3. Hospital de San Cosme y San Damián o de las Bubas. Calle Santiago.
        4. Hospital del Rey para inválidos. Plaza del Triunfo. Hoy, Casa de la Provincia.
        5. Hospital de la Caridad. Calle Temprado.
        6. Hospital de los Inocentes. Calle San Luis, esquina Calle Inocentes.
        7. Hospital de San Bernardo (hospital de Viejos). Calle Viejos, hoy unidad de día.
        8. Casa de niños expósitos. Casa Cuna. Calle Cuna solar del Teatro Quintero y entorno.
        9. Hospital de las Cinco Llagas. Actualmente en la Ronda de Capuchinos.
        10. Hospital de San Hermenegildo. Calle Carrión Mejías, hoy Instituto Velázquez.
Colegios y Seminarios que en 1864 se integraron en el hospicio de San Luis:
        11. Hospicio de Niñas Huérfanas
        12. Hospicio de Niños de la Doctrina (Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses).
Conozcamos mejor la Biografía de Pablo de Olavide, personaje que da nombre a la obra reseñado;
     Pablo Antonio de Olavide y Jáuregui, Anastasio Céspedes y Monroy. (Lima, Perú, 25 de enero de 1725 – Baeza (Jaén), 25 de febrero de 1803). Fundador de las nuevas colonias de Sierra Morena y Andalucía y autor de informes sobre la reforma agraria y educativa durante el reinado de Carlos III y de escritos religiosos y novelas moralizantes a final de su vida.
     Su padre, Martín de Olavide, navarro de nacimiento, se dedicó al comercio y desempeñó diversos cargos en la administración del virreinato del Perú. Su madre, María Ana de Jáuregui, limeña, pertenecía a una familia principal del citado virreinato cuyos miembros desempeñaron importantes puestos en la administración del mismo. En su ciudad natal recibió una educación escolástica, que luego criticó. Estudió en los Colegios de San Felipe y de San Martín, regentado este último por los padres de la Compañía de Jesús y vinculado a la Universidad de San Marcos. A los dieciséis años era profesor en la citada universidad y se había asegurado la interinidad de la segunda Cátedra de Teología (Vísperas de Teología). A los diecisiete, opositó y obtuvo la Cátedra del Maestro de las Sentencias. Esta carrera docente fue acompañada de una rápida ascensión en la jerarquía oficial: en julio de 1741 fue admitido como abogado en la Audiencia de Lima, un año antes de terminar el doctorado en ambos Derechos y previa dispensa de la pasantía. En la misma fecha, el tribunal del Consulado de Lima le nombró asesor, y pasó a ejercer las funciones de asesor general del Cabildo de dicha ciudad, durante la ausencia del titular de este cargo. Finalmente, en los últimos meses de 1745, Fernando VI le nombró oidor de la Audiencia de Lima.
     Esta vertiginosa carrera pública se interrumpió al descubrirse su dedicación a diversas actividades fraudulentas, como la ocultación de la herencia de su padre a los acreedores con el fin de frustrar el pago de las deudas de éste o la falsificación de escrituras notariales. Estas actividades, junto a la relajación en el cumplimiento de sus obligaciones como oidor de la Audiencia, provocaron la apertura de un expediente en el Consejo de Indias sobre su conducta y su destitución en dicho cargo en 1750, hasta que explicase por completo las inculpaciones en que aparecía envuelto. Un año antes de su destitución, partió hacia la metrópoli, a la que no llegó hasta 1752, y se dedicó durante este período al comercio.
     Desde su partida de Lima y su posterior destitución como oidor de la Audiencia, hasta 1766 no desempeñó ningún cargo público. No obstante, hay en este período ciertos hechos que merecen destacarse: el encarcelamiento debido a las acusaciones de proceso de destitución (1754); la boda con una viuda millonaria (1755), María Isabel de los Ríos, lo que le permitió realizar nuevas operaciones comerciales, introducirse en el círculo social más ilustrado de Madrid —compuesto por Campomanes, Múzquiz y Aranda, entre otros— y viajar a Europa; el ingreso en la Orden de Santiago (1756); la obtención de una sentencia de olvido en el proceso que se inició a raíz de su destitución como oidor de la Audiencia de Lima (1757); y, por último, entre 1757 y 1765 la realización de tres grandes viajes a Europa. Visitó, entre otros lugares, Francia, Ginebra, la península itálica y, por supuesto, París, donde entró plenamente en contacto con la cultura del continente, pero sin olvidar su formación española.
     De estos años en los que estuvo alejado de la actividad pública, hay que destacar la publicación, en el año de 1764 y en un entreacto de sus viajes a Europa, de la zarzuela en un acto titulada El celoso burlado. Esta obra fue dispuesta para venderla en el teatro y fue representada en el Teatro del Buen Retiro con motivo de los esponsales de la infanta Luisa con el gran duque de Toscana.
     La dirección del Hospicio de San Fernando en mayo de 1766 y la del Hospicio de Madrid, en junio del mismo año fueron los primeros cargos que desempeñó después de diecisiete años lejos de la actividad pública. El Hospicio de San Fernando, creado tras el Motín contra Esquilache, para recoger a los vagos de la Corte, intentó plasmar la idea sobre beneficencia del conde de Aranda. El aragonés, según sus propias palabras, confió a Olavide la dirección de estas importantes instituciones, que debían ser “modelo” para el resto de las provincias de España, “por su talento, por lo que ha visto en los países forasteros y por la inclinación a establecimientos públicos” de este género.
     Unos meses más tarde, en enero de 1767, fue elegido personero del común del Ayuntamiento de Madrid, desde donde trabajó en defensa del libre comercio. Así, en un informe, firmado junto a José Antonio Pinedo, “sobre licencias y aranceles que se dan a los tenderos, confiteros y demás vendedores de comestibles de Madrid” (inéd., 1767), propone el “ilustrado sistema del Consejo [de Castilla] que en la libertad del comercio funda la esperanza de la concurrencia” en contraposición a la “monstruosa” tasa.
     Apenas llevaba un año en la dirección de los hospicios y seis meses en la personería del común, cuando fue nombrado, en junio de 1767, intendente del Ejército de los cuatro reinos de Andalucía, intendente de rentas provinciales del Reino de Sevilla, asistente de la ciudad de Sevilla y superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, y también se le concedió un año después la Superintendencia de las Nuevas Poblaciones de Andalucía. Al frente de estos nuevos encargos estuvo hasta 1776, año en el que fue detenido y encarcelado por el Santo Oficio.
     La principal empresa llevada a cabo a partir de su llegada a Andalucía fue la colonización de Sierra Morena —iniciada en los despoblados de La Peñuela en 1767— y Andalucía —iniciada en los despoblados de La Parrilla y de La Moncloa en 1768— con seis mil alemanes. El objetivo principal de la colonización, según Olavide, era servir de “modelo” al resto de España. De los nuevos pueblos se debían adoptar las reformas económicas con el fin de “racionalizar” la infraestructura artesanal y agraria de la sociedad estamental y eliminar los factores limitativos que impedían el aumento de la producción agraria e industrial. Olavide defendía la sociedad estamental en la que vivió, y nunca, a diferencia de muchos utopistas, estuvo a favor de un patrón de vida colectivo, sino que la base de sus reformas fue siempre el fomento del interés propio de los individuos y la aplicación de los adelantos vistos en las poblaciones “mejor ordenadas” y “más felices” de España y de Europa. Su apoyo a la sociedad estamental, no significa renunciar a la crítica de hechos como los siguientes: los excesivos privilegios de la nobleza y su absentismo, los mayorazgos, la existencia de numerosos eclesiásticos de costumbres relajadas, la especulación de los grandes arrendadores profesionales, la situación precaria de los jornaleros y de los pequeños arrendadores, la concentración de la población en pocos lugares, el sistema de arrendamiento y de cultivo, la falta de desarrollo de todos los ramos de la agricultura y de la manufactura y las precarias vías de comunicación.
     La base de la colonización olavideña la constituyeron pequeños labradores dispersos por el campo que tenían el dominio útil de la tierra gracias a un censo enfitéutico; labradores que estaban dotados por el Estado de los medios para explotar adecuadamente la tierra y que cercaban su heredad y estabulaban su ganado. Esta situación era la adecuada para que el pequeño labrador mejorara su tierra (aplicara los nuevos sistemas y métodos de cultivos practicados en Europa y regiones más prósperas de España), sembrara diversos granos y semillas, mantuviera adecuadamente cuidado su ganado y desarrollara el resto de los ramos de la agricultura (la horticultura y el plantío de árboles, principalmente). Además, los agricultores tenían una actividad complementaria que los ocupaba en los ratos de ocio, así como a su familia: la industria popular. Junto con esta industria doméstica, se propuso el establecimiento de fábricas dirigidas por particulares, que utilizasen las máquinas y los métodos de producción más adelantados de Europa y España. En definitiva, cuatro son los rasgos básicos de su empresa colonizadora: admisión exclusivamente de población útil (es decir, en edad de trabajar y conocedora de un oficio), primacía de la agricultura y del pequeño labrador, desarrollo de la industria “popular” y dispersión de la población por el campo.
     Olavide no sistematizó en un escrito los rasgos de esta sociedad modelo, sino que aparecen esparcidos en la Real cédula que contiene la instrucción y fuero de población, que se debe observar en las que se formen de nuevo en Sierra Morena con naturales y extranjeros católicos (1767), redactada por Campomanes con la colaboración de Olavide y la supervisión de Miguel de Múzquiz; en un escrito redactado al final de su vida (el Evangelio en triunfo, tomo cuarto); y en los informes, representaciones y otra documentación oficial sobre la colonización depositados principalmente en el Archivo Histórico Nacional y en el Archivo General de Simancas y cuyos destinatarios nos muestran la relación directa o indirecta de los miembros más importantes de la Ilustración y, en general, de la sociedad española del setecientos con la empresa colonizadora (el conde de Aranda, el duque de Alba, el marqués de Almodóvar, Miguel Arredondo y Carmona, Francisco de Bruna, Antonio Capmany, José Cicilia Coello Borja y Guzmán, Manuel Ventura Figueroa, el duque de Grimaldi, Miguel de Gijón, Juan Lanes y Duval, Carlos Lemaur, Miguel de Múzquiz, Miguel de Ondeano, Antonio Ponz, Manuel de Roda, Pedro Rodríguez Campomanes y José Moñino, entre otros).
     Olavide, como intendente de Sevilla, se ocupó principalmente de la navegación del río Guadalquivir entre Sevilla y Córdoba, de la reforma de los gremios comerciales y del fomento de la agricultura. Uno de los escritos más célebres del intendente es el Informe al Consejo sobre la Ley Agraria (1768), al que su autor llamaba “código de agricultura”, que influyó tanto a Romà i Rosell, Cicilia Coello Borja y Guzmán, Bruna, Sisternes i Feliu y Jovellanos, entre otros economistas de los reinados de Carlos III y Carlos IV, como en las reales provisiones de 11 de abril de 1768 y 26 de mayo de 1770 sobre reparto de tierras concejiles y baldíos.
     Para la confección de este Informe contó con un nutrido grupo de especialistas en el tema. Aunque se desconocen sus nombres, los “expertos colaboradores” del intendente pudieron ser los miembros de la Junta de Propios y Arbitrios de la ciudad de Sevilla, que elevaron una representación al Consejo de Castilla, fechada también en 1768, sobre el modo de repartir las tierras de propios de la ciudad de Sevilla. Dicha representación expone las mismas ideas que el Informe: formación de pequeños propietarios, labradores y ganaderos a un mismo tiempo, dispersos a lo largo del campo. Aparece firmada por Pablo de Olavide, Juan Antonio de Zuloeta, Joseph Luis de los Ríos, el marqués de Vallehermoso, el conde de Gerena, el marqués de Grañina, el marqués de Dos Hermanas, Joseph de Santa María y Pardo, el conde de Mejorada y Pedro Joseph Pérez de Guzmán el Bueno. También, hay razones para suponer que los miembros de esta Junta no fueron los colaboradores en la elaboración del Informe. La Junta de Propios y Arbitrios puso continuos obstáculos a los repartos de las tierras de propios de Sevilla realizados según las ideas contenidas en el Informe y es más, uno de los miembros de la Junta, el conde de Mejorada, llegó a declarar que había firmado la representación por imposición de Olavide.
     Vicente Palacio Atard (1964: 153-155) avanzó la hipótesis de que un colaborador del intendente en la elaboración del Informe pudo ser José Cicilia en contra de lo mantenido por Defourneaux (1965: 122-124). José Cicilia era personero del Común de la ciudad de Écija y uno de los escasos sujetos que apoyaba la empresa colonizadora en el seno del Cabildo de dicha ciudad y que, cuando abandonó este cargo, trabajó junto a Olavide en las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía. Cicilia presentó la Memoria sobre los medios de fomentar sólidamente la agricultura al concurso convocado por la Real Sociedad Matritense de Amigos del País en 1776 sobre “cuáles son los medios de fomentar sólidamente la agricultura de un país, sin detrimento de la cría de ganado y el modo de remover los obstáculos que puedan impedirlos” y obtuvo el primer premio. Defourneaux fue el primero que se percató de la semejanza entre el Informe de Olavide y la Memoria de Cicilia, tras una minuciosa confrontación de ambos textos. Palacio Atard señala que esta semejanza “no haría sino describir el origen de una colaboración [de Cicilia] en el proyecto olavideño”. Defourneaux, en cambio, mantiene que Cicilia copia literalmente la mayor parte del Informe. En primer lugar, argumenta el hispanista francés que la Memoria de Cicilia no sólo tiene el mismo contenido que el Informe del intendente de Sevilla, sino que además plagia la forma y las frases, el estilo y el tono propios de Olavide. Añade Defourneaux que cuando la Matritense concedió el premio a Cicilia en 1777, Campomanes conocía la semejanza entre ambos textos; queriendo premiar de esta manera al intendente que, desde noviembre de 1776, permanecía en las cárceles de la Inquisición. Por lo tanto, Cicilia, más que plagiar a Olavide, hizo un favor a su infortunado amigo al presentar el informe a la Sociedad Matritense y conseguir el primer premio. En suma, Olavide contó con la colaboración de un nutrido grupo de expertos para la elaboración del Informe al Consejo sobre la Ley Agraria, de los que se desconocen sus nombres.
     En el Informe se describe la situación del campo andaluz y sus problemas, se aporta numerosa información y se esboza un plan de reforma completo. Su pensamiento sobre la reforma agraria recogido en este informe y en otros escritos del período 1767-1776 ofrece dos líneas bien diferenciadas dependiendo de las tierras en que se fuera a aplicar la reforma. Si eran tierras estatales (baldíos, principalmente) o concejiles (propios y comunales) se debían aplicar inmediatamente las reglas maestras de la empresa colonizadora de Sierra Morena y Andalucía, que eran un modelo para el resto del país. Si eran tierras particulares, el fin era el mismo pero mediante el empleo de la persuasión, de métodos indirectos, “sin revoluciones”. Es decir, las “demostraciones oculares” de un nuevo método de cultivo o tipo de arado, los ejemplos dados por las nuevas poblaciones de Sierra Morena y Andalucía o una legislación “suave”. La principal medida de la reforma agraria, que parte del rechazo de una tasa para la renta de la tierra, se basa en crear pequeños labradores y poner más tierra en cultivo o mejorar su labor. Propone estimular a los grandes propietarios para que enajenen a canon en frutos o arrienden a largo plazo sus tierras, y más aún a los que lo hagan dividiendo su tierra en pequeñas suertes. Otras medidas serían la educación de los nobles y eclesiásticos, que los inclinará al bien público, el establecimiento de sociedades económicas orientadas a fomentar todos los sectores económicos productivos, y la libertad de comercio interior que beneficia tanto al consumidor como al productor, al conseguir la abundancia y baratura y un “buen precio” de los productos agrícolas, respectivamente.
     Su labor como intendente del Ejército de los cuatro Reinos de Andalucía se centró en el suministro de alimentos, utensilios y vestuario a los soldados y oficiales y, en particular, en ubicar el asiento del vestuario del Ejército en el Reino de Castilla y León con el fin de fomentar la industria en Andalucía. Fue más sobresaliente su labor como asistente de la ciudad de Sevilla. En este cargo emprendió diversas reformas, que van desde una ordenación urbanística de la ciudad, hasta una nueva política de abastos, pasando por una reglamentación para la limpieza semanal de las calles. Los tres frentes en los que Olavide trabajó con mayor energía fueron en la ordenación de las diversiones públicas, en la creación de nuevas poblaciones en las tierras de propios de la ciudad (dehesas de Armajal y Prado del Rey, principalmente) y, sobre todo, en la reforma educativa.
     En 1768 redactó el Plan de estudios para la Universidad de Sevilla, junto a seis informes sobre la formación de un hospicio general, un seminario clerical, un seminario de educandas, otro de alta educación para niños y un colegio para estudios de Gramática. Al igual que el Informe sobre la Ley Agraria, el Plan de Estudios es un documento que refleja sus ideas y las de sus amigos. Para su elaboración contó con la colaboración de un nutrido y selecto grupo de intelectuales sevillanos. La Biblioteca Colombina de Sevilla conserva una copia del Plan de estudios con una nota minuciosa del conde del Águila que dice: “De D. José Cevallos es el Plan de Estudios Teológicos, y muchos materiales para la formación del Seminario clerical y lista de Autores. De D. Domingo Morico, la Planta de dicho Seminario Conciliar o Clerical; y toda la parte Matemática y la Médica, esta última con consulta de algunos profesores. Del abogado D. Bartolomé Romero la parte legal. D. Antonio Cortés hizo de Secretario y extendió el informe. El Asistente ingirió [sic] en todas sus ideas y formó los proyectos del Seminario de Nobles, Colegio de Señoritas y Hospicio, siendo originalmente suya la elección de Casas jesuitas para estos destinos. Los médicos consultados fueron D. Cristóbal Nieto y D. Bonifacio Lorite, por el P. Morico D. Antonio Anguita fue preguntado en algo por el Asistente. Todos dijeron lo que podían decir unos hombres que ignoraban el fin de la consulta pues al que más, se le mostró el Plan en bosquejo, y como idea de un facultativo sobre las mejoras que podía hacerse al estudio de la Medicina, sin objeto alguno”. La colaboración de este nutrido grupo de intelectuales sevillanos dio como fruto la convergencia de diversas influencias en el Plan de estudios, que van desde las del valenciano Gregorio Mayáns y Siscar hasta las de portugués Luis Antonio Verney, el Barbadiño. El Plan influyó a Floridablanca, quien, como primer ministro, intentó llevarlo a la práctica en otras universidades, como Alcalá o Granada.
     Todas estas actividades en Sevilla y en las nuevas poblaciones se vieron interrumpidas en noviembre de 1776 con la detención de Olavide por el Santo Tribunal de la Inquisición y la celebración de un “autillo de fe” en 1778 en el que se le acusó de impiedad, materialismo y herejía. Hay unanimidad entre sus biógrafos en señalar que el “autillo de fe” pretendió quitar de la escena a un fiel ejecutor de las reformas propuestas por el gobierno “ilustrado” y dar un castigo ejemplar que sirviese de escarmiento y aviso al resto de la minoría ilustrada. Sus reformas pudieron fracasar por diversos errores, contradicciones o enemigos, pero lo que se percibe con claridad es que se paralizaron con su encarcelamiento.
     Desde su detención en 1776 hasta su muerte en 1803 no volvió a desempeñar ningún cargo público. Olavide huyó a Francia en 1780 y su imagen fue utilizada por los ilustrados franceses, entre ellos su primer biógrafo Diderot, como prototipo de víctima de la Inquisición por emprender reformas dirigidas a paliar el atraso cultural, social y económico de España. Olavide, aunque aprobó algunas de las primeras medidas de los revolucionarios franceses, no compartió los principios en que se basaba la Revolución Francesa porque destruían los dos pilares de una “buena sociedad”, el Altar y el Trono. A raíz de su desacuerdo con los principios revolucionarios intentó pasar inadvertido y se retiró, huyendo de “los horrores de la Revolución”, al pequeño pueblo de Meung, donde administró el Hotel-Dieu, convertido en “Casa de Socorro”. En esta casa estableció a su costa una manufactura de paño para vestir a ancianos y niños pobres, al igual que años antes hiciera en el Hospicio de San Fernando. Además, fue miembro fundador de la Société Populaire de Meung.
     Coincidiendo con un período en que antiguos y nuevos amigos estuvieron en el poder (Jovellanos, como ministro de Gracia y Justicia, y Luis Mariano Urquijo o Francisco de Saavedra en la Secretaría de Estado), Olavide regresó a España en 1798 para retirarse a la ciudad andaluza de Baeza. Los últimos diez años de su vida dio a luz una extensa producción literaria.
     La obra más conocida, por las numerosas ediciones en castellano y otros idiomas, es el Evangelio en triunfo, o Historia de un Filósofo desengañado (1797- 1798), escrito en Cheverny. El libro consta de cuatro volúmenes, a destacar el último donde desmenuza de nuevo su pensamiento socio-económico, que había expuesto y llevado a la práctica entre 1766 y 1776.
     En cuanto a la reforma agraria, insiste en la formación de pequeños propietarios, poseedores al menos, del dominio útil de la tierra, asociación de la labranza y cría de ganado, introducción de mejoras agrícolas, “industria popular” y el ejemplo para que los propietarios adoptasen estas reformas, “sin revoluciones”. La diferencia más destacable con respecto a sus propuestas anteriores es que la colonización en este caso habría de ser privada, es decir, la tendrían que iniciar los particulares y no el Estado como en 1767. Otras obras de carácter puramente religioso escritas en este período son Los poemas cristianos (1799), el Salterio español o versión parafrástica de los salmos de David, de los cánticos de Moisés, de otros cánticos y algunas oraciones de la Iglesia en verso castellano (1800), y, por último, el incompleto Testimonio de un filósofo conservado en el Archivo Municipal de La Carolina (Jaén).
     Al final de su vida también escribió, con el seudónimo de Anastasio Céspedes y Monroy, novelas recogidas en sus Lecturas útiles y entretenidas (1800-1817). Algunas de estas novelas fueron reeditadas póstumamente en Nueva York en 1828. Se trata de novelas de carácter moralizante e influidas por autores ingleses como Richardson, que critican los vicios que afectan a las sociedades y a las buenas costumbres y cantan las ventajas y pureza de la vida en el campo (Luis Perdices de Blas, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Plano de Olavide (1771), en la Sala I del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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