Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el relieve "Presentación de Colón a los Reyes Católicos en el Salón del Tinell de Barcelona", de Antonio Susillo, en el Claustro Mayor, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
Hoy, 3 abril, es el aniversario (3 de abril de 1493), del recibimiento de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón en Barcelona, tras el regreso del primer viaje a América, así que hoy es el mejor día para Explicarte el relieve "Presentación de Colón a los Reyes Católicos en el Salón del Tinell de Barcelona, de Antonio Susillo, en el Claustro Mayor, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo. En el Claustro Mayor, del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el relieve "Presentación de Colón a los Reyes Católicos en el Salón del Tinell de Barcelona", obra de Antonio Susillo (1857 - 1896), siendo un bronce fundido, en Thiebaut Freres Fondeurs, de París, con unas medidas de 2,93 x 1,38 x 0,30 m., realizado en 1893, procedente de la donación de los Amigos del Museo, en 1993.
La escena se distribuye en tres planos, el principal centrado en la figura de los Reyes Católicos recibiendo a Colón, que aparece inclinado ante ellos. Tras el almirante emergen arrodillados dos figuras de indios seguidos de una corte de soldados que se pierde en la lejanía, entre los que destaca un personaje que porta una caja como regalo para sus majestades. La escena aparece enmarcada en un fondo arquitectónico donde destacan los escudos de Castilla y León. Al otro lado, junto a los Reyes Católicos, aparece en primer término la figura de un macero tras una silla de tijera. Tras este personaje, que porta el característico mazo de poder, aparecen asomadas tras una balaustrada goticista, un grupo de mujeres observando con especial interés la escena principal.
Destaca el trabajo minucioso y el sentido de la perspectiva con diferentes gradaciones del relieve siendo algunas figuras auténticas esculturas exentas.
Hoy, 3 abril, es el aniversario (3 de abril de 1493), del recibimiento de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón en Barcelona, tras el regreso del primer viaje a América, así que hoy es el mejor día para Explicarte el relieve "Presentación de Colón a los Reyes Católicos en el Salón del Tinell de Barcelona, de Antonio Susillo, en el Claustro Mayor, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo. En el Claustro Mayor, del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el relieve "Presentación de Colón a los Reyes Católicos en el Salón del Tinell de Barcelona", obra de Antonio Susillo (1857 - 1896), siendo un bronce fundido, en Thiebaut Freres Fondeurs, de París, con unas medidas de 2,93 x 1,38 x 0,30 m., realizado en 1893, procedente de la donación de los Amigos del Museo, en 1993.
La escena se distribuye en tres planos, el principal centrado en la figura de los Reyes Católicos recibiendo a Colón, que aparece inclinado ante ellos. Tras el almirante emergen arrodillados dos figuras de indios seguidos de una corte de soldados que se pierde en la lejanía, entre los que destaca un personaje que porta una caja como regalo para sus majestades. La escena aparece enmarcada en un fondo arquitectónico donde destacan los escudos de Castilla y León. Al otro lado, junto a los Reyes Católicos, aparece en primer término la figura de un macero tras una silla de tijera. Tras este personaje, que porta el característico mazo de poder, aparecen asomadas tras una balaustrada goticista, un grupo de mujeres observando con especial interés la escena principal.
Destaca el trabajo minucioso y el sentido de la perspectiva con diferentes gradaciones del relieve siendo algunas figuras auténticas esculturas exentas.
Realizado como conmemoración del IV Centenario del regreso del almirante a España, hecho acaecido en marzo de 1493.
Esta obra es una copia realizada por el propio Susillo de uno de los relieves que forman parte del Monumento a Colón de Valladolid. Representa el histórico momento en que Colón regresa de su viaje en 1493. Los elementos arquitectónicos, así como el mobiliario y los personajes representados se realizan con gran detalle y virtuosismo (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
Evocado magistralmente por Antonio Illanes en 1974, este malogrado artista nació en Sevilla en 1857 y desde muy niño dio muestras de sus aptitudes artísticas, teniendo que vencer la oposición familiar para poder dedicarse a la escultura. Consecuentemente, su formación primera fue autodidacta, hasta que fue descubierto por el pintor José de la Vega, de cuya mano llegó al éxito de la Exposición regional, de 1882, en donde presentó su obra La Madre hebrea. Y, como dice Illanes, «se convierte en la primera figura del momento artístico, su celebridad es grande... pero está ayuno de caudales». Es entonces cuando le llega la reina Isabel II y le adquiere sus obras para el Alcázar sevillano; la infanta María Luisa le encarga las figuras cementicias de los próceres que rematan la fachada norte del Palacio de San Telmo y el príncipe ruso Giedroik le invita a París, en donde acude a la Ecole de Beaux Arts durante el bienio 1883-1884. Y luego Roma, pensionado por el Gobierno español en 1885. Y después, la gloria de los grandes encargos de su Sevilla y las medallas de oro en las Exposiciones Nacionales y las condecoraciones y el nombramiento de académico de Bellas Artes y... un desgraciado segundo matrimonio y el pistoletazo que puso fin a su vida, en dicimbre de 1896, a los treinta y nueve años.
Su obra, con cierta influencia de Rodín, mantiene matices románticos mezclados con novedades modernistas francesas, pero deteniéndose demasiado en lo anecdótico y narrativo, a veces con exceso de realismo. Dotado de unas especiales habilidades para el modelado, es en el barro en donde alcanza sus mejores logros, habiéndonos dejado gran cantidad de relieves, como el del Harén de Boabdil que, procedente de la colección de la marquesa de Yanduri, se conserva en el Museo, y que, obra casi postrera, expresa su sensibilidad poética para imaginar, componer y modelar los asuntos.
Artista polifacético, abordó la creación de todo tipo de temas, desde el monumento público, como los de Daoiz, Velázquez y Mañara, hasta la imaginería polícroma, pasando por los insuperables retratos del general Polavieja, la duquesa de Alba o del marqués de Luca de Tena.
A Susillo le cabe, además, la gloria de haber sabido formar una interesantísima nómina de discípulos con los que la escultura hispalense penetra en el nuevo siglo. Entre ellos están Viriato Rull, Fernando de la Cuadra, Joaquín Gallego, Miguel Sánchez-Dalp, Gustavo Luca de Tena y, sobre todo, las figuras de Joaquín Bilbao y Lorenzo Coullaut (Enrique Pareja, Escultura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Barcelona:
La expedición comandada por Cristóbal Colón, formada por la Pinta, la Niña y la Santa María, avistó la isla de Guanahaní el 12 de octubre de 1492. «Esta tierra era y es una isla de quince leguas de luengo, poco más o menos, toda baja, sin montaña alguna, como una huerta llena de arboleda verde y fresquísima...», cuenta el fraile Bartolomé de las Casas. Entretanto, los Reyes Católicos, los principales valedores de Colón, se encontraban en Barcelona negociando la devolución del Rosellón y la Cerdeña. El 7 de diciembre, casi dos meses después, mientras Colón navegaba por las islas del Caribe, el campesino Juan de Cañamares atentó contra la vida del rey Fernando en la escalinata de la Plaza del Rey de Barcelona. Según el cronista Andrés Bernáldez, «... el traidor que tiraba el golpe con un alfanje ó espada...» intentó acuchillarle, pero el rey consiguió esquivarle y «... alcanzólo con la punta (...) desde encima de la cabeza por cerca de la oreja...». El rey consiguió restablecerse de su herida.
Cristóbal Colón regresó a la península Ibérica en marzo de 1493, tras el descubrimiento de América o de las Indias, ya que el almirante creía haber alcanzado el continente asiático navegando desde Occidente, cuando en realidad había descubierto un continente completamente desconocido para los europeos. En abril de 1493, Cristóbal Colón fue recibido por los Reyes Católicos en Barcelona. No se sabe con certeza el día en que el almirante entró en la ciudad, aunque probablemente fue a finales de abril. Tampoco se sabe el lugar exacto en el que fue recibido; pudo ser en el Salón del Tinell, en el centro de Barcelona, o en el monasterio de San Jerónimo de la Murtra, en Badalona; puede que visitara ambos lugares.
«Presentó a los reyes el oro y las cosas que traía del otro mundo; y ellos y cuantos estaban delante se maravillaron mucho en ver que todo aquello, excepto el oro, era nuevo como la tierra donde nacía. Loaron los papagayos, por ser de muy hermosos colores: unos muy verdes, otros muy colorados, otros amarillos, con treinta pintas de diversa color; y pocos de ellos parecían a los que de otras partes se traen. Las hutias o conejos eran pequeñitos, orejas y cola de ratón, y el color gris. Probaron el ají, especia de los indios, que les quemó la lengua, y las batatas, que son raíces dulces, y los gallipavos, que son mejores que pavos y gallinas. Marvilláronse que no hubiese trigo allá, sino que todos comiesen pan de aquel maíz. Lo que más miraron fue los hombres, que traían cercillos de oro en las orejas y en las narices, que ni fuesen blancos, ni negros, ni loros, sino como triciados o membrillos cochos. Los seis indios se bautizaron, que los otros no llegaron a la corte; y el rey, la reina y el príncipe don Juan, su hijo, fueron los padrinos, por autorizar con sus personas el santo bautismo de Cristo en aquellos primeros cristianos de las Indias y Nuevo Mundo», escribió el cronista Francisco López de Gomara en el siglo XVI.
Los detalles de la recepción oficial en Barcelona, como todo lo que rodea la vida de Colón, siguen siendo un misterio. No se sabe exactamente cómo llegó a Barcelona ni por dónde pasó, aunque las fuentes históricas afirman que una vez que llegó a la Península hizo el viaje por tierra y no por mar, pero no hay documentos que certifiquen su paso por alguno de los pueblos o ciudades que encontró a lo largo del camino, y eso que dirigía una comitiva que incluía a un grupo de indígenas, nunca antes vistos por los lugareños, y especies tan exóticas como los papagayos. Tampoco existen documentos oficiales que confirmen su paso por Barcelona. Pudo ser un acto solemne o sencillo, público o privado, en algún lugar apartado de la ciudad.
Un cronista explica que, a la llegada de Colón a Barcelona a mediados de abril de 1493, «los Reyes Católicos le esperaban públicamente, con toda la majestad y grandeza, en un riquísimo trono bajo un dosel de brocado de oro, y cuando fue a besarles las manos se levantaron como si fuera un su lado». Sin embargo, los diarios de la ciudad no registran una recepción pública. Parece que el encuentro se produjo en alguna sala de palacio, repleta, eso sí, de curiosos y admiradores (National Geographic).
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