Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

sábado, 12 de septiembre de 2026

El desaparecido Convento de Santa María de Montesión, de los Dominicos

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de Montesión, de los Dominicos, de Sevilla.  
     Hoy, 12 de septiembre, se conmemora el Dulcísimo Nombre de la Bienaventurada Virgen María. En este día se recuerda el inefable amor de la Madre de Dios hacia su santísimo Hijo, y su figura de Madre del Redentor es propuesta a los fieles para su veneración [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de Montesión, de los Dominicos, de Sevilla.  
     El desaparecido Convento de Santa María de Montesión, de los Dominicos, se encontraba aproximadamente en la manzana formada por las calles Feria, Castellar, Alberto Lista, y Conde de Torrejón; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     La Orden de los Predicadores, también nombrada como de los Dominicos, fue fundada en los primeros años del siglo XIII por el castellano Domingo de Guzmán (Caleruega, Burgos, 1170 - Bolonia 1221), del linaje de los Guzmanes y canónigo de la catedral de Burgo de Osma, para combatir con la predicación, entre otros males de la Iglesia, la herejía albigense, que condenaba el uso de los sacramentos, el culto externo y la jerarquía eclesiástica, y también la herejía cátara. Entre 1203-1206, abandonando su retiro de Osma viaja a Dinamarca, Toulouse y otras comarcas de Europa acompañando al obispo don Diego de Acebes, de gran influencia en su vida espiritual, en empresas diplomáticas y apostólicas, conociendo de cerca el alcance de estas herejías y las luchas religiosas y feudales, a las que los legados pontificios y los cistercienses no podían poner fin. Impresionado por este estado de cosas, en 1207 comienza su labor apostólica con un grupo de compañeros en el sur de Francia. Muerto Acebes, Domingo se vincula al obispo Fulco de Toulouse, quien en 1215 lo admite junto con su "hermandad de predicadores" en el que sería el primer convento masculino, cuya regularización como nueva orden contravenía el mandato del IV Concilio de Letrán (1215) de no autorizar la formación de nuevos institutos religiosos. No obstante, los frutos que estaba dando este equipo de predicadores pobres atrajo la atención del papa Inocencio III que aconsejó a Domingo que tomara una regla ya existente, lo que enmascaraba un tanto la nueva fundación, escogiendo la de San Agustín. El 22 de diciembre de 1216 Honorio III expidió la bula de confirmación de la Orden de Predicadores como una corporación de clérigos regulares, siendo definitivamente confirmada el 21 de enero de 1217. Una vez conseguidas las preceptivas autorizaciones papales los dominicos iniciaron su vida de pobreza y evangelización itinerante por Europa, alentados por el fundador, que les imbuye la idea de una constante formación para así mejor ejercer su ministerio apostólico, siendo sin duda el siglo XIII decisivo para el desarrollo y crecimiento de la Orden y su fundamentación institucional, con un incremento rapidísimo de vocaciones. En 1220 se celebraba en Bolonia el primer capítulo general presidido por Domingo de Guzmán, el primer Maestro General, en el que se establecieron las bases de gobierno, las normas relativas al estudio, la predicación, las visitas y organización de los conventos y otras materias necesarias para el funcionamiento del nuevo instituto, instituyéndose el convento como la célula administrativa y territorial básica, que debía contar siempre con un maestro en teología. En el capítulo celebrado en mayo del año siguiente también en Bolonia, se crean cinco provincias: Provenza, Francia, Lombardía, Romana y España, y se ponen en marcha las de Hungría, Alemania e Inglaterra, cada una de ellas con un maestro provincial pertinente al frente. Un magnífico organizador resultó ser el Maestro general Raimundo de Peñafort, quien durante su mandato normalizó las Constituciones en un corpus jurídico que perduró hasta 1924.
     Hay que señalar que los dominicos junto con los francis­canos forman las órdenes mendicantes por antonomasia, cuya regla impone la pobreza no sólo para sus miembros sino para los conventos, obteniendo lo necesario para su sustento de la limosna de los fieles, en un deseo de vuelta a la pobreza como en los primeros tiempos de la Iglesia. Frente a la reclusión y aislamiento de los monjes, el fraile mendicante realiza un apostolado activo, itinerante, en constante contacto con la sociedad, estableciendo sus conventos en el interior de las ciudades en donde más directamente predican la fe y la moral dentro de la ortodoxia. Para ello era necesario que los frailes poseyeran una buena formación religiosa e intelectual, siendo este uno de los pilares fundamentales y definidores de los Dominicos, quienes desde su nacimiento se vinculan a las mejores universidades europea, como París o Bolonia, en las que la presencia de los Predicadores primero como estudiantes y luego en sus cátedras fue notable en número y calidad, y una baza fuerte en la consolidación de la Orden. A ello hay que sumar la creación de las Casas Generales de estudios -la primera se funda en 1248- en donde se forman los propios religiosos y colegiales externos, y en donde se imparte el trivium y filosofía, lo que en ocasiones acarreará conflictos con las universidades. La importancia del estudio era tal que a estudiantes y lectores (profesores) se les podían dispensar de algunas actividades de la observancia monástica, como la asistencia al coro, ciertos ayunos, y se les permitía poseer libros. A los conventos se les manda acrecentar las bibliotecas y se les prohíbe la venta de los libros.
     A la muerte de Domingo en 1221 (que será canonizado por el papa Gregario IX en 1234) la Orden contaba con veinte conventos y trescientos frailes. En 1303 son ya quinientos cenobios agrupados en dieciocho provincias con más de trece mil hermanos, crecimiento no exento de problemas con párrocos y obispos que encontraban una gran competencia en estos clérigos de gran formación teológica, que captaban rápidamente a los fieles que abandonaban a otros pastores por lo general peor preparados. Durante el siglo XIV la Orden pierde un poco el vigor de los primeros tiempos, con una relajación de la observancia y una disminución de vocaciones, a lo que hubo de contribuir el cisma de la Iglesia y la peste negra; la crisis será superada con la reforma llevada a cabo en el seno de la Orden que significó una vuelta a la observancia y al fervor primitivos. En el siglo XV se superarán los efectos religiosos de la llamada "claustra", para comenzar un gran resurgimiento que continuará en el XVI y XVII, sin duda los siglos de oro de los Dominicos. Las voca­ciones aumentan y las fundaciones se multiplican, favorecidas por la colonización de las tierras americanas y el extremo oriente. El setecientos, sin embargo, abrirá una nueva etapa de inflexión con el descenso en el nivel de los estudios y la pérdida de influencia sobre las masas, que los relaciona inexorablemente con la Inquisición; la Orden se aleja cada vez más de la sociedad y sus necesidades, para finalmente en el XIX, con las corrientes laicistas y los procesos desamortizadores vividos en Europa, quedar extinguida, no siendo restituida hasta el último tercio del XIX en varios países.
     En España, cuna del fundador, la Orden se implantó con rapidez, pues en las actas del capítulo provincial celebrado en Toledo en 1250 ya se da la cifra de veinte conventos en la península, que pronto se duplicará. Este crecimiento y expansión se debe en gran parte al paulatino avance de los monarcas castellanos en la reconquista, en cuyos campa­mentos consta la presencia de los frailes predicadores que asistían espiritualmente a los miembros del ejército y a los propios reyes. El mismo Fernando III eligió como confesor a un dominico y favoreció la fundación de conventos de la Orden en la ciudades andaluzas recién conquistadas, siendo el primero el de San Pablo de Córdoba. El incremento de casas y miembros hizo necesaria una reestructuración administrativa; de la inicial provincia de España o Castilla, el 10 de octubre de 1514 por bula del papa León X se creó la de Andalucía o Bética que comprendía los cuatro reinos de Andalucía (Córdoba, Sevilla, Jaén y Granada) el de Murcia y todo lo que de la Mancha y Extremadura quedaba a la izquierda del Guadiana que servía de línea fluvial divisoria, con un total de treinta dos conventos; en 1686 eran ya cincuenta y seis. Hay que señalar que los conventos fundados en estas fechas en tierras americanas, de gran potencial para ésta y el resto de las órdenes religiosas activas en España, se incluyeron en un primer momento en la provincia andaluza.
     Igualmente, los dominicos españoles pasaron por periodos de apogeo y decadencia como el que hemos referido anteriormente. También fue necesaria en las casas peninsulares una reforma en el siglo XIV semejante a la llevada a cabo allende de nuestras fronteras, lo que fue acometido por el beato Álvaro de Córdoba, y de la cual la Orden salió robustecida con la unión, finalmente, de las dos ramas, siendo los siglos XVI y XVII sin duda los más fecundos en cantidad de casas y en calidad de sus miembros. Por otro lado, los Predicadores se vincularon al mundo universitario hispano y fundaron colegios que alcanzaron elevadas cotas dentro de la vida intelectual del momento, y que dieron su fruto en personalidades que destacaron en variados campos del saber, desde la teología al derecho, la economía y la astronomía: fray Bartolomé de las Casas, fray Luis de Granada, Francisco de Vitoria, el mencionado San Raymun­do de Peñafort, San Vicente Ferrer, fray Diego Deza; destacando algunos de ellos también en santidad, lo que les llevó a subir a los altares. El siglo XVIII será en cambio un periodo de atonía y declive para este instituto religioso, que pierde el pulso de la historia y la sociedad que la protagoniza. Los aires laicistas y los cambios político-administrativos les llevarán a la exclaustración en 1836, quedando sólo abierto en España el colegio dominico de Ocaña para asistencia de las misiones ultramarinas. Merced a nuevos concordatos con la Santa Sede la Orden fue repuesta, en el último tercio del XIX; el 27 de enero de 1879 se reinstaura canónicamente la provincia de España y en 1897 se desgajó de nuevo la Provincia de Andalucía.
     En Sevilla la Orden de Predicadores contó con un total de seis conventos masculinos: San Pablo el Real, Santo Domingo de Portacoeli, Santo Tomás de Aquino, Regina Angelorum, Santa María de Montesión y San Jacinto. Los correspondientes femeninos fueron cinco: Madre de Dios el Real, Santa María de Gracia, Santa María de Pasión, Santa María de los Reyes y el de Nuestra Señora del Valle, de corta duración (fue vendido en 1529 a la orden franciscana y sus monjas pasaron al de Santa María la Real); de las fundaciones femeninas sólo ha permanecido el primero. En el primer censo demográfico conocido, fechado en 1615, la provincia de Andalucía tenía un total de 1.835 religiosos, aventajando a la de España en número; Sevilla daba un máximo absoluto de 430. Esta abundancia numérica aumentó a fines del XVII, lo que determinó que había que reducir el número, pues "sobraban frailes y faltaban viandas" y se fija en el año 1750 un numerus clausus en cada convento. Un interesante cuadro comparativo realizado por Huerga, del número de religiosos en los conventos masculinos sevillanos, a partir de los datos del capítulo provincial celebrado en Cádiz en 1750 y de la obra publicada en Sevilla en 1757, Breve expresión de lo que en sí contiene la ciudad de Sevilla, arrojan las siguientes cifras:
1750             1757
120 San Pablo     190
12 Portacoeli     33
20 San Jacinto     25
- Regina             48
- Montesión     18
-       Santo Tomás     29
total                     343
     Los funestos acontecimientos del XIX, terminaron finalmente con la expulsión de los Predicadores y cierre de estas seis casas, de las que sólo se ha restablecido la de San Jacinto.
CONVENTO DE SANTA MARÍA DE MONTESIÓN
     La fundación del convento de Santa María de Montesión fue voluntad de la noble dama sevillana doña Mencía Manuel de Guzmán, hija de don Alvar Pérez de Guzmán -hijo del Duque de Medina Sidonia don Juan Alonso de Guzmán- y doña María Manuel de Figueroa, nieta del primer duque de Feria. Casó muy joven con don Sancho Mexía Melgarejo y, según señala Morgado, habiendo hecho votos de castidad no hizo vida de matrimonio, llevando una existencia de recogimiento y piedad, dedicada a realizar obras de caridad y al culto divino, y vistien­do el hábito de comendadora de la Orden de Santiago. Su primera intención fue fundar un convento para religiosas de esta Orden, sin embargo, y siguiendo de nuevo a Morgado, la dificultad que tuvo doña Mencía para confesar cuando un día acudía a un monasterio sevillano, mudó su primera intención y se decidió por establecer un convento de frailes Predicadores dedicados a este fin, decisión en la que hubo de influir su hermano, el también dominico fray Álvaro de Guzmán y el maestro del Colegio de Santo Tomás de Sevilla fray Juan de Ochoa, su confesor. El analista Ortiz de Zúñiga refiere que la señora otorgó testamento el sábado 24 de junio de 1559, fecha que corrige Gestoso por la de 19 de junio con modificaciones de cuatro cláusulas en los días 20, 21, 22 y 24 de ese mes; el 21 hacía donación de todos sus bienes muebles e inmuebles -una hacienda de 80.000 ducados- a favor del Provincial de Andalucía fray Martín de Mendoza, quien en nombre de la Orden tomó posesión de todo el mismo día 21 a las 6 de la tarde. La fundadora estableció que el convento de Santa María de Monte Sión tendría permanentemente, 14 sacer­dotes más los legos necesarios, de 30 años de edad para arriba, procedentes del Colegio sevillano de Santo Tomás de Aquino o del de San Gregorio de Valladolid, de la misma Orden, dedicados al confesionario y al púlpito, quedando exentos de la asistencia al coro y del rezo de las horas cantadas. Nombró como primer patrón, administrador y prior al mencionado fray Juan de Ochoa, quien a su vez se encargaría de designar a los catorce religiosos del monasterio.
     Así pues y según se recogía en las cláusulas testamenta­rias, el convento quedó instituido en la llamada plaza del Caño Quebrado "las casas principales de mi morada, que son en esta ciudad de Sevilla en la collación de San Juan de la Palma, que lindan con casas de Diego de la Barrera, Escribano público de Sevilla, se faga un monasterio y convento de catorce Frayles Sacer­dotes Confesores de la Orden de Santo Domingo, y se nombre monasterio de Santa María de Monte Sión, en la iglesia del qual, después de hecho y acabado, sea trasladado mi cuerpo en la capilla mayor del dicho Monasterio", lo que se llevó a efecto una vez concluida la iglesia en 1601, en que se trajeron sus restos mortales desde el convento de San Pablo de Sevilla. En su deseo de ver erigido Monte Sión antes de su muerte, lo que acontecía el 29 de junio de ese mismo año, se procedió a la bendición el día 27 de la pieza que se habilitó para iglesia en las referidas casas, quizás en el propio oratorio que la señora poseía en su morada, en el que según Morgado se celebraban devotas misas a las que concurrían muchas personas, atraí­das por que en ellas se alcanzaban indulgencias apostólicas. La fundación fue aceptada por la Orden de Predicadores en el capítulo general celebrado en Avignon en 1561, siendo general fray Vicente Justiniano. Según Gestoso el jueves 30 de agosto de 1576 se puso la primera piedra del edificio, en ceremonia a la que acudió el arzobispo de Sevilla don Cristóbal de Rojas y Sandoval; las obras no finalizaron, al menos las de la iglesia, hasta 1601.
     En el monasterio tuvo su sede la Hermandad de peni­tencia de la Sagrada Oración en el Huerto y María Santísima del Rosario, que se considera fundada a mediados del siglo XVI acaso en el mismo convento de Monte Sión, teniendo su regla aprobada el 14 de octubre de 1588. La corporación alcanzó gran prestigio y crecidas rentas, por contar entre sus hermanos a patrones y dueños de barcos, cuyos donativos revirtieron en su rico patrimonio, con numerosos enseres de plata, y posibilitaron la construcción de capilla propia entre el presbiterio del templo conventual y el compás, en el sitio que media desde el brazo derecho del crucero a la calle. Según Bermejo la capilla fue obra de una piadosa señora apellidada Becerra, quien compró el terreno y la labró a sus expensas en 1671. Sin embargo, otras referencias dan como fecha de la compra del sitio 1577, labrándose la capilla en los tres años siguientes. Sea como fuere la cofradía ha pervivido hasta nuestros días y se ha mantenido en su capilla, y hacía estación de penitencia en la tarde del Jueves Santo, al igual que actualmente.
     La vida del monasterio y su acción apostólica hubo de transcurrir sin grandes altibajos; en 1757 la comunidad de Monte Sión era de dieciocho religiosos y en 1803 de dieciséis, con una renta anual de 47.704 reales. Con la llegada de los franceses en febrero de 1810, los dominicos fueron exclaustrados y el convento ocupado por las tropas hasta la marcha de éstas en 1814, en que regresó la comunidad. Durante el Trienio Constitucional se constata una nueva expulsión y la venta del convento que no incluía la iglesia y que se efectuó por subasta, cuyo último remate se celebró el 1 de febrero de 1823, siendo adjudicado al Marqués de Arco Hermoso en la cantidad de 140.614 reales de vellón. Tras ser abolido el sistema constitucional la venta fue anulada. Con la desamortización de 1835 los religiosos fueron exclaustrados definitivamente, la iglesia permaneció abierta durante algún tiempo a cargo de un capellán y en el convento se estableció una fábrica de tejidos de lana. Cuando se produjo la revolu­ción de 1868 todo el inmueble fue incautado por la Junta Revolucionaria con la idea de trasladar a él la parroquia de Omniun Sanctorum que se proyectaba demoler, lo que final­mente no se llevó a efecto. En el Archivo de Protocolos de Sevilla consta el contrato de arrendamiento de la iglesia en el año 1869 por el presbítero don Juan Bautista Cabrera por dos años, pagando 192 escudos anuales. Durante muchos años Monte Sión permaneció cerrado y casi abandonado; fue utilizado como centro de reunión de sociedades y gremios de la zona, como los de tejedores y carpinteros. Entre 1885 y 1912 se estableció la comunidad de religiosas de Santa María de las Dueñas, que tras el derribo de su monasterio y acomodarse en varios conventos de la ciudad, se instaló en el de Monte Sión en donde se hicieron obras de rehabilitación. Asimismo, también se estableció en el convento el Capítulo de las cuatro Órdenes Militares que trasladaron su patrimonio artístico a la iglesia; en el altar mayor se colocaron las bellas tablas pictóricas que la Orden de San Benito de Calatrava poseía. El 5 de agosto de 1927 el Colegio Notarial de Sevilla adquiría a través de su decano don José Gastalver Gimeno el templo de Monte Sión, sin uso en esas fechas, para convertirlo en sede del Archivo de Protocolos Notariales, comprándose el día anterior una casa contigua en la calle Feria para servir de almacén. El arquitecto José Gómez Millán realizó obras de habilitación, trazando la portada de acceso de corte historicista. Los trabajos finalizaron el 20 de octubre de 1927 y el 24 fue solemnemente inaugurado, situación que se ha mantenido hasta los años ochenta del siglo XX. Actualmente, lo que queda de Monte Sión es la iglesia y alguna dependencia anexa, está cerrado y sin uso, siendo su régimen de protección el de edificio incluido dentro del Conjunto Histórico de Sevilla, por Decreto de 27 de agosto de 1964, en lo que se incluye la capilla anexa de la Hermandad de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora del Rosario que ha permanecido hasta nuestros días.
ARQUITECTURA
     El monasterio de Santa María de Monte Sión, quedó emplazado en las casas en las que moraba su fundadora doña Mencía Manuel de Guzmán, en la collación de San Juan Bautista, vulgo de le Palma, en la plaza del Caño Quebrado. El plano de Sevilla de 1771 permite ver la inser­ción del convento en una amplia manzana, cuyo perímetro estaba delimitado por la calle Feria y la citada plaza del Caño Quebrado, continuando por la calle del mismo nombre, Ancha de San Martín -actual Alberto Lista- y calle del Barco, que en el referido plano aparece por error como Banco y hoy se rotula como Conde de Torrejón.
     La construcción del convento abarcó el último tercio del siglo XVI, pues, como ya referimos, las obras sobre las casas de doña Mencía comenzaron según Gestoso el 30 de agosto de 1576, en que se puso la primera piedra. Sin embargo, anterior a esta fecha ya hay constancia del interés de los dominicos en la rápida promoción de la edificación de su nuevo monasterio pues el 21 de marzo de 1567 el papa Pío V daba bula al referido primer prior fray Juan de Ochoa para poder aplicar los frutos del pago de La Dehesa, en el término municipal de Écija, a la fábrica del templo.
     Hasta el momento se desconoce el autor o autores de la traza de la iglesia y convento, de lo que sólo ha permanecido la iglesia, que es calificada por González de León como una de las más hermosas de la ciudad, autor que señala que no llegó a terminarse, pues su planta se proyectó más larga y con tres naves, sin señalar en qué se basaba para tal afirmación. Situada en el compás del convento por donde tenía su entrada, su configuración es sencilla y también su decoración, construida en ladrillo aunque con aspecto de gran solidez, si bien hay que tener en cuenta que para sus diferentes usos tuvo que sufrir alteraciones que hubieron de modificar su fisonomía original. Es una cruz latina, de nave única, presbiterio con testero plano y amplio crucero con cúpula con linterna. Se cubre con bóveda de medio cañón que apea sobre una cornisa corrida y entablamento sostenido por sencillas pilastras de orden dórico. Al exterior presenta azoteas con antepechos calados de piedra martelilla. La capilla mayor albergó los restos mortales de la fundadora doña Mencía Manuel de Guzmán con sepulcro en mármol con el escudo labrado de los Guzmanes y dos ángeles tenantes esculpidos en alto relieve; el epitafio decía: "AQUÍ YACE LA MUI ILUSTRE D.ª MENCIA MANUEL DE GUZMÁN QUE MURIO EN 30 DE JUNIO DE 1559 CUIO CUERPO FUE SEPULTADO EN EL CAPITULO DEL REAL CONVENTO DE SN PABLO DESTA CIUDAD Y DESPUÉS SE TRASLADÓ A LA CAPILLA MAYOR DESTE COLEGIO EN 19 DIAS DEL MES DE JUNIO DE 1601 SEGÚN LO DEXO MANDADO EN SU TESTAMENTO. RIPA". Esto desapareció en las obras efectuadas en la iglesia en 1885 para acomodo de la comunidad de Santa María de las Dueñas y de las Ordenes Militares, como ya señalamos anteriormente.
     La iglesia posee dos espadañas de cantería que se hallan en muy mal estado de conservación. La espadaña mayor es una pieza significativa de carácter monumental y magnífico ejemplar renacentista, formada por dos cuerpos mediante grandes sillares de piedra granítica con hiladas muy marca­das aunque sin llegar a formar almohadillado; el inferior se levanta sobre un basamento en el que apoyan las columnas sobre pedestales, de orden toscano, adosadas a las jambas que conforman los dos vanos de medio punto con impostas y ménsula en la clave, hoy sin las correspondientes campanas. Un entablamento con triglifos y metopas da paso a la cornisa, con un frontón curvo enrollado, en cuyo centro se eleva el segundo cuerpo formado por arco de medio punto entre pilastras cajeadas jónicas, ménsula en la clave, entablamento con una gran ova en el centro y remate en frontón curvo. La piedra se encuentra muy erosionada y faltan algunos elementos como los pináculos en que debieron de terminar los dados laterales, pese a ello el conjunto es de bellas proporciones clásicas. La espadaña mediana se halla en la cabecera del templo y es de un sólo cuerpo con un único vano rectangular en vertical entre pilastras adosadas a las jambas; en sustitución de los capiteles posee unos cuadros de azulejos azules. Remata el conjunto un frontón curvo con escudo de la Orden en azulejos polícromos sobre fondo amarillo en el tímpano. La espadaña está flanqueada por dados con pináculos piramidales muy erosionados y con pérdida de la parte superior.
     El convento se hallaba en el costado izquierdo de la iglesia, es decir, en el muro del evangelio en donde debió de existir un vano de comunicación. Poseyó al menos dos patios en torno a los cuales se distribuían las celdas y estan­cias necesarias para la vida en la casa de sus catorce frailes sacerdotes y demás hermanos legos, corno estableció la fundadora. El patio principal era claustrado, de dos pisos de altura, de arcos sobre columnas de mármol en ambos, en el bajo abiertos al claro del patio y en el superior cerrados con antepechos abalaustrados muy bien labrados al decir de González de León, quien señala que se quitaron con la desamortización y al parecer se colocaron en la casa del Marqués de Arco Hermoso. Esta parte del convento se dividió y se labraron casas de habitación. El segundo patio era igual­mente columnado aunque más modesto en dimensiones y mérito, y tras la exclaustración se convirtió en casa de vecinos. Posteriormente, el edificio conventual se adjudicó en razón de herencia a los descendientes de la fundadora, los Duques de Feria, para finalmente ser demolido. En lo que fuera compás y pasando por delante de la iglesia nos encon­tramos hoy con un edificio de viviendas de seis metros de ancho y cuatro plantas de altura del que a duras penas emerge el perfil del templo. Con la instalación del Archivo de Protocolos en el inmueble, en el muro de cierre hacia la calle Feria se realizó una portada de acceso diseñada por el arquitecto local José Gómez Milán en 1927, de corte historicista, con un vano de medio punto con ménsula en la clave entre columnas sobre pedestales; en el friso el nombre de la institución y sobre él un frontón curvo roto con volutas emo­ lladas, en cuyo centro se dispone un sencillo balcón con baranda metálica.
     La capilla de la Hermandad de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora del Rosario, conocida hoy como capilla de Monte Sión, se ha conservado hasta nuestros días en el lugar que fuera edificada; se halla ubicada en lo que fuera compás del monasterio, independiente de la iglesia conventual aunque paredaña al muro del presbiterio. En documentos pertenecientes a la hermandad se indica que los terrenos fueron comprados en 1577, señalándose un plazo máximo de tres años para la terminación de su edificación. Bermejo, sin embargo, señala que la capilla se debió a la generosa aporta­ción de una piadosa señora apellidada Becerra que en 1671 compró los terrenos y la construyó a sus expensas. La planta es rectangular, con ligero esviaje con respecto a la fachada de los pies, de nave única sostenida por pilastras sobre la que apoya la cubierta, una buena techumbre de alfarje de tres paños, cuadros en los extremos, con unas dimensiones de 13,50 metros de largo por 5,90 de ancho y con decoración a base de lacerías y piñas de mocárabes dorados y tirantas de lazos. A los pies y sobre el muro de la epístola posee una curiosa tribuna a modo de pequeño coro alto, apoyada en vigas de maderas cuyas cabezas están adornadas con motivos antropomorfos. Tuvo pavimento de losas azules y blancas, y en el centro de la nave una lápida recuerda que en ese lugar reciben sepultura los hermanos de la corporación. Un pequeño cuarto en el lado del evangelio sirve de sacristía. La portada del acceso se sitúa a los pies y está formada por una gran vano adintelado enmarcado por simples pilastras, pequeño óculo en el centro de la parte superior, y más arriba la pequeña espadaña de un sólo vano de arco de medio punto entre pilastras toscanas y coronada por dados y bolas cerámicas blancas en los extremos y un medio punto central a modo de frontón y sobre él una cruz de forja. Los retablos cerámicos con la efigie de los titulares son obra moderna, realizada por Alfonso Chaves Tejada en 1960. Al lado de esta portada se halla otra de arco de medio punto, adovelado y rematada por un frontón triangular, que da acceso al pequeño compás que comunica lateralmente con la capilla. Hay que señalar que la capilla fue saqueada el 18 de julio de 1936, perdiéndose retablos, esculturas, andas procesionales, ajuar litúrgico, etc., salvándose sus imágenes titulares por haber sido escondidas previamente. Durante la reconstrucción de la capilla la hermandad residió en la parroquia de San Martín hasta su vuelta en 1952.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     Referencias documentales nos permiten conocer, en parte, los retablos y esculturas que adornaron la iglesia de Monte Sión, de los que lamentablemente nada se ha conservado. La primera noticia la encontramos en el contrato firmado el 15 de septiembre de 1567 por el pintor Pedro Villegas con el prior del convento fray Juan de Ochoa para realizar lo que hubo de ser el primer retablo para la también primera iglesia que se habilitó en las casas donadas por la fundadora doña Mencía Manuel de Guzmán. El maestro se comprometía a realizar la talla y carpintería de dicho retablo y cinco tableros de pinturas con el tema de la Asunción de la Virgen para el cuerpo principal y para los restantes según se le indicase. El costo de la obra ascendió a 30.000 maravedíes, constando carta de pago el 17 de abril de 1568 de 20.000 maravedíes a cuenta, lo que corrobora la ejecución de dicho trabajo. Al año siguiente, el 29 de julio el escultor Gaspar del Águila se obligaba con el superior del monasterio fray Pedro de Carrizosa a hacer un Crucificado "de dos varas y ochavas de estatura... a contento del Juan Chacón pintor". El precio se estipuló en 30 ducados, y la cancelación de la escri­tura se produjo el 31 de enero de 1569, porque el artista entregó el Crucifijo y recibió su importe. No se determina el lugar al que iba destinada esta escultura que en fecha desconocida pasó a la capilla de la Hermandad de la Oración en el Huerto, contigua a la iglesia conventual, en un retablo dieciochesco del muro del evangelio, siendo destruida en el saqueo del año 1936, perdurando el brazo derecho.
     Por la carta de pago otorgada el 27 de enero de 1616 por el ensamblador Miguel Beri a fray Cristóbal Guerrero de Góngora, por valor de 1.300 reales, sabemos que este maestro había realizado un tabernáculo de ébano y marfil, grabado y labrado, para un "Santo Crucifijo", creemos que el que realizara Gaspar del Águila, y que ya se colocó en la capilla mayor de la iglesia, que, como estudiamos, fue termi­nada en 1601.
     El definitivo retablo mayor fue concertado el 26 de octubre de 1633 por el prior fray Agustín Adorno con el maestro Domingo González, quien tomó a su cargo su talla, ensamblaje y arquitectura. Por las condiciones del contrato sabemos que fue realizado en madera de borne y pino de Flandes, y que constaba de banco con la caja para contener el sagrario que ya poseía el convento -creemos que el de ébano y marfil que realizó Miguel Beri- dos cuerpos con tres calles y ático, articulado en el primero mediante cuatro columnas de orden corintio con basas, fuste redondo, sobre sus corres­pondientes pedestales y con traspilares; un entablamento con su arquitrabe, friso y cornisa daba paso al segundo cuerpo articulado por otras cuatro columnas, bien de orden corintio o compuesto, según se le indicara al maestro. El retablo estaba destinado a contener una serie de pinturas que analizaremos en el siguiente epígrafe. Domingo González se comprometía a darlo acabado y asentado en el plazo de un año, cobrando por ello 9.000 reales. El 30 de julio de 1634 consta una carta de pago otorgada por el artista al procurador fray Jacinto de San Gregorio, "por cuenta del retablo que está haciendo". Las labores de dorado y estofado fueron concertadas con el pintor Juan del Castillo el 25 de enero de 1636, incluyendo un escudo de la Orden y "frutas", a terminar a fin de julio de ese año y por importe también de 9.000 reales. El ático estuvo coronado por un Calvario de escultura de autor desconocido que al igual que la arquitectura del retablo no se ha conservado, siendo desmembrado en 1810, durante la ocupación francesa.
     Ponz refiere la existencia a ambos lados del presbiterio de sendos retablos, el del evangelio dedicado a Santo Domingo en Soriano y el de la epístola a Santo Tomás con San Vicente Ferrer; este autor ya duda que fueran obra de Alonso Cano como algunas referencias antiguas establecían. En efecto, el retablo de Santo Domingo en Soriano, presidido por una pintura con este tema, estaba ya realizado y asenta­do en la iglesia en 1617, pues en este año, el 16 de noviembre, Baltasar Quintero concierta con el superior del monasterio fray Alonso Sánchez un retablo para el comulgatorio "a semejanza del que está en el altar de Santo Domingo". Quizás pueda corresponder con el que el 7 de enero de 1613 convenía el maestro Pedro de Noguera, a realizar en madera de pino y borne según la traza y montea firmada por él, del que sabemos que constaba de banco, cuatro columnas, cornisa, escudo en los frontispicios y remate con cruz y pirámides. Se comprometía a acabarlo en blanco y asentarlo en el plazo de tres meses, y su costó ascendió a 140 ducados en reales. El dorado y la policromía corrió a cargo de Baltasar Quintero quien, según el contrato firmado el 13 de mayo de 1618, se comprometía a quitarlo y llevarlo a su casa para fortificarle todas las juntas traseras con cáñamo y cola fuerte y por fuera "todo que fuese necesario para que las juntas aprieten conforme a buena obra"; además del dorado y resanado debía estofar a punta de pincel buenos grutescos de diferentes colores que se repartían por diferentes zonas del retablo como banco, friso y hornacina principal. El artista se comprometía acabarlo y asentarlo para el primer día del mes de agosto de ese mismo año, siendo el costo de los trabajos estipulados en 200 ducados.
     En el lado de la epístola del crucero y en corresponden­cia con el anterior se hallaba el retablo dedicado a Santo Tomás de Aquino, presidido por una pintura que representaba al Santo en compañía de San Vicente Ferrer. Su ejecución hubo de ser anterior a 1636, año en que Alonso Cano concertó un retablo que debía seguir las trazas y tamaño del de Santo Tomás, sin conocerse hasta ahora más datos sobre su autoría y características arquitectónicas. Con respecto al retablo concertado por Cano el 5 de abril de 1636 con fray Fernando de Castro en el que actuó corno fiador Juan del Castillo, sabemos que fue realizado en madera de borne, comprometiéndose el maestro a entregarlo en blanco y asentarlo el 15 de mayo de ese mismo año por un precio de 900 reales. Este retablo no se ha conservado y a él parece pertenecer la pintura del banco que representa Las ánimas del Purgatorio realizada por este mismo artista.
     Sobre el retablo del comulgatorio sabernos que la escri­tura de adjudicación fue firmada el 16 de noviembre de 1617 entre Baltasar Quintero y el superior de Monte Sión fray Alonso Sánchez, quien actuaba en calidad de albacea y distribuidor de los bienes de doña Nufra de Jesús y Alfaro, "fraila de la Orden de Santo Domingo". Las trazas fueron dadas por este maestro y en las condiciones del contrato se manifestaba que debía ser de madera de pino y borne, "a semejanza del que está en el altar de Santo Domingo", y que ocupara todo el arco de la pared, con unas dimensiones de ocho varas de alto a contar desde la peana del altar y todo lo ancho del hueco del altar que medía "cinco varas y una tercia". Consta­ba de banco, dos columnas corintias, hueco para el sagrario que ya existía, y seis tableros para contener pinturas. Quintero se comprometía a asentarlo y darlo estofado para fin mayo de 1618, por lo que cobraría 300 ducados en reales de vellón. En la misma fecha que Baltasar Quintero firmaba con el padre superior, es decir el 16 de noviembre de 1617, el artista concertaba la ejecución del referido retablo con el entallador Luis de Figueroa por 1.250 reales, a entregar en el plazo de tres meses.
     La Capilla de la Hermandad de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora del Rosario estuvo adornada con cuatro retablos "todos de lo más malo del arte", según González de León. El retablo mayor fue realizado en 1639 por el maestro arquitecto y ensamblador Matías Fernández Cardoso, quien el 29 de abril concertaba con el mayordomo de la herman­dad Félix Romero su labra, ensamblaje y escultura por 4.200 reales de vellón, a terminar en el plazo de ocho meses. Era de madera de borne, de diez varas de alto y siete de ancho para ocupar todo el testero de la cabecera de la capilla, en el que se insertaban una serie de pinturas que no se han conservado. El 31 de julio de 1640 Matías Fernández cobraba los últimos 740 reales que le debía la corporación "por estar poseyendo hoy el retablo y estar puesto en el altar de la dicha capilla". En fecha que desconocemos fue destruido o sustituido por otro de corte neoclásico jaspeado y dorado que a su vez fue bastante mutilado en los acontecimientos del año 1936. El que posee actualmente procede de otro lugar, de estilo barroco y compuesto por banco, un cuerpo de tres calles y ático, cuya hornacina principal está presidida por la bella imagen de la Dolorosa bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, que aunque atribuida al taller de Roldán y en concreto a su hija Luisa, la historiografía más reciente la considera obra anterior, de un anónimo autor del último cuarto del XVI, si bien la imagen fue retocada en el XVII; modernamente también ha sido objeto de otra intervención, en concreto en 1976 por el imaginero local Francis­co Buiza Fernández. En el muro del evangelio existieron dos retablos de los que no se poseen referencias documen­tales ni descripción de sus características. Uno de ellos fue considerado de la segunda mitad del siglo XVIII y fue destruido en 1936 al igual que el Crucificado que lo presidía que al parecer era el que realizara Gaspar del Águila en 1568 para la iglesia conventual y que en fecha desconocida pasó a la capilla de esta hermandad -hoy hallamos un Crucificado moderno, tallado por el imaginero José Ortega Bru-. El segundo poseía un lienzo de escuela flamenca que repre­sentaba a Cristo Salvador del mundo, que no ha sido identificado. En el muro de la epístola se hallaba otro retablo que pereció igualmente en 1936 y que pudo corresponder al que el 2 de noviembre de 1639 concierta Domingo González, autor como ya vimos del retablo mayor de la iglesia conventual. El maestro dio las trazas y montea y se comprometía a terminarlo y asentarlo en el muro derecho para el "domingo de lazaro del año que biene", cobrando por el trabajo 700 ducados. El retablo estuvo presidido por una escultura de Cristo Resucitado que ya poseía la hermandad, de la que no se conocen más noticias.
     El Cristo de la Oración en el huerto, titular de la Herman­dad, fue realizado en 1578 por el escultor Jerónimo Hernández, según contrato firmado el 10 de febrero de ese año con el alcalde de la corporación García de Herrera, además de las figuras de los apóstoles Pedro, Juan y Santiago dormidos y en diferentes posturas, y el ángel con el cáliz; eran en total cinco figuras que componían el paso de misterio, que escenifica el pasaje del Evangelio de San Lucas (22, 39-45) de la oración de Jesús en el monte de los Olivos al Dios Padre para que apartara el cáliz de su inminente agonía, sudando sangre y siendo confortado por el ángel, mientras los tres discípulos que le acompañaban quedaron dormidos. Del primitivo grupo subsisten las figuras de Jesús y del ángel, los apóstoles fueron destruidos en 1936, siendo sustituidos en 1948-1950 por otros realizados por Castillo Lastrucci. La imagen de Jesús, realizada por Jerónimo Hernández, lo presenta arrodillado sobre una peana, en actitud orante, de tamaño natural y de candelero al igual que el resto de las figuras contratadas. La escultura ha sufrido varios retoques y restauraciones, la más importante la efectuada entre los años 1669 y 1674 por Pedro Roldán y Bernardo Simón de Pineda quienes realizaban por esa fecha una nueva canastilla para este paso de misterio en la que se incluían ocho relieves con historias de la Pasión en óvalos, cuya policromía corrió a cargo de Juan Salvador. En 1942 Antonio Castillo Lastrucci sustituyó el candelero del Cristo por un cuerpo entero tallado y en 1976 fue nuevamente retallado, encarnado y recompuesta la cabellera por Francisco Buiza. Pese a ello la cabeza del Señor de la oración conserva aún su bella robustez de marcados perfiles y rostro expresivo. El ángel también ha tenido varias intervenciones que han desvirtuado su configuración original, sin bien posee un aspecto esbelto y armonioso. Sobre la canastilla realizada por Roldán y Pineda hay que señalar que fue sustituida en 1833 por otra de corte clasicista, aunque colocándose en ella los relieves en óvalos realizados por ambos artistas.
PINTURAS
     En el retablo mayor, realizado por Domingo González entre 1633 y 1636, se disponía una serie de pinturas que toda la historiografía artística de los siglos XVIII y XIX adjudicaba al pintor Juan del Castillo quien, como ya referimos, concertó el dorado y estofado del retablo el 25 de enero de 1636; a pesar de que hasta la fecha no se ha encontrado la escritura de concierto, los testimonios antiguos y las obras conservadas adscriben a Castillo sin dudar su ejecución, además de permitirnos fijar la distribución de las pinturas en el retablo. Esta serie pictórica es la mayor empresa que acometió el pintor en toda su trayectoria artística, a la que hay que sumar los lienzos de los retablos colaterales. En el banco del retablo mayor se disponían dos lienzos en formato apaisado (90 x 220 cm) con las figuras de medio cuerpo de San Ambrosio, San Jerónimo y San Buenaventura en uno, y en el otro San Gregorio, San Agustín y Santo Tomás; ambos pasaron al Alcázar en 1810 donde fueron inventariados con los números 22 y 21 respectivamente, de donde fueron llevados a París para formar parte de la Galería Española del Louvre y tras varias ventas se les pierde la pista hasta la fecha. El centro del retablo estaba presidio por la Asunción de la Virgen, que igualmente fue incautada por los franceses en 1810 y llevada al Alcázar donde constaba con el número 13, de donde volvió al convento, ingresando en el Museo de Bellas Artes de Sevilla tras la desamortización de 1835. Es obra de grandes dimensiones (487 x 285) que permitió al artista desarrollar una amplia escena inspirada en la composición de Tadeo Zuccaro grabada por Jocob Matham; se articula en dos registros con numerosos personajes, en el inferior, en torno al sepulcro abierto, los Apóstoles en actitudes movidas y expresivos gestos de sorpresa, y en el amplio rompimiento de gloria la figura de la Virgen que asciende a los cielos sentada sobre un trono de nubes y rodeada de una numerosa corte angélica. Este lienzo estaba flanqueado en los intercolumnios por la Adoración de los pastores a la derecha y a la izquierda la Adora­ción de los Magos, con unas dimensiones de 368 x 198 cm. que fueron inventariadas en el Alcázar con los números 16 y 17 respectivamente, regresando a Monte Sión para de aquí pasar al Museo sevillano. En ellas encontramos de nuevo débitos a otros maestros como Durero; ambas presentan una composi­ción en diagonal, presidiendo la escena la Sagrada Familia en torno a la cual se disponen en actitud oferente los personajes. El segundo cuerpo del retablo estaba presidido por la Coro­nación de la Virgen que, incautado por los franceses, fue llevado a París desconociéndose su paradero tras su venta en 1853 en Londres. Este lienzo estaba flanqueado por la Anun­ciación a la derecha y la Visitación a la izquierda que también pasaron por el Alcázar sevillano en 1810 con los números 15 y 14 respectivamente, para volver en 1812 al convento hasta su desamortización, en que ingresó en el Museo de Bellas Artes donde permanecen. En la Anunciación la escena se desarrolla en dos planos; en el ángulo inferior derecho se halla la Virgen con gesto modesto, arrodillada ante una mesa cubierta con tapete y un libro abierto, y en el suelo una cesta de labor y el habitual jarrón con azucenas alusivo a su pureza. En la parte izquierda se encuentra el Arcángel San Gabriel arrodillado sobre vaporosas nubes, completándose la composición con un amplio rompimiento de gloria en el tercio superior con la Paloma del Espíritu Santo en el centro y alrededor fulgurantes nubes doradas con grupos de querubines. La Visitación se desarrolla en un ámbito más real con un fondo arquitectónico de gran monumentalidad y presidido por las figuras de la Virgen y su prima Santa Isabel flanqueadas por pares de figuras, masculinas y femeninas. También se han considerado pertenecientes a este retablo dos tablas terminadas en medio punto, de 99 x 57 cm. que podrían haber estado situadas a los lados del sagrario y que representan El taller de Nazaret y la Muerte de San José que fueron inventariadas en el Alcázar ambas con el número 410, como obras de Francisco Varela y que hoy se adjudican a Juan del Castillo; se hallan en la pinacoteca sevillana a donde llegaron tras la desamortización. La disposición en diagonal de las figuras delata su pertenencia a un mismo conjunto. La del taller, con el Niño y San José trabajando en el banco de carpintero situado de forma sesgada, y la Virgen detrás contemplando la escena, y en la Muerte de San José el patriar­ca se halla tumbado sobre una cama colocada en oblicuo, flanqueado por Jesucristo y la Virgen que lo confortan en su último trance. También se ha adjudicado al retablo mayor de Monte Sión un Niño Jesús, hoy en paradero desconocido, que también constaba en el Alcázar en 1810 con el número 193 como obra de Varela, que hubo de decorar la puerta del sagrario; hemos de recordar que el convento poseyó un sagrario tallado en madera y marfil que fue sustituido en fecha desconocida por otro de corte barroco y que en nada gustó a Ponz.
     Los retablos colaterales del presbiterio estaban dedicados a los dos grandes santos de la Orden de Predicadores, a Santo Domingo de Guzmán el del lado del evangelio y a Santo Tomás el de la epístola. Y como tal estaban presididos por sendas pinturas que efigiaban a estos dominicos que, aunque sin documentar, han sido adjudicadas a Juan del Castillo. Recordemos que el retablo del lado del evangelio fue realizado entre 1617 y 1618, y estuvo presidido por un lienzo que representaba a Santo Domingo en Soriano cuya ejecución hay que situar en torno al año 1618. En la incauta­ción por los franceses de los cuadros del convento de Monte Sión consta en el Alcázar con el número 19 un lienzo con este título que debe corresponder al que nos ocupa, ignorándose desde entonces su paradero. El retablo del lado de la epístola estuvo presidido por un lienzo que representaba a Santo Tomás de Aquino con San Vicente Ferrer, atribuido por Ceán y González de León a Juan del Castillo, obra que no constaba en el inventario del Alcázar de 1810, dándose por perdida desde entonces; recientemente ha sido localizada en el comercio de arte, como obra de alta calidad dentro de la producción de este artista.
     Sabemos de la existencia de otro retablo en la iglesia conventual, cuya arquitectura, como ya referimos, fue concertada por Alonso Cano el 5 de abril de 1636, quien se comprometía a entregarlo en blanco y asentarlo el 15 de mayo de ese mismo año; un corto espacio de tiempo por lo que hubo de ser de pequeño tamaño. En el contrato actuaba como fiador Juan del Castillo, -de nuevo encontramos a ambos maestros trabajando juntos en Monte Sión- quien hubo de realizar el dorado y estofado y quizás la pintura que lo presidiera si fuera el caso. Al banco de este retablo parece pertenecer el óleo sobre tabla que representa Las ánimas del Purgatorio, que ya desde antiguo se adjudicaba a Cano. Incautado por los franceses en 1810, no sabemos si regresó al convento, pasando en 1840 a formar parte de los fondos de Museo de Bellas Artes de Sevilla, donde se conserva. Su formato es apaisado (51 x 128 cm) y mediante una pincelada suelta capta una serie de figuras desnudas, en su mayoría masculinas, de medio cuerpo y diferentes edades, que surgen de entre las enrojecidas llamas, en lo que constituye un excelente estudio de sus anatomías y una hábil plasma­ción de sus expresiones faciales en tan dramático momento, acrecentado por la tonalidad rojiza que intensifica el efecto visual de la composición.
     A los pies de la iglesia existió una copia de la Santa Cecilia pintada por Rafael de Urbino de la iglesia dei Monti de Bolonia, muy alabada por su gran calidad por todos los que llegaron a verla y cuyo paradero se desconoce.
     En el ámbito del convento se cita en la escalera principal un cuadro del Crucificado con San Francisco y Santo Domingo de Guzmán adjudicado a Juan del Castillo por Ceán Bermúdez y Matute, quienes lo describen someramente como "grande", y cuyo paradero actual se desconoce. Se ha propuesto que podría ser el que constaba en la Galería Española de Luis Felipe de París, pero como obra de Zurbarán, a donde hubo de ser llevado durante la ocupación francesa de Sevilla. En el catálogo se refiere que procedía de un convento dominico sevillano, con unas dimensiones amplias (210 x 161 cm) y su iconografía era "Crucificado con San Francisco y Santo Domingo", que fue reproducido en un grabado de 1835, en el que se aprecia a los dos santos apoyados en la bola del mundo sosteniendo en alto un pequeño crucifijo. En paradero actual desconocido no se puede verificar su adscripción bien a Zurbarán o a Castillo y su pertenencia al convento de Monte Sión.
     En el refectorio citan Ceán y Matute un cuadro grande con el título de Milagro de nuestra Señora del Rosario, igual­mente como obra de Juan del Castillo. El lienzo pudo pasar al Alcázar de Sevilla y de aquí a París, a la Galería Española del Louvre en donde se cree que es el que figura en su catá­logo de 1838 con el número 46 como "Santo Domingo y San Francisco a los pies de la Virgen", cuya descripción sitúa a la Virgen con el Niño en el centro, haciendo entrega del Rosario a Santo Domingo que tiene detrás el perro con la tea encendida en la boca, atributo del Santo; en el otro ángulo se halla San Francisco que se acerca a besar los pies del Niño. El cuadro fue vendido en Londres en 1853, desconociéndose su actual paradero. Finalmente, referiremos que el Conde del Águila en sus cartas a don Antonio Ponz señaló la existencia de una "Señora del Rosario con Santos" realizada por Llanos Valdés, que puede corresponder con la actualmente halla­mos en la Catedral de Sevilla de este autor como Virgen del Rosario, firmada y fechada en 1664. De excelente calidad y sencilla composición, presenta a la Virgen con el Niño sentada sobre vaporosas nubes doradas repletas de angelotes, entregando el santo rosario a Santo Domingo y San Fran­cisco arrodillados a sus pies.
     En la capilla de la Hermandad de la Oración en el huerto y Nuestra Señora del Rosario, su retablo mayor reali­zado en su arquitectura, talla y ensamblaje por el maestro Martín Fernández Cardoso entre 1630 y 1640, contenía una serie de pinturas que nos indujo a pensar que pudieron ser realizadas por el pintor Francisco Varela, que actuaba como fiador en la escritura de concierto del retablo. Sin embargo, todas las referencias antiguas las adjudican a Francisco Reyna (+ 1659) quien de haberlas realizado tuvo que ser a partir de 1640, fecha del último pago a Fernández por la obra del retablo. En cualquier caso las pinturas no han sido identificadas hasta ahora, desconociéndose el número del conjunto y los temas representados.
     En el saqueo e incendio de la capilla en el año 1936 se perdieron las siguientes pinturas: Una Santa Cena, Inmaculada, Virgen haciendo entrega del Rosario a Santo Domingo y San Francisco, obras de las que no se detalla su autor (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Dulce Nombre de la Bienaventurada Virgen María;
Los nombres de la Virgen
   Los vocablos que se emplean para invocar a la Virgen María son tan numerosos como los que designan a Cristo. Los más difundidos son María, Madre de Dios, Virgen Santa, Nuestra  Señora.
1. María
   María es la transcripción latina del nombre hebreo Miriam (Mariam), que significa "gorda" y en consecuencia «bella» (speciosa), de acuerdo al ideal de belleza de los judíos y de los orientales en general.
     Ese nombre, impuesto a la Virgen quince días después de su nacimiento, como era la costumbre con las mujeres, fue elegido en homenaje a la hermana de Moisés, la única mujer llamada así en el Antiguo Testamento.
     El nombre de pila provenzal Mireille, forjado por el poeta Mistral, nada tiene en común con Miriam o María.
     En la mayoría de las naciones cristianas María, cuyo patronazgo se consideraba más poderoso que el de cualquier otra santa, es el nombre de pila femenino más usual. Se le da no sólo a las mujeres sino también a los hombres, asociado con otro nombre masculino (vgr. José María, Juan María). No obstante, en dos países muy católicos, España y Polonia, estaba prohibido emplearlo porque se consideraba tabú al igual que el de Jesús.
     Por eso, el nombre María fue reemplazado en España por alusiones indirectas a sus fiestas y a las órdenes que le están consagradas. Esos sustitutos reverenciales son muy numerosos: Concepción, cuyo diminutivo es Concha, recuerda a la Inmaculada Concepción; Dolores o más familiarmente Lola, a los siete Dolores de la Virgen; Asunción alude a la asunción de la Virgen; Carmen y Mercedes son homenajes a las órdenes del Carmelo y de La Merced, que se consagraban especialmente a Nuestra Señora; el nombre Pilar conmemora la devoción a la célebre virgen del Pilar de Zaragoza. Todos esos nombres de pila femeninos se sobreentienden sin que se deba pronunciar el santo nombre de María, oculto pero presente, como la hostia en el tabernáculo, y en verdad significan María del Carmen, de las Mercedes, de los Dolores, del Pilar. Agreguemos que Soledad recuerda a la Virgen de la Soledad, Rosario la devoción del Rosario, Consuelo a la Virgen de la Consolación.
     Lo mismo ocurrió en Polonia, donde por reverencia  a la Santísima Virgen, estaba prohibido dar a las niñas el nombre María. Cuando el rey Ladislao IV se casó con María Luisa de Nevers, en el contrato matrimonial estipuló que su esposa renunciaría a su primer nombre que resultaba chocante para los polacos, y que sólo conservaría el segundo, Luisa.
   El nombre María es frecuente en la onomástica geográfica o toponimia. En Francia numerosas localidades se llaman Dammarie Donnemarie (Domina Marie). En Alemania, además de las formas habituales: Marienburg, Marienwerder que son legión, también se encuentran casos en que Marien se disimula bajo las formas Märgen, Mergen. Por ejemplo en Mergentheim, o más simplemente Mar en Markirch, transcripción alemana de Santa María de las Minas, en Alsacia.
   Los Padres de la Iglesia y los teólogos de la Edad Media, muy apasionados con las etimologías fantásticas (porque entonces la etimología no era más que una forma del juego de palabras), emplearon su ingenio para adivinar el origen del nom­bre María.
   La mayoría de ellos pensó, naturalmente, en la palabra latina mare, mar. Para san Anselmo, María significa señora o soberana de la mar (Domina maris). Según san Jerónimo y san Bernardo, sería la estrella del mar (Stella Maris); el vocablo hebreo Miriam o Mariam se dejaría interpretar más bien como Stilla maris, gota del mar (iam: mar en hebreo).
   Otros han buscado conexiones, igualmente infundadas, con mirra, perfume de oriente que servía para embalsamar a los muertos y volver incorruptibles sus cuerpos.
   Los teólogos no se contentaron con estas fantasías etimológicas. Con las cinco letras combinadas del nombre María compusieron letanías o laudes en forma de acrósticos, en honor de la Santa Virgen.
   Gracias a ese sistema de prestidigitación verbal, muy del gusto de la Edad Media, pueden extraerse de las letras de María tomadas como iniciales, por ejemplo los nom­bres de sus cinco prefiguraciones del Antiguo Testamento: Mirian, la hermana de Moisés que cantó la liberación del pueblo hebreo después del paso del mar Rojo; Ana, madre de Samuel que consagró su hijo al Señor; Raquel, que lloró a sus hijos; Judit, que liberó su nación  decapitando  a Holofernes;  Abigail,  que supo aplacar la cólera del rey David.
   Con esas mismas letras, san Buenaventura divide un rosario de alabanzas de la Virgen a la que saluda con los títulos mediatrix, auxiliatrix, reparatrix, illuminatrix, advocata.
   Otros se ingenian para extraer nombres de flores: margarita, ancolía, rosa, eglantina.
   Finalmente, el dominico Pedro de Udine compuso con las letras del nombre María un brillante ramo de piedras preciosas: margarita (perla), adamas (diamante), rubinus (rubí), iaspus (jaspe), amethistus (amatista).
2. La Madre de Dios
   Con frecuencia María es invocada con el nombre de Madre de Dios. Los griegos la llamaban Theotokos, los latinos Mater Dei, Deipara, Dei Genetrix. En francés arcaico se deáa La Mère-Dieu, que corresponde al latín Mater Dei, con Dios en genitivo como en La Chaise-Dieu (Casa Dei), Hotel-Dieu (Hospitium Dei). En italiano Madre di Dio, en castellano Madre de Dios, corresponden al inglés Godmother, al alemán Muttergottes, Gottesgebärerin, al polaco Matka Boska. La transcripción rusa de Theotokos es Bogomater o Bogoroditsa.
3. La Santísima Virgen
   Esta  tercera  denominación  está representada en griego por Parthenos o Panagia (la santísima), en latín por Sanctissima Virgo. Los italianos dicen Maria Vergine, los españoles La Santísima Virgen, los ingleses The Blessed Virgin, los alemanes Die heilige Jungfrau, los holandeses De Heilige Maagd, los rusos Presviataia Deva.
4. Nuestra Señora
   La Edad Media tomó al fin el bello nombre de Nuestra Señora del lenguaje caballeresco. Con él, todos los cristianos se reconocían como vasallos de la Madre de Cristo. Esta denominación fue popularizada por san Bernardo y la orden del Cister. Bajo ese nombre (Notre Dame) están todas las iglesias de Francia consagradas a la Virgen.
   Todas las lenguas han adoptado esa expresión de homenaje que en italiano se convirtió en Nostra Signora, en castellano Nuestra Señora, en inglés Our Blessed Lady, en alemán Unsere Liebe Frau, en holandés Onze Lieve Vrouw, en danés Vor Frue. En Alemania se llama Liebfrauenkirchen a las iglesias dedicadas a Nuestra  Señora.
5. La Madona
   Es necesario subrayar, no obstante, la preferencia de los italianos por Madonna (Mi Señora, o Mi Dama), que pasó al francés en el siglo XVII, hacia 1640, bajo la forma Madone. La fortuna de esa breve y armoniosa expresión ha sido tal que en la época moderna casi ha suplantado a Notre  Dame.
   Esta lista no agota el onomástico de la Virgen María que también es invocada con otros nombres. Los bizantinos le dedicaron iglesias bajo los títulos de Panagia, Hodigitria, Nikopoia e incluso Pantanassa (la Virgen Reina, la Reina de las Reinas). Peribleptos (La Brillante), se encuentra en la advocación  de dos iglesias de Mistra, en  el Peloponeso (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de Montesión, de los Dominicos, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Capilla del Rosario (Convento de Montesión), en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Feria, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Castellar, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Alberto Lista, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Conde de Torrejón, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Los principales monumentos (Castillo, Iglesia de la Purificación, y Ermita de Montevirgen) de la localidad de Villalba de los Barros, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Iglesia de la Purificación, y Ermita de Montevirgen) de la localidad de Villalba de los Barros, en la provincia de Badajoz.
     Villalba de los Barros se localiza entre Santa Marta y Almendralejo, en las proximidades de Aceuchal, discurriendo por su costado de levante el río Guadajira.
     Su origen se encuentra en el primitivo núcleo de Don Falcón, repoblado con 50 vecinos y convertido en Villa a finales del siglo XIII por el caballero Juan Mateo.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 90,8 Km2
     Altitud: 307 m.
     Distancia Capital: 57 Km.
     Partido Judicial: Almendralejo
     Comarca: Tierra de Barros
     Gentilicio: Villalbejo
Ayuntamiento de Villalba de los Barros
     plaza de la Constitución, 9
     06208 Villalba de los Barros (Badajoz)
     Teléfono: 924685054
     Correo-e: secretario@villalbadelosbarros.es
     Web: www.villalbadelosbarros.es
Historia.-
     Se localiza entre Santa Marta y Almendralejo, en las proximidades de Aceuchal, discurriendo por su costado de levante, el río Guadajira.
     Su origen se encuentra en el primitivo núcleo de Don Falcón, repoblado con 50 vecinos y convertido en Villa a finales del siglo XIII por el caballero Juan Mateo. En 1.395 el pueblo fue comprado en 100.000 maravedís por el Maestre santiaguista Lorenzo Suárez de Figueroa para incorporarlo al recién creado señorío de Feria, compuesto entonces todavía tan sólo por Zafra, Feria y La Parra. Villalba fue así la primera de las doce poblaciones que con el tiempo se fueron sumando al reducido foco inicial de este Señorío, y una de las más señaladas de sus componentes.
     En la actualidad, tanto en su composición morfológica como en sus restantes aspectos se trata de un centro estrictamente rural, en el que se conserva escasamente degradada su fisonomía tradicional. El caserío está compuesto por edificaciones encaladas de modelo campesino, entre las que abundan las mansiones solariegas. Expresión de su evolución son, sin embargo, las enormes bodegas de vino local, cuyos grandes depósitos metálicos ponen la nota de contraste con los cubos del cercano castillo.
     El apelativo popular de los villalbejos es el de "retuertos" o "ladeáos" (Diputación Provincial de Badajoz).

Monumentos.-
     El monumento más distintivo de la localidad es su Castillo, en el que residieron los Señores de Feria hasta su traslado al Alcázar de Zafra a mediados del siglo XV. Fue edificado en piedra sobre un asentamiento llano, en 1.418, por Don Gómez Suárez de Figueroa, aprovechando una fortificación anterior de origen árabe. Se sitúa en un extremo del poblado, al que domina con su enorme presencia.
     Consta de recinto exterior o barbacana de planta cuadrangular y otro central de mayor altura con cubos adosados, organizado en torno a un angosto patio de armas, destacándose en el conjunto un potente torreón cuadrangular al que se adosan otros semicilíndricos.
     Según ciertas opiniones, el patio central pudo haber estado cubierto primitivamente, cobijando una mezquita árabe sobre la que posteriormente se consolidaría la fortificación. Aunque en la actualidad muy maltrecho, el castillo ofrece una sugestiva silueta sobre el horizonte.
     Realización destacada también es la iglesia parroquial de la Purificación, obra gótica originaria del siglo XVI, muy modificada después, que preside la amplia plaza del pueblo. Presenta planta de nave única y cabecera ochavada, con vistosas cubiertas de crucería y capillas anexas entre estribos. A los pies se alza una torre fachada, contemporánea de la nave en la parte baja, sobre la que se erigieron los cuerpos de campanas en el siglo XVIII. Las portadas son de sencillo diseño. En el interior se conservan varios retablos barrocos de mérito entre los que sobresale el de la capilla mayor, obra de gran cuerpo con ostentosa decoración.
     Entre las imágenes cabe citar la de la titular del templo, el Cristo crucificado y, sobre todo, la de Nuestra Señora de Montevirgen, excelente talla gótica del XIII.
     La ermita de esta advocación se sitúa a las afueras del pueblo. Se trata de una atractiva creación popular, compuesta por nave única con cabecera cupulada, camarín, atrio y demás anejos propios de las ermitas camperas. Ocupa un hermoso paraje natural, y a ella acuden en romería cada año el 8 de Septiembre numerosos participantes de todo el partido judicial.
     En el pasado existió en la localidad un convento de franciscanos, también bajo la advocación de Montevirgen, hoy desaparecido (Diputación Provincial de Badajoz).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Iglesia de la Purificación, y Ermita de Montevirgen) de la localidad de Villalba de los Barros, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

Haz tu ruta con ExplicArte Sevilla: Tú decides la ruta, la fecha y el precio (Free Tour - propina)


     Con ExplicArte Sevilla podrás hacer la ruta que desees por Sevilla (o cualquier localidad de la provincia, o de cualquier lugar), siempre adaptándonos a tu tiempo y a tus necesidades. Hay multitud de ellas, y desde aquí te proponemos algunas de ellas (hay tantas Rutas como tú quieras), en las que ponemos el acento en el aspecto artístico:



     Ruta Leyendas y Curiosidades de Sevilla: Desde Explicarte Sevilla nos adentraremos en las Leyendas y Curiosidades de Sevilla: el "No8Do" emblema de Sevilla, Doña María Coronel, la Cabeza del Rey Don Pedro, Grace Kelly, el "Negro de Triana",...



     Ruta Sevilla Imprescindible: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los monumentos y barrios más típicos de Sevilla: Plaza de España, Plaza de Toros, Torre del Oro, Catedral, Giralda, Barrio de Santa Cruz, Reales Alcázares, Ayuntamiento,...



     Ruta Sevilla Patrimonio de la Humanidad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos Patrimonio de la Humanidad: Catedral de Santa María de la Sede, Reales Alcázares, y el Archivo General de Indias.



     Ruta Sevilla Arqueológica: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los yacimientos, restos y enclaves arqueológicos que podemos contemplar por toda la ciudad, desde la época romana, visigoda, musulmana,...



     Ruta por las Murallas y Puertas de la ciudad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos las huellas que aún perduran del recinto amurallado que perviven en la ciudad, desde la cerca romana, hasta la musulmana, pasando por el recinto de la Judería, Morería, Mancebía,...




     Ruta Sevilla Prehistórica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas a la Prehistoria el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad.




     Ruta Sevilla Prerromana - Ispal: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas al mundo prerromano el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad con especial atención al mundo de Tartessos y a los demás pueblos que se asentaron en la zona.



     Ruta Sevilla Romana - Hispalis: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que podemos encontrar del paso de la cultura romana por la actual ciudad, como los Monolitos de la calle Mármoles, las Columnas de la Alameda de Hércules, restos del Acueducto ("Caños de Carmona"), restos de las Murallas, el Antiquarium, y la obligada visita al Museo Arqueológico. Incluso podremos visitar el cercano enclave arqueológico de la ciudad romana de Itálica en el pueblo de Santiponce.




     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.


     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...



     Ruta Sevilla Judía: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la huella judía en la Sevilla de hoy: las antiguas sinagogas y los barrios judíos de Santa Cruz o de San Bartolomé.



     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...



     Ruta Sevilla Gótica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.



     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.



     Ruta Sevilla y su río: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...



     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     


     Ruta Sevilla Barroca: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 



     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde Explicarte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.




     Ruta Sevilla Romántica: Desde Explicarte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.




     Ruta Sevilla Modernista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.



     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.




     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.




     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.




     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).




     Ruta Sevilla, Ciudad de Ópera: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia de Sevilla en la historia del Bel Canto, puesto que está presente en más de 100 óperas. Podemos elegir varias rutas relacionadas con la Ópera y Sevilla: Sevilla escenario de Ópera A, Sevilla escenario de Ópera B, El Mito de Carmen, El Mito de Don Juan, y El Mito de Fígaro.




     Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos los hitos más importantes de la expedición que dio la I Vuelta a la Tierra.



     Ruta Vía Crucis al Templete de la Cruz del Campo: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el origen de la actual Semana Santa Sevillana, en un viaje que se inició en la Casa de Pilatos, allá por el año de 1521.



     Ruta de la Plaza del Salvador al Palacio de la Condesa de Lebrija: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el centro del Casco Antiguo de la ciudad, visitando iglesias, palacios, plazas,...



     Ruta del Barrio del Arenal: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos este Barrio tan ligado a la aventura americana, al mundo taurino, a la Mancebía,...


     Ruta del Barrio de Santa Cruz: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos las callejuelas imposibles de esta parte de la Judería, el Barrio más turístico de la ciudad, remozado por completo con ocasión de la Exposición iberoamericana de 1929.


     Ruta del Barrio de la Macarena - San Julián: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos esta zona norte del Casco Antiguo de la ciudad, teniendo como núcleo principal el eje de la c/ San Luis con inicio en la Basílica de la Macarena, y final en el Hospital de las Cinco Llagas tras pasar por la zona de San Julián.


     Ruta del Barrio de Triana: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el barrio con la idiosincracia más personal y particular de la ciudad marcada por esa frontera que es el Río Guadalquivir, cuna de la Artesanía Ceramista, el Flamenco,...



     Ruta del Barrio de Santa María la Blanca - San Bartolomé: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos esta parte de la Judería, que es sin duda la más genuina que nos han legado nuestros antepasados, centralizados por las antiguas sinagogas, hoy iglesias, de Santa María la Blanca, y San Bartolomé.



     Ruta del Barrio San Vicente - San Lorenzo: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los barrios señoriales de San Vicente y San Lorenzo, desde el Museo de Bellas Artes hasta el Convento de San Clemente, teniendo como ejes las calles San Vicente y Santa Clara.



     Ruta del Barrio de San Bernardo: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos otro de los arrabales históricos de la ciudad, el Barrio torero de San Bernardo, con su iglesia parroquial como emblema, marcado por instalación en él de varios edificios emblemáticos como la Real Fábrica de Artillería, y los restos de la Buhaira, la Plaza de Toros Monumental, y los cimientos de la Basílica de la Milagrosa.



     Pueblos de la Provincia de Sevilla: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos cualquiera de los pueblos de la provincia, donde podemos maravillarnos con los monumentos e historia que hay en cada uno de ellos. Desde los majestuosos Carmona, Écija, Osuna, Marchena,... pasando por el enclave arqueológico de Itálica en Santiponce, y muchísimo más... 



     España a tu alcance: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos cualquiera de las ciudades y pueblos de la provincia, donde podemos maravillarnos con la historia, enclaves y monumentos que la naturaleza y el hombre nos ha legado para la posteridad; Córdoba, Granada, Madrid, Segovia, Barcelona,...



     Y muchas más rutas... tú decides. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.