Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

lunes, 30 de diciembre de 2024

Un paseo por la calle Carmen

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Carmen, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle Carmen es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Pascual de Gayangos, a la calle Imaginero Castillo Lastrucci.
    La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos.
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al menos desde 1460 está documentada como calle de las Maravillas, con una barreduela a modo de plaza conocida con el mismo nombre. El arreglo del nomenclátor de 1845 le asigna el topónimo que actualmente tiene, por hallarse a la espalda del antiguo convento del Carmen (v. Baños) y porque en la ciudad había ya varias calles llamadas Maravillas. No obstante, a principios del s. XVIII existía un callejón del Carmen, que podría ser este mismo espacio. Es estrecha y rectilínea y mantiene la citada barreduela en la acera izquierda, ya existente en el s. XV. Posee pavimento asfáltico y aceras de losetas, en algunos puntos muy estrechas. Se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. La mayor parte de su caserío está integrado por viviendas de reciente construcción, de tres plantas y escaso porte, con excepción de la casa núm. 3, de estilo neomudéjar, una de las muchas construidas en la ciudad por la Compañía Sevillana de Electricidad para instalación de transformadores a principios del s. XX. Su función es exclusivamente residencial y tiene poco tránsito [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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La calle Carmen, al detalle:
Edificio de la calle Carmen, 3.

domingo, 29 de diciembre de 2024

La Capilla de la Safa (Sagrada Familia), en Montellano (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Safa (Sagrada Familia), en Montellano (Sevilla).  
     Hoy, 29 de diciembre, Fiesta de la Sagrada Familia (domingo que cae entre la Octava de Navidad -25 de diciembre al 1 de enero-, o el 30 de diciembre, si no hay un domingo entre estos dos días), Jesús, María y José, desde la que se proponen santísimos ejemplos a las familias cristianas y se invocan los auxilios oportunos [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de la Safa (Sagrada Familia), en Montellano (Sevilla).
     La Capilla de la Safa (Sagrada Familia), se encuentra en la calle Matahacas, 39; en Montellano (Sevilla).
     La Capilla de la Safa fue construida en 1983. Es una edificación estructurada en una sola nave de medio cañón, sostenida por arcos fajones apoyados en pilastras. Actualmente se conserva el retablo, los brazos de lámparas laterales, las vidrieras y el alicatado a media altura de la antigua fábrica Sevilla de Ramos Rejano, quedando reformada el resto de las paredes con estucado, la bóveda y el suelo de mármol.
     Como elementos característicos de esta capilla podemos destacar el campanario, el rosetón de la fachada y el coro que le proporciona una buena acústica, conservados desde su construcción. El escudo central representa a la titularidad actual de la capilla: Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia. Los mosaicos de la fachada presentan a la imagen de San Juan Bosco y María Auxiliadora.
     Con la ayuda económica de los montellaneros en primera instancia y con el desarrollo de dos Talleres de Empleo de albañilería, electricidad y pintura, concedidos por la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía, se concluye la rehabilitación de la capilla en el año 2006.
     Desde el año 2000 es la sede de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, Dulce Nombre de María y Sagrada Familia de Nazaret. Desde esta fecha se realizan cultos en la capilla. El cardenal de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, bendijo la Capilla de la Safa el día 15 de abril de 2007 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
   La Capilla fue construida en 1938. Es una edificación estructurada en una sola nave de medio cañón, sostenida por arcos fajones, apoyados en pilastras. Actualmente se conserva el Retablo, los brazos de lámparas laterales, las vidrieras y el alicatado a media altura de la antigua fábrica sevillana de Ramos Rejano, quedando reformada el resto de las paredes con estucado, la bóveda y el suelo de mármol. Los mosaicos de la fachada presentan a la imagen de San Juan Bosco y María Auxiliadora. Desde el año 2000 es la sede de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, Dulce Nombre de María y Sagrada Familia de Nazaret  (Ayuntamiento de Montellano).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Sagrada Familia;
     En el verdadero sentido de la expresión, la Sagrada Familia constituye un grupo mucho más restringido que La Parentela de María. Sólo incluye a los parientes más próximos del Niño Jesús, es decir madre y abuela o madre y padre nutricio. En los dos casos, ya sea santa Ana o san José quienes lo lleven, es un grupo de tres figuras, un grupo trinitario.
     Desde el punto de vista artístico, la disposición de esta Trinidad terrestre (Trias humana), como se la ha llamado muy justamente, plantea los mismos problemas y sugiere las mismas soluciones que la Trinidad celestial.
     No obstante, las dificultades son menores. Ya no se trata de un único Dios en tres personas del cual deba expresarse la unidad esencial al mismo tiempo que la diversidad. Los tres personajes están unidos por vínculos de sangre, ciertamente; pero no constituyen un bloque indivisible. Cada uno de ellos tiene su propia vida y pueden disociarse sin inconvenientes. Además, los tres están representados con forma humana mientras que la paloma del Espíritu Santo introduce en la Trinidad divina un elemento zoomórfico difícil de amalgamar con dos figuras antropomórficas.
1. Santa Ana con la Niña María y el Niño Jesús
     Este tipo de Sagrada Familia que agrupa a las tres generaciones, abuela, madre e hijo, está estrechamente ligado con La Parentela de María de la cual no es más que un fragmento separado.
     También ha encontrado los mayores favores en Alemania, hasta el punto que la expresión Anna selbdritt (santa Ana triple, en tres, trinitaria) se emplea corrientemente en otras lenguas para designar brevemente este grupo.
     Se encuentran ejemplos de este tipo a partir del siglo XIV; pero fue en los siglos XV y XVI cuando el tema se hizo realmente popular, no sólo en los países germánicos sino hasta en Italia y España.
      Agrupar de una manera satisfactoria dos mujeres adultas y un niño no era tarea fácil. Al igual que con la Trinidad divina, los artistas intentaron la superposición, la yuxtaposición, el agrupamiento vertical y el horizontal. En el primer caso, santa Ana lleva a la Virgen y al Niño Jesús, en el segundo, el Niño está sentado entre santa Ana y la Virgen.
   a) Santa Ana lleva a la Virgen y al niño

     Esta disposición vertical puede ser realizada de dos maneras: santa Ana de pie lleva a la Virgen y al Niño sobre cada uno de sus brazos, o bien ella está sentada y tiene sobre las rodillas a su hija que a su vez sostiene al Niño Jesús.
     El inconveniente de esta solución está a la vista: comporta una desproporción chocante entre madre e hija que normalmente deberían ser de la misma talla: la Virgen en brazos o sentada sobre las rodillas de santa Ana se encuentra reducida a la estatura de una niñita. 
   Leonardo da Vinci, en su admirable cuadro del Louvre que señala el apogeo del tema, permaneció fiel a este esquema arcaico; aunque consiguió aligerarlo y animarlo. La Virgen está esviada sobre las rodillas de su madre y tiende los brazos al Niño, de pie en el suelo, a horcajadas del cordero simbólico. Esta composición en diagonal, que confiere vida a las figuras y las libera de la frontalidad, indudablemente comporta un progreso. El conjunto gana en unidad y también en dinamismo, y es una de las últimas y más bellas expresiones de un tema iniciado en Alemania que tomó forma en la Italia del Renacimiento.
   b) El niño Jesús sentado entre su madre y su abuela
     Para respetar las proporciones reales de las figuras, se imaginó sentar a las dos mujeres, madre e hija, sobre un banco, a cada lado del Niño que las separa, pero que en verdad les sirve de vínculo.
     Es cierto que ese agrupamiento horizontal es la solución más feliz desde el punto de vista estético, porque permite restablecer las proporciones y la separación bien clara de las tres figuras yuxtapuestas no presenta el mismo inconveniente que en la Trinidad divina cuyas tres personas son consustanciales. También es natural que el horizontalismo haya primado a partir del siglo XV en las representaciones de la Trinidad humana, mientras que en la Trinidad divina la Iglesia imponía el agrupamiento según el esquema vertical del «Trono de Gracia».
     Puede destacarse una variación bastante graciosa en un cuadro de Holbein el Viejo, en Augsburgo, es el Primer paso del Niño Jesús: en vez de estar tranquilamente sentado entre su madre y abuela, el Niño intenta caminar. Este matiz de intimidad es mucho más frecuente en las Sagradas Familias donde san José reemplaza a santa Ana.
     Al grupo de la Familia trinitaria se suma a veces un cuarto personaje, santa Emerenciana, madre de santa Ana. Así, se encuentran cuatro generaciones reunidas en este grupo que fue bautizado Santa Ana cuaternaria (Anna selbviert). Pero no es más que una curiosidad iconográfica uno de cuyos más notables ejemplares es un grupo escultórico en madera del Museo de Hannover.
     El arte de la Contrarreforma introdujo en este tema desgastado una última va­riante. En un cuadro de Caravaggio se ve a la serpiente aplastada al mismo tiem­po por la Virgen y por el Niño Jesús, quien apoya el pie sobre el de su madre.
     La Trinidad de santa Ana con la Virgen y el Niño Jesús está excepcionalmente asociada en un mismo cuadro con La Parentela de María o Estirpe de Santa Ana, con las dos santas María Cleofás y Salomé, sus maridos e hijos. El ejemplo más conocido de esta amalgama es el retablo de Perugino del Museo de Lyon.
2. José, la Virgen y el Niño
     Lo que comúnmente se entiende por Sagrada Familia es el grupo formado por el Niño Jesús, su madre y su padre nutricio.
     Este motivo, que se hizo tan popular a partir del Renacimiento, ya existe en germen en las Natividades de la Edad Media; pero puede decirse que resulta extraño al arte de la época que no conoció la devoción a la Sagrada Familia.
     El tema sólo se difundió en el arte de la Contrarreforma que estimuló el culto de la Trias humana, Jesús, María y José: es lo que se llama la Trinidad jesuítica.
   Las dos trinidades
     Esta Trinidad terrestre (Trinitas terrestris) está concebida según el mismo modelo que la Trinidad celestial de la cual es un reflejo. «María, Jesús y José -escribe san Francisco de Sales en sus Conversaciones espirituales- es una Trinidad en tierra que en cierta forma representa a la Santísima Trinidad.» San José es la imagen de Dios Padre, y la Virgen sustituye al Espíritu Santo del cual es el templo vivo.
     A veces la Trinidad terrestre está puesta bajo la protección de la Trinidad celeste. En el siglo XVII, el tema de las dos trinidades superpuestas era corriente en la decoración de los retablos franceses, por ejemplo en Saint Sernin de Toulouse.
     En la misma época se lo encuentra en la escuela española, en Murillo, por ejemplo, que agrupó a las dos trinidades en un cuadro expuesto en la National Gallery de Londres.
     También el arte de los Países Bajos pudo complacerse representando la unión de las dos trinidades, celestial y terrenal.
     En una xilografía de Christoffel van Sichem, el Niño Jesús es el punto de intersección de las dos trinidades. La Virgen y san José lo tienen de la mano, por encima de su cabeza planea la paloma del Espíritu Santo con las alas desplegadas, y Dios Padre extiende los brazos en doble gesto de bendición.
     Un cuadro de Jan van Cleef en Gante, combina los dos motivos de una manera aún más ingeniosa: en el centro de la composición, el Niño Jesús, desnudo, de pie sobre los peldaños, coloca una corona de rosas sobre la cabeza de san José arrodillado frente a él. A la derecha, está sostenido por la Virgen que sirve de vínculo entre ambas trinidades y eleva los ojos hacia el Espíritu Santo y hacia Dios Padre quien aparece en medio de un enjambre de ángeles para bendecir a la Sagrada Familia.
   La Sagrada Familia ampliada
     Esa Sagrada Familia trinitaria ha sido muchas veces «ampliada» por los artistas a quienes gustó agrupar alrededor de la Virgen y de Jesús a santa Isabel y al niño san Juan Bautista.
     Esta adición no está en modo alguno justificada por los Evangelios, según los cuales san Juan conoció a Cristo cuando lo bautizó en el Jordán. Pero las meditaciones del Seudo Buenaventura (cap. XI), cuentan que de vuelta en Belén, después de la Huida a Egipto, la Sagrada Familia se detuvo en casa de Isabel: «Los dos niños jugaban juntos y el pequeño san Juan, como si ya hubiera comprendido, demostraba respeto a Jesús».
     Tal es la fuente de la que derivan en el siglo XVI los idilios tan populares de Rafael: La Sagrada Familia de Francisco I, La Bella Jardinera; y en el XVII, los de Murillo y sus imitadores, con frecuencia insulsos a causa de su sentimentalismo dulzón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Safa (Sagrada Familia), en Montellano (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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La pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
   Hoy, 29 de diciembre, Fiesta de la Sagrada Familia (domingo que cae entre la Octava de Navidad -25 de diciembre al 1 de enero-, o el 30 de diciembre, si no hay un domingo entre estos dos días), Jesús, María y José, desde la que se proponen santísimos ejemplos a las familias cristianas y se invocan los auxilios oportunos [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal, en la sala VIII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala VIII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal (1622-1690), siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco, realizado en hacia 1680-85, con unas medidas de 0'50 x 0'73 m., procedente de la donación del Banco Bilbao-Vizcaya, en depósito a la Junta de Andalucía, en 1994.
     La escena se desarrolla en el interior del taller de carpintería de Nazaret, que le da el nombre a la obra. Narra un momento de la vida cotidiana de la Sagrada Familia en el que aparece a la derecha de la composición la Virgen María cosiendo con el Niño Jesús dormido a sus pies, abrazado a una cruz. Todo ello bajo un rompimiento de Gloria presidido por la Paloma del Espíritu Santo y un grupo de angelitos. A la derecha de la Virgen, un ángel observa la escena. A la izquierda del cuadro, San José, trabaja una pieza de madera sobre un banco de carpintero. También a sus pies, sentado en un escalón aparece San Juanito que se lleva el dedo índice a la boca. Dos ángeles niños se asoman tras la Virgen para ver el sueño del Niño Jesús (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Juan de Valdés Leal nació en Sevilla en 1622 y en esta misma ciudad murió en 1690. Realizó su aprendizaje con un maestro desconocido y en 1647, después de contraer matrimonio, se instaló en Córdoba donde inició su carrera artística. De esta época cordobesa son importantes conjuntos pictóricos como el realizado para la iglesia de Santa Clara de Carmona y el retablo del Carmen Calzado de la ciudad de la mezquita. 
   En 1656 abandonó Córdoba para regresar definitivamente a Sevilla, donde aparte de una numerosa producción de obras individualizadas realizó grandes conjuntos de pinturas, como los del Monasterio de San Jerónimo, la iglesia de San Benito de Calatrava, y la Casa Profesa de la Compañía de Jesús.
      En 1664 Valdés Leal realizó un viaje a Madrid donde conoció las colecciones pictóricas de los palacios reales y también colecciones privadas, en las que estudió obras de maestros flamencos e italianos de las que obtuvo numerosas novedades para su arte.
     En 1672 Valdés Leal ejecutó sus famosas pinturas del Hospital de la Caridad de Sevilla en las que representó las más impresionantes imágenes de la muerte que se han realizado en la Historia, y que han constituido la base de su fama. En los últimos años de su vida, víctima de achaques y enfermedades, sus necesidades económicas le obligaron a tener que seguir trabajando, en ocasiones en circunstancias poco favorables, subido en altos andamios para pintar bóvedas en la iglesia de la Santa Caridad, en la de los Venerables o en la del monasterio de San Clemente.
     La necesidades económicas obligaron a Valdés Leal a aceptar muchas veces trabajos a escaso precio, por lo que en ocasiones hubo de trabajar rápidamente ayudado por su hijo Lucas, lo que a veces hace que la calidad de sus pinturas se resienta y que éstas sean muy irregulares.
     El temperamento de Valdés Leal ha sido descrito como el de un hombre violento y orgulloso, amante de representar pictóricamente escenas desagradables y repugnantes. Estas descripciones son resultado de leyendas sin fundamento y tópicos generalizados sobre su persona, que sin embargo a la luz de documentos fidedignos emerge como espléndida y generosa, dotada de un talante enérgico y decidido.
     Valdés Leal practicó desde su juventud una pintura de corte naturalista y de recia expresión en la que plasmó un dibujo firme y un potente colorido; progresivamente su dibujo fue adquiriendo mayor fluidez y su colorido fue adoptando mayor riqueza de matices y llegando a adquirir transparencias. Una técnica dinámica y vitalista, merced a la aplicación de una pincelada rápida y fogosa que otorga a sus obras un sentimiento apasionado y vehemente. La emoción espiritual que reflejan sus personajes se traduce en ocasiones en expresiones bruscas y en rostros tensos y anhelantes, que incurren deliberadamente en la estética de lo feo, que otorga a sus expresiones un notorio dramatismo (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Sagrada Familia;
     En el verdadero sentido de la expresión, la Sagrada Familia constituye un grupo mucho más restringido que La Parentela de María. Sólo incluye a los parientes más próximos del Niño Jesús, es decir madre y abuela o madre y padre nutricio. En los dos casos, ya sea santa Ana o san José quienes lo lleven, es un grupo de tres figuras, un grupo trinitario.
     Desde el punto de vista artístico, la disposición de esta Trinidad terrestre (Trias humana), como se la ha llamado muy justamente, plantea los mismos problemas y sugiere las mismas soluciones que la Trinidad celestial.
     No obstante, las dificultades son menores. Ya no se trata de un único Dios en tres personas del cual deba expresarse la unidad esencial al mismo tiempo que la diversidad. Los tres personajes están unidos por vínculos de sangre, ciertamente; pero no constituyen un bloque indivisible. Cada uno de ellos tiene su propia vida y pueden disociarse sin inconvenientes. Además, los tres están representados con forma humana mientras que la paloma del Espíritu Santo introduce en la Trinidad divina un elemento zoomórfico difícil de amalgamar con dos figuras antropomórficas.
1. Santa Ana con la Niña María y el Niño Jesús
     Este tipo de Sagrada Familia que agrupa a las tres generaciones, abuela, madre e hijo, está estrechamente ligado con La Parentela de María de la cual no es más que un fragmento separado.
     También ha encontrado los mayores favores en Alemania, hasta el punto que la expresión Anna selbdritt (santa Ana triple, en tres, trinitaria) se emplea corrientemente en otras lenguas para designar brevemente este grupo.
     Se encuentran ejemplos de este tipo a partir del siglo XIV; pero fue en los siglos XV y XVI cuando el tema se hizo realmente popular, no sólo en los países germánicos sino hasta en Italia y España.
      Agrupar de una manera satisfactoria dos mujeres adultas y un niño no era tarea fácil. Al igual que con la Trinidad divina, los artistas intentaron la superposición, la yuxtaposición, el agrupamiento vertical y el horizontal. En el primer caso, santa Ana lleva a la Virgen y al Niño Jesús, en el segundo, el Niño está sentado entre santa Ana y la Virgen.
   a) Santa Ana lleva a la Virgen y al niño
     Esta disposición vertical puede ser realizada de dos maneras: santa Ana de pie lleva a la Virgen y al Niño sobre cada uno de sus brazos, o bien ella está sentada y tiene sobre las rodillas a su hija que a su vez sostiene al Niño Jesús.
     El inconveniente de esta solución está a la vista: comporta una desproporción chocante entre madre e hija que normalmente deberían ser de la misma talla: la Virgen en brazos o sentada sobre las rodillas de santa Ana se encuentra reducida a la estatura de una niñita. 
   Leonardo da Vinci, en su admirable cuadro del Louvre que señala el apogeo del tema, permaneció fiel a este esquema arcaico; aunque consiguió aligerarlo y animarlo. La Virgen está esviada sobre las rodillas de su madre y tiende los brazos al Niño, de pie en el suelo, a horcajadas del cordero simbólico. Esta composición en diagonal, que confiere vida a las figuras y las libera de la frontalidad, indudablemente comporta un progreso. El conjunto gana en unidad y también en dinamismo, y es una de las últimas y más bellas expresiones de un tema iniciado en Alemania que tomó forma en la Italia del Renacimiento.
   b) El niño Jesús sentado entre su madre y su abuela
     Para respetar las proporciones reales de las figuras, se imaginó sentar a las dos mujeres, madre e hija, sobre un banco, a cada lado del Niño que las separa, pero que en verdad les sirve de vínculo.
     Es cierto que ese agrupamiento horizontal es la solución más feliz desde el punto de vista estético, porque permite restablecer las proporciones y la separación bien clara de las tres figuras yuxtapuestas no presenta el mismo inconveniente que en la Trinidad divina cuyas tres personas son consustanciales. También es natural que el horizontalismo haya primado a partir del siglo XV en las representaciones de la Trinidad humana, mientras que en la Trinidad divina la Iglesia imponía el agrupamiento según el esquema vertical del «Trono de Gracia».
     Puede destacarse una variación bastante graciosa en un cuadro de Holbein el Viejo, en Augsburgo, es el Primer paso del Niño Jesús: en vez de estar tranquilamente sentado entre su madre y abuela, el Niño intenta caminar. Este matiz de intimidad es mucho más frecuente en las Sagradas Familias donde san José reemplaza a santa Ana.
     Al grupo de la Familia trinitaria se suma a veces un cuarto personaje, santa Emerenciana, madre de santa Ana. Así, se encuentran cuatro generaciones reunidas en este grupo que fue bautizado Santa Ana cuaternaria (Anna selbviert). Pero no es más que una curiosidad iconográfica uno de cuyos más notables ejemplares es un grupo escultórico en madera del Museo de Hannover.
     El arte de la Contrarreforma introdujo en este tema desgastado una última va­riante. En un cuadro de Caravaggio se ve a la serpiente aplastada al mismo tiem­po por la Virgen y por el Niño Jesús, quien apoya el pie sobre el de su madre.
     La Trinidad de santa Ana con la Virgen y el Niño Jesús está excepcionalmente asociada en un mismo cuadro con La Parentela de María o Estirpe de Santa Ana, con las dos santas María Cleofás y Salomé, sus maridos e hijos. El ejemplo más conocido de esta amalgama es el retablo de Perugino del Museo de Lyon.
2. José, la Virgen y el Niño
     Lo que comúnmente se entiende por Sagrada Familia es el grupo formado por el Niño Jesús, su madre y su padre nutricio.
     Este motivo, que se hizo tan popular a partir del Renacimiento, ya existe en germen en las Natividades de la Edad Media; pero puede decirse que resulta extraño al arte de la época que no conoció la devoción a la Sagrada Familia.
     El tema sólo se difundió en el arte de la Contrarreforma que estimuló el culto de la Trias humana, Jesús, María y José: es lo que se llama la Trinidad jesuítica.
   Las dos trinidades
     Esta Trinidad terrestre (Trinitas terrestris) está concebida según el mismo modelo que la Trinidad celestial de la cual es un reflejo. «María, Jesús y José -escribe san Francisco de Sales en sus Conversaciones espirituales- es una Trinidad en tierra que en cierta forma representa a la Santísima Trinidad.» San José es la imagen de Dios Padre, y la Virgen sustituye al Espíritu Santo del cual es el templo vivo.
     A veces la Trinidad terrestre está puesta bajo la protección de la Trinidad celeste. En el siglo XVII, el tema de las dos trinidades superpuestas era corriente en la decoración de los retablos franceses, por ejemplo en Saint Sernin de Toulouse.
     En la misma época se lo encuentra en la escuela española, en Murillo, por ejemplo, que agrupó a las dos trinidades en un cuadro expuesto en la National Gallery de Londres.
     También el arte de los Países Bajos pudo complacerse representando la unión de las dos trinidades, celestial y terrenal.
     En una xilografía de Christoffel van Sichem, el Niño Jesús es el punto de intersección de las dos trinidades. La Virgen y san José lo tienen de la mano, por encima de su cabeza planea la paloma del Espíritu Santo con las alas desplegadas, y Dios Padre extiende los brazos en doble gesto de bendición.
     Un cuadro de Jan van Cleef en Gante, combina los dos motivos de una manera aún más ingeniosa: en el centro de la composición, el Niño Jesús, desnudo, de pie sobre los peldaños, coloca una corona de rosas sobre la cabeza de san José arrodillado frente a él. A la derecha, está sostenido por la Virgen que sirve de vínculo entre ambas trinidades y eleva los ojos hacia el Espíritu Santo y hacia Dios Padre quien aparece en medio de un enjambre de ángeles para bendecir a la Sagrada Familia.
   La Sagrada Familia ampliada
     Esa Sagrada Familia trinitaria ha sido muchas veces «ampliada» por los artistas a quienes gustó agrupar alrededor de la Virgen y de Jesús a santa Isabel y al niño san Juan Bautista.
     Esta adición no está en modo alguno justificada por los Evangelios, según los cuales san Juan conoció a Cristo cuando lo bautizó en el Jordán. Pero las meditaciones del Seudo Buenaventura (cap. XI), cuentan que de vuelta en Belén, después de la Huida a Egipto, la Sagrada Familia se detuvo en casa de Isabel: «Los dos niños jugaban juntos y el pequeño san Juan, como si ya hubiera comprendido, demostraba respeto a Jesús».
     Tal es la fuente de la que derivan en el siglo XVI los idilios tan populares de Rafael: La Sagrada Familia de Francisco I, La Bella Jardinera; y en el XVII, los de Murillo y sus imitadores, con frecuencia insulsos a causa de su sentimentalismo dulzón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan de Valdés Leal, autor de la obra reseñada;  
      Juan de Valdés Leal (Sevilla, 4 de mayo de 1622 [bautismo] – 9 de octubre de 1690), pintor.
   Quien, después de Murillo, es con seguridad la segunda personalidad más importante dentro del ámbito de la pintura barroca sevillana, fue bautizado en Sevilla el 4 de mayo de 1622, hijo de Fernando de Nisa, noble portugués, y de Antonia de Valdés Leal, sevillana.
   Se ignora con quién pudo realizar su aprendizaje, que hubo de llevarse a cabo aproximadamente entre 1637 y 1642. Una vez concluida su formación marchó, a Córdoba, donde inició su carrera artística y donde en 1647 contrajo matrimonio. Allí permaneció hasta 1656, fecha en la que regresó definitivamente a su ciudad natal, y allí, pocos años después, en 1660, aparece citado entre los artistas que fundaron la academia de pintores de Sevilla, en la que llegó a ser primero diputado, y finalmente presidente. 
    Referencias fidedignas indican que, en 1664, Valdés Leal viajó a Madrid, donde permaneció cerca de medio año, y donde hubo de mantener contacto con otros pintores y pudo visitar seguramente las colecciones reales, circunstancias que hubieron de repercutir favorablemente en la mejora de sus principios artísticos. Regresado a Sevilla, prosiguió su trayectoria artística, que se desarrolló siempre en un plano secundario, detrás de Murillo, con quien ingresó en 1667 como hermano de la Santa Caridad de Sevilla, institución para la que trabajó largamente hasta los momentos finales de su vida. En 1672, se sabe que realizó un viaje a Córdoba, posiblemente vinculado a encargos pictóricos.
   A partir de 1680, la salud de Valdés Leal se debilitó notablemente pero, pese a ello, como quiera que su situación económica nunca había sido boyante, hubo de ocuparse de trabajos que suponían grandes esfuerzos físicos, como la realización de decoraciones murales en el interior de recintos religiosos, subido a altos andamios. A partir de 1689, su hijo Lucas fue sustituyéndole paulatinamente en este tipo de trabajos, y finalmente, después de un ataque de apoplejía, en octubre de 1690, tuvo lugar su fallecimiento. Había redactado su testamento el 9 de octubre y el 15 siguiente fue enterrado en la iglesia de San Andrés (Sevilla).
   La historiografía del arte ha sido totalmente injusta con Valdés Leal, y al mismo tiempo ha desfigurado su personalidad, caracterizándole como una persona iracunda y orgullosa, quizás como contrapunto al carácter de Murillo, al que se presenta como hombre bueno y humilde. Sin embargo, Palomino, que le conoció personalmente dijo que “fue hombre de mediana estatura, grueso, pero bien hecho, redondo de semblante, ojos vivos y color trigueño claro [...] fue espléndido y generoso en socorrer con documentos a cualquiera que solicitaba su corrección [...] al paso que era altivo y sacudido con los presuntuosos y desvanecidos”.
    Pese a estas precisas palabras, que son las únicas contemporáneas referidas a Valdés Leal, en torno a él se ha forjado una leyenda que le define como un necrófilo, obsesionado por la muerte y por todo lo repugnante y desagradable. Estas falsas apreciaciones se deben sin duda a que se le considera como el responsable de la ideología que emana de las pinturas de Las Postrimerías de la iglesia del Hospital de la Santa Caridad, que, sin embargo, son fruto de las intenciones y del pensamiento de Miguel de Mañara, hermano mayor de dicha institución en el momento en que se ejecutaron dichas obras. Pero ello no ha librado a Valdés Leal de ser llamado “el pintor de los muertos”, y a él se han atribuido sistemáticamente de forma errónea todo tipo de pinturas con tema mortuorio realizadas en la pintura barroca española. Ciertamente no fue la muerte la obsesión que agobió a Valdés Leal, sino al contrario las circunstancias de su vida, presidida siempre por los continuos problemas económicos que le acuciaban. 
    No se conoce quién fue el maestro de Valdés Leal, y por lo tanto, no puede precisarse el espíritu artístico que presidió su formación. De todas formas, con quien más puntos de contacto tiene su pintura, al menos en sus inicios, es con Francisco de Herrera el Viejo, quien pudo ser su preceptor. También puede señalarse que, residiendo en Córdoba en torno a 1650, su pintura adquiriese referencias estilísticas procedentes de Antonio del Castillo.
   Progresivamente y con el paso del tiempo, el dibujo de Valdés Leal, firme y preciso, y su colorido terroso y compacto se fueron aligerando, sobre todo después de su estancia en Madrid en 1664, donde recibió influencias procedentes de la pintura veneciana y flamenca, y también de la madrileña. De esta última se constata cómo referencias pertenecientes a Ricci, Coello, y también a Herrera el Joven, incidieron en la progresiva adquisición de soltura y agilidad en su técnica.
   La pintura de Valdés Leal posee desde su época de madurez un marcado sentido de ímpetu y de fogosidad que le convierten en uno de los más aparatosos pintores de su época. Su arrebato creativo alcanza a veces a captar matices expresionistas en los gestos de sus personajes, tensos y crispados, con semblantes hoscos y anhelantes, que en ocasiones inciden de forma voluntaria en la estética de lo feo.
   La producción de Valdés Leal se inicia en Córdoba en torno a 1647, reflejándose en estos momentos una cierta rudeza en las actitudes físicas de sus personajes y una notoria solemnidad moral. Su primera obra fechada aparece en dicho año y es el San Andrés que pertenece a la iglesia de San Francisco de dicha ciudad.
   De estos años es también El arrepentimiento de San Pedro en cuya plasmación reflejó un profundo sentimiento, dramático y doliente; con este tema se conocen tres versiones casi exactas, una en la iglesia de San Pedro de Córdoba y las otras dos en Madrid, en colección particular y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En estas obras, aparte del influjo de Herrera el Viejo, se advierten también recursos técnicos derivados de José de Ribera.
   Muy importante debió de ser para Valdés Leal la obtención en 1652 del encargo de decorar con pinturas los muros laterales del presbiterio de la iglesia del Convento de Santa Clara de Carmona, conjunto actualmente disperso entre la colección March en Palma de Mallorca y el Ayuntamiento de Sevilla. En esta serie pictórica se describe la vida de Santa Clara y en sus distintos episodios se narra La profesión de Santa Clara, El milagro de Santa Clara con su hermana Santa Inés, La procesión de Santa Clara con la Sagrada Forma y La retirada de los sarracenos del convento de Asís, obra esta última que hay que considerar como uno de los testimonios más claros que nos ha dejado Valdés Leal en la descripción de escenas tumultuosas y caóticas; la serie finaliza con La muerte de Santa Clara.
   Del periodo cordobés de Valdés Leal es un amplio grupo de pinturas, realizado entre 1654 y 1656, entre las que figura La Virgen de los Plateros del Museo de Córdoba, obra que estuvo repintada casi totalmente y que en la actualidad presenta aún la cara de la Virgen muy desfigurada por la mano inexperta de un antiguo y vulgar restaurador. De este momento es también La Inmaculada con Felipe y Santiago, que pertenece al Museo del Louvre de París, y la pareja de los arcángeles San Miguel y San Rafael, que pertenecen a la colección Caja Sur de Córdoba. A este grupo puede añadirse una bella representación de Santa Bárbara, que pertenece al Museo Municipal de Rosario en Argentina.
   Trabajo de gran empeño por parte de Valdés Leal fue la realización entre 1655 y 1656 del retablo mayor de la iglesia de las carmelitas de Córdoba, cuyo patrono fue Pedro Gómez de Cárdenas. Este importante conjunto pictórico está presidido por una dinámica y aparatosa representación de El rapto de Elías, imbuida de un espíritu decididamente barroco. Figura también en el retablo La Virgen de los carmelitas, situada en el ático del mismo, mientras que en los laterales aparecen San Acisclo, Santa Victoria, San Miguel y San Rafael; en el banco se sitúan cuatro santas carmelitas formando dos parejas, Santa María Magdalena de Pazzis con Santa Inés y Santa Apolonia con Santa Syncletes. Completan el retablo dos cabezas cortadas de San Juan Bautista y de San Pablo más dos magníficas representaciones de Elías y los profetas de Baal y Elías y el ángel, estando estas dos últimas pinturas realizadas con posterioridad a la primera fase del retablo, puesto que ambas están firmadas y fechadas en 1658, cuando Valdés Leal residía ya definitivamente en Sevilla.
   A partir de 1656 Valdés Leal se estableció en su ciudad natal, siendo su primer trabajo importante la realización del conjunto decorativo que recubría las paredes de la sacristía del Convento de San Jerónimo de esta ciudad, actualmente disperso. Allí se narraba la vida de San Jerónimo, y también se exaltaba a los principales religiosos de la orden, algunos de los cuales habían estado vinculados a la historia del propio convento. Así, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se guardan El Bautismo, Las Tentaciones y La flagelación de San Jerónimo. En una colección particular de Dortmund se conserva la representación de San Jerónimo discutiendo con los rabinos, mientras que otro episodio que representa La muerte de San Jerónimo se encuentra en paradero desconocido, si no es que se ha perdido.
   Un conjunto de frailes y monjas de la orden jerónima completaba la decoración de la mencionada sacristía, estando igualmente disperso en la actualidad. De él, en el Museo del Prado se conservan representaciones de San Jerónimo y de Fray Diego de Jerez; en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se exponen Fray Pedro Fernández Pecha, Fray Fernando Yáñez de Figueroa, Fray Pedro de Cabañuelas, Fray Alonso Fernández Pecha, Fray Juan de Ledesma y Fray Hernando de Talavera. En el Museo de Grenoble se encuentra Fray Alonso de Ocaña, y en el de Dresde Fray Vasco de Portugal. Las dos principales figuras femeninas de la orden jerónima, Santa Paula y Santa Eustoquio, se guardan respectivamente en el Museo de Le Mans y en el Bowes Museum de Bernard Castle.
   Hasta fechas recientes se venía creyendo que la última pintura realizada por Valdés Leal en su trayectoria artística era la representación de Cristo disputando con los doctores en el templo, obra que se conserva en el Museo del Prado y firmada en 1686. Sin embargo, el estilo de esta obra no encaja con la forma de pintar que Valdés poseía en los años finales de su vida, y por el contrario es totalmente afín al que tenía en los años inmediatos a su llegada a Sevilla, procedente de Córdoba. Esta circunstancia nos movió en 1992 a examinar detenidamente la firma y la fecha que lleva la pintura, pudiendo advertir que está totalmente repintada, y advirtiéndose de forma clara que la tercera cifra —actualmente un “ocho”—, fue inicialmente un “cinco”, con lo que la pintura posee la fecha de 1656, año justo y apropiado para situar esta obra dentro de la producción del artista.
   Otra obra de notoria calidad y empeño, ejecutada además con vibrante pincelada y espléndido colorido, fue realizada por Valdés Leal en 1657. Se trata de Los desposorios de la Virgen con San José de la catedral de Sevilla, escena en al que impera ya un marcado ímpetu barroco. De fecha aproximada es también la pintura que representa a Santa María Magdalena, San Lázaro y Santa Marta, también conservada en la catedral sevillana, y que muestra intensos y arrebatados sentimientos espirituales en la expresión de los personajes. De estos momentos es también El Sacrificio de Isaac, perteneciente en la actualidad a una colección particular madrileña, en la que el artista capta espléndidos estudios anatómicos de desnudo. Otras pinturas, fechables en torno a 1657 y 1658, son La Virgen con San Juan Evangelista y las tres Marías camino del Calvario, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, La Piedad del Museo Metropolitano de Nueva York, El Descendimiento de la Cruz, de colección particular en Pontevedra, y La liberación de San Pedro, de la catedral de Sevilla. En todas estas obras se refleja una intensa dinámica expresiva imbuida en un profundo patetismo.
   Entre 1659 y 1660, Valdés Leal realizó un amplio conjunto pictórico para un retablo principal y dos colaterales, destinados a la iglesia de San Benito de Calatrava de Sevilla. En los retablos colaterales se disponía una sola pintura en cada uno de ellos, una monumental Inmaculada y un patético Calvario. En el retablo principal y con pinturas de mediano tamaño, figuraban, en el primer cuerpo, San Juan Bautista, San Andrés, San Sebastián y Santa Catalina, además de una representación de La Virgen con San Benito y San Bernardo que se ha perdido. En el segundo cuerpo aparecían San Antonio de Padua, San Miguel Arcángel y San Antonio Abad. Todo este conjunto pictórico se conserva actualmente en la iglesia de la Magdalena de Sevilla, en la capilla de la hermandad de la Quinta Angustia.
    Para el patio de la Casa Profesa de los jesuitas de Sevilla realizó Valdés Leal en torno a 1660 una serie de pinturas sobre la vida de San Ignacio de Loyola, que por haber estado durante dos siglos al aire libre han llegado hasta nuestros días en mal estado de conservación, por lo que han tenido que ser intensamente restauradas, a parte de que alguna de las escenas integrantes de dicha serie se ha perdido. Estas pinturas, excepto la que representa a San Ignacio convirtiendo a un pecador, que se encuentra en la iglesia del Convento de Santa Isabel de Sevilla, pertenecen actualmente al Museo de Bellas Artes de esta ciudad. Las pinturas que integran esta serie son La aparición de San Pedro a San Ignacio en Pamplona, La aparición de la Virgen con el Niño a San Ignacio, San Ignacio haciendo penitencia en la cueva de Manresa, El trance de San Ignacio en el hospital de Manresa, San Ignacio curando a un poseso, Aparición de Cristo a San Ignacio camino de Roma y San Ignacio recibiendo la bula de fundación del Papa Pablo III. La serie se completa con representaciones de San Ignacio y San Francisco de Borja contemplando una alegoría de la eucaristía y San Ignacio contemplando el monograma de la compañía de Jesús.
     En 1660 Valdés Leal realizó dos obras fundamentales dentro de la tradición española de la pintura de vanitas, en cuyo contenido manifiesta la vanidad de la existencia como consecuencia de la fugacidad del tiempo y la brevedad de la vida; alude también en estas pinturas a la inmediata llegada de la muerte, que arrebata a los humanos todo tipo de placeres y riquezas mundanas. Ante esta situación irremediable que, después de la muerte conduce a las circunstancias del juicio del alma con su dilema de salvación o condenación, es necesario llevar antes una existencia piadosa en la que la oración, la penitencia y la castidad sean méritos acumulados para poder conseguir la salvación. Estas consideraciones se recogen en dichas pinturas, que inicialmente formaban pareja, pero que en la actualidad se conservan separadas, una en el Wadsworth Ateneum de Hartford y otra en la Galería de Arte de York, representándose en ellas respectivamente La alegoría de la vanidad y La alegoría de la salvación.
     A estas dos pinturas siguieron otras no menos extraordinarias firmadas en 1661 como La Inmaculada Concepción con dos donantes, que pertenece a la Galería Nacional de Londres, donde aparte de la bella figura de la Virgen, Valdés Leal incluyó a sus pies los magníficos retratos de Un clérigo joven y de Su madre anciana, ambos de muy notable calidad. También de 1661 es La Anunciación que se conserva en el Museo de Arte de la Universidad de Michigan, obra de gran ímpetu barroco en la que contrastan la enfática e impulsiva figura del ángel con la recatada e íntima presencia de la Virgen. Otras obras importantes de 1661 son El camino del Calvario conservado en la Hispanic Society de New York y La imposición de la casulla a San Ildefonso, obra de la que el artista realizó una primera versión para ser situada en el ático de la capilla de San Francisco de la catedral de Sevilla y que debió de ser rechazada por los canónigos de la catedral por su excesiva tensión dramática y atormentada espiritualidad. Para reemplazarla Valdés Leal realizó otra versión del mismo tema más atemperada y recogida; de estas dos pinturas, la rechazada por el cabildo debe de ser probablemente la que hoy se conserva en la colección March de Palma de Mallorca.
     Poco después de 1663, también para la Catedral de Sevilla y esta vez para el retablo de la capilla de Santiago, Valdés Leal realizó un Martirio de San Lorenzo en el que acertó a describir en la figura de su protagonista una emotiva expresión en su actitud de levantar los ojos al cielo, aceptando con serenidad los tormentos de su martirio. En torno a 1663 puede fecharse también la representación de María Magdalena, que se conserva en la casa palacio de Villa Manrique de la Condesa, obra en la que Valdés Leal supo hacer gala de su destreza en la plasmación de la belleza física y espiritual.
     En los años que oscilan entre 1665 y 1670 puede situarse la ejecución de otras pinturas de Valdés Leal de notoria calidad. Son el San Antonio de Padua con el Niño que se conserva en una colección particular de Madrid y La Asunción de la Virgen que pertenece a la Galería Nacional de Washington, obra de gran ímpetu barroco plasmado en la dinámica figura de la Madre de Dios, que es impulsada hacia lo alto por ángeles de forma impetuosa y arrebatada.
     Procedentes de la iglesia del convento de San Agustín de Sevilla se conservan en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad dos excepcionales composiciones que hubieron de ser pintadas por Valdés Leal hacia 1670. Son La Inmaculada Concepción y La Asunción de la Virgen, obras ambas espectaculares y aparatosas cuando no trepidantes y convulsas, alcanzado a plasmar en ellas el máximo nivel expresivo que en el Barroco español se dio a estos temas.
     Valdés Leal es conocido de forma tópica en la historia del Arte europeo por ser el pintor de los dos famosos Jeroglíficos de las postrimerías, conservados en la iglesia del Hospital de la Santa Caridad de Sevilla. Ambas obras han forjado la leyenda de un Valdés Leal macabro, necrófilo y obsesionado por la muerte, aunque es necesario precisar que la ideología que impera en ellas es fruto del pensamiento de Miguel de Mañara, hermano mayor de la Santa Caridad, quien quiso plasmar en ellas la idea de que la salvación eterna sólo es posible obtenerla a través de la renuncia de los bienes y goces terrenales que logrará en el momento del juicio del alma el beneplácito divino que otorga la salvación eterna. Estas pinturas son denominadas, merced a los rótulos que en ellas figuran In Ictu Oculi y Finis Gloriae Mundi. En la primera un esqueleto apaga de un manotazo la vela encendida que alegoriza la existencia señalando al mismo tiempo el triunfo de la muerte sobre las complacencias mundanas. En la segunda, aparece un osario con dos cadáveres en primer plano agusanados y corroídos por repugnantes insectos, mientras esperan la hora del juicio y la decisión divina de obtener la salvación o la condenación del alma.
     Estas dos pinturas constituyen el preámbulo del mensaje que Miguel de Mañara introdujo en la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla, puesto que su parte más importante se desarrolla a través de un conjunto de seis pinturas de Murillo que narran las obras de misericordia y que señalan que su práctica es indispensable para la salvación del alma. El colofón del programa de Mañara se refleja en la gran pintura realizada también por Valdés Leal en el coro alto de la iglesia en 1684. La simbología de esta pintura señala que ningún rico podrá entrar en el Reino de los Cielos, de la misma manera que el emperador Heraclio no pudo entrar en Jerusalén cuando portaba la cruz de Cristo en medio de la pompa y esplendor de su corte. Al ser Jerusalén la ciudad simbólica del Cielo, Mañara, en esta pintura, a través de Valdés Leal, insiste en señalar que los ricos habrán de emplear sus bienes en el ejercicio de la caridad, para así obtener la gloria eterna.
     Una de las obras más espectaculares de Valdés Leal, por sus dimensiones y efecto compositivo es La visión de San Francisco en la Porciúncula, firmada y fechada en 1672, que se conserva en la iglesia de los antiguos capuchinos de Cabra (Córdoba), donde alcanzó a configurar una escena imbuida en un alto nivel de dramatismo espiritual. En años sucesivos el artista realizó algunas pinturas de notable importancia como La Visitación, de colección particular de París, firmada y fechada en 1673. De esta misma fecha es el conjunto de seis pinturas que perteneció a un retablo del palacio arzobispal de Sevilla y que fue encargado por el obispo de dicha ciudad, Ambrosio de Espínola; en él se narraba la vida de San Ambrosio. Estas pinturas fueron robadas por el mariscal Soult y actualmente se encuentran dispersas entre el Museo del Prado, el Museo de Bellas Artes de Sevilla, el Museo de Arte de Saint Louis (Estados Unidos) y el Young Memorial Museum de San Francisco (Estados Unidos). Estas pinturas, realizadas para ser vistas de cerca, muestran una técnica fogosa y vitalista y en ellas se describen personajes de vivaz expresión que se albergan bajo espectaculares fondos arquitectónicos.
     En 1674, Valdés Leal concluyó la aparatosa y triunfal representación de San Fernando ejecutada para la Catedral de Jaén, donde se conserva. El santo aparece captado de forma apoteósica y triunfal, portando atributos que le acreditan como vencedor de los musulmanes en la conquista de dicha ciudad. En torno a 1675 hubo de pintar Valdés Leal una serie de ocho representaciones de la vida de San Ignacio de Loyola que se conservan en la iglesia jesuítica de San Pedro de Lima, y que están ejecutados con la técnica suelta y deshecha que se constata en la mayoría de las pinturas realizadas en su madurez.
     En los últimos años de su vida, pese a su mal estado de salud, Valdés Leal hubo de realizar labores artísticas que, por su dificultad, mermaron paulatinamente sus facultades físicas. Se trata de pinturas realizadas al temple en lo alto de los muros de edificios religiosos sevillanos como la iglesia del Monasterio de San Clemente, la iglesia del Hospital de los Venerables y la iglesia del Hospital de la Santa Caridad. Para esta última institución, realizó también el retrato de Miguel de Mañara en actitud de estar presidiendo el cabildo de la hermandad y explicando algún pasaje de la regla de la misma. Fue esta obra, probablemente, una de las últimas que el artista realizó en su vida (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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sábado, 28 de diciembre de 2024

La Hacienda Santa María de Medinilla, en Dos Hermanas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda Santa María de Medinilla, en Dos Hermanas (Sevilla).
     Hoy, sábado 28 de diciembre, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
        Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Hacienda Santa María de Medinilla, en Dos Hermanas (Sevilla).
     Hacienda de olivar con patio de señorío y patio de labor. En su interior almazara con dependencias características: sala de molturación, de prensa trojes, almiar y granero. En zona de labor las gañanías y cuadras (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
     De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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La placa conmemorativa del "Estudio e Escuelas Generales de Latino e Aravigo", en la plaza del Cabildo

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la placa conmemorativa del "Estudio e Escuelas Generales de Lativo e Aravigo", en la plaza del Cabildo, de Sevilla.
     Hoy, 28 de diciembre, es el aniversario (28 de diciembre de 1254) de la erección del Estudio e Escuelas Generales de Latino e Aravigo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la placa conmemorativa del "Estudio e Escuelas Generales de Lativo e Aravigo", en la plaza del Cabildo.
    La plaza del Cabildo es, en el Callejero Sevillano, una plaza que se encuentra en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo, entre la avenida de la Constitución, y las calles Almirantazgo, y Arfe.
     En una de las fachadas de la plaza del Cabildo podemos contemplar una placa marmórea, y dedicada a lo que podemos considerar los orígenes de la actual Universidad de Sevilla, ornamentada con una línea exterior a modo de marco, y con el siguiente texto:
 
XXVIII DIAS ANDADOS DEL MES DE
DEZIEMBRE DEL AÑO 1254, EL REY DON
ALONSO EL SABIO OTORGÓ A SEVILLA
ESTUDIO E ESCUELAS GENERALES DE
LATINO E ARAVIGO, GERMEN DE NUESTRA
UNIVERSIDAD, UNA DE SUS PRIMERAS
SEDES FUE ESTE COLEGIO DE SAN
MIGUEL.    28 DE DICIEMBRE DE 1995.
      
Conozcamos mejor los orígenes de la Universidad de Sevilla, en el siglo XIII;
     En el año 1248 Sevilla (Išbiliyya) deja de ser musulmana y se incorpora a los dominios de la cristiandad tras un largo asedio de dieciséis meses que concluía con la capitulación y la entrega de las llaves de la ciudad al rey Fernando III el Santo, quien haría ondear el pendón real de la Corona de Castilla desde los muros del alcázar, el día 23 de noviembre del mencionado año, marcando de tal modo el surgimiento de la Sevilla cristiana, conformada a lo largo de los siglos en los derroteros de un devenir histórico que ha dado lugar a la ciudad que conocemos en la actualidad.
     Entre la génesis de la ciudad de Sevilla como urbe castellana y el surgimiento de las primeras instituciones docentes que dieran comienzo al estudio del árabe dentro de sus muros no transcurrió ni una década. Los primeros atisbos del estudio de la lengua así como el establecimiento de la que puede considerarse la primera institución de enseñanza dedicada a su conocimiento se derivan de la ingente labor intelectual llevada a cabo por el rey Alfonso X el Sabio, hijo y heredero del conquistador de la ciudad.
     Eloy Benito Ruano (2000, Tópicos: 100) señala que ya desde el siglo X existía un interés en los diferentes reinos cristianos peninsulares por el estudio de manuscritos árabes de diversa temática, circunstancia que trajo aparejada la producción de un importante volumen de traducciones de obras de matemáticas, medicina y astronomía al latín. De igual modo, se concedió especial relevancia al conocimiento de la lengua árabe y de la cultura islámica, con el fin de lograr la conversión de la población musulmana que residía en tierras cristianas. No obstante, fue durante el reinado de Alfonso X 
cuando el interés por las ciencias y la literatura andalusíes alcanzaron su apogeo. Diversos centros de enseñanza vieron la luz en distintas ciudades españolas bajo los auspicios del rey sabio, como la Escuela de Murcia (fundada durante su reinado y dirigida por el filósofo al-Riquti) o el Studium salmantino, cuyo funcionamiento reguló en su libro de Las Siete Partidas, y al cual dotó de refrendo real en 1248, tres décadas después de su establecimiento.
     El día 28 de diciembre de 1254, tan solo seis años después de la conquista de Sevilla a los musulmanes, Alfonso X, que por aquel entonces llevaba tres años ocupando el trono de Castilla, otorga a la ciudad un privilegio rodado, el más solemne de los documentos emitidos por la cancillería real castellana, mediante el cual establece su voluntad de fundar una institución que llegase a operar como un estudio e escuelas generales de latino e de arávigo. Este centro, que contaba con categoría de Estudio General, fue la primera institución que incluyó estudios sobre la lengua árabe en Sevilla, e incluso podría haberse instituido como el embrión de la Universidad actual, de no haber sido por su efímera existencia y su pronto relegamiento a la categoría de Estudio Particular, circunstancia que aceleró su desaparición.
     La escasa trascendencia del Estudio General de Latino y Arábigo en el conjunto de la historia de la los estudios árabes sevillanos y lo efímero de su duración pueden entenderse como las causas que expliquen la escasa bibliografía que se ha dedicado a describir su funcionamiento o a aportar cualquier otra clase de dato que permita esclarecer las circunstancias justificadoras de su incapacidad para seguir en activo con el paso del tiempo. Varios investigadores aducen las razones que probablemente motivaran al rey sabio a fundar la institución, en las que se aprecia un claro interés social. Así pues, J. A. Carrillo Salcedo (2005: 10) señala que la concesión de tal privilegio ennoblecía e incrementaba el prestigio de una ciudad que ya gozaba de una cierta trascendencia (había sido tanto la capital de la taifa de Sevilla como la de los dominios almorávide y almohade en la península ibérica). Además, se hacía necesario contar con eclesiásticos e intérpretes que pudieran hacer de mediadores entre esta nueva comunidad cristiana y los grupos mudéjares que continuaban residiendo en la ciudad y en el campo de la zona recién conquistada. Igualmente, M. González Jiménez (1998: 52) también apunta la idoneidad de la institución para el desarrollo del programa de traducciones que auspiciaba el monarca castellano a través de sus famosos trabajos en la Escuela de Traductores de Toledo. Por su parte, J. Sánchez Herrero (1984: 876), basándose en las reflexiones del padre Denifle y de Cándido M. Ajo González de Rapariegos, opina que este estudio no tenía finalidad religiosa, sino científica y que, pese a recogerse en su carta fundacional las lenguas latina y árabe como único objeto de estudio, no se limitó a ellas, sino que albergó también a estudiantes de medicina, que se hospedaban en un edificio cercano habilitado a tal efecto, pues, como señala M. I. González Ferrín (1999: 264), al estudio pueden acudir escolares de todo el reino sin necesidad de pagar portazgo por los libros y cosas personales que trajesen. Esta idea también es respaldada por E. Benito Ruano (2000, Tópicos: 100), quien afirma que Alfonso X se trasladaría a Sevilla para crear un Estudio General de latín y árabe con maestros musulmanes para enseñar medicina y otras ciencias.
     El Estudio de Sevilla fue elevado a la categoría de Estudio General en 1260 de forma oficial, a través de una bula papal emitida por Alejandro IV el 30 de junio, que permitía a los docentes y estudiantes de la institución mientras permanezcan ocupados en sus estudios, [percibir] los frutos de sus prebendas y beneficios no curados, como los perciben los residentes en los demás estudios generales (Sánchez Herrero 1984: 876), satisfaciendo de ese modo las pretensiones con las que Alfonso X emprendió su fundación. No obstante, el rey castellano no le asignó nunca dotación alguna, hecho que, sumado al escaso apoyo brindado por Sancho IV, desembocó en la pérdida de su estatus, siendo relegado, a efectos prácticos, al nivel de Estudio Particular (instituciones de menor rango que no eran creadas por el rey ni por el Papa, sino por un particular o un ayuntamiento), y eventualmente a su desaparición [Ana María Cabo González, y Álvaro Suárez Ortiz, en Los estudios árabes en la ciudad de Sevilla y en su Universidad: Una aproximación a su larga historia (siglos XIII-XXI)].
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la placa conmemorativa del "Estudio e Escuelas Generales de Lativo e Aravigo", en la plaza del Cabildo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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viernes, 27 de diciembre de 2024

Los principales monumentos (Cantera del Barrio, Ermita de la Virgen de la Peña, Ermita de San Antón, Ermita del Calvario, Ermita del Puerto, Muralla y Mirador, Museo Histórico-Etnológico, Plaza de Toros, Torre Batería de La Cala del Moral, Torre de Calaburras, Torre de Calahonda, y Torre Nueva de la Cala del Moral o Penta Pesetos) de la localidad de Mijas (y II), en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Cantera del Barrio, Ermita de la Virgen de la Peña, Ermita de San Antón, Ermita del Calvario, Ermita del Puerto, Muralla y Mirador, Museo Histórico-Etnológico, Plaza de Toros, Torre Batería de La Cala del Moral, Torre de Calaburras, Torre de Calahonda, y Torre Nueva de la Cala del Moral o Penta Pesetos) de la localidad de Mijas (y II), en la provincia de Málaga.


Cantera del Barrio
     Galería excavada, tipo qanat, que probablemente se realizó para conducir al exterior el agua que discurría por el interior de la Cueva del Agua, ya que la galería se conectó directamente con esta y posteriormente se fue ampliando en busca de nuevas betas de agua.
     Los materiales (mármoles) que se extrajeron de la galería para su construcción, se depositaron en el interior de la cueva natural hasta su colmatación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El aprovechamiento minero para la producción de mármol de la Sierra de Mijas puede fecharse entre los ss. I y III d.C., coincidiendo con el auge generalizado de las ciudades y después de haber obtenido Malaca y Cartima su condición de municipios romanos (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita de la Virgen de la Peña
     Fue excavada en la roca por el ermitaño Diego de Jesús entre 1656 y 1682 bajo los restos de un antiguo recinto fortificado. En 1730 y 1831 los Padres Carmelitas Descalzos construyen un convento aprovechando la ermita existente y los restos del recinto militar. Posteriormente entra en un largo período de abandono en el que sus piedras son mayoritariamente aprovechadas en la construcción de nuevas casas. 
     En la actualidad, en su espacio interior existe una pequeña capilla que alberga la imagen de la Patrona de Mijas (la Virgen de la Peña) y una sala museo o sacristía apreciándose muchos elementos de nueva arquitectura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fue excavada en roca viva por frailes mercedarios en 1548. En su interior alberga la imagen que le da nombre y que es la Patrona de Mijas. En el pueblo se dice que la imagen fue descubierta en 1586 en las murallas del viejo castillo, donde la habían ocultado para impedir que cayese en manos de los moros ocho siglos antes (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita de San Antón

     Situada junto al camino de Málaga fue construida posteriormente a 1779, pues no aparece en una relación de iglesias y ermitas de Mijas realizada en esa fecha, pero según la información que proporciona el obispado de Málaga fue construida en el siglo XVIII. 
     Se trata de una construcción muy sencilla de una sola nave y en ella se celebra la romería de San Antón todos los 17 de enero (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En el siglo dieciocho se construyó esta ermita en el partido de Osunillas, en cumplimiento de un voto de unos unos marinos que tras estar a punto de naufragar, se salvaron de una tempestad en nuestras playas, expresando así su agradecimiento al santo. Esta capilla se reconstruyó e inauguró el 5 de julio de 1981. Al parecer, en sus primeros años estuvo al cuidado de una congregación de monjes benedictinos.
     Se trata de una ermita muy popular, destino de numerosas romerías y verbenas. En ella se celebran las fiestas en honor de San Antón (17 de Enero) con la tradicional bendición de los animales, el día de San Blas (3 de febrero) con la bendición de las “rosquillas”, la romería de San Isidro (en mayo) y la romería y verbena de Osunillas (el último domingo de junio) (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita del Calvario
     Construida en el siglo XVIII, consta de una sola nave y se sitúa en la falda de la sierra, accediéndose a ella a través de una senda entre los pinares marcada con cruces (vía crucis). Parece ser que antiguamente se utilizaba como retiro espiritual por los monjes carmelitas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se construyó en 1710 y antiguamente se utilizaba como retiro espiritual de los monjes Carmelitas del convento que hubo donde hoy se levanta la ermita de la Patrona, la Virgen de la Peña.
     Hasta ella se llega por un camino a través del cual discurre en Semana Santa un vía crucis. La cercanía al pueblo y la belleza del camino la convierte en punto frecuente de paseos a pie (el sendero se encuentra marcado con cruces de hierro). Además, desde la Ermita las panorámicas de Mijas y de la costa son inmejorables.
     La Ermita se abre solamente los viernes de Cuaresma y el primer viernes de marzo, fiesta del Cristo de Medinaceli (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita del Puerto

     Se construyó en el año 1876. Fue una promesa que hizo una señora mayor si Dios le concedía un hijo. La petición fue alcanzada y ella cumplió su promesa. Los biznietos viven en Barcelona.
     Se encuentra frente a la gasolinera que lleva su nombre, donde comienza la carretera entre Mijas y Benalmádena (Diputación Provincial de Málaga).

Muralla y Mirador
     Los vestigios del Castillo se sitúan en la vertiente norte de un pequeño cerro localizado al sur del núcleo urbano. 
     Se conserva una pequeña parte de la muralla y una torre. Está realizada con mampostería, de aparejo irregular trabado con argamasa de cal. Han desaparecido todos los elementos internos del castillo.
     Parece ser que la fundación de Mijas se produjo en época romana y que durante época andalusí ejerció importancia como población fortificada por su situación estratégica. De ello solo quedan las ruinas de lo que debió ser una atalaya o castillo, en la plaza que hoy está la iglesia, y restos del recinto amurallado.
     El castillo se asentaba sobre una amplia meseta, eje de la vida del pueblo, donde hoy se encuentra la iglesia parroquial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Los restos de la antigua fortaleza que rodeaba la ciudad se levantan ahora como uno de los grandes atractivos de Mijas Pueblo. Los jardines que lo rodean están diseñados para que el visitante vea la flora todo el año a través de una ruta de especies vegetales que se complementan con el mirador con vistas al mar, a Fuengirola y Benalmádena (Diputación Provincial de Málaga).

Museo Histórico-Etnológico
     Edificio del siglo XIX con patio interior, que fue sede del Ayuntamiento desde 1912 hasta 1987.
     La entrada del edificio está flanqueada por dos esculturas de Hércules, obra del escultor francés T. Sporrer, realizadas en 1916, que sujetan con sus hombros la parte superior de la puerta.
     Desde 1995 alberga el Museo Histórico-Etnológico de Mijas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Ubicado en el antiguo Ayuntamiento e inaugurado en 1995, el Museo Histórico-Etnológico de Mijas recrea el pasado etnográfico e histórico del municipio. En él se recogen los antiguos oficios y tradiciones de la villa. En su interior los visitantes pueden contemplar la recreación de dos molinos de aceite, una bodega de vino, panadería, casa tradicional y exposiciones de arte. Se muestran utensilios de labranza, de pesca, típica cocina mijeña, etc. También se exponen colecciones de arte itinerantes y artesanía local. En este museo también se encuentra la réplica del dormitorio donde estuvo escondido durante 30 años Manuel Cortés Quero, El Topo de Mijas.
     Entrar en la Casa supone que viajero navegue por el campo y la sierra mijeña, que huela a romero y tomillo, que conozca los secretos de la elaboración de la cal que le da color y protección a las casas de este pueblo, que sepa las utilidades del esparto, de las cualidades de su miel, de la importancia de sus canteras de mármol desde época romana, que toque las herramientas con las que los antepasados labraron la tierra, que descubra la perfección de las antiguas maquinarias utilizadas para la elaboración del vino y del aceite.
     El Ayuntamiento de Mijas, a través de su Delegación de Cultura, promovió durante los años 1994-1995 la creación de este museo, localizado en la Plaza de la Libertad. Desde entonces, se ha seguido trabajando no sólo en el mantenimiento de los fondos y las instalaciones sino también en el enriquecimiento de los contenidos.
     Programa Museológico
     El pueblo de Mijas, eminentemente agrícola en sus orígenes, sufre un gran cambio en la década de los años 60 debido al desarrollo turístico que se da en la Costa del Sol. A raíz de esta fecha cambian los modos de vida y de producción de gran parte de los vecinos, las labores agrícolas y artesanales van perdiendo protagonismo en beneficio de otras actividades encaminadas a cubrir las demandas que el boom turístico exige. Para conservar las raíces del municipio, se crea la Casa Museo de la Villa.
     Los contenidos están divididos en las siguientes salas:
            Sala Campo
            Sala Sierra
            Molinos de Aceite
            La Bodega
            La Panadería
            La Carpintería
            El Telar
            La Casa Tradicional de Campo
            Sala Manuel Cortés Quero
     Además de las Salas de carácter eminentemente etnográficas y con contenidos permanentes, existen otras dependencias como la Sala de Proyecciones, en la que se centran las actividades pedagógicas, de difusión y otras de carácter cultural; la Sala de Exposiciones, dedicada a muestras temporales de arte; y el Patio de la casa donde se organizan en verano ciclos de conciertos flamencos bajo el título ‘Damos el Cante’ con la participación de jóvenes guitarristas y cantaores así como otras figuras consagradas del flamenco (Diputación Provincial de Málaga).

Plaza de Toros
     Pequeña plaza de una planta, que puede parecer más un tentadero que una auténtica plaza de toros, fue inaugurada en 1900 adosada en uno de sus lados a uno de los lienzos de la antigua muralla. Solo presenta dos lados con gradas, uno a la sombra y otro al sol y un ruedo con forma ovalada. Su fábrica es casi entera de piedra y ladrillo.
     Tiene un aforo de 600 localidades (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fue construida en el año 1900. Situada en la zona de La Muralla, enclavada sobre la roca, el ruedo es de forma ovalada, y cuenta con enfermería, capilla, y desolladero, entre otras dependencias. En sus paredes hay cerámicas que recuerdan las actuaciones de famosos matadores, como Miguel Camarita, Palomo Linares, El Niño de la Capea, Ángel Teruel o Paquirri. Fue propiedad de Antonio José Galán, torero fallecido en 2001 (Diputación Provincial de Málaga).

Torre Batería de La Cala del Moral
     Está situada en el barrio de la Cala del Moral en el centro de una plaza ajardinada en su entorno. Su visión es difícil salvo desde la playa.
     Fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII y dispuesta para emplazar artillería.
     Es una torre de "forma de pezuña" (planta de herradura); planta de medio círculo prolongado con dos espolones oblicuos u hornabeques en el dorso. Su perímetro aproximado es de 35 metros y su altura es superior a los 10 metros. 
     Su interior presenta dos plantas aumentando la superficie de ellas conforme se asciende, a la par que disminuye el espesor de los muros exteriores. La planta exterior o sótano constituiría la "Santa Bárbara" (al nivel del suelo exterior). El piso superior o cámara principal se encuentra bien iluminado por dos ventanales y cubierto al igual que el sótano con bóveda de ladrillo; se alinean en el testero norte todos los servicios necesarios (alacena, chimenea..) Finalmente, una espaciosa azotea, rodeada de pretil y con hueco para la salida de humo. 
     En los dos espolones, en la azotea, se localizan dos torretas de 2,40 x 2,30 y 2, 40 de alto aspilleradas en sus frentes y cubiertas con tejas moriscas.
     Su fábrica es de mampostería complementada con uso de ladrillo en diversos elementos como; esquinales, jambas y dinteles, aspilleras, molduras del pretil y bóvedas y muros interiores.
     La Ordenanza de 1497 revela que ya junto a unas piedras se emplazaba una vigilancia de tres peones elegidos por la ciudad de Málaga con jornal de veinticinco maravedíes, satisfecho de la paga general de los moros. 
     Asimismo la Ordenanza disponía que en este lugar, llamado ahora de la Butibamba, había de construirse una atalaya a su costa, en consideración a la asignación que se lo otorgó el requeridor Fernán Rodríguez de Coca. Pero el requeridor debió ser remiso a la orden, o ampliarla de forma deleznable. Por lo que no será hasta el siglo XVIII cuando se realice su construcción (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Torre Batería, Torre Vieja o Torreón de la Cala del Moral, como se conoce también, fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII. 
     Une a su interés histórico el de ser sede del Centro de Interpretación de las Torres Vigía del Museo Histórico y Etnológico de Mijas. Se trata de un fortín de tipo "Pezuña" por des-arrollarse a partir de planta de medio círculo prolongado con dos espolones oblicuos u hornabeques en el dorso. Su perímetro aproximado es de 35 metros y su altura es superior a los 10.
     Su fábrica de mampostería, "cal y canto" se complementa con uso de ladrillo en diversos elementos como esquinales, jambas y dinteles, aspilleras, molduras del pretil y bóvedas, así como muros interiores. Se eleva dos plantas donde se distribuyen estancias que van incrementándose a la par que disminuye el espesor de los muros hasta coronarse con una azotea.
     El ingreso se hacía a través de una escala de cuerda, por un hueco a 6 m. en lado oriental del espigón derecho. La sala principal, situada en la planta alta cubierta de bóveda de ladrillo, estaba iluminada por dos ventanas laterales, conteniendo además la chimenea para realizar las señales , escalera, alacena, hueco para elevar la munición, etc. Se alinean en el estero norte todos los servicios necesarios (alacena, chimenea, etc.)
     La estancia inferior (santabárbara), más reducida, no tiene hueco alguno por lo que su única luz penetra por el círculo de la bóveda. En el espigón oriental se localizan dos salitas para almacenar la pólvora, municiones, paja y materias inflamables.
     Finalmente, la azotea, esta rodeada de pretil y con hueco para la salida de humo. En los dos espolones de la misma, se localizan dos torretas de 2,40 x 2,30 y 2,40 de alto aspilleras en sus frentes y cubiertas con teja árabe.
     Actualmente está deshabitada y en muy buen estado de conservación. Además de la Torre Vigía, en este lugar existe un centro de Interpretación de las Torres Vigías de la Costa del Sol y un museo que muestra al visitante la historia del desembarco de Torrijos, el funcionamiento de las torres y las diferentes artes de pesca.
DETALLES
     Este lugar es a la vez la sede de la Oficina de Turismo de La Cala y del Centro de Interpretación de las torres vigías del litoral mijeño.
     El proyecto para la creación de un museo de carácter etnográfico-histórico dedicado al mar y a las torres vigías en la costa de Mijas viene motivado por un interés cultural y turístico de este Ayuntamiento en una zona eminentemente turística. Ello supone fuertes y grandes dependencias sociales y económicas de la población con respecto al sector turismo y entre otros objetivos se pretende dar utilidad a un edificio histórico y emblemático que actualmente está cerrado al público. La "rentabilidad social" supone logros positivos no sólo en el apartado cultural y turístico sino también desde el punto de vista educativo, económico y social de La Cala de Mijas.
     Con la creación de este Centro de Interpretación en la Torre Batería de La Cala se cumplen dos objetivos culturales de gran importancia y trascendencia en el municipio: En primer lugar sea le da vida a la Torre Batería de La Cala conocida popularmente como Torreón de La Cala, tras una cuidadosa y respetuosa intervención en ella para adaptarla a las necesidades de un Centro de estas características, cobrando el protagonismo que un edificio histórico merece y siendo punto de visita de interés cultural y turístico no sólo de los escolares y estudiantes mijeños sino de todos los sectores de la población y de los turistas de la Costa del Sol.
     En segundo lugar se ayuda a recuperar y difundir un patrimonio histórico de nuestro pueblo. Para ello, en el diseño museístico y expositivo de este Centro de Interpretación se han tenido en cuenta dos hechos históricos y uno etnográfico y conforme a estos se han diseñado tres espacios o salas expositivas
     a) Sala de las Torres
     En este espacio se presenta una muestra general sobre el origen de la vigilancia del litoral y en particular el caso de la costa mijeña, los recursos utilizados, entre otros, son las reproducciones a escala de las 4 torres que existen en el municipio, la reproducción de textos históricos, un documental sobre las características de este sistema de defensa y de las torres de Mijas y en un futuro la creación de un archivo informático.
     b) Sala Torrijos
     En esta sala se quiere rendir homenaje a la libertad y a la defensa del orden constitucional. El pretexto es el desembarco del General Torrijos en la Playa del Charcón y el propio personaje del General Torrijos.
     Por medio de textos y láminas originales se narra el desembarco de Torrijos en las playas de Mijas y el itinerario que siguieron él y sus hombres a través del término municipal de Mijas hasta llegar a la Alquería de Alhaurín de la Torre, donde son apresado y posteriormente fusilados sin juicio previo en la malagueña playa de San Andrés.
     c) Sala de la pesca tradicional
     El pasado pesquero de La Cala va a ser el protagonista de este espacio. Barcas de pesca como la traíña, la jábega, el sardinal y la patera junto a otros enseres tradicionales de pesca sirven de recursos para explicar las formas de vida y otros aspectos relacionados con esta actividad en La Cala (Diputación Provincial de Málaga).

Torre de Calaburras
     El cabo de Calaburras, también referido como Cala Burra o de Burras, es la punta más saliente del litoral malagueño, ubicada en una zona muy rocosa y dificultosa para la navegación, como lo atestiguan los numerosos barcos hundidos en sus aguas. Es por tanto un punto estratégico tanto en la defensa de la costa como en el apoyo a la navegación, por lo que esta torre ha estado vinculada con el cercano Faro de Calaburras. La difícil topografía de este tramo de acantilados, hace que la carretera discurra muy cerca del mar, quedando la torre y el faro sobre un promontorio en la zona norte de la carretera.
     Se encuentra en una zona elevada a corta distancia de la playa y dentro de una propiedad privada. Su entorno está ajardinado y presenta abundantes añadidos modernos; antena, escala metálica de acceso, entre otros.
     Se trata de una torre construida a partir del siglo XVI formando parte del sistema de vigilancia de la época.
     La torre tiene forma troncocónica con un perímetro aproximado de 24,80 metros, con 7,90 metros de diámetro en su base y 5,75 en su terrado, a 13,40 metros de altura, resultando un 8% de talud. Tuvo su acceso a 8,50 metros, aunque posteriormente se ha escalonado el grosor del muro externo y se situó a 6,70 metros de altitud. Presenta un cuerpo macizo inferior y una cámara interior conservada, cuya entrada se encuentra en el lado norte, a una altura del suelo de 6,70 metros. El terrado presenta un pretil que aparece rebajado en su lado sur. Asimismo quedan algunos elementos de los matacanes existentes en la torre.
     Su fábrica es de mampostería, conservando algunas zonas con restos de enlucido. 
     El estudio y análisis de esta torre se ve dificultado por su presencia en una propiedad privada y por las modificaciones, tanto de obra como de instalación de elementos ajenos a la misma.
     Está perfectamente conservada.
     Desde finales del siglo XV se utilizaba este óptimo punto de observación que custodiaban dos guardas; uno de los cuales había de vigilar de noche, a mitad del camino de la Cala del Moral. 
     Este lugar, llamado Peñuela o "punta de Fuengirola", es el antiguo "cabo Barbetium" que cita Avieno en el verso 425 de su Oda Marítima.
     Aquí la costa es áspera, rocosa y accidentada; el camino viejo se internaba para vadear el río Fuengirola, quedando sin tránsito el litoral.
     Junto al faro, en un montículo al norte de la actual carretera está la atalaya, que vigila una extensa bahía delimitada entre las torres de Benalmádena y la Nueva del Moral. Ya desde finales del siglo XV se utilizaba este óptimo punto de observación, que custodiaban dos guardas; uno de los cuales había de vigiar de noche, a mitad de camino de la Cala del Moral.
     La Torre de Calaburra corresponde a la serie construida hacia 1515 y cuyas características son similares entre sí, su forma es también troncocónica, labrada solo con mampostería, de piedra negra y conservando restos de su enlucido. 
     Dice el Diccionario de Madoz que la guarnición de estas torres, compuesta de un cabo y dos torreros, además del sueldo, disfrutaban de un trozo de tierra de labor. Se ha especulado que los torreros se ocupaban más de cuidar las tierras que se le habían señalado que en su deber de vigilar desde las torres (Alfonso Gamir, manuscrito núm. 20.064 de la Biblioteca Nacional).
     Juan Temboury y Álvarez (1975) indicó que fue construida hacia 1515, pero en 1571 Antonio de Berrio y Luis Machuca soló hacían referencia a la Cala y Estancia de las Burras. El 9-11-1574 el albañil Bartolomé Pérez recibió de Francisco de Córdoba, Capitán General del Reino de Granada, la cantidad de 75.000 maravedís a cuenta la edificación de la Torre de Cala de Burras, cuya construcción le había sido rematada. En informe de 1575 se anota que se había acabado la Torre de Cala de Burras, cuya fábrica había costado 550 ducados.
     En la visita realizada en 1726 por Bartolomé Amphoux indicó que la Torre Calaburras necesitaba cuatro caponeras y una porción de parapeto, presupuestándolo todo en 970 reales de vellón.
     El Marqués de Valdecañas relaciona la Torre de Cala Burra en la visita que realizó en 1739 sin destacar nada de la misma.
     Según informe redactado en 1749 por Jerónimo Amici la Torre de Cala Burra necesitaba 3 almudes de cal para sus reparos que presupuestó en 7 maravedís.
     En un informe sin firma de 1759 se indica que la Torre de Calaburra necesitaba algunos recalzos y repellos que fueron presupuestados en 70 reales de vellón.
     En la visita realizada en 1762 por Antonio María Bucarelli anotó que la Torre de Calaburras se hallaba en mediano estado y podía tener dos cañones de a 4 libras.
     En el estado de las torres realizado en Málaga el 15-11-1763 por Juan de Urbina la Torre de Calaburras tenía dos torreros y 6 fanegas de tierra de secano.
     En el Reglamento de 1764 figura la Torre de Cala de Burras, en el partido de Mijas, con un cabo y tres torreros de dotación.
     En la relación de 1765 Esteban Aymerick anotó que la Torre de Burras sólo tenía capacidad para un cañón de a 4 libras, pero necesitaba construirle sobrebóveda y ponerle puerta, cerradura y llave, presupuestando los reparos en 1720 reales de vellón.
     El Plan General de Obras redactado en 1767 por José Crame señaló que la Torre de Calaburras necesitaba refuerzo para admitir dos cañones de a 4 libras de su dotación y otros reparos que fueron presupuestados en 125 reales de vellón.
     En el informe redactado por Ramón de Nabas el 26-12-1773 se indicó que la Torre de Cala Burras se hallaba en buen estado.
     En la relación redactadas en Málaga el 18-8-1774 Francisco Gozar anotó que la Torre Calaburras había sido dotada con dos cañones de a 4 libras y se hallaba en buen estado.
     En el informe realizado en Málaga el 12-12-1781 por el mismo Gozar señaló que la Torre de Calaburras se hallaba en buen uso (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fue construida en 1575 y es de planta troncocónica con 13,40 metros de altura y un diámetro de 7,90 metros en su base y de 5.75 en su terrado. Su acceso original se encontraba a 8,50 metros de altura, aunque en la actualidad se sitúa a 6,70.
     En 1774 contaba con dos cañones de 4 libras y en 1830 prestaban sus servicios en ella un cabo y tres torreros.
     Se encuentra cercana al Faro; corresponde a la serie construida en el s. XVI cuyas características son similares entre sí; la altura de su acceso cambió por un escalonado en el grosor del muro externo.
     En un documento de 1571 se menciona a la Cala y Estancia de las Burras, lo que ya indica la existencia de un pequeño asentamiento militar, pero no será hasta 1574 cuando Francisco de Córdoba, Capitán General del Reino de Granada, libró la cantidad de 75.000 maravedís para la edificación de la Torre, que se terminó de construir al año siguiente, aunque el coste final se elevó a más de 200.000 maravedís (550 ducados) (Diputación Provincial de Málaga).

Torre de Calahonda
     Esta torre está situada en un pequeño promontorio sobre la playa, totalmente rodeada de un complejo residencial turístico privada y en una zona ajardinada, no siendo visible desde la carretera. Su construcción data del siglo XVI, a raíz de la política de refuerzo de la red de torres vigías del litoral emprendido por los Reyes Católicos y que tienen su cénit durante el reinado de Felipe II.
     La defensa de la costa de Málaga presentaba unas características diferenciadoras del resto del litoral español. Al igual que en el resto de la costa sur española, se trataba de un territorio peligroso, dado su carácter fronterizo con el islam, y por tanto muy vulnerable a los ataques de turcos y berberiscos. A esto se añade una geografía marcada por una fuerte topografía, con un relieve laberíntico.
     La torre también ha sido referida como Cala Honda, Calaona, Calaonda, Calahorra y Lancón, en el partido de Málaga o mando de Mijas, hallándose en el término municipal de Mijas. Fue construida a partir del siglo XVI con modificaciones o arreglos en siglos posteriores.
     Es una torre de forma troncocónica y con un poco de éntasis. Posee un perímetro aproximado 23,16 metros y 7,35 metros de diámetro de la base y 5,85 metros a 10,20 de altura. Tiene un cuerpo inferior macizo y una cámara interior conservada cuyo acceso se encuentra en el lado norte a una altura próxima a los 6,10 metros, presentando el pretil interrumpido por matacanes. Tiene una pequeña abertura en el alzado sur (Temboury Álvarez, 1975).
     Una escalera interior lleva al terrado que se protege con un pretil hoy totalmente restaurado en el que se disponían los matacanes que se encuentran cegados en la actualidad.
     Su fábrica es de mampostería con las piedras dispuestas en hiladas horizontales y sin uso apreciable de ladrillo. Ha sido restaurada recientemente.
     En las Instrucciones de 1497 llamaban a esta zona Calahorra, siendo la última que vigilaba la caballería procedente de Marbella.
     Calahorra es palabra islámica, sinónima de albarrana, y significación de torre aislada. A estos torreones de vigilancia costera de Málaga dedica un entusiasta elogio Ibn Al-Jatib (1313-1374) al decir: "sus calahorras son como pequeñas ciudades, por su distribución y por sus puertas cubiertas de adornos, que atestiguan la pericia de sus constructores y la energía de sus gobernantes y príncipes".
     A esta atalaya debía cada mañana atajar uno de los peones encuadrados en la Cala del Moral. Se construyó a principios del siglo XVI, emplazada en un montículo de la playa, junto a un pozo. Está construida de mampostería oscura, colocada de hiladas horizontales y sin utilizar ladrillos.
     Sin embargo, Antonio de Berrio y Luis Machuca indicaron en 1571 que, a pesar de la importancia de aquel paraje del partido de Málaga, no tenía torre ni estancia, por lo que aconsejaron dotarla de torre.
     Está documentado que Hernando de Varela había entregado al albañil Bartolomé Pérez la cantidad de 88 750 maravedís para la misma antes de su conclusión en agosto de 1574. El mismo Bartolomé Pérez recibió de Francisco de Córdoba, Capitán General del Reino de Granada, en tres partidas fechadas entre el 13 de septiembre y el 9 de noviembre del citado año de 1574, la cantidad de 84 950 maravedís por la construcción de esta torre, sumando entre todas 173 700 maravedís.
     La edificación de esta torre costó 560 ducados y antes de acabar 1575 se encontraba concluida.
     En la visita realizada en 1726 por Bartolomé Amphoux indicó que la Torre Calaonda necesitaba hacerle una porción de parapeto, presupuestándolo todo en 1050 reales de vellón.
     En la visita realizada en 1739 por el Marqués de Valdecañas anotó la Torre Cala Honda, a Levante de Torre Ladrones y a Poniente de Torre Nueva.
     En el plan de 1740 Luis Fernández de Córdoba señaló que en la Torre de Calahonda sería conveniente situar un cañón de pequeño calibre y dos pedreros, dotándola de un cabo y seis soldados.
     En la relación sin firma de 1759 se anotó que la Torre de Calahonda, última del término de Málaga hacia Poniente, se hallaba en buen estado, aunque se presupuestaron 60 reales de vellón para diversos reparos.
     En la visita realizada en 1762 por Antonio María Bucarelli anotó que la Torre de Calahonda se hallaba en mediano estado y podía tener dos cañones de a 4 libras.
     En el Reglamento de 1764 figura la Torre de Calaonda, la más occidental del partido de Mijas, con un cabo y tres torreros de dotación.
     En la relación de 1765 Esteban Aymerick anotó que en la Torre de Calaonda, para instalar dos cañones de a 4 libras, era necesario reforzarle su bóveda, hacerle lugar común y otros reparos que fueron presupuestados en 1500 reales de vellón.
     El Plan General de Obras redactado en 1767 por José Crame señaló que la Torre de Calahonda, la más occidental del partido de Mijas, necesitaba reforzar su bóveda y rebajar el parapeto a la altura de su barbeta para admitir los dos cañones de a 4 libras de su dotación y otros reparos que fueron presupuestados en 500 reales de vellón.
     En el informe redactado por Ramón de Nabas el 26-12-1773 se indicó que la Torre de Cala Onda se hallaba en buen estado.
     En la relación redactada en Málaga el 18-8-1774 Francisco Gozar anotó que la Torre de Calahonda había sido dotada con dos cañones de a 4 libras y se hallaba de servicio.
En la memoria redactada en Málaga el 12-12-1781 el citado de Gozar señaló que la Torre de Lancón necesitaba 700 reales de vellón para sus reparos.
     En el informe redactado en 1783 por Joaquín de Villanova anotó que la Torre Lancón necesitaba 8 fanegas de cal, unos ladrillos y una cerradura para su reparo, presupuestándolos en 150 reales de vellón.
     El derrotero de 1787 anota la existencia de la Torre de Cala Honda o Calahonda próxima a una punta rasa, aunque en terreno alto (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta Torre Almenara, fue construida en el siglo XVI emplazada en un montículo de la playa junto a un Pozo. También es conocida por el nombre de Lancón y Calahorra.
     Es una de las torres vigías que posee este municipio y data de principios del s. XVI. En las Instrucciones de 1497 la llamaban Calohorra, última que vigilaba la caballería procedente de Marbella. Esta palabra islámica significa torre aislada y está emplazada en un montículo de la playa junto a un pozo. Construida de mampostería oscura, colocada de hiladas horizontales y sin utilizar ladrillos. Su forma es troncocónica y con un poco de éntasis. Los diámetros de sus bases son 7,35 y 5,85, la altura de 10,20 y el umbral del ingreso a 6,10 m. El pretil se interrumpe con matacanes.
     En 1774 había instalados en ella 2 cañones de 4 libras y en 1830 estaba guarnecida por un cabo, tres torreros y cuatro soldados de infantería que se cobijaron en una barraca próxima (Diputación Provincial de Málaga).

Torre Nueva de la Cala del Moral o Penta Pesetos
     Se localiza en una zona elevada no lejos de la playa. Está en un terreno urbanizado y dentro de una zona ajardinada amplia que facilita su visión. Se encuentra recubierta, en su mayor parte, por hiedra lo que dificulta su estudio y el análisis de su conservación.
     Tiene forma troncocónica con un perímetro aproximado de 18,20 metros y con una altura de 10,65 metros y 5,65 metros de diámetro en la base. Tiene un cuerpo inferior macizo y una cámara interior cuyo acceso, por el lado norte, ve obstaculizada su visión por la vegetación existente (estaría próxima a los 6 metros del suelo). 
     A través de escalera interior se accede al terrado donde sobresale una garita, estando protegido por un pretil bastante bien conservado. La cámara interior presenta una ventana cuadrada en el lado sur. Su fábrica es de mampostería con disposición de las piedras en hiladas horizontales. Presenta una imposta de ladrillo a la altura del pretil.
     En la "Relación" elaborada por Bucareli se dice que se hallaba en mediano estado, por lo que tal vez se construyó a raíz del reconocimiento del litoral en 1739 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Es una de las torres vigías que posee este municipio y data de principios del s. XIX, siendo la más moderna de toda la costa malagueña, su uso fue destinado a la vigilancia aduanera. Otros autores la sitúan en el siglo XVI y su estado ruinoso propició la sustitución a finales del XVIII.
     Es de forma troncocónica con una imposta de ladrillo a la altura del pretil, tiene garita y una ventana cuadrada pequeña frente al mar, el ingreso está en el lado opuesto a 6,60 m. de altura.
     Está construida en hiladas horizontales de mampostería, con gruesas llagas de cal, tiene poco declive. Con una altura de 10,65 m. y la base un diámetro de 5,65. Su conservación es perfecta, tan solo hay una oquedad sobre el adintelado de la puerta (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Cantera del Barrio, Ermita de la Virgen de la Peña, Ermita de San Antón, Ermita del Calvario, Ermita del Puerto, Muralla y Mirador, Museo Histórico-Etnológico, Plaza de Toros, Torre Batería de La Cala del Moral, Torre de Calaburras, Torre de Calahonda, y Torre Nueva de la Cala del Moral o Penta Pesetos) de la localidad de Mijas (y II), en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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