Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 2 de agosto de 2024

Haz tu ruta con ExplicArte Sevilla: Tú decides la ruta, la fecha y el precio (Free Tour - propina)

     Con ExplicArte Sevilla podrás hacer la ruta que desees por Sevilla (o cualquier localidad de la provincia, o de cualquier lugar), siempre adaptándonos a tu tiempo y a tus necesidades. Hay multitud de ellas, y desde aquí te proponemos algunas de ellas (hay tantas Rutas como tú quieras), en las que ponemos el acento en el aspecto artístico:


     Ruta Leyendas y Curiosidades de Sevilla: Desde ExplicArte Sevilla nos adentraremos en las Leyendas y Curiosidades de Sevilla: el "No8Do" emblema de Sevilla, Doña María Coronel, la Cabeza del Rey Don Pedro, Grace Kelly, el "Negro de Triana",...

     Ruta Sevilla Imprescindible: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos y barrios más típicos de Sevilla: Plaza de España, Plaza de Toros, Torre del Oro, Catedral, Giralda, Barrio de Santa Cruz, Reales Alcázares, Ayuntamiento,...

     Ruta Sevilla Patrimonio de la Humanidad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos Patrimonio de la Humanidad: Catedral de Santa María de la Sede, Reales Alcázares, y el Archivo General de Indias.

     Ruta Sevilla Prehistórica: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas a la Prehistoria el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad.

     Ruta Sevilla Prerromana - Ispal: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas al mundo prerromano el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad con especial atención al mundo de Tartessos y a los demás pueblos que se asentaron en la zona.

     Ruta Sevilla Romana - Hispalis: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los vestigios que podemos encontrar del paso de la cultura romana por la actual ciudad, como los Monolitos de la calle Mármoles, las Columnas de la Alameda de Hércules, restos del Acueducto ("Caños de Carmona"), restos de las Murallas, el Antiquarium, y la obligada visita al Museo Arqueológico. Incluso podremos visitar el cercano enclave arqueológico de la ciudad romana de Itálica en el pueblo de Santiponce.

     Ruta Sevilla Visigoda: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

     Ruta Sevilla Judía: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la huella judía en la Sevilla de hoy: las antiguas sinagogas y los barrios judíos de Santa Cruz o de San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

     Ruta Sevilla Gótica: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
     Ruta Sevilla Barroca: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 

     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde ExplicArte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Romántica: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.

     Ruta Sevilla Modernista: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.

     Ruta Sevilla Regionalista: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.

     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.

     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).

     Ruta Sevilla, Ciudad de Ópera: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia de Sevilla en la historia del Bel Canto, puesto que está presente en más de 100 óperas. Podemos elegir varias rutas relacionadas con la Ópera y Sevilla: Sevilla escenario de Ópera ASevilla escenario de Ópera B, El Mito de Carmen, El Mito de Don Juan, y El Mito de Fígaro.

     Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos los hitos más importantes de la expedición que dio la I Vuelta a la Tierra.

     Y muchas más rutas... tú decides. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

El azulejo conmemorativo del comienzo de las Hermanas de la Cruz, en la calle San Luis 1-13

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el azulejo conmemorativo a Santa Ángela de la Cruz, en la calle San Luis, 1-13, de Sevilla.
     Hoy, 2 de agosto, es el aniversario del comienzo de las Hermanas de la Cruz (2 de agosto de 1875), así que hoy es el mejor día para ExplicArte el azulejo conmemorativo del comienzo de las Hermanas de la Cruz, en la calle San Luis, 1-13, de Sevilla.
     El edificio de la calle San Luis, 1-13, se encuentra en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la fachada del edificio que se encuentra en la calle San Luis, 1-13, a continuación de la ventana que se sitúa a la derecha de la puerta de entrada, encontramos un azulejo conmemorativo muy interesante. Es una obra de cuatro piezas, siendo la parte más destacable el propio texto en sí, ornamentado con una cenefa vegetal, a modo de enmarcamiento y muy sencilla, y el busto de Santa Ángela de la Cruz, estando la pieza firmada por la Escuela Taller Plaza de España, en 2004, en la parte inferior derecha.
     El texto es el siguiente:
"El día 2 de agosto de 1875,
Santa Ángela de la Cruz, en
compañía de otras tres mujeres,
se trasladó a una habitación
existente en el antiguo edificio
sito en este lugar. En dicho humilde cuarto
alquilado dió comienzo la labor de servicio
a los pobres que habría de ser la razón de
su vida y de las Hermanas de la Cruz".
"ESCUELA TALLER PLAZA D ESPAÑA 2004".
Conozcamos mejor la vida y obra de Santa Ángela de la Cruz. virgen;
     "Cuando pregunten quiénes son las Hermanas de la Cruz, se debe contestar, sin que se expongan a equivocarse: esta comunidad es una comunidad de muertas". Contundente frase para una comunidad muy viva, la que el día 2 de agosto de 1875, festividad de Nuestra Señora de los Ángeles, nacía de forma oficial en un cuarto con derecho a cocina de la casa número 13 de la calle San Luis: la Compañía de las Hermanas de la Cruz.
     Ángela Guerrero González, sor Ángela de la Cruz, nació el 30 de enero de 1846 en Sevilla en una familia sencilla. Sus padres, Francisco Guerrero y Josefa González, tuvieron catorce hijos, pero solo seis llegaron a mayores de edad, un ejemplo del alto índice de mortalidad infantil que afectó a la Sevilla del siglo XIX. A los tres días de su nacimiento, fue bautizada en la parroquia de Santa Lucía, iglesia gótica-mudéjar expropiada por la Revolución del 68 y que hoy subsiste como sede de la Agencia Andaluza del Flamenco. Sus padres trabajaban en el cercano monasterio de la Santísima Trinidad como cocinero del convento y la madre lavando y cosiendo las ropas de los frailes. Cuentan que de su madre, a la que llamarían las Hermanas de la Cruz la "Abuelita" por ser la madre de la fundadora, aprendió Angelita Guerrero su religiosidad y el amor exagerado a la limpieza, tan distintivos de la Compañía.
     Desde muy pequeña, frecuentaba la parroquia de Santa Lucía y el lugar preferido de sus plegarias era el altar de la Virgen de la Salud, que hoy preside la capilla donde se venera su cuerpo incorrupto. Su formación inicial fue escasa, algo habitual entre las niñas de su tiempo. Sus primeros estudios los realiza en lo que entonces se conocía como una miguilla, pequeña escuela donde aprendería a leer, escribir, y algunas reglas básicas. Pronto empezaría a trabajar, con doce o trece años entró en el taller de calzado Maldonado, en la entonces llamada calle del Huevo, hoy Feijoo. En poco tiempo alcanzaría el nivel de oficiala de primera clase. Junto al aprendizaje en el taller, su infancia y juventud estuvieron marcadas por su intensa vida de oración y sus severas penitencias: desde su descanso en una tabla, a su cilicio como escapulario o sus frecuentes ayunos.
     De 1862 a 1865, Ángela reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita. En 1865 sufrió la epidemia de cólera que afectó a la ciudad, trabajando día y noche para ayudar a hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria en la Sevilla de los corrales de vecinos. Ese mismo año puso en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de "meterse a monja". El padre Torres era conocido como el santero de Sevilla por su fama de santidad y por la altura espiritual de sus dirigidas, entre las que se encontraban sor Bárbara de Santo Domingo, dominica de Madre de Dios, y sor María Florencia Trinidad, Madre Sacramento, monja mercedaria de San José. El padre Torres fue consultor del Concilio Vaticano I y canónigo de la Catedral de Sevilla, siendo conocido por su vida austera y penitente. Ángela quiso entrar en el convento de las Teresas del barrio de Santa Cruz de Sevilla, aunque las carmelitas no la admitieron por temor a que su menuda constitución física no pudiera soportar la dureza de la vida en el convento.
     Después ingresaría  en las Hermanas de la Caridad. Llegó a vestir el hábito, pero hubo de salir del convento al enfermar. Sufrió vómitos continuos que le impedían retener los alimentos y fuertes dolores de estómago. Para su cura la enviaron a Cuenca y a Valencia, pero fue inútil. Volvió a Sevilla, a la Casa Cuna, pero tuvo que abandonar por el resentimiento de su salud.
     En 1871 redacta un escrito, a modo de votos, donde se compromete a vivir según el Evangelio. "Seré monja en el mundo", fue la idea que Ángela llevaría a cabo el resto de su vida. Cada año renueva sus votos y el día de la Inmaculada de 1873, con licencia del padre Torres, formuló sus votos perpetuos. En esas fechas recibe la autorización para usar un nuevo apellido que le acompañará para siempre: de la Cruz. Su idea de comunidad y de vida se plasma en "hacerse pobre con los pobres", recibiendo la indicación del padre Torres de recopilar sus pensamientos por escrito. Comienzan aquí sus primeros textos, cargados de misticismo, de esquemas organizativos para la futura compañía y hasta de faltas de ortografía. Imagina el ajuar, las comidas, horarios, visitas a los enfermos... con un rigor que llegará a suavizar el mismo padre Torres.
     Tres serán sus primeras compañeras en el origen de la congregación. Josefa de la Peña, una terciaria franciscana con cierto nivel económico, que había decidido dar el paso de dedicar su vida a los pobres; Juana María Castro y Juana Magadán, dos jóvenes de origen más humilde. Con el dinero de Josefa Peña consiguen alquilar su primera casa: un cuartito en la casa número 13 de la calle San Luis, y desde allí organizan su servicio de asistencia a los necesitados a lo largo del día y de la noche. Pronto se corre la voz de que unas monjas de la calle San Luis socorren a la gente y se ven muy solicitadas, tanto que duplican las rondas de petición de limosnas para atender a todos los que llaman a sus puertas. Poco después se trasladan al número 8 de la calle Hombre de Piedra, en las cercanías de la Alameda de Hércules, y comienzan a adquirir fama en los ambientes religiosos de la ciudad. Estrenan hábito y, a pesar de su juventud, las compañeras comienzan a llamar "madre" a Ángela. Compaginan su atención a los pobres con duras penitencias y mortificaciones, y a finales de 1876 consiguen la admisión y bendición del cardenal Spínola. En diciembre el cardenal las autorizó a vestir los hábitos, que el padre Torres bendijo el día de Navidad. De esa fecha es la primera foto de sor Ángela. Tenía 29 años. Acuden las vocaciones a la casa de Hombre de Piedra y pronto son ya doce monjas las que forman la comunidad. Consiguen en esta época las hermanas sus tarimas para dormir. Hubo críticas a la exageración sus penitencias y sus caridades. Sería el padre Torres el que zanjaría la cuestión: "Quiten el rigor a las Hermanas de la Cruz y serán todo menos Hermanas de la Cruz". En el mismo año 1876 se declaró una epidemia de viruela en Sevilla, ello hizo que las Hermanas de la Cruz intensificaron sus esfuerzos de ayuda a pobres y enfermos, causando su labor gran admiración en todos los estamentos de la ciudad. 
     Su método de trabajo es siempre el mismo, acuden por parejas a casa de los enfermos que las necesitan, mientras una atiende al paciente sentada a su lado, la segunda realiza las actividades del hogar.
      En mayo de ese año las hermanas consiguieron tener el oratorio en su casa, una donación del marqués de Casa León en la calle Lerena. El día 1 de junio de 1876 ofició la primera misa en el nuevo oratorio el obispo de Ávila. Ese mismo día, el entonces obispo auxiliar de Sevilla, don Manuel González, celebró un pontifical en San Martín con homilía del padre Torres Padilla. Al finalizar el acto, en procesión bajo palio, la Custodia llegó al convento de las Hermanas de la Cruz. Esta fue la presentación oficial en Sevilla del Instituto, que aún no había cumplido un año de vida y ya realizaba una fecunda labor: piden limosnas, visitan enfermos, dan clase a cincuenta niñas y atienden una escuela nocturna para obreros.
     En 1877, estando en la calle Lerena, realizarán su primera fundación en el exterior, en la localidad de Utrera. Comenzaba también el internado de niñas huérfanas como nueva vía de atención a los necesitados.
      En una casas alquilada de la calle Hiniesta abrieron un colegio de niñas internas y externas. En 1878 murió el padre Torres Padilla y le sustituye al frente de la Compañía el padre José Álvarez. Ese mismo año fundaban en Ayamonte y en 1880 en Carmona. Para unificar internado, el convento y el colegio consiguieron comprar una casa del marqués de Villavelviestre en el número 12 de la calle Cervantes, con ayudas del arzobispo y de diversas aportaciones como las de los marqueses de Casa León, los Ortiz Urruela y el padre Álvarez, que vendió su propio patrimonio. Tras una dirección transitoria por el cardenal Spínola, su último director sería José Rodríguez Soto, capellán real de San Fernando y del Palacio de San Telmo.
     La compañía crecía sin límites, aconsejando la humedad de la casa de la calle Cervantes la búsqueda de una nueva sede. La ocasión se presentó con la venta de la casa del marqués de San Gil, que vendía su casa palaciega de la calle Alcázares. Era grande, espaciosa y de aspecto relativamente modesto, como defendía sor Ángela. El cardenal contribuyó económicamente y también numerosos bienhechores. Será la casa madre que llegue a nuestros días en la calle hoy titulada en honor a la santa. Una casa espaciosa, estructurada en torno a un patio central con columnas y que apenas da signos de suntuosidad, ni al exterior ni al interior. Una casa que, en la actualidad acoge la pequeña capilla con los restos de sor Ángela a los pies de la pequeña Virgen de la Salud, en un discreto retablo barroco con decoración de hojarascas doradas. Apenas unos cuadros de advocación mariana (La Inmaculada o la Virgen con el Niño) y unas sencillas yeserías completan la decoración. Su visita en la actualidad, junto al tránsito incesante de devotos que suele tener, muestra la vinculación de la casa con las hermandades sevillanas que transitan por la puerta ya que la zona de acceso está poblada de retablos cerámicos como el dedicado a la Macarena, la Amargura o la hermandad de los Gitanos.
     Tras la compra de su casa, la Compañía de las Hermanas de la Cruz continuó su labor a favor de los más necesitados. En 1894 sor Ángela visitó Roma como peregrina acompañada por una religiosa, hermana Adelaida, que sanó por un milagro de fray Diego José de Cádiz. En Roma, sor Ángela se entrevistó con el papa León XIII, que concedió el decreto inicial para la aprobación de la compañía, que firmaría el papa Pío X el 25 de junio de 1904.
   Desde ese momento, la Congregación conocería un reguero de fundaciones que no parece tener límites: 1905, Fundación de la casa filial de Zalamea de la Serena (Badajoz); 1909, Sanlúcar de Barrameda (Cádiz); 1910, Huelva; 1911, Peñaflor (Sevilla); 1913, Escacena del Campo (Huelva); 1920, Fundación de la filial de Montellano (Sevilla); 1923, Torreperogil (Jaén); 1924, Écija (Sevilla); 1925, Ronda (Málaga); 1926, Estepa (Sevilla); 1928, Madrid. Éste último año, a pesar de ser reelegida superiora por la comunidad, sor Ángela debe ceder el puesto, con su habitual humildad a sor Gloria, tras las recomendaciones del propio cardenal por la avanzada edad de la madre. Sus último años, ya relevada de su cargo, los pasó sor Ángela mimada escribiendo cartas a las hermanas de otras fundaciones. El día 7 de junio de 1931 sufrió una embolia cerebral. El día 28 de ese mes perdió el habla definitivamente. Sus últimas palabras insistieron en sus ideas de abandono de las glorias y la vanidad terrena: "No ser, no querer ser, pisotear el yo, enterrarlo si fuera posible...". Falleció en olor de santidad el 2 de marzo de 1932 y a los dos días el Ayuntamiento republicano de la ciudad de Sevilla, presidido por el alcalde don José González Fernández de Labandera, decidió por unanimidad que constase en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte de la religiosa. También decidió que se rotulase con su nombre la entonces llamada calla Alcázares, donde continúa el convento, pasando el nombre de la calle a una perpendicular que se une con la Plaza de la Encarnación. Una decisión llamativa de un ayuntamiento que gobernó en unos años marcadamente anticlericales, en los que fue frecuente la retirada de nombres y símbolos religiosos, cuando no el ataque directo a la Iglesia.
   Desde entonces las hermanas de la Cruz siguen siendo fieles al espíritu de sus Constituciones, aprobadas en 1908, donde se expresa que "El fin especial o distintivo de esta Congregación, es promover con la divina gracia la salvación de las almas entre los pobres, a quienes las Hermanas considerarán y amarán como a sus amos y señores. Por ganar sus almas aplicarán su vida apostólica a la visita diaria de enfermos necesitados a domicilio, asistiéndolos en sus necesidades espirituales y materiales. Y también, a la gratuita y cristiana educación de niñas pobres, en internados de huérfanas y en escuelas diurnas y nocturnas. Y con el lenguaje mudo del ejemplo llevando una vida voluntariamente pobre y austera, en la realización de sus apostolados de caridad".
     El 5 de noviembre de 1982, en una solemne misa pontifical que se celebró en el altar instalado en los terrenos del campo de la Feria, el papa Juan Pablo II beatificó a sor Ángela de la Cruz. El 20 de diciembre de 2002, la Iglesia reconoció oficialmente su santidad, al aprobar el milagro que le había sido atribuido, la curación, científicamente inexplicado, de un niño que sufría una obstrucción de la arteria central de la retina del ojo derecho y que recuperó repentinamente la visión. El día 4 de mayo de 2003 la fundadora de las hermanas de la Cruz sería canonizada por Juan Pablo II en Madrid, con el nombre de Santa Ángela de la Cruz.
     El 7 de mayo de 2003, el cuerpo incorrupto de la santa fue trasladado desde la Casa Madre hasta la Catedral de Sevilla, donde presidió los actos en su honor por la canonización. Una gran multitud se concentró a su paso, adornándose los templos y calles del recorrido para la ocasión, recordando estampas de la ciudad propias de siglos pasados.
     El 17 de enero del año 2009, la que fuera madre general de las hermanas de la Cruz desde 1977 a 1998, madre María de la Purísima (1926-1998), fue declarada venerable por el papa Benedicto XVI, siendo beatificada el 18 de septiembre del año 2010 en el Estadio Olímpico de Sevilla, acto presidido por la imagen de la Esperanza Macarena, por su gran vinculación a la congregación.
     Actualmente, la Compañía de la Cruz tiene más de cincuenta conventos, más de 700 hermanas y numerosas novicias que se forman en Sevilla. Los países donde se encuentra asentada la congregación son España, Italia y Argentina. En España en las comunidades autónomas de Andalucía, Extremadura, Canarias, Madrid, Comunidad Valenciana, Castilla y León, Castilla La Mancha y Galicia. Una presencia que se sigue expandiendo como uno de los fenómenos religiosos más importantes de la Sevilla de último siglo y que mantiene viva las palabras de la fundadora: "Nuestro país es la cruz, en la cruz voluntariamente nos hemos establecido y fuera de la cruz somos forasteras" (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
Santa Ángela de la Cruz, en la Historia de la Iglesia de Sevilla
   Santa Ángela de la Cruz, virgen. Nació y murió en Sevilla (1846-1932). En 1875 fundó la Compañía de Hermanas de la Cruz, de tanto arraigo en Sevilla y Andalucía. El 5 de noviembre de 1982 fue beatificada en Sevilla por el papa Juan Pablo II, día en que la Iglesia de Sevilla celebra su fiesta.
     Bajo la dirección espiritual del P. Torres Padilla quedó fundada la Compañía de las Hermanas de la Cruz el 2 de agosto de 1875. En sus inicios la Compañía contaba con cuatro miembros, Ángeles Guerrero (Santa Ángela de la Cruz) y tres profesas más, ubicadas en una habitación de la calle San Luis. El objeto y fin de la Compañía quedaba consagrado en sus constituciones:
     «Una congregación de almas escogidas o llamadas por especial vocación de Dios a consagrarse como víctimas de la más perfecta caridad hacia Dios y hacia sus hermanos los pobres indigentes, enfermos desvalidos y las niñas ignorantes y abandonadas, llevando a los primeros a sus miserables domicilios los auxilios y socorros espirituales y corporales posibles y a las segundas dándoles instrucción moral y religiosa en las escuelas diarias que las Hermanas tendrán en las casas donde estarán congregadas en perfecta comunidad de vidas. Su fin es aspirar a la mayor perfección de vida cristiana posible, contando con los auxilios de la divina gracia por la práctica de todas las virtudes y especialmente la de un ardiente y constante amor a Dios y al prójimo: poniendo todos los medios conducentes por penosos y difíciles que sean para alcanzarlo en el más alto grado de perfección posible. El modelo y ejemplar que han de imitar y seguir constantemente es Jesucristo Crucificado, víctima de una infinita caridad con los hombres, por eso llevan el honroso y Santo nombre de Hermanas de la Cruz.»
     El nacimiento de esta comunidad hay que situarlo en la confluencia de dos personalidades de talla intelectual muy distinta (el P. Torres Padilla era ya una autoridad en el ámbi­to de la teología, mientras que Santa Ángela había sido una humilde zapatera), dispuestas a unir su religiosidad de sacrificio en defensa de los más necesitados. En 1862, con dieciséis años, Ángeles Guerrero, a la vez que se iniciaba como aprendiz en un taller de zapatería de la ciudad, se puso bajo la dirección espiritual del P. Torres Padilla. Durante tres años repartió su vida «entre su casa, el taller, las iglesias donde reza, los hogares pobres que visita». En 1865 decidió ingresar en un convento como hermana lega por carecer de instrucción, además de atraerle los oficios humildes. Aunque la recomendaron para las carmelitas descalzas de Sevilla no fue admitida por considerar las superioras que no soportaría el trabajo de las legas. Antes de la partida de su director espiritual a las sesiones conciliares, ingresó en las Hijas de la Caridad, donde llegó a tomar el hábito. Una enfermedad aconsejó obligarla a dejar el hábito y casa religiosa, no sin antes haber residido en las casas que esta congregación tenía en Cuenca y Valencia en busca de mejoría. Los años que transcurren desde 1870 a 1875, siempre bajo la dirección de su padre espiritual, le permitieron perfilar cual debía ser, a su juicio, la pauta de comportamiento de su vida: monjas al servicio de los pobres, siendo «pobres con los pobres», penitencia, oración, caridad... algo difícil de observar para sus futuras compañeras y continuadoras de su obra.
     José María Javierre ha detallado cómo durante el verano de 1875 el P. Torres aconse­jó a Ángeles Guerrero que dejase el taller en el que venía trabajando sin interrupción (salvo el breve espacio de tiempo en que estuvo en las Hijas de la Caridad) y preparase el sis­tema de vida, horario y vivienda primera de la nueva congregación. Por compañeras tendría a Josefa de la Peña (sor Josefa, terciaria franciscana, quien vende sus bienes y los pone al servicio de la comunidad); Juana María Castro (sor Sacramento) y Juana Magadán (sor Juana). Su primer convento, alquilado, consistió en un cuartito con derecho a cocina en el número 13 de la calle San Luis. El menaje se reducía a media docena de sillas, un arca como ropero, un crucifijo pequeño y una estampa de la Virgen de los Dolores en la pared; en el suelo, cuatro esterillas les servirían de cama. El día de Nuestra Señora de los Ángeles, 2 de agosto de 1875, inauguraron oficialmente el «convento».
     En 1876 las estrecheces de la vivienda les obligó a buscar una casa de mayores dimensiones; resuelto con donativos el tema económico, pudieron alquilar el número 8 de la calle Hombre de Piedra. Firmado el contrato, el P. Torres Padilla llevó a sor Angela a que presentase sus respetos al párroco, Marcelo Spínola. A la pequeña comunidad se le había unido un miembro más.
     El cardenal de la Lastra quiso que para finales de 1876 las hermanas vistiesen hábito, lo que significaba la confirmación externa de su consagración interior. La vestimenta ideada por Santa Ángela era a la vez sencilla, pobre y austera: túnica de bayeta parda del color natural de la lana, escapulario de la misma tela, cordón franciscano a la cintura, toca blanca, calzada de alpargatas y, como complemento, manto negro que las cubre por completo. La austeridad era la norma en el vestir, en el vivir y en el comer, cuestión esta última que hubo que retocar.
     La comunidad creció por momentos. En la primavera de 1876 se elevaron a doce el número de hermanas. Ese mismo año el cardenal admite y bendice la institución; el gobernador civil, a tenor de lo dispuesto en la ley de asociaciones, dio de alta a la comunidad. El mismo año la Santa Sede autorizaba la misa y sagrario en la capilla del convento de las Hermanas de la Cruz, y en todas las casas que se abrieran en el futuro. En mayo se trasladaron a la calle Lerena, esquina a la plaza de San Martín.
     En 1877 las circunstancias les obligaron a abrir un internado para las niñas que quedaran huérfanas de los enfermos asistidos por las Hermanas. Esta obra asistencial no esta­ba prevista en el proyecto, pero rápidamente se dispusieron a ejecutarla. Por esas fechas comenzaba su expansión. El 16 de julio de 1877, por iniciativa del marqués de Casa Ulloa, se abría la casa de Utrera (José Leonardo Ruiz Sánchez y Leandro Álvarez Rey, Sevilla Contemporánea, en Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Ángela de la Cruz, fundadora de la Orden de las Hermanas de la Cruz;
     Ángeles Guerrero González, Santa Ángela de la Cruz (Sevilla, 30 de enero de 1846 – 2 de marzo de 1932). Fundadora de la Compañía de la Cruz.
     Nació en los arrabales de la Trinidad de Sevilla, el 30 de enero de 1846, siendo el penúltimo miembro de una familia humilde de catorce hermanos. Su padre, Francisco Guerrero, era cardador de lana, y su madre, Josefa González, era costurera; para apuntalar la economía doméstica de esa amplia familia, prestaban algunos servicios en el cercano convento de los trinitarios.
     Poco tiempo pudo asistir a la escuela ya que con doce años fue admitida como aprendiz en el taller de calzado de Antonia Maldonado, llegando a ser destacada oficial de un negocio que contaba con una buena clientela proveniente de la alta burguesía terrateniente y de la nobleza que animaba la ciudad girando en torno a la pequeña corte de los Montpensier-Borbón instalados en el palacio de San Telmo.
     Durante doce años María de los Ángeles —Angelita, como siempre la llamaron los suyos— colaboró con su sueldo al sostenimiento de la familia, no pudiendo adquirir más formación pero desarrollando una gran sensibilidad para los pobres que veía a su alrededor en la periferia de la gran ciudad, encauzando esos sentimientos el padre Torres, canónigo de la catedral y hombre muy apreciado, el cual la ayudó decididamente en sus deseos de hacerse monja.
     Intentó ingresar en el Carmelo y en las Hijas de la Caridad, pero su cuerpo frágil y menudo no inspiró confianza en unas instituciones donde se miraba también la apariencia física como garantía de poder seguir la regla con normalidad. No desistió en su intento religioso al tiempo que maduraba la idea de fundar una congregación donde el objetivo fuera acoger, atender y entregarse a los pobres mediante el testimonio cotidiano que dieran unas mujeres que, por amor a Cristo, sirviesen a los necesitados, haciéndose pobres como ellos, porque sólo siendo como el otro y estando junto a él comprenderían su sufrimiento. Y esa tarea recomendará a las hermanas que la hagan siempre en silencio que es el mejor camino para que hable y actúe Dios. El 2 de agosto de 1875 nació oficialmente la congregación de la Compañía de la Cruz, que aprobó canónicamente Roma en 1908.
     Poco a poco, en Andalucía y Extremadura, empezaron a conocer a las hermanas de la Cruz, a respetarlas y admirarlas, porque en ellas veían el ideal de la caridad evangélica; también llegaron a Madrid y más lejos. Sor Ángela tuvo la dicha de ver crecer su obra y alentarla. Después de una larga agonía, que tuvo en vilo a la ciudad, murió el 2 de marzo de 1932; en sesión extraordinaria el Ayuntamiento republicano y anticlerical aprobó por unanimidad que la calle de Los Alcázares pasase a llamarse de Sor Ángela de la Cruz. Sevilla entera se conmovió como pocas veces demostrando cómo la querían como mujer y cómo la veneraban como santa. Fue beatificada en Sevilla por Juan Pablo II, el 5 de noviembre de 1982, y canonizada por el mismo Pontífice en Madrid, el 4 de mayo de 2003 (Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, OSA, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el azulejo conmemorativo del comienzo de las Hermanas de la Cruz, en la calle San Luis, 1-13, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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jueves, 1 de agosto de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, y Ermita del Cementerio) de la localidad de Benamargosa, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, y Ermita del Cementerio) de la localidad de Benamargosa, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Axarquía Costa del Sol
     Superficie: 12 km2
     Altitud: 180 m
     Latitud: 36º 50'  -  Longitud: -4º 11'
     Distancia a Málaga capital: 48'6 km
Datos demográficos
     Población: 1.557
     Gentilicio: Benamargoseños
Ayuntamiento
     plaza del Ayuntamiento, s/n, 29718
     952517002 - 952517271     www.benamargosa.es
     En el corazón de la comarca de la Axarquía se encuentra Benamargosa, un pueblo de origen árabe con una amplia tradición agrícola. En sus calles abundan las fuentes, los pilares, los arcos romanos y las escaleras, dotando a la villa de un pintoresco aspecto.
     De las fértiles huertas de Benamargosa proceden los productos con los que se elaboran sus platos más típicos. Sólo aquí podrás probar el batycate, un batido elaborado con aguacate que es un verdadero reconstituyente.
     En Benamargosa no puedes perderte sus monumentos: 
     La iglesia parroquial de la Encarnación es el principal monumento de Benamargosa. Situada en la parte baja del pueblo, fue construida en el siglo XVI sobre una antigua mezquita árabe. El templo cuenta con tres naves y una torre adosada. En su interior se pueden admirar un bello camarín junto al Evangelio y la imagen de Jesús de Nazareno, muy venerada en la villa.
     La otra obra más representativa del arte religioso de Benamargosa es la ermita de San Sebastián. En este santuario se encuentra la Virgen de la Purísima, protagonista de una colorida romería que se celebra cada mes mayo.
     La capilla del cementerio y el Puente de los Diez Ojos, que une las orillas del río Benamargosa, son otros enclaves interesantes de este pueblo de la comarca de la Axarquía. Como testimonio de su tradición agrícola se puede ver el Arco de la Huerta, que suministra agua a numerosos cultivos de la vega (Diputación Provincial de Málaga).
     En un estrecho valle, atravesado por el río del mismo nombre, emerge esta localidad, rodeada por un vergel de huertas de limones y naranjas. Sus calles estrechas y superpuestas a modo de bancales, presentan un paisaje quebrado y desigual, adherido a la ladera de la montaña, y acentuado ante la escasez de suelo, por lo que las casas crecen en altura. A la entrada del pueblo se salva el paso del río gracias a un puente de siete ojos, construido a finales del siglo XIX.
     Se desconoce la fecha de su fundación, y su nombre procede del BenHa-Maruja. Otras noticias relacionadas con esta primitiva alquería, la proporciona Ibn Beithar, cuando intentó introducir en el siglo XIII el cultivo de los cítricos. A finales del siglo XV se conocían otros topónimos, según refieren los cronistas, como Morgoza y Benamorgoza, así como un continuo aumento de la población, y la construcción de un mesón. A principios del siglo XVI, existió un concejo de moriscos, pero tras la sublevación de 1568 fueron expulsados de su territorio (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  

Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación
     Fue instituida en 1505, y confirmada su erección por bula de Julio II en 1510, aunque la construcción de esta iglesia comenzó en 1546, presentando añadidos del siglo XVIII. Tiene tres naves, separadas por pilares achaflanados que sostienen arcos apuntados enmarcados por alfiz. La nave central se cubre con armadura con tirantes de lazo y las laterales con colgadizo. El presbiterio se cubre con armadura cuadrada. El coro, de madera en forma de U, se apoya en ménsulas renacentistas.
     En la nave de la Epístola, se construyó en el siglo XVIII un camarín, que ocupa la imagen de Jesús Nazareno, en una capilla cubierta por bóveda elíptica sobre pechinas con adornos pinjantes, en cuya base se abren ventanas cuadrifolias El camarín es octogonal, separados sus lados por columnas corintias, con bóveda cuajada de decoración de rocalla. Este espacio traduce un mag­nífico volumen al exterior, enmarcado por pilas­tras a los lados. En la cabecera hay otro camarín que debía abrirse al altar mayor, cuya decoración es paralela al anterior. La portada, con arco de medio punto entre pilastras, se corona con frontón mixtilíneo. La torre es rectangular, con arcos de medio punto y alero de pico.
     En el camarín de la nave de la Epístola, la imagen policromada de Jesús Nazareno es obra anónima de los años 40 del siglo XX (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Construida a finales del siglo dieciséis sobre planta octogonal, consta de tres naves y una torre adosada. En el interior cabe resaltar el camarín, también octogonal, que se abre al lado del Evangelio precedido por una antecapilla cubierta por bóveda elíptica.
     Esta iglesia se encuentra en la parte baja del pueblo y es el edificio más antiguo e importante de la villa. La construcción se levantó sobre la antigua mezquita con una planta de tres naves de 28 metros de larga, separada por arcos apuntados con alfiz que descansan sobre pilares.
     Durante el siglo diecisiete se hizo la capilla y camarín de Jesús Nazareno a los pies de la nave de la Epístola, de planta octogonal rematada con yesería rococó, como la portada de ladrillo visto con arco de medio punto que duerme sobre pilares. Bajo los suelos de la iglesia hay una cripta y un cementerio que datan de los primeros años de su edificación (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita del Cementerio
     De carácter popular y sencilla es la capilla del cementerio de Benamargosa. Este edificio religioso fue mandado construir en 1840 por Doña María de Santiago para enterrar en ella a su esposo (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, y Ermita del Cementerio) de la localidad de Benamargosa, en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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La pintura "Liberación de San Pedro", anónima, en el Palacio Arzobispal

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Liberación de San Pedro", anónima, en el Palacio Arzobispal, de Sevilla
      Hoy, 1 de agosto, en Roma, en el monte Esquilino, la Dedicación de San Pedro Apóstol ad Víncula, celebrada hasta febrero de 1969, cuando fue retirada del Martirologio Romano por Pablo VI.
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Liberación de San Pedro, anónima, en el Palacio Arzobispal, de Sevilla.
     El Palacio Arzobispal [nº 5 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 5 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza de la Virgen de los Reyes, 1; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
      En una de las dependencias del Palacio Arzobispal encontramos un óleo sobre lienzo, con unas medidas de 1'79 x 2'18 m., obra anónima, pintado en el último cuarto del siglo XVII, de estilo barroco, que representa la Liberación de San Pedro.
   Se trata de una obra en la que se representa el episodio de la liberación milagrosa de San Pedro de la prisión de Herodes por un ángel, recogido en los Hechos de los Apóstoles 12, 6-10. 
     Presenta una composición dividida en dos partes, en una aparece San Pedro y en la otra el ángel que le libera de la cárcel, ambos iluminados por una luz cenital que deja en sobras el resto de la estancia. El santo está sentado en el suelo, como si se hubiese incorporado tras la llamada del ángel, el cual le toma el brazo derecho indicándole el camino de su liberación. Viste una túnica verdosa con un manto colocado en su regazo marrón dejando ver sus piernas flexionadas en un fuerte escorzo. El rostro de Pedro, de perfil y dirigiendo su mirada hacia el ángel, sigue los cánones establecidos en su iconografía, representándose siempre como un hombre de avanzada edad, canoso, barbudo y con una pronunciada calvicie. 
     Por su parte el ángel está representado como un joven imberbe y afeminado. Aparece de pie y toma con la mano izquierda al santo y con la otra le indica la salida de la prisión como hemos dicho anteriormente. Su pose es inestable, adelantando la pierna derecha que queda desnuda, mientras que la otra aparece oculta por el movido ropaje, dejando asimismo caer su cuerpo hacia delante y mostrando así el movimiento que implica la escena milagrosa. Porta una túnica marrón que se ciñe a la cintura con un paño blanco y deja al descubierto el hombro y pecho izquierdo. Su rostro es ovalado, con rasgos amables y femeninos, delimitados por las suaves sombras, y presenta una cabellera ondulada que es iluminada por una pequeña orla de rayos dorados. Sus alas son grandes y están desplegadas. 
     La estancia se encuentra totalmente en penumbra, atisbándose sólo una lámpara en forma de plato con tres luces, situada en el lado superior izquierdo sobre la cabeza de San Pedro, y algunos elementos arquitectónicos insinuados. 
     La obra presenta una composición muy teatral, con gran gesticulación en las figuras y claro acercamiento al claroscuro tenebrista, que lo ponen en la órbita de la pintura sevillana del siglo XVII, con ciertas influencias murillescas en el tratamiento de los rostros, sobre todo en el ángel. Sin embargo, presenta una modesta calidad por lo que posiblemente fuese realizado por un pintor de segunda fila durante el último cuarto de esta centuria (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto, Iconografía y Atributos de San Pedro, apóstol:
HISTORIA Y LEYENDA
     Pescador en Cafarnaúm, Galilea, en el lago de Genezaret, él y su hermano Andrés fueron los primeros apóstoles reclutados por Jesús.
     Su verdadero nombre era Simón. Recibió de Cristo el mote arameo Kefás (gr.: Petras), para significar que sería la piedra angular de la Iglesia. Su mote ha suplantado por completo a su nombre.
     Su vida se divide en tres períodos muy claros:
     1. Envida  de Jesús, lo acompañó, con los otros discípulos, desde el co­mienzo del ministerio galileo hasta su Prendimiento en el Huerto de los Olivos, luego, después de la Resurrección, hasta la Ascensión.
     2. Después de la desaparición de su maestro, residió en Jerusalén, donde fue encarcelado por el tetrarca Herodes Agripa.
     3. Luego habría viajado a Roma de la cual fue el primer obispo. Otra vez fue encarcelado y crucificado por orden de Nerón.
     Durante el primer período, la actividad de san Pedro estuvo estrechamente ligada a la de Jesucristo, siguió tras los pasos de éste, por decirlo así. De ahí que hayamos debido remitir a la iconografía del Nuevo Testamento todas las escenas de la Vida de Jesús donde san Pedro tiene algún papel: la Vocación y la Tradición de las llaves, el Lavatorio de los pies y la Santa Cena, el Prendimiento en el Monte de los Olivos, donde corta la oreja de Malco, la Negación, la Transfiguración  y las Apariciones de Galilea. Tampoco volveremos a tratar ciertas escenas posteriores a la Ascensión de Cristo, tales como la Pentecostés y el Tránsito de la Virgen, donde él está, por fuerza. El apostolado y los milagros de san Pedro en Jerusalén y en Roma son los únicos hechos de su leyenda que comportan hagiografía propiamente dicha. Abandonamos por  ello el terreno de los Evangelios para abordar los dominios de los Hechos de los Apóstoles y de la Leyenda Dorada.
     Antes de abordar el estudio del culto y de la iconografía de san Pedro, es menester discernir entre la leyenda y la historia, exponiendo objetivamente las doctrinas contradictorias de los católicos y de los racionalistas, ya protestantes, ya agnósticos.
   Oigamos las dos campanas, porque si debemos creer en un viejo proverbio «Quien oye sólo una campana no oye más que un sonido».
l. La tradición católica
     La actividad de Pedro en Palestina después de la Ascensión de Jesús se ha­bría prolongado hasta el año 44. Fue entonces cuando, después de haber consumado numerosos milagros (Resurrección de Tabita, Curación de los en­fermos con su sombra), habría sido encarcelado por Herodes y liberado por un ángel.
   Quo vadis, Domine y éste le respondió: «Voy a Roma para ser crucificado allí otra vez». Pedro, avergonzado por su cobardía, regresó entonces a Roma donde padeció el martirio al mismo tiempo que san Pablo; pero mientras a éste, que era ciudadano romano,lo decapitaron, Pedro, que sólo era un ju­dío, fue crucificado.
     Según una tradición, venerable por su antigüedad, habría pasado en Roma los veintitrés últimos años de su vida, desde 44 hasta 67. Triunfó contra los sortilegios de Simón el Mago, favorito del emperador Nerón. Preso en la cár­cel Mamertina, se fugó con la complicidad de sus carceleros a quienes había convertido. Dándose a la fuga por temor a las persecuciones, en la Vía Apia se encontró con Cristo con la cruz a cuestas, a quien preguntó:
    Los Padres de la Iglesia enseñaban que san Pedro, que no quería  morir de la misma manera que Jesucristo, por humildad había pedido que lo crucificasen cabeza abajo. Se contaba que su cruz había sido levantada inter duas metas, es decir, entre los dos hitos del circo de Nerón. A finales de la Edad Media se creyó que se trataba de los dos hitos antiguos de Rómulo, cerca del Vaticano (Meta Romuli), y Cestio, en la puerta de San Pablo. Se buscó un sitio intermedio entre estos dos puntos de referencia, y fue así como el martirio se localizó sobre el Janículo, en el lugar donde se levanta la iglesia de San Pietro in Montorio. La disputa entre el Janículo y el Vaticano aún continúa abierta.
     A falta de testimonios que sirvan de prueba de la llegada de san Pedro a Roma, la fecha de ésta y la duración de su estadía, así como acerca del lugar en que se realizó su crufixión, los defensores de la tradición católica  recurrieron a dos argumentos indirectos: el silencio de las iglesias rivales de Oriente (Palestina o Siria) que nunca reivindicaron las reliquias del Príncipe de los apóstoles y la edificación de la Basílica Constantiniana a orillas del Tíber, sobre la colina del Vaticano.
     1. Si san Pedro estaba muerto y había sido sepultado en Jerusalén, las Iglesias orientales nunca habrían dejado de invocarlo para apoyar sus pretensiones al primado en la Iglesia cristiana. Ahora bien, nunca se produjo ninguna rei­vindicación de ese género.
     2. ¿Se habrían atrevido a construir la Basílica Constantiniana sobre el em­plazamiento de un cementerio, profanando una multitud de tumbas no sólo paganas sino también cristianas si no hubiesen  estado persuadidos de que allí se encontraba la tumba de san Pedro? Esta suposición parece también más inverosímil por cuanto la naturaleza del terreno arcilloso, sobre la ladera de una colina, impuso enormes trabajos de nivelación; se necesitaban poderosas razones para emprenderlos.
      Después de las excavaciones dirigidas por Enrico Josi bajo las grutas del Vaticano, estos argumentos fueron esgrimidos en numerosas oportunidades por G. Carcopino. Según sus propios términos, «las investigaciones de los arqueólogos han confirmado la tradición y puesto fin a las polémicas de los eruditos.  A partir de ahora queda probado que san Pedro fue inhumado  en el Vaticano. Las reliquias del Príncipe de los apóstoles habrían sido trasladadas hacia 258 ad Catacumbas, sobre la Via Apia, pero de vueltas por Constantino al Vaticano en 336».
2. La tesis protestante y racionalista
     La crítica racionalista cuestiona el valor de estos argumentos y la base en que se fundan estas tradiciones.
     Pretende que no se ha probado que san Pedro haya estado en Roma, y que en cualquier caso, la tradición acerca de su cuarto de siglo de episcopado ro­mano no reposa en fundamento histórico alguno.
     El silencio de las Iglesias de Oriente sin duda resulta impresionante, pero el argumentum e silentio del cual se ha abusado con frecuencia, a lo sumo no cons­tituye más que una presunción.
     La verdad es que ningún texto contemporáneo digno de fe menciona   el viaje de san Pedro a Roma. Los Hechos de los Apóstoles (12: 17) nos in­forman, simplemente, que después de haber dejado la prisión de Herodes, Pedro salió, yéndose a otro lugar, sin aclarar cual fuese. Aunque un proverbio dice que «todos los caminos conducen a Roma» es de desear una información más precisa. Dicho silencio es tanto más sorprendente por cuanto el autor insiste con abundancia (capítulos 27 y 28) en las peripecias del viaje de Pablo a Roma.
     La creencia en que Pedro pasó a orillas del Tíber los últimos años de su vida sólo aparece en los escritos de Ireneo y Tertuliano.
     Y hasta los católicos admiten que las fábulas populares de origen romano no pueden considerarse como pruebas.
     El arqueólogo pontificio Enrico Josi no vacila en calificar él mismo de «leyendas», el encarcelamiento de san Pedro en la cárcel Mamertina, donde habría bautizado a sus carceleros, el duelo con Simón el Mago en presencia del emperador Nerón y el diálogo con Jesucristo con la cruz a cuestas en la Vía Apia (Quo vadis).
     Estos relatos dramáticos o poéticos apuntan a acreditar la apostolicidad de la fundación de la Santa Sede, que no lo está más que la de una multitud de sedes episcopales donde no se vaciló en antidatar la fundación, a veces en muchos siglos, con el objeto de aumentar su prestigio y justificar su primado.
     Hasta el mismo hecho de la crucifixión del Príncipe de los apóstoles es dudoso. Se trataría de una falsa interpretación de las palabras: «Extenderás tus manos».
   En cuanto a su localización  en el Janículo, no fue imaginada antes del siglo XV, cuando los franciscanos de Roma quisieron justificar las pretensiones de su iglesia de San Pietro in Montorio, patrocinada por los reyes de España. El teólogo protestante Cullmann consiente en admitir la historicidad de una tardía residencia de san Pedro en Roma. Según dicho autor, el apóstol habría abandonado Jerusalén en 44, dejando al apóstol Santiago como suce­sor y jefe de la comunidad cristiana, para contentarse, como san Pablo, con el papel de misionero. Pero jamás habría ejercido funciones episcopales en la capital de los césares, de manera que los papas no pueden pretenderse sucesores suyos.
       De hecho, san Pedro nunca fue representado con el báculo, atributo episcopal por excelencia.
     Acerca de la duración de su estadía en Roma, reina la misma incertidumbre. En su Dictionnaire d'Archeologie chrétienne, el erudito benedictino Dom Henri Le clerq, admite que si la estadía de san Pedro en Roma es a sus ojos un hecho cierto «suduración no lo es».
     La fecha de su crucifixión sigue siendo problemática, o más bien, puede presumirse que se la hizo coincidir artificialmente con la decapitación de san Pablo, para asociar en la muerte a los dos Príncipes de los apóstoles. Las fechas propuestas son muy variables: 55, 58, 64, 67, tanto como decir que no se sabe nada.
     Si en la Roma del siglo IV se creía que las reliquias de san Pedro habían sido devueltas al Vaticano, sólo se trata de una tradición.
     A falta de textos habría podido esperarse que la arqueología nos deparase la solución del enigma. Desgraciadamente, las excavaciones dirigidas en 1939 y 1949 por Enrico Josi, director del Museo de Letrán y realizadas en el cementerio cristiano sobre el que se edificó la basílica de San Pedro no arrojó los resultados que se esperaban.
     No pusieron a la luz la tumba primitiva del Príncipe de los apóstoles, que se supone destruida por los vándalos. El papa Gregorio Magno la habría reemplazado en el siglo VI por un trofeo cenotafio o memorial: simple monumento conmemorativo que no contiene reliquias.
     Los resultados de las excavaciones vaticanas fueron cuestionados por Charles Delvoye (Latomus, 1954), Amable Audin (Byzantion, 1954), quien concluye que el memorial de san Pedro habría abrigado su púlpito y no su tumba. 
     Si el papa Pío XII hubiera estado convencido que los huesos del Príncipe de los apóstoles habían sido inhumados  efectivamente en las criptas de la basílica vaticana ¿no se habría apresurado a proclamar Urbi et Orbi esta feliz nue­va? ¿Si no lo hizo no fue porque su conciencia escrupulosa se lo prohibió? Para no decepcionar la esperanza de los peregrinos debió contentarse con decretar al fin del Jubileo del Año Santo de 1950, el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, en vez de promover la unión tan deseable de las iglesias cristianas, y aún a riesgo de profundizar las diferencias entre protestantes y católicos.
     En suma, ni las investigaciones arqueológicas ni los textos nos permiten hasta el presente poner fin a un debate que siempre permanece abierto, y agregar así a las afirmaciones de la fe las certezas de la ciencia.
CULTO
     Considerado muy pronto como «el Moisés de la Nueva Ley», san Pedro no es sólo un santo palestino, sino el santo universal por excelencia.
     Además, si en su condición de fundador del papado es el principal personaje de la Iglesia oficial, al mismo tiempo, a título de portero del Paraíso, es un santo eminentemente popular.
Fiestas
     Esta popularidad está probada por el número de sus fiestas que, excepcionalmente, son tres.
     l. Su natalicio, es decir, el aniversario de su muerte, que se celebra el 29 de junio.
    2. La fiesta de San Pedro ad Víncula (Petri Kettenfeier), que conmemora su liberación de la prisión, y se celebra el 1 de agosto.
     3. Finalmente, la fiesta de la Cátedra de san Pedro Apóstol (Cathedra Petri, Petri Stuhlfeier), que conmemora su primado, y que fue fijada el 22 de febrero.
Reliquias
     Roma posee las más preciosas reliquias del Príncipe de los apóstoles: sus llaves (claves), sus cadenas (vincula) y su púlpito (cathedra); pero se trata de reliquias indirectas y no corporales.
     El púlpito que Bernini introdujo en un relicario de suntuosa ejecución barroca se conserva en la basílica de San Pedro, reconstruida en el siglo XVI por Bramante y Miguel Ángel.
     Las cadenas, cuyos eslabones proceden de la cárcel de Jerusalén y de la cárcel Mamertina de Roma y que se habrían soldado milagrosamente, se veneran en la basílica de San Pietro in Vincoli. Una tercera iglesia, San Pietro in Montorio, sobre el Janículo, señalaría el lugar de su martirio.
     Su báculo milagroso, también embutido en una montura (Petrus stabhülle), se conserva en Alemania, en la catedral de Limburg del Lahn. En Venecia, en la iglesia del Redentor, se mostraba el cuchillo que usó el apóstol para cor­tar la oreja de Malco.
Lugares de culto
     En Pavía, Lombardía, debe mencionarse la iglesia romana de San Pietro in Ciel d'Oro, cuyó ábside, como el de la iglesia de la Daurade, en Toulouse, estaba cubierto de mosaicos de esmalte dorado.
     Además de protector de Roma y de Pavía, a san Pedro también se lo consideraba el de Milán, Lucca, Ancona, Orvieto, Nápoles, Calabria y Sicilia. En 1140 el rey Rogerio II de Sicilia, de origen normando, puso bajo su advo­cación la Capilla Palatina de Palermo.
      Francia tiene numerosas iglesias puestas bajo la advocación de san Pedro. Su culto fue difundido por la orden de Cluny, cuya casa matriz, y casi todos los prioratos, comenzando por el de Moissac, estaban consagrados al Príncipe de los apóstoles, primer representante del papado al cual la orden respondía  directamente, por derecho de exención.
     Entre las catedrales góticas que llevan su nombre, basta recordar las de Beauvais, Troyes, Lisieux, Nantes, Poitiers, Angulema y Montpellier. Entre las iglesias abaciales o parroquiales, cabe citar, en París, la antigua capilla de Saint Pierre aux boeufs (Capella Sanct Petri de bobus), cuya  portada decoraba la fachada de la actual Saint Severin; en Sens, la de Saint Pierre le Vif (invko); en Estrasburgo, la de Saint Pierre le Vieux y Saint Pierre le Jeune; en l'ours, la de Saint Pierre le Puellier (Monasterium S.Petri  puellarum) y Saint Pierre des Corps; en Toulouse, la de Saint Pierre des Cuisines; en Normandía, Caen y Jumieges, en las regiones de Poitou, Saintonge, Airvault, Chauvigny y Aulnay. Además, numerosas localidades se bautizaron Dompierre o Dampierre. En España, mencionemos las de San Pedro de las Puellas, en Barcelona y San Pedro el Viejo en Huesca, Aragón.
     En Suiza, la catedral de Ginebra, convertida en el santuario principal  de la Roma protestante, estaba bajo la advocación de San Pierre es Liens (ad Vincula; cast.: encadenado, encarcelado).
     En los Países Bajos, san Pedro era particularmente venerado en Lovaina, Bélgica y Maastricht,  Holanda.
     Antes de la Reforma Inglaterra no era menos devota, a juzgar por la advocación de la abadía de Westminster, y las de las catedrales de Norwich, Exxeter y Peterborough.
     Para acabar con una nomenclatura, muy incompleta ciertamente, mencionemos la célebre abadía de San Pedro de Salzburgo, en Austria, y la Peterkirche de Munich, en Baviera.
Patronazgos de corporaciones
     La popularidad del pescador de Cafarnaúm, convertido en el primero de los papas de Roma, además está probada por el gran número de corporaciones y gremios que reivindican su patronazgo: los pescadores,  pescaderos. co­merciantes de pescado, fabricantes de redes -en conmemoración de la Pesca milagrosa- albañiles -a causa del nombre del primer papa, que es la piedra viviente sobre la cual Cristo ha edificado la Iglesia; los herreros y doradores de metales, a causa de las cadenas de las cuales fue liberado; los cosechadores y cesteros porque se sirven de ligaduras; los cerrajeros, al igual que los re­lojeros quienes formaban parte de la misma corporación, porque san Pedro posee la llave del Paraíso.
     No se lo apreciaba menos como santo curador. Se lo invocaba contra la fiebre, los ataques de locura, las picaduras de serpiente. Para curar la rabia, enfer­medad contra  la cual se lo consideraba idóneo porque pusiera en fuga a los perros que lanzara contra él Simón el Mago, se aplicaba, tanto a hombres como a animales, un hierro calentado que se llamaba «llave de san Pedro».
ICONOGRAFÍA
     La iconografía del Príncipe de los apóstoles (Iconografía petriana) es de tal riqueza  que desafía todo intento de enumeración.
l. Figuras
Tipo iconográfico, vestiduras y atributos
l. Tipo

   San Pedro se caracteriza no sólo por sus atributos sino por su tipo físico que es fácilmente reconocible.
     El arte oriental le atribuyó una cabellera rizada. En Occidente, por el contrario, se lo representa calvo, con sólo un mechón de pelo sobre la frente. La tonsura recuerda que fue el primero de los sacerdotes cristianos.
     Se contaba que los judíos de Antioquía le habían tonsurado la cabeza para escarnecerlo. Tal sería el origen de la tonsura clerical, convertida en un signo de honor, porque según los simbolistas evoca la corona de espinas de Jesucristo. Esta clase de tonsura se denomina tonsura scotica porque fue pues­ta de moda entre los clérigos por los misioneros irlandeses.
     La barba rizada de san Pedro siempre es corta.
2.Vestiduras
     Su indumentaria es muy diferente, según que esté representado como após­tol o como papa.
     En el arte cristiano primitivo, como todos los apóstoles, lleva la toga anti­gua, la cabeza descubierta y los pies descalzos.
     En la Edad Media su indumentaria era la de los papas, sus sucesores. Viste el palio, y a partir del siglo X, está tocado con la tiara cónica o la triple corona (triregnum). Estos ornamentos pontificios se convirtieron en la regla en el siglo XV: «San Pedro estará vestido de papa», se lee en un contrato acor­dado con un pintor en 1452.
ATRIBUTOS
     Los atributos de san Pedro son excepcionalmente numerosos, y los lleva, ya él mismo, ya los ángeles que lo acompañan; unos le caracterizan como após­tol, otros como papa.
l. El más antiguo y difundido es la llave (clavis), que aparece por primera vez en un mosaico de mediados del siglo V, y que desde entonces se convirtió en su atributo constante. Pedro siempre es clavígero (Petrus claviger coeli).
     A veces la llave es única, pero generalmente hay dos ,una de oro y otra de plata, llaves del cielo y de la tierra que sim­bolizan el poder  de atar y desatar, de absolver y de excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los apóstoles (Tibi daba claves regni coelorum). Dichas llaves están juntas porque el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.
   A causa del pasaje del Evangelio de Mateo acerca de la «Tradición de las llaves», san Pedro, en la creencia popular, se convirtió en el portero del Paraíso (jnnitor Coeli).
     Cuando el número de llaves es tres, simbolizan el triple poder de san Pedro sobre el cielo, la tierra y el infierno.
2. La barca alude a su primer oficio, pescador, y la pequeña barca de remos, es símbolo de la Iglesia.
3. El pez tiene el mismo significado, salvo que caracteriza no sólo al pescador de peces, sino también al pescador de hombres (Menschertfischer).
4. El gallo posado sobre una columna es el emblema de la negación y de su arrepentimiento. Dicho atributo, muy tardío, se difundió con el arte barro­co del siglo XVIII.
5. Las cadenas recuerdan sus «cárceles», su triple encarcelamiento, en Antioquía, Jerusalén y Roma. La cadena partida simboliza su liberación por un ángel.
6. La cruz invertida evoca su crucifixión cabeza abajo.
7. La cruz de triple crucero,uno más que la de los arzobispos, es la insignia de la dignidad papal.
     A  estos numerosos atributos puede sumarse la imagen de Simón el Mago, padre de los simoníacos, quien le ofreciera dinero para adquirir el don del Espíritu Santo, ya quien el apóstol pisotea. A veces, aunque es muy infre­cuente, derriba al emperador Nerón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
La Fiesta de San Pedro Ad Víncula
     Propiamente hablando, esta fiesta fue establecida con motivo de la dedicación de la basílica de San Pedro en el Esquilino, donde se conservaban las cadenas (vincula) con que fue aherrojado San Pedro durante su prisión romana en la cárcel Mamertina. Pero la fiesta litúrgica, por curiosas circunstancias que después veremos, hace resaltar el prendimiento y liberación del apóstol en Jerusalén, que San Lucas nos ha transmitido en uno de los más bellos y pormenorizados episodios de su libro Hechos de los Apóstoles.
     "Por aquel tiempo —comienza el capítulo 12 de los Hechos— el rey Herodes se apoderó de algunos de la Iglesia para atormentarles."
     Este era Herodes Agripa, el tercero de tal nombre, nieto de Herodes el Grande, que diera muerte a los Inocentes. Había recibido el reino del emperador Cayo Caligula el año 40, y el suceso que ahora se refiere ocurrió el año 44.
     "Dio muerte por la espada a Santiago, hermano de Juan, y, viendo que daba gusto con ello a los judíos, llegó a prender también a Pedro. Era por los días de los ázimos."
     Santiago, puntual a la predicción del Maestro y a su propia promesa, había conseguido morir "en los días de ázimos", durante la solemnidad pascual, bebiendo de esta suerte el cáliz de la amargura por las mismas fechas en que lo apurara el Señor.
     Pedro es puesto en la cárcel, encargando de su custodia a cuatro piquetes de soldados, teniendo Herodes el propósito de ofrecérselo al pueblo después de la Pascua. Pero la Iglesia oraba incesantemente a Dios por él.
     Se comprende la enorme emoción de la comunidad cristiana de Jerusalén con tal motivo.
     Después de la muerte del diácono Esteban, ya algo lejana, pero que tan profundamente consternados dejó a los fieles, se junta ahora la muerte de Santiago en tan señalados días, y la prisión de Pedro, que todo hacía presentir un fin trágico. Incapaz de tomar resoluciones más expeditivas y heroicas, "la Iglesia oraba incesantemente a Dios por él". Oración por el Papa prisionero, con el que Herodes había extremado las precauciones, montando tan excepcional vigilancia para un solo hombre.
     Y aquí viene el contraste entre el sobresalto de la Iglesia y la paz de Pedro. Porque la noche anterior al día en que Herodes pensaba entregar su prisionero al pueblo, hallábase éste durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas y guardada la puerta de la prisión con centinelas.
     Hace bien el narrador en aportar tantos detalles. La víspera de su martirio Pedro duerme tranquilamente.
     Queremos imaginarnos que su sueño sería bien distinto del de Getsemaní, la víspera del prendimiento del Señor, cuando le rendía el cansancio y la pena, no dejándole su inconsciencia presentir lo que se avecinaba. Ahora, aunque sujeto con dos cadenas que los soldados asían por los extremos, el santo apóstol duerme sosegadamente, sin importarle la incomodidad de la prisión, dejando su porvenir en las manos de Dios, ajeno al futuro, tan preñado de temores.
     Y entonces se opera el milagro.
     "Un ángel del Señor se presentó en el calabozo, que quedó iluminado, y, golpeando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo, "Levántate pronto"; y se cayeron las cadenas de sus manos. El ángel añadió: "Cíñete tus vestidos y cálzate tus sandalias". Hízolo así. Y agregó: "Envuélvete en tu manto y sígueme". Y salió en pos de él. No sabía Pedro si era realidad lo que el ángel hacía; más bien le parecía que fuese una visión."
     San Lucas ha sabido captar magníficamente el estado psicológico del Príncipe de los Apóstoles, y Rafael, en las "estancias" del Vaticano, supo pintar con singular maestría la "liberación de San Pedro" y las distintas fases de la luz que alumbra la escena. El prisionero despierta de su pesado sueño y obedece como un autómata. Todo es extraño y tan rápido, que no tiene tiempo de discernir el sueño de la realidad.
     "Atravesando la primera y la segunda guardia llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad. La puerta se les abrió por sí misma, y salieron y avanzaron por una calle, desapareciendo después el ángel. Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo: "Ahora me doy cuenta de que realmente el Señor ha enviado su ángel, y me ha arrancado de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo judío."
     La impresión inusitada continúa. Como por arte de encantamiento, y sin ser notados de los centinelas, atraviesan los retenes de las guardias y salen a la ciudad al abrírseles por sí sola la puerta de la cárcel. Es en la calle, al encontrarse solo, cuando Pedro advierte con toda claridad que aquello no es un sueño, sino el ángel del Señor que le ha libertado. ¿Qué hacer en tal caso? ¿Adónde dirigirse en tales horas? La noche estaba avanzada, y el día era menester que le encontrase muy lejos de Jerusalén.
     "Reflexionando, se fue a casa de María, la madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde estaban reunidos y orando. Golpeó la puerta del vestíbulo y salió una sierva llamada Rode, que, luego que conoció la voz de Pedro, fuera de sí de alegría, sin abrir la puerta corrió a anunciar que Pedro estaba en el vestíbulo. Ellos le dijeron: "Estás loca". Insistía ella en que era así; y entonces dijeron: "Será su ángel". Pedro seguía golpeando, y cuando le abrieron y le conocieron quedaron estupefactos."
     Esta María debía ser la madre de Marcos, el evangelista, y seguramente que su casa era el cenáculo donde acostumbraba a reunirse la Iglesia o comunidad cristiana de Jerusalén, en aquel momento, en patética asamblea de plegarias por el apóstol cautivo.
     San Lucas relata con gracia y ternura la deliciosa escena. La impresión de la criada Rode, que se olvida de abrir; la incredulidad de los reunidos, la impaciencia de San Pedro en la calle, solo y temiendo que pudieran buscarle al darse cuenta en la cárcel que el preso había escapado. Al fin le abren y, después de referir brevemente su liberación y dar algunas órdenes, "salió, yéndose a otro lugar".
     No había tiempo que perder. Con ligereza y cautela Pedro organizó su huida. El autor de los Hechos no quiso decir hacia dónde emprendió su marcha, tal vez para no traicionar su retiro. La tradición nos refiere que marchó a la misma Roma. Dejaba la capital del judaísmo por la del mundo pagano. Su misión entre los de su raza había concluido. Era el momento de llevar la Buena Nueva "hasta el último confín del mundo".
     Este es el bello relato que sirve de epístola en la misa del día y también como lecciones del primer nocturno del oficio divino. Una demostración de la Providencia divina sobre su Iglesia, que desbarata los planes de Herodes, porque todavía no era el momento en que Pedro "extendiera los brazos y otro le ciñera, llevándole adonde no quisiera ir".
     Del Príncipe de los Apóstoles celebra la Iglesia varias festividades, la de su martirio (29 de junio), las dos cátedras (18 de enero y 22 de febrero) y ésta de sus cadenas (1 de agosto).
     Desde el siglo IV existía en Roma, en el barrio aristocrático del monte Esquilino, una iglesia dedicada a San Pedro y San Pablo. Al siglo siguiente hizo una restauración a fondo de la misma el papa Sixto III († 440) con las limosnas que proporcionó el presbítero Felipe, legado suyo en el concilio de Efeso (año 431), y donde trabó amistad con la princesa Eudoxia, siendo ella quien sufragó las obras del templo, con tal esplendidez que la basílica mereció llamarse con el título de Eudoxia.
     Consta que en este templo se guardaban ya desde principios del siglo V las cadenas con que fuera aprisionado en Roma el Príncipe de los Apóstoles en tiempos de Nerón, porque el obispo Aquiles de Spoleto consiguió el año 419 algunos eslabones de la misma, que depositó en su iglesia, en cuyas paredes mandó grabar unos versos de los que son este dístico que hoy figura como antífona en el oficio litúrgico:
     Solue ivvente Deo terrarum Petre catenas
     qui facis,vt pateant caelestia regna beatis.
     "Desata, oh Pedro, por orden de Dios las cadenas de la tierra, tú que abres los reinos celestiales a los bienaventurados."
     Estas mismas ideas las expresaba el diácono Arator en el poema que declamó en la iglesia romana de San Pedro ad vincula, donde una lápida las reproduce para el visitante:
     "Estas cadenas, oh Roma, afirman tu fe. Este collar que te rodea hace estable tu salvación. Serás siempre libre, por que ¿qué no podrán merecerte estas cadenas, que han atado a aquel que todo lo puede desatar? Su brazo invencible, piadoso aun en el cielo, no permitirá que estos muros sean abatidos por el enemigo. El que abre las puertas del cielo impedirá el paso a los que te hagan guerra".
     La devoción a las cadenas de San Pedro dio pie a una fiesta que se procuró fuera muy popular, para contrarrestar con ella la memoria de otra pagana que se celebraba en la misma fecha en honor de Marte. El calendario jeronimiano la menciona con estas palabras: "En Roma, estación en San Pedro ad vincula". O en esta otra redacción: "Estación en el título de Eudoxia, donde los fieles besan las cadenas del apóstol Pedro".
     Era de tanta fama esta devoción que el propio emperador Justiniano llegó a pedir desde Constantinopla una reliquia de las cadenas del apóstol, "si era posible". Y San Gregorio Magno refiere que de todas partes ambicionaban, por lo menos, unas limaduras de dichas cadenas, con las que se fabricaban piezas de orfebrería en oro y plata, añadiéndoles dichas limaduras.
     Alguna vez se regalaron hasta eslabones, como a la catedral de Metz, que conserva uno, de suerte que la cadena guardada en el Esquilino no está completa. Comprende dos pedazos, uno de veintitrés eslabones, terminado en dos argollas semicirculares que servirían para aherrojar las manos o el cuello, y otro que sólo tiene once eslabones idénticos a los primeros y cuatro más pequeños. Son obra tosca de herrero, de la misma factura que otras cadenas antiguas que han llegado a nosotros. Pocas reliquias llegan a poseer tantos títulos de autenticidad como ésta.
     Sin embargo, la leyenda vino a hacerlas sospechosas. Siempre se pensó que tales cadenas fueron las que aprisionaron en la cárcel Mamertina a San Pedro, en la misma Roma. Pero en el siglo VII un predicador relacionó la prisión romana del Príncipe de los Apóstoles con la de Jerusalén, y en sí la idea era feliz, y pasó a la liturgia; pero, desgraciadamente se añadió como consecuencia que la cadena de Jerusalén había sido llevada a Roma por Eudoxia, la emperatriz que contribuyera a reedificar la basílica del Esquilino. En el siglo XIII se propagó la leyenda definitiva. La emperatriz Eudoxia, al ir en peregrinación a Jerusalén el año 429, recibió del patriarca Juvenal las cadenas que habían atado a San Pedro cuando la prisión de Herodes Agripa. Una parte de ellas las conservó en Jerusalén y la otra la regaló a su hija Eudoxia, que dos años antes había casado con el emperador Valentiniano III. La joven emperatriz mostró tan preciada reliquia al papa Sixto III, quien correspondió mostrando a su vez la otra cadena con que Nerón había aprisionado al santo apóstol antes de sentenciarle a muerte. Habiendo acercado el Papa una cadena a otra al instante se soldaron las dos tan perfectamente que parecían una sola.
     Como consecuencia del milagro Eudoxia habría mandado edificar la basílica de San Pedro ad vincula en honor de la preciada reliquia.
     Ya hemos visto el origen de este hermoso templo, que posteriormente fue título cardenalicio, ligado de forma tradicional a la familia florentina de los Rovere, que lo restauraron en la época del Renacimiento, dándole el aspecto actual. Posee frescos y pinturas del Pollaiolo, del Guercino, del Domenichino y del Pomarancio, y sobre todo guarda la obra cumbre de Miguel Angel, el famoso Moisés, que habría sido una de las cuarenta estatuas que decorasen el mausoleo de Julio II, el cual, sin embargo, fue enterrado en una relativamente modesta tumba.
     Las cadenas se guardan bajo el baldaquino del altar mayor, en un tabernáculo de bronce con bajorrelieves del Caradosso (1477). Se muestran al pueblo el día 1 de agosto, y la historia habla de numerosos milagros atribuidos al contacto con las mismas, sobre todo para la liberación de los posesos. Algunas de estas escenas decoran la bóveda de la nave central (Casimiro Sánchez Aliseda, en www.mercaba.org).
          Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Liberación de San Pedro", anónima, en el Palacio Arzobispal, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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