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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 17 de enero de 2026

La imagen de San Antonio abad, en la Iglesia de Santa Catalina

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Antonio abad, en la Iglesia de Santa Catalina, de Sevilla.   
     Hoy, 17 de enero, Memoria de San Antonio, abad, quien, habiendo perdido a sus padres, distribuyó todos sus bienes entre los pobres, siguiendo la indicación evangélica, y se retiró a la soledad de la región de Tebaida, en Egipto, donde llevó vida ascética. Trabajó para reforzar la acción de la Iglesia, sostuvo a los confesores de la fe durante la persecución desencadenada bajo el emperador Diocleciano, apoyó a San Atanasio contra los arrianos y reunió a tantos discípulos que mereció ser considerado padre de los monjes (356)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen de San Antonio abad, en la Iglesia de Santa Catalina, de Sevilla.
     La Iglesia de Santa Catalina [nº 30 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 53 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Alhóndiga, s/n (aunque también tiene portadas laterales por las calles Juan de Mesa, y barreduela Santa Catalina); en el Barrio de Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo.
   En la Iglesia de Santa Catalina podemos contemplar una imagen de San Antonio abad, anónima realizada en el entorno de 1800, en estilo barroco sevillano, con unas medidas de 1,70 x 0,50 x 0,45 mt.
     El santo mira una cruz que lleva en la mano izquierda, mientras que en la derecha lleva un báculo. Viste túnica con mangas anchas y capucha que le cubre la cabeza. La túnica está estofada con temas de roleos vegetales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Antonio, abad; 
   Patriarca de los cenobitas de la Tebaida cuya vida, contada por san Atanasio y san Jerónimo, se hizo popular en el siglo XIII por la Leyenda Dorada.
LEYENDA
   Nació hacia 251 en el Alto Egipto y muy joven se retiró en soledad.
   Habría sido asaltado por tentaciones diabólicas en el desierto, que en general se interpretan como alucinaciones de un solitario agotado por el ayuno y la vela.
   ¿Puede creerse que este tema tradicional tenga origen hindú? Las semejanzas con la leyenda de Buda, quien, como san Antonio, fue hostigado por monstruos y después tentado por mujeres que desnudaban sus pechos, son más ingeniosas que probatorias. Se trata más bien de paralelismo que de copia.
   Hacia el final de su vida, visitó a Pablo ermitaño, superior de los anacoretas de la Tebaida, milagrosamente alimentado por un cuervo que ese día llevó en su pico doble ración de pan. Algún tiempo después, al enterarse de la muerte de su venerable hermano, fue a enterrarlo ayudado por dos leo­nes.
   Además, en Cataluña se le atribuyeron aventuras que sirvieron de tema a Jaume Huguet para su gran retablo de san Antonio, en Barcelona.
   El rey de Aragón suplicó a san Antonio que exorcizara a su esposa e hijos poseídos por demonios. El santo abandonó la Tebaida viajando sobre una nube, como los apóstoles advertidos de la muerte inminente de la Virgen, y desembarcó en Barcelona. Se dirigió a la casa del preboste Andrés. En el momento de atravesar el umbral, una marrana le acercó un lechoncillo monstruoso que llevaba en las fauces, y que había nacido sin ojos ni patas. Andrés quiso expulsar a la intrusa, pero san Antonio se lo impidió dicién­dole que después de todo la pobre bestia quería implorar, igual que lo hacía el rey, la curación de su progenie.
   Después tomó la mano de Andrés y para transmitirle su poder de exorcis­mo, hizo con ella el signo de la cruz sobre el cochinillo que milagrosamente adquirió la vista y los miembros que le faltaban de nacimiento. Después de ello, Andrés exorcizó de la misma manera a la reina de Cataluña arrodillada a sus pies.
   La invención del cuerpo de san Antonio, que moriría más que centenario en 356, había hecho nacer otras leyendas popularizadas en el siglo XV por una traducción del latín al francés de Pierre de Lanoy.
   El obispo Teófilo descubrió su cuerpo envuelto en una túnica de fibras de palma que le había regalado san Pablo ermitaño. Los restos fueron desenterrados por dos leopardos. Antes, un pájaro blanco de pico rojo indicó el sitio que el santo había elegido para su sepultura.
   Para dar cuerpo a su leyenda póstuma, los hagiógrafos le atribuyeron un mi­lagro del apóstol Santiago: habría sostenido durante muchos días el cuerpo de un joven condenado a la horca por una acusación falsa.
CULTO
   En el desierto del Mar Rojo hay dos monasterios coptos vecinos del siglo IV, dedicados, uno a san Antonio y el otro a Pablo ermitaño: son los más anti­guos del mundo cristiano.
   El cuerpo del célebre asceta, transportado en principio a Constantinopla, en 1050 habría sido trasladado a una abadía del Delfinado, que tomó el nom­bre de Saint Antoine en Viennois.
   Esta pretensión era resistida por los pobladores de Arles, en Provenza, que poseían otro cuerpo de san Antonio cuya autenticidad afirmaban. El humanista Henry Estienne se burla del «gran combate» que libraron los de la ciudad de Arles con los antonitas de Vienne del Delfinado por esa causa: «Al final san Antonio se quedó con dos cuerpos enteros, y además, numerosos miembros en diversos lugares, y al menos con media docena de rodillas.» En Florencia, en la iglesia de San Antonio dei Francesi, también hay frag­mentos de reliquias que se consideran suyas.
La orden de los antoninos 
   Los monjes de Saint Antoine en Viennois, que se llamaban antoninos o antonitas, salieron victoriosos del duelo. La orden hospitalaria, fundada en el siglo XI bajo la advocación de san Antonio convertido en santo curador, se especializó en el tratamiento de enfermedades contagiosas: fuego sagrado o fuego de San Antón, peste, y más tarde, la sífilis. Como esas terribles enfermedades estaban muy difundidas, la peregrinación de San Antonio en el Delfinado se volvió muy frecuente y concurrida, hasta el punto de rivalizar con Santiago de Compostela y San Nicola di Bari.
   Gracias a las numerosas filiales o encomiendas creadas por la casa matriz, el culto de san Antonio se difundió en toda la cristiandad a finales de la Edad Media. La orden tenía veinticinco establecimientos en Francia, diseminados en Lyon, Toulouse, Albi, París -donde el convento del Petit Saint Antoine ha dado su nombre a un barrio-. Alsacia poseía dos encomiendas antonitas en Estrasburgo y en Issenheim, cerca de Colmar. En la Suiza alemana, vecina del Delfinado, los antonitas se habían establecido en Basilea y Berna; en Alemania, enjambraron a todo lo largo del valle del Rin, en Constanza, Friburgo, Maguncia, Frankfurt,Colonia.
   Sólo Italia se mostró refractaria a esta propaganda, sin duda porque el culto de San Antonio entró en competencia con su homónimo san Antonio de Padua.
   En el siglo XVI Borgoña se convirtió en un feudo de san Antonio a causa de la particular devoción del duque Felipe el Atrevido hacia este santo cuya fies­ta había coincidido con el día de su nacimiento.
   Otra circunstancia contribuyó a reforzar el prestigio del santo ermitaño; en 1382 Alberto de Baviera, conde de Hainaut, Holanda y Zelanda, fundó una orden de caballería en honor de san Antonio que a partir de 1420 se transformó en cofradía piadosa. El collar de la orden imitaba un cinturón de ermitaño y la insignia de los caballeros era la tau u horca de san Antonio de la que estaba suspendida una campanilla de oro o plata, de una onza de peso.
Los recursos de la orden
   Para mantener sus encomiendas y hospitales, los antonianos recurrían a la crianza de cerdos. Gozaban del privilegio de dejar vagar sus animales, reconocibles por la campanilla que tintineaba en sus cuellos, por las calles de los pueblos, hozar en la basura y en los terrenos comunales. Era un derecho muy envidiado por las otras órdenes monásticas que no se privaban de enviar a sus monjes a competir acompañados de un cerdo con esquila, lo cual dio lugar a muchos procesos.
   Las colectas les proveían también amplios recursos. El papa los había autorizado a servirse de una campanilla para reunir a los transeúntes en las pla­zas públicas o en las calles, y solicitar limosnas.
Patronazgos de corporaciones
   Además, san Antonio se había convertido en patrón de numerosas corpo­raciones: los cesteros porque los solitarios de la Tebaida ocupaban su tiempo ocioso en trenzar cestos, los sepultureros, porque san Antonio enterró a san Pablo ermitaño en el desierto.
   La mayoría de los patronazgos los debe al cerdo, que se convirtió en su atributo más popular. De ahí que fuera devotamente honrado por los porquerizos, vendedores de cerdos, carniceros, chacineros, fabricantes de cepillos -que em­pleaban cerda porcina-campaneros a causa de la esquila de los cerdos. Además, en Bretaña era patrón de los alfareros, en Saint Omer de los curtidores, y en Reims de los arcabuceros.
Patronazgos contra el fuego de san Antón, la lepra, la peste y la sífilis
   Pero la extraordinaria popularidad de san Antonio se debía sobre todo a su fama como santo curador, hábilmente explotada por los antonitas.
1. Se lo invocaba contra el llamado mal de los ardientes, que había recibido el nombre de fuego san Antón. Esta enfermedad ha sido asimilada por los médicos con la erisipela gangrenosa, cuya causa era una mala alimentación con pan de centeno atizonado, es decir, contaminado por un parásito llamado tizón. El efecto del fuego de san Antón era un desecamiento de las extremidades que obligaba a su amputación.
   En su forma convulsiva, el ergotismo se caracteriza por alucinaciones visuales y auclitivas. Con frecuencia, el delirante se cree presa de seres espantosos, diablos o animales salvajes. Tal vez sea dicho síntoma la fuente de la le­yenda de las Tentaciones de san Antonio.
   El tratamiento era simple. El enfermo recibía un santo vino encabezado, ela­borado en el viñedo del convento donde todos los años, en la Ascensión, se hacían macerar las reliquias del santo en el caldo. Tan pronto como el pa­ciente llegaba, se le daban algunas gotas a beber.
   Si el medicamento se mostraba inoperante y la gangrena continuaba royendo los miembros del paciente, un hermano cirujano procedía a la am­putación.
   Cuando desapareció esa modalidad de erisipe la gangrenosa, o fuego de San Antón, se aplicó la misma terapia al lumbago.
   Esa causa del fuego de san Antón, su atributo habitual, que se recurría a él contra las llamas del infierno y los incendios. En España se lo representaba en las escaleras o en los rincones oscuros, como un coco y con una antorcha encendida en la mano, no para iluminar sino para impedir que allí se arrojas en basuras.
2. San Antonio también era invocado contra la peste: junto a san Sebastián y san Roque, es uno de los principales santos antipestosos (Pestheiligen) ¿De dónde procede ese privilegio que en su leyenda nada parece justificar?
   Es posible que la iconografía haya engendrado el culto. Uno de los atributos usuales de san Antonio es una muleta u horca con forma de tau. Pues bien, en el momento del Éxodo de Egipto, Aaron marcó con ese signo, dibujado con la sangre del cordero pascual, las casas de los judíos a quienes debía respetar el ángel exterminador, y el profeta Ezequiel (9: 4) dice que Dios ordenó a un ángel marcar a los justos con el mismo signo sobre la frente. La tau de san Antonio se asimiló a ese amuleto apotropaico y fue considerada como un preservativo contra las enfermedades contagiosas y la muerte súbita.
   Cuando las epidemias de peste se volvieron más infrecuentes y menos mortíferas, los antonitas se dedicaron a la lucha contra la sífilis, bautizada «mal de Nápoles» o «mal francés» (morbus gallicus), pero que en verdad era una enfermedad universal. Se la creía provocada por el aliento envenenado de un gallo negro de pico venenoso: el basilisco de los Bestiarios, símbolo de la lujuria.
3. La sarna, pruritos, comezones, furúnculos, várices y, de manera general, todas las enfermedades de la piel, eran de la competencia de san Antonio. Era el patrón del Hospicio de Beaune.
   El poder curativo de san Antonio se extendía a los animales: estaba clasifi­cado entre los santos protectores del ganado, y sobre todo de la especie por­cina. Para preservar la salud de los cerdos, les daban bolitas de pan frotadas contra la estatua del santo.
   Además, como san Eloy, era el patrón de los caballos.
ICONOGRAFÍA
   San Antonio está representado usualmente como un anciano barbudo, que viste el sayal con capucha prenda común de los monjes de su orden. Sus atributos habituales más característicos son la tau, la esquila, el cerdo y las lla­mas del «fuego de san Antón».
l. La tau o cruz potenzada (crux commissa, tau-shapedcrutch) ya era el símbolo de la vida futura en el antiguo Egipto. Ese bastón le sirve de báculo abacial; está bordado en azul sobre su hombro.
2. La esquila (Antoniusglocklein) está suspendida del travesaño de la tau. A veces la lleva en la mano. Era el atributo de los ermitaños, que la empleaban para rechazar los ataques de los demonios, quienes se espantaban por el ruido de las esquilas igual que por la luz de los cirios.
3. El cerdo es el inseparable compañero del santo. En Italia se lo llamaba Antonio del parco, en Suiza Säu Antoni. El cerdo no es la personificación del demonio, de las tentaciones de la carne de las cuales san Antonio fuera blanco: el animal se frota contra él con familiaridad, como un buen perro, y alude a su patronazgo sobre los puercos cuyo tocino se consideraba un remedio eficaz contra el fuego de san Antón.
   Esta intimidad con semejante animal debía parecer comprometedora y hasta escandalosa a los orientales, sobre todo a los judíos, pueblo violenta­mente porcófobo.
   Por ello el «Cerdo de san Antonio» pertenece en exclusiva a la iconografía occidental. Es desconocido en el arte bizantino, lo que prueba que su sig­nificado nada tiene de simbólico.
   El animal casi siempre lleva una esquila (pig with bell) pendiente del cue­llo. Era la insignia de los «cerdos de san Antonio» que gozaban del privilegio de libre pastoreo, y que en los pueblos, como en otros tiempos los pe­rros de Constantinopla, cumplían los servicios de limpieza y recolección de las basuras domésticas. A veces dos esquilas cuelgan de sus orejas como pendientes sonoros. Una estatua del siglo XV, que se conserva en el Museo de Troyes, representa a un porcino rascándose la oreja con una de sus pa­tas traseras.
4. Las llamas del fuego de san Antón (fuóco di S. Antonio). Las llamas salen de sus pies o del libro que tiene en la mano: alusión a la enfermedad curada por los antonitas. A veces las llamas salen de los dedos de los enfermos.
   A causa de una confusión, este emblema también fue atribuido a san Antonio de Padua.
   A estos atributos a veces se suma un rosario de gruesas cuentas y el Libro de la regla de los antonitas.
   Una estatua de piedra del siglo XV en la residencia Vauluisant de Troyes, agrega al cerdo y a las llamas el león, con cuya asistencia cavó la tumba de san Pablo ermitaño.
   San Antonio está representado ya solo, ya asociado con los otros santos «antipestosos», sobre todo san Sebastián y san Roque.
   La mayoría de las realizaciones donde se lo encuentra se remontan al siglo XV y a principios del XVI, que marcan el apogeo de su culto (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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viernes, 16 de enero de 2026

Los sitios arqueológicos Arroyo de la Ribera, en Aguadulce (Sevilla)

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Arroyo de la Ribera. En una suave loma dedicada al cultivo de olivar junto al arroyo de La Ribera se hallan materiales cerámicos de época romana (abunda la Terra Sigillata) y medieval islámica, así como piezas líticas (raedera sobre lasca y punta pseudolevallios, ámbas en sílex). Los materiales aparecen muy dispersos y sin concentración significativa por toda la ladera Norte.
Arroyo de la Ribera II. Reducida dispersión de material cerámico, especialmente de época islámica, consistente en piezas fabricadas a mano con decoración pintada a la almagra, pintada con el motivo "dedos de Fátima", vidriadas en tonos marrones y fragmentos comunes. Puntualmente se encuentra algún fragmento de Terrra Sigillata, posible cerámica prehistórica y restos líticos de talla (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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Los Jardines y Murallas del Valle

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte los Jardines y Murallas del Valle, de Sevilla.
      Los Jardines y Murallas se encuentran en la calle María Auxiliadora, 31-33; y en la calle Sol, entre los números 94, y 96; en el Barrio de Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo, de Sevilla.
Jardines del Valle.-
     Los Jardines del Valle constituyen un espacio ajardinado de forma trapezoidal situado en el barrio de Santa Catalina. Sus lados mayores están delimitados, al este, por un lienzo de la antigua muralla almohade, y al oeste, por la Avenida de María Auxiliadora. En sus lados menores se levantan el colegio Jardines del Valle y varios bloques de viviendas de concepción moderna.
     El espacio se halla completamente cerrado por una verja de hierro, de modo que el acceso ha de realizarse por una de las dos puertas del recinto. La principal tiene un carácter monumental,  con una fachada de estética clásica rematada con frontón y adornada con volutas y motivos geométricos, pilastras encajonadas y el escudo identificativo de la Hermandad del Sagrado Corazón. Esta portada da paso a un espacio porticado con doble hilera de arcos de medio punto sobre columnas de mármol que sostienen un techo plano. Dicho acceso tiene su homólogo en el otro extremo de la verja con una puerta en hierro forjado que imita su silueta externa.
     El jardín, de aproximadamente una hectárea, presenta dos espacios claramente diferenciados. El situado más al sur se ordena en torno a una calle central y varias vías adyacentes en paralelo. Todas ellas presentan suelo de albero y sus límites están fijados por parterres con especies vegetales muy variadas. La vía central tiene la particularidad de estar interrumpida por un retablo cerámico perteneciente al antiguo Colegio de las Hermanas del Sagrado Corazón, que da indicios del origen de este jardín. Esta zona de abundante vegetación se contrapone con el otro espacio del jardín, más soleado y desornamentado, salpicada de árboles y presidido por un espacio de juegos infantiles.
     El elemento que confiere unidad al conjunto ajardinado es el lienzo de la muralla almohade situado en el extremo oeste, en el que toman gran protagonismo las torres de planta cuadrada, algunas almenadas y otras desmochadas.
     El conjunto se completa con bancos de hierro, farolas de gran altura, papeleras y una fuente.
     El origen de estos jardines debemos hallarlo en relación al desaparecido Convento Franciscano del Valle, edificado en el siglo XV y reconvertido en fábrica de salitre en 1757. Concretamente, el edificio que antiguamente habitaban los franciscanos pasó a ser ocupado por oficinas y zona de producción de sal por la cercanía al arroyo Tagarete y la presencia de nitro de los alrededores, razón por la que Fernando VI aprobó su configuración como Real Hacienda hasta que en 1818, incapaz de asumir los gastos, la traspasa a la familia Cárdenas, que no será capaz de mantenerla a flote durante mucho más tiempo por la brutal competencia británica.
     En pleno proceso de Desamortización, el espacio es transformado con el fin de adaptarlo a fines educativos. La Marquesa de Villanueva compra los terrenos en 1866 y cede su uso a las Hermanas del Sagrado Corazón, quienes dirigen el colegio religioso "El Valle" durante ciento nueve años. En 1975 los asuntos económicos vuelven a hacer mella en este recinto. La conservación del edificio requiere una inversión económica que las monjas no pueden asumir, razón por la cual acaban vendiendo el terreno a una inmobiliaria afiliada al Banco de Granada y trasladando la sede religiosa al Aljarafe. A partir de entonces comienza un litigio entre el Ayuntamiento y la inmobiliaria por la licencia de construcción de viviendas en el  solar, obteniendo como resultado el abandono del espacio durante años.
     Del antiguo convento poco o nada se ha conservado. Tanto de lo mismo ocurre con el colegio, que reunía varios edificios con corredores en torno a patios y jardines, todos ellos desaparecidos en el último tercio de la pasada centuria. Sí se han conservado la iglesia del Valle (hoy de los Gitanos), la puerta de acceso principal y un retablo cerámico ubicado en el interior del jardín, gracias a la iniciativa de unos ecologistas (cuya labor se reconoce en una placa en la fachada interior de la puerta principal) y a los esfuerzos llevados a cabo por la Comisión de Patrimonio por salvar los últimos restos de este primitivo recinto, incluyendo el lienzo de muralla almohade. 
     No será hasta el año 2010 cuando se decida recuperar este espacio para el disfrute de los ciudadanos proyectando unos jardines a imitación de los que existieron en el convento en el siglo XV. Con tal fin se plantan numerosos árboles frutales y se derriba el muro levantado en los años ochenta para evitar acciones vandálicas, abriendo el espacio a la ciudadanía a través de una verja de hierro. En 2013 se incluyó un azulejo en la puerta de acceso principal con el poema "Colegialas del Valle" del sevillano Aquilino Duque, donde se recuerda el uso histórico de este espacio como colegio.
Murallas de los Jardines del Valle.-
     Lienzo de muralla almorávide-almohade conservado en 315 metros con varias torres. El lienzo de muralla conservado en los Jardines del Valle forma parte del recinto que rodeaba la ciudad construido en el periodo almorávide en torno al año 1134, bajo el reinado del sultán Ali Ben Yusuf por mandato de cadí de Sevilla Abu Bark.
     Las murallas están construidas con cajones de tapial de medidas más o menos regulares, distinguiéndose perfectamente los huecos agujas de separación de las tablas del encofrado. El espesor de la muralla es de 1,90 metros, coronada con almenas que disponen de saeteras abiertas a tramos regulares. Las torres de que dispone son rectangulares, de 4 metros de anchura proyectadas hacia afuera del paramento 4,5 metros, separadas entre ellas por una distancia variable entre 40 y 50 metros. Son macizas hasta el Paseo de Ronda, que pasa a través de ellas, presentando departamento abovedado desde el que se accede a la azotea superior almenada, a través de una escalera.
     La longitud del lienzo conservado es de unos 320 metros. En cuanto al estado de conservación es magnífico, pues recientemente se ha realizado una importante restauración. Con motivo de esta intervención, se realizó una completa investigación arqueológica que tuvo como resultado un adecuado conocimiento del conjunto (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 15 de enero de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, Ermita de San Bartolomé, Ermita de Santa Ana, Ermita de Nuestra Señora de Tentudía, Fuente de Arriba, y Casa de la Encomienda) de la localidad de Llera, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, Ermita de San Bartolomé, Ermita de Santa Ana, Ermita de Nuestra Señora de Tentudía, Fuente de Arriba, y Casa de la Encomienda) de la localidad de Llera, en la provincia de Badajoz.
     Esta localidad se enclava en el extremo noroccidental de la Campiña, ocupando un punto de adscripción concreta difícil de establecer con precisión, correspondiente a un área en la que aquella se solapa con la Tierra de Barros, el Señorío de Feria, la Serena y las sierras de Hornachos. El terreno es predominantemente seco y descarnado de vegetación, con presencia de algunas encinas, olivares y viñas, y sobre todo, matorral.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 71,5 Km2
     Altitud: 481 m.
     Distancia Capital: 105 Km.
     Partido Judicial: Llerena
     Comarca: Campiña Sur
     Gentilicio: Llerense
Ayuntamiento de Llera
     Plaza de España, 1
     06227 Llera (Badajoz)
     Teléfono: 924875001
     Fax: 924875055
     Web: www.llera.es
Historia.-
    Esta localidad se enclava en el extremo noroccidental de la Campiña, ocupando un punto de adscripción concreta difícil de establecer con precisión, correspondiente a un área en la que aquella se solapa con la Tierra de Barros, el Señorío de Feria, la Serena y las sierras de Hornachos. El terreno es predominantemente seco y descarnado de vegetación, con presencia de algunas encinas, olivares y viñas, y sobre todo, matorral.
     Según la tradición, el núcleo ostentaba en la antigüedad el nombre de Gera de Jarandilla o Gera de los Godos. En el siglo XV aún aparece señalado como Hera de Hornachos, indicando su dependencia de este centro. La repoblación en época cristiana se atribuye al Maestre santiaguista Pelay Pérez Correa, con cuya figura se conecta una ermita que todavía subsiste bajo la advocación de Nuestra Señora de Tentudía. La obra actual es la reedificada en 1779 sobre los restos de la originaria por Doña Ana Muñoz Barata y Ayala (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     El hito más significativo de la localidad es la iglesia parroquial de San Sebastián, de airosa torre mudéjar realizada en ladrillo pero cuya fábrica original aparece en la actualidad oculta bajo un revoque de cal. Sobre un cuerpo inferior desnudo de componentes formales se erigen otros con doble campanario, el más bajo ciego y ricamente decorado. Como remate ostenta un chapitel moderno con perímetro de pináculos.
     En el interior del templo, merece especial atención el retablo mayor, obra fundamental en su clase dentro del panorama, artístico bajo extremeño. En su realización, llena de vicisitudes, participaron los entalladores Isidro de Aguilar, Rodrigo Lucas, Andrés de Ocampo, Juan Bautista el Joven, Cristóbal Gutiérrez, Juan Oviedo de la Bandera y Luis Hernández, que culminó la obra en 1618, realizando también las figuras de talla. Parte de éstas fueron sustituidas finalmente por pinturas cuya realización, al igual que el dorado de la máquina, corrió a cargo de los pacenses Sebastián Salguero y Gonzalo Sánchez Picaldo. En la actualidad, está sobresaliente realización se encuentra, lo mismo que la torre, maltrecha y en lamentable estado de creciente deterioro.
     Además de la parroquia, resultan de interés las ermitas de San Bartolomé, situada en la finca Las Carboneras, y que algunas fuentes citan como parroquia primitiva; y la ermita de Santa Ana, ésta con cúpula cubierta con atractivas pinturas murales de factura popular. En 1.575 se fundó con esta misma advocación un convento de terciarias franciscanas que en el siglo XVII se trasladó a Los Santos de Maimona bajo la regla de la Concepción.
     Junto con la llamada fuente de Arriba, erigida en el XVI, la población mantiene numerosas edificaciones tradicionales que conservan su fisonomía secular, originando un panorama urbanístico de particular atractivo y pintoresquismo. Muchas de tales viviendas, ostentando blasones en las fachadas y hermosas portadas, rejerías, etc., perduran en las calles Francisco Pizarro, Rafael Gala, Plaza de Luis Rodríguez, etc. (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia Parroquial de San Sebastián.-
     Fue comenzada su edificación en el siglo XV y terminada en el  XVI. Consta de nave única con cabecera plana. La nave, que es de amplias proporciones, está dividida en dos tramos separados por un arco de medio punto que arranca de dos gruesas semicolumnas. La cabecera es un poco más estrecha que la nave y va separada  de ella por un gran arco toral de medio punto en ladrillo.
     Tanto la nave, como la cabecera se cubren con bóvedas de crucería, con nervios también de ladrillo pintados simulando sillares y las claves de piedra pintadas de rojo y oro, igual que las ménsulas de las que arrancan los nervios de la bóveda.
     El edificio, que se alza exento en medio de una plaza presenta adosadas por ambos costados la sacristía y una capilla de gran cuerpo. La sacristía se cubre con bóveda de cañón y dos impostas corridas recorren la parte lata de sus muros longitudinales. La capilla se abre a la nave por un arco de medio punto, cerrado con una verja, y se cubre con bóveda de cañón. En uno de sus muros pueden observarse lápidas. En el exterior también conserva una pequeña ventana de ladrillo de medio punto tapiada.
     Destaca su torre, de planta cuadrada y situada a los pies del templo. Obra de factura mudéjar con casi 40 m. de altura. La torre consta al exterior de cuatro cuerpos, tres de ellos tapiados y el último en el que se encuentran las campanas. La torre se encuentra rematada con balaustrada y por un chapitel moderno, resultado de la reparación al que fue sometido tras ser alcanzado por un rayo a principio de los años ochenta. Es de plata octogonal y con perímetro de pináculos (remates ornamentales  en forma de copas).
El Retablo Mayor en el interior del templo destaca esta pieza, cuya compleja realización se extendió desde 1578 al sevillano  Francisco Isidro de Aguilar y al flamenco  Rodrigo  Lucas. Participaron también en su realización los entalladores Andrés de Ocampo, Juan Bautista el Joven, Cristóbal Gutiérrez, Juan Oviedo de la Bandera. Se trata de una notable obra de severo diseño clasicista, de grandes dimensiones, compuesta por un banco, tres cuerpos y un remate. El remate es un frontón curvo con un medallón en el que figura la imagen de Santiago Matamoros. El programa iconográfico desarrolla  un amplio repertorio  de tallas y pinturas de diversas características y autores. En 1616 se encargaron las pinturas a los pacenses Sebastián Salguero y Gonzalo Sánchez Picaldo. Ellos también fueron los encargados del dorado  de la máquina. Entre las figuraciones aparecen pinturas de diferentes santos y escenas de Jesús y María, sobresaliendo entre las imágenes la del titular, San Sebastián. Las pinturas del banco representan a los padres de la iglesia.
     Destaca así mismo, el Sagrario del Retablo Mayor, el retablo lateral, el coro y la sillería del sotocoro de madera tallada y de sobresaliente mérito, el confesionario y la Pila Bautismal de cantería labrada y que presenta un típico pie con una basa gótica que sostiene la pila gallonada (Ayuntamiento de Llera).

Ermita de San Bartolomé.-
     Situada a las afueras en la finca Las Carbonera y que algunas fuentes citan como la parroquia primitiva. Su construcción fue aproximadamente hacia 1550. Evocada en honor al patrón de la localidad y sobre su ubicación de la que existe una leyenda popular conocida como la “Piedra Blanca” (Ayuntamiento de Llera).

Ermita de Santa Ana.-
     Se localiza dentro del casco urbano. Es una ermita  de sencilla planta y reducidas dimensiones que prevalece como recuerdo de una desaparecida fundación conventual franciscana. Esta fue fundada en 1575 bajo la advocación a Santa Ana. El convento de terciarias franciscanas fue trasladado a finales del siglo XVII a Los Santos de Maimona. De singular importancia son las pinturas murales de carácter popular-religioso que presenta su cúpula de media naranja sobre pechinas, cubierta con bóveda de cañón. Los dibujos están realizados en tonos negros y rojos y el tema principal de la misma es la coronación de la Virgen María, la escena representada es la coronación por Dios Padre y Jesús acompañados de ángeles músicos. Sobre las tres figuras aparece una paloma símbolo del espíritu Santo. El coro de ángeles utiliza, siguiendo la usual iconografía medieval, instrumentos musicales como guitarras y arpas. En la clave, centro de la cúpula, se representa un sol que pudiera ser la representación de Dios, rodeado de numerosos angelotes y ángeles músicos. Sobre las pechinas aparecen los cuatro evangelistas, acompañados de la inscripción de sus respectivos nombres y sus símbolos: San Marcos está acompañado por el León, San Juan del águila, San Lucas por el toro y San Mateo aparece acompañado por un ángel. En la parte inferior hay una balaustrada  que recorre toda la parte inferior de la cúpula sobre los que asoman los “putti” o angelotes, o cabezas aladas (Ayuntamiento de Llera).

Ermita de Nuestra Señora de Tentudía.-
     Se trata de una sencilla construcción del siglo XVI de reducidas proporciones, integrada en el caserío y dedicada a la advocación de Nuestra Señora de Tentudía. Su planta es rectangular, con cúpula en la cabecera y atrio en los pies. La obra actual es la reedificada en 1779 por el Maestre santiaguista Pelay Pérez Correa sobre los restos de la originaria por Doña Ana Muñoz Barata y Ayala (Ayuntamiento de Llera).

Fuente de Arriba.-
     Edificación que data del siglo XVI. Tradicionalmente las mozas iban a por agua, cuenta con dos caños, el bueno y el malo. Recientemente ha sido redescubierto, lo que los mayores de la villa dicen que se llamaba el “Atanor” y que fue sepultado durante la Guerra Civil española (Ayuntamiento de Llera).

Casa de la Encomienda.-
     Perteneciente a la Orden de Santiago. Se encontraba en mal estado en 1494 lo que hace que en 1498 se cierren algunas dependencias. La casa era de una sola planta con corral, alrededor de la cual se organizaban el resto de las dependencias. En 1757 se hace  otra casa en el mismo terreno que la anterior debido al ruinoso estado en el que se encontraba. Dicha casa existe en la actualidad conservando prácticamente la misma forma (Ayuntamiento de Llera).

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Un paseo por la calle Puerta de Córdoba

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Puerta de Córdoba, de Sevilla, dando un paseo por ella
     La calle Puerta de Córdoba es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Madre Dolores Márquez y San Julián, a la calle Morera
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. 
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Vía intramuros próxima a la Puerta de Córdoba, permanece innominada hasta mediados del s. XIX, si bien en cierta medida puede identificarse con la plaza de San Hermenegildo (Callejero de Moreno y Gálvez, 1845, y plano de Álvarez-Benavides, 1868). A partir de 1870 se le conoce como Córdoba, y al menos desde 1910 (plano de Poley y Poley) recibe la denominación que actualmente conserva. En ningún punto de su recorrido figura el rótulo de la calle. Todavía en el plano de Álvarez-Benavides puede apreciarse cómo la muralla se encuentra exenta en este sector de la ciudad, y el espacio que actualmente corresponde a Puerta de Córdoba aparece abierto, sin constituir calle en sentido estricto. 
     El tramo de muralla comprendido entre la Puerta de la Macarena y la de Córdoba fue el que mejor se conservó, y así lo relata González de León en Las Calles...: "Este trozo, el anterior y el siguien­te, son los que tienen las murallas más altas y bien tratadas de toda la circunferencia de la ciudad, conserva aún la contramuralla, la barbacana, y el foso o caba que tuvo todo, y esto y todos los demás por estas calles tie­nen de trecho a trecho escalinatas de doble subida para llegar al adarbe o piso alto". Por esta razón, una vez que se había iniciado la demolición de las murallas, se tomó el acuerdo de conservar este trozo "como monumento histórico-artístico, digno de pasar a las futuras generaciones" (La Andalucía, 19-11-1870). Simultáneamente se empie­za a conformar la calle como puede apreciarse en la planimetría de finales del siglo pasado (1890).
     Actualmente, Puerta de Córdoba es una calle, rectilínea, corta y relativamente am­plia, con pavimento de asfalto y aceras de losetas en buen estado de conservación; su iluminación se apoya en farolas con brazos de fundición adosados a las fachadas. En la acera de los impares se sitúa un edificio de reciente construcción, de finales de la década de 1970, de siete plantas, cuyos bajos comerciales están ocupados por una entidad bancaria y centros asistenciales de la Seguridad Social y oficinas del Instituto Nacional de Empleo, que da lugar a un elevado movimiento de las personas que requieren sus servicios. La acera de los pares es ocu­pada por la fachada de los pies de la iglesia de San Hermenegildo, que realmente es la propia puerta de la muralla almohade, y las murallas, recientemente ornamentadas con una zona ajardinada con cipreses, adelfas y otros arbustos [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Puerta de Córdoba. MURALLAS DE LA CIUDAD. En esta calle se conservan los restos visibles más importantes de la cerca musulmana, conocida vulgarmente como "Murallas de la Macarena"'. Este muro fue construido por los almorávides en el siglo XII y ampliado y reforzado por los almohades. El material utilizado es el tapial, y constan de un ante­ mural y el muro propiamente dicho. En este trozo destaca una de las to­rres conocida con el nombre de "Torre Blanca". Otro lienzo importante se conserva en el jardín del Colegio del Valle [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana. Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Puerta de Córdoba, al detalle:
Iglesia de San Hermenegildo

miércoles, 14 de enero de 2026

El sitio arqueológico Estación de El Viso del Alcor, en El Viso del Alcor (Sevilla)

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     El yacimiento ocupa la extensión del actual olivar, extendiéndose más hacia el este, hasta la carretera, en una superficie aproximada de 4 hectáreas. En su lado Norte está parcialmente cortado para la construcción de la vía, notándose en el perfil la potencia arqueológica de los estratos hasta 1,5 metros de profundidad.
     Hacia el este afloran gruesos muros de opus caementicium, en el perfil a que antes hacíamos referencia destacan camas de mosaico, alineación de sillares y junto a ellos una tumba romana. En superficie abundan ladrillos, laterculi, tegulae, fragmentos de dolia, mármoles de revestimiento y ladrillos decorados. También se recogió un borde de ánfora y un dolium imperial, cerámica común romana, sigillata hispánica y clara.
     Se trata de una gran villa de enorme extensión con profusión de materiales. Su carácter es de explotación agrícola, como margen cronológico no tenemos materiales asignables con seguridad a la 1ª mitad del s. I d. C. teniéndolos desde su segunda mitad hasta el s. V d. C. Hay un ladrillo decorado que se interpreta como visigodo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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