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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 4 de noviembre de 2019

El Retablo de San Carlos Borromeo, en la Iglesia del Convento de San José del Carmen, vulgo de "Las Teresas"

 

    Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de San Carlos Borromeo, en la Iglesia del Convento de San José del Carmen, vulgo de "Las Teresas", de Sevilla.     
   Hoy, 4 de noviembre, Memoria de San Carlos Borromeo, obispo, que nombrado cardenal por su tío materno, el papa Pío IV, y elegido obispo de Milán, en Italia, fue en esta sede un verdadero pastor fiel preocupado por las necesidades de la Iglesia de su tiempo. Para la formación del clero convocó sínodos y erigió seminarios, visitó muchas veces toda su diócesis con el fin de fomentar las costumbres cristianas y dio muchas normas para bien de los fieles. Pasó a la patria celeste en la fecha de ayer (1584) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Retablo de San Carlos Borromeo, en la Iglesia del Convento de San José del Carmen, vulgo de "Las Teresas", de Sevilla.
     El Convento de San José del Carmen (Las Teresas), se encuentra en la calle Santa Teresa, 5; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     El Retablo de San Carlos Borromeo se halla situado en el lado de la Epístola, y tiene en su centro una escultura de bulto del Santo, rodeado por doce tablas con escenas de su vida.
     Su estructura arquitectónica deriva de la de los retablos manieristas de fines del siglo XVI, siendo la composición de la parte interna del arco y de sus intradós muy similar a la de algunos retablos de dicha época, tales como el de San Juan Evangelista del Convento de Madre de Dios de Sevilla, obra de Jerónimo Hernández: cuatro cuadros flanquean la hornacina principal, y sobre ésta hay otra escena rematada por un frontón triangular, cuyo vértice se halla partido por una cartela oval; también derivado de este retablo y de otros del momento, es la ménsula de cuarto de bocel que constituye uno de los elementos más característicos de su arquitectura, y se repite en las pilastras interiores, en los marcos de los cuadros interiores, en el banco, etc., elemento de profunda raíz manierista.
     Los primeros datos que sobre el mismo poseemos, se refieren a la venta por el Convento a Juan Castillo de la Hoz del arco y altar de San Carlos, así como el derecho de hacer una bóveda al pie del altar, como sepultura para él y para sus herederos, según escritura fechada el 18 de septiembre de 1627, junto a la que se incluye la licencia del Padre Provincial, Fray Luis de San Jerónimo, para que la comunidad pudiera realizar dicha venta.
     En esta escritura se dice que "la capilla y altar de San Carlos está en la iglesia, al lado del Evangelio del altar mayor", lugar que corresponde al Presbiterio, frente a la reja del Coro Bajo, donde actualmente se encuentra el retablo de la Transverberación de Santa Teresa, y es muy posible que al construirse éste, a finales del XVII, el de San Carlos fuera trasladado al lugar que hoy ocupa, en el segundo arco del muro de la Epístola.
     El hecho de que este retablo se hallase en sitio tan preferente de la iglesia puede relacionarse con la tradición a que ya hemos aludido, referente a que en el solar donde actualmente se levanta el convento existía una capilla dedicada a San Carlos, donada con la condición de que se tributase culto al Santo en un altar del templo que se edificare, tradición que no hemos podido refrendar documentalmente por lo que podría basarse sólo en la leyenda, ya que por otra parte en la época en que se adquirieron las casas para el convento solamente hacía dos años que había fallecido San Carlos. Al mismo tiempo, no podemos olvidar que el Santo italiano fue un gran propulsor de la reforma tridentina, lo que le relaciona con Santa Teresa y que, desde su canonización en 1610, se convirtió inmediatamente en uno de los santos más populares de la Contrarreforma, lo que podría ser otra explicación de la existencia de este retablo en el convento, que presenta los rasgos estilísticos más primitivos entre los de la iglesia.
     La hornacina central esta ocupada por un busto de San Carlos Borromeo sobre una peana, en la que hay una reliquia de un trozo de lienzo. La entrada de esta escultura en el convento debió realizarse sobre el 15 de diciembre de 1614, fecha en la que se anoa "el aumento en la sacristía de un medio cuerpo de San Carlos Borromeo, con una reliquia suya en el pecho, una diadema de plata dorada y un libro de sus estampas".
     Esta escultura, de gran realismo y naturalismo, nos representa a San Carlos vestido con una muceta cardenalicia y con su característico rostro, de nariz larga y aguileña, frente alta, piel morena, tez pálida y con un poco de barba, rostro que se repetirá en todos los cuadros del retablo. La iconografía de este santo es internacional, y en todas su representaciones es figurado con un rostro de rasgos muy semejantes, sirviendo de ejemplo la comparación de esta imagen con otras, como la realizada por Juan de Mesa, en 1618, para el Hospital de Nuestra Señora de la Paz de Sevilla.
     Así pues, el busto de San Carlos estaba ya en el convento cuando se vendió el retablo, y al construirse éste se hizo una repisa en la hornacina central para la escultura. Quizá por ello, para evitar posteriores problemas relacionados con la propiedad de esta imagen, en la escritura de venta del retablo se especifica claramente: "que el adorno e santo e retablo que está en el dicho altar es del dicho Juan Castillo de la Hoz, el cual lo puso e costeó de sus propios bienes y haciendas sin que este convento contribuyese en ello cosa alguna".
     Flanqueando la hornacina de San Carlos, y en el intradós del arco, se encuentran los cuadros en que se representan minuciosamente los principales acontecimientos de su vida, teniendo la mayor parte de ellos una leyenda latina en su parte inferior, que se refiere a la escena descrita en la pintura.
     Cronológicamente comienzan por el situado en la parte inferior del lado derecho, con el acontecimiento milagroso que sucedió en el momento de su nacimiento, tal como indica el epígrafe: "SUPER NASCENTEM CAROLUM ADMIRABILE LUMEN APPARENT", refiriéndose a una brillante luz que surgió en el cielo en el momento de nacer Carlos, hijo de la ilustre familia de los Borromeos, hecho que tuvo lugar en el castillo de Arona, sobre el lago Majeur. La escena transcurre en el interior de una habitación, en la que dos mujeres proceden a lavar al recién nacido, mientras que un anciano personaje señala el resplandor, que procedente del cielo, penetra por la ventana. Al fondo, en un espacio superior, vemos el castillo y un grupo de asombrados soldados contemplando el prodigio.
     El cuadro superior lleva la leyenda: "AD HUC PUERULUS DIVINUS TOTUS EST DEDITUS", y representa a San Carlos en su infancia, rezando ante un altar, pues según narran sus biógrafos, siendo niño era muy aficionado a hacer altares, adornarlos y remedar las ceremonias de la Iglesia, demostrando desde corta edad su inclinación hacia el estado eclesiástico.
     Parece que, cronológicamente, el cuadro siguiente es el superior del lado izquierdo con el epígrafe "FOEMINARUM INSIDIAS IUVENIS PUDICUS PLURIES VITAT", que representa la escena en que el joven Carlos huye ante las insinuaciones de una mujer, mientras que un caballero trata de llevarlo hacia ella. Esta escena podría corresponder a la época que pasó en Pavía, donde fue enviado para acabar sus estudios, y a pesar de ser una ciudad donde reinaba el desorden, él supo mantener su pureza.
     El cuadro inferior a éste, con la leyenda "IN PONTIFICI ANUNCULO IUVANDO CARDINALIS ET ARCHIEPUS SAPIENTISSIME SE GERIT", se refiere a que al ser elegido Papa su tío, el Cardenal de Médicis, con el nombre de Pío IV, llama a Carlos a Roma, donde a la edad de 23 años le nombra Arzobispo de Milán y lo eleva a la dignidad de Cardenal. Se representa el momento en que el Papa impone el capelo cardenalicio al Santo, que permanece arrodillado ante él, mientras algunos cardenales y obispos contemplan la escena.
     Pronto Carlos se convirtió en el tipo perfecto de obispo de la Contrarreforma, y en el rechazo viviente del protestantismo, procurando introducir en todas las partes la reforma tridentina. Los dos cuadros siguientes, situados en la jamba izquierda del arco, tratan de esta labor. Así, el inferior, con la leyenda "AD PIA LOCA RESQUES SACRAS VENERANDAS LABORIOSAS PEREGRINACIONES SUBIT", nos lo muestra predicando en las afueras de una ciudad, cuya arquitectura nos evoca el Renacimiento italiano, ante un grupo de personas que le escuchan atentamente.
     Igualmente el situado sobre éste, que le representa en el momento de escalar una montaña, y que lleva la leyenda: "PROPRIAS OVES PER MONTES ET VALLES UT BONUS PASTOR QUERIT VISCITAR PASCIT", refiriéndose a que, como Arzobispo de Milán tuvo que visitar Suiza en varias ocasiones, país en que poseía buena parte de su diócesis, y guiado por su celo apostólico llegaba hasta los pueblos más escondidos de las montañas.
     Los cuatro cuadros de la rosca del arco se refieren a escenas ocurridas durante la terrible peste que asoló Milán en el año 1575, y en la que San Carlos se distinguió por su humanitaria labor, ocupando el sitio del gobernador que había huido. Así, en uno de ellos vemos las procesiones que se organizaron por las calles de la ciudad para implorar el fin de la enfermedad, y en las que el Santo marchaba con los pies descalzos, una cuerda al cuello y un crucifijo en la mano. Otro cuadro nos lo representa de rodillas ante un altar, haciendo penitencia, y en los otros dos se le figura visitando a los enfermos postrados en cama a los que consuela y bendice.
     Este es el momento de su vida que el arte ha representado con mayor preferencia, ya que llegó a convertirse en el patrón más eficaz contra la peste, suplantando incluso a los santos abogados contra dicha epidemia más renombrados de la Edad Media, tales como San Sebastián y San Roque.
     En su afán reformista le surgieron muchos enemigos, que llegaron a tratar de asesinarlo, talo como vemos en el cuadro superior de la jamba izquierda, con la leyenda: "PERCUSSUS ORANS MANUARIO TORMENTO NIHIL LEDITUR", referente al episodio sufrido cuando trataba de reformar la Orden de los Humillados, encontrando numerosas oposiciones, contratándose incluso un asesino para quitarle la vida. Este entró en la capilla donde Carlos estaba rezando en unión de su familia y le disparó desde muy cerca, de manera que la bala atravesó sus vestidos, pero se detuvo al llegar a la piel, mientras que el cardenal, inmóvil y sereno, siguió rezando como si nada hubiera sucedido.
     El cuadro inferior a éste, con el epígrafe: "IN MONTE VARALLIO EXTREMOS VITAE DIES CUM LACHRIMIS IEUNIIS ET PRECIBUS TRADUCIT", se refiere a los últimos días de su vida, en que se retiró al Monte Varalio donde se dedicó a la oración y penitencia.
     Sintiéndose enfermo regresó a Milán, donde falleció en el año 1584, a los 47 años de edad, escena representada en el cuadro situado en la parte central del retablo, bajo el frontón triangular.
     A su muerte, la fama de su santidad era tan grande que el fervor popular lo canonizó años antes de que el Papa Paulo V lo hiciera de forma oficial el 1 de noviembre de 1610, de manera que ya en 1602 su vida era representada en los cuadros pintados para la Catedral de Milán y en los del colegio Borromeo de Pavía, pintados en 1604.
     En cuanto a su composición, estos doce cuadros presentan una serie de rasgos comunes: las escenas interiores transcurren en una habitación en la que las arquitecturas y los pesados cortinajes de grandes pliegues forman el escenario donde se desarrolla la acción, y al fondo se abre una ventana o puerta donde puede verse otra escena a escala más reducida. Esta composición espacial llamada por Gállego "escena bipartita" o "composición de pisos" deriva de la pintura italiana renacentista, siendo muy utilizada por los pintores españoles del XVII y no constituyendo sólo un hallazgo meramente estético, sino una clave para leer los acontecimientos de la historia contada. Al mismo tiempo, la abertura del fondo crea una sensación de profundidad a la que contribuyen las líneas de las baldosas, alfombras, altares, etc. En la mayor parte de los cuadros estas perspectivas están muy mal conseguidas, como vemos por ejemplo en la escena en que el Santo niño reza ante un altar, hallándose la figura del niño en un plano completamente diferente al del altar y la alfombra.
     Este y otros detalles de los cuadros parecen indicar que el pintor debía ser un artista de segunda categoría, y probablemente inspirándose en alguna de las numerosas series de grabados sobre la Vida de San Carlos, cometía numerosas imperfecciones técnicas al tratar de reproducir las escenas conocidas.
     En los cuadros cuya acción transcurre en el exterior, los personajes principales se hallen en un primer plano, viéndose al fondo un paisaje o una ciudad amurallada con sus cúpulas y torres, que parece representar alguna ciudad italiana.
     Se trata de una pintura narrativa y descriptiva, en la que todos los detalles de los diferentes acontecimientos están tratados con una gran minuciosidad y detallismo, estando los personajes vestidos a la moda del siglo XVII, dato que junto a las fechas que conocemos relacionadas con este retablo y los rasgos estilísticos de las pinturas y arquitectura del mismo, permiten situar este conjunto en los primeros años del siglo XVII [María Luisa Cano Navas, El Convento de San José del Carmen de Sevilla. Estudio histórico-artístico. Universidad de Sevilla, 1984].
    Los primeros datos que se poseen, se refieren a la venta por el Convento a Juan Castillo de la Hoz, del arco y altar de San Carlos, así como del derecho de hacer una bóveda al pie del altar para él y sus herederos, según escritura del 18 de septiembre de 1627. En ella se especifica que se construya, en el presbiterio junto a la reja del coro bajo. Lugar que hoy ocupa el Retablo de la Transverberación de Santa Teresa y que al construirse éste, a finales del siglo XVII, el de San Carlos fuera al lugar que hoy ocupa.
   Según la tradición, el lugar que actualmente ocupa el Convento, fue originariamente una capilla dedicada a San Carlos, donada con la condición que se le dedicara culto en una capilla. También es posible que su culto se deba a la popularidad que este santo tuvo en la reforma tridentina y canonizado en 1610, fue uno de los santos más populares en la Contrarreforma.
   El retablo es una obra anónima barroca, fechable en el 1º 1/4 del siglo XVII, se apoya sobre una mesa de altar. Está formado por un arco de medio punto flanqueado por pilastras dobles muy estrechas que sostienen el entablamento, decoradas con molduras. A continuación, un frontón partido que alberga una pintura enmarcada y rematada con un frontón triangular. En el intradós del arco se encuentran varias pinturas, una circular al centro, a continuación dos mixtilíneas y por último dos rectangulares. Se remata por un frontón partido con una cartela oval al centro con inscripción latina, rematada por un pináculo y sostenida por dos angelotes.
   Preside en el centro un busto de la imagen titular de san Carlos Borromeo, rodeado por doce tablas con escenas de su vida. Son pinturas narrativas y descriptivas que con toda clase de detalles muestran escenas de su vida, a la vez que los personajes con gran rigurosidad visten a la moda del siglo XVII.
   Se recogen cuatro cuadros en la rosca del arco, que tratan de la terrible epidemia de peste que asoló Milán en 1575 y en la que San Carlos se distinguió por su gran labor, ocupando el sitio del gobernador que había huido y convirtiéndose en el más eficaz patrón de esta epidemia. Se representan con gran detalle los acontecimientos más importantes de su vida, muchos de ellos conservan leyenda latina en la parte inferior alusiva a la escena presentada, como son: El nacimiento del santo, el santo orando, recibiendo el capelo cardenalicio, las tentaciones, su muerte, el retiro al Monte Varallo, orando en una capilla, orando ante un crucificado, visitando a un enfermo, Procesión, visitando enfermos, con los pastores, de peregrino (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Carlos Borromeo, obispo;
   Nacido en 1538 en Arona, a orillas del lago Mayor, y en la noble familia de los Borromeo, estudió derecho en la universidad de Pavía, luego fue llamado a Roma por su tío, el papa Pío IV que a la edad de 23 años lo nombró ar­zobispo de Milán y lo promovió a la dignidad de cardenal.
   Durante la peste de Milán, en 1575, se ocupó personalmente de curar a los apestados. Descalzo y con la cuerda en el cuello seguía las procesiones penitenciales del Santo Clavo para implorar el final de la plaga. Organizó la­zaretos, y movilizó a los sacerdotes y monjes como enfermeros. La epidemia acabó después de cobrarse, se dice, unas veinte mil víctimas.
   Ch. Lebrun lo representó arrodillado ante un crucifijo. Uno de los sacerdotes que lo acompañan levanta la cola de su manto cardenalicio y muestra sus pies ensangrentados. Murió en Milán en 1584.
CULTO
   Canonizado en 1612 por el papa Pablo V, inmediatamente se convirtió en uno de los santos más populares de la Contrarreforma. Se lo glorificó como el ideal de obispo defensor de la ciudad, y al mismo tiempo, como el patrón más eficaz contra la peste. Ya este título reemplazó a los santos antipesto­sos más afamados de la Edad Media, como san Sebastián y san Roque.
   Patrón de Milán, también fue adoptado por Roma. Al día siguiente de su canonización, en dicha ciudad se levantaron tres iglesias en su honor: San Carlo al Corso, iglesia de los lombardos que conserva su corazón; San Carlo ai Catinari (de los alfareros) y San Carlo alle quatro Fontane (de las cuatro Fuentes).
   En Florencia, los milaneses bautizaron su iglesia San Carlo dei Lombardi. Su culto se implantó también en la ciudad austriaca de Salzburgo, porque el arzobispo Wolf Dietrich estaba emparentado con la familia de los Borromeo (por ello se hizo de san Carlos el protector de la universidad de Salzburgo, fundada en 1625); y en Viena, porque era el patrón del emperador Carlos VI, quien después de la peste de 1713 le dedicó la magnífica iglesia con cimborrio de San Carlos (Karlskirche), obra maestra del arquitecto Fischer von Erlach. Las dos columnas historiadas que enmarcan el pórtico, desarrollan en espiral los principales acontecimientos de su vida. La iglesia de los jesuitas de Amberes, decorada por Rubens en 1620 estaba puesta bajo su advocación (Sint Carolus Borromeus).
ICONOGRAFÍA
   Sus características son una larga nariz aguileña, vestiduras litúrgicas de arzobispo o el capelo cardenalicio. Sus atributos son un crucifijo, una calavera, a veces una cuerda de penitente al cuello (aroperoundhisneck), que el san­to llevaba en las procesiones durante las epidemias de peste.
   El episodio más frecuentemente conmemorado de su vida es su caridad hacia los apestados. De ahí que suela estar representado en las capillas de los hospitales.
   Su iconografía, que pertenece al arte barroco de los siglos XVII y XVIII, es internacional: italiana, austriaca, flamenca y francesa (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).   
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El Retablo de San Carlos Borromeo, al detalle:

domingo, 3 de noviembre de 2019

Procesiones de hoy, domingo 3 de noviembre

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, domingo 3 de noviembre, en Sevilla.    
   Hoy, domingo 3 de noviembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de Todos los Santos
 
     Hdad. de Todos los Santos: La Real Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental de Nuestra Señora Reina de Todos Los Santos, Madre del Amor Hermoso, Medianera Universal de Todas las Gracias y Animas Benditas del Purgatorio; es ésta una corporación que ya existía en 1546, con sede canónica en la iglesia parroquial de Omnium Sanctorum, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora Reina de Todos los Santos, obra de Roque de Balduque en 1554, mientras que el grupo de los Arcángeles San Miguel y San Rafael, y los Santos que la acompañan en su paso procesional se atribuyen a Hita del Castillo en la 2ª 1/2 del siglo XVIII.

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El relicario de San Martín de Porres, anónimo, en el Convento de Madre de Dios


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el relicario de San Martín de Porres, del Convento de Madre de Dios, de Sevilla.      
   Hoy, 3 de noviembre, Memoria de San Martín de Porres, religioso de la Orden de Predicadores, hijo de un español y de una mujer de color, quien, ya desde niño, a pesar de las limitaciones provenientes de su condición de hijo ilegítimo y mulato, aprendió la medicina que, después, siendo religioso, ejerció generosamente en Lima, ciudad del Perú, a favor de los pobres. Entregado al ayuno, a la penitencia y a la oración, vivió una existencia austera y humilde, pero irradiante de caridad (1639) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el relicario de San Martín de Porres, del Convento de Madre de Dios, de Sevilla.
          El Convento de Madre de Dios, se encuentra en la calle San José, 4; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
   En el Convento de Madre de Dios se halla un relicario de San Martín de Porres en forma de ostensorio. Se inicia en una peana circular con pestaña saliente y recta, decorada con un friso inciso de motivos en zig-zag, y se levanta en forma troncocónica con escalón cóncavo inferior. El astil presenta un nudo en forma de jarrón y cuello bulboso donde se aloja el viril. Éste es ovalado con caja recorrida por un trenzado del que surge una ráfaga biselada de rayos desiguales que enmarcan una cruz de trazo vegetal. Colgando del viril se encuentra la teca circular con una orla de roleos y contiene una reliquia de San Martín de Porres. Esta pieza anónima de estilo neoclásico, es datable en el entorno 1801-30, realizada en oro y plata mediante las técnicas del burilado, fundición, sobredorado y torneado, con unas medidas de 21,7 x 9,8 cm (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 2 de noviembre de 2019

El Cementerio "San Fernando"


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio "San Fernando", de Sevilla.    
   Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Cementerio de San Fernando, de Sevilla.   
     El Cementerio "San Fernando", se encuentra en la avenida Doctor Fedriani, s/n; en el Barrio de La Bachillera, del Distrito Norte.
   Situado en el camino de Brenes, al noreste de la ciudad, lugar que hasta entonces había sido destinado a enterramientos provisionales en épocas de epidemias en la ciudad, y motivo por el cual la zona había quedado relacionada con el uso funerario, pareciendo lógico que dicho enclave fuera el destino para el Cementerio general. En 1849 las autoridades de Sevilla eligieron para dicho fin una de las huertas que lindaban con San Lázaro, llamada de “Lérida” o de “Leira”, cuyas características topográficas del terreno y su situación con respecto al Hospital de San Lázaro, favorecieran a la elección de dicho destino. Los trámites para llevar a cabo el proyecto de construcción de este necesitado servicio público, se acometieron con bastante celeridad y hacia 1850, tras haber superado todos los trámites, se comienzan las gestiones para la presentación de proyectos. En 1851, el arquitecto titular del Ayuntamiento, D. Balbino Marrón y Ranero, presenta el proyecto, aprobado por la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, para la edificación de la nueva necrópolis, de ambicioso y espléndido diseño, presentaba todas las novedades que hasta el momento se conocían en materia de Cementerios. El camposanto se extendía desde el antiguo “Camino de Cantillana” hasta el “Camino viejo de Córdoba”. Interiormente, el arquitecto plantea una planta trapezoidal con un ordenado trazado en damero, conformado por calles, senderos, plazas, rotondas y jardines, que se veía influenciado por otras necrópolis europeas como las francesas e inglesas. Este denominado “cementerio-jardín”, pese a la brillantez del proyecto tan solo se levantó en sus líneas maestras, presentando hoy el aspecto general planteado en el siglo XIX, levemente modificado por ampliaciones y reformas posteriores, pero omitiendo las grandiosas labores de jardinería, debido al avance de tumbas, mausoleos y capillas funerarias de diversa índole, y no levantándose ni la portada ni la espléndida capilla que proyectara Marrón.

   El Cementerio de San Fernando abrió sus puertas oficialmente el día 1 de enero de 1853, y como en todas las obras de esta envergadura los trabajos seguían adelante, y es que hasta finales del siglo XIX no nos encontraremos con un conjunto definido. Pero hemos de tener en cuenta que de estos primeros años de actividad del Cementerio ya se nos presentan algunos panteones que más tarde analizaremos.
   Destacaría en estos primeros años del Cementerio, la creación del “Cementerio de Disidentes de la religión Católica”, que habiéndose proyectado como una edificación separada, terminó por ocupar su espacio en el recinto, y es que aprovechando la irregularidad del terreno, sendos proyectos de D. Juan Talavera de la Vega en 1874 y D. Francisco Aurelio Álvarez Millán en 1876, se encargaron de segregar la cuartela de forma triangular que se extendía a la derecha de la fachada del Cementerio de San Fernando, y que sería el espacio destinado al mencionado “Cementerio Disidente”.
   Hacia 1909, el Ayuntamiento hispalense acometerá unas obras para el saneamiento del interior del recinto, presentándose varias propuestas para establecer desde la entrada una zona extensa de edificaciones que mejorara la estética y ordenación del interior. En 1916 se realizará el primer plano del Cementerio de San Fernando en el siglo XX, siendo el encargado de ello D. Antonio Arévalo. De estas mismas fechas es la primera propuesta de construcción de un horno crematorio, proposición planteada por uno de los concejales del Ayuntamiento, servicio el cual comenzó a prestarse a finales del siglo XX.
   En el año 1917 se aprueba un nuevo Reglamento que sustituyera al de 1852, donde se adecua el funcionamiento de la necrópolis en función de las necesidades del momento. Un año más tarde, en 1920, se produce una ampliación del cementerio mediante proyecto de D. Antonio Arévalo, ya que el proyecto de D. Balbino Marrón se vio superado dado el crecimiento de la ciudad y la población, que habiendo sido criticada por algunos, ganó adeptos con la proyección del sistema de enterramientos en nichos que había quedado en desuso en el siglo XIX. 

   En torno a los años treinta de la pasada centuria se iniciaron tareas de pavimentación, ajardinado y la mejora del paseo central y la rotonda del Cristo de las Mieles, bajo la dirección del arquitecto municipal D. Antonio Pérez Bergali.
   El Cementerio hispalense sufrió los avatares históricos del momento, adaptándose a las nuevas leyes establecidas por la República implantada en España entre 1931 y 1939, y el convulso momento de la Guerra Civil entre 1936 y 1939, fechas en la que debido a la presencia de las tropas marroquíes aliadas y los problemas que sus sepelios podían ocasionar, motivaron la construcción de un pequeño “Cementerio Musulmán” adosado a la tapia trasera del por entonces cementerio católico.
   El Cementerio de Sevilla, pese a lo difícil de la situación en el país, no sufrió graves alteraciones en cuestiones de institución, y las obras de infraestructuras iniciadas con anterioridad siguieron su curso, como también lo hizo el proyecto de ampliación que se va concretando en el interés municipal por los terrenos linderos con la parte posterior de la necrópolis, que se correspondían con una finca perteneciente a la empresa CAMPSA, y que años más tarde acabaría por integrarse y convertirse en la primera ampliación a gran escala, ya que posteriormente se llevaría a cabo otra ampliación en el siglo XXI en los terrenos linderos con el “Cementerio Disidente”.
   Con la restauración de la democracia se reunificaron los terrenos del Cementerio, volviendo a ser un conjunto en su totalidad.
   Solucionado el problema de espacio, la preocupación para las autoridades era la de urbanizar el recinto para lo cual se llevó a cabo la creación de zonas ajardinadas, una escrupulosa limpieza y la correcta demarcación de las calles, en la que se articula la avenida principal denominada Calle Fe, que mediante la Rotonda del Cristo de las Mieles se prolonga hasta la Calle Esperanza que alcanzará la Rotonda de la Caridad y que vertebrará el resto del callejero de la necrópolis.
   No obstante hemos de mencionar que el estado de conservación del mismo debe ser revisado, y aunque las obras de adecuación han comenzado y se están restaurando algunas zonas y monumentos, muchos otros panteones, generalmente de particulares, están necesitados de dichas labores conservativas.

   La portada principal, trazada por D. Manuel Galiano en 1866, ésta no llegó a realizarse, siendo la definitiva de los arquitectos D. Francisco Aurelio Álvarez Millán y D. José Sáez entre 1866 a 1888. Dicha portada presenta una interesante verja en hierro dulce o forjado, que es lo más destacable, siendo su arquitectura una sencilla puerta adintelada con sendos pilares cuadrangulares con pilastras adosadas, todo realizado en ladrillo visto, tan del gusto del momento. Destaca el remate decorativo del dintel realizado en forja, con motivos vegetales y roleos que se entrelazan, todo ello culminado con una fina cruz latina. Sobre los pilares unos escudos coronados en cuyo interior aparece el emblema de la ciudad de Sevilla NO&DO. En los accesos a cada estancia que vamos a pasar a analizar, aparecen como remates decorativos unas simbólicas ánforas veladas cuyo significado representa la finitud del cuerpo convertido en polvo y cenizas, y el lienzo o paño que la cubre simboliza el último testimonio que deja el alma al abandonar toda materialidad.
   Las oficinas fueron realizadas por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX, sigue la misma estética de todo el conjunto arquitectónico, realizado en ladrillo visto de color rojizo, y enmarcado dentro de la tradición del regionalismo.
   El Crematorio es una edificación contemporánea, realizada para suplementar los servicios del cementerio, y que no presenta mayor interés artístico.
      La Capilla, fue realizada por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX. Igual que el resto de la arquitectura está realizada en ladrillo visto, es un edificio independiente que se distribuye internamente en tres estancias, siendo la principal la destinada a la Capilla, que presenta una planta de salón con cubierta al exterior a dos aguas. Internamente muestra una única nave, que en los muros laterales presenta ventanas y óculos con vidrieras para la iluminación, cegando las ventanas centrales para realizar unas hornacinas que cobijarán a la izquierda la imagen de San Fernando y a la derecha a San Pedro. El Altar Mayor, presenta un sencillo retablo de un solo cuerpo, realizado en yesería, en cuya hornacina central se venera a la Virgen del Carmen, como protectora de las ánimas. A los pies de la capilla y situado sobre la puerta de acceso, nos encontramos con un interesante crucificado que podríamos datar en el medievo, y del que desconocemos el lugar de procedencia.
   Externamente destacaremos la presencia de un retablo cerámico dedicado a la imagen titular de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo, realizado por el artista ceramista D. Antonio Morilla Galea en 1976 y que se colocó en dicho emplazamiento como conmemoración de la visita realizada por dicha imagen al Cementerio, cuando se dirigía al barrio de San Jerónimo para las Misiones Generales del año 1965, y que durante dicho recorrido se tuvo a bien realizar una parada en la puerta de acceso de la necrópolis para dedicar una oración por los difuntos. En la actualidad los sevillanos tienen la tradición de depositar a los pies del mismo las coronas de flores de los entierros que cada día tienen lugar. Hemos de destacar que la Virgen de la Soledad acudiría una segunda vez al Cementerio de San Fernando en el año 2003 con motivo del 150 Aniversario de la construcción del mismo, y donde presidió la Misa de Difuntos celebrada a los pies del Cristo de las Mieles, dejando para el recuerdo una preciosa estampa.
   La Portería fue realizada por el arquitecto D. José Sáez, en el último tercio del siglo XIX, repite los mismos esquemas comentados anteriormente.
   La estancia de los Operarios, data del último tercio del siglo XIX, fue realizada por el arquitecto D. José Sáez, correspondiente a la arquitectura Industrial de la época.
   Los Depósitos y Cámaras fueron realizados por el arquitecto D. Manuel Villar Bailly a finales del siglo XIX. En su interior se encuentra un curioso retablo a modo de arcosolio realizado en cerámica trianera, cobijando en el vano central una vidriera con la imagen de la Virgen de la O, titular de la Cofradía del mismo nombre. Actualmente se corresponde con la Sala de Espera.
   La Sala de duelos fue realizada por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX. Sigue la estética utilizada en todas las construcciones de los accesos del Cementerio, destacando externamente la colocación de un precioso reloj decimonónico, realizado en cerámica. Internamente presenta un espacio diáfano, realizado en el siglo XX, nada reseñable.
   Y, finalmente la Puerta de San Jerónimo, es la puerta de construcción contemporánea, que da acceso al Cementerio por la parte trasera en la Avenida de San Jerónimo, la cual le da el nombre a la puerta (Ayuntamiento de Sevilla).
     Esta situado en el camino de Brenes, al noreste de la ciudad, en la huerta de San Lázaro. Implantación de importantes dimensiones, solar y ordenación irregular debido a las diferentes actuaciones en el tiempo. Por tanto el cerramiento depende de la zona, la mayoría son tapias altas y enjabelgadas. Tras una verja inicial con dos cancelas se realiza el acceso por un espacio semicircular, formado por jardinería y edificios, cuyas fábricas, en ladrillo aplantillado con herrajes y ornato de fundición, son del mayor interés. En detalle, como en alguna otra ciudad andaluza, excede de los límites de esta fecha. La implantación inicial, los panteones municipales, los edificios de ingreso etc... necesitan mayor tratamiento. 
     Nos remitimos al trabajo que para la exposición "Los cementerios de la Sevilla del XIX" ha realizado el estudioso sevillano D. Francisco Javier Rodríguez Barberán en 1990. De él tomamos las siguientes notas: los panteones más notables son de José de la Caba; Manuel Galiano; Balbino Marrón (Fernández Peñas, Viuda de Olea, Dª Mariana Moreno, Matías Ramos, Concepción Lavilla); Joaquín Fernández Ayarragaray (Conde del Águila); Juan Talavera de la Vega (O'Neill Riquelme) y Manuel Martínez (Espartero). El proyecto inicial es de D. Balbino Marrón y Romero, arquitecto municipal. Lo aprueba la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando de Madrid en 1851. Las ordenanzas y el comienzo de la construcción son de 1852. Se abrió el 1-1-1853. La fachada inicial que no se hizo, del también arquitecto municipal Manuel Galiano (1866). La actual es de Francisco Aurelio Álvarez Millán y José Sáez López, entre 1866 y 1888. El Cristo de las Mieles es de Antonio Susillo. El cementerio civil es de Álvarez Millán de 1876, sobre otro anterior de Talavera (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio "San Fernando", de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

El Cementerio San Fernando, al detalle:
Panteón de los Condes de Ybarra

viernes, 1 de noviembre de 2019

Procesiones de hoy, viernes 1 de noviembre (Solemnidad de Todos los Santos)

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, viernes 1 de noviembre (Solemnidad de Todos los Santos), en Sevilla.          
      Hoy, viernes 1 de noviembre (Solemnidad de Todos los Santos), sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando las hermandades del Carmen y Rosario de Santa Catalina (Virgen del Rosario) y de las Siete Palabras (Virgen del Rosario)

      Hdad. del Carmen y Rosario - Santa Catalina (Virgen del Rosario): La Antigua, Real, Muy Ilustre y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Carmen, Beato Marcelo Spínola, María Santísima del Rosario y Santo Domingo de Guzmán; es ésta una corporación fundada en 1661, con sede canónica en la iglesia parroquial de Santa Catalina de Alejandría, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora del Carmen, obra de José Gutiérrez Cano en 1867, siendo el Niño obra de Manuel Gutiérrez Cano en 1871; y María Santísima del Rosario, talla anónima del siglo XVI.

      Hdad. de las Siete Palabras (Virgen del Rosario): La Real e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora del Rosario, Ánimas Benditas del Purgatorio y Primitiva Archicofradía del Sagrado Corazón y Clavos de Jesús, Nuestro padre Jesús de la Divina Misericordia, Santísimo Cristo de las Siete Palabras, María Santísima de los Remedios, Nuestra Señora de la Cabeza y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1511, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Vicente mártir, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, obra de Felipe de Rivas en 1641, modificada por Luis Ortega Bru en 1977; el Santísimo Cristo de las Siete Palabras, obra de Felipe Martínez en 1682; María Santísima de los Remedios, es obra de Manuel Gutiérrez-Reyes Cano en 1865; Nuestra Señora de la Cabeza, obra de Manuel Escamilla en 1956 sobre una talla anterior de Emilio Pizarro del siglo XIX; Nuestra Señora del Rosario, talla anónima de la 2ª 1/2 del siglo XVII; San Juan Evangelista, obra de José Sánchez en 1859; Sagrado Corazón de Jesús, obra de Emilio Pizaro en 1891; Virgen de la Cabeza de Gloria, atribuida a Roque de Balduque de 1/2 del siglo XVI; San Miguel Arcángel, obra de Pedro Roldán en 1657; y el grupo de las Santas María Magdalena, María Cleofás y María Salomé, obras de Manuel Gutiérrez-Reyes Cano en 1866.

       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del viernes 1 de noviembre (Solemnidad de Todos los Santos) en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

La Iglesia de Omnium Sanctorum


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Omnium Sanctorum, de Sevilla.
     Hoy, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].   
      Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Iglesia de Omnium Sanctorum, de Sevilla.
     La Iglesia de Omnium Sanctorum [nº 43 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 81 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Feria, 96 (aunque también tiene acceso por la calle Peris Mencheta, s/n, y por el Mercado - Plaza de Abastos de la calle Feria); en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
      Una de las iglesias con más historia de la ciudad, la única con denominación en latín alusiva a todos los Santos y una de las más representadas por los viajeros románticos junto al tradicional mercado de la calle Feria. Al igual que con otras obras gótico mudéjares, hay que descartar su posible origen musulmán aunque copie en su torre los paños de sebka más cercanos al modelo almohade de la Giralda. La iglesia se fundó en la segunda mitad del siglo XIII, aunque de esa época sólo se conserva la portada de los pies, realizada en piedra y que presenta un arco ojival formado por arquivoltas. Tras el terremoto de Lisboa de 1356, las crónicas medievales señalan la reedificación de la iglesia en el siglo XIV durante el reinado de Pedro I, quedando de este periodo la cabecera, formada por dos tramos rectangulares y otro pentagonal, y cubierta con bóvedas de nervaduras, y las dos portadas laterales. Hoy permanece cegada la portada que se abre hacia el mercado. Tampoco se conserva el primitivo acceso elevado que unía la tribuna alta de la iglesia con el vecino palacio de los marqueses de La Algaba, patronos históricos de la parroquia, tribuna elevada que fue recogida por algunos dibujos decimonónicos de viajeros extranjeros. La torre es de principios del siglo XV y se sitúa sobre una de las capillas almohades de la nave de la epístola. Presenta un primer cuerpo con decoración mudéjar formada por paños romboidales de sebka como los de la Giralda, siendo el cuerpo de campanas un añadido del siglo XVIII.

   Sufrió, al igual que otras iglesias de la zona, un incendio intencionado el 18 de julio de 1936, perdiéndose notables obras de arte, aunque la previsión de las hermandades allí radicadas permitió la salvación de algunas piezas. Desaparecieron notables pinturas de la capilla de los Cervantes, un antiguo crucificado gótico titulado de la Buena Muerte, otro atribuido a Andrés de Ocampo, el tabernáculo neoclásico de la Virgen de Todos los Santos, y diferentes retablos y pinturas de gran valor. El interés de las autoridades en su pronta restauración se vio acompañado por el traslado de retablos procedentes de la Campiña sevillana lo que permitió que el aspecto actual de la parroquia apenas muestra señales del dramático incendio.
   En la fachada se encuentra embutida una cruz de forja, conocida como la Cruz del Garfio, que procedía de la vecina calle conocida antaño como del Peso del Carbón, actual Peris Mencheta. Servía para colgar de ella una balanza donde los carboneros pesaban su mercancía. A sus pies, un retablo cerámico recuerda el cincuentenario fundacional de la hermandad de los Javieres. En el lateral derecho de la portada principal se sitúa un monumental retablo cerámico de la Virgen de Todos los Santos, obra realizada en el taller de Antonio Kiernam Flores en 1928.
   En el interior hay otras dos cruces: la de Calatrava y la Linos. La de Calatrava, con los dos ángeles portadores que recuerdan el suceso milagroso de la localidad murciana, estuvo en el centro de la calle Ancha de la Feria, fue renovada en 1839 y se trasladó a la parroquia en 1854. El mismo año llegó la cruz de la calle Linos, con el anagrama de María en el centro, que fue erigida en esta calle con motivo de la epidemia de peste de 1649. La iglesia presenta una planta rectangular de tres naves, muy profunda y con notable altura, con cubierta de madera, siendo la de la central en forma de artesa, mientras que las laterales muestran una cubierta de colgadizo. Estas cubiertas son modernas, aunque imitan el artesonado mudéjar destruido tras el incendio de 1936. En el centro del presbiterio se levanta un templete en forma de baldaquino, realizado por José Paz Campano en 1940, bajo el que se cobija la Virgen de Todos los Santos, obra del flamenco Roque Balduque en 1554. Sigue el modelo tan habitual de las imágenes sevillanas difundido por el autor y, aunque ha sufrido añadidos y sea revestida en ocasiones con telas, conserva la calidad de la talla y la policromía original. En el siglo XVIII sufrió algunas transformaciones, momento en el cual se añadieron las figuras de los santos que figuran a sus pies, piezas de gran calidad realizadas en barro por Cristóbal Ramos y que representan a San José, San Lorenzo, San Basilio, San Pedro, Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Alejandría. A sus pies se sitúa un monumental sagrario realizado por el afamado orfebre Cayetano González Gómez.  

En la cabecera de la nave del Evangelio (izquierda) se halla un retablo del XVIII, procedente de Osuna o Estepa, que aloja las esculturas de Santa Rita, de San Antonio de Padua y una Virgen de Fátima sin interés artístico. A continuación aparecen dos arcos decorados con algunos azulejos del XVII completados con otros de 1940. Cobijan los sepulcros de los Guzmanes, hoy vacíos, con notables esculturas yacentes en terracota atribuidas a Lorenzo Mercadante de Bretaña de la segunda mitad del siglo XV. Contiguo está el retablo del Sagrado Corazón, de estilo rococó, fechable hacia 1780 y que sigue modelos lebrijanos en su decoración tardobarroca de hojarascas y espejitos. En el mismo muro se abren dos capillas a los pies. La primera, la de las Ánimas, muy irregular y con una lápida del párroco que salvó el Sagrario en el incendio de 1936; acoge una pintura de las Ánimas Benditas del siglo XVIII y una talla contemporánea de la Virgen de Belén, imagen del escultor Manuel Domínguez que procede de la desaparecida parroquia de la calle Calatrava. El muro de la nave acoge varias ménsulas con tallas como un San Francisco de Paula del siglo XVII, una Santa Apolonia (patrona de dentistas, con sus tenazas en la mano) y una repintada Santa Bárbara con la torre que parece seguir modelos tardomanieristas de la última mitad del siglo XVI. Al final de la nave se encuentra la capilla bautismal, la antigua capilla del linaje de los Cervantes según atestigua la heráldica de la reja de acceso y según constaba en el antiguo retablo de Varela desaparecido en el incendio de 1936. Alojó el conocido Pendón Verde, antigua insignia musulmana allí cobijada que fue utilizado como enseña en el motín del mismo nombre que ocurrió en la zona de la calle Feria en 1521. Actualmente en esta capilla se encuentran las imágenes de la hermandad de los Javieres, fundada en 1955 por los congregantes marianos de la calle Jesús del Gran Poder. Las imágenes titulares son el Cristo de las Almas obra del escultor portugués José Pires Azcárraga talla de 1947 que conoció la reforma de Espinosa de los Monteros y las restauraciones de Jesús Santos y de Juan Manuel Miñarro. La Virgen de Gracia y Amparo es una dolorosa que encargaron los congregantes marianos en 1936 a José Fernández Andes y cuya policromía actual corresponde a Ramos Corona. Se completan ambas con una notable imagen de San Juan, cuya cabeza se atribuye al imaginero del siglo XVIII José Montes de Oca, siendo quizás en su origen un San José al que Francisco Buiza pudo añadir un cuerpo nuevo ya en el siglo XX. Junto a la reja se sitúa otra imagen perteneciente a la hermandad, la Inmaculada que talló Manuel Escamilla basándose en la talla de Alonso Cano que se conserva en la parroquia de San Julián.  

   Tras pasar el cancel de entrada, a los pies de la nave de la Epístola se encuentran las imágenes de la reciente cofradía del Carmen Doloroso, Nuestro Padre Jesús de la Paz, obra de Francisco José Reyes Villadiego y Nuestra Señora del Carmen Doloroso, talla de Francisco Berlanga. A continuación, en el muro de la Epístola, se sitúan dos nuevos retablos provenientes de otras localidades. El dedicado a San Antonio de Padua es obra del segundo cuarto del siglo XVIII procedente de Osuna, mientras que el dedicado a San José es un curioso retablo-hornacina que proviene de la iglesia desacralizada de la Victoria de Estepa, siendo de incipiente estética rococó fechable hacia 1760. Junto al acceso a las dependencias parroquiales se conservan restos de yeserías mudéjares y decoración de atauriques junto al retablo de Santa Apolonia. De gran interés es el crucificado llamado de la Buena Muerte, talla de finales del siglo XVI cobijada en un notable retablo de columnas salomónicas de hacia 1690 en el que se sitúan las imágenes de la Virgen y de San Juan a ambos lados de la hornacina principal. La parroquia es una curiosa mezcla de antiguas y nuevas devociones. Desde la excelente cruz parroquial de Francisco de Alfaro de fines del siglo XVI a la foto en sepia dedicada en francés a la Virgen de Todos los Santos; desde el cuadro moderno de la Virgen del Rocío a la lápida que recuerda la posible fundación de la hermandad del Silencio en la capilla de los Cervantes en 1340; desde el recuerdo del bautizo del héroe González Cuadrado al robo sacrílego que causó daños al Cristo de las Almas junto a la capilla en la que fue bautizado el poeta Francisco de Rioja. Historia e historias no le faltan a la parroquia de la calle Ancha de la Feria (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Iglesia mudéjar de planta rectangular con tres naves de cinco tramos cada una, separadas por arcos apuntados sobre pilares C1uciformes y profunda cabecera poligonal. La iglesia se fundó en la segunda mitad del siglo XIII, aunque fue renovada un siglo más tarde. Su cabecera consta de dos tramos rectangulares y otro pentagonal, cubriéndose con bóvedas de nervaduras. Las naves presentan techumbres de  madera modernas, en forma de artesa en la principal y de colgadizo en las laterales. La portada principal está construida en cantería, presenta jambas en degradación y arquivoltas apuntadas con decoración de dientes de sierra. Sobre ella se sitúa una ventana realizada en ladrillo fino y aplantillado, con hueco polilobulado enmarcado por otro de herradura y con labores de cerámica vidriada. En esta misma fachada existen tres óculos de piedra, conservando su tracería primitiva los dos laterales. En los muros laterales del templo se abren sendas por­tadas, que repiten básicamente la organización de la principal, aunque la del frente sur presenta unas hornacinas que debieron ocupar esculturas hoy desaparecidas. La torre, situada a la izquierda de la portada de los pies, tiene planta cuadrada y está realizada en ladrillos, destacando los tableros de sebqa enriquecidos por atauriques, que derivan de la Giralda. Se accede a ella mediante una escalera de cara­col adosada al frente oriental. El cuerpo bajo de esta torre es una capilla de planta cuadrada y bóveda octogonal sobre trompas, que en 1416 se concedió a Gonzalo Gómez de Cervantes para enterramiento.
     En el centro del presbiterio se alza un templete moderno con columnas salomónicas y escultu­ra de la Virgen de Todos los Santos, de Roque Balduque, hecha en 1554 y transformada en el XVIII, siglo en el que se añadieron las esculturas de santos que rodean la imagen, relacionadas con la obra de Cristóbal Ramos. En los muros hay lienzos del XVII, destacando entre ellos uno de la Asunción de la Virgen, copia de Volterra, y otro del Regreso del Hijo Pródigo, copia de Murillo realizada a finales del XVIII por Vicente Alanís.
     En la cabecera de la nave izquierda se halla un retablo del segundo cuarto del siglo XVIII con una imagen moderna de la Virgen de Fátima en el centro y escultu­ras de Santa Rita y San Antonio de Padua, datadas en el XVIII, en las calles laterales, separadas por columnas salomónicas. Siguen dos arcos decorados con azulejos, algunos del XVII y la mayoría de 1940. En la capilla bautismal se encuentra un lien­zo de las Ánimas del Purgatorio, del XVIII. En la parte superior del muro van tres lienzos con escenas de la vida de San Jerónimo, pintados hacia 1770 por Juan de Espinal. En la cabecera de la nave derecha se sitúa un retablo de un cuerpo y tres calles separadas por columnas salomónicas, de hacia 1690, con escultura en el centro del Cristo de la Buena Muerte ejecutado en 1592 por Andrés de Ocampo, y en los laterales de la Virgen y San Juan, obras del XVII. En el muro hay arcos con restos de yeserías mudéjares en los que aparecen lazos y atauriques, y un retablo del primer cuarto del XVIII con escultura de Santa Apolonia, de la primera mitad del XVII. El retablo de San José procede del convento de la Victoria de Estepa y puede fecharse hacia 1760. Algo anterior es el retablo de San Antonio de Padua, proceden­te de Osuna. Obras de mucho  interés son otros tres lienzos de la vida de San Jerónimo, pintados por Juan de Espinal. La iglesia posee una magnífica colección de orfebrería. Abundan las obras renacentistas, entre las que destacan dos cálices, uno del tercer cuarto del siglo XVI y otro más avanzado, cercano a fines de este siglo. De mayor envergadura es un copón, en el que se combinan las cartelas y cintas con figuras de los Padres de la Iglesia, siendo obra del tercer cuarto del siglo XVI relacionable con Francisco de Alfaro. Con el mismo autor puede vincularse una cruz procesional, con nudo en forma de templete e imágenes de los Evangelistas. Muy interesante es un portapaz con representación en relieve de la Inmaculada, San Antonio y San Fernando, que va fechado en 1659. Del periodo barroco hay un relicario de San Cristóbal en forma de templete cuadrangular rodeado de columnas salomónicas y fechado en 1727. Del mismo momento es un portaviático en forma de corazón y una demanda de Ánimas fechada en 1748, y con añadidos rococó. De la segunda mitad del siglo XVIII pueden citarse dos ciriales, obra de Carmona, las coronas de la Virgen titular y del Niño, fechada esta última en 1785, dos lámparas de 1769, y un pequeño altar portátil con los punzones de Sánchez y Cárdenas (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     La Iglesia parroquial de Omnium Sanctorum o de Todos los Santos, se encuentra situada intramuros de la ciudad, en uno de los barrios más populares de Sevilla. Al igual que otras iglesias de estas características ocupa la totalidad de una manzana, dando a cuatro calles distintas. Se encuentra aledaña al Mercado de la calle Feria y al Palacio de los Marqueses de la Algaba, cercana a la Alameda de Hércules así como a la Iglesia de Monte Sión y al Colegio de San Luis de los Franceses de la Compañía de Jesús.
     Desde el punto de vista volumétrico el buque de la iglesia destaca del resto del caserío que lo rodea, presentando una superposición de volúmenes entre los que destaca el ábside, la superposición y disposición de la cubrición de las naves a un agua las laterales y a dos la central y la torre.
     Se trata de una iglesia gótico-mudéjar de planta basilical de tres naves, divididas en cinco tramos cada una, separadas por arcos apuntados sobre pilares cruciformes, y profunda cabecera poligonal con tres tramos, dos rectangulares y otro pentagonal cubiertos por nervadura gótica con nervio espinazo, reforzada al exterior por potentes contrafuertes en las aristas, altas ventanas góticas entre ellos, y remate a base de almenas escalonadas.
     La cubrición de las naves se resuelve con techumbres de madera, en forma de artesa en la nave principal y de colgadizo en las laterales, mientras que la cabecera lo hace con bóvedas de nervadura ojival.
     El templo cuenta con dos capilla adosadas al muro de la nave del Evangelio, ocupando una de ellas el cuerpo bajo de la torre. La primera de ellas es la capilla Sacramental, se encuentra situada en el penúltimo tramo de la nave. La segunda es conocida como la capilla Bautismal o de los Cervantes, debido a que en 1416 fue concedida a Gonzalo Gómez de Cervantes como capilla funeraria, cubierta por una bóveda octogonal sobre trompas, actual sede de la Hermandad de los Javieres.
     Cuenta con tres portadas, la principal se sitúa a los pies y las otras dos en las naves laterales situadas a la altura del tercer tramo. Todas presentan una estructura similar, con arco apuntado, arquivoltas y baquetones labrados en piedra.
     El edificio y sus dependencias ocupan una manzana al completo. Esta característica le hace que presente cuatro fachadas, la principal da a la calle Feria, la del muro del Evangelio a un callejón que lo separa del Mercado de Abastos, la del lado de la Epístola a la calle Peris Mencheta y la cabecera a la Plaza Pedro Calderón de la Barca en confluencia con calle Palacios Malaver.
     La fachada de los pies, que da a la calle Feria, presenta tres espacios claramente diferenciados, que obedecen a la estructura interna de la iglesia. El espacio central o imafronte responde a la estructura a dos aguas de la nave central, bajo el cual se sitúa la portada principal de acceso al templo, el lado derecho responde a la nave de la Epístola y su cubierta en colgadizo, y el lado izquierdo de la nave del Evangelio de igual forma al anterior, uniéndose a los pies del muro de esta nave la torre.
     La portada principal, labrada en piedra, se adelantada respecto al resto del paramento murario de la fachada que se presenta encalada. Se estructura en torno a un vano apuntado con arquivoltas abocinadas enmarcadas por un baquetón con decoración en zig-zag y otro externo con puntas de diamante. En la línea de imposta, que separa los baquetones que simulas columnillas de los arcos, se disponen los capiteles que simulan, por su continuidad, un friso corrido en el que se aprecian cabezas humanas. Sobre la cornisa que remata la portada se abre una ventana mudéjar, de pequeñas dimensiones y abundante decoración, formada por un vano trilobulado enmarcado por columnitas de ladrillo rematadas por un arco polilobulado con alfiz, que a su vez se enmarca por un arco túmido enmarcado por alfiz. Las enjutas y los espacios entre los dos arcos se decoran a base de azulejos de lacería. Sobre esta se dispone un rosetón gótico para la iluminación de la nave central, así como dos más pequeños, que flanquean la portada, para las naves laterales.
     La fachada del lado de la Epístola se corresponde con la calle Perís Mencheta y Palacios Malaver, en ella se observan aberturas de tres vanos rectangulares achaflanados carentes de decoración y un reloj de sol. El cuarto vano, de estilo mudéjar, se estructura en torno a un arco polilobulado sobre columnillas de ladrillo enmarcado por alfiz con decoración de ataurique en sus enjutas. Sobre ellos corre el alero del tejado bajo el cual se dispone una sucesión de modillones. A media altura de la calle se abre la portada del lado de la Epístola, realizada en piedra y de similares características a la principal, aunque con la particularidad de que cuenta con tres hornacinas vacías con guardapolvo y una cornisa de canes con cabezas zoomórficas.
     La fachada de la cabecera muestra los contrafuertes que sustentan el ábside alternados con las ventanas geminadas, rematándose el conjunto por las almenas escalonadas.
     La fachada del lado del evangelio muestra la superposición de volúmenes del buque de la iglesia y la torre, en ella se abre una portada con características similares a la anterior pero con mayos simpleza.
     La Torre se remonta a finales del siglo XIV o principios del XV. Es de base cuadrada y realizada en ladrillo, se encuentra adosada al último tramo del muro de la nave del Evangelio, situándose bajo ella la capilla de los Cervantes. Cuenta con tres cuerpos claramente diferenciados. El fuste presenta varios vanos, ventanas y balcones, en cada uno de sus frentes con los característicos arcos polilobulados enmarcados por alfiz, disponiéndose en cada uno de sus lados como remate un panel de paños de sebka muy similares a los de la Giralda, en la que se inspira, a base de arcos ciegos entrelazados sobre columnillas y arcos polilobulados, sobre los que se despliega un listel horizontal de ladrillo que lo separa del primer cuerpo de campanas. Éste presenta dos vanos de medio punto enmarcados por alfiz en cada uno de los frentes, en los que se distribuyen las campanas de la parroquia. Este cuerpo se encuentra rematado por un entablamento con cornisa desarrollada decorada con canes sobre la que se despliega una perraza protegida con pilares y baranda de forja; del centro emerge el tercer cuerpo, fruto de una reforma posterior. Se estructura a modo de arco cuadrifonte, presentando un arco de medio punto flanqueado por pilastras en cada uno de sus cuatro frentes, sobre las que descansa un entablamento coronado por un esbelto chapitel octogonal, decorado con azulejos, terminado en cruz de forja.
     La Iglesia parroquial de Omnium Sanctorun data del repartimiento de la ciudad de Sevilla, realizado tras la toma de la ciudad por Fernando III El Santo, situándose sobre el solar de una antigua mezquita almohade. Para algunos investigadores se trata de una fundación realizada por Alfonso X El Sabio, constatando su existencia documentalmente desde 1255, siendo reedifcada en 1356 por el rey Pedro I, tras el terremoto que sufrió la ciudad por esas fechas.
     Según las fuentes documentales el infante D. Dionisio de Portugal ofreció limosnas para esta iglesia durante su estancia en Sevilla realizada en el primer decenio del último tercio del siglo XIII, con la cual se enriqueció este templo.
     El historiador José Gestoso, opinaba que la Iglesia fue construida en el emplazamiento de una antigua mezquita, reutilizando partes del edificio anterior, entre los que se encontraba el fuste de la torre.
     Del siglo XIII se conservan varios elementos como la portada principal que da a la calle Feria; de la reedificación a finales del siglo XIV se conserva la cabecera poligonal y las portadas de acceso desde la calle a las naves laterales y del siglo XIV la torre.
     El edificio fue incendiado y saqueada en los acontecimientos del 18 de julio de 1936, desapareciendo el mobiliario litúrgico, siendo con posterioridad objeto de una notable restauración de manos del arquitecto Juan de Talavera. Las obras se iniciaron el 24 de septiembre del mismo año prolongándose hasta el 12 de octubre de 1940, adoptando el aspecto que hoy día presenta. A esta fecha pertenecen el templete y la techumbre de cubrición de las naves, estas últimas fueron repuestas en 1993.
     Este templo es sede canónica de la Hermandad de los Javieres y de la Hermandad del Carmen Doloroso (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Hacia su mitad, la calle Feria tiene un estu­pendo mercado de abastos muy concurrido. A su lado, se levanta esta iglesia de Omnium Sanctorum, construida inmediatamente después de la conquista cristiana sobre una anterior mezquita. El templo muestra una armoniosa fachada que presenta un hastial truncado, tres óculos y, debajo, la portada. Ésta lleva arquivoltas apuntadas con adornos de punta de diamante y de diente de sierra, una cornisa sobre las enjutas y, encima de ésta, una curiosa ventanita con un arco polilobulado y otro, mayor, ciego, de herradura, cobijado en un alfiz. Al lado izquierdo, se levanta la torre, de base cuadrada, toda de ladrillo, presentando un robusto primer cuerpo, en el que sobresalen los encajes de sebka, y otros dos cuerpos más que acogen las campanas. El edificio tiene otras dos portadas laterales de diseño semejante al de la principal. Arcos apuntados, de ladrillo, sobre pilares cruciformes, separan las tres naves. En el presbiterio, en un templete sostenido por columnas salomónicas de factura moderna, se encuentra la Virgen de Todos los Santos, imagen de vestir de Roque Balduque, fechada en 1554, aunque reformada en el siglo XVIII, en la que destaca de manera deslumbrante la corona y el halo de rayos que rodean su cuerpo completo. En la cabecera de la nave de la epís­tola se venera al Cristo de la Buena Muerte, tallado por Andrés de Ocampo en 1592. En la capilla bautismal, a los pies de la nave del evangelio, donde se revela perfectamente la traza mudéjar, están las imágenes correspondientes a la Cofradía de los Javieres. Se trata del Cristo de las Almas, un Crucificado que tallara el portugués José Pires Azcárraga en 1947, y Nuestra Señora de Gracia y Amparo, obra realizada por José Fernández Andes en 1945 (Rafael Arjona, Lola Walls. Guía Total, Sevilla. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Todos los Santos;
CULTO
   La Iglesia necesitó muy pronto celebrar de manera global los innumerables martirios que no contaban con un día de fiesta en el calendario.
   El primer esbozo de este culto apareció en Antioquía y en Edesa, Siria.
   Su introducción en Roma coincide con la consagración del Panteón que el papa Bonifacio IV transformó en Panmartyrion en el año 610, puesto que sustituyó a todos los dioses paganos, cuyas estatuas ocupaban los nichos de la rotonda, por todos los mártires cristianos cuyas osamentas mandara  recoger en las catacumbas. Luego, a los mártires se sumaron los confesores.

   De acuerdo con una tradición popular recogida en la Leyenda Dorada, uno de los vigilantes de la basílica de San Pedro de Roma, que se había dormido durante el transcurso de una ronda nocturna, tuvo un sueño: vio al Rey de Reyes sentado en un trono, entre la Santísima Virgen y San Juan Bautista; hacia él se dirigía una innumerable multitud de mártires, guerreros, ermitaños y vírgenes. Dios ordenó al vigilante que dijera al papa que instituyese una fiesta en honor de todos los santos.
   En 835, el papa Gregorio IV transfirió la fiesta del Panteón, que tuviera lugar el 13 de mayo al 1 de noviembre, y decidió que esta fiesta, que en principio sólo se celebraba en Roma, fuera a partir de entonces una fiesta universal. De esa manera quería ofrecer u na reparación a los santos ultrajados en Oriente por los emperadores iconoclastas.
   El nuevo culto, que en Francia fue introducido por Ludovico Pío, está probado por la advocación de cierto número de abadías o de iglesias. La abadía de Toussaint, en Angers, en la actualidad está en ruinas. Además, pueden citarse la Allerheiligenkirche de Schaffouse, y la iglesia florentina de Ognissanti.
ICONOGRAFÍA   

   La iconografía de la fiesta de Todos los Santos de la Iglesia no es muy abundante, pero en cambio ha sido ilustrada por algunas obras de enorme im­portancia en la historia de la pintura , tales como el Políptico de la Adoración del Cordero Místico de Jan van Eyck y el retablo de la Santísima Trinidad de Albrecht   Durero.
   Las primeras representaciones de Todos los Santos se copiaron de la iconografía de los Veinticuatro ancianos del Apocalipsis reunidos alrededor del Cristo de la visión de san Juan.
   Pueden clasificarse en dos series, según los santos rodeen al Cordero Místico o a la Santísima Trinidad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Horario de apertura de la Iglesia de Omnium Sanctorum:
            Laborables (salvo Martes): de 10:00 a 13:00, y de 19:30 a 21:00
            Martes: de 20:00 a 21:00
            Domingos y Festivos: de 10:00 a 13:00

Horario de Misas de la Iglesia de Omnium Sanctorum:
             Laborables (salvo Martes): 19:30 (INVIERNO). 20:30 (VERANO)
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             Domingos y Festivos: 10:30 y 12:00

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