Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 2 de enero de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Santiago el Mayor, Convento de Santa Clara de la Columna, Castillo de los Sotomayor, Convento de los Santos Mártires de Marruecos, Hospital de San Antonio, Ermita de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarillas, Ermita de Nuestra Señora de Consolación, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Antón, Puente de San Pedro, Fuente del Pilar, y Pósito) de la localidad de Belalcázar, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago el Mayor, Convento de Santa Clara de la Columna, Castillo de los Sotomayor, Convento de los Santos Mártires de Marruecos, Hospital de San Antonio, Ermita de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarillas, Ermita de Nuestra Señora de Consolación, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Antón, Puente de San Pedro, Fuente del Pilar, y Pósito) de la localidad de Belalcázar, en la provincia de Córdoba.
     Destaca su castillo gótico de los Sotomayor, un pétreo centinela que guarda la puerta noroeste de la provincia. El soberbio castillo de los Sotomayor es como un pétreo centinela que guarda la puerta noroeste de la provincia de Córdoba, donde termina Andalucía y empieza, enseguida, Extremadura. Sus berroqueños sillares, proclamando el poderío ya marchito del viejo condado, escriben en el paisaje una página de historia medieval, mientras la parroquia de Santiago el Mayor, en el corazón ajardinado de la villa, emula en volumen y granito a la fortaleza.
     Villa situada al oeste de Los Pedroches, junto a la carretera C-420.
     Distancia a Córdoba: 100 Km.
     Altitud: 488 m.
     Extensión: 355 Km2
     Habitantes: 3.567.
     Gentilicio: Belalcazareños.
     Mancomunidad: Los Pedroches
     La actual población fue fundada por los árabes hacia el siglo VIII con el nombre de Gafiq que cambió por Gahet o Gahete tras la conquista cristiana. La etapa más importante de su historia se inicia en 1444, cuando Juan II la dona, con la vecina Hinojosa, al maestre de Alcántara Gutierre de Sotomayor, por los servicios prestados en sus luchas contra el infante Don Enrique. Elvira de Zúñiga logró en 1466 para su hijo Gutierre II el título de conde y terminó la construcción del castillo de la familia, que la llevó a cambiar el nombre del pueblo por el de Belalcázar o bello alcázar. Fue Belalcázar desde entonces la capital del condado de su nombre que comprendía además Hinojosa, Villanueva del Duque y Fuente la Lancha, cuya titularidad ostentó desde 1518 el duque de Béjar. Durante la invasión napoleónica el castillo cobijó a una guarnición francesa, que se vio hostigada por una partida guerrillera comandada por el cura Clemente Arribas. Entre los hijos ilustres que ha dado la villa destacan el oftalmólogo árabe Al-Gafequi y el conquistador Sebastián de Belalcázar.
     Oficina de Turismo de Belálcazar
     +34957146321
     https://www.belalcazar.es/ (Diputación Provincial de Córdoba).
     Fue conocida en tiempos islámicos como Gafiq, castellanizado luego en Gahete. Su reconquista debió tener lugar entre 1236 y 1241, pasando en 1243 a depender de Córdoba. En 1444 la villa fue donada por Juan II a Gutierre de Sotomayor, maestre de la orden de Alcántara, con oposición de Córdoba. En 1466 Alfonso I de Sotomayor recibió el título de conde y la villa pasa a llamarse Belalcázar, en atención al hermoso castillo que había construido en el lugar. En 1518 Francisco I casó con Teresa de Zúñiga, heredera de las casas de Ayamonte y Béjar. El último señor fue el duque de Osuna, titular del ducado de Béjar (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Belalcázar, famoso por sus hijos, Sebastián de Belalcázar, conquistador americano, y Corpus Barga, escritor, tanto como por su castillo, cuya estampa renacentista se yergue en un montículo al norte de la población, y su convento de Santa Clara, uno de los principales conjuntos conventuales de la provincia, que ha mantenido a lo largo del tiempo y prácticamente incólume la impronta gótica de su fundación en 1476 (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
     Este bello pueblo serrano de aspecto medieval se alza a los pies del castillo que acabó dándole nombre, en el extremo más occidental del valle de los Pedroches.
Historia
     La ciudad adquirió el nombre actual a par­tir de 1466 con la terminación del castillo de los Sotomayor, al que el vulgo llamó "bello alcázar". Durante la primera época de la dominación árabe se llamó Gafik y entre los siglos XII y XV, Gahet o Gahete, siendo por entonces una de las ciudades más importantes de Al-Ándalus y cuna, entre otros muchos personajes importantes, del farmacólogo Yafa al-Gafiqi y del oftalmólogo Astan al-Gafiq que ejerció la medicina en Córdoba y que, ya en el siglo XII, operaba con éxito de cataratas.
     Don Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Calatrava, fundó el señorío a partir de 1444, gracias a la donación de Juan II de Castilla.
     Los señores de Sotomayor embellecieron la ciudad fundando la mayoría de los monumentos que actualmente conserva. Sebastián Moyano, natural del pueblo y de familia humilde, que luego se hizo llamar Sebastián de Belalcázar, fue el conquistador de Nicaragua y el fundador de Quito.
Fiestas
     El día de San Antón, último domingo de enero, los vecinos acuden en procesión con sus animales a la ermita del santo, a cuyo alrededor dan tres vueltas para que los proteja de los dolores de barriga. El último fin de semana de abril tiene lugar la romería de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarilla.
VISITA
     Las casas de la ciudad muestran en los dinteles de sus puertas y ventanas la abundancia de granito con que cuenta la zona. Muchos de ellos forman arcos de diversos tipos, principalmente escarzanos, como el de la puerta del antiguo pósito, situado en la calle del Padre Torrero. La plaza de la Constitución alberga la parroquia de Santiago, inmenso navío de piedra granítica jalonado en sus muros laterales por poderosos contrafuertes que le dan el aspecto de iglesia gótica catalana.
ALREDEDORES
     El castillo*, que no es posible visitar, se encuentra en un altozano, extramuros de la ciudad. Es más un palacio que una fortaleza guerrera y, aunque algo dañado en el exterior y completamente saqueado por dentro, sobre­coge su grandiosidad y su belleza.
     Fuera también del casco urbano, a unos 2 km en dirección a Hinojosa del Duque, se levanta el convento de Santa Clara*, habitado por monjas clarisas, joya del gótico isabelino y uno de los más interesantes de toda la provincia. Destaca la portada de la iglesia, con un precioso arco trilobulado, y el claus­tro con dos pisos de galerías abiertas (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Santiago el Mayor.-
     El edificio, que se comenzó a construir a mediados del siglo XVI, se ha relacionado con la producción de Hernán Ruiz II y Juan de Ochoa; a lo largo del siglo XVII se le añadieron capillas, conservando casi todas escudos nobiliarios; a raíz del hundimiento de las cubiertas, en 1967 el templo fue sometido a una profunda reforma, que afectó sobre todo a éstas, al presbiterio y a las capillas del lado izquierdo.
     A la izquierda, sobre el acceso a la sacristía, se ve un relieve con el Padre Eterno, de principios del XVII, que debió pertenecer a una portada. De las imágenes devocionales de las capillas pueden citarse la de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarilla, de vestir moderna, que lleva un Niño procedente de otra anterior perdida, la Dolorosa de vestir, atribuida a Martínez Cerrillo, Jesús Nazareno, obra de Castillo Lastrucci de 1940, restaurada en 1996, María Santísima de la Soledad, de 1952, y San Juan, de 1952, y San Juan, de 1948, obras de José Callejón Gutiérrez. El Cristo de la Salvación es anónimo cordobés de 1941, como el Yacente, donado en 1948.
     Del ajuar litúrgico cabe destacar una cruz parroquial de mediados del XVII recompuesta, un cáliz dorado con cabujones esmaltados y piedras semipreciosas de 1623, otro liso de plata fechado en 1669 y otro con leve decoración incisa que lleva fecha de 1702 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Iniciado en 1559 y terminado en el siglo XVII, es un templo renacentista de una sola y amplia nave, cuya primitiva grandeza arquitectónica disminuyó la restauración llevada a cabo para reparar los daños de la Guerra Civil, que afectó a la bóveda y exedra semicircular del presbiterio.
     Se da como probable la intervención en sus obras de los arquitectos Hernán Ruiz II y Juan de Ochoa (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia conventual de Santa Clara de la Columna.-

     Fue fundado en el último cuarto del siglo XV por doña Elvira de Zúñiga. Se restauró en 1995 bajo la dirección del arquitecto Arturo Ramírez Laguna. Al compás abre la fachada de la iglesia, con portada en arco carpanel donde se ven la tallas acéfalas en piedra de Cristo bendiciendo entre María Magdalena y Sana Clara, fechables en los primeros años del XVI.
     El interior de la iglesia es de una sola nave con bóvedas de crucería y capilla mayor cuadrada cubierta con bóveda estrellada, decorada con pinturas de motivos vegetales carnosos y medallones con ángeles que llevan símbolos pasionistas, fechables a mediados del siglo XVIII. La imaginería que adorna la iglesia es de carácter devocional (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Convento de Santa Clara de la Columna está constituido por numerosos patios y dependencias que dan lugar a una compleja organización. Reconocido como uno de los más importantes monasterios de la provincia de Córdoba, ocupa una extensión construida de más de 7.000 metros cuadrados entre salones, corredores, escaleras y patios, todo ello construido en granito de la zona. Uno de los elementos más característicos de este conjunto lo constituyen sus techos de madera y sus artísticos artesonados. 
     La iglesia, de una sola nave, está cubierta con bóvedas de crucería que arrancan de ménsulas. Tiene coro alto y bajo a los pies, como corresponde a un templo conventual. La sala capitular, conservada aún a los pies del templo, presenta dos bóvedas de crucería estrellada, realizada en la misma época, pero el resto de las dependencias conventuales responde fundamentalmente a los estilo mudéjar y renacentista.
     La fachada de la iglesia, de estilo Reyes Católicos, presenta un arco conopial flanqueado por agujas estriadas rematadas con ramilletes. La entrada está formada por un arco carpanel que enmarca otro trilobulado, recorrido en su interior por un cordón franciscano. En el tímpano se sitúan tres esculturas hispano-flamencas de fines del siglo XV o comienzos del XVI, que representa a Cristo en pie, con el torso desnudo, acompañado por la Magdalena y Santa Clara, a los lados, ambas arrodilladas.
     El claustro tiene dos pisos de galerías abiertas, el primero con arcos carpaneles y el segundo, adintelados sobre zapatas y con bellos pretiles de primorosas labores góticas. Estas galerías del claustro aún se cubren con artesonados planos, vistosos por sus excelentes lacerías y decoración pintada. El refectorio y la escalera poseen otros interesantes artesonados.
     Fue creado en 1476 por doña Elvira de Zúñiga como monasterio de varones perteneciente a la orden de San Francisco, tras su muerte, en 1483, sus hijas Leonor e Isabel lo convirtieron en cenobio femenino, cuando los varones pasaron al convento próximo de los Cinco Mártires de Marruecos. 
     El antiguo Convento de los franciscanos fue ocupado por las monjas en el año 1.490. Vinieron a este lugar monjas clarisas procedentes del Convento de Nuestra Señora de la Consolación de Calabazanos (Burgos), trayendo un trozo de la Columna en la que ataron a Jesucristo para azotarle. Llegaron el 21 de febrero de 1.494 y desde entonces se llamó Convento de Santa Clara de la Columna (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fundado por Elvira de Zúñiga, se convirtió en el retiro espiritual del primer Conde de Belalcázar, Gutierrez II, que profesó aquí bajo el nombre de Fray Juan de la Puebla.
     En 1490 este convento pasó a ser ocupado por monjas, tomando a partir de ese momento el nombre de Santa Clara de la Columna, y agregándose a la provincia de Los Ángeles.
     Catalogado como uno de los más importantes monasterios de la provincia de Córdoba, ocupa una extensión construida de más de 7.000 metros cuadrados entre salones, corredores, escaleras y patios, todo ello construido en granito de la zona.
     Uno de los elementos más característicos de este conjunto lo constituyen sus techos de madera y sus artísticos artesonados.
     La portada de la capilla está construida bajo los parámetros del último gótico flamígero, con un arco trilobulado que cobija en su interior una serie de esculturas góticas de la segunda mitad del siglo XV que representan a Jesús de pie, a Santa Clara y a la Magdalena arrodillada. Entre la serie de molduras de este arco cabalga un cordón franciscano, que refuerza la pertenencia del templo a la orden, y los escudos de los Sotomayor y Zúñiga (Diputación Provincial de Córdoba).

Castillo de los Sotomayor.-

     El monumento civil más emblemático es el antiguo castillo de los Sotomayor, construido a partir de una fortaleza islámica por el primer conde de Belalcázar, Alfonso de Sotomayor, hacia 1460. Entre 1531 y 1544 Francisco de Zúñiga, conde de Belalcázar y duque de Béjar, le añadió un palacio renacentista, obra probable de Hernán Ruiz el Viejo, hoy una venerable ruina (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Castillo de Gahete se encuentra enclavado sobre un cerro de gran altura, al norte de Belalcázar, controlando por completo desde su emplazamiento la localidad y su entorno. La delimitación del Bien incluye el castillo propiamente dicho, el recinto amurallado de éste y la superficie comprendida entre ambas construcciones, ya que dicho espacio intramuros debió acoger a una primitiva alcazaba, siendo el lugar donde se encuentra el foso que rodeaba el castillo restos de una primitiva ermita, así como parte del camino empedrado que formaba parte del antiguo camino de Almadén. 
     La planta de la fortaleza es de forma trapezoidal, adaptándose a la meseta donde se sitúa. Su perímetro, que encierra intramuros un patio central donde se establecen las estancias residenciales y se localiza el aljibe, está flanqueado por ocho torres. De éstas, las cuatro macizas se sitúan en las esquinas y las otras cuatro, huecas, en los centros de los lienzos murarios, destacando en el lado de levante la Torre del Homenaje, que se encuentra orientada hacia la población. 
     Las primeras referencias históricas sobre el recinto amurallado de Belalcázar se refieren a época romana, aunque será durante el s. IX cuando se constaten los primeros documentos históricos sobre la existencia de una fortaleza y, posteriormente durante el siglo XV, cuando se conforme la edificación del actual castillo. Su imagen definitiva se logrará a partir de la construcción en el s. XVI de una edificación de carácter residencial adosada al costado oriental del perímetro primigenio, lo que le dará un aire más palaciego. 
     El palacio se conformó mediante una doble crujía que se adosó al lienzo originario de la fortaleza, compactando el espacio que quedaba entre el saliente de la torre centrada en el lado sur y la esquina sureste de la Torre del Homenaje, dejando embutida la torre esquinera sureste. Este edificio consta de tres plantas superpuestas, de anchura creciente en inversa proporción al grosor de sus muros; igualmente existe una progresión creciente de la altura de las salas, manteniéndose la jerarquización de espacios que se refleja en la decoración arquitectónica. La iluminación se realizaba mediante pequeñas ventanas rectangulares adinteladas, de las que se conservan cegadas las tres del frente sur y sólo dos del costado oriental, decoradas con una serie de motivos de rosetas, bajos relieves y animales mitológicos, destacando en el tercer piso del ala oriental un hueco enmarcado por el arco de medio punto donde se localizan los escudos de los Zúñiga y de los Sotomayor, y en el ala a levante un hueco que en su parte superior se ha rematado con el busto de una mujer que se trata al parecer de doña Teresa de Zúñiga y Guzmán, esposa del duque don Francisco de Sotomayor, cuarto Conde de Belalcázar y tercer Duque de Béjar. Todo el piso del ala oriental se debió de rematar con una cornisa moldurada con listel y nacela. 
     La Torre del Homenaje se sitúa en el centro del lienzo oriental, con una altura de 47 metros, siendo la más alta de España, constituyendo un gran hito en el paisaje. Esta construcción responde a dos momentos constructivos sucesivos, con una distancia en el tiempo mínima, realizados sin solución de continuidad, pero con diseños, planteamientos técnicos, funcionales y estilísticos muy diferentes. Al primer momento constructivo que se corresponde con la construcción del resto del castillo, se le asignan los tres pisos inferiores y el aljibe, mientras que a la segunda fase de la torre hay que asignarle el cuerpo de remate superior en el que se desarrollan dos plantas más. Los dos tercios inferiores están constituidos por un prisma cuadrangular, y el tercio superior, por un cuerpo de sección casi circular cuyos ejes son iguales a los del otro cuerpo inferior. 
     Destaca el gran despliegue decorativo y alegórico de la Torre del Homenaje, en ventanas, escaraguaitas, matacán,... Las ocho escaraguaitas, también denominadas garitas o garitones, se sitúan a la cota del adarve, situándose cuatro escaraguaitas sobre las esquinas y otras cuatro en el centro de sus lados, ocupando las centrales toda la altura de los dos pisos superiores, mientras que las de las esquinas se desarrollan desde la parte superior hasta media altura de dicho cuerpo; el centro de su decoración está compuesto por los escudos de los Sotomayor. 
     Es importante en la cuarta planta el gran ventanal que se abre al patio, que se adscribe al estilo gótico flamígero, compuesto por un arco bilobulado, con la clave invertida enmarcado por columnillas góticas, rematadas por pequeños capiteles. Este arco se encuentra a su vez enmarcado por sendos arcos conopiales, decorados en sus extremos con motivos de cardinas góticas. 
     El recinto amurallado que circunda la actual edificación del castillo, a una cota bastante inferior al mismo, se adapta a las condiciones topográficas del lugar, presentando una disposición irregular con un total de 21 torres, en diferentes estados de conservación, las cuales quedan entrelazadas por muros en los que se puede observar la evolución histórica del recinto. Entre los elementos principales, destacan la torre coracha y la torre albarrana. 
     La torre coracha, conocida como Torre de los Vargas, se encuentra en el centro del sector oriental de la muralla, asentada al pie del arroyo Caganchas. Presenta unas dimensiones mayores que las de las restantes torres, su planta es aproximadamente rectangular aunque a mitad de su lado norte realiza un quiebro para enlazar con la muralla. Se trata de una torre maciza en sus dos tercios inferiores, hasta el nivel de suelo intramuros, a partir de este punto presenta una amplia estancia interior. Por el tipo de sillares y por la marca de los canteros se corresponde cronológicamente con el período de construcción del Castillo de los Sotomayor, de mediados del siglo XV. 
     La Torre Albarrana se localiza en el centro del sector norte, el único que no queda rodeado por el arroyo Caganchas. Su identificación como albarrana es evidente por la separación de la muralla y su unión al recinto por un gran arco escarzado con la rosca de ladrillo; su única habitación interior está colmatada por derrumbes, espacio que según Ramírez de Arellano estaría reservado para una noria que extraería agua de un pozo interior. 
     La disposición del puente y de la torre no es perpendicular a la muralla, sino que está oblicua Sureste-Noroeste, lo que hace que su planta sea irregular. Se edifica sobre un pequeño plinto alamborado, siendo su cuerpo inferior macizo hasta unos 10 metros de altura, a partir del cual hay una estancia cuadrada iluminada por una estrecha ventana en el norte. 
     La torre se distancia del recinto, por un puente de una anchura algo estrecha para paso de tropa constituido por un primer cuerpo macizo de sillares de 3,30 metros de longitud y un gran arco escarzado. La torre pertenece al mismo momento en el que se realiza el Castillo de los Sotomayor, a mediados del siglo XV, siendo por tanto obra cristiana, tal y como queda constatada por las marcas de canteros que están labradas en sus sillares de granito de dimensiones aproximadamente cuadradas. 
     En el conjunto de dicho recinto destaca el empleo de un amplio abanico de materiales constructivos y la combinación de distintas técnicas edilicias, fruto de las distintas fases constructivas que corresponden a los distintos momentos históricos, provocando continuas reformas y ampliaciones, ya que se tienen documentadas actuaciones desde el siglo IX hasta el XVI. 
     En la actualidad, existen restos del propio castillo en la localidad de Belalcázar: ocho escudos labrados en piedra y los alfarjes de madera, en la fachada de la casa sita en la calle Blas Infante, núm. 15, del municipio de Belalcázar, antigua casa del administrador del señorío. Con la misma procedencia, en la casa del actual propietario del castillo, se conserva una balaustrada de piedra, donde se puede observar la labor de cantería, presentando una decoración calada con motivos ojivales. 
     Desde el punto de vista de la protección, también se ha considerado que forman parte del castillo los restos de una primitiva ermita consistentes en un muro de obra de mampostería de pizarra, adosados a una edificación relativamente reciente de carácter accesoria, en las inmediaciones del extremo sureste del castillo y entre el foso y el recinto amurallado. Esta ermita se denominaba de Villacerrada o de la Virgen del Castillo en clara referencia a la primitiva fortaleza allí existente. 
     Asimismo, hay que contemplar también la existencia del camino empedrado por el que se accede hoy en día al propio castillo, que va recorriendo de sur a norte la totalidad de la superficie comprendida dentro de los límites del recinto amurallado. Dicho camino formaba parte al parecer de la antigua ruta a Almadén, ya que Belalcázar era un lugar estratégico dentro de la ruta que unía los Montes de Toledo con Córdoba por el valle de la Alcudia. Dicho camino, en el tramo que se corresponde con el recinto amurallado, aparece delimitado en sus laterales por muretes de obra de mampostería irregular de aproximadamente un metro de altura.
     El Castillo de Gahete constituye un referente obligado de la arquitectura defensiva del siglo XV en la Península Ibérica, respondiendo a la tipología clásica de estas edificaciones de la Baja Edad Media castellana, de planta generalmente regular, y donde se destaca una gran torre. Dicho conjunto aumenta sus valores cuando, ya en el siglo XVI, se construye en el interior del recinto el señorial palacio de los Zúñiga-Sotomayor.
     La denominación de Bel Alcázar, asignada a la singular y relevante Torre del Homenaje de la fortaleza de Belalcázar desde su construcción, propició el nombre definitivo de la villa donde se asienta, que había sido conocida hasta entonces, al igual que el castillo, como Gaete o Gahete (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Levantado sobre los restos de una antigua fortaleza árabe, el magnífico castillo palacio de los Sotomayor aparece resguardado por una antigua muralla que rodea al arroyo Caganchas, sobre el que se sitúan torres albarranas, una de ellas dedicada a la extracción de agua.
     Su Construcción se inició en torno a 1.450 utilizando granito de la zona.
     Ocupa una superficie de más de 3.500 metros cuadrados, contando con ocho torres de 22 metros de altura que se elevan sobre los lienzos de su muralla.
     El emblema de este castillo se lo proporciona su majestuosa torre del homenaje que alcanza una altura de 45 metros y está coronada por unas garitas en las que aparece esculpido el escudo de los Sotomayor.
     La impronta de este edificio hizo que Gahete cambiase su nombre por el de Belalcázar, debido al carácter palaciego de este conjunto que se vería acrecentado en el siglo XVI, cuando el duque Don Francisco de Zúñiga y Guzmán de Sotomayor mandó construir un palacio de estilo plateresco sobre una de las alas del castillo.
     Hace unos años fue adquirido por la Junta de Andalucía la cual procedió a su restauración y a día de hoy es un castillo visitable.
     Para más información: +34 957 146 004 (Diputación Provincial de Córdoba).

Convento de los Santos Mártires de Marruecos.-

     Del convento franciscano de los Santos Mártires de Marruecos, fundado en 1486, no queda más que la iglesia desacralizada, de una nave, en deplorable estado. La capilla funeraria de los Vargas es obra de Hernán Ruiz el Joven, de hacia el año 1555 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Antiguo Convento de San Francisco de los Santos Mártires de Marruecos, se encuentra ubicado en la zona este de la localidad de Belalcázar, en el límite de la calle de San Francisco y el barrio del Marrubial. Su estado es totalmente ruinoso. 
     Del complejo conventual prácticamente sólo subsisten restos de su iglesia, de una sola nave de una altura considerable, con cuatro arcos apuntados. Dichos arcos arrancan del propio suelo y están construidos con piedra de granito. Su bóveda es de medio cañón y la pequeña cabecera es rectangular. 
     En la fachada, en la parte central que bordea la portada, se emplearon grandes sillares de granito, piedra abundante en la zona, mientras que en el segundo cuerpo, de remate en piñón, la piedra adopta la forma de sillarejo o simple mampostería irregular. La portada es de ladrillo que debió estar enlucido y pintado originalmente. Ésta se compone de dos cuerpos: El inferior con el vano de ingreso en arco de medio punto rebajado enmarcado por pares de semicolumnas sobre pedestal, y el superior formado por un amplio friso que contiene una hornacina central y tres pilastras a cada lado. 
     Sobre él, en un frontón trebolado, campea un escudo de piedra granítica que ostenta las armas de don Gutierre III de Sotomayor y doña Teresa Enríquez, condes de Belalcázar y bajo cuyo patronato se fundó el Convento. 
     Junto a la portada, en el lado superior izquierdo, hay una pequeña espadaña de un solo vano y, adosada al lado derecho o de la Epístola, otra espadaña, en este caso de importante altura y notoria presencia en la imagen del templo. La forman tres cuerpos. El inferior con dos vanos en arco de medio punto superpuestos; el central con dos huecos separados por pilastras en el mismo nivel; y el de remate, de menor anchura, con un sólo hueco. 
     Actualmente el exterior del lado de la Epístola no es visible por las construcciones adosadas a él. El exterior del lado del Evangelio ofrece a la vista una masa pétrea reforzada con contrafuertes. En la cabecera se aprecian los restos de un ábside semicircular que se interpretan como una obra de ampliación no concluida. 
     Accediendo al interior a través de la portada de los pies antes descrita, se accede a un espacio rectangular tripartito, a modo de atrio, cubierto por bóvedas de arista que descansan en ménsulas voladas con decoración de estrías. Tras él y traspasado el coro bajo, abre la única nave de la iglesia cubierta por bóveda de cañón con fajones levemente apuntados realizados en piedra granítica. Los empujes de los fajones se trasmiten a unos pilares adosados a los muros. La cabecera, ubicada en una cota considerablemente superior, es plana. El ingreso en ella se hace a través de un gran arco apuntado. 
     En el muro de la Epístola se conserva la portada de una capilla, datable en el siglo XVI, formada por arco de medio punto con despiece de dovelas y el intradós decorado con motivos vegetales. Las enjutas y el friso muestran una abigarrada decoración a base de motivos vegetales, roleos y pequeñas cabezas, decoración que se repite en el frontón de remate, centrado por una hornacina avenerada. En el lado del Evangelio y situada a nivel inferior al resto de la Iglesia, hay otra capilla, también del siglo XVI, relativa-mente bien conservada, a la que se accede por un arco de medio punto de piedra, cuya clave ostenta un escudo. Conforma un espacio cuadrangular cubierto por cúpula muy plana decorada en círculos, emparentada con obras cordobesas del siglo XVI y atribuida a Hernán Ruiz I. El testero de la capilla conserva un retablo de columnas acanaladas y capitel toscano sobre las que descansa un friso con triglifos y metopas rematado por frontón triangular.
     Se trata de un interesante ejemplo de arquitectura religiosa de los siglos XV y XVI. Del antiguo convento, actualmente abandonado y muy deteriorado persiste solo la Iglesia y parte de la cerca de piedra. Ya a finales del siglo XIX se encontraba abandonado y la Iglesia durante la Guerra Civil fue duramente expoliada y quemada, desapareciendo todos los bienes muebles que aún se conservaban. 
     El nombre se debe a la fecha de inicio de su construcción, el 16 de enero de 1488, día de los "Cinco Mártires de Marruecos". Sirvió de enterramiento a figuras ilustres, como la esposa de don Fernando de Sotomayor, los Céspedes, los Vargas, fray Juan de Robles o fray Andrés Camacho. En 1533, el cardenal Fray Francisco de los Ángeles Quiñónez, lograría indulgencias por conservarse en él algunas importantes reliquias, en especial dos cabezas de las "Once Mil Vírgenes", Santa Eunodia o Santa Manila, y en su interior se veneraba "El Cristo de los Alivios" de gran devoción (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Convento de San Francisco o de los Cinco Mártires de Marruecos, fue fundado en 1.486 por bula del papa Inocencio VIII para que en él habitaran los frailes desplazados de Santa Clara.
     De él sólo subsiste la iglesia, hoy abandonada, de nave única y grandiosa, pero austera, y fachada de piedra en cuyo eje se instala una portada con el primer cuerpo formado por parejas de columnas y otro menor articulado por varias pilastrillas.
     Es del s. XV y constituye un testimonio claro de las obras que, con posterioridad a la fundación se practicaron en el templo, aunque todavía pueden verse rasgos góticos que avalan la antigüedad del edificio (Diputación Provincial de Córdoba).

Hospital de San Antonio.-
     El antiguo hospital de San Antonio, situado en la plaza y muy reformado, se construyó en la primera mitad del siglo XV (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Ermita de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarillas.-

     El edificio se encuentra ubicado en un cerro junto al río Zújar, en la carretera CO-450 de Belalcázar a Monterrubio de la Serena, a 20 km de Belalcázar.
     Se trata de un templo con orientación Este, de planta rectangular dividida en tres naves con cinco tramos y capilla mayor de planta cuadrada. Las naves están separadas por arcos de medio punto sobre columnas. Los arcos son de granito, de perfil rectangular achaflanado, y apoyan en gruesos fustes cilíndricos, en varios de los cuales se han inserto, como capiteles o basas, elementos reutilizados. La capilla mayor se cubre con bóveda de crucería simple con perfilería gótica de doble escocia sobre arranques en esquina y clave central, mientras las naves lo hacen con techumbres de madera: armadura de par e hilera con tirantes en la nave central y de vigas a la molinera en las laterales.
     Tiene dos puertas con vanos de medio punto. La que se abre en el lado Sur presenta la rosca del arco realizada en granito con arista achaflanada hacia el exterior; la del Norte tiene un chaflán en escocia con baquetón central corrido por jambas y arco. La iluminación interior se realiza a través de una ventana en el testero de los pies, rectangular, con capialzado de granito.
     En el presbiterio de encuentra un retablo moderno, de madera, con banco, un solo cuerpo y tres calles separadas por finas columnillas salomónicas. En la nave de la epístola hay un púlpito de granito y una pila de agua bendita adosada a la columna más cercana a la entrada Norte. En una esquina se incorporó una lápida funeraria romana con la inscripción VIBI*VASCO/RVS*PARR/IF C.
     Los muros son de mampostería con zonas de tapial. Por tres de sus lados, la ermita se rodea de un pórtico que se apoya en pilares de sección octogonal rematados por capiteles troncopiramidales. Los pilares se unen por un peto de fábrica rematado en alféizar. Un banco corrido pegado al muro de la ermita se cobija bajo el pórtico. Alrededor de la cabecera se disponen una serie de dependencias con un patio cercado que completan la planta rectangular del conjunto.
     El aspecto exterior de la ermita es elemental y rústico, destacando la horizontalidad subrayada por el pórtico; de él emerge el hastial de fachada que se corona por una espadaña con arco para campana y remate en frontón. El edificio está blanqueado, salvo los elementos de granito. La techumbre, que sigue los faldones de la cubierta de la nave, es de tejas curvas, propias del lugar. 
     La Ermita actual data de finales del siglo XV y está construida con restos de edificaciones romano-visigóticas y árabes, que posiblemente existieran en el mismo lugar. Está rodeada por pórticos abiertos en su parte posterior y laterales, como continuación de estos pórticos y rodeando el espacio central de la ermita existen unas estancias para descanso de los cofrades.
     El estado de conservación de la misma es muy bueno (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Debe su nombre a la proximidad de un puente sobre el río Zújar cercano a su emplazamiento, y por su traza recuerda a otras construcciones de este tipo de Castilla y Extremadura.
     Su interior cuenta con tres naves separadas por cinco arcos formeros. Los capiteles son de procedencia romana y pertenecieron a construcciones cercanas de antiguos poblados y villas.
     Es una de las ermitas más características y antiguas de la zona, estando datada su construcción a finales del siglo XIII y principios del XIV (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de Nuestra Señora de Consolación.-
     Templo de gran antigüedad aunque bastante reformado. De su primitiva construcción conserva grandes pilares monolíticos con toscos cimacios. Presenta tres naves separadas por arcos rebajados y ábside con cubierta de crucería simple, probablemente debido a una reforma de finales del XV o principios del XVI. El exterior, muy rústico, presenta un pórtico a los pies formado por pilares de piedra sin labrar que descansan en zapatas de madera. Los tejados son de gran amplitud y le dan un aspecto achatado al conjunto (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Ermita de Consolación, que fue parroquia de la antigua aldea de Coslada, data del s. XV y se compone de tres naves con arcos rebajados.
     Dista de la villa algo más de 4 Kilómetros en dirección a Valsequillo (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de San Sebastián.-
     El edificio, de gran antigüedad, data de los ss. XIII o XIV , aunque en la actualidad se encuentra muy reformado. Presenta una sola nave con crucero y cubierta de madera a dos aguas. Los arcos de medio punto, ligeramente apuntados, descansan sobre pilares que descargan a su vez en contrafuertes exteriores. El presbiterio se cubre con bóveda de crucería simple, de la primera mitad del siglo XVI.
     En 1980 fue restaurada de nuevo por la comunidad franciscana y por subscripción popular, de la que queda constancia en una lápida en el muro de la epístola del crucero. Aunque estuvo haciendo las veces de parroquia durante varios años bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, en la actualidad no tiene culto. Se celebran en su interior los concursos de villancicos de la comarca (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San Antón.-
     Aunque de construcción antigua, muy probablemente, las continuas reformas han ocultado cualquier rasgo alusivo a su antigüedad. Repite el tipo de ermita de la zona, con arcos transversales que descansan en contrafuertes exteriores. 
     También al exterior presenta un pórtico y la parte más antigua, el ábside, de estilo gótico y decorado con pinturas murales.
     La devoción a San Antón, muy grande en la población, viene dada por la antigua vinculación de la misma a la ganadería, en la actualidad completamente olvidada, y se demuestra por la gran cantidad de exvotos de cera que posee la ermita, aunque sin romería (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Puente de San Pedro.-
     El Puente Romano de San Pedro, en el camino de la Mesta, parece, por su aspecto actual que fue obra del Renacimiento.
     Sobre él pasaba una calzada romana de carácter secundario que enlazaba el balneario romano con Santa María de la Selva (Diputación Provincial de Córdoba).

Fuente del Pilar.- 
     El conjunto hidráulico de la Fuente del Pilar se encuentra situado en la zona norte de la villa, donde parte el antiguo camino o vía a Almadén, y por la que se accede al castillo desde la población. Entre sus diversos elementos destacan un pilar octogonal, el abrevadero de 40 metros de longitud, así como el lavadero, alberca de riego de las huertas adyacentes y el espacio público que los rodea. La construcción se remonta a 1570, habiendo sido sufragada la obra tanto por los Duques de Béjar como por los vecinos de la villa. 
     El pilar octogonal, al que se accede por medio de unos escalones de granito, consta de un machón central integrado por seis piezas diferentes, la primera (más baja en contacto con el fondo del pilar) tiene sección circular, las siguientes son cuadrangulares de diferentes dimensiones y la última es un monolito vertical. En el machón central se sitúan cuatro caños de bronce, uno de sección hexagonal que vierte el agua directamente al pilar para el abrevadero, y los otros tres circulares que vierten sus aguas a través de un orificio circular practicado en tres grandes losas, diseñadas para recoger en cántaros y vasijas el agua. El agua sobrante del pilar-abrevadero, y la que sale de una pequeña fuente anexa, piloncillo de 1,30 metros de longitud por 85 centímetros de anchura, se emplea para surtir el lavadero. 
     La fuente próxima a esta gran obra del Pilar se halla junto al ángulo noreste del abrevadero, adosada a una pared por cuyo interior discurre la canalización que le surte de agua. El lavadero está formado por una habitación rectangular, en cuyos laterales se adosan las pilas unas junto a otras (en número de cuarenta) y por cuya parte central discurre un estanque amplio de agua surtida por la fuente para el lavado. El agua sobrante se almacenaba en la alberca cercana que servía para regar las huertas próximas. 
     El espacio público que rodea a la Fuente del Pilar y forma parte del conjunto hidráulico, parte de la calle Cuesta del Pilar, desde lo más alto de la villa, bajando y rodeando a la fuente. Consta de una tosca balaustrada de granito, que se eleva sobre la fuente, rodeándolo, como un balcón para contemplarlo. Dicho espacio público está pavimentado con un empedrado antiguo que sigue las pautas de las calzadas del siglo XVI. 
     Dicho conjunto ha tenido desde su fundación un uso múltiple, el primero el de abastecer a la población a través del pilar octogonal y de los caños, el segundo proveer el consumo animal a través del pilar-abrevadero, el tercero atender a las necesidades del lavado de ropa de los vecinos de la villa a través del lavadero, y por último el agua sobrante se almacenaba en albercas para regar la huertas colindantes (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Pósito.-
     Edificio de planta rectangular, con un apéndice en la parte trasera correspondiente a una crujía. El núcleo principal, con fachada corrida hacia la calle, se articula en dos cuerpos contiguos que tienen estructuras diferentes. Al primero se accede desde la portada principal y a través de un zaguán cubierto con bóveda de cañón con lunetos, encalada, al igual que los paramentos, y se compone de tres naves paralelas a la calle, separadas entre sí mediante dos arcos de medio punto a cada lado, con escasa fecha, de ladrillo, con rosca lisa y apeados sobre pilares de sección cuadrangular y carentes de capiteles o molduras, renunciándose así a cualquier tipo de ornato. Resultan robustos, tanto por su ancha rosca e intradós, como por la escasa fecha, estructura idónea para el fin al que sirve: la de crear una composición de gran fortaleza para contener las fuertes tensiones. Esta finalidad se acentúa con la disposición de unos arcos similares a los anteriores, pero muy rebajados y sobre pilares mucho más bajos en los muros laterales (noreste y suroeste); es decir, el de fachada y el opuesto. Son arcos ciegos, de descarga - los próximos a fachada de medio punto y los opuestos, carpaneles-, cuya finalidad es aligerar el empuje de los gruesos muros. La cubrición de la nave paralela a fachada se realiza mediante bóveda de cañón con lunetos, la central con cañón, y con cañón rampante la nave del fondo, en la cual se abrieron unas lucernas rectangulares para entrada de luz. 
     Bajo este primer cuerpo y en dirección perpendicular a la línea de fachada, existe un semisótano en forma de galerías paralelas de más de 2 metros de anchura cada una, en perfecto estado, de las cuales una al menos es practicable hoy día. Ésta se halla cubierta con bóveda de cañón y servía como cámara de aislamiento del grano respecto a la humedad del suelo. Este semisótano se ilumina mediante pequeños ventanucos que se abren en la fachada a ras de calle y perfectamente apreciables desde el exterior.
     El segundo cuerpo, anexo al anterior y comunicado con él por un arco, es un espacio amplio y diáfano, de lograda concepción estética, que cuenta con sólo cuatro soportes: rudas columnas labradas en granito, material característico del entorno, y compuestas únicamente de fuste liso y capitel. Dos de estos capiteles son troncopiramidales, sin ornato, con las caras lisas; otros dos son derivaciones del dórico, pues constan de equino, pero tienen un ábaco prismático de gran desarrollo. Uno de los soportes presenta la particularidad de que, por motivo desconocido -premura, impericia...-, figura toscamente labrado en una parte como si se tratara de un pilar con dos fustes adosados. Sobre estos soportes arrancan nueve bóvedas de arista rebajadas y fabricadas en ladrillo puesto de canto, que proporcionan una visión unificada del espacio, aumentada por la continuidad de las bóvedas. Dicho espacio se comunica mediante dos arcos de medio punto con una crujía trasera compuesta de tres tramos con bóvedas, en las que en fecha imprecisa se abrieron grandes lucernas para entrada de luz.
     La fachada es muy sencilla y arranca de un zócalo moderno de cemento que pretende imitar piedra granítica. Algunos vanos de iluminación se reparten irregularmente. Caben dudas acerca de cuándo se abrieron todos ellos, pues es posible que no todos estuvieran originalmente. Del único que no hay incertidumbre acerca de su origen primitivo es del ubicado a la derecha de la portada, con reja de hierro forjado dibujando retícula y ancho recercado de granito, como es típico en la zona, de la cual es también característica la portada, que traza un arco de medio punto rebajado, con ligero baquetoncillo que moldura la parte interna de la rosca, en tanto que delgados fletes recorren el extradós. Dos mensulillas con fuerte impronta del gótico tardío soportan la moldura. El arco, dispuesto sobre dos anchos plintos lisos, se caracteriza esencialmente por los grandes sillares graníticos que modelan tanto jambas como las dovelas colocadas radialmente. 
     Salvo el zócalo, la portada y el recercado de algún vano, el resto del paramento está encalado, ofreciendo ese contraste tan singular en este área geográfica. 
     El conjunto se cubre con tejado, cuya hilera discurre paralela a la fachada. Es visible la reforma a la que se sometió la cubierta del segundo cuerpo -el cubierto con nueve bóvedas de ladrillo-, pues su alero es ostensiblemente moderno; sin embargo, el del primer cuerpo, aunque restaurado, mantiene el ladrillo en esquinilla.
     A falta de un estudio previo del edificio que recabe la posible información acerca de este pósito, únicamente se pueden recoger los testimonios que han pasado de generación en generación. En el Catálogo Artístico y Monumental de la Provincia de Córdoba (t. 1, p. 232) se fecha en el siglo XVI, datación que corroboran los autores del libro "Pósitos, Cillas y Tercias de Andalucía" (p. 207) que concretan más: en el reinado de Felipe II (1556-1598). En efecto, la portada, aunque de fuertes resabios goticistas, es muy típica en el norte de la provincia en fechas tan avanzadas como la dicha, por el retraso con el que llegó a la zona el Renacimiento y la pervivencia del gótico, de fuerte arraigo. Bien es verdad que en el primer cuerpo descrito, justamente el que encontramos nada más franquear la portada, tiene ya bóvedas de cañón y de arista, más en consonancia con fechas más tardías, ya a partir del XVII, pero cabe la posibilidad de que obedecieran a una reforma. Sin embargo, los soportes y bóvedas del segundo cuerpo sí que parecen responder a la época primigenia del edificio. Sobre todo, el tipo de columnas y capiteles los encontramos en otros edificios históricos de Belalcázar, como el convento de Santa Clara de la Columna, fundado en 1483, pero edificado en esencia a lo largo del XVI.
     Estilísticamente, la composición de la portada se podría emparentar con modelos toledanos, lo cual no deja de tener cierta lógica, teniendo en cuenta las relaciones de esta zona norteña de la provincia con el sur de la cercana Extremadura, especialmente a partir de la Baja Edad Media, a través de los caminos de trashumancia que interconectaban una amplísima zona. No hay que olvidar la relación de la familia condal ¿condes de Belalcázar y posteriormente, en el XVI, duques de Béjar- con el valle de la Serena (al este de la provincia de Badajoz), hasta donde se extendían sus dominios. 
     Influencias toledanas también son perceptibles en el magnífico convento de Santa Clara de la Columna, en la propia Belalcázar, fundación de los condes.
     En cuanto a la evidente diferenciación entre los dos núcleos principales que conforman el conjunto del pósito, hoy día, careciendo de datos históricos que lo atestigüen, nos atrevemos a apuntar que pudo deberse a una separación de los productos que se almacenaban en cada uno de los dos y, posiblemente, incluso a una reforma. Mientras que parece más lógico que el primero, contiguo a la portada y con unas cámaras abovedadas debajo, sirviera para almacén de grano, por la cuestión del aislamiento de la humedad, la otra parte pudo haber sido utilizada para vino o aceite. Habrá que esperar los resultados de futuras investigaciones que lleven a aclarar de forma más segura el porqué de la diferencia entre ambos espacios.
     Se aprecian dos momentos importantes en la historia del pósito de Belalcázar: el de fundación en el siglo XVI y una ampliación en la siguiente centuria. Después, pocas reformas parece haber sufrido y si las hubo, no han desvirtuado el carácter primigenio de su estructura, por lo que se manifiesta hoy como uno de los ejemplares mejor conservados en la provincia.
     Entre los usos que ha tenido, aparte de pósito, se sabe que en el siglo XIX, durante una época, albergó al Ayuntamiento; también ha servido de escuela, plaza de abastos, hogar juvenil, museo, casa de la juventud y, ahora, casa de cultura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago el Mayor, Convento de Santa Clara de la Columna, Castillo de los Sotomayor, Convento de los Santos Mártires de Marruecos, Hospital de San Antonio, Ermita de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarillas, Ermita de Nuestra Señora de Consolación, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Antón, Puente de San Pedro, Fuente del Pilar, y Pósito) de la localidad de Belalcázar, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

Más sobre la provincia de Córdoba, en ExplicArte Sevilla.

Procesiones de hoy, miércoles 2 de enero

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, miércoles 2 de enero, en Sevilla.    
     Hoy, miércoles 2 de enero, se inicia el ciclo de las procesiones sevillanas, procesionando la hermandad del Valle:

       Hdad. del Valle (Dulce Nombre de Jesús): La Pontificia Real y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica; es ésta una corporación fundada en 1450 y con sede canónica en la iglesia de la Anunciación, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, obra de Agustín de Perea  en  1687, Nuestro  Padre Jesús con la Cruz al Hombro, obra anónima atribuible a un discípulo de Martínez Montañés, del siglo XVII; y Nuestra Señora del Valle, obra asimismo anónima atribuible a Juan de Mesa entre 1618 y 1627; la Santa Mujer Verónica, obra de Juan Bautista Patrone y Quartin en 1801; y el Dulce Nombre de Jesús, atribuida por unos a los Hermanos Ribas, y por otros a Hita del Castillo, del siglo XVII-XVIII
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Valle: www.elvalle.org
   
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del miércoles 2 de enero, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Un paseo por la calle José de Gálvez (denominada Camino de Andalucía durante la Exposición Universal de 1992)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle José de Gálvez (denominada Camino de Andalucía durante la Exposición Universal de 1992), de Sevilla, dando un paseo por ella.   
     Hoy, 2 de enero, es el aniversario del nacimiento (2 de enero de 1720), de José de Gálvez, a quien está dedicada esta vía, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle José de Gálvez, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle José de Gálvez es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Triana Oeste, del Distrito Triana, y va de la rotonda-glorieta Isla Mágica, a la rotonda Luis de Lezama
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. 
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La vía, en este caso una calle, está dedicada a José de Gálvez.
   Esta calle, ubicada en el antiguo recinto de la Exposición Universal de 1992, de la Isla de la Cartuja, y denominada por entonces Camino de Andalucía, es una gran avenida que circunvalaba dicho recinto, siendo una de las vías principales de la zona, y que está dedicada íntegramente al sector servicios y dotacional, siendo sus edificios más emblemáticos el Pabellón de Andalucía, y el Teatro Central.
Conozcamos mejor la Biografía de José de Gálvez, a quien está dedicada esta vía;
     José de Gálvez y Gallardo. I Marqués de la Sonora. (Macharaviaya, Málaga, 2 de enero de 1720 – Aranjuez, Madrid, 17 de junio de 1786). Abogado, fiscal general del Aposentamiento de Corte, alcalde de Casa y Corte, visitador general del virreinato de Nueva España, consejero de Indias, secretario de Estado y del Despacho de Indias, gobernador del Consejo de Indias.
     José de Gálvez y Gallardo pertenece a una familia especialmente significada en el servicio a la Corona a fines del Antiguo Régimen. Sus tres hermanos y un sobrino, que sería conde de Gálvez, fueron en mayor o menor grado personas relevantes en la vida pública de su tiempo. Así, de sus hermanos, Matías sería virrey de Nueva España; Miguel, ministro plenipotenciario en Berlín y San Petersburgo, y Antonio, comandante general de la bahía de Cádiz, mientras que su sobrino Bernardo, hijo de Matías, fue gobernador de la Luisiana y más tarde virrey de Nueva España. En cuanto al origen social de los Gálvez y Gallardo, si se hace caso a lo probado en sus expedientes de ingreso en la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, se trataba de una familia hidalga con indiscutibles pruebas de nobleza, aunque en los mentideros de Madrid se pusiera en duda este extremo.
     José de Gálvez y Gallardo había nacido del matrimonio habido entre el hidalgo Antonio de Gálvez y García de Carvajal y Ana Gallardo y Cabrera. Fallecido el padre en 1728, comenzó para su familia un período de apuros económicos y desdenes sociales. La buena disposición de José para las letras hizo que se fijara en él el obispo de Málaga, Diego González del Toro, quien lo protegió, becó y encauzó hacia los estudios eclesiásticos. Mas fue el prelado que sucedió a González del Toro en la mitra malagueña, Gaspar de Molina y Oviedo, quien sería su gran protector y dirigiera sus pasos hacia la Corte, tras haber descartado José la carrera eclesiástica, y una vez terminados sus estudios jurídicos en Salamanca y Alcalá. En ellos, desempeñó un importante papel la circunstancia de que el obispo Molina era desde 1733, un año antes de su designación para la diócesis de Málaga, presidente del Consejo de Castilla y comisario general de la Cruzada; accediendo en 1737 a la púrpura cardenalicia. Así, la protección del cardenal Molina, y su buen hacer en defensa de los intereses de Málaga ante los tribunales de la Corte, hizo que Gálvez ganara predicamento como abogado. En estos años, el joven letrado inició también su ascenso social, para lo cual siguió la vía más utilizada, antigua y segura: un buen matrimonio; de esta manera, en 1748 contrajo nupcias con María Magdalena Grimaldo y, fallecida ésta, en 1749 se decidió por una acaudalada francesa, Luisa Lucía Romet, que fallecería cuatro años después. Con ambos matrimonios había conseguido una posición en sociedad y un buen pasar económico.
     Abogado de la embajada francesa y del príncipe de Asturias, fue nombrado para una gobernación en Filipinas, la de Zamboanga, que nunca llegó a servir.
     Ya era un personaje en la Corte; a su bufete llegaban los asuntos de las mejores familias de la alta nobleza.
     En 1762 sería promovido a la Fiscalía General del Aposentamiento de Corte. Aunque su gran oportunidad política se presentaría en 1763, al ser llamado Jerónimo de Grimaldi para ocupar la Primera Secretaría de Estado, y poder colaborar con éste. En 1764 fue nombrado alcalde de Casa y Corte.
     Si se exceptúa aquel nombramiento, nunca ejercido, para una gobernación filipina, todavía no se había visto a Gálvez relacionarse directamente con las Indias. Aunque a comienzos de 1760 —según precisa Luis Navarro Tomás— había redactado, con el fin de presentarlo al Rey, un Discurso y reflexiones de un vasallo sobre la decadencia de nuestras Indias españolas, el cual constituye una inmejorable guía para conocer su pensamiento acerca de los asuntos ultramarinos.
     Pronto se encontraría con el mundo americano: en 1765 fue nombrado visitador del virreinato de Nueva España.
     Efectivamente, en el Real Decreto de 20 de febrero de ese año se le nombraba “Visitador General de todos los tribunales de justicia, cajas y ramos de la Real Hacienda y de los propios y arbitrios de las ciudades, villas y pueblos de esa Nueva España”. Pese a la amplitud de su comisión inspectora, fue lo económico lo que motivó su nombramiento a raíz de un terrible informe elevado al trono por Francisco Carrasco y Montero, quien en 1769 sería agraciado por Carlos III con el marquesado de la Corona. Carrasco, fiscal a la sazón del Supremo Consejo de Hacienda y más tarde consejero del de Castilla, había puesto de manifiesto el pésimo estado en que se hallaba la hacienda indiana, y muy singularmente la novohispana, lo cual, dado lo legendario de la riqueza mexicana, era asunto difícil de entender en la Corte. Dos eran las razones que daba el fiscal para explicar tan lamentable situación: de un lado, los males propios de la administración de Indias, que precisaba profundas reformas, si bien su necesidad era más apreciada desde la Corte que por las oligarquías criollas de los virreinatos americanos; de otro, y referido en concreto al caso mexicano, el mal gobierno del virrey Joaquín de Montserrat y Ciurana, marqués de Cruillas. Desechado antes el cargo de visitador por el propio Carrasco, lo aceptó el entonces corregidor de Murcia Francisco Anselmo de Armona y Murga, quien murió durante la penosa travesía hacia su destino americano. Estos hechos desencadenaron el nombramiento de Gálvez, que sería provisto de unas instrucciones oficiales para el desarrollo de su cometido. De acuerdo con ellas, en el aspecto económico, sus principales objetivos serían: primero, controlar la hacienda mexicana en todos sus ramos, rentas, agentes y tribunales, tratando, en todo caso, de incrementar los ingresos de la Corona; segundo, inspeccionar las aduanas del virreinato, tanto marítimas como terrestres, introduciendo, en su caso, las reformas precisas; tercero, acabar con los abusos, fraudes y contrabando que de forma crónica imperaban en los puertos de Veracruz y Acapulco; cuarto, establecimiento del estanco del tabaco —fruto de esta iniciativa sería la erección de fábricas en la ciudad de México, Puebla de los Ángeles, Orizaba y Oaxaca—.
     Junto a los de contenido económico, se encargaban a Gálvez dos cometidos de gran trascendencia: la alta inspección de los tribunales de justicia del virreinato y estudiar la oportunidad y conveniencia de trasladar a aquellos territorios el sistema peninsular de intendencias.
     Asimismo, llevaba una misión reservadísima: investigar el comportamiento del arzobispo de México, Manuel Rubio y Salinas; aunque su oportuna muerte haría inútiles las pesquisas del visitador.
     Mientras durara su misión, Gálvez debía comunicar todas sus acciones al virrey, alter ego de la persona del Monarca en aquellos territorios. Pronto, sus roces y francos enfrentamientos con el marqués de Cruillas fueron insostenibles, poniendo en peligro el éxito de su delicada misión. Informada la Corte de lo que sucedía en México, se procedió a nombrar un nuevo virrey en la persona del flamenco Carlos Francisco de Croix, marqués de Croix, quien ejerció el cargo entre 1766 y 1771, siendo premiado a su regreso con la Capitanía General de Valencia. En su conjunto, la actividad visitadora de Gálvez fue un éxito: los ingresos fiscales de la hacienda virreinal ascendieron de manera notable; contribuyó activamente a la reforma del ejército del virreinato; colaboró eficazmente en la expulsión de los jesuitas de México, procediendo a sofocar las revueltas a que dio lugar en San Luis de la Paz, San Luis Potosí, Guanajuato y Valladolid de Michoacán; fomentó la colonización de la Alta California como medio de frenar la temida expansión rusa en las costas del Atlántico Norte. A él se debe la creación de las ciudades de San Diego y Monterrey junto a muchas misiones y fuertes. Una revuelta india en Sonora le impulsó a dirigir personalmente una expedición de castigo contra los insurrectos, que parece ser la causa de una grave enfermedad que hizo aconsejable su regreso a la Península. El tiempo de Gálvez en Nueva España había tocado a su fin en medio de todo tipo de intrigas y críticas a su labor. El 22 de septiembre de 1771 tomaba posesión de su cargo el nuevo virrey, frey Antonio María Bucareli y Ursúa. Dos meses después, el 29 de noviembre, Gálvez se embarcaba en Veracruz y, tras una prolongada parada en La Habana, llegó a Cádiz el 21 de mayo de 1772. El enrarecido ambiente que había rodeado al visitador en su último período mexicano que se había dejado sentir en la Corte, hacía presagiar su ruina política al llegar a Madrid. Pero lo cierto es que su estancia en México le había dado una experiencia en la administración indiana que muy pocos poseían; buena prueba de ello es su Informe instructivo del Visitador General de Nueva España al Excmo. Sr. Virrey de ella D. Antonio Bucareli y Ursúa en cumplimiento de la Real Orden de 24 de mayo de 1771.
     Tras su vuelta de México, el 25 de febrero de 1775 contrajo matrimonio con María de la Concepción Valenzuela, hija de los condes de la Puebla de los Valles, y de estas sus terceras nupcias nacería su hija y heredera María Josefa de Gálvez y Valenzuela. Como preludio de su nombramiento ministerial, José tomó posesión de su plaza de consejero efectivo de Indias el 7 de julio de 1772, para la que había sido nombrado el 28 de diciembre de 1767 mientras desempeñaba su alta misión visitadora en México. Miembro de la Junta General de Comercio, Moneda y Minas, ocupó también la presidencia de la sala primera del Consejo de Indias.
     El 28 de enero de 1776 moría en Madrid frey Julián de Arriaga, secretario de Estado de Marina e Indias, sucediéndole en el despacho de Indias José de Gálvez. Le acompañaban en el ministerio, el conde de Floridablanca como primer secretario de Estado, Miguel de Múzquiz en Hacienda, Manuel de Roda en Justicia, Funes de Villalpando en Guerra y González de Castejón en Marina. Un mes después de su nombramiento para el despacho de los asuntos de ultramar, Gálvez sería designado por el Rey, gobernador del Consejo de Indias. En once años de intenso trabajo, Gálvez intentó poner en práctica las soluciones que había pensado durante su etapa mexicana. Así, organizó e implantó la reforma de mayor calado en la administración ultramarina: las intendencias. Transformó el comercio ultramarino con el Reglamento de Libre Comercio de 12 de octubre de 1778 que, aún con ciertas limitaciones relativas a Venezuela y a los puertos mexicanos de Veracruz y Acapulco, autorizaba el comercio directo a doce puertos españoles con veinticuatro indianos. Mas no acabaría aquí su obra; durante el período que ocupó la Secretaría de Indias se fundó el virreinato de las Provincias del Río de la Plata y la Comandancia General de las Provincias Internas, y estructuró en seis gobernaciones la Capitanía General de Venezuela. En el campo de la legislación, se intentó hacer una nueva recopilación de las leyes de Indias, dado lo obsoleta que había quedado la de 1680, y se mejoró notablemente la normativa que regulaba las explotaciones mineras. Sus reformas, largos años maduradas, que fueron fruto de su propia experiencia indiana, tuvieron como objetivo fundamental, en palabras de Luis Navarro García, “el fortalecimiento económico y militar del Imperio mediante la racionalización de su sistema administrativo, que sería además enteramente centralizado”, para añadir que su enérgica dirección de los asuntos indianos “permitió a España afrontar el momento crítico en que se cierne sobre América del Norte la presencia rusa y se produce la sublevación de las colonias inglesas del continente, proporcionando incluso en este momento una ventaja sobre Gran Bretaña”, aunque lo heterodoxo de algunas de sus actuaciones y las resistencias de las elites criollas a determinadas iniciativas, hicieran que durante sus mandato afloraran críticas a su obra, y que ésta, al menos parcialmente, fuera anulada por sus sucesores en la Secretaría de Indias. Gálvez fue también el creador del Archivo General de Indias y gran impulsor de expediciones científicas a ultramar.
     El 23 de abril de 1780 sería nombrado consejero de Estado; y ya al final de su vida el rey Carlos III lo distinguió con el Marquesado de la Sonora con el Vizcondado previo de Sinaloa, siendo el asiento del despacho de ambos títulos de fecha 9 de octubre de 1785. Poco tiempo después, el 17 de junio de 1786, moría en Aranjuez, donde se hallaba la Corte, José de Gálvez y Gallardo después de una vida fecunda al servicio de la Corona (Feliciano Barrios Pintado, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle José de Gálvez, al detalle:
Azulejo conmemorativo a Bernardo J. Castro
La Andalucía de los Niños
Teatro Central

miércoles, 1 de enero de 2025

Los sitios arqueológicos Santa María de Medinilla, en Dos Hermanas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Santa María de Medinilla, en Dos Hermanas (Sevilla).
     Hoy, 1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como Theotokos, porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los hombres de el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
        Y que mejor día que hoy para ExplicArte los sitios arqueológicos Santa María de Medinilla, en Dos Hermanas (Sevilla).
Santa María de Medinilla I. Se extiende por una superficie de una media hectárea aproximadamente. Se trata de una importante villa romana. En la parte superior del cerro existe un abultamiento del terreno en donde puede estar el núcleo principal de las construcciones (un pozo, un aljibe y canalillos de opus signinum). El material cerámico recogido en superficie es abundante (sigillatas, ánforas, claras y común diversa). La fecha más temprana, según los materiales estudiados, para este yacimiento, sería el tercer tercio del s. I d. C., continuando con seguridad hasta mediados del s. III d. C. 
     Las reiteradas faenas agrícolas parecen haber destruido gran parte del yacimiento.
Santa María de Medinilla II. El yacimiento ocupa una extensión aproximada de unos 1500 metros cuadrados, pero da la impresión de que las construcciones allí existentes debieron ser poco importantes. Debido a su cercanía con el yacimiento de Santa María de Medinilla I, este podría ser dependiente de él, aunque por los materiales no se puede saber si fueron o no contemporáneos. Con características semejantes a Santa María de Medinilla I, se recogieron algunas sigillatas claras y fragmentos de tégulas y ladrillos. Los clandestinos suelen visitarlo por la abundancia de monedas bajo-imperiales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
     La primitiva memoria litúrgica de Santa María giraba en torno a su maternidad divina, juntamente con su perpetua virginidad, y en la Iglesia de Roma, antes de la introducción de las cuatro primitivas fiesta marianas orientales (Natividad, Anunciación, Purificación y Asunción), se celebraba el uno de enero, Octava de la Navidad, a mediados del siglo VI, como Natale sanctae Mariae. Posteriormente pasó a centrarse esta jornada en la Circuncisión del Señor, por influencia galicana, en la segunda mitad del siglo VII, lo que justifica la estación en Sancta Maria ad Martyres (Panteón), referida en el Sacramentario Gregoriano, y el tinte mariano de los textos pese al cambio de conmemoración, rastreable ya en el Gelasiano. 
     No podía ser de otra manera: como reacción ante las grandes herejías cristológicas, que ponían en tela de juicio la maternidad divina, se fue desarrollando, a la par que la teología sobre María, la Virgen Madre, una eucología propia derivada de ella.
     En Occidente, con posterioridad, se empezó a celebrar, por lo menos, a partir del siglo XI, una fiesta particular de la maternidad divina y se extendió en los siglos XIII-XIV. El veintiuno de enero de 1751 Benedicto XIV Lambertini la concedió a Portugal, fijándola en el primer domingo de mayo y componiéndole Oficio y Misa. 
     A partir de aquí se extendió a otros lugares, como Nápoles, Perugia, Toscana, Inglaterra… y a institutos religiosos. En 1914 empezó a celebrarse el once de octubre en vez de el segundo domingo de dicho mes. En 1932 fue extendida para toda la Iglesia Latina para esa fecha esta fiesta de la Maternidad de María por Pío XI Ratti, en conmemoración del XV centenario del Concilio de Éfeso (año 431), en que se definió como dogma dicha verdad teológica.  
     En la reforma del calendario de 1969 se reubicó en la Octava de Navidad, rescatando esa fiesta mariana de la primitiva liturgia romana. No podemos olvidar, como nos recuerda el Papa Pablo VI Montini en su Marialis Cultus nº 5, que “el tiempo de Navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal, salvífica de aquélla cuya virginidad intacta dio a este mundo un Salvador […]” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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La pintura de la Circuncisión de Jesús, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa María del Socorro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura de la Circuncisión de Jesús, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa María del Socorro, de Sevilla.
     Hoy, 1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como Theotokos, porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los hombres de el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura de la Circuncisión de Jesús, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa María del Socorro, de Sevilla.
     El Convento de Santa María del Socorro (actualmente cerrado), se encuentra en la calle Bustos Tavera, 30 (aunque la entrada a la Iglesia se efectúa por la calle Socorro, 13); en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
     Preside la iglesia un retablo de estructura clasicista que fue contratado el 15 de abril de 1636, por doña Luisa de la Serna, abadesa del convento, con los hermanos Felipe y Gaspar de Ribas, siendo la primera obra que contrataba este taller desde su llegada a Sevilla. Fue tasado en 1.700 ducados que se repartirían de forma diferente entre ambos hermanos (Felipe cobraría 1.000 ducados y su hermano el resto). Se estipuló su realización en borne y cedro, indicándose la realización de figuras de talla en las calles centrales y de pinturas en las laterales "de las historias y santos que la abadesa y la vicaria dijeren". Debió ser repolicromado en época neoclásica, con una imitación de mármoles y jaspes que desvirtuó las formas originales de la obra. Con banco, sotobanco, dos cuerpos, tres calles compartimentadas por columnas pareadas y ático, está presidido por una excelente imagen en alabastro de la Virgen del Socorro del siglo XVI, también repolicromada posteriormente. Compone el resto del retablo un buen programa iconográfico pictórico alusivo a la vida de la Virgen, de hacia 1630, situándose las escenas de la Anunciación y la Presentación en el Templo en el primer cuerpo y el Nacimiento de la Virgen y la Circuncisión en el segundo cuerpo, obras de las que se desconoce su autoría pero que debieron realizarse de forma coetánea al retablo. Las calles se subdividen mediante columnas pareadas con decoración estriada en sus fustes apenas perceptible con la policromía neoclásica. La parte central del segundo cuerpo debió estar presidida originalmente por un manifestador, cobijando en la actualidad una talla moderna de Sor Beatriz de Silva, la santa fundadora de la Orden Concepcionista, imagen que fue colocada con motivo de su canonización en 1976. Una talla de San Francisco de Asís preside el ático, es original de Felipe de Ribas y sigue el modelo creado por Martínez Montañés en el convento de Santa Clara, una iconografía basada en las indicaciones iconográficas que realizó Francisco Pacheco en su Arte de la Pintura. Unas tarjas laterales con las cinco llagas franciscanas completan el ático del retablo (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Es una pintura realizada entre 1636-40, de autoría anónima y con unas medidas de 1,45 x 1,07 mts, en óleo sobre lienzo. Dos sacerdotes proceden a circuncidar a Jesús. El de la izquierda viste túnica blanca y lleva una sobretúnica que hace ondas rematadas en borlones. Lleva en su mano derecha las tijeras. El otro sacerdote, Simeón, además de la túnica, lleva sobretúnica de amplias mangas, rematándose el borde de ésta con campanillas. Cubre su cabeza con una mitra. Sostiene en sus manos al Niño Jesús. Un tercer personaje que aparece por detrás sostiene la bandeja en la que se recogerá el prepucio. A la izquierda de la composición aparece de perfil san José y a su lado la Virgen con las manos unidas en oración. Otra figura femenina se sitúa a su lado. En el flanco derecho de la escena aparece un personaje visto de frente, y con la cabeza girada en tres cuartos, lleva en su mano izquierda un sombrero, y el brazo derecho lo cruza delante de la cintura. Al fondo se intuyen unas arquitecturas, apareciendo una lámpara colgada del techo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Circuncisión de Jesús
     La ley mosaica prescribía dos ceremonias vinculadas con el nacimiento de un niño. Si era de sexo masculino, debía ser circuncidado. Al tiempo que la madre, con­siderada impura después del parto, debía purificarse, presentar a su primogénito en el templo y recuperarlo del Señor por medio de una ofrenda.
     La circuncisión debía realizarse ocho días después del nacimiento, y la Purificación, cuarenta días más tarde.
     Esas dos escenas, que presentan temas análogos, han sido frecuentemente confundidas en el arte cristiano.
La circuncisión
     La ablación del prepucio, operación que los griegos llamaban peritome, palabra que el latín de la iglesia ha traducido literalmente por circumcisio (de circumcidere, cortar alrededor), no es, como suele creerse, una práctica exclusivamente ju­día, ni siquiera tiene origen judío: se trata de una costumbre que los judíos tomaron de los egipcios. Si la ley mosaica la convirtió en el signo de la alianza entre Yavé y el pueblo elegido, existía mucho tiempo antes de Moisés (ante legem), puesto que el patriarca Abraham, después de circuncidarse a sí mismo, circuncidó a sus dos hi­jos Ismael e Isaac. Tal vez se remonte a la edad de bronce, puesto que la operación primitiva se practicaba con un cuchillo de sílex.
     En sus orígenes, la circuncisión era un rito de pubertad, una preparación de los adolescentes para el matrimonio; pero prevaleció la costumbre de ejecutarla en los niños algunos días después del nacimiento. La madre podía encargarse de la operación tanto como el padre: en el Libro de los Macabeos son las madres quienes circuncidan a sus hijos recién nacidos y, según san Epifanio, Jesús habría sido circuncidado por la Virgen en la gruta de la Natividad. Sin embargo, esta delicada operación se confiaba normalmente a un sacerdote especializado denominado mohel.
     Entre los judíos la circuncisión era el equivalente de lo que llegaría a ser el bautismo para los cristianos. En suma, era una ceremonia lustral, una especie de sacramento, y a la vez un acto de registro en la comunidad familiar y religiosa a través de la imposición de un nombre: es ese día cuando el niño judío recibe su nombre de circuncisión, que entre los cristianos se llamaría nombre de pila (bautismal).
     Así se hizo con el hijo de María (Lucas, 2: 21 ): « Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno.»
     De ahí la importancia que los teólogos atribuyen a este acontecimiento: es en esta ocasión cuando el Redentor recibe su nombre, y es entonces, sobre todo, cuando por primera vez vierte su sangre que correría más tarde en la Flagelación y en la Cruz para redimir los pecados de los hombres.
Culto
     Cuesta creer que el Santo Prepucio haya sido objeto de culto. Pero las reliquias inspiraban tales pasiones en la Edad Media, y las reliquias corporales de Cristo eran tan escasas, que a pesar de la opinión de la mayoría de los teólogos que concordaban con Santiago de Vorágine, el autor de la Leyenda Dorada, en pensar que Cristo resucitó «con su prepucio», puesto que éste no podía hacerlo más que con un cuerpo perfecto, la piedad popular se apegó a ese fetiche que la Virgen habría «entregado en custodia a san Juan» o que -de acuerdo con el Evangelio árabe de la Infancia- habría sido conservado por la comadrona Salomé en un frasco con perfume de nardo.
     La autenticidad de esta reliquia de la Circuncisión habría resultado más defendible si hubiese sido un ejemplar único. Pero por desgracia, numerosas iglesias pretendían poseerla. Calvino enumeraba tres en su Tratado de las Reliquias (1587): en la capilla Sancta Sanctorum de San Juan de Letrán, en Roma, donde el Santissimo Prepuzio se conservaba en una cruz de oro engastada de piedras preciosas que donara Carlomagno al papa; en Hildesheim (Sajonia) y en la abadía de Charroux, en Poitou. Pero aún había más que Calvino no contaba: Roma tenía un segundo pre­pucio en Santa María la Mayor y se veneraban otros en Amberes, en Metz, en Niedermünster (Alsacia, al pie del monte Santa Odila), en la catedral de Puy, en Langres, en Notre Dame en Vaux de Châlons sur Marne, en las abadías de Cluny, de Conques, de Corbie, de Coulombs... de manera que si se tomaban en serio las pretensiones contradictorias, fatalmente habría que aceptar que el Niño Jesús fue circuncidado unas quince veces.
     Entre tantos Santos Prepucios competidores, los más acreditados, aunque no lo más auténticos, estaban en Francia y eran los de Charroux y Coulombs.
     El Santo Prepucio de Charroux ostentaba una carta de origen pseudo histórica: habría sido entregado a Carlomagno como regalo de boda (sic) por la emperatriz Irene. Cuando el emperador fundó en 788 la abadía de Poitou, ofreció su precioso trozo de carne roja (caro rubra) del cual procedería, según una etimología mo­nástica, el nombre de Charroux. Víctima de las profanaciones de los hugonotes en el siglo XVI, la reliquia se recuperó en 1856 junto con las fiestas de la ostensión, que fueron solemnemente restablecidas por monseñor Pie, obispo de Poitiers.
     Se ignora la procedencia, menos ilustre, del prepucio de Coulombs; pero en el siglo XV gozaba de gran popularidad. Se le atribuía el poder de fecundar a las mujeres estériles y el de procurar a las embarazadas un parto feliz. Gracias a esta segunda propiedad, el rey Enrique V de Inglaterra pidió ese talismán en préstamo en 1422, para facilitar el parto de la reina. Resultó eficaz, sin duda; en todo caso, los monjes de Coulombs tuvieron muchas dificultades para recuperarlo.
     A finales de la Edad Media la Circuncisión, que era la primera efusión de sangre de Jesús, fue considerada uno de los Siete Dolores de la Virgen, y obtuvo un lugar en ese ciclo al igual que entre los trofeos de las Arma Christi.
     La orden de los carmelitas, para quienes el monte Carmelo era el Mons Circumcisionis Vitiorum, contribuyó a difundir esta devoción.
     La fiesta de la Circuncisión se fijó ocho días después de la Natividad, es decir, el 1 de enero. En su origen coincidía con la fiesta del Santo Nombre de Jesús que es su duplicación.
     Después de la Reforma, que no se abstuvo de emitir sarcasmos acerca de la multiplicación del Santo Prepucio, la Circuncisión experimentó una renovación de su popularidad gracias a la orden de los jesuitas que la convirtió en su fiesta principal, porque fue ese día cuando el Salvador recibió el nombre de Jesús con el cual se anuncia la legión católica fundada por Ignacio de Loyola. Es por ello que en numerosos templos jesuíticos, comenzando por la casa matriz de Gesù, en Roma, los cuadros del altar mayor están consagrados a la Circuncisión. Sin esas circunstancias el tema, que podía ser confundido con la Presentación en el templo, posible­mente habría desaparecido del repertorio a partir del concilio de Trento.
Iconografía
     La escena ocurre en el templo, a veces incluso sobre el altar y en presencia de la Virgen. En suma, que la iconografía no tiene en cuenta la realidad, puesto que la operación entre los judíos tenía lugar en la casa paterna y la Virgen no tenía derecho a entrar en el templo antes de su purificación que sólo podía realizarse cuarenta días después del parto.
     Por otra parte, el arte cristiano no hace intervenir en la ceremonia al profeta Elías a quien los judíos atribuyen el presidir la circuncisión. Todas las sinagogas poseían una silla de Elías que se llevaba a la casa de los padres del niño a circuncidar. El de­recho a sentarse allí para sostener al pequeño durante la operación se subastaba. 
     Este tema apareció tardíamente en el arte cristiano, porque el rito judío había sido reemplazado por el Bautismo, y también, sin duda, porque se juzgaba que semejante espectáculo resultaba chocante, o al menos desagradable.
     Fue en el siglo XI, en Bizancio, cuando despuntó en una miniatura del Menologio de Basilio, pero todavía no se trata de la representación del acto de la circuncisión, sino de su preparación, de la llegada de María y José al templo antes de la operación
     En el arte de Occidente, la evolución del tema puede seguirse desde los monumentos románicos del siglo XII hasta la renovación de la iconografía religiosa de la Contrarreforma.
     El primer ejemplo conocido es una miniatura del Antifonario de San Pedro de Salzburgo. La Virgen de pie levanta al Niño hacia quien avanza un sacerdote armado con un enorme cuchillo.
     En el retablo esmaltado de Nicola de Verdun en Klosterneuburg, que está fe­chado en 1181, la Circuncisión de Cristo está minuciosamente diferenciada de sus dos prefiguraciones del Antiguo Testamento. Al tiempo que Isaac y Sansón se resisten en los brazos de sus padres, el Niño Jesús se somete con precoz docilidad al rito mosaico que no quiso abolir.
     A medida que progresó el realismo en el arte de la Edad Media, la actitud del Niño Jesús se humanizó: en vez de permanecer impasible, como si no sintiera ninguna aprehensión ni dolor, se lo ve también resistir entre los brazos que lo sujetan, y gritar de miedo tendiendo las manos hacia su madre, con desesperación, ante el cuchillo de la circuncisión. Al mismo tiempo, la búsqueda pictórica se acentúa a expensas del simbolismo: el viejo mohel que opera con su cuchillo bien afilado al Niño desnudo sobre el altar, a veces, para ver más claro, lleva grandes quevedos con montura de asta.
     Al mismo tiempo, aumentó el número de personajes: a los tres actores principales, la Virgen, el Niño y el mohel, se sumaron otros accesorios: José y el ayudante del mohel, quien sostiene un lebrillo.
     Algunos artistas creyeron su deber señalar que entre los judíos la circuncisión coincidía con la imposición del nombre. En una letra miniada de un misal parisino del siglo XIV, que pertenece a la Biblioteca de Lyon, junto al Niño acostado sobre un altar como sobre una mesa de operaciones, se ve a un sacerdote que registra el nom­bre «Jesús» en sus tablillas. Tal vez pueda verse en dicha escena una contaminación con la de la Natividad de San Juan Bautista, caracterizada por la presencia de su padre Zacarías, quien afectado de mudez por haber dudado de la palabra del ángel que le anunciara el nacimiento de un hijo, despliega un rollo o filacteria sobre el cual está escrito Juan es su nombre.
     A medida que se acercaba el Renacimiento, el tema se volvió bastante frecuente en la pintura veneciana del Quattrocento. Ha sido tratado por Giovanni Bellini, Mantegna y Vincenzo Catena.
     El arte de la Contrarreforma se esforzó allí, como en otras partes, en dar solemnidad a una escena que la pintura del siglo XV tendía a reducir a la realidad más trivial.
     Para destacar la dignidad de esta circuncisión divina, ángeles asistentes sostienen el lebrillo con las vendas destinadas a enjugar la sangre de la herida. Curioso detalle que pertenece al espíritu de su tiempo: en la Circuncisión pintada en 1635 por Philippe Quantin (Museo de Dijon), tres cantores acompañan la operación a toda voz, no para distraer al Niño o para tapar sus gritos sino para significar que ese primer sacrificio del Salvador sobre la piedra del altar tiene la misma virtud sacramental que la misa. Es el único caso que conocemos de una Circuncisión musical
     Los ejemplos se hacen cada vez más infrecuentes en el siglo XVIII. A partir del siglo XIX, el tema desaparece completamente por razones fáciles de comprender: indecencia y confusión o duplicación con la Presentación en el templo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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