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sábado, 5 de noviembre de 2022

El Monumento a Santa Ángela de la Cruz, en Las Cabezas de San Juan (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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   Hoy, 5 de noviembre, aniversario de la beatificación de Santa Ángela de la Cruz (5 de noviembre de 1982), es la Festividad, en Sevilla, en España, Santa Ángela de la Cruz Guerrero González, virgen, fundadora del Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, que no se reservó derecho ninguno para sí, sino que lo dejó todo para los pobres, a quienes acostumbraba a llamar sus "señores", sirviéndoles de verdad (1932) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Monumento a Santa Ángela de la Cruz, en Las Cabezas de San Juan (Sevilla).
   El Monumento a Santa Ángela de la Cruz, se encuentra en la calle Salvador Allende, 1; en Las Cabezas de San Juan (Sevilla).
     Se halla en el punto más alto de la población, en el centro del casco antiguo donde es muy complicado hallar aparcamiento. Lo recomendable es dejar el coche en la avenida Ancha o cercanías y subir andando pues la distancia es corta.
     La estatua, de cuerpo entero, corresponde a la tipología clásica con la que se realizaron múltiples estatuas en memoria de esta santa en el año 2003. Por ello se la ha reproducido en posición de enseñar la fe y no en posición de ayudar a los enfermos, como la caracterizaba. En esta zona andaluza se aprecia mucho la labor de esta orden femenina que se dedicaba, inicialmente, a ayudar a los enfermos y ahora está más volcada en los comedores de beneficencia. Se la representa con el crucifijo en la mano derecha y el devocionario en la izquierda.
     La estatua, sobre un pedestal de ladrillo con una placa, corresponde al momento en que fue canonizada, que desencadenó multitud de estatuas en su memoria. Se halla delante de la iglesia parroquial, a la que da la espalda y mirando hacia el convento local de esta orden que fundó.
Conozcamos mejor la vida y obra de Santa Ángela de la Cruz, virgen;
     "Cuando pregunten quiénes son las Hermanas de la Cruz, se debe contestar, sin que se expongan a equivocarse: esta comunidad es una comunidad de muertas". Contundente frase para una comunidad muy viva, la que el día 2 de agosto de 1875, festividad de Nuestra Señora de los Ángeles, nacía de forma oficial en un cuarto con derecho a cocina de la casa número 13 de la calle San Luis: la Compañía de las Hermanas de la Cruz.
     Ángela Guerrero González, sor Ángela de la Cruz, nació el 30 de enero de 1846 en Sevilla en una familia sencilla. Sus padres, Francisco Guerrero y Josefa González, tuvieron catorce hijos, pero solo seis llegaron a mayores de edad, un ejemplo del alto índice de mortalidad infantil que afectó a la Sevilla del siglo XIX. A los tres días de su nacimiento, fue bautizada en la parroquia de Santa Lucía, iglesia gótica-mudéjar expropiada por la Revolución del 68 y que hoy subsiste como sede de la Agencia Andaluza del Flamenco. Sus padres trabajaban en el cercano monasterio de la Santísima Trinidad como cocinero del convento y la madre lavando y cosiendo las ropas de los frailes. Cuentan que de su madre, a la que llamarían las Hermanas de la Cruz la "Abuelita" por ser la madre de la fundadora, aprendió Angelita Guerrero su religiosidad y el amor exagerado a la limpieza, tan distintivos de la Compañía.            Desde muy pequeña, frecuentaba la parroquia de Santa Lucía y el lugar preferido de sus plegarias era el altar de la Virgen de la Salud, que hoy preside la capilla donde se venera su cuerpo incorrupto. Su formación inicial fue escasa, algo habitual entre las niñas de su tiempo. Sus primeros estudios los realiza en lo que entonces se conocía como una miguilla, pequeña escuela donde aprendería a leer, escribir, y algunas reglas básicas. Pronto empezaría a trabajar, con doce o trece años entró en el taller de calzado Maldonado, en la entonces llamada calle del Huevo, hoy Feijoo. En poco tiempo alcanzaría el nivel de oficiala de primera clase. Junto al aprendizaje en el taller, su infancia y juventud estuvieron marcadas por su intensa vida de oración y sus severas penitencias: desde su descanso en una tabla, a su cilicio como escapulario o sus frecuentes ayunos.
     De 1862 a 1865, Ángela reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita. En 1865 sufrió la epidemia de cólera que afectó a la ciudad, trabajando día y noche para ayudar a hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria en la Sevilla de los corrales de vecinos. Ese mismo año puso en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de "meterse a monja" El padre Torres era conocido como el santero de Sevilla por su fama de santidad y por la altura espiritual de sus dirigidas, entre las que se encontraban sor Bárbara de Santo Domingo, dominica de Madre de Dios, y sor María Florencia Trinidad, Madre Sacramento, monja mercedaria de San José. El padre Torres fue consultor del Concilio Vaticano I y canónigo de la Catedral de Sevilla, siendo conocido por su vida austera y penitente. Ángela quiso entrar en el convento de las Teresas del barrio de Santa Cruz de Sevilla, aunque las carmelitas no la admitieron por temor a que su menuda constitución física no pudiera soportar la dureza de la vida en el convento.
     Después ingresaría  en las Hermanas de la Caridad. Llegó a vestir el hábito, pero hubo de salir del convento al enfermar. Sufrió vómitos continuos que le impedían retener los alimentos y fuertes dolores de estómago. Para su cura la enviaron a Cuenca y a Valencia, pero fue inútil. Volvió a Sevilla, a la Casa Cuna, pero tuvo que abandonar por el resentimiento de su salud.
     En 1871 redacta un escrito, a modo de votos, donde se compromete a vivir según el Evangelio. "Seré monja en el mundo", fue la idea que Ángela llevaría a cabo el resto de su vida. Cada año renueva sus votos y el día de la Inmaculada de 1873, con licencia del padre Torres, formuló sus votos perpetuos. En esas fechas recibe la autorización para usar un nuevo apellido que le acompañará para siempre: de la Cruz. Su idea de comunidad y de vida se plasma en "hacerse pobre con los pobres", recibiendo la indicación del padre Torres de recopilar sus pensamientos por escrito. Comienzan aquí sus primeros textos, cargados de misticismo, de esquemas organizativos para la futura compañía y hasta de faltas de ortografía. Imagina el ajuar, las comidas, horarios, visitas a los enfermos... con un rigor que llegará a suavizar el mismo padre Torres. 
      Tres serán sus primeras compañeras en el origen de la congregación. Josefa de la Peña, una terciaria franciscana con cierto nivel económico, que había decidido dar el paso de dedicar su vida a los pobres; Juana María Castro y Juana Magadán, dos jóvenes de origen más humilde. Con el dinero de Josefa Peña consiguen alquilar su primera casa: un cuartito en la casa número 13 de la calle San Luis, y desde allí organizan su servicio de asistencia a los necesitados a lo largo del día y de la noche. Pronto se corre la voz de que unas monjas de la calle San Luis socorren a la gente y se ven muy solicitadas, tanto que duplican las rondas de petición de limosnas para atender a todos los que llaman a sus puertas. Poco después se trasladan al número 8 de la calle Hombre de Piedra, en las cercanías de la Alameda de Hércules, y comienzan a adquirir fama en los ambientes religiosos de la ciudad. Estrenan hábito y, a pesar de su juventud, las compañeras comienzan a llamar "madre" a Ángela. Compaginan su atención a los pobres con duras penitencias y mortificaciones, y a finales de 1876 consiguen la admisión y bendición del cardenal Spínola. En diciembre el cardenal las autorizó a vestir los hábitos, que el padre Torres bendijo el día de Navidad. De esa fecha es la primera foto de sor Ángela. Tenía 29 años. Acuden las vocaciones a la casa de Hombre de Piedra y pronto son ya doce monjas las que forman la comunidad. Consiguen en esta época las hermanas sus tarimas para dormir. Hubo críticas a la exageración sus penitencias y sus caridades. Sería el padre Torres el que zanjaría la cuestión: "Quiten el rigor a las Hermanas de la Cruz y serán todo menos Hermanas de la Cruz". En el mismo año 1876 se declaró una epidemia de viruela en Sevilla, ello hizo que las Hermanas de la Cruz intensificaron sus esfuerzos de ayuda a pobres y enfermos, causando su labor gran admiración en todos los estamentos de la ciudad. 
     Su método de trabajo es siempre el mismo, acuden por parejas a casa de los enfermos que las necesitan, mientras una atiende al paciente sentada a su lado, la segunda realiza las actividades del hogar.
      En mayo de ese año las hermanas consiguieron tener el oratorio en su casa, una donación del marqués de Casa León en la calle Lerena. El día 1 de junio de 1876 ofició la primera misa en el nuevo oratorio el obispo de Ávila. Ese mismo día, el entonces obispo auxiliar de Sevilla, don Manuel González, celebró un pontifical en San Martín con homilía del padre Torres Padilla. Al finalizar el acto, en procesión bajo palio, la Custodia llegó al convento de las Hermanas de la Cruz. Esta fue la presentación oficial en Sevilla del Instituto, que aún no había cumplido un año de vida y ya realizaba una fecunda labor: piden limosnas, visitan enfermos, dan clase a cincuenta niñas y atienden una escuela nocturna para obreros.
     En 1877, estando en la calle Lerena, realizarán su primera fundación en el exterior, en la localidad de Utrera. Comenzaba también el internado de niñas huérfanas como nueva vía de atención a los necesitados.
      En una casas alquilada de la calle Hiniesta abrieron un colegio de niñas internas y externas. En 1878 murió el padre Torres Padilla y le sustituye al frente de la Compañía el padre José Álvarez. Ese mismo año fundaban en Ayamonte y en 1880 en Carmona. Para unificar internado, el convento y el colegio consiguieron comprar una casa del marqués de Villavelviestre en el número 12 de la calle Cervantes, con ayudas del arzobispo y de diversas aportaciones como las de los marqueses de Casa León, los Ortiz Urruela y el padre Álvarez, que vendió su propio patrimonio. Tras una dirección transitoria por el cardenal Spínola, su último director sería José Rodríguez Soto, capellán real de San Fernando y del Palacio de San Telmo.
     La compañía crecía sin límites, aconsejando la humedad de la casa de la calle Cervantes la búsqueda de una nueva sede. La ocasión se presentó con la venta de la casas del marqués de San Gil, que vendía su casa palaciega de la calle Alcázares. Era grande, espaciosa y de aspecto relativamente modesto, como defendía sor Ángela. El cardenal contribuyó económicamente y también numerosos bienhechores. Será la casa madre que llegue a nuestros días en la calle hoy titulada en honor a la santa. Una casa espaciosa, estructurada en torno a un patio central con columnas y que apenas da signos de suntuosidad, ni al exterior ni al interior. Una casa que, en la actualidad acoge la pequeña capilla con los restos de sor Ángela a los pies de la pequeña Virgen de la Salud, en un discreto retablo barroco con decoración de hojarascas doradas. Apenas unos cuadros  de advocación mariana (La Inmaculada o la Virgen con el Niño) y unas sencillas yeserías completan la decoración. Su visita en la actualidad, junto al tránsito incesante de devotos que suele tener, muestra la vinculación de la casa con las hermandades sevillanas que transitan por la puerta ya que la zona de acceso está poblada de retablos cerámicos como el dedicado  a la Macarena, la Amargura o la hermandad de los gitanos.
     Tras la compra de su casa, la Compañía de las Hermanas de la Cruz continuó su labor a favor de los más necesitados. En 1894 sor Ángela visitó Roma como peregrina acompañada por una religiosa, hermana Adelaida, que sanó por un milagro de fray Diego José de Cádiz. En Roma, sor Ángela se entrevistó con el papa León XIII, que concedió el decreto inicial para la aprobación de la compañía, que firmaría el papa Pío X el 25 de junio de 1904.
   Desde ese momento, la Congregación conocería un reguero de fundaciones que no parece tener límites: 1905, Fundación de la casa filial de Zalamea de la Serena (Badajoz); 1909, Sanlúcar de Barrameda (Cádiz); 1910, Huelva; 1911, Peñaflor (Sevilla); 1913, Escacena del Campo (Huelva); 1920, Fundación de la filial de Montellano (Sevilla); 1923, Torreperogil (Jaén); 1924, Écija (Sevilla); 1925, Ronda (Málaga); 1926, Estepa (Sevilla); 1928, Madrid. Éste último año, a pesar de ser reelegida superiora por la comunidad, sor Ángela debe ceder el puesto, con su habitual humildad a sor Gloria, tras las recomendaciones del propio cardenal por la avanzada edad de la madre. Sus último años, ya relevada de su cargo, los pasó sor Ángela mimada escribiendo cartas a las hermanas de otras fundaciones. El día 7 de junio de 1931 sufrió una embolia cerebral. El día 28 de ese mes perdió el habla definitivamente. Sus últimas palabras insistieron en sus ideas de abandono de las glorias y la vanidad terrena: "No ser, no querer ser, pisotear el yo, enterrarlo si fuera posible...". Falleció en olor de santidad el 2 de marzo de 1932 y a los dos días el Ayuntamiento republicano de la ciudad de Sevilla, presidido por el alcalde don José González Fernández de Labandera, decidió por unanimidad que constase en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte de la religiosa. También decidió que se rotulase con su nombre la entonces llamada calla Alcázares, donde continúa el convento, pasando el nombre de la calle a una perpendicular que se une con la Plaza de la Encarnación. Una decisión llamativa de un ayuntamiento que gobernó en unos años marcadamente anticlericales, en los que fue frecuente la retirada de nombres y símbolos religiosos, cuando no el ataque directo a la Iglesia.
   Desde entonces las hermanas de la Cruz siguen siendo fieles al espíritu de sus Constituciones, aprobadas en 1908, donde se expresa que "El fin especial o distintivo de esta Congregación, es promover con la divina gracia la salvación de las almas entre los pobres, a quienes las Hermanas considerarán y amarán como a sus amos y señores. Por ganar sus almas aplicarán su vida apostólica a la visita diaria de enfermos necesitados a domicilio, asistiéndolos en sus necesidades espirituales y materiales. Y también, a la gratuita y cristiana educación de niñas pobres, en internados de huérfanas y en escuelas diurnas y nocturnas. Y con el lenguaje mudo del ejemplo llevando una vida voluntariamente pobre y austera, en la realización de sus apostolados de caridad".
     El 5 de noviembre de 1982, en una solemne misa pontifical que se celebró en el altar instalado en los terrenos del campo de la Feria, el papa Juan Pablo II beatificó a sor Ángela de la Cruz. El 20 de diciembre de 2002, la Iglesia reconoció oficialmente su santidad, al aprobar el milagro que le había sido atribuido, la curación, científicamente inexplicado, de un niño que sufría una obstrucción de la arteria central de la retina del ojo derecho y que recuperó repentinamente la visión. El día 4 de mayo de 2003 la fundadora de las hermanas de la Cruz sería canonizada por Juan Pablo II en Madrid, con el nombre de Santa Ángela de la Cruz.
     El 7 de mayo de 2003, el cuerpo incorrupto de la santa fue trasladado desde la Casa Madre hasta la Catedral de Sevilla, donde presidió los actos en su honor por la canonización. Una gran multitud se concentró a su paso, adornándose los templos y calles del recorrido para la ocasión, recordando estampas de la ciudad propias de siglos pasados.
     El 17 de enero del año 2009, la que fuera madre general de las hermanas de la Cruz desde 1977 a 1998, madre María de la Purísima (1926-1998), fue declarada venerable por el papa Benedicto XVI, siendo beatificada el 18 de septiembre del año 2010 en el Estadio Olímpico de Sevilla, acto presidido por la imagen de la Esperanza Macarena, por su gran vinculación a la congregación.
     Actualmente, la Compañía de la Cruz tiene más de cincuenta conventos, más de 700 hermanas y numerosas novicias que se forman en Sevilla. Los países donde se encuentra asentada la congregación son España, Italia y Argentina. En España en las comunidades autónomas de Andalucía, Extremadura, Canarias, Madrid, Comunidad Valenciana, Castilla y León, Castilla La Mancha y Galicia. Una presencia que se sigue expandiendo como uno de los fenómenos religiosos más importantes de la Sevilla de último siglo y que mantiene viva las palabras de la fundadora: "Nuestro país es la cruz, en la cruz voluntariamente nos hemos establecido y fuera de la cruz somos forasteras" (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
Santa Ángela de la Cruz, en la Historia de la Iglesia de Sevilla
   Santa Ángela de la Cruz, virgen. Nació y murió en Sevilla (1846-1932). En 1875 fundó la Compañía de Hermanas de la Cruz, de tanto arraigo en Sevilla y Andalucía. El 5 de noviembre de 1982 fue beatificada en Sevilla por el papa Juan Pablo II, día en que la Iglesia de Sevilla celebra su fiesta.
     Bajo la dirección espiritual del P. Torres Padilla quedó fundada la Compañía de las Hermanas de la Cruz el 2 de agosto de 1875. En sus inicios la Compañía contaba con cuatro miembros, Ángeles Guerrero (Santa Ángela de la Cruz) y tres profesas más, ubicadas en una habitación de la calle San Luis. El objeto y fin de la Compañía quedaba consagrado en sus constituciones:
     «Una congregación de almas escogidas o llamadas por especial vocación de Dios a consagrarse como víctimas de la más perfecta caridad hacia Dios y hacia sus hermanos los pobres indigentes, enfermos desvalidos y las niñas ignorantes y abandonadas, llevando a los primeros a sus miserables domicilios los auxilios y socorros espirituales y corporales posibles y a las segundas dándoles instrucción moral y religiosa en las escuelas diarias que las Hermanas tendrán en las casas donde estarán congregadas en perfecta comunidad de vidas. Su fin es aspirar a la mayor perfección de vida cristiana posible, contando con los auxilios de la divina gracia por la práctica de todas las virtudes y especialmente la de un ardiente y constante amor a Dios y al prójimo: poniendo todos los medios conducentes por penosos y difíciles que sean para alcanzarlo en el más alto grado de perfección posible. El modelo y ejemplar que han de imitar y seguir constantemente es Jesucristo Crucificado, víctima de una infinita caridad con los hombres, por eso llevan el honroso y Santo nombre de Hermanas de la Cruz.»
     El nacimiento de esta comunidad hay que situarlo en la confluencia de dos personalidades de talla intelectual muy distinta (el P. Torres Padilla era ya una autoridad en el ámbi­to de la teología, mientras que Santa Ángela había sido una humilde zapatera), dispuestas a unir su religiosidad de sacrificio en defensa de los más necesitados. En 1862, con dieciséis años, Ángeles Guerrero, a la vez que se iniciaba como aprendiz en un taller de zapatería de la ciudad, se puso bajo la dirección espiritual del P. Torres Padilla. Durante tres años repartió su vida «entre su casa, el taller, las iglesias donde reza, los hogares pobres que visita». En 1865 decidió ingresar en un convento como hermana lega por carecer de instrucción, además de atraerle los oficios humildes. Aunque la recomendaron para las carmelitas descalzas de Sevilla no fue admitida por considerar las superioras que no soportaría el trabajo de las legas. Antes de la partida de su director espiritual a las sesiones conciliares, ingresó en las Hijas de la Caridad, donde llegó a tomar el hábito. Una enfermedad aconsejó obligarla a dejar el hábito y casa religiosa, no sin antes haber residido en las casas que esta congregación tenía en Cuenca y Valencia en busca de mejoría. Los años que transcurren desde 1870 a 1875, siempre bajo la dirección de su padre espiritual, le permitieron perfilar cual debía ser, a su juicio, la pauta de comportamiento de su vida: monjas al servicio de los pobres, siendo «pobres con los pobres», penitencia, oración, caridad... algo difícil de observar para sus futuras compañeras y continuadoras de su obra.
     José María Javierre ha detallado cómo durante el verano de 1875 el P. Torres aconse­jó a Ángeles Guerrero que dejase el taller en el que venía trabajando sin interrupción (salvo el breve espacio de tiempo en que estuvo en las Hijas de la Caridad) y preparase el sis­tema de vida, horario y vivienda primera de la nueva congregación. Por compañeras tendría a Josefa de la Peña (sor Josefa, terciaria franciscana, quien vende sus bienes y los pone al servicio de la comunidad); Juana María Castro (sor Sacramento) y Juana Magadán (sor Juana). Su primer convento, alquilado, consistió en un cuartito con derecho a cocina en el número 13 de la calle San Luis. El menaje se reducía a media docena de sillas, un arca como ropero, un crucifijo pequeño y una estampa de la Virgen de los Dolores en la pared; en el suelo, cuatro esterillas les servirían de cama. El día de Nuestra Señora de los Ángeles, 2 de agosto de 1875, inauguraron oficialmente el «convento».
     En 1876 las estrecheces de la vivienda les obligó a buscar una casa de mayores dimensiones; resuelto con donativos el tema económico, pudieron alquilar el número 8 de la calle Hombre de Piedra. Firmado el contrato, el P. Torres Padilla llevó a sor Angela a que presentase sus respetos al párroco, Marcelo Spínola. A la pequeña comunidad se le había unido un miembro más.
     El cardenal de la Lastra quiso que para finales de 1876 las hermanas vistiesen hábito, lo que significaba la confirmación externa de su consagración interior. La vestimenta ideada por Santa Ángela era a la vez sencilla, pobre y austera: túnica de bayeta parda del color natural de la lana, escapulario de la misma tela, cordón franciscano a la cintura, toca blanca, calzada de alpargatas y, como complemento, manto negro que las cubre por completo. La austeridad era la norma en el vestir, en el vivir y en el comer, cuestión esta última que hubo que retocar.
     La comunidad creció por momentos. En la primavera de 1876 se elevaron a doce el número de hermanas. Ese mismo año el cardenal admite y bendice la institución; el gobernador civil, a tenor de lo dispuesto en la ley de asociaciones, dio de alta a la comunidad. El mismo año la Santa Sede autorizaba la misa y sagrario en la capilla del convento de las Hermanas de la Cruz, y en todas las casas que se abrieran en el futuro. En mayo se trasladaron a la calle Lerena, esquina a la plaza de San Martín.
     En 1877 las circunstancias les obligaron a abrir un internado para las niñas que quedaran huérfanas de los enfermos asistidos por las Hermanas. Esta obra asistencial no esta­ba prevista en el proyecto, pero rápidamente se dispusieron a ejecutarla. Por esas fechas comenzaba su expansión. El 16 de julio de 1877, por iniciativa del marqués de Casa Ulloa, se abría la casa de Utrera (José Leonardo Ruiz Sánchez y Leandro Álvarez Rey, Sevilla Contemporánea, en Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Ángela de la Cruz, fundadora de la Orden de las Hermanas de la Cruz;
     Ángeles Guerrero González, Santa Ángela de la Cruz (Sevilla, 30 de enero de 1846 – 2 de marzo de 1932). Fundadora de la Compañía de la Cruz.
     Nació en los arrabales de la Trinidad de Sevilla, el 30 de enero de 1846, siendo el penúltimo miembro de una familia humilde de catorce hermanos. Su padre, Francisco Guerrero, era cardador de lana, y su madre, Josefa González, era costurera; para apuntalar la economía doméstica de esa amplia familia, prestaban algunos servicios en el cercano convento de los trinitarios.
     Poco tiempo pudo asistir a la escuela ya que con doce años fue admitida como aprendiz en el taller de calzado de Antonia Maldonado, llegando a ser destacada oficial de un negocio que contaba con una buena clientela proveniente de la alta burguesía terrateniente y de la nobleza que animaba la ciudad girando en torno a la pequeña corte de los Montpensier-Borbón instalados en el palacio de San Telmo.
     Durante doce años María de los Ángeles —Angelita, como siempre la llamaron los suyos— colaboró con su sueldo al sostenimiento de la familia, no pudiendo adquirir más formación pero desarrollando una gran sensibilidad para los pobres que veía a su alrededor en la periferia de la gran ciudad, encauzando esos sentimientos el padre Torres, canónigo de la catedral y hombre muy apreciado, el cual la ayudó decididamente en sus deseos de hacerse monja.
     Intentó ingresar en el Carmelo y en las Hijas de la Caridad, pero su cuerpo frágil y menudo no inspiró confianza en unas instituciones donde se miraba también la apariencia física como garantía de poder seguir la regla con normalidad. No desistió en su intento religioso al tiempo que maduraba la idea de fundar una congregación donde el objetivo fuera acoger, atender y entregarse a los pobres mediante el testimonio cotidiano que dieran unas mujeres que, por amor a Cristo, sirviesen a los necesitados, haciéndose pobres como ellos, porque sólo siendo como el otro y estando junto a él comprenderían su sufrimiento. Y esa tarea recomendará a las hermanas que la hagan siempre en silencio que es el mejor camino para que hable y actúe Dios. El 8 de agosto de 1875 nació oficialmente la congregación de la Compañía de la Cruz, que aprobó canónicamente Roma en 1908.
     Poco a poco, en Andalucía y Extremadura, empezaron a conocer a las hermanas de la Cruz, a respetarlas y admirarlas, porque en ellas veían el ideal de la caridad evangélica; también llegaron a Madrid y más lejos. Sor Ángela tuvo la dicha de ver crecer su obra y alentarla. Después de una larga agonía, que tuvo en vilo a la ciudad, murió el 2 de marzo de 1932; en sesión extraordinaria el Ayuntamiento republicano y anticlerical aprobó por unanimidad que la calle de Los Alcázares pasase a llamarse de Sor Ángela de la Cruz. Sevilla entera se conmovió como pocas veces demostrando cómo la querían como mujer y cómo la veneraban como santa. Fue beatificada en Sevilla por Juan Pablo II, el 5 de noviembre de 1982, y canonizada por el mismo Pontífice en Madrid, el 4 de mayo de 2003 (Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, OSA, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Procesiones de hoy, sábado 5 de noviembre

     Por Amor al Arte
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     Hoy, sábado 5 de noviembre, continúa el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando las hermandades del Carmen de San Leandro (Cristo de la Bondad):

     Hdad. del Carmen de San Leandro (Cristo de la Bondad): La Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de la Bondad, Nuestra Señora del Carmen y San Leandro; es ésta una corporación fundada en 1961, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Leandro, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Bondad, obra de Ángel Rengel en 1995, y Nuestra Señora del Carmen, obra de Francisco Buiza en 1962.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Carmen de San Leandro: www.carmendesanleandro.blogspot.com

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Un paseo por la calle Beatriz de Suabia

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 5 de noviembre, es el aniversario del fallecimiento (5 de noviembre de 1235) de Beatriz de Suabia, Reina de Castilla, a quien está dedicada esta calle, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la calle Beatriz de Suabia, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Beatriz de Suabia es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en los Barrios de Ciudad Jardín, La Buhaira, y Nervión, en el Distrito Nervión; y va de la calle Luis Montoto, a la avenida de Eduardo Dato.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Se rotula en 1949, cuando su propietario la cede al Ayuntamiento, en homenaje a Beatriz de Suabia (+ 1235), esposa de Fernando III, con quien se casó en 1220. En el plan original de urbanización del barrio de Nervión de principios del siglo, esta calle es concebida como uno de sus ejes vertebradores en dirección norte-sur y con un trazado paralelo al que hoy ofrece Marqués de Nervión: un largo tramo rectilíneo desde Luis Montoto a Juan de Padilla, punto en el que formaba un ángulo abierto y venía confluir transversalmente a Ramón y Cajal. La calle fue abierta, ateniéndose al plan diseñado, hasta Juan de Padilla, y en los años veinte se inició la edificación de algunas de las manzanas de su acera par con villas de dos y tres plantas con una pequeña zona ajardinada, tipología residencial que se repite en todo el barrio. A comienzos de los sesenta se ha edificado la mayor parte de las manzanas hasta dicho punto, aunque algunas permanecen sin urbanizar y conservan construcciones rurales; a partir de Juan de Padilla los terrenos continúan formando parte de las tierras de labor del Cortijo del Maestre Escuela. Cuando en las últimas décadas se procede a la urbanización de la extensa parcela comprendida entre Juan de Padilla, Marqués de Nervión y Ciudad Jardín, se hará con una tipología edificatoria muy diferente, con predominio de altos bloques exentos y sin respetarse el trazado original. En consecuencia, Beatriz de Suabia describe un largo y rectilíneo trazado hasta Juan de Padilla, presenta un tramo mal definido entre Juan de Padilla y Fernández de Ribera, describiendo un ángulo a la altura del mercado de abastos allí instalado de forma provisional en l973, y finaliza en Ramón y Cajal. Está atravesada por Rico Cejudo, Alejandro Collantes, Padre Coloma, Eduardo Dato, Juan de Juanes, Cean Bermú­dez, Juan de Padilla y Fernández de Ribera, y confluye por la acera de la derecha San Rafael. La calle se inicia con una escalera con cuatro peldaños (actualmente una rampa), marcando así un desnivel de un metro con Luis Montoto que impide la circulación rodada entre ambas vías; posee calzada de asfalto, aceras de losetas de cemento con árboles en alcor­ques, y farolas de distintas características según tramos: de fundición adosadas a las fachadas, de fundición sobre el acerado, y más modernas tipo báculo.
     Hasta Eduardo Dato, y en menor medida hasta Ceán Bermúdez, se conserva una parte de la edificación originaria y característica del llamado Nervión antiguo, de viviendas unifamiliares tipo chalet, en desigual estado de conservación, que va desde el abandono hasta la reconstrucción; pero también se ha producido su sustitución por bloques entre medianeras de cuatro y cinco plantas. A partir de Eduardo Dato las sustituciones están más generalizadas y alcanzan mayor altura (seis y siete plantas). Al final de la calle se encuentran bloques de viviendas de ocho y nueve plantas y varios edificios de uso no residencial: el colegio de prácticas anejo a la Escuela de Magisterio, un lateral del Ambulatorio del Servicio Andaluz de Salud, con entrada por Juan de Padilla, el mercado de abastos Las Palmerita y el instituto de formación profesional Beatriz de Suabia. La calle posee una diversificada funcionalidad, ya que a la residencial, que era la la originaria, se han venido a sumar, en la medida en que la zona se ha ido poblando, otras actividades y usos, pues junio a los ya mencionados, en el resto de la calle se localizan comercios y negocios de carácter diverso; en el núm. 57 se ubica la sede de la Iglesia Evangélica Baptista. En cambio registra escaso tráfico rodado, por las características de su trazado y al ser más rápidas las vías paralelas a ella [Alida Carloni Franca, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Conozcamos mejor la Biografía de Juan José García de Vinuesa, a quien está dedicada esta vía
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     Beatriz de Suabia. (?, 1198 – Toro, Zamora, 5 de noviembre de 1235). Reina de Castilla, primera esposa de Fernando III y madre de Alfonso X el Sabio.
     Acabadas las perturbaciones que la sucesión de Enrique I había provocado en el reino castellano, y asentado en el trono Fernando III, la cuestión más importante era el matrimonio del joven rey, que estaba ya próximo a los dieciocho años. Para evitar la posibilidad de un matrimonio nulo por razones de parentesco, de tan triste experiencia en el caso de sus padres, era preciso desechar las princesas hispanas, así como las de Inglaterra y Francia.
     El nombre que atrajo la atención desde un principio fue el de la princesa alemana Beatriz, hija de Felipe de Suabia, emperador de Alemania entre 1198 y 1208, y de su esposa, la bizantina Irene; el padre de Beatriz era hermano del emperador alemán Enrique VI (1190-1197) y ambos, hijos de Federico I Barbarroja; su madre, la bizantina Irene, era hija del emperador de Bizancio Isaac Ángel (1185-1204) y de su esposa, Margarita, hija del rey Bela de Hungría.
     Así, Beatriz descendía por su padre y por su madre de los dos grandes imperios del medievo: del Sacro Imperio Germánico y del imperio bizantino.
     La adolescencia de Beatriz en Alemania había sido muy agitada, pues su padre, el emperador Felipe, había tenido que luchar todo el tiempo de su imperio con otro emperador rival, Otón IV, para morir finalmente asesinado en 1208. Muerto Felipe, su rival tomó bajo su protección a Beatriz, e incluso prometió casarse con ella, pero fue derrotado y expulsado del trono en 1214 por Federico II, hijo del emperador Enrique VI y sobrino de Felipe de Suabia, quedando así Beatriz bajo la guarda de su primo el emperador Federico II.
     Resuelta la elección de esposa a favor de Beatriz, la reina Berenguela envió una primera embajada al imperio alemán para proponer el matrimonio; logrado el asentimiento, a mediados de 1219 partía en busca de la novia otra embajada más solemne presidida por el obispo de Burgos, Mauricio, e integrada por los abades de San Pedro de Arlanza y Santa María de Rioseco, por el camerario de San Zoilo de Carrión, por el maestre de la Orden de Santiago y por el prior de la Orden de San Juan en España, cuya misión era negociar los detalles del acuerdo matrimonial. 
   Tras casi cuatro meses de estancia en la corte de Suabia, comenzado el otoño, Federico II, ya electo emperador, hizo entrega de la novia a los embajadores, que pasando por París, donde visitaron a la hermana de Berenguela, la reina Blanca. Cuando llegaron al reino de Castilla, salió la reina Berenguela hasta Vitoria al encuentro de Beatriz. En Burgos estaba esperando Fernando con los magnates, los obispos y los procuradores de las ciudades del reino, que acogieron a la novia con muestras de júbilo. La impresión que causó la joven con sus veintiún años entre los burgaleses es descrita por los cronistas como la de una doncella nobilísima, muy sabia, pudorosa, de honestas costumbres, prudente y dulcísima, primera impresión que se confirmaría y acrecentaría durante los dieciséis años de su reinado. Por fin, el 30 de noviembre, día de san Andrés, en la catedral de Burgos, oficiando el obispo Mauricio, se celebraba la boda de Fernando y Beatriz; el novio tenía dieciocho años y la novia, veintiuno.
     Con ocasión de sus bodas y para rodear a éstas de la máxima solemnidad, el rey Fernando, quiso celebrar en Burgos una reunión extraordinaria de la curia regia o asamblea del reino compuesta por los magnates, los caballeros principales, los prelados y los abades más importantes y los procuradores de las ciudades; es decir, lo más granado del reino de Castilla, con una concurrencia tan numerosa que jamás se había visto otra igual en la ciudad de Burgos. Los contrayentes celebraron su luna de miel en Burgos durante todo el mes de diciembre, y hasta el día de Reyes de 1220 no se les localiza ya en Valladolid.
     A partir del día de su boda, la reina Beatriz acompañará casi continuamente a su marido, salvo en las campañas militares. Lo mismo que Berenguela venía haciendo ya, ahora las dos juntas solían salir a recibir al hijo y esposo al regreso de esas campañas; sus lugares de residencia preferidos eran Burgos, Valladolid y Toledo; su lugar favorito fue el mismo que el de Berenguela: las Huelgas Reales de Burgos, en el camino de Santiago por donde llegaban todas las novedades culturales de Europa. Por lo que se sabe de sus estancias y desplazamientos siempre se encuentra a Beatriz al lado de Berenguela. El entendimiento entre ambas parece que fue algo no habitual; en las pocas actuaciones políticas que se conocen siempre actuaron las dos de acuerdo cerca de su hijo y marido, logrando con su valimiento la concordia y el perdón entre el rey y algún noble levantisco, como fueron los casos de Lope Díaz de Haro y Álvar Pérez de Castro.
     Beatriz coincidía con su esposo y con Berenguela en una profunda religiosidad y en una especial devoción a la Virgen; según cuenta su hijo Alfonso X en una de las Cántigas en honor de Santa María, habiendo enfermado la reina Beatriz en Cuenca (1226) y una vez que los médicos habían desesperado de curarla, se hizo traer una imagen de Santa María, poniendo en ella todas sus esperanzas de salud.
     El matrimonio de Fernando y Beatriz aparece en la historia como una unión feliz, no manchada por ninguna infidelidad; el matrimonio duró dieciséis años y sólo tuvo su fin con la muerte de doña Beatriz el 5 de noviembre de 1235, cuando sólo tenía treinta y seis o treinta y siete años de edad. Fruto de esos dieciséis años de vida conyugal fueron, según Rodrigo Jiménez de Rada, un total de nueve hijos: siete varones y dos mujeres, nacidos por este orden: Alfonso, primogénito y sucesor de Fernando III (Toledo, 23 de noviembre de 1221), Fadrique (ante 13 de septiembre de 1223), Fernando (ante 25 de marzo de 1225), Leonor (¿1226?), Berenguela (¿1228?), Enrique (ante 10 de marzo de 1230), Felipe (ante 5 de diciembre de 1231), Sancho (¿1233?) y Manuel (1234). Lucas de Tuy añade una tercera hija a la que asigna el nombre de María y de la que dice que murió puellula, esto es, niñita, pocos días antes que su madre, y fue enterrada en San Isidoro de León; pero, al ser ignorada por el arzobispo de Toledo, se supone que falleció poco después de nacer ese mismo año 1235, el de la muerte de su madre.
     Es posible que una maternidad tan reiterada hubiera debilitado la naturaleza de la reina Beatriz; el caso es que, sin una enfermedad prolongada que preludiase un fatal desenlace, pues sólo contaba con treinta y siete años de edad, el 5 de noviembre 1235 vino a fallecer en Toro, cuando viajaba acompañando a su marido, como era habitual en ella. El itinerario regio nos muestra a Fernando III del 24 al 28 de octubre en Ponferrada; el 3 de noviembre el rey se encontraba en Villalobos, a tan sólo cincuenta kilómetros de Toro. Era el viaje de la muerte para la reina, que probablemente llegó a Toro el día 4 de noviembre, víspera de su óbito.
     La reina Beatriz dejaba tras de sí ocho huérfanos entre los catorce y un año de edad; la falta de una madre en tan tierna edad no dejaría de influir desfavorablemente en la educación de los huérfanos y posiblemente se reflejó en las posteriores disensiones fraternas.
     El cadáver de la reina fue trasladado al monasterio de las Huelgas Reales de Burgos y sepultado con honores muy cerca del rey Enrique. Cuarenta años más tarde, su cuerpo fue trasladado por su hijo a la catedral de Sevilla, donde reposa al lado del rey Fernando, con el que compartió su vida (Gonzalo Martínez Díez, SI, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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viernes, 4 de noviembre de 2022

La Torre del Bollo, en El Palmar de Troya (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Inscrito desde 1985 como Bien de Interés Cultural, la torre se encuentra emplazada sobre un cerro de 159 metros de altura que presenta en la cima una zona amesetada, donde se ubican los restos de la torre. Cuenta con gran visibilidad del entorno, pudiéndose observar la torre del Águila, al noroeste, y la torre de Lopera, al sudeste.
     La torre es un edificio de planta cuadrada construido con sillares de gran tamaño. Cuenta con dos pisos, el inferior abovedado, accediéndose al piso superior por una escalera. En torno a la torre se conservan unos muros de espesor variable (entre 0.6 cm - 1 m), un posible muro de contención o redil para el ganado que, como en otras torres (caso de Lopera y el Águila), se resguardaría en torno al edificio.
     La torre, de construcción bajomedieval, formaría parte del cinturón defensivo y de vigilancia respecto al reino nazarita de Granada (Turismo de la provincia de Sevilla).
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     Con ExplicArte Sevilla podrás hacer la ruta que desees por Sevilla, siempre adaptándonos a tu tiempo y a tus necesidades. Hay multitud de ellas, y desde aquí te proponemos algunas de ellas, en las que ponemos el acento en el aspecto artístico:


     Ruta Sevilla Imprescindible: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los monumentos y barrios más típicos de Sevilla: Plaza de España, Plaza de Toros, Torre del Oro, Catedral, Giralda, Barrio de Santa Cruz, Reales Alcázares, Ayuntamiento, ...

     Ruta Sevilla Prehistórica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas a la Prehistoria el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad.

     Ruta Sevilla Prerromana - Ispal: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas al mundo prerromano el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad con especial atención al mundo de Tartessos y a los demás pueblos que se asentaron en la zona.

     Ruta Sevilla Romana - Hispalis: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que podemos encontrar del paso de la cultura romana por la actual ciudad, como los Monolitos de la calle Mármoles, las Columnas de la Alameda de Hércules, restos del Acueducto ("Caños de Carmona"), restos de las Murallas, el Antiquarium, y la obligada visita al Museo Arqueológico. Incluso podremos visitar el cercano enclave arqueológico de la ciudad romana de Itálica en el pueblo de Santiponce.

     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

     Ruta Sevilla Judía: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la huella judía en la Sevilla de hoy: las antiguas sinagogas y los barrios judíos de Santa Cruz o de San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

     Ruta Sevilla Gótica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
     Ruta Sevilla Barroca: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 

     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde Explicarte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Romántica: Desde Explicarte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.

     Ruta Sevilla Modernista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.

     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.

     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.

     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).

     Ruta Sevilla, Ciudad de Ópera: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia de Sevilla en la historia del Bel Canto, puesto que está presente en más de 100 óperas. Podemos elegir varias rutas relacionadas con la Ópera y Sevilla: Sevilla escenario de Ópera A, Sevilla escenario de Ópera B, El Mito de Carmen, El Mito de Don Juan, y El Mito de Fígaro.

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La placa conmemorativa a Rafael Laffón, en el edificio de la calle Cardenal Spínola, 20

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la placa conmemorativa a Rafael Laffón, en la fachada del edificio de la calle Cardenal Spínola, 20; de Sevilla.
     Hoy, 4 de noviembre, es el aniversario del fallecimiento (4 de noviembre de 1978) de Rafael Laffón, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la placa conmemorativa a Rafael Laffón, en la fachada del edificio de la calle Cardenal Spínola, 20; de Sevilla
     La calle Cardenal Spínola es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de la plaza de la Gavidia con la calle Baños, a la plaza de San Lorenzo.
     En el número 20 de la calle Cardenal Spínola podemos contemplar una placa que fue dedicada por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras para conmemorar el fallecimiento del poeta Rafael Laffón, en ese mismo edificio.
     Lapida de mármol atornillada con la siguiente inscripción: 
"EN ESTA CASA MURIÓ
EL DÍA
4 DE NOVIEMBRE DE 1978
EL POETA Y ACADÉMICO SEVILLANO
RAFAEL LAFFÓN ZAMBRANO
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS
LETRAS LE DEDICA ESTE RECUERDO".
     Se encuentra dispuesta en la fachada de la que fuera vivienda del escritor, en la calle Cardenal Spínola, una casa señorial del siglo XVIII que se encuentra rehabilitada. Es una vía estrecha y rectilínea que posee calzada de asfalto y aceras de losetas de cemento. Alternan las casas unifamiliares con bloques de pisos. La edificación más representativa es la iglesia y Convento de Santa Rosalía. Cumple una función principalmente residencial, con algunos comercios situados en las plantas bajas.
     Esta lápida corresponde a una iniciativa de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras para conmemorar el fallecimiento del poeta sevillano de la Generación del 27, que murió en este mismo lugar en 1978 (Ayuntamiento de Sevilla).      
Conozcamos mejor la Biografía de Rafael Laffón, personaje a quien está dedicada la placa conmemorativa reseñada;
     Rafael Laffón Zambrano nació en Sevilla en 1895. Su padre, José Manuel Laffón Fernández, fue un tiempo súbdito francés y, por cuestiones sociales y laborales, se nacionalizó español. Fue Director de la Casa de Socorro de Triana. Su madre, Victoria Zambrano, era una típica mujer de la clase media española de la época, religiosa y dedicada plenamente a su familia; decía Rafael de ella que era de una belleza inigualable.
     Estudió en su ciudad derecho y filosofía y letras, licenciándose en la primera. Residió siempre en Sevilla, llevando una existencia retraída y alejada de los vaivenes políticos como funcionario técnico de la administración. Colaboró en numerosas revistas y periódicos españoles e hispanoamericanos y su poesía ha sido traducida a distintos idiomas. Fundó en 1926, en Sevilla, la revista “Mediodía”.
     Su poesía está caracterizada por el intimismo, aunque siempre interesado por la poesía popular, desde 1936 evolucionó hacia las formas tradicionales, cambio especialmente visible a partir de 1944, con dos temas dominantes: el religioso y la exaltación de Sevilla.
     Su primer libro es “Cráter” (1921), algo afín todavía al Modernismo. “El sol desaparecido” (1922-1924), inédito hasta 1997, presenta ya atisbos vanguardistas. “Signo +” (1927) e “Identidad” (1934) son ya plenamente vanguardistas. Tras la Guerra Civil vuelve a las formas clásicas: sonetos, romances, décimas, practicando una especie de impresionismo musical y colorista Obras de este periodo son “Romances y madrigales” (1949), ”Adviento de la angustia! (1948) o “Cantar del Santo Rey” aparecido en 1948. En 1959 consigue el Premio Nacional de Literatura por su antología “La rama ingrata”.
     Su última época se inicia con el libro “Vigilia del jazmín” (1952), cuando práctica una poesía de testimonio personal y existencial, dejando el grácil retoricismo anterior. Esta fase se completa con “La cicatriz y el reino” (1964), “A dos aguas” (1962) y “Sinusoides y puzzle” (1970).
     Durante los diez años siguientes no publicó ningún libro de versos, pero descubre un nuevo tema esencial para su obra: su amor a Sevilla, ciudad que encontraría en él uno de sus fervorosos cantores.
     Rafael Laffón, a diferencia de otros miembros de la Generación del 27 que se vieron forzados al exilio, nunca abandonó su ciudad natal. En su obra había dos pasiones irrenunciables: la poesía y Sevilla. Esa decisión de permanecer acabaría afectando al alcance y reconocimiento de su obra, ya que la obra de Laffón no ha alcanzado ni la difusión ni el reconocimiento que por su importancia merece, a pesar de haber sido una de las figuras más importantes de la poesía sevillana durante cincuenta años, aunque se le considera hoy día como el exponente de la evolución de la poesía española contemporánea.
     En los últimos años de su vida, una trombosis de la que nunca consiguió recuperarse le retuvo en su casa, en la calle Cardenal Spínola, donde recibía a jóvenes escritores que buscaban consejo. Le sorprendió la muerte el 4 de noviembre de 1978 (Poetas Andaluces).
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jueves, 3 de noviembre de 2022

La Hacienda "La Capitana", en Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda "La Capitana", en Los Palacios y Villafranca (Sevilla).  
     La Hacienda "La Capitana", se encuentra en la ctra. Utrera-Los Palacios; en Los Palacios y Villafranca (Sevilla).
     Hacienda de olivar distribuida en torno a tres patios. Cuenta con almazara, granero, vivienda de propietario y de trabajadores, cuadras y noria (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda "La Capitana", en Los Palacios y Villafranca (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Los Palacios y Villafranca (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.