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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 3 de noviembre de 2022

El busto de Menéndez Pelayo, en la enjuta, entre los arcos de las provincias de Vizcaya y de Zamora, de la Plaza de España

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el busto de Menéndez Pelayo, en la enjuta, entre los arcos de las provincias de Vizcaya, y de Zamora, de la Plaza de España, de Sevilla.
     Hoy, 3 de noviembre, es el aniversario del nacimiento (3 de noviembre de 1856) del erudito Marcelino Menéndez Pelayo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el busto de Menéndez Pelayo, en la enjuta, entre los arcos de las provincias de Vizcaya, y de Zamora, de la Plaza de España, de Sevilla.
     La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
     En las enjutas de los arcos que componen la gran arcada que circunda toda la plaza, dentro de unos tondos de profundo sabor renacentista italiano, modelados en alto relieve y esmaltados en blanco sobre fondo azul cobalto, aparecen los bustos de personajes de especial relevancia en la historia de España. Su ejecución original corrió a cargo de las Fábricas de Mensaque Rodríguez y Cía. y de Pedro Navia.
     En orden cronológico, figuran tanto aquellos destacados en las ciencias, en las humanidades, en las artes o en las armas, como reyes o santos.
     Son un total de cincuenta y dos, distribuidos en cuatro series de trece personajes, dispuestos entre los catorce arcos de cada tramo de la plaza.
     Es sorprendente el repertorio  de estos personajes ilustres que desde sus privilegiados balcones en la arcada, disfrutan del ancho espacio de la hermosa plaza. Simultáneamente, ellos son vistos por los paseantes  como muestra de la gloria de España y como ejemplo a seguir (La Cerámica en la Plaza de España de Sevilla, 2014). 
     En este caso el personaje histórico representado es Menéndez Pelayo, en un busto que directamente hay que relacionarlo con la multitud de retratos y esculturas erudito español.
Conozcamos mejor la Biografía de Menéndez Pelayo, personaje representado en esta enjuta de la Plaza de España; 
     Marcelino Menéndez Pelayo, (Santander, Cantabria, 3 de noviembre de 1856 – 19 de mayo de 1912). Erudito, polígrafo, historiador, crítico literario, escritor.
     Hijo de Marcelino Menéndez Pintado, catedrático de Matemáticas del instituto de Santander, y de María Jesús Pelayo. Sus biógrafos concuerdan en presentarlo como niño prodigio y dotado de unas facultades intelectuales cuyo recuerdo ha ingresado a veces en el terreno de la leyenda. Obtuvo Premio Extraordinario en todas las asignaturas del bachillerato excepto en Geometría, a cuya mención no optó por estar su padre en el tribunal.
     Atendiendo a las inclinaciones del niño, su padre lo envió a estudiar Letras a la Universidad de Barcelona, porque había allí un profesor que era amigo personal, el doctor Luanco. Cuando éste se trasladó a Madrid en 1873 a la llamada Universidad Central, única facultada para dar títulos de doctorado, Menéndez Pelayo lo siguió, aunque los estudios en Cataluña le habían ido muy bien, pues había obtenido la máxima calificación en todas las asignaturas, excepto en Griego, y su formación se había beneficiado enormemente del magisterio del medievalista Milá i Fontanals, según reconoció en la breve Semblanza que dedicó a este maestro en 1908.
     En la Universidad de Madrid se produjo enseguida un encontronazo con el krausista Salmerón, catedrático de Metafísica, quien había anunciado que suspendería a todos los alumnos. De la correspondencia del joven Menéndez Pelayo a sus padres, se puede deducir un innegable sectarismo por parte de Salmerón, pero también el carácter intransigente que caracterizó a Menéndez Pelayo y que empapó incluso su producción investigadora, sobre todo en los años de juventud. Para evitar examinarse con Salmerón, se presentó en septiembre de 1874 ante un tribunal de la Universidad de Valladolid del que formaba parte Gumersindo Laverde, quien, desde ese momento y hasta su muerte, acaecida en 1890, ejerció una influencia decisiva sobre el antiguo examinando a través de una amistad entretejida de la admiración sin límites que Laverde profesó a Menéndez Pelayo y el reconocimiento y afinidad ideológica que éste guardó para con su examinador.
     Su labor investigadora comenzó de inmediato. En el mencionado curso 1873-1874 se dedicó a acopiar materiales para una Biblioteca de Traductores Españoles y, tras doctorarse en 1875 con una tesis titulada La novela entre los latinos, se empeñó en un proyecto de Estudios sobre escritores montañeses y un plan para la edición de los filósofos españoles, volumen que echaba en falta en la Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra.
     Como no tenía aún la edad para presentarse a oposiciones, solicitó y consiguió diversas pensiones para realizar viajes de estudio al extranjero con fondos del ayuntamiento de Santander (1875), la Diputación montañesa (1876) y el Ministerio de Instrucción Pública (1877). Así, en 1876 recorrió diversas bibliotecas de Portugal e Italia y en 1877 las de Roma, Nápoles, Florencia, Bolonia, Venecia, Milán, París, Bruselas, Amberes y Ámsterdam. Pero Menéndez Pelayo, como Kant y otros genios, no sintió la necesidad de ser viajero. Con excepción de otra visita que realizó a Portugal en 1883, éstas fueron sus únicas salidas al extranjero, aunque durante toda su vida estuvo en contacto con una verdadera pléyade de intelectuales de todo el mundo.
     En 1871 había iniciado Menéndez Pelayo una producción poética de la que se apartó definitivamente a los treinta años. En 1878 publicó su primer libro, Estudios poéticos. El volumen se divide en dos secciones, una de poesía original y otra de traducciones. Se trataba de verter la inspiración grecolatina en los moldes de la poesía de su tiempo. Con la misma distribución publicó en 1883, con prólogo de Valera, un segundo tomo de poesías originales (1876-1883) y traducciones (1874-1875). En éste hay poemas más maduros y de innegable intensidad, aunque no parece que anunciaran el futuro surgimiento de un poeta importante.
     No obstante, algunos críticos le han mostrado su reconocimiento (“Clarín”, 1877; G. Diego, 1931; Eguía Ruiz, 1914) en cuanto paladín del Clasicismo, entre el Romanticismo que desaparecía y el simbolismo que estaba emergiendo. Julián Bravo (1998) ha escrito que su abandono de la poesía “privó al clasicismo de una voz vigorosa y personal”.
     Su producción académica, que habría de ser inmensa, arranca a la par. Antes de su primer viaje había publicado ya en la Revista Europea sus cartas a Laverde en las que defendía la existencia de una ciencia española, en contra de Azcárate, que la negaba y explicaba tal lacra por la influencia de la Inquisición y la Monarquía. La continuación de la polémica permitió mostrar a Menéndez Pelayo una portentosa erudición, dando a conocer autores y obras de los que muy pocos hasta entonces habían tenido noticia. El calor de la polémica y la juventud del polemista explican las evidentes hipérboles que, como él mismo reconoció en su madurez, cabe encontrar en el libro La Ciencia Española, que recoge los diferentes escritos a los que dio lugar esta contienda ideológica y erudita.
     En 1876 entregó el original de un estudio sobre Horacio en España, publicado un año más tarde, que contiene una rica colección de materiales que ilustra la constante presencia del autor latino a través de la historia de la lírica española. Identifica aquí Menéndez Pelayo los conceptos de lírica y lírica culta, que es la que inspira Horacio. Dámaso Alonso señalará la rectificación (una de sus célebres “palinodias”) que con respecto a esta postura suponen los estudios que Menéndez Pelayo realiza posteriormente del cancionero galaico-portugués y de las canciones populares inscritas en el teatro de Lope de Vega.
     Menéndez Pelayo obtuvo en 1878 la Cátedra de Historia de la Literatura en la Universidad Central, en la que sucedió a José Amador de los Ríos. Pudo optar con sólo veintiún años, porque Alejandro Pidal había conseguido de Cánovas del Castillo una ley especial que fijaba en esa edad la mínima que permitía presentarse. A partir de ese momento, su actividad como historiador y crítico de la literatura estuvo dirigida sobre todo hacia la redacción de un manual de cátedra que hubo de ir precedido de una colosal labor de desbroce del inmenso campo que estaba por explorar, ya que Menéndez Pelayo lo concibió como una empresa totalizadora que abarcaba toda la literatura en español y toda la literatura que se había producido en España, en cualquier lengua, empezando por el latín de Hispania e incluyendo las más diversas cuestiones del contexto histórico y cultural.
     A partir de aquí, cargos académicos, reconocimientos, honores y publicaciones se sucedieron sin interrupción.
     En 1880 fue elegido académico de la Real Academia Española; en 1881 publicó los tomos I y II de la Historia de los heterodoxos españoles, donde, como en La Ciencia española, abordó un campo hasta entonces poco cultivado por la investigación, aunque, también aquí, incurrió en evidentes exageraciones y vehemencias que hubo de matizar en el prólogo de la segunda edición. De 1881 son también las conferencias pronunciadas en la Unión Católica que dieron lugar al folleto Calderón y su teatro. En 1882, a propuesta de Cánovas del Castillo, el marqués de Molins y Vicente Barrantes, fue nombrado académico de la Historia y terminó el tercer tomo de los Heterodoxos, volumen polémico por abordar en él a sus contemporáneos.
     Empezando a cumplir con el proyecto totalizador contenido en su programa de cátedra, en 1883 publicó el primer tomo de la Historia de las ideas estéticas en España al que siguieron otros cuatro (1884, 1886, 1888-1889 y 1891). Constituyen en conjunto la primera gran aportación a la historia de la retórica y la poética españolas. Pero no son sólo estas disciplinas directamente relacionadas con la literatura las que se abordan aquí. También el contexto filosófico y cultural tiene lugar en el siguiente ambicioso plan: “1. Las disquisiciones metafísicas de los filósofos españoles acerca de la belleza y su idea. 2. Lo que especularon los místicos acerca de la belleza en Dios, considerándola principalmente como objeto amable, de donde resulta que no podemos separar siempre en ellos la doctrina de la belleza de la doctrina del amor, que llamaremos, siguiendo a León Hebreo, Philografía, y que, rigurosamente hablando, corresponde a la filosofía de la voluntad y no a la del entendimiento ni a la de la sensibilidad, que son las facultades que principalmente intervienen en la contemplación o estimación o juicio de lo bello. 3. Las indicaciones acerca del arte en general, esparcidas en los filósofos y en otros autores de muy desemejante índole. 4. Todo lo que contienen de propiamente estético, y no de mecánico y práctico, los tratados de cada una de las artes, verbigracia, las Poéticas y las Retóricas, los libros de música, de pintura y de arquitectura, etc. 5. Las ideas que los artistas mismos, y principalmente los artistas literarios han profesado acerca de su arte, exponiéndolas en los prólogos o en el cuerpo mismo de sus libros”.
     No consiguió completar el proyecto concebido, que tenía el propósito de llevar en el tiempo hasta sus días, pero sí dejó escrito lo principal y, desde luego, sentadas las vías por la que —al igual que en otros estudios— habría de transitar la investigación posterior.
     En 1887 editó las obras de Milá i Fontanals, que había muerto de 1884, y en 1888 aceptó el encargo de la Real Academia Española de componer la Antología de poetas líricos castellanos, desde la formación del idioma hasta nuestros días, en que abordaba el estudio de la lírica peninsular desde los orígenes, ilustrándolo con los textos más representativos. Fue publicada en trece tomos por la editorial Hernando en los años 1890, 1891, 1892, 1893, 1894, 1896, 1898, 1899, 1900, 1903, 1906 y 1908. En su momento tuvo un especial interés la aportación de textos hasta entonces desconocidos o poco divulgados; hoy, en cambio, se valora más la contribución de los estudios que la parte antológica.
     Tal como quedó, su investigación sólo llegó a los umbrales del Renacimiento. Abarca cuatro grandes temas: poesía castellana de la Edad Media, poesía medieval en Portugal y Cataluña, tratado de los romances viejos y Juan Boscán. Se añade, además, el desarrollo en España de la lírica latino-clásica, latinocristiana, árabe y hebrea, consideradas preámbulo imprescindible. Hay que subrayar que, refiriéndose a Judá Leví, sospechó la existencia de versos romances engarzados en sus poemas hebreos, apuntando así a la existencia de las jarchas, cuyo descubrimiento no se produciría sino cincuenta años después.
      Dámaso Alonso lamentó que no hubiera llegado a tratar de la Edad de Oro. Ciertamente está su discurso de ingreso en la Real Academia Española, que versó sobre poesía mística, y existen referencias eruditas en la Bibliografía Hispanolatina, pero es poco lo que ofrece sobre fray Luis de León o San Juan de la Cruz, es breve —y hoy se tiene por erróneo— el juicio crítico que da de la poesía de Góngora. Casi nada dice de Quevedo. Así, no es infundado el lamento de Dámaso Alonso, ya que, habida cuenta de su capacidad, era mucho más lo que (incluidas las necesarias “palinodias”) hubiera cabido esperar del proyecto.
     Siguió una serie continua de encargos y nombramientos: en 1889 fue nombrado bibliotecario de la Real Academia de la Historia, recibió el encargo de la Real Academia Española de dirigir una edición completa de las obras de Lope de Vega y se le eligió académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; en 1893 se encargó también de la Antología de poetas hispanoamericanos; en 1898, a la muerte de Tamayo y Baus, ocupó la vacante de director de la Biblioteca Nacional y se puso al frente de la Revista de Archivos; en 1901 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, en 1905, comenzó a preparar los Orígenes de la novela y la edición de sus Obras completas.
     Como resultado del encargo de publicar las obras completas del Fénix de los Ingenios, Menéndez Pelayo confeccionó trece volúmenes del Teatro de Lope de Vega. El primer volumen apareció en 1890 con la Nueva Biografía de Cayetano Alberto de la Barrera a la que Menéndez Pelayo puso unas adiciones —fundamentalmente la publicación de un epistolario inédito—.
     Los tomos siguientes incluyen autos y comedias, precedidos de los correspondientes estudios introductorios. En 1906, al no haber sido recompensado con la dirección de la Real Academia Española, abandonó el proyecto y sólo publicó dos tomos más, que ya estaban preparados cuando el incidente, pero ahora sin los prólogos. Entre 1919 y 1927, Bonilla y San Martín y Miguel Artigas editaron todos los prólogos en seis grandes volúmenes que comprenden más de seis mil páginas con el título de Estudios sobre el teatro de Lope de Vega.
     Aunque el proyecto quedó inacabado, publicó cerca de doscientas comedias y medio centenar de autos.
     Los especialistas suelen destacar este trabajo entre lo principal de su obra. La indicación de fuentes y sus transformaciones, la descripción de las estructuras compositivas, la pintura de la dimensión psicológica de los personajes constituyen un conjunto que anticipa implícitamente el estudio de conjunto —la poética— de la comedia española. Su preferencia por Lope frente a Calderón, en contra del juicio de su época, ha quedado sin duda como herencia en la historiografía.
     En cuanto a la Antología de poetas hispanoamericanos, la Real Academia Española publicó entre 1893 y 1895 sus cuatro volúmenes que contienen los textos antologados, precedidos de un estudio preliminar de Menéndez Pelayo. Los prólogos sin antología fueron publicados en 1911 con el título de Historia de la poesía hispanoamericana.
     El director de la Real Academia de la Historia, el marqués de la Vega de Armijo falleció el 12 de junio de 1908 y el día 26 se procedió a la elección de director interino con el siguiente resultado: Eduardo Saavedra, nueve votos; Marcelino Menéndez Pelayo, ocho votos. Sin embargo, en la votación realizada en diciembre de 1909 para cubrir de manera definitiva el cargo en el trienio 1910-1912 y, hallándose ausente Menéndez Pelayo, éste obtuvo veintidós votos por uno que obtuvo Eduardo Saavedra. El 4 de febrero de 1910 se verificó la toma de posesión en la que se leyó la carta de felicitación del rey Alfonso XIII, quien se congratulaba de que se vieran reconocidos “los méritos de los que como usted han dedicado toda su actividad y todo su talento al esplendor de la Ciencia española y a su prestigio ante la Historia”.
     Como casi todas las personas que han conseguido muy jóvenes todos los honores, Menéndez Pelayo se adentró en la cincuentena con una cierta sensación de hastío y pensó en pedir la jubilación y volver definitivamente a Santander para dedicarse a las investigaciones eruditas para las cuales había reunido ingentes cantidades de material en su biblioteca.
     Los sinsabores de la vida académica, entre los que se cuenta la derrota de la candidatura para la Real Academia de la Historia de Ramón Menéndez Pidal, que competía con el general Polavieja, le empujaron también en esa dirección. Se sentía enfermo y tenía pendientes grandes proyectos. Por el momento, fue haciendo más frecuentes sus estancias en la ciudad cántabra y allí murió sin haber cumplido los cincuenta y seis años de edad.
     La obra de su vida era la Bibliografía Hispanolatina clásica, cuyo primer volumen había publicado en 1902. La Edición Nacional de sus obras sacó póstumamente a la luz todos los materiales, también los inéditos, en los diez volúmenes que aparecieron entre 1950 y 1953. En ellos se incluye la ya comentada obra de Horacio en España. El proyecto pretendía hacer “la historia de cada uno de los clásicos en España”, comentar todos los poetas de la Edad de Oro, señalando al margen la fuente griega o latina que presuponían en cuanto traducción, inspiración o simple reminiscencia. Menéndez Pelayo señaló los códices y manuscritos de estas fuentes que se hallaban en las bibliotecas, así como las ediciones, comentarios y antologías hechas en España o por españoles. En suma, una obra ciclópea, que aunque no pudo culminar el ambicioso plan juvenil (como por lo demás, ocurrió en los otros proyectos, igualmente inabarcables), ha dejado un material asombroso, todavía hoy necesitado de explotación.
     La obra Orígenes de la novela está compuesta por los estudios preliminares de los tomos I, VII y XIV de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles, publicados en 1905, 1907 y 1910. Un cuarto tomo que había previsto fue publicado por Bonilla y San Martín en 1915 “con arreglo a las indicaciones del maestro”, pero sin su estudio preliminar.
     El tomo I trata, como introducción, de la novela en Grecia y Roma, el apólogo y el cuento oriental y su influencia en la literatura medieval, los libros de caballería y las novelas sentimental, histórica y pastoril.
     En el prólogo del tomo II se ocupa de los cuentos y las novelas cortas, y en el III, de La Celestina y sus imitaciones. El tomo que no llegó a realizarse debería haber estado dedicado a la picaresca y a los diálogos satíricos.
      Los trabajos recopilados en los volúmenes de Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, publicados en la Edición Nacional de sus Obras Completas, dan cuenta además de sus investigaciones y opiniones sobre multitud de cuestiones de nuestra historia literaria: su apreciación de Cervantes, su visión —por lo general, hoy no compartida— acerca del siglo XVIII y sus constantes y variaciones acerca del vasto panorama de la literatura española, concebida, según se ha recordado, como la literatura de España y Portugal en todas sus lenguas y la literatura en español de otras naciones. La versión en CD-ROM de la Edición Nacional permite actualmente encontrar con facilidad insistencias, relaciones y concordancias latentes hasta ahora. 
   Llegó también Menéndez Pelayo hasta cuestiones candentes en su día. Hoy no resulta discutible su frontal oposición al Naturalismo por razones de “realidad” en la literatura que era maltratada por aquella estética. También es de consignar su elogio de Rubén Darío, a pesar de su poco aprecio para el Modernismo en general. Es verdad que Menéndez Pelayo, según confesó en el discurso de respuesta al ingreso de Pérez Galdós en la Real Academia Española, se “había acostumbrado a conversar preferentemente con los muertos”.
     No es mancha para quien, como él, se dedicó sobre todo a la tarea de historiar.
     Como se ve, esta biografía está dedicada casi exclusivamente a la vida académica de Menéndez Pelayo, porque en él —con un trasfondo ideológico preciso, eso sí—, vida académica y vida tout court tienden a confundirse, de manera que apenas existen referencias fuera de aquélla. Cabe recordar que en 1878, mientras trabajaba en los fondos de la Biblioteca Colombina de Sevilla, entabló noviazgo, que duraría sólo unos meses, con su prima Conchita Pintado, a la que dedicó los mismos versos que había escrito para Isabel, su amor de adolescente en Santander. Algunos lances galantes se registraron también en sus primeros años madrileños de joven triunfador. Y poco más. Incluso en el aspecto político, apenas tuvo algún compromiso real, aunque puso su prestigio al servicio del Partido Conservador que encabezaba Cánovas del Castillo, y fue diputado por Mallorca en 1884 y por Zaragoza en 1891, así como senador por la Universidad de Oviedo en las legislaturas de 1893 y 1895 y, en representación de la Real Academia Española, desde 1899 hasta su muerte.
     Su vida se concreta en una colosal obra cuya valoración objetiva se vio dificultada a lo largo del siglo XX porque la adscripción inequívoca de Marcelino Menéndez Pelayo a una línea que funde lo “nacional-español” y lo “tradicional-católico” hizo que se convirtiera en bandera de confrontación entre facciones integristas y laicistas y que se desatendiera con frecuencia el meollo de su aportación.
     Sin embargo, dejando aparte sus fogosidades juveniles, se puede observar una libertad intelectual que llevó a Menéndez Pelayo a distinguir también los méritos del adversario. La respuesta al discurso de Pérez Galdós en su recepción en la Real Academia Española y, sobre todo, las reacciones registradas en su epistolario ilustran esta afirmación.
       No existe propiamente un manifiesto teórico ni historiográfico de Menéndez Pelayo. Sin embargo, está presupuesto a lo largo y lo ancho de toda su obra. En la Historia de las ideas estéticas reconoce la primacía de la forma en la definición del arte sin descuidar la dimensión histórica y social. No se observa en él el rancio historicismo tan propio de su época. Sus apreciaciones, que tienden a considerar la crítica literaria como crítica “de artista”, deben estar conectadas con su propia experiencia como poeta. Desde luego, es posible hallar aquí y allá diversos aciertos teóricos sueltos: R. Wellek (Wellek, 1968: 94) afirma que Menéndez Pelayo aporta a la periodización el concepto de “barroquismo literario” antes que el propio Wölfflin.
     Sin duda, Menéndez Pelayo es sobre todo historiador.
     En su época no se concebía que fuera posible en humanidades otra “ciencia” que no fuera la historia; y la historia de la literatura española es la máxima beneficiaria de su quehacer.
     Relaciona estrechamente historia de la lengua e historia de la literatura, atribuyendo a aquélla una virtualidad propia, próxima al Volksgeist (“espíritu del pueblo”), que él llamó “estilo”. Menéndez Pelayo, con evidente exageración, buscó rasgos similares entre los escritores hispanolatinos y los castellanos. Ese afán globalizador es seguramente el que lo llevó a no poder roturar nunca enteramente el campo previamente acotado, aunque haya dejado señaladas todas las líneas por las que habría de discurrir el “manual” completo de la historia de la literatura española.
     En la obra historiográfica de Marcelino Menéndez Pelayo se encuentran apreciaciones interesantes sobre muchos temas, unas eran propias del momento, pero otras tienen valor intemporal; unas serán revisables o han sido ya revisadas (por él mismo o por otros), otras se han incorporado al diseño básico de la historia literaria.
     Siempre está presente la polémica presuposición que atribuye a la literatura la virtualidad de convertirse en una vasta interpretación de España. Lo más actual radica en la unión que se da en Menéndez Pelayo entre sensibilidad histórica y reconocimiento de la libertad creadora: se trata de una crítica de la relación entre literatura y sociedad tan lejana de la interpretación de “clase” como de una ingenua estética del “arte por el arte”.
     En resumen, gusten o no los registros de su retórica decimonónica, se ha de reconocer que Menéndez Pelayo ha desbrozado inmensos territorios para la investigación en la historia de la cultura y ha dibujado el itinerario básico por donde ha debido transitar en el siglo XX la investigación de la historia de la literatura española (Miguel Ángel Garrido Gallardo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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miércoles, 2 de noviembre de 2022

El Cementerio, en Almensilla (Sevilla)

      Por Amor al Arte
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     Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy para Explicarte el Cementerio, en Almensilla (Sevilla).
   El Cementerio, se encuentra en la calle Majalcófar, s/n; en Almensilla (Sevilla).
    Situado en el camino a Bollullos, por tanto al noroeste de la población. De planta rectangular, muy alargada, y entrada por el lado menor, se disponen nichos en los cerramientos longitudinales, y en la zona central, dejando dos espacios de tránsito a ambos lados. Enfrentadas a la entrada dos pequeñas zonas ajardinadas. En las esquinas del frente de fachada, dos edificaciones para autopsia y Capilla. Lo rodea una tapia alta, recta, enjabelgada, con un zócalo de almagra. Se accede por una explanada larga a la que abre una solemne portada de frontón recto con pináculos, algo alterada hoy por la policromía. Son de interés la ordenación general, la composición de fachada, los conjuntos de nichos y la jardinería.  
     Su fecha de construcción es 1902. Se proyecta una ampliación que llevará los 1,116 m2 actuales a 2,216 m2 en total (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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Un paseo por la calle Puerta del Osario

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Puerta del Osario, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la calle Puerta del Osario, puesto que en dicho lugar existió un cementerio (osario).
    La calle Puerta del Osario es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo; en la confluencia de las calles Pinto, Gallos, Matahacas, Escuelas Pías, Jáuregui, Leoncillos, Salinas, Muro de los Navarrros, Diego de Merlo, Puñónrostro, y Valle.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde 1599, al menos, es nombrada como calle o plaza de la Puerta del Osario, por encontrarse inmediata a dicha puerta: en 1845 se simplifica en plaza del Osario, y desde el último tercio del XIX se califica como calle. Con respecto a la denominación de Puerta del Osario la explicación más extendida indica que en sus inmedia­ciones, extramuros, se encontraba el cementerio de los mudéjares, que sacaban por esa puerta los cadáveres para llevarlos a enterrar. Ya desde 1356 hay una referencia documentada a la Puerta del Fonsario en Santa Catalina. Rodrigo Caro considera que Osario podría ser una deformación de Onsario o Unciario, porque allí estuvo el peso de harina. Al parecer durante la dominación árabe la puerta recibió el nombre de Vib Alfar, pero difieren las interpretaciones sobre su origen, mezclándose en ocasiones con leyendas. Para unos se trata del nombre del que la hizo, para otros es el de un moro que se colocaba a su entrada y exigía un tributo por cada cadáver que se sacaba a enterrar y, por ultimo, Santiago Montoto apunta la posibilidad de que se escribiera Bib Alfat y su significado fuera Puerta de la Victoria.
     La irregular planta de esta calle es el resultado, por una parte, de su condición de espacio intramuros inmediato a la puerta, y, por otra, de las alineaciones a las que más tarde ha sido sometida. La puerta quedaba aproximadamente situada en la embocadura de Puñonrostro y ello explica que sea punto de confluencia de distintas calles, constituyendo así un espacio vacío, escasamente ordenado y amplio, por lo que merecía también la consideración de plaza; González de León da notica en 1839 de la existencia de una gran cruz de hierro en el centro de la plaza, que sería quitada al año siguiente. Tras el derribo de la muralla, iniciada en este sector en 1863, es sometida a procesos de remodelación y alineación, que le han dado la configuración actual. Su planta consta de dos tramos rectilíneos que se ensanchan en la confluencia con Puñonrostro, frente a la antigua puerta; todavía hoy se aprecia su carácter de espacio abierto, sin que pueda detectarse su unidad como calle, salvo la que le da la numeración de los edificios; posee pavimento de asfalto y aceras de losetas, de desigual anchura; el alumbrado eléctrico fue introducido en 1949 y hoy se apoya en farolas de báculos apoyadas en las fachadas.
     En la Edad Media se localizaba en esta plaza el Hospital de la Candelaria, San Juan y Santa Catalina; pero sin duda las funciones históricas de este espacio urbano se encuentran fundamentalmente relacionadas con su condición de línea fronteriza entre la ciudad y el campo, y con el trasiego generado en torno a la puerta. Pocas y escuetas son las las descripciones que nos han llegado de la misma. González de León (1839) la describe como "baja, sin ornato alguno y está defendida por dos castillos bajos que la coronan"; a raíz de su reconstrucción en 1573, se colocó una lápida en la parte exterior con la siguiente inscripción: "Reinando en Castilla el Rey D. Felipe II mandaron hacer estas puertas los ilustres señores Sevilla, siendo asistente el ilustre señor conde de Barajas, señor del Alameda, con su acuerdo y parecer, siendo obrero mayor el muy magnifico señor el jurado Juan Díaz. Acabose en el año de 1573".
     En la parte interior del arco existía una capilla con la imagen de la Virgen del Rocío. La puerta sería reparada al menos en dos ocasiones en el s. XVII (1669 y 1686), y en 1777 se advertía que se encontraba en mal estado y amenazaba ruina. El tránsito era, en primer lugar, de personas, pero también de cadáveres, a juzgar por su mismo nombre. Asimismo a través de esta puerta se canalizaba una de las principales cañerías de abastecimiento de la ciudad y hay noticias de la existencia de una fuente pública en Osario desde 1820, en que se solicita su instalación, hasta finales de siglo. También una red de alcantarillado encauzaba las aguas sucias desde Osario al Tagarete, y ya en 1505 se hablaba de la necesidad de limpiar la alcantarilla vieja de la Puerta del Osario. Esto daba lugar a la acumulación de agua en este punto, situado en una cota más baja que las calles confluyentes, como aún puede observarse en la pendiente de Valle y Muro de los Navarros; estas aguas recogían, además, las residuales de diversas curtidurías y tintes, que acentuaban los malos olores. Por otra parte, son frecuentes las referencias a la salida de escombros a través de la puerta, y si bien lo indicado era que debían de ser de­ depositados relativamente lejos de la ciudad (en el Prado de Santa Justa, en la Huerta del Rey o en la Laguna de los Patos), lo usual era la formación de muladares en las proximidades de la puerta. Todas estas noticias contribuyen a definir a la de Osario como una "puerta de servicio" de la ciudad frente a otras con funciones más nobles y honoríficas.
     El crecimiento extramuros de la ciudad, impulsado en este sector desde el establecimiento en sus inmediaciones de una fábrica de salitre a mediados del s. XVII, contribuyó a poner de manifiesto la falta de funcionalidad de estas puertas que se cerraban por las noches, y así en 1825 el administrador de la fábrica de salitre solicitó "...se sirva conceder al recurrente la facultad de abrir un postigo de comunicación con la ciudad dentro de la casas administración, para usarlo en una grave necesidad que ocurra de noche, a cualesquiera de los individuos que abitan en aquella y cuya llave conservará el suplicante..," (Sec. 6, t. 86). Tras la demolición de tramos de la muralla próximos a esta puerta iniciado en 1863, en 1868 se procedió al derribo de la misma puerta.
     Zona de tránsito y confluencia lo fue también de actividades comerciales, sobre todo las relacionadas con el abastecimiento de productos alimenticios: carnicerías y puestos ambulantes. También estuvo allí instalada hasta no hace mucho tiempo la fábrica de anisados El Punto. Al iniciarse los ser­vicios de transportes públicos de tranvías y autobuses, Puerta del Osario constituirá un nudo crucial en las comunicaciones de la ciudad. Hoy, perdida la función de línea fronteriza entre el espacio urbano y el extramuros, conserva sin duda la de tránsito por ser un punto de penetración de la "ronda" hacia el casco histórico; también es importante la actividad comercial y de negocios, muy diversificada, y que prolonga hacia los prime­ros tramos de muchas de las calles que en Puerta del Osario desembocan. El intenso tráfico rodado que registra, sobre todo el de los transportes públicos, la hacen particularmente bulliciosa e incómoda para el peatón. Por Puerta del Osario entra la cofradía "extramuros" de San Roque en la tarde del Domingo de Ramos [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Puerta del Osario, 16. Casa de dos plantas, con patio de columnas y arcos semicirculares en la planta  inferior, y balcones, separados por pilastras, en la superior [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Puerta del Osario, en detalle:
desaparecida Puerta del Osario
Edificio Puerta del Osario, 16
Retablo cerámico Nuestro Padre Jesús de la Salud (Los Gitanos).

martes, 1 de noviembre de 2022

El antiguo Hospital de Todos los Santos (actual Centro de Historia Local), en Cantillana (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el antiguo Hospital de Todos los Santos (actual Centro de Historia Local), en Cantillana (Sevilla).  
     Hoy, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, Solemnidad de Todos los Santos, para ExplicArte el antiguo Hospital de Todos los Santos (actual Centro de Historia Local), en Cantillana (Sevilla).
     El antiguo Hospital de Todos los Santos (actual Centro de Historia Local), se encuentra en la calle Miguel de Cervantes, s/n; en Cantillana (Sevilla).
     El centro hará un recorrido cronológico por el pasado de la localidad desde la Prehistoria, con la exposición de un fósil de ballena datado entre cinco y diez millones de años atrás.
     El antiguo Hospital de Todos los Santos, edificio singular del siglo XV de estilo gótico-mudéjar y una de las construcciones más antiguas de cuantas se conservan en la localidad, albergará el Centro de Historia Local de Cantillana, concebido a modo de museo para mostrar el recorrido cronológico por el pasado del municipio ribereño. Así lo acordó ayer por unanimidad el Pleno del Ayuntamiento, dando el pistoletazo de salida a un proyecto turístico que vendrá a poner en valor el rico patrimonio histórico-cultural de Cantillana.
     De esta manera, el antiguo establecimiento hospitalario acogerá una exposición permanente que hará un recorrido a través de la historia, cultura, artesanías y tradiciones locales, comenzando por los orígenes de la villa, que se remontan a la época de la piedra pulimentada, como lo demuestran los abundantes restos arqueológicos hallados en la confluencia de los ríos Guadalquivir y Viar.
     Así, la pieza ‘estrella’ del museo será un fósil de ballena que se conserva desde hace más de 20 años en uno de los almacenes municipales y que ha sido estudiado recientemente por la paleontóloga Eloísa Bernáldez Sánchez, miembro del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico y profesora de la Universidad Pablo de Olavide, quien lo ha datado con una antigüedad de entre cinco y diez millones de años. Se da la circunstancia de que el fósil fue encontrado por unos niños por casualidad y siempre se pensó que se trataba de restos de un dinosaurio.
     En la época romana, Cantillana fue Naeva, y contó con un importante puerto fluvial en cuyos alrededores aparecieron también una escultura femenina, datada entre los siglos I-II a.C, y una columna que podrá verse en el futuro Centro de Historia Local. Contará asimismo con una sección dedicada al místico sufí Abu Madyan, ilustre vecino de la Cantillana andalusí del siglo XII.
     Reconquistada la villa por Fernando III en 1247, el centro mostrará un facsímil de una carta plomada de Alfonso XI (del año 1327) y otro de la carta privilegio concedida a la localidad por los Reyes Católicos a finales del siglo XV, así como el reloj equinoccial de mármol (siglo XVI) y el antiguo mecanismo del reloj de la villa que durante décadas estuvo en una torre de la antigua muralla defensiva.
     El Centro de Historia Local tampoco se olvidará de Andrés López Muñoz, el barquero de Cantillana, popularizado en TV como el bandolero Curro Jiménez, o de los pintores locales Antonio Sánchez Palma (1870-1925) y Ricardo López Cabrera (1864-1950).
     En el apartado de artesanía, destacará el trabajo del enrejado de los flecos del mantón de Manila, además de la alfarería y la guarnicionería, para lo que se habilitará como sala anexa la actual Oficina de Turismo.
     Por último, el centro contará con sendos espacios dedicados a fotografía y bibliografía, con una recopilación de imágenes históricas de Cantillana y una recopilación de todo el material impreso publicado sobre la localidad (Ayuntamiento de Cantillana).
      El Hospital de los Santos fue construido en el siglo XV y es de estilo gótico mudéjar. En épocas pasadas su nombre aludió a un antiguo lugar de acogida de peregrinos. En el edificio destaca la arquería, realizada con arcos ojivales ligeramente apuntados sobre pilares cuadrados con cantos rebajados o achaflanados hasta la altura de 1.7 m.
     La parte superior de los pilares, al no estar rebajada, forma una suerte de capitel en el que su final se ha rematado con un ligero escalonamiento en tres tramos que da paso al arco. Los materiales de construcción son los típicos del arte mudéjar, el ladrillo unido con mampostería.
     El centro reúne las características de un museo de Historia local donde se recopilan vestigios y reseñas de todas las etapas históricas por las que ha pasado el pueblo desde sus orígenes.
     En su colección museística destacan un fósil de ballena hallado hace dos décadas en el paraje denominado Arroyo Hondo o el mecanismo del antiguo reloj municipal, pasando por pinturas de López Cabrera, Sánchez Palma y Ocaña o paneles explicativos sobre la vida del maestro sufí cantillanero del siglo XII Abu Madyan, así como una columna de la Naeva romana o el antiguo reloj de sol de la torre, entre otras piezas.
     Hoy día, también es sala de exposiciones, y recientemente acogió la exposición de gran relevancia del pintor Ocaña: Ocaña, pueblo a dentro.  
Horario
     Lunes-Domingo: 9:00-13:30 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Todos los Santos;
CULTO
     La Iglesia necesitó muy pronto celebrar de manera global los innumerables martirios que no contaban con un día de fiesta en el calendario.
   El primer esbozo de este culto apareció en Antioquía y en Edesa, Siria.
   Su introducción en Roma coincide con la consagración del Panteón que el papa Bonifacio IV transformó en Panmartyrion en el año 610, puesto que sustituyó a todos los dioses paganos, cuyas estatuas ocupaban los nichos de la rotonda, por todos los mártires cristianos cuyas osamentas mandara  recoger en las catacumbas. Luego, a los mártires se sumaron los confesores.
   De acuerdo con una tradición popular recogida en la Leyenda Dorada, uno de los vigilantes de la basílica de San Pedro de Roma, que se había dormido durante el transcurso de una ronda nocturna, tuvo un sueño: vio al Rey de Reyes sentado en un trono, entre la Santísima Virgen y San Juan Bautista; hacia él se dirigía una innumerable multitud de mártires, guerreros, ermitaños y vírgenes. Dios ordenó al vigilante que dijera al papa que instituyese una fiesta en honor de todos los santos.
   En 835, el papa Gregorio IV transfirió la fiesta del Panteón, que tuviera lugar el 13 de mayo al 1 de noviembre, y decidió que esta fiesta, que en principio sólo se celebraba en Roma, fuera a partir de entonces una fiesta universal. De esa manera quería ofrecer u na reparación a los santos ultrajados en Oriente por los emperadores iconoclastas.
   El nuevo culto, que en Francia fue introducido por Ludovico Pío, está probado por la advocación de cierto número de abadías o de iglesias. La abadía de Toussaint, en Angers, en la actualidad está en ruinas. Además, pueden citarse la Allerheiligenkirche de Schaffouse, y la iglesia florentina de Ognissanti.
ICONOGRAFÍA   
   La iconografía de la fiesta de Todos los Santos de la Iglesia no es muy abundante, pero en cambio ha sido ilustrada por algunas obras de enorme im­portancia en la historia de la pintura, tales como el Políptico de la Adoración del Cordero Místico de Jan van Eyck y el retablo de la Santísima Trinidad de Albrecht   Durero.
   Las primeras representaciones de Todos los Santos se copiaron de la iconografía de los Veinticuatro ancianos del Apocalipsis reunidos alrededor del Cristo de la visión de san Juan.
   Pueden clasificarse en dos series, según los santos rodeen al Cordero Místico o a la Santísima Trinidad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Procesiones de hoy, martes 1 de noviembre (Solemnidad de Todos los Santos)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, martes 1 de noviembre (Solemnidad de Todos los Santos), en Sevilla.        
     Hoy, martes 1 de noviembre (Solemnidad de Todos los Santos), continúa el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la Hermandad de Montesión (Virgen del Rosario), la Hermandad de las Siete Palabras, y la Hermandad del Rosario de Santa Catalina.  

     Hdad. de Montesión (Virgen del Rosario): La Pontificia, Real, Ilustre, Antigua y Dominica Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de la Sagrada Oración de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto, Santísimo Cristo de la Salud y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada y Santo Domingo de Guzmán; es ésta una corporación fundada en 1560 que reside canónicamente en la capilla de Montesión, siendo sus imágenes titulares Nuestro Señor Jesucristo de la Oración en el Huerto, obra de Jerónimo Hernández en 1578; el Santo Ángel, obra también de Jerónimo Hernández en 1578; el Santísimo Cristo de la Salud, talla de Luis Ortega Bru en 1954; y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos, talla anónima del siglo XVI.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Montesión: www.hermandaddemontesion.com

     Hdad. de las Siete Palabras (Virgen del Rosario): La Real e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora del Rosario, Ánimas Benditas del Purgatorio y Primitiva Archicofradía del Sagrado Corazón y Clavos de Jesús, Nuestro padre Jesús de la Divina Misericordia, Santísimo Cristo de las Siete Palabras, María Santísima de los Remedios, Nuestra Señora de la Cabeza y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1511, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Vicente mártir, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, obra de Felipe de Rivas en 1641, modificada por Luis Ortega Bru en 1977; el Santísimo Cristo de las Siete Palabras, obra de Felipe Martínez en 1682; María Santísima de los Remedios, es obra de Manuel Gutiérrez-Reyes Cano en 1865; Nuestra Señora de la Cabeza, obra de Manuel Escamilla en 1956 sobre una talla anterior de Emilio Pizarro del siglo XIX; Nuestra Señora del Rosario, talla anónima de la 2ª 1/2 del siglo XVII; San Juan Evangelista, obra de José Sánchez en 1859; Sagrado Corazón de Jesús, obra de Emilio Pizarro en 1891; Virgen de la Cabeza de Gloria, atribuida a Roque de Balduque de 1/2 del siglo XVI; San Miguel Arcángel, obra de Pedro Roldán en 1657; y el grupo de las Santas María Magdalena, María Cleofás y María Salomé, obras de Manuel Gutiérrez-Reyes Cano en 1866.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de las Siete Palabras: www.siete-palabras.com

     Hdad. del Carmen y Rosario de Santa Catalina (Virgen del Rosario): La Antigua, Real, Muy Ilustre y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Carmen, Beato Marcelo Spínola, María Santísima del Rosario y Santo Domingo de Guzmán; es ésta una corporación fundada en 1661, con sede canónica en la iglesia parroquial de Santa Catalina de Alejandría, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora del Carmen, obra de José Gutiérrez Cano en 1867, siendo el Niño obra de Manuel Gutiérrez Cano en 1871; y María Santísima del Rosario, talla anónima del siglo XVI.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Rosario de Santa Catalina: www.hdadcarmenyrosario.wordpress.com 

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La Hermandad de Todos los Santos

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad Nuestra Señora Reina de Todos los Santos, de Sevilla.          
     Hoy, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de Nuestra Señora Reina de Todos los Santos, de Sevilla.
    La Hermandad de Nuestra Señora Reina de Todos los Santos, tiene su sede canónica en la Iglesia de Omnium Sanctorum [nº 43 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 81 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encuentra en la calle Feria, 96; mientras que la Casa de Hermandad, se encuentra en la calle González Cuadrado, 57; ambas, en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo
     La Real Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental de Nuestra Señora Reina de Todos Los Santos, Madre del Amor Hermoso, Medianera Universal de Todas las Gracias y Animas Benditas del Purgatorio; es ésta una corporación que ya existía en 1546, con sede canónica en la iglesia parroquial de Omnium Sanctorum, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora Reina de Todos los Santos, obra de Roque de Balduque en 1554, mientras que el grupo de los Arcángeles San Miguel y San Rafael, y los Santos que la acompañan en su paso procesional se atribuyen a Hita del Castillo en la 2ª 1/2 del siglo XVIII.
     El escudo constará de un pergamino enmarcado por dos plumas cruzadas en su final y rematado por corona imperial y en el que se inscribirá en el centro un ostensorio color de oro bajo el cual se situará el anagrama mariano en azul. A su derecha, dentro de un campo ovalado blanco, irá el Cordero Pascual en blanco, sobre el Libro Rojo con siete sellos colgantes de distintos colores, símbolo de la comunidad Parroquial, y a su izquierda, también en un campo ovalado las armas de Castilla y León. 
     Referencia histórica.- Sin duda estamos ante una de las esclarecidas e importantes Hermandades sevillanas, hasta el punto de que, siendo bellas todas nuestras procesiones, ésta resulta sencillamente "imprescindible de ver". Ya en 1742 el incremento que iba tomando su culto movió a los Marqueses de la Algaba, patronos de la capilla mayor de Omnium Sanctorum, a instalar la imagen en ella (antes estaba en un altar lateral), celebrándose el traslado con fuegos, procesión y novena. La Hermandad de Nuestra Señora se fundó a mediados del siglo XVII, y paralelamente venía desarrollando su existencia la Sacramental y de Animas, de gran antigüedad (erigida hacia 1500) con la cual se unió definitivamente en 1920. En 1929 Ia Virgen de Todos los Santos participó en las fiestas de la coronación de Nuestra Señora de la Antigua y en 1936 fue salvada providencialmente del incendio de su parroquia. El extraordinario esfuerzo invertido en la reconstrucción del templo es otro mérito para añadir a la lista, dentro de una enorme suma de valores, tanto espirituales como estéticos, dignos todos ellos de admiración.
     Referencia artística.- La imponderable efigie de talla completa fue concertada en 1554 por el imaginero flamenco Roque de Balduque y mantiene su esencia fundamental a pesar de las restauraciones. Su rostro (nimbado por tierna melancolía) se vuelve para mirar a su Hijo, en un coloquio intimista cargado de anhelos, interrogaciones y presagios. Luce soberbios atributos de orfebrería e iconográficamente se completa con dos grupos barrocos de Santos, preciosas figuras enlienzadas a tamaño académico, cuyas advocaciones simbolizan las Reginas de la Letanía: San José (por los Patriarcas), Lorenzo (por los Mártires) Basilio (Confesores), Pedro (Apóstoles), Domingo de Guzmán (Stmo. Rosario) y Catalina de Alejandría (Vírgenes). En el culto diario se ostenta sobre regio altar baldaquino de tipo basilical.
     El trono procesional supera cualquier descripción, bastando decir que es el mejor paso no pasionista de la ciudad. Todo un retablo ambulante, un auto sacramental esculpido, con maravillosa peana dieciochesca, de enorme virtuosismo, efecto y atrevimiento. En la parte delantera los Santos parecen flotar en el espacio, arrodillados sobre nubes ante la Madre de Dios; en la trasera, un arcángel recoge su manto. Altos candelabros vibrátiles. Delicadísima figura setecentista de San Miguel junto al llamador. Ondulante y etérea crestería, sobremontada por querubines. Entonados respiraderos modernos (de 1929), guardando la debida armonía con el resto. En el patrimonio se cuentan buenas insignias, excelentes alhajas, más otras piezas que provienen de la Hermandad Sacramental.
     Datos curiosos.- De las pocas efigies de Gloria que cambian el color de su manto: rojo, verde, celeste y salmón. La única quizá que recibe dos solemnes funciones: por su parroquia y por la Hermandad. La única también entronizada en baldaquino basilical. Su salvamento en 1936 supera cualquier lance novelesco, por la circunstancia de que colaboró decisivamente la dueña de una casa de la Alameda, quien facilitó el taxista que junto a otros hermanos puso a salvo tan inestimable tesoro iconográfico, tras rehuir con ingeniosa estratagema una inspección o control de la Guardia de Asalto. Otro hermano, con la manguera que servía para regar el mercado de Abastos, estableció una cortina de agua para que el fuego no se propagara a una sala sita sobre dicho mercado, donde la Hermandad guardaba importantes efectos.
     Momentos destacados.- La salida debe ser vista sin remisión posible tanto por naturales como por foráneos, si de verdad queremos calibrar en toda su hondura la maravilla del estilo procesional hispalense. E igual puede decirse del resto: Nuestra Señora de Todos los Santos es la Patrona indiscutible del barrio de la Feria y su procesión equivale a fulgurante apoteosis, mientras vibran las fibras más sensibles del corazón de la Sevilla Eterna (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Todos los Santos
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CULTO
     La Iglesia necesitó muy pronto celebrar de manera global los innumerables martirios que no contaban con un día de fiesta en el calendario.
   El primer esbozo de este culto apareció en Antioquía y en Edesa, Siria.
   Su introducción en Roma coincide con la consagración del Panteón que el papa Bonifacio IV transformó en Panmartyrion en el año 610, puesto que sustituyó a todos los dioses paganos, cuyas estatuas ocupaban los nichos de la rotonda, por todos los mártires cristianos cuyas osamentas mandara  recoger en las catacumbas. Luego, a los mártires se sumaron los confesores.
   De acuerdo con una tradición popular recogida en la Leyenda Dorada, uno de los vigilantes de la basílica de San Pedro de Roma, que se había dormido durante el transcurso de una ronda nocturna, tuvo un sueño: vio al Rey de Reyes sentado en un trono, entre la Santísima Virgen y San Juan Bautista; hacia él se dirigía una innumerable multitud de mártires, guerreros, ermitaños y vírgenes. Dios ordenó al vigilante que dijera al papa que instituyese una fiesta en honor de todos los santos.
   En 835, el papa Gregorio IV transfirió la fiesta del Panteón, que tuviera lugar el 13 de mayo al 1 de noviembre, y decidió que esta fiesta, que en principio sólo se celebraba en Roma, fuera a partir de entonces una fiesta universal. De esa manera quería ofrecer u na reparación a los santos ultrajados en Oriente por los emperadores iconoclastas.
   El nuevo culto, que en Francia fue introducido por Ludovico Pío, está probado por la advocación de cierto número de abadías o de iglesias. La abadía de Toussaint, en Angers, en la actualidad está en ruinas. Además, pueden citarse la Allerheiligenkirche de Schaffouse, y la iglesia florentina de Ognissanti.
ICONOGRAFÍA   
   La iconografía de la fiesta de Todos los Santos de la Iglesia no es muy abundante, pero en cambio ha sido ilustrada por algunas obras de enorme im­portancia en la historia de la pintura, tales como el Políptico de la Adoración del Cordero Místico de Jan van Eyck y el retablo de la Santísima Trinidad de Albrecht   Durero.
   Las primeras representaciones de Todos los Santos se copiaron de la iconografía de los Veinticuatro ancianos del Apocalipsis reunidos alrededor del Cristo de la visión de san Juan.
   Pueden clasificarse en dos series, según los santos rodeen al Cordero Místico o a la Santísima Trinidad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Virgen con el Niño;  
  Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad 
 Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques. 
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres. 
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones. 
    El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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- Sede Canónica: Iglesia de Omnium Sanctorum
- Día de Salida Procesional: 1º o 2º domingo del mes de noviembre