Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 5 de junio de 2022

Un paseo por la calle Espíritu Santo

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Espíritu Santo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 5 de junio, es la Solemnidad de Pentecostés, día en el que se concluyen los sagrados cincuenta días de la Pascua y se conmemoran, junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día, que hoy, para ExplicArte la calle Espíritu Santo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Espíritu Santo es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio de la Feria, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles San Juan de la Palma, y Dueñas, a la calle Castellar.
     La calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.     
          Está documentada desde fines del s. XVI con el nombre de Niñas de la Doctrina, por el colegio anejo al convento de monjas agustinas, y también Horno de las Tortas. Ya a mediados del XVII (1665) aparece como Espíritu Santo, por el citado convento así llamado. En 1931 se sustituyó por el de Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), en homenaje al catedrático e ideólogo del krausismo, fundador de la Institución Libre de Enseñanza. En 1937 volvió a recuperar de nuevo el de Espíritu Santo. Según González de León y otros autores, se conoció también como calle de las Palmas.
     Es bastante estrecha, rectilínea en su primera parte, con un leve recodo por retranqueo de la casa núm. 7. Se hace más sinuosa, con rincones y recodos, a partir de la barreduela de Enrique el Cojo, que hasta 1985 formaba parte de la calle a efectos de numeración. Hacia su final vuelve a ensancharse. Hasta el s XVIII tenía otra barreduela en la acera de los impares, llamada calleja o callejuela del Espíritu Santo, que fue incorporada al desaparecido convento de la Concepción. Readoquinada en 1917, su pavimento es asfáltico, con aceras sumamente estrechas, casi inexistentes. En su segundo tramo, en cambio, permanece adoquinada. Entre los núms. 12 y 32 hay un corte provocado por la reciente numeración de la citada barreduela. Se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. 
     Las casas son por lo general de dos o tres plantas, de finales del XIX o principios del XX. Destacan por su valor arquitectónico los núms. 23 y 25, ambas del s. XVIII. Algunas se encuentran en estado ruinoso. La calle cumple funciones exclusivamente residenciales. La acera de la derecha, en su tramo inicial, está prácticamente ocupada por la iglesia del convento del Espíritu Santo, cuya alta espadaña ofrece, desde el final de la vía, una bella perspectiva. El colegio de Niñas de la Doctrina tenía un acceso por esta calle, aunque se comunicaba con las dependencias del convento. Estaba destinado a dar cobijo e instrucción a niñas pobres y nobles. Aunque el topónimo Niñas de la Doctrina atestigua que tal institución existía ya al menos desde fines del s. XV, fue el arzobispo don Manuel Arias quien, según González de León, le dio gran impulso a comienzos del s. XVIII. En Espíritu Santo vivió a mediados del s. XVI el famoso doctor Constantino de la Fuente, teólogo heterodoxo condenado por la Inquisición [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Espíritu  Santo, 23
. Casa del siglo XVIII, de dos plantas, de tipo  popular.
Espíritu  Santo, 25. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y ático con vanos de medio punto separados por pilastras toscanas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Pentecostés;
La Pentecostés
   Puede parecer ilógico a primera vista incluir la Venida del Espíritu Santo en el cielo de la Glorificación de Cristo, puesto que Cristo está ausente en esta escena, y los Apóstoles se reúnen alrededor de la Virgen.
   Pero es Cristo resucitado quien envía el Espíritu Santo a los apóstoles, y la Virgen, a pesar del lugar que se le atribuye en el centro del grupo, sólo tiene un papel secundario en esta escena de glosolalia, donde ella es la única que se mantiene en silencio. El protagonista invisible es Cristo, quien infunde el Espíritu Santo en los apóstoles, para permitirles hablar todas las lenguas necesarias para la predicación del Evangelio entre los gentiles, aunque no las hayan estudiado nunca.
   Por otra parte, basta leer el Evangelio de san Juan para comprender cuál era el pensamiento de los apóstoles. Jesús les promete que una vez desaparecido de esta tierra, no los dejará huérfanos, sino que les enviará de parte del Padre otro consolador, el Paracleto o el Espíritu de verdad, que estará con ellos eternamente (Juan, 14: 16 y 15: 26). Y en otra conversación que se sitúa después de la Resurrección (20: 21 - 22), vuelve aún más explícitamente acerca de esta  misión: «Como me envió mi Padre, así os envío yo. Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.» La misma idea está expresada en el Evangelio de Mateo, a propósito de la predicación de San Juan Bautista  (3: 11): «Yo, cierto, os bautizo en agua con vistas a la penitencia; pero en pos de mí viene otro más fuerte que yo ( ...) él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego.»
   De manera que es Cristo quien en verdad otorga el Espíritu Santo, y el principal personaje de la Pentecostés; pero no aparece en la escena. Salvo raras excepciones está, como los muertos, presente e invisible.
La Misión encomendada a los apóstoles
   Es por un error de interpretación, en efecto, que Émile Mâle creyó reconocer la Pentecostés en el célebre tímpano del nártex de Vézelay, donde un Cristo gigantesco extiende los brazos y muestra las palmas agujereadas de las que irradia luz que ilumina a los apóstoles.
   No es el único ejemplo del tema en el arte francés del siglo XII. Aparece por primera vez en Borgoña, hacia el 1100, en una miniatura del Leccionario de Cluny (B.N., París) que ha podido inspirar al escultor de Vézelay. Pero no es particular de esa región, puesto que en la misma época se lo encuentra en una miniatura del Sacramentario de Limoges (B.N., París) y en un fresco de la iglesia de Saint Gilles de Montoire (Loir et Cher), donde pueden verse claramente los rayos rojos que brotan de las llagas sangrantes de Cristo, que se fijan sobre las cabezas de los apóstoles.
   El tema representado no es en absoluto la escena que tiene lugar en el cenáculo cincuenta días después de la Pascua, y que es la única que merece, estrictamente, el nombre de Pentecostés; se trata de la Aparición de Cristo resucitado a los apóstoles, quienes reciben de su Señor la misión de evangelizar el mundo.
   La fuente no es el relato de los Hechos de los Apóstoles, sino un pasaje del Evangelio según San Mateo (28: 19), reproducido en el suplemento del Evangelio de Marcos (16: 15), donde Cristo dice a sus discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Ite et docete omnes gentes).»
   Las naciones cuya evangelización constituye la misión de los apóstoles, están evocadas de manera pintoresca en el dintel y en los marcos del tímpano de Vézelay, y en las obras similares del siglo XII que son seudos Pentecostés.
   También debe procurarse no confundir con la Pentecostés el Descenso del Espíritu Santo sobre los fieles, tema muy infrecuente, cuyo ejemplo más conocido es una página del Libro de Horas de Étienne Chevalier, de Jean Fouquet.
La Pentecostés propiamente dicha
1. Fuentes e Interpretación
   A diferencia de los temas precedentes, el relato del milagro no está en los Evangelios sino en los Hechos de los Apóstoles (2: 1 - 41).
   «Al cumplirse el día de Pentecostés, estando todos juntos en el lugar, se produjo de repente un ruido proveniente del cielo como el de un viento que sopla impetuosamente, que invadió toda la casa en que residían. Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu les otorgaba expresarse.»
   Estupefactos al oír a esos galileos hablar tantos idiomas que les resultaban incomprensibles, los judíos supusieron en principio que se habían embriagado, y que esa súbita glosolalia era el efecto de la borrachera. Pero Pedro replicó que a las nueve de la mañana era demasiado temprano para estar ebrios, y explicó que ese milagro realizaba la profecía de Joel (2: 28): «(....) derramaré mi espíritu sobre toda carne (...)»
   Así, en el origen de la Pentecostés encontramos la consumación de una profecía del Antiguo Testamento. Pero la manifestación del Espíritu en forma de soplo, e incluso de tormenta acompañada de relámpagos, es en verdad una creencia común a todas las sectas espiritistas de la antigüedad y de los tiempos modernos. La llama del relámpago en la lengua hebrea se compara con una lengua de fuego, de allí procede la idea de que el Espíritu Santo se había manifestado por el don de lenguas, y que así había dotado a los apóstoles con las habilidades políglotas indispensables para la evangelización de los gentiles.
   La Pentecostés aparece como la continuación necesaria de la Misión de los apóstoles y el preludio de su acción, que sin ese milagro les habría resultado imposible. Por ello, esta escena inicia lógicamente el relato de los Hechos de los Apóstoles. Por una curiosa inversión de ideas, la Confusión de las lenguas, que en el Génesis se presenta como un castigo del orgullo humano, aquí se convierte en una gracia concedida por el Espíritu Santo.
   En la interpretación prefigurativa de la Biblia, la Venida del Espíritu Santo, que confiere el don de lenguas a los apóstoles, se compara con la Confusión de las lenguas que detiene la construcción de la Torre de Babel.
   El don de lenguas acordado a los apóstoles debe reunir a aquellos a quienes la «torre de la confusión» volviera extranjeros. Por sus esfuerzos se elevará un edificio que sin presunción ni locura podrá pretender subir hasta el cielo, y en lugar de desafiar al Señor, aportará la reconciliación del mundo con su Creador. La nueva torre espiritual de la Gracia ya no será construida, como la de Babel, símbolo de la desmesura y el orgullo humanos, con piedras o ladrillos, sino con las virtudes de Cristo Redentor (non lapidibus, sed de virtutibus Christi).
2. Culto
   La Pentecostés estaba considerada la fiesta colectiva de los apóstoles. Y se celebraba muy especialmente en Saint Sernin de Toulouse, que se jactaba de poseer reliquias del colegio apostólico.
   Además, señalaba la fecha de nacimiento de la Iglesia cristiana (Natale della Chiesa).
   En la Edad Media, en Notre Dame de París y en Saint Jacques la Boucherie, se reconstruía el milagro haciendo descender desde lo alto de la bóveda una paloma y trozos de estopa encendida.
3. Iconografía
   Se distinguen tres tipos principales, con y sin la Virgen.
l. La Pentecostés con la Virgen
   Bizantinos y occidentales coinciden en atribuir a la Virgen el lugar central, aunque no el papel principal.
    El hecho no deja de ser sorprendente, puesto que María, al haber recibido en su persona el Espíritu Santo, el día de la Anunciación, no necesitaba recibirlo una segunda vez, tanto más por cuanto no participaba del apostolado. Además, su presencia no se menciona explícitamente en los Hechos de los Apóstoles.
   La única justificación de esta tradición iconográfica es un pasaje del capítulo que precede al relato de la Pentecostés (Hechos, 1: 13), donde se dice que los apóstoles reunidos en Jerusalén, en el piso alto, es decir, en la habitación principal de la casa, «perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús...». De ello no debe deducirse en modo alguno que la Virgen estuviese con ellos el día de la Pentecostés. Su presencia es una simple suposición que los teólogos admitieron, y que luego se impuso a los artistas, tanto más fácilmente por cuanto éstos tenían la costumbre de representarla en medio de los apóstoles en la escena de la Ascensión.
   Madre adoptiva de San Juan y Reina del cielo, fue considerada muy pronto la reina y la madre espiritual de los doce apóstoles (regina et mater Apostolorum). También puede admitirse que la Virgen sea aquí, como en la escena de la Ascensión, sólo el símbolo de la Iglesia.
   Los apóstoles forman un círculo alrededor de la Virgen que preside la asamblea sin participar en el milagro. Encima de las cabezas planea la paloma del Espíritu Santo, que deja caer sobre ellos una lluvia de pavesas o de lenguas de fuego.
   De inmediato los doce comienzan a hablar todos a la vez, y gesticulan, convirtiendo el cenáculo en una pequeña torre de Babel. Tienen el gesto de alocución, para indicar que están en condiciones de conversar en diversos idiomas.
2. La Pentecostés con los apóstoles solos
   Existen representaciones de la Pentecostés donde los doce apóstoles reunidos en la habitación alta y sobrevolados por la paloma del Espíritu Santo están representados sin la Virgen, cuya presencia no está clara mente señalada en los Hechos de los Apóstoles.
   Además del grupo de los apóstoles deben tenerse en cuenta dos elementos iconográficos importantes: la irradiación del Espíritu Santo y la representación del Mundo, que los apóstoles, convertidos súbitamente en políglotas,  podrán evangelizar.
     1. La irradiación o el don de lenguas
   En las representaciones de la Pentecostés se han empleado, como es natural, los motivos solares o planetarios que ya hemos visto en la iconografía de los Siete Dones del Espíritu Santo.
   El Libro de los Perícopes de la Biblioteca de Munich (siglo XI), simboliza la efusión del Espíritu Santo mediante una rueda inflamada en torno a la cual se agrupan los apóstoles. En la Biblia de Floreffe (siglo XII), los apóstoles están sentados en las molduras inferiores de un enorme disco, y reciben los rayos emitidos por las siete palomas del Espíritu Santo.
   A veces la paloma emisora está reemplazada por la Mano de Dios cuyos dedos separados irradian.
   La inspiración divina generalmente está simbolizada por una lluvia de lenguas de fuego. Muchas veces, esas lenguas inflamadas toman la forma de cintas o cuerdas que descienden sobre la cabeza de cada uno de los apóstoles (Capitel de la Daurade, en Toulouse).
   En ciertas miniaturas bizantinas (Homilías de San Gregorio Nacianceno, B.N., París) se advertirá que el Espíritu Santo no desciende directamente sobre los apóstoles, sino sobre el Trono Venerable (Vacua Sedes, Trono vacío del Juicio Final), donde reposa el libro del Evangelio, y es allí donde rebrotan o rebotan los rayos.
     2. El Cosmos
   Lo que caracteriza a las representaciones bizantinas de la Pentecostés es que los diferentes pueblos que serán evangelizados en sus respectivas lenguas, están personificados colectivamente por la figura del Cosmos, es decir, del mundo con el aspecto de un rey coronado de pie ante la puerta del cenáculo, que tiene en las manos un lienzo con los doce rollos, que corresponden a las predicaciones de los doce misioneros. Esta alegoría del Cosmos, que traduce el pasaje de las Escrituras acerca del Espíritu de Dios llenando el mundo (Spiritus Domini replevit Orbem terrarum), ha permanecido extraña a la iconografía occidental.
   Por error se había creído que ese misterioso personaje representaba al rey David, e incluso al profeta Joel, que hace decir a Yavé (2: 28): «Después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne».
Catálogo
   Las representaciones de la Pentecostés son numerosas, tanto en el arte paleocristiano (miniaturas y mosaicos) como en el románico y el gótico; pero se multiplicaron sobre todo a finales de la Edad Media, a consecuencia de la fundación de las cofradías del Espíritu Santo, y luego, en el siglo XVI, a causa de la institución de la orden del Espíritu Santo por Enrique III (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La calle Espíritu Santo, al detalle:
Edificio Espíritu Santo, 23.
Edificio Espíritu Santo, 25.

sábado, 4 de junio de 2022

El Hospital de Santa María de la Piedad, en Lebrija (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Hospital de Santa María de la Piedad, en Lebrija (Sevilla).
     Hoy, sábado 4 de junio, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
        Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Hospital de Santa María de la Piedad, en Lebrija (Sevilla).
     El Hospital de Santa María de la Piedad, se encuentra en la plaza Rector Merina, 3; en Lebrija (Sevilla).
          Edificio de filiación mudéjar, fue reformado y ampliado durante el Barroco. En el año 1985 fue demolido debido a su mal estado dando lugar a la actual Plaza.
     Hasta 1686 existieron en Lebrija 3 hospitales: Santa María de la Piedad, Santa Misericordia y Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo. A partir de ese momento la administración de los tres hospitales se unificó, ya que esto les permitiría facilitar su administración y cumplir con sus funciones. Tras dicha unificación administrativa todos los hospitales siguieron ejerciendo su labor, cobrando mayor importancia el hospital de Santa María de la Piedad, ya que era el más idóneo debido a su gran capacidad y a las condiciones en las que se encontraba (Ayuntamiento de Lebrija).
     El Hospital de Santa María la Piedad se encuentra justo frente a la Puerta del Perdón de la Iglesia de Santa María de la Oliva y a pocos metros del Antiguo Cabildo y Cilla Municipal, poco antes del Castillo de Lebrija, en la Plaza del Hospitalillo de la localidad sevillana de Lebrija.
     Conjunto asistencial levantado durante la Baja Edad Media frente a la Puerta del Perdón de la Iglesia de Santa María de la Oliva. De él solo se conserva el patio o compás de acceso a la edificación, hoy desaparecida y convertida en plaza pública.
     El Hospital estaba vinculado a la Hermandad de Santa María de la Piedad, dedicándose a la curación de mujeres enfermas y, posteriormente, al albergue de pobres transeúntes. En su interior albergó una pequeña capilla, donde se impartían las clases de Gramática Latina desde 1495 o se hacían los remates de los diezmos.
     Cabe destacar la portada mudéjar, de gran sencillez y esmerada ejecución con ladrillos tallados a bocel, que representa un bello ejemplo de este estilo artístico en la localidad (Andalucía Rústica).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del tema de la Piedad;
LA VIRGEN DE LA PIEDAD
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones. 
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas. 
  El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
   Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos 
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
   Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos. (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
     De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Hospital de Santa María de la Piedad, en Lebrija (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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Un paseo por la avenida del Conde de Colombí en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida del Conde de Colombí, en el Parque de María Luisa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   Hoy, 4 de junio, es el aniversario del nacimiento (4 de junio de 1875) del III Conde de Colombí, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la avenida del Conde Colombí, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
     El Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la glorieta de San Diego, s/n (entrada principal, aunque tiene entradas por el paseo de las Delicias y las avenida de María Luisa, y de la Borbolla), en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
      La avenida del Conde de Colombí, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Parque de María Luisa, en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur, y va de la glorieta Gabriela Ortega Gómez, a la avenida Rodríguez Caso, a la altura de la puerta del Parque de María Luisa, en la Glorieta de los Marineros.
  Consiste en un pequeño paseo, asfaltado, rodeado de gran arboleda, fundamentalmente plataneros de sombra y setos en toda su extensión, situándose una palmera en una minúscula isleta casi al final de la misma. 
Conozcamos mejor la Biografía del III Conde de Colombí, a quien está dedicada esta vía del Parque de María Luisa; 
     Fernando Barón y Martínez de Agulló, III Conde de Colombí desde 1908 (La Coruña, 4 de junio de 1875 - Sevilla, 22 de mayo de 1929), fue un político y empresario español afiliado al Partido Conservador que desempeñó el cargo de Alcalde de Sevilla en 2 ocasiones, entre 1904 y 1906, sustituyendo a Joaquín Molero Palacios, también del partido conservador, y en 1907 siendo precedido en esta ocasión por Cayetano Luca de Tena y Álvarez Ossorio del Partido Liberal. Resultó asimismo electo como diputado a Cortes en 6 ocasiones por Sevilla, en las elecciones del 21 de abril de 1907, 8 de marzo de 1914, 9 de abril de 1916, 24 de febrero de 1918, 19 de diciembre de 1920 y 29 de abril de 1923. Fue también Director General de Correos y Telégrafos del estado.
     El 13 de agosto de 1915 el Ayuntamiento de Sevilla acordó nombrarlo Hijo adoptivo de la ciudad como reconocimiento a su proyecto de Reforma de Sevilla ante la Exposición Iberoamericana, muestra de su preocupación por el bienestar de los ciudadanos son las siguientes palabras que escribió ese mismo año: Que tengamos o no Exposición importa menos que la conservación de las vidas que se pierden indebidamente por falta de policía sanitaria y de higiene; importa la limpieza y el ornato públicos; las escuelas, el agua, el alcantarillada; importa vivir, y vivir sanos y limpios, que luego vendrán las fiestas y las galas por añadidura.​
     Entre 1922 y 1925 desempeñó el cargo de Comisario Regio, encargado de la organización de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929), presentó una moción ese mismo año proponiendo la ampliación del certamen para dar cabida a Brasil y Portugal que fue aceptada.​
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viernes, 3 de junio de 2022

La Finca Santa Clotilde, en Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Finca Santa Clotilde, en Los Palacios y Villafranca (Sevilla).  
     Hoy, 3 de junio, en Tours, en la Galia Lugdunense, en la Francia actual, Memoria de Santa Clotilde, reina, cuyas oraciones indujeron a su esposo Clodoveo, rey de los francos, a abrazar la fe cristiana, y al enviudar se retiró a la basílica de San Martín, donde deseó no ser considerada como reina sino como sierva de Dios (545) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día, para ExplicArte la Finca Santa Clotilde, en Los Palacios y Villafranca (Sevilla).
     La Finca Santa Clotilde es una maravillosa finca para sus eventos, situada en la Carretera Nacional IV, Km 564,5.
     Con más de 20.000 m2 de espectaculares jardines, se convierte en un lugar idílico donde puede celebrar sus eventos al aire libre o en su salón acristalado. Además, cuenta con un pabellón acristalado con capacidad para 360 personas y con una zona habilitada para la celebración de ceremonias civiles.
     Dispone de amplios aparcamientos privados, zona para celebración de espectáculos ecuestres o de otra índole al aire libre y, tanto el pabellón acristalado como la zona abierta están integrados en el entorno formando parte de esta maravillosa finca (Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía, de Santa Clotilde, reina;
     Sobrina del rey de los burgundios, Gundebaldo, se casó con Clodoveo, rey de los francos. Al enviudar, fundó un monasterio de religiosas en Andely sur Seine. Retirada en Tours, junto a la tumba de san Martín, murió en 545. Su culto está localizado en Normandía, en Rolleville (Seine Maritime) y sobre todo en Andelys, donde la capilla de Santa Clotilde y una fuente milagrosa atraían a los peregrinos el día de su fiesta.
     Se contaba que los obreros que trabajaban en la construcción del monasterio, agotados por el calor, un día se quejaron de no poder calmar la sed más que con el agua de la fuente. Santa Clotilde consiguió mediante sus plegarias que esa agua tuviera el gusto del vino. En conmemoración de ese milagro, uno de los ritos de la ceremonia de peregrinación consistía en verter en el agua de la fuente dos jarros de vino tinto. Los enfermos bebían con avidez el agua de la fuente que se coloreaba durante un momento.
     Los centros principales del culto de santa Clotilde eran, además de Andelys, la abadía de Longpont en Soissonnais y la iglesia de peregrinación de Viviers (o Vivières). Su relicario, de plata maciza, que se encontraba en la abadía de Joyenval (Gaudium in Valle) fue arrojada a la fuente en 1793.
     Santa Clotilde era invocada contra la claudicación, sin duda a causa del mismo juego de palabras que valiera a san Claudio el patronazgo de los cojos, y también contra la fiebre, la muerte súbita y por las mujeres que buscaban la conversión de sus maridos.
ICONOGRAFÍA
     Está representada como reina, con la corona, el cetro, y un escudo de armas con tres flores de lis (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Superadas las 125.000 visitas al blog "ExplicArte Sevilla"

     En el día de hoy, viernes 3 de junio de 2022, en ExplicArte Sevilla, hemos superado las 125.000 visitas a www.explicartesevilla.blogspot.com por lo que solo podemos daros las gracias a todos aquellos que nos visitáis. La mejor manera de continuar nuestro camino es que nos sigáis apoyando.
     Desde ExplicArte Sevilla deseamos que sigáis visitándonos cada día en nuestro blog www.explicartesevilla.blogspot.com, o en las redes sociales a través de Facebook (https://www.facebook.com/ExplicArte-Sevilla), Twitter (https://twitter.com/explicartes), e Instagram (https://www.instagram.com/explicarte_sevilla/?hl=es) para dejarnos ExplicArte una parte de la historia y el patrimonio de Sevilla y su provincia, con ExplicArte Sevilla, de la mano de un historiador del Arte, una experiencia privada y personalizada a tu gusto. Contacta mediante WhatsApp al 636341205 o al email explicartesevilla@gmail.com.
     ¡¡ Muchísimas gracias a todos !!.

El banco de la provincia de Badajoz, en la Plaza de España

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Badajoz, en la Plaza de España, de Sevilla.
   Hoy, 3 de junio, es el aniversario de la conquista de Badajoz (3 de junio de 1230), hecho histórico que se representa en el panel cerámico central del banco de la provincia de Badajoz en la plaza de España, así que hoy sea el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Badajoz en la Plaza de España, de Sevilla.
       La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
     La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos. 
   La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
     En el banco de la provincia de Badajoz, situado entre los de las provincias de Ávila y de Baleares, y entre la Torre Norte, y la Puerta de Aragón, de la Plaza de España, la escena histórica representada en su panel central es la Conquista de Badajoz a los moros por Alfonso IX de León. Año 1230. En los ángulos superiores del panel cerámico, figuran a la izquierda la Puerta de Palmas, formando parte de la muralla de Badajoz y a la derecha la Alcazaba de Badajoz con la Torre de Espantaperros o Torre de la Atalaya, obra original, al igual que los bancos y librerías, fue realizado por Manuel Sánchez Rodríguez en 1926 (otras fuentes lo adjudican a Manuel Soto). A mediados del siglo XX fue sustituido el motivo central por otro de la fábrica Pedro Navia pintado por Pedro Salas López-Cepero. Una siguiente intervención estuvo a cargo del Grupo Cerámico Triana 71. En la restauración de 1992 fue borrada la firma de Pedro Salas. Aún más, pudimos ver en la zona central una firma tachada en la que se puede leer Sánchez Domínguez. Banco y Librerías de Estudio Cerámico, Manuel Soto, 1926. En 2004 la Escuela Taller Plaza de España restaura in situ el motivo completo. El motivo retirado fue restaurado por dicha Escuela y depositado en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España. 
     Los azulejos retirados fueron restaurados por dicha Escuela y depositados en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España, y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos vegetales derivados de los típicos candelieri con angelotes centrados en algunos de ellos por cartelas con nombres de poblaciones de la provincia pacense, como Fuente de Cantos, Jerez de los Caballeros, Llerena, Mérida, y Zafra así como personajes históricos nacidos en la misma, como Beato Juan de Rivera, y Núñez de Balboa.
   Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de Fernando III. El Santo, San Fernando (1201–1252). Rey de Castilla y de León, Conquistador de Córdoba, Murcia, Jaén y Sevilla, santo; y Ramón Llull, Raimundo Lulio (1232–1316) Escritor religioso, terciario franciscano, misionero, filósofo, teólogo y beato, como personajes de la historia de España (www.retabloceramico.net).
Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Badajoz;
     He titulado así este breve ensayo porque realmente son más dudas que certezas las que tenemos sobre las operaciones militares que culminaron con la conquista de Badajoz por Alfonso IX en la primavera de 1230. Y esto es así, entre otras cosas, porque los cronistas de aquel tiempo, los historiadores contemporáneos a los hechos narrados, no quisieron o no pudieron ofrecer información sobre el acontecimiento. Tres fueron los escritores cristianos que escribieron crónicas entre 1236 y 1248, Rodrigo Jiménez de Rada, Juan de Osma y Lucas de Tuy, autores de historias oficiales que relatan los hechos considerados trascendentales de su época y del pasado de los reinos en los que vivían, principal, pero no únicamente, León y Castilla, unificados desde que Fernando III, ya rey de Castilla, asumiera el reino de León del que hasta ese momento había sido titular su padre, Alfonso IX, entre 1188 y 1230. Fernando potencia con la unión de los reinos la preponderancia castellana sobre la leonesa, la primacía de Toledo sobre León, otorgando una mayor importancia a los valores castellanos en detrimento de los leoneses, unos principios castellanistas reflejados en las crónicas y un cantar de gesta elaborado durante su reinado como es el Poema de Fernán González.
     Fernando no hacía sino continuar una política desarrollada por Alfonso VIII de Castilla durante la segunda mitad del siglo XII y los primeros años del XIII. Alfonso VIII no conoció un reino castellanoleonés unificado en una sola corona, su mandato estuvo marcado por rivalidades y enfrentamientos mantenidos con León, con su tío Fernando II y con su primo, y coyunturalmente yerno, Alfonso IX. Durante el largo reinado de Alfonso VIII (1163-1214) se sentaron los cimientos de la ideología castellanista que terminaría triunfando e imponiéndose sobre la leonesista, empleándose la Literatura y la Historia como instrumentos eficientes en esta empresa cultural, política, social, ideológica y mental. En los años de gobierno de Alfonso VIII se redactó la Crónica Najerense, que reinterpretaba a favor de Castilla una crónica antigua defensora de las esencias leonesistas, la Historia Silense, y que inaugura una práctica que tendrá éxito en historias posteriores, como es la de insertar en el discurso histórico cantares de gesta de tradición oral que recitaban los juglares en plazas, mercados, castillos y cortes. Composiciones que nos hablan de héroes castellanos y villanos leoneses, de Sancho II, rey de Castilla, asesinado en el cerco de Zamora por un traidor zamorano –leonés- llamado Bellido Dolfos, de un héroe castellano, Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador, que encarna los valores de fidelidad y destreza caballeresca contra leoneses y, curiosamente, no frente a musulmanes. En ese tiempo circulaban versiones juglarescas de las hazañas del caballero de Vivar, que serían puestas por escrito en un poema que hoy conocemos como Cantar o Poema de Mío Cid, en el que los buenos son castellanos y los malos son leoneses. Parece que el entorno cortesano de Alfonso VIII bastante tuvo que ver en la versión escrita de lo que hoy consideramos obra fundacional de la literatura medieval “castellana”, y castellanista. 
     Es necesario tener en cuenta estos antecedentes para que podamos entender, en parte, por qué los logros conquistadores de Alfonso IX “de León” fueron silenciados, de manera intencionada o bajo presión ambiental, por los tres historiadores que mencionábamos más arriba: Lucas de Tuy, Juan de Osma y Rodrigo Jiménez de Rada. Son las suyas las crónicas cristianas más próximas temporalmente a las conquistas de Alfonso IX, y son las únicas que podrían habernos ofrecido cierta luz sobre las mismas, pues los cronistas musulmanes no nos aclaran nada. Valoremos en principio a Rodrigo Jiménez de Rada, que podríamos calificar como hombre del Renacimiento en la primera mitad del siglo XIII, arzobispo de Toledo, estimada por él como “ciudad regia”, constructor de la catedral de Toledo, autor intelectual y gran ideólogo de la cruzada que culminó con la victoria de Las Navas de Tolosa en 1212,“hombre de negocios”, señor feudal, intelectual y, lo que más nos interesa, autor de una Historia de España, la Historia de rebus Hispaniae o Historia de los hechos de España, verdadero armazón, en estructura y orientación ideológica, de lo que luego sería la Estoria de Espanna de Alfonso X, que desde entonces hasta no hace demasiado tiempo sería la historia oficial de España, la Historia de una España enraizada en la idea de Castilla y no tanto de León. Ni que decir tiene que, en general, lo leonés es negativo en la obra del arzobispo, al tiempo que todo lo castellano es sublimado y enaltecido, con una salvedad, la de Alfonso VI, conquistador de Toledo, la “ciudad regia”, unificador de reinos, modelo para otros reyes que debían regir los destinos de una Castilla y un León unificados. 
     Para Jiménez de Rada Alfonso IX es un rey que comete decisiones erróneas, por fiarse de lisonjeros y murmuradores, tópico literario empleado en la época para no atacar frontalmente a una figura vilipendiada. El arzobispo de Toledo escribe su crónica hacia 1248 por encargo de Fernando III, hijo de Alfonso IX y de Berenguela, hija de Alfonso VIII “el Noble”. Si muestra más reparo en utilizar adjetivos descalificativos es quizás por respeto a Berenguela, idolatrada en su relato, y no tanto por agradar a Fernando, hacia cuya figura no muestra demasiado aprecio. Pero, en la visión política de los acontecimientos que narra, Alfonso es un individuo pernicioso para los intereses de Castilla (de España), más preocupado en dañar a su primo y suegro con guerras que en hacer lo mismo contra los musulmanes. Es más, se alía con los musulmanes para atacar al rey castellano, pecado imperdonable en un tiempo de cruzada. “Finge” ayudar a su primo antes de Alarcos, y al enterarse de la derrota se alía con Sancho VII de Navarra y a los “árabes” para atacar Castilla, “destruyendo, robando y asolando” el territorio. En el extenso relato de la campaña de Las Navas el leonés brilla por su ausencia. No hay más desprecio que no hacer aprecio. Vuelve a ser mencionado bastante después, cuando da cuenta del conflicto que mantuvo con su hijo Fernando III por el trono de Castilla, cuando puso bastantes impedimentos al futuro rey “movido por la arrogancia” que uno de sus aliados “había inculcado en su corazón”. Únicamente en la vejez decide lanzarse por su cuenta contra los infieles y consigue algunos logros, nunca comparables a los alcanzados por su venerado Alfonso VIII. Resume sus hazañas en pocas, protocolarias y frías palabras: “Pero una vez llegado a la vejez, el rey de León consagró sus obras al Señor y lanzó la guerra contra los árabes, y les ganó Montánchez, Mérida, Badajoz, Alcántara y Cáceres. También repobló Salvaleón, Salvatierra y Sabugal y otros muchos lugares, con los que ensanchó las fronteras de su reino; también combatió con Abenhut, un hábil sarraceno que poco antes se había apoderado del trono de Andalucía tras ahuyentar a los almohades; pero, derrotado en la batalla, volvió grupas ante el rey Alfonso en las cercanías de Mérida y, conquistada Mérida, se rindió”.
     Nada comparable a los elogios usados para celebrar la conquista de Cuenca por Alfonso VIII en 1177 y para glorificar la campaña, desarrollo y éxito alcanzado por el rey castellano en Las Navas de Tolosa, a cuyo relato dedica buena parte del libro VIII de su obra, y no un mero capítulo marginal como el reproducido. El siguiente historiador de la época que nos interesa es Juan de Soria o de Osma, canciller de Fernando III y que escribe hacia 1236 una crónica llamada Chronica regum Castellae o Crónica de los reyes de Castilla. Queda claro sobre qué realidad nacional pivota el relato de un individuo muy cercano a los círculos de poder castellano, a los de la corte de Alfonso VIII y, especialmente, a los de Fernando III. Los reyes de León vuelven a ser un tanto obviados en sus acciones conquistadoras de territorios musulmanes. Lleva incluso más lejos su inquina hacia Alfonso IX, a quien considera vasallo de Alfonso VIII, por haber sido armado caballero por él en Carrión en 1188, hecho entendido como humillante y deshonroso para el leonés y repetido con frecuencia para resaltar la subordinación de León hacia Castilla. Esa investidura caballeresca de Alfonso IX por Alfonso VIII, que simboliza la sumisión vasallática del leonés al castellano, será tema recurrente no solo en este autor, también en el relato de Jiménez de Rada y en los preámbulos de algunos documentos emanados directamente de la cancillería del rey castellano. Juan de Osma considera a Alfonso IX “arco de maldad”, “cruel enemigo” del “glorioso rey de Castilla”, cuya destrucción busca mediante una “coalición de impiedad” con los musulmanes, una alianza en armas que devasta el reino de Castilla cometiendo “muchas atrocidades” y la “deshonra de la religión cristiana”. Alfonso IX disfruta con la derrota que Alfonso VIII sufrió en Alarcos contra los almohades en 1195, “se congratulaba y se gozaba del infortunio acaecido a los castellanos”, dice textualmente el cronista. Alfonso VIII, por su parte es un rey “noble” y “glorioso”, alguien que no se quiebra ante la adversidad, firme creyente en Jesucristo, en quien encuentra fuerza para afrontar la “herética maldad” de sus enemigos. 
     Los logros militares y conquistadores de Alfonso IX son minimizados en el relato de Juan de Osma. Es para él un rey inconstante, que lo único que hace es poner obstáculos a la guerra santa que Alfonso VIII lanza insistentemente a los musulmanes, afirmando que “el rey de León ponía gran impedimento a aquel tan santo y tan laudable propósito”. Únicamente actúa el leonés contra los infieles si es ayudado con dinero y tropas por su primo el rey castellano, como en la toma de Alcántara, donde Alfonso VIII envió a Diego López de Haro con 600 caballeros. Una vez tomada y fortificada esa llave del Tajo marcharon hacia Mérida, donde permanecieron algunos días, posiblemente asediándola, hasta que Alfonso IX decidió volver con sus tropas a su reino, “enfrentándosele don Diego –López de Haro- y aconsejándole lo contrario”, es decir, que permaneciera allí. Hechos como este, reales o imaginados, llevan a Juan de Osma a poner el acento sobre esa “inconstancia y pusilanimidad del rey de León”, para destacar, por el contrario, el arrojo y la constancia de Alfonso VIII, que no contento con haber destruido a los almohades en las Navas de Tolosa no cesa en sus guerras contra los musulmanes, guiado por el “único y gran deseo de acabar su vida contra los sarracenos por la exaltación del nombre de Jesucristo”, por el “firmísimo propósito de acabar su vida en tierra de moros en tiempo de guerra”, y soportando en ello grandes penurias. 
     A partir de ahí Alfonso IX prácticamente desaparece del relato. El cronista canciller narra acontecimientos desarrollados en Castilla, en distintos puntos de Europa y del ámbito cruzado de Tierra Santa. Pasa a dar cuenta de las rebeliones nobiliarias a las que tuvieron que enfrentarse Berenguela y Fernando III, frente a unos magnates que son ahora los diabólicos enemigos –“satélites de Satanás”- de los representantes del trono castellano, madre e hijo. El rey de León vuelve a aparecer en el relato complicando la vida a la que había sido su esposa ya su propio hijo Fernando, movido por la “vanagloria” y la “soberbia”, mientras Fernando III es quien retoma el testigo del fallecido Alfonso VIII en la guerra santa contra los infieles tras resolver los problemas de su reino, “teniendo el firme e irrevocable propósito de destruir aquella gente maldita”, porque en él “había irrumpido el espíritu del Señor” y sus “hechos eran dirigidos por el Señor”. 
     Con esas impresiones no nos sorprende que el cronista se extienda en detallar el asedio y conquista de Capilla (1226) por su idolatrado Fernando III, de quien es, no lo olvidemos, cortesano, canciller y hombre de confianza. Es la primera conquista de Fernando y el cronista oficial carga las tintas laudatorias en su narración. Mientras, refiere de pasada, Alfonso IX asediaba Badajoz y el rey de Portugal (Sancho II) Elvas, pero tuvieron que desistir de aquellos intentos “frustradas sus esperanzas”. Se justifica Juan de no profundizar en la narración del intento del leonés por conquistar Badajoz y del portugués por hacer lo propio con Elvas –“no es de nosotros decirlo, ya que personas diversas opinan diversamente”-, pero afirma que “es común sentencia de todos”, o sea opinión generalizada, que “después de innumerables gastos y muertes de hombres, los sarracenos se glorían por la defensa de las villas y las retienen hoy”. O sea, que los esfuerzos del leonés no servían para nada, que tras perder hombres y recursos no conseguía absolutamente nada, y que abandonó aquella empresa “no queriendo tolerar el fuego del calor del verano”. 
     Esta interesada narración nos advierte de que es posible que esta parte del relato de la crónica fuera redactada antes de que se produjera la conquista de Badajoz en 1230, lo cual no deja de ser sorprendente, pues ofrece información detallada de acontecimientos posteriores como la conquista de Córdoba (1236), curiosamente, por su admirado Fernando III, o la propia muerte de Alfonso IX en 1230. ¿Distintas etapas de composición?, o, más bien ¿arbitrariedad de un cronista tendencioso nada dispuesto a conceder la más mínima gloria a Alfonso IX? Es por eso que empequeñece acciones bélicas y conquistadoras del leonés como la batalla de Alange y la toma de Mérida, ambas en 1230, o la conquista de Cáceres, en 1229. El micro relato de este último acontecimiento es de lo más llamativo, pues se condensa en una frase mínima, anotada como de pasada, en la narración de hechos ocurridos en aquel tiempo en al-Andalus y en otros puntos de la península Ibérica: “Por los mismos días el rey leonés tomó el castillo de Cáceres”, y punto. 
     Nada de los sucesivos intentos de Alfonso IX por conquistar esa ciudad desde 1218, algunos de los cuales se ejecutaron bajo el signo de la cruzada, es decir, como empresas estimuladas por el Papa con la bula de cruzada, o sea, como auténticas guerras santas como lo había sido, por ejemplo la batalla de Las Navas de Tolosa. Tras hablarnos de la conquista de Mallorca por Jaime el Conquistador con cierta profundidad, pasa a trazar unas breves notas sobre la toma de Mérida, considerada “una ciudad antiguamente famosa” que en aquel tiempo era “una pequeña villa” y que “se entregó al rey”. Destaca Juan de Soria las pocas fuerzas empleadas para el asedio, con lo que quita importancia a la acción, y lo mismo hace al referirse a la conquista del castillo de Montánchez por “algunos” caballeros de la orden de Santiago y “algunos otros pocos”. 
     Pasa a hablarnos de la batalla de Alange, contra tropas dirigidas por el caudillo Ibn Hud, quien acudió en socorro de los emeritenses, aunque nada de eso se nos diga, pues se antepone la rendición de Mérida al choque armado, y parece que sucedió al revés. El relato de la batalla es breve: “ambos ejércitos salieron al campo y por auxilio de nuestro Señor Jesucristo, aunque fuesen pocos los que estaban con el rey leonés con relación a la multitud de moros, los vencieron y mataron muchos de ellos; Aben Hut huyó y marchó confundido”. Debería entonces el Juan de Osma haber pasado a relatar la conquista de Badajoz, pero tal vez eso era demasiado para él, pues Badajoz había sido la capital de un reino floreciente, la ciudad almohade más importante en el occidente peninsular, la que daba sentido a todo aquel territorio islámico. Sin embargo Badajoz no está en el discurso histórico que nos propone Juan, que se limita a decir que los “habitantes de Elvas” “huyeron abandonando el castillo” cuando supieron que Ibn Hud había sido derrotado en Alange, y que “algunos hermanos portugueses” que habían participado en la batalla junto a Alfonso IX se la encontraron con las puertas abiertas, vacía, en su camino de regreso a Portugal y la ocuparon para su rey, quien al enterarse envió caballeros para retenerla: “y así aquella ciudad, famosa en aquellas tierras, fue tomada por la gracia del Salvador para el nombre cristiano”. Y Badajoz brilla por su ausencia. 
     La siguiente noticia que Juan de Osma ofrece sobre Alfonso IX es la de su muerte, tras dedicar bastantes líneas a la narración de acontecimientos ajenos a Castilla y León. Es la única ocasión en la que Juan dedica mínimos elogios a una figura continuamente denostada en su relato, al decir que “el rey de León don Alfonso, padre de nuestro rey” “murió con final feliz, según se cree, concluyendo su vida en celo de la justicia, persiguiendo viril y prudentemente a ladrones y otros malvados”. Ese carácter de rey justiciero y perseguidor de malhechores es resaltado por el último cronista contemporáneo que voy a glosar, Lucas de Tuy, el único historiador favorable a Alfonso IX en particular y a los reyes de León en general. Lucas de Tuy es leonesista, lo que para Jiménez de Rada y Juan de Soria es Castilla y Toledo para él es León reino y León ciudad. Pero Lucas, obispo de Tuy, escribe su Chronicon Mundi o Crónica del Mundo (1238), bajo la presión ambiental de una corte castellana regida por la reina Berenguela y su hijo Fernando III, quienes le encargan la obra historiográfica mencionada. De esa corte forman parte los dos otros autores castellanistas analizados más arriba, de hecho Jiménez de Rada se sirve de la obra de Lucas de Tuy para elaborar su propia Historia, suprimiendo, maquillando o amplificando lo que cree oportuno para alimentar esa dimensión castellanista que quiere dar a su relato. 
     Lucas de Tuy es un historiador maniatado y vigilado pero no precisamente ignorante, y aprovecha los estrechos márgenes de libertad de los que dispone para elogiar a sus venerados reyes leoneses y a su querida León, y, de paso, lanzar algún que otro mensaje subliminal contra Castilla y Alfonso VIII, elogiado en su visión general pero cuestionado con algún que otro dardo retórico. La imagen de Alfonso IX que proyecta Lucas es la de un rey que, como su padre, nunca había sido derrotado, y subrayar así su carácter invencible, algo de lo que no podía presumir -era consciente y así lo exponía el Tudense, no de manera directa, sino mediante una sutil comparación- su primo, por haber sido derrotado y deshonrado en Alarcos, considerado aquel hecho como una “deshonra”, entre otras cosas, porque no quiso esperar en Toledo el refuerzo del leonés, debido a su ímpetu y “animosidad”.
     Llama la atención, así pues, que el Tudense afirmara que Alfonso IX “nunca fue vencido en batalla, sino que siempre resultó victorioso”, si tenemos en cuenta, por ejemplo, que Alfonso VIII de lo único invencible de lo que podía presumir era, a juicio del Tudense, de “su ánimo invencible”. Así pues, la encarnación de la victoria militar para el Tudense no es el rey castellano, sino los reyes de León, Fernando II y Alfonso IX de manera especial, de los que elabora imágenes que deben ser valoradas y contrastadas con las de Alfonso VIII, teniendo en cuenta, además, que en esa época los conocidos héroes épicos del Poema de Mío Cid, referencias caballerescas, se caracterizan por ser guerreros invictos, nunca derrotados, siempre vencedores en, significativamente, la batalla campal. 
     Dedica más espacio que sus contemporáneos a relatar las conquistas de Cáceres, Mérida y Badajoz, aunque tampoco demasiado, por estar controlado o porque su narración histórica es más sucinta, menos profunda, abarcando un amplio arco temporal que se extiende desde la antigüedad hispana hasta sus días, organizando los contenidos de manera similar a Jiménez de Rada. Aun así nos cuenta que Alfonso, junto con tropas de su hijo Fernando asedió Cáceres, “una fortísima fortaleza de los bárbaros, y la tomó”. Al año siguiente, prosigue poco más adelante, asedió la “ciudad” –y no “villa”- Mérida, y como era “fuerte y animoso” se enfrentó contra Ibn Hud cerca de Alange, cuando este acudía a socorrer a Mérida, y lo venció gracias a la ayuda de Dios, quien envió al “beato Santiago con una multitud de caballeros blancos”. Previamente, afirma Lucas, San Isidoro había aparecido en Zamora para vaticinar que Alfonso conquistaría Mérida y derrotaría a los sarracenos en una batalla campal, como así fue. En las figuraciones de Lucas San Isidoro aparece en otras ocasiones ayudando a reyes y campeones leoneses. Poco antes de esto había relatado muy brevemente que tras la toma de Mérida Alfonso “asedió Badajoz y tras pocos días la tomó”, que “abandonaron los sarracenos Elvas y otros muchos castillos”, “que poblaron los cristianos al encontrarlos vacíos”. Dispuesto para otras conquistas acudió a Galicia para rezar ante el apóstol Santiago, encontrando la muerte en Villanueva de Lemos (de Sarria), habiendo reinado “felizmente” durante cuarenta y dos años. El reinado de Alfonso X el Sabio (1252-1284) supone una auténtica revolución cultural, siendo una de las ramas más cultivadas la de la Historia. Se compone en ese tiempo, entre otras, la Estoria deEspanna, conocida también como Primera Crónica General, que consagra para la posteridad las visiones castellanistas de Jiménez de Rada, aunque emplee como fuente también la crónica de Lucas de Tuy. Se perpetua por tanto la imagen negativa de un Alfonso IX que únicamente en la vejez, al final de su vida, conquista territorios a los musulmanes, reduciendo sus hazañas a la mínima expresión, limitándose a decir sin demasiados cambios lo que previamente había escrito don Rodrigo. No será hasta finales del siglo XIII cuando encontremos otras noticias de Alfonso IX. Se las debemos a Juan Gil de Zamora, franciscano instructor del infante Sancho, futuro Sancho IV (1284-1295), intelectual culto, leonesista convencido y a quien debemos, entre otras muchas obras, una breve biografía del rey leonés que no sería publicada hasta 1888, por Fidel Fita. En ella se aprovechan las crónicas de Lucas de Tuy y de Jiménez de Rada y se añaden otras informaciones interesantes, que no nos aclaran nada sobre las conquistas de Cáceres, Mérida o Badajoz pero que nos presentan a un “valentísimo rey” actuando como un auténtico caballero en la batalla de Alange. Antes del choque, recrea Gil de Zamora, algunos consejeros de Alfonso le intentan disuadir de para evitar la batalla porque el rey pierde una de las espuelas. 
     Lejos de entenderlo como un mal agüero el leonés responde “cierto que el reyno debe entrar en batalla con espuelas, como los miedosos, y por esto cayó la espuela, para animarme a quitar también la otra”, se supone que para perseverar como valiente y no huir como cobarde. Curiosa figuración si tenemos en cuenta que el Cid Campeador, había sido retratado por la épica castellana dejando escapar a Bellido Dolfos, por no haber podido calzarse espuelas, después de que el leonés matara a Sancho II y se refugiara en Zamora, ciudad del alma de Juan Gil, en rápido galope. Relatos posteriores a los mencionados aquí no harán sino perpetuar las visiones de la Estoria de España. Las circunstancias de la conquista de Badajoz seguirán sin ser conocidas, en la oscuridad, durante siglos, posiblemente, entre otras cosas, por las razones aquí referidas. Sin embargo Alfonso IX sí apreció ese acontecimiento, pues en los últimos documentos que expidió su cancillería se intituló como “rey de León, de Galicia y de Badajoz”, pues eso era precisamente lo que había sido durante siglos, un reino, con una capital que había sido la ciudad más importante del área occidental de al-Andalus. Esos autores, por unas razones u otras, nos privaron del conocimiento de aquellos hechos. Lejos de nuestro ánimo juzgar a aquellos que vivieron y escribieron en un tiempo ya lejano, con sus propias circunstancias y particularidades. Lejos de nuestra intención criticar un modelo de trabajo historiográfico que, al fin y al cabo, no es tan antiguo como puede parecernos, pues, aunque suene a tópico, no todos los que escriben Historia lo hacen precisamente, aún en la actualidad, con “buenas” intenciones (David Porrinas González, Alfonso IX y la desconocida conquista de Badajoz en 1230).
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