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lunes, 20 de julio de 2026

La imagen de San Elías, de Pedro Roldán, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Elías, de Pedro Roldán, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.     
     Hoy, 20 de julio, Conmemoración de San Elías Tesbita, profeta del Señor en tiempo de Ajab y Ococías, reyes de Israel, que defendió los derechos del único Dios ante el pueblo infiel a su Señor, con tal valor que prefiguró no sólo a Juan Bautista, sino al mismo Cristo. No dejó oráculos escritos, pero se le ha recordado siempre fielmente, sobre todo en el monte Carmelo (s. IV) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de San Elías, de Pedro Roldán, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala VIII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la imagen de San Elías, de Pedro Roldán (1624 - 1699), realizada hacia 1680, siendo un busto tallado y policromado en estilo barroco, con unas medidas de 0,47 x 0'37 x 0'26 m., y procedente del Convento del Carmen, a través de la Donación de Andrés Parladé, Conde de Aguiar  (1945).
   Busto tallado con gubia en grandes planos que modelan amplios volúmenes en la cabellera y la barba, de largos y ondulantes mechones, que enmarcan un rostro de acentuados rasgos, marcados pómulos e intensa expresión. Destaca el giro del cuello de ligero "contrapposto" de la cabeza respecto de la barba, marcando una tensión dinámica no solo física sino sicológica que potencia la expresividad de su mirada.
     Sobre los hombros lleva una zalea de piel blanca, uno de los principales rasgos que han servido para identificar su iconografía, además de los rasgos físicos que presenta esta potente imagen.
     Como señala María del Valme Muñoz Rubio en la ficha del catálogo de la Exposición "Pedro Roldán, escultor (1624-1699)", se trata de una escultura que "ingresó en el Museo de Bellas Artes de Sevilla en 1945, como parte de la donación del pintor Andrés Parladé, conde de Aguiar. Sobre su posible procedencia y dada la iconografía de la obra, se ha señalado que fuera realizada para el retablo de algún convento carmelita de Sevilla. Siguiendo esta hipótesis, podría tratarse de la talla de la casa grande del Carmen calzado de la que Félix González de León comenta que ´Hace cabeza a la nave del Evangelio el altar dedicado a San Elías, imagen de tanto mérito como que se puede tener como de Torrejiano´. Pudo impresionar al autor para realizar tal comparación la fuerza expresiva del santo de Roldán y la impronta de la estatuaria clásica de este busto, que reflejaría no solo la obra de Torrigiano, sino la de otros grandes maestros del Renacimiento." (Museo de Bellas Artes de Sevilla. Consejería de Turismo, Cultura y Deporte. Junta de Andalucía. 2023. pp. 236-238) (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
   Recientemente ha escrito el profesor Sánchez-Mesa que, después del triunfo del realismo en la imaginería andaluza de la primera mitad del siglo XVII, se inicia una tendencia totalmente barroquizante, de movimientos gesticulantes, teatralmente expresivos y aparatosos, que acentúan el dinamismo de la plástica y el valor de la ornamentación. Este nuevo sentido estético, que impregna toda la segunda mitad del siglo, se ve representado en Sevilla por dos figuras geniales: José de Arce, el flamenco introductor del barroquismo europeo en Sevilla, y Pedro Roldán, que, con su obra y la de su taller, consolidará el nuevo impulso creativo.
     Roldán nace en Sevilla, de padres antequeranos, en 1624, pasando, en 1638, a Granada. Allí entra, con contrato de aprendiz, en el taller de Alonso de Mena, uno de los mejores talleres de escultura del momento, contrae matrimonio, con granadina, a los dieciocho años, y, parece, que permanecerá, como oficial, al lado de su maestro hasta 1646, fecha en que fallece el viejo Mena.
     Sin que sepamos exactamente las razones, Roldán se traslada a Sevilla en 1647, a la collación de San Román, y se encuentra con un panorama escultórico definido: Montañés está viejo y cansado, siendo arrebatado por la epidemia de peste dos años después; José de Arce domina el mercado después de sus trabajos para la Cartuja jerezana, y los Ribas acaparan la producción de retablos. Entre todos ellos tendrá que abrirse paso, en dura competencia, sacando adelante un prolífico taller, con gran número de aprendices, colaboradores y, sobre todo, de miembros de su familia, como su hija Luisa «la Roldana». Consigue ser profesor, entre 1662 y 1672, en la Academia que fundara Murillo, y muere, en 1699, tras cincuenta y dos años de producción artística, de una producción que el Profesor Bernales definió como «el barroco de formas salomónicas».
     Fruto de tantos años de trabajo es el legado escultórico que Roldán nos ha dejado, tanto en obras individuales, como en colaboración con otros artistas, amén de la producción de su taller y de sus seguidores. Destaquemos como obras de sus primeros tiempos sevillanos las dos imágenes de San Miguel conservadas en la parroquia de San Vicente de la capital y en la iglesia de Marchena. La plenitud del maestro se marca entre 1666 y 1675, es la época de mayor fama. Ahora realiza el grupo de la Piedad para la capilla de los Vizcaínos (hoy en el retablo Mayor del Sagrario hispalense), y su obra cumbre: las esculturas para el retablo de la Caridad, de Sevilla, siguiendo, los preceptos de don Miguel de Mañara, en 1670, trabajando conjuntamente con Bernardo Simón de Pineda y Juan de Valdés Leal.
     Su fama aumenta y, entre 1675 y 1684, realizará obras para fuera de Sevilla: fachada de la catedral de Jaén (1677); Nazarenos del Puerto de Santa María (Cádiz); retablo de Villamartín (Cádiz); Cristo de Écija (1681), etc., todo ello, muestra de su gran capacidad técnica y compositiva. Los años finales del artista culminan con el retablo Mayor de Santa Isabel, de Écija (Sevilla), su última obra documentada (1698-1699). A pesar de su muerte, la fama de su taller fue tan amplia, que siguió trabajando hasta los primeros años del siglo XVIII.
     De entre las diversas obras que, entre los fondos escultóricos del Museo, se han venido atribuyendo a Pedro Roldán, tan sólo se puede considerar de su mano el Busto de santo, que le fue atribuido por Hernández Díaz e inventariado como cabeza de San Juan Bautista, y como Busto de San Pablo. Estudiado más recientemente por Luna, se le considera como el Profeta Elías. Obra de gran barroquismo en su talla y expresión, pa­rece derivar de modelos de José de Arce (en Jerez y Se­villa) y se pone en conexión con algunas cabezas del grupo escultórico que preside el retablo Mayor del hispalense Hospital de la Caridad.
     La pequeña imagen de San Antonio de Padua, que lleva en su basa la inscripción «P.R.F.», le ha sido atribuida de antiguo. Sin embargo, morfológica y estilísticamente, más se puede adscribir al taller del maestro, aven­turándose la posibilidad de que sea obra de su hijo Pedro o, incluso, de su nieto Pedro Duque Cornejo.
     El delicado busto de San Juan Bautista niño, tradicionalmente atribuido a Luisa Roldán, creemos que se debe considerar como obra anónima de algún oficial del taller de Roldán o de su círculo, ya que la forma de tratar los cabellos, totalmente gados y lacios, no es propia ni de Roldán ni de su hija la Roldana.
     Finalmente, la pequeña placa de barro de la Piedad, pue­ de ser considerada como obra de alguno de los mag­níficos colaboradores del maestro en su taller. Pero, da­das las conexiones del propio Roldán con Granada y que, iconográficamente, parece copiar modelos pictóricos granadinos, no sería de extrañar que fuera obra original (Enrique Pareja López, Escultura, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991)
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Elías Tesbita, profeta;
   Aunque no haya dejado ningún escrito, el profeta Elías, cuya historia se cuenta en los dos últimos Libros de los Reyes (recordamos que las Biblias protestantes denominan Libros de Samuel a los dos primeros Libros de los Reyes, de manera que los Reyes III y IV están numerados I y II), es, después de Moisés, la mayor figura del Antiguo Testamento.
   Su nombre predestinado significa Mi Dios (El) es Yavé. Es una consigna y un programa. Monoteísta convencido y apasionado, de hecho consagró su vida a luchar duramente por Yavé, contra Baal.
LA HISTORIA
   Oriundo de Tisbé, en Galaad, llegó a Israel en el siglo VIII, en el reinado de Acab, que se había casado con la sidonia Jezábel.
   Su leyenda se divide en cuatro ciclos:
   1. Predice a Acab, infiel a Yavé, un largo período de sequía, sin rocío ni lluvia.
   Después de haber sido alimentado en el desierto por cuervos, por orden del Señor se dirigió a Sarefta, ciudad fenicia cercana a Sidón, donde recibió la hospitalidad de una pobre viuda a la que recompensó resucitando a su único hijo, el futuro profeta Jonás.
   Para conducir al rey Acab hacia el Dios verdadero, desafió a los sacerdotes de Baal. En el monte Carmelo se levantaron dos altares, uno para Yavé y el otro para Baal. El Dios que respondiera al sacrificio ofrecido por sus adoradores, sería el verdadero Dios. Triunfó el Dios de Elías haciendo caer fuego del cielo sobre su holocausto. Los ochocientos cincuenta falsos profetas fueron aniquilados.
   Sólo entonces se aplacó la cólera de Yavé. Después de tres años de sequía, hizo caer una abundante lluvia que puso fin a la hambruna.
   2. Perseguido por el odio de la reina Jezábel, Elías huyó al desierto donde esta vez fue alimentado por un ángel. Llegó al Monte Horeb donde, igual que Moisés, vio aparecer al Señor que le ordenó elegir a Eliseo como sucesos. Le colocó el manto sobre los hombros en señal de adopción.
   3. Reapareció frente a Acab para reprocharle la muerte de Nabot cuya viña codiciaba el monarca, y anunciarle el castigo que padecería, al igual que Jezábel. Predijo la muerte del rey Ococías.
   4. Finalmente, Dios lo llamó a su lado elevándolo en el cielo en un carro de fuego.
   Los evangelistas han empleado numerosos milagros de Elías que atribuyeron a Jesús: multiplicación de los alimentos de la viuda de Sarefta, desesperación a la sombra del enebro que anuncia la Agonía de Cristo en el monte de los Olivos, Ascención.
CULTO DE ELÍAS
   Entre los judíos se considera que el profeta Elías preside la circunsición. El día de esta ceremonia se lleva desde la sinagoga a la casa de los padres un sillón llamado Kisé Eliaho (silla de Elías). Ese asiento vació se asemeja al de la Etimasia preparado para el Cristo Juez. El derecho de sentarse en él para sostener al recién nacido se vende en subasta.
   Por un privilegio infrecuente, San Elías, como se lo ha llamado tempranamente, ha sido adoptado por las iglesias griega y romana al mismo tiempo.
   En Grecia, San Elías, cuyo nombre está asociado por etimología popular con el de su homónimo Helios, el dios del Sol, como San Miguel, es el patrón de los sitios altos. Las capillas puestas bajo su advocación generalmente coronan las cumbres.
   Su culto se implantó también en Bizancio, donde numerosos monasterios le estaban consagrados. El emperador Basilio I, que le atribuía el mérito de sus victorias, sentía una singular devoción por él. En la Nueva Iglesia (Nea) que fundara dicho monarca, la pieza principal del tesoro era el presunto  manto del profeta Elías.
   Desde Bizancio, ese culto se difundió entre los eslavos de influencia bizantina, sobre todo en Rusia. Allí, por un proceso de sustitución frecuente en la historia de las conversiones de pueblos paganos al cristianismo, San Elías reemplazó al dios del trueno Perún: "Aquél que toca el tambor en los cielos." Los eslavos meridionales lo llaman Gromovnik, Gremiachtchi Prorok: el Tonante. Los mujiks creían que el trueno era el ruido producido por el carro de Elías al rodar. De él, por lo tanto, dependían la sequía y la lluvia. En la Edad Media, Novgorod tenía dos iglesias dedicadas a él, una de ellas al Elías húmedo, la otra al Elías seco: se iba en procesión a una u otra de acuerdo con las necesidades de los agricultores. En Ieroslav, a orillas del Volga, una muy bella iglesia pintada del siglo XVII está dedicada al profeta Elías (Tserkov Ilii Proroka).
   Los rumanos ortodoxos también siguieron el ejemplo de los bizantinos. El príncipe de Moldavia Esteban el Grande fundó en 1487 un monasterio en honor de San Elías.
   En Occidente, que le dedicó una iglesia en Capua, el culto de Elías ha encontrado su apoyo más sólido en la orden de los carmelitas, quienes se vindican bajo su patronazgo y lo consideran el fundador de la orden por el hecho de que el profeta habitó en una gruta del monte Carmelo. El místico Juan de S. Sansón calificó de "auténticos hijos de San Elías" a los carmelitas, en 1659. Dicha orden también se llama Ordo Elianus, y sus miembros pretendían que Elías debía ser representado obligatoriamente con el hábito de ésta, es decir, con manto blanco (En memoria del manto de Elías, que había sido chamuscado en ciertas partes por el fuego durante el ascenso en el carro en llamas. Originalmente, el manto blanco de los Carmelitas, estaba estriado por franjas de color broncíneo - pallium barratum-), e intentaron un proceso contra los basilios de Sicilia en el Tribunal de Roma, porque éstos habían tenido la audacia de hacerlo pintar en su iglesia con manto rojo.
ICONOGRAFÍA
   Ese doble culto explica la riqueza de la iconografía de Elías, tanto en el Oriente bizantino y eslavo como en Occidente.
   Pero también es necesario tener en cuenta los paralelismos prefigurativos establecidos entre el profeta Elías por una parte y San Juan Bautista y Jesús por la otra.
   Elías es el precursor del precursor de Cristo.
   San Juan Bautista es llamado con frecuencia segundo Elías (Elías redivivus). Su tipo iconográfico es el mismo: ambos son ascetas del desierto demacrados por el ayuno, vestidos con una túnica de piel (Speculum Carmelitanum: Quos Elias et Joannes eudem habitum portaverunt). Esta asimilación está basada en las profecías escatológicas de Malaquías, que anunció que el Mesías sería precedido por el profeta Elías que descendería del cielo para preparar los caminos (4:5).
   Al mismo tiempo, Elías es la prefiguración de Cristo. Su desesperación en el desierto, donde se llama a la muerte (I, Reyes: 19) y donde es reconfortado por un ángel, tiene semejanza con la Agonía de Jesús en el monte de los Olivos. Al resucitar al hijo de la viuda de Sarefta, anuncia la resurrección de Lázaro. Su ascensión en un carro de fuego es la imagen de la Ascensión de Cristo; su sacrificio sobre el Carmelo, donde el fuego del cielo desciende sobre su holocausto, prefigura el Descenso del Espíritu Santo en la Pentecostés.
   Esas escenas prefigurativas nunca faltan en los grandes ciclos narrativos que los carmelitas han multiplicado en las iglesias de su orden (dichas escenas también figuran en las Biblias de los Pobres, lo cual permite suponer que esta obra popular había sido inspirada por la orden del Carmelo). Los más completos son los de la iglesia de San Mártin de los Montes, en Roma, obra del francés Gaspard Dughet, cuñado de Poussin; la cúpula de la capilla de los Carmelitas Descalzos de Paris (Instituto católico); las pinturas de Despax en la capilla de los Carmelitas de Toulouse, y las de Valdés Leal en la iglesia del Carmen de Córdoba.
   Con frecuencia a Elías se lo representa con Eliseo, a los pies de la mujer del Apocalipsis, vestida de sol, símbolo de la Virgen Inmaculada, patrona de la orden del Carmelo.
   Elías es calvo y barbudo como su discípulo Eliseo. Está vestido, ya con un sayo de piel de cabra, ya con un hábito carmelita.
   Sus atributos habituales son el cuervo que lo alimenta en el desierto, una espada flamígera, alusión a la llama del cielo que desciende a su invocación sobre el monte Carmelo, la rueda del carro de fuego de su ascensión y una laya que alude a un pasaje de I Cor., 3:6 Elias plantavit, Eliseus rigavit (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Pedro Roldán, autor de la obra reseñada;
     Pedro Roldán (Sevilla, 14 de enero de 1624 – 3 de agosto de 1699). Escultor.
     Sus padres fueron Marcos Roldán e Isabel de Nieva, u Onieva, ambos naturales y vecinos de Antequera (Málaga), donde se habían casado en 1609. Pedro Roldán fue el segundo hijo de este matrimonio. Su familia paterna tenía unos antepasados ilustres por su valor durante la Reconquista: Cristóbal Roldán y su esposa, Isabel de Arévalo, procedían de las montañas de León.
     La primera noticia que hay del capitán Cristóbal Roldán data de 1347, cuando por su arrojo se hizo notar en la toma de la villa de Luque (Málaga). En reconocimiento a sus méritos, Alfonso XI le premió en el repartimiento de dicha villa, concediéndole, a él y a sus descendientes, la hidalguía y un escudo de armas. Sin embargo, el transcurso de los siglos determinó la natural decadencia de esta familia y su empobrecimiento, hasta llegar en esa situación al padre del escultor.
     La primera incógnita que planteaba la vida de Pedro Roldán era la del lugar en el que nació, pues hubo muchas dudas al respecto, pues el propio interesado, en su expediente matrimonial, se declaraba natural de Orce (Granada) y así lo corroboraban sus testigos. Por el contrario, Palomino, quien conoció a su hija, Luisa Roldán, y posteriormente Ceán, que fueron sus primeros biógrafos, afirmaban que el escultor era natural de Sevilla. En 1925, Gallego Burín consideraba que había nacido en Antequera, por ser éste el lugar donde matrimoniaron sus padres. Heliodoro Sancho Corbacho, principal biógrafo del artista, confirmaba, en 1950, que Roldán era originario de Sevilla, pues sus padres estaban avecindados en la collación del Sagrario desde una fecha desconocida. Pedro fue bautizado en dicha parroquia, el domingo 14 de enero de 1624. Poco tiempo después, teniendo el niño muy poca edad para recordarlo, regresaron a Orce. Por este motivo, el escultor consideraba Sevilla como la de su nacimiento.
     En 1638 Pedro se desplazó a Granada para aprender el oficio en el taller de Alonso de Mena. Ceán yerra cuando mencionaba su aprendizaje con Montañés.
     A los dieciocho años, el 1 de octubre de 1642, en la iglesia de San Nicolás, celebró su boda con Teresa de Jesús Ortega Villavicencio, a quien Gallego Burín consideraba pariente de Alonso de Mena, pues a veces usó este apellido. Sancho Corbacho desestimó esta hipótesis.
     Teresa aportó 400 ducados de dote al matrimonio, a diferencia del novio que no contribuyó con bien alguno. El 14 de agosto de 1644 nació la primera hija: María.
      Cuando en 1646 murió Alonso de Mena, la familia Roldán encontró el momento idóneo para trasladarse a Sevilla, centro artístico de gran pujanza, en una época en que trabajaban importantes artífices, como Martínez Montañés y los Ribas, pero, como novedad, se empezaba a percibir un cambio estético, pues el escultor flamenco José de Arce difundía, en el arzobispado hispalense, el barroco internacional, que influyó decisivamente en el estilo del biografiado. En esta segunda época, el matrimonio residía, en 1647, en la plaza de Valderrama, collación de san Marcos, mudándose, en 1651, a la de Santa Marina. Posiblemente en estas fechas debió de nacer su hija Francisca.
     En el aspecto profesional, el 27 de junio de 1652, recibió el encargo de tallar seis esculturas para el retablo mayor del Convento de Santa Ana de Montilla.
    También de esta etapa es el Arcángel San Miguel de la parroquia de San Vicente.
     En 1654, nació Luisa Ignacia. En 1655 la familia estaba avecindada en la calle Colcheros, en la Magdalena (hoy Tetuán), y entre 1656 y 1665 se encontraba en la calle de la Muela (hoy O’Donnell). En 1658 Roldán solicitó ser examinado como dorador y estofador, profesión que luego enseñó a su hija Francisca. La familia siguió aumentando, hasta llegar al número de ocho hijos.
     El 22 de abril fue bautizada su hija Isabel. La apadrinó Valdés Leal. En 1660, nació Teresa Josefa. El 14 de mayo de 1662, fueron bautizados los gemelos Ana Manuela y Marcelino José y el 15 de febrero de 1665, Pedro de Santa María, benjamín de la familia.
     Tan numerosa prole llevó a Roldán efectuar constantes compras y arrendamientos de casas y talleres.
     Por citar solamente algunos, el 26 de mayo 1664 efectuó la compra de un corral de vecinos en San Juan de la Palma, compuesto por cuatro aposentos bajos. El 17 de junio de 1665 tomaba a renta perpetua una casa en la plaza de Valderrama, adaptada a taller y vivienda. Sus encargos iban en aumento. El 20 de septiembre de 1667, compró un solar también en dicha plaza, donde hizo levantar la casa en la que moró el resto de su vida. El 5 de febrero de 1668, tomaba a tributo perpetuo otro solar en San Juan de la Palma, parroquia de San Marcos; tres días después, alquilaba otro solar junto al anterior, propiedad de la parroquia de la Magdalena, añadiendo un tercero, “que todos tres son un jardín”. El 3 de diciembre de 1668, compró una enfermería al convento de Capuchinos.
     Edificó en ella una tahona. Era habitual que un artista armonizara sus intereses artísticos con inversiones patrimoniales.
     En 1666 se le encargó una de sus obras maestras, el retablo mayor de la capilla de los Vizcaínos (actualmente en el Sagrario), para el que esculpió el Descendimiento de Cristo, usando parcialmente en su creación diversas estampas, la Crucifixión de Johan Sadeler (1550-1600), sobre composición de Martín de Vos, de hacia 1580, para los edificios del fondo y la figura de Gestas, mientras que para la de Dimas utilizó una de 1631 de Boetius a Bolswert sobre La Lanzada de Rubens (Amberes). Su otra obra fundamental es el retablo mayor de la iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad, en la que representa el Entierro de Cristo; aquí también fue usada la estampa de Sadeler, anteriormente mencionada, en la figura de san Dimas. Hizo el retablo entre 1670 y 1672, siendo su arquitectura de Bernardo Simón de Pineda. Como fiador intervino Juan Valdés Leal, a quien cabe atribuir la policromía.
     En 1670, el Cabildo de la catedral le encargó la efigie de San Fernando, para conmemorar su canonización, creando una iconografía del santo como guerrero, cuya originalidad tuvo gran trascendencia en la escultura andaluza. Esta talla se conserva en la sacristía mayor de la Catedral de Sevilla.
     En los años 1675 al 1684, estuvo tallando los relieves de la fachada de la Catedral de Jaén. En esta tercera época hizo frecuentes viajes a causa de éste y otros encargos fuera de Sevilla. En la fachada jiennense esculpió personalmente la Huida a Egipto y Jesús entre los Doctores. Diseñó los de San Miguel y la Asunción, pero los materializó su sobrino. En 1677 se le encargaron las imágenes de San Pedro, San Pablo y la Santa Faz sostenida por ángeles, que también realizó personalmente, considerándose lo mejor del conjunto.
     También talló nueve estatuas para la cornisa de la fachada, cuya iconografía, los cuatro evangelistas y los cuatro doctores de la Iglesia, es idéntica a la del sagrario sevillano, creada por José de Arce en 1657, demostrándose el interés que en Pedro Roldán había despertado el escultor flamenco; la diferencia con su referente sevillano es que en Jaén están centradas por la figura de san Fernando, algo natural, dada su reciente canonización en 1671. Este encargo lo simultaneó con compromisos en la Cartuja de la Defensión, de Jerez, para la que hizo los relieves del Sagrario, que se conservan, así como un Crucificado hoy desaparecido.
     También trabajó para el Sagrario de las Cuevas (Sevilla), según Ceán, en 1676. Dos años más tarde, en 1678, estaba ocupado en tallar las esculturas del retablo mayor de la parroquia de las Virtudes de Villamartín (Cádiz), cuya arquitectura había diseñado Francisco Dionisio de Ribas y, al morir éste, fue continuada por su hijo Francisco Antonio.
     Roldán fue pionero en la educación que dio a sus hijas, equiparable a la de los varones, pues todos fueron formados en el taller paterno en el que trabajaron también las jóvenes, como unas perfectas profesionales y al que se incorporaron sus esposos e hijos. Especialmente destacó Luisa Ignacia, La Roldana, quien renovó la estética barroca, abocándola a las formas del siglo XVIII. Su talento y su decidido carácter la llevaron a enfrentarse a su padre y jefe, debido a una elección matrimonial que para Pedro resultaba inaceptable, por ser el novio un oscuro aprendiz del taller, Luis Antonio de los Arcos, quien nunca llegó a destacar en el oficio. Esta relación hubiese sido normal dadas las costumbres gremiales de la época. A pesar de la oposición paterna, el matrimonio se celebró el 25 de diciembre de 1671, cuando la novia contaba diecisiete años de edad, lo que enfrentó durante años al padre y a la hija, hasta su reconciliación, formalizada al colaborar con ella, haciendo los diseños para esculpir la imágines de los patronos de Cádiz, San Servando y San Germán, que Luisa hizo en 1687.
     Los matrimonios de los otros hijos fueron los convencionales.
     En 1674, Francisca, doradora y pintora, casó con el escultor José Felipe Duque Cornejo. Fueron padres del también magnifico escultor Pedro Duque Cornejo Roldán, nacido en 1678. En 1676 contrajeron matrimonio María y Matías de Brunenque.
     Ambos eran escultores y posiblemente formarían parte del gran taller familiar. En 1677, Isabel matrimonió con Alejandro Martagón. Fueron padres de una hija, llamada Flor. Teresa Josefa desposó dos veces: en 1679 con Manuel Caballero, y en 1701, con Pedro de Castillejos, también escultor. Por último, Ana Manuela, hacia 1684, contrajo matrimonio con José de Quiñones y, tras enviudar, en 1689, se casó con José Fernández de Arteaga. Fueron padres de Domingo José y de Pedro Fernández de Arteaga. En 1680, Marcelino contrajo su primer matrimonio con Ana María Ponce de León y el segundo en 1698 con Josefa de Velasco y Serrallonga. Uno de los hijos de este matrimonio también fue escultor.
     Muchos de sus herederos fueron los continuadores de su estilo, formando la larga serie de “Roldanes” que dejaron su obra en el arzobispado hispalense, si bien con desigual calidad, entre los que destaca Pedro Duque Cornejo.
     En una cuarta época, después de unos años de viajes para cumplir los encargos que se le hicieron fuera de Sevilla, Roldán decidió permanecer más tiempo en la ciudad. Por entonces, comenzó a vender inmuebles: en 1680, vendió al escultor Cristóbal Pérez el corral de San Juan de la Palma; el 22 de marzo de 1687, otorgó un documento renunciando al arrendamiento de una casa que tenía en el Salvador.
     En 1689 actuó como fiador de Bernardo Simón de Pineda en el contrato del retablo mayor de los Descalzos.
     En 1690, se comprometió a tallar las esculturas para el retablo mayor del Convento de Santa María de Jesús, cuya arquitectura corrió a cargo de Cristóbal de Guadix, consiguiendo hacer una obra sobresaliente por su calidad. La salud de Roldán se deterioró en estos años e hizo testamento. Sus biógrafos han llamado la atención sobre el hecho de que en este documento mejorase a su hija Isabel. Al recuperarse de su enfermedad, siguió trabajando para sus muchos clientes. En estos años, parece que tuvo dificultades económicas, pues otorgó poderes a personas de su confianza para cobrar rentas atrasadas y arrendamientos de la tahona, que seguía conservando. En 1695, aún trabajaba con sus manos.
    Así consta en documentos de conciertos de obra con su taller, ya que especificaban que la obra la hiciese “Pedro Roldán el Viejo”, cuando eran encargos especialmente delicados. De 1698 datan dos de estas obras, el San Pedro como Pontífice y el San Fernando que se conservan en la iglesia del Hospital de Venerables Sacerdotes, ambas de las más logradas de su producción.
     En el verano de 1699 hizo un nuevo testamento en el que nombraba albaceas a su hijo Marcelino y a su yerno Felipe Duque Cornejo. Murió el 3 de agosto de ese año y fue enterrado el día 4 en la parroquia de San Marcos, en una sepultura situada bajo el retablo del Rosario.
     El académico Ponz, dejaba sus prejuicios aparte, cerrando su biografía de esta forma: “[Pedro Roldan] con quien se enterraron los residuos de la buena arquitectura y escultura”.
     Es un escultor de larguísima trayectoria, pero del cual se han conservado pocas obras documentadas.
     Realizó muchas que se han perdido, pero se conservan otras, en todo el arzobispado hispalense, que se han considerado como suyas, si bien algunas de ellas han sido documentadas como de otros autores; se trata de un escultor valioso cuyo catálogo merece una revisión a fondo.
     En relación a su estilo, Roldán muestra, en su obra más antigua de las conocidas, la Virgen de la Antigua, su formación granadina en el patetismo de la Dolorosa, arrodillada y con influencias del arte noreuropeo.
     Cuando comienza a trabajar en Sevilla, el contacto con los escultores locales hace evolucionar su estilo hasta acercarse al dinamismo y la libertad de formas propias del flamenco José de Arce, verdadero renovador de la escultura sevillana del siglo xvii. El conocimiento de estampas flamencas, entre otras la citada de Sadeler, también usada para algunos de sus Crucificados, contribuyó a esta evolución que se manifiesta en la forma de emplear la gubia, simplificando planos y resaltando los valores ilusionistas y pictóricos de la escultura. Esto se percibe especialmente, en el San Hermenegildo de la parroquia de San Ildefonso (Sevilla) de 1674, cuya composición es análoga a la del San Fernando catedralicio, pero cuya técnica, mucho más suelta, muestra claramente la influencia de dicho artista. En las esculturas del retablo de la Caridad, especialmente San Roque; en las del retablo mayor de Villamartín, cuyo San Pablo tiene una evidente afinidad con la figuras de la Cartuja jerezana, en la iconografía de la fachada de la Catedral jiennense, por citar sólo algunas, el gran escultor muestra haber conocido y admirado los nuevos modelos que se estaban imponiendo en la ciudad, dejando atrás las tradicionales formas tardo manieristas vigentes a su llegada a Sevilla y pasándole el testigo a su hija Luisa Ignacia, quien culminó dicha evolución.
    Sin embargo, su espíritu es más clásico que el de Arce e, incluso, que el de su hija, debido a su formación granadina y a sus primeros referentes sevillanos.
     Tiene obras en las que manifiesta una especial dulzura, como en el atribuido Nazareno de la O (parroquia de Nuestra Señora de la O, Triana), donde predomina el equilibrio entre forma y expresión contenida.
     Asimismo, en imágenes como la Inmaculada de los Trinitarios Descalzos de Córdoba, sabe realizar un rostro de naturalismo cercano al retrato, como representante del realismo escultórico del barroco sevillano.
     Su colaboración con Bernardo Simón de Pineda, en retablos salomónicos, hace evolucionar el estilo hacia un mayor ilusionismo y hacia la ruptura del marco arquitectónico. Con Cristóbal de Guadix también tuvo afinidad estética, por eso su colaboración con ambos ha dado algunos de los retablos más memorables de estos años en Sevilla (Esperanza de los Ríos Martínez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Elías, de Pedro Roldán, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Sala VIII del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 19 de julio de 2026

Los principales monumentos (Cueva de Siete Palacios, Iglesia de la Encarnación, Castillo de San Miguel, Ermita de San Sebastián, Arquitectura civil y militar, Acueducto Romano, Columbario Romano, Fábrica Romana de Salazones, Necrópolis fenicia Puente de Noy, y Palacete de La Najarra) de la localidad de Almuñécar, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Cueva de Siete Palacios, Iglesia de la Encarnación, Castillo de San Miguel, Ermita de San Sebastián, Arquitectura civil y militar, Acueducto Romano, Columbario Romano, Fábrica Romana de Salazones, Necrópolis fenicia Puente de Noy, y Palacete de La Najarra) de la localidad de Almuñécar, en la provincia de Granada.
     Almuñécar está considerado como uno de los puntos de más atractivo turístico de la costa andaluza. No en vano su litoral es conocido con la marca de Costa Tropical, un nombre acorde con sus extensas playas, sus condiciones climáticas y su exuberante vegetación de tipo tropical y subtropical. Una combinación única no sólo en la Península Ibérica, sino en todo el continente europeo.
     Situada en plena Costa Tropical, muy cerca de la provincia de Málaga, posee 19 Km. de costa divididos en 26 playas y sus temperaturas no bajan de los 16 grados en invierno, ni suben de los 35 en verano. Entre sus playas el visitante podrá encontrar varias rebosantes de visitantes y servicios, remotas calas solitarias e incluso una donde practicar el naturismo. La oferta de actividades relacionadas con el mar es completísima. Desde cursos de buceo, vela, windsurf o kayaks hasta el alquiler de motos acuáticas o excursiones y chárteres marinos. Cuenta además con un puerto deportivo con servicios de alquiler de atraques y embarcaciones.
     Para los aficionados de la naturaleza, Almuñécar también cuenta con un gran número de atractivos. Uno de ellos es el Complejo Ecológico Peña Escrita situado en un balcón natural a 1.100 metros de altitud, desde donde se puede divisar las estribaciones de Sierra Nevada, el paisaje alpujarreño y la fusión del valle tropical con el Mediterráneo. En este recinto de iniciativa municipal existe una reserva de animales. Es también un lugar ideal para practicar todo tipo de deportes al aire libre como senderismo, bicicleta de montaña o parapente.
     Las fiestas tradicionales de Almuñécar son coloridas y variadas, como los carnavales, con el tradicional entierro de la sardina. Entre los numerosos actos festivos que celebra la población es digno de una mención la Fiesta en honor a la Virgen de la Antigua. En este acontecimiento los vecinos conmemoran la victoria de Lope de Valenzuela sobre el morisco Aben Aboo que tuvo lugar en 1569, a la vez que agradecen la milagrosa intercesión de su patrona. La procesión que se celebra de noche y por mar llega hasta la playa Puerta del Mar. Numerosas embarcaciones engalanadas acompañan a la Virgen en este recorrido que finaliza con un extraordinario castillo de fuegos artificiales en los Peñones del Santo.
     Región: Costa Tropical
     Código Postal: 18690
     Distancia desde Granada: 70 Km
     Gentilicio: Almuñequeros o Sexitanos
     Acceder a su website: www.almunecar.es (Diputación Provincial de Granada).
     Almuñécar es uno de los centros arqueológicos de mayor interés de la provincia, ya que cuenta con numerosos restos de la civilización fenicia, romana e islámica, sin excluir otros hallazgos esporádicos de cultura ibera, griega y hasta egipcia, fruto de una intensa actividad comercial desde tiempos muy remotos. Los restos más antiguos se remontan a la época fenicia, hacia el siglo VIII A.C., en que fue fundada Sex o Sexy. A esta época corresponden las necrópolis de Laurita, Velilla y Puente del Noy, con diversidad de tipologías funerarias y que han dado unos ajuares interesantísimos. A partir del siglo I de la era cristiana, en pleno auge de la civilización romana, se inicia su época de mayor esplendor, siendo denominada como Municipium Firmum Iulium Sexi. Son varios los monumentos conservados de este momento y en recientes excavaciones continúan apareciendo nuevos restos. A la cabeza debemos situar el acueducto, que alcanzaba más de siete kilómetros y hoy en día conserva bastantes tramos de su estructura. Está realizado con lajas de pizarra y mortero de cal, presentando arcos sencillos o dobles, dependiendo del terreno. Se construyó en el siglo primero de Cristo para cubrir las necesidades del abasto de la localidad y en especial de la cada vez más floreciente industria del salazón. Esta ocupación económica ha dejado un testimonio importante en el parque del Majuelo, donde se han excavado e identificado las piletas que sirvieron, entre los siglos I y V después de Cristo, para la manufactura del pescado y el famoso garum (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Almuñécar se sitúa al sur de la provincia de Granada, entre la Sierra Almijara y el mar Mediterráneo. La ciudad se encuentra al pie de la sierra, en un cálido valle formado por los ríos Seco y Verde, donde conviven los cultivos tropicales con la actividad turística. Los núcleos más importantes, además de la cabecera municipal, son La Herradura y Velilla, junto a la costa; hacia el interior hay multitud de diseminados como La Gelibra, Río Seco, El Cerval y El Rescate. La mayoría de estos núcleos han crecido fundamentalmente al abrigo del turismo veraniego, sobre todo los asentados en la franja costera, contando con un número muy elevado de viviendas secundarias.
     El municipio de Almuñécar pertenece a la Demarcación Paisajística de Costa Granadina.
     El término municipal de Almuñécar se localiza al suroeste de la provincia de Granada. Limita por el norte con el municipio de Otívar, por el este con los municipios de Jete, Ítrabo y Salobreña, por el este con el municipio de Nerja y por el sur con el Mediterráneo. Se desarrolla desde la falda de la Sierra de Cázulas hasta el mar, quedando definido por esta proximidad del litoral y la montaña, elementos que le confieren unas características propias. 
     Por lo que se refiere al núcleo urbano, su emplazamiento físico viene condicionado por la existencia de un pequeño grupo de colinas que se levantan frente al mar, delimitadas a este y oeste por los ríos Verde y Seco, rodeadas por las estribaciones de la Sierra de la Almijara. Esta cadena de pequeñas elevaciones llegan a adentrarse en el Mediterráneo, destacando el Peñón del Santo, junto a los de Enmedio y de Fuera, que permanecen unidos a tierra firme por una estrecha franja, antes de playa, que ahora forma parte del Paseo de Prieto Moreno. 
     Esta orografía, de fácil defensa y posición estratégica en el litoral, ofrece unas condiciones óptimas para el establecimiento de los sucesivos asentamientos humanos, que han estado presentes en la zona de forma ininterrumpida desde al menos el II milenio a.C., momento del establecimiento de colonias fenicia y púnica. Los primeros vestigios materiales de un asentamiento estable en el actual casco urbano de Almuñécar, hallados en la parte más alta de la ciudad, el cerro de San Miguel y sus alrededores, pertenecen al Bronce Final. Entre la calle Real y la calle Derrumbadero aparecieron, igualmente, restos de cerámicas a mano de este mismo periodo. Así mismo, la Cueva de Siete Palacios también ha proporcionado información para este periodo. Se trata de un conjunto de materiales arqueológicos correspondientes a una población indígena ya asentada en torno al año 700 a.C. 
     Las primeras pruebas arqueológicas de la instalación de un contingente fenicio en Almuñécar se encuentran en la necrópolis descubierta en el cerro de San Cristóbal, conocida como necrópolis Laurita, sobre el extremo occidental de la ensenada de poniente. Los materiales encontrados, entre los que destacan los vasos de alabastro egipcios con inscripciones jeroglíficas, reflejan un intenso comercio en esos momentos con otros puntos del Mediterráneo. A partir del siglo VII a. C., se produce el abandono de esta necrópolis para nuevamente ser utilizada la zona de Puente de Noy como cementerio hasta el siglo I a.C. 
     Esta área resulta de especial interés por dos aspectos concretos: su amplio abanico cronológico que abarca desde la segunda mitad del siglo VII a.C. hasta el siglo I a.C. enlazando, por tanto, con la romanización y la utilización de rituales de enterramiento tanto de incineración como de inhumación. 
     En cuanto a las actividades económicas parece que se debe a estas comunidades fenicio-púnicas el inicio de la industria de salazones de pescado en la zona, actividad que es imposible separar de las prácticas e intercambios comerciales. Las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la factoría de El Majuelo localizaron los niveles de fundación de la factoría, con cerámicas púnicas, griegas, ibéricas y campanienses que, a pesar de no estar asociadas a estructuras, parecen remontar la fundación de la factoría a finales del siglo IV a. C.  e incluso a principios del V a.C.
     A las evidencias arqueológicas hay que añadir las referencias de las fuentes antiguas a las salazones sexitanas tales como las de Dífilo de Sinope, poeta griego de los siglos IV-III a.C., o Estrabón, hacia el siglo I a.C  en uno los volúmenes de su obra Geografía. 
     El asentamiento fenicio-púnico será consolidado como núcleo urbano bajo la dominación romana. La importancia de Almuñécar en época romana es, sin duda, fruto del desarrollo alcanzado en momentos anteriores. En este momento ya se puede hablar de una ciudad organizada, que posee una industria de salazón de pescado estable. A partir del año 49 a.C. se le otorgó a Almuñécar el estatuto de municipio de derecho latino. Esta concesión parece coincidir con un periodo de gran esplendor económico en la ciudad, hecho que se vio reflejado en el ámbito urbanístico, con una transformación dirigida a la redefinición de su organización urbana. Es durante el siglo I d.C. cuando se han fechado algunas de las grandes obras constructivas que aún hoy son apreciables en el paisaje urbano de la ciudad, y que fueron elementos esenciales en la estructura urbana de la Almuñécar romana: el acueducto, el complejo situado en el área de la Plaza Eras del Castillo, posible foro, del que formaría parte la denominada Cueva de Siete Palacios y la factoría de salazones de El Majuelo. 
     Con posterioridad el enclave almuñequero tendrá un lugar destacado en al-Andalus. Su carácter estratégico queda evidenciado con la construcción de la fortaleza del castillo de San Miguel. Su localización entre las dos grandes ciudades, Almería y Málaga, además de la existencia de dos grandes ensenadas a poniente y levante, llevaron a Almuñécar a desempeñar durante la Edad Media un importante papel dentro de la línea de comunicación marítima en esta zona del Mediterráneo. 
     Será en los siglos X-XI cuando comience a detectarse el resurgimiento de la ciudad islámica en Almuñécar, tras la pérdida de su carácter urbano durante los siglos VII al VIII. Durante la época califal se produce la reocupación del cerro del Castillo que junto con la aparición de un gran número de materiales de los siglos IX al X en la Cueva de Siete Palacios, evidencian una ocupación consolidada del cerro de San Miguel. La primera muralla parte del cerro del Castillo y rodea toda la mitad superior del cerro de San Miguel, conservándose en la actualidad varios tramos y torres de esta cerca. 
     En época nazarí, la medina habría sobrepasado estos límites hacia el norte y el este, con lo que se hace necesaria la construcción de una segunda muralla que integra elementos de la primera en aquellos puntos donde no era posible una extensión del asentamiento, como eran las vertientes que dominan la ensenada de levante y El Majuelo. Se refuerza además el sistema defensivo, creando en la costa una red de torres-atalayas, a lo que hay que añadir el fortalecimiento de las defensas urbanas. De esta cerca nazarí se conservan algunos restos en la zona del parque de El Majuelo, sobre los vestigios de la factoría romana. 
     Con posterioridad, existe un documento esencial para el conocimiento de la ciudad de Almuñécar, su organización y su urbanismo, se trata del Libro de Repartimientos de la ciudad, escrito entre los años 1491 y 1497. De la lectura de este documento es posible entender la traza general de la medina nazarí. Así, sabemos que los castellanos se asientan en la parte baja de la ciudad, quedando esta dividida en dos colaciones, la de Santa María, en la que se localizaban las dos principales vías de acceso a Almuñécar: la Puerta de Vélez y la Puerta de Granada, y la de Santiago, donde se concentraba la mayor parte de la actividad comercial. La primera se situaba en torno al cerro de la Iglesia y la segunda en la más zona próxima al mar. La calle Real constituiría el eje principal de la ciudad, sirviendo de unión entre las dos colaciones. 
     En cuanto al cerro de San Miguel, parece que estuvo ocupado casi en su totalidad por la judería hacia levante, la morería en la otra parte de la colina; y por supuesto, por la alcazaba. 
     Tras la conquista castellana la ciudad cae en un lento declive, aunque mantiene su carácter defensivo y estratégico, como lo evidencia las reformas en el castillo de San Miguel, con un papel destacado frente a los piratas berberiscos. Durante el siglo XVII el centro de la ciudad se va transformando, tras una serie de demoliciones y transformaciones de edificios, en un conjunto de nuevas edificaciones en las que dominan las de carácter religioso, como el establecimiento de la orden religiosa que fundó el convento de Mínimos o la construcción de la iglesia de la Encarnación, y administrativo. 
     A finales del siglo XVIII, se produce un cambio radical en el sistema productivo agrario. Es el momento de florecimiento y expansión del cultivo de la caña de azúcar y la construcción de trapiches. Por orden de antigüedad en su construcción, en el entorno de la ciudad se localizaban: el trapiche de la barriada de San Sebastián, el de San Rafael y el de Nuestra Señora de la Encarnación. 
     A mediados del siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal se producen importantes cambios y remodelaciones urbanas. El convento de los Mínimos, y sus propiedades anejas, desaparecerán y sus propiedades serán fragmentadas y vendidas. 
     Desde los primeros años del siglo XIX, y hasta principios del XX, la caña de azúcar, es prácticamente un monocultivo de toda la costa granadina, ocupando la mayor parte de las vegas fértiles. No obstante, en el último cuarto del siglo pasado fueron sustituyéndose por otros cultivos de subtropicales y por el desarrollo urbano y turístico. 
     Todo este bagaje histórico ha dejado su impronta en la ciudad tanto en la existencia de restos y arquitecturas identificables de cada momento, como en la propia morfología del casco urbano histórico perfectamente identificable en el contexto total de la ciudad, ya que los desarrollos más recientes se han generado a espaldas de la ciudad histórica, lo que ha permitido que se mantengan con cierta entidad sus valores más esenciales. 
     La delimitación del Conjunto Histórico de Almuñécar se realiza a partir de los límites del segundo recinto amurallado nazarí (siglos XIV-XV), claramente diferenciado del resto de la ciudad por las características propias de la morfología urbana y orografía de la ciudad histórica. A esto se une la ampliación de la ciudad del siglo XVII en torno al desaparecido convento de Nuestra Señora de la Victoria o de San Francisco de Paula. Se incluyen igualmente tanto el Peñón del Santo como los otros peñones menores, como parte de la configuración paisajística de la ciudad desde sus orígenes fenicios hasta la actualidad, ya que realmente constituyen uno de los más significativos elementos identificadores de la imagen urbana de Almuñécar. Este trazado, paralelo a la muralla extramuros, se marca para poder recoger una primera línea parcelaria adyacente al lienzo murario que crea un espacio circundante de protección tanto visual como física. Solo aparecen dos espacios que se distancian de la línea de muralla, al oeste, la factoría de salazones de El Majuelo, y al este, el arrabal del convento de la Victoria. 
     Tanto en el interior como en los bordes de este espacio acotado se distribuyen un repertorio de vestigios arqueológicos, arquitectónicos y artísticos de diferentes estilos y épocas, como testigos materiales del intenso y fructífero bagaje cultural que ha caracterizado la historia de Almuñécar. Entre estos elementos destacan los yacimientos argáricos, fenicios y romanos, las diferentes necrópolis, la factoría de salazones de El Majuelo y la Cueva de los Siete Palacios; los restos de las murallas, el castillo de San Miguel, la iglesia parroquial de la Encarnación, los restos del antiguo convento de la Victoria, así como muestras de primer orden de la arquitectura hidráulica romana y renacentista como son las termas y el acueducto de la Carrera y el pilar existente en la Calle Real.
     La arquitectura privada del núcleo de carácter residencial y promoción burguesa, vinculada estilísticamente al eclecticismo historicista, es una clara manifestación de la prosperidad económica que caracterizó a la Almuñécar del siglo XIX y principios del XX. 
     Los valores arquitectónicos y artísticos, así como el peso histórico de los hitos y elementos monumentales y populares que componen y definen el casco antiguo resultan trascendentales y traducen fielmente la superposición de las civilizaciones que han forjado la ciudad y la rica historia de Almuñécar. El carácter urbanístico del núcleo respetado desde la Edad Media y a lo largo de los siglos, aporta también valores a través de su trama viaria de líneas irregulares y continuos quiebros. 
     Por tanto, la singularidad topográfica y coherencia de espacios urbanos, relacionados directamente con el Mediterráneo, que nos ha llegado hasta nuestros días de forma bastante reconocible, la presencia de un caserío tradicional conservado en parte y con posibilidades de ser puesto en valor, que convive y cualifica a algunos inmuebles de interés histórico, artístico y cultural, y la historia estable del asentamiento humano a lo largo de los siglos, son motivos que justifican la declaración de Bien de Interés Cultural del Conjunto Histórico de Almuñécar (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
     Recogida inicialmente entre los ríos Verde y Seco, a los pies de la Sierra Almijara, la antigua Sexi contempla plácidamente el Mediterráneo, convertida en el primer centro turístico de la Costa Tropical.
Historia
     Los fenicios, a quienes se debe su fundación en el siglo IX a.C., tuvieron en ella pesquerías y fábricas de salazones. Los romanos ampliaron el nombre fenicio, denominándola Sexi Firmun Julium, potenciaron las industrias salazoneras y pesqueras y la dotaron de agua potable mediante la construcción de un acueducto. En el año 755, tras la invasión islámica, arribó a la playa, procedente de Damasco, el omeya Abd al-Rahmán I, único superviviente del asesinato de su familia por parte de los abasíes, hecho histórico impor­tante, ya que, poco después, Abd al-Rahmán sería proclamado emir de Córdoba. Hisn al-Munakkab, esto es, "ciudad fortaleza" denominaron los musulmanes a la antigua Sexi, denominación de la que proviene su nombre actual.
     El 30 de diciembre de 1489, Almuñécar capituló ante los Reyes Católicos. La consecuente expulsión de los árabes, así como los sucesivos ataques de los piratas turcos, produjeron una rápida decadencia de la ciudad que se prolongó durante varios siglos y de la que no conseguiría recuperarse hasta bien avanzado el siglo XX, gracias, en primer lugar, a los cultivos tropicales y, poco después, a la afluencia masiva del turismo.
Gastronomía
     Los productos del mar sirven de base a la cocina autóctona sexitana, siendo la zarzuela, un guiso de pescado y marisco, el plato más representativo. Interesante, por su sencillez, es también la salamandroña, un guiso a base de sardinas y verduras. Sin embargo, la proximidad del mar no excluye la presencia de las carnes y así, tanto en las casas como en los restaurantes, puede degustarse un plato fundamental: el choto al ajo cabañil. Como no podía ser de otro modo, los cultivos tropicales han propiciado un plato único: la ensalada de frutas tropicales. Ahora bien, la especialidad auténticamente sexitana es la cazuela mohína, un postre elaborado a base de bizcocho y de almendras, entre otros elementos.
Fiestas
     La Semana Santa va ganando en esplendor año tras año. El 3 de mayo, día de la Cruz, se levantan cruces muy adornadas en distintos puntos del caserío.
     La noche de San Juan, del 23 al 24 de junio, se encienden grandes hogueras en las que junto a los enseres viejos, se quema todo lo malo que aconteció durante el año. Luego en la playa, la gente se lava la cara para borrar de ella todo lo negativo y afrontar el nuevo año con entusiasmo renovado.
     El día de la Virgen del Carmen, 16 de julio, se celebra una pintoresca procesión marítima. Las fiestas grandes, con la feria, tienen lugar en torno al 15 de agosto.
VISITA
     Llegando desde Granada por la carretera N 340, lo mejor es dejar el coche en el paseo de Blas Infante, que queda a la entrada de la población. Sólo hay que tener en cuenta que no sea viernes, porque ese día un mercadillo ocupa la totalidad del paseo. El primer sábado de mes se monta igualmente otro mercadillo, pero este bastante más curioso, porque los vendedores, en número increíble y principalmente extranjeros residentes en la zona, ponen a la venta todo tipo de artículos, la mayoría de segunda mano, exótico zoco que, aparte las oportunidades que ofrece, resulta realmente fascinante.
     Desde el paseo Blas Infante, lo mejor es tomar por la avenida Fenicia y seguir por Carrera de la Concepción, a la derecha de cuyo sombreado jardín, se ven restos del acueducto romano perfectamente conservados. En la Carrera de la Concepción está la Casa de la Cultura, depen­diente del Ayuntamiento. Aquí está también la puerta de Granada, por la cual se entra para alcanzar enseguida la plaza Nueva, en la que se levanta la iglesia de la Encarnación, elegante bastión de finales del siglo XVI a base de ladrillo visto y cajones de mampostería, en la que des­taca el campanario, con su noble estam­pa clásica. Diseñada posiblemente por Ambrosio Vico, el interior abandona el modelo mudéjar y sigue el jesuítico sur­gido del Concilio de Trento. Restaurada recientemente, muestra, aunque muy dete­rioradas, algunas de las pinturas murales realizadas en el siglo XVIII. La iglesia perdió la mayor parte de sus enseres durante la Guerra Civil. Se salvó la Virgen de la Antigua, patrona de la localidad, una rara imagen de la Virgen con el Niño, cubiertos ambos con vestidos de plata y pedre­ría, regalo al pueblo de los Reyes Católicos, como quiere la tradición.
     Desde esta serena plaza, la calle Cuesta de la Iglesia, sombreada de palmeras, lleva a la no menos tranquila y airosa de la Constitución, en la que se levanta el Ayuntamiento.
     Bajando por la calle Vélez, se alcanza enseguida la encantadora plaza de los Higuitos, con su fuente y las terrazas de sus dos bares, lugar perfecto para desayunar o para tomar el aperitivo. Por debajo de ella se encuenlra el mercado de abas­tos, moderno y con abundantes puestos de pescado, carne y verduras y, claro está, las deliciosas frutas tropicales de la zona, como mangos, chirimoyas o aguacates. Detrás del mercado, en la plaza de Kuwait, ciudad con la que Almuñécar se encuentra hermanada, se sitúa el acuario.
     La larga avenida de Europa lleva hasta el palacete de la Najarra, preciosa edi­ficación neoislámica, con un delicioso jardín andalusí, en la que se encuentra la Oficina de Turismo. Enfrente se abre una de las joyas de la localidad: el parque El Majuelo, esplendido jardín, en ocasiones casi bosque, con vocación de botánico, en el que conviven una gran variedad de especies arbóreas. Cuenta también El Majuelo con el parque escultórico Sirio, inau­gurado en octubre de 2006, como resul­tado del encuentro de escultores sirios y sexitanos en octubre de 2005. Cuenta con un auditorio. Y cuenta, sobre todo, con los imponentes restos de la factoría de salazones fenicia, que luego utilizaron también los romanos.
     La avenida de Europa desemboca en la serena playa de San Cristóbal, una de las varias con las que cuenta la población. Caminando a la izquierda por el paseo, de alcanza la plaza de Abderramán, con sus palmeras y el poderoso ejemplar de ficus. Enfrente de esta plaza está el peñón del Santo, desde cuya altura se obtienen preciosas vistas y al pie del cual hay una formidable estatua de Abderramán I. La gran cruz plantada en la cumbre data de 1900 y hoy constituye una de las estampas características de la ciudad.
     Detrás de la plaza se sitúa el parque ornitológico botánico LoroSexi, esmerado jardín que trepa por la ladera del castillo, en el que se congregan alrededor de mil quinientos ejemplares de doscientas diferentes especies de aves, muchas de ellas de origen tropical.
     El paseo prosigue, ahora con el nombre de Prieto Moreno, frente a la playa de la Caletilla, que enlaza con la de Puerta del Mar. Aquí se encuentra el monumento a los Fenicios, fundido en bronce por Miguel Moreno Romera. Esta es una zona muy concurrida de copas, con pubs que montan la barra sobre la misma arena de la playa. Por encima del paseo del Altillo, más allá de la plaza Rosa, se encuentran las plazas anexas de Kelibia y Damasco, otros dos buenos lugares de diversión nocturna.
     Desde aquí, la animada Cerrajeros asciende rápidamente hacia el casco histórico, dejando a la derecha, la plaza de los Carrascos, a un paso de la cual, eso sí, empinado, se alcanza la cueva de Siete Palacios*, espectacular construcción de origen romano, perteneciente, probablemente, al Foro del que estuvo dotada la ciudad. En la actualidad, bajo las sobrecogedores bóvedas, se ha instalado el Museo Arqueológico en el que se reúne una variada colección de objetos que abarcan desde la cultura argárica, en el Bronce final, hasta la época del islam.
     Las calles por aquí son en su mayoría empinadas, estrechas, y muy blancas, como corresponde al trazado agareno que siguen conservando. Subiendo por Nuestra Señora del Carmen, se descubre el castillo de San Miguel, en lo más alto del cerro. Al exterior muestra una potente estampa, con sus muros de mampostería y mortero y sus almenas piramidales. La construcción se remonta a la época islámica, aunque es más que posible que en este mismo lugar existiera una fortaleza romana levantada, a su vez, sobre otra púnica. Posteriormente, dado su valor estratégico, ha sufrido numerosas reformas y adaptaciones, realizándose en la actualidad distintos trabajos de investigación arqueológica. En el interior, lo más sobresaliente son los restos de un palacete nazarí, las mazmorras, excavadas en la roca y un pabellón de estilo neoclásico, construido en el siglo XVIII y adaptado actualmente como Museo de la Ciudad.
ALREDEDORES
     A las afueras de la ciudad y a un lado y a otro de la carretera del Suspiro del Moro, que lleva a Otívar, pueden verse nuevos restos del acueducto romano, así como, en el lado derecho, un Columbario o enterramiento de urnas cinerarias, en la Torre del Monje, igualmente romano.
     En el parque de Puente Noy, por debajo de la N 340, se encuentra la necró­polis fenicia del mismo nombre, que estuvo en uso desde el siglo VIII a.C. al I d.C. y en la que hasta el momento se han localizado nada menos que 132 tumbas.
     Siguiendo la N 340, rumbo a occidente, a unos tres kilómetros, una desviación a la izquierda lleva a la punta de la Mona, en la que además del faro y una encantadora playita, se encuentra el puerto deportivo Marina del Este, con 227 amarres. A otros tres kilómetros más allá de la desviación está La Herradura, pedanía de Almuñécar y actualmente privilegiado lugar de vacaciones, en el que, junto a su buena playa, en el centro de la cual se encuentra el monumento a los hombres del mar, puede verse la iglesia de San José, ante un verdadero bosquete de ficus y almezos, y el castillo, construido en tiem­pos de Carlos III (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Granada. Anaya Touring. Madrid, 2009).
Historia.-
     Junto a un mar de aguas tranquilas y cristalinas, la milenaria Almuñécar desciende de la antigua colonia fenicio-romana de Sexi. A los fenicios deben una ciudad bien estructurada con una pujante economía basada en la salazón del pescado y con moneda propia. Y los romanos la desarrollaron desde el punto de vista arquitectónico, económico y pesquero.
     En el año 775, Abderraman I desembarcó en sus playas. Fundó el Califato de Córdoba y renombró la ciudad como Hisn-al-munecab. En esta época Almuñécar ya era un punto fuerte en la costa, aunque no se puede hablar de ella como ciudad hasta el siglo XI. Producía todo tipo de frutos y también se obtenía buena pesca de sus aguas. La ciudad contaba con puerto, barrios, arrabales, mercados y una mezquita mayor. Fue conquistada por los Reyes Católicos varios siglos después. Fue atacada durante siglos, y era continuo objetivo de los piratas turcos.
     Este municipio ha experimentado un crecimiento económico y urbano espectacular gracias al turismo (Diputación Provincial de Granada).

La Cueva de Siete Palacios.-
     En el casco antiguo se encuentra la denomi­nada Cueva de Siete Palacios, posible resto de un criptopórtico, que junto con otras estructuras similares constituirían el aterrazamiento del antiguo Foro de la Sexi romana.
     En el Museo instalado en su interior se mues­tran objetos que abarcan desde el Bronce final -argáricos-, fenicios, ibéricos, griegos, romanos hasta los islámicos. Existen además dos colum­barios o enterramientos para colocar urnas cinerarias, uno de carácter aristocrático, el de la Albina, cerca de la N-340, y otro, el de la To­rre del Monje, mejor conservado y de influen­cia oriental, en la carretera de la Cabra, cerca de Torrecuevas. Recientes estudios y excavaciones van identificando restos pertenecientes al Foro, Teatro, Termas y otras estructuras habituales en las ciudades romanas (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Esta construcción debió tener al menos una segunda planta, ya que existen bóvedas y arranques de muros en el lugar que hoy constituye la cubierta de la Cueva de los Siete Palacios.
     La estructura espacial responde a la de nave central longitudinal, con siete naves trasversales que por un lado y otro interseccionan a la central, creando una bóveda de arista en ésta y de cañón en las otras. La nave central se estrecha en su extremo opuesto al del acceso descrito, teniendo en la actualidad salida a la calle Cueva de los Siete Palacios. 
     Este estrechamiento es cruzado transversalmente por un canal de 1,80 metros de altura por 60 centímetros de ancho aproximadamente, abovedado en parte y adintelado en otras, con troneras cuadradas que pondrían en comunicación con la segunda planta. El canal discurre hacia un lado y otro una docena de metros, quedando interceptado por construcciones posteriores. Asimismo, en el extremo opuesto a éste, es decir por el que se accede actualmente, y a unos 3 metros de altura existe una tronera abocinada que comunicaría posiblemente con la nave que adosada a esta existía con anterioridad.
     El plano del suelo, después de las excavaciones arqueológicas, se pudo comprobar que es totalmente irregular, adaptando los pilares y su altura a los diversos desniveles de la roca del cerro, apoyándose, a veces, sobre construcciones anteriores.
     La fábrica utilizada en esta obra está compuesta a base de lajas de pizarra en las bóvedas, sillarejo irregular en los muros y un relleno de mampostería superpuesto en las bóvedas, pudiéndose observar aún hoy día las huellas de las tablas usadas en el encofrado.
     Tras las campañas de excavación de 1981 y 1982, se pudo documentar una secuencia cultural en el interior de la Cueva de Siete Palacios, que viene a reflejar una síntesis de los diversos momentos culturales que se sucedieron en Almuñecar.
     En primer lugar queda patente la presencia de un hábitat del Bronce Final Reciente, fenicio, púnico e ibérico. La época romana queda documentada con restos de construcciones de los que quedan zócalos de piedra de muros y pavimentos de cal pertenecientes a casas romanas de época republicana  e inicios del imperio, y estucos decorados de los revestimientos de las paredes. Sobre estas casas derruidas se superponen los pilares de la Cueva cuya construcción debió realizarse en el siglo I d: C. posiblemente en la segunda mitad. 
     Después continúa el lugar ocupándose en época paleocristiana e islámica. Hasta época moderna que se convirtió en un estercolero.
     Con respecto a la funcionalidad de esta cueva hay varias opiniones. Hay quien piensa (Alonso García) que formó parte de una antigua alcazaba árabe, pudiendo ser una zona de caballerizas. Otros autores (Gómez Moreno y Fernández Casado) piensan que pudo ser un depósito de agua . Y otros creen (Molina Fajardo), apoyados en los resultados de las excavaciones,  que debió tratarse de una subconstrucción romana a modo de criptopórtico, para salvar el desnivel del cerro, formando una explanada superior que pudo ser utilizada para la edificación de construcciones civiles, tales como un foro, templo, etc. 
     Con respecto al uso actual de este espacio, en la actualidad, este lugar está en uso como Museo Arqueológico municipal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Complejo abovedado que forma parte del conjunto que rodea el cerro de San Miguel de Almuñécar. Se trata de una de las manifestaciones urbanísticas más importantes de la España romana y hoy en día que alberga al Museo Arqueológico Municipal.
     En el siglo III a. de C. llegan los romanos a Almuñécar con el afán de ampliar sus dominios a toda Hispania. Será dos siglos después cuando Sexi sufrirá una profunda remodelación urbanística más acorde con las necesidades y costumbres de una ciudad romana. Es el momento de la construcción del acueducto para proveer de más capacidad de agua dulce a la ampliada industria de salazón y de la realización del teatro, foro y templo principal de la ciudad.
     Dadas las escasas posibilidades de espacio para la realización de estas edificaciones públicas se recurre a la construcción de una plataforma sobre la cresta de la colina, sustentada a todo el alrededor por un conjunto de bóvedas o subconstrucciones, que es lo que en la actualidad la población llama cuevas, y que aún hoy día en parte son habitadas, incluyéndose en él la Cueva de Siete Palacios, denominación popular que puede deberse a la estructura de una bóveda central atravesada por otras siete.
     En el Museo Arqueológico Municipal, once vitrinas muestran vestigios de las diversas culturas que han pasado por la historia de Almuñécar: egipcios, fenicios, romanos, árabes...
     Una de las piezas más importantes es el vaso cinerario egipcio, realizado en mármol, perteneciente al faraón Apofis I como lo indica el sello grabado en escritura jeroglífica en la parte superior. Es una pieza única en el Mediterráneo y su texto es el escrito más antiguo que se conserva en España. Perteneciente, posiblemente, a la necrópolis fenicia Laurita del Cerro de San Cristóbal, pudo llegar con los fenicios hacia el siglo VIII a. de C., aunque debió ser fabricado a finales del siglo XVII o principios del XVI a. de C. (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de la Encarnación.-

     La planta dibuja un rectángulo casi perfecto, sobresaliendo ligeramente la torre. Por fuera destaca su aspecto compacto y cerrado, sobresaliendo el crucero con sus dobles ventanas y remate de frontones, así como la airosa y robusta torre. La cubierta carece de tejado, dejando las bóvedas trasdosadas para servir de fortaleza en caso de ataque por el mar, al modo de otras igle­sias de la costa.
     Los muros son de ladrillo y cajones de mam­postería, con cimientos de sillares de piedra toba y mampostería. Las bóvedas son de ladrillo y llevan una doble cámara de aireación. La torre, ubicada a la izquierda de los pies, es el elemento más personal de la iglesia, destacando el airoso campanario, con vanos dobles, conciliando la sobriedad del modelo clasicista de sus apilastrados con el remate de un pequeño templete y cupu­lín forrado de cerámica; en las esquinas, cuatro pirámides reflejan reminiscencias escurialenses. Cerámica y enlucidos han sido rehechos modernamente. En el frontón que corona el hastial de los pies, aparece la inscripción IHS ANO 1600. En los ángulos de esta fachada hay dos grandes relojes de sol, restaurados, que recuerdan usos antiguos.
     El interior, bastante amplio y diáfano, presen­ta una planta de cruz latina, con nave central y cuatro capillas laterales a cada lado, crucero de poca profundidad en los laterales y cabecera rectangular con dos habitaciones a los lados para el servicio litúrgico. Las capillas laterales presentan arcos de medio punto de acceso y bóvedas de medio cañón. Toda la iglesia está recorrida por una cornisa moldurada que marca el arranque de las bóvedas y corona los apilastrados de las capillas y crucero. Dichas bóvedas son baídas en la nave, mientras que el crucero se cubre con una cúpula deprimida y ciega y es de horno pintada la del presbiterio. Las pechinas de la capilla mayor ostentan los escudos del arzobispo Pedro de Castro (1591-1610), bajo cuya prelatura se reali­zó este templo; fueron realizados por el escultor Diego de Aranda y pintados por Ginés López.
     Esta iglesia es la primera de las parroquiales de la diócesis granadina que adoptó el modelo contrarreformista de influencia jesuítica, en de­trimento del modelo mudéjar anterior. Es más que probable que su diseño fuera realizado por Ambrosio de Vico o al menos debió tener una participación muy activa, dada la similitud que presenta este templo con el proyecto realizado por el mismo Vico para la Iglesia de Santa María de la Alhambra. La iglesia actual vino a sustituir otra anterior emplazada en la zona más antigua del pueblo. La actual fue comenzada hacia 1590 y su construcción corrió a cargo del albañil Je­rónimo Hernández, terminando la torre el año 1599 y el cuerpo de la iglesia en 1600. En el siglo XVIII y siguiente se decoró el interior de la iglesia con pinturas murales, algunas de las cuales han aparecido, aunque muy deterioradas, en dos capillas tras las últimas restauraciones llevadas a cabo a partir de 1985. En 1966 se constru­yó la capilla dedicada a la Virgen de la Antigua, patrona de Almuñécar, pasando la portada que había en este lugar al tramo anterior y levantando un pequeño pórtico delante.
     Esta iglesia perdió prácticamente todo su tesoro artístico en la pasada Guerra Civil de 1936-39, salvándose la orfebrería, la escultura de la Virgen de la Antigua, algunos trozos de imágenes y diversas pinturas, aunque la mayoría de las actuales son fruto de donaciones particulares. A partir de los años cuarenta se inicia el proceso de renovación de retablos e imágenes, adquiriendo diversas esculturas de escayola de las del tipo de Olot, y más recientemente y en la actualidad, se están realizando diversas imágenes procesionales vinculadas al auge de la Semana Santa. Los retablos son todos modernos y de carácter his­toricista, el último dedicado a la Virgen de los Dolores, terminado el año 2005. El altar mayor está presidido por un medallón de la Encarnación, de madera, obra de Miguel Zúñiga del año 2000. De las esculturas modernas cabe destacar Nuestro Padre Jesús -Nazareno- y la Virgen de los Dolores, tallando Domingo Sánchez Mesa la primera y rehaciendo con trozos del rostro y las manos la imagen de la Virgen. Se conserva una lápida de mármol del entierro de don Jacinto Balcárcel, consultor del Santo Oficio y abogado de la Chancillería, de 1640. En los laterales del crucero existen algunas pinturas, de desigual mérito, dos de ellas buenas copias de modelos italianos y un Descendimiento muy oscurecido, del XVIII, inspirado en un grabado de Rubens. La imagen más importante es, sin duda, la Vir­gen de la Antigua, patrona de Almuñécar, escultura que según tradición fue donada por los Reyes Católicos, pero las cabezas parecen de finales del XVI o del siglo siguiente; está vestida con traje de plata con pedrería, restaurado en diferentes momentos. La capilla bautismal conserva restos de pinturas murales del XVIII. Conserva esta parroquia, como ya se ha indicado, un importante conjunto de orfebrería, destacando un cáliz del XVI, recompuesto como ostensorio en el siglo XVII; una cruz procesional y portapaz del XVII y otros piezas de los siglos siguientes (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La planta de la iglesia dibuja un rectángulo casi perfecto, sobresaliendo ligeramente la torre. Por fuera destaca su aspecto compacto y cerrado, sobresaliendo e crucero con sus dobles ventanas y remate de frontones, así como la airosa y robusta torre. La cubierta carece de tejado, dejando las bóvedas trasdosadas para servir de fortaleza en caso de ataque por el mar, al modo de otras iglesias de la costa.
     Los muros son de ladrillo y cajones de mampostería, con cimientos de sillares de piedra toba y mampostería. Las bóvedas son de ladrillo y llevan una doble cámara de aireación.
     La torre, ubicada a la izquierda de los pies, es ele elemento más personal de la iglesia, destacando el airoso campanario, con vanos dobles, conciliando la sobriedad del modelo clasicista de sus apilastrados con el remate de un pequeño templete y cupulín  forrado de cerámica. En las esquinas, cuatro pirámides reflejan reminiscencias escurialenses. 
     Cerámica y enlucidos han sido rehechos modernamente. En el frontón que corona el hastial de los pies, aparece la inscripción IHS ANO 1600. En los ángulos de esta fachada hay dos grandes relojes de sol, restaurados, que recuerdan usos antiguos.
     El interior, bastante amplio y diáfano, presenta una planta de cruz latina, con nave central y cuatro capillas laterales a cada lado, crucero de poca profundidad en los laterales y cabecera rectangular con dos habitaciones a los lados para el servicio litúrgico. Las capillas laterales presentan arcos de medio punto de acceso y bóvedas de medio cañón. Toda la iglesia está recorrida por una cornisa moldurada que marca el arranque de las bóvedas y corona los apilastrados de las capillas y cruceros. Dichas bóvedas son vaídas en la nave, mientras que ene el crucero se cubre con una cúpula deprimida y ciega y es de horno pintada la del presbiterio. Las pechinas de la capilla mayor ostentan los escudos del arzobispo Pedro de Castro, bajo cuya prelatura se realizó este templo.
     Esta iglesia es la primera de las parroquiales de la diócesis granadina que adoptó el modelo contrarreformista de influencia jesuítica, en detrimento del modelo mudéjar anterior. Es más que probable que su diseño fuera realizado por Ambrosio de Vico o al menos debió tener una participación muy activa, dada la similitud que presenta este templo con el proyecto realizado por Vico para  la Iglesia de Santa María de la Alhambra.
     La iglesia actual vino a sustituir otra anterior emplazada en la zona más antigua despueblo. La actual fue comenzada hacia 1590 y su construcción corrió a cargo del albañil Jerónimo Hernández, terminando la torre en 1599 y el cuerpo de la iglesia en 1600. En el siglo XVIII y siguiente redecoró el interior de la iglesia con pinturas murales.
     Esta iglesia perdió prácticamente todo su tesoro artístico en la pasada guerra civil, salvándose  la orfebrería, la escultura de la virgen de la antigua y diversas pinturas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Iglesia construida a finales del siglo XVI. Es el primer templo de la provincia de estilo contrarreformista y se edificó sobre los restos de la antigua mezquita, que anteriormente ocupaba un antiguo depósito romano. Su construcción finalizó en el siglo XVII. En el altar principal de la Iglesia se encuentra la Virgen de la Antigua, patrona de la ciudad (Diputación Provincial de Granada).

Castillo de San Miguel.-
     Tras la crisis motivada por la caída del Imperio Romano, Almuñécar vuelve a ser un enclave importante en época islámica, pasando entonces a denominarse hisn al-Munakkab, siendo testi­go del desembarco del que sería el primer emir de Córdoba, Abd al-Rahmán I, y alcanzando su mayor desarrollo a partir del siglo XI y en época nazarí. El testimonio más importante de este periodo es el Castillo de San Miguel, enclavado estratégicamente en lo más alto de la población y cerca del mar. Aunque ha sufrido numerosas transformaciones, todavía hoy conserva su perí­metro amurallado y algunas de sus torres correspondientes al periodo islámico. Bajo el dominio cristiano vuelve a reforzarse su papel estratégico, renovando sus muros y añadiendo algunas torres circulares, ya en los siglos XVI y XVII. Pertenecen a este momento los aparejos de mampostería y encintados de ladrillo, constituyendo su resto más característico las torres circulares de refuerzo de la fachada principal y el foso delantero. En su interior se conserva la Torre del Homenaje, nazarí, así como restos de edificaciones romanas y un baño islámico. Tuvo también una coracha o túnel amurallado para defender el Peñón del Santo y el pie de playa, que hasta no hace mucho estuvo unido con este castillo (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Se sitúa al sur de la población, en el espacio comprendido entre el parque del Majuelo, la playa de Puerta del Mar y el espolón del peñón del Santo.
     La planta del castillo es sensiblemente triangular, adaptándose al espolón rocoso en el que se asienta. Por el sur, la fortaleza se alarga hacia la costa, prolongándose hasta el peñón de San Cristóbal, con el que se unía por medio de una coracha, quedando ésta cortada actualmente por el Paseo Marítimo. El perímetro del recinto está compuesto por 9 lienzos de muralla y 11 torres. Los restos que se conservan corresponden a varios periodos constructivos, no siempre claramente diferenciables.
     De época árabe pueden distinguirse dos etapas constructivas. Una correspondiente a los siglos X y XI (emiral y califal), que se reconoce por el empleo del hormigón ejecutado con la técnica de la tabiya, de la que quedan restos en tres lienzos de muralla y dos torres. La otra, correspondiente al periodo nazarí, se distingue por el empleo de muros y torres de fábrica de mampostería, reforzando las esquinas de las últimas con sillares, aunque también se utiliza en menos medida el tapial y el hormigón, pero asociado con el primero de los materiales. Con estos tipos quedan restos en un lienzo de muralla y en cuatro torres, así como la torres del homenaje y los paños que arrancan a ambos lados de ella. Esta última, de planta cuadrada, está situada frente a la puerta actual de acceso al castillo, estando formada por una planta construida con muros de mampostería formando hiladas, alternándolas con verdugadas de piedras planas. En su interior existe una pequeña habitación con dos pasillos en ángulo que debían de tener una función estrictamente militar, siendo continuación del paso de guardia. Sobre los muros de la torres monta una plataforma de hormigón.
     Son pocos los restos árabes que se conservan de este castillo ya que las obras de remodelación llevadas a cabo en tiempo de Carlos V derribaron, ocultaron y enmascararon la mayor parte de la fortificación nazarí. En este época se construye con mampostería llagueada con mortero de cal la fachada principal o norte, con muros ataluzados en su base, cuatro torres semicirculares y puerta de acceso con arco escarzano, a la que se accede a través de un puente sobre un amplio foso, antes levadizo en su último tramo. Todo este frente presenta troneras y merlones construidos con ladrillo. 
     También se reconstruyó con el mismo material algunas partes de los muros este y oeste, se levantó una gran batería para la artillería sobre las estructuras anteriores que cierran el recinto por la zona sur y se edificó la coracha.
     El material que prima a lo largo de esta impresionante obra defensiva es la piedra y el tapial; sin embargo, aunque escasamente, también se utiliza el ladrillo. El sistema de construcción va a ser la mampostería, donde la piedra apenas aparece labrada. El ladrillo se utiliza para las zonas más importantes del edificio y tiene claras connotaciones árabes. 
     Algunas partes del edificio se rematan con almenas piramidales. 
     Las primeras noticias históricas se remontan a la época griega y luego a la cartaginesa, recibiendo el nombre de Manoba Sexi Armun. 
     Durante la dominación musulmana por los reyes de Granada vivió una época de apogeo, afirmándose que estos guardaban sus tesoros en la fortaleza, para mayor seguridad. Tras la entrega de Baza, la plaza fue entregada a los Reyes Católicos en 1489.
     Durante la guerra de las Alpujarras, Aben Aboó lo atacó infructuosamente. Con el reinado de Carlos V se realizó una gran torre de cuadrada planta denominada "La Mazmorra", que dominaba el puerto y la ciudad. Con el s. XIX y la guerra de la Independencia, el edificio sufrió grandes destrozos y llegando a ser prácticamente desmantelado por los franceses.
     El abandono sufrido durante el siglo XIX hizo que pasase a convertirse en cementerio local. Se declaró Monumento Nacional en 1931. Se iniciaron labores de restauración para devolverle su antigua imagen. En la actualidad, es propiedad municipal y alberga el Museo Histórico de la ciudad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Del antiguo Castillo de San Miguel sólo se conservan algunas atalayas junto a la costa y restos de murallas en algunas casas del casco antiguo, así como arcos, aljibes y otras construcciones.
     Sede del museo de la ciudad de Almuñécar (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de San Sebastián.-

     Es de planta casi cuadrada, con una portada de arco de medio punto flanqueado por pilastras lisas y coronado por frontón triangular sencillo que la cobija. Su elemento de mayor originalidad es la cúpula que la cubre, que queda trasdosada, pareciendo más morabito islámico que ermita cristiana. Aunque de fundación muy antigua, el actual edificio no debe ser anterior al XVIII (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La ermita es de planta casi cuadrada, con una portada de arco de medio punto flanqueado por pilastras lisas y coronado por un frontón triangular sencillo que la cobija. Su elemento de mayor originalidad es la cúpula que la cubre, que queda trasdosada, pareciendo más morabito islámico que ermita cristiana.
     Aunque la fundación es muy antigua, el actual edificio no debe ser anterior al siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Arquitectura civil y militar.-
     Almuñécar conserva diversos edificios y restos urbanos que nos hablan de una ciudad de cierta importancia en la Edad Moderna. De estos res­tos se pueden identificar el antiguo Hospital, la placa del antiguo Pósito, de 1606, un pilar con escudo e inscripción de 1559, y alguna casona antigua; también la que fue portada del convento de Mínimos fundado en 1582. Por toda la línea costera se pueden contemplar las típicas torres atalayas o torres almenaras de vigilancia, desde la más antigua, de Velilla, de tiempos islámicos, hasta las más monumentales, las llamadas de pezuña de época de Carlos III, o el fortín de La Herradura.
     Aparte de los testimonios citados, su casco antiguo es un espacio de especial valor pintoresco, con sus calles laberínticas y empinadas cuestas, las cuales ofrecen un claro contraste con las modernas infraestructuras turísticas e instalaciones recreativas del Almuñécar más reciente (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
Castillo de La Herradura.- Es un típico fuerte de los levantados para la defensa de la costa del reino de Granada en la segunda mitad del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III.
     Consta de un recinto rectangular con fachada principal de Herradura, orientada al Norte, torres semicirculares en los ángulos Noreste y Noroeste, disponiendo en el Sur de una gran batería semicircular para la artillería, de menor altura que el resto del edificio. Todo está construido con muros ataluzados de mampostería con llagueados de mortero de cal. 
     Rematando el talud se sitúa una moldura de ladrillos aplantillado, sobre la que monta un peto, enlucido y de gran altura, con troneras alargadas, quizás de construcción francesa, siendo de menor altura en la terraza de la batería.
     Su interior dispone de un gran patio central, alrededor del cual se distribuyen las habitaciones, cubiertas por bóvedas de ladrillo, para la guarnición. En el lateral derecho del patio se sitúa una alberca, quizás antiguo aljibe, mientras que en el ángulo Sureste arranca la escalera que sube a la terraza que ocupa toda la superficie del edificio. A la batería se accede por un hueco de paso existente entre la escalera y la alberca. Su interior, con forma de anillo semicircular, pudo usarse como almacén de municiones.
     De los dos extremos de la herradura de la fachada principal partían sendos muros que formaban originalmente un foso ante la puerta, hoy desaparecido y relleno de tierra, quedando en el hueco de acceso el rehundido del paramento para el encaje del puente levadizo y los agujeros de los mecanismos con los que se accionaban.
     Su denominación original era "Batería para 4 cañones de La Herradura", ejecutándose según proyecto tipo redactado en 1765 por el ingeniero José Crame, habiéndose finalizado en el año 1771. Esta defensa quiso evitar los desembarcos piratas de la Ensenada de la Herradura y asegurar el trabajo de los labradores y pescadores del lugar, ya que era muy buena para corsarios, debido a sus profundos fondos y desdoblamiento. Durante la Guerra de Independencia fue atacada por los franceses. Posteriormente, fue tomado por el alcalde de Otívar y sus guerrilleros, que se habían convertido en punta de lanza de la oposición a la invasión napoleónica. Ocupado por el Cuerpo de Carabineros y después por la Guardia Civil hasta el año 2002. 
     El Ayuntamiento de Almuñécar, después de adquirir el castillo, firmó un convenio de colaboración con el CSIC en 2005 para su restauración con un uso cultural. Las obras se ejecutaron entre los año 2007-2011, con la participación de un equipo multidisciplinar integrado por arquitectos, arqueólogos, restauradores, arquitectos técnicos y un experto en caracterización de materiales.
Torre del Diablo.- Torre atalaya costera de las levantadas en la segunda mitad del siglo XVIII. Tiene figura troncocónica y planta circular, de 8.45 metros de diámetro. Está construida sobre una plataforma de nivelación con revellín aparente, ejecutada con mampostería de piedras de tamaño mediano, formando hiladas y enlucidas exteriormente. El hueco de acceso al interior de las estancias está orientado al Norte y situado a 7 metros de altura. Las jambas, el arco de medio punto, la bóveda interior y las molduras son de ladrillo. La planta interior dispone de cuatro troneras. Tiene una altura de 10.50 metros. 
     Probablemente se construyó sobre el año 1766 al objeto de sustituir a la que había al lado, la Torre de Enmedio, que era medieval. Su plantilla estaba constituida por 1 cabo de torres y dos torreros y a partir del año 1839 la ocupaban los carabineros.
Torre del Granizo.- Torre de planta cuadrada, de 5,20 metros de lado, de la que sólo queda la parte inferior, que es maciza, no sabiéndose exactamente cómo sería la parte superior, ya que sólo queda un trozo. Su obra es de mampostería. Parece que estaba enlucida. No hay cantería en las esquinas de la torre. Es una de las que marcan la diferencia respecto a sus vecinas, por su planta cuadrada, similar a la torre del homenaje del Castillo de San Miguel de Almuñécar. Comenzó a perder importancia a finales del siglo XVIII con las construcción del Fortín de Velilla, hasta el punto de quedar totalmente abandonada. Su estado de conservación es bastante bueno. Tiene un agujero al Sureste, a la altura de la puerta, correspondiendo con el hueco de la chimenea, donde más débil es el muro.
     Los árabes utilizarían esta construcción presumiblemente para vigilar algún poblado de pescadores cercano a la zona llamada Velilla-Taramay. Más tarde, ya con los reyes Católicos, fue abandonada, debido a que desde ella no se podía hacer enlace con la torre de la Punta de Velilla.
Torre de la Punta de la Mona.- Torre atalaya costera de época andalusí. Tiene forma troncocónica y planta circular, de 8.70 metros de diámetro. Su altura es de 10.50 metros. 
     Se levanta sobre una plataforma de nivelación de mampostería con zarpa aparente. Está construida con muros de mampostería de piedras bien careadas, rejuntadas y con verdugadas de ladrillo. El aparejo consiste en intercalar una verdugada de ladrillo cada cuatro hiladas de mampuestos, menos en la primera que hay cinco y en la última que tiene seis. La moldura de remate del talud y la albardilla del peto se ejecutan con ladrillo aplantillado.
     Como es habitual en estas torres, dispone de dos habitaciones, accediéndose desde el exterior por la superior. Dicho hueco de puerta se sitúa al Norte. Las salas disponen de las partes habituales, apreciándose las cuatro troneras en la parte inferior. 
     Próximo a la torre hay un aljibe cuyo uso debió estar relacionado con ellas. La torre fue restaurada en 1990 para albergar el faro, en donde se le añadió una linterna de banconcillo metálico y una escaleta exterior para acceso a 7,5 metros de altura. Su ubicación y altura focal de 140 metros le hacen ser un buen balcón sobre el Mediterráneo, presentando un mirador en su base, permitiendo observar buena parte de la costa de la provincia de Málaga y el cabo Sacratif.
     Una inspección realizada a la zona en 1567 por el maestre de campo Antonio Moreno revela ya la existencia de una torre a la que denominaban de La Rábita.
     La torre actual se trata de una construcción moderna erigida sobre la anterior, en virtud de la aplicación del Reglamento de 1764. Tras su construcción, se reformó entre 1767 y 1773. No albergó piezas de artillería y llegaron a estar a su cargo hasta 3 torreros.
     A mediados del siglo XIX perdió su uso, no volviéndose a ser utilizada hasta finales del siglo XX, siendo convertida en faro en 1992.
Torre de Taramay.- Torre que corresponde al tipo de pezuña o de herradura, estando formado en planta por un semicírculo al Sur (de radio 7.75 metros en planta baja y 5.75 metros en planta de terraza), a la que se prolongan dos elementos cuadrangulares de forma irregular, en las esquinas noreste y noroeste. Toda la planta se incluye en casi un cuadrado de 15.50 metros de lado. Su altura de suelo a suelo indicado es de 11 metros, a la que habría que sumarle la del peto de la terraza, de 80 centímetros, lo que significa un talud de 2 metros de esa altura. Está construido con gruesos muros ataluzados de mampostería, empleando el ladrillo en las esquinas y en los jambeados de las ventanas y troneras. El paso del muro en talud con el peto vertical se resuelve mediante una moldura en medio bocel, de cantería. No conserva resto alguno de enfoscado en sus paramentos.
     El acceso a la torre se hacía por una puerta situada en el lateral interior de la torre añadida al Noroeste, a una altura de 5.50 metros del nivel de la planta baja. Por ella se entraba a un pequeño espacio desde el que partía la escalera que bajaba a la primera planta, teniendo enfrente una pequeña habitación rectangular destinada al cuerpo de guardia. Cada espacio dispone de dos troneras.
     La planta primera, de forma semicircular, y una superficie útil de 33 metros cuadrados, se cubre con una semibóveda rebajada de ladrillo. Tiene dos ventanas dispuestas al este y oeste, chimenea centrada en el muro norte y dos alacenas a los lados de aquella. En la parte Este de ese muro está la escalera de subida a la azotea, embutida en la torre noreste. A mitad de su desarrollo tiene un pequeño rellano con dos troneras para defensa de la puerta de accesos a la torre. La salida a la terraza estaría cubierta por una garita. La azotea, de planta igual a la descrita, dispone de un pavimento de mortero muy rico en cal sobre encachado de piedra, rematando el borde con un parapeto de 1 metro de espesor, coronado por un alfeizar de ladrillo aplantillado con pendiente hacia el exterior. Desde la planta primera, continuando la escalera por la que se accede a ésta desde la terraza se llega a la planta baja. Con la misma forma y superficie útil que la anterior, esta planta se cubre con una semibóveda muy rebajada de ladrillo. Bajo la torre orientada al Noreste, dispone de una habitación rectangular, de medidas 3.20 x 2.60 metros, quedando entre las dos un espacio triangular que se cierra con u muro semicircular. La clave de las dos semibóvedas se encuentra taladrada con el objeto de subir la munición hasta la terraza desde la planta baja, en el caso de que estuviese aquí el almacén, o subir agua hasta la primera si se usase ésta como aljibe.
     El hecho de que sea una propiedad particular, hace que se hayan ejecutado obras de reforma para adaptarla a una vivienda veraniega. Así se la ha abierto un  hueco de acceso distinto, debajo del original que se usa de ventana, dando a la meseta intermedia de la escalera que desciende  a planta baja. En la primera planta se le ha abierto un gran ventanal en la parte Sur, dando al mar. Se encuentra al final de la playa de Velilla, concretamente en un saliente hacia el mar situado en el extremo este del paseo marítimo de Almuñécar. 
     Es un modelo de torre que se repitió en muchos sitios a partir de 1764, tanto en sus dimensiones como en su estructura. Su función era la de defender con fuego rasante el puerto y las calas adyacentes de levante y la plata de poniente hasta la Punta de Velilla. Llegó a tener dos cañones que se llevaron los ingleses, aliados de España en la guerra contra los franceses.
Torre de Velilla.- Torre atalaya costera de forma troncocónica, sensiblemente ataluzada y de planta circular, de 7,50 metros de diámetro. 
     Está construida con mampostería de piedras de mediano tamaño y enlucido de mortero rico en cal. Conserva su altura completa con unos 12 metros.
     El hueco de acceso a la habitación interior se sitúa al Norte, a 7 metros de altura, conservando un arco de medio punto y las jambas de ladrillo y el matacán de piedra. Dispone de una tronera al sur. Tiene completos en peto de la terraza y el murete sobre los canes de la defensa de la buharda.
 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Acueducto Romano.-
     El acueducto romano de Sexi contó con una longitud de 7 kilómetros aproximadamente desde el sitio conocido como las Angosturas, punto final de la captación, hasta los depósitos terminales en la ciudad. El agua transportada provenía del acuífero del río Verde y era recogida a través de una galería de infiltración que afloraba a la superficie en el sitio conocido como la Fuente de los Granados. Al finalizar la galería de captación subválvea, el agua era conducida a la ciudad por canales abovedados que operaban en régimen de lámina libre siguiendo las curvas de nivel del terreno, algunas veces casi superficial y otras enterrada a unos cuantos metros. Se hizo uso de dispositivos especiales tipo subtructiones y arcuationes para salvar depresiones cuando se consideró necesario, cuatro de estos últimos han sido estudiados en detalle por su monumentalidad. También se sabe que contó con un túnel que permitía el paso de la canalización de la cuenca del río Verde y a la del río Seco. La parte final de la conducción terminaba con un sifón invertido de 1 kilómetro de longitud realizado con tubos cerámicos y que posiblemente tenía un dispositivo de rotura de presión columnaria en su parte final. 
     Parte de la antigua canalización ha seguido en funcionamiento hasta nuestros días como acequia para el riego de la rica vega sexitana, razón que explica la conservación de gran parte de sus elementos extraurbanos y que lo convierte en el acueducto romano mejor conservado de Andalucía.
     Los cuatro acueductos que componen el conjunto, el de Torrecuevas y los denominados tramos I, II y III, en dirección aguas abajo del Río Seco, constituyen una obra de gran unidad. Presentan dos tipos de arcos: uno con luz normal de 4'90 metros y otro con luz reducida de 2'80 metros. Los pilares de sección cuadrada miden 1'80 por 1'80 metros y, cuando su altura rebasa los 5 metros, lo que aproximadamente supone el triple de la dimensión transversal, se enlazan entre sí mediante la intercalación de un segundo cuerpo en la zona inferior. Esta conducción encuentra semejanzas estilísticas con la de Baelo Claudia, especialmente en los arquillos de aligeramiento en los pilares, detalle poco frecuente en los acueductos romanos. Fernández Casado los fecha en el siglo I d.C., por lo que al de Almuñécar se le podría dar una cronología similar.
     El primer estudio realizado sobre el trazado del acueducto es obra del ingeniero Carlos Fernández Casado, quien publicó en 1949 en el Archivo Español de Arqueología un artículo en el que describía y analizaba los restos conservados del mismo, apuntando ya la necesaria existencia de un sistema de sifón inverso para permitir que el agua salvara la vaguada que se extiende a los pies de las colinas sobre las cuales se asentó Almuñécar en época antigua.
     Una segunda propuesta fue la presentada por Antonio Tovar Sabio y Tomás Camero Uclés como Proyecto de Fin de Carrera en la década de los 80, bajo el título «Conducción romana de Sexi», donde se describen los restos conservados en ese momento del acueducto.
     En el año 2000 vio la luz el último estudio sobre la conducción con una nueva propuesta de trazado, obra de Federico Molina Fajardo, arqueólogo municipal de Almuñécar durante dos décadas, y que recogió en su análisis los datos arrojados por las excavaciones llevadas a cabo en el municipio. Como nueva aportación se encuentra la excavación llevada a cabo en lo que tanto Torres Balbás como Fernández Casado identificaron con el castellum aquae, los restos conocidos como Cueva de los Siete Palacios; hipótesis que descartó al no aparecer rastro alguno de mortero hidráulico en la construcción. También describe los restos arqueológicos exhumados en las diferentes campañas de excavación realizadas en la zona de La Carrera, concretamente el venter del sifón, cuya existencia ya se apuntara en los años cuarenta del siglo XX (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construido en el siglo I d.C. es, junto a la fábrica de salazones, la mayor obra y la mejor conservada de las legadas por la cultura romana a Almuñécar.
     Abastecía de agua a la ciudad romana de Sexi, antigua Almuñécar. Fue utilizado posteriormente en el sistema de acequias árabe. Y en la actualidad alguno de sus tramos es aún utilizado por el sistema de regadíos tradicional.
     Se mantienen en pie cinco tramos del acueducto, lo que lo convierten en el mejor preservado de Andalucía: el de Torrecuevas, los tramos denominados I, II, III y el tramo de la Carrera de la Concepción en dirección aguas abajo del río Seco. El tramo a la vista de mayor altura se encuentra junto al cauce del río Verde, a la altura del barrio de Torrecuevas.
     Los manantiales que lo surtían estaban localizados en la zona de La Angostura, en el Río Verde, cerca de Jete. Allí se situaba el castellum acquae o depósito distribuidor de las aguas, suponiéndose su ubicación en el área más alta de ésta. Aparte de los tramos de acequias conservados aún en uso y de canalizaciones subterráneas, se conocían varios sectores en que la conducción se servía de acueductos para salvar la orografía del terreno (Diputación Provincial de Granada).

Columbario Romano de la Torre del Monje, o de Antoniano Rufo.-
     Sobre una planta cuadrada, de aproximadamente 4 metros de lado al exterior y 2,500 metros al interior, se levantan los restos de tres de los cuatro muros de cerramiento. El cuarto, orientado al sur, hoy totalmente desaparecido, era sin duda en el que se situaba el accesos al interior. De los otros tres paños quedan en pie gran parte del orientado al Oeste y una pequeña porción del paño norte, formando esquina con aquel. Del paño Este sólo queda una cuña de 70 a 80 centímetros de altura en su lado mayor, y de 10 a 20 centímetros, en el menor.
     Al interior los nichos están dispuestos en tres filas de a tres, sobre la fábrica de los muros Este y Oeste. Están formados por pequeñas dovelas de piedra casi sin labrar, conservándose casi íntegramente, en el muro Oeste, siete de los nueve nichos que originalmente disponía, mientras que el Este sólo conserva uno y el arranque de los otros dos de la primera fila.
     El muro Norte, conserva el arranque de un arco o bóveda de pequeño fondo enfrentado, como si de un altar se tratara, al acceso. Al pie del mismo se conserva la base o escalón construido en sillarejo, donde se alojan cuatro agujeros de unos 25 centímetros de diámetro, para depositar urnas cinerarias.
     Es de destacar que el muro Oeste, en su coronación y en la arista de intersección con el muro Norte, presenta una clara inflexión que hace pensar en la posibilidad de que el columbario estuviera cubierto con una bóveda de medio punto, o por una arista similar a las de la Cueva de Siete Palacios.
     La obra es de sillarejo irregular unido con mortero.
     Su construcción corresponde a un periodo de intensa romanización en el que continúa vigente el rito de incineración y en el que las estructuras sociales permiten la edificación de enterramientos suntuarios familiares. Se construiría entre finales del siglo I d. C. y principios del II d. C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se construyó a finales del siglo I a.C. En una loma sobre la vertiente este del río Verde se encuentran sus restos. En su interior se encuentran tres filas de nichos formados por pequeñas dovelas de piedra casi sin labrar (Diputación Provincial de Granada).

Fábrica Romana de Salazones.-
     Restos estructurales correspondientes a la factoría de salazones de la ciudad de Sexi. De ella proceden abundantes materiales cerámicos, monedas y artes de pesca. Si bien la construcción data de época romana, su excavación documentó una ocupación del lugar desde el siglo VII a.C. La factoría se asienta en el interior del casco urbano de Almuñécar, dentro del parque El Majuelo, limitando al este con la ladera del Cerro de San Miguel y al oeste con la Avenida General Galindo.
     La factoría de El Majuelo debió estar rodeada por un muro romano cuyos restos aún la recorren al pie de la colina. 
     También se puede apreciar lo que pudo ser la puerta de acceso, o al menos una de ellas, situada al Noreste del conjunto, conservándose en la actualidad una rampa con restos de escalones originales, adosada a la fachada sur del edificio público, que pudo pertenecer a un templo dedicado a la diosa Minerva, ya que al lado apareció la escultura de dicha diosa.
     Como resultado de varias excavaciones, se ha podido constatar que esta factoría paso por cuatro fases o remodelaciones a lo largo de su funcionamiento, en torno a ocho siglos.
En esta factoría se pueden distinguir tres zonas con distintas funciones: 
     Al sur se sitúa la zona de dependencias que viene caracterizada fundamentalmente por la presencia de un muro que cierra el conjunto de cara al mar. Aquí, la primera fase está formada por un conjunto pequeño de cuatro piletas sobre el que se eleva el muro de cierre que corresponde a la segunda fase. La esquina de la primera pileta es aprovechada para levantar el contrafuerte 1 del muro de cierre. El siguiente se eleva sobre la pared Este de la pileta contigua. Estos contrafuertes van jalonando el cierre a lo largo de su recorrido y han sido enumerados del 1 al 17 en sentido Oeste - Este. 
     Cabe mencionar una escalera que arranca en el extremo Norte del muro Oeste, de lo que pudo ser la entrada sur, de tres peldaños que acceden a un plano superior
     Estas piletas parece que se conforman como conjuntos delimitados por muros internos, aunque es posible que la función de estos muros no fuera de separación sino de soporte para techumbres que las protegiera del exterior.
     La técnica constructiva es la habitual,  a ras de tierra, con muros de contención para una mayor resistencia ante la presión ejercida una vez llenas y recubiertas de mortero que las impermeabilice en su mayoría bien conservado.
     Hay que añadir aquí la presencia de dos cisterna de cubierta abovedada, abertura superior cuadrada y cavidad interior rectangular. La existencia de cisternas para el almacenamiento de agua dulce en este tipo de factorías es algo lógico.
     Hay una rampa que conserva restos de escalinata formada por bloques de piedra calcárea adosada a un gran edificio que se supone debe ser  un templo dedicado a la diosa Minerva. Dicha escalinata ponía en contacto la factoría con la ciudad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En Almuñécar se conservan los restos de una antigua fábrica romana de salazones, industria en la que basó esta localidad su economía entre los siglos V y IV a.C. Sus restos se encuentran en el Parque Botánico El Majuelo.
     De la actividad de la Factoría de Salazones de la Sexi romana, en la que se elaboraba el valioso garum -especie de paté realizado con vísceras de pescado– que se exportaba a todo el Imperio, se tiene constancia ya en el s. IV a.C., pero su apogeo se produciría en los ss. I y II d.C.
     Aunque actualmente parte de ella se encuentra enterrada bajo el Parque Botánico-Arqueológico El Majuelo, puede contemplarse una amplia extensión de las piletas de salazón y estructuras excavadas en los años 70 y 80 (Diputación Provincial de Granada).

Necrópolis fenicia Puente de Noy.-
     Se sitúa al Oeste del río Seco, en una zona donde ya se habían iniciado algunas construcciones, en la colina del Instituto de Enseñanza media, a unos 500 metros al Noreste de la necrópolis Laurita. 
     Fue descubierta por un profesor del Instituto, quién excavó tres tumbas en 1979. Este descubrimiento alentó a Federico Molina a programar una excavación sistemática de la necrópolis.
     En 1979 Molina inició su primera campaña en la conocida como zona A, donde se había proyectado la construcción de una instalación deportiva. La segunda campaña consistió en un sondeo en la zona B. En 1980 se practicó una excavación de urgencia en la zona C, en la parte baja de un montículo, donde existía un proyecto de inminente construcción. En los meses de julio y agosto de 1980 se realizó la tercera campaña, ampliando el sondeo de la zona B, dirigida por C. Huertas (F. Molina y otros, 1982). En total se excavaron en la necrópolis de Puente de Noy un centenar y medio de tumbas púnicas de inhumación, aunque su número debe ser notablemente superior, habiendo quedado enterrada bajo las construcciones posteriores gran parte de la necrópolis.
     La tipología de las tumbas de Puente de Noy es variada, habiéndose dividido en ocho tipos. 
     El tipo I es de hoyo, los tipos II-VI de fosa, comprendiendo variantes con cistas, el tipo VII de cámara y el tipo VIII, de la tumba E-1, es de gran pozo de cámara).
     La cronología de la necrópolis se inicia a finales del s. VII con la gran tumba E-1, cuyo gran pozo de planta de tendencia rectangular mide 5,60 metros por 5,20 metros, con una profundidad de 7,50 metros, excavado en la roca, con escalinata circundante. En el lado septentrional del fondo del pozo se abre una cámara de planta trapezoidal de 3,45 metros de ancha, por 1,90 metros de profunda y 1,60 metros de alta, con entrada de muro de sillería. Su rito es de inhumación individual, siendo su ajuar cerámico más expresivo un ánfora de tipo torpedo con hombros carenados, análoga a la nº 632 de la tumba de cámara 4 de Trayamar, fechada en la segunda mitad del s. VII, y otra de tendencia ovoide, troncocónica, hombros carenados y pequeño cuello cilíndrico, análoga a la del nº 547 de la tumba 1 de Trayamar (H. Schubart y H. G. Niemeyer, 1976), frecuente en el Cerro del Villar (A. Arribas y O. Arteaga, 1975) e igualmente de la segunda mitad del s. VII. A esta misma cronología corresponden tres platos de barniz rojo con anchura de bordes entre 5 y 7,7 cm de esta tumba E-1 de Puente de Noy.
     La tumba, excavada en 1981 (F. Molina y C. Huertas, 1983), estaba totalmente saqueada, y en su relleno aparecieron numerosos fragmentos de cerámica fenicia correspondiente a platos y copas o cuencos, como residuos de ritos funerarios de simposio o libaciones, y una lucerna griega del s. IV a.C., descontextualizada, usada por los saqueadores de la tumba.
     La tumba E-1 de Puente de Noy reviste un peculiar interés respecto a la necrópolis Laurita. Parece plausible creer que esta tumba fue la sucesora de las más modernas de Laurita, tumbas 1-3 y 17 y especialmente de la tumba 18, de amplio y profundo pozo no utilizado como enterramiento. Quizás se intentó en esta tumba 18 de Laurita construir una amplia cámara para inhumación en vez de un nicho para urna cineraria, pero el duro esquisto del subsuelo del Cerro de San Cristóbal no era propicio para excavar una gran cámara lateral en el fondo del pozo, por lo que se optaría por construir la tumba en otro emplazamiento próximo, en Puente de Noy, a medio kilómetro al Norte-Noroeste de Laurita, donde la geología terciaria y cuaternaria es más blanda y donde el espacio admite una necrópolis más extensa ante una demografía más densa. Por otra parte, la tumba E-1 de Puente de Noy es claro exponente de un profundo cambio social, religioso y funerario de la sociedad sexitana, fenómeno observado igualmente en la tumba de cámara 4 de Trayamar, donde a fines del s. VII la incineración en urna es reemplaza por la inhumación.
     La tumba C-4 es también de inhumación en cámara de sillares, con una anchura de 3,20 metros, altura de 2,20 metros y profundidad de 4 metros, con dromos y nicho, con una superestructura compuesta por dos leones de piedra, como la tumba de Pozo Moro (M. Almagro Gorbea, 1983). Su cronología es inmediatamente posterior a la tumba E-1, dentro del s. VI a.C.
     La cronología general de la necrópolis de Puente de Noy se inicia a fines del s. VII a.C., según ya se ha indicado, como continuación de Laurita, tumbas E-1 y C-4, siendo utilizada intensamente a partir de fines del s. V, en que se impone la tumba púnica de inhumación, prosiguiendo en los siglos IV y III. En el s. II aumenta el número de tumbas, particularmente en la zona B, que van adoptando paulatinamente el rito de la incineración, coexistiendo con el anterior de inhumación y ocupando la parte oriental de la colina en el s. I a.C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Conjunto de tres necrópolis. La de Laurita data de los siglos VIII-VII a.C. y consta de más de 20 sepulcros. La de Velilla es de los siglos VII-VI a.C. La del Puente de Noy se utilizó sin interrupción durante los siglos VII-I a.C. (Diputación Provincial de Granada).

Palacete de La Najarra.-
     El palacete está situado en la confluencia de la calle Bikini y la Avenida de Europa, muy cerca de la playa de San Cristóbal.
     El conjunto tiene su entrada por un lateral cerrado con cerca, producto de la apertura en su día de la Avenida de Europa. 
     La obra se compone de un pabellón neo-islámico, con jardines en su parte delantera.
     El edificio se ordena como un volumen rectangular, de dos plantas de altura, sobre el que avanza un cuerpo más elevado, a modo de torre con cubierta a cuatro aguas. Ello crea en la parte trasera un espacio a modo de terraza, retranqueada entre los dos volúmenes laterales; éstos también adoptan, a su vez, un cierto aspecto de torres, aunque más bajos.
     El edificio está formado por tres cuerpos de planta rectangular, adosados. El volumen central avanza en dirección al jardín, sobresaliendo de la línea de fachada y simulando un torreón. En la parte trasera de la edificación este volumen deja un espacio libre, flanqueado por los dos volúmenes laterales y da lugar a una terraza transitable. Los volúmenes laterales, y debido a este retranqueo del cuerpo central, adquieren un aspecto que los asemeja a pequeñas torretas defensivas. 
     Las fachadas se formalizan adoptando soluciones simétricas y con una ornamentación que entronca con el lenguaje neoalhambrista, proliferan ventanas geminadas con decoración de alfices y zócalos de azulejería. La cerrajería de algunos vanos de la planta baja es de interés. En la fachada trasera destaca un vano de herradura, en el cuerpo inferior y unas ventanas geminadas en el superior. El remate de los cuerpos se realiza con merlones que le otorgan cierto carácter de fortificación. El cuerpo central es el mas ornamentado. Se cubre a cuatro aguas con teja curva, vidriada en verde, azul y blanca que apoya en una cornisa de canecillos.
     En la parte central de la fachada principal se encuentra el acceso al interior del palacete; este acceso se formaliza mediante un gran vano con arco de herradura; sobre este cuatro vanos corridos geminados que hacen las veces de mirador, enmarcados por interesante azulejería.
     Un zaguán de considerables dimensiones actúa como elemento organizador de las dependencias de planta baja y de este zaguán arranca la escalera que conduce a la primera altura. Las paredes de esta estancia se decoran con pinturas murales que representan paisajes árabes y techos de escayola. Al fondo de esta estancia, dos salitas pequeñas, de una de ellas ha desaparecido la decoración. A la derecha, frente a la escalera, y con acceso desde este zaguán, se sitúa un salón de planta rectangular, desde este se accede a otra dependencia que ha sido compartimentada y en la actualidad se utiliza como almacén de la oficina aquí instalada. 
     A la izquierda del zaguán se encuentra un salón con techo de escayola y zócalo. Junto a este, y debajo de las escaleras, un pequeño aseo. 
     El inicio de la escalera queda enmarcado por un amplio arco de herradura con el alfiz decorado con yesería y jambas remarcadas. La escalera se resuelve en tres tramos con rellano intermedio, baranda de madera y zócalo de azulejería. El techo se decora con pintura policromada con motivos geométricos que simulan una armadura de madera. En las paredes abren vanos que iluminan el interior y en la parte alta unos pequeños vanos corridos geminados con los alfices decorados. 
     La dependencia principal de esta primera altura es el salón, que coincide en planta con el zaguán y que se corresponde con el cuerpo que sobresale hacia el jardín; se ornamenta con zócalos de azulejería y escayola en las paredes y techos. 
     Unas puertas de carpintería con sencilla decoración dan salida a la terraza. A ambos lados de este salón se sitúan dos salitas; a una de ellas se accede desde una puerta situada en el rellano en el que desembocan las escaleras, a la otra, desde una puerta situada en el lateral del salón principal. Estas dos salitas carecen de decoración y tan solo las ventanas presentan concesiones ornamentales (ventanas de ajimez con columna de mármol). 
     El jardín se formaliza mediante una trama ortogonal de paseos con interesante empedrado granadino de chino gris y blanco formando baldosas con formato romboidal girado. Entre estas calles se disponen espacios verdes con especies de gran porte, delimitados por ladrillos en triángulos. 
     Las calles del jardín confluyen en algunos puntos donde se ubican fuentes y estanques. Estos son de azulejos cuadrados verdes y blancos con remates de ladrillo a sardinel. La zona central del jardín (frente a la puerta principal de acceso al palacete) queda ocupada por una fuente con forma estrellada, alrededor de la cual se disponen cuatro bancos de ladrillo de cuidada forma. 
     En el extremo de la parcela opuesto al que ocupa el palacete se encuentra una pequeña casita de una altura y volumen torreado que parece hacer las veces de mirador y con cubierta a cuatro aguas de teja árabe.
     Se trata de un palacete construido en el siglo XIX en las afueras de la ciudad. En su origen, por tanto, el edificio tenía un carácter suburbano, enclavado entre huertos. Hoy, sin embargo, está completamente delimitada por calles adyacentes (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     De estilo neoárabe, fue construido a mediados del siglo XIX sobre una casa árabe precedente. Actualmente en él se encuentra la Oficina Municipal de Turismo (Diputación Provincial de Granada).

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