Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Asunción, en Écija (Sevilla).
Hoy, 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo, que, consumado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII (1950) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Asunción, en Écija (Sevilla).
La Iglesia de Santa María de la Asunción, se encuentra en la plaza Plazuela de Santa María, 2; en Écija (Sevilla).
Está situada en la plaza de su nombre y según noticias históricas se fundó poco después de la reconquista, aunque los documentos más antiguos de su construcción datan de la primera mitad del siglo XVI. Las noticias sobre la iglesia y sus obras de arte abundan a partir de la mencionada fecha y se alargan hasta el momento. El edificio actual se erigió a lo largo del siglo XVIII. La colocación de la primera piedra del templo se hizo en 1758, pero no se bendijo hasta veinte años después, continuándose las obras hasta comienzos del siglo XIX. El proyecto lo hizo Pedro de Silva y la ejecución estuvo a cargo sucesivamente de Antonio y Ambrosio de Figueroa, Fernando Rosales y José Álvarez, artista neoclásico a quien se debe el aspecto final del templo. Consta éste de tres naves, separadas por pilares que se cubren por bóvedas vaídas y cúpula con tambor en el crucero, siendo la planta de salón. A esta construcción se añade, en el lado izquierdo, una media nave, que es la capilla sacramental, un espacioso claustro, la sala de tacas, el archivo y la biblioteca parroquial. Al exterior muestra dos portadas, una en el lado derecho, adintelada y con pilastras, en la que se aprecian dibujos de taracea en mármol blanco y negro, y otra a los pies de la iglesia, monumental y doble, pues presenta un porche de ladrillo con una gran arcada de mármol que se corona por la figura de la Fe, y otra en el interior, que lleva pilastras y un baquetón ondulado. El conjunto se decora con movidas rocallas y una imagen de la Asunción en la hornacina superior. Fue realizada por Antonio Matías de Figueroa. La torre se levanta junto a esta fachada y consta de dos cuerpos cuadrangulares y un remate cilíndrico. La parte inferior es mucho más sobria en lo decorativo, como corresponde a la fecha de su inicio, 1717. El moldurón de jaspe negro de dos lados de la base fue obra de José Páez Carmona, como diseñador, y Juan de Chavarría y Antonio de Haro como escultores. El primer balcón de cantería data de 1720 y es obra también de Páez, y la cruz de hierro del remate la hizo José Rodríguez en 1727. Tras el terremoto de 1755 el maestro Fernando Martín realizó importantes trabajos de restauración.
Hoy, 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo, que, consumado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII (1950) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Asunción, en Écija (Sevilla).
La Iglesia de Santa María de la Asunción, se encuentra en la plaza Plazuela de Santa María, 2; en Écija (Sevilla).
Está situada en la plaza de su nombre y según noticias históricas se fundó poco después de la reconquista, aunque los documentos más antiguos de su construcción datan de la primera mitad del siglo XVI. Las noticias sobre la iglesia y sus obras de arte abundan a partir de la mencionada fecha y se alargan hasta el momento. El edificio actual se erigió a lo largo del siglo XVIII. La colocación de la primera piedra del templo se hizo en 1758, pero no se bendijo hasta veinte años después, continuándose las obras hasta comienzos del siglo XIX. El proyecto lo hizo Pedro de Silva y la ejecución estuvo a cargo sucesivamente de Antonio y Ambrosio de Figueroa, Fernando Rosales y José Álvarez, artista neoclásico a quien se debe el aspecto final del templo. Consta éste de tres naves, separadas por pilares que se cubren por bóvedas vaídas y cúpula con tambor en el crucero, siendo la planta de salón. A esta construcción se añade, en el lado izquierdo, una media nave, que es la capilla sacramental, un espacioso claustro, la sala de tacas, el archivo y la biblioteca parroquial. Al exterior muestra dos portadas, una en el lado derecho, adintelada y con pilastras, en la que se aprecian dibujos de taracea en mármol blanco y negro, y otra a los pies de la iglesia, monumental y doble, pues presenta un porche de ladrillo con una gran arcada de mármol que se corona por la figura de la Fe, y otra en el interior, que lleva pilastras y un baquetón ondulado. El conjunto se decora con movidas rocallas y una imagen de la Asunción en la hornacina superior. Fue realizada por Antonio Matías de Figueroa. La torre se levanta junto a esta fachada y consta de dos cuerpos cuadrangulares y un remate cilíndrico. La parte inferior es mucho más sobria en lo decorativo, como corresponde a la fecha de su inicio, 1717. El moldurón de jaspe negro de dos lados de la base fue obra de José Páez Carmona, como diseñador, y Juan de Chavarría y Antonio de Haro como escultores. El primer balcón de cantería data de 1720 y es obra también de Páez, y la cruz de hierro del remate la hizo José Rodríguez en 1727. Tras el terremoto de 1755 el maestro Fernando Martín realizó importantes trabajos de restauración.
En el centro del presbiterio se sitúa un gran tabernáculo de madera dorada que va rodeado por las figuras de los Evangelistas, Apóstoles y Padres de la Iglesia y rematado por una imagen de la Asunción sobre nube de ángeles. El conjunto se decora con rocalla y puede fecharse hacia 1770. Sobre el altar hay un sagrario con columnas salomónicas, medio siglo anterior al tabernáculo. Tras éste se halla la sillería de coro, sencilla y de estética clasicista, que debe ser la que realizó Juan de Mesa, vecino de Écija, y Andrés Díaz entre 1628 y 1632. En este espacio posterior al tabernáculo se encuentran una pintura sobre tabla de la Virgen de la Antigua de hacia 1575, atribuida a Villegas Marmolejo, y el órgano, que data de fines del siglo XVIII. En la izquierda hay varios retablos. El más cercano a la cabecera está dedicado a la Anunciación, alberga un lienzo de Jesús flagelado en el ático y se decora con rocallas. A continuación, y en un retablo semejante, se halla un lienzo de la visión de San Cayetano, de comienzos del siglo XVIII. Seguidamente se encontraba un retablo recompuesto en el que figuraba, en el centro, una imagen de la Virgen del Pilar, obra de Cayetano González, y un lienzo del siglo XVIII, en la parte superior. Todo esto desapareció en un incendio en 1996, y hoy sólo existe una réplica de la Virgen del Pilar hecha por el escultor sevillano Manuel Ramos. Otros dos retablos hay en el testero. El primero está decorado con estípites y aloja una escultura de candelero de Jesús Cautivo, obra de Cayetano González en 1945, y el segundo, algo posterior, decorado con rocallas, contiene una escultura de Jesús atado a la columna, del siglo XVIII. A lo largo de la nave se reparten abundantes pinturas, la mayoría del siglo XVIII, estando fechada en 1727 la que representa el Ecce Homo. Cercano a los pies se halla un púlpito, llamado de San Vicente Ferrer, obra de comienzos del XVII.
En el muro de esta nave izquierda se abre la Capilla Sacramental, con una nave única cubierta por bóvedas de arista y cúpula en el presbiterio. El retablo mayor es el antiguo monumento de Semana Santa que anualmente se montaba en la parroquia. Fue construido entre 1727 y 1736, por los maestros carpinteros ecijanos Alonso Tejero y Juan José González Cañero, corriendo las esculturas a cargo de Juan Prieto. La imagen que hay en su interior es la Virgen de Belén. El sagrario es moderno y se debe a Cayetano González. Se estrenó en 1931.
En la cabecera de la nave derecha, junto al tenebrario y al cirio pascual, se halla una custodia de madera dorada de dos cuerpos, sostenido el primero por columnas salomónicas y el segundo por estípites, siendo toda la obra de mediados del siglo XVIII. En la nave hay seis retablos de diversas épocas. El más cercano a la cabecera, compartimentado por estípites, estaba dedicado a San Pedro pero hoy ocupa la hornacina central el simpecado de la hermandad del Rocío. En él figuran asimismo bustos de obispos y una escultura de candelero de la Virgen del Valle en el ático, obra del siglo XVIII. A continuación hay un retablo de tres calles divididas por columnas salomónicas, decorado por dos pinturas en tabla de San Juan Bautista y San Lucas y una escultura moderna, en el centro, del Pastorcito, flanqueada por otras dos tallas de Santiago y San Juanito, del siglo XVIII. El retablo fue realizado por Juan Navarro a principios del siglo XVIII. Siguiendo el muro se encuentra un retablo neoclásico, de orden corintio, dedicado a San José, a cuyos lados van las imágenes de Santa Teresa y San Ignacio, obras ambas del siglo XVIII. De la misma época es el retablo siguiente, que está dedicado a la Dolorosa. Los dos últimos retablos de la nave son bastante más antiguos. El más cercano al anterior es sencillo, de un solo cuerpo y con columnas corintias, pudiéndose fechar en la primera mitad del siglo XVII. Contiene un Crucificado de tamaño natural del siglo XVI. El otro retablo, situado al final de la nave, se compone de tres calles, banco y ático, y está decorado con pinturas. En la tabla central figura San Lorenzo y en las laterales San Sebastián, San Pedro, San Pablo y San Fulgencio. En el banco se representa el martirio de San Lorenzo y en el ático la Anunciación y dos tondos en los que se efigia a Santa Bárbara y Santa Catalina. El retablo va fechado por inscripción en 1570, debiéndose sus pinturas a Pedro Villegas Marmolejo. Bajo el retablo se hallan las sepulturas de Dª Teresa López de Córdoba y de su hijo D. Lope Suárez de Figueroa, fechables entre 1390 y 1400, obras de taller toledano relacionadas con el escultor Ferrant González. Al fondo de la nave se halla la capilla Bautismal, separada del templo por reja de forja del XVIII. En el interior se hallan una Inmaculada, una gran pila de jaspe rojo y dos tacas de madera tallada del mismo siglo. Recientemente se ha instalado en ella el grupo procesional de La Entrada en Jerusalén, obra de Luis Álvarez Duarte en 1974.
Los lienzos que se cuelgan en la nave derecha son en su mayoría del siglo XVIII. Al XVII pertenece una pintura de Judith con la cabeza de Holofernes, copia de Cristóforo Allori. En la sala de tacas de la parroquia se conservan varias pinturas, entre las que destacan cuatro lienzos de la primera mitad del siglo XVIII que representan la Circuncisión, la Huida a Egipto, Cristo entre los doctores y el Tránsito de la Virgen. De la misma época son cuatro tablas referidas al Antiguo Testamento. Las tacas tienen bellas puertas de madera tallada de la primera mitad del siglo XVIII.
Con esta sala de las tacas y con la nave izquierda se comunica el patio, en cuyas galerías hay una magnífica colección de restos arqueológicos. En las dependencias contiguas hay varios lienzos del siglo XVIII, entre los que destacan el de la Coronación de la Virgen y el de Nuestra Señora de la Merced. En la antesala del archivo parroquial se encuentra una escultura de madera policromada de la Virgen de la Pera, obra probable del siglo XVII. Muy interesantes son las pinturas sobre cobre que representan la Piedad y la Apoteosis de la Virgen, siendo esta última copia de Cornelis Poelemburg. Todas las puertas son de madera tallada, así como un armario, fechado en 1712.
La sacristía está situada al fondo de la nave izquierda y posee interesantes cuadros y mobiliario. La planta es rectangular y se cubre con bóvedas de arista. Tiene cajonerías de estilo rococó, estando uno de los muebles rematado por un retablito con pintura del Niño Jesús dormido, obra de mediados del XVIII. Por las paredes se reparten pinturas de interés, entre las que merecen citarse una Asunción de la Virgen pintada sobre cristal y firmada por Fernando Montero que copia un grabado de Rubens y puede fecharse en la primera mitad del XVIII. De la misma época es la Caída de San Pablo, obra probable de Andrés Pérez, y el Sacrificio de Isaac, la Burra de Balaam y el Sueño de Jacob.
Entre los objetos del mobiliario de la iglesia destaca el atril del coro y dos cajonerías realizadas por el carpintero ecijano Alonso Tejero en 1706. Del mismo autor son los tres sillones del presbiterio, terminados en 1733. De gran belleza son los cuatro blandones, realizados por Bernardo de los Reyes en 1725.
Las ropas de culto son también muy ricas y abundantes, pudiendo mencionarse un terno de terciopelo negro bordado en oro, de comienzo del XVII, y una manguilla de terciopelo rojo, bordada en oro por Marcos Maestre y Sebastián Montesinos en 1633. De la segunda mitad del siglo XVIII es un terno de damasco rojo bordado en oro, y de comienzos del XIX son varios ternos de raso y damasco bordados en oro y sedas de colores.
La orfebrería de esta parroquia es abundantísima y de primera calidad, viéndose aumentada en la actualidad por las piezas de la iglesia de Santa Bárbara, aquí depositadas por el escaso culto que alberga actualmente este templo. Entre las obras más antiguas se encuentran un vaso de óleos de forma poligonal, pie e inscripción en letras góticas y una copa lobulada, ambos de fines del XV. Del siglo XVI hay importantes piezas, entre las que destaca un gran copón-ostensorio de peana lobulada y copa hexagonal, decorado con bellos relieves de temas renacentistas, que se debe al platero Diego de Alfaro, cuyo punzón ostenta, al igual que el de la ciudad de Córdoba y el del contraste Pedro de las Damas. Esta obra puede situarse en la década de los años 60. En 1753 fue enriquecido con pedrería. Su viril es una reproducción hecha por Hijos de Juan Fernández Gómez en 1984 en sustitución del desaparecido cuatro años antes. Muy semejante es otro copón, que fue restaurado y agrandado a comienzos del siglo XIX con gusto neoclásico, que lleva en la parte nueva los punzones de la ciudad de Córdoba y de Aguilar. La parte primitiva es probablemente del mismo Alfaro, aunque el punzón debió de perderse en la reforma. Ambos copones llevan el escudo del arzobispo Valdés, así que pueden fecharse entre 1546 y 1568, años que abarca su arzobispado. De Alfaro es también un cáliz renacentista, que se halla sin alterar. Del mismo siglo XVI son dos bandejas, una de plata que ostenta el emblema de Santa Bárbara y un punzón ilegible y otra de metal blanco decorada con jarras renacentistas, esta última del tipo llamado «dinanderie». Es también de calidad una jarrita bautismal con punzón cordobés. Las obras barrocas son abundantísimas y proceden en su mayor parte de los talleres cordobeses, aunque hay también obras sevillanas y del recién estrenado gremio ecijano. Entre las obras más representativas destacan seis blandones de plata que llevan los punzones de la ciudad de Écija y del platero José Hernández Colmenares, que los realizó entre 1729 y 1740. Decoración carnosa de hojas presentan el acetre y los dos atriles de Santa Bárbara, que corresponden al barroco de fines del siglo XVII. De ese mismo estilo es un relicario en forma de templete rodeado de columnas salomónicas y fechado en 1682. En 1708 realizó el platero sevillano Bernardo Gordillo unas hermosas crismeras, muy decoradas, que llevan la imagen del papa San Gregorio en el centro.
Muy abundantes son también las piezas de estilo rococó correspondientes a la segunda mitad del siglo XVIII. Destacan entre ellas una cruz de altar: otra de tipo relicario, adornada con filigrana, labrada por el platero ecijano Gaitán para Santa Bárbara en 1773 y una cruz parroquial cuya manzana es del siglo XVII. Toda decorada con rocalla y dorada es una cruz procesional que procede de la iglesia de Santa Bárbara, labrada por el platero sevillano Alexandre en 1773. La parroquia cuenta con numerosos cálices y copones de estilo rococó y neoclásico, casi todos con punzones y muchos con fechas de ejecución. De comienzos del siglo XIX son un portaviático en forma de pelícano y un altar portátil, éste con punzón del platero sevillano Quesada.
Posee también la parroquia una importante colección de libros de coro con magníficas miniaturas, que van desde las lacerías mudéjares hasta las frágiles y movidas rocallas. Cronológicamente se extienden desde mediados del siglo XVI hasta fines del XVIII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
El edificio actual se comenzó en 1758 con proyecto del arquitecto Pedro de Silva que realizaron Antonio y Ambrosio de Figueroa, Fernando Rosales y José Álvarez quien terminaría las obras a comienzos del siglo XIX en estilo neoclásico.
Probablemente el proyecto se deba a Pedro de Silva, sucediéndose en la dirección de las obras Antonio y Ambrosio de Figueroa, José Álvarez y Fernando Rosales. Otros directores de obras fueron los maestros alarifes locales José Páez de Carmona, José Pérez Bueno, Joaquín Herrera y Fernando Martín Bizarro.
El edificio presenta planta rectangular, de tres naves cubiertas por bóvedas vaídas, capilla mayor profunda con bóveda de cañón y lunetos, y cúpula con tambor sobre pechinas en el crucero.
La Capilla Sacramental, adosada a la nave del Evangelio, presenta una sola nave dividida en cuatro tramos, cubiertos por bóvedas de aristas simples, separados con arcos fajones y media naranja en el presbiterio. En este último se encuentra ubicado un retablo a modo de templete de mediados del siglo XVIII, que perteneció a la desaparecida iglesia del Colegio de San Fulgencio de la Compañía de Jesús.
El claustro es contemporáneo a las construcciones realizadas en la segunda mitad del siglo XVIII. De planta cuadrada, se encuentra porticado en sus cuatro frentes con arcos de medio punto sobre columnas toscanas y decoración pictórica de rocallas en el friso.
La portada principal, situada a los pies de la nave central, se articula en torno a un gran arco de medio punto, que sostiene el hastial de ladrillo y cantería, rematado por una escultura de la Fe. El gran arco da paso a un porche, cerrado por unas rejas, donde se asienta la portada propiamente dicha. Consta de dos cuerpos configurados por mármoles polícromos; el inferior parte de un vano central adintelado flanqueado por pilastras sobre pedestales bulbosos, con rica y minuciosa decoración de rocallas y moldurones mixtilíneos. El segundo cuerpo parte de una cornisa sustentada por pinjantes, en cuyo centro se sitúa una hornacina avenerada que aloja la escultura de mármol de la Asunción, flanqueada por pilastras similares a las del cuerpo inferior y por flameros, coronándose el conjunto por un entablamento curvo que sirve de base a tres remates bulbosos a modo de flameros.
La portada lateral se abre en el quinto tramo del muro de la Epístola. Denominada popularmente como Arco de Santa María, debido al gran pasadizo abovedado que atraviesa la calle, conformado por dos grandes arcos de medio punto apoyados sobre ménsulas a modo de pinjantes. La portada gira en torno a un vano adintelado, flanqueado por pilastras sobre pedestales y rematado por frontón triangular y moldurones, en la que se alternan mármoles polícromos.
La torre, situada desde la fundación a los pies de la nave del Evangelio, fue desmantelada para ser construida de nueva planta en 1717. Las obras serán dirigidas por José Páez de Carmona, Maestro de Obras del Concejo de la Ciudad, con la intervención de Cosme de Mier, Juan de Chabarría y Antonio de Haro, maestros canteros. Tras el terremoto de 1755, se efectuaron una serie de reformas en los cuerpos superiores, dirigidas por Pedro de Silva, Maestro Mayor de Obras del Arzobispado. Parte de una base realizada con sillares de cantería, seguido de una molduración de jaspe negro, sobre la que apoya su elevado fuste realizado en ladrillo y en el que se abren dos balcones en dos de sus frentes, el principal realizado con profusa decoración de cantería y el del lado Este, realizado en ladrillo tallado, alternándose en sus frentes vanos circulares y cuadrados. El primer cuerpo, denominado de campanas, sigue el esquema compositivo de la Giralda de Sevilla, con claros aires serlianos. Un vano de medio punto flanqueado por sendos vanos adintelados sobre los que se sitúa un óculo, utiliza las pilastras como elemento compartimentador de los vanos. El segundo cuerpo se enmarca por una potente balaustrada pétrea con remates a modo de pináculos en sus ángulos, de cuyo centro emerge un cuerpo circular con cuatro vanos de medio punto enmarcados por estípites. El tercer cuerpo, delimitado por una baranda de hierro entre pedestales rematados por pináculos, de cuyo centro emerge otro cuerpo circular con cuatro vanos adintelados. El conjunto se remata por un cupulín que sirve de soporte a una cruz papal de forja con veleta. La decoración del conjunto combina molduras y capiteles de ladrillo tallado, elementos decorativos pétreos y cerámica azul vidriada.
Esta última se centra en frisos, pilastras, estípites, cupulín, etc., lo que crea un efecto polícromo que lo diferencia claramente del fuste de ladrillo limpio con su base pétrea.
La antigua iglesia parroquial de Santa María pertenecía al tipo de iglesia gótico-mudéjar. Parece ser que fue edificada por D. Pedro Fernández Gragera, Caballero al servicio de San Fernando en la Reconquista de Écija. Según las fuentes estaba terminada en 1262.
Concebida estructuralmente con tres naves y cabecera poligonal, se le añadieron con posterioridad dos naves laterales, por lo que su planta era irregular, contando con torre, patio de naranjos y cementerio. El edificio sufrió importantes reformas a lo largo de los siglos XVI y XVII, siendo la iglesia derribada en 1758 y construida de nueva planta (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
La primitiva iglesia de Santa María de la Asunción fue construida en 1262 y pertenecía al estilo gótico-mudéjar. A lo largo de los siglos XVI y XVII sufrió importantes reformas, siendo finalmente reconstruida durante el siglo XVIII. Destaca su interesante colección arqueológica, con piezas de diferentes épocas y culturas ubicadas en el claustro. La antigua torre mudéjar fue desmantelada para construirla de nueva planta en 1717. Más tarde, tras los daños del terremoto de Lisboa de 1755, se efectuaron una serie de reformas en el cuerpo superior de la torre (Ayuntamiento de Écija).
El edificio data del siglo XVIII y fue construido sobre un antiguo templo mudéjar de los siglos XVI y XVII destruido por el terremoto de Lisboa. La ejecución final del proyecto fue, entre otros, de José Álvarez, arquitecto neoclásico a quien se debe su aspecto y estilo actual.
La iglesia, de planta de salón, está formada por tres naves cubiertas por bóvedas vaídas, capilla mayor con bóveda de cañón y lunetos y capilla sacramental adosada a la nave del Evangelio. El crucero aparece cubierto por una cúpula sobre pechinas que aporta una gran luminosidad al conjunto. Adosados en lado izquierdo se añaden varias construcciones: la capilla sacramental, un claustro, la sala de tacas, el archivo y la biblioteca parroquial.
En el interior destaca su profusa labor decorativa, tanto escultórica como pictórica en retablos y muros, destacando el retablo del altar mayor rococó con la interesante pintura en tabla de la Virgen de la Antigua de hacia 1575, atribuida a Villegas Marmolejo, la sillería de coro que debió realizar Juan de Mesa y Andrés Díaz entre 1628 y 1632, y finalmente dos retablos de la nave derecha que albergan a un crucificado de tamaño natural del siglo XVI y a una tabla con San Lorenzo de Villegas y Marmolejo de 1579.
Esta iglesia parroquial posee también una importante colección museográfica de arte sacro. Sirva de ejemplo la cajonería rococó de la sacristía, las abundantes y ricas ropas de culto, la importante colección de libros de coro y los numerosos objetos de orfebrería.
Junto a la sala de tacas y la nave izquierda se encuentra el patio de la iglesia, en cuyas galerías se muestra un interesante conjunto de restos arqueológicos prehistóricos, romanos y árabes.
A un lado de la fachada se erige la torre. De clara inspiración en la Giralda, tiene dos cuerpos cuadrangulares y un remate cilíndrico y sufrió reformas tras perder el cuerpo de campanas en el citado terremoto de 1755. La imagen actual alterna dinteles y medio punto con decoración de azulejos y óvalos.
Horario
Invierno:
Lunes a sábado de 9:30 a 13:30 y de 17:30 a 20:30.
Domingo de 10:00 a 13:00 y de 18:00 a 21:00.
Misas:
Lunes a sábado: 20:00
Domingo: 12:00 y 21:00 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María;
La creencia y el dogma
Hacia finales del siglo XIII desapareció el tema de la Resurrección de la Virgen, que fue reemplazado por la Asunción.
En el Evangelio no se habla de la Asunción de la Virgen. Se trata de una leyenda tardía, copiada en el siglo VI del Arrebatamiento del profeta Elías y de la Ascensión de Cristo. En el siglo VIII, la Iglesia de Roma todavía consideraba la Asunción corporal de la Virgen una opinión piadosa y no un dogma. Los bizantinos se niegan a admitirlo y prefieren atenerse a la Dormición (Koimesis).
Fue en ocasión del Año santo de 1950, cuando el papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción.
La evolución del tema
La expresión Asunción es significativa: se opone a la Ascensión, como lo pasivo a lo activo. Es decir, la Virgen no asciende al cielo por sus propios medios, como Cristo, sino que es elevada al Paraíso sobre las alas de los ángeles.
1. Desde la Asunción del alma a la del cuerpo
El arte bizantino representa la Asunción del alma de la Virgen, recogida por Cristo en su lecho de muerte; y el arte de Occidente, su Asunción corporal fuera de la tumba donde los apóstoles la habían sepultado.
Por lo tanto debe distinguirse en iconografía la Asunción del alma de la Virgen en forma de niña y la Asunción de su cuerpo glorioso. Es lo que se denomina Assumptio animae (Seelenaufnahme) y Assumptio corporis (Himmelfahrt des wiederbeseelten Leibes).
Cristo regresó trayendo su alma que se unió nuevamente con su cuerpo. La Virgen, en actitud de orante, eleva las manos unidas, en una mandorla llevada por ángeles, encima de la tumba abierta alrededor de la cual están reunidos los apóstoles. La tumba está, ya vacía, ya llena, como un macetero fúnebre, de lirios y rosas blancas que, según San Juan Damasceno, exhalaban un delicioso perfume.
Ciertas fórmulas usuales en el siglo XII son particularmente originales. En una miniatura de un manuscrito de Glasgow, se ve a la Virgen subir al cielo en forma de momia envuelta en fajas, como un vapor blanco asciende por una chimenea cuyas paredes fuesen ángeles.
Un bajorrelieve de Autun representa a la Virgen agujereando la bóveda del arca fúnebre igual que Cristo atraviesa la puerta del sepulcro sellado sin romper los sellos.
Para estar protegida de eventuales ataques de demonios durante el trayecto, a veces la Virgen resucitada está escoltada por los arcángeles Miguel y Gabriel, que la protegen contra los poderes del Infierno. De manera excepcional, María está sentada en un bajorrelieve esculpido por Donatello para la tumba del cardenal Brancacci, en Nápoles.
Aunque la Asunción representa la Subida de la Virgen al cielo y la Inmaculada Concepción su Descenso hacia la tierra, era inevitable que se produjese una contaminación entre ambos temas. Por la influencia de las Letanías de Loreto, la Virgen de la Asunción generalmente está representada de pie, sobre un creciente de la luna, con la frente ceñida por doce estrellas, como la mujer del Apocalipsis. De esa manera la Assunta tiende a confundirse con la Immaculata.
El Speculum Humanae Salvationis explica detalladamente esta representación de la Virgen copiada de la mujer del Apocalipsis, con los pies sobre un creciente de la luna y la cabeza coronada de estrellas.
La Mujer apocalíptica que escapa al dragón es la imagen de la Virgen elevada al cielo. La luna que ella pisa es el símbolo de las cosas cambiantes del bajo mundo terrenal. Las doce estrellas que iluminan su cabeza recuerdan a los doce apóstoles reunidos en torno a su lecho, en el momento de su muerte.
2. Transformación de la Asunción en Ascensión
A causa de otra confusión iconográfica, la Asunción pierde su carácter original para convertirse en Ascensión. En vez de ser elevada al cielo por ángeles, la Virgen vuela sola, con los brazos extendidos, ante el asombro de los apóstoles; los ángeles que la rodean se limitan a formarle cortejo.
A veces hasta aparece provista de grandes alas de águila, como las que el Apocalipsis atribuye a la mujer perseguida por el dragón.
Esta transformación se consumó en el arte italiano del siglo XVI. El ejemplo más célebre de esta Ascensión de la Virgen, que ya no justifica el nombre de Asunción, es el gran cuadro de altar pintado por Tiziano en 1518 para la iglesia de los Frari de Venecia.
Sin embargo, esta nueva fórmula no eliminó completamente a la antigua. En el siglo XVII, Guido Reni y Poussin hacen elevar a la Virgen mediante grandes ángeles.
Temas anexos
El milagro de las flores en la tumba vacía
Los apóstoles comprueban que el sarcófago que usaron para sepultar a la Virgen está vacío y lleno de flores.
Este episodio se inventó para formar pareja con la visita de las Santas Mujeres al Sepulcro, que encuentran vacía la tumba de Cristo, y sobre la tapa volcada del sarcófago, un ángel que les anuncia que Cristo ha resucitado.
El sacro cinturón
Otra innovación del arte italiano es la añadidura al tema de la Asunción de la leyenda que cuenta que Tomás, el apóstol incrédulo, habría recibido el cinturón de la Virgen, que ésta dejó caer para convencerle de la realización del milagro. Pero al tiempo que la transformación de la Asunción en Ascensión se difundió en todo el arte cristiano, la iconografía de El Sacro Cinturón de la Virgen se mantuvo casi exclusivamente toscana.
Esta devoción estaba localizada en Prato, cerca de Florencia, donde se veneraba la Sacra Cintola desde el siglo XII. Eso explica que se trate de un motivo tan frecuente en la escuela florentina: es por ese signo que se reconocen las Asunciones toscanas.
La fuente de esta leyenda, inventada para formar pareja con la Aparición de Cristo resucitado al apóstol Tomás, es el Arrebatamiento del profeta Elías, quien, desde lo alto de su carro de fuego, lanza su manto mágico a su discípulo Eliseo. Se ha supuesto, ingeniosamente, que el estrecho cinturón con forma de cordón cogido por Tomás, materializado por la imaginación popular, era el vínculo místico que unía a la Virgen con los apóstoles; pero el origen bíblico es más verosímil que un despropósito iconográfico.
Según la versión más difundida, el apóstol Tomás, que se encontraba solo en el monte de los Olivos, vio ángeles que elevaban al cielo el cuerpo de la Virgen. Suplicó a ésta que le dejase una señal, y la Virgen dejó caer su cinturón. Después, se reunió con los apóstoles y les aseguró que el cadáver de la Virgen ya no estaba en su tumba. La abrieron, y así era: estaba vacía. Tomás contó entonces que vio a la Virgen elevarse al cielo, y mostró como prueba el cinturón que tenía en las manos.
De acuerdo con otra tradición, Santo Tomás llegó retrasado una vez más, aunque regresaba de La India, lo cual constituye una circunstancia atenuante. Para contemplar de nuevo el rostro de la Madre del Redentor, hizo abrir la tumba. El cuerpo había desaparecido, y en el sarcófago sólo quedaba la mortaja que exhalaba un perfume celestial. Los apóstoles concluyeron que la Virgen había resucitado; pero Tomás permanecía escéptico. Fue entonces cuando la Virgen, para convencerlo, dejó caer su cinturón desde lo alto del cielo.
De manera que en el primer caso, Tomás recibe el cinturón sin testigos, y en el segundo, en presencia de los apóstoles.
La Madonna della Cintola se diferencia de la Assunta porque la primera mira hacia abajo donde se encuentra Santo Tomás, en vez de dirigir la mirada al cielo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo;
En Oriente, donde surge, se la denomina Dormición o Tránsito de María. Se la cree fiesta de origen jerosolimitano, surgida como memoria de la dedicación de la iglesia que hizo construir la Emperatriz Eudoxia (+404) en el lugar de la Tumba de la Virgen en Getsemaní3, que se debió extender progresivamente, dedicada, con el apoyo de los apócrifos asuncionistas, a la glorificación de María. No olvidemos que esta fiesta corresponde al dies natalis de otro santo pero con una completa glorificación por la radicalidad de su redención, pues es inmaculada, y su íntima unión a su Hijo en la Obra de la Redención, por su maternidad divina y su corredención. Se celebraba ya en el siglo V en Palestina, en Siria y en sus áreas de influencia. Hacia la mitad del siglo VI estaba difundida con la dedicación a este misterio de la Asunción por todo Oriente, al asumir tal carácter la fiesta mariana del siglo IV, hasta convertirse en una fiesta muy popular y de precepto. El Emperador Mauricio (+602) la extendió a todo el Imperio Bizantino en la fecha del quince de agosto. Juan de Tesalónica, a principios del siglo VII, en su sermón sobre la dormición de la Virgen, afirma que se celebraba en casi todas las Iglesias orientales. Fue introducida en Occidente en el siglo VII, seguramente por la influencia de los monjes orientales, pero en enero. El día uno en Roma y el dieciocho en otras partes, como consta en el Martirologio Jeronimiano, en el Calendario de Luca, en el de Corbia y en otros. De la Galia conservamos la más antigua mención a esta fecha, quizá importada de Antioquía, donde se celebraba la Memoria de la Santa Madre de Dios, por obra de Casiano y los monjes lirinenses, como lo atestigua ya San Gregorio de Tours (+594). Fue ratificada por el Papa Sergio I (687-701), de origen sirio, que, como ya hemos comentado, prescribió en esta fiesta una procesión como en las de la Anunciación, la Purificación y la Natividad de la Virgen, que se estuvo celebrando hasta 1566, y fue quien la dotó seguro de solemne vigilia con ayuno. Inglaterra la adoptó de manera oficial en el Concilio de Cloverhoe del 747, presidido por Cutberto, Arzobispo de Canterbury, y en Francia, en el Concilio de Maguncia del 813, en su canon 36, la declara de precepto. Hacia fines del siglo VIII se cambió en Occidente el título de Dormición por el de Asunción, como consta en el sacramentario que el Papa Adriano I (+795) envió a Carlomagno. León IV en el 847 revigorizó su solemne vigilia y le añadió octava. En Francia, aunque se adoptó la fiesta, hubo cierta oposición a la entonces creencia de la asunción corporal de María, que no fue suficientemente fuerte para rechazar el término Asunción. De su introducción en la Península Ibérica no hay nada seguro antes del siglo VII, en que dan testimonio de ella San Isidoro de Sevilla y, más claramente, San Ildefonso de Toledo. Durante el periodo carolingio la fiesta sufre un cierto eclipse en Occidente por la difusión de un tratado en contra de la creencia asuncionista escrito por Pascasio Radberto bajo el pseudónimo de San Jerónimo. Un segundo tratado anónimo de finales del siglo IX, atribuido a San Agustín, que aceptaba las críticas de los apócrifos y se basaba en bases teológicas sólidas, relanza de nuevo el tema. Consumada la separación de las Iglesias orientales, la fiesta siguió tomando auge en ellas. El Emperador Manuel Commeno prescribió para ella el descanso festivo en 1166. Más tarde, en el siglo XIV, el Emperador Andrónico II emitió un decreto por el que consagraba a la Asunción el mes de agosto. En la Baja Edad Media se fue perfilando con precisión el contenido de fe de la fiesta y se fue popularizando. En el Breviario de San Pío V Ghislieri se suprimieron las dudas o imprecisiones de los textos de la fiesta.
Finalmente, en 1950, con motivo de la proclamación dogmática de este misterio, se redactaron unos nuevos formularios en que se exponía más claramente la verdad dogmática, recogidos en la Misa Signum magnum publicada al año siguiente. En el Misal actual del uso ordinario se han enriquecido de nuevo los textos y se le añadido una misa de vigilia. En el área alemana se practica en esta fiesta la bendición de hierbas, que no está originariamente vinculada a ella. Se remonta a orígenes paganos, y se ubica en esta fecha por ser verano avanzado, en que aquéllas esparcen su más fuerte aroma. Las hierbas que se bendicen varían según las comarcas, para la que encontramos un Ordo en el siglo X. Se guardan estas plantas como protección contra el fuego y contra el rayo. Posteriormente estas plantas se vinculan simbólicamente a María, flor de las flores.
En la Iglesia Bizantina es la fiesta mariana por excelencia y se prolonga por todo el mes de agosto, que es en Oriente, por eso, el mes de María: catorce días de preparación (cuaresma de la Virgen) y octava. Así el año litúrgico oriental adquiere un marcado carácter mariano, pues desarrollándose entre el uno de septiembre y el treinta y uno de agosto, comienza con la fiesta de la Natividad de María y termina con la de su Asunción (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Asunción, en Écija (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia.
La creencia y el dogma
Hacia finales del siglo XIII desapareció el tema de la Resurrección de la Virgen, que fue reemplazado por la Asunción.
En el Evangelio no se habla de la Asunción de la Virgen. Se trata de una leyenda tardía, copiada en el siglo VI del Arrebatamiento del profeta Elías y de la Ascensión de Cristo. En el siglo VIII, la Iglesia de Roma todavía consideraba la Asunción corporal de la Virgen una opinión piadosa y no un dogma. Los bizantinos se niegan a admitirlo y prefieren atenerse a la Dormición (Koimesis).
Fue en ocasión del Año santo de 1950, cuando el papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción.
La evolución del tema
La expresión Asunción es significativa: se opone a la Ascensión, como lo pasivo a lo activo. Es decir, la Virgen no asciende al cielo por sus propios medios, como Cristo, sino que es elevada al Paraíso sobre las alas de los ángeles.
1. Desde la Asunción del alma a la del cuerpo
El arte bizantino representa la Asunción del alma de la Virgen, recogida por Cristo en su lecho de muerte; y el arte de Occidente, su Asunción corporal fuera de la tumba donde los apóstoles la habían sepultado.
Por lo tanto debe distinguirse en iconografía la Asunción del alma de la Virgen en forma de niña y la Asunción de su cuerpo glorioso. Es lo que se denomina Assumptio animae (Seelenaufnahme) y Assumptio corporis (Himmelfahrt des wiederbeseelten Leibes).
Cristo regresó trayendo su alma que se unió nuevamente con su cuerpo. La Virgen, en actitud de orante, eleva las manos unidas, en una mandorla llevada por ángeles, encima de la tumba abierta alrededor de la cual están reunidos los apóstoles. La tumba está, ya vacía, ya llena, como un macetero fúnebre, de lirios y rosas blancas que, según San Juan Damasceno, exhalaban un delicioso perfume.
Ciertas fórmulas usuales en el siglo XII son particularmente originales. En una miniatura de un manuscrito de Glasgow, se ve a la Virgen subir al cielo en forma de momia envuelta en fajas, como un vapor blanco asciende por una chimenea cuyas paredes fuesen ángeles.
Un bajorrelieve de Autun representa a la Virgen agujereando la bóveda del arca fúnebre igual que Cristo atraviesa la puerta del sepulcro sellado sin romper los sellos.
Para estar protegida de eventuales ataques de demonios durante el trayecto, a veces la Virgen resucitada está escoltada por los arcángeles Miguel y Gabriel, que la protegen contra los poderes del Infierno. De manera excepcional, María está sentada en un bajorrelieve esculpido por Donatello para la tumba del cardenal Brancacci, en Nápoles.
Aunque la Asunción representa la Subida de la Virgen al cielo y la Inmaculada Concepción su Descenso hacia la tierra, era inevitable que se produjese una contaminación entre ambos temas. Por la influencia de las Letanías de Loreto, la Virgen de la Asunción generalmente está representada de pie, sobre un creciente de la luna, con la frente ceñida por doce estrellas, como la mujer del Apocalipsis. De esa manera la Assunta tiende a confundirse con la Immaculata.
El Speculum Humanae Salvationis explica detalladamente esta representación de la Virgen copiada de la mujer del Apocalipsis, con los pies sobre un creciente de la luna y la cabeza coronada de estrellas.
La Mujer apocalíptica que escapa al dragón es la imagen de la Virgen elevada al cielo. La luna que ella pisa es el símbolo de las cosas cambiantes del bajo mundo terrenal. Las doce estrellas que iluminan su cabeza recuerdan a los doce apóstoles reunidos en torno a su lecho, en el momento de su muerte.
2. Transformación de la Asunción en Ascensión
A causa de otra confusión iconográfica, la Asunción pierde su carácter original para convertirse en Ascensión. En vez de ser elevada al cielo por ángeles, la Virgen vuela sola, con los brazos extendidos, ante el asombro de los apóstoles; los ángeles que la rodean se limitan a formarle cortejo.
A veces hasta aparece provista de grandes alas de águila, como las que el Apocalipsis atribuye a la mujer perseguida por el dragón.
Esta transformación se consumó en el arte italiano del siglo XVI. El ejemplo más célebre de esta Ascensión de la Virgen, que ya no justifica el nombre de Asunción, es el gran cuadro de altar pintado por Tiziano en 1518 para la iglesia de los Frari de Venecia.
Sin embargo, esta nueva fórmula no eliminó completamente a la antigua. En el siglo XVII, Guido Reni y Poussin hacen elevar a la Virgen mediante grandes ángeles.
Temas anexos
El milagro de las flores en la tumba vacía
Los apóstoles comprueban que el sarcófago que usaron para sepultar a la Virgen está vacío y lleno de flores.
Este episodio se inventó para formar pareja con la visita de las Santas Mujeres al Sepulcro, que encuentran vacía la tumba de Cristo, y sobre la tapa volcada del sarcófago, un ángel que les anuncia que Cristo ha resucitado.
El sacro cinturón
Otra innovación del arte italiano es la añadidura al tema de la Asunción de la leyenda que cuenta que Tomás, el apóstol incrédulo, habría recibido el cinturón de la Virgen, que ésta dejó caer para convencerle de la realización del milagro. Pero al tiempo que la transformación de la Asunción en Ascensión se difundió en todo el arte cristiano, la iconografía de El Sacro Cinturón de la Virgen se mantuvo casi exclusivamente toscana.
Esta devoción estaba localizada en Prato, cerca de Florencia, donde se veneraba la Sacra Cintola desde el siglo XII. Eso explica que se trate de un motivo tan frecuente en la escuela florentina: es por ese signo que se reconocen las Asunciones toscanas.
La fuente de esta leyenda, inventada para formar pareja con la Aparición de Cristo resucitado al apóstol Tomás, es el Arrebatamiento del profeta Elías, quien, desde lo alto de su carro de fuego, lanza su manto mágico a su discípulo Eliseo. Se ha supuesto, ingeniosamente, que el estrecho cinturón con forma de cordón cogido por Tomás, materializado por la imaginación popular, era el vínculo místico que unía a la Virgen con los apóstoles; pero el origen bíblico es más verosímil que un despropósito iconográfico.
Según la versión más difundida, el apóstol Tomás, que se encontraba solo en el monte de los Olivos, vio ángeles que elevaban al cielo el cuerpo de la Virgen. Suplicó a ésta que le dejase una señal, y la Virgen dejó caer su cinturón. Después, se reunió con los apóstoles y les aseguró que el cadáver de la Virgen ya no estaba en su tumba. La abrieron, y así era: estaba vacía. Tomás contó entonces que vio a la Virgen elevarse al cielo, y mostró como prueba el cinturón que tenía en las manos.
De acuerdo con otra tradición, Santo Tomás llegó retrasado una vez más, aunque regresaba de La India, lo cual constituye una circunstancia atenuante. Para contemplar de nuevo el rostro de la Madre del Redentor, hizo abrir la tumba. El cuerpo había desaparecido, y en el sarcófago sólo quedaba la mortaja que exhalaba un perfume celestial. Los apóstoles concluyeron que la Virgen había resucitado; pero Tomás permanecía escéptico. Fue entonces cuando la Virgen, para convencerlo, dejó caer su cinturón desde lo alto del cielo.
De manera que en el primer caso, Tomás recibe el cinturón sin testigos, y en el segundo, en presencia de los apóstoles.
La Madonna della Cintola se diferencia de la Assunta porque la primera mira hacia abajo donde se encuentra Santo Tomás, en vez de dirigir la mirada al cielo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo;
En Oriente, donde surge, se la denomina Dormición o Tránsito de María. Se la cree fiesta de origen jerosolimitano, surgida como memoria de la dedicación de la iglesia que hizo construir la Emperatriz Eudoxia (+404) en el lugar de la Tumba de la Virgen en Getsemaní3, que se debió extender progresivamente, dedicada, con el apoyo de los apócrifos asuncionistas, a la glorificación de María. No olvidemos que esta fiesta corresponde al dies natalis de otro santo pero con una completa glorificación por la radicalidad de su redención, pues es inmaculada, y su íntima unión a su Hijo en la Obra de la Redención, por su maternidad divina y su corredención. Se celebraba ya en el siglo V en Palestina, en Siria y en sus áreas de influencia. Hacia la mitad del siglo VI estaba difundida con la dedicación a este misterio de la Asunción por todo Oriente, al asumir tal carácter la fiesta mariana del siglo IV, hasta convertirse en una fiesta muy popular y de precepto. El Emperador Mauricio (+602) la extendió a todo el Imperio Bizantino en la fecha del quince de agosto. Juan de Tesalónica, a principios del siglo VII, en su sermón sobre la dormición de la Virgen, afirma que se celebraba en casi todas las Iglesias orientales. Fue introducida en Occidente en el siglo VII, seguramente por la influencia de los monjes orientales, pero en enero. El día uno en Roma y el dieciocho en otras partes, como consta en el Martirologio Jeronimiano, en el Calendario de Luca, en el de Corbia y en otros. De la Galia conservamos la más antigua mención a esta fecha, quizá importada de Antioquía, donde se celebraba la Memoria de la Santa Madre de Dios, por obra de Casiano y los monjes lirinenses, como lo atestigua ya San Gregorio de Tours (+594). Fue ratificada por el Papa Sergio I (687-701), de origen sirio, que, como ya hemos comentado, prescribió en esta fiesta una procesión como en las de la Anunciación, la Purificación y la Natividad de la Virgen, que se estuvo celebrando hasta 1566, y fue quien la dotó seguro de solemne vigilia con ayuno. Inglaterra la adoptó de manera oficial en el Concilio de Cloverhoe del 747, presidido por Cutberto, Arzobispo de Canterbury, y en Francia, en el Concilio de Maguncia del 813, en su canon 36, la declara de precepto. Hacia fines del siglo VIII se cambió en Occidente el título de Dormición por el de Asunción, como consta en el sacramentario que el Papa Adriano I (+795) envió a Carlomagno. León IV en el 847 revigorizó su solemne vigilia y le añadió octava. En Francia, aunque se adoptó la fiesta, hubo cierta oposición a la entonces creencia de la asunción corporal de María, que no fue suficientemente fuerte para rechazar el término Asunción. De su introducción en la Península Ibérica no hay nada seguro antes del siglo VII, en que dan testimonio de ella San Isidoro de Sevilla y, más claramente, San Ildefonso de Toledo. Durante el periodo carolingio la fiesta sufre un cierto eclipse en Occidente por la difusión de un tratado en contra de la creencia asuncionista escrito por Pascasio Radberto bajo el pseudónimo de San Jerónimo. Un segundo tratado anónimo de finales del siglo IX, atribuido a San Agustín, que aceptaba las críticas de los apócrifos y se basaba en bases teológicas sólidas, relanza de nuevo el tema. Consumada la separación de las Iglesias orientales, la fiesta siguió tomando auge en ellas. El Emperador Manuel Commeno prescribió para ella el descanso festivo en 1166. Más tarde, en el siglo XIV, el Emperador Andrónico II emitió un decreto por el que consagraba a la Asunción el mes de agosto. En la Baja Edad Media se fue perfilando con precisión el contenido de fe de la fiesta y se fue popularizando. En el Breviario de San Pío V Ghislieri se suprimieron las dudas o imprecisiones de los textos de la fiesta.
Finalmente, en 1950, con motivo de la proclamación dogmática de este misterio, se redactaron unos nuevos formularios en que se exponía más claramente la verdad dogmática, recogidos en la Misa Signum magnum publicada al año siguiente. En el Misal actual del uso ordinario se han enriquecido de nuevo los textos y se le añadido una misa de vigilia. En el área alemana se practica en esta fiesta la bendición de hierbas, que no está originariamente vinculada a ella. Se remonta a orígenes paganos, y se ubica en esta fecha por ser verano avanzado, en que aquéllas esparcen su más fuerte aroma. Las hierbas que se bendicen varían según las comarcas, para la que encontramos un Ordo en el siglo X. Se guardan estas plantas como protección contra el fuego y contra el rayo. Posteriormente estas plantas se vinculan simbólicamente a María, flor de las flores.
En la Iglesia Bizantina es la fiesta mariana por excelencia y se prolonga por todo el mes de agosto, que es en Oriente, por eso, el mes de María: catorce días de preparación (cuaresma de la Virgen) y octava. Así el año litúrgico oriental adquiere un marcado carácter mariano, pues desarrollándose entre el uno de septiembre y el treinta y uno de agosto, comienza con la fiesta de la Natividad de María y termina con la de su Asunción (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Asunción, en Écija (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia.
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