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domingo, 31 de agosto de 2025

Un paseo por la calle Vergara

     Por amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Vergara, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 31 de agosto, es el aniversario del llamado Abrazo de Vergara (31 de agosto de 1839), tratado con el que se puso fin a la I Guerra Carlista, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Vergara, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Vergara es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de la calle San Luis y plaza de San Marcos; a la confluencia de las calle Hiniesta, y plaza de Santa Isabel
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
   También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Hasta 1868 formó parte de la plaza de San Marcos y en dicha fecha recibió el nombre de Alvarado, que al año siguiente fue sustituido por el que actualmente conserva, en conmemoración del convenio firmado en 1839 en esta ciudad entre los generales Espartero y Maroto, y que puso fin a la primera guerra carlista. En un nomenclátor de 1937 se le da, como topónimo anterior, el de Convenio de Vergara. Es una calle corta y amplia, que además gana anchura progresivamente, pues el flanco de los pares se abre en chaflán hasta la confluencia de Hiniesta. Por su posición en la fachada norte de la iglesia de San Marcos, posiblemente en sus orígenes pudo ser cementerio parroquial. Se empiedra en 1631 y no se vuelven a tener noticias sobre su pavimentación hasta comienzos de este siglo, cuando se construyen las primeras aceras (1905) y se adoquina (1911); en 1921 fue introducido el alumbrado eléctrico. Hoy posee calzada de asfalto y amplias aceras, de cemento y mal estado de conservación en la de los impares, y de losetas estriadas, de colocación reciente y con varios naranjos en alcorques en la de los pares. Se ilumina con farolas de brazo de fundición adosadas a las fachadas. Un viejo quiosco de prensa pintado de verde completa su mobiliario urbano, y a principios de siglo (1910) contaba con una fuente pública. La acera de los pares está ocupada por el lateral de la citada iglesia, al que se han adosado algunas edificaciones, de funcionalidad asimismo religiosa, como la denominada Obra Social del Padre Damián, En la de los impares se levantan viviendas populares de dos plantas, encaladas y modestas, algunas de ellas desocupadas. Por su proximidad a la zona comercial de San Luis, los bajos están ocupados en parte por locales de negocios, dos bodegas y una tienda de tejidos y confección. Como todo ensanche del casco histórico, aparece ocupada por vehículos aparcados [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor el "Abrazo de Vergara", acontecimiento histórico al que está dedicado esta vía
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     «Convenio celebrado entre el capitán general de los Ejércitos Nacionales Don Baldomero Espartero y el teniente general Don Rafael Maroto.
        Art. 1 °. El capitán general Don Baldomero Espartero recomendará con interés al gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.
        Art. 2°. Serán reconocidos los empleos, grados y condecoraciones de los generales, jefes y oficiales, y demás individuos dependientes del ejército del mando del teniente general Don Rafael Maroto, quien presentará las relaciones con expresión de las armas a que pertenecen, quedando en libertad de continuar sirviendo y defendiendo la Constitución de 1837, el trono de Isabel II y la Regencia de su Augusta Madre, o bien retirarse a sus casas los que no quieran seguir con las armas en la mano.
        Art. 6°. Los artí­culos precedentes comprenden a todos los empleados civiles que se presenten a los doce dí­as de ratificado este convenio.
        Art. 7°. Si las divisiones navarra y alavesa se presentasen en la misma forma que las divisiones castellana, vizcaí­na y guipuzcoana, disfrutarán de las concesiones que se expresan en los artí­culos precedentes.
        Art. 8°. Se pondrán a disposición del capitán general Don Baldomero Espartero los parques de artillerí­a, maestranzas, depósitos de armas, de vestuarios y de ví­veres que estén bajo la dominación del teniente general Don Rafael Maroto.
     Ratificado este convenio en el cuartel general de Vergara, a 31 de agosto de 1839.
     Boletí­n Oficial de Pamplona, jueves 5 de septiembre de 1839″.
     Este Convenio recoge las estipulaciones que firman ambos militares en nombre de la reina Isabel II y del pretendiente don Carlos. Podemos resumirlos en dos apartados que corresponden a cada una de las partes.
     a) El general Espartero se compromete a "proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros". Sabemos que así­ lo hizo y logró que los fueros se respetasen «siempre que no atentaran contra la unidad constitucional española». Fórmula que si bien suponí­a la permanencia de los mismos posibilitaba su acomodación a la Constitución o su supresión (Artí­culo 1º). Igualmente se compromete a respetar los cargos militares de los oficiales carlistas, si estos optaban por permanecer en el ejército. No es sino una medida que facilita la rendición de los mismos. Sabemos que muchos lo hicieron y ocuparon importantes cargos en el ejército y administración isabelina (Artí­culo 2º). El mismo artí­culo más el 6º permiten muy benévolamente volver a sus casas no sólo a los oficiales que no deseen seguir en el ejército sino a cualquier civil siempre que presenten sus armas antes de doce dí­as a partir de la firma del convenio. Por último se ofrecen las mismas medidas a las divisiones castellana, vizcaí­na y guipuzcoana (Artí­culo 7º) ya que en el momento de la firma aún no habí­an aceptado la tregua. Lo harán inmediatamente.
     b) El general Maroto (convertido después de bastantes problemas en lí­der de los carlistas) se compromete, a su vez, a entregar a Espartero «los parques de artillerí­a, maestranzas, depósitos de armas, de vestuarios y de ví­veres», es decir, las armas y la intendencia militar. Con ello se asegura la desmilitarización de los carlistas.
     Debido a la minorí­a de edad de Isabel II, su madre Marí­a Cristina se hizo cargo de la regencia del Paí­s desde 1833 hasta 1840, periodo que coincidió con la primera de las tres Guerras Carlistas.
     Estas guerras comenzaron como un conflicto dinástico e ideológico entre liberales (reformistas, partidarios de Isabel) y carlistas (defensores del Antiguo Régimen y de los derechos dinásticos de Carlos Mª Isidro, hermano de Fernando VII). El conflicto pronto afectó al ámbito económico y religioso. Los propietarios rurales y partidarios de una sociedad teocrática contra la burguesí­a urbana más partidaria de reducir las creencias al ámbito de lo privado. El tema foral, sin embargo, no estuvo en el origen del conflicto aunque bien es cierto que, posteriormente, fue enarbolado por el carlismo.
     La I Guerra Carlista afectó al Norte peninsular, sobre todo a las Provincias Vascongadas, Navarra, Aragón, Cataluña y el Maestrazgo. Los dos principales protagonistas fueron los generales Zumalacárregui (carlista) y Espartero (liberal). Los liberales controlaron todas las capitales, en tanto los carlistas lo hací­an con el medio rural. Esta situación motivó el interés carlista por hacerse con alguna de las capitales. Destacó el intento de hacerse con Bilbao. Aquí­ murió Zumalacárregui y triunfó (batalla del puente de Luchana) el liberal Espartero lo que le valió, además del reconocimiento militar, un tí­tulo de nobleza (Marqués de Luchana).
     El desenlace de esta primera guerra se dio con el abrazo de Vergara entre Espartero y uno de los jefes carlistas (Maroto). Ambos firman el Tratado de Vergara.
     a) La muerte de Fernando VII en 1833 creó un grave problema sucesorio entre carlistas y liberales que llenó de conflictos el segundo tercio del siglo XIX.
     b) El primero de estos conflictos abarcó los años 1833-1840 (I Guerra Carlista) y finalizó con el Tratado de Vergara que firmaron Maroto y Espartero.
     c) Las principales capitulaciones fueron el compromiso de los liberales de respetar la foralidad y los cargos militares y, de los carlistas, de entregar las armas y aceptar la monarquí­a isabelina.
     d) Con ello finalizó la Guerra pero el conflicto siguió abierto hasta el asentamiento definitivo del liberalismo con la finalización de la III Guerra Carlista (Recursos Académicos).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Vergara, al detalle:
Iglesia de San Marcos
Retablo cerámico de la Virgen de los Dolores de los Servitas

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