Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 3 de septiembre de 2023

El altorrelieve "San Gregorio Magno", de Cayetano de Acosta, en el Retablo Mayor, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el altorrelieve "San Gregorio Magno", de Cayetano de Acosta, en el Retablo Mayor, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.           
     Hoy, 3 de septiembre, Memoria de San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia, que siendo monje ejerció ya de legado pontificio en Constantinopla, y después, en tal día, fue elegido Romano Pontífice. Resolvió problemas temporales y, como siervo de los siervos, atendió a los valores espirituales, mostrándose como verdadero pastor en el gobierno de la Iglesia, ayudando sobre manera a los más necesitados, fomentando la vida monástica y propagando y reafirmando la fe por doquier, para lo cual escribió muchas y célebres obras sobre temas morales y pastorales. Murió el doce de marzo (604) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].   
   Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el altorrelieve "San Gregorio Magno", de Cayetano de Acosta, en el Retablo Mayor, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.
     La Iglesia Colegial del Divino Salvador [nº 19 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 44 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Salvador, 3 (también tiene acceso por la calle Córdoba, s/n); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
      La Iglesia del Divino Salvador se encuentra presidida por un impresionante retablo mayor, que tiene como tema principal la Transfiguración del Señor.
      Es un retablo con unas medidas de 21'02 x 10'50 x 2'80, realizado por Cayetano de Acosta en estilo rococó entre 1771 y 1779; de planta ligeramente cóncava, estructurado en banco, cuerpo principal de tres calles y ático de gran desarrollo Se eleva sobre un alto zócalo, realizado en jaspe encarnado con incrustaciones de mármol negro, en el que se abren sendos postigos de madera dorada. La mesa de altar se decora con un rico frontal de plata y sobre ella se eleva el doble dispositivo compuesto por Sagrario-Manifestador tan del gusto de Cayetano de Acosta. El Sagrario se estructura a través de columnas salomónicas y de otras de fustes retallados. Presenta una portezuela de plata y está decorado con pequeñas esculturas de San Jerónimo (Evangelio) y San Ambrosio (Epístola). El Manifestador se resuelve con una original composición: se trata de cuatro ángeles atlantes que actúan de soportes del tabernáculo ocupado por una Inmaculada. Este Manifestador se interna dentro del banco, que acoge las cuatro grandes ménsulas sobre las que apean las columnas del cuerpo principal, sostenidas por grupos de tres pequeños ángeles atlantes. Entre estas ménsulas se disponen sendos medallones con relieves que representan a San Gregorio Magno (Evangelio) y San Agustín (Epístola), completándose así el grupo de los cuatro Padres de la Iglesia latina.
   Pasando ya al cuerpo principal del retablo, hay que señalar que está organizado por cuatro columnas corintias estriadas que determinan una calle central y dos laterales de menor anchura. Se ha pensado que la utilización de la columna clásica en lugar del estípite, característico de la fecha y de su autor, se debe al deseo de continuidad visual del orden corintio de los pilares del templo. No obstante, son soportes de una gran inventiva ornamental, decorados con cabezas de querubines entre cintas y guirnaldas colgantes y con tarjetas de rocalla. Delante de estos soportes, sobre ménsulas, se disponen sendas parejas de ángeles que flanquean a otros dos cobijados bajo originales doseletes bulbosos. El grupo situado en el lado del Evangelio está constituido por Jehudiel, San Rafael y un ángel cuyo atributo es un cáliz. En el de la Epístola aparecen un ángel con una naveta, el arcángel Uriel y Seathiel. La calle central está ocupada por una gran repisa volada sostenida por dos ángeles que sirve de soporte a un gran relieve de la Transfiguración del Señor, prescindiendo Cayetano de Acosta en esta obra de la habitual gran hornacina central para escultura de bulto redondo. La escena capta el momento de la Ascensión de Cristo en el monte Tabor, acompañado por Moisés (izquierda) y Elías (derecha) en presencia de San Pedro, San Juan y Santiago. La cornisa se adapta a los entrantes y salientes del conjunto y se adentra con ímpetu en el ático, para adaptarse como un marco a la enorme venera que sirve de respaldo a la escena de la Transfiguración.
     El altorrelieve de San Gregorio Magno, con unas medidas de 80 x 85 x 88 cms., se encuentra inserto dentro de un medallón de perfiles mixtilíneos. Forma pareja con otro de similares características ubicado en el lado de la Epístola del banco y que representa a San Agustín. El santo aparece captado de medio cuerpo, según su iconografía tradicional. Es un hombre joven, tocado con mitra y vestido con túnica blanca y capa pluvial en tonos rojos. Ésta se encuentra dorada, estofada con roleos y en las capilletas aparecen representados santos de vestimenta negra. Eleva su mirada hacia las alturas en búsqueda de inspiración divina para poder redactar sus escritos. Sostiene un libro con su mano izquierda y una pluma con la derecha (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia;
   La biografía de de Gregorio Magno fue escrita en el siglo VIII por Pablo Diácono, y la popularizó Santiago de Vorágine en el siglo XIII, en la Leyenda Dorada. La suya, que repite la de Edipo (se habría casado con su madre), fue narrada en la Edad Media por el poeta alemán Hartmann von Aue, de acuerdo con un modelo francés, y en nuestros días por el novelista alemán Thomas Mann (El elegido).
   Nació en Roma hacia 540 y era hijo de Santa Silvia. Se retiró de la vida mundana después de la muerte de su madre, y transformó el palacio de su familia, sobre el monte Coelius, en un monasterio benedictino, donde profesó y del cual llegó a ser abad. Elegido papa contra su voluntad, en 590, muríó en 604.
   Escribió numerosas obras, las Homilías sobre Ezequiel, el Liber regulae pastoralis o Pastoral, los Libri morales o Moralia (Expositio in librum beati Job), los Diálogos que tuvieron tanto éxito que los griegos, para diferenciar al papa Gregorio de sus numerosos homónimos, lo motejaron el Díalogos. Por último, codificó las oraciones y los cánticos de la misa en el Sacramentario y el Antifonario.
CULTO
   San Gregorio fue enterrado en la Basílica Vaticana. Más tarde, se le dedicó en Roma la basílica de San Gregorio Magno.
   Su cabeza fue transportada por San Gebardo a la abadía de Petershausen, cerca de Constanza.
   En 1831, el papa Gregorio XVI instituyó la orden de San Gregorio Magno. Es patrón de los sabios a causa de su erudición; de los músicos, de los chantres y de los niños de coro a causa del canto gregoriano.
   Se lo invocaba contra la peste que padeció Roma en 590, cuando fue elegido papa, y a la cual habría puesto fin con sus plegarias. También se lo creía curador de la gota.
   Pero su popularidad se debe sobre todo a que le atribuía la virtud de aliviar el sufrimiento de las almas del Purgatorio mediante la plegaria. Dicho culto se basaba en la leyenda del emperador Trajano a quien el santo habría arrancado de las llamas del Purgatorio para recompensarlo por su justicia, y también se debía a la historia de un monje excomulgado a quien habría salvado celebrando treinta misas seguidas. Tal es el origen de la treintena gregoriana para el reposo del alma de los difuntos. Después del concilio de Trento, se convirtió en el patrón de las cofradías piadosas consagradas al alivio de las almas del Purgatorio.
ICONOGRAFÍA
   Su iconografía no tiene para nada en cuenta su corpulencia, de la cual él mismo habla en una de sus epístolas.
   Siempre se lo representa imberbe, como papa tocado con la tiara, y con la cruz pontificia de tres travesaños (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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sábado, 2 de septiembre de 2023

La Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla). 
     Hoy, sábado 2 de septiembre, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado. 
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla).
     La Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, se encuentra en la calle Nuestra Señora de la Oliva, s/n; en Salteras (Sevilla).
     Construcción  mudéjar de grandes proporciones, organizada en tres naves separadas por pilares que sostienen arcos apuntados. Las naves están cubiertas por estructuras de madera, teniendo la capilla mayor bóveda vaída. Al exterior muestra tres sencillas portadas, una en cada fachada del templo. La torre, situada a los pies de la nave izquierda, presenta un campanario de dos cuerpos y chapitel piramidal  recubierto  de  azulejos. Fue terminada en el siglo XVII. La iglesia puede fecharse a fines del siglo XV o comien­zos del XVI, salvo la cabecera y las portadas que datan de fines de este siglo. Consta que en 1727 el maestro alarife Andrés de Silva realizó diversas reparaciones y que en 1762 Marcos Lebrón trabajaba, bajo la dirección de Pedro de Silva, en una nueva armadura para la nave central.
     El gran retablo mayor consta de cinco calles y presenta pinturas con escenas de la vida de la Virgen. En la calle central aparece un lienzo de la Inmaculada sostenida por cuatro ángeles y en el remate un grupo escultórico del Calvario. En el presbiterio hay algunas pinturas del siglo XVII, de gran tamaño, como la que representa la Aparición del Ángel a los Pastores, que recuerda a los Bassano, y la del Ecce Homo.
     En la nave izquierda hay varias esculturas, entre las que pueden citarse la de Santa Ana enseñan­do a la Virgen, ambas con coronas de plata, del siglo XVIII, y la del Crucificado, imagen de tama­ño natural, de fina talla y afilados pliegues en el sudario, de comienzos del siglo XVI, que aparece acompañado de una Virgen de vestir y una Magdalena de talla, esta última de la primera mitad del siglo XVII. En cuanto a las pinturas destacan un gran lienzo de la Trinidad de la pri­mera mitad del siglo XVIII, con marco de la época, aunque en mal estado de conservación, y una Inmaculada de inspiración murillesca, de la misma época. Incrustada en el muro y cercana al presbiterio se halla una lápida de época visigoda fechada en el 520 con reinscripción de 1612, fecha en que debió de colocarse en este lugar. A la nave izquierda se abre la capilla del Sagrario en la que destaca un gran lien­zo de la Inmaculada rodeada de ángeles y vestida con los colores rojo y azul, que puede situarse en la primera mitad del siglo XVII. En la misma capilla hay una escultura de San Miguel de mediano tamaño de fines del siglo XVII y otra de San Ginés, algo posterior y de carácter más popular. La primera lleva escudo de plata con rayos ondeantes y lisos, copia del escudo primitivo que tuvo la imagen. El actual es obra de comienzos del XIX con los punzones de la ciudad de Sevilla, del contraste García y del autor Quesada. Es de destacar tam­bién un magnífico frontal de altar de madera tallada, que imita un tejido, de la primera mitad del siglo XVIII.
     En la nave derecha hay un pequeño retablo de un solo cuerpo, pilastras corintias, hornacina central y frontón, que puede situarse en la primera mitad del siglo XVII, época en la que se datan las pinturas que lo adornan. En la misma nave se halla una mesa de altar, con Sagrario y frontal de madera tallada y pintada al estilo rococó, sobre los que se apoya un Niño Jesús de escuela montañesina. En cuanto a la pintura, merecen mencionarse un Ecce Homo y una Santa Faz, ambas del siglo XVIII.
     En la sacristía se conserva un exvoto dedicado al beato Fray Diego de Cádiz, que representa uno de sus milagros y está fechado en 1801. Piezas de orfebrería de interés son una lámpara fechada en 1769, decorada con rocallas y con los punzones del contraste Cárdenas y el autor Amat, un ostensorio manierista, de la primera mitad del siglo XVII, y varios cálices y copones del siglo XVIII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Es una iglesia de estilo mudéjar, de finales del s. XV o principios del XVI. Dispone de tres naves separadas por pilares. El gran retablo mayor consta de cinco calles, con pinturas relativas a la vida de la Virgen. En ella destacan lienzos del siglo XVII con representaciones religiosas, esculturas, una lápida funeraria visigoda de Susana Fámula, así como un retablo neogótico que data del XVII. Destacar también su rica orfebrería.
     Constituye un conjunto de torre y campanario que se construyeron en el siglo XVII. Situada en la nave lateral izquierda o del Evangelio. Se compone de tres cuerpos, culminándose el cuerpo de campanas con chapitel. La torre es de planta cuadrada, con acceso directo desde la iglesia, en el cual la escalera abovedada sustituye la antigua de madera.
     El primer cuerpo de campanas se adorna con cornisa de triglifos y metopas. En el segundo cuerpo se alzan cuatros pináculos en las esquinas, culminándose por un chapitel de planta octogonal y sección tronco-piramidal, revestido de azulejos azules y blancos, que representan estrellas de cinco puntas.
     La torre campanario fue concluida en 1619, destruida por un rayo a finales del siglo XIX, la restauró Ignacio Ayuso Quintana, parcialmente, en 1939 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Su autoría recae en Alonso Beltrán, Pedro Díaz de Palacio, Juan de Burgos y Pedro Silva. De planta basilical y distribuida en tres naves interiores, entre sus elementos más característicos se encuentra la torre, adosada a los pies de la nave izquierda y concluida en el siglo XVII. Está rematada con un campanario de dos cuerpos y un chapitel ochavado recubierto de azulejos.
     En su interior destacan pinturas y esculturas del siglo XVII, piezas de orfebrería de los siglos XVII y XVIII, y una lápida funeraria visigoda fechada en el año 520 perteneciente a la mártir cristiana Susanna Fámula, martirizada durante el reinado de Leovigildo. Es de gran valor histórico y cultural el retablo clásico que preside el templo, de connotaciones herrerianas esculiarienses, fechado en el siglo XVII y que dispone de algunos lienzos pertenecientes a la escuela de Ocampo.
     Otro de sus elementos singulares es el reloj de su torre, que constituye un monumento a la mecánica relojera y al arte de construir relojes mecánicos, una profesión artesanal que tiende a desaparecer. Se construyó por iniciativa del Ayuntamiento de Salteras y, tras la autorización de la diócesis de Sevilla para su colocación en el templo, quedó completamente colocado el 1 de septiembre de 1865. Realizado en Bilbao en la fábrica de José Zugasti e Hijos, similar al de la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, ha sufrido diversas reparaciones y restauraciones, la última ejecutada en el año 2004 y que supuso su retorno a lo alto de la torre tras varios años en el Consistorio.
     Es sede del patrón de Salteras, San Sebastián, la Hermandad del Nazareno y la del Rocío (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano; 
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
       De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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El edificio de la calle Hernán Cortés, 4

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el edificio de la calle Hernán Cortés, 4; de Sevilla.  
     El edificio de la calle Hernán Cortés, 4; se encuentra en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
     Se trata de una casa de dos plantas, construida en el siglo XVII sobre una parcela bastante regular.
     Su estructura organizativa responde con nitidez al esquema tipológico de la casa con patio sevillana: patio central regular en segunda crujía y una crujía de borde que lo circunda. El fondo de la edificación. donde los lindes se ha­cen más quebrados, se ocupa con otros espacios abiertos que absorben la irregularidad de la parcela en este lado.
     El patio se construye en dos plantas con ar­querías superpuestas en sus cuatro frentes. En planta baja los arcos semicirculares apean sobre columnas de mármol corintias y cimacios de bulbo; en la planta alta los arcos son rebajados y apoyan directamenle sobre los capiteles de las columnas. Las enjutas de los arcos, en ambas plantas, se hallan decoradas con molduras.
     La escalera, de tres tramos apoyada sobre columnas, se sitúa en el ángulo derecho del patio, incluida en la crujía de borde perpendicular a la fachada. Esta crujía cuenta con una segunda planta, con arquerías, de arcos de medio punto sobre pilares de sección rectangular a ambos lados. A esta segunda planta se accede desde una escalera, de un solo tramo, situada junto a la principal, y que se inicia en la planta primera. Desde esta segunda planta, y a través de otra escalera, igualmente de un solo tramo, pero situada al fondo de la edificación, se llega al torreón-mirador, de planta cuadrada, fachadas con doble arcada sobre columnas y cubierto a cuatro aguas con cubierta de tejas.
     Esta misma solución de cubierta de tejas se adoptará para toda la edificación. La situación del torreón al fondo de la casa, y no en fachada, como suele ser habitual, hace suponer que la parcela colindante a ésta, con fachada a la calle Flandes, pudiera haber sido el jardín de la casa. De cualquier forma, la casa cuenta con otro patio-jardín, al fondo de la construcción, separado del patio por una crujía de habitación.
     La fachada de la casa, muy sencilla, con una clara componente rural en su composición y estilo, sitúa simétricamente sus huecos a un lado y otro de la puerta de acceso. Los huecos de planta alta se resuelven con balcones sobre una imposta que discurre a todo lo largo de la fachada, como sucede con la cornisa de remate que recibe el alero del tejado.
     La casa ocupa en planta baja una superficie aproximada de 770 m2. La superficie total construida de la casa es de 1.443,40 m2, distribuidos por plantas de la siguiente forma: Planta baja y entreplantas, 684,15 m2; planta primera, 565,08 m2; planta segunda, 166,26 m2, y torreón-mirador, 28,30 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
Hernán Cortés, 4. Casa del siglo XVII de gran interés. Consta de dos plantas, de fachada sencilla, y se organiza en torno a un patio con arquerías. Las de la planta baja están formadas por arcos semicirculares sobre columnas corintias y cimacios bulbosos; las de la superior, por arcos rebajados. Sobre uno de los frentes del patio sobresale un ático y mirador con doble arcada sobre columnas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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viernes, 1 de septiembre de 2023

El Dolmen de Garrapachine, en Villanueva de San Juan (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Dolmen de Garrapachine, en Villanueva de San Juan (Sevilla).
     Barrionuevo y Salas no pudieron localizarlo. La información de su existencia procede de Rosario Cruz-Auñón (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).
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     Ruta Sevilla Patrimonio de la Humanidad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos Patrimonio de la Humanidad: Catedral de Santa María de la Sede, Reales Alcázares, y el Archivo General de Indias.

     Ruta Sevilla Prehistórica: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas a la Prehistoria el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad.

     Ruta Sevilla Prerromana - Ispal: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas al mundo prerromano el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad con especial atención al mundo de Tartessos y a los demás pueblos que se asentaron en la zona.

     Ruta Sevilla Romana - Hispalis: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los vestigios que podemos encontrar del paso de la cultura romana por la actual ciudad, como los Monolitos de la calle Mármoles, las Columnas de la Alameda de Hércules, restos del Acueducto ("Caños de Carmona"), restos de las Murallas, el Antiquarium, y la obligada visita al Museo Arqueológico. Incluso podremos visitar el cercano enclave arqueológico de la ciudad romana de Itálica en el pueblo de Santiponce.

     Ruta Sevilla Visigoda: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

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     Ruta Sevilla Gótica: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
     Ruta Sevilla Barroca: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 

     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde ExplicArte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Romántica: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.

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El busto de Gonzalo de Córdoba, "El Gran Capitán", en la enjuta, entre los arcos de la provincia de Canarias y la Sevilla Monumental, de la Plaza de España

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el busto de Gonzalo de Córdoba "El Gran Capitán", en la enjuta, entre los arcos de la provincia de Canarias, y de la Sevilla Monumental, de la Plaza de España, de Sevilla.
    Hoy, 1 de septiembre, es el aniversario del nacimiento (1 de septiembre de 1453) de Gonzalo Fernández de Córdoba, "El Gran Capitán", así que hoy es el mejor día para ExplicArte el busto de Gonzalo de Córdoba; en la enjuta, entre los arcos de la provincia de Canarias, y de la Sevilla Monumental, de la Plaza de España, de Sevilla.
     La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
     En las enjutas de los arcos que componen la gran arcada que circunda toda la plaza, dentro de unos tondos de profundo sabor renacentista italiano, modelados en alto relieve y esmaltados en blanco sobre fondo azul cobalto, aparecen los bustos de personajes de especial relevancia en la historia de España. Su ejecución original corrió a cargo de las Fábricas de Mensaque Rodríguez y Cía. y de Pedro Navia.
     En orden cronológico, figuran tanto aquellos destacados en las ciencias, en las humanidades, en las artes o en las armas, como reyes o santos.
     Son un total de cincuenta y dos, distribuidos en cuatro series de trece personajes, dispuestos entre los catorce arcos de cada tramo de la plaza.
     Es sorprendente el repertorio  de estos personajes ilustres que desde sus privilegiados balcones en la arcada, disfrutan del ancho espacio de la hermosa plaza. Simultáneamente, ellos son vistos por los paseantes  como muestra de la gloria de España y como ejemplo a seguir (La Cerámica en la Plaza de España de Sevilla, 2014). 
     En este caso el personaje histórico representado es Gonzalo Fernández de Córdoba, "El Gran Capitán", en un busto, cuyo referente es el monumento que se encuentra en la plaza de las Tendillas, de Córdoba, una escultura ecuestre en bronce, con excepción de la cabeza, labrada en mármol blanco. Fue realizada por el cordobés Mateo Inurria en 1923, aunque se trasladó a su ubicación actual en 1927.
Conozcamos mejor la Biografía de Gonzalo de Córdoba, "El Gran Capitán", quien se encuentra representado en la enjuta entre los arcos de la provincia de Canarias, y de la Sevilla Monumental, de la Plaza de España: 
      Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán. (Montilla, Córdoba, 1 de septiembre de 1453 – Granada, 2 de diciembre de 1515). Estadista, diplomático, alcalde, caballero renacentista, almirante, capitán general, virrey de Nápoles, artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.
     Nació en el seno de una familia de la alta aristocracia andaluza, los Aguilar y Fernández de Córdoba, originarios de Castilla, pero afincados en la subbética desde tiempos de la reconquista de Fernando III el Santo. El padre, Pedro Fernández, reunió en torno a él diversos señoríos como VIII señor de la casa de Córdoba, VII señor de la Cañete de la Frontera, Priego, Montilla, y en sus funciones de alcalde mayor y alguacil de Córdoba; la madre, Elvira de Herrera, descendía por línea materna de la familia Manrique. Después de una adolescencia a la sombra de su hermano mayor, Alfonso de Aguilar, el primogénito y, por tanto, el heredero de los bienes familiares, aprendiendo todas las normas que regían la clase social a la que pertenecía y conociendo de primera mano los sinsabores de la guerra civil que enfrentó al Monarca con la aristocracia de su tierra, a los doce años, en 1465, fue conducido a la Corte como paje del infante Alfonso, futuro rey Alfonso XII, gracias al apoyo de los viejos amigos de su padre, Alfonso Carillo, arzobispo de Toledo, y Juan Pacheco, maestre de Santiago. Tres años duró esa estancia en la Corte, sin que se sepa demasiado de su aprendizaje en el arte de la caballería, en el uso de las armas y en el conocimiento de las letras, una formación habitual en aquellos años para los donceles de buena familia.
     En julio de 1468 regresó a Montilla tras la muerte del infante Alfonso. Pasó unos años trabajando para los intereses de la familia, siguiendo de cerca las escaramuzas en la frontera con los musulmanes del reino nazarí de Granada. Probablemente también estuvo presente en el famoso duelo mantenido en la puerta de las Armas de la Alhambra entre el conde de Cabra y su hermano, el señor de Aguilar, a mediados de 1470 con el que se aspiraba a poner fin al viejo pleito entre ambas secciones del linaje de los Córdoba. Fue por estas fechas cuando contrajo su primer matrimonio con Isabel de Sotomayor, prima suya, hija del señor de El Carpio. Un acto al que se unió su nombramiento como alcalde de Santaella y su ulterior prisión en manos del conde de Cabra.
     En septiembre de 1476 salió por segunda vez de su casa para instalarse en la Corte de los reyes Isabel y Fernando, convencido de que el parentesco con el Rey, por vía de los Manrique, le abriría las puertas del servicio al Estado. Desde su llegada a Segovia, donde en aquel momento estaba reunida la Corte, comprendió las nuevas ideas políticas de los Monarcas, que exponían con vivacidad mosén Diego de Valera y Gonzalo Chacón, en cuyos textos aprendió las obligaciones del nuevo cortesano. Se inició en la política gracias a su amistad con Fernando el Católico, su primo, quien le introdujo en los senderos de la administración y el servicio público.
     El matrimonio de Juana (de Aragón), hermana de Fernando, con Ferrante, rey de Nápoles, su primo (era hijo de Alfonso el Magnánimo), supuso un primer contacto con el arte de la alta política internacional y le abrió los ojos al mundo del Mediterráneo, por el que la casa de Aragón mostraba gran interés desde siempre. Pero fue sin duda el comienzo de la guerra con Granada el que despertó sus sueños de promoción ligados al servicio del Estado. Formó parte desde el primer momento de los contingentes del rey Fernando y le acompañó en diversas ocasiones en las campañas militares y diplomáticas, aprendiendo de él la sutil diferencia entre unas y otras. Los tres primeros años de guerra (1482-1485) significaron su verdadera iniciación, aunque ésta ya había tenido lugar años atrás en la campaña portuguesa.
     Fue después de la llegada de la reina Isabel al teatro de operaciones, en 1485, y tras ser nombrado alcalde de Íllora, cuando logró abrir paso a un posible acuerdo entre los reinos de Castilla y Granada, proyecto político que le obligó a trabar una sólida amistad con el rey nazarí Boabdil. Realizó entonces sus primeras hazañas en la Vega de Granada y comenzó la leyenda de su pericia en el arte militar, coincidiendo con su segundo matrimonio, esta vez con María Manrique.
     La primera lid singular de corte caballeresco la realizó en un campo cercano al que luego fue el monasterio de San Jerónimo. A partir de 1489 se inicia la redacción de las Capitulares de rendición de la ciudad y el reino, en las que intervino gracias a su conocimiento del árabe y a su amistad con el Rey nazarí. Sin embargo, la campaña continuaba y algunos hechos de armas alarmaron a ambas partes. La quema de las tiendas del Real contribuyó a su favor por parte de la reina Isabel, debido a la decidida actuación de su esposa que contribuyó generosamente a la reposición del ajuar doméstico. La construcción de la ciudad de Santa Fe significaba el reconocimiento de la firmeza de los Reyes de sostener hasta el final la capitulación de Granada. Así, en enero de 1492, se produjo la toma de la ciudad que provocó el fin del reino nazarí y el ulterior exilio a Marruecos de su familia real.
     Por su parte, Gonzalo se abstuvo de apoyar a los sectores duros que proponían un sometimiento de la población musulmana contrario al espíritu y la letra de las Capitulaciones, pero no se sumó tampoco al sector crítico. Permaneció entregado a sus actividades como rentista, ahora centradas en poner en marcha las alquerías obtenidas en el reparto de tierras musulmanas, y así se mantuvo expectante durante casi dos años viviendo en Granada con algunas esporádicas visitas a la Corte o a la ciudad de Montilla, donde firmó ante el escribano Alfonso Pérez unos poderes a favor de su amigo Gonzalo de Herrera, responsable del cobro de las alcabalas de Córdoba, unas rentas que tenía “por juro de heredad” y que ascendían a más de 50.000 maravedís. En 1494 acompañó a su amigo Boabdil a su exilio en Fez.
     Pero su destino estaba en Italia, y allí marchó por mandato del rey Fernando el 30 de marzo de 1495 al frente de un pequeño contingente de tropas que tenía como objetivo defender la frontera del Reino de Nápoles, recién conquistado por el rey de Francia Carlos VIII, con el Reino de Sicilia. Los despachos no dejaban el menor rastro de duda: la defensa del faro era su misión; pero, una vez en Mesina, donde recibió al completo a la Familia Real napolitana, al frente de la cual se encontraba la reina viuda, Juana (de Aragón), la hermana del rey Fernando, Gonzalo tuvo dudas de las órdenes recibidas. Contra la voluntad de los Reyes, Gonzalo dejó Sicilia para pasar a la Calabria con lo que ponía un pie en el Reino de Nápoles, invitando así a entrar en guerra al ejército francés. Los primeros contactos con aquel sofisticado cuerpo de ejércitos fueron desalentadores, pero sin desanimarse puso manos a la obra consistente en organizar las tropas, transformando el orden táctico y la moral de combate del ejército español. Lo hizo aplicando tres importantes decisiones: Una profunda y nueva organización del cuerpo expedicionario, punto de partida de la reforma necesaria y urgente, pues sobraban ballesteros y faltaban arcabuceros, había demasiado jinetes ligeros y faltaba una sólida infantería y un cuerpo de caballería pesado como lo había en los ejércitos de Francia, Borgoña, Inglaterra y Milán, las potencias con las que debería medirse España a partir de ese momento. Así nacieron las famosas “coronelias”, que propiciaron la profesionalización del Ejército. La segunda decisión consistió en entender la guerra moderna como un trabajo de equipo, donde cada individuo tenía una función que cumplir. Por ese motivo se rodeó siempre de excelentes colaboradores en todos los ámbitos de la milicia, desde artilleros como Pedro Navarro hasta generales de caballería como los hermanos Colonna. La tercera decisión fue reconsiderar a fondo el papel de la caballería pesada en el orden táctico. Con estas tres decisiones llevó a cabo una nueva concepción del arte de la guerra, un instrumento de poder como no lo había tenido ningún rey hispánico hasta entonces, y fundamento en último término del futuro imperio.
     En la primavera de 1496 comienza la campaña calabresa con prudencia, apoyando la política del rey de Nápoles, Fernandino (Ferrante II), lo que le conduce a la organización de los castillos fronterizos y a la victoria de Atella, que se compensaron con algunos reveses de sus tropas, aunque sin su presencia, por parte del general escocés Robert Stuart, señor d’Aubigny, que venció a las tropas españolas el 21 de junio de 1495 en Seminara. Tras la muerte de Fernandino, la reina Juana de Aragón le necesitó de nuevo para que con sus tropas apoyase la coronación de Federico (o Fradrique) como nuevo rey de Nápoles. En febrero de 1497, el papa Alejandro VI requiere su presencia en Roma con el fin de conquistar la plaza fuerte de Ostia, perfectamente guarnecida y al mando del capitán vasco Menoldo Guerra. El 9 de marzo de ese mismo año ya la había conquistado, en una rápida maniobra, pronto admirada en toda Europa y premiada por el Papa con la Rosa de Oro, máxima condecoración pontificia. Temeroso ante la posibilidad de perder a un soldado como él, el Rey de Nápoles le concede los títulos de duque de Monte Santangelo y Terranova, con sus propiedades anexas de Marzote, Rocadevalle, Pinillo, Montenegro y Torremayor. Al regreso de Roma, tras tomar la Roca Guillermo, los soldados de su regimiento y los franceses que la habían defendido comienzan a darle el apelativo con que más tarde la historia le conocerá: el Gran Capitán.
     Pero todos esos éxitos militares no sirven para aplacar a los Reyes Católicos que reclaman su regreso a España para someter sus conquistas al examen de la Hacienda pública, en ese momento en manos de Alonso de Morales, que dio lugar a las primeras Cuentas del Gran Capitán, manuscrito que se conserva en la Real Academia de la Historia. Pasará los dos años siguientes en sus propiedades de Granada, pensando, quizás, que su tiempo como militar y hombre de Estado había acabado para siempre. Pero el azar, esa mano del destino, sale a su encuentro en forma de un ataque de los turcos a la costa dálmata, con lo que la ciudad de Venecia volvió a percibir el peligro de otros tiempos. El dogo veneciano, el papa Alejandro y el rey de Francia organizan una coalición a la que invitan a los Reyes Católicos para que formen parte de ella, pero con la condición de que el mando de las tropas de la colación recayese en el Gran Capitán, el único según ellos capaz de obtener una rápida victoria sobre el potente ejército turco. La resistencia de los Reyes fue pareja a la del propio Gonzalo, receloso de la actuación hacia él en las campañas calabresas de los años anteriores. Por fin, sin embargo, se consigue un acuerdo y es nombrado capitán general y almirante de la Armada. Con tales títulos y sus fuerzas aumentadas con barcos venecianos al mando del almirante Benedetto Pesaro y con naves francesas, hace frente a los turcos en Cefalonia, obteniendo una importante victoria militar el día de Navidad de 1500.
     En febrero de 1501 es nombrado lugarteniente general de Apulia y Calabria, desde donde llevará a cabo un silencioso pero eficaz programa de restauración a la moderna de los castillos y las fortalezas de la región, adaptándolos a las nuevas exigencias creadas por la balística. Destacó en ello el cambio del artillero circular por el apuntado o esputón y más tarde por las tijeras, la creación de cercas abaluartadas, de merlones aspillerados y de cañoneras de buzón. Asimismo, mostró sus dotes diplomáticas mediando entre la familia de los Orsini y la de los Colonna, tradicionalmente enfrentadas, consiguiendo un importante acercamiento entre ellas. Pacificó la región y estuvo siempre a la expectativa de los movimientos de las tropas francesas, sobre todo cuando el rey Luis XII envió un poderoso ejército con el fin de conquistar de nuevo el Reino de Nápoles, una vez hubo fracasado el acuerdo de partición con los Reyes Católicos. La presencia del poderoso ejército al mando del joven e impetuoso duque de Nemours le obligó a reforzar las defensas de Barletta y Tarento, las plazas de las que partió su famoso contraataque de 1503. Así, en efecto, el 28 de abril de 1503, las tropas francesas de Luis d’Armagnac, duque de Nemours, se enfrentaron con las tropas españolas e italianas de Fernández de Córdoba en la localidad de Ceriñola, en la región de Apulia. La ladera cubierta de viñedos estaba ocupada por las tropas del Gran Capitán en posición de combate: en el centro los lansquenetes bávaros y la infantería española al mando de García de Paredes y Pizarro, padre del futuro conquistador del Perú; un poco más retrasados, en las alas, se encontraban los hombres de armas al mando de Próspero de Colonna y Diego Hurtado de Mendoza. Detrás, la artillería con Pedro Navarro. Y en un extremo, a la retaguardia, la caballería ligera de Fabrizio Colonna y Pedro de Pas. En el centro de todo ese dispositivo táctico, sobre un pequeño promontorio, se situó Fernández de Córdoba, vestido con sus armas y la cara descubierta, para queja de sus allegados. Los hombres estaban sudorosos y cansados. La marcha por la ribera del río Ofanto había sido agotadora. Se disponían a descansar, pues el día estaba avanzado, y no parecía prudente comenzar la batalla al caer la tarde. El duque de Nemours no pensaba así. El orden de las tropas francesas era el siguiente: en vanguardia se colocaron los hombres de armas al frente de los cuales se situó el propio Nemours, junto a D’Ars. Detrás, la infantería suiza y gascona al mando de Chandieu; en retaguardia, la caballería ligera comandada por Yves d’Allegre. Todo parecía indicar que Nemours ordenaría la carga de la caballería pesada contra las posiciones españolas. En apenas unos minutos, más de tres mil muertos franceses quedaron en el campo de batalla. Al caer la noche, el de Córdoba se refugia en su tienda de campaña, mientras deja que los Colonna y otros capitanes se diviertan en las tiendas de los vencidos. Sigue triste y perplejo. Pregunta por Nemours, su enemigo, cuya suerte aún no conoce. De repente se fija en un criado con un vestido que reconoce, robado deslealmente del cadáver del duque. Se apartó, retrocediendo dos pasos, y se pegó a la tela de la tienda para ver mejor al felón. Se enfureció y luego exige ser llevado junto al cuerpo de Nemours, a quien encuentra en el campo completamente desnudo, con una teja tapándole sus partes. No necesita más. Siente náuseas y ordena que lleven al duque hasta el campamento. Organiza un oficio de difunto; siente una enorme ternura por aquel joven altivo y desgraciado.
     Cualquier lector de Paolo Giovio se da cuenta de que este relato sobre el encuentro de Gonzalo con el cadáver de su antiguo enemigo tiene la fuerza, o el valor, o la sabiduría, de mostrar la grandeza de un gesto social que no siempre se entiende. Gonzalo era un rostro vestido de tristeza. La reacción del rey Luis XII no se hizo esperar. Un nuevo ejército francés avanzó sobre Nápoles al mando de Louis de la Tremoïlle, mientras en Roma agonizaba el papa Alejandro VI, víctima de la malaria. El 18 de agosto llegó el fatal momento, casi al mismo tiempo que el Gran Capitán fortificaba la región. Abandonó Mola y Castellone y se retiró al otro lado del río Garellano, para situar su cuartel general en San Germano. Esto le obligó a controlar las tres fortalezas que defiendían el río: Rocasecca, Aquino y Montecassino. El choque se hacía esperar, pero era inevitable. Lo que se ha dado en denominar “batalla del Garellano” fue en realidad la larga y pesada campaña del otoño-invierno de 1503. El renovado ejército francés, con más de cinco mil suizos y un tren de artillería como nunca antes se viera, se había desplegado sobre aquel fondo de fortalezas duramente defendidas por las tropas españolas. Lo mandaba Giovanni Francesco Gonzaga, marqués de Mantua, al haber enfermado Louis de La Tremoïlle. Era un cambio importante. El Gran Capitán tenía ante sus ojos al hombre que, años atrás, se había enfrentado a Carlos VIII en la llanura de Fornovo, y lo tenía al frente de un ejército moderno, bien pertrechado y convencido de su superioridad. Más adelante aún, y siendo ya evidente que nunca lograrían la victoria, los cronistas franceses insistieron en el hermosísimo despliegue táctico del marqués de Mantua. Fernández de Córdoba había llegado muy cansado al Garellano, sabiendo que tendría que sufrir el crudo otoño de aquella zona: lluvioso y frío, a veces casi inaguantable. Inquietos por su actitud defensiva o por sus respuestas demasiado prudentes (en contadas ocasiones se atrevía a cruzar el río hacia la zona francesa), sus colaboradores más próximos, incluido Próspero Colonna, que mandaba la caballería ligera, hicieron el esfuerzo de seguirle en sus constantes movimientos desde Roccasecca, Montecassino y Aquino hasta Sessa, mientras Gonzaga se fortificaba en Pontecorvo, Roca Guillerma y Castelforte; y todo ello a través de infranqueables barrizales, poniendo a prueba el valor y la disciplina de unos hombres ateridos por el frío y la humedad. En la noche del 27 de diciembre, las tropas del Gran Capitán cruzan el Garellano. A Bartolomeo de Alviano lo envía al norte, a Suio, mientras que a Fernando de Andrade lo manda al sur, directamente a Traietto. El grueso del ejército atravesará el río con él. Se ha discutido mucho si el marqués de Saluzzo se dio cuenta alguna vez de la estrategia ideada por Gonzalo de Córdoba; si el marqués hubiera podido prever que el ataque de Alviano era simplemente una estratagema, las cosas habrían sido diferentes, pero nunca lo tuvo claro. El nerviosismo de su gente embarcando a toda prisa los cañones para la defensa de Gaeta (muchos fueron a parar al fondo del río y los demás a manos de los españoles), mostraba que el ataque les había cogido por sorpresa. Aun así, el de Córdoba pasó un momento de verdadero peligro cuando Próspero Colonna fue rechazado y él tuvo que dirigir personalmente a los lansquenetes bávaros hasta que llegó Bartolomeo de Alviano con la infantería desplegada. El éxito fue total. Unos días después se rendía Gaeta y con ello se puso fin a la presencia francesa en el Reino de Nápoles. Eso es lo que ocurrió en el Garellano, que no fue una batalla en el sentido clásico de la palabra, aunque en su ejecución se vean muchos rasgos de lo que fueron las batallas de las guerras modernas. Fernández de Córdoba se adelantó a su tiempo y por eso mismo venció en aquellas largas jornadas de sangre, sudor y lodo.
     El gobierno del Gran Capitán en Nápoles coincidió con la época de la recuperación de la virtù nacional italiana y enseguida con los valores que los historiadores del arte llaman el Renacimiento, enfrentados en parte con la cultura del gótico tardío, procedente en su mayor parte de Flandes, donde se desarrollaba un esquema estético diferente que era al mismo tiempo una concepción del mundo. La situación en Nápoles era difícil. Aislado en el corazón de una Italia fuertemente republicana y de intereses mercantiles, donde había sido fácil el ascenso de banqueros al poder político, como en el caso de Florencia con los Médicis, rodeada de ambiciosos y gigantescos vecinos, el Imperio alemán y el Imperio turco cada vez más frente a frente en los Balcanes, el Reino de Nápoles era la llave para que España pudiera entrar en la alta política internacional con su propio rostro.
     Durante los años del Gran Capitán como virrey de Nápoles se recrudecieron las tensiones entre él y el rey Fernando, que sin embargo no actuó hasta la muerte de la reina Isabel. Su viaje a Italia en compañía de la nueva reina, Germana de Foix, en el verano de 1506 dio lugar al famoso encuentro en Nápoles, convertido en legendario gracias a la pluma de Lope de Vega que lo hizo el telón de fondo de su comedia sobre Las cuentas del Gran Capitán. El fulminante cese de su cargo de virrey y su regreso a España incrementaron la fama y la leyenda de hombre melancólico, sobre todo tras obtener de la reina Juana un puesto en la Administración al concederle la tenencia de la fortaleza de Loja como alcalde de la ciudad, cuya toma de posesión tuvo lugar el 15 de julio de 1508.
     Gonzalo Fernández de Córdoba convirtió Loja en un observatorio de la política nacional y de la internacional, una pequeña Corte a la que acudían, sin embargo, celebridades del campo de la literatura, lo que aumentaba los recelos del Rey, cada vez más predispuesto a favor del duque de Alba, y las envidias del marqués de Mondéjar afincado en Granada. La revuelta nobiliaria de su sobrino, el marqués de Priego, terminó con la demolición del castillo familiar de los Aguilar en Montilla, un gesto del Rey poco apreciado por la nobleza de la región, en el que algunos vieron la prueba de su creciente enemistad con el Gran Capitán. Pero la derrota de los ejércitos españoles al mando del duque de Cardona en Rávena, provocó la creación de una nueva alianza entre España, el Papado —ahora en manos de Julio II— y Venecia. Los aliados decidieron ofrecer el mando de las tropas al Gran Capitán, el único que en verdad podía enfrentarse con garantías al poderoso ejército francés de Luis XII. Pero la muerte de éste y la obstinada animadversión de Fernando el Católico malograron la empresa.
     En esos años finales, vividos en Loja, mantuvo una importante correspondencia con el cardenal Cisneros y otros grandes del reino; recibió la visita del futuro gran historiador florentino Francesco Guicciardini y mantuvo firme la Corte como señala su secretario de esos años, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo.
     A finales de la primavera de 1515 enferma de gravedad en Loja y decide marchar a Granada junto a su mujer y su hija. El 30 de noviembre reforma su testamento, a petición de sus amigos y de su secretario, Juan Franco, permitiendo que en su identificación se coloque el título de “Gran Capitán” y aceptando que su cuerpo descanse en el monasterio de los Jerónimos. Dos días después moría en Granada. Su muerte dio paso a la elaboración de su mito como hombre singular, según el juicio del historiador Paolo Giovio. Una elaboración en la que colaboraron las más insignes plumas de la literatura española del Siglo de Oro y también de la francesa, del Romanticismo y del mundo moderno (José Enrique Ruiz-Domènec, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el busto de Gonzalo de Córdoba, "El Gran Capitán", en la enjuta, entre los arcos de la provincia de Canarias, y de la Sevilla Monumental, de la Plaza de España, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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