Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 3 de noviembre de 2026

El Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, de Duque Cornejo, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla.    
     Hoy, 3 de noviembre, es el aniversario del testamento (3 de noviembre de 1739) del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de la Antigua [nº 048 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Cuando estaba dedicada a san Pedro albergó los altares de la Virgen de la Antigua (capilla de san Pedro) y de la Alcobilla, es decir, de la qubba que fue mihrab de la aljama. Sus patronos, entre otros muchos clérigos, han sido los arzobispos Hurtado de Mendoza, Zúñiga y Avellaneda y Salcedo y Azcona, que en ella están enterrados (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
      En la Capilla de la Virgen la antigua, podemos contemplar el Sepulcro del Cardenal D. Luis de Salcedo y Azcona, en el paramento de la Epístola de la Capilla de la Virgen de la Antigua.
     Fue encargado a Pedro Duque Cornejo y Roldán en 1734, tomando por modelo el que Fancelli compuso para el Cardenal Hurtado de Mendoza, existente en el paramento frontero de la citada Capilla, y como él, constituido por un gran arco de medio punto, según la fórmula de los sepulcros parietales, utilizados frecuentemente en el Renacimiento.
     La parte escultórica está constituida por la figura ya­cente del Prelado, revestido con ornamentos pontificales, seis imágenes de santos situadas entre las colum­nas y las jambas, las historias de la Asunción (bajo el medio punto), Anunciación, Visitación y los Apóstoles en torno al sepulcro de María, en sendas cartelas, colocadas en el tablero de fondo, mas toda la ornamentación que campea en fustes columnarios, arquivoltas, enjutas y cresterías, tratando de coordinar con aquel. Es obra torpe, sin distinción alguna, inspirada en análogos temas de la imaginería sevillana. El estado de conservación es malo, sobre todo en la parte derecha, por su profunda erosión que afecta a esculturas, elementos arquitectónicos y decoración. Los citados relieves marianos son finos y bien tratados, minituarizando; las figuras de los interespacios están inspiradas en las de Fancelli y Nicolás de León (capillas del alabastro) aunque quedan muy lejos de ellas; destacan por su mayor finura las de San Juan Evangelista y Santiago el Menor; otras no son identificables, por la referida erosión o ausencia de símbolos parlantes.
     El cadáver del Arzobispo fue sepultado en 1741 [José Hernández Díaz, Retablos y Esculturas, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
Conozcamos mejor la Biografía del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, personaje protagonista de la obra reseñada; 
     Luis de Salcedo y Azcona (Valladolid, 9 de diciembre de 1667-Sevilla, 1741) fue un religioso y mecenas español.
     Segundo hijo del Primer titular del Condado de Gómara Luis de Salcedo y Arbizu. Estudió en el Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca (1686-1689), fue Oidor de la Audiencia de Sevilla (1694) y Granada (1699), siendo después Obispo de Coria, luego en propiedad de Santiago, de donde fue promovido á Sevilla el año de 1722.
     Siendo Obispo de Coria realizó un memorable Inventario artístico durante una visita pastoral realizada a lo largo de su episcopado (1713-1716).
     Encargó el nuevo órgano para la Catedral de Sevilla, que realizó el organero Fray Domingo de Aguirre, siendo el diseñador de la caja, Luis de Vílchez y el decorador Pedro Duque y Cornejo. Los pórticos de ingreso se deben al arquitecto Diego Antonio Díaz.
     A este mismo arquitecto encargó la realización de la Iglesia Parroquial de Umbrete, así como la reconstrucción del palacio del Arzobispo de esta localidad, cuyas obras comenzaron en el año de 1723 cuando de Salcedo y Azcona tomó posesión del Arzobispado de Sevilla y ordena a D. Diego Antonio Díaz, maestro mayor de fábrica, que haga los planos del Palacio para residencia y lugar de descanso de arzobispos y venerables sacerdotes. El diseño del edificio recuerda bastante en su estructura y forma al Palacio Arzobispal de Sevilla y se une a la Parroquia por un bello arco cuya función era permitir el paso, cuando se encontraba de visita en la villa.
     Asimismo financió la realización del gran retablo de la capilla de la Virgen de la Antigua de la Catedral, de cuya advocación era fiel devoto; un valioso retablo ejecutado en el año 1738, según diseño de Juan Fernández de Iglesias y con esculturas de Pedro Duque Cornejo.
     Luis de Salcedo y Azcona murió en Sevilla en el año 1741, y su cuerpo se halla enterrado en la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral Hispalense, bajo el sepulcro realizado por aquella fecha por el propio Duque Cornejo.
     Le sucedió al frente del arzobispado hispalense Luis de Borbón y Farnesio, Arzobispo de Sevilla entre los años 1741 y 1754.
Conozcamos mejor la Biografía de Duque Cornejo, autor de la obra reseñada;
     Pedro Duque Cornejo, (Sevilla, 14 de agosto de 1678 – Córdoba, 1757). Escultor y arquitecto.
     Perteneciente a una de las estirpes de artistas más importantes del barroco andaluz, Duque Cornejo, representa el máximo exponente y culmen de las escuelas sevillana y granadina en la escultura barroca.
     Además de escultor de tallas, trabajará como arquitecto de retablos, fundamentalmente realizando el diseño o traza, y también conociéndose obras suyas en pintura y grabado. Se le considera el imaginero y entallador más destacado del siglo XVIII en Andalucía.
     En su figura confluyen factores importantes, como es una rica formación en varias disciplinas artísticas, que le permiten no dedicarse exclusivamente a la talla; y la culminación de la idea de artista que ejerce las tres artes, que está presente en la tradición andaluza desde la figura singular de Alonso Cano. Conocedor de su propia valía, siempre tuvo un alto concepto de sí mismo, e intentó por ello la consecución del título de escultor de cámara del rey, que no logró nunca, aunque sí obtuvo el de escultor de la reina, así como privilegio de hidalguía, concedido por la Real Chancillería de Granada en 1751. Dejó muestra de su trabajo por gran parte de Andalucía, fundamentalmente Sevilla, Granada y Córdoba, y también trabajó en Madrid. Sus esculturas se van a caracterizar por las poses afectadas y el impulso barroco conseguido con las grandes ondulaciones de las telas, en sus retablos va a ser constante la aparición del estípite, como elemento definitorio de las arquitecturas.
     Sus padres fueron el escultor de origen granadino José Felipe Duque Cornejo y Francisca Roldán Villavicencio, pintora de oficio e hija a su vez del escultor Pedro Roldán. Pedro Duque Cornejo se formará en el entorno del taller familiar de su abuelo, al que hay que considerar su maestro, ya que su padre fue un escultor mediocre. El taller de Pedro Roldán era el más activo de la Sevilla del último cuarto del siglo XVII, y estaba nutrido por toda la saga familiar dedicada a oficios artísticos, como su tía Luisa Roldán, la Roldana. En este ambiente aprendería todo lo concerniente a la escultura y a la pintura y policromía de las imágenes. Su dedicación a la arquitectura vendrá algo más tardía, por el trabajo conjunto con dos arquitectos importantes, Jerónimo Balbás en Sevilla y Francisco Hurtado Izquierdo en Granada, figuras importantes para entender la obra retablística de Duque Cornejo.
     Sus primeras obras se fechan en torno a 1702, dedicándose en estos primeros momentos a la escultura de tallas y a los grabados. Empieza a granjearse cierta fama en Sevilla, lo que hace que se le encarguen las esculturas del retablo mayor de la iglesia del Sagrario de Sevilla (desaparecido en el siglo XIX), la parte arquitectónica corrió a cargo de Jerónimo Balbás, insistiendo el cabildo catedralicio en la participación de Duque Cornejo, esta empresa ocupó al escultor entre 1706 y 1709.
     En 1709 contrae matrimonio en Sevilla con Isabel de Arteaga, con la que tendrá un total de siete hijos, algunos de ellos dedicados a la pintura y escultura, van a destacar Enrique, José y María, que trabajarán como ayudantes en el taller paterno.
     Este trabajo junto a Balbás le anima a emprender su carrera como arquitecto y en 1711 contrata su primera obra como maestro arquitecto y escultor, el también desaparecido retablo de la iglesia parroquial de San Lorenzo de Sevilla; en sus retablos va a hacer gala de un barroquismo exaltado. Durante este período no deja de realizar también encargos propiamente escultóricos.
     En 1714 está documentado su traslado a Granada, ciudad en la que permanecerá hasta 1719. Su principal encargo es para la iglesia de la Virgen de las Angustias, donde va a realizar la transformación de la imagen titular y añade en la nave de la iglesia esculturas monumentales de tamaño superior al natural.
     También se le encarga la realización del retablo de la Virgen de la Antigua en la catedral granadina, donde se va a ocupar del diseño y ejecución de la arquitectura y escultura. Su diseño es deudor de Hurtado Izquierdo.
     De vuelta en Sevilla, recibe el encargo de dos retablos para la cartuja de Santa María de las Cuevas, primer contacto con la Orden cartuja, que le proporcionará otros dos encargos importantes: la realización de las esculturas para la cartuja de Granada y para la de El Paular en Madrid. Las esculturas de Granada las realizará en su segunda estancia en la ciudad entre 1723 y 1728, trabajando junto con los mejores escultores granadinos del momento. Mientras realiza el encargo granadino, recibe el de Madrid, donde viajará en 1725, alternando los dos proyectos. En ambos, la arquitectura corre a cargo de Hurtado Izquierdo. Las esculturas para las cartujas de Granada y El Paular son consideradas el mejor exponente de la escultura de Duque Cornejo.
     En estos años alternará su estancia en Granada y Madrid, con estancias también en Sevilla, donde realizará encargos importantes en la catedral.
     Durante la permanencia de la Corte de Felipe V en Sevilla, el llamado “Lustro Real”, entre 1729 y 1733, Duque Cornejo intenta entrar en la órbita de los artistas cortesanos, consiguiendo el nombramiento de escultor de la reina Isabel de Farnesio, gran aficionada a las Bellas Artes. La intención del artista es conseguir el nombramiento de escultor de cámara, que no logrará.
     En 1731 recibe su encargo más ambicioso: la realización de la arquitectura y las esculturas de los retablos de la iglesia de San Luis de los Franceses de Sevilla y de la capilla de los Novicios, para los Jesuitas. El retablo de la capilla de los Novicios es considerado su mejor intervención en el campo de la retablística.
     A partir de este momento, Duque Cornejo recibirá multitud de encargos de retablos, como los sevillanos de San Leandro o el de la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de Umbrete (Sevilla). En 1734 se ocupa del encargo de la realización del retablo de la Virgen de la Antigua de la catedral y del sepulcro del arzobispo Salcedo y Azcona, para situarlo en la misma capilla. El retablo es una realización en piedra.
     La obra que va a ocupar los últimos años en la vida del maestro es el encargo del coro de la catedral de Córdoba. Primero se le encomendará la ejecución de los laterales y luego el frente a modo de retablo, concertando lo primero en 1747 y el frente en 1752.
     Duque Cornejo diseña tanto la arquitectura como la escultura de esta inmensa obra repleta de ornamentación, relieves y esculturas de bulto. Cuando el coro se inauguró el 17 de septiembre de 1757, Duque Cornejo había fallecido unos meses antes, siendo enterrado en la misma catedral cordobesa (Cipriano García-Hidalgo Villena, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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lunes, 2 de noviembre de 2026

El Cementerio municipal, en Los Corrales (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio municipal, en Los Corrales (Sevilla). 
     Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy para Explicarte el Cementerio municipal, en Los Corrales (Sevilla).
      La distribución de los enterramientos se ha realizado siguiendo la línea de las cinco calles en las que se ha compartimentado el espacio, así como el muro que circunda el inmueble. El eje principal es la calle de la portada.  
     Los materiales constructivos son: piedra, cal, yeso y arena; cemento, baldosas, cristal, hierro y ladrillos.
     Los elementos sustentantes son muros que circundan el recinto en mampostería sin revocar y encalada; muros de bloques de nichos y de algunos familiares en ladrillos.     
     Los elementos sostenidos son la cubierta a dos aguas con tejas árabes en los bloques de nichos y a cuatro aguas en determinados familiares. Las lápidas se sostienen sobre el muro o se entierran.
     Masa de arena con cruz y flores en la tierra.
     Tumba de cemento y encalada realizada con forma rectangular sobre la solería.    
     Las calles se han cubierto de baldosas de terrazo. 
     Algunas zonas permanecen con tierra y en ella se ubican enterramientos con arena o con cemento.    
     Puerta principal del Cementerio está hecha en hierro. En un lateral se ubica las dependencias de servicios: sala de forense y servicios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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Más sobre la localidad de Los Corrales (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, de José Maestre, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.
     Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.
      La Iglesia Colegial del Divino Salvador [nº 19 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 44 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Salvador, 3 (también tiene acceso por la calle Córdoba, s/n); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En la cabecera de la nave del Evangelio, a la derecha del presbiterio, encontramos en su cabecera el retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, presidido por el Cristo de los Afligidos, imagen de Gaspar de Gines (1635) titular de la hermandad de las Ánimas según se constata en los relieves del banco inferior, donde obispos y papas se consumen en las llamas del Purgatorio. El retablo fue realizado por José Maestre en 1724 y reformado posteriormente por Manuel Barrera. El Nazareno es una obra de vestir que porta una interesante cruz de carey con cantoneras de plata, siendo talla anónima de mediados del XVII. Está escoltada por tallas de San Roque y de San Sebastián, culminando el ático un relieve de la Coronación de la Virgen (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Retablo compuesto por mesa de altar, banco, cuerpo principal de tres calles y amplio ático.
     La mesa de altar está decorada con mármoles blancos y negros y presenta en su frente dos pilastras de jaspes encarnados.
     El banco se articula a partir de una vitrina central (que acoge una imagen de la Dolorosa) flanqueada por dos grupos de columnillas pareadas y dos pedestales ornamentales dispuestos en oblicuo. En los paneles en esviaje se colocan sendos relieves de las Ánimas del Purgatorio, mientras en los extremos laterales del banco, se disponen dos pedestales con abultada hojarasca tardobarroca.
     El cuerpo principal se estructura a partir de un amplio tabernáculo central destinado a acoger la figura del Cristo de los Afligidos. Este espacio se configura a través de tres arcos peraltados que se apoyan en cuatro pares de columnillas sobre altos plintos. Los soportes delanteros de este expositor están colocados con una desviación de 45 grados respecto a los traseros, lo que proporciona un efecto ilusorio de profundidad, reforzado gracias a la pintura de la ciudad de Jerusalén que ocupa su fondo. Las calles laterales están delimitadas exteriormente por sendas columnas de capiteles corintios de los que cuelgan cintas encarnadas. Detrás de estos soportes se disponen dos pilatras cajeadas corintias con decoración floral. Estas calles están ocupadas por dos esculturas de santos sobre sencillas ménsulas: San Sebastián (Evangelio) y San Roque (Epístola), flanqueados por guirnaldas de flores y frutos. Sobre ellos se colocan sendos tondos con bustos de dos personajes barbados.
     Un amplio entablamento sirve de unión entre este cuerpo principal y el ático. Presenta entrantes y salientes, adaptándose a la movida estructura del conjunto. A la altura del tabernáculo central se rompe formando dos volutas que encierran un tondo con un busto de San Jerónimo. El ático está centrado por un relieve de la Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad flanqueado por dos columnas corintias y por sendos lunetos con decoración de abultada hojarasca. Sobre los ejes de las columnas del cuerpo principal se disponen las esculturas de San Juan Bautista (Evangelio) y San Lorenzo (Epístola). Encima de estas imágenes, recostadas en moldurones, la virtud de la Fortaleza (Evangelio) y de la Esperanza (Epístola). Como coronamiento de todo el conjunto aparece la figura del Arcángel San Miguel flanqueado por dos pequeños angelitos que portan guirnaldas de flores y frutos y otros dos con cuernos de la abundancia.
     Estilísticamente, esta obra se encuadra dentro de la retablística sevillana en tiempos de Carlos III (último cuarto del XVIII), caracterizada por una transición hacia las formas neoclásicas: primacía de la arquitectura sobre la decoración, recuperación de la columna como elemento de soporte y  mantenimiento de estructuras dinámicas, heredadas de la época barroca. Todas estas características se advierten en la presente obra, en la que se vislumbran, asimismo, los rasgos definidores de la producción de Manuel Barrera y Carmona: columna de tercio inferior acanalado y los dos superiores lisos (con capitel corintio del que cuelgan lazos), primacía de la calle central, que se adelanta, y empleo de un tabernáculo en el banco y otro en el cuerpo principal flanqueados por pequeñas columnillas. No obstante, al aprovecharse parte de la ornamentación anterior a la intervención de Carmona (golpes de abultada hojarasca tardobarroca), se aprecia cierto carácter híbrido en este conjunto.
     El retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio es el resultado de un complejo proceso constructivo. Vino a sustituir a un primer retablo encargado en 1634 por la Hermandad  al ensamblador Juan de la Aya. De esta obra tan sólo se conserva en la actualidad la que fuera su imagen principal: el llamado Nazareno de los Afligidos, obra de Gaspar Ginés. El 24 de enero de 1721 los hermanos Diego y Juan Manuel Pérez Baños, benefactores de la iglesia, decidieron costear un nuevo retablo para esta imagen. Se concertaron con el maestro ensamblador José Maestre Ayala, que lo finalizó en 1724, fecha en la que se celebró su estreno. En 1778 se añadió una cenefa a los pies del Nazareno y se compusieron los ángeles y remates del conjunto. Se encargaron de estas obras el escultor Lorenzo Pérez y el pintor José Caro. A partir de 1784 se emprendieron una serie de profundas transformaciones que vendrían a alterar sustancialmente el aspecto originario del conjunto. El encargado de estas obras fue el retablista Manuel Barrera y Carmona, que en 1784 realizó un tabernáculo para el Nazareno y una vitrina en el banco para acoger una imagen de la Dolosora (atribuida a Cristobal Ramos). Dos años más tarde ejecutó  las columnas del cuerpo principal y amplió la altura del retablo. Percibió por el trabajo realizado 3.608 reales. El dorado corrió a cargo del ya citado José Caro, que recibió 6.300 reales. El estreno solemne del nuevo retablo tuvo lugar el 24 de junio de 1787 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de las Ánimas Benditas del Purgatorio;
     La inquietud o temor ante  lo que encontrará el hombre más allá de la muerte ha sido una constante en la conciencia colectiva de todos los pueblos y en el sentir individual de cada persona. Esta cuestión ha sido asumida esencialmente por las religiones, que han intentado dar respuesta a tan misteriosa y desconocida realidad. Tanto si la vida ha transcurrido amable y placentera, llena de amor, éxitos, entrega a los demás, fama, etc., como si las circunstancias fueron adversas y estuvo cargada de dificultades y desdichas, al final de la vida aparece la cuestión fundamental: cuál ha sido su sentido, su finalidad; qué encontrará la persona después de este mundo. 
     La muerte biológica sin la fe es el final, el hombre se disuelve en el vacío, la nada como destino de una vida, las oscuras sombras del olvido como perspectiva, o un efímero recuerdo, que se va difuminando; para la conciencia individual significaría un fracaso existencial, opuesto al deseo de permanencia y eternidad que animan a cada persona. Curiosamente es la cultura actual la que, al menos en apariencia, la menos preocupada por el mas allá. Una sociedad adormecida por el consumismo y seducida por las múltiples ofertas de entretenimiento y evasión, que la alejan del sentido trascendental  de la vida, de la auténtica verdad de la existencia humana. 
     En el universo del más allá hay dos lugares bien definidos: el cielo y el infierno; se corresponden con el Bien y el Mal de este mundo, uno u otro serán el destino de los hombres según hayan sido sus obras en esta vida. Pero entre estos dos estados surgió entre el siglo II y IV de la era cristiana la idea de un lugar intermedio y transitorio que acogía las almas de los justos que aun no estaban en un estado de pureza para entrar en el cielo. El cristianismo y la Iglesia Católica han tenido presente siempre el más allá y la vida eterna; su concepción ha ido forjándose a lo largo de los siglos y constituyen verdades de fe, como se recogen en el Credo. De este lugar, y como ha sido representado en el arte trata esta comunicación.  
     Antecedentes del Purgatorio los encontramos en algunos pasajes del Antiguo Testamento, como el que lleva implícito el libro de los Macabeos. Judas Macabeo ofrece un sacrificio por los soldados muertos en combate (2 Mac 12, 38).  
     Este acto sugiere por un lado la idea de la resurrección de los muertos y por otro el valor de los sacrificios ofrecidos por ellos y su salvación; sería un equivalente al valor de las misas ofrecidas por los fieles difuntos en el cristianismo. 
     Los cristianos del siglo I, como herederos de la tradición judía, ya se platearon qué ocurría con el alma de los creyentes después de la muerte, siendo el propio S. Pablo quien abordó la cuestión de la resurrección en la primera Carta a los Corintios “Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que duermen. Porque como por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la resurrección de los muertos” (1 Cor 20, 22). El mismo asunto y la zozobra que provoca en las primeras comunidades  se trata de nuevo en la Carta  a los Tesalonicenses “No queremos que ignoréis lo tocante a la suerte de los que durmieron para que no os dejéis llevar de la tristeza como los que no tienen esperanza” (1Tes 4, 13). 
     En la configuración del Purgatorio como se entiende en la actualidad intervienen tres factores, a tener en cuenta: la doctrina de los concilios que abordaron esta verdad (II de Lyon, Florencia 1439 y Trento 1547), las enseñanzas de los teólogos y Padres de la Iglesia, y los testimonios de los santos y  fieles. 
     Hacia el siglo XII, el Purgatorio estaba configurado en sus conceptos fundamentales evolucionando durante los siglos XIII y XIV; pero sería en el Concilio de Trento en su sesión XXV donde se definió solemnemente la existencia del Purgatorio y se recomendó que esta verdad fuera predicada por obispos y sacerdotes, tenida y creída por los fieles. Esta doctrina estaba en oposición a las tesis luteranas que negaban su existencia. 
     Los Padres de la Iglesia fueron los primeros en aportar con su doctrina las bases para la configuración del  Purgatorio. Así, en el siglo IV, San Ambrosio (347-397), nos da la idea del fuego para referirse al mismo “aquí en esta vida atravesamos por el agua del bautismo que lava los pecados del alma; allá en la otra vida, atravesaremos por el fuego de la expiación que consume las reliquias que en el alma dejan los pecados cometidos después del bautismo”. Su pensamiento influyó en la conversión de San Agustín que siguió la idea del fuego como elemento purificador. El obispo de Hipona manifestó que “el fuego purgativo será más terrible que todo lo que el hombre pueda sufrir en la tierra”, pensamiento que provocó en la imaginación popular toda clase de tormentos y sufrimientos ligados a este lugar de ultratumba.
     La Iglesia Católica ha dedicado un mes para recordar especialmente a los difuntos y a que los fieles ofrezcan durante este tiempo su oración a la llamada iglesia purgante, por aquellas almas que están en el Purgatorio. Esta tradición viene del pueblo judío que ya dedicaba treinta días a recordar a sus parientes fallecidos. También en el mundo romano recordaban a sus seres queridos durante el mes de febrero.  
La Virgen y los Santos como intercesores de las Ánimas Benditas 
     Durante la Edad Media fueron los monjes y el resto de órdenes monásticas los encargados de difundir y acrecentar la devoción a la Virgen María como protectora y garantía de preservación del fuego eterno. Por intercesión de la Virgen se podía abreviar el tiempo del Purgatorio y sacar a las almas de ese lugar en unas fechas determinadas. La Virgen tuvo una especial intervención en la fundación de la mayoría de las Órdenes religiosas, como fue entre los dominicos, los siervos de María y los mercedarios. Intervención que venía avalada por leyendas que recogían apariciones a los santos padres fundadores. La misma Virgen entregó el hábito a la Orden como ocurrió en los cistercienses, premostratenses, agustinos, dominicos y servitas; era su fundadora, su patrona, la abogada de la Orden; en definitiva era estimada como “Nuestra Señora”. La Virgen además del hábito que vestían los religiosos entregó como signo de protección  el escapulario, que junto a los religiosos sería luego difundido también entre los seglares con especiales gracias. 
     Pero si hay una Orden que destaca de forma particular en la figura de la Virgen y su relación con las almas del Purgatorio esta es la de los carmelitas.  
     La Orden hace remontar sus orígenes al profeta Elías, aunque se configura en el siglo XIII. Cuando la Virgen entrega el escapulario a S. Simón Stock le dice que quien muera con él no padecerá el fuego eterno. Este privilegio fue extensivo al Purgatorio en cuanto abreviación del tiempo purgativo. El papa Juan XXII (1245-1334) ratificó este privilegio. En la conocida Bula Sabatina concedía a los carmelitas el derecho de predicar los beneficios de llevar el santo escapulario como signo de devoción a la Virgen, protección y  garantía de salvación. 
     Durante siglos, los carmelitas difundieron la devoción a su madre la Virgen del Carmen, y entre sus gracias figuraba su poder mediador para estar libre de la condenación eterna. “Reina del Purgatorio” es una de sus invocaciones. 
     En este sentido, los portadores del escapulario quedarían libres de la condenación eterna y gozarían de una pronta liberación de las penas del Purgatorio si sus pecados los llevaran a este lugar. 
     Entre las prácticas devocionales más populares figura el novenario de ánimas a la Virgen del Carmen, que se rezaba a partir del 2 de noviembre (Además de las oraciones pidiendo por los difuntos el novenario incorporaba un tema para meditar cada día, bien explícito en su enunciado: Después de la muerte. Intensidad purificadora del Purgatorio. Lamentos de las almas sobre el tiempo perdido. Lamentos de las almas sobre los bienes derrochados. Lamentos de las almas sobre el desprecio de la gracia. Lamentos de las almas por la facilidad en pecar. Lamentos de las almas por los agravios que a Dios hicieron pecando. Lamentan las almas los escándalos dados y Lloran las almas el descuido en la penitencia. La reflexión termina con una plegaria a la Virgen del Carmen como refugio de pecadores arrepentidos).  . 
     Los devotos a esta advocación también rogaban por los fieles difuntos en la oración de la visita semanal, en la felicitación sabatina con oraciones como: “acuérdate de tus queridos cofrades, que por tu santo y bendito escapulario, les ha prometido ayuda en la vida, amparo en la muerte y socorro en el Santo Purgatorio”. En la devoción de los doce sábados, que consiste en una visita a la Virgen doce sábados seguidos, a ser posible los anteriores al 16 de julio, día de la festividad del Carmen, se vuelve a recordar la protección del escapulario y su valor en el purgatorio: “Madre querida, haz que siempre confíe en esa tú promesa liberadora de las atroces llamas de la cárcel del Purgatorio”. 
     Si bien es la devoción a la Virgen del Carmen la más extendida como intercesora universal por las ánimas del Purgatorio, hay  otras advocaciones marianas que asumen la misma idea como la Virgen de la Merced, la Virgen de la Consolación y Correa, etc. También los santos y sobre todo fundadores de órdenes religiosas,  desempeñan una función similar; así S. Francisco, S. Nicolás de Tolentino, S. Cayetano entre otros. 
     Los santos a partir de sus escritos y visiones o de sus leyendas son los que más detalles han aportado para crear una imagen del Purgatorio, vamos a destacar: 
        - San Miguel Arcángel, cuenta con innumerables representaciones en el arte, y también como intercesor de las almas, al cumplir la función de sopesar las obras del alma en el juicio particular.  
        - Santiago Apóstol patrón de España, su intercesión por las ánimas se encuentra en Galicia y Portugal, por la difusión que alcanza el culto al santo debida a las peregrinaciones a Compostela. Se suele representar al apóstol en traje de peregrino, con báculo y libro, como intercesor por las ánimas del Purgatorio que se muestran a sus pies. Tienen un carácter popular, y son una especie de retablillo que se expone a la veneración pública, en la pared de una casa o a la orilla de un camino. 
        - San Jerónimo (342-420). Para el asceta de Belén, la Eucaristía es la mejor ayuda para las ánimas benditas: los difuntos para quien se ofrece la santa misa no sufren tormento alguno durante la celebración de los santos misterios y en cada misa muchas almas vuelan al cielo. 
        - San Agustín (354-430). Considerado el padre del Purgatorio por sus textos y comentarios, que pueden considerarse el génesis de este lugar del más allá. Entre sus escritos referidos a esta cuestión destaca la oración fúnebre compuesta por la muerte de su madre; además de ponderar sus virtudes, pedía a Dios en su plegaria, perdonase las deudas que hubiera contraído en esta vida. En esta petición daba a entender que los sufragios por los difuntos ayudan a perdonar algunas faltas o penas después de la muerte. Bien es verdad que San Agustín estuvo más interesado por otras cuestiones fundamentales como son la fe y las obras o el lugar que ocupa el hombre en el plan divino, pero no se olvidó de las relaciones entre los vivos y  los muertos. Se interesó por el progreso espiritual del hombre en su camino hacia la salvación eterna. “Purifícame y hazme tal en esta vida que no necesite ya del fuego correctivo” En. In Ps.37.3. Comentó refiriéndose al “fuego purgativo” que “su fuego será más terrible que todo lo que el hombre puede sufrir en la tierra”, frase que inspiró las visiones mas terroríficas en la piedad popular.  
        - San Gregorio el Grande (540-604). Doctor de la Iglesia, favoreció el rezo coral y el gregoriano. En sus escritos afirmó: “El remedio más poderoso para aliviar a los fieles difuntos es el sacrificio incruento del altar”. Instituyó las misas gregorianas, consisten en ofrecer treinta misas seguidas por el alma de un difunto. Los cristianos de todos los tiempos han celebrado misas por los difuntos. 
        - San Bernardo de Claraval (1090-1153). Este abad cisterciense gran devoto de la Virgen, es invocado como intercesor de las almas del Purgatorio tal como se representa en la sacristía del monasterio de Fitero. La Virgen  y san Bernardo figuran en un lienzo de ánimas, de principios del siglo XVII. 
        - Santo Domingo de Silos (1000-1073). Conocido “redentor de cautivos”, tal como lo atestiguan las cadenas que cuelgan en los muros de vestíbulo de su capilla en la abadía que lleva su nombre, pasó a ser también redentor de ánimas del Purgatorio. En 1896, después de la restauración de la comunidad benedictina, se creó una cofradía de ánimas que rezaba el oficio de difuntos ante la urna del santo. Los monjes promovieron esta santa devoción y la cofradía contó con una filial en Madrid, a través de su  priorato de Monserrat.  
    
    - San Francisco de Asís. (1181-1226). Está considerado un santo rescatador de almas del Purgatorio, en base a un relato de las Florecillas de S. Francisco, en la Consideración III, donde se narra el milagro de la estigmatización; después Cristo le habla al santo “Te he dado las Llagas que son las señales  de mi pasión para que seas mi portaestandarte. Y como yo bajé al limbo el día de mi muerte y saque de él a todas las almas en virtud de estas mis Llagas, así te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al purgatorio y libres de él, en virtud de tus Llagas, todas las almas que halles de tus tres Órdenes, Menores, Monjas y Terciarios y aun de los que te hubieran sido muy devotos.” A partir de este relato se representa a S. Francisco extendiendo el cordón de su hábito hasta las ánimas del Purgatorio. Un ejemplo lo tenemos en el retablo de Ánimas de Sofán (Carballo, A Coruña). De igual modo aparece en el relieve de la capilla de Ánimas de la catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz). 
        - Santo Tomás de Aquino (1225-1274). El llamado “doctor angélico” escribió un amplio tratado sobre el Purgatorio, en el que subraya el valor de los sufragios a favor de los difuntos. Los tres sufragios más eficaces según santo Tomás: la limosna como efecto de la caridad; la plegaria de acuerdo con la intención que se realiza y la misa, dado que la Eucaristía es la fuente de la caridad y el único sacramento cuya gracia es comunicable; de menor ayuda son el ayuno y la entrega de luces o velas, por considerar obras demasiado externas. En cuanto a las apariciones de los difuntos -las trató en la Suma Teológica- las considera un milagro que permite Dios, mediante obra de los ángeles o de los demonios. Estas apariciones vienen para implorar sufragios a los vivos. Con respecto al lugar geográfico del Purgatorio, lo  definió como “un lugar inferior, subterráneo, contiguo al Infierno” siendo el mismo fuego el que abrasa a los justos que a los condenados, sufriendo la doble pena: de daño y de sentido. 
        - San Nicolás Tolentino (1245-1305). Religioso agustino y gran asceta. Es conocido como el abogado de las almas del Purgatorio. Fue un santo muy popular ya en vida, tuvo fama como confesor y predicó la oración e intercesión por los difuntos. Estando en el convento de Valmanente, una noche le despertaron las voces de un alma del Purgatorio, la de Fray Peregrino de Osimo, que le pidió celebrase la misa de difuntos para que se viera libre de las penas del Purgatorio. El santo se excusó por ser hebdomadario, y por tanto encargado de la misa conventual que debía celebrar según el rito de cada día. El alma de Fray Peregrino le mostró entonces la gran llanura que daba a la ciudad de Pésaro, rebosante de almas en pena que le pedían misericordia. Fray Nicolás tuvo lástima de aquellas almas y celebró un septenario de misas por los difuntos, añadiendo grandes penitencias y ayunos, en sufragio por las almas. Una nueva aparición de fray Peregrino le comunicó que la multitud paciente gozaba ya de la eterna gloria. Este es el origen del septenario de misas de S. Nicolás aprobado por la Santa Sede.
        - Santa Catalina de Génova (1447-1510). Sus escritos fueron recogidos por sus amigos y discípulos en el conocido “Tratado del Purgatorio”,  donde la santa explica los conocidos conceptos de culpa y penas, así de cómo las almas deben purificarse antes de pasar a la presencia de Dios, como enseña a su vez la Iglesia Católica. Recordaba el  deber de los fieles de orar por las benditas ánimas. Junto con San Cayetano ayudó a reafirmar la doctrina del Purgatorio en plena Reforma, tiempo en el que los luteranos pusieron en entredicho este dogma.  
        - San Cayetano (1480–1547). Fundador de los teatinos o clérigos regulares, es conocido como “el cazador de almas del Purgatorio”. Se le representa con el crucifijo en los brazos y a veces con el Niño Jesús. Defendió la misa, la oración y sufragios por los fieles difuntos. En cuanto a las indulgencias consideraba que “son el tesoro que más aprecian las almas del Purgatorio”. Los teatinos, siguiendo a su fundador, mantuvieron las prácticas de piedad a las almas del Purgatorio tales como los lunes de ánimas o las misas capitulares que celebraba cada padre capitular en sufragio de todos los teatinos difuntos. Su imagen figura en el retablo de ánimas de la iglesia de la Coronada. San Roque (Cádiz). En la iglesia de S. Cayetano en Zaragoza los teatinos reflejaron esta tradición a través de un retablo dedicado a Nuestra Sra. de la Agonía, donde la Virgen con el Niño auxilia a un enfermo agonizante.  
        - Santa Teresa de Jesús (1515-1582). La santa abulense relató varias visiones de almas que estaban en el Purgatorio, la más conocida tuvo lugar durante la fundación del convento de San José en Valladolid. Este cenobio se levantó en una casa donada por don Bernardino de Mendoza que falleció antes de terminar las obras. Santa Teresa cuenta en su libro de las Fundaciones como vio el alma de don Bernardino en el Purgatorio. El Señor le comunicó a nuestra santa que dicha alma no saldría de ese lugar hasta que no se celebrara la primera misa en el nuevo convento y fuera expuesto el Santísimo Sacramento.  Este episodio  fue pintado por Rubens que presenta a Cristo de pie y a Santa Teresa arrodillada en actitud de súplica, mientras en el plano inferior están las almas  del Purgatorio y un ángel se dispone a sacar la de don Bernardino de Mendoza. 
        - San Francisco de Sales (1567-1622). Obispo y fundador de las religiosas de la Visitación de Ntra. Sra. (Salesas). Animaba a recordar con mayor frecuencia a nuestros seres queridos ya fallecidos, y ofrecer por ellos oraciones y misas. 
    
    - San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975). Los santos contemporáneos también se han ocupado de las ánimas. San Josemaría decía refiriéndose al Purgatorio: “es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con Él” (Surco 889). Recomendaba tener muy en cuenta a las almas del Purgatorio en la oración y en los sacrificios. De ellas decía “son mis buenas amigas”. 
     En la devoción a las ánimas del Purgatorio jugaron un papel fundamental las cofradías o hermandades de ánimas dirigidas por un hermano mayor y un mayordomo, además de un padre de ánimas. Estos cargos se renovaban el Domingo de Resurrección. Las cofradías fueron y son, en los lugares que aún subsisten, las que promocionan esta piadosa práctica (Iconografía del purgatorio en las iglesias y conventos de Madrid, Vicente Benítez Blanco).                                   
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, de José Maestre, en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 1 de noviembre de 2026

Los sitios arqueológicos La Santa, en El Real de la Jara (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos La Santa, en El Real de la Jara (Sevilla).  
     Hoy, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, Solemnidad de Todos los Santos, para ExplicArte los sitios arqueológicos La Santa, en La Puebla de Cazalla (Sevilla).
La Santa I. Se trata de una necrópolis que se sitúa en un corral de ganado a la espalda del cortijo. Las tumbas miden entre 1,8 metros y 2 metros de largo por 0,5 de ancho. Están compuestas las paredes de lajas de pizarra, creemos que previamente fueron excavados en la roca. Además en el cortijo y reutilizados aparecen bloques escuadrados de granito.
     La mayoría de las tumbas aparecen sin la cubierta excepto una. Pertenecen a individuos adultos e infantiles.
La Santa II. Se trata de un despoblado que se construyó en el siglo XIX en cuyas paredes se observan restos constructivos romanos. 
     Está formado por dos líneas de casas paralelas por dónde pasa una calle en medio de las alineaciones. Las casas se conservan en un estado de ruina, aunque sus paredes no están del todo destruidas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Todos los Santos;
CULTO

     La Iglesia necesitó muy pronto celebrar de manera global los innumerables martirios que no contaban con un día de fiesta en el calendario.
   El primer esbozo de este culto apareció en Antioquía y en Edesa, Siria.
   Su introducción en Roma coincide con la consagración del Panteón que el papa Bonifacio IV transformó en Panmartyrion en el año 610, puesto que sustituyó a todos los dioses paganos, cuyas estatuas ocupaban los nichos de la rotonda, por todos los mártires cristianos cuyas osamentas mandara  recoger en las catacumbas. Luego, a los mártires se sumaron los confesores.
   De acuerdo con una tradición popular recogida en la Leyenda Dorada, uno de los vigilantes de la basílica de San Pedro de Roma, que se había dormido durante el transcurso de una ronda nocturna, tuvo un sueño: vio al Rey de Reyes sentado en un trono, entre la Santísima Virgen y San Juan Bautista; hacia él se dirigía una innumerable multitud de mártires, guerreros, ermitaños y vírgenes. Dios ordenó al vigilante que dijera al papa que instituyese una fiesta en honor de todos los santos.
   En 835, el papa Gregorio IV transfirió la fiesta del Panteón, que tuviera lugar el 13 de mayo al 1 de noviembre, y decidió que esta fiesta, que en principio sólo se celebraba en Roma, fuera a partir de entonces una fiesta universal. De esa manera quería ofrecer una reparación a los santos ultrajados en Oriente por los emperadores iconoclastas.
   El nuevo culto, que en Francia fue introducido por Ludovico Pío, está probado por la advocación de cierto número de abadías o de iglesias. La abadía de Toussaint, en Angers, en la actualidad está en ruinas. Además, pueden citarse la Allerheiligenkirche de Schaffouse, y la iglesia florentina de Ognissanti.
ICONOGRAFÍA   
   La iconografía de la fiesta de Todos los Santos de la Iglesia no es muy abundante, pero en cambio ha sido ilustrada por algunas obras de enorme im­portancia en la historia de la pintura, tales como el Políptico de la Adoración del Cordero Místico de Jan van Eyck y el retablo de la Santísima Trinidad de Albrecht Durero.
   Las primeras representaciones de Todos los Santos se copiaron de la iconografía de los Veinticuatro ancianos del Apocalipsis reunidos alrededor del Cristo de la visión de san Juan.
   Pueden clasificarse en dos series, según los santos rodeen al Cordero Místico o a la Santísima Trinidad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Un paseo por el callejón de la Inquisición

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el callejón de la Inquisición, de Sevilla dando un paseo por él.   
     Hoy, 1 de noviembre, es el aniversario de la creación (1 de noviembre de 1478) mediante la bula Exigit sinceras devotionis affectus, cuando se estableció la Inquisición en la corona de Castilla, por parte de Sixto IV, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el callejón de la Inquisición, de Sevilla, dando un paseo por él. 
     El callejón de la Inquisición es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito de Triana, y va de la calle Castilla, al paseo de Nuestra Señora de la O. 
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. Cuando se encuentra cerra­da por construcciones en uno de sus extremos se le llama barreduela o adarve, y en el uso popular callejón, y a veces callejuela. Son muchas las barreduelas que se conservan en el casco histórico como herencia de la ciudad medieval, pero tampoco son infrecuentes en la periferia. Una característica peculiar de las barreduelas es que sus edificios poseen numeración correlativa, mientras que en las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Hasta finales del pasado siglo o comienzos del actual careció de denominación. Se le dio este topónimo por abrirse junto al desaparecido castillo de Triana, donde estuvo el Tribunal de la Inquisición (v. Altozano). Hasta el siglo XIX debió ocupar un espacio sin definir entre el mencionado castillo y las primeras casas de la acera derecha de Castilla; de 1815 se conserva la petición de un particular para ocupar un solar en el lado opuesto de aquél, y en 1914 hay un intento de privatización que fracasa. Por estas fechas se le dota de un pavimento escalonado hacia el paseo Noticias del siglo VIII aluden a la proliferación de escombros y basuras. Quizás para impedir que se arrojasen se instalaría a mediados del XIX una cancela. Hasta fechas recientes estaba definido por dos muros ciegos, uno de los cuales correspondía al mercado. Se acaba de levantar un edificio de viviendas esquina al paseo. En las últimas décadas se había caracterizado por su estado de abandono, utilizándose casi exclusivamente como basurero del mencionado mercado [Mª Carmen Medina, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Inquisición, que da nombre a la vía reseñada;
     La Inquisición española fue una institución fundada en el año 1478 por los Reyes Católicos en España. El conocimiento de esta institución es fundamental para conocer la problemática de los judíos y de los conversos que existía en los reinos peninsulares en la Baja Edad Media y para conocer como se desarrolló la sociedad española durante la Edad Moderna. La Inquisición española investigó a conversos, moriscos, protestantes, etc. y todas aquellas prácticas que iban en contra de la ortodoxia de la Iglesia católica. Esta institución funcionó durante varios siglos, aunque será entre finales del siglo XV y el siglo XVII cuando tendrá una mayor actividad. En esta entrada explicaré sus orígenes, su devenir a lo largo del tiempo y su organización. De esta forma se podrá conocer a esta famosa institución española y comprenderás mejor la vida de las minorías étnico-religiosas en España durante la Edad Moderna.
     La Inquisición pontificia fue creada en el año 1233 por el papa Gregorio IX mediante la bula papal Excommunicamus. En su origen era una institución eclesiástica especial dedicada a la persecución, detención, juicio y castigo de la herejía. Estaba bajo la autoridad directa del papa y se creó con el objetivo de combatir la herejía albigense del sur de Francia. Esta Inquisición pontificia sustituía a la primera inquisición, la inquisición episcopal, que había sido creada por el papa Lucio III a finales del siglo XII mediante la bula Ab abolendam.
     La inquisición pontificia se fue extendiendo a diversos reinos de la monarquía europea, aunque fue encontrando resistencia de algunas monarquías, que no veían con buenos ojos la intervención del papado dentro de sus fronteras. En la península Ibérica, la Inquisición se implantó en el año 1249 en el reino de Aragón, aunque nunca llegó a tener gran influencia. Con el paso del tiempo la institución fue decayendo, aunque seguía estando vigente. En Castilla no llegó a florecer esta Inquisición medieval.
     La razón principal de la creación de la Inquisición española fue para combatir la herejía de los judaizantes, es decir, para ocuparse de los judíos conversos. Ya se ha comentado en otra entrada de este número de la revista digital de La Crisis de la Historia de los problemas que hubo en la sociedad con los judíos durante la Edad Media, que llevó a actos de violencia, como las masacres de 1391. Como consecuencia de esta situación de intolerancia y persecución hacia los judíos, muchos de estos se convirtieron al cristianismos, pasando a ser cristianos nuevos.
     Pero muchas conversiones no habían sido sinceras, sino que fueron consecuencia del miedo que tenían a ser atacados. Por esta razón, en apariencia se convirtieron en cristianos, pero interiormente seguían practicando el judaísmo, manteniendo sus antiguas tradiciones. Esto empezó a despertar el recelo del resto de la sociedad y de la Iglesia española.
     Continuaron habiendo enfrentamientos entre los cristianos viejos y los conversos. Los cristianos viejos denunciaban con frecuencia a los cristianos nuevos y los acusaban de judaizar, a veces con razón y otras veces solamente por odio y temor. El odio hacia el judío era un sentimiento arraigado dentro de la sociedad medieval. Hubo enfrentamientos que acabaron en sangre, como los de Toledo en 1467 y Córdoba en 1473.
     John Lynch señala que muchos enfrentamientos se produjeron entre cristianos nuevos y judíos. La razón era que los nuevos cristianos estaban obsesionados con demostrar su nueva fe y así eliminar sospechas de judaizar, por lo que en ocasiones llegaban a ser los más radicales contra los judíos.
     En este contexto surgieron las razones de la creación de la Inquisición española. Existía un miedo de que se judaizaba por parte de los nuevos conversos, temiendo que extendieran su fe judía a otros cristianos. En un contexto de homogeneización estatal, que iba encaminado hacia una unidad religiosa, se temía que la Iglesia y el Estado se socavaran desde dentro por esta razón.
     Además de una razón religiosa, también habían otras razones de índole económico y social. Por un lado, los judíos, que vivían en las ciudades, eran poseedores de numerosos bienes. Muchos de ellos habían conseguido notables fortunas frutos de sus negocios, por lo que la confiscación de sus bienes era un fruto preciado para la Corona y para la Iglesia, en un contexto de crisis de las finanzas tras su llegada al poder.
     Por otro lado, muchos cristianos viejos de las ciudades, tenían envidia de la posición social de los judíos. Hay que recordar que algunos judíos incluso estaban bien relacionados con la corona debido a sus profesiones como médicos o financieros. La presión social de estas masas también ejerció una influencia dentro de la mentalidad de los dirigentes para crear una institución que vigilara la actividad de los conversos.
     Los Reyes Católicos estaban dispuestos a llegar a la unidad religiosa por lo que estaban dispuestos a emplear cualquier método para conseguirla. Por otro lado, el prior de los dominicos de Sevilla Alonso de Hojeda presionaba a los reyes denunciando la existencia de numerosos conversos que seguían practicando el cristianismo. Pero los Reyes Católicos no actuaban ya que primero debían consolidar su poder dentro de sus reinos.
     Mientras los Reyes asentaban su poder, el papa Sixto IV intentó introducir la Inquisición pontifica en Castilla, aunque no tuvo éxito. Por un lado, querían evitar un aumento de la intervención papal dentro de su reino. Por otro lado, existían numerosos conversos dentro de la administración estatal que, según John Lynch, intentaron impedir la introducción de este tribunal.
     Pero una vez asentada su autoridad en el Estado, los Reyes Católicos pidieron permiso al papa para establecer una Inquisición que estuviera bajo el control de ellos mismos, ajeno a la intervención del papa. El papa Sixto IV, tras algunas vacilaciones, aceptó la petición y mediante la bula Exigit sinceras devotionis affectus, el 1 de noviembre de 1478 se estableció la Inquisición en la corona de Castilla. La bula también establecía que los Reyes Católicos serían los encargados de nombrar a los inquisidores. De esta forma, la Corona accedía a un poder con gran influencia en los siguientes siglos.
     Una vez creada, la Inquisición no lucharía solamente contra los judaizantes. También persiguió a los judíos no conversos y a los moriscos, para después combatir a la herejía protestante, a las sectas, a la brujería y a todos aquellos que no siguieron la ortodoxia de la Iglesia católica apostólica romana. Es decir, persiguieron actos que consideraban que se apartaban de las normas de la Iglesia como la sodomía, la bigamia o la pederastia, por ejemplo. El objetivo final era mantener la pureza de la fe católica.
     La Inquisición tardó 2 años en empezar tras su creación en 1478. En septiembre de 1480 los Reyes Católicos nombraron los primeros inquisidores: fray Miguel de Morillo y fray Juan de San Martín. Estos inquisidores fueron nombrados en Sevilla, de la que se consideraba que era una zona con numerosos judaizantes.
     En Sevilla fue donde se celebró el primer auto de fe. Fue el 6 de febrero de 1481. En este primer auto de fe fueron quemadas vivas 6 víctimas acusadas de judaizar. Era un inicio violento, sin compasiones, reflejo de lo que pasaría en los primeros años de la implantación de la Inquisición española.
     Estos primeros años del tribunal inquisitorial fueron despiadados. Tras el primer auto de fe de Sevilla surgieron tribunales en otros puntos de Castilla. Estos primeros años, hasta el siglo XVI, fueron muy duros y violentos. La Inquisición actuaba severamente. Hubo centenares de víctimas mortales y millares penas de prisión. Era una muestra de la situación opresiva que existía durante los últimos siglos con respecto a los judíos y a los conversos.
     Los conversos apelaron a Roma, a las instituciones locales y a la Corona. Pero no obtuvieron resultado alguno. Pero después, el papa Sixto IV, impresionado por el cariz violento que había tomado la Inquisición en sus inicios, lamentó la concesión del poder inquisitorial a la Corona española e intentó limitar sus poderes y su independencia, lo cual no consiguió. Los Reyes Católicos tenían gran determinación  y mediante las negociaciones del representante español el cardenal Rodrigo Borgia, el papa Sixto IV cedió. No puso impedimento a que Isabel y Fernando tuvieran el control de la Inquisición española y autorizó la creación del Consejo de la Inquisición y el nombramiento de un inquisidor general.
     Así fueron los primeros años de la Inquisición e Castilla. La dureza y la violencia con la que actuó la Inquisición durante estos años le dio fama de dura y violenta, quizás no sin razón. Era un periodo de implantación, donde querían mostrar todo su poder y dar ejemplo a los que seguían judaizando. A partir de 1495 la represión y violencia disminuyó, aunque no desapareció, existiendo a partir de entonces distintos periodos de mayor o menor represión, de la que se hablará posteriormente.
     Tras la creación en Castilla de la Inquisición faltaba ponerla en práctica en la corona de Aragón. Aunque la Inquisición pontificia de origen medieval continuaba en la teoría existiendo, no ejercía ninguna actividad. Los Reyes Católicos, una vez creada en Castilla, tuvieron la intención de implantarla en Aragón con el objeto de tener un mayor poder en estos territorios.
     Pero la implantación de la Inquisición encontró resistencia en los reinos de la Corona de Aragón debido al temor de las noticias de los juicios que venían de Castilla y a que se veía como un agente externo de intervención que podía amenazar los intereses económicos de ciertos grupos. Sixto IV también había prohibido el establecimiento de esta nueva Inquisición en la corona de Aragón en 1482, producto de ese lamento que tuvo el papa al ver las primeras acciones inquisitoriales en Castilla.
     Pero nada podía parar la determinación de los Reyes Católicos. Fernando consigue establecer en 1484 el Tribunal de la Inquisición en Aragón. Al principio no contó con mucho favor, pero a partir del asesinato del inquisidor don Pedro de Arbués en Zaragoza en 1485 a manos de conversos la opinión pública cambió de opinión, provocando la consolidación de la Inquisición en Aragón y un recrudecimiento de la persecución a los conversos de los reinos de la Corona de Aragón.
     Tomás de Torquemada fue el primer inquisidor general de la Inquisición española. Este primer inquisidor general forma parte de la leyenda negra de España, ya que se le acusó de fanático religioso y de ser gran severo con los herejes y los conversos. Su periodo como inquisidor general también fue el periodo con mayor violencia del tribuna inquisitorial, aumentando así la leyenda negra de este primer inquisidor.
     Sin embargo, no se conoce mucho en relación a su biografía. Solamente se destaca que tuvo antepasados conversos, que era piadoso, sombrío, austero, difícil de corromper y de gran integridad.
     A pesar de lo que se piensa generalmente, Torquemada no fue uno de los artífices de la creación de la Inquisición española. Pero sí es verdad que a partir de su nombramiento como primer inquisidor general a partir de 1483 empezó a dar forma a la organización definitiva de la Inquisición española.  Torquemada elaboraría hasta el año de su muerte, 1498, unas instrucciones que definieron la constitución del tribunal y sus procedimientos.
     Torquemada ayudo a  convertir a la Inquisición española en una institución eficaz, autónoma e independiente de Roma. Como inquisidor general había recibido el poder de poder modificar las normas de la Inquisición pontifica para adaptarla a la Inquisición española que el papa había aprobado. En definitiva, institucionalmente la Inquisición se convertía en un instrumento del estado independiente del poder de Roma.
     Los inicios de la Inquisición fueron muy severos. En estos primeros años tras su implantación hubo muchos juicios y condenas a muertes. Tras este duro periodo, el número de condenados a muertes disminuyó, aunque hubo épocas con distinta actividad. Es por ello que diversos hispanistas, como Joseph Pérez o Henry Kamen, han dividido la actividad de la Inquisición española en diversos periodos.
     Un primer periodo sería esa fase de inicio dura, con numerosas ejecuciones que acaeció desde su implantación hasta el final del siglo XV. En esta fase la represión fue dura por su proximidad con el conflicto social existente con los judíos y con los conversos y que acabaría con el exilio o la conversión forzosa de los judíos.
     Un segundo periodo ocurriría en la primera mitad del siglo XVI, con un menor número de ejecuciones. Con la llegada de Carlos I, que en los inicios de su reinado tenía su ideal erasmista, muchos conversos confiaron con esperanza que el nuevo monarca aboliera esta institución. Pero el devenir de los acontecimientos en el interior de España y en Europa no ayudaron a que se eliminara esta institución ya que aparecía un nuevo problema para la religión católica: el luteranismo. Durante este segundo periodo la Inquisición, además de ocuparse de los conversos y de los moriscos, vigilaron los brotes protestantes que iban apareciendo, aunque escasos, en los reinos peninsulares.
     Un tercer periodo llegaría en la segunda mitad del siglo XVI. La Inquisición española se ocuparía principalmente del problema morisco y de los focos protestantes que iban surgiendo.  Los principales procesos contra los protestantes se realizarían a inicios del reinado de Felipe II, siendo los más importantes los que sucedieron en Valladolid y Sevilla. Estos procesos acabarían prácticamente con los intentos de implantar un protestantismo en España.
     Por otro lado, la Inquisición luchaba contra los moriscos, cuyas tensiones aumentaban, acabando con la insurrección de las Alpujarras a finales de los años 60 del siglo XVI y con la expulsión de los moriscos en 1609, durante el reinado de Felipe III.
     También empleó Felipe II a la Santa Inquisición para hacer frente al problema en el marco de los sucesos llamados las Alteraciones de Aragón, demostrando que la Inquisición, además de salvaguardar la fe católica, era un instrumento de la monarquía, ya que tenía la ventaja que dependía directamente de la Corona y la institución tenía competencia en todos los territorios peninsulares.
     Posteriormente llegó un periodo más tranquilo. Con la llegada de Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares, las ejecuciones menguaron, sobre todo debido a que Olivares era poco favorable a la Inquisición. Sin embargo, tras la caída del conde-duque en 1643, el tribunal se vio más libre para realizar sus actividades con más dureza, aumentando el número de condenas y ejecutados.
     En el siglo XVIII la Inquisición española dejó de tener el peso que había tenido en siglos anteriores. Aunque esta institución no se eliminó con la llegada de los borbones a la corona española, la actividad de la Inquisición disminuyó a lo largo del siglo XVIII. Habían varios motivos para ello, como por ejemplo la llegada de las ideas ilustradas, el menor apoyo social o la lejanía con el tiempo de los recién conversos.
    Los ilustrados españoles propondrían en la segunda mitad del siglo XVIII una reforma de esta institución española. Las ideas ilustradas no veían con buenos ojos los métodos inquisitoriales y lo que esta institución representaba. Por este motivo, el santo oficio, ante la llegada de estas nuevas ideas, se dedicaría a combatir a los ilustrados.
     Pero con la llegada de las tropas napoleónicas a España llegaba una nueva edad. En 1808 Napoleón anuló el tribunal de la Inquisición en España. Las Cortes de Cádiz de 1812 también abolieron esta institución. Ninguna de las 2 Españas que estaban luchando en la Guerra de la Independencia querían a esta vieja institución.
      Pero con el fin de la guerra, la vuelta del rey Fernando VII y la vuelta de las ideas absolutistas de este rey Borbón, la Inquisición fue restaurada. Durante el Trienio liberal (1820 – 1823) fue otra vez abolida, ya que los liberales eran contrarios a esta vieja institución que era símbolo de la España absoluta. Finalmente, la Inquisición fue abolida el 15 de julio de 1834 mediante Real Decreto durante la regencia de María Cristina, madre de la reina Isabel II, que por entonces era menor de edad. Era el fin definitivo de la Inquisición española, que había existido en España durante 356 años.
     La Inquisición española fue una institución fundada en el año 1478. Aunque ya existía una inquisición pontifica en Europa, la Inquisición española gozaba de características particulares que la hicieron tan importante. La característica más importante es que dependía directamente de la Corona española, dando mucho poder a los reyes, los cuales emplearon en diversas ocasiones al Santo Oficio como instrumento político.
     Las cifras de ejecutados por la Inquisición española son controvertidas, influyendo mucho la leyenda negra asociada a esta institución. Joseph Pérez estima que en toda la historia de la Inquisición se produjeron unas 125.000 causas. Esto es una tercera parte de las dadas por el clérigo Llorente a inicios del siglo XVIII. No obstante, sobre las cifras de condenados sigue existiendo un debate.
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El callejón de la Inquisición, al detalle:
Azulejo conmemorativo de la riada del 10 de marzo de 1892