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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 3 de mayo de 2021

Un paseo por la plaza de Santa Cruz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de Santa Cruz, de Sevilla, dando un paseo por ella.      
   Hoy, 3 de mayo, la Iglesia conmemora la "Invención de la Santa Cruz", es decir el hallazgo de la por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo. "Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.
   Y que mejor día que hoy, para Explicarte la plaza de Santa Cruz, se Sevilla, dando un paseo por ella.       
   La plaza de Santa Cruz es, en el Callejero Sevillano, una plaza que se encuentra entre las calles Santa Teresa, Mezquita, Nicolás Antonio, y plaza de Alfaro, en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
   La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario. 
 La vía, en este caso una plaza, está dedicada a la Iglesia de Santa Cruz, que en tiempos pasados estaba en este lugar.
   Con este nombre se ha designado, al parecer desde la Edad Media, a la plazuela y espacio que rodeaban a la antigua parroquia de Santa Cruz, conservándose hasta nuestros días. En 1609 ya era denominada también plazuela del Campanario, topónimo que se repite en el primer tercio del s. XVIII. La plaza estaba formada originalmente por un pequeño ensanche, que aun puede percibirse y que pudiera corresponderse con el antiguo cementerio parroquial, en la confluencia de Santa Teresa con la parroquia de Santa Cruz, instituida en 1391 sobre la que había sido sinagoga. Sufrió pequeñas transformaciones tras la reedificación del templo, llevada a cabo por el arzobispo Pedro González de Mendoza (1480). Más tarde, ya en el s. XIX, la parroquia fue trasladada a la iglesia del convento de Clérigos Menores, actual parroquia de Santa Cruz, por encontrarse en mal estado el templo y, poco después, en 1810, demolido por los franceses con el propósito de hacer una plaza. Este proyecto, sin embargo, no se realizará inmediatamente, pues en 1830 todavía quedaban materiales del derribo de la iglesia (González de León, Las calles...). Esta demolición es sin duda la actuación más importante en la configuración de la plaza, aunque se han producido otras, tales como el cierre del ca­llejón que corría entre las casas y el muro de la Huerta del Retiro (muralla de la ciudad), y sobre todo la apertura de Nicolás Antonio, que dio salida al paseo de Catalina de Ribera, según proyecto del arquitecto Talavera (1910) realizado poco después. Esta actuación no siguió el proyecto de alineaciones previsto para la zona, que proponía dar salida a este lugar por una vía próxima a la plaza de Alfaro como continuación de la calle Santa Teresa.
   La plaza, de planta rectangular, con el apéndice de la vieja plazuela, ofrece en la actualidad un espacio elíptico ajardinado sobreelevado y rodeado de vía adoquinada y aceras, según la disposición que le diera Talavera. En el centro se alza la Cruz de la Cerrajería, obra de Sebastián Conde (1692), traída de Sierpes en torno a 1918. La cruz se eleva sobre una peana de azulejos y aparece rodeada de naranjos y plantas en parterres separados por aceras que confluyen desde el exterior hacia el centro. En la casa esqui­na con plaza de Alfaro existe una lápida conmemorativa, instalada por la Academia de Bellas Artes en 1859, que recuerda que Murillo estuvo enterrado en la iglesia que allí existió. El caserío ha sido renovado casi en su totalidad; merece destacarse la casa que hace esquina con Santa Teresa, de dos plantas y galería de arcos sobre columnas y capitel visigodo en la esquina, obra de Juan Talavera para su residencia, hoy ocupada por un restaurante.
   Este recoleto lugar ha llegado a constituirse en uno de los símbolos de identidad de la ciudad, a pesar de su reciente construcción; sin embargo, su situación junto a los jardines de Murillo y paseo de Catalina de Ribera, la bella cruz de cerrajería que la adorna y el hálito que sin duda emana el espíritu de Murillo, que vivió y fue enterrado en este espacio, han contribuido a singularizar la plaza, a la que muchos poetas han de­dicado versos o han expresado sus emociones en prosa; así J. María Salaverría en su Sevilla y el Andalucismo (1929) dejó dicho: "Santa Cruz es un encanto de claridad y de lujo; un silencio aristocrático lo avala todavía más..." Esta visión contrasta con la descripción que hiciera González de León en el primer tercio del siglo pasado: "La plaza es pequeña, triste, fea y de un piso muy desigual. Se halla a la salida de las monjas Tere­sas..."; para entonces ya había sido demolida la iglesia, pero no se había abierto la muralla sobre las jardines ni colocado la cruz de cerrajería. Tiene actualmente grandes atractivos turísticos y es lugar de obligada visita; a ello contribuyen los establecimientos de hostelería, "tablao" flamenco, tienda de antigüedades, el consulado francés y la parada de coches de caballo. Este espacio, saturado de vehículos aparcados sobre las aceras, ofrece actualmente un aspecto de desorden y agobio, muy lejos de la quietud y silencio tópicos de esta plaza y del antiguo barrios evillano.de la judería [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
plaza de Santa Cruz. Cruz llamada de la Cerrajería, obra de Sebastián Conde, realizada en 1692, para ser colocada en la calle Sierpes, obra maestra del arte de la forja.
plaza de Santa Cruz, 12. Casa de dos plantas y una galería de arcos sobre columnas. Portada de piedra con pilastras, sobre zócalo, y entablamento. En el ángulo del edificio existe una columna con capitel visigodo [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
   Juan Talavera Heredia realizó los jardines de la Plaza de Santa Cruz (1917), en cuyo centro se colocó la antigua cruz de la Cerrajería.
   En las casas unifamiliares entre medianeras encuentra en la composición 3 x 3 una solución de amplias posibilidades, que le permite sobre todo dar realce a la puerta y al balcón central. 
   Con frecuencia la nota de color está encomendada al ladrillo, que interviene en zócalos y  embocaduras, en contraste con el muro estucado. No puede negarse que la influencia de Aníbal González en estos momentos es importante, al menos por lo que respecta a la revaloración del binomio ladrillo-cal ocre-blanco, ya tradicional en la arquitectura secular hispalense. Además la formación de entalladores de ladrillo realizada por Aníbal desde las obras de la Exposición Hispano Americana dieron a Talavera la posibilidad de utilizar las ornamentaciones barrocas en ese material. Así se aprecia en su casa propia de la plaza de Santa Cruz (1919).
   Pero entre las viviendas unifamiliares de esta época la construcción más categóricamente expresiva de su idea sobre la casa sevillana es su propia casa (1923) en la plaza de Santa Cruz, 12 (Alberto Villar Movellán, Arquitectura del Regionalismo en Sevilla - (1900-1935). Diputación de Sevilla, 2010).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.
La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.
   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)
   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
   La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio
   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la Inventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes. 
 Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.
Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.
   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.) 
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de Santa Cruz, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La plaza de Santa Cruz, al detalle:
Cruz de la Cerrajería
El edificio del antiguo consulado de Francia, en el nº 1
El azulejo conmemorativo a dº Francisco Morales Padrón, en el nº 2
El edificio en el nº 9
La lápida conmemorativa a Murillo, en el nº 10
El Tablao Flamenco "Los Gallos", en el nº 11
El edificio, en el nº 12

domingo, 2 de mayo de 2021

La pintura "La Flagelación", del Retablo de la Pasión, anónima, del círculo de Sánchez de Castro, en la sala I del Museo de Bellas Artes

       Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "La Flagelación", del Retablo de la Pasión, anónima, del círculo de Sánchez de Castro, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
     Hoy, domingo 2 de mayo, como todos los domingos, ha de considerarse como el día festivo primordial para la Iglesia. Es el primer día de cada semana, llamado día del Señor o domingo, en el que la Iglesia, según una tradición apostólica que tiene sus orígenes en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual.
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "La Flagelación", del Retablo de la Pasión, anónima, del círculo de Juan Sánchez de Castro, en la sala I, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala I del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "La Flagelación", del Retablo de la Pasión, obra anónima, del círculo de Sánchez de Castro (2ª 1/2 del siglo XV), siendo un óleo sobre tabla en estilo gótico de la escuela sevillana, pintado hacia 1480, con unas medidas de 0,81 x 1,03 m., y procedente de la colección de los Duques de Montpensier, y donado por González Abreu en 1928.
     Políptico de pequeño tamaño dedicado a la pasión de Cristo. En la escena central se representa el Camino del Calvario. De menor tamaño a la izquierda aparecen la Oración en el huerto y la Flagelación, a la derecha, Cristo Crucificado y la Piedad (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Es probablemente Juan Sánchez de Castro la figura más destacada de la pintura sevillana del siglo XV, en su segunda mitad, cuando el sentimiento artístico estaba buscando las formas de expresión renacentista emanadas de Italia y Flandes. De este pintor ninguna pintura posee el Museo pero sí figuran en él algunas obras realizadas en este momento artístico por maestros influenciados por su estilo. 
     Un maestro influenciado por el estilo de Sánchez de Castro es el anónimo autor del Retablo de la Pasión de Cristo que conserva el Museo. Presenta este pequeño retablo cinco escenas presididas por Cristo camino del Calvario, obra que por su tamaño y composición es la más bella pintura del conjunto. En ella se narra el encuentro de la Virgen con Cristo en el que el artista trata de captar emotivas reacciones en los rostros, mostrando una expresividad propia de la pintura sevillana en este momento histórico. Similares características se advierten en las otras escenas del conjunto que son: La oración en el huerto y Flagelación dispuestas en la calle izquierda del retablo, mientras que en la derecha lo hacen La Crucifixión y La Piedad (Enrique Valdivieso González, Pintura, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla. Ed. Gever, Sevilla, 1991). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Cristo atado a la Columna y la Flagelación de Cristo
La Flagelación o Cristo atado a la columna
     Mateo, 27: 26; Marcos, 15: 15; Lucas, 23: 16 y 22; Juan, 19: l.
     Los cuatro evangelistas mencionan la Flagelación; pero se limitan a decir en pocas palabras que Jesús fue azotado o incluso, simplemente, «castigado» (Lucas), sin agregar que fue atado a una columna. La abundante iconografía de la Flagelación nació de esa mera palabra. No se puede citar otro ejemplo de una tan flagrante desproporción entre el laconismo de los textos y la prodigiosa riqueza de la imaginería que produjo.
     Se ha pretendido que en el espíritu de Pilato, la Flagelación no tenía como objetivo atormentar a Jesús, a quien aquél creía inocente, sino por el contrario salvarle la vida intentando apiadar a los judíos. De hecho, la Flagelación siempre era como lo atestiguan el historiador Josefo y el filósofo alejandrino Filón, el preludio de la crucifixión. Se desgarraba a los condenados a latigazos, antes de ejecutarlos, era un medio de arrancarles confesiones en una época que aún no había perfeccionado la técnica de las confesiones espontáneas.
Culto
     Se veneraban dos columnas de la Flagelación, una en Jerusalén y la otra en Roma.
     La abadía de Saint Étienne de Bassac, en Saintonge, pretendía poseer, antes de la Revolución, la Santa Ligadura con la que se había atado a Jesús a la columna.
     Las cofradías de Flagelantes, que todavía hoy subsisten en España, mantenían esta devoción cuyos excesos debieron reprimir los obispos.
     En Baviera, la iglesia de peregrinación de Wies está puesta bajo la advocación del Salvador flagelado (zum gegeisselten Heiland).
Análisis Iconográfico
     En el arte prefigurativo de la Edad Media, Cristo flagelado está enmarcado por las prefiguraciones del Antiguo Testamento: l. Lamec golpeado por sus dos mujeres. 2. Job golpeado por su mujer con una horquilla de estiércol. 3. El rey Aquior atado a un árbol y flagelado por orden de Holofernes, por haber dicho la verdad.
     En el siglo XV, este tema fue representado con frecuencia como frontispicio, en las sedes (marieegole) de las cofradías de Flagelantes.
     Los personajes que participan en esta escena, son, por orden de importancia decreciente:  l  Cristo. - 2. Los verdugos. - 3. Los espectadores.
1. Cristo
     Según la ley romana, el condenado al suplicio de la Flagelación, recibía los golpes de pie, y de acuerdo con la ley levítica, acostado. Cristo es flagelado de pie.
     Tal como ocurre en la Crucifixión, la larga túnica con la que en principio estaba vestido, a partir del siglo XII es reemplazada por un simple trozo de tela en torno a la cintura, de manera que los azotes se imprimen en trazos de sangre sobre la carne viva.
     El Speculum Humanae Salvationis cuenta que los judíos sobornaron a los soldados de Pilato para que Cristo recibiera más de cuarenta azotes, que es la cifra usual prescrita por la ley mosaica. Pero hacia finales de la Edad Media, por influencia de las Revelaciones de santa Brígida, la crueldad del suplicio se acentuó. La visionaria sueca describe el cuerpo del supliciado cuya carne se desprendía con la sangre y cuyas costillas se dibujaban bajo la piel como una rejilla. Con precisión de estadística, Santa Brígida calcula  que Cristo habría recibido cinco mil cuatrocientos setenta y cinco azotes, lo cual sería, posiblemente, un record.
     La Flagelación casi nunca se representa sin la columna. No obstante, en la miniatura de un Evangeliario bizantino del siglo XI que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, Cristo flagelado carece de todo apoyo: lo sostienen los verdugos que lo sujetan por los brazos extendidos. A veces tiene las manos atadas encima de la cabeza.
     La forma y las proporciones del instrumento del suplicio han variado en el transcurso de los siglos. En el arte de finales de la Edad Media, la columna a la cual está atado Jesús, es fina y alta, casi filiforme (Marfiles parisinos, Frontal de Colonia), de manera que que Cristo atado a la columna podría llamarse, con mayor exactitud, Cristo atado a la columnilla. En el arte barroco de la Contrarreforma, fue reemplazada por una columna baja y gruesa, hinchada como un balaustre cilíndrica como un hito, que no ofrece apoyo ni protección alguna a la espalda de Cristo, de manera que los golpes llueven tanto sobre su espalda como su pecho.
     ¿A qué se debe este cambio radical? La tentación podría ser invocar razones estéticas, oponer a la elongación sostenida de las formas góticas, la dilatación masiva del ornamento barroco; pero sería tomar un mal camino. La estética nada tiene que ver con este problema iconográfico, es en la historia de las reliquias donde se encuentra la clave.
     En efecto, existían dos columnas de la Flagelación, la primera en Jerusalén, y la segunda en Roma. Ambas, competidoras, influyeron sucesivamente en la iconografía de la Flagelación.
     El arte de la Edad Media se inspira en la columna de Jerusalén, que resultaba familiar a los peregrinos de Tierra Santa y a los cruzados. Esa era la columna alta ya que el fragmento expuesto en la capilla de los franciscanos de la iglesia del Santo Sepulcro mide por sí solo unos setenta centímetros. Pasaba por haber sido hallada en las ruinas de la casa de Caifás, lo cual debió hacerla sospechosa, puesto que la Flagelación no tuvo lugar en la casa de Caifás sino en la de Pilato. Se reafirmaba la fe poco exigente de los peregrinos,  mostrándoles sobre el fuste de la columna unas manchas rojizas que sólo podían proceder de la sangre de Jesús, y hasta las dos manos del Redentor impresas en la piedra.
     Durante mucho tiempo el arte despreció la segunda columna con forma de balaustre, que se conserva desde 1233 en la basílica  de Santa Praxedis, en Roma. Aunque haya sido traída del pretorio de Pilato por el cardenal Juan (Giovanni) Colonna, no parecía ofrecer las mismas garantías de autenticidad que su rival de Jerusalén. Pero después del concilio de Trento se le devolvieron los honores, y esta columna baja, cuya altura total es de sesenta centímetros, fue la que reprodujeron los pintores de la Contrarreforma en el siglo XVII.
2. Los verdugos
     Por la influencia del teatro de la Pasión, los verdugos, cuyo aspecto suele ser caricaturesco, rivalizan en brutalidad.
     Generalmente hay tres: uno de ellos tiene un látigo de correas de cuero (flagellum), en ocasiones guarnecidas de huesecillos o bolas de plomo; el segundo tiene un haz de varas cuyos fragmentos desprendidos alfombran el suelo; y el tercero, sentado en primer plano, está atando un nuevo paquete de varas para reemplazar a las que se han partido por la violencia de los golpes.
     En el Libro de Horas de Juan sin Miedo (B.N., París), uno de los verdugos deja de golpear para levantarse las calzas que se le han caído sobre los zapatos.
     En un grabado flamenco de J. Wierix, uno de los verdugos apoya el pie derecho sobre el costado del cuerpo de Cristo, para golpear más fuerte.
     Los pintores alemanes del siglo XV visten a los torturadores con el traje pictórico y desaliñado de los criados de verdugos. Pero los italianos del Renacimiento, que de buena gana exhiben su ciencia anatómica, no resisten la tentación de mostrar los músculos en acción, y en un cuadro de la escuela de Perugino (antigua colección Cook, en Richmond), los verdugos están desnudos igual que su víctima.
3. Los espectadores
     La Flagelación generalmente tiene lugar sin testigos. En la mayoría de las realizaciones figurativas del siglo XII, la escena se reduce a tres personajes, Cristo y los dos verdugos, que alternan los golpes sobre su carne viva como herreros sobre el yunque.
     Pero la búsqueda  de lo patético  y de lo pictórico incitó a los artistas a multiplicar a los espectadores. El arte bizantino los introdujo a partir del siglo XI, y el arte italiano y francés siguió dicho ejemplo desde el siglo XIV.
     Esos espectadores, cuya presencia no está mencionada en los Evangelios, están elegidos de manera arbitraria. Podría suponerse con cierta verosimilitud, que Pilato, después de dar la orden, haya controlado la ejecución.
     Duccio en su retablo de Siena, y después de él los hermanos de Limbourg en  las Muy Ricas Horas del duque de Berry, muestran a Jesús flagelado en presencia de Pilato.
     La presencia de la Virgen también debía imponerse al espíritu de los místicos, porque intensifica la emoción duplicando la Passio del hijo en la Compassio de su madre. Por ello, santa Brígida de Suecia asegura que la Virgen habría asistido a la Flagelación, y que habría caído desvanecida ante la visión de la sangre. Los pintores se han inspirado poco en esta revelación; en cambio, solían evocar con frecuencia a la Mater dolorosa que observa a través de una ventana enrejada el cuerpo estropeado de su hijo, retorciéndose las manos de desesperación. A veces, la Virgen María está acompañada por San Juan.
     Otra variante no menos patética consiste en asociar la Flagelación de Cristo con el arrepentimiento de San Pedro después de la Negación y el remordimiento de Judas después de la traición. San Pedro, arrodillado ante Cristo flagelado, suplica a su Señor que le perdone; el gallo está posado sobre la columna a la cual está atado Jesús. A veces también Judas, que tiene en sus manos crispadas las treinta monedas de plata de la traición, observa el espantoso espectáculo por la ventana, aunque de acuerdo con el Evangelio de Mateo (27: 5) se haya  ahorcado antes de la Flagelación.
La evolución del tema
     En suma, la iconografía de la Flagelación evoluciona en un sentido cada vez más realista.
     Cristo desnudo estaba al principio atado de espaldas a la columna, de manera que los golpes sólo podían lloverle sobre el pecho. Más tarde la columna se volvió tan baja que los verdugos podían azotarle el pecho y la espalda al mismo tiempo: ninguna parte de su cuerpo escapa a los mordiscos de las correas o de las varas. En las imágenes alemanas del siglo XV todo su cuerpo está cubierto de estrías rojas y su carne atormentada llora lágrimas de sangre. Esos verdugones están dispuestos de manera tan regular como un patrón decorativo estampado.
     Al mismo tiempo, la ferocidad y salvajismo de los verdugos va siempre en aumento. Los pintores alemanes cedieron a su inclinación por los ultrajes caricaturescos y dieron a la escena rasgos de repugnante bestialidad.
     El arte italiano de estilo barroco tampoco ahorró emociones a sus espectadores. Ludovico Carracci, en su cuadro de la Pinacoteca de Bolonia, nos muestra a Jesús cogido por los pelos que cae de rodillas al pie de la columna mientras sus verdugos furiosos lo azotan con varas.
Cristo al pie de la columna
     De la misma manera que después de la Crucifixión tiene lugar el Descendimiento de la cruz, a veces, después de la Flagelación se representa a Cristo jadeante al pie de la columna.
     Este tema tardío apareció en el arte italiano en el siglo XVI, con Luini, que lo representó en un fresco del monasterio Maggiore, en Milán.
     Pero sobre todo fueron los pintores españoles del siglo XVII, Zurbarán, Murillo y Velázquez quienes se aficionaron a evocar a Cristo después de la Flagelación, quizá inspirados por la puesta en escena de los autos sacramentales. Ya agotado por el largo suplicio, Jesús, derrumbado al pie de la columna, es reconfortado por los ángeles, ya enteramente desatado, anda a gatas por el suelo para recoger sus ropas. Ese Cristo arrastrándose es una verdadera visión de pesadilla, endulzada por el pincel de Murillo; es una lástima que no haya tentado al genio más áspero de Goya.
     Esta escena patética a veces tiene testigos: la Virgen a quien una espada atraviesa el corazón, San Juan e incluso, en las imágenes de devoción, santos y donantes. La presencia de la Virgen se tomó de las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia.
     Cristo está sentado en el suelo. Todavía tiene las manos atadas con la cuerda que lo sujetaba a la columna. Junto a él hay látigos y varas partidas. Detrás hay un niño arrodillado con las manos unidas, protegido por su ángel guardián: es el símbolo del alma cristiana. Este tema, que se interpretaba en otro tiempo como una visión de Santa Brígida de Suecia, sólo se encuentra en la pintura española del siglo XVII (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan Sánchez de Castro, autor a quien se atribuye la pintura reseñada;
     Juan Sánchez de Castro (¿Sevilla?, mediados del s. XV – ?, c. 1500), pintor.
     Juan Sánchez de Castro es uno de los más importantes pintores activos en Sevilla en el último cuarto del siglo XV, considerado por la historiografía el punto de partida de la pintura hispano-flamenca en Sevilla. Está documentado, con seguridad, a partir de 1478 trabajando en los Reales Alcázares de Sevilla como pintor. Ceán Bermúdez fue el primero en hablar de Sánchez de Castro, al afirmar que era suyo un retablo, hoy desaparecido, que había en la capilla de San José de la Catedral de Sevilla y cuya fecha data Ceán en 1454, detalle que lamentablemente, no puede ser contrastado. Su estilo se vincula al mundo hispano-flamenco pero incluye algunas novedades de filiación italiana que anuncian la irrupción de la estética del Renacimiento en Sevilla, tales como las tonalidades suaves y moderadas. En realidad, a finales del siglo xv, hubo varios pintores llamados Juan Sánchez de Castro, acaso miembros de la misma familia, activos en Sevilla, de modo que su producción es muy difícil de diferenciar. La identidad artística de Sánchez de Castro es conocida principalmente porque firmó la tabla de la Virgen de las Gracias, pintada para la iglesia parroquial de San Julián de Sevilla y conservada actualmente en la Catedral Hispalense, en la que aparece la Virgen entronizada con el niño en el regazo, junto a san Pedro y san Jerónimo, representados todos ellos con gestos serenos y elegantes. De cronología incierta es un retablo con varios santos procedente de la iglesia de San Benito en Calatrava, hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
     En 1480 aparece, junto a otros artistas, protestando por la promulgación de unas nuevas ordenanzas de oficios para la ciudad. También pintó para la parroquia de San Julián una pintura al fresco que representa a san Cristóbal, datada en 1484. Se ha pensado que pudo pintar la tabla de San Miguel Arcángel que, ejecutada entre 1490 y 1500, procede del Hospital de Zafra (Badajoz) y fue adquirida por el Museo del Prado en 1929, si bien en no pocos estudios se da esta obra como ejecutada por un anónimo “maestro de Zafra” e incluso se ha pensado que fuera de Alejo Fernández. En realidad, el San Miguel de Zafra, obra de una imaginación desbordante a la hora de representar a los demonios expulsados del cielo, muestra una mayor dependencia respecto de los modelos estéticos flamencos y una técnica pictórica algo más cuidada (lo que es particularmente visible en el tratamiento de los metales y las joyas, próximos a ciertos aspectos formales a las primeras obras de Alejo Fernández). La razón por la cual se ha pensado que podría ser obra de Juan Sánchez de Castro, hipótesis razonablemente establecida por Post, radica en que la ciudad donde se conservaba, Zafra, en la provincia de Badajoz, se hallaba a finales del siglo xv en el radio de influencia artística de Andalucía. Se le atribuye haber pintado la Virgen de la leche del Museo Nacional de Arte de Cataluña (Herbert González Zymla, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "La Flagelación", del Retablo de la Pasión, anónima, del círculo de Sánchez de Castro, en la sala I, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Retablo de la Pasión, en la sala I del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 1 de mayo de 2021

El banco de la provincia de Logroño (La Rioja), en la Plaza de España

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Logroño (La Rioja), en la Plaza de España, de Sevilla.
      Hoy, 1 de mayo, es el aniversario tradicional (1 de mayo de 1217), de la renuncia de Dª Berenguela de la corona Regia y proclamación de su hijo D. Fernando como soberano de Castilla, siendo ésta la escena histórica que se representa en el panel central del banco de la provincia riojana de la Plaza de España, así que hoy es el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Logroño (La Rioja) en la Plaza de España, de Sevilla.
     La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
     La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos. 
     La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
     En el banco de la provincia de Logroño (La Rioja), situado entre los de las provincias de Lérida y Lugo, y entre la puerta de Castilla (Edificio Central - Capitanía General), y la puerta de Navarra, de la Plaza de España, la escena histórica representada en su panel central es la "Renuncia de Dª Berenguela de la corona Regia y proclamación de su hijo D. Fernando como soberano de Castilla", acontecimiento que la tradición señala que sucedió en Nájera el 1 de mayo de 1217. 
     A ambos lados del arco de la escena histórica se encuentran los escudos de Logroño y Nacional, flanqueando la escena sendas vistas de Santo Domingo de la Calzada y San Millán de la Cogolla, reproducen Iglesia de San Miguel y un lienzo de la muralla medieval, obra original de la fábrica Ramos Rejano. En 1929 parece ser que esta fábrica le hace una modificación. En este banco podría haber intervenido el ceramista Manuel Vigil-Escalera y Díaz. Restaurado in situ por la Escuela Taller de la Plaza de España, en la última fase de los trabajos finalizada en 2010. El motivo original retirado una vez limpio y catalogado fue depositado en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España, y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos vegetales derivados de los típicos candelieri centrados en algunos de ellos por cartelas con los nombres de algunos de las poblaciones más representativas de la provincia oscense, como son Alfaro, Alhama, Arnedo, Calahorra, Cervera del Río, Haro, Logroño, Nájera, Santo Domingo de la Calzada, y Torrecilla de Cameros. 
      Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de D. Juan de Austria (1547-1578), hijo natural de Carlos V, almirante y general, gobernador de los Países Bajos, y consejero de Estado; y Doménicos Theotocopoulos, El Greco (1541-1614), pintor, escultor, y arquitecto; como personajes relevantes de nuestra historia (www.retabloceramico.net).
Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Logroño (La Rioja)
      La escena histórica representada en el panel central del banco de la provincia de Logroño (La Rioja) es la "Renuncia de Dª Berenguela de la corona Regia y proclamación de su hijo D. Fernando como soberano de Castilla", acontecimiento que la tradición señala que sucedió en Nájera el 1 de mayo de 1217. 
La Tradición
     Desde la canonización de san Fernando en 1671, viene siendo tradición guardada hasta el día de hoy que, llegado el 1 de mayo de cada año, el Ayuntamiento de Nájera vaya en procesión cívica desde la alcaldía hasta el Campo de San Francisco y allí donde antaño hubo un frondoso olmo y ahora, desde 1843, hay un sobrio monumento —verdad es que bastante maltrecho y ninguneado—, un edil  recuerde que en ese día del año del Señor de 1218, y en ese mismo lugar, el concejo y el pueblo de Nájera aclamaron y acataron como su rey al rey de Castilla Fernando III, y se renueve la aclamación y el acatamiento.
     La costumbre nace de una disposición político-religiosa, contemporánea de la canonización, que ordenaba que, para celebrarla debidamente, aquellos lugares que fueron escenario de la vida del santo  organizasen actos cívico-religiosos que lo recordaran.
     En Nájera los actos de 1671 se convirtieron en solemnidad anual. El modelo pudo muy bien ser la procesión cívica con la que el concejo najerino rendía homenaje a uno de los más famosos gobernadores de la ciudad, don Diego López de Haro el Bueno.
     Nada tiene de extraño que en 1843 se adornara el paraje que fue escenario de los hechos recordados, con el monumento que aún, más mal que bien, se conserva. Los Liberales que le devolvieron al Pueblo Español la Soberanía Nacional en la Constitución de 1812, intentaron devolverle también su Historia Común, subrayando sobre todo aquellos hechos gloriosos que habían sido un hito en la conquista de su libertad. ¡Ojo al dato que es importante! El Liberalismo najerino de 1843 consideraba el 1 de mayo de 1218 como una fecha señalada en la historia de la consecución de las libertades públicas.  Ya veremos con qué fundamento.
     Pero no nos desviemos del asunto. Dejemos bien claras las cosas. El pueblo de Nájera aclamó como su rey al rey de Castilla Fernando III, el 1 de mayo de 1218. Eso es lo que dice la tradición y la inscripción del monumento conmemorativo.
Rodrigo Jiménez de Rada nos cuenta cómo sucedieron los hechos.
     Pocas cosas más fatigosas que releer a los cronistas  locales cuando se intenta dilucidar el verdadero  pasado de Nájera. Tales muñidores de historias no manejan las fuentes ni leen los documentos. Consiguen un amasijo informe de noticias contradictorias a base de, sin crítica alguna, citarse los unos a los otros y de citar los unos y los otros a los que les precedieron en el uso del mismo infernal  método.
     A cualquiera que busque allí  noticias  sobre “proclamación de San Fernando en Nájera” le va a ocurrir que en aquello que encuentre va a estar  confundido, como poco,  el 1 de julio de 1217 con el 1 de mayo de 1218, y Nájera con Autillo de Campos (Palencia) y con Valladolid.
     Por fortuna tenemos el testimonio de un contemporáneo que nos cuenta lo que sucedió. Me refiero a Rodrigo Jiménez de Rada (Puente la Reina. Navarra, 1170 – El río Ródano. Francia, 10 de junio de 1247) y a su obra De rebus Hispanie (continuaba  escribiéndola en 1241 – 1242). En los nueve primeros capítulos del último libro de su obra, el noveno, encontramos la narración de los hechos que nos interesan.
Octubre de 1214
.
  Comienza explicándonos los comienzos del reinado de Enrique I de Castilla (1214 – 1217), niño de 11 años, heredero de Alfonso VIII, a la muerte de éste en Gutierre-Muñoz  (Ávila), la noche del 5 al 6 de octubre de 1214. La tutela de rey niño y la regencia del reino quedaron en manos de doña Berenguela, su hermana.
Primavera de 1215.
  Los condes Fernando, Álvaro y Gonzalo, los Núñez de Lara, consiguieron la tutela del rey niño para Álvaro Núñez de Lara y que  Doña Berenguela tuviera que refugiarse, protegida por Gonzalo Ruiz, un noble leal, en Autillo de Campos (Palencia).
     En el caso de doña Berenguela volvían a tener éxito los argumentos machistas que se repitieron a la hora de arruinarle el reinado a doña Urraca, la heredera de Alfonso VI: una mujer no podía estar a la altura de las recias exigencias del reino. María de Molina volvería a sufrirlos.
Hacia marzo de 1216.
      El comportamiento prepotente de Álvaro Núñez de Lara hizo que  nobles tan importantes como Lope Díaz II de Haro (Cabeza Brava), Gonzalo Ruiz y sus hermanos, Rodrigo Ruiz y Álvaro Díaz de los Cameros, Alfonso Téllez de Meneses y otros nobles se pusiesen de parte de doña Berenguela.
Junio de 1217.
     A primeros de junio del año siguiente, en Palencia, por accidente, resultó gravemente herido el rey Enrique I de Castilla que murió, pocos días después, el 6 de junio de 1217. Desde Autillo de Campos, doña Berenguela envía a Gonzalo Ruiz y  a Lope Díaz de Haro —que no está en Nájera, sino cerca de doña Berenguela— a Toro para que le traigan al infante don Fernando, su hijo, que está allá con su padre, Alfonso IX de León, sin que  éste sospeche nada. Doña Berenguela maquina convertir a su hijo Fernando en el único heredero de las dos coronas, la de Castilla ahora y la de León después de la muerte de su padre.
     Reunidos madre e hijo, los nobles partidarios de ambos  intentan llegar a un pacto con Álvaro Núñez de Lara que reclama la tutela de don Fernando en las mismas condiciones en las que tenía la de Enrique I. No hay acuerdo y Álvaro Núñez de Lara, abandonado por todos, se refugia en la corte de León.  En contra de doña Berenguela no sólo están los Núñez de Lara sino también el rey de León que, para su beneficio, quiere controlar él también la situación de interregno de Castilla. Doña Berenguela y sus partidarios no ven otra salida que refugiarse en Valladolid.
1 de julio – 20 de septiembre de 1217.
     Y en Valladolid, doña Berenguela logra, en poco menos de un mes (junio de 1217), ser reconocida como la heredera legal del Reino de Castilla, pero inmediatamente abdica en su hijo Fernando, de 18 años, que es proclamado y acatado como rey de Castilla el 1 de julio de 1217.
      Su padre el rey Alfonso IX de León, instigado por Álvaro Núñez de Lara,  invade Castilla e intenta tomar Burgos—defendido entre otros por Lope Díaz de Haro—, pero comprueba que Castilla no permite ser ocupada por nadie y vuelve a su corte.
     Doña Berenguela dispone el entierro del cadáver del rey Enrique en Las Huelgas y sus leales arrebatan Lerma y Lara a  Álvaro Núñez. Se dirige la corte de doña Berenguela a Burgos y nos cuenta Rodrigo Jiménez de Rada el recibimiento que allí le hicieron y que, según se comprueba en su relato, fue muy semejante al que recibieron antes y después en otros lugares, entre ellos la zona de Nájera:
     “Volviendo desde allí a la ciudad de Burgos, fueron recibidos con todos los honores y en procesión por el obispo, el clero y el pueblo, regocijados todos porque libres de sus enemigos, habían quedado bajo el poder de su señora natural.”
     Lo subrayado explica por qué los liberales najerinos erigieron en 1843 el monumento conmemorativo. Se trataba de recordar un hecho que era un hito en la historia de las libertades ciudadanas.
     Desde Burgos, el rey, su madre y sus partidarios  se dirigen a la zona de Belorado y Nájera. Dice el texto:
     “Y por consejo de los nobles que los acompañaban se dirigieron a la zona de Belorado y Nájera, y tras hacerse cargo de ellas , que sus habitantes les entregaron con sumo gusto, volvieron de nuevo a Burgos; pues no pudieron debelar, por sus grandes defensas, las fortalezas que ocupaba el conde Gonzalo Núñez [de Lara].”
     Luego, efectivamente, entre mediados de julio y mediados de setiembre de 1217, doña Berenguela y don Fernando reciben personalmente el homenaje del pueblo de Nájera, pero sus dos castillos están en poder de los Lara.
      La represalia de los Lara no se hace esperar, y en una tremenda expedición de castigo, “arremetiendo como enemigos contra Belorado, no respetaron ni la edad ni el sexo, sino que lo aniquilaron todo a sangre y fuego…”
     El miércoles 20 de septiembre de 1217, en un golpe de suerte, es cogido prisionero, de forma no muy gloriosa, Álvaro Núñez de Lara.
20 de septiembre de 1217 – 26 de agosto de 1218.
      Álvaro Núñez de Lara es encarcelado en Valladolid  y:
     “Habiéndose deliberado allí largamente para encontrar una solución, se llegó a un acuerdo por el que el conde Álvaro devolvería todos los castillos que ocupaba, esto es, Cañete, Alarcón, Amaya, Tariego, Cerezo, Villafranca, la torre de Belorado, Nájera y Pancorvo, y una vez entregados estos, sería liberado.”
     La libertad no sería plena hasta que  pasasen a manos del rey de Castilla las fortalezas de Castrojeriz  y Orcejón en posesión de su hermano Fernando. La situación se le complica a Álvaro Núñez de Lara ya que su hermano Fernando rinde al rey esas fortalezas a cambio de seguir  manteniéndolas en su poder como leal vasallo suyo.  
     Es muy posible que, como quiere la tradición y el monumento conmemorativo, Nájera celebrase el haber quedado enteramente libre del poder de los Lara y la vuelta  al dominio de Lope de Haro y del rey Fernando III de Castilla un 1 de mayo de 1218. 
     Los Lara vuelven a la carga apoyados por el rey de León, pero Álvaro Núñez de Lara cae gravemente enfermo y Fernando III llega a un compromiso con su padre, el rey de León, en Toro, el 26 de agosto de 1218. Álvaro Núñez de Lara acudirá allí a morir en fechas no muy posteriores. Su hermano Fernando se refugió en Marrakech donde murió un poco después.
     La rebelión de los Lara había terminado en un rotundo fracaso. Los planes de doña Berenguela tendrán un éxito completo. La inteligencia, la intuición del futuro y la voluntad férrea de una mujer desbarataron la corta ambición de unos obtusos señores de la guerra que políticamente no veían más allá de sus narices (Antonino M. Pérez Rodríguez, San Fernando proclamado rey en Nájera ¿Sólo un cuento?, en Guía sentimental de las Tierras de Gonzalo de Berceo, Biblioteca Gonzalo de Berceo).
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