Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

miércoles, 29 de julio de 2026

La imagen "San Lázaro", de Roque Balduque, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque Balduque, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     Hoy, 29 de julio, Conmemoración de San Lázaro, hermano de Santa Marta, a quien lloró el Señor al saber que había muerto y después resucitó, y de Santa María, su hermana, la cual, mientras Marta se ocupaba inquieta y nerviosa en preparar todo lo necesario, ella, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque Balduque, en la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
        En la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses podemos contemplar la imagen de San Lázaro, de Roque de Balduque (Bois-le-Duc, ca. 1500 - Sevilla, 1561), siendo una obra de madera tallada, estofada y policromada, en estilo renacentista de escuela flamenca-sevillana, de hacia 1553, con unas medidas de 0,78 x 0,38 x 0,18 mts., y procedente del Hospital de San Lázaro.
     Esta pequeña talla, procedente del Hospital de San Lázaro, fue atribuida por los autores del inventario de 1975 y por Torre Ruiz al escultor flamenco Roque Balduque, activo en Sevilla durante el tercio central del siglo XVI. A finales del siglo XX se encontraba en la sacristía de la iglesia, pero indudablemente fue realizada para un retablo, a juzgar por el somero trabajo de su dorso, que apenas está desbastado y carece de policromía. En este sentido, merece recordarse que en 1553, el mayoral del hospital, Antonio Vélez de Alcocer, concertó con los pintores Juan Chacón y Pedro de Villegas Marmolejo el dorado del retablo mayor y la ejecución de diez tablas al óleo (López Martínez 1929, pp. 171-172). Es posible que la escultura que nos ocupa fuera realizada para este primitivo altar -remodelado en el siglo XVIII-, aunque extrañaría que en el mismo retablo se repitiera la iconografía del santo titular, puesto que a su calle central se destinó una tabla con San Lázaro vestido de pontifical que fue expoliada por los franceses en 1811 (SERRERA CONTRERAS 1976, 68).
     Según la tradición medieval, Lázaro de Betania, que resucitó milagrosamente por obra de Jesús, tuvo que huir para evitar la persecución de los judíos. Refugiado en Chipre, habría sido ordenado obispo de la ciudad de Citio, aunque la Leyenda Dorada sitúa su desembarco en la Provenza francesa, donde habría huido junto a sus hermanas Marta y María y llegaría a ser nombrado obispo de Marsella.
     De acuerdo con esta leyenda, Balduque representó al santo en pie, sosteniendo un libro y un perdido báculo sobre el que se apoyaría para equilibrar su sutil contraposto. Luce sotana, alba, capa pluvial, guantes rojos y una mitra que ha sido parcialmente reconstruida en la última restauración. La figura sintetiza bien el elegante clasicismo de Balduque y su gusto por las figuras estilizadas, con una disposición de la cintura algo elevada, siguiendo un canon proporcional de herencia gótica. Torre Ruiz lo relacionó con uno de los Padres de la Iglesia que formó parte del primitivo retablo del Sagrario de la parroquia de Santa María de la Coronada de Medina Sidonia, contratado en 1554, mientras que Juan Luis Ravé apunta otros paralelos con los Padres de la Iglesia del Sagrario de la parroquia de San Juan Bautista de Marchena, con los que presenta notables semejanzas en la disposición, vestuario y mitra de San Agustín o la manera de disponer la capa pluvial plegada sobre la rodilla en la figura de San Gregorio Magno.
     Su excepcional policromía tal vez fuera realizada por Villegas Marmolejo -como propuso Torre Ruiz- o por Juan Chacón. Especialmente ricos resultan sus estofados, decorados con finas labores vegetales y motivos manieristas realizados a punta de pincel, como mascarones, putti y tritones (Manuel García Luque, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Lázaro;
LEYENDA
   Debe distinguirse entre dos Lázaro, el de la parábola evangélica a quien el rico Epulón deja morir de hambre a la puerta de su casa, y el hermano de Marta y Magdalena, a quien resucitó Cristo ¿o esos dos homónimos son el mismo personaje?
   La identidad de ambos Lázaro, cuyo nombre en el Antiguo Testamento también se transcribe Eleázaro, Eleazar y Eliezer, no ofrece dudas. En la parábola evangélica, el rico que muere de sed entre las llamas del Infierno, y que ve en Lázaro en el Paraíso, en el seno de Abraham, pide a Dios que lo envíe a la tierra para convertir a los judíos, y Dios responde: "Tienen a Moisés y a los profetas. Si no los oyen a ellos, tampoco los persuadirá un muerto que resucite".
   La resurrección de Lázaro que se relata en el cuarto Evangelio es sólo la puesta en escena de esta parábola. Lázaro resucita efectivamente, y no obstante los judíos se niegan a creer en el Mesías.
   Como la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón y la Resurrección de Lázaro, han sido estudiadas en la iconografía del Nuevo Testamento, nos limitaremos a hablar aquí de la leyenda provenzal y borgoñona del leproso santificado.
   Se imaginó que después de la Crucifixión de Cristo, Lázaro desembarcó en Provenza con sus dos hermanas, y que se convirtió en obispo de Marsella. En el siglo XII la Borgoña cluniacense se apoderó del falso obispo marsellés cuyas reliquias habrían sido transportadas a Autum para ponerlas al abrigo de los piratas sarracenos. La catedral de Autum, hasta entonces dedicada a San Nazario, fue puesta bajo la advocación de san Lázaro, a quien se erigió una tumba formidable. Los borgoñones llegaron incluso a pretender que san Lázaro había sido obispo de Autum.
   En realidad, él nunca estuvo en Las Galias, y no fue obispo de Autum ni de Marsella.
   La tumba de un obispo homónimo dio nacimiento a la leyenda provenzal de San Lázaro.
CULTO
   Los principales centros del culto de san Lázaro están en Marsella, Provenza y Borgoña, donde, en Autum y Avallan, las iglesias están puestas bajo la advocación de Saint Lazare. La primera de estas localidades pretende poseer el cuerpo del santo, y Avallan su cabeza. Otras reliquias no menos sospechosas, se veneraban en Andlau, Alsacia.
   Tanto en Marsella como en Autum el culto obedece a una confusión: la tumba que se veneraba en la iglesia de Saint Victor, en Marsella, era la de un obispo de Aix llamado Lazare, que vivió en el siglo V. En Autum, el nombre de San Lázaro sustituyó al de san Nazario, es decir, se transformó Nazaius en Lázarus. La misma confusión se produjo en la localidad italiana de Urbino.
   En Autum, todavía en el siglo XVIII se celebraban los juegos del Santo Leproso que consistían en una cabalgata y desfile militar en los Campos de Marte.
   Los orientales pretenden que Lázaro murió en Chipre, y que sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla desde allí.
   La popularidad de san Lázaro está probada por sus muchos patronazgos. Es el patrón de los leprosos y de los leprosarios donde se los atendía, también a ese título era invocado por los panaderos que, por superstición, se creían especialmente expuestos a la lepra a causa de su oficio.
   Como los leprosos pedían limosna, se convirtió en el patrón de los mendigos, quienes en Italia se llamaban lazzaroni. Por esa razón, en la Edad Media se ha representado con  frecuencia la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón en los atrios de las iglesias, el sitio en que se instalaban los mendigos para pedir la caridad.
   Por último, con el viejo Tobías (Tobit) y con José de Arimatea compartía el patronazgo de los sepultureros o enterradores.
ICONOGRAFÍA
   Los diferentes rasgos de su leyenda y culto se reflejan en su iconografía.
   Está representado como obispo con mitra y báculo, sobre todo en Marsella (Altar de la Major), pero más aún como leproso, con unas tarreñas (en cas­tellano también llamadas tablillas de san Lázaro) en la mano, para advertir a los transeúntes.
   En su calidad de patrón de los enterradores, a veces lleva un féretro.
   Por el hecho de personificar la pobreza, en las iglesias su imagen suele emplearse como soporte de los cepillos destinados a recaudar las limosnas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000). 
Conozcamos mejor la Biografía de Roque de Balduque, autor de la obra reseñada;
     Roque Balduque, (?, p. s. XVI – Sevilla, 13 de marzo de 1561). Escultor y entallador.
     Artista flamenco, oriundo de la ciudad holandesa de Bois-le Duc, capital del Bravante septentrional. En 1534 aparece documentado en Sevilla, donde se casa con Francisca de Olivares; bautiza en 1545 a su hija Isabel y en 1550 a su esclava Beatriz. Comenzó tallando la piedra, pero, concluida la decoración del Ayuntamiento hispalense, se especializó en la construcción de retablos e imágenes de madera, elaborando también modelos para piezas de platería litúrgica. Atendió a la clientela sevillana, onubense y gaditana, y surtió al mercado americano a través de las flotas de Indias. Su prestigio le condujo ocasionalmente a otras regiones y, entre 1547 y 1551, realizó varios viajes a Extremadura, dejando obras en Cáceres y Arroyomolinos de Montánchez. En 1561 otorgaba testamento, acordándose de su hermano Andrés de Odebelse, que residía en Cambray. La cartera de pedidos que, al morir, obraba en el taller fue entregada por su colaborador, el holandés Juan Giralte, que concluye el retablo de la Concepción para la parroquia de Santa María, de Guernica (Vizcaya). En cambio, los trabajos pendientes en el retablo mayor de la catedral de Sevilla fueron confiados por el cabildo a Juan Bautista Vázquez, el Viejo, que ultima el relieve de la Huida a Egipto. Su estilo se mueve entre el primitivismo gótico y las novedades del Quattrocento italiano. En su catálogo destaca la espléndida serie de “Vírgenes erguidas con el Niño en brazos” que, en atención a su crecido número y popularidad, el profesor Hernández Díaz otorgó a Balduque el calificativo de “imaginero renacentista de la Madre de Dios” (Jesús Miguel Palomero Páramo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque de Balduque, en la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, en ExplicArte Sevilla.

martes, 28 de julio de 2026

El yacimiento arqueológico Ciudad romana de Celti, en Peñaflor (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Ciudad romana de Celti, en Peñaflor (Sevilla).
     Hoy, 28 de julio, es el día de la Arqueología, un evento internacional que se celebra desde 2011 con el objetivo de dar visibilidad al trabajo diario de las personas que desarrollan su labor entorno al estudio, conservación y difusión del Patrimonio Arqueológico, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Ciudad romana de Celti, en Peñaflor (Sevilla).
     Los orígenes de Peñaflor son muy antiguos. Los testimonios de la Edad del Bronce son reveladores. Más evocadores son los restos fenicio-púnicos que fueron encontrados de manera abundante a los bordes mismos de la villa: tumbas, cerámica de barniz rojo de tipo fenicio, ibérica pintada, campaniense A y su imitación. La ciudad romana de Celti es mencionada por Plinio dentro del Convento Jurídico Hispalense, y en el Itinerario de Antonino está citada con la quinta mansión en la vía de Híspalis a Emérita por Astigi. Sabemos que emitió moneda propia con el epígrafe CELTITAN y en su reverso la representación de un jabalí.
     Su localización ha sido fuente de grandes controversias, y las tendencias sobre su ubicación son dos: aquellos que sitúan a Celti en Sierra Morena, en la zona de Constantina y Puebla de los Infantes, o los que la sitúan en el Guadalquivir, en la actual Peñaflor. Ésta última parece, sin duda, la más acertada dada la cantidad y calidad de los restos arqueológicos allí aparecidos.
     Celti es una de las ciudades de la ribera del Guadalquivir, al igual que Axati, Canama, Arva,..., y parece que tiene su origen en un Bronce Final más o menos reciente. Todo hace suponer que Peñaflor era en época romana, un cruce comercial y un municipio muy importante, un puerto donde los productos mineros de la sierra vecina eran reunidos antes de ser embarcados y exportados por el río. De ahí la convergencia de las rutas que venían de la sierra hacia Celti, un pueblo con papel de puerto minero. Los productos del campo contribuían también a la prosperidad de la villa: la industria de fábrica de ánforas denota un comercio importante de aceite y una agricultura floreciente sobre las tierras vecinas. Estas riquezas se traducen en Peñaflor en la abundancia de vestigios de los edificios públicos sepultados: inscripciones, estatuas, mosaicos y otros testimonios conservados por M. José Paria, Fernando Mallen, Francisco Cruz y Antonio Corba. En el siglo XVIII una gran parte se encontraba aún visible, pero hoy no queda más que al Este una loma cortada por la vía férrea, un amontonamiento de sillares y un edificio de tipo ciclópeo, El Higuerón, construido sobre el borde mismo del río y considerado por Bonsor como un puerto fluvial prerromano. El mismo investigador describe a su vez una tumba familiar en el lugar conocido como "El cortinal de las cruces", con cinco nichos para  depositar las urnas cinerarias. También menciona la existencia de un mosaico aparecido en la calle San Pedro, bastantes capiteles, basas de columnas, restos de edificios en un lugar denominado como Pared Blanca y restos de un acueducto que nacía de la Fuente de Almenara, a 35 kilómetros de Peñaflor, hacia el Norte, los cuales aún se pueden apreciar. Los fragmentos de cerámica son variados y numerosos, de ellos los más recientes son la terra sigillata clara D o las estampillas en rojo que confirman una ocupación romana hasta el siglo V d. C. Algunas inscripciones se han encontrado en el lugar, otras en los alrededores inmediatos, algunas han sido transportadas a la Ermita de Villadiego, a algunos kilómetros al Este del camino de Lora del Río. Se localizaron numerosas marcas de la producción de ánforas. Las campañas de excavación efectuadas en 1979 y 1980, en varios puntos del yacimiento, han documentado una sucesión de poblamiento con estructuras del Bronce Final, Época Turdetana e importantes restos de época romana, con construcciones de gruesos muros de sillares y ladrillos. La excavación realizada en 1986 documentó un horno cerámico junto al río y restos de un trazado urbano en la zona denominada Pared Blanca.
     Desde 1988, La Universidad de Southampton (Gran Bretaña) viene desarrollando un importante proyecto de investigación en el yacimiento, que ha puesto de manifiesto una larga secuencia de poblamiento desde el s. VIII a. C. hasta el III d. C., que se pueden dividir en cuatro grandes horizontes: 
     - Época Tartésica y momentos posteriores, del que se conoce la existencia de estructuras aún por excavar y que aportarán información sobre la fundación de Celti.
     - Época turdetana - romano republicana.
     - Época Alto Imperial romana.
     - Época Bajo Imperial romana.
     Desde época tartésica se observa una cierta continuidad cultural, aunque se produjo una remodelación en un momento impreciso de la República. La ruptura ideológica y cultural más clara con las tradiciones ibéricas se produjo durante el primer cuarto del siglo I d. C., patente por la construcción del foro. Durante la segunda mitad del siglo I y la mayor parte del II d. C., se aprecia un desarrollo y enriquecimiento del complejo monumental. En esta época se produce una paulatina romanización de la ciudad. El centro monumental sufrió una importante transformación hacia fines del siglo II d. C. Según los datos disponibles, el foro fue abandonado hacia la segunda mitad del siglo III d. C., momento en que la ciudad arrastra una larga decadencia hasta su desaparición. La no existencia en el yacimiento de restos de época medieval, hace pensar que la población se trasladó al Este, abandonando su emplazamiento primitivo. 
     De la ciudad también conocemos la ubicación de sus necrópolis, a ambos márgenes de la carretera Nacional 431, antigua vía romana, con especial concentración en el lugar denominado El Camello, donde han aparecido enterramientos de sarcófagos de plomo y numerosas tumbas con ajuar funerario.
     La ciudad de Celti es mencionada por Plinio dentro del Convento Jurídico Hispalense, y en el Itinerario de Antonino está citada con la quinta mansión en la vía de Híspalis a Emérita por Astigi. Sabemos que emitió moneda propia con el epígrafe de Celtitan y en reverso la representación de un jabalí. 
     Su localización ha sido fuente de grandes controversias, y las tendencias sobre su ubicación son dos: aquellos que sitúan a Celti en Sierra Morena, en la zona de Constantina y Puebla de los Infantes, o los que la sitúan en el Guadalquivir, en la actual Peñaflor. Esta última parece, sin duda, la más acertada dada la cantidad y calidad de los restos arqueológicos allí aparecidos.
     Celti es una de las ciudades de la ribera del Guadalquivir al igual que Axati, Canama, Arva,... y parece que tiene su origen en un Bronce Final más o menos reciente. A partir del influjo orientalizante, experimenta un gran desarrollo durante el Período Turdetano.
     Tras la conquista romana, y especialmente, en los siglo I y II d. C. la ciudad tiene su máximo desarrollo debido a la producción y comercialización del aceite y a la explotación de las minas ubicadas en la cercana sierra.
     Tras la crisis del siglo III d. C., la ciudad arrastró una larga decadencia hasta su desaparición. La no existencia en el yacimiento de restos de época medieval, hace pensar que la población se trasladó al este, abandonando su emplazamiento primitivo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El último tramo de la margen derecha del río Guadalquivir ha estado salpicado por multitud de asentamientos y ciudades desde antiguo, debido a que el río propiciaba recursos y constituía una vía de comunicación que posibilitaba las relaciones comerciales y permitía el contacto entre los habitantes del territorio.
     En este contexto se incluye Celti, antecedente de Peñaflor y localizado junto al actual núcleo urbano. Estuvo habitado desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo V d.C.. Celti, localizada en una elevación topográfica y cruce de caminos, jugaba un papel destacado como punto intermedio de la vía Hispalis-Corduba (eje este-oeste) que discurría por la orilla derecha del Guadalquivir constituyendo una alternativa a la Vía Augusta situada al interior para alcanzar Carmo y Astigi, pero además éste era el lugar donde vadeaba el río la vía Astigi-Emerita (eje norte-sur), en una zona próxima a la desembocadura del Singlis (Genil).
     Celti cuenta con un espacio amurallado, urbanismo, arquitectura monumental e infraestructuras (viaria, saneamiento, industrial y funeraria). La ciudad obtuvo el estatuto de municipiumciviumromanorum en época flavia (a partir de 74 d.C.), lo que influirá en su desarrollo posterior. Desde mediados del siglo I y especialmente en el siglo II, se produce un auge tanto de la propia ciudad, como del territorio circundante, debido a gran parte al comercio del aceite y en relación al establecimiento de una óptima red de comunicaciones terrestres y fluviales, hecho atestiguado por restos de entidad como el puente sobre el río Retortillo y el dique ciclópeo de El Higuerón, que probablemente se adscriba a estos momentos.
     Actualmente son terrenos propiedad de la Junta de Andalucía y no existen visitas (Turismo de la Provincia de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el yacimiento arqueológico Ciudad romana de Celti, en Peñaflor (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Peñaflor (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

La Ruta Arqueológica de la Ciudad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad, de Sevilla.
     Hoy, 28 de julio, es el día de la Arqueología, un evento internacional que se celebra desde 2011 con el objetivo de dar visibilidad al trabajo diario de las personas que desarrollan su labor entorno al estudio, conservación y difusión del Patrimonio Arqueológico, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad, de Sevilla.
     La historia de Sevilla está vinculada al río Guadalquivir. "Vinculación" significa e implica relación intima entre dos elementos, la dependencia de una cuestión de otra. La ciudad de Sevilla nace como tal en la época fenicia, hacia el s. VIII a. C., como asentamiento y puerto comercial del primer pueblo que unió los derroteros de todo el mediterráneo, desde el extremo oriente al extremo occidente, mediante la actividad mercantil. El lugar, una pequeñísima península en el fondo de un gran golfo que adentraba el mar tierra adentro, se revelaba como idóneo para sus pretensiones.
     La Arqueología ya ha demostrado recientemente que la antigüedad del asentamiento de la ciudad se remonta a aquel siglo VIII a. C., cuando los fenicios inundan de factorías y puertos comerciales el sur de la Península Ibérica. Para mayor éxito de la Arqueología también se ha demostrado en estos últimos años que el cerro del Carambolo, aquel que ofreció su preciado tesoro en 1958, no fue un poblado de los tartesios, pobladores indígenas de la Baja Andalucía. Ahora sabemos que en realidad fue el lugar donde, usando el punto más alto del entorno y dominando el río, los fenicios construyeron un enorme santuario a la diosa Astarté y al supremo dios Baal, donde practicar sus ritos desde el control de la ciudad de "Spal". Astarté, identificada con la Venus, lucero del alba, se divisa desde lo alto de la vieja Sevilla, todas las tardes despejadas, sobre el cerro del Carambolo, como bien acertó a descubrir el profesor Escacena.
     Desde el alto cerro, los sacerdotes del santuario comprobaban todos los años la declinación estacional del sol, personificación de Baal, hasta el final de su periplo en los días del solsticio -sol quieto en latín- de verano, cuando el dios muere, dando pie al nuevo ciclo anual. Las dos orillas y el río, como medio más moderno de tránsito, quedaban unidos para siempre inaugurando para nosotros la era del comercio marítimo, hasta nuestros días.
     Esta historia, aportada por la Arqueología, ya fue elaborada por el pueblo y sus antiguos historiadores, construyendo tradiciones legendarias y consiguiendo con ello la garantía de su trasmisión oral por todas las generaciones hasta nuestros días. La leyenda sitúa a Hércules como primer personaje civilizado que descubre, en sus viajes por el mediterráneo, el lugar de Sevilla remontando el río y dice "Aquí será poblada la gran ciudad". En el camino de la tradición legendaria, la figura y memoria popular de Hércules queda fijada, en la realidad material de la ciudad, en las imponentes columnas de la calle Mármoles, siempre atribuidas a un antiguo templo erigido al semidiós y que aún conserva el misterio de su funcionalidad original.
     La Historia de Sevilla vinculada al río es evidente a lo largo de los tiempos y podemos comprobarlo a través de un hecho característico que ha pasado desapercibido. Sevilla, la gran ciudad capital del "conventus hispalensis" romano, capital de la taifa abbadí y de los impe­rios almorávide y almohade en Al Andalus, sede regia de Femando III, Alfonso X y Pedro I, metrópolis de Indias, receptora de cuantiosos privilegios, etc. dispone de un término municipal ridículo para su importancia histórica y primacía urbana. Ciudades como Córdoba, Jerez, Écija, Carmona, etc. disponen de enormes territorios propios pero, sin embargo, Sevilla carece de ellos. ¿A qué se debe esta extraña paradoja? Sin lugar a dudas a que su territorio es el mundo, como todos los puertos, un mundo al que se accede a través del río navegable.
     Los testimonios arqueológicos que atesora Sevilla se explican en gran parte por la relación con el río. En época romana, los restos descubiertos en La Encarnación nos ilustran de la expansión de la ciudad por la llanura aluvial, cuando es abandonada por el río y es posible el asentamiento sobre suelos consolidados. En las primeras fases de su existencia, este nuevo barrio de Híspalis se dedica a actividades dependientes del río. La factoría de salazones del s. I d. C., que ha sido descubierta prácticamente intacta, nos ilustra de la pesca y sus productos derivados. Los restos de huesos de pescados analizados corresponden a una variedad amplia de especies: sardinas, jureles, brótolas, rodaballos, etc., cuya captura nos evoca tanto la cercanía al mar que entonces disfrutaba la ciudad, como el bullicio de las embarcaciones pesqueras.
     Un poco más tarde se fechan las inscripciones que se conservan al pie de la Giralda, dedicadas por las corporaciones de barqueros del río. Del comercio fluvial y de la capacidad del puerto también nos hablan los enormes fustes de la Calle Mármoles, de granito egipcio y que tan sólo existe en ciudades portuarias o muy cercanas. La gran cantidad de mármoles y ánforas de rincones e islas perdidas del mediterráneo, nos ilustran de esa actividad que enriqueció a los hispalenses. Entre ellas sobresalía la exportación en ánforas de aceite de las campiñas de la Bética al resto del imperio. En la En­carnación se podrán contemplar las casas de aquellos hispalenses enriquecidos por la actividad comercial de su puerto, cuyos restos arqueológicos se conservan bajo el agua y será muy difícil poder contemplarlas alguna vez.
     En la misma Encarnación podemos contemplar, un curioso y enigmático conjunto eclesial del s. VI que in­cluye una iglesia y unas dependencias asociadas. Las hipótesis que se barajan sobre su funcionalidad se inclinan por definirlo como una especie de monasterio cristiano, que serviría de almacenamiento y distribución de material litúrgico -altares, vinos para la misa, etc.- al resto de la diócesis, según se desprende de la alta cantidad de este tipo de elementos encontrados en las excavaciones. Esta funcionalidad sólo se explica por su cercanía al puerto, ya que la totalidad de este material, con reminiscencias sagradas por los rituales a los que acompañaba, procedía de Oriente, entonces bajo el gobierno Bizantino.
     San Leandro y San Isidoro, obispos de la sede hispalense, no conocieron esta iglesia porque ya había sido destruida casi 100 años antes. San Leandro usó repetidas veces las facilidades del puerto, de la entonces denominada Spalis, para acudir a Constantinopla en ayuda del rey Hermenegildo y a diversos concilios en Oriente.
     La época islámica refleja de forma evidente la vincula­ción de la ciudad con el río. Su puerto la hizo rica y me­recedora de rango de capital y por el río salía y entraba multitud de géneros y de ideas. Las nuevas ideologías inundaron la península y en El Salvador podemos con­templar los restos de la segunda mezquita conocida, fundada en el 821, cuya inscripción fundacional, inscrita sobre uno de sus fustes, ocupa hasta hoy el privi­legio de ser la más antigua conservada en Al Andalus.
     El Alcázar, construido por los reyes de la taifa de Isbiliya, Motadid y Motamid, según se ha podido demostrar por las exploraciones arqueológicas recientes, y las enormes murallas alzadas por almorávides y almohades, más amplias que en ninguna otra ciudad, tenían por destino guardar tan importante ciudad, reyes y califas. El Castillo de Triana guardaba el puente de barcas y la Torre del Oro fue construida para defender el puerto. Junto a la Torre de la Plata se han identificado los restos conserva­dos de las Atarazanas almohades, recintos para fabricar barcos y otros pertrechos de guerra.
     Esa capital de los imperios bereberes en Al Andalus, fue así premiada por su posición estratégica y usada como centro desde el que defender un islam más fundamental. Por ello construyeron una nueva gran mezquita con una torre que fue asombro de siglos. De ella se conservan partes originales fundamentales, trans­formadas con arte y pericia por las civilizaciones pos­teriores. Monumentos vivos que guardan su reliquia arqueológica de las sociedades pasadas.
     Paradojas de la vida, el río que da vida y esplendor a la ciudad es el que trae también desastres y nuevos señores. Si en el s. X fueron los normandos los que asaltaron Isbiliya e incendiaron su mezquita mayor, actual iglesia del Salvador, en el s. XIV fueron las tropas castellanas las que arruinaron los sueños imperiales bereberes a través del río. La rotura del puente de barcas y capitulación de la ciudad ha dejado muchos recuerdos en la ciudad y de el fueron testigos la Torre del Oro y el castillo de Triana, cuyos restos aún se conservan. Sin embargo, la ciudad conquistada y, con ella, la salida al mar por el Guadalquivir, llevará al monarca Alfonso X a construir en 1252 unas portentosas atarazanas donde construir galeras para presionar al enemigo musulmán en el Estrecho. Sus enormes osamentas, de poderosa presencia, se conservan con otros testimonios que nos ha brindado la arqueología, como las Pescaderías del s. XVI o la misma muralla y barbacana musulmanas.
     Muchos otros son los testigos materiales de la Edad Media Cristiana en Sevilla, en especial la espléndida colección de iglesias parroquiales mudéjares con sus torres, monumentos que durante mucho tiempo fueron denominados arqueológicos, por incluir en esta denominación las ma­nifestaciones arquitectónicas de arte medieval. Últimamente, las labores arqueológicas asociadas a la restauración de monumentos, han aportado muchas novedades a viejos monumentos que se han visto enriquecidos en su comprensión y contenidos. La Casa de Miguel Mañara o el Palacio de Altamira, el Alcázar o la Cartuja de Las Cuevas, por citar algunos, han incorporado interesantes restos arquitectónicos aparecidos en las restauraciones y van familiarizándonos con esta estética arqueológica, donde lo fragmentario, vestigios sobrevivientes de épocas pasadas, conviven con el monumento más acabado y reciente.
     La Edad Moderna nos ha dejado un importante y singular vestigio arqueológico como son los restos del Tri­bunal de la Santa Inquisición, dentro del antiguo Castillo de Triana o Castillo de San Jorge como también se le conoció. Estos restos de los siglos XVI a XVIII nos permiten sumergirnos en un momento de la historia, bastante reciente, donde funcionaba esta controvertida institución de control social e ideológico al servicio de la Corona y de la Iglesia. De ella hemos heredado una cierta mala conciencia, auspiciada por la creación de la Leyenda Negra desde Holanda e Inglaterra para comba­tir desde la propaganda al poderoso imperio español. Ahora podemos visitar sus restos, los más completos conservados en España, para reflexionar sobre las actitudes represivas de la sociedad y hasta qué punto se están perpetuando en el momento actual. Construida sobre el Castillo almohade, el castillo de la Inquisición sevillano fue la imagen de esa institución en Europa, gracias a incorporarse a la iconografía de Sevilla en las numerosas estampas que recorrían los reinos del continente. La imagen de Sevilla era representada desde el oeste, como acostumbramos a seguir representándola, asociando la ciudad amurallada, el río con su puerto y Triana con el puente de barcas y el castillo dominante con la leyenda "Castillo de San Jorge o de la Inquisición". 
     Junto a estos restos se conserva aún el Puente de Isa­bel II o Puente de Triana, que incluimos en el apartado arqueológico ya que forma parte del denominado patrimonio industrial. Signo de modernidad en el día de su inauguración (1852) cuando se editaron estampas conmemorativas, padecía extrema vejez en 1970 al cristalizarse el hierro colado con peligro de desplome. Frente a una opinión técnica de la conveniencia de su demolición y sustitución, fue la sociedad sevilla­na y sus instituciones quienes lo defendieron, y otros técnicos construyeron otro tablero sobre las antiguas pilas. Los antiguos arcos de hierro mantienen "in situ" la elegancia de su diseño, tan parisino, pero no traba­jan, constituyendo por tanto una reliquia arqueológica y un valor escenográfico y monumental del río de Sevilla.
     Esta primera clasificación nos permite abrir el panorama de "lo arqueológico" a muchas más manifestaciones que las tradicionalmente asumidas por el término: esos restos materiales del pasado que ocupan en exclusiva un espacio urbano, más o menos amplio. Esas ventanas al pasado material de la ciudad pueden estar abiertas, tanto en una porción del tejido urbano -La Encarnación, Los Mármoles-, como en una porción de una edificación que entresaca y muestra pervivencias que han sido valorizadas desde el método arqueológico. Igualmente, hemos llamado la atención al carácter polisémico que tienen determinados elementos monu­mentales, como las murallas o la Torre del Oro, ya que pueden ser presentadas desde las miradas y los discursos arquitectónico, artístico y arqueológico.
     Igualmente, podríamos utilizar aquellos lugares donde se han producido hallazgos arqueológicos de cierto interés histórico, pero que no han sido conservados visibles. A este respecto cabe mencionar, a título de ejemplo, el lugar donde se descubrió el taller del famoso ceramista italiano Francisco Niculoso Pisano en Triana (c/ Pureza, 44) o donde han sido excavadas necrópolis de diversas etapas de la historia de la ciudad, que hay muchas.
     También podemos mencionar aquellos otros elementos arqueológicos que están conservados en edificios priva­dos o en lugares públicos de carácter comercial, para cuyo disfrute se requiere el consumo de sus ofertas, hosteleras por ejemplo. En este apartado, y por su carácter de pionero, mencionamos los restos bien visibles del bario musulmán que se encuentra en el Mesón del Moro, los restos romanos integrados en el comedor del Hotel Los Seises, o los restos de termas integrados en el Hotel Eme, etc.
     Finalmente, también es correcto que el público interesado pueda conocer la existencia de museos y colecciones de carácter arqueológico, como en nuestro caso son el Museo Arqueológico o el Palacio de Lebrija.
     Hemos pensado que sería apropiado insertar estos grupos la guía que acompañe en su momento al Itinerario Arqueológico. Sería muy apropiado para mostrar la riqueza de contenidos arqueológicos de la ciudad de Sevilla, para mantener la memoria de múltiples hechos y para enriquecer los itinerarios alternativos y las vivencias arqueológicas de los curiosos.
     El interés científico e histórico se implementa con la inclusión del Río como elemento y argumento fundamental en la propuesta al presidir la idiosincrasia histórica de la ciudad de Sevilla y reforzar los dictados del Plan de Desarrollo Turístico Sevilla.
     Desde la aplicación de todas las variables indicadas surge el diseño de un Itinerario Arqueológico que hemos denominado Principal, con Hitos de su recorrido y Apoyos Narrativos del mismo. La duración del recorrido se estima en una jornada de una mañana, desde el Antiquarium, en la plaza de la Encarnación, como punto de encuentro y sede administrativa del Itinerario Arqueológico de Sevilla, hasta el Castillo de San Jorge, incluyendo el tránsito por las calles, una parada para un café, etc. A partir de aquí se ofrece la visita a la Cartuja desde el río, bajando en el muelle de Indias, que está junto al Pabellón de la Navegación de la Expo'92. Todo ello supone una oferta amplia que, sólo contando con la Cartuja, disponemos de contenidos amplios de índole arqueológica, monumentales jardines y huertas, de arte contemporáneo en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Esta extensión de la visita puede ser emprendida en la jornada de tarde o en otra diferente.
     Aparte de este Itinerario Principal, hemos incluido en este documento una serie de lugares de interés arqueológico que cumplen con una mayoría de requisitos, pero que carecen de algunos otros determinantes, como el de la conectividad en relación con la duración de la visita, como para incorporarse a un recorrido que reúna una selección variada y completa de la aportación arqueológica a la historia de la ciudad. Por ello se sitúan en el plano de alternativas que pueden ser consideradas de modo libre o en su vertiente temática, para lo que se ofrece una ordenación en una serie de argumentos narrativos que se exponen a continuación.

Lugares y elementos arqueológicos de la Ciudad de Sevilla:
19. Castillo de San Jorge
20. Cartuja de las Cuevas
21. Baños de la Reina Mora
22. Murallas de la Macarena
23. Puerta de Córdoba
24. Murallas del Valle
25. La Buhayra
26. Caños de Carmona (Fernando Amores Corredano, en Itinerario Arqueológico de la Ciudad de Sevilla. Córdoba, 2008). 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más Rutas de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 27 de julio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, y Castillo - Fortaleza Nazarí) de la localidad de Alquife, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, y Castillo - Fortaleza Nazarí) de la localidad de Alquife de la Sierra, en la provincia de Granada.
     Alquife producía hasta finales del siglo XX el 40% del mineral de hierro que se extraía en España. Sus minas, unas de las más grandes de Europa a cielo abierto, siguen siendo hoy una enorme montaña artificial, horadada en su interior, que marca y distingue con su color rojizo el paisaje del Marquesado del Zenete. La explotación de hierro en esta zona se inició en tiempos del Imperio Romano y concluyó con la crisis de la industria siderúrgica del norte de España, que provocó la pérdida de rentabilidad de las minas y su consiguiente cierre.
     Un monumento al minero recuerda hoy en Alquife el pasado reciente de esta población, que presenta un cuidado casco urbano y dilatados horizontes. En este lugar se pueden contemplar las vistas del poblado minero abandonado que cuenta incluso con iglesia. Entre su patrimonio destaca iglesia parroquial, de estilo mudéjar. Otra de las ventajas que ofrece es su situación cercana al Parque Nacional de Sierra Nevada y a la estación de esquí del Puerto de La Ragua.
     Región: Geoparque de Granada
     Código Postal: 18518
     Distancia desde Granada: 82 Km
     Gentilicio: Alquifeños
     Acceder a su website: www.alquife.es (Diputación Provincial de Granada).
     Emplazada a los pies de uno de los numerosos cerros que jalonan la cara norte de Sierra Nevada, la presencia humana se registra desde antiguo, en este caso mas que en cualquier otro, vinculada a la explotación de minerales que ya se documenta en época romana. Desde la época musulmana se protegió por un castillo que controlaba, además, uno de los pasos que atravesaban la sierra. En 1489 pasa a la corona castellana y más tarde a formar parte, como todo el marquesado, del señorío que los Reyes Católicos conceden al Cardenal Mendoza (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Alquife se encuentra en la cara norte de Sierra Nevada, en el pasillo natural entre ésta y la Sierra de Baza. Cuenta con una población repartida entre el núcleo principal con el 61% del total municipal y cuatro entidades secundarias de población: Minas del Marquesado, San Antonio, Virgen de Begoña y San Hermenegildo. Su nombre suena a liturgia metálica y, contrariamente a lo que sucede con el resto de los municipios que lo circundan, opta por establecerse sobre el llano al pie del Cerro Minero. Dibuja una estructura urbana desordenada, situada en la margen izquierda de la vía principal de comunicación que pasa junto a este municipio y que une Granada con Almería. El núcleo se ha desarrollado sobre la base del cerro, adoptando una forma alargada.
     El municipio de Alquife pertenece a la Demarcación Paisajística de Hoyas de Guadix, Baza y Los Vélez (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     La historia de esta localidad está definitivamente ligada a la explotación de sus yacimientos minerales, que posiblemente se remonte a la Edad del Hierro y a la posterior Cultura del Argar. De ésta, precisamente, se encontraron en 1965 en el mismo recinto minero seis enterramientos, cuyos phitoi (las grandes vasijas funerarias características del pueblo argárico) contenían numerosas piezas de ajuar, tanto de cerámica como de cobre y plata, que se exponen en el Museo Arqueológico de Granada.
     La romana fue la primera civilización que se asentó en las tierras de Alquife y la que le dio su nombre, procedente del término ciphus (“el cerro”). Los excelentes yacimientos de hierro atrajeron hasta aquí al Imperio. Durante la etapa árabe siguieron explotándose sus minas. En 1489 fue tomada por los Reyes Católicos. Tras la revuelta de los moriscos y su posterior expulsión, se repobló con nuevos vecinos (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación.-

     El edificio presenta planta de cruz latina y por­tada a los pies. Su interior, con una sola nave y coro, se cubre con una armadura mudéjar de limas moamares, que pierde el faldón en el lado de la capilla mayor, con tres tirantes pareados y apeinazados con lazo de ocho sobre canes de tracería de tres lóbulos.
     La capilla mayor, por el contrario, se cubre con una bóveda. Si bien fue construida en el siglo XVII, su estructura se modificó en el siglo XVIII, incorporando naves que alteraron la planta origi­nal. Destaca en ella su capilla bautismal, cubierta con armadura cuadrada, otro buen ejemplo de la carpintería mudéjar en la zona. Al exterior se abre una sencilla portada en los pies con un arco de medio punto (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Comenzada a construir en el siglo XVI, terminada en el XVII y ampliada hasta su configuración actual en 1780, cuando se añadió una nave a la cabecera y se abrió la portada de los pies. Posteriormente sufrió nuevas reformas hasta el momento actual, como la torre y la portada.
     Es una iglesia de planta basilical de una sola nave en cruz latina, cubierta en su interior con un valioso artesonado mudéjar, y cabecera formada por un crucero y capilla mayor poco profunda.  El crucero soporta cúpula renacentista sobre pechinas decoradas con angelitos al estilo neoclásico. 
     La decoración de la cabecera contrasta con el mudejarismo de la nave, de paredes blancas lisas y cubierta con artesonado de madera. Esta armadura es de par y nudillo, con limas moamares a los pies, tirantes dobles  y canes de tracería gótica. La iglesia acoge una imagen de San Hermenegildo, patrón de Alquife. 
     Al exterior se aprecia el el conglomerado de volúmenes  característico de estos templos, con la cabecera dominando sobre el resto. La torre se compone de dos cuerpos que apenas destacan sobre el conjunto del templo y está rematada con una espadaña de hierro forjado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Comenzada a construir en el siglo XVI, terminada en el XVII y ampliada hasta su configuración actual en 1780, se trata de una obra de planta basilical de una sola nave en cruz latina, cubierta en su interior con un valioso artesonado mudéjar. El crucero soporta cúpula renacentista sobre pechinas decoradas con angelitos al estilo neoclásico. La torre se compone de dos cuerpos que apenas destacan sobre el conjunto del templo y está rematada con una espadaña de hierro forjado. Acoge una imagen de San Hermenegildo, patrón de Alquife (Diputación Provincial de Granada).

Castillo - Fortaleza Nazarí.-
     Castillo de planta sensiblemente pentagonal de cuyo recinto amurallado puede seguirse su perímetro completo. Se conservan hasta un total de siete torres y restos de murallas de tapial sobre base de mampostería en sus cinco lados. De las primeras, construidas en mampostería, sólo dos de ellas conservan el relleno interior de hormigón pobre en cal.
     En su interior, al Noreste, se encuentra el aljibe, de planta rectangular, con dimensiones medias de 5,85 x 3,20 metros y una profundidad hasta el relleno de 2,52 metros. Está construido con muros de hormigón y estaba cubierto con bóveda de mampostería, de la que quedan indicios de su arranque.
     En el centro, en la parte más elevada del recinto, existen restos de muros, enrasados con el terreno, de mampostería careada que conforman un espacio de habitación. Podrían pertenecer a la distribución interior de la fortaleza o a una torre interior a modo de homenaje.
     Durante la primera época andalusí, Alquife era una alquería perteneciente a Sanad Wadí As (Marquesado del Cenete). 
     Durante el periodo nazarí, pasa a depender de Guadix. Tras la conquista castellana se convierte en señorío, junto a otros lugares, siendo entregada al cardenal don Pedro González de Mendoza (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Restos de una construcción nazarí situados en un cerro próximo a Alquife, que podría haber sido edificada sobre una fortaleza anterior. Su peculiaridad radica en el uso de ferrura, escoria de mineral de hierro, como elemento decorativo en sus torres y algunos de sus muros, en los que aparecen además incrustados trozos de cerámica nazarí (Diputación Provincial de Granada).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, y Castillo - Fortaleza Nazarí) de la localidad de Alquife, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

Más sobre la provincia de Granada, en ExplicArte Sevilla.

Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla II: desde la Puerta de Triana hasta la Puerta de la Barqueta

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla II: desde la Puerta de Triana hasta la Puerta de la Barqueta, de Sevilla.
      La calle Gravina, bautizada así en recuerdo del héroe de Trafalgar, se llamaba anteriormente Cantarranas, por las numerosas char­cas, husillos y lagunas que había a lo largo de la calle hasta que fue empedrada en el siglo XVII. La vía discurre paralela a la mura­lla entre la Puerta de Triana y la Puerta Real, apoyándose en ella las casas de los números pares, como se ha comprobado con cada nueva construcción que debe dejar expedita la cerca islámica. Sin embargo, con anterioridad, la calle discurría sin ninguna salida extramuros hasta la apertura del tramo final de la calle Canalejas en 1926, tras el derribo de un lienzo de muralla, al igual que había ocurrido con las calles Pedro del Toro y el pasaje de Aguiar, en torno a 1889. En nuestro paseo merece la pena una breve parada ante la casa n.º 31, donde un panel de azulejos nos recuerda que allí vivió el historiador José Gestoso (1852-1917), figura imprescindible en el estudio de la cerámica sevillana, como quiso mostrarnos en el propio zaguán de su casa, lamentablemente cerrada y con cierto aspecto de abandono.
     La Puerta Real, también conocida como puerta de Goles, se ubica en la vía que desde el poniente permitía acceder a la ciudad romana, una de cuyas puertas podría estar situada en el área actual de la Campana, donde en el año 2014 la investigación arqueológica dató una estructura de sillares que podrían corresponder a la propia muralla de Híspalis o a instalaciones portuarias asociadas al paleocauce del Guadalquivir. Por otro lado, las fuentes musulma­nas no mencionan la puerta de Goles, aunque algunos autores opinan que podría tratarse de la Bab al-Muaddin citada en las fuentes. A partir del siglo XIII las fuentes documentales recogen el topónimo de Goles, término que la historiografía tradicional relaciona con una deformación del nombre de Hércules o de los gules de la heráldica, aunque hoy en día se considera que el término podría aludir a una alquería cercana con ese topónimo.
     La puerta se localizaba al final de la antigua calle de Armas, hoy de Alfonso XII (en su confluencia con la calle San Laureano), y comunicaba la ciudad con el área del Arenal aguas arriba del puente de barcas y el arrabal de los Humeros. Un elemento característico de esta puerta era su escasa utilidad defensiva, ya que en sus afueras se fue consolidando un potente muladar, un pequeño montículo formado por los aportes sucesivos de las riadas y la acumulación de basuras, que hizo necesaria la construcción de un potente muro de contención que protegiese el camino exte­rior de la puerta. Sobre dicho montículo se fue formando el arrabal de los Humeros, llamado así por la presencia de pescadores dedica­dos a la salazón y ahumado de pescado, espacio en el que Hernando Colón edificó su casa en torno a 1526, cuando se estableció definitivamente en Sevilla, y donde reunió la extensa biblioteca que legó a la catedral de Sevilla al morir. Tras su muerte en 1539, la casa y las huertas pasaron por diversas manos hasta que los Mercedarios Calzados se hicieron con la propiedad y labraron el Colegio de San Laureano (1604-1835), para lo cual se demolió gran parte del antiguo palacio, muy debilitado por las últimas inundaciones y la inestabilidad del muladar sobre el que se asentaba. Del edificio mercedario aún se conservan diversos sectores del mismo, como su iglesia, donde tuvo su sede la Hermandad del Santo Entierro hasta la desamortización, cuando el edificio se transformó en cuartel de Intendencia y se labró la fachada actual. Posteriormente, en el siglo XX el viejo edificio pasó a acoger en torno al patio otros usos que aún recordamos, como talleres, almacenes y bares de copas, que dieron paso más tarde a un conjunto residencial, mientras que la antigua iglesia ha sido restaurada por el Ayuntamiento para su uso como equipamiento público.
     Como podemos observar en la imagen, en el plano de Olavide se advierte un muro paralelo a la muralla frente a la puerta y acodado a ella, del cual aún se conserva el tramo perpendicular a la misma, y que serviría de contención de las frecuentes riadas que asolaban el arrabal. Asimismo, la documentación menciona en este área de la muralla la presencia de huecos abiertos en la cerca para esquivar la vigilancia fiscal presente en las puertas de la ciudad.
     La antigua puerta de la cerca islámica fue reformada en varias ocasiones antes de ser sustituida en 1565 por el nuevo diseño renacentista de Hernán Ruiz II. Esta puerta, más ancha y sin recodo, constaba de un arco de medio punto, flanqueado por dos capillas en su interior, la de la Virgen de las Mercedes, devoción que aún se mantiene, y la de San Antonio de Padua. Estaba coronada por un frontón triangular con el escudo de la ciudad y cuatro grandes esferas pétreas.
     A partir de 1570, se la denominó Puerta Real, con motivo de la entrada del rey Felipe II por dicho acceso, al sustituir el cabildo sevillano la puerta de la Macarena, entrada habitual de los monarcas hasta ese momento, por esta otra que había sido reformada recien­temente. Para la ocasión, el humanista Juan de Mal Lara planificó un complejo programa de actividades coincidente con la presen­cia de la Flota de Indias en el Arenal, por lo que se hizo entrar la comitiva real por el río para acceder desde esta puerta a la calle de Armas y continuar por la plaza del Duque de Medina Sidonia, calle de las Sierpes, plaza de San Francisco, Alcaicería de la Seda y desde la Catedral alcanzar los palacios del Real Alcázar.
     Al pie del antiguo Colegio de San Laureano, el Ayuntamiento colocó en 2008 una lápida para recordar el fusilamiento en el cercano campo de Marte (actual plaza de Armas) de 82 jóvenes liberales levantados contra el Gobierno de Narváez en 1857, un lamentable ejercicio represor contra el que no pudo hacer nada el entonces alcalde de Sevilla, Miguel de Carvajal y Mendieta, quien, según la leyenda, lloró de impotencia sentado en el sillar que desde entonces es conocido como la «piedra llorosa».
     La puerta fue derribada en 1865 para facilitar la conexión de la ciudad, a través de la calle de Armas, con la nueva estación de ferrocarril en la plaza de Armas, el antiguo campo de Marte, un espacio donde las milicias venían realizando sus ejercicios de armas hasta que en 1858 tuvieron que trasladarse al prado de Santa Justa con la llegada del transporte ferroviario. En la plaza de la Puerta Real hay un paño de azulejos que recrea la antigua puerta, de la que se conserva un lienzo de la muralla islámica con una lápida conme­morativa que recuerda la reforma de 1565.
Calle Goles
     La vía discurre casi en paralelo a la muralla de la ciudad, de la que se conserva parcialmente un lienzo que podemos contemplar al ini­cio de la calle tras el templo de San Laureano, en el encuentro con la calle Barca. Es interesante observar desde este punto las diferencias de cota a uno y otro lado de la muralla del sector por las razones comentadas anteriormente, quedando el arrabal de los Humeros a mayor altura respecto a la calle Goles.
     Esta calle no tuvo ninguna apertura al exterior hasta el siglo XIX, cuando la muralla fue demolida para dar paso a la instalación de las vías del ferrocarril en la actual calle Torneo y se abrieron las conexiones con esta vía de las calles Baños, Pascual de Gayangos e Imaginero Castillo Lastrucci, además del pasaje entre Goles y la calle Luis Rey Romero, anteriormente extramuros en el arrabal de los Humeros.
     En la zona de los pares, extramuros, se ubicaría la huerta del humanista Hernando Colón, visible aún en el plano de Olavide, donde se mantuvo hasta comienzos del siglo pasado el zapote traído de América en el siglo XVI. En esta vía es interesante la casa n.º 30, de Juan Talavera, y la n.º 43, del arquitecto Gómez Millán, 1911-13, donde se ubicaba el garaje Laverán, el cual alberga actualmente un depósito de piezas arqueológicas de propiedad municipal. Más adelante, en el n.º 54, se observa un moderno bloque de viviendas que incorpora en su fachada restos de la Fundición Metalúrgica Orta Balbontín, un recuerdo de la gran actividad industrial que tuvo este área hasta bien entrado el siglo XX.
     Salimos por la calle Imaginero Castillo Lastrucci hacia la calle Torneo.
     Esta amplia avenida recibió este nombre en el siglo XIX, aludiendo a una leyenda que hablaba de un torneo en este área en el que habría participado Guzmán el Bueno. Inicialmente, esta calle abarcaba el amplio espacio extramuros entre la puerta Real y la puerta de la Barqueta, recibiendo el topónimo de cada puerta cercana.
     Todo este sector de la muralla fue el más castigado por la acción destructora de las avenidas del Guadalquivir desde los inicios del entramado defensivo, por lo que fue reconstruido en numerosas ocasiones, dotándosele de torres de sección semicircular que ofrecían mayor resistencia a la acción erosiva. En el ámbito extramuros se había construido un arrecife para defender esta parte de la ciudad de las numerosas crecidas del río Guadalquivir, que dañaban especialmente esta zona y en la que vertían numerosos husillos procedentes del interior de la ciudad. Desde la conquista castellana de la ciudad este área mostró una bajísima densidad demográfica y un escaso valor residencial, de ahí la temprana presencia de aquellas actividades especialmente molestas por su pestilencia, tales como las curtidurías o tenerías y las sayalerías, que las ordenanzas municipales ordenaban se ubicasen en áreas alejadas y semivacías del interior amurallado. Más tarde, en el siglo XIX, se ubicó en esta zona la fundición metalúrgica de Narciso Bonaplata en el desamortizado convento de San Antonio, aprovechando los amplios espacios conventuales y el idóneo carácter alejado para una actividad industrial contaminante, ventajas a la que se sumaría en unos años la cercanía del trazado ferroviario una vez derribada la muralla.
     Anteriormente, los monjes franciscanos del convento de San Antonio de Padua, fundado en el siglo XVII, habían abierto en la muralla de la ciudad un postigo para su uso exclusivo, que les per­mitía acceder desde sus huertas hacia la ribera del río Guadalquivir, el postigo de San Antonio mencionado en algunas fuentes.
     El llamado portillo de San Juan, diminutivo que ya nos indica su importancia menor en la ciudad, recibía su nombre del cercano compás de la Encomienda de San Juan de Acre, de la Orden de Malta (jurisdicción desaparecida en 1837 como ya comentamos en un capítulo anterior), aunque también se la conocía como de la Grúa, o del Ingenio, por el que existía en las orillas del río para ayudar a la carga y descarga de las barcazas que transitaban entre el puente de barcas y Córdoba. Además de este tráfico, durante la Edad Media este área también acogió el de las pequeñas embarcacio­nes que podían superar el puente de barcas por la sección levadiza de sus extremos, hasta que una normativa de los Reyes Católicos exigió el traslado definitivo al Arenal de toda actividad portuaria, causado en gran parte por las dificultades que presentaba el curso fluvial para la navegación aguas arriba del puente, a lo que también se sumó el traslado de la Aduana desde este espacio al Arenal en el siglo XVI. Por otro lado, en este espacio intramuros también se encontraba el convento de Santiago de la Espada, perteneciente a la Orden Militar de Santiago, actualmente colegio religioso de las Mercedarias, así como la ermita de la Virgen de la Estrella.
     Las fuentes islámicas no mencionan esta puerta, que debía de ser del tipo torre-puerta, similar a la que aún tenemos en la puerta de Córdoba, aunque su aspecto fue modificándose con las sucesi­vas reformas, entre las que sobresalen las realizadas en 1758, una auténtica reconstrucción del conjunto amurallado de este sector, en estado ruinoso a causa de los embates del Guadalquivir. La puerta se encontraría en el espacio de la actual calle Pérez de Garayo, como han documentado las excavaciones realizadas por Fernando Amores en 1995 y como se advierte en los planos del área que levantó la antigua Cía. de Ferrocarriles MZA para levan­tar la línea Sevilla-Córdoba, que fue la responsable del derribo de esta puerta y de los lienzos de muralla adyacentes. No obstante, años antes del derribo de la muralla, un fotógrafo anónimo consiguió recoger en su cámara un documento excepcional del área, ya que documenta el último estado de la muralla con su almenado, y tras ella la fundición de Narciso Bonaplata, el templo de Santiago de la Espada, el husillo real, el monasterio de San Clemente y el Patín de las Damas en la puerta de la Barqueta, reflejados sobre el Guadalquivir, como podemos advertir en la imagen.
     La puerta fue demolida en 1863 y ya la prensa del momento reco­gía que el espacio exterior era un área de baños fluviales, por lo que hubo que establecer turnos horarios y "cajones" para el baño separado de ambos sexos, como venía ocurriendo en otros espacios del río a su paso por Sevilla. Más allá, en el n.º 26 de la calle actual, Aníbal González diseñó el edificio para la fábrica de mol­duras y espejos, La Moldurera, entre 1908 y 1910, en cuya parte trasera se instaló la fábrica de fósforos de Enrique Ramírez, y que actualmente acoge la sede del Instituto Andaluz de Administración Pública.
     A continuación, llegamos a la calle Lumbreras, llamada así por los registros de la cloaca que discurría bajo la calle para desaguar la Alameda, la cual vertía al río en el llamado Husillo Real, cuyos últimos vestigios fueron lamentablemente demolidos cuando se realizaron obras en la conexión de esta vía con la calle Torneo en 1991, en el contexto de las obras para la Exposición Universal de 1992. En este punto se observa el trazado de la antigua muralla sobre el acerado actual, como resultado de la preceptiva intervención arqueológica en el solar vecino, la cual permitió documentar las obras de defensa de la ciudad frente a las frecuentes crecidas del río, como, por ejemplo, la estructura semicircular adosada a la muralla en torno al siglo XVI y que podemos advertir en el plano de Olavide. Cerca de este punto se encuentra la calle Arte de la Seda, urbanizada en el s. XVI sobre una serie de huertas pertenecientes al cenobio cisterciense de San Clemente, que nos recuerda la presencia de este gremio en el compás viejo del monasterio, donde se labro un hospital bajo la advocación del santo cuya festividad recuerda la conquista de Sevilla por las tropas de Fernando III el 23 de noviembre de 1248.
     En nuestro paseo debemos intuir la muralla bajo el acerado de la calle Torneo, hasta llegar a la puerta de la Barqueta, una vez superados los muros traseros del monasterio de San Clemente.
     El primer topónimo conocido para esta puerta es el de Bibarragel, procedente del término árabe Bab al-Ragwal, que alude al camino que conducía hasta Qalat Ragwal, la actual Alcalá del Río. Sin embargo, a partir del siglo XIV las fuentes la mencionan también como puerta de la Almenilla, que al parecer de los cronistas aludía a la torre albarrana junto a la puerta y a la almena que coronaba la puerta, utilizada para medir la altura de las frecuentes avenidas del Guadalquivir. Posteriormente, también adopta el nombre popular de la Barqueta, por la barca que cruzaba el río hacia el camino de Santiponce, en un punto donde también se ubicaba un vado practicable. La puerta se ubicaría aproximadamente donde hoy se encuentra la isleta central del tráfico frente al puente Mapfre o de la Barqueta.
     Algunos autores opinan que la puerta islámica formaría parte de un complejo sistema de fortificaciones que pretendía asegurar la defensa de la ciudad en su ángulo noroccidental, el menos poblado en el momento, el cual estaría formado por una alcazaba de origen abbadí, cuyos restos se han localizado bajo el monasterio de San Clemente, y una torre albarrana asociada a su correspon­diente coracha, levantada por el poder almohade a comienzos del siglo XIII, en el contexto de reforzamiento de las defensas urbanas ante los avances castellanos, similar al complejo de Atarazanas y torre del Oro.
     Sin embargo, el principal peligro de este área fortificada eran los embates de las crecidas fluviales en la curva que allí formaba el río, por lo que la muralla urbana debía impedir el paso de las ave­nidas hacia el interior de la ciudad por la actual calle Calatrava (por la orden militar que ocupó el solar de la actual parroquia de Belén), por donde discurría el paleocauce del Guadalquivir hasta la Alta Edad Media. En este sentido, una vez consolidado el cauce actual y abandonado el antiguo, se originó la laguna de la Alameda cuyas aguas discurrían por diversos husillos por Amor de Dios, Campana, Sierpes, y Plaza Nueva hasta la laguna de la Mancebía, y desde allí buscaban el cauce principal del río. Esta agresiva actividad fluvial provocó desde la Edad Media las constantes reformas de la muralla, que a duras penas soportaron el fuerte empuje de las aguas, especialmente tras la dura inundación de 1626, que obligó a construir un nuevo muro interior en la plaza de Vibarragel, maci­zándose la superficie entre este, la puerta de la Almenilla y la torre del Gallinote del muro medieval. Se formó así un terraplén elevado sobre el que se dispuso una explanada almenada que funcionaba como un espacio de paseo y esparcimiento con vistas al río, conocido como el patín de las Damas o también el Blanquillo, cuyas huellas se han marcado sobre el pavimento en el inicio de la calle Resolana, junto al parque de los Perdigones.
     Este conjunto fortificado tuvo que ser reforzado nuevamente en numerosas ocasiones, como ocurrió en 1773, cuando el Cabildo ordenó la construcción de una serie de diques y malecones frente al río, desde el llamado husillo del Taco, aguas arriba de la Barqueta junto al lavadero de lanas, hasta el arrabal de los Humeros, con el objetivo de evitar que la fuerza de las aguas erosionasen la orilla y socavaran la muralla. Para ello hubo que demoler la torre del Gallinote, proa de la muralla, y se construyó una potente explanada exterior y una escalinata que bajaba hacia el embarcadero. Se formó así un paseo extramuros que recibió el nombre de paseo de las Delicias, hasta que este topónimo pasó a ser utilizado en el nuevo paseo ordenado por el asistente Arjona al sur de la puerta de Jerez. Este primer paseo de las Delicias será el que vendría a ser ocupado en el proyecto ferroviario de la Compañía Ferroviaria M.Z.A. años más tarde, lo cual provocaría la privatización del espacio extramuros hasta los Humeros y el cierre de los pasos hacia el río, que se mantuvo hasta las obras con motivo de la Expo 92. Así pues, como ya comentamos en otro capítulo anterior, la construcción del ferrocarril Sevilla-Córdoba hizo necesaria la demolición del patín de las Damas y de la puerta de la Barqueta en torno a 1858, ordenándose el espacio resultante entre las actuales calles Puerta de la Barqueta, Vib Arragel y Bécquer que encierra una manzana de viviendas, hoy rehabilitada, obra del arquitecto José Espiau y Muñoz de comienzos del XX (Esteban Moreno Hernández. En torno a las murallas de Sevilla. Guía por las puertas y límites de un casco antiguo. El Paseo editorial. Sevilla, 2023).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla II: desde la Puerta de Triana hasta la Puerta de la Barqueta, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Murallas de la ciudad de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.