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lunes, 5 de enero de 2026

El desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC"

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC", de Sevilla.  
     Hoy, 5 de enero, es el aniversario de la toma de posesión (5 de enero de 1574) de la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, por parte de la orden carmelita, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC", de Sevilla.  
     El desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC" [nº 111 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 30 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza de Cuba, 10; en el Barrio de Los Remedios, del Distrito de Los Remedios.  
     La Orden Carmelita, de lejanas resonancias bíblicas y eremíticas, toma su nombre del lugar donde tuvo sus orígenes: el Monte Carmelo, cordillera de Palestina asociada al recuerdo del profeta Elías quien llevó allí una vida eremítica junto con sus discípulos, narrada en el Antiguo Testamento (Libro II de los Reyes, 2), lugar que fue considerado santo según la más antigua tradición cristiana apoyada por los Padres de la Iglesia (San Gregorio, San Jerónimo, San Agustín, San Basilio). Las masivas peregrinaciones a Tierra Santa de los cruzados y la conquista de ésta a los musulmanes con la tercera cruzada a fines del siglo XII, posibilitó la instauración del Reino Latino de Jerusalén y el establecimiento de grupos de ermitaños latinos en el Monte Carmelo, en donde el recuerdo de Elías estaba vivo gracias a las narraciones bíblicas y a la tradición patrístico-eremita. Con el paso del tiempo y especialmente en la época de la Contrarreforma, los carmelitas sintieron la necesidad de tener a una figura santa que personificase su forma de vida, toda vez que no poseían un fundador al estilo de las otras órdenes religiosas, lo que propició el desarrollo de la conciencia eliana, ante el hecho de habitar en el Monte Carmelo, integrándose en la espiritualidad carmelitana como nota específica e individualizante. Según la narración de un peregrino francés que escribe en 1231, sabemos que existía un oratorio en medio de las lauras de los ermitaños, dedicado a la Virgen, por lo que fueron conocidos como Hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo, título que aparece ya en una bula pontificia de 1252. Estos eremitas que mantenían vivo el "espíritu" de Elías, solicitaron a principios del siglo XIII a Alberto, patriarca latino de Jerusalén, una regla o norma de vida para organizarse, que quedó redactada en 1209 y es conocida como Regla Primitiva o Regla de San Alberto, que se caracteriza por su esencia eremítica con algunas concesiones a la vida comunitaria, insistiendo en el silencio, la oración, el ayuno riguroso, la abstinencia, y el trabajo manual como medio de subsis­tencia, a lo que se añadían los tres tradicionales votos de pobreza, obediencia y castidad. La aprobación pontificia fue dada por Honorio III en 1226 y confirmada por Gregorio IX tres años más tarde en la bula Ex Offici Nostri.
     Pero los conventos o eremitorios de Oriente vivían bajo la amenaza constante de los ataques de los musulmanes, lo que hizo que muchos de sus miembros se trasladasen a Europa, considerándose la primera fundación carmelita en el continente la de Valenciennes en 1235, experimentando a lo largo de todo el siglo XIII un notable crecimiento. Finalmente, con la conquista sarracena de San Juan de Acre en 1291 y la matanza de los carmelitas que quedaban en el Monte Carmelo se pone fin a la Orden en Tierra Santa, rompiéndose las raíces orientales e inaugurándose definitivamente su ciclo europeo. El establecimiento en Europa coincidió con la proliferación de las órdenes mendicantes, que planteó a los ermitaños de Santa María del Monte Carmelo la alternativa de adaptarse a la forma de vida mendi­cante o continuar con su estilo eremítico y contemplativo. Se resolvió hacer una adaptación de la Regla, siendo el inglés Simón Stock, prior general durante veinte años, quien puso las bases de la nueva espiritualidad. Fue aprobada en 1247 por el papa Inocencia IV y aunque conservaba su espíritu contempla­tivo, se encamina hacia el apostolado característico de los mendicantes, se mitigaba el silencio y el ayuno, y se podía fundar con libertad, constituyéndose provincias con sus priores provinciales y sus capítulos, centralizadas todas en un Capítulo General como órgano supremo de gobierno con un prior general al que estaban sometidos todos los frailes. El papa Juan XXII extendió a los carmelitas en el año 1317 los privilegios que gozaban franciscanos y dominicos, con lo que alcanzaron plenamente la condición de mendicantes.
     El Capítulo General celebrado en el año 1256 autorizó la fundación de conventos en España, comenzando la expansión en la Península por Cataluña y Aragón y extendiéndose rápi­damente a lo largo del XIV. Durante el siglo XV el Carmelo padeció, al igual que el resto de las órdenes, la relajación de la vida espiritual y el desgobierno en sus conventos, surgiendo movimientos de observancia que insistían en la pobreza, el espíritu contemplativo y en la devoción mariana. Fundamental movimiento reformista en España fue el llevado a cabo por Santa Teresa de Jesús, quien habiendo reformado la rama femenina promovió la del Carmelo masculino. Con licencia del padre Rubeo, General de la Orden, en 1567, los padres Alonso González, provincial de Castilla, y Ángel Salazar, prior de los carmelitas de Ávila fundan las dos primeras casas de descalzos, manteniéndose aún la Orden unida. Rápidamente, a pesar de la austera vida adoptada, comenzaron a crecer las vocaciones y aumentar el número de monasterios que se reformaron. Este nuevo estado de cosas creó problemas de jurisdicción que determinaron la intervención papal, que nombró a tres dominicos para solucionar las fricciones entre calzados y descalzos. Pero la realidad fue otra, creándose un clima de conflicto y protesta que duró varios años. Con la mediación de Felipe II, el Papa Sixto V otorgó un breve en 1586 por el que concedía la separación de los calzados como Orden independiente, que fue ratificado posteriormente por Clemente VIII. Poco después se produciría una nueva disgregación en los conventos italianos que dará lugar a la separación por congregaciones de la gran familia carmelita, por un lado los conventos italianos y europe­os con su propio general superior, y por otro los de España, Portugal y América. En el siglo XVIII la Orden alcanzó su mayor desarrollo en número de casas y de miembros; sin embargo, tras la revolución francesa vinieron las sucesivas supresiones de instituciones religiosas. En la actualidad los Carmelitas tanto calzados como descalzos cuentan con un extenso número de conventos en todo el mundo.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS (CARMELITAS  DESCALZOS)
     En 1573 el padre fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios (1545-1614), discípulo de Santa Teresa y continuador de la reforma del Carmelo, en calidad de vicario y visitador apostólico de la Orden viene a Andalucía, llegando a Sevilla ese mismo año y hospedándose durante dos meses y medio en el convento Casa Grande del Carmen. Venía acompañado de fray Ambrosio Mariano Azaro de San Benedicto, soldado e ingeniero de origen napolitano, autor para Felipe II en 1561 de un proyecto de navegación del Guadalquivir hasta Córdoba, quien el 13 de julio de 1569 profesó en el convento carmelita de Pastrana y quien previamente había llevado una vida retirada en la ermita de San Onofre de Sevilla, junto a Juan de la Miseria que igualmente ingresó en dicho convento, manteniéndose siempre como hermano lego, y quien también acompañó al padre Gracián -recordemos que de fray Juan de la Miseria es el único retrato de Santa Teresa de Jesús, que se conserva en el convento sevillano de las Teresas-. Deseoso de fundar convento de descalzos en la ciudad, fray Jerónimo Gracián solicita al arzobispo D. Cristó­bal de Rojas y Sandoval el correspondiente permiso y un lugar para ello; ofrecido diversos sitios, como la antigua ermita de Nuestra Señora de Belén ubicada en la Alameda, finalmente el arzobispo les otorgó la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, situada a orillas del Guadalquivir en la parte de Triana, tomando posesión de ella el 5 de enero de 1574 y colocándose el Santísimo al día siguiente. El hecho de esta nueva fundación provocó tensiones en la comunidad carmelita que argüía que Gracián no tenía poder para realizar fundaciones a lo que éste argumentaba que por su condición de comisario y visitador apostólico sí le estaba permitido. 
     No coinciden los cronistas Alonso Margado y Ortiz de Zúñiga sobre los orígenes de la ermita de los Remedios. Margado señala que fue un ermitaño conocido como fray Pedro (+1553) venido a Sevilla hacia 1540 quien fundó en la vega del Guadalquivir una ermita donde retirarse y acabar sus días, colocando una imagen de la Virgen con la advocación de Nuestra  Señora de los Remedios  que pronto se convirtió en protectora de las gentes de la mar que surcaban el río, a la que se encomendaban antes de emprender sus viajes, especialmente los largos y arriesgados hacia las Indias. Los cronistas repiten cómo desde las naos y bajeles que salían del frontero puerto, los marineros saludaban con salvas de artillería a su paso por el santuario situado en la ribera de Triana, en donde "el santo patrón... juntando tablas y maderos de los navíos rotos, formó una capilla con su altar en donde puso una devotísima imagen de bulto de la gloriosa Virgen Nuestra Señora... la gente sevillana... comenzó a favorecer con sus limosnas la nueva hermita, con que se yva cada día mejorando. Y un devoto de Triana le dio allí un pedaço de tierra que lindaba con la hermita, para su huerta"; por bula de Pablo III quedó agregada a la basílica de San Juan de Letrán en Roma y muerto fray Pedro el Arzobispo de Sevilla don Fernando de Valdés la adjudicó a su visitador, lo que le acarreó pleitos con otros pretendientes, entre ellos Rodrigo del Castillo, hasta que el Arzobispo don Cristóbal de Rojas y Sandoval la entregó a los carmelitas. Para Ortiz  de Zúñiga, quien sigue a los cronistas descalzos del Carmelo, la fundación de la ermita de los Remedios tuvo lugar en el año 1526 por el canónigo de la catedral de Sevilla Martín de Gasca o Gasco, a cuyo cuidado estaba un ermitaño llamado fray Rodrigo, siendo en 1529 unida a San Juan de Letrán por bula del pontífice Clemente VII. Sea como fuere, resulta clara la existencia de una primitiva y modesta ermita o altar cubierto en ese extremo del arrabal de Triana a cuyo cuidado estuvieron ermitaños, entre ellos los mencionados fray Pedro y fray Rodrigo. Progresivamente, con la devoción y limosnas de las gentes de la mar y otros personajes, fue mejorándose y acrecentándose hasta constituir un recinto importante que levantó las suspicacias de los frailes del cercano convento de la Victoria y los intereses de clérigos y canónigos, pasando a ser patronato del arzobispado de la ciudad hasta su cesión a los carmelitas descalzos, para quienes la donación del santuario y sus pertenencias fue de total agrado, en un paraje alejado de la ciudad, con bellas vistas del recinto amurallado y de la vega del Guadalquivir y con una amena huerta, que pronto será ampliada con terrenos a su alrededor. La gran devoción que gozaba la Virgen de los Remedios no sólo entre los mareantes y vecinos de Triana sino también en la ciudad de Sevilla con devotos que cruzaban el puente de barcas para encomendarse a la popular imagen, determinó a los nuevos moradores que ésta continuara como titular del naciente convento, que tomó el nombre de Nuestra Señora de los Remedios.
     Tras acomodarse en lo que serían las modestas dependencias de la ermita, los carmelitas emprendieron la construcción del monasterio contiguo a ella. Sin embargo, la proximidad a la orilla del río provocaba la inundación del inmueble, y la excesiva humedad del terreno socavaba sus cimientos y hacía enfermar a los frailes: "aunque en la época de la fundación el convento esta en un sitio elevado, con las muchas venidas del río ha dejado tanto tarquín y lamo que ha venido a quedar tan bajo el dicho convento, que se inunda todo lo interior de el las veces que sale de madre; con lo cual se ha hecho su habitación tan enferma de que mucho años a esta parte lo está casi toda la comunidad todos los veranos, y mueren muchos; y algunos años ha sido necesario llevar seglares para cuidar a los religiosos por haber enfermado todos", motivos por los que los carmelitas se vieron en la necesidad de trasladar su convento en 1649 "a otro sitio más alto y sano que está entre dicho convento y el barrio de Triana a la misma vera del río, sin entrar en la población", en donde labraron nuevo monasterio e iglesia, cuyo ritmo constructivo fue lento pues el templo no estuvo terminado hasta el año 1700 en el que fue consagrado el 10 de octubre por el arzobispo don Jaime de Palafox, siendo prior fray Andrés de Jesús María y realizándose solemnes fiestas y predicaciones.
     Hay que señalar que son muchas las noticias que nos hablan de los daños, ocasionados por inundaciones, vientos y demás inclemencias meteorológicas, tanto en el antiguo como en el nuevo monasterio. En la riada de 1603 la campana de la torre de la iglesia se cayó, "con muerte instantánea del fraile que la tañía" en petición de socorro por estar el convento inundado. En su auxilio el asistente de la ciudad D. Bernardino de Avellaneda, pese a lo arriesgado que resultaba, fletó un barco tripulado por veinticuatro remeros que recogieron a los religiosos que fueron trasladados al conven­to del Santo Ángel de su misma Orden. De la riada del año 1618 los carmelitas de Los Remedios quedaron tan mal que el arzobispo de Sevilla don Pedro de Castro y Quiñónez les otorgó una cuantiosa limosna. En 1725 consta de nuevo estragos producidos por la avenida de este año, en el que a causa del fuerte viento las tapias de la huerta fueron derribadas, quedando completamente anegada por la crecida del río. En la riada de 1784 se perdió toda la cosecha de naranjas, producto cuya venta suponía la principal fuente de ingresos con que contaban los frailes para su sustento. A pesar de tan dramática situación el convento acogió y mantuvo a cincuenta vecinos desvalidos.
     La institución carmelita hubo de jugar un papel importante, pese a su condición de pobreza y austeridad, en la vida del cada vez más populoso arrabal de Triana, muy vinculado a la actividad marinera de la carrera de Indias. La ubicación ribereña de los Remedios, próximo al entonces llamado "puerto camaronero" o de las Muelas, en donde se habían instalado los astilleros y talleres de carenado, consti­tuyó un lazo religioso para todo el vecindario y especialmente para las gentes de la mar, acrecentado por la especial devoción a la Virgen de los Remedios por su intercesión en los viajes por mar, a la que los bajeles honraban haciendo salvas de artillería cuando llegaban a la altura del monasterio, fundándose además una piadosa cofradía que sacaba a la imagen en procesión en el mes de mayo.
     Sabemos que en 1613 el convento se vio afectado por el incendio, al menos su huerta, provocado por las explosión de los molinos de pólvora de Damián Pérez Galindo, que situados a orillas de río y contiguos a los Remedios "450 pasos de vara", destruyó, según las crónicas, más de treinta casas de alrededor y murieron mucha gente, lo que abrió un contencioso para que estos molinos y otros cercanos de otro propietario se colocasen en un lugar más apartado.
     Con el paso del tiempo el convento de Los Remedios fue arraigándose en la vida de Triana, mejorando sus instalaciones y acrecentando su patrimonio como se confirma en el último tercio del XVIII con la ampliación de la iglesia, ejecución de nuevos retablos y otras piezas artísticas. Considerable en dimensiones y abundancia de los productos de su huerta, que fue progresivamente aumentada por los frailes con tierras de alrededor del monasterio, siendo muy celebrada su producción de naranjas, limones y hortalizas, en la que "un suntuoso estanque en medio, que con su noria lo tiene siempre lleno de agua del Guadalquivir por una grande acequia en tan costoso edificio"; huerta en cuyo solar se construiría a partir de la década de los cuarenta del siglo XX buena parte del actual barrio de los Remedios, nombre tomado del monasterio en cuyo terreno se vino a asentar.
     No consta la fundación o residencia continuada de hermandades y cofradías en el convento, sólo existe referencia a la estancia de forma temporal de dos corporaciones. Una fue la de la Entrada de Jesús en Jerusalén y María Santísima del Desamparo que tras la exclaustración y cierre del vecino convento de la Victoria donde residía, vino a alojarse con sus retablos e imágenes a los pies de la nave del evange­lio del templo carmelita hasta la revolución de 1868 en que fue cerrado al culto, perdiéndose las imágenes y disolvién­dose la corporación. Igualmente se custodió en Los Reme­dios las imágenes de una hermandad desaparecida a mediados del siglo XVIII llamada del Santo Ecce-Homo y Nuestra Señora del Camino que estuvo establecida en la llamada capilla de los Mártires, en Triana, cercana al convento de la Victoria. Dichas imágenes residieron en la nave del evange­lio hasta el cierre al culto de la iglesia en 1868, en que pasaron a la parroquia de Santa Ana.
     En 1810 el convento fue ocupado y saqueado por las tropas francesas, quedando la iglesia sin uso hasta 1811 en que tras la marcha de los invasores fue reabierta al culto con solemne función el domingo 11 de septiembre, como ayuda de la parroquia de Santa Ana, gracias a la presión de los alcaldes y vecinos del barrio de Triana ante la autoridad que pretendía demolerla. En el año 1814 volvería la comunidad carmelita a ocupar el monasterio, de donde sería definitivamente expulsada en 1835 en cumplimiento de los decretos desamortizadores. El templo continuó abierto como auxiliar de la parroquia de Santa Ana pero el convento en 1844 estaba todo derribado. En 1868 la iglesia fue incautada por la Junta Revolucionaria que la sacó a pública subasta el 20 de julio del siguiente año. De nada sirvió la carta del Provisor y Vicario del Arzobispado de Sevilla al Ministro de Gracia y Justicia solicitando la paralización de la subasta y la vuelta al uso religioso, "tan necesario para el crecido número de feligreses del arrabal". El templo quedaría cerrado y abandonado hasta que a comienzos del siglo XX Rafael González­ Abreu lo adquiere y restaura para donarlo a la ciudad convertido en Instituto Hispano Cubano de Historia de América, siendo inaugurado para la Exposición Iberoameri­cana de 1929. Para su nuevo uso el arquitecto Juan de Talavera y Heredia realizó entre 1928-29 una serie de modificaciones y añadidos en el interior y exterior del templo corno la remodelación de la fachada principal, añadido de un balcón en la lateral, creación de una planta en la nave para alojar una biblioteca  y sala de lectura, una vivienda contigua a la cabecera para uso del propio González-Abreu, etc. Durante la guerra civil española la iglesia fue utilizada, entre otros usos, corno cuartel de las tropas alemanas del III Reich destacadas en la ciudad. Con la ruptura de relaciones entre el gobierno cubano de Fidel Castro y el régimen del General Franco la actividad de la nueva institución fue muy escasa. Con ocasión de la celebración de la Exposición Universal de 1992 en Sevilla, el recinto servirá como oficina de informa­ción y exposiciones -Expo-Info- y sede del Club Noventa y Dos, siendo el templo nuevamente intervenido en 1987 con la sustitución del forjado por otro metálico, nueva solería y recuperación del pequeño jardín-compás delantero de la fachada principal. Actualmente alberga un museo de carruajes. El inmueble fue declarado Monumento Nacional por Real Orden de 8 de febrero de 1931(Gaceta 17/ II/1931).
ARQUITECTURA
     No es posible establecer con precisión el perímetro que tuvo el convento de Nuestra Señora de los Remedios al estar ubicado en un paraje abierto en el extremo este del arrabal de Triana, sin edificios paredaños a él ni vías de comunicación bien definidas que lo delimitaran. De las referencias literarias y documentos visuales se desprende que los espacios cons­truidos fueron de menor significación que la amplia y rica huerta ceñida por un largo muro de cerramiento que, como ya comentamos, a veces sufrió las embestidas de las aguas en las crecidas del cercano Guadalquivir. González León, único autor que ofrece una somera descripción del monasterio, afirmaba que aunque "mediano", era "cómodo y con hermosas vistas", se entraba por un compás situado delante de la puerta principal de la iglesia ubicada a los pies de esta, espacio que correspondería actualmente con el patio ajardi­nado por el que se accede al inmueble desde la plaza de Cuba, patio que conserva a la derecha la que fuera vivienda del guarda realizada en la reforma de principios del XX. Además de al templo, el compás que poseía varias puertas y ventanas con rejas, daba paso al convento propiamente dicho, que se articulaba entorno a un patio principal de dos plantas de altura, formado por arcos sobre pilares, en torno al cual se distribuían las principales estancias como refectorio, sala capitular, sala de profundis, dormitorios, etc. Debió poseer además algún patio más de menor tamaño y de índole más doméstico así como instalaciones de carácter agrícola relacionadas con la producción de su feraz huerta.
     Sólo la iglesia, aunque en parte alterada, ha llegado a nuestros días, inserta en una amplia manzana densamente construida con edificios de gran altura y volumetría, entre la plaza de Cuba y calle Sebastián Elcano que corre paralela al río y al costado de la iglesia. Hubo ser construida en la segunda mitad del siglo XVII, tras el cambio de ubicación del monasterio en 1649 a causa de las reiteradas inundaciones que padecía por su proximidad al río. Hay que señalar que ni del primitivo convento ni su iglesia existe referencia. De autor hasta el momento desconocido, su construcción fue lenta pues no se consagra hasta el año 1700; originalmente era de una planta a la que el arquitecto José Echamorro le añadió dos naves late­rales, como queda recogido en su relación de méritos de 1786 para la obtención de la plaza de maestro mayor de la ciudad, en la que entre otras obras menciona dos naves laterales de la iglesia de los Remedios, en Triana, por lo que esta ampliación hubo efectuarse entre 1780-1785. Se trata de una iglesia de tres naves con crucero cubierto con cúpula sobre pechinas con decoración de yeserías barrocas en el interior, y al exterior con cubierta a cuatro aguas. La nave central con cubierta exterior a dos aguas con mansardas, es muy elevada y se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones que apean sobre un entablamento sostenido por pilastras toscanas. La fachada principal se sitúa a los pies y la fisonomía que hoy presenta se debe a la remodelación que realizó en 1928-29 Juan de Talavera; en el hastial que cubre las tres naves se abre un vano central adintelado de piedra enmarcado por pilastras sobre pedestal que sostiene una cornisa sobre la que se levanta un segundo cuerpo compuesto por frontón triangular partido con pináculos en los extremos y una hornacina semicircular enmarcada por pilastras estriadas, decorada con filetes mixti­líneos y rematada con frontón curvo con tres pináculos. El interior de la hornacina albergó una réplica en piedra de la Virgen de los Remedios que se veneraba en el interior, que hubo de desaparecer en los acontecimientos del siglo XIX, colocando en la intervención de principios del XX un busto de fray Bartolomé de las Casas realizado por el escultor José Laffita. Igualmente de esta fecha son las aperturas de las ventanas laterales del primer y segundo piso y las puertas anexas, debidas a Talavera y que mantienen el mismo esquema compositivo. El dintel de la puerta posee una decoración a base de tarjas y motivos vegetales con escudo en el centro. La portada lateral presenta varias aperturas de ventanas y sobre el vano central se sitúa un balcón con barandilla de hierro. La iglesia se completaba con una espadaña que no se ha conservado. Tras el presbiterio Talavera anexionó unas edificaciones que constituyeron la vivienda del mecenas que propició la restauración del edificio, Rafael González-Abreu. Igualmente a Juan de Talavera se debe la división del interior de la iglesia en dos plantas mediante un forjado de madera en donde se instaló la biblioteca y sala de lecturas del Instituto Hispano Cubano de Historia de América, división que sigue mante­niendo aunque en la última intervención el forjado fue sustituido por otro metálico.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     En el presbiterio, al que se accedía mediante cuatro gradas de jaspes rojos, se situaba el retablo mayor que fue concertado el 20 de abril de 1630 entre el ensamblador Alonso Sánchez y el prior fray Luis de San Jerónimo, el supe­rior fray Francisco de Cristo y los once frailes que componía en ese momento la comunidad, según la planta y traza que le entregaba el prior. El artista se comprometía a darlo terminado en blanco ese mismo año por un precio de 800 ducados en moneda de vellón, a pagar en cuatro plazos, de los que existe documento notarial de dos de ellos, uno por 400 ducados otorgado el 16 de enero de 1631 al entonces prior fray Antonio de Jesús, y otra carta de pago por 200 ducados dada el 17 de mayo de ese mismo año, de lo que se colige que el retablo no estuvo terminado en la fecha estipulada. Es obra que se da por perdida, desconociéndose hasta el momento las circunstancias de su desaparición. Aunque de Alonso Sánchez existen referencias documentales de  sus obras desde 1620, no se conservan ninguna de ellas que nos permita establecer algún paralelismo estilístico, si bien es cierto que éste hubo de atenerse a la traza que le entregó el prior como queda de manifiesto en la escritura notarial, por la que conocemos que el retablo montaba sobre un banco en cuyo centro se situaba un significativo sagrario, según se describe en el contrato, de planta cuadrada y cubierta semicircular, de buen tamaño para que cupiera la custodia de plata que poseía la comunidad, con columnas corintias enteras con traspilares, cornisa, y decoración de cartelas y dentellones y rematado en sus frontispicios con el escudo de la Orden tallado; dos figuras laterales "de relieve entero" y una pintura al óleo en la puerta lo completaban. El cuerpo principal del retablo se articulaba mediante cuatro grandes columnas corintias de fuste estriado que formaban tres calles, la central de mayor anchura que las laterales, con hornacina central semicircular, de pie y medio de profundidad, flanqueada por pares de columnas corintias enteras con sus traspilares, en donde se disponía la imagen de la Virgen de los Remedios sobre una peana. Sobre la cornisa con resaltos montaba un segundo cuerpo concebido como un ático, articulado mediante estípites que flanqueaban un panel central, con escudos de la Orden a los lados, y un relieve del Espíritu Santo en el remate. No se especifica las esculturas que lo completaba aunque sí que las habría de hacer "el mejor oficial que hubiere en Sevilla". Todo el retablo se insertaba a su vez en un gran arcosolio sobre grandes pilastras de orden compuesto, huecas para que pasaran las cuerdas de las campanas, pinjante en la clave y un Dios Padre de medio relieve.
     El 30 de diciembre de 1718 el  arquitecto de retablos Pedro de Torre, concierta con los carmelitas la reforma del retablo mayor "sobre lo que tiene lo que le falta para su perfección, según la planta y dibujo de pergamino que por parte de dicho convento se me ha entregado... y reparar todos los daños que tiene", trabajos cuyo costo ascendió a 650 ducados de vellón. El traslado del convento y la ejecución  de  una nueva iglesia terminada en 1700 hizo necesario el acondicionar el antiguo retablo al nuevo presbiterio y reparar los daños que pudo padecer con las sucesivas riadas que afectaron al convento y que determinó su traslado a un lugar un poco más alejado de la orilla del río. Desconocemos las características de la intervención de Pedro de Torre pero sin duda al clasicista retablo ensamblado por Alonso Sánchez hubo de añadirle nuevos elementos con una profusa decoración barroca, que hizo a González de León calificarlo como perteneciente al tiempo "del mal gusto", añadiendo que fue reformado y pintado por el escultor Gabriel de Astorga.
     La imagen de la Virgen de los Remedios que presidía el retablo mayor no se ha conservado. Tras el cierre definitivo al culto de la iglesia en 1868 pasó a la parroquia de Nuestra Señora de la O, colocándose en el interior de hornacina acristalada de un retablo neoclásico situado hacia la cabecera de la nave del evangelio, hasta que fue destruida en los disturbios de 1936, quedando sólo el candelero y la corona de plata. Según Hernández Díaz y Sancho Corbacho se trataba de una imagen de vestir dieciochesca, por lo que no era la primitiva Virgen de la ermita de los Remedios que pasó a presidir y dar nombre al convento fundado por los carmelitas. El único testimonio visual de la Virgen de los Remedios es una réplica realizada en mármol que existió en una hornacina de la fachada principal de la iglesia, que fue adquirida por don Eduardo Ybarra a principios del siglo XX antes de la compra del templo por González-Abreu, y que actualmente se conserva en su domicilio, el antiguo palacio de los Jaén, en un pequeño patio contiguo al principal, en donde fue colocada en 1911. Situada sobre un pedestal quizás añadido con posterioridad, mide 1,90 m. de alto, con el Niño vestido y presentado frontalmente en actitud de bendecir. El rostro de la Virgen se enmarca con una toca, y lleva túnica y manto acampanados, ambos adornado con decoración floral y geométrica; a los pies apenas si se aprecia la media luna con cabeza de querubín en el centro. Esta imagen, quizás sea el testimonio iconográfico más cercano a la primitiva imagen que en fecha indetermi­nada fue sustituida, quizás coincidiendo con la inauguración del nuevo templo en 1700, por otra de candelero y de estilo barroco que fue la que pasó a la parroquia de la O.
     Las naves y crucero de la iglesia poseyó un nutrido número de retablos y altares, a los que González de León consideraba de poco mérito, y cuya advocación quedó recogida en un inventario de los bienes del convento realizado tras la ocupación francesa, en el que lamentablemente sin ninguna característica que los identifique, fecha de ejecución o su iconografía. Estaban dedicados a Santa Teresa, San Juan de la Cruz, a la Virgen del Carmen, a San José, a la Virgen de los Dolores, al Cristo del Olvido, a San Miguel, a San Juan Bautista, a la Beata María de la Encarnación, a San Alberto, a San Cayetano, a Santa Bárbara, a San Elías y a Santa Ana. Con los acontecimientos del siglo XIX los retablos se destruyeron o dispersaron por iglesias sevillanas, como el que se halla en el lado del evangelio del crucero de la iglesia del Cachorro en Sevilla, de estilo rococó, a donde pasó en blanco y que actualmente está dorado y alberga la imagen de Nuestra Señora del Patrocinio. Los dedicados a San Miguel y San Juan Bautista se hallaban a los pies de la iglesia del lado del evangelio y fueron construidos entre 1714 y 1716 pues en 1713 ambas capillas estaban por "aderezar", según el aprecio realizado por el notario Nicolás de Leiba el 8 de noviembre de ese año a instancias del prior fray Francisco de Santiago. Gracias a las limosnas de diferentes vecinos de Triana como Juan Correa Bosa de Paz que colaboró con "material y maravedises" o el presbítero Juan Ortiz, fueron concluidas; así lo testimonia el citado notario el 16 de marzo de 1716, quien señala que el San Juan Bautista que presidía el retablo a él dedicado era de madera y de vara y media de alto aproximadamente, al igual que el San Miguel de la capilla contigua y última del lado del evangelio aunque este era de barro. Sabemos que los retablos estaban compuestos por piezas de retablos antiguos y retazos de tafetanes viejos. Las capillas estaban soladas con losetas cuadradas vidriadas en color blanco y negro y se cerraban mediante verja de madera de siete cuartas de alto, con sus balaustres pintados en negro.
     Por un contrato fechado el 8 de agosto de 1620 entre el escultor Juan de Mesa y los religiosos del también convento carmelita del Santo Ángel de Sevilla, sabemos que los Remedios poseyó un San José con el Niño de la mano, actualmente sin identificar, que sirvió al artista de modelo "de conformidad de otro santo con su niño questa en la iglesia de nuestra señora de los remedios de triana de dicha orden".
     Una última referencia al patrimonio escultórico de Los Remedios la hallamos en nuestro inseparable González de León, quien menciona en el altar mayor a dos ángeles mancebos que atribuye a Pedro Roldán no identificados. 
PINTURAS
     La única referencia hasta el momento sobre la existencia de pinturas en el convento de los Remedios la hallamos en Tassara y González, quien siguiendo a Serrano Ortega situaba en el claustro una obra de grandes dimensiones realizada por Domingo Martínez que representaba el "Misterio de la Concepción", que pasó al Museo de Pinturas inventariada con el número 76. Actualmente se conserva en la pinacoteca sevillana con fecha de ingreso en 1840, una Apoteosis de la Inmaculada de gran tamaño (276 x 543 cm.), firmada por Domingo Martínez y con el número 74 de inventario antiguo, que viene considerándose como obra procedente del monasterio de San Francisco de Sevilla o de algún otro de franciscanos, por presentar en su iconografía santos de esa Orden. Creemos que esta pintura corresponde a la citada en el claustro carmelita, para donde fue pintada o donde se colocó tras el cierre del convento de San Francisco. Se trata de una interesante y ambiciosa composición, cuya fecha de ejecución se ha establecido en torno a 1740. Centra la escena una Inmaculada de aires murillescos sobre trono de nubes poblado con numerosos y movidos angelotes, y flanqueada por el Venerable Duns Scoto y sor María de Agreda, fervien­tes defensores en sus escritos del dogma de la Inmaculada. A la izquierda figuran los distintos papas que redactaron bulas a favor de la creencia inmaculadista, mientras que a la derecha aparecen los monarcas hispanos Felipe IV, Carlos II y Felipe V que habían asistido ante Roma para la resolución de esta causa. Un rompimiento de gloria completa la composición en donde se identifican a los Cuatro Padres de la Iglesia junto con San Andrés a la izquierda y San Francisco con un grupo de frailes de su Orden a la derecha (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
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domingo, 4 de enero de 2026

El Lagar de Antonio Núñez - Bar La Perdiz, en Villanueva del Ariscal (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Lagar de Antonio Núñez - Bar La Perdiz, en Villanueva del Ariscal (Sevilla).
     Lagar de prensa de jaula (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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La pintura "Retrato de Mercedes Llorach", de Ramón Casas, en la Sala XIV del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Retrato de Mercedes Llorach", de Ramón Casas, en la sala XIV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
     Hoy, 4 de enero, es el aniversario del nacimiento (4 de enero de 1866) de Ramón Casas, pintor, autor de la obra reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Retrato de Mercedes Llorach", de Ramón Casas, en la sala XIV, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala XIV del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Retrato de Mercedes Llorach", de Ramón Casas (1866-1932), siendo un óleo sobre lienzo, en estilo modernista, realizado en 1901, con unas medidas de 0'73 x 0'61 m., procedente del depósito del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en 2022.
     Retrato de juventud de la esposa del escultor sevillano Manuel Delgado Brackenbury, del que el museo posee obra, y madre de Belén Delgado Llorach, representada en la colección permanente gracias a un retrato de Alfonso Grosso y una escultura de su padre, y de Manuel Delgado Llorach, cuyo retrato por Santiago Martínez forma parte también de los fondos del museo desde 2018 gracias a la donación de María, Ignacio y Miguel de Oyarzábal. 
     La obra, alegre y luminosa, transmite naturalidad. Excepto por el oscuro cabello, el colorido de claros tonos pastel es el gran protagonista junto con el libre tratamiento de la pincelada. Muy elocuente en este sentido resulta el vestido blanco, realizado con múltiples tonos de ocres y rosas aplicados con amplios y expresivos toques cargados de materia. El rostro, sin embargo, se resuelve con pinceladas más apretadas para individualizar los rasgos de la retratada, que se presenta ante un fondo ligeramente modulado en el que un espejo con su sombra, la única que se aprecia en la composición, ayuda a crear el espacio circundante (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).     
Conozcamos mejor la Biografía de Ramón Casas, autor de la obra reseñada
     Ramón Casas Carbó (Barcelona, 4 de enero de 1866 – 29 de febrero de 1932). Pintor.
     Ramón Casas era hijo de Ramón Casas Gatell, comerciante que había conseguido enriquecerse durante una permanencia de veintiséis años en la isla de Cuba, y de Elisa Carbó Ferrer, perteneciente a una acomodada familia barcelonesa propietaria de una fábrica textil en Sant Benet de Bages. Desde muy joven, Ramón Casas encontró todas las facilidades para poder aprender las técnicas pictóricas, actividad artística en la que se inició a través de interesantes retratos realizados a sus familiares.
     Después de una corta estancia en la Escuela Carreras, del barrio barcelonés de San Gervasio, los padres aceptaron que el joven artista abandonara los estudios para iniciar su carrera pictórica en el taller de Joan Vicens (1820-1886), célebre pintor y retratista que gozaba de un considerable prestigio. En octubre de 1881, la revista L’Avenç publicó por primera vez uno de sus dibujos que se titulaba Records d’altre temps y tenía como tema un rincón del claustro de Sant Benet.
     Ramón Casas no aceptaba seguir reglas establecidas que frenaran o limitaran la expresión de su genio, por lo que no es extraño que a finales de octubre de 1881 se dirigiera a París, dando comienzo así a una relación con la capital francesa que se prolongaría a lo largo de toda su vida. El joven pintor se inscribió en el taller de Carolus Duran, ferviente admirador de Velázquez, y ya en 1883 su predisposición personal, su curiosidad y su talento fueron reconocidos cuando el jurado del Salon des Champs-Élysées aceptó su Autorretrato.
     En octubre de 1883, Casas viajó a Granada, donde pasó unos meses acompañado por el pintor Laureà Barrau. En marzo de 1884, finalizada su estancia en Andalucía, regresó a París. A finales de noviembre se encuentra en Barcelona acompañado de uno de sus amigos franceses, el pintor Maurice Lobre. En enero de 1885 los dos amigos viajaron a Madrid, lo que supuso para ambos artistas la posibilidad de conocer directamente la pintura de Velázquez.
     Casas pasó una larga temporada en Barcelona. El año de la Exposición Universal de Barcelona, 1888, supuso un momento crucial para su evolución artística. En febrero de 1889, dos retratos presentados en la Sala Parés ponen de manifiesto la amistad que había entre Ramón Casas y Santiago Rusiñol: Casas pintó a Rusiñol y Rusiñol pintó a Casas. Poco más tarde, en junio, los dos artistas realizaron un viaje en carro por Cataluña.
     En 1890 se inauguró la Primera Exposición Rusiñol- Casas-Clarasó. En 1891, Casas se estableció junto a Rusiñol en un piso del barrio de Montmartre de París, lugar que se convirtió en escenario habitual de sus cuadros, principalmente el Moulin de la Galette. Sus obras se mostraron en diversos salones parisinos y en la Exposición Universal de Berlín.
     A finales de septiembre de 1891, acompañado por otro destacado pintor, Eliseu Meifrèn, Casas pasó unas semanas en Sitges con la intención de plasmar en sus cuadros la luz del lugar, cogiendo principalmente como escenario los patios típicos de las casas y paisajes a pleno sol. Las obras que pintó en Sitges y sus alrededores se presentaron en la Segunda Exposición Rusiñol-Casas-Clarasó, organizada en octubre de 1891 en la Sala Parés de Barcelona. Se trata de cuadros en los que la influencia de la Escuela Luminista se hace más que patente: Marina, Migdia a Sitges, En un patio, Camino del Vinyet y Camino antiguo de Vilanova.
     En agosto de 1892, con motivo de la Primera Exposición de Bellas Artes de Sitges, Casas presentó un conjunto de obras pintadas en la misma línea, donde la luz continuaba siendo el primer objetivo a captar.
     En esta exposición, que fue considerada como la Primera Fiesta Modernista, Casas aportó obras como: Patio del Vinyet I, Patio del Vinyet II, Camino del Vinyet, Efecto de sol, Estudio, Camino soleado, Un muro y Efecto de Gris.
     A partir de 1893, Ramón Casas continuó experimentando con diferentes temas y nuevas soluciones formales y compositivas. El 10 de febrero de 1893 se inauguró la Tercera Exposición Rusiñol-Casas-Clarasó.
     A principios de 1893 participó en los Salons des Beaux Arts de París y en la Exposición Universal de Chicago. Durante este año, Casas decidió instalarse definitivamente en Barcelona, sin dejar de viajar a París los meses que estaban abiertos los salones.
     Con su nueva situación personal, la temática de sus obras sufre un giro. Los paisajes y ambientes parisinos dejan paso a una temática distinta como son los bellos y sensuales desnudos de mujeres. Estas obras evolucionaron de un tipo de mujer joven e ingenua a unos cuerpos que denotaban el conocimiento, el deseo y la tentación. Para estas últimas se inspiró en las formas de Rodin.
     Ramón Casas, como cualquier otro ciudadano catalán, vivía inmerso en los problemas sociopolíticos que conmovían la tranquilidad de aquella época. Por todo ello no es de extrañar que Casas pintara la ejecución de una sentencia de muerte, Garrote vil (1894), Embarque de tropas a Cuba (1896) o Salida de la procesión de Santa María del Mar (1898), obras que consolidaban su prestigio como pintor de temas de historia contemporánea.
     Durante aquellos años, Casas intensificó su interés por las “chulas”. En la exposición que organizó el Círculo Artístico en marzo en la Sala Parés, presentó obras de esta temática. En 1896 mostró en la Sala Parés dos retratos de figuras femeninas vestidas con mantón de Manila y un pañuelo en la cabeza. Además, en el Salon du Champ de Mars de París presentó A los toros (1896), con una elegante “chula” que consiguió llamar la atención de los aficionados.
     El 12 de junio de 1897 se inauguró, en la calle de Montsió de Barcelona, el local llamado Els Quatre Gats. La idea surgió de Miquel Utrillo, que viendo a Pere Romeu sin trabajo, pensó que éste poseía las condiciones necesarias para llevar a cabo la misma función que desarrollaba Rodolphe Salis en Le Chat Noir de París. La ayuda económica para el proyecto procedió del banquero Manuel Girona, del comerciante Martínez Ardéniz y del propio Casas. Els Quatre Gats se convirtió en un centro cultural donde se organizaban exposiciones y veladas literarias, encuentros artístico-musicales y espectáculos de sombras chinas y marionetas. Para anunciar los actos y dar a conocer la cervecería se utilizaron carteles dibujados por Casas. A estos carteles seguirían los destinados a promocionar el Anís del Mono o el cava Codorniu, obras con las que Casas consiguió un lugar preeminente y consolidado en el campo de los carteles.
     En 1899 salió la revista Pèl i Ploma, en la que Casas publicó dibujos y óleos con la voluntad por parte de Utrillo y Casas de ampliar y enriquecer el panorama artístico barcelonés. La última publicación patrocinada por Casas fue la revista Forma, que apareció a finales de febrero de 1904 y que dejó de editarse en diciembre de 1907.
     A los treinta y tres años, Ramón Casas sintió la necesidad de plantearse una obra que demostrara su capacidad para enfrentarse a problemas pictóricos de difícil solución. Por esta razón decidió pintar una composición de gran formato: La carga (1899). La obra se expuso por primera vez en el Salon des Beaux Arts de 1903, con el título de Barcelona 1902, haciendo referencia así a las insurrecciones y conflictos sociales que se produjeron aquel año en la ciudad.
     A principios de marzo de 1900, Casas volvió a pasar una larga temporada en París, donde permaneció hasta finales de octubre del mismo año. El ambiente parisino le motivó, e hizo que plasmara su esencia en las páginas de Pèl i Ploma. El mes de octubre, el pintor realizó un viaje a Londres acompañado por Miquel Utrillo.
     En este período no se sintió atraído por el ambiente bohemio; el motivo central de sus composiciones fueron las figuras femeninas modernas, jóvenes y elegantes, que lo llevaron poco después a decorar el salón de los fumadores del Círculo del Liceo, magnífico conjunto pictórico finalizado en junio de 1902.
     En enero de 1904, Casas pasó una larga temporada en Madrid, período que aprovechó para copiar cuadros del Museo del Prado. Durante aquel tiempo pintó el retrato de Alfonso XIII, así como realizó una serie de retratos al carbón de destacados personajes de la sociedad y cultura españolas, como Benito Pérez Galdós, Àngel Guimerà, Enric Morera, Chicharro, Muñoz Derain. Aquel año consiguió la primera medalla en la Exposición Nacional de Madrid de 1904, con La carga.
     Es en 1905 cuando Casas empieza a pintar una nueva serie de figuras femeninas envueltas en mantones de Manila o cubiertas por “toreras”. En comparación con las “chulas” de 1896-1898, estas mujeres ofrecen un aspecto más artificial y pintoresco, debido a los elementos añadidos por el pintor (sombreros, mantones, lazos o joyas). Durante aquel año, Casas presentó el retrato de Alfonso XIII en el Salon des Beaux Arts de París y en la exposición organizada en el patio del Ministerio de Madrid, junto a sesenta retratos de la sociedad madrileña.
     A la edad de cuarenta años, Casas conoció a Julia Peraire Ricarte, de dieciocho años, y sin preocuparle en absoluto la oposición de su familia, la convirtió en su modelo, en su compañera y, en 1922, en su esposa.
     Ya desde el inicio de la relación Julia se convirtió en la figura principal de la mayoría de sus carteles y retratos.
     Casas encontró, en la belleza y la frescura de su compañera, el gran aliciente de sus obras, llegando a realizar bellos retratos de mujer, llenos de fuerza y sensualidad. Fruto de la inspiración que la modelo le sugería son obras como La Sargantain (1907) o Retrato de Julia (1908).
     En 1908, Ramón Casas realizó otro retrato de Alfonso XIII, pero esta vez lo presentó como gran maestro del Toisón de Oro. Ofreció a la Junta de Museos su colección de retratos de personalidades catalanas.
     A finales de octubre, Casas viajó a los Estados Unidos invitado por el millonario americano Charles Deering, al que había conocido en 1903. Aquella estancia se alargará seis meses que le valieron para visitar Nueva York, Washington, Pasadena, Los Ángeles, Miami y Cuba. El 20 de abril de 1909, Casas regresó a Europa; primero pasó unos días en París y después volvió a Barcelona.
     Pocos meses después de su regreso a la Ciudad Condal, Casas recibió la visita de Charles Deering quien, con la idea de visitar diversas poblaciones catalanas, viajó en coche desde París. Una de sus primeras visitas fue Sitges. Deering quedó tan enamorado de la población que decidió construirse una residencia para poder pasar allí algunas temporadas de descanso.
     Con esta finalidad, y seguramente influenciado por el Cau Ferrat de Rusiñol, el industrial americano decidió comprar varias casas de pescadores y el antiguo hospital de San Juan para transformarlos en su residencia, conjunto arquitectónico que se conoce con el nombre de Maricel.
     Entre 1910 y 1914, acompañado por su amigo Deering, Ramón Casas realizó diversas estancias por ciudades europeas. A finales de octubre de 1910 visitaron París. En julio de 1911 se encuentran en Holanda, donde se interesaron por la obra de Frans Hals, y en septiembre del mismo año viajaron a Italia. En verano de 1912, Casas viajó a Madrid junto con un grupo de amigos, entre los que se encontraba Deering, con la intención de comprar muebles para el Maricel.
     En 1914, tras una estancia de Deering en América, los amigos se reencontraron en Biarritz, desde donde emprenderían un viaje a Sevilla y a Madrid.
     A finales de 1910, Casas inició una segunda versión de su obra La carga, pieza destinada a la colección privada de Deering y para la que el artista elige la plaza de Vic como escenario de la acción.
     Sin dejar de retratar a Julia, el pintor escogió una nueva modelo, una joven morena de grandes ojos oscuros, prototipo de la mujer española, conocida como Carmencita. Las obras que esta modelo inspiró, Verano (1912), Mujer con mantón y sombrero cordobés (1912-1914) y Carmencita (1914), entre otras, muestran las preferencias artísticas de aquellos. Casas juega con los recursos de los flecos, los abanicos y los mantones; escoge armonías que consideraba seguras, por haberlas cultivado en años anteriores, y unas gamas cromáticas inspiradas en los trajes de los toreros.
     El día 10 de noviembre de 1912 murió Elisa Carbó, madre de Ramón Casas, que le dejó de herencia el monasterio de Sant Benet de Bages. Un año más tarde inició los trabajos de restauración de aquel interesante conjunto arquitectónico, lugar lleno de encanto cuyo claustro e interiores se convertirán, a partir de aquel momento, en escenarios habituales para la obra de Casas. En la Exposición Conmemorativa del 25 Aniversario de la primera exposición conjunta Rusiñol-Casas-Clarasó, en 1915, se presentaron obras realizadas aquellos años.
     Otra noticia interesante se produce en el mes de marzo de 1917, cuando un gran número de artistas catalanes solicitaron al Ayuntamiento de Barcelona la organización de una exposición de creadores franceses.
     El día de la clausura de la muestra, y en señal de reconocimiento por parte de Francia, Casas fue nombrado miembro de la Legión de Honor francesa.
     Otro de los lugares que mereció la atención pictórica de Casas fue el castillo de Tamarit, que había sido adquirido por Deering. Casas fue el encargado de convertirlo en una residencia habitable. De su estancia en Tamarit surgen un buen número de paisajes que serán presentados en diversas exposiciones.
     Durante aquellos años, y hasta el final de su vida, tanto la producción de retratos como su participación en certámenes y exposiciones resultaron ser muy fructíferas.
     En 1921, Rusiñol, Casas y Clarasó volvieron a exponer juntos y decidieron que lo harían cada año.
     Y así fue, hasta que aquella tradición terminó con la muerte de Rusiñol en 1931.
     Demostrando una vez más su amistad con Charles Deering, en 1923 Casas viajó a Miami para visitar a su amigo, que estaba enfermo y muy cansado. Repitió aquella visita un año más tarde, esta vez acompañado por su mujer. El viaje duró dos meses, de marzo a mayo, y la pareja viajó a Miami, Boston y Chicago.
     Al igual que ya había hecho muchos años antes en sus viajes de juventud, Ramón Casas aprovechó la estancia en tierras americanas para realizar retratos de amigos de Deering, el cual moriría en 1927.
     El 14 de junio de 1930 se inauguró, en el salón de la Reina Regente del Palacio de Bellas Artes, una exposición- homenaje a Ramón Casas, organizada por el Real Círculo Artístico. En aquella muestra se pudo ver una importante selección de obras en las que se representaban las distintas etapas de la producción del artista, incluidos diversos retratos al carbón. Ramón Casas ya estaba enfermo. Su salud no mejoró, y a las ocho de la tarde del 29 de febrero de 1932, llegó a su fin la vida del gran pintor. Ramón Casas Carbó moría en Barcelona, ciudad en la que sería enterrado a las once de la mañana del día 2 de marzo. Con la muerte de Casas desaparecía un artista plenamente reconocido y admirado que contribuyó a dar una categoría universal a la pintura española (Isabel Coll Mirabent, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Retrato de Mercedes Llorach", de Ramón Casas, en la sala XIV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Sala XIV del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 3 de enero de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Iglesia de Santa Catalina mártir, Ermita de la Virgen del Socorro, Ermita de la Virgen de Loreto, y Plaza de Toros) de la localidad de Higuera la Real, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Iglesia de Santa Catalina mártir, Ermita de la Virgen del Socorro, Ermita de la Virgen de Loreto, y Plaza de Toros) de la localidad de Higuera la Real, en la provincia de Badajoz.
     Se localiza en las proximidades de Fregenal, en dirección al sur, sobre un dominio de acusado atractivo natural. La población dependió tradicionalmente de este centro como aldea, bajo el apelativo de Higuera de Fregenal. El lugar resulta rico en contenidos arqueológicos, encontrándose en sus alrededores el asentamiento de Castrejón del Capote, con importantes vestigios tartésicos.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 125,6 Km2
     Altitud: 610 m.
     Distancia Capital: 102 Km.
     Partido Judicial: Fregenal de la Sierra
     Comarca: Sierra Suroeste
     Gentilicio: Higuereño
Ayuntamiento de Higuera la Real
     Plaza de la Constitución, 1
     06350 Higuera la Real (Badajoz)
     Teléfono: 924727001
     Fax: 924723681
   
     Higuera la Real, posee dos iglesias, la de San Bartolomé (siglo XVII), de estilo herreriano, y la de Santa Catalina, con un retablo que incluye seis tablas del «Divino» Morales (siglo XVI).
     En sus inmediaciones, a 4 km del casco urbano, se encuentra la losa de Capote, ligada a la cultura tartésica. También próxima se halla la iglesia templaria del siglo XIII de Nuestra Señora de Loreto (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
Historia.-
    Higuera la Real se localiza en las proximidades de Fregenal, en dirección al sur, sobre un dominio de acusado atractivo natural. La población dependió tradicionalmente de este centro como aldea, bajo el apelativo de Higuera de Fregenal. Higuera, entraría a formar parte de la hipótesis lanzada por Pérez Reviriego sobre la organización en estrella de los asentamientos celtas, localizándose en el término la famosa Losa de Capote. Los investigadores la definen como pieza única y eslabón para un mayor conocimiento de la legendaria Tartesos.
     En 1633 se independizó de Fregenal mediante el pago de 8.000 escudos, adquiriendo el título de Villa exenta y el nombre de Higuera la Real por concesión de Felipe IV.
     En la actualidad constituye un poblado de notable entidad, con calles amplias, bien cuidado, pulcro y abundante en parques, jardines y hermosas plazas y otros ámbitos urbanísticos (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     Posee dos iglesias: iglesia de San Bartolomé, de estilo herreriano y la iglesia parroquial de Santa Catalina Mártir (s. XV), edificación encalada de variada volumetría, a la que sus hermosas portadas y numerosas capillas adosadas confieren destacado valor compositivo.
     Destaca su Retablo Mayor (1641), con pinturas de Gerónimo Ramírez. Pieza sobresaliente es el realizado por Luis de Morales para la capilla del clérigo Ginés Martínez, compuesto por seis magníficas Tablas (1565).
     También son de mérito el órgano, fabricado en 1818 por suscripción popular, y la platería del tesoro, en la que destaca la custodia del XVI procedente de Zacatecas (México).
     En un extremo de la población, se alza la ermita de Ntra. Sra. de Loreto, de origen templario, en la que perdura la capilla mayor originaria del siglo XIII y la sobria portada gótica de acusado conopio.
     Delante de ella se sitúa la popular "Mamarrachá", intrigante figura granítica representando una leona, a la que se han atribuido toda clase de interpretaciones estilísticas.
     Cerca se encuentra la fuente de Loreto, también denominada a nivel local como "Fuente del Chiripa" (s. XVI-XVII) por la figura del mosquetero en bronce que la remata.
     Una plaza de toros de principios del XIX determina el límite de la población.
     En dirección a Fregenal se sitúa la Fuente de Gargallón, en cuyas inmediaciones perduran restos del muro, quizá medieval, de una vieja presa o albuera.
     Y especial atención merece igualmente el Yacimiento en el Castrejón de Capote (poblado celta) (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de San Bartolomé.-
     En el Paseo del Cristo, se encuentra uno de los templos más bellos de la localidad, la Iglesia de San Bartolomé.
     Data del siglo XVII y forma parte de un conjunto monumental con los edificios anexos, entre los que destaca por su belleza el Claustro del Colegio de la Compañía de Jesús (restaurado en el año 2005), fundado en la misma época y hoy recuperado como centro cultural.
     El templo responde a la tipología de iglesia jesuítica. Su planta presenta la forma de una impecable Cruz Latina y su interior se compone de una sola nave más el crucero, en el que destaca una monumental cúpula que descansa sobre pilastras de orden Dórico.
     A ambos lados del crucero se pueden observar dos retablos barrocos. El del lado de la Epístola está dedicado a S. Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús y es de una gran hermosura aun estando sin dorar. El del lado del Evangelio es un precioso retablo de madera dorada en el que se venera la imagen del Señor de la Humildad, Patrón de Higuera la Real.
     RETABLO DE SAN IGNACIO DE LOYOLA “LADO EPÍSTOLA”
     Consagrado a Nuestro Padre San Ignacio de Loyola, fundador de la Orden de los Jesuitas. Porta en sus manos el Libro de las Constituciones y el escudo de plata con el nombre del santísimo Jesús.
     A los lados ubicados sobre peanas o tronos, se pueden observar las siguientes estatuas de cuerpo entero:
     La del lado derecho es de S. Francisco de Borja, con una calavera en la mano izquierda y la derecha elevada en aire de quien está asombrado.
     La del lado izquierdo es de San Juan Nepomuceno, con sotana y roquete, y un crucifijo. Es el patrón de la Infantería de Marina española.
     RETABLO DEL SEÑOR DE LA HUMILDAD “LADO EVANGELIO”
     Tallado en Sevilla en 1693, recoge en el centro la imagen de Ntro. Padre Señor de la Humildad, patrón de Higuera la Real. A mediados de septiembre se celebran las fiestas mayores de la localidad en su honor.
     A la izquierda se puede ven a San Diego Kisai. A la derecha se encuentra San Juan de Goto y en la parte superior, San Pablo Miki, crucificado a la manera nipona, atravesado por dos lanzas.
     En los laterales de la nave destacan doce tribunas con barandillas de hierro forjado desde las cuales los miembros de la Compañía podían asistir a los actos religiosos.
     ALTAR MAYOR y RETABLO MAYOR
     El Retablo Mayor fue obra de Francisco de Flores, año 1678. Se abre al templo a través de un arco triunfal de medio punto. El retablo presenta elementos platerescos y barrocos y contiene varias imágenes de madera policromada del siglo XVII.
     En la hornacina central se venera a San Bartolomé, a quien está dedicada la Iglesia y cuya festividad se celebra el 24 de agosto.
     Destacan las cuatro columnas salomónicas (Ayuntamiento de Higuera la Real).

Iglesia de Santa Catalina mártir.-
     Situada en el centro del casco urbano, la iglesia parroquial de Santa Catalina data del siglo XV, aunque fue construida sobre una antigua iglesia gótica de finales del siglo XIII.
     El templo, de fábrica de mampostería enlucida y encalada, presenta elementos de granito en esquinas, portadas, ventanales, óculos y algunos estribos.
     Su planta es de una sola nave dividida en cinco tramos por arcos apuntados que reposan sobre pilares. Adosados a éstos se encuentran cuatro capillas de diferentes épocas y variadas características a las que se acceden por arcos de medio punto y que están cerradas por rejas de forja.
     CAPILLAS LATERALES
     CAPILLA GINES MARTINEZ  (2ª capilla de la izquierda)
     La capilla primitiva de la Iglesia. Esta capilla corresponde al sepulcro del clérigo higuereño Ginés Martínez, que sufragó los gastos de construcción para ubicar su capilla funeraria en 1560.
     También podemos ver el mausoleo de un personaje ilustre de la villa, Don José María Claros y Jarillo (descendiente de Ginés Martínez). Éste fue diputado en las cortes generales.
     Al tratarse de la capilla primitiva, las tablas de Luis de Morales estuvieron ubicadas aquí.
     En dicha capilla se puede ver las imágenes de San Francisco de Asís, de San Benito y del Sagrado Corazón.
     CAPILLA DE BENITO BOZA (1ª Capilla de la izquierda)
     Contigua a la anterior. Las imágenes que se observan en esta capilla son la de San Antonio, San Pedro con las llaves del reino de los cielos (Jesús se las dio a San Pedro como símbolo de su supremacía sobre los demás discípulos y apóstoles), la Virgen del Carmen y una pintura del perpetuo Socorro.
     CAPILLA DE JUAN MÁRQUEZ MARTÍNEZ  (2ª Capilla de la derecha)
     Esta capilla llamada del “Sagrario” es la capilla funeraria del clérigo de Higuera, Juan Márquez Martínez, construida hacia 1570.
     Durante un tiempo y hasta la construcción del retablo de la capilla mayor en 1641, estuvo en esta capilla la imagen de Santa Catalina, titular de la parroquia, por lo que se le daba su nombre a comienzos del S. XVII.
     En esta capilla, vemos las imágenes de la Virgen del Rosario, San Isidro labrador y San José.
     También se puede observar un mausoleo en el lado de la epístola. Corresponde a los padres y a una de las hermanas de D. Nicomedes Claros, párroco higuereño.
     CAPILLA DE JUAN DÍAZ EL VIEJO (1ª Capilla de la derecha).
     Se trata de la capilla del clérigo higuereño Juan Díaz "El Viejo", construido entre 1619 y 1620 aunque se conoce como la Capilla de Santa Lucía.
     Para dicha capilla el clérigo Juan Díaz se obligaba a cumplir las condiciones establecidas y a pintar la imagen de “Santa Lucía”.
     Se pueden ver las imágenes de Jesús Resucitado, San Juan Bautista y la Inmaculada Concepción.
     CAPILLA MAYOR
     La capilla mayor de la parroquia fue construida en 1589.
     El retablo del altar mayor, del siglo XVII, presenta una estética barroca con entalladuras de gusto clasicista y pinturas de Jerónimo Ramírez que reflejan la vida y el martirio de Santa Catalina Mártir de Alejandría, la santa titular de la parroquia, de la que encontramos también una imagen de madera policromada del siglo XIX ubicada en el nicho central del retablo.
     TABLAS DE LUIS DE MORALES
     Del lado de la Epístola, se encuentra uno de los grandes tesoros artísticos de nuestro pueblo, las Tablas de Luis de Morales, conocido con el sobrenombre de "El Divino". El retablo se compone de seis tablas que fueron pintadas en la etapa de madurez del pintor, entre 1565 y 1566, por encargo del clérigo Ginés Martínez.
     Éstas reflejan el tema de la Pasión bajo una clara estética manierista donde los personajes presentan extremidades alargadas y posturas exageradas: San Juan Evangelista, Piedad, María Magdalena, Cristo atado a la columna, Ecce Homo y Cristo con la Cruz a cuestas (Ayuntamiento de Higuera la Real).

Ermita de la Virgen del Socorro.-
     Esta ermita, de la que se tiene referencias de su existencia desde 1680, se encuentra situada en la Plaza del Socorro. 
     Presenta fábrica en mampostería enlucida y encalada. La portada principal tiene un arco apuntado encuadrado por un alfiz. Corona la fachada una espadaña con un vano de medio punto.
     El interior se compone de una nave de cuatro tramos cubiertos con bóveda de cañón y reforzada por fajones y contrafuertes exteriores de sección rectangular. A los pies, del lado de la epístola, un capitel romano ahuecado sirve de pila de agua bendita.
     La capilla mayor es de planta cuadrada y se cierra con una cúpula manifiesta al exterior por un cimborrio con linterna. En ella figura la imagen de Nuestra Sra. del Socorro, de madera policromada.
     En esta ermita se encuentra también la imagen de San Isidro Labrador. En su honor, cada mes de mayo se celebra una popular Romería.
     En el siglo XIX, la ermita fue cerrada al culto, quedando abandonada y en ruinas durante mucho tiempo, hasta que el 15 de agosto de 1961 y gracias a los esfuerzos del párroco D. Antonio Fernández Moreno, es reinaugurada y dedicada al culto de Ntra. Sra. del Socorro de la que toma su nombre.
     En los años 90, gracias al interés de D. Aurelio Rasero y al testimonio de Doña Juana, vecina de esta villa, se recupera una hermosa y ancestral tradición vinculada a la Ermita de Ntra. Sra. de Socorro. Se trata del baile de las “Danzantas”, que puede apreciarse durante las fiestas en su honor los días 14 y 15 de agosto (Ayuntamiento de Higuera la Real).

Ermita de la Virgen de Loreto.-
     Al suroeste de la población de Higuera la Real se encuentra ubicada la ermita de Nuestra Señora de Loreto, la construcción más primitiva de esta localidad de las que se tienen referencias. Su origen es Templario, fundada en el siglo XIII, aunque de su construcción original sólo se conservan las tres portadas y la capilla mayor, cuadrada y de menor anchura, cubierta con una sencilla bóveda de crucería.
     La ermita, se encuentra realizada en mampostería enlucida y encalada, utilizándose la sillería para las esquinas y los contrafuertes, de sección de regular.
     A mediados del siglo XVI se realiza obras de remodelación que afectan sustancialmente a los volúmenes y aspecto interior del templo.
     En 1506, la ermita de Ntra. Sra. de Loreto estaba en malas condiciones, por ello, en 1559 se restauró, como puede leerse al lado de la Epístola, que conserva una inscripción.
     El interior de la ermita está compuesto por una nave de cinco tramos con arcos fajones sobre pilastras. El arco por el que se accede al altar mayor, es apuntado y la bóveda de cañón, restaurado, según una inscripción, en 1957. La capilla mayor, donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Loreto, cuyas fiestas en su honor se realizan los días 7 y 8 de septiembre.
     La portada de los pies es de arco apuntado con arquivoltas y jambas, enmarcadas en un alfiz. La última arquivolta da lugar a un arco conopial rematado por una cruz.
     En el exterior del edificio, corona la fachada un cuerpo de campanas con un vano de medio punto en cada lado, sobre el que aparece un chapitel poligonal de mampostería cubierto por azulejos.
     GRUPO ESCULTÓRICO “LA MAMARRACHA”
     Frente a la ermita aparece un grupo escultórico realizado en mármol blanquecino, de 1, 37 m. de altura, cuyos orígenes, datación y significados resultan enigmáticos, aunque estudios realizados le otorgan un carácter funerario y protector y lo datan de la época romana, siglos I y II d.C.
     Consta de dos figuras: la mayor de ellas representa a un animal felino, un grifo, que, sentado sobre sus cuartos traseros, acoge entre sus garras a una criatura humana, la otra figura, a la que posiblemente esté amamantando y protegiendo en su viaje al más allá.
     Por su parte, la figura humana se acoge a ésta con fuerza, buscando su defensa.
     La obra se remata con una Cruz de Santiago, de factura posterior, elaborada con hierro forjado.
      ANTIGUO LAVADERO PÚBLICO Y FUENTE DEL CHIRIPA
     Antiguo lavadero público situado en la plaza de Loreto de gran valor etnográfico, datado del siglo XIX.
     Junto a éste se encuentra una hermosa fuente de doce caños rematada en su parte superior por una figura de mosquetero realizada en bronce y conocida popularmente como "Chiripa".
     Se trata de una fuente con un pilar central que sujeta una figura de un varón, realizada en bronce. Construcción típica de fuentes en Extremadura durante los siglos XVI y XVII (Ayuntamiento de Higuera la Real).

Plaza de Toros.-
     El "Coso de Buenavista" fue construido a mediados del siglo XIX aproximadamente, aunque la construcción que observamos actualmente se debe a una reforma realizada en el año 1.904; llevada a cabo por la sociedad taurina de la localidad.
     Dadas las dificultades económicas de entonces, el Ayuntamiento contrató el arrendamiento de la Plaza con la sociedad, por un periodo de 20 años y a cambio esta se comprometía a realizar las obras pertinentes para reformar el estado de ruina en el que se encontraba.
     Existen documentos que atestiguan la celebración de festejos taurinos en Higuera la Real desde el siglo XVII, pero hasta la construcción de la plaza de toros, éstos tenían lugar en la plaza pública, como ocurría en otras localidades vecinas como Cabeza la Vaca o Fuentes de León. Así, la actual Plaza de la Constitución era habilitada a modo de coso a base de maderas para la celebración de los festejos taurinos populares.
     Tiene un aforo de 2.000 localidades (Ayuntamiento de Higuera la Real).

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