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jueves, 20 de febrero de 2020

La placa conmemorativa al II Marqués de Vega Inclán, en el callejón del Agua, 4


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la placa conmemorativa al II Marqués de Vega Inclán, en el callejón del Agua, 4; de Sevilla.   
    El callejón del Agua se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la plaza de Alfaro, a la calle Vida
   En la fachada de la vivienda situada en el callejón del Agua, esquina con calle Justino de Neve, encontramos una placa conmemorativa, realizada en mármol blanco grabado, y con la única decoración de cuatro clavos metálicos dedicada al impulsor del turismo en Sevilla. El texto de la placa conmemorativa con tipografía en grabada, de ahí la dificultad de su lectura, dice así:
A LA MEMORIA DEL EXCMO. SR. D. BENIGNO DE LA VEGA INCLÁN
Y FLAQUER, MARQÚES DE LA VEGA INCLÁN, COMISARIO REGIO DE TURISMO.
ACADÉMICO DE LA REAL DE LA HISTORIA, DEFENSOR INFATIGABLE
DE LA RIQUEZA ARTÍSTICA DE NUESTRA PATRIA. AL QUE SEVILLA
DEBE LA TRANSFORMACIÓN DEL RETIRO DEL ALCÁZAR
EN BELLÍSIMOS JARDINES A CUYA ENTRADA HIZO COLOCAR
LA MONUMENTAL PUERTA DE MARCHENA. EL DESCUBRIMIENTO
DEL PALACIO DEL YESO Y LA ADMIRABLE URBANIZACIÓN
DEL BARRIO DE SANTA CRUZ, EL EXCMO. AYUNTAMIENTO
HIZO COLOCAR ESTA LÁPIDA A TAN BENEMÉRITO PRÓCER.
AÑO 1968
Conozcamos mejor la Biografía del II Marqués de la Vega Inclán;
     Benigno de la Vega Inclán y Flaquer, II Marqués de la Vega Inclán. (Valladolid, 29 de junio de 1858 – Madrid, 6 de enero de 1942). Mecenas y comisario regio del Turismo.
   Nació en el seno de una familia de militares que por sus hechos de armas lograrían los más altos honores.
   Su abuelo paterno fue Benigno de la Vega Inclán y Enríquez, cuya carrera militar se desarrolló sin altibajos y que llegó a ser mariscal de campo. Fue nombrado ministro suplente del Tribunal de Guerra y Marina, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento.
   Miguel de la Vega-Inclán y Palma siguió los pasos de su padre, ingresando en el arma de caballería. Participó en destacados episodios militares, como la batalla de Belascoain, junto al general Diego de León. Su lealtad a la Corona quedará probada en los constantes enfrentamientos contra los carlistas. Tras la Revolución de 1868 seguirá fiel a la dinastía borbónica y sufrirá persecuciones del ministro de la Guerra, el general Prim, quien le desterró a las islas Canarias hasta que a su muerte (1874) fue nombrado jefe del Estado Mayor de todos los ejércitos del Norte, donde siguió combatiendo a los carlistas. Ascendió a teniente general, siendo nombrado capitán general de las Baleares, donde se encontraba cuando volvió a España el rey Alfonso XII (1875). Para agradecer su participación en el retorno al trono este monarca le concederá el título de marqués de la Vega-Inclán en 1878.
   Poco después fue designado capitán general de Castilla la Nueva (1878), y a continuación gobernador militar de Puerto Rico (1882). Allí falleció (1884), víctima de una epidemia de fiebre amarilla, cuando iba a regresar a España para ser nombrado ministro de la Guerra.
   Su madre fue Elisa Flaquer y Ceriola (1830-1897), nacida en Madrid en el seno de una familia de la burguesía catalana, vinculada al mundo de las finanzas y de los negocios de la Corte. Del matrimonio nacieron cuatro hijos: Jorge, Benigno, Mariano y Fernando, que fallecieron sin descendencia, sobreviviéndoles el II marqués a todos ellos. A la muerte de la madre pasará a ostentar el título (1898), tras algunas fricciones con el primogénito.

   Desde Valladolid, su ciudad natal, se trasladó con su familia a Madrid y luego a Barcelona; estudió en el colegio de los jesuitas de Manresa, para volver luego a Madrid. Intentaría estudiar oficialmente en la escuela de Bellas Artes, donde tan sólo asistirá a algunas clases de paisaje impartidas por Carlos de Haes. La imposibilidad de cursar estudios artísticos le decidirá a seguir la carrera militar más por tradición familiar que por vocación, abandonándola años más tarde. Ingresó en infantería de Marina, y un año más tarde pasó a la Academia de Caballería de Valladolid, alcanzando el grado de alférez (1881). Sus destinos profesionales estuvieron ligados a los de su progenitor, a cuyo lado permanecerá como ayudante de campo en Puerto Rico. Será una experiencia muy enriquecedora que le permitirá conocer de primera mano los acontecimientos políticos, económicos y sociales que caracterizan la relación de España con sus colonias americanas en esos años cruciales. 
   Tras la pérdida del padre, regresa la familia a Madrid, siendo nombrado ayudante del mariscal de campo José Almirante y Torroella (1885). Es un destino relajado que le permitirá viajar por España y el Norte de África, y escribir. Publicará Bocetos de Semana Santa y Guía de Sevilla (1888) y distintas colaboraciones en la Ilustración Española y Americana.
   Fueron años de bohemia en los que frecuenta círculos literarios, artísticos o nobiliarios y traba amistad con relevantes personajes de la sociedad andaluza y madrileña. En compañía de Julio Quesada Cañaveral, conde de Benalúa, viaja a Buenos Aires y abre una planta de aguas azoadas artificiales, de las que se obtienen las bebidas gaseosas, inversión que es respaldada por Benalúa y veinte accionistas más. Viaja a Uruguay con el mismo propósito. En 1891 está de vuelta sin haber conseguido mejorar su escasa fortuna.
   De nuevo en el Ejército formará parte de la embajada del general Martínez Campos, enviada por el Gobierno español a Marrakech para negociar la paz con el sultán Muley Hassan; en la foto oficial aparece a pesar de su baja graduación.
   Los viajes serán muy valorados como fuente de experiencias por este autodidacta, que así se irá forjando. 
 Tras recorrer Europa decide establecerse en París (1900) y viaja a Londres y a Berlín. Regresará definitivamente a España en el verano de 1905 cuando compre el inmueble toledano que, según se creía, fue habitado por el Greco. Con esta compra y su ofrecimiento al Estado (1907) arrancará una nueva etapa en su vida que culminará con su nombramiento como primer comisario regio del Turismo y de la Cultura Artística y Popular (1911). Fue una decisión política tomada por el partido de Canalejas, al aceptar el Estado hacerse cargo de la gestión turística. Capitaneará el marqués un proceso que contaba con el respaldo de la Corona, y con el que se pretendía obtener riqueza y prestigio internacional para el país. La escasez de recursos será suplida por su titular con aportaciones propias derivando hacia una gestión cada vez más personalista que desembocará diecisiete años más tarde en la sustitución de la Comisaría Regia del Turismo por el Patronato Nacional de Turismo, creado por el general Primo de Rivera. Tomará como epicentro de atracción turística el monumento entendido en sentido amplio, y también el paisaje, sentando las bases de la metodología turística actual. Se apoya ésta en la mejora de la red viaria, en la creación de una red de alojamientos de variado espectro —hoteles, hospederías, residencias y paradores—, en una eficaz propaganda de los atractivos turísticos españoles mediante publicaciones, exposiciones, congresos y atención personalizada a grupos especiales y visitantes ilustres, y en la revalorización de la cultura artística, paisajes y tradiciones.
   Son los paradores una de sus obras más celebradas.
   Inicia la red con el de Gredos (1928) y le sigue Mérida (1931). Creador de museos y centros de cultura y, por tanto, restaurador de monumentos, a él se deben la Casa y el Museo del Greco (1910), la Casa de Cervantes en Valladolid (1916) y el Museo Romántico en Madrid (1924). Se integran en un nuevo prototipo museístico que él introduce en España: la casa-museo, donde el ambiente prevalece sobre las obras. Estuvo muy vinculado a otros museos como el del Prado, de cuyo Patronato fue vocal, y el Museo Sorolla, a cuya creación contribuyó. Recuperó e hizo visitable la Sinagoga del Tránsito y gestionó la Casa de los Tiros de Granada durante un corto espacio de tiempo. Sentó doctrina restauradora al inclinar el debate entre los partidarios de restaurar y los que deseaban tan sólo conservar, tras intervenir en el Patio del Yeso del Alcázar de Sevilla, con la intención de frenar los desmanes que se estaban produciendo en la Alhambra. Será el primero en llevar a la práctica en España las teorías en la materia defendidas desde la Institución Libre de Enseñanza, que alcanzarán rango legal con la Ley del Patrimonio de 1933.
   Coleccionista, marchante y mecenas, será la pintura el elemento nuclear de su coleccionismo, que es inseparable de su vertiente mercantil. Vendió numerosas obras del Greco, Velázquez y Goya, a menudo falsas, debido a su excesivo entusiasmo y al escaso avance historiográfico. Obtiene así los recursos necesarios para continuar su trabajo, subyaciendo en estas operaciones el deseo de dar a conocer el arte español fuera del país. Sus preferencias se centran sobre todo en las obras de los siglos XV, XVI y XVII y también en el XIX y principios del XX, siendo la temática de los museos y centros por él fundados la que oriente las nuevas adquisiciones. Toda esta actividad cobrará sentido cuando la proyecte en la colectividad, practicando un mecenazgo atípico en el que combinará los métodos tradicionales con otros específicos acuñados por él. Donó a la nación el Museo del Greco, también la Casa de Cervantes y finalmente el Museo Romántico. Financió las actividades de un organismo público, la Comisaría Regia del Turismo y, como colofón, legará todos sus bienes a sus fundaciones, es decir, al Estado español, convirtiéndose en uno de los mecenas más prolíficos de su tiempo. Pretende así suplir las deficiencias del Estado en materia turística y cultural acuñando fórmulas de gestión de recursos propios y ajenos. Los optimiza, entre otras razones, por el respaldo del Monarca, que tiene en él a un asesor artístico ejecutor de la política regia. El mecenas estadounidense Huntington y el propio Alfonso XIII financiarán algunos de sus proyectos. Recibirá de la Institución Libre de Enseñanza el sustrato ideológico presente en su obra, del que se impregna a través de Manuel B. Cossío, integrándose en ese minoritario grupo de españoles que buscaban la modernización del país por distintas vías.
   Desaparecida la Comisaría Regia, se dedicará a sus fundaciones y a nuevos proyectos. Compra y pone en funcionamiento el Real Balneario de la Isabela hasta su destrucción ocurrida durante la Guerra Civil. Tras el levantamiento militar, y a pesar de su avanzada edad y mala salud, se ofrecerá al Gobierno de Burgos para participar en el seguimiento de la salida de los cuadros del Prado y de otras colecciones españolas hacia Ginebra.

   Benigno Vega-Inclán fue elegido académico numerario de la Real Academia de la Historia el 19 de febrero de 1926, medalla de la que tomó posesión al año siguiente. Falleció en Madrid en enero de 1942, antes de pronunciar el discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Callejón del Agua, en ExplicArte Sevilla.

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