Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 28 de noviembre de 2022

El Pabellón de Alfonso XII, en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte
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   Hoy, 28 de noviembre, es el aniversario del nacimiento (28 de noviembre de 1857) de Alfonso XII, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón de Alfonso XII, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
   El Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la glorieta de San Diego, s/n (entrada principal, aunque tiene entradas por el paseo de las Delicias y las avenida de María Luisa, y de la Borbolla), en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur.   
     El Pabellón de Alfonso XII se encuentra en el Parque de María Luisa, y se sitúa en la Isleta de los Patos [nº 6 en el plano oficial del Parque de María Luisa], entre la avenida de Pizarro, la Fuente de las Ranas, la avenida de los Cisnes, y la Glorieta de Juana Reina.
     En la isleta central del estanque de los patos encontramos un exótico pabellón, donde según nos cuenta la leyenda el rey Alfonso XII declaró su amor a María de las Mercedes, hija de los duques de Montpensier, es el conocido pabellón de Alfonso XII.
     Es un templete de forma hexagonal, de pequeñas dimensiones, con arcos de herradura y de reminiscencias neo árabes, en su interior unos bancos nos permiten descansar a lo sombra de los árboles que lo rodean, algunos, ejemplares únicos en el parque.
     Ya existía cuando el parque formaba parte del palacio de San Telmo, Forestier lo respetó al elaborar su proyecto para el Parque de María Luisa, quizás por sentir ese aspecto de puro romanticismo, que inspira rodeado del sonido del agua del estanque.
     Hace un tiempo  y dentro de un  programa de dinamización del parque, durante los meses de verano, todos los viernes por la tarde se celebran conciertos con la actuación de  jóvenes músicos, actuaciones que fueron muy bien acogidas por el público que acude  a disfrutar, no solo de la música sino también del entorno romántico que conforman el estanque, el arbolado y los  pájaros diversos revoloteando por el cielo (Parque de María Luisa).
Conozcamos mejor la Biografía de Alfonso XII, a quien está dedicado este Pabellón
     Alfonso XII (Madrid, 28 de noviembre de 1857 – 25 de noviembre de 1885). Rey de España.
     Alfonso de Borbón y Borbón, hijo de Isabel II y de su esposo el rey consorte don Francisco de Asís de Borbón y Borbón, nació en el Palacio Real de Madrid el 28 de noviembre de 1857. Bautizado el 7 de diciembre del mismo año en la capilla de Palacio, se le impusieron los nombres de Alfonso, Francisco de Asís, Fernando, Pío, Juan, María, Gregorio y Pelagio, siendo su padrino el pontífice Pío IX representado por el nuncio Banli: el mismo Pontífice que en 1870 le administraría, en Roma, la Primera Comunión.
     Muy niño aún, don Alfonso acompañó a sus padres en las visitas que éstos hicieron a las diversas provincias españolas. En Covadonga fue confirmado, recibiendo un nombre más, el simbólico de Pelayo.
     Jefe del cuarto del Príncipe y orientador de su educación fue el marqués de Alcañices, José Nicolás de Ossorio y Silva —padre del que había de ser con el tiempo íntimo amigo del Rey, el duque de Sesto—. A partir de 1865 sustituyó a aquél el conde de Ezpeleta de Beire, asistido por el general Álvarez Osorio, jefe de Estudios, el canónigo sevillano Cayetano Fernández, encargado de las clases de Religión —al que a su vez sustituiría el arzobispo de Burgos, Fernando de la Cuesta y Primo de Rivera—, así como los gentiles hombres Bernardo Ulibarri, Isidro Losa y Guillermo Morphy —otro de los futuros íntimos del Rey, a quien serviría de secretario hasta su muerte—.
     Sobrevenida la revolución de 1868, tras la batalla de Alcolea, la Familia Real hubo de abandonar el país (30 de septiembre), internándose en Francia; tras una breve estancia en el castillo de Pau, cedido por Napoleón III, quedó instalada en París, primero en el palacio Rohan, luego en el Basilewski (rebautizado palacio de Castilla). Don Francisco de Asís se retiró a como Epinay; la separación entre los reales esposos sería definitiva.
     El príncipe, que contaba once años, fue matriculado en el Colegio Stanislas, donde siguió, “con aprovechamiento”, un solo curso, al que se añadieron clases particulares: así, Morphy le inició en materias políticas y constitucionales.
     El 25 de junio de 1870, la Reina abdicó en su único hijo varón, en solemne ceremonia celebrada en el palacio de Castilla: los más sensatos miembros del partido isabelino (unionistas, y algún moderado), entre los que destacaban Sesto y el marqués de Molins, lograron convencer a Isabel II de que tomara esta decisión, ya aconsejada el año anterior por varios destacados políticos de su reinado, encabezados por Bravo Murillo.
     Los graves acontecimientos internacionales (la guerra franco-prusiana y sus consecuencias inmediatas) determinaron el traslado de la Familia Real española a Ginebra. En 1872, don Alfonso —cuya educación dirigía entonces el brigadier O’Ryan—, ingresó en el prestigioso Colegio Theresianum, de Viena, donde cursó estudios hasta 1872, en que se incorporó a la academia Militar de Sandhurst, en Inglaterra, siguiendo el consejo de Cánovas del Castillo, que desde 1873 dirigía el movimiento político que había de llevar a la Restauración.
     En contraste con el caso de Isabel II, cuyas lamentables carencias en educación —intelectual y política— contribuyeron eficazmente al fracaso de su reinado, don Alfonso se formó en contacto con los más variados ambientes sociales y culturales, y en los mejores colegios de Europa. Dominando varios idiomas; familiarizado con sistemas políticos que iban del autoritarismo paternalista del emperador Francisco José al parlamentarismo británico de la reina Victoria, y dotado de una inteligencia despierta, de una clara intuición y de una generosidad y amplitud de miras verdaderamente regias, Alfonso XII iba a ser el Rey ideal para coronar el proyecto integrador de Cánovas.
     En diciembre de 1874, el pronunciamiento de Martínez Campos precipitó los acontecimientos, al conseguir que prácticamente todos los mandos del Ejército se sumasen a la iniciativa de aquél, cuando al frente de la brigada Dabán proclamó Rey a Alfonso XII en Sagunto. Aunque el proyecto canovista —basado en una proclamación democrática del Rey en el seno de las Cortes en que necesariamente había de desembocar la “república sin parlamento” del general Serrano—, estaba en contradicción con un nuevo recurso a las armas, hubo de asumir los resultados del golpe militar, haciéndose cargo del Gobierno-regencia en que le ratificó el ya rey Alfonso, desde París, donde se encontraba al recibir la noticia del pronunciamiento. Por lo demás, la compenetración de don Alfonso con el programa político de Cánovas, había quedado expresada en el manifiesto de Sandhurst, publicado con ocasión del cumpleaños del Príncipe en noviembre anterior, documento que mostraba una clara divergencia con respecto a la tradición moderada, al afirmar una voluntad integradora con respecto a las dos Españas en guerra, apuntando a un sistema centro, preconizado ahora por el mismo Cánovas que en otro tiempo había sido el artífice del “partido centro” (la Unión Liberal encabezada por O’Donnell).
     El párrafo final del manifiesto reflejaba, perfectamente, la voluntad de concordia entre la posición integrista y la vocación democrática enfrentadas en 1868: “Llegado el caso, fácil será que se entiendan y concierten, para todas las cuestiones por resolver, un príncipe leal y un pueblo libre. Sea lo que quiera mi suerte, no dejaré de ser un buen español, ni como todos mis antepasados, buen católico, ni como hombre de mi siglo, verdaderamente liberal”.
     Alfonso XII entró en España por Barcelona, donde tuvo un recibimiento entusiasta (9 de enero de 1875).
     Allí confirmó en sus poderes a Cánovas, y siguió viaje por Valencia, para hacer su entrada triunfal en Madrid el 14 del mismo mes. Cuatro días más tarde partía —vía Zaragoza— a fin de ponerse al frente de las tropas que luchaban contra el carlismo. En Peralta lanzó un manifiesto conciliador a los combatientes carlistas, que no tuvo efecto alguno. En Lácar estuvo a punto de ser sorprendido por un destacamento enemigo, pero logró ponerse a salvo dejando bien probado su valor personal. De regreso a Madrid, visitó en Logroño al viejo general Espartero —todo un símbolo— que le impuso su propia cruz laureada de San Fernando. Secundando la política integradora de Cánovas, tomó contacto también con Serrano y Sagasta —respectivamente, jefe del Estado y jefe del Gobierno a cuyos poderes había puesto fin la Restauración—.
     Ruiz Zorrilla, en cambio, marcó distancias, manteniendo un republicanismo a ultranza desde su exilio en Francia, donde no tardaría en lanzarse a vías conspiradoras.
     La Constitución de 1876, elaborada en las Cortes reunidas el año anterior por un breve Gobierno Jovellar, y de la que fue auténtico artífice Cánovas, y redactor Alonso Martínez, abrió camino a una política tan alejada del moderantismo isabelino —que cifraba su programa en el restablecimiento de la Constitución de 1845— como de la democracia del 69: aspiró a un equilibrio ecléctico entre ambos. El artículo 11 —el más polémico de la Constitución de 1869, que establecía la libertad de cultos— fue sustituido por una prudente “tolerancia de cultos” que, de hecho, estaba muy próxima a aquélla. En cuanto a los poderes del Rey, quedaron fijados en la “regia prerrogativa” —que convertía al poder moderador en árbitro entre los partidos—, y en el mando supremo del Ejército. Como Rey soldado, Alfonso XII había de ser el factor fundamental para asegurar el civilismo al que aspiraba Cánovas, clausurando al “régimen de los generales”. El mismo año 1876 concluía la guerra carlista: el Rey, asesorado por el general Quesada, dirigió la ofensiva final, entrando en Pamplona el 28 de febrero, al mismo tiempo que el llamado Carlos VII cruzaba la frontera. Dos años después, la colaboración entre los dos jefes que habían conducido las operaciones en España —Martínez Campos y Jovellar— permitió poner fin a la guerra de los diez años (paz de Zanjón). La concordia ideológica y la conclusión de los conflictos armados, en España y en Ultramar, justificaron el honroso apelativo del Monarca, el Pacificador.
     El 23 de enero de 1878 tuvo lugar —pese a la oposición de la reina Isabel— la boda del Rey con su prima, María Mercedes de Orleáns, de la que estaba profundamente enamorado. Desgraciadamente, la joven soberana —diecisiete años— falleció cinco meses más tarde. El Rey hubo de contraer nuevo matrimonio (29 de noviembre de 1879), esta vez por estricta razón de Estado, con la archiduquesa María Cristina de Habsburgo-Lorena, que desempeñaría un papel ejemplar en el trono, pero no contó nunca con el amor de su marido. De este enlace nacerían tres hijos: la princesa Mercedes (1881), la infanta María Teresa (1883), y el que ceñiría la corona como Alfonso XIII, nacido seis meses después de la muerte de su padre.
     En todo momento el Rey supo desempeñar con perfecta pulcritud el papel de árbitro entre los dos partidos —liberal conservador y liberal progresista— que dieron vida al “sistema centro” antes referido. Su lealtad a Cánovas fue una constante en su conducta; y en algún momento crucial demostró serlo a pesar del propio Cánovas. Efectivamente, fue iniciativa del Monarca —haciendo uso de la regia prerrogativa— la llamada al poder de los “constitucionalistas” de Sagasta en 1881, iniciando así, de hecho, el futuro “turnismo”.
     El mando del Partido conservador se había prolongado por espacio de seis años, y empezaba a insinuarse en el horizonte el fantasma de los “obstáculos tradicionales” que, identificado con la política de Isabel II, había provocado el hundimiento del trono en 1868. Alfonso XII acreditó ahora el carácter liberal de la Monarquía: situación contrapuesta a la típica de la época isabelina, caracterizada por el mantenimiento en el poder de un solo partido.
      Contribuyó eficazmente a la consolidación de la monarquía alfonsina, que ésta coincidiese con una excelente coyuntura económica: el decenio 1876-1886, el período más brillante, en este sentido, del siglo XIX, identificado en Cataluña con la llamada “febre d’or”.
     Precisamente en relación con las nuevas inquietudes que esa realidad estimulaba en la burguesía catalana, demostró Alfonso XII, una vez más, su acertada concepción de España y de la monarquía. En efecto, en el último año de su reinado tomó contacto con el incipiente catalanismo organizado, una de cuyas motivaciones radicaban en la lucha para restablecer un sistema proteccionista. La cordial acogida del Rey a los portadores del memorial de greuges (agravios) —Guimerá, Almirall, Verdaguer, Collell y Maspons— puso de relieve la amplitud de horizontes que definen el españolismo de don Alfonso, no muy acorde con la política que en esa misma época presidía el arreglo comercial o modus vivendi en Inglaterra. 
   De que el régimen estaba perfectamente consolidado dio pruebas concluyentes el fracaso de los intentos de retorno al viejo sistema de los pronunciamientos.
     En 1883 se produjo el que, fraguado desde París por Ruiz Zorrilla, fracasó rotundamente en Badajoz y —en sus posteriores secuencias— en Santo Domingo de la Calzada y en la Seo de Urgell. La solidez del Régimen se probó asimismo en el ámbito internacional: el Régimen demostró su simpatía hacia Alemania con el viaje del Rey a Berlín en 1883 —lo que tuvo como contrapartida la mala acogida que le dispensaron en París a su regreso—. En cualquier caso, ese episodio contribuyó a acentuar la adhesión del pueblo español hacia su joven Rey, demostrada clamorosamente a su regreso. La buena relación de don Alfonso con el emperador Guillermo I evitó que, en septiembre de 1885, la cuestión de las Carolinas degenerase en un rompimiento armado; y así, pudo resolverse mediante el arbitraje del papa León XIII. 
   En todo momento, el Rey gozó de una extraordinaria popularidad. Es curioso que a esta popularidad contribuyese incluso el “donjuanismo” impenitente de don Alfonso, muy dado a aventuras extramatrimoniales, de las cuales dos tuvieron especial resonancia —la de su devaneo con Adela Borghi y, de forma mucho más estable, sus amores con Elena Sanz, de la que tuvo dos hijos—. Pero, por encima de su perfecta adecuación al papel de Rey constitucional y, por encima también de su valor a toda prueba y de su simpática llaneza, lo que explica y justifica plenamente la popularidad del Rey es su entrega sin regateos al servicio de su pueblo cuando éste se vio afectado por desgracias o catástrofes colectivas. Así, su asistencia a los perjudicados por las inundaciones de Murcia, y sobre todo, su extraordinaria labor de socorro a los afectados por los terremotos de Andalucía oriental a finales de 1884, cuando ya su salud era muy precaria; acto de caridad que se repitió en agosto de 1885 al ceder las salas del palacio de Aranjuez para hospitalizar a los afectados por la epidemia colérica, y su presencia personal junto a los mismos, pese al veto que el Gobierno había opuesto a ello.
     Dos meses después, el 25 de noviembre de 1885, el Monarca, minado por la tuberculosis, falleció en el palacio del Pardo, en medio de la desolación de su pueblo. Su muerte dio ocasión al prudente acuerdo que los dos partidos del sistema pactaron para sucederse pacíficamente en el poder, llamado por ello impropiamente, Pacto de El Pardo (Carlos Seco Serrano, en Biografías de la Real Academia de la Historia). 
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domingo, 27 de noviembre de 2022

La Capilla de la Milagrosa, en Marchena (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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   Hoy, 27 de noviembre, la iglesia católica conmemora la festividad de la Medalla Milagrosa, y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de la Milagrosa, en Marchena (Sevilla).
     La Capilla de la Milagrosa, se encuentra en la calle del Alférez Provisional, 2; en Marchena (Sevilla).
     Inicialmente fue construido en el siglo XVI como Santuario de Nuestra Señora de Gracia. Fue residencia de la Orden de los Agustinos hasta que se trasladaron al actual Convento de San Agustín hacia 1616. De 1670 a 1780 fue un colegio de niñas dirigido por las Beatas Educandas de Santa Isabel. Más tarde, en 1836, pasó a ser un hospital de beneficencia dirigido por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl hasta finales del siglo XX.
     Arquitectónicamente, el edificio es un convento barroco de estructura muy sencilla que fue adaptado y reformado a lo largo de los años para dar cabida a diferentes usos. La capilla conserva la estructura rectangular de la antigua ermita, una techumbre de estilo mudéjar y una sacristía junto al presbiterio. En el edificio del hospital, recientemente restaurado, destaca el hermoso claustro cuadrado, alrededor del cual se sitúan las habitaciones. Algunas habitaciones tienen magníficos techos mudéjares del siglo XVII (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Memoria de la Aparición de la Medalla Milagrosa;
   Esta memoria hace referencia a la devoción a la Inmaculada Milagrosa y su medalla, que tiene como divulgadora a Santa Catalina Labouré, que atribuyó a inspiración divina. En el año 1830, en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en París, Francia, narró que la Virgen se le había aparecido en tres ocasiones cuando era una humilde y piadosa novicia. En las tres, Catalina vio a la Virgen, recibió mensajes y fue tratada con amorosa y maternal atención. La primera visión fue hacia las 11,30 horas de la noche del dieciocho de julio, en que oyó que alguien la llamaba por su nombre: “Sor Labouré, Sor Labouré, ven a la capilla. Allí te espera la Santísima Virgen”. 
     Quien la llamaba era un niño pequeño y él mismo la condujo hasta la capilla. Catalina se puso a rezar y después de oír un ruido semejante al roce de un vestido de seda, vio a la Virgen sentada al lado del Altar.  Catalina fue hacia Ella, cayó de hinojos apoyando sus manos en las rodillas de la Santísima Virgen y oyó una voz que le dijo: “Hija mía, Dios quiere encomendarte una misión... tendrás que sufrir, pero lo soportarás porque lo que vas a hacer será para Gloria de Dios. Serás contradecida, pero tendrás gracias. No temas”. La Virgen señaló al pie del Altar y recomendó a Catalina acudir allí en los momentos de pena a desahogar su corazón pues allí, dijo, serían derramadas las gracias que grandes y chicos pidan con confianza y sencillez. En la segunda visión, hacia las 5,30 horas de la tarde del veintisiete de Noviembre, la Virgen comunicó a su vidente el mensaje que le quería transmitir. 
     Esta aparición tuvo tres momentos distintos. Oyó nuevamente el ruido semejante al roce de la seda y vio a la Virgen. En un primer momento, Ésta estaba de pie, sobre la mitad de un globo, aplastando con sus pies a una serpiente. Tenía un vestido cerrado de seda aurora con mangas lisas; un velo blanco le cubría la cabeza y le caía por ambos lados. Como vemos, presentaba la iconografía habitual de la Inmaculada. En sus manos, a la altura del pecho, sostenía un globo con una pequeña cruz en su parte superior. La Virgen ofrecía ese globo al Señor, con tono suplicante. Sus dedos tenían anillos con piedras, algunas de las cuales despedían luz y otras no. La Santísima Virgen bajó la mirada. Y Catalina oyó: “Este globo que ves, representa al mundo y a cada uno en particular. Los rayos de luz son el símbolo de las gracias que obtengo para quienes me las piden. Las piedras que no arrojan rayos, son las gracias que dejan de pedirme". Cuando el globo desapareció, las manos de la Virgen se extendieron resplandecientes de luz hacia la tierra; los haces de luz no dejaban ver sus pies. Se formó un cuadro ovalado alrededor de la Virgen y en semicírculo, comenzando a la altura de la mano derecha, pasando sobre la cabeza de Ella y terminando a la altura de la mano izquierda, se leía: "OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS, QUE RECURRIMOS A TI". Catalina oyó una voz que le dijo: “Haz acuñar una medalla según este modelo, las personas que la lleven en el cuello recibirán grandes gracias: las gracias serán abundantes para las personas que la llevaren con confianza”.
   El cuadro se dio vuelta mostrando la letra M, coronada con una cruz apoyada sobre una barra y debajo de la letra M, los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que Catalina distinguió porque uno estaba coronado de espinas y el otro traspasado por una espada. Alrededor del monograma había doce estrellas. En el curso del mes de diciembre del mismo año, Catalina fue favorecida con una nueva aparición, similar a la del veintisiete de Noviembre. También durante la oración de la tarde. Catalina recibió nuevamente la orden dada por la Virgen de hacer acuñar una medalla, según el modelo que se le había mostrado el día citado, y que se le mostró nuevamente en esta aparición.  Quiso la Virgen que su vidente tuviera muy claros los simbolismos de su aparición, por eso insistió de una manera especial que el globo, que Ella tenía en sus manos, representaba al mundo entero y cada persona en particular; en que los rayos de luz que arrojaban las piedras de sus anillos, eran las gracias que Ella conseguía para las personas que se las pedían, que las piedras que no arrojaban rayos, eran las gracias que dejaban de pedirle; que el Altar era el lugar a donde debían recurrir grandes y chicos, con confianza y sencillez, a desahogar sus penas. Después de vencer Catalina todos los obstáculos y contradicciones que le había anunciado la Santísima Virgen, en el año 1832, las autoridades eclesiásticas aprobaron la acuñación de la medalla. Una vez acuñada, se difundió rápidamente. Fueron tantos y tan abundantes los milagros obtenidos a través de ella, que se la llamó, la medalla que cura, la medalla que salva, la medalla que obra milagros, y finalmente la medalla milagrosa. La Iglesia aprobó esta devoción con el decreto de institución de la fiesta de la Medalla Milagrosa, el veintisiete de noviembre, sancionado por León XIII Pecci (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).   
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Procesiones de hoy, domingo 27 de noviembre

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, domingo 27 de noviembre, en Sevilla.          
       Hoy, domingo 27 de noviembre, continúa el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Milagrosa:

     Hdad. de la Milagrosa (Virgen Milagrosa): La Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el puente del Cedrón, María Santísima del Rosario y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1998, con sede canónica en la iglesia parroquial de la Milagrosa, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, talla anónima del siglo XIX; Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el puente del Cedrón, obra de Navarro Arteaga en 2008; María Santísima del Rosario, obra de Francisco Buiza en 1963; y San Juan Evangelista, obra de Juan Antonio Blanco Ramos, en 2002.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Milagrosa: www.hermandaddelamilagrosa.es

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El Retablo de la Virgen Milagrosa, en la Iglesia de San Julián

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de la Virgen Milagrosa, en la Iglesia de San Julián, de Sevilla.
   Hoy, 27 de noviembre, la iglesia católica conmemora la festividad de la Medalla Milagrosa, y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Retablo de la Virgen Milagrosa, en la Iglesia de San Julián, de Sevilla.
     La Iglesia de San Julián [nº 38 en el plano oficial del Ayuntamiento; y nº 75 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Julián, 2 (con portada lateral a la calle Moravia); en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
   En el muro del Evangelio, pasada la puerta de comunicación con las dependencias parroquiales, se encuentra un retablo moderno de escayola dorado, en el que se amalgaman estilos como el nazarí y el renacentista, en cuya hornacina se halla la Inmaculada Milagrosa, imagen de talla completa de Antonio Castillo Lastrucci (1945-1946). De mucha devoción en el barrio por la cercanía del colegio de San Cayetano y el comedor social, regentados por las Hijas de la Caridad (Hermandad de la Hiniesta).
     Una de las advocaciones que se introduciría en el templo será la dedicada a la Virgen Milagrosa, el archivo parroquial conserva copia del contrato donde se especifica: "En Sevilla  reunidos  de una parte  el Sr. Don Santos Arana Párroco de San Julián y de otra Don Antonio Castillo Lastrucci escultor. Convienen lo siguiente: 
     El Sr. Don Santos Arana, encarga al Sr Castillo Lastrucci la construcción de una Imagen de la Milagrosa, de un metro sesenta y  seis  de  altura,  más  la peana  y  el  medio globo, todo tallado en madera de la mejor calidad, estofado en oro y policromado en el precio de PESETAS SEIS MIL QUINIENTAS, el resto de PESETAS CUATRO QUINIENTAS, al recoger la Imagen completamente terminada en mi domicilio calle San Vicente n°52. Dicha Imagen estará terminada en el mes de Febrero del año 1946. Y para que conste, firmamos el presente por duplicado y a un solo efecto a siete de Noviembre del año de mil novecientos cuarenta y cinco". La imagen se situaría en un retablo de estilo neoclásico, del que desconocemos su procedencia, en la cabecera de la nave del Evangelio lugar que ocupaba la antigua Hiniesta Dolorosa. La fecha de entrega de la imagen coincide con los preparativos de la inauguración del templo (Yedra María García Sánchez, Historia y Patrimonio (1932-2018) de la Iglesia Parroquial de San Julián (Sevilla)).
     Parroquia de San Julián. Talla muy dignamente esculpida por Castillo Lastrucci, en la década de los cuarenta del presente siglo. Es de gran tamaño, pues tiene cerca de dos metros de alto, incluída la aparatosa nube que la soporta [Juan Martínez Alcalde, Sevilla Mariana. Repertorio iconográfico. Ed. Guadalquivir. Sevilla, 1997].
Conozcamos mejor la Memoria de la Aparición de la Medalla Milagrosa
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   Esta memoria hace referencia a la devoción a la Inmaculada Milagrosa y su medalla, que tiene como divulgadora a Santa Catalina Labouré, que atribuyó a inspiración divina. En el año 1830, en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en París, Francia, narró que la Virgen se le había aparecido en tres ocasiones cuando era una humilde y piadosa novicia. En las tres, Catalina vio a la Virgen, recibió mensajes y fue tratada con amorosa y maternal atención. La primera visión fue hacia las 11,30 horas de la noche del dieciocho de julio, en que oyó que alguien la llamaba por su nombre: “Sor Labouré, Sor Labouré, ven a la capilla. Allí te espera la Santísima Virgen”. Quien la llamaba era un niño pequeño y él mismo la condujo hasta la capilla. Catalina se puso a rezar y después de oír un ruido semejante al roce de un vestido de seda, vio a la Virgen sentada al lado del Altar.  Catalina fue hacia Ella, cayó de hinojos apoyando sus manos en las rodillas de la Santísima Virgen y oyó una voz que le dijo: “Hija mía, Dios quiere encomendarte una misión... tendrás que sufrir, pero lo soportarás porque lo que vas a hacer será para Gloria de Dios. Serás contradecida, pero tendrás gracias. No temas”. La Virgen señaló al pie del Altar y recomendó a Catalina acudir allí en los momentos de pena a desahogar su corazón pues allí, dijo, serían derramadas las gracias que grandes y chicos pidan con confianza y sencillez. 
     En la segunda visión, hacia las 5,30 horas de la tarde del veintisiete de Noviembre, la Virgen comunicó a su vidente el mensaje que le quería transmitir. Esta aparición tuvo tres momentos distintos. Oyó nuevamente el ruido semejante al roce de la seda y vio a la Virgen. En un primer momento, Ésta estaba de pie, sobre la mitad de un globo, aplastando con sus pies a una serpiente. Tenía un vestido cerrado de seda aurora con mangas lisas; un velo blanco le cubría la cabeza y le caía por ambos lados. Como vemos, presentaba la iconografía habitual de la Inmaculada. En sus manos, a la altura del pecho, sostenía un globo con una pequeña cruz en su parte superior. La Virgen ofrecía ese globo al Señor, con tono suplicante. Sus dedos tenían anillos con piedras, algunas de las cuales despedían luz y otras no. La Santísima Virgen bajó la mirada. Y Catalina oyó: “Este globo que ves, representa al mundo y a cada uno en particular. Los rayos de luz son el símbolo de las gracias que obtengo para quienes me las piden. Las piedras que no arrojan rayos, son las gracias que dejan de pedirme". Cuando el globo desapareció, las manos de la Virgen se extendieron resplandecientes de luz hacia la tierra; los haces de luz no dejaban ver sus pies. Se formó un cuadro ovalado alrededor de la Virgen y en semicírculo, comenzando a la altura de la mano derecha, pasando sobre la cabeza de Ella y terminando a la altura de la mano izquierda, se leía: "OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS, QUE RECURRIMOS A TI". Catalina oyó una voz que le dijo: “Haz acuñar una medalla según este modelo, las personas que la lleven en el cuello recibirán grandes gracias: las gracias serán abundantes para las personas que la llevaren con confianza”.
   El cuadro se dio vuelta mostrando la letra M, coronada con una cruz apoyada sobre una barra y debajo de la letra M, los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que Catalina distinguió porque uno estaba coronado de espinas y el otro traspasado por una espada. Alrededor del monograma había doce estrellas. En el curso del mes de diciembre del mismo año, Catalina fue favorecida con una nueva aparición, similar a la del veintisiete de Noviembre. También durante la oración de la tarde. Catalina recibió nuevamente la orden dada por la Virgen de hacer acuñar una medalla, según el modelo que se le había mostrado el día citado, y que se le mostró nuevamente en esta aparición.  Quiso la Virgen que su vidente tuviera muy claros los simbolismos de su aparición, por eso insistió de una manera especial que el globo, que Ella tenía en sus manos, representaba al mundo entero y cada persona en particular; en que los rayos de luz que arrojaban las piedras de sus anillos, eran las gracias que Ella conseguía para las personas que se las pedían, que las piedras que no arrojaban rayos, eran las gracias que dejaban de pedirle; que el Altar era el lugar a donde debían recurrir grandes y chicos, con confianza y sencillez, a desahogar sus penas. Después de vencer Catalina todos los obstáculos y contradicciones que le había anunciado la Santísima Virgen, en el año 1832, las autoridades eclesiásticas aprobaron la acuñación de la medalla. Una vez acuñada, se difundió rápidamente. Fueron tantos y tan abundantes los milagros obtenidos a través de ella, que se la llamó, la medalla que cura, la medalla que salva, la medalla que obra milagros, y finalmente la medalla milagrosa. La Iglesia aprobó esta devoción con el decreto de institución de la fiesta de la Medalla Milagrosa, el veintisiete de noviembre, sancionado por León XIII Pecci (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).   
Conozcamos mejor la Biografía de Antonio Castillo Lastrucci, autor de la imagen que preside la obra reseñada;
     Antonio Castillo Lastrucci, (Sevilla, 20 de febrero de 1882 – 29 de noviembre de 1967). Escultor.
     Autor de innumerables imágenes y misterios para las cofradías sevillanas: titulares y sayones de la Hermandad de la Bofetá 1923-1924; todo el misterio de San Benito 1928; grupo de la Sentencia, sin la efigie del Señor 1929; titulares de la Hermandad de la Hiniesta e imagen de la Magdalena 1937-1938 y 1944; grupo de las Tres Caídas de Triana, sin el Señor 1940-1941; misterio completo del Prendimiento y sus andas 1945; apóstoles de la Oración en el Huerto 1950; sayones del grupo de las Penas de Triana 1952; misterio completo del Beso de Judas 1958-1960; sayones en el grupo de Jesús ante Caifás 1961. También realizó distintas restauraciones, destacando las efectuadas a la Virgen de la Esperanza de Triana en 1929, la de Jesús Nazareno (La O) en 1936 y al Señor de la Oración en el Huerto 1942. Su obra es inmensamente prolífica (unas 1.150 esculturas), ya que tuvo que sustituir tras la guerra numerosas imágenes que se perdieron. En mayo de 1961 fue merecedor de un homenaje de las Cofradías sevillanas. Fue nombrado hermano de honor en las Hermandades del Prendimiento 1962 y en la Hiniesta 1965.
     El gobierno de la nación le hizo acreedor de la Medalla al Mérito de Trabajo, que se le puso póstumamente sobre su féretro. Su nombre ha quedado perpetuado desde 1964 en la nomenclatura de la ciudad, Imaginero Castillo Lastrucci, entre las calles San Vicente y Torneo. El 9 de noviembre de 1995, los restos de este imaginero fueron enterrados en la parroquia de San Julián a petición de la Hermandad de la Hiniesta, bajo una imagen de la Piedad que él labró en 1949 (Juan Carrero Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de la Virgen Milagrosa, en la Iglesia de San Julián, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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sábado, 26 de noviembre de 2022

La Almazara del Camino de los Molinos, en Almadén de la Plata (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Almazara del Camino de los Molinos, en Almadén de la Plata (Sevilla).
     Hoy, 26 de noviembre, es el Día Mundial del Olivo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Almazara del Camino de los Molinos, en Almadén de la Plata (Sevilla).
     La Almazara del Camino de los Molinos, se encuentra en la calle Coso, s/n; en Almadén de la Plata (Sevilla).
     Antigua almazara de aceite con prensa hidráulica (Inventario de Arquitectura Popular, 1992). Esta almazara formaba parte del Camino de los Molinos, en el que aún se conservan restos de otras almazaras. En la actualidad (2022) la almazara ha desaparecido casi en su totalidad encontrándose en su lugar un solar con algunos restos de la antigua edificación y varios elementos de la maquinaria de la antigua almazara. El inmueble no se encuentra catalogado de forma individual por ninguno de los medios previstos en la Ley de patrimonio Histórico de Andalucía y tampoco cuenta con ningún tipo de protección especial por el planeamiento urbanístico (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor el Día Mundial del Olivo;
     El 26 de noviembre se celebra el Día Mundial del Olivo con la finalidad de proteger y preservar un árbol emblemático que según la UNESCO servirá para fortalecer los valores humanos y culturales entre los pueblos, ya que representa la sabiduría, la armonía y la paz.
     El día 26 de noviembre de 1992 se inauguró el Consejo Oleícola Internacional (COI) en Madrid, España con la finalidad de contribuir al desarrollo responsable y sostenible del árbol de olivo, así como las políticas a adoptar ante los retos que afronta este sector.
     Es por ello que esta fecha ha sido señalada para celebrar el Día del Olivo, reivindicando su importancia en la agricultura, la economía y la cultura.
     La UNESCO aprobó la conmemoración del Día Mundial del Olivo en su 40ª Conferencia General en París celebrada en el año 2019, como símbolo inequívoco y universal de paz, sabiduría y armonía.
     Fue una iniciativa presentada por las delegaciones de Líbano y Túnez, quienes elaboraron un documento en el que se demuestra la importancia y longevidad del árbol de olivo como elemento natural, apoyada por el Consejo Oleícola Internacional.
     La conmemoración de este día se centralizará en el marco del Sistema de las Naciones Unidas para celebrarlo a nivel mundial y tiene como principal finalidad promover la protección y preservación de este árbol milenario, así como su importancia en la sostenibilidad ambiental entre sus países miembros, el cual representa un elemento unificador y de diversidad en todas las culturas desde hace varios siglos.
     El olivo es un árbol milenario de gran belleza que es originario de las zonas adyacentes al mar mediterráneo. Se caracteriza por dar como fruto la popularmente conocida oliva, la cual se utiliza para la elaboración de aceites de muy buena calidad, así como para dar sabor a los alimentos.
     Otros de los nombres tradicionales que se le da a la oliva es aceituna que es muy apetecible en muchas regiones del mundo. Este árbol puede llegar a medir hasta doce metros, de color verde oscuro, tronco bastante ancho, que necesita de un clima adecuado, donde las temperaturas no sean muy bajas.
     Este mágico árbol encierra muchos misterios, uno de ellos es el que tiene que ver con la creencia de que representa la inmortalidad. Desde la antigua Atenas, ya se conocía de su existencia, sin embargo, se desconoce desde cuándo empezó a cultivarse, pero de acuerdo a los datos recaudados, se cree que puede ser 4.000 años antes de Cristo.
    A través de la historia, se sabe que el olivo ha sido venerado por distintas culturas, considerándolo sagrado. Aparece como una figura emblemática, que al parecer provoca en el imaginario colectivo, una idea de resurrección y esperanza que viene desde la época cuando Jesús predicaba en el huerto de Getsemaní.
     También simboliza la armonía y paz universal. Ya cobraba importancia para los fenicios, y los atenienses, ya que su imagen aparece sobre la tumba del rey Tutankamón. Hoy es un icono utilizado para representar organizaciones como el escudo de la ONU, donde se puede ver una corona de ramas de olivo y hasta en las Olimpiadas de Atenas celebradas en el 2004 fue utilizado como emblema.
     El olivo es un árbol al que se asocia con muchas simbologías, algunas de ellas son:
     La sanación: Se cree que este maravilloso arbusto, también posee propiedades medicinales que se encuentra tanto en el fruto como en el aceite.
     La inmortalidad: Es un árbol muy longevo, que puede vivir 2.000 años o más.
     La fertilidad: De acuerdo a la antigua mitología, se tenía la creencia de que sí una mujer dormía bajo un olivo, podía concebir un hijo. Hoy los científicos estudian las propiedades del aceite de oliva para la fertilidad.
     La victoria: Era el símbolo que le era entregado a los ganadores de los juegos en la antigua Atenas. Una corona de olivo, que actualmente sigue siendo costumbre premiar a los competidores en categorías como el ciclismo o la carrera de motos.
     La paz: Un símbolo de la paz mundial. Es bastante común ver una rama de olivo en algunas banderas, también está plasmada en la bandera de una de las organizaciones internacionales más importantes como la ONU.
     Otros datos curiosos sobre el árbol de olivo y su fruto:
     El árbol de olivo es originario de los países mediterráneos.
     Su fruto es conocido como "oliva" y "aceituna".
     La palabra olivo proviene del latín "óleum" y la palabra aceituna proviene del árabe "az-zaytüna".
     El árbol de olivo llegó a América mediante las rutas comerciales que se establecieron durante los primeros viajes de Cristóbal Colón.
     En el Sur de España se utiliza con mayor frecuencia la palabra aceituna, debido a la influencia árabe en esta región del país. La mitad norte de la península se refiere al fruto del árbol de olivo como oliva.
     El árbol de olivo se vincula estrechamente con las religiones de toda la costa mediterránea, con un destacado simbolismo.
     La rama de olivo se reconoce como un símbolo de victoria en la antigua Grecia, así como un símbolo de paz y esperanza en la religión católica. En la historia mitológica de la fundación de Atenas se asoció el fruto del olivo como símbolo de longevidad, sabiduría y fertilidad.
     El color de las aceitunas (verdes o negras) es definido por el grado de maduración de este fruto.
     España es el principal país cultivador de olivares en toda la Unión Europea, con un 55% de la producción en todo el continente. El 62% de la producción de aceite de oliva en este país se destina a la exportación.
     El olivo más longevo del mundo es el de Fuentebuena ubicado en Jaén, llegando a medir diez metros.
      Este enigmático y ancestral árbol es conocido y hasta venerado en muchos países, sin embargo, su popularidad viene desde muchos años atrás, donde distintas culturas se beneficiaron de sus recursos, pero que también les sirvió a las religiones para fundar sus creencias y que se transmitieran de generación en generación.
     Hoy sabemos que el olivo tuvo influencia en antiguas civilizaciones y esto continúa presente en algunas religiones como, por ejemplo:
     La civilización egipcia: En esta época, el olivo era utilizado en los rituales fúnebres. Cuando enterraban a sus muertos, acostumbraban colocar un ramo de olivo en los sarcófagos, quizás como un símbolo de transcendencia a otra vida. También creían que su cultivo, era un regalo de la diosa Isis.
     La civilización griega: Para la mitología griega, el olivo era un símbolo de victoria, por lo que era obsequiado durante las ceremonias y competencias deportivas.
     La religión judía: El aceite de oliva representa la Bendición Divina. Tiene connotación religiosa para celebrar sus ceremonias, rituales. También los usan en los candelabros y en los sacerdotes para ser ungidos.
    La religión cristiana: Son innumerables los pasajes de la Biblia donde el olivo es mencionado. No podemos olvidar el llamado "Monte de los Olivos", en Getsemaní, el lugar preferido por Jesús para congregarse con sus discípulos a predicar y también como sitio de oración.
     La religión musulmana: En la cultura musulmana el aceite de olivo representa un bálsamo, que tiene como finalidad ayudar y guiar a los hombres en la Tierra, ya que simboliza la Luz de Dios.
¿Por qué un día dedicado al olivo según la UNESCO?
     De acuerdo a la UNESCO, el olivo es un árbol con mucho valor para la humanidad. De ahí la decisión de dedicarle un día por ser un elemento natural que ha contribuido a través de la historia a unir y ayudar a la diversidad de los pueblos en todo el mundo.
     Es un árbol que necesita ser protegido para evitar su extinción como ha ocurrido con una gran variedad de flora. Son muchos los aportes que este milenario árbol nos brinda, entre ellos está, que sirve de protección para evitar la erosión de los suelos, la desertificación y para frenar, en cierta forma, las emisiones de CO2 a la atmósfera y coadyuvar en el cambio climático.
     Su cultivo, es sin duda, un valioso recurso para el cuidado y preservación del medio ambiente, además de contribuir al desarrollo sostenible por las múltiples bondades que se extraen de él como son sus propiedades terapéuticas, cultivos para alimentar a la población y muchos otros beneficios.
     En cuanto al desarrollo económico mundial, las plantaciones de olivares han dejado ganancias astronómicas. Cada año se reportan cifras de crecimiento oleícola del 1%, lo cual significaría mayor producción de aceite de oliva para los años que están por venir (ONU).
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La portada lateral de "Los Desposorios de la Virgen", en la Capilla de San José

     Por Amor al Arte,
déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la portada lateral de "Los Desposorios de la Virgen", en la Capilla de San José, de Sevilla.   
     Hoy, 26 de noviembre, Solemnidad de los Desposorios de Santa María Virgen con San José, en las iglesias hispanas, puesto que en el resto de la cristiandad se celebran el veintitrés de enero [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la portada lateral de "Los Desposorios de la Virgen", en la Capilla de San José, de Sevilla
   La Capilla de San José [nº 18 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 46 en el plano oficial de la Junta de Andalucía]  se encuentra en la calle Jovellanos, 12; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     El elemento que configura visualmente el muro del Evangelio la Portada de los Desposorios de la Virgen, de articulación plana y formas menos atrevidas que las observadas en el diseño interior, heredera de las viejas portadas seiscentistas y de algunos dibujos arquitectónicos, como los que publicara Antonio Sancho Corbacho, a pesar de que su planitud, cajeados y ciertos elementos decorativos, como los pinjantes, son dieciochescos, lo que unido a su disposición descentrada con respecto al segundo tramo de la nave y el estilo de sus relieves, parece marcar una ejecución anterior a la de la organización del alzado interior, que se realizó, como se ha dicho, a mediados del siglo XVIII. Si a ello se añade la presencia del reloj de sol, arriba a su izquierda, fechado en 1680, y las fechas que hemos documentado de reedificación de la nave, 1687-1691 y la intervención de Pedro Romero en la desaparecida capilla mayor corta, 1699-1700, nos permite deducir  que su factura debe ser del primer cuarto del XVIII, etapa en la que Sancho Corbacho documentó la realización de diversas intervenciones tras la conclusión de la nave, como fueron las tribunas de madera, los retablos colaterales y la escultura del San José de la portada de los pies, diseñada en 1716 por el pintor Lucas Valdés y realizada en 1717 por el escultor Juan de Dios Moreno, un discípulo de Pedro Duque Cornejo, lo que hace suponer al profesor Falcón Márquez que la decoración relivaria de la por­tada lateral bien pudo deberse a esa pareja artística por esos mismo años. Además, su sola presencia es llamativa, pues para nave tan corta resulta curiosa la existencia de una portada lateral en un ángulo recto bastante cercano con la de los pies, pues abre de frente a la actual calle General Polavieja, antaño Manteros, lo que se podría explicar por el deseo de favorecer el rápido desalojo en momentos de afluencia, como en los cabildos y grandes festividades, convirtiéndose en un escaparate visual a la citada calle.
     De cuerpo y ático de mortero de cal, el vano dintelado queda enmarcado por pilastras cajeadas de capitel de resalte para soportar la cornisa, que se desparrama en los ángulos por ancones estiliza­dos de biglifos y diminutas volutas enrolladas de perfil asimétrico, pues giran al revés en cada lado y el perfil de la moldura es ligeramente distinto, lo que denota talla manual y no plantilla. Su diseño es de recuerdo retablístico, como también su entablamento, resaltado por recuadro de lados menores curvos y su pinjante central de volutas recuerda labores textiles manieristas, como los adornos de escotes bordados con pedrería de la Santa Catalina y Santa Inés del pintor Francisco Pacheco, del Museo del Prado, y que en la capilla también vemos en los pinjantes sobrepuestos de los basa­mentos marmóreos de las pilastras de los torales del crucero, que nos muestran las relaciones de diseño entre las artes y el posible origen tipológico del adorno de obra. El ático, solemne, al recibir la carga plástica, se eleva sobre un pequeño banco de cuatro cajas horizontales, similares a las que hacían funciones de capiteles, y peana deprimida central, para lanzar hornacina de moldurado recerco y arco trilobulado. Todo el ático queda envuelto en una zigzagueante moldura mixtilínea que se enrolla en volutas en los extremos, sirviendo sus ramas curvas para que se recuesten pequeños altorrelieves, al igual que en el frontón curvo de triple inflexión desventrado. En cuanto a su decoración plástica, de barro cocido sin policromar, se halla imbuida en la estética y tipos del taller de Roldán, que se prolonga en los primeros años del XVIII, donde no olvidemos se trabajaba en este material. 
     En la hornacina se ubica un altorrelieve con los Desposorios de la Virgen y San José, cuya festividad se festeja desde el siglo XIV, que materialmente se dispone en dos bloques diferenciados, el casamiento, en la parte terrenal, formada por una composición lineal de siete personas, y un rompimiento de gloria en la parte superior, adaptada al arco trilobulado. Los Evangelios canónicos nada dicen al respecto, por lo que los artistas siguen los apócrifos y la Leyenda Dorada del dominico Jacobo de la Vorágine. María, criada en el Templo tras cumplir catorce años, sería casada por el sumo sacerdote Zacarías, representado como venerable anciano, que buscó sus pretendientes entre los descendientes del linaje del rey David, que portaron una vara que depositaron sobre el altar, donde oraron. Al devolverlas, floreció por voluntad divina la de almendro de San José, sobre la que se posó una paloma, símbolo del Espíritu Santo, señalándolo como el elegido, de ahí que el sacerdote eleve su mano para enlazar con el Dios Padre superior. 
     Es de destacar la propiedad de su atuendo judío, la túnica talar sobre la interior, el efod, ribeteada con una orla de campanillas tintineantes, algunas con forma de granadas, para escuchar su caminar en el templo, el racional sobre su pecho, que es una placa de orfebrería con doce gemas que representan las tribus de Israel, y una mitra bicorne, iconografía tomada de Aarón, hermano de Moisés. A su derecha la Virgen, con túnica y manto de amplios pliegues curvos paralelos, de humilde y juvenil rostro inclinado, de larga y sinuosa cabellera agrupada en mechones, que le dan el aspecto de una Inmaculada. San José posee el aplomo roldaniano, de rostro como los utilizados por el maestro para Cristo o nobles personajes secundarios, como el Santiago del retablo mayor del Hospital de la Misericordia, destacando la sencillez volumétrica del plegado del manto. Asisten como testigos dos hombres y dos mujeres. 
     En el rompimiento de Gloria, Dios Padre, de rostro monumental, asiste orgulloso junto a la paloma símbolo del Espíritu Santo, haciendo brotar la vara de José, en una teatral gesticulación, acompañado de una corte de ocho ángeles niños que sostienen las nubes y mueven juguetonamente su manto al modo de una teatral cortina. Completan las figuras recostadas sobre las volutas de un San Pedro, acéfalo y portando la llave del Cielo y un libro, como todos los apóstoles, y un San Pablo, identificado por el libro abierto con las Epístolas, recordándonos su rostro y posición al Padre crea­dor de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Destacan el tratamiento ampuloso de los paños, de movidos pliegues, los gestos cotidianos de recoger los mantos, y el realismo de las manos, donde se perci­ben las venas cargadas de sangre. Sobre el frontón, y en la misma posición, dos alegorías de las virtudes que adornan a San José, la Castidad y la Mansedumbre, representadas por dos jóvenes muchachas, la primera a la que le falta un fragmento de la cabeza, identificada por el cordero que lleva sobre el regazo, dejando ver sus vellones la apariencia del barro cocido, y la otra, velada y de gran belleza, con las vestiduras rotas, mostrándonos su humildad al en­trecruzar los brazos sobre el pecho, destacando en ambas la postura de las piernas, que se perciben bajo la tela del manto, y el tratamiento de las manos, regordetas y femeninas.
     A la siniestra de la portada una lápida de mármol nos recuerda como la capilla de San José fue declarada tempranamente Monumento Nacional por Real Orden de 5 de septiembre de 1912 (Fernando Cruz Isidoro, La Capilla de San José del gremio de carpinteros de lo blanco. Diputación Provincial. Sevilla, 2015).
     La escena, que representa los desposorios de la Virgen, se sitúa en dos planos. En el inferior aparece el sacerdote bendiciendo a los esposos que se encuentran uno a cada lado con la mirada baja. San José ladea su cuerpo ligeramente hacia el sacerdote y la Virgen lo hace hacia el frente mientras extiende una mano hacia el sacerdote y con la otra recoge parte de su túnica. A cada lado de los esposos aparecen dos personajes que conversan entre ellos y son testigos de la escena. En el plano superior, un rompimiento de gloria, con la figura del Dios Padre que contempla la escena junto al Espíritu Santo. Todo rodeado por nubes, ángeles y querubines con mucho movimiento surgido mayoritariamente del manto del Dios Padre (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Capillita de San José, en la hornacina superior de la puerta que mira a la calle General Polavieja. Hermosa escena escultórica, con figuras de barro cocido en su color, muy amena y simpáticamente dispuesta. Es de escuela sevillana del s. XVIII, y aunque no ha sido catalogada hasta hoy en su producción, a algunos les recuerda los tipos usados por Cristóbal Ramos. Para la altura donde está, ha sido labrada con bastante primor, más allá de un fin meramente decorativo, e incluso parece que este grupito seguiría teniendo plena validez y sentido artístico, si pudiera separarse de su marco arquitectónico para contemplarlo de cerca (Juan Martínez Alcalde. Sevilla mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de los Desposorios de Santa María Virgen;
   Los Evangelios canónicos no dicen nada acerca de este tema. Los artistas siguen el relato de los Evangelios apócrifos y de la Leyenda Dorada.
   Cuando María, criada en el Templo, alcanza la edad de catorce años, el sumo sacerdote quiere darle un esposo para cumplir con la ley de Moisés.
   Convoca al son de la trompa a todos los descendientes de David, solteros o viudos. Aquel a quién roce su vara será el esposo de María.
   Es José el designado por el roce de su vara, sobre la cual se posa, por añadidura, la paloma del Espíritu Santo. José aduce ser muy viejo y se niega, dice que ya tiene hijos y que no desea en absoluto ser objeto de burla de los israelitas. Pero el sumo sacerdote le explica que no debe transgredir la voluntad de Dios, claramente manifestada por un milagro. «Dios te ha elegido para esposo de la Virgen. Tómala.»
   El tema a veces aparece resumido, y otras desarrollado. Cuando alcanza su pleno desarrollo, como en los manuscritos bizantinos de las Homilías del monje Santiago (siglo XII) y en el ciclo de Giotto en la Arena de Padua, se divide en tres escenas: la Prueba de los pretendientes, los Desposorios celebrados por el sumo sacerdote y el Cortejo nupcial.
A) El florecimiento de la vara de San José
   La reunión de los solteros y de los viudos se convocó al son de la trompa. Sorprendido en plena faena, José, que trabajaba en el armazón de un techo, dejó caer el hacha y descendió precipitadamente por una escalera (Homilías del monje Santiago). Los pretendientes llevan al templo cada cual su vara que depositan so­bre el altar, y se arrodillan a esperar el signo divino que señalará al elegido.
   Es la rama de almendro del viejo José la que florece. El sumo sacerdote se la alcanza, a menos que no sea designado por una paloma que se posa sobre su vara o su cabeza.
   El despecho de los jóvenes despojados por ese vejete se expresa de manera más o menos violenta: uno de ellos parte su vara sobre la rodilla; otro se adelanta con el puño levantado para golpear a su rival, más confuso que triunfal.
   La Contrarreforma rechaza el milagro de la vara florecida, tomado del repertorio del Antiguo Testamento, y que honraba al sumo sacerdote Aarón. No obstante, ese tema legendario no desapareció totalmente del arte cristiano y pueden advertirse vestigios suyos en el siglo XVII, en los bajorrelieves de las sillas del coro de Notre Dame de París.
B) Los desposorios
   José que lleva vara florecida 
   Desposa a la Virgen María
   Entre los judíos, el matrimonio era un simple contrato civil y no un rito religioso. Pero la escena está adaptada a las costumbres de Occidente, y como éstas no eran las mismas en Francia y en Italia, la ceremonia se representa de dos maneras muy diferentes.
   En el arte francés, los novios, de pie o arrodillados, se dan simplemente la mano frente al sumo sacerdote que los bendice. Es lo que se llama en derecho romano Dextrarum junctio o Conjunctio manuum, gesto simbólico de la unión conyugal.
   En el arte italiano, por el contrario, San José que tiene como cetro su vara florecida rematada con la paloma del Espíritu Santo, coloca el anillo nupcial en el dedo de la Virgen. Dicho anillo se consideraba conservado en Perussa, Italia. Por esa razón los Desposorios de la Virgen se convirtieron en uno de los temas preferidos de la escuela de Umbría, como lo prueban los cuadros de Spagna y de Rafael.
   El anillo no es de oro ni de plata u otro metal, sino tallado en una piedra preciosa ahuecada: ónix o amatista.
   El rasgo común de todas estas representaciones es que la composición tiene como eje un grupo ternario, generalmente escalonado en pirámide, con tres actores principales: el sumo sacerdote, la Virgen y José.
   Aunque la leyenda no mencione la presencia de los padres de la Virgen, Joaquín y Ana, los artistas suelen invitarlos por su propia cuenta para que asistan a la ceremonia.
   Se les agregan las compañeras de María y los pretendientes despojados.
   Aunque la ceremonia concuerde con los usos de Occidente, el decorado permanece fiel a las costumbres de los judíos para quienes el matrimonio no era un sacramento. La escena no tiene lugar en una iglesia o capilla sino al aire libre, frente al templo de Jerusalén donde la Virgen se había criado.
C) El cortejo nupcial
   La Leyenda Dorada habla de un cortejo de siete vírgenes que llevan antorchas, y de músicos que tocan trompetas y violines, y conducen a la desposada a la casa de José.
   En las Homilías del monje Santiago se ve a la pareja, muy desigual, al llegar a la casa donde la esperan los cuatro hijos de José.
   Este tema, muy infrecuente, ha sido retenido por Giotto que lo representó en la capilla de la Arena de Padua. Los esposos van precedidos por los músicos que se dirigen hacia la casa sobre cuya ventana pende una gran palma (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de los Desposorios de Santa María Virgen
     Jean Charlier, llamado Gerson, discípulo de Pierre d'Ailly, Canciller de la Universidad de París (+1420), propagador de la devoción en honor de San José por influencia de su maestro, intentó instituir una fiesta votiva especial el jueves de témporas en Adviento para conmemorar los esponsales virginales de María y José, lo que parece que logró con un legado de un canónigo de la Catedral de Chartres, Henri Chicoti, para la cual compuso un Oficio. Tras este intento medieval, pasamos al primer dato seguro de esta fiesta que data del veintinueve de agosto de 1517, también en el ámbito francés, en que León X Médici la otorgó, junto a otras nueve fiestas marianas, a las monjas de la Anunciación, fundadas por Santa Juana de Valois. Se celebraba el veintidós de octubre como doble de segunda clase. Pero ya no está centrada, como la de Gerson, en la figura de San José, sino en la de la Virgen. Con este enfoque de fiesta mariana les fue concedida a los Menores el veintiuno de agosto de 1537 para el siete de marzo como doble mayor, y por el mismo tiempo a los servitas para el día siguiente, ocho de marzo. Se recitaba el Oficio de la Natividad sustituyendo la palabra nativitas por desponsatio. Arras fue la primera diócesis que la adoptó por decreto del veintitrés de enero de 1556.  Fue compuesto un Oficio propio por el dominico Pierre Doré (+1569), confesor del Duque Claudio de Lorena. En él, volviendo a la línea de Gerson, se exaltaba la figura de José junto a la de María. En 1546 suplicó sin éxito a Paulo III Farnese la extensión de esta fiesta a toda la Iglesia Latina. A pesar de todo se siguió extendiendo. Desde que el Papa San Pío V Ghislieri abolió el Oficio de Pierre Doré e introdujo el oficio moderno, es otra vez fiesta de María. 
     La conmemoración de San José en la Misa, laudes y vísperas sólo se puede hacer por un privilegio especial establecido en el decreto del 5 de mayo de 1736. Durante algún tiempo no se aprobó la adopción de la fiesta; así en 1655 se le negó al Rey de España. Pero se volvieron a aprobar peticiones en el último tercio del XVII: se le concedió a Austria el veintisiete de enero de 1678 para el veintitrés enero, a España el trece de julio de 1682 trasferida al veintiséis de noviembre (porque el veintitrés de enero estaba ocupado por San Ildefonso de Toledo), a todo el Imperio Germano en 1680, en 1689 a Tierra Santa, en 1702 a los cistercienses, en 1720 a la Toscana y en 1725 a los Estados Pontificios. En nuestros días se celebra el veintitrés de enero, y en los países hispanos el veintiséis de noviembre (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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