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jueves, 2 de mayo de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana, Ermita de la Virgen de Monsalud, Abrevadero de la Fuente de Alfarnate, Ayuntamiento, y Museo de Juguetes Antiguos) de la localidad de Alfarnate, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana, Ermita de la Virgen de Monsalud, Abrevadero de la Fuente de Alfarnate, Ayuntamiento, y Museo de Juguetes Antiguos) de la localidad de Alfarnate, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Axarquía - Costa del Sol
     Superficie: 34 km2
     Altitud: 925 m
     Latitud: 36º 59'  -  Longitud: -4º 15'
     Distancia a Málaga capital: 49,8 km
Datos demográficos
     Población: 1059
     Gentilicio: Alfarnateños
Ayuntamiento
     Plaza de la Constitución, 1, 29194 
     952759028 - 952759152
     Alfarnate es un pueblo serrano de la comarca de la Axarquía fundado en la época de la dominación musulmana. Las montañas rocosas que lo circundan contrastan con los cultivos de olivos y cerezos de su valle, ofreciendo unos paisajes de singular belleza.
     La arquitectura de origen árabe de la villa y la Fiesta de Moros y Cristianos que se celebra cada mes de septiembre rememoran el pasado de este pueblo, en el que se conservan tradiciones como la forja o la fragua.
     En Alfarnate no puedes perderte sus monumentos:
     La iglesia parroquial de Santa Ana es el monumento más notable de Alfarnate. Consta de tres naves divididas por pilares que sostienen unas arcadas de medio punto. Del exterior del templo destaca su torre mudéjar de tres cuerpos, erigida en el siglo XVI.
     De finales de esa centuria es la Casa Consistorial de Alfarnate. Se trata de una construcción de dos alturas con arcos de medio punto. Un dato curioso es que el edificio está situado en una plaza en la que antaño se celebraban corridas de toros.
     En la zona más alta del pueblo se encuentra la ermita de la Virgen de Monsalud, también del siglo XVI. El santuario posee unos soportales asentados sobre pilastras enlazadas por arcos de medio punto.
     Este municipio de la Axarquía cuenta con una antigua posada en funcionamiento desde el siglo XVII. Es la Venta de Alfarnate, ubicada a dos kilómetros del pueblo. En ella han comido desde el rey Alfonso XIII hasta bandoleros como José María "El Tempranillo" o Luis Candelas. En la actualidad, el restaurante-museo es una parada obligada para los amantes de la gastronomía.
     Merece también una visita el Museo de Juguetes Antiguos de Alfarnate. Su colección se compone de más de un centenar de artículos, autómatas, muñecas y juegos fabricados desde el año 1880. (Diputación Provincial de Málaga).
     En un paraje rodeado por las sierras de Enmedio, del Jobo y Palomera, se enclava esta pequeña población, regada por los arroyos del Palancar o Alfarnate y Morales. Su caserío es una estampa donde predomina la sencillez arquitectónica, acentuada por la blancura de sus muros, configurándose un modelo de casa de dos alturas y patio trasero, cuya organización, función y uso, expresa la estrecha vinculación con el campo. La necrópolis medieval del cortijo de los Uceda, es punto de encuentro con el pasado. Su origen se localiza en una ocupación dispersa por parte de la población árabe, según los restos localizados en el cerro del Castillejo, y su nombre, formado a partir de Al-farnat, que significa molino, es de origen árabe. La primera referencia escrita que tenemos, data del s. X, refiriéndose a Los Alfarnates y realmente se trata de dos lugares que caminarían juntos hasta el siglo XVIII, en que se dividen con la actual nomenclatura. Su ubicación, como lugar de paso al interior de la Axarquía y hacia la costa, ha dejado un testigo imborrable de ese uso, la Venta de Alfarnate, un lugar de reposo y refresco para las caballerías, construido a finales del siglo XVII, que mantiene actualmente una opción gastronómica interesante y funciona como un espacio cultural para la villa. En ella pernoctaron reyes, como Alfonso XIII, y también bandoleros, como Luis Candela y José María el Tempranillo. De su pasado árabe, recuperado e interpretado en la actualidad, destacan las populares fiestas de moros y cristianos, conocidas como Las Embajadas, que se celebran en septiembre.
     Su Casa Consistorial, obra de finales del XVI, destaca por su influencia castellana, con piso noble sobre soportales con arcos de medio punto. Es muy interesante el Colegio Público y barrio de Maestros, conjunto racionalista de hacia 1968 (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Alfarnate se instala en un paisaje de roquedas que todos los inviernos conoce la abundante visita de la nieve. Tiene calles planas, con casas muy blancas y de sólo dos plantas (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Málaga. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).  

Iglesia de Santa Ana.-
     Erigida en el siglo XVI, presenta planta poco usual de dos naves, separadas por pilares cuadrangulares que sostienen arcos de medio punto. La nave central se cubre con una sencilla armadura de par y nudillo, mientras que la lateral lo hace con un colgadizo, en sustitución de las desaparecidas durante la Guerra Civil. La torre, mudéjar, realizada en ladrillo, recuerda a los alminares por su machón central, y presenta tres cuerpos con dos vanos abiertos en el último. Hay que destacar como imágenes devocionales, Nuestro Padre Jesús, y la Virgen de los Dolores, obras contemporáneas que siguen la estética neobarroca andaluza (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Es, sin duda, la obra arquitectónica más importante del pueblo, ocupando una manzana completa y estando orientada hacia Jerusalén. Su construcción data del siglo dieciséis, iniciando su actividad como parroquia en 1555. No obstante, fue reconstruida en 1994.
     Se levanta sobre una planta salón con tres naves separadas por pilares cuadrangulares sobre los que descansan arcos de medio punto. En el exterior destaca la torre mudéjar de tres cuerpos, con machón central y cuerpo de campanas con seis vanos, en los pies del evangelio.
     La sacristía posiblemente es de una fecha posterior a la construcción de la iglesia. Y en las gradas del exterior se cree que hubo un cementerio.
     En 1994 la ermita fue reconstruida y posteriormente se ha mejorado la iluminación exterior.
     Por este motivo, el Plan de Dinamización del Producto Turístico Axarquía ha destinado un presupuesto de 2.255,04 € (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita de la Virgen de Monsalud.-
     Se encuentra en la parte más alta de la villa. Es una sencilla arquitectura del siglo XVI, de tres naves separadas por pilares y cabecera plana (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Esta ermita está situada en el barrio o zona alta del pueblo. Se puede decir que ermita y pueblo nacieron a la vez.
     Es una edificación religiosa del siglo dieciséis con soportales que descansan sobre pilastras unidas por arcos de medio punto. Cabe destacar los destrozos sufridos en 1936, a consecuencia de lo cual se perdieron tallas y cuadros, de la mima manera que se perdió la Cruz pública que existía en las afueras de la población y el Vía Crucis, llamado Santo Cristo, que tras recorrer las calles de la villa terminaba en un montículo (Diputación Provincial de Málaga).

Abrevadero de la fuente de Alfarnate.-
    En la carretera A-341 en el Km 514 entre Málaga y Loja, se encuentra el cruce de entrada a la población de Alfarnate y la venta del mismo nombre.
     La posada cuenta con un pequeño aljibe abovedado en el frente de la carretera al que se asocia un abrevadero que se llena mediante una bomba aspirante manual.
     El edificio sigue funcionando como establecimiento hotelero y cuenta además con un museo sobre las ventas y posadas. Está considera como la venta en activo más antigua de Andalucía.
     El edificio actual de la venta de Alfarnate parece que se remonta al siglo XVI. Se encuentra al pie de la carretera y en su fachada oeste destaca el aljibe y abrevadero que recibe el agua por filtración de los cercanos ríos Morales y Alfarnate (Diputación Provincial de Málaga).

Ayuntamiento.-
    Obra de finales del siglo dieciséis, que destaca en la estructura urbana del pueblo. Se levanta sobre una planta noble que descansa sobre soportes con arcos de medio punto en el piso bajo, cuya sala de la izquierda tiene el subsuelo totalmente hueco.
     El edificio consta de dos plantas restauradas, la planta baja esta dedicada a servicios administrativos y a las dependencias de la policía local. En la segunda planta, además de encontrar los despachos de las áreas de gobierno, se encuentra el archivo histórico, el salón de plenos y una sala de conferencias (Diputación Provincial de Málaga).

Museo de Juguetes Antiguos.-
    La Asociación "Lata de Ley" de Alfarnate abrió sus puertas en 2011 al público en general con una Expo-Sala-Museo de Juguetes Antiguos.
     La exposición se encuentra en los locales de la Asociación. El horario de apertura y visitas es, diario, de 10.00 a 13.00 h y de 17.00 a 20.00 h.
     Se pueden concertar citas previas (Diputación Provincial de Málaga).

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Más sobre la provincia de Málaga, en ExplicArte Sevilla.

La glorieta de Más y Prat, de Aníbal González, en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la glorieta de Más y Prat, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
     Hoy, 2 de mayo, es el aniversario de la inauguración (2 de mayo de 1924) de la glorieta de Más y Prat, escritor, al que está dedicada la glorieta reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la glorieta de Más y Prat, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
     El Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la glorieta de San Diego, s/n (entrada principal, aunque tiene entradas por el paseo de las Delicias y las avenida de María Luisa, y de la Borbolla), en el Barrio del Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.   
     La Glorieta de Más y Prat [nº 24 en el plano oficial del Parque de María Luisa] se encuentra en el Parque de María Luisa, y se sitúa entre la Glorieta de Mario Méndez Bejarano, la Glorieta de la Concha, y la Glorieta de Doña Sol.
     Inaugurada en 1924, la iniciativa de dedicarle una glorieta a Benito Más y Prat se debe a Enrique Real Magdaleno, quien fomenta para ello una suscripción popular. La arquitectura corrió a cargo de Aníbal González, que recurre -una vez más- al ladrillo agramilado, y a una doble hilera de bancos, con respaldares de hierro, terminados en pináculos, y dispuestos en forma semicircular. En las caras de éstos (bancos y pináculos), se encuentran los anaqueles para libros, que reproducen en cuadros de azulejería, escenas costumbristas "...a las rejas de la cárcel", "todos se van", "Susona", "Este queré de nosotros...", "A la viajera que vestía de negro" y "La bordadora", que pertenecen a ilustraciones que hizo el pintor José García Ramos, copiadas por el pintor ceramista Enrique Orce Mármol y realizadas en los alfares trianeros de Ramos Rejano. La preside, en una hornacina, el busto en mármol blanco del escritor, dramaturgo, periodista y poeta ecijano, obra del escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci. Restituido el busto (ausente durante algunos años), la azulejería se está deteriorando (Teresa Laffita, Sevilla turística y cultural, Fuentes y monumentos públicos. ABC de Sevilla, 1998).
     Este recuerdo a Benito Más y Prat fue levantado por la iniciativa del profesor Enrique Real Magdaleno y costeado por suscripción popular. El proyecto es de Aníbal González y su inauguración tuvo lugar el 2 de mayo de 1924. Enmarcada con sóforas y construida con ladrillo agramilado, su forma es semicircular, delimitada por dos bancos con respaldo de hierro, rematados con  pináculos. En dichos pilares se abren dos anaqueles para libros, y en sus otras caras figuran, en azulejos, escenas costumbristas sevillanas originales del pintor José García Ramos, copiadas por el también pintor  y ceramista Enrique Orce y realizados por la Fábrica de Ramos Rejano. Todo ello presidido por un cuerpo más elevado donde se expone un busto de Mas y Prat, labrado por el escultor Antonio Castillo Lastrucci. En ese mismo cuerpo, también en un azulejo, de mayor tamaño, se representan los emblemas de Sevilla y de Écija, sostenidos por dos amorcillos. Toda la obra cerámica de esa glorieta la decoró Enrique Orce Mármol (1885-1952).
     Benito Mas y Prat, poeta, escritor costumbrista, periodista y autor teatral nació en Écija en 1846 y falleció en la misma ciudad en 1892. Hijo de unos comerciantes de origen catalán y padre del novelista José Mas, Benito vino por primera vez a Sevilla para trabajar como dependiente de comercio. Entonces dio a conocer su afición literaria al colaborar en los periódicos más importantes de la capital. Se introdujo en la vida literaria sevillana, trató a las mejores figuras de la cultura y del periodismo locales y dirigió al Ayuntamiento de Sevilla una petición para trabajar de temporero en el Archivo Municipal, a lo que éste accedió. Fruto de esas nuevas relaciones conoció al propietario de El Eco de Andalucía, don José Lamarque de Novoa, quien le confió la dirección del periódico en el que estuvo desde 1879 hasta 1890.
     En el Eco de Andalucía se publicaron sus obras poéticas "Brisas del Genil", "Hojas secas" y "Nocturno", el drama "La Cruz del hábito", y "La Tierra de María Santísima", "Fantasías", "Estudios literarios", "Estudios y bocetos" y "La Dama Blanca". También Mas y Prat colaboró en otras publicaciones como "La Ilustración Española y Americana", "La Ilustración Artística", "La Ibérica",  "Bética"  y "El Liceo Sevillano". En 1890 dejó de escribir por motivos de salud; diez años antes, la Academia de Bellas Letras le había premiado su composición La Feria de Sevilla. "La Tierra de María Santísima" es una de las más atractivas semblanzas de Andalucía creadas por la literatura del siglo pasado, como colofón para este recuerdo, se ofrece un inspirado fragmento de la misma obra.
     "El piropo, al que yo llamaría la estela que pasa, engendra el requiebro, que no es más que la ampliación de aquel, o buscando una imagen más gráfica, el piropo diluido en agua de rosa". He aquí la prueba:
 El que muere sin probá
 La gracia de una morena,
 Se va de este mundo al cielo
 Sin saber lo que es canela.
 En pasando mi morena,
 Tropieza too el que va etrás;
 Que va yenando la caye
 De terronsillo é sal.
 Eres como la verbena
 Que en el campo verde nace;
 Eres como el caramelo
 Que en la boca de deshace.
     En cuanto a la vegetación, podemos observar en los alrededores de  esta glorieta, durillos de flor (Viburnum tinos), sóforas (Sophora japonica), acantos (Acanthus mollis), fotinias (Photinia glabra), adelfas (Nerium oleander), una dombeya (Dombeya x cayeuxii) y un aligustre (Ligustrum japonicum). Junto a setos de bonetero (Euonymus japonicus), árboles de Júpiter (Lagerstroemia indica), nandinas (Nandina domestica), ciruelos japoneses (Prunus cerasifera var. Pisardii), un ombú (Phytolacca dioica) y  un membrillero japonés (Chaenomeles japonica).
     El durillo de flor, Viburnum tinus, es un arbusto con grupos de flores, pequeñas, blancas o rosadas muy vistoso en Primavera. La sófora, Sophora japónica, o acacia de Japón, es originaria de China y Japón. Muy fácil de identificar por sus frutos que son legumbres con un aspecto similar al de un rosario. Se utiliza mucho en vías urbanas. La adelfa,  Nerium oleander, es una especie mediterránea con vistosa floración en los meses de verano, muy utilizada en medianas de carreteras y para la formación de setos o borduras sin recorte. La dombeya, es un arbusto que alcanza gran altura con llamativas flores en forma de grandes bolas. El membrillero japonés, Chaenomeles japónica, es también un arbusto  procedente de Japón y China con bonitas y grandes flores rosas, que antes de las hojas dan un agradable aspecto a la totalidad del conjunto. El bonetero de Japón, Euonymus japonicus, es un arbusto muy utilizado para la formación de setos tal y como lo vemos aquí. Un poco más allá observamos robinias y pitosporos (Pittosporum tobira).
     La Glorieta de Benito Más y Prat fue restaurada en el año 2002 según proyecto del arquitecto D. Francisco González de Canales (www.sevilla.org)
Conozcamos mejor la Biografía de Aníbal González, autor de la obra reseñada; 
     Aníbal González y Álvarez-Ossorio, (Sevilla, 10 de junio de 1876 – 31 de mayo de 1929). Arquitecto.
     Fue el primero de los tres hijos del matrimonio formado por José González Espejo y Catalina Álvarez- Ossorio y Pizarro. Se tituló como arquitecto en 1902 en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, superando la reválida de sus estudios con el número uno de su promoción. Su formación respondió a los fundamentos tradicionales entonces imperantes, provenientes del origen académico de ese título, y que se puede constatar por la naturaleza de sus trabajos escolares que se han conservado. Figuras clave de esa formación fueron Ricardo Velázquez Bosco y Vicente Lampérez y Romea, arquitectos esenciales del panorama español de entonces.
     Su vocación arquitectónica se manifestó tempranamente y se vio acrecentada con los años. Daban prueba de ello tanto su biblioteca como sus viajes, siempre vinculados a los intereses disciplinares, y se aprecia con plena nitidez en el éxito de sus estudios y en su temprana actividad, aun cuando era estudiante, en el pabellón que llevó a cabo en la Exposición de Pequeñas Industrias que, en 1901, se celebró en el Retiro madrileño. Al siguiente año realizaría un anteproyecto para Palacio de Exposiciones de Bellas Artes en los sevillanos jardines del Cristina. También en ese año de 1902 redactó una Memoria acerca de la reorganización del servicio de incendios de Sevilla, que presentó al alcalde de la ciudad, siendo acompañado por Nicolás Luca de Tena, a cuya familia estaba ligado por lazos familiares, lo que resultaría ser decisivo para su vinculación tanto a la sociedad y las instituciones sevillanas como a los gobiernos del reinado de Alfonso XIII. Por otra parte, su matrimonio con Ana Gómez Millán, hija del constructor y maestro de obras José Gómez Otero, significaría su conexión con una de las sagas arquitectónicas más prolíficas de Sevilla.
     Los arquitectos activos entonces eran pocos, y la disposición y cualidades que adornaban al joven González, le habilitaron, junto con las circunstancias referidas, para una pronta fortuna en el ejercicio de la arquitectura. De inmediato se le encargó llevar a término un proyecto de cárcel celular, y estuvo en disposición de iniciar sus primeros encargos privados de diverso tipo, especialmente viviendas, que le ocuparon ya durante la primera década del novecientos. Así, las casas de la calle Alfonso XII y Almirante Ulloa; la reforma del edificio de la calle Monsalves, la de Martín Villa esquina a Santa María de Gracia; la desaparecida central térmica del Prado de San Sebastián y la subcentral de la calle Feria, para la naciente Compañía Sevillana de Electricidad, o la fábrica de la calle Torneo, hoy rehabilitada como Instituto de Fomento de Andalucía; el grupo escolar Reina Victoria en Triana; panteones en el cementerio de San Fernando, o sus primeros proyectos en Aracena debidos a su vínculo con la familia Sánchez-Dalp, como el casino Arias Montano.
     En esa primera década no permaneció ajeno a las corrientes innovadoras que entonces afloraban en Europa, y que en España se reconocen en el modernismo catalán. Algunas de las obras citadas lo manifiestan, pero tal experimentación estilística se inscribía dentro de las habilidades que su formación y la cultura predominante configuraban bajo un eclecticismo historicista, en el que, como un estilo más, llevó a muchos de los arquitectos jóvenes de entonces a ensayar formas que pudieran identificarse con el espíritu de los tiempos nuevos. No obstante, el carácter conservador de las ideas subyacía, y la obra de Aníbal González estaba destinada a figurar destacadamente dentro del panorama nacional de la arquitectura de intención tradicional que, más allá del historicismo, contribuyó a procurar una salida a la crisis del noventa y ocho en el filón de las identidades diversas de los pueblos de España, dando lugar a lo que se conoce como regionalismo, teniendo en la arquitectura una de sus manifestaciones más notables, especialmente en la dualidad del norte y del sur de la Península, la arquitectura montañesa y vasca, por una parte, y por otra lo que vino en denominarse “estilo sevillano”, en el que Aníbal González se reconoció y fue reconocido en toda España, por más que otros arquitectos locales, como Juan Talavera o José Espiau, contribuyeran igualmente a fortalecerlo.
     Esa construcción cultural, si fuera de Sevilla produjo admiración, en la ciudad propició una rara identificación social con la arquitectura. Y para ello, el acontecimiento que lo canalizó fue la Exposición Iberoamericana, celebrada en 1929 pero iniciada como objetivo ciudadano veinte años antes, tras los festejos “España en Sevilla”, organizados en la primavera de 1909, y a cuya conclusión lanzaría la idea Luis Rodríguez Caso. El objetivo de una Exposición Hispano-Americana, como fue originalmente denominada, se traduciría en un concurso convocado en 1911, y del que resultaría ganador Aníbal González, bien es cierto que con una muy escasa participación, ausentes los demás arquitectos sevillanos.
     Su vida, que se vio truncada poco antes de que tuviera lugar la inauguración del certamen, el 31 de mayo de 1929, quedó vinculada al proyecto general y a las obras que resultarían más relevantes: la plaza de América y la plaza de España. Supo compaginar una amplísima actividad profesional, centrada en Sevilla, pero con ejemplos diseminados por distintas poblaciones, especialmente de la baja Andalucía, aunque también fuera de ella, como el edificio proyectado para ABC en la Castellana de Madrid, cuya fachada sobrevive como muestra definitiva de la admiración y apoyo que siempre encontró en la familia Luca de Tena.
     Su trayectoria en Sevilla es difícil de resumir: proyectos urbanísticos (como el del cortijo Maestrescuela, que originaría el barrio de Nervión); viviendas aisladas en áreas de crecimiento de la ciudad (en el Porvenir o en la Palmera); casas familiares urbanas (por ejemplo, en la calle de San José esquina a Conde de Ibarra, calle de Almansa esquina a Galera o calle de Monsalves esquina a Almirante Ulloa); numerosas casas de renta (paseo de Colón, cuesta del Rosario, calles Cuna, Cuesta del Rosario, Tetuán, Francos o actual avenida de la Constitución); “casas baratas” (Portaceli, Ramón y Cajal o avenida de Miraflores); edificios religiosos (para la Compañía de Jesús en la calle de Trajano, la capillita de la Virgen del Carmen en el Altozano o la basílica de la Inmaculada Milagrosa cuya construcción se interrumpió tras su fallecimiento); panteones (como los de los Luca de Tena, Peyré o González) y otros muchos proyectos y obras, que se pueden cerrar con la referencia a la reforma de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería y su sede en el paseo de Colón. Una serie ingente que, junto a la de otros arquitectos regionalistas, cambió la fisonomía de Sevilla, en ocasiones mediante las alteraciones de aperturas interiores, desde la Campana a la Avenida, en incrementos de alturas y cambios de tipos formales del caserío que, en conjunto, significó una renovación intensa de la ciudad.
     Hay que volver a la Exposición Iberoamericana para comprender sintéticamente la evolución producida en la arquitectura de Aníbal González y completar la glosa de este sevillano. Basta comparar el proyecto premiado en 1911 con los desarrollados posteriormente, incluido el frustrado de la Universidad Hispano Americana, tercera de las grandes obras que se pretendió vincular a la Exposición. Sobre todo, basta comparar la arquitectura de la plaza de América (1911-1919: Pabellón de Arte Antiguo, Pabellón Real y Pabellón de Bellas Artes, con sus jardines) con la de la plaza de España (1914-1928), para apreciar la transición de una concepción pintoresca a otra más monumental; por más que en ambas se contengan las habilidades del dominio ecléctico de los estilos del pasado español y en ambas se desarrollen las aplicaciones múltiples de los oficios y artesanías tradicionales recuperados y potenciados al amparo de las prolongadas obras de la Exposición. De manera que si tuviésemos que elegir un desenlace de su evolución, quizá éste radicara en el virtuosismo con que se desenvolvieron las obras de Aníbal González, en especial las aplicaciones del ladrillo en limpio y su talla.
     La donación a la ciudad de la mayor parte de los jardines desarrollados por los duques de Montpensier y la acertadísima intervención de J. C. N. Forestier, renombrado jardinero y urbanista parisino, en la configuración del parque de María Luisa, constituyen el acontecimiento matriz para el desencadenamiento de la transformación urbana que comportó la Exposición Iberoamericana. Lo que finalmente fue el certamen, por el impulso final producido bajo la dictadura de Primo de Rivera, contravino la idea unitaria que Aníbal González había soñado completar. Pero, por más que aquella quiebra trajera la desilusión, la enfermedad y la muerte de nuestro arquitecto, al apreciar hoy el interés de muchas de las obras proyectadas por otros arquitectos (el casino de la Exposición y el teatro Lope de Vega, de Vicente Traver, o varios pabellones americanos, como los de Argentina de Noel, Chile de Martínez, Perú de Piqueras o México de Amábilis), ello no impide percibir la identidad sustancial que se reconoce a la Exposición de 1929 tres cuartos de siglo después.
     En años de fuerte convulsión social, el fallido atentado contra Aníbal González en 1920 debe ser leído en clave de su extraordinaria relevancia como figura pública. Lamentable en cualquier caso, ese acto respondía a la rara popularidad del arquitecto, intensificándose la identificación de la ciudad con él durante la década final de su vida. Poco antes de morir pronunciaba su conferencia, impresa entonces, sobre La Giralda; el máximo símbolo arquitectónico de Sevilla era descrito con su verbo comedido. La manifestación de duelo popular que le acompañó a su muerte, sólo comparable entonces con la de los ídolos de la tauromaquia, contribuyó a otorgarle la aureola de mito contemporáneo de la ciudad.
     Puede afirmarse que Aníbal González es el arquitecto más estimado en Sevilla a lo largo del siglo XX.
     La consideración popular por sus obras, especialmente las de la Exposición Iberoamericana de 1929, se manifiesta en el modo como se han integrado en el paisaje urbano comúnmente reconocido, y en la valoración que de ellas hacen tanto los sevillanos como los forasteros que visitan la ciudad (Víctor Pérez Escolano, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la glorieta de Más y Prat, en el Parque de María Luisa, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Parque de María Luisa, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 1 de mayo de 2024

La Hacienda Bucaré, o San José de las Jarretas, en Alcalá de Guadaira (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda Bucaré, o San José de las Jarretas, en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
     Hoy, 1 de mayo, Festividad de San José Obrero, el carpintero de Nazaret, que con su laboriosidad proveyó la subsistencia de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en los trabajos de los hombres. Por esta razón, en el día de hoy, en que se celebra la fiesta del trabajo en muchas partes del mundo, todos los obreros cristianos honran a san José como modelo y patrono suyo  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hacienda Bucaré, o San José de las Jarretas, en Alcalá de Guadaira (Sevilla)
   Bucaré se encuentra al sur del término de Alcalá de Guadaíra, en un amplio pago que significativamente se denomina dehesa de Bucaré. Su acceso se realiza desde la carretera Utrera-Arahal, de la que sale un largo carril hasta la avenida flanqueada por palmeras que lleva al caserío de la hacienda.
     En el acceso se denomina a la finca San José de las Jarretas, nombre que podríamos calificar de oficial. No obstante, es conocida como Bucaré, deformación del apellido de sus primeros propietarios, los Bucarelli, que se establecieron en este lugar en la época de esplendor del comercio sevillano con América. La hacienda se mantuvo en manos de esta familia de origen italiano hasta comienzos del siglo XX, cuando pasó, al igual que su famoso palacio sevillano, a los condes de Santa Coloma. Resulta especialmente interesante este paralelismo de las viviendas urbana y rural. 
     La antigua hacienda es de configuración bastante sencilla y se articula en torno a un patio. Está hoy cerrado en parte por una tapia tras haber perdido algunas de sus dependencias originales; cuenta con un pozo abrevadero. En la fachada se abre una sencilla portada en la que aparece como nombre de la finca "San José / Bucaré". Al fondo del patio se encuentra, además de otra portada al campo y de un interesante azulejo de la Virgen de la Consolación, patrona de Utrera, que cabe fechar en el siglo XVIII, la almazara, cuya nave de la viga está rematada por la torre de contrapeso, también palomar y mirador, y en cuya caña campea el hierro de la finca. Otros restos de la primitiva almazara son las piedras de molino que se distribuyen de manera decorativa en su entorno. 
     La imagen actual de este patio contrasta con la de los años 40 del siglo XX, cuando todavía conservaba, además del molino, el establo, los graneros, una gañanía y una habitación para uso del propietario. A la derecha de este patio se levanta otro de menor tamaño en torno al cual se dispone el imponente señorío, construido en los años 40 del siglo XX sobre el solar de un antiguo granero. Es un edificio de doble altura que sigue las pautas de los de las dehesas de reses bravas, que al fin y al cabo es en lo que se ha convertido la finca. Su acceso se realiza desde el primer patio, el de labor, cuya crujía derecha está porticada, con el vano que conduce al patio del señorío muy cuidado. Esta notable residencia, decorada con motivos ganaderos y rodeada de un frondoso jardín del que sobresalen en altura varias acacias, se prolonga en una terraza desde la que contemplar las reses bravas.
     Alrededor de este núcleo original se dispone el resto de los elementos del caserío, levantados a partir de mediados del siglo XX. Así, en el lateral izquierdo se encuentra una amplia nave que sirve de taller y casa de máquinas. Pero las piezas más interesantes se encuentran ante la fachada principal, destacando dos inmensas cuadras. Una de ellas se dispone en una gran nave diáfana que en origen fue un antiguo almacén, transformado para albergar los boxes de los caballos; y la otra cuadra, que origen fue tinao, en torno a un patio. Junto a las cuadras hay otra amplia casa de máquinas que en origen también sirvió de granero. 
     Próximo a las cuadras se levanta uno de los elementos más llamativos del caserío: la plaza de tientas, construida entre 1958 y 1969, siguiendo en todo momento los modelos tradicionales. Es de planta circular y en su anillo se disponen dos elevadas tribunas cubiertas, además del correspondiente cajón de embarque, chiqueros, manga y corrales. La mayor de las tribunas se abre a la plaza mediante arcadas sostenidas por columnas de piedra y está rematada por cubierta de pabellón. La otra, aunque menor, sigue las mismas pautas constructivas. 
     Tras estos elementos encontramos una gran nave que fue una antigua granja. Aún más allá, en el extremo sur del descomunal conjunto, se dispone un moderno complejo para la producción de pienso, articulado en torno a grandes naves de carácter industrial. Todavía cabría referir, en el entorno de los elementos ya aludidos, otros, como una gran noria con abrevadero y diversos cercados para el ganado que pasta en la finca.
     En origen, Bucaré fue una hacienda de clásica configuración, que suponemos edificada en el siglo XVIII. No obstante, a partir de principios del siglo XX, cuando pasa al conde de Santa Coloma, el olivar es sustituido progresivamente por la ganadería brava, que terminará por convertirse en la actividad principal de la finca. 
     Lo cual no hará más que agudizarse a partir de que la adquiriera en 1932 don Joaquín Buendía. Con una extensión de 1.200 ha, en la actualidad Bucaré es un importante complejo ganadero, con fuerte presencia de toros bravos y de caballos de pura raza española, aunque también se cultive el cereal. Debido a estas funciones, se ha construido un número tan importante piezas nuevas que la hacienda original no es ya sino un elemento más del conjunto (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto, Patronazgo e Iconografía de San José;
LEYENDA
   José, esposo de la Virgen y padre nutricio de Jesús, apenas es mencionado en los Evangelios canónicos; y el de san Marcos ni siquiera lo nombra.
   Los Evangelios Apócrifos, especialmente el Protoevangelio de Santiago y la Historia de José el carpintero, escritos coptos del siglo IV, se dedicaron a colmar esta laguna con detalles pintorescos copiados en su mayoría del Antiguo Testamento.
    Relatan que José, descendiente de la estirpe de David, a pesar de sus orígenes reales, ejercía el humilde oficio de carpintero (faber lignarius), que fabricaba yugos, arados y hasta ratoneras. Según otra tradición, menos difundida, que se explica por el significado habitual de la palabra faber (obrero,artesano), habría sido herrero.
    Este pretendido descendiente «proletarizado» de los reyes de Israel habría tenido más de ochenta años cuando se casó con  la Virgen que tenía catorce. El milagro del florecimiento de la vara gracias al cual se impuso a los otros pretendientes más jóvenes, es una copia evidente del relato de la designación de Aarón como sumo sacerdote, que está en el Pentateuco (Números,17).
   Del mismo libro (Números,6:11-29) los Evangelios Apócrifos copiaron la historia de María bebiendo el agua probática en el templo, Juicio de Dios infligido a José y a la Virgen, después del descubrimiento de su embarazo.
   Las revelaciones de las místicas María de Ágreda y Catalina Emmerich, lo asimilan a su homónimo, José de Egipto. Igual que éste, habría sido perseguido por sus hermanos. Demás está decir que estas novelas piadosas sólo tienen un objetivo edificante.
   Los teólogos de la Edad Media han discutido interminablemente acerca de la naturaleza del matrimonio de José: ¿Ha sido el marido, o sólo el protector de la Virgen?¿El vínculo que les unía debe calificarse de copula carnalis o de maritatis societas?¿Puede llamarse esposos a quienes viven juntos sin te­ner relaciones carnales?
   Los doctores de la Iglesia opinan con la afirmativa. Explican que ese matrimonio casto (virginale conjugium) era indispensable para que la Virgen no fuera acusada de haberse dejado seducir, lo cual la habría expuesto a ser lapidada, y sobre todo para dar el pego al demonio, siempre al acecho, y ocultarle el misterio de la Encarnación (Huic Maria desponsatur ne Diabolo prodatur ratio mysterii).
   La virginidad de María no basta a los teólogos de la Edad Media: además, pretenden establecer, por añadidura, la virginidad de José antes y después de su boda. La tradición le atribuía numerosos hijos de su primera mujer, pero a santo Tomás de Aquino le repugna admitirlo. Según éste, debe creerse que así como la madre de Jesús permaneció virgen, lo mismo ocurrió con José. «Credimus quod, sicut Mater Jesu fuit virgo, sic Joseph.» Un hagió­grafo contemporáneo lo califica de padre virgen de Jesús.
   José acompaña al Niño Jesús a Egipto y lo trae de nuevo a Nazaret tras la muerte de Herodes. Después de lo cual desaparece de la escena. Ignoramos la fecha de su muerte, aunque la leyenda lo haya convertido en un pa­triarca centenario, se supone que murió antes de la Pasión de Jesús, puesto que no aparece en las Bodas de Caná, adonde sin duda habría sido invitado en compañía de la Virgen. En cualquier caso, está ausente en la Crucifixión y reemplazado en el Descendimiento de la Cruz y en el Enterramiento,  por otro José, José de Arimatea. .
   Casi no se puede dudar -escribió san Francisco de Sales-que el gran san José falleció antes de la muerte del Salvador quien, de no ser por ello,no hubiese encomendado su madre a san Juan.
CULTO
   No existen reliquias personales de san José, de lo cual se creyó poder concluir, al igual que en el caso de la Virgen, que su cuerpo había sido elevado al Cielo.
   La colegiata de Saint Laurent de Joinville, en Champaña, se jactaba de poseer el verdadero cinturón de san José, que habría sido confeccionado por la  Santísima Virgen y llevado a la cruzada de 1254 por el Señor de Joinville. Nada más singular que la curva o representación gráfica del culto de José, quien después de haber sido escarnecido durante la Edad Media como un personaje menor, e incluso cómico, a partir del siglo XVII se convirtió en uno de los santos más venerados de la Iglesia católica, asociado con la Virgen y con Jesús en una nueva Trinidad que se llama la Trinidad jesuítica (Jesús, María y José) y promovido en 1870 a la jerarquía de patrón de la Iglesia universal. En los anales de la devoción existen pocos ejemplos de un ascenso se­mejante y de un retorno tan completo.
El escarnio de José
   Puede decirse que en la Edad Media san José también ha sido sistemáticamente rebajado al tiempo que se exaltaba a la Virgen. En verdad, se trataba de probar la divinidad de Cristo, nacido de una Virgen y del Espíritu Santo, y de no permitir que se creyera que José pudiera ser su verdadero padre. De ahí la tendencia auspiciada por la Iglesia de reducirlo a la condi­ción de un mero figurante.
   Los autos sacramentales del teatro de los Misterios le asignaban un papel ridículo de anciano pasmado, tenía el empleo del «bufón» de los dramas shakespearianos. En el momento del parto, la Virgen lo envía a buscar una linterna; como si se hubiera resfriado en la gruta, José estornuda y apaga la luz. María le pide que caliente la sopa, pero él vuelca el caldero con torpeza. Como no tenían pañales para arropar al recién nacido, él ofrece unos viejos cal­zones agujereados.
   Su torpeza sólo se iguala con su avaricia de roñoso. Se apresura a meter en el cofre las ofrendas de los Reyes Magos, y cuando se trata de pagar un óbolo para la Presentación de Jesús en el templo, mete la mano en la bolsa re­funfuñando.
   Durante la Huida a Egipto, su comportamiento es aún más indigno. Un ángel le anuncia los malos designios de Herodes y le ordena evacuar hacia Egipto a la Virgen con el Niño. Ejecuta la orden de muy mala gana, des­pués de haber empeñado el velo de la Virgen y su propio turbante para conseguir dinero que le permita comprar vino (o cerveza, según un auto de fe alemán).
   Se queja porque debe cargar el equipaje en solitario, y recomienda a la Virgen María que llene bien su cantimplora, puesto que es viejo y necesita reconfortarse con tragos frecuentes. E incluso invita a la Virgen a beber un trago con él, y ésta le reprocha que haya vaciado la botella que debiera durar al menos tres días más.
   Los versos del poeta Eustache Deschamps muestran hasta qué punto «el bueno de José» era poco respetado a finales de la Edad Media:
   En Égypte s'en est alié,
Tout lassé,et troussé
D'une cotte et d'un baril.
Viel, usé
C'est Joseph le rassoté.
   (A Egipto se fue / Cansado y provisto / De un sayal y un barril. / Viejo, gastado / Está José, el tonto.)
   Auténtica «cabeza de turco», es el blanco de los versificadores del teatro de los Misterios, que lo acribillan con burlas irreverentes, al igual que a otro personaje de los Evangelios, Nicodemo, el «descendedor» de Cristo, cuyo nom­bre abreviado dio el sustantivo nigaud (bobo).
   Aún en la época del concilio de Trento, el teólogo Molano confirma que a José se le endilgó reputación de tonto que apenas podía contar hasta cinco (Qui vix quinque numerare possit).
   En el siglo XVIII, Gentileschi lo muestra durmiendo a pierna suelta, parece oírsele roncar mientras la Virgen amamanta al Niño.
La Glorificación de José
   ¿Cómo semejante personaje de comedia pudo convertirse en uno de los santos favoritos de la devoción popular? El mérito corresponde a las campañas de sus defensores franceses, el más ardiente de los cuales fue el canciller de la universidad de París, Jean Gerson; a las órdenes especialmente dedicadas a la Virgen (carmelitas, servitas) ya los predicadores  populares. Los Martirologios lo llaman gemma mundi, nutritor Domini. El anillo de boda de ónice que habría dado a la Virgen, era venerado en Perusa, en la Capilla del Anillo (Cappella dell' Anello). Su bastón se conservaba en la iglesia de los camaldulenses de Florencia. A principios del siglo XV, el teólogo Juan Gerson compuso en su honor un poema latino de tres mil versos titulado Josephina: en él se solicita al concilio de Constanza la institución de la fiesta de los Desposorios de san José. En el año 1489, Tritemio (Trithemius) compuso un tratado que se titula De Laudibus S. Josephi. Por último, el papa franciscano Sixto IV (1471-1484) introdujo la fiesta de san José en la liturgia de la iglesia romana.
   En el siglo XVI, el dominico Isolano redactó en Pavía, en 1522, un Sumario de los dones de san José, a quien atribuye los siete dones del Espíritu Santo. Fue él quien popularizó el relato apócrifo de la Muerte de José.
   La corporación de los carpinteros de obra y carpinteros, edificó en 1958 la primera iglesia romana que se puso bajo la advocación de san José: San Giuseppe dei Falegnami. En Bolonia se le había dedicado otra, más antigua.
   Su creciente popularidad después del concilio de Trento, sobre todo se debe a santa Teresa, reformadora de la orden carmelita, a los fundadores de la orden jesuítica y de la orden salesiana: san Ignacio de Loyola y san Francisco de Sales.
   Santa Teresa adoptó como patrón al glorioso san José a quien llamaba «El padre de su alma», le atribuía su curación y le dedicó su primer convento de Ávila. La iglesia de los carmelitas de París también fue puesta bajo la ad­vocación de Saint Joseph.
   Los jesuitas le concedieron un sitio en su Trinidad: J. M. J.(Jesús, María, José), popularizada por esta oración:
   O veneranda Trinitas 
   Jesus, Joseph et Maria.
   En el siglo XVII, Francisco de Sales, quien consideraba a José como el mayor de todos los santos, lo convirtió en patrón de las religiosas salesianas (de la orden de la Visitación). Las ursulinas siguieron el ejemplo de las salesianas y de las carmelitas.
   La nueva devoción a san José es una copia de la que se profesaba a la Virgen. Los Siete Dolores y los Siete Gozos de san José están simbolizados por un cordón de siete nudos que los devotos llevaban bajo la ropa.
Patronazgos
   Las únicas corporaciones que lo reivindican son las de los trabajadores de la madera: carpinteros de obra y carpinteros, a las cuales se asocia la de los zapa­dores, porque  colocaban el maderamen de los puentes. En nuestra época se lo convirtió en el patrón de los obreros en general.
   Como en Belén no encontró alojamiento para la Virgen y él, se convirtió además en el patrón de los mal alojados o sin casa, clientela singularmente im­portante en nuestros días de crisis de la vivienda.
   Su fama de virgen le valió el ser invocado por los laicos, y sobre todo por los religiosos, para conservar su castidad. Se recurría a él para reprimir los impulsos de la carne (carnis motus refrenare) o para enfriar los ardores lle­vando el cordón de san José (pro castitate servanda) sobre la piel.
   O sancte Joseph, propera.
   Aestum carnis refrigera.
   Los himnos compuestos en su honor lo glorifican por haber sido: senex expers libidinis, sponsus pudicissimus, e incluso hasta «eunuchus puerperae».
   San Bernardo lo comparaba con su homónimo José de Egipto, tanto por su castidad como por la frecuencia con que Dios lo advertía en sueños.
   Al mismo tiempo, se convirtió en el patrón de la buena muerte. En efecto, se contaba  que Jesús lo había asistido durante su agonía y le había enviado a los arcángeles Miguel y Gabriel para recoger su alma acechada por el demonio. De ahí deriva el hecho de que su intercesión sea invocada por los moribundos, con preferencia a la de los ángeles que tienen la misma función en el Ars bene moriendi.
   El nombre de pila José era prácticamente desconocido en la Edad Media. Fue a partir del siglo XVII que se dio a los grandes señores, e incluso a los reyes de Portugal o a los emperadores de la dinastía de los Habsburgo.
   En 1621, el papa Gregorio XV decidió que la Iglesia entera celebrara la fiesta de san José el 19 de marzo.
   En el siglo XIX se consagró oficialmente  su triunfo. En 1847, Pío IX instituyó el culto del Patronazgo de san José. En 1870 el papa elevó el rito de su fiesta (19 de marzo) y lo proclamó patrón de la Iglesia universal. El mes de marzo se convirtió en el mes de san José, para formar pareja con el mes de María.
   El culto del santo se difundió tanto que la Santa Sede se vio obligada a cal­mar el fervor de los devotos. La Congregación de los Ritos condenó el culto al corazón de San José copiado del profesado al Sagrado Corazón de Jesús, en 1873; al igual que la plegaria Ave José, que es un calco del Ave María. 
   A pesar de dichas advertencias y  frenos, la devoción a san José adquirió en Canadá un auge prodigioso. Ya en 1624 los primeros habitantes de Quebec lo habían elegido como patrón. En 1904, F. André construyó cerca de Montreal un modesto oratorio de madera que en 1941 se convirtió en una majestuosa basílica de piedra blanca cuya cúpula rivaliza en amplitud con la de San Pedro de Roma. Es el mayor santuario del mundo dedicado a san José. Montreal se convirtió en un centro de Joselogía.
ICONOGRAFÍA
   La iconografía de san José es paralela a la evolución de su culto; es tardía, y alcanzó su apogeo con posterioridad al concilio de Trento.
   Comporta dos tipos muy diferentes. En el arte de la Edad Media, el esposo virginal de la Virgen (virgineus sponsus Virginis) está representado casi siempre con los rasgos de un anciano de cabeza calva y barba blanca. A partir del siglo XVI, los artistas lo rejuvenecieron y le confirieron el aspecto de un hombre de cuarenta años, con todo el vigor de esa edad. Los teólogos habían tomado la delantera, desde  principios del siglo XV, en el concilio  de Constanza, el canciller de la universidad de París, Juan Gerson, sostenía que san José no tenía ni cincuenta años cuando se casó con la Virgen María.
   Además, mientras el arte medieval casi nunca lo representa aisladamente, sin duda por temor de justificar mediante imágenes la herejía de la concepción natural de Cristo, después de la Contrarreforma se lo honró representándolo por sí mismo, ya como carpintero de obra, ya como padre nutricio de Jesús.
   l. En el primer caso, tiene como atributos los utensilios de su oficio: un hacha, una sierra, una garlopa o una escuadra.
   2. En el segundo caso, se lo reconoce por su vara florecida, que alude a su victoria sobre los otros pretendientes de la Virgen, transformada en tallo de lirio, símbolo de su matrimonio virginal. Tiene un cirio o una linterna durante la noche de la Natividad. Lleva al Niño Jesús en los brazos o le conduce de la mano como el arcángel Rafael acompañando al joven Tobías. Excepcionalmente, está caracterizado como Judío por el cuchillo de circuncisión y el sombrero puntiagudo de la judería.
   A veces forma pareja con su homónimo, José de Arimatea. Los dos José del Nuevo Testamento forman de esa manera una pareja hagiográfica análoga a la de los dos santos Juanes.
   Gracias a la propaganda de su defensora, santa Teresa, se hizo singularmente popular en el arte español. Es, junto a la Virgen de la Inmaculada Concepción, el tema preferido de Murillo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La Hermandad de San José Obrero

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de San José Obrero, de Sevilla.     
     Hoy, 1 de mayo, festividad de San José Obrero, el carpintero de Nazaret, que con su laboriosidad proveyó la subsistencia de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en los trabajos de los hombres. Por esta razón, en el día de hoy, en que se celebra la fiesta del trabajo en muchas partes del mundo, todos los obreros cristianos honran a san José como modelo y patrono suyo [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Hermandad de San José Obrero, de Sevilla.
      La Hermandad de San José Obrero tiene su sede canónica en la Iglesia de San José Obrero y San Francisco de Paula, que se encuentra en la calle Arroyo, 78 (con portada lateral a la calle Samaniego, s/n); en el Barrio de San José Obrero, del Distrito San Pablo-Santa Justa
     La Humilde y Fervorosa Hermandad Sacramental y de Gloria de San José Obrero, San Francisco de Paula e Inmaculada Concepción y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Caridad y Nuestra Señora de los Dolores; es ésta una corporación fundada en 1960, con sede canónica en la iglesia parroquial de San José Obrero y San Francisco de Paula, en el sevillano barrio de San José Obrero, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Caridad, obra de Fernando Aguado Hernández en 2004; y Nuestra Señora de los Dolores, obra de Luis Álvarez Duarte en 1962, San José Obrero, obra anónima antigua; San Francisco de Paula, obra de Fernando Aguado Hernández en 2007.
     El 1 de mayo de 1955, Pío XII instituyó la fiesta de san José Obrero en una plaza de San Pedro abarrotada de trabajadores. Por los datos efectuados en los archivos de la hermandad, venimos a conocer que la misma fue fundada por un grupo de feligreses en la parroquia de San José Obrero a comienzos del año 1960.
     El día 19 de marzo de 1960, festividad de San José, es entronizado en dicha parroquia. Se realizó una procesión desde la iglesia de los padres Salesianos hacia la parroquia, terminando con función solemne. Va en el que por aquel entonces era paso del Sagrado Corazón de Jesús de la Corza. Con fecha 25 de enero de 1961 y por el vicario general del arzobispado, fueron aprobadas las reglas de la hermandad, con la denominación de «Hermandad Sacramental de San José Obrero, Inmaculada Concepción y Animas Benditas del Purgatorio». El día 15 de septiembre de 1962 fue bendecida la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, realizada por el escultor e imaginero Luis Álvarez Duarte.
     En 1986 la corporación se convierte en hermandad de gloria. Seis años antes Francisco Bailac había empezado a tallar el paso. En enero de 2002 la comunidad Mínima se hace cargo del templo. En junio de 2003, son concedidos a la hermandad los títulos de Humilde y Fervorosa. El 22 de abril de 2007 se bendecía la imagen de san Francisco de Paula, obra de Fernando Aguado Hernández. Saliendo en procesión esa misma tarde, hecho que ocurrió durante varios años. En 2010 la hermandad celebra su cincuenta aniversario fundacional, integrado en el año jubilar en la parroquia, con motivo de su erección canónica como iglesia parroquial. En febrero de 2012, son aprobadas nuevas reglas por las que regirse la corporación, sustituyendo a las anteriores, donde se añade el carácter de penitencial (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto, Patronazgo e Iconografía de San José;
LEYENDA
      José, esposo de la Virgen y padre nutricio de Jesús, apenas es mencionado en los Evangelios canónicos; y el de san Marcos ni siquiera lo nombra.
      Los Evangelios Apócrifos, especialmente el Protoevangelio de Santiago y la Historia de José el carpintero, escritos coptos del siglo IV, se dedicaron a colmar esta laguna con detalles pintorescos copiados en su mayoría del Antiguo Testamento.
    Relatan que José, descendiente de la estirpe de David, a pesar de sus orígenes reales, ejercía el humilde oficio de carpintero (faber lignarius), que fabricaba yugos, arados y hasta ratoneras. Según otra tradición, menos difundida, que se explica por el significado habitual de la palabra faber (obrero,artesano), habría sido herrero.
       Este pretendido descendiente «proletarizado» de los reyes de Israel habría tenido más de ochenta años cuando se casó con  la Virgen que tenía catorce. El milagro del florecimiento de la vara gracias al cual se impuso a los otros pretendientes más jóvenes, es una copia evidente del relato de la designación de Aarón como sumo sacerdote, que está en el Pentateuco (Números,17).
      Del mismo libro (Números,6:11-29) los Evangelios Apócrifos copiaron la historia de María bebiendo el agua probática en el templo, Juicio de Dios infligido a José y a la Virgen, después del descubrimiento de su embarazo.
      Las revelaciones de las místicas María de Ágreda y Catalina Emmerich, lo asimilan a su homónimo, José de Egipto. Igual que éste, habría sido perseguido por sus hermanos. Demás está decir que estas novelas piadosas sólo tienen un objetivo edificante.
      Los teólogos de la Edad Media han discutido interminablemente acerca de la naturaleza del matrimonio de José: ¿Ha sido el marido, o sólo el protector de la Virgen?¿El vínculo que les unía debe calificarse de copula carnalis o de maritatis societas?¿Puede llamarse esposos a quienes viven juntos sin te­ner relaciones carnales?
      Los doctores de la Iglesia opinan con la afirmativa. Explican que ese matrimonio casto (virginale conjugium) era indispensable para que la Virgen no fuera acusada de haberse dejado seducir, lo cual la habría expuesto a ser lapidada, y sobre todo para dar el pego al demonio, siempre al acecho, y ocultarle el misterio de la Encarnación (Huic Maria desponsatur ne Diabolo prodatur ratio mysterii).
      La virginidad de María no basta a los teólogos de la Edad Media: además, pretenden establecer, por añadidura, la virginidad de José antes y después de su boda. La tradición le atribuía numerosos hijos de su primera mujer, pero a santo Tomás de Aquino le repugna admitirlo. Según éste, debe creerse que así como la madre de Jesús permaneció virgen, lo mismo ocurrió con José. «Credimus quod, sicut Mater Jesu fuit virgo, sic Joseph.» Un hagió­grafo contemporáneo lo califica de padre virgen de Jesús.
      José acompaña al Niño Jesús a Egipto y lo trae de nuevo a Nazaret tras la muerte de Herodes. Después de lo cual desaparece de la escena. Ignoramos la fecha de su muerte, aunque la leyenda lo haya convertido en un pa­triarca centenario, se supone que murió antes de la Pasión de Jesús, puesto que no aparece en las Bodas de Caná, adonde sin duda habría sido invitado en compañía de la Virgen. En cualquier caso, está ausente en la Crucifixión y reemplazado en el Descendimiento de la Cruz y en el Enterramiento,  por otro José, José de Arimatea. .
      Casi no se puede dudar -escribió san Francisco de Sales-que el gran san José falleció antes de la muerte del Salvador quien, de no ser por ello,no hubiese encomendado su madre a san Juan.
CULTO
     No existen reliquias personales de san José, de lo cual se creyó poder concluir, al igual que en el caso de la Virgen, que su cuerpo había sido elevado al Cielo.
      La colegiata de Saint Laurent de Joinville, en Champaña, se jactaba de poseer el verdadero cinturón de san José, que habría sido confeccionado por la  Santísima Virgen y llevado a la cruzada de 1254 por el Señor de Joinville. Nada más singular que la curva o representación gráfica del culto de José, quien después de haber sido escarnecido durante la Edad Media como un personaje menor, e incluso cómico, a partir del siglo XVII se convirtió en uno de los santos más venerados de la Iglesia católica, asociado con la Virgen y con Jesús en una nueva Trinidad que se llama la Trinidad jesuítica (Jesús, María y José) y promovido en 1870 a la jerarquía de patrón de la Iglesia universal. En los anales de la devoción existen pocos ejemplos de un ascenso se­mejante y de un retorno tan completo.
El escarnio de José
      Puede decirse que en la Edad Media san José también ha sido sistemáticamente rebajado al tiempo que se exaltaba a la Virgen. En verdad, se trataba de probar la divinidad de Cristo, nacido de una Virgen y del Espíritu Santo, y de no permitir que se creyera que José pudiera ser su verdadero padre. De ahí la tendencia auspiciada por la Iglesia de reducirlo a la condi­ción de un mero figurante.
      Los autos sacramentales del teatro de los Misterios le asignaban un papel ridículo de anciano pasmado, tenía el empleo del «bufón» de los dramas shakespearianos. En el momento del parto, la Virgen lo envía a buscar una linterna; como si se hubiera resfriado en la gruta, José estornuda y apaga la luz. María le pide que caliente la sopa, pero él vuelca el caldero con torpeza. Como no tenían pañales para arropar al recién nacido, él ofrece unos viejos cal­zones agujereados.
      Su torpeza sólo se iguala con su avaricia de roñoso. Se apresura a meter en el cofre las ofrendas de los Reyes Magos, y cuando se trata de pagar un óbolo para la Presentación de Jesús en el templo, mete la mano en la bolsa re­funfuñando.
      Durante la Huida a Egipto, su comportamiento es aún más indigno. Un ángel le anuncia los malos designios de Herodes y le ordena evacuar hacia Egipto a la Virgen con el Niño. Ejecuta la orden de muy mala gana, des­pués de haber empeñado el velo de la Virgen y su propio turbante para conseguir dinero que le permita comprar vino (o cerveza, según un auto de fe alemán).
      Se queja porque debe cargar el equipaje en solitario, y recomienda a la Virgen María que llene bien su cantimplora, puesto que es viejo y necesita reconfortarse con tragos frecuentes. E incluso invita a la Virgen a beber un trago con él, y ésta le reprocha que haya vaciado la botella que debiera durar al menos tres días más.
      Los versos del poeta Eustache Deschamps muestran hasta qué punto «el bueno de José» era poco respetado a finales de la Edad Media:
   En Égypte s'en est alié,
   Tout lassé,et troussé
   D'une cotte et d'un baril.
   Viel, usé
   C'est Joseph le rassoté.
  (A Egipto se fue / Cansado y provisto / De un sayal y un barril. / Viejo, gastado / Está José, el tonto.)
        Auténtica «cabeza de turco», es el blanco de los versificadores del teatro de los Misterios, que lo acribillan con burlas irreverentes, al igual que a otro personaje de los Evangelios, Nicodemo, el «descendedor» de Cristo, cuyo nom­bre abreviado dio el sustantivo nigaud (bobo).
      Aún en la época del concilio de Trento, el teólogo Molano confirma que a José se le endilgó reputación de tonto que apenas podía contar hasta cinco (Qui vix quinque numerare possit).
      En el siglo XVIII, Gentileschi lo muestra durmiendo a pierna suelta, parece oírsele roncar mientras la Virgen amamanta al Niño.
La Glorificación de José
      ¿Cómo semejante personaje de comedia pudo convertirse en uno de los santos favoritos de la devoción popular? El mérito corresponde a las campañas de sus defensores franceses, el más ardiente de los cuales fue el canciller de la universidad de París, Jean Gerson; a las órdenes especialmente dedicadas a la Virgen (carmelitas, servitas) ya los predicadores  populares. Los Martirologios lo llaman gemma mundi, nutritor Domini. El anillo de boda de ónice que habría dado a la Virgen, era venerado en Perusa, en la Capilla del Anillo (Cappella dell' Anello). Su bastón se conservaba en la iglesia de los camaldulenses de Florencia. A principios del siglo XV, el teólogo Juan Gerson compuso en su honor un poema latino de tres mil versos titulado Josephina: en él se solicita al concilio de Constanza la institución de la fiesta de los Desposorios de san José. En el año 1489, Tritemio (Trithemius) compuso un tratado que se titula De Laudibus S. Josephi. Por último, el papa franciscano Sixto IV (1471-1484) introdujo la fiesta de san José en la liturgia de la iglesia romana.
      En el siglo XVI, el dominico Isolano redactó en Pavía, en 1522, un Sumario de los dones de san José, a quien atribuye los siete dones del Espíritu Santo. Fue él quien popularizó el relato apócrifo de la Muerte de José.
      La corporación de los carpinteros de obra y carpinteros, edificó en 1958 la primera iglesia romana que se puso bajo la advocación de san José: San Giuseppe dei Falegnami. En Bolonia se le había dedicado otra, más antigua.
      Su creciente popularidad después del concilio de Trento, sobre todo se debe a santa Teresa, reformadora de la orden carmelita, a los fundadores de la orden jesuítica y de la orden salesiana: san Ignacio de Loyola y san Francisco de Sales.
      Santa Teresa adoptó como patrón al glorioso san José a quien llamaba «El padre de su alma», le atribuía su curación y le dedicó su primer convento de Ávila. La iglesia de los carmelitas de París también fue puesta bajo la ad­vocación de Saint Joseph.
      Los jesuitas le concedieron un sitio en su Trinidad: J. M. J.(Jesús, María, José), popularizada por esta oración:
   O veneranda Trinitas 
   Jesus, Joseph et Maria.
      En el siglo XVII, Francisco de Sales, quien consideraba a José como el mayor de todos los santos, lo convirtió en patrón de las religiosas salesianas (de la orden de la Visitación). Las ursulinas siguieron el ejemplo de las salesianas y de las carmelitas.
      La nueva devoción a san José es una copia de la que se profesaba a la Virgen. Los Siete Dolores y los Siete Gozos de san José están simbolizados por un cordón de siete nudos que los devotos llevaban bajo la ropa.
Patronazgos
      Las únicas corporaciones que lo reivindican son las de los trabajadores de la madera: carpinteros de obra y carpinteros, a las cuales se asocia la de los zapa­dores, porque  colocaban el maderamen de los puentes. En nuestra época se lo convirtió en el patrón de los obreros en general.
      Como en Belén no encontró alojamiento para la Virgen y él, se convirtió además en el patrón de los mal alojados o sin casa, clientela singularmente im­portante en nuestros días de crisis de la vivienda.
      Su fama de virgen le valió el ser invocado por los laicos, y sobre todo por los religiosos, para conservar su castidad. Se recurría a él para reprimir los impulsos de la carne (carnis motus refrenare) o para enfriar los ardores lle­vando el cordón de san José (pro castitate servanda) sobre la piel.
   O sancte Joseph, propera.
   Aestum carnis refrigera.
      Los himnos compuestos en su honor lo glorifican por haber sido: senex expers libidinis, sponsus pudicissimus, e incluso hasta «eunuchus puerperae».
      San Bernardo lo comparaba con su homónimo José de Egipto, tanto por su castidad como por la frecuencia con que Dios lo advertía en sueños.
       Al mismo tiempo, se convirtió en el patrón de la buena muerte. En efecto, se contaba  que Jesús lo había asistido durante su agonía y le había enviado a los arcángeles Miguel y Gabriel para recoger su alma acechada por el demonio. De ahí deriva el hecho de que su intercesión sea invocada por los morbundos, con preferencia a la de los ángeles que tienen la misma función en el Ars bene moriendi.
      El nombre de pila José era practicamente desconocido en la Edad Media. Fue a partir del siglo XVII que se dio a los grandes señores, e incluso a los reyes de Portugal o a los emperadores de la dinastía de los Habsburgo.
      En 1621, el papa Gregorio XV decidió que la Iglesia entera celebrara la fiesta de san José el 19 de marzo.
      En el siglo XIX se consagró oficialmente su triunfo. En 1847, Pío IX instituyó el culto del Patronazgo de san José. En 1870 el papa elevó el rito de su fiesta (19 de marzo) y lo proclamó patrón de la Iglesia universal. El mes de marzo se convirtió en el mes de san José, para formar pareja con el mes de María.
      El culto del santo se difundió tanto que la Santa Sede se vio obligada a cal­mar el fervor de los devotos. La Congregación de los Ritos condenó el culto al corazón de San José copiado del profesado al Sagrado Corazón de Jesús, en 1873; al igual que la plegaria Ave José, que es un calco del Ave María. 
      A pesar de dichas advertencias y  frenos, la devoción a san José adquirió en Canadá un auge prodigioso. Ya en 1624 los primeros habitantes de Quebec lo habían elegido como patrón. En 1904, F. André construyó cerca de Montreal un modesto oratorio de madera que en 1941 se convirtió en una majestuosa basílica de piedra blanca cuya cúpula rivaliza en amplitud con la de San Pedro de Roma. Es el mayor santuario del mundo dedicado a san José. Montreal se convirtió en un centro de Joselogía.
ICONOGRAFÍA
      La iconografía de san José es paralela a la evolución de su culto; es tardía, y alcanzó su apogeo con posterioridad al concilio de Trento.
      Comporta dos tipos muy diferentes. En el arte de la Edad Media, el esposo virginal de la Virgen (virgineus sponsus Virginis) está representado casi siempre con los rasgos de un anciano de cabeza calva y barba blanca. A partir del siglo XVI, los artistas lo rejuvenecieron y le confirieron el aspecto de un hombre de cuarenta años, con todo el vigor de esa edad. Los teólogos habían tomado la delantera, desde  principios del siglo XV, en el concilio  de Constanza, el canciller de la universidad de París, Juan Gerson, sostenía que san José no tenía ni cincuenta años cuando se casó con la Virgen María.
      Además, mientras el arte medieval casi nunca lo representa aisladamente, sin duda por temor de justificar mediante imágenes la herejía de la concepción natural de Cristo, después de la Contrarreforma se lo honró representándolo por sí mismo, ya como carpintero de obra, ya como padre nutricio de Jesús.
      l. En el primer caso, tiene como atributos los utensilios de su oficio: un hacha, una sierra, una garlopa o una escuadra.
      2. En el segundo caso, se lo reconoce por su vara florecida, que alude a su victoria sobre los otros pretendientes de la Virgen, transformada en tallo de lirio, símbolo de su matrimonio virginal. Tiene un cirio o una linterna durante la noche de la Natividad. Lleva al Niño Jesús en los brazos o le conduce de la mano como el arcángel Rafael acompañando al joven Tobías. Excepcionalmente, está caracterizado como Judío por el cuchillo de circuncisión y el sombrero puntiagudo de la judería.
      A veces forma pareja con su homónimo, José de Arimatea. Los dos José del Nuevo Testamento forman de esa manera una pareja hagiográfica análoga a la de los dos santos Juanes.
      Gracias a la propaganda de su defensora, santa Teresa, se hizo singularmente popular en el arte español. Es, junto a la Virgen de la Inmaculada Concepción, el tema preferido de Murillo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La Hermandad de San José Obrero, al detalle:
- Día de Salida Procesional: Sábado de Pasión, Domingo posterior al 1 de mayo
- Imágenes titulares: - Nuestro Padre Jesús de la Caridad
                                    - Nuestra Señora de los Dolores
                                    - San José Obrero
                                    - San Francisco de Paula