Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

miércoles, 6 de mayo de 2026

La pintura "San Fernando entrega la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco", de Juan Luis Zambrano, en la Capilla de San Pedro, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Fernando entrega la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco", de Juan Luis Zambrano, en la Capilla de San Pedro, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
        Hoy, 6 de mayo, Solemnidad de San Pedro Nolasco, presbítero, que, según la tradición, junto con San Ramón de Penyafort y el rey Jaime I de Aragón fundó la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para la redención de los cautivos. Se entregó ardientemente, con trabajo y esfuerzo, a procurar la paz  y a liberar del yugo de la esclavitud a los cristianos que habían caído cautivos de los infieles (1258) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].     
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "San Fernando entrega la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco", de Juan Luis Zambrano, en la Capilla de San Pedro, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de San Pedro [nº 055 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Sus patronos eran en 1526 el cardenal Tavera y su hermano, Diego Pardo de Deza, pasando por herencia a los marqueses de Malagón, habiéndose denominado también "de la Cátedra (de San Pedro)" y "del cardenal Deza" por razones, en ambos casos, muy evidentes. Hoy aparece en ella, desde 1884, la tumba del arzobispo Deza, que fue enterrado en el Colegio de Santo Tomás (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     Procedente del convento de la Merced de Sevilla fi­gura en la Catedral un conjunto de cuatro pinturas que narran episodios de la vida de San Pedro Nolasco. Formaban parte de una serie de obras más amplias destinada al claustro chico del convento de la Merced de Sevilla y que había sido comenzada a pintar por Francisco de Zurbarán, quien la dejó incompleta. Estas cuatro pinturas representan La aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco en el coro de los novicios, El milagro de la barca, San Fernando entregando la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco y La muerte de San Pedro Nolasco. En una memoria anónima realizada en 1732, que descubre las obras de arte de dicho convento estas pin­turas se atribuyeron a Francisco Reyna, quien fue dis­cípulo de Zurbarán e imitador de su estilo en el segun­do cuarto del siglo XVII. Sin embargo estas pinturas, al menos una de ellas, pueden ponerse en relación con Juan Luis Zambrano, como veremos más adelante.
     La Aparición de la Virgen de la Merced a San Pe­dro Nolasco en el coro de los novicios narra un episodio de la vida de este santo ocurrido en Barcelona, y en el que la Virgen se le aparece sentada en medio de los frailes novicios que ocupan el coro. La descripción del vestuario de los jóvenes frailes aparece realizada con el realismo y cuidado con que el propio Zurbarán ejecuta estos detalles en sus pinturas. Quizás éste sea el valor técnico más relevante en esta pintura, porque la composición es simple y esquemática, presentando los protagonistas de la escena una sucesión de monótonas expresiones corporales y faciales. Sin embargo en la obra se refleja un sentimiento colectivo de la intimidad espiritual sólo roto por la actitud gesticulante del santo, motivada por el asombro que le ocasiona la inesperada­ presencia de la Virgen.
     El Milagro de la Barca describe el episodio de la vida de San Pedro Nolasco en el que fue abandonado por unos corsarios en una frágil embarcación en medio del Mediterráneo, en el trayecto de Argel a Valencia; lejos de perecer el santo cruzó milagrosamente el mar, sirviéndole de vela su propio manto desplegado. La composición de esta pintura está presidida por la figura majestuosa del Santo, puesto en pie sobre la barca y destacando en él la fuerza expresiva de su rostro y el efecto espectacular del blanco de su hábito, tratado con una gran calidad técnica.
     En la pintura que representa a San Fernando entregando la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco, se narra el momento en que el rey con­quistador, durante el asedio de Sevilla por las tropas cristianas en 1247, entregó al religioso mercedario la citada imagen, al tiempo que le encomienda el rescate los cautivos cristianos caídos en poder de los musulmanes durante la campaña. En esta obra se capta un magnífico conjunto de retratos en las figuras de los caballeros que acompañan a San Fernando, que probablemente son retratos de personajes sevillanos del siglo XVII, benefactores del convento de la Merced. En la actitud de la figura de San Pedro Nolasco se advierte una repetición casi exacta de la figura del mismo pintada por Francisco de Zurbarán, también en el claustro chico de este convento, en el cuadro que representa "La aparición de San Pedro Apóstol a San Pedro Nolasco" que se conserva actualmente en el Museo del Prado. Al fondo de esta pintura de la catedral se observa un fondo de paisaje urbano en el que aparecen las murallas de Sevilla, de las que sobresale una torre identificable con el alminar de la Mezquita.
     En La Muerte de San Pedro Nolasco aparecen en la parte inferior izquierda de la pintura restos de una firma que en principio hemos interpretado como perte­neciente a Juan de Zurbarán, hijo de Francisco de Zurbarán, puesto que parecía lógico que hubiese intervenido en la terminación de una serie inacabada por su padre. Pero una reciente restauración de esta pintura ha puesto al descubierto varios rasgos más de la firma fragmentaria que permiten ajustarlos al nombre de Juan Luis Zambrano, artista nacido en Córdoba en fecha desconocida y muerto en Sevilla en 1639. De este artista no se conoce obra alguna de su período de acti­vidad sevillana que al menos se prolongó durante los diez últimos años de su vida. La atribución que ahora sugerimos puede apoyarse en la proximidad de las fisonomías de los personajes que aparecen en esta pin­tura con los que figuran en el Martirio de San Esteban que firmado por Zambrano se conserva en la catedral de Córdoba.
     Sin negar la posibilidad de que la Memoria anónima de las pinturas del Convento de la Merced, antes citada, pudiera tener razón a la hora de atribuir estas pinturas a Francisco Reyna, habrá que precisar en todo caso que pudieran ser de este artista las tres obras mencionadas anteriormente pero nunca la Muerte de San Pedro Nolasco, puesto que la firma fragmentaria que conserva no se corresponde con las letras que integran el nombre y el apellido de Francisco Reyna y sí encajan al menos con el de Juan Luis Zambrano.
     Independientemente de la problemática que plantea la autoría de esta pintura puede advertirse que en ella la figura del Santo repite la actitud de San Buenaven­tura en el episodio de su muerte que Zurbarán pintó para el convento de dicho santo en Sevilla, obra que actualmente se conserva en el Museo del Louvre. Asi­mismo en la figura del fraile que aparece leyendo en el centro de la composición se repite la actitud de Fray Pedro Machado en la pintura también de Zurbarán realizada para el convento de la Merced de Sevilla y que actualmente se conserva en la Academia de San Fernando de Madrid.
     Como comentario final a este conjunto de obras puede señalarse que por su estilo puede fecharse hacia 1635 y que en él se advierte una gran influencia de Francisco de Zurbarán, lo que hace pensar que fueron pintadas bajo su supervisión y también que se utiliza­sen esquemas compositivos dados por él mismo (Enrique Valdivieso, La Pintura en la Catedral de Sevilla siglos XVII al XX, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
     Esta obra, de Juan Luis Zambrano realizada hacia 1635, en óleo sobre lienzo y con unas medidas de 1'67 x 2'12 mts., representa el episodio de la vida del santo en que el Rey San Fernando, durante el asedio de la ciudad de Sevilla por las tropas cristianas en 1247, le encomienda a San Pedro Nolasco el rescate de los cautivos caídos en poder de los musulmanes durante la campaña, a la vez que le hace entrega de una imagen de la Virgen de la Merced.
     Es posiblemente el conjunto de personajes que asisten a la escena, una galería de retratos de importantes benefactores de la orden en la Sevilla del siglo XVII.
     Puede considerarse como la pieza más interesante de la serie, sobre todo por la relación expresiva que muestran sus personajes: a un lado el Rey con los grandes señores, y al otro los frailes; figuras todas ellas muy bien descritas y resueltas, siguiendo en este caso más que en ningún otro la estética y el estilo zurbaranescos, siendo en concreto la figura del santo una copia casi literal de una obra del maestro hoy conservada en el Museo del Prado: "La aparición de San Pedro Apóstol a San Pedro Nolasco".
     Al fondo de la escena, entre las tiendas militares puede apreciarse un interesante contorno de la ciudad, con su alminar almohade.
     Este lienzo participa, como otros muchos de este tipo, de la política de propaganda y autoprestigio que la propia orden mercedaria emprendiera en Sevilla, como orden histórica en la ciudad, a raíz de la Contrarreforma (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Pedro Nolasco, presbítero:
   Santo franco español, cofundador de la orden de Nuestra Señora de la Merced o de los mercedarios (De Mercede Redemptionis Captivorum), para la liberación de los cristianos cautivos de los piratas berberiscos.
   Nació en Carcasona o Saint Papoul hacia 1182, participó en la cruzada contra los albigenses, luego se puso al servicio del rey Jaime I de Aragón. Con la colaboración del maestro general de los dominicos, San Ramón de Penyafort, fundó la orden de la Merced, cuyo convento más importante estaba en Sevilla. El rey le habría ofrecido una mezquita para que instalase un convento en ella. Viajó varias veces a África para rescatar cautivos.
   Murió en Barcelona en 1256 durante la Nochebuena (in der Christnacht). Según la leyenda, cuando estaba viejo y enfermo habría sido llevado en brazos por dos ángeles hasta el pie del altar, para recibir la Extremaunción, y luego devuelto a su celda.
   Su patrón, San Pedro, se le había aparecido crucificado cabeza abajo, tema que se conoce por el nombre de Aparición de San Pedro Apóstol crucificado cabeza abajo a San Pedro Nolasco.
   Su canonización se pronunció varios siglos después de su muerte, en 1628, por eso su iconografía data del siglo XVII.
ICONOGRAFÍA
   Está representado con el hábito blanco de su orden, con el escudo de Aragón sobre el pecho. Sus atributos son las cadenas rotas, que aluden a los cautivos redimidos, un estandarte con las armas de Aragón, una cruz de doble travesaño y una rama de olivo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Pedro Nolasco, presbítero:
     San Pedro Nolasco (Mas Saintes Puelles, condado de Toulouse -Francia-, c. 1180 – ¿Barcelona?, 6 de mayo de 1245). Mercader y fundador de la Orden Redentora de la Merced (OdeM), santo.
     Desde los siglos XV y XVI, tanto en autores no mercedarios, como en los mercedarios, es unánime la afirmación de que Pedro Nolasco nació en Mas Saintes Puelles, obispado de San Papoul (ya desde el siglo XIV), donde existía desde antiguo, y todavía existe hoy, como monumento, un monasterio benedictino, en el condado de Toulouse. El pequeño pueblo del nacimiento de Pedro Nolasco está muy cerca del actual Castelnaudary y de San Papoul, santo local, en la Galia Narbonense, más cercano a Carcasonne que a Toulouse, a cuyo condado pertenecía, sin que dependiera entonces del Reino de Francia.
     Se pueden citar los autores más representativos de la tradición escrita desde los siglos XV al XX empezando por los mercedarios y siguiendo por los de fuera de la Orden. Entre los primeros destacan: Nadal Gaver, que recoge la tradición del siglo XII al XV e insiste en que es de origen de allende los Pirineos; le siguen Pedro Cijar (1446); Gaspar de Torres (1565), Zumel (General, 1593), Guimerán (1591), Latomy, Vargas, Remón y Gabriel Téllez: todos autores mercedarios, cuya tradición persiste hasta hoy. Fuera de la Merced hay que citar a: Carbonell (1546), Beuter (1571), Gómez Miedes (1582), Juan de Mariana (1592), Francisco Diago (1599-1601), Francisco Peña (1601) Illescas (1606), Peña, Bzowski (1616), Catel (1623), Corbera (1629), Spondanus (1641), Bolandistas (1643), Rinaldi (1646), Tamayo y Salazar (1651-1659); Fleury (1719), Hélyot (1721), Van Hecke (1853) y Dossat (1978), etc. Es, pues, constante la afirmación escrita sobre el lugar de su nacimiento.
     Debió de ser probablemente hijo único, pues no quedó descendencia ninguna en Mas Saintes Puelles, una vez que falleció su padre, y Nolasco se trasladó como mercader (“mercator optimus” le llama Cijar, en oposición al “mercator pessimus” del discípulo Judas, que vendió a su maestro). La hipótesis más probable es que la familia debió de ser originaria de Italia —dado que este apellido Nolasco no es ni francés, ni catalán, ni español, pues no existe más que un caso único parecido en el Archivo de la Corona de Aragón, cuyo origen se desconoce, de “O’Nolasch”—, además de no coincidir exactamente tampoco. En el sur de Italia existen los Nolas (san Paulino de Nola, que redimió cautivos, es un caso bien conocido). Y, como suelen emigrar al norte, por ser más rico, allí prolifera la toponimia —asco (Bergamasco, por ejemplo)—.
     De modo que un Nola, fácilmente se convierte, en el correr de los años, en “Nolasco”.
     Mas de Saintes Puelles (Carcassonne/Albi/Toulouse) sería el lugar de paso, estableciéndose sus padres en dicho lugar ciertos años. Allí nació Pedro Nolasco, hacia finales del siglo XIII; y, fallecido su padre, su vocación de mercader le llevó a trasladarse a Barcelona, capital, por lo demás, con la que tenían en aquel tiempo enormes relaciones comerciales con esos pueblos de la Galia narbonense. Los catalanes conquistaron Montpellier y llegaron a las puertas de Carcasonne.
     Justamente en Montpellier el conde de Monfort tuvo consigo, en su torre, al niño Jaume hasta que él falleció; y el joven, que estaba llamado a ser Rey de Aragón, con sede en Barcelona —después de residir unos diez meses en Carcasonne— fue llevado a Barcelona.
     Cabe preguntarse: ¿dónde conoció Pedro Nolasco al joven Jaime el “conqueridor”, en Montpeller o en Barcelona? Posiblemente le visitara en Montpellier, manifestándole ya su deseo de fundar una Orden, con su ayuda posterior, cuando ya fuese Rey, para la redención de los cautivos cristianos.
     Raimundo de Peñafort que nunca fue canónigo de la Catedral barcelonesa —aunque se afirme lo contrario, por ejemplo, en el actual “breviario dominico”—, sino que era un sabio, cuyo magisterio requerían tanto el Papa como los abades de los monasterios catalanes, no tuvo directamente tampoco ninguna acción en el acto fundacional de la Orden de la Merced en la Catedral románica de Barcelona. Sí lo tuvieron el joven rey Jaime I de Aragón y el obispo Palou de dicha Catedral. Ellos dieron el escudo a Pedro Nolasco y al grupito de laicos que fueron investidos con el hábito —túnica, escapulario, capilla y capa blancas, de lana—, y dicho emblema consiste en una cruz blanca sobre fondo rojo, en la parte de arriba: era la cruz de la Catedral barcelonesa de la Santa Cruz; y en la parte inferior, el Rey entrega los cuatro palos rojos de su Reino sobre fondo amarillo. Es todavía hoy el escudo de la Orden de la Merced. Sirvió como una especie de salvoconducto a la hora de las relaciones con los mahometanos, para tramitar la libertad y redención de los cristianos cautivos en su poder.
     Nolasco recibió oficialmente la confirmación de su Orden diez años antes de fallecer, al recibir la bula, breve, pero definitiva, del papa Gregorio IX, Devotionis vestrae, dada en Perusa el 17 de enero de 1235. No se alude aquí, como tampoco en las primitivas Constituciones, al un tiempo pretendido aspecto “militar” de la Merced, que no existió a mi juicio. Por lo demás, en ningún archivo oficial aparece la Orden de la Merced entre las Órdenes Militares existentes en el pasado.
     Este carisma fundacional de redimir cautivos, junto con el “cuarto voto” de quedar en rehenes, si fuere necesario, para salvar la fe de los cautivos lo llevaron a la práctica los frailes redentores de la Merced: laicos durante el siglo XIII (1218-1317); y, desde esa fecha, los clérigos, y algunos laicos, hasta vísperas de la Revolución Francesa.
     Actualmente, cada provincia organiza actividades posibles y urgentes para cumplir con su carisma liberador en estas “nuevas formas de cautividad” que sufre el mundo y la sociedad del siglo XXI. La provincia de Castilla, por ejemplo, tiene una “Casa de acogida de exiliados menores de edad” y varios pisos, con una comunidad que convive con ellos, en la zona madrileña de Ventas. También, en la misión de Camerún, lleva a cabo una obra de liberación misionera, que debe atender a las necesidades más perentorias de la vida. Así se evitan muertes innecesarias, se lleva a cabo la caridad, en ocasiones en grado heroico, y siempre con gran sentido humanitario.
     Pedro Nolasco organizó su actividad redentora, primero solo, gastando su dinero de comerciante. Más tarde, comprendió que necesitaba la ayuda de otros compañeros que aceptasen seguir su ejemplo. Con ellos —probablemente formaban parte ya de “Asociaciones de redención” en torno a la iglesia de Santa María del Mar, hoy templo gótico, no lejos de la Basílica de la Merced, construida junto al mar, en unos terrenos donados por un tal Plegamáns; y ampliada en el siglo XVIII— redimió y acabó fundando la Orden de Santa María de la Merced para liberar cautivos cristianos.
     El antiguo convento es actual Capitanía General de Barcelona, y la basílica está en poder del arzobispado, sin que haya medio de que se devuelva a la Orden.
     La actual basílica fue edificada a base del sacrifico de los frailes de la Merced de Barcelona, a principios del siglo XVIII, para acoger ampliamente a los fieles, y llegaron incluso a vender las dovelas góticas para poder darle acabamiento. En la etapa de la “exclaustración”, el obispado llevó la imagen a la catedral, y solicitó a Roma la “coronación canónica”. También pusieron ellos la imagen de la cúpula.
     En vida de Nolasco eran ya bastantes los conventos fundados en Cataluña, sur de Francia, Aragón y Castilla. No se olvide que Fernando III, el Santo, contemporáneo de Jaime I de Aragón, conquistó Sevilla, y entregó ya unas casitas de mahometanos a los mercedarios del Reino de Castilla. Desde entonces, desde los mismos orígenes, existe ya la que sería provincia de Castilla, que comprendía el resto de España. Ella es la que envió todo el personal al Nuevo Mundo, en donde actualmente existen seis provincias autónomas contando la última constituida en Brasil con personal nativo, Chile, Argentina, Perú, Ecuador y México. Y lo hace con el gozo con que antaño (1585) dio origen a la provincia de Andalucía, desde el Guadiana hacia abajo. Castilla ayudó a nacer todos los conventos de monjas mercedarias de clausura, después del Concilio de Trento. También dio origen a las “Recolecciones”, en España y América, y a la Descalcez Mercedaria, existente actualmente. Aragón desempeñó su actividad en Cataluña, Aragón, Valencia, las Baleares y Cagliari, hoy de la provincia Romana.
     La obra de Nolasco tuvo también “Órdenes Terceras”, y actualmente la llamada “Familia mercedaria” desarrolla una actividad de ayuda a nuestras misiones: de Castilla, Aragón y Chile. También existen “Caballeros de la Merced”: en Madrid, El Puig de Valencia y Roma (deben de quedar algunos en Bretaña, Francia).
     La devoción a María de la Merced está muy viva en el Nuevo Mundo y es patrona de Barcelona y de Jerez de la Frontera, en España. Donde hay conventos mercedarios, masculinos y femeninos, se cultiva esta devoción a un título tan teológico y lleno de connotaciones liberadoras.
     Pedro Nolasco falleció el 6 de mayo de 1245, probablemente en Barcelona (“Documento de Arguines”, Valencia, de dicho año), fue canonizado en noviembre de 1628 y al año siguiente se hicieron grandes festejos en todas las ciudades, villas y pueblos, donde existía la Merced, entonces vitalmente pujante. Las “Justas literarias” de san Pedro Nolasco en Madrid, las editó el maestro fray Alonso Remón, encargándole a Lope de Vega una comedia, que fue representada, y se conserva entre sus obras. Junto a él se canonizó asimismo a san Ramón Nonato, nombrado cardenal, y fallecido antes de recibir el capelo cardenalicio en 1338.
     Los grandes predicadores del XVII, el jesuita Vieira, en la iglesia de San Luis del Marañón (Brasil), y Bossuet, el excelso predicador francés, en la iglesia de la Merced del Marais (París), con ocasión del culto público y universal de san Pedro Nolasco, predicaron sendos sermones ejemplares, modelo de oratoria sagrada, admirados ante su obra de caridad extrema al servicio de los más humillados de su tiempo, privados de libertad, que malvivían en las mazmorras y baños del norte de África. Se calcula que la Orden Mercedaria redimió a unos setenta mil cautivos, uno a uno, a precio de rescate, con entrega generosa, imitando al fundador (Luis Vázquez Fernández, OdeM, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan Luis Zambrano, autor de la obra reseñada;
     Juan Luis Zambrano. (Córdoba, 13 de febrero de 1598 baut. – Sevilla, 1639). Pintor.
     Se sabe que nació en Córdoba en 1598, ya que el día 13 de febrero de este año era bautizado en la iglesia parroquial de El Sagrario y que fueron sus padres Álvaro Sánchez y Juana Gómez. De la infancia del pintor apenas se sabe algo, y menos de su formación y aprendizaje; Palomino, Ceán Bermúdez, González de Guevara lo hacen discípulo de Pablo de Céspedes, opinión que hoy no es aceptada, ya que cuando muere el ilustre racionero, en 1608, Zambrano apenas tenía diez años de edad lo que hace desechar una relación directa de aprendizaje.
     Más admisible es sospechar que, muerto Céspedes y carente la ciudad de grandes maestros, marche a Sevilla, en busca de cauces nuevos y posibilidades más amplias que las que le ofrecían en su ciudad natal y que allí entrara en contacto con los más prestigiosos artistas que por entonces —primeras décadas del siglo XVII—, destacaban en el campo de la pintura, tales como Francisco Pacheco, Juan de las Roelas, Francisco de Herrera El Viejo. Son precisamente las huellas que en la obra de Zambrano se advierten —procedentes tanto del estilo de Roelas como de Herrera— lo que lleva a afirmar la realidad de ciertos contactos establecidos con la Escuela Sevillana, sin poder precisar si fueron de forma directa o a través del conocimiento de sus producciones pictóricas.
     Sea lo que fuere, parece admisible pensar que Juan Luis Zambrano, ávido de aprender cosas nuevas, y atraído por la fama y el esplendor de la ciudad hispalense, marchara a esta ciudad como había hecho Mohedano y más tarde haría Antonio del Castillo. Es imposible precisar qué relación tuvo el pintor con Sevilla ni qué años de su juventud pasó allí; lo que hoy se sabe es que murió en esta ciudad e incluso se le atribuye producción que antes fue considerada zurbaranesca.
     Se ignora en qué año casó Zambrano con Juana Espejo, como tampoco se sabe con certeza los hijos que tuvieron, sólo se sabe el nacimiento de un hijo, el día 11 de abril de 1633, llamado Gabriel.
     Entre 1624 y 1634, Zambrano aparece afincado otra vez en Córdoba, donde existe constancia documental de muy variada índole, pues estaba, bien arrendando unas casas, bien siendo testigo y principal fiador de la viuda de Agustín del Castillo con quien mantiene una buena amistad o concertando alguna que otra obra. Así pues, el 10 de marzo de 1627 concertó con Alonso de los Ríos la realización de una serie de catorce cuadros de frutas por los que debía cobrar 400 reales. Si fue o no su primer contrato, no se sabe. Más es fácil pensar, dada la amplitud de lo contratado y las condiciones de los mismos, que debió ser de sus primeros encargos, ya que se aluden a otras pinturas de las que se desconoce si fueron realizadas o no por Zambrano. Desgraciadamente, se ignora el paradero de estas obras.
     Más interesante es el encargo que le hace Juan Chamizo Garrido, ministril de la Catedral de Córdoba, quien el día 5 de abril de 1630 concertó diecisiete cuadros en lienzo con las historias de Jasón y de Abraham por los que debía percibir 1600 reales. Probablemente, a uno de estos lienzos se refería Palomino cuando escribía que había visto “en la Corte, en poder de un aficionado, el Sacrificio de Abraham figura del natural, cosa excelente, y estaba firmado así: Juan Luis Zambrano faciebat, año 1636”. Nada se sabe de la suerte acaecida a estos lienzos.
     A estas obras conocidas documentalmente hay que añadir otras realizaciones seguras del artista, aunque no documentadas, como son El martirio de san Esteban de la Catedral y David con la cabeza de Goliat del Museo de Bellas Artes, ambos en Córdoba, mencionados por Palomino y Ramírez de Arellano respectivamente. El martirio de san Esteban se conserva en la capilla de la que es titular en el muro norte de la Catedral, está sin firmar ni existe documentación acerca de su concertación pero el análisis pormenorizado de la obra evidencia las características del maestro así como su conocimiento de la escuela sevillana del primer cuarto del XVII, y en especial de Juan de las Roelas. Debió concertarla hacia 1630 ya que la capilla fue fundada por Fernando de Soto en 1627. Por las mismas fechas, realizó David con la cabeza de Goliat del Museo de Bellas Artes de Córdoba, destacando su fuerte modelado y el gusto por lo grande.
     Mientras trabajaba en estas composiciones, se llevó a cabo la remodelación de la iglesia del Convento cordobés de San Agustín, obra que patrocina fray Pedro de Góngora y Angulo, quien fue prior de la comunidad en varias ocasiones, acometiendo la remodelación del coro y de la iglesia en su segundo mandato, de 1617 a 1620. Tradicionalmente se han venido atribuyendo la decoración pictórica del templo a Cristóbal Vela, sin que hasta el momento haya aparecido un documento que verifique la atribución que hizo Palomino. Por otra parte, en la biografía que Acisclo Antonio Palomino hace de Zambrano pondera la participación de éste en la iglesia de los agustinos, resaltando “unas vírgenes de medio cuerpo, Santa Flora y María, mártires de Córdoba, mayores que el natural, que están en los lunetos sobre el coro de la iglesia de los padres agustinos de dicha ciudad, hechas con manera gallarda y espirituosa: por cuya causa, dicen, se descompuso con Cristóbal Vela, autor de aquella obra y no prosiguió en ella”. Las frases de Palomino pueden ser simplemente una anécdota para poner de manifiesto la superioridad de la obra de Zambrano sobre la de Vela pero es significativo que las pinturas de la bóveda contrastan enormemente con el resto del conjunto pictórico de la iglesia; basándose en ello y en el análisis formal de las composiciones que la decoran —seis secuencias que desarrollan pasajes del Credo y los lunetos con las figuras de santas vírgenes, entre las que se incluyen algunas de Córdoba—, se ha atribuido todo el conjunto de la bóveda central a Zambrano.
     Los temas están pintados al óleo directamente sobre el yeso y la composición es la misma en todos los registros: la parte inferior está ocupada por un versículo del Credo escrito en dos cartelas sostenidas por ángeles. A los lados, de rodillas, dos apóstoles y en el centro, la persona de la Santísima Trinidad que aparece citada en el versículo correspondiente. El tratamiento dado a las figuras coincide con el desarrollado por el maestro en el lienzo del Martirio de san Esteban, representando a los personajes con gran verismo y fuerte modelado. Las mismas características se aprecian en las pinturas de los lunetos. Las santas mártires están representadas de medio cuerpo, vestidas a la usanza de la época y portando cada una sus atributos más significativos; además, cada una de ellas aparece identificada por su nombre, escrito en una cartela. Esta obra estaba terminada para 1633 como consta en una inscripción que hay a la entrada de la puerta interior del templo.
     Terminada su labor para los agustinos, de nuevo recala en Sevilla; han pasado algunos años desde que estuviera en la ciudad y, sin duda alguna, las modas y formas de pintar están cambiando; son los años en que empiezan a sonar los nombres de Diego Velázquez, Alonso Cano, Francisco de Zurbarán... Zambrano se incorpora a esta nueva escuela hispalense, pero sigue manteniendo contactos con su ciudad natal.
     Fruto de este contacto es el Ángel de la Guarda que hoy luce en el Museo Diocesano de Córdoba, obra significativa y de gran importancia dentro de la producción del maestro, ya que evidencia un cambio con respecto a sus composiciones anteriores. En ella, la técnica del dibujo es precisa y escultórica, el colorido claro y la pasta del color poco densa. La pieza refleja ecos de las grandes composiciones de Miguel Ángel, tanto en el tratamiento espacial y cromático cuanto en el concepto monumental y hercúleo de las figuras. Con cierta probabilidad, este lienzo pudo ser el que narra Palomino en su biografía y que vio en el Colegio de Santa Catalina de la Compañía de Jesús y “alabó como cosa excelente [...] y mayor que el natural”.
     También realizó las pinturas del retablo mayor del Convento de Santa María de Gracia de Córdoba, del cual hoy sólo conocemos La Anunciación, obra que se conserva en el actual Convento de Santa María de Gracia de esta ciudad. Está documentada por una carta de pago fechada en 1639, según la cual el administrador del convento, Juan Agudo Castroviejo justificaba la cantidad de 200 reales que había pagado a Juana de Espejo, viuda de Juan Luis Zambrano, pintor, “por razón de lo que este convento le debía de la pintura del retablo de esta iglesia”. Hoy sólo se tienen noticias de esta composición que ocupaba el registro central del retablo, los laterales también estaban cubiertos con pinturas pero de ellas no se tienen noticias de su paradero, circunstancia que hace más apreciable esta composición. Es un lienzo de grandes dimensiones que muestra ciertos rasgos de raigambre manierista y, a su vez, anuncia las grandes composiciones del barroco.
     La Anunciación presenta un sencillo esquema compositivo. El ángel aparece de perfil a la derecha, mientras que la Virgen, a la izquierda, arrodillada en un reclinatorio sobre el que descansa un libro abierto, gesticula ante las palabras del ángel. En el suelo algunos detalles naturalistas, tales como el cesto de mimbre con telas y tijeras, y el jarrón con las azucenas, forma tradicional del representar el símbolo. Por otra parte, Zambrano utiliza un recurso esencialmente barroco, al representar a san Gabriel flotando sobre una nube de querubes, si bien su deseo de indicar el origen celestial del ángel se ve traicionado por la maciza corporeidad y sobria monumentalidad de éste. Los cielos han quedado confinados a la zona superior, en la que se describe una Gloria en la que figura la paloma del Espíritu Santo en medio de una aureola de luz, alrededor de la cual aparecen ángeles; unos contemplando la escena, otros interpretando música, en las más variadas y complicadas posiciones.
     La relación de esta obra con el Martirio de San Esteban en la Catedral cordobesa es evidente, sobre todo en el rompimiento en gloria y en la forma de colocar los ángeles en escorzos violentos. Ambas obras muestran una clara vinculación con la escuela sevillana pero Zambrano no emplea las formas blandas utilizadas por Roelas, prefiriendo el modelado más fuerte y el gusto por lo grande de Herrera.
     No se conoce la obra pictórica de Zambrano en la capital hispalense; según Ramírez de Arellano pintó varias composiciones para la iglesia de San Bartolomé y para la escalera principal del Convento de San Basilio, de las que no se tienen noticias. Hoy se le atribuyen varios lienzos de la vida de san Pedro Nolasco para la Merced Calzada de Sevilla, hechos en colaboración con Zurbarán, y actualmente depositados en la Catedral hispalense.
     Fue uno de los maestros más interesantes de la pintura manierista cordobesa, en el que el dibujo vigoroso y los trazos fuertes característicos de esta escuela quedan matizados por un conocimiento profundo de la escuela sevillana del momento. Murió en Sevilla en 1639 (María de los Ángeles Raya Raya, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Fernando entrega la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco", de Juan Luis Zambrano, en la Capilla de San Pedro, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Capilla de San Pedro de la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

martes, 5 de mayo de 2026

El sitio arqueológico Arenal Bajo, en Écija (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Arenal Bajo, en Écija (Sevilla).  
     Elementos constructivos en un área de 1400 metros cuadrados. El lugar se halla dentro de de una llanura extensa que comienza en el Madrefuentes y llega por el sur hasta la Sierra de Osuna.
     Nos hallamos ante un asentamiento romano de nueva planta, de origen en la 2ª mitad del s. I d. C. Presenta unos materiales ricos, propios de haber tenido una pars urbana, a la vez que unos materiales cerámicos que presentan una actividad ininterrumpida hasta la 2ª mitad del s. V (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Arenal Bajo, en Écija (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la localidad de Écija (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

Un paseo por la calle Tintes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Tintes, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Tintes es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de las calles San Esteban, Mosqueta, y Puerta de Carmona, a la plaza de Zurradores.
     La calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde San Esteban a Armenta era conocida como Tintes, al menos desde 1613, por la presencia de este tipo de actividad artesanal. El corto tramo comprendido entre la plaza de Zurradores y Armenta se nombraba Postigo del Jabón, al menos desde 1483, por el existente a esta altura de la muralla, y durante todo el s. XVI figura como Arquillo de Clarebout (o Clarevout), por uno que des­cansaba sobre una casa propiedad de dicho título nobiliario, residencia de la propia familia, según Santiago Montoto, o casa de vecinos, según González de León. Ambas explicaciones son posibles, pues no ha sido infrecuente la reutilización de casas señoriales como viviendas de vecinos. En la reforma general del callejero de 1845 este tramo queda incorporado a Tintes, desapareciendo Arquillo de Clarebout del nomenclátor.
     La calle corría paralela al lienzo de la muralla comprendido entre la Puerta de Carmona y el Postigo del Jabón y en sus orígenes la muralla debía de estar exenta por las disposiciones que obligaban a dejar una ronda entre ésta y las primeras edificaciones, pero poco a poco las casas adyacentes fueron ocupando el espacio de la ronda, primero con construcciones temporales, como es el caso de un industrial que solicita levantar un colgadizo de caña, y más tarde per­manentes, de modo que en el plano de Olavide (1771) aparece ocupado todo el espa­cio que originariamente correspondía a la ronda. Por esta razón, al destruirse la muralla entre la Puerta de la Carne y Zurradores, en la medida en que los tramos de la muralla estaban incorporados en algunas viviendas, no fueron demolidos; recientemente, duran­te el tiempo que ha permanecido sin construir un solar, podía verse en su fondo un trozo de la muralla.
     De 1613 consta un acuerdo municipal de empedrarla y ha sido objeto de varios proyectos de ensanche y rectificación de líneas desde 1850 (1850, 1880, l911, 1913, 1916 y 1939), considerados necesarios por el intenso tráfico que registraba. También en 1898 se propone la sustitución de su deteriorado pavimento por otro de adoquines de Gerena, en razón del tránsito de carruajes, aunque no se ejecutaría hasta 1906. Con todo, actualmente continúa siendo una calle de trazado irregular y estrecha, y se halla cerrada al tránsito de vehículos en su mayor parte. Su pavimentación es de asfalto en un corto tramo a principios de la calle, de losetas de cemento hasta la confluencia con Armenta y está adoquinada en el tramo final, abierto al tráfico rodado. El alumbrado eléc­trico fue introducido en 1943 y posee farolas de brazo, tipo gas. En la edificación predominan las casas de escaleras de dos o tres plantas, bastante deterioradas, fechadas entre 1869 y 1941. En algunos casos se ha producido su sustitución por viviendas de pisos de tres y cuatro plantas. En el núm. 24 se conserva una casa de dos plantas y mirador, muy deteriorada y semiderruida.
     Tuvo cierta actividad industrial. En pri­mer lugar, las mismas fábricas de tintes que le dieron nombre; más tarde hay noticias de la existencia de una fábrica de cerveza en 1733, de loza en 1839, e incluso en la tardía fecha de 1858 se instaló en el núm. 7 una fábrica de curtidos de pellejos de cabritos para la fabricación de guantes, lo que motivó las quejas del vecindario por los malos olores que se desprendían. Hoy tiene fundamentalmente una función residencial, si bien posee algunos establecimientos comerciales en el primer tramo, formando parte de la zona comercial de San Esteban y Puerta de Carmona. Romero Murube la ha evocado en Los cielos que perdimos al hablar de los jardines desaparecidos de la ciudad: ''Recuerdo ahora mismo tantos como se ha llevado el mal gusto imperante, o la necesidad constructiva de la época: los del marqués de La Algaba, por la calle Arrayán; los de algunas casas de la calle Tintes" [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Tintes, 6 al 14. Conjunto de fachadas.
Tintes, 9. Al fondo de este solar corre la muralla almorávide de la Ciudad.
Tintes, 13 y 13 acc. Casa de dos plantas, de tipo popular.
Tintes, 21. Casa de dos plantas y fachada rema­tada por buhardilla.
Tintes, 24. Casa de dos plantas y mirador sobre la portada. En el interior posee un patio de columnas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Tintes, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Tintes, al detalle:
Edificio calle Tintes, 6 al 14.
Edificio calle Tintes, 9.
Edificio calle Tintes, 13 y 13 acc.
Edificio calle Tintes, 21.
Edificio calle Tintes, 24.

lunes, 4 de mayo de 2026

La pintura "Finis Gloriae Mundi", de Valdés Leal, en el Sotocoro de la Iglesia de San Jorge, del Hospital de la Caridad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Finis Gloriae Mundi", de Valdés Leal, en el Sotocoro de la Iglesia de San Jorge, del Hospital de la Caridad, de Sevilla.  
     Hoy, 4 de mayo, es el aniversario del bautismo (4 de mayo de 1622) de Juan de Valdés Leal, autor de esta pintura, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Finis Gloriae Mundi", de Valdés Leal, en el Sotocoro de la Iglesia de San Jorge, del Hospital de la Caridad, de Sevilla.
      La Iglesia de San Jorge (Hospital de la Caridad) [nº 9 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 16 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Temprado, 3; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     El impactante interior de la Iglesia de San Jorge presenta una sencilla estructura de una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón y una pequeña bóveda semiesférica. Debe entenderse como un recorrido por la práctica de la caridad cristiana a través de las obras de misericordia, las únicas que salvan al hombre, en un programa ideado por Miguel de Mañara, y puesto en práctica por los mejores artistas sevillanos de la segunda mitad del siglo XVII. El fiel del siglo XVII que accedía al templo se encontraba con un pequeño pórtico ornado con yesería barroca en las que aparecía un texto del Evangelio que hacía referencia a la importancia de las obras: "Venid, benditos de mi padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve preso y me visitasteis...". Inicio de un discurso que se continúa con las pinturas de Valdés Leal (1671-72) situadas en los dos muros de los pies. A la izquierda, In Ictu Oculi, la impactante vanitas en la que la muerte apaga en un golpe de vista la llama de la vida, acabando con todas las glorias mundanas representadas a sus pies: coronas, oropeles, riquezas, libros, armas... En el muro contrario, la visión de una cripta con cadáveres en estado de descomposición, (el de un obispo y el de un caballero de Calatrava), nos indica el fin de la gloria del mundo (Finis Gloriae Mundi). Cucarachas y descomposición, coronadas por la mano de Cristo que sostiene en una balanza los signos de las acciones realizadas por el hombre a lo largo de su vida. Ni más, ni menos. Una nueva llamada a la práctica de las obras de misericordia para alcanzar la salvación (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Juan de Valdés Leal (1622–1690) ingresó como hermano de la Caridad en agosto de 1667. Pone su arte al servicio de la Hermandad a través de una gran diversidad de técnicas artísticas donde muestra su gran genio creador: pinturas sobre lienzo, decoración mural, policromía, escultura e, incluso, la decoración de los libros de protocolos e inventarios. 
     En el bajocoro despliega toda su capacidad expresiva y crudeza visual en dos de sus mejores obras: In ictu oculi y Finis gloriae mundi. Conocidos como los Jeroglíficos de las Postrimerías, las pinturas inciden en la idea de la inminente llegada de la muerte que a todos alcanza, apagando la vida de repente, sin importar las glorias mundanas. La muerte antecede al momento en que el hombre va a ser juzgado según sus actos de virtud o sus vicios, y recompensado o castigado por ello. La muerte es la puerta a la eterna recompensa y, a partir de esa realidad, Mañara mostrará que la práctica de la caridad es el modo de alcanzar la salvación eterna. 
     Más allá de la pintura de caballete, el programa iconográfico a desarrollar por Valdés incluye las pinturas murales de la bóveda y los muros del presbiterio que decora con ángeles, los cuatro evangelistas y varios santos de vocación caritativa. Valdés se ocupa también de la policromía del retablo mayor, obra de espléndida calidad donde el dorado contrasta con las esculturas pintadas y estofadas y se complementa con el gran bajorrelieve del fondo, en el que una escena de gran efecto pictórico acentúa la perspectiva.   
     Una vez fallecido Mañara realiza dos retratos póstumos con la intención de preservar su memoria, así como el encargo del gran cuadro La Exaltación de la santa cruz, llamado también Heraclio entrando en Jerusalén. Su mensaje es que ningún rico entrará en el cielo sin haber practicado la caridad al narrar cómo, al regresar Heraclio, emperador de Bizancio, tras haber rescatado la cruz de Cristo que había sido robada, un ángel le exige entrar en la ciudad sin boato al igual que lo hizo Jesús. 
     Su último trabajo para la Hermandad fue una escultura de la Virgen del Rosario realizada para la enfermería.
     Una débil luz vislumbra el interior de una cripta funeraria donde se acumulan los restos en el pudridero. En primer término, la cruda visión de dos cadáveres en descomposición, un obispo y un caballero de Calatrava como lo fuera Mañara, nos muestra la fragilidad de la vida y los implacables efectos de la muerte. 
     Arriba, la mano llagada de Cristo sopesa las buenas obras frente a los vicios practicados por el hombre durante su vida. Estos son simbolizados en el plato izquierdo de la balanza por diversos animales, mientras que a la derecha, las buenas obras son representadas por instrumentos de penitencia y ayuno, libros de oraciones y un rosario, coronados por el amor de Cristo, simbolizado por el corazón con el anagrama JHS. Las inscripciones «NI MAS» y «NI MENOS», indican que en la vida del hombre debe predominar la virtud y el amor sobre los vicios (Museo de Bellas Artes de Sevilla. Arte y Misericordia. La Santa Caridad de Sevilla).
     Esta pintura, en óleo sobre lienzo, obra barroca de Juan de Valdés Leal (1622-1690), realizada en 1671-72, con unas medidas de 2,20 x 2,16 mts, 
     Formando parte de los Jeroglíficos de las postrimerías, continuando con el mensaje de In ictu oculi, la escena nos muestra el interior de una cripta, donde figuran varios cadáveres en diferentes momentos de descomposición, corroídos por insectos, esperando el Juicio Final. En primer término, abajo a la izquierda, aparece el cadáver de un obispo en un ataúd, revestido de sus ropas litúrgicas, cetro y tiara papal. El cuerpo se encuentra momificado, por donde se mueven gusanos y cucarachas. Bajo éste, la leyenda "Finis Gloriae Mundi", alusivo al mensaje iconográfico de la escena. A su lado, figura el cadáver de un caballero de la Orden de Calatrava, que se ha identificado con el propio Mañara, que quiso anticipar la representación de su propia muerte. En el fondo de la cripta, sumida en la penumbra, un esqueleto, junto a restos de huesos y calaveras. En la parte izquierda, al fondo entre la penumbra, aparece una lechuza y un murciélago, animales relacionados con la sombra de la noche. En el centro del lienzo aparece una directa alusión al juicio de las almas; la mano llagada de Cristo, rodeada de un halo de luz dorada, sujeta una balanza en cuyo plato izquierdo decorado con la leyenda "NI MAS", aparecen los símbolos de los pecados capitales que llevan a la condenación eterna: el perro gruñendo, simboliza la ira; el puerco, la gula; el pavo real, la soberbia. En el plato derecho, con la inscripción "NI MENOS", podemos ver diferentes elementos relacionados con la virtud, la oración y la penitencia, representando las siete obras de caridad. La interpretación del equilibrio de ambas balanzas junto al significado de los rótulos puede definirse como: "ni más pecados son necesarios para la condenación, ni menos virtudes para la salvación".
     Las especificaciones de esta composición vienen reflejadas en el capítulo IV del Discurso de la Verdad, escrito por Miguel Mañara, en el que se cita: "Mira una bóveda entre ella con la consideración y ponte a mirar a tus padres o tu mujer, si la has tenido, a los amigos mira que silencio, no se oye ruido, sólo el roer de las carcomas y gusanos tan sólo se percibe" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan de Valdés Leal, autor de la obra reseñada;  
    Juan de Valdés Leal (Sevilla, 4 de mayo de 1622 [bautismo] – 9 de octubre de 1690), pintor.
     Quien, después de Murillo, es con seguridad la segunda personalidad más importante dentro del ámbito de la pintura barroca sevillana, fue bautizado en Sevilla el 4 de mayo de 1622, hijo de Fernando de Nisa, noble portugués, y de Antonia de Valdés Leal, sevillana.
     Se ignora con quién pudo realizar su aprendizaje, que hubo de llevarse a cabo aproximadamente entre 1637 y 1642. Una vez concluida su formación marchó, a Córdoba, donde inició su carrera artística y donde en 1647 contrajo matrimonio. Allí permaneció hasta 1656, fecha en la que regresó definitivamente a su ciudad natal, y allí, pocos años después, en 1660, aparece citado entre los artistas que fundaron la academia de pintores de Sevilla, en la que llegó a ser primero diputado, y finalmente presidente. 
      Referencias fidedignas indican que, en 1664, Valdés Leal viajó a Madrid, donde permaneció cerca de medio año, y donde hubo de mantener contacto con otros pintores y pudo visitar seguramente las colecciones reales, circunstancias que hubieron de repercutir favorablemente en la mejora de sus principios artísticos. Regresado a Sevilla, prosiguió su trayectoria artística, que se desarrolló siempre en un plano secundario, detrás de Murillo, con quien ingresó en 1667 como hermano de la Santa Caridad de Sevilla, institución para la que trabajó largamente hasta los momentos finales de su vida. En 1672, se sabe que realizó un viaje a Córdoba, posiblemente vinculado a encargos pictóricos.
     A partir de 1680, la salud de Valdés Leal se debilitó notablemente pero, pese a ello, como quiera que su situación económica nunca había sido boyante, hubo de ocuparse de trabajos que suponían grandes esfuerzos físicos, como la realización de decoraciones murales en el interior de recintos religiosos, subido a altos andamios. A partir de 1689, su hijo Lucas fue sustituyéndole paulatinamente en este tipo de trabajos, y finalmente, después de un ataque de apoplejía, en octubre de 1690, tuvo lugar su fallecimiento. Había redactado su testamento el 9 de octubre y el 15 siguiente fue enterrado en la iglesia de San Andrés (Sevilla).
     La historiografía del arte ha sido totalmente injusta con Valdés Leal, y al mismo tiempo ha desfigurado su personalidad, caracterizándole como una persona iracunda y orgullosa, quizás como contrapunto al carácter de Murillo, al que se presenta como hombre bueno y humilde. Sin embargo, Palomino, que le conoció personalmente dijo que “fue hombre de mediana estatura, grueso, pero bien hecho, redondo de semblante, ojos vivos y color trigueño claro [...] fue espléndido y generoso en socorrer con documentos a cualquiera que solicitaba su corrección [...] al paso que era altivo y sacudido con los presuntuosos y desvanecidos”.
      Pese a estas precisas palabras, que son las únicas contemporáneas referidas a Valdés Leal, en torno a él se ha forjado una leyenda que le define como un necrófilo, obsesionado por la muerte y por todo lo repugnante y desagradable. Estas falsas apreciaciones se deben sin duda a que se le considera como el responsable de la ideología que emana de las pinturas de Las Postrimerías de la iglesia del Hospital de la Santa Caridad, que, sin embargo, son fruto de las intenciones y del pensamiento de Miguel de Mañara, hermano mayor de dicha institución en el momento en que se ejecutaron dichas obras. Pero ello no ha librado a Valdés Leal de ser llamado “el pintor de los muertos”, y a él se han atribuido sistemáticamente de forma errónea todo tipo de pinturas con tema mortuorio realizadas en la pintura barroca española. Ciertamente no fue la muerte la obsesión que agobió a Valdés Leal, sino al contrario las circunstancias de su vida, presidida siempre por los continuos problemas económicos que le acuciaban.
     No se conoce quién fue el maestro de Valdés Leal, y por lo tanto, no puede precisarse el espíritu artístico que presidió su formación. De todas formas, con quien más puntos de contacto tiene su pintura, al menos en sus inicios, es con Francisco de Herrera el Viejo, quien pudo ser su preceptor. También puede señalarse que, residiendo en Córdoba en torno a 1650, su pintura adquiriese referencias estilísticas procedentes de Antonio del Castillo.
     Progresivamente y con el paso del tiempo, el dibujo de Valdés Leal, firme y preciso, y su colorido terroso y compacto se fueron aligerando, sobre todo después de su estancia en Madrid en 1664, donde recibió influencias procedentes de la pintura veneciana y flamenca, y también de la madrileña. De esta última se constata cómo referencias pertenecientes a Ricci, Coello, y también a Herrera el Joven, incidieron en la progresiva adquisición de soltura y agilidad en su técnica.
     La pintura de Valdés Leal posee desde su época de madurez un marcado sentido de ímpetu y de fogosidad que le convierten en uno de los más aparatosos pintores de su época. Su arrebato creativo alcanza a veces a captar matices expresionistas en los gestos de sus personajes, tensos y crispados, con semblantes hoscos y anhelantes, que en ocasiones inciden de forma voluntaria en la estética de lo feo.
     La producción de Valdés Leal se inicia en Córdoba en torno a 1647, reflejándose en estos momentos una cierta rudeza en las actitudes físicas de sus personajes y una notoria solemnidad moral. Su primera obra fechada aparece en dicho año y es el San Andrés que pertenece a la iglesia de San Francisco de dicha ciudad.
     De estos años es también El arrepentimiento de San Pedro en cuya plasmación reflejó un profundo sentimiento, dramático y doliente; con este tema se conocen tres versiones casi exactas, una en la iglesia de San Pedro de Córdoba y las otras dos en Madrid, en colección particular y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En estas obras, aparte del influjo de Herrera el Viejo, se advierten también recursos técnicos derivados de José de Ribera.
     Muy importante debió de ser para Valdés Leal la obtención en 1652 del encargo de decorar con pinturas los muros laterales del presbiterio de la iglesia del Convento de Santa Clara de Carmona, conjunto actualmente disperso entre la colección March en Palma de Mallorca y el Ayuntamiento de Sevilla. En esta serie pictórica se describe la vida de Santa Clara y en sus distintos episodios se narra La profesión de Santa Clara, El milagro de Santa Clara con su hermana Santa Inés, La procesión de Santa Clara con la Sagrada Forma y La retirada de los sarracenos del convento de Asís, obra esta última que hay que considerar como uno de los testimonios más claros que nos ha dejado Valdés Leal en la descripción de escenas tumultuosas y caóticas; la serie finaliza con La muerte de Santa Clara.
     Del periodo cordobés de Valdés Leal es un amplio grupo de pinturas, realizado entre 1654 y 1656, entre las que figura La Virgen de los Plateros del Museo de Córdoba, obra que estuvo repintada casi totalmente y que en la actualidad presenta aún la cara de la Virgen muy desfigurada por la mano inexperta de un antiguo y vulgar restaurador. De este momento es también La Inmaculada con Felipe y Santiago, que pertenece al Museo del Louvre de París, y la pareja de los arcángeles San Miguel y San Rafael, que pertenecen a la colección Caja Sur de Córdoba. A este grupo puede añadirse una bella representación de Santa Bárbara, que pertenece al Museo Municipal de Rosario en Argentina.
     Trabajo de gran empeño por parte de Valdés Leal fue la realización entre 1655 y 1656 del retablo mayor de la iglesia de las carmelitas de Córdoba, cuyo patrono fue Pedro Gómez de Cárdenas. Este importante conjunto pictórico está presidido por una dinámica y aparatosa representación de El rapto de Elías, imbuida de un espíritu decididamente barroco. Figura también en el retablo La Virgen de los carmelitas, situada en el ático del mismo, mientras que en los laterales aparecen San Acisclo, Santa Victoria, San Miguel y San Rafael; en el banco se sitúan cuatro santas carmelitas formando dos parejas, Santa María Magdalena de Pazzis con Santa Inés y Santa Apolonia con Santa Syncletes. Completan el retablo dos cabezas cortadas de San Juan Bautista y de San Pablo más dos magníficas representaciones de Elías y los profetas de Baal y Elías y el ángel, estando estas dos últimas pinturas realizadas con posterioridad a la primera fase del retablo, puesto que ambas están firmadas y fechadas en 1658, cuando Valdés Leal residía ya definitivamente en Sevilla.
     A partir de 1656 Valdés Leal se estableció en su ciudad natal, siendo su primer trabajo importante la realización del conjunto decorativo que recubría las paredes de la sacristía del Convento de San Jerónimo de esta ciudad, actualmente disperso. Allí se narraba la vida de San Jerónimo, y también se exaltaba a los principales religiosos de la orden, algunos de los cuales habían estado vinculados a la historia del propio convento. Así, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se guardan El Bautismo, Las Tentaciones y La flagelación de San Jerónimo. En una colección particular de Dortmund se conserva la representación de San Jerónimo discutiendo con los rabinos, mientras que otro episodio que representa La muerte de San Jerónimo se encuentra en paradero desconocido, si no es que se ha perdido.
     Un conjunto de frailes y monjas de la orden jerónima completaba la decoración de la mencionada sacristía, estando igualmente disperso en la actualidad. De él, en el Museo del Prado se conservan representaciones de San Jerónimo y de Fray Diego de Jerez; en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se exponen Fray Pedro Fernández Pecha, Fray Fernando Yáñez de Figueroa, Fray Pedro de Cabañuelas, Fray Alonso Fernández Pecha, Fray Juan de Ledesma y Fray Hernando de Talavera. En el Museo de Grenoble se encuentra Fray Alonso de Ocaña, y en el de Dresde Fray Vasco de Portugal. Las dos principales figuras femeninas de la orden jerónima, Santa Paula y Santa Eustoquio, se guardan respectivamente en el Museo de Le Mans y en el Bowes Museum de Bernard Castle.
     Hasta fechas recientes se venía creyendo que la última pintura realizada por Valdés Leal en su trayectoria artística era la representación de Cristo disputando con los doctores en el templo, obra que se conserva en el Museo del Prado y firmada en 1686. Sin embargo, el estilo de esta obra no encaja con la forma de pintar que Valdés poseía en los años finales de su vida, y por el contrario es totalmente afín al que tenía en los años inmediatos a su llegada a Sevilla, procedente de Córdoba. Esta circunstancia nos movió en 1992 a examinar detenidamente la firma y la fecha que lleva la pintura, pudiendo advertir que está totalmente repintada, y advirtiéndose de forma clara que la tercera cifra —actualmente un “ocho”—, fue inicialmente un “cinco”, con lo que la pintura posee la fecha de 1656, año justo y apropiado para situar esta obra dentro de la producción del artista.
     Otra obra de notoria calidad y empeño, ejecutada además con vibrante pincelada y espléndido colorido, fue realizada por Valdés Leal en 1657. Se trata de Los desposorios de la Virgen con San José de la catedral de Sevilla, escena en al que impera ya un marcado ímpetu barroco. De fecha aproximada es también la pintura que representa a Santa María Magdalena, San Lázaro y Santa Marta, también conservada en la catedral sevillana, y que muestra intensos y arrebatados sentimientos espirituales en la expresión de los personajes. De estos momentos es también El Sacrificio de Isaac, perteneciente en la actualidad a una colección particular madrileña, en la que el artista capta espléndidos estudios anatómicos de desnudo. Otras pinturas, fechables en torno a 1657 y 1658, son La Virgen con San Juan Evangelista y las tres Marías camino del Calvario, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, La Piedad del Museo Metropolitano de Nueva York, El Descendimiento de la Cruz, de colección particular en Pontevedra, y La liberación de San Pedro, de la catedral de Sevilla. En todas estas obras se refleja una intensa dinámica expresiva imbuida en un profundo patetismo.
     Entre 1659 y 1660, Valdés Leal realizó un amplio conjunto pictórico para un retablo principal y dos colaterales, destinados a la iglesia de San Benito de Calatrava de Sevilla. En los retablos colaterales se disponía una sola pintura en cada uno de ellos, una monumental Inmaculada y un patético Calvario. En el retablo principal y con pinturas de mediano tamaño, figuraban, en el primer cuerpo, San Juan Bautista, San Andrés, San Sebastián y Santa Catalina, además de una representación de La Virgen con San Benito y San Bernardo que se ha perdido. En el segundo cuerpo aparecían San Antonio de Padua, San Miguel Arcángel y San Antonio Abad. Todo este conjunto pictórico se conserva actualmente en la iglesia de la Magdalena de Sevilla, en la capilla de la hermandad de la Quinta Angustia.
     Para el patio de la Casa Profesa de los jesuitas de Sevilla realizó Valdés Leal en torno a 1660 una serie de pinturas sobre la vida de San Ignacio de Loyola, que por haber estado durante dos siglos al aire libre han llegado hasta nuestros días en mal estado de conservación, por lo que han tenido que ser intensamente restauradas, a parte de que alguna de las escenas integrantes de dicha serie se ha perdido. Estas pinturas, excepto la que representa a San Ignacio convirtiendo a un pecador, que se encuentra en la iglesia del Convento de Santa Isabel de Sevilla, pertenecen actualmente al Museo de Bellas Artes de esta ciudad. Las pinturas que integran esta serie son La aparición de San Pedro a San Ignacio en Pamplona, La aparición de la Virgen con el Niño a San Ignacio, San Ignacio haciendo penitencia en la cueva de Manresa, El trance de San Ignacio en el hospital de Manresa, San Ignacio curando a un poseso, Aparición de Cristo a San Ignacio camino de Roma y San Ignacio recibiendo la bula de fundación del Papa Pablo III. La serie se completa con representaciones de San Ignacio y San Francisco de Borja contemplando una alegoría de la eucaristía y San Ignacio contemplando el monograma de la compañía de Jesús.
     En 1660 Valdés Leal realizó dos obras fundamentales dentro de la tradición española de la pintura de vanitas, en cuyo contenido manifiesta la vanidad de la existencia como consecuencia de la fugacidad del tiempo y la brevedad de la vida; alude también en estas pinturas a la inmediata llegada de la muerte, que arrebata a los humanos todo tipo de placeres y riquezas mundanas. Ante esta situación irremediable que, después de la muerte conduce a las circunstancias del juicio del alma con su dilema de salvación o condenación, es necesario llevar antes una existencia piadosa en la que la oración, la penitencia y la castidad sean méritos acumulados para poder conseguir la salvación. Estas consideraciones se recogen en dichas pinturas, que inicialmente formaban pareja, pero que en la actualidad se conservan separadas, una en el Wadsworth Ateneum de Hartford y otra en la Galería de Arte de York, representándose en ellas respectivamente La alegoría de la vanidad y La alegoría de la salvación.
     A estas dos pinturas siguieron otras no menos extraordinarias firmadas en 1661 como La Inmaculada Concepción con dos donantes, que pertenece a la Galería Nacional de Londres, donde aparte de la bella figura de la Virgen, Valdés Leal incluyó a sus pies los magníficos retratos de Un clérigo joven y de Su madre anciana, ambos de muy notable calidad. También de 1661 es La Anunciación que se conserva en el Museo de Arte de la Universidad de Michigan, obra de gran ímpetu barroco en la que contrastan la enfática e impulsiva figura del ángel con la recatada e íntima presencia de la Virgen. Otras obras importantes de 1661 son El camino del Calvario conservado en la Hispanic Society de New York y La imposición de la casulla a San Ildefonso, obra de la que el artista realizó una primera versión para ser situada en el ático de la capilla de San Francisco de la catedral de Sevilla y que debió de ser rechazada por los canónigos de la catedral por su excesiva tensión dramática y atormentada espiritualidad. Para reemplazarla Valdés Leal realizó otra versión del mismo tema más atemperada y recogida; de estas dos pinturas, la rechazada por el cabildo debe de ser probablemente la que hoy se conserva en la colección March de Palma de Mallorca.
     Poco después de 1663, también para la Catedral de Sevilla y esta vez para el retablo de la capilla de Santiago, Valdés Leal realizó un Martirio de San Lorenzo en el que acertó a describir en la figura de su protagonista una emotiva expresión en su actitud de levantar los ojos al cielo, aceptando con serenidad los tormentos de su martirio. En torno a 1663 puede fecharse también la representación de María Magdalena, que se conserva en la casa palacio de Villa Manrique de la Condesa, obra en la que Valdés Leal supo hacer gala de su destreza en la plasmación de la belleza física y espiritual.
     En los años que oscilan entre 1665 y 1670 puede situarse la ejecución de otras pinturas de Valdés Leal de notoria calidad. Son el San Antonio de Padua con el Niño que se conserva en una colección particular de Madrid y La Asunción de la Virgen que pertenece a la Galería Nacional de Washington, obra de gran ímpetu barroco plasmado en la dinámica figura de la Madre de Dios, que es impulsada hacia lo alto por ángeles de forma impetuosa y arrebatada.
     Procedentes de la iglesia del convento de San Agustín de Sevilla se conservan en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad dos excepcionales composiciones que hubieron de ser pintadas por Valdés Leal hacia 1670. Son La Inmaculada Concepción y La Asunción de la Virgen, obras ambas espectaculares y aparatosas cuando no trepidantes y convulsas, alcanzado a plasmar en ellas el máximo nivel expresivo que en el Barroco español se dio a estos temas.
     Valdés Leal es conocido de forma tópica en la historia del Arte europeo por ser el pintor de los dos famosos Jeroglíficos de las postrimerías, conservados en la iglesia del Hospital de la Santa Caridad de Sevilla. Ambas obras han forjado la leyenda de un Valdés Leal macabro, necrófilo y obsesionado por la muerte, aunque es necesario precisar que la ideología que impera en ellas es fruto del pensamiento de Miguel de Mañara, hermano mayor de la Santa Caridad, quien quiso plasmar en ellas la idea de que la salvación eterna sólo es posible obtenerla a través de la renuncia de los bienes y goces terrenales que logrará en el momento del juicio del alma el beneplácito divino que otorga la salvación eterna. Estas pinturas son denominadas, merced a los rótulos que en ellas figuran In Ictu Oculi y Finis Gloriae Mundi. En la primera un esqueleto apaga de un manotazo la vela encendida que alegoriza la existencia señalando al mismo tiempo el triunfo de la muerte sobre las complacencias mundanas. En la segunda, aparece un osario con dos cadáveres en primer plano agusanados y corroídos por repugnantes insectos, mientras esperan la hora del juicio y la decisión divina de obtener la salvación o la condenación del alma.
     Estas dos pinturas constituyen el preámbulo del mensaje que Miguel de Mañara introdujo en la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla, puesto que su parte más importante se desarrolla a través de un conjunto de seis pinturas de Murillo que narran las obras de misericordia y que señalan que su práctica es indispensable para la salvación del alma. El colofón del programa de Mañara se refleja en la gran pintura realizada también por Valdés Leal en el coro alto de la iglesia en 1684. La simbología de esta pintura señala que ningún rico podrá entrar en el Reino de los Cielos, de la misma manera que el emperador Heraclio no pudo entrar en Jerusalén cuando portaba la cruz de Cristo en medio de la pompa y esplendor de su corte. Al ser Jerusalén la ciudad simbólica del Cielo, Mañara, en esta pintura, a través de Valdés Leal, insiste en señalar que los ricos habrán de emplear sus bienes en el ejercicio de la caridad, para así obtener la gloria eterna.
     Una de las obras más espectaculares de Valdés Leal, por sus dimensiones y efecto compositivo es La visión de San Francisco en la Porciúncula, firmada y fechada en 1672, que se conserva en la iglesia de los antiguos capuchinos de Cabra (Córdoba), donde alcanzó a configurar una escena imbuida en un alto nivel de dramatismo espiritual. En años sucesivos el artista realizó algunas pinturas de notable importancia como La Visitación, de colección particular de París, firmada y fechada en 1673. De esta misma fecha es el conjunto de seis pinturas que perteneció a un retablo del palacio arzobispal de Sevilla y que fue encargado por el obispo de dicha ciudad, Ambrosio de Espínola; en él se narraba la vida de San Ambrosio. Estas pinturas fueron robadas por el mariscal Soult y actualmente se encuentran dispersas entre el Museo del Prado, el Museo de Bellas Artes de Sevilla, el Museo de Arte de Saint Louis (Estados Unidos) y el Young Memorial Museum de San Francisco (Estados Unidos). Estas pinturas, realizadas para ser vistas de cerca, muestran una técnica fogosa y vitalista y en ellas se describen personajes de vivaz expresión que se albergan bajo espectaculares fondos arquitectónicos.
     En 1674, Valdés Leal concluyó la aparatosa y triunfal representación de San Fernando ejecutada para la Catedral de Jaén, donde se conserva. El santo aparece captado de forma apoteósica y triunfal, portando atributos que le acreditan como vencedor de los musulmanes en la conquista de dicha ciudad. En torno a 1675 hubo de pintar Valdés Leal una serie de ocho representaciones de la vida de San Ignacio de Loyola que se conservan en la iglesia jesuítica de San Pedro de Lima, y que están ejecutados con la técnica suelta y deshecha que se constata en la mayoría de las pinturas realizadas en su madurez.
     En los últimos años de su vida, pese a su mal estado de salud, Valdés Leal hubo de realizar labores artísticas que, por su dificultad, mermaron paulatinamente sus facultades físicas. Se trata de pinturas realizadas al temple en lo alto de los muros de edificios religiosos sevillanos como la iglesia del Monasterio de San Clemente, la iglesia del Hospital de los Venerables y la iglesia del Hospital de la Santa Caridad. Para esta última institución, realizó también el retrato de Miguel de Mañara en actitud de estar presidiendo el cabildo de la hermandad y explicando algún pasaje de la regla de la misma. Fue esta obra, probablemente, una de las últimas que el artista realizó en su vida (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Finis Gloriae Mundi", de Valdés Leal, en el Sotocoro de la Iglesia de San Jorge, del Hospital de la Caridad, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Iglesia de San Jorge, del Hospital de la Caridad, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 3 de mayo de 2026

Experiencia Explicarte Sevilla, con los Talleres "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla" de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla

     Hoy, domingo 3 de mayo, finaliza la vigésimo tercera semana de otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para los Talleres Socio-Culturales "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla", de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana, del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollados de lunes a viernes por las mañanas y tardes, y que se iniciaron el pasado 28 de octubre de 2025, con la primera presentación de los mismos.
     Gracias a la empresa Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L., por contar con nosotros para mostrarles, mediante los Talleres Socio-Culturales del Ayuntamiento de Sevilla, parte de la ciudad hispalense, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Nos pusimos manos a la obra, y fuimos ofreciendo distintas rutas a lo largo y ancho de nuestra ciudad, desde el lunes 27 de abril al viernes 1 de mayo.
 
     Los Talleres desarrollados fueron los siguientes:

- 20ª Sesión - Taller 20 "Conocer Sevilla - 6" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 27, de 10 a 13 h.)
        - Catedral de Santa María de la Sede
                - Capilla de San Hermenegildo
                - Capilla de San José
                - Capilla de Santa Ana, o de Maracaibo
                - Capilla de San Laureano
                - Capilla del Nacimiento
                - Capilla de la Virgen de la Cinta
                - Capilla de San Isidoro
                - Capilla de la Virgen del Madroño
                - Capilla del Ángel de la Guarda
                - Capilla de la Virgen del Consuelo
                - Capilla del Niño Mudo
                - Capilla de San Leandro
                - Capilla de la Virgen de la Alcobilla
                - Capilla de la Visitación
                - Capilla de los Jácome
                - Sitio antiguo del Baptisterio
                - Puerta de San Fernando
                - Capilla de San Antonio
                - Capilla de Scalas                  
                                           
- 19ª Sesión - Taller 18 "Conocer Sevilla - 4" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 27, de 17 a 20 h.)
        - Catedral de Santa María de la Sede
                - Antecabildo
                - Patio del Cabildo
                - Sala de las Columnas
                - Sala Capitular
                - Contaduría Mayor
                - Capilla del Mariscal
                - Sacristía Mayor
                - Capilla de San Andrés
                - Puerta del Bautismo
                - Puerta de la Asunción
                - Puerta del Nacimiento, o de San Miguel 
                       
- 20ª Sesión - Taller 15 "Conocer Sevilla - 1" del Distrito Bellavista - La Palmera (martes 28, de 10 a 13 h.)
        - Catedral de Santa María de la Sede
                - Capilla de San Pedro
                - Capilla Real
                - Trasaltar del Retablo Mayor
                - Capilla de Santa Bárbara
                - Capilla de las Santas Justa y Rufina
                - Capilla del Mariscal
                - Antecabildo
                - Patio del Cabildo
                - Sala de las Columnas
                - Sala Capitular
                - Contaduría Mayor
        
- 21ª Sesión - Taller 49 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (martes 28, de 17 a 20 h.)
       - IAPH (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico)           
- 19ª Sesión - Taller 21 "Conocer Sevilla - 7" del Distrito Bellavista - La Palmera (miércoles 29, de 10 a 13 h.)
       - Espacio Santa Clara               
- 18ª Sesión - Taller 32 "Conocer Sevilla" del Distrito Triana (miércoles 29, de 17 a 20 h.)
        - Catedral de Santa María de la Sede
                - Capilla de San Pedro
                - Capilla Real
                - Trasaltar del Retablo Mayor
                - Capilla de Santa Bárbara
                - Capilla de las Santas Justa y Rufina
                - Capilla del Mariscal
                - Puerta de los Palos
                - Puerta de la Campanilla
        
- 22ª Sesión - Taller 16 "Conocer Sevilla - 2" del Distrito Bellavista - La Palmera (jueves 30, de 10 a 13 h.)
       - IAPH (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico)
       - antiguo Monasterio de la Cartuja (CAAC - Centro Andaluz del Arte Contemporáneo)         
                          
- 21ª Sesión - Taller 54 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (jueves 30, de 17 a 20 h.)
       - IAPH (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico)                       
- Taller 17 "Conocer Sevilla - 3" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 10, de 10 a 13 h.)
       - No hubo taller al ser jornada festiva (Día del Trabajo)    
                        
- Taller 19 "Conocer Sevilla - 5" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 10, de 17 a 20 h.)
        - No hubo taller al ser jornada festiva (Día del Trabajo)
                 
     Gracias a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, a los coordinadores de los talleres de los Distritos de Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, y como no podía ser de otra manera a todos y cada unos de los amigos que estoy conociendo gracias a estos talleres, de los que me estoy llevando una inmejorable impresión, puesto que está siendo una relación de amistad, más que de monitor-alumno, y de colaboración y aportación mutua, que sin duda está siendo enriquecedora para todas las partes, y que esperamos que sea duradera en el tiempo. 
     Deseando continuar con dichos talleres porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.















Más Experiencias ExplicArte Sevilla, en ExplicArte Sevilla.