Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

sábado, 30 de marzo de 2024

La Hermandad del Santo Entierro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Santo Entierro, de Sevilla.  
     Hoy, 30 de marzo, es Sábado Santo. Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.
     Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la Noche Santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como «la madre de todas las Santas Vigilias» (San Agustín).
     Durante la Vigilia, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana (CO, 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.
     Esta vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, «rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo» (pregón pascual) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad del Santo Entierro, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Sábado Santo.
     La Hermandad del Santo Entierro, tiene su sede canónica en la Iglesia Conventual de San Gregorio Magno, que se encuentra, al igual que la Casa-Hermandad en la calle Alfonso XII, 14; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
     La Real Hermandad Sacramental del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, Triunfo de la Santa Cruz y María Santísima de Villaviciosa; es ésta una corporación fundada en el siglo XVI, y con sede canónica en la iglesia conventual de San Gregorio Magno, del centro de la ciudad, siendo  sus  imágenes titulares, el Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, obra atribuida con seguridad a la gubia de Juan de Mesa a comienzos del siglo XVII, y María Santísima de Villaviciosa, tallada por Antonio Cardoso de Quirós en 1691, al igual que el Triunfo de la Santa Cruz, también del mismo autor.
     Tradicionalmente, se vincula el origen de esta hermandad en el propio rey Fernando III. José Bermejo y Carballo habla, incluso, de la creación de una capilla en el barrio de los Humeros.
     Con un poco más de rigor histórico, la fundación debemos situarla entre el 1572 y el 1575. Saliendo desde esa época en el Viernes Santo. Su sede era la llamada capilla de Colón, probablemente por la cercanía de Hernando Colón. Paralelamente, durante el siglo XVI unos genoveses llegaron a Sevilla trayendo el amor y la devoción a la Virgen de Villaviciosa. Una vez en la ciudad fundaron una cofradía con la advocación de la virgen, sita en el hospital del Espíritu Santo, en la calle Colcheros (actual Tetuán). Fundada en 1582 por Tomás Pessaro, oficial de alfarería. En 1587 el cardenal Rodrigo de Castro redujo los establecimientos benéficos, trasladándose al oratorio de Colón, produciéndose allí la fusión de ambas corporaciones.
     En el último tercio del siglo XVI, a partir de su unión, según indica el abad Gordillo, se realizaba una ceremonia en la noche del Jueves Santo. Se ponía en un collado cerca de su residencia la imagen del crucificado, acompañado de los dos ladrones en alto y al pie de la cruz las imágenes de Nuestra Señora, san Juan Evangelista y las Marías, todo ello rodeado de luces. A la tres de la tarde del Viernes Santo un predicador trataba el momento de la cruz y su descendimiento, que se llevaba a cabo por sacerdotes, situándolo en el regazo de la virgen. Desde allí lo trasladaban en unas parihuelas al oratorio de la cofradía y se disponía su entierro, marchando a la catedral donde esperaba el cabildo. A su vuelta el Cristo Yacente se quedaba en el convento de San Pablo, en cuyo jardín existía un sepulcro, trasladándose el resto de la procesión a su oratorio. El domingo de Pascua aparecía sobre el sepulcro la imagen de cristo resucitado y los hermanos venían vestidos con sus mejores galas y acompañada de música llevaban a la sagrada imagen con gran solemnidad a su templo, donde se celebraba la fiesta de la Resurrección. Esta ceremonia terminó en 1604 cuando el cardenal Niño de Guevara reorganizó la Semana Santa de Sevilla.
     Hacia 1610 la Orden de la Merced, para fundar el colegio de San Laureano en el sitio que ocupaba la capilla de la hermandad, obtuvo de ésta la cesión de la misma a cambio del patronato sobre la nueva iglesia, en cuyo altar mayor se colocaron las imágenes de la cofradía. El 25 de julio de 1595 fray Francisco de Beamonte compró la propiedad del tributo que la hermandad tenía sobre el oratorio para establecer allí dicho colegio.
     El 18 de octubre de 1600 los hermanos y el comendador de la orden, fray Juan de Santa Eufemia, firman una escritura de concierto, dónde se acuerda que el colegio debía construirse en menos de ocho años, la iglesia se llamaría del monte Calvario y entierro de Jesús, se prohibiría la estancia de otra cofradía y los frailes estaban obligados a ir a la fiesta de la Virgen de Villaviciosa.
     El 14 de junio de 1691 se redactan nuevos estatutos. Decaída ésta, volvió a restaurarse en 1693, saliendo entonces las compañías de ángeles, que tanta vistosidad daban al cortejo. Llevaba tres pasos en esta época, en el primero iban los santos varones Nicodemo y José de Arimatea llevando al Señor envuelto en una sábana. El segundo paso la virgen iba acompañada por san Juan y las tres Marías. El último paso estaba representado por un calvario. Ya en esta época la cofradía contaba con un buen número de autoridades civiles y eclesiásticas , así como figuras alegóricas y religiosas.
     Con nuevo esplendor salió en 1729, durante la estancia en Sevilla de Felipe V y su Corte, con un acompañamiento de más de dos mil personas. En 1759 añadió a sus títulos el de hermandad sacramental y en el año de 1797 se vistieron a la romana las compañías de «armados».
    Las nuevas reglas, aprobadas en 1805 determinaron que los monarcas españoles serían hermanos mayores de la cofradía (tradición que se remonta a Carlos II), fijándose el Viernes Santo para su salida procesional.
     La destrucción del templo de San Laureano por los franceses en 1811 causó graves daños a la cofradía y a la Orden de la Merced. En 1829 el asistente José Manuel Arjona reorganizó la corporación. En 1830 volvió a procesionar.
     En esta época empiezan las procesiones magnas del Santo Entierro. Este tipo de procesiones fue impulsada, principalmente, por los duques de Montpensier, que establecieron su residencia en Sevilla en mayo de ese año. En 1850, el alcalde Francisco Javier Cavestany, influido por Antonio de Orleans, se invita a otras diez corporaciones para hacer estación de penitencia. El cortejo salió de la parroquia de la Magdalena y participaron las siguientes hermandades: Oración en el Huerto, Prendimiento, Amargura, Pasión, Humildad y Paciencia, Exaltación, Expiración (Museo), Tres Necesidades, Descendimiento y Mortaja. En el siglo XIX se repitió en 1854, 1874, 1890 y 1898. En siglo XX se realizó en 1910, 1915, 1920, 1923, 1948, 1965 y 1992. En el XIX sólo se ha realizado en el 2004, de momento.
     En 1881, en virtud de concordia celebrada en 1867 con la Real Academia de Medicina y otras Ciencias, se estableció definitivamente en la capilla del Santo Sepulcro y San Gregorio Magno, donde en la actualidad se encuentra canónicamente erigida. Por primera vez en la historia de las cofradías en 1887 la presidió su hermano mayor, el rey Alfonso XII. Circunstancia que se repitió en 1930 en que fue presidida por Alfonso XIII.
     Volvió a hacer estación de penitencia, después que un grupo de jóvenes revitalizara la hermandad. Era habitual salir cada siete años, hasta que en 1956 se decide hacer la procesión anualmente y Sábado Santo, acatando las nuevas norma litúrgicas para la Semana Santa. El 21 de abril de 1976 Juan Carlos I acepta ser hermano mayor efectivo de la Hermandad del Santo Entierro. Una reforma de estatutos hizo que en 1984 se describiera mejor la figura del hermano mayor efectivo, siendo elegido José J. García Díaz (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Santo Entierro, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad del Santo Entierro: www.santoentierro.org

La Hermandad del Santo Entierro, al detalle:
- Día de Salida Procesional: - Sábado Santo 
- Imágenes Titulares: - Santísimo Cristo Yacente
                                     - María Santísima de Villaviciosa
                                     - Triunfo de la Santa Cruz

viernes, 29 de marzo de 2024

Procesiones de hoy, Viernes Santo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy Viernes Santo, en Sevilla.
     Hoy, 29 de marzo, es Viernes Santo. En este día, en que "ha sido inmolada nuestra Víctima Pascual: Cristo (1 Cor 5, 7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas" (cf. san León Magno).
     En efecto, «esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el Misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (SC, 5).
     La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo (CO, 312) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Hoy, Viernes Santo es la tarde-noche de luto por la muerte de Jesucristo, así que mejor día que hoy para Explicarte las procesiones de hoy, Viernes Santo. Así en en la tarde del Viernes Santo de hoy procesionan las hermandades siguientes:

     Hdad. de la Carretería: La Pontificia y Real Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Salud, María Santísima de la Luz en el Sagrado Misterio de sus Tres Necesidades al Pie de la Santa Cruz, San Francisco de Paula, Gloriosa Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad; es ésta una corporación fundada hacia 1550, con sede canónica en la Capilla de la Carretería, del sevillano barrio del Arenal, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Salud, obra de Francisco de Ocampo (comienzos del siglo XVII), María Santísima de la Luz en el Sagrado Misterio de sus Tres Necesidades, obra atribuida a Luis Antonio de los Arcos entre 1677 y 1687; y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, obra de Alonso Álvarez de Albarrán en 1629.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Carretería: www.hermandaddelacarreteria.org 

     Hdad. de La Soledad de San Buenaventura: La Real, Ilustre y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz en el Monte Calvario, Santísimo Cristo de la Salvación y Ntra. Señora de la Soledad; es ésta una corporación fundada en 1649, con sede canónica en la iglesia conventual de San Buenaventura, del sevillano barrio del Arenal, y cuyas imágenes titulares son el Santísimo Cristo de la Salvación, obra de Manuel Cerquera en 1935; y Nuestra Señora de la Soledad, obra de Gabriel de Astorga en 1851.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura: www.soledadsanbuenaventura.com 

     Hdad. del Cachorro: La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio en su Dolor y Gloria; es ésta una corporación fundada en 1689 y  con  sede  canónica  en  la  Basílica  del  Santísimo  Cristo  de  la  Expiración, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Expiración, realizado por Francisco Antonio Gijón en 1682; Nuestra Madre y Señora del Patrocinio Dolorosa, obra de Luis Álvarez Duarte en 1973, y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio Gloriosa, talla anónima del siglo XVII.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Cachorro: www.hermandaddelcachorro.org 

     Hdad. de la O: La Pontificia, Real e Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento, Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la O; es ésta una corporación fundada en 1560, con sede canónica en la Iglesia parroquial de la O, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra de Pedro Roldán en 1685, y María Santísima de la O, obra de Antonio Castillo Lastrucci en 1937, y Santa María de la O Gloriosa, talla anónima de mediados del siglo XVI. 
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la O: www.hermandaddelao.es 

     Hdad. de San Isidoro: La Antigua e Ilustre Hermandad del Santísimo Sacramento, María Santísima de las Nieves y Ánimas Benditas del Purgatorio y Pontificia y Real Archicofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, Nuestra Señora de Loreto y Señor San Isidoro; es ésta una corporación fundada en 1526, con sede canónica en la Iglesia parroquial de San Isidoro, del sevillano barrio de la Alfalfa, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, obra atribuible a Alonso Martínez en 1688; Nuestra Señora de Loreto, obra anónima de 1717; María Santísima de las Nieves, talla anónima del siglo XVI; Niño Jesús sacramental, obra anónima del círculo de Martínez Montañés del siglo XVII; y la Custodia Procesional, obra anónima en madera tallada y dorada de 1803.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de San Isidoro: www.trescaidas.org

     Hdad. de Montserrat: La Pontificia, Real, Ilustre, Antigua y Primitiva Hermandad de Nuestra Señora del Rosario y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat; es ésta una corporación fundada en 1601 con sede canónica en la Capilla de Montserrat, del sevillano barrio del Museo, y cuyas imágenes titulares son el Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, obra de Juan de Mesa en 1619-20; y Nuestra Madre y Señora de Montserrat, obra anónima de comienzos del siglo XVII, atribuida a Gaspar de la Cueva y al propio Juan de Mesa; y Nuestra Señora del Rosario, talla de Cristóbal Ramos, en 1787.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Montserrat: www.hermandaddemontserrat.org 

     Hdad. de La Mortaja: La Antigua, Real e Ilustre Hermandad de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Descendido de la Cruz en el Misterio de su Sagrada Mortaja y María Santísima de la Piedad; es ésta una corporación fundada en el siglo XVI, con sede canónica en la Iglesia del ex-Convento de la Paz, del sevillano barrio de la Encarnación-Regina, y cuyas imágenes titulares son Nuestro Padre Jesús descendido de la Cruz en el Misterio de su Sagrada Mortaja, obra de Cristóbal Pérez en 1667, y María Santísima de la Piedad, talla anónima del siglo XVII.
Enlace a la web oficial de la Hermanad de la Mortaja: www.hermandadsagradamortaja.org 

    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del Viernes Santo, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

La Hermandad de la Soledad de San Buenaventura

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, de Sevilla.  
     Hoy, 29 de marzo, es Viernes Santo. En este día, en que "ha sido inmolada nuestra Víctima Pascual: Cristo (1 Cor 5, 7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas" (cf. san León Magno).
     En efecto, «esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el Misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (SC, 5).
     La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo (CO, 312) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, que procesiona en la tarde de hoy.
     La Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, tiene su sede canónica en la Iglesia del Convento de San Buenaventura, que se encuentra en la calle Carlos Cañal, 13; mientras que la Casa-Hermandad se encuentra en la calle Santas Patronas, 43; ambas en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
       La Real, Ilustre y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz en el Monte Calvario, Santísimo Cristo de la Salvación y Nuestra Señora de la Soledad; es ésta una corporación fundada en 1649, con sede canónica en la iglesia conventual de San Buenaventura, del sevillano barrio del Arenal, y cuyas imágenes titulares son el Santísimo Cristo de la Salvación, obra de Manuel Cerquera en 1935; y Nuestra Señora de la Soledad, obra de Gabriel de Astorga en 1851.
     El escudo de la Hermandad está compuesto sobre un fondo con la Cruz de la Orden de San Juan de Malta, y en el centro, tiene una cartela ovalada en la que figura la Santa Cruz que entrelaza en sus brazos la Corona de Espinas, descansando sobre un monte de tierra. Lateralmente, una Mitra a la derecha de la Cruz descrita y la parte superior de un Báculo a la izquierda, también apoyada sobre la tierra. Corona la cartela oval, Galero Episcopal cuyos cordones entrelazados dejen caer cada una de las seis borlas, tres a cada lado, sobre los brazos laterales de la antes mencionada Cruz de Malta. Por debajo de todo ello, se completa con el Escudo Real de España a la derecha y a la izquierda el también Real de Portugal, ambos inclinados en sus bases hacia el interior. Cuando el Escudo representativo de la Hermandad sea bordado o pintado, lo será con los siguientes colores: Cruz de la Orden de San Juan de Malta, en plata. En la cartela central, las márgenes del ovoide, en oro, y el fondo y atributos en sus colores naturales. Galero Episcopal, en rojo-marrón con los cordones en verde, y los Escudos Reales de España y Portugal, en los colores suyos propios.
     Con motivo de la peste que asoló Sevilla el año 1649 diezmando la población hubo que habilitar diversos puntos de la ciudad para enterramientos. Entre ellos el conocido como Caño Quebrado (más tarde plaza de los Maldonados, y hoy de Montesión y aledaños). Presidiendo el lugar se instaló una cruz arbórea. Los familiares de los fallecidos acudían allí para orar, creándose una piadosa asociación, germen de lo que, años después, sería esta hermandad.
     El año 1656, siendo prelado de la diócesis de Sevilla, el arzobispo Pedro de Tapia, el día 5 de julio son presentadas a la autoridad eclesiástica para su aprobación las primeras reglas de la hermandad. Lo hacen Francisco Sánchez y otras veintiocho personas más. El día 13 de septiembre del mismo año son aprobadas las mismas por el provisor del arzobispado,  Diego del Castillo, y por la notaría de Diego de Guzmán. Constaban de trece capítulos. 
   En el año 1663 se sustituye la cruz de madera que presidía el lugar, por una de hierro forjado. En la misma figura el himno de la iglesia a la Santa Cruz, labrado en letras en relieve: “IMPLETA SUNT QUAE CONCINIT DAVID FIDELI CARMINE DICENS: IN NATIONIBUS REGNAVIT A LIGNO DEUS” (Se ha cumplido lo que David cantó en verso fiel diciendo : Dios Reinó desde la Cruz en todas las Naciones). Esta cruz figura actualmente en el altar de la corporación, tras la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, tras ser recuperada por la hermandad en 1967 y trasladada desde la parroquia de San Pedro, donde se encontraba depositada, el 12 de diciembre del mismo año. Tras los cultos solemnes celebrados en su honor, el 10 de marzo de 1968, es colocada en el lugar descrito.
     En 1840 se reorganiza la ciudad y se retira la cruz, siguiendo las directrices del gobierno de Mendizábal, los hermanos la trasladan a la iglesia del extinguido convento dominico de Montesión, el 18 de octubre de dicho año. Allí permanece hasta el 2 de mayo de 1841 en que se traslada al convento de Monjas Franciscanas de la Concepción (hoy extinguido), junto a la iglesia de San Juan Bautista (vulgo de la Palma). Sin embargo, por amenazar ruina dicho templo y tener que cerrarse al culto buena parte del mismo, se acuerda el 25 de noviembre del mismo año un nuevo traslado, esta vez a la citada iglesia de San Juan Bautista.
     El 27 de mayo de 1847, se acuerda agregar una imagen de la virgen, dolorosa, advocándola de la Soledad, y transformarse en cofradía de penitencia. El 22 de septiembre de este año, el vicario general del arzobispado aprueba las nuevas reglas de ésta como hermandad y cofradía de penitencia, siendo hermano mayor Juan Resuche. El párroco de San Juan Bautista, en marzo de 1848, indica a la hermandad la conveniencia de buscar otro templo donde radicar ”pues no hay sitio para dos cofradías”. Tras varios intentos fallidos, se consigue lugar en la iglesia de San Buenaventura, dependiente de la parroquia del Sagrario, trasladándose a este templo en mayo de 1849. Desde el año siguiente posee altar propio en esta iglesia.
     El 21 de agosto de 1851, el obispo de Cádiz, acepta ser recibido como hermano de esta corporación, renunciando al honorífico que se le había ofrecido, accediendo a la petición de incorporar al escudo de la cofradía su galero, mitra y báculo. Esto lleva implícito el título de Ilustre que ostenta la hermandad, además de por otras personalidades que formaron parte de la misma. Se celebra solemne función por el director espiritual, Manuel de Sousa, el día 11 de abril de 1851, Viernes de Dolores, y en el transcurso de la misma es bendecida por Francisco López, presbítero de la parroquia del Sagrario, la imagen de la Santísima Virgen de la Soledad, que realizara Gabriel de Astorga Miranda. La homilía estuvo a cargo de Juan Bautista de Novaillac, catedrático de la Universidad de Sevilla. Imagen de candelero para vestir, realizada en madera de cedro, (de un metro con setenta y cinco centímetros de altura), primitivamente arrodillada y con las manos cruzadas en actitud orante, colocada en la posición actual en 1956, con las nuevas manos que le tallara Sebastián Santos Rojas. Diez años después, en 1967, Manuel Domínguez Rodríguez realiza las actuales manos y un nuevo candelero.
     La imagen fue instalada en el cuarto altar del lado del evangelio, según se entra en el templo. Allí permaneció hasta 1969, en que se trasladó al actual, junto al altar mayor. El 9 de abril de 1852 hace su primera estación de penitencia. Alfonso XIII preside desde los palcos de la plaza de San Francisco, la estaciones penitenciales del Viernes Santo, día 13 de abril de 1906. Pasada la Semana Santa, la hermandad le ofrece el titulo de hermano mayor honorario y acepta. Otorgando el título de Real a la corporación.
     El Viernes Santo de 1909 presencian el paso de la cofradía la reina Amelia de Portugal, acompañada de su hijo, el que fuera rey Manuel II. El 21 de noviembre del mismo año, siendo hermano mayor José Sánchez Lozano, se nombra camarera honoraria a la reina Amelia y hermano mayor honorario a su hijo el rey Manuel II. El 21 de diciembre la mayordomía mayor de la Casa Real contesta aceptado y agradeciendo los nombramientos, así como a la incorporación de las armas de Portugal al escudo de la corporación.
     Manuel Cerquera labró en 1935 la imagen del Santísimo Cristo de la Salvación, crucificado muerto, que fue incorporada como titular el 17 de julio de 1967, en respuesta a la solicitud formulada por el director espiritual de la hermandad, Joaquín Sánchez Hernández, a la sazón guardián del convento de San Buenaventura, en escrito de 28 de marzo de 1967. En dicha fecha se autoriza también el uso del título de franciscana, atendiendo a los muchos años que lleva residiendo junto a la comunidad de San Buenaventura. Por decreto de fecha 17 de julio de 1967 del vicario, la hermandad adquiere el titulo actual de Real, Ilustre y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz en el Monte Calvario, Santísimo Cristo de la Salvación y Nuestra Señora de la Soledad.
     Desde el 9 de marzo de 1980 posee esta corporación carta de hermandad de la fraternidad franciscana, expedida por el ministro provincial de la Bética, Serafín Chamorro. El día 26 de octubre de 2001, en cabildo general extraordinario, se aprobó por amplia mayoría el deseo de los hermanos para que también procesione en la tarde del Viernes Santo el Santísimo Cristo de la Salvación en su paso, estando supeditada esta aspiración a la autorización de la comunidad Franciscana de San Buenaventura, siendo denegado.
     En el año 2006, se celebraron solemnemente, con diversos actos tanto religiosos como civiles, el CCCL aniversario de la fundación de la hermandad. El día 22 de octubre de 2006 se materializó el acto de hermanamiento con la Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe, en el transcurso de una celebración Eucarística presidida por los directores espirituales de ambas corporaciones (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura: www.soledadsanbuenaventura.com

La Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, al detalle:
- Día de Salida Procesional: Viernes Santo
- Imágenes Titulares: - Santa Cruz
                                     - Santísimo Cristo de la Salvación
                                     - Nuestra Señora de la Soledad

Procesiones de hoy, Madrugá del Viernes Santo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, Madrugá del Viernes Santo, en Sevilla
      Hoy, 29 de marzo, es Viernes Santo. En este día, en que "ha sido inmolada nuestra Víctima Pascual: Cristo (1 Cor 5, 7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas" (cf. san León Magno).
     En efecto, «esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el Misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (SC, 5).
     La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo (CO, 312) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Hoy, Madrugá del Viernes Santo es la noche mágica de la Semana Santa sevillana, así que mejor día que hoy para Explicarte las procesiones de hoy, Madrugá del Viernes Santo. Así en la Madrugada de hoy procesionan las hermandades siguientes:

     Hdad. del Silencio: La Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla, Archicofradía Pontificia y Real de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y María Santísima de la Concepción; es ésta  una  una  corporación  fundada  en  1340  y  con  residencia  canónica  en la  iglesia de San Antonio Abad, del centro de la ciudad, siendo  sus  imágenes  titulares la Santa Cruz en Jerusalén; Nuestro  Padre  Jesús Nazareno, obra anónima realizada antes de 1611 y atribuida  a  Francisco  de  Ocampo y a Gaspar de la Cueva; María Santísima de la Concepción es una  talla  de  Sebastián  Santos  en  1951,  acompañada de San Juan Evangelista, obra de Cristóbal Ramos en 1752; y la Inmaculada Concepción Virgen del Alma Mía, talla de Hernando Gilmann en 1615.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Silencio: www.hermandaddeelsilencio.org

     Hdad. del Gran Poder: La Pontificia y Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso; es ésta una corporación fundada en 1431 y con residencia canónica en la Basílica Menor de Jesús del Gran Poder, del sevillano barrio de San Lorenzo, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, obra de Juan de Mesa en 1620; María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, obra anónima tallada en 1798, acompañada de San Juan Evangelista, obra de Juan de Mesa en 1620; Beato Diego José de Cádiz, talla de Antonio Castillo Lastrucci en 1967; Beato Marcelo Spínola y Maestre, obra de José Antonio Navarro Arteaga en 2003; busto de Dolorosa, talla anónima granadina del siglo XVIII; y Niño Jesús, obra de Antonio Castillo Lastrucci en 1967. 
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Gran Poder: www.gran-poder.es

     Hdad. de La Macarena: La Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora del Santo Rosario, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena; es ésta una corporación fundada en 1595 y con residencia canónica en la Basílica de Santa María de la Esperanza Macarena, del sevillano barrio de San Gil, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, obra de Felipe de Morales en 1654; María Santísima de la Esperanza, es una obra anónima del siglo XVII;, y Nuestra Señora del Santo Rosario, obra atribuida a Roque de Balduque en 1556 aunque muy reformada en el siglo XVIII.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Macarena: www.hermandaddelamacarena.es

     Hdad. del Calvario: La Pontificia y Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Calvario y Nuestra Señora de la Presentación; es ésta una corporación fundada en 1571 con residencia canónica en la iglesia parroquial de la Magdalena, del sevillano barrio del Museo, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo del Calvario, tallado por Francisco de Ocampo en 1612; y Nuestra Señora de la Presentación, obra atribuida a Juan de Astorga, entre 1844 y 1849.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Calvario: www.hermandaddelcalvario.org

     Hdad. de La Esperanza de Triana: La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1418, con sede canónica en la Capilla de Los Marineros y la Real parroquial de Señora Santa Ana, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de las Tres Caídas, obra atribuida a Marcos Cabrera en torno a 1607; Nuestra Señora de la Esperanza, obra anónima del siglo XVII, remodelada por Juan de Astorga y posteriormente por Antonio Castillo Lastrucci en 1929, la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, obra de Miguel Franco en 1710; San Juan Evangelista, obra de Luis Álvarez Duarte en 1967; y la Sagrada Custodia, obra de Andrés y Antonio Osorio en 1726.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Esperanza de Triana: www.esperanza-de-triana.es

     Hdad. de Los Gitanos: La Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental Animas Benditas y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias Coronada; es ésta una corporación fundada en 1753 y con sede canónica en el Templo de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, del sevillano barrio de Santa Catalina, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Salud, y María Santísima de las Angustias, talladas ambas por José Fernández Andes en 1938 y 1937, respectivamente.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de los Gitanos: www.hermandaddelosgitanos.com

    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la Madrugá del Viernes Santo, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

jueves, 28 de marzo de 2024

Procesiones de hoy, Jueves Santo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, Jueves Santo, en Sevilla.
     Hoy, 28 de marzo, es Jueves Santo. La Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella Cena en la cual el Señor Jesús, en la noche que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen (Caeremoniale Episcoporum, nº 297). 
     Y qué mejor día que hoy para Explicarte las procesiones de hoy, Jueves Santo. Así en el día de hoy procesionan las hermandades siguientes:

     Hdad. de Los Negritos: La Antigua, Pontificia y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles, "vulgo de Los Negritos"; es ésta una corporación fundada a finales del siglo XIV y con residencia canónica en la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, del sevillano barrio de Santa Catalina, siendo  sus  imágenes titulares el Santísimo  Cristo de la Fundación, obra de  Andrés  de Ocampo  en  1622  y Nuestra Señora de los Ángeles, obra anónima de la primera mitad del siglo XVII.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de los Negritos: www.hermandadlosnegritos.org

     Hdad. de La Exaltación: La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad Sacramental Purísima Concepción Ánimas Benditas del Purgatorio, San Sebastián Mártir, Santa Catalina de Alejandría y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Exaltación y Nuestra Señora de las Lágrimas; es ésta una corporación fundada a finales del siglo XVI y con residencia canónica en la iglesia parroquial de Santa Catalina, del sevillano barrio homónimo, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Exaltación, talla atribuida a Pedro Roldán del siglo XVII; Nuestra Señora de las Lágrimas, obra anónima atribuida a Luisa Roldán "La Roldana" del siglo XVII; San Juan Evangelista, talla anónima del siglo XVIII; Santa Maria Magdalena, obra anónima del siglo XVIII; Niño Jesús., talla anónima del siglo XVIII; San Sebastián mártir, obra de Benito Hita del Castillo en 1756; tres imágenes de la Inmaculada, una de ellas de Alonso Cano del siglo XXII, la segunda es de Hita del Castillo (1756) y la tercera de ellas, original del imaginero sevillano Pedro Duque Cornejo (S. XVII), está cedida al culto en el Templo Parroquial de los Remedios por disposición de la Autoridad Eclesiástica del Arzobispado de Sevilla (1956).
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Exaltación: www.laexaltacion.org

     Hdad. de las Cigarreras: La Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Sagrada Columna y Azotes de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de la Victoria; es ésta una corporación  fundada  en  1563 y  que  reside  canónicamente  en la capilla  de la  antigua Fábrica de Tabacos en el sevillano barrio de Los Remedios. Sus imágenes  titulares son Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, obra de Francisco Buiza en 1974, mientras  que María Santísima  de  la Victoria es una talla anónima del siglo XVII (entre 1611 y 1628).
Enlace a la web oficial de la Hermandad de las Cigarreras: www.columnayazotes.es 

     Hdad. de Montesión: La Pontificia, Real, Ilustre, Antigua y Dominica Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de la Sagrada Oración de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto, Santísimo Cristo de la Salud y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada y Santo Domingo de Guzmán; es ésta una corporación fundada en 1560 que reside canónicamente en la Capilla de Montesión, del sevillano barrio de la Feria, siendo sus imágenes titulares Nuestro Señor Jesucristo de la Oración en el Huerto, obra de Jerónimo Hernández en 1578; el Santo Ángel, obra también de Jerónimo Hernández en 1578; el Santísimo Cristo de la Salud, talla de Luis Ortega Bru en 1954; y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos, talla anónima del siglo XVI.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Montesión: www.hermandaddemontesion.com

   Hdad. de la Quinta Angustia: La Pontificia y Real Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora; es ésta una corporación fundada hacia el 1500 y con residencia canónica en la capilla del Dulce Nombre de Jesús, adosada a la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, del sevillano barrio del Museo, siendo sus imágenes titulares el Dulce Nombre de Jesús, obra atribuida a Jerónimo Hernández entre 1572-1582; el Cristo Resucitado, obra de Jerónimo Hernández en 1582; Nuestra Señora de la Encarnación, obra de Martínez Montañés en 1592; el Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo obra anónima aunque atribuible a la gubia de Pedro Roldán hacia 1659, y la Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora, obra de Vicente Rodríguez-Caso en 1934.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Quinta Angustia: www.laquintaangustia.org 

 
   Hdad. del Valle: La Pontificia Real y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica; es ésta una corporación fundada en 1450 y con sede canónica en la iglesia de la Anunciación, del sevillano barrio de la Encarnación-Regina, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, obra de Agustín de Perea  en  1687, Nuestro  Padre Jesús con la Cruz al Hombro, obra anónima atribuible a un discípulo de Martínez Montañés, del siglo XVII; y Nuestra Señora del Valle, obra asimismo anónima atribuible a Juan de Mesa entre 1618 y 1627; y la Santa Mujer Verónica, obra de Juan Bautista Patrone y Quartin en 1801.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Valle: www.elvalle.org    

     Hdad. de Pasión: La Archicofradía del Santísimo Sacramento, Pontificia y Real de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Pasión y Nuestra Madre y Señora de la Merced; es ésta una corporación fundada en 1531, con residencia canónica en la iglesia colegial del Divino Salvador, del centro de la ciudad, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Pasión, obra de Juan Martínez Montañés entre 1610 y 1615; el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, talla de Antonio de Quirós en 1696; Nuestra Madre y Señora de la Merced, tallada por Sebastián Santos en 1966, acompañada por San Juan Evangelista, tallado por Gabriel de Astorga en 1862; Nuestra Señora del Rosario, obra atribuible a Cristóbal Ramos en el siglo XVIII; la Inmaculada Virgen del Voto, obra anónima de 1654; y la Custodia procesional, obra de Miguel Sánchez en 1612.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Pasión: www.hermandaddepasion.org

    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones del Jueves Santo, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

La pintura "Sagrada Cena", de Alonso Vázquez, en la sala V del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Sagrada Cena", de Alonso Vázquez, en la sala V del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
     Hoy, 28 de marzo, es Jueves Santo. La Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella Cena en la cual el Señor Jesús, en la noche que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen (Caeremoniale Episcoporum, nº 297). 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Sagrada Cena", de Alonso Vázquez, en la sala V del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
      En la sala V del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Sagrada Cena", de Alonso Vázquez (1564-1608), siendo un óleo sobre lienzo en estilo renacentista - manierista, de escuela sevillana, realizado en 1588, con unas medidas de 3'18 x 4'02 m., procedente del Monasterio de Sant María de las Cuevas, de Sevilla, tras la Desamortización, en 1840.
     Enmarcada por una arquitectura de tipo palaciego y estilo renacentista, se desarrolla la escena en la que Cristo comparte la última cena con los apóstoles. En el centro aparece Jesucristo en actitud de bendecir con san Juan recostado en su regazo. La composición deriva de modelos germánicos, muy posiblemente esté basada en la escena de algún grabado o estampa. Estos elementos centroeuropeos conviven con otros de carácter más naturalista, como el ajuar de la mesa, que se enlaza con el Manierismo. En un segundo plano, al fondo de la escena a la izquierda, se aprecia el lavatorio de los pies. La mesa aparece representada de forma rectangular con Jesús presidiendo en el centro y como es habitual desde la que realizara Leonardo da Vinci, con los discípulos agrupados de tres en tres. Vázquez debió tener presentes recomendaciones de algunos tratadistas en lo que se refiere a la representación de los apóstoles y así, siguiendo sus consejos iconográficos, el apóstol sentado a la derecha de Jesús parece ser Pedro, ocupando el lugar preferente del que Dios escogió como su vicario en la tierra. Pedro de Ribadeneyra decía que se le represente con la piel blanca, la frente poblada de cabello no largo y con la barba redonda, cana, crespa y espesa. En cuanto al apóstol sentado a la izquierda del Salvador, por la similitud de ambos en las facciones del rostro, puede tratarse de Santiago el Menor, pues como sabemos por Francisco Pacheco para su representación ha de imitarse el rostro de Cristo. Se reconoce también a san Juan, recostado en el pecho de Jesús y a Judas en primer término, llevando en su mano la bolsa con los treinta siclos que señala su traición.
     La atribución a Pablo de Céspedes se mantuvo hasta que Angulo en su "Pintura del Siglo XVI" considera como su probable autor a Alonso Vázquez, señalando también acertadamente la inspiración en fuentes flamencas para la realización de la obra. Los trabajos de Valdivieso y muy especialmente los de Serrera han establecido de manera indiscutible la atribución a Vázquez pese a que hasta el momento no se hayan encontrado documentos que lo confirmen (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla). 
     Desconocemos la fecha de nacimiento de Alonso Vázquez, que según Palomino vio la luz en Ronda, aunque sin señalar el año. Por las circunstancias de su vida puede intuirse que nació hacia 1540. De igual forma se ignora el maestro con el cual realizó su formación, aunque quizás pudo ser Antonio de Arfián, como señala Ceán Bermúdez. Su primera referencia aparece en 1590, año en el que consta su presencia en Sevilla, aunque es posible suponer que bastante antes de esta fecha se encontraba ya en dicha ciudad.
     El estilo de Alonso Vázquez está vinculado al espíritu del manierismo desarrollado en Sevilla en el último tercio del siglo XVI. Su dibujo es precioso y marcado, y con él configura formas de sólida estructura y potente expresión Vázquez residió en Sevilla hasta 1603, año que se trasladó a Méjico para trabajar allí al servicio del virrey, Marqués de Montesclaros. No se prolongó mucho su existencia en el Nuevo Continente, puesto que consta que en 1608 ya había fallecido.
     Procedente del Refectorio de la Cartuja de las Cuevas pasó al Museo en 1840 una Santa Cena, que traía la atribución de Pablo de Céspedes. Sin embargo D. Diego Angulo consideró acertadamente que el estilo de esta obra era el de Vázquez y en efecto así se puede considerar. De todas formas es obra juvenil del artista, ya que el protocolo de La Cartuja señala que se ejecutó en 1556 (Enrique Valdivieso, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cena y el ciclo eucarístico;
      La Santa Cena en Jerusalén, que es la última  comida que tomó Cristo con su doce apóstoles, antes de la traición de Judas (no es veraz la expresión la última Cena, puesto que la cena en Emaús se sitúa después de la Resurrección), se diferencia de todas las demás «cenas» relatadas en los Evangelios: las Bodas de Caná, la comida en casa de Simón, sin contar la Cena de Emaús, por su alto significado litúrgico y místico: no es sólo una comida de despedida sino la conmemoración de la Pascua judía y la institución de uno de los principales sacramentos cristianos: la Comunión eucarística.
   De ahí la importancia iconográfica de esta comida que estudiaremos desde dos puntos de vista: histórico y ritual, con todos los temas conexos, el primero de los cuales es el Lavatorio de los pies.
La Santa Cena
     Para comprender la iconografía de la Santa Cena, ante todo es necesario advertir que se trata de un tema doble, de dos caras, que presenta dos aspectos muy diferentes.
     Es un acontecimiento y al mismo tiempo un símbolo: un episodio dramático de la vida de Cristo quien, reunido por última vez con sus discípulos, anuncia la traición de uno de ellos; y además, es la institución de un sacramento.
     Los artistas han puesto el acento ya en el anuncio de la traición  (Unus ex vobis me proditurus est), ya en la comunión de los apóstoles (Hoc est corpus meum). De estas dos concepciones surgieron dos temas iconográficos que es necesario estudiar aparte, y que llamaremos, a la primera, Santa Cena histórica o narrativa; y a la segunda, Santa Cena simbólica o sacramental.
     Es interesante señalar que el arte de Oriente y el de Occidente, el bizantino y el católico, han seguido aquí caminos opuestos, y que este cisma iconográfico proyecta una viva luz sobre las tendencias profundas de estas dos mitades del mundo cristiano. Los bizantinos se inclinan preferentemente hacia el tema litúrgico y místico de la Comunión de los apóstoles. Por el contrario, el arte de Occidente se esforzará en extraer todo el potencial de trágica emoción contenido en el anuncio de la traición, y ese motivo alcanzará su más perfecta expresión en la Santa Cena (Cenacolo) de Leonardo da Vinci.
     Pero por una curiosa reacción, después del concilio de Tremo, el arte de la Contrarreforma se aparta de la obra maestra de Leonardo y retorna a la fórmula simbólica de Bizancio; se desinteresa de las circunstancias históricas y psicológicas y se preocupa, sobre todo, por la glorificación del sacramento de la Eucaristía, representando la Santa Cena como la «primera misa».
I. La Santa Cena histórica o el anuncio de la Pasión
Mateo, 26: 17-26; Marcos, 14: 12-22; Lucas, 22: 7-14; Juan, 23: 21-30.
     Los cuatro Evangelios relatan con una infrecuente unanimidad la última comida que tomó Jesús con sus doce discípulos. Fue al final de esa cena de despedida cuando escaparon estas palabras de sus labios: «En verdad os digo que uno de vosotros me entregará.»
     Los discípulos se miraban unos a otros sin saber de quien hablaba. Juan, inclinado sobre el pecho de su maestro, le preguntó: «Señor, quién es el que te ha de entregar?». Jesús respondió: «El que conmigo mete la mano en el plato, ése me entregará.»
     Entre uno y otro Evangelio pueden advertirse ciertas diferencias en los detalles. La versión de Juan no coincide exactamente con los Evangelios sinópticos. Según Mateo, el traidor es aquel que mete la mano en el plato; de acuerdo con Lucas, aquél cuya mano está sobre la mesa. Pero estas variantes tienen poca importancia.
     Lo que más perturba es la falta de precisión acerca del número de comensales. Sólo los doce apóstoles habrían asistido a la Santa Cena. Pero en ese caso ¿como se explica que uno de los discípulos de Emaús, que no pertenece al colegio apostólico, pudiera reconocer a Jesús por la manera en que éste parte el pan?
     La realidad de esta comida evangélica ha sido puesta en duda por la crítica racionalista. Se trataría de la dramatización de la palabra de Jesús anunciando que sería traicionado por uno de los comensales. Los evangelistas habrían desarrollado esta profecía en forma de ficción narrativa de una última comida de Cristo con sus apóstoles. Hicieron con ella una cena pascual, aunque por otra parte dijeran que Jesús murió un viernes (paraskeue), que era víspera de la Pascua.
     Sin insistir en estas controversias, veamos cómo han concebido los artistas uno de los temas más conmovedores del arte religioso. Analizaremos sucesivamente la agrupación y la acción de los personajes.
1. La forma de la mesa y la posición de los comensales
     La Santa Cena que es una comida nocturna (Abendmahl), a veces, en el arte cristiano, aparece iluminada por una antorcha.
     Los apóstoles que comparten con su Maestro la última comida de éste, casi siempre son doce. No obstante, en algunas realizaciones del siglo XIII, como el trascoro de Naumburg y el techo pintado de Zillis, excepcionalmente, los vemos reducidos a cinco o seis (es difícil de admitir la hipótesis de Haufmann, quien supone que existe un vínculo entre la Santa Cena cristiana y un grupo de Sócrates rodeado de discípulos barbudos, de un mosaico pagano descubierto en Apamea).
     Antes de la invención de la perspectiva, agrupar sin confusión a trece comensales alrededor de una mesa constituía una importante dificultad para los imagineros de la Edad Media.
     Estos intentaron numerosas soluciones: la mesa con forma de sigma o media luna, la mesa redonda y finalmente la mesa rectangular, vista de frente o en bisel.
     La mesa con forma de sigma es el antiguo triclinio romano con los comensales acostados en semicírculo (en ciertas iglesias sirias se ha comprobado la existencia de mesas de altar con forma de sigma. Además, esta forma se adaptaba perfectamente a la de los ábsides, con cuyos trazados en hemiciclo combinaban. Puede creerse que las primeras comunidades cristianas entendían evocar de esta manera la mesa de la Santa Cena, donde por primera vez Cristo consumó el misterio de la Eucaristía, renovado a diario por la Iglesia). La mesa circular sin duda fue tomada de Oriente por el rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda. En cuanto a la mesa rectangular, cuyo origen G. Millet creyera encontrar en el arte capadocio, aparece en el arte de Occidente a partir del siglo XI, que la adoptó simplemente porque se adecúa a nuestras costumbres, tanto litúrgicas como domésticas, sin que se necesite supo que ha sido importada del extranjero, y quizá también porque resultaba más fácil de colocar en el marco de los dinteles de las portadas.
     Los ejemplos de mesa cuadrada son muy escasos. No obstante puede citarse uno del siglo XI en un Breviario de Monte Cassino (Biblioteca Mazarine).
     Un capitel historiado de Saint Paul de Issoire ofrece un curioso ejemplar de mesa redonda. Puesto que algunos de los comensales habrían ofrecido la espalda a los espectadores si se hubiesen sentado alrededor de la mesa, ésta está reducida a una circunferencia hueca, de la cual pende un mantel plegado que rodea a los comensales.
     Cada una de estas formas comporta una posición diferente de los comensales. Cuando la mesa tiene forma de media luna o sigma, Jesús ocupa el extremo izquierdo, que era el lugar de honor (Evangeliario de Rosanno, mosaico de San Apolinar il Nuovo). Cuando la mesa es redonda, Jesús está en el medio y Judas aislado en primer plano. Por último, cuando la mesa es rectangular, generalmente sitúa a todos los comensales en ángulo recto, con Cristo en el centro. En la Santa Cena de Leonardo da Vinci, los apóstoles están agrupados de tres en tres.
     En 1544 Tiziano introdujo una ingeniosa innovación en su Santa Cena del Palacio ducal de Urbino. La mesa está puesta en diagonal, lo cual confiere profundidad a la composición. Este ordenamiento fue imitado en Italia por Tintoretto, y por Pieter Brueghel en los Países Bajos.
     En el siglo XVII, por la influencia de los arqueólogos, los pintores retornaron a la mesa con forma de sigma o medialuna tanto para la Santa Cena como para la Unción de la Magdalena (la Comida en casa de Simón).
     El decorado generalmente comporta una sola habitación. No obstante, en un fresco de la basílica inferior de Asís, el pintor de Siena, Pietro Lorenzetti, deja ver a la izquierda de la sala del cenáculo, la cocina donde se preparan las comidas: un criado arrodillado cerca del hogar seca un plato, al tiempo que un perro devora 1os restos junto a un gato que dormita.
2. Las actitudes de los comensales
     En la época románica, los comensales comían acostados sobre camas. Pero en el arte de la Edad Media los apóstoles casi siempre están sentados alrededor de Cristo que los preside. No obstante, en un tímpano de la catedral de Estrasburgo, fueron representados de pie para estar de acuerdo con el rito pascual de los judíos que mantenían de pie para comer el cordero (la misma particularidad puede verse en la miniatura de un Misal de París del siglo XV que se encuentra en la Biblioteca Mazarine. Los apóstoles de pie llevan bastones, como en la Pascua judía); pero según parece, esa costumbre había caído en desuso en los tiempos de Jesús.
     El anuncio de la traición conmueve a los pintores psicólogos, y a Leonardo, el más grande de todos ellos, que se esforzaron por traducir en los gestos del rostro y la mímica las reacciones de cada uno de los apóstoles ante la palabra acusadora: unos se indignan, otros protestan su inocencia o intentan desenmascarar al traidor que está entre ellos. Esos juegos fisionómicos que revelan las consciencias conmovidas hasta en su intimidad, otorgan intensa vida a esta tragedia.
     Entre los apóstoles, hay dos que destacan del grupo y que están claramente caracterizados: san Juan y Judas.
Jesús y Juan recostado en su pecho
     Juan, el apóstol preferido, apoya la cabeza sobre el pecho de Jesús. Esta actitud, mencionada sólo en el cuarto Evangelio (Juan, 13: 23), se explica porque los apóstoles estaban acostados a la manera antigua, alrededor de una mesa con forma de sigma; ya no tiene más sentido cuando los comensales están sentados; pero permanece impuesta por la tradición. Es un típico ejemplo de supervivencia iconográfica.
     Como sucede con frecuencia, este vestigio mal comprendido ha engendrado un despropósito. En los banquetes de la Antigüedad, los comensales estaban apoyados sobre el codo izquierdo, de manera que aquél que se encontraba a la derecha del anfitrión o de quien presidía el banquete, tenía forzosamente la cabeza cerca del pecho de éste. Por desconocimiento de estas circunstancias, los místicos han atribuido a una actitud completamente natural un significado especial, como un gesto de ternura fraternal.
     El grupo de Jesús y de Juan (Christus-Johannes Minne) a veces se ha separado del conjunto de la Santa Cena. El discípulo apoya la oreja sobre el pecho del maestro con una confiada ternura, como si quisiera oír los latidos de su corazón. A veces parece dormir, pero es sólo una apariencia. Según los místicos, es la imagen del alma refugiándose en Dios.
     El tema es bastante parecido al de la Virgen de Piedad, que también parece separada del coro más amplio de la Lamentación al pie de la cruz; pero no ha tenido la misma fortuna y sólo ha producido una veintena de grupos escultóricos de madera, localizados en el sudoeste de Alemania, más exactamente, en la región del Alto Rin y del lago de Constanza (El Museo Alemán de Berlín -Deutsches Museum- posee dos bellos grupos de este tipo, uno de los cuales procede de Sigmaringen, de hacia 1320. Pueden citarse dos réplicas más antiguas, una procedente de Katharinental, que posee el Museo Mayer Van den Bergh de Amberes, y la otra que se encuentra en la iglesia de Heiligkreuztal, en Suabia). Nacido hacia 1300 en los conventos dominicos, desapareció hacia mediados del siglo XV.
Judas
     A la tierna devoción de Juan se opone el odio solapado de Judas. Los artistas se las ingeniaron para diferenciar al traidor de los apóstoles fieles, ya por el lugar que ocupa en la mesa, ya por los atributos significativos, ya por un gesto que lo denuncia.
     Casi siempre está sentado aparte, en primer plano, adelante de los apóstoles. Si está arrodillado, como puede vérselo, excepcionalmente, en un tímpano procedente de Saint Bénigne de Dijon, es para no tapar a Cristo sentado frente a él.
     A primera vista, se lo distingue de los otros comensales por la ausencia de nimbo. No obstante, Giotto, en la Arena de Padua, y Fra Angelico, que siguió su ejemplo en la Santa Cena del convento de San Marcos, en Florencia, han denunciado al traidor rodeando su cabellera pelirroja con un nimbo negro.
     Además, se reconoce al tesorero desleal del colegio apostólico por la bolsa donde ha metido las treinta monedas de la traición.
El bocado de pan mojado
     Judas se traiciona a sí mismo, se pone en evidencia, llevando -según Mateo- la mano al plato o tragando -de acuerdo con el Evangelio de Juan- el bocado acusador que le alcanza Jesús. Al mismo tiempo que el trozo de pan, en su boca se introduce un pequeño demonio con la forma de un pájaro rojo o de un sapo es la ingenua traducción del pasaje del Evangelio de Juan (13: 27), donde se dice: «Después del bocado, en el mismo instante, entró en él Satanás. (Tunc introivit in eum Satanás)".
El pez robado
     En una placa de esmalte champlevé del retablo de Nicola de Verdun en Klosterneuburg, Judas oculta detrás de su espalda un pez que se ha interpretado como un símbolo de Cristo al que Judas ahoga de manera traicionera, mientras finge comulgar con él. La explicación sugerida por otras realizaciones de la Edad Media y por los comentarios de los autos sacramentales de la Pasión es mucho más simple. En una miniatura del Salterio Leber de la Biblioteca de Ruán, que data del siglo XIII, se ve a Jesús poner él mismo un pez en la boca de Judas. Esta tradición fue adoptada por los autores del teatro de los Misterios, según los cuales, todos los apóstoles recibieron su parte en la Santa Cena, excepto Judas, a quien se le ordenó ir a buscar peces, luego Jesús tomó un trozo de uno de estos, que introdujo en la boca del traidor.
     Al igual que el bocado de pan mojado, era una forma de designar a quien le entregaría. Así se comprende el gesto de Judas que oculta el pez acusador tras la espalda para escapar a la mirada inquisitiva de los apóstoles.
     Pero los autos sacramentales proveen otra explicación de ese gesto enigmático. Se contaba que Judas había encontrado insuficiente la porción que se le había atribuido, y que aprovechando un momento en que Jesús levantaba copa para beber un trago, metió furtivamente la mano en el plato de su Maestro y le robó un pez. Tal es la versión que presenta el Misterio de santa Genoveva (sainte Geneviève):
          Totans quant li sires bevait, 
          Il li emblait come gloton
          Le plus beau morsel du poisson.
          Ja Deux n'ent feist nul semblant.
          (Mientras el Señor bebía / Le robaba como un glotón / El mejor trozo de pescado / Entonces Dios aparentó no ver.)
     Encontramos la confirmación en la Pasión según Gamaliel, donde se dice que "Judas puso la mano en el plato de Jesucristo y le robó un pez».
     En estos textos se ve claramente el significado que la Edad Media atribuía al gesto de Judas. El pez del cual se apodera el traidor, o que oculta tras la espalda, no es en absoluto el símbolo del ikhtus, que es el anagrama de Cristo en el arte cristiano primitivo; se trata, simplemente, de una alusión a la glotonería de Judas, que habiendo robado furtivamente un pez, plato fuerte de la Santa Cena, intenta ocultar el hurto.
     En este caso, como en tantos otros, el teatro de los Misterios nos ha provisto la explicación de un motivo iconográfico sin que pueda pretenderse que lo haya creado, puesto que el retablo de Nicola de Verdun, fechado en 1181, la vidriera de la catedral de Laon (hacia 1225), al igual que el tímpano de la colegiata de Terlizzi, cerca de Bari (1276), obras en las cuales Judas se inclina hacia el plato para apoderarse de un pez, son muy anteriores a los Misterios que hemos citado.
     El retablo de Niederwildungen (Wildunger  Altar), pintado por Konrad von Soest en 1404, donde se ve a Judas ocultar el pez bajo el mantel, prueba que este motivo era todavía usual a principios del siglo XV.
     La Santa Cena donde se representa a Judas cogiendo el pez, ha sido denominada erróneamente la Cena borgoñona. En realidad se la encuentra en muchas otras regiones.
El perro
     Además, en el arte de la Contrarreforma Judas suele aparecer acompañado por un perro que a veces roe un hueso bajo la mesa, y que en ese caso, como en las Santas Cenas de Veronés, es sólo un tema de género al cual se ha intentado atribuir a veces un significado simbólico.
     En un cuadro de Jordaens que se encuentra en el Museo de Amberes, Judas acaricia la cabeza del perro sentado a sus pies, al tiempo que Jesús le alcanza el bocado. Pueden darse numerosas explicaciones. Quizá el perro, emblema de la fidelidad, esté destinado a resaltar por contraste la falsedad de Judas. Pero tal vez, como en los Bestiarios, sea la encarnación del diablo, aliado del traidor; salvo que se vea en él una alusión a un pasaje del Evangelio de Mateo, 7: 6: « No deis las cosas santas a los perros..."
3. Figuras accesorias
     A los doce apóstoles sentados alrededor de Cristo a veces se suman criados.
     La Santa Cena ha sido representada con tanta frecuencia en el arte cristiano, especialmente en los refectorios monásticos, que debemos limitarnos a unos pocos ejemplos.
II . La Institución de la eucaristía o la comunión de los apóstoles
Mateo 26: 26-29; Marcos, 14: 22-25; Lucas, 22: 14-21.
     Desde el punto de vista simbólico, ver en la Santa Cena sólo un episodio de la historia de Cristo es rebajar su significado a una especie de anécdota trágica en vísperas de la Crucifixión. Para la Iglesia lo esencial es la institución del sacramento de la Eucaristía, palabra griega que significa literalmente acción de gracias, pero que por metonimia, designa a los alimentos de la comunión que los fieles agradecen al Redentor: el pan u hostia, que es el cuerpo de Jesucristo, y el vino que es su sangre.
     Resulta sorprendente, y hasta paradójico, que el cuarto Evangelio, el de San Juan, que se distingue de los otros precisamente por su tendencia al símbolo, no diga nada acerca de la Santa Cena sacramental. El tema sólo se trata en los sinópticos, a continuación del relato del anuncio de la Traición.
     "Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y, dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo. Y tomando un cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de él todos, que ésta es mi sangre de la alianza...»
     En estas pocas líneas se inspira la segunda iconografía de la Santa Cena, conocida simbólicamente como la Comunión de los apóstoles, o, en otras palabras, la institución del sacramento de la Eucaristía y del Sacrificio de la misa.
Interpretación mágica y litúrgica de la comunión
     Según los racionalistas, la comunión instituida por Cristo sería una supervivencia de viejas creencias totémicas, todavía vivas en todos los pueblos primitivos, según las cuales al absorber la sustancia, carne o sangre, de un ser -divino, humano o animal- se incorporan sus virtudes. La teofagia o manducación de Dios procede de los mismos instintos prehistóricos que la antropofagia. Se trata más bien de apropiarse de los poderes del ser que se incorpora a la propia sustancia, antes que de satisfacer el hambre. La ingestión de una sustancia divina, aunque sea simbólica como la hostia o el vino de la misa, es una participación en el poder de Dios, y en todo caso una garantía de salvación.
     Aunque los fieles adultos que participan de la Santa Misa no tengan la menor idea al respecto, la comunión eucarística tiene profundas raíces en las culturas más remotas, según afirman los historiadores de las religiones y los mitologistas. La Iglesia cristiana ha borrado dichos orígenes y sublimado estas groseras realidades proclamando el dogma de la Transustanciación, es decir, el de la presencia real de Cristo en la hostia y el vino del cáliz. La comunión ya no es una opción mágica sino un símbolo o una conmemoración del sacrificio voluntario de Cristo en la cruz.
Iconografía
     Este tema presenta caracteres diferentes en el arte bizantino, que lo ha creado, y en el occidental de la Edad Media y de la Contrarreforma.
l. La doble Comunión de los apóstoles en el arte bizantino
     Lo que caracteriza a la iconografía bizantina de la Santa Cena representada en el hemiciclo del ábside, detrás del altar, es que se trata de una comunión doble, de acuerdo con la liturgia de la Iglesia griega que la administra en las dos especies.
     A cada lado de la Santa Mesa, abrigada por un ciborio o baldaquino, Cristo Sacerdote está representado dos veces en yuxtaposición, y distribuye el pan y el vino a dos grupos de seis apóstoles que avanzan hacia él en procesión.
     Tendría que haber doce de cada lado. Pero por falta de espacio, los autores de los mosaicos redujeron el número a seis: sólo Cristo aparece duplicado. Ese esquema ha sido copiado mecánicamente en los mosaicos cuyos autores no tenían necesidad de ahorrar representaciones, puesto que podían repartir las figuras en un espacio más vasto. Ante estas representaciones arcaicas podría creerse que Cristo hace comulgar a la mitad de los apóstoles con pan, y al grupo restante, con vino.
     A veces se agregan a Cristo los sumos sacerdotes Melquisedec y Aaron, considerados sus prefiguraciones eucarísticas.
     Dos ángeles que visten dalmáticas de diácono ofician de acólitos y agitan abanicos litúrgicos (ripidia).
     Este motivo convenía particularmente para la decoración de patenas (diskarion) sobre las cuales se colocaban las especies sacramentales. Pero también se encuentran numerosos ejemplos en forma de miniaturas, mosaicos y pinturas murales.
     Este tema es muy infrecuente en la iconografía occidental. Sin embargo pueden citarse el cuadro de altar de Urbino, encargado en 1474 por la cofradía del Corpus Domini al pintor flamenco italianizado Justo de Gante.
     Un tema bastante parecido a la Comunión de los apóstoles y que pertenece exclusivamente al arte bizantino, es la Divina liturgia (Theia Leitourgia). En la Iglesia griega se llama así a la solemne procesión que acompaña a las especies sacramentales a través de la iglesia, pero realizada por ángeles con alas desplegadas que llevan los instrumentos litúrgicos (incensarios, hisopos, cirios) y que ante Cristo vestido de sumo sacerdote, ofician de diáconos. Se trata, en suma, de la misa oficiada por Cristo y ayudada por ángeles.
     A veces los doctores de la Iglesia se mezclan con los ángeles (Monasterio de Marko, cerca de Skoplié, Serbia).
     Son numerosos los ejemplos de este tema grandioso en el arte bizantino, especialmente en la época de los Paleólogos (Fresco de la Peribleptos de Mistra, siglo XV).­
     En el arte de Occidente sólo se conoce un ejemplo, en el presbiterio de la catedral de Reims. Adosados a los contrafuertes, doce ángeles vestidos de diáconos que llevan los emblemas del sacrificio del Redentor, rodean a Cristo que tiene el Libro del Nuevo Testamento.
3. La Institución de la Eucaristía o la Comunión de los Apóstoles en el arte de Occidente
     A diferencia del arte bizantino que representa a Cristo dos veces en yuxtaposición, en el occidental Cristo aparece una sola vez con la patena y la hostia, pero generalmente sin el cáliz: la iconografía se modela según la liturgia.
     En el arte prefigurativo de la Edad Media, la institución de la Eucaristía está glosada por cuatro prefiguraciones del Antiguo Testamento:
      1. Melquisedec ofreciendo a Abraham el pan y el vino;
      2. La Pascua judía antes del éxodo de Egipto;
      3. La recogida de maná en el desierto;
      4. Elías despertado por un ángel que lo alimenta en su soledad.
     Además de estas prefiguraciones del Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento hay dos milagros de Cristo que fueron interpretados como símbolos eucarístico:
      1. La transformación del agua en vino en las Bodas de Caná, símbolo de la transustanciación del vino de la comunión en la sangre del Redentor;
      2. La Multiplicación de los panes.
     La hagiografía también nos ofrece alusiones al tema eucarístico: por ejemplo la leyenda de los dos eremitas, Antonio y Pablo, a quienes un cuervo aporta pan del cielo que ellos parten en común.
     A pesar de la propaganda de las cofradías del Corpus Domini, la Santa Cena eucarística inspiró un reducido número de obras de arte en los siglos XV y XVI. Si se deja aparte el cuadro de Justo de Gante, influenciado por la iconografía bizantina, apenas pueden citarse un fresco de Fra Angelico en una celda del convento dominico de San Marcos y una pintura de Luca Signorelli en la catedral de Cortona. Allí se ve a Cristo pasar con el cáliz en la mano entre una doble hilera de apóstoles arrodillados, a quienes administra la Comunión.
     El cuadro de Juan de Juanes en el Museo del Prado es una imitación de la Santa Cena de Leonardo, pero transpuesto al tema eucarístico: Jesús está sentado ante el cáliz y eleva la hostia simbólica.
     Fue después del concilio de Trento cuando este tema adquirió nueva vida gracias al movimiento de la Contrarreforma que combatió a los protestantes glorificando los sacramentos. La Santa Cena se convirtió en un medio de defender la Eucaristía A partir de ese momento, la fórmula de Leonardo resultó condenada, y el Anuncio de la traición se sustituyó con la Consagración del pan y el vino o la Comunión de los apóstoles.
     Los ejemplos de estas dos variantes son muy numerosos.
I. Jesús consagra el pan y el vino
II. La Comunión de los apóstoles
Las representaciones alegóricas de la eucaristía
     En torno al tema de la Santa Cena eucarística gravitan algunos motivos alegóricos de gusto cuestionable, que han estado de moda a finales de la Edad Media y hasta el siglo XVII.
     Los más populares son el Molino eucarístico (o Molino de hostias) y el Lagar de la Cruz, que aluden uno al pan y el otro al vino sacramental.
1. El Molino eucarístico
     El Molino eucarístico, que en francés todavía se denomina el Santo Molino, el Molino místico y el Molino de la Misericordia divina, es una ilustración ingeniosa y al mismo tiempo pueril, del misterio de la Transustanciación.
     Los cuatro evangelistas con cabezas de animales vierten sacos de trigo en un embudo. Los apóstoles abren las esclusas de cuatro arroyuelos que hacen girar la rueda del molino. Debajo están arrodillados los cuatro Padres de la Iglesia que reciben la harina en un cáliz del cual emerge la media figura del cuerpo de Jesús, y la distribuyen al pueblo en forma de hostias.
     En vez de granos de trigo, a veces es el cuerpo del propio Cristo el que se muele, para ser suministrado en hostias que reciben en un copón un papa y un cardenal.
     Para comprender el sentido de este mensaje cifrado, es necesario consultar las glosas de los teólogos. Se trata de una alegoría del Antiguo y del Nuevo Testamento. Los granos de trigo vertidos en el embudo son los que Dios ha entregado a Moisés en el Sinaí: en el molino eucarístico se transforman en pura harina, sin mezcla de salvado (sine furture) de la cual el cristiano extrae el pan de su alma. Así, el Antiguo Testamento, purificado de toda mancha, por la virtud del sacramento de la Eucaristía se convierte en un alimento espiritual más perfecto, que es el de Cristo.
     Un capitel románico de Vézelay nos ofrece la más antigua  versión, con San Pablo que recoge en un saco la harina que sale de la tolva del molino, en el cual, el profeta Isaías vierte el grano de la Antigua Ley.
     Este tema es particularmente frecuente en el arte alemán del siglo XV,  donde se lo encuentra en las pinturas murales y los retablos, pero sobre todo en 1as vidrieras.
     Con frecuencia se lo presenta formando pareja con su prefiguración bíblica: la Recogida del maná.
2. El Lagar de la Cruz
     El tema está vinculado con el motivo mucho más antiguo de la Fuente de la vida (Fons vitae), que es de origen oriental. En los mosaicos de las basílicas románicas o en el Evangeliario de Saint Médard de Soissons iluminado en el siglo IX, es una fuente de agua viva en la cual, de acuerdo con el texto de los Salmos (41: 2), abrevan los ciervos, símbolos de las almas humanas que braman a Dios. Pero en el célebre cuadro flamenco de la iglesia  de la Misericordia de Oporto, atribuido a G. David, la fuente ante la cual se arrodillan el rey Manuel de Portugal y su esposa está llena de la sangre redentora de Jesucristo crucificado.
     Asimismo puede verse en numerosas realizaciones del arte francés: el fresco la antigua colegiata de Saint Mexme, en Chinon, donde, a cada lado de la cruz y de la doble pila, santa María Magdalena y santa María Egipcíaca señalan con el dedo la sangre que las ha purificado; el tríptico de J. Bellegambe en el Museo de Lille; las vidrieras de la Trinité de Vendôme, de Saint Étienne de Beauvais y de Saint Antoine du Rocher (Indre et Loire).
     No obstante, entre los dos motivos subsiste una diferencia esencial. En las representaciones del Lagar de la Cruz, Cristo, que da su sangre para lavar nuestros pecados, ya no está clavado en la cruz sino de pie, arrodillado o acostado bajo el tornillo del lagar.
Fuentes simbólicas y patrísticas
     El simbolismo de este tema procede de dos pasajes de la Biblia.
     En el Libro de los Números, se trata de un racimo maravilloso que los exploradores enviados por Moisés a la Tierra Prometida, suspenden de una pértiga. Este relato fue interpretado como un símbolo de Jesús suspendido en la cruz.
     Por otra parte, el profeta Isaías (63), habla de aquel que solo, pisa el lagar. Esta imagen fue tomada por el autor del Apocalipsis que evoca la cólera de un Dios vendimiador.
     San Agustín acerca los dos textos para explicar que Jesús es la uva de la Tierra Prometida que ha sido puesta en el lagar (botrus in torculari pressus).
     Este símil fue retomado en el siglo XIII, en un sermón de san Buenaventura: "Christus, in cruce tanquam botrus in torculari compressus, per vulnera sui cordis liquorem expressit, omnium morborum sanativum» . La cruz de Cristo está identificada con el lagar bíblico: «Torcular est santa Crux».
Iconografía
     Un ejemplo aislado de la ilustración de este tema aparece a finales del siglo XII en una muy curiosa miniatura del Hortus Deliciarum.
     Pero ese simbolismo permaneció como letra muerta para los artistas hasta finales de la Edad Media. Cobró vida a partir del siglo XV, por la influencia de las cofradías de la Preciosa Sangre que se multiplicaron en esa época y también -fuerza es admitida gracias a los comerciantes de vino que consideraron que un tema semejante se prestaba de maravillas para la decoración de sus capillas corporativas. Recordemos que los pintores vidrieros también sacaron provecho a causa del color rojo rubí de la sangre de Cristo que resplandecía en sus vidrieras.
     La famosa vidriera del claustro de Saint Étienne du Mont, en la montaña de Sainte Geneviève, que fue donada en 1622 por el mayordomo de una parroquia que era comerciante en vinos, constituye una prueba.
     Se comenzó por representar a Cristo viticultor, pisando las uvas en la cuba. Luego, el cuerpo del Redentor se asimiló a un racimo de uvas.
     Por lo tanto se lo representa ya activo, ya pasivo, pisando o pisado, asimilado al lagar o al racimo: torcular et botrus.
     De buena gana se da al lagar místico la forma de una cruz, en cuyos extremos están instalados los tornillos. La sangre que sale del cuerpo de la víctima es recogida en un cáliz o en un lebrillo. Por uno de esos refinamientos del mal gusto del cual el arte cristiano de la Edad media ofrece demasiados ejemplos, suele verse a san Pedro y a los demás Padres de la Iglesia, llevando barricas de sangre de Cristo, como si fuesen bodegueros, un detalle particularmente apreciado por las corporaciones de viticultores y taberneros. Ese simbolismo trivial parece, como se ha dicho, la publicidad de una feria de vinos.
     En la parte inferior de la vidriera de Saint Étienne du Mont, una inscripción explica en cuatro versos de lamentable chatura, que si la sangre del Redentor se puso «en reserva » en los toneles, se lo hizo para que sirviera en el «lavado» de todos nuestros pecados, incluido el pecado Original:
          Dans des vaisseaux en réserve il fut mis
          Par les Docteurs de l'Eglise pour estre
          Le lavement de nos péchés commis,
          Mesme de ceux qu'on a venant à naistre.
           (En recipientes fue puesto en reserva / Por los doctores de la Iglesia para ser / El lavatorio de nuestros pecados cometidos / Incluso de aquél que tenemos al nacer).
     El concilio de Tremo no juzgó apropiado censurar este tema que merecía más que otros ser incluido en el Index. Lo cierto es que se mantuvo en el arte cristiano hasta el siglo XVIII. En la iglesia barroca de Roggenbburg, en Baviera, en la pintura del techo de una capilla se ve a Cristo acostado bajo un lagar cruciforme, la sangre del Redentor enrojece los siete sellos del Libro del Apocalipsis.
Los milagros eucarísticos
     Además de las alegorías del Molino y del Lagar de la cruz, el culto de la Eucaristía ha suscitado gran número de milagros destinados a probar la presencia real de Cristo en la hostia.
     El arte italiano ha glorificado el Milagro de Bolsena. Un sacerdote de Bolsena que dudaba acerca de la transustanciación estaba oficiando la misa. En el momento de la consagración, vio que brotaban gotas de sangre de la hostia que caían sobre el corporal. Por disposición del papa Urbano IV, ese lienzo milagroso fue transportado a la catedral de Orvieto y guardado en un magnífico relicario decorado con esmaltes traslúcidos.
     En París, el Milagro des Billettes no era menos popular. Un judío llamado Jonathas habría acuchillado una hostia que sangró. La arrojó en agua hirviendo, pero brotó un crucifijo de la olla. En el sitio donde estaba la casa del profanador se edificó una capilla expiatoria que se convirtió en la iglesia des Billettes (en la actualidad, un templo luterano).
     También hubo el Milagro de Lendil. Un ladrón había robado una hostia en la iglesia de Saint Gervais y la había enterrado en la llanura de Lendil, entre París y Saint Denis. La hostia se elevó en el aire y comenzó a planear, hasta que el cura de Saint Gervais acudió para atraparla en vuelo, como a una mariposa. Es el tema de uno de los tapices de Notre Dame du Ronceray, en Angers.
     Casi todos los milagros eucarísticos están calcados de uno u otro de estos modelos. Suele ponerse en escena un sacerdote incrédulo o un judío sacrílego, quienes acaban convencidos de la «Verdad» del Santo Sacramento por la sangre de Cristo que brota de una hostia.
     Para reforzar la demostración, la piedad popular se complace en hacer participar en este homenaje incluso a los animales. Tal es el caso de el milagro de la mula de San Antonio de Padua, que a pesar de haberse comido una ración de avena, se arrodilló ante el Santo Sacramento. Se atribuía el mismo discernimiento y devoción a un perro de la judería. Un judío que se había procurado una hostia consagrada, la arrojó a su perro; pero el piadoso animal, en vez de comérsela, se arrodilló y mordió la mano de su amo. También las abejas advierten por su instinto la divinidad del Santo Sacramento. Una mujer había arrojado una hostia a las abejas de su colmena, pero éstas, con gran reverencia, le construyeron un relicario o una capilla de cera.
     Otro milagro eucarístico que al mismo tiempo es un Ejemplo de Justicia, es la leyenda del conde Arcambal (Herkenbald) que había degollado a su sobrino culpable de haber violado a una muchacha y que en su lecho de muerte se negó a expresar arrepentimiento por un acto que consideraba justo ante el sacerdote que le ofrecía la extremaunción. El sacerdote creyó su deber negarle la comunión, pero la hostia que había llevado en un copón se colocó por sí sola sobre la lengua del moribundo.
     Este episodio, ilustrado por Van der Weyden en una pintura destruida que adornaba el Ayuntamiento de Bruselas, fue popularizada por dos tapices, uno de los cuales se conserva en el Museo Histórico de Berna y el otro en el Museo del Cincuentenario de Bruselas.
     La totalidad de esta leyenda dorada eucarística fue recogida en el siglo XV por Jean Herolt, prior de los dominicos de Nuremberg, cuyo Promptuarium exemplorum, compilado hacia 1440, tuvo cuarenta y ocho ediciones entre 1474 y 1500. En suma, una gran moda de milagros de los cuales poseemos una serie de tapicerías, actualmente dispersas, encargadas a principios del siglo XVI (hacia 1510) por el monasterio de Ronceray, en Angers.
El triunfo de la eucaristía
     El arte fastuoso de la Contrarreforma exigía una puesta en escena más grandiosa que estos ingenuos cuentos populares. Para glorificar el sacramento de la Eucaristía se retornó al tema pagano de los Triunfos, que las Canzoni del poeta humanista Petrarca habían hecho familiares a los pintores del Renacimiento.
     Fue en los cartones de Rubens, destinados a ser traducidos en tapices en el convento de las Descalzas Reales de Madrid, donde este tema triunfal alcanzó su pleno desarrollo. El desfile comienza con la evocación de las prefiguraciones del Antiguo Testamento: Melquisedec presentando a Abraham el pan y el vino, Sacrificio del Cordero pascual, la Recogida del maná asimilada a una lluvia de hostias, Elías alimentado por un ángel.
     Luego viene el triunfo de la Eucaristía propiamente dicho. Anunciada por los patriarcas y los profetas, la Eucaristía reina como una soberana victoriosa. Ella enjugó los sangrientos sacrificios del paganismo: un ángel muestra el cáliz, e inmediatamente el victimario huye llevándose el toro de Mithra. La Eucaristía  obliga a la filosofía y a la ciencia a marchar detrás de su carro triunfal; y fulmina las herejías. Finalmente, presenta el Santo Sacramento a la adoración de las multitudes, mientras un ángel sostiene la tiara pontificia encima de su cabeza. Su cuadriga, que aplasta a los ciegos en irresistible carrera, es conducida por Victorias.
     Repartida entre el Louvre y el Museo del Prado, esta serie, magníficamente orquestada por el mayor de los pintores barrocos, prolonga  en sonoros ecos la palabra mística que Cristo murmurara la noche de la Santa Cena, ante los apóstoles que comulgaban con él: Hoc est corpus meum (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Alonso Vázquez, autor de la obra reseñada;
     Alonso Vázquez, (Ronda, Málaga, c. 1564 – Ciudad de México, México, c. 1608). Pintor.
     Según informaciones procedentes de Palomino, se sabe que Alonso Vázquez nació en Ronda, habiendo señalado también que fue en el año 1564; sin embargo, ambas referencias carecen por ahora de base documental. Tampoco, se sabe con certeza el lugar donde realizó su formación artística y tan sólo puede pensarse que hacia 1580 estaba ya en Sevilla, puesto que en 1582 una hija suya fue bautizada en esta ciudad.
     Aunque se carece de más apoyaturas documentales para situar la presencia de Vázquez en Sevilla puede decirse que su actividad pictórica fue dominante en la ciudad, al menos a lo largo de los últimos veinte años del siglo XVI, advirtiéndose que en este margen de tiempo llevó a cabo las principales realizaciones artísticas que se ejecutaron en Sevilla, y fue el pintor preferido por el clero, la nobleza y las personas acaudaladas. Sólo el entonces joven Pacheco tuvo opciones de competir con él, pero lo hizo desde un plano secundario, aunque en ocasiones ambos colaboraron juntos en empresas pictóricas.
     La estancia de Vázquez en Sevilla se dilató hasta 1603, año en que se trasladó a México para trabajar como pintor al servicio del virrey Juan de Mendoza, marqués de Montesclaros, a quien ya conocía puesto que este personaje había sido asistente de Sevilla desde 1600. En México trabajó al servicio de su patrón y se posee información que revela una intensa actividad pictórica de la que no han llegado hasta el presente más que escasos testimonios. No se sabe con precisión el año en que murió Vázquez en México, aunque una noticia datada en 1608 señala que en esta fecha ya había fallecido.
     El análisis de la obra conocida de Vázquez evidencia con claridad su relación con el último período creativo del renacimiento que se conoce como Manierismo; su estilo está basado en un dibujo firme y preciso con el que configuró formas vigorosas muy perfiladas, provistas de una marcada gesticulación.
     Como es habitual en este período final del siglo XVI, el arte de Vázquez rehuye la observación de la naturaleza de forma directa, atendiendo más a la captación de formas obtenidas de imágenes grabadas que a inspirarse directamente en modelos reales.
     Una de las obras capitales dentro de la producción de Vázquez es La Sagrada Cena que procedente de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, se conserva actualmente en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad. Su ejecución se realizó en 1588, aunque la documentación no menciona el nombre de su autor; sin embargo a través de su estilo puede evidenciarse con cierta precisión que se trata de una obra de Vázquez y además la primera que se conoce en el tiempo dentro de su dilatada producción. En ella, se percibe que el artista utilizó para lograr su composición grabados de origen flamenco; llama la atención en la pintura el variado repertorio de expresiones físicas que se constata en las figuras de los apóstoles y al mismo tiempo los admirables detalles de bodegón que aparecen sobre la mesa, así como el aparatoso fondo arquitectónico que cierra la composición; allí, en figuras de pequeño tamaño, se describe la escena de Cristo lavando los pies a los apóstoles.
     Una faceta desconocida en nuestros días de la producción de Vázquez es la de retratista, puesto que a pesar de tener constancia documental de que la practicó, ningún ejemplar ha llegado hasta nuestros días.
     Así en 1590 tenemos noticias de que realizó tres retratos al servicio del duque de Medina Sidonia, efigiando en uno de ellos a su esposa Doña Antonia de Portocarrero y en los otros dos a sus hermanas Doña Mariana y Doña Leonor. Sobre estas obras hay que señalar que, o se han perdido, o aún no han sido identificadas.
     Al tiempo que Vázquez trabajó al servicio del duque de Medina Sidonia lo hizo también para el duque de Alcalá, puesto que para él realizó una serie de ocho pinturas en las que representaba Las Artes liberales, tampoco se han conservado. Sí ha llegado hasta el presente una pintura realizada para dicho duque de Alcalá que representa a El rico Epulón y el pobre Lázaro, aunque su paradero es desconocido. A través de una fotografía realizada hacia 1950, se conoce esta obra, que fue muy admirada en la época en que fue pintada. En efecto, se tiene el testimonio escrito por Pacheco en su libro Arte de la pintura, quien se refiere a ella en los siguientes términos: “El famoso lienzo de Lázaro y el rico avariento que tiene hoy el Duque de Alcalá, donde, en un aparador de vasos de plata vidrio y barro puso mucha diversidad de colaciones y otros frutos y un frasco de cobre puesto en agua a enfriar”. Esta descripción coincide con la fotografía que se conoce de la pintura, en la que Epulón aparece comiendo en un balcón abierto a un exterior y se ve al pobre Lázaro, semidesnudo, que implora las sobras de la comida. Los detalles de bodegón que aparecen en esta pintura son excelentes, lo que corrobora la afirmación de Pacheco, cuando señaló que Vázquez “pintaba flores con mucha destreza y propiedad”.
     Un conjunto pictórico de Alonso Vázquez, procedente de un retablo desmontado se conserva en la iglesia de Santa Ana de Sevilla. Su tabla central, que presenta la firma del artista y la fecha de 1590 es la representación de la Resurrección de Cristo; las tablas laterales muestran a San Cristóbal y a San Martín, constatándose en todo el conjunto el habitual dibujo firme y prieto del artista con el que capta figuras vigorosas y enérgicas.
     Otro importante conjunto pictórico de Vargas fue ejecutado en 1592, en esta ocasión para el retablo mayor de la iglesia del monasterio de Santa Paula de Sevilla. Lamentablemente en 1730 dicho retablo fue sustituido por otro de estilo barroco y sus pinturas fueron desmontadas y aprovechadas para ser colocadas en otros retablos de la iglesia en 1810. Otra de ellas pasó a la clausura conventual donde aún se conserva; representa La Trinidad, que en origen debió de estar situada en el remate del retablo citado.
     En la Catedral de Sevilla y para la capilla de Cristóbal de la Puebla, Vázquez ejecutó en 1594 un pequeño retablo que afortunadamente se conserva en su lugar de origen. Dicho retablo está presidido por una representación pictórica de San Ildefonso y San Diego de Alcalá que flanquean un relieve escultórico de La Asunción de la Virgen. En los laterales aparecen escenas de El Bautismo de Cristo y El Martirio de Santa Catalina, mientras que en la predela aparecen representaciones de Los profetas y de Los padres de la Iglesia, al tiempo que los retratos del donante, Don Cristóbal de la Puebla, su esposa y sus hijas, obras de pequeño formato que dan idea de la calidad que Vázquez hubo de alcanzar cuando ejecutó retratos de tamaño natural.
     Procedente probablemente del convento de santa María de Jesús, se conserva también en la Catedral de Sevilla una representación de La Virgen del Pozo Santo, pintura en la que se narra la milagrosa intervención de la Virgen para salvar a un niño que había caído en el interior de un pozo. Esta obra refleja un sentido de solemnidad mayestática en la figura de la Virgen y el Niño que, aureolados de ángeles músicos, contemplan complacidos la salida del pozo del infante ileso; un amable fondo de paisaje cierra la parte inferior de la composición. Por las características de su estilo esta pintura puede fecharse hacia 1595.
     Poco después, en 1598 y por encargo de Diego Caballero de Cabrera, Vázquez ejecutó las pinturas que se integran en el retablo de la Inmaculada de la Iglesia de San Andrés de Sevilla donde se dispone una serie de pinturas entre las que destacan los dos tableros de la predela en los que se representan Reyes del Antiguo Testamento que forman parte de la genealogía de la Virgen. Figuran también en el retablo representaciones de San Francisco, El apóstol Santiago, San Esteban, El Bautismo de Cristo, Santa Catalina y Santa Lucía, estando rematado todo el conjunto por La Coronación de la Virgen y El Padre Eterno.
     A finales del siglo XVII los jesuitas sevillanos eran una de las órdenes religiosas más influyentes en la ciudad y en su entorno geográfico; dispuestos a fomentar su primacía, encargaban a los mejores artistas locales el ornato de sus templos. Por ello no es extraño que para el retablo mayor de su iglesia, en la población de Marchena, encargasen a Vázquez en 1599 las pinturas.
     Sin embargo, cuando en 1603 Vázquez embarcó para México no había concluido aún este conjunto pictórico cuya ejecución quedó interrumpida durante varios años, ya que sólo a partir de 1607 fue finalizado por Juan de Roelas. Las pinturas que Vázquez realizó fueron San José con el Niño, El sueño de San José, San Juan Bautista y La degollación de San Juan Bautista. Resulta interesante advertir cómo los jesuitas se hicieron inmediatamente eco de la devoción y culto a San José impulsado en España a partir de 1597, cuando el padre carmelita Gracián de la Madre de Dios escribió su famoso libro Grandeza y excelencia del glorioso San José, publicado en Madrid y que tuvo una inmediata repercusión en Toledo, plasmada en la magnífica pintura de San José con el Niño que El Greco ejecutó en 1599 y que Vázquez pintó también como hemos visto en el mismo año en el retablo de los jesuitas de Marchena.
     Otra importante pintura cuyos destinatarios debieron de ser los jesuitas sevillanos es La aparición de Cristo a San Ignacio camino de Roma, que actualmente se conserva en la Catedral de Sevilla. Es obra realizada hacia 1600 en la que se advierte un dibujo menos marcado que en años anteriores y una mayor blandura expresiva. También hacia 1600 debe de estar realizada La Virgen de Belén, que pertenece a la parroquia de Santa María de la Asunción de Arcos de la Frontera. Es obra no documentada pero que presenta con claridad el estilo de Vázquez, siguiendo el modelo de La Virgen del Pozo Santo antes mencionada.
     También en 1600 Vázquez, junto con Francisco Pacheco, recibió el encargo de fray Juan Bernal, prior del convento de la Merced de Sevilla de una serie de pinturas destinadas a adornar el claustro principal de dicho convento, que se convirtió así en el primer recinto conventual español que decoró con historias de su Orden uno de sus patios. Vázquez debió de contratar la mitad de las pinturas que serían doce, siendo las otras seis encargadas a Pacheco; sin embargo, en el momento de su partida a México en 1603, no debía tener realizadas más que cuatro, de las cuales tres se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, es decir, en el mismo lugar para donde fueron ejecutadas.
     Son estas obras San Pedro Nolasco redimiendo cautivos, San Pedro Nolasco despidiéndose de Jaime I El Conquistador; un Martirio de San Ramón Nonato procedente de esta serie y de mano de Vázquez se conserva muy mal restaurado en una colección particular de Madrid, permaneciendo en paradero desconocido una representación titulada San Pedro Nolasco recibiendo del Papa la Bula de fundación de su Orden.
     Un año antes de su partida para México, Vázquez contrató la ejecución de las pinturas del retablo mayor de la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, donde representó distintos temas de devoción como San Sebastián, San Roque, San Laureano, San Francisco, San Antonio de Padua, La incredulidad de Santo Tomás, San José con el Niño y San Juan Bautista, rematándose todo el conjunto con un Calvario.
     En 1603, cuando ya preparaba su viaje a México, el Hospital de San Hermenegildo de Sevilla encargó a Vázquez la ejecución de la pintura central del retablo de su iglesia donde se representaba El tránsito de San Hermenegildo, hoy en el Museo de Bellas Artes de dicha ciudad. En el momento de embarcarse Vázquez sólo tenía realizada la mitad inferior de la pintura, siendo la superior concluida por Juan de Uceda, quien debía de ser discípulo suyo. En la parte realizada por Vázquez destaca la presencia junto a San Hermenegildo, de San Isidoro, San Leandro, el joven Recaredo y los retratos del cardenal Cervantes, patrono del Hospital y de Bernardino de Escalante, administrador del mismo. Una Inmaculada fechable también hacia 1603 se conserva igualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, destacando en ella su movido perfil y su elegante figura, aspectos éstos poco comunes en la pintura sevillana de esta época que evidencian la oscilación de Vázquez en los últimos momentos de su estancia en Sevilla hacia el espíritu del Barroco (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Sagrada Cena", de Alonso Vázquez, en la sala V del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Sala V del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.