Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 26 de junio de 2022

El Monumento a Miguel Vargas, de Juan Bernabé Britto, en Paradas (Sevilla)

Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento a Miguel Vargas, de Juan Bernabé Britto, en Paradas (Sevilla).
     Hoy, 26 de junio es el aniversario (26 de junio de 1997) del fallecimiento de Miguel Vargas, cantaor flamenco, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Monumento a Miguel Vargas, en Paradas (Sevilla).
         El Monumento a Miguel Vargas, se encuentra en los Jardines de Gregorio Marañón, s/n; en Paradas (Sevilla).
     La Villa de Paradas cuenta también con varias zonas ajardinadas entre las que sobresalen la Plaza de San Juan de Letrán y los jardines de Gregorio Marañón lugar donde se erige desde 1998 el monumento dedicado al célebre cantante Miguel Vargas, fallecido en 1997. El monumento es obra de Juan B. Britto. En el cementerio municipal de San Antonio se levanta también un mausoleo dedicado a este cantaor.
Conozcamos mejor la Biografía de Miguel Vargas, a quien está dedicado el monumento reseñado;
     MIGUEL RUBIO VARGAS, cantaor de flamenco, más conocido con el nombre artístico de MIGUEL VARGAS, nació en  La Puebla de Cazalla (Sevilla), en el año de 1942, y murió en Paradas (Sevilla) en el 1997. Siendo muy joven se marcho a Paradas para trabajar. Su vocación por el cante era tan grande que aprendió a cantar escuchando la radio mientras trabajaba en el campo,
La Puebla de Cazalla
grandes cantaores dio,
para orgullo de su pueblo
porque así lo quiso dios,
teniendo a Miguel Vargas
para mejor compensación,
admiración del flamenco
para toda la buena afición.
      Muy pronto se convirtió en uno de los artistas más serios de la afición. Como sus paisanos, La Niña de la Puebla, José Menese y Diego Clavel, estuvo muy vinculado a la figura de Moreno Galván, cuyas letras interpretó Miguel en multitud de ocasiones. En 1968 ganó el premio por seguiriyas en el concurso de Mairena del Alcor y tras ese éxito se marchó a Madrid, donde trabajó durante seis años en el tablao Zambra con artistas como Rafael Romero (el Gallina), Juan Varea, Pericón de Cádiz, Pepe el Culata. Rosa Durán y otros grandes artistas. Con este cuadro actuó en Francia y otros países europeos. En aquella época grabó su primer disco, “Un morisco en Paradas”, con la guitarra de Melchor de Marchena. Es titular de la peña de Paradas y el último gran seguiriyero, así como un importante alumno de la escuela Mairenista
     Trabajo en los primeros intentos de un teatro andaluz que emplea el cante como elemento dramático. También obtuvo un premio en el concurso de Archidona y el Yunque de Oro de la Tertulia Flamenca de Ceuta. Ha ofrecido recitales en los teatros parisinos Olympia y de La Villa, así como en diversos centros culturales, universitarios y peñas flamencas. Miguel Vargas es un cantaor que transmite el cante  con verdadera pasión y con mucho arte, no se puede explicar la belleza que impregna todo el cante de Miguel Vargas, ni la rara perfección de algunas de sus interpretaciones. Las soleares, siguiriyas, los tientos, la toná y la liviana son verdaderamente un buen ejemplo.
     Miguel Rubio Vargas, para su mundo artístico Miguel Vargas, es un cantaor de una pureza excelente para transmitir los cantes, graba discos importantes que nos deja como el mejor recuerdo, con solo verle sentado, dispuesto a cantar, con una figura flamenca de mucho arte, nos da la estampa del cantaor dispuesto a darlo todo con la mayor sabiduría, no tiene antecedentes en su familia de cantaores, su caso es de pura  vocación. Hombre del campo, a él nadie le enseñó los cantes, los aprendió porque necesitaba cantar (El Arte de Vivir el Flamenco).
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Un paseo por la calle Juan de Mesa

     Por amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Juan de Mesa, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 26 de junio es el aniversario del bautismo (26 de junio de 1583) de Juan de Mesa, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Juan de Mesa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Juan de Mesa es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Almirante Apodaca y Alhóndiga, a la confluencia de las calles Santiago, Azafrán y plaza Ponce de León.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. 
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En el momento de su apertura es nombrada como Prolongación de Almirante Apodaca, hasta que en 1937 se rotula oficialmente con el nombre de Juan Mesa (1583-1627), imaginero cordobés formado en Sevilla en el taller de Martínez Montañés; entre sus obras destacan Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, el Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de los Estudiantes, y el del Amor, que recibió culto durante un tiempo en la iglesia de Santa Catalina, y de ahí que se optara por denominar esta nueva calle con el nombre del autor de dicha imagen.
     Los problemas derivados del creciente tráfico rodado hacían aconsejable el trazado de una vía suficientemente ancha que penetrara en el casco en dirección este-oeste. En 1913 se aprueba el Proyecto General de Alineación Campana-Osario, que incluía la apertura de una vía directa entre Almirante Apodaca y la plaza de Ponce de León, y que suponía el derribo de algunas casas en Alhóndiga; el proceso es lento, pues los expedientes de expropiación se alargan desde 1911 hasta 1928, y la primera casa se derriba en 1926. Como resultado de tal operación urbanística se forma esta calle, de trazado rectilíneo en la acera de los pares, en donde más tarde se ha abierto también Francisco Carrión Mejías, dejando así exenta en la de los impares la iglesia de Santa Catalina. Posee calzada de asfalto, aceras de losetas  farolas de báculo. Delante de la iglesia de Santa Catalina hay dos palmeras, algo descuidadas, y otros tantos naranjos en la confluencia con la plaza de Ponce de León. Las edificaciones, de cuatro plantas, son coetáneas a la fecha de apertura de las calles: la núm. 2 y 4 de los años treinta, y la núm. 6 de los cincuenta. Como es lógico suponer, registra un intenso tráfico rodado, ya que precisamente se abrió con esta finalidad. Además, junto a a Almirante Apodaca y Francisco Carrión Mejías, cumple una importante función comercial de barriada, con establecimientos de recurrencia ocasional (tintorería, tejidos, banco), e incluso con cierto carácter de especialización (óptica, joyería-relojería) [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Juan de Mesa, a quien está dedicada esta vía;
     Juan de Mesa y Velasco, (Córdoba, 26 de junio de 1583 bautizo – Sevilla, 24 de noviembre de 1627). Escultor e imaginero.
     Juan de Mesa y Velasco fue el más destacado de los discípulos de Juan Martínez Montañés y uno de los maestros más significativos de la escultura e imaginería barroca tanto andaluza como española, pudiéndose considerar como el prototipo del imaginero.
     Su obra ha sido estudiada por el profesor Hernández Díaz, quien con sus escritos colocó al maestro en el lugar que debió ocupar entre sus contemporáneos.
     Asimismo, Villar Movellán se ha acercado a Juan de Mesa tratando de buscar explicaciones a algunos interrogantes que existen sobre su vida, interrogantes que fueron puestos en valor en las III Jornadas de Historia del Arte organizadas por el Área de Historia del Arte de la Universidad de Córdoba, en noviembre del 2002, para conmemorar los 375 años de la muerte del ilustre escultor bajo el título Juan de Mesa (1627- 2002). Visiones y Revisiones.
     Muy poco es lo que se conoce de la vida de Juan de Mesa, sobre todo de sus años de juventud. Se sabe que fue bautizado en Córdoba, en la Iglesia de San Pedro, el día 26 de junio de 1583 y que sus padres fueron Juan de Mesa y Catalina de Velasco. Existen todavía dudas acerca de su primera formación artística, habiéndose generalizado la idea de que antes de llegar al taller de Montañés debió haber estado en el de otro maestro, que acaso fuera Andrés de Ocampo, ligado a Córdoba por lazos profesionales y familiares, donde también habría coincidido con el granadino Alonso de Mena.
     Pero nada se sabe con certeza de él hasta que aparece afincado en Sevilla en 1607. Este año firma el 7 de noviembre un contrato de aprendizaje con Juan Martínez Montañés. Cuando esto sucede, llevaba un año y cinco meses trabajando con el maestro; con esta escritura pretendía formalizar su contrato de aprendizaje por tres años más; para ello necesitó un curador ad litem, pues era huérfano, función que fue asumida por el ensamblador Luis de Figueroa. Esto significa que entró en el taller de Montañés en 1605 y que saldría el uno de noviembre de 1610. También está documentada en estos primeros años la adquisición, el día 18 de febrero de 1615, de tres trozos de madera de cedro y algunos meses después, en octubre, se comprometía a tallar una imagen de San José itinerante con el Niño para el mercedario de Fuentes de Andalucía fray Alonso de la Concepción.
     Se desconoce lo que hizo Juan de Mesa entre 1610 y 1615, ya que el contrato de aprendizaje con Martínez Montañés caducó en 1610. En esta fecha, Mesa tenía ya capacidad para contratar y montar taller aunque no se tengan noticias de su examen de escultor. Se piensa que durante estos años permaneció en el taller de Montañés, como oficial, argumentándose incluso para ello razones de tipo psicológico, como sería el carácter retraído del escultor y su necesidad de protección y cariño.
     Por otra parte, la estética y la iconografía de Juan de Mesa no se entenderían sin su aprendizaje junto a Martínez Montañés; el aprendizaje montañesino dotó a Juan de Mesa de un excelente bagaje técnico, tan magníficamente asimilado que le permitió alcanzar niveles similares a los de su maestro. No obstante, hay que reseñar que el imaginero cordobés introdujo en el ambiente sevillano un temprano barroquismo, un realismo crudo y un especial sentido de lo patético que, como ha señalado Villar Movellán, son inigualables y nuevos en Sevilla.
     En 1615 tenía Mesa 32 años, edad muy madura para que un maestro del seiscientos decidiera emprender su vida independiente, circunstancia por otra parte no sorprendente cuando el artista se encuentra integrado en un amplio taller, pero llamativa en un hombre que, como indicara Hernández Díaz, es capaz de acometer entre 1618 y 1627 la ejecución de once crucificados, todos ellos piezas maestras.
     Anteriormente, en 1613, había casado Juan de Mesa con María de Flores y vivían en la collación de Omnium Santorum; ello presupone la posesión de cierta estabilidad económica, la cual pudo haberla conseguido trabajando como oficial, en el taller de Martínez Montañés. Pero su hacienda debía de ser algo más saneada que la de un simple oficial ya que en 1616 se cambió a la collación de San Martín, a unas casas del artista Diego López Bueno, en las que vivió hasta su muerte. Ello evidencia que no era el hogar de un principiante, sino que sería un taller en toda regla del que saldría toda su producción posterior.
     Los primeros datos que se conocen de este taller datan de 1616, momento en que firmaron contrato de aprendizaje Juan Vélez y Lázaro Cano; según estos contratos, habrían de permanecer junto a él unos siete años. Además existen referencias documentales de que Juan de Vargas, Francisco de la Puerta y Felipe de Ribas estuvieron trabajando con él como aprendices; como oficiales sólo se conocen dos, Miguel de Descurra y Manuel Morales; pero su colaborador más directo y aventajado fue su cuñado, el ensamblador Antonio de Santa Cruz. A su muerte, el taller fue arrendado a Luis Ortiz de Vargas y Gaspar Ginés, quienes también se quedaron con parte de los dibujos del maestro, pasando los útiles de trabajo a su cuñado y colaborador Antonio de Santa Cruz.
     Las primeras obras de Juan de Mesa siguen siendo una incógnita, aun cuando actualmente se tiene mejor conocimiento de su actividad como imaginero. El contrato de aprendizaje con Martínez Montañés caducó en 1610 y la primera obra documentada data del 1615 que es el momento en que se compromete a realizar la talla de San José con el Niño para los mercedarios de Fuentes de Andalucía. Pero publicaciones recientes han puesto de manifiesto que, con anterioridad a esta obra, Juan de Mesa había ejecutado un San José y una Inmaculada para el Convento de San José del Carmen de Sevilla; estas obras ofrecen algunos interrogantes; en especial, el San José con el Niño del que Villar Movellán ha dicho “que no se ajusta al temperamento y potencia peculiares de las imágenes de Mesa y que se halla, en cambio, muy cerca de las obras montañesinas”. Por el contrario, la Inmaculada carmelitana ofrece una frescura muy acorde con un maestro lleno de ilusiones tempranas como es Juan de Mesa en esos momentos. El estilo de esta imagen ha permitido identificar la Virgen con el Niño del hospital complutense de Antezana como obra del maestro, fechada en 1611, y de la que Luna Moreno ha dicho, al compararla con la carmelitana, que “parece una versión simplificada de la escultura de la Virgen de la Misericordia, o bien ésta una versión enriquecida de aquella”.
     Esta imagen explica por su calidad el auge paulatino que fue adquiriendo la imaginería mesina hasta llegar a la eclosión de 1618-1623. Por otra parte, en este grupo de obras, realizado hacia 1610-1611, está casi plenamente definido el estilo del maestro, de tal forma que incluso la Inmaculada carmelitana ha sido fechada en plena madurez del artista.
     El San José de la parroquia de Santa María de las Nieves de Fuentes de Andalucía es su primera obra documentada; concertada en 1615 con los mercedarios de la citada localidad, es una pieza de gran importancia, pues muestra su dependencia con respecto al maestro; sin embargo, revela unas cualidades y una forma de hacer y tallar la madera totalmente distintas.
     Juan de Mesa se obligaba a realizar estas esculturas de madera de cedro, sin estofar ni encarnar. Se ajustó al precio de 70 ducados y con la condición de entregarla el 30 de noviembre de 1615. La iconografía muestra al patriarca guiando al Niño, siendo una de las primeras representaciones icónicas de este tema en la escuela sevillana. Mesa ha representado a san José joven, rechazando la tendencia de algunos hagiográficos que preferían efigiarlo anciano.
     Otra obra significativa del maestro en estos años es el San Blas de la iglesia conventual de Santa Inés de Sevilla, de la que no existe contrato y que se fecha en 1617; sin embargo, ello no impide que se tenga como obra del maestro, ya que el tratamiento del rostro, el arrogante porte y la magnífica indumentaria pontifical denotan su inconfundible mano. Un año después, el 11 de enero de 1618, se comprometía con los religiosos de San Juan de Dios a ejecutar una imagen de San Carlos Borromeo, en madera de cedro, de dos varas de alta, insignias cardenalicias y crucifijo en la mano izquierda. Tenía que realizarla en un plazo de cuatro meses y cobraría por ella 600 reales. Hernández Díaz la ha identificado con el San Carlos Borromeo que se venera en la iglesia del Hospital de Nuestra Señora de la Paz, en Sevilla.
     A partir de 1618 se puede situar la etapa de madurez del artista, durante la cual realizará un número importante de imágenes, todas ellas de una calidad excepcional. De tal manera que la etapa que va de 1618 hasta 1623 ha sido designada por Hernández Díaz “el lustro magistral”, etapa en la que realiza una serie de obras excepcionales con las que ha pasado a la historia de la escultura como el imaginero de la Pasión y el dolor. Así, en mayo de 1618, el día 13, concierta con Juan Francisco Alvarado y otras personas realizar dos imágenes: un Cristo crucificado y una figura de la Virgen. Tenía que ejecutarlas en un plazo de tres meses y cobraría por ellas 1000 reales. La escritura especifica cómo tenían que ser las imágenes y cómo serían talladas por él sin que interviniera ningún oficial. El 4 de junio de 1620 se otorgaba carta de pago. Se trata de una interesante talla de Jesús en la Cruz que se venera en la Iglesia del Divino Salvador de Sevilla bajo la advocación del Amor. Es la imagen titular de una cofradía penitencial y Juan de Mesa hizo una imagen procesional de acuerdo con los preceptos tridentinos, en la que cabe destacar su intenso dramatismo, su fuerte expresión y su gran realismo, unidos a una anatomía muy cuidada, copiada del natural.
     A esta imagen siguieron hasta diez crucificados que contrató entre 1618 y 1627.
     En el año 1619 talló el Crucificado de la Conversión del Buen Ladrón de la iglesia del Montserrat de Sevilla, segundo crucificado que realizó el maestro y en el que crea un tipo distinto del montañesino, que luego repetirá en el Crucificado de Vergara.
     Los crucificados ocupan un lugar destacado en su producción. Son imágenes de iconografía pasionista destinadas a procesionar por las calles; son modelos que partiendo de los creados por Montañés, expresan toda la fuerza dramática del proceso y muerte de Jesús.
     En los diversos crucificados salidos de sus manos, el imaginero ha sabido reflejar distintos momentos de la Crucifixión, de ahí que los represente, en unos casos, vivo, y en otros muerto, pero todos ellos muestran el dominio que el maestro tiene de la anatomía humana; con frecuencia van inscritos en un triángulo, prefiriendo el uso de los tres clavos, hecho que imprime movimiento al cuerpo, en el que se acusan los músculos, tendones y venas, según corresponde a la tensión que supone la sujeción a un madero.
     La belleza y perfección del desnudo apenas queda velada por el paño de pureza, sujeto por una soga y formado por telas de abundantes pliegues recogidos en moñas laterales. La corona de espinas es gruesa, con inmensas púas que perforan orejas y frente, cuya huella se hace visible incluso en aquellas imágenes que no la llevan. El citado Cristo del Amor de la parroquia del Salvador (1618-1620), el de la Buena Muerte de la capilla de la Universidad (1620) y el Cristo crucificado de la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid (¿1621?), procedente del antiguo Colegio Imperial de la Compañía de esta ciudad, son extraordinarios ejemplos de representación de Cristo muerto, mientras que los de la Conversión del Buen Ladrón de la cofradía sevillana del Montserrat (1619), y el de la Agonía de la parroquia San Pedro de Vergara (Guipúzcoa) (1622), lo muestran aún vivo.
     Los encargos se suceden, sin embargo, muchos de ellos se conocen documentalmente sin que se hayan identificado las piezas, tal ocurre con el San Nicolás de Tolentino y la Virgen del Rosario con el Niño Jesús que le había encargado el pintor Vicente Perea en 1619.
     En este mismo año contrató junto con Luis de Figueroa la realización del relieve de la Asunción de la parroquia de la Magdalena de Sevilla; obra de calidad muy desigual, circunstancia que ha llevado al profesor Gómez Piñol a cuestionarse la intervención del maestro, pensando que pudo haber suministrado el modelo e incluso retocado la pieza para darle su apariencia final sin que la ejecución sea realmente suya.
     La fama de Juan de Mesa se fue consolidando y los encargos se iban sucediendo tanto por parte de particulares, como de cofradías y de órdenes religiosas, siendo muy interesante la relación que Juan de Mesa mantuvo con la Compañía de Jesús. El primer encargo documentado que le hicieron los jesuitas data del 13 de marzo de 1620, momento en que le encargaron “dos imágenes de escultura, la una de Cristo Crucificado y la otra de una Magdalena abrazada al pie de la cruz, de madera de cedro ambas dos, de la estatura ordinaria humana, por precio de ciento y cincuenta ducados”. Fueron concertadas por el padre Pedro de Urteaga, prepósito de la Casa Profesa, como titulares de la Congregación de Sacerdotes. Es el Cristo de la Buena Muerte, actualmente titular de la cofradía de los estudiantes y está en la capilla de la Universidad de Sevilla. No era una imagen procesional; su adjudicación a la Congregación de Sacerdotes debió estar motivada, según Gutiérrez de Ceballos, para que éstos meditasen y conversasen con la imagen de Cristo muerto, según aconsejaba san Ignacio en los Ejercicios. Las restauraciones de 1983 y 1986 han hallado encerrado en la cabeza un billete con su nombre y firma y, en el tronco, otro, con la fecha de finalización de la imagen en 1620. Con esta imagen, Mesa da testimonio de una corriente de espiritualidad y de sensibilidad artística.
     La factura de este crucificado es impactante, y debió de satisfacer plenamente al maestro ya que es uno de los más perfectos salidos de su gubia, y por el cual fue muy imitado. Entre los crucificados que se contrataron con el maestro, bajo la cláusula de que los tallaran a imitación del de la Casa Profesa, está el que le encargó el pintor Jerónimo Ramírez para Francisco de Tejada y Mendoza. En el contrato del 16 de marzo de 1621 estipuló “una hechura de Cristo del natural conforme al que está hecho en la Compañía de Jesús en la Casa Profesa de esta dicha ciudad de Sevilla”.
     Esta imagen, que desde 1633 había estado en una capilla de la iglesia del Colegio Imperial de Madrid, hoy está en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena de esta misma ciudad. Algún tiempo después, en 1624, le encargarían otro Crucificado semejante para el Colegio de San Pablo de Lima (Perú), en el que destaca el cuerpo vigoroso y musculoso; los pliegues del perizoma, sin embargo, son más abultados y angulosos que los del Crucificado de la Buena Muerte.
     La canonización en Roma de san Ignacio de Loyola y de san Francisco Javier trajo nuevos contratos a Juan de Mesa, ya que la Compañía le encargó las imágenes de ambos santos que actualmente se conservan en el Colegio de San Luis Gonzaga de la Compañía de Jesús en El Puerto de Santa María. En el interior de la cabeza de San Francisco Javier se encontró un papel, indicando que la imagen había sido realizada para el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla y que había sido costeada por unos navarros residentes en la ciudad hispalense. De las dos imágenes, la mejor conservada es la de San Ignacio de Loyola; posiblemente, Mesa usó la mascarilla mortuoria del santo, de la que el pintor Pacheco tenía una copia. Esculpió una imagen de cuerpo entero, con sotana y manteo, en actitud triunfante como fundador de la Compañía, con el estandarte del nombre de Jesús en la mano derecha y el libro de las Constituciones en la izquierda, como se le efigió en la estampa de Paolo Guidoti, grabada con motivo de la canonización en Roma. La estatua de San Francisco Javier representa al santo vestido con sotana, sobrepelliz y estola, llevando en la mano derecha el crucifijo con el que solía predicar, tal y como fue efigiado en el grabado oficial de la canonización.
     Pero no terminan en estas dos obras los encargos de Juan de Mesa con la Compañía, ya que también realizó un busto relicario de San Francisco Javier para la iglesia de la Anunciación de Sevilla, hoy en la Universidad, fechado en 1625 por Hernández Díaz. El santo está representado de medio cuerpo, dirigiendo la mirada al cielo mientras que con los dedos trata de abrirse la sotana a la altura del pecho. Por encima de las manos está colocado el repositorio de las reliquias. La pieza sobresale por su gran realismo y fuerza expresiva.
     Otra creación magistral del maestro, dentro del ciclo pasionista, realizada para una cofradía sevillana, es Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, obra de la que, junto a San Juan Evangelista, daba el escultor carta de finiquito el día uno de octubre de 1620. En esta composición, Juan de Mesa ofrece su versión del modelo montañesino del Señor de la Pasión, una versión plenamente barroca, frente al clasicismo del maestro, ya que ha hecho patentes las huellas del sufrimiento, presentes en el rostro y en la curvatura de la espalda.
     Al año siguiente contrataría la imagen de Jesús Nazareno para la iglesia del Convento del Espíritu Santo de La Rambla (Córdoba). Es la segunda versión perfeccionada que hace del Nazareno, pero esta imagen, aunque es de vestir, está totalmente tallada. Muestra las características del maestro: grandes dimensiones, mayor que el natural, paso cansado, rostro dolorido...
     También este mismo año, el 10 de septiembre, Juan de Mesa se comprometía a tallar un Cristo resucitado para Diego de Santa Ana, vecino de Tocina (Sevilla) por el precio de 500 ducados. La iconografía es la usual en este tipo de representaciones: está efigiado medio desnudo, sólo le cubre el paño de pureza, y con la mano derecha bendiciendo. La anatomía muestra la fuerza creadora del maestro y su rostro refleja gran expresividad propia de su naturaleza humana, matizada por la mirada a la que ha dado un halo de espiritualidad.
     Una variante iconográfica sobre los temas de la Pasión realizó Juan de Mesa, en la representación del yacente, del Santo Entierro de la iglesia sevillana de San Gregorio, obra no documentada pero aceptada como escultura realizada por el maestro hacia 1620. En él, Mesa permanece fiel a los principios técnicos del clasicismo apreciándose su estilo y su iconografía característica.
     Se reconoce el estudio del natural, tratado con gran dramatismo no exento de espiritualidad.
     El quehacer artístico de Mesa no decaía, los encargos aumentaban y los conventos sevillanos contrataban sus obras con él. Así, el 28 de enero de 1623, fray Juan Bautista Quero concertaba con el maestro la realización de dos imágenes, una de San Juan Bautista y la otra de Nuestra Señora con el Niño, para los retablos laterales de la iglesia de la Cartuja de Santa María de las Cuevas; tenía que realizarlas por 2.500 reales y en el plazo de seis meses. Hoy estas imágenes están en el museo de Bellas Artes hispalense. Son dos obras de gran calidad con las que el maestro alcanza la plenitud de su arte, sobre todo en la imagen de María en la que culmina la estética que había introducido en sus primeras obras —Inmaculada carmelitana y Virgen de la Misericordia—.
     Por causas que se desconocen, a partir de 1624 decae la actividad del imaginero, reduciéndose enormemente su actividad. Ello ha hecho pensar en un agotamiento producido por su febril quehacer que causaría, con probabilidad, un resentimiento de la salud.
     En estos años sólo se documentan dos obras: el Crucificado de la capilla de Nuestra Señora de la O del Colegio de la Compañía de Jesús de Lima (Perú) y el retablo para la iglesia del Convento de Santa Isabel, de Sevilla.
     Muy pocas son las referencias conservadas en relación a su producción retablística, pero la crítica coincide en considerar de su mano el retablo mayor del convento sevillano de Santa Isabel, contratado en 1624; la claridad del esquema arquitectónico, vinculado a la producción de Montañés, está alterada por una serie de elementos que hacen palpable la aparición de una nueva sensibilidad artística que se refleja en el mayor volumen del retablo. La importancia dada a los ejes verticales, el voluptuoso frontón, las tornapuntas ornando los trozos de entablamento no son sino signos palpables del cambio estético que se va produciendo paulatinamente en la retablística sevillana del momento que, por otra parte, evidencian la participación del maestro; aunque no hay que olvidar que la realizó conjuntamente con su cuñado Antonio de Santa Cruz y que colaboró en ella, Felipe de Ribas.
     Posteriormente hay un período de dos años en que, según la documentación existente, parece ser que no realizó obra alguna. Pero de nuevo, entre 1626 y 1627, reanudará su actividad y tallará importantes obras que muestran al maestro en la plenitud de su arte. No todas, aunque se encuentran documentadas, se han podido identificar, como los crucificados que le encargan Fernando de Santa Cruz y Padilla, cargador de Indias, y el pintor Antonio Pérez, este último según modelo del crucificado de la Casa Profesa de Sevilla. Mejor suerte tuvo la talla de San Ramón Nonato que hizo por encargo del mercedario descalzo fray Juan de San Ramón, actualmente en el museo de Bellas Artes de Sevilla, en la que el maestro alcanza la plenitud del barroquismo.
     Finalmente, la última obra de que se tiene constancia documental es la Virgen de las Angustias, obra encargada por el agustino fray Pedro de Góngora para titular de su cofradía, establecida en el convento cordobés de San Agustín y hoy en el Convento de San Pablo de la citada ciudad. Esta obra evidencia que Juan de Mesa permaneció fiel a su estilo hasta la muerte. Supo representar, en un tema popular y emotivo como es el de la Madre con el Hijo muerto en su regazo, el dolor profundo y silencioso de la muerte; dolor sereno, profundo y amargo pero sosegado. Evocación del dolor que se refleja en el rostro de la Virgen en el ligero desvío de las líneas del entrecejo, en la boca ligeramente abierta y en las lágrimas en las mejillas.
     La imagen de la Virgen, al igual que la del Hijo, ha sido tallada por completo, pero el somero trazo de los amplios pliegues del ropaje, así como la breve talla del torso y los brazos articulados por goznes, prueban su carácter de imagen de vestir. Las dos imágenes estaban prácticamente terminadas cuando falleció Juan de Mesa en 1627, y sólo le faltaban tres días de trabajo.
     Murió el 24 de noviembre, a la edad de 44 años, siendo enterrado al día siguiente en la cripta de la iglesia sevillana de San Martín.
     Junto a estas obras documentadas, existen otras atribuidas entre las que cabe citar: Cristo crucificado de la Hermandad del Amor de Sevilla (1618-1620), la Cabeza de San Juan Bautista (c. 1625) de la Catedral de Sevilla, Niño Jesús (c. 1625) de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, Nuestra Señora del Valle (c. 1625), de la Cofradía del Valle en la Iglesia de la Anunciación de Sevilla.
     Juan de Mesa ocupa hoy un lugar destacado dentro de la escultura española del xvii. Su estilo se inicia con cierta dependencia con respecto a su maestro Juan Martínez Montañés, pero pronto aflora su personalidad que se traduce en un realismo crudo y en un sentido de lo patético totalmente nuevo en Sevilla. Su obra se caracteriza por el gran realismo plasmado a partir del estudio directo del natural, circunstancia esta que le permite insuflar un sentimiento sobrenatural.
     Su estética es decididamente barroca, de formas abultadas que envuelve con ropajes de plegados densos que marcan profundos contrastes de luz; sus desnudos muestran a un perfecto conocedor de la anatomía humana, sabiendo expresar con total precisión los signos que la muerte deja en el cuerpo del hombre; los rostros de sus imágenes, rodeados por cabelleras de rizos abundantes y profundos, revelan una intensa vida interior que conecta, como indicara Dabrío González, directamente con la sensibilidad de quien los contempla, en perfecta sintonía con la doctrina que por entonces defendía la Iglesia en relación con el poder persuasivo de la imagen.
     Es un escultor especializado principalmente en temas pasionarios como crucificados, nazarenos, Vírgenes dolorosas, yacentes, junto a otras excelentes esculturas de santos, Vírgenes y niños (María Ángeles Raya Raya, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Juan de Mesa, al detalle:
     Retablo cerámico de Nuestra Señora del Carmen

sábado, 25 de junio de 2022

La Hacienda "La Soledad", en Alcalá de Guadaira (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, sábado 25 de junio, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado.
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Hacienda "La Soledad", en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
   La Hacienda "La Soledad", se encuentra en la carretera A-8026, km 5.800; en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
     A la Soledad se accede por la carretera Sevilla- Mairena del Alcor, junto a la que se ubica, con la fachada orientada al oeste, con algunos olivares en las inmediaciones. Además de la Soledad, nombre que campea en su portada, la bibliografía también la denomina Nueva. Sin duda es ésta una de las explotaciones más interesantes y monumentales no sólo de la provincia de Sevilla sino de toda Andalucía. Sancho Corbacho dijo de ella que quizás fuese la mejor de las haciendas hispalenses y modelo para las de su clase, destacando de la misma su horizontalidad sólo alterada por las bellas siluetas de las espadañas, miradores y torres de los molinos.
     Propiedad de los marqueses de Gómez de Barreda, en cuya familia coinciden dos de los linajes más tradicionalmente vinculados al agro hispalense, se encuentra en muy buen estado de conservación; recientes intervenciones de restauración han puesto a la vista además interesantes pinturas murales. Sólo parece haber perdido parte de la recia tapia que tradicionalmente la circunvaló.
     Las descripciones que se han publicado del edificio hasta ahora no han hecho más que repetir maquinalmente las escuetas pero casi siempre esclarecedoras palabras de Sancho Corbacho, pionero en el estudio de la arquitectura agrícola sevillana. Por fortuna, nos encontramos en condiciones de realizar una descripción más amplia que las anteriores. Así, hemos de empezar diciendo que el grueso del caserío de la Soledad se articula en torno a dos patios sucesivos, estando rodeado todo el conjunto por una tapia que delimita un enorme espacio, por lo que su disposición general guarda una estrecha relación, que merece ser destacada, con la Hacienda de San Ignacio de Torrequemada en término de Gelves. Esta sucesión de patios, en palabras de Chueca, permite a la vista huir sin trabas hacia el campo.
     En la cerrada fachada de la Soledad sólo se abre una sencilla portada, sobre cuyo vano, además del nombre de la finca, campea un interesante pero desconchado azulejo dieciochesco con el escudo de sus propietarios. Esta puerta da paso a un amplio primer patio, de suelo terrizo y claramente con funciones de tránsito y labor, a la izquierda del cual se localiza la gran gañanía de la explotación. Al fondo del patio, y mediante una solución de nuevo muy semejante a la de San Ignacio de Torrequemada, hay una segunda fachada, de la que se ha destacado su belleza y monumentalidad, centrada por una segunda portada, más decorada que la primera, con la que está alineada. Esta segunda portada está presidida por un azulejo de la patrona de la explotación, la Virgen de la Soledad, y la remata una espadaña, dando paso al patio del señorío. En esta ocasión la portada, al carecer de entablamento el frontón que la remata, nos recuerda a la de la Hacienda Cañada Honda en Carmona. La crujía de tránsito entre los dos patios de la Soledad alberga la vivienda del casero y unas cuadras. Por último, a la derecha del patio de labor se abre una nueva y dilatada arcada rematada por una terraza, a la que se sube por una escalera de caracol, y de la que se ha dicho que muestra claros resabios de la arquitectura colonial. El referido vano franquea el paso al patio de mulos, donde se encuentran aún unas pesebreras dignas de atención, espacio del que Sancho Corbacho indica que pudo servir alguna vez de tentadero, lo cual nos parece improbable, aunque sí es factible que fuese tinao y toril de bueyes antes de ser dedicado a los mulos.
     El patio del señorío está centrado por una palaciega fuente barroca y tiene como telón de fondo la vivienda de los propietarios, de doble altura, abierta con arcos la planta baja y con balcones entre pilastras en la superior. Este señorío está coronado por una alta torre-mirador, con dos vanos en cada frente y cubierta de pabellón. En la galería inferior se encuentra el acceso a la capilla. El otro frente del señorío es también abierto y da a un amplio jardín con otra notable fuente y un trazado geométrico que le han dado sus cuidadas labores de topiaria. Sancho Corbacho destaca de esta vivienda que es un modelo perfecto de distribución interior, paralela a la prototípica de la casa sevillana. Más allá del jardín se disponía una huerta, siempre dentro de la referida tapia. En la crujía derecha del patio del señorío se conserva la espectacular almazara de la explotación, de carácter doble, ya que cuenta con dos molinos y conserva no una, como dice la bibliografía, sino dos vigas de prensado, que comparten la misma torre de contrapeso, de la cual ya resaltamos su llamativo aspecto defensivo.
     No obstante, todavía hay que referir otra interesante construcción que históricamente formó parte de la Soledad y que sigue bajo la misma propiedad. Continuando unos 300 m el carril que da acceso al caserío se llega a lo que la cartografía 1:10.000 denomina Cortijo los Jiménez, que da nombre al pago donde se encuentra. Su caserío, por desgracia, se encuentra arruinado, pero del mismo todavía emerge una torre de contrapeso almenada y unas arcadas que parten de la misma. Se trataba del lagar de la Soledad, que, como tantas haciendas, se dedicó a la vid además de al olivar y por tanto contó con instalaciones para transformar la uva en vino, muy semejantes, pero de menor envergadura que las aceiteras.
     Las referencias históricas sobre la finca son escasas y hasta contradictorias. Así, Mercedes Gamero, en un estudio sobre las haciendas de Alcalá, hace referencia a una llamada Nueva, que en principio cabría identificar con la Soledad, y de la que dice que en 1753 fue vendida por el conde del Águila a la Compañía de Jesús. Poco tiempo permanecería bajo el dominio de los jesuitas ya que la Orden fue expulsada de España en 1767 y sus propiedades incautadas. Es muy posible que de esa forma se hiciese con la finca el marqués de Gandul, que aparece en la misma fuente como su propietario en la primera mitad del XIX.
     No obstante, el propio edificio, que, como siempre, es la fuente de estudio fundamental, nos da otras interesantes referencias, ya que en la portada de su señorío aparece una inscripción con la fecha de 1611 considerada tradicionalmente como la referencia cronológica de la construcción de su primitivo caserío y un texto en el que se lee "Soy del señor don Francisco Gómez de Barreda, caballero de la Orden de Santiago, del Consejo de su Majestad...", lo que parece apuntar a que siempre estuvo en manos de la misma familia, algo que entra en contradicción con los datos antes aludidos. Otra inscripción, en este caso en el señorío y con la fecha de 1701 "Año de MDCCI"¿ debe indicar el momento en que el edificio adquiriría su configuración definitiva, que es la que sigue manteniendo, ya que se trata de una obra claramente dieciochesca y prototípica. En ese momento la finca contaba con 235 ha.
     Ahora bien, la presencia en el caserío de la Soledad de una torre de apariencia medieval y aspecto defensivo parece apuntar una antigüedad mucho mayor, que cabría retrotraer al Repartimiento y quizás a época musulmana, por lo que no sería descabellado pensar que en este lugar se ubicó primitivamente una alquería. Sin embargo, hemos de reconocer que Sancho Corbacho dice de este elemento que imita a un torreón antiguo, opinión que no compartimos, ya que los vanos de herradura que se abren en cada uno de sus frentes nos parecen originales y no una reinterpretación historicista de inverosímil cronología. De cualquier forma, sólo un detenido análisis del edificio y un pormenorizado estudio documental permitirían trazar la historia de la Soledad con el rigor y la precisión que sin ningún género de duda merece, ya que, repetimos, nos encontramos ante el ápice de la arquitectura agrícola de Andalucía.
     La grandeza de su caserío queda reflejada en la valoración que del mismo se hizo en 1728 y que ascendió a casi doscientos mil reales. Mercedes Gamero, que ofrece esta información, sí distingue en esta ocasión entre la Hacienda la Soledad y Nueva, lo que demuestra, como sospechábamos, que son dos explotaciones distintas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Hacienda agrícola y residencial de origen remoto, forma un conjunto de edificios de los más importantes y extensos de Alcalá de Guadaíra.
     Cuenta con numerosos espacios exteriores e interiores para adaptar el evento a las condiciones meteorológicas existentes. Su aforo máximo es de 10000 personas, siendo el Lagar su salón más grande, capaz de aglutinar a unas 500 personas sentadas, y la Huerta de los Naranjos su espacio al aire libre mayor, con la posibilidad de albergar un máximo de 3000 comensales.
Salones
     Atarazanas (350 pax), Lagar (550 pax), Caballerizas (200 pax), Patio de la fuente (450 pax), Patio de labor (1500 pax), Patio del molino (650 pax), Huerta de naranjos (4000 pax), Patio del pozo (900 pax), Jardin (200 pax), Aparcamiento y espacio multiusos (5000 pax), Pajar (200 pax), Patio de la torre (1000 pax) (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen de los Dolores;
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa , representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas, después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de san Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius. 
 ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B. V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia, agregó a las fiestas de la Virgen "la fiesta de las angustias de Nuestra Señora". 
      Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el siglo XV el número se elevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado, salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circunsición.
1. Profecía de Simeón (o la Circunsición);
2. La Huida a Egipto;
3. La Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a cuestas;
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba  transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por los Dolores de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito. A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen  de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
   En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
   De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
    El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Procesiones de hoy, sábado 25 de junio, Memoria del Inmaculado Corazón de la Virgen María

     Por Amor al Arte
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     Hoy, sábado 25 de junio, Memoria del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando las hermandades siguientes:   

     Hdad. del Inmaculado Corazón de María (Torreblanca): La Hermandad del Inmaculado Corazón de María; es ésta una corporación fundada en 1958, con sede canónica en la iglesia parroquial del Inmaculado Corazón de María, siendo su imagen titular el Inmaculado Corazón de María, obra anónima contemporánea probablemente de los talleres de Olot, o bien de Antonio Castillo Lastrucci.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Inmaculado Corazón de María (Torreblanca): www.hermandaddelinmaculadocorazondemaria.es

     Hdad. de la Misión (Inmaculado Corazón de María): La Archicofradía del Inmaculado Corazón de María, Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santo Cristo de la Misión, Nuestra Señora del Amparo, San Juan Evangelista y San Antonio María Claret; es ésta una corporación fundada en 1948, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Antonio María Claret, del sevillano barrio de Heliópolis, siendo sus imágenes titulares el Inmaculado Corazón de María, obra de Rafael Barbero Medina en 1960; el Santo Cristo de La Misión, obra de José Manuel Bonilla Cornejo en 1988; Nuestra Señora del Amparo, obra de Miguel Laínez Capote en 1967 y remodelada por Alfonso Berraquero García en 1975, realizando José Manuel Bonilla Cornejo una copia exacta debido a su mal estado en 1999; y San Juan Evangelista, obra de Antonio Eslava Rubio en 1970.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Misión: www.archicofradiaclaret.org

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La Hermandad del Inmaculado Corazón de María (Torreblanca)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Inmaculado Corazón de María (Torreblanca), de Sevilla.  
     Hoy, 25 de junio (sábado posterior a la Solemnidad del Corpus Christi), Memoria del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María, devoción referida a la vida interior de la Bienaventurada Virgen María, sus gozos y tristezas, sus virtudes y su perfección y, sobre todo, su amor de mujer Inmaculada por Dios Padre, su amor maternal por Jesús y por los hombres.
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad del Inmaculado Corazón de María, de Torreblanca.
     La Hermandad del Inmaculado Corazón de María, tiene su sede canónica en la Iglesia Parroquial del Inmaculado Corazón de María, que se encuentra en la plaza del Corazón de María, s/n; mientras que su Casa-Hermandad se encuentra en la calle Torrevieja, 4; ambas en el Barrio de Torreblanca, del Distrito Este.
     La Hermandad del Inmaculado Corazón de María; es ésta una corporación fundada en 1958, con sede canónica en la iglesia parroquial del Inmaculado Corazón de María, siendo su imagen titular el Inmaculado Corazón de María, obra anónima contemporánea probablemente de los talleres de Olot, o bien de Antonio Castillo Lastrucci.
     Referencia histórica, Damos la bienvenida a una Hermandad que realmente lleva ya cerca del medio siglo de existencia, pero que por la circunstancia de su lejanía con respecto al centro de la capital, ha pasado desapercibida dentro del conjunto de las corporaciones letíficas hispalenses.
     Se creó hacia los albores del mes de Junio de 1958 por varios vecinos, muy conocidos en la arriada, como los Gómez, los Gallego o los "Albañiles", quienes se reunían en el antiguo bar "La Frasquita", ahora llamado bar "Manolo", junto a los "Almacenes Barbancho". Esta simple enumeración de nombres o apellidos ya da suficiente idea del ambiente genuinamente popular y devocional que inspiró los inicios de la Hermandad del Inmaculado Corazón de María. Quizás por las mismas razones, se descuidó un tanto lo que podríamos llamar aspecto formal o burocrático, pues desde aquellas fechas hasta 1964 la entidad estuvo funcionando sin tener la autorización formal del Arzobispado, aspecto que el párroco don Rafael Escalante Avilés -ya fallecido- consiguió regularizar, quedando oficialmente reconocida como Hermandad de Gloria y registrada en el correspondiente libro del Palacio Arzobispal.
     Como comunidad eclesial dentro de su respectiva zona la Hermandad colabora activamente con la Diócesis en sus tareas pastorales. El muy completo programa de actividades que desarrolla a lo largo del año constituye una buena prueba de ello.
     Referencia artística, No nos consta el autor de la imagen, ni tenemos datos sobre ella en la información enviada por la Hermandad. A tenor de los caracteres y de su cronología, se trata de una obra moderna (¿talleres catalanes, Castillo Lastrucci?) con valor eminentemente devocional, habiendo logrado crear a su alrededor una destacada participación piadosa del vecindario, aspecto de suma relevancia que se sobrepone a cualquier otro análisis formal, pues en definitiva ello es lo que importa e interesa en los ¡conos sagrados, como catequesis viva de la Iglesia. El primer Simpecado de la Hermandad fue bordado por las hermanitas de los pobres en 1958, el cuál constaba de un paño de terciopelo azul marino bordado en hilo de oro con pintura de la Santísima Virgen. El actual fue bordado en los talleres de Coria del Río recuperando el bordado del antiguo simpecado y terminado y bendecido en 1991 por Monseñor Fray Carlos Amigo Vallejo.
     Datos curiosos, Como decíamos anteriormente, el programa actividades corporativas resulta muy
amplio. No tiene desperdicio, pues incluye desde un Vía Crucis en el tiempo pasionista hasta carrera de cintas a caballo, curiosa pervivencia de una antigua costumbre popular, mantenida casi con carácter arqueológico, Dicha carrera se hace a principios de año con una llamativa concentración equina, "dando una oportunidad para la exhibición de tan noble deporte". Se clausura la jornada con la entrega de trofeos a los cinco mejores.
     Además se celebra campaña de Navidad, tómbola a beneficio de las obras asistenciales y procesión con la imagen por las calles del barrio rezando el Santo Rosario, en la fiesta de la titular, que es variable todos los años, dentro del mes de Junio.
     Momentos destacados, Sin duda alguna el acto más emblemático es la Romería con el Simpecado, el último domingo de Septiembre, tras largo tiempo de preparación. En la semana precedente se realiza un festival Pro Romería, con la participación de artistas del barrio y de otros artistas invitados. Comienza la esperada fiesta haciendo un recorrido por las calles engalanadas en dirección al "Eucaliptal" (Carretera de la Nueva Torre de Control del Polígono Aeropuerto-Parque Alcosa).
     Asisten unas 18.000 personas, cuya concentración exige un dispositivo coordinado de diversos servicios ciudadanos, como Protección Civil, Policía local y municipal, Cruz Roja Se entregan premios a las mejores calles engalanadas, mejores jinetes y carrozas. Éstas, según las bases del concurso, "irán engalanadas con flores y adornos de papel, los techos a cuatro aguas y guardando la estética y tradición de nuestras fiestas". Personaje de que se menciona en esta colorista convocatoria es Manuel León "El Tamborilero'' (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Devoción y Culto de la Festividad del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María;
     La devoción al Purísimo Corazón de María nos remite de manera directa al Sagrado Corazón de Jesús, pues en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad por el misterio de la maternidad divina. Su veneración, no obstante, se mantuvo mucho tiempo en el campo de la devoción privada, sin desembocar en un culto oficial. San Juan Eudes (+1680), al par que la devoción al Corazón de Jesús, difundió la del Corazón de María. Le compuso misa y oficio e hizo celebrar su primera fiesta pública el ocho de febrero de 1648 en la Catedral de Autun, con sanción del Ordinario de Lugar. Varios obispos de Francia aprobaron los textos litúrgicos, pero los jansenistas, obviamente, estaban en completo desacuerdo. En el segundo tercio del XVII cofradías consagradas a su culto obtuvieron aprobación pontificia, tanto de Alejandro VII Chigi en 1666 como de Clemente IX Rospigliosi entre 1667 y 1669, con el título de Purísimo o Santísimo Corazón de María. En el año 1668, la fiesta del día dos de junio y sus textos litúrgicos obtuvieron la aprobación del Cardenal Legado para Francia, aunque al año siguiente, 1669, se pidió a Roma la ratificación, pero la Congregación de Ritos dio una respuesta negativa a los textos, aunque no a la fiesta. En diferentes ocasiones se pidió a la Santa Sede la aprobación de la fiesta. Una de ellas fue hecha como petición formal por el padre jesuita Gallifet en el 1726, conjuntamente con la del Corazón de Jesús.  Esta causa fue tratada por Próspero Lambertini, futuro Benedicto XIV. La Congregación de Ritos llegó a responder por primera vez en 1727 con un non proposita, pues presentaba dificultades doctrinales. Luego de esta respuesta, Gallifet sin perder esperanzas volvió a enviar la petición, pero hubo una respuesta oficial tajante y negativa el treinta de julio de 1729. A pesar de ello el citado Benedicto XIV (papa entre el 1740 y el 1758) permitió que se celebrara la fiesta a la cofradía de la iglesia romana de San Salvatore in Onda.
     Fue ya a finales del XVIII cuando la fiesta empezó a obtener el plácet definitivo. Pío VI Braschi el veintidós de marzo de 1799 la concedió a Parma, y, definitivamente, en el pontificado de Pío VII Chiaramonti, la Sagrada Congregación de Ritos, por decreto del treinta y uno de agosto de 1805, aprobó concederla a todos los que la solicitaran, con los textos eucológicos de la festividad de las Nieves (cinco de agosto). A partir de aquí se elevaron numerosas peticiones de diócesis y familias religiosas. Siendo Papa el Beato Pío IX Mastai Ferretti, el veintiuno de julio de 1855, la Congregación de Ritos aprobó para la celebración del Corazón Purísimo de María nuevos textos para la misa y el oficio, utilizando algunas partes de los de San Juan Eudes.  En 1914, con ocasión de la reforma del Misal Romano, la fiesta del Corazón de María fue trasladada del cuerpo del misal a un apéndice del mismo, entre las fiestas pro aliquibus locis. Hubo muchas peticiones para que esta fiesta se extendiera a toda la Iglesia, en especial de los Claretianos, que la tienen por patrona. En el marco de la II Guerra Mundial, el treinta y uno de octubre de 1942, en radiomensaje, y luego, de manera solemne, el ocho de diciembre en la basílica vaticana, cumpliéndose el XXV aniversario de las apariciones de Fátima, el Venerable Pío XII consagró la Iglesia y el género humano al Inmaculado Corazón de María. El adjetivo Inmaculado se le empezó a aplicar tras la definición dogmática de la Inmaculada y pasó a la liturgia por influencia de las apariciones de Fátima. Su fiesta litúrgica fue extendida a la Iglesia Latina dos años después, el cuatro de mayo de 1944, por el decreto de la Sagrada Congregación de Ritos Cultus liturgicus, con la categoría de doble de segunda clase, con Oficio y misa propios, señalando su fiesta el veintidós de agosto, Octava de la Asunción. En la reforma del calendario de 1969 fue transferida del veintidós de agosto a su actual emplazamiento.   
     Colocada al día siguiente de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la contigüidad de las dos celebraciones es ya, en sí misma, un signo litúrgico de su estrecha relación: el mysterium del Corazón del Salvador se proyecta y refleja en el Corazón de la Madre que es también compañera y discípula.  Así como la Solemnidad del Sagrado Corazón celebra los misterios salvíficos de Cristo de una manera sintética y refiriéndolos a su fuente -precisamente el Corazón-, la memoria del Corazón Inmaculado de María es celebración resumida de la asociación “cordial” de la Madre a la obra salvadora del Hijo: de la Encarnación a la Muerte y Resurrección, y al don del Espíritu. Recibió notorio impulso con las apariciones de Fátima (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Página web oficial de la Hermandad del Inmaculado Corazón de María (Torreblanca): www.hermandaddelinmaculadocorazondemaria.es

La Hermandad del Inmaculado Corazón de María (Torreblanca), al detalle:
- Sede Canónica: Iglesia parroquial del Inmaculado Corazón de María
- Imágenes Titulares: Inmaculado Corazón de María                                      
- Día de Salida Procesional: Inmaculado Corazón de María (Sábado posterior a la Solemnidad del Corpus Christi).