Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

domingo, 16 de octubre de 2022

Un paseo por la plaza Jesús de la Pasión, popularmente plaza del Pan

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Jesús de la Pasión, popularmente plaza del Pan, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 16 de octubre, es el Día Internacional del Pan, así que hoy, es el mejor día para ExplicArte la plaza Jesús de la Pasión, puesto que popularmente se la conoce como plaza del Pan
   La plaza Jesús de la Pasión, popularmente plaza del Pan es, en el Callejero Sevillano, una plaza que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo; y a la que confluyen las calles Córdoba, Lineros, Siete Revueltas, Alcaicería, Herbolarios, y Huelva; y limita con las calles Cuesta del Rosario y Villegas.
   La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario, y está dedicada a Nuestro Padre Jesús de la Pasión, titular de la Hermandad de Pasión.
     Hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Según Ballesteros (Sevilla en el s. XIII), detrás de la iglesia del Salvador existía en 1301 una plaza de las Atahonas; sin embargo, el documento en el que se apoya para hacer esta afirmación no ha podido ser loca­lizado. En los siglos medievales se la denomina de San Salvador, por la inmediata colegial del mismo nombre. Ahora bien, como dicha denominación además se le daba a la de la Pescadería y a la actual, a fin de diferenciarla también fue conocida por Abajo de San Salvador o simplemente de Abajo, formas que se encuentran ya en 1361, y que en el s. XVI aún recoge Peraza (Historia de Sevilla), aunque no van más allá del primer tercio del siglo. Otra variante es la forma Baja o Baja del Salvador, que se data tanto en el s. XIV como en el XVI. Durante éste, por tanto, el topónimo San Salvador se emplea indistintamente para designar las dos plazas que flanquean la iglesia. Sin embargo, al dar la fachada principal a la actual de este nombre, tenderá a consolidarse dicho topónimo en ella, de ahí que, para diferenciarlas, a comienzos del s. XVII haga su aparición el de plaza del Pan para referirse a la que aquí se analiza. No obstante, este topó­nimo, al menos durante la primera mitad del siglo, coexiste con el primitivo, que parece haber desaparecido en su segunda mitad. Además, en algunos documentos de 1642 se la llama Alta de San Salvador, aunque no hay que confundirla con la de Arriba (Pescadería).
     El nuevo topónimo obedecía a que allí estaban radicados los puestos de venta de pan. De ahí que lo conservase hasta entrado el s. XIX. En 1839 todavía era conocida así, según González de León, pero Moreno Gálvez (Callejero...), en 1845 dice que se la llamaba del Pan Vieja, también Vieja del Pan, forma que adopta porque en 1820 fueron desalojados los panaderos. En el mencionado año se la rotula oficialmente del Pan. En 1868 lo cambia el Ayuntamiento revolucionario por el de Comercio, al encontrarse en el centro de una zona eminentemente comercial y tener esa función. Sin embargo, el cambio duró poco; en 1871 ya se le vuelve a encontrar con el topónimo anterior. En 1914, a petición de una serie de vecinos, se denominará Jesús de la Pasión, por esta imagen, atribuida a Martínez Montañés, que recibe culto en la parroquia. Las protestas de los comerciantes, por los perjuicios que les causaba el cambio de denominación, no prosperaron. En 1931 se volvió a rotular del Pan, y, finalmente, en 1939 se repuso el actual. Popularmente el nombre de plaza del Pan sigue vigente, al igual que en numerosos textos literarios, en vez del oficial. Otros topónimos se identifican con ella. Un documento de 1667 la cita como plaza de la Fruta, aunque es posible que se refiriese a un sector de la misma, el inmediato a Siete Revueltas; no se ha encontrado más que esta mención.
     La configuración de su espacio parece no haber cambiado, al menos desde que se poseen referencias gráficas (plano de Olavide, 1771). Tiene forma trapezoidal, con la base más ancha hacia el norte y la más estrecha en la desembocadura en la Cuesta del Rosario. Existen noticias sueltas de operaciones, o de intentos de operaciones de reforma: la compra de unas casas para su derribo en l581; el proyecto de Echamo­rro, tras el desalojo delos panaderos, en 1820; y otro de alineación de casas en 1863. En 1497 ya estaba enladrillada, y a lo largo de la siguiente centuria aparecen denuncias sobre el estado del pavimento y sobre la necesidad de reparaciones. A comienzos del s. XVII este sistema fue sustituido por el empedrado. que se mantiene hasta el s. XIX, a mediados del cual estaba embaldosada. En 1913 hay un proyecto para adoquinarla, que se hizo realidad en los años siguientes; debe ser el que hoy subsiste, con una tonalidad rojiza. Las aceras son también de la presente centuria; las primeras, de cemento, se fechan en 1918, y en 1921 se hace un proyecto de acerado del conjunto; en la actualidad son de losetas. La iluminación se efectúa por medio de farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas, que se instalan en 1971. Intermitentemente ha estado cortada al tránsito de carruajes; en 1786, 1857 y 1913 hay noticias de la existencia de marmolillos. Entre otras dotaciones hay que señalar el que aquí se ubica en 1857 uno de los seis buzones enviados por Correos, y en 1861 uno de los seis quioscos construidos por el Ayuntamiento. En la actualidad se suele instalar en verano uno de helados. Parece que es en esta plaza donde se debe ubicar un proyecto, de fines del s. XVI, para construir sobre los portales un altar a fin de que los días de fiesta pudieran cumplir el precepto de oír misa los vendedores y compradores.
     Por lo que se refiere a la edificación, desde los siglos medievales al menos una parte de la plaza estuvo porticada, y con el paso de los siglos debió llegar a estarlo en su totalidad; hay noticias de la sustitución de postes de madera de algunas casas por otros de mármol en el s. XVIII. Los soportales del lado de poniente, que corresponden a la trasera de la iglesia del Salvador, fueron derribados y reconstruidos en varias ocasiones. Los que hoy se conservan se levantaron en diversas etapas entre los siglos XVII y XIX, en parte por la citada iglesia y en parte por el municipio. Aquélla solicitaba autorización en 1672 para sustituir los postes de madera por mármoles, con el fin de levantar sobre ellos la sacristía de la nueva iglesia. Cada arco era una tienda, independizada de la inmediata por un muro; todas con guardapolvos y aisladas del exterior por medio de una reja. Salvo en la parte central, en que aparecen decorado con tres remates de fábrica, al resto se le superpuso un segundo cuerpo. Cuando en 1820 se trasladaron los panaderos se reutilizaron y las arquerías se cerraron con tabiques, hasta adquirir la forma que hoy poseen. Obras de reforma han permitido poner a la vista, en algunos casos, las columnas y arcadas. Sin duda, este frente es hoy el más significativo por motivos estilísticos, históricos y de juego de volúmenes, ya que sobre las arcadas o tendezuelas se eleva la masa de la iglesia, con diversas alturas, y en la esquina de Lineros y Córdoba un complejo de tejados y azoteas a distintas alturas permite ver la torre de la iglesia. En el s. XIX y en el actual se han efectuado importantes cambios en las otras aceras. En la frontera se derriban unos palenques o portales que acogían a los panaderos, entre Herbolarios y Cuesta del Rosario, y se levantan casas de tres y cuatro plantas, mientras que en la fachada norte destaca, por su estilo y remate, la casa Pedro Roldán (J. Espiau Muñoz, 1930).
     Lo que ha caracterizado a esta plaza durante siglos ha sido su valor de centralidad, al estar ubicada en un espacio estratégico, entre la que fuera mezquita aljama o principal de la ciudad desde el s. VIII al XII, y la alcaicería, una de cuyas puertas daba a la plaza. El zoco inmediato a la mezquita, a que se refiere Ibn Abdun, podría estar aquí o en la otra plaza. Tras la conquista castellana seguiría desempeñando ese papel. Desde el s. XIV, en que aparecen los primeros datos sobre este espacio, está relacionado con una actividad comercial que mantendrá durante siglos: de un lado, mercado del pan y, de otro, de pescado, de fruta y de otros artícu­los de primera necesidad. En el s. XVI Peraza describía este mercado en los siguientes términos: "Otra plaza es la que dicen de Abajo, donde están las panaderas de Sevilla en su poyo: están en otro frontero deste los panaderos que traen las mui blancas y mui sabrosas roscas de Utrera y hogazas de Alcalá y de Gandul y Marchenilla. Véndense en esta plaza todo el año peros y camuesas, cermeñas y peras; todas frutas secas. Así mismo, a su tiempo, cerezas comunes y guindas y mui gruesas cerezas roales, higos verdes y brevas; finalmente, todo género de frutas que suelen dar apetito y sabor."
     Para los primeros, se construirán unos poyo y los pórticos que darán su imagen característica a la plaza. Hasta el s. XIX allí radicará la venta casi exclusiva de pan a los consumidores, y estaban separadas las vendedoras del pan confeccionado con la harina de la Alhóndiga, que parece se ubicaban en los arcos más próximos a Francos, de los panaderos que venían de Alcalá, Mairena y otros lugares, cuyos puestos estaban más próximos a Lineros; incluso en un plano dc 1734 aparecen unos armenios entre los panaderos. A veces los portales no eran suficientes y la mercancía se vendía en medio de la plaza, en unos palenques o al aire libre, como lo refleja Blanco White: "Unos sesenta hombres y doble número de mulas salen de Alcalá todos los días al amanecer en dirección a Sevilla, donde permanecen hasta la tarde en la plaza del Pan, colocados en dos hileras cercadas con barandillas." (Cartas de España). En 1820, al construirse el mercado de abastos de la Encarnación, todos los vendedores fueron trasladados allí.
     El otro artículo es la fruta. Según disposiciones del s. XIV sólo allí se podían establecer las regatonas que revendían al por me­nor frutas y hortalizas. En las siguientes centurias seguirán acompañando a los panaderos, a veces ocupando el espacio reservado a éstos. Diversos documentos aluden a la venta de pescado, ya sea crudo o cocido, y de mariscos; parece ser que estos puestos estuvieron próximos a Siete Revueltas. Tam­bién se alude a freidoras y vendedores de quesos. En el s. XVII se citan además puestos de melones, y en el XVIII mantequeros, vinculados con los obradores de la inmediata calle de Confiterías (actual Huelva).
     Toda esta actividad originaba una ocupación intensiva, a lo que contribuía la construcción de tenderetes de madera en el espacio público, haciendo difícil la circulación y originando una gran confusión, como de­nuncian en l589 los jurados. Confusión producida además, por el hecho de ser un mercado que atraía gran cantidad de personas por la índole de los productos que se vendían, y por ser paso principal en la dirección norte-sur. El padre León lo describe en los siguientes términos, en el tránsito de los siglos XVI y XVII: "... es grande el concurso de gente que va por allí por las mañanas a comprar pan y fruta, y la que pasa por allí a otra parte, por ser paso muy público" (P. de León, Grandeza y miseria...). Todo ello producía un ambiente abigarrado, propicio para los escándalos y los robos, como denuncia el administrador del Hospital de la Paz, en 1589: "... la multitud de gente que concurre a comprar el pan en la plaça de San Salvador es tanta, que mezclados unos con otros ay ladrones y suçeden muertes cada día, por ser plaça pequeña" (Sec. 16). Cervantes lo reflejó en Rinconete y Cortadillo, como recuerda un azulejo. Para controlar esta actividad la ciudad tenía un portal donde acudían diariamente los fieles ejecutores.
     Con el traslado de este comercio al mercado de la Encarnación, la plaza cambió de aspecto, aunque no tanto de función. En el último cuarto del siglo XIX Álvarez-Benavides la cataloga de primer orden; en ella se celebraba un mercado de calzado usado los días de fiesta. Los portales se van cerrando y convirtiendo en tiendas, cuyo ambiente es descrito por Cernuda en los siguientes términos: "Eran unas covachas abiertas en el muro de la iglesia, a veces defendidas por una pequeña cristalera, otras de par en par sobre la plaza el postigo, que sólo a la noche se cerraba. Dentro, tras el mostrador, silencioso y solitario, aparecía un viejo pulcro, vestido de negro, que lleno de atención pesaba algo en una minúscula balanza, o una mujer de blancura lunar, el pelo levantado en alto rodete y sobre él una peina, abanicándose lentamente. ¿Qué vendían aquellos mercaderes? Apenas si sobre el fondo oscuro de la tienda brillaba en alguna vitrina la plata de un vaso entre complicadas joyas de filigranas y las lágrimas purpúreas de unos largos zarcillos de corales. Otras la mercancía eran encajes: liras sutiles de espuma tejida, que sobre papel celeste o amarillo colgaban a lo largo de la pared" (Ocnos). La mayor parte de éstas son hoy relojerías, tiendas de bisutería o modestas joyerías. En las restantes aceras las plantas bajas están ocupadas por comercios diversos entre los que predominan el tejido y la confección, así como una ferretería, con muchos años de existencia. Pero también acudían, en el cambio de siglo, como recogen Laffón y Cernuda, los gallegos o porteadores, que esperaban en ella y en sus tabernas a que requiriesen sus servicios. 
     La desaparición del mercado de abasto no significó la pérdida de valor de la plaza, sino una transformación de sus funciones, pues al comercio de distinto tipo que suponen las tiendas se une en la segunda mitad del XIX el hecho de ser un lugar de encuentros. El Porvenir la describe en 1860 como uno de los lugares más concurridos, frecuentados y paseados de la ciudad, mientras que Álvarez-Benavides (1873) la considera de mucho tránsito. En diversas ocasiones a lo largo de los siglos entrará en los itinerarios de procesiones y cofradías, así como de manifestaciones. Durante los años de ocupación francesa algunos de sus portales acogieron un cuerpo de guardia, y más tarde se estableció un vivac de soldados En la actua­lidad el paseo y el encuentro son imposibles, al estar convertido su espacio publico en un aparcamiento (ya eliminado); y carece de tranquilidad, por ser lugar de carga v descarga de lo numerosos comercios que existen en todas las calles inmediatas, que, por ser peatonales, no permiten el acceso de vehículos. La popularidad de esta plaza queda además reflejada en el hecho de que haya sido citada por diversos autores, bien para describirla, o para situar en ella alguna escena de sus obras, como Muñoz y Pabón, Palacio Valdés, Cela o Burgos, además de los más arriba citados [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Jesús de la Pasión, plaza de. En la fachada posterior de la parroquia del Salvador, antiguamente llamada "Plaza del Pan", existe una hilera de soportales, actualmente enmascarados por pequeños locales comerciales, donde tenían asiento los vendedores de pan y otros productos. Junto a éstos, un edificio de dos plantas, del siglo XVIII, también destinado en la inferior a comercios [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana. Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, a quien está dedicada esta vía;
     «Lo sacaron para crucificarle, y requisaron a un transeúnte, un cierto Simón de Cirene que venía del campo, el padre de Alejandro y Rufo, para que tomara la cruz». (Mc 15, 21).
     Sin duda alguna, la mayor joya que venera la Archicofradía es la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, que recibe culto en la hornacina principal del altar de plata de la capilla sacramental del Divino Salvador. Hacia 1610-1615, la hermandad debió encargar la hechura de su titular al escultor Juan Martínez Montañés, aunque no se ha encontrado, ni probablemente se halle nunca, documento contractual que acredite su autoría. Si tenemos, por contra, el testimonio contemporáneo del mercedario fray Juan Guerrero afirmando que el Nazareno de Pasión «…es obra de aquel insigne maestro Juan Martínez Montañés, asombro de los siglos presentes y admiración de los por venir…»; afirmación que parece hacer irrefutable que el Señor de Pasión es obra de Montañés, máxime si tenemos en cuenta el enorme predicamento de que gozaba en la Orden mercedaria fray Juan de Salcedo y Sandoval, a la sazón cuñado del escultor, quien pudo servir de intermediario entre éste y la corporación.
     Además, desde que Antonio Palomino en 1725 confirmara esta misma atribución, extendiendo incluso la leyenda de que «…el mismo artífice, cuando sacaban esta sagrada imagen en la Semana Santa, salía a encontrarla por diferentes calles, diciendo que era imposible que él hubiese ejecutado tal portento», ningún historiador del arte ha osado desmentirla hasta el presente; antes bien, han añadido argumentos estilísticos e iconográficos que refuerzan la paternidad de Montañés sobre la escultura.
     Sobre su cronología, sí sabemos con certeza que la imagen ya estaba conclusa en 1619, pues en enero de ese año el escultor Blas Hernández Bello había concertado un crucificado para el pueblo sevillano de Los Palacios, cuya corona de espinas había de ser «de la materia y hechura de la que tiene el Christo Nazareno de la Cofradía de Pasión dentro de la Merced». Podemos, por tanto, suscribir la autorizada opinión de Hernández Díaz, quien sitúa la ejecución del Nazareno entre 1610 y 1615.
     La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión es una escultura realizada en madera policromada para vestir, con la cabeza, manos, antebrazos, piernas y pies tallados pormenorizadamente, mientras que los brazos y el torso quedan tan sólo desbastados. Hombros y codos se articulan para permitir la sujeción de los brazos a la cruz. La cabeza del Señor de Pasión nos asombra por su prodigiosa expresión y belleza formal. Nobleza y mansedumbre son dos de los muchos calificativos que podrían aplicarse al soberano rostro de este Nazareno. Las yemas de sus dedos apenas rozan el madero. Su cuerpo describe una suave curvatura, mientras que la cabeza se ladea hacia la derecha, inclinándose dulcemente. El peso de la figura recae sobre la pierna y pie izquierdo, flexionando la rodilla; por su parte, el pie derecho deja al descubierto el calcañal, apoyando en la peana tan sólo el dedo primero.
     Hemos de felicitarnos porque, hasta el momento presente, los retoques y restauraciones que hemos documentado no han logrado alterar substancialmente la primigenia morfología de la imagen. Cesáreo Ramos en 1841, Manuel Gutiérrez Reyes y Cano en 1900 y Carlos González de Eiris en 1916, se limitaron a subsanar pequeños desperfectos.
     En 1974 fue restaurado por Francisco Peláez del Espino, quien llevó a efecto algunas labores discutibles, como el reencarnado del torso o la introducción de elementos metálicos; estos últimos han sido retirados y sustituidos por espigas de madera en la restauración que le han practicado los hermanos Cruz Solís en 1995, quienes además han reforzado las falanges de algunos dedos, han consolidado el soporte y resanado grietas, y han procedido a la limpieza superficial de la policromía en manos y pies.
     Su portentoso rostro, su prodigiosa hechura, y la hondura teológica y reflexiva que desprende el Señor de Pasión, han hecho de esta imagen centro de devoción, alabanza y admiración unánimes en Sevilla, al tiempo que ha inspirado las más hermosas leyendas e historias que se conocen en la ciudad. De entre ellas, destaca la que protagonizó el Arzobispo de Sevilla, D. Antonio Despuig y Dameto, quien, tras rezar largamente ante la imagen del Señor de Pasión, hizo el siguiente comentario para sorpresa de quienes le acompañaban: «Le noto un defecto…»; a lo que concluyó rotundo: «…le falta respirar» (Hermandad de Pasión).
Conozcamos mejor la Historia del Pan;
     El pan que hoy conocemos y degustamos con tanto placer, se remonta a las más antiguas culturas que han habitado la Tierra. Desde tiempos antiguos, este exquisito alimento ha sido elaborado utilizando el trigo.
     Para su preparación, era muy común machacar los granos y que al mezclarse con agua formaban una pasta, que luego era usada para fabricar el pan. Con el paso de los años y el uso de nuevos inventos, se pudo procesar el trigo para la fabricación de este alimento en hornos.
     Los egipcios fueron los primeros en descubrir cómo se producía la levadura para darle un mejor sabor al pan y fue simplemente dejando que la masa se fermentara.
     Los griegos introdujeron el uso de la miel y nueces en su elaboración y los romanos innovaron nuevas técnicas a través de ingeniosos equipos como máquinas de amasar y es a partir de este imperio, donde nace de forma oficial, el primer colegio de panaderos.
     A partir de entonces, el pan ha ganado fama y aceptación en todas las sociedades del mundo. Hoy es una gran industria con mucha demanda, ya que puede adquirirse a muy bajo costo y con un alto valor nutritivo.
     A través de la historia el pan siempre ha sido un alimento que ha estado presente en la mesas de las familias alrededor del mundo. Un exquisito y nutritivo producto elaborado a base de trigo que tiene orígenes antiquísimos.
     Cada país tiene su propia manera y estilo de elaboración, sin embargo, en su preparación se utilizan algunos ingredientes básicos como la harina de trigo, la levadura, agua y sal que dan como resultado final un crujiente pan, del cual se desprende un exquisito aroma y que termina siendo una verdadera delicia para el paladar.
     Desde tiempos remotos el hombre ha tenido que buscar su propio sustento y para ello se valió de la caza y la pesca de animales, así como de la recolección de frutos que provenían directamente de la naturaleza.
     Sin embargo, a medida que fue avanzando y evolucionando pudo introducir a su dieta grandes inventos, uno de ellos, el exquisito y suculento pan, el cual ha servido para saciar el hambre, incluso en momentos difíciles que ha atravesado la humanidad como grandes catástrofes y guerras.
     Hoy, afortunadamente este rico y popular alimento sigue tan vigente como ayer en las tradiciones culinarias de los pueblos, pero también es usado de manera simbólica para ciertos rituales religiosos en algunos países y junto al vino, está considerado como la máxima expresión de la eucaristía cristiana representada a través de la hostia.
     Por todo lo anteriormente dicho, no cabe ninguna duda de que el pan seguirá vigente dentro de la dieta del consumidor. Son millones de personas que en todo el planeta que sienten verdadera fascinación por este versátil alimento, que es una verdadera obra del arte culinario.
     Sí quieres celebrar un día tan especial, nuestra mejor propuesta es que te atrevas a elaborar tu propio pan, utilizando la técnica y los ingredientes que te permitan degustar de una alimento cien por ciento elaborado en casa y donde puedes hacer volar tu imaginación, además, a los peques y a la familia en general le puede resultar una actividad muy divertida, así como enriquecedora (diainternacionalde.com)
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Jesús de la Pasión, popularmente plaza del Pan, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La plaza Jesús de la Pasión, al detalle:
Edificio Pedro Roldán
Placa conmemorativa a Luis Cernuda
Azulejo conmemorativo Rinconete y Cortadillo

No hay comentarios:

Publicar un comentario