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martes, 7 de enero de 2020

El relicario de San Juan de Ribera, anónimo, en la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro), de la Catedral de Santa María de la Sede


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el relicario de San Juan de Ribera, en la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro), de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla
  Hoy, 7 de enero (en la Archidiócesis de Sevilla, ya que en las restantes diócesis se celebra el 6 de enero) Memoria, en la ciudad de Valencia, en España, de San Juan de Ribera, obispo, que ejerció también funciones de virrey. Fue muy devoto de la Santísima Eucaristía, defendió la verdad católica y educó al pueblo con sus sólidas enseñanzas (1611) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte el relicario de San Juan de Ribera, en la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro) de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro) [nº 093 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Esta sala, acabada en 1581, ha sido denominada, sin cambiar de función hasta mediados del siglo XIX, "Casa de Cuentas" y "Contaduría Mayor"; por su uso posterior, desde 1922 al menos, y hasta 1992 se le ha denominado "Sala de Ornamentos". En la actualidad, y desde 1993, es el lugar donde se expone una fracción del "Tesoro" de la catedral (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).  
   En el Tesoro (Contaduría Baja) de la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar el Relicario de San Juan de Ribera, pieza de plata y vidrio, de 51 x 14 cms, cincelada y repujada realizada en estilo neoclásico en el siglo XIX, desconociéndose su autoría. Sobre una base de planta circular con decoración vegetal, perlas a modo decontario, se levanta el vástago o astil con nudo que repite la misma decoración. La caja que contiene la reliquia es de forma de templete alargado con astil, decorado con acantos neoclásicos y flores, quedando cerrado mediante un cristal. Como remate, un sol que posee un cáliz entre llamas, libro y tiara, y culminando en una cruz. Posee sello de lacre de un cardenal, dando como auténtica la reliquia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de San Juan de Ribera;
     San Juan de Ribera, (Sevilla, c. 1532 – Valencia, 6 de enero de 1611). Santo, patriarca de Antioquía, obispo de Badajoz, arzobispo de Valencia, teólogo, canonista y virrey de Valencia.
     Juan Enríquez de los Pinelos nació en Sevilla, a finales del año 1532, hijo natural de Pedro Enríquez y Afán de Ribera y Portocarrero, marqués de Tarifa, duque de Alcalá, virrey de Cataluña (1554-1558) y de Nápoles (1558-1571), y de la dama Teresa de los Pinelos, perteneciente a una rica familia de comerciantes.
     Muy pronto perdió a su madre, por lo que pasó a residir en el domicilio paterno (el palacio conocido como Casa de Pilatos), donde recibió su primera formación.
     Tuvo tres hermanas, Catalina, Inés y María, nacidas de otras madres.
     Destinado al estado clerical, en 1536 obtuvo su padre la dispensa del defecto de nacimiento para que pudiera acceder a las órdenes sagradas. El 22 de mayo de 1543 recibió la tonsura en la sevillana iglesia de San Esteban y en 1544 fue enviado a estudiar Cánones en la Universidad de Salamanca. Una vez concluidos dichos estudios, cursó Teología, materia que oyó de eximios profesores, como Domingo de Soto y Melchor Cano, entre otros, y en la que se licenció el 31 de mayo de 1557. Pocos días antes (8 de mayo) se había ordenado de subdiácono, recibiendo después, en fechas desconocidas, las órdenes mayores del diaconado y presbiterado. Durante sus años salmantinos trabó contacto con san Juan de Ávila, san Pedro de Alcántara y una serie de jesuitas y dominicos seguidores de la reforma tridentina; y compró una gran cantidad de libros (entre ellos las obras completas de Erasmo, textos de los santos padres y de acreditados teólogos, así como las mejores ediciones críticas de la Biblia), con los que iniciaría una importante biblioteca que, a su muerte, superaba ampliamente los dos mil volúmenes. Como aspiraba a una cátedra, pasó a enseñar Teología en la Universidad salmantina en calidad de auxiliar, hasta que, a instancias de su padre, fue nombrado obispo de Badajoz (27 de mayo de 1562) por el papa Pío IV, a presentación de Felipe II.
     De inmediato tomó posesión de su diócesis, donde desarrolló una intensa labor pastoral, de acuerdo con el espíritu del Concilio de Trento: nada más llegar, efectuó la visita pastoral y en marzo de 1565 celebró un sínodo diocesano, al que seguiría otro en el mes de diciembre, convocado para ejecutar los decretos del Concilio de la provincia eclesiástica compostelana, que había tenido lugar en Salamanca durante los meses de septiembre y noviembre de dicho año, y en el que Ribera había participado indicando remedios prácticos para la reforma del estado episcopal.
     Impulsó las misiones populares, con predicadores reclutados entre las filas de los seguidores de san Juan de Ávila y desplegó personalmente una amplia acción misionera, predicando más de ciento cincuenta sermones, administrando por su propia mano los sacramentos, dedicando a obras de caridad las rentas del obispado, observando el deber de residencia y reduciendo notablemente el número de servidores de su palacio. Aunque en 1563 y 1566 asistió a los autos de fe de los alumbrados de Llerena, un inquisidor lo consideró sospechoso de alumbradismo, por su relación con algunos espirituales. De hecho, mantuvo relación epistolar con fray Luis de Granada (quien le pondría en contacto con san Carlos Borromeo), así como con san Ignacio de Loyola, san Francisco de Borja y santa Teresa de Jesús.
     Entre tanto, en 1565 su padre había intentado que fuera trasladado al Obispado de Málaga, mas no pudo conseguirlo. Mejor suerte tendría en 1568, cuando quedó libre la mitra de Valencia al morir el arzobispo Fernando de Loaces. Felipe II pensó en Ribera para cubrir la vacante, pues la labor desarrollada en Badajoz le avalaba para afrontar con acierto, a pesar de su juventud, los retos que aquella sede presentaba, en especial la aplicación de la reforma tridentina y la evangelización de los moriscos. Por lo pronto, Pío V le asignó el título de patriarca de Antioquía (30 de abril de 1568), que tenía el difunto Loaces, elogiando a Ribera como “lumbrera de toda España, singular ejemplo de virtud y de bondad, dechado de gloriosas costumbres y santidad”. Aunque el prelado se resistió al cambio de sede, el Monarca logró convencerle y presentó su nombre al Papa, quien el 3 de diciembre de dicho año le nombró arzobispo de Valencia. El 16 de febrero de 1569 tomó posesión por procurador, y el 20 de marzo entró en la diócesis, dando inicio a un pontificado de cuarenta y dos años que marcaría profundamente la historia religiosa, cultural y aun política de Valencia.
     De inmediato acometió la reforma de la Universidad, cuya visita le había encargado el Monarca. Movido por un exceso de celo, removió por la fuerza de sus cátedras a algunos profesores de Teología, que consideraba ineptos, y pretendió que se reconociera la enseñanza de esta materia que impartían los jesuitas en su colegio de San Pablo de Valencia. El arresto del rector y de los profesores que se opusieron a sus reformas desencadenó una violenta campaña de difamaciones contra su persona, que tuvo que acallar la Inquisición arrestando a medio centenar de alborotadores y procesando a algunos de ellos. Alarmado por los jurados de la ciudad del Turia, Felipe II desautorizó a su visitador, ordenando que los profesores depuestos fueran restituidos en sus cátedras, por lo que la reforma universitaria naufragó. Las amarguras de esta disputa le impulsaron a presentar su dimisión al Papa y a solicitar al Monarca su traslado al Obispado de Córdoba, pero Pío V le escribió animándole a perseverar.
     Mayor éxito tendría en la reforma pastoral, en la que concentró todas sus fuerzas, dada la penosa situación religiosa de la diócesis, apenas paliada por los pontificados de santo Tomás de Villanueva y Martín Pérez de Ayala. Instrumentos para llevarla a cabo fueron la visita pastoral, los sínodos diocesanos, la fundación del colegio seminario de Corpus Christi y la reforma de los religiosos. Comenzó por la reforma del clero: apenas llegó a la diócesis, convocó a los sacerdotes en la parroquia de Santo Tomás e instituyó la costumbre de reunirlos cada año por Cuaresma, para tratar temas relativos a la ejemplaridad de su vida y al ejercicio del ministerio. Celebró siete sínodos diocesanos (en 1578, 1584, dos en 1590, 1594, 1599 y 1607), dedicados por lo general a la reforma de clero —que consideraba base de la reforma diocesana—, los cuales dictaron breves pero eficaces disposiciones.
     Al igual que en Badajoz, fue por delante con su ejemplo personal, predicando a menudo y desempeñando en ocasiones, como si fuese un simple cura, las más humildes tareas parroquiales.
     Para actuar el decreto tridentino sobre los seminarios y formar un clero selecto que asegurase la reforma del pueblo, fundó en 1583 el colegio seminario de Corpus Christi, donde “se creassen sugetos en virtud y letras” que fuesen “buenos sacerdotes”.
     Gregorio XIII aprobó la fundación en 1584, dando inicio las obras dos años después y concluyéndose en 1604. Comprendía dicha fundación una primorosa capilla, donde se celebrasen los “oficios divinos reformados” según las normas tridentinas. Para ambas instituciones, que puso bajo la advocación del Corpus Christi, redactó sendas constituciones, por las que todavía se rigen. Igualmente, apoyó la reforma del clero regular, corrigiendo abusos, impulsando iniciativas reformadoras, introduciendo en la diócesis a los capuchinos y fundando las agustinas descalzas.
     Para la reforma del pueblo, Ribera realizó al menos once visitas pastorales. Como él mismo exponía en el informe de la visita ad limina que envió a Roma en 1610, acostumbraba “cada año salir a visitar por la diócesis tres o quatro meses, reconosciendo las necesidades de las iglesias y de los pueblos”, amén de tener “quatro visitadores, los quales andan a temporadas también por la diócesis visitando, de manera que dentro de un biennio por la mayor parte queda visitado todo el arçobispado”. Su supuesta responsabilidad en la represión del erasmismo valenciano ha sido fehacientemente desmentida, mostrando cómo en materia de espiritualidad el patriarca hizo gala de un tolerante equilibrio, siendo más un reformista que un contrarreformista, caracterizado por el fomento de la religiosidad devocional popular y por una calculada y ecléctica ambigüedad.
     Felipe III le nombró virrey y capitán general de Valencia, cargos que ejerció con acierto de octubre de 1602 a febrero de 1604, reprimiendo con energía el bandidaje y la corrupción, actualizando la administración de justicia y reduciendo los oficiales de la misma, para mejorar su eficacia.
     Por lo que respecta a los moriscos, el punto más controvertido de su biografía, el patriarca comenzó alentando con optimismo la evangelización de éstos, para lo cual reeditó con ampliaciones el catecismo de su antecesor Pérez de Ayala, aumentó la red parroquial en los lugares de moriscos y financió a los rectores. Pero en 1582, al constatar el fracaso de sus esfuerzos evangelizadores, comenzó a solicitar la intervención estatal para forzarles a abandonar sus prácticas islámicas, señalando la expulsión como remedio más eficaz del problema, pues, a su juicio, “son moros, no moriscos, y además enemigos internos”. Desde entonces, requirió constantemente la expulsión a través de memoriales dirigidos a Felipe II y a su sucesor Felipe III, donde anunciaba sublevaciones y peligros si no se procedía a ella. Aunque fue ajeno a la decisión de expulsarlos, que se tomó en el Consejo de Estado (4 de abril de 1609) sin su conocimiento, y aunque trató de frenarla en tierras valencianas, para evitar los perjuicios económicos que se derivaban para el reino, lo cierto es que sus argumentos fueron utilizados por el duque de Lerma para forzar la sentencia real.
     Aquejado de un “catarro al pecho” (neumonía aguda), murió en olor de santidad en sus aposentos del colegio de Corpus Christi, el día 6 de enero de 1611. Fue beatificado por Pío VI (18 de septiembre de 1796) y canonizado por Juan XXIII (12 de junio de 1960).
     Es obligado destacar el exquisito e importante mecenazgo que el patriarca desarrolló en el campo de las artes, pues para él trabajaron los pintores Luis de Morales, Gaspar Requena, Francisco Ribalta, Juan Sariñena, Antonio Ricci, Nicolás Borrás, Antonio Estela, Bartolomé Matarana y otros. Compró obras de El Greco, F. Zuccaro, G. Baglione, V. Campi, S. Pulzone, M. Venusti, G. B. Novara, y muchos más; encargó copias de Caravaggio, F. Barocci, A. del Sarto y un largo etcétera, con las que embelleció su colegio y capilla de Corpus Christi, haciendo de este edificio uno de los monumentos más emblemáticos de Valencia, e influyendo decisivamente en la orientación de la pintura valenciana del Siglo de Oro. Recientemente se han editado sus sermones, permaneciendo inéditas todavía la mayor parte de las eruditas anotaciones que escribió en los márgenes de sus Biblias, así como los apuntes de las clases de Teología que recibió en Salamanca (Miguel Navarro Sorní, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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lunes, 6 de enero de 2020

La Iglesia de San Julián


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de San Julián, de Sevilla.   
      Hoy, 6 de enero, es la Solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tras manifestaciones del Gran Dios y Señor nuestro Jesucristo: en Belén, Jesús niño, al ser adorado por los magos; en el Jordán, bautizado por Juan, al ser ungido por el Espíritu Santo y llamado Hijo por Dios Padre; y en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria transformando el agua en vino en unas bodas. Y también, es la Memoria, en Antinoe, en la región de Tebaida, en Egipto, de los Santos Julián y Basilisa, mártires (s. IV) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la iglesia de San Julián, de Sevilla.   
   La Iglesia de San Julián [nº 38 en el plano oficial del Ayuntamiento; y nº 75 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Julián, 2 (con portada lateral a la calle Moravia); en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
   La noche del 8 de abril de 1932 tiene un recuerdo aciago para los vecinos de San Julián. Ese día llamas provocadas consumían el rico patrimonio de la vieja iglesia parroquial. Un fuego del que se acusó a dos conocidos del barrio, apodados la Bizca y la Pinocha. Un oscuro asunto del que nadie asumió responsabilidades, ni las autoridades, ni los jueces, ni unos culpables confesos que fueron absueltos. Sólo pagó la ciudad, que perdió en las llamas piezas como la Virgen gótica que, según la tradición, provenía de Cataluña, el retablo mayor de Felipe de Ribas, la Dolorosa de la Hiniesta atribuida a Montañés o tablas atribuidas a Alejo Fernández y otras piezas litúrgicas. Una simple lata de gasolina (que costó un real) acabó con un patrimonio de siglos. Afortunadamente, la iglesia fue restaurada en 1946 y pudo recuperar en parte el esplendor de antaño. También conoció otras restauraciones en 1974 y en 1993.

   
     Quizás edificada sobre una primitiva mezquita, San Julián es templo gótico mudéjar de la primera mitad del siglo XIV que se dedicó al santo mártir nacido en Antioquía en el siglo II y que fue degollado junto a su esposa tras ser arrojado a los leones. Conoció una importante restauración entre 1690-1697, periodo en el que se reconstruyó la bóveda del presbiterio.
   La portada principal, en piedra, de tipo ojival, sigue otros modelos sevillanos como los de San Esteban, Santa Marina o el templo de Omnium Sanctorum, coronándose por un tejaroz sostenido por cabezas de leones. Sobre la clave se conserva la imagen de la Virgen con el Niño, una iconografía de Virgen-trono característica del medievo. En un lateral se sitúa el retablo cerámico de la Dolorosa de la Hiniesta vestida de hebrea, obra de Antonio Kiernam Flores donada por un hermano en 1962. Al otro lado de la puerta se sitúa el retablo cerámico, firmado por Palacios, del Cristo de la Buena Muerte, obra más reciente encargada por la propia hermandad. Las dos portadas laterales de la iglesia, una hacia el exterior de cada nave, se encuentran actualmente cegadas. En la del muro izquierdo un azulejo recuerda la llegada de la Virgen de la Hiniesta Gloriosa, desde entonces se decidió el cierre de este acceso del edificio. La torre de la iglesia es muy posterior a la fábrica original del edificio, siendo fechable en el siglo XVII. Muestra un solo cuerpo, suele estar pintada en tonos blancos y almagra y se corona con un chapitel piramidal de azulejos.

   Ya en el interior, San Julián sigue el tradicional modelo de tres naves, divididas en cuatro tramos por medio de pilares unidos por arcos apuntados. Para el cubrimiento de la nave central se recuperó el artesonado de madera, salvándose en la zona del presbiterio una interesante bóveda sexpartita de nervadura gótica. En el fuego de 1932 se perdió un excepcional retablo de Felipe de Ribas, en la actualidad se sitúa en el presbiterio una recomposición de piezas de fines del XVII y comienzos del XVIII, conformando una estructura de banco inferior y un cuerpo superior de tres calles y ático. La hornacina central está presidida por la talla de la Virgen de la Hiniesta Gloriosa, obra de Antonio Castillo Lastrucci de 1945, que sustituyó a la imagen medieval que desapareció en el incendio. Considerada patrona del Ayuntamiento y hasta de la misma ciudad en antiguas referencias históricas, fue coronada canónicamente en 1974. La leyenda sitúa el hallazgo de la antigua talla medieval en Cataluña, entre retamas de hiniestas, por el aragonés mosén Per de Tours. Apareció con una inscripción: Soy de Sevilla, de una iglesia cercana a la puerta de Córdoba, que motivó su triunfal traslado a esta ciudad. Tuvo enorme devoción en épocas  pasadas, saliendo en procesión de rogativas extraordinarias en numerosas ocasiones. Hoy procesiona en la tarde anterior del Corpus para presidir el cortejo en la plaza de San Francisco, junto al Ayuntamiento. Completan el retablo dos lienzos que muestran a la Inmaculada y a Santa Beatriz de Silva y una talla contemporánea de San Julián. En la zona del presbiterio se sitúan unas excelentes lámparas barrocas de plata que se salvaron del incendio de la parroquia.
   Ya en el muro izquierdo se sitúa el retablo de Nuestra Señora del Rosario, ocupado por la imagen que realizó José Fernández Andes en 1936. Es titular de una hermandad de gloria con larga historia desde la aprobación de sus reglas por el rey Felipe II en el siglo XVI, cuando radicaba en San Marcos. Se suele considerar que fue la primera hermandad en organizar un Rosario de la Aurora, llegó a desaparecer en 1884 y fue posteriormente reorganizada, sufriendo la pérdida de su antigua titular en el fuego de San Marcos, pasando posteriormente por diferentes templos como San Marcos, la capilla de los servitas, San Luis, San Hermenegildo y por último San Julián.

   A continuación se sitúa la excelente Inmaculada barroca que se atribuye al escultor granadino Alonso Cano. Colocada sobre un sencillo retablo moderno, es una de las mejores tallas del autor, siguiendo los modelos de Martínez Montañés (a quien se llegó a atribuir) de la Catedral y del convento de Santa Clara. Una talla equilibrada y de gran calidad técnica que puede ponerse en relación con otra muy similar existente en la parroquia sevillana de San Andrés. En los pies del muro está colocada una talla moderna de la Milagrosa y sobre una sencilla repisa se encuentra una pequeña talla moderna de Santa Ángela de la Cruz. 
 Ya en el muro derecho se sitúa la talla de Santa María Magdalena, obra de Antonio Castillo Lastrucci (1938). Sale en procesión el Domingo de Ramos a los pies del Crucificado de la Buena Muerte, siendo talla completa de buena policromía que pasa por ser una de las imágenes secundarias más logradas de su prolífico autor. De gran interés es otro grupo del mismo autor situado a continuación, el conjunto de la Piedad, obra muy apreciada por el imaginero cuyos restos mortales se encuentran aquí enterrados. Destaca el equilibrado conjunto la policromía y la expresión del rostro de la Virgen. Le sigue un retablo moderno, sin mucho interés, junto al que se sitúa la talla del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, también obra de Castillo Lastrucci del año 1938. Es una talla que sustituyó a la que se perdió en 1936, que, a su vez, reemplazaba a la imagen perdida en el incendio de 1932. De formas neobarrocas, con cierta inspiración en las tallas de Juan de Mesa, mide 1'76 metros, y costó 3.500 pesetas en una España todavía sumida en la guerra civil. María Santísima de la Hiniesta Dolorosa es titular de la hermandad que preside la capilla sacramental en la cabecera del muro derecho. Es también obra de Castillo Lastrucci (1937) y se sitúa tras una artística reja que puede datarse a finales del siglo XV, con un escudo de los Siete Dolores de María en su parte central. El Crucificado y la Dolorosa son los titulares de la Real e Ilustre Hermandad Sacramental de la Inmaculada Concepción y Primitiva y Franciscana Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Santa María Magdalena y María Santísima de la Hiniesta Dolorosa y Gloriosa Coronada. Su origen lejano está en una primitiva asociación de fieles fundada en torno a la imagen gloriosa de la Virgen en 1412, agrupación que conformaba lo más distinguido de la nobleza. En 1560 se constituyó la cofradía de penitencia en una casa hospitalaria junto a la parroquia de San Marcos. De allí pasó a San Julián en 1587, tras la reducción hospitalaria. Llegó a desaparecer como hermandad penitencial, siendo refundada en 1879. En 1932 sufrió la pérdida de sus titulares en el incendio de San Julián, hecho que volvió a repetirse en 1936 en el incendio de la parroquia de San Marcos, donde entonces tenía la hermandad la sede provisional. La hermandad se recuperó y hoy es una de las más populares y populosas del Domingo de Ramos. Junto al templo se sitúa la casa hermandad y en la plaza aledaña una cruz de forja recuerda el lugar del antiguo camposanto parroquial, donde se encontró la antigua Cruz de la Retama, hoy conservada en el atrio de San Antonio Abad tras la desaparición de la hermandad que le rendía culto (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
        Iglesia mudéjar de planta rectangular, con tres naves de cuatro tramos, separadas por arcos apuntados sobre pilares cruciformes y cabecera poligonal. Las naves se cubren con techumbres de madera  modernas,  y la capilla mayor con bóveda vaída y bóveda de cuarto de esfera. La portada de los pies está realizada en piedra y compuesta por un arco abocinado, con arquivoltas y baquetones. En su parte superior van tres esculturas de piedra. El edificio data de la primera mitad del siglo XIV, habiéndose decorado la capilla de cabecera de la nave izquierda con yeserías entre 1380 y 1407. A finales del XVII se levantaron la capilla de cabecera de la nave derecha, cubierta con bóveda esquifada, y la capilla bautismal, situada a los pies de la nave contraria. De esta última etapa es la torre, rematada por un chapitel piramidal decorado con azulejos.
     El retablo mayor se recompuso modernamente con elementos de finales del XVII y de la primera mitad del XVIII. En la hornacina central hay una escultura de la Virgen de la Hiniesta realizada por Castillo Lastrucci, en sustitución de la gótica desaparecida en 1932, y en las calles laterales lienzos del XVIII. En el ático aparece un lienzo con San Julián y un relieve de la Inmaculada, de finales del XVII. En una hornacina de la nave izquierda se halla la escultura de la Inmaculada de Alonso Cano, ejecutada  entre 1633 y 1634. La imagen del Cristo de la Buena Muerte y la de candelero de la Virgen de la Hiniesta, titulares de la hermandad de penitencia que radica en el templo, fueron realizadas por Antonio Castillo Lastrucci en 1938 y 1937, respectivamente. Reside en este templo la herman­dad de Ntra. Sra. del Rosario, cuya imagen titular es obra moderna del escultor Fernández Andes.
     La parroquia cuenta con una interesante colección de ocho lámparas de colgar en el presbiterio. Hechas en los siglos XVI y XVII (la más temprana está fechada en 1575 y otras dos en 1635 y 1645), presentan forma circular y una decoración a base de gallones, muy anchos en el caso de las más antiguas, y estilizados en el de las modernas. Muy interesante es la que tiene forma de águila bicéfala y una cabeza humana en la parte superior (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
   Data de la primera mitad del siglo XIV. La decoración con yeserías de la capilla de la cabecera se realizó entre 1380 y 1407. La capilla de la cabecera derecha y la capilla bautismal se levantaron a finales del siglo XVII, la primera cubierta con bóveda espigada. A esta etapa corresponde también la torre.
     Iglesia de estilo gótico-mudéjar, de planta rectangular con tres naves de cuatro tramos separadas por arcos apuntados sobre pilares cruciformes y cabecera poligonal. La techumbre de las naves es de reciente construcción y la capilla mayor se resuelve con bóveda vaída y bóveda de cuarto de esfera. La portada situada a los pies de la nave es de piedra, tiene arco abocinado, arquivoltas y baquetones. En su parte superior se decora con tres esculturas en piedra. de similar estructura son las portadas laterales.
     La capilla sacramental se ubica en la cabecera de la nave de la Epístola y ha sido fechada en los últimos años del siglo XVII, su anterior cubierta era una bóveda esquifada provista de linterna ovoidal; hoy presenta un techo raso que ha sido dorado y decorado con florones, en cuyo centro se embute una pintura con la imagen de la Virgen de la Hiniesta gloriosa, que reproduce un grabado decimonónico.
     El templo sufrió los devastadores efectos de los incendios de 1932 y 1936 en que se perdieron buena parte de sus tesoros artísticos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La calle Duque Cornejo, enfrente de San Luis de los Franceses, lleva directamente a esta iglesia mudéjar del siglo XIV, seme­jante a las ya vistas de la misma época. La torre, en la que sobresale el agudo chapi­tel de azulejos, data de finales del siglo XVII. Arcos formeros ojivales sobre pilares cruciformes separan las naves, cuyas techumbres de madera son modernas. La capilla mayor se cubre con bóvedas vaída y de horno. Por lo que se refiere a su equipamiento y decoración, esta iglesia cuenta con diversos elementos interesantes que aconsejan su visita. En primer lugar, esta es la sede de la Cofradía de la Hiniesta, cuya titular, la Virgen de la Hiniesta, es la patrona del Ayuntamiento. Esta Virgen era gótica, pero pereció en el incendio de la parroquia en 1932. Lo mismo ocurrió con la imagen del Cristo de la Buena Muerte y con la Magdalena, de la misma cofradía. Las imágenes actuales se deben a Castillo Lastrucci, quien las talló en 1937 y 1938. En una hornacina situada en la nave del evangelio se conserva una extraordinaria Inmaculada en madera policromada cuya talla se debe a Alonso Cano. Por último, llama poderosamente la atención la curiosa colección de lámparas votivas que se ven en el presbiterio, datables entre los siglos XVI y XVII (Rafael Arjona, Lola Walls. Guía Total, Sevilla. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Julián, mártir
   La fecha del 6 de enero es arbitraria, puesto que se ignora por completo la época en que habría vivido Julián el Hospitalario, al igual que se ignora cuál fuese su patria.
   Santo fabuloso, especie de Edipo cristiano, fue empujado al parricidio por una fatalidad.
   Su vida es un cuento lleno de elementos copiados de las leyendas de san Eustaquio y de san Cristóbal.
   Según la Leyenda Dorada, un ciervo que perseguía cuando estaba cazando, le había predicho que sería el asesino de su padre y de su madre. Para que tan terrible predicción no se realizara, marchó al extranjero y se puso al servicio de un rey que lo recompensó por su valentía y lo armó caballero, haciéndolo casar con la hija de un rico señor feudal.
   Sus padres, desconsolados por su desaparición, y que recorrían el mundo buscándolo, llegaron un día hasta su castillo. La mujer de Julián los recibió en su ausencia y los hizo dormir en su propia cama. Julián, que regresó de imprevisto, al ver en su lecho conyugal a un hombre y una mujer dormidos, creyó sorprender a su esposa en brazos de un amante y dio muerte a ambos. Casi enseguida se encontró con su mujer que regresaba de la misa, y así descubrió el trágico error.
   Para expiar su crimen involuntario, se instaló igual que san Cristóbal a orillas de un río (el Gardon) y se puso al servicio de los peregrinos a quienes hacía atravesar el curso en su barca y acogía en una residencia que había edificado él mismo.
   Una helada noche de invierno oyó la llamada de un peregrino aterido, que era leproso. San Julián consiguió vencer la repugnancia y lo acogió en su lecho para abrigarle: era Cristo, quien quería ponerle a prueba, y que le anunció que era perdonado.
   Existen otras versiones de esta leyenda, ciertamente, puesto que las vidrieras de Chartres y de Ruán omiten la aparición del ciervo milagroso y en cambio ilustran otros episodios que no son mencionados en el relato de Santiago de la Vorágine. Por eso, en la escena donde encuentra a su esposa saliendo de la iglesia, se ve a san Julián limpiar la hoja de la espada manchada con la sangre de sus padres. Por analogía con la leyenda de san Cristóbal, su mujer tiene una antorcha encendida en la puerta del hospital, para guiarle por la noche mientras atraviesa el río. Por último, en la vidriera de Ruán, no sólo Cristo viaja en su barca, también lo hace el diablo.
   La leyenda de san Julián fue popularizada en el siglo XIX por Gustave Flaubert, quien le dedica uno de sus Tres Cuentos (Trois Contes,1877).
CULTO
   A causa de la inverosimilitud de su leyenda, hay pocas iglesias puestas bajo su advocación. No es a él sino a su homónimo, san Julián de Brioude, a quien se dedicó la iglesia de Saint Julien le Pauvre, en París. En Flandes, se lo veneraba en Gante. Los flamencos sentían hacia él una particular devoción, y desde la Edad Media habían fundado en Roma un hospicio puesto bajo la advocación de San Julián de los Flamencos.
   En cambio fue elegido como patrón por numerosas corporaciones: los barqueros, los pescadores porque el río que el santo atraviesa está poblado por los peces, los carpinteros de obra y los techadores, porque había construido un  hospital.
   San Julián, «quien aloja a los cristianos», además era venerado no sólo por los posaderos sino también por los viajeros y los peregrinos que lo invocaban para encontrar buen alojamiento, «buen descanso y buena cama». Había muchas posadas con la insignia  de san Julián el Hospitalario. 
 También se lo ha convertido en el patrón de los violinistas ambulantes a causa de una confusión con san Ginés.
ICONOGRAFÍA
   Está representado a caballo, con un halcón sobre el puño, que evoca su origen noble, o la espada desenvainada que usó para matar a sus padres. El remo que emplea para hacer atravesar el río al pasajero leproso también permite identificarlo, al igual que la barca.
   Comparte los dos primeros atributos con san Hierón de Egmond (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la iglesia de San Julián, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de apertura de la Iglesia de San Julián:
             De Lunes a Sábados: de 11:00 a 13:00, y de 18:00 a 20:30.
             Domingos y Festivos: de 09:00 a 13:00

Horario de misas de la Iglesia de San Julián:
              De Lunes a Viernes: 20:30 (Invierno)
                                                19:00 y 20:00 (Verano)
              Sábados y Vísperas de Festivos: 20:30 (Verano)
                                                                   19:00 y 20:30 (Invierno)
              Domingos y Festivos: 10:00 y 12:00 (Invierno)
                                                   12:00 (Verano)

Página web oficial de la Iglesia de San Julián: No tiene.     

La Iglesia de San Julián, al detalle:
Santa María Magdalena, de Castillo Lastrucci                                                  

domingo, 5 de enero de 2020

La Cabalgata de los Reyes Magos


         Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Cabalgata de los Reyes Magos, de Sevilla.  
   Desde 1918 se viene celebrando ininterrumpidamente la Cabalgata de Reyes Magos en Sevilla. Durante más de 100 años, cada cinco de enero, las carrozas salen por las calles de Sevilla, despertando la ilusión de tan especial día de pequeños y mayores.
   En Sevilla, miles de personas presencian la Cabalgata de Reyes Magos, que sale cada año con más de treinta carrozas dispuestas a repartir toneladas de caramelos. Es un excepcional espectáculo de luz y color. Desde las carrozas, llamativamente decoradas como en carnaval, los Reyes, sus pajes y las damas tiran caramelos a los niños.
   Ello simboliza la entrada en la ciudad de los Reyes Magos, que el día 6 de enero por la mañana traerán los regalos a los niños. La Cabalgata de Reyes Magos constituye desde su creación una de las actividades más importantes del Ateneo de Sevilla, cuyo aspecto festivo de marcado carácter social, forma parte desde entonces de la intrahistoria de una ciudad de fuertes convicciones religiosas, a las que gusta exteriorizar mediante manifestaciones artísticas populares.

   El sentido unívoco del mensaje evangélico con la Cabalgata le confiere a ésta su inalterabilidad a lo largo de sus años de existencia, lo que se traduce en una inmutable iconología, pese a la natural evolución de los gustos estéticos en los diseños, las nuevas formas de expresión y la renovación de los materiales empleados.
Esperando cabalgata durante este tiempo, la Cabalgata ha vivido varias épocas de desarrollo y transformaciones que conforman diversas etapas artísticas coincidentes a su vez con sucesivas y variadas circunstancias. Tales etapas están además determinadas por una serie de hechos o acontecimientos significativos y suficientemente representativos como para servir de referencia no sólo a la vida del cortejo regio, sino también a la del Ateneo, e incluso a la de la propia ciudad de Sevilla.
 La mágica realidad de la Cabalgata tiene tres protagonistas indiscutibles: la ciudad, marco de la fiesta; el Ateneo, la noble y docta institución que la hace posible y, finalmente, un puñado de personas que le han dado vida y emocionante ilusión. Entre estas últimas, citaremos a los artistas, los verdaderos creadores de la originalidad, el buen gusto y la fantasía. También están detrás de la Cabalgata otras muchas personas, conocidas unas, anónimas otras.

   Es de justicia resaltar entre estas últimas, a tres hombres de bien que han sabido configurar con su singular personalidad a través de otras tantas épocas, el ser espiritual de la Cabalgata en la esencia filantrópica del Ateneo: José María Izquierdo, José Jesús García Díaz y Antonio Hermosilla, tres hombres ilustres y un destino común: la cultura al servicio de los ideales más nobles, más fértiles, de su apasionada ciudad (Ateneo de Sevilla).
     La cabalgata de Reyes Magos de Sevilla, organizada por el Ateneo, se celebró por primera vez el 5 de enero de 1918.
     El 5 de Enero por la tarde se hace realidad la ilusión de pequeños y no tan pequeños, con el paso de la tradicional Cabalgata de Reyes Magos por la calles de Sevilla. Carrozas cubiertas de colorido y música, fantasía e ilusión, van dejando a su paso por las calles, lluvia de caramelos, emociones y nerviosismo al estar tan cerca el momento en el que los sueños de los pequeños se harán realidad, recibir con tanta ilusión los regalos que fueron solicitados a sus Majestades los Reyes Magos. El Heraldo de Sus Majestades, será el encargado de visitar el día 4 de enero la ciudad de Sevilla para solicitar al alcalde la venia para el desfile de la Cabalgata por las calles de nuestra ciudad, en la tarde-noche del 5 de enero.
     La Cabalgata de Reyes Magos del Ateneo de Sevilla es una de las Fiestas Mayores de la ciudad. El Ateneo, con independencia de sus diversas actividades culturales, vive durante todo el año la preparación y desarrollo de este acontecimiento que se hace realidad cada 5 de enero.
     La Cabalgata responde, en sus orígenes, a una manifestación propia de la cultura religiosa de nuestro pueblo. Forma parte de las entrañables fiestas navideñas y está rememorando, de alguna manera, un simbólico pasaje evangélico.
     La Estrella de la Ilusión abre el desfile que recorre las calles de Sevilla a la que seguirán las carrozas temáticas tiradas por bueyes, mulos y tractores. Desde las carrozas cae una lluvia de caramelos para los cientos de miles de personas congregadas para verla pasar.
     La Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla es declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía el 20 de septiembre de 2001 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Cabalgata de los Reyes Magos, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

sábado, 4 de enero de 2020

Los Seises, de la Catedral de Santa María de la Sede


    Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte Los Seises, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.  
      Hoy, 4 de enero, en Madrid, ciudad de España, Memoria de San Manuel González García, obispo sucesivamente de Málaga y de Palencia, que fue un pastor eximio según el corazón del Señor- Promovió el culto a la Sagrada Eucaristía y fundó la Congregación de Hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret (1940) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte Los Seises, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla, puesto que San Manuel González García, que hoy celebramos es el primer seise que ha llegado a la Santidad.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla Mayor [nº 002 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Tampoco ha sufrido modificaciones la denominación de este ámbito (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).   

   Los seises son una agrupación de niños que realizan una danza sagrada delante del Santísimo de la Catedral de Sevilla en la Octava del Corpus, en la Inmaculada Concepción y en el Triduo de Carnaval.
   Los niños cantores en las iglesias suponen una tradición muy antigua. Tras la Reconquista de Sevilla, la ciudad contaría con la presencia organizada de cuatro a seis mozos de coro para la liturgia solemne, costumbre que se extiende por España. La autorización para emplear estos niños cantores viene dada a instancias del Cabildo Sevillano por la bula del Papa Eugenio IV en 1439. Además, el 27 de junio de 1454 el Papa Nicolás V concede a la Catedral de Sevilla un maestro de canto para los niños.
   En la segunda mitad del siglo XV se generaliza que sean seis niños. A principios del siglo XVI ya se conocen como seises en toda España y en Sevilla se llamarán así desde la segunda mitad del siglo XVI. Actualmente, en Sevilla son diez niños. Estos niños vivían con el Maestro de Capilla de la Catedral, recibiendo de él educación y manutención. En el siglo XVII pasaron a vivir internos en colegios creados por los propios cabildos. En el caso de Sevilla fue el Colegio de San Isidoro, más conocido como de San Miguel, donde ingresaron los seises el 1 de enero de 1633 y que cerró sus puertas en 1960. Desde el año 1985 los seises pertenecen al Colegio Portaceli, de la Compañía de Jesús. 
 No se sabe cuándo empezaron a bailar los seises de la Catedral de Sevilla pero hay referencias de esto desde principios del siglo XVI y lo hacían los niños de manera esporádica e imprecisa durante la procesión del Corpus. En el siglo XVII esa costumbre se convierte en una tradición cristiana de la ciudad para que siempre se produzca dicha danza con los niños en el Corpus. En 1654 se decide dotar a la festividad de la Inmaculada de ese honor y en 1695 se hará lo mismo con el Triduo del Carnaval.
   El traje de los seises es muy llamativo, con detalles dorados, mallas, pantalones abombados y chaquetillas. Como curiosidad, el traje incorpora detalles celestes en la festividad de la Inmaculada y siembre bailan con un sombrero con plumas.
   El coro infantil de la Catedral, también del Colegio Portaceli, entona cánticos que acompañan la danza.
 Existían unas fiestas denominadas «El Obispillo», en el que los niños que formaban el coro ejercían un especial protagonismo. Son los niños cantores o, como se les llamó en un principio, cantorcillos y mozos del coro.
   Su origen data del año 1.439, y sus trajes, bailes y canciones se mantienen sin variaciones desde el siglo XVI.
   Se les puede ver en los ocho días siguientes a la festividad del Corpus Christi, y en la semana de octava de la Inmaculada, también en el Triduo de Carnaval.
   En sus comienzos, vestían de pastorcillos, con una pelliza que mostraba la lana del cordero, calzones cortos y unos borceguíes o botas de becerro.
   El nombre de seises, es una modificación fonética. Mediante el seseo andaluz de la palabra castellana seize, que significaba dieciséis. Como su nombre indica, el grupo estaba compuesto por dieciséis niños, aunque actualmente se ha reducido a doce.
   En el siglo XVI-XVII se cambió la ropa por un trajecito de paje al estilo de la corte de los Austrias, con un juboncillo (que viene a ser una chaquetilla sin mangas), muy ajustado al cuerpo. Este juboncillo es de color rojo para los días de la octava del Corpus y de azul para los días de la Inmaculada Concepción.
   La prenda inferior es de calzón corto de color blanco, al igual que las medias. Todo ello, se completa con una banda que cruza el pecho, zapatos forrados de raso y un sombrero con plumas.
   Originariamente, los seises bailaban con el adufe o pandero, instrumento muy popular en Sevilla en épocas pasadas pero con el tiempo, este instrumento se sustituyó por unas castañuelas.
   La música que interpretan en sus bailes, en un principio, eran Villancicos (entre ellas, el guárdame las vacas Carillo). A finales del siglo XVI se sustituyen por canciones musicales de mayor empeño creados por los maestros de capilla de la catedral, con acompañamiento de órgano polifónico, que han evolucionado desde las gallardas, hasta las pavanas.
   En todos los actos que participan realizan tres bailes: El primero, en honor al Santísimo Sacramento o para la Virgen. El segundo, en honor al prelado. El último para las autoridades y el pueblo.
   Cabe decir, que la Iglesia Católica debe a los seises de Sevilla el color celeste de las fiestas de la Virgen (www.sevillamisteriosyleyendas.com).
Conozcamos mejor la Biografía de San Manuel González, obispo
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     Manuel González García, El obispo del Sagrario abandonado. (Sevilla, 25 de febrero de 1877 – Madrid, 4 de enero de 1940). Eclesiástico, ecónomo, arcipreste, senador, publicista, fundador de la Congregación Religiosa Misioneras Eucarísticas de San José, obispo y beato.
     De familia humilde —su padre era carpinteroebanista— y muy religiosa, dio pruebas desde muy niño de una profunda vocación religiosa. Estudiante en el seminario diocesano de su ciudad natal, obtuvo el doctorado en Teología dos meses antes de ordenarse sacerdote, de la mano del cardenal Marcelo Spínola, el 21 de septiembre de 1901. Capellán del asilo hispalense de las Hermanitas de los Pobres en febrero de 1902, en septiembre del siguiente año se graduó como licenciado en Derecho Canónico. Cura ecónomo de la parroquia de San Pedro de Huelva en marzo de 1905, el 16 de junio del mismo año fue nombrado arcipreste de Huelva, título con el que durante largo tiempo fue conocido en toda Andalucía, desarrollando una trepidante labor en diversas áreas de la actividad pastoral, con fundación de varias asociaciones y una obra publicística profusa y de gran impacto popular, en la que demostró un notable dominio de las técnicas propagandísticas.
     Obispo titular de Olympus y auxiliar de Málaga en diciembre de 1915, en marzo de 1918 fue elegido senador por la provincia eclesiástica granadina y en abril de 1920 obispo residente de la sede malacitana.
     El 3 de mayo de 1921 fundó, junto con su hermana María Antonia, la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret, también conocida como de las nazarenas.
     Propagador incondicional de la acción social cristiana, realizó una obra de gran alcance en dicho terreno, lo que no entrañaría obstáculo para que, tras el incendio del palacio episcopal por los exaltados republicanos el 11 de mayo de 1931, se viese obligado a extrañarse a Gibraltar. Regresado a Málaga en diciembre del mismo año, permaneció durante otro en Ronda hasta que, por disposición de la Santa Sede, se trasladó a Madrid, donde habitaría hasta que el 5 de agosto de 1935 fuese consagrado obispo de Palencia.
     De carácter sumamente sencillo y afable, muy cercano al pueblo y de alma cultivada, fue testigo del Evangelio en una España crispada, poco apta para captar su mensaje de justicia y paz.
     Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 29 de abril de 2001 (José Manuel Cuenca Toribio, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la festividad del Corpus Christi, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 3 de enero de 2020

La Capilla del Dulce Nombre de Jesús

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, de Sevilla.    
   Hoy, 3 de enero, El Santísimo Nombre de Jesús, a cuyo solo nombre toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y en el abismo, para gloria de la Divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, de Sevilla.
   La Capilla del Dulce Nombre de Jesús, se encuentra en la calle Jesús de la Vera-Cruz, 29; en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo
   La desamortización de 1837 suprimió en Sevilla dos conventos de monjas agustinas, el de la Paz y el llamado del Dulce Nombre de Jesús, ambos afortunadamente conservados en la actualidad. El que nos ocupa, situado en la antigua calle Jesús, se conserva en la actualidad como sede de la histórica hermandad de la Vera Cruz.
   El convento tiene su origen en unas casas situadas en los llamados Baños de la Reina Mora, restos de baños musulmanes que había pertenecido a la reina doña Juana tras la muerte del rey Fernando III. Allí se fundó en 1540 un recogimiento para "mujeres arrepentidas", con bula fundacional concedida por el papa Paulo III. Las mujeres allí recogidas estaban bajo la dirección del cabildo eclesiástico de la ciudad y eligieron la advocación del Dulce Nombre de Jesús para su recogimiento. Al igual que ocurrió con otras casas del mismo tipo, la casa de arrepentidas pasó a ser en 1551 sede de un nuevo convento de agustinas, conviviendo ambas comunidades hasta fecha indeterminada, aunque en el siglo XVII solamente se mantuviera la comunidad agustina. Las escasas noticias del convento se centran en el año 1641, momento en el que se realizaron diversas obras de reforma en el conjunto y en el que se saben que eran 43 las monjas que habitaban el conjunto. Las nuevas noticias del convento se sitúan ya en 1837, cuando la comunidad pide el traslado del Jubileo Circular por no tener fondos para sostener el culto, lo cual habla de una penosa situación económica anterior a la desamortización. Al ser el convento suprimido la comunidad pasó a San Leandro, quedando el conjunto destinado a casa de vecinos y la iglesia abierta al culto. La Revolución de 1868 cerraría definitivamente al culto la iglesia que hasta ese momento había conservado la mayor parte de su patrimonio artístico. En 1869 la iglesia fue comprada por María del Amor Pérez de León, camarera y máxima benefactora de la hermandad del Cristo del Amor, que se trasladó a esta iglesia procedente de la iglesia de los Terceros, donde residía tras haber sido derribada su anterior sede, la parroquia mudéjar de San Miguel. Duraría allí algunos años, hasta el traslado de la hermandad a Santa Catalina y luego al Salvador. La iglesia volvió a ser cerrada y tuvo diversos usos; fue sede de una comunidad de dominicos, de la hermandad de Santa Lucía y, desde 1942, gracias a la cesión de una parte de los herederos de la antigua propietaria, es sede de la reorganizada hermandad de la Vera Cruz; la hermandad con más historia de la ciudad y una de las que acumuló un mayor patrimonio artístico. Del conjunto se conservan, hoy perfectamente restaurados, los antiguos baños musulmanes, no así las dependencias del convento, que fueron derribadas para la construcción de viviendas.

   La iglesia conservada es un templo de tres naves que se separan por medio de arcos de medio punto sostenidos por columnas toscanas de mármol. El aspecto conventual del edificio se mantiene por la diferencia de alturas entre las naves, lo que permite la existencia de una tribuna sobre las naves laterales que se oculta por antiguas celosías. La nave central se cubre con bóveda de cañón encamonada, con arcos fajones y lunetos; las laterales son arquitrabadas. A los pies del templo se conserva parte de la antigua división entre coro alto y bajo, empleándose el coro bajo como actual sacristía y dependencia de la hermandad. Se accede al templo por la actual calle Jesús de la Vera Cruz, por una sencilla portada lateral con espadaña superior y pequeño atrio donde se han situado dos retablos cerámicos modernos con los titulares de la hermandad, el Cristo de la Vera Cruz y la Virgen de las Tristezas. Preside la iglesia un retablo barroco del último tercio del siglo XVII, cercano al estilo de Bernardo Simón de Pineda en su compartimentación por medio de columnas salomónicas. Se ordena en un banco, cuerpo de tres calles y ático. El cuerpo central, antaño ocupado por una imagen de la Virgen, debió ser remodelado en la época en la que estuvo presidido por la imagen del Cristo del Amor, lo cual explica la amplia hornacina del centro. Hoy está centrado por la excelente imagen del Cristo de la Vera Cruz, la talla procesional más antigua de la Semana Santa, una pieza tardogótica de hacia 1540 de tamaño inferior al natural y que pudo procesionar originalmente como una cruz alzada. Está flanqueado por las imágenes de San Agustín y de Santa Mónica, originales de la época de construcción del retablo, sobre las que se sitúan dos relieves de San José con el Niño y de San Juanito. El ático vuelve a mostrar dos pequeñas tallas de San Agustín y Santa Mónica, que enmarcan una pintura moderna en la que se representa la escena alegórica del descubrimiento de la Vera Cruz por Santa Elena y por el emperador Constantino. Los laterales del presbiterio presentan dos pinturas murales alusivas a la vida de San Agustín, la aparición de la Virgen y la aparición de la Trinidad, situándose en la zona superior las escenas de la Anunciación y de la Circuncisión del Niño Jesús. Aunque siguen esquemas propios del siglo XVII, especialmente cercanos a algunas composiciones de Murillo, deben considerarse obras del siglo XVIII por la movida decoración rocalla que las enmarca.
   En el resto de la capilla destaca el austero retablo moderno que enmarca la imagen de Nuestra Señora de las Tristezas, obra de Antonio Illanes (1942) que se inspiró en las facciones de su mujer Isabel Salcedo. De interés es el retablo dedicado al Niño Jesús, un pequeño retablo-hornacina de finales del siglo XVI que podría corresponder a una obra contratada en 1571 con el pintor Antonio Alfián.  

   La hermandad de la Vera Cruz fue fundada en el siglo XIV en el desaparecido convento Casa Grande de San Francisco, donde llegó a poseer capilla propia y un notable patrimonio artístico. De su importancia en siglos pasados da cuenta el hecho de que participaran en su procesión (la única a la que no se le impidió la salida nocturna en épocas de control) incluso los caballeros veinticuatro de la ciudad, miembros del cabildo civil de la ciudad. Llegó a poseer importantes obras pictóricas, notables enseres, y numerosos patrocinios, siendo también notable su histórica labor asistencial. Sufrió la invasión francesa y el derribo de su antigua capilla, siendo trasladadas sus imágenes a la iglesia de San Alberto, donde decayó el fervor de sus hermanos hasta el punto de llegar a su práctica desaparición. Fue un grupo de cofrades el que logró revitalizar a la antigua hermandad en 1942, consiguiendo la cesión del antiguo convento de agustinas, aunque sólo consiguieron recuperar la imagen del histórico Crucificado. (La comunidad de San Alberto mantiene que la antigua Virgen se quemó en un incendio, aunque es muy probable que se una talla todavía conservada en el actual retablo mayor de la iglesia de los filipenses). Sale procesionalmente el Lunes Santo, manteniendo el espíritu austero de sus orígenes franciscanos, en un cortejo al que acompañan numerosas representaciones de la confraternización de hermandades con el título de la Vera Cruz (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Niño Jesús;
   No insistiremos con las representaciones del Niño Jesús, sentado de frente sobre las rodillas de la Virgen en Majestad o acurrucado en los brazos de la Virgen de ternura, que más bien, realzan la iconografía de Nuestra Señora.
   Entre los treinta y cinco tipos iconográficos enumerados por Dorothy C. Shorr, debe recordarse sobre todo al Niño bendecidor, que acaricia la mejilla o el mentón de su madre, mamando o chupándose los dedos.
   El Niño del pájaro es muy frecuente en la escultura de la Edad Media. El pájaro le sirve de juguete vivo que a veces se venga picándole el brazo o el pulgar.
   Si el pájaro perdió pronto todo significado simbólico, no ocurrió lo mismo con el racimo de uvas, otro atributo habitual del Niño Jesús que no es específico de los países vitícolas. Siempre se ha asociado la idea del sacrificio con las uvas, que aplastadas en el lagar, dejan escapar un mosto rojo como la sangre.
   El tipo del Niño Jesús llevando el globo se popularizó en el siglo XVII. Fue en esta época cuando una joven carmelita de Beaune, la hermana Margarita del Santo Sacramento, creó la Asociación del Niño Jesús. Con frecuencia, el Niño Dios aplasta la serpiente con los pies. Ese tipo iconográfico ha sido popularizado en Italia por Guido Reni, en España por Murillo y en Flandes por Van Dyck.
   El arte cristiano se delectó proyectando sobre la infancia inocente de Jesús la sombra de la cruz. El contraste entre la feliz despreocupación de un niño y el horror del sacrificio al cual estaba predestinado, fue concebido para conmover los corazones. Esta idea ya era familiar a los teólogos de la Edad Media. Pero los artistas de entonces la expresaban discretamente, ya mediante la expresión preocupada de la Virgen, ya mediante un racimo de uvas que el Niño estruja en las manos y que es el símbolo de su sacrificio en la cruz.
          Ut torcular uvam.
          Sic natum, o Virgo, crux onerosa premet.
   Es sobre todo en el arte de la Contrarreforma donde ese presentimiento fúnebre de la Pasión se expresa por medio de alusiones transparentes. Zurbarán muestra al Niño Jesús que se pincha el dedo trenzando una corona de espinas, Murillo al pequeño San Juan Bautista que le muestra su cruz de cañas. Finalmente, esta idea encuentra su expresión más conmovedora en el tema del Niño Jesús dormido sobre una cruz y soñando su Pasión.
   El Niño no está siempre asociado con su madre, los santos lo disputan con la Virgen. A finales de la Edad Media se lo representa de buena gana de pie sobre el hombro del gigante San Cristóbal que le hace pasar el vado. San Antonio de Padua consigue el favor de tenerlo en brazos, como el anciano Sirneón. Y él entrega el anillo de bodas a su esposa mística, Santa Catalina (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Festividad del Dulce Nombre de Jesús
   El nombre de Jesús -dice Baur- es un nombre inventado en el Cielo y traído de allí por el Ángel Gabriel, para comunicárselo a la Virgen en el instante de la Anunciación: Darás a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús. Ahora bien, los nombres impuestos por el Cielo siempre significan un don gratuito otorgado por Dios. Siendo en Cristo este don de la gracia. La salvación de los hombres, con toda propiedad se le impuso el nombre de Jesús, que quiere decir Salvador." (Santo Tomás de Aquino).
   Y, ciertamente, "ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo por el cual podamos salvarnos" (Epist.). La devoción al nombre de Jesús es una preciosa herencia que recibimos de Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán. El Beato Jordán de Sajonia, el Beato Enrique Susón, Santa Catalina de Siena y el Beato Juan de Vicenza, fueron apasionados devotos de este Santo Nombre.

   La Iglesia, pero especialmente algunos de los primeros Padres que crearon su doctrina, insistió en la veneración al "dulcísimo" o "sacrosanto" nombre de Jesús. De hecho, aunque el día 1 de enero se celebraba ya esa fiesta, La Iglesia ha dispuesto se celebre esta fiesta al día siguiente de la octava de la Epifanía, a fin de honrar por modo especial el nombre de Jesús, que es:
   Nombre verdaderamente divino, que sólo Dios pudo imponer al Salvador del mundo. Nombre venerable, que hace doblar la rodilla a todas las grandezas de la tierra. Nombre sacrosanto, que pone en fuga a los espíritus diabólicos. Nombre omnipotente, en cuya virtud se han obrado los mayores milagros. Nombre salutífero, de quien reciben en cierto modo toda su eficacia los Sacramentos de la Nueva Ley. Nombre propicio, pues todo lo puede con Dios, y por respeto al nombre Jesús oye benigno nuestras oraciones. Nombre glorioso, extendido por el celo de los apóstoles a todos los gentiles y a todos !os reyes de la tierra. Nombre augusto, por cuya confesión los santos mártires se gloriaron en sufrir cruelísimos tormentos. Nombre, en fin, incomparable, pues no hay otro debajo, del Cielo en cuya virtud podamos ser salvos. Alabémosle, pues, y bendigámosle en todo tiempo.
   San Bernardo, San Juan Crisóstomo, San Gregorio Niceno, Orígenes o San Agustín son algunos de los escritores sagrados que insisten en la importancia del nombre: "Quid est Jesus, nisi Salvator?", dice San Agustín, y San Bernardo lo llama "óleo saludable" que sana cuando la devoción lo aplica, denominándolo también alimento, fuente, medicina y luz, según recuerda Santiago de Vorágine en su Leyenda Dorada.
   Gregorio X, en 1274, confió a la Orden de Predicadores, en la persona del Maestro General, Beato Juan de Vercelli, "la predicación de la devoción que derrama dulzura sobre los corazones." Se erigieron Cofradías en las iglesias de la Orden, y tan florecientes, que alguna de las actuales, como en los EE. UU. pasa de tres millones y medio el numero de hombres asociados. El fin de la Cofradía es propagar la devoción y culto del Nombre de Jesús contra la blasfemia y profanación de los días festivos. (Tomado del Misal de la Orden de Predicadores, editado en Valencia en 1958.)

Breve Cronología de la Historia de la Devoción al Dulce Nombre de Jesús;
   Durante el Concilio de Lyon, año 1274, el Papa Gregorio X dictó una Bula encaminada a desagraviar los insultos que se manifestaban contra el Nombre de Jesús. Las órdenes de los Dominicos y los Franciscanos fueron las encargadas de custodiar y extender dicha devoción por toda Europa. Así, Gregorio X escribió una carta a Juan de Vercelli, el entonces Superior General de los Dominicos, donde declaraba, "Nos, hemos prescrito a los fieles… reverenciar de una manera particular ese Nombre que está por encima de todos los nombres…".
   Este acto resultó en la fundación de la Sociedad del Santo Nombre. Se decía que el Nombre de Jesús estaba en la boca de San Francisco "como la miel en el panal" y San Francisco mismo escribió, "ningún hombre es digno de decir Tu Nombre". Luego, San Bernardo escribió sermones enteros sobre el Nombre de Jesús y dijo: "Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, un canto de delicia en el corazón". San Buenaventura exclama, "Oh, alma, si escribes, lees, enseñas, o haces cualquier otra cosa, que nada tenga sabor alguno para ti, que nada te agrade excepto el Nombre de Jesús".
   Con el nombre “Sociedad del Santo Nombre de Dios” es fundada en 1430, por Fray Diego de Vitoria en el Convento de San Pablo de la ciudad de Burgos la primera Cofradía del Dulce Nombre de Jesús de España mediante la Bula "Salvatoris et Nómini Nostri Iesu Christi".
Indulgencia plenaria al pronuncia el Dulce Nombre de Jesús;
   Es Tradición Católica que en la hora de la muerte, pronunciar con los labios o el corazón el Dulcísimo Nombre de Nuestro Salvador, nos puede alcanzar la muy necesaria Indulgencia Plenaria; para ello, debemos cumplir las siguientes disposiciones:
   - Primero, las mismas condiciones requeridas para ganar cualquier indulgencia: es decir, la persona debe estar en estado de gracia cuando se gane la indulgencia y debe tener la intención de ganar la indulgencia.
   - Segundo, debe resignarse completamente a la voluntad de Dios al estar muriendo.
   - Tercero, debe pronunciar el Santo Nombre de Jesús con sus labios, si es posible, y si no fuere capaz de hablar, al menos debe invocar el Santo Nombre de Jesús en su corazón.
   Subráyese especialmente esta última condición de pronunciar el Santísimo Nombre de Jesús. La Congregación de Indulgencias la pidió el 22 de septiembre de 1892 para ganar la indulgencia plenaria in articulo mortis. Es algo que fácilmente se pasa por alto, y por ello, le damos especial atención (www.catholic.net).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de Misas, de la Capilla del Dulce Nombre de Jesús:
             De Lunes a Sábados (salvo el mes de agosto): 19:30
             Todos los Jueves (salvo el mes de agosto): 20:45
             Domingos y Festivos (salvo el mes de agosto): 12:30

Página web oficial de la Capilla del Dulce Nombre de Jesús: www.veracruzsevilla.org/hermandad/nuestra-sede/

La Capilla del Dulce Nombre de Jesús, al detalle:

jueves, 2 de enero de 2020

Procesiones de hoy, jueves 2 de enero

     

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, jueves 2 de enero, en Sevilla.    
   Hoy, jueves 2 de enero, se inicia el ciclo de las procesiones sevillanas, procesionando la hermandad del Valle:

      Hdad. del Valle (Dulce Nombre de Jesús): La Pontificia Real y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica; es ésta una corporación fundada en 1450 y con sede canónica en la iglesia de la Anunciación, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, obra de Agustín de Perea  en  1687, Nuestro  Padre Jesús con la Cruz al Hombro, obra anónima atribuible a un discípulo de Martínez Montañés, del siglo XVII; y Nuestra Señora del Valle, obra asimismo anónima atribuible a Juan de Mesa entre 1618 y 1627; la Santa Mujer Verónica, obra de Juan Bautista Patrone y Quartin en 1801; y el Dulce Nombre de Jesús, atribuida por unos a los Hermanos Ribas, y por otros a Hita del Castillo, del siglo XVII-XVIII. 
   
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del jueves 2 de enero, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.