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sábado, 3 de mayo de 2025

La Hermandad de Santa Cruz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de Santa Cruz, de Sevilla.      
     Hoy, 3 de mayo, la Iglesia conmemora la "Invención de la Santa Cruz", es decir el hallazgo por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera Cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo. "Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.
      Y que mejor día que hoy, para Explicarte la Hermandad de Santa Cruz, de Sevilla.
     La Hermandad de Santa Cruz tiene su sede canónica en la Iglesia de Santa Cruz (antigua Iglesia de los Clérigos Menores) [nº 23 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 11 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], que se encuentra en la calle Mateos Gago, 34; mientras que la Casas de Hermandad se encuentra en la barreduela Carlos Alonso Chaparro, 2; ambas en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     La Ilustre y Antigua Hermandad del Santísimo Sacramento y Nuestra Señora de la Paz, Fervorosa Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de las Misericordias, Santa María de la Antigua y Nuestra Señora de los Dolores; es ésta una corporación fundada en 1904, con sede canónica en la iglesia parroquial de Santa Cruz, del sevillano barrio del mismo nombre, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de las Misericordias, obra atribuida a Pedro Roldán hacia 1675-1680, Santa María de la Antigua, talla de Emilio Pizarro en 1900; Nuestra Señora de los Dolores, obra de Antonio Eslava en 1967; y Nuestra Señora de la Paz, talla atribuible a Jerónimo Hernández, en el siglo XVI.
     Tiene su origen en la desaparecida parroquia de Santa Cruz, situada en buena parte del solar que hoy ocupa la plaza de igual nombre, la cual fue derribada en 1810. No se sabe con certeza el año de su fundación, pero se puede pensar nacida como consecuencia del desarrollo devocional inspirado por Teresa Enríquez en pro de fomentar la adoración a Jesús en el santísimo sacramento del altar, allá a comienzos del siglo XVI. Diversas circunstancias que se dieron en el auge de la hermandades sacramentales sevillanas en general, pueden hacer pensar en su casi segura existencia a finales del siglo citado. Los datos fehacientes de la existencia de esta institución, se sitúan en el concreto año de 1628 en la que se dispone a la construcción de una capilla para instalar en ella el sagrario parroquial, la cual fue ampliada en 1681.
     La desaparecida iglesia de Santa Cruz se creó como ayudantía de la parroquia del Sagrario, por lo que estuvo controlada y visitada por los miembros del cabildo catedralicio. Igualmente, la sacramental, como ente indisolublemente unido a la parroquia, también lo estaría en ciertos aspectos relacionada a la sacramental del Sagrario. Su misión fundamental como todas las hermandades de su estilo, era la de dar culto al santísimo, organizar la llamada procesión de impedidos, el montaje y desmontaje del monumento del Jueves Santo, y asistir a la procesión del Corpus; además como hermandad de ánimas, había de cuidar del entierro de sus hermanos y que se le oficiaran las misas que tenían establecida para el bien de sus almas.
     Se sabe que hacia 1755 su capilla estaba en la nave del evangelio del desaparecido templo de Santa Cruz, poseyendo reja de hierro y acceso a la cripta situado ante la misma. Igualmente, se conoce la existencia de un lienzo sobre el retablo dedicado al Espíritu Santo, figurando además varios cuadros, destinados a la vida de la Virgen, a la Virgen de los Reyes, san Gregorio, la Verónica, ánimas del purgatorio, san Miguel, la Cena y otros dedicados a temas marianos. También le pertenecieron una imagen del Niño Jesús y otra de san Juan Bautista. Todas estas piezas, tanto pinturas como imágenes se fueron incorporando a los bienes de hermandad en distintas épocas. Poseía igualmente una custodia de la cual no se tienen noticias para poder describirla, y un palio procesional con sus correspondientes seis varas. Se contabiliza también dentro del ajuar un guion sacramental principal y otro secundario para uso más común, así como un juego de dos ciriales cincelados en plata que se conservan en la actualidad, y un paño mortuorio que identificamos con el que cuelga de una de las paredes de la sacristía de la actual parroquia de Santa Cruz. A juzgar por los datos que se conocen, no parece que la Sacramental de Santa Cruz fuese una institución ni de fuerte, ni tan siquiera mediana economía, pero sí con capacidad suficiente para llevar a cabo sus obligaciones con la dignidad necesaria.
     Una vieja aspiración de los hermanos que regían la hermandad a principios del siglo XVIII era trasladar el sagrario a otra capilla. Este proyecto se sustentaba en que la utilizada hasta ese momento quedaba cercana a la puerta principal del templo, de forma que los fieles que se dirigían al altar mayor a oír misa, o al rezo del Rosario, daban la espalda al sagrario. Tras estudiarse la posibilidad de trasladarse a la capilla llamada del Descendimiento, así denominada por encontrarse en ella el famoso cuadro de Pedro de Campaña, determinan el 15 de septiembre de 1709 solicitar una de las capillas laterales existentes en la nave del evangelio a su propietario Martín Auñón Torregrossa y Monsalve, quien accede a ello; sin embargo, el traslado se retrasó, no teniendo lugar al menos de forma definitiva hasta 1745, tras haber reformado la hermandad el retablo en el que se veneraba la imagen de un crucificado, para lo cual precisó la actuación del ensamblador Felipe Fernández del Castillo, el dorador Juan Moreno, y el pintor Pedro Tortolero. Fue así como la sacramental continuó su andadura en la capilla que se llamó de los Torregrossa, también de los Auñón, y también del santo cristo por el crucifijo en ella venerado.
     En tal situación siguió la hermandad sacramental hasta el derribo de la iglesia, como ya dijimos en 1810, en cuyo 11 de julio la sede parroquial fue instalada en el templo de los Clérigos Menores – actual de Santa Cruz -, el cual había sido expropiado por los franceses a dicha orden. En este templo el sagrario había estado en tiempo de los Menores en el retablo existente en testero del crucero del lado del evangelio, pero las pretensiones de la hermandad de seguir utilizando tal retablo se vieron frustradas, ya que en tal sitio se había instalado la Hermandad de la Coronación de Espinas (El Valle), por lo que obtuvo permiso para que el sagrario fuera colocado en el retablo frontero, perteneciente a la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz, lo que aceptaron los miembros de esta hermandad sin ningún inconveniente, dado que la mayoría de sus hermanos también pertenecían a la sacramental. Al ser restituida la iglesia a sus legítimos dueños tras la expulsión de las tropas francesas, la sede parroquial se instala provisionalmente en el oratorio del Hospital de los Venerables Sacerdotes, para volver definitivamente a la antigua Iglesia de los Menores – expropiada esta vez por la desamortización de Mendizábal -, el 29 de junio de 1840. De esta forma la sacramental siempre unida a los destinos de la parroquia queda establecida en el nuevo templo, siendo su cabildo el encargado de organizar la procesión de traslado. Al haberse trasladado ya por aquel entonces la Hermandad de la Coronación de Espinas a otro templo, no hubo inconveniente para que el sagrario se instalara en el retablo antes pretendido. Con posterioridad, hacia 1880, se produjo la sustitución del antiguo retablo por el actual, procedente de la desaparecida iglesia del convento de Nuestra Señora de la Asunción.
     Al principio del siglo XX, la situación económica de la Sacramental no era desahogada; mucho menos lo era la de otra Hermandad establecida en el mismo templo de Santa Cruz: la de Nuestra Señora de la Paz. Se comienza a hablar de la posibilidad de la unión de ambas corporaciones, opción auspiciada por el Padre Arellano, Cura Párroco de Santa Cruz. Por fin, en Cabildo celebrado el 13 de Enero de 1907 con la presencia de seis hermanos, el citado Párroco da lectura al acta de fusión de las dos hermandades, que aprobado por la autoridad eclesiástica, lleva fecha de 7 de enero de 1907. De acuerdo con este decreto, el título de la corporación pasará a ser el de Hermandad del Santísimo Sacramento y Nuestra Señora de la Paz.
     El edificio de la antigua parroquia de Santa Cruz, del que ya dimos noticia al hablar de la hermandad sacramental, era una antigua edificación que primero se usó como mezquita y posteriormente como sinagoga, hasta que en 1391 fue erigido en templo parroquial. Se trataba pues de una construcción con problemas propios de su antigüedad. Según se cree, uno de los personajes que actuó como mecenas protector del templo fue el arzobispo de Sevilla, Pedro González de Mendoza, quien fue designado en 1474 cardenal de la sede de Toledo, bajo el título de la Santa Cruz de Jerusalén. Posiblemente no fue una casualidad la adopción de tal título, quizá por la vinculación de este prelado con la iglesia de Santa Cruz de nuestra ciudad. Desde la capital toledana, el citado cardenal hace llegar a esta parroquia una imagen de la virgen con el título de la Paz, advocación establecida en Toledo desde tiempos de Alfonso VI.
     La primera ubicación conocida de esta imagen fue en un retablo adosado al muro del templo, concretamente a la derecha del altar mayor. Con el transcurrir del tiempo, la Virgen de la Paz fue consiguiendo la devoción de los feligreses, de forma que le fue fundada un hermandad en su honor con el objeto de practicar ante ella el rezo del Rosario. Esta hermandad, es creída como fundada a principios del XVII, pero documentos que acrediten su existencia como entidad autorizada por el arzobispado no consta hasta el año de 1719, adoptando el título de Ilustre Hermandad del Santísimo Rosario de Nuestra Señora de la Paz. Esta institución resultó ser floreciente durante el siglo XVII y parte del XVIII, plateándose colocar a la imagen en un lugar más digno de la iglesia, como era la capilla del Descendimiento, para lo cual concede permiso su propietario, Nicolás de Silva. Sin embargo, ello no fue necesario ya que un hermano cuyo nombre no consta, costeó a sus expensas nueva capilla con camarín y reja en el ángulo superior del templo, colateral con el lado del evangelio del altar mayor.
     Además de la novena que se celebraba en honor de la Virgen de la Paz, y el rezo del Rosario ante su imagen, que en determinadas épocas llegó a ser diario, la hermandad realizó con frecuencia Rosarios públicos que se rezaban por las calles del barrio, para lo cual disponía de tres bellos simpecados los cuales se conservan en las dependencias de la Hermandad de Santa Cruz. Es muy posible que Nuestra Señora de la Paz fuera sacada procesionalmente en los límites de la feligresía, pero sobre este particular no se ha encontrado documentación fehaciente.
     En el año 1776 les fueron aprobadas nuevas reglas por el arzobispado hispalense, las cuales fueron ratificadas por el Consejo de Castilla el 4 de noviembre de 1788. Tras el derribo de la antigua parroquia de Santa Cruz en 1810, la hermandad intentó sin éxito acompañar a los destinos de la parroquia que se trasladó al actual templo de Santa Cruz, siendo sus deseos establecer su sede en la parroquia de Santa María la Blanca, a lo que se opuso el cabildo catedralicio, que la obligó a mantenerse unida a los destinos de la parroquia a la que siempre había pertenecido. De esta forma, acaba instalándose en la actual iglesia de Santa Cruz en 1810, ocupando el retablo ubicado en el testero del crucero perteneciente al lado de la epístola. De este edificio y por los mismos motivos que dijimos al hablar de la sacramental, se trasladó al oratorio de los Venerables Sacerdotes, donde permaneció precariamente establecida hasta el 29 de junio de 1840, formando en la procesión de traslado definitivo a la nueva sede parroquial, antigua Iglesia de los Menores, la imagen de la virgen.
     Venerada nuevamente la efigie de Nuestra Señora de la Paz en el retablo ya citado, este sufre las consecuencias de un incendio poco antes del mes de noviembre de 1874 el cual le afectó de manera importante; igualmente, se vio afectada la imagen. Para solventar la sustitución del retablo se obtiene por parte del párroco otro procedente del extinguido convento de la Asunción, que finalmente no fue utilizado para el fin que estaba pensado, sino que se colocó en otro lugar de la iglesia como ya explicamos al hablar de la sacramental. Tras tomar esta determinación, se le encarga al prestigioso Virgilio Mattoni un boceto para la construcción de un nuevo retablo hacia 1876, el cual se conserva en las dependencias de la Hermandad de Santa Cruz. También se desestimó esta posibilidad, optándose por la restauración del primitivo retablo, que es el que hoy se sigue conservando en el testero del crucero en el lado de la epístola.
     La imagen de la Virgen de la Paz, que donara el cardenal Pedro González de Mendoza, creemos que es la que hasta el momento que llevamos historiado veneró la hermandad, si bien se puede pensar que primitivamente era una efigie toda de talla, y después reconvertida para poder ser vestida. Por tanto, esta bien podría ser la imagen afectada por el incendio al que nos hemos referido. Debido a la antigüedad que presumimos para la imagen primitiva, y los daños que sufriera en el incendio, llegó a la iglesia de Santa Cruz alrededor de 1879, otra imagen de la virgen, que advocada del Rosario, se encontraba prácticamente sin culto en el templo parroquial de la Magdalena. Esta efigie sería a la que partir de ese momento veneraría la hermandad, la cual, tras una gran decadencia que comienza a finales del XIX y que continuaría en los primeros años del siglo XX, acabaría fusionándose con la hermandad sacramental de la parroquia el 7 de enero de 1907. Se desconoce el paradero de la primitiva imagen de la Virgen de la Paz, y que la bella efigie que la sustituyó recibe culto actualmente presidiendo el altar mayor de la parroquia de Santa Cruz.
     Como fruto de las inquietudes de un grupo de personas devotas de la imagen del Cristo de las Misericordias que se veneraba en la parroquia de Santa Cruz, surge la fundación de esta cofradía, que ve sus primeras reglas aprobadas en tiempos del cardenal Spínola, concretamente el 13 de septiembre de 1904. El primer cabildo celebrado tuvo lugar el 25 de octubre del citado año, siendo su primer hermano mayor Francisco Pacheco y Núñez del Prado. Estableciéndose en estos estatutos su salida en la tarde del Martes Santo, se produce su primera estación de penitencia el 18 de abril de 1905 desde el convento de Madre de Dios (calle San José), ya que el paso que le había sido prestado para la procesión –el del Duelo de la Hermandad del Santo Entierro-, no cabía por la puerta del templo de Santa Cruz. Compuesto por 111 nazarenos, salió el cortejo algo después de la siete y media de la tarde, presentándose el inconveniente de que las dimensiones del paso no le permitía transcurrir por la calle Segovia por lo que tuvieron que ser desmontados los respiraderos, y debido al retraso que ello supuso la cofradía se vio obligada a acortar el recorrido de acceso a la carrera oficial, a pesar de lo cual cuando llegó a la catedral se encontró con las puertas cerradas, por lo que volvió al convento de Madre Dios sin entrar en el templo metropolitano. En esta su primera salida contó con un solo paso en el que se contemplaba según diarios de la época el clásico Calvario, compuesto por la imagen del Cristo de las Misericordias que todos conocemos, la Virgen de los Dolores, realizada por Emilio Pizarro de la Cruz -actualmente advocada como Santa María de la Antigua-, que iba abrazada al madero, san Juan y las tres marías.
     El segundo paso utilizado – ya en 1906 -, fue el cedido por los padres Escolapios y que había sido utilizado para que procesionara san José de Calasanz, siendo en este año cuando se incorpora al cortejo la capilla musical. Pronto aparecerían los primeros problemas económicos, hasta el punto de no hacer estación en 1909, acordándose en cabildo poner a disposición del cardenal Almaraz la hermandad para que ordenase lo que estimara oportuno. La respuesta del prelado animando a la junta de gobierno a seguir adelante, hizo renacer la ilusión de un principio, y como consecuencia de ello fue posible la salida en la Semana Santa de 1910. Al año siguiente, y tras restaurar y acortar en sus dimensiones el paso del Señor del Silencio en el Desprecio de Herodes adquirido a la Hermandad de la Amargura vuelve a procesionar el Martes Santo. Sin embargo, en este mismo año de 1911, fallece el único hermano Mmayor que hasta el momento había tenido la cofradía, Francisco Pacheco y Núñez del Prado, iniciándose a partir de entonces un gran declive en la corporación, que poco a poco hizo que prácticamente acabara casi extinguida.
     Ya en 1917, y viendo un grupo de feligreses la inactividad de la hermandad en todos los sentidos, deciden reorganizarla y llevarla a un estado floreciente. A la cabeza de este grupo se encontraba el sacerdote José Sebastián y Bandarán, decidiéndose en cabildo de 7 de febrero del mencionado año, que la cofradía volviera a hacer estación. Hacía algún tiempo que se había planteado la construcción de paso de palio, y siendo intención de la junta de gobierno al parecer colocar en el mismo la imagen de la Virgen de los Dolores tras serle transformado su candelero, José Sebastián y Bandarán consigue del cardenal Almaraz la cesión de la imagen de la Virgen de la Antigua Siete Dolores y Compasión, que había pertenecido a una extinguida hermandad, y que se hallaba sin culto en la Parroquia de la Magdalena. Esta imagen procesionaria a los pies del cristo de las Misericordias colocada en la delantera del paso y mirando al frente en la Semana Santa de 1920 y 1921. Posiblemente la llegada de esta imagen, según parece sin la aprobación del cabildo perceptivo – al menos en las actas no se recoge -, originó una crisis interna que dio lugar a dimisiones en cadena durante 1920, dando lugar a la creación de una “junta de emergencia” que conseguiría, no sin enormes esfuerzos, que la cofradía procesionara en 1921. Finalmente, y tras devolver la imagen de la dolorosa de la Antigua a la Magdalena, y abandonada momentáneamente la idea de hacer un paso de palio, la hermandad vuelve a la normalidad.
     Prueba de lo indicado últimamente, se estrena un magnifico paso para el Cristo de las Misericordias el Martes Santo de 1922. El boceto fue encargado al arquitecto Aníbal González y Álvarez Osorio, siendo los trabajos dirigidos por su sobrino Cayetano González Gómez, corriendo la labor de talla y ebanistería a cargo del hermano de Santa Cruz Manuel Casana, mientras que los faldones los confeccionaron los hijos de Miguel Olmo, y los candelabros de forja el taller de Magdalena y Compañía. Este paso, de estilo gótico, rodeado de pinturas alusivas a la pasión llamó poderosamente la atención en la Sevilla cofrade de la época. Coincidiendo con el estreno de las andas, se incorpora a la escenografía del paso una nueva dolorosa, cedida por un feligrés de Santa Cruz llamado Fernando Ybarra Llorente, que procesionó colocada de espaldas al crucificado en la delantera del paso. Esta imagen procesionó hasta año incierto, pero por documentación gráfica se sabe que ya había sido sustituida por la primitiva – obra de Pizarro -, en el año 1926, siendo a partir de este año aproximadamente cuando se cambia su situación en el paso, situándose mirando al crucificado, concretamente a su lado izquierdo.
     Puede decirse que a partir de 1922 comienza a consolidarse la hermandad, que con los lógicos altibajos propios de las instituciones, vive por lo general momentos de esplendor, atravesando los tiempos de la II República, Guerra Civil y posguerra sin efectos contrarios importantes. Poco a poco, la hermandad se engrandece con la incorporación de nuevos hermanos, se aumentaría el número de nazarenos, se crearía en la procesión el tramo de penitentes, y las hermanas participarían en la estación a partir de 1947, sin vestir túnica, pero llevando un escapulario del Cristo de las Misericordias. Igualmente se va enriqueciendo el patrimonio, con nuevas piezas de orfebrería e insignias, mientras que en el ánimo de distintas juntas se aplazaban proyectos por el momento irrealizables, como la construcción de un paso de palio, y el construir un retablo para poder venerar en el interior del templo a la Virgen de los Dolores, que habitualmente permanecía en casa de un hermano.
     Al poco de cumplir sus primeros cincuenta años de vida, retorna en 1957 a la hermandad aquella imagen de dolorosa de la que ya dijimos que había sido cedida en 1922 el feligrés Fernando Ibarra Llorente, y que ahora donaba para siempre. Ello supuso el guardar -en las dependencias parroquiales – la primitiva dolorosa realizada por Emilio Pizarro, pasando a ser titular la nueva imagen de la virgen que hasta entonces había sido venerada en un oratorio privado situado en la vivienda del donante. Es a partir de estos años cuando la Hermandad de Santa Cruz aprovecha para acometer nuevos proyectos, consiguiendo por fin retablo para la virgen (1959), aumentándose los cultos y la solemnidad de los mismos; se continúa con el aumento de la nómina hermanos –900 entre 1958 y 1959-, y consiguientemente se eleva el número de nazarenos que llega a alcanzar la cifra de 250 por estos años; comienzan a participar el grupo de monaguillos de manera definitiva en la estación de penitencia (1963), se crea la bolsa de caridad (1962), se fusiona con la hermandad sacramental y Nuestra Señora de la Paz (1966), se instaura la celebración del viacrucis del Cristo de las Misericordias por las calles del barrio (1971), se cuenta con la primera casa de hermandad (1968), y se inicia la edición del boletín de la hermandad, que con el título “Misericordias”, vería la luz en octubre de 1970. Pero posiblemente el hito histórico que más repercusión tuvo en la Sevilla cofrade en general y entre los hermanos de Santa Cruz en particular, fue la decisión de construir por fin el paso de palio, que realizado por Emilio García Armenta en la parte de orfebrería, –a excepción de la candelería obra del taller Angulo-, y en los bordados realizados por Guillermo Carrasquilla, esta obra de arte salió por primera vez en la Semana Santa de 1965. Como consecuencia del estreno del nuevo paso, es modificada la imagen de la Virgen de los Dolores por Juan Abascal Fuentes, y que posteriormente sería sustituida por otra, obra de Antonio Eslava Rubio que sale por vez primera el Martes Santo de 1968. La imagen de la virgen sustituida es entregada a la parroquia del onubense pueblo de Bonares, donde continúa recibiendo culto.
     En la década de los setenta sigue viviendo un buen momento, se crea la tómbola de Navidad, se celebran reuniones, tertulias y conferencias, y finalmente se llenó de vida, entusiasmo y juventud con la creación de la cuadrilla de hermanos costaleros en 1978. Igualmente se abordaron nuevos proyectos destinados a aumentar el patrimonio, acondicionándose un salón cedido por el párroco para permanente exposición de los enseres, que ya por aquel entonces – y desde algunos años antes -, comienzan a ser numerosos y valiosos. Pero sin duda, el proyecto más ambicioso de estos años fue la sustitución del antiguo paso de Cristo, que estrenado en 1922, y ampliado posteriormente, adolecía ya de los achaques del tiempo. Así pues, el Martes Santo de 1975, se estrena un nuevo paso, inspirado en el anterior, y conservándose para su iluminación los singulares candelabros de forja que se habían utilizado hasta entonces. El diseño fue de Antonio Martín, quien además hizo el trabajo de talla y dorado; Rafael Barbero Medina hizo el apostolado de las esquinas; Ignacio Gómez Millán la pintura de las tablas de las capillas representando escenas de la pasión, y las monjas del convento de Santa Isabel se encargaron de crear los bordados de los respiraderos. En 1976 el Santísimo Cristo de las Misericordias es designado para presidir el viacrucis del Consejo en la catedral. Primera vez que dicha institución organizaba tal acto. Casi al concluir la década de los setenta –en octubre de 1979-. La hermandad celebró su 75 aniversario fundacional, celebrándose entre otros actos litúrgicos y culturales, una procesión extraordinaria al convento de Madre de Dios y al San José (las Teresas), en la que participó el paso del Cristo de las Misericordias con el crucificado y arrodillada a sus pies la primitiva Virgen de los Dolores, obra de Emilio Pizarro, que fue rescatada de las dependencias parroquiales.
     En 1982 pasa a regir los destinos de la hermandad una gestora por decisión de la autoridad eclesiástica. Permanecería hasta 1986; en total cuatro años en los que los siete miembros que constituían esta junta, y con la ayuda que le prestaron los hermanos de Santa Cruz, consiguieron con acierto que la hermandad siguiera adelante hasta que se convocaron nuevas elecciones. Fue en este tiempo precisamente cuando se enriquece el formato del boletín para acercarse en su presentación al que hoy se sigue editando, se construye una nueva parihuela para el paso de palio, y se reparan los varales y la crestería de dicho paso.
     Hablando ya de tiempos recientes, se adquiere almacén para guardar los pasos y se construye la nueva casa de hermandad. Respecto al patrimonio artístico, cabe citar el cincelado de nueva candelería, llamador para el paso de cristo, y un nuevo manto de salida para la Virgen; igualmente se bordaron broches y escudos en los nuevos faldones del paso de cristo, se hizo nueva parihuela para el paso de la virgen, se cinceló en plata la nueva cruz de guía y los cuatro faroles que la acompañan, se construye nuevo retablo para Santa María de la Antigua, se adquiere una hermosa saya y manto de camarín bordados para la Virgen de los Dolores. En cuanto a la conservación del patrimonio artístico , se restauran saya, estandarte, senatus, uno de los simpecados de la Virgen de la Paz, antiguos respiraderos y maniguetas del paso de cristo, candelabros del paso de cristo, la totalidad del paso de palio, los bordados de los paños de bocina, etc. En la Acción Social se potencia la ayuda al pretaller de carpintería y al del taller de confección para mujeres necesitadas. Finalmente, en lo cultural se promocionan todo tipo de actos, desde conferencias, conciertos, y visitas culturales, todo ello sin olvidar la formación espiritual y cofrade de los hermanos. Hemos de destacar asimismo la creación del grupo de hermanos acólitos.
     En 1992 la imagen del Cristo de las Misericordias va a la catedral para estar presente durante varios meses en la exposición Magna Hispalensis, celebrada con motivo de la Expo 92. Se sometió a labor de limpieza y construcción de nuevo candelero a la imagen de la Virgen de los Dolores, y se restauró la primitiva Virgen de los Dolores, actualmente advocada de la Antigua. Se sometió a una intervención reparadora ejercida por Ricardo Comas a la efigie del Cristo de las Misericordias, para años después trasladarla al Instituto Andaluz de Patrimonio Artístico para ser restaurado. Se sufrió el cierre de la parroquial de Santa Cruz durante las importantes obras de consolidación, trasladándose la sede parroquial y la hermandad a la aneja capilla de la Escuela de Cristo. Se tomaron decisiones importantes, como devolver primero al culto, y después al paso a la primitiva imagen de la Virgen de los Dolores, incluyéndola en las reglas bajo el título de Santa María de la Antigua, reglas que fueron redactadas de nuevo, y que entre otras novedades recogía la posibilidad de efectuar la estación de penitencia de las hermanas, igualándolas además en todos los sentidos con los hermanos. Y finalmente, entre el año 2004 y 2005 se celebró el centenario fundacional de la hermandad, teniendo lugar gran cantidad de actos cultuales, tantos internos como externos, destacando como extraordinarios la salida en el llamado Santo Entierro Grande, y el devoto y solemne viacrucis del Cristo de las Misericordias que contó con el rezo de una de las estaciones ante la Virgen de los Reyes (web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.
La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.
   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)
   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio
   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la lnventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes.
   Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.
Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.
   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.)
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de Santa Cruz, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad de los Estudiantes: www.hermandaddesantacruz.com

La Hermandad de los Estudiantes, al detalle:
    - Sede Canónica: Iglesia de Santa Cruz
    - Día de Salida Procesional: Martes Santo
    - Imágenes Titulares:  - Nuestra Señora de la Paz
                                        - Santísimo Cristo de las Misericordias
                                        - Nuestra Señora de los Dolores
                                        - María Santísima de la Antigua

viernes, 2 de mayo de 2025

Haz tu ruta con ExplicArte Sevilla: Tú decides la ruta, la fecha y el precio (Free Tour - propina)

   Con ExplicArte Sevilla podrás hacer la ruta que desees por Sevilla (o cualquier localidad de la provincia, o de cualquier lugar), siempre adaptándonos a tu tiempo y a tus necesidades. Hay multitud de ellas, y desde aquí te proponemos algunas de ellas (hay tantas Rutas como tú quieras), en las que ponemos el acento en el aspecto artístico:

  
     Ruta Leyendas y Curiosidades de Sevilla: Desde ExplicArte Sevilla nos adentraremos en las Leyendas y Curiosidades de Sevilla: el "No8Do" emblema de Sevilla, Doña María Coronel, la Cabeza del Rey Don Pedro, Grace Kelly, el "Negro de Triana",...

     Ruta Sevilla Imprescindible: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos y barrios más típicos de Sevilla: Plaza de España, Plaza de Toros, Torre del Oro, Catedral, Giralda, Barrio de Santa Cruz, Reales Alcázares, Ayuntamiento,...

     Ruta Sevilla Patrimonio de la Humanidad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos Patrimonio de la Humanidad: Catedral de Santa María de la Sede, Reales Alcázares, y el Archivo General de Indias.

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     Ruta Sevilla Prerromana - Ispal: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas al mundo prerromano el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad con especial atención al mundo de Tartessos y a los demás pueblos que se asentaron en la zona.

     Ruta Sevilla Romana - Hispalis: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los vestigios que podemos encontrar del paso de la cultura romana por la actual ciudad, como los Monolitos de la calle Mármoles, las Columnas de la Alameda de Hércules, restos del Acueducto ("Caños de Carmona"), restos de las Murallas, el Antiquarium, y la obligada visita al Museo Arqueológico. Incluso podremos visitar el cercano enclave arqueológico de la ciudad romana de Itálica en el pueblo de Santiponce.

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     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

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     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

     Ruta Sevilla Gótica: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
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     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde ExplicArte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Romántica: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.

     Ruta Sevilla Modernista: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.

     Ruta Sevilla Regionalista: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.

     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.

     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).

     Ruta Sevilla, Ciudad de Ópera: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia de Sevilla en la historia del Bel Canto, puesto que está presente en más de 100 óperas. Podemos elegir varias rutas relacionadas con la Ópera y Sevilla: Sevilla escenario de Ópera ASevilla escenario de Ópera BEl Mito de Carmen, El Mito de Don Juan, y El Mito de Fígaro.

     Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos los hitos más importantes de la expedición que dio la I Vuelta a la Tierra.

     Y muchas más rutas... tú decides. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

La pintura "San Antonino", de Lucas Valdés, en la Iglesia de la Magdalena

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Antonino", de Lucas Valdés, en la Iglesia de la Magdalena, de Sevilla.   
     Hoy, 2 de mayo, se conmemora en Florencia, en la región de Toscana, en Italia, San Antonino, obispo, que después de llevar a cabo una labor de reforma en la Orden de Predicadores, se consagró con diligencia al ministerio pastoral de su diócesis, donde resplandeció por su santidad y por su provechosa y constante predicación (1459) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "San Antonino", de Lucas Valdés, en la Iglesia de la Magdalena, de Sevilla.
      La Real Parroquia de Santa María Magdalena [nº 16 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 60 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Cristo del Calvario, 2 (aunque la entrada habitual se efectúa por la calle San Pablo, 12); en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
      La Real Parroquia de Santa María Magdalena, ocupa desde 1810 la iglesia del antiguo convento de San Pablo, que había sido una de las instituciones religiosas más antiguas de la ciudad, ya que los dominicos se instalaron en Sevilla a raíz de la conquista de Sevilla por Fernando III. Una vez conseguido el permiso real, construyeron una iglesia de la que ningún testimonio queda y que debía de presentar un carácter arquitectónico de estilo gótico. Esta iglesia se conservó hasta su hundimiento en 1691, planteándose de inmediato su reconstrucción, que corrió a cargo del arquitecto Leonardo de Figueroa; las obras concluyeron en 1709. Desde esta fecha hasta 1715 se realizó una amplísima labor de ornamentación pictórica en sus muros, labor que, mayoritariamente, realizó Lucas Valdés, siguiendo un amplio y prolijo programa iconográfico que venía a exaltar  la grandeza y milagros de la Orden dominica.
Presbiterio
     El punto de partida de toda la labor ornamental se inicia en el presbiterio del templo al que, inicialmente, se le dio un significado eucarístico, al estar presidido en sus muros laterales por dos enormes lienzos que realizó Lucas Valdés, entre 1710 y 1715, con temas alusivos a ceremonias y sacrificios en el templo de Jerusalén. Los temas de estas pinturas son David llevando el Arca de la Alianza al Templo y La inauguración del Templo de Jerusalén después de su reconstrucción. Esta última pintura lleva una inscripción que, traducida, señala que la gloria de este templo reconstruido sería más grande que la que tuvo el primero, en una clara alusión a que la nueva iglesia barroca de los dominicos de San Pablo superaría la magnificencia de la antigua iglesia gótica arruinada.
     Los elementos decorativos en las paredes de este presbiterio, realizados en mármoles de abultado relieve, complementan su simbología al mostrar representaciones del sol, la luna y las estrellas, que aluden a la Virgen María. De esta manera, con un sentido eucarístico y mariano, quedaba subrayada la solemnidad de este espacio.
     La primera intervención de pintura mural del presbiterio aparece en el arco toral que se abre sobre el altar mayor, donde, en los laterales, se representan en pequeños medallones La imposición de los estigmas a Santa Catalina de Siena y La comunión de Santa Inés de Montepulciano. Ambas son santas dominicas y al pie de las cuales figuran dos inscripciones. Bajo Santa Catalina puede leerse: EGO ENIM ESTIGMATA DOM/NI IESU IN CORPORE MEO PORTO (Yo tengo impresas en mi cuerpo las señales del Señor Jesús); procede esta frase de la Epístola de San Pablo a los Gálatas, 6, 17. Santa Inés de Montepulciano lleva la siguiente inscripción: ECCE AN- GELI ACESSERUNT ET MINISTRABANT EI (y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían) tomada de Mateo 4, 11. En el centro de este arco toral figuran las representaciones de las Santas Justa y Rufina que llevan las siguientes inscripciones: HAEC EST VERO FRATERNITAS QUAE NON QUAM POTUIT VIOLARI CERTAMINI (Verdaderamente ésta es la fraternidad que nunca pudo violarse en una disputa), texto que procede del Breviario romano en las fiestas de los mártires Juan y Pablo y que se encuentra bajo Santa Justa. Santa Rufina lleva una inscripción, que continúa el texto anterior, que señala: QUAE EFFUSO SANGUINE SECUTAE SUNT DOMINUM (Éstas, derramada su sangre siguieron al señor), alusiva esta frase al martirio ambas santas. 
    La principal preocupación de la Orden dominica fue la predicación de la fe cristiana para difundirla por todo el orbe. Por ello, no ha de sorprender que la decoración de la bóveda que cubre el presbiterio sea una representación del Triunfo de la Fe, cuya extensión universal se proyecta sobre las cuatro partes del mundo que figuran en las pechinas, sobre las que descansa dicha bóveda. Son representaciones de Europa acompañada de un caballo blanco, Asia con un pebetero y un dromedario, América armada con arco y flechas y acompañada de un cocodrilo y África que aparece con un león.
     En el casquete de la bóveda, y en su centro, bajo un baldaquino, aparece de pie La Fe flanqueada por los arcángeles San Miguel y San Rafael. La Fe sostiene la cruz y levanta hacia lo alto un cáliz con la Sagrada Forma. En los laterales se disponen dos balconadas con ángeles trompeteros que resaltan su triunfal aparición. Sobre la balaustrada dos ángeles muestran pal­mas y ramas de olivo, mientras que otro, en la parte superior, sostiene una antorcha encendida que alude a la luz que proporciona la Fe.
     Flanqueando este fingido espacio arquitectónico se encuentran los dos principales santos dominicos, que son Santo Domingo y Santo Tomás de Aquino. El primero, Santo Domingo, muestra un pliego escrito en el cual aparece la siguiente frase: PESTEM FUGAT HAERETICAM NOVUM PRODUCENS ORDINEM (Pone en fuga a la peste herética creando un nuevo orden); este texto procede de un himno a Santo Domingo. Santo Tomás enseña un libro abierto en cuyas páginas señala este texto: ERRORUM PULSO NUVI SOLIS RADIUM (Rechazada la oscuridad de los errores por el rayo del nuevo sol); este segundo texto está extraído de un himno a Santo Tomás. También es de advertir que a los pies de ambos santos aparecen, en posiciones convulsas y agitadas, figuras alegóricas de las herejías vencidas.
     En las paredes de este presbiterio figuran también, representados de cuerpo entero, algunos de los principales santos de la Orden dominica, formando una serie que se complementará después con los que aparecen en los pilares del crucero. Los que figuran aquí son: San Pedro, mártir de Verana, San Juan, mártir de Colonia, San Gonzalo de Amarante y San Antonino. En los frentes de los soportes que dan al crucero aparecen otros religiosos como San Pío V, San Alberto Magno, San Benedicto XI y San Agustín Gazoto. Luego, en los pilares de la nave, se encuentran otros ocho santos dominicos identificados por sus rótulos como San Jacinto, San Jacobo de Merania, San Vicente Ferrer, San Ambrosio Sacedonio, San Raimundo de Peñafort, San Pedro González Telmo, San Luis Beltrán y San Enrique Susón.
     Pues bien, los pilares del crucero se encuentran decorados con las imágenes de los más importantes santos que ha dado la orden dominica, entre ellos San Antonino, que lo encontramos en el pilar de la derecha (muro de la Epístola) más cercano a la capilla Mayor, mirando hacia la nave de la Evangelio, en la parte superior, individualizado por la mitra y el báculo propio de su condición de obispo (Enrique Valdivieso, Pintura mural del Siglo XVIII en Sevilla, en Pintura Mural Sevillana del Siglo XVIII, Fundación Sevillana Endesa, 2016).
   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía, de San Antonino, obispo
     Dominico nacido en Florencia en 1389 y llamado Antonino (diminutivo de Antonio), a causa de su baja estatura.
     A los dieciséis años ingresó en la orden de los hermanos predicadores, fue sucesivamente prior de S. Domenico de Fiesole (1421), del convento de la Minerva en Roma (1430) y del convento de S. Marcos, en Florencia (1436). En l446 el papa Eugenio IV lo nombró arzobispo de Florencia. El pontífice sentía tal veneración por el santo, que cuando sintió la proximidad de su muerte lo llamó a Roma para pedirle su bendición.
     San Antonino murió en 1459 y fue enterrado en Florencia, en el convento de San Marcos decorado por Fra Angélico.
     Fue canonizado en 1523.
     El rasgo más popular de su leyenda es la aventura del campesino que le ofreciera un cesto de frutas con la esperanza de una recompensa. San Antonino se limitó a darle las gracias diciéndole: «¡Dios te lo devuelva!». El comerciante, que esperaba recibir dinero, puso mala cara. Entonces Antonino escribió sobre una hoja de papel las palabras Deo gratias y la puso sobre el platillo de una balanza. Entonces, para gran sorpresa del campesino, la hoja de papel resultó más pesada que el cesto de frutas.
ICONOGRAFÍA
     Canonizado en 1523, el santo arzobispo de Florencia sólo fue representado a partir del siglo XVI.
     Lleva tanto hábito dominico como insignias de arzobispo. Sus atributos son la balanza cuyos platillos están cargados con un cesto de frutas y una hoja de papel, o una bolsa de donde salen monedas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre la Iglesia de la Magdalena, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 1 de mayo de 2025

Procesiones de hoy, jueves 1 de mayo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, jueves 1 de mayo, en Sevilla.      
     Hoy, jueves 1 de mayo, se inicia el ciclo de las Glorias de Sevilla con el traslado de la Virgen de los Desamparados, del Parque Alcosa, para presidir el Pregón de las Glorias, en esta ocasión en la Iglesia del Divino Salvador.

     Hdad. de los Desamparados (Parque Alcosa): La Franciscana Hermandad Sacramental de la Santa Cruz y Nuestra Señora de los Desamparados; es ésta una corporación fundada en 1974, aunque refundada en 1990, con sede canónica en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Desamparados, siendo su imagen titular Nuestra Señora de los Desamparados, obra de Ricardo Comas en 1974.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de los Desamparados (Parque Alcosa): www.desamparadosalcosa.es

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del jueves 1 de mayo, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

El Edificio Ramón y Cajal - Auditorio Municipal - Escuela de Música, de Aurelio Gómez Millán, en Lora del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Edificio Ramón y Cajal - Auditorio Municipal - Escuela de Música, de Aurelio Gómez Millán, en Lora del Río (Sevilla).
   Hoy, 1 de mayo, es el aniversario del nacimiento (1 de mayo de 1852) de Santiago Ramón y Cajal, personaje que le da nombre al edificio reseñado.
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Edificio Ramón y Cajal - Auditorio Municipal - Escuela de Música, de Aurelio Gómez Millán, en Lora del Río (Sevilla).
     El edificio Ramón y Cajal - Auditorio Municipal - Escuela de Música, se encuentra en la calle Ramón y Cajal, 11; en Lora del Río (Sevilla).
     Construido como Grupo Escolar en 1927 por el arquitecto Aurelio Gómez Millán. De estructura simétrica, con pabellón central y arcos de medio punto, en sus dos plantas, amplios ventanales enmarcados por rectángulos y divididos por una triple arquería sobre pilastras. Pináculos rematados por jarrones cerámicos completan la parte superior. Posee, en la parte central del piso bajo, un hermosísimo azulejo de la Virgen de Setefilla, enmarcado sobre dos pilastras que sostienen un arco de medio punto moldurado y con alfiz.
     De principios del siglo XX, este edificio de estilo regionalista sevillano, sigue siendo centro educativo sede de la Escuela y Banda Municipal de Música y en su patio alberga la construcción del Auditorio Municipal (Ayuntamiento de Lora del Río).
Conozcamos mejor la Biografía de Ramón y Cajal, personaje que le da nombre al edificio reseñado;
     Santiago Ramón y Cajal, (Petilla de Aragón, Navarra, 1 de mayo de 1852 – Madrid, 17 de octubre de 1934). Médico dedicado a la investigación histológica del sistema nervioso.
     Hijo de un cirujano rural que con grandes esfuerzos llegó a conseguir el título de médico, la niñez de Cajal discurrió con penalidades en una serie de pequeñas poblaciones del Alto Aragón. Tras cursar el bachillerato en Jaca y Huesca, estudió en una modesta “Escuela de Medicina” fundada por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Zaragoza al amparo del extremado liberalismo docente implantado por la revolución democrática de 1868. Poco después de obtener el título de licenciado (1873), ganó unas oposiciones a médico militar. Estuvo ocho meses en el ejército que operaba en Cataluña contra los carlistas y, a continuación, fue trasladado a Cuba. Allí participó en la guerra colonial hasta su regreso a la Península, a mediados de 1875.
     Recuperado del paludismo que había contraído en Cuba, la influencia de su padre, que le había ya, prácticamente, obligado a convertirse en médico, pesó también en su decisión de dedicarse a la docencia universitaria de la anatomía. En junio de 1877, cuando se examinó en Madrid de las asignaturas de doctorado, se relacionó por vez primera con los grupos españoles que cultivaban la histología, a través de Aureliano Maestre de San Juan y su ayudante en la Cátedra, Leopoldo López García. No se redujo a pasar el correspondiente examen, sino que inició con él una relación que pesó de modo decisivo en la fase inicial de su trayectoria científica. Estuvo en el laboratorio histológico de la Facultad, donde pudo ver por vez primera preparaciones histológicas, y el propio Maestre apadrinó su ejercicio del doctorado, para el que redactó una tesis sobre la Patogenia de la inflamación.
     Le orientó después durante sus primeros años de dedicación a la histología, en los que siguió fielmente los planteamientos de Maestre. En sus memorias, Cajal le dedicó un emocionado recuerdo: “El buenísimo de don Aureliano, a quien tanto venerábamos sus discípulos [...] Fue el doctor Maestre un excelente profesor que sabía comunicar sus entusiasmos a quienes le rodeaban. Yo le debo favores inolvidables. Tras haberme apadrinado en la ceremonia de la investidura de doctor, me animó insistentemente durante mis ensayos de investigador, fortaleciendo mi confianza en las propias fuerzas. Las cartas con las que acusaba recibo de mis publicaciones constituían para mí tónico moral de primer orden”.
     En la primavera de 1878, Cajal se presentó a unas oposiciones a Cátedras de Anatomía. Solamente obtuvo un voto, aunque resulta muy significativo que procediera de Rafael Martínez Molina, fundador del Instituto Biológico y uno de los adelantados de la medicina experimental en España. Volvió a fracasar en unas nuevas oposiciones a comienzos de 1880, pero finalmente, en diciembre de 1883, ganó una de las Cátedras de Anatomía de la Facultad de Medicina de Valencia. La memoria que redactó con este motivo, con el título reglamentario de Concepto, método y programa de anatomía descriptiva y general, es una fuente indispensable para conocer las ideas científicas generales que le sirvieron de base para iniciar su obra, así como la forma en la que al principio dependió de los anatomistas e histólogos españoles de las generaciones anteriores a la suya. Refleja que era ya entonces consciente de las limitadas posibilidades científicas que ofrecía la anatomía descriptiva y que, sobre unos presupuestos epistemológicos todavía imprecisos y titubeantes, había descubierto los objetivos de otras vertientes más ambiciosas de la morfología.
     El conocimiento del evolucionismo y de los estudios comparados había contribuido a modificar su mentalidad, pero su interés estaba ya plenamente centrado en la histología. Su postura de fiel seguidor de la obra de Maestre de San Juan, que aparece en este texto, quedó superada tras su incorporación al ambiente de la Facultad valenciana, entonces plenamente dominado por tempranos seguidores de la morfología darwinista, encabezados por Peregrín Casanova, o de la histopatología, la fisiopatología experimental y la microbiología, como el farmacólogo Amalio Gimeno, los clínicos José Crous, Julio Magraner y Francisco Moliner, el cirujano Enrique Ferrer Viñerta, los tocoginecólogos Francisco de Paula Campá y Manuel Candela y el higienista Constantino Gómez Reig. Los cuatro años que residió en Valencia corresponden, por ello, al punto de partida de su obra de investigador.
     Cajal se sintió atraído por la psicoterapia hipnótica y sugestiva, la anatomía comparada desde la perspectiva filogenética propia del evolucionismo darwinista y, sobre todo, por la bacteriología, con motivo de la epidemia colérica que padeció la ciudad en 1885 y la aplicación de la vacuna descubierta por Jaime Ferrán, a quien le unía entonces una sincera amistad, aunque disintiera de algunos de sus puntos de vista. No suele tenerse en cuenta que el duro enfrentamiento que los distanció durante casi el resto de sus vidas, se produjo más tarde, cuando ambos residían en Barcelona.
     A pesar de todos estos intereses, Cajal acabó dedicándose con continuidad a la histología. Para tener idea de las condiciones en las que acometió la verificación sistemática de los saberes de la disciplina resulta inapreciable una carta que escribió el 1 de enero de 1885 a Antonio Vicent, jesuita valenciano generalmente recordado como personalidad del obrerismo católico, pero que fue también un notable biólogo que figuró entre los primeros discípulos que Cajal tuvo en Valencia. Le escribió esta carta cuando Vicent se encontraba en Lovaina, estudiando junto al citólogo Jean Baptiste Carnoy, uno de los principales defensores de la teoría reticular del protoplasma. Le habló en ella de las observaciones micrográficas que estaba realizando para su Manual de Histología, en especial de las relativas al núcleo y la membrana celulares y al tejido muscular. La aparición del Manual de Histología en ocho fascículos desde 1884 a 1888 permitió que su contenido fuera reflejando el profundo cambio que la preparación científica de Cajal experimentó a lo largo del lustro. En el primero, la orientación dominante era todavía la procedente de Maestre de San Juan y de la escuela parisina de Ranvier, aunque ya tenían cierto peso las aportaciones alemanas. Éstas fueron creciendo en importancia a partir de los capítulos sobre citología, que estaban principalmente fundamentados en la obra de Walter Flemming. En los dos últimos fascículos, dedicados, entre otros temas, al sistema nervioso, expuso ya sus primeros hallazgos importantes de investigador original. Algunas de las observaciones que hizo con motivo de la redacción de su Manual fueron expuestas por Cajal en una serie de siete “notas de laboratorio” aparecidas en 1886 y 1887 en revistas médicas valencianas. Se refieren a detalles concretos de los tejidos epitelial, cartilaginoso, óseo y muscular y, en su mayor parte, responden a un enfoque anatómico comparado. Las traducciones francesas de tres de ellas, relativas a las células epiteliales de algunas mucosas y a las fibras musculares de las patas y alas de los insectos, fueron los primeros trabajos que publicó en el extranjero. Aparecieron en 1886 y 1888 en la revista que dirigía Wilhelm Krause, director del Instituto Anatómico de Göttingen e importante histólogo.
     Tras estos trabajos, Cajal encontró el camino que conduciría a su gran obra científica. En 1887 fue nombrado miembro de un tribunal de oposiciones a Cátedra y residió unos días en Madrid, que aprovechó para visitar los principales laboratorios micrográficos allí existentes. Estuvo, por supuesto, en el de la Facultad de Medicina, con Leopoldo López García y el propio Aureliano Maestre de San Juan, a quien pocos meses después dejaría ciego un desgraciado accidente de laboratorio. También fue al laboratorio de Federico Rubio e, incluso, al instalado en el Museo de Historia Natural bajo la dirección del biólogo Ignacio Bolívar. No obstante, la visita que influyó decisivamente en su trayectoria científica, decidiéndole a consagrarse a la investigación histológica del sistema nervioso, fue la que realizó al laboratorio de Luis Simarro.
     “Debo a L. Simarro, el afamado psiquiatra y neurólogo de Valencia —afirmó luego en sus memorias— el inolvidable favor de haberme mostrado las primeras buenas preparaciones con el proceder del cromato de plata, y de haber llamado la atención sobre la excepcional importancia del libro del sabio italiano, consagrado a la inquisición de la fina estructura de la sustancia gris. Merece contarse el hecho, porque sobre haber tenido importancia decisiva en mi carrera, demuestra una vez más la potencia vivificante y dinamógena de las cosas vistas”. Cajal se refería, por supuesto, al profesor de Pavía Camillo Golgi, a su tratado Sulla fina anatomia degli organi centrali del sistema nervoso (1886) y a su método de impregnación cromoargéntica, primera técnica que permitía teñir de modo preciso y selectivo las células nerviosas y sus prolongaciones. “A mi regreso a Valencia —continúa diciendo en sus Recuerdos—decidí emplear en grande escala el método de Golgi y estudiarlo con toda la paciencia de que soy capaz. Innumerables probaturas, hechas por Bartual y por mí, en muchos centros nerviosos y especies animales, nos convencieron de que el nuevo recurso analítico tenía ante sí brillante porvenir”. Estos ensayos con su discípulo Juan Bartual Moret —que luego sería el primer catedrático de Histología de la Universidad de Valencia— quedaron interrumpidos por su traslado a finales de aquel mismo año a Barcelona.
     Simarro fue el segundo y principal maestro de Cajal, ya que siguió en continua relación con él, a pesar de la tensión circunstancial que se produjo entre ambos con motivo de las oposiciones de 1892 a la Cátedra de Histología de Madrid. Le comunicó regularmente el resultado de sus trabajos, que volvieron a influir decisivamente en la obra de Cajal durante los años de transición del siglo XIX al XX, cuando se planteó la necesidad de conocer la estructura interna de las células nerviosas.
     En el mismo año 1877, la histología pasó del doctorado a la licenciatura. De forma inmediata, se dotó la Cátedra de la disciplina en la Facultad de Medicina de Barcelona, a la que se trasladó Cajal el mes de noviembre. La ocupó hasta 1892, fecha en la que ganó las recién citadas oposiciones a la Cátedra de Madrid, que había quedado vacante tras el fallecimiento de Maestre de San Juan. De ella fue titular hasta su jubilación, aunque las condiciones de su trabajo cambiaron notablemente cuando en 1901 se encargó de la dirección del Laboratorio de Investigaciones Biológicas, fundado por el peso que tuvieron los premios y distinciones internacionales concedidos a sus contribuciones científicas, que culminaron poco después con la concesión del premio Nobel conjuntamente con Golgi (1906).
     En Barcelona, Cajal convirtió el método de Golgi en la primera arma técnica de su obra neurohistológica, sobre todo después de introducir la modificación que denominó “proceder de doble impregnación”, que permitía obtener mejores tinciones. Por otra parte, consideró como “resorte principal” de sus espectaculares descubrimientos la utilización del método ontogénico, es decir, el estudio de los centros nerviosos de embriones de aves y mamíferos, en lugar de comenzar con los animales adultos, como hasta entonces se había hecho. Sobre estas bases, se dedicó a la investigación, “no ya con ahinco, sino con furia”. Su actividad científica durante 1888 y 1889 fue tan intensa que, para dar a conocer sus trabajos, aparte de enviar artículos a diferentes publicaciones españolas y extranjeras, tuvo que editar a su costa una Revista Trimestral de Histología Normal y Patológica, de la que solamente aparecieron tres números. Sin embargo, los diez trabajos que publicó en ella abrieron una nueva etapa en el conocimiento de la estructura del sistema nervioso.
     Las investigaciones de Cajal, primero en el cerebelo y a continuación en la retina, la médula espinal y otros territorios, demostraron con datos inequívocos la individualidad de las células nerviosas y la terminación por contacto de sus prolongaciones, desmintiendo de modo terminante la teoría reticular entonces dominante, de la que era seguidor el propio Golgi. Inmediatamente se preocupó de difundir internacionalmente sus hallazgos mediante artículos en revistas extranjeras y, ante la decepcionante acogida que tuvieron, hizo un gran esfuerzo económico para presentarlos en el congreso que la Sociedad Anatómica Alemana celebró en Berlín en octubre de 1889. Allí consiguió convencer con sus preparaciones a Albert von Kölliker, máxima autoridad en el terreno histológico, quien tras realizar trabajos de confirmación, respaldó de modo terminante sus aportaciones. Poco después, casi todos los principales neurohistólogos europeos las asimilaron también y aceptaron la nueva concepción de la estructura del sistema nervioso.
     Aparte de proseguir la investigación histológica de diversos territorios nerviosos, Cajal formuló el principio de la “polarización dinámica” de las neuronas, según el cual el impulso nervioso se propaga desde las dendritas al cuerpo celular y desde éste al axón. Lo presentó al Primer Congreso Médico-Farmacéutico Regional celebrado en Valencia en julio de dicho año con el título de Comunicación acerca de la significación fisiológica de las expansiones protoplasmáticas y nerviosas de las células de la sustancia gris y es actualmente considerado un texto clásico crucial de las neurociencias contemporáneas. En marzo del año siguiente ofreció, en una serie de conferencias pronunciadas en la Academia de Ciencias Médicas de Barcelona, una síntesis bajo el título general de Nuevo Concepto de la histología de los centros nerviosos. Su texto fue publicado en varios números de la Revista de Ciencias Médicas de Barcelona y casi inmediatamente se editó una traducción alemana y otra francesa.
     Ya en Madrid, Cajal inició el año 1897 la publicación, por una parte, de la Revista Trimestral Micrográfica y, por otra, del gran tratado Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados. La primera se convirtió desde entonces en el principal medio que fue dando a conocer su labor de investigación personal y la de su escuela. Apareció hasta 1901, fecha en la que fue continuada por Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas, que se editó con presupuesto oficial a partir de la fundación del centro de este nombre. La Textura del sistema nervioso, que se publicó por fascículos desde 1897 a 1904, fue su libro más importante, “mi obra magna”, según expresión del propio Cajal. Poco después comenzó a publicarse en París la traducción francesa, con el título de Histologie du sytème nerveux de l’homme et des vertebrés (1909-1911). Se trataba de un texto “revisado y puesto al día por el autor”, debido principalmente a la aparición durante el tiempo transcurrido de los llamados métodos de tinción neurofibrilares.
     En la transición del siglo XIX al XX había pasado a primer plano el conocimiento de la estructura interna de las células nerviosas, porque se criticó la teoría de la neurona, reformulando la reticular sobre el supuesto de que las neurofibrillas existentes en su interior formaban una red continua. Ante la necesidad de nuevas técnicas que las tiñeran, Cajal volvió a apoyarse en el magisterio de Simarro. En el trabajo Estructura del protoplasma nervioso (1896) recurrió a las “investigaciones de Simarro, [que] son tanto más interesantes, cuanto que han sido hechas en estado fresco a favor de un método especial de aplicación del azul de metileno”.
     Un año después, comunicó al neurohistólogo sueco Gustaf Retzius que estaba utilizando otro “método especial” de Simarro, consistente en la “coloración por el ácido ósmico y el ácido pirogálico”. No obstante, el problema se solucionó con un tercero, el “proceder fotográfico” ideado por Simarro, que éste dio a conocer en 1900 en la revista del propio Cajal y que demostró el mes de abril de 1903 en el XIX Congreso Internacional de Medicina celebrado en Madrid. Cajal introdujo una modificación de dicha técnica, el célebre método del nitrato de plata reducido, que utilizó sistemáticamente, logrando mostrar la disposición neurofibrilar en el interior de las células nerviosas, así como desmentir las críticas que, basándose en ella, se habían hecho a la teoría de la neurona. Durante el trienio 1905-1907, Cajal estudió la regeneración y la degeneración de los nervios y de las vías nerviosas centrales. Entre otros hallazgos, demostró que las nuevas fibras aparecidas en el cabo periférico de un nervio cortado son brotes axónicos del cabo central. A partir de 1907, aplicó la misma técnica de tinción a investigaciones comparadas de la textura del cerebro, del bulbo raquídeo y del origen de los nervios motores y sensoriales, así como al análisis de la estructura del núcleo neuronal.
     Dos innovaciones técnicas abrieron la última etapa de la trayectoria científica de Cajal; sus métodos del formol-urano y del sublimado-oro (1912-1914). Con el primero consiguió estudiar el aparato endoneuronal de Golgi. Con el segundo, impregnar la neuroglia de tipo protoplasmático, lo que influyó en las investigaciones que sobre la glioarquitectonia realizó después Nicolás Achúcarro, también discípulo de Simarro.
     Aunque su temprana muerte en 1916 le impidió desarrollarlas, fueron continuadas por Pío del Río- Hortega, que ideó el método del carbonato argéntico (1917), decisivo para su descubrimiento de la microglía (1919), internacionalmente denominada “células de Hortega”, y más tarde de la oligodendroglía (1921). La importancia de esta contribución, junto a la avanzada edad de Cajal y la personalidad de Río Hortega, fueron las principales circunstancias que condicionaron el choque entre ambos en octubre de 1920, que había sido interpretado de forma arbitraria en los estudios sobre ambos hasta que la publicación de su correspondencia y el detenido análisis de sus publicaciones en dicho momento nos ha permitido conocerlo con precisión.
     Como testamento científico de Cajal puede considerarse el capítulo sobre la teoría de la neurona para un volumen, dirigido por Oswald Bumke y Otfrid Foerster, del gran Handbuch der Neurologie, que apareció después de su muerte. El retraso motivó que publicara antes el original castellano en la revista Archivos de Neurobiología, con el título de “¿Neuronismo o reticularismo? Las pruebas objetivas de la unidad anatómica de las células nerviosas” (1933).
     Cajal fundó una importante escuela que realizó trabajos de gran relieve sobre diversos capítulos de la histología del sistema nervioso. Sus principales discípulos directos fueron Jorge Francisco Tello, Domingo Sánchez Sánchez, Fernando de Castro y Rafael Lorente de No. Influyó también en Achúcarro y en Río Hortega, a pesar del enfrentamiento recién citado.
     La repercusión internacional de su obra, que fue extraordinaria en su época, continúa en buena parte vigente, lo que no sólo se refleja en las numerosas reediciones de obras suyas en diversos idiomas, sino en las elevadísimas cifras de citas que continúa recibiendo en las publicaciones actuales sobre neurociencias y disciplinas afines.
     La vida y la obra de Cajal tienen otros aspectos que no pueden ser resumidos aquí. El interés de sus escritos literarios y ensayísticos reside casi exclusivamente en la personalidad del autor. El más notable es, sin duda, la autobiografía Recuerdos de mi vida (1901- 1917). La fotografía fue una afición desde los años jóvenes a la que dedicó varias publicaciones, entre ellas, el libro La fotografía de los colores (1912). Mayor importancia tiene su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias (1897), reeditado después con ampliaciones con el título Reglas y consejos sobre investigación biológica, que asocia una epistemología básicamente positivista con un nacionalismo voluntarista y apasionado. Y, en fin, profeta en su tierra, Santiago Ramón y Cajal tuvo un reconocimiento final en el centenario de su nacimiento al ser agraciado a título póstumo con la merced de marqués de Ramón y Cajal por el entonces Jefe del Estado, Francisco Franco Bahamonde, sucediendo enseguida en el mismo su hija María Ramón y Cajal Cornejo (José María López Piñero, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Un paseo por el Barrio del Retiro Obrero

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Barrio del Retiro, de Sevilla, dando un paseo por él.
     Hoy, 1 de mayo, Fiesta de San José Obrero, el carpintero de Nazaret, que con su laboriosidad proveyó la subsistencia de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en los trabajos de los hombres. Por esta razón, en el día de hoy, en que se celebra la fiesta del trabajo en muchas partes del mundo, todos los obreros cristianos honran a san José como modelo y patrono suyo [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Barrio del Retiro Obrero, de Sevilla, dando un paseo por él.  
     El Barrio del Retiro Obrero es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Macarena, delimitado por las vías siguientes: c/ Alhelí, c/ Amante Laffón, c/ Manuel Ródenas, avda. Miraflores, c/ Albaida, y c/ Llerena.
     El Barrio del Retiro Obrero lo componen las vías siguientes: c/ Albaida, c/ Alhelí, c/ Amante Laffón, c/ Francisco Moraga, c/ General Marva, c/ Gumersindo Azcárate, c/ José Maluquer, c/ Llerena, c/ Manuel Ródenas, avda. Miraflores, c/ Palma del Río, y c/ Previsión.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     Se denomina así desde el comienzo de su construcción en 1927 a propuesta de la promotora, la Caja de Seguros Sociales y de Ahorros, por el primer seguro social que se crea en 1919 y que fue popularmente conocido como el de la "perra gorda". En 1935 se rotulan oficialmente sus calles, que con anterioridad estaban numeradas del uno al siete. Tiene una planta trapezoidal con un trazado viario en retícula que da lugar a manzanas rectangulares, a excepción de las que ocupan los lados oblicuos. Se levanta sobre la antigua Huerta de la Pintada, de la que se tienen noticias escritas indirectas desde mediados del s. XIX. Las obras de defensa que se realizan a principios de este siglo permiten que se comience a urbanizar uno de los sectores más afectados por las inundaciones. En 1926 se encarga a José Gómez Millán el proyecto de la barriada social, que comprende un total de 300 casas unifamiliares y cuatro grupos de casas colectivas, beneficiándose de la ley de Casas Baratas de 1921; las obras se prolongan hasta 1935. En 1959 se utilizó parte de sus instalaciones como refugio para las familias que habían quedado sin viviendas a raíz de una inundación.
     La edificación responde a la idea de ciudad-jardín, en la que se distinguen dos tipos de casa unifamiliar: de una planta con jardín delantero, o de dos sin jardín. Las colectivas tienen tres plantas y son del tipo de casas de escalera, que se agrupan en tomo a un patio interior común y un jardín delantero. Su arquitectura es de un regionalismo clasicista, de paramentos blancos sobre los que destaca el tejaroz de ventanas y balcones. En la actualidad numerosas casas unifamiliares se han reformado, han perdido el jardín, se les han añadido nuevas plantas, o se han modificado las fachadas en cuanto al diseño y materiales con que estaban hechas en su construcción inicial. En el proyecto original se incluía una serie de equipamientos, como baños públicos, biblioteca y dispensario, que habrían de ubicarse en una calle central, perpendicular a Miraflores, a la que se le da el doble de anchura que a las demás. Actualmente tiene iglesia, construida en 1930, escuela y dos edificios destinados a almacenes del Instituto Nacional de la Salud. Su equipamiento comercial se reduce a algunas pequeñas tiendas de alimentación en Miraflores y Previsión. En líneas generales, el conjunto tiene una notable calidad ambiental y presenta un buen estado de conservación tanto de los edificios como de las calles [Joaquín Cortés José, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto, Patronazgo e Iconografía de San José;
LEYENDA
   José, esposo de la Virgen y padre nutricio de Jesús, apenas es mencionado en los Evangelios canónicos; y el de san Marcos ni siquiera lo nombra.
   Los Evangelios Apócrifos, especialmente el Protoevangelio de Santiago y la Historia de José el carpintero, escritos coptos del siglo IV, se dedicaron a colmar esta laguna con detalles pintorescos copiados en su mayoría del Antiguo Testamento.
    Relatan que José, descendiente de la estirpe de David, a pesar de sus orígenes reales, ejercía el humilde oficio de carpintero (faber lignarius), que fabricaba yugos, arados y hasta ratoneras. Según otra tradición, menos difundida, que se explica por el significado habitual de la palabra faber (obrero,artesano), habría sido herrero.
    Este pretendido descendiente «proletarizado» de los reyes de Israel habría tenido más de ochenta años cuando se casó con  la Virgen que tenía catorce. El milagro del florecimiento de la vara gracias al cual se impuso a los otros pretendientes más jóvenes, es una copia evidente del relato de la designación de Aarón como sumo sacerdote, que está en el Pentateuco (Números,17).
   Del mismo libro (Números,6:11-29) los Evangelios Apócrifos copiaron la historia de María bebiendo el agua probática en el templo, Juicio de Dios infligido a José y a la Virgen, después del descubrimiento de su embarazo.
   Las revelaciones de las místicas María de Ágreda y Catalina Emmerich, lo asimilan a su homónimo, José de Egipto. Igual que éste, habría sido perseguido por sus hermanos. Demás está decir que estas novelas piadosas sólo tienen un objetivo edificante.
   Los teólogos de la Edad Media han discutido interminablemente acerca de la naturaleza del matrimonio de José: ¿Ha sido el marido, o sólo el protector de la Virgen?¿El vínculo que les unía debe calificarse de copula carnalis o de maritatis societas?¿Puede llamarse esposos a quienes viven juntos sin te­ner relaciones carnales?
   Los doctores de la Iglesia opinan con la afirmativa. Explican que ese matrimonio casto (virginale conjugium) era indispensable para que la Virgen no fuera acusada de haberse dejado seducir, lo cual la habría expuesto a ser lapidada, y sobre todo para dar el pego al demonio, siempre al acecho, y ocultarle el misterio de la Encarnación (Huic Maria desponsatur ne Diabolo prodatur ratio mysterii).
   La virginidad de María no basta a los teólogos de la Edad Media: además, pretenden establecer, por añadidura, la virginidad de José antes y después de su boda. La tradición le atribuía numerosos hijos de su primera mujer, pero a santo Tomás de Aquino le repugna admitirlo. Según éste, debe creerse que así como la madre de Jesús permaneció virgen, lo mismo ocurrió con José. «Credimus quod, sicut Mater Jesu fuit virgo, sic Joseph.» Un hagió­grafo contemporáneo lo califica de padre virgen de Jesús.
   José acompaña al Niño Jesús a Egipto y lo trae de nuevo a Nazaret tras la muerte de Herodes. Después de lo cual desaparece de la escena. Ignoramos la fecha de su muerte, aunque la leyenda lo haya convertido en un pa­triarca centenario, se supone que murió antes de la Pasión de Jesús, puesto que no aparece en las Bodas de Caná, adonde sin duda habría sido invitado en compañía de la Virgen. En cualquier caso, está ausente en la Crucifixión y reemplazado en el Descendimiento de la Cruz y en el Enterramiento,  por otro José, José de Arimatea. .
   Casi no se puede dudar -escribió san Francisco de Sales-que el gran san José falleció antes de la muerte del Salvador quien, de no ser por ello,no hubiese encomendado su madre a san Juan.
CULTO
   No existen reliquias personales de san José, de lo cual se creyó poder concluir, al igual que en el caso de la Virgen, que su cuerpo había sido elevado al Cielo.
   La colegiata de Saint Laurent de Joinville, en Champaña, se jactaba de poseer el verdadero cinturón de san José, que habría sido confeccionado por la  Santísima Virgen y llevado a la cruzada de 1254 por el Señor de Joinville. Nada más singular que la curva o representación gráfica del culto de José, quien después de haber sido escarnecido durante la Edad Media como un personaje menor, e incluso cómico, a partir del siglo XVII se convirtió en uno de los santos más venerados de la Iglesia católica, asociado con la Virgen y con Jesús en una nueva Trinidad que se llama la Trinidad jesuítica (Jesús, María y José) y promovido en 1870 a la jerarquía de patrón de la Iglesia universal. En los anales de la devoción existen pocos ejemplos de un ascenso se­mejante y de un retorno tan completo.
El escarnio de José
   Puede decirse que en la Edad Media san José también ha sido sistemáticamente rebajado al tiempo que se exaltaba a la Virgen. En verdad, se trataba de probar la divinidad de Cristo, nacido de una Virgen y del Espíritu Santo, y de no permitir que se creyera que José pudiera ser su verdadero padre. De ahí la tendencia auspiciada por la Iglesia de reducirlo a la condi­ción de un mero figurante.
   Los autos sacramentales del teatro de los Misterios le asignaban un papel ridículo de anciano pasmado, tenía el empleo del «bufón» de los dramas shakespearianos. En el momento del parto, la Virgen lo envía a buscar una linterna; como si se hubiera resfriado en la gruta, José estornuda y apaga la luz. María le pide que caliente la sopa, pero él vuelca el caldero con torpeza. Como no tenían pañales para arropar al recién nacido, él ofrece unos viejos cal­zones agujereados.
   Su torpeza sólo se iguala con su avaricia de roñoso. Se apresura a meter en el cofre las ofrendas de los Reyes Magos, y cuando se trata de pagar un óbolo para la Presentación de Jesús en el templo, mete la mano en la bolsa re­funfuñando.
   Durante la Huida a Egipto, su comportamiento es aún más indigno. Un ángel le anuncia los malos designios de Herodes y le ordena evacuar hacia Egipto a la Virgen con el Niño. Ejecuta la orden de muy mala gana, des­pués de haber empeñado el velo de la Virgen y su propio turbante para conseguir dinero que le permita comprar vino (o cerveza, según un auto de fe alemán).
   Se queja porque debe cargar el equipaje en solitario, y recomienda a la Virgen María que llene bien su cantimplora, puesto que es viejo y necesita reconfortarse con tragos frecuentes. E incluso invita a la Virgen a beber un trago con él, y ésta le reprocha que haya vaciado la botella que debiera durar al menos tres días más.
   Los versos del poeta Eustache Deschamps muestran hasta qué punto «el bueno de José» era poco respetado a finales de la Edad Media:
   En Égypte s'en est alié,
Tout lassé,et troussé
D'une cotte et d'un baril.
Viel, usé
C'est Joseph le rassoté.
   (A Egipto se fue / Cansado y provisto / De un sayal y un barril. / Viejo, gastado / Está José, el tonto.)
   Auténtica «cabeza de turco», es el blanco de los versificadores del teatro de los Misterios, que lo acribillan con burlas irreverentes, al igual que a otro personaje de los Evangelios, Nicodemo, el «descendedor» de Cristo, cuyo nom­bre abreviado dio el sustantivo nigaud (bobo).
   Aún en la época del concilio de Trento, el teólogo Molano confirma que a José se le endilgó reputación de tonto que apenas podía contar hasta cinco (Qui vix quinque numerare possit).
   En el siglo XVIII, Gentileschi lo muestra durmiendo a pierna suelta, parece oírsele roncar mientras la Virgen amamanta al Niño.
La Glorificación de José
   ¿Cómo semejante personaje de comedia pudo convertirse en uno de los santos favoritos de la devoción popular? El mérito corresponde a las campañas de sus defensores franceses, el más ardiente de los cuales fue el canciller de la universidad de París, Jean Gerson; a las órdenes especialmente dedicadas a la Virgen (carmelitas, servitas) ya los predicadores  populares. Los Martirologios lo llaman gemma mundi, nutritor Domini. El anillo de boda de ónice que habría dado a la Virgen, era venerado en Perusa, en la Capilla del Anillo (Cappella dell' Anello). Su bastón se conservaba en la iglesia de los camaldulenses de Florencia. A principios del siglo XV, el teólogo Juan Gerson compuso en su honor un poema latino de tres mil versos titulado Josephina: en él se solicita al concilio de Constanza la institución de la fiesta de los Desposorios de san José. En el año 1489, Tritemio (Trithemius) compuso un tratado que se titula De Laudibus S. Josephi. Por último, el papa franciscano Sixto IV (1471-1484) introdujo la fiesta de san José en la liturgia de la iglesia romana.
   En el siglo XVI, el dominico Isolano redactó en Pavía, en 1522, un Sumario de los dones de san José, a quien atribuye los siete dones del Espíritu Santo. Fue él quien popularizó el relato apócrifo de la Muerte de José.
   La corporación de los carpinteros de obra y carpinteros, edificó en 1958 la primera iglesia romana que se puso bajo la advocación de san José: San Giuseppe dei Falegnami. En Bolonia se le había dedicado otra, más antigua.
   Su creciente popularidad después del concilio de Trento, sobre todo se debe a santa Teresa, reformadora de la orden carmelita, a los fundadores de la orden jesuítica y de la orden salesiana: san Ignacio de Loyola y san Francisco de Sales.
   Santa Teresa adoptó como patrón al glorioso san José a quien llamaba «El padre de su alma», le atribuía su curación y le dedicó su primer convento de Ávila. La iglesia de los carmelitas de París también fue puesta bajo la ad­vocación de Saint Joseph.
   Los jesuitas le concedieron un sitio en su Trinidad: J. M. J.(Jesús, María, José), popularizada por esta oración:
   O veneranda Trinitas 
   Jesus, Joseph et Maria.
   En el siglo XVII, Francisco de Sales, quien consideraba a José como el mayor de todos los santos, lo convirtió en patrón de las religiosas salesianas (de la orden de la Visitación). Las ursulinas siguieron el ejemplo de las salesianas y de las carmelitas.
   La nueva devoción a san José es una copia de la que se profesaba a la Virgen. Los Siete Dolores y los Siete Gozos de san José están simbolizados por un cordón de siete nudos que los devotos llevaban bajo la ropa.
Patronazgos
   Las únicas corporaciones que lo reivindican son las de los trabajadores de la madera: carpinteros de obra y carpinteros, a las cuales se asocia la de los zapa­dores, porque  colocaban el maderamen de los puentes. En nuestra época se lo convirtió en el patrón de los obreros en general.
   Como en Belén no encontró alojamiento para la Virgen y él, se convirtió además en el patrón de los mal alojados o sin casa, clientela singularmente im­portante en nuestros días de crisis de la vivienda.
   Su fama de virgen le valió el ser invocado por los laicos, y sobre todo por los religiosos, para conservar su castidad. Se recurría a él para reprimir los impulsos de la carne (carnis motus refrenare) o para enfriar los ardores lle­vando el cordón de san José (pro castitate servanda) sobre la piel.
   O sancte Joseph, propera.
   Aestum carnis refrigera.
   Los himnos compuestos en su honor lo glorifican por haber sido: senex expers libidinis, sponsus pudicissimus, e incluso hasta «eunuchus puerperae».
   San Bernardo lo comparaba con su homónimo José de Egipto, tanto por su castidad como por la frecuencia con que Dios lo advertía en sueños.
   Al mismo tiempo, se convirtió en el patrón de la buena muerte. En efecto, se contaba  que Jesús lo había asistido durante su agonía y le había enviado a los arcángeles Miguel y Gabriel para recoger su alma acechada por el demonio. De ahí deriva el hecho de que su intercesión sea invocada por los morbundos, con preferencia a la de los ángeles que tienen la misma función en el Ars bene moriendi.
   El nombre de pila José era practicamente desconocido en la Edad Media. Fue a partir del siglo XVII que se dio a los grandes señores, e incluso a los reyes de Portugal o a los emperadores de la dinastía de los Habsburgo.
   En 1621, el papa Gregorio XV decidió que la Iglesia entera celebrara la fiesta de san José el 19 de marzo.
   En el siglo XIX se consagró oficialmente  su triunfo. En 1847, Pío IX instituyó el culto del Patronazgo de san José. En 1870 el papa elevó el rito de su fiesta (19 de marzo) y lo proclamó patrón de la Iglesia universal. El mes de marzo se convirtió en el mes de san José, para formar pareja con el mes de María.
   El culto del santo se difundió tanto que la Santa Sede se vio obligada a cal­mar el fervor de los devotos. La Congregación de los Ritos condenó el culto al corazón de San José copiado del profesado al Sagrado Corazón de Jesús, en 1873; al igual que la plegaria Ave José, que es un calco del Ave María. 
   A pesar de dichas advertencias y  frenos, la devoción a san José adquirió en Canadá un auge prodigioso. Ya en 1624 los primeros habitantes de Quebec lo habían elegido como patrón. En 1904, F. André construyó cerca de Montreal un modesto oratorio de madera que en 1941 se convirtió en una majestuosa basílica de piedra blanca cuya cúpula rivaliza en amplitud con la de San Pedro de Roma. Es el mayor santuario del mundo dedicado a san José. Montreal se convirtió en un centro de Joselogía.
ICONOGRAFÍA
   La iconografía de san José es paralela a la evolución de su culto; es tardía, y alcanzó su apogeo con posterioridad al concilio de Trento.
   Comporta dos tipos muy diferentes. En el arte de la Edad Media, el esposo virginal de la Virgen (virgineus sponsus Virginis) está representado casi siempre con los rasgos de un anciano de cabeza calva y barba blanca. A partir del siglo XVI, los artistas lo rejuvenecieron y le confirieron el aspecto de un hombre de cuarenta años, con todo el vigor de esa edad. Los teólogos habían tomado la delantera, desde  principios del siglo XV, en el concilio  de Constanza, el canciller de la universidad de París, Juan Gerson, sostenía que san José no tenía ni cincuenta años cuando se casó con la Virgen María.
   Además, mientras el arte medieval casi nunca lo representa aisladamente, sin duda por temor de justificar mediante imágenes la herejía de la concepción natural de Cristo, después de la Contrarreforma se lo honró representándolo por sí mismo, ya como carpintero de obra, ya como padre nutricio de Jesús.
   l. En el primer caso, tiene como atributos los utensilios de su oficio: un hacha, una sierra, una garlopa o una escuadra.
   2. En el segundo caso, se lo reconoce por su vara florecida, que alude a su victoria sobre los otros pretendientes de la Virgen, transformada en tallo de lirio, símbolo de su matrimonio virginal. Tiene un cirio o una linterna durante la noche de la Natividad. Lleva al Niño Jesús en los brazos o le conduce de la mano como el arcángel Rafael acompañando al joven Tobías. Excepcionalmente, está caracterizado como Judío por el cuchillo de circuncisión y el sombrero puntiagudo de la judería.
   A veces forma pareja con su homónimo, José de Arimatea. Los dos José del Nuevo Testamento forman de esa manera una pareja hagiográfica análoga a la de los dos santos Juanes.
   Gracias a la propaganda de su defensora, santa Teresa, se hizo singularmente popular en el arte español. Es, junto a la Virgen de la Inmaculada Concepción, el tema preferido de Murillo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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