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lunes, 23 de febrero de 2026

El monumento funerario a Luis José Sartorius y Tapia, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el monumento funerario a Luis José Sartorius y Tapia, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.   
     Hoy, 23 de febrero, es el aniversario del fallecimiento (23 de febrero de 1871) de Luis José Sartorius y Tapia, personaje, cuyos restos reposan en el Panteón de Sevillanos Ilustres, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte el monumento funerario a Luis José Sartorius y Tapia, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación [nº 25 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 48 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Laraña, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro que se correspondería en la iglesia de la Anunciación con el del Evangelio, y a continuación del crucero del mismo, se encuentra el monumento funerario de Luís José Sartorius y Tapia, conde de San Luis y vizconde de Priego (1820-1871).
     De madre española, María Joaquina Tapia Sánchez, y padre alemán, Andrés Schneider Trier, joven militar, que emigró a Cádiz tras la derrota en Jena frente al ejército de Napoleón, y que, siguiendo la tradición habitual en Alemania, latinizó el apellido Schneider (Sastre) en Sartorius, nació Luis José Sartorius y Tapia en la isla de León, San Fernando, Cádiz, en 1815, y falleció en Sevilla en 1871.Curso estudios de Filosofía y Leyes en la Universidad de Sevilla, y fue a Madrid para terminar la carrera de abogado e iniciarse en la política. Juan Bravo Murillo lo introdujo en el periodismo, inclinándose un tiempo después Luis José Sartorius por la tendencia moderada. Con el apoyo de Narváez, de la regente María Cristina y del periódico El Heraldo, órgano portavoz del partido Moderado, experimentó Luis José Sartorius una meteórica y controvertida carrera política, que le llevó a ser ministro de Gobernación y Presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Isabel II. En 1853, disolvió las Cámaras y gobernó bajo decreto, lo que provocó la “Vicalvarada”, que dio paso al bienio progresista. Nombrado por la reina conde de San Luis y vizconde de Priego, ejerció también como embajador en Roma. De su labor gubernamental, destaca la reglamentación de la propiedad literaria y regulación de los derechos de autor, y la implantación del sello de correos en España. Tras su muerte, en 1871, fue enterrado en la iglesia de San Lorenzo, y trasladado posteriormente sus restos a la Anunciación.
     Es un monumento al modo de un sepulcro clásico rematado con una sencilla cruz, con una enorme lápida en la parte inferior, y en el que aparece grabado el texto:

R. I. P. A.
AQUI YACEN LOS RESTOS MORTALES DEL EXCMO. SR. D. LUIS JOSÉ SARTORIUS Y TAPIA,
CONDE DE S. LUIS, VIZCONDE DE PRIEGO,
CONDECORADO CON VARIAS GRANDES CRUCES ESPAÑOLAS Y EXTRANGERAS,
PRESIDENTE QUE FUÉ DEL CONSEJO DE MINISTROS, 
DEL CONGRESO DE LAS DIPUTADOS, Y EMBAJADOR EN ROMA.
ORADOR ELOCUENTÍSIMO Y ESTADISTA INSIGNE,
LAS LETRAS HALLARON, EN SU INFATIGABLE ANHELO POR LA VENTURA DE LA PATRIA,
UN PROTECTOR ESCLARECIDO, LA AMISTAD, Y EL MÉRITO UNA MANO GENEROSA,
EL TRONO UN CONSEJERO SABIO QUE NO ADUJO NUNCA NI LE ABANDONÓ EN LA DESGRACIA.
ARDIÓ EN CELO POR LA FE CATÓLICA Y MUY NOBLES ACCIONES ILUSTRARON SU VIDA;
NINGUNA MANCHA LA OSCURECIÓ:
NI ÁUN LA ENVIDIA, ENEMIGA DE SU ALTO ESPÍRITU, LOGRÓ MANCILLARLA,
SUS AMIGOS Y ADMIRADORES CUIDARON DE ERIGIRLE ESTE MONUMENTO PARA HONRAR SU MEMORIA;
Y LA UNIVERSIDAD LITERARIA, DE QUE FUÉ ALUMNO,
LE TRAJO A ESTE TEMPLO, DONDE REPOSAN LAS CENIZAS DE SUS MÁS PRECLAROS HIJOS.
¡ LA LUZ DEL CIELO RESPLANDEZCA ETERNAMENTE EN SU ALMA !
FALLECIÓ EL DÍA 23 DE FEBRERO DE 1871.

Conozcamos mejor la Biografía de Luis José Sartorius y Tapia, personaje que protagoniza el monumento funerario reseñado;
    Luis José Sartorius y Tapia, I Conde de San Luis, I vizconde de Priego. (Isla de León, San Fernando, Cádiz, 19 de marzo de 1815 – Sevilla, 23 de febrero de 1871). Abogado, periodista, político, presidente del Gobierno y ministro.
     Perteneció a una familia aristócrata, destacando su abuelo paterno, el general barón Rossenegg, quien estuvo al servicio del emperador de Austria. Su padre, Andrés Sartorius Trier, nació en Marburgo, ciudad del Hesse-Electoral (Alemania). También fue militar de carrera, alcanzando el grado de coronel a los diecinueve años. Hombre de gran cultura, que además de saber once idiomas, tenía amplios conocimientos de Literatura y había logrado reunir cincuenta y cinco mil volúmenes. Al entrar en guerra Francia y Alemania, a finales del siglo XVIII, buscó asilo en España, fijando en ella su residencia y contrayendo matrimonio con Joaquina de Tapia Sánchez de Oviedo, natural de Puerto Rico, perteneciente a la familia de los marqueses de Castellón. Participó en la Guerra de la Independencia, quedando sordo tras un accidente militar.
     Finalizada la Guerra, en la que no alcanzó grandes ascensos por ser extranjero, en el año 1819 fue nombrado agregado al Estado Mayor en Sevilla, ciudad en la que permaneció hasta su muerte en 1838.
     Del matrimonio formado por Andrés y Joaquina, nació en la Isla de León (hoy, San Fernando) Luis José Sartorius y Tapia. La primera educación la recibió de su padre. Después estudió con los jesuitas Gramática latina y Humanidades. Inició la carrera de Jurisprudencia en la Universidad de Sevilla. A los dieciocho años se inscribió en la Milicia Nacional, siendo durante los primeros años de su juventud rieguista.
     En 1836 se trasladó a Madrid para terminar su carrera de abogado, siendo protegido por Juan Bravo Murillo, quien tuvo un gran ascendiente sobre él y le introdujo en el mundo del periodismo, ofreciéndole colaborar en el periódico La Verdad en el que escribió artículos de costumbres y de crítica literaria. Ese verano, tras conocer los sucesos que condujeron a la sublevación de los sargentos de La Granja (12 de agosto de 1836), y dudoso hacia a qué partido seguir se inclinó por el moderado aconsejado por Bravo Murillo.
     Al incorporarse a La Verdad, Juan Donoso Cortés y Dionisio Alcalá Galiano, este periódico pasó a llamarse El Porvenir, en el que Sartorius siguió colaborando con artículos de costumbres y de crítica literaria.
     Al cerrarse el periódico fundó, con Fernández de la Vega, el Liceo Artístico y Literario de Madrid, sociedad de la que fue nombrado secretario general.
     En 1838 entró como redactor en el periódico El Correo Nacional, cuyo director era el periodista moderado Andrés Borrego —su segundo protector en Madrid—, escribiendo ya artículos políticos y destacándose por su pluma ágil e incisiva. En 1840 Andrés Borrego por motivos políticos, tuvo que abandonar España por lo que nombró a Sartorius director del periódico durante su ausencia. Ocupando este cargo se encontraba cuando tuvieron lugar los sucesos del 1 de septiembre de 1840 que condujeron finalmente a la renuncia de la Regente María Cristina de Borbón.
     Desde el periódico, Sartorius participó activamente en la grave polémica abierta con motivo del exilio de la Reina Gobernadora, entre El Correo Nacional, de ideas moderadas, y su oponente El Eco del Comercio, de ideas progresistas.
     En 1841, Andrés Borrego le hizo copropietario de El Correo Nacional, que Sartorius convirtió al año siguiente, en 1842, en un nuevo periódico: El Heraldo, del que fue director y propietario. Realmente este periódico había sido fundado por Donoso Cortés con el dinero del duque de Riansares (que entonces sólo era Fernando Muñoz, esposo clandestino de la Reina Gobernadora María Cristina), y en él también colaboraba Ríos Rosas; pero un mal entendimiento entre Donoso Cortés, Ríos Rosas y Sartorius, además de problemas económicos, fueron la causa de que este último se quedara con el periódico. Desde El Heraldo, Sartorius combatió con gran éxito a Espartero y a su Gobierno, colaborando activamente desde sus páginas a liquidar la Regencia del duque de la Victoria.
     Inteligente, osado, desenvuelto y dotado de una ambición desmedida, en cinco años, desde que salió en 1836 de su Sevilla natal, Sartorius se convirtió en un prestigioso periodista y un hombre muy influyente a todos los niveles. Por eso en 1843 decidió dedicarse activamente a la política, siendo elegido diputado. A partir de este momento la pluma ágil e incisiva, fue sustituida por la palabra fogosa y contundente en su escaño en el Congreso de los Diputados.
     En una función del Liceo —del que se había hecho socio a los pocos meses de su llegada a Madrid por consejo de Bravo Murillo—, le fue presentado a la reina madre María Cristina de Borbón, comenzando aquí su buena estrella, pues en ella encontró una valiosa protectora lo mismo que en el general Narváez, que fue quien le hizo ministro por primera vez en 1847, ocupando la cartera de Gobernación desde el 4 de octubre de ese año hasta el 19 de octubre de 1849, y volviendo a ocupar la misma cartera, también siendo presidente del Gobierno el general Narváez, desde el 20 de octubre de 1849 hasta el 10 de enero de 1851.
     Su gestión como ministro de la Gobernación —que se vio recompensada por la reina Isabel II, por Real Decreto de 6 de noviembre de 1848, con el título conjunto de conde de San Luis y vizconde de Priego—, fue muy activa: fundó la Escuela de Ingenieros de Montes, fomentó la conservación y aumento del Parque forestal español, organizó el Cuerpo de Policía, proyectó una Ley para los empleados del Ministerio de la Gobernación, de forma que los destinos se lograsen por méritos, evitando así los favoritismos, protegió la Enseñanza Primaria, emprendió el ensanche de la Puerta del Sol de Madrid, la venida de aguas a la capital y la construcción del Teatro Real.
     También reglamentó la propiedad literaria que protegía a los escritores convirtiéndose en un gran mecenas de artistas y literatos.
     Sin embargo, esta gestión positiva quedó totalmente oscurecida por su actuación en las elecciones de 1850 (31 de octubre), en las que favoreció abiertamente a Narváez y sus amigos los ministeriales, obteniendo éstos una mayoría tan abrumadora (Congreso de Familia) que fue la causa de que el Gobierno Narváez se viera violentamente atacado en el Congreso de los Diputados, viéndose obligado Sartorius a dimitir como ministro de la Gobernación.
     Tres años después, el 19 de septiembre de 1853, el conde de San Luis vio cumplido su sueño: agotadas las soluciones Narváez y Bravo Murillo, y tras los Gobiernos del general Roncali y del general Lersundi —dos gobiernos de transición—, fue nombrado por la reina Isabel II, presidente del Gobierno. Tenía treinta años.
     Escéptico ante las ideas, hombre práctico y sin escrúpulos, amante de la riqueza y de la ostentación, imprudente en el manejo de los fondos públicos y con una gran capacidad para cerrar los ojos ante negocios turbios, no dudó en beneficiar con cargos y ventajas a quien le podía proporcionar beneficios económicos o políticos. El caso más escandaloso fue el trazado del ferrocarril de Madrid a Irún, pues la Compañía de Ferrocarriles del Norte indemnizaba 40.000 duros por kilómetro que la vía férrea atravesaba, resultando de ello un trazado arbitrario que a todas luces favorecía los intereses de propietarios influyentes, incluida la Casa Real.
     Esta forma de comportarse fue la causa de que sus enemigos políticos achacasen a su familia un oscuro origen y le llamasen despectivamente a él y a sus seguidores los polacos y la legión polaca y a sus decisiones las polacadas.
     Precisamente este asunto de las concesiones ferroviarias fue el que precipitó su estrepitosa caída y con ella la del Partido moderado, pues fue éste el último Gobierno de este partido, antes de la Revolución de 1854. El Gobierno Sartorius había presentado un Proyecto de Ley confirmando todas las concesiones hechas sobre las nuevas líneas de ferrocarriles y lo había enviado al Congreso de los Diputados, dirigiendo al Senado una súplica para que se inhibiese de tratar este asunto, pendiente de votación en la Cámara Alta.
     El Senado se negó a ello y se produjo la votación (9 de diciembre de 1853), siendo derrotado el Gobierno (sesenta y cinco votos a favor frente a ciento cinco en contra). Al día siguiente de perder la votación, Sartorius disolvió las Cortes y lanzándose decididamente por el camino de la arbitrariedad dictatorial, procedió a desterrar a los generales que más se habían destacado: el marqués del Duero, Infante, José de la Concha, Armero y O’Donnell y a preparar el confinamiento de los generales Zabala, Chacón, Serrano, San Miguel y Manzano, además de destituir de sus puestos en el Tribunal de Guerra y Marina, al barón de Meer, Torre Trasierra, Arteaga y Palafox, Cabrera, Moreno, Van Halen y otros. Además comenzó a gobernar por decreto, labrándose de este modo su desprestigio político, el del Partido moderado y el de la propia Corona.
     Una coalición militar —movida por un deseo unánime de salvaguardar el liberalismo y combatir el absolutismo de los polacos y de quienes en Palacio les apoyaban: la Reina Madre, el Rey consorte y la propia Isabel II—, no escatimó medios ni energía para hacer caer el Gobierno del conde de San Luis. La prensa se unió al sentimiento de los militares publicando, el 29 de diciembre de 1853, un Manifiesto al que se adhirieron en el mes de enero de 1854 escritores y políticos tanto progresistas como moderados. El Gobierno del conde de San Luis reaccionó multando y suprimiendo la prensa, dejando nada más que el periódico oficial, la Gaceta y El Heraldo, su propio periódico. La impopularidad del conde de San Luis adquirió proporciones gigantescas.
     Se empezó a gestar un gran pronunciamiento militar, siendo el alma de éste el general O’Donnell, quien se había logrado ocultar en diversos escondrijos madrileños.
     Ese gran pronunciamiento militar desembocó en la Vicalvarada (30 de junio de 1854) que no sólo derribó el Gobierno del conde de San Luis, sino que puso punto final a la Década Moderada iniciada en 1843, y dio paso a la Revolución de 1854 (17, 18, 19 y 20 de julio) y al Bienio Progresista (1854-1856).
     Iniciada la Revolución, ante el violento cariz que tomaban los acontecimientos, el día 17 de julio de 1854, Luis Sartorius presentó su dimisión a la Reina que la aceptó inmediatamente y encargó de formar nuevo Gobierno al general Fernando Fernández de Córdoba, hasta ese momento director general de Infantería.
     Nada más conocerse la noticia de la dimisión de Sartorius, la reacción de la prensa y de la calle no se hizo esperar. Los madrileños festejaron la caída del conde de San Luis con un grave estallido de violencia popular materializada en el asalto de la casa de Sartorius.
     Cuadros, muebles y otros enseres fueron arrojados por los balcones y después quemados, siguiendo la misma suerte las casas de los ministros Calderón Collantes y Domenech, y las del general conde de Vistahermosa, el banquero Salamanca y el conde de Quinto, así como el Palacio de la Calle de las Rejas, domicilio habitual de la reina madre María Cristina de Borbón y de su familia, que se tuvieron que refugiar en el Palacio Real, mientras el conde de San Luis corrió a hacerlo en la Embajada de Francia.
     Al finalizar el Bienio Progresista en 1856, Sartorius fue nombrado embajador en Roma. A su regreso a España volvió a la política como diputado moderado, siendo presidente del Congreso de los Diputados durante las últimas Cortes de Isabel II. Murió en Sevilla, el 22 de febrero de 1871 y está enterrado en el Panteón de Sevillanos Ilustres.
     El conde de San Luis contrajo matrimonio en Madrid, el 25 de agosto de 1854, con María de los Remedios Chacón y Romero de Cisneros. Tuvieron siete hijos: Isabel, Laura, Leonor, M.ª Concepción, Luis, José y Fernando. Le sucedió en el título su primogénito varón Luis en 1872, y en 1888 su hijo Fernando, que se dedicó a la política como su padre. Militó en el partido conservador y fue embajador de España en Lisboa y posteriormente ocupó la cartera de Abastecimientos, en 1920, en el Gabinete Dato. Desde la legislatura de 1922 fue senador vitalicio hasta su fallecimiento en 1926 (Trinidad Ortuzar Castañer, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Panteón de Sevillanos Ilustres, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 22 de febrero de 2026

Experiencia Explicarte Sevilla, con los Talleres "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla" de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla

     Hoy, domingo 22 de febrero, finaliza la decimocuarta semana de otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para los Talleres Socio-Culturales "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla", de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana, del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollados de lunes a viernes por las mañanas y tardes, y que se iniciaron el pasado 28 de octubre de 2025, con la primera presentación de los mismos.
     Gracias a la empresa Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L., por contar con nosotros para mostrarles, mediante los Talleres Socio-Culturales del Ayuntamiento de Sevilla, parte de la ciudad hispalense, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Nos pusimos manos a la obra, y fuimos ofreciendo distintas rutas a lo largo y ancho de nuestra ciudad, desde el lunes 16 al viernes 20 de febrero.
 
     Los Talleres desarrollados fueron los siguientes:

- 11ª Sesión - Taller 20 "Conocer Sevilla - 6" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 15, de 10 a 13 h.)
        - Ruta del Vía Crucis (desde Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo)
                                          
- 11ª Sesión - Taller 18 "Conocer Sevilla - 4" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 15, de 17 a 20 h.)
        - Ruta del Vía Crucis (desde Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo)
                       
- 12ª Sesión - Taller 15 "Conocer Sevilla - 1" del Distrito Bellavista - La Palmera (martes 16, de 10 a 13 h.)
       - Ruta de la Judería I (desde la Casa de Pilatos hasta la Iglesia de Santa María la Blanca)
                   - Iglesia de Santa María la Blanca
                - Hotel Las Casas de la Judería
                        - barreduela Dos Hermanas
                        - calle Santa María la Blanca
                        - calle Archeros
                        - calle Verde
                        - calle Sanclemente
                - calle Virgen de la Alegría
                - calle San Bartolomé
                - Iglesia de San Bartolomé
                - calle Levíes
                - Palacio de Miguel de Mañara
                - plaza de las Mercedarias
                - Convento de las Mercedarias de San José
                - Convento de las Salesas
                - calle Vidrio
                - calle Cristo del Buen Viaje 

- 13ª Sesión - Taller 49 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (martes 16, de 17 a 20 h.)
        Museo de Bellas Artes           
- 11ª Sesión - Taller 21 "Conocer Sevilla - 7" del Distrito Bellavista - La Palmera (miércoles 17, de 10 a 13 h.)
        - Ruta del Vía Crucis (desde Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo)
               
- 10ª Sesión - Taller 32 "Conocer Sevilla" del Distrito Triana (miércoles 17, de 17 a 20 h.)
        - IAPH (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico) 
        
- 14ª Sesión - Taller 16 "Conocer Sevilla - 2" del Distrito Bellavista - La Palmera (jueves 18, de 10 a 13 h.)
        Donación de Arte Mariano Bellver - Casa Fabiola
                          
- 13ª Sesión - Taller 54 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (jueves 18, de 17 a 20 h.)
       Museo de Bellas Artes               
- 13ª Sesión - Taller 17 "Conocer Sevilla - 3" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 19, de 10 a 13 h.)
        Museo de Bellas Artes                
- 13ª Sesión - Taller 19 "Conocer Sevilla - 5" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 19, de 17 a 20 h.)
        - Convento de San Clemente
        - calle Santa Clara
        - calle San Vicente
                 
     Gracias a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, a los coordinadores de los talleres de los Distritos de Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, y como no podía ser de otra manera a todos y cada unos de los amigos que estoy conociendo gracias a estos talleres, de los que me estoy llevando una inmejorable impresión, puesto que está siendo una relación de amistad, más que de monitor-alumno, y de colaboración y aportación mutua, que sin duda está siendo enriquecedora para todas las partes, y que esperamos que sea duradera en el tiempo. 
     Deseando continuar con dichos talleres porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.















Más Experiencias ExplicArte Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Experiencia Explicarte Sevilla, por la Ruta de la Judería, con la familia Calvo-Judici

     Otra Experiencia ExplicArte Sevilla de la visita organizada para la familia Calvo-Judici, que nos contactó Inmaculada al ser usuaria y amiga del Taller 21 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera del curso 2025-2026, realizando la Ruta de la Judería, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     La ruta, siempre enfocada en los aspectos arquitectónicos, artísticos e históricos, se inició en el Patio de Banderas, continuando por las distintas calles que forman el callejero de los Barrios de Santa Cruz, y de San Bartolomé, por las calles Joaquín Romero Murube (Reales Alcázares), plaza de la Alianza, Rodrigo Caro, plaza de Doña Elvira, Susona, Pimienta, plaza de los Venerables (Hospital de los Venerables Sacerdotes), Justino de Neve, callejón del Agua, plaza de Alfaro, plaza de Santa Cruz, Santa Teresa (Convento de San José del Carmen "Las Teresas", Casa de Murillo), Ximénez de Enciso, barreduela Carlos Alonso (Capilla de la Escuela de Cristo), plazuela del Marqués de la Vega Inclán, Santa María la Blanca (Iglesia de Santa María la Blanca, Hotel Las Casas de la Judería), barreduela Dos Hermanas, Archeros, Verde, Sanclemente, Virgen de la Alegría, San Bartolomé (Iglesia de San Bartolomé), Levíes (Palacio de Miguel de Mañara), plaza de las Mercedarias (Convento de las Mercedarias de San José, y Convento de las Salesas), Vidrio, Cristo del Buen Viaje, San Esteban (Iglesia de San Esteban), y plaza de Pilatos (Casa Pilatos), donde finalizó la ruta. 
     Si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.



Más Experiencias ExplicArte Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La imagen de San Pedro en cátedra, de Montes de Oca, en la Sacristía Alta, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Pedro en cátedra, de Montes de Oca, en la Sacristía Alta, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla
     Hoy 22 de febrero, Fiesta de la Cátedra de San Pedro, apóstol, a quien el Señor dijo: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". En el día en que los romanos acostumbraban a recordar a sus difuntos, se celebra la sede de aquel apóstol, cuyo sepulcro se conserva en el campo Vaticano, y que ha sido llamado a presidir en la caridad a toda la Iglesia [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen de San Pedro en cátedra, de Montes de Oca, en la Sacristía Alta, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.
     La Iglesia Colegial del Divino Salvador [nº 19 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 44 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Salvador, 3 (también tiene acceso por la calle Córdoba, s/n); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En la Iglesia Colegial del Divino Salvador podemos contemplar en la zona de la cabecera, y tras el la Capilla Mayor, la Sacristía Alta, que consta de dos zonas, norte y sur, unidas por un largo pasillo. En todo este recorrido podemos contemplar cuadros, tallas, retablos y objetos de culto de gran valor artístico que constituyen el Museo Colegial, entre los que hay que mencionar la imagen de San Pedro en cátedra, obra de José Montes de Oca, en 1714.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto, Iconografía y Atributos de San Pedro apóstol:
HISTORIA Y LEYENDA

   Pescador en Cafarnaúm, Galilea, en el lago de Genezaret, él y su hermano Andrés fueron los primeros apóstoles reclutados por Jesús.
   Su verdadero nombre era Simón. Recibió de Cristo el mote arameo Kefás (gr.: Petras), para significar que sería la piedra angular de la Iglesia. Su mote ha suplantado por completo a su nombre.
   Su vida se divide en tres períodos muy claros:
     1. Envida  de Jesús, lo acompañó, con los otros discípulos, desde el co­mienzo del ministerio galileo hasta su Prendimiento en el Huerto de los Olivos, luego, después de la Resurrección, hasta la Ascensión. 
     2. Después de la desaparición de su maestro, residió en Jerusalén, donde fue encarcelado por el tetrarca Herodes Agripa.
     3. Luego habría viajado a Roma de la cual fue el primer obispo. Otra vez fue encarcelado y crucificado por orden de Nerón.
     Durante el primer período, la actividad de san Pedro estuvo estrechamente ligada a la de Jesucristo, siguió tras los pasos de éste, por decirlo así. De ahí que hayamos debido remitir a la iconografía del Nuevo Testamento todas las escenas de la Vida de Jesús donde san Pedro tiene algún papel: la Vocación y la Tradición de las llaves, el Lavatorio de los pies y la Santa Cena, el Prendimiento en el Monte de los Olivos, donde corta la oreja de Malco, la Negación, la Transfiguración  y las Apariciones de Galilea. Tampoco volveremos a tratar ciertas escenas posteriores a la Ascensión de Cristo, tales como la Pentecostés y el Tránsito de la Virgen, donde él está, por fuerza. El apostolado y los milagros de san Pedro en Jerusalén y en Roma son los únicos hechos de su leyenda que comportan hagiografía propiamente dicha. Abandonamos por  ello el terreno de los Evangelios para abordar los dominios de los Hechos de los Apóstoles y de la Leyenda Dorada.
     Antes de abordar el estudio del culto y de la iconografía de san Pedro, es menester discernir entre la leyenda y la historia, exponiendo objetivamente las doctrinas contradictorias de los católicos y de los racionalistas, ya protestantes, ya agnósticos.
     Oigamos las dos campanas, porque si debemos creer en un viejo proverbio «Quien oye sólo una campana no oye más que un sonido».
l. La tradición católica
     La actividad de Pedro en Palestina después de la Ascensión de Jesús se ha­bría prolongado hasta el año 44. Fue entonces cuando, después de haber consumado numerosos milagros (Resurrección de Tabita, Curación de los en­fermos con su sombra), habría sido encarcelado por Herodes y liberado por un ángel.
     Según una tradición, venerable por su antigüedad, habría pasado en Roma los veintitrés últimos años de su vida, desde 44 hasta 67. Triunfó contra los sortilegios de Simón el Mago, favorito del emperador Nerón. Preso en la cár­cel Mamertina, se fugó con la complicidad de sus carceleros a quienes había convertido. Dándose a la fuga por temor a las persecuciones, en la Vía Apia se encontró con Cristo con la cruz a cuestas, a quien preguntó: Quo vadis, Domine y éste le respondió: «Voy a Roma para ser crucificado allí otra vez». Pedro, avergonzado por su cobardía, regresó entonces a Roma donde padeció el martirio al mismo tiempo que san Pablo; pero mientras a éste, que era ciudadano romano, lo decapitaron, Pedro, que sólo era un ju­dío, fue crucificado. 
      Los Padres de la Iglesia enseñaban que san Pedro, que no quería  morir de la misma manera que Jesucristo, por humildad había pedido que lo crucificasen cabeza abajo. Se contaba que su cruz había sido levantada inter duas metas, es decir, entre los dos hitos del circo de Nerón. A finales de la Edad Media se creyó que se trataba de los dos hitos antiguos de Rómulo, cerca del Vaticano  (Meta Romuli), y Cestio, en la puerta de San Pablo. Se buscó un sitio intermedio entre estos dos puntos de referencia, y fue así como el martirio se localizó sobre el Janículo, en el lugar donde se levanta la iglesia de San Pietro in Montorio. La disputa entre el Janículo y el Vaticano aún continúa abierta.
   A falta de testimonios que sirvan de prueba de la llegada de san Pedro a Roma, la fecha de ésta y la duración de su estadía, así como acerca del lugar en que se realizó su crucifixión, los defensores de la tradición católica  recurrieron a dos argumentos indirectos: el silencio de las iglesias rivales de Oriente (Palestina o Siria) que nunca reivindicaron las reliquias del Príncipe de los apóstoles y la edificación de la Basílica Constantiniana a orillas del Tíber, sobre la colina del Vaticano.
   1. Si san Pedro estaba muerto y había sido sepultado en Jerusalén, las Iglesias orientales nunca habrían dejado de invocarlo para apoyar sus pretensiones al primado en la Iglesia cristiana. Ahora bien, nunca se produjo ninguna rei­vindicación de ese género.
   2. ¿Se habrían atrevido a construir la Basílica Constantiniana sobre el em­plazamiento de un cementerio, profanando una multitud de tumbas no sólo paganas sino también cristianas si no hubiesen  estado persuadidos de que allí se encontraba la tumba de san Pedro? Esta suposición parece también más inverosímil por cuanto la naturaleza del terreno arcilloso, sobre la ladera de una colina, impuso enormes trabajos de nivelación; se necesitaban poderosas razones para emprenderlos.
     Después de las excavaciones dirigidas por Enrico Josi bajo las grutas del Vaticano, estos argumentos fueron esgrimidos en numerosas oportunidades por G. Carcopino. Según sus propios términos, «las investigaciones de los arqueólogos han confirmado la tradición y puesto fin a las polémicas de los eruditos.  A partir de ahora queda probado que san Pedro fue inhumado  en el Vaticano. Las reliquias del Príncipe de los apóstoles habrían sido trasladadas hacia 258 ad Catacumbas, sobre la Via Apia, pero de vueltas por Constantino al Vaticano en 336».
2. La tesis protestante y racionalista
     La crítica racionalista cuestiona el valor de estos argumentos y la base en que se fundan estas tradiciones.
   Pretende que no se ha probado que san Pedro haya estado en Roma, y que en cualquier caso, la tradición acerca de su cuarto de siglo de episcopado ro­mano no reposa en fundamento histórico alguno.
   El silencio de las Iglesias de Oriente sin duda resulta impresionante, pero el argumentum e silentio del cual se ha abusado con frecuencia, a lo sumo no cons­tituye más que una presunción.
   La verdad es que ningún texto contemporáneo digno de fe menciona   el viaje de san Pedro a Roma. Los Hechos de los Apóstoles (12: 17) nos in­forman, simplemente, que después de haber dejado la prisión de Herodes, Pedro salió, yéndose a otro lugar, sin aclarar cual fuese. Aunque un proverbio
dice que «todos los caminos conducen a Roma» es de desear una información más precisa. Dicho silencio es tanto más sorprendente por cuanto el autor insiste con abundancia (capítulos 27 y 28) en las peripecias del viaje de Pablo a Roma.
   La creencia en que Pedro pasó a orillas del Tíber los últimos años de su vida sólo aparece en los escritos de Ireneo y Tertuliano.
   Y hasta los católicos admiten que las fábulas populares de origen romano no pueden considerarse como pruebas.
   El arqueólogo pontificio Enrico Josi no vacila en calificar él mismo de «leyendas», el encarcelamiento de san Pedro en la cárcel Mamertina, donde habría bautizado a sus carceleros, el duelo con Simón el Mago en presencia del emperador Nerón y el diálogo con Jesucristo con la cruz a cuestas en la Vía Apia (Quo vadis).
   Estos relatos dramáticos o poéticos apuntan a acreditar la apostolicidad de la fundación de la Santa Sede, que no lo está más que la de una multitud de sedes episcopales donde no se vaciló en antidatar la fundación, a veces en muchos siglos, con el objeto de aumentar su prestigio y justificar su primado.
Hasta el mismo hecho de la crucifixión del Príncipe de los apóstoles es dudoso. Se trataría de una falsa interpretación de las palabras: «Extenderás tus manos».
   En cuanto a su localización  en el Janículo, no fue imaginada antes del siglo XV, cuando los franciscanos de Roma quisieron justificar las pretensiones de su iglesia de San Pietro in Montorio, patrocinada por los reyes de España. El teólogo protestante Cullmann consiente en admitir la historicidad de una tardía residencia de san Pedro en Roma. Según dicho autor, el apóstol habría abandonado Jerusalén en 44, dejando al apóstol Santiago como suce­sor y jefe de la comunidad cristiana, para contentarse, como san Pablo, con el papel de misionero. Pero jamás habría ejercido funciones episcopales en la capital de los césares, de manera que los papas no pueden pretenderse sucesores suyos.
   De hecho, san Pedro nunca fue representado con el báculo, atributo episcopal por excelencia.
   Acerca de la duración de su estadía en Roma, reina la misma incertidumbre. En su Dictionnaire d'Archeologie chrétienne, el erudito benedictino Dom Henri Le clerq, admite que si la estadía de san Pedro en Roma es a sus ojos un hecho cierto «suduración no lo es».
   La fecha de su crucifixión sigue siendo problemática, o más bien, puede presumirse que se la hizo coincidir artificialmente con la decapitación de san Pablo, para asociar en la muerte a los dos Príncipes de los apóstoles. Las fechas propuestas son muy variables: 55, 58, 64, 67, tanto como decir que no se sabe nada.
   Si en la Roma del siglo IV se creía que las reliquias de san Pedro habían sido devueltas al Vaticano, sólo se trata de una tradición.
   A falta de textos habría podido esperarse que la arqueología nos deparase la solución del enigma. Desgraciadamente, las excavaciones dirigidas en 1939 y 1949 por Enrico Josi, director del Museo de Letrán y realizadas en el cementerio cristiano sobre el que se edificó la basílica de San Pedro no arrojó los resultados que se esperaban.
   No pusieron a la luz la tumba primitiva del Príncipe de los apóstoles, que se supone destruida por los vándalos. El papa Gregorio Magno la habría reemplazado en el siglo VI por un trofeo cenotafio o memorial: simple monumento conmemorativo que no contiene reliquias.
   Los resultados de las excavaciones vaticanas fueron cuestionados por Charles Delvoye (Latomus, 1954), Amable Audin (Byzantion, 1954), quien concluye que el memorial de san Pedro habría abrigado su púlpito y no su tumba. 
   Si el papa Pío XII hubiera estado convencido que los huesos del Príncipe de los apóstoles habían sido inhumados  efectivamente en las criptas de la basílica vaticana ¿no se habría apresurado a proclamar Urbi et Orbi esta feliz nue­va? ¿Si no lo hizo no fue porque su conciencia escrupulosa se lo prohibió? Para no decepcionar la esperanza de los peregrinos debió contentarse con decretar al fin del Jubileo del Año Santo de 1950, el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, en vez de promover la unión tan deseable de las iglesias cristianas, y aún a riesgo de profundizar las diferencias entre protestantes y católicos.
   En suma, ni las investigaciones arqueológicas ni los textos nos permiten hasta el presente poner fin a un debate que siempre permanece abierto, y agregar así a las afirmaciones de la fe las certezas de la ciencia.
CULTO
   Considerado muy pronto como «el Moisés de la Nueva Ley», san Pedro no es sólo un santo palestino, sino el santo universal por excelencia.
   Además, si en su condición de fundador del papado es el principal personaje de la Iglesia oficial, al mismo tiempo, a título de portero del Paraíso, es un santo eminentemente popular.
Fiestas
   Esta popularidad está probada por el número de sus fiestas que, excepcionalmente, son tres.
   l. Su natalicio, es decir, el aniversario de su muerte, que se celebra el 29 de junio.
  2. La fiesta de San Pedro ad Víncula (Petri Kettenfeier), que conmemora su liberación de la prisión, y se celebra el 1 de agosto.
   3. Finalmente, la fiesta de la Cátedra de san Pedro Apóstol (Cathedra Petri, Petri Stuhlfeier), que conmemora su primado, y que fue fijada el 22 de febrero.
Reliquias
   Roma posee las más preciosas reliquias del Príncipe de los apóstoles: sus llaves (claves), sus cadenas (vincula) y su púlpito (cathedra); pero se trata de reliquias indirectas y no corporales.
   El púlpito que Bernini introdujo en un relicario de suntuosa ejecución barroca se conserva en la basílica de San Pedro, reconstruida en el siglo XVI por Bramante y Miguel Ángel.
   Las cadenas, cuyos eslabones proceden de la cárcel de Jerusalén y de la cárcel Mamertina de Roma y que se habrían soldado milagrosamente, se veneran en la basílica de San Pietro in Vincoli. Una tercera iglesia, San Pietro in Montorio, sobre el Janículo, señalaría el lugar de su martirio.
   Su báculo milagroso, también embutido en una montura (Petrus stabhülle), se conserva en Alemania, en la catedral de Limburg del Lahn. En Venecia, en la iglesia del Redentor, se mostraba el cuchillo que usó el apóstol para cor­tar la oreja de Malco.
Lugares de culto
   En Pavía, Lombardía, debe mencionarse la iglesia romana de San Pietro in Ciel d'Oro, cuyo ábside, como el de la iglesia de la Daurade, en Toulouse, estaba cubierto de mosaicos de esmalte dorado.
   Además de protector de Roma y de Pavía, a san Pedro también se lo consideraba el de Milán, Lucca, Ancona, Orvieto, Nápoles, Calabria y Sicilia. En 1140 el rey Rogerio II de Sicilia, de origen normando, puso bajo su advo­cación la Capilla Palatina de Palermo.
    Francia tiene numerosas iglesias puestas bajo la advocación de san Pedro. Su culto fue difundido por la orden de Cluny, cuya casa matriz, y casi todos los prioratos, comenzando por el de Moissac, estaban consagrados al Príncipe de los apóstoles, primer representante del papado al cual la orden respondía  directamente, por derecho de exención.
     Entre las catedrales góticas que llevan su nombre, basta recordar las de Beauvais, Troyes, Lisieux, Nantes, Poitiers, Angulema y Montpellier. Entre las iglesias abaciales o parroquiales, cabe citar, en París, la antigua capilla de Saint Pierre aux boeufs (Capella Sanct Petri de bobus), cuya  portada decoraba la fachada de la actual Saint Severin; en Sens, la de Saint Pierre le Vif (invko); en Estrasburgo, la de Saint Pierre le Vieux y Saint Pierre le Jeune; en l'ours, la de Saint Pierre le Puellier (Monasterium S.Petri  puellarum) y Saint Pierre des Corps; en Toulouse, la de Saint Pierre des Cuisines; en Normandía, Caen y Jumieges, en las regiones de Poitou, Saintonge, Airvault, Chauvigny y Aulnay. Además, numerosas localidades se bautizaron Dompierre o Dampierre. En España, mencionemos las de San Pedro de las Puellas, en Barcelona y San Pedro el Viejo en Huesca, Aragón.
     En Suiza, la catedral de Ginebra, convertida en el santuario principal  de la Roma protestante, estaba bajo la advocación de San Pierre es Liens (ad Vincula; cast.: encadenado, encarcelado).
   En los Países Bajos, san Pedro era particularmente venerado en Lovaina, Bélgica y Maastricht,  Holanda.
   Antes de la Reforma Inglaterra no era menos devota, a juzgar por la advocación de la abadía de Westminster, y las de las catedrales de Norwich, Exxeter y Peterborough.
   Para acabar con una nomenclatura, muy incompleta ciertamente, mencionemos la célebre abadía de San Pedro de Salzburgo, en Austria, y la Peterkirche de Munich, en Baviera.
Patronazgos de corporaciones
   La popularidad del pescador de Cafarnaúm, convertido en el primero de los papas de Roma, además está probada por el gran número de corporaciones y gremios que reivindican su patronazgo: los pescadores,  pescaderos. co­merciantes de pescado, fabricantes de redes -en conmemoración de la Pesca milagrosa- albañiles -a causa del nombre del primer papa, que es la piedra viviente sobre la cual Cristo ha edificado la Iglesia; los herreros y doradores de metales, a causa de las cadenas de las cuales fue liberado; los cosechadores y cesteros porque se sirven de ligaduras; los cerrajeros, al igual que los relojeros quienes formaban parte de la misma corporación, porque san Pedro posee la llave del Paraíso. 
     No se lo apreciaba menos como santo curador. Se lo invocaba contra la fiebre, los ataques de locura, las picaduras de serpiente. Para curar la rabia, enfer­medad contra  la cual se lo consideraba idóneo porque pusiera en fuga a los perros que lanzara contra él Simón el Mago, se aplicaba, tanto a hombres como a animales, un hierro calentado que se llamaba «llave de san Pedro».
ICONOGRAFÍA
   La iconografía del Príncipe de los apóstoles (Iconografía petriana) es de tal riqueza  que desafía todo intento de enumeración.
l. Figuras
Tipo iconográfico, vestiduras y atributos
l. Tipo.

   San Pedro se caracteriza no sólo por sus atributos sino por su tipo físico que es fácilmente reconocible.
   El arte oriental le atribuyó una cabellera rizada. En Occidente, por el contrario, se lo representa calvo, con sólo un mechón de pelo sobre la frente. La tonsura recuerda que fue el primero de los sacerdotes cristianos.
   Se contaba que los judíos de Antioquía le habían tonsurado la cabeza para escarnecerlo. Tal sería el origen de la tonsura clerical, convertida en un signo de honor, porque según los simbolistas evoca la corona de espinas de Jesucristo. Esta clase de tonsura se denomina tonsura scotica porque fue pues­ta de moda entre los clérigos por los misioneros irlandeses.
   La barba rizada de san Pedro siempre es corta.
2. Vestiduras
   Su indumentaria es muy diferente, según que esté representado como após­tol o como papa.
   En el arte cristiano primitivo, como todos los apóstoles, lleva la toga anti­gua, la cabeza descubierta y los pies descalzos.
   En la Edad Media su indumentaria era la de los papas, sus sucesores. Viste el palio, y a partir del siglo X, está tocado con la tiara cónica o la triple corona (triregnum). Estos ornamentos pontificios se convirtieron en la regla en el siglo XV: «San Pedro estará vestido de papa», se lee en un contrato acordado con un pintor en 1452.
ATRIBUTOS
   Los atributos de san Pedro son excepcionalmente numerosos, y los lleva, ya él mismo, ya los ángeles que lo acompañan; unos le caracterizan como após­tol, otros como papa.
l. El más antiguo y difundido es la llave (clavis), que aparece por primera vez en un mosaico de mediados del siglo V, y que desde entonces se convirtió en su atributo constante. Pedro siempre es clavígero (Petrus claviger coeli).
   A veces la llave es única, pero generalmente hay dos ,una de oro y otra de plata, llaves del cielo y de la tierra que sim­bolizan el poder  de atar y desatar, de absolver y de excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los apóstoles (Tibi daba claves regni coelorum). Dichas llaves están juntas porque el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.
   A causa del pasaje del Evangelio de Mateo acerca de la «Tradición de las llaves», san Pedro, en la creencia popular, se convirtió en el portero del Paraíso (innitor Coeli).
   Cuando el número de llaves es tres, simbolizan el triple poder de san Pedro sobre el cielo, la tierra y el infierno.
2. La barca alude a su primer oficio, pescador, y la pequeña barca de remos, es símbolo de la Iglesia.
3. El pez tiene el mismo significado, salvo que caracteriza no sólo al pescador de peces, sino también al pescador de hombres (Menschertfischer).
4. El gallo posado sobre una columna es el emblema de la negación y de su arrepentimiento. Dicho atributo, muy tardío, se difundió con el arte barro­co del siglo XVIII.
5. Las cadenas recuerdan sus «cárceles», su triple encarcelamiento, en Antioquía, Jerusalén y Roma. La cadena partida simboliza su liberación por un ángel.
6. La cruz invertida evoca su crucifixión cabeza abajo.
7. La cruz de triple crucero, uno más que la de los arzobispos, es la insignia de la dignidad papal.
   A  estos numerosos atributos puede sumarse la imagen de Simón el Mago, padre de los simoníacos, quien le ofreciera dinero para adquirir el don del Espíritu Santo, ya quien el apóstol pisotea. A veces, aunque es muy infre­cuente, derriba al emperador Nerón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de José Montes de Oca, imaginero a quien está atribuida la obra reseñada;
     José Montes de Oca, (¿Sevilla?, c. 1683 – Sevilla, 3 de enero de 1754). Escultor.
     La fecha y lugar de su nacimiento permanecen aún en la incógnita. Parece probable que hubiera nacido en algún lugar de Sevilla hacia 1683, aunque también se ha propuesto un hipotético origen gaditano.
     Sí consta, en este sentido, una estrecha y dilatada relación tanto familiar como laboral con Cádiz, que parte de su propia infancia. Dado que su padre se trasladó en 1684 a América desde esta localidad, puede pensarse que se hubiera trasladado previamente hacia allí junto a su madre y hermanos. No obstante, en la última década del siglo XVII es presumible su aprendizaje en Sevilla en el taller de Pedro Roldán (1624-1699), residiendo en esta ciudad hasta su muerte. La primera etapa de su trayectoria artística es prácticamente desconocida. Debió de independizarse como escultor a principios del siglo XVIII, aunque no se le conocen, por ahora, obras anteriores a 1717. En 1709, contrajo matrimonio con la gaditana Eugenia de Padilla, de cuya unión no nacieron hijos.
     Obras como la Inmaculada de la iglesia de la Conversión de San Pablo de Cádiz (1719) o el grupo de Santa Ana y la Virgen Niña de la parroquia de La Puebla de Cazalla (1726) manifiestan aún fuertes dependencias del estilo roldanesco, aunque se percibe ya en la serena gravedad de los rostros la temprana inspiración en modelos del protobarroco sevillano. La primera de ellas muestra, sin embargo, aún una estrecha conexión con el estilo de Pedro Duque Cornejo (1678-1757), el principal escultor hispalense del momento, con el que se lo vincula trabajando a sus órdenes en la decoración escultórica de la iglesia sevillana de San Luis de los Franceses, para la que realizó la imagen de San Francisco Javier (1725-1730). Sin embargo, lo que caracterizó su estilo fue precisamente su reacción contra las formas plásticas de su época, propias del barroco tardío, a través de la recuperación de los esquemas compositivos y morfológicos propios de Juan Martínez Montañés (1568-1649) y su círculo.
     Junto a ello, se ve una admiración por los modelos manieristas, mostrando su obra cierto gusto por los grabados de Durero. Muy particular será, por ello, el contraste de estas formas escultóricas con su superficie polícroma, claramente dieciochesca en su técnica y motivos, labor en la que colaboró con frecuencia el pintor y dorador hispalense Juan Francisco de Neira.
     Ese estilo montañesino, severo y monumental, aparece plenamente desarrollado a partir de 1728 con el retablo de la Epifanía del Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz, su obra de mayor empeño, donde ejerció, asimismo, su faceta poco conocida de ensamblador.
     De este modo, entraría en una segunda etapa, la más fecunda e importante. Fue en este momento cuando desarrolló principalmente uno de los aspectos más significativos de su producción, el de la imaginería procesional pasionista, donde el naturalismo y dramatismo de Juan de Mesa (1583-1627) fue su principal fuente de inspiración. En este género escultórico fue un autor prolífico y sobresaliente, aunque predominasen aún las piezas atribuidas, siendo una de sus realizaciones más celebradas el grupo de la Piedad de la Cofradía de los Servitas de Sevilla (1730). Enfermo desde 1745, fecha en la que dictó su primer testamento, el inventario póstumo de sus bienes prueba que en sus últimos años de vida hubo una reducción de su actividad artística y ciertas precariedades económicas.
     En tal situación murió en 1754. Su fama, sin embargo, perduraría tras su muerte, hasta el punto de que Ceán Bermúdez lo consideró el último escultor “de mérito que hubo en Sevilla” (José Manuel Moreno Arana, en Biografías de la Real Academia de la Historia).   
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Pedro en cátedra, de Montes de Oca, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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