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domingo, 4 de abril de 2021

La pintura "Cristo resucitado en el cenáculo", de Mattia Preti, en la sala IX del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Cristo resucitado en el cenáculo", de Mattia Preti, en la sala IX del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
    Hoy, 4 de abril, es Domingo de Resurrección. Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: La Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne.
     En este día Dios nos ha abierto las puertas de la eternidad por medio de su Unigénito, vencedor de la muerte, y pedimos ser renovados por el Espíritu Santo para resucitar a la luz de la vida (cf. 1.ª orac.). Hoy es el día en que actuó el Señor. La piedra que desecharon los arquitectos —Cristo en su pasión— es ahora la piedra angular una vez que ha resucitado (cf. sal. resp.). Y creemos en este misterio gracias al testimonio de los apóstoles que comieron y bebieron con él después de su resurrección (1 lect.) y vieron el sepulcro vacío (Ev.). A partir de ahí, una vez que por el bautismo hemos resucitado con Cristo, busquemos los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios (2 lec.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Cristo resucitado en el cenáculo", Mattia Preti, en la sala IX del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
      En la sala IX del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Cristo resucitado en el cenáculo", de Mattia Pretti (1613 - 1699), siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco tenebrista, de escuela italiana, realizado hacia 1670-75, con unas medidas de 1'49 x 2'03 m., procedente de la donación de D. Olegario Peralbo y Godoy, en 1931.
     Obra de grandes contrastes tenebristas en la que el pintor parece retomar la técnica ideada por por Caravaggio, "de la emergencia" consistente en aclarar progresiva e irregularmente el marrón negruzco del fondo, de manera que los colores emergen de éste. Los tonos ocres configuran el carácter sobrenatural de la escena, viéndose potenciada la luminosidad que irradia Cristo Resucitado.
     La distribución escalonada de los personajes y el punto de vista cercano al espectador, recuperan la tradición manierista de las grandes composiciones de Tintoretto y Veronés.
     Composición de gran dramatismo en la gesticulación de los personajes, se ve acentuada por la iluminación.
     Tal y como señalan Valdivieso y Serrera, la pintura posiblemente pertenezca al conjunto de cuadros que Preti trajo a Sevilla desde Malta al arzobispo sevillano D. Manuel Arias.
     Es ésta una pintura cuya iconografía presenta ciertas ambigüedades que dificultan su precisa interpretación. En principio parece ser una de las obras que el arzobispo sevillano D. Manuel Arias trajo a esta ciudad de su estancia en Malta, donde fue caballero de la Orden de San Juan, al igual que el pintor. En cuanto a su iconografía, dos han sido los títulos que se han propuesto para esta obra. En principio el que se el otorga en esta exposición concuerda con los pasajes del evangelio narrados por San Marcos, San Lucas y San Juan. La iconografía de la pintura permite identificar al personaje situado a la derecha como Cristo que está semicubierto por el sudario y lleva la bandera blanca de la resurrección. Las reacciones de sorpresa y susto corresponden a los apóstoles configurados como tipos rudos y populares.
     El segundo título que se ha dado a esta pintura es San Juan increpando a Herodes es también posible aunque falta el lujo con que se habría de representar en la mesa servida y en el vestuario de los personajes. En este caso representaría el pasaje del evangelio de San Mateo en el que San Juan se dirige a Herodes diciéndole No te es lícito tener a la mujer de tu hermano; Catálogo de la exposición, F.O.C.U.S. Sevilla.
     Entró en el museo con el legado de don Olegario Peralbo, sin precisarse atribución y con la errada interpretación de ser la Cena de Emaús.
     Es obra magnífica, de plena madurez de Preti, relacionable con obras fechadas entre 1671 - 75. El viejo barbado de la izquierda, en escorzo tan típico, repite casi en la letra el del San Bernardino predicando de la catedral de Siena, obra de 1675. El hombre maduro que centra la composición es el mismo modelo del San Lucas, de Malta, de 1671. Y el modelo del San Juan se repite en sus Cristos más conocidos, mostrando una indudable ascendencia güerciniana (el Cristo de la Santa Petronila, el Capitolio, o el del Santo Tomás, del Vaticano).
     De este tema se conservan varias versiones. Una, de composición distinta por completo, en Nápoles, en la iglesia de Santo Domingo Mayor; otra al fresco, formando parte de la decoración de la bóveda de San Juan, de Malta, dentro de un ciclo de dieciocho escenas; es bastante más parecida a ésta. La decoración se realizó en 1662-66. El cuadro es posterior, desde luego, a esa fecha, pero aprovecha el esquema.
     De Dominicci cita en la colección napolitana del príncipe de Belvedere una serie de la vida de San Juan, donde se incluía esta escena. Sería muy difícil suponer que se trate de la misma aunque las medidas sean semejantes  (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla). 
     No es muy extenso el elenco de obras italianas del siglo XVII que posee el Museo de Bellas Artes de Sevilla, aunque la calidad de las pinturas, al menos las que tienen autor determinado, es muy notable. También puede advertirse que la escuela mejor representada en el Museo es la napolitana. En este sentido hay que señalar a Mattia Preti como uno de los artistas más interesantes y personales de esta escuela. Nacido en Taverna (Calabria) en 1613, murió en La Valetta (Malta) en 1699. Había realizado su formación en Roma en el ambiente de la pintura caravaggiesca, a la que unió un buen conocimiento de la pintura veneciana. A partir de 1656 se instaló en Nápoles y desde 1661 residió en Malta, donde fue caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén.
     La representación de Cristo resucitado, en el cenáculo, del Museo es probable que pertenezca a un grupo de obras de Preti que trajo a Sevilla desde Malta el obispo D. Manuel Arias. En la pintura se representa el pasaje del Evangelio de San Mateo 14, 3-4 en el que San Juan se dirige a Herodes diciéndole: "No te es lícito tener la mujer de tu hermano". Es obra de espléndidos y contrastados efectos tenebristas, que resaltan las reacciones psicológicas de los intérpretes de la escena; por sus características de estilo esta pintura puede fecharse hacia 1670-1675 (Enrique Valdivieso, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991). 
Conozcamos mejor las Tradiciones evangélicas canónicas y apócrifas, explicaciones racionalistas, y la Iconografía de la Fiesta de La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo;
      La Resurrección de Cristo, que garantiza la de los muertos gracias a la ecuación Christianus alter Christus, es el dogma esencial de la religión cristiana. Según san Agustín, si se retira la fe en la resurrección, toda la doctrina cristiana se derrumba. Pero la fe en un dios que muere y resucita no es en absoluto exclusiva y específicamente cristiana. Se trata de una creencia universal que se encuentra en la mayoría de las religiones antiguas: entre los egipcios, en el culto de Osiris; entre los sirios, en el de Adonis. Ha sido inspirada por la alternancia de las estaciones, el renacimiento de la vegetación después de la muerte aparente del invierno. Debe señalarse que, efectivamente, las fiestas de la Resurrección divina: las de Adonis, y la Pascua cristiana, por ejemplo, coinciden con el despertar de la primavera.
Tradiciones evangélicas y explicaciones racionalistas
    Ninguno de los discípulos de Cristo pretende haber presenciado su Resurrección, que ocurrió sin testigos. Los Evangelios narran simplemente que cuando, tres días después de la Crucifixión en el Gólgota, las Santas Mujeres fueron al sepulcro a llevar perfumes, lo encontraron vacío. Un ángel estaba sentado sobre la piedra de la puerta de la tumba, corrida, y les anunció que Cristo había resucitado.
     La primera descripción detallada del milagro se encuentra en los escritos de Efrén el Sirio. De acuerdo con dicho autor, Cristo salió de la tumba para ascender al cielo inmediatamente.
     Para explicar la misteriosa desaparición del cuerpo del Crucificado, los judíos insinuaron que se trataba de una impostura de sus discípulos que habían sacado el cuerpo de su maestro de noche, en secreto, para dar crédito a la Resurrección. Los cristianos habrían inventado la leyenda de la tapa sellada y de la guardia apostada en el Santo Sepulcro.
     Los críticos racionalistas no descartan del todo la acusación judía de fraude, pero además proponen otras dos hipótesis. 
   lª. La muerte de Jesús sólo habría sido, como la de Lázaro, muerte aparente (Scheintod). En la cruz sólo habría perdido el conocimiento después de la lanzada, y lo habría recuperado en la gruta del sepulcro.
     2ª. Las Apariciones invocadas en apoyo del milagro, serían un fenómeno de autosugestión colectiva. Al no poder resignarse a la muerte de su maestro, los discípulos habrían creído verlo con los ojos, cuando en verdad él sólo habitaba en sus corazones.
     ¿Por qué la Resurrección ocurrió el tercer día después de la muerte? Ese triduum mortis se explica por la prefiguración bíblica de Jonás, que pasó el mismo tiempo en el vientre de la ballena, y también por la creencia popular que aseguraba que el alma y el cuerpo del difunto sólo se separaban definitivamente tres días después de la defunción.
El desacuerdo entre los evangelios canónicos y apócrifos
     Los Evangelios no concuerdan acerca del número de Santas Mujeres portadoras de perfumes, o Marías, cuyos testimonios constituyen, sin embargo, el fundamento de la creencia en la Resurrección.
     En el Evangelio de Juan (20: 1), sólo se habla de una Santa Mujer: María de Magdala. Mateo (28: 1 - 7), nombrados: María Magdalena y María Cleofás; Marcos (16: 1) cuenta tres: María Magdalena, María, madre de Santiago, es decir, María Cleofás, y María Salomé. Finalmente Lucas (24: 10), suma a las dos Marías un número indeterminado de Santas Mujeres («Juana y las demás que estaban con ellas»).
     Existen las mismas divergencias acerca del número de ángeles anunciadores. Juan no menciona ninguno, Mateo y Marcos hablan de un solo ángel sentado sobre la piedra del sepulcro. Lucas cree saber, por el contrario, que las Santas Mujeres se encontraron en presencia de «dos hombres vestidos de vestiduras deslumbran­tes».
   A pesar de estas diferencias de detalle, los cuatro evangelistas coinciden en un punto: para ellos, la Resurrección de Cristo es un retorno momentáneo de Jesús a la vida terrestre, porque hizo numerosas apariciones en Judea y en Galilea antes de Ascender al cielo cuarenta días más tarde. En los Evangelios apócrifos, por el contrario, la Resurrección se confunde con la Ascensión. Cristo resucita para ascender al reino de los cielos de inmediato.
Iconografía
     Esas diferencias en los textos evangélicos y en la tradición explican la falta de fijeza de la iconografía.
     En la evolución de este tema pueden distinguirse tres fases:
   1. La Resurrección simbólica .
   2. La Visita de las Santas Mujeres al Sepulcro.
   3. Cristo saliendo del sarcófago.
   4. Cristo planeando encima de su tumba.
1.  La Resurrección simbólica
     La Resurrección comenzó por ser representada simbólicamente, igual que la Crucifixión, mediante una cruz desnuda (crux nuda), rematada en el monograma de Cristo. En el sarcófago de la Pasión del Museo de Letrán, el crisma está inscrito en una corona que picotean dos pájaros posados sobre el travesaño de la cruz. Abajo de ésta hay dos guardianes sentados, uno despierto y otro dormido; lo cual prueba muy bien que se trata de un símbolo de la Resurrección y no, como se ha pretendido, de la  Crucifixión.
     Más tarde, el arte prefigurativo inspirado por los teólogos recurrirá a tipos tomados del Antiguo Testamento o de los Bestiarios.
     La Biblia moralizada no enumera menos de cinco prefiguraciones de la Resurrección:
     l. José liberado de la prisión es invitado a comparecer ante el faraón, como Jesús salido de la tumba ante Dios Padre.
     2. Sansón mata mil filisteos con una quijada de asno, así como Cristo resucitado pone en fuga a sus enemigos.
     3. David huye de la casa de Saúl con la complicidad de su mujer, Micol que pone un maniquí en su cama; los soldados sólo encuentran un simulacro. Los guardianes del Santo Sepulcro ven la tumba vacía.
     4. Tobías captura el pez del Tigris que se disponía a devorarlo.
     5. Jeremías es extraído de la cisterna donde había sido sepultado.
     Las dos prefiguraciones bíblicas más usuales son Jonás saliendo tres días después de ser tragado del vientre de la ballena y Sansón arrancando las puertas de Gaza con sus hombros. Esos dos símbolos son los que más armonizan con la Bajada al Infierno de los justos, que en la Iglesia griega es la imagen de la Resurrección propiamente dicha, puesto que el monstruo que vomita a Jonás es asimilado a Leviatán, y las puertas de la ciudad de Gaza prefiguran las puertas del Infierno derribadas por Cristo. El Speculum Humanae Salvationis suma a Sansón y a Jonás numerosos símbolos tomados de los Bestiarios. Los más populares son el león que resucita a sus cachorros mediante su rugido, el fénix que renace de sus cenizas, el pelícano que reanima a sus polluelos con la sangre de su pecho abierto. Pero también allí la asimilación deja mucho que desear, puesto que no es el león o el pelícano quienes se pueden comparar con Cristo resucitado, sino los hijos de éstos.
     Los ejemplos más bellos son el púlpito recubierto de esmaltes champlevé de Klosterneuburg, ejecutado en 1181 por Nicola de Verdun, y una vidriera prefigurativa de la catedral de Bourges.
     Estas representaciones prefigurativas, popularizadas por la Biblia moralizada, la Biblia Pauperum (de los Pobres) y el Speculum Humanae Salvationis, persistieron hasta finales de la Edad Media.
2. Las tres Marías en el Santo Sepulcro
     Hasta el siglo XIII el arte cristiano de Occidente evocó la Resurrección de Cristo en la forma indirecta de Las Santas Mujeres en el Sepulcro. Por otra parte, esta es la única representación que está de acuerdo con el relato de los Evangelios.
     Pero en ciertos ciclos, antes de Las Santas Mujeres en el Sepulcro se sitúa una escena pictórica popularizada por el teatro de los autos sacramentales: La compra de los perfumes.
     1. Las santas mujeres y los vendedores de perfumes
     Antes de dirigirse hacia el Sepulcro, las Santas Mujeres compran perfumes para embalsamar el cuerpo de Jesús y preservarlo de «la mordedura del gusano» .
     La idea de embalsamar un cadáver sepultado dos días antes resulta poco verosímil, pero se necesitaba un motivo que condujese a las mujeres a la tumba. Así se explica la leyenda de las Santas Mujeres.
     Este episodio fue popularizado por los Misterios de Pascua, en los cuales la escena del comerciante de perfumes (unguentarius, apothecarius, mercator) fue desarrollado con complacencia e inspiración cómica. Las compradoras se dirigen sucesivamente a dos comerciantes, uno joven y otro viejo, para quedarse con la mejor oferta, de pie frente al mostrador, las Santas Mujeres hacen pesar los perfumes en una balanza.
     Esta escena mercantil, que divertía a los espectadores del teatro de los Misterios, parece haber sido especialmente  popular en Provenza a causa del culto de la Magdalena del Santo Bálsamo (Madeleine a la Sainte-Baume) y del culto de las Santas Marías en Camargue. En cualquier caso, es allí donde la escultura románica nos ofrece los ejemplos más antiguos y numerosos. Ese tema pasó desde Provenza al norte de Italia, a Cataluña y al sur de Alemania.
     2. La visita de las santas mujeres al sepulcro
     En el arte bizantino, el Santo Sepulcro tiene forma de «tugurium», es decir, de capilla sepulcral con apariencia de cabaña, edificada en la rotonda de la iglesia de la Resurrección de Jerusalén. Los artistas  de Occidente, menos familiarizados con los monumentos de Tierra Santa, la reemplazan con un sarcófago.
     Las Santas Mujeres son ya tres, ya dos, según los artistas se inspiren en el Evangelio de Marcos o en el de Mateo. La primera balancea un incensario.
     Sobre la piedra retirada del sarcófago está sentado «el joven vestido de una túnica blanca», asimilado a un ángel alado. Señala con el dedo la tumba vacía o a veces, como en Orvieto, el cielo a donde ha ascendido Cristo.
     Con frecuencia las Santas Mujeres son acogidas en la entrada del Sepulcro por dos ángeles luminosos.
     Sobre una cara de un capitel de Módena se representa una escena procedente del teatro litúrgico que no se encuentra en otros sitios: María Magdalena se desmaya sobre la tumba de Cristo al tiempo que María «la de Santiago» y María Salomé intentan levantarla.
     A veces el tema de la visita de las Santas Mujeres y el de la Resurrección están asociados en una misma composición. En la arquivolta de la portada de Trogir (Trau), en Dalmacia, que data del siglo XIII, se ve a Cristo de pie ante su sarcófago, que acoge por sí mismo a las Santas Mujeres. En la pintura del siglo XIV pueden citarse numerosos ejemplos de esta amalgama en la escuela de Giotto (Taddeo Gaddi), en la escuela de Bohemia (Maestro de Hohenfurt, miniatura de L. de Klettau (Biblioteca Municipal de Zittau) y en el arte alemán (Miniatura del Perikopenbuch del arzobispo Kuno von Falkenstein (1380, Biblioteca de Tréveris). Las tres Santas Mujeres ya no son advertidas por el ángel, pero se prosternan ante Cristo resucitado que se les aparece in corpore.
3. Cristo saliendo de la tumba
     Fue a partir del siglo XI cuando se vio la Resurrección representada ya no bajo el velo del símbolo, sino como un hecho. El punto de partida sería una miniatura del Evangeliario de Munich procedente del scriptorium de Reichenau.
     Esta representación no se apoya en texto evangélico alguno, pero respondía a una necesidad de la fe popular.
     Se comenzó por representar a Cristo saliendo del sarcófago; fue en el siglo XIV cuando, a consecuencia de una contaminación con el tema de la Ascensión, se lo representó planeando encima de su tumba.
El origen del tema
     Cómo explicar este cambio, de fundamental importancia en la iconografía de la Resurrección, de la representación simbólica por la representación real; es decir, de Las Santas Mujeres en el Sepulcro por la Resurrección.
     Se han invocado influencias de la puesta en escena de los autos sacramentales de la Pasión. Pero en el Auto de Pascua, donde las Santas Mujeres estaban representadas por tres diáconos, sólo se anuncia la Resurrección. Entre los ángeles y las tres Marías se establece un diálogo:
          Quem quaeritis in sepulchro, christicolae? 
          Jesum Nazarenum crucifixum, o coelicolae. 
          Non est hic; surrexit, sicut praedixerat.
          Ite, nuntiate quia surrexit de sepulchre.
     De manera que Cristo resucitado no aparece personalmente en la escena. Por ello no puede atribuirse a la influencia de los autos sacramentales la idea de representar a Cristo saliendo de la tumba.
     Según Efrén el Sirio, que asimila la Resurrección con un segundo Nacimiento de Cristo, éste habría salido sin fractura de su tumba sellada (sepulcro clauso),  de la misma manera que en su nacimiento había salido del vientre intacto (utero clauso) de la Virgen, sin romper el sello de su virginidad.
     Desde el punto de vista iconográfico es muy interesante ver la variedad de soluciones que el arte de la Edad Media ha dado a un problema particularmente difícil de resolver.
     No existen menos de cinco, sin contar las variantes secundarias.
     1. Cristo se incorpora en su sarcófago (Christus in sepulcro).
     2. Apoya un pie sobre el borde.
     3. Pasa la pierna fuera del sarcófago (Christus uno pede extra sepulcrum).
     4. Está de pie ante el sarcófago (Christus extra sepulcrum).
     5. Se mantiene de pie sobre la tapa (Christus supra sepulcrum).
     Sea cual fuere el partido adoptado, Cristo resucitado siempre está caracterizado por una cruz estandarte que es el símbolo de su victoria sobre la muerte.
     A pesar de este emblema, la mayoría de estas actitudes nada tienen de triunfal. El arte de finales de la Edad Media con frecuencia resulta indecoroso, y por amor a lo pictórico, cae en la trivialidad. Así es como un artista primitivo alemán de la escuela hanseática, el Maestro Francke, en un retablo de 1424 (Museo Hamburgo), en lugar de representar a Cristo pasando la pierna por el borde del sarcófago de frente, lo muestra esquivándolo por detrás, como un ladrón furtivo que temiese despertar a los guardianes dormidos. Esta evasión clandestina, de la cual pueden encontrarse otros ejemplos en las miniaturas alemanas, tiene algo que resulta chocante. Con el mismo espíritu, el arte germánico representa a Cristo poniendo cuidadosamente en su sitio la tapa de su sarcófago, para hacer creer que ha salido de él milagrosamente. 
   Otra particularidad del arte alemán consiste en representar a Cristo resucitado saliendo de un sarcófago sellado, sin romper y ni siquiera levantar la tapa. (Das Durchsteigen des geschlossenen Sargs, Der Aufstieg aus dem geschlossenen Grabe).
     Puede imaginarse con facilidad que esta manera un tanto familiar de reprsentar el misterio de la Resurrección no debía contar con universal aprobación. El pie sacado de la tumba no duró mucho en Alemania. En Italia y Francia se prefirió mostrar a Cristo apoyando el pie sobre el borde de su sarcófago, como un vencedor que holla la cerviz de su enemigo; y también erguido sobre la tapa como sobre un pedestal (vidriera de Bourges, miniatura de Jean Colombe en las Muy Ricas Horas de Chantilly, Perugino, Bissolo).
     El Cristo resucitado, sentado sobre su tumba en la actitud de un juez, que se ve en una miniatura alemana del siglo XV, es sólo una curiosidad iconográfica.
4. Cristo planeando encima de su tumba
     Con Cristo de pie sobre la tapa de su sarcófago como sobre un trampolín que lo impulsará hasta el cielo, la iconografía se encamina hacia una cuarta fórmula de la Resurrección: Cristo transfigurado flotando en una mandorla. Esta Resurrección ascensional se confunde con la Transfiguración y la Ascensión.
     Aparece en el arte italiano a principios del siglo XIV. El honor de esta innovación corresponde a Giotto y a su escuela. En la capilla de los Españoles, Andrea da Firenza hace planear a Cristo resucitado encima de tres Santas Mujeres. Con Fra Angélico y Perugino, este tema se independiza de sus vínculos con el motivo arcaico de las Santas Mujeres en la gruta sepulcral, y elimina las otras fórmulas.
     Alcanza su apogeo en la Resurrección pintada en 1580 por Tintoretto, para la Escuela de San Rocco. Unos ángeles hercúleos derriban la piedra que tapa la entrada de la tumba, y Cristo sale de allí como un cohete vivo. Ya no planea, sale literalmente disparado, como un proyectil. Es la más dinámica de todas las Resurrecciones.
     Otra originalidad de la escuela italiana es, a veces, el reemplazo de los vigilantes que montan guardia alrededor de la gruta sepulcral por apóstoles o santos. Por eso, en un grabado de Mantegna, Cristo resucitado está acompañado por san Andrés y san Longinos, patrones de Mantua. El cuadro del Museo de Berlín, atribuido a Leonardo da Vinci, muestra a los pies de Cristo que toma impulso, a san Leonardo, patrón de los presos, y a santa Lucía, que presenta sus ojos sobre una bandeja: esos dos santos en adoración simbolizan el desapego a la vida terrenal.
     Por un singular fenómeno de retraso, el motivo de Cristo planeando fue exclusivamente italiano desde comienzos del siglo XIV hasta finales del siglo XV. A principios del siglo XVI fue adoptado por las escuelas alemanas: por Durero, en un xilografía de la Pasión Grande, y por Mathis Nithart, en un postigo del retablo de Isenheim. Pero este tipo de Resurrección triunfal nunca se adaptó bien al norte de Europa, y contradice el espíritu de la Reforma. En su cuadro de la Pinacoteca de Munich (1639), Rembrandt retorna a una concepción completamente diferente. Un ángel levanta la piedra de la tumba y Cristo, aún envuelto en fajas, se pone de pie penosamente, como un nuevo Lázaro. Es exactamente lo contrario del Cristo bólido de Tintoretto, lanzado hacia el cielo como un proyectil.
Correcciones de la iglesia católica después de la Contrarreforma
     Los teólogos de la Contrarreforma sometieron a severas críticas la iconografía de la Crucifixión, que en 1730 formuló Juan de Ayala en su Pictor Christus eruditus. Según dicho autor, es un grosero error representar a Cristo saliendo de la tumba abierta, con un pie fuera del sarcófago (uno pecte extra sepulcrum, altero autem cum crure jamjam prodeunte). Tampoco aprueba la representación de Cristo planeando (sublevatus in aere), que se parece demasiado a una Ascensión. Lo mejor es representarlo ante o sobre la tumba cerrada (extra vel supra sepulcrum). Su cuerpo resplandeciente, inmaterial (sine mole et pondere), revestido con un lienzo rojo, debe mostrar las llagas.
     Juan de Ayala considera que al representar a los soldados dormidos se injuria la disciplina del ejército romano (sic). Y cree imposible que todo el cuerpo de guardia se haya dormido; por lo menos uno de los guardianes debe permanecer despierto.
     En cuanto a la asistencia, deben ser eliminados todos sin excepción, puesto que según los Evangelios, ninguna criatura mortal asistió al milagro de la Resurrección (a nullo prorsus mortalium visum). La Virgen tampoco debe estar presente. En la escena no caben ni soldados precipitándose sobre sus armas ni un perro que ladre.
Los guardianes
     Como ya hemos señalado, la presencia de guardianes alrededor del Sepulcro es completamente ignorada por Marcos, Lucas y Juan. Fueron introducidos posteriormente en la leyenda y en la iconografía por razones apologéticas, con el objeto de refutar la acusación de los judíos, que insinuaban que el cadáver de Cristo había sido retirado clandestinamente por sus discípulos.
     Acuclillados alrededor de la tumba, parecen dormir, a veces hasta roncan con la boca abierta, pero es sólo falsa apariencia o al menos no todos duermen. El sueño de los guardianes habría provisto argumentos a los judíos y habría parecido dar la razón a sus insinuaciones. Por ello es cierto que la intención de los artistas, y la de los teólogos que los guiaban, era representar a los guardianes no dormidos sino deslumbrados, paralizados y «como muertos», según la expresión de san Mateo (28: 4), al ver al divino resucitado.
     El número de guardianes es variable: a veces son tres o cuatro, pero en ciertas ocasiones se cuentan en tan gran número que rodean el sepulcro por todas partes como para hacer imposible toda tentativa de retirar el cuerpo, o de evasión (Jean Colombe, Muy Ricas Horas).
     En el teatro de los Misterios, Pilato los sitúa en los cuatro ángulos del Santo Sepulcro. Pero su agrupación presentaba grandes dificultades en los capiteles historiados. En Mozat, parecen dormir de pie, con la cabeza inclinada. En un capitel de Issoire, los tres guardianes están superpuestos.
     Lo más habitual es que estén acostados al pie de la tumba, pero a veces observan como vigías en lo alto de la torre sepulcral, detrás de las almenas (Libro de Perícopes de Salzburgo, Biblioteca Munich).
     Su indumentaria y armas son anacrónicos. No están vestidos como legionarios romanos sino como militares del tiempo de las cruzadas, con la cota de malla y el casco cónico provisto de nasal; llevan los escudos sujetos en la coronilla, como si estuvieran al pie de la muralla de un castillo. Sus ropas varían de acuerdo con la moda: en el Renacimiento usan los farsetos de los lansquenetes.
     Sus reacciones son muy expresivas, y a veces, hasta caricaturescas. Deslumbrados por la aparición, intentan taparse los ojos con una mano o el escudo. Los más valientes desenvainan la espada para partir al espectro; los otros consideran más prudente darse a la fuga. A veces uno de ellos se arrodilla en actitud de adoración: Longinos, el lancero, cuyos ojos se habían abierto a causa del milagro (Predela de Mantegna en el Museo de Tours).
     A veces Cristo apoya el pie sobre la cabeza o el pecho de uno de los guardianes que no parece advertirlo.
     No hay más espectadores que los guardianes. Los apóstoles están ausentes, la Virgen también. Sólo en la escuela catalana del siglo XV puede encontrarse excepcionalmente -simples curiosidades iconográficas- a la Virgen asistiendo a la Resurrección de su Hijo (Jaume Serra, Retablo de Huesca, Museo Barcelona). 
   Para explicar la ausencia de la Virgen, algunos comentaristas ingeniosos supusieron que ella pudo asistir al milagro, pero que los evangelistas juzgaron preferible no hacerla intervenir porque el testimonio de una madre habría resultado sospechoso y sin valor probatorio.
Los príncipes de los sacerdotes corrompen a los guardianes
Mateo, 28: 11 - 15.
     Para desacreditar los testimonios de los judíos que pretendían que el cadáver de Jesús había sido robado durante la noche por los discípulos, Mateo agrega que los guardianes informaron a los «príncipes de los sacerdotes" acerca de la desaparición de su prisionero, y que éstos, después de deliberar, les dieron «bastante dinero» a condición de decir que los discípulos de Jesús habían aprovechado que ellos dormían para hacer desaparecer el cuerpo.
     A pesar de su carácter apologético, este episodio ha sido escasamente ilustrado por el arte cristiano (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre la Sala IX del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 3 de abril de 2021

La Hermandad del Sol

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Sol, de Sevilla.  
     Hoy, sábado 3 de abril, es Sábado Santo. Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.
     Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la Noche Santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como «la madre de todas las Santas Vigilias» (san Agustín).
     Durante la Vigilia, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana (CO, 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.
     Esta vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, «rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo» (pregón pascual) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad del Sol, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Sábado Santo.
     La Hermandad del Sol, tiene su sede canónica en la Iglesia Parroquial de San Diego de Alcalá, que se encuentra, al igual que su Casa de Hermandad, en la plaza del Aljarafe, 15; en el Barrio del Plantinar, del Distrito Sur.
     La Fervorosa y Mariana Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos del Triunfo de la Santa Cruz, Santo Cristo Varón de Dolores de la Divina Misericordia, Nuestra Señora del Sol y San Juan Evangelista; es  una corporación fundada en 1995, aunque sus orígenes  se  remontan  a  1932, con sede canónica en la Iglesia parroquial de San Diego de Alcalá,  siendo   sus  imágenes  titulares  el Santo Cristo Varón de Dolores  de la Divina Misericordia y Nuestra Señora del Sol, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena, obras de José Manuel Bonilla Cornejo en 2003 y 1989, y María Santísima de la Salud.
     Los orígenes de la Hermandad parten como primera noticia documentada del año 1.932. Se sabe que hubo una salida que ocurrió en los días de la Semana Santa de ese año. Un grupo de alumnos del colegio de los jesuitas, que de Villasís se había trasladado a la calle Pajaritos, constituyó un Grupo de Fieles para dar culto a una pequeña imagen de Cristo bajo la advocación de Cristo de la Sangre, según una crónica de los hechos que vio la luz a posteriori en una publicación (Memoria del Colegio Pajaritos, diciembre de 1939), editada por el Colegio del Sagrado Corazón de María. Según afirmaciones de personas de la época, al parecer, en la primera salida procesional, la cofradía fue desde una casa de la parte alta de la calle Don Remondo, la de la familia Fernández-Palacios, hasta otra ubicada unos pocos metros más abajo, casi en la esquina con la Plaza Virgen de los Reyes. No existe, que se sepa, testimonio gráfico de las primeras salidas procesionales, aunque sí que hay una fotografía de la otra salida de esta misma hermandad en el año 1935, la que ocupó la portada del diario "La Unión".
     Las circunstancias, en los siguientes años, debidas a la guerra civil de nuestro país, hicieron que ésta agrupación de jóvenes se viera muy castigada, quedando circunscrita la veneración a la Imagen al entorno de la familia Alvarez-Ossorio. 
     Es en el barrio de los Remedios cuando resurge llegando a tener la Virgen un Altar en la Capilla de la Cripta de la Parroquia. En este período de más de cuarenta años el grupo se asienta en dicho barrio, siguiendo la tradición de la Fiesta de la Cruz. En el seno de la asociación se funda la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora del Sol, en el año 1.975. Se constituye este grupo de fieles en Agrupación Parroquial, aprobada por la Vicaría General del Arzobispado de Sevilla con fecha 9 de Junio de 1.987, tomando el título de Agrupación Parroquial Mariana Nuestra Señora del Sol.
     En el año 1989, nuevo cambio de residencia, ahora al barrio de El Plantinar. En Diciembre de 1995 queda erigida como Hermandad de Gloria realizando durante 10 años la salida procesional desde la Iglesia de la Residencia de Hermanas Salesianas de Nervión. El 16 de Junio de 2006 es erigida Hermandad de Penitencia con Sede Canónica en la Parroquia de San Diego de Alcalá. El 16 de Octubre de 2006 la imágenes son trasladadas desde el oratorio privado a su nuevo altar en la Parroquia. El Sábado de Pasión de 2007 realiza su primera Estación de Penitencia. El Sábado de Pasión de 2009 estrena la recuperación histórica de la Sagrada Conversación bajo palio, Nuestra Señora del Sol, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena.
     Referencia artística.- La imagen de Nuestra Señora del Sol es obra del escultor José Manuel Bonilla Cornejo, quien cuidó especialmente los movimientos o giros axiales que dan expresividad a su bello, sentido y doliente rostro. El mismo artista, haciendo gala de una inventiva poco frecuente (y que sin embargo se basa sobre los patrones más añejos desgraciadamente olvidados), va diseñando el estilo corporativo, con singularidades tales como poner a la Virgen media luna a sus pies (Siendo la Primera Hermandad de la Ciudad de Sevilla que, en el siglo XX, recuperó la antigua tradición de los siglos XVII - XVIII de llevar la Luna a los pies de una Virgen Dolorosa), la ráfaga hasta los hombros de la imagen ó recuperar la iconografía de la Sagrada Conversación. Igualmente singular el Sol de plata con baño de oro en cuyo centro se encuentra el Niño Jesús como símbolo de que la Virgen María es Madre del Sol de Justicia, Cristo Nuestro Señor, y símbolo de Esperanza de todos los cristianos.
     La imagen del Santo Cristo Varón de Dolores de la Divina Misericordia es la Iconografía de Jesús vivo, coronado de espinas con las heridas de los azotes, las llagas de pies, manos y costado, con su mano izquierda abraza la Cruz. La imagen lleva su mano derecha al corazón. A sus pies aparece el cráneo de Adán y la serpiente, junto con la corona de espinas y los clavos. La obra es de tamaño natural (1,83 cm.) y se realizó, en madera de cedro siguiendo el proceso de tratamiento clásico en la escultura policromada, por D. José Manuel Bonilla Cornejo. Se contó para la realización de la imagen con la colaboración de Don Manuel Montañés García, Don Emilio López, Don Antonio Zambrana y Doña María José Aguilar. La imagen se concluyó el 21 de febrero de 2003, bendiciéndose ese mismo año. 
   San Juan Evangelista. Titular de la Hermandad desde la aprobación de sus Reglas como Hermandad de Penitencia en 2006. La talla de cuerpo entero ha sido realizada en madera de cedro por el Imaginero D. José Manuel Bonilla Cornejo, se finalizó y bendijo en el año 2008.
     Santa María Magdalena. Preciosa talla realizada en madera de cedro por el Imaginero D. José Manuel Bonilla Cornejo. Con cuerpo de candelero, tiene algunas particularidades como la faz nacarada, el color rojizo del pelo y el moño en el que se recoge el mismo. Se terminó y bendijo en el año 2009.
     Datos curiosos.- El cortejo cuenta con hermoso Simpecado (Obra originalísima que recupera el estilo primitivo de éstas insignias en el siglo XVII. Se trata de una gran pintura al óleo enmarcada por estucados y estofados en oro. La pintura central se inspira en una obra del pintor sevillano del siglo XVII Antonio del Castillo, trasunto de la que se venera en la iglesia de Santa María Mater Dei de Venecia y que también se veneraba en el convento de Santa María de los Reyes de Sevilla. La pintura es obra de José Manuel Bonilla Cornejo y Fernando de la Maza Fernández y la original orfebrería de Jesús Domínguez realizada en plata de ley) entre otras bien diseñadas insignias (Libro de Reglas, Bandera del Triunfo de la Santa Cruz, Santa Cruz de Guía, Guión Sacramental), y lo que es muy significativo: la admirable banda de cornetas y tambores de esta Hermandad, con su vistoso atuendo de gala, que da tanta prestancia y categoría musical a las procesiones donde participa. El año 2000 se presentó la nueva Banda de Música, que cosechó un gran éxito y se añade a la precedente formación de cornetas y tambores. Hace pocos años se recuperó la Banda Juvenil que tomó como nombre el de Banda de Cornetas y Tambores Varón de Dolores. Siendo por tanto de las pocas Hermandades que cuentan con tres bandas propias.
     Observaciones.- La Hermandad posee una Reliquia del Santo Lignum Crucis que se halla en la cruceta de la Santa Cruz de Guía donada por un benefactor de la corporación que también entregó el Documento de Autenticidad que data de 1.768 en la Ciudad Santa de Jerusalén y está firmado por el Custodio de Tierra Santa Fray Aloisio de Bastia y en el sello, sello del Guardián y Comisario de Tierra Santa, por Mandato de su Paternidad Reverendísima, Fray Pablo de Agnona, Secretario. Dicho documento se guarda en el archivo histórico de la Hermandad.
     Igualmente tiene una Reliquia de Santa Ana, Madre de la Virgen, donada por un benefactor de la hermandad en un relicario, para el pecherín de la Virgen, realizado por Jesús Domínguez en plata, oro y amatistas. También entregó el Documento de Autenticidad que se guarda en el archivo histórico de la Hermandad.
     Momentos destacados.- Por las calles del barrio por ser estrechas y repletas de naranjos que rememoran las calles más tradicionales del centro de nuestra ciudad, viviéndose instantes emotivos e íntimos que recuerdan momentos añejos de nuestra Semana Mayor (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Sol, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad del Sol: www.hermandaddelsol.org

La Hermandad del Sol, al detalle:
Sede canónica: Iglesia parroquial de San Diego de Alcalá
- Día de Salida Procesional: - Sábado Santo (Penitencia) 
                                                - Último Sábado de Octubre (Gloria - María Santísima de la Salud)

viernes, 2 de abril de 2021

La Hermandad del Silencio

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Silencio, de Sevilla.  
     Hoy, viernes 2 de abril, es Viernes Santo. En este día, en que "ha sido inmolada nuestra Víctima Pascual: Cristo (1 Cor 5, 7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas" (cf. san León Magno).
     En efecto, «esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el Misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (SC, 5).
     La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo (CO, 312) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad del Silencio, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la Madrugá del Viernes Santo.
     La Hermandad del Silencio, tiene su sede canónica en la Real Iglesia de San Antonio Abad, que se encuentra, al igual que su Casa de Hermandad, en la calle Alfonso XII, 3 (aunque también tiene portada -la Iglesia- a la calle El Silencio, 3); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     La Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla, Archicofradía, Pontificia y Real de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y María Santísima de la Concepción; es una  corporación  fundada  en  1340  y  con  residencia  canónica  en la  iglesia de San Antonio Abad, siendo  sus  imágenes  titulares la Santa Cruz en Jerusalén; Nuestro  Padre  Jesús Nazareno, obra anónima realizada antes de 1611 y atribuida  a  Francisco  de  Ocampo y a Gaspar de la Cueva; María Santísima de la Concepción es una  talla  de  Sebastián  Santos  en  1951,  acompañada de San Juan Evangelista, obra de Cristóbal Ramos en 1752; y la Inmaculada Concepción Virgen del Alma Mía, talla de Hernando Gilmann en 1615.
    El escudo de la Hermandad se compone de la Cruz de Jerusalén, también denominada Cruz de las Cruzadas, que se compone de una cruz griega potenzada rodeada por otras cuatro cruces de la misma forma y menor tamaño, llamadas crucetas, situadas en cada uno de los cuadrantes delimitados por sus brazos, rodeando el conjunto un aro en azul celeste.
     Se fundó la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla en la iglesia parroquial de Omnium Sanctorum, en la Cuaresma del año de 1340, por un grupo de vecinos del barrio de la Feria, que se reunían en la capilla del patronato de los Cervantes para leer y meditar los capítulos de la Pasión según el Evangelio de San Juan, y glorificar a Nuestro Señor Jesucristo en el doloroso trance de llevar sobre sus hombros la Santa Cruz.
     Bajo el título de HERMANDAD DEL DULCíSIMO JESÚS NAZARENO Y LA VIRGEN SANTA MARíA CON SAN JUAN, fueron aprobadas sus primeras reglas por el Arzobispo de Sevilla, Don Nuño de Fuentes, el 22 de febrero de 1356, prescribiéndose en ellas la procesión de penitencia en la madrugada del Viernes Santo, el socorro a los necesitados y la entrega de dotes a doncellas pobres y en trance de contraer matrimonio.
     Hizo su primera salida procesional al despuntar el alba del 14 de abril de ese mismo año de 1356, desde la ermita de San Antón, con estación de penitencia en la de San Lázaro, extramuros de la puerta de la Macarena, vistiendo sus cofrades túnica de angeo de color morado, sin bruñir, tosca soga de esparto ceñida a la cintura, y el rostro cubierto por una cabellera de cáñamo, que sujeta a las sienes una corona de espinas. Todos cargaban con una pesada cruz y llevaban los pies descalzos. Este singular atuendo, imitación del de Jesús, dio origen al nombre de «nazarenos» con el que designan en Sevilla a los penitentes de la Semana Santa. 
      Pasó en 1546 al Hospital de las Cinco Llagas, y de allí, en 1571 al Hospital de la Santa Cruz en Jerusalén, llevando ya Imágenes en su estación penitencial. Hasta que definitivamente, su Hermano Mayor, Mateo Alemán, adquiría en propiedad el 14 de abril de 1579 la capilla del Santo Crucifijo y parte del huerto del Hospital de San Antonio Abad, donde labró su actual capilla propia.
     El propio escritor, Mateo Alemán, redactaba nuevas reglas con la ordenación de la cofradía, obras de caridad y rescate de los presos de la Cárcel Real, siendo aprobadas el 24 de abril de 1578, renovadas en 1642 e ilustradas con pinturas de Francisco Pacheco.
     El 29 de septiembre de 1615, por iniciativa de su Hermano Mayor, Tomás Pérez, fue la adelantada de la defensa del Misterio de la Inmaculada con voto y juramento de sangre, que se conmemora en la estación de penitencia con la Bandera Blanca, con sus anagramas, la espada desnuda, símbolo de la defensa del Misterio, y la Vela, símbolo de la fe en dicho Misterio. Tiene cartas de Hermandad con numerosas ordenes religiosas; y a su semejanza se han fundado y adaptado numerosas hermandades de Jesús Nazareno en toda la geografía española, agregadas por Bula de León XIII, en 1824.
     Extinguida la Orden de los Antoninos y por Real Orden de 15 de septiembre de 1793, S.M. Carlos IV, hizo donación a la Hermandad de la Real Iglesia de San Antonio Abad, que en unión de la Capilla, habían sido reconstruidas entre 1724 y 1730 bajo la dirección y proyectos del maestro mayor de fábrica del Arzobispado de Sevilla, Diego Antonio Díaz
     En el primer «paso» figura Jesús Nazareno abrazado a la cruz, en el momento que fue recibida por el Señor para iniciar su camino al Calvario. La Imagen es obra de Francisco de Ocampo, de la primeras décadas del XVII, totalmente anatomizada y policromada con la técnica del pulimento.
     La Cruz es de carey con cantoneras de plata del primer tercio del siglo XVII, y procede de México, donada por los descendientes de los Cervantes, va flanqueada por Ángeles ceroferarios de Pedro Duque Cornejo, del XVIII. El «paso», de estilo barroco, obra de 1903, con dibujos de M. Ordóñez y talla de José Gil.
     En el segundo «paso» aparece María Santísima de la Concepción acompañada de San Juan, son Imágenes de Sebastián Santos Rojas, obra de 1951 adquirida por la Archicofradía en 1954, y de Cristóbal Ramos, segunda mitad del siglo XVIII, respectivamente.
     El «paso», es de estilo neobizantino, inspirado en la Catedral de San Marcos de Venecia, es de plata de ley, del orfebre Cayetano González de 1930. Todos los bordados en terciopelo de seda, son barrocos con aditamentos mudéjares, se estrenaron entre 1919 y 1922, realizados por Hijos de M. Olmo, según dibujos de Herminia Álvarez Udell.
     En la orfebrería merecen especial mención, las potencias del Señor, de oro de ley de Antonio Marmolejo, y en plata los faroles del paso de Manuel Villarreal Fernández, la corona de la Virgen de Jesús Domínguez y la candelería de Orfebrería Villarreal.
     Son dignas de destacar, entre sus insignias, el Simpecado en maya de oro, de Hijos de M. Olmo, con Inmaculada tallada, el guión romano, concedido a la Hermandad por S. S. Pío IX, y la llave del sagrario que por privilegio lleva el Hermano Mayor al pecho.
     Acompañan a estas Imágenes sendas capillas musicales, que interpretan composiciones o saetas del siglo XVIII dedicadas a Jesús Nazareno y de los años 2002-2003 las compuestas por J. A. Pedrosa a María Santísima de la Concepción.
     TÚNICAS: Negras de ruán, con altos capirotes, y ancho cinturón de esparto (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
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Página web oficial de la Hermandad del Silencio: www.hermandaddeelsilencio.org

La Hermandad del Silencio, al detalle:
- Día de Salida Procesional: Madrugá del Viernes Santo

jueves, 1 de abril de 2021

La pintura "Sagrada Cena", anónima, en la sala II del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Sagrada Cena", anónima, en la sala II del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
     Hoy, 1 de abril, es Jueves Santo. La Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella Cena en la cual el Señor Jesús, en la noche que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen (Caeremoniale Episcoporum, nº 297). 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Sagrada Cena", anónima, en la sala II del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
      En la sala II del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Sagrada Cena", anónima, siendo un óleo sobre lienzo en estilo renacentista - manierista, de escuela sevillana, realizado hacia 1570, con unas medidas de 0'87 x 0'41 m., procedente del Convento de Madre de Dios, de Sevilla, tras la Desamortización, en 1869 (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla). 
     La boyante economía sevillana a lo largo del siglo XVI produjo una favorable repercusión en la actividad artística, siendo la pintura una de las manifestaciones más favorecidas. En una época en que hubo gran demanda de pinturas es lógico que al lado de grandes maestros aparecieran artistas menores que, por no haber firmado ninguna obra ni poseer documentos que avalen la autoría de alguna de ellas, permanecen totalmente en el anonimato. Un grupo de interesantes obras de artistas desconocidos se conservan en el Museo, aunque en alguna de ellas puede sugerirse o esbozarse alguna atribución para aproximarse a su posible estilo.
     Entre las más relevantes de la segunda mitad del siglo XVI debe citarse una buena representación de la Sagrada Cena en la que se evidencia la utilización de grabados en la organización de su esquema compositivo (Enrique Valdivieso, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cena y el ciclo eucarístico;
      La Santa Cena en Jerusalén, que es la última  comida que tomó Cristo con su doce apóstoles, antes de la traición de Judas (no es veraz la expresión la última Cena, puesto que la cena en Emaús se sitúa después de la Resurrección), se diferencia de todas las demás «cenas» relatadas en los Evangelios: las Bodas de Caná, la comida en casa de Simón, sin contar la Cena de Emaús, por su alto significado litúrgico y místico: no es sólo una comida de despedida sino la conmemoración de la Pascua judía y la institución de uno de los principales sacramentos cristianos: la Comunión eucarística.
   De ahí la importancia iconográfica de esta comida que estudiaremos desde dos puntos de vista: histórico y ritual, con todos los temas conexos, el primero de los cuales es el Lavatorio de los pies.
La Santa Cena
     Para comprender la iconografía de la Santa Cena, ante todo es necesario advertir que se trata de un tema doble, de dos caras, que presenta dos aspectos muy diferentes.
     Es un acontecimiento y al mismo tiempo un símbolo: un episodio dramático de la vida de Cristo quien, reunido por última vez con sus discípulos, anuncia la traición de uno de ellos; y además, es la institución de un sacramento.
     Los artistas han puesto el acento ya en el anuncio de la traición  (Unus ex vobis me proditurus est), ya en la comunión de los apóstoles (Hoc est corpus meum). De estas dos concepciones surgieron dos temas iconográficos que es necesario estudiar aparte, y que llamaremos, a la primera, Santa Cena histórica o narrativa; y a la segunda, Santa Cena simbólica o sacramental.
     Es interesante señalar que el arte de Oriente y el de Occidente, el bizantino y el católico, han seguido aquí caminos opuestos, y que este cisma iconográfico proyecta una viva luz sobre las tendencias profundas de estas dos mitades del mundo cristiano. Los bizantinos se inclinan preferentemente hacia el tema litúrgico y místico de la Comunión de los apóstoles. Por el contrario, el arte de Occidente se esforzará en extraer todo el potencial de trágica emoción contenido en el anuncio de la traición, y ese motivo alcanzará su más perfecta expresión en la Santa Cena (Cenacolo) de Leonardo da Vinci.
     Pero por una curiosa reacción, después del concilio de Tremo, el arte de la Contrarreforma se aparta de la obra maestra de Leonardo y retorna a la fórmula simbólica de Bizancio; se desinteresa de las circunstancias históricas y psicológicas y se preocupa, sobre todo, por la glorificación del sacramento de la Eucaristía, representando la Santa Cena como la «primera misa».
I. La Santa Cena histórica o el anuncio de la Pasión
Mateo, 26: 17-26; Marcos, 14: 12-22; Lucas, 22: 7-14; Juan, 23: 21-30.
     Los cuatro Evangelios relatan con una infrecuente unanimidad la última comida que tomó Jesús con sus doce discípulos. Fue al final de esa cena de despedida cuando escaparon estas palabras de sus labios: «En verdad os digo que uno de vosotros me entregará.»
     Los discípulos se miraban unos a otros sin saber de quien hablaba. Juan, inclinado sobre el pecho de su maestro, le preguntó: «Señor, quién es el que te ha de entregar?». Jesús respondió: «El que conmigo mete la mano en el plato, ése me entregará.»
     Entre uno y otro Evangelio pueden advertirse ciertas diferencias en los detalles. La versión de Juan no coincide exactamente con los Evangelios sinópticos. Según Mateo, el traidor es aquel que mete la mano en el plato; de acuerdo con Lucas, aquél cuya mano está sobre la mesa. Pero estas variantes tienen poca importancia.
     Lo que más perturba es la falta de precisión acerca del número de comensales. Sólo los doce apóstoles habrían asistido a la Santa Cena. Pero en ese caso ¿como se explica que uno de los discípulos de Emaús, que no pertenece al colegio apostólico, pudiera reconocer a Jesús por la manera en que éste parte el pan?
     La realidad de esta comida evangélica ha sido puesta en duda por la crítica racionalista. Se trataría de la dramatización de la palabra de Jesús anunciando que sería traicionado por uno de los comensales. Los evangelistas habrían desarrollado esta profecía en forma de ficción narrativa de una última comida de Cristo con sus apóstoles. Hicieron con ella una cena pascual, aunque por otra parte dijeran que Jesús murió un viernes (paraskeue), que era víspera de la Pascua.
     Sin insistir en estas controversias, veamos cómo han concebido los artistas uno de los temas más conmovedores del arte religioso. Analizaremos sucesivamente la agrupación y la acción de los personajes.
1. La forma de la mesa y la posición de los comensales
     La Santa Cena que es una comida nocturna (Abendmahl), a veces, en el arte cristiano, aparece iluminada por una antorcha.
     Los apóstoles que comparten con su Maestro la última comida de éste, casi siempre son doce. No obstante, en algunas realizaciones del siglo XIII, como el trascoro de Naumburg y el techo pintado de Zillis, excepcionalmente, los vemos reducidos a cinco o seis (es difícil de admitir la hipótesis de Haufmann, quien supone que existe un vínculo entre la Santa Cena cristiana y un grupo de Sócrates rodeado de discípulos barbudos, de un mosaico pagano descubierto en Apamea).
     Antes de la invención de la perspectiva, agrupar sin confusión a trece comensales alrededor de una mesa constituía una importante dificultad para los imagineros de la Edad Media.
     Estos intentaron numerosas soluciones: la mesa con forma de sigma o media luna, la mesa redonda y finalmente la mesa rectangular, vista de frente o en bisel.
     La mesa con forma de sigma es el antiguo triclinio romano con los comensales acostados en semicírculo (en ciertas iglesias sirias se ha comprobado la existencia de mesas de altar con forma de sigma. Además, esta forma se adaptaba perfectamente a la de los ábsides, con cuyos trazados en hemiciclo combinaban. Puede creerse que las primeras comunidades cristianas entendían evocar de esta manera la mesa de la Santa Cena, donde por primera vez Cristo consumó el misterio de la Eucaristía, renovado a diario por la Iglesia). La mesa circular sin duda fue tomada de Oriente por el rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda. En cuanto a la mesa rectangular, cuyo origen G. Millet creyera encontrar en el arte capadocio, aparece en el arte de Occidente a partir del siglo XI, que la adoptó simplemente porque se adecúa a nuestras costumbres, tanto litúrgicas como domésticas, sin que se necesite supo que ha sido importada del extranjero, y quizá también porque resultaba más fácil de colocar en el marco de los dinteles de las portadas.
     Los ejemplos de mesa cuadrada son muy escasos. No obstante puede citarse uno del siglo XI en un Breviario de Monte Cassino (Biblioteca Mazarine).
     Un capitel historiado de Saint Paul de Issoire ofrece un curioso ejemplar de mesa redonda. Puesto que algunos de los comensales habrían ofrecido la espalda a los espectadores si se hubiesen sentado alrededor de la mesa, ésta está reducida a una circunferencia hueca, de la cual pende un mantel plegado que rodea a los comensales.
     Cada una de estas formas comporta una posición diferente de los comensales. Cuando la mesa tiene forma de media luna o sigma, Jesús ocupa el extremo izquierdo, que era el lugar de honor (Evangeliario de Rosanno, mosaico de San Apolinar il Nuovo). Cuando la mesa es redonda, Jesús está en el medio y Judas aislado en primer plano. Por último, cuando la mesa es rectangular, generalmente sitúa a todos los comensales en ángulo recto, con Cristo en el centro. En la Santa Cena de Leonardo da Vinci, los apóstoles están agrupados de tres en tres.
     En 1544 Tiziano introdujo una ingeniosa innovación en su Santa Cena del Palacio ducal de Urbino. La mesa está puesta en diagonal, lo cual confiere profundidad a la composición. Este ordenamiento fue imitado en Italia por Tintoretto, y por Pieter Brueghel en los Países Bajos.
     En el siglo XVII, por la influencia de los arqueólogos, los pintores retornaron a la mesa con forma de sigma o medialuna tanto para la Santa Cena como para la Unción de la Magdalena (la Comida en casa de Simón).
     El decorado generalmente comporta una sola habitación. No obstante, en un fresco de la basílica inferior de Asís, el pintor de Siena, Pietro Lorenzetti, deja ver a la izquierda de la sala del cenáculo, la cocina donde se preparan las comidas: un criado arrodillado cerca del hogar seca un plato, al tiempo que un perro devora 1os restos junto a un gato que dormita.
2. Las actitudes de los comensales
     En la época románica, los comensales comían acostados sobre camas. Pero en el arte de la Edad Media los apóstoles casi siempre están sentados alrededor de Cristo que los preside. No obstante, en un tímpano de la catedral de Estrasburgo, fueron representados de pie para estar de acuerdo con el rito pascual de los judíos que mantenían de pie para comer el cordero (la misma particularidad puede verse en la miniatura de un Misal de París del siglo XV que se encuentra en la Biblioteca Mazarine. Los apóstoles de pie llevan bastones, como en la Pascua judía); pero según parece, esa costumbre había caído en desuso en los tiempos de Jesús.
     El anuncio de la traición conmueve a los pintores psicólogos, y a Leonardo, el más grande de todos ellos, que se esforzaron por traducir en los gestos del rostro y la mímica las reacciones de cada uno de los apóstoles ante la palabra acusadora: unos se indignan, otros protestan su inocencia o intentan desenmascarar al traidor que está entre ellos. Esos juegos fisionómicos que revelan las consciencias conmovidas hasta en su intimidad, otorgan intensa vida a esta tragedia.
     Entre los apóstoles, hay dos que destacan del grupo y que están claramente caracterizados: san Juan y Judas.
Jesús y Juan recostado en su pecho
     Juan, el apóstol preferido, apoya la cabeza sobre el pecho de Jesús. Esta actitud, mencionada sólo en el cuarto Evangelio (Juan, 13: 23), se explica porque los apóstoles estaban acostados a la manera antigua, alrededor de una mesa con forma de sigma; ya no tiene más sentido cuando los comensales están sentados; pero permanece impuesta por la tradición. Es un típico ejemplo de supervivencia iconográfica.
     Como sucede con frecuencia, este vestigio mal comprendido ha engendrado un despropósito. En los banquetes de la Antigüedad, los comensales estaban apoyados sobre el codo izquierdo, de manera que aquél que se encontraba a la derecha del anfitrión o de quien presidía el banquete, tenía forzosamente la cabeza cerca del pecho de éste. Por desconocimiento de estas circunstancias, los místicos han atribuido a una actitud completamente natural un significado especial, como un gesto de ternura fraternal.
     El grupo de Jesús y de Juan (Christus-Johannes Minne) a veces se ha separado del conjunto de la Santa Cena. El discípulo apoya la oreja sobre el pecho del maestro con una confiada ternura, como si quisiera oír los latidos de su corazón. A veces parece dormir, pero es sólo una apariencia. Según los místicos, es la imagen del alma refugiándose en Dios.
     El tema es bastante parecido al de la Virgen de Piedad, que también parece separada del coro más amplio de la Lamentación al pie de la cruz; pero no ha tenido la misma fortuna y sólo ha producido una veintena de grupos escultóricos de madera, localizados en el sudoeste de Alemania, más exactamente, en la región del Alto Rin y del lago de Constanza (El Museo Alemán de Berlín -Deutsches Museum- posee dos bellos grupos de este tipo, uno de los cuales procede de Sigmaringen, de hacia 1320. Pueden citarse dos réplicas más antiguas, una procedente de Katharinental, que posee el Museo Mayer Van den Bergh de Amberes, y la otra que se encuentra en la iglesia de Heiligkreuztal, en Suabia). Nacido hacia 1300 en los conventos dominicos, desapareció hacia mediados del siglo XV.
Judas
     A la tierna devoción de Juan se opone el odio solapado de Judas. Los artistas se las ingeniaron para diferenciar al traidor de los apóstoles fieles, ya por el lugar que ocupa en la mesa, ya por los atributos significativos, ya por un gesto que lo denuncia.
     Casi siempre está sentado aparte, en primer plano, adelante de los apóstoles. Si está arrodillado, como puede vérselo, excepcionalmente, en un tímpano procedente de Saint Bénigne de Dijon, es para no tapar a Cristo sentado frente a él.
     A primera vista, se lo distingue de los otros comensales por la ausencia de nimbo. No obstante, Giotto, en la Arena de Padua, y Fra Angelico, que siguió su ejemplo en la Santa Cena del convento de San Marcos, en Florencia, han denunciado al traidor rodeando su cabellera pelirroja con un nimbo negro.
     Además, se reconoce al tesorero desleal del colegio apostólico por la bolsa donde ha metido las treinta monedas de la traición.
El bocado de pan mojado
     Judas se traiciona a sí mismo, se pone en evidencia, llevando -según Mateo- la mano al plato o tragando -de acuerdo con el Evangelio de Juan- el bocado acusador que le alcanza Jesús. Al mismo tiempo que el trozo de pan, en su boca se introduce un pequeño demonio con la forma de un pájaro rojo o de un sapo es la ingenua traducción del pasaje del Evangelio de Juan (13: 27), donde se dice: «Después del bocado, en el mismo instante, entró en él Satanás. (Tunc introivit in eum Satanás)".
El pez robado
     En una placa de esmalte champlevé del retablo de Nicola de Verdun en Klosterneuburg, Judas oculta detrás de su espalda un pez que se ha interpretado como un símbolo de Cristo al que Judas ahoga de manera traicionera, mientras finge comulgar con él. La explicación sugerida por otras realizaciones de la Edad Media y por los comentarios de los autos sacramentales de la Pasión es mucho más simple. En una miniatura del Salterio Leber de la Biblioteca de Ruán, que data del siglo XIII, se ve a Jesús poner él mismo un pez en la boca de Judas. Esta tradición fue adoptada por los autores del teatro de los Misterios, según los cuales, todos los apóstoles recibieron su parte en la Santa Cena, excepto Judas, a quien se le ordenó ir a buscar peces, luego Jesús tomó un trozo de uno de estos, que introdujo en la boca del traidor.
     Al igual que el bocado de pan mojado, era una forma de designar a quien le entregaría. Así se comprende el gesto de Judas que oculta el pez acusador tras la espalda para escapar a la mirada inquisitiva de los apóstoles.
     Pero los autos sacramentales proveen otra explicación de ese gesto enigmático. Se contaba que Judas había encontrado insuficiente la porción que se le había atribuido, y que aprovechando un momento en que Jesús levantaba copa para beber un trago, metió furtivamente la mano en el plato de su Maestro y le robó un pez. Tal es la versión que presenta el Misterio de santa Genoveva (sainte Geneviève):
          Totans quant li sires bevait, 
          Il li emblait come gloton
          Le plus beau morsel du poisson.
          Ja Deux n'ent feist nul semblant.
          (Mientras el Señor bebía / Le robaba como un glotón / El mejor trozo de pescado / Entonces Dios aparentó no ver.)
     Encontramos la confirmación en la Pasión según Gamaliel, donde se dice que "Judas puso la mano en el plato de Jesucristo y le robó un pez».
     En estos textos se ve claramente el significado que la Edad Media atribuía al gesto de Judas. El pez del cual se apodera el traidor, o que oculta tras la espalda, no es en absoluto el símbolo del ikhtus, que es el anagrama de Cristo en el arte cristiano primitivo; se trata, simplemente, de una alusión a la glotonería de Judas, que habiendo robado furtivamente un pez, plato fuerte de la Santa Cena, intenta ocultar el hurto.
     En este caso, como en tantos otros, el teatro de los Misterios nos ha provisto la explicación de un motivo iconográfico sin que pueda pretenderse que lo haya creado, puesto que el retablo de Nicola de Verdun, fechado en 1181, la vidriera de la catedral de Laon (hacia 1225), al igual que el tímpano de la colegiata de Terlizzi, cerca de Bari (1276), obras en las cuales Judas se inclina hacia el plato para apoderarse de un pez, son muy anteriores a los Misterios que hemos citado.
     El retablo de Niederwildungen (Wildunger  Altar), pintado por Konrad von Soest en 1404, donde se ve a Judas ocultar el pez bajo el mantel, prueba que este motivo era todavía usual a principios del siglo XV.
     La Santa Cena donde se representa a Judas cogiendo el pez, ha sido denominada erróneamente la Cena borgoñona. En realidad se la encuentra en muchas otras regiones.
El perro
     Además, en el arte de la Contrarreforma Judas suele aparecer acompañado por un perro que a veces roe un hueso bajo la mesa, y que en ese caso, como en las Santas Cenas de Veronés, es sólo un tema de género al cual se ha intentado atribuir a veces un significado simbólico.
     En un cuadro de Jordaens que se encuentra en el Museo de Amberes, Judas acaricia la cabeza del perro sentado a sus pies, al tiempo que Jesús le alcanza el bocado. Pueden darse numerosas explicaciones. Quizá el perro, emblema de la fidelidad, esté destinado a resaltar por contraste la falsedad de Judas. Pero tal vez, como en los Bestiarios, sea la encarnación del diablo, aliado del traidor; salvo que se vea en él una alusión a un pasaje del Evangelio de Mateo, 7: 6: « No deis las cosas santas a los perros..."
3. Figuras accesorias
     A los doce apóstoles sentados alrededor de Cristo a veces se suman criados.
     La Santa Cena ha sido representada con tanta frecuencia en el arte cristiano, especialmente en los refectorios monásticos, que debemos limitarnos a unos pocos ejemplos.
II . La Institución de la eucaristía o la comunión de los apóstoles
Mateo 26: 26-29; Marcos, 14: 22-25; Lucas, 22: 14-21.
     Desde el punto de vista simbólico, ver en la Santa Cena sólo un episodio de la historia de Cristo es rebajar su significado a una especie de anécdota trágica en vísperas de la Crucifixión. Para la Iglesia lo esencial es la institución del sacramento de la Eucaristía, palabra griega que significa literalmente acción de gracias, pero que por metonimia, designa a los alimentos de la comunión que los fieles agradecen al Redentor: el pan u hostia, que es el cuerpo de Jesucristo, y el vino que es su sangre.
     Resulta sorprendente, y hasta paradójico, que el cuarto Evangelio, el de San Juan, que se distingue de los otros precisamente por su tendencia al símbolo, no diga nada acerca de la Santa Cena sacramental. El tema sólo se trata en los sinópticos, a continuación del relato del anuncio de la Traición.
     "Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y, dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo. Y tomando un cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de él todos, que ésta es mi sangre de la alianza...»
     En estas pocas líneas se inspira la segunda iconografía de la Santa Cena, conocida simbólicamente como la Comunión de los apóstoles, o, en otras palabras, la institución del sacramento de la Eucaristía y del Sacrificio de la misa.
Interpretación mágica y litúrgica de la comunión
     Según los racionalistas, la comunión instituida por Cristo sería una supervivencia de viejas creencias totémicas, todavía vivas en todos los pueblos primitivos, según las cuales al absorber la sustancia, carne o sangre, de un ser -divino, humano o animal- se incorporan sus virtudes. La teofagia o manducación de Dios procede de los mismos instintos prehistóricos que la antropofagia. Se trata más bien de apropiarse de los poderes del ser que se incorpora a la propia sustancia, antes que de satisfacer el hambre. La ingestión de una sustancia divina, aunque sea simbólica como la hostia o el vino de la misa, es una participación en el poder de Dios, y en todo caso una garantía de salvación.
     Aunque los fieles adultos que participan de la Santa Misa no tengan la menor idea al respecto, la comunión eucarística tiene profundas raíces en las culturas más remotas, según afirman los historiadores de las religiones y los mitologistas. La Iglesia cristiana ha borrado dichos orígenes y sublimado estas groseras realidades proclamando el dogma de la Transustanciación, es decir, el de la presencia real de Cristo en la hostia y el vino del cáliz. La comunión ya no es una opción mágica sino un símbolo o una conmemoración del sacrificio voluntario de Cristo en la cruz.
Iconografía
     Este tema presenta caracteres diferentes en el arte bizantino, que lo ha creado, y en el occidental de la Edad Media y de la Contrarreforma.
l. La doble Comunión de los apóstoles en el arte bizantino
     Lo que caracteriza a la iconografía bizantina de la Santa Cena representada en el hemiciclo del ábside, detrás del altar, es que se trata de una comunión doble, de acuerdo con la liturgia de la Iglesia griega que la administra en las dos especies.
     A cada lado de la Santa Mesa, abrigada por un ciborio o baldaquino, Cristo Sacerdote está representado dos veces en yuxtaposición, y distribuye el pan y el vino a dos grupos de seis apóstoles que avanzan hacia él en procesión.
     Tendría que haber doce de cada lado. Pero por falta de espacio, los autores de los mosaicos redujeron el número a seis: sólo Cristo aparece duplicado. Ese esquema ha sido copiado mecánicamente en los mosaicos cuyos autores no tenían necesidad de ahorrar representaciones, puesto que podían repartir las figuras en un espacio más vasto. Ante estas representaciones arcaicas podría creerse que Cristo hace comulgar a la mitad de los apóstoles con pan, y al grupo restante, con vino.
     A veces se agregan a Cristo los sumos sacerdotes Melquisedec y Aaron, considerados sus prefiguraciones eucarísticas.
     Dos ángeles que visten dalmáticas de diácono ofician de acólitos y agitan abanicos litúrgicos (ripidia).
     Este motivo convenía particularmente para la decoración de patenas (diskarion) sobre las cuales se colocaban las especies sacramentales. Pero también se encuentran numerosos ejemplos en forma de miniaturas, mosaicos y pinturas murales.
     Este tema es muy infrecuente en la iconografía occidental. Sin embargo pueden citarse el cuadro de altar de Urbino, encargado en 1474 por la cofradía del Corpus Domini al pintor flamenco italianizado Justo de Gante.
     Un tema bastante parecido a la Comunión de los apóstoles y que pertenece exclusivamente al arte bizantino, es la Divina liturgia (Theia Leitourgia). En la Iglesia griega se llama así a la solemne procesión que acompaña a las especies sacramentales a través de la iglesia, pero realizada por ángeles con alas desplegadas que llevan los instrumentos litúrgicos (incensarios, hisopos, cirios) y que ante Cristo vestido de sumo sacerdote, ofician de diáconos. Se trata, en suma, de la misa oficiada por Cristo y ayudada por ángeles.
     A veces los doctores de la Iglesia se mezclan con los ángeles (Monasterio de Marko, cerca de Skoplié, Serbia).
     Son numerosos los ejemplos de este tema grandioso en el arte bizantino, especialmente en la época de los Paleólogos (Fresco de la Peribleptos de Mistra, siglo XV).­
     En el arte de Occidente sólo se conoce un ejemplo, en el presbiterio de la catedral de Reims. Adosados a los contrafuertes, doce ángeles vestidos de diáconos que llevan los emblemas del sacrificio del Redentor, rodean a Cristo que tiene el Libro del Nuevo Testamento.
3. La Institución de la Eucaristía o la Comunión de los Apóstoles en el arte de Occidente
     A diferencia del arte bizantino que representa a Cristo dos veces en yuxtaposición, en el occidental Cristo aparece una sola vez con la patena y la hostia, pero generalmente sin el cáliz: la iconografía se modela según la liturgia.
     En el arte prefigurativo de la Edad Media, la institución de la Eucaristía está glosada por cuatro prefiguraciones del Antiguo Testamento:
      1. Melquisedec ofreciendo a Abraham el pan y el vino;
      2. La Pascua judía antes del éxodo de Egipto;
      3. La recogida de maná en el desierto;
      4. Elías despertado por un ángel que lo alimenta en su soledad.
     Además de estas prefiguraciones del Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento hay dos milagros de Cristo que fueron interpretados como símbolos eucarístico:
      1. La transformación del agua en vino en las Bodas de Caná, símbolo de la transustanciación del vino de la comunión en la sangre del Redentor;
      2. La Multiplicación de los panes.
     La hagiografía también nos ofrece alusiones al tema eucarístico: por ejemplo la leyenda de los dos eremitas, Antonio y Pablo, a quienes un cuervo aporta pan del cielo que ellos parten en común.
     A pesar de la propaganda de las cofradías del Corpus Domini, la Santa Cena eucarística inspiró un reducido número de obras de arte en los siglos XV y XVI. Si se deja aparte el cuadro de Justo de Gante, influenciado por la iconografía bizantina, apenas pueden citarse un fresco de Fra Angelico en una celda del convento dominico de San Marcos y una pintura de Luca Signorelli en la catedral de Cortona. Allí se ve a Cristo pasar con el cáliz en la mano entre una doble hilera de apóstoles arrodillados, a quienes administra la Comunión.
     El cuadro de Juan de Juanes en el Museo del Prado es una imitación de la Santa Cena de Leonardo, pero transpuesto al tema eucarístico: Jesús está sentado ante el cáliz y eleva la hostia simbólica.
     Fue después del concilio de Trento cuando este tema adquirió nueva vida gracias al movimiento de la Contrarreforma que combatió a los protestantes glorificando los sacramentos. La Santa Cena se convirtió en un medio de defender la Eucaristía A partir de ese momento, la fórmula de Leonardo resultó condenada, y el Anuncio de la traición se sustituyó con la Consagración del pan y el vino o la Comunión de los apóstoles.
     Los ejemplos de estas dos variantes son muy numerosos.
I. Jesús consagra el pan y el vino
II. La Comunión de los apóstoles
Las representaciones alegóricas de la eucaristía
     En torno al tema de la Santa Cena eucarística gravitan algunos motivos alegóricos de gusto cuestionable, que han estado de moda a finales de la Edad Media y hasta el siglo XVII.
     Los más populares son el Molino eucarístico (o Molino de hostias) y el Lagar de la Cruz, que aluden uno al pan y el otro al vino sacramental.
1. El Molino eucarístico
     El Molino eucarístico, que en francés todavía se denomina el Santo Molino, el Molino místico y el Molino de la Misericordia divina, es una ilustración ingeniosa y al mismo tiempo pueril, del misterio de la Transustanciación.
     Los cuatro evangelistas con cabezas de animales vierten sacos de trigo en un embudo. Los apóstoles abren las esclusas de cuatro arroyuelos que hacen girar la rueda del molino. Debajo están arrodillados los cuatro Padres de la Iglesia que reciben la harina en un cáliz del cual emerge la media figura del cuerpo de Jesús, y la distribuyen al pueblo en forma de hostias.
     En vez de granos de trigo, a veces es el cuerpo del propio Cristo el que se muele, para ser suministrado en hostias que reciben en un copón un papa y un cardenal.
     Para comprender el sentido de este mensaje cifrado, es necesario consultar las glosas de los teólogos. Se trata de una alegoría del Antiguo y del Nuevo Testamento. Los granos de trigo vertidos en el embudo son los que Dios ha entregado a Moisés en el Sinaí: en el molino eucarístico se transforman en pura harina, sin mezcla de salvado (sine furture) de la cual el cristiano extrae el pan de su alma. Así, el Antiguo Testamento, purificado de toda mancha, por la virtud del sacramento de la Eucaristía se convierte en un alimento espiritual más perfecto, que es el de Cristo.
     Un capitel románico de Vézelay nos ofrece la más antigua  versión, con San Pablo que recoge en un saco la harina que sale de la tolva del molino, en el cual, el profeta Isaías vierte el grano de la Antigua Ley.
     Este tema es particularmente frecuente en el arte alemán del siglo XV,  donde se lo encuentra en las pinturas murales y los retablos, pero sobre todo en 1as vidrieras.
     Con frecuencia se lo presenta formando pareja con su prefiguración bíblica: la Recogida del maná.
2. El Lagar de la Cruz
     El tema está vinculado con el motivo mucho más antiguo de la Fuente de la vida (Fons vitae), que es de origen oriental. En los mosaicos de las basílicas románicas o en el Evangeliario de Saint Médard de Soissons iluminado en el siglo IX, es una fuente de agua viva en la cual, de acuerdo con el texto de los Salmos (41: 2), abrevan los ciervos, símbolos de las almas humanas que braman a Dios. Pero en el célebre cuadro flamenco de la iglesia  de la Misericordia de Oporto, atribuido a G. David, la fuente ante la cual se arrodillan el rey Manuel de Portugal y su esposa está llena de la sangre redentora de Jesucristo crucificado.
     Asimismo puede verse en numerosas realizaciones del arte francés: el fresco la antigua colegiata de Saint Mexme, en Chinon, donde, a cada lado de la cruz y de la doble pila, santa María Magdalena y santa María Egipcíaca señalan con el dedo la sangre que las ha purificado; el tríptico de J. Bellegambe en el Museo de Lille; las vidrieras de la Trinité de Vendôme, de Saint Étienne de Beauvais y de Saint Antoine du Rocher (Indre et Loire).
     No obstante, entre los dos motivos subsiste una diferencia esencial. En las representaciones del Lagar de la Cruz, Cristo, que da su sangre para lavar nuestros pecados, ya no está clavado en la cruz sino de pie, arrodillado o acostado bajo el tornillo del lagar.
Fuentes simbólicas y patrísticas
     El simbolismo de este tema procede de dos pasajes de la Biblia.
     En el Libro de los Números, se trata de un racimo maravilloso que los exploradores enviados por Moisés a la Tierra Prometida, suspenden de una pértiga. Este relato fue interpretado como un símbolo de Jesús suspendido en la cruz.
     Por otra parte, el profeta Isaías (63), habla de aquel que solo, pisa el lagar. Esta imagen fue tomada por el autor del Apocalipsis que evoca la cólera de un Dios vendimiador.
     San Agustín acerca los dos textos para explicar que Jesús es la uva de la Tierra Prometida que ha sido puesta en el lagar (botrus in torculari pressus).
     Este símil fue retomado en el siglo XIII, en un sermón de san Buenaventura: "Christus, in cruce tanquam botrus in torculari compressus, per vulnera sui cordis liquorem expressit, omnium morborum sanativum» . La cruz de Cristo está identificada con el lagar bíblico: «Torcular est santa Crux».
Iconografía
     Un ejemplo aislado de la ilustración de este tema aparece a finales del siglo XII en una muy curiosa miniatura del Hortus Deliciarum.
     Pero ese simbolismo permaneció como letra muerta para los artistas hasta finales de la Edad Media. Cobró vida a partir del siglo XV, por la influencia de las cofradías de la Preciosa Sangre que se multiplicaron en esa época y también -fuerza es admitida gracias a los comerciantes de vino que consideraron que un tema semejante se prestaba de maravillas para la decoración de sus capillas corporativas. Recordemos que los pintores vidrieros también sacaron provecho a causa del color rojo rubí de la sangre de Cristo que resplandecía en sus vidrieras.
     La famosa vidriera del claustro de Saint Étienne du Mont, en la montaña de Sainte Geneviève, que fue donada en 1622 por el mayordomo de una parroquia que era comerciante en vinos, constituye una prueba.
     Se comenzó por representar a Cristo viticultor, pisando las uvas en la cuba. Luego, el cuerpo del Redentor se asimiló a un racimo de uvas.
     Por lo tanto se lo representa ya activo, ya pasivo, pisando o pisado, asimilado al lagar o al racimo: torcular et botrus.
     De buena gana se da al lagar místico la forma de una cruz, en cuyos extremos están instalados los tornillos. La sangre que sale del cuerpo de la víctima es recogida en un cáliz o en un lebrillo. Por uno de esos refinamientos del mal gusto del cual el arte cristiano de la Edad media ofrece demasiados ejemplos, suele verse a san Pedro y a los demás Padres de la Iglesia, llevando barricas de sangre de Cristo, como si fuesen bodegueros, un detalle particularmente apreciado por las corporaciones de viticultores y taberneros. Ese simbolismo trivial parece, como se ha dicho, la publicidad de una feria de vinos.
     En la parte inferior de la vidriera de Saint Étienne du Mont, una inscripción explica en cuatro versos de lamentable chatura, que si la sangre del Redentor se puso «en reserva » en los toneles, se lo hizo para que sirviera en el «lavado» de todos nuestros pecados, incluido el pecado Original:
          Dans des vaisseaux en réserve il fut mis
          Par les Docteurs de l'Eglise pour estre
          Le lavement de nos péchés commis,
          Mesme de ceux qu'on a venant à naistre.
           (En recipientes fue puesto en reserva / Por los doctores de la Iglesia para ser / El lavatorio de nuestros pecados cometidos / Incluso de aquél que tenemos al nacer)
.
     El concilio de Tremo no juzgó apropiado censurar este tema que merecía más que otros ser incluido en el Index. Lo cierto es que se mantuvo en el arte cristiano hasta el siglo XVIII. En la iglesia barroca de Roggenbburg, en Baviera, en la pintura del techo de una capilla se ve a Cristo acostado bajo un lagar cruciforme, la sangre del Redentor enrojece los siete sellos del Libro del Apocalipsis.
Los milagros eucarísticos
     Además de las alegorías del Molino y del Lagar de la cruz, el culto de la Eucaristía ha suscitado gran número de milagros destinados a probar la presencia real de Cristo en la hostia.
     El arte italiano ha glorificado el Milagro de Bolsena. Un sacerdote de Bolsena que dudaba acerca de la transustanciación estaba oficiando la misa. En el momento de la consagración, vio que brotaban gotas de sangre de la hostia que caían sobre el corporal. Por disposición del papa Urbano IV, ese lienzo milagroso fue transportado a la catedral de Orvieto y guardado en un magnífico relicario decorado con esmaltes traslúcidos.
     En París, el Milagro des Billettes no era menos popular. Un judío llamado Jonathas habría acuchillado una hostia que sangró. La arrojó en agua hirviendo, pero brotó un crucifijo de la olla. En el sitio donde estaba la casa del profanador se edificó una capilla expiatoria que se convirtió en la iglesia des Billettes (en la actualidad, un templo luterano).
     También hubo el Milagro de Lendil. Un ladrón había robado una hostia en la iglesia de Saint Gervais y la había enterrado en la llanura de Lendil, entre París y Saint Denis. La hostia se elevó en el aire y comenzó a planear, hasta que el cura de Saint Gervais acudió para atraparla en vuelo, como a una mariposa. Es el tema de uno de los tapices de Notre Dame du Ronceray, en Angers.
     Casi todos los milagros eucarísticos están calcados de uno u otro de estos modelos. Suele ponerse en escena un sacerdote incrédulo o un judío sacrílego, quienes acaban convencidos de la «Verdad» del Santo Sacramento por la sangre de Cristo que brota de una hostia.
     Para reforzar la demostración, la piedad popular se complace en hacer participar en este homenaje incluso a los animales. Tal es el caso de el milagro de la mula de San Antonio de Padua, que a pesar de haberse comido una ración de avena, se arrodilló ante el Santo Sacramento. Se atribuía el mismo discernimiento y devoción a un perro de la judería. Un judío que se había procurado una hostia consagrada, la arrojó a su perro; pero el piadoso animal, en vez de comérsela, se arrodilló y mordió la mano de su amo. También las abejas advierten por su instinto la divinidad del Santo Sacramento. Una mujer había arrojado una hostia a las abejas de su colmena, pero éstas, con gran reverencia, le construyeron un relicario o una capilla de cera.
     Otro milagro eucarístico que al mismo tiempo es un Ejemplo de Justicia, es la leyenda del conde Arcambal (Herkenbald) que había degollado a su sobrino culpable de haber violado a una muchacha y que en su lecho de muerte se negó a expresar arrepentimiento por un acto que consideraba justo ante el sacerdote que le ofrecía la extremaunción. El sacerdote creyó su deber negarle la comunión, pero la hostia que había llevado en un copón se colocó por sí sola sobre la lengua del moribundo.
     Este episodio, ilustrado por Van der Weyden en una pintura destruida que adornaba el Ayuntamiento de Bruselas, fue popularizada por dos tapices, uno de los cuales se conserva en el Museo Histórico de Berna y el otro en el Museo del Cincuentenario de Bruselas.
     La totalidad de esta leyenda dorada eucarística fue recogida en el siglo XV por Jean Herolt, prior de los dominicos de Nuremberg, cuyo Promptuarium exemplorum, compilado hacia 1440, tuvo cuarenta y ocho ediciones entre 1474 y 1500. En suma, una gran moda de milagros de los cuales poseemos una serie de tapicerías, actualmente dispersas, encargadas a principios del siglo XVI (hacia 1510) por el monasterio de Ronceray, en Angers.
El triunfo de la eucaristía
     El arte fastuoso de la Contrarreforma exigía una puesta en escena más grandiosa que estos ingenuos cuentos populares. Para glorificar el sacramento de la Eucaristía se retornó al tema pagano de los Triunfos, que las Canzoni del poeta humanista Petrarca habían hecho familiares a los pintores del Renacimiento.
     Fue en los cartones de Rubens, destinados a ser traducidos en tapices en el convento de las Descalzas Reales de Madrid, donde este tema triunfal alcanzó su pleno desarrollo. El desfile comienza con la evocación de las prefiguraciones del Antiguo Testamento: Melquisedec presentando a Abraham el pan y el vino, Sacrificio del Cordero pascual, la Recogida del maná asimilada a una lluvia de hostias, Elías alimentado por un ángel.
     Luego viene el triunfo de la Eucaristía propiamente dicho. Anunciada por los patriarcas y los profetas, la Eucaristía reina como una soberana victoriosa. Ella enjugó los sangrientos sacrificios del paganismo: un ángel muestra el cáliz, e inmediatamente el victimario huye llevándose el toro de Mithra. La Eucaristía  obliga a la filosofía y a la ciencia a marchar detrás de su carro triunfal; y fulmina las herejías. Finalmente, presenta el Santo Sacramento a la adoración de las multitudes, mientras un ángel sostiene la tiara pontificia encima de su cabeza. Su cuadriga, que aplasta a los ciegos en irresistible carrera, es conducida por Victorias.
     Repartida entre el Louvre y el Museo del Prado, esta serie, magníficamente orquestada por el mayor de los pintores barrocos, prolonga  en sonoros ecos la palabra mística que Cristo murmurara la noche de la Santa Cena, ante los apóstoles que comulgaban con él: Hoc est corpus meum (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Sagrada Cena", anónima, en la sala II del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la sala II del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.