Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque Balduque, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
Hoy, 29 de julio, Conmemoración de San Lázaro, hermano de Santa Marta, a quien lloró el Señor al saber que había muerto y después resucitó, y de Santa María, su hermana, la cual, mientras Marta se ocupaba inquieta y nerviosa en preparar todo lo necesario, ella, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque Balduque, en la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
En la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses podemos contemplar la imagen de San Lázaro, de Roque de Balduque (Bois-le-Duc, ca. 1500 - Sevilla, 1561), siendo una obra de madera tallada, estofada y policromada, en estilo renacentista de escuela flamenca-sevillana, de hacia 1553, con unas medidas de 0,78 x 0,38 x 0,18 mts., y procedente del Hospital de San Lázaro.
Esta pequeña talla, procedente del Hospital de San Lázaro, fue atribuida por los autores del inventario de 1975 y por Torre Ruiz al escultor flamenco Roque Balduque, activo en Sevilla durante el tercio central del siglo XVI. A finales del siglo XX se encontraba en la sacristía de la iglesia, pero indudablemente fue realizada para un retablo, a juzgar por el somero trabajo de su dorso, que apenas está desbastado y carece de policromía. En este sentido, merece recordarse que en 1553, el mayoral del hospital, Antonio Vélez de Alcocer, concertó con los pintores Juan Chacón y Pedro de Villegas Marmolejo el dorado del retablo mayor y la ejecución de diez tablas al óleo (López Martínez 1929, pp. 171-172). Es posible que la escultura que nos ocupa fuera realizada para este primitivo altar -remodelado en el siglo XVIII-, aunque extrañaría que en el mismo retablo se repitiera la iconografía del santo titular, puesto que a su calle central se destinó una tabla con San Lázaro vestido de pontifical que fue expoliada por los franceses en 1811 (SERRERA CONTRERAS 1976, 68).
Hoy, 29 de julio, Conmemoración de San Lázaro, hermano de Santa Marta, a quien lloró el Señor al saber que había muerto y después resucitó, y de Santa María, su hermana, la cual, mientras Marta se ocupaba inquieta y nerviosa en preparar todo lo necesario, ella, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de San Lázaro, de Roque Balduque, en la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
En la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses podemos contemplar la imagen de San Lázaro, de Roque de Balduque (Bois-le-Duc, ca. 1500 - Sevilla, 1561), siendo una obra de madera tallada, estofada y policromada, en estilo renacentista de escuela flamenca-sevillana, de hacia 1553, con unas medidas de 0,78 x 0,38 x 0,18 mts., y procedente del Hospital de San Lázaro.
Esta pequeña talla, procedente del Hospital de San Lázaro, fue atribuida por los autores del inventario de 1975 y por Torre Ruiz al escultor flamenco Roque Balduque, activo en Sevilla durante el tercio central del siglo XVI. A finales del siglo XX se encontraba en la sacristía de la iglesia, pero indudablemente fue realizada para un retablo, a juzgar por el somero trabajo de su dorso, que apenas está desbastado y carece de policromía. En este sentido, merece recordarse que en 1553, el mayoral del hospital, Antonio Vélez de Alcocer, concertó con los pintores Juan Chacón y Pedro de Villegas Marmolejo el dorado del retablo mayor y la ejecución de diez tablas al óleo (López Martínez 1929, pp. 171-172). Es posible que la escultura que nos ocupa fuera realizada para este primitivo altar -remodelado en el siglo XVIII-, aunque extrañaría que en el mismo retablo se repitiera la iconografía del santo titular, puesto que a su calle central se destinó una tabla con San Lázaro vestido de pontifical que fue expoliada por los franceses en 1811 (SERRERA CONTRERAS 1976, 68).
Según la tradición medieval, Lázaro de Betania, que resucitó milagrosamente por obra de Jesús, tuvo que huir para evitar la persecución de los judíos. Refugiado en Chipre, habría sido ordenado obispo de la ciudad de Citio, aunque la Leyenda Dorada sitúa su desembarco en la Provenza francesa, donde habría huido junto a sus hermanas Marta y María y llegaría a ser nombrado obispo de Marsella.
De acuerdo con esta leyenda, Balduque representó al santo en pie, sosteniendo un libro y un perdido báculo sobre el que se apoyaría para equilibrar su sutil contraposto. Luce sotana, alba, capa pluvial, guantes rojos y una mitra que ha sido parcialmente reconstruida en la última restauración. La figura sintetiza bien el elegante clasicismo de Balduque y su gusto por las figuras estilizadas, con una disposición de la cintura algo elevada, siguiendo un canon proporcional de herencia gótica. Torre Ruiz lo relacionó con uno de los Padres de la Iglesia que formó parte del primitivo retablo del Sagrario de la parroquia de Santa María de la Coronada de Medina Sidonia, contratado en 1554, mientras que Juan Luis Ravé apunta otros paralelos con los Padres de la Iglesia del Sagrario de la parroquia de San Juan Bautista de Marchena, con los que presenta notables semejanzas en la disposición, vestuario y mitra de San Agustín o la manera de disponer la capa pluvial plegada sobre la rodilla en la figura de San Gregorio Magno.
Su excepcional policromía tal vez fuera realizada por Villegas Marmolejo -como propuso Torre Ruiz- o por Juan Chacón. Especialmente ricos resultan sus estofados, decorados con finas labores vegetales y motivos manieristas realizados a punta de pincel, como mascarones, putti y tritones (Manuel García Luque, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Lázaro;
LEYENDA
Debe distinguirse entre dos Lázaro, el de la parábola evangélica a quien el rico Epulón deja morir de hambre a la puerta de su casa, y el hermano de Marta y Magdalena, a quien resucitó Cristo ¿o esos dos homónimos son el mismo personaje?
La identidad de ambos Lázaro, cuyo nombre en el Antiguo Testamento también se transcribe Eleázaro, Eleazar y Eliezer, no ofrece dudas. En la parábola evangélica, el rico que muere de sed entre las llamas del Infierno, y que ve en Lázaro en el Paraíso, en el seno de Abraham, pide a Dios que lo envíe a la tierra para convertir a los judíos, y Dios responde: "Tienen a Moisés y a los profetas. Si no los oyen a ellos, tampoco los persuadirá un muerto que resucite".
La resurrección de Lázaro que se relata en el cuarto Evangelio es sólo la puesta en escena de esta parábola. Lázaro resucita efectivamente, y no obstante los judíos se niegan a creer en el Mesías.
Como la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón y la Resurrección de Lázaro, han sido estudiadas en la iconografía del Nuevo Testamento, nos limitaremos a hablar aquí de la leyenda provenzal y borgoñona del leproso santificado.
Se imaginó que después de la Crucifixión de Cristo, Lázaro desembarcó en Provenza con sus dos hermanas, y que se convirtió en obispo de Marsella. En el siglo XII la Borgoña cluniacense se apoderó del falso obispo marsellés cuyas reliquias habrían sido transportadas a Autum para ponerlas al abrigo de los piratas sarracenos. La catedral de Autum, hasta entonces dedicada a San Nazario, fue puesta bajo la advocación de san Lázaro, a quien se erigió una tumba formidable. Los borgoñones llegaron incluso a pretender que san Lázaro había sido obispo de Autum.
En realidad, él nunca estuvo en Las Galias, y no fue obispo de Autum ni de Marsella.
La tumba de un obispo homónimo dio nacimiento a la leyenda provenzal de San Lázaro.
CULTO
Los principales centros del culto de san Lázaro están en Marsella, Provenza y Borgoña, donde, en Autum y Avallan, las iglesias están puestas bajo la advocación de Saint Lazare. La primera de estas localidades pretende poseer el cuerpo del santo, y Avallan su cabeza. Otras reliquias no menos sospechosas, se veneraban en Andlau, Alsacia.
Tanto en Marsella como en Autum el culto obedece a una confusión: la tumba que se veneraba en la iglesia de Saint Victor, en Marsella, era la de un obispo de Aix llamado Lazare, que vivió en el siglo V. En Autum, el nombre de San Lázaro sustituyó al de san Nazario, es decir, se transformó Nazaius en Lázarus. La misma confusión se produjo en la localidad italiana de Urbino.
En Autum, todavía en el siglo XVIII se celebraban los juegos del Santo Leproso que consistían en una cabalgata y desfile militar en los Campos de Marte.
Los orientales pretenden que Lázaro murió en Chipre, y que sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla desde allí.
La popularidad de san Lázaro está probada por sus muchos patronazgos. Es el patrón de los leprosos y de los leprosarios donde se los atendía, también a ese título era invocado por los panaderos que, por superstición, se creían especialmente expuestos a la lepra a causa de su oficio.
Como los leprosos pedían limosna, se convirtió en el patrón de los mendigos, quienes en Italia se llamaban lazzaroni. Por esa razón, en la Edad Media se ha representado con frecuencia la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón en los atrios de las iglesias, el sitio en que se instalaban los mendigos para pedir la caridad.
Por último, con el viejo Tobías (Tobit) y con José de Arimatea compartía el patronazgo de los sepultureros o enterradores.
ICONOGRAFÍA
Está representado como obispo con mitra y báculo, sobre todo en Marsella (Altar de la Major), pero más aún como leproso, con unas tarreñas (en castellano también llamadas tablillas de san Lázaro) en la mano, para advertir a los transeúntes.
En su calidad de patrón de los enterradores, a veces lleva un féretro.
Por el hecho de personificar la pobreza, en las iglesias su imagen suele emplearse como soporte de los cepillos destinados a recaudar las limosnas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000). Conozcamos mejor la Biografía de Roque de Balduque, autor de la obra reseñada;
Roque Balduque, (?, p. s. XVI – Sevilla, 13 de marzo de 1561). Escultor y entallador.
Artista flamenco, oriundo de la ciudad holandesa de Bois-le Duc, capital del Bravante septentrional. En 1534 aparece documentado en Sevilla, donde se casa con Francisca de Olivares; bautiza en 1545 a su hija Isabel y en 1550 a su esclava Beatriz. Comenzó tallando la piedra, pero, concluida la decoración del Ayuntamiento hispalense, se especializó en la construcción de retablos e imágenes de madera, elaborando también modelos para piezas de platería litúrgica. Atendió a la clientela sevillana, onubense y gaditana, y surtió al mercado americano a través de las flotas de Indias. Su prestigio le condujo ocasionalmente a otras regiones y, entre 1547 y 1551, realizó varios viajes a Extremadura, dejando obras en Cáceres y Arroyomolinos de Montánchez. En 1561 otorgaba testamento, acordándose de su hermano Andrés de Odebelse, que residía en Cambray. La cartera de pedidos que, al morir, obraba en el taller fue entregada por su colaborador, el holandés Juan Giralte, que concluye el retablo de la Concepción para la parroquia de Santa María, de Guernica (Vizcaya). En cambio, los trabajos pendientes en el retablo mayor de la catedral de Sevilla fueron confiados por el cabildo a Juan Bautista Vázquez, el Viejo, que ultima el relieve de la Huida a Egipto. Su estilo se mueve entre el primitivismo gótico y las novedades del Quattrocento italiano. En su catálogo destaca la espléndida serie de “Vírgenes erguidas con el Niño en brazos” que, en atención a su crecido número y popularidad, el profesor Hernández Díaz otorgó a Balduque el calificativo de “imaginero renacentista de la Madre de Dios” (Jesús Miguel Palomero Páramo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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