Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santander, de Sevilla, dando un paseo por ella.
Hoy, 3 de mayo, es el aniversario de la rotura de la cadena y puente de barcas (3 de mayo de 1248) por parte de los navíos cántabros, al mando del Almirante Bonifaz, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Santander, llamada así en honor de los orígenes de la mayor parte de los integrantes de la armada que contribuyeron a la conquista de Sevilla.
La calle Santander, es en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Casco Antiguo, y va de la plaza Ministro Indalecio Prieto, a la calle Postigo del Carbón.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Fue conocida por el nombre del postigo que daba paso al Arenal en este sector. Así, aparece como Postigo de los Azacanes en época medieval, porque allí debían concentrarse estos porteadores de agua; en el primer tercio del s. XVI. Peraza señala que, en su tiempo, era llamado del Oro, debido a que por él entraban los metales preciosos hacia la Casa de la Contratación. Poco después hace su aparición el del Carbón, pues era el punto donde se cobraba, desde el s. XV, el impuesto sobre este artículo al entrar en la ciudad (se conserva un azulejo con dicho topónimo). Así fue conocida hasta el s. XIX. En relación con este topónimo del Carbón, tradicionalmente se ha tendido a identificarlo con el arco inmediato a la Torre de la Plata. Sin embargo, existía otro al comienzo de la calle, abierto en la muralla que corría a la altura de la fachada de la actual Delegación de Hacienda, y es posible que fuese este el que tuviese dicha denominación, según se deduce de un documento de 1583 citado más abajo, y de la forma en que está confeccionado el padrón de hombres de armas de 1665. Asimismo, el arquillo o postigo de las Atarazanas, que algunos identifican con el ya citado, es posible que fuese éste; por otra parte también existió un postigo o arquillo de las Atarazanas de los Caballeros, que se abría en la actual Maese Rodrigo (v.). En el s. XIX la calle pasa a denominarse del Corral de Segovia, por el allí existente desde el s. XVII, y que debía su nombre a un arrendatario del mismo.
Hacia 1914 se rotula Santander, al transformarse en calle por la construcción de la manzana de los pares, a instancias de José Mª Noriega, debido a las vinculaciones históricas de dicha capital y su región con Sevilla, basadas en la procedencia de las naves que contribuyeron a la conquista de la ciudad por Fernando III, y por la notable inmigración de gentes de la montaña desde el s. XVII al actual.
La calle Santander, es en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Casco Antiguo, y va de la plaza Ministro Indalecio Prieto, a la calle Postigo del Carbón.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Fue conocida por el nombre del postigo que daba paso al Arenal en este sector. Así, aparece como Postigo de los Azacanes en época medieval, porque allí debían concentrarse estos porteadores de agua; en el primer tercio del s. XVI. Peraza señala que, en su tiempo, era llamado del Oro, debido a que por él entraban los metales preciosos hacia la Casa de la Contratación. Poco después hace su aparición el del Carbón, pues era el punto donde se cobraba, desde el s. XV, el impuesto sobre este artículo al entrar en la ciudad (se conserva un azulejo con dicho topónimo). Así fue conocida hasta el s. XIX. En relación con este topónimo del Carbón, tradicionalmente se ha tendido a identificarlo con el arco inmediato a la Torre de la Plata. Sin embargo, existía otro al comienzo de la calle, abierto en la muralla que corría a la altura de la fachada de la actual Delegación de Hacienda, y es posible que fuese este el que tuviese dicha denominación, según se deduce de un documento de 1583 citado más abajo, y de la forma en que está confeccionado el padrón de hombres de armas de 1665. Asimismo, el arquillo o postigo de las Atarazanas, que algunos identifican con el ya citado, es posible que fuese éste; por otra parte también existió un postigo o arquillo de las Atarazanas de los Caballeros, que se abría en la actual Maese Rodrigo (v.). En el s. XIX la calle pasa a denominarse del Corral de Segovia, por el allí existente desde el s. XVII, y que debía su nombre a un arrendatario del mismo.
Hacia 1914 se rotula Santander, al transformarse en calle por la construcción de la manzana de los pares, a instancias de José Mª Noriega, debido a las vinculaciones históricas de dicha capital y su región con Sevilla, basadas en la procedencia de las naves que contribuyeron a la conquista de la ciudad por Fernando III, y por la notable inmigración de gentes de la montaña desde el s. XVII al actual.
Estuvo delimitada por los dos arcos citados. El primero, que formaba parte del recinto amurallado almohade, subsistió hasta 1836 en que fue derribado. El del Carbón, que se abre probablemente en tiempos de Alfonso X, al construirse las Atarazanas, sería derribado en la década de 1860. La acera de los pares constituía la fachada lateral de las citadas Atarazanas, en cuyo sector se instaló, en época moderna, el almacén real del azogue Por la acera frontera corría la muralla que iba a la Torre del Oro. A fines del s. XVI este espacio no parece estar definido, pues en un informe sobre la construcción de la nueva Herrería Real se propone "en una calle nueba, desde el Postigo del Carbón hasta la muralla de la Torre de la Plata, entre el muro de la huerta de las Ataraçanas de los Caballeros e la Ataraçana de la Contrataçión" (Arch. Simancas, Casas y Sitios Reales, leg. 270,1). A la construcción de la mencionada Herrería seguirá, a comienzos del s. XVII, una serie de tiendas, adosadas a la muralla y el corral de Segovia. Todo este frente será reformado a partir de las operaciones de 1836. En 1914 se construye, en parte del solar de la mencionada plaza, una manzana de viviendas, que constituye la acera de los pares de esta calle. La inmediatez de la Aduana, y el ser uno de los accesos a la ciudad, en una zona de especial importancia económica, hizo que existiese una cierta preocupación por dotarla de infraestructura. En un informe del arquitecto Vermondo Resta, de comienzos del s. XVII, se dice: "...por ser la calle y puerta que entra todo el tesoro de las Indias y concurso de los mercaderes y rnercaderías, y estando limpia dicha calle, demás del provecho dicho, será la mejor salida y de más gusto de la ciudad..." (A. Marín, Vermondo Resta). Hay constancia de que en esas fechas ya estaba empedrada, sistema que se mantuvo hasta 1875, en que se sustituye por adoquinado. La iluminación por gas se conservó hasta 1943, en que se instala la eléctrica. El ser lugar de paso casi obligado para un sector de la periferia, hasta la reforma de la Puerta de Jerez y de la actual avenida de la Constitución, queda avalado por la instalación de un ramal del tranvía en 1870. Esta función de vía de comunicación, aunque sin la importancia pasada, la conserva hoy, como salida hacia el paseo de Cristóbal Colón. Al margen de dicha función habría que resaltar la existencia de algunos bares y restaurantes, sobre todo en los extremos. De su pasado se conservan diversos restos. En la acera de los impares unas casas y almacenes levantados hacia 1612, obras de Vermondo Resta, que son, probablemente, los únicos ejemplares que se conservan de arquitectura industrial del período, y parte de los cuales lo ocupa hoy un restaurante. En la trasera de las casas, a lo largo de la calle, corre parte de la muralla y del recinto fortificado, en el que destaca la Torre de la Plata, de forma ochavada, de tres plantas cubiertas con bóvedas de nervaduras; todo este conjunto está en restauración. En la esquina de estos edificios, hacia el interior de la ciudad, hay restos del muro en que se apoyaba el postigo, que había sido reformado en 1566,y en cuya parte alta existía una hornacina con una pintura de la Virgen del Rosario y luego con un azulejo de la Virgen del Carmen, recientemente suprimida. También estuvo la Herrería Real, trasladada aquí, a fines del s. XVI, desde las inmediaciones de la Catedral, para construir la Lonja. El resto del caserío está integrado por el lateral del edificio de Hacienda y una serie de viviendas de fines del pasado siglo y comienzos del actual, algunas en mal estado de conservación [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
calle Santander, 13 y 15. Conjunto de almacenes y viviendas del siglo XVIII, adosadas al lienzo de murallas que unían la Torre del Oro con la de la Ciudad. De este lienzo forma parte la llamada Torre de la Plata, de planta poligonal, coronada de almenas y cuyas habitaciones se cubren con bóvedas de crucería. Las fachadas de estas casas y almacenes están recorridas por pilastras superpuestas y rematadas por una gran cornisa. El interior de estos almacenes está dividido en naves por arquerías sobre pilares [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
calle Santander, 13 y 15. Conjunto de almacenes y viviendas del siglo XVIII, adosadas al lienzo de murallas que unían la Torre del Oro con la de la Ciudad. De este lienzo forma parte la llamada Torre de la Plata, de planta poligonal, coronada de almenas y cuyas habitaciones se cubren con bóvedas de crucería. Las fachadas de estas casas y almacenes están recorridas por pilastras superpuestas y rematadas por una gran cornisa. El interior de estos almacenes está dividido en naves por arquerías sobre pilares [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor el hecho histórico que origina el nombre de la calle reseñada;
Tal día como hoy, 3 de mayo, pero en 1248, navíos cántabros consiguen romper el puente de barcas, al norte de la Torre del Oro, y completar el cerco de la ciudad de Sevilla. Esta efeméride se considera como una de las primeras actuaciones decisivas de marinos españoles y, en 2020, la Armada estableció el 3 de mayo como jornada Histórica de la Armada.
Fernando III unificó los reinos de Castilla y León, que antes había dividido el rey Alfonso VII para sus hijos. Castilla lo recibe como herencia de su madre Berenguela en 1217 y León, por su padre Alfonso IX, en 1230. El monarca tuvo que hacer frente a diferentes rebeliones entre diferentes familias de nobles contra su figura en los primeros años de su mandato debido a la sucesión del trono pero finalmente, las consiguió contener.
El territorio de Andalucía pertenecía en ese momento al califa Al-Mustansir, quien había firmado acuerdos de tregua con Castilla previamente. Sin embargo, la inestabilidad interna del imperio almohade junto con los problemas para la sucesión del trono hicieron que poco a poco el imperio se fuese descomponiendo y quedase dividido en las Terceras taifas. Esta fragilidad fue aprovechada por Fernando III para tomar la decisión de iniciar la reconquista de los territorios perdidos en el pasado.
La campaña andaluza de Fernando III fue exitosa en Baeza, Córdoba y Jaén antes de llegar a Sevilla. La conquista de Jaén también permitió al rey firmar una alianza con Sevilla, cuyos gobernantes temían al sultán hafsí Abu Zakariyya Yahya I. La posterior desintegración de la alianza aceleró la campaña, que culminó con la conquista del rey. En 1246 conquistó el alcázar de Alcalá de Guadaira y, poco después, el papa Inocencio IV le otorgó una bula de cruzada para la conquista de Sevilla, por la que se establecía que el rey podría tomar las tercias de fábrica para los gastos de la conquista.
La ciudad de Sevilla contaba con el puerto del Guadalquivir, por donde los almohades podrían recibir refuerzos del norte de África y, por ello, Fernando encargó a Ramón de Bonifaz construir una flota en Cantabria para tomar el puerto sevillano. Bonifaz construyó trece naos y cinco galeras en los astilleros de Santander, Castro Urdiales, San Vicente de la Barquera y Laredo, los cuales el rey sabía que eran imprescindibles para la victoria.
La llegada a Sevilla comenzó con pequeñas conquistas relámpago desde Córdoba por el Guadalquivir en las que sometió a pactos pleitesías a numerosas localidades. Desde Alcalá de Guadaira planteó sus dos objetivos: San juan de Aznalfarache y ofrecer cobertura a los refuerzos de los navíos cántabros que entrarían para cortar la conexión con África y el puente de barcas que unía Sevilla con Triana. La flota de Bonifaz estuvo formada por 1.000 hombres, que tenían como objetivo remontar el río. Comenzaron batallando en la desembocadura, donde consiguieron derrotar y cerrar el paso a las naves enemigas.
La ofensiva por tierra corrió a cargo de los santiaguistas de Pérez Correa, que se hacen con la fortaleza de San juan de Aznalfarache, consiguiendo así la rendición de la ciudad. Después, las tropas fueron poco a poco acercándose al objetivo pero con batallas que causaron un gran desgaste, mientras que utilizaban la política de tierra quemada al hacerse con las ciudades. Fue entonces cuando Fernando III decidió comenzar el asedio con un ataque de las tropas del infante Alfonso, apoyadas por milicias de los reinos cristianos y por el norte, las tropas del infante Enrique y las huestes de las órdenes de Calatrava y Alcántara, los caballeros de Diego López de Haro y Rodrigo Gómez de Galicia. Todo Sevilla quedó cerrado excepto el puente de Triana.
El 3 de mayo de 1248, los navíos cántabros entraron por la barrera de la Torre del Oro, mientras que por tierra, las tropas de Fernando III realizaron fuertes cargas que llevaron a los musulmanes a utilizar un recurso defensivo, el fuego griego, ollas con elementos inflamables al contacto con el agua que lanzaron al rio para provocar incendios en las embarcaciones. No consiguieron impedir el objetivo de los cristianos, que finalmente partieron el puente por la parte central, lo que suponía el total asedio de Sevilla.
Los musulmanes se mantuvieron asediados durante meses hasta que firmaron la capitulación el 23 de noviembre de ese mismo año, lo que significaba la conquista de una de las últimas grandes ciudades de Al Ándalus (Mundo Militar).
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Edificios calle Santander, 13 y 15

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