Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

sábado, 7 de septiembre de 2019

El Escudo de la ciudad de Sevilla


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Escudo de la ciudad de Sevilla.
         Empezaremos la descripción del mismo por su parte central. En ella, encontramos en el mismo centro al Rey San Fernando (Fernando III El Santo). Éste porta en su mano derecha una espada, y en su izquierda la bola del mundo. Reconquistó Sevilla el 23 de Noviembre de 1248. A la izquierda del Santo Rey se encuentra San Isidoro. Fue Arzobispo de Sevilla, por eso porta la mitra (en su cabeza) y el báculo (en la mano derecha). También podemos observar, que en su mano izquierda tiene un libro. Él fue quien escribió la que es considerada la primera enciclopedia del mundo (Etimologías). A la derecha del Rey Santo encontramos a San Leandro. Hermano de San Isidoro, fue Arzobispo de Sevilla antes que éste, por eso porta también mitra y báculo (en la mano derecha).
     Tratamos, a continuación, los títulos que posee la ciudad. En la parte izquierda, aparece el de MUY HERÓICA. Otorgado por Fernando VII como muestra de agradecimiento por la lucha del pueblo sevillano contra las tropas del ejército napoleónico. En el ángulo superior izquierdo, encontramos el título de MUY NOBLE. Data de la época de San Fernando, y es el más antiguo de los que aparecen en el escudo. En el ángulo superior derecho, apreciamos el título de MUY LEAL. Es de la época del Rey Alfonso X “El Sabio”. Un poco más abajo de éste último encontramos el título de INVICTA. De tiempos de la Reina Isabel II, como agradecimiento a los sevillanos por su arrojo contra el General Espartero. Y por último, en el ángulo inferior derecho, está el título de MARIANA. Promovido por la Hermandad de San Bernardo, fue el General Franco quien lo concede. Es el más reciente de todos.   
     Continuamos con este recorrido por el escudo de la ciudad de Sevilla. Ahora nos centramos en la parte superior del mismo, donde encontramos tanto la Corona Ducal, como el anagrama NO&DO. Empezamos por la corona. Sevilla es uno de los 153 títulos de Ducados de España. Esta distinción es concedida al Infante Don Enrique de Borbón y Dos-Sicilias, cuyo nacimiento se cree en los Reales Alcázares. Debido a este motivo, la corona representativa del ducado forma parte del escudo. Debajo de la corona se encuentra el anagrama NO&DO, el cual fue otorgado por Alfonso X “El Sabio” a la ciudad por la lealtad que Sevilla le profesó durante la guerra que éste mantuvo contra su mujer e hijos.
      Ya por último, hablaremos de las mazas que aparecen cruzadas por detrás del Rey San Fernando y los 2 arzobispos. Son símbolo del poder político, representando la autoridad.
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viernes, 6 de septiembre de 2019

El altorrelieve "San Zacarías, profeta", de Miguel Adán, en el Retablo de San Juan Bautista, de la Iglesia del Convento de Madre de Dios


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el altorrelieve "San Zacarías, profeta", de Miguel Adán, en el Retablo de San Juan Bautista, de la Iglesia del Convento de Madre de Dios, de Sevilla.    
     Hoy, 6 de septiembre, es la Conmemoración de San Zacarías, profeta, vaticinador de la vuelta del pueblo desterrado a la tierra de promisión. Anunció al mismo tiempo que un rey pacífico, Cristo el Señor, iba a entrar triunfante en la Ciudad Santa de Jerusalén, lo que se llevó a cumplimiento [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
    Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el altorrelieve de San Zacarías profeta en el retablo de San Juan Bautista de la iglesia del convento de Madre de Dios, de Sevilla.
   El Convento de Madre de Dios, se encuentra en la calle San José, 4; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
   En la Iglesia conventual de Madre de Dios podemos contemplar un retablo dedicado a San Juan Bautista, en el que aparece este altorrelieve. Se trata de la representación de un santo varón, Zacarías, que porta sobre su cabeza una mitra.
   El santo está representado sedente, recostado sobre una de las volutas que constituyen parte de la estructura arquitectónica del retablo. Está ataviado con túnica violácea sobre la que se desarrollan bandas y motivos forales dorados que le otorgan una gran suntuosidad. Está representado como un hombre maduro de largas barbas castañas, que adopta una pose forzada, dirigiendo su cabeza hacia la zona superior del retablo, donde se desarrolla un rompimiento de Gloria.
La pieza presenta una policromía rica en brillantes colores, en la que predomina la introducción de dorados, violetas, amarillos,.... procedentes del repertorio cromático manierista.
   Es una obra del imaginero Miguel Adán representando al profeta San Zacarías, realizado en el entorno de 1580-1600 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Zacarías, profeta;
   Profeta del siglo VI, contemporáneo del rey Darios, al que no se debe confundir con su homónimo del siglo I a. C., el sumo sacerdote Zacarías, padre de San Juan Bautista.
   Como Ageo, Zacarías exhorta a los judíos a reedificar el templo de Jerusalén y promete el final de la cólera de Yavé siempre que Israel retorne al verdadero Dios.
   Anuncia la entrada de Cristo a Jerusalén montado en un asno, y la traición de Judar por treinta monedas de plata.
   El atributo distintivo del profeta es el candelabro de los siete brazos descrito en sus visiones (4:2). No obstante, en la magnífica estatua del Pozo de los Profetas de la Cartuja de Dijon, Claus Sluter que lo representa viejo, agobiado, inclinando la cabeza sobre el pecho, no le concede otro emblema que la filacteria en la cual está inscrita su profecía.
   Algunas de sus visiones se evocan en las miniaturas de las Biblias moralizadas de donde han pasado a los cuadrifolios esculpidos en las catedrales (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre el Convento de Madre de Dios, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 5 de septiembre de 2019

El escudo de la Hermandad de la Anunciación


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el escudo de la Hermandad de la Anunciación de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación de Nuestra Señora y San Juan XXIII, se encuentra en la plaza Juan XXIII, 1; en el Barrio Juan XXIII, del Distrito Cerro-Amate.
      Su título completo es el de Pontificia y Real Hermandad Sacramental de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, Gloria de Nuestra Señora de la Anunciación, San Gabriel Arcángel y Santos Juan XXIII y Juan Pablo II, con sede canónica en la iglesia parroquial de la Anunciación de Nuestra Señora y San Juan XXIII, donde se funda en 1975 y que realiza su salida procesional en el mes de mayo. 
      El escudo de la corporación, contiene en el centro y por ser la Hermandad de carácter Sacramental una custodia de oro y a sus flancos las letras FIAT por el carácter mariano de ésta. Se compone de tres óvalos cordoneros donde se plasman en el diestro las armas del Santo Juan XXIII, que se compone de: en campo de plata dos fajas de gules, la primera cargada de dos flores de lis de plata, en jefe el León de San Marcos en oro y sobre el todo una torre redonda en su color. En el óvalo siniestro el escudo del Santo Juan Pablo II, compuesto de un campo de azur y sobre el flanco diestro de jefe a punta una Cruz de oro formando cuatro cuarteles, sobre el cuarto la M en oro que simboliza el nombre de María. En punta: óvalo con las armas reales del Reino de España. Escudo cuartelado y cortinado en punta; 1º y 4º en campo de gules un castillo de oro; y 2º y 3º en campo de plata un León rampante de púrpura. En cortina de punta y sobre plata, la Granada que representa su Reino, sobre el todo óvalo de azur con las tres flores de lis bien ordenadas que representan a los Borbones se timbra con la corona real. El escudo está timbrado de tiara pontificia por ser San Juan Pablo II Hermano de Honor de esta Corporación. Se compone de la tiara de tisú que lleva tres corona ducales, donde de atrás sobresalen las llaves, la diestra de oro y la siniestra de plata, se adorna con cordón de gules y cintas de color cardenal. Se lambrequina en su cierre con hojas de oro en su totalidad.
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miércoles, 4 de septiembre de 2019

El Convento de Santa Rosalía, de Antonio Matías de Figueroa


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Convento de Santa Rosalía, de Sevilla. 
     Hoy, 4 de septiembre, en Palermo, en la región italiana de Sicilia, es la Memoria de Santa Rosalía, virgen, de quien se dice que practicó la vida solitaria en el monte Pellegrino (s. XII) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Convento de Santa Rosalía, de Sevilla
     El Convento de Santa Rosalía [nº 59 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 63 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Cardenal Spínola, 8; en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo.
      La gran devoción de Sicilia tiene casa en Sevilla, en la calle Cardenal Spínola, Con festividad el 4 de septiembre, Santa Rosalía, la "guirnalda de rosas", en latín, o quizás la Rosalinda germánica. Vivió en el siglo XII y murió hacia 1160. Aunque se desconocen datos sobre su patria y vida, una leyenda asegura que a los 14 años se retiró a una cueva del monte Coscina y luego a otra del monte Pellegrino. Su iconografía la presenta como ermitaña o bien revestida con hábito agustino. Sus principales atributos son: una corona de rosas, en alusión a su nombre; y un crucifijo y una calavera, por su penitencia. 

     Enterrada en la catedral de Palermo, el culto espectacular que recibe en Sicilia llegó a Sevilla en forma de importación por el cardenal Palafox en 1685, siendo su anterior puesto la sede primada del Sur de Italia, un nombramiento realizado por el rey Carlos II. A su llegada a Sevilla, Jaime Palafox y Carmona promovió la erección de un convento dedicado a la santa, siendo la orden elegida la de las franciscanas capuchinas, congregación que, curiosamente, también tiene orígenes italianos en las reformas y divisiones de los franciscanos de la primera orden que se reflejarías, posteriormente, en la Orden de las Clarisas. Poco después del nacimiento de los capuchinos (1525), surgió en Nápoles el primer monasterio de clarisas capuchinas. Su origen fue un hospital de incurables de Nápoles, fundado por la noble viuda española María Lorenza Longo.
     En 1533 pasó su dirección a San Cayetano de Thienne, fundador de los teatinos, que dio al grupo un marcado acento contemplativo y que obtuvo de la Santa Sede la aprobación canónica con el nombre de Hermanas Franciscanas de la Tercera Orden, mientras María Lorenza establecía una clausura rigurosa. En 1538, San Cayetano las confió al cuidado de los capuchinos, siendo confirmadas el mismo año por Pablo III bajo la regla de Santa Clara, poniéndolo bajo la dirección de los capuchinos, por deseo de la fundadora. Su característica principal sería "la estricta observancia de la regla de Santa Clara": máxima pobreza, austeridad, estricta clausura, sencillez fraterna e intensa vida de oración.  

       La nueva congregación se extendió rápidamente por Italia y por el resto del mundo. A España llegarían las capuchinas al final del siglo, concretamente a Granada, donde Lucía de Ureña (+1597) fundó las Capuchinas Mínimas del Desierto de Penitencia. Le seguiría Barcelona, llegando a veinticuatro los monasterios españoles a finales del siglo XVII. En 1665, un grupo de capuchinas fundaba en la ciudad de México, extendiéndose la reforma rápidamente por todo el país. Y desde Madrid llegaban a Lima (Perú) en 1713 y a Antigua (Guatemala) en 1725.
     La historia de la fundación sevillana comenzó unida a la del siglo XVIII. Bajo los auspicios del cardenal Jaime Palafox se creaba en 1701 un convento que quedaba a cardo de cinco monjas capuchinas procedentes de Zaragoza, siendo una ellas hermana del arzobispo, sor Josefa Manuela. 

     La primera ubicación del convento fue una casa a Santa Marina, lugar donde se establecieron las religiosas mientras se realizaban las obras del edificio en la entonces llamada calle del Naranjuelo, hoy dedicada al cardenal Spínola. A pesar de la muerte del primer benefactor a los pocos meses de comenzar las obras, diversas limosnas y donativos recaudados por la abadesa permitieron el traslado de la comunidad en 1705, ya que se habían terminado algunas dependencias y el que sería oratorio provisional. Hay noticias de nuevas edificaciones en 1715, según los contratos estipulados con el albañil José García y el carpintero Pedro Luque para realizar la casa del capellán. El impulso definitivo llegaría entre 1722 y 1724, año de culminación, gracias al mecenazgo del arzobispo don Luis Salcedo y Azcona, uno de los grandes mecenas del arte sevillano del siglo XVIII. Fue el autor de las trazas del edificio el arquitecto diocesano del momento, Diego Antonio Díaz, que, curiosamente, vivía frente a la puerta del torno del convento. El 13 de agosto de 1761 un gran incendio destruyó casi por completo el nuevo convento. Al parecer, su origen estuvo en unas velas de culto mal apagadas tras la celebración de una de las funciones especiales dedicadas en honor a la Asunción de la Virgen. Inmediatamente empezó a reconstruirse gracias al empeño del cardenal Francisco Solís Folch, que lo reinauguró en septiembre de 1762, estando las obras dirigidas por el afamado arquitecto Antonio Matías de Figueroa, miembro de la saga familiar más representativa de la arquitectura sevillana del siglo XVIII. Junto al arquitecto participaría en la reconstrucción el carpintero Alonso de la Vega; ambos llevaban a cabo por entonces importantes obras en el colegio de la Purísima Concepción, institución jesuita conocida como el colegio de Becas. La profunda intervención fue recogida en un testimonio de la época que indica cómo "se levantaron paredes, cerraron arcos, formaron ángulos y construyeron primorosas celdas, mejorando aún lo poco que había quedado en la desolación, y en la iglesia se macizó lo que la fortaleza del fuego había socavado, enriqueciéndola con cornisas, molduras y otras primorosas labores". 

     En esta labor reconstructiva se debió realizar la fachada de la calle Cardenal Spínola, incluyendo la puerta de acceso al torno y a los locutorios. Durante los dos años que duró la reconstrucción las monjas capuchinas fueron acogidas en el monasterio de San Clemente y en unas casas cercanas al Hospital de la Misericordia, siendo bendecido su reconstruido convento el día 4 de junio de 1763, con unas solemnes fiestas que duraron tres días. "Una obra patrocinada por un príncipe de la iglesia debe estar a su altura". Cuentan que  en estos términos se manifestó el cardenal Solís al ser preguntado sobre la suntuosidad interior del convento de capuchinas del barrio de San Lorenzo. El cardenal tuerto (tras un lance caballeresco anterior a su vida religiosa que motivó su representación de perfil en los retratos oficiales), famoso a partes iguales por sus donativos y por su nivel de vida (llegó a tener 75 criados), daba así por terminada la reforma del edificio en septiembre de 1762. Este mecenazgo explica la suntuosidad actual de la iglesia, quizás algo extraña en la austeridad propia de la congregación de las capuchinas. De la iglesia original se conserva la portada, que fue realizada por Diego Antonio Díaz, presentado sus características juegos de líneas mixtas que enmarcan una hornacina con la titular del templo, estructura que luego se repetiría de forma monumental en la iglesia parroquial de Umbrete, también diseñada por el mismo autor. La fachada está realizada en ladrillo enlucido y se compartimenta en dos cuerpos. En el primero se sitúan dos pares de pilastras dóricas sobre pedestales, flanqueando un gran arco de medio punto cuyo interior sirve de guardapolvo al vano de acceso y a una hornacina rodeada de complicados elementos mixtilíneos que enmarcan una hornacina donde se sitúa una escultura de la titular del templo, con su iconografía habitual de guirnalda de flores en la cabeza y un crucifijo en sus manos. En la reconstrucción, realizada entre 1761-63 por Antonio Matías de Figueroa, se respetó el diseño original de la iglesia, una planta de cruz latina con una única nave cubierta por bóveda de medio cañón con lunetos y dividida en cinco tramos, mientras que el crucero se cubre por una bóveda baída. Es por tanto una traza original de Diego Antonio Díaz, que posteriormete empleó en otras obras suyas como las Agustinas Descalzas de Carmona o la capilla de Jesús Nazareno en Lora del Río. Frente a la pureza de líneas de la fachada, el interior sorprende por su concepto barroco de envolver y de sorprender al fiel en medio de una gran ruta de rocallas, ménsulas y hojarascas.

   Todos los retablos y la decoración escultórica del presbiterio y laterales del crucero son obra del retablista y escultor de origen portugués Cayetano D'Acosta y su taller, que alcanzarían el culmen del Barroco del siglo XVIII en los grandes retablos de la iglesia colegial del Divino Salvador. Vinieron a sustituir a los retablos y esculturas originales que habían sido realizados por el afamado Pedro Duque Cornejo, destruidos en el incendio de la iglesia en el que se perdió también el antiguo órgano tallado por Luis de Vilches. Quizás en la estructura  de los nuevos retablos realizados por Acosta haya un mantenimiento de las formas de los anteriores (recuerdan a sus composiciones de la iglesia de San Luis de los Franceses), siendo un posible recuerdo de la obra precedente. Los retablos de Santa Rosalía fueron realizados entre 1761 y 1763, de forma coetánea al resto de obras de reconstrucción del edificio, una rápida labor en la que hoy que intuir la amplia colaboración de un nutrido taller. Presentan las características propias del Barroco de la segunda mitad del siglo XVIII: gran suntuosidad, profusión en el empleo de rocallas y estípites y esplendor decorativo. Son un total de once obras que presentan cuatro tipologías, el mayor presidiendo el presbiterio, dos en los extremos del crucero, cuatro más pequeños en los pilares torales y cuatro retablos-vitrina que actúan de transición en las esquinas. El horror vacui y la unidad entre escultura, tallas, pintura y la propia arquitectura aumentan el impacto ambiental en la zona del presbiterio.

   En el retablo principal destaca la suntuosa Inmaculada que preside el cuerpo central, situándose a sus pies un San Miguel en la zona del manifestador, siendo de notable interés las imágenes de San Francisco y de Santa Clara de Asís, los fundadores de la Orden Franciscana en sus ramas masculina y femenina. San Francisco presenta un estofado de su túnica de singular riqueza, incluyendo labores de relieve que parecen ser una imitación de modelos italianos que Cayetano D'Acosta debió conocer en su estancia en Cádiz. El primer cuerpo se estructura mediante cuatro monumentales estípites de tipo rococó. En la zona del ático aparece la figura de Santa Rosalía, la santa anacoreta titular del templo, devoción traída de Sicilia por el arzobispo Palafox, que anteriormente había sido obispo de Palermo y cuyos escudos se sitúan en los laterales de la hornacina. Se remata con un pabellón de tela encolada que sigue los modelos teatrales de Pedro Duque Cornejo en la Iglesia de San Luis de los Franceses, aunque en este caso no se emplee la corona como elemento de sostén. La decoración de la zona del presbiterio se completa con unas pinturas murales entre las que destaca la de la bóveda del presbiterio, que intenta producir el efecto ilusionista de una cúpula en perspectiva. Aquí se representa a Dios Padre entre ángeles, pudiendo identificarse a San Lorenzo con la parrilla de su martirio y a San Esteban el protomártir, reconocible por su vestimenta de diácono. Las pinturas de los muros laterales representan las escenas de la ordenación de Santa Clara por San Francisco de Asís y la expulsión de los sarracenos de Asís tras la intervención de Santa Clara y su ostensorio. Todas las pinturas están atribuidas a Juan de Espinal.   
   En la zona del crucero se desarrolla un programa iconográfico representado por una serie de retablos que muestran santos y devociones capuchinas. En el muro izquierdo del crucero aparece un gran retablo en el que aparecen, curiosamente, santos de la orden jesuita: San Francisco Javier con su iconografía habitual del crucifijo que perdió en las playas de Japón, San Luis Gonzaga con su habitual concepción como modelo de virtudes para la juventud y San Francisco de Borja, el menino de la corte de Carlos V que constató el paso del tiempo por la calavera de la emperatriz Isabel de Portugal. A ambos lados de este retablo aparecen dos consolas con vitrinas que contienen imágenes de Santa Verónica Juliani y el Niño Jesús. En los pilares laterales de este brazo del crucero dos retablos acogen las esculturas de San Luis de Tolosa y San José respectivamente. Además, en este lado aparecen dos hornacinas que contienen las imágenes de dos santos capuchinos: San José de Leonisa y San Félix de Cantalicio con el Niño Jesús en sus manos.

   En el brazo derecho del crucero se repite la misma disposición, un retablo central estructurado en banco, cuerpo de tres calles y ático; dos retablos laterales que se estructuran en torno a una gran hornacina y dos retablos-vitrina que se sostienen por patas de tipo cabriolé, variando, obviamente, la iconografía. En el centro aparece un gran retablo que contiene las imágenes de Santa Teresa de Jesús revestida como doctora de la Iglesia (centro) y de San Joaquín y Santa Ana (laterales). A ambos lados de este retablo, dos pequeñas consolas con vitrinas que contienen representaciones del Niño Jesús, tallas anónimas de estética dieciochesca. En los pilares laterales dos retablos con las imágenes de la Virgen del Pilar y de Santa Inés de Asís. Por último, dos hornacinas en la parte superior donde se custodian las imágenes de San Serafín del Monte Granario y San Fidel de Sigmaringa, pertenecientes ambos a la Orden Capuchina.
   La compleja interpretación iconográfica del conjunto de retablos fue realizada por Ramón de la Campa, explicando la inclusión de la Inmaculada como patrona de la Orden Capuchina, de San José y San Miguel como patronos protectores, de la Virgen del Pilar en el origen aragonés del fundador, de los santos franciscanos, en que los capuchinos sean una de sus ramas, y de los santos jesuitas en la devoción particular del cardenal Solís, que era también gran lector de los escritos de Santa Teresa, también representada en los altares.
   En los muros laterales de la nave de la iglesia aparecen varios retablos de menor interés. En el lado izquierdo, junto a la puerta principal, un retablo del siglo XIX enmarca a Santa Rosalía, obra de menor interés que las piezas situadas en la zona central del templo. En el lado derecho se sitúa un interesante púlpito del siglo XVIII, que imita jaspes aunque está realizado en madera. A los pies de la nave se encuentra un retablo de principios del siglo XIX dedicado a la Divina Pastora, la gran devoción de los capuchinos. Es una devoción que tuvo su origen en las apariciones milagrosas a fray Isidoro de Sevilla en el convento masculino de la ciudad, dando lugar a una iconografía que se extendería rápidamente por toda España y por Iberoamérica. 

   En el muro lateral izquierdo se sitúa la entrada a la sacristía, habitualmente accesible, donde se conservan algunos lienzos de importancia como los de Jaime Palafox y Luis Salcedo, primeros mecenas del convento, cuya autoría se suele atribuir a Domingo Martínez. Menor calidad tiene el lienzo que representa al otro patrono del convento, el cardenal Solís. En los muros de esta estancia hay algunos azulejos de cuenca del siglo XVI y otros lisos del siglo XVII, lo que indica el empleo de materiales de acarreo procedentes de otros edificios.
   Volviendo a la iglesia, una singularidad en los conventos sevillanos es la situación del coro bajo, colocado de forma lateral en la zona del presbiterio. Es una estancia rectangular que se cubre con bóveda de aristas sostenidas por arcos fajones. Conserva algunos objetos relacionados con el cardenal Solís Folch, el patrono del convento. Destaca la urna que guarda el corazón del cardenal, que falleció en Roma pero que había dispuesto el traslado de su órgano vital al convento de capuchinas, curiosa disposición simbólica de situar su corazón lo más cercano a la comunidad. El relicario que lo acoge está coronado por un notable busto en mármol del cardenal realizado por Miguel Adán en Roma, en el año 1775. En el coro se conserva también un regalo del citado mecenas, una pequeña vitrina tardobarroca con un original crucificado de porcelana entre floreros, así como un relicario del Lignum Crucis en plata, pieza del siglo XVII con añadidos de pedrería. En el coro también se sitúa la tumba de la fundadora del convento, la venerable madre sor Josefa Manuela de Palafox, un lienzo de la Piedad, copia de Van Dyck y dos tallas barrocas de San Francisco de Asís y Santa Clara. De gran devoción es la imagen de la Virgen del Tránsito, colocada en una hornacina lateral de la estancia. Es una representación de la iconografía bizantina de la dormitio, la Virgen dormida que espera el tránsito hacia el cielo, iconografía cuya tradición se mantiene también en el Hospital del Pozo Santo. Es talla anónima del siglo XVIII que se expone cada 15 de agosto, festividad de la Asunción, en un insólito marco con cama estilo rocalla y teatralidad barroca conventual en la decoración de velas y flores, en un besamanos de gran concurrencia tras la finalización de la procesión de la Virgen de los Reyes. 

   La entrada a la clausura se realiza por una puerta lateral situada en la zona izquierda de la iglesia, en la misma calle Cardenal Spínola. Permite el acceso a un patio interior en torno al cual se distribuyen las viviendas de la portería, conservando un interesante viacrucis de azulejos del siglo XVIII en unos pasillos que conducen a la puerta reglar y al torno. Ya en el interior, la vida conventual se concentra especialmente en torno al claustro central, de planta cuadrada, que conserva las formas de su trazado original del siglo XVIII, por lo que se convierte en una tipología extraña si la comparamos con otros claustros conventuales de la ciudad. Presenta tres arquerías cerradas en cada uno de sus frentes, mediante ventanas las laterales y con balcón la central, siendo el piso superior solo de ventanas. Sobre cada arquería se abre un óculo, que permite crear un ritmo arquitectónico de gran sobriedad. Las galerías de los dos pisos se cubren con bóvedas de arista, cubrición que parece recordar las formas del arquitecto Diego Antonio Díaz, por lo cual deben pertenecer a la primera fase constructiva del edificio aunque la zona debió ser reconstruida tras el incendio de 1761.
   La del siglo XVIII también es la estética decorativa de sus pasillos ya que en sus muros cuelgan lienzos que representan al arzobispo Luis Salcedo y Azcona (hacia 1730) atribuible a Domingo Martínez, de la fundadora de las capuchinas en España, la venerable Sor Ángela Margarita Serafina o de Sor Clara Gertrudis Pérez Navarro y Vela. 

   Ya del siglo XIX es un retrato de Sor Rosa María Sánchez Calvo, firmado por José Guerra. En la escalera que sube a la planta alta se sitúan dos interesantes obras. Una es el retrato del cardenal Solís, obra anónima de mediados del siglo XVIII que lo representa en su habitual postura de perfil para evitar mostrar la falta de su ojo izquierdo. El otro cuadro representa una dinámica Inmaculada que sigue las formas del pintor sevillano Juan del Espinal, siendo obra de hacia 1760. La galería alta se decora con diversos retablos y vitrinas del siglo XVIII de características típicamente conventuales. Destacan entre ellos una abigarrada vitrina dedicada a la Virgen del Rosario adorada por Santa Catalina y Santo Domingo de Guzmán, con una composición de microarquitectura que se corona con las imágenes de los Padres de la Iglesia y de las Virtudes Teologales, siendo la Fe con los ojos vendados la que corona una estructura realizada hacia 1740 en viruta de madera dorada y policromada. La otra pieza de interés es una vitrina con un retablo del Calvario y una estructura arquitectónica, también en viruta de madera, coronada por un ángel que porta el paño de la Verónica. 
   Arquitectónicamente, la otra estancia destacable es la antigua dependencia dedicada a los dormitorios de verano, posteriormente compartimentada. Su estructura, soportada por quince pares de columnas toscanas de mármol blanco, con trozos de entablamento en los capiteles para aumentar la profundidad, que sostienen arcos de medio punto entre los que forman bóvedas de arista, recuerda de nuevo las obras del arquitecto Diego Antonio Díaz.
   Junto a la iglesia, el antecoro alto se decora también con numerosas vitrinas de los siglos XVIII y XIX, destacando las dedicadas a la Divina Pastora, iconografía netamente sevillana nacida precisamente en el convento masculino de la orden con las apariciones a fray Isidoro de Sevilla en 1703. Del mismo siglo es un pequeño retablo de la Inmaculada decorado con pinturas de un Ecce Homo, San Miguel, San Gabriel y San José. En el ático de este retablo se sitúa una imagen de la Virgen del Pilar que, según la tradición oral de la comunidad, llegó al convento de manos de la fundadora. Ya en el coro alto se conservan otros lienzos del siglo XVIII como el de la Asunción de la Virgen y otras copias murillescas sin gran interés. Entre las esculturas destacan un Crucificado del siglo XVIII y un San Diego de Alcalá que parece de la primera mitad del siglo XVII.
   Toda la zona que circunda a los antiguos dormitorios bajos está ocupada por una amplia huerta en la que se sitúa una pequeña capilla anterior a la construcción del edificio. Está dedicada a San Blas, santo que ya tuvo otra capilla de su advocación e las cercanías de la calle Feria, lo que explica la gran devoción que debió tener en siglos pasados. Es una pequeña estancia de dos tramos en cuyo presbiterio aparece una bóveda semiesférica sostenida con estucos decorados con formas geométricas. En una modesta estructura se sitúa la imagen del obispo titular, muy repintado, apreciándose algunos ejemplares de azulejos de cuenca del siglo XVI, época a la que corresponde la capilla.
   De gran solemnidad son los cultos a la Virgen del Tránsito el día 15 de agosto, cuando se expone en besamanos a la Virgen dormida, en una barroca cama encargada directamente por el cardenal Solís al escultor Cayetano D'Acosta, bajo un artístico dosel dieciochesco y entre numerosas flores y candelabros. También en agosto se celebra la novena a Santa Clara, días en los que se entroniza una imagen de la santa fundadora de las clarisas en el altar mayor de la iglesia. Ya en septiembre, el día 4, se celebra la festividad de Santa Rosalía, la advocación de origen siciliano titular del templo. En los últimos años es especialmente solemne la instalación en Navidad de un Belén conformado con figuras de la clausura adaptados al misterio del Nacimiento, siendo de gran riqueza las telas y ornamentos con los que se muestran. Además, la colaboración con la asociación de donantes de órganos permite la instalación de otro belén ambientado en escenarios sevillanos que se suele situar en la sacristía lateral de la iglesia.
 Junto a las labores tradicionales de zurcidos y arreglos de ropa, las monjas capuchinas ofrecen en la actualidad la posibilidad de alojamiento en unas estancias habilitadas como hospedería, función que permite compatibilizar la vida claustral con las necesidades económicas de la comunidad en una propuesta que podría ser seguida por otros conventos de la ciudad (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
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Horario de apertura del Convento de Santa Rosalía:
            Todos los días: de 09:00 a 13:00, y de 17:00 a 21:00

Horario de Misas del Convento de Santa Rosalía:
             No hay un horario fijo.

Página web oficial del Convento de Santa Rosalía: No tiene.

martes, 3 de septiembre de 2019

La Iglesia conventual de San Gregorio Magno


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la iglesia conventual de San Gregorio Magno, de Sevilla.        
     Hoy, 3 de septiembre, Memoria de San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia, que siendo monje ejerció ya de legado pontificio en Constantinopla, y después, en tal día, fue elegido Romano Pontífice. Resolvió problemas temporales y, como siervo de los siervos, atendió a los valores espirituales, mostrándose como verdadero pastor en el gobierno de la Iglesia, ayudando sobre manera a los más necesitados, fomentando la vida monástica y propagando y reafirmando la fe por doquier, para lo cual escribió muchas y célebres obras sobre temas morales y pastorales. Murió el doce de marzo (604) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].   
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Iglesia conventual de San Gregorio Magno, de Sevilla.
   La Iglesia del Convento de San Gregorio Magno se encuentra en la calle Alfonso XII, 14; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
   Hasta seis edificios llegó a tener la Compañía de Jesús en Sevilla desde su llegada con Francisco de Borja. Desapareció el colegio de las Becas (quedan sus muros) y el llamado colegio de los Irlandeses (en calle Jesús del Gran Poder), se han conservado la iglesia del colegio de San Hermenegildo, la Anunciación, San Luis de los Franceses y el antiguo colegio de los ingleses. Casi nadie lo conose así. Hoy es la iglesia de San Gregorio, con presencia mercedaria, pero conocida, obre todo, por ser la sede la hermandad del Santo Entierro.

   La iglesia formaba parte de un colegio edificado por los jesuitas en 1592 para albergar a los religiosos de nacionalidad inglesa, un ejemplo de la enemistad con Inglaterra  en tiempos de Felipe II. Fue fundado por el padre Roberto Parsonio, miembro de la Compañía, que comenzó su andadura en unas casas del barrio de San Lorenzo, para pasar posteriormente a su lugar actual, la, entonces, calle de las Armas. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767 sus propiedades pasaron al Estado, que reutilizó su patrimonio. En 1771 el antiguo colegio de los ingleses pasó a ser sede de la Real Sociedad Médica de Sevilla, fundada a finales del siglo anterior. Cobijó a las Esclavas de Jesús y María y albergó a diversas hermandades, permaneciendo allí la hermandad del Santo Entierro desde su traslado en 1867. 

   La simplicidad preside el exterior de la iglesia, de cuya silueta apenas sobresale la torre campanario de la cabecera, casi colindante a la Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Los escasos elementos neogóticos de su decoración son fruto de las reformas del siglo XIX, que no borraron la huella jesuita presente en el anagrama "JHS" tallado en las propias puertas del templo. El interior muestra la misma simplicidad, un templo de tres naves dividido mediante columnas de mármol blanco con coro a los pies. En el centro del presbiterio, desaparecidos los antiguos lienzos del retablo mayor, se alza un modesto retablo neoclásico que imita mármoles rojizos. Al centro se sitúa, sobre una urna realizada por Lucas de Prada en 1828, la excelente imagen del Señor Yacente, atribuida con todo fundamento a Juan de Mesa por la morfología de su rostro, el tratamiento anatómico de la talla y la espina atravesada en su ceja como firma del maestro. Por la iglesia se reparten retablos de escaso mérito, destacando la Virgen de la Merced y, sobre todo, la Virgen de Villaviciosa, obra documentada de Antonio Cardoso de Quirós. Aunque no se exponga, en el cortejo de la histórica cofradía, muestra de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la ciudad, figura también la representación del Triunfo de la Cruz sobre la muerte, obra de Quirós remodelada por Astorga. Nomenclaturas de la ciudad. Si nadie habla del colegio de los ingleses, el triunfo de la Cruz se conoce como La Canina. El barroco y la gracia sevillana en la antigua iglesia jesuita (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia;
   La biografía de de Gregorio Magno fue escrita en el siglo VIII por Pablo Diácono, y la popularizó Santiago de Vorágine en el siglo XIII, en la Leyenda Dorada. La suya, que repite la de Edipo (se habría casado con su madre), fue narrada en la Edad Media por el poeta alemán Hartmann von Aue, de acuerdo con un modelo francés, y en nuestros días por el novelista alemán Thomas Mann (El elegido).
   Nació en Roma hacia 540 y era hijo de Santa Silvia. Se retiró de la vida mundana después de la muerte de su madre, y transformó el palacio de su familia, sobre el monte Coelius, en un monasterio benedictino, donde profesó y del cual llegó a ser abad. Elegido papa contra su voluntad, en 590, muríó en 604.
   Escribió numerosas obras, las Homilías sobre Ezequiel, el Liber regulae pastoralis o Pastoral, los Libri morales o Moralia (Expositio in librum beati Job), los Diálogos que tuvieron tanto éxito que los griegos, para diferenciar al papa Gregorio de sus numerosos homónimos, lo motejaron el Díalogos. Por último, codificó las oraciones y los cánticos de la misa en el Sacramentario y el Antifonario.
CULTO
   San Gregorio fue enterrado en la Basílica Vaticana. Más tarde, se le dedicó en Roma la basílica de San Gregorio Magno.
   Su cabeza fue transportada por San Gebardo a la abadía de Petershausen, cerca de Constanza.
   En 1831, el papa Gregorio XVI instituyó la orden de San Gregorio Magno. Es patrón de los sabios a causa de su erudición; de los músicos, de los chantres y de los niños de coro a causa del canto gregoriano.
   Se lo invocaba contra la peste que padeció Roma en 590, cuando fue elegido papa, y a la cual habría puesto fin con sus plegarias. También se lo creía curador de la gota.

   Pero su popularidad se debe sobre todo a que le atribuía la virtud de aliviar el sufrimiento de las almas del Purgatorio mediante la plegaria. Dicho culto se basaba en la leyenda del emperador Trajano a quien el santo habría arrancado de las llamas del Purgatorio para recompensarlo por su justicia, y también se debía a la historia de un monje excomulgado a quien habría salvado celebrando treinta misas seguidas. Tal es el origen de la treintena gregoriana para el reposo del alma de los difuntos. Después del concilio de Trento, se convirtió en el patrón de las cofradías piadosas consagradas al alivio de las almas del Purgatorio.
ICONOGRAFÍA
   Su iconografía no tiene para nada en cuenta su corpulencia, de la cual él mismo habla en una de sus epístolas.
   Siempre se lo representa imberbe, como papa tocado con la tiara, y con la cruz pontificia de tres travesaños (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La Iglesia del Convento de San Gregorio Magno, al detalle:

lunes, 2 de septiembre de 2019

La Fuente de Mercurio, de Diego de Pesquera, Asensio de Maeda, y Bartolomé Morel, en la plaza de San Francisco


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Fuente de Mercurio, de Diego de Pesquera, Asensio de Maeda, y Bartolomé Morel, en la plaza de San Francisco, de Sevilla.
   Desde tiempos medievales existía una fuente pública (conocida como "pilar de San Francisco"), que suministraba agua a un amplio sector de la ciudad y que se encontraba situada en el entorno de la plaza contigua al convento Casa Grande de San Francisco.
   En 1526 comenzó la trascendental reforma urbana que afectó a esta plaza -según las directrices de Diego de Riaño- que llevaba incorporada (además del nuevo Ayuntamiento), el diseño de una fuente que en los planos de 1528 se contemplaba, pero que al concluirse las obras de éste en 1564, aun no se había realizado.
   Las primeras noticias en relación con esta primitiva fuente de Mercurio, datan de 1576 cuando por encargo del Ayuntamiento la realizan Asencio de Maeda (autor de su primer trazado), Diego de Pesquera (autor de la primera figura de Mercurio), Bartolomé Morel y el Maestro Ocaña (quienes se encargaron de fundirla y dorarla en bronce respectivamente), ajustándose a los patrones tipológicos de las fuentes monumentales exentas del Renacimiento. Consistía entonces en un balaustre central con dos tazas superpuestas de jaspe y un pilón de mármol, rematada por la figura de la divinidad clásica caracterizada como "Argifontes" (con espada en alto en una mano, y caduceo en la otra), en relación con las nuevas actividades de su entorno (la Cárcel Real y la Audiencia, además del Ayuntamiento, que por esos años -1563 y 1595 respectivamente- se construyen).
   Restaurada en 1655 por Pedro Sánchez Falconete, en 1717 el cantero Juan Fernández Iglesias hace una nueva, dotándola de un pedestal cruciforme de piedra sobre el que se elevaba un balaustre octogonal y un capitel compuesto por cuatro mascarones en forma de cabeza de león -que actuaban en forma de surtidores- y por el que se vertía el agua a cuatro veneras. Con este mismo año se relaciona la nueva figura de Mercurio, que debió fundirse en sustitución de la primitiva (desaparecida en el montín de 1712), pues su estilo se aparta bastante del de los prestigiosos artífices renacentistas (autores también del estanque de Mercurio del Alcázar, realizado en 1577), y más en consonancia con los postulados del barroco.

   En 1833 se desmontó en su integridad esta segunda fuente, instalándose la nueva figura de Mercurio en un estanque de los Jardines de las Delicias. Este Mercurio estuvo después en la casa los Levíes, en la de los Pinelo, en el Alcázar y en los Jardines de Murillo. En 1850, en el mismo sitio donde estuviera la de Mercurio, se coloca una nueva fuente, la Pila del Pato, que permaneció allí hasta 1855.
   En 1974 el arquitecto Rafael Manzano Martos se hizo cargo de hacer una réplica no literal de la de Fernández Iglesias, introduciendo las variantes de un pilón circular que se eleva sobre cuatro gradas circulares de caliza, un pilar rematado por un capitel de carácter neobarroco (roleos, argollas y hojarasca), y las cuatro carátulas vertiendo al mar directamente. Esta que sería en rigor la tercera versión de la fuente (esperemos que la última), respeta el anterior Mercurio dieciochesco (que sí podría ser sustituido).
   Esta fuente, no debe confundirse con la de los Jardines del Alcázar, realizada por Diego Pesquera y fundida por Bartolomé Morel en 1576 (Teresa Laffita, Sevilla turística y cultural, Fuentes y monumentos públicos. ABC de Sevilla, 1998).
Conozcamos mejor la Biografía de Bartolomé Morel, uno de los autores de la obra reseñada;
     Bartolomé Morel, (Sevilla, p. t. s. XVI – c. 1579). Fundidor de la Real Casa de Artillería.
     Hijo del también fundidor Juan Morel el Viejo, con quien trabajó en su taller, y padre de Juan Morel Ribera, del mismo oficio. Su categoría como fundidor se ve reflejada en tres de los trabajos que realizó para la catedral sevillana, el facistol, el tenebrario y el Giraldillo.
     Entre 1559 y 1562, concertó con Pedro Delgado el facistol, según modelo de Juan Giralte, concretando también la fundición del pie del tenebrario.
     Dos años más tarde, en 1561, aparece como fiador de Cosme de Sorribas en el contrato que realizó para el pasamanos de la capilla del mariscal Diego Caballero en la catedral, diseñado por Hernán Ruiz, encargo que volvió a repetir diez años más tarde. Un año después de aquella fecha, recibió 100.000 maravedís a cuenta del referido tenebrario, a la vez que se obligaba a pagar a Bartolomé de Vallejo 36.744 maravedís por ocho quintales de cobre. En 1564 actuó como mediador en la devolución de unos fuelles propiedad de Francisco Gallego que se encontraban en el taller de Pedro Valera.
     En febrero de 1565 trabajó en diferentes obras entre las que destacan los remates de hierro para la Giralda, de nuevo según diseño de Hernán Ruiz, dos candeleros para el monasterio de Santa María de las Cuevas y, actuó como fiador de su hijo Juan Morel, fundidor de artillería, en el contrato realizado por éste para una campana de la iglesia de Santa Ana de Triana. Entre 1566 y 1568 realizó la obra más significativa de su carrera, que fue la magnífica estatua-veleta en bronce de la Fe que remata la torre de la Giralda, según diseño de Juan de Vargas y Juan Bautista Vázquez el Viejo, vestida a la romana con casco y penacho sobre la cabeza, representando el triunfo de la Iglesia.
     En el Alcázar sevillano realizó distintos trabajos, como el efectuado en 1542 para las cuatro rejas destinadas a la Sala Grande de las Bóvedas, trabajo que se prolongó hasta 1578. Posteriormente, en 1576, trabajó en la fuente de Mercurio de los jardines del Alcázar, según diseño de Diego de Pesquera. También realizó otra representación de Mercurio para la fuente de la plaza de San Francisco, actualmente desaparecido (Josefa Mata Torres, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre la plaza de San Francisco, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 1 de septiembre de 2019

La Iglesia de San Gil, abad


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de San Gil Abad, de Sevilla. 
   Hoy, 1 de septiembre, en la región de Nîmes, en la Galia Narbonense, actual Francia, Memoria de San Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camarga, y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y completado el curso de su vida mortal (s. VI/VII) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].  
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la iglesia de San Gil abad, de Sevilla.    
     La Iglesia de San Gil, abad [nº 49 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 71 en el plano oficial de la Junta de Andalucía]; se encuentra en la plaza San Gil, s/n (aunque la entrada habitual se efectúa por la portada lateral, situada en la misma plaza San Gil, 10); en el Barrio de San Gil, del Distrito Casco Antiguo.
   Cuenta la leyenda que en tiempos de Pedro I el sacerdote de la vieja parroquia se negó a dar sepultura a un fallecido pobre. Una injusticia que el rey Justiciero vengó a su modo: le ordenó excavar una tumba a la puerta de la iglesia. El enterrado sería el propio sacerdote. Pocos feligreses parecen recordar que pisan sobre el injusto clérigo que fue enterrado vivo. Quizás sean pocos también los que conocen una iglesia ensombrecida por la contigua basílica de la Macarena. Un templo probablemente fundado en la segunda mitad del siglo XIII, transformado en el XIV y nuevamente intervenido en el XVIII. Su dedicación al santo griego del siglo VII que falleció en Francia en olor de santidad parece provenir del recuerdo del obispo don Remondo, que fue bautizado en la iglesia segoviana de la misma advocación. Situado junto a la antigua calle Real, en el eje norte de entrada a la ciudad según el antiguo cardo romano, fue incendiada el 18 de julio de 1936, perdiéndose un notable patrimonio como la antigua imagen de la Virgen del Carmen, el grupo de Santa Ana y la Virgen del siglo XVIII, la talla de Santa Macrina o el crucificado que perteneció a la hermandad de la Macarena.

   Del exterior del templo destacan las portadas laterales, del siglo XIV. La que da acceso habitual a la iglesia, junto a la torre, presenta un gran arco ojival bajo tejaroz de piedra. Junto al ábside se sitúa un azulejo de la Virgen del Carmen, obra de Facundo Peláez que recuerda a la devoción carmelita que se concretó en una hermandad con sede en la parroquia, una tipología de azulejo que mantiene una devoción que estuvo antaño muy extendida por los muros de la ciudad. La torre se ha solido identificar como alminar de la primitiva mezquita anterior, una atribución que no comparten algunos estudios sobre el mudéjar. Debió ser notablemente transformada y restaurada en el siglo XVIII, lo que eliminó su aspecto islámico. Su primer cuerpo mantiene la inspiración mudéjar, que se completa con la apertura de óculos. Los arcos de medio punto dan carácter cristiano medieval al cuerpo superior, formando el cuerpo de campanas. Un chapitel hexagonal de azulejería corona la parte superior. La portada de los pies es de ladrillo y arquitrabada. Muy sencilla, bajo su dintel conserva una serie de ladrillos que imitan canecillos. Un azulejo recuerda la estancia de la hermandad de la Macarena en el templo más de 300 años, desde su venida  de la iglesia de San Basilio (donde se fundó) hasta su traslado a la basílica propia que se construyó tras la Guerra Civil de 1936. De gran interés son los contrafuertes exteriores del ábside que dan a la calle San Luis, de época de Pedro I, con pilastras coronadas con capiteles góticos de característica decoración vegetal. 

   El interior del templo presenta tres naves y presbiterio marcado al exterior, siendo muy probable que en su origen fuera una sola nave que fue ampliada en un momento posterior. Pilares cuadrados compartimentan una estancia típica del mudéjar sevillano, con artesonado rehecho tras el incendio de 1936 en forma de artesa en la nave central y con un solo paño de colgadizo en las naves laterales. El zócalo de azulejería trianera es obra también moderna. En el arte sevillano medieval destacan, sin duda, las piezas de azulejos geométricos que decoran el presbiterio, un alicatado mudéjar comparable a los del Alcázar o a los escasos restos de la iglesia de Santa Marina que sobrevivió al incendio de 1936. El centro del presbiterio está presidido por un moderno templete con cuatro columnas estriadas inspiradas en el protobarroco, estando presidido por la imagen de San Gil, obra de Antonio Castillo Lastrucci. Aparece con hábito benedictino y protegiendo a la cierva acorralada que buscó refugio en el retiro del santo de origen griego. Diferentes pinturas del siglo XVIII, cercanas al estilo de Domingo Martínez, decoran las paredes del presbiterio.

   En los muros de la nave del Evangelio (izquierdo) tras una sencilla ménsula con imagen moderna del Sagrado Corazón aparece la antigua capilla de la Macarena, ahora Sacramental, cerrada por reja del siglo XVIII. Aloja talla de la Inmaculada realizada por Antonio Castillo Lastrucci, decorando sus muros dos lienzos de San Francisco y de la Divina Pastora (advocación cuya hermandad procesionó por primera vez desde esta iglesia a comienzos del siglo XVIII). El retablo se completa en el ático por una discreta copia de La Última Cena que Alonso Vázquez pintó para la Cartuja. La hermandad sacramental, de las pocas "puras" de la ciudad (no fusionadas con hermandad penitencial) remonta su existencia al menos hasta 1584, manteniendo el culto sacramental y la característica procesión de enfermos e impedidos. En el incendio de 1936 se salvaron las imágenes del Cristo de la Sentencia y la Virgen de la Esperanza, al ser retiradas de su culto en esta capilla, guardándose en un cajón de madera que sigue conservando la hermandad. Sigue el pasillo que une la parroquia con la Basílica de la Macarena y que permite el acceso al camarín de la Virgen. Junto a una moderna imagen de San Antonio se abre capilla con imagen moderna de la Milagrosa. Sobre el cancel se sitúa uno de los lienzos de la serie que hizo Juan del Espinal en el siglo XVIII para el monasterio de los jerónimos, representando el tema del Asalto al Monasterio de Belén. De escaso mérito es un crucificado situado a los pies de la nave.

    Pasando al muro derecho nos encontramos la capilla de la hermandad de la Virgen del Rocío del barrio de la Macarena, que tiene su casa hermandad en la cercana calle Parras. Alberga el excelente simpecado bordado de la titular. Del siglo XVIII es un Niño Jesús vestido de pastorcito flanqueado por dos ángeles lampadarios. Le sigue la capilla de Ánimas, recuerdo de la antigua devoción que tuvo hermandad propia, con lienzo moderno de ánimas en el centro. De la misma serie comentada cuelgan dos lienzos de Juan del Espinal, la muerte del santo y la escena de la discusión con los doctores. La última capilla de este muro está hoy dedicada a la Virgen del Carmen, estando cerrada por una reja de 1623 que pudo ser salvada del incendio. Es capilla de planta cuadrada, con ciertos recuerdos de las capillas qubba musulmanas que tanta influencia tuvieron en la arquitectura mudéjar sevillana. Conserva un excelente zócalo de azulejería, que suele relacionarse con piezas del Alcázar del siglo XIV. En un retablo recompuesto con estípites barrocos del siglo XVIII se sitúa la imagen de la Virgen del Carmen, obra de José Ordóñez donada por don Gabriel de Espinal, tras la pérdida de la primitiva imagen en el incendio de 1936. Porta al Niño Jesús que talló Francisco Buiza en 1966, quién también retocó a la titular en 1975. Son de interés los lienzos que representan a San Felipe Neri y la escena de la Adoración de los pastores, del siglo XVIII. La hermandad de Nuestra Señora del Carmen se fundó en el año 1905 en la parroquia de San Gil, aunque ya hay testimonios de su existencia en 1880. Tiene el título de Real por haber pertenecido a su nómina de hermanos la Reina Amalia de Portugal y la Infanta María Luisa (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Egidio o Gil, abad;
LEYENDA
   Ermitaño y abad benedictino del siglo VII cuya leyenda, al igual que la de Hipólito, se explica por un juego de palabras con su nombre Aegidius, derivado de la palabra griega aïx, que significa "cabra", animal que vuelve a encontrarse en égide (piel de cabra). San Egidio o Gil estaba predestinado por su nombre a convertirse en el santo de la cierva.
   De nacionalidad griega (Natione Grecus), nacido en Atenas, emigró a Arlés, Provenza, en el valle del Ródano, a donde lo atrajo la fama de San Cesario, después de una peregrinación a Roma. Más tarde se retiró en un bosque próximo a Nîmes, donde se alimentaba con la leche de una cierva domesticada. Durante el transcurso de una cacería, el rey visigodo Wamba persiguió a la cierva cuya flecha alcanzó al ermitaño junto a quien el animal había buscado refugio. Contrito por haber herido involuntariamente al santo, el rey hizo construir para él un monasterio benedictino cerca de la desembocadura del Ródano, que llegó a ser famoso bajo la advocación de Saint Gilles. Además del episodio de la cierva herida, el arte retuvo otras dos escenas de su leyenda. Un monje había puesto en duda la virginidad de María, San Gil escribió sobre la arena tres preguntas: si María había permanecido virgen antes, durante y después de la concepción. A manera de respuesta a cada una de ellas, de la arena reseca brotó súbitamente un lirio.
   La historia de la Misa de San Gil es más popular todavía. Carlos Martel lo llamó para pedirle su intercesión a causa de un pecado que no se atrevía a confesar. Al día siguiente, mientras San Gil celebraba misa en presencia del rey, un ángel depositó un pergamino (scedula) sobre el altar, donde estaba escrito el pecado inconfesable y prometida la absolución, con la condición de que el pecador se arrepintiese. Según otra versión, el ángel le habría mostrado la cédula que revelaba la falta secreta a San Gil, quien vio los caracteres borrarse a medida que pronunciaba sus oraciones.
   Carlos Martel, a pesar del evidente anacronismo, puesto que San Egidio o Gil murió en 725, suele ser reemplazado por el emperador Carlomagno, quien habría tenido relaciones incestuosas con su hermana Aude (o Gisela).
   Según la vida rimada del santo que escribió Guillaume de Berneville en el siglo XII, el milagro se habría producido en Orleans, en la iglesia de Sainte Croix, que en el siglo  XVI aún poseía "la cédula del emperador Carlomagno". Hacia el final de su vida, el santo fue a Roma en peregrinación. El papa le donó para su abadía dos puertas de madera de ciprés esculpidas con las imágenes de los Santos Pedro y Pablo. San Gil las hizo arrojar al Tíber encomendándolas a Dios, y las puertas encallaron en la costa del Languedoc, cerca del monasterio de Saint Gilles. Este milagro sin duda se explica por los servicios de navegación que funcionaban regularmente entre los puertos de Ostia y Arles, y que los hagiógrafos recordaban.
CULTO
   La prodigiosa popular de San Gil en la Edad Media se debió en principio a la leyenda que lo presentaba como el único santo que eximía de la confesión. Quienes invocaban a San Gil para la remisión de un pecado se aseguraban la absolución de Dios, con la condición de no reincidir.
   La segunda razón fue el auge de la peregrinación a la abadía de Saint Gilles, situada entre Arles y Nîmes, por donde pasaba el camino hacia Santiago de Compostela, que en el siglo XII, antes de la construcción del puerto de Aigues Mortes, era el principal centro de embarque hacia Tierra Santa. Iban allí para venerar el magnífico relicario de oro descrito en la Guía del peregrino a Santiago de Compostela.
   Proveza se llamaba provincia Sancti Aegidii.
   En Francia su culto no quedó limitado al Mediodía de Provenza y el Languedoc, como lo prueban la iglesia de Saint Gilles, en París, la capilla de Saint Gilles de Montoire, en Vendômois, Saint Gilles sur Vie en Vendée y la iglesia de Saint Gilles de Abbeville. Era el patrón de la ciudad de Valencieenes, y en Caen había una iglesia de Saint Gilles que servía como parroquial de la abadía de la Sainte Trinité, y que fue víctima de los bombardeos de 1944. En Tournai, que en el siglo XV formaba parte del reino de Francia, los regidores impusieron como penitencia al pintor Robert Campin, convicto de falso testimonio, una peregrinación a Saint Gilles.
   En Italia San Gil tenía bajo su advocación iglesias en Florencia y en Pisa.
   En España, Burgos y Zaragoza dedicaron iglesias a San Gil abad.
   En Inglaterra y Escocia, su popularidad está probada por la advocación de numerosas iglesias, la más conocida de las cuales es la catedral de Edimburgo. Londres también dedicó a San Gil una de sus iglesias.
   Aunque no haya padecido martirio, Alemania lo incluyó en la cohorte de los Catorce Intercesores y le dedicó iglesias en Brunswick, Lübeck, Osnabrück y Nuremberg.
   En Austria se convirtió en patrón de la catedral de Graz. En Estiria y Carintia numerosos pueblos llevan el nombre St. Aegyd, S. Aegidi, S. Gilgen y S. Ilgen. Su culto se difundió hasta en los países escandinavos, donde en el siglo XII se le dedicó un altar en la cripta de la catedral de Lund; y en Polonia, donde una iglesia de Cracovia está puesta bajo su advocación.
   Su fiesta coincidía con la de San Lupo de Sens. De ahí la doble dedicatoria de una iglesia parisina y de la iglesia de las afueras de Thiais en los arrabales de Saint Leu (Lupo) - Saint Gilles.
   Sus patronazgos son múltiples. Abogado de los pecadores a causa de su intercesión por Carlos Martel, además era el patrón de los arqueros, de los enfermos y lisiados, porque había sido herido con una flecha (a causa de ese patronazgo de los lisiados, en Londres se puso bajo su advocación una iglesia próxima a Cripple Gate -Puerta de los Enfermos-, que era el equivalente ade la Corte de los Milagros de París), y de las madres nodrizas (Patron der stillenden Mütter), porque había pedido a Dios que le conservara la cierva que le servía de nodriza.
   Se lo invocaba contra el miedo, a causa de la protección que acordara a una cierva en peligro, espantada por la jauría de un cazador. Refugio de las bestias atemorizadas, también daba seguridad a las almas temerosas. Las madres de familia lo invocaban contra los miedos nocturnos y las pesadillas de sus hijos.
   En Turena se lo creía capaz de curar el cáncer, y en Normandía la epilepsia, que allí se llamaba mal de San Gil.
ICONOGRAFÍA
   Vestido con túnica blanca de benedictino, se apoya sobre el báculo abacial. Los pintores italianos a veces le conceden como atributo un lirio que debe interpretarse como armas parlantes, puesto que su nombre en italiano, Gilio, se pronunciaba como giglio, que significa "lirio".
   Protegiendo a una cierva acorralada, su brazo es atravesado por una flecha destinada al animal. La leyenda de la cierva debe ser tardía puesto que no aparece en las representaciones más antiguas del santo.
   La escena de Carlos Martel recibiendo la absolución sin confesión previa fue censurada por el concilio de Trento, por contraria a la doctrina de la Iglesia que exige la sacramentalis absolutio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Horario de apertura de la Iglesia de San Gil, abad:
          De Lunes a Sábados: de 09:00 a 10:30, y de 18:00 a 20:00
          Domingos y Festivos: Sólo por las mañanas.

Horario de Misas de la Iglesia de San Gil, abad:
           Laborables: 10:00
           Sábados y Vísperas de Festivos: 19:00 y 21:00
           Domingos y Festivos: 09:00, 11:00 y 12:00

Horario de apertura de la Iglesia de San Gil, abad: No tiene.