Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 26 de junio de 2026

Haz tu ruta con ExplicArte Sevilla: Tú decides la ruta, la fecha y el precio (Free Tour - propina)

 

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     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

     Ruta Sevilla Judía: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la huella judía en la Sevilla de hoy: las antiguas sinagogas y los barrios judíos de Santa Cruz o de San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

     Ruta Sevilla Gótica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
     Ruta Sevilla Barroca: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 

     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde Explicarte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Romántica: Desde Explicarte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.

     Ruta Sevilla Modernista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.

     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.

     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.

     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).

     Ruta Sevilla, Ciudad de Ópera: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia de Sevilla en la historia del Bel Canto, puesto que está presente en más de 100 óperas. Podemos elegir varias rutas relacionadas con la Ópera y Sevilla: Sevilla escenario de Ópera A, Sevilla escenario de Ópera B, El Mito de Carmen, El Mito de Don Juan, y El Mito de Fígaro.

     Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos los hitos más importantes de la expedición que dio la I Vuelta a la Tierra.

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Las Murallas musulmanas de la ciudad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las Murallas musulmanas de la ciudad, de Sevilla.
      La conquista de Spalis por las tropas del califato omeya de Damasco en 712 y su integración en el amplio y complejo espacio cultu­ral islámico, vino a significar la potenciación de sus rasgos más específicamente urbanos, configurándose el concepto de madina, la ciudad en la que se concentra el poder político, económico y religioso protegido tras sus murallas. De este modo, los nuevos gobernantes musulmanes mantendrían en su mayor parte la cerca muraria heredada de la ciudad clásica, cuyo trazado exacto aún desconocemos, y sobre la cual probablemente realizarían distintas labores de reconstrucción tras los diversos episodios bélicos mencionados por las fuentes. Entre estas, las crónicas recogen el asalto normando a la ciudad en 844, cuyos terribles efectos obligaron al emir cordobés Abd al-Rahmán II a reconstruir la muralla, manteniendo el perímetro anterior o bien realizando algunas ampliaciones parciales del mismo, aunque hasta la fecha no hay unanimidad en la identificación de sus restos por parte de los especialistas. Asimismo, las fuentes describen el asedio y toma de Isbiliya por las tropas de Abd al-Rahman III en 913 para aplastar la rebelión de la ciudad contra el poder cordobés, lo cual acarreó la orden de derribo de las murallas, aunque hoy los expertos defienden que dicha orden no significaría tanto la destrucción del conjunto amurallado, como la de sus puertas, que poseen una mayor carga simbólica y exigirían menos medios para su demolición.
     Sin embargo, las murallas emergentes que podemos contemplar en la actualidad corresponden a un nuevo esfuerzo constructivo en los siglos XI al XIII, aunque hoy por hoy no existe en la comunidad científica un acuerdo unánime acerca de la cronología de su construcción. De hecho, los expertos mantienen un interesante debate en torno a las fuentes y el análisis de la investigación arqueológica a la espera de que nuevos avances tecnológicos y trabajos más ambiciosos permitan definir con total seguridad la datación de la ampliación del recinto fortificado, que, en todo caso, correspon­dería a un lapso de tiempo entre los años finales del reinado de Al Mutamid ben Abbad (1069-90) y las últimas construcciones almo­hades en 1221, incluyendo en esta amplia etapa el conjunto de las diferentes reparaciones y mejoras del recinto defensivo.
     El contexto histórico de este proceso se desarrolla con la desintegración del califato Omeya cordobés y su sustitución en Isbiliya por el reino taifa de los Banu Abbad a partir de 1023, hechos que conducen a una serie de transformaciones en nuestra ciudad, tales como la construcción de los primeros recintos palaciegos en el área del actual Alcázar, que exigirían con toda seguridad una reformulación del trazado meridional de las murallas, en el contexto del importante crecimiento demográfico que llevaría a la ciudad a reba­sar sus líneas fortificadas con la aparición de arrabales, cementerios y núcleos artesanales extramuros del recinto de origen omeya.
     Por otro lado, hay que tener en cuenta que la dinámica fluvial del Guadalquivir y el desplazamiento de su cauce hacia el oeste, hasta alcanzar su ubicación actual en torno al siglo XII, había limitado anteriormente el crecimiento de la urbe hacia occidente, por lo que la nueva situación del río proporcionó a la ciudad andalusí una extensa superficie que permitiría la ampliación del espacio amurallado hacia la nueva orilla izquierda del río, así como reforzar las defensas urbanas en un área frecuentemente castigada por las inundaciones periódicas. En este sentido habría que contextualizar la posible ampliación de la muralla bajo el mandato almorávide, entre los años 1125 y 1134 por orden del cadí Abu Bakr, como se deduci­ría de las fuentes documentales. El objetivo de dicha obra sería la incorporación a la ciudad amurallada de una amplia superficie de arrabales, alquerías y huertas extramuros en un momento de aumento demográfico y crecientes ataques cristianos.
     Siguiendo esta argumentación, el nuevo poder almohade reconstruiría la cerca amurallada en aquellos tramos castigados por las riadas periódicas, a la vez que le añaden nuevos tramos al ritmo de las sucesivas ampliaciones del alcázar, obras que se suman a las realizadas en Isbiliya en la segunda mitad del siglo XII con el objetivo de hacer de la ciudad la gran capital del califato almohade en al-Andalus. Finalmente, ante la ofensiva de los reinos cristianos del norte en los inicios del siglo XIII, se refuerza la capacidad defensiva de la ciudad con el recrecimiento de la muralla, la construcción del foso y el antemuro, así como de la coracha y la torre albarrana del puerto (la torre del Oro), aunque estas obras fueron realizadas con un tapial menos compacto, probablemente ocasionado por la urgencia de la guerra.
     Frente a esta hipótesis que plantea un origen taifa, almorávide y almohade de la muralla sevillana a lo largo de diversas etapas, la profesora M. Valor Piechotta defiende que el conjunto de la nueva cerca se levantó a lo largo del califato almohade en varias fases, que van desde 1150, bajo el mandato del califa Abu Yaqub Yusuf, a 1221, tras la victoria cristiana en las Navas de Tolosa (1212), apoyándose para ello en las fuentes documentales (las crónicas de Ibn Sahib al­ Salat y de Ibn Abi Zar) y en el análisis del perímetro amurallado, el cual presenta una serie de características comunes, tales como el material constructivo, un tapial de diversas calidades, un trazado adaptado a la topografía y la tipología de las torres emergentes, cuadradas y dispuestas regularmente, con una o tres cámaras inte­riores y una decoración exterior con verdugadas de ladrillo.
     Aquel conjunto amurallado tenía unos 7000 m de perímetro, de los que hoy se conservan varios tramos exentos que suman unos 2000 m, principalmente en el sector de la Macarena, jardines del Valle y callejón del Agua, a los que habría que añadir los abundantes lienzos de la muralla que, ocultos tras las viviendas, actúan como medianeras entre inmuebles. Las murallas encerraban una superficie de 276 ha aproximadamente, un espacio inmenso protegido en su mayor parte por los dos grandes fosos naturales que representaban el Guadalquivir al oeste y el Tagarete al este, albergando, además del área residencial, numerosas huertas y vacíos intramuros que no llegarían a colmatarse hasta el siglo XX, lo que hizo de Sevilla uno de los núcleos urbanos de mayor superficie amu­rallada, "una realidad inusual en otras ciudades", pero, en todo caso, menor que Roma o Constantinopla, las dos grandes urbes del mundo antiguo.
     La fortificación andalusí, salvo algunas reparaciones y reformas posteriores de la etapa cristiana, estaba construida en su conjunto a base de tapial de arena, guijarros y cal, una técnica de gran solidez, economía y rapidez, aunque exigía labores constantes de manteni­miento para afrontar, entre otros, los problemas derivados de la erosión de las superficies y la importante ascensión de humedad por capilaridad que el suelo sevillano aporta a los muros. Por su parte, éstos fueron levantados en cajones de tapial de unas dimensiones medias entre algo más de 2 m. de longitud por 80 cm. de altura, y un grosor aproximado de 2 m., medidas que pueden observarse con facilidad en los tramos exentos de la muralla.
     Recientemente, los trabajos de restauración emprendidos por el Ayuntamiento sobre el tramo de muralla entre las puertas de Córdoba y de la Macarena han permitido confirmar no sólo su origen en el S. XII, sino también la huella de un antiguo enlucido en blanco sobre el revestimiento exterior de la cerca. Por otro lado, los muros incorporaban saeteras y troneras en algunos tramos y se remataban con el para­peto y almenado, poligonal en el antemuro y troncopiramidal sobre la muralla, además del adarve o camino de ronda, accesible desde escaleras ubicadas en las calles interiores, el cual unía el extenso recinto defensivo formado por 166 torres distribuidas a intervalos que oscilan entre 20 y 40 m. No obstante, hay que considerar que, como recuerda García-Tapial, "conforme la ciudad ha elevado su nivel, la muralla ha perdido su escala original".
     La mayoría de las torres son de planta cuadrada, si bien hay otras de carácter más singular que presentan plantas poligonales, como la esbelta torre Blanca del sector de la Macarena (planta octogonal), la torre de Abdelaziz (planta hexagonal), en la muralla interior que conectaba el alcázar con el río, la de la Plata (octogonal), al final de dicho tramo interior, y la del Oro (dodecagonal), una impresionante torre albarrana unida al cinturón amurallado por una coracha.
     La comunicación con el área extramuros se realizaba a través de doce puertas y tres postigos, de las que tan solo nos restan, aunque muy alteradas respecto a su arquitectura original, la puerta de la Macarena y el postigo del Aceite, mientras que la puerta de Córdoba mantiene gran parte de su estructura andalusí, aunque oculta entre la muralla y el templo de San Hermenegildo. En el momento de su construcción, las puertas de la ciudad respondían a tres tipos: las flanqueadas por dos torres, los accesos en recodo flanqueados por una sola torre y los accesos en recodo en una torre saliente, que era el modelo más común.
     La eficacia defensiva de estas murallas se demostró con ocasión del asedio a Sevilla por las tropas de Fernando III, que se desarrolló entre julio de 1247 y noviembre de 1248, siendo el asalto más duradero de los realizados por el monarca castellano. Tras cruzar el Guadalquivir por Alcalá del Río, las huestes cristianas rodearon la ciudad e instalaron su campamento principal en la Buhaira y la campa de Tablada, dispuestos a esperar la rendición de Isbiliya. No obstante, la ciudad pudo resistir un sitio de 16 meses gracias a las huertas y granjas intramuros, amén del suministro que le llegaba desde el Aljarafe por Triana y su puente de barcas. Solo la conquista del castillo trianero y la posterior destrucción del puente por la marina castellana permitieron debilitar la posición de los sitiados que finalmente, hambrientos y sin auxilio exterior, capitularon el 23 de noviembre de 1248. Las fortificaciones almohades cumplieron así su cometido impidiendo el asalto de las máquinas de guerra, pero hemos de suponer que sufrirían fuertes daños en el largo asedio, los cuales exigirían su reparación urgente, puesto que la amenaza mudéjar, meriní o granadina sobre la ciudad fue una realidad hasta bien entrado el siglo XIV. De hecho, el pode­río e importancia de estas murallas quedó reflejado en la Primera Crónica General, la Estoria de España, redactada a instancias de Alfonso X el Sabio entre 1270 y 1274, que la describe de este modo:
          La nobre cibdat de Sevilla, es puebro mucho grande, mayor y mejor cercado que ninguna otro de allen, ni de aquen mar... et los muros della son altos soberbiamente, et fuertes et muy anchos; torres altas e bien departidas, grandes y fechas a muy grant labor... su barbacana es a tal que otra villa non podrie ser mejor cercada... 
     Tras la conquista de Granada en 1492, la ciudad pierde el pro­tagonismo militar que exigía el mantenimiento de la frontera castellano-nazarí, por lo que sus murallas irán perdiendo de manera progresiva su función defensiva frente a enemigos exteriores. No obstante, ello no eximió al Cabildo municipal de sus responsabilidades en el mantenimiento del conjunto amurallado, un cometido que recaía en la figura del alguacil mayor, encargado de la custodia de las llaves de la ciudad, así como de la vigilancia de murallas y puertas, cuyos catorce alcaides eran designados por él, a la vez que supervisaba el estado de las murallas con el auxilio de los fieles ejecutores. Para ello, las ordenanzas municipales establecieron una serie de normas emanadas de las Partidas de Alfonso X que, entre otros aspectos, prohibieron la construcción de viviendas adosadas la muralla o que superasen su altura, la ocupación de la liza y del antemuro, y la apertura de portillos en los muros:
     Desembargadas e libres deven ser las carreras que son cerca de los muros de las villas, e de las ciudades, e de los castillos, de manera que no deven facer casa, nin otro edificio que los embargue nin se arrime a ellos...
Partida III, Título XXXII, Ley XXIV.
     No obstante, este tipo de hechos prohibidos fueron repitiéndose cada vez más hasta ocultar la fortificación en la mayor parte de su recorrido.
     Al mismo tiempo, a lo largo de los siglos se desarrollaron frecuentes obras para reparar los estragos que provocaba el paso del tiempo y, sobre todo, los provocados por las habituales inundaciones del Guadalquivir y del arroyo Tagarete, además de aquellas reformas realizadas en las puertas en la segunda mitad del siglo XVI siguiendo el proyecto elaborado por Hernán Ruiz II en 1560. Estas reformas, patrocinadas por el Cabildo hispalense bajo el mandato del asistente conde de Barajas, estaban destinadas a proporcionar una mayor fluidez al tráfico de personas y mercancías por las puertas, eliminando los obstáculos de los sistemas de acceso acodados, a la par que se dotaba a la ciudad de una fachada sim­bólica y monumental en sus accesos, a modo de vistosos arcos de triunfo que recibieran a los comerciantes y viajeros, más acorde con la imagen triunfante de Sevilla como la Nueva Roma, especialmente cuando se recibían las comitivas reales, como fue el caso de la entrada de Felipe II por la puerta de Goles en 1570. Al mismo tiempo, las sucesivas reformas en las puertas de la ciudad favorecieron la consolidación de concurridas plazas a uno y otro lado de la puerta, que funcionaban como importantes espacios de sociabi­lidad con relación a un urbanismo de calles estrechas y tortuosas, y en las que se desarrollaban actividades comerciales de diversos tipos, acompañadas de retablos, altarcillos y capillas que recibían y despedían a viajeros y mercaderes.
     Por otro lado, a tenor de los resultados de diversas intervenciones arqueológicas en solares asociados al recinto murado, se puede inferir que a lo largo de los siglos XVI y XVII las murallas habían perdido su función militar, dados los avances de la artillería, detectándose niveles de escombreras y basureros en el foso, la liza y el adarve del antemuro, los cuales aparecen plenamente colmatados a finales del siglo XVII. En estos momentos, las murallas se mantenían en pie, principalmente para evitar el contrabando y asegurar la función fiscal del cobro de alcabalas en las puertas, pero, sobre todo, para contener las aguas de las frecuentes avenidas del Guadalquivir y el Tagarete.
     Este último objetivo es el que llevó en 1784 al asistente Pedro López de Lerena a publicar unas ordenanzas específicas para el mantenimiento del imponente conjunto fortificado de Sevilla. Esta normativa mantuvo las murallas bajo los cuidados del Cabildo, el cual nombraba al maestro mayor de obras, encargado de velar, entre otras funciones, por la limpieza y obras de urgencia en el perímetro amurallado, como la reparación de los daños ocasionados por el terremoto de Lisboa en 1755, las riadas de 1783 y 1796 o la reforma de la puerta de la Macarena dirigida en 1795 por José Echamorro, «maestro mayor de las defensas de Sevilla», como se hace titular él mismo.
     Años más tarde, tras varios siglos sin agresiones bélicas, la guerra de la Independencia contra el invasor francés (1808-1814), volvió a mostrar la utilidad de la vieja muralla islámica, al menos en los planes de las autoridades de la Junta Suprema, que habían establecido Sevilla como capital de la resistencia «patriota» frente a José I Bonaparte. Por ello, para fortalecer la defensa de la ciudad, se acometieron diversas obras de reparación en puertas y otros elementos de las murallas, dado el mal estado que presentaban habitualmente, a la vez que se planificaron obras de ampliación del esquema defen­sivo de la ciudad ante la amenaza cercana de las tropas del mariscal Soult. El plan del brigadier Giralda establecía una línea extramuros fortificada tras el foso natural del arroyo Tamarguillo hasta su confluencia con el Guadalquivir, la cual estaría apoyada por pequeños fortines y baluartes en los escarpes del Aljarafe y huertas periurbanas, mientras que la propia muralla islámica, reforzada en sus puntos más débiles o deteriorados, constituiría el último cinturón de la defensa. Sin embargo, no fue necesario demostrar la eficacia de este importante dispositivo defensivo, ya que la ocupación francesa de la ciudad en 1810 se realizó sin presentar batalla tras la retirada de las autoridades a Cádiz, considerada como un bastión inexpugnable. Gracias a ello, las murallas preservaron su integridad, aunque las nuevas fortificaciones exteriores fueron demolidas y, en su lugar, las autoridades francesas plantearon una nueva estrategia defensiva que convirtió al monasterio de la Cartuja en una potente plaza fuerte abaluartada para asegurar el control de los caminos de Niebla y de Extremadura, así como del puente de barcas trianero, con el apoyo del fortín organizado en torno al monasterio de San Clemente y puerta de la Barqueta, en la orilla izquierda del río. Estas nuevas construcciones de los franceses también serían demolidas tras la liberación de la ciudad en agosto de 1812, en el curso de un ataque aliado que apenas dañó las viejas murallas medievales.
     No obstante, durante la ocupación francesa, los derribos ordenados por la política urbanística del Gobierno de José I en el interior del casco amurallado provocarían toneladas de escombros que fueron acumulándose en las afueras de las puertas de la ciudad y serían aprovechados para levantar arrecifes o terraplenes de defensa frente al río Guadalquivir o el arroyo Tagarete. De este modo, estas obras continuaban las labores de mejora paisajista y embellecimiento que habían sido desarrolladas por el Ayuntamiento en los últimos decenios, fruto de las cuales había sido el establecimiento de una auténtica ronda de paseos y jardines alrededor de las murallas, especialmente en la fachada fluvial de la ciudad, desde la puerta de la Barqueta hasta la torre del Oro, más allá de la cual se abrirían posteriormente los paseos de Cristina y de las Delicias hasta alcanzar los jardines de Bellaflor en la desembocadura del arroyo Tamarguillo, cerca de Eritaña.
     Sin embargo, aunque las murallas quedaban ya ocultas en su mayor parte por edificaciones y alamedas, sus puertas continuaban manteniendo un cierto valor estratégico, como nos demuestra la curiosa anécdota de 1833 que nos recuerda cómo las autoridades impidieron al pintor inglés David Roberts dibujar los recintos urbanos amurallados al ser extranjero y carecer de licencia para ello. Ese carácter estratégico y militar será recordado con los episodios que provocaron los últimos daños bélicos al conjunto amurallado y fueron testigos del postrer servicio defensivo a la ciudad. Nos referimos a la expedición del general carlista Miguel Gómez en 1836, o el asedio de las tropas del Gobierno del general Espartero en 1843, cuyos efectos llevarían a la reconstrucción de las puertas de Jerez y del Osario por Balbino Marrón en 1846 y 1849. Estos serían los últi­mos esfuerzos constructivos por mantener en pie la muralla, hasta que en 1864 se inició el proceso de demolición de puertas y lienzos de muralla, al calor de la llegada del ferrocarril a Sevilla, que ana­lizaremos con mayor atención más adelante. Este proceso supuso finalmente la destrucción de los elementos más significativos de la vieja cerca islámica, aunque esta no llegó a desaparecer por com­pleto, dado que algo más de 5 kiló1netros de la muralla medieval aún permanecen ocultos, como medianeras entre las edificaciones actuales, o visibles como el tramo entre la Macarena y la puerta de Córdoba, que finalmente se salvó de su demolición (Esteban Moreno Hernández. En torno a las murallas de Sevilla. Guía por las puertas y límites de un casco antiguo. El Paseo editorial. Sevilla, 2023).
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jueves, 25 de junio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, y Ermita de San Sebastián) de la localidad de Alfacar, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, y Ermita de San Sebastián) de la localidad de Alfacar, en la provincia de Granada.
     Su situación privilegiada y la pureza de sus aguas hicieron de este lugar uno de los preferidos para el recreo de los monarcas ziríes. En concreto se retiraban a la zona para pasar la Pascua de los «Alaceres», la vendimia otoñal y sus «azahazcas», fiestas y jolgorios.
     Alfacar es uno de los puntos de acceso al Parque Natural de la Sierra de Huétor. Rodeado de la Sierra de la Alfaguara, este pueblo de clima mediterráneo está engarzado entre frondosas masas de pinos y encinas. Son numerosos los monumentos de la época árabe y cristiana que el visitante podrá visitar, y variadas las fiestas y tradiciones en las que podrá participar.
     Región: Granada y su entorno
     Código Postal: 18170
     Distancia desde Granada: 7 Km
     Gentilicio: Alfacareños
     Acceder a su website: www.ayuntamientodealfacar.es (Diputación Provincial de Granada).
     Existen hallazgos arqueológicos neolíticos en Las Canteras, que nos hablan de una presencia humana desde la prehistoria, si bien, las primeras noticias de Alfacar proceden del siglo X, momento en el que es una alquería de los alfareros o de la arcilla, de donde procede su nombre, Alfahar. De este periodo es la Fuente Grande, de la que parte la acequia de Aynadamar, también llamada Fuente de las Lágrimas, que data del siglo XI, momento en que se encauzaron fuentes y acequias con el propósito de abastecer de agua a Granada. Mantiene recuerdos del trazado urbano musulmán y numerosas fuentes y pilares que muestran la importancia del agua en la población a lo largo del tiempo (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Alfacar se extiende entre el piedemonte de la depresión tectónica de la Vega de Granada y el dominio montañoso de la Sierra de Huétor, tradicional zona de esparcimiento de la población de la capital, hoy declarada Parque Natural. El núcleo original de Alfacar se localiza en el piedemonte de la Sierra de Huétor y presenta calles desordenadas y manzanas irregulares sobre las que se disponen las construcciones aprovechando la topografía. Hacia el noreste, junto a una surgencia kárstica de gran caudal, se ubica el núcleo de Fuente Grande. A medio camino entre los anteriores (el núcleo tradicional y el de Fuente Grande) surgió el núcleo de Canteras. Desarrollos urbanísticos más recientes, centrados principalmente en urbanizaciones de carácter residencial, han fusionado estos tres núcleos hasta constituir un continuo urbano.
     La iglesia de la Asunción de Nuestra Señora o la Acequia de Aynadamar forman parte del patrimonio cultural de Alfacar.
     El municipio de Alfacar pertenece a la Demarcación Paisajística de la Vega de Granada- Alfacar (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
     Alfacar, famoso por sus aguas y por su pan. Aquí puede verse el parque Federico García Lorca, situado en el lugar en que se cree fue asesinado el poeta granadino el 19 de agosto de 1936, junto a un maestro de escuela y dos banderilleros anarquistas, a unos metros de la famosa fuente de Aynadamar, la fuente de las Lágrimas, de la época nazarí. En la pared que rodea la placeta principal aparecen fragmentos de algunos poemas de Federico escritos sobre un fondo azul (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Granada. Anaya Touring. Madrid, 2009).
Historia.-
     Los primeros indicios de la existencia de esta población datan del Neolítico, como atestiguan gran cantidad de restos arqueológicos. Sin embargo son de época zirí (1010-1090) las noticias que recibimos que la identifican como núcleo de población, es cuando se cita al-Fajjar «alquería del alfarero o de las arcillas». Al-Jatib e Ibn Battuta (ss. XIV y XV) la citan tanto como lugar de ocio como escenario de contiendas de los últimos años de la Reconquista.
     El 22 de diciembre de 1491 se firman las ‘Capitulaciones de Alfacar’ por los habitantes musulmanes. La Pragmática de expulsión de los moriscos de Felipe II (1579) afectó también a esta localidad que pasó a ser repoblada con varias familias castellanas. En uno de los barrancos entre Alfacar y Víznar fue asesinado el poeta Federico García Lorca (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.-

     Mandada a construir por los Reyes Católicos, tras las capitulaciones de Alfacar el 22 de Di­ciembre de 1491, posiblemente con una ubicación diferente a la actual. La construcción que hoy podemos contemplar, se concluyó hacia 1557 y ocupa el solar de lo que fue la mezquita. La traza se atribuye a Diego de Siloe. El alzado es de cantería, trabajando desde 1543 como cantero Sancho de Venero.
     Interiormente, consta de una nave con coro a los pies y gran arco toral que delimita la capilla mayor. La nave está cubierta con una armadura de limas moamares, con cuatro tirantes pareados y cuadrales apeinazados sobre canes de acanto, conteniendo lazo de ocho; siendo la techumbre del altar mayor ochavada sobre planta cuadrada, caracterizándose por limas dobles y cubierta to­talmente por lazo. El almizate culmina con una piña de mocárabes dorada, al igual que en las pechinas. Los trabajos de carpintería fueron realizados por el maestro Lázaro hacia 1543, continuándose en 1549 por Martín Escobar.
     Tras pasar el cancel del lateral derecho, se lo­caliza el retablo del Nazareno, del siglo XVIII, de madera tallada y policromada, con estípites dividiendo las calles. Tiene una hornacina central con la imagen de Jesús Nazareno, realizada en 1694 por José Risueño. Otros retablos se distribuyen en el interior, como el dedicado a la Inmaculada Concepción, del siglo XVIII, o el de la Virgen del Rosario, de estilo neoclásico, que contiene un San Francisco del siglo XVII. Cuelgan de la nave lienzos del siglo XVIII en dos series: de la Vida de la Virgen y de la Infancia de Jesús. La capilla mayor es de cantería, contrastando con los muros encalados de la nave central, y allí se dispone un retablo del siglo XVIII con las imágenes de San Miguel, San Juan Bautista, San Blas y una Asunción del siglo XVII.
     Exteriormente, la Iglesia es de cantería. Tiene dos portadas, la lateral es muy sencilla con arco de medio punto y molduras en forma de pilastras a ras de piedra pulimentada, que contrasta con la piedra tosca del conjunto. Sobre el dintel, el escudo arzobispal y, sobre él, un tondo que acogería una escultura de la Virgen, hoy vacío. Un voladizo de madera y forja se ubica como remate del conjunto. La portada a los pies del templo es de idéntica estructura, aunque más sencilla, sin ningún elemento ornamental, tan solo un óculo en la parte superior (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción en Alfacar, Granada, es de planta rectangular, de una sola nave y con capilla mayor de igual anchura que la nave, separadas entre sí por un gran arco toral de medio punto de piedra, característica muy usual de las iglesias del siglo XVI, que apoya sobre grandes semicolumnas adosadas al muro.
     Presenta el coro a los pies y una torre en el lado izquierdo de la capilla mayor.
     La cubierta de la nave es una armadura de madera de limas moamares con cuatro tirantes pareados y cuadrales apeinazados sobre canes de acanto, mostrando el harneruelo lazo de ocho en los cabos. La capilla mayor, de planta cuadrada y elevada de la nave mediante cinco escalones, se cubre con armadura ochavada de limas dobles totalmente cubierta de lazo partiendo de abanicos. El almizate culmina con una piña de mocárabes dorada. El paso de la planta cuadrada a la octogonal se ha realizado mediante una pieza triangular, que no es trompa ni pechina, decorada con lazo y piña de mocárabes en el centro. 
     Presidiendo la capilla mayor originariamente existía un templete que se transformó, utilizándose parte del mismo como sagrario, y colocándose parte de sus elementos, cuadros y esculturas en el muro siguiendo una estructura de retablo. El retablo mayor es de autor anónimo y se compone de banco, un cuerpo principal con tres calles y ático. El banco alberga el sagrario, con puerta tallada y dorada, enmarcado por volutas. La calle central contiene una hornacina donde se alberga la Custodia y en el ático se encuentra una pintura ovalada dedicada a San Blas vestido de obispo. En las pilastras del cuerpo principal hay insertas seis pequeñas pinturas, tres a cada lado, y en los laterales sobre repisas están situadas las imágenes de San Miguel a la izquierda y San Juan Evangelista a la derecha. Todo el retablo se encuentra profusamente decorado con rocallas doradas y volutas.
     En el muro izquierdo de la capilla mayor, en el lado del Evangelio, se ubica el retablo de la Inmaculada Concepción, a través del cual se accede a la sacristía y dependencias parroquiales situadas tras este muro. Este retablo, que arranca de un sotobanco con una mesa de altar sobre la que se sitúa el banco, está flanqueado por las puertas de acceso a las dependencias antes aludidas que alcanzan la altura del inicio del cuerpo principal. El cuerpo principal contiene una pequeña hornacina de medio punto con la talla de la Inmaculada Concepción, flanqueada por dos estípites, y por las imágenes de San Joaquín y San Antonio de Padua, a la derecha e izquierda respectivamente, colocadas sobre peanas. El ático lo constituye un tondo central rematado por una corona sobre el anagrama de María. Todo el conjunto está decorado con elementos vegetales y roleos dorados en relieve y sobre fondo de distintos colores: azul, granate y gris.
     El púlpito se encuentra junto al arco toral y próximo al retablo de la Virgen del Rosario. Este retablo se estructura en banco con sagrario, un cuerpo de una sola calle enmarcado por cuatro columnas clásicas de capitel compuesto, donde se encuentra la imagen de la Virgen del Rosario, y ático con puñal dorado dentro de un óvalo dorado rodeado por dos volutas y con dos jarrones, separado por un friso clásico del cuerpo principal. 
     La iluminación natural de la iglesia es escasa, basándose solo en el óculo de los pies que ilumina el coro y en las ventanas situadas únicamente en el muro derecho y a una altura considerable. El suelo es de mármol gris y blanco, de reciente colocación, muy similar al de tantas parroquias de la provincia. La utilización de la piedra le confiere una cierta gravedad al conjunto, encontrándose vista en la cabecera, en el muro testero y en el arco de separación de espacios nave capilla mayor. El resto de la edificación se encuentra enfoscado y pintado en blanco con zócalo de mármol gris.
     El volumen de la iglesia, un paralelepípedo de bellas proporciones cubierto con teja árabe a dos aguas en la nave, en la capilla mayor a tres aguas y en la torre a cuatro aguas, se refleja al exterior tal como es, de manera que la cabecera aparece elevada sobre la nave. Tiene dos portadas, una lateral situada en el muro derecho de la nave y la principal a los pies. 
     La portada lateral, de piedra, es de una gran sobriedad y equilibrio de líneas. Se estructura mediante un arco de medio punto decorado con una sutil moldura lisa-cóncava sobre el que corre una pequeña cornisa sustentando dos volutas; contiene el escudo arzobispal, un tondo con la imagen de la Inmaculada y se remata con guardapolvo, con canes de madera y vientos de hierro, que se cubre a tres aguas con teja árabe. Las hojas de la puerta son de madera con clavos y alguazas. La portada principal, muy similar a la anterior aunque más sencilla, tiene un arco de piedra de medio punto que apoya sobre dos pilastras y cornisa carente de toda decoración. Las hojas de la puerta, al igual que la anterior, es doble, de madera, con clavos y alguazas de hierro.
     Junto a la portada lateral, en el primer tramo del muro de la Epístola, se alza el retablo del Nazareno, retablo constituido por predela, un solo cuerpo, tres calles y ático. El cuerpo principal alberga en el centro una hornacina con vano de medio punto cerrada con cristal cuyo interior contiene una cúpula gallonada pintada con recuadros rojos azules en la que se sitúa la talla del titular del retablo. En los laterales hay otras dos hornacinas de arco de medio punto con peanas que albergan las imágenes de Santa Ana y San Bernabé. Estas tres hornacinas están separadas con estípites y todo recubierto con elementos vegetales dorados sobre un fondo pintado de rojo, azul y blanco. El ático es de forma piramidal terminado en corona imperial, destacando el remate central con una hornacina y un busto del Ecce Homo.
     La torre, de sillares de piedra y situada a la izquierda de la capilla mayor, consta de dos cuerpos y se cubre con teja árabe a cuatro aguas. El primer cuerpo es el de mayores dimensiones y tiene los vanos cegados; en el segundo se ubican el campanario y un reloj en su lateral derecho. Se remata con una especie de pequeña linterna metálica colocada a principios del siglo XX en el que se aloja una campana. Los muros, de piedra de color rosado, destacan entre las blancas casas del pueblo.
     La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es un elemento clave para el estudio de la historia de Alfacar ya que forma parte del programa de dotaciones parroquiales que se lleva a cabo en la provincia de Granada para imponer el sello de la nueva religión. La pureza de los elementos mudéjares que contiene documenta un período de auge económico traducido en esplendor constructivo que llega a su fin con la crisis originada tras la rebelión morisca de 1568. El proceso de construcción del templo, así como la vida religiosa del mismo, se liga a nombres tan importantes en la historia del arte granadino como el de Diego de Siloé o Ambrosio de Vico, teniendo además la peculiaridad de que, de los edificios más representativos de la ciudad histórica, señalados por Madoz (Cárcel, Pósito, etc.), todos han desaparecido siendo esta iglesia el único documento arquitectónico para el estudio de Alfacar en la Edad Moderna. En la actual morfología urbana de Alfacar, muy transformada, la zona donde se ubica la iglesia se ha mantenido al margen del crecimiento incontrolado, erigiéndose este templo como el elemento configurador del espacio urbano que lo rodea, un área urbana gestada en el siglo XVI que mantiene su carácter singular sin apenas modificaciones. La parroquia centra además la vida religiosa de Alfacar desarrollándose en torno a ella múltiples actos sociales, lo que la convierte en el símbolo identitario del pueblo, de su cultura y de su historia. 
     La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Alfacar se caracteriza fundamentalmente por la pureza de su arquitectura y por la calidad artística de su carpintería mudéjar. La planta del templo es testimonio de una tipología de iglesia que se propaga en la primera mitad del siglo XVI. Es una obra de cantería con elementos de tradición mudéjar (armaduras ochavadas) y otros de gusto clasicista (portadas) que se complementa con el vasto conjunto de bienes muebles de estilo barroco y neoclásico que alberga, en los que destacan tres retablos, el de la Inmaculada, el de la Virgen del Rosario y el de Jesús Nazareno, y las pinturas del círculo de José Risueño, confiriéndole esta convivencia de elementos de distinta naturaleza y estilo un interés añadido (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Iglesia Parroquial de la Asunción se construye en 1557, es de estilo mudéjar realizada en cantería. Presenta planta rectangular y una capilla mayor separada por un arco toral; en el exterior existe una torre pequeña rematada en chapitel de hierro. Alberga la imagen de Jesús Nazareno de José Risueño del s. XVIII (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de San Sebastián.-

     Levantada en 1899, de pequeño tamaño, presenta un espacio rectangular con cubierta de madera a cuatro aguas y dos vidrieras circulares. So­bre el altar, una hornacina de madera acoge una escultura de San Sebastián, patrón de Alfacar. Una pintura mural, realizada en el siglo XX, con ángeles y donantes, completa el espacio frontal. Exteriormente presenta los muros encalados con un arco de ladrillo rebajado y rematado con pequeña espadaña. La dirección de la obra de reconstrucción de la ermita se debió al pintor lo­cal Francisco Javier Marín Marín, contando con la colaboración de las hermandades de Nuestra Señora de los Dolores y de Nuestro Padre Jesús Nazareno (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La ermita está dedicada a San Sebastián, su patrón. Se encuentra en una pequeña colina en la parte inferior de la carretera que lleva a la ciudad. Fue construida en 1899 y en su interior alberga la imagen del patrón. A los pies de la ermita se encuentra la tumba de Eduardo Yáñez, sacerdote de la Iglesia de la Asunción de Alfacar hasta 1974. A su valor religioso e histórico, se le añade su ubicación en un lugar privilegiado en el que se puede disfrutar de unas vistas increíbles de la ciudad: Sierra Nevada y Granada (Diputación Provincial de Granada).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, y Ermita de San Sebastián) de la localidad de Alfacar, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

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La lápida funeraria de Jorge Díez, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la lápida funeraria de Jorge Díez, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.   
     Hoy, 25 de junio, es el aniversario del fallecimiento (25 de junio de 1869) de Jorge Díez, personaje, cuyos restos reposan en el Panteón de Sevillanos Ilustres, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la lápida funeraria de Jorge Díez, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación [nº 25 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 48 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Laraña, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro que se correspondería en la iglesia de la Anunciación con el del Evangelio, y a los pies del mismo, se encuentra la lápida de Jorge Díez, entre las de Mota Salado, y Antonio Lecha Marzo Martínez. Era un catedrático de Filosofía en la Universidad de Sevilla en la segunda mitad del XIX, de apreciada labor docente.
     Es una lápida muy sencilla y austera de mármol blanco, sin más comentario, en la que aparece grabado el texto:

JORGE DÍEZ
+ 25 DE JVNIO DE 1869

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miércoles, 24 de junio de 2026

La Sala municipal de exposiciones "El Bailío" - Centro de Visitantes de la Ruta de la Orden de San Juan de Malta, en Lora del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Sala municipal de exposiciones "El Bailío" - Centro de Visitantes de la Ruta de la Orden de San Juan de Malta, en Lora del Río (Sevilla).      
     Hoy, 24 de junio, Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo exultó de gozó por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Sala municipal de exposiciones "El Bailío" - Centro de Visitantes de la Ruta de la Orden de San Juan de Malta, en Écija (Sevilla).
     La Sala municipal de exposiciones "El Bailío" - Centro de Visitantes de la Ruta de la Orden de San Juan de Malta, se encuentra en la calle Blas Infante, s/n; en Lora del Río (Sevilla).
     El edificio está situado en pleno centro y casco histórico del municipio de Lora del Río. Perteneció al antiguo Palacio del Gobernador o Bailío de la villa. Formaba parte de los graneros o pósito de grano del antiguo palacio. 
     Su disposición en dos plantas con sótano abovedado y arcas sobre pilastras en el piso superior servían para mantener el grano en buenas condiciones. Actualmente, es sede de la sala municipal de exposiciones y futuro museo local, referente en el ámbito de la cultura loreña.
     Horario de exposiciones: lunes a viernes de 11:00 a 13:00 y 17:30 a 19:30. Sábado y domingo de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 20:00 (domingo por la tarde cerrado) (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan Bautista, precursor del Señor:
EL ÚLTIMO DE LOS PROFETAS DE ISRAEL Y EL PRECURSOR DEL MESÍAS

   San Juan Bautista (en su traducción de los Cuatro Evangelios -1943-, Hubert Pernot sustituyó la denominación usual de San Juan Bautista por la de San Juan el Inmersor, pero la innovación no tuvo eco), el Precursor o, como dicen los griegos, el Prodromos del Mesías, es la "fíbula" viva que une el Antiguo con el Nuevo Testamento. Pertenece al reino de la Ley y al mismo tiempo al reino de la Gracia: ha vivido sub lege y sub gratia. 
   Aunque su historia sea contada en el Nuevo Testamento, no se podría separar de los profetas de la Antigua ley: es el último y el más grande de la estirpe ¿Acaso el propio Cristo no lo ha llamado profeta y más que un profeta? "Hic est enim propheta et plus quam propheta." Pasa por ser la reencarnación del profeta Elías: "Delante del cual irá él, con el espíritu y la virtud de Elías", dice Lucas (1: 17).
   La piedad popular y el arte cristiano siempre le han reservado un lugar aparte de los apóstoles y de los santos. En la Coronación de la Virgen, del primitivo artista de Aviñón Enguerrand Quarton (1453), San Juan esta en las filas de los profetas, en el lado opuesto a San Pedro y a los apóstoles. En la Asunción del Libro de Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet lo sitúa junto a Moisés. A principios del siglo XVI, en su pintura La Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos o de la Santísima (Allerheiligenbild) en el Museo de Viena, A. Durero, fiel a la tradición, sitúa a Juan el Bautista en la cohorte de los justos del Antiguo Testamento, junto a Moisés y el rey David.
   Pero si Juan Bautista es el último de los profetas, también es el primero de los mártires de la fe de Cristo. Merecería, más que el díácono Esteban, el título de protomártir. La Iglesia le rinde el mismo culto que a los santos. En la hagiografía ocupa un lugar análogo al de San Miguel, venerado como arcángel y como santo al mismo tiempo.
   Así se explica que pueda figurar dos veces en un mismo programa iconográfico, donde representa simultáneamente el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el caso de la portada de la iglesia de San Servais, de Maastrich, donde se encuentra en los dos derrames: a la izquierda, pisoteando a Herodes y a Herodías, y a la derecha, bautizando a Cristo en el Jordán.
HISTORIA
   La historicidad de San Juan ha sido discutida tanto como la de Cristo. Ciertos mitólogos lo identifican, como a Jonás, con el dios pez babilonio Oannes.
   El historiador judío Josefo dice sólo que su predicación inspiraba gran esfervecencia en el pueblo, lo cual provocó su detención (Antigüedades judías, Lib. XVIII). Ese relato no concuerda con las fuentes cristianas.
   Brevedad de los Evangelios canónicos. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan acerca de su vida puede resumirse en pocas palabras.
   Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, recibió el nombre de pila Johanan o Jochanaan. Se retiró muy joven al desierto de Judea para llevar allí una vida ascética y predicar la penitencia. En Jesús, que se hizo bautizar por él en el Jordán, reconocía al Cordero de Dios, al Mesías anunciado por los Profetas. Ese acontecimiento capital habría ocurrido en el año 28.
   Arrestado en el 29, en la fortaleza transjordana de Macarea o Macerón (Mekavar) por el tetrarca de Galilea Herodes Antipas, cuyo matrimonio con Herodías, que era su sobrina y su cuñada a la vez (Herodes no podía justificarse por la ley judía de los levitas puesto que Herodías tenía cuatro hijos de su primer matrimonio), se había atrevido a censurar, fue decapitado sin que Jesús interviniese para salvarlo.
   Sólo en Marcos y en Mateo encontramos el relato de la Pasión de Juan desde su detención hasta su decapitación. El cuarto Evangelio no hace ninguna alusión al hecho, y San Pablo calla al respecto.
   Las adiciones de los Apócrifos. Sobre ese delgado cañamazo bíblico la leyenda bordó innumerables anécdotas que inspiraron al arte cristiano durante siglos.
   Los hagiógrafos desprovistos de imaginación recurrieron a otras fuentes mal disfrazadas. El evangelista Lucas ya había dado un ejemplo en tal sentido, contando el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista según el modelo de los nacimientos de Isaac (Gen. 18: 10), de Sansón (Jue. 13:2) y de Samuel (I Rey. :1). El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció el nacimiento de un hijo que se llamaría Juan. Zacarías, tan escéptico como la vieja Sara, respondió que era demasiado anciano, al igual que su mujer, como para creer en esta buena noticia. Para castigarlo por su incredulidad, el ángel le declaró que permanecería mudo hasta el día en que se realizara la promesa divina.
   La Virgen embarazada fue a visitar a su prima Isabel. Al acercarse Jesús, el niño se estremeció de alegría en el vientre de su madre.
   El mismo día de su nacimiento, contrariando la costumbre judía, recibió el nombre de Juan: tan pronto como su padre Zacarías, que hasta entonces permaneciera mudo, lo escribió sobre una tabla, recuperó la palabra; su lengua se liberó y se repuso de su largo silencio profetizando.
   De acuerdo con una tradición que se remonta Orígenes y a San Ambrosio, y que ha sido recogida por Pedro Comestor y por Jacopo de Vorágine en la Leyenda Dorada. el futuro precursor habría sido recibido en su nacimiento por la Virgen María. Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. El niño fijaba la mirada en ella como si hubiese comprendido quién era y cuando ella quiso devolverlo a su madre, él inclinaba la cabeza hacia la Virgen y sólo parecía encontrar placer en ella.
   Lucas no dice nada acerca de la infancia de Juan Bautista, pero los Apócrifos colman la laguna. Ahí se inventa la huida de Isabel con su hijo en el momento de la Matanza de los Inocentes, fuga poco motivada puesto que habitaban lejos de Belén.
   Retirado en el desierto (o en los bosques), Juan, vestido con una túnica de pelo de camello, se contenta con alimentarse de langostas (este alimento no tiene nada de anormal para un habilitante del desierto. Todavía en la actualidad los árabes comen sin asco alguno langostas secas, limpias de élitros, que se venden a espuertas en los mercados al aire libre o en los zocos. Han seguido "acridófagos". No obstante, numerosos comentaristas piensan que un asceta sólo podía ser vegetariano y pretenden que la palabra akrides ha sido traducida por langostas pero que debería interpretarse como brotes tiernos o frutas silvestres, quizás algarrobas , que en alemán se llaman Johannessbrotfrüchte -panes de San Juan-. Cf. Henri Grégoire, Les sauterelles de saint Jean-Baptiste, 1930. En inglés el algarrobo se denomina locust-tree, y las algarrobas locust-beans) y miel silvestre (locustae et mel sylvestre). Exhorta a la penitencia a sus discípulos, que lo toman por el Mesías, anunciándoles que el Reino de los Cielos está próximo.
   Después del Bautismo de Cristo deja de predicar. Como Natán censurando el adulterio de David, reprocha al tetrarca de Galilea Herodes Antipas el incesto con su cuñada. Para vengarse, Herodías aconseja a su hija Salomé, que había embrujado al tetrarca con su danza, que le pida como recompensa la cabeza de San Juan Bautista.
   Según el Evangelio de Nicodemo, habría precedido a Cristo en los Infiernos, donde habría servido de anunciador, igual que en la tierra.
   El profeta fue perseguido aún después de su muerte: se contaba que el emperador Juliano el Apóstata, para poner fin al culto que se le rendía, hizo desenterrar y quemar sus huesos.
   Puede advertirse lo que agregan los Apócrifos al relato de los Evangelios canónicos: la presencia de la Virgen en el nacimiento de Juan, la leyenda de la montaña que se abre frente a la madre y al niño, su descenso a los Infiernos donde precede y anuncia a Cristo, la incineración de sus reliquias.
   La ciencia moderna. El descubrimiento de los manuscritos hebreos en el desierto de Judá, al fondo de las grutas cavadas en los cantiles del mar Muerto, en 1947, ha renovado nuestro conocimiento de los orígenes del monacato cristiano. Sobre todo se descubrió que las prácticas y enseñanzas de los Esenios había ejercido profunda influencia en la predicación del Bautista. La traducción de los rollos del mar Muerto sin duda confirmará esta filiación espiritual.
CULTO
   San Juan Bautista es el primero en la jerarquía de los santos. Su primado es reconocido por la liturgia. En las Letanías se lo invoca inmediatamente después de los arcángeles, antes que a San José, esposo de la Virgen. En el Confiteor, su nombre es enunciado antes que el de San Pedro, príncipe de los Apóstoles. San Pedro Crisólogo lo glorifica como un superhombre, el igual de los ángeles: major homine, par angelis.
FIESTAS
   Por un privilegio excepcional, la Iglesia celebra el día de su nacimiento y el de su muerte: su Natividad es el 24 de junio, su Decapitación el 29 de agosto. Ahora bien, sólo hay otras dos Natividades inscritas en el calendario litúrgico, la del Mesías y la de la Santa Virgen.
   Antiguamente había incluso otra fiesta de San Juan Bautista, la de la Concepción de San Juan Bautista. Celebrada en Oriente, en el calendario romano ha sido reemplazada por la Visitación, que conmemora implícitamente la santificación de San Juan en el vientre de su madre.
   La fiesta de la Natividad de San Juan, fijada en junio, seis meses antes de la Natividad de Jesús, se llamaba en otros tiempos Navidad de verano. Durand de Mende nos enseña en su Rational (VII, 14) que entonces, como en la Nochebuena, se cantaba un doble oficio: el primero al anochecer y el segundo a medianoche.
   Más popular todavía, la Pasión o Decapitación, celebrada en agosto, reemplaza fiestas paganas que el cristianismo, consciente de la fuerza de su tradición, supo desviar en su provecho. Los fuegos encendidos en las cimas durante el solsticio de verano, después de la puesta de sol, se convirtieron en los fuegos de San Juan.
RELIQUIAS

   El culto de los santos generalmente está fundado en sus milagros y sus reliquias. Ahora bien, los judíos nunca han atribuido al Bautista un solo milagro y sus reliquias habrían sido reducidas a cenizas.
   Un panegirista de San Juan que escribiera en el siglo XII, se alegra de que éste no haya sido elevado al cielo como Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista, porque si hubiese resucitado -agrega, ingenuamente- estaríamos privados de sus reliquias.
   A decir verdad, la historia de la combustión de los huesos de San Juan por órdenes de Juliano el Apóstata resultaba muy molesta porque parecía quitar a los santuarios de la cristiandad toda esperanza de conquistar las reliquias del primero de los santos. En verdad, quedaban las cenizas que los genoveses se jactaban de haber recogido. Pero se las arreglaron para sortear el obstáculo: se supuso que la combustión no había sido total y que un discípulo había conseguido sustraer al fuego huesos que fueron transportados a Alejandría y se difundieron y multiplicaron a través del mundo.
   Numerosas iglesias se disputaban la gloria y las ventajas de poseer las reliquias del Precursor. A causa de una confusión de nombre, se considera que la tumba de San Juan Damasceno en la mezquita de los Omeyas de Damasco contiene el cuerpo de San Juan Bautista.
   Los Juanistas o Caballeros de San Juan habrían recogido un brazo en su iglesia de Malta.
   Las pequeñas iglesias se contentaron, modestamente, con los dedos del Precursor. San Juan de Maurienne poseía su pulgar y San Juan del Dedo -en Bretaña- el índice, todavía más precioso, que señaló al Cordero de Dios a orillas del Jordán.
   El duque Juan de Berry legó a los cartujos de París el mentón y las sandalias de su santo patrón contenidos en un relicario de plata.
   Pero la reliquia más codiciada era la cabeza del decapitado que Constantinopla pretendía poseer en el monasterio de Studios.
   Sólo en Italia se conocían cinco ejemplares de su cabeza. En dos iglesias de Roma, S. Silvestre in capite y S. Juan de los Florentinos, en S. Lorenzo de Génova, en S. Marcos de Venecia y en la catedral de Anagni.
   A las pretensiones italianas se oponían las reivindicaciones francesas. En 1204, después de la cuarta Cruzada, un canónigo de Picardía habría llevado desde Constantinopla a Amiens la parte anterior de la cabeza de San Juan Bautista con la marca del cuchillo de Herodías. La parte posterior de la "cabeza del Señor San Jehan" había quedado en Constantinopla. San Luis la adquirió a precio de oro para la Sainte Chapelle; era la pieza más preciosa del tesoro, después de las reliquias de la Pasión.
   Otra cabeza (de otro San Juan), encontrada en 1014 y conservada en un magnífico relicario, atraía a los peregrinos a San Juan de Angély, en Saintonge (Calvino se burla en su Tratado de las Reliquias: "Los de Amiens se jactan de tener el rostro y la máscara que muestran hay una marca de una cuchillada sobre el ojo que dicen que le asestó Herodías. Pero los de San Juan de Angély los contradicen y muestra la misma parte."). Santa Verónica habría aportado a Bazas una "mappula" con la cual habría secado la sangre del Precursor en la prisión.
   En España, la iglesia de San Isidoro de León se jactaba de poseer la mandíbula del Precursor.
   A causa de esta multiplicación, a finales de la Edad Media se contaba doce cabezas y sesenta dedos del Bautista, lo cual es evidentemente excesivo. Pero como sólo se presta a los ricos, se han atribuido al Bautista huesos que pertenecían a sus homónimos, tales como San Juan de Edesa.
LUGARES DE CULTO
   La popularidad de San Juan está probada no sólo por el número paradójico de sus reliquias que parece haber tenido, como el fénix, el privilegio de renacer de sus cenizas, sino además por la multitud de iglesias puestas bajo su advocación.
   Roma no le consagró menos de ocho, la más célebre de las cuales es San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias, "omnium ecclesiarum mater et caput", fundada por Constantino, el primer emperador cristiano. En Italia era, además, patrón de Génova, de Florencia -que estampaba en sus florines la imagen de San Juan Bautista- y de Turín, que le dedicó su catedral.
   En Venecia, la iglesia de San Giovanni Decollato se llama en dialecto San Zan Degola.
   En Francia, le están dedicadas numerosas catedrales, especialmente la de Lyon, sede del Primado de las Galias. Además, era venerado en Perpiñán, que le dedicó dos iglesias: San Juan el Viejo y San Juan el Nuevo, en Bazas; San Juan de Angély en Saintonge; San Juan del Dedo en Bretaña, San Juan de Maurienne en el Delfinado y la abadía de San Juan de las Viñas en Soissons.
   A ello hay que agregar que los baptisterios que en otros tiempos se levantaban junto a las catedrales, estaban obligatoriamente consagrados al Bautista: tal es el caso del baptisterio San Juan de Poitiers; de San Giovanni in Fonte, en Ravena, y los baptisterios de Parma, Pisa y Florencia. En Francia se los llamaba San Juan de las Fuentes o San Juan el Redondo, a causa de su planta circular.
   Numerosas órdenes religiosas o militares se vindican de San Juan Bautista: Los caballeros de San Juan de Jerusalén expulsados a Rodas por la reconquista musulmana, que luego pasaran a Malta; los cartujos, cuya devoción se repartía entre San Juan, patrón de los ascetas y San Bruno, fundador (Claus Sluter lo ha representado en la portada de la Cartuja de Dijon como patrón de los Cartujos, protegiendo a Felipe el Atrevido. La cartuja del Valle de la Bendición, fundada por el papa Inocencio VI en Villeneuve de Aviñón, originalmente estaba consagrada a San Juan Bautista; por ello los frescos de la capilla ilustran escenas de su vida. En España, Fernando Gallego pintó para la Cartuja de Miraflores un ciclo de la historia del Bautista) de la orden.
   En 1310, en Haarlem, se fundó una Encomienda de la orden de San Juan. Para ella fue ejecutado el gran retablo de Geertgen Tot sint Jans, uno de cuyos paneles se encuentra en el Museo de Viena.
CULTO POPULAR
   Numerosos santos nunca han recibido más que un culto litúrgico y, por así decir, oficial, pero San Juan Bautista es, por el contrario, el tipo del santo popular.
   Los fuegos de San Juan, las hierbas de San Juan (las verbenas) son una herencia del paganismo que sobrevive en el folklore cristiano.
   Las corporaciones y las cofradías se disputaban el patronato de tan poderoso intercesor: por ello su imagen es tan frecuente en los báculos procesionales de las cofradías.
   San Juan Bautista era el patrón de los sastres porque se vistió a sí mismo en el desierto; de los peleteros, a causa de la túnica de pelo de camello; de los fabricantes de cinturones, zurradores y talabarteros porque llevaba cinturón de cuero; de los cardadores de lana porque tenía un cordero como atributo.
   En Florencia había adquirido la clientela del Arte di Calimala, es decir, del gremio de comerciantes de paño francés.
   En memoria del festín de Herodes, era venerado por los posaderos. La prisión le valió la clientela de los pajareros porque también él había sido metido en una jaula y su decapitación la de los cuchilleros y afiladores porque le habían cortado la cabeza.
   A causa de su prisión y decapitación también era el patrón de los prisioneros y condenados a muerte. Las cofradías de la Misericordia que se habían fijado como misión acompañar a los condenados al suplicio y sepultarlos, habían elegido como emblema la cabeza de San Juan en una bandeja. Por eso la capilla de los Penitentes Negros de Aviñón, adosada a la prisión, está dedicada a San Juan Bautista, y los bajorrelieves de la fachada representan a dos ángeles que llevan su cabeza en una bandeja.
   Sin embargo, a primera vista se explica difícilmente, que también sea el patrón de cantores y músicos. En este sentido, es necesario recordar que los nombres de las notas de la escala han sido tomadas por el monje benedictino Guido d'Arezzo de un himno en su honor: ut (luego do), re, mi, fa, sol, la son las sílabas iniciales de los versos donde se lo celebraba, y la nota si está compuesta por la S y la I de San Juan (Sancte Iohannes), invocada al final de la estrofa.
   Como todos los santos populares, el Bautista era también un santo curador.
   La cabeza de San Juan en una bandeja (Johannischüsse) era objeto de una particular devoción por parte de los fieles que sufrían de migraña o jaqueca: se les presentaba la bandeja de San Juan, y a veces incluso se les colocaba su cabeza de metal hueco para "aspirar" la enfermedad.
   En Amiens, la cabeza de San Juan curaba la epilepsia (se llamaba a la epilepsia el mal de San Juan). En San Juan de las Viñas de Soissons, a donde los pacientes acudían en peregrinación, se lo invocaba contra las enfermedades de garganta, las anginas y los ahogos.
   En el Tirol, los campesinos conseguían la curación de los dolores de cabeza dando tres vueltas en torno al altar con una "Johannisschüssel" (algarroba). Arrojada al agua, la cabeza de San Juan ayudaba a a encontrar los cuerpos de los ahogados.
   A causa del Bautismo en el Jordán, tradicionalmente se consideraba a San Juan protector de las fuentes.
   En Rusia, los popes recomendaban abstenerse de todo fruto o legumbre, pera o calabaza cuya forma pudiera recordar la de la cabeza humana en el día de la fiesta de la Decapitación del Prodromo.
   Si a todas esas creencias populares se suma el hecho de que los nombres de San Juan y Juana eran extremadamente usuales en todos los países y que su empleo hacía que quienes lo eligieran se hicieran pintar bajo la protección de su santo patrón, se explica fácilmente la profusión de imágenes de San Juan en el arte cristiano.
ICONOGRAFÍA
   Tipos. La mayoría de los santos no tienen más que un tipo iconográfico. A nadie se le ocurriría representar un San Pedro o un San Pablo niños. Pero San Juan Bautista aparece en el arte cristiano, por el contrario, con dos aspectos diferentes: como niño y como adulto, como compañero de juegos del Niño Jesús y con los rasgos de un predicador ascético. Desde este punto de vista puede compararse con David, representado ya como joven pastor vencedor de Goliat, ya como rey coronado tocando el arpa.
San Juanito
   Fue el Renacimiento italiano el que popularizó el tipo del bambino de cabellos rizados jugando respetuosamente con el Niño Jesús bajo la tierna vigilancia de la Madona.
   El tema del pequeño San Juan asociado con el Niño Jesús no tiene fundamentos alguno en la Biblia, porque si hay que creer en el testimonio de San Juan Evangelista (1: 31), el Bautista habría dicho al ver a Jesús avanzar hacia él para ser bautizado en las aguas del Jordán: "Yo no le conocía".
   Pero se explica sin dificultad el atractivo que un tema semejante debía ejercer sobre los pintores de la maternidad y de la infancia. Según Botticelli, fue Leonardo da Vinci quie en su Virgen de las Rocas ha ofrecido el modelo más perfecto de esas Sagradas Familias ampliadas que luego inspiraron a Rafael (bastará recordar la Madonna della Tenda en la Pinacoteca de Munich; la Virgen del vel o y ls Sagrada Familia de Francisco I, en el Museo del Louvre) y a Murillo tantas obras maestras de gracia conmovedora.
   Señalemos sólo que desde el punto de vista iconográfico ese tema se presta a las variaciones más delicadas: San Juanito es ya el compañero del Niño Jesús al que entrega su cordero, ya el adorador de Aquél a quién, a la sazón, confusamente, siente "mayor que él" ¡Pero cuántos matices entre la camaradería y la adoración!
   Aunque los dos niños hayan nacido con algunos meses de intervalo, la diferencia de edades está muy marcada: Juan aparece siempre muy claramente como el mayor.
   Los artistas florentinos del Quattrocento representaron a San Juan adolescente con los rasgos de un efebo imberbe de nerviosa elegancia (Donatello, Verrocchio) o de gracia andrógina (da Vinci).
   En el siglo XVII, Murillo lo transformó en muchacho andaluz.
   En el siglo XIX, los escultores franceses Paul Dubois y Dampt enriquecieron el tema.
San Juan adulto
   Por encantador que resulte el tipo pueril o juvenil del Giovannino italiano, San Juan aparece en el arte cristiano casi siempre con los rasgos de un asceta demacrado "alimentado con langostas y miel silvestre", predicando la penitencia en el desierto de Judea.
   El arte realista de finales de la Edad Media y del Renacimiento lo representa de buena gana como un faquir esquelético, uno yogui hindú o un beduino nómada macilento y quemado por el sol, de barba descuidada y cabellos hirsutos.
   No obstante, ese San Juan ascético de origen oriental estuvo precedido por representaciones de tipo pastoral o sacerdotal en las manifestaciones paleocristianas de Ravena.
   Vestimenta. Según los Evangelios de Mateo (3, 4) y de Marcos (1, 6), está vestido con una túnica corta (exomis). Pero su vestidura característica es un sayo de pelo de camello (trikhinon himation) ajustado en la cintura mediante un cinturón de cuero. (Joannes erat vestitus pilis cameli et zona pellicea circa lumbos ejus.) En el arte pictórico del siglo XV, la piel de la cabeza del camello pende entre sus piernas. La piel manchada de un tigre que viste en un mosaico bizantino de Parenzo, en Istria, es una excepción. El sayo tejido con pelo de camello se reemplazó en Occidente con una piel de oveja o de cabra que le deja los brazos, las piernas y hasta una parte del torso desnudos. El palio púrpura que tiene encima en la escena de la intercesión del Juicio Final, alude a su martirio.
   Atributos. En el arte bizantino, está representado como un ángel con grandes alas (alígero). Esta concepción del Prodromo alado se remonta a una profecía de Malaquías (3:1): "He aquí que envío a mi mensajero para preparar mi camino, el ángel de la Alianza que deseáis." En el principio del Evangelio de San Marcos (1:2), se lo califica de mensajero celestial; no es otra cosa que la traducción literal de las palabras de Cristo que lo glorifica como "el igual de un ángel".
   En su mano, como los santos "cefalóforos", tiene una bandeja con su cabeza cortada: con frecuencia esa bandeja es reemplazada por un cáliz donde reposa como una hostia viva el Niño Jesús desnudo.
   Sus atributos son muy diferentes en el arte de Occidente. El más frecuente es el cordero cruciforme que presenta en un tondo, en un pliegue de su manto, apoyado sobre un libro o derramando su sangre en un cáliz, a sus pies. Ese símbolo es el que conviene más a un Precursor, puesto que saluda a Jesús diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo."
   Con frecuencia tiene una cruz de cañas en la que una filacteria lleva la inscripción: Ecce Agnus Dei. Un panal de miel alude a su alimento en el desierto.
   Por el índice elevado expresa, como el arcángel Gabriel, su misión de Anunciador (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Sala municipal de exposiciones "El Bailío" - Centro de Visitantes de la Ruta de la Orden de San Juan de Malta, en Lora del Río (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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