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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 5 de agosto de 2026

La Colegiata de Santa María de las Nieves, en Olivares (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María la Blanca, en Olivares (Sevilla)
     Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Colegiata de Santa María de las Nieves, en Olivares (Sevilla).
     La Colegiata de Santa María de las Nieves, se encuentra en la plaza de España, s/n; en Olivares (Sevilla).
     Es una construcción compleja, ya que las obras de reforma fueron constantes desde su fundación hasta mediados del siglo XVIII. Presenta planta de cruz latina inscrita en un rectángulo, con tres naves separadas por columnas pareadas y varias capillas laterales. Las cubiertas son bóvedas de cañón con lunetos en la nave central y en el ábside, rebaja­das en las naves laterales y semiesférica en el crucero. Las columnas soportan arcos de medio punto, inter­calándose entre ellas y los arcos un trozo de entablamento. La decoración consiste en yeserías que datan de la época de la primera construcción. Hay varias capillas abiertas al cuerpo de la iglesia y tribunas sobre el presbiterio destinadas a los duques. Al exterior presenta tres portadas, todas adinteladas y muy sobrias, y una torre en los pies, con dos cuerpos recorridos por pilastras y un remate prismático con adorno de azulejos, pudiendo leerse en ella la siguiente inscripción: «Acabóse 1689». Sobre la edifica­ción del templo hay diferentes noticias. La construcción inicial data de la primera mitad del siglo XVII, haciendo la valoración de la obra Vermondo Resta, maestro mayor de los Reales Alcá­zares de Sevilla. En 1637 se hace la capilla mayor, en 1666 se traen las columnas de mármol del convento de carmelitas de Los Remedios de Sevilla, siendo maestro de obra Sebastián de Ruesta, tres años después. En 1680 se termina la obra, añadiéndose la capilla del Sagrario catorce años más tarde, y en 1706 se hace el trascoro, obra del arquitecto José de Escobar. Siete años después se tira la cúpula del crucero para hacer otra más esbelta, donde trabajan como vidrieros José del Pino y Francisco Ruiz de la Plaza, colo­cándose en ella las esculturas de los arcángeles y los escudos ducales, que hizo un escultor llama­do el Romano y que doró Ignacio de la Vega.
     La riqueza interior del templo es considerable, pudiendo conceptuarse como uno de los conjuntos más ricos de la provincia de Sevilla. El retablo mayor es obra de fines del siglo XVII, ya que en 1690 estaba terminado. En la obra intervinieron los ensambladores y arquitectos de retablos José Guisado, José Escobar y Matías de Brunenque, siendo dorado en 1700 por Miguel Parrilla con sus hijos Pedro y Manuel. Consta de tres calles, banco, un cuerpo y un remate, con dos hornacinas centrales y columnas salomónicas en la separación de las calles. Lo preside la Virgen de las Nieves, imagen barroca sedente. La escultura se debe a María Roldán, hija mayor de Pedro Roldán, casada con uno de los autores del retablo, Matías de Brunenque, que terminó la talla en 1697. La Virgen lleva una magnífica corona de plata realizada por Ignacio de Córdoba, platero sevillano, examinado de maes­tro en 1712, hecho por el que la corona ha de ser algunos años posterior a la imagen. En el retablo se hallan también las esculturas de San Nicolás de Bari, Santo Domingo, San Pedro y Santiago, todas contemporáneas del mismo, excepto una pequeña Inmaculada que se halla en la hornacina superior que pertenece a la segunda mitad del siglo XVIII. Hay también en el presbiterio pinturas murales y dos bancos de madera tallada con los escudos de los duques que corresponden a la misma época.
     En la nave izquierda, pero abierta al presbiterio, se halla la Capilla de las Reliquias, llamada así por la colección de relicarios de madera dorada que regalaron los condes de Olivares a fines del siglo XVI. Es difícil encontrar una colección tan com­pleta como ésta, pues contiene ochenta relicarios de distintos modelos, presentando la arqueta principal la fecha de 1590. De 1633 es la reja que cierra la capilla, debida al rejero Luis Noguera. En la misma nave se encuentra un retablo realizado por Manuel García de Santiago en 1750, que contiene a la primitiva patrona del pueblo o, al menos, la imagen más antigua de la colegiata. Se trata de la Virgen del Álamo, pequeña figura sentada que tiene una fruta en la mano derecha, mientras que con la izquierda sostiene al Niño sobre su rodilla. Probablemente es una imagen del siglo XIV, que ha sido bastante restaurada, pues la policromía del vestido y el tronco de álamo sobre el que se asienta, parecen datar de mediados del siglo XVI. Consta documentalmen­te que a fines del siglo XIX se le redondeó la cara y se le pusieron ojos nuevos. En el mismo retablo hay esculturas de Santa Bárbara, San José con el Niño y Santa Rosa, obras contemporáneas del mismo, es decir, de mediados del XVIII. En su parte inferior descansa un hermoso busto del Ecce Homo atribuido a la Roldana. En el mismo testero se halla una capillita con el retablo de la Virgen del Carmen, con hornacina, columnas helicoidales y decoración de rocalla, fechable hacia 1775. La imagen titular lleva ráfaga, escapularios y corona de plata.
     En la misma nave y a continuación se halla otra pequeña capilla, con el enterramiento de Bernardo Poblaciones Dávalos, que data de 1817. Contiene la capilla pinturas murales con escenas de la Vida de la Virgen y sus prefiguraciones en el Antiguo Testamento, encuadradas en fingidas arquitecturas. El retablo de fines del siglo XVIII enmarca un lienzo de la Adoración de los Pastores. La capilla contigua tiene igualmente un retablo rococó, con una Inmaculada de candelero y un buen relieve del Ecce Homo, ambos contemporáneos del retablo. El zócalo de la capilla es de azulejos modernistas. En otra de las capillas de la misma nave aparece un gran lienzo de San Cristóbal con marco barroco, de fines del siglo XVII. Las paredes van pintadas con arquitecturas, pabellones y ángeles, de época aproximada a la del retablo. En la capilla situada a los pies de la nave se encuentra una escultura de San Ambrosio realizada por Ruiz Gijón en 1703.
     En la capilla de la cabecera de la nave derecha hay un retablo de comienzos del siglo XVIII que contiene un lienzo del Crucificado. En la misma nave se halla un retablo de tres calles con hornacina central entre estípites, que realizó en 1755 Manuel García de Santiago. Está dedicado a la Virgen del Rosario. En las calles laterales se contemplan las tallas de San Juan Evangelista y Santiago, ambos de la época del retablo. Varios retablos de estilo rococó hay en esta nave, dedicados a San Antonio y a la Divina Pastora, esta última atribuida a Bernardo Gijón.
     La Capilla Sacramental fue terminada en 1694 y está presidida por un retablo contratado con Manuel García de Santiago en 1753, que se articula por estípites. Entre sus esculturas destacan las de San José y el Niño, de gran calidad y elegancia, atribuidas a Roldán. El grupo de Santa Ana y la Virgen es obra de Francisco Antonio Gijón. Las paredes de la capilla soportan lienzos de grandes dimensiones, que han sido objeto de diferentes atribuciones y cuyos temas son los Desposorios de la Virgen, la Adoración de los Magos y el Tránsito de San José. Estuvieron atribuidos a Roelas durante algún tiempo, pero en la actualidad se consideran obras del taller de Zurbarán, de hacia 1640. En la misma capilla se halla un lienzo representando a San Blas bendiciendo a dos donantes, que representan a María, la hija del Conde-Duque, y a Inés, su mujer, obra de mediados del siglo XVII, probablemente de talleres madrileños. El marco es de la época.
     La última capilla de la nave es de la Virgen de los Dolores en su Soledad, imagen de candelero que se halla colocada en un retablo del segundo cuarto del siglo XVIII. Tanto las paredes como la cúpula se hallan decoradas con pinturas murales. Al fondo de la nave central se halla el coro, hecho de nogal y con doble sillería, con decoración de tipo geométrico, de la primera mitad del siglo XVII. Fue realizado por Bernardo de Cabrera, artista galaico que lo ejecutó en Santiago de Compostela, viniendo a Sevilla a montarlo en 1638, probablemente a instancias de Francisco de la Calle, que provenía de Santiago, y ocupó la silla abacial entre 1633 y 1650. Sobre la silla del abad se destaca un relieve del Nacimiento hecho por el artista sevillano Gaspar Ginés, de inspiración montañesina. La reja que cierra el coro es de hierro forjado y cons­tituye uno de los mejores ejemplares del estilo barroco de la primera mitad del siglo XVIII. Sobre el coro se halla un órgano del siglo XIX.
     El trascoro se hizo en 1706 y se debe al arquitecto y retablista sevillano José de Escobar. En la parte que linda con la espalda del coro y entre las dos entradas de él hay un templete semipoligonal, con decoración vegetal barroca y dos edículos laterales con columnas salomónicas. En el centro se halla una pintura de la Inmaculada con incrustaciones de plata y marco tallado de la época del templete, es decir de comienzos del siglo XVIII, aunque el lienzo de la Virgen, también llamada de las Carboneras, es del siglo anterior. En el trascoro hay otros retablos de interés; el más antiguo es el dedicado a San Benito, de un solo cuerpo, columnas helicoidales y un remate en el que se ve la Virgen de las Nieves con el Niño. El retablo y la escultura son obra de la primera mitad del siglo XVII y procede de la desaparecida iglesia de Heliche. Otro retablo situado en el trascoro es el que preside la escultura de San Sebastián, obra del siglo XVIII muy recompuesta. Dentro del trascoro, pero en el lado izquierdo, hay dos capillas con sus correspondientes retablos. La más cercana a los pies va decorada con pinturas murales que representan temas de rocalla, siendo de la misma época y estilo el retablo. Se halla éste formado por dos cuerpos y un remate, conteniendo una escultura del Niño Jesús, de la segunda mitad del siglo XVIII, y una pintura de la Virgen, del tipo de las de Guadalupe. La otra capilla fue fundada en 1712 pero su retablo se fecha en 1763. La figura principal es el Nazareno, del siglo XX, que pro­bablemente sustituirá al que tuvo la hermandad originalmente.
     Hay varios cuadros de buena calidad reparti­dos por la iglesia, como una Anunciación de la segunda mitad del siglo XVII, que recuerda a Cornelio Schut, y el Milagro de la Virgen de las Nieves, con la procesión al Esquilino, de principios del mismo siglo. En el despacho del párro­co hay dos lienzos de cabezas cortadas de escuela sevillana y dos cuadros de arcángeles, del siglo XVIII. En el mismo lugar se exhibe un magnífi­co Crucificado de marfil del siglo XVII, obra hispanofilipina.
     En la sacristía se contienen importantes obras, tanto de esculturas como de pintura y orfebre­ría. En la pared principal se halla una cajonería de madera tallada, de la primera mitad del siglo XVIII, sobre la que se levanta un retablo de la misma época que procede de la desaparecida iglesia de Heliche. Este se compone de dos relieves que representan a San Juan y a la Virgen y una escultura del Crucificado. Hay también en el recinto una pila de mármol hecha en 1801. En cuanto a la pintura destacan las imágenes del Ecce Homo, la Dolorosa y la Inmaculada, todos del siglo XVIII. En las cajonerías se guardan las ropas de culto, muy ricas y abundantes, pues se cuentan hasta seis capas pluviales y varias casullas y dalmáticas del siglo XVIII, en raso y tercio­ pelo bordados. De terciopelo bordado y de la misma época es también un simpecado con pintura central de la Virgen entregando el rosario a Santo Domingo y algo posterior es el de la Divina Pastora. 
   En los armarios de la sacristía se hallan expues­tas las piezas de orfebrería, que son abundantísi­mas, pues pasan del centenar, y de una excelente calidad. Las obras más antiguas datan de la época en que se fundó la colegiata, es decir, de la pri­mera mitad del siglo XVII, pero hay también mul­titud de piezas de los siglos XVIII y algunas del XIX. La pieza de mayor tamaño es la custodia procesional, de más de dos metros de altura, com­puesta por tres cuerpos de base rectangular, realizada a mediados del siglo XX, pero siguiendo el modelo tradicional del Renacimiento. No obstante, en su construcción se aprovecharon piezas antiguas como vinajeras neoclásicas y una magnífica escultura de la Virgen de fines del siglo XVII con punzón de la ciudad de Sevilla. De grandes dimensiones es el altar que se utiliza en las principales festividades, compuesto por frontal, baldaquino, banco con sagrario, peanas para la custodia, corona, sol y remate. Es obra de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, que combina los paneles forrados de terciopelo con la plata labrada. Lleva los punzones de la ciudad de Sevilla, el contraste García y el autor Manuel Palomino. Obra también de importancia es el sagrario de plata que se halla en la Capilla Sacramental, de planta cuadrangular y modelo neoclásico, con algunos restos de rocalla, que puede situarse a fines del siglo XVIII o a comienzos del XIX. Lleva los punzones de la ciudad de Sevilla, del contraste Cárdenas y del autor Quesada, así como el nombre del donante, Juan Gordillo.
     Entre las piezas de menor tamaño merecen destacarse la colección de cruces, tanto procesionales como de altar. De la época de la fundación de la Colegiata hay una cruz de altar con relicarios en sus brazos y con una peana en forma de monte. El relicario central contiene una moneda bizantina de oro, del emperador Tiberio II, que reinó entre 698 y 705. De la misma época data otra cruz-relicario, así como una más, procesional, con decoración de rectángulos en los brazos y hermoso nudo cilíndrico, con relieves de obispos. Hay también una cruz procesional barroca, con decoración de flores carnosas, y dos cruces de altar de estilo rococó, así como dos ostensorios manieristas, uno de ellos fechado en 1646, numerosos cálices, algunos con el punzón de Salamanca y del platero Cardeñosa, fechados en 1759. Existen bandejas de mediados del siglo XVIII, con decoración barroca y asomos de estilo rococó, punzonadas en Sevilla; cuatro ciriales, dos de ellos manieristas con hermosas sirenas repujadas, y los otros dos de estilo rococó, del platero sevillano Garay. Hay también candeleros, vinajeras, navetas, copones y dos atriles barrocos, ampliamente decorados y fechados en 1752. No puede finalizarse la reseña de los objetos de plata sin men­cionar el cofre de carey con cantoneras y remates de plata, de estilo barroco, que se usaba como arca del Monumento del Jueves Santo (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
      La Iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves, antigua Colegiata, se encuentra situada en el centro del pueblo de Olivares, formando conjunto monumental con el frontero palacio de los condes, templo que se comenzó a construir a mediados del siglo XVI a instancias del primer conde, Pedro de Guzmán, y con el edificio que albergaba el antiguo alfolí o pósito, contiguo a la iglesia.
     Exteriormente la fábrica presenta un aspecto bastante sobrio, fruto de la complejidad a que estuvo sometida su construcción, que abordó los siglos XVI y XVII. Es un edificio con tendencia a la horizontalidad, destacando en la superposición de volúmenes la torre y la cubrición de la cúpula del crucero a cuatro aguas con grandes contrafuertes angulares, así como la nave central a dos aguas.
     Es una construcción compleja, ya que las obras de reforma fueron constantes desde su fundación hasta mediados del siglo XVIII. Presenta planta de cruz latina inscrita en un rectángulo con capillas abiertas a las naves laterales. El cuerpo de la iglesia se presenta dividido en tres naves, separadas por  arcos de medio punto que apoyan en columnas pareadas, intercalándose entre ellas y los arcos un trozo de entablamento. Las cubiertas son bóvedas de cañón con lunetos en la nave central y en el ábside, rebajadas en las naves laterales y semiesférica en el crucero. La decoración consiste en yeserías que se encuentran datadas en las fechas de la primera construcción. El templo cuenta con varias capillas abiertas al cuerpo de la iglesia y dos tribunas sobre el presbiterio destinadas a la asistencia a los oficios para los duques.
     El conjunto se encuentra rematado por un antepecho corrido y macizo en el que destacan balaustres en relieve.
     La capilla sacramental se encuentra sitiada a los pies de la nave de la Epístola, finalizándose su construcción en 1694. 
     Consta de una nave dividida en tres tramos cubierta con bóveda de cañón con lunetos, presidida por un retablo dedicado a San José, donde se encuentra el sagrario.
     Situada a los pies de la iglesia, en el trascoro, y cerrada por reja de hierro a media altura, se sitúa la capilla de la Virgen de la Soledad. Es de planta cuadrangular y se cubre por cúpula sobre pechinas con linterna. Ésta se encuentra elevada por grandes arcadas, una de las cuales comunica con la capilla bautismal, de reducidas dimensiones. El interior de la cúpula se presenta dividido en ocho gajos separados por pilastras en los que se sitúan esculturas de ocho arcángeles.
     La sacristía constituye un espacio rectangular adosado a la cabecera de la iglesia en su extremo meridional, espacio que presenta en el centro una columna de mármol colocada en 1703. Este espacio se comunica con la sala capitular, lugar en el que cada sábado se reunía el Cabildo de la Colegiata.
     Al exterior presenta tres portadas, todas adinteladas y muy sobrias, y una torre de planta cuadrada en los pies de la nave del Evangelio, con dos cuerpos recorridos por pilastras y un remate prismático con adorno de azulejos, pudiéndose leerse en el segundo cuerpo la inscripción "Acabóse 1689" y en el tercero "1769", modelo más acorde con los gustos castellanos que con los andaluces que estaban en boga a finales del siglo XVII. 
     La torre campanario cuenta con tres cuerpos realizados en ladrillo. El primero de ellos denominado caña o fuste, se encuentra semiembutido en la construcción de la nave del Evangelio, las capillas laterales y el enmascaramiento que recorre el conjunto en el frente de la plaza mayor, decorado por pilastrones, con remate de antepecho y decoración de perinolas de cerámica. Destaca la esfera del reloj, tras el cual emerge la caña coronada un entablamento del que arranca el segundo cuerpo. Éste presenta, a modo de arco cuadrifonte, un vano de medio punto en cada uno de sus frentes. Sobre éste un nuevo entablamento de gran sobriedad sirve de apoyo al tercer cuerpo más reducido que el inferior. Este cuerpo repite el mismo esquema compositivo del anterior, un vano de medio punto en cada uno de sus frentes con la particularidad de que cada uno de ellos se encuentra flanqueado por pilastras toscanas cuyo tercio inferior se curva hacia el exterior haciendo las veces de contrafuerte de este cuerpo. Se remata por un entablamento que se remata por un cupulín con cruz y veleta de forja, flanqueado en sus ángulos por pequeños pilares coronados por perinolas de azulejos. 
     El conjunto, realizado en ladrillo se encuentra enfoscado en tono crema, destacando la decoración de azulejos cerámicos en blanco y azul en el remate del conjunto. 
     En este templo parroquial, con motivo de San Blas el 3 de febrero, tiene lugar la popular bendición de panes y roscas.  
     A finales del siglo XVI sólo existía en la villa de Olivares, que se había convertido en la cabeza del estado fundado por Pedro de Guzmán, una ermita o pequeña iglesia dedicada a la Virgen del Álamo, hasta entonces patrona de la localidad. 
     Aunque la capilla con la advocación de Santa María de las Nieves fue fundada en 1590 por el segundo conde, Enrique de Guzmán, con licencia del papa Gregorio XIII, la construcción material del nuevo edificio no se inició hasta principios del siglo XVII.
     El artífice de que este templo se convirtiese en colegiata fue el tercer Conde Duque de Olivares, Gaspar de Guzmán y Pimentel, valido del rey Felipe IV.
     El complejo proceso constructivo de la Colegiata dio como resultado un templo de tres naves con capillas laterales. Tras la valoración inicial de Vermondo Resta, Maestro mayor de los Reales Alcázares de Sevilla, comenzó su construcción en 1666 bajo la dirección de Sebastián de Ruesta, a quien se debe la planta que le encargó el conde Luis de Haro. En 1637 se inició la construcción de la capilla mayor, en 1666 se trasladaron las columnas de mármol blanco del convento carmelita de los Remedios de Sevilla, siendo concluida por el maestro Sebastián de la Ruesta, tres años después.  La capilla es bastante amplia y se halla flanqueada por la capilla de las reliquias, a la que se abre a través de un arco, y por otra igual que comunica con la sacristía, mientras que colaterales a la mayor se encuentran las capillas de la Virgen de Álamo y la del Rosario.
     A los pies de la nave centran se encuentra situado el coro, flanqueado en el lado del Evangelio por la torre y en el lado de la Epístola por la capilla sacramental, realizada en 1694. A finales del siglo XVII se construyó en su lado meridional la sacristía y la sala capitular. Por su parte la capilla de la Soledad fue levantada en 1712.
     El trascoro fue trazado en 1706 por José de Escobar, maestro mayor del Alcázar de Sevilla, concluyéndose la bóveda del crucero en 1713, en la que trabajaron como vidrieros José del Pino y Francisco Ruiz de la Plaza, colocándose en ella las esculturas de los arcángeles y los escudos ducales, que hizo un escultor llamado "el Romano" y que doró Ignacio de la Vega (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fundada como capilla y panteón familiar por sus padres, los II condes de Olivares, alcanza gracias a un privilegio papal gestionado por el propio Gaspar el rango de colegiata, que la dotaba de total autonomía frente al arzobispado de Sevilla.
     Es uno de los principales ejemplos de la arquitectura del siglo XVII en la provincia y alberga en su interior un excepcional patrimonio de los principales artistas del momento. Pedro Roldán, María y Luisa Roldán, Francisco Antonio Gijón, Juan de Roelas o Zurbarán son algunos de los nombres propios vinculados a este excepcional Bien de Interés Cultural.
     La colegiata es también sede de la Hermandad de la Soledad y panteón de los condes de Olivares. La capilla de las reliquias es uno de los ejemplos más curiosos del espíritu religioso del momento. Santa María de las Nieves es el segundo templo de España en cantidad y calidad de las mismas.
     El edificio es de cruz latina inscrita en un rectángulo. Su exterior consta de tres portadas dinteladas y una torre con dos cuerpos. Dispone de tres naves cubiertas por bóvedas de medio cañón, decoradas con yeserías y columnas procedentes del convento de las carmelitas de Los Remedios de Sevilla.
     Su interior cuenta con varios retablos de distintos estilos y numerosas obras de arte de orfebrería. El retablo mayor alberga una imagen barroca de la Virgen de las Nieves, de María Roldán, así como esculturas de San Nicolás de Bari, Santo Domingo, San Pedro y Santiago (todas del XVII) y una pequeña Inmaculada (siglo XVIII).
     Las capillas recogen obras de Roelas y Zurbarán, entre otros. En la capilla del sagrario hay esculturas atribuidas a Roldán. Al fondo de la nave principal está el coro con doble sillería adornado por motivos geométricos del siglo XVII (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María de las Nieves, o la Blanca
    Fiesta conocida popularmente por Santa María de las Nieves o la Blanca por la leyenda de la fundación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma: el patricio romano Juan tuvo una visión de la Virgen en el 358 que le ordenaba edificar una iglesia en un solar que encontraría cubierto de nieve, lo que comunicó al Papa Liberio, que trazó el plano del nuevo templo en la cumbre del Esquilino, nevada prodigiosamente, por lo que se la conoce como Basílica Liberiana.  Se la encuentra ya registrada en el calendario jeronimiano, pero por ser una celebración local romana, no aparece en los sacramentarios. Hasta el siglo XIV fue una fiesta exclusiva de la basílica, en que se extendió a todas las iglesias de Roma y a otras diócesis. Fue extendida definitivamente a la Iglesia Latina en 1570 por San Pío V Ghislieri, que determinó incluso sepultarse allí, y Clemente VIII Aldobrandini (+1605) la elevó a doble mayor. En el calendario de 1969 fue incluida memoria libre. Aparte de la historicidad de la leyenda, el conmemorar la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma nos invita a reflexionar que María es imagen y tipo de la Iglesia, su origen como la primera creyente del nuevo orden salvífico y su representación en el Calvario y ante el sepulcro, así como la esperanza escatológica eclesial de la futura glorificación consumada en su Asunción. El templo material de María, que alberga a Jesús Eucaristía es signo del cristiano, templo vivo del Espíritu Santo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre la localidad de Olivares (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla.  
     Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]    
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla
     El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, se encontraba en la manzana formada por las calles paseo de Cristóbal Colón, Reyes Católicos, Pastor y Landero, y Adriano; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     Los historiadores de la Orden hacen remontar sus orígenes al periodo de los ermitaños del norte de África que, aglu­tinados en torno a la figura de Agustín de Hipona, forman una pequeña comunidad, en una continuidad sin interrupción difícil de demostrar con la Orden constituida en 1256. Aurelio Agustino (354-430) nació en Tagaste, actual Túnez, hijo de un pagano, Patricio, y una cristiana, Mónica, quien ejerció sobre él una poderosa influencia. Entregado a los estudios clásicos, se adhirió a la secta de los maniqueos, tuvo una juventud licenciosa y se dedicó a la enseñanza de retórica en Cartago, Roma y Milán, donde su vida espiritual evoluciona por las plegarias de su madre y las instrucciones del arzobispo San Ambrosio, cuyo ejemplo y palabras le llevan a su conversión al cristianismo, bautizándolo el 25 de abril del 387. Deseoso de difundir la filosofía cristiana regresa a su tierra, vende sus bienes entregando el producto a los pobres y se establece en Hipona donde es ordenado sacerdote el 391 por el obispo Valerio, a quien sucederá en la cátedra episcopal en el año 395. En su abundante producción literaria expuso sus ideas filosóficas, teológicas, su antropología y su teoría del conocimiento, en una constante búsqueda de Dios a través del mundo y en un esfuerzo por incorporar el pensamiento platónico a la tradición filosófica cris­tiana; sus obras han ejercido una gran influencia en la esco­lástica, y se granjeó el título de primer legislador y patriarca del monacato latino siendo considerado uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia. La comunidad creada por San Agustín tras su conversión al cristianismo tuvo un fecundo desarrollo, propagándose por el norte del África romana rápidamente, de tal manera que a la muerte del Santo, en el 430, existían alrededor de cincuenta monasterios, incluidos los de mujeres. La invasión de los vándalos en el siglo V y de los árabes en el VII supuso una fuerte persecución de estas comunidades, pasando muchos de sus miembros al sur de Italia, Francia y España, a donde exportaron la tradición monástica agustiniana. Sin embargo, la legislación carolingia, que impuso con carácter exclusivo la profesión de la regla benedictina en todo el imperio, significó un freno a la propagación del ideario agustino. Habrá que esperar al renacimiento de la vida monástica de los siglos X y XI para asistir al resurgimiento de la Regla de San Agustín en los numero­sos eremitorios que se originaron. En 1244 el papa Inocencio IV, en un deseo de unificar a todos los ermitaños, promovió la fusión de los abundantes cenobios de dentro y fuera de Italia, en los que se incluían los de inspiración agustina, dando lugar a la llamada Gran Unión que fue confirmada el 9 de abril 1256 por el papa Alejandro IV. Se constituyó una gran familia religiosa que recibió el nombre de Orden de los Frailes Ermitaños de San Agustín, en el convento romano de Santa María del Pópulo, con un superior general al frente y una subdivisión en doce provincias, siete para Italia y las cinco restantes para Francia, Alemania, Inglaterra, Hungría y España. A fines del siglo XIII ya existían diecisiete y en 1329 el número de provincias ascendía a veinticuatro. Asimismo, la Orden adopta los ideales y organización de los mendicantes, conciliando el apostolado activo con la vida contemplativa monacal, siendo considerada la tercera de las órdenes mendicantes tras franciscanos y dominicos.
     Hay que señalar que San Agustín nunca escribió una regla monástica, son sus libros, sermones y sobre todo sus cartas en donde hablaba de la vida religiosa y el modo de practicarla, los que inspirarán un conjunto de normas y una forma de vida que serán adoptadas por numerosos institutos religiosos antiguos y modernos como guía a seguir. Las familias religiosas tituladas como Orden de San Agustín abarcarán diversos institutos de religiosos y de monjas. Entre los masculinos se hallaban los Ermitaños de San Agustín, instituidos canónicamente en 1256, que tras la reforma de 1505 son denominados Observantes; y los Ermitaños Recoletos de San Agustín, llamados Recoletos o Descalzos, surgidos en algunos conventos que desaprobaban la actividad intelectual, el estudio y la docencia universitaria, y deseaban entregarse más a la oración, a la contem­plación, a la vida retirada y recoleta como medio de santifi­cación; la nueva rama agustina fue a probada en el Capítulo General de Toledo el 3 de diciembre de 1588.
     En España se constata la presencia de eremitorios en época visigoda, en zonas de Valencia y Mérida, cuya proliferación quedó frenada con la llegada de los musulmanes a la península. Los avances de las tropas cristianas de Fernando III, Jaime I y Alfonso X, liberarán nuevos territorios en cuyas principales ciudades fundan los agustinos sus casas; en 1278 había nueve conventos y en 1300 dieciséis en España y Portugal. Con la Gran Unión de 1256 la Península se trans­forma en la Provincia Hispaniae, la que a su vez, más tarde por Capítulo reunido en Dueñas en 1527 se divide en cuatro: Lusitana, Catalano-aragonesa, Castilla, que llegaba hasta el río Tajo, y Andalucía o Bética, al sur de esta línea fluvial. Por otro lado, gracias al permiso otorgado por el papa Adriano VI a las órdenes mendicantes por el que podían pasar a las Indias para su evangelización, los agustinos llegaron a tierras americanas en 1533, en donde crearon la provincia de Nueva España, consiguiendo fundar la Universidad de México; un hito importante en su creciente expansión será la presencia de la Orden en Filipinas, a donde llegaron sus religiosos acompañando al conquistador Legazpi, fundando misiones y el colegio mayor de Iloco.
     Al igual que el resto de Europa, los conventos agustinos de España padecieron a mediados del siglo XV la relajación y deterioro de la observancia de la regla, conocida como claustra. Para atajar el mal surgió un movimiento de reforma a favor de la restauración de la disciplina monástica primitiva, siendo fray Juan de Alarcón quien desde el convento de Villanubla (Valladolid) emprenda el camino del reformismo, que será aprobado en 1438; las casas que se acogían a la reforma pasaron a denominarse Congregaciones de la Observancia, que a fines del XV eran un buen número de conventos. En este sentido, los Reyes Católicos obtienen del papado la aprobación para incorporar obligatoriamente todos los conventos agustinos a la observancia, lo que se verá cumplido en 1504, en el capítulo interprovincial cele­brado en Toledo. Por otro lado, en el último tercio del siglo XVI algunos conventos promovieron la vuelta al rigor primitivo de la Orden, desaprobando la actividad intelectual, el cultivo de los estudios y la docencia universitaria que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos. Este nuevo movimiento, más interesado por la vida contemplativa y la oración, dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina o de los Ermitaños Recoletos cuya aprobación se produjo en el capítulo provincial de Toledo del 3 de diciembre de 1588, abriéndose el primer convento en Talavera de la Reina al año siguiente, siendo elaboradas sus Constituciones por fray Luis de León. En 1605 el papa Clemente VIII autoriza la creación de la provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento propició su elevación a Congregación en 1621, por bula de Gregorio XIV, celebrando en ese mismo año su primer Capítulo General en el que fue nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva de Andalucía y Nicolás de Tolentino de Filipinas.
     En suma, la expansión y consolidación de la Orden en sus diferentes ramas fue constante y se mantuvo durante los siglos XVII y XVIII; una Orden que se caracterizó por la gran importancia que dio al estudio y la cultura, preocupada por la buena formación de sus religiosos bien cualificados para el apostolado y la enseñanza en sus más altos niveles, (en las universidades), con figuras tan destacadas y conocidas como fray Luis de León. La estima por el conocimiento y la cultura forjó la formación de centros docentes, los llamados Estudios Generales, adscritos a universidades, y valiosas bibliotecas conventuales que contribuyeron al progreso del saber, ganando por ello la Orden la reputación de docta. Sin embargo, este estado de cosas se vino abajo con los aconteci­mientos políticos-legislativos del XIX que culminaron en la desamortización de 1835, fecha en la que se contabilizaban en la península doscientos cinco conventos, de los que sólo quedó abierto el Colegio-Seminario de Valladolid, que por su carácter misionero quedó excluido de la desamortización por la influencia y prestigio que su trabajo misional en el extranjero daba al país.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DEL PÓPULO (PRIMERA ADVOCACIÓN DE SANTA MÓNICA), DE LOS AGUSTINOS DESCALZOS
     En el último tercio del siglo XVI se produjo en el algunos conventos de la Orden un movimiento de vuelta al rigor primitivo disciplinar monástico, en un deseo de suplir la actividad intelectual y el cultivo del estudio y la docencia, que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos, por una vida religiosa más recogida centrada en la contemplación y la oración como medios más eficaces para la santifica­ción. Esta nueva corriente dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina también denominada de ermitaños recoletos, cuya aprobación se produjo en Capítulo Provincial celebrado en Toledo el 3 de diciembre de 1688, quedando bajo la supervisión del General de la Orden. En 1605 se les autoriza crear la Provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento determinó su elevación a Congregación por bula de Gregorio XV expedida en 1621, año en el que celebró su primer Capítulo General siendo nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección, y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín, de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva, de Andalucía y Nicolás de Tolentino, de Filipinas.
     Según el manuscrito de fray  Antonio del Rosario, fechado el 17 de noviembre de 1675 sobre la fundación del Convento del Pópulo, el mismo año 1621 fray Jerónimo de la Resurrección comisiona a fray Cristóbal de Porras y dos religiosos más para fundar casa de la descalcez en Sevilla, propuesta que fue favorablemente acogida por el entonces arzobispo don Luis Fernández de Córdoba. Sin embargo, no es hasta 1625 cuando los agustinos consiguen fundarla, merced a la generosa donación otorgada el 10 de septiembre de ese año de una pequeña casa por parte del devoto ciudadano Pedro Antón de la Cerda, quedando el convento bajo la advocación de Santa Mónica, madre de San Agustín. El 8 de diciembre se puso el Santísimo Sacramento en una sala habi­litada corno iglesia y fue nombrado primer prior fray Pedro de la Asunción. Siguiendo la crónica de fray Antonio del Rosario, quien fue también prior del monasterio, la casa estaba situada frente a lo que después sería el convento definitivo, en el Arenal, siendo, pues, ésta la primera y provisional morada de los agustinos descalzos en Sevilla, en donde permanecerán trece años; provisional porque los religiosos tenían autorización del arzobispo para levantar su convento en el Arenal, lugar extramuros de la ciudad, entre las puertas de este nombre y la de Triana, cercano a la ribera izquierda del río y en el sitio que llamaban "de las eneas" por la gran cantidad que allí crecía. No es hasta 1637 cuando el Cabildo de la ciudad, siendo su asistente el conde de Puebla, deslinde la parcela correspondiente, para cuyo cometido comparecieron "su señoría personalmente con los 21 que fueran señalados y alarifes de dicha ciudad, mostró su señoría su cariño y devoto afecto en la medición de dicho sitio mostrándose poco escaso y muy liberal en la Donación de dicha Ciudad". Se procedió a cercar la amplia parcela y en tanto se levantaba la fábrica del monasterio, se labraron dos salas una mirando hacia el Arenal y otra hacía el río; en ésta se instaló el 1 de enero de 1638 el Santísimo traído desde la iglesia provisional de la primera casa, acomodándose los agustinos en su ya definiti­vo emplazamiento, "empezándose las obras de la Iglesia principal que ha de ser permanente... hasta el año 1666" en que, concluida, fue inaugurada el sábado 1 de mayo, con fiestas religiosas que duraron cuatro días en los que hubo misas y sermones, asistiendo el tercer día el Cabildo de la ciudad, rematándose el último día con solemne procesión en la que el Marqués de Villamanrique portó las insignias del convento.
     El cambio de título del convento de Santa Mónica estuvo motivado por el acontecimiento que tuvo lugar en 1626 durante la riada que desde el día 25 de febrero asoló la ciudad. En el portal de la casa, sita en la calle Harinas, del matrimonio formado por Antonio Pérez, natural de Barcelona, y la sevillana Ana de Villafañe, había una pintura de la Virgen con el Niño con la advocación de Nuestra Señora del Pópulo. El río salido de madre entró por la puerta del Arenal anegando la casa, llegando las aguas al mencionado cuadro "tocando los pies del Niño, y el ímpetu del aire desprendió el santo cuadro que estaba colgado de un clavo grande y la lámpara que estaba ardiendo delante de su Md. la arrancó el aire", permaneciendo milagrosamente durante tres días flotando sobre las aguas y con la lámpara encendida; este prodigio determinó al devoto matrimonio, que para darle un mejor acomodo donde fuera venerada por todos, entregar la imagen a los agustinos, cuya recién fundada casa fue elegida al azar de entre otros conventos, quedando seguidamente el convento bajo el patronazgo y protección de la Virgen siendo titulado desde entonces como de Nuestra Señora del Pópulo.
     El convento del Pópulo se establece por tanto en el cono­cido Arenal de Sevilla, extramuros de la ciudad, lugar semi­ despoblado y vinculado al cercano comercio del río, en donde concurrían "gentes de mal vivir" que propiciaban no pocas pendencias; desertores de cárceles y galeras que se amparaban en los cercanos cañaverales del río o se introdu­cían en la ciudad furtivamente a través de un agujero practicado en la muralla en el paredaño barrio de la Mancebía en donde cometían todo tipo de atropellos, como era denunciado en la documentación de la época y recogido en la literatura picaresca. Hemos de señalar que tanto el cabildo eclesiástico como el civil debieron de ver con buenos ojos la elección de este problemático sitio para la nueva fundación, en el que la presencia de los religiosos supondría un "saneamiento" en el orden espiritual y urbanístico de la zona. Los agustinos asumirían el auxilio religioso de las gentes del lugar y por otro lado, su presencia propiciaría un cambio funcional más digno. Qué duda cabe de que el sitio resultaba además de peligroso insalubre por la presencia del inmediato muladar que llegaba a formar un cerro, como se puede apreciar en los grabados de la época, llamado Baratillo o Malbaratillo como lo cita Cervantes, y ser un terreno depri­mido en el que quedaban estancadas las aguas, siendo además fácilmente inundable por las habituales y catastrófi­cas crecidas del cercano Guadalquivir, como la que aconteció a fines de diciembre de 1783 en que el río se salió de sus márgenes, rompió el puente de barcas cortándose la comu­nicación con el arrabal de Triana, entrando las aguas en las casas de la zona, por lo que los vecinos tuvieron que salir al igual que los religiosos del Pópulo, quienes con mucha difi­cultad retiraron el Santísimo de la iglesia y se refugiaron donde pudieron. O la que se produjo en 1796, los días 26, 27 y 28 de diciembre en que de nuevo se constata una gran riada que superó el malecón que se había construido desde el puente de barcas hasta la Torre del Oro para paliar estos siniestros. Se inundó toda la alamedilla frontera al convento y los atribulados moradores del barrio acudieron a implorar a la Virgen del Pópulo su intercesión para que cesasen las calamidades.
     Con ocasión de la gran epidemia de 1649 que produjo una gran mortandad en la ciudad, se abrió un cementerio cercano a las tapias del convento que subsistió hasta comienzos del siglo XVIII, tiempo en que también consta en las inmediaciones el perneo o mercado de cerdos. A partir de 1728 comenzó el desmonte del Baratillo, se instaló un juego de pelota en 1745 y se levanto la primera plaza de toros, de madera, transformaciones que irán cambiando la fisonomía del lugar en el que ya destacaba a través de las tapias la fábrica del monasterio, especialmente la fachada de la iglesia revestida de vistosos paneles cerámicos, como se aprecia en el grabado que recoge la entrada de Felipe V en Sevilla reali­zado por Pedro Tortolero en 1738, que nos permite vislum­brar buena parte de él. En este sentido hay que señalar que el convento se va a convertir en testigo de las entradas de monarcas y otras personalidades que accedían a la ciudad a través de la inmediata puerta de Triana, pasando el cortejo por delante del convento, que se engalanaba para la ocasión, como la acaecida el 8 de octubre de 1823, en la que llegó a Sevilla procedente de Cádiz Fernando VII, por lo que el Pópulo para agasajar a la familia real que pasaría por delante del convento cubrió su fachada "con bastidores de perspectivas, vasos de colores, piras y fogatas".
     Con la llegada de los franceses en 1810 los agustinos fueron exclaustrados y su convento destinado a cuartel de la milicia nacional de artillería. La iglesia, a petición de los vecinos, fue abierta al culto en 1811. Los religiosos volvieron al Pópulo en 1815 y permanecieron en él hasta la Desamortización de 1835. En el ya ex-convento se instaló la cárcel nacional en sustitución del viejo y maltrecho edificio situado en la calle Sierpes, quedando inaugurada el 3 de junio de 1837 y siendo considerada en su época una de las mejores de España por sus buenas condiciones higiénicas, sus espaciosas galerías y la dotación de buenos servicios. La cárcel será popularmente conocida como del Pópulo y para adaptar el edificio a su nuevo uso se realizaron numerosas obras, llevadas a cabo por la municipalidad, que desfiguraron el convento: se derribó la torre, la iglesia se despojó de sus altares, imágenes y demás enseres litúrgicos, que fueron repartidos por las parroquias de la ciudad que los pidieron; así en 1844 el párroco de San Miguel solicitó las losas de Génova de las iglesias del Pópulo y de San Isidoro del Campo que se guardaban en almacenes, con el fin de pavimentar su templo y sacristía. Finalmente, la iglesia agustina fue derribada en 1843, conservándose solamente su fachada recubierta de ricos paneles cerámicos, según acuerdo de la Junta de Cárceles, "en razón de su mérito, aunque desdijeran algún tanto del uso al que se consagraba el reparado local... tomando el tipo de la cárcel de Tiburn en Londres". El cadalso donde realizar las ejecuciones capitales se enclavó en una azotea labrada al efecto en el muro zaguero del inmueble, "librando a los reos de ese doloroso tránsito de la cárcel al patíbulo por entre la curiosa multitud, y evitando con esto escenas repugnantes y propicias a muchos desordenes".
     En la década de 1940 la cárcel quedó obsoleta trasladán­dose a otra zona de la ciudad, y el edificio fue derribado. Sobre su solar se levantó en 1947 el Mercado de Entradores, una gran estructura arquitectónica debida a Juan de Talavera y Heredia en la que se yuxtaponen varias plantas de viviendas; entre 1974-1977 será transformado y adaptado para mercado de abastos, el del "El Arenal", combinado su uso residencial en los pisos superiores y oficinas municipa­les en los bajos.
ARQUITECTURA
     Como ya hemos señalado, el convento de Nuestra Señora del Pópulo se emplazaba extramuros de la ciudad, en el llamado Arenal, espacio abierto en la margen izquierda del Guadalquivir, entre las puertas de este nombre y la de Triana. Para su construcción el cabildo de la ciudad otorgó a los agustinos descalzos una amplia parcela cuyo deslinde tuvo lugar a fines de 1637. El sitio era llamado "de las eneas" por la abundancia de esta planta en la zona, lo que sin duda determinó la formación del barrio de la Cestería, nacido sobre el muro exterior de la muralla, y en donde los artesanos trabajaban este material. El monasterio era un edificio exento, cercado por una tapia, según se observa en los grabados de la época. Nada ha permanecido de él, sólo las escue­tas referencias de González de León y una somera planta levantada tras la Desamortización nos permiten conocer algo de su configuración. La iglesia "bien labrada y de mucha capacidad" era de tres naves separadas por arcos con decora­ción de molduras sobre pilares. Poseía un "bien formado crucero" con cúpula en el centro, y la techumbre era de bovedillas y encima maderas y tejas al exterior. A la capilla mayor se accedía por cuatro gradas de mármol rojo, existiendo a los dos lados sendas capillas, sirviendo la del lado del evangelio de comulgatorio, que se cerraba con una gran reja. No sabemos si poseía coro a los pies aunque sí consta que tuvo un buen órgano. A los pies de la nave del evangelio se hallaba la denominada capilla del Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, de pequeñas dimensiones, "en la que apenas cabían tres personas", que se cerraba con una reja con puertas, "de dos varas de alto", y a la que se accedía por tres arcos muy bajos y estrechos sobre robustos pilares con columnas resal­tadas, y cubierta de bóveda ovalada muy plana con claraboya. El espacio estaba recubierto con mármoles rojos y tenía un pequeño altar con un sudario en el que se veía a Cristo difunto. Esta capilla pertenecía a la Hermandad del Santo Sudario y Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo hermano mayor, Jorge Jaens junto con Cristóbal de Aspitia, alcalde antiguo, Diego del Castillo Vanderbort y Bernardo Carvajal, hermanos de la dicha Hermandad, conciertan el 28 de marzo de 1713 con el maestro sacador de piedra de cante­ría Francisco Martín y con Leandro de Rivas, la entrega de un total de treinta dos piedras, once negras y veintiuna coloradas, "para la fábrica del sepulcro que tiene acordado hacer de nuevo de piedra de jaspe". En el contrato se detallan las medidas que han de tener los sillares, que debían ser entregados en el mes de mayo de ese año, cuyo precio ascendió a "ciento ocho pesos escudos de a diez reales de plata cada uno". Sobre la iglesia dice Arana de Varflora que tras la inundación del año 1784, fue "hermoseada", sin especificar en qué consis­tió. La sacristía era de planta rectangular y se situaba en el lado de la epístola, a la altura del altar mayor con el que se comunicaba, perteneciendo a uno de los lados del patio principal que se situaba en este costado de la iglesia. El templo poseyó a los pies del lado de la epístola una torre con espadaña de dos cuerpos, como se aprecia en el grabado de Pedro Tortolero, que fue derribada enseguida tras la Desamortización.
     Sí permaneció hasta la década de los años cuarenta del siglo XX en que fue demolida, la gran fachada de la iglesia, de dos cuerpos de altura, que se articulaba mediante colum­nas de orden gigante que separaban sus cinco calles, en las que se disponían ventanas en las dos más extremas y paneles cerámicos polícromos en el resto. Afortunadamente los paños de azulejos se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, en donde están colocados separadamente. Forman un total de ocho excelentes cuadros de autor anónimo, cuya fecha de ejecución, teniendo en cuenta que la iglesia se inauguró el 6 de mayo de 1666, hay que situar en torno a esa fecha. Presentan una gran calidad técnica y artística con clara influencia de la escuela pictórica sevillana, lo que hace pensar que el autor de su diseño pudo ser un pintor más que un maestro de azulejería. Su distribución en el frontis de la iglesia, a modo de gran fachada-retablo, constituyó un complemento iconográfico de gran riqueza visual y devo­cional, distribución que podemos recomponer con la ayuda del grabado de 1738. Sobre el vano central de medio punto de acceso a la iglesia se situaba el panel cuadrado de Nuestra Señora del Pópulo, representada de medio cuerpo con el Niño en brazos, ambos con coronas. Encima se hallaba el magnífico panel que representaba a San Agustín arrodillado, con el hábito agustino y capa pluvial, mientras que dos ángeles niños le sostienen el báculo y la mitra alusivos a su condi­ción de obispo; en el rompimiento de gloria superior se sitúan Cristo, la paloma del Espíritu Santo y la Virgen sentados sobre tronos de nubes con cabezas de querubines. En las calles laterales de la fachada se distribuyen figuras de santos y religiosos agustinos como delatan sus vestimentas; en el cuerpo inferior a la izquierda un papa y a la derecha un obispo, en paneles rectangulares terminados en semicírculos. En el segundo cuerpo a la izquierda Santa Clara de Montefalco y Santa Mónica en el derecho. Y finalmente en la parte superior San Nicolás de Tolentino y San Juan de Sahagún.
     Según González de León al convento se entraba por una puerta lateral a la izquierda de la iglesia, lo que no concuerda con la visión que nos ofrece el grabado de Tortolero ni la planta del XIX, ya que las dependencias conventuales se distribuyen hacia la derecha. Una vez traspasada la portería, se encontraba el patio principal, que quedaba paredaño con el muro de la epístola de la iglesia; era "de tamaño mediano" de dos pisos de altura y de arcos sobre columnas de mármol en ambos. La planta baja era de galerías abiertas, en donde se disponían "la oficinas necesarias, no muy amplias y algo tristes y oscuras". En el piso superior tenía balcones y era más "extenso, cómodo y muy alegre por as buenas vistas al arrabal y al río". El monasterio hubo de poseer otros patios más pequeños y las piezas de servicio habituales como cocina, corral, huerta, etc. Hay que señalar que en agosto de 1691 el arquitecto municipal Acisclo Burgueño acompañado de Juan Pérez de Saavedra visitaron el Pópulo a fin de dictaminar sobre la solicitud que los religiosos habían hecho al cabildo de la ciudad para labrar una enfermería en la trasera del convento, próxima al Baratillo, de treinta varas de largo, lo que significaba que una de las zanjas de desagüe de las calles Galeras, Menores y Vírgenes quedase dentro del monasterio. Para compensar la donación los agustinos se comprometían a hacer y mantener un husillo de buena albañilería y a mantenerlo en buen estado.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     Igualmente son muy escasas las referencias a los retablos y esculturas del convento. Por el testamento del maestro de escultura Andrés Cansino, otorgado el 25 de octubre de 1670, sabemos que éste había hecho "diferentes piesas de escul­tura" para el retablo mayor que estaba realizando Bernardo Simón de Pineda, que no se ha conservado y del que se desconocen sus características estructurales e iconográficas, salvo que estaba presidido por la imagen pintada de Nuestra Señora del Pópulo. González de León señala que a la parroquia de San Juan de la Palma de Sevilla se trajeron dos retablos con sus santos, que no han podido ser identificados, pereciendo quizás en los saqueos de la iglesia en el año 1936.
     Por otra referencia documental sabemos de la existencia en la iglesia del Pópulo de una capilla dedicada a Santa Rita. El 31 de marzo de 1694 el Maestro escultor José de Escobar y el dorador Antonio Gallardo conciertan con el mercader de libros Juan Salvador Pérez la ejecución de un retablo para dicha capilla, "la segunda capilla en la hazera de mano derecha entrando por la puerta de mano derecha". El diseño fue realizado por Escobar aunque nada se especifica en el contrato salvo que ha de ser de madera de pino de Flandes y los adornos en cedro y que en el último cuerpo haría un San Juan Bautista de medio relieve. El costo del trabajo ascendía a 2.600 reales de vellón y debía estar terminado en seis meses. Es la primera obra documentada de José de Escobar, que pasó a la iglesia conventual de San Pablo, actual parro­quia de la Magdalena.
     El 26 de noviembre de 1598 el pintor de imaginería Diego García de Santana y el escultor Matías de la Cruz declaraban tener acabado un Cristo de pasta, del natural, puesto en la cruz con sus potencias y corona de espinas, cuya hechura había sido concertada por veinte ducados por el jubetero Diego García para una cofradía que radicaba en el convento de Nuestra Señora del Pópulo, que antiguamente residió en la parroquia de San Esteban. Ambos artistas reciben el encargo de realizar otra imagen igual para un cliente que se la llevará a las Indias; y como no les daba tiempo a hacerla solicitan permiso a la hermandad para entregar la que ya tienen terminada, obligándose a entregarles la suya para la primera semana de cuaresma del año siguiente, es decir en 1599. Ni de la innominada hermandad ni de la existencia de este Cristo tenemos más noticia.
     En el convento del Pópulo radicó la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, fundada en 1753 en el convento trianero del Espíritu Santo por Sebastián Miguel Varas y otros castellanos nuevos. El 4 de abril de 1835 se trasladan a la parroquia de San Esteban, y después de pasar por San Nicolás y San Román reside actualmente en el antiguo templo del convento del Valle. Durante su estancia en la parroquia de San Román perdió en los saqueos de 1936 sus primitivas imágenes de las que no se conocen sus autores.
     El 7 de marzo de 1892 el arzobispo de Sevilla don Benito Sanz y Forés cedía a la Hermandad de las Cigarreras de Sevilla un Cristo atado a la columna que procedente del convento del Pópulo se conservaba entonces en la parroquia de la Magdalena. Se trata de una magnífica talla de madera policromada de 1,53 m. de alto, atribuida al círculo de Pedro Roldán y fechada en el último tercio del siglo XVII. Atado a una columna de fuste bajo y con el cuerpo inclinado hacia delante, pleno de naturalismo expresivo. Actualmente la imagen se halla en la parroquia de Hinojos (Huelva) a donde pasó en 1915 al ser sustituida por otra talla de Joaquín Bilbao.
PINTURAS
     El patrimonio pictórico del convento del Pópulo hubo de ser escaso; sólo Ceán Bermúdez anota la existencia de obras de Esteban Márquez en la escalera y coro de los agus­tinos recoletos, sin determinar su número ni los asuntos representados, de las cuales sólo se han localizado hasta la fecha dos, que erróneamente se ha hecho proceder del claustro principal del convento de San Agustín. Se trata del San Agustín y el misterio de la Santísima Trinidad y San Agustín entre Cristo y la Virgen, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, que aunque sin firmar ambas reflejan de forma clara el estilo de Márquez, obras, por otro lado, importantes dentro de su producción, cuyo estilo se mueve fielmente dentro de la órbita de Murillo aunque posee características propias que se definen en especial en la expresividad de sus personajes. La primera composición presenta al Santo de pie, vestido con el hábito agustino y con un libro en la mano izquierda; está acompañado por un niño con una concha y respaldado por un fondo marino. En un rompimiento de gloria del ángulo superior izquierdo se halla la Santísima Trinidad. En el segundo lienzo San Agustín se halla de rodillas en el centro de la composición, revestido de obispo, cuyo báculo y tiara aparecen en el suelo, y mirando hacia el rompimiento de gloria de la zona superior en donde se disponen la Virgen y Jesucristo rodeados de una aureola de vaporosas nubes y de angelitos. También puede provenir del convento del Pópulo La Consagración de San Agustín que se conserva en la Casa de Ejercicios Espirituales de San Juan de Aznalfarache (Sevilla), depositada por el Museo, y que constaba en el Inventario de las pinturas depositadas en el Alcázar de Sevilla con el número 388 atribuida a este pintor. Es obra de grandes dimensiones, de formato horizontal, muy adecuada para ser colocada en un gran testero como el de un coro o una escalera, y en ella se distribuyen alrededor de cincuenta personajes, agrupados equilibradamente en dos grupos en varios planos de profundidad en torno a la figura del Santo en momento de su consagración episcopal, composición que deriva de la estampa de Schelte A. Bolwerst incluida en una obra sobre la vida de San Agustín editada en París en 1642, aunque hábilmente recreada por Márquez.
     En el Museo de Odessa se halla una pintura adjudicada a Murillo, que representa a la Virgen con el Niño y San Agustín, atribución que ha sido descartada a favor de Esteban Márquez, y que por su iconografía se ha sugerido su procedencia del convento de San Agustín de Sevilla. Nos inclinamos a pensar que pudo ser una de las que este pintor realizó para el convento del Pópulo.
     En el Museo de Huelva y como depósito del de Bellas Artes de Sevilla, se hallan un total de seis lienzos que representan a pequeño tamaño y de cuerpo entero a San Jerónimo, San Gregorio, San Agustín, San Bruno, San Ambrosio y Santo Tomás de Aquino, atribuidos al pintor sevillano Andrés Pérez, atribución no compartida por Valdivieso, y que se hacen proceder del convento del Pópulo.
     Se desconoce la suerte que tuvo la pintura que representaba a la Virgen del Pópulo que presidía el retablo mayor de la iglesia del convento, cuya iconografía sólo nos es conocida por el panel de azulejos de la fachada del templo conservado actualmente el museo, como va hemos referido, y que la representa de medio busto y con el Niño en brazos. En ninguna de las fuentes manejadas se especifica su autor ni ningún dato otro dato que ayude a su identificación. En el ángulo sur del patio principal cita González de León en un retablo una pintura de "Nuestra Señora", que no ha sido identificada.
     Cinco lienzos que se conservan en el Ayuntamiento de Sevilla se hacen proceder del convento del Pópulo. Se trata, en primer lugar, de una bella y juvenil Inmaculada Concepción adjudicada a Francisco de Zurbarán, que en actitud recogida con las manos unidas al pecho y con la mirada elevada, se dispone ingrávida en el centro de una vaporosa aureola de nubes poblada con cabezas de querubines. Los cuatro lienzos restantes son los bustos que poseen unas mismas dimensiones y que representan a San Atanasio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio. Son obras anónimas de la segunda mitad del XVII, de modesta factura, cuyo formato original era oval como se advierte claramente en los suplementos añadidos (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María de las Nieves o la Blanca;
     Fiesta conocida popularmente por Santa María de las Nieves o la Blanca por la leyenda de la fundación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma: el patricio romano Juan tuvo una visión de la Virgen en el 358 que le ordenaba edificar una iglesia en un solar que encontraría cubierto de nieve, lo que comunicó al Papa Liberio, que trazó el plano del nuevo templo en la cumbre del Esquilino, nevada prodigiosamente, por lo que se la conoce como Basílica Liberiana.  Se la encuentra ya registrada en el calendario jeronimiano, pero por ser una celebración local romana, no aparece en los sacramentarios. Hasta el siglo XIV fue una fiesta exclusiva de la basílica, en que se extendió a todas las iglesias de Roma y a otras diócesis. Fue extendida definitivamente a la Iglesia Latina en 1570 por San Pío V Ghislieri, que determinó incluso sepultarse allí, y Clemente VIII Aldobrandini (+1605) la elevó a doble mayor. En el calendario de 1969 fue incluida memoria libre. Aparte de la historicidad de la leyenda, el conmemorar la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma nos invita a reflexionar que María es imagen y tipo de la Iglesia, su origen como la primera creyente del nuevo orden salvífico y su representación en el Calvario y ante el sepulcro, así como la esperanza escatológica eclesial de la futura glorificación consumada en su Asunción. El templo material de María, que alberga a Jesús Eucaristía es signo del cristiano, templo vivo del Espíritu Santo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el paseo de Cristóbal Colón, en ExplicArte Sevilla.

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Más sobre la calle Adriano, en ExplicArte Sevilla.

martes, 4 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Fuentes, y Ermitas) de la localidad de Valle de Matamoros, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Fuentes, y Ermitas) de la localidad de Valle de Matamoros, en la provincia de Badajoz.
     Se trata de un pequeño núcleo muy próximo a Valle de Santa Ana, situado sobre una orografía accidentada en las cercanías de Jerez de los Caballeros, del que dependió tradicionalmente como aldea, ocupando asentamientos de gran belleza natural, cubiertos de abundante vegetación en la que abundan los castaños, las zarzas y las huertas.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 4,9 Km2
     Altitud: 609 m.
     Distancia Capital: 66 Km.
     Partido Judicial: Jerez de los Caballeros
     Comarca: Sierra Suroeste
     Gentilicio: Vallero
Ayuntamiento de Valle de Matamoros
     plaza de España, 2
     06177 Valle de Matamoros (Badajoz)
     Teléfono: 924753525 - 924753729
     Fax: 924753728
     Correo-e: ayuntamiento@valledematamoros.es - secretario@valledematamoros.es
     Web: www.valledematamoros.es
Historia.-
     Se trata de un pequeño núcleo muy próximo al Valle de Santa Ana, situado sobre una orografía accidentada en las cercanías de Jerez de los Caballeros, del que dependió tradicionalmente como aldea, ocupando un asentamiento de gran belleza natural, cubierto de abundante vegetación en la que abundan los castaños, las zarzas y las huertas.
     Su principal atractivo reside en la configuración urbanística y el carácter de su arquitectura popular, cuya trama origina perspectivas y rincones del mayor pintoresquismo.
     El origen del nombre de la localidad tiene diferentes versiones; según la tradición, el nombre de la localidad se debe a una supuesta matanza de árabes en este lugar por los cristianos de Alfonso IX a mediados del siglo XIII. Pero hay otra hipótesis que basa el origen del toponimio en un apellido muy común en Jerez de los Caballeros y que llevaba el personaje fundador del núcleo.
     Este lugar ostentó la consideración de aldea de Jerez de los Caballeros, perteneciendo sucesivamente a las mismas jurisdicciones que detentaron la posesión de tal centro. En 1370 se incorporó a la Orden de Santiago, en virtud de la donación realizada por Enrique III de Castilla. En 1653 durante la guerra de separación de Portugal del Trono de España, el lugar resultó incendiado y saqueado por los portugueses, quedando parcialmente destruido. Posteriores enfrentamientos con Jerez de los Caballeros se saldaron con grandes destrozos en el municipio (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     Aunque el atractivo principal del enclave reside en las hermosas panorámicas que ofrece desde las alturas próximas o desde el mismo interior del caserío, posee también esta localidad construcciones dignas de mención como la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción, de indudable interés, correspondiente al tipo de pequeño templo rural conectable con la arquitectura popular.
     Presenta torre fachada con atrio porticado en el cuerpo inferior cobijando una portada gótica de granito. Sobre la nave se levanta una espadaña lateral de acusado plasticismo. Al interior una de las capillas ofrece cúpula con pinturas que representan a los Apóstoles y otros motivos de interés.
     Pieza sobresaliente resulta el retablo mayor, obra del siglo XVI de pequeñas proporciones y severo diseño, en el que se conservan algunas de las pinturas originales, debidas a Pedro de Bañares. También es notable la pila bautismal, obra cerámica agallonada del XVII, cubierta con brillante policromía (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.-

     La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción es el monumento más importante. Data del siglo XVI y su aspecto exterior responde a las características propias de tipo popular. Presenta torre fachada con atrio porticado en el cuerpo inferior cobijando una portada gótica de granito. Sobre la nave se levanta un espadaña lateral de acusado plasticismo. Al interior una de las capillas  ofrece cúpula con pinturas que representan a los Apóstoles y otros motivos de interés. Pieza sobresaliente resulta el Retablo Mayor obra del siglo XVI de pequeñas proporciones y severo diseño, en el que se conservan algunas de las pinturas originales, debidas a Pedro de Bañares. También es notable la Pila Bautismal, obra cerámica agallonada del siglo XVII, cubierta con brillante policromía (Ayuntamiento de Valle de Matamoros).

Fuentes.-
     Notables son sus antiguas fuentes como las de El Borbollón, El Coso, Los Barranquitos, Vázquez o  La Gavia, reconocida, esta última como Fuente Medicinal según el SIGPAC (Ayuntamiento de Valle de Matamoros).

Ermitas.-
     De las cuatro ermitas con las que contaba el municipio, actualmente solo quedan dos, la ermita de San Benito, la cual se ubica en el interior del Cementerio Municipal y la ermita de San  Miguel, siendo esta de titularidad privada. De las ermitas de San José y San Gregorio, sita esta última en el límite territorial de las localidades de Valle de Matamoros y Valle de Santa Ana, que da nombre al camino que une ambas localidades, solo quedan sus ruinas y sus nombres.
     Lo más destacado es, sin duda, la arquitectura civil, formada por casa de grandes fachadas y diseño particular, para adaptarse a las irregularidades del terreno (Ayuntamiento de Valle de Matamoros).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos(Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Fuentes, y Ermitas) de la localidad de Valle de Matamoros, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

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