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domingo, 28 de marzo de 2021

La pintura "Entrada de Jesús en Jerusalén", de Domingo Martínez, en la Capilla del Palacio de San Telmo - Presidencia de la Junta de Andalucía

       Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Entrada de Jesús en Jerusalén", de Domingo Martínez, en la Capilla del Palacio de San Telmo - Presidencia de la Junta de Andalucía, de Sevilla.
    Hoy, 28 de marzo, es Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, cuando Nuestro Señor Jesucristo, como indica la profecía de Zacarías, entró en Jerusalén sentado sobre un pollino de borrica, y a su encuentro salió la multitud con ramos de olivos [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Entrada de Jesús en Jerusalén", de Domingo Martínez, en la Capilla del Palacio de San Telmo - Presidencia de la Junta de Andalucía, de Sevilla.
     El Palacio de San Telmo - Presidencia de la Junta de Andalucía [nº 60 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 42 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de Roma, 2; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     En la Capilla del Palacio de San Telmo, podemos contemplar la pintura "Entrada de Jesús en Jerusalén", de Domingo Martínez (1688-1749), siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco, de escuela sevillana, realizado hacia 1725-26, con unas medidas de 3'62 x 3'87 m.
   El tema que se representa está extraído del Nuevo Testamento que a su vez recogía una antigua profecía de Zacarías por la cual el Mesías entraría triunfante en la ciudad santa de Jerusalén a lomos de un pollino. Este relato aparece narrado en los Evangelios canónicos en donde Jesús baja desde Betania a Jerusalén para celebrar la pascua judía, acompañado por los apóstoles. Los habitantes de la ciudad al enterarse de su entrada le salen a su encuentro cantando Hosanna.
   En esta obra Domingo Martínez ha querido plasmar en un amplio paisaje con la ciudad de Jerusalén al fondo a una multitud de personajes dispuesto por toda la composición. Destaca la figura de Cristo ligeramente desplazada del centro de la composición. Cromáticamente ha escogido una paleta que a pesar de ser variada (azules, rojos, verdes, grises y sienas) el resultado es bastante monótono, probablemente debido a que la capa de preparación es muy oscura y las capas de veladuras muy transparentes haciendo que se vea todo más oscurecido. 
   La pintura objeto de estudio es de todas las existentes en San Telmo la que más personajes aparecen dando así cabida a toda una galería de rostros populares sacados de la calle, pillos, ancianos o niños que acompañan al Salvador. Aparecen todos los detalles recogidos del Evangelio apócrifo de Nicodemo, los niños portando palmas y otros extendiendo sus ropas a modo de alfombra. El publicano Nicodemo se sube a la palmera para poder ver mejor. No por estar en un segundo plano deja de tener menos trascendencia la muchedumbre repartida en el paisaje. Con pinceladas más sueltas son ejemplos espontáneos de gran frescura, la improvisación de las maternidades es, sin duda, muy afortunado. En las serie de San Telmo es muy frecuente la utilización de criterios distintos en el vestuario para la figura de Cristo y los apóstoles ropajes propios del siglo I mientras que para el resto emplea vestimenta de la época. Probablemente era un recurso utilizado para que los colegiales se sintieran identificados.
   En el marco de la obra y para que no quede duda aparece la siguiente leyenda: "Laus et honor sit rexcriste redentore C. Puerile dejus pronsit hossanna priam" (Ex. Offc. Ecc Tr.)
   San Telmo será el primer gran encargo de Domingo Martínez, en el cual podemos empezar a ver constantes de su pintura: efectismo visual, grandes decoraciones, arquitecturas fingidas y una disposición de los personajes en actitudes bastantes teatrales. El color también será un recurso empleado por el autor con gran soltura en las obras de San Telmo. En esta etapa temprana de su producción está todavía muy imbuido por la herencia de Murillo. 
   En una temática como la de San Telmo se hace más patente por la cantidad de personajes infantiles.
   El programa pictórico fue hecho al mejor pintor sevillano del momento, Domingo Martínez. Él y su taller fueron los responsables de toda la decoración mural y de la obra sobre lienzo. El encargo lo realiza la Universidad de Mareantes y el Colegio Seminario la iconografía de los mismos son motivos marineros, la educación o la infancia de Cristo.
   La ejecución de los lienzos no estuvieron realizados en el momento en el que se inauguró la capilla siendo en el 1725 en donde empieza a aparecer las partidas de dinero: "Dorado del retablo mayor bajo la dirección de Domingo Martínez". Pintura de los cuadros colaterales de la iglesia por el mismo" (AHU. Libros San Telmo, 175 y 190) [Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía].
Conozcamos mejor los Relatos de los Evangelistas, el Culto y la Iconografía de la Fiesta de La Entrada en Jerusalén de Nuestro Señor Jesucristo;
Fuentes
Mateo, 21: 1 - 11. Marcos, 11: 1 - 10. Lucas, 19: 29 - 40. Juan, 12: 12 - 19.
   Según los Evangelios canónicos, Jesús, seguido por los apóstoles, desciende desde Betania hacia Jerusalén, montado en un asno requisado por los apóstoles. Los habitantes de la ciudad santa salen a su encuentro cantando Hosanna.
   Mateo, que interpreta literalmente una profecía mal comprendida de Zacarías, dice que los discípulos llevaron a Jesús una borrica y con ella el pollino, aunque una sola montura bastara. Marcos y Lucas hablan de un pollino que todavía no había sido montado.
   El Evangelio apócrifo de Nicodemo completa esta breve narración agregando que "los hijos de los Hebreos" (pueri Hebraeorum) llevaban ramos en las manos y extendían sus ropas sobre el camino alfombrado de palmas, al tiempo que el publicano Zaqueo, perjudicado por su baja estatura, para ver mejor se había subido a una palmera.
   El Evangelista Lucas también cuenta la historia del enano Zaqueo subido a un árbol; pero la sitúa en Jericó (19: 1 - 10).
   Tales son los elementos que los Evangelios canónicos y apócrifos ofrecen a los artistas para representar esta entrada mesiánica, humilde, y a la vez triunfal.
   No obstante, la curiosidad popular, siempre insaciable, no se daba por satisfecha. La borrica que tuviera el honor de servir de montura a Cristo fue provista de una genealogía o de un pedigree: se la consideraba descendiente de aquella que condujera al adivino Balaam. E interesaba conocer su suerte después de aquel triunfo. Después de la crucifixión no se resignaba a vivir en Jerusalén, la ciudad deicida. Habría emigrado a Italia y muerto de vieja, en Verona. En dicha ciudad, el siglo XVII todavía se veneraban sus huesos. Calvino aseguraba que su cola formaba parte del tesoro de reliquias de la catedral de Génova.
Crítica racionalista
   El racionalismo ha sido despiadado con estas historias. De acuerdo con las conclusiones de la crítica  moderna, la Entrada de Cristo en Jerusalén forma parte de la serie de episodios inventados para realizar las profecías. Su fuente, admitida sin subterfugios en los Evangelios de Mateo y de Juan, es una profecía de Zacarías (9: 9, "Alégrate sobremanera, hija de Sión. / Grita exultante, hija de Jerusalén. / He aquí que viene a ti tu Rey, / justo y victorioso, / humilde, montado en un asno, / en un pollino hijo de asna.". La correspondencia del Evangelio con ese pasaje del Antiguo Testamento es evidente. Mateo creyó que se trataba de dos animales, y ese despropósito ha pasado al arte cristiano.
   La historicidad de la Entrada de Cristo en Jerusalén resulta dudosa. Se ha formulado la hipótesis de que Jesús se haya inspirado en la predicción de Zacarías para hacer una entrada mesiánica en Jerusalén; pero ello significa atribuirle una puesta en escena indigna de él.
   Lo que prueba mucho más aún que el episodio está desprovisto de todo fundamento histórico, o que al menos la ovación fue modesta, es que una entrada triunfal en Jerusalén, habría provocado una reacción, inevitable, de las autoridades religiosas y civiles, judías y romanas. Pero no ocurrió nada parecido y Jesús no fue molestado.
Culto
   La Entrada de Cristo en Jerusalén se conmemora mediante el Domingo de Ramos con palmas, boj o laurel, que son plantas de la estación pascual. También se lo llama Domingo de Hosanna en memoria de las aclamaciones que acogieron al Salvador en la puerta  de la ciudad santa.
Iconografía
1. Dos apóstoles van a buscar la borrica y al pollino para la entrada de Cristo
   Mateo, 21. Tema infrecuente que sirve de preludio a la Entrada de Cristo.
2. La Entrada de Cristo en Jerusalén
   Descendió del monte de los Olivos en una borrica blanca, color simbólico del triunfo, escoltado por los apóstoles que lo siguen a pie. Ese detalle permite distinguir con seguridad la Entrada en Jerusalén de la Entrada en Jericó, que Jesús, según escribe Lucas, realizó a pie.
   También  allí encontramos oposición entre la fórmula siria y la griega.
   En Oriente, Cristo está sentado de costado sobre su montura, como sobre un trono; por el contrario, en el arte de Occidente, inspirado en los modelos griegos, Jesús que aparece con mayor frecuencia con la cabeza desnuda que coronado, está montado a horcajadas, y casi toca el suelo con los pies colgantes. Como excepción, en las vidrieras de Chartres y de Bourges tiene una rama de palmera.
   Su prefiguración bíblica es el triunfo del joven David aclamado después de su victoria sobre Goliath.
   Los pintores nunca dejan de representar niños que ofrecen palmas y cantan Hosanna, o que extienden sus ropas bajo los pasos de la borrica cristófora. Se ha pretendido que ese motivo había salido de un despropósito iconográfico y que, como en la leyenda de san Nicolás, adultos imberbes habían sido tomados por niños a causa de su escasa estatura. Parece más bien que se trata de la traducción literal del Evangelio de Nicodemo, donde se habla de los «hijos de los hebreos». Pero los hebreos se llamaban  «hijos»  mientras  no hubiesen superado la edad de treinta años. Al menos así se explica el pasaje de Jeremías, 1, 6: «Y dije: ¡Ah Señor, Yavé! / He aquí que no sé hablar, / pues soy un niño.»
Cristo montado en la borrica
   En la escultura, la escena está a veces reducida a su más simple expresión. Se eliminan los discípulos y la multitud jubilosa, y sólo queda Cristo bendecidor a horcajadas del asno. Esta concentración del tema es un fenómeno corriente en la iconografía: así es como la Santa Cena se reduce al grupo de Jesús y san Juan apoyado sobre su pecho (Die Christus-Johannes Minne) y la Lamentación al pie de la cruz al grupo de la Virgen de Piedad que sostiene el cadáver de Jesús sobre las rodillas.
   El grupo de Cristo montado en la borrica, que en alemán se llama Palmesel, se explica por el culto. Se acostumbraba organizar el domingo de Ramos una procesión (Palmsonntagsprozession) que reconstruía la Entrada de Cristo en Jerusalén. A veces era un cuadro vivo en el cual Cristo estaba personificado por el obispo, seguido de sus acólitos; pero en la mayoría de los casos se limitaba a pasear por las calles, de una iglesia a otra, una imagen de Cristo a horcajadas sobre un asno real o sobre un jumento de madera pintada montado sobre ruedas. Los devotos lo arrastraban para conseguir el perdón de sus pecados. También se permitía a los niños montar por turnos en la grupa, detrás de la imagen de Cristo.
   Esos burros evangélicos eran particularmente populares en el sur de Alemania y en las comarcas limítrofes, como Alsacia y Suiza. En esas regiones se ha encontrado el mayor número: en el Museo Bávaro de Munich, en el Museo Germánico de Nurembert, en el Museo de la Obra Notre Dame de Estrasburgo, en el Museo de Basilea, en el Schweizerisches Landesmuseum de Zurich, en el Museo Bolzano (Bozen) del Tirol welche o italiano... Uno de los más  notables es el Palmesel de Wettenhausen (1456), atribuido a Hans Multscher. En el norte de Alemania, donde son más escasos, el Museo Schnütgen de Colonia posee un asinus ligneus procedente de la iglesia de la Santa Paloma. 
   Grupos semejantes debieron ser en otros tiempos muy numerosos, pero la Reforma que los reprobaba como un signo de idolatría (antichristliche Abgötterel) y que se indignaba por la introducción de animales en las iglesias, los destruyó sistemáticamente: el Palmesel de Zurich fue arrojado al lago en 1521; otros fueron quemados. La procesión del asno, animal que se guardaba bajo la portada de las iglesias y que servía para diversión de los niños, fue prohibida en Austria por el emperador José II -que se jactaba de ser un monarca esclarecido- en el siglo XVIII.
   Así se explica la desaparición del asno de los Ramos, víctima, como el asno del Pesebre, del rigor protestante y del escepticismo del siglo de las Luces.
La comida en casa de Zaqueo
   Zaqueo, que para  ver mejor se había subido a una higuera, invitó a Jesús a su mesa.
   Es una de las numerosas Cenas de Cristo, que vienen después de la Comida en casa de Leví (Mateo) y de la Comida en casa de Simón el fariseo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Domingo Martínez, autor de la obra reseñada;
     Domingo Martínez, (Sevilla, 1688 – 1749). Pintor.
     Fue este artista la personalidad dominante dentro del ámbito de la pintura sevillana a lo largo de la primera mitad del siglo XVIII; fueron sus maestros Lucas Valdés y Juan Antonio Osorio. Las escasas noticias biográficas que de él se poseen lo presentan como hombre de buen temperamento, ingenioso y emprendedor al tiempo que culto y estudioso, poseedor de una amplia biblioteca. Tuvo numerosos discípulos, entre los que sobresalieron Juan de Espinal, Andrés de Rubira y Pedro Tortolero.
     La labor pictórica de Martínez le revela como uno de los mejores pintores hispanos en la época en que le correspondió vivir, circunstancia que le fue reconocida en su propia existencia. En efecto, en 1733 cuando la Corte de Felipe V e Isabel de Farnesio dio por concluida en Sevilla una estancia que se había iniciado en 1729, Martínez fue invitado a viajar a Madrid para trabajar allí como pintor real. Esta propuesta debió de estar motivada por la estrecha amistad que Martínez mantuvo en Sevilla con el pintor francés Jean Ranc, quien debió de realizarle la oferta de trabajar en Madrid. Sin embargo, el artista sevillano declinó esta proposición y optó por continuar su actividad artística en su ciudad natal.
     El estilo artístico de Domingo Martínez presenta características perfectamente definidas y en ellas se constata en primer lugar una base fundamental que se apoya en la pervivencia en él del influjo de Murillo, que es general en todos los pintores sevillanos activos en el primer cuarto del siglo XVIII. En segundo lugar, Martínez, a partir de 1729, fue receptivo a los efluvios estilísticos que emanan de la pintura francesa con la cual conectó durante los años en que la Corte residió en Sevilla; su amistad con Ranc, con quien convivió estrechamente durante cinco años, fue fundamental en este sentido. Finalmente, en la época postrera de su vida, a partir de 1745, Martínez asimiló en su arte referencias estilísticas procedentes del estilo Rococó, que en aquellos momentos comenzaba a difundirse por España.
     Como artista prolífico que fue, se advierte en la producción de Domingo Martínez una gran diferencia entre las pinturas realizadas por él personalmente y las que ejecutó contando con la colaboración de los discípulos y ayudantes que trabajaban en su obrador.
     En las creaciones efectuadas mayoritariamente por él mismo se constata una gran facilidad compositiva, un dibujo fácil y virtuoso y un marcado dominio del color, estando todos estos factores puestos al servicio de un arte amable, vistoso y decorativo que plasma un gusto totalmente coincidente con el espíritu de su época. Dominó, además, el arte de la perspectiva, aspecto que le permitió dedicarse con éxito a la pintura mural, modalidad en la que realizó excelentes creaciones.
     La amplitud del repertorio de obras conocidas de Domingo Martínez evidencia que fue un artista prolífico, ampliamente solicitado por la clientela civil y eclesiástica sevillana y también demandado por foráneos que llevaron las obras adquiridas a lugares tan alejados de Sevilla como Madrid, Jaén, Burgos, Soria y Cuenca.
     Entre sus realizaciones artísticas más importantes destaca en primer lugar su participación en 1718, con Gregorio Espinal, en la decoración mural de la capilla sacramental de la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, donde ejecutó obras de simbología eucarística que han llegado muy mal conservadas hasta hoy. Posteriormente, en 1724 llevó a cabo el amplio conjunto pictórico que decora el interior de la capilla del colegio de San Telmo de Sevilla, entidad dedicada a educar a niños que en el futuro serían marinos de la flota española. Allí pintó, por lo tanto, un repertorio de lienzos donde los niños son protagonistas, como La presentación del Niño en el templo, Cristo discutiendo con los doctores en el templo, Cristo bendiciendo a los niños y Cristo entrando en Jerusalén.
     En 1727, Martínez aparece realizando la decoración al temple de la bóveda del presbiterio de la iglesia de la Merced de Sevilla, con personajes bíblicos y escenas alegóricas de la misión redentora de los mercedarios.
     También hacia 1727 decoró con dos grandes lienzos el presbiterio de la iglesia del convento de Santa Paula de Sevilla en los que se representa La partida de santa Paula a Oriente y La muerte de santa Paula y hacia 1733 ejecutó los treinta y dos pequeños lienzos que se integran en el retablo de la iglesia del Buen Suceso de Sevilla y también las pinturas que se encontraban en los altares laterales de la nave de la iglesia. De 1733 es también la hermosa Inmaculada que se conserva en la iglesia de San Lesmes de Burgos, y en torno a esta fecha realizaría también La Sagrada Familia con san Francisco y santo Domingo que fue adquirida por la reina Isabel de Farnesio, quien la donó después al convento de Santa Isabel de Madrid.
     En torno a 1735, al servicio del arzobispo de Sevilla, Luis de Salcedo y Azcona, ejecutó para la iglesia parroquial de Umbrete dos pinturas de excelente calidad y de gran formato en las que representó a Santa Bárbara y a San Juan Bautista. Al servicio también del mismo arzobispo, Martínez decoró también con lienzos de gran formato la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral de Sevilla, narrando los principales milagros que dicha Virgen había realizado durante la conquista de Sevilla por san Fernando. La vinculación de Martínez con el arzobispo Salcedo culminó con la realización por parte del artista del magnífico Retrato que representa a dicho prelado y que se conserva actualmente en el palacio arzobispal de Sevilla.
     Otras obras importantes de Martínez son La apoteosis de la Inmaculada, que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, obra que puede fecharse en torno a 1735. De 1740 es la representación de La Virgen de los Reyes con san Hermenegildo y san Fernando, que se conserva en la capilla del Alcázar de Sevilla; en torno a esta misma fecha puede situarse El nacimiento del profeta Elías, que pertenece al Banco Bilbao Vizcaya Argentaria en Madrid. También obras importantes de esta época son la representación de San Ignacio en la cueva de Manresa, que pertenece al convento de Santa Isabel de Sevilla y La Coronación de la Virgen, que se conserva en la iglesia de la Hermandad de las Cigarreras de esta misma ciudad. Hacia 1675 finalizó en Sevilla el proceso decorativo llevado a cabo en los muros de la iglesia de San Luis de los Franceses, donde se representa una Apoteosis de la Orden jesuítica y de estos mismos años debe de ser la pintura de La Divina Pastora que se guarda en el convento de los capuchinos de Sevilla.
     Obras realizadas para Jaén hacia 1745, son La Transfixión de la Virgen, conservada en la catedral de dicha ciudad y El Niño Jesús pasionario que figura en la portezuela de un sagrario en la parroquia de San Mateo de Baños de la Encina.
     Importante es también el conjunto pictórico realizado por Martínez para decorar la iglesia del Antiguo Hospital de Mujeres de Cádiz, obra ejecutada hacia 1748 y que es, por lo tanto, una de las últimas realizaciones artísticas de este pintor.
     Fue también Martínez excelente intérprete de temas profanos, como reflejo de la existencia en Sevilla en el segundo tercio del siglo XVIII de un intenso ambiente cultural que proporciona a los artistas referencias literarias o mitológicas; así lo constata el precioso conjunto de cuatro pinturas que representan las estaciones del año y que se conservan en una colección particular de Vigo, o El Niño pastor flautista, que pertenece a una colección de Hamilton (Canadá). Sin embargo, la obra culminante de asunto profano de Martínez fue la realización de ocho pinturas en las que se representan otros tantos Carros alegóricos que la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla le encargó para que sirvieran de testimonio y recuerdo de las fiestas y desfiles celebradas en esta ciudad con motivo de la exaltación al trono de España de los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza. Constituyen estas pinturas una extraordinaria aportación para el conocimiento del ambiente urbano de la Sevilla de aquella época y también de la fisonomía de las distintas clases sociales que participaron o contemplaron los citados festejos (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Palacio de San Telmo - Presidencia de la Junta de Andalucía, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 27 de marzo de 2021

La Hermandad de los Dolores de Torreblanca

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, de Sevilla.  
     Hoy, sábado 27 de marzo, es Sábado de Pasión, que es la víspera del Domingo de Ramos, día en el que se inicia la Semana Santa. Es el sábado de la quinta semana de la Cuaresma, conocida como Semana de Pasión, y no debe ser confundido con el Sábado Santo, que se celebra una semana después, la víspera del Domingo de Resurrección.
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Sábado de Pasión.
     La Hermandad de los Dolores de Torreblanca, tiene su sede canónica en la Iglesia Parroquial de San Antonio de Padua, que se encuentra, al igual que su Casa de Hermandad, en la plaza de Las Acacias, 1; en el Barrio de Torreblanca, del Distrito Este.
     La Humilde y Fervorosa Hermandad Sacramental del Santísimo Nombre de Jesús y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato, María Santísima de los Dolores y San Antonio de Padua, es una corporación fundada en 1961, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Antonio de Padua, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilatos, obra de Jesús Méndez Lastrucci en 1992; María Santísima de los Dolores, obra de José María Gamero Viñau en 1988, y San Antonio de Padua, obra asimismo de José María Gamero Viñau en 1992.
     El escudo de la Hermandad se compone de la Cruz arbórea con cantoneras, con el Santo Sudario colgado de su travesaño horizontal. En la unión de estos una custodia con el viril resaltando la Sagrada Forma radiante, llevando en el centro un corazón de color rojo. Al pie de la Cruz se encuentran dos escudos ovales acolados, ambos con filiera dorada, el diestro con el monograma de “Jesús Hombre Salvador” y tres clavos punta abajo, en color rojo, y el anagrama de María en la izquierda, en color azul. Toda esta composición alegórica está orlada hasta la altura del travesaño de la cruz.
     Aunque distante del casco urbano, Torreblanca es un sencillo barrio sevillano el cual encierra una historia. Son pocos los datos que hemos recopilado, pero todo apunta que en esta zona hubo establecido un pequeño foco vecinal en torno a un cortijo y un molino, que bien podía completarse con una posada.
     En un libro editado recientemente por el Grupo Cruzcampo, "El Humilladero de la Cruz del Campo y la religiosidad sevillana", realizado por D. José Roda Peña, Manuel García Fernández y Federico García de la Concha Delgado, en su Capítulo primero "El Humilladero de la Cruz del Campo: El monumento y sus restauraciones", aparece con evidencia que en el año 1484 se realizaron obras de restauración o mantenimiento en el Molino de Torreblanca, dirigidos por quién fuera el "Obrero Mayor" de la Ciudad, D. Fernando de Abreu, dentro de una lista de otros monumentos, caños y edificios, que también dirigió.
     En 1818 en una guía de caminos confeccionada por D. Santiago López en la que se detalla la ruta desde Madrid a Sevilla aparece el nombre de Torreblanca en una de las mismas. En esta se detalla: "Camino Real de Andalucía. Madrid para Cádiz. Camino General de rueda". Al llegar a "Alcalá de los Panaderos, Río Guadaira, puente. Aquí se toma el camino a la derecha por Torreblanca. Sevilla." (Cruz de Guía, p. 195). Se desprende de esta guía que Torreblanca era punto del camino en los viajes hacia Alcalá de Guadaira, dirección a Madrid y otros lugares, tanto como de llegada a la Ciudad.
     Está claro que la presencia de este núcleo existe desde antiguo y no será una incógnita su historia. Sólo es necesario escarbar en los archivos municipales para darle forma.
     Se establece en el presente siglo la Parroquia del Inmaculado Corazón de María, que debido al crecimiento de la misma se segrega creando la de San Antonio de Padua, para dar los servicios adecuados a todos los feligreses de ésta llamada Torreblanca de los Caños. La parroquia de San Antonio de Padua es establecida por la autoridad eclesiástica en Diciembre de 1960 y meses después comenzaría su total funcionamiento.
     Así con el establecimiento de la Parroquia los feligreses comienzan a dar culto a su Titular festejando su feria el 13 de junio. La imagen primitiva de San Antonio de Padua llega a la parroquia posiblemente del convento de Santa Inés debiendo ser ésta del siglo XVIII, de tamaño mediano en madera policromada, la cual en varias ocasiones fue sustituida.
Orígenes de la Hermandad
     Referencia histórica.- Aunque muchos lo ignoran, la reciente y ya popular Cofradía de Penitencia de este barrio (aprobada como tal en 1994 y que realizó su primera estación con nazarenos el sábado de Pasión de 1995) ofrece también una faceta letífica con el culto al bendito taumaturgo de Padua. En realidad, este movimiento devocional a San Antonio de Padua fue el origen de todo lo demás, pues tiene vida desde la construcción de la parroquia, allá por el año 1961. Por aquel entonces se celebraba una fiesta-velada que organizaba una entidad cultural de la zona, más la procesión del Santo, a cargo de su correspondiente Asociación de Fieles.
     En 1973 desaparecen tales actividades, que no serían retomadas por los feligreses hasta 1987,gracias al cariñoso e ilusionado impulso del nuevo párroco, el jesuita Antonio Olmo Civanto. Desde aquella fecha no ha dejado de salir la procesión, e incluso el año 1992 su itinerario se amplió hasta la parroquia del Inmaculado Corazón de María. Exactamente, la fecha de fundación de aquella Asociación de Fieles fue el 27 de Junio de 1987. Ha pasado ya, pues, un quinquenio de actividades fructíferas. La llegada a Torreblanca de la comunidad jesuita que se hizo cargo de las dos parroquias, "dio un giro de 180 grados a la zona" y fue como el revulsivo espiritual que supo aglutinar nuevamente a los fieles para recuperar el perdido movimiento religioso-festivo a San Antonio de Padua, "causando entre los vecinos un notable aumento de fervor popular".
     Después de un letargo con la llegada de la comunidad jesuita, que se encargaría de las dos parroquias, D. Antonio Olmo, párroco de la de San Antonio recobra la vitalidad de la misma reorganizándose el grupo de fieles más seriamente en una libre asociación de cristianos para dar culto al Santísimo Nombre de Jesús y a San Antonio de Padua en junio de 1987.
     Asimismo nace en un sector de la parroquia un grupo de vecinos que organizan y festejan por primera vez una Cruz de Mayo, dirigidos por una entidad cultural de nombre "Inmaculado Corazón de María".
     Años más tarde suma la Asociación de Fieles una dolorosa a sus titulares con la advocación de María Santísima de los Dolores, adquirida por la parroquia para darle culto.
     La entidad cultural, muy vinculada a la Asociación de Fieles, decide adquirir una imagen de Jesús Cautivo para en Abril de 1992, formalizar la oficial unión, aunque ya habían sido dos años antes aprobados como Agrupación Parroquial del Santísimo Nombre de Jesús, María Stma. de los Dolores y San Antonio de Padua, por la autoridad eclesiástica. 
   Dos años después, tras haber tramitado las Reglas en el Arzobispado son aprobadas erigiéndose por decreto del Sr. Arzobispo en Hermandad de Penitencia, fechado el 19 de Abril.
     Así las cosas, comienza la Junta de Gobierno provisional a establecer el cumplimiento de las Reglas convocando rápidamente Cabildo General de Elecciones para elegir legítimamente la primera Junta de Oficiales que dirija los designios de la Hermandad por cuatro años. Asimismo se celebraron los Cultos de Regla en honor al Santísimo Sacramento y a San Antonio de Padua en el mes de junio y en Septiembre a María Stma. de los Dolores, siendo esta última ocasión celebrados especialmente en Acción de Gracias donde los hermanos realizaron por primera vez el juramento de las Reglas, haciendo pública Protestación de Fe.
     Del mismo modo se comienza a informar a los Hermanos que la Estación de Penitencia se realizaría con nazarenos vestidos con túnicas y antifaz morados, capa blanca y calzado negro, con el fin de que aquellos que fueran a participar en ella comenzaran a confeccionarse su hábito.
     Por vez primera, se erige canónicamente una Hermandad de Penitencia que no realiza en la Catedral su Estación de Penitencia, hecho éste que dignifica mucho los fines y directrices de esta Hermandad, que da toda la importancia que requiere a su Estación Penitencial y no al lugar donde se realice, así como circuncidar la labor evangélica al barrio exclusivamente, por supuesto sin restar importancia a las Cofradías que la realizan a la Catedral de la ciudad.
     En definitiva, entre otras cosas, un sueño hecho realidad para el barrio de Torreblanca, para sus vecinos y especialmente para los hermanos de la corporación y para aquellos que con su esfuerzo, ideas y voluntad supieron labrar la primera piedra del edificio que en Abril de 1994 comenzó a construirse.
Referencia histórica de las imágenes:
     Ntro. Padre Jesús Cautivo es obra de Jesús Méndez Lastrucci (1992). Restaurado por el propio autor entre finales de 1996 y principios de 1997.
     Imágenes secundarias del Misterio de Ntro. Padre Jesús Cautivo ante Pilato (Se estrenaron el Sábado de Pasión de 2005). Pilato, un centurión romano, un sacerdote judío y un esclavo egipcio. Autor: Juan Antonio Blanco Ramos
     María Stma. de los Dolores es obra de José María Gamero Viñaú (1987). 
     La imagen del Santo se debe a José María Gamero Viñau, en 1992 (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca: www.hermandaddelosdolores.org

La Hermandad de los Dolores de Torreblanca, al detalle:
- Sede Canónica: Iglesia parroquial de de San Antonio de Padua
- Día de Salida Procesional: - Sábado de Pasión (Penitencia)
                                                - Sábado más cercano al 13 de junio (Gloria - San Antonio de Padua)
                                                - Último domingo de mayo (Sacramental)
                                     - María Santísima de los Dolores
                                     - San Antonio de Padua

viernes, 26 de marzo de 2021

La Capilla de los Dolores, en la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de los Dolores, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.     
   Hoy, 26 de marzo, es Viernes de Dolores, y que mejor día que hoy para ExplicArte la Capilla de los Dolores, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
   La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de los Dolores [nº 049 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]. Don Guillén de las Casas fue, según los cronistas sevillanos, su patrono en 1366, llamándose entonces esta capilla de "Santo Tomé", y también de la "Espiración" o de "la Aspiración", y de "los caballeros Casaos" (por Francisco de Casaus y Menchaca, enterrado en 1679); no obstante, los datos documentales no certifican que este fuese el lugar, ni siquiera aproximado, de la primitiva fundación de don Guillén. Quizás el origen de la localización sea la similitud entre "Casas" y "Casaos" (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     Sobre la reja de entrada figura una vidriera realizada en 1555 por Arnao de Flandes. En el muro de la derecha aparece un retablo de finales del siglo XVIII, de escaso interés, pero que alberga en su parte inferior una buena escultura de la Virgen de los Dolores, obra del granadino Pedro de Mena, fechable hacia 1670. En la pared frontal de la capilla figura el sepulcro del cardenal Marcelo Spínola y Maestre, realizado por Joaquín Bilbao en 1906. Sobre el mismo se ha colocado una escultura de la Virgen con el Niño, del círculo de Pedro Millán.
     Algunas pinturas de interés son la Negación de San Pedro y el Entierro de Cristo, anónimos franceses del siglo XVII, y Jacob bendiciendo a sus hijos, obra de Pieter van Lint, flamenco del siglo XVII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
Retablo de la Capilla de los Dolores
   Está junto  a la Sacristía de los Cálices.
   Es muy sencillo y sin interés. Se compone de estípi­tes y se puede fechar hacia 1800.
   Las imágenes del Crucificado y de la Dolorosa se analizan a continuación:
Crucificado
   Preside el retablo de la Capilla de los Dolores. 
   Devota imagen, recogida de formas y notable unción sagrada. Tamaño natural. Madera .
   Puede fecharse en el tercer cuarto del siglo XVI, en el círculo o taller de Bautista Vázquez, el mayor.
Dolorosa
   Se venera en el retablo de la Capilla de los Dolores (Mide 0'96 mts. Maniquí 0'76 mts. Rostro 0'20 mts. El maniquí cubierto por telas clavadas está apoyado en un tambor de madera con seis patas del mismo material. Brazos fijos, manos cruzadas, algo rozadas por los nudillos. Cráneo rapado, ojos de cristal, en la frente ligeras incisiones a modo de cabellera, pequeñas grietas en el cuello. Bien de policromía el rostro. Figura tradicionalmente como donación de la Condesa de Valdeinfantas, en el siglo XIX).
   Imagen de vestir, media figura, interesante iconográficamente por el agudo patetismo de su expresión, el el rostro dolorido y en las manos cruzadas ante el pecho.
   Viene atribuida a Pedro de Mena desde Ceán Bermúdez, asignación que se sigue manteniendo por la crítica. Es de las contadísimas figuras de Vírgenes pasionistas­ de vestir, en la obra del autor. Se puede fechar hacia 1680.
Sepulcro del Cardenal D. Marcelo Spínola y Maestre
   Se halla en la Capilla de la Virgen de los Dolores.
   El prelado, revestido de capisayos  episcopales, está arrodillado ante el reclinatorio, en actitud oracional. Destaca sobre un fondo que remata en arco de medio punto, donde se inscribe en bajo relieve la imagen de la Purísima.
   El conjunto, marmóreo, fue ejecutado por el escultor D. Joaquín Bilbao y Martínez en 1.912 ó 13. El Cardenal falleció seis años antes (mide el basamento 1'92 mts.) (José Hernández Díaz, Retablos y esculturas, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1991).
   Consta que en 1605, Antón Pérez restauró la policromía del Crucificado que se encontraba, y aún se encuentra, en la Capilla de los Dolores (Juan Miguel Serrera, Pinturas y pintores del siglo XVI en la Catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1991).
   Matia Preti, nacido en Taverna en 1613 y muerto en Malta en 1699. Se formó dentro de la corriente de seguidores de Caravaggio uniendo posteriormente a su estilo características propias de la escuela veneciana y romana del su momento, tendencias que asimiló durante estancias en estas ciudades. Gran interés dentro de la producción de este artista presenta El Ángel de la Guarda, obra que figuraba ex­ puesta en la Sacristía de los Cálices, y ahora se puede contemplar en la Capilla de los Dolores. Esta pintura pue­ de considerarse como perteneciente a la madurez de Preti y  por lo tanto fecharse después de 1660. Puede ser esta obra una de las traídas a Sevilla por el Arzobispo D. Manuel Arias, quien coincidió con Preti cuando ambos estuvieron en Malta. Allí fue secretario del Gran Maestre Canciller, mientras que el pintor servía como Caballero. Entre ambos debió de haber una vinculación amistosa , porque D. Manuel Arias al regresar a España trajo consigo una amplia colección de obras de Preti, que a su muerte quedaron en el Palacio Arzobispal de Sevilla, pasando este Ángel de la Guar­da, quizás por donación suya a la Catedral.
   Uno de los más destacados seguidores de Caravaggio en Nápoles fue Gian Battista Caracciolo,  nacido en dicha ciudad hacia 1570 y muerto allí en 1637. A este artista corresponde la Santa Ana, la Virgen y el niño, que se conserva en el basamento del retablo de la Capi­lla del Cristo de Maracaibo, aunque actualmente la podemos contemplar en la Capilla de los Dolores. Es obra de excelente calidad,  aunque hay que considerarla como réplica del original que se conserva en el Museo de Viena. Destaca en ella el naturalismo intimista que vincula las espontáneas figuras que protagonizan la escena, en la que el pintor ha recreado un ambiente sereno y armonioso. Estos aspectos de carácter sentimental aparecen reforzados por el tratamiento lumínico que el ar­tista ha dado a la composición, en la que los personajes aparecen iluminados dentro de un ambiente sumido en la penumbra. 
   En la capilla de los Dolores se encuentran dos interesantes pinturas que muestran derivaciones de la escuela italiana, concretamente de la romana dentro de la corriente protagonizada en el primer tercio del siglo XVII por discípulos y seguidores de Caravaggio. La primera de ellas es La negación de San Pedro, obra que presenta las características de estilo apuntadas, a las que puede añadirse que pudiera pertenecer a un anónimo pintor francés formado en Roma con alguno de los discípulos de Caravaggio, como pudiera ser Manfredi. La otra obra representa El Entierro de Cristo y presenta también características de estilo que permiten pensar que puede ser obra de un pintor anónimo francés formado en Roma cuyo arte parece ser próximo al de Trófimo Bigot.
   A Pieter van Lint corresponde una pintura que representa a Jacob bendiciendo a sus hijos, conservada en la capilla de los Dolores. Nació este artista en Am­beres en 1605, donde murió en 1690. De 1632 a 1640 estuvo en Italia, donde estudió el mundo artístico cla­sicista, cuyo espírítu se refleja claramente en su obra. En esta pintura se representa el episodio del Génesis, 49, 2-33 en el que Jacob, antes de morir, se despide de sus doce hijos, profetizando sobre el destino de cada uno de ellos. La gesticulación que realizan los personajes, un tanto teatral, intenta traducir sus reacciones psicológicas, componiendo un repertorio de actitudes que armonizan escasamente.
   Esta obra tuvo en principio una atribución a Abraham van Diepenbeek que personalmente  formulamos y que con posterioridad hemos rectificado en favor de van Lint, al estudiar un amplio grupo de obras de este artista localizado en el área andaluza.
   Al sevillano Virgilio Mattoni, nacido en 1847 y muerto en 1923 corresponde un grupo de pinturas repartidas en distintos emplazamientos de la Catedral.
    En la capilla de los Dolores figura un Retrato del Beato Diego de Cádiz, firmado y fechado en 1894, obra de correcto dibujo, vigorizada por el empleo de un colori­do denso, que otorga una intensa gravedad de expresión a la figura (Enrique Valdivieso, La pintura en la catedral de Sevilla: siglos XVII al XX, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1991).
   En la Capilla de los Dolores, podemos contemplar una vidriera anónima realizada entre 1928 y 1931, que representa el "Escudo del Cardenal Ilundain Esteban, dispuesta en un vano en forma de tímpano apuntado, con unas medidas de 2 x 1 mts. aproximadamente.
   En la nave lateral de la Epístola, sobre la Capilla de los Dolores, podemos contemplar una vidriera realizada por Arnao de Flandes en 1555, que representa "El Lavatorio", dispuesta en un vano alargado terminado en forma de arco de medio punto, con unas medidas de 7,46 x 2,20 mts. (Víctor Nieto Alcalde, Las vidrieras de la catedral, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1991).
   La reja de la Capilla de los Dolores, que se hizo de metal en 1787, ya que hasta entonces, era de madera (Alfredo J. Morales, Artes aplicadas e industriales en la catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen de los Dolores;
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa , representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas, después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de san Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius.
   ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B. V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia, agregó a las fiestas de la Virgen "la fiesta de las angustias de Nuestra Señora". 
 Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el siglo XV el número se elevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado, salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circunsición.
1. Profecía de Simeón (o la Circunsición);
2. La Huida a Egipto;
3. La Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a cuestas;
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba  transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por los Dolores de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito. A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen  de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de los Dolores de la Virgen María;  
   En primer lugar debemos decir que la advocación de los Dolores de María se encuentra entre los títulos soteriológicos de la Madre de Dios, vividos a lo largo de toda su vida, en torno a los misterios de su Maternidad Divina (nacimiento, infancia y vida pública de Jesús) y de su Compasión (Pasión y Muerte del Señor).  Aunque los dolores de María aparecen en las Sagradas Escrituras y la reflexión sobre ellos se remonta a la época patrística, esta devoción sólo ha tenido un desarrollo litúrgico en Occidente.  En Oriente sólo los Católicos Rutenos tienen una fiesta de la Madre Dolorosa el Viernes posterior a la Octava del Corpus Christi, aunque en la iglesia bizantina el recuerdo de la Dolorosa está muy presente en el oficio del Viernes Santo y todos los miércoles y jueves del año, en que se conmemora el sacrificio del Calvario de una manera especial, y se reza una antífona mariana llamada staurotheotókion, que canta a María al pie de la Cruz. Esta memoria mariana se gestó en el corazón de Europa. Fue preparada por la literatura ascético-mística renana de los siglos XII y XIII, en la que, insistiendo en la humanidad de Cristo, revaloriza también la figura de María, indisolublemente unida a Él, sobre todo en lo referente a la pasión: junto al Varón de Dolores, se contempla a la Reina de los Mártires. La conmemoración litúrgica de los dolores de Nuestra Señora, en la opinión más extendida, se remonta al siglo XIV, con Alemania como foco principal. En principio fue colocada en diversas fechas y recibió distintos nombres: Angustias, Compasión, Conmiseración, Desmayo, Lamentación de María, Llanto de María, Martirio del Corazón de María, Pasmo, Piedad, Siete Dolores, Transfixión, Traspaso... Mas los testimonios más antiguos de una fiesta litúrgica anual provienen de Iglesias locales. Los encontramos en la Fiesta de la Transfixión, establecida por el Obispo Lope de Luna en Zaragoza el año 1399, y en el Concilio Provincial de Colonia, presidido por el Arzobispo Teodorico de Meurs, que el veintidós de abril de 1423 instituye la Commemoratio angustiae et doloris B. Mariae Virginis, para el viernes posterior al domingo Jubilate, actual cuarta semana de Pascua, por decreto sinodal, como desagravio de los sacrílegos ultrajes de los herejes husitas a las imágenes de Cristo y de la Virgen, y para venerar exclusivamente los dolores de María en el Calvario.  En 1482 el Papa Sixto IV della Rovere introdujo en el rito romano una misa centrada en los sufrimientos de María al pie de la cruz, denominada de Nuestra Señora de la Piedad, que se fue extendiendo por todo Occidente. A fines de la Edad Media una fiesta de María Dolorosa estaba establecida en las diócesis del norte de Alemania, Escandinavia y Escocia, con diferentes denominaciones y fechas, la mayoría movibles (durante el tiempo pascual o poco después de Pentecostés), aunque algunas eran fijas (sobre todo en julio: el dieciocho en Merseburg; el diecinueve en Halberstadt, Lübeck o Meissen, el veinte en Naumberg). Sus textos eucológicos son variados, limitándose desde la consideración de las angustias de María durante la Pasión hasta extenderla a todos los dolores de la vida de la Madre de Dios. Durante el siglo XVI, esta memoria de la Compasión de la Virgen se va extendiendo por toda la Iglesia Occidental con sus varias denominaciones y fechas. En 1506 fue confirmada a las monjas de la Anunciación bajo el título de Pasmo de la Bienaventurada Virgen María para el lunes siguiente al Domingo de Pasión. En el Breviario de Erfurt, impreso en Mainz (Maguncia) en 1518, encontramos la fiesta con el título de Commendatio B. Mariae Virginis el viernes después del Domingo in Albis (actual Segundo de Pascua). En algunos lugares se le asignó el día que luego se extendería, el viernes anterior al Viernes Santo, como el caso de la concesión en 1600 a las monjas servitas de Valencia bajo el título de Bienaventurada Virgen María al pie de la Cruz; en otros se coloca el sábado siguiente, día por excelencia de la Virgen, o incluso un día fijo, el dieciocho de marzo, ocho días antes del veinticinco, que es el día en que la Tradición señala la muerte de Cristo.  En Francia se hizo popular esta fiesta en el siglo XVII, y la llamaban de Nuestra Señora del Pasmo o Nuestra Señora de la Piedad, celebrándose el viernes de la Semana de Pasión. Clemente X Altieri (1670-6) concedió esta memoria de los Dolores de Nuestra Señora a toda España. Esta misma fecha fue asignada a todo el Imperio Alemán en 1674.  El dieciocho de agosto de 1714 el Papa Clemente XI Albani la concede a los Siervos de María. El Papa Benedicto XIII Orsini, a petición de éstos, el veintidós de agosto de 1727, la extendió a toda la Iglesia Romana, con el nombre de Fiesta de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María, fijándola el Viernes de la Semana de Pasión o Quinta de Cuaresma.  
   En este día la celebraban la fiesta los servitas y los dominicos, Orden a la que pertenecía el Pontífice, así como los franceses, españoles y alemanes. Esta jornada acaba recibiendo el nombre popular de Viernes de Dolores. A pesar del título de la fiesta, contempla la compasión de María al pie de la cruz. Suprimida como una duplicación en la reforma del calendario de 1969 en beneficio de la del quince de septiembre, aunque fuera más antigua para no oscurecer la austeridad cuaresmal, en la última edición del Misal Romano se ha rescatado esta memoria, tan arraigada en nuestra tierra, en una colecta alternativa a la del día. “Señor Dios, que en este tiempo ayudas con bondad a tu Iglesia: concédenos imitar a la Santísima Virgen María en la contemplación de la Pasión de Cristo, con un corazón sinceramente entregado. Te pedimos, por la intercesión de la misma Virgen, unirnos en estos días con firmeza a tu Hijo Unigénito, y así poder llegar a la plenitud de su gracia”. Los servitas la siguen celebrando como fiesta con el título de Santa María al pie de la Cruz (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 25 de marzo de 2021

La Capilla de la Encarnación, en la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Encarnación, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.     
   Hoy, 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor. Cuando en la ciudad de Nazaret el ángel del Señor anunció a María: "Concebirás y darás a luz un hijo, y se llamará Hijo del Altísimo", María contestó: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Y así, llegada la plenitud de los tiempos, el que desde antes de los siglos era el Unigénito Hijo de Dios, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, por obra del Espíritu Santo se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Capilla de la Encarnación, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
   La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de la Encarnación [nº 006 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede], que tenía, cuando la fundó el bachiller Rodrigo Fuentes, tres imágenes: un Cristo atado a la columna, que era la principal, Santo Tomás de Canterbury y San Pedro; más tarde pasó al patrocinio de Luis de Torres Mazuelas y finalmente fue su patrono Juan Serón de Olarte. En el primer cuarto del siglo XVII sustentaba esta capilla la mitad de Poniente del "órgano menor" (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
   El 16 de julio de 1515 mandó el Cabildo «que se derruequen las paredes del coro e que se fagan las capillas que stavan de la manera que solían star e mejores sy se pudiere». Aunque tradicionalmente se le atribuyen a Diego de Riaño, las cuatro capillas que se alojan en los costados del Coro, las llamadas de los Alabastros, no se construyeron en la misma época. Las del  lado  de  la  Epístola  (Inmaculada  y  Encarnación) son góticas, mientras que las del lado del Evangelio (Virgen de la Estrella y San Gregorio) son renacentistas. Las primeras se hicieron en tiempos de Juan Gil, y las otras fueron diseñadas por Diego de Riaño en 1523. En Cabildo de 3 de marzo de 1516 se creó una comisión para que se pusiera en contacto con el Aparejador Gonzalo de Rozas, con el fin de que «provean en la piedra para fazer el trascoro e capillas que fueron derrocadas, para que se fagam". Consta que a lo largo de 1517 se libraron varias partidas por traer alabastros de Tortosa. Las dos capillas del lado de la Epístola debieron estar ultimadas en 1518, ya que en Cabildo de 9 de marzo «mandaron que no se labre más alabastro de lo que  fuere  nesçesario para acabar las capillas que están començadas dello» .
   En el periodo en que Juan Gil estuvo al frente de las obras en la catedral hubo gran actividad constructora en diversos frentes. En Cabildo de 14 de marzo de 1515 se decidió gratificar al aparejador Gonzalo de Rozas y al cantero Diego de Ojebar «en recompensa de lo que ha trabajado en la capilla que agora se cerré sobre el choro de las sillas» (Teodoro Falcón Márquez, El edificio gótico, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991).
Retablo y esculturas de la Capilla de la Encarnación
   Está situada en el costado meridional del coro en la zona del alabastro, junto a la de la Concepción.
   Fundaron esta Capilla D. Juan Seron Olarte y su esposa Dª Antonia de Verastegui, según inscripciones y fecha del óbito de aquél, en 1637.
   El retablo es el propio de esta fecha, mas de poco desarrollo por lo reducido del recinto. Se compone de banco, cuerpo con tetrástilas columnas y remate. 
   La imaginería es la siguiente: en el banco, cinco medias figuras en relieve de los Santos Juanes, Domingo de Guzmán, Francisco de Asís y Antonio de Padua; en el cuerpo, la Virgen Anunciada y el Arcángel Gabriel, de bulto redondo; en el remate el Padre  Eterno, también en relieve.  
 Esta obra (retablo y escultura) es del círculo de Martínez Montañés y recuerda el estilo de Francisco de Ocampo, por su indudable interés. Su fecha hacia 1630-35 (José Hernández Díaz, Retablos y esculturas, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1991).
   Los frontales de altar de azulejería sevillana imitación de los textiles corresponden al siglo XVII. Si es que hubo alguno de estos en la catedral, lamentablemente no se ha conservado. Los hoy existentes en las Capillas de la Encamación e Inmaculada, aunque presentan el esquema y la ornamentación de los antiguos, son, sin embargo, obras del actual siglo. 
   El primero de ellos está fechado en 1909 y fue realizado en Triana por Manuel Ramos, siguiendo el diseño de Gestoso. También había diseñado Gestoso, un año antes, el frontal de la Capilla de la Inmaculada, cuyo autor fue Manuel Amores. Ambas obras por su composición, técnica y colorido son un fiel trasunto de los frontales seicentistas y una buena prueba del grado de perfección que logró la cerámica sevillana del siglo XX, que en algunos aspectos superó, con creces, la de siglos anteriores. 
   Al siglo XVII pertenecen las pequeñas rejas de las capillas de San Gregorio, de la Inmaculada Concepción, de la Encarnación, de los dos Santiagos, hoy llamada de Santa Justa y Rufina, y de San Isidoro.  
    Las tres primeras presentan idéntica estructura a la de la Capilla de la Virgen de la Estrella, es decir, que aun
que fueron realizadas en la primera mitad del seiscientos siguen un modelo del siglo anterior. Esta es la cau­sa de que sus elementos estén tan decorados y la razón del uso de ornamentación en chapas de hierro (Alfredo J. Morales, Artes aplicadas e industriales en la catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de la Anunciación o Encarnación del Señor
   La Anunciación, que también se llama la Salutación angélica, generalmente está representada en la entrada del santuario de las basílicas bizantinas, sobre los pilares del arco de triunfo y en los postigos de los retablos en la pintura occidental de finales de la Edad Media. En uno y otro caso es la visión del ángel transmitiendo a la elegida el mensaje divino que acoge a los fieles.
   Este lugar eminente que se reserva a la Anunciación en el arte cristiano se explica y justifica por el hecho de que no se trata simplemente de un episodio de la historia de la Virgen, sino del origen de la vida humana de Cristo, porque la Anunciación del ángel a María coincide con la Encamación del Redentor. Por lo tanto, se trata del primer acto o preludio de la Obra de Redención, como lo escribió Beda, el Venerable, que la calificó de exordium nostrae Redemptionis.
Culto
   La riqueza de la iconografía de la Anunciación se debe no sólo a su importancia doctrinaria en la economía de la Salvación, sino al culto que le ha profesado la Iglesia.
   Fijada en la fecha del 25 de marzo, exactamente nueve meses antes de la Natividad o Navidad, la fiesta de la Anunciación fue popularizada en Occidente por órdenes religiosas tales como los servitas (servidores de la Virgen) cuyas iglesias están dedicadas en Italia a la Annunziata, la orden francesa de la Santísima Anunciación (Très Sainte Annonciation) fundada en Bourges por santa Juana de Valois hija del rey Luis XI; y por órdenes de caballería como la Saboyana, que luego en Italia se llamó de la Annunziata, que data del siglo XIV, y fundó en 1360 Amadeo VI, duque de Saboya.
   La Virgen de la Anunciación era venerada en París con el nombre de Nuestra Señora de la Buena Nueva  (Notre Dame de la Bonne Nouvelle).
   Además, la Anunciación ha sido elegida como fiesta patronal por numerosas corporaciones como la de los rosarieros o fabricantes de rosarios, objetos con los cuales se recita el Ave María; la de los fabricantes de loza o porcelana, a causa del vaso de mayólica donde se erige el lirio blanco que simboliza la pureza de la Virgen; la de los carteros y mensajeros, que al igual que el ángel Gabriel distribuyen el correo.
   Los campesinos veían en la Anunciación la fiesta de la fecundidad. Ese día la tierra se abre para recibir la simiente, como la Virgen para concebir al Redentor. Es el momento propicio para cavar el primer surco, sembrar o plantar.
Fuentes canónicas y apócrifas 
   Antes de  analizar las representaciones de esta escena en el arte cristiano de Oriente y Occidente, es importante precisar las fuentes.
   Es aquí donde por primera vez nos encontramos en presencia de un hecho atestiguado por los Evangelios canónicos, o más exactamente, por uno de los cuatro Evangelios, el de Lucas (1: 26: 38).
   He aquí los términos en que narra el mensaje del ángel: «...En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y presentándose a ella, le dijo: Salve, llena de gracia; el Señor es contigo ( ...) concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre ( ...)
   «Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra (Virtus Altissimi obumbrabit tibi) ...
   «Dijo María: He aquí a la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
   El Evangelio no aclara a qué hora tuvo lugar la aparición. Es por razones litúrgicas que se la sitúa en el crepúsculo, porque es la hora del ángelus.
   Numerosos detalles del arte cristiano se han tomado de los Evangelios apócrifos, especialmente del Protoevangelio de Santiago y del Evangelio de la Natividad de la Virgen, que en Occidente fueron vulgarizados por Vicente (Vincent) de Beauvais en el Speculum Historiae, y por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada. A esas dos fuentes hay que sumar el Evangelio Armenio de la Infancia, que ha tenido gran  influencia en la iconografía bizantina.
   De acuerdo con los relatos apócrifos, habría habido no una sino dos Anunciaciones de la Natividad del Señor, sin contar la de la Muerte de María.
   Según el Evangelio Armenio (cap. V), la Virgen en principio fue saludada por un ángel invisible en el momento en que salía con un cántaro para sacar agua de la fuente. Como temía una estratagema del demonio, se puso a rezar: « Dios de Israel -oró- no me entregues a las tentaciones del enemigo y a las asechanzas del Seductor; mas líbrame de las trampas y de la astucia del cazador.»
   De regreso en su casa, se puso a hilar la púrpura para el velo del Templo. El ángel Gabriel penetró una segunda vez junto a ella a través de la puerta cerrada, y aunque incorpóreo, se le presentó entonces con la apariencia de un ser de carne para anunciarle que quedaría encinta y pariría al Mesías.
   Como no podía creer que concebiría, puesto que no había conocido hombre alguno, el ángel le explicó que el Espíritu Santo descendería en ella sin desflorar su virginidad. Ella acabó por consentir. En el mismo instante el Verbo de Dios penetró en ella por su oreja e inmediatamente comenzó su embarazo.
   Se advierte cuanto agregan los Evangelios apócrifos al Evangelio de Lucas. El ángel invisible saluda una primera vez a la Virgen en el momento en que ella va a buscar agua a la fuente. Luego se presenta corporalmente frente a ella, mientras María está tejiendo el velo de púrpura para el Sancta Sanctorum.
Iconografía
El tema plástico
   A pesar de las variantes iconográficas de la Anunciación en el arte oriental y occidental, casi innumerables, sus coordenadas plásticas esenciales permanecieron inmutables en el transcurso  de las edades.
   No obstante el escaso número de personajes, que se reducen a dos, o a tres si el Espíritu Santo se agrega a la Virgen y al ángel anunciador, la Anunciación plantea problemas muy complejos desde el triple punto de vista espacial, dinámico y psicológico. La Anunciación es al mismo tiempo geometría en el espacio, conflicto de fuerzas y descenso de la gracia divina en el vaso de elección que es el cuerpo de la Virgen María.
   Lo que esencialmente diferencia a la Anunciación de temas análogos tales como la Visitación, es que los dos principales actores pertenecen a mundos diferentes. El ángel es una criatura celestial, en principio incorpórea, en cualquier caso alada e inmortal, que escapa a las leyes de la pesadez y de la muerte. La Virgen, por el contrario, es una criatura humana, infinitamente pura, pero sometida a todas las servidumbres de la condición terrenal.
   Por otra parte, los dos personajes difieren no sólo por su esencia sino por su papel: el ángel que transmite el mensaje divino es activo, la Virgen que lo recibe es pasiva. Su reacción, que no se traduce en modo alguno por un consentimiento total e inmediato, sino por una vacilación y un repliegue, en cualquier caso es muy débil.
   De allí resulta una disimetría que es inherente al tema. Los dos figuras son desigualmente expansivas: el ángel de grandes alas desplegadas exige más espacio que la Virgen amedrentada que se acurruca en un rincón del oratorio.
   Desde el punto de vista espacial. la consecuencia  es que el espacio se fracciona en dos partes desiguales y disímiles: en vez de un espacio homogéneo, de una escena al aire libre o interior, tenemos un espacio mixto, abierto y cerrado a la vez, con un afuera y un adentro. A veces, el espacio abierto no es más que un pórtico exterior adosado a la casa de la Virgen. Cuando los dos personajes están en el in­terior, el fraccionamiento del espacio subsiste, ya sea porque una columna divide la habitación en dos mitades, ya porque el ángel se destaca sobre el fondo de un paisaje al tiempo que la Virgen está en el fondo de su dormitorio.
   Esta dualidad del espacio está subrayada por la iluminación: el ángel siempre está del lado de la luz mientras que la Virgen permanece en la sombra.
   Si la Anunciación se diferencia de la Visitación por su disimetría, se distingue también por su dinamismo. El factor tiempo interviene, puesto que la escena com­porta dos momentos: en principio, el ángel entrega el mensaje; a continuación, la Virgen responde.
   De acuerdo con el temperamento de los artistas, la irrupción del ángel en el santuario virginal es más o menos violenta, ya es proyectado como un bólido «en un golpe de viento», ya, por el contrario, se desliza en silencio y en puntillas, apenas rozando el suelo. Pero su «Carga dinámica» siempre es más fuerte que la de la Virgen que constituye el otro polo. El ángel representa el puesto emisor, la Virgen el receptor; y de uno a otro polo, se sienten pasar los efluvios magnéticos, se cree oír la crepitación de una chispa eléctrica. 
 Sin embargo, esa relación de fuerzas tiende a alterarse e incluso a invertirse com­pletamente por la influencia del progreso de la mariolatría. Poco a poco el papel del ángel disminuye: en vez de presentarse como maestro y triunfador, como un embajador celestial en el cual Dios habría delegado plenos poderes, se arrodilla mo­destamente frente a la Virgen, en la cual saluda a la Madre del Hijo de su Señor, la futura reina de los ángeles. La Virgen ya no es la humilde sierva (ancilla Domini) que se inclina frente al enviado del cielo y recibe su  mensaje  como  una  gracia, sino la soberana que acepta un homenaje. Se produce una desnivelación en provecho suyo: es ella quien desde lo alto de su trono domina al ángel arrodillado, destituido del rango de embajador celestial al de mero paje.
   Al mismo tiempo, la importancia del ángel se encuentra reducida por la introducción de un tercer actor: la paloma del Espíritu Santo. La paloma, que anteriormente sólo tenía un valor simbólico, tendrá un papel activo: se convierte en la emanación directa de Dios Padre y sustituye al Anunciador, reducido al papel secundario y auxiliar de un intérprete.
   De esta manera la composición cambia de carácter: de polarizada se convierte en convergente. La Virgen, que era sólo una figura lateral, subordinada a su compañero más dinámico, tiende a convertirse en el personaje central hacia el cual convergen todos los rayos que emanan del Padre Eterno, en los cuales desciende Dios Hijo, encarnado en el Niño Jesús.
La Anunciación asociada con la Encarnación
   Desde que la Virgen ha dado su consentimiento a la misión divina que le revela el arcángel Gabriel, la Concepción virginal se opera y el Verbo se hace carne. La Encarnación de Cristo sigue inmediatamente a la Anunciación; la Conceptio y la Annuntiatio Christi son una sola.
   En las representaciones de la Anunciación que hemos estudiado hasta el momento, la idea de la Encarnación no se expresa alegórica ni explícitamente. Pero los artistas, guiados por los teólogos, debían ser conducidos con naturalidad a combinar ambos temas.
   Así se explica la aparición de dos motivos muy característicos de finales de la Edad Media: el Descenso del Niño Jesús en el vientre de María y la Caza del Unicornio que se refugia en el vientre de una virgen.
La inmersión del niño Jesús en el vientre de la Virgen
   Si se observan con alguna atención las Anunciaciones del siglo XV, con frecuencia se advierte un detalle que en principio parece sorprendente.
   Encima de la cabeza de la Virgen aparece Dios Padre haciendo un gesto de bendición. De su boca sale un haz de rayos luminosos por los cuales desciende la paloma del Espíritu Santo. Pero ella no está sola, en dicha trayectoria proyecta un niño no un embrión, sino un «homunculus» enteramente formado: es el Niño Jesús, como lo muestra la cruz que suele llevar al hombro. Ese niño concebido por el Espíritu Santo se sumerge en el vientre de la Virgen, como el polen fecundante aspirado por el cáliz de una flor.
   No hay allí, como pudiera creerse, una réplica cristiana del mito del cisne de Leda, sino la traducción de una doctrina teólogica. Se creía que Jesús, en vez de formarse «in utero» como lo hacen los hijos de los hombres, había sido lanzado por Dios desde lo alto del cielo (emissus caelitus) y había entrado completamente forma­do en el vientre intacto de la Virgen.
   ¿Por qué camino se había operado la Encarnación? Los teólogos se dividían en dos escuelas acerca de este punto. Unos sostenían que Cristo, que es el Logos (la palabra), el Verbo, había entrado por la oreja de la Virgen al mismo tiempo que el men­saje del ángel Anunciador: virgo per aurem impregnatur. Es el tema de la Conceptio per aurem. En una prosa del siglo XII se cantaba:
Gaude, Virgo, Mater Christi 
Quae per aurem concepisti.
   Pero la mayoría creía que la concepción se había realizado más normalmente por el canal uterino (Conceptio per uterum).
   El tema es sin duda de origen bizantino, porque en los iconos rusos de la Anunciación se ve al Niño Jesús ya en el vientre de la Virgen (Mladenets vo tchreve Bogomateri). Aparece en Italia a principios del siglo XIV, y  más tardíamente en Francia,  Flandes  y Alemania.
   A partir del siglo XV ya se oían protestas contra ese tema chocante. No se trataba, claro está, de defender el buen gusto ultrajado o la simple decencia, sino de la ortodoxia en peligro. El arzobispo de Florencia, san Antonino, censuraba a los pintores que representaban al Niño Jesús proyectado al vientre de la Virgen ya formado, como si su cuerpo no se hubiera alimentado de la sustancia materna.
   El concilio de Trento se unió a esta condena y el famoso teólogo Molanus de Lovaina se convirtió en su intérprete, proscribiendo del repertorio del arte católico las Anunciaciones donde se veía «Corpusculum quoddam humanum descendens inter radios ad uterum Beatissimae Virginis», como si el vientre de la Virgen -agregaba- sólo hubiese sido un simple tubo o conducto (fistula) por donde ha entrado y salido el cuerpo de Cristo formado en el cielo.
La caza del unicornio o la caza mística
   El tema de la Caza del Unicornio, cinegético y místico a la vez, mediante el cual el arte de finales de la Edad Media ha intentado expresar alegóricamente los dos misterios hermanados de la Salutación Angélica y de la Encarnación, es una amalgama del Cantar de los Cantares y del Fisiólogo  (Physiologus).
   La Virgen está, en efecto, sentada en un jardín cerrado o cercado (Hortus conclusus), o bien detrás de una puerta cerrada (porta clausa), en medio de emblemas tomados, como los de la Inmaculada Concepción, del Cantar de los Cantares: la fuente sellada (font signatus), la torre de David (turris Davidica), la torre de marfil (turris eburnea).
   Un unicornio, que en los Bestiarios es el símbolo de la Castidad, perseguido por la jauría del arcángel Gabriel llega a refugiarse en su vientre. Los cuatro lebreles que lleva atados simbolizan las Virtudes: Justitia, Misericordia, Pax, Veritas, que han decidido al Verbo a encarnarse.
   El unicornio, que sólo podía ser capturado por una virgen, es aquí la imagen de Cristo que viene a encarnarse en el vientre de María. Ésta está representada como la doncella que sirve de trampa al unicornio, atrayéndolo con el perfume de su vientre virginal. El ángel Anunciador toma la forma del montero alado que desatraílla  a los cuatro lebreles haciendo sonar el cuerno.
   Esta manera singular de simbolizar la Encarnación con una escena de caza, desconocida para el arte bizantino, gozó de los favores de Occidente desde el siglo XV hasta comienzos del XVI.
   Es en el arte alemán donde se encuentran los ejemplos más numerosos.
   El motivo no se aclimató bien en Francia, aunque tenga como fuente un sermón de san Bernardo que fue el primero que tuvo la idea de aplicar a la Anunciación las palabras del Salmo 85, 11: «Se han encontrado la piedad y la fidelidad, /se han dado el abrazo la justicia  y la paz (...)» (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor el Significado de la Solemnidad de la Anunciación o Encarnación del Señor; 
   Fiesta derivada del primitivo ciclo natalicio. Seguramente proceda de la conmemoración que debía hacerse en Nazaret en la Basílica de la Anunciación erigida por Santa Elena, porque en cada basílica se celebraba anualmente el misterio que allí era recordado a la par que su dedicación.
   En el siglo VI ya se encuentra algún indicio de celebración de esta fiesta, pues una de las homilías de Abrahán Obispo de Éfeso, que vivió en la época del Emperador Justiniano (mediados del siglo VI), lleva de título: En la Anunciación de la Madre de Dios.
   Fiesta de la maternidad virginal, primero se fija en los días preparatorios de Navidad, por relación con el nacimiento y por consideración a la cuaresma: la liturgia romana, el miércoles de témporas de Adviento; la ambrosiana, el IV domingo de dicho tiempo, y la hispánica, el dieciocho de diciembre (X Concilio de Toledo, 656).
   Alternó y después se complementó con una centrada ya en la concepción de Jesús, que se fija el veinticinco de marzo, una vez que se había extendido desde Roma la fiesta del veinticinco de diciembre de la Natividad del Señor, unida, por tanto, al recuerdo  festivo de la Anunciación de María (nueve meses antes), cuyo nombre recibe, llegando a oscurecerse las celebraciones de otras fechas.
   Aparte de su correlación con la Navidad, no olvidemos que coincide con el equinoccio de primavera, que se vinculaba con la creación del mundo y del hombre, y por tanto adquiere una gran carga simbólica, al celebrarse la concepción de Cristo, el Nuevo Adán, el hombre de la Nueva Creación. Posteriormente se añadió también la conmemoración de la muerte de Cristo.
   Sin ninguna duda, se celebraba, tanto en Oriente como en Occidente, en el siglo VII, y documentamos la fecha del veinticinco de marzo en el Chronicon Paschale de Alejandría del 624, que la titula Anunciación de la Madre de Dios, y en un decreto del Concilio Quinisexto Trulano (Constantinopla, 692), que ordenaba se celebrase aunque cayera en cuaresma. 
   El Papa Sergio I (+701) la incluye entre las cuatro fiestas marianas en las que debía organizarse procesión; la de ésta fiesta cayó en desuso en la Baja Edad Media. Ya aparece en el Sacramentario Gelasiano y en el Gregoriano (siglo VIII).
   Originariamente del Señor, adquirió en Occidente un marcado tinte mariano, pero, a diferencia del caso de la Purificación, la figura de la Virgen resplandece con luz propia, porque en el misterio de la Encarnación no se puede prescindir de la Madre. Aunque, como es natural, la glorificación de María es a la par glorificación del Señor.
   En la reforma de 1969 se le ha devuelto su primario tinte cristológico, denominándola Anunciación del Señor, nombre que ya había recibido en los inicios de la fiesta (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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