Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Francos, de Sevilla, dando un paseo por ella.
La calle Francos es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en los Barrios de la Alfalfa, y Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Cuesta del Rosario, y Villegas, a la confluencia de las calles Placentines, y Conteros.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Este nombre lo tiene desde el s. XIII, y alude a la concesión de franquicias otorgada por Fernando III a los vecinos del barrio del que esta calle era eje. Sin embargo, el ensanche final ha tenido varias denominaciones. Desde fines del s. XV y al menos hasta comienzos del XVII fue conocida por plaza o plazuela de Entalladores, quizás por que residiesen en en ella varios imagineros o tallistas de retablos. Años más tarde recibe la denominación de Imagen, y en la primera mitad del s. XVIII aparece como plazuela del Silencio. Ambos topónimos se relacionan con un retablo pintado de la Virgen de Belén y el Niño en brazos, con un dedo en la boca. A fines del XIX quedó incorporada a Francos. Según autores de dicha centuria, se denominó antiguamente Bordadores, aunque no se ha localizado referencia alguna; Santiago Montoto le atribuye el de Torneros, sin embargo, parece corresponder a otra vía próxima. Inmediata a este ensanche existe una barreduela muy estrecha, que hasta finales del s. XVIII careció de nombre, y a principios del XIX lleva el de Garza, hasta entrado el actual. Hoy está integrada en Francos.
La calle Francos es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en los Barrios de la Alfalfa, y Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Cuesta del Rosario, y Villegas, a la confluencia de las calles Placentines, y Conteros.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Este nombre lo tiene desde el s. XIII, y alude a la concesión de franquicias otorgada por Fernando III a los vecinos del barrio del que esta calle era eje. Sin embargo, el ensanche final ha tenido varias denominaciones. Desde fines del s. XV y al menos hasta comienzos del XVII fue conocida por plaza o plazuela de Entalladores, quizás por que residiesen en en ella varios imagineros o tallistas de retablos. Años más tarde recibe la denominación de Imagen, y en la primera mitad del s. XVIII aparece como plazuela del Silencio. Ambos topónimos se relacionan con un retablo pintado de la Virgen de Belén y el Niño en brazos, con un dedo en la boca. A fines del XIX quedó incorporada a Francos. Según autores de dicha centuria, se denominó antiguamente Bordadores, aunque no se ha localizado referencia alguna; Santiago Montoto le atribuye el de Torneros, sin embargo, parece corresponder a otra vía próxima. Inmediata a este ensanche existe una barreduela muy estrecha, que hasta finales del s. XVIII careció de nombre, y a principios del XIX lleva el de Garza, hasta entrado el actual. Hoy está integrada en Francos.
Su trazado es serpenteante y totalmente carente de alineación en sus fachadas, como consecuencia, en gran medida. de operaciones parciales de retranqueo, que se producen desde la década de 1860 hasta la de 1940; de ahí que en su arranque tienda a ensancharse, pero a partir de San Isidoro se estrecha, y ya dichos ensanches son meros retranqueos de fincas cuando se han construido de nueva planta. Al final vuelve a adquirir mayor anchura. En los impares arrancan San Isidoro y Pajaritos, y en los pares, Blanca de los Ríos y Chapineros; además, casi al comienzo existe un pasaje que comunica con calles inmediatas, abierto en la década de 1970. Documentos de los siglos XV al XVII aluden a una calleja que iba a la Ropavieja, quizás pudiera ser la actual Chapineros. Como la mayor parte de las calles del sector, inicialmente estuvo enladrillada, hasta que el s. XVII se empiedra En 1677 es una de las primeras en la que se introduce el sistema de losas alternando con piedras; en la siguiente centuria se empleará el sistema tradicional de enlosado, que se mantiene hasta comienzos del presente siglo, en que se recurre al cemento, que será reiteradamente reparado en las primeras décadas, hasta ser sustituido por el actual enlosado, pues es totalmente peatonal Sólo el ensanche final está adoquinado por acceder a él los vehículos. Por su subsuelo corría una de las cañerías que abastecían de agua a diversos puntos de la ciudad desde los siglos medievales. La iluminación se efectúa por medio de farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. En 1799 sus vecinos pidieron autorización para entoldarla; a mediados de la pasada centuria A. Latour destacaba esta característica; en 1943 es una de las que el Ayuntamiento decide entoldar, y en la actualidad los posee en algunos tramos solamente, gracias a la iniciativa de los comerciantes, originándose fuertes contrastes de temperatura entre las partes que cuentan con toldos y las que no.
Aunque existen algunas casas que se pueden remontar al s. XVIII o comienzos del XIX, y se conservan bastantes ejemplos del parcelario medieval, la mayor parte del caserío se ha renovado en el presente siglo. Probablemente sea la que acumule mayor número de edificios construidos en la primera mitad, reflejando los diversos estilos, desde los historicistas a los racionalistas, pasando por los regionalistas; con obras de los arquitectos más representativos del periodo, como S. Barris (núm. 21-25), J. Talavera (núm. 2-6), V. Traver (núm. 15) y Aníbal González (núm. 37), entre otros. Destaca además por sus dimensiones el edificio de los Almacenes Peyré, formado por la agregación de varias casas colindantes en el primer cuarto de siglo, a las que dotó de la fachada unitaria actual Aníbal González hacia 1929. Recientemente se han levantado otros, entre los que destaca el conjunto organizado en torno al pasaje existente casi al comienzo de la calle.
Desde los primeros momentos de la ciudad castellana fue la calle comercial por excelencia, y dicho carácter lo mantendrá a través de los siglos: en el XVII se dice que es la más pública. y Ortiz de Zúñiga la define como la mejor de la ciudad; en el primer tercio del XIX, R. Ford la considera como la calle de tiendas más frecuentada junto con Sierpes; y González de León (1839) la describe toda flanqueada con tiendas de géneros de moda; en 1862, el barón Davillier la vio como la más concurrida junto con Sierpes y Dados. Reflejo de la importancia que ha tenido es el elevado número de autores literarios que se refieren a ella, en descripciones o situando cuadros en las obras de creación, desde Lope de Vega o Castillo Solórzano, entre los del Siglo de Oro, hasta M. Formica, pasando por Böhl de Faber, Mas, Porlán, Amicis, Romero Murube y un largo etcétera.
Dicha importancia le viene dada por su actividad comercial, vinculada especialmente con el tejido, sus derivados y complementos. En los siglos medievales son numerosas las tiendas de paños de lana y de otras materias, como seda o lino. Peraza alude a los guanteros del comienzo de la misma. Más tarde, serán las tiendas de trajes, sombreros, abalorios, quincallería, pasamanería, etc. Mal-Lara dice que se encuentran en ella "cuantos regalos hay de vidrios, brinquiños, adobos de diversos olores, mercería y todo el ornato que las mujeres inventaron" (Recibimiento...); para Ortiz de Zúñiga, todo género de sedas y de otras clases; según el barón Davillíer, allí están tiendas de telas y de sombreros, a cuya puerta se muestra el último modelo de sombrero andaluz, las de merceros y vendedores de trajes confeccionados o ropa hecha. Aparte de estos comercios, en el s. XVIII era una de las calles en la que se debían establecer, según sus ordenanzas, los plateros. En el primer tercio del s. XIX los hermanos Camino abren la tienda de tejidos Las Filipinas, que, en el cambio de siglo, devendrá Almacenes Peyré, al cederla a Augusto Peyré y otros dependientes, quedando éste como único propietario, y llevando a cabo la expansión del negocio. Sería el introductor del sistema métrico decimal y del precio fijo en el comercio. Aquellas características con las que conserva en la actualidad, con gran predominio de las tiendas dedicada a la confección, tejidos y complementos, entre ellos las pocas que van quedando de cordonería y pasamanería; la del núm. 5 data de 1869. Romero Murube la calificará de "calle femenina". Este comercio abarca prácticamente todo el espectro social y todas las modalidades de venta, ya que coexisten boutiques con tiendas destinadas a familias modestas; el pequeño comercio con los grandes almacenes. Esto contribuye a que durante las horas de apertura la calle presenta una gran animación, aunque menor que décadas atrás, que desaparece tras su cierre. Especialmente llamativa en la parte más estrecha es la proliferación de anuncios en banderola.
Por su importancia y proximidad a puntos claves de la ciudad, ha formado parte de itinerarios de manifestaciones de todo tipo, las más frecuentes de tipo religioso, al transcurrir por ella diversas procesiones, pero en especial la del Corpus, lo que era motivo para que los vecinos engalanasen sus balcones; también las cofradías, hasta el punto de que figura entre las que en 1625 ordena limpiar con este motivo; otras han sido procesiones de gloria, de rogativas o de acción de gracias. También, en el pasado siglo, manifestaciones patrióticas o políticas, así como festivas, con ocasión del Carnaval. Por su actividad estuvo casi siempre, al menos desde el s. XVII, cerrada al tráfico de carruajes, salvo los que abastecían de agua, aunque dicha prohibición no se mantuvo siempre, originando a lo largo del XIX protestas de los vecinos y peticiones de marmolillos. En el s. XVI tuvo aquí su casa y espléndido museo, en opinión de los contemporáneos, el humanista Argote de Molina y la marquesa de Portugal. En 1862 nació la escritora Blanca de los Ríos, como recuerda un azulejo en el núm. 41. Aquí, en fin, localizaban los autores del pasado siglo la barbería que sirvió de inspiración a Baumarchais para su Barbero de Sevilla, sobre el que Rossini y Mozart compusieron sus respectivas óperas. Aparte del citado retablo de la virgen de Belén, que ya existía a comienzos del s. XVII y desapareció a fines del XVIII o comienzos del XIX, había otro dedicado a la Virgen del Rosario en la misma esquina de la Cuesta de su nombre, que atraía a numerosos devotos y desapareció hacia 1840 [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Francos, 42. Casa donde vivió Argote de Molina. Consta de tres plantas y, en su interior, dos patios de columnas y arcos de medio punto, el primero con capiteles del siglo XVI.
Francos, 53. Casa de dos plantas y ático. En el centro de la fachada existe un gran arco de ladrillo polilobulado inscrito en alfiz, de estilo mudéjar (Derribada). [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Francos, en detalle:
Edificio calle Francos, 2-6 (J. Talavera)
Edificio calle Francos, 15 (V. Traver)
Edificio calle Francos, 21-25 (S. Barris)
Edificio calle Francos, 37 (Aníbal González)
Edificio Almacenes Peyré
Edificio calle Francos, 42
Edificio calle Francos, 53

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