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domingo, 28 de junio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María la Mayor, Ermita del Santo Cristo, Castillo de Torre Pesquera, y Castillo de Cesna) de la localidad de Algarinejo, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María la Mayor, Ermita del Santo Cristo, Castillo de Torre Pesquera, y Castillo de Cesna) de la localidad de Algarinejo, en la provincia de Granada.
     Algarinejo está situado en los Montes Occidentales y se asienta en la falda del cerro del Calvario. Debe su actual denominación al término árabe al-Garín (las Cuevas). Se trata de un pueblo eminentemente agrícola, donde la mayoría de los vecinos tiene como principal medio de subsistencia la explotación del olivar. Una gran parte de esta población habita en el medio rural. Todo el municipio, por su situación geográfica y su modo de vida, reúne buenas características para el turismo de interior y rural. En algunas zonas todavía se pueden observar actividades artesanales como la elaboración familiar quesera, las conservas y las salazones. Así como manufacturas como la albardonería, el trabajo en mimbre, esparto o encajes y mantillas.
     Algarinejo cuenta con un anejo: Fuentes de Cesna. Está situado al suroeste del municipio, en una zona rodea de cerros y barrancos. Su origen es remoto y hay noticias de que en el siglo XV era un pueblo de bastante importancia donde habitaban árabes dedicados al comercio de joyas. En el año 1940, el antiguo pueblo, conocido como Las Fuentes Viejas, sufrió un gran temporal de lluvia. Se produjeron desprendimientos de rocas que causaron numerosas víctimas y el pueblo quedó prácticamente destruido.
     Región: Poniente Granadino
     Código Postal: 18280
     Distancia desde Granada: 85 Km
     Gentilicio: Algarinenses
     Acceder a su website: www.algarinejo.es (Diputación Provincial de Granada).
     Situada en el confín occidental de la comarca de Los Montes, su evolución histórica ha estado muy condicionada por la dificultad de las comunicaciones. Recientes excavaciones han puesto de manifiesto la existencia de restos romanos, con desarrollo más significativo en el periodo musulmán (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Algarinejo se localiza en el extremo más occidental de la provincia de Granada, sobre un área montañosa perteneciente al Subbético que es conocida como Montes Occidentales y que se encuentra constituida por un conjunto de sierras calizas y margocalizas de complejo relieve. El hábitat de Algarinejo es relativamente disperso, con numerosas pedanías, anejos y cortijadas. El germen del núcleo actual quizás se encuentre en alguna fortificación defensiva ubicada sobre el Cerro Calvario. El núcleo urbano actual aparece edificado en la falda del citado cerro y presenta calles amplias y bien trazadas, ofreciendo un paisaje urbano muy castellanizado.
     El municipio de Algarinejo pertenece a la Demarcación Paisajística de Los Montes-Subética (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     En la Antigüedad, Algarinejo fue un asentamiento romano. Así lo ha demostrado la reciente excavación de un yacimiento arqueológico descubierto en un solar de la Avenida de la Constitución. Allí aparecieron restos de muros y pavimentos de una edificación de la época ibero-romana, así como varios enterramientos correspondientes a una necrópolis cuya cronología no ha sido aún datada con exactitud.
     Su origen se remonta a la existencia de unas cuevas que servían como refugio ocasional a pastores de la zona y que eran conocidas como al-Garín. Es obvio su pasado arábigo-andaluz y estas cuevas fueron citadas por Alfonso XI en el “Libro de la Montería”. Tras la conquista cristiana, Algarinejo fue puesto bajo la jurisdicción del Concejo de Loja. Posteriormente, fue vendido por Felipe III a don Luis de Lisón y Biedma en el año 1614, concediéndosele el título de villa en 1687 (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Santa María la Mayor.-

     La primitiva iglesia de Algarinejo era un edifi­cio mudéjar de una sola nave con capillas en uno de sus lados, poseía sacristía y torre. Había en su interior siete altares, tres de los cuales, incluido el mayor, contaban con retablos de madera dorada.
     Construida en el siglo XVI, resultaba insuficiente para la crecida población del lugar, lo que obligaba a sacar el púlpito a la plaza pública. La escasez de objetos de culto llevaba a los respon­sables de la parroquia a pedirlos prestados a la vecina localidad de Montefrío. Ante las denun­cias por esta situación, el Consejo de Castilla ordenará la construcción de un nuevo templo cuyas trazas serán realizadas por Ventura Rodríguez en 1779. Las obras fueron dirigidas por el arquitec­to académico Francisco Aguado y se prolongaron hasta 1794.
     La planta del edificio, similar a la de Santa Fe, es de tres naves con crucero ligeramente desta­cado, si bien, a diferencia de la anterior, el arquitecto proyecta una sola torre tras la capilla ma­yor. La capilla bautismal se sitúa a la izquierda de la entrada y a la izquierda de la cabecera hay una capilla relativamente independiente del resto. La sacristía, el cuarto de trastos y el acceso a la torre se localizan a ambos lados del altar mayor. Exteriormente, la limpieza de sus muros, completamente desornamentados a excepción de las sencillas molduras que enmarcan los vanos semicirculares o las puertas, habla de la racionalización de la arquitectura y del culto religioso, propios del pensamiento de la Ilustración. La portada se limita a una puerta adintelada con frontón curvo, sobre la que se sitúa un óculo ciego, y a diferencia de otras iglesias construidas en estas fechas en el arzobispado granadino, no hay en ella alusión alguna a su promoción regia, al carecer de escudo y de lápida conmemorativa.
     La fábrica de la iglesia, que destaca por su extraordinaria sencillez y sobriedad, es de cantería en los muros, y de ladrillo en las bóvedas baídas de las naves laterales, siendo de cañón con arcos fajones la que cubre la nave central, más eleva­da que el resto, al igual que la del crucero. Las naves se comunican mediante arcos formeros de medio punto enmarcados por una moldura lisa que forma un alfiz y tienen destacada la línea de impostas. En el centro del altar mayor se levanta un tabernáculo de piedra pintado, compuesto por ocho columnas toscanas pareadas bajo un entablamento que soporta una cúpula gallonada ligeramente apuntada y que remata un crucifijo. Las capillas se integran en los muros laterales mediante arcos de medio punto y contienen retablos de piedra (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Este templo se ubica en el centro del pueblo y data de finales del siglo XVIII. Cuenta con tres naves con sus correspondientes capillas, sacristía y torre, y está realizado en su totalidad con piedra de cantería. Se erigió sobre los cimientos de otro templo anterior que se había arruinado. La nave central se divide de las laterales mediante arcos apoyados sobre gruesas columnas cuadriláteras y conserva ricos e interesantes retablos neoclásicos. Una artística verja de hierro, ya desaparecida, cerraba el presbiterio del altar mayor (Diputación Provincial de Granada).

Ermita del Santo Cristo.-

     Se sitúa al final del recorrido de un vía cru­cis que se inicia en la Iglesia de Santa María la Mayor. El primitivo edificio fue sustituido por el actual, construido en 1929 a expensas del matrimonio formado por Felipe Sánchez de la Cuesta y Aurora Gutiérrez Tallón como ofrenda a la me­moria de una hija fallecida.
     Es un edificio neogótico al que se accede por un arco apuntado con la rosca destacada. So­bre la portada se alza una espadaña, también con arco apuntado, que flanquea pilastras adosadas y remata un frontón. En su interior, un retablo barroco, procedente de la primitiva construcción, acoge un lienzo que representa a Cristo en el sepulcro. El actual es copia de un original perdido (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Fue construida en el siglo XVIII, en el lugar donde concluía el Vía Crucis que, partiendo del templo parroquial, distribuía sus otras trece estaciones por el extrarradio del pueblo hasta llegar al santuario. Se guardaba en su interior un cuadro del Santo Sepulcro, correspondiente a la última estación, que era objeto de gran devoción en todo el municipio. En el siglo pasado, con la ermita casi en ruinas, se procedió a su restauración que fue sufragada por dos vecinos del municipio (Diputación Provincial de Granada).

Castillo de Torre Pesquera.-
     En el término municipal de Algarinejo, próximas al actual pantano de Iznájar, en Fuente de Cesna se conservan los restos de dos fortificaciones, el conocido como Castillo de Torre Pesquera y el Castillo de Turrush o de Cesna, posiblemen­te de época califal, que controlaban la entrada al valle del río Pesquera, paso importante en las comunicaciones de Andalucía Oriental con el Va­lle del Guadalquivir (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Castillo o torre fortificada que parece que pudo disponer de dos recintos, o al menos así podría deducirse de los restos de muros de mampostería que existen entre el Suroeste y el Este del conjunto, hoy sirviendo de contención de tierras de relleno de su interior. Además, toda la ladera existente al Sureste de la torre, hoy labrada y plantada de olivos, debió estar ocupada por un asentamiento en época medieval ya que existe gran cantidad de cerámica superficial.
     El recinto amurallado que rodea la torre está construido en mampostería y comprende la puerta de acceso, de la que se conserva el machón que se adosa a la torre por su lado Suroeste, el muro Sureste que llega hasta la roca por el Suroeste y el muro que cierra el recinto uniendo la torre con la roca por el Norte. Dadas las características del terreno y de la muralla, es posible que toda ella dispusiera de un adarve, pudiendo recorrer todo su perímetro, pasando por la torre, por la roca que cierra el flanco Noroeste y por encima de la puerta de entrada.
     Al Noreste del recinto se sitúan los restos de la gran torre. Tiene una extraña planta, formada por un rectángulo, con dirección Sureste- Noroeste, a la que se le ha adosado por el Noreste una estructura de figura curvilínea, con más desarrollo que el semicírculo, enrasando las dos figuras prismáticas sus paramentos orientados al Noroeste. Toda la obra es de mampostería, alternando una hilada de mampuestos con otra de lajas, a modo de verdugadas, estando las esquinas reforzadas con sillarejos. Los paramentos exteriores tienen llagueados los mampuestos, decorando las juntas con esgrafiados e incrustaciones de escorias de fundición, quedando importantes restos sobre todo en la torre circular.
     La torre está compuesta de dos plantas de alzada más terraza, teniendo en la actualidad una altura total conservada de 17 metros. La planta baja tenía una habitación rectangular, de dimensiones 4,85 x 3,80 metros, con los paramentos interiores enfoscados y decorados con esgrafiados, de los que queda algún resto en la pared Noreste. Estaba cubierta por una bóveda muy rebajada de mampostería, de la que se conserva todo el arranque y parte del trasdosado de nivel en el lado Noreste. También queda algún trozo del parapeto de la terraza en el lado Sureste.
     En el ángulo que forman los paramentos de ambas torres al Este, hay un agujero por el que se observa que en el interior de las torres hay muros de hormigón de cal, apareciendo estos también en el corte del muro Noroeste. Dichos muros son perpendiculares entre sí y forman ángulo de 45 grados con los de la torre de mampostería. Pudiera ser que bajo la planta baja ya comentada existiese un aljibe que para mayor capacidad girase sus muros para meterse lo más posible en la torre circular o que las torres de mampostería fuesen obra posterior que estuviesen forrando otra de tapial. Sólo se podrá conocer la respuesta tras una excavación arqueológica del relleno que hay en el interior de la torre.
     Hay muchos restos de cerámica superficial en el olivar. Al Noreste de la torre, hay un molino de aceite en ruinas, mientras que al Suroeste hay un azud que permite desviar el agua de río Pesquera hasta una acequia.
     Su importancia estratégica se encontraba vinculada a la defensa de un vado para hombres y ganado a través del río Pesquera.
     Esta zona sufre durante el siglo XIII las incursiones de Fernando III así como durante el siglo XIV las de Pedro I, época durante la que pasa brevemente a manos castellanas, pasando a estas finalmente durante el siglo XV ante el hostigamiento continuo de los señores de Priego e Iznájar una vez que el castillo había quedado en la zona de frontera.
     Junto al castillo de Zagra y la Torre de la Martilla (Loja), se integraba en un sistema defensivo más complejo que procuraba la defensa y el control de la vía de comunicación entre el río Pesquera y el Genil (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El castillo de Pesquera, conocido como Torre Pesquera, es una estructura defensiva compleja, a la que se accede por la carretera que va de Zagra a Fuentes de Cesna. La fortaleza está construida sobre un promontorio que avanza sobre el río Pesquera, cerca de su confluencia con el Genil. En la parte más elevada se alza una gran torre semicircular, sobre cuya cara sur se apoya otra torre rectangular, a la que hay adosados algunos trozos de muralla.
     Por los restos conservados se puede considerar como un pequeño castillo que defendía un núcleo de población al tiempo que prestaba vigilancia sobre el río. Hay referencias escritas del siglo XIII sobre habitantes en Pesquera, y en el XV, durante la tregua de 1439, era citado, junto a Cesna, entre los lugares ya conquistados por los castellanos (Diputación Provincial de Granada).

Castillo de Cesna.-

     Este castillo fronterizo disponía, al menos, de dos recintos, conservándose del exterior restos de arranque de murallas y torres por todas las laderas del cerro, englobando al segundo de ellos y que se encuentran en algunos casos enterrados en sus propios escombros.
     El recinto principal ocupa toda la plataforma superior del cerro y tiene planta sensiblemente pentagonal, conservando restos de siete torres y de todo el perímetro de sus murallas, construidas de mampostería con un grueso de 1,80 metros. 
     De ellas, el lienzo mejor conservado es el orientado al Sur, donde hay un trozo que presenta una altura de más de 3 metros que ha perdido parte de los mampuestos de las zonas bajas de sus dos caras, lo que lo hace más fácilmente degradable. También es apreciable todo el paño Oeste, si bien se encuentra con excesiva falta de mampuestos en sus caras y sirviendo de contención a las tierras de relleno que colmatan el interior del castillo. En esta parte, la de menor pendiente, pudo estar situada la puerta de comunicación de los dos recintos, lo que motivaría que sea el flanco más defendido al tener mayor número de torres.
     De las torres situadas al este, sur y oeste, cuatro en total, no quedan más restos que parte de los arranques de sus bases, siendo, al parecer, todas de mampostería. La situada en el ángulo Suroeste es cuadrada, con 4,10 metros de lado, estando construida con tapial de argamasa, levantándose sobre una plataforma de hormigón que presenta una gran zarpa de dimensiones 5,80 x 4,60 metros. La situada al Norte también dispone de zarpa, estando construida con tapial del mismo material en el que se incluyen grandes piedras, siendo sus dimensiones medias de 5,70 x 4,55 metros. Entre la vegetación y el relleno de tierras, se aprecian restos de hormigón de cal en el ángulo Noroeste que, por su tamaño, deben de corresponder a  la torre principal. 
     En el siglo XI, el Yuz Sayna estaba incluido en la cora de Ilbira. Por su proximidad a la frontera noroeste del reino nazarí sufrió numerosas y frecuentes incursiones castellanas, siendo incluida en el tratado de paz entre los reinos de Castilla y Granada en 1439, aunque constando ya como fortaleza en manos castellanas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     
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La pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez, en la sala XI del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez, en la sala XI del Museo de Bellas Artes.      
     Hoy, 28 de junio, es el aniversario (28 de junio de 1747) de la exaltación al trono de Fernando VI y Bárbara de Braganza, como reyes de España, acontecimiento festejado en la celebración representada en la pintura reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    En la sala XI del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez (1688-1749), siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco de la escuela sevillana, realizado hacia 1748-49, con unas medidas de 1,35 x 2,91 m., y procedente de la Real Fábrica de Tabacos, de Sevilla, mediante la donación del Estado, en 1896.
     Este tercer cuadro de la Máscara cuyo plan era de marítimas olas con pequeños escollos donde se sentaban las personas que iban en él. Estaba presidido por el elemento del Agua al que acompañaban: el dios Neptuno con su tridente, el anciano Betis, la ninfa Nereida y las Nayades. Cerca de la proa estaba la América, parte del mundo representada en este carro. Como fondo del cuadro vemos el Sagrario, la punta del Diamante y la Catedral.
     Abren el cortejo animales marinos como galápagos, gansos, dos hermosos delfines seguidos de dos nereidas y dos náyades, todos montados por personajes vestidos a la burlesca. Tras ellos aparecen el gremio: los pescadores, vendedores y fabricantes de redes, seguidos de monaguillos con aguamaniles y acetres asperjando agua. A estos seguía un acompañamiento de gala a caballo formado por ocho cuadrillas de cuatro soldados cada una vestidos en representación de las provincias de América, parte del mundo a las que iba dedicado este triunfo. Seguían representaciones de la Amistad, la Náutica, la Hidrografía...
     El carro triunfal iba tirado por seis mulas enjaezadas en tono azul, color que dominaba todas las superficies lisas del carro. Las ruedas iban decoradas con pinturas de temas marinos. En la parte delantera se colocaron dos delfines que simulaban tirar del mismo mientras que la parte trasera la ocupaba una sirena desnuda. En la zona principal figuraba un monte con una fuente de alabastro de la que manaba un continuo caño de agua. En la fachada del monte iba sentada una alegoría del Agua representada por una bella ninfa. Ponía fin a la comitiva, arrastrando cadenas y llorando, las figuras de la Mala Voluntad, el Vicio, la Avaricia...
     Como fondo arquitectónico del lienzo aparece una vista de la fachada posterior de la iglesia del Sagrario, las Gradas de la Catedral con muros del Patio de los Naranjos adornados con cuatro magníficos tapices y el lugar conocido como Punta de Diamante.
     Pertenece a una serie formada por ocho grandes lienzos de igual tamaño que representan los carros triunfales que desfilaron en Sevilla en la Máscara que los obreros de la Real Fábrica de Tabacos de esta ciudad celebraron con motivo de la exaltación al trono de los reyes Fernando VI y Bárbara de braganza, en 1747.
     Los cuadros se pueden fechar entre 1748 y 1749 aproximadamente y fueron pintados a la vez que el libro que sobre esta fiesta de la máscara escribió D. Ramón Cansino Casafonda en 1748, siendo costeados tanto los cuadros como sus marcos y el citado libro a expensas de D. José Antonio de Losada, director entonces de la Fábrica de Tabacos.
     La autoría de la serie no está documentada y tradicionalmente se venía atribuyendo a Juan de Espinal, hasta que Sánchez Pineda estableció la de Domingo Martínez actualmente aceptada (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Fue este artista la personalidad dominante dentro del panorama de la pintura sevillana en la primera mitad del siglo XVIII, merced a su estilo amable y elegante de fondo y forma. Había nacido en Sevilla en 1688 y se formó con Juan Antonio Osorio y Lucas Valdés. De sus características personales sabemos que fue hombre de buen temperamento y de agudo talento, virtudes que le permitieron tener permanente trabajo y abundante clientela a lo largo de toda su vida, que fue tranquila y holgada.
     En la definición de su estilo pictórico se advierte primero una buena asimilación del espíritu artístico de Murillo y posteriormente una intuitiva adaptación a su estilo de la estética de la pintura francesa de su época, que pudo asimilar durante la estancia de la corte de Felipe V en Sevilla entre 1729 y 1733. En estos años trató a los pintores franceses que acompañaban al rey especialmente a Jean Ranc, con el que intimó notablemente hasta el punto que éste le propuso integrarse como pintor del Rey cuanto la corte retornó a Madrid. Martínez rehusó tal proposición, permaneciendo en Sevilla el resto de su vida, que se prolongó hasta 1749, año en el que falleció.
     Uno de los conjuntos decorativos más interesantes realizados en España en el siglo XVIII lo constituyen sin duda las ocho pinturas que representan los carros alegóricos que desfilaron por las calles de Sevilla en 1747 con motivo de la exaltación al trono de España de Fernando VI y Bárbara de Braganza. Estos carros y las numerosas comparsas que los acompañaban participaron en una mascarada que patrocinó la Real Fábrica de Tabacos sevillana. Su paso por las calles de la ciudad constituyó un desbordante éxito de público, por lo que para dejar testimonio de tan particular acontecimiento se decidió imprimir un libro donde todo el festejo se describió de forma pormenorizada y exacta y también se encargó la realización de un conjunto de seis pinturas que perpetuasen tan excepcional acontecimiento. 
     En efecto, en 1748 se publicó dicho libro, cuyo texto fue realizado por Ramón Casino Casafonda, quien alude sin mencionar a su autor a la ejecución de las pinturas que quedaron en propiedad de la Fábrica de Tabacos. La autoría de Domingo Martínez de estas pinturas es evidente, aunque hay que señalar que, dada la premura de tiempo con que se efectuó el encargo, debió de intervenir como ayudante de ellas Andrés Rubira, quien fue frecuente colaborador de Martínez.
     Los carros desfilaron siguiendo un orden muy preciso, figurando en primer lugar el denominado carro del pregón de la máscara, que iba acompañado de un séquito de funcionarios de la Real Fábrica de Tabacos, al frente de los cuales marchaba Don José Antonio de Losada, director de esta Institución. En segundo lugar figuraba el carro de la común alegría dedicado a Baco y Pan. Tercero era el carro del fuego, presidido por Vulcano y el cuarto el carro del aire, con Eolo a su frente. 
     En quinto lugar iba el carro del agua con Neptuno, seguido por el sexto carro dedicado a la tierra, presidido por la diosa Ceres. El séptimo lugar estaba ocupado por el carro homenaje de Apolo y las tres nobles artes a los nuevos monarcas, mientras que en último lugar se describía la entrega de los retratos de los nuevos monarcas al Ayuntamiento (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de Domingo Martínez, autor de la obra reseñada;
     Domingo Martínez, (Sevilla, 1688 – 1749). Pintor.
     Fue este artista la personalidad dominante dentro del ámbito de la pintura sevillana a lo largo de la primera mitad del siglo XVIII; fueron sus maestros Lucas Valdés y Juan Antonio Osorio. Las escasas noticias biográficas que de él se poseen lo presentan como hombre de buen temperamento, ingenioso y emprendedor al tiempo que culto y estudioso, poseedor de una amplia biblioteca. Tuvo numerosos discípulos, entre los que sobresalieron Juan de Espinal, Andrés de Rubira y Pedro Tortolero.
     La labor pictórica de Martínez le revela como uno de los mejores pintores hispanos en la época en que le correspondió vivir, circunstancia que le fue reconocida en su propia existencia. En efecto, en 1733 cuando la Corte de Felipe V e Isabel de Farnesio dio por concluida en Sevilla una estancia que se había iniciado en 1729, Martínez fue invitado a viajar a Madrid para trabajar allí como pintor real. Esta propuesta debió de estar motivada por la estrecha amistad que Martínez mantuvo en Sevilla con el pintor francés Jean Ranc, quien debió de realizarle la oferta de trabajar en Madrid. Sin embargo, el artista sevillano declinó esta proposición y optó por continuar su actividad artística en su ciudad natal.
   El estilo artístico de Domingo Martínez presenta características perfectamente definidas y en ellas se constata en primer lugar una base fundamental que se apoya en la pervivencia en él del influjo de Murillo, que es general en todos los pintores sevillanos activos en el primer cuarto del siglo XVIII. En segundo lugar, Martínez, a partir de 1729, fue receptivo a los efluvios estilísticos que emanan de la pintura francesa con la cual conectó durante los años en que la Corte residió en Sevilla; su amistad con Ranc, con quien convivió estrechamente durante cinco años, fue fundamental en este sentido. Finalmente, en la época postrera de su vida, a partir de 1745, Martínez asimiló en su arte referencias estilísticas procedentes del estilo Rococó, que en aquellos momentos comenzaba a difundirse por España.
     Como artista prolífico que fue, se advierte en la producción de Domingo Martínez una gran diferencia entre las pinturas realizadas por él personalmente y las que ejecutó contando con la colaboración de los discípulos y ayudantes que trabajaban en su obrador. 
   En las creaciones efectuadas mayoritariamente por él mismo se constata una gran facilidad compositiva, un dibujo fácil y virtuoso y un marcado dominio del color, estando todos estos factores puestos al servicio de un arte amable, vistoso y decorativo que plasma un gusto totalmente coincidente con el espíritu de su época. Dominó, además, el arte de la perspectiva, aspecto que le permitió dedicarse con éxito a la pintura mural, modalidad en la que realizó excelentes creaciones.
     La amplitud del repertorio de obras conocidas de Domingo Martínez evidencia que fue un artista prolífico, ampliamente solicitado por la clientela civil y eclesiástica sevillana y también demandado por foráneos que llevaron las obras adquiridas a lugares tan alejados de Sevilla como Madrid, Jaén, Burgos, Soria y Cuenca.
     Entre sus realizaciones artísticas más importantes destaca en primer lugar su participación en 1718, con Gregorio Espinal, en la decoración mural de la capilla sacramental de la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, donde ejecutó obras de simbología eucarística que han llegado muy mal conservadas hasta hoy. Posteriormente, en 1724 llevó a cabo el amplio conjunto pictórico que decora el interior de la capilla del colegio de San Telmo de Sevilla, entidad dedicada a educar a niños que en el futuro serían marinos de la flota española. Allí pintó, por lo tanto, un repertorio de lienzos donde los niños son protagonistas, como La presentación del Niño en el templo, Cristo discutiendo con los doctores en el templo, Cristo bendiciendo a los niños y Cristo entrando en Jerusalén. 
   En 1727, Martínez aparece realizando la decoración al temple de la bóveda del presbiterio de la iglesia de la Merced de Sevilla, con personajes bíblicos y escenas alegóricas de la misión redentora de los mercedarios.
     También hacia 1727 decoró con dos grandes lienzos el presbiterio de la iglesia del convento de Santa Paula de Sevilla en los que se representa La partida de santa Paula a Oriente y La muerte de santa Paula y hacia 1733 ejecutó los treinta y dos pequeños lienzos que se integran en el retablo de la iglesia del Buen Suceso de Sevilla y también las pinturas que se encontraban en los altares laterales de la nave de la iglesia. De 1733 es también la hermosa Inmaculada que se conserva en la iglesia de San Lesmes de Burgos, y en torno a esta fecha realizaría también La Sagrada Familia con san Francisco y santo Domingo que fue adquirida por la reina Isabel de Farnesio, quien la donó después al convento de Santa Isabel de Madrid.
     En torno a 1735, al servicio del arzobispo de Sevilla, Luis de Salcedo y Azcona, ejecutó para la iglesia parroquial de Umbrete dos pinturas de excelente calidad y de gran formato en las que representó a Santa Bárbara y a San Juan Bautista. Al servicio también del mismo arzobispo, Martínez decoró también con lienzos de gran formato la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral de Sevilla, narrando los principales milagros que dicha Virgen había realizado durante la conquista de Sevilla por san Fernando. La vinculación de Martínez con el arzobispo Salcedo culminó con la realización por parte del artista del magnífico Retrato que representa a dicho prelado y que se conserva actualmente en el palacio arzobispal de Sevilla.
     Otras obras importantes de Martínez son La apoteosis de la Inmaculada, que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, obra que puede fecharse en torno a 1735. De 1740 es la representación de La Virgen de los Reyes con san Hermenegildo y san Fernando, que se conserva en la capilla del Alcázar de Sevilla; en torno a esta misma fecha puede situarse El nacimiento del profeta Elías, que pertenece al Banco Bilbao Vizcaya Argentaria en Madrid. También obras importantes de esta época son la representación de San Ignacio en la cueva de Manresa, que pertenece al convento de Santa Isabel de Sevilla y La Coronación de la Virgen, que se conserva en la iglesia de la Hermandad de las Cigarreras de esta misma ciudad. Hacia 1675 finalizó en Sevilla el proceso decorativo llevado a cabo en los muros de la iglesia de San Luis de los Franceses, donde se representa una Apoteosis de la Orden jesuítica y de estos mismos años debe de ser la pintura de La Divina Pastora que se guarda en el convento de los capuchinos de Sevilla.
     Obras realizadas para Jaén hacia 1745, son La Transfixión de la Virgen, conservada en la catedral de dicha ciudad y El Niño Jesús pasionario que figura en la portezuela de un sagrario en la parroquia de San Mateo de Baños de la Encina.
     Importante es también el conjunto pictórico realizado por Martínez para decorar la iglesia del Antiguo Hospital de Mujeres de Cádiz, obra ejecutada hacia 1748 y que es, por lo tanto, una de las últimas realizaciones artísticas de este pintor.
     Fue también Martínez excelente intérprete de temas profanos, como reflejo de la existencia en Sevilla en el segundo tercio del siglo XVIII de un intenso ambiente cultural que proporciona a los artistas referencias literarias o mitológicas; así lo constata el precioso conjunto de cuatro pinturas que representan las estaciones del año y que se conservan en una colección particular de Vigo, o El Niño pastor flautista, que pertenece a una colección de Hamilton (Canadá). Sin embargo, la obra culminante de asunto profano de Martínez fue la realización de ocho pinturas en las que se representan otros tantos Carros alegóricos que la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla le encargó para que sirvieran de testimonio y recuerdo de las fiestas y desfiles celebradas en esta ciudad con motivo de la exaltación al trono de España de los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza. Constituyen estas pinturas una extraordinaria aportación para el conocimiento del ambiente urbano de la Sevilla de aquella época y también de la fisonomía de las distintas clases sociales que participaron o contemplaron los citados festejos (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Sala XI del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 27 de junio de 2026

El sitio arqueológico Castillo de Ventosilla, en Guadalcanal (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Castillo de Ventosilla, en Guadalcanal (Sevilla).  
     Situado entre en río Sotillo y la ermita de Guaditoca, sus restos ocupan la meseta del Cerro del Castillo. Se trata de una construcción de mampostería careada, con alternancia de hiladas anchas y estrechas.
     Sus restos conservan el posible costado de levante de la fortaleza que, en su extremo Norte, posee una torre en ángulo de 5 metros de frente, resaltada 3,40 metros sobre el paramento del muro. Otra torre gemela parece haber ocupado el extremo sur del citado lienzo de muralla, en cuyo centro se ubica una penetración a modo de hornacina de 3,20 metros de luz.
     Los muros conservan en algunos tramos hasta dos metros de altura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Castillo de Ventosilla, en Guadalcanal (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Guadalcanal (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

Un paseo por la calle Demetrio de los Ríos

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Demetrio de los Ríos, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 27 de junio, es el aniversario del nacimiento (27 de junio de 1827) de Demetrio de los Ríos Serrano, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la calle Demetrio de los Ríos, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Demetrio de los Ríos es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de La Florida, y San Bernardo, en el Distrito Nervión; y va de la avenida Menéndez Pelayo, a la avenida Eduardo Dato
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde fecha imprecisa es conocida co­mo calle del Rastro por el edificio de igual denominación que allí fue levantado en el s. XVI; en 1845 es nombrada Rastro Viejo; en l868 se denomina paseo de las Cañadas al que iba desde la Puerta de la Carne a San Bernardo, pero no debió consolidarse, pues en 1877 se acordó darle a ésta el nombre de Marte, por el dios de la guerra, y finalmente en 1921, a petición de la Asociación de Arquitectos de Sevilla, recibió el que actualmente conserva, en memoria de Demetrio de los Ríos (1827-1892), arqueólogo, poeta y arquitecto municipal de Sevilla durante largos años.
     El primer elemento de ordenación de este espacio fue la construcción del Matade­ro en 1489 en las proximidades de la desde entonces denominada Puerta de la Carne, y en el s. XVI el Rastro, mercado de ganado menor, algo más alejado y próximo al curso del Tagarete (plano de Olavide, 1771). Delante del Matadero se forma una plaza, sobre la que hay referencias de los siglos XVI y XVII, pero durante siglos permanece como un espacio marginal. extramuros, idóneo para la acumulación de escombros, de forma que en 1622 se llega a afirmar que los montones de estiércol y basuras prácticamente alcanzan la altura de la muralla, y de pésima fama por la presencia de ladrones, tahúres, tunos y mujeres de mala vida. En 1832 se construyó un paseo, pronto descuidado porque en 1855 se hablaba refiriéndose al mismo "de la que fue la alameda"; de nuevo en 1858 se recompuso el camino en­tre la Puerta de la Carne y el barrio de San Bernardo, en la cartografía del último tercio del XIX se consolida la formación de una vía que partiendo de la Puerta de la Carne pasa entre el Cuartel de Caballería (v. Menéndez Pelayo) y el Rastro por un lado y el Matadero por el otro, atraviesa la vía del ferrocarril y conecta con la calle Monte Rey (actual Eduardo Dato).
     En 1903 fue dotada con pavimento de cemento y en 1906 se aprobó un proyecto de alineación con Monte Rey; en el segundo decenio se procedió a su urbanización definitiva al coincidir una serie de operaciones de gran trascendencia: abovedamiento del Tagarete, adoquinado, nuevo proyecto de alineación, otro de ensanche, y construcción de un paso a nivel para salvar la vía del ferrocarril. Con todo, la transformación más importante la sufrió esta calle en 1924 con la construcción del puente de San Bernardo, que la divide longitudinalmente; así, si en su arranque Demetrio de los Ríos es una vía amplía, dotada con calzada de asfalto, aceras de losetas y farolas de báculo, después queda convertida en dos estrechas callejuelas, separadas por el puente, que morían en las desaparecidas tapias del ferrocarril. El puente fue construido por Juan Talavera y como elementos ornamentales son de destacar sus farolas y los puntos de acceso de las escalinatas. Confluyen por la derecha Rastro, y por la izquierda lo hacen Alejo Fernández y Pedro Roldán. La acera de los pares está formada por un lateral del Cuartel de Caballería, construido a finales del XVIII, que se está rehabilitando como sede admi­nistrativa de la Diputación Provincial, y por el parque de bomberos situado aproximadamente sobre el solar del Rastro, más tarde depósito de carros de limpieza; la zona situada bajo el puente y donde apenas se registra tráfico rodado con frecuencia se encuentra ocupada por los vehículos del parque de bomberos. En la de los impares hay varias casas de tres y cuatro plantas, destacando la que hace esquina a Menéndez Pelayo, con mirador, obra regionalista de J. Talavera y Heredia (1924-25); a continuación se encuentra el mercado de abastos, edificio racionalista de 1927, construido sobre el solar del Matadero, y se conservan unas naves donde en tiempos hubo un tostadero de café, sobre las que se levanta un bloque de pisos.
     Históricamente la funcionalidad de esta calle ha estado estrechamente marcada por la presencia del Matadero. Como queda dicho, éste fue construido en 1489; desde 1545 hay noticias de la costumbre de lidiar los toros, bien dentro del matadero, o en la plaza que había delante del mismo, sobre lo que se dictan distintas medidas: a veces consta la prohibición expresa de lidiarlos (1582), mientras que en otras se alienta su celebración para que se ejerciten los caballeros (1607), e incluso se propone el arreglo de la plaza para que las autoridades puedan asis­tir a las corridas (1593). En 1602 se encontraba en tan mal estado que se solicita que pase a ocupar el edificio del Rastro, pero uno años más tarde se recompuso y allí se mantuvo hasta la década de 1920, si bien ya en los últimos años sus condiciones higiénicas eran pésimas. Cervantes, en El Coloquio de los Perros, hace una descripción del ambiente del Matadero: (Berganza), "Paréceme que la primera vez que vi el sol fue en Sevilla, y en su Matadero, que está fuera de la Puerta de la Carne; por donde imaginara -si no fuera por lo que después te diré- que mis padres debieron ser alanos de aquellos que crían los ministros de aquella confusión, a quienes llaman jiferos. El primero que conocí por amo fue uno llamado Nicolás el Moro, mozo robusto doblado y colérico, como son todos aquellos que ejercían la jifería; este tal Nicolás me enseñaba a mí y a otros cachorros a que, en compañía de alanos viejos, arremetiésemos a los toros y les hiciésemos presas de las orejas. Con mucha facilidad salí un águila en esto". Siglos más tarde, Bécquer recogía en Maese Pérez el Organista la mala fama de la que gozaban los jiferos, o empleados del matadero: "Pues sí, señor. Parece cosa hecha que el organista ele San Román, aquel bisojo que siempre está echando pestes de los otros organistas, aquel pendulariote, que más parece jifero de la Puerta de la Carne que maestro de sol-fa, va a tocar en Nochebuena en lugar de Maese Pérez". Relacionada también con la proximidad del Matadero y el Rastro era la celebración durante los tres días de Pascuas de Resurrección de una feria de ganado lanar en las afueras de la Puerta de la Carne, y la costumbre de comprarles un cordero a los niños, de la que hay noticias entre 1795 y 1865. Actualmente, el mercado de abastos ocasiona cierto movimiento en su entorno por las mañanas y ha dado lugar a la ubicación de establecimientos comerciales en las plantas bajas de los edificios adyacentes; con todo, se ha perdido buena parte de la actividad y animación que hasta su decaimiento ha tenido la Puerta de la Carne. Desde otra perspectiva, Demetrio de los Ríos constituye un punto neurálgico del tráfico rodado de la ciudad, al canalizar el que procedente del sector Eduardo Dato-Nervión­-Gran Plaza accede a la "ronda" y casco histórico a través del puente de San Bernardo; esta alta concentración del tráfico ocasiona momentos de confusión y riesgo cuando los vehículos de bomberos salen precipitadamente del parque, al producirse una situación de emergencia en algún punto de la ciudad. La salida en procesión durante la Semana Santa de la cofradía de San Bernardo es motivo de gran animación y concentración de fieles en el puente. En la actualidad se procede a sustituir las vías del ferrocarril por una calle (v. Juan de la Mata Carriazo) [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Demetrio de los Ríos, a quien está dedicada esta vía
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     Demetrio de los Ríos Serrano. (Baena, Córdoba, 27 de junio de 1827 – León, 27 de enero de 1892). Arquitecto y arqueólogo.
     De familia conservadora, de clase media, estuvo relacionado a lo largo de toda su vida con las ruinas de la antigua ciudad romana de Itálica (Santiponce, Sevilla), a la que, siendo todavía un adolescente, acudía con cierta frecuencia acompañando a su hermano José Amador, secretario de la recién creada Comisión Central de Monumentos y director, desde 1841, de las excavaciones arqueológicas que se llevaban a cabo en aquella ciudad, el cual ejercerá siempre sobre él una verdadera tutela.
     Realizados en Madrid sus estudios de Arquitectura, ganó por oposición la Cátedra de Topografía de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, y a continuación, por concurso, la de arquitecto provincial. Poco después sería nombrado secretario de la Comisión Provincial de Monumentos. En enero de 1853 es elegido académico nato de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, y en julio de 1862 vocal de la Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando, de Madrid. En 1866 sabemos que es miembro de la Junta de la Exposición Universal de París. En Sevilla se instala, por tanto, a partir de entonces y allí pasa la mayor parte de su vida.
     Casó con Teresa Nostench, de la que tuvo varios hijos, entre ellos la famosa escritora y poetisa Blanca de los Ríos, una de las mujeres más preclaras de su tiempo.
     En enero de 1860 sustituirá a su hermano José Amador en la dirección de las excavaciones arqueológicas de Itálica, en cuyo yacimiento había de desarrollar una importante labor, ya que a él se deben los primeros estudios serios de documentación de aquellas ruinas, en las que se venía trabajando con cierta intensidad desde finales del siglo XVIII, por lo que aprovecha, sobre todo para sus dibujos, documentos y publicaciones anteriores. Otros son originales suyos, como el primer plano que se levanta de la ciudad, el cual ofrece personalmente a la reina Isabel II cuando ésta visita las excavaciones en 1862.
     Como arqueólogo trabaja allí en un primer momento en el anfiteatro y en los conjuntos termales, y posteriormente, en la década de 1870, en el olivar de Las Coladas, donde exhuma diversas casas romanas decoradas con ricos mosaicos que sólo conocemos a través de sus dibujos, pues, abandonados a su suerte, a la intemperie, se perdieron rápidamente. Sus trabajos en el anfiteatro quedarían reflejados en una Memoria (1862), que será premiada por la Real Academia de la Historia y le valdrá el título de comendador de la Orden de Carlos III, y de miembro correspondiente del Instituto Prusiano de la Correspondenza Archeologica de Roma.
     Creado en 1835 el Museo Provincial de Bellas Artes de Sevilla, en el edificio que había sido hasta entonces Convento de la Merced, con el fin de recoger las obras de arte procedentes de las instituciones religiosas a las que se les habían expropiado en virtud de las leyes desamortizadoras, una Real Orden de 16 de diciembre de 1840 dispone que pasen a guardarse allí todos los objetos de Itálica encontrados hasta entonces o que en el futuro pudieran encontrarse, misión que se encarga inicialmente al conde de Montelimón y años más tarde, por Real Orden de 20 de octubre de 1854, a Demetrio de los Ríos, el cual recoge en uno de los claustros de dicho convento los materiales de Itálica que se hallaban dispersos en los más diversos lugares, según la procedencia del director de las respectivas excavaciones, creando la Sección de Antigüedades del Museo, de la que es nombrado director en 1866. Es el núcleo original del actual Museo Arqueológico Provincial.
     Como arquitecto, desarrolló sus trabajos en esta primera etapa en Sevilla y su provincia. Consta expresamente haber intervenido en el Hospital de las Cinco Llagas, el Presidio de San Gerónimo y el Ayuntamiento de Cazalla de la Sierra. Traza, en 1856, con Joaquín Fernández, la escalera del Museo de la Merced, y realiza el proyecto de la fachada del Ayuntamiento, aprobado en 1868, y el de su monumental escalera. A él se debe también, quizá en su calidad de miembro de la Junta Diocesana de Reparación de Templos, que se salvaran de la piqueta numerosas iglesias mudéjares de la ciudad, cuya destrucción había sido ordenada en 1869 por las autoridades de la Junta Revolucionaria que había destronado a Isabel II. Evita también que se destruya la Torre del Oro, aunque permite, siguiendo el dictamen de la Comisión Provincial de Monumentos, la demolición de las murallas de la ciudad. En sus escritos y denuncias a la Real Academia de la Historia queda patente la preocupación que sentía por la conservación del patrimonio artístico en su conjunto, lo que le movió a redactar, en 1874, en su calidad de vicepresidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Sevilla, un manifiesto para que las Comisiones de Monumentos de toda España apoyaran el Proyecto de Ley de Monumentos que se estaba preparando, y a enviar ese mismo año a la Real Academia de San Fernando la lista de monumentos que debían declararse nacionales en la provincia.
     En 1880 se traslada a la ciudad de León, para continuar la restauración de su catedral, sustituyendo a Juan de Madrazo en la reconstrucción de las bóvedas del crucero y de toda la nave mayor, así como en la fachada oeste, que remata imitando la del sur. Trabaja en ella, con notable ligereza en ocasiones (Gómez-Moreno, 1925), a lo largo de doce años, durante los cuales tiene ocasión de intervenir también en las iglesias de San Miguel de Escalada y Santa Cristina de Lena.
     Muy pronto, sin embargo, habían de manifestarse en él diversos achaques de cierta gravedad que culminaron en una hemiplejía, la cual no fue capaz de superar, ni física ni psicológicamente. Las obras de la Catedral, cúmulo de problemas y sinsabores, pudieron más que sus fuerzas, como les había sucedido a sus predecesores en ella, Laviña (1869) y Madrazo (1880). Escribió numerosas obras, hasta formar un conjunto de más de 30 volúmenes, sobre temas muy diversos: arte, arquitectura, arqueología, teatro, poesía, ensayos filosóficos y científicos, y otros, entre ellos algunos libros de texto para sus alumnos, muchas de las cuales quedaron inéditas.
     Colaboró además durante algún tiempo con La Ilustración Española y Americana, revista de bellas artes y actualidades, en la que dio a conocer, en 1875, algunos de sus trabajos en Itálica, y con el efímero Museo Español de Antigüedades, en 1872.
     Entre las obras inéditas podemos destacar aquélla en la que quizá más tiempo había invertido a lo largo de su vida, la Descripción histórico-artística de Itálica, obra para la que realizó, entre los años 1851 y 1880, los dibujos que se guardan en el Museo Arqueológico de Sevilla. En la portada original de dicho libro se titula a sí mismo “Arquitecto de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, procedente de la Escuela Especial, Catedrático y Académico nato de la de 1.ª clase de Bellas Artes de Sevilla, Secretario de su Sección de Arquitectura, Correspondiente de la Real de la Historia, Miembro de la Diputación Arqueológica de esta Provincia; Arquitecto titular de la misma; Asesor de la Comisión de Monumentos Artísticos é históricos" (Fernando Fernández Gómez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Demetrio de los Ríos, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Demetrio de los Ríos, al detalle:
Edificio Demetrio de los Ríos, 1
Retablo cerámico Virgen de los Reyes, edificio Demetrio de los Ríos, 3
Parque de Bomberos

viernes, 26 de junio de 2026

Haz tu ruta con ExplicArte Sevilla: Tú decides la ruta, la fecha y el precio (Free Tour - propina)

 

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     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

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     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

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     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
     Ruta Sevilla Barroca: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 

     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde Explicarte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Romántica: Desde Explicarte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.

     Ruta Sevilla Modernista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.

     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

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     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.

     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).

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