Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 2 de febrero de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz.
     El término de Villamartín, como el del resto de las poblaciones serranas, está salpicado de asentamientos antiguos. Por su dimensión es de destacar el conjunto megalítico de Alberite, que se compone de siete monumentos al menos, siendo destacable el gran dolmen de galería, con los ortostatos decorados con pinturas e incisiones. Varias aras funerarias testimonian la presencia romana y visigoda, en tanto que una fortaleza del siglo X en el sitio de Matrera rememora la ocupación de los musulmanes.
     El castillo con sus términos fue donado a la orden de Calatrava en 1256 y fue un importante enclave para el control territorial que ocasionó una repoblación casi inmediata. En 12584 Villamartín aparece mencionado como uno de los lugares cedidos a la ciudad de Sevilla junto con el castillo de Matrera que, desde 1342, formaba parte de su sistema defensivo, la Banda Morisca. Sin embargo, la dificultad de poblar el Campo de Matrera hizo que el concejo sevillano concertara con algunos particulares su establecimiento permanente. En 1503 la ciudad de Sevilla concede a Villamartín la Carta Puebla, inaugurando una época de litigios por la propiedad de la tierra que terminará con el fallo de la Real Chancillería de Granada, en 1558, favorable a Villamartín. La difícil repoblación del término tendrá un último episodio en la segunda mitad del sigo XVIII, coincidiendo con el proceso activado por Pablo de Olavide y que supuso el nacimiento de las poblaciones de Almajar y Prado del Rey en el término de Villamartín. De entonces data la casa palacio de los Topete, cuya blasonada portada es de líneas muy austeras y conserva en la escalera una imagen de la Virgen con el Niño, atribuible a Pedro Millán, escultor sevillano de mediados del siglo XV (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El término municipal está cuajado de asentamientos primitivos, pero la población actual se formó a partir del castillo de Matrera, no consiguiendo su Carta Puebla hasta 1503.
     Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la torre-fachada de la iglesia parroquial de Santa María de las Virtudes, compleja edificación en la que llegaron a intervenir artistas de tanto renombre como Martín de Gainza o Hernán Ruiz II. Tiene tres naves y crucero y en ella sobresale el espléndido retablo mayor, en madera sin policromar, obra del cordobés Dionisio de Ribas, siendo las imágenes de Pedro Roldán.
     La iglesia de San Francisco, construida a principios del siglo XVII, formó parte del antiguo convento de los franciscanos, del que apena queda el claustro. En el altar mayor se encuentra el Cristo de la Vera Cruz, un extraordinario Crucificado tallado en el siglo XVI y atribuido a Roque Balduque.
     La iglesia de Nuestra Señora de las Angustias perteneció al convento de franciscanas clarisas, hoy desaparecido. Tiene un buen retablo mayor de carácter barroco.
     Villamartín cuenta, además, con un conjunto de buenas casas palaciegas distribuidas por el casco urbano. Uno de los mejores ejemplos es la conocida como palacio de los Topete, en la calle Luis y Andrés Mozo, que perteneció a los Austria-Bohórquez (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
     Importante ciudad de carácter agrícola, con campos muy ricos gracias a la abundancia de sus aguas.
     Su fundación es moderna, del año 1503, y tiene su origen en el castillo de Matrera, entregado por Alfonso XI a la ciudad de Sevilla en 1342 para premiar su esfuerzo en la guerra contra los musulmanes. Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la esbelta torre de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Virtudes. Levantado en el siglo XVI, es éste un notable edificio de corte renacentista con gran presencia del barroco. Posee tres naves y crucero y en ella sobresale el precioso retablo mayor, obra del cordobés Dionisio de Ribas.
     La iglesia de San Francisco se construyó en 1828 bajo el patrocinio de Fernando VII. Es barroca y posee un buen retablo rococó con la imagen del titular. La iglesia de las Angustias fue en su día la del convento de las Franciscanas Clarisas, hoy desaparecido. Tiene un artístico retablo mayor y una imagen de la Virgen con Cristo yacente de mucha calidad, obra de Juan de Britto. En la calle Luis y Andrés Mozo se levanta el palacio de los Topete, interesante ejemplo de la arquitectura civil de carácter burgués de la zona (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Iglesia de Santa María de las Virtudes
     Iglesia de planta basilical, de tres naves con crucero, sostenidas por pilares de sección cuadrangular, sobre los que cabalgan arcos apuntados. La bóveda que cubre la nave central es de cañón apuntado y las laterales de aristas. El transepto se eleva por encima del resto, estando abovedado con medio cañón y cúpula en el crucero. La desigual altura se aprecia al exterior, con una gran cabecera de sobresaliente volumetría y compleja composición, formada por el ábside ochavado, sostenido por contrafuertes, la sacristía alta o sala del secreto y la caja de la escalera. Tiene tres portadas, dos de ellas son de sencilla factura y están abiertas en los extremos de la nave del transepto. La principal corresponde a los pies del templo, bajo la torre fachada, está coronada por una imagen de la Virgen y flanqueada por las esculturas en terracota de San Pedro y San Pablo, modeladas en Sevilla por el maestro Gómez en 1565. La larga historia de este edificio puede dividirse en tres etapas. La construcción de una iglesia gótica-mudéjar sobre una base musulmana, época de la que datan los arcos formeros de la nave que cabalgan sobre pilares cruciformes y la bóveda de crucería de la capilla sacramental o del Dulce Nombre de Jesús, enterramiento de los Álvarez de Bohórquez desde 1525. En la reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI se añadió el crucero y la capilla mayor, que se cubren con bóvedas de medio cañón, con decoración geométrica, y cúpula. Martín de Gainza aparece como responsable de esta fase constructiva, que sería rematada por la torre-fachada, realizada entre 1562 y 1565, bajo la dirección de Hernán Ruiz II. Suya es una pieza excepcional en el arte de la cantería y la montea, la escalera que comunica las sacristías alta y baja, asimismo obras suya, compuesta de peldaños monolíticos que no tienen apoyo central. La última etapa corresponde a las obras emprendidas tras el terremoto de Lisboa, dirigidas por Fernando Rosales ya en la segunda mitad del siglo XVIII, que se prolongaron hasta 1809, cambial el aspecto final de la decoración interior, construyéndose además el coro, el cuerpo superior de bóvedas de aristas de las naves laterales. A todo ello hay que añadir una intervención moderna que ha consistido en sustituir la vieja armadura mudéjar por una bóveda de cañón.
     Tan importante es la arquitectura de esta iglesia como el conjunto de los bienes muebles. El retablo mayor merece un lugar destacado en la historia del arte sevillano. Adaptado al ochavo de la cabecera, se estructura en banco, dos cuerpos y ático, con tres calles entre columnas salomónicas. Construido en 1678 por Francisco Dionisio de Ribas, con esculturas de Pedro Roldán, está sin policromar y entre 1754 y 1759 fue suplementado hasta sellar la separación del mueble y el muro, bajo la dirección del maestro Matías Navarro. En el sagrario del banco están representados los Evangelistas Juan y Mateo. En el primer cuerpo, San Pedro y San Pablo, con los santos Lucas, Marcos y Juan Bautista; en la hornacina central o manifestador, que es giratoria, por estar preparada para la exposición del Santísimo, una imagen de la Virgen de las Virtudes, obra del imaginero sevillano Juan de Astorga. En el siguiente cuerpo comparten espacio los relieves de los Padres de la Iglesia, San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Magno y San Jerónimo; San Joaquín, Santa Ana y finalmente la Coronación de la Virgen.
     En el testero de la nave de la izquierda hay un retablo de estípites, de mediados del siglo XVIII, construido por Matías Navarro, presidido por un Crucificado que se conoce como de "de Ruy Díaz", en consideración al supuesto autor. En realidad más parece una imagen de principios del siglo XIX cercana a la producción de Juan de Astorga. A los lados se sitúan San Juan y la Virgen, tallados en la época del altar en madera de su color. Entre los lienzos del muro contiguo destaca un busto de Santo Tomas pintado en la primera mitad del siglo XVIII. A continuación se ubica la capilla sacramental, con decoración neogótica y cubierta por una bóveda de terceletes, que se cierra con una interesante reja renacentista de dos cuerpos y remate. El retablo es moderno y está presidido por la imagen titular de una cofradía, un Nazareno de vestir, que pertenece a Francisco de Ocampo y sus discípulos (1623-1645). En los laterales dos cuadros que representan la Adoración de los Pastores y los Desposorios, realizados a fines del siglo XVII al igual que las dos lámparas que cuelgan de las jambas. El púlpito es una valiosa obra de la cerrajería barroca, realizada en 1760 por Juan Mensías, y cubierta por un tornavoz de Juan Alonso de Burgos fechado en 1759. También la crujía de hierro es del mismo maestro herrero sevillano.
     El altar de María Auxiliadora, con Domingo Sabio y San Juan Bosco, en retablo neobarroco, está vinculado a los Salesianos. Es moderno y sin interés. Junto a la puerta lateral del templo hay dos cuadros barrocos; uno representa a la Virgen del Rosario, fechada en 1638, y otro es la Oración en el Huerto, técnicamente deficiente y bastante deteriorado. A continuación se sitúa el altar de las Ánimas, con el tema principal pintado en el siglo XIX, y los lados dos esculturas modernas de la Milagrosa y San Sebastián.
     El último tramo de la nave presenta una elaborada composición simbólica en un retablo neoclásico; en el nivel inferior se sitúa una Virgen muerta en su urna, delicada escultura de fines del siglo XVIII que aparece vestida, con corona de plata  los pies calzados. Sobre ella se ha colocado una pintura del siglo XIX representando su Asunción a los cielos. En el testero de los pies se encuentra un altar de fábrica, moderno, que alberga actualmente la talla de San José con el Niño, magnífico conjunto realizado por Francisco de Ocampo en 1622.
     Sobre la puerta de los pies hay un lienzo de escuela mexicana de la Virgen de Guadalupe, pintado en el siglo XVIII. En el trascoro cuelga la interesante talla del Crucificado de las Aguas, del sigo XVII, de pequeño tamaño y articulado. El coro fue obra del ensamblador José Pecio, que lo realizó en 1767 junto con la reja, que era de madera y fue sustituida en 1804 por otra de hierro, como recuerda una inscripción situada al pie de la misma. Ocupa el lugar de otro contratado por Miguel Cano en 1618, de acuerdo a las trazas del maestro mayor Diego López Bueno. Posee una rica decoración rococó y aun conserva algunas de las misericordias de los estalos. En el facistol, de época se exponen cuatro libros corales fechados en 1626. En el escalón de acceso al recinto se encuentra una sepultura, de 1570, perteneciente a Pedro García Toledano, su esposa Catalina Díaz y herederos.
     La capilla bautismal, primera de la nave de la derecha, es amplia y guarda un lienzo del Bautismo de Cristo pintado en el siglo XVII por un desconocido Juan de Vargas. También las esculturas de una Sagrada Familia recompuesta, formada por la pareja dieciochesca de San José con el Niño y una Inmaculada con el escapulario carmelita, de la primera mitad del siglo XVII. Ya fuera de la capilla y sobre el muro de la nave de la derecha, un retablo compuesto con restos de otros está presidido por una talla de Cristo resucitado, atribuido a Jerónimo Hernández, con dos cuadros pequeños en el banco, que representan a Santiago y a un santo franciscano de desconocida procedencia.
     El retablo siguiente fue realizado a mediados del siglo XVIII, ha perdido el banco y en la hornacina principal se aloja una pequeña Virgen del Carmen, de candelero. En el ático un lienzo de Santa Catalina del siglo XVII y a los lados dos cuadros de San Luis Gonzaga y de Santa Teresa. Sigue un retablo neogótico de escaso interés, dedicado al Sagrado Corazón.
     El altar de Santa Ana se estructura en banco, cuerpo y ático, con una arquitectura que se impone sobre cualquier otra consideración de índole decorativa. Es de Pablo Legot, lo mismo que los dos lienzos situados en los intradoses del nicho central, con imágenes de San Lorenzo y San Pablo. De las esculturas que ocupan la hornacina, al menos Santa Ana parece de la época. El San José del ático es más moderno, relacionado quizás con la fecha que figura en el basamento de la pilastra derecha: 1858. Inmediato en el muro de la nave se sitúa el lienzo de San José con el Niño, pintado por un maestro de la escuela murillesca a fines del siglo XVII.
     Más antiguo es el cuadro que representa a San Joaquín con Santa Ana y la Virgen, pero destaca de manera muy especial el gran lienzo que representa el Martirio de San Sebastián, de mediados del siglo XVII. Por último, el retablo que remata la nave fue realizado por Matías Navarro, como el que se ubica en el testero de la izquierda; su iconografía guarda relación con la hermandad de sacerdotes de la que eran titulares las imágenes y está presidido por la escultura de la Virgen del Rosario, atribuida a Jerónimo Hernández, flanqueada por las esculturas de San Juan Nepomuceno y San Pedro. 
     En la sacristía hay que mencionar el cancel que la separa de la iglesia y presenta vistosa peinacería, así como la gran cajonera realizada en la segunda mitad dl siglo XVII, decorada con columnillas salomónicas.
     La parroquia posee una rica colección de plata, en la que sobresalen las crismeras de nudo en forma de templete y baso lobulada, documentadas como obra de Francisco de Alfaro (h. 1588); dos coronas de plata y una aureola de principios del siglo XVII, marcada por el sevillano Melchor de Silva (MS). La custodia de pie, de plata sobredorada y decoración de esmaltes, con nudo arquitectónico, pertenece al platero Martín Alonso del Castillo (1637) y posee la inscripción: "Este sol mando hacer el licenciado Pedro Lavajos siendo mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento. Acabose el año 1673". El cáliz de esmaltes, con nudo de jarrón, se ha atribuido al maestro Alonso y el de los querubines, más moderno, se vincula con Juan Laureano de Pina. La mitad inferior de la cruz de altar se asocia con la producción de Hernando de Ballesteros "El Mozo". Llamativo es el trono de la Virgen de las Montañas, de fuste helicoidal, que también se relaciona con el artífice Cristóbal Pérez, que trabajaba en la iglesia en 1622. Del siglo XVIII abundan también las obras sevillanas, como la cruz de manga sin gallones, de Manuel de Hoces; el acetre y los ciriales, de Antonio Salinas; y los blandones de Nicolás de Cárdenas. Los estilos rococó y neoclásico están representados por otro extenso conjunto de piezas sevillanas y cordobesas, siendo de destacar el cáliz de plata sobredorada que podría ser de Vicente Gargallo, la custodia de sol de José Guzmán o las vinajeras de Mateo Martínez Moreno (1789).
     Los tejidos que conserva la parroquia son igualmente de primera calidad y, entre ellos, destaca el terno realizado hacia 1700 y compuesto por casulla, capa pluvial y dos dalmáticas de terciopelo rojo bordado en oro y seda de colores. Asimismo, el terno de San Pedro procedente de la antigua hermandad de sacerdotes, y una rica colección de palias (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Iglesia comenzada a construir en el siglo XVI. Portada con templete greco-romano, una hornacina en medio con una inscripción en su interior. Retablo del Siglo XVII. La actual edificación es el resultado de diversas reconstrucciones. La obra primitiva era del siglo XVI y se trataba de un edificio gótico mudéjar de tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares, esta zona se conserva actualmente en lo correspondiente al cuerpo de la nave, si bien las actuales cubiertas encamonadas de aristas responden a una reforma neoclásica de fines del siglo XVIII. El crucero y capilla mayor responden a una reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI, los brazos se corren por bóvedas de medio cañón y la capilla mayor por bóveda abocinada, la cúpula es semiesférica sobro pechinas.
     En el primer tramo de la nave derecha se abre la capilla con cubierta de crucería perteneciente a la fábrica primitiva.
     Al exterior destaca la Torre- Fachada, que en la zona baja alberga la portada. Esta se compone de dos cuerpos sustentados por columnas jónicas do fuste estriado que albergan hornacinas rematándose el segundo por frontón curvo. 
     Esta pieza fue diseñada a mediados del siglo XVI por Hernán Ruiz II. Los cuerpos de campana son de planta cuadrada con vanos de medio punto y rematados por chapitel piramidal recubierto de cerámica. Esta última no corresponde a la reforma de fines del siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Francisco
     Los franciscanos observantes llegaron a la localidad de Villamartín a fines del siglo XVI, adquiriendo la ermita de la Vera Cruz y unas casas anejas sobre las que levantaron su iglesia primero y las dependencias conventuales en 1630. Todavía conserva parte de las viejas estructuras, como la portería, abovedada de aristas, el claustro y la iglesia. Ésta es de una sola nave, cubierta con bóveda de cañón con lunetos y cúpula la capilla mayor, con el coro a los pies, una fachada decorada por un azulejo dieciochesco, rematada en espadaña y una portada de sencillez decorativa. El altar neoclásico de la capilla mayor, que fue donado por Fernando VII, está presidido por la excepcional talla del Crucificado del siglo XVI, que se ha vinculado con Roque Balduque. A los lados se sitúan las esculturas del Arcángel San Rafael, moderna, y de San Juan de Dios realizada en el siglo XVIII. Dentro de la misma capilla un lienzo decimonónico reproduce la imagen de Santa Rita. El púlpito se abre inmediato al pilar toral en el propio muro de la izquierda, según el tipo conventual. A su lado se halla el retablo de San Antonio, de estípites y con un cuerpo de tres calles, donde la escultura titular fue tallada en 1644 por el sevillano Martín Moreno. A su lado, en una hornacina abierta en el muro, una talla de Jesús de la Humildad y Paciencia, obra del siglo XVII con una importante reforma decimonónica.
     En el muro de enfrente se ubica el cuadro de las Ánimas, con Santo Domingo y San Francisco como intercesores, en su retablo neoclásico. A los pies una urna con un Cristo yacente. En el siguiente altar se encuentra la Virgen de la Soledad en su retablo de estípites de la primera mitad del siglo XVIII. Santo Tomás se encuentra en la capilla inmediata al presbiterio, cuya bóveda está pintada con rocallas y contiene un retablo rococó, con columnas de orden compuesto, de fines del sigo XVIII.
     A este patrimonio hay que añadir un cáliz de plata en su color, sin decoración y astil con nudo troncocónico, de principios del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La Iglesia de San Francisco se encuentra en la calle del mismo nombre y forma parte de lo que fue convento.
     De su interior destaca el retablo de estilo neoclásico donado por el Rey Fernando VII que está situado en el altar mayor y que fue colocado en 1828.
     El Cristo de la Veracruz situado en este altar es una magnífica talla del siglo XVI y era el titular de la primitiva ermita. Se atribuye al escultor y retablista flamenco Roque Balduque.
     Destacan un retablo Rococó con la imagen de Santo Tomás, una imagen de Nuestra Señora La Soledad, del siglo XVII y una magnífica imagen de Humildad y Paciencia de Jesús. También son dignas de mención una talla de San Antonio con el niño, realizada en cedro por Martín Moreno en 1644 para la Cofradía de San Antonio y las imágenes de San Juan de Dios y San Rafael que se encuentran en el Altar Mayor.
     En esta iglesia se leyó y juró la Constitución el día 6 de septiembre de 1812, poco después de la retirada de las guarniciones francesas de la localidad. Ese día se celebró una misa solemne y se cantó en señal de gracias al Señor un Solemne Tedeum, como aparece en Actas Capitulares (Ayuntamiento de Villamartín).

Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias
     Fue la capilla del convento de las concepcionistas franciscanas, construida a comienzos del siglo XVII. Es de una sola nave y cabecera plana, con una sencilla portada y posee en un lateral la espadaña. La sobriedad exterior se corresponde con un interior de similar acabado en el que contrasta el retablo mayor barroco. La imagen titular, con Cristo muerto en el regazo de la Virgen, es del autor contemporáneo Juan Bernabé Britto. Además, guarda la capilla las imágenes del Nazareno y la Virgen, que proceden de la capilla de la Virgen de los Reyes (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El templo de Las Angustias se encuentra en la Plaza del Ayuntamiento. Comenzó a construirse a comienzos del siglo XVII. Tiene una sola nave y cabecera plana. Su portada es simple, con un arco rebajado entre sencillas pilastras que sostienen un entablamento. La espadaña lateral es el único elemento que rompe la uniformidad de su composición, con dos cuerpos con vanos de medio punto entre pilastras y frontón triangular de remate. En su interior, también sobrio, destaca su magnífico retablo mayor, de trazado barroco.
     En su origen la capilla formó parte del convento de Franciscanas Menores Observantes de la Concepción. En la misma se encuentran una imagen de la Virgen de Los Reyes y otra de Jesús Cautivo.
Preside el Altar Mayor una imagen de la Virgen de Las Angustias con Jesús yacente en su regazo que fue realizada hacia 1951 por Juan Bernabé de Britto (Ayuntamiento de Villamartín).

Santuario de Nuestra Señora de las Montañas
     La ermita de la Virgen de las Montañas se encontraba construida en 1563 para alojar la imagen, aparecida entre la maleza, a principios del mismo siglo. Las reformas posteriores han modificado el aspecto primitivo de la fábrica. La iglesia es de planta de salón, con una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones y cúpula sobre la capilla mayor. La cornisa que recorre todo el recinto está decorada con guirnaldas, por lo que podría considerarse una reforma que dotó al recinto de la imagen que hoy conocemos entre los últimos años del XVIII y primeros del XIX. En el testero se encuentra la Virgen de las Montañas en su tabernáculo de plata. A los pies un retablo de cerámica trianera reciente, con las imágenes monocromas de San Antonio y la Virgen con el Niño, según el modelo de Murillo. En la sala de las velas hay otro retablo cerámico centrado por la Virgen de las Montañas, realizado en Villamartín por Antonio Linares, en conmemoración del Año Santo Mariano (1989) (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Santuario de La Virgen de las Montañas está situado a unos 8 kilómetros de la localidad. Es centro de peregrinación mariano de toda la comarca, celebrándose la Romería cada año el día 8 de septiembre.
     La Antigua Ermita está consagrada a la Virgen de las Montañas y a San Ginés, patrón de los viticultores. Precisamente, el origen de esta ermita era el prestar atención espiritual a los viticultores de la zona de Pajarete.
     A poca distancia está situada la Fortaleza de Matrera.
     Real el Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de las Montañas Coronada
     Santuario de Pajarete
     Apartado de correos 120 11650 Villamartín
     Correo electrónico:  santuariopajarete@gmail.com
     Horario de visitas al Santuario Verano: Mañanas de 09.00 h. a 14.00 h. Resto del año: Mañanas de 10.00 h. a 14.00 h. y tardes de 16.00 h. a 18.00 h.
     A partir del mes de octubre la celebración de la Misa en el santuario tiene lugar todos los domingos a las 12.30 h. (Ayuntamiento de Villamartín).

Cortijo de la Chirigota
     Villamartín posee una notable serie de cortijos y haciendas, con edificios de envergadura e interés artístico. En el cortijo de la Chirigota el granero se refuerza en las esquinas con cilindros, que recuerda el modelo de la campiña sevillana (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
       Caserío de considerable envergadura asociado a una finca de 500 ha. de sembradura de secano. Dispone de varias edificaciones situadas en lo alto de dos lomas que caen hacia el sur. El núcleo principal del cortijo es de estructura cerrada con un patio central rectangular en torno al cual se organizan las dependencias "vivienda, graneros, cuadras, palomar", utilizándose únicamente la primera mientras el resto se halla sin uso. Destaca sobre todo la voluminosa pieza del granero, de dos alturas, planta rectangular, muros de gran espesor, huecos abocinados con arco rebajado de regular distribución, esquinas redondeadas y cubierta a cuatro aguas. La viguería de la planta inferior apoya en un cargadero central de fundición sostenido por columnas también de hierro, mientras la planta superior, subdividida en trojes mediante muretes de poca altura, se cubre con armadura de madera en artesa con tirantes. 
     A unos doscientos metros del cortijo se encuentra la estancia, un gran establo de disposición longitudinal con contrafuertes cilíndricos en las esquinas. Ha de reseñarse el empedrado que sirve de pavimento al patio y que rodea así mismo las zonas edificadas.
      Según la información directa aportada, debió construirse en el tránsito del siglo XIX al XX. Ausente del mapa del Catastro de 1898, la Chirigota es consignada ya por el Nomenclátor de 1900 como "cortijada con tres edificios", y bajo la acepción "cortijo" en la cartografía militar de 1917 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel
     El monumental tinado del cortijo Tierras Nuevas del Cuartel es de tres naves separadas por pilares sobre los que cabalgan arcos de medio punto (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Caserío de estructura cuadrangular con patio, dividido en la actualidad en dos mitades de sendos propietarios. El sector de fachada consta de dos crujías resueltas mediante bóvedas de arista en planta baja, al igual que tantas edificaciones agrícolas tradicionales "cerealistas sobre todo" del campo gaditano. Las cubiertas son a dos aguas.
     Destaca la estancia o tinahón de los bueyes de labor, una dilatada pieza de 30 m. de longitud y 6 de anchura dividida interiormente en tres naves "la central más estrecha a modo de andén o pasillo para el "pensaor"" mediante arquerías de medio punto sobre pilares cuadrados "entre los que se disponen los pesebres, circulares y rectangulares" unidas por arcos transversales apuntados donde descansa el caballete de la cubierta. La techumbre se resuelve con armadura de parhilera que prolonga los faldones de teja de la cubierta hasta los muros perimetrales de poca altura con numerosos ventanucos cuadrados para la aireación del establo.
     El nombre del cortijo hace referencia al paraje donde se ubica, conocido en su conjunto por Tierras Nuevas, área de remoto poblamiento donde se han encontrado restos ibero-romanos, ligado a la fortaleza de Matrera y otros asentamientos próximos, que posiblemente fuese colonizada hacia el siglo XVIII, completándose su denominación con la posible alusión a la existencia de un cuartel de guardias para vigilancia de la zona, próxima a las dehesas de Prado del Rey, célebres en los siglos XVIII y XIX por los continuos asaltos y la presencia de bandoleros. Este cortijo se contabilizaba en el "caserío con diez edificios" que recoge el Nomenclátor de 1900 para el sector de Tierras Nuevas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de la Granja
     La hacienda de la Granja surge de una granja que perteneció a los jerónimos de Bornos. El edificio principal fue reconstruido en torno a 1940 por Juan Talavera y Heredia (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La edificación que hoy se contempla responde a la completa reconstrucción de un antiguo caserío del siglo XIX y representa de manera ejemplar el "estilo andaluz", o "andalucista", que desarrollaron el arquitecto autor de la obra y otros colegas coetáneos entre la década de 1920 y la postguerra, inspirándose en las construcciones rusticas tradicionales de la Baja Andalucía.
     La hacienda, asociada a una finca de 140 ha. de sembradura de secano, pastos y monte bajo, está caracterizada por la presencia dominante del señorío, que aporta al conjunto un aspecto de villa residencial.
     La construcción se trata de un bloque de dos alturas con un pequeño patio interior doméstico, con pautas de la arquitectura campesina, con paramentos en blanco combinado con recursos estilísticos propios del lenguaje neobarroco.
     Un espectacular jardín, que ha de contarse entre los más destacados de la arquitectura rural andaluza, rodea la edificación de la hacienda, a base de terrazas escalonadas, detalles ornamentales en cerámica, un estanque con fuente, flores, árboles de gran porte, con un carácter que lo vincula a la reactivación de la tradición del jardín arábigo-andaluz emprendida en la primera mitad del siglo XX.
     En origen se trataba de una hacienda de olivar, viñas y tierras calmas. Tras su reforma, en el edificio predomina el carácter de villa residencial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda del Rosalejo
     Se trata, sin duda, de una de las piezas de mayor envergadura y más elaboradas de la arquitectura rural de las comarcas septentrionales de la provincia, a pesar de las numerosas y profundas transformaciones de que ha sido objeto a lo largo del tiempo. Representa ejemplarmente la idea clásica de la hacienda andaluza, con dependencias productivas en origen para múltiples aprovechamientos "viña, olivar, ganadería,"" y un sector residencial de gran empaque y representatividad que domina el conjunto revestido de recursos estilísticos propios de la arquitectura culta.
     La edificación se organiza sobre una planta rectangular alrededor de un patio cuadrado enmarcado por construcciones de dos y tres crujías, de una y dos alturas bajo cubiertas de teja árabe. La fachada principal original presenta una monumental composición de orden urbano y porte palatino: la entrada en el centro con portada de piedra a base de pilastras, arco adintelado con escudo de armas en la clave y gran cornisa de rico molduraje sobre la que se sitúa un balcón con pilastras y entablamento. A los lados se disponen series de cuatro huecos a eje en cada planta, ventanas salientes con tejadillo, reja y poyete en la inferior y balcones con recercado de molduras mixtilíneas en la superior, huecos que resultan ser fingidos en una de las alas con la intención de equilibrar la composición del conjunto. La fachada se realza con una escalinata de piedra enfilada hacia la portada que desciende a las terrazas de un jardín delantero. El cuerpo de fachada, cuya construcción de doble crujía ocupa sólo dos tercios de su longitud, acoge el señorío, con amplios salones y escalera en un lateral. El zaguán, bajo bóveda de arista, comunica a través de un arco trilobulado con uno de los elementos más llamativos de la edificación, una galería también bajo bóveda de arista y zócalo de azulejos que se abre al patio mediante tres arcos trilobulados mixtilíneos de acentuado movimiento, el central más ancho y rebajado, apeado en columnas pareadas de mármol, solución que se relaciona con obras domésticas del barroco tardío de Andalucía occidental. El patio, carente de sentido utilitario, está ajardinado, con dos estanques rectangulares y andén central.
     Las construcciones de tres crujías en fondo de los laterales del patio alojaron antaño diversas dependencias productivas, habiéndose remodelado casi en su totalidad para cometidos residenciales y de servicio. Uno de los costados, con acceso propio de arco elíptico en piedra, se articula en tres naves separadas por arquerías. En su extremo trasero destaca una antigua torre de contrapeso con cubierta de teja a tres aguas rematada por pináculos bulbosos con cruces de forja. Aún se observa la capilla bajo el contrapeso, con arco de descarga de ladrillo, propia de una viga para prensa de aceite o de lagar. En la esquina opuesta de la trasera se eleva otra torre gemela, mera réplica de intención compositiva sin aplicación funcional. Entre ambas discurre otra pieza de uso residencial, en la que se localizaban con anterioridad el trujal, gañanía y otras dependencias.
     El costado restante, asimismo muy reformado y compartimentado, se divide en tres naves de altura descendente hacia el patio, con una esbelta arquería de arcos apuntados sobre pilares con arcos de medio punto superpuestos para aligerar el muro donde descansa la cumbrera y otra arquería de medio punto sobre pilares. La mayor parte de este espacio está ocupado por las cuadras, con departamentos para pienso y guadarnés. Bajo este lateral, salvando la diferencia de cota, se dispone un cuerpo de bodega de gran interés, con tres naves de bóvedas de arista sobre gruesos pilares circulares de piedra, con arcos formeros y perpiaños perfilados. Aunque sólo alberga un reducido número de botas, presenta las trazas de una bodega de crianza, con suelo terrizo. A su lado se ha levantado en época reciente una nave industrial para el procesado y envasado de vinos. 
     El Rosalejo ocupa una escogida posición en el Campo de Matrera, donde se localiza el pago de Pajarete, antaño uno de los más renombrados de la provincia por la calidad de su viñedo, acompañado de olivares.
     Presumiblemente, los antecedentes del Rosalejo se remonten a un caserío con lagar, molino de aceite y otras dependencias reconstruido y ampliado con posterioridad hasta adquirir las formas y proporciones que hoy lo caracterizan. Con todo, no son muy prolijas y sistemáticas las noticias sobre la edificación. En el mapa que acompaña a las respuestas del Interrogatorio de Tomás López, iniciado en 1776, se dibuja el pago del Pajarete con cuatro caseríos, uno de los cuales puede situarse en el emplazamiento actual del Rosalejo y quizás corresponderse con él al representarse uno con dilatada fachada, abundantes huecos y una torre que se distingue de los otros tres, de trazado mucho más sencillo. 
     Una primera mención específica del Rosalejo, recogida por A. Hernández Parrales, data del 19 de agosto de 1794, al aparecer en un informe del Cabildo de Sevilla referente a la vecina ermita de Nuestra Señora las Montañas, indicándose que "las nuevas poblaciones inmediatas a aquel pago tienen Misa los días festivos en las haciendas del Rosalejo y de la Granja, poco distantes de la hermita", lo cual hace suponer la existencia por entonces una capilla en su caserío. En 1807, el francés barón de Bourgoing recoge en su relación de viajes en España una alusión "citada por J. y J. de las Cuevas" a las bodegas del Pajarete propiedad del marqués de las Amarillas, en las que se atisba una posible identificación entre éstas y el Rosalejo: "Famosas por su vino, están a cuatro leguas de Ronda, y pertenecen a M. Girón, uno de los principales habitantes de Ronda, oficial distinguido, conocido en la última guerra bajo el nombre de marqués de las Amarillas". Años después, Frasquita Larrea, que relata su viaje de Bornos a Ubrique en 1824, glosa la calidad del vino del Pajarete, "afamado por toda la Europa" y escribe que "cada una de esta viñas tiene su casa y entre ellas sobresalen las ruinas de la del Rosalejo, hermosa posesión que labró, embelleció y habitó la Marquesa de las Amarillas, y fue quemada en la guerra de la independencia por haberse guarnecido en ella una partida de guerrilla española que se dejó abrasar antes de rendirse".
     El Rosalejo aparece, así, relacionado desde al menos el siglo XVIII con una de las más influyentes familias de la nobleza de Ronda, de apellidos Ahumada y Girón, marqueses de las Amarillas y desde 1835 duques de Ahumada, cuyos titulares ejercieron altos cargos del ejército y la administración: Agustín Ahumada Villalón (1760), marqués de las Amarillas, fue virrey de Nueva España, Pedro Agustín Girón (1842), I duque de Ahumada, ministro de la Guerra y miembro del Consejo de Regencia, y Francisco Javier Girón (1870), II duque, senador, ministro de la Guerra y fundador de la Guardia Civil en 1844. Es probable que la monumental obra se erigiese a fines del siglo XVIII "a tenor de la cita de F. Larrea y del barroquismo tardío del edificio", reconstruyéndose quizás en época de los primeros duques, propietarios de grandes posesiones rústicas en el área de la provincia de Cádiz cercana a la serranía de Ronda "como el cortijo de la Ahumada". El blasón que ostenta la portada del Rosalejo, timbrado por corona que parece ducal, representa en sus cuarteles las heráldicas de los apellidos Ahumada "cinco estrellas y cruz de Calatrava en el primero y tercero" y Girón "mediante cinco jirones en el cuarto", mostrando en el segundo una torre con remate (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de los Huertos
      El edificio que hoy se contempla, muestra de primer orden de los caseríos de olivar de la provincia gaditana por la calidad de su trazado, es resultado de la reconstrucción efectuada en 1910 a partir de un molino aceitero preexistente, probablemente una construcción más modesta y de menor envergadura, a tenor de los indicios de un molino con prensa de viga que cabe detectar enmascarados en el conjunto de la obra. La edificación, que ha sido estudiada por G. Florido en el apartado que dedica a las casas de olivar de la depresión del Guadalquivir, define un plano cuadrado con torreones en tres de sus ángulos y construcciones de dos plantas, en su mayor parte, cerrando el vacío de un patio. Ante el área de acceso empedrada se dispone la fachada, regida por la simétrica composición de cuerpos y vanos. En las esquinas destacan sendas torres con huecos superpuestos a eje "el superior un óculo circular sólo señalado mediante el recercado" y cubiertas de pabellón de teja árabe con pináculos en los vértices. Entre las torres se desarrolla el cuerpo frontal con el acceso de arco rebajado en el centro bajo un balcón y ventanales con reja en voladizo a los lados. Un zaguán con arcos de medio punto que perforan los muros maestros conduce al patio. 
     En este primer cuerpo se encuentran, en planta baja, la vivienda de caseros, cocina y guadarnés, a un lado, y al otro, almacenes y la escalera de subida a la planta principal, que aloja graneros y el señorío, con solería hidráulica y decoración de pinturas murales de aire modernista en los techos, prolongándose sobre el lateral adyacente a lo largo de diversas salas y una galería acristalada sobre el patio. Bajo este último lateral se halla la bodega de aceite con tinajas empotradas en el suelo y la nave de prensa "con una galería porticada junto al patio para los trojes" terminada en una torre, cuya base de gruesos muros parece identificarse con la capilla del contrapeso de una antigua prensa de viga. En posición perpendicular respecto a esta nave, ya en el costado trasero del patio, está el trujal, el espacio con el empiedro, sobre el que se sitúa la gañanía, en la planta superior, y, a continuación, las cuadras de mulos, de una sola altura, divididas por una esbelta arquería atirantada de medio punto sobre pilares con hileras de pesebres rectangulares. El flanco restante del patio acoge la cuadra de caballos de monta, la antigua cochera de carruajes, almacenes y talleres. Una zona ajardinada con arbolado se extiende junto a la cara exterior de este lado. Las cubiertas de teja árabe con las cumbreras y aristas encaladas y la pintura de zócalos y embocaduras en almagra y albero sobre los paramentos blanqueados aportan un vivo juego cromático al conjunto.
     Toma el nombre de un pago de olivar que se extiende junto al arroyo Serrecín al pie de la sierra de Santa Lucía, al este del término de Villamartín, área donde tradicionalmente se localizaban molinos aceiteros y donde a partir del último tercio del siglo XIX se levantaron y renovaron molinos y haciendas con almazaras industriales, al mejorarse y expandirse el cultivo a costa, por ejemplo, de las tierras de monte y dehesa del Grullo y Cuatro Mojones. P. Madoz aporta ya noticias tocantes a los Huertos hacia 1846 al describir el camino de Puerto Serrano a Villamartín: "se continua por un encadenado de monte bajo, cuya estensión es de 1/2 [legua], por el olivar de los Huertos de 1/4 [de legua, unos 1,4 km.] de travesía, donde hay un molino de aceite enmedio"". Más tarde, el mapa del Catastro de 1898 representa la edificación de "Los Huertos, molino aceitero", reiterada en la cartografía militar de 1917 como "Molino de los Huertos", apareciendo por último en la edición de 1975 bajo el título de "Hacienda de los Huertos" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Dolmen de Alberite
     Alberite I, es un dolmen del tipo galería de 23 metros de longitud y planta trapezoidal con una anchura variable entre los dos metros de la entrada y cuatro en la cabecera. Algunos de los ortostatos están decorados con pinturas esquemáticas en ocre y grabados. Toda la estructura estaría cubierta con un túmulo del que se conserva un anillo de piedras de 50 metros de diámetro que lo delimitaba. Este anillo exterior estaba construido con un murete de piedras de pequeño tamaño reforzado con otra serie de tirantes concéntricos en el interior del túmulo, cuya finalidad era contener los empujes del túmulo y mantenerlo agrupado, evitando los efectos de la erosión.
     Antes de acceder al interior de la cámara se atraviesa un atrio de 10 metros de extensión cuyo inicio se encuentra marcado por dos monolitos que conformarían una entrada monumental. En este atrio se localizaron cuatro estelas decoradas con motivos antropomorfos, una de ellas con nariz y ojos grabados, lo cual parece estar en relación con un espacio ritualizado en el que posiblemente se produjeran ceremonias en honor de los ancestros. El acceso se produce desde el este.
     Las piedras utilizadas son de caliza y arenisca procedentes de la zona del río Alberite y cerros próximos. El interior del dolmen estaba recubierto de una capa de color rojo, incluso el suelo estaba recubierto de una gruesa capa de ocre. En todos los ortostatos hay símbolos, la mayoría pintados, otros grabados, concentrándose especialmente en lugares destacados, como el inicio y el final de la cámara. La temática responde a una iconografía preconcebida. En esta construcción se ha podido comprobar que la decoración de los ortostatos se realizó antes de su colocación defnitiva, ya que muchos se encuentran decorados en las caras no visibles. Los temas representados son muy variados: motivos geométricos, zigzag, hachas, cuchillos, soles, serpientes y antropomorfos.
     La mayor parte de los grabados se encuentran en la pared derecha, curiosamente juntos por pares y relacionados por temática. Una vez superado el primer tramo de corredor el espacio se ensancha formando una cámara, pero justo al inicio de ese ensanche aparecen unas piedras en vertical que interrumpen el sentido longitudinal y que conforman una antecámara junto a la pared sur. Esta antecámara tiene una fuerte carga ideológica, apoyada por la presencia de un ídolo betilo y zonas de fuego, quizás para iluminación o ritual: las jambas o estelas que la definen, labradas en forma rectangular, muestran figuras antropomorfas acompañadas de armas y serpientes, como si se tratase de representaciones de una divinidad protectora, guardiana de la cámara funeraria.
     Al fondo de la cámara se define otro espacio reservado al colocarse delante otras dos jambas que interrumpían su visión desde la entrada. En este lugar se localizaron los enterramientos de un hombre y una mujer de edad adulta. Sus huesos estaban cubiertos de ocre y algunos presentaban huellas de descarnado intencionado. El ajuar funerario lo componían 1600 cuentas de collar de variscita, hueso y concha, una paleta caliza para ocre, cuatro machacadores en caliza para ocre, una azuela y una gubia pulimentadas, cuatro láminas de sílex y un gran prisma de cuarzo de 20 centímetros de longitud (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fortaleza de Matrera
     El Castillo de Matrera está situado en la Sierra de Pajarete, a 523 metros sobre el nivel del mar, en el camino de Villamartín a Prado del Rey. Se encuentra en una pequeña explanada en la cumbre de un altozano. Es de origen andalusí y fue mandado construir por Omar Ben Hafsun, a finales del siglo IX para defender la ciudad de Iptuci, en la frontera de la Cora de Ronda. El recinto está dividido en dos zonas diferenciadas, la Torre principal o del Homenaje, defendida por un recinto amurallado y el Patio de Armas también rodeado de murallas y con dos puertas la Puerta de los Carros y la Puerta del Sol. El Albácar o Patio de Armas es de grandes dimensiones y de planta elíptica. El recinto amurallado superaba los 500 metros y constaba de numerosas torres, ya desaparecidas.
     El castillo estaba formado por un gran recinto amurallado de más de 500 metros de perímetro, que rodeaba el patio de armas, al que se accede desde la Puerta del Sol al este y la Puerta de los Carros al oeste, ambas flanqueadas por torres. 
     A lo largo del lienzo de muralla se sitúan varias de éstas, destacando la torre principal en el norte. Esta era de planta rectangular, de 15 x 10 metros, conservando tres saeteras. 
     Contaba con un proyecto de consolidación, pero en el año 2013 quedó afectada por un colapso del muro norte y dos bóvedas como consecuencia de las intensas lluvias. Recientemente se ha llevado a cabo en el mismo una polémica intervención.
     El castillo es de propiedad particular, aun cuando se ha constatado el aterrizaje y despegue periódico de helicópteros de gran tamaño pertenecientes al ejército.
     En 2013 se derrumbó gran parte de la torre debido a las escasas labores de reparación de los problemas estructurales detectado décadas atrás. La posterior obra de preservación en 2016 ha resultado ser muy polémica, recibiendo tanto críticas como el premio en la categoría de "Preservación" de los premios neoyorquinos A+Architizer.
     Aunque el Monte Pajarete ha constituido un lugar de asentamiento humano desde la Antigüedad, la fortaleza medieval fue construido en el siglo IX por Omar ibn Hafsun para defender a Iptuci, la ciudad más avanzada de la Cora de Ronda.
     En el siglo XIII fue conquistado por San Fernando, quien lo reconstruyó. Sin embargo a principios del siglo XIV volvió a manos nazaríes, siendo tomado definitivamente por Alfonso XI en 1341. Al estar situado en plena Frontera o Banda morisca fue asediado por los musulmanes granadinos en 1408 y en 1445 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Museo Histórico Municipal
     El Centro cultural de Villamartín constituye, sin lugar a dudas, una de las muestras más destacadas de la arquitectura brutalista en la provincia de Cádiz. El edificio se sitúa en el parque municipal, en un emplazamiento caracterizado por una acusada diferencia de cota entre la calle Extramuros, más alta, y el paseo de la Feria. El edificio resolvía originariamente la diferencia de nivel para el tránsito peatonal, ofreciendo además un mirador público en cubierta hacia el paisaje, si bien la erección reciente de un vallado ha hecho que esta función se pierda.
     La presencia del edificio en el pueblo viene marcada por la cuestión topográfica mencionada, ya que si bien se muestra con cierta modestia hacia la calle Extramuros, el hecho de mantener la cota superior como coronación hacia el paseo hace que aparezca con una rotundidad notoria con sus cinco plantas de altura.
     Esta rotundidad se confirma con el empleo de materiales que seguían las corrientes arquitectónicas más en boga en el momento de la construcción del edificio. La piedra aparece en mampuesto, conformando los muros con los que el edificio se posa en el paseo inferior, así como en los muros que se elevan en dirección perpendicular a la longitudinal del parque. Carpinterías de acero y vidrio cierran los huecos que en ellos se abren. El hormigón visto se emplea en los elementos salientes; en el gran volumen proyectado hacia el paseo de la planta cuarta, en los antepechos de los balcones de las plantas tercera y segunda, y en las marquesinas que marcan diferentes puntos de acceso al edificio, mostrando la textura rugosa del encofrado entablillado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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La Hermandad de la Candelaria, Madre de Dios

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Candelaria, Madre de Dios, de Sevilla.  
     Hoy, 2 de febrero, es la Fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José, y lo que pudo aparecer como cumplimiento de la ley mosaica se convirtió, en realidad, en su encuentro con el pueblo creyente y gozoso. Se manifestó, así, como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de la Candelaria, Madre de Dios, de Sevilla.
     La Hermandad de la Candelaria, Madre de Dios, tiene su sede canónica en la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria, que se encuentra en la plaza de la Candelaria, s/n; y la Casa Hermandad se encuentra en la propia parroquia; ambas en el Barrio de Los Pájaros, del Distrito Cerro-Amate.
       Su escudo consta de una Custodia en el centro, representando la faceta eucarística. A la derecha el emblema parroquial, una antorcha y dos palomas, como símbolo de la Purificación de Nuestra Señora y de la Presentación del Niño Jesús en el templo. A la izquierda, el logotipo diocesano, la Giralda entre dos jarras de azucenas.
Referencia histórica
       La Hermandad del Santísimo Sacramento, Nuestra Señora de la Candelaria Madre de Dios y el Santísimo Cristo del Perdón y Caridad; es ésta una corporación fundada en 1967, con sede canónica en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora de la Candelaria Madre de Dios, obra de Juan Luis Vassallo Parodi en 1957 y el Santísimo Cristo del Perdón y Caridad. 
     Con motivo de la primera salida procesional de la efigie mariana, el día 5 de febrero de 1967, y en vista de la gran devoción que despertó a su paso por las calles del barrio, se reunieron unos feligreses con el párroco don Rafael Pabón y decidieron fundar una hermandad. Sus primeras reglas fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica el 22 de abril del mismo año, quedando constituida desde su comienzo en Sacramental y de Gloria, bajo el título de “Hermandad del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora de la Candelaria, Madre de Dios”.
Referencia artística
     La imagen de Nuestra Señora (talla completa de 1,50 m.) fue adquirida por la parroquia al escultor gaditano don Juan Luis Vassallo Parodi, según una fuente en 1960, aunque parece ser que estaba esculpida en 1957. Sedente sobre un trono con el Niño en el regazo, combina en una curiosa síntesis la tradición con la modernidad, actualizando primitivos esquemas medievales. Tiene, por tanto, valor experimental, valor formal y valor creativo, siendo muy significativo que participara en la IV Exposición de Otoño a poco de concluir su hechura. Aunque es talla de un solo bloque, procesiona sobrevestida. El 1 de junio de 1982 fue llevada al domicilio de don José Rodríguez Rivero Carrera para su restauración. Al concluir la misma se reintegró a su parroquia en la fiesta de la Asunción del mismo año.
     Procesiona sobre sencillas andas, colorísticamente exornadas de flores, y con algunas tandas de candelería en su parte delantera. Los respiraderos de madera dorada son los que usaba la Cofradía del Cerro del Águila en su anterior etapa de Gloria. En 1992, con motivo del veinticinco aniversario de la Hermandad, se realizaron los candelabros de guardabrisas y se volvieron a dorar dichos respiraderos, estrenándose también un manto para la Virgen.
Momentos destacados
     Le resultan aplicables los conceptos emitidos al tratar de otras hermandades modernas, pues, aunque no discurran por el casco antiguo, ello queda compensado por una mayor participación del vecindario, que vive un día de auténtica fiesta, como se hacía en las antiguas collaciones de la ciudad (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Fiesta de la Presentación del Señor
   La ley mosaica prescribía dos ceremonias vinculadas con el nacimiento de un niño. Si era de sexo masculino, debía ser circuncidado. Al tiempo que la madre, considerada impura después del parto, debía purificarse, presentar a su primogénito en el templo y recuperarlo del Señor por medio de una ofrenda.
   La circuncisión debía realizarse ocho días después del nacimiento, y la Purificación, cuarenta días más tarde.
   Esas dos escenas, que presentan temas análogos, han sido frecuentemente confundidas en el arte cristiano.
La presentación del niño Jesús en el templo o la purificación de la Virgen
   Presentación de Jesús en el templo, Purificación de la Virgen, Candelaria, son otros tantos nombres que designan la misma fiesta celebrada el 2 de febrero, cuarenta días después de Navidad (Cuadragésima de Epifanía). Esta triple serie de nombres se encuentra en todas las lenguas.
l. Presentación del Niño Jesús en el Templo
2. La Purificación de la Virgen
3. Candelaria
El relato evangélico
   La Presentación en el templo sólo se relata en el Evangelio de Lucas 2: 22 - 40.
   Los otros no dicen nada acerca de ello.
   «Así que se cumplieron los días de la purificación conforme a la ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor, según está escrito (...) y para ofrecer en sacrificio, según lo prescrito en la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.
   «Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel y el Espíritu Santo estaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Movido del Espíritu, vino al templo, y al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribe la Ley sobre Él. Simeón le tomó en sus brazos y, bendiciendo a Dios, dijo: Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos; luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo Israel.» Y dirigiéndose a María dijo: «...y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones.
   «Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, muy avanzada en días, que había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro.... Como viniese en aquella misma hora, alabó también a Dios y hablaba de Él a cuantos esperaban la redención de Jerusalén (...) Cumplidas todas las cosas según la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a la ciudad de Nazaret.»
   Las dos prefiguraciones bíblicas de la Presentación del Niño Jesús en el templo son el Destete de Isaac y la Consagración del niño Samuel al Señor.
Liturgia judía y católica
   Para comprender el tema iconográfico es necesario conocer no sólo la fuente de las Escrituras de donde ha tomado el tema el arte cristiano, sino también los ritos de la Purificación en la ley mosaica y en el culto católico.
   La ley de Moisés (Éxodo, 13: 2) obligaba a todos los judíos a consagrar a los primogénitos al Señor en conmemoración de la salida de Egipto, y a redimirlos mediante un canon de cinco siclos y el sacrificio de un cordero. La ley era formal:
   «...consagrarás a Yavé todo cuanto abre la vulva; y de todo primer parto de los animales que tengas, el macho lo consagrarás a Yavé». 
 Además, de acuerdo con el ritual del Levítico (12: 1 - 8), toda parturienta se consideraba impura durante los siete días siguientes al nacimiento de un varón y durante treinta y tres días se le vedaba la entrada en el templo. Por lo tanto, debía dejar pasar cuarenta días para presentar a su hijo en el templo y depositar la ofren­da.
   Puede asombrar que la Virgen se haya sometido a esta regla que no podía aplicarse a su purificación, puesto que había parido milagrosamente sin perder su virginidad, es decir, sin mancha alguna. Los teólogos explican que fue para dar ejemplo de humildad y de obediencia a la Ley que la Virgen quiso someterse  a esas prescripciones legales que para ella no tenían sentido. De la misma manera que Jesús se había sometido a la Circuncisión sin necesidad, la Virgen no eludió la obligación ritual de la Purificación, preocupada, antes que nada, por no «derogar» la Ley.
   Redime a su hijo ofreciendo una pareja de tórtolas, que era la ofrenda de los pobres, mientras que el cordero era la de los ricos. Habría podido, según parece, comprar un cordero con el oro del Rey Mago; pero los teólogos, que tienen respuesta para todo, replican que ese oro fue inmediatamente distribuido en forma de li­mosnas. 
 Sobre esta liturgia hebrea se injertó la liturgia católica de la bendición de los cirios, que ha dado su nombre a la Candelaria, o Fiesta de las candelas (Festum Candelarum), porque la procesión se hacía con cirios encendidos. Ese día «los cristianos suelen tener cirios o candelas en sus manos en la santa iglesia, y ofrecerlas a la Madre de Dios».
   A decir verdad, esta ceremonia no es más que un vestigio de un antiquísimo rito lustral pagano, el de la katharsis, que se celebraba con antorchas destinadas a espantar a los espíritus de las tinieblas. Así era como los griegos conmemoraban la búsqueda de Perséfone después de su rapto por Hades, y celebraban los romanos la fiesta de las Ambarvalia.
   De acuerdo con ciertos historiadores de las religiones, la fiesta cristiana de la Purificación de la Virgen habría sustituido a la fiesta pagana de las Lupercales. Pero Dom Leclerq observa con fundamento que no hay ninguna semejanza en ritual ni coincidencia de fechas.
   Durante el reinado de Carlomagno la Purificación se convirtió en una fiesta mariana en los países occidentales.
La fecha de la fiesta
   La Purificación no podía realizarse antes de pasados cuarenta días desde el momento del parto. Los orientales, que celebraban la Natividad el 6 de enero, fijaron en consecuencia la fecha de la Presentación el 15 de febrero.
   Cuando la Iglesia romana decidió que la Natividad sería conmemorada el 25 de diciembre y no el 6 de enero, la fiesta de la Presentación se adelantó inexorable­mente trece días y se fijó el 2 de febrero.
   La Iglesia bizantina acabó aceptando esa rectificación en el siglo VI.
El tema iconográfico
   Al analizar este tema complejo se descubren tres y hasta cuatro motivos com­binados:
1. La Presentación del Niño en el templo.
2. La Ofrenda lustral de la Virgen.
3. La procesión de los cirios.
4. El Cántico del anciano Simeón (Nunc dirrtitis).
1. La Presentación del Niño
   De acuerdo con el momento elegido, la escena presenta dos aspectos diferentes. Ya María presenta el Niño al anciano Simeón, ya éste devuelve el Niño a su madre. En el primer caso la Virgen está de pie, en el segundo está arrodillada.
   Aunque no haya sido sumo sacerdote, Simeón está tocado con mitra o tiara y tiene las manos veladas en señal de respeto. Ese rito oriental vuelve a encontrarse en el Bautismo de Cristo, donde los ángeles tienen igualmente las manos vela­das.
   Como en la escena de la Natividad, ocurre que el Niño esté de pie o acostado sobre el altar, para significar que desde su nacimiento está marcado por su carácter de víctima expiatoria y predestinada al sacrificio. A veces la Virgen y Simeón lo levantan por encima del altar. En el siglo XVII ciertos pintores alemanes hacen planear a la paloma del Espíritu Santo en lo alto de la composición.
   La profetisa Ana, que tiene el mismo nombre que la madre de Samuel y la madre de la Virgen, asiste al viejo Simeón. Ella simboliza a la Sinagoga y sostiene las Tablas de la Ley donde se desarrolla un texto profético.
2. La Ofrenda lustral
   José, que es sólo un personaje secundario, lleva en las manos, en los pliegues de su manto, en un cesto o en una jaula de alambre, las dos tórtolas, modesta ofrenda de los pobres. A veces suma a los palominos una pequeña suma en metálico y se le ve desatar el cordón de la bolsa para extraer el óbolo, refunfuñando.
   Con frecuencia es una criada de la Virgen quien lleva las palomas.
   En el arte ruso, por ejemplo en un fresco (actualmente destruido) de Nereditsa, cerca de Novgorod, las palomas son tres.
3. La Procesión de los cirios
   Este tema no es de origen bíblico, y constituye un típico ejemplo de enriquecimiento de un motivo iconográfico a través de la liturgia.
   Los portadores de cirios son generalmente José (que ya sostenía un candil para iluminar el pesebre de la Natividad), la Virgen y sus criadas. En su cuadro del Museo de Darmstadt, Stephan Lochnerles agregó una procesión de niños de coro, alineados como tubos de órgano según sus estaturas. El suelo está alfombrado de hojas de acebo con pequeñas bayas rojas, follaje de invierno que recuerda la fecha de la fiesta de la Candelaria, el 2 de febrero.
   Esta tradición popular es muy antigua. Ya en el siglo XII, en una vidriera de Chartres, se ve a la Virgen seguida de mujeres que llevan cirios encendidos. El arte pictórico del siglo XV se apropió del tema.
4. El Cántico del anciano Simeón (Nunc dimitis)
   Simeón pide a Dios que lo deje morir después de haber tenido la alegría de ver al Mesías. Y predice a la Virgen que una espada le atravesará el corazón.
   Es el origen del tema de la Virgen de los siete Dolores (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor el significado de la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo;
   La primera noticia conservada de la conmemoración litúrgica de la presentación de Jesús en el Templo (Lucas 2, 21 ss.) nos la da Egeria en su peregrinación a Jerusalén a finales del siglo IV. Se llamaba Quadragesima de Epiphania porque entonces se celebraba aún el nacimiento también el seis de enero, es decir, el catorce de febrero.
   Junto a la Presentación del Señor como primogénito (cf. Éxodo 13, 1 ss.), motivo central de la fiesta pese a su título mantenido hasta la última reforma del calendario romano, en la que también María cobra una importancia especial por la profecía de la espada, va pareja la purificación de María (cf. Levítico 12, 1 ss.), pues toda mujer que pariera un varón debía presentarse para su purificación acaba la cuarentena, rito al que se somete por humildad. Ambas ceremonias se reseñan en aparece en Lucas 2, 22: “Cumplidos los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor”.
   Desde Jerusalén se fue extendiendo por Oriente. En Constantinopla, donde se celebraba ya a principios del siglo VI, tenía ya esta fiesta un carácter mariano muy marcado, pues se invitaba en ella a recurrir a la intercesión mariana y la corte imperial la celebraba en el templo mariano de la Blancherna.
   El Emperador Justiniano I, en agradecimiento por atribuir a la intercesión mariana el cese de una epidemia, en el 542 extendió su celebración a todo su Imperio como día festivo. Se trasladó al dos de febrero porque la Navidad ya había sido fijada el veinticinco de diciembre.
   A Roma la debieron llevar los monjes bizantinos. Según el Liber Pontificalis, la fiesta de la Purificación, a la que, según la ley mosaica tuvo que someterse María (Lev. 12, 2-8), se celebraba ya en Roma con carácter mariano en el pontificado de Sergio I (687-701), de origen sirio.
   El título de Purificación aparece por primera vez en el Sacramentario Gelasiano (siglo VIII), y se cree de procedencia galicana, aunque este tema no desempeña papel alguno en los textos eucológicos que se centran en la figura de Jesús, aunque pasó al Misal Romano, hasta la reforma de 1969, en que pasó a denominarse de la Presentación del Señor.
   San Cirilo de Alejandría, a principios del siglo V, ya habla de las candelas (Patrologia Graeca, vol. 77, col. 1040 s). En Roma aparece ya la procesión de los cirios en el Orden de San Pedro, del 667, que es ratificada por el citado Sergio I, por lo que la fiesta recibe el nombre popular de Candelaria. El origen de las luces quizá provenga de que estas procesiones eran nocturnas.
   Esta procesión en Roma tenía un marcado carácter penitencial, pues la comitiva pontificia iba descalza, con ornamentos primero negros y luego morados, color que se conservó hasta la reforma de 1969. Debió adquirirlo, lo que se cree a partir de Beda, como desagravio por los Amburbalia, fiesta pagana de purificación de la ciudad, que consistía en recorrer la muralla procesionalmente llevando las víctimas a sacrificar una vez acabado el itinerario, celebrada por última vez el 394. Aunque era una fiesta movible, se solía celebrar en febrero.
   La primera bendición de las candelas se remonta a finales del siglo IX y era precedida de la bendición del fuego como en la vigilia pascual: se interpreta como una fiesta de la luz como símbolo de Cristo, basándose en la profecía de Simeón: “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.
   La bendición solemne de las candelas empezó en la Iglesia galicana en el siglo X, y de ahí se fue difundiendo con lentitud En Roma se documenta por el Sacramentario de Padua, en una adición del mismo siglo X. En la Península Ibérica, ya presente en el siglo XI, y después por el resto de Europa (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Página web oficial de la Hermandad de la Candelaria, Madre de Dios: No tiene

La Hermandad de la Candelaria, Madre de Dios al detalle:
- Sede Canónica: Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria
- Día de Salida Procesional: sábado del mes de Junio
- Imágenes Titulares:   - Nuestra Señora de la Candelaria, Madre de Dios
                                       - Santísimo Cristo del Perdón y Caridad

jueves, 1 de febrero de 2024

Los sitios arqueológicos de La Barquilla, en Cantillana (Sevilla)

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     En el término municipal de Cantillana encontramos dos sitios arqueológicos denominados La Barquilla:
La Barquilla I. El material es escaso y ocupa una extensión pequeña. Aparecen tégulas, ladrillos, alguna cerámica común y sigillata clara, fragmentos de ánfora... Por referencia oral se conoce el descubrimiento de una moneda de Adriano.
La Barquilla II. Los materiales se encuentran concentrados en su mayor parte en las proximidades del río. Abundan fragmentos de mármol de revestimiento, tégulas, ladrillos, cerámica común, sigillata subgálica y clara, ánforas, etc. Por referencia oral se conoce el hallazgo de monedas republicanas y restos epigráficos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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La Ópera "La señorita Don Juan", ambientada en Sevilla, de Paracelsus, y Ralph Benatzky

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     Hoy, 1 de febrero, es el aniversario del estreno (1 de febrero de 1915) de la ópera "La señorita Don Juan", en el Teatro Gartenbau, de Munich (Alemania), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la ópera "La señorita Don Juan", ambientada en Sevilla, con libreto de Paracelsus, y música de Ralph Benatzky.
     Es una ópera, basada en el mito de Don Juan, y deudora, sin lugar a dudas de la obra original El burlador de Sevilla y convidado de piedra de Tirso de Molina.
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Ruta de los Tres Mitos: Mito de Don Juan

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