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lunes, 2 de diciembre de 2024

La avenida de Hernán Cortés (XV avenida de Hernán Cortés durante la Exposición Iberoamericana de 1929) en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida de Hernán Cortés (XV avenida de Hernán Cortés durante la Exposición Iberoamericana de 1929), en el Parque de María Luisa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 2 de diciembre, es el aniversario del fallecimiento (2 de diciembre de 1547) de Hernán Cortés, a quien está dedicada esta vía, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la avenida de Hernán Cortés (XV avenida de Hernán Cortés durante la Exposición Iberoamericana de 1929), en el Parque de María Luisa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La avenida de Hernán Cortés (de igual denominación en la Exposición Iberoamericana de 1929 [nº XV en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929]), en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur, y va de la avenida Rodríguez Caso, a la Plaza de América, en el propio Parque de María Luisa.
      La Avenida no posee siempre una adscripción precisa. En términos generales corresponde a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la ciudad; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, de acuerdo con esta definición, no hay razones, más que las convencionales, para considerar a unas vías como avenida y su prolongación, como calle. En otros casos, las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Sevilla la avenida por excelencia es la hoy denominada de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, tanto de sus fiestas religiosas como de la actividad bancaria, y así es es reconocida sólo como la avenida.
   El Paseo es un espacio público con predominio de la linealidad que invita a la confusión, al menos actualmente, cuando muchos de ellos han perdido la funcionalidad que les dio nombre. El origen de esta denominación genérica se encuentra en su función como espacio de relación y esparcimiento. Tal sería el caso del Paseo de Catalina de Ribera; pero más difícil resulta encontrar hoy tal funcionalidad en el Paseo de la Palmera o en el Paseo de Cristóbal Colón, a consecuencia del intenso tráfico rodado.
     La vía, en este caso una avenida, está dedicada a quien fuera conquistador extremeño al servicio de la corona española, Hernán Cortés. 
     Fue rotulada en 1929 con su actual nombre dada la estrecha relación entre este conquistador y el descubrimiento de América y la historia posterior inherente a tal acontecimiento, idea central que justificaba la Exposición Iberoamericana de 1929.
   La avenida, se encuentra en el interior del Parque de María Luisa, y durante la Exposición Iberoamericana de 1929, formó parte de ella, siendo la avenida XV en el plano de dicha muestra. 
Conozcamos mejor a Hernán Cortés, conquistador, que da nombre a esta vía del Parque de María Luisa
     Hernán Cortés, I Marqués del Valle de Oaxaca, (Medellín, Badajoz, 1485 – Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 2 de diciembre de 1547). Conquistador, descubridor, fundador, capitán general y escritor.
     Nació en el seno de una familia hidalga, de solar conocido pero de poca hacienda (un molino, un colmenar y una viña). Su padre, Martín Cortés de Monroy, “muy humilde y pobre aunque cristiano viejo”, según Las Casas; y su madre, Catalina Pizarro Altamirano, procedían de linajes de buena fama. Martín no sufrió por el apoyo que llevó a su pariente, Alonso Cortés de Monroy, clavero de la Orden de Calatrava, en su rebeldía contra la reina Isabel la Católica.
     Se sabe muy poco de la niñez del más famoso de los conquistadores. Curiosamente, si se piensa en la extraordinaria capacidad de resistencia física que demostró luego, Hernán fue un niño frágil, varias veces enfermo con peligro de muerte, según Gómara.
     Cuando cumplió los catorce años, Martín y Catalina resolvieron enviar a su hijo a Salamanca para estudiar, aprovechando la presencia allí de Francisco Núñez de Valera, esposo de una media hermana de Martín y maestro de Gramática. Hernán volvió dos años más tarde sin el titulo de bachiller, lo que dio un gran disgusto a sus padres que le destinaban a una carrera de letrado. Sin embargo, en Salamanca, aunque no matriculado en la universidad, no perdió el tiempo, pues adquirió cierta soltura en el manejo del latín, el dominio del discurso (como lo demostraron luego sus famosas Cartas de Relación) y un conocimiento ya correcto de las leyes del reino. Parece que complementó esta formación ejerciendo durante varios meses la función de pasante de un escribano real en Valladolid, antes de regresar a Medellín, aunque, según Juan Suárez de Peralta, la estancia en Valladolid tuvo lugar después de pasar algún tiempo con sus padres.
     A buen seguro, la permanencia de este chico de dieciséis años, muy travieso, en la casa de sus padres no fue exenta de “ruido y enojos”. Hernán, cuya afición a las armas era cierta ya, pensaba en la aventura americana y cuando Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador general de las Indias, dio una vuelta por Extremadura durante el invierno de 1501-1502, para reclutar a jóvenes para las Indias, parece que Hernán se alistó. Pero, antes de la salida de la flota de Ovando (febrero de 1502) el futuro marqués cayó del techo de una casa cercana cuando intentaba juntarse con una mujer, entrando por la ventana, y quedó minusválido en la cama durante varios meses.
     Una vez recuperado el joven dejó a su familia y se fue a la buena de Dios. El año 1503 queda muy oscuro y, en verdad, no se sabe lo que hizo Hernán. En cuanto a sus proyectos, son varias las hipótesis. Quizás pensó en salir hacia Italia. Lo cierto es que, por fin, se embarcó con destino a la isla Española, en el barco de Alonso Quintero, en el año 1504, según la gran mayoría de los autores, conforme a un memorial del propio Cortés dirigido a Carlos V en 1542. Parece que tuvo el tiempo de volver a Medellín para despedirse de sus padres.
     Llegado Cortés a la isla Española, el secretario de Ovando, Medina, le acogió con favor y le explicó los usos de la colonia; a cambio del compromiso de quedarse cinco años en la isla, recibiría un solar para edificar su casa, una tierra de una superficie decente para poder cultivar y, pasado un cierto tiempo, algunos indios en encomienda.
     Hernán Cortés tenía entonces diez y nueve años.
     Cuando salió a la conquista de México en 1519 tenía treinta y tres, es decir, que había cumplido ya la mitad de su vida. Era casi un desconocido. Los catorce años que vivió en las islas, La Española primero y Cuba después, plantean un problema difícil de solucionar.
     Por un lado, se sabe cuáles fueron las actividades de Cortés en este período de su vida. Aprovechando su experiencia de Valladolid, ejerció con éxito la función de escribano en el pueblo de Azua y con sus indios se entregó a la cría de caballos y vacas, lo que le hizo un hacendado relativamente acomodado. Y cuando el nuevo gobernador de la Española, Diego Colón, envió a Diego Velázquez de Cuéllar a la conquista de Cuba, en 1511, éste recluto a Cortés como secretario del tesorero de la empresa, con el fin de administrar el quinto real. Es decir, que la conquista de Cuba, por ser demasiado fácil, no le sirvió a Hernán Cortés de primera experiencia militar. En cambio, recibió en encomienda a los indios de Manicarao y pudo desarrollar su ganadería y explotar las minas de oro cubanas.
     En 1515 era ya un hombre rico, tal y como lo demuestra su inversión en la compañía que creó con Andrés de Duero.
     En 1518, cuando Velázquez elige a Hernán Cortés como jefe de la nueva expedición que lanza al asalto del continente, el problema es que Cortés no tiene ni la más mínima experiencia de la guerra (no fue nunca a Italia) ni de la conquista americana. No tuvo parte en ninguna de las empresas anteriores: es verdad que quiso alistarse en la expedición de Diego de Nicuesa de 1509 hacia la Castilla de Oro, pero una enfermedad venérea le obligó a guardar cama impidiéndole ir. Tampoco estuvo en los viajes de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva, en 1517 y 1518, que le hubieran proporcionado una información provechosa sobre el sur de México (Yucatán), su población, su temperamento belicoso y sus riquezas.
     La verdad es que Cortés era un novato. De modo que resultan casi increíbles las hazañas militares y políticas del conquistador en México. Hay que admitir que fue la revelación de un auténtico genio.
     Es cierto que la elección de Cortés no gustó a todos.
     El mismo Velázquez, a última hora, quiso sustituir al hombre de Medellín, pero Cortés, desconfiado, zarpó con antelación. Así, en febrero de 1519, empezaba una de las epopeyas más extraordinarias de la Historia.
     Hernán Cortés, que invirtió en la empresa la totalidad de su hacienda, estaba a la cabeza de una fuerza importante, pero mucho más reducida que la de Pedrarias Dávila en la conquista de la América central en 1514. Casi todas las fuentes están de acuerdo: Cortés tuvo bajo su mando a unos 508 infantes, más un centenar de hombres de mar (maestres, pilotos, marineros), a 16 jinetes con sus caballos, a 32 ballesteros y 13 arcabuceros, más algunas piezas de artillería ligera; además, disponía de cinco barcos. Hay que señalar que la empresa fue costeada por el gobernador Velázquez, el contador Amador de Lares, Andrés de Duero y el propio Cortés, sin ninguna participación de la Corona. Cortés no se dio prisa; entendió que la llave del éxito era la información y en cada escala intentó negociar y evitar el enfrentamiento. No lo logró siempre, pero pudo llegar hasta el país totonaca, donde más tarde se fundó San Juan de Uloa y La Vera Cruz, con pocas bajas. Resultó de vital importancia el que encontrase a dos intérpretes: un español, Jerónimo de Aguilar, que había vivido varios años con los mayas, y una mujer india, Malintzin (doña Marina después de su bautismo), cuyo papel en la conquista (y en la misma vida de Cortés) fue esencial. En efecto, esta mujer, vendida como esclava por sus padres a unos mayas del Tabasco, entendía a la vez su idioma materno, el nahua, y las lenguas mayas. Mientras que el español Jerónimo de Aguilar entendía las lenguas mayas.
     De este modo, Cortés pudo comunicarse con los indios, dialogar con ellos, entender a la vez sus ofertas y sus propósitos.
     Malintzin fue más que una intérprete. Cortés, pronto, se dio cuenta de su gran inteligencia y de la suerte que le brindaron los caciques del Tabasco.
     Además, la pasión amorosa que, durante tres años, ligó al extremeño y a la india, hizo que Malintzin se empeñase en favorecer los proyectos del conquistador.
     Fue ella la que le explicó lo que en realidad era el imperio de los mexica, sus creencias, organización y red de información, así como su manera de hacer la guerra, la hostilidad de varios pueblos, especialmente de los Tlaxcaltecas. Y Hernán Cortés supo aprovechar de una manera genial este regalo del destino.
     En su corta estancia en el país totonaca, Cortés logró que el cacique de Cempoala se desprendiera del dominio de los mexica y le ayudase con doscientos tamames (porteadores) y cincuenta indios de guerra. El ejército de la conquista que, el 8 de agosto de 1519, se puso en marcha hacia la capital azteca lo formaban algo más de 420 españoles además de los indios, pues desde la salida se perdieron entre 35 y 40 hombres y Cortés dejó en Vera Cruz a una guarnición de 60 hombres (más los marineros) bajo el mando de Juan de Escalante.
     En este ejército le acompañaron muchos hombres que alcanzaron la celebridad, y entre ellos muchos extremeños: los hermanos Alvarado, Gonzalo de Sandoval, Diego de Ordaz, Andrés de Tapia, Alonso de Ávila y, evidentemente, el extraordinario cronista, Bernal Díaz del Castillo. Este ejército no fue una agrupación desordenada de aventureros, al contrario, fue una tropa organizada, regida por una disciplina estricta que Cortés impuso desde el principio; dividida en cinco compañías, cada una con su jefe, con un maestro de la artillería y un maestro de campo.
     Las ordenanzas militares del 26 de diciembre de 1520, promulgadas en Tlaxcala, son el espejo de la realidad vivida diariamente.
     Si bien es cierto que, al principio, los caballos con sus jinetes y las armas de fuego que llevaban la muerte a distancia impresionaron mucho a los indios, también lo es que pronto vieron que los primeros no eran criaturas sobrenaturales y que las segundas no eran infalibles.
     Y, desde luego, mucho más eficaces fueron la organización de la tropa de Cortés, el sentido táctico del jefe, las iniciativas de sus tenientes y la manera de combatir de los españoles, sobre todo frente a unos guerreros que intentaban cautivar a sus adversarios más que matarlos, con el fin de disponer de víctimas para sus sacrificios.
     La conquista de México se desarrolló en varias etapas: del 8 de agosto al 23 de septiembre, Cortés y sus hombres se internan en el continente, trepan hacia las montañas y los puertos que dan acceso al altiplano, en dirección de Tlaxcala. El conquistador intenta ganarse la alianza de Tlaxcala, pero los caciques no aceptan de ningún modo perder su independencia. Del 2 al 5 de septiembre, una batalla feroz enfrenta a los españoles y a los Tlaxcaltecas. Varias veces los españoles creen que van a morir: los heridos son numerosos, pero las bajas son relativamente escasas. Finalmente, la superioridad táctica y el armamento de los españoles, además de su extraordinario valor, cambian la actitud de los Tlaxcaltecas. Sus caciques piensan que, aliados con los españoles, van a triunfar sobre sus eternos enemigos, los mexica. La gran alianza entre los españoles y Tlaxcala, que resultará indefectible y que es consagrada por las uniones entre jefes españoles y princesas tlaxcaltecas, es un hecho esencial.
     Cortés aprovecha inmediatamente la alianza y, del 23 de septiembre al 12 de octubre, los españoles se reponen y curan sus heridas en Tlaxcala. Bajo la influencia de su capellán (“No es justo obligarles a hacerse cristianos”), Cortés respeta la religión de sus huéspedes. Acepta la oferta tlaxcalteca de reforzarle con cinco a seis mil “indios de guerra” y toma en cuenta los avisos relativos a la amenaza de Cholula, aliada de Tenochtitlán y enemiga de Tlaxcala.
     Por eso, cuando el 13 de octubre, el ejército de Cortés se pone en marcha hacia la capital azteca, pasa por Cholula, donde, el 18 perpetra una matanza (tres mil víctimas) para anticipar una matanza de los españoles, sugerida por Moctezuma (según el propio Cortés, avisado por Malintzin). Así, el 8 de noviembre de 1519, Cortés, sus hombres y sus aliados entran en México, donde son muy bien recibidos; no se produce ningún enfrentamiento.
     Sin embargo, seis días más tarde, Cortés, bajo la presión de sus tenientes, pone a Moctezuma bajo vigilancia estrecha y se apodera del tesoro de Axayacatl.
     Poco a poco, a pesar de encuentros casi diarios, la tensión crece en la capital entre los españoles y los mexica. Corren rumores de un próximo levantamiento bajo el mando de Cacamatzin, sobrino de Moctezuma. A principios de mayo de 1520 la situación toma mal cariz.
     Quizás fue en esta coyuntura, entre mayo de 1520 y octubre de 1524 cuando Cortés demostró con más evidencia la amplitud de su talento político y de su genio militar. En efecto, a principios de mayo, Cortés es avisado del desembarco en San Juan de Ulúa de un ejército español importante enviado contra él por el gobernador Velázquez bajo mando de Pánfilo de Narváez (más de novecientos hombres). Cortés actúa con extraordinaria rapidez: dejando sus tropas a Pedro de Alvarado y recuperando de paso a varias guarniciones, llega a la costa a marcha acelerada y, con trescientos hombres solamente, gracias a una proeza de Gonzalo de Sandoval, se adueña de Pánfilo de Narváez y persuade a su gente para que se incorporen a su bando. Así, más fuerte, vuelve a Tenochtitlán, aunque demasiado tarde para invertir la tendencia, pues, en su ausencia, Alvarado y sus compañeros no aguantaron la presión de una muchedumbre cada día más hostil y, al final, cayeron en la locura de matar a traición a los principales mexica en el Templo Mayor. Cuando Cortés regresa a México, el 24 de junio, la rebelión está a punto de estallar y la situación empeora con la muerte, en circunstancias dudosas, de Moctezuma. Cortés entiende inmediatamente que la huida es la única vía de salvación, ya que, con su nuevo tlatoani, Cuitlahuac, los mexica están decididos a luchar hasta la muerte.
     En la noche del 30 de junio, secretamente, los españoles abandonan la capital por la calzada que atraviesa la laguna. Pero, prevenidos, los indios asaltan furiosamente a los españoles que sufren pérdidas importantes (de 400 a 600 españoles y 4.000 indios). 
   Sin embargo, Cortés logra salir de la trampa, reúne a sus hombres y vence a sus perseguidores en Otumba, lo que le permite refugiarse a Tlaxcala.
     Todos los compañeros de Cortés reconocen que la fidelidad de Tlaxcala a la alianza fue un hecho decisivo.
     Del 1 de julio de 1520 al 28 de abril 1521, Cortés y sus hombres descansaron y se prepararon metódicamente para la batalla final, es decir, para la reconquista de Tenochtitlán. Las negociaciones con etnias del altiplano aislaron a los mexica; refuerzos de las islas duplicaron el ejército; el entrenamiento de los aliados tlaxcaltecas mejoró mucho sus técnicas de combate En la revista de Texcoco, en mayo de 1521, Cortés tenía bajo su mando a 650 infantes, 84 jinetes, 194 ballesteros y arcabuceros, unos 20 cañones y a 25.000 aliados indios, entre ellos 16.000 tlaxcaltecas.
     Cortés concibió una operación anfibia, gracias a trece chalupas construidas en Tlaxcala y montadas a orillas de la laguna. Así pudo cercar la capital por tierra y por agua. Del 30 de mayo al 13 de agosto de 1521 la batalla fue encarnizada, la ciudad se conquistó casa por casa. Los mexica lucharon heroicamente pero la táctica de Cortés les puso de entrada en situación difícil: los españoles cortaron el acueducto de Chapultepec y así los mexica no tuvieron agua potable.
     Además, sufrieron una epidemia de viruela que no tocó a los españoles, inmunes. Sus dioses habían abandonado a los indios. El 12 de agosto, Cuauhtemoc, sucesor de Cuitlahuac, se rindió. Pronto, los pueblos vecinos se unieron al vencedor.
     La victoria de Cortés era una hazaña militar, pero aún más una proeza política. Aconsejado por Malintzin, supo sacar el máximo provecho de la división de los indios. Nombrado por una cédula de 15 de octubre de 1522 “gobernador y capitán general de la Nueva España”, Cortés va a ejercer un poder casi absoluto hasta su salida a Las Hibueras, el 12 de octubre de 1524. Reparte encomiendas entre sus seguidores, pero limitando sus derechos, y eximiendo totalmente la provincia de Tlaxcala como pago por su ayuda; instala los cabildos con sus alcaldes y regidores; emprende la reconstrucción de México, en el mismo emplazamiento, según el plan cuadrado clásico, aprovechándose de los talentos de Alonso García Bravo, Bernardino Vázquez de Tapia, Martín de Sepúlveda, arquitectos y topógrafos. Lanza la explotación de minas de oro y envía a Alvarado y Sandoval a descubrir comarcas vecinas (Colima, Jalisco, Michoacán, etc.), luego a conquistar Guatemala (Alvarado, 1523). Evidentemente, los conquistadores compañeros de Cortés tuvieron mucha parte en todas estas empresas.
     Cortés promulgó en 1524 sus ordenanzas de buen gobierno y multiplicó las fundaciones (hospital de Jesús). Recordando la despoblación de las islas, estimuló el mestizaje entre españoles e indias, dando el ejemplo y aprovechando el mismo anhelo de los indios en este plan. Cortés no olvidó enviar al Emperador importantes cantidades de oro. Y solicitó la venida de misioneros franciscanos: los doce primeros, entre ellos Toribio de Benavente (Motolinia), llegaron el 13 de mayo de 1524. Los franciscanos apoyaron siempre la causa de Cortés.
     Hernán Cortés fue un gran descubridor. Es cierto que la expedición de Las Hibueras (o de Honduras) fue un error: Cortés eligió un mal camino, por el Este atlántico, a través de ciénagas peligrosas, con numerosos ríos grandes que obligaron a los españoles a edificar un sinnúmero de puentes, cuando hubiera sido más cómodo ir por el centro a través de Guatemala. Durante la expedición, Cortés cometió la grave torpeza (censurada por Bernal Díaz) de ejecutar a Cuauhtemoc.
     Por otra parte, su larga ausencia (dos años) y la falsa noticia de su muerte dejaron el campo libre a unos oficiales reales, ambiciosos, codiciosos, corruptos (factor, tesorero, contador, veedor) que desplazaron a los colaboradores de Cortés, explotaron sin medida a los indios, y se pelearon de tal modo que la Nueva España estuvo en gran peligro. Por suerte, sólo la noticia de la vuelta de Cortés, su extraordinaria popularidad, incluso entre gran parte de los indios, permitieron al conquistador restablecer su autoridad con la ayuda de los franciscanos.
     Por lo menos, Cortés había ampliado el conocimiento de la América Central. Tuvo más mérito en el caso de la Baja California y del Golfo que, no en balde, se llama también Mar de Cortés. Consagró cuatro expediciones, financiadas por él, a tal empresa, entre 1533 y 1540, y participó personalmente en el tercer viaje, en 1535. Se conoce relativamente mal el tema porque el insustituible Bernal Díaz del Castillo, que estuvo en Las Hibueras, no participó en el descubrimiento de California. Pero, si bien el resultado económico fue nulo, el balance científico fue importante.
     Un aspecto sorprendente de Hernán Cortés es la de empresario y hombre de negocios. Quedó dos veces arruinado: primero cuando la aventura de Las Hibueras y segundo, durante su estancia en España (1528- 1530).
     La primera Audiencia de México, cuyo comportamiento fue escandaloso, se incautó de toda su hacienda para pagar las sumas que, supuestamente, debía a Su Majestad. Le escribió su mayordomo Francisco de Terrazas que no le quedaba más de diez pesos de oro. Sin embargo, Cortés fue capaz en pocos años de reconstruir una fortuna inmensa: en el valle de Cuernavaca, a unas doce leguas de la capital, desarrolló una importante actividad agrícola, cultivando trigo y forrajes, maíz, vergeles, introduciendo moreras y caña de azúcar; este cultivo también en sus fincas de la zona de Vera Cruz, lo que dio lugar a la puesta en marcha de molinos de azúcar; también se entregó a la ganadería, criando caballos, vacas, ovejas, puercos.
     Sus tiendas de la capital vendían los productos de sus granjas. Lanzó la explotación de minas de oro, en Michoacán y también en Sultepec y Taxco, creó astilleros en Tehuantepec. Es cierto que Cortés utilizó mano de obra esclava e importó esclavos negros. Su fortuna le permitió financiar las expediciones a California y competir con el virrey Velasco en las famosas fiestas de 1538.
     En 1528, con licencia del Emperador, Cortés hizo un viaje a España, con el séquito de un príncipe, acompañado por representantes de la elite indígena, bailaores, juglares, y algunos conquistadores (Sandoval, Tapia). También llegó cargado de regalos y de joyas de todas clases. Fue en julio de 1528 cuando Cortés tuvo en Toledo su primera entrevista con Carlos V; el 25 de julio entregó al Emperador un memorial en que formulaba sus pedidos y sus sugerencias para el gobierno de la Nueva España. Luego, acompañó al Emperador hasta Zaragoza. El 6 de junio de 1529 Carlos V concedió a Cortés 23.000 vasallos, repartidos en 22 villas, y el título de marqués del Valle (de Oaxaca), “Honores pero no el poder”.
     En 1541, Cortés volvió a España con sus dos hijos legítimos, Martín y Luis. Llegó a tiempo para participar en la empresa de Argel, en octubre. Los avisos del conquistador que aconsejaba un desembarco y un asalto por tierra no fueron tomados en serio y la expedición fue un fracaso. Durante los años siguientes, hasta 1544, Cortés intentó en vano encontrarse con el Emperador, incluso en las Cortes de Monzón en 1542. Le dirigió varios memoriales largos (en 1542, 1543, 1544) que demuestran un conocimiento impresionante de los asuntos de la Nueva España, a pesar de su ausencia, pero que no obtuvieron respuesta.
     En 1545, Cortés se retiró a Sevilla y en 1547 a Castilleja de la Cuesta, donde murió el 2 de diciembre.
     Las últimas semanas de Cortés, cuya fe católica resulta incuestionable, fueron trastornadas por la congoja de la salvación eterna.
     Hernán Cortés se casó dos veces: la primera en Cuba, en 1514 o 1515 con una española, Catalina Xuárez, que no le pudo dar hijos y que murió en 1522 en circunstancias que dieron lugar a sospecha, aunque no es posible sacar ninguna conclusión de las pruebas; se casó por segunda vez durante su viaje a España, el 2 de abril de 1529, en Béjar, con Juana Zúñiga, hija del conde de Aguilar y sobrina del duque de Béjar, con la que tuvo seis hijos, los dos primeros muertos al cabo de pocos meses; el tercero, Martín, fue el segundo marqués del Valle.
     El conquistador tuvo también a un sinnúmero de amantes: “infinitas mujeres”, según el regidor de México, Bernardino Vázquez de Tapia, uno de sus acusadores en el proceso de 1529, en la ausencia de Cortés. Españolas o indias, damas o sirvientas. Dos tuvieron más importancia que el resto, sobre todo Malintzin, madre de otro Martín, nacido en 1522; pero también Tecuihpo, hija de Moctezuma, y madre de Leonor Cortés y Moctezuma, nacida en 1527, una de las raíces de la nobleza hispano-indígena; lo que certifica que Cortés tuvo varios hijos naturales (Bartolomé Bennassar, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida de Hernán Cortés (XV avenida de Hernán Cortés durante la Exposición Iberoamericana de 1929), de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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Más sobre la Exposición Iberoamericana de 1929, en ExplicArte Sevilla.

La avenida de Hernán Cortés, al detalle:

domingo, 1 de diciembre de 2024

Experiencia Explicarte Sevilla, con los Talleres "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla" de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla

     Hoy, domingo 1 de diciembre, finaliza la cuarta semana de otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para los Talleres Socio-Culturales "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla", de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollados de lunes a viernes por las mañanas y tardes, y que se iniciaron el pasado 28 de octubre de 2024, con la presentación de los mismos.

     Gracias a la empresa Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L., por contar con nosotros para mostrarles, mediante los Talleres Socio-Culturales del Ayuntamiento de Sevilla, parte de la ciudad hispalense, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
   Nos pusimos manos a la obra, y fuimos ofreciendo distintas rutas a lo largo y ancho de nuestra ciudad, desde el lunes 25 al viernes 29 de noviembre. 
     Los Talleres desarrollados fueron los siguientes:
- Taller 23 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes de 10 a 13 h.)
- Taller 21 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes de 17 a 20 h.)
- Taller 18 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (martes de 10 a 13 h.)
- Taller 45 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (martes de 17 a 20 h.)
- Taller 24 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (miércoles de 10 a 13 h.)
- Taller 33 "Conocer Sevilla" del Distrito Triana (miércoles de 17 a 20 h.)
- Taller 19 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (jueves de 10 a 13 h.)
- Taller 43 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (jueves de 17 a 20 h.)
- Taller 20 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes de 10 a 13 h.)
- Taller 22 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes de 17 a 20 h.)

     En todos ellos tuvimos como eje central el complejo del antiguo Convento de Santa Clara (hoy conformado por el Espacio Santa Clara con la Torre de Don Fadrique, y la Iglesia y Coros Bajo y Alto). En uno de los casos, hicimos una pequeña incursión a la Iglesia de San Lorenzo y la Basílica del Gran Poder.
     En el caso del taller del lunes por la mañana, la visita tuvo como eje la Iglesia de Santiago, el antiguo Convento de Santa María de los Reyes, y el antiguo Palacio de los Villapanés (actual Hotel), y en los que pudimos contemplar los siguientes enclaves y localizaciones:
    - Iglesia de Santiago el Mayor
    
     Gracias a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, a los coordinadores de los talleres de los Distritos de Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, y como no podía ser de otra manera a todos y cada unos de los amigos que estoy conociendo gracias a estos talleres, de los que me estoy llevando una inmejorable impresión, puesto que está siendo una una relación de amistad, más que de monitor-alumno, y de colaboración y aportación mutua, que sin duda está siendo enriquecedora para todas las partes, y que esperamos que sea duradera en el tiempo. 
     Deseando continuar con dichos talleres porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.
































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Los principales monumentos (Iglesia de la Esperanza. Museo Archicofradía de la Esperanza, Iglesia de Santo Domingo. Cristo de la Buena Muerte, Iglesia de San Pablo, Museo de Semana Santa, y Museo de Ciencias "Principia") de la localidad de Málaga (X), en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Esperanza. Museo Archicofradía de la Esperanza, Iglesia de Santo Domingo. Cristo de la Buena Muerte, Iglesia de San Pablo, Museo de Semana Santa, y Museo de Ciencias "Principia") de la localidad de Málaga (X), en la provincia de Málaga.


Iglesia de la Esperanza. Museo Archicofradía de la Esperanza

     Entre el entorno de la parroquia de Santo Domingo y la Avenida de Andalucía podemos contemplar el estado ruinoso a que ha llegado la arquitectura de los siglos XVIII y XIX del barrio del Perchel. Entre ellas se ha demolido la llamada Casa del Administrador, en c/ San Jacinto, cuyas fachadas estaban cubiertas de interesantes pinturas de tipo arquitectónico y figurativo realizadas en 1791, pero conservadas éstas, se expondrán en un espacio cercano.
     Enfrente se construyó en 1976 la Casa-Hermandad de la Archicofradía de la Esperanza, según proyecto del arquitecto Fernando Moreno. Amplio espacio rectangular con galería alta alrededor para facilitar la contemplación de los tronos y las imágenes, ha integrado en su cubierta, en 2003, una gran composición mural realizada por el pintor Eugenio Chicano, quien con su técnica pop y soltura en la narración, hace un relato de episodios de la historia de Málaga, especialmente en relación con el Perchel, de sus personajes y de la Hermandad.
     Aquí se exhibe el trono de Jesús Nazareno del Dulce Nombre del Paso, realizado en  1940-41 por el escultor Francisco Palma Burgos con diseño del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, y el de la Virgen de la Esperanza es de Adrián Risueño y Andrés Cabello Requena interviniendo Luis Ramos Rosa y Antonio Barrabino entre otros; prototipo de la Semana Santa malagueña, es un auténtico «retablo callejero», el trono más grandioso de las procesiones malagueñas, por sus dimensiones y notable barroquismo. Entre otras piezas cabe destacar el manto procesional, que completa la visión del trono de la Virgen de la Esperanza, realizado en terciopelo verde bordado con oro fino, por las Adoratrices de Mála­ga en 1950, y es obra de gran interés artístico. Asimismo son notables los paños de bocina y los guiones, bordados en los talleres sevillanos de don Manuel Elena Caro (1951-1953), el conjunto de sayas de la Virgen y las nuevas dalmáticas. Se encuentran aquí también las pinturas realizadas por Rodríguez-Acosta.
     En 1988 se terminó la construcción del tem­plo, cuyo proyecto y dirección corrió a cargo de los arquitectos Clemente Rodríguez Grajales y Juan Luis Martín Malavé. Esta iglesia mantiene el estilo neopopular, arreglado al diseño del edificio de los tronos, al que se adosa formando án­gulo. Con planta de salón, alto presbiterio semicircular y espacioso estrado para  exposición de los titulares, se cubre con una bóveda de medio cañón reforzada con arcos fajones, cubiertas con pinturas, así como la de la capilla mayor. Al exterior, con elementos de cerámica que inciden en lo popular, hay tras grandes paneles, asimismo cerámicos, con escenas de la vida de la Virgen.
     En la capilla mayor presiden Jesús Nazareno del Paso, magnífica obra de talla, articulada, de Mariano Benlliure de 1940 y la Virgen de la Esperanza, imagen de candelero del s. XVIII, muy restaurada (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Los orígenes de la Real Archicofradía de Nuestro Padre del Dulce Nombre de Jesús Nazareno y María Santísima de la Esperanza pueden fecharse en torno a 1489, años después de la reconquista de Málaga por los Reyes Católicos, cuando una comunidad de dominicos se establece junto a la ermita de Santa María de las Huertas, en la ribera derecha del río Guadalmedina, donde a principios del siglo XVI se comienza la construcción del convento de San Carlos y Santo Domingo el Real, en los solares aledaños a esta ermita, a la que quedó adscrita esta orden de predicadores.
     La comunidad traía consigo en su traslado a Málaga una imagen de Cristo, bajo la advocación del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, que tuvo especial fortuna entre el gremio de los toneleros, dominante en aquel momento en el barrio, un sector económicamente fuerte si pensamos en la enorme actividad vinícola de su transpaís, que fundó la Cofradía del Dulce Nombre por Bula de Pío IV, otorgada en 1651. Según documentación sacada a la luz por el Padre Llorden, en 1567 la comunidad dominica cede a dicha Cofradía una de las capillas más próximas a la cabecera del templo, aquélla que poseía el capitán Hernán Lorenzo de Zafra, que se terminó de labrar en 1579.
     En 1606, conjuntamente con otras cofradías dedicadas en Málaga a la caridad y la penitencia, participó en la organización de lo que hoy conocemos como Semana Santa, y desde su primera salida procesional, se instituyó la bendición que Ntro. Padre del Dulce Nombre da al pueblo malagueño en la Plaza de la Constitución, entonces Plaza de las Cuatro Calles, gozando de cien días de indulgencia aquéllos que recibiesen la bendición con el debido recogimiento, por Bulas de Paulo V (1606) y Benedicto XII (entre 1727 y 1729).
     Esta Pontificia y Real Archicofradía tiene su sede en la Basílica de la que son titulares el Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza, desde 1988, año de la Coronación Canónica de la Virgen.
     Junto al templo se encuentra el museo donde llaman poderosamente la atención los tronos procesionales.
     Una muestra de arte religioso que comprende pintura, talla, orfebrería y bordados se extiende en dos plantas con una superficie de 400 m2. Destacan el fresco "La Pasión según San Juan", obra neocubista de Rodríguez-Acosta; y el monumental mural que cubre el techo y relata la historia de la Archicofradía con un lenguaje expresivo popular, pintado por Eugenio Chicano en 2002.
     Bordados en oro sobre terciopelo llaman la atención el palio y los mantos de la Stma. Virgen, así como estandartes, guiones y dalmáticas. En cuanto a orfebrería sobresalen la cruz del Nazareno del Paso, las coronas y una amplia variedad de enseres de procesión: bocinas, mazas, lábaros o faroles. Los ocho paños de bocina son un prodigio de técnica mixta que combinan el bordado, la orfebrería y la talla en marfil.
     La visita se inicia en la Basílica con un itinerario explicativo que da sentido a todo lo demás.
     Actualmente se halla sometido a un proceso de restauración y mejora de sus instalaciones que terminará en breve (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de Santo Domingo. Cristo de la Buena Muerte

     En la zona alta del barrio del Perchel se encuentra esta iglesia perteneciente al antiguo convento de los dominicos, del que quedan escasos restos, y cuya fundación se sitúa en 1489 a instancias de los Reyes Católicos, quedando la orden de predicadores adscrita a la ermita de Santa María de las Huertas.
     El primitivo edificio se empezó a construir en 1518 en estilo gótico-mudéjar, si bien no adquirió su carácter barroco hasta el s. XVII. Muy dañado por las inundaciones de 1628 y 1661, se reformó ampliamente y cobró nueva fisonomía y ornamentación. En la iglesia se ocultó la armadura de madera de la nave central con la bóveda de medio cañón, adornándose con yeserías barrocas, obras que finalizaron en 1729.
     Destruida la iglesia en el incendio de mayo de 1931 y 1936, fue restaurada a partir de 1950 por el programa estatal «Regiones Desvastadas» bajo la dirección del arquitecto Enrique Atencia. Tiene declaración de Monumento desde 1998.
     La iglesia presenta tres naves separadas por arcos de medio punto sobre pilares cruciformes y se cubre con bóveda de medio cañón rebaja­da, con molduras mixtilíneas. La capilla mayor se cubre con casquete esférico sobre pechinas, con escudos y emblemas dominicos sostenidos por angelotes rodeados de abultada hojarasca, así como los tímpanos, que responden a la decoración original. Es notable el púlpito de ágata, del s. XVIII. Las naves laterales se estructuran en tramos cuadrangulares, cubiertos con casque­tes esféricos sobre pechinas, conservando algunos restos de decoración primitiva y otras en la que se imita la de la Catedral.
     La fachada de la iglesia, de piedra asperonosa y en mal estado, tiene portada adintelada flanqueada por dobles columnas pseudocorintias entre las que quedan restos de la decoración escultórica, y se remata con un cuerpo con frontones triangulares y perfil conopial que parece indicar una intervención más tardía, posiblemente de comienzos del s. XX. El exterior del camarín del Cristo de la Buena Muerte, volumen poligonal que define el ángulo sureste de la iglesia está decorado con placas recortadas, ornamentadas con temas vegetales pintados, que se ha recuperado recientemente. Frente al puente de Santo Domingo se abre al exterior, a modo de capilla callejera, la Capilla de la Virgen de los Dolores (del Puente) (que veremos en la iglesia) cuya reconstrucción fue realizada en 1928, costeada por la Archicofradía de la Esperanza por la de­voción que esta imagen Dolorosa inspiraba a los percheleros; también se cuidaron estos cofrades de su conservación y culto hasta 1982 en que se reorganizó la Cofradía del Cristo del Perdón y la Virgen de los Dolores.
     Una gran espadaña de ladrillo, situada sobre el presbiterio, completa la imagen exterior de esta iglesia.
     Preside la capilla mayor un monumental Crucificado, talla mediocre realizada en los años 1959-1960 por el escultor Francisco Sánchez Ramos.
     La Antigua capilla del Cristo de la Cabrilla, si­tuada en el lado del Evangelio, ha sido restaurada por la reorganizada Cofradía del Cristo del Perdón y la Virgen de los Dolores (del Puente de Santo Domingo). En su arco de acceso presenta hojarasca y querubines, y en la clave, entre dos niños, el escudo de los dominicos flanqueado por dos lebreles con la antorcha en la boca, atributo de Santo Domingo. Su planta es rectangular cu­bierta con casquete oval, sobre pechinas, con linterna en la clave. Se ha conservado la primitiva decoración de éstas, la del anillo y los tímpanos laterales así como unas cartelas con plegarias rodeadas de vistosa hojarasca, obra de comienzos del XVIII, y según ésta, se ha completado el ornato de la capilla. La Virgen de los Dolores, titular de la Cofradía, es una escultura de can­delero de Pedro Asensio de la Cerda (1740-46). Recientemente se ha bendecido la nueva imagen del Cristo del Perdón, del escultor Suso de Marcos, quien también ha ejecutado la figura de San Juan Evangelista que acompaña a otra imagen de la Virgen en la escena del Calvario, talla esta última del círculo malagueño del siglo XVIII.
     Cierra la nave de la Epístola por la cabecera, la Capilla de la Virgen del Rosario que, como todas las dedicadas a esta advocación en las iglesias de dominicos, debía ser de una gran riqueza, que ha perdido casi por completo, aunque conserva algunos elementos de comienzos del s. XVIII (arco de entrada con yeserías, jambas con mármol de diferentes colores, mesas de altar, pavi­mento, etc.). La capilla existía ya en 1548 fecha en que Diego Hoyato hizo un retablo para ella.
     La Capilla de la Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y de la Virgen de la Esperanza, cuyos titulares ocupan una iglesia próxima con Casa de Hermandad, es obra del s. XVI. Tiene interesante estructura, pero fue remodelada a comienzos del siglo XX en un estilo neorrománico que no encajaba con la restaura­ción neobarroca de la iglesia, y en su iconografía destacaba un conjunto de pinturas al fresco con temas pasionales, ejecutado por el artista grana­dino Miguel Rodríguez Acosta, en 1961, también trasladado a la nueva sede.
     La Capilla de la Hermandad del Cristo de la Humillación y del Perdón y María Santísima de la Estrella fue otorgada en 1579 a la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, que se com­prometía a labrarla al igual que la del Nazareno del Paso, pero los ornamentos conservados son barrocos. En ella reciben actualmente culto los titulares de la citada Cofradía; el Cristo de la Humillación fue ejecutado en 1941 por Palma Burgos, y la Virgen de la Estrella, obra anónima malagueña del s. XVIII.
     Capilla de la Pontificia Congregación del Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Nuestra Señora de la Soledad. Es una capilla-iglesia por su dimensión y complejidad espacial, con planta cuadrada y camarín octogonal con cubierta abovedada con linterna. Su decoración es moderna, de hacia 1940, cubriéndose los muros con placas de mármol gris y negro, con aplicaciones de bronce, y ha desaparecido su carácter primitivo, remitiendo al neobarroco en los pormenores decorativos, sobre todo en el camarín. En esta capilla reciben culto los titulares de la conocida como «Cofradía de Mena»: el Cristo de la Buena Muerte y Ánimas es obra de calidad, de 1941, del escultor malagueño Francisco Palma Burgos, réplica del Crucificado de Pedro de Mena que aquí se veneraba y que desapareció en los sucesos de 1931; la Virgen de la Soledad es anónima del círculo antequerano de la segunda mitad del siglo XVIII, y la Magdalena a los pies del Cruci­ficado es asimismo de Francisco Palma. También es autor de la Dolorosa de medio busto que se encuentra en el interior de una hornacina barroca, realizada en 1937.
     La actual sacristía, que se encuentra tras la cabecera, es una pieza interesante con planta octogonal; aquí se hallan dos lienzos que representan a San Pedro y San Pablo, de medio cuerpo, obras de interés del círculo valenciano del s. XVII. Hay otra sala, que debía ser la capitular o primitiva sacristía, de planta rectangular y cubierta above­dada, que conserva restos de pinturas murales.
     La interesante fachada del antiguo convento, que formaba ángulo con la iglesia en su parte sur, se ha demolido y su espacio lo ocupa la Casa de Hermandad de la conocida popularmente como Cofradía de Mena, obra del arquitecto Álvaro Mendiola, de 1999. Aquí se guardan los enseres de la Hermandad, destacando el trono del Cristo, de Francisco Palma Burgos y el de la Virgen, de los talleres Domínguez.
     Construido entre 1921 y 1925, este edificio es un resto importante de la arquitectura industrial, aunque remite a un estilo regionalista, conservando sus cajeados, aleros y característicos guardapolvos. Aquí se estableció en 1921 una empresa que, mediante cable submarino, mantenía la conexión telegráfica de Italia con las Azores y América (el primer cable, entre Anzio y Málaga, funcionó en 1925), y fue un importante cen­tro de comunicación durante medio siglo, disolviéndose en la década de los 70. Como anécdota cabe indicar que aquí se instaló en 1926 la oficina desde la que el Rey Alfonso XIII pudo hablar telegráficamente con el vuelo Plus Ultra.
     El edificio, aunque ostenta en su fachada principal el nombre de Mena, porque fue comprado por esta Cofradía y restaurado en 1999 por A. Mendiola, debería recuperar el nombre de Italcable, que define la importante función que desempeñó en el primer tercio del siglo XX, en la historia de las comunicaciones internacionales por cable, y lo que supuso para la ciudad de Má­laga. La rehabilitación ha sido costeada por la Fundación Unicaja habiéndose creado un mag­nífico espacio expositivo en la planta superior donde se ha conservado la primitiva armadura de madera, de notables peculiaridades estructurales y estéticas (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El inmueble objeto de la declaración es un fragmento del complejo conventual que ocupaba gran parte de una manzana situada en la zona norte del barrio del Perchel. Su configuración exterior es un tanto peculiar debido al derribo de parte de las edificaciones anexas, dando como resultado un perímetro irregular.
     La iglesia, arquitectónicamente, divide su espacio interior en tres naves separadas por arcos de medio punto sobre pilares cruciformes, con pilastras corintias cajeadas, que sostienen un doble entablamento, recorrido por un friso compuesto por canecillos con decoración de hojarasca. La nave central se cubre con bóveda de medio cañón rebajada, dividida por cuatro arcos fajones y dos nervios perpendiculares, que forman una retícula en donde encajan los medallones en la parte central y lunetos recortados con molduras mixtilíneas en las laterales. A los pies de esta nave se sitúa el nártex cubierto por techo plano salvo en los bordes que se curva en un cuarto de cañón; sobre este espacio se desarrolla el coro, cerrado al espacio central mediante una barandilla de directriz mixtilínea.
     En la cabecera de esta nave se ubica el presbiterio, al que se accede por un gran arco triunfal de medio punto. Es de planta cuadrangular y se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas. El casquete semiesférico está decorado con medallón central de hojarasca y nervios planos cajeados, mientras que las pechinas presentan ornamentación vegetal y de medallones, con escudos y emblemas dominicos, sostenidos por angelotes.
     Las naves laterales se estructuran en tramos cuadrangulares entre arcos fajones doblados, cubiertos por bóvedas semiesféricas sobre pechinas, conservándose algunos restos de la decoración primitiva. A la nave de la Epístola se adosan varias capillas. La Capilla del Rosario presenta planta rectangular con cubierta de tejas a un agua. A ella se adosa el camarín de la virgen, de planta sensiblemente cuadrada cubierto con bóveda de medio cañón con fajones que llegan hasta el suelo. El acceso a la iglesia se produce a través de la fachada principal que se ubica a los pies de la nave central. 
     Se compone de una portada con vano adintelado flanqueada por dobles columnas corintias, observándose en los intercolumnios restos bastante deteriorados de la primitiva decoración escultórica. La portada se remata con un cuerpo tripartito compuesto de frontones triangulares y un perfil conopial de dos tornapuntas, encontrados y rematados por frontón triangular y cruz. Sobre ésta se abre un gran óculo que ilumina interiormente el coro.
     Junto a esta portada, a los pies de la nave de la Epístola, se abre otra puerta bajo arco sin ornamentación, rematada también por un óculo de menor dimensión que el anterior. En el lado opuesto de la iglesia, frente al paseo del río, se abre otra puerta, de carácter trasero, que accede a un patio de servicio desde el que se registran distintas dependencias vinculadas funcionalmente, en mayor o menor medida, con la iglesia. Los edificios así definidos, entre el volumen principal de la iglesia y el límite exterior, se presentan como un conjunto de construcciones adosadas, en su mayoría de dos plantas, difíciles de interpretar en el fragmentado contexto urbano actual. Bajo esta definición se engloban: El cuerpo que se levanta tras el presbiterio -actual capilla funeraria y antigua sacristía-, de planta interiormente achaflanada y cubierta de tejas árabes a tres aguas; la actual sacristía que, muy compartimentada, ocupa el espacio que queda entre el cuerpo anterior y la cabecera de la nave de la Epístola.
     Por último, adosadas a las cabeceras de la nave central y del Evangelio, se disponen, en dos plantas comunicadas por estrechas escaleras, el resto de las dependencias parroquiales, entre las que destaca una amplia sala en planta baja que constituye el centro de las demás dependencias.
     La Iglesia malagueña dedicada a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, constituye casi el único vestigio del desaparecido convento de los dominicos de Málaga, un destacado conjunto en la actualidad prácticamente destruido, que fue un elemento fundamental en la configuración urbanística del popular barrio del Perchel Alto. Sus raíces históricas pueden surgir en la existencia previa a la conquista cristiana de una mezquita. A ella se adaptaría en 1489 la ermita dedicada a Santa Mª de las Huertas. Tras el repartimiento de 1492, los dominicos comienzan una larga etapa de construcciones que tienen como fases más significativas las realizadas en el siglo XVI en estilo gótico-mudéjar, así como las del último tercio del siglo XVII y primer tercio del siglo XVII, en que adquiere el carácter barroco que hoy presenta. Finalmente, en 1.931 fue destruida en su mayor parte, siendo restaurada por el arquitecto diocesano Enrique Atencia según proyecto de 1.953 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Iglesia de Santo Domingo de Guzmán de Málaga data del siglo XV tras la conquista cristiana y situada extramuros, formaba parte del complejo conventual que ocupaba gran parte de una manzana situada en la zona norte del barrio de El Perchel.
     Esta iglesia es la sede canónica de la Cofradía de los Dolores del Puente, la Hermandad de la Humillación y la Congregación de Mena, que salen en la Semana Santa malagueña.
     Su configuración exterior es un tanto peculiar debido al derribo de parte de las edificaciones anexas, dando como resultado un perímetro irregular.
     La iglesia, arquitectónicamente, divide su espacio interior en tres naves separadas por arcos de medio punto sobre pilares cruciformes, con pilastras corintias cajeadas, que sostienen un doble entablamento, recorrido por un friso compuesto por canecillos con decoración de hojarasca. La nave central se cubre con bóveda de medio cañón rebajada, dividida por cuatro arcos fajones y dos nervios perpendiculares, que forman una retícula en donde encajan medallones en la parte central y lunetos recortados con molduras mixtilíneas en las laterales. A los pies de esta nave se sitúa el nártex cubierto por techo plano salvo en los bordes que se curva en un cuarto de cañón; sobre este espacio se desarrolla el coro, cerrado al espacio central mediante una barandilla de directriz mixtilínea.
     En la cabecera de esta nave se ubica el presbiterio, al que se accede por un gran arco triunfal de medio punto. Es de planta cuadrangular y se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas. El casquete semiesférico está decorado con medallón central de hojarasca y nervios planos cajeados, mientras que las pechinas presentan ornamentación vegetal y de medallones, con escudos y emblemas dominicos, sostenidos por angelotes. Las naves laterales se estructuran en tramos cuadrangulares entre arcos fajones doblados, cubiertos por bóvedas semiesféricas sobre pechinas, conservándose algunos restos de la decoración primitiva. A la nave de la epístola se adosan varias capillas. La capilla del Rosario presenta planta rectangular con cubierta de tejas a un agua. A ella se adosa el camarín de la virgen, de planta sensiblemente cuadrada cubierto con bóveda de medio cañón con fajones que llegan hasta el suelo. En esta capilla podemos encontrar un retablo recientemente restaurado, que fue destruido en los sucesos de 1931.
     El acceso a la iglesia se produce a través de la fachada principal que se ubica a los pies de la nave central. Se compone de una portada con vano adintelado flanqueada por dobles columnas corintias, observándose en los intercolumnios restos, bastante deteriorados, de la primitiva decoración escultórica. La portada se remata con un cuerpo tripartito compuesto de frontones triangulares y un perfil conopial de dos tornapuntas, encontrados y rematados por frontón triangular y cruz. Sobre ésta se abre un gran óculo que ilumina interiormente el coro. Junto a esta portada, a los pies de la nave de la epístola, se abre otra puerta bajo arco sin ornamentación, rematada también por un óculo de menor dimensión que el anterior.
     En el lado opuesto de la iglesia, frente al paseo del río, se abre otra puerta, de carácter trasero, que accede a un patio de servicio desde el que se registran distintas dependencias vinculadas funcionalmente, en mayor o menor medida, con la iglesia. Los edificios así definidos, entre el volumen principal de la iglesia y el límite exterior, se presentan como un conjunto de construcciones adosadas, en su mayoría de dos plantas, difíciles de interpretar en el fragmentado contexto urbano actual. Bajo esta definición se engloban: El cuerpo que se levanta tras el presbiterio —actual capilla funeraria y antigua sacristía—, de planta interiormente achaflanada y cubierta de tejas árabes a tres aguas; la actual sacristía que, muy compartimentada, ocupa el espacio que queda entre el cuerpo anterior y la cabecera de la nave de la epístola.
     Por último, adosadas a las cabeceras de la nave central y del evangelio se disponen, en dos plantas comunicadas por estrechas escaleras, el resto de las dependencias parroquiales, entre las que destaca una amplia sala en planta baja que constituye el centro de las demás dependencias (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de San Pablo

     La primitiva iglesia fue erigida en el año 1645, siendo obispo el cardenal Alonso de la Cueva, pero no fue parroquia hasta 1833. El antiguo templo se demolió en 1873, construyéndose el actual entre 1874 y 1891, según proyecto del arquitecto Jerónimo Cuervo. Estilísticamente es ejemplo del eclecticismo arquitectónico del siglo XIX para el que su autor escogió los elementos del repertorio gótico por la idoneidad de este estilo como el más representativo de la arquitectura religiosa, y su diseño fue defendido por él mismo ante la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo.
     Tiene tres naves separadas por pilares con haces de columnas y arcos apuntados, que sostienen bóvedas de crucería. La capilla mayor es poligonal, con cinco lados abiertos por arcos oji­vales sobre los que hay vidrieras con el tema de la adoración a la Eucaristía. Tras ella corre una girola también cubierta con bóveda de ojivas. El brazo derecho del crucero es el espacio del Sagrario, conformando una capilla abierta con materiales más nobles y triple arquería con ostentosos emblemas eucarísticos.
     La fachada principal, ubicada al Sur, presenta los característicos elementos góticos y resulta de una gran sencillez al no completar la torre este conjunto, ya que se sitúa sobre la cabecera; es cuadrada, muy recia y se remata por un pronun­ciado chapitel decorado con pináculos.
     La iglesia fue incendiada en 1931, por lo que todo su patrimonio es reciente, especialmente imágenes de Olot, aunque las cofradías pasionistas, que dan culto a sus titulares en esta iglesia, cuentan con algunas imágenes de más calidad y, especialmente, de gran devoción.
     En el primer tramo del lado del Evangelio re­ciben culto las imágenes de la Hermandad del Cristo de la Esperanza en su gran Amor y Nues­tra Señora de la Salud, ambas de Álvarez Duarte, de 1991 y 1986, respectivamente.
     En una capilla de la girola tiene su sede la cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidad Coronada. El «Cautivo», obra del granadino Martín Simón de 1938, es una de las imágenes que despierta mayor de­voción en el barrio y en la Semana Santa malagueña. La Virgen fue tallada en 1978 por el escultor sevillano Francisco Buiza. En la capilla se expone junto a ellos parte de su ajuar de plata: cruz guía, faroles y candelabros, además de la espléndida corona de la Virgen.
     La Capilla de la Hermandad del Santo Traslado y la Virgen de la Soledad, remodelada en 1969, se sitúa a los pies del templo, en el lado de la Epístola. Estas imágenes fueron realizadas por el artista malagueño Pedro Moreira López entre los años 1945-1951 (La antigua imagen de la Virgen de la Soledad, también muy venerada y destruida en 1931, era una talla de bulto redondo atribuida a Pedro de Mena, aunque hoy se considera más próxima al estilo de Fernando Ortiz) (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Aunque erigida en 1645 no se convirtió en parroquia hasta 1833. El primitivo edificio fue demolido en 1873, construyéndose el actual entre 1874 y 1891 por Jerónimo Cuervo. Su estilo corresponde al neogótico. Consta de tres naves, separadas por pilares fasciculados y arcos apuntados. Las cubiertas son de crucería, el coro está situado a los pies, donde se halla su única torre. La fachada principal posee una puerta central, rematada por un arco de medio punto, dos ventanas a los lados y un óculo en la parte superior (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Levantada a mediados del siglo XVII y reconstruida a finales del XIX, para años más tarde, tras un incendio, volver de nuevo a reconstruirse.
     La Iglesia de San Pablo es un templo cristiano católico situado en el barrio de la Trinidad.
     Es una obra del arquitecto Jerónimo Cuervo, construida entre 1874 y 1891
     Es la sede canónica de la Hermandad de la Salud, la Cofradía de Jesús Cautivo (popularmente conocido como el Señor de Málaga, por la gran devoción de todos los malagueños y en especial los vecinos (tanto antiguos como actuales) del barrio de la Trinidad) y la Hermandad del Santo Traslado y la Soledad de San Pablo, que realizan sus salidas procesionales en Semana Santa.
     Este templo nació en el siglo XVII como ermita de ayuda a la Parroquia de los Santos Mártires y en 1833 fue declarada parroquia.
     En 1873 se derribó el edificio para construir el actual, que se inauguró el 24 de mayo de 1891.
     En los años 2004-2006, se llevó a cabo una labor de restauración en el interior y el exterior del templo, reponiendo la mayoría de los pináculos, que se encontraban partidos.
     Es de estilo neogótico y su fachada principal se compone de una portada ornamentada ojival, flanqueada por columnas a cada lado.
     Su interior consta de tres naves con pilares fasciculados y con cubiertas de crucería. Y su torre, de 50 metros de altura, termina en forma de pirámide cuadrangular, con adornos formados pináculos de cerámica con decoración floral (Diputación Provincial de Málaga).

Museo de Semana Santa

     Este nuevo museo se ubica en el antiguo hospital de San Julián, sede de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa. Alberga en 1.060 metros cuadrados el significado de la Semana Santa de Málaga, de los que 600 conforman la parte expositiva permanente, donde los turistas pueden visitar también la iglesia de San Julián, que cuenta con la mayor colección pictórica barroca de Málaga, con obras de Juan Niño de Guevara. La exposición se concibe con un planteamiento didáctico y utilizando los medios más avanzados desde el punto de vista estructural y técnico.
     “Este Museo es un servicio que las cofradías prestan a Málaga”, dijo el presidente del ente agrupacional. El Museo de Semana Santa cuenta con más de 150 piezas expuestas entre obras escultóricas, pictóricas y de orfebrería cedidas por la Agrupación de Cofradías y algunas de las hermandades más señeras de la capital de forma que el visitante pueda llevarse una idea muy clara de cómo se vive una procesión en Málaga.
     El museo se compone de un total de seis salas repartidas en dos plantas donde se resume qué es la Semana Santa: el origen de las cofradías, las imágenes, los nazarenos, los tronos, la música, la talla y la orfebrería (Diputación Provincial de Málaga).

Museo de Ciencias "Principia"
     Principia es un museo interactivo de ciencia. Consta de tres espacios principales: “Sala Faraday” donde se realizan sesiones de experimentos, un planetario con proyector digital de estrellas para ver el cielo de cualquier lugar del universo y la “Sala Tomás Hormigo” con más de 80 módulos interactivos. También cuenta con un observatorio astronómico en la terraza.
     La colección
     Principia es un espacio vivo, en continua evolución, en el que el visitante va a tener la oportunidad de aprender y experimentar por sí mismo, en todas las ramas y vertientes de la ciencia. Y es que, ante todo, Principia es un centro de ciencias interactivo, creado para fomentar la divulgación científica y tecnológica de una forma amena, pero sin perder el rigor en sus contenidos.
     Todas las ramas de la ciencia (Astronomía, Electricidad, Mecánica, Biología, Química, Matemáticas, incluso Ondas y Percepción) están presentes en este centro, que se estructura en cuatro salas o espacios diferentes: La Sala de Módulos Interactivos, llamada “Profesor Tomás Hormigo”; la sala Faraday; el Planetario y el Observatorio Astronómico.
     En el primer espacio, la sala “Tomás Hormigo”, se exponen permanentemente más de setenta módulos interactivos de distintas temáticas científicas, con los que podremos comprender el funcionamiento y los mecanismos que explican muchos de los fenómenos que se producen en la naturaleza, y en distintos ámbitos: mecánica, ondas, matemáticas, percepción, electromagnetismo, biología, geología o química.
     La siguiente sala, denominada Faraday, es un espacio multifuncional con capacidad para 100 personas, en la que vamos a tener la oportunidad de intervenir personalmente en los experimentos. Sin duda una inolvidable experiencia y una divertida forma de aprender.
    Realizaremos experimentos con descargas de alto voltaje y electromagnetismo que nos erizarán el cabello, físicamente. Comprenderemos porqué los teléfonos móviles no funcionan dentro de los ascensores, aplicando el principio de la jaula de Faraday. Podremos inflar un globo sin quitarle el nudo e introducir un huevo en una botella sin empujarlo, gracias a los principios de la presión.
     Comprobaremos que es posible derribar un puente, solo a base de resonancia. Veremos colores que cambian espontáneamente o agua que no cae, debido a sorprendentes reacciones químicas. Y nos iniciaremos en el apasionante mundo de la astronomía, que después podremos admirar en todo su esplendor, en el Planetario.
     El envolvente planetario de Principia, posee una cúpula de 5 metros de diámetro en la que, mediante un proyector digital, se recrea una completa bóveda celeste. En ella podemos distinguir las constelaciones más significativas de ambos hemisferios, reproducir los movimientos del sol, trasladarnos a cualquier lugar del universo o visualizar acontecimientos astronómicos que aún no han tenido lugar.
     Además, cada sesión del Planetario está dirigida por un experto monitor que se adapta al perfil de los visitantes, respondiendo a nuestras preguntas y centrándose, si lo deseamos, en la época del año en la que nos encontremos. En definitiva, respondiendo al interés del auditorio. No se trata pues de una grabación, sino de sesiones personalizadas. Una oportunidad única de obtener la respuesta de un experto a lo que siempre quisimos saber.
     Y para aplicar todo este conocimiento astronómico a tiempo real, Principia cuenta con un auténtico observatorio astronómico propio, situado en la terraza superior, donde, bajo una cúpula móvil de más de 3 metros de diámetro, se ha instalado un potentísimo telescopio para poder hacer observaciones al resguardo de las inclemencias del tiempo. Y para que el mayor número de personas posible puedan disfrutar de esta experiencia, las imágenes obtenidas por el telescopio se proyectan en la pantalla situada en la sala Faraday, gracias a una cámara CCD con tecnología digital.
     Un impresionante espectáculo, que se realiza una vez al mes, con la colaboración de la Agrupación Astronómica de Málaga “Sirio”, y al que se puede asistir libremente.
     Pero la vocación divulgativa de Principia va mucho más allá, evolucionando al ritmo que lo hacen los avances científicos y complementando su oferta con la programación de actos y eventos durante todo el año. Conferencias todos los sábados, Talleres formativos, organización de ciclos de cine científico, exposiciones y museo itinerantes, y una completísima videoteca constituida por más de 1.200 vídeos de contenido científico, que se pueden ver y consultar en las instalaciones del Centro Principia.
     Podríamos decir que, el Centro de Ciencias Principia es la demostración empírica de que comprender, aprender, conocer, y descubrir los secretos de la ciencia, puede ser divertido. Por eso, una vez realizada la visita tendremos la sensación de ser más sabios.
     El edificio
La idea de realizar este museo se fragua el 1994 a raíz de la organización de un proyecto de innovación educativa que, bajo el nombre de “el mes de la ciencia”, logró reunir en el Parque Tecnológico de Málaga, más de cien aparatos científicos realizados en distintos centros de secundaria de la ciudad.
     Cuatro años después, se construye el edificio que alberga hoy las instalaciones, situado en la Avenida Luis Buñuel en las inmediaciones del Estadio de Fútbol La Rosaleda (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Esperanza. Museo Archicofradía de la Esperanza, Iglesia de Santo Domingo. Cristo de la Buena Muerte, Iglesia de San Pablo, Museo de Semana Santa, y Museo de Ciencias "Principia") de la localidad de Málaga (X), en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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El edificio de la calle San Eloy, 41

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el edificio de la calle San Eloy, 41; de Sevilla.    
     Hoy, 1 de diciembre, Memoria en Noyon, lugar de Neustria, asimismo en Francia, de San Eloy, obispo, que siendo orfebre y consejero del rey Dagoberto edificó monasterios y construyó monumentos a los santos con gran arte y elegancia, y más tarde fue elevado a las sedes de Noyon y Tournai, donde se dedicó con gran celo al trabajo apostólico (660) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el edificio de la calle San Eloy, 41; de Sevilla
     El edificio de la calle San Eloy, 41; se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.  
     En esta casa hay que destacar las ventanas que dan a la calle Josefa Reina Puerto, con rejas de estilo renacentista [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Eloy, obispo;
HISTORIA Y LEYENDA
   Según su Vita, redactada por su amigo San Audoeno, nació en Chaptelat, Limousin, hacia 590. Después de haberse formado como aprendiz en el taller de Abbon, orfebre de Limoges, se relacionó en París con Bobbon, tesorero de ClotarioII, y obtuvo el cargo de monedero. El rey Dagoberto lo convirtió más tarde en tesorero y le confió misiones más importantes.
   Después de la muerte del rey Dagoberto se hizo ordenar sacerdote.
   En 632 fundó el monasterio de Solignac cerca de Limoges. Pero la última parte de su vida transcurrió en el norte de Francia, donde en 640 fue nombrado obispo de Noyon, cuya diócesis comprendía Tournai y todo el país de Flandes. Habría fundado la iglesia de las Dunes (las Dunas), cuna de Dunkerque. Murió en 659.
   Sus obras de orfebrería más importantes son los relicarios de san Martín de Tours, san Dionisio, san Severino -en Chateau Landon-, de los santos Crispino y Crispiniano en Soissons, que han desaparecido, al igual que el cáliz de la abadía de Chelles que fue fundido en 1792. La única obra que subsiste y que se le atribuye es el trono de Dagoberto, conservado en la Sala de las Medallas de la Biblioteca Nacional de Francia. En realidad se trata de una silla curul de bronce de la época románica, reformada  en la abadía de Saint Denis en el siglo XII.
   Según la leyenda, antes de convertirse en orfebre y luego en obispo, habría sido herrador. El milagro del caballo herrado y la historia del diablo metamorfoseado en mujer a quien cogió de la nariz con la tenaza, contribuyeron mucho a su popularidad.
   Con el objeto de herrar con mayor comodidad un caballo arisco, san Eloy le habría cortado una pata delantera, la habría puesto sobre el yunque, y después de haber herrado el casco, habría vuelto a colocar el miembro en el animal. Una variante de la historia asegura que ese milagro habría sido consumado por su  ayudante, que no  era otro que Cristo disfrazado.
   Un día, el diablo disfrazado de mujer (impudica femina) se presentó en su taller. San Eloy lo reconoció y le apretó la nariz con la tenaza de herrero calentada al rojo. Esta leyenda del diablo cogido por las narices puede ser una copia de la de san Apeles, herrero genovés. En Inglaterra se atribuye a San Dunstano. Gaidoz ha supuesto que el orfebre y el herrero eran dos personas diferentes y que hubo sincretismo y contaminación entre la leyenda del obispo de Noyon, Eloy, y los vestigios sobrevivientes del culto de un dios herrero. No se necesita esta hipótesis para explicar que un orfebre representado con un instrumento como el martillo haya podido confundirse con un herrero.
   Esta leyenda sólo pudo nacer mucho tiempo después de la muerte de san Eloy, puesto que éste vivió en la primera mitad del siglo VII, y la práctica de herrar los caballos no apareció en Occidente antes del siglo XI. Por lo tanto el milagro del caballo herrado es un anacronismo.
   San Hilonio, monje de Solignac a quien se considera su discípulo, quizá no sea más que una duplicación. En Bretaña, a causa de la semejanza fónica, suele confundírselo con san Alar, obispo de Quimper y con San Telo o Elo, que como él, es protector de los caballos.
CULTO
   Hay pocos santos más populares que san Eloy. Su fiesta se celebraba dos veces por año: en invierno y en verano (para la traslación de sus reliquias).
1. Lugares de culto
   El culto de san Eloy tiene como centros principales Limousin, su provincia natal, y el norte de Francia donde fue obispo de Noyon y de Tournai. Desde allí se expandió hacia Alemania e Italia.
   El monasterio que san Eloy había hecho construir en la isla de la Cité de París, bajo la advocación de san Marcial, patrón de Limousin, se puso bajo su patronazgo. La catedral de Notre Dame de París poseía un brazo de san Eloy que  donó en 1212 el capítulo de Noyon. Los barnabitas conservaban entre otras reliquias preciosas, un cobertor de cama manchado de sangre "que se cree fue de san Eloy que solía sangrar por la nariz". En el siglo XIV, el rey de Francia Carlos V ofreció reliquias del santo orfebre al emperador Carlos IV de Bohemia.
   La iglesia de Saint Éloi de Ruán fue dedicada al culto protestante.
   La principal iglesia de Dunkerque se puso bajo la advocación de san Eloy (Saint Éloi), a quien se considera el fundador de la ciudad. 
 Roma tiene tres iglesias consagradas al santo: San Eloy dei Ferrari, San Eloy deglo Orefici y San Eloy dei Sellai. En los tiempos de la dinastía angevina en Nápoles, se puso una iglesia bajo su advocación. Y también era venerado en Bolonia.
2. Patronazgos
   San Eloy había sido elegido como patrón por numerosas corporaciones: los orfebres, batidores de oro, doradores de cobre, fabricantes de campanillas, cuchilleros, cerrajeros, herreros, herradores, fabricantes de espuelas y guarnicioneros, los tratantes de caballos (a causa del caballo cuya pata repegara milagrosamente el santo después de haberla herrado), los carreteros y arrieros, los arrendadores de carrozas y los cocheros. En nuestros días, en la época del automóvil, los mecánicos y los arrendadores de cocheras o estacionamientos reemplazan en su clientela a los herradores y cocheros.
   Por la misma razón era el protector de los caballos a los cuales solían llevarse en peregrinación a las capillas de san Eloy, adornados con guirnaldas y empavesados con pequeños banderines de forma triangular sujetos a la collera. El clero participaba en esta procesión montando a caballo, y se bendecía a los animales con el martillo de san Eloy. El día de la fiesta del santo se eximía de trabajo a los caballos. La ceremonia de la bendición de los caballos todavía subsiste en numerosas provincias francesas, al igual que en Flastrolf, en Sarre.
   Su patronazgo de los caballos y el milagro del caballo herrado le habían valido también los sufragios de los palafreneros y la consideración de los veterinarios. A causa de la curación de un lisiado, se lo consideraba patrón de los hospitales. También se demandaba su intercesión para el tratamiento de las úlceras, y los cólicos o gastroenteritis infantil.
   Se lo invocaba contra los incendios porque había salvado del fuego la iglesia de Saint Martial de París.
ICONOGRAFÍA
   Los tejos de plomo historiados que se encontraron en los dragados del Sena, cerca del antiguo priorato de Saint Éloi, presentan siete tipos diferentes de la imagen del santo.
   Pero todos ellos pueden reducirse a tres tipos iconográficos: el herrador, el orfebre y el obispo.
   La mayoría de las obras de arte: estatuas, pinturas y vidrieras que lo representan, fueron donadas por corporaciones de herradores o de orfebres.
1. El herrador o herrero
   Está representado con tenaza y martillo rematado en una corona. Sus otros atributos son un yunque, una herradura o un caballo, del cual a veces tiene en la mano una pata cortada, en alusión al milagro del caballo herrado, y una vela enrollada cuyo significado no está claro.
2. San Eloy orfebre
   Ya realiza el trabajo de artesano como el de comerciante en su tienda.
   Sostiene un cáliz o un anillo de boda, símbolos de la orfebrería religiosa y laica.
3. San Eloy obispo
   Está tocado con la mitra y lleva el báculo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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