Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 30 de agosto de 2023

Un paseo por la calle Federico Rubio

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Federico Rubio, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 30 de agosto, es el aniversario del nacimiento (30 de agosto de 1827) de Federico Rubio, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Federico Rubio, de Sevilla, dando un paseo por ella.
    La calle Federico Rubio es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Mármoles, y Muñoz y Pabón, a la confluencia de las calles Madre de Dios, Fabiola, y Aire.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde el s. XVI era conocida como Dormitorio del Monasterio de Madre de Dios porque a ella daban los del convento; en 1713 ya es conocida como de la Soledad por un retablo callejero de la Virgen de esta advocación, denominación que conservará hasta 1900 en que, a petición de los estudiantes de la Escuela de Medicina, se cambió por el de Federico Rubio (1827-1903), cirujano, fundador de la citada Escuela e hijo adoptivo de la ciudad. Estrecha y rectilínea hubo de ser conformada por la construcción del muro de la Judería, que corría por ella en casi toda su longitud y, más tarde, del convento de dominicas de Madre de Dios a finales del s. XV (Madre de Dios) que ocupaba la acera de los impares. Estuvo empedrada en el s. XVII y fue readoquinada sobre firme de hormigón en 1939; actual­mente sigue adoquinada. La acera de losetas de cemento es muy estrecha e incómoda para los peatones. Fue dotada de alumbrado eléctrico en 1942, que ahora luce en farolas adosadas tipo gas. La edificación de la acera izquierda está formada por muros laterales y traseros del Centro Español de Nuevas Profesiones, el convento y la Escuela Universi­taria de Graduados Sociales (hoy CICUS); la acera derecha está constituida por dos casas de patio en los extremos y edificios de apartamentos de tres y cuatro plantas. Destaca la casa del s. XVIII en donde está instalado el Instituto Británico con fachada en chaflán a Aire. amplio apeadero y patio de columnas; fue construida para el caballero Ibarburu, cuyas armas luce en la fachada. Se encuentra en buen estado de conservación.
     Fue vía de comunicación frecuente entre San Nicolás y el centro monumental, y dada su estrechez, motivo de queja de los vecinos y transeúntes por cerrar el paso con tareas de carga y descarga. Tuvo siempre carácter secundario y así González de León (1839) la describe como "'sola, triste y sin casas". En 1724 fue testigo de la procesión cívica que organizó el cabildo secular con motivo de la entronización de Luis I; el cor­tejo llegó hasta allí para recoger al alférez mayor de la ciudad que tenía en ella su casa. En 1868 algunos vecinos, junio con otros muchos del sector, se unieron a la solicitud de demolición del convento de Madre de Dios y la construcción en su lugar de un mercado de abastos. La enseñanza del inglés en el Instituto Británico y la proximidad de la Escuela Universitaria de Graduados Sociales, junto con el Centro Español de Nuevas Profesiones, contribuyen a animar la calle a determinadas horas del día. Cuenta con pocas viviendas. En la casa esquina a Mármoles se ha instalado recientemente una galería de arte y en otra tiene su sede la Hermandad de la Candelaria [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Federico Rubio, 14
. Esta casa perteneció en el siglo XVIII a don Lorenzo Ignacio de Ibárburu y Bilbao, caballero de Santiago, cuyas armas se encuentran en la fachada principal. Es un edilicio de dos plantas. La portada se encuentra en el chaflán formado en la esquina con calle Aire; está flanqueada por pilastras dóricas y sobre ella un balcón con pilastras jónicas y frontón partido con el escudo de armas. To­do el conjunto está guarnecido por un gran tejaroz. La entrada actual consta de un amplio apeadero con galería cubierta, desde la que se pasa al patio de columnas con arcos de medio punto en planta baja y balcones en la superior, y fuente de mármol en el centro. En uno de los frentes del patio se encuentra la escalera, que consta de dos tramos y se cubre con artesonado mudéjar. Dos salas están, también, cubiertas con artesonados [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Federico Rubio, personaje a quien está dedicada esta vía;
     Federico Rubio y Galí, (El Puerto de Santa María, Cádiz, 30 de agosto de 1827 – Madrid, 31 de agosto de 1902). Médico y político.
     Era hijo de José Rubio y Lubet, abogado de la Real Audiencia de Sevilla y de Trinidad Galy Montaño. De este matrimonio nacieron cinco descendientes, tres mujeres y dos varones. Su hermano José fue abogado y masón; Federico muy probablemente también. El padre era un destacado liberal “exaltado” amigo de Riego, circunstancia ésta que condicionaron poderosamente la infancia y juventud de Federico. La persecución de liberales condenó a su familia a traslados, destierros y penuria económica. Medina Sidonia (1829), Vejer de la Frontera (1829), Jerez de la Frontera (1830) mientras su padre era desterrado a Morón de la Frontera, El Puerto de Santa María (1832-1840) con la familia ya reorganizada, y finalmente Cádiz donde su padre instaló un bufete, fueron sus lugares de residencia durante los primeros trece años de vida.
     La experiencia vital de su niñez estuvo impregnada de una fuerte carga de inestabilidad e inseguridad por estas razones políticas no siempre fáciles de entender por un niño, a lo que hay que sumar la desagradable experiencia escolar de una enseñanza memorística, repetitiva y cargada de castigos corporales. En este sentido, sólo había escasas diferencias entre los frailes de Santo Domingo, la escuela de Diego Choquet de Isla, la de Domingo Fartos, las Escuelas Pías de la Aurora o las clases que en el Convento de San Juan de Dios impartía Santiago Castellanos Galea, a las que sucesivamente asistió entre 1830 y 1840. Trasladado a Cádiz se matriculó en Colegio de San Pedro, donde recibió las enseñanzas del masón Pedro O’Cruley y en el que terminó sus estudios de bachillerato obteniendo el título de bachiller en Artes con la calificación de sobresaliente. Federico Rubio en el verano de 1842, tras descartar por imposibles otras opciones, se inclinó por estudiar Medicina en el Colegio Nacional de Medicina y Cirugía ubicado en Cádiz —Facultad de Ciencias Médicas desde mayo de 1844 y Facultad de Medicina y Cirugía al siguiente año— a pesar de no despertar en él ni en su padre entusiasmo alguno.
     Entre los cursos 1842-1843 y 1849-1850 realizó sus estudios médicos. En 1843 alcanzó el bachillerato en Filosofía y terminó el curso preparatorio con la calificación de sobresaliente, hecho que se repetiría en todos los cursos. En junio de 1848, al terminar el quinto curso, obtuvo con aprobado por unanimidad en grado de bachiller en Medicina y Cirugía y en junio de 1850 ante un tribunal constituido por los profesores Andrés Azopardo Fabre, Francisco Flores Moreno, Rafael Ameller Romero, Vicente Domínguez Daza y Juan Ceballos Gómez alcanzó el grado de licenciado en Medicina y Cirugía; el de doctor no lo lograría hasta septiembre de 1870 en la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Sevilla que había fundado en 1868 y de la que era profesor. Durante el período de licenciatura recibió las enseñanzas, además de los más arriba mencionados, de José María López y López, Manuel José de Porto y Zepillo, José Benjumeda y Gens, José Gabarrón y Lozano, José García de Arboleya, José de Gardoqui y Paino Valladares, Federico Benjumeda Fernández, Ignacio García de la Mata y Pino y Antonio García de Villaescusa, pero éstos eran ya unos años en los que la llamada “escuela médica gaditana” había empezado a languidecer, si bien, aún se encontraba a una distancia respetable con relación al resto de las universidades españolas. De todos estos profesores de Federico Rubio se podrían considerar como sus “maestros” a Domínguez Daza, director de Trabajos Anatómicos y la persona que le apoyó para que alcanzase el nombramiento de ayudante suyo en 1845, y García de Villaescusa, su maestro de Cirugía. Durante estos años su penuria económica trató de compensarla realizando diversas actividades, unas más ajustadas a su condición de estudiante de Medicina y otras más alejadas: el puesto de ayudante le proporcionó 1400 reales anuales; un año antes de terminar su carrera inició la publicación por entregas de un inconcluso Manual de Clínica Quirúrgica (1849- 1850) e impartió clases de Esgrima en el Colegio San Felipe Neri y en el gimnasio de Manuel Elers. Todas estas actividades le proporcionaron recursos económicos para costearse los estudios y ayudar a su familia. 
   En el verano de 1850 se desplazó a Sevilla y en septiembre de este año opositó a una plaza de cirujano en el Hospital Central con resultado adverso a sus intereses.
     Se enfrentaron tres gaditanos —Rubio, Cayetano Álvarez-Ossorio Perea y Manuel Hoyos-Limón Sánchez— y el tribunal en primer lugar y la Junta de Beneficencia después concedieron la plaza a Ossorio, el opositor que menos méritos y más impericia mostró públicamente, pero que contaba con fuertes apoyos políticos. La difusión pública de lo ocurrido tuvo una favorable repercusión en la vida profesional de Federico Rubio, quien a partir de ese momento fue ganando prestigio en Sevilla y formando una clientela privada que le permitió vivir desahogadamente.
     Entre agosto y septiembre de 1854 Federico Rubio tendría su primera experiencia política, disfrutando de un cargo público. Con veintisiete años entró a formar parte del autoproclamado Ayuntamiento Constitucional nacido de un proceso insurreccional, pero no logró conseguir acta de concejal en las elecciones celebradas a comienzos de octubre. En estos años el pensamiento político de Federico Rubio es bastante difuso: juró fidelidad a Isabel II, defendió el “orden” público y se movió en círculos demócratas y republicanos.
     Parece ser que la persecución política que sufrió durante los gobiernos de la Unión Liberal tuvo más que ver con su participación en la organización y vertebración de estos grupos políticos —llegó a ser presidente del Partido Demócrata en 1865— que con su pertenencia a un Ayuntamiento surgido de un proceso revolucionario. A comienzos de la década de 1850 contrajo matrimonio con María de la Paz Chacón Santervas; hacia 1853 nació Sol, su única hija, enviudó en 1855 y contrajo más adelante segundas nupcias con María Díaz Quelle. Al constituirse el Colegio de Médicos de Sevilla en mayo de 1856 formó parte de su Junta directiva con el cargo de diputado segundo, y tal acontecimiento puede considerarse como un indicador del grado de ascenso social alcanzado en Sevilla tras sólo cinco años de residencia.
     Como otros demócratas, fue detenido en 1859, exiliándose y regresando a Sevilla en 1860. Este exilio político, como luego el de 1864, lo utilizó para completar su formación médico-quirúrgica. En la primera de estas fechas trabajó en Londres junto al cirujano William Fergusson y en la segunda, tras una breve estancia en Montpellier, residió en París ampliando su formación con Alfred Velpeau en el Hospital de la Charité, con Auguste Nélaton en el Hospital Saint- Louis, con Pierre Paul Broca en el Hospital Necker y asistió a los cursos de microscopía que impartió el venezolano Eloy Carlos Ordóñez. Tras Francia se desplazó al Instituto de Fisiología de Breslau que dirigía Johannes Evangelista Purkinje completando su formación histológica. La década 1851-1860 es muda editorialmente hablando.
     Hasta 1874 Federico Rubio —excluidos los cortos períodos de exilio político— vivió en Sevilla, primero en la calle Pedro Niño, n.º 1, y después en San Fernando, n.º 36. Durante este período de tiempo continuó con su trabajo político en el seno del Partido Demócrata, para decantarse en la Revolución de 1868 por el Partido Demócrata Republicano Federal, del que llegó a ser presidente del comité sevillano.
     Por otra parte son años en los que Federico Rubio polemiza: en el terreno quirúrgico con Juan Creus y Manso en relación con las resecciones llamadas subperiósticas (1861) y en el “filosófico” con un tal “Ferrando” (1863-1864). Desde el punto de vista editorial son años muy dinámicos, en los que publicó artículos en diversas revistas médicas tales como La Crónica Medica (Sevilla), de la que era redactor, o El Siglo Médico (Madrid). Años más tarde sería muy crítico con su artículo, afortunadamente inconcluso, “Conversación sobre el cáncer”, publicado en esta última entre 1862 y 1863. Federico Rubio participó muy activamente en la preparación de la Revolución de Septiembre de 1868, formó parte de la Junta provisional revolucionaria de Sevilla, cargo que fue renovado por sufragio en las elecciones celebradas en octubre, alcanzando la vicepresidencia. Rubio tiene el perfil de los demócratas revolucionarios sevillanos: nacidos en la década de 1820 fuera de Sevilla, pertenencia a familia pequeño burguesa de tradición liberal y sin grandes medios económicos.
     La revolución favoreció el desarrollo de los proyectos científicos y políticos de Federico Rubio. Por iniciativa suya y al amparo de una nonata legislación sobre la libertad de enseñanza la Junta creó la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Sevilla, cuna del especialismo médico en España, con lo que materializaba parte de sus inquietudes por el estado de la enseñanza.
     En el seno de su Escuela serviría la Cátedra de Clínica Quirúrgica y al mismo tiempo obtendría su doctorado. En el terreno de la política alcanzaría la condición de diputado en las elecciones a Cortes Constituyentes —legislatura 1869-1870— de enero de 1869 y en Madrid desarrollaría una febril actividad en su trabajo parlamentario: asistencia a debates y votaciones, pertenencia a comisiones, proposiciones, interpelaciones, propuestas de enmiendas al proyecto de Constitución y otras leyes. Sería nuevamente elegido diputado en la legislatura de 1871, pero de inmediato se produciría su renuncia. En las elecciones generales de 1872 alcanzó un puesto de senador —nuevamente por la circunscripción de Sevilla— para la legislatura de 1872-1873, pero en esta ocasión su actividad política fue de menor entidad, para recuperarse durante la Primera República tratando de contribuir a la resolución de los múltiples problemas planteados dentro del republicanismo sevillano desde su condición de republicano conservador. Durante cuatro meses y diez días —entre julio y noviembre de 1873— fue enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del Gobierno de la República ante la Corte de San Jorge. Carecía de experiencia diplomática, pero tenía prestigio científico y pedigrí republicano. Fracasó en su intento de reconocimiento de la República por parte del Gobierno de la Gran Bretaña, fracasó en su búsqueda de apoyos económicos para el de Madrid y consiguió frenar la adquisición de armas de procedencia inglesa por parte de los carlistas. Antes de regresar a España efectuó un viaje científico a Estados Unidos visitando centros hospitalarios de Chicago, Filadelfia y Nueva York. En 1883, tras una reclamación, se le incluiría en el escalafón diplomático con la categoría de embajador y ministro plenipotenciario de 1ª clase.
     En 1874 fijó definitivamente su residencia en Madrid, abandonó la política activa durante la Restauración y se dedicó a la práctica médica privada, convirtiéndose en el médico de la alta burguesía y la aristocracia madrileña, llegando a cobrar sumas respetables por sus intervenciones, muchas de las cuales tenían un alto grado de atrevimiento. Posiblemente, su intervención más conocida sea su participación en la junta de médicos que dictaminó la situación clínica de la reina María de las Mercedes en junio de 1879.
     Su ingreso en la Real Academia de Medicina de Madrid en 1874, electo desde mayo de año anterior, fue un acto de reconocimiento a su tarea como médico; Rubio respondería participando activamente en sus sesiones literarias, impartiendo el discurso en la sesión inaugural (1890) o dando los discursos de recepción a otros académicos (a Manuel Prieto y Prieto en 1877 y Eulogio Cervera Ruiz en 1900). Por otra parte fue constante su presencia en actividades congresuales: asistió al Congreso Médico Andaluz de Sevilla (1876), al Congreso Regional de Ciencias Médicas de Cádiz (1879), al Congreso Médico Internacional de Sevilla (1882), al II Congreso de Ciencias Médicas de Barcelona (1888), al X Congreso Internacional de Medicina de Berlín (1890), al Congreso Hispano- Portugués de Cirugía (1898) o al IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía de Madrid (1899).
      Federico Rubio sintonizó en Madrid con el ambiente intelectual abierto que representaba Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza, de cuya primera Junta directiva formó parte.
     Durante esta etapa madrileña fue fundador de tres instituciones que, con sus peculiaridades y problemas tras su muerte, sobrevivieron al fundador hasta 1936. Todas nacieron con un objetivo general renovador tanto en el campo de la formación médica —su gran preocupación de siempre— como en el terreno asistencial. Considerándolas por orden cronológico, la primera fue el Instituto de Terapéutica Operatoria en el Hospital de la Princesa (1880) para la enseñanza de la alta cirugía, y ello tras fracasar algunos proyectos iniciales más de acuerdo con su ideología liberal. En este sentido el apoyo oficial otorgado por el círculo de amistades de Rubio fue fundamental. Este Instituto se convirtió en el segundo núcleo de cristalización del especialismo médico en España, pero por su carácter central y capitalino más poderoso que el sevillano.
     En octubre de 1896 fue trasladado a un complejo de nueva planta —integrado por seis o siete pabellones— construido en la Moncloa con fondos procedentes, en su mayor parte, de una subscripción pública, que no fueron suficientes para cubrir el valor total de la obra.
     Muy vinculado a este traslado se encuentra el segundo de los grandes logros institucionales de Federico Rubio: la creación en 1896 de la Escuela de Enfermeras Santa Isabel de Hungría. Rubio había colaborado a que en España se resolvieran los grandes problemas que impedían el desarrollo de la cirugía en el siglo XIX, a saber, el control del dolor gracias a la anestesia, el control de las hemorragias por medio de la hemostasia y el control de las infecciones quirúrgicas por la cirugía antiséptica y aséptica. Pues bien, esta nueva cirugía exigía un nuevo escenario, el quirófano, en el que necesariamente tenía de estar presente una enfermería de carácter técnico adecuadamente formada y a ello respondió la creación de esta primera escuela laica y burguesa, aunque no carente de elementos disciplinarios autoritarios y orientación clerical.
     No llama la atención que en el mes de marzo de 1899 apareciera el primer número de la Revista Iberoamericana de Ciencias Médicas fundada por Federico Rubio, su tercer objetivo institucional. Su nacimiento hay que enmarcarlo en un momento de fuerte impulso regeneracionista —en el que Hispanoamérica estaba muy presente— y dentro del movimiento documental europeo. Rubio pretendió aglutinar la ciencia médica española y la de los países americanos a través de una revista de calidad que fuera un nexo de unión entre dos continentes con tradiciones culturales comunes. Estos intereses hispanoamericanistas no alcanzaron cotas altas, en parte, como consecuencia de la gran debilidad de aquel mundo: un indicador de esta aseveración es el bajo número de trabajos originales publicados en la revista por autores sudamericanos. En este sentido, la revista se convirtió exclusivamente en el órgano de expresión del Instituto Rubio y, muerto éste, aún se debilitó más la conexión iberoamericana. Como no podía ser de otra manera, Rubio utilizó su revista para vehiculizar la mayor parte de su producción entre 1899 y 1900, siendo los dos años siguientes prácticamente mudos desde un punto de vista editorial.
     Federico Rubio estaba en posesión de la Gran Cruz de Isabel la Católica, la de Alfonso XII, pertenecía a la Orden del Cristo de Portugal y era miembro honorario del Royal College of Surgeons of England. De este último se encontraba muy satisfecho por su carácter estrictamente profesional. En junio de 1900 diversas instituciones celebraron los actos de homenaje con motivo de la celebración de sus Bodas de Oro con la profesión médica: la Revista Portuense y los Anales Médicos Gaditanos le dedicaron respectivamente un número monográfico, las Facultades de Medicina de Cádiz y Sevilla celebraron actos públicos, la prensa en general se hizo eco de la efeméride, múltiples comisiones le visitaron en su domicilio de Madrid y el Ayuntamiento de Sevilla lo nombró Hijo adoptivo y rotuló una calle con su nombre. Poco antes de su muerte la reina regente María Cristina le ofreció un título nobiliario, el de marqués de El Puerto de Santa María, que respetuosamente Federico Rubio rehusó.
     La salud de Federico Rubio sufrió un proceso de deterioro muy evidente a partir de 1901 con agravamiento en la primavera del siguiente año. Falleció en Madrid, en el domicilio de su hija Sol en la calle Barquillo, el 31 de agosto de 1902, y fue enterrado “católicamente” dos días más tarde en el panteón construido en la capilla del Instituto en la Moncloa.
     Sobre Federico Rubio se construyó a principios del siglo XX un discurso mitificador que no ha hecho más que crecer con el paso del tiempo, hasta que su figura ha dejado de tener vigencia social y ha pasado definitivamente al mundo de los historiadores. Lo que no eran más que hechos habituales se elevaron a la categoría de extraordinarios y las miserias, presentes en toda vida que sólo pretenda ser humana, apenas sí se percibieron por sus contemporáneos y biógrafos posteriores. Bueno, sabio, hombre ejemplar, genio original, trabajador infatigable, maestro de sabios, patriarca de la medicina española, sacerdote de la ciencia, gloria nacional, príncipe de la cirugía, son algunos de los epítetos que se le han dedicado. Es decir, un compendio de valores burgueses con los cuales la clase médica española se identificaba y legitimaba.
     Sánchez de la Cuesta, uno de sus biógrafos, en 1949 le disculpó por su compromiso político, que calificó de “inútil distracción”, al romper con la política activa y dedicarse exclusivamente a la medicina. Entre tanto halago da la impresión de que no se podía ser tan grande siendo solamente un burgués, pero es lo que fue y lo que nunca aceptó dejar de ser (Juan Luis Carrillo Martos, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Federico Rubio, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Federico Rubio, en detalle:
Galería Rafael Ortiz
Casa Hermandad de la Candelaria
Centro Español de Nuevas Profesiones
Instituto Británico

martes, 29 de agosto de 2023

La Hacienda San Juan del Hornillo, en Dos Hermanas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda San Juan del Hornillo, en Dos Hermanas (Sevilla).
     Hoy, 29 de agosto, Memoria del martirio de San Juan Bautista, a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el actual Israel, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Hacienda San Juan del Hornillo, en Dos Hermanas (Sevilla).
     La Hacienda San Juan del Hornillo, se encuentra en la carretera de Isla Menor - Los Palacios, km. 6,5; en Dos Hermanas (Sevilla).
     San Juan del Hornillo es otra de las haciendas sevillanas inéditas y que incluso es denominada en la cartografía Cortijo del Hornillo. Se encuentra en el pago homónimo próximo al canal del bajo Guadalquivir y atravesado por el arroyo del mismo nombre, con acceso por la carretera Isla Menor-Los Palacios a la altura del km 6,5, donde están los postes que señalan la entrada. Entre los valores de San Juan del Hornillo destaca su espléndida conservación, dedicada en el presente tanto a la celebración de diversos eventos como a la cría de caballos cartujanos.
     El conjunto está formado por tres grupos de construcciones. El primero se ubica al pie de la citada carretera y lo integran los aludidos postes, tras los que se levantan una casa-bomba y una vivienda para el guarda de la finca. Por su parte, el núcleo principal, muy regular, se articula en torno a tres patios. El primero, de labor y con pavimento empedrado, tiene su propia portada, en cuyo apeadero se abre una ventana por donde se pagaba a los trabajadores. A la izquierda del acceso está el guadarnés y a la derecha, la vivienda del encargado. En el lateral izquierdo de este patio hay una descomunal nave corrida bajo interesante viguería de madera, que, según indican los letreros de sus entradas, fue en origen granero, utilizándose en la actualidad como salón para celebraciones. En el centro del patio sobresale otra gran nave casi exenta que fue tinao, hoy compartimentada en boxes, y a la derecha se encuentra el acceso al señorío, con unas arcadas en las que se contempla un panel cerámico con distintos oficios agrícolas. Más allá del mencionado granero se encuentra otra nave paralela y de semejante configuración que fue cuadra y que delimita otro patio que no llega a cerrarse. Tras estas piezas se hallan el muelle de carga y una serie de cercados para los caballos.
     Este patio, en un segundo ámbito, continúa a la derecha del tinao y sirve de eje a diversas dependencias relacionadas con las labores agrícolas, además de la vivienda del capataz. Al fondo hay una portada al campo, ante la cual está el surtidor de combustible, y, a su derecha, una hilera de boxes cubiertos con teja plana. En el costado de la derecha continúa la misma estructura, pero su función fue en origen la de lavadero de aceitunas. En este mismo patio y adyacente al señorío estaban el molino, de maquinaria hidráulica y del que sólo se conserva el alicatado, cuya nave alberga en la actualidad la colección de coches de caballos de su propietario, y la bodega, en la que había más de medio centenar de depósitos metálicos. Esta última es una gran nave con arcos transversales, con un porche al exterior donde se situó la caldera del molino y la carpintería. Al pie de la bodega se encuentra asimismo la oficina.
     El señorío de San Juan del Hornillo reviste un tono palaciego. De doble altura y estructurado en torno a un patio, su fachada está rematada por una espadaña con el patrón de la finca en una pequeña hornacina. También aparece el nombre de la hacienda, las fechas de 1850, 1930, 1945 y 1963 que hacen referencia a transmisiones en la propiedad del edificio y el escudo de sus actuales propietarios. El patio, centrado por una fuente, tiene, en la planta baja de tres de sus lados, arcos que apean en sólidas columnas de mármol. Un pasillo conduce al primer patio y una escalera de amplio tiro a la planta alta, de la que sobresale el elevado mirador, construido en ladrillo siguiendo los cánones clásicos de este elemento, con un reloj centenario hecho en Vitoria en la caña. Mención aparte merece la capilla de la hacienda, en la que merecen especial atención el artesonado y el retablo barroco dedicado a la Virgen del Carmen.
     Los jardines que rodean el señorío son de pareja importancia al mismo, contando con esculturas, un interesante brocal de pozo, portadas rústicas que lo separan del resto del edificio, pérgolas, chamizos, piscina y una notable cantidad de especies botánicas. En la actualidad estos jardines se extienden también ante la fachada del sector de labor, donde hay un humilladero con una cruz de hierro forjado sobre una columna y tinajas decorativas.
     El tercer núcleo de la hacienda está formado por una serie de casillas y naves ubicadas en el pago del Hornillo, a más de medio kilómetro del caserío principal, que sirvieron de zahúrdas y gañanía.
     Su historia se remonta al siglo XVI, habiendo pertenecido, según sus propietarios y su página web, a la orden de los Jerónimos hasta que fue desamortizada hacia 1850. A partir de entonces pasó por diversas manos, miembros de la burguesía sevillana que levantarían su molino aceitero hidráulico y dedicarían la completa extensión de la finca, por encima de las 500 ha, al cultivo del olivo. En 1963 ésta fue adquirida por su actual propietario, el conde de Odiel, que restauró el caserío. Su reciente cambio de uso no ha ocasionado más que mínimas alteraciones, que en nada han afectado a la estructura general del edificio. Mención especial merece su cuidado señorío, que sigue los modelos estructurales de la casa sevillana. San Juan del Hornillo reúne además un auténtico museo, del que cabría destacar la variada colección de rejas y aperos de labranza y el amplio muestrario de piezas cerámicas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan Bautista, precursor del Señor:
EL ÚLTIMO DE LOS PROFETAS DE ISRAEL Y EL PRECURSOR DEL MESÍAS
   San Juan Bautista (en su traducción de los Cuatro Evangelios -1943-, Hubert Pernot sustituyó la denominación usual de San Juan Bautista por la de San Juan el Inmersor, pero la innovación no tuvo eco), el Precursor o, como dicen los griegos, el Prodromos del Mesías, es la "fíbula" viva que une el Antiguo con el Nuevo Testamento. Pertenece al reino de la Ley y al mismo tiempo al reino de la Gracia: ha vivido sub lege y sub gratia. 
   Aunque su historia sea contada en el Nuevo Testamento, no se podría separar de los profetas de la Antigua ley: es el último y el más grande de la estirpe ¿Acaso el propio Cristo no lo ha llamado profeta y más que un profeta? "Hic est enim propheta et plus quam propheta." Pasa por ser la reencarnación del profeta Elías: "Delante del cual irá él, con el espíritu y la virtud de Elías", dice Lucas (1: 17).
   La piedad popular y el arte cristiano siempre le han reservado un lugar aparte de los apóstoles y de los santos. En la Coronación de la Virgen, del primitivo artista de Aviñón Enguerrand Quarton (1453), San Juan esta en las filas de los profetas, en el lado opuesto a San Pedro y a los apóstoles. En la Asunción del Libro de Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet lo sitúa junto a Moisés. A principios del siglo XVI, en su pintura La Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos o de la Santísima (Allerheiligenbild) en el Museo de Viena, A. Durero, fiel a la tradición, sitúa a Juan el Bautista en la cohorte de los justos del Antiguo Testamento, junto a Moisés y el rey David.
   Pero si Juan Bautista es el último de los profetas, también es el primero de los mártires de la fe de Cristo. Merecería, más que el díácono Esteban, el título de protomártir. La Iglesia le rinde el mismo culto que a los santos. En la hagiografía ocupa un lugar análogo al de San Miguel, venerado como arcángel y como santo al mismo tiempo.
   Así se explica que pueda figurar dos veces en un mismo programa iconográfico, donde representa simultáneamente el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el caso de la portada de la iglesia de San Servais, de Maastrich, donde se encuentra en los dos derrames: a la izquierda, pisoteando a Herodes y a Herodías, y a la derecha, bautizando a Cristo en el Jordán.
HISTORIA
   La historicidad de San Juan ha sido discutida tanto como la de Cristo. Ciertos mitólogos lo identifican, como a Jonás, con el dios pez babilonio Oannes.
   El historiador judío Josefo dice sólo que su predicación inspiraba gran esfervecencia en el pueblo, lo cual provocó su detención (Antigüedades judías, Lib. XVIII). Ese relato no concuerda con las fuentes cristianas.
   Brevedad de los Evangelios canónicos. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan acerca de su vida puede resumirse en pocas palabras.
   Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, recibió el nombre de pila Johanan o Jochanaan. Se retiró muy joven al desierto de Judea para llevar allí una vida ascética y predicar la penitencia. En Jesús, que se hizo bautizar por él en el Jordán, reconocía al Cordero de Dios, al Mesías anunciado por los Profetas. Ese acontecimiento capital habría ocurrido en el año 28.
   Arrestado en el 29, en la fortaleza transjordana de Macarea o Macerón (Mekavar) por el tetrarca de Galilea Herodes Antipas, cuyo matrimonio con Herodías, que era su sobrina y su cuñada a la vez (Herodes no podía justificarse por la ley judía de los levitas puesto que Herodías tenía cuatro hijos de su primer matrimonio), se había atrevido a censurar, fue decapitado sin que Jesús interviniese para salvarlo.
   Sólo en Marcos y en Mateo encontramos el relato de la Pasión de Juan desde su detención hasta su decapitación. El cuarto Evangelio no hace ninguna alusión al hecho, y San Pablo calla al respecto.
   Las adiciones de los Apócrifos. Sobre ese delgado cañamazo bíblico la leyenda bordó innumerables anécdotas que inspiraron al arte cristiano durante siglos.
   Los hagiógrafos desprovistos de imaginación recurrieron a otras fuentes mal disfrazadas. El evangelista Lucas ya había dado un ejemplo en tal sentido, contando el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista según el modelo de los nacimientos de Isaac (Gen. 18: 10), de Sansón (Jue. 13:2) y de Samuel (I Rey. :1). El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció el nacimiento de un hijo que se llamaría Juan. Zacarías, tan escéptico como la vieja Sara, respondió que era demasiado anciano, al igual que su mujer, como para creer en esta buena noticia. Para castigarlo por su incredulidad, el ángel le declaró que permanecería mudo hasta el día en que se realizara la promesa divina.
   La Virgen embarazada fue a visitar a su prima Isabel. Al acercarse Jesús, el niño se estremeció de alegría en el vientre de su madre.
   El mismo día de su nacimiento, contrariando la costumbre judía, recibió el nombre de Juan: tan pronto como su padre Zacarías, que hasta entonces permaneciera mudo, lo escribió sobre una tabla, recuperó la palabra; su lengua se liberó y se repuso de su largo silencio profetizando.
   De acuerdo con una tradición que se remonta Orígenes y a San Ambrosio, y que ha sido recogida por Pedro Comestor y por Jacopo de Vorágine en la Leyenda Dorada. el futuro precursor habría sido recibido en su nacimiento por la Virgen María. Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. El niño fijaba la mirada en ella como si hubiese comprendido quién era y cuando ella quiso devolverlo a su madre, él inclinaba la cabeza hacia la Virgen y sólo parecía encontrar placer en ella.
   Lucas no dice nada acerca de la infancia de Juan Bautista, pero los Apócrifos colman la laguna. Ahí se inventa la huida de Isabel con su hijo en el momento de la Matanza de los Inocentes, fuga poco motivada puesto que habitaban lejos de Belén.
   Retirado en el desierto (o en los bosques), Juan, vestido con una túnica de pelo de camello, se contenta con alimentarse de langostas (este alimento no tiene nada de anormal para un habilitante del desierto. Todavía en la actualidad los árabes comen sin asco alguno langostas secas, limpias de élitros, que se venden a espuertas en los mercados al aire libre o en los zocos. Han seguido "acridófagos". No obstante, numerosos comentaristas piensan que un asceta sólo podía ser vegetariano y pretenden que la palabra akrides ha sido traducida por langostas pero que debería interpretarse como brotes tiernos o frutas silvestres, quizás algarrobas , que en alemán se llaman Johannessbrotfrüchte -panes de San Juan-. Cf. Henri Grégoire, Les sauterelles de saint Jean-Baptiste, 1930. En inglés el algarrobo se denomina locust-tree, y las algarrobas locust-beans) y miel silvestre (locustae et mel sylvestre). Exhorta a la penitencia a sus discípulos, que lo toman por el Mesías, anunciándoles que el Reino de los Cielos está próximo.
   Después del Bautismo de Cristo deja de predicar. Como Natán censurando el adulterio de David, reprocha al tetrarca de Galilea Herodes Antipas el incesto con su cuñada. Para vengarse, Herodías aconseja a su hija Salomé, que había embrujado al tetrarca con su danza, que le pida como recompensa la cabeza de San Juan Bautista.
   Según el Evangelio de Nicodemo, habría precedido a Cristo en los Infiernos, donde habría servido de anunciador, igual que en la tierra.
   El profeta fue perseguido aún después de su muerte: se contaba que el emperador Juliano el Apóstata, para poner fin al culto que se le rendía, hizo desenterrar y quemar sus huesos.
   Puede advertirse lo que agregan los Apócrifos al relato de los Evangelios canónicos: la presencia de la Virgen en el nacimiento de Juan, la leyenda de la montaña que se abre frente a la madre y al niño, su descenso a los Infiernos donde precede y anuncia a Cristo, la incineración de sus reliquias.
   La ciencia moderna. El descubrimiento de los manuscritos hebreos en el desierto de Judá, al fondo de las grutas cavadas en los cantiles del mar Muerto, en 1947, ha renovado nuestro conocimiento de los orígenes del monacato cristiano. Sobre todo se descubrió que las prácticas y enseñanzas de los Esenios había ejercido profunda influencia en la predicación del Bautista. La traducción de los rollos del mar Muerto sin duda confirmará esta filiación espiritual.
CULTO
   San Juan Bautista es el primero en la jerarquía de los santos. Su primado es reconocido por la liturgia. En las Letanías se lo invoca inmediatamente después de los arcángeles, antes que a San José, esposo de la Virgen. En el Confiteor, su nombre es enunciado antes que el de San Pedro, príncipe de los Apóstoles. San Pedro Crisólogo lo glorifica como un superhombre, el igual de los ángeles: major homine, par angelis.
FIESTAS
   Por un privilegio excepcional, la Iglesia celebra el día de su nacimiento y el de su muerte: su Natividad es el 24 de junio, su Decapitación el 29 de agosto. Ahora bien, sólo hay otras dos Natividades inscritas en el calendario litúrgico, la del Mesías y la de la Santa Virgen.
   Antiguamente había incluso otra fiesta de San Juan Bautista, la de la Concepción de San Juan Bautista. Celebrada en Oriente, en el calendario romano ha sido reemplazada por la Visitación, que conmemora implícitamente la santificación de San Juan en el vientre de su madre.
   La fiesta de la Natividad de San Juan, fijada en junio, seis meses antes de la Natividad de Jesús, se llamaba en otros tiempos Navidad de verano. Durand de Mende nos enseña en su Rational (VII, 14) que entonces, como en la Nochebuena, se cantaba un doble oficio: el primero al anochecer y el segundo a medianoche.
   Más popular todavía, la Pasión o Decapitación, celebrada en agosto, reemplaza fiestas paganas que el cristianismo, consciente de la fuerza de su tradición, supo desviar en su provecho. Los fuegos encendidos en las cimas durante el solsticio de verano, después de la puesta de sol, se convirtieron en los fuegos de San Juan.
RELIQUIAS
   El culto de los santos generalmente está fundado en sus milagros y sus reliquias. Ahora bien, los judíos nunca han atribuido al Bautista un solo milagro y sus reliquias habrían sido reducidas a cenizas.
   Un panegirista de San Juan que escribiera en el siglo XII, se alegra de que éste no haya sido elevado al cielo como Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista, porque si hubiese resucitado -agrega, ingenuamente- estaríamos privados de sus reliquias.
   A decir verdad, la historia de la combustión de los huesos de San Juan por órdenes de Juliano el Apóstata resultaba muy molesta porque parecía quitar a los santuarios de la cristiandad toda esperanza de conquistar las reliquias del primero de los santos. En verdad, quedaban las cenizas que los genoveses se jactaban de haber recogido. Pero se las arreglaron para sortear el obstáculo: se supuso que la combustión no había sido total y que un discípulo había conseguido sustraer al fuego huesos que fueron transportados a Alejandría y se difundieron y multiplicaron a través del mundo.
   Numerosas iglesias se disputaban la gloria y las ventajas de poseer las reliquias del Precursor. A causa de una confusión de nombre, se considera que la tumba de San Juan Damasceno en la mezquita de los Omeyas de Damasco contiene el cuerpo de San Juan Bautista.
   Los Juanistas o Caballeros de San Juan habrían recogido un brazo en su iglesia de Malta.
   Las pequeñas iglesias se contentaron, modestamente, con los dedos del Precursor. San Juan de Maurienne poseía su pulgar y San Juan del Dedo -en Bretaña- el índice, todavía más precioso, que señaló al Cordero de Dios a orillas del Jordán.
   El duque Juan de Berry legó a los cartujos de París el mentón y las sandalias de su santo patrón contenidos en un relicario de plata.
   Pero la reliquia más codiciada era la cabeza del decapitado que Constantinopla pretendía poseer en el monasterio de Studios.
   Sólo en Italia se conocían cinco ejemplares de su cabeza. En dos iglesias de Roma, S. Silvestre in capite y S. Juan de los Florentinos, en S. Lorenzo de Génova, en S. Marcos de Venecia y en la catedral de Anagni.
   A las pretensiones italianas se oponían las reivindicaciones francesas. En 1204, después de la cuarta Cruzada, un canónigo de Picardía habría llevado desde Constantinopla a Amiens la parte anterior de la cabeza de San Juan Bautista con la marca del cuchillo de Herodías. La parte posterior de la "cabeza del Señor San Jehan" había quedado en Constantinopla. San Luis la adquirió a precio de oro para la Sainte Chapelle; era la pieza más preciosa del tesoro, después de las reliquias de la Pasión.
   Otra cabeza (de otro San Juan), encontrada en 1014 y conservada en un magnífico relicario, atraía a los peregrinos a San Juan de Angély, en Saintonge (Calvino se burla en su Tratado de las Reliquias: "Los de Amiens se jactan de tener el rostro y la máscara que muestran hay una marca de una cuchillada sobre el ojo que dicen que le asestó Herodías. Pero los de San Juan de Angély los contradicen y muestra la misma parte."). Santa Verónica habría aportado a Bazas una "mappula" con la cual habría secado la sangre del Precursor en la prisión.
   En España, la iglesia de San Isidoro de León se jactaba de poseer la mandíbula del Precursor.
   A causa de esta multiplicación, a finales de la Edad Media se contaba doce cabezas y sesenta dedos del Bautista, lo cual es evidentemente excesivo. Pero como sólo se presta a los ricos, se han atribuido al Bautista huesos que pertenecían a sus homónimos, tales como San Juan de Edesa.
LUGARES DE CULTO
   La popularidad de San Juan está probada no sólo por el número paradójico de sus reliquias que parece haber tenido, como el fénix, el privilegio de renacer de sus cenizas, sino además por la multitud de iglesias puestas bajo su advocación.
   Roma no le consagró menos de ocho, la más célebre de las cuales es San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias, "omnium ecclesiarum mater et caput", fundada por Constantino, el primer emperador cristiano. En Italia era, además, patrón de Génova, de Florencia -que estampaba en sus florines la imagen de San Juan Bautista- y de Turín, que le dedicó su catedral.
   En Venecia, la iglesia de San Giovanni Decollato se llama en dialecto San Zan Degola.
   En Francia, le están dedicadas numerosas catedrales, especialmente la de Lyon, sede del Primado de las Galias. Además, era venerado en Perpiñán, que le dedicó dos iglesias: San Juan el Viejo y San Juan el Nuevo, en Bazas; San Juan de Angély en Saintonge; San Juan del Dedo en Bretaña, San Juan de Maurienne en el Delfinado y la abadía de San Juan de las Viñas en Soissons.
   A ello hay que agregar que los baptisterios que en otros tiempos se levantaban junto a las catedrales, estaban obligatoriamente consagrados al Bautista: tal es el caso del baptisterio San Juan de Poitiers; de San Giovanni in Fonte, en Ravena, y los baptisterios de Parma, Pisa y Florencia. En Francia se los llamaba San Juan de las Fuentes o San Juan el Redondo, a causa de su planta circular.
   Numerosas órdenes religiosas o militares se vindican de San Juan Bautista: Los caballeros de San Juan de Jerusalén expulsados a Rodas por la reconquista musulmana, que luego pasaran a Malta; los cartujos, cuya devoción se repartía entre San Juan, patrón de los ascetas y San Bruno, fundador (Claus Sluter lo ha representado en la portada de la Cartuja de Dijon como patrón de los Cartujos, protegiendo a Felipe el Atrevido. La cartuja del Valle de la Bendición, fundada por el papa Inocencio VI en Villeneuve de Aviñón, originalmente estaba consagrada a San Juan Bautista; por ello los frescos de la capilla ilustran escenas de su vida. En España, Fernando Gallego pintó para la Cartuja de Miraflores un ciclo de la historia del Bautista) de la orden.
   En 1310, en Haarlem, se fundó una Encomienda de la orden de San Juan. Para ella fue ejecutado el gran retablo de Geertgen Tot sint Jans, uno de cuyos paneles se encuentra en el Museo de Viena.
CULTO POPULAR
   Numerosos santos nunca han recibido más que un culto litúrgico y, por así decir, oficial, pero San Juan Bautista es, por el contrario, el tipo del santo popular.
   Los fuegos de San Juan, las hierbas de San Juan (las verbenas) son una herencia del paganismo que sobrevive en el folklore cristiano.
   Las corporaciones y las cofradías se disputaban el patronato de tan poderoso intercesor: por ello su imagen es tan frecuente en los báculos procesionales de las cofradías.
   San Juan Bautista era el patrón de los sastres porque se vistió a sí mismo en el desierto; de los peleteros, a causa de la túnica de pelo de camello; de los fabricantes de cinturones, zurradores y talabarteros porque llevaba cinturón de cuero; de los cardadores de lana porque tenía un cordero como atributo.
   En Florencia había adquirido la clientela del Arte di Calimala, es decir, del gremio de comerciantes de paño francés.
   En memoria del festín de Herodes, era venerado por los posaderos. La prisión le valió la clientela de los pajareros porque también él había sido metido en una jaula y su decapitación la de los cuchilleros y afiladores porque le habían cortado la cabeza.
   A causa de su prisión y decapitación también era el patrón de los prisioneros y condenados a muerte. Las cofradías de la Misericordia que se habían fijado como misión acompañar a los condenados al suplicio y sepultarlos, habían elegido como emblema la cabeza de San Juan en una bandeja. Por eso la capilla de los Penitentes Negros de Aviñón, adosada a la prisión, está dedicada a San Juan Bautista, y los bajorrelieves de la fachada representan a dos ángeles que llevan su cabeza en una bandeja.
   Sin embargo, a primera vista se explica difícilmente, que también sea el patrón de cantores y músicos. En este sentido, es necesario recordar que los nombres de las notas de la escala han sido tomadas por el monje benedictino Guido d'Arezzo de un himno en su honor: ut (luego do), re, mi, fa, sol, la son las sílabas iniciales de los versos donde se lo celebraba, y la nota si está compuesta por la S y la I de San Juan (Sancte Iohannes), invocada al final de la estrofa.
   Como todos los santos populares, el Bautista era también un santo curador.
   La cabeza de San Juan en una bandeja (Johannischüsse) era objeto de una particular devoción por parte de los fieles que sufrían de migraña o jaqueca: se les presentaba la bandeja de San Juan, y a veces incluso se les colocaba su cabeza de metal hueco para "aspirar" la enfermedad.
   En Amiens, la cabeza de San Juan curaba la epilepsia (se llamaba a la epilepsia el mal de San Juan). En San Juan de las Viñas de Soissons, a donde los pacientes acudían en peregrinación, se lo invocaba contra las enfermedades de garganta, las anginas y los ahogos.
   En el Tirol, los campesinos conseguían la curación de los dolores de cabeza dando tres vueltas en torno al altar con una "Johannisschüssel" (algarroba). Arrojada al agua, la cabeza de San Juan ayudaba a a encontrar los cuerpos de los ahogados.
   A causa del Bautismo en el Jordán, tradicionalmente se consideraba a San Juan protector de las fuentes.
   En Rusia, los popes recomendaban abstenerse de todo fruto o legumbre, pera o calabaza cuya forma pudiera recordar la de la cabeza humana en el día de la fiesta de la Decapitación del Prodromo.
   Si a todas esas creencias populares se suma el hecho de que los nombres de San Juan y Juana eran extremadamente usuales en todos los países y que su empleo hacía que quienes lo eligieran se hicieran pintar bajo la protección de su santo patrón, se explica fácilmente la profusión de imágenes de San Juan en el arte cristiano.
ICONOGRAFÍA
   Tipos. La mayoría de los santos no tienen más que un tipo iconográfico. A nadie se le ocurriría representar un San Pedro o un San Pablo niños. Pero San Juan Bautista aparece en el arte cristiano, por el contrario, con dos aspectos diferentes: como niño y como adulto, como compañero de juegos del Niño Jesús y con los rasgos de un predicador ascético. Desde este punto de vista puede compararse con David, representado ya como joven pastor vencedor de Goliat, ya como rey coronado tocando el arpa.
San Juanito
   Fue el Renacimiento italiano el que popularizó el tipo del bambino de cabellos rizados jugando respetuosamente con el Niño Jesús bajo la tierna vigilancia de la Madona.
   El tema del pequeño San Juan asociado con el Niño Jesús no tiene fundamentos alguno en la Biblia, porque si hay que creer en el testimonio de San Juan Evangelista (1: 31), el Bautista habría dicho al ver a Jesús avanzar hacia él para ser bautizado en las aguas del Jordán: "Yo no le conocía".
   Pero se explica sin dificultad el atractivo que un tema semejante debía ejercer sobre los pintores de la maternidad y de la infancia. Según Botticelli, fue Leonardo da Vinci quie en su Virgen de las Rocas ha ofrecido el modelo más perfecto de esas Sagradas Familias ampliadas que luego inspiraron a Rafael (bastará recordar la Madonna della Tenda en la Pinacoteca de Munich; la Virgen del vel o y ls Sagrada Familia de Francisco I, en el Museo del Louvre) y a Murillo tantas obras maestras de gracia conmovedora.
   Señalemos sólo que desde el punto de vista iconográfico ese tema se presta a las variaciones más delicadas: San Juanito es ya el compañero del Niño Jesús al que entrega su cordero, ya el adorador de Aquél a quién, a la sazón, confusamente, siente "mayor que él" ¡Pero cuántos matices entre la camaradería y la adoración!
   Aunque los dos niños hayan nacido con algunos meses de intervalo, la diferencia de edades está muy marcada: Juan aparece siempre muy claramente como el mayor.
   Los artistas florentinos del Quattrocento representaron a San Juan adolescente con los rasgos de un efebo imberbe de nerviosa elegancia (Donatello, Verrocchio) o de gracia andrógina (da Vinci).
   En el siglo XVII, Murillo lo transformó en muchacho andaluz.
   En el siglo XIX, los escultores franceses Paul Dubois y Dampt enriquecieron el tema.
San Juan adulto
   Por encantador que resulte el tipo pueril o juvenil del Giovannino italiano, San Juan aparece en el arte cristiano casi siempre con los rasgos de un asceta demacrado "alimentado con langostas y miel silvestre", predicando la penitencia en el desierto de Judea.
   El arte realista de finales de la Edad Media y del Renacimiento lo representa de buena gana como un faquir esquelético, uno yogui hindú o un beduino nómada macilento y quemado por el sol, de barba descuidada y cabellos hirsutos.
   No obstante, ese San Juan ascético de origen oriental estuvo precedido por representaciones de tipo pastoral o sacerdotal en las manifestaciones paleocristianas de Ravena.
   Vestimenta. Según los Evangelios de Mateo (3, 4) y de Marcos (1, 6), está vestido con una túnica corta (exomis). Pero su vestidura característica es un sayo de pelo de camello (trikhinon himation) ajustado en la cintura mediante un cinturón de cuero. (Joannes erat vestitus pilis cameli et zona pellicea circa lumbos ejus.) En el arte pictórico del siglo XV, la piel de la cabeza del camello pende entre sus piernas. La piel manchada de un tigre que viste en un mosaico bizantino de Parenzo, en Istria, es una excepción. El sayo tejido con pelo de camello se reemplazó en Occidente con una piel de oveja o de cabra que le deja los brazos, las piernas y hasta una parte del torso desnudos. El palio púrpura que tiene encima en la escena de la intercesión del Juicio Final, alude a su martirio.
   Atributos. En el arte bizantino, está representado como un ángel con grandes alas (alígero). Esta concepción del Prodromo alado se remonta a una profecía de Malaquías (3:1): "He aquí que envío a mi mensajero para preparar mi camino, el ángel de la Alianza que deseáis." En el principio del Evangelio de San Marcos (1:2), se lo califica de mensajero celestial; no es otra cosa que la traducción literal de las palabras de Cristo que lo glorifica como "el igual de un ángel".
   En su mano, como los santos "cefalóforos", tiene una bandeja con su cabeza cortada: con frecuencia esa bandeja es reemplazada por un cáliz donde reposa como una hostia viva el Niño Jesús desnudo.
   Sus atributos son muy diferentes en el arte de Occidente. El más frecuente es el cordero cruciforme que presenta en un tondo, en un pliegue de su manto, apoyado sobre un libro o derramando su sangre en un cáliz, a sus pies. Ese símbolo es el que conviene más a un Precursor, puesto que saluda a Jesús diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo."
   Con frecuencia tiene una cruz de cañas en la que una filacteria lleva la inscripción: Ecce Agnus Dei. Un panal de miel alude a su alimento en el desierto.
   Por el índice elevado expresa, como el arcángel Gabriel, su misión de Anunciador (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda San Juan del Hornillo, en Dos Hermanas (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Enlace a la web oficial de la Hacienda San Juan del Hornillo.

Más sobre la localidad de Dos Hermanas (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El relieve "Decapitación del Bautista", de Miguel Adán, del Retablo de San Juan Bautista, en la sala III del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el relieve "Decapitación del Bautista", de Miguel Adán, del Retablo de San Juan Bautista, en la sala III del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.   
     Hoy, 29 de agosto, Memoria del martirio de San Juan Bautista, a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el actual Israel, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el relieve "Decapitación del Bautista, de Miguel Adán, del Retablo de San Juan Bautista, en la sala III del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
      En la sala III del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el relieve "Decapitación del Bautista", perteneciente al Retablo de San Juan Bautista, de Miguel Adán (1532-1610), de madera de pino tallado, estofado, dorado y policromado, en estilo renacentista, realizado en 1592-94, con la colaboración de Vasco Pereira, con unas medidas de 1'51 x 0'81 m., y procedente del Convento de las Dueñas, de Sevilla, tras la Desamortización, en 1869.
     Bajorrelieve de madera dorada y estofada, con figuras de menor tamaño. Un sencillo marco arquitectónico sirve de fondo a la escena y centrada por una figura de soldado que entrega a Herodes la cabeza de San Juan Bautista, caído a sus pies. Detrás de Herodes aparece la figura de un músico y a la derecha, detrás del soldado hay otra figura. 
     Relieve diferente al central, y muy semejante a los otros cuatro (Web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
      Buena muestra de lo compacto que fue el grupo de artistas que vinieron a Sevilla a la sombra de Juan Bautista Vázquez el Viejo, en la segunda mitad del siglo XVI, la encontramos en los contratos de aprendizaje, en las cartas de examen, en la endogamia que impusieron entre las familias de los talleres,  y, muy especialmente, en los propios contratos de obras, en los que es norma casi inapelable la aparición de más de uno de estos artistas como autor, amén de la constante labor de fianza mutua ejercida entre entalladores, escultores, policromadores y pintores.
     Y Miguel Adán es uno de los más representativos. Nacido en Pinto (Madrid) en 1532, realizó sus primeros pasos artísticos en Cuenca, en el taller del escultor francés Esteban Jamete, pero pronto, en 1553, pasó a Toledo para hacer su aprendizaje con Vázquez el Viejo, al que acompaña a Sevilla en 1560, terminando su formación con Hernán Ruiz II y con Jerónimo Hernández. Su integración en el núcleo hispalense se completa con su matrimonio con Luisa de Sandoval, con lo que se convierte en cuñado de Juan de Oviedo el Viejo, en pariente del propio Vázquez, con lo que se ganó la confianza de sus compañeros castellanos, a los que representó en el pleito ante el Real Consejo de Castilla para obtener las Ordenanzas del gremio de escultores y entalladores de Sevilla. 
     Documentada su obra desde 1567, seis años después, cuando cuenta cuarenta y uno de edad, realiza el examen del gremio, obteniendo la carta del oficio del «arte de escultor y entallador de Romano y arquitecto», alcanzando el oficio de maestro al tener aprendices en su taller, como lo fue, entre 1580 y 1585, su sobrino Juan de Oviedo el Mozo, según nos cuenta Pacheco. Alcalde-Veedor del gremio de escultores y entalladores de Sevilla entre 1588 y 1590, tuvo el honor de examinar al propio «Dios de la madera», Juan Martínez Montañés, en 1588. Fruto de todo lo hasta aquí relatado fue su participación en todas cuantas empresas artísticas se emprendieron en Sevilla en estos años, colaborando con Vázquez el Viejo, Gaspar del Águila, Jerónimo Hernández, Juan de Oviedo, etc. Algunas de sus obras, incluso, fueron terminadas por Martínez Montañés, muerto ya Adán en 1610.
     Su actividad retablística es hoy la mejor conocida y nos lo muestra trabajando para todo el ámbito de la Archidiócesis y aún de fuera de ella. Desgraciadamente, sus monumentales Retablos mayores de Alcalá de Guadaira, Palomares del Río, Sanlúcar de Barrameda y Utrera, han desaparecido como tales conjuntos, conservándose algunos fragmentos. Mejor suerte han corrido otros retablos menores, laterales, en los que su labor personal fue más directa, mostrándonos su aportación formal al tipo de arco de triunfo, su especial dedicación iconográfica al tema de los Santos Juanes y cómo su producción estuvo ligada fundamentalmente a conventos de los Dominicos. 
     El Museo atesora estos seis relieves tallados por Adán, en 1592, para el retablo de San Juan Bautista en la iglesia conventual de Santa María de las Dueñas de Sevilla. Se tallaron en pino de Segura y fueron policromados por Vasco Pereira, teniendo especial importancia el relieve central, el del Bautismo de Cristo, auténtico modelo iconográfico para las realizaciones de escultores posteriores, incluido el mismísimo Martínez Montañés. Desamortizado el convento en 1864, las piezas de este retablo se repartieron entre la Catedral, la iglesia de Santa Marina y el Museo (Enrique Pareja López, Escultura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan Bautista, precursor del Señor; 
EL ÚLTIMO DE LOS PROFETAS DE ISRAEL Y EL PRECURSOR DEL MESÍAS
   San Juan Bautista (en su traducción de los Cuatro Evangelios -1943-, Hubert Pernot sustituyó la denominación usual de San Juan Bautista por la de San Juan el Inmersor, pero la innovación no tuvo eco), el Precursor o, como dicen los griegos, el Prodromos del Mesías, es la "fíbula" viva que une el Antiguo con el Nuevo Testamento. Pertenece al reino de la Ley y al mismo tiempo al reino de la Gracia: ha vivido sub lege y sub gratia.
   Aunque su historia sea contada en el Nuevo Testamento, no se podría separar de los profetas de la Antigua ley: es el último y el más grande de la estirpe ¿Acaso el propio Cristo no lo ha llamado profeta y más que un profeta? "Hic est enim propheta et plus quam propheta." Pasa por ser la reencarnación del profeta Elías: "Delante del cual irá él, con el espíritu y la virtud de Elías", dice Lucas (1: 17).
   La piedad popular y el arte cristiano siempre le han reservado un lugar aparte de los apóstoles y de los santos. En la Coronación de la Virgen, del primitivo artista de Aviñón Enguerrand Quarton (1453), San Juan esta en las filas de los profetas, en el lado opuesto a San Pedro y a los apóstoles. En la Asunción del Libro de Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet lo sitúa junto a Moisés. A principios del siglo XVI, en su pintura La Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos o de la Santísima (Allerheiligenbild) en el Museo de Viena, A. Durero, fiel a la tradición, sitúa a Juan el Bautista en la cohorte de los justos del Antiguo Testamento, junto a Moisés y el rey David.
   Pero si Juan Bautista es el último de los profetas, también es el primero de los mártires de la fe de Cristo. Merecería, más que el díácono Esteban, el título de protomártir. La Iglesia le rinde el mismo culto que a los santos. En la hagiografía ocupa un lugar análogo al de San Miguel, venerado como arcángel y como santo al mismo tiempo.
   Así se explica que pueda figurar dos veces en un mismo programa iconográfico, donde representa simultáneamente el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el caso de la portada de la iglesia de San Servais, de Maastrich, donde se encuentra en los dos derrames: a la izquierda, pisoteando a Herodes y a Herodías, y a la derecha, bautizando a Cristo en el Jordán.
HISTORIA
   La historicidad de San Juan ha sido discutida tanto como la de Cristo. Ciertos mitólogos lo identifican, como a Jonás, con el dios pez babilonio Oannes. 
  El historiador judío Josefo dice sólo que su predicación inspiraba gran esfervecencia en el pueblo, lo cual provocó su detención (Antigüedades judías, Lib. XVIII). Ese relato no concuerda con las fuentes cristianas.
   Brevedad de los Evangelios canónicos. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan acerca de su vida puede resumirse en pocas palabras.
   Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, recibió el nombre de pila Johanan o Jochanaan. Se retiró muy joven al desierto de Judea para llevar allí una vida ascética y predicar la penitencia. En Jesús, que se hizo bautizar por él en el Jordán, reconocía al Cordero de Dios, al Mesías anunciado por los Profetas. Ese acontecimiento capital habría ocurrido en el año 28.
   Arrestado en el 29, en la fortaleza transjordana de Macarea o Macerón (Mekavar) por el tetrarcade Galilea Herodes Antipas, cuyo matrimonio con Herodías, que era su sobrina y su cuñada a la vez (Herodes no podía justificarse por la ley judía de los levitas puesto que Herodías tenía cuatro hijos de su primer matrimonio), se había atrevido a censurar, fue decapitado sin que Jesús interviniese para salvarlo.
   Sólo en Marcos y en Mateo encontramos el relato de la Pasión de Juan desde su detención hasta su decapitación. El cuarto Evangelio no hace ninguna alusión al hecho, y San Pablo calla al respecto.
   Las adiciones de los Apócrifos. Sobre ese delgado cañamazo bíblico la leyenda bordó innumerables anécdotas que inspiraron al arte cristiano durante siglos. 
   Los hagiógrafos desprovistos de imaginación recurrieron a otras fuentes mal disfrazadas. El evangelista Lucas ya había dado un ejemplo en tal sentido, contando el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista según el modelo de los nacimientos de Isaac (Gen. 18: 10), de Sansón (Jue. 13:2) y de Samuel (I Rey. :1). El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció el nacimiento de un hijo que se llamaría Juan. Zacarías, tan escéptico como la vieja Sara, respondió que era demasiado anciano, al igual que su mujer, como para creer en esta buena noticia. Para castigarlo por su incredulidad, el ángel le declaró que permanecería mudo hasta el día en que se realizara la promesa divina.
   La Virgen embarazada fue a visitar a su prima Isabel. Al acercarse Jesús, el niño se estremeció de alegría en el vientre de su madre.
   El mismo día de su nacimiento, contrariando la costumbre judía, recibió el nombre de Juan: tan pronto como su padre Zacarías, que hasta entonces permaneciera mudo, lo escribió sobre una tabla, recuperó la palabra; su lengua se liberó y se repuso de su largo silencio profetizando.
   De acuerdo con una tradición que se remonta Orígenes y a San Ambrosio, y que ha sido recogida por Pedro Comestor y por Jacopo de Vorágine en la Leyenda Dorada. el futuro precursor habría sido recibido en su nacimiento por la Virgen María. Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. El niño fijaba la mirada en ella como si hubiese comprendido quién era y cuando ella quiso devolverlo a su madre, él inclinaba la cabeza hacia la Virgen y sólo parecía encontrar placer en ella.
   Lucas no dice nada acerca de la infancia de Juan Bautista, pero los Apócrifos colman la laguna. Ahí se inventa la huida de Isabel con su hijo en el momento de la Matanza de los Inocentes, fuga poco motivada puesto que habitaban lejos de Belén.
   Retirado en el desierto (o en los bosques), Juan, vestido con una túnica de pelo de camello, se contenta con alimentarse de langostas (este alimento no tiene nada de anormal para un habilitante del desierto. Todavía en la actualidad los árabes comen sin asco alguno langostas secas, limpias de élitros, que se venden a espuertas en los mercados al aire libre o en los zocos. Han seguido "acridófagos". No obstante, numerosos comentaristas piensan que un asceta sólo podía ser vegetariano y pretenden que la palabra akrides ha sido traducida por langostas pero que debería interpretarse como brotes tiernos o frutas silvestres, quizás algarrobas , que en alemán se llaman Johannessbrotfrüchte -panes de San Juan-. Cf. Henri Grégoire, Les sauterelles de saint Jean-Baptiste, 1930. En inglés el algarrobo se denomina locust-tree, y las algarrobas locust-beans) y miel silvestre (locustae et mel sylvestre). Exhorta a la penitencia a sus discípulos, que lo toman por el Mesías, anunciándoles que el Reino de los Cielos está próximo.
   Después del Bautismo de Cristo deja de predicar. Como Natán censurando el adulterio de David, reprocha al tetrarca de Galilea Herodes Antipas el incesto con su cuñada. Para vengarse, Herodías aconseja a su hija Salomé, que había embrujado al tetrarca con su danza, que le pida como recompensa la cabeza de San Juan Bautista.
   Según el Evangelio de Nicodemo, habría precedido a Cristo en los Infiernos, donde habría servido de anunciador, igual que en la tierra.
   El profeta fue perseguido aún después de su muerte: se contaba que el emperador Juliano el Apóstata, para poner fin al culto que se le rendía, hizo desenterrar y quemar sus huesos.
   Puede advertirse lo que agregan los Apócrifos al relato de los Evangelios canónicos: la presencia de la Virgen en el nacimiento de Juan, la leyenda de la montaña que se abre frente a la madre y al niño, su descenso a los Infiernos donde precede y anuncia a Cristo, la incineración de sus reliquias.
   La ciencia moderna. El descubrimiento de los manuscritos hebreos en el desierto de Judá, al fondo de las grutas cavadas en los cantiles del mar Muerto, en 1947, ha renovado nuestro conocimiento de los orígenes del monacato cristiano. Sobre todo se descubrió que las prácticas y enseñanzas de los Esenios había ejercido profunda influencia en la predicación del Bautista. La traducción de los rollos del mar Muerto sin duda confirmará esta filiación espiritual.
CULTO
   San Juan Bautista es el primero en la jerarquía de los santos. Su primado es reconocido por la liturgia. En las Letanías se lo invoca inmediatamente después de los arcángeles, antes que a San José, esposo de la Virgen. En el Confiteor, su nombre es enunciado antes que el de San Pedro, príncipe de los Apóstoles. San Pedro Crisólogo lo glorifica como un superhombre, el igual de los ángeles: major homine, par angelis.
FIESTAS
   Por un privilegio excepcional, la Iglesia celebra el día de su nacimiento y el de su muerte: su Natividad es el 24 de junio, su Decapitación el 29 de agosto. Ahora bien, sólo hay otras dos Natividades inscritas en el calendario litúrgico, la del Mesías y la de la Santa Virgen.
   Antiguamente había incluso otra fiesta de San Juan Bautista, la de la Concepción de San Juan Bautista. Celebrada en Oriente, en el calendario romano ha sido reemplazada por la Visitación, que conmemora implícitamente la santificación de San Juan en el vientre de su madre.
   La fiesta de la Natividad de San Juan, fijada en junio, seis meses antes de la Natividad de Jesús, se llamaba en otros tiempos Navidad de verano. Durand de Mende nos enseña en su Rational (VII, 14) que entonces, como en la Nochebuena, se cantaba un doble oficio: el primero al anochecer y el segundo a medianoche.
   Más popular todavía, la Pasión o Decapitación, celebrada en agosto, reemplaza fiestas paganas que el cristianismo, consciente de la fuerza de su tradición, supo desviar en su provecho. Los fuegos encendidos en las cimas durante el solsticio de verano, después de la puesta de sol, se convirtieron en los fuegos de San Juan.
RELIQUIAS
   El culto de los santos generalmente está fundado en sus milagros y sus reliquias. Ahora bien, los judíos nunca han atribuido al Bautista un solo milagro y sus reliquias habrían sido reducidas a cenizas.
   Un panegirista de San Juan que escribiera en el siglo XII, se alegra de que éste no haya sido elevado al cielo como Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista, porque si hubiese resucitado -agrega, ingenuamente- estaríamos privados de sus reliquias.
   A decir verdad, la historia de la combustión de los huesos de San Juan por órdenes de Juliano el Apóstata resultaba muy molesta porque parecía quitar a los santuarios de la cristiandad toda esperanza de conquistar las reliquias del primero de los santos. En verdad, quedaban las cenizas que los genoveses se jactaban de haber recogido. Pero se las arreglaron para sortear el obstáculo: se supuso que la combustión no había sido total y que un discípulo había conseguido sustraer al fuego huesos que fueron transportados a Alejandría y se difundieron y multiplicaron a través del mundo.
   Numerosas iglesias se disputaban la gloria y las ventajas de poseer las reliquias del Precursor. A causa de una confusión de nombre, se considera que la tumba de San Juan Damasceno en la mezquita de los Omeyas de Damasco contiene el cuerpo de San Juan Bautista.
   Los Juanistas o Caballeros de San Juan habrían recogido un brazo en su iglesia de Malta.
   Las pequeñas iglesias se contentaron, modestamente, con los dedos del Precursor. San Juan de Maurienne poseía su pulgar y San Juan del Dedo -en Bretaña- el índice, todavía más precioso, que señaló al Cordero de Dios a orillas del Jordán.
   El duque Juan de Berry legó a los cartujos de París el mentón y las sandalias de su santo patrón contenidos en un relicario de plata.
   Pero la reliquia más codiciada era la cabeza del decapitado que Constantinopla pretendía poseer en el monasterio de Studios.
   Sólo en Italia se conocían cinco ejemplares de su cabeza. En dos iglesias de Roma, S. Silvestre in capite y S. Juan de los Florentinos, en S. Lorenzo de Génova, en S. Marcos de Venecia y en la catedral de Anagni.
   A las pretensiones italianas se oponían las reivindicaciones francesas. En 1204, después de la cuarta Cruzada, un canónigo de Picardía habría llevado desde Constantinopla a Amiens la parte anterior de la cabeza de San Juan Bautista con la marca del cuchillo de Herodías. La parte posterior de la "cabeza del Señor San Jehan" había quedado en Constantinopla. San Luis la adquirió a precio de oro para la Sainte Chapelle; era la pieza más preciosa del tesoro, después de las reliquias de la Pasión.
   Otra cabeza (de otro San Juan), encontrada en 1014 y conservada en un magnífico relicario, atraía a los peregrinos a San Juan de Angély, en Saintonge (Calvino se burla en su Tratado de las Reliquias: "Los de Amiens se jactan de tener el rostro y la máscara que muestran hay una marca de una cuchillada sobre el ojo que dicen que le asestó Herodías. Pero los de San Juan de Angély los contradicen y muestra la misma parte."). Santa Verónica habría aportado a Bazas una "mappula" con la cual habría secado la sangre del Precursor en la prisión.
   En España, la iglesia de San Isidoro de León se jactaba de poseer la mandíbula del Precursor.
   A causa de esta multiplicación, a finales de la Edad Media se contaba doce cabezas y sesenta dedos del Bautista, lo cual es evidentemente excesivo. Pero como sólo se presta a los ricos, se han atribuido al Bautista huesos que pertenecían a sus homónimos, tales como San Juan de Edesa.
LUGARES DE CULTO
   La popularidad de San Juan está probada no sólo por el número paradójico de sus reliquias que parece haber tenido, como el fénix, el privilegio de renacer de sus cenizas, sino además por la multitud de iglesias puestas bajo su advocación.
   Roma no le consagró menos de ocho, la más célebre de las cuales es San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias, "omnium ecclesiarum mater et caput", fundada por Constantino, el primer emperador cristiano. En Italia era, además, patrón de Génova, de Florencia -que estampaba en sus florines la imagen de San Juan Bautista- y de Turín, que le dedicó su catedral.
   En Venecia, la iglesia de San Giovanni Decollato se llama en dialecto San Zan Degola.
   En Francia, le están dedicadas numerosas catedrales, especialmente la de Lyon, sede del Primado de las Galias. Además, era venerado en Perpiñán, que le dedicó dos iglesias: San Juan el Viejo y San Juan el Nuevo, en Bazas; San Juan de Angély en Saintonge; San Juan del Dedo en Bretaña, San Juan de Maurienne en el Delfinado y la abadía de San Juan de las Viñas en Soissons.
   A ello hay que agregar que los baptisterios que en otros tiempos se levantaban junto a las catedrales, estaban obligatoriamente consagrados al Bautista: tal es el caso del baptisterio San Juan de Poitiers; de San Giovanni in Fonte, en Ravena, y los baptisterios de Parma, Pisa y Florencia. En Francia se los llamaba San Juan de las Fuentes o San Juan el Redondo, a causa de su planta circular.
   Numerosas órdenes religiosas o militares se vindican de San Juan Bautista: Los caballeros de San Juan de Jerusalén expulsados a Rodas por la reconquista musulmana, que luego pasaran a Malta; los cartujos, cuya devoción se repartía entre San Juan, patrón de los ascetas y San Bruno, fundador (Claus Sluter lo ha representado en la portada de la Cartuja de Dijon como patrón de los Cartujos, protegiendo a Felipe el Atrevido. La cartuja del Valle de la Bendición, fundada por el papa Inocencio VI en Villeneuve de Aviñón, originalmente estaba consagrada a San Juan Bautista; por ello los frescos de la capilla ilustran escenas de su vida. En España, Fernando Gallego pintó para la Cartuja de Miraflores un ciclo de la historia del Bautista) de la orden.
   En 1310, en Haarlem, se fundó una Encomienda de la orden de San Juan. Para ella fue ejecutado el gran retablo de Geertgen Tot sint Jans, uno de cuyos paneles se encuentra en el Museo de Viena.
CULTO POPULAR
   Numerosos santos nunca han recibido más que un culto litúrgico y, por así decir, oficial, pero San Juan Bautista es, por el contrario, el tipo del santo popular.
   Los fuegos de San Juan, las hierbas de San Juan (las verbenas) son una herencia del paganismo que sobrevive en el folklore cristiano.
   Las corporaciones y las cofradías se disputaban el patronato de tan poderoso intercesor: por ello su imagen es tan frecuente en los báculos procesionales de las cofradías.
   San Juan Bautista era el patrón de los sastres porque se vistió a sí mismo en el desierto; de los peleteros, a causa de la túnica de pelo de camello; de los fabricantes de cinturones, zurradores y talabarteros porque llevaba cinturón de cuero; de los cardadores de lana porque tenía un cordero como atributo.
   En Florencia había adquirido la clientela del Arte di Calimala, es decir, del gremio de comerciantes de paño francés.
   En memoria del festín de Herodes, era venerado por los posaderos. La prisión le valió la clientela de los pajareros porque también él había sido metido en una jaula y su decapitación la de los cuchilleros y afiladores porque le habían cortado la cabeza.
   A causa de su prisión y decapitación también era el patrón de los prisioneros y condenados a muerte. Las cofradías de la Misericordia que se habían fijado como misión acompañar a los condenados al suplicio y sepultarlos, habían elegido como emblema la cabeza de San Juan en una bandeja. Por eso la capilla de los Penitentes Negros de Aviñón, adosada a la prisión, está dedicada a San Juan Bautista, y los bajorrelieves de la fachada representan a dos ángeles que llevan su cabeza en una bandeja.
   Sin embargo, a primera vista se explica difícilmente, que también sea el patrón de cantores y músicos. En este sentido, es necesario recordar que los nombres de las notas de la escala han sido tomadas por el monje benedictino Guido d'Arezzo de un himno en su honor: ut (luego do), re, mi, fa, sol, la son las sílabas iniciales de los versos donde se lo celebraba, y la nota si está compuesta por la S y la I de San Juan (Sancte Iohannes), invocada al final de la estrofa.
   Como todos los santos populares, el Bautista era también un santo curador.
   La cabeza de San Juan en una bandeja (Johannischüsse) era objeto de una particular devoción por parte de los fieles que sufrían de migraña o jaqueca: se les presentaba la bandeja de San Juan, y a veces incluso se les colocaba su cabeza de metal hueco para "aspirar" la enfermedad.
   En Amiens, la cabeza de San Juan curaba la epilepsia (se llamaba a la epilepsia el mal de San Juan). En San Juan de las Viñas de Soissons, a donde los pacientes acudían en peregrinación, se lo invocaba contra las enfermedades de garganta, las anginas y los ahogos.
   En el Tirol, los campesinos conseguían la curación de los dolores de cabeza dando tres vueltas en torno al altar con una "Johannisschüssel" (algarroba). Arrojada al agua, la cabeza de San Juan ayudaba a a encontrar los cuerpos de los ahogados.
   A causa del Bautismo en el Jordán, tradicionalmente se consideraba a San Juan protector de las fuentes.
   En Rusia, los popes recomendaban abstenerse de todo fruto o legumbre, pera o calabaza cuya forma pudiera recordar la de la cabeza humana en el día de la fiesta de la Decapitación del Prodromo.
   Si a todas esas creencias populares se suma el hecho de que los nombres de San Juan y Juana eran extremadamente usuales en todos los países y que su empleo hacía que quienes lo eligieran se hicieran pintar bajo la protección de su santo patrón, se explica fácilmente la profusión de imágenes de San Juan en el arte cristiano.
ICONOGRAFÍA
   Tipos. La mayoría de los santos no tienen más que un tipo iconográfico. A nadie se le ocurriría representar un San Pedro o un San Pablo niños. Pero San Juan Bautista aparece en el arte cristiano, por el contrario, con dos aspectos diferentes: como niño y como adulto, como compañero de juegos del Niño Jesús y con los rasgos de un predicador ascético. Desde este punto de vista puede compararse con David, representado ya como joven pastor vencedor de Goliat, ya como rey coronado tocando el arpa.
San Juanito
   Fue el Renacimiento italiano el que popularizó el tipo del bambino de cabellos rizados jugando respetuosamente con el Niño Jesús bajo la tierna vigilancia de la Madona.
   El tema del pequeño San Juan asociado con el Niño Jesús no tiene fundamentos alguno en la Biblia, porque si hay que creer en el testimonio de San Juan Evangelista (1: 31), el Bautista habría dicho al ver a Jesús avanzar hacia él para ser bautizado en las aguas del Jordán: "Yo no le conocía".
   Pero se explica sin dificultad el atractivo que un tema semejante debía ejercer sobre los pintores de la maternidad y de la infancia. Según Botticelli, fue Leonardo da Vinci quie en su Virgen de las Rocas ha ofrecido el modelo más perfecto de esas Sagradas Familias ampliadas que luego inspiraron a Rafael (bastará recordar la Madonna della Tenda en la Pinacoteca de Munich; la Virgen del vel o y ls Sagrada Familia de Francisco I, en el Museo del Louvre) y a Murillo tantas obras maestras de gracia conmovedora.
   Señalemos sólo que desde el punto de vista iconográfico ese tema se presta a las variaciones más delicadas: San Juanito es ya el compañero del Niño Jesús al que entrega su cordero, ya el adorador de Aquél a quién, a la sazón, confusamente, siente "mayor que él" ¡Pero cuántos matices entre la camaradería y la adoración!
   Aunque los dos niños hayan nacido con algunos meses de intervalo, la diferencia de edades está muy marcada: Juan aparece siempre muy claramente como el mayor.
   Los artistas florentinos del Quattrocento representaron a San Juan adolescente con los rasgos de un efebo imberbe de nerviosa elegancia (Donatello, Verrocchio) o de gracia andrógina (da Vinci).
   En el siglo XVII, Murillo lo transformó en muchacho andaluz.
   En el siglo XIX, los escultores franceses Paul Dubois y Dampt enriquecieron el tema.
San Juan adulto
   Por encantador que resulte el tipo pueril o juvenil del Giovannino italiano, San Juan aparece en el arte cristiano casi siempre con los rasgos de un asceta demacrado "alimentado con langostas y miel silvestre", predicando la penitencia en el desierto de Judea.
   El arte realista de finales de la Edad Media y del Renacimiento lo representa de buena gana como un faquir esquelético, uno yogui hindú o un beduino nómada macilento y quemado por el sol, de barba descuidada y cabellos hirsutos.
   No obstante, ese San Juan ascético de origen oriental estuvo precedido por representaciones de tipo pastoral o sacerdotal en las manifestaciones paleocristianas de Ravena.
   Vestimenta. Según los Evangelios de Mateo (3, 4) y de Marcos (1, 6), está vestido con una túnica corta (exomis). Pero su vestidura característica es un sayo de pelo de camello (trikhinon himation) ajustado en la cintura mediante un cinturón de cuero. (Joannes erat vestitus pilis cameli et zona pellicea circa lumbos ejus.) En el arte pictórico del siglo XV, la piel de la cabeza del camello pende entre sus piernas. La piel manchada de un tigre que viste en un mosaico bizantino de Parenzo, en Istria, es una excepción. El sayo tejido con pelo de camello se reemplazó en Occidente con una piel de oveja o de cabra que le deja los brazos, las piernas y hasta una parte del torso desnudos. El palio púrpura que tiene encima en la escena de la intercesión del Juicio Final, alude a su martirio.
   Atributos. En el arte bizantino, está representado como un ángel con grandes alas (alígero). Esta concepción del Prodromo alado se remonta a una profecía de Malaquías (3:1): "He aquí que envío a mi mensajero para preparar mi camino, el ángel de la Alianza que deseáis." En el principio del Evangelio de San Marcos (1:2), se lo califica de mensajero celestial; no es otra cosa que la traducción literal de las palabras de Cristo que lo glorifica como "el igual de un ángel".
   En su mano, como los santos "cefalóforos", tiene una bandeja con su cabeza cortada: con frecuencia esa bandeja es reemplazada por un cáliz donde reposa como una hostia viva el Niño Jesús desnudo.
   Sus atributos son muy diferentes en el arte de Occidente. El más frecuente es el cordero cruciforme que presenta en un tondo, en un pliegue de su manto, apoyado sobre un libro o derramando su sangre en un cáliz, a sus pies. Ese símbolo es el que conviene más a un Precursor, puesto que saluda a Jesús diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo."
   Con frecuencia tiene una cruz de cañas en la que una filacteria lleva la inscripción: Ecce Agnus Dei. Un panal de miel alude a su alimento en el desierto.
   Por el índice elevado expresa, como el arcángel Gabriel, su misión de Anunciador (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el relieve "Decapitación del Bautista", de Miguel Adán, en el Retablo de San Juan Bautista, en la sala III del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la sala III del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.