Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

jueves, 5 de enero de 2023

Haz tu ruta con ExplicArte Sevilla: Tú decides la ruta, la fecha y el precio (Free Tour - propina)

     Con ExplicArte Sevilla podrás hacer la ruta que desees por Sevilla (o cualquier localidad de la provincia, o de cualquier lugar), siempre adaptándonos a tu tiempo y a tus necesidades. Hay multitud de ellas, y desde aquí te proponemos algunas de ellas (hay tantas Rutas como tú quieras), en las que ponemos el acento en el aspecto artístico:

     Ruta Leyendas y Curiosidades de Sevilla: Desde Explicarte Sevilla nos adentraremos en las Leyendas y Curiosidades de Sevilla: el "No8Do" emblema de Sevilla, Doña María Coronel, la Cabeza del Rey Don Pedro, Grace Kelly, el "Negro de Triana",...

     Ruta Sevilla Imprescindible: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los monumentos y barrios más típicos de Sevilla: Plaza de España, Plaza de Toros, Torre del Oro, Catedral, Giralda, Barrio de Santa Cruz, Reales Alcázares, Ayuntamiento,...

     Ruta Sevilla Patrimonio de la Humanidad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos Patrimonio de la Humanidad: Catedral de Santa María de la Sede, Reales Alcázares, y el Archivo General de Indias.

     Ruta Sevilla Prehistórica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas a la Prehistoria el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad.

     Ruta Sevilla Prerromana - Ispal: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas al mundo prerromano el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad con especial atención al mundo de Tartessos y a los demás pueblos que se asentaron en la zona.

     Ruta Sevilla Romana - Hispalis: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que podemos encontrar del paso de la cultura romana por la actual ciudad, como los Monolitos de la calle Mármoles, las Columnas de la Alameda de Hércules, restos del Acueducto ("Caños de Carmona"), restos de las Murallas, el Antiquarium, y la obligada visita al Museo Arqueológico. Incluso podremos visitar el cercano enclave arqueológico de la ciudad romana de Itálica en el pueblo de Santiponce.

     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

     Ruta Sevilla Judía: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la huella judía en la Sevilla de hoy: las antiguas sinagogas y los barrios judíos de Santa Cruz o de San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

     Ruta Sevilla Gótica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
     Ruta Sevilla Barroca: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 

     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde Explicarte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Romántica: Desde Explicarte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.

     Ruta Sevilla Modernista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.

     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.

     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.

     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).

     Ruta Sevilla, Ciudad de Ópera: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia de Sevilla en la historia del Bel Canto, puesto que está presente en más de 100 óperas. Podemos elegir varias rutas relacionadas con la Ópera y Sevilla: Sevilla escenario de Ópera A, Sevilla escenario de Ópera B, El Mito de Carmen, El Mito de Don Juan, y El Mito de Fígaro.

     Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos los hitos más importantes de la expedición que dio la I Vuelta a la Tierra.

     Y muchas más rutas... tú decides. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Un paseo por la calle Hidalgo de Agüero

     Por amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Hidalgo de Agüero, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 5 de enero, es el aniversario del fallecimiento (5 de enero de 1597) de Bartolomé Hidalgo de Agüero, médico, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Hidalgo de Agüero, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Hidalgo de Agüero es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza de Menjíbar, a la calle Castellar
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Aunque hay constancia planimétrica de la existencia de este espacio al menos desde el s. XVIII (plano de Olavide), carecía de nombre preciso pues estaba asimilado a Menjíbar. En 1868 se acordó segregarlo de la plaza y rotularlo con el nombre de Hidalgo, en homenaje al famoso médico cirujano del s. XVI Bartolomé Hidalgo de Agüero (+1597), biografiado por Francisco Pacheco en su Libro de los retratos. Por acuerdo de 1935, y sin duda por confusión, se le llamó Hidalgo y Rebollo, topónimo posteriormen­te rectificado en favor del actual. En la primera mitad del s. XIX carecía de salida y no era más que una barreduela de Menjíbar. Ya en el plano de Álvarez-Benavides (1868) comunica con Castellar, sin duda como consecuencia de algún derribo que determi­nó la asignación de un nuevo nombre. Es una calle muy corta y estrecha, peatonal, pavimentada de losetas y sin aceras, con un marmolillo de hierro en la confluencia con Castellar. Se ilumina con farolas sobre bra­zos de fundición. Cumple una función exclusivamente residencial. Entre sus casas, sobresale la núm. 4 y 4A, de dos plantas y ático, con un balcón central flanqueado por pilastras toscanas y rematado por un frontón triangular [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Hidalgo de Agüero, 4 y 4 A. Casa de dos  plantas y ático. El bal­cón central está flanqueado por pilastras toscanas y rematado por un frontón triangular [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Bartolomé Hidalgo de Agüero, personaje a quien está dedicada esta vía;
     Bartolomé Hidalgo de Agüero, (Sevilla, 1530 – 5 de enero de 1597). Medicina, anatomía, cirugía.

     Hidalgo de Agüero pertenece a la segunda generación de cirujanos españoles del período renacentista, constituida por los nacidos en torno a los años treinta del siglo XVI, formados en el galenismo humanista, buenos clínicos, innovadores en su acción quirúrgica, y que conocieron de primera mano el alcance de la reforma vesaliana. Junto a Hidalgo de Agüero hay que recordar a Juan Calvo, Francisco Díaz y Juan Fragoso, con quien Hidalgo de Agüero polemizó intensamente a raíz de su original método curativo de las heridas.
     No se conoce bien la biografía de este médico y cirujano andaluz. Se sabe, sin embargo, que hizo sus estudios en Sevilla y que toda su vida profesional giró en torno al hospital de San Hermenegildo, más conocido popularmente como el hospital del Cardenal. La formación en cirugía la hizo Hidalgo de Agüero junto a Alfonso de Cuadra y Juan de la Cueva, dos prestigiosos profesionales de la localidad, y, a la muerte de este último, ocupó su plaza en el citado centro asistencial. Parece ser que, a pesar de su prestigio, tuvo ciertas dificultades económicas, lo que quizás explica los problemas que tuvieron sus herederos para editar sus escritos tras su fallecimiento (Pike, 1965).
     Su escrito más importante es el Thesoro de la verdadera cirugía, que apareció siete años después de su fallecimiento, aunque parece claro que Hidalgo de Agüero tuvo intención de editarlo en vida. En efecto, en noviembre de 1593 el Cabildo de la ciudad de Sevilla autorizó la publicación del Thesoro. Tres años después, en julio de 1596, una Real Cédula concedió a Sevilla la licencia para la impresión del libro. Pero al poco falleció Hidalgo de Agüero, lo que explica la demora en la edición del escrito. La concesión de una importante cantidad por el Cabildo facilitó las cosas. Siete años después del óbito de Hidalgo de Agüero, la obra se publicó en la imprenta sevillana de Francisco Pérez. El Thesoro conoció tres ediciones a lo largo del siglo XVII, con escasas variantes. 
     La primera, de Sevilla de 1604, se acompaña de un verso elogioso acerca del método particular de Hidalgo de Agüero en la cura de las heridas, de su epitafio, ambos redactados por Francisco Ximénez Guillén, su yerno, abogado, que fue quien se encargó de dar a luz estos escritos del sevillano, así como de un retrato de medio cuerpo en el que aparece el autor, con sesenta y seis años, sosteniendo una calavera en la mano izquierda. La segunda edición, impresa en 1624 en Barcelona, está dedicada por Sebastián de Cormellas, el impresor, a Diego Hexarch, doctor en medicina, y lleva la aprobación y licencia del doctor Brosser, protomédico de Cataluña. El folio 24 contiene un grabado xilográfico que representa “el granadillo o árbol de la pasión”. Finalmente, la edición valentina de 1654 incluye en la portada una xilografía con la imagen de los santos Cosme y Damián, patronos de los cirujanos, una licencia de impresión en valenciano de fray Pedro de Urbina, y dos sonetos, uno a la ciudad de Sevilla y otro en alabanza de Hidalgo de Agüero. Por lo demás, se puede decir que el resto de contenidos es prácticamente igual en las tres versiones, incluida la censura de Dionisio Daza Chacón, fechada en Madrid el 25 de marzo de 1596 —lo que abunda en la tesis de que esta obra estaba lista para su publicación en vida de su autor—, aunque la impresión valenciana de 1654 parece ser que es la más completa de las tres. 
     En la última parte del tratado cuarto” (págs. 221-293 de la última edición) ofrece Hidalgo de Agüero la “Respuesta a las proposiciones que el Licenciado Fragoso enseña contra unos avisos particulares de Cirugía que imprimió el autor, año 1584”. No se conocía ejemplar independiente de esta obra de Hidalgo de Agüero, que reseña ampliamente Chinchilla en sus Anales históricos, hasta que en 1979 Esteban Torre dio cuenta de uno, Avisos particulares de syrurgia contra la común opinión, del que se ha conservado una copia en el Archivo Municipal de Sevilla.
     El Thesoro es fundamentalmente una obra práctica, pensada para servir de guía a los cirujanos de su tiempo en circunstancias concretas y, por ello, está redactada en un castellano sencillo y comprensible, sin complicaciones doctrinales, y no en latín, la lengua culta y más propia de los médicos. Reúne un conjunto diverso de escritos de este médico y cirujano sevillano, encabezados como “Tratados”. El primero trata de la Verdadera Cirugía y en él se expone el método particular de Hidalgo de Agüero para el tratamiento de las heridas, que luego se comentará. Este primer tratado concluye con una “Recopilación de las opiniones y modos curativos que ha habido en cirugía desde el principio del mundo hasta nuestros días”. En el tratado segundo se abordan las “Evacuaciones, tocante a los casos de cirugía”, en el tercero la “Sangría”, en el cuarto, “De las heridas, en universal y particular” (21 capítulos), en el quinto expone los “Fundamentos y preceptos de la vía particular” (28 capítulos), que contiene también una “Breve suma de las razones de la vía particular y contradicciones de la vía común, y respuestas que hacen fuertes las razones particulares”, el “Antidotario general de ambas vías”, la “Respuesta a las proposiciones” antes mencionadas, y una “Suma de las proposiciones de Cirugía que el Licenciado Fragoso dice que enseña contra unos Avisos que yo hice imprimir en el año pasado de 1584”. El tratado quinto versa sobre la “Definición de Cirugía y apostemas en general”, el sexto acerca de la “Theórica de Cirugía”, el séptimo de la “Anatomía”, el octavo contiene una “Historia del ojo”, el noveno de nuevo sobre los “Apostemas”, el décimo sobre las “Úlceras”, el undécimo, “De Fracturas”, el decimosegundo de “Dislocaciones” y el decimotercero y último, sobre la “Peste”.
     Como ha señalado Carreras Panchón (1976), Hidalgo de Agüero es el único cirujano español, junto con Andrés Alcázar, que prestó especial atención a la peste. Para Hidalgo de Agüero esta enfermedad, la más mortífera de todas, tiene su causa en una corrupción atmosférica. Como preservativo y al mismo tiempo curativo recomienda recurrir a “buenos olores”, es decir, perfumar el aire que se respira, y a la sangría si hay necesidad. También considera conveniente abrir el bubón a fuego y, para favorecer la expulsión del pus, se introduce solimán.
     Los tratados anatómicos (séptimo y octavo, especialmente) están redactados de forma muy sencilla, como en general todos los tratados, y tienen una intencionalidad práctica, pero doctrinalmente se ajustan muy bien a la anatomía posvesaliana más exigente de ese momento.
     El último apartado del Thesoro de Hidalgo de Agüero está dedicado al “Tabardillo”, o tifus exantemático, una de las nuevas enfermedades que se dieron a conocer a partir del siglo XVI y que tuvo una incidencia bastante importante en su tiempo. El tabardillo fue ampliamente estudiado por los clínicos españoles renacentistas, y el texto de Hidalgo de Agüero, el último de la centuria desde el punto de vista cronológico, breve en cuanto a extensión, se caracteriza por su sencillez y sentido práctico, pues fue su intención ofrecer al médico práctico una guía útil ante esta enfermedad.
     Hidalgo de Agüero hizo escuela, pues varios profesionales sevillanos fueron seguidores de su método. El más renombrado fue Pedro López de León, que ejerció en América, concretamente en Cartagena de Indias, a partir de 1590 (Newson, 2006). También el cordobés Enrique Vaca de Alfaro y Pedro Gago Vadillo, todos ellos defensores de su método particular en la curación de las heridas. Según testimonio de Pedro López de León, durante los cuatro años de aprendizaje junto a su maestro, vio curar conforme a su método a más de tres mil heridos.
     Donde se muestra Hidalgo de Agüero más original y creativo es en lo tocante al tratamiento de las heridas. Frente a la vía común, dominante en su tiempo, Hidalgo de Agüero, apoyándose en una experiencia de más de veinte años, ofrece su vía particular, menos agresiva y cauta. En palabras de su yerno, dicha vía “sin comparación es mejor, más cierta, más segura, más limpia, más suave, más fácil, más breve, menos penosa, y menos costosa que la común, que se practicaba en esta ciudad de Sevilla”. La brevedad del método de Hidalgo de Agüero la comenta de esta forma: “Antes de que se introdujera [...] este nuevo modo de curar, duraba la cura de una herida penetrante muchos meses y por la mayor parte morían casi todos: y si alguno como por milagro quedaba con la vida, a mejor librar escapaba tísico. Ahora se curan dentro de siete días o en once, y a lo más largo en catorce”.
     Tan consciente fue Hidalgo de Agüero de la novedad de su vía que el Thesoro está construido en torno a este método curativo. En efecto, la obra se inicia con los “Avisos particulares”, que son cincuenta sentencias breves en defensa de su acercamiento, y se sigue de un sumario que contiene tres “partes essenciales” —la vía particular, la común y la medicinal— y la relación de los catorce tratados en que se estructura su escrito.
     La vía común era una técnica muy intervencionista para el tratamiento de las heridas abiertas. Su fundamento teórico era la doctrina del “pus loable” y consistía en recurrir a procedimientos húmedos que favorecieran la aparición de dicho pus loable, y al recurso de “hierros” para curar la herida, mientras que la alternativa de Hidalgo de Agüero, la vía particular, método seco o desecante, se basaba en limpiar la herida, aproximar bordes, no aplicar emolientes y dejar que siguiera su curso natural. Igual de explícito se mostró Hidalgo de Agüero en relación con las heridas de la cabeza: “Que no use de instrumentos ferrales para uso de la cabeza, como legra ni taladro, ni levantador; pues hay medicinas enemas y capitales para curar sin instrumentos toda herida de cabeza”.
     Hidalgo de Agüero fue un hombre de su tiempo. Respetuoso con la tradición, pero al mismo tiempo innovador. Se apoya en su experiencia para mostrar la idoneidad de su método curativo de las heridas, pero también en la tradición. Según él, ya Galeno recurría a este método, aunque se impuso la vía común en tiempos posteriores. Por otro lado, la validez de la vía particular la sustenta recurriendo a una incipiente estadística con la cual demuestra que su vía particular era más efectiva que la que hasta entonces utilizaban de forma generalizada los cirujanos. En un año de uso de este método, la mortalidad de los enfermos vistos por él apenas fue de un cinco por ciento, y en el caso de heridas de la cabeza fue mucho menor, mientras los atendidos según la vía común “se halla mayor número de los muertos que de los vivos”.
     La novedad de su método contó con abundantes opositores. El doctor Estrada, recién llegado a Sevilla, tuvo conocimiento del método de Hidalgo de Agüero y pleiteó con él, pues consideraba que la vía particular no era superior a la común.
     De mayor peso, por su prestigio profesional, fue la polémica que mantuvo con Juan Fragoso, uno de los cirujanos y naturalistas españoles de mayor prestigio del siglo XVI, que ejerció también durante muchos años en Sevilla antes de trasladarse a Madrid como cirujano de los Reyes y que en sus escritos se muestra seguidor del anatomista posvesaliano Gabriel Fallopio. En la segunda edición de su Chirurgia Universal (1586), Fragoso incorporó un texto crítico hacia Hidalgo de Agüero, la Suma de Proposiciones de Cirugía, al que éste respondió con la Respuesta a las proposiciones que el licenciado Fragoso enseña, contra unos Avisos particulares de Cirugía [...]. Frente al recurso de la autoridad de los clásicos por parte de Fragoso, Hidalgo de Agüero contraponía la experiencia y un mejor hacer profesional. Esta disputa, además de los argumentos científicos que esgrimieron ambas partes, también contó con descalificaciones de orden personal, lo que ha hecho que haya sido entendida como una mera cuestión de rivalidad profesional entre ambos. Según Hidalgo de Agüero, Juan Fragoso, al final, reconoció su error y admitió la superioridad de la vía particular frente a la común (Guillermo Olagüe de Ros, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Hidalgo de Agüero, al detalle:
Edificio Hidalgo de Agüero, 4 y 4A

miércoles, 4 de enero de 2023

La Fuente de la Unión, en Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 4 de enero, es el aniversario de la inauguración (4 de enero de 1998) de la Fuente de la Unión, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Fuente de la Unión, en Los Palacios y Villafranca (Sevilla).
     La Fuente de la Unión, se encuentra en la avda. de Sevilla, 2; en Los Palacios y Villafranca (Sevilla).
     Se trata de la fuente más céntrica de Los Palacios y Villafranca, pero también se trata de la más simbólica ya que alberga una escena en bronce que representa la unión de lo que hasta 1836 eran dos pueblos distintos separados por un arroyo: Villafranca de la Marisma, que había luchado en el siglo XVII por conseguir su propia jurisdicción frente a los duques de Arcos, y Los Palacios, que era propiedad de estos nobles.
     Sin embargo, hace unos 179 años ambas localidades decidieron unirse y desde entonces el escudo de este pueblo dual es el de La Unión. Precisamente, el nombre que recibe esta fuente situada en la encrucijada que popularmente se conoce como Los Cuatro Vientos.
      La fuente se inauguró el 4 de enero de 1998 y fue un escultor de Salteras, José Manuel Díaz Benítez, quien creo las esculturas que conforman el conjunto y que, además, aparecen en el escudo de la localidad. (Turismo de la Provincia de Sevilla).
     Se trata de la fuente más céntrica de Los Palacios y Villafranca, pero también se trata de la más simbólica; ya que alberga una escena en bronce, que representa la unión de lo que hasta 1836 eran dos pueblos distintos separados por un arroyo: Villafranca de la Marisma, que había luchado en el siglo XVII por conseguir su propia jurisdicción frente a los Duques de Arcos, y Los Palacios, que era propiedad de estos nobles.
     Sin embargo, hace unos 179 años ambas localidades decidieron unirse y desde entonces, el escudo de este pueblo dual es el de La Unión; precisamente, el nombre que recibe esta fuente situada en la encrucijada que popularmente se conoce como Los Cuatro Vientos.
     La fuente se inauguró el 4 de enero de 1998 y fue un escultor de Salteras, José Manuel Díaz Benítez, quién creo las esculturas que conforman el conjunto y que, además, aparecen en el escudo de la localidad. El por qué de esas imágenes lo encontramos en la obra que el escritor más célebre del municipio, Joaquín Romero Murube, dedica al que es su pueblo natal ("Pueblo Lejano" - 1954), en la que podemos leer: 
     «En él aparece un hombre con levitilla y una castora, tendiendo la mano con ramitas de olivo a un duro labriego de las marismas».
     Ése es el momento de la unión de ambos pueblos. Unión que José Manuel Díaz supo representar al pie de la letra (Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca).
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Un paseo por el Barrio de Los Arcos

     Por Amor al Arte
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     El Barrio de Los Arcos es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Norte, delimitado por las vías avda. La Mujer Trabajadora, avda. Las Asociaciones de Vecinos, c/ Don Latino de Híspalis, c/ Familias Cuidadoras, c/ Alejandro Sawa, y avda. Alcalde Manuel del Valle.
     El Barrio de Los Arcos lo componen las vías siguientes: c/ Acueducto, c/ Ajimez, avda. Alcalde Manuel del Valle, c/ Arbotante, avda. Las Asociaciones de Vecinos, c/ Familias Cuidadoras, avda. La Mujer Trabajadora, c/ Ojiva, y c/ sin nombre c/ A.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos.
     Construida en las inmediaciones del desbordable y desaparecido arroyo de Miraflores. En el plano de Liñán de 1962, parte de la zona estaba ocupada por una fábrica de tejidos. El proyecto originario de la urbanización es de Inmobiliaria Iberhogar, S.A. y las obras se iniciaron a mediados de la década de 1970, ajustándose a las directrices del Plan Parcial Cortijo Ramírez. En 1979 se entregan las primeras viviendas. Estaba previsto la construcción de 1.280, distribuidas en 36 bloques, aunque en 1986 sólo se habían levantado 19. En la actualidad una nueva inmobiliaria, Proamisa, está construyendo ocho bloques de la primera y segunda fase, mientras que Hispamer, dueña del solar sobre el que se edificará la tercera, inició en los últimos años de la década de 1980 las obras de acondicionamiento. El plano de la barriada nos muestra que las cuatro calles que la componen son rectas y anchas, disponiéndose, salvo Ojiva, perpendiculares a la carretera de Miraflores. Sólo hay una vía de acceso asfaltada; no obstante tanto desde el Parque las Naciones como de la Casa Cuna hay caminos terrizos utilizados por peatones y vehículos de dos ruedas. Las calles están dotadas de aceras de losetas de cemento, calzada asfaltada y zonas de aparcamiento. Hay también zonas terrizas, dotadas con juegos infantiles y bancos. La iluminación procede de farolas tipo báculo. Los numerosos espacios rectangulares creados entre los bloques son aprovechados como zonas ajardinadas con numerosos tipos de árboles, arbustos y plantas.
     Los edificios son bloques con alturas que oscilan entre las cuatro y las doce plantas. La línea de edificación es quebrada creando numerosos espacios rectangulares. De uso fundamentalmente residencial, los bajos de los bloques se dedican mayoritariamente a viviendas, aunque es posible detectar la presencia de algunos comercios de carácter diario. El que la barriada estuviese tantos años sin acabar se ha traducido en graves problemas de dotación urbanística, pero quizás haya favorecido  una intensa vida social, aglutinada en torno al Centro Cultural Los Arcos, y también hay otras entidades de carácter juvenil. Aquella entidad, además de organizar una semana deportiva, la cabalgata de reyes, cruces de mayo, etc., funciona a modo de comunidad de propietarios, procurando que la barriada se conserve en buen estado. Ella es la responsable de que sobre el solar de la tercera fase se hayan instalado zonas deportivas, como un campo de fútbol y otro de petanca. Existe el fundado temor entre los vecinos de que la edificación del solar haga desaparecer estos espacios de uso común. Las calles de la barriada fueron rotulados en 1979 [Francisco Salgado Jiménez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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martes, 3 de enero de 2023

La Fuente del Moro, en El Saucejo (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     La Fuente del Moro, se encuentra a 2 km del casco urbano, en el margen de la ctra. SE-476; en La Mezquitilla - El Saucejo (Sevilla).
     Complejo hidráulico compuesto de fuente, abrevadero y lavadero. Delimita el espacio un muro de mampostería y albero en su parte posterior. El arca con un canal lateral distribuye el agua al lavadero y abrevadero.
     La explanada del conjunto está cubierta de cemento. Está construido en piedra, tapial y ladrillos aunque con la reciente reforma el conjunto se ha retocado con cemento.
     Los elementos sustentantes son muros de tapial encalados en la fuente y recubiertos de cemento en el abrevadero y lavadero. El conjunto de cierra con un muro de mampostería de piedras unidas con cemento; bóveda de cañón en la fuente. Explanada de cemento en todo el conjunto y una capa de albero en la parte alta, hasta el muro superior. El conjunto está compuesto por fuente con bóveda de medio cañón y dos arcos de medio punto en la entrada, pilar y lavadero.
     Policromía en color albero de la cúpula de la fuente y bordes del muro; refregaderas del lavadero y pilar del abrevadero (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La antigua alquería musulmana, que data del siglo XII, se encuentra en la aldea de Mezquitilla. Parece evidenciar la existencia de un pequeño caserío islámico levantado alrededor de un oratorio o mezquita. Es de época almohade, ya que muestra claros parentescos con otras fuentes levantadas en el antiguo reino de Sevilla.
     Lo verdaderamente antiguo es el espacio cuadrangular con un estanque y con una poza labrada en la roca que se cubre con una bóveda semiesférica y se abre al exterior en la frente principal a través de dos arcos de medio punto rebajados, de fuerte saber moruno. Las restauraciones que se han hecho han eliminado parte de su fisionomía. La primera fue efectuada en 1936 por el Ayuntamiento, mientras que la de 1952 fue a través de las aportaciones de los habitantes. Las predecesoras de 1982 y 1994 han intentado devolver a la fuente el esplendor que tenía. La construcción originaria es de mampostería enfoscada y encalada.
     Además de su uso como fuente de agua potable para consumo humano,  abastecimiento de agua para animales y pilar para lavar la ropa, se cree que también fue utilizada para la ablución o ritual de purificación por medio del agua que se hace antes de la oración en la religión musulmana.
     Es un recurso de gran valor histórico, etnológico y patrimonial, como elemento arquitectónico de mayor antigüedad del municipio, y referente como origen del núcleo de La Mezquitilla. (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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La pintura "Niño Jesús Salvador", de Roelas, en la sala IV del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Niño Jesús Salvador", de Roelas, en la sala IV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, 3 de enero, El Santísimo Nombre de Jesús, a cuyo solo nombre toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y en el abismo, para gloria de la Divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Niño Jesús Salvador", de Roelas, en la sala IV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    En la sala IV del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Niño Jesús Salvador", de Juan de Roelas (h. 1558/60-1625), siendo un óleo sobre tabla en estilo barroco de escuela sevillana, realizado hacia 1610, con unas medidas de 0'70 x 0'31 m., ingresando en el Museo tras su adquisición por la Junta de Andalucía, en 2004.
   Niño Jesús bendiciente. Vestido con clámide roja, bendice con la mano derecha y en la izquierda porta el báculo con la cruz.
     Adquirido por la Junta de Andalucía para su depósito en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, 2004
     El Niño se cubre con una túnica blanca que alude a su infancia. Sobre ésta se dispone un manto rojo que premoniza su dramático destino: la Pasión. La pequeña cruz con estandarte simboliza su resurrección y el triunfo sobre la muerte, representada ésta por una calavera sobre la que apoya el pie con suma delicadeza. El Niño aparece sentado sobre una bola del mundo, que alude al triunfo de la fe. La serpiente que, en el tercio inferior, está mordiendo una manzana es la manifestación del triunfo del nuevo hombre sobre el antiguo, sobre el pecado original. 
     Posiblemente esta tabla perteneció a la puerta del sagrario del retablo de la sacristía de la capilla de los flamencos del desaparecido Colegio de Santo Tomás de Sevilla. En este mismo retablo se encontraba el Martirio de San Andrés, obra que se puede ver en la sala V del museo (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
   Juan de Roelas es uno de los pintores más importantes dentro del panorama de la pintura barroca sevillana cuya personalidad permanece un tanto eclipsada por otras figuras locales como Zurbarán, Murillo o Valdés Leal. Nació en Sevilla entre 1558 y 1560 en el seno de una familia de condición nobiliaria ya que su padre fue Pedro de Roelas, general de la Armada española.
   Sobre su formación artística es muy poco lo  que conocemos por la carencia de documentación en este sentido. Sí sabemos que tuvo el título de licenciado lo que indica que cursó estudios de rango superior quizás en la Universidad sevillana. También sabemos que fue sacerdote, condición que le aportaría una sólida formación espiritual que unida a la humanística contribuyó a crear en él una beneficiosa preparación para su ejercicio pictórico.
   Como artista puede decirse que a su posible formación sevillana debió de unir conocimientos y estudios adquiridos en Italia pudiéndose sospechar que pasó por Roma, Nápoles y Venecia, procediendo de esta última ciudad muchos de sus influjos artísticos. Este viaje debió de realizarse en plena juventud del artista en fecha que oscilaría entre 1585 y 1595.
   Tras un breve período transcurrido en Valladolid, Roelas aparece en 1603 en Olivares (Sevilla) donde ejerció como capellán de la Colegiata. Al año siguiente se instaló en Sevilla donde fue capellán en el Salvador ocupándose de realizar en años sucesivos una copiosa y admirable producción pictórica.
   En 1616 se trasladó a Madrid donde aspiró a ocupar una plaza de pintor del rey, cargo que no pudo alcanzar a pesar de hacer méritos ante el monarca y servirle como capellán. Desilusionado por este fracaso regresó de nuevo a Olivares en 1621 y allí permaneció hasta su muerte acaecida en 1625.
   La obra de Roelas se nos muestra en su tiempo innovadora y audaz dentro del panorama de la pintura sevillana. En sus obras se reflejan siempre trascendencia y grandiosidad espiritual y al mismo tiempo sentimiento y afectos que proceden de la vida popular. Su técnica suelta y ligera, reflejada en su pincelada, se refuerza en sus obras con un cromatismo cálido y vibrante.
   Entre sus obras en el Museo destaca fundamentalmente el Martirio de San Andrés que procede de la capilla de los Flamencos del colegio de los dominicos de Santo Tomás de Aquino, obra realizada hacia 1610. En ella destaca su admirable composición en la que contrasta la trascendente expresión del santo en su martirio con el bullicio que a sus pies protagonizan sus verdugos y los espectadores del episodio. Importante es también La venida del Espíritu Santo fechable en 1615, en la que las expresiones de la Virgen y de los Apóstoles aparecen imbuidas del gozoso júbilo que les proporciona la transformación de sus sencillas almas en grandiosos espíritus. Hermosa e intimista es la representación de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen y dramáticamente emotiva la escena de Cristo camino del Calvario (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Niño Jesús
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   No insistiremos con las representaciones del Niño Jesús, sentado de frente sobre las rodillas de la Virgen en Majestad o acurrucado en los brazos de la Virgen de ternura, que más bien, realzan la iconografía de Nuestra Señora.
   Entre los treinta y cinco tipos iconográficos enumerados por Dorothy C. Shorr, debe recordarse sobre todo al Niño bendecidor, que acaricia la mejilla o el mentón de su madre, mamando o chupándose los dedos.
   El Niño del pájaro es muy frecuente en la escultura de la Edad Media. El pájaro le sirve de juguete vivo que a veces se venga picándole el brazo o el pulgar.
   Si el pájaro perdió pronto todo significado simbólico, no ocurrió lo mismo con el racimo de uvas, otro atributo habitual del Niño Jesús que no es específico de los países vitícolas. Siempre se ha asociado la idea del sacrificio con las uvas, que aplastadas en el lagar, dejan escapar un mosto rojo como la sangre.
   El tipo del Niño Jesús llevando el globo se popularizó en el siglo XVII. Fue en esta época cuando una joven carmelita de Beaune, la hermana Margarita del Santo Sacramento, creó la Asociación del Niño Jesús. Con frecuencia, el Niño Dios aplasta la serpiente con los pies. Ese tipo iconográfico ha sido popularizado en Italia por Guido Reni, en España por Murillo y en Flandes por Van Dyck.
   El arte cristiano se delectó proyectando sobre la infancia inocente de Jesús la sombra de la cruz. El contraste entre la feliz despreocupación de un niño y el horror del sacrificio al cual estaba predestinado, fue concebido para conmover los corazones. Esta idea ya era familiar a los teólogos de la Edad Media. Pero los artistas de entonces la expresaban discretamente, ya mediante la expresión preocupada de la Virgen, ya mediante un racimo de uvas que el Niño estruja en las manos y que es el símbolo de su sacrificio en la cruz.
          Ut torcular uvam.
          Sic natum, o Virgo, crux onerosa premet.
   Es sobre todo en el arte de la Contrarreforma donde ese presentimiento fúnebre de la Pasión se expresa por medio de alusiones transparentes. Zurbarán muestra al Niño Jesús que se pincha el dedo trenzando una corona de espinas, Murillo al pequeño San Juan Bautista que le muestra su cruz de cañas. Finalmente, esta idea encuentra su expresión más conmovedora en el tema del Niño Jesús dormido sobre una cruz y soñando su Pasión.
   El Niño no está siempre asociado con su madre, los santos lo disputan con la Virgen. A finales de la Edad Media se lo representa de buena gana de pie sobre el hombro del gigante San Cristóbal que le hace pasar el vado. San Antonio de Padua consigue el favor de tenerlo en brazos, como el anciano Sirneón. Y él entrega el anillo de bodas a su esposa mística, Santa Catalina (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Festividad del Dulce Nombre de Jesús
   El nombre de Jesús -dice Baur- es un nombre inventado en el Cielo y traído de allí por el Ángel Gabriel, para comunicárselo a la Virgen en el instante de la Anunciación: Darás a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús. Ahora bien, los nombres impuestos por el Cielo siempre significan un don gratuito otorgado por Dios. Siendo en Cristo este don de la gracia. La salvación de los hombres, con toda propiedad se le impuso el nombre de Jesús, que quiere decir Salvador." (Santo Tomás de Aquino).
   Y, ciertamente, "ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo por el cual podamos salvarnos" (Epist.). La devoción al nombre de Jesús es una preciosa herencia que recibimos de Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán. El Beato Jordán de Sajonia, el Beato Enrique Susón, Santa Catalina de Siena y el Beato Juan de Vicenza, fueron apasionados devotos de este Santo Nombre.
   La Iglesia, pero especialmente algunos de los primeros Padres que crearon su doctrina, insistió en la veneración al "dulcísimo" o "sacrosanto" nombre de Jesús. De hecho, aunque el día 1 de enero se celebraba ya esa fiesta, La Iglesia ha dispuesto se celebre esta fiesta al día siguiente de la octava de la Epifanía, a fin de honrar por modo especial el nombre de Jesús, que es:
   Nombre verdaderamente divino, que sólo Dios pudo imponer al Salvador del mundo. Nombre venerable, que hace doblar la rodilla a todas las grandezas de la tierra. Nombre sacrosanto, que pone en fuga a los espíritus diabólicos. Nombre omnipotente, en cuya virtud se han obrado los mayores milagros. Nombre salutífero, de quien reciben en cierto modo toda su eficacia los Sacramentos de la Nueva Ley. Nombre propicio, pues todo lo puede con Dios, y por respeto al nombre Jesús oye benigno nuestras oraciones. Nombre glorioso, extendido por el celo de los apóstoles a todos los gentiles y a todos !os reyes de la tierra. Nombre augusto, por cuya confesión los santos mártires se gloriaron en sufrir cruelísimos tormentos. Nombre, en fin, incomparable, pues no hay otro debajo, del Cielo en cuya virtud podamos ser salvos. Alabémosle, pues, y bendigámosle en todo tiempo.
   San Bernardo, San Juan Crisóstomo, San Gregorio Niceno, Orígenes o San Agustín son algunos de los escritores sagrados que insisten en la importancia del nombre: "Quid est Jesus, nisi Salvator?", dice San Agustín, y San Bernardo lo llama "óleo saludable" que sana cuando la devoción lo aplica, denominándolo también alimento, fuente, medicina y luz, según recuerda Santiago de Vorágine en su Leyenda Dorada.
   Gregorio X, en 1274, confió a la Orden de Predicadores, en la persona del Maestro General, Beato Juan de Vercelli, "la predicación de la devoción que derrama dulzura sobre los corazones." Se erigieron Cofradías en las iglesias de la Orden, y tan florecientes, que alguna de las actuales, como en los EE. UU. pasa de tres millones y medio el numero de hombres asociados. El fin de la Cofradía es propagar la devoción y culto del Nombre de Jesús contra la blasfemia y profanación de los días festivos (Tomado del Misal de la Orden de Predicadores, editado en Valencia en 1958).
BREVE CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DE LA DEVOCIÓN AL DULCE NOMBRE DE JESÚS
   Durante el Concilio de Lyon, año 1274, el Papa Gregorio X dictó una Bula encaminada a desagraviar los insultos que se manifestaban contra el Nombre de Jesús. Las órdenes de los Dominicos y los Franciscanos fueron las encargadas de custodiar y extender dicha devoción por toda Europa. Así, Gregorio X escribió una carta a Juan de Vercelli, el entonces Superior General de los Dominicos, donde declaraba, "Nos, hemos prescrito a los fieles… reverenciar de una manera particular ese Nombre que está por encima de todos los nombres…".
   Este acto resultó en la fundación de la Sociedad del Santo Nombre. Se decía que el Nombre de Jesús estaba en la boca de San Francisco "como la miel en el panal" y San Francisco mismo escribió, "ningún hombre es digno de decir Tu Nombre". Luego, San Bernardo escribió sermones enteros sobre el Nombre de Jesús y dijo: "Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, un canto de delicia en el corazón". San Buenaventura exclama, "Oh, alma, si escribes, lees, enseñas, o haces cualquier otra cosa, que nada tenga sabor alguno para ti, que nada te agrade excepto el Nombre de Jesús".
   Con el nombre “Sociedad del Santo Nombre de Dios” es fundada en 1430, por Fray Diego de Vitoria en el Convento de San Pablo de la ciudad de Burgos la primera Cofradía del Dulce Nombre de Jesús de España mediante la Bula "Salvatoris et Nómini Nostri Iesu Christi".
INDULGENCIA PLENARIA AL PRONUNCIAR EL DULCE NOMBRE DE JESÚS
   Es Tradición Católica que en la hora de la muerte, pronunciar con los labios o el corazón el Dulcísimo Nombre de Nuestro Salvador, nos puede alcanzar la muy necesaria Indulgencia Plenaria; para ello, debemos cumplir las siguientes disposiciones:
   - Primero, las mismas condiciones requeridas para ganar cualquier indulgencia: es decir, la persona debe estar en estado de gracia cuando se gane la indulgencia y debe tener la intención de ganar la indulgencia.
   - Segundo, debe resignarse completamente a la voluntad de Dios al estar muriendo.
   - Tercero, debe pronunciar el Santo Nombre de Jesús con sus labios, si es posible, y si no fuere capaz de hablar, al menos debe invocar el Santo Nombre de Jesús en su corazón.
   Subráyese especialmente esta última condición de pronunciar el Santísimo Nombre de Jesús. La Congregación de Indulgencias la pidió el 22 de septiembre de 1892 para ganar la indulgencia plenaria in articulo mortis. Es algo que fácilmente se pasa por alto, y por ello, le damos especial atención (www.catholic.net).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan de Roelas, autor de la obra reseñada;
     Juan de Roelas (Bélgica, c. 1570 – Olivares, Sevilla, ¿1625?) Pintor.
     Fue el clérigo Roelas una de las figuras más importantes de la pintura sevillana en el primer cuarto del siglo XVII. Nació hacia 1570 en Flandes en un lugar desconocido y las primeras noticias suyas aparecen en Valladolid en 1597, donde trabajaba al servicio del duque de Lerma. Antes debió de haberse formado como pintor en su patria y también es posible que estuviese algunos años en Italia, concretamente en Venecia, ya que en sus pinturas se constatan numerosas referencias artísticas procedentes de dicha ciudad.
     En 1603 ya debía de haber recibido órdenes sacerdotales, puesto que en dicho año aparece ejerciendo como capellán en la Colegiata de Olivares (Sevilla); en 1604 ya trabajaba en Sevilla como pintor y a partir de 1606 figura como capellán en la iglesia del Salvador de dicha ciudad. Desde estas fechas emprendió una brillante carrera como artista que le llevó a acaparar los principales encargos pictóricos que se realizaban en Sevilla. En 1616, Roelas se trasladó a Madrid, donde aspiró a obtener el nombramiento de pintor del Rey, al tiempo que también ejerció como capellán.
     Sin embargo, no obtuvo el nombramiento al que aspiraba y, pasados varios años, desanimado, optó por regresar en 1621 a su antigua capellanía en Olivares, donde permaneció hasta el año de su fallecimiento.
     La pintura de Roelas fue decisiva en el desarrollo del arte sevillano en las primeras décadas del siglo XVII, aportando un considerable cúmulo de novedades que se inician con la práctica de un dibujo suelto, de una pincelada restregada y de la aplicación de un colorido basado fundamentalmente en tonos cálidos. Por otra parte, Roelas se especializó en la realización de grandes cuadros de altar, de amplio formato, en los que acertó a introducir una potente intensidad expresiva en sus personajes que aparecen imbuidos en sentimientos y afectos procedentes de la vida cotidiana.
     Provisto de estos recursos, Roelas acertó a humanizar el contenido de sus obras, en las que los aspectos populares poseen un gran protagonismo. Sus pinturas son a la vez grandiosas en lo espiritual y sencillas en lo material, percibiéndose en ellas que su condición de clérigo le permitía equilibrar con perfección la trascendencia religiosa con la normalidad de la existencia cotidiana. Los personajes que protagonizan sus composiciones muestran comúnmente fisonomías amables, tanto si pertenecen al mundo celestial como al terrenal y presentan siempre semblantes y actitudes que suscitan la atención y la confianza del espectador. Aspectos sublimes y anecdóticos se funden de manera espontánea en sus obras, sin que nunca pueda constatarse una vulgarización de su contenido.
     La aceptación que la pintura de Roelas tuvo en el ámbito sevillano estaba también motivada por el acierto de traducir aspectos naturalistas que, procedentes de la realidad, alternan con sensaciones y efectos místicos.
     Todos estos factores fueron motivo suficiente para que, durante el tiempo en que vivió en Sevilla, fuese sin duda el pintor más importante de la ciudad.
     Las primeras obras de Roelas realizadas en Sevilla debieron de llevarse a cabo entre 1604 y 1606 y son las que figuran en el retablo de la iglesia de la Casa Profesa de los Jesuitas. Allí realizó el lienzo principal donde se representa La circuncisión, momento que coincide con la imposición al Niño del nombre de Jesús, que es el mismo de la Compañía jesuítica y por ello su anagrama figura triunfante en la parte superior de la composición. En el mismo retablo pintó La adoración de los pastores, San Juan Bautista, San Juan Evangelista y El Niño Jesús, éste en la portezuela del tabernáculo; la fisonomía de este Niño muestra un modelo infantil mofletudo y sonriente que anticipa en medio siglo los modelos que había de crear Murillo en el futuro. El novedoso y sorprendente efecto de las pinturas de este retablo debió de mover a los jesuitas a encargarle también la terminación de las pinturas del retablo de la iglesia de la Compañía en Marchena, obra que había quedado inconclusa por la marcha a México en 1603 del primer encargado de realizarlas, que fue Alonso Vázquez. Roelas prosiguió en 1607 la conclusión de las pinturas que fueron San Joaquín, Santa Ana, la Virgen y el Niño, situada en el centro del retablo mientras que en la parte superior dispuso La anunciación, flanqueada por San Luis rey de Francia y San Rodrigo.
     En 1608, Roelas acometió en Sevilla la ejecución de una pintura de singular importancia: es El triunfo de san Gregorio, que se conserva actualmente en el Colegio de Ushaw en Durham, pero que fue destinada inicialmente a presidir el retablo del Colegio Inglés de Sevilla; en esta pintura se representa al santo presidiendo una asamblea compuesta por los principales obispos de la primitiva Iglesia española. Un año después para la Catedral de Sevilla Roelas realizó otro gran lienzo de altar, resuelto en una composición movida y aparatosa; es la escena que representa a Santiago en la batalla de Clavijo; en este mismo año ejecutó también una Piedad que se conserva igualmente en la Catedral, en la capilla de los Jácomes, en precario estado de conservación.
      Entre 1610 y 1611 puede situarse La visión de san Bernardo que, procedente del Hospital de los Viejos de Sevilla, se conserva actualmente en el Palacio Arzobispal.
     En esta obra se narra el premio de la lactación de su pecho, que la Virgen otorgó a san Bernardo, advirtiéndose en esta pintura logrados estudios en la expresión psicológica de los personajes. Otro cuadro importante de Roelas se documenta en 1612 y es La liberación de san Pedro, pintado para la capilla que la Hermandad de sacerdotes tenía en la iglesia de San Pedro; en esta pintura, el artista empleó marcados efectos de claroscuro que refuerzan un ambiente dramático, directo y emotivo.
     En torno a 1610-1612 pueden fecharse otras obras importantes de Roelas como La Inmaculada con santos, actualmente conservada en la residencia de los jesuitas sevillanos y La Inmaculada con el retrato de Fernando de Mata, que procedente del Convento de la Encarnación, se conserva actualmente en el Museo del Estado de Berlín; el retratado fue un importante clérigo sevillano que falleció el año citado y que fue un entusiasta defensor del dogma de la Inmaculada.
     Otra obra capital en la producción de Roelas es el Tránsito de san Isidoro, que preside el retablo mayor de la parroquia dedicada a este santo en Sevilla y que fue ejecutado en 1613. En esta pintura se narra la muerte de san Isidoro, rodeado de un cortejo de clérigos que, conmovidos y emocionados, le asisten en su postrer momento, advirtiéndose que muchos de estos personajes son retratos que Roelas tomaría del ambiente civil y religioso de Sevilla. También importante es La venida del Espíritu Santo, obra documentada en 1615 y que, procedente del Hospital del Espíritu Santo de Sevilla se encuentra actualmente en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad. En esta obra Roelas acierta a plasmar un conjunto de gozosas expresiones en las figuras de los apóstoles y de la Virgen, al sentir que sus sencillas almas se revestían de la sabiduría que el Espíritu Santo les enviaba desde el Cielo.
     En el Museo Nacional de Escultura de Valladolid se conserva una Alegoría de la Inmaculada Concepción que Roelas pintó en 1616, con motivo de una procesión celebrada en Sevilla en honor a la Virgen; en esta pintura el artista intentó recoger todas las referencias que en la historia de la Iglesia se habían pronunciado a favor de la Inmaculada. También en torno a 1616, puede situarse la ejecución de una de las mejores obras de este artista; se trata de El martirio de san Andrés, que ejecutó para la capilla de los Flamencos del Colegio de Santo Tomás de Aquino de Sevilla. Como oriundo de Flandes que era, Roelas logró que sus paisanos residentes en Sevilla, que constituían una numerosa y próspera colonia, le encargasen esta obra que admira por el poderoso contraste que en ella se percibe entre la trascendencia espiritual que muestra el santo martirizado en la cruz, con la vulgaridad expresiva y de carácter popular de los numerosos testigos que presencian la escena.
     Igualmente hacia 1616, puede situarse la ejecución de la pintura que representa a Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, que, procedente del Convento de la Merced de Sevilla, se conserva actualmente en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad. La pintura muestra una escena imbuida de una belleza intimista y doméstica en un ambiente en el que madre e hija aparecen vinculadas en la hermosa tarea de enseñar y aprender.
     La misma fecha que las pinturas anteriores puede otorgarse a la representación de La Gloria, que se conserva en la Catedral de Sevilla, en la que se refleja claramente el venecianismo pictórico practicado por Roelas en el que se incluyen claras referencias estilísticas procedentes de Tintoretto.
     Entre 1616 y 1621, Roelas residió en Madrid con motivo de su fallido intento de recibir el título de pintor real. En estos años realizó algunas pinturas para Felipe IV, como Cristo flagelado y el alma cristiana que el Monarca donó al Convento de la Encarnación madrileño junto con una Oración en el huerto también de Roelas. Obra de esta etapa madrileña es también La resurrección de santa Leocadia, que pertenece al Hospital del Niño Jesús en Madrid. Pero la mayor creación pictórica que Roelas realizó en la Corte fue la que emprendió en 1619 al servicio del duque de Medina Sidonia destinada al retablo mayor de la iglesia de la Merced de Sanlúcar de Barrameda. El retablo se encuentra actualmente desmontado y sus pinturas están recogidas en el palacio de la duquesa de Medina Sidonia en dicha población. El conjunto pictórico estaba presidido por una representación de La Virgen de la Merced entregando el hábito de la orden a don Manuel Alonso, duque de Medina Sidonia; en los dos cuerpos del retablo La adoración de los Reyes, La adoración de los pastores, La predicación de san Juan Bautista, San Antonio Abad, El martirio de san Lorenzo, El martirio de santa Catalina, El martirio de san Ramón Nonato, estando todo el conjunto presidido por la Trinidad que figuraba en el ático.
     Obras pertenecientes al último período de la actividad de Roelas en Sevilla, trascurrido de 1621 a 1625, parecen ser La Sagrada Familia, conservada en la Diputación de Sevilla y también el Cristo con la cruz a cuestas del Museo de Bellas Artes de dicha ciudad y La Virgen de la Merced, que procedente del Convento sevillano de esta denominación se conserva actualmente en la Catedral de Sevilla, obra esta última en la que se exalta la grandeza histórica de esta Orden, al tiempo que su heroica dedicación a la redención de cautivos.
     Obra también de su período final debe de ser La conversión de san Pablo, perteneciente hasta fecha reciente a una colección privada en la República Checa.
      En 1624 Roelas volvió a trabajar para la iglesia de la Merced de Sanlúcar de Barrameda al servicio del duque de Medina Sidonia, realizando la pintura de un retablo lateral donde se representaba a Santa Úrsula y las once mil vírgenes. Para adornar los muros de la nave de dicha iglesia y también la sacristía, ejecutó también un amplio conjunto de lienzos entre los que destaca un Cristo en la cruz, que probablemente fue una de las últimas obras que realizó el artista. Todo este repertorio de obras se encuentra actualmente en el palacio de la duquesa de Medina Sidonia en Sanlúcar de Barrameda (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Niño Jesús Salvador", de Roelas, en la sala IV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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