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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 13 de agosto de 2026

La escultura del Giraldillo, de Hernán Ruiz II, Luis de Vargas, Juan Bautista Vázquez el Viejo, y Bartolomé Morel, en la Giralda, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Giraldillo, de Hernán Ruiz II, Luis de Vargas, Juan Bautista Vázquez el Viejo, y Bartolomé Morel, en la Giralda, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy, 13 de agosto, es el aniversario (13 de agosto de 1568), de la finalización de las obras renacentistas en la Torre de la Giralda, con las que se culminaron la torre de la Catedral sevillana, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Giraldillo, de Hernán Ruiz II, Luis de Vargas, Juan Bautista Vázquez el Viejo, y Bartolomé Morel, en la Giralda, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar La Giralda [nº 114 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Llamamos así a la "Torre de Santa María", que desde el siglo XVII ha sido "Torre de la Giralda", por su veleta, y "Giralda", a secas desde el XIX. En su base existe una réplica de la Virgen de los Olmos y en el campanario, en una hornacina, existió hasta 1992, una imagen de la Virgen del Socorro (de las Tormentas). La descripción de todos y cada uno de sus elementos, que requeriría añadir unas treinta "matrículas" más a esta lista, situadas todas en el mismo punto de la planta, puede verse en A. Jiménez et alii, Turris fortissima (...), Sevilla. 1988 (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     La Giralda de Hernán Ruiz es un edificio cuya imagen fuertemente institucionalizada, pero que se conoce mal, tanto en extensión como en profundidad, y si posee un elemento que fuese difícilmente imaginable, éste era sin duda la veleta que lo corona, de la que, hasta octubre de 1.980, ni siquiera teníamos fotografías mínimamente aceptables.
     Como ya se ha indicado se comenzó a fabricar, por Bartolomé Morel, en 1.566 y entró en funcionamiento el 13 de agosto de 1.568. No vamos ahora a examinar sus valores artísticos, ni entraremos en la polémica de que artista deba ser considerado su diseñador, cuestiones en las que nos declaramos incompetentes, por lo que sólo abordaremos de manera sucinta algunos as­pectos no tratados hasta ahora.
     El primero de ellos es el del origen de su denomina­ción actual, «Giraldillo», que conecta directamente con el de "Giralda"; ésta, es decir la Torre, se ha denominado así­ hasta bien entrado el siglo XIX, pero desde el XVIII venía imponiéndosele un apelativo, «Torre de la Giralda», que sugiere que, en aquellos momentos, la "Giralda" es la que actualmente denominamos "Giraldillo"; así pues se trata de un ejemplo claro de sinecdoque que traslada el problema al nombre de la Veleta. Esta, en el «epitafio» que se acordó el 6 de octubre de 1568, se denomina Coloso de la Fe Victoriosa y se especifica claramente su carácter de veleta; es posible, por tanto, que en los primeros años se denominara por lo que simboliza o por su funcionalidad primaria, pero muy pronto tomó la denominación tradicional. Así Cervantes, en 1.615, al narrar el episodio del Caballero del Bosque dice «Una vez me mandó (Casildea de Vandalia) que fuese a desafiar a aquella famosa giganta de Sevilla, llamada Giralda, que es tan valiente y fuerte como hecha de bronce, y sin mudarse de un lugar, es la más movible y voltaria mujer del mundo». Datado, pues, el apelativo en los primeros años del siglo XVII, queda indagar su significado; Co­rominas indica que la palabra debe ser un italianismo y lo hace derivar de girandula, en el sentido de objeto giratorio, pero cabe recordar que desde la Edad Media se documenta el nombre personal Giralda conectado con derivados del verbo «girar» como demuestra el poemilla recogido para el Cancionero de Medinaceli:
«Soy hermosa y agraciada 
tengo gracias más de mill
llamanme Gira Giralda 
hija de Giralda Gil»
     A la vista de estos datos cabe intuir que el nombre de Giralda lo recibió la Veleta por vía popular, en base a su movimiento y aprovechando un onomástico corriente en la época.
     Otra cuestión de interés es la que se refiere a su pro­pia materialidad, que involucra temas de diseño mecánico, fabricación, colocación y conservación. Partiremos de la evidencia de que la estatua, que como ya se ha indicado, representa a una mujer de 3,48 m. de estatura y más de 1.300 kg, de peso, que forma parte de una estructura de 7,47 m. de altura total, y que es hueca y enteriza en lo fundamental; es decir la efigie de la «señora», se hizo de una sola vez, concretamente en Triana, se llevó a la Torre, se izó y finalmente se vinculó a un vástago fijo.
     Como se indicó anteriormente este eje, cuya sección es variable y ostenta numerosas reparaciones, tiene otras misiones además; comienza siendo, en la cúpula del Cuerpo del Reloj, el principal punto de sujección de la tonelada y media que pesa su campana; a lo largo de más de varios metros sirve como escalera para subir hasta el Penacho. En tres puntos reúne los zunchos que atan la fábrica por el exterior y, finalmente, en la punta de sus 19 m. de longitud, tiene el principal punto de giro y apoyo de la Giralda. Consta éste de una cruz de hierro horizontal, cuya parte central tienen practicada una cazoleta en la que gira el extremo redondeado del vástago; un documento de 1.770 llama a esta disposición «punta de acero semejante a un hue­vo» especificando que repetía la original y dado que ésta había durado algo más de dos siglos, los autores de la de l.770, que incrementaron sus dimensiones, calcularon que la nueva duraría once. Este punto de pivotamiento está situado a la altura de los pechos de la estatua, de manera que la cruceta se manifiesta al exterior de la siguiente forma: aparece en el brazo izquierdo de la Giralda oculto por un nudo de tela, a la altura del bíceps, adornado con un broche rococó, mientras en el lado opuesto se prolonga más, dentro de otro textil que parte precisamente del nudo citado semejando un largo pañuelo atado al brazo y que, agitado horizontalmente por el viento hasta alcanzar el in­clinado mástil del lábaro, se une sólidamente a él. Como ya hemos señalado, por la parte de delante la cruceta aparece entre los pechos, con apariencia de tornillo enclavijado, pero hay datos para suponer que, en origen, estaba oculto por una especie de gorgoneion, similar al que ostenta una de las Santas del cuadro de Esturmio que citamos al estudiar la iconografía del Alminar. En la espalda la cruceta estaba oculta por una especie de broche, constituido por un ovalo rodeado por motivos de rocalla, similar al del brazo izquierdo.
     Los pies de la estatua y el extremo inferior del mástil del lábaro descansan sobre una ancha pletina de hierro que gira en torno al vástago principal; aún existe otro punto intermedio de apoyo, un poco por encima de las rodillas de la Giralda; como el de los pies, lo constituye una barra de hierro perforada por el centro, para dejar paso al vástago y que por el extremo de la derecha conecta con el mástil mientras por la izquierda proporciona sujeción al extremo de la palma, que aparenta estar apoyada en el muslo de la pierna correspondiente. Esta organización básica está rigidizada por medio de dos barras contenidas en el plano vertical que definen el vástago y el mástil, y que unen las tres crucetas, que están incluidas en el mismo plano teórico. Para incrementar la estabilidad figural de esta estructura, que no está garantizada por falta de triangulaciones, la estatua está recorrida de arriba abajo por cuatro pletinas que se van adaptando a la forma del interior y que se unen donde pueden a la estructura­ principal; el citado documento gráfico-literario de 1.771 explica con toda claridad que estas cuatro pletinas se añadieron entonces.
     Olvidábamos señalar que el codo del brazo que sos­tiene la palma está jabalconado por medio de una barra­ torneada que alcanza a las principales a la altura de la cadera. Esta organización garantiza la estabilidad de casi toda la estatua, quedando como partes más débiles el borde inferior del vestido, que se une precariamente al mástil, el brazo derecho, que aparenta sostener la parte final del citado mástil, cuando éste recupera la verticalidad, y que en realidad es exactamente al revés, y finalmente la cabeza, sujeta a través de los hombros a la parte, mejor sostenida, de la caja torácica.
     Este mecanismo que hemos descrito se ha deducido de lo que hemos podido observar durante las obras de restauración de la veleta y sobre el que hemos de hacer constar varios extremos:
     1. Hemos podido observar el interior de la estatua por la ventanita que tiene esta en la cadera derecha, el gran agujero que apareció en el pecho al retirar los "apósitos", que mencionaremos seguidamente, y por las diversas rendijas que tenía; por ello es obvio que algunos datos ofrecidos son sólo conjeturas, aunque ciertamente bastante fundadas.
     2. Diversos datos concretos que hemos podido observar fehacientemente difieren algo de lo que cabía esperar según los dibujos que realizó Pedro Miguel Guerrero en 1771 y que copió José Huelva en 1782. Dado que la citada obra de 1770, diseñada por el arquitecto Manuel Núñez, alteró la estructura original, hemos de pensar que la actual, aún obedeciendo a los mismos criterios, responde a la reunión de varias etapas.
     Las reparaciones de la estatua que están documentadas son las siguientes:
     1592. Consta que un vendaval torció el vástago el 5 de marzo, aunque no se efectuaron reparaciones hasta el 18 de septiembre, para lo que la estatua fue bajada.
     1684. En este año se rompió el brazo que sostiene la palma, como así consta en un tosco letrero que ostenta en el brazalete que oculta la rotura.
     1751. Consta que se doró la estatua, como acredita una inscripción realizada sobre el esferoide que se ubica bajo la Giralda.
     1755. Según un informe elaborado a raíz del seísmo ocurrido el 1 de noviembre el vástago de la estatua es­taba ladeado por lo que ésta amenazaba «próxima ruina». Se sabe que las reparaciones se hicieron inmedia­tamente bajo la dirección del Maestro Mayor, Manuel Núñez, sin que sepamos cuales fueron las soluciones concretas aplicadas.
     1770. Se data en esta fecha la reparación más importante de la Veleta que, como la anterior, fue diseñada y dirigida por Manuel Núñez. De estas obras tenemos un relato coetáneo que comenta literariamente los dibujos que realizó Pedro Miguel Guerrero poco después. Sabemos que las obras duraron tres meses y que requirieron un complejo andamio, que posibilitó la renovación de la estructura interna, el cambio del lábaro por otro idéntico pero más ligero, el refuerzo del «cuerpo» mediante las cuatro aludidas pletinas, el cambio de la palma, diversos apósitos de cobre remachados, que cubrieron los numerosos quiebros que la estatua presentaba y el añadido de unos refuerzos al vástago, en el interior de «El Penacho». Podemos con­jeturar que en este momento se realizaron varias labo­res decorativas, todas ellas en clave rococó: pintura del lábaro con temas eucarísticos, broches de rocalla de los extremos de la cruceta principal y cimera emplumada que coronaba la borgoñota helenizante que ostenta la Giralda. Parece indudable que estas actividades tenían como pretexto los daños del terremoto de 1755 que, según hemos de suponer, se resolvieron pro­visionalmente en los primeros momentos. No sabemos si hemos de atribuir a este momento tres obras que presenta la veleta y que constituyen, sin duda alguna, modificaciones. La primera se refiere a la mano derecha, que no pertenece íntegramente a la fundición de Morel, como certifica un trozo del dedo meñique que «sobra». Las otras dos reformas son las bisagras de las ventanitas, tanto de la cadera como la de la bola, ya que ésta cubre parcialmente el letrero de 1751.
     1843. Un vendaval, el 19 de octubre de 1842, causó diversos estragos en el edificio, de los que no tenemos detalles, pero una inscripción con tal guarismo sobre «el Penacho» sugiere que se reparó la Veleta.
     1886. Consta que durante las obras que dirigió Fer­nández Casanova se reparó el vástago axial, sustituyendo un buen trozo de él.
     1920? Según una noticia que hemos recogido verbal­mente, en esta década se colocó una especie de gargan­tilla metálica a la Giralda, que sostenía un largo pes­cante que sirvió para colocar una luz durante la Expo­sición Iberoamericana de aquellos años. Sin embargo consta que, en 1925, ya estaba colocado el pescante y como, en el Penacho, existe un letrero que reza «192...» hemos de deducir que dicho añadido se hizo entre 1920 y 1925.
     1980. A fines de octubre el andamio que se había colocado a partir de la Azotea de las Azucenas para reparar la Torre, según describiremos en su momento, alcanzó el Giraldillo y pudimos, por vez primera y de manera fiable, fotografiarlo y reconocerlo, haciéndose evidente que era imprescindible acometer inmediatamente obras de restauración. La estatua aparecía notoriamente desfigurada y oculta en varias partes por numerosas chapas de cobre que, a modo de apósitos roblonados y atornillados, cubrían las abundantes grietas que quebraban el bronce original. Tras varios intentos conseguimos soldar las citadas roturas, con lo que obviamente podíamos haber eliminado todos los apósitos pero sólo lo hicimos con aquéllos que se hallaban sobre la «piel» de la estatua y no sobre sus «vestidos» donde los remiendos eran menos desfigurantes. La eliminación de las citadas chapas permitió, además, el conocimiento de importantes elementos figurativos de la imagen: el doble cinturón que constituye su ceñidor, la configuración del escote y otros detalles ocultos hasta entonces. Otras acciones fueron encaminadas a eliminar peso a la veleta, pues, como indica el documento de 1770, para consolidarla se rellenaron diversas partes con estaño y plomo; a este lastre se añadía una insospechable cantidad de basura acumulada en el in­terior de la estatua. Por, último dedicamos atención preferente a reforzar la estructura portante de la veleta, tanto en lo fijo como en lo móvil; así se repasó cuidadosamente el vástago, las barras de la estructura principal, el mástil del lábaro, el eje de las bandoleras menores, etc., reforzando o sustituyendo cuanto se halló en mal estado, amén de las oportunas medidas protectoras. Finalmente se realizó una fidelísima reproducción de la Veleta en poliéster.
     Antes de pasar a otro apartado queremos recordar la deliberada ausencia, en este texto, de un estudio completo de cuestiones semánticas, iconológicas, iconográ­ficas y artísticas en general, dada nuestra falta de competencia en estos temas (Alfonso Jiménez Martín, El Patio de los Naranjos y la Giralda, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, Sevilla. 1991).
     Prescindiendo de la obra arquitectónica de la sin par Giralda, estudiada en este libro por otro compañero, sólo se referirán los elementos escultóricos que la enjoyan.
     Indudablemente -según se ha expuesto en estos últimos años-, la Torre y todos sus elementos responden a unos antecedentes históricos y arquitectónicos y a un programa iconográfico, de profundo simbolismo, idea­do probablemente por el canónigo humanista Francisco Pacheco, trazado por el pintor Luis de Vargas y ejecutado por él mismo y por otros artistas en lo escultórico; estimando con verosimilitud que no sería ajeno a esta tarea el arquitecto Hernán Ruiz II.
     Remata la torre como sublime e inefable acrótera, el GIRALDILLO, en función de veleta, advocado popularmente como Santa Juana (que es sin duda Símbolo de Sevilla) aunque también se ha pensado si representa a la Fe o a una Victoria y que como tal Giralda ha dado nombre a la torre. Cervantes la piropeó como "Giganta de Sevilla" y el citado humanista Pacheco, profundiza al llamarla "Versátil coloso de la Fe Victo­riosa".
     Es una auténtica Minerva cristianizada, posiblemente inspirada en una estampa de Raimondi, según se ha señalado antes de ahora. Su traza se debería al pintor Luis de Vargas, el modelado en su corporeidad ciertamente al referido Bautista Vázquez, el mayor (no es fá­cil aceptar la paternidad del escultor Diego de Pesque­ra, como se ha dicho), su fundición broncínea a Bartolomé Morel y su original pintura y dorado a Antón Pérez. Es la mayor estatua de bronce del Renacimiento hispano, la más grande entre las del cinquecento y la más prodigiosa veleta que existe.
     La fecha del conjunto escultórico se puede fijar en el trienio 1565-68, siendo ésta última la aplicable al Gi­raldillo.
     Viste túnica de mangas cortas, acuchilladas desde los muslos, que siluetea las formas interiores al impul­so del viento; pechos breves y separados, potentes muslos y vientre; hermoso y bellísimo rostro de clásica estética y delicada morfología; coraza; sandalias o cáligas; broches; palma; lábaro y casco. Entallado el con­junto con magníficos motivos (cabezas leoninas en las grevas o rodilleras), pudiendo señalar como curiosidad iconográfica que en lugar del Gorgoneion de la Miner­va, lleva un querubín de profunda simbología cristiana (José Hernández Díaz, Retablos y esculturas, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, Sevilla. 1991).
     El Giraldillo representa a una mujer con túnica, casco, y altas sandalias, en la que resalta su prominente vientre. Porta una palma en una mano y un escudo guerrero en la otra, coronado por un estandarte y una cruz. Inspirada en una Palas o Minerva clásicas, es por tanto, una versión cristianizada de una imagen pagana. La estatua, hace las veces de veleta y representa la Fe, el triunfo del cristianismo sobre el mundo musulmán, culminando así las reformas arquitectónicas renacentistas que sufrió el minarete islámico.
     No se puede precisar con exactitud el autor ideológico del Giraldillo. Al arquitecto Hernán Ruiz se debe el aspecto actual del campanario y no es descartable su implicación en la forma y función del artificio. El fundidor del bronce fue el maestro artillero Bartolomé Morel. El escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo pasó el dibujo del modelo del pintor Luis de Vargas a tres dimensiones e hizo el molde para el vaciado. El Coloso es una iconografía que no responde a un modelo de lectura única. La teoría más aceptada es la que reconoce su inspiración próxima en la versión que de Palas Atenea hizo Marco Antonio Raimondi.
     La historia material del Giraldillo es compleja. Primero se construyó el eje que permite el movimiento (1565), más tarde la esfera y la peana. En 1566 Bartolomé Morel se comprometió a realizarla en ocho meses, pero empleó dos años. La fundición se realizó siguiendo la técnica a la cera perdida de una sola pieza de pie, y con única colada que incluyó la primitiva estructura interna. En agosto de 1568 se subió al campanario de la Catedral la veleta que servirá de remate: una figura de bronce denominada en las fuentes documentales "El Coloso de la Fe Victoriosa". 
     En el año 2005, siguiendo la metodología aplicada en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico se realizó una serie de análisis científico-técnicos que contribuyen a informar el estado de conservación y suministran datos específicos sobre la materialidad de la obra. En el diagnóstico se indicó que el bronce del Giraldillo carece de estaño casi por completo, pero tiene un elevado contenido de plomo. Las soldaduras realizadas en reparaciones anteriores mostraban baja resistencia y elevada fragilidad, habiéndose agrietado en algunos casos. La superficie estaba cubierta de pátinas naturales y artificiales. Hay que añadir que en 1770 se realizó en el Giraldillo una gran obra de mantenimiento que consistió en la sustitución de la estructura interna original. 
     La intervención se ha realizado aplicando criterios mixtos: para la escultura, la conservación con la mínima intervención y con materiales compatibles versada principalmente en su limpieza, estabilización, reintegración volumétrica y protección; y para el sistema mecánico y la estructura interna, la reparación que haga posible el mantenimiento de su función es decir, permitir el movimiento de la veleta, sostenerla y mantenerla unida a la torre, que consistió principalmente en realizar un análisis de su comportamiento mecánico, unido a un desmontaje de la estructura interna de 1770 para acabar con el diseño y construcción de la nueva estructura interna (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Luis de Vargas, uno de los autores de la obra reseñada;
     Luis de Vargas (Sevilla, c. 1505 – diciembre de 1567). Pintor.
     El primer artista sevillano de gran altura en el ámbito de la pintura renacentista es Luis de Vargas, quien llegó a adquirir una hegemonía que anteriormente a él habían tenido artistas foráneos como Alejo Fernández, Pedro de Campaña y Hernando de Esturmio.
     Fue Vargas hijo de un pintor de segundo orden llamado Juan del que apenas tenemos noticias, aunque es lógico pensar que con él realizase su aprendizaje.
     Cuando su proceso formativo concluyó, contaba con veintiún años y en ese momento tuvo la afortunada idea de viajar a Italia para aumentar allí el caudal de sus conocimientos; se instaló en Roma, donde permaneció en fechas que aproximadamente pueden situarse entre 1527 y 1534. En esta última fecha debió de regresar a Sevilla y allí estuvo hasta 1541, año en que emprendió un segundo viaje a Italia, donde de nuevo vivió en la Ciudad Eterna hasta 1550, año en que regresó definitivamente a Sevilla residiendo allí al menos hasta 1567, puesto que en diciembre de dicho año se tiene la constancia de que había fallecido.
     Existen testimonios ofrecidos por Francisco Pacheco, quien debió de recoger en Sevilla noticias referentes a la personalidad de Vargas, varias décadas después de su muerte. Señala Pacheco que Vargas fue “hombre humilde y sobre todo gran pintor”, añadiendo que el maestro que le influenció en Italia fue Pierino del Vaga. Lamentablemente Pacheco no menciona las obras que Vargas pudo realizar en Roma, a lo largo de los quince años en los que el artista permaneció allí.
     En la actualidad seguimos sin conocer obra alguna de su estancia italiana, que sin duda se han conservado, pero que permanecen sin identificar formando parte del amplio número de pinturas que en nuestros días se consideran como anónimas y pertenecientes al círculo de imitadores y seguidores de Rafael.
     Las únicas obras conocidas de Luis de Vargas pertenecen al último período de su vida, transcurrido en Sevilla de 1550 a 1567. Son ciertamente muy escasas pero suficientes para poder constatar su personalidad artística. En ella se reconoce la influencia del estilo de Pierino del Vaga, ya señalada por Pacheco pero también influencias procedentes de otros artistas italianos como Salviati y Vasari. Estas influencias pueden advertirse en la primera obra conocida de Vargas, iniciada en 1552 y finalizada en 1555. Se trata del retablo que hizo para la Catedral de Sevilla con el tema central del Nacimiento de Cristo; en esta pintura se constata efectivamente una filiación de carácter italianizante pero también un sentido creativo propio y personal que le otorga un peculiar e individualizado estilo. En el mismo retablo aparecen en las calles laterales pinturas con representaciones de los cuatro evangelistas y en la predela escenas de la Anunciación, la Presentación y la Adoración de los Reyes.
     La Catedral de Sevilla acoge, en otra de sus capillas, un segundo e importante conjunto pictórico de Luis de Vargas. Se trata de un retablo conocido tradicionalmente como de la Genealogía de Cristo, cuya tabla central representa efectivamente esta iconografía que, sin embargo, en otras ocasiones se denomina Alegoría de la Inmaculada Concepción. Pacheco, al referirse a este retablo, deja intuir que fue iniciado por Vargas, a raíz de la fecha de dotación de la capilla donde se alberga, en el año 1536, pero que su realización fue interrumpida por el artista a causa de su segundo viaje a Italia, siendo concluido cuando regresó definitivamente a Sevilla. Lo cierto es que el retablo está firmado y fechado por Vargas en 1561 y que se trata de un conjunto excepcional presidido por la pintura de la Alegoría de la Inmaculada Concepción, obra para cuya composición Vargas se inspiró en una escena del mismo título, realizada por Vasari en varias ocasiones y cuya primera versión se encuentra en la iglesia de los Santos Apóstoles de Florencia, para donde fue pintada hacia 1540. Vargas pudo haber visto dicha pintura en Florencia, o en todo caso haber utilizado un grabado que la reproducía, describiendo en su parte inferior las figuras de Adán y de Eva, padres de la Humanidad y transmisores del pecado original, a través de las sucesivas generaciones que señala el árbol de Getsé y que llegan hasta la Virgen María. Esta última fue concebida sin el pecado original, concepto que se recoge en una cartela que un ángel sostiene al lado de la Virgen y que recoge una frase del Cantar de los Cantares que señala: “Como lirios entre cardos así es mi amada entre las doncellas”. El conjunto de este retablo se completa con la aparición en la predela del retrato de su donante El chantre Juan de Medina, junto con su escudo de armas y una representación de la iglesia triunfante; en los laterales del retablo aparecen representaciones de San Pedro y San Pablo.
     También en la catedral de Sevilla se encuentra otra importante obra de Vargas, a pesar de su pequeño tamaño; se trata de una tabla que representa El Calvario, en la cual aparece la firma del artista. Aunque no está fechada, por su estilo puede datarse hacia 1560 y en ella el crucificado aparece sobre un fondo de tinieblas con la Virgen y san Juan al pie, a los que acompaña la presencia de un anónimo clérigo que será el donante de la pintura y que está acompañado por san Francisco.
     Igualmente en la Catedral de Sevilla, se encuentra un retrato de El venerable Juan de Contreras, cuya atribución al artista fue al parecer realizada por el pintor Bartolomé Esteban Murillo, quien es posible que fuese el que pusiera en ella la firma de Vargas y la fecha de 1541. Dicha atribución sin embargo no es segura.
     En el Museo de Arte de Filadelfia se conserva firmada por Luis de Vargas una interesante pintura que representa Los preparativos para la Crucifixión, obra de gran empeño compositivo en la que contrasta la recogida y serena actitud de Cristo, que espera paciente a que sus verdugos terminen de barrenar el madero donde será crucificado, con la agitada movilidad de los soldados, sayones y caballos, que impiden a un grupo de Santos Varones que se acerquen a contemplar la escena. A la derecha, se constata la presencia de un clérigo que será el donante de la pintura y que aparece retratado en actitud orante.
     Procedente de una colección particular madrileña ha ingresado hace unos años en el Museo de Bellas Artes de Sevilla una representación de La Purificación de la Virgen, que debe de proceder de un desaparecido retablo. Es obra en la cual se describe el momento en que María lleva al Niño al templo de Jerusalén y le presenta ante el sacerdote Simeón. Es obra no firmada, pero que presenta claramente el estilo de Vargas.
     En la Fundación Rodríguez Acosta de Granada, procedente de la colección Gómez Moreno se conserva firmada por este artista una representación de El Juicio Final, obra que Vargas debió de realizar teniendo en cuenta la composición con este mismo tema realizada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina de Roma, aunque interpretando libremente y sin condicionamientos la desbordante obra original del genio italiano.
     La última obra de la que queda constancia dentro de la producción de Vargas es el retablo de La Piedad, que firmó y fechó en 1564 y que fue realizada para la Iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla. En el tema principal de este retablo la Virgen aparece teniendo a Cristo Muerto en su regazo y acompañada de las Marías y de San Juan. Al fondo se abre un dilatado paisaje, sumido en la penumbra y presidido por la orografía del monte Calvario. La iconografía de este retablo se completa con la aparición en sus calles laterales de representaciones de San Juan Bautista y San Francisco.
     Pacheco, al referirse a Vargas en su libro de los Retratos, señala que este artista tenía pintada una Virgen del Rosario en un pilar de la iglesia de San Pablo de Sevilla que desapareció con motivo de las reformas realizadas en este templo hacia 1700. Igualmente han desaparecido las pinturas murales que Luis de Vargas realizó en los muros de la Giralda entre 1553 y 1558, aunque una pintura de Miguel de Esquivel firmada en 1621 y que se conserva en la catedral de Sevilla nos permite adivinar la situación e iconografía de dichas obras. Otras pinturas murales vinculadas a la catedral de Sevilla han desaparecido igualmente; así ocurrió con el Cristo camino del Calvario que pintó en 1561 en un altar situado en las gradas de la Catedral que dan a la calle de Alemanes, que fue sustituido en el siglo XVIII por una copia, la cual por haber estado al aire libre lo mismo que el original está ya también prácticamente perdida. En el interior de la Catedral y en el arco de ingreso a la capilla del Sagrario estuvieron dos representaciones realizadas por Vargas con el tema de Daniel en el foso de los leones y Elías en el desierto, que tampoco han llegado hasta nuestros días (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan Bautista Vázquez "El Viejo", uno de los autores de la obra reseñada;
     Juan Bautista Vázquez "El Viejo". (¿Pelayos?, Salamanca, c. 1525 – Sevilla, 12 de julio de 1588 ant.) Escultor, arquitecto de retablos, pintor, dibujante y grabador.
     Nacido hacia el año de 1525, según López Martínez (1939) posiblemente en Pelayos (Salamanca), era hijo del matrimonio domiciliado en Ávila formado por Isabel Vázquez y Juan Alonso. Los primeros datos conocidos sobre su vida lo sitúan en esta ciudad con taller abierto antes de 1553 y en el que recibe como aprendiz a Gerónimo Hernández, el futuro gran escultor de Sevilla, del que fue su tutor desde 1557 y hasta 1578, año en que su pupilo le reclama las cuentas de su tutoría. Estuvo casado con Andrea Hernández, hermana del escultor Juan de Oviedo Hernández el Viejo, de cuyo matrimonio nacieron su primogénito y sucesor artístico Juan Bautista Vázquez el Joven y Agustina de la Cruz. Llamado a Sevilla para concluir las obras dejadas sin terminar por Isidro Villoldo por el poder de su viuda suscrito en Ávila en 1558, contrae segundas nupcias en 1570 con María Bonilla, hija del pintor Juan de Zamora que muere pronto, pues en 1572 casa por tercera vez con Isabel Valdés, con la que tuvo otros cuatro hijos. Tuvo como discípulos al granadino Melchor Turín y al portugués Amador López y a otros muchos algunos de la categoría de Jerónimo Hernández. Se citan como oficiales a su cuñado Oviedo el Viejo, a Miguel Adán y, recientemente, se ha conocido que también lo fue Gaspar Núñez Delgado.
     No se tienen noticias sobre su formación, pero se sugiere que debió de haber trabajado en Italia pues la noticia dada por Zani en su obra sobre los artistas de Parma sobre un “B. Vazquez spagnuolo, incisore a bulino” apunta con mucha probabilidad a que los datos se refieran al escultor en estudio del que efectivamente se conoce su labor como grabador y que además, según los aportados por Rodríguez Quintana, firma en Toledo el 14 de octubre de 1559 un contrato de compañía con el platero Alejo de Montoya “para ynprimir papeles de stanpa ansi tallados de buril como de aguafuerte”, técnica poco difundida en España. Los claros italianismos de su obra, más acusados que los que pudo conocer en España, apoyan esta hipotética formación en Italia.
     De la etapa abulense destaca la famosa Piedad de su catedral, atribuida al escultor por Gómez Moreno (1931), copia literal en mármol de Carrara de la realizada por Miguel Ángel, salvo en pequeños detalles, como la posición de la cabeza del Cristo, casi reclinada en el hombro de la Madre y la posición de la mano izquierda de ésta que sujeta hacia sí el cuerpo del Hijo, en actitud más maternal que su modelo. Se ha detectado la huella de su arte en otras obras de esta provincia y Parrado destaca su influencia en la obra de Pedro de Salamanca.
     Los años de 1552 y 1553, aún vecino de Ávila, recibe los primeros encargos en Toledo para cuya catedral realiza la Virgen de la Anunciación, grupo completado por Nicolás de Vergara el Viejo, en la Puerta del Reloj, y un Ángel sobre el arco toral. Desde el año de 1554 fija su residencia en la Ciudad Imperial, asociado en muchas de sus obras con Nicolás de Vergara el Viejo. No se conoce la fecha del posible contrato de Compañía, independiente y anterior al que efectivamente se alude en otro documento dado a conocer por Marías sobre “cierto asiento e concierto e companya” que en fecha desconocida habían firmado Nicolás de Vergara el Viejo y Esteban Jordán con Bautista Vázquez el Viejo, para “todas las obras q fuesen [...] del arzobispado de Toledo”, cancelado en 1573 y del que no se tienen otros datos. Su ingente labor toledana abarca las tierras alcarreñas y otras dependientes del poderoso Arzobispado de Toledo para cuya catedral aún se encarga de 1559 a 1561 de los dos retablos del Crucifijo y de San Bartolomé, con la colaboración de Vergara en el primero y la del pintor Comontes en ambos.
     Su primer retablo en tierras de Guadalajara es el contratado en 1554 para la parroquia de Almonacid de Zorita, dependiente de la Orden de Calatrava, con trazas del pintor toledano Juan Correa de Vivar. Se conserva en la Colegiata de Torrelaguna el altorrelieve, que lo presidía, de la Virgen de la Paz, con recuerdos de su Piedad de Ávila y las figuras de su Calvario, la Virgen y San Juan, al que se le repuso la cabeza y el resto de su conjunto en el Convento de Oblatas de Oropesa (Toledo). El magnífico retablo de la Parroquia de Mondéjar (Guadalajara), desaparecido en 1936, fue contratado antes del año de 1555 que Vergara y Vázquez reclaman su pago, según documentó Juan Catalina García y posteriormente Layna Serrano. Gracias a Weise pudo estudiarse a través de sus magníficas fotografías. Sobre un banco de gran desarrollo con figuras de los Apóstoles agrupadas de tres en tres se yerguen los tres pisos y alto remate del retablo organizado en tres calles con entrecalles; solución un tanto arcaica con recuerdos del retablo de la capilla del Obispo obra de Francisco Giralte, precisamente uno de sus tasadores. Posiblemente la parte derecha, con excepción de la figura de San Juan, junto a la custodia, se encomendó a Vergara, por sus figuras más robustas y frontales que las siluetas más nerviosas, helicoidales, de Vázquez en la parte izquierda. Parte del retablo se hizo en Huéscar (Granada) donde posiblemente se encontraba Vázquez encargado con Vergara y el pintor toledano Luis de Velasco, el mismo año de 1555, del desaparecido retablo de la iglesia de esta villa granadina, dependiente del Arzobispado de Toledo. En esta misma fecha, Vázquez se compromete a terminar el sepulcro para Fernando de Córdoba, clavero de la Orden de Calatrava, a colocar en su fundación de Santo Domingo de Almagro (Ciudad Real). Su base de jaspe se encuentra en su lugar de origen y nosotros propusimos la identificación del bulto sepulcral vendido en 1835 con un interesante yacente en mármol con la cruz de Calatrava en el pecho, en el Museo Arqueológico Nacional desde 1899, similar en muchos detalles al sepulcro del inquisidor Corro que Vázquez realiza en su etapa sevillana. Otra de sus obras documentadas en Guadalajara es el retablo de Fuentelaencina. Dos distintos contratos encomendaban su pintura el año de 1556, uno a Luis de Velasco, fiado por Nicolás de Vergara que a su vez aparecía avalado por Juan Bautista Vázquez —“ conoce a los dichos [...] de más de quatro años [...] que son abonados para ser fiadores [...] porque [...] el dicho Nicolás de Vergara [tiene] una casa y que él [Vázquez] es de hedad de treinta e dos años poco más o menos” —; la segunda escritura encarga la pintura a Diego de Madrid, fiado por el escultor seguntino Martín de Vandoma. El estudio estilístico completa la documentación y permite atribuir las pinturas del retablo a Diego de Madrid, las historias escultóricas de su calle central a Vandoma que encabeza el grupo seguntino enfrentado con el toledano del pintor Velasco y los escultores Vázquez y Vergara, impuestos por el Cardenal Martínez Silíceo y que se ocuparían, Vázquez de la estructura y con Vergara del resto de las esculturas y Velasco de su policromía. Asentado sobre un alto sotabanco con los escudos en relieve del cardenal Silíceo, el de la villa de Fuentelaencina y el del Emperador Carlos V se elevan sobre el banco con historias en relieve sus tres cuerpos con remate y tres calles con entrecalles en los que las cajas se destinan a pintura y sólo aparecen las bellas esculturas de los Apóstoles bajo nichos avenerados en las entrecalles y el Calvario en el remate con otras figuras.
     Entre otras obras de esta etapa toledana destaca el bello retablo de Santa María la Blanca en Toledo encargo del cardenal Martínez Silíceo a Vázquez y Vergara del año 1556. Se debe a Vázquez la estructura más progresista del retablo, sin entrecalles, de dos cuerpos con alto pedestal y airoso remate típico del escultor, las figuras hercúleas, recostadas, de la predela, la Magdalena y una sibila, anteriores a las que Becerra esculpió en Astorga y los magníficos relieves de la Huida a Egipto y la fina Epifanía, pudiéndose atribuir a Vergara la Adoración de los Pastores. Se le añadió posteriormente el relieve de la Anunciación.
     La portada del Colegio de las Doncellas de Toledo presenta un relieve en mármol de Carrara con la imagen de Nuestra Señora de los Remedios ante la que aparecen arrodillados el citado Cardenal, su sobrino y tres bellas figuras femeninas. La obra fue contratada con Vázquez el año de 1558, para la que presenta un bello dibujo, localizado por Palomero, único conocido del artista. Hay otras noticias más o menos directas sobre su intervención en otras obras en la zona como las referidas a los retablos de Villar del Pedroso (Cáceres) contratado por Vázquez, Vergara y Velasco, que se traspasa a otros artistas o la que concierne al de la iglesia del El Casar (Toledo). También se le han atribuido otras obras, entre las cuales quizás la más significativa sea la del retablo del trascoro de la Catedral de Burgo de Osma, de estructura muy original de un solo cuerpo con siete calles y un complicado remate, especie de templete circular, en la actualidad separado del conjunto. Sus bellísimas esculturas, como la del San Miguel y los Santos Cosme y Damián o el San Pedro del templete, aparecen muy próximas al arte de Vázquez Su estancia en Sevilla se inicia el año de 1561, aún vecino de Toledo, encargado de terminar el retablo de la Cartuja de las Cuevas que dejó sin concluir Isidro Villoldo y allí residió hasta su muerte en 1588.
     Su labor en estas tierras se extiende a toda Andalucía y abarca prácticamente todos los campos de la escultura en sus distintos materiales (madera, mármol, bronce), sea la retablística, la devocional de imágenes exentas incluida la procesional, la funeraria, la construcción de monumentos efímeros, la mitológica o la tan inusual decoración de la Nao de don Juan de Austria. De su época sevillana, son los escasos restos de su arte del grabado, sus perdidas obras de pintura, su trabajo en la lauda funeraria en bronce de Perafán de Ribera, sus modelos para ser fundidos en bronce y la difusión de su obra en América.
     El año 1562 se ocupa de los relieves en las alas del Retablo mayor de la Catedral, en el que repite el de la Huida a Egipto toledano de Santa María la Blanca y otros con temas del Génesis como el finísimo de la Creación de Eva. Con la colaboración de Juan Giralte se le paga el mismo año las esculturillas para el remate del tenebrario diseñado por Hernán Ruiz II, posiblemente ejecutadas por “los patrones con que se obieren de fundir” por Morel, equipo, con la excepción de Giralte, que quizás unido por trato de compañía aparece en otras obras como el perdido candelabro para la Cartuja de las Cuevas (1561) documentado por Morales. Algo más tarde, en 1565, se le encarga, para el templete que corona el gran facistol de la Catedral, una bellísima Virgen con el Niño en pie, uno de sus prototipos marianos que repite su atribuida Virgen de las Fiebres procedente de la Iglesia de la Magdalena donde efectivamente trabajó el escultor en 1564 o su documentada Virgen de la Piña (1577), en la iglesia de Santa María de la Oliva en Lebrija (Sevilla) que dentro del modelo denuncia la influencia romanista que introducirá en Sevilla su discípulo Hernández.
     Completa el templete con un Crucifijo y los cuatro Evangelistas en mal estado de conservación, siendo también responsable de los dibujos “para el embutido de lo alto”, frase de significado no aclarado. Ya por estas fechas, su nombre aparece en obras de gran importancia de la provincia de Sevilla donde se ocupa del gran retablo de la Iglesia de Santa María, en Carmona (Sevilla) por “dexamiento” de Nufro Ortega en 1563. De estructura más clasicista, se compone de cuatro cuerpos y cinco calles con banco y alto remate.
     La Virgen con el Niño, sedente, elegante y de suave expresión preside su calle central y aunque típica de su arte refleja no obstante la influencia del modelo de Torrigiano. Por estas fechas de 1563, labra, para el hastial de la Iglesia de las Cinco Llagas, las figuras de relieve en mármol genovés de las tres Virtudes Teologales con las que inicia su serie de trabajos sevillanos en este material y por semejanzas estilísticas se le atribuye el precioso tondo de la Virgen con el Niño que hoy decora la portada de la Iglesia de la Universidad (1565-1575). En 1564, por condiciones de Hernán Ruiz II se ocupa del monumento sepulcral de Antonio Corro que se conserva en la Colegiata de San Vicente de la Barquera (Santander), es una de sus mejores obras en mármol de Carrara, destaca la serenidad del yacente y la finura de la decoración de la cama sepulcral. La obra decidió al cliente a encargarle en 1565 la Portada y Tabernáculo del Sagrario de la Catedral en mármol, obra no terminada según consta en su testamento, dado a conocer por Carrasco, donde, posteriormente, se ocupa de la fastuosa decoración de su Sala Capitular para la que se le encarga en 1583 “un dibujo y un modelo grande” para el banco y en la que se le atribuye el relieve de la Asunción de la Virgen inspirado directamente en un grabado de un dibujo de Zúccaro, lo que confirma las palabras de Pacheco sobre la práctica en su taller y en el de Pesquera de utilizar este tipo de materiales. Entre 1565 y 1568, se lleva a cabo la monumental figura de la Fe, el famoso “Giraldillo”, para coronar el remate final que Hernán Ruiz había añadido a la Giralda. Encargado de su arquitectura el mismo Hernán Ruiz y de su diseño Luis de Vargas, se atribuye a Vázquez el modelo escultórico tanto por el estilo de la figura, fundida por Morel, como por el equipo que interviene en su ejecución. Los años de 1565 a 1570 ocupan a Vázquez en innumerables obras en la provincia sevillana como el conservado retablo de San Lorenzo, con el pintor Pedro de Villegas, para la iglesia de la Asunción de Écija (1570), y otras varias, perdidas, en la de Huelva. Más interés presenta el encargo que se le hizo en 1569 para decorar la popa de la famosa Nao de don Juan de Austria, la Galera Real cuya descripción por Juan de Malara permitió la reconstrucción moderna de su maqueta en los Museos de las Atarazanas de Barcelona. El citado texto determina que para “poner en perfección [...] y dar forma a la popa y galera [...] se reparte la labor de dicha popa en quadros, términos y frisos. Los quadros serán de pintura los términos de medio relieve entallados en madera, y los frisos de baxo relieve y esto sin las obras llenas de madera, que han de tener conforme a lo ordinario [...]”. Juan Bautista Vázquez se ocupará del trabajo de escultura y Benvenuto Tortello de lo tocante a la arquitectura de acuerdo a la traza final dada por Cristóbal de las Casas. Vázquez realizó nueve historias en madera de nogal “embutido lo que es historia con la taracea cortadas en piezas de naranjo” otra faceta del arte del escultor que recuerda trabajos similares genoveses.
     Los muy recientes estudios sobre esta interesantísima obra, verdadero Palacio flotante, perdida en la batalla de Lepanto (1571) destacan el extenso y complicado programa iconográfico desarrollado en sus pinturas de carácter profano y un número importante de representaciones escultóricas del mismo género. Por estos años, se ocupa con Diego de Pesquera de la realización de tres fuentes (1570-1572) diseñadas por Asensio de Maeda que, por orden del primer conde de Barajas, decoraron los jardines de la Alameda, de las que posiblemente son algunos restos aprovechados en fuentes posteriores. La actividad del artista en esta década de 1570 continúa con otras numerosas obras. Contrata este año el controvertido sepulcro en mármol alabastrino de Francisco Martínez Silíceo para cuyo tío tanto trabajó en Toledo, conservado en mal estado en su capilla de Villagarcía en Badajoz.
     Por estas fechas, en 1573 se ocupa de la lauda sepulcral en bronce, fundida por Morel, de Perafán de Ribera, primer duque de Alcalá, muerto en 1571 que en su testamento aclara que la “dexo hecha para este efecto” en la que destaca el bellísimo dibujo de la efigie del difunto. Contrata con su suegro, el pintor Juan de Zamora, obras para la iglesia de San Pedro de Sevilla y aún en 1571, probablemente, contrata el retablo de la Sagrada Lanzada en el Convento de la Madre de Dios, en la Capilla del Correo, Rodrigo Jerez, personaje relacionado con Lima que pudo proporcionar a Vázquez los encargos que recibe de aquellas tierras. El año de 1572 su pupilo Jerónimo Hernández contrata el suntuoso retablo de la parroquia de San Mateo de Lucena (Córdoba), cuya imaginería se encomienda a Vázquez y su taller con la excepción de los relieves del banco y del remate, obra de Hernández.
     La monumental fábrica concebida bajo presupuestos serlio-palladianos consta de tres cuerpos y cinco calles en los que destaca la belleza de los relieves enmarcados por arcos de medio punto en el primer cuerpo. Se policromó en 1607 por Antonio de Mohedano y recién restaurado se ha podido apreciar la calidad del conjunto y sus partes. Esta prodigiosa labor retablística se extiende por otras regiones andaluzas y así se ocupa con su discípulo granadino Melchor Turín, desde el año de 1575, de la imaginería del magnífico retablo de la iglesia de Santa María en Medina Sidonia (Cádiz). En los nichos de su arcaica estructura, debida en gran parte a Roque de Balduque, se desarrollan sus historias en alto relieve, de calidad diversa que denuncian en muchos casos la mano de Turín pero siempre bajo la directriz de Vázquez. El año 1574 contrata, por orden del Cabildo, la imagen de San Pablo, recientemente localizada por Porres en la iglesia de su advocación en Écija pero no se conoce su exacta intervención hacia 1579 en la Capilla de la Encarnación de la Catedral de Málaga, ciudad con la que había tenido contactos anteriores y es muy larga la lista de obras emprendidas en estos últimos años de su vida perdidas o no localizadas.
     En su importante obra americana, destaca el retablo del Rosario para la iglesia de Santo Domingo de Lima que alberga una imagen de la Virgen, de Roque de Balduque, otro de los artistas al que sustituyó en muchos casos, el finísimo Calvario de la Catedral de Tunja (Colombia) (1583) y el Resucitado del Monasterio de Montserrat de Bogotá (Colombia) (1584), siendo numerosas las noticias sobre el envío de sus obras a estas tierras incluidas las de México, Ecuador, Puerto Rico y otras y muy claras de las atribuciones a su quehacer de obras localizadas en estos países de Hispanoamérica, avaladas por su estilo y las noticias mencionadas. Los restos de su última obra para Llerena (Badajoz) (1586), en la Capilla del Prior Gonzalo de la Fuente, desmerecen del total de su producción, quizás por el cansancio de la edad, aunque también puede influir en su apreciación el mal estado de conservación de su San Jerónimo que, en madera, sigue el modelo del Torrigiano.
     La documentación y algunos escasos restos nos muestran la interesante faceta de Vázquez como pintor, dibujante y grabador, diversificación artística que, como ya se ha dicho, apoya muy directamente su estancia en Italia. Ceán Bermúdez, siguiendo a Pacheco, mencionó su perdida pintura de la Virgen de la Granada en la Catedral de Sevilla y también desaparecieron lógicamente las pinturas que realiza para unos monumentos efímeros en Toledo y Carmona. Tampoco se han localizado los dibujos de las trazas que hubo de presentar en la ejecución de sus obras como el que menciona la documentación para el banco de las Salas Capitulares de la Catedral de Sevilla, pues sólo se conoce el citado del Colegio de las Doncellas, bello dibujo que contornea las siluetas de la Virgen sedente con el Niño en el halda y las de las tres jóvenes a su lado izquierdo y a la derecha las de las figuras del cardenal con su sobrino.
     La maestría de sus líneas levemente sombreadas presenta claros recuerdos no sólo de Berruguete sino de las fuentes de las que éste bebió y otras algo posteriores del círculo del primer manierismo internacional. El dibujo de Juan de Mal Lara realizado por Pacheco en su Libro de Verdaderos Retratos se inspira en el grabado localizado por Palomero que aparece en el libro del célebre humanista, In apthonii progrym.Scholia, conservado en la Biblioteca Nacional de España (Madrid) y que incluye una inscripción alusiva al grabador “Baptista expressit Vasques...” y presenta un segundo grabado enmarcando la dedicatoria al Conde de Gelves en 1567 con las iniciales del artista: B y V. Un tercer grabado se reproduce en una de las obras más conocidas de Mal Lara, su Philosophia Vulgar, también en la Biblioteca Nacional de Madrid, en el que aparecen las iniciales del escultor “IBV” enmarcadas en una cartela. Vázquez delinea con soltura sombreando con finas líneas en paralelo produciendo la sensación buscada de claroscuro y volumen.
     El conjunto de toda su obra define su estilo sereno, elegante, preciosista, lejos de las obras de Berruguete que, no obstante, influyó en su obra, sin apenas brotes del miguelangelismo, aunque también bebiera en esta cantera, más en la línea sansovinesca florentina aunque su suave manierismo apunta efectivamente a Parma, y no sólo por la cita de Zani, y también denuncia otras influencias quizás del círculo romano de Perino del Vaga de hacia 1545-1546.
     El 10 de junio de 1588 otorgó testamento en Sevilla, cuya apertura se produjo el 12 de julio siguiente (Margarita Estella Marcos, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Bartolomé Morel, uno de los autores de la obra reseñada;
     Bartolomé Morel. (Sevilla, p. t. s. XVI – c. 1579). Fundidor de la Real Casa de Artillería.
     Hijo del también fundidor Juan Morel el Viejo, con quien trabajó en su taller, y padre de Juan Morel Ribera, del mismo oficio. Su categoría como fundidor se ve reflejada en tres de los trabajos que realizó para la catedral sevillana, el facistol, el tenebrario y el Giraldillo.
     Entre 1559 y 1562, concertó con Pedro Delgado el facistol, según modelo de Juan Giralte, concretando también la fundición del pie del tenebrario.
     Dos años más tarde, en 1561, aparece como fiador de Cosme de Sorribas en el contrato que realizó para el pasamanos de la capilla del mariscal Diego Caballero en la catedral, diseñado por Hernán Ruiz, encargo que volvió a repetir diez años más tarde. Un año después de aquella fecha, recibió 100.000 maravedís a cuenta del referido tenebrario, a la vez que se obligaba a pagar a Bartolomé de Vallejo 36.744 maravedís por ocho quintales de cobre. En 1564 actuó como mediador en la devolución de unos fuelles propiedad de Francisco Gallego que se encontraban en el taller de Pedro Valera.
     En febrero de 1565 trabajó en diferentes obras entre las que destacan los remates de hierro para la Giralda, de nuevo según diseño de Hernán Ruiz, dos candeleros para el monasterio de Santa María de las Cuevas y, actuó como fiador de su hijo Juan Morel, fundidor de artillería, en el contrato realizado por éste para una campana de la iglesia de Santa Ana de Triana. Entre 1566 y 1568 realizó la obra más significativa de su carrera, que fue la magnífica estatua-veleta en bronce de la Fe que remata la torre de la Giralda, según diseño de Luis de Vargas y Juan Bautista Vázquez el Viejo, vestida a la romana con casco y penacho sobre la cabeza, representando el triunfo de la Iglesia.
     En el Alcázar sevillano realizó distintos trabajos, como el efectuado en 1542 para las cuatro rejas destinadas a la Sala Grande de las Bóvedas, trabajo que se prolongó hasta 1578. Posteriormente, en 1576, trabajó en la fuente de Mercurio de los jardines del Alcázar, según diseño de Diego de Pesquera. También realizó otra representación de Mercurio para la fuente de la plaza de San Francisco, actualmente desaparecido (Josefa Mata Torres, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Giraldillo, de Hernán Ruiz II, Luis de Vargas, Juan Bautista Vázquez el Viejo, y Bartolomé Morel, en la Giralda, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Giralda, en la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de la Encarnación) de la localidad de Baza I, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de la Encarnación) de la localidad de Baza I, en la provincia de Granada.
     Baza, el municipio más extenso de la provincia de Granada, está situado en la cabecera de su comarca, al norte de la provincia. Actualmente, es el principal centro urbano del nordeste granadino y comparte titularidad episcopal del Obispado de Guadix-Baza.
     Debido a su dilatada historia, cuenta con numerosos yacimientos arqueológicos y monumentos de gran valor histórico y cultural como la ciudad íbero-romana de Basti o sus dos necrópolis, en una de las cuales se descubrió a La Dama de Baza, estatua que data del siglo IV a.C.
     Su entorno medioambiental ofrece paisajes tan diferentes como la Sierra de Baza, que fue declarada Parque Natural en 1989, con cimas superiores a los 2.000 metros, las tierras semidesérticas -como los badlands del Altiplano- o el verde oasis de su Vega. Este espectacular marco natural se brinda al visitante para la práctica de todo tipo de deportes, como el senderismo, los paseos en bicicleta o incluso el vuelo libre para los más atrevidos. Además, Baza ofrece al visitante la posibilidad de hospedarse en una casa cueva y disfrutar de la vida vernácula.
     Región: Geoparque de Granada
     Código Postal: 18800
     Distancia desde Granada: 107 Km
     Gentilicio: Bastetanos
     Acceder a su website: www.ayuntamientodebaza.es (Diputación Provincial de Granada).
     El territorio que comprende la comarca de Baza ha estado poblado por asentamientos permanentes desde el período Paleolítico. La capital comarcal se halla rodeada por un extenso Parque Natural que aún conserva parajes de gran interés arqueológico, como los cerros del Santuario, Largo y Cepero, donde estuvieron asentadas diversas necrópolis así como el enclave ibérico de Basti. Durante el pe­riodo romano se instaló un núcleo de población sobre el emplazamiento actual de Baza, transformado a partir del siglo VIII en la urbe musulmana. En los siglos subsiguientes Baza fue adquiriendo un papel significativo en la organización del territorio, especialmente durante el período nazarí, prueba de lo cual sería el complejo sistema defensivo que protegía la medina y sus arrabales y lo conectaba con el entorno inmediato, como demuestran las torres almenaras de Espinosa, Capel o Media Legua. La ciudad, organizada en torno a la alcazaba y la medina (área de la Plaza Mayor), integraba varios arrabales, como los de Churra (barrio de la Merced), Algedid (barrio de San Juan), Marzuela (barrio de Santiago), Calacajar (entre la Cava Baja y la calle Ancha) y Hedar (barrio de Rabalía). En cada uno de ellos aún es posible hallar testimonios de ese legado, ya en el trazado irregular y recóndito de sus callejas, ya en la pervivencia de algorfas y azucaques. El ejército castellano sometió a la ciudad a un estrecho y duro cerco durante más de seis meses, hasta que finalmente el 4 de diciembre de 1489 Baza se rindió. La ciudad mantuvo su estructura urbana prácticamente inalterada hasta el último tercio del siglo XX, en que un tímido desarrollismo económico y el auge inmobiliario han originado un alarmante proceso de empobrecimiento patrimonial (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Baza es cabecera del partido judicial de su nombre, se sitúa al nordeste de la provincia de Granada, en el contacto existente entre la formación montañosa de la Sierra de Baza y la depresión que se extiende a la falda de su cara norte. Se trata, tal depresión, de una cuenca intramontañosa conocida como Hoya de Baza que se originó a finales de la Era Terciaria (Neógeno) cuando tuvo lugar el plegamiento de las Cordilleras Béticas. Se caracteriza por poseer una gran extensión y porque sus materiales de relleno, depositados durante el Neógeno y el Cuaternario, alcanzan en determinadas zonas un espesor notable. La mitad sur de su término municipal está ocupada por la Sierra de Baza, declarada Parque Natural, que alberga una gran variedad botánica y faunística junto a restos arqueológicos de gran valor como los encontrados en el monte Jabalcón.
     El municipio de Baza pertenece a la Demarcación Paisajística de Hoyas de Guadix, Baza y Los Vélez. 
     Baza es la cabecera de la comarca que lleva su nombre y se encuentra en el Altiplano que se extiende al Noreste de la provincia de Granada. Es el municipio mas extenso de la provincia de Granada, con algo mas de 545 Km2.
     El conjunto histórico de Baza, declarado Bien de Interés Cultural en 2003, ha tenido como centro neurálgico desde la Edad Media la Plaza Mayor, dominada por la fortaleza de la alcazaba, y en cuyo ámbito se situaban los edificios símbolos del poder civil (ayuntamiento, audiencia del corregidor, cárcel) y religioso, eje de la actividad económica y lugar de la mayoría de los actos cívicos, devocionales, sociales y festivos.
     Actualmente perviven el plano urbano bajomedieval en su estructura física (sistema viario y organización espacial), y una gran homogeneidad en el paisaje construido, en el que, pese ciertas  alteraciones, la secuencia histórica preindustrial es claramente perceptible, sobre todo en sectores bien determinados como el barrio de la morería.
     La morfología urbana se sustenta en tipologías domésticas en su mayoría, junto con tipologías monumentales de gran calidad artística y arquitectónica, dotando a la estructura urbana de gran coherencia.
     El caserío tradicional, conservado en gran parte, es representativo de una tradición edilicia de carácter consuetudinario, con soluciones técnicas y formales altamente singulares (empleo de aleros con canecillos de tradición mudéjar, distribución funcional en altura con planta ático reservada a cámaras, etc.).
     El resultado del devenir histórico es un legado patrimonial uniforme con una trama y parcelario histórico que refleja la ciudad bajomedieval, que tras pequeñas expansiones posteriores se consolida a mitad del siglo XIX manteniéndose en la actualidad.
     La ciudad de Baza fue fundada en el siglo IV a.C. por el pueblo íbero, permaneciendo ocupada desde el Neolítico.
     El nombre de Baza proviene de Basti, nombre que le pusieron los romanos a la ciudad, al parecer continuación del nombre con que era conocida en época ibérica, que era capital de la región, conocida como "Bastetania" o "Bastitania". 
     Los árabes transformaron el nombre en "Medina Bastha" o "Batza" como lo escribió Abd -el- Aziz al incluir Basti entre las ciudades conquistadas.
     La ciudad de Baza tuvo que ser un lugar muy importante debido a los restos que se han hallado en sus alrededores (La Dama de Baza y el Guerrero), sobre todo de los íberos. La llegada del imperio romano convirtió a la ciudad en un gran centro comercial, con el asentamiento de los árabes en el 713 se construye el recinto amurallado para proteger la medina.
     En el siglo XII fue tomada por los almohades, y en 1234 por Ibn al Ahmar, primer rey nazarí de Granada. Durante el reinado de Muhammad V, a mediados del siglo XIV, la ciudad alcanza su máximo esplendor. En 1489 es conquistada por los Reyes Católicos entrando en decadencia con la expulsión de los moriscos.
     En el siglo XVI la Baza cristiana comienza a proliferar de nuevo, como puede verse en el desarrollo urbanístico, conservándose aún la trama medieval (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
     Milenaria, noble y privilegiada ciudad, cabecera de la comarca del Altiplano, al pie de la sierra de su nombre, declarada Parque Natural, al sur de la Hoya de Baza y al lado de la autovía A 92, en uno de los enclaves de Andalucía mejor dotados por la naturaleza.
Historia
     Los numerosos yacimientos arqueológicos localizados en su término constituyen la prueba de un poblamiento que se remonta al Paleolítico. Hace unos 2.500 años, un pueblo íbero, el bastetano, fundó la ciudad de Basti, antecedente de la ciu­dad actual, que dio nombre a la Bastetania, una extensa región que abarcaba la mayor parte de Andalucía Oriental, extendiéndose hasta Albacete y Murcia.
     Poderosa población, Basti mantuvo relaciones comerciales con fenicios, griegos y cartagineses. Perdió relevancia con los romanos, pero la recuperó con los musulmanes, bajo cuya dominación se convirtió en un importante centro de producción de seda y de azafrán.
     El 4 de diciembre de1489 cayó en poder de los cristianos, tras un largo asedio. La expulsión de los moriscos en 1570 provocó su decadencia, de la que no inició su recuperación hasta pasada la mitad del siglo XX. Hoy es una ciudad en expansión, con un riquísimo patrimonio cada día más apreciado por el turismo.
Gastronomía
     Potente y con reminiscencias de la época musulmana, su elaboración se basa en los productos del campo, tanto cultivados como salvajes. Entre sus platos más tradicionales están las gachas tortas, con liebre de monte; el testuz, guiso de habas secas, judías blancas, tocino, patatas y productos del cerdo; la gurupina, guiso de setas con bacalao, los gurullos, con perdiz o con liebre y el cordero segureño.
     En la mesa bastetana no faltan el buen jamón ni los buenos embutidos, ni un excelente queso de cabra. Y de postre, el bien­mesabe.
Artesanía
     Actualmente se trabaja la cerámica, se elaboran artículos de esparto y mimbre de uso cotidiano y decorativo y se hacen guitarras.
Fiestas
     El carnaval, en febrero, la Semana Sama y Santa Bárbara, el 4 de diciembre, son fiestas de gran participación popular. Muy celebradas son también las Mayas, cruces de mayo, el día 3 de este mes. En Junio se celebra un interesante Festival Internacional de Música y en agosto un Festival de Música y Danza Populares, mes en el que tiene lugar también el día del bastetano ausente, el 15. Pero la fiesta por excelencia de Baza es la del Cascamorras, el 6 de septiembre, que además sirve de pór­tico a la Feria Grande, en honor a la Virgen de la Piedad.
VISITA
     El casco histórico de Baza es de conside­rables dimensiones y sigue conservando sustancialmente la traza que le dieron los musulmanes, con la alcazaba como centro de la medina y los arrabales constituidos por distintos barrios alrededor, como los de la Churra, la Marzuela, o el Algedid, que ya en tiempos cristianos adquirieron los respectivos nombres de la Merced, Santiago y San Juan, centrados por sus correspondientes parroquias.
     La alcazaba se sitúa, aproximadamente en el centro geométrico del caserío. En la actualidad, sólo quedan algunos restos rodeados de jardines. Bajo ella se encuentra la Plaza Mayor, centro administrativo de la población y corazón de la antigua medina agarena. Espacio señorial y acogedor a un tiempo, en él se encuentran tres de los hitos importantes de la población. En primer lugar, el Ayuntamiento, edificio construido entre 1830 y 1835. Concebido para cárcel, las reformas posteriores han cambiado bastante su imagen, Son notables la fachada, de carácter academicista, y el patio central, adintelado y con arcos apuntados en los ángulos.
     En la plaza está también la iglesia de Santa María la Mayor, Monumento Nacional y gran edificio gótico, construido en el solar de la antigua mezquita aljama, que debió rehacerse en parte siguiendo el estilo renacentista tras el terremoto de 1531. La portada principal es plateresca. La torre, a los pies, presenta cinco cuerpos, los tres inferiores de planta cuadrada y los dos superiores, en los que se alojan las campanas, octogonales. El interior resulta grandioso. Tiene tres naves separadas por pilares cilíndricos de los que parten los nervios que forman las bóvedas, ofreciendo desde abajo la impresión de elevadas palmeras. A los pies lleva el coro, de carácter neoclásico. Tiene también girola en la que se inscriben seis capillas absidales. La capilla mayor tiene planta poligonal con bóvedas igualmente de crucería, figurando en el centro un baldaquino con una imagen de la Inmaculada labrado en 1952 para sustituir al destruido durante la Guerra Civil. La capilla del Sagrario, junto a la puerta de la Encarnación, fue diseñada por Diego de Siloé y construida por Rodrigo de Gibaja, concluyéndose en 1536.
     El tercer edificio importante de la plaza es el Ayuntamiento Viejo. Se trata de un gran caserón renacentista que albergó además del Cabildo, la casa del Regidor y la cárcel. Se inauguró en l590, cumpliendo su función hasta 1984. En 1998, tras una profunda restauración, se instaló en su interior el Museo Arqueológico. El acceso se hace a través de una logia formada por un triplete de arcos de medio punto sobre columnas corintias y con un bello artesonado de casetones hexagonales, siendo especialmente interesante la antigua sala capitular, por la espléndida armadura renacentista de influencia mudéjar. El museo tiene cuatro salas en las que se reúnen interesantísimas colecciones de objetos que van desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna. En él se encuentra la Dama de Baza, aunque sólo se trate de una copia, pues el original, dada su excepcionalidad, se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Se trata de un exvoto funerario del siglo IV a.C., siendo localizada en 1971 en la necrópolis del cerro del Santuario.
     Entrando por el arco de la Magdalena, donde estuvo la puerta de Guadix, se alcanzan la­ casa del Abad, de 1796, y la casa del Regidor Antonio Candeal, de la misma época, dos de los buenos edificios de carácter privado con los que aún cuenta Baza.
     Doblando por Zapatería y luego, a la derecha, por Arresto, se llega a la iglesia de la Merced, en la plaza del mismo nom­bre. Construida, según la tradición, en el solar de una antigua ermita mozárabe destruida por los almohades, formó parte del convento que los mercedarios instalaron en la ciudad en la segunda década del siglo XVI, convento, que, muy reformado ocupan actualmente los franciscanos. El templo, al que el ejército napoleónico robó una extraordinaria colección de obras de arte y objetos de orfebrería de incalculable valor, lleva una portada de dos cuerpos realizada en mármol gris de Macael en 1776. El interior tiene tres naves separadas por arcos de medio punto. La zona más interesante es el presbiterio, cubierto con bóveda estrellada. En él se encuentra el camarín en el que se venera la imagen de la Virgen de la Piedad, localizada, según la leyenda, en 1490 por el accitano Juan Pedernal. No obstante, la imagen no debe ser anterior al siglo XV, aunque aún muestra en el rostro la huella de un fuerte golpe, quizás el que Pedernal le diera con el pico al descubrirla. En cualquier caso, esta Virgen es desde entonces la Patrona de Baza. 
     La calle Zapatería lleva, hacia el norte, hasta la iglesia de San Juan, en la plaza del mismo nombre, templo mudéjar, con aportaciones góticas y renacentistas de principios del siglo XVI sobre una mezquita anterior. De aspecto sencillo al exterior, con la torre, semejante a un alminar con campanas, a los pies, por dentro presenta tres naves separadas por arcos formeros en ligera ojiva, la central de mayor envergadura que las laterales. Las bóvedas de yeso que cubren a las tres se realizaron en el siglo XVIII, ocultando las cubiertas mudéjares de madera, que en la nave central es de lacería policromada. La bóveda de la capilla mayor es la original, estrellada, con florones en los cruces y uno mayor en la clave. Aquí se encuentra la Virgen del Carmen, en un buen retablo de finales del siglo XVI tallado por Gabriel de Freila, aunque con reformas realizadas en el siglo XVI y después de la Guerra Civil. 
     En la plaza se ven dos casas llamadas por los bastetanos de los Balcones de Palo, por las balconadas de madera que poseen. Son dos ejemplares de viviendas populares mudéjares del siglo XVI que, aunque reformadas en el interior, conservan intactas las fachadas originales.
     Desde San Juan, la Cava Alta lleva a la plaza de las Eras, donde se ha levantado una estatua dedicada al Cascamorras.
     De aquí, bordeando el parque de la Ala­meda, parte la Carrera de Palacio, hacia el final de la cual se encuentra el palacio de los Enríquez, ejemplo de gran vivienda palatina rural renacentista, de influencia italiana, construido entre finales del siglo XV y comienzos del XVI por Enrique Enríquez y su esposa María de Luna. En su interior conserva espléndidas armaduras mudéjares, preciosamente decoradas a base de candelieri y otros motivos renacentistas, destacando especialmente la del salón principal.
     Junto al palacio se alza el monasterio de San Jerónimo, fundado por el matrimonio Enríquez-Luna como su lugar de enterramiento bajo la advocación de Santa María de la Piedad. Desamortizado en 1836, actualmente parte de sus restos se encuentran integrados en un edificio privado. La iglesia fue saqueada en 1936, encontrándose actualmente en proceso de rehabilitación.
     Siguiendo, desde la plaza de las Eras, la avenida de Andalucía, se llega al barrio de las Cuevas, con viviendas trogloditas todavía en uso. Próxima a la plaza de las Eras, al lado de donde estuvo la puerta del Peso, se encuentra la fuente de los Caños Dorados, gran pilar construido en 1607 como abrevadero para las bestias de los viajeros que recorrían este camino y también de las que llevaban a cabo la trilla en la plaza de las Eras, labor de la que ésta recibe su nombre.
     Bajando por Alamillos y del Agua y doblando por Poyos se llega a la iglesia de Santiago, en la plaza del mismo nombre, templo que fuera construido a comienzos del siglo XVI en el solar del la mezquita del arrabal de Marzuela, con importantes reformas en el siglo XVII. Tiene tres naves, la central cubierta con armadura mudéjar y las laterales con bóveda de crucería. Un arco toral apuntado separa la capilla mayor, cubierta con una soberbia arma­dura mudéjar octogonal de lacería a base de abanicos, con el almizate pintado de candelieri y adornado con ángeles tallados, apoyada en pechinas aveneradas.
     Por debajo de la plaza de Santiago se sitúan los Baños árabes de la Judería o de la Marzuela. De construcción almohade y bien conservados, constituyen uno de los mejores ejemplos de este tipo de construcciones islámicas de toda Andalucía. Tienen fábrica de ladrillo visto, con bóvedas de cañón y arquerías sobre columnas de mármol y también de ladrillo. Mantienen prácticamente intactas sus distintas salas y dependencias.
     Por debajo de la Plaza Mayor, se encuentra la de la Encamación, próxima a la cual, en la calle de su nombre, se levanta la iglesia de los Dolores, único templo puramente barroco edificado en la ciudad. Formó parte del oratorio de San Felipe Neri, instalado en Baza en 1676 y clausurado en 1844. La iglesia tiene una singular fachada construida en piedra y compuesta por un arco rebajado de vetusta apariencia flanqueado por dos potentes columnas salomónicas sobre alto basamento. El interior tiene una sola nave con capillas laterales, la primera cubierta con bóveda de cañón y lunetos y las capillas con bóvedas de arista. En el crucero se alza una briosa cúpula de media naranja sobre pechinas decorada con yeserías policromadas. La capilla mayor acoge un fantástico camarín rococó de madera tallada, compuesto por cuatro arcos sobre estípites en los que apea la cúpula, un prodigio decorativo a base de yeserías que parten de una estrella central y se desarrollan mediante molduras, hojarasca, espejos y pedrerías, de gran valor artístico.
     Muy próxima a esta iglesia está la plaza de la Trinidad. En ella se levanta el Pósito. Construido hacía 1762 para almacén de cereales, fue sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Baza, tam­bién casa de comedias, siendo actualmente una residencia particular. Conserva un buen patio claustral con arcos rebajados sobre columnas de mármol en la planta baja y de medio punto sobre columnas de hierro en la segunda.
     Al este dela iglesia de los Dolores, en la plaza de su nombre, se sitúa el convento de Santo Domingo, construido pasada la mitad del siglo XVI en el solar de una mancebía. La Desamortización y el posterior abandono le causaron graves daños. En 1935, el arquitecto Femando Wilhelmi construyó en parte de él un cine. No hace mucho se ha restaurado el claustro y el coro de la iglesia, que se ha acondicionado como centro comercial.
ALREDEDORES
     Unos 15 km al norte de la ciudad se encuentra el embalse del Negratín, con embarcadero, playa, deportes náuticos y restauración. Al sur, y desde las mismas puertas del caserío, se extiende el Parque Natural de la Sierra de Baza, con gran riqueza paisajística, así como de flora y fauna, y enormes posibilidades recreativas y deportivas (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Granada. Anaya Touring. Madrid, 2009).
Historia.-
     La ciudad de Baza fue fundada en el siglo IV a.C. por el pueblo íbero de los bastetanos con el nombre de Basti. En la época íbera vivió sus años de mayor esplendor, siendo capital de La Bastetania, un amplio territorio que abarcaba la Andalucía oriental y el sureste murciano-manchego.
     El Imperio Romano la convirtió en un gran centro comercial y en el año 713 fue ocupada por los árabes, que le dieron el nombre de Medinata Bastha y construyeron un recinto amurallado para proteger su medina. De ese periodo, destacan el actual barrio de Santiago o la antigua judería, donde se encuentran los baños públicos (siglo XIII) mejor conservados de época árabe.
     A partir del siglo XII, la ciudad fue casa de los Almohades hasta que en 1234 fue tomada por Ibn al-Ahmar, el que sería el primer rey nazarí de Granada. Alcanzó su máximo esplendor durante el reinado de Muhammad V, a mediados del siglo XIV. Después fue perdiendo protagonismo debido a la inestabilidad bélica hasta que cayó en manos de los Reyes Católicos, tras dos campañas consecutivas y más de siete meses de asedio, el 4 de diciembre de 1489, día de Santa Bárbara, patrona de los bastetanos.
     Años después fueron expulsados los moriscos y fue repoblada por nuevos colonos. A partir del siglo XVII, la ciudad entró en un periodo de letargo del que se fue recuperando poco a poco (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Santa María de la Encarnación.-
     El conjunto se alza sobre el solar de la antigua Mezquita Mayor, purificada y consagrada como iglesia cristiana tras la conquista. Una vez erigi­da en Colegiata, el cabildo acordó su reconstruc­ción el 12 de diciembre de 1528. A tal fin se proyectó un templo gótico, según el modelo de la catedral de Murcia, cuya traza debió ser de cruz latina de una o tres naves y trascoro, encargándose la ejecución a los canteros vizcaínos Pedro de Urrutia, Juan de Arcega y Eusebio de Praves. El terremoto de 1531 asoló la obra construida Y se hizo preciso reiniciarla, pero esta vez contando con el apoyo del arzobispo de Granada y del propio emperador Carlos V. Se pensó entonces en Alonso de Covarrubias para reedificarla, quien emitió un informe por el cual consideraba conveniente cambiar el plan inicial por otro renacentista. Ante la resistencia del cabildo colegial, el arquitecto elaboró un nuevo proyecto en el que se mantenían las capillas absidales góticas ya construidas, suprimiendo el trascoro y trazando en su lugar una girola, con lo que se lograba resolver el problema espacial. Las obras, con arreglo a la nueva traza, fueron encomendadas a Rodrigo de Gibaja en 1534. El Renacimiento en esta zona estuvo muy influenciado en cuanto a soluciones constructivas por maestros castellanos, especialmente toledanos; sin embargo, res­pecto a las tradiciones decorativas se halla una clara inspiración en la arquitectura conmemorativa granadina. Esta circunstancia se advierte cla­ramente en las portadas de la antigua colegiata, obra probable de Gibaja y su equipo de cante­ros; y en especial en la puerta principal, donde la inspiración siloesca es más que notable. Por el contrario, la de la Piedad estaría mas vinculada a la proyectiva de Covarrubias. Esta última, tan próxima al portal de la Quinta Angustia en la parroquial de Puebla de Don Fadrique, se abre por un medio punto sobre pilastras. El trasdós del arco está moldurado y se decora con ovas, cordón y flechas. El arco está enmarcado por dos pilastras con columnas adosadas, un friso con de­coración vegetal y veneras, cornisa, y en el centro un tondo con la Virgen con Cristo muerto. Con objeto de proteger la bella labra de la portada, se colocó en 1676 una cornisa de mármol a modo de tejaroz. Se ignora la función de este portal cegado y de nivel inferior a la planta de la iglesia; pero lejos de un ejercicio meramente decorativo, debió prestar una función básica de acceso -en éste u otro emplazamiento- anulada con posterioridad.
     La portada de la Encarnación se alza en dos cuerpos: el inferior centrado por arco de medio punto sobre pilastras dóricas, con ángeles en las enjutas y escudo imperial en el friso. Queda flanqueada la puerta por parejas de medias columnas corintias que enmarcan hornacinas. Sobre el entablamento se disponen querubines y cartelas.
     El segundo cuerpo es rectangular, con arco carpanel central, el cual cobija un bajorrelieve que representa la escena de la Encarnación, como advocación e iconografía presente en todas las fundaciones posteriores a la conquista. A ambos lados, medias columnas corintias con grutescos en los fustes sostienen el entablamento, rematado por un tondo que contiene la imagen del Padre Eterno. En el lateral de la cabecera hay también una ventana exterior ricamente decorada con elementos renacentistas.
     La torre es obra de fray Pedro de San Agustín, monje jerónimo del monasterio murciano de La Ñora, y fue mandada erigir por el abad Felipe de Acuenza entre los años 1760 y 1764 para sustituir a la primitiva, destruida por el terremoto de Lisboa. Se alza sobre cuatro cuerpos decrecientes, los dos primeros cuadrados, mientras que los superiores son de planta octogonal con sus lados abiertos por arcos para otras tantas campanas. El alzado se remata con una cúpula de perfil con­tracurvo abuhardillado. Destacan las campanas de Santa María de la Anunciación (llamada «la Gorda»), fundida en 1795, y las de San Francisco Javier y Santa Bárbara, de 1759.
     El interior del templo es majestuoso, dispuesto como un organismo rectangular de tres naves de igual altura, pero más ancha la central que las laterales. Quedan separadas por arcos de medio punto que descansan en un sistema de pilares cilíndricos con pilastras dóricas adosadas en sus frentes y baquetones. De sus capiteles parten las nervaduras que construyen variadas bóvedas de crucería. En cuanto al alzado de las naves, difiere en que los arcos formeros de la nave central son medios puntos con botones en las claves y los laterales son apuntados, descansando éstos en un lado sobre pilastras adosadas sobre la pared.
     La capilla mayor presenta una planta poligonal de tres lados, establecida a partir de una triple arcada de medio punto, cubierta con bóveda estrellada. El cuerpo superior se caracteriza por contener tres lienzos enmarcados por arcos apuntados del siglo XVIII, al tiempo que los pilares lucen una decoración mural dieciochesca compuesta de angelotes y motivos vegetales. Destruido en la Guerra Civil el tabernáculo que Francisco Vallejo trazara en 1830, se sustituyó en 1952 por el actual, que alberga una imagen de la Inmaculada Concepción. El frontal de altar, compuesto en 1766 por el maestro Eusebio Valdés, fue igualmente sustituido por otro proce­dente de la iglesia de San Jerónimo.
     La nave quedaba interrumpida a los pies por el coro neoclásico, diseñado en 1794 por José Ortiz Fuertes y decorado por Jaime Folch. Se mantiene, no obstante, el bello púlpito de Valdés en mármol gris y falsa ágata, con medallones te­tralobulados conteniendo imágenes de los Evan­gelistas y los Santos Padres de la Iglesia.
     El ámbito de la girola manifiesta el carácter gótico del templo inicial, con tramos divididos por columnas entorchadas que enmarcan seis capillas absidales. De planta rectangular y cubiertas con bóvedas de crucería, han perdido la memo­ria de su mobiliario y advocaciones originales. Desde el lado del Evangelio, hallamos la capilla del Cristo de los Méndez, cuya milagrosa ima­gen gozaba de una extraordinaria devoción en la ciudad. A continuación sigue la capilla de Nuestra Señora del Carmen -antes de San Julián-, en moderno retablo, junto a las imágenes de Santa Lucía y San Antón, esta última del siglo XVIII. Una pintura representa al Santo Cristo de Burgos, junto a las capillas de Nuestra Señora de las Angustias -llamada del Santo Cristo de Mataliebres- y de Nuestra Señora de la Esperanza -que desde 1611 contuvo los restos de San Máximo, copatrón de la ciudad-, albergando ésta un lienzo de la Anunciación. La antigua capilla de la Anunciación o del Ave María fue fundada por el abad Álvaro de la Torre como lugar de enterramiento. Enmarca su acceso una elegante portada renacentista de arco de medio punto enmarcada por pilastras corintias sobre plintos, y frontón con flameros sobre entablamento que luce la salutación mariana, realizada hacia 1575 por el vizcaíno Juanes de Arteta.
     En el lado de la Epístola, la capilla opuesta al Sagrario se hallaba dedicada a la Inmaculada Concepción, con retablo de Pedro Montoro realizado en 1772, e imágenes talladas por Torcuato Ruiz del Peral; las jambas del arco de acceso conservan la decoración de grutescos y candelieri. Entre las imágenes actuales sobresale una talla de la Piedad, realizada en piedra y policromada, de hacia 1500. La capilla de San Antonio de Padua -antes de San Blas- luce decoración de grutescos policromados en el enmarque del arco y he­ráldica nobiliaria en la clave. Sigue la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, en cuyo pavimento destaca la lápida funeraria del abad Acuenza, realizada en mármol de Macael por Pedro Montoro. Este ámbito estuvo presidido por un magnífico retablo barroco de Gabriel Jiménez, conteniendo las imágenes de Nuestra Señora del Socorro y los arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael, atribuidas a Francisco Salzillo. El lado del Evangelio presenta cuatro altares que, desde los pies, están dedicados a San Blas -antes a San Nicolás de Bari-, San José -antes de San Felipe Neri-, Nuestra Señora de Lourdes con retablo barroco enmarcado por columnas salomónicas, y la Virgen Niña -antes de Santa Teresa-. Tras la puerta de la Encarnación se abre la capilla del Sagrario, mandada construir por el regidor Juan de Araoz, bajo traza y condiciones de Diego de Siloe, y ejecución de Rodrigo de Gibaja, siendo terminada la obra en abril de 1536. Se cubre con bóveda de crucería, al tiempo que las pilastras y la decoración del arco de entrada luce grutescos y candelieri. Estuvo decorada con una vidriera que se encargó en 1540 a Arnao de Flandes, con el tema de la Epifanía y el escudo de armas de los Araoz, así como un retablo de la Virgen del Pilar, de estilo renacentista atribuido a Siloe, todo ello desaparecido, y sustituido por tres altares modernos dedicados a Nuestra Señora del Pilar, la Sagrada Familia, de 1889, y la Inmaculada Concepción de 1952.
     La sacristía y antesacristía, adosadas a la cabecera, fueron terminadas en 1621 gracias a la munificencia del abad Alonso Tamayo, quien dejó cuantiosas rentas a su muerte para la ejecución de la obra. Está cu­bierta la sacristía por alfarje de gruesas jácenas, que des­cansan sobre canes de acanto y otros antropomorfos, y decoración de ovas, elementos vegetales y otros motivos en el arrocabe. Entre las piezas que aquí se custodian sobresalen una cabeza del Santo Cristo de la Luz, próximo al arte de Pablo de Rojas, que presidía la capilla mayor del monasterio de San Jerónimo, así como un Ecce Homo sobre tabla, atribuido a Luis de Mo­rales. El tesoro de la antigua colegiata, muy mermado, conserva entre otras piezas dos esplén­didas custodias barrocas de plata sobredorada, una de obrador mexicano labrada en 1738 y otra cordobesa, del taller de Antonio de Santacruz y Zaldúa, fechada en 1777, artífice igualmente de un cáliz de 1759. También contiene un acetre de plata y cruz parroquial del siglo XVII, un cá­liz barroco, de Gabriel de la Riva, de 1772 y un bello portaviáticos con esmaltes, donado por el abad Acuenza en 1771. Entre los ornamentos figuran varios ternos incompletos, destacando el de tisú de plata y el «Terno blanco», fabricados en el taller toledano de Miguel Molero y donados por el obispo fray Bernardo de Lorca (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La ex-colegiata de Nuestra Señora Santa María de la Encarnación se construyó sobre los restos de la mezquita aljama musulmana. Inicialmente se abrió al culto cristiano tras su sacralización manteniendo su estructura como mezquita. En 1529 se inicia su construcción en estilo gótico pero un terrible terremoto que asoló la ciudad en 1531 la derribó en su mayor parte, permaneciendo en pie su cabecera conformada por capillas absidiales con arcos apuntados y pilastras góticas. En 1531 el Cabildo bastetano encarga su reconstrucción, ya con proyecto renacentista a Alonso de Covarrubias y al maestro cantero Rodrigo de Gibaja que culmina la obra desde 1549.
     Consta de tres naves cubiertas por bóvedas de crucería y girola, con capillas laterales y absidiales. El ábside que preside la nave central es semicircular.
     La torre, situada al pie del templo, presenta cinco tramos, de los que los tres últimos corresponden a una restauración realizada en la segunda mitad del siglo XVIII, tras otro fuerte terremoto. Los muros de fábrica de la iglesia son de sillería, a diferencia de la torre que es de ladrillo. La portada a la Plaza Mayor está realizada en piedra, mientras que la rampa escalonada de acceso es de pilastras de piedra y rejas de hierro. Existe otra portada decorativa al pie de la rampa, al igual que la anterior de piedra.
     La carpintería es toda de madera, cubierta de teja árabe. El acceso a la iglesia a través de Plaza de la Magdalena se realiza a través de una escalinata (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La primera sede de la ex-colegiata fue la antigua mezquita aljama musulmana, hasta que en 1529 se inició la construcción en estilo gótico. Un terremoto la derribó en 1531 y ese mismo año se encargó su reconstrucción, en estilo renacentista, a Alonso de Covarrubias y Rodrigo de Gibaja. Consta de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería y girola. La torre, que sufrió daños años más tarde por otro terremoto, fue reconstruida nuevamente en el siglo XVIII (Diputación Provincial de Granada).

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