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jueves, 2 de febrero de 2023

Los principales monumentos (Beaterio de San José; Ermitas de Nuestra Señora de Coronada, y de Nuestra Señora de España; e Iglesia de Nuestra Señora de Gracia) de la localidad de Calañas, en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Beaterio de San José; Ermitas de Nuestra Señora de Coronada, y de Nuestra Señora de España; e Iglesia de Nuestra Señora de Gracia) de la localidad de Calañas, en la provincia de Huelva.
Ubicación
     En la Comarca del Andévalo.
Breve reseña histórica
     Buscando cobre, oro y plata llegaron los tartesos y los romanos. El hallazgo de ánforas, lápidas y monedas nos hacen pensar en la existencia de una villa romana en <>.  Bajo la dominación musulmana fue englobado en la jurisdicción de la Cora de Niebla. En el Siglo XIII  fue concedida esta zona en señorío a don Alfonso Pérez de Guzmán, conde de Niebla y duque de Medina Sidonia como regalo del rey Enrique II.
     Durante los siglos XIV y XV se reforzó el poder señorial sobre los habitantes de la zona mediante el aumento de la fiscalidad, el arrendamiento de pastos a los ganaderos y el reparto de baldíos y tierras no sujetos a propiedad privada. La actividad principal en esta época era la ganadería con una importante cabaña ovina, caprina y porcina.
     En el siglo XIX, se reactivan las labores mineras con diferentes minas abiertas, aumentando su producción sobre todo después de la creación del ferrocarril.
     Hasta los años 60, Calañas vive un auge económico pero con el cierre progresivo de las minas y una agricultura de subsistencia, comienza la crisis de esta zona que continúa hasta la actualidad.
Patrimonio cultural y artístico
     Ermita de Nuestra Señora de la Coronada
     Ermita de Nuestra Señora de España
     Iglesia Parroquial Santa María de Gracia.
Fiestas y tradiciones
     Fiestas de la Virgen de la Coronada
     Noche de San Juan y San Pedro "Pirulitos"
     Fiesta de María Auxiliadora
     Velada de Sotiel Coronada
     Velada de La Zarza
     Velada de El Perrunal
     Fiestas de Agosto
Recursos económicos y sociales
     La agricultura es la base económica hoy en día, como lo fuera antes la minería.
Gastronomía
     El plato típico es el gurumelo, los potajes y las tortillas.  De los dulces más tradicionales destaca la esesita, elaborada para la Pascua. También se puede degustar el vino de la Virgen (mezcla de vino blanco del año con vino dulce) (Diputación Provincial de Huelva).
     Se sitúa Calañas en el centro de la comarca del Andévalo, en medio de una penillanura uniforme, delimitada por los ríos Oraque y Odiel y rodeada de algunas pequeñas elevaciones de escasa altitud, como la Sierra del Águila, Sierra Blanca o el Cabezo Morante. Su término municipal, de los más extensos de la provincia, presenta numerosas explotaciones mineras, base principal de la economía local, asociadas a las cuales discurren diversas líneas de ferrocarril, algunas hoy abandonadas, que han dejado huella en el folklore local.
     Los principales yacimientos arqueológicos de su territorio, datan de época romana y están asociados a las citadas explotaciones mineras. De «Sotiel» procede una plancha de cobre, conservada hoy en Inglaterra, con un texto alusivo al empleo de esclavos en las minas, actividad que desapareció durante la Edad Media. En época islámica, Calañas perteneció a la cora de Niebla y, tras la Reconquista a mediados del siglo XIII, quedó bajo jurisdicción real, pasando a principios del siglo XIV a depender de los condes de Niebla, como merced del rey Enrique II concedida a don Alfonso Pérez de Guzmán, por el apoyo prestado en las disputas con su hermano Pedro I por el trono castellano. Desde finales del siglo XV y a lo largo de todo el siglo XVI, la floreciente actividad ganadera se tradujo en un importante aumento demográfico y en la aparición de algunos ricos hacendados. Este panorama, se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, cuando, con capital extranjero, se reanudó la actividad minera, convirtiéndose Calañas no sólo en un centro productor sino en un importante nudo de comunicaciones de la provincia.
     Al Este de la población, a unos 15 metros del casco urbano, sobre un cerro de mediana altura, se localizan los restos del Castillo de Morante, datable en el siglo XV, donde aún son visibles vestigios de una cerca y, en su interior, de una torre con función de aljibe (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Hasta fechas recientes, también la historia de ca­ lañas se ha visto relacionada con la minería. En su extenso término municipal se encuentra la mina de la Zarza, explotada ya por los fenicios. En Sotiel se halló una plancha de cobre de época romana, con un texto en el que se reflejaba la utilización de esclavos en las minas. A mediados del siglo XIX, Calañas se convirtió en importante centro de explotación minera y también en destacado nudo de comunicaciones. Hoy, Calañas vive fundamentalmente de la agricultura. Sobresale en el caserío la fábrica grandiosa de la iglesia parroquial, que se refuerza exteriormente con sólidos machones. Su construcción se inició a comienzos del siglo XVI y se terminó en el XVIII. A la primera época corresponden la portada gótica con triple arco conopial y el primer tramo de las naves laterales, que luce bóveda de crucería. La torre, inspirada en la Giralda, se terminó alrededor de 1614. Adorna el interior de grandezas catedralicias un conjunto de esculturas y retablos de factura moderna, ya que la riqueza artística del templo fue destruida durante la Guerra Civil. Se salvaron algunas cosas de interés. Entre ellas, el cuadro de la Asunción de la Virgen (siglo XVIII), fragmentos de una cajonería de madera tallada alrededor de 1760 y varias piezas de orfebrería.
     Además de un beaterio levantado en el siglo XVIII, tiene Calañas dos ermitas: la de Nuestra Señora de la Coronada, edificio de origen medieval remodelado en el siglo XVI que se levanta a orillas del Odiel; y la de Nuestra Señora de España, que ha sido muy reformada desde el medievo y luce vistosos azulejos en las gradas del presbiterio (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012). 

Beaterio de San José
     Contó Calañas con un primitivo establecimiento de monjas carmelitas que, a mediados del siglo XVIII, a causa de los efectos del Terremoto de Lisboa, quedó seriamente dañado. A partir de 1760, fue posible plantearse su renovación al recibir las monjas un importante legado económico, tras quedar como herederas universales de la señora doña Isabel Damiana Tello de Eslava, viuda de don Francisco Román Meléndez, Oidor que fue de la Real Audiencia de la ciudad de Sevilla.
     Los planos del nuevo edificio fueron proyectados por los arquitectos Tomás Botani y Félix Serrano, comenzándose los trabajos de inmediato. En 1763, se estaba construyendo la nueva iglesia y, un año después, en 1764, al visitar las obras Ambrosio de Figueroa ya se levantaban los pilares del claustro. El proceso constructivo finalizaba a comienzo de 1765.
     Tras la desamortización eclesiástica, el edificio fue usado como colegio privado y, posteriormente, como residencia de ancianos, encontrándose en la actualidad en estado de abandono (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     
Ermita de Nuestra Señora de la Coronada
     A las afueras de la población, en un escarpado paraje junto al río Odiel, se encuentra la ermi­ta de la Virgen de la Coronada, patrona de Calañas; cuya devoción se extendió a otras poblaciones del entorno, fundamentalmente entre los vecinos de Valverde del Camino, que disputaron a los calañeses el dominio y administración del santuario, cuestión que no se resolvió definitivamente hasta finales del siglo XIX.
     Se trata de un edificio de una sola nave, con cuatro tramos separados por arcos transversales apuntados, que sostienen una simple cubierta de madera a dos aguas. Un arco toral de medio punto, da paso al presbiterio abovedado, al que se adosa un pequeño camarín. En el lado derecho se sitúan la sacristía y la casa del ermitaño. Todo el conjunto está rodeado de soportales.
     Este edificio, de origen medieval como ates­tiguan los arcos apuntados de la nave, fue profundamente remodelado en la segunda mitad del siglo XVI, momento al que corresponden la portada del hastial y los pórticos de los pies y del lado derecho; todo ello construido en fábrica de ladrillo de tradición mudéjar. Ya en el siglo XX se añadió el actual camarín y en 1981, siendo hermano mayor don José María de Soto Caballero, se construyeron los pórticos del lado izquierdo.
     La Virgen de la Coronada es una imagen de candelero, realizada por Sebastián Santos Rojas en 1937, que vino a sustituir a otra anterior del siglo XVIII, en cuyo interior se conservaba la primitiva imagen medieval.
     Las contrahuellas de las gradas del presbiterio, están decoradas con un interesante conjunto de azulejos pintados en azul sobre blanco, del siglo XVIII, junto a otros polícromos de comienzos del siglo XVII.
     También cabe destacar, un capitel romano de orden corintio, tallado en mármol blanco, que sirve actualmente como pila de agua bendita (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de una capilla de una sola nave, con dos arcos torales apuntados y otro de medio punto que sostienen una cubierta de par y picadero con tablazón de madera.
     El presbiterio se cubre con una cúpula rebajada con pinturas al fresco de estilo barroco, muy deterioradas y en mal estado que presentan incluso parches de enfoscado.
     En el lado de la Epístola se encuentra la sacristía y detrás del retablo el camarín de la Virgen. Esta nave se encuentra rodeada perimetralmente por porches que se han ido construyendo a lo largo de los años.
     La cubierta, muy movida, es de teja y presenta un aspecto pintoresco (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de Nuestra Señora de España
     Frente a la de Ntra. Señora de Coronada, ya en término de Beas, se encuentra la ermita de Nuestra Señora de España, lugar donde, según la leyenda, está enterado el rey godo don Rodrigo.
     Se trata de un pequeño edificio de una sola nave, con pórtico delantero de origen medieval pero profundamente remodelado en diversos momentos hasta nuestros días.
     En su interior recibe culto la Virgen de España, imagen de candelero para vestir, obra de Anto­nio Castillo Lastrucci del año 1956 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Iglesia de Nuestra Señora de Gracia
     Se trata de un templo de grandes dimensiones, de planta basilical, con tres naves separa­das por pilares cruciformes de orden toscano y cubiertas a la misma altura. Realizado en buena mampostería y ladrillo, destaca por su potente volumetría, sus firmes contrafuertes y su aspecto compacto y sobrio, sin apenas elementos decorativos.
     El edificio debió comenzarse a principios del siglo XVI, época de la que datan las dos bóvedas de crucería gótica del primer tramo de las naves laterales y la portada de los pies, de ladrillo aplantillado, resaltada sobre el plano de la fachada del hastial y formadas por tres arquivoltas conopiales, de estilo gótico-mudéjar, de la época de los Reyes Católicos.
     A una etapa posterior, corresponderían las bóvedas vaídas del presbiterio y de la sacristía adjunta, la media naranja con nervios radiales del primer tramo de la nave central y la torre, inusualmente adosada a la cabecera, elementos todos que responderían a los diseños de algún maestro mayor del Arzobispado de Sevilla, de los últimos años del siglo XVI o primeros del XVII. De hecho, la media naranja es de traza similar a de la parroquia de Valverde del Camino o a la de la sevillana parroquia de San Isidoro, proyectada, ésta última, por Vermondo Resta en esos años. La torre, con su potente caña y cuerpo de campanas con vanos de medio punto entre pilastras cajeadas dobles, inspirada en la Giralda, se estaba concluyendo en 1614, año en el que se compran los azulejos negros que decoran sus pilastras y los azules de su chapitel.
     Las restantes bóvedas de aristas de las naves, corresponden a una ampliación efectuada a partir del 1672 y que concluyó en los primeros años del siglo XVIII. En este momento, también fue trasladada la citada portada isabelina al nuevo hastial.
     Finalmente, las dos portadas laterales, de ladrillo aplantillado y diseño neoclásico, debieron realizarse a comienzos del siglo XIX, constando el año de 1808 en el entablamento de la del lado izquierdo.
     Entre 1856 y 1862 el arquitecto Manuel Portillo Navarrete sustituyó los deteriorados tejados de finales del siglo XVIII, por las actuales azoteas y más recientemente, se convirtió  la antigua sacristía en capilla Sacramental, trasladándose ésta a ciertos espacios residuales anexos a la cabecera por el lado izquierdo.
     A pesar de todas estas fases constructivas, de momentos y lenguajes muy diversos, el templo mantiene una gran homogeneidad estilística; destacando especialmente por su sobria monumentalidad.
     Destruidos sus bienes muebles en la Guerra Civil, ocupa hoy su presbiterio un retablo mayor neobarroco, que reproduce las líneas de otro antiguo diseñado por Pedro Roldán Villavicencio, hijo del célebre escultor homónimo, de principios del siglo XVIII y realizado por el tallista Fernando Alguacil. Está presidido por la imagen de la Virgen de Gracia, obra de Francisco Buiza, de 1948.
     Todas las demás esculturas y el lienzo del ático son modernos, a excepción de un Niño Jesús sobre el sagrario, datable en el siglo XVII, aunque muy intervenido y repintado posterior­mente.
     En el testero del lado izquierdo, se localiza el retablo de la Inmaculada Concepción, recom­puesto con elementos del siglo XVIII. La imagen titular es una escultura en madera policromada, obra de Antonio Bidón, hecha hacia 1940. Las restantes esculturas son de escayola, procedentes de aldeas desaparecidas.
     En el testero del lado derecho, sobre la puerta de acceso a la capilla Sacramental, se sitúa un lienzo de grandes dimensiones, que representa la Asunción de la Virgen rodeada de ángeles que portan escudos con el emblema de la «esclavitud de María», datable a finales del siglo XVII o principios del XVIII.
     Adosado al primer pilar de la izquierda, se encuentra un púlpito de forja barroca, realizado en 1706 por el herrero Antonio Roldán y de los pilares siguientes cuelgan dos cuadros, uno de la Virgen Coronada, con marco neobarroco firmado por J. Contreras Fernández en 1957, y el otro de la Virgen del Rosario, obra popular del siglo XIX.
     En los pies del templo, en el lado izquierdo, está la capilla de Animas, reconstruida a costa de doña María de la Concepción Conde Vélez, entre 1910 y 1950, momento al que corresponde un zócalo de azulejos de trepa, de talleres de Castellón. Contiene un lienzo de la Virgen del Carmen y las Ánimas Benditas, firmado por A. Brunt del año 1945, además de tres imágenes procesionales de vestir, de Francisco Buiza: un Jesús Nazareno, la Virgen de la Amargura y la Virgen de los Dolores.
     En el sotocoro encontramos un relieve del Bautismo de Jesús, en madera policromada, realizado por el citado Buiza, autor también de un Cristo crucificado en madera tallada y policroma­da, situado en el testero del brazo derecho del crucero.
     En la capi­lla Bautismal sólo destacamos una pe­queña lapida funeraria en mármol blanco, con una inscripción alusiva al  padre José Tixero, provincial que fue de la orden de San Agustín, muerto y enterrado en esta capilla en el año 1808.
     Ya en la sacristía, encontramos un lienzo con una escena del Calvario, de factura popular del siglo XIX; los fragmentos de una buena cajonería en madera tallada, de estilo rococó, datable hacia 1760, aunque repintada modernamente, y varias piezas de orfebrería, entre las que destacamos dos cálices de plata sobredorada, uno de estilo renacentista, de la segunda mitad del siglo XVI, con añadidos del XVII, y otro de procedencia americana, de estilo rococó, de la segunda mitad del siglo XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La Iglesia de Nuestra Señora de Gracia tiene planta de salón, con las naves laterales a la misma altura que la central.
     Presenta tres naves separadas por pilares cruciformes de orden toscano, divididas en cuatro tramos, con crucero en el último. Otro elemento que sobresale en la planta es la torre, cuya ubicación resulta, cuando menos, curiosa, e incluso poco ortodoxa. Se localiza en la zona central del testero, ligeramente desplazada hacia el este, tras el presbiterio, conformando un rectángulo que se introduce y sobresale de la planta de la Iglesia. La cabecera es de planta rectangular, con testero plano. La distribución de los planos es ligeramente irregular, ya que desde los pies a la cabecera las dimensiones van menguando en cada uno de los tramos hasta llegar al crucero, que se diferencia por su mayor dimensión. Los elementos sustentantes son potentes pilares cruciformes de considerable desarrollo. Respecto a la cubrición, la Iglesia posee un variado repertorio de tipos, destacando en el crucero la cúpula sobre pechinas con casetones en el tramo central, las bóvedas de crucería de los laterales y las bóvedas vaídas del presbiterio. Las demás naves se cubren por bóvedas de aristas. El espacio utilizado como capilla, la antigua sacristía, con la imagen del Sagrado Corazón, a la derecha del presbiterio, se cubre por una curiosa bóveda sobre trompas, de estilo gótico mudéjar. Una tribuna se alza sobre el primer tramo de las tres naves sobre arcos carpaneles.
     En el interior del templo, comenzando por la nave central, tras la portada principal accedemos al primer tramo, que se encuentra cubierto por una bóveda de arista formada por arcos carpaneles que soportan la tribuna, que se extiende por las tres naves del primer tramo. Los tres tramos se hayan separados entre ellos por sendos muros, por lo que el espacio central se asemeja más a un vestíbulo, que a un tramo de un templo. En cada una de las esquinas del muro de la fachada se adosan dos pequeñas pilas bautismales en piedra. En la nave central, adosado al tercer pilar del lado del Evangelio se encuentra el púlpito, obra barroca realizada en 1706 por el herrero Antonio Roldán en hierro forjado. Consta de dos cuerpos: basamento, formado por una estructura adosada al suelo y un vástago superior que se conecta con el segundo cuerpo. Ambos son de base cuadrada y están compuestos de cuatro balaustres en los ángulos y en los frentes con molduras que forman ochos y tallos estilizados que alternan con flores y hojas doradas. El segundo cuerpo se compone de una estructura de media esfera, a modo de peana que sostiene al cuerpo principal de forma octogonal dispuesto con antepecho de balaustres y la misma decoración de molduras, tallos y flores.
     El tornavoz que corona el púlpito es de época posterior. Se trata de una pieza de madera con forma octogonal, dispuesta con pináculos en sus vértices y rematado por una cruz. La capilla mayor o presbiterio es un espacio de planta rectangular cubierto por bóveda vaída. Presenta una ventana rectangular abocinada sobre la línea de imposta en el lado izquierdo, y como accesos tenemos la puerta que da paso a la sacristía, situada bajo la citada ventana y otro hueco que comunica con la Capilla del Sagrado corazón de Jesús. La zona del retablo se separa del altar mediante tres escalones.
     El retablo mayor neobarroco se encuentra inconcluso y es imitación de uno antiguo perteneciente al siglo XVIII, obra de Pedro Roldán. Aparece una verja de forja que delimita el presbiterio, del mismo material que las dos lámparas que cuelgan de los muros laterales, a media altura.
     Colindante a la capilla mayor, en la nave de la Epístola, se encuentra la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, antigua sacristía, que actualmente se ubica en el lado del Evangelio. Tiene planta cuadrada, con dos accesos, uno desde el presbiterio, y otro más amplio a la nave lateral a través de un arco de medio punto. Su altura se encuentra reducida a la mitad respecto el resto de las naves, quedando cubierta por bóveda sobre trompas, típicamente medieval, presumiblemente de lo más antiguo de la Iglesia.
     Una cancela de forja con decoración, marca la transición hacia el tramo lateral del crucero, éste de planta rectangular, se cubre mediante bóveda de crucería. El tercer tramo del lado de la Epístola está cubierto con bóveda de arista, al igual que los demás tramos hasta los pies. La portada lateral se abre tras un cancel de madera con decoración tallada de elementos geométricos. Dos pilas de agua bendita pétreas se sitúan en las esquinas de los pilares de este tramo.
     En el primer tramo del lado de la Epístola un vano de medio punto con reja metálica marca la división hacia el segundo tramo. En este habitáculo se encuentra como elemento más destacado la pila bautismal, y el acceso al coro. En el testero del lado del Evangelio se localiza el retablo de la Inmaculada Concepción, recompuesto con elementos del siglo XVIII.
     El tercer tramo es gemelo al de su lado opuesto, la portada lateral se abre tras un cancel de madera con decoración tallada de elementos geométricos y las pilas de agua bendita en los pilares. El segundo tramo acoge en el muro otro arco solio. El primer tramo lo ocupa una capilla dedicada a albergar la imaginería de la parroquia, cubierto con bóveda de arista pintada imitando sillares.
     La tribuna ocupa todo el primer tramo de las tres naves, presenta una balaustrada de piedra con pináculos decorativos.
     Todo el interior del templo está encalado en blanco, aun-que se remarcan con un tono grisáceo la línea de imposta y el basamento de los pilares y pilastras, extendiéndose en el caso del primero por todo el interior del perímetro de los muros, así como las líneas maestras de las bóvedas de crucería y de la cúpula central, remarcando su trazado de casetones. El templo se ilumina mediante ventanas rectangulares en cada tramo, en ambos lados. Además sobre la tribuna del primer tramo se abren tres óculos, uno par cada nave, ligeramente mayor en tamaño el central, y situado a mayor altura que los laterales.
     La disposición de las naves a la misma altura se traduce exteriormente en un volumen rotundo y compacto, con un marcado aspecto cúbico. Las cubiertas son planas, la notable entidad que adquieren los contrafuertes rectangulares en detrimento de los muros y el vuelo que presenta la cornisa, redundan en este aspecto volumétrico, subrayando y demarcando las líneas horizontales y verticales. De este modo el templo visto en el conjunto del caserío emerge como un gran bloque cúbico solamente animado por la torre y por la cúpula del crucero que se trasdosa al exterior. El alzado principal, el del lado oeste, donde se sitúa la portada principal, es de estructura rectangular, se divide en tres paños separados por contrafuertes de gran desarrollo, al igual que todo el perímetro del templo. Tres óculos con un ligero abocinamiento se abren en la zona alta de cada uno de los tramos, resultando algo mayor el del centro. Una cornisa de considerable vuelo remata la fachada, continuándose del mismo modo por todo el exterior del inmueble. Se disponen taludes entre los contrafuertes que contribuyen a afianzar la estructura.
     La portada principal se halla adelantada del resto de la fachada mediante una estructura acornisada en forma de alfiz en la que se aloja un arco conopial abocinado. El estilo se corresponde con el gótico final, y más concretamente al llamado estilo Reyes Católicos o Isabel. Pero lo realmente importante es la diferencia de estilo de la portada con respecto al edificio. Esta portada fue reaprovechada del primitivo templo gótico, trasladándola varios metros hasta al nuevo emplazamiento con motivo de la profunda reforma que sufrió el templo en el siglo XVII.
     El alzado sur se compone de cinco tramos, los tres primeros de igual tamaño, y los dos siguientes mayores, distinguiéndose el último por su disposición adelantada. En cada uno de los tramos se abre una ventana rectangular ligeramente abocinada, excepto en el último tramo, que son dos, dispuestos a eje.
     La portada lateral de este lado del Evangelio se sitúa en un paramento de muro del tercer tramo ligeramente adelantado del resto, pero sin llegar al nivel de los contrafuertes, bajo un arco escarzado. Se trata de una portada de tipo clasicista de elegantes proporciones que aún conserva restos de policromía que contrastan entre tonos rojizos y amarillos, según las zonas. Su vano es adintelado flanqueado por columnas toscanas de esbeltas proporciones y marcado éntasis sobre pedestal. Un entablamento decorado con placas rectangulares se adelanta hacia el espacio exterior en la continuación de las columnas, al igual que el frontón muy desarrollado, que se retrasa en la zona correspondiente a la puerta y que se decora con tiras de pequeños canes tanto interior como exteriormente. Tres pináculos moldurados completan su composición. Este alzado norte es similar al sur excepto en la cabecera, donde se sitúan las dependencias parroquiales hasta la mitad de la altura del muro, donde se abren dos pequeñas ventanas del mismo tipo que las demás. El cuarto tramo, contiguo a las dependencias parroquiales, presenta una ventana rectangular, pero más estrecha que las demás. En el tercer tramo, al igual que el lado sur, se abre la portada lateral, del mismo modo situada bajo arco escarzano. La disposición y los elementos son similares a las del lado opuesto, con ligeras diferencias como la ausencia del merlón decorativo en la clave del dintel y en el entablamento. La policromía se ha perdido casi totalmente. Ambas portadas laterales presentan sendas inscripciones, hoy difícilmente legibles.
     El aspecto de la cabecera es irregular debido al perfil escalonado en planta y a las diferentes alturas que presentan los diferentes volúmenes, así como por el particular emplazamiento de la torre.
     La torre situada tras el testero, en el ángulo que forma el presbiterio y la antigua sacristía, sobresale del perímetro del templo hacía el este. La torre consta de cuatro cuerpos. El primero bajo, a modo de basamento y más ancho que el resto, alcanza hasta la línea de cornisa del templo y presenta dos pequeñas aberturas en el flanco este, rectangulares y abocinadas. Un segundo cuerpo, que se podría denominar caña, en la que se encuentra una pequeña ventana en el mismo lado que las anteriores y el reloj hacia el norte. El cuerpo de campanas forma el tercer cuerpo, separado del anterior por una cornisa, consta de cuatro pilastras dóricas con tiras cerámicas azules dispuestas verticalmente, asimilando pilastras acanaladas que dejan tres tramos, teniendo el tramo central un hueco en forma de arco de medio punto que alberga las campanas, y en los dos tramos laterales aparecen tres rectángulos rehundidos. El último cuerpo comienza con un banco corrido por todo el perímetro, con rombos cerámicos decorados en damero blanco y azul, y rematado en las esquinas con jarrones cerámicos. El tambor es octogonal, presentando en cada una de las caras un rombo de mayor tamaño que los anteriores y de iguales características. El chapitel está recubierto por cerámica azul y blanca dispuesta en damero. Remata este cuerpo una veleta y una cruz.
     En la cabecera junto a la torre se sitúan las dependencias parroquiales, ocupando el ángulo entre la torre, la capilla mayor y el crucero, de estilo y configuración diferenciada. La altura que alcanza las dependencias parroquiales es aproximadamente la mitad que el resto de la obra y se remata por un par de cornisas. Presenta una puerta situada en alto respecto al nivel de la calle, además de dos ventanas rectangulares. Esta zona conserva restos de policromía en tono rojizo y amarillo. Desde la sacristía se accede a la sala que se ubica en la segunda planta sobre la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, espacio dedicado a las reuniones de las hermandades que desde el exterior parece un pequeño anexo que salva igual-mente el ángulo y completa el perfil irregular y achaflanado de la cabecera parroquial.
     El tipo de cubrición empleado en la Iglesia es de tipo aterrazado o plano. La cúpula central del templo está trasdosada al exterior, con cubierta de teja destacando como elemento sobresaliente. La cúpula que cubre el espacio superior a la capilla del Sagrado Corazón de Jesús también se trasdosa, aunque en menor medida que la central y sin tejas. El material utilizado en la construcción del templo es el mampuesto con ripios de diferentes tamaños y materiales que conforman la mayor parte de los paramentos, aunque también aparece de forma abundante el ladrillo, principalmente en las esquinas, a modo de refuerzo y en hiladas horizontales, que al mismo tiempo cumplen una función estética.
     La Iglesia es fruto de varias etapas constructivas que se prolongan en el tiempo durante más de tres siglos para dar lugar finalmente al templo actual. Las referencias de la parroquia de Calañas parten de la Edad Media, aunque el templo más antiguo del que tenemos noticia pertenece al gótico tardío, en torno al 1500, del que se conservan hoy día la portada de los pies, las dos bóvedas de crucería gótica del último tramo de las naves laterales y la antigua sacristía, hoy capilla del Sagrado Corazón. En el siglo XVI se apuntan intervenciones en la cúpula central y la torre. El siglo XVII supone la fase principal constructiva del templo, adquiriendo su aspecto actual en sus elementos fundamentales por medio de varias etapas constructivas, destacando la correspondiente a las dos últimas décadas del siglo XVII, momento en el que se amplía la Iglesia en una extensión de casi el doble de su anterior longitud, conservando la misma anchura de las tres naves así como la altura del crucero, dotándola de este modo de una entidad considerable. En el siglo XVIII la principal aportación al templo será la ejecución de las portadas laterales. El estilo que predomina es el barroco, en su versión de tipo clasicista, aunque se atempera con rasgos de otros momentos, como en el caso de la portada gótico-mudéjar perteneciente al templo anterior, estilo en el que debemos situar igualmente la antigua sacristía, hoy capilla del Sagrado Corazón de Jesús y las bóvedas laterales del crucero. El estilo de la cúpula central deriva de modelos renacentistas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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Más sobre la provincia de Huelva, en ExplicArte Sevilla.

La Hermandad de la Candelaria

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Candelaria, de Sevilla.  
     Hoy, 2 de febrero, es la Fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José, y lo que pudo aparecer como cumplimiento de la ley mosaica se convirtió, en realidad, en su encuentro con el pueblo creyente y gozoso. Se manifestó, así, como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de la Candelaria, de Sevilla.
   La Hermandad de la Candelaria, tiene su sede canónica en la Iglesia de San Nicolás de Bari [nº 21 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 10 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encuentra en la plaza de Nuestro Padre Jesús de la Salud, 1; y la Casa Hermandad se encuentra en la calle Federico Rubio, 4; ambas en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
       La Real, Imperial, Ilustre y Fervorosa Hermandad del Santísimo Sacramento, Ánimas Benditas, Nuestra Señora del Subterráneo y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Salud, María Santísima de la Candelaria y Señor San Nicolás de Bari; es ésta una corporación fundada en 1921, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Nicolás de Bari, del sevillano barrio de la Alfalfa, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Salud, obra anónima atribuible a Francisco de Ocampo hacia 1612-1615; María Santísima de la Candelaria, obra de Manuel Galiano en 1924, Nuestra Señora del Subterráneo, talla anónima del siglo XIV, y San Nicolás de Bari, obra anónima atribuible a la gubia de Sebastián Rodríguez, en 1689.
     El escudo de la Hermandad lo conforman dos óvalos, uno con el anagrama JHS y otro con los atributos de San Nicolás, rematados por el anagrama de María, la corona de su Realeza y el viril Sacramental. Dos palmas entrelazadas en la parte inferior rodean el conjunto.
     Se constituye esta Hermandad en la Iglesia de San Nicolás el 26 de Junio de 1921, al ser aprobadas sus primeras Reglas con fecha 4 de Junio de ese mismo año, haciendo Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral por primera vez el Martes Santo de 1922. Un grupo de cofrades y feligreses del barrio, impulsados por José Ruiz Escamilla, Pepe «el Planeta», pusieron todo su amor e ilusión en aquella cofradía que tendría por titular a una Imagen de Jesús Nazareno. Dicha Imagen había sido llevada en 1880 a la Parroquia de San Nicolás procedente de la Iglesia de la Magdalena, al altar que hasta entonces habían ocupado las Imágenes de la Hermandad de los Gitanos, que se había trasladado a San Román. Así, el Nazareno, que en su día fue titular de la extinguida Hermandad de la Antigua, Siete Dolores y Compasión, toma la advocación de Jesús de la Salud en recuerdo del titular de la Hermandad anteriormente establecida en el templo.
     Durante muchos años se difundió la errónea creencia de que la fundación de esta Hermandad se debió a un milagro obrado por la imagen del Señor de la Salud en la curación de la hija del fundador, Pepe el Planeta, y que esté en agradecimiento le erigiría la cofradía para darle culto. En efecto, este milagroso y legendario suceso ocurrió en el verano de 1922, cuando ya la Hermandad había efectuado su primera salida procesional.
     En el primer paso camina Jesús cargado con el peso de la Cruz, Imagen de gran mérito artístico atribuida tradicionalmente a Pedro Roldán y últimamente, con mayor fundamento, a Francisco de Ocampo y Felguera, que la ejecutaría a principios del siglo XVII. Es de talla completa y tamaño académico, inferior al natural, con túnica estofada, siendo restaurada en 1978 por el profesor Arquillo Torres y en 1997 por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. La canastilla y respiraderos del paso son de estilo barroco rocalla, con talla inspirada en los retablos de la iglesia de San Nicolás, estrenado en 1964 y reformado (nuevas cartelas y candelabros) en 1998.
     En el segundo paso, bajo palio, María Santísima de la Candelaria, imagen esculpida por Manuel Galiano Delgado en 1924 y remodelada por Antonio Dubé de Luque en 1967. Es destacable el armonioso conjunto del paso, con bordados en plata sobre terciopelo azul verdoso. La mayor parte de la orfebrería corresponde al taller de Manuel Román Seco, hermano que fue de esta corporación.
     El 10 de Noviembre de 1977 le son aprobadas nuevas Reglas de fusión con la Hermandad del Santísimo Sacramento y Nuestra Señora del Subterráneo de la Parroquia de San Nicolás, fundada en 1631, asumiendo por tanto el carácter sacramental y la recuperación del culto a la antigua imagen de la Virgen del Subterráneo.
     Desde 1976 el paso de palio de la Virgen de la Candelaria es portado por cuadrilla de hermanos costaleros, y un año más tarde lo hizo el paso de Cristo, siendo una de las cuadrillas de hermanos costaleros más veteranas de Sevilla.
     Dos son los momentos más significativos en el discurrir procesional de ésta cofradía: la difícil salida del templo y su recorrido por las calles del barrio de la Alfalfa y de regreso, por la noche, en el marco incomparable de los Jardines de Murillo y Paseo de Catalina de Ribera, itinerario que efectúa desde 1925.
     Lazos fraternales unen esta corporación con el Cabildo Insular de Tenerife, en razón del patronazgo sobre el archipiélago canario de la Virgen de la Candelaria, uno de cuyos miembros acude en representación para la Estación de Penitencia, así como con el Servicio de Parques y Jardines del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, que tiene a la Virgen de la Candelaria por co-patrona junto con San Isidro Labrador.
     TÚNICAS: Blancas de cola, con cinturón de abacá y escudo de la Hermandad en el centro del antifaz. Botonadura azul, sandalias color avellana y calcetín blanco (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Fiesta de la Presentación del Señor
   La ley mosaica prescribía dos ceremonias vinculadas con el nacimiento de un niño. Si era de sexo masculino, debía ser circuncidado. Al tiempo que la madre, considerada impura después del parto, debía purificarse, presentar a su primogénito en el templo y recuperarlo del Señor por medio de una ofrenda.
   La circuncisión debía realizarse ocho días después del nacimiento, y la Purificación, cuarenta días más tarde.
   Esas dos escenas, que presentan temas análogos, han sido frecuentemente confundidas en el arte cristiano.
La presentación del niño Jesús en el templo o la purificación de la Virgen
   Presentación de Jesús en el templo, Purificación de la Virgen, Candelaria, son otros tantos nombres que designan la misma fiesta celebrada el 2 de febrero, cuarenta días después de Navidad (Cuadragésima de Epifanía). Esta triple serie de nombres se encuentra en todas las lenguas.
l. Presentación del Niño Jesús en el Templo
2. La Purificación de la Virgen
3. Candelaria
El relato evangélico
   La Presentación en el templo sólo se relata en el Evangelio de Lucas 2: 22 - 40.
   Los otros no dicen nada acerca de ello.
   «Así que se cumplieron los días de la purificación conforme a la ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor, según está escrito (...) y para ofrecer en sacrificio, según lo prescrito en la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.
   «Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel y el Espíritu Santo estaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Movido del Espíritu, vino al templo, y al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribe la Ley sobre Él. Simeón le tomó en sus brazos y, bendiciendo a Dios, dijo: Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos; luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo Israel.» Y dirigiéndose a María dijo: «...y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones.
   «Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, muy avanzada en días, que había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro.... Como viniese en aquella misma hora, alabó también a Dios y hablaba de Él a cuantos esperaban la redención de Jerusalén (...) Cumplidas todas las cosas según la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a la ciudad de Nazaret.»
   Las dos prefiguraciones bíblicas de la Presentación del Niño Jesús en el templo son el Destete de Isaac y la Consagración del niño Samuel al Señor.
Liturgia judía y católica
   Para comprender el tema iconográfico es necesario conocer no sólo la fuente de las Escrituras de donde ha tomado el tema el arte cristiano, sino también los ritos de la Purificación en la ley mosaica y en el culto católico.
   La ley de Moisés (Éxodo, 13: 2) obligaba a todos los judíos a consagrar a los primogénitos al Señor en conmemoración de la salida de Egipto, y a redimirlos mediante un canon de cinco siclos y el sacrificio de un cordero. La ley era formal:
   «...consagrarás a Yavé todo cuanto abre la vulva; y de todo primer parto de los animales que tengas, el macho lo consagrarás a Yavé». 
 Además, de acuerdo con el ritual del Levítico (12: 1 - 8), toda parturienta se consideraba impura durante los siete días siguientes al nacimiento de un varón y durante treinta y tres días se le vedaba la entrada en el templo. Por lo tanto, debía dejar pasar cuarenta días para presentar a su hijo en el templo y depositar la ofren­da.
   Puede asombrar que la Virgen se haya sometido a esta regla que no podía aplicarse a su purificación, puesto que había parido milagrosamente sin perder su virginidad, es decir, sin mancha alguna. Los teólogos explican que fue para dar ejemplo de humildad y de obediencia a la Ley que la Virgen quiso someterse  a esas prescripciones legales que para ella no tenían sentido. De la misma manera que Jesús se había sometido a la Circuncisión sin necesidad, la Virgen no eludió la obligación ritual de la Purificación, preocupada, antes que nada, por no «derogar» la Ley.
   Redime a su hijo ofreciendo una pareja de tórtolas, que era la ofrenda de los pobres, mientras que el cordero era la de los ricos. Habría podido, según parece, comprar un cordero con el oro del Rey Mago; pero los teólogos, que tienen respuesta para todo, replican que ese oro fue inmediatamente distribuido en forma de li­mosnas. 
 Sobre esta liturgia hebrea se injertó la liturgia católica de la bendición de los cirios, que ha dado su nombre a la Candelaria, o Fiesta de las candelas (Festum Candelarum), porque la procesión se hacía con cirios encendidos. Ese día «los cristianos suelen tener cirios o candelas en sus manos en la santa iglesia, y ofrecerlas a la Madre de Dios».
   A decir verdad, esta ceremonia no es más que un vestigio de un antiquísimo rito lustral pagano, el de la katharsis, que se celebraba con antorchas destinadas a espantar a los espíritus de las tinieblas. Así era como los griegos conmemoraban la búsqueda de Perséfone después de su rapto por Hades, y celebraban los romanos la fiesta de las Ambarvalia.
   De acuerdo con ciertos historiadores de las religiones, la fiesta cristiana de la Purificación de la Virgen habría sustituido a la fiesta pagana de las Lupercales. Pero Dom Leclerq observa con fundamento que no hay ninguna semejanza en ritual ni coincidencia de fechas.
   Durante el reinado de Carlomagno la Purificación se convirtió en una fiesta mariana en los países occidentales.
La fecha de la fiesta
   La Purificación no podía realizarse antes de pasados cuarenta días desde el momento del parto. Los orientales, que celebraban la Natividad el 6 de enero, fijaron en consecuencia la fecha de la Presentación el 15 de febrero.
   Cuando la Iglesia romana decidió que la Natividad sería conmemorada el 25 de diciembre y no el 6 de enero, la fiesta de la Presentación se adelantó inexorable­mente trece días y se fijó el 2 de febrero.
   La Iglesia bizantina acabó aceptando esa rectificación en el siglo VI.
El tema iconográfico
   Al analizar este tema complejo se descubren tres y hasta cuatro motivos com­binados:
1. La Presentación del Niño en el templo.
2. La Ofrenda lustral de la Virgen.
3. La procesión de los cirios.
4. El Cántico del anciano Simeón (Nunc dirrtitis).
1. La Presentación del Niño
   De acuerdo con el momento elegido, la escena presenta dos aspectos diferentes. Ya María presenta el Niño al anciano Simeón, ya éste devuelve el Niño a su madre. En el primer caso la Virgen está de pie, en el segundo está arrodillada.
   Aunque no haya sido sumo sacerdote, Simeón está tocado con mitra o tiara y tiene las manos veladas en señal de respeto. Ese rito oriental vuelve a encontrarse en el Bautismo de Cristo, donde los ángeles tienen igualmente las manos vela­das.
   Como en la escena de la Natividad, ocurre que el Niño esté de pie o acostado sobre el altar, para significar que desde su nacimiento está marcado por su carácter de víctima expiatoria y predestinada al sacrificio. A veces la Virgen y Simeón lo levantan por encima del altar. En el siglo XVII ciertos pintores alemanes hacen planear a la paloma del Espíritu Santo en lo alto de la composición.
   La profetisa Ana, que tiene el mismo nombre que la madre de Samuel y la madre de la Virgen, asiste al viejo Simeón. Ella simboliza a la Sinagoga y sostiene las Tablas de la Ley donde se desarrolla un texto profético.
2. La Ofrenda lustral
   José, que es sólo un personaje secundario, lleva en las manos, en los pliegues de su manto, en un cesto o en una jaula de alambre, las dos tórtolas, modesta ofrenda de los pobres. A veces suma a los palominos una pequeña suma en metálico y se le ve desatar el cordón de la bolsa para extraer el óbolo, refunfuñando.
   Con frecuencia es una criada de la Virgen quien lleva las palomas.
   En el arte ruso, por ejemplo en un fresco (actualmente destruido) de Nereditsa, cerca de Novgorod, las palomas son tres.
3. La Procesión de los cirios
   Este tema no es de origen bíblico, y constituye un típico ejemplo de enriquecimiento de un motivo iconográfico a través de la liturgia.
   Los portadores de cirios son generalmente José (que ya sostenía un candil para iluminar el pesebre de la Natividad), la Virgen y sus criadas. En su cuadro del Museo de Darmstadt, Stephan Lochnerles agregó una procesión de niños de coro, alineados como tubos de órgano según sus estaturas. El suelo está alfombrado de hojas de acebo con pequeñas bayas rojas, follaje de invierno que recuerda la fecha de la fiesta de la Candelaria, el 2 de febrero.
   Esta tradición popular es muy antigua. Ya en el siglo XII, en una vidriera de Chartres, se ve a la Virgen seguida de mujeres que llevan cirios encendidos. El arte pictórico del siglo XV se apropió del tema.
4. El Cántico del anciano Simeón (Nunc dimitis)
   Simeón pide a Dios que lo deje morir después de haber tenido la alegría de ver al Mesías. Y predice a la Virgen que una espada le atravesará el corazón.
   Es el origen del tema de la Virgen de los siete Dolores (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor el significado de la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo;
   La primera noticia conservada de la conmemoración litúrgica de la presentación de Jesús en el Templo (Lucas 2, 21 ss.) nos la da Egeria en su peregrinación a Jerusalén a finales del siglo IV. Se llamaba Quadragesima de Epiphania porque entonces se celebraba aún el nacimiento también el seis de enero, es decir, el catorce de febrero.
   Junto a la Presentación del Señor como primogénito (cf. Éxodo 13, 1 ss.), motivo central de la fiesta pese a su título mantenido hasta la última reforma del calendario romano, en la que también María cobra una importancia especial por la profecía de la espada, va pareja la purificación de María (cf. Levítico 12, 1 ss.), pues toda mujer que pariera un varón debía presentarse para su purificación acaba la cuarentena, rito al que se somete por humildad. Ambas ceremonias se reseñan en aparece en Lucas 2, 22: “Cumplidos los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor”.
   Desde Jerusalén se fue extendiendo por Oriente. En Constantinopla, donde se celebraba ya a principios del siglo VI, tenía ya esta fiesta un carácter mariano muy marcado, pues se invitaba en ella a recurrir a la intercesión mariana y la corte imperial la celebraba en el templo mariano de la Blancherna.
   El Emperador Justiniano I, en agradecimiento por atribuir a la intercesión mariana el cese de una epidemia, en el 542 extendió su celebración a todo su Imperio como día festivo. Se trasladó al dos de febrero porque la Navidad ya había sido fijada el veinticinco de diciembre.
   A Roma la debieron llevar los monjes bizantinos. Según el Liber Pontificalis, la fiesta de la Purificación, a la que, según la ley mosaica tuvo que someterse María (Lev. 12, 2-8), se celebraba ya en Roma con carácter mariano en el pontificado de Sergio I (687-701), de origen sirio.
   El título de Purificación aparece por primera vez en el Sacramentario Gelasiano (siglo VIII), y se cree de procedencia galicana, aunque este tema no desempeña papel alguno en los textos eucológicos que se centran en la figura de Jesús, aunque pasó al Misal Romano, hasta la reforma de 1969, en que pasó a denominarse de la Presentación del Señor.
   San Cirilo de Alejandría, a principios del siglo V, ya habla de las candelas (Patrologia Graeca, vol. 77, col. 1040 s). En Roma aparece ya la procesión de los cirios en el Orden de San Pedro, del 667, que es ratificada por el citado Sergio I, por lo que la fiesta recibe el nombre popular de Candelaria. El origen de las luces quizá provenga de que estas procesiones eran nocturnas.
   Esta procesión en Roma tenía un marcado carácter penitencial, pues la comitiva pontificia iba descalza, con ornamentos primero negros y luego morados, color que se conservó hasta la reforma de 1969. Debió adquirirlo, lo que se cree a partir de Beda, como desagravio por los Amburbalia, fiesta pagana de purificación de la ciudad, que consistía en recorrer la muralla procesionalmente llevando las víctimas a sacrificar una vez acabado el itinerario, celebrada por última vez el 394. Aunque era una fiesta movible, se solía celebrar en febrero.
   La primera bendición de las candelas se remonta a finales del siglo IX y era precedida de la bendición del fuego como en la vigilia pascual: se interpreta como una fiesta de la luz como símbolo de Cristo, basándose en la profecía de Simeón: “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.
   La bendición solemne de las candelas empezó en la Iglesia galicana en el siglo X, y de ahí se fue difundiendo con lentitud En Roma se documenta por el Sacramentario de Padua, en una adición del mismo siglo X. En la Península Ibérica, ya presente en el siglo XI, y después por el resto de Europa (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad de la Candelaria: www.hermandaddelacandelaria.com

La Hermandad de la Candelaria, al detalle:
- Día de Salida Procesional: Martes Santo
- Imágenes Titulares:   - Nuestro Padre Jesús de la Salud
                                       - María Santísima de la Candelaria

miércoles, 1 de febrero de 2023

La Viña de Santa Brígida, en Cazalla de la Sierra (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Viña Santa Brígida, en Cazalla de la Sierra (Sevilla).
     Hoy, 1 de febrero, en Kildare, lugar de Irlanda, Fiesta de Santa Brígida, abadesa, que fundó uno de los primeros monasterios de la isla y, según se cuenta, continuó el trabajo de evangelización iniciado por San Patricio (c. 525) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Viña Santa Brígida, en Cazalla de la Sierra (Sevilla).  
     La Viña Santa Brígida, se encuentra al noroeste del casco urbano; en Cazalla de la Sierra (Sevilla).
     Hasta hace poco constituía uno de los últimos vestigios de la economía vitivinícola cazallera, no en vano la propiedad que la circunda exhibía uno de los principales viñedos de la zona. El pequeño caserío cobra prestancia al estar emplazado en una suave loma que permite la visualización de sus distintos componentes arquitectónicos desde la distancia. Hoy en día, sin embargo, el cultivo predominante en su entorno es el olivar, alternado con algunas hojas de cereal.
     Estamos ante un caso que podríamos calificar de atípico respecto a la arquitectura tradicional del lagar en la Sierra Norte.
     Frente a la habitual concepción nuclear longitudinal, que economiza y racionaliza el espacio disponible, aquí observamos el agrupamiento de una serie de unidades que definen un patio y un jardín rectangular, abierto al suroeste, sin que pueda entenderse este vacío como generador básico del complejo. 
   La razón de esta novedad cabe explicarla, en primer lugar, por la topografía, menos restrictiva que en otros casos, sino que, fundamentalmente, ha de tenerse en cuenta el momento de construcción del complejo, finales del XIX o principios del XX, cuando se introducen nuevas técnicas en la producción vinícola ¿prensa de jaula¿ que permiten prescindir de las tradicionales vigas, así como el posible influjo arquitectónico de otras áreas que, en esos momentos, capitalizaban la producción de caldos, como Montilla-Moriles o Jerez. Es con la segunda de las comarcas, la jerezana, con la que puede guardar más relación. Muchos detalles recuerdan las "casas de viña" de Jerez, vinculadas a pequeñas explotaciones.
     Podríamos enumerar la utilización del color almagra para enmarcar vanos o imitar pilastras, o el pórtico que se levanta sobre pilares de ladrillo frente a la bodega, abierto a un espacio rectangular parecido al "almijar" jerezano, entre otros aspectos.
     No debe descartarse que fuera en origen un típico lagar cazallero reconvertido luego en una moderna instalación en los momentos antes citados. En el patio de acceso a la vivienda, y trazado con cantos, leemos el año "1905", que da idea de la cronología en que fue erigido o transformado el conjunto, especialmente la vivienda. Sorprende la construcción de un lagar de estas características en unas fechas en que la elaboración de caldos se hallaba en franco retroceso en la Sierra Norte. La filoxera y la competencia de otras áreas, como las ya expresadas, no amedrentaron a los propietarios, que decidieron la incorporación de modernas técnicas y que procederían, sin duda, a la elaboración de alcoholes o aguardientes como complemento de la producción vinícola.
     La meticulosa organización de las distintas unidades arquitectónicas refleja la seriedad con la que fue acometida esta apuesta por los caldos de la zona. En primer lugar destaca la vivienda, de planta en U, con jardincillo en el patio intermedio. Al noreste presenta su fachada principal, orientada al exterior del conjunto y a un pequeño jardín situado en una terraza destacada sobre el nivel de la topografía. Hacia este lado muestra una portada central y ventanas laterales culminadas en un curioso perfil trilobulado que demuestra el intento de dignificar o introducir notas eclécticas, tal como ocurre en la casa de viña jerezana. Sobre la puerta existe un pequeño escudo cuyo campo central se encuentra en blanco.
     En la entrada posterior, que da al pequeño patio central acotado por un pretil, figura un azulejo pintado con la advocación que da nombre al conjunto, Santa Brígida.
     El área funcional está integrada por las bodegas y el lagar, dispuesto en dos crujías intercomunicadas. La primera orienta su fachada principal al norte, con una puerta y pequeñas ventanas apuntadas. Consiste en una nave longitudinal. A esta se adhiere otra bodega aproximadamente cuadrada, y la zona de lagar, al sur, emplea otra vez el esquema de nave lineal.
     Todo este sector se abre al oeste mediante un pórtico cuya techumbre descansa sobre pilares de ladrillo. Aquí un patio rectangular comunica la vivienda y zona de labor. Otro jardín, con alberca rectangular, delimita este espacio por el oeste.
     La introducción de áreas ajardinadas para significar o acotar elementos, así como la construcción de la alberca colindante, anexa a un potente muro de contención que articula dos cotas de jardín diferentes, expresa una vez más la cuidada planificación de la que fue objeto este pequeño lagar, más próximo al concepto de "casa de viña", al que nos hemos referido, que al habitual esquema del entorno serrano.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Brígida, de Irlanda, abadesa;
   Santa nacional irlandesa que ha reemplazado a una divinidad  pagana. Para sus compatriotas fue la Señora de Erin: The Lady of Erin, Domina Hiberniae. A veces, por error, se la ha creído escocesa porque casi hasta el siglo XIII la palabra Scotia se empleó contemporáneamente con Hibernia para designar a Irlanda, y porque a los monjes irlandeses se los llamaba Scoti.
   Nacida hacia 452, fue bautizada por un discípulo de san Patricio y fundó el convento de Kildare (Cell. Dara) en el condado de Leinster, del cual fue abadesa hasta que murió, en 524.
   Sorprendida por una tormenta mientras cuidaba su rebaño ovino, habría colgado sus ropas de un rayo de sol para secarlas. Además se le atribuye haber convertido en cerveza el agua de su baño; y haber arrastrado tras de sí, hacia su monasterio, a ocas y patos. Pero esta  santa rústica  debe su popularidad, ante todo, a una vaca, animal que ordeñaba ella misma y cuya mantequilla, también elaborada por ella, distribuía entre los pobres por medio de un ángel. Un día que recibió la visita de numerosos obispos, tuvo la idea de ordeñar tres veces en el mismo día a su vaca, que le dio tanta leche como tres buenas lecheras.
CULTO
   De la misma manera que los irlandeses asimilan san Patricio a Cristo, para ellos, Santa Brígida es una segunda Virgen María (altera Maria): la llaman Maria Hibernorum.
   Su culto es muy popular en los demás países celtas, en el País de Gales, donde hay diecisiete iglesias puestas bajo su advocación, y en la Bretaña armoricana. En Europa continental, el culto de la santa se difundió sobre todo en los Países Bajos y en las orillas del Rin. En Colonia había una iglesia puesta bajo su advocación. En el siglo VIII, las reliquias de Santa Brígida fueron transportadas al convento alsaciano de Hanau, y desde allí a Estrasburgo, a la iglesia de Saint Pierre le Vieux. Uno de sus santuarios más frecuentados era la iglesia de peregrinación de Plappeville, cerca de Metz. Es patrona de los lecheros y protectora de las vacas y de los corrales.
ICONOGRAFÍA
   Está representada ya con vestiduras de abadesa: túnica blanca y velo negro, con un cirio en la mano y una llama encima de la cabeza, ya como granjera, en una vaquería, batiendo la mantequilla, o como vaquera en el cam­po.
   Su atributo habitual es una vaca echada a sus pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La imagen "María Santísima de la Caridad en su Soledad", de Fernández Andes, titular de la Hermandad del Baratillo, en la Capilla de la Piedad del Baratillo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima de la Caridad en su Soledad", de Fernández Andes, titular de la Hermandad del Baratillo, en la Capilla de la Piedad del Baratillo, de Sevilla.       
     Hoy, 1 de febrero, es el aniversario (1 de febrero de 1931) de la bendición de María Santísima de la Caridad en su Soledad, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la imagen "María Santísima de la Caridad en su Soledad", de Fernández Andes, titular de la Hermandad del Baratillo, en la Capilla de la Piedad del Baratillo, de Sevilla.
     La Capilla de la Piedad del Baratillo, se encuentra en la calle Adriano, 13; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
   Capilla de la Piedad, calle Adriano. Dolorosa de la Semana Santa, cofradía del Baratillo, Miércoles Santo. Obra de José Fernández Andés, adquirida en 1931. 1,66 m. Tiene palio de aire macareno (aunque entonado en terciopelo de color más oscuro) y gran ambiente popular en su barrio, siendo multitudinaria la salida y la entrada en el estrecho recinto de su Capilla. Al principio se llamaba solamente Nuestra Señora de la Soledad, con otra imagen del mismo autor que duró poco tiempo, y luego le cambiaron el nombre. Los talleres de Caro confeccionaron sus bordados y la casa Villarreal ejecutó ricos varales y respiraderos en plata de ley. La capilla frontal de los últimos alberga una excelente miniatura de la Virgen de los Reyes. Los claveles naturales se complementan con otro exuberante adorno de cera rizada, de forma que las andas (como todos los pasos de tipo popular) se convierten en una radiante explosión primaveral, donde algún sociólogo quiere ver "el triunfo simbólico de la vida". Ya sin pretensiones eruditas ni sociológicas, destacamos que el poeta Florencio Quintero cantó mucho a esta cofradía del Baratillo, en clave llana, sonora y simpática, hasta el punto de que su recuerdo permanece unido a ella de forma indisoluble (Juan Martínez Alcaide. Sevilla Mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1997).
María Santísima de la Caridad en su Soledad.
Iconografía: Virgen al pie de la Cruz, tras la Crucifixión de Jesucristo.
Autor: José Rodríguez Fernández-Andes, 1910-1950.
Cronología: 1931.
Intervenciones: Juan Manuel Miñarro (1999).
Altura: 166 centímetros.
   Reorganizada como cofradía de penitencia, la hermandad del "Baratillo" comienza a plantearse, en la década de 1920, incorporar un paso de palio, pues desde  1905 procesionaba únicamente con uno. Para este paso se quería incorporar una Virgen de la Soledad aunque, tras el cambio de título de la hermandad, para incorporar a la titular mariana.
     Lo cierto y verdad es que va a ser 1926 el año en el que la hermandad encargará la talla al joven artista José Rodríguez Fernández-Andes. Bendecida la imagen en el mes de febrero, realiza estación de penitencia ese mismo año, aunque ostentando la advocación de la Caridad. Parece ser que antes de la firma del documento de encargo con José Rodríguez Fernández-Andes, en una reunión se hace referencia  que en el contrato se indica la advocación de la Caridad pues ya hay tres hermandades como son San Lorenzo, San Buenaventura y la Carretería que poseen talla ma­riana con dicho título. Tras otras sugerencias como la del Amor se llega entre todos al acuerdo de fijar la de la Caridad, inclusive el escultor. Con posterioridad a la salida es el propio imaginero el que retira la imagen, por problemas de pagos con la corporación, y la cede a la Compañía de Jesús.
     Entre los años 1927 y 1930 la hermandad del "Baratillo" realiza la es­tación de penitencia con la imagen de la Virgen de la Piedad de Emilio Pizarro transformada en dolorosa ya que el día 2 de enero de 1931 el Hermano Mayor, Francisco Gil Roig, y su Secretario, Aurelio Perteguer Rodríguez, formalizan el encargo de una nueva imagen dolorosa al mismo artista que ejecuto la anterior de 1926, José Rodríguez Fernández-Andes. El propio Hermano Mayor costea de su bolsillo la hechura, fijando de manera simbólica la cantidad de 600  pesetas, cuantía que posteriormente se descontaría de la cuota de hermano del artista. La imagen se bendice el 1 de febrero y procesiona ese mismo año a la Santa Iglesia Catedral. No aparece la advocación de la Soledad en el contrato de ejecución de la efigie, cambiándose por el de Virgen de la Caridad en su Soledad. Antes se comentó que este cambio se debía a la existencia en otras hermandades de dolorosas con ese mismo título pero también se baraja la posibilidad que sea por la denominación de un hospital que se ubicaba en las cercanías de la hermandad.
     Como dato anecdótico puede aportarse que esta imagen procesionó en el año 1935 como Piedad, pues a ésta se le desprendió parte de de su encarnación.
     Ejecutada en madera de pino, la imagen posee un rostro muy frontal de cálida encarnación, surcado por siete lágrimas de cristal, al igual que los ojos, siendo las pestañas postizas. Llama la atención el gesto, un tanto doloroso, de sus labios entreabiertos, en cuyo interior pueden entreverse los dientes superiores, los únicos que posee tallados.
     El paso del tiempo hizo mella en la imagen y, más concretamente en su policromía, la cual se había oscurecido de una manera notable. Gracias a la intervención del profesor Juan Manuel Miñarro López, la imagen ha recuperado su semblante original.
     La corona de salida fue ejecutada en plata sobredorada por Manuel Román Seco en 1960. Esta interesante pieza, de perfil muy circular, consta de un aro con una decoración de base de finas perlas sobre el que se apoya un ingente canasto de profusa decoración de carácter vegetal entre la que se encuentran querubines. Posee cartelas con escenas en escenas en esmaltes en el frontal y fotografías esmaltadas en el reverso como la Anunciación, el Nacimiento, la Piedad y la Virgen de la Caridad. Ocho imperiales de gran desarrollo y ostentando decoración similar a la ya vista en el canasto convergen en un motivo que enmarca el escudo de la corporación realizado en esmaltes y sirven como enlace hacia la colosal ráfaga. De carácter circular, alterna rayos plisados y motivos de roleos vegetales calados de los que emergen dieciséis estrellas, y en su centro se eleva sobre el globo terráqueo una cruz, con gran plasticidad en su tratamiento volumétrico, la cual posee cuatro rayos y pequeños apliques de pedrería azul.
     El primer manto que tuvo la Virgen de la Caridad fue el manto del convento de San Martín de las Madres Trinitarias de Cádiz, de terciopelo azul, estrenado el 31 de marzo de 1951, según dibujo de Perez Calvo, que hoy conserva la popular cofradía de El Abuelo, de Jaen. El 10 de abril de 1963 se bordó el manto procesional de terciopelo morado confeccionado en los talleres de Esperanza Elena Caro siguiendo el dibujo de Manuel Caro, 466.000 pesetas. La toca de sobremanto sería diseñado en 1991 por los Talleres Fernández y Enriquez, siguiendo el diseño de Antonio Gar­ duño. El ajuar procesional de la Dolorosa se completaría con una saya de 1939, confeccionada a Alejandro Alvarez Albararito, de azul pavo y en 1946 Manuel Alvarez el Andaluz, de tisú de plata. Se está confeccionado la saya de Francisco Carreras Iglesia con motivo de 75 aniversario de la imagen en tisú de plata. Cabe destacar una saya de Jose Manuel Caro (Álvaro Dávila-Armero del Arenal, José Carlos Pérez Morales y José Fernando Gabardón de la Banda, en Palios de Sevilla III. La virgen dolorosa sevillana. Ediciones Tartessos, Sevilla. 2006). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen Dolorosa
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa, representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de San Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
1. La Virgen de la Piedad
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
     Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
     Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos.
2.  La Virgen de las siete Espadas
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius.
   ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B.V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen «la fiesta de las angustias de Nuestra  Señora».
   Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el si­glo XV el número se llevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado,  salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra  Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circuncisión.
1. Profecía de Simeón (o la Circuncisión);
2. Huida a Egipto;
3. Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a Cuestas; 
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así, de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la alta Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por  los Dolores  de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas, quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado  en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad Media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría de los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito.
   A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
   Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reeemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima de la Caridad en su Soledad", de Fernández Andes, titular de la Hermandad del Baratillo, en la Capilla de la Piedad del Baratillo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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