Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 4 de febrero de 2020

El Convento del Hospital del Pozo Santo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Convento del Hospital del Pozo Santo de Sevilla.
   Hoy, 4 de febrero, se conmemora el aniversario de la consagración (4 de febrero de 1682) de la iglesia del Convento del Hospital del Pozo Santo, y que mejor día que hoy para Explicarte el Convento del Hospital del Pozo Santo, de Sevilla.
   El Convento del Hospital del Pozo Santo [nº 87 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Pozo Santo, 1; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
     "Había en la esquina de la plaza del Pozo Santo una casa de tiempos antiguos que fue pastelería y es botica. Había delante un pozo que servía agua al común y encima de la casa de la esquina estaba una muy devota y muy antigua imagen como que miraba al pozo dicho, a quien encendían luz los padres de un niño, y sucediéndole que un día cayese por desgracia el niño de la muy tierna edad de tres años en dicho pozo, sus padres lo echaron de menos tres días y lo encomendaron con muchas lágrimas a Nuestra Señora en aquella imagen que tenían cercana a su casa, y pudo tanto su humilde oración que levantándose milagrosamente las aguas lo subieron hasta el brocal de dicho pozo, salvo y sin peligro, con que sus padres lo recogieron". El suceso narrado en las adiciones al libro del Abad Gordillo se fecha en el año 1476 y sirvió para dar nombre a la plaza en cuyo centro se colocó una cruz que hoy se conserva en el vecino hospital de la Misericordia. En aquella plaza, cercana a la venera que se considera centro geográfico de Sevilla, fundaron en 1666 las venerables terciarias franciscanas Marta de Jesús Carrillo (1590-1669) de Priego (Córdoba) y la sevillana Beatriz Jerónima de la Concepción (1608-1696) el hospital del Santísimo Cristo de los Dolores de Sevilla, conocido popularmente como el Pozo Santo. Para ello compraron unas casas pertenecientes al monasterio de San Clemente en la entonces conocida como plaza del Conde de Bailén, lugar donde situaba Guerrero Lovillo el antiguo palacio musulmán de Al-Mukarrám. Allí crearían un hospital de acogida para "socorrer a pobres mujeres desamparadas, impedidas o incurables, asistiéndolas en su enfermedad y ayudándolas a bien morir".
   Marta de Jesús y Beatríz Jerónima de la Concepción, ya viudas, y después de ejercer su labor caritativa en otros lugares, instalaron su primer beaterio en la casa de la calle Venera número 19, lugar que les cedió doña Ana de Trujillo, titulándose la nueva institución bajo la advocación del Buen Pastor. Orígenes ciertamente modestos, la nueva casa empezó a funcionar con las tres camas procedentes de una donación y los cincuenta reales de vellón que aportó don Melchor de la Escuda, obispo de Viserta. Anteriormente, durante el tiempo que no tuvieron casa en Sevilla vivieron de la caridad, en el palacio de la familia Tello de Guzmán. El 15 de octubre de 1667 doña Ana compró el solar donde hoy se alza el antiguo Hospital del Pozo Santo, con este nombre se ha conocido en Sevilla este hospital para enfermas e impedidas, que en 1679 se inscribe como propiedad de esta Orden de Terciarias. Ambas fallecieron en la ciudad de Sevilla, y los restos mortales hoy reposan en el muro lateral derecho de la capilla del hospital. Doña Ana de Trujillo trasladó el lienzo del Santísimo Cristo de los Dolores desde Madrid, para su devoción, y para que estuviese venerado, lo quería poner en un recogimiento de mujeres de esta ciudad. Fue el origen del nombre de la institución, que luego se recogería en la imagen titular de la iglesia. Junto al centro geográfico de la ciudad y la plaza con pozo y Virgen milagrosa que salvaba a los niños ahogados se abre una puerta símbolo del Barroco, cruz desnuda, calavera y serpiente. Vanitas Mundi. La cruz de Cristo y la calavera del primer hombre. Sevilla teatral y dual.

   Las obras debieron comenzar pronto, ya que la iglesia se consagró el 4 de febrero de 1682, terminándose la zona noble del edificio pocos años después. Ésta se ordena en torno a un patio central de columnas toscanas que sostienen arcos de medio punto con una sencilla decoración barroca de tonos blancos y albero. Hoy sirve de acceso al museo conventual, una ejemplar intervención dirigida donde se concentran algunos de los tesoros artísticos del edificio y que completa la labor asistencial a los enfermos impedidos de las terciarias franciscanas que regentan el edificio.
   Desde sus orígenes la institución fue recibiendo el favor y los donativos de numerosas casas nobiliarias y de bienhechores que la mantuvieron a lo largo de toda su historia. Entre ellas estuvieron los sucesivos duques de Medinaceli, que aportaron durante generaciones numerosos donativos en metálico o en especie como “las arrobas de jamón que recibió la madre en 1817”. Otro bienhechores del conjunto fueron Nicolás Bucarelli, el general nacido en el palacio de la calle Santa Clara; el arzobispo Luis Salcedo y Azcona, que en el siglo XVIII socorrió a la casa con una renta de mil ducados anuales, don Francisco de Campo y Arroyo, que fue primer capellán de la institución o el que fuera arzobispo de Sevilla Francisco Javier Cienfuegos. Muchos de ellos están retratados en una sala de bienhechores que se conserva en el interior de la edificación. La pujanza económica del edificio se vio acompañada a lo largo de los siglos por una pujanza espiritual manifestada en las numerosas indulgencias y prerrogativas que se concedieron a su iglesia. Entre ellas destaca la Bula de agregación a San Juan de Letrán concedida por el papa Clemente XII, la concesión del patronazgo de San Nicolás de Bari en 1792, el privilegio de ánimas del altar mayor, la indulgencia plenaria concedida en varias festividades o el jubileo de la porciúncula confirmado por varios papas a lo largo de su historia.
   Entre 1984 y 1998 se sometió todo el edificio a un profundo proceso de rehabilitación y reforma que siguió el proyecto del arquitecto Alberto Donaire Rodríguez. Junto a la restauración de los elementos históricos se procedió a la necesaria modernización de las instalaciones hospitalarias. A ello se sumó la redacción de un proyecto museográfico a cargo del profesor Roda Peña, que ordenó el rico patrimonio artístico de la comunidad y lo expuso con un criterio científico y museográfico que muestra el camino a seguir por otras comunidades religiosas de la ciudad.
   En la actualidad el hospital del Pozo Santo acoge un amplio equipo humano junto a las hermanas terciarias, grupo que incluye trabajadores sociales, médicos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, etc., con una metodología de trabajo interdisciplinar que sabe conjugar a la perfección la historia del edificio y de la congregación y las necesidades asistenciales a los mayores del siglo XXI. Hoy la congregación terciaria franciscana cuenta con otras casas abiertas: Pozo Santo, Residencia de Santa Teresa (Espartinas) y Residencia de San José (Villanueva del Ariscal), en la provincia de Sevilla, todas ellas dedicadas a ancianas enfermas e impedidas; y el Hogar Franciscano de Teror (Canarias), de protección de menores.

   El edificio se sitúa en una irregular manzana con tres fachadas diferentes, teniendo planta muy alargada y especialmente orientada hacia la plaza del Pozo Santo. Las otras dos fachadas dan hacia la calle Atienza y hacia la calle Angostillo, aunque esta última es fruto de una reedificación que se realizó en el año 1888 por el maestro José Solares. La fachada principal su estructura mediante grandes pilastras toscanas que enmarcan la puerta de entrada a la zona hospitalaria. Es una disposición que cambia en la parte derecha de la portada, donde se dibujan tres cuerpos de altura, el último a modo de ático con arcos de medio punto entre pilastras rematadas por ménsulas. En este extremo del edificio se levanta un airoso mirador que sigue estructuras arquitectónicas del italiano Sebastiano Serlio, con óculos y vanos enmarcados por pilastras, un ejemplo de la pervivencia de la arquitectura italiana del Renacimiento en la Sevilla del siglo XVII.
   Tras el tránsito a través de la simbólica portada ornada con la cruz y la calavera, de acceso lateral, se puede contemplar la única nave de la iglesia, de planta rectangular y dividida en cuatro tramos. Sirve de transición un artístico cancel de finales del siglo XVIII, labrado en caoba y con una singular decoración de pájaros exóticos y flores rojas de inspiración oriental en una de sus puertas. Está coronada por una bóveda de cañón, arcos fajones y lunetos con vidrieras. Los costados laterales de la iglesia aparecen ornamentados por una ancha cornisa sostenida por ménsulas. Toda la atención del fiel se encuentra en el retablo mayor, atribuido a Julián Jiménez e Hita del Castillo, y fechable en torno a 1760. La atribución se suele realizar por su parecido con el retablo del Cristo atado a la columna de la parroquia de Santa María de Mesa de Utrera o con el de la Divina Pastora de Cádiz, obras documentadas de ambos autores. Llama la atención su abigarrado diseño de líneas, la suntuosidad de los estípites que lo van conformando, la gran calidad de su talla y el hecho de estar conservado en el color natural de la madera. Parte de un basamento sobre el que se destacan cuatro grandes estípites entre los que se sitúan las figuras de los dos Santos Juanes. En el exterior se sitúan San Francisco de Asís y San Juan Nepomuceno, coronados por dos relieves de Santa Clara con el ostensorio y de Santa Bárbara con la torre de su martirio como símbolo iconográfico. La parte central del retablo, la única dorada, se sustenta sobre un amplio banco sostenido por ángeles entre los que se sitúan las figuras del franciscano San Pascual Bailón y Josafat. En la hornacina central  del retablo, concebida como un semibaldaquino, se cobija la excepcional imagen del Cristo Varón de Dolores, titular del templo atribuible al taller de Pedro Roldán en torno a 1680. La muerte vence a la muerte. Cristo redime del pecado original. Una curiosa iconografía: Cristo con los signos de la Pasión pisando la calavera de la muerte y la cruz triunfal en sus manos, una simbología del Barroco escasamente representada en la ciudad. Tradicionalmente se atribuyó a Pedro Roldán, datándose hacia 1680, aunque la fundación del hospital años antes aporta dudas sobre su cronología y su autoría. En el año 2003 fue restaurado por el profesor Pedro Manzano, que señaló sus semejanzas con obras del maestro como las de la parroquia del Sagrario o del Hospital de la Caridad. Se realizó una limpieza total de la policromía de la imagen, cubierta por una capa de suciedad que ocultaba su rica policromía primitiva, sin muestras de repintes posteriores. Se pudo identificar un añadido en el paño de pureza, realizado a base de telas encoladas en un tono distinto al primitivo, que era rojizo, algo usual en esta iconografía del Varón de Dolores. Un trozo de periódico empleado por el autor del añadido permitió datar la intervención en 1872, por lo que se podría atribuir a José Ordóñez o a Gutiérrez Cano. En dicha restauración se eliminó el añadido y se recuperó el color primitivo del sudario.

   La parte superior del retablo está coronado por una Inmaculada con ráfaga y corona de plata, a su lado están las imágenes de San Agustín con la maqueta de la Iglesia y Santa Teresa de Jesús con el hábito de doctora de la Iglesia, todas del siglo XVIII. En el remate, un relieve del padre Eterno. Los muros laterales del presbiterio se decoran con pinturas de la segunda mitad del XVIII, apareciendo el fundador de los dominicos, Santo Domingo de Guzmán; las dos patronas de Sevilla, Santa Justa y Santa Rufina; el franciscano San Antonio de Padua y San Cayetano, abogado de la Divina Providencia.
   Destacan en la iglesia otros cuatro retablos de estilo rococó probablemente del mismo maestro, datables en torno a 1770. Se enmarcan con pinturas murales de carácter ilusionista que imitan una arquitectura rodeada de vegetación y que parecen prolongar sus límites. En el lado izquierdo, el más cercano al retablo mayor cobija un lienzo con la historia franciscana del jubileo de la porciúncula, estando la Virgen del Tránsito a sus pies. A continuación se sitúa otro retablo que cobija a un crucificado dieciochesco y a una dolorosa a sus pies. En su mesa del altar aparecen (igual que en muchos rincones del templo) pequeñas imágenes de San Juan y la Magdalena, de fines del XVII. También se coloca en esta mesa una pequeña imagen de un Ecce Homo que, según la tradición oral de la comunidad, parece provenir de la fundación del edificio. Tiene especial devoción ya que antaño fue utilizado como imagen limosnera que se trasladaba, tomando con el tiempo carácter de milagrosa la capa o esclavina de la imagen, ya que se le atribuían poderes para conseguir embarazos o para propiciar un buen parto a las embarazadas. Junto a este retablo está colgado un lienzo con el Niño Jesús vestido al estilo de la corte de finales del siglo XVII, teniendo un buen marco barroco. Conserva la iglesia en este sector el antiguo púlpito de forja del siglo XVII.
   En el muro derecho aparecen los otros retablos, el primero con una imagen de candelero para vestir de la Virgen del Rosario, con un gran lienzo con San José y el Niño pintado hacia 1760 por algún discípulo de Domingo Martínez. El siguiente retablo, de la misma época, enmarca un gran lienzo de San Nicolás de Bari, de finales del siglo XVII, mostrando al santo italiano y unas escenas laterales en las que se recuerda su intervención milagrosa para salvar a unos niños que habían caído en un pozo. En este muro se abre una ventana cerrada por una artística reja de forja, es el mirador hacia la iglesia del antiguo noviciado. Todos los retablos señalados aparecen pintados en tonos verdes y dorados. Numerosas esculturas de pequeño tamaño (como un Niño Jesús montañesino) y algunas pinturas (como la de la Expectación de la Virgen) completan la decoración de la iglesia.

   La gran escenografía barroca se sigue haciendo presente en la novena a la Virgen del Tránsito cada 15 de agosto: la Virgen dormida es colocada a los pies del retablo mayor en una espectacular arquitectura efímera de velas, flores, imágenes y un sinfín de elementos decorativos. Se reinterpreta así una iconografía bizantina de la koimesis o dormitio, por la cual la Virgen entró en un estado de de tránsito como paso previo a la Asunción.
   El acceso al edificio hospitalario se hace por la puerta contigua, enmarcada por un sencillo apilastrado. Se atraviesa un zaguán en el que destaca una talla de vestir de San Nicolás de Bari, el copatrono de la institución, talla de finales del siglo XVIII que están situada ahora en una antigua ventana. En el tránsito al patio se sitúan diversas lápidas alusivas a patrones y bienhechores del hospital, así como un curioso registro de la ronda que representa una torre laureada en bronce a finales del siglo XIX o una bomba fundida a finales del siglo XIX para extraer agua del milagroso pozo que dio título a la plaza. El patio principal es de planta cuadrangular, debió ser realizado en la década de 1680 y presenta un cuerpo inferior de columnas toscanas que sostienen arcos de medio punto y un cuerpo superior cerrado que se abre hacia el patio mediante balcones. Al centro se sitúa una elegante fuente de formas mixtilíneas, ya del siglo XVIII, con una taza superior coronada por un surtidor en forma de pájaro.
   El acceso al museo situado en la planta alta se realiza por una escalera monumental construida en 1676 por el maestro cantero Miguel Lasso de la Vega; en sus muros cuelga un buen lienzo barroco que representa a la Virgen de la Antigua, pintura mural de la Catedral que fue una de las grandes devociones sevillanas en la Edad Moderna.
   La sala I se dedica a las madres fundadoras, cuyos retratos se exhiben junto a un lienzo del Cristo de los Dolores flanqueado por San Francisco y Santa Teresa, una obra madrileña del siglo XVII que podemos identificar como el lienzo que aportó doña Ana Trujillo en los años fundacionales del edificio. Junto a diversos objetos personales y documentos de las fundadoras, destaca por su iconografía un lienzo anónimo que representa la epidemia de peste que asoló Sevilla en 1649. Permite contemplar la fachada del Hospital de la Sangre, los enterramientos en fosas comunes y el clima de terror que se vivió con una epidemia que dejó varias decenas de miles de muertos en la ciudad. Completan la estancia una talla de pequeño formato que representa la iconografía de Cristo Varón de Dolores, copia de la imagen que preside el retablo mayor de la iglesia atribuible a Pedro Roldán, y el llamado Niño Jesús de las Lágrimas, atribuido a Francisco Antonio Gijón. La sala II muestra diversas advocaciones procedentes del exterior como la italiana Virgen de Trapani, escultura de alabastro del siglo XVII, un lienzo mexicano que representa a la Virgen de Guadalupe o la Virgen Niño hilando, pintura que parece provenir de la escuela cuzqueña. También destacan dos marfiles, el que representa a un Crucificado (siglo XVII) y el Buen Pastor Niño, también barroco. Se puede entender sala III como la principal del museo, por sus proporciones y por sus contenidos. Recibe el nombre de sala de los Arcángeles por la serie de pinturas de un anónimo seguidor de Zurbarán que representan a Uriel, Alamiel, San Miguel, San Rafael, San Gabriel, Ariel, Eliel, Esriel, Oziel y Hadriel. Son datables hacia 1660, siendo por sus proporciones, su calidad y su número unos de los conjuntos completos de pintura más interesantes de la ciudad. Otros lienzos se reparten por la sala como una Inmaculada de algún seguidor de Alonso Cano, una Virgen de la O de escuela castellana, la Virgen de los Desamparados pintada por el seguidor de Murillo, Francisco Meneses Osorio y otros dos lienzos con la iconografía de San Miguel Arcángel, uno de la segunda mitad del siglo XVII y otro cercano a Juan del Espinal (siglo XVIII).

   La sala IV se estructura fundamentalmente en torno a una galería llena de fanales con imágenes habituales entre las devociones conventuales. En ellos se sitúan piezas diversas como un grupo escultórico de San José con el Niño, un San Juanito del siglo XVII, una Divina Pastora del estilo de Cristóbal Ramos (siglo XVIII), un Niño Jesús dormido del siglo XIX, un relicario del Lignum Crucis o una curiosa maqueta del antiguo monumento eucarístico de la Catedral realizada en marquetería por Emigdio Mariani. Se completa con una vitrina en la que acumulan diversas piezas de orfebrería de los siglos XVI y XVII. La sala V se dedica al importante ajuar de la Virgen del Tránsito, venerada en la iglesia, y con solemne festividad el 15 de agosto. Se pueden contemplar algunos de sus vestidos, su corona de plata repujada por Tomás de Pedrajas en el siglo XVIII, la soberbia cama barroca donde se coloca durante sus cultos y las cuatro imágenes de Niño Jesús que se colocan a sus pies (tres de ellas son piezas de plomo). Otras piezas de interés son la cruz de altar y los candeleros cincelados en plata por Miguel Gargallo en 1787 y diversos cálices y copones de variada factura. Dos urnas acogen una Virgen del Amparo del siglo XIV y una Divina Pastora del siglo XVIII. La sala VI se sitúa en el coro alto de la iglesia, permitiendo una espléndida visión de la nave y del retablo mayor a través de unas celosías en la madera. Es una zona dedicada a la meditación en torno a la Pasión a través del Arte. Entre las imágenes destacan un Nazareno de barro cocido de finales del siglo XIX titulado del Gran Poder, un Crucificado de la segunda mitad del siglo XVI sobre la celosía de la tribuna, o una Dolorosa arrodillada con las manos entrelazadas (siglo XVIII) que sigue los modelos habituales de Cristóbal Ramos. Destacan en los muros dos pinturas de posible origen napolitano que representan las Lágrimas de San Pedro y Santa María Magdalena, piezas que se completan con un lienzo de un Ecce Homo de escuela local y fechable a finales del siglo XVII. Finaliza la visita en la sala VII, a la que se accede tras salir del coro alto. Expone una selección de los ricos fondos bibliográficos del hospital como una edición de 1635 de las Cartas de Santa Teresa de Jesús, la Mística Ciudad de Dios de sor María de Ágreda (Amberes, 1705), los sermones panegíricos de fray Diego José de Cádiz (Madrid 1796) o dos misales romanos, uno publicado en Amberes en 1605 y otro fechado en Madrid en 1808. Otras piezas de la sala son un lienzo de la Adoración de los Pastores, de mediados del siglo XVII, dos tablas de indulgencias y obligaciones del año 1723 y un ostensorio de plata sobredorada marcado por José Alexandre y Ezquerra en 1776.
   A la salida del museo, la cercana venera que colocó José Gestoso nos recordará el centro geográfico de Sevilla, el inicio de la numeración de sus calles y plazas. Uno de sus centros devocionales y artísticos sigue siendo el Hospital del Pozo Santo (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
     El Hospital del Santísimo Cristo de los Dolores, conocido como Hospital del Pozo Santo, se fundó en 1667. La iglesia se edificó entre 1669 y 1682, consagrándose el 4 de febrero de este último año. Consta de una sola nave de planta rectangular compartimentada en cuatro tramos, cubriéndose con una bóveda  de medio cañón con arcos fajones y lunetos. El coro se sitúa en alto, a los pies de la nave, presentando el sotocoro una techumbre de madera decorada con casetones, del mo­mento de la construcción del templo. De la misma época es la portada, situada en el muro izquierdo de la nave. Construida en ladrillo, se articula en torno a un vano adintelado flanqueado por pilastras toscanas y rematado por un entablamento liso sobre el que se sitúa un frontón recto y roto en cuyo centro aparece una hornacina.
     A la derecha del templo se alza el edificio del hospital, inaugurado en su primera fase en 1683 y posteriormente ampliado en 1842 y 1879, habiendo sido remodelado en los últimos años. La fachada la configuran dos módulos de diferente altura. El más cercano al templo se articula por medio de pilastras, y se divide en dos cuerpos. En el inferior aparece la portada, adintelada y enmarcada por simples molduras, y en el superior se sitúa un balcón. El módulo contiguo se ordena asimismo por medio de pilastras, eleván­dose en el extremo derecho un torreón.
     El retablo mayor de la iglesia, atribuido a Julián Jiménez, está sin dorar y consta de banco, un cuerpo de tres calles, compartimentadas por estípites, y ático, fechándose hacia 1760. En la hornacina central, la única parte del conjunto que se doró, se sitúa el Cristo de los Dolores, imagen de hacia 1680 próxima a Pedro Roldán. En las calles laterales del primer cuerpo aparecen esculturas de santos y santas de la misma época que el retablo, destacando entre ellas las de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, situadas a ambos lados de la hornacina central. En el centro del ático se sitúa una escultura de la Inmaculada del último tercio del XVII y en los laterales aparecen las de San Agustín y Santa Teresa, de hacia 1780. Los muros laterales del presbiterio están decorados con pinturas murales de la misma época, apareciendo en el lado izquierdo dos medallones con Santo Domingo de Guzmán y Santa Justa y Rufina y, en el lado derecho, otros dos medallones con San Antonio de Padua y San Cayetano.
     En el arranque del muro izquierdo se sitúa un retablo del segundo tercio del siglo XVIII en cuya hornacina central aparecen las esculturas del Crucificado y la Dolorosa, de la misma época que el retablo, y las de San Juan Evangelista y la Magdalena, de finales del XVIII. A continuación se halla un púlpito de forja y un lienzo del Niño Jesús, los dos del último tercio del siglo XVII. A su lado se encuentra un retablo de hacia 1780, en cuyo banco se sitúa, en una urna contemporá­nea del retablo, la imagen de la Virgen del Tránsito, obra del primer tercio del siglo XVIII. En la hornacina central de este altar aparece un lienzo de la Estigma­tización de San Francisco de principios del XIX y en el ático se encuentra un relieve de San Joaquín del momento del retablo. Junto al cancel se encuentra una escultura en plomo del Niño Jesús que sigue los modelos montañesinos. En el inicio del muro derecho se encuentra un retablo de estípites de mediados del siglo XVIII. En el banco aparece una vitrina con una imagen de candelero de la Virgen del Rosario de fines del XVIII y en la hornacina central se sitúa un lienzo de San José con el Niño pintado hacia 1760 por un seguidor de Domingo Martínez. A continuación se halla otro retablo de la misma fecha que el anterior en el que figura un lienzo de San Nicolás de Bari de finales del siglo XVII. En el muro de los pies se encuentran tres pinturas. La central es de mediados del XVIII y representa a la Virgen de la Expectación y las laterales muestran a dos Arcángeles de la segunda mitad del siglo XVII. A los' pies del muro derecho se abre una pequeña capilla de reciente construcción que alberga un retablo de tipo neoclásico en el que figura una  escultura de San José con el Niño, fechable en torno a 1750, y dos lienzos de San Pedro y la Magdalena del XVIII.
     El hospital se articula en torno a un patio central de hacia 1680. Presenta dos plantas, la inferior formada por arcos de medio punto que apean sobre columnas de mármol de orden toscano con dados de entablamento, y la superior, apoyada sobre una cornisa de ménsulas, presenta dos balcones flanqueados por pilastras en cada uno de sus lados.
     En una de las salas que se abre al patio central se ha instalado recientemente un pequeño museo, en el que se han reunido parte de los objetos artísticos antes distribuidos por varias dependencias. Gran interés posee la colección de pinturas. Entre ellas destacan siete Arcángeles pintados en la segunda mitad del siglo XVII, que se atribu­yen a Bernabé  de Ayala; una Inmaculada de la misma época que la obra anterior, que sigue los modelos de Alonso Cano y una Adoración de los Pastores de mediados del XVII que es réplica del cuadro de igual composición que se conserva en la Galería Nacional de Londres. También hay una Asunción de la Virgen, vinculable con Lucas Valdés y una Sagrada Familia de escuela sevillana del último tercio del XVII. El lienzo de la Virgen de los Desamparados es obra de Francisco Meneses Osorio en 1701.
     El hospital posee bastantes aderezos de plata pertenecientes a las imágenes, destacando entre ellos los que pertenecen al Niño Jesús de las Lágrimas, que se compone de una cruz, una corona, las potencias y un canastito en el que lleva los atributos de la Pasión. El canastillo se decora con piedras verdes y lleva una inscripción que lo fecha en 1748.
     En cuanto a los objetos de culto, destaca una gran bandeja circular de metal blanco con representación en su centro del transporte del racimo bíblico. Es obra flamenca o alemana de las llamadas de «dinanderie». Muy hermoso es un gran copón recubierto de decoración vegetal barroca, y muy original es una naveta cuyo núcleo lo configura una concha de molusco sujeta por estructura de plata, que puede fecharse como el copón anterior. Finalmente destacaremos la puerta del sagrario, que contiene un  magnífico relieve del Buen Pastor, obra del platero sevillano Juan Guerrero, cuyo punzón  ostenta (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Fue fundado en 1667 por Terciarias Franciscanas bajo la advocación del Santísimo Cristo de los Dolores. El edificio es largo y estrecho configurando una crujía a la que abren cinco patios que iluminan las crujías interiores. Las dependencias del hospital se desarrollan a lo largo de aquella crujía correspondiente a la fachada de la calle Atienza, la más peculiar del conjunto. La portada principal abre a la plaza del Pozo Santo donde se encuentra también la iglesia, una nave dividida en cuatro tramos, cubiertos por bóveda de cañón, con arcos fajones y lunetos es decir el tipo de iglesia de cajón.
     La portada de la iglesia es adintelada flanqueada por columnas toscanas y rematadas por frontón partido en el que apea una hornacina donde se aloja una cruz. El primer patio abre a la portada de la plaza del Pozo Santo y es de dos plantas con arcos de medio punto sobre columnas toscanas resultando el más interesantes de todos ellos. La fachada principal aparece dividida por pilastras y es de tres plantas que se convierten en cuatro y ático de arcos semicirculares entre pilastras en la fachada de la calla Atienza, configurando un torreón en su esquina (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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Horario de apertura del Convento del Hospital del Pozo Santo:
            Todos los días (previa cita): De 11:00 a 13:00, y de 17:00 a 19:00

Página web oficial del Convento del Hospital del Pozo Santo: No tiene.

lunes, 3 de febrero de 2020

El Retablo de San Blas, en la Iglesia del Convento de Santa Inés

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de San Blas, en la Iglesia del Convento de Santa Inés, de Sevilla.   
   Hoy, 3 de febrero, San Blas, obispo y mártir, que, por ser cristiano en tiempo del emperador Licinio, padeció el martirio en la ciudad de Sebaste, en la antigua Armenia, hoy Turquía (c. 320) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Retablo de San Blas, en la Iglesia del Convento de Santa Inés, de Sevilla.
     El Convento de Santa Inés [nº 29 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 50 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Doña María Coronel, 5; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
   En el muro derecho de la iglesia del Convento de Santa Inés, en un retablo sin interés del siglo XIX, está colocada la talla de San Blas notable obra de Juan de Mesa (1617), a pesar de su poco acertada policromía posterior. Vestido de obispo, con el signo de su martirio en el cuello, San Blas fue médico y obispo de Sebaste, Armenia. Hizo vida eremítica en una cueva del Monte Argeus, siendo conocido por sus curaciones milagrosas como la de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta y su protección contra los males de garganta con los populares cordones de San Blas, tan difundidos en numerosos pueblos. San Blas fu martirizado en una época de persecuciones, siendo decapitado en torno al año 316. Como protector de las enfermedades de garganta tiene gran devoción en el convento, que reparte los típicos cordones del santo en su festividad (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
   Es un retablo de autoría anónima realizado hacia 1850 en estilo neoclásico, y está compuesto por una mesa de altar, un solo cuerpo y una cornisa, que se eleva en su centro a modo de remate. La mesa de proporciones muy rectangulares se orna con unos fletes dorados y con una guirnalda de hojas igualmente doradas, que destacan sobre el color ocre del conjunto. Sobre ésta se desarrolla un pedestal en el que se apoyan dos columnas corintias a cada lado. Éstas presentan tanto el tercio inferior de su fuste que es acanalado como sus capiteles dorados. Entre ellas se sitúa la hornacina central. El entablamento que se apoya sobre los capiteles se curva en su centro para formar el medio punto de la hornacina. Sobre éste se desarrolla un saliente en su zona central en forma de baquetón curvo que remata el retablo. En la hornacina central se sitúa la imagen de San Blas flanqueado por un león y por una leona, mientras que sobre el entablamento en cada extremo se ubica un angelito.
   San Blas, tallado por Juan de Mesa en 1617, en madera de pino policromado y estofado, con unas medidas de 1,80 x 0,73 x 0,53 m., aparece de pie vestido a la usanza arzobispal con casulla, alba y mitra. En ella contrasta el azul con el blanco, todo ello estofado recientemente. El santo porta en su mano izquierda el báculo, de obispo, mientras la otra la alza hacia el frente bendiciendo. Su pierna izquierda la adelanta mostrando la punta de su zapato bajo la túnica. De esta forma deja todo el peso de su cuerpo sobre la pierna contraria. Su rostro barbado alza los ojos al cielo. La escasa calidad de su repolicromía hace perder valor a esta interesante imagen.
   Flanqueando a San Blas encontramos un león y una leona, modelados y policromados en yeso en la 1ª 1/2 del siglo XVIII por un autor anónimo. El león aparece recostado sobre su pata derecha, presentando al espectador la pata trasera izquierda y las dos delanteras unidas. El animal alza su cabeza dejando su boca abierta y su rizada melena caer hasta sus patas. El animal se asienta en una pequeña base de color verde. Hace pareja con la leona que se encuentra en el mismo retablo que presenta recostada sobre su costado izquierdo, presentando al espectador su pata trasera derecha en la que enrosca el rabo y las dos delanteras, dejando la pata izquierda por encima de la derecha. La leona alza su cabeza con los ojos hacia arriba y la boca abierta. La imagen descansa sobre una estrecha base pintada de verde con posterioridad. El animal, presenta un moteado negro junto a una señal de sangre que parece indicar el ser un animal herido protegido por el santo.
   El ángel que se acopla al extremo derecho de la cornisa del retablo dejando su pierna derecha colgando y la izquierda apoyada en un saliente del entablamento. La imagen aparece desnuda apenas cubierta por un paño de pureza que le cae desde su hombro izquierdo hasta sus piernas. Entre sus manos lleva los atributos de San Blas, el báculo y la mitra, para cuyo retablo fue hecho. Sus alas están policromadas en rojo, azul y dorado.
   El ángel que se acopla sentado sobre la cornisa izquierda del retablo, apoya su pierna derecha sobre un saliente inferior del entablamento. En su mano derecha porta la palma de martirio simbólica de la muerte de San Blas para cuyo retablo fue hecho. En el giro su cabeza mira hacia la derecha levantándose su cabello por efecto de éste. Entre su brazo y su pierna derecha se enrolla un paño de pureza azul estofado con temas vegetales. Sus alas al igual que las de su compañero, también están policromadas en azul, verde y rojo con tonos dorados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Blas, obispo;
LEYENDA 
 Santo de origen armenio que fue obispo de Sebaste (Sivas) en Armenia, y que murió en 316.
   La profesión médica que se le atribuía procede de su reputación de santo tau­maturgo y curador.
   De acuerdo con la leyenda, unos cazadores lo habrían encontrado en la selva viviendo con animales salvajes -osos, leones y tigres que había domes­ticado- como si estuviese en familia.
   Su milagro más popular es el de la espina de pescado. Una mujer le llevó un día a su hijo asfixiado por una espina de pescado que se le había clavado en la garganta. El santo tomó los dos cirios encendidos que la madre ofreciera como exvoto en la fiesta de La Candelaria, y los dispuso en forma de cruz de san Andrés, con ellos tocó la garganta del paciente que se curó de in­mediato.
   Si no se cree en los milagros, puede suponerse que el miedo que sintiera el niño, al temer quemarse, haya provocado una violenta contracción de la garganta que tuvo como efecto la expulsión de la espina malhadada. Un lobo había robado a una pobre mujer el cerdo que constituía su única riqueza. El santo obligó al lobo a devolver su presa. Para agradecer a su benefactor, la mujer le llevó en bandeja la cabeza y los pies asados del cerdo a la prisión donde estaba encerrado. 
 San Blas habría sido martirizado en tiempos de Diocleciano. Los verdugos lo suspendieron de un poste con una polea y le desgarraron las carnes con peines de hierro (pectinibus ferreis) o rastrillos, que se emplean para car­dar el cáñamo. Después lo decapitaron.
CULTO
   A pesar de su origen oriental, san Blas enseguida se volvió muy popular en Occidente gracias a la multitud de sus pretendidas reliquias, la mayoría de las cuales sin duda procedían de sus homónimos. En Francia, los cluniacenses que poseían una de sus reliquias en Paray le Monial, pusieron bajo su ad­vocación la capilla del priorato de Berzé la Ville, en Maçonnais. Su cabeza se conservaba en Montpellier. La ciudad de Pézenas, en Languedoc, donde florecía la industria del tejido, adoptó como patrón a san Blas, porque había sido martirizado con rastrillos de cardar. 
 Era el segundo patrón de la colegiata de Saint Martín de Montmorency. En Nézel (Seine et Oise), cerca de París, tiene un sitio de peregrinación en su honor.
   En Alemania es el patrón de la catedral de Brunswick y de la Casa de los Güelfos, al igual que del convento de San Blas en la Selva Negra, recons­truido en el siglo XVIII por el arquitecto francés de Ixnard.
   Está en el grupo de los Catorce Auxiliadores o Intercesores, lo cual contribuyó mucho a su popularidad. El 3 de febrero, día de su fiesta, el sacerdote daba la Bendición de san Blas (Blasiussegen), que consistía en una bendición del cuello de los fieles, acompañada de una invocación del nombre del santo curador. La fiesta de san Blas en ciertas diócesis se confundía con La Candelaria, que se celebra el día anterior, el 2 de febrero.
   En Inglaterra, san Blas era particularmente venerado en el centro de la industria lanera de Yorkshire, donde se lo creía inventor del rastrillo de cardar, y en Bradford se celebraba una fiesta en su honor.
   En Italia, tenía puesta bajo su advocación la iglesia de San Biagio, en Vicenza. Y las ciudades de Milán y Nápoles se jactaban de poseer fragmentos de sus reliquias.
   Pero el centro principal de su culto era la ciudad de Dubrovnik o Ragusa, en Dalmacia, que en 1170 se puso bajo la protección de san Blas, y le con­sagró su catedral. Esa ciudad pretende poseer su cabeza (junto  con la de Montpellier), su cuello, manos y una de sus tibias. De la misma manera que Venecia es la ciudad de san Marcos, Ragusa -o Dubrovnik- es la de san Blas.
Patronazgos de corporaciones y oficios
   A causa del instrumento de su martirio, fue adoptado como patrón por los cardadores, rastrilladores y arqueadores de lana. Los canteros también se encomiendan a su protección, porque las uñas de hierro que desgarraron a san Blas evocaban en sus espíritus la raedera dentada que empleaban para des­bastar los bloques de piedra.
   Los porquerizos le reconocen la restitución del gorrino a la pobre viuda. En las provincias alpinas (Saboya, Delfinado) es el patrón de los labriegos por­que su nombre en lengua dialectal (bla)recuerda  el del trigo (blé).
   En Alemania, a causa de un juego de palabras acerca de Blasius, que evoca la idea de soplar (blasen), es además patrón de quienes hacen sonar el cuerno, de los que tocan instrumentos de viento y de los guardianes nocturnos. El tesoro de los Güelfos, en Brunswick, poseía su trompa de marfil (Cornu sancti Blasii), olifante bizantino del siglo XI, que se usaba en reemplazo de las campanas, para llamar a los monjes a los oficios. Por la misma razón lo invocaban los molineros que tenían molinos de viento.
   En nuestros días se convirtió en patrón de los aringólogos.
Protección contra las enfermedades
   Santo curador, tenía como especialidad las enfermedades de garganta, desde las más benignas, como el hipo o la tos convulsa, hasta el garrotillo o la difteria. Se le atribuía librar a los enfermos «ab omni morbo gutturis». Antes de morir habría pedido a Dios que quien ­quiera que invocase su intercesión contra una enfermedad de la garganta fuera satisfecho sin limitaciones: «oravit ad Dominum ut quicumque per infirmitatem gutturis ejus patrocinia postularet exaudiretur et ellico liberatur». Como su fiesta se celebra al día siguiente de la Candelaria (3 de febrero), era costumbre aplicar sobre la garganta de los enfermos dos cirios cruzados, bendecidos en la ciudad. Otro remedio consistía en anudar una cinta roja del color de la sangre, previamente empapada en agua bendita, alrededor del cuello del paciente.
   En Noyon, para curar las enfermedades de garganta se empleaban los «pa­nes de san Blas».
   En Alemania se lo invocaba no sólo contra las enfermedades de la laringe sino contra las afecciones de la vejiga, que en alemán se llama Blase. Jugando con el verbo blasen (soplar), también se lo invoca contra los vientos fuertes, los huracanes. 
 En Rusia, san Blas ha heredado atribuciones de su homónimo, el dios pagano Volos. El día de su fiesta los campesinos lo invocaban para que las vacas tuvieran pelaje liso y brillante. En caso de epizootias, se llevaba el ico­no de san Blas a los animales enfermos. Las iglesias puestas bajo su advocación suelen encontrarse junto a antiguos prados de pastoreo.
ICONOGRAFÍA 
 Tocado con una mitra a pesar de su origen oriental, a título de obispo de Sebaste, tiene como atributo habitual el rastrillo con que habría sido desgarrado. No obstante, con frecuencia suele estar caracterizado por dos cirios entrecruzados que aplica sobre la garganta a un enfermo, o un cirio en espiral. En España se lleva la mano al cuello. En Alemania se lo reconoce además por su corno (Blasiushorn) que se conserva en Brunswick. Suele asociárse­lo con otros intercesores, especialmente san Erasmo y san Gil (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de San Blas, en la Iglesia del Convento de Santa Inés, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 2 de febrero de 2020

La Capilla del Mariscal, en la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla del Mariscal, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
   Hoy, 2 de febrero, es la Fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José, y lo que pudo aparecer como cumplimiento de la ley mosaica se convirtió, en realidad, en su encuentro con el pueblo creyente y gozoso. Se manifestó, así, como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Capilla del Mariscal, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla, puesto que el retablo principal de la misma está dedicado a la Purificación de la Virgen o de la Presentación de Jesús en el Templo.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     En la Catedral de Santa María de la Sede podemos contemplar la Capilla del Mariscal [nº 052 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Recibe esta capilla, desde 1553, el apelativo por su patrono, el mariscal Diego Caballero, pues su advocación es de la "Purificación de Nuestra Señora", aunque en la reja, que ya existía en 1579, figura un "Santo Entierro" (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
   Junto al Antecabildo y la Sala de Ornamentos (Contaduría Mayor) de la Catedral de Santa María de la Sede se encuentra la Capilla del Mariscal, dotada por Diego Caballero de la Rosa rico mercader y armador de buques, Mariscal de la Isla de la Española y Caballero Veinticuatro de la ciudad, el cual entregó al Cabildo de la Catedral de Sevilla en 1.553, la nada despreciable suma de 26.000 maravedíes para fundar una capellanía en la que situar el retablo pictórico que persiste en la actualidad, verdadera joya del arte renacentista.
   A dicha Capilla del Mariscal se accede por una espléndida reja, realizada en 1.555 por Pedro Delgado, siguiendo un diseño del entonces maestro mayor Martín de Gaínza; en su remate figura una soberbia representación  a doble cara del Santo Entierro. Igualmente, a Martín de Gaínza se le deben las trazas de la capilla aunque, por la fecha de su fallecimiento, 1.556, es posible que su sucesor en el cargo, Hernán Ruiz II, también interviniera de alguna manera.
   El retablo dedicado a la Purificación de la Virgen María, se ejecutó por el entallador Pedro de Becerril, con proyecto de de Hernán Ruiz II o de P. de Campaña?. Se compone de banco, cuerpo y remate. Soportes abalaustrados, tetrástilos, y dos pequeñas esculturas representando a San Pedro y San Pablo, a modo de acróteras. Se fecha en 1555 conteniendo las pinturas de Pedro de Campaña y Antonio de Arfián?.
   El retablo estaba situado originalmente en el muro opuesto al actual pero, debido al inicio de las obras de la Sala Capitular y la Sala de Cuentas, era necesario abrir un paso hacia dicha zona... El caso es que en 1.560 el retablo ocupaba el lugar actual y la capilla era lugar de paso entre la zona administrativa y de gobierno del Cabildo y la zona pública de la Catedral.
   El retablo de la Purificación de la Virgen tiene planta poligonal, adaptándose a la forma del muro ante el que se sitúa. Se compone de banco, cuerpo con tres calles, ático y remate. Conforman las calles cuatro columnas muy decoradas con relieves y pinturas, sobre las que se apoya un entablamento decorado con candelieri típicamente renacentistas.
   Aparecen en el lado izquierdo del banco un retrato de don Diego Caballero, su hijo y su hermano Alonso, en el centro Jesús entre los doctores y, a la derecha, otro retrato con doña Leonor de Cabrera (esposa de don Diego), su hermana doña Mencía (esposa de Alonso) y sus hijas.
   En el cuerpo principal, la tabla central, de mayor tamaño que las demás, representa La Purificación de la Virgen, también conocida como La Presentación de Jesús en el Templo; en ella, Pedro de Campaña recrea grabados de Durero y Rafael, realizando una de las mejores composiciones de la pintura renacentista española. El conjunto de figuras femeninas que intervienen en esta escena tiene una significación alegórica, ya que cada una de ellas simboliza las virtudes que habían de adornar a la Virgen en su vida futura; así se pueden identificar a la Caridad, Templanza, Justicia, Fortaleza, Prudencia, Fe y Esperanza. A la izquierda de la tabla principal encontramos a Santo Domingo (arriba) y a un políticamente incorrecto en la actualidad Santiago en la batalla de Clavijo (abajo); a la derecha, La imposición de la casulla a San Ildefonso (abajo) y La estigmatización de San Francisco (arriba). En el ático vemos La Resurrección de Cristo y, más arriba, en el remate, El Calvario; en los lados, sobre las columnas exteriores podemos observar dos pequeñas tallas que representan a San Pedro y San Pablo. 
 Una vidriera de Arnao de Flandes (sobre 1.556) con la escena de Los Desposorios de la Virgen, ilumina la capilla (José Hernández Díaz,  Retablos y Esculturas; Juan Miguel Serrera, Pinturas y Pintores del siglo XVI en la Catedral de Sevilla; Víctor Nieto Alcaide, Las Vidrieras de la Catedral; y Alfredo J. Morales, Artes Aplicadas e Industriales en la Catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1991).    
     Catedral, capilla de la Purificación o del Mariscal. Tabla principal del retablo. Mide 3,13 x 2,10 m. y es una de las obras más importantes del célebre pintor Pedro de Campaña (1555-56). En torno al grupo central de la Virgen y el anciano Simeón con el Niño en brazos, se ordenan  una serie de personajes femeninos, puramente rafaelescos, que simbolizan las Virtudes (Caridad, Templanza, Justicia, Fortaleza, Fe, Esperanza). Todo ello constituye un sentido homenaje a la Madre de Dios. En primer término hay un mendigo echado en tierra, que con el gesto de su mano inicia una imaginaria línea quebrada, en torno a la cual se articulan ingeniosamente los demás personajes. La claridad del dibujo y la elegancia de los gestos evidencian la formación italiana de su autor (Juan Martínez Alcalde. Sevilla Mariana. Repertorio Iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Fiesta de la Presentación del Señor;
   La ley mosaica prescribía dos ceremonias vinculadas con el nacimiento de un niño. Si era de sexo masculino, debía ser circuncidado. Al tiempo que la madre, considerada impura después del parto, debía purificarse, presentar a su primogénito en el templo y recuperarlo del Señor por medio de una ofrenda.
   La circuncisión debía realizarse ocho días después del nacimiento, y la Purificación, cuarenta días más tarde.
   Esas dos escenas, que presentan temas análogos, han sido frecuentemente confundidas en el arte cristiano.
La presentación del niño Jesús en el templo o la purificación de la Virgen
   Presentación de Jesús en el templo, Purificación de la Virgen, Candelaria, son otros tantos nombres que designan la misma fiesta celebrada el 2 de febrero, cuarenta días después de Navidad (Cuadragésima de Epifanía). Esta triple serie de nombres se encuentra en todas las lenguas.
l. Presentación del Niño Jesús en el Templo
2. La Purificación de la Virgen
3. Candelaria
El relato evangélico
   La Presentación en el templo sólo se relata en el Evangelio de Lucas 2: 22 - 40.
   Los otros no dicen nada acerca de ello.
   «Así que se cumplieron los días de la purificación conforme a la ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor, según está escrito (...) y para ofrecer en sacrificio, según lo prescrito en la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.
   «Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel y el Espíritu Santo estaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Movido del Espíritu, vino al templo, y al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribe la Ley sobre Él. Simeón le tomó en sus brazos y, bendiciendo a Dios, dijo: Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos; luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo Israel.» Y dirigiéndose a María dijo: «...y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones. 
 «Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, muy avanzada en días, que había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro.... Como viniese en aquella misma hora, alabó también a Dios y hablaba de Él a cuantos esperaban la redención de Jerusalén (...) Cumplidas todas las cosas según la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a la ciudad de Nazaret.»
   Las dos prefiguraciones bíblicas de la Presentación del Niño Jesús en el templo son el Destete de Isaac y la Consagración del niño Samuel al Señor.
Liturgia judía y católica
   Para comprender el tema iconográfico es necesario conocer no sólo la fuente de las Escrituras de donde ha tomado el tema el arte cristiano, sino también los ritos de la Purificación en la ley mosaica y en el culto católico.
   La ley de Moisés (Éxodo, 13: 2) obligaba a todos los judíos a consagrar a los primogénitos al Señor en conmemoración de la salida de Egipto, y a redimirlos mediante un canon de cinco siclos y el sacrificio de un cordero. La ley era formal:
   «...consagrarás a Yavé todo cuanto abre la vulva; y de todo primer parto de los animales que tengas, el macho lo consagrarás a Yavé». 
 Además, de acuerdo con el ritual del Levítico (12: 1 - 8), toda parturienta se consideraba impura durante los siete días siguientes al nacimiento de un varón y durante treinta y tres días se le vedaba la entrada en el templo. Por lo tanto, debía dejar pasar cuarenta días para presentar a su hijo en el templo y depositar la ofren­da.
   Puede asombrar que la Virgen se haya sometido a esta regla que no podía aplicarse a su purificación, puesto que había parido milagrosamente sin perder su virginidad, es decir, sin mancha alguna. Los teólogos explican que fue para dar ejemplo de humildad y de obediencia a la Ley que la Virgen quiso someterse  a esas prescripciones legales que para ella no tenían sentido. De la misma manera que Jesús se había sometido a la Circuncisión sin necesidad, la Virgen no eludió la obligación ritual de la Purificación, preocupada, antes que nada, por no «derogar» la Ley.
   Redime a su hijo ofreciendo una pareja de tórtolas, que era la ofrenda de los pobres, mientras que el cordero era la de los ricos. Habría podido, según parece, comprar un cordero con el oro del Rey Mago; pero los teólogos, que tienen respuesta para todo, replican que ese oro fue inmediatamente distribuido en forma de li­mosnas. 
 Sobre esta liturgia hebrea se injertó la liturgia católica de la bendición de los cirios, que ha dado su nombre a la Candelaria, o Fiesta de las candelas (Festum Candelarum), porque la procesión se hacía con cirios encendidos. Ese día «los cristianos suelen tener cirios o candelas en sus manos en la santa iglesia, y ofrecerlas a la Madre de Dios».
   A decir verdad, esta ceremonia no es más que un vestigio de un antiquísimo rito lustral pagano, el de la katharsis, que se celebraba con antorchas destinadas a espantar a los espíritus de las tinieblas. Así era como los griegos conmemoraban la búsqueda de Perséfone después de su rapto por Hades, y celebraban los romanos la fiesta de las Ambarvalia.
   De acuerdo con ciertos historiadores de las religiones, la fiesta cristiana de la Purificación de la Virgen habría sustituido a la fiesta pagana de las Lupercales. Pero Dom Leclerq observa con fundamento que no hay ninguna semejanza en ritual ni coincidencia de fechas.
   Durante el reinado de Carlomagno la Purificación se convirtió en una fiesta mariana en los países occidentales.
La fecha de la fiesta
   La Purificación no podía realizarse antes de pasados cuarenta días desde el momento del parto. Los orientales, que celebraban la Natividad el 6 de enero, fijaron en consecuencia la fecha de la Presentación el 15 de febrero.
   Cuando la Iglesia romana decidió que la Natividad sería conmemorada el 25 de diciembre y no el 6 de enero, la fiesta de la Presentación se adelantó inexorable­mente trece días y se fijó el 2 de febrero.
   La Iglesia bizantina acabó aceptando esa rectificación en el siglo VI.
El tema iconográfico
   Al analizar este tema complejo se descubren tres y hasta cuatro motivos com­binados:
1. La Presentación del Niño en el templo.
2. La Ofrenda lustral de la Virgen.
3. La procesión de los cirios.
4. El Cántico del anciano Simeón (Nunc dirrtitis).
1. La Presentación del Niño
   De acuerdo con el momento elegido, la escena presenta dos aspectos diferentes. Ya María presenta el Niño al anciano Simeón, ya éste devuelve el Niño a su madre. En el primer caso la Virgen está de pie, en el segundo está arrodillada.
   Aunque no haya sido sumo sacerdote, Simeón está tocado con mitra o tiara y tiene las manos veladas en señal de respeto. Ese rito oriental vuelve a encontrarse en el Bautismo de Cristo, donde los ángeles tienen igualmente las manos vela­das. 
 Como en la escena de la Natividad, ocurre que el Niño esté de pie o acostado sobre el altar, para significar que desde su nacimiento está marcado por su carácter de víctima expiatoria y predestinada al sacrificio. A veces la Virgen y Simeón lo levantan por encima del altar. En el siglo XVII ciertos pintores alemanes hacen planear a la paloma del Espíritu Santo en lo alto de la composición.
   La profetisa Ana, que tiene el mismo nombre que la madre de Samuel y la madre de la Virgen, asiste al viejo Simeón. Ella simboliza a la Sinagoga y sostiene las Tablas de la Ley donde se desarrolla un texto profético.
2. La Ofrenda lustral
   José, que es sólo un personaje secundario, lleva en las manos, en los pliegues de su manto, en un cesto o en una jaula de alambre, las dos tórtolas, modesta ofrenda de los pobres. A veces suma a los palominos una pequeña suma en metálico y se le ve desatar el cordón de la bolsa para extraer el óbolo, refunfuñando.
   Con frecuencia es una criada de la Virgen quien lleva las palomas.
   En el arte ruso, por ejemplo en un fresco (actualmente destruido) de Nereditsa, cerca de Novgorod, las palomas son tres.
3. La Procesión de los cirios
   Este tema no es de origen bíblico, y constituye un típico ejemplo de enriquecimiento de un motivo iconográfico a través de la liturgia.
   Los portadores de cirios son generalmente José (que ya sostenía un candil para iluminar el pesebre de la Natividad), la Virgen y sus criadas. En su cuadro del Museo de Darmstadt, Stephan Lochnerles agregó una procesión de niños de coro, alineados como tubos de órgano según sus estaturas. El suelo está alfombrado de hojas de acebo con pequeñas bayas rojas, follaje de invierno que recuerda la fecha de la fiesta de la Candelaria, el 2 de febrero.
   Esta tradición popular es muy antigua. Ya en el siglo XII, en una vidriera de Chartres, se ve a la Virgen seguida de mujeres que llevan cirios encendidos. El arte pictórico del siglo XV se apropió del tema.
4. El Cántico del anciano Simeón (Nunc dimitis)
   Simeón pide a Dios que lo deje morir después de haber tenido la alegría de ver al Mesías. Y predice a la Virgen que una espada le atravesará el corazón.
   Es el origen del tema de la Virgen de los siete Dolores (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor el significado de la Fiesta de la Presentación del Señor
   La primera noticia conservada de la conmemoración litúrgica de la presentación de Jesús en el Templo (Lucas 2, 21 ss.) nos la da Egeria en su peregrinación a Jerusalén a finales del siglo IV. Se llamaba Quadragesima de Epiphania porque entonces se celebraba aún el nacimiento también el seis de enero, es decir, el catorce de febrero.
   Junto a la Presentación del Señor como primogénito (cf. Éxodo 13, 1 ss.), motivo central de la fiesta pese a su título mantenido hasta la última reforma del calendario romano, en la que también María cobra una importancia especial por la profecía de la espada, va pareja la purificación de María (cf. Levítico 12, 1 ss.), pues toda mujer que pariera un varón debía presentarse para su purificación acaba la cuarentena, rito al que se somete por humildad. Ambas ceremonias se reseñan en aparece en Lucas 2, 22: “Cumplidos los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor”.
   Desde Jerusalén se fue extendiendo por Oriente. En Constantinopla, donde se celebraba ya a principios del siglo VI, tenía ya esta fiesta un carácter mariano muy marcado, pues se invitaba en ella a recurrir a la intercesión mariana y la corte imperial la celebraba en el templo mariano de la Blancherna.
   El Emperador Justiniano I, en agradecimiento por atribuir a la intercesión mariana el cese de una epidemia, en el 542 extendió su celebración a todo su Imperio como día festivo. Se trasladó al dos de febrero porque la Navidad ya había sido fijada el veinticinco de diciembre.
   A Roma la debieron llevar los monjes bizantinos. Según el Liber Pontificalis, la fiesta de la Purificación, a la que, según la ley mosaica tuvo que someterse María (Lev. 12, 2-8), se celebraba ya en Roma con carácter mariano en el pontificado de Sergio I (687-701), de origen sirio.
   El título de Purificación aparece por primera vez en el Sacramentario Gelasiano (siglo VIII), y se cree de procedencia galicana, aunque este tema no desempeña papel alguno en los textos eucológicos que se centran en la figura de Jesús, aunque pasó al Misal Romano, hasta la reforma de 1969, en que pasó a denominarse de la Presentación del Señor.
   San Cirilo de Alejandría, a principios del siglo V, ya habla de las candelas (Patrologia Graeca, vol. 77, col. 1040 s). En Roma aparece ya la procesión de los cirios en el Orden de San Pedro, del 667, que es ratificada por el citado Sergio I, por lo que la fiesta recibe el nombre popular de Candelaria. El origen de las luces quizá provenga de que estas procesiones eran nocturnas.
   Esta procesión en Roma tenía un marcado carácter penitencial, pues la comitiva pontificia iba descalza, con ornamentos primero negros y luego morados, color que se conservó hasta la reforma de 1969. Debió adquirirlo, lo que se cree a partir de Beda, como desagravio por los Amburbalia, fiesta pagana de purificación de la ciudad, que consistía en recorrer la muralla procesionalmente llevando las víctimas a sacrificar una vez acabado el itinerario, celebrada por última vez el 394. Aunque era una fiesta movible, se solía celebrar en febrero.
   La primera bendición de las candelas se remonta a finales del siglo IX y era precedida de la bendición del fuego como en la vigilia pascual: se interpreta como una fiesta de la luz como símbolo de Cristo, basándose en la profecía de Simeón: “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.
   La bendición solemne de las candelas empezó en la Iglesia galicana en el siglo X, y de ahí se fue difundiendo con lentitud En Roma se documenta por el Sacramentario de Padua, en una adición del mismo siglo X. En la Península Ibérica, ya presente en el siglo XI, y después por el resto de Europa (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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sábado, 1 de febrero de 2020

La Iglesia de Nuestra Señora de la O

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Nuestra Señora de la O, de Sevilla.  
     Hoy, 1 de febrero, en Kildare, lugar de Irlanda, Fiesta de Santa Brígida, abadesa, que fundó uno de los primeros monasterios de la isla y, según se cuenta, continuó el trabajo de evangelización iniciado por San Patricio (c. 525) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la iglesia de Nuestra Señora de la O, cuyo origen fue el templo-hospital de Santa Brígida, de Sevilla.  
   La Iglesia de Nuestra Señora de la O [nº 89 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 24 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Castilla, 30; en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito de Triana.
     Una vieja antífona de la Catedral de Toledo da nombre a la segunda parroquia más antigua de Triana. O Sapientia, O Vadix Jesse, O Clavis David, O Oriens Splendor, O Rex Gentium, O Enmanuel. Un rezo que era aclamado a voces por los canónigos toledanos y que da título a la Virgen de la Esperanzan o de la Expectación, la iconografía de la Virgen inspirada en el Apocalipsis que representa a la embarazada que dará a luz al Niño Jesús. La advocación tuvo hermandad propia en el antiguo templo de las Santas Brígida, Justa y Rufina, lugar donde se unificarían en 1569 ambas hermandades. Pocas son las noticias de un templo probablemente pequeño, más cercano a la categoría de ermita. Ello motivó su derribo en el año 1697 para procede a la construcción de un nuevo edificio. Las obras fueron dirigidas por el cantero Antonio Gil, que siguió los diseños de los hermanos Félix y Pedro Romero. Su ejecución debió marchar a buen ritmo, ya que la nueva iglesia se consagró el día 2 de febrero de 1702. La antigua ermita ya había funcionado a comienzos del siglo XVII como ayuda parroquial de Santa Ana, condición que volvió a repetirse a comienzos del siglo XX y que se consagró definitivamente el 23 de julio de 1909, cuando el cardenal Almaraz le concedió la categoría parroquial. Sufrió el templo el asalto de radicales en 1936, perdiéndose parte de su patrimonio artístico, aunque el templo no fue incendiado en su conjunto como ocurrió con otras iglesias de la ciudad. En 1992 fue restaurado con el patrocinio de la Real Maestranza de Caballería.
     La iglesia se abre a la calle Castilla (antes llamada Castilleja), por una portada lateral coronada por arco de medio punto enmarcado por pilastras toscanas. Sobre el acceso se sitúa un frontón partido en cuyo tímpano aparece un gran escudo con una "O" sostenida por ángeles. A los pies del templo se sitúa la pequeña torre, con una interesante decoración de azulejos. Se distingue una Apoteosis de la Eucaristía y un San Andrés con una inscripción que fecha la obra en 1699. De gran interés es el retablo cerámico que representa a Jesús Nazareno, una obra de 1760 que puede considerarse como la precursora de la posterior tradición de retablos cerámicos con imágenes titulares de la Semana Santa, siendo la más antigua pieza conservada de estas características. En la torre se distingue también un pequeño azulejo que representa a San Ildefonso, estando rematado su único cuerpo de campanas con un chapitel cerámico de tipo bulboso. Como elemento decorativo flanquean las hornacinas unas columnas salomónicas adosadas que recuerdan el modelo de la parroquia de San Román. En una de las últimas restauraciones de la torre fue muy comentado el hallazgo en un nicho de su interior los restos de un bebé fallecido en siglos pasados.
     Ya en el interior se aprecia la tradicional estructura de iglesia de tres naves, con presbiterio destacado y coro en la zona de los pies. La división entre naves se hace mediante arcos de medio punto que se sostienen por columnas de mármol rojo, estando cubierta la nave central con bóveda de cañón y lunetos y las naves laterales con bóveda de arista. En el presbiterio se sitúa el retablo mayor, obra barroca de Miguel Franco terminada en 1716 y que está formada por un banco, un amplio cuerpo central subdividido en tres calles por columnas salomónicas y ático. Aunque dependiendo de los cultos puede variar su ubicación, preside el cuerpo principal sobre peana de ángeles, la imagen de la Virgen de la O, dolorosa realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1937 para sustituir a la talla destrozada en el asalto al templo de 1936. (Los restos de la antigua dolorosa fueron recompuestos y se conservan en las dependencias interiores de la hermandad). Esta imagen fue coronada canónicamente en junio de 2007. A ambos lados de la imagen titular se sitúan las tallas barrocas de Santa Bárbara y de Santa Brígida, recuerdo de la primitiva advocación de la capilla. Sobre la hornacina que cobija a la imagen de San Miguel Arcángel se sitúa el ático, con un relieve de Dios Padre entre ángeles. Fue dorado el conjunto por el maestro Juan Tejerizo. A ambos lados del presbiterio se sitúan dos notables ángeles lampadarios ya del siglo XVIII. 
     En la nave de la Epístola se abre la capilla sacramental, con una original decoración cerámica realizada en la trianera casa de García Montalbán. Insólito en la ciudad es el retablo que preside la estancia, realizado en cerámica, con una hornacina central que preside la excelente talla del Nazareno que realizó en 1686 Pedro Roldán, corriendo su policromía a cargo de Miguel Parrilla. En el asalto a la iglesia del año 1936 la imagen fue rota en pedazos aunque la intervención de Castillo Lastrucci permitió la feliz recuperación de su rostro y de sus manos, siendo el cuerpo una talla nueva diseñada para ser vestida. Junto a su devoción, la imagen es centro de numerosas leyendas como aquella que recoge la historia de unos marineros que donaron un gran caparazón de tortuga para la realización de su espectacular cruz procesional, donación motivada por la salvación de los donantes de un naufragio en los mares del Sur. Junto a la capilla se sitúa un lienzo de Santa Catalina de comienzos del siglo XVIII y un cuadro de San Juan  Evangelista en la isla de Patmos, obra de Juan del Castillo (hacia 1635). Ya en la cabecera de esta nave se sitúa un discreto retablo neoclásico que acoge el grupo de San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña, notable conjunto barroco de la segunda mitad del siglo XVII que suele atribuirse a Pedro Roldán, aunque atribuciones más recientes apuntan a la mano de Francisco Antonio Gijón. 
     En la cabecera del lado del Evangelio destaca la talla de la Virgen con el Niño, dinámico grupo del siglo XVIII que sigue los modelos de Pedro Duque Cornejo y que está flanqueado por dos ángeles lampadarios de la misma mano. En retablo neoclásico del muro izquierdo se sitúa la Virgen gloriosa con la advocación de la O, antaño situada en la hornacina superior del retablo mayor y hoy enmarcada en un retablo neoclásico que también cobijó el estandarte de la Virgen del Carmen del Puente de Triana. En la misma nave destacan algunas pinturas como el gran lienzo de Santa Bárbara, realizado por algún anónimo seguidor de Murillo y un cuadro anónimo que muestra al Nazareno camino del Calvario, probablemente inspirado en el titular de la cofradía, que regenta el templo.
     La hermandad de la O fue originalmente hermandad de gloria que en 1569, tras su fusión con la de Santa Brígida, se convirtió en penitencial. Daba culto inicialmente a un crucificado que, según algunas crónicas, se colocaba en su paso "con mucha indecencia" ya en el exterior de la calle, al no caber por el dintel de la puerta. El cambio de su titular por un nazareno pudo deberse, según algunos autores, a la talla del crucificado de la Expiración para la capilla del Patrocinio, situada al final de la misma calle Castilla. Tuvo una imagen de Jesús Resucitado que encargó en 1618 a Pedro Díaz de la Cueva y que se conserva hoy en Gines. En su larga historia contó con algunas piezas suntuosas de bordado, algunas de ellas conservadas en Jerez de la Frontera. En 1943 sufrió un aparatoso accidente la procesión al romperse los frenos de un tranvía en la calle Callao y arrollar el paso de la Virgen, aunque sin más consecuencias (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
    El proceso constructivo de esta iglesia se desarrolló entre 1697 y 1702, realizándose por el cantero Antonio Gil Gataón, quien siguió los proyectos de los hermanos Félix y Pedro Romero. La iglesia es de planta rectangular, constituida por tres naves de igual altura, y separadas por columnas de mármol rojo, que apoyan sobre basas del mismo material en color negro. En la nave izquierda se abre una portada formada por un arco de medio punto entre pilastras, que se remata con un frontón roto. La torre está decorada con azulejos trianeros que representan el camino del Calvario, la Imposición de la casulla a San Ildefonso y otros santos. Termina la torre en un cuerpo de campanas, con columnas salomónicas y un chapitel bulboso revestido de azulejos. Su construcción finalizó en 1699.
     El retablo mayor de la iglesia es de estilo barroco y fue realizado por Miguel Franco, estrenándose en 1716. Su hornacina central está ocupada por una escultura de candelero, de la Virgen de la O, obra moderna que pertenece al escultor Antonio Castillo Lastrucci. En los laterales del retablo figuran esculturas de Santa Brígida y Santa Bárbara. En el muro lateral derecho del presbiterio figura una pintura de San Juan Evangelista en Patmos, que puede ser atribuida a Juan del Castillo y fechable hacia 1630.
     El grupo escultórico, que representa a Santa Ana, San Joaquín y la Virgen, es una obra excepcional con figuras casi de tamaño natural, que pueden ser consideradas como una de las mejores creaciones de Pedro Roldán y fecharse hacia 1670.
     En la capilla colateral izquierda figura un retablo neoclásico con una imagen de gran tamaño, que representa a Santa Bárbara y es obra realizada hacia 1700 por algún anónimo seguidor de Murillo.
     En la nave derecha, se encuentra una escultura de la Virgen con el Niño, atribuida a Pedro Duque Cornejo, fechable hacia 1730. La capilla del Cristo alberga un retablo de azulejos modernos con una imagen de Jesús Nazareno, realizada por Pedro Roldán en 1685.
     Entre las piezas de orfebrería pueden mencionarse la cruz de carey de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de sección hexagonal y cantoneras de plata, labrada en 1713, y un ostensorio neoclási­co de fines del siglo XVIII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Hacia la mitad, aparece la colorista fachada de la igle­sia de Nuestra Señora de la O, con su graciosa torre decorada a base de azulejos sevillanos y la portada de piedra. Cons­truida por el cantero Antonio Gil Gataón entre los años 1697 y 1702, bajo proyecto de los hermanos Félix y Pedro Romero, tiene tres naves separadas por arcos de medio punto sobre columnas toscanas de mármol rojo. Cuatro columnas salomónicas muy decoradas resaltan en el altar mayor, construido en 1716 por Miguel Franco siguiendo las pautas del estilo barroco. En el camarín se venera la imagen de la Virgen de la O, una talla muy bella realizada después de la guerra civil por el sevillano Castillo Lastrucci. Dos obras esenciales guarda este templo, el Nazareno de la O, al que los vecinos llaman el Jorobadito, y el grupo de San Joaquín y Santa Ana con la Virgen, ambas de las mejores de Pedro Roldán (Rafael Arjona, Lola Walls. Guía Total, Sevilla. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Brígida, abadesa;
   Santa nacional irlandesa que ha reemplazado a una divinidad  pagana. Para sus compatriotas fue la Señora de Erin: The Lady of Erin, Domina Hiberniae. A veces, por error, se la ha creído escocesa porque casi hasta el siglo XIII la palabra Scotia se empleó contemporáneamente con Hibernia para designar a Irlanda, y porque a los monjes irlandeses se los llamaba Scoti.
   Nacida hacia 452, fue bautizada por un discípulo de san Patricio y fundó el convento de Kildare (Cell. Dara) en el condado de Leinster, del cual fue abadesa hasta que murió, en 524.
   Sorprendida por una tormenta mientras cuidaba su rebaño ovino, habría colgado sus ropas de un rayo de sol para secarlas. Además se le atribuye haber convertido en cerveza el agua de su baño; y haber arrastrado tras de sí, hacia su monasterio, a ocas y patos. Pero esta  santa rústica  debe su popularidad, ante todo, a una vaca, animal que ordeñaba ella misma y cuya mantequilla, también elaborada por ella, distribuía entre los pobres por medio de un ángel. Un día que recibió la visita de numerosos obispos, tuvo la idea de ordeñar tres veces en el mismo día a su vaca, que le dio tanta leche como tres buenas lecheras.
CULTO
   De la misma manera que los irlandeses asimilan san Patricio a Cristo, para ellos, Santa Brígida es una segunda Virgen María (altera Maria): la llaman Maria Hibernorum.
   Su culto es muy popular en los demás países celtas, en el País de Gales, donde hay diecisiete iglesias puestas bajo su advocación, y en la Bretaña armoricana. En Europa continental, el culto de la santa se difundió sobre todo en los Países Bajos y en las orillas del Rin. En Colonia había una iglesia puesta bajo su advocación. En el siglo VIII, las reliquias de Santa Brígida fueron transportadas al convento alsaciano de Hanau, y desde allí a Estrasburgo, a la iglesia de Saint Pierre le Vieux. Uno de sus santuarios más frecuentados era la iglesia de peregrinación de Plappeville, cerca de Metz. Es patrona de los lecheros y protectora de las vacas y de los corrales.
ICONOGRAFÍA
   Está representada ya con vestiduras de abadesa: túnica blanca y velo negro, con un cirio en la mano y una llama encima de la cabeza, ya como granjera, en una vaquería, batiendo la mantequilla, o como vaquera en el cam­po.
   Su atributo habitual es una vaca echada a sus pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen de la Esperanza;
   La representación de la Virgen en la espera del parto, denominada con el nombre de Nuestra Señora de la Expectación o de la Esperanza, no es del todo extraña al arte del siglo XIII, puesto que puede citarse un ejemplo en la catedral de León; pero se volvió frecuente a finales de la Edad Media. En efecto, en esta época la Iglesia instituyó la fiesta de la Expectación de la Virgen, fijada el 18 de diciembre, ocho días antes de Navidad.
   Una abadía belga tomó el nombre de Abadía de Buena Esperanza.
   Ese tema del embarazo parece haber sido particularmente popular en España y en Portugal donde las Vírgenes de este tipo llevan el nombre de Nuestra Señora de la O (Nossa senhora do O), sea a causa de la forma ovoidal de su vientre abombado, sea, de acuerdo con otra explicación tomada de la liturgia, porque en la semana precedente a la Natividad, las antífonas cantadas en los oficios comienzan por la letra O.
   Muchas de estas figuras no son, verosímilmente, más que elementos separados de grupos de la Visitación, donde la Virgen formaba pareja con su prima Isabel: en el vientre de las dos mujeres había una cavidad oval para alojar los embriones del Niño Jesús y de san Juanito (san Juan Bautista).
   Los pintores españoles representan a la Virgen en cinta con un sol sobre su vientre abombado.
   Las escuelas de pintura italiana y alemana también ofrecen algunos ejemplos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).   
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Expectación de la Virgen, llamada también Fiesta de la Esperanza
   Se estableció como fiesta principal de la Virgen de la liturgia hispánica, en conmemoración de la Encarnación del Verbo, en el X Concilio de Toledo, presidido por San Eugenio III Obispo de Toledo, celebrado el  656 durante el reinado de Recesvinto. Fue confirmada, así mismo, por su sucesor, San Ildefonso de Toledo, pues el anterior prelado murió al año siguiente de la promulgación, al que erróneamente se le atribuye el título que hoy tiene, pero al que pertenecen casi todos los textos eucológicos de la fiesta. Puesto que la observancia cuaresmal o la fiesta de Pascua imposibilitaban señalarla el veinticinco de marzo, nueve meses antes de Navidad, se decidió instaurarla en el contexto del Adviento, en la octava anterior a la celebración de nacimiento, fundamentándose en el ejemplo de Iglesias lejanas, quizás a la copta y a la etiópica. Fue la única fiesta mariana de la liturgia hispánica hasta que sobre el siglo IX se introdujo la de la Asunción. Recibe también el nombre popular de Fiesta de la O porque desde su víspera hasta el veintitrés se cantan solemnemente al Magníficat unas antífonas, que se hicieron muy populares, y que empiezan siempre por la exclamación latina O (español, Oh), para mostrar el perpetuo asombro del hombre por el nacimiento del Dios humanado. En la Iglesia de Inglaterra se adelantó ya en el medievo esta práctica al día dieciséis, señalando para el día veintitrés una octava antífona de tinte mariano: O Virgo virginum, que dice así: “Oh, Virgen de Vírgenes, ¿cómo ha de ser esto? / Ya que nunca antes hubo una como vos, ni la volverá a haber./ Hijas de Jerusalén, ¿por qué os maravilláis de mí? / Lo que vosotros admiráis es un misterio Divino”. Ésta pasó a utilizarse en la fiesta de la Expectación cuando se introdujo en el Rito Romano. Cuando se impuso en la Península Ibérica el Rito Romano a partir del siglo XI, se mantuvo como fiesta particular  hispana, con el título con que actualmente la conocemos, al tiempo que la festividad romana de la Anunciación del veinticinco de marzo pasó a ser introducida en el Missale Gothicum. En la reforma postridentina del Rito Romano esta fiesta fue aprobada por Gregorio XIII Buoncompagni en 1573 con la categoría de doble mayor en el Propio de Toledo. Las lecciones del breviario se tomaron del tratado De perpetua virginitate del citado San Ildefonso de Toledo. Esta Iglesia consiguió incluso el privilegio, aprobado el veintinueve de abril de 1634, de celebrarla incluso en concurrencia con el IV Domingo de Adviento. De aquí se extendió a casi todas las diócesis hispánicas.
   Del ámbito hispano pasó a otras Iglesias y congregaciones, a las que se les concedió: a Venecia y Tolouse en 1695, a los cistercienses en 1702, a Toscana en 1713, incluso a los Estados Pontificios en 1725 por Benedicto XIII Orsini (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Horario de apertura de la Iglesia de Nuestra Señora de la O:
             De Lunes a Domingos: de 10:00 a 13:30, y de 17:30 a 20:00

Horario de misas de la Iglesia de Nuestra Señora de la O:
            De Martes a Sábados: 19:00
            Viernes: 19:30
            Domingos: 12:00 y 19:00

Página web oficial de la Iglesia de Nuestra Señora de la O: www.hermandaddelao.es/parroquia

Más sobre el Camino de Santiago, a su paso por la ciudad de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Castilla, en ExplicArte Sevilla.

La Iglesia de Nuestra Señora de la O, al detalle:
Retablo Mayor
            Santa Brígida de Irlanda

Hermandad de la O
            Guión de Santa Brígida