Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 23 de mayo de 2026

La pintura de la Virgen orando, copia anónima de la obra de Sassoferrato, en la sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura de la Virgen orando, copia anónima de la obra de Sassoferrato, en la Sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.  
     Hoy, sábado 23 de mayo, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura de la Virgen orando, copia anónima de la obra de Sassoferrato, en la sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses podemos contemplar la pintura de la Virgen orando, copia anónima de la obra de Sassoferrato, siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco, con unas medidas de 0,48 x 0,37 mts., y procedente del Hospital de San José, Casa Cuna.
     La pintura devocional italiana de la Contrarreforma tuvo mucho éxito en la Sevilla del Barroco entre coleccionistas y oratorios domésticos. Así, es posible encontrar todavía en las iglesias de nuestra ciudad copias y versiones de los principales artistas italianas que cultivaron el pequeño formato para la devoción privada y que en muchas ocasiones fueron donadas finalmente a nuestros templos. En los Venerables podemos ver una réplica original y en otras capillas e iglesias sevillanas podemos hallar este tipo de obras. Especialmente significativo es el retablo mayor de la iglesia de San Luis que contiene la colección del canónigo sevillano Francisco Lelio Levanto en su oratorio, con copias de los más afamados artistas italianos del Renacimiento y del Barroco.
     Esta pintura es una copia del original conservado en el Hermitage realizada por Giovanni Battista Salvi da Sassoferrato (1609-1685) que formaba pareja con la obra anteriormente comentada, registradas ambas en la sala de juntas de la Casa Cuna en 1976. La Virgen se representa en oración con extremo recogimiento, rostro de belleza idealizada, como en toda la producción de Sasoferrato, y con las manos en actitud orante, la mirada introspectiva incitando a la meditación y reflexión.
     El formato y el enfoque cercano obliga a concentrar la mirada del espectador en su rostro. Su veracidad expresiva está concebida para la contemplación cercana en ambientes íntimos. La clave del éxito de estas copias esta en el extremo clasicismo de Andrea Sacchi con raíces en la tradición de Perugino, Rafael y Guido Reni, eliminando todo lo pagano y decorativo de aquellos referentes para centrarse en la visión directa y casi mística de la imagen, creando unos nuevos iconos donde la Virgen aparece recortada en fondos neutros, para que nada estorbe a su contemplación. Son pinturas de pincelada muy precisa frente a la soltura de la pincelada barroca de nuestra escuela, aunque los juegos de luz que la resaltan son claramente barrocos a ello acompañan un refinamiento y una coloración contrastada, vibrante y rica, todo ello para seducir y resaltar la delicadeza del rostro, destacando las manos del primer plano que llaman a la oración, a la resignación y la adoración. Un resplandor en torno a la cabeza sugiere un nimbo que proclama la sacralidad del icono (Enrique Muñoz Nieto, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Bienaventurada Virgen María;
Los nombres de la Virgen

     Los vocablos que se emplean para invocar a la Virgen María son tan numerosos como los que designan a Cristo. Los más difundidos son María, Madre de Dios, Virgen Santa, Nuestra  Señora.
1. María
     María es la transcripción latina del nombre hebreo Miriam (Mariam), que significa "gorda" y en consecuencia «bella» (speciosa), de acuerdo al ideal de belleza de los judíos y de los orientales en general.
     Ese nombre, impuesto a la Virgen quince días después de su nacimiento, como era la costumbre con las mujeres, fue elegido en homenaje a la hermana de Moisés, la única mujer llamada así en el Antiguo Testamento.
     El nombre de pila provenzal Mireille, forjado por el poeta Mistral, nada tiene en común con Miriam o María.
     En la mayoría de las naciones cristianas María, cuyo patronazgo se consideraba más poderoso que el de cualquier otra santa, es el nombre de pila femenino más usual. Se le da no sólo a las mujeres sino también a los hombres, asociado con otro nombre masculino (vgr. José María, Juan María). No obstante, en dos países muy católicos, España y Polonia, estaba prohibido emplearlo porque se consideraba tabú al igual que el de Jesús.  
   Por eso, el nombre María fue reemplazado en España por alusiones indirectas a sus fiestas y a las órdenes que le están consagradas. Esos sustitutos reverenciales son muy numerosos: Concepción, cuyo diminutivo es Concha, recuerda a la Inmaculada Concepción; Dolores o más familiarmente Lola, a los siete Dolores de la Virgen; Asunción alude a la asunción de la Virgen; Carmen y Mercedes son homenajes a las órdenes del Carmelo y de La Merced, que se consagraban especialmente a Nuestra Señora; el nombre Pilar conmemora la devoción a la célebre virgen del Pilar de Zaragoza. Todos esos nombres de pila femeninos se sobreentienden sin que se deba pronunciar el santo nombre de María, oculto pero presente, como la hostia en el tabernáculo, y en verdad significan María del Carmen, de las Mercedes, de los Dolores, del Pilar. Agreguemos que Soledad recuerda a la Virgen de la Soledad, Rosario la devoción del Rosario, Consuelo a la Virgen de la Consolación.
     Lo mismo ocurrió en Polonia, donde por reverencia  a la Santísima Virgen, estaba prohibido dar a las niñas el nombre María. Cuando el rey Ladislao IV se casó con María Luisa de Nevers, en el contrato matrimonial estipuló que su esposa renunciaría a su primer nombre que resultaba chocante para los polacos, y que sólo conservaría el segundo, Luisa.
     El nombre María es frecuente en la onomástica geográfica o toponimia. En Francia numerosas localidades se llaman Dammarie Donnemarie (Domina Marie). En Alemania, además de las formas habituales: Marienburg, Marienwerder que son legión, también se encuentran casos en que Marien se disimula bajo las formas Märgen, Mergen. Por ejemplo en Mergentheim, o más simplemente Mar en Markirch, transcripción alemana de Santa María de las Minas, en Alsacia.
     Los Padres de la Iglesia y los teólogos de la Edad Media, muy apasionados con las etimologías fantásticas (porque entonces la etimología no era más que una forma del juego de palabras), emplearon su ingenio para adivinar el origen del nom­bre María.
     La mayoría de ellos pensó, naturalmente, en la palabra latina mare, mar. Para san Anselmo, María significa señora o soberana de la mar (Domina maris). Según san Jerónimo y san Bernardo, sería la estrella del mar (Stella Maris); el vocablo hebreo Miriam o Mariam se dejaría interpretar más bien como Stilla maris, gota del mar (iam: mar en hebreo).
     Otros han buscado conexiones, igualmente infundadas, con mirra, perfume de oriente que servía para embalsamar a los muertos y volver incorruptibles sus cuerpos.
     Los teólogos no se contentaron con estas fantasías etimológicas. Con las cinco letras combinadas del nombre María compusieron letanías o laudes en forma de acrósticos, en honor de la Santa Virgen.
     Gracias a ese sistema de prestidigitación verbal, muy del gusto de la Edad Media, pueden extraerse de las letras de María tomadas como iniciales, por ejemplo los nom­bres de sus cinco prefiguraciones del Antiguo Testamento: Mirian, la hermana de Moisés que cantó la liberación del pueblo hebreo después del paso del mar Rojo; Ana, madre de Samuel que consagró su hijo al Señor; Raquel, que lloró a sus hijos; Judit, que liberó su nación  decapitando  a Holofernes;  Abigail,  que supo aplacar la cólera del rey David.
     Con esas mismas letras, san Buenaventura divide un rosario de alabanzas de la Virgen a la que saluda con los títulos mediatrix, auxiliatrix, reparatrix, illuminatrix, advocata.
     Otros se ingenian para extraer nombres de flores: margarita, ancolía, rosa, eglantina.
     Finalmente, el dominico Pedro de Udine compuso con las letras del nombre María un brillante ramo de piedras preciosas: margarita (perla), adamas (diamante), rubinus (rubí), iaspus (jaspe), amethistus (amatista).
2. La Madre de Dios
   Con frecuencia María es invocada con el nombre de Madre de Dios. Los griegos la llamaban Theotokos, los latinos Mater Dei, Deipara, Dei Genetrix. En francés arcaico se deáa La Mère-Dieu, que corresponde al latín Mater Dei, con Dios en genitivo como en La Chaise-Dieu (Casa Dei), Hotel-Dieu (Hospitium Dei). En italiano Madre di Dio, en castellano Madre de Dios, corresponden al inglés Godmother, al alemán Muttergottes, Gottesgebärerin, al polaco Matka Boska. La transcripción rusa de Theotokos es Bogomater o Bogoroditsa.
3. La Santísima Virgen
     Esta  tercera  denominación  está representada en griego por Parthenos o Panagia (la santísima), en latín por Sanctissima Virgo. Los italianos dicen Maria Vergine, los españoles La Santísima Virgen, los ingleses The Blessed Virgin, los alemanes Die heilige Jungfrau, los holandeses De Heilige Maagd, los rusos Presviataia Deva.
4. Nuestra Señora

     La Edad Media tomó al fin el bello nombre de Nuestra Señora del lenguaje caballeresco. Con él, todos los cristianos se reconocían como vasallos de la Madre de Cristo. Esta denominación fue popularizada por san Bernardo y la orden del Cister. Bajo ese nombre (Notre Dame) están todas las iglesias de Francia consagradas a la Virgen.
     Todas las lenguas han adoptado esa expresión de homenaje que en italiano se convirtió en Nostra Signora, en castellano Nuestra Señora, en inglés Our Blessed Lady, en alemán Unsere Liebe Frau, en holandés Onze Lieve Vrouw, en danés Vor Frue. En Alemania se llama Liebfrauenkirchen a las iglesias dedicadas a Nuestra  Señora.
5. La Madona
     Es necesario subrayar, no obstante, la preferencia de los italianos por Madonna (Mi Señora, o Mi Dama), que pasó al francés en el siglo XVII, hacia 1640, bajo la forma Madone. La fortuna de esa breve y armoniosa expresión ha sido tal que en la época moderna casi ha suplantado a Notre  Dame.
     Esta lista no agota el onomástico de la Virgen María que también es invocada con otros nombres. Los bizantinos le dedicaron iglesias bajo los títulos de Panagia, Hodigitria, Nikopoia e incluso Pantanassa (la Virgen Reina, la Reina de las Reinas). Peribleptos (La Brillante), se encuentra en la advocación  de dos iglesias de Mistra, en  el Peloponeso (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano;
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
     De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Más sobre la Sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 22 de mayo de 2026

El sitio arqueológico Cortijo del Pandero, en Gelves (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Cortijo del Pandero, en Gelves (Sevilla).  
     Los restos de los que habla Ponsich no se han podido localizar. Ni en el lugar que ocupa ni por la importancia de sus hallazgos nos parece que podamos estar ante un yacimiento de importancia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Cortijo del Pandero, en Gelves (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Gelves (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

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     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

     Ruta Sevilla Judía: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la huella judía en la Sevilla de hoy: las antiguas sinagogas y los barrios judíos de Santa Cruz o de San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

     Ruta Sevilla Gótica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
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Un paseo por la calle Madre Isabel de la Trinidad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Madre Isabel de la Trinidad, de Sevilla, dando un paseo por ella.    
     Hoy, 22 de mayo, es el aniversario del nacimiento (22 de mayo de 1693) de Isabel Moreno Caballero, Isabel de la Santísima Trinidad, que da nombre a esta vía, así que hoy es el mejor día, para Explicarte la calle Madre Isabel de la Trinidad, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Madre Isabel de la Trinidad es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de Santa Catalina, y San Julián, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Ronda de Capuchinos, a la confluencia de las calles Sol, y Santa Lucía.  
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 
     En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En el plano de Olavide (1771) se la denomina plaza de la Puerta del Sol, porque allí se situaba la puerta de igual denominación; más tarde pasa a llamarse plaza del Beaterio, por el de las religiosas trinitarias que allí se encuentra; en 1845, junto con la plaza de Santa Lucia, se rotula oficialmente calle de Santa Lucía. En 1878 vuelve a separarse de ésta y recibe la denominación de Trinidad, por la iglesia y beaterio de igual nom­bre. Ya a finales del siglo XX recibe la actual denominación. Corta y ancha en realidad no es más que la prolongación hasta la "ronda" de la calle Santa Lucía y corresponde como queda dicho al espacio intramuros de la Puerta del Sol. Por ésta se canalizaba un importante husillo que desde Santa Lucía se dirigía hacia el Tagarete, como consecuencia de lo cual son frecuentes las referencias a la necesidad de su limpieza, para evitar que las aguas pestilentes quedaran estancadas allí. Actualmente posee calzada de asfalto y amplias aceras de cemento si bien en la de la derecha una franja del acerado permanece terrizo. Se ilumina con farolas de brazo de fundición adosadas a las fachadas.
     La acera de los pares está ocupada por el colegio y beaterio de las trinitarias, establecidas allí en 1729 y cuya entrada principal se sitúa en Santa Lucía, y la de los impares por dos edificios con acceso desde María Auxiliadora y Sol, respectivamente; la prime­ra es una casa de escalera de principios de siglo y cuyos bajos están ocupados por un bar, y la segunda es una casa de pisos de reciente construcción, también de cuatro plantas, pero de menor altura que la anterior parte de cuyos bajos están ocupados pon un estanco. Canaliza parte del tráfico rodado de conexión entre el casco histórico y la "ronda", aunque es de los puntos que registra menor intensidad.
     La Puerta del Sol fue reparada en 1435, y entre 1578 y 1599 sufrió una profunda remodelación, hablándose entonces de la nueva Puerta del Sol; según González de León (Las calles...), era "grande y elevada, pero sin ornato" y tenía un sol en su frontispicio exterior. Desde mediados del s. XVI hay noticias de la petición del convento de los trinitarios descalzos, situado extramuros, que solicitaban que la puerta quedara abierta por las noches ya que eran más de 500 los vecinos que vivían allí y quedaban desasistidos de los auxilios espirituales y materiales cuando la puerta era cerrada; es posible que la orden de cerrar por las noches no fuese estrictamente cumplida, salvo en períodos de peste u otras enfermedades contagiosas, como las que se registran en 1648, o en la tardía fecha de 1804, cuando se habla de evitar el contagio de la ''enfermedad de Málaga". En 1777 se reconoce que se encontra­ba en muy mal estado, y finalmente es derribada entre 1867 y 1872 [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Madre Isabel de la Trinidad;
     Isabel Moreno Caballero, Isabel de la Santísima Trinidad. (Sevilla, 22 de mayo de 1693 – 8 de mayo de 1774). Religiosa trinitaria (OSST), fundadora del Beaterio de la Santísima Trinidad.
     “Acordé fundar, como con efecto funde, un Beaterio para el Recogimiento de vírgenes que dedicadas a la Santísima Trinidad, viviesen bajo la Regla e Instituto de aquel Real Orden y Recogiendo Niñas huérfanas y pobres; Criándolas y educándolas y poniéndolas en paraje de Servir a Dios Nuestro Señor: para lo que me valí no solo del poco caudal que dexaran mis Padres; sino que cuanto yo he podido adquirir en esta cuidad y fuera de ella” (A.B.T.S., Sección Secretaría n.º 1, Documentos de la Fundadora del Beaterio de la Santísima Trinidad de la Ciudad de Sevilla, 1693-1811).
     En estas líneas es recogido el proyecto que la madre Isabel de la Santísima Trinidad inició por 1719, y que, ha permanecido hasta la actualidad.
     En el siglo XVIII, Sevilla era una ciudad amurallada que contaba con trece puertas. Extramuros quedaban los arrabales, y en uno de ellos, frente a la puerta de la Macarena, nació (bautizada al domingo siguiente en la parroquia de San Gil) Isabel Josefa de Santa Rita Moreno Caballero. A muy temprana edad, se quedó huérfana, en diciembre de 1716. Contaba con algún dinero heredado de sus padres y, para mantenerse, se dedicaba a tejer.
     Cuando tenía veinticinco años se decidió a tomar el hábito de la Santísima Trinidad, el día 2 de febrero del año 1719, en el coro bajo de la iglesia del convento de trinitarios calzados, adoptando el nombre de Isabel de la Santísima Trinidad. Junto a ella, también lo hizo María Pérez Rodríguez de cuarenta y cinco años de edad, quien sería la madre María del Espíritu Santo.
     Seguidamente se les unieron dos religiosas más. La madre Isabel se dirigió al convento trinitario, tratando con ellos el alquiler de una casita que tenían en la calle Enladrillada.
     El 24 de octubre de 1719 por la noche, la Hermandad del Rosario de la parroquia de San Gil “llevó al Beaterio la Ymagen de Nuestra Señora de los Dolores que tenía la venerable Madre en su casa, y se quedo velándola toda la noche ella sola” (A.B.T.S. Sección Secretaría Libro de Protocolo, pág. 3), al día siguiente se empezaron a mudar, y poco después, las Madres cerraron las puertas de la casa, ya que ésta era de semiclausura. Dichas puertas quedaron siempre abiertas para las niñas necesitadas.
     El beaterio había nacido al amparo de los trinitarios calzados. En su convento la fundadora y su compañera, María del Espíritu Santo, habían tomado el hábito y el 8 de febrero de 1720, estas dos madres, empezaron a observar la Regla primitiva de las monjas de la villa de El Toboso. Posteriormente, el día 26 de mayo de 1720, hicieron su profesión en la capilla mayor de dicho convento.
Para conseguir los medios económicos y seguir la construcción de su beaterio, la madre Isabel decidió pasar a los Reinos de las Indias con el fin de pedir limosnas.
     En 1746, a la edad de cincuenta y tres años, realizó su primer viaje a México, del que trajo, en 1747, algún dinero que lo empleó en cubrir necesidades inminentes del beaterio, pero tenía la ilusión de construir la iglesia; con tal fin en 1753 volvió a viajar a México, por segunda vez, regresando en 1758, tras pedir en la puerta de las iglesias; traía la cantidad de 14.000 pesos, para con ello adelantar el beaterio.
     Solicitó licencia para ir a pedir a Madrid y a otras villas; corría el año de 1764 y contaba ya con setenta y un años. La licencia se le concedió, pero no se sabe la razón de que esta empresa, teniéndolo todo preparado, no se llegase a efectuar.
     La madre Isabel murió cuando le faltaba pocos días para cumplir los ochenta y un años, en su propia casa y rodeada de sus hijas.
     La trayectoria emprendida nunca estuvo exenta de dificultades, pero se contó con religiosas que supieron continuar la labor empezada por la madre Isabel de la Trinidad, y el proyecto siguió adelante, permaneciendo en la actualidad dentro del espíritu trinitario (José Martín Brocos Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Madre Isabel de la Trinidad, al detalle:
Beaterio de la Santísima Trinidad

jueves, 21 de mayo de 2026

Experiencia Explicarte Sevilla: Final con el Taller 54 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios, del Ayuntamiento de Sevilla

     Hoy, jueves 21 de mayo, finaliza la Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para el Taller 49 Socio-Cultural "Visitar Sevilla", del Distrito Los Remedios, del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollado los martes por las tardes, y que se inició el pasado 30 de octubre de 2025, con la presentación del mismo.
     Ha sido un magnífico taller en el que he tratado de aportar lo mejor de mi y aprender muchísimo con las aportaciones de todos y cada uno de vosotros. Ha sido una experiencia magnífica en todos los sentidos. Muchísimas gracias a Loli, Juan José, Daniel, Marisol, Noelia, Andrés, Pepe, María, Jesús Laguillo, Eduardo, Joaquín, Pilar, Ivana, María Sampedro, Jesús Montaño, Macarena, Antonio, Javier, Albertina, Victoria, Pepa, Cristina, Mª Jesús, Nati, Mariana, Mercedes, Consuelo, Enrique, Esperanza, Sonia, Mª Dolores, y Alamín
     Tras la Presentación en el Centro Cívico El Tejar del Mellizo del Distrito, hemos visitado el Ayuntamiento (Exposición Hdad. de las Penas de San Vicente), Museo de BB.AA. I (Sala I) y Exposición "Arte y Misericordia", Iglesia del Buen Suceso, Plaza Nueva y Ayuntamiento (Expos. Sevilla Fecit 2025), Plaza de España y Estación de Autobuses del Prado de San Sebastián, Baile Seises y Belén Hdad. Vera-Cruz (Baños Reina Mora), Iglesia del Hospital de Ntra. Sra. de la Paz (Belén), calle José Gestoso, y Palacio de los Marqueses de La Algaba, Ayuntamiento, Museo de BB.AA. II (Sala II, III, y IV), Iglesia de Santa María la Blanca, Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, Colección Bellver - Casa Fabiola, Museo de BB.AA. III (Exposición "Familia Bécquer"), Convento de San Clemente, y desde calle Santa Clara hasta plaza del Museo, Museo de BB.AA. IV (Claustro Mayor y Sala V), Ruta del Vía Crucis (desde Casa Pilatos hasta V Estación), Palacio de San Telmo, Pasos Igl. Salvador, Expos. Ayto. (Fundación Focus y Archivo Serrano), Igl. Magdalena, Espacio Santa Clara - Exposición "Sevilla y la boda de Carlos V con Isabel de Portugal", Iglesia conventual de Santa Clara, Monasterio de la Cartuja, Catedral I (Edificio, y desde Cap. de San Pedro, hasta Cap. Stas. Justa y Rufina, y Antesacrístía, y Puertas de Palos, y de la Campanilla), Catedral II (desde Cap. del Mariscal, hasta Sepulcro de Cristóbal Colón), y Catedral III (desde Cap. de la Antigua, hasta final) y Edificio CICUS (Exposición Pluriversal).
     Gracias también a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, y a los coordinadores de los talleres del Distrito de Los Remedios del Ayuntamiento de Sevilla.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.









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Un paseo por la calle Conde Negro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Conde Negro, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Conde Negro es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio de Santa Catalina, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Almirante Tenorio, a la calle Guadalupe.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde que se tienen noticias directas de esta calle en la segunda mitad del s. XVI, ha recibido esta denominación, en honor de Juan de Valladolid, a quien los Reyes Católicos nombraron juez de los de su raza, popularmente conocido como Conde Negro y que vivía en esta zona. Desde el s. XV en relación con la fundación de un hospital extramuros, se fueron adosando al lienzo de la muralla comprendido entre la Puerta Osario y la de Carmona casas y corrales de vecindad, que llegaron a constituir una compacta manzana, débilmente urbanizada. Todavía en el plano de Olavide (1771) se aprecia cómo en esa manzana sólo penetra una vía en forma de L, constituida por parte de las actuales Guadalupe y Conde Negro y terminaba en un fondo de saco. En la segunda mitad del s. XIX se van abriendo nuevas vías en dicha manzana, sin que se advierta un proyecto global, sino actuaciones sucesivas: primero se prolonga Conde Negro a su actual trazado; a continuación se abren Almirante Tenorio y San Primitivo, más tarde se prolongan Almirante Tenorio y Guadalupe hasta Navarros, y se ordenan Puñonrostro, Doña Berenguela y Diego de Merlo. Hacia 1890 este sector, extramuros durante cuatro siglos, queda integrado en el Casco histórico, después de derribarse las murallas y proceder a la urbanización de la zona comprendida entre éstas y la "ronda". Su condición de calle extramuros, donde las viviendas alternaban con espacios sin edificar, y la canalización a través de ella de dos caños de agua -uno que pasaba entre el muro y la calle, y otro procedente del Corral del Conde-, explican la frecuencia con que aparecen noticias referentes a su estado de degradación y suciedad, se urja la limpieza de husillos y cloacas, se solicite su empedra­do o la construcción de los solares, convertidos las más de las veces en muladares. A finales del s. XVI los vecinos se expresaban en estos términos quejándose de las molestias que les ocasionaban los caños de agua: "... los quales no solamente por ençima de la tierra les traen daños, sino también sumiendose el agua... viene a salir por debaxo de la tierra y manan sapos y savandixas de las que se crian en los albañale..." (Sec. 13, t. 2, núm. 4). A veces e registran noticias más trágicas, como el hundimiento acaecido en 1859 en el Corral de la Estrella, en el que perecieron cinco personas.
     Como queda dicho, el origen de esta calle se encuentra en un hospital fundado, según parece, por el arzobispo don Gonzalo de Mena para asistencia a esclavos negros, lo que propició el establecimiento de los de su raza en esta zona. J. Hazañas y la Rúa afirmaba en su Historia de Sevilla al respecto: "Aún subsiste, y yo he alcanzado a co­nocer, albergados y recogidos, negros de ambos sexos". Por sus orígenes, pues, no es de extrañar que los vecinos de los corrales de Conde Negro pertenecieran a las capas más bajas de la sociedad, y así lo reflejaba la prensa con ocasión de la riada de 1897: "Es una calle la de Conde Negro, habitada por perdidos de las más bajas estofas, por mendigos de profesión, por gente maleante, desarraigados, tullidos y matones. 'Aquí habemos seis sinverguenzas' (sic), nos decía a las puer­tas de una de aquellas casas un viejo borracho al ser preguntado por las personas que en el corral habitaban. Aquello parecía una Corte de los Milagros". (El Porvenir, 11-1-1897). Actualmente es una calle larga y estrecha, de trazado rectilíneo; cuenta con pavimento de asfalto, aceras de losetas muy deterioradas y se ilumina mediante farolas con brazos de fundición adosados a las fachadas. La destrucción del lienzo de mu­ralla entre esta calle y Navarros propició la ampliación de las parcelas, que hoy aparecen ocupadas en sus bajos por almacenes y garajes, y que en algún caso han dado lugar a la construcción de un núcleo de bloques de viviendas, ordenadas en torno a un patio central que pone en comunicación ambas calles. La edificación presenta un carácter muy desigual, pues alternan viviendas tradicionales de dos plantas, en algunos casos deshabitadas, casas de escaleras de principios de siglo, de cuatro plantas, algunos hoteles unifamiliares con jardín delantero, esquina a Almirante Tenorio, y finalmente bloques de pisos de reciente construcción. Cumple funciones de vía trasera de Recaredo, y sobre todo de Navarros, y apenas registra tráfico rodado [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Conozcamos mejor la época del episcopado de Don Gonzalo de Mena, muy relacionado con la historia de la calle Conde Negro;
     Conviene también señalar que, en aquellos tiempos –finales del siglo XIV, comienzos del XV– una misma lógica estaba en la base de las decisiones de la Corona y de las acciones de las altas jerarquías de la Iglesia, las cuales eran nombradas por el rey y participaban directamente en la cúpula del poder político. En el marco de una sociedad multiétnica –castellanos, judíos, moriscos, negros, mulatos e, incipientemente, gitanos– los trece años de reinado directo de Enrique III de Castilla, entre 1393 y 1406, contemporáneos de los ocho que duró el arzobispado de Don Gonzalo en Sevilla, se caracterizaron por la toma de medidas de gobierno favorecedoras de los sectores populares y limitativas del excesivo poder de los nobles. Concretamente respecto a los esclavos negros, se reglamentó su situación, reconociéndoseles algunos derechos, entre ellos el de poder reunirse los domingos y días de fiesta. En Sevilla, según señalan las crónicas, lo hacían cerca de Santa María la Blanca, en la zona que luego se llamaría de la Puerta de la Carne, con panderos, tambores y otros instrumentos de su tradición cultural autóctona, celebrando grandes bailes ; una tradición que más tarde pasaría a América, donde todavía en el siglo XIX tenían lugar en Cuba estos cabildos o asambleas, con eje central en el baile. Cabildos afroamericanos cuya dirección debieron tenerla, en sus inicios, los negros sevillanos llevados a Cuba como servidores domésticos, tal como afirma en sus trabajos el antropólogo e historiador cubano Fernando Ortiz. Dadas las características de aquellos tiempos, la iniciativa del Arzobispo Don Gonzalo de instituir una fundación para negros tiene una perfecta lógica y se inscribe en un contexto no sólo eclesiástico sino también político que la explica adecuadamente.
     Además, y como ya señalé hace años en un trabajo en el que defendía que fue el modelo de cofradía étnica andaluza el que fue trasplantado a la América colonial para generar las cofradías de indios y de negros que se crean en todas las grandes ciudades y en muchos pueblos a partir del siglo XVI, la institucionalización del asociacionismo en las etnias dominadas, en nuestro caso la etnia negra, a través de su agrupamiento en hermandades o cabildos, rendía dos grandes beneficios a los sectores sociales dominantes: por una parte, integraba a los socialmente marginados en el marco ideológico central de la sociedad global de la época, favoreciendo la interiorización de una ideología común entre amos y esclavos, entre poderosos y menesterosos. El marco común de la religión cristiana, de sus creencias, rituales e instituciones, funcionó como un terreno de consenso entre las etnias, de igualación simbólica entre estas, y favoreció el consentimiento de la etnia dominada respecto a la índole fuertemente asimétrica de las relaciones sociales de poder que se daban en la realidad social. Ofreciendo también el escenario en el que derivar hacia conflictos simbólicos –a la emulación en los rituales, o a la pugna por derechos y prerrogativas en los ceremoniales religiosos– los potencialmente peligrosos conflictos sociales siempre latentes en una estructura social desigualitaria y fuertemente jerarquizada. Incluso, por esta vía, pudo conseguirse que se percibiera una situación de cierta igualdad, cuya realidad se daba exclusivamente en el plano simbólico –la hermandad de los negros, al menos en principio, era una más entre todas las de la ciudad, podía pleitear con las de sus amos, tenía protectores en la Iglesia y luego también en algunos nobles–, a la vez que se mantenía una desigualdad profunda en el plano de la sociedad real.
     Por otra parte, al no limitarse a tolerar sino decidirse a favorecer el asociacionismo organizado de la etnia negra, se conseguía también que los individuos de esta no fueran necesariamente seres aislados, irresponsables, individualmente al margen de la sociedad, plenamente abocados a la picaresca cuando no a la delincuencia; seres asociales, peligrosos para la sociedad por su situación marginada de la vida social. Esto ocurría, más aún que con los esclavos, con el creciente número de negros libertos que había sobre todo en Sevilla, pero también, aunque menos numerosos, en otras ciudades andaluzas. Quienes conseguían su libertad, básicamente por concesión de sus amos al morir o por nacer de negras libres, muy difícilmente obtenían un empleo permanente y, por ello, se veían obligados a vivir de la caridad pública o mediante el robo y otros acciones asociales. Promoviendo su agrupación en una hermandad se conseguía que, como colectivo, tuvieran un medio de integración en la sociedad y, como individuos, pudiera exigírseles mayores responsabilidades. Pero, sobre todo, al estar organizados en asociaciones minuciosamente reguladas y sujetas a la autoridad de los poderes establecidos, se garantizaba el control político sobre ellos de manera más efectiva que si los miembros de la etnia, en especial los negros libres, estuvieran dispersos, incontrolados al relacionarse entre sí solamente mediante formas de sociabilidad no institucionalizada, mucho más difíciles de regular y de controlar.
     A favorecer este control se encaminaron, sin duda, los nombramientos de mayorales de los negros sevillanos que realizaron los reyes desde la época de Enrique III y de Don Gonzalo de Mena, designando jefes de la colectividad negra para que fuesen, a la vez, representantes del poder político dentro de su etnia, para regular sus costumbres y actuar de jueces de paz entre ellos, auxiliando a la Justicia, e interlocutores y representantes de la etnia ante los poderes públicos. Este carácter de mayoral tuvo el que sería famoso Conde Negro, que sigue hoy dando nombre a la calle de detrás de la capilla de la hermandad, antiguamente fondo de saco entre la calle Ancha de San Roque y la muralla de la ciudad. Leamos lo que nos dice al respecto Ortiz de Zúñiga: “Había años que desde los puertos de Andalucía se frecuentaba la navegación a las costas de África y Guinea, de donde se traían esclavos negros, de que ya abundaba esta Ciudad; eran tratados con gran benignidad desde el tiempo del rey Enrique III, permitiéndoseles juntarse a sus bailes y fiestas en los días feriados, cion que acudían después más gustosos al trabajo y toleraban mejor el cautiverio. Sobresaliendo algunos en capacidad, se daba a uno título de Mayoral, que patrocinaba a los demás con sus amos y con las Justicias componía sus rencillas. Hállase así en papeles antiguos y acreditalo una cédula de los Reyes católicos, dada en Dueñas a 8 de Noviembre de este año (1475), en que dieron título a uno llamado Juan de Valladolid, su Portero de Cámara: Por los muchos buenos, é leales, é señalados servicios que nos habeis fecho, y fazeis cada día, y porque conocemos vuestra suficiencia y habilidad y disposición, facemos vos Mayoral e Juez de todos los Negros e Loros (mulatos), libres o captivos, que están é son captivos é horros (libertos) en la muy noble y muy leal Ciudad de Sevilla, é en todo su Arzobispado, é que non puedan facer ni fagan los dichos Negros y Negras, y Loros y Loras, ningunas fiestas nin juzgados entre ellos, salvo ante vos el dicho Juan de Valladolid Negro, nuestro Juez y Mayoral de los dichos Negros, Loros y Loras; y mandamos que vos conozcais de los debates y pleitos y casamientos y otras cosas que entre ellos hubiere é non otro alguno, por cuanto sois persona suficiente para ello, o quien vuestro poder hobiere, y sabeis las leyes é ordenanzas que deben tener, é nos somos informados que sois de linage noble entre los dichos negros“.
     Prontos ejemplos tenemos del poder e influencia del Conde Negro sobre los individuos de su etnia, y de su estrecha colaboración con las autoridades políticas y eclesiásticas: cuando aún no han transcurrido dos años de su nombramiento, los negros sevillanos acuden, el 24 de Julio de 1477, colectiva y festivamente, de forma ordenada, al recibimiento que la ciudad hace a la reina Isabel en la puerta de la Macarena. Y participan, asimismo, con asiduidad, en la procesión del Corpus, al igual que lo hacen corporativamente todos los estamentos de la ciudad: se conserva una disposición de 1497 en este sentido, que sería el modelo seguido, décadas más tarde, por otras similares en La Habana (en 1573) y en otras ciudades americanas. En 1504, el cargo de mayoral fue ejercido por otro negro, Juan de Castilla, el cual incluso se tituló “rey de los negros “; también la misma denominación que se otorgarían tiempo después los jefes de las colectividades afroamericanas del Caribe y otros lugares del Nuevo Mundo (Hermandad de los Negritos).
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miércoles, 20 de mayo de 2026

El sitio arqueológico El Ejido, en El Garrobo (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico El Ejido, en El Garrobo (Sevilla).  
   Pequeño poblado prehistórico, posiblemente amurallado con un aparejo ciclópeo conservado parcialmente. En época romana se aprecia una importante reocupación que sin duda se corresponde con la fase más intensa, acaso como una granja o pequeño fortín (turris).
     Los materiales son muy rústicos en general, además la pésima visibilidad ha condicionado que no se hallaran materiales diagnóstico que permitiesen afinar la cronología dentro del periodo romano (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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