Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

lunes, 2 de enero de 2023

Los principales monumentos (Casa Grande – Centro Cultural; Cementerio y antigua Ermita de San Roque; antiguo Convento de Santa Clara; y Ermitas de San Antonio de Padua, y de San Sebastián) de la localidad de Ayamonte (II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa Grande – Centro Cultural; Cementerio y antigua Ermita de San Roque; antiguo Convento de Santa Clara; y Ermitas de San Antonio de Padua, y de San Sebastián) de la localidad de Ayamonte (II), en la provincia de Huelva.

Casa Grande - Centro Cultural
     Manuel Rivero, que vivía en la calle San Se­bastián, en la Villa, decide trasladar su residen­cia familiar, y construir un edificio funcional y representativo de su actividad comercial y de su status social, en La Ribera, en una zona en franco desarrollo. No había terminado la construcción de la Casa de la Laguna, cuando empren­de este nuevo proyecto, que iba a requerir una fuerte inversión económica. Un golpe de suerte le aportó la inyección extraordinaria de dinero para acometer la obra y terminarla, cuando llevó a feliz término la recuperación de los navíos San Jorge y La Princesa, y su traslado desde Lagos hasta Cádiz.
     Después de agrupar varios solares, encomienda el proyecto a Pedro Luis Afanador, arquitecto gaditano, autor de obras tan importantes como el Hospital de Mujeres, el convento de Descalzas Concepcionistas y la casa del Marqués de Campo Fuerte. Opta por un tipo de edificio habitual entre los comerciantes y hacendados de Sevilla y de Cádiz: una planta baja dedicada a apeadero, almacenes de las mercaderías, bodegas de vino y de aceite; en entresuelo servía para los despa­chos, archivos y vivienda de los empleados; y la planta noble para habitaciones principales.
     La gran fachada, por su parte, hacía pública la importancia de los negocios que en ella se llevaban a cabo, y, al mismo tiempo, prestigiaba a sus moradores. El cuerpo inferior, correspondiente a la planta baja y entresuelo está fabricada por piedra ostionera de Puerto Real, que queda vista al exterior; mientras que el superior aparece estucado y esgrafiado con labores geométricas. La fachada, simétrica, se compone de cinco vanos adintelados por planta, que tienen como eje una gran portada, formada por pilastras que abarca los vanos del primer cuerpo, enmarcados en molduras mixtilíneas, ventana de entreplanta ennoblecida por rica labor de forja, balcón con baranda de hierro y tejaroz de pizarra. El resto de las ventanas quedan cerradas por sencillas rejas de forja sobresalientes. Por un extremo, después de un leve hiato y un ligero quiebro en línea de fachada, se añade un sexto orden de puerta y ventanas, para acceso a la zona de carruajes.
     La casa debió estar terminada en diciembre de 1744. Además del ladrillo de Sevilla y la piedra de Puerto Real, se usó la piedra de Tavira para las columnas y peldaños, y el mármol blanco de Génova para el brocal del aljibe, la pila de agua bendita del oratorio y el reloj de sol. En su construcción intervinieron, además del arquitecto Afanador, los maestros de obras Manuel Gómez, de Sevilla, y los maestros locales Juan Escamilla, alarife, y Palma, carpintero. La forja y la cerrajería las hizo el herrero ayamontino Ma­chado. Los canteros que labraron la piedra de Puerto Real fueron Blas y Lorenzo; otro trabajó la piedra de Tavira, aunque la terminación de las columnas se debió a un cantero de Sevilla, llamado Estrella, y un peón de Cádiz. Indudable­mente, la Casa Grande ha contribuido a otorgar a Ayamonte una especial impronta, que tanto la semeja al urbanismo gaditano.
     Su interior se enriqueció con numerosas obras de arte, estudiadas por Alfonso Pleguezuelo, y que hoy están repartidas entre los herederos. La Casa Grande estuvo habitada desde 1745 hasta 1977, en que fue enajenada. El Ayuntamiento la adquirió en 1996, y, tras su rehabilitación, la destinó a Casa de Cultura, dotada de salón de actos y numerosas salas de exposiciones, entre las que destaca las salas dedicadas a los conjuntos pictóricos del retablo de Cristo Salvador, de Jan van Hemessen, depósito de la parroquia del Salvador, y las pinturas de la Casa Cuna, depósito de la Diputación Provincial.
     El antiguo retablo de la parroquia ayamonti­na de Nuestro Señor y Salvador estaba bastante deteriorado en 1735, en que se habla de ocho tablas, por lo que es posible que ya por entonces se hubiera perdido la tabla de San Lucas. Entonces se encargó un nuevo retablo a José Fernando de Medinilla, en el año 1740. Las tablas del primitivo retablo desarrollaban un discurso cristológico, que, teniendo como principio y fin la Transfiguración -iconografía propia de Cristo Salvador- recorría las escenas de la pasión y muerte de Jesús: Flagelación, Escarnio, Crucifixión y Llanto sobre Cristo muerto, ante los testigos inspirados, los cuatro Evangelistas. Las tablas se atribuyen al pintor de Amberes Jan Sanders van Hemessen, quien pudo realizarlas en torno a 1545. Hemessen es considerado como uno de las más destacados pintores romanistas de la Amberes de los años 1520 al 1556, que sirvieron de puente entre los primitivos góticos y los maestros de la pintura de género del barroco holandés. Su taller coincide en el tiempo con los de pintores tan insignes como Joos van Cleve, Quentin Massys, Joachin Patinir, Gerard David, Valentin y Bernard van Orley.
     Las piezas más destacadas son la Flagelación y el Llanto sobre Cristo muerto. En estas tablas, y en las demás, podemos admirar la plasticidad, casi táctil, de las formas, y muy especialmente la tersura de la piel de rostros y de manos, síntesis de las encarnaciones de los flamencos y del sfumato leonardesco. Dan relieve a la composición los contrastes lumínicos y cromáticos, y hacen que la atmósfera penetre entre los personajes. La proyección difusa de la luz favorece la calidad del modelado, la creación de suaves claroscuros, con modulaciones delicadas de la luz a la sombra, y la acertada descripción anatómica. Toda la maestría del pincel se dirige a conseguir el máximo realismo, para transmitir el rico conte­nido teológico y producir la mayor conmoción del sentimiento religioso.
     De la parroquia de Las Angustias se exhiben, en depósito, los cobres flamencos de la Adoración de los Pastores y de la Adoración de los Re­yes, de autor anónimo flamenco del círculo de Franz Francken II, hacia 1630-1640.
     También se expone un conjunto de seis pintu­ras procedentes de la Casa Cuna de Ayamonte, que estaban situadas en distintas dependencias administrativas. Tienen en común su origen en donaciones particulares, como las que hicieron las hermanas Urbana y Juana Garfias antes de 1733, y su temática religiosa centrada en personajes infantiles. Santa Justa y Santa Rufina al pie del Calvario es obra de un autor sevillano, seguidor de Murillo, de fines del s. XVII. Figura ya en el inventario de 1733. Sobre un fondo tormento­so, compone el anónimo autor una mística escena, de rigurosa simetría, centrada por un Cristo crucificado, a cuyos lados se sitúan las niñas mártires, Santas Justa y Rufina, quedando al fondo el episodio del martirio de las jóvenes, ocurrido hacia el año 287. El cuadro establece tres planos, cuyos contenidos iconológicos se entrelazan: en la lejanía, a la izquierda, la salida de una ciudad amurallada: Jerusalén, para aludir al monte Calvario, o las murallas de la Macarena, ante la que fue decapitada la joven Rufina. A la derecha, una escena de martirio establece el nexo de unión entre la historia y el culto de las santas. En el eje compositivo, en un plano intermedio, Cristo crucificado, sobre un montículo, con la calavera de Adán en la base. En primer plano, las mártires alfareras, vestidas con túnica y manto, mostrando a sus pies las vasijas de barro, de variadas formas. Todo ello queda envuelto en una atmósfera densa y oscura, apenas iluminada por un fugaz relámpago que desgarra el cielo. Esta obra puede asociarse a la titulada Calvario con San Ignacio y Santa Bárbara, de la sacristía mayor de la Catedral de Sevilla. Al igual que esta obra sevillana, se puede datar el lienzo ayamontino en los últimos años del siglo XVII.
     Forman pareja dos cuadros de óleo sobre lienzo, que representan a La Virgen Niña hilando, o La Hilanderita, y el Niño Jesús de la Espina, atribuidos a Andrés Pérez, de hacia 1700. Am­bos aparecen sentados, en posición simétrica. La Virgen niña aparece ocupada en hilar lana con la rueca, vestida como una princesa, y adorna­ da con preciosas joyas. Tras la inocente escena se encierra la premonición de la pasión de su Hijo: el velo del templo que ella está hilando se verá desgarrado de arriba abajo al producirse la muerte redentora de Jesús. El contraste entre la placidez de la escena presente y la tragedia que se cierne en su destino es un cabal ejem­plo del gusto barroco por la paradoja. El Niño Jesús, sentado, en posición de tres cuartos, en un pequeño sillón con brazos de madera y asiento y respaldar tapizado en terciopelo rojo, medita en los futuros tormentos de la pasión; ha trenzado una corona de espinas, que reposa en su regazo, y se ha pinchado en un dedo con una espina de la corona. Se trata de un presagio de la pasión, a través de una descripción amable y melancólica. El tema es especialmente apreciado en los siglos del barroco, inmersos en la teología de la participación en los méritos de Cristo por las buenas obras y el sacrificio personal. El contraste entre el candor y la dulzura del niño y el horror de los instrumentos de tortura lo­ gran conmover los sentimientos del fiel. Ambos cuadros fueron restaurados por José Vázquez hacia 1985.
     Los Desposorios místicos de Santa Catalina, de autor anónimo sevillano, del círculo de Andrés Pérez, primer tercio del s. XVIII, figuraba en el inventario de 1798. Representa una escena divina a lo humano, o retrato de dos niños efigia­dos a lo divino. Sobre un alto sillón tapizado de terciopelo rojo, el Niño Jesús, vestido a la moda infantil de principios del siglo XVIII, ofrece la mano derecha a la joven Catalina, destacando en el gesto la sortija o alianza de su dedo índice. Santa Catalina, identificada por los símbolos iconográficos del martirio -la palma y de la rueda dentada- es representada como una joven infan­ta, ataviada con ricos ropajes y costosas joyitas. Como los anteriores, ha sido restaurado por José Vázquez hacia 1985.
     San Juan Bautista niño es copia de Murillo, de hacia el primer tercio del siglo XVIII. Aparece en el inventario de la Casa Cuna de 1798, realizado por Francisco Fernández. Se trata de una copia del San Juanito y el Cordero, que se en­cuentra en el Museo del Prado, de Madrid. La Virgen de la Soledad sigue la tradición murillesca, y podría datarse en los primeros años del s. XIX. Lo encontramos por primera vez en el inventario de 1828. Gran importancia adquiere el marco dorado, que casi le roba protagonismo al cuadro (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de un tipo de edificio habitual entre los comerciantes y hacendados de Sevilla y Cádiz: una planta baja dedicada a apeadero, almacenes, bodegas de vino y aceite; en entresuelo servía para despachos, archivos y vivienda de los empleados; y la planta noble para habitaciones principales.
     El cuerpo inferior, de la gran fachada, se corresponde con la planta baja y entresuelo. Está fabricado en piedra ostionera de Puerto Real, que queda vista al exterior; mientras que el superior aparece estucado y esgrafiado con labores geométricas. La fachada, simétrica, se compone de cinco vanos adintelados por planta, que tienen como eje una gran portada, formada por pilastras que abarca los vanos del primer cuerpo, enmarcados en molduras mixtilíneas, ventana de entreplanta ennoblecida por rica labor de forja, balcón con baranda de hierro y tejaroz de pizarra. El resto de las ventanas quedan cerradas por sencillas rejas de forja sobresalientes.
     Manuel Rivero, que vivía en la calle San Sebastián, en la Villa, decide trasladar su residencia familiar, y construir un edificio funcional y representativo de su actividad comercial en La Ribera, en una zona en franco desarrollo. No había terminado la construcción de la Casa de la Laguna, cuando emprende este nuevo proyecto, que iba a requerir una fuerte inversión económica. Un golpe de suerte le aportó la inyección extraordinaria de dinero para acometer la obra y terminarla, cuando llegó a feliz término la recuperación de los navíos San Jorge y La Princesa, y su traslado desde Lagos hasta Cádiz.
     Después de agrupar varios solares, encomienda el proyecto a Pedro Luis Afanador, arquitecto gaditano, autor de obras tan importantes como el Hospital de Mujeres de Cádiz. Opta por un tipo de edificio habitual entre los comerciantes y hacendados de Sevilla y de Cádiz. La casa debió de estar terminada en diciembre de 1744. Además del ladrillo de Sevilla y la piedra de Puerto Real, se usó la piedra de Tavira para las columnas y peldaños, y el mármol blanco de Génova para el brocal del aljibe, la pila de agua bendita del oratorio y el reloj de sol. En su construcción intervinieron, además del arquitecto Afanador, los maestros de obras Manuel Gómez, de Sevilla, y los maestros locales Juan Escamilla, alarife, y Palma, carpintero. La forja y la cerrajería las hizo el herrero ayamontino Machado. Los canteros que labraron la piedra de Puerto Real fueron Blas y Lorenzo; otro trabajó la piedra de Tavira, aunque la terminación de las columnas se debió a un cantero de Sevilla, llamado Estrella, y un peón de Cádiz.
     El inmueble estuvo habitado desde 1745 hasta 1977, en que fue enajenada. El Ayuntamiento la adquirió en 1996 y, tras su rehabilitación, la destinó a Casa de la Cultura, dotada de salón de actos y numerosas salas de exposiciones, entre las que destaca las salas dedicadas a los conjuntos pictóricos del retablo de Cristo Salvador, de Jan van Hemessen (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Cementerio y antigua Ermita de San Roque
     Era costumbre que los enterramientos se efectuaran en el subsuelo de las iglesias, algunos de ellos en bóvedas próximas a determinados alta­ res, para los donantes y sus familiares. Pero en el siglo XIX se generalizaron, por evidentes razones higiénicas, los cementerios en el extrarradio de las poblaciones, en lugares bien aireados. En el año 1801, el mayordomo de la fábrica parroquial de Las Angustias solicitó la construcción de un cementerio junto a la ermita de San Benito. Finalmente se construyó en 1805 junto a la ermita de San Roque.
     La capilla, remodelada en 2005, está presidida por el Cristo del Buen Viaje, escultura en madera policromada. El crucificado, muerto, pende de tres clavos sobre una cruz arbórea. Presenta corona de espinas y tres potencias de plata. El paño de pureza se pliega en aspas al centro, y cuelga por los lados en ligero movimiento. Por la forma cruzada del perizoma podríamos pensar en un autor anónimo del círculo gaditano genovés del siglo XVIII.
     La escultura proviene de la Ermita del mismo nombre, hoy desaparecida, que se situaba a la salida de la población, a la distancia de mil pasos, saliendo de esta ciudad para la villa de Lepe, junto al lugar donde se levanta el actual Auditorio Municipal.
     La ermita era cuidada por el gremio de hortelanos y molineros de los alrededores, que redactaron unas reglas en 1762, aunque dan a en­tender su existencia desde fechas anteriores. En el año 1850, el párroco de las Angustias, José María Aguilera, trasladó la dicha imagen de Jesucristo y los ornamentos a la ermita del Cemen­terio, en donde a la sazón hacía falta.
     El antiguo retablo de Santa Ana, que procede del convento de San Francisco pasó a la capilla de las Hermanas de la Cruz. Se trata de un retablo de un cuerpo y tres calles, de madera en su color de traza y ornamentación rococó, de la segunda mitad del siglo XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

antiguo Convento de Santa Clara
     El convento de clarisas, hoy habitado por las Hermanas de la Cruz, fue fundado por doña Isabel de Zamora, viuda de Alonso González Pala­cios, por escritura otorgada en Ayamonte el 2 de abril de 1639. Se fundó bajo la dedicación de Nuestra Señora de la Limpia Concepción y San Ildefonso, bajo la segunda regla de Santa Clara. El edificio habría de presentar la disposición de un convento de clausura, para la vida contemplativa, en la que no faltaría el compás y el claustro, al que confluirían la iglesia, el refectorio y los dormitorios. El terremoto del 1 de noviembre de 1755 causó tan graves desperfectos, que obligó a las clarisas a residir hasta 1761 en el Hospicio de Niños.
     Por las medidas desamortizadoras, tuvieron que salir de Ayamonte y agregarse a las clarisas de Moguer en 1855. Tras no pocas gestiones realizadas por doña Vicenta Íñiguez, las clarisas volvieron en 1864, pero, al no ver posibilidades de continuidad, consiguió atraer la voluntad de Santa Ángela de la Cruz, para que hiciera en Ayamonte su tercera fundación. En la actualidad, lo más notable que queda de la primiti­va fundación es la elegante ventana geminada, labrada en piedra con el peculiar arcaísmo que podría atribuirse a la presencia de canteros portugueses formados en la tradición manuelina. El ajimez está enmarcado por dos balaustres muy delgados, de cuyos capiteles surgen los dos arcos de medio punto, que se apoyan en el parteluz, una fina columna lisa, con el mismo tipo de ca­pitel que los balaustres. El trasdós de los arcos, decorado con ganchos de cardinas, se prologa en forma de arco conopial, rematado en una flor de cardo en su coronamiento.
     La espadaña presenta dos vanos de medio punto sobre pilastras. Fue levantada después del terremoto de Lisboa, en el año 1763, como puede leerse en su entablamento. Destaquemos los elementos túmidos situados sobre el eje de las pilastras, cuyo parecido con la torre de las An­gustias y con la de la vecina localidad de Villa­blanca es innegable (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Ermita de San Antonio de Padua
     La ermita de San Antonio fue promovida por el gremio de marineros. También se la conocía como "Capilla de la Marina" (1833). Tiene una sola nave cubierta con techumbre de madera en forma de artesa con tirantes. Un arco triun­fal apuntado abre a la capilla mayor de planta cuadrada, cubierta con bóveda de nervadura. El testero de fondo, plano, se adorna con un sencillo retablo de escayola. A los pies de la nave se levanta la tribuna del coro, con antepecho de madera, de barrotes torneados.
     Los tres paños de la cubierta son de par y nudi­llo, a dos vertientes, sin lima. Las vigas, cintillas y tablazón son lisos; por el contrario, el arroca­be y las cuatro tirantas están talladas con roleos vegetales. Las ménsulas sobre las que reposan las tirantas adoptan la forma de dragones. De la tiranta que está junto al arco de triunfo pende una embarcación, tallada en madera. La armadura fue realizada entre abril y agosto de 1597, gracias al armador ayamontino Diego Lobato. Los artífices fueron los carpinteros de la localidad Sebastián Fernández y Francisco Álvarez. La ermita, precedida de un atrio, tiene una escueta fachada clásica, cuyos perfiles laterales denuncia una cubierta a dos aguas. Se remata con una espadaña de un solo vano, con campana, y antepecho de hierro. Llama la atención la serie de lienzos, situados bajo el arrocabe de la techumbre, que recuerdan diversos episodios relacionados con el santo lisboeta, pintados en 1729 y retocados en 1858. En sendas cartelas se explica el contenido de cada lienzo. En la flanco de la epístola se inicia la serie, con la escena del nacimiento del santo, que aparece en una cuna, rodeado de familiares y sir­vientes, mientras que la madre se ve acostada en su cama bajo dosel. A continuación, se representa una escena conventual, en que el santo deja los hábitos agustinos para recibir los de la orden seráfica. Sigue otra escena, con el milagro del joven de la pierna cortada. La última escena resul­ta difícil identificar, por su deterioro.
     En el lado del evangelio, la primera escena tampoco puede identificarse. Otro lienzo refiere la curación de la Infanta de Portugal. Inmediatamente después viene la escena de la toma del hábito franciscano. Una escena de ambiente mi­litar se refiere a una reprensión que hizo el santo al general Exceligno. Acto seguido, hay otra escena con el sepulcro del santo, ante el cual hay dos orantes.
     Las pinturas se extienden sobre el arco toral, que siguen relatando milagros de San Antonio. En ellas, vemos dos apariciones del Niño Jesús al santo. En la capilla mayor, al lado del evangelio, hay un medio punto, cuyas pinturas representan el Infierno, con los pecados capitales: lujuria, soberbia, pereza, envidia, avaricia. En el otro cuarto de punto se ve a San Antonio metiendo a un fraile la mano en la boca, y también a San Antonio bendiciendo a un fraile que yace en el suelo. Frente por frente hay otro medio punto con otras escenas. En una se ve cómo socorre San Antonio a una doncella. En la escena contigua hay otra cartela, de un condenado que devuelve una cantidad robada.
     Retablos e imá­genes fueron des­trozados en 1936.
     No obstante pudieron recuperarse algunas muy valiosas. El Cristo de las Aguas, venerado con especial devoción por el gremio de marineros, es una escultura anónima del círculo de Bautista Vázquez el Viejo, del último cuarto del siglo XVI. La Virgen de la Esperanza fue donación de Manuel Rivera González, quien encargó la escultura desde Cádiz, en julio de 1774, al valenciano José Esteve Bonet; la policromía es obra del pintor José Vergara. Fue restaurada por José Vázquez Sánchez  en 1941. Reseñemos también un retablito neoclásico, con el relieve del Ecce Homo, que vino a la ermita en el año 1924 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La Capilla de San Antonio se encuentra ubicada entre medianeras y rodeada, en tres de sus flancos, por construcciones, siendo visible al exterior su fachada meridional situada en la calle San Antonio.
     Su interior es de planta rectangular, con una sola nave de gran desarrollo longitudinal, cubierta con armadura de par y nudillo, con cuatro tirantes apoyados en canes y decorados con cabezas de dragones. Tanto los tirantes como la viga perimetral se encuentran ornamentados con entalladuras barrocas, compuestas de hojas grandes y planas insertas en cenefa y volutas de acanto. Asimismo, pende del cuarto tirante de la cubierta un exvoto representado con una maqueta de una embarcación a vela de tres palos. En los muros perimetrales de la nave, en la zona cercana al presbiterio, se abren enfrentadas dos capillas hornacinas. El púlpito se encuentra adosado al muro perimetral izquierdo de la nave y tiene acceso desde la sacristía. Consta de un cuerpo hexagonal que descansa en un pilar sobre basa y capitel superior. El tornavoz, también de forma hexagonal, se cubre con un cupulino; ambos están realizados en madera y su extrema sencillez e inspiración clasicista armonizan con el espíritu general de la Capilla. Decoran el tercio superior de los muros de la nave, en todo su perímetro, adaptándose al marco arquitectónico, excepto en el testero de la capilla mayor, un ciclo pictórico realizado al óleo sobre lienzo, con el tema iconográfico dedicado a la vida y milagro de San Antonio.
     El coro alto se ubica a los pies de la nave, se compone de antepecho de balaustres de madera que apean en un tirante procedente de la cubierta de la nave. Su acceso se realiza a través de una escalera situada en un pequeño patio anexo situado en el lado del Evangelio.
     El presbiterio está separado de la nave mediante un arco triunfal de medio punto. Se encuentra a mayor altura y tiene acceso a través de tres escalones delimitados, en ambos la- dos, con una baranda de balaustres de hierro. La capilla mayor, de planta cuadrada y testero recto, se cubre con bóveda de crucería, decorada con rosetones, de motivos vegetales muy estilizados, dispuestos en la clave y en el centro de cada uno de sus cuatro nervios; éstos apean en los ángulos sobre cuatro pilastras de piedra, con basas y capiteles de reminiscencia clásica, aunque muy desdibujados, posible material de acarreo procedente de otra construcción anterior. En la zona alta de cada uno de los muros laterales de la capilla se abre un vano rectangular flanqueado por dos lienzos pintados al óleo, terminados en la parte superior en medio punto, que re- presentan el tema iconográfico de la vida y milagro de San Antonio.
     La sacristía y su dependencia aneja se ubican en el lateral izquierdo de la nave, son de planta rectangular y están cubiertas con alfarje de madera. En el lado del Evangelio de la nave y con acceso desde la sacristía se ubica un pequeño patio alargado, que comunica con la escalera de subida al coro y con el atrio.
     La fachada de los pies de la Capilla muestra, en su costado izquierdo, un vano que comunica con el patio lateral y con la sacristía. Descentrada hacia la derecha de la fachada se abre la portada que da acceso al interior. Se compone de un vano adintelado, cubierto con puerta de doble hoja de madera y clavazón, flanqueado por pilastras sobre pedestales, friso y pequeña cornisa superior, que a su vez coronan dos florones en los extremos. Todos estos elementos se encuentran pintados de color albero. En la zona superior se abre un vano rectangular, recercado con sencilla moldura y cubierto con vidriera. Remata la fachada una espadaña de inspiración barroca, compuesta de un vano de medio punto que alberga una campana, cubierto con pretil de hierro y flanqueado con sendas pilastras dóricas, friso, y como remate un pináculo de lados curvos bajo una cruz férrea. En ambos lados de las citadas pilastras muestra dos molduras curvas que se prolongaban en otros tantos remates, actualmente desaparecidos. El atrio tiene planta trapezoidal, está delimitado por la fachada que le da acceso desde el exterior, fachada de los pies de la Capilla, situada frente a la anterior, así como por dos muros laterales en sus lados mayores, en los que se adosan un banco corrido en cada lado construidos en ladrillo. La fachada que da acceso al atrio se compone de un muro alto, abierto en la zona central mediante un vano escarzano cubierto con cancela metálica y coronado con frontón triangular, en cuyo tímpano alberga un cuadro de azulejos dedicado a San Antonio. En la zona baja del mismo aparece la denominación de la Capilla. El paramento de las fachadas y del atrio se encuentra pintado de blanco.
     El edificio aparece como fundación del gremio de marineros. Teniendo en cuenta la fecha del contrato para la realización de la cubierta (1597), la erección de la capilla estaría vinculada a la expansión de la ciudad por la zona de la Ribera, como resultado del auge marítimo-pesquero alcanzado desde finales de la Baja Edad Media y sobre todo a lo largo del siglo XVI.
     Según se ha mencionado, entre los escasos datos conocidos sobre la historia constructiva de la capilla debe mencionarse en primer lugar, la fecha del contrato para la realización de la armadura de la nave, revelada en un documento que publica Romero Jiménez. Siguiendo sus informaciones se sabe que, el 30 de marzo de 1597, comparecen, ante el escribano público Pedro Álvarez, el mayordomo de la ermita, Diego Lobato, y los carpinteros Sebastián Fernández y Francisco Álvarez, todos ellos vecinos de la población, con objeto de firmar las condiciones de ejecución de la cubierta y cuya terminación se establece para finales de agosto del mismo año.
     El segundo dato fable con el que se cuenta para poner en pie del proceso histórico de la capilla se refiere a las fechas de realización y restauración de las pinturas sobre la vida y milagros de San Antonio de Padua. Según consta en las cartelas identificativas que decoran los flancos del arco toral, los cuadros se realizaron en 1729, siendo mayordomos Francisco Domínguez Aguilera y Domingo de los Reyes.
     Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, podría aventurarse una hipótesis sobre el proceso constructivo del edificio- escasamente aparada en fuentes documentales, según la cual la capilla de San Antonio pudo haber sido realizada en dos grandes fases: una primera, posiblemente en el siglo XVI, que culminaría con la adición de la armadura de la nave en 1597; y una segunda época en la que se añadirían la actual fachada con su espadaña y el coro, y que por sintonía estilística podría hacerse coincidir con la cronología de las pinturas sobre la vida del santo (1729) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San Sebastián
     Como en tantos lugares, también en Ayamonte se levantó una ermita al mártir San Sebastián como protección contra los contagios de la peste. En Ayamonte se ubicó en la parte alta de la Vi­lla, al final de la calle que recibió el nombre del santo. En dicho lugar se ubicaba una enfermería dedicada a los apestados. Según documentación referida por María Luisa Díaz Santos, la fundación de la ermita se debe a la iniciativa de Gaspar Lorenzo, piloto de Indias, y su construcción fue realizada en 1590 por el maestro alarife Pedro Núñez. Sin embargo, no puede descartar­se la existencia de una ermita anterior o incluso que la obra promovida por Gaspar Lorenzo fuera una ampliación de la misma, pues ya cons­ta su existencia en 1564, en el testamento de Lo­renzo Yanes Maestre.
     La ermita había sufrido notable abandono en la primera mitad del siglo XIX, y, tras sucesivos arreglos, quedó sin culto desde 1948. Finalmente, el edificio fue cedido por el Obispado al Ayuntamiento para usos culturales, en virtud de un convenio fechado el 19 de julio de 1996.
     El edificio tiene planta de tres naves, separadas por arcos apuntados sobre pilares, con los ángulos achaflanados y sin impostas, y capilla mayor separada por arco toral de medio punto, con su línea doble de imposta. Las naves laterales forman capillas o ámbitos separados  por arcos escarzanos o rebajados. En la cabecera del lado del evangelio se sitúa la sacristía, mientras que la del lado de la epístola se amplió con la construcción de una capilla, dedicada a Ntra. Sra. de la Encarnación. La nave principal se cubre con armadura de par y nudillo, con tirantes, y ladrillos por tablas; las laterales son de colgadizo, y también tienen ladrillos por tablas. La cabecera se cubre con armadura de madera a cuatro aguas. En cambio, la capilla situada en la cabecera del lado de la epístola se cubre con bóveda  de media naranja.
     Al exterior, destaca la simplicidad y pureza de líneas, con la blancura de sus paramentos. Llama la atención la carencia de cornisa y el pe­queño vuelo de las canales, que aproximan estas construcciones a las de las Islas Canarias. El edi­ficio queda inscrito en un rectángulo, del que sobresale ligeramente la capilla de la Encarnación. La portada, en ladrillo tallado, está situada a los pies de la nave central, y resalta sobre el muro. Sobre un pequeño basamento, se forma el grueso de la portada, interrumpida por pilastras de sección triangular. Tras la imposta, continúa un arco conopial, remarcado  por un baquetón en el arco y en la pilastra. Todo ello se remata con la cornisa, similar a la imposta. El frontis queda rematado por una sencilla espadaña de un solo vano, en arco de medio punto y cubierta a dos aguas de acusada pendiente (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El edificio tiene planta de tres naves, separadas por arcos apuntados sobre pilares, con los ángulos achaflanados y sin impostas, y capilla mayor separada por arco toral de medio punto, con su línea doble de imposta. Las naves laterales forman capillas o ámbitos separados por arcos escarzanos o rebajados. En la cabecera del lado del evangelio se sitúa la sacristía, mientras que la del lado de la epístola se amplió con la construcción de una capilla, dedicada a Nuestra Señora de la Encarnación. La nave principal se cubre con armadura de par y nudillo, con tirantes y ladrillos por tablas; las laterales son de colgadizo, y también tienen ladrillos por tablas. La cabecera se cubre con armadura de madera a cuatro aguas. En cambio, la capilla situada en la cabecera del lado de la epístola se cubre con bóveda de media naranja.
     Al exterior, destaca la simplicidad y pureza de líneas, con la blancura de sus paramentos. Llama la atención la carencia de cornisa y el pequeño vuelo de las canales. El edificio queda inscrito en un rectángulo, del que sobresale ligeramente la capilla de la Encarnación. La portada, en ladrillo tallado, está situada a los pies de la nave central, y resalta sobre el muro.
     Sobre un pequeño basamento, se forma el grueso de la portada, interrumpida por pilastras de sección triangular. Tras la imposta, continúa un arco conopial, remarcado por un baquetón en el arco y en la pilastra. Todo ello se remata con la cornisa, similar a la imposta. El frontis queda rematado por una sencilla espadaña de un solo vano, en arco de medio punto y cubierta a dos aguas de acusada pendiente.
     Como en tanto lugares, también en Ayamonte se levantó una ermita al mártir San Sebastián como protección contra los contagios de la peste. En Ayamonte se ubicó en la parte alta de la Villa, al final de la calle que recibió el nombre del santo.
     En dicho lugar se ubicaba una enfermería dedicada a los apestados. Según la documentación referida por María Luisa Díaz Santos, la fundación de la ermita se debe a la iniciativa de Gaspar Lorenzo, piloto de Indias, y su construcción fue realizada en 1590 por el maestro alarife Pedro Núñez. Sin embargo, no puede descartarse la existencia de otra ermita anterior, o incluso que la obra promovida por Gaspar Lorenzo fuera una ampliación de la misma, pues ya consta su existencia en 1564, en el testamento de Lorenzo Yanes Maestre.
     La ermita había sufrido notable abandono en la primera mitad del siglo XIX, y tras sucesivos arreglos, quedó sin culto desde 1948. Finalmente, el edificio fue cedido por el Obispado al Ayuntamiento para usos culturales, en virtud de un convenio fechado el 19 de julio de 1996 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa Grande – Centro Cultural; Cementerio y antigua Ermita de San Roque; antiguo Convento de Santa Clara; y Ermitas de San Antonio de Padua, y de San Sebastián) de la localidad de Ayamonte (II), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

Más sobre la provincia de Huelva, en ExplicArte Sevilla.

Procesiones de hoy, lunes 2 de enero

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, lunes 2 de enero, en Sevilla.    
   Hoy, lunes 2 de enero, se inicia el ciclo de las procesiones sevillanas, procesionando la hermandad del Valle:

     Hdad. del Valle (Dulce Nombre de Jesús): La Pontificia Real y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica; es ésta una corporación fundada en 1450 y con sede canónica en la iglesia de la Anunciación, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, obra de Agustín de Perea  en  1687, Nuestro  Padre Jesús con la Cruz al Hombro, obra anónima atribuible a un discípulo de Martínez Montañés, del siglo XVII; y Nuestra Señora del Valle, obra asimismo anónima atribuible a Juan de Mesa entre 1618 y 1627; la Santa Mujer Verónica, obra de Juan Bautista Patrone y Quartin en 1801; y el Dulce Nombre de Jesús, atribuida por unos a los Hermanos Ribas, y por otros a Hita del Castillo, del siglo XVII-XVIII. 
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Valle: www.elvalle.org
   
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del lunes 2 de enero, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Un paseo por la calle Granada

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Granada, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 2 de enero, se conmemora el aniversario de la Entrega de las llaves de la ciudad de Granada por Boabdil a los Reyes Católicos (2 de enero de 1492), con el que finalizó la Guerra de Granada, y con ella la Reconquista, siendo hoy festivo local en la ciudad de Granada (Día de la Toma), así que es hoy el mejor día para Explicarte la calle Granada, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle Granada es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de la plaza de San Francisco con la calle General Polavieja, a la confluencia de la plaza Nueva con la calle Tetuán.
   La calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   Es una de las calles abiertas a mediados del s. XIX tras el derribo del antiguo convento de San Francisco y la consiguiente ordenación urbanística de la actual Plaza Nueva. El nombre de Granada le fue impuesto, según Santiago Montoto, en 1852, como homenaje a la ciudad andaluza, y se refleja ya en el plano de Álvarez-Benavides (1868). En algunos documentos de la época aparece nombrada como avenida de Granada. Se trata de un espacio corto, rectilíneo y de anchura media. Sólo posee tres edificios en su acera derecha, pues la izquierda está ocupada por la fachada lateral del Ayuntamiento. La numeración de los citados edificios es desordenada. En la década de los 80 del siglo pasado estuvo pavimentada con tacos de madera, que en 1895 se sustituyeron por adoquines de Gerena, hoy cubiertos por capa asfáltica. Posee aceras de losetas de cemento en la derecha y de losas de granito en la contigua al Ayuntamiento. Se ilumina con farolas de diseño decimonónico adosadas a este edificio. Entre sus casas, de la primera mitad de siglo, destaca un edificio de estilo neoclásico, de los años 40 de nuestro siglo, sede central de una entidad bancaria, en la esquina con Tetuán.
     Cumple una función claramente comercial y mercantil, con una tienda de modas y dos establecimientos bancarios. A pesar de su corta extensión, ofrece gran movimiento peatonal en las horas diurnas, teniendo en cuenta su ubicación en el centro comercial administrativo de la ciudad y el hecho de estar cerrada al tráfico y en buena parte convertida en aparcamiento de motocicletas. Participa también de la animación derivada de los bares y establecimientos de General Polavieja, y del ambiente especial que la zona adquiere en grandes solemnidades locales (Corpus, Semana Santa...). Recientemente ha cerrado la Librería Sanz, una de las más antiguas de Sevilla, que hace unos años se trasladó aquí desde Sierpes [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor el día festivo "Día de la Toma de Granada"
     Sin interrupción conocida desde hace 531 años (en 2023), cada 2 de enero se viene conmemorando en Granada la popular Fiesta de la Toma o de la Entrega de la ciudad, y que muy apropiadamente en algunos textos del tiempo de la II República española, concretamente del Patronato Nacional de Turismo, aparece denominada como Fiesta de la Rendición de Granada.
     Posiblemente la polémica surgida en torno al nombre se acabaría con la adopción de esta última denominación, más neutra y con la que todos nos encontraríamos representados como granadinos, por ser más apropiado históricamente hablando, puesto que Granada, si bien sufrió asedio durante varios años, no es menos cierto que en ningún momento fue tomada o conquistada militarmente, sino que tras la celebración de unas honrosas capitulaciones firmadas en el Real de Santa Fe, la ciudad con su monarca el frente, Boabdil, fue entregada o rendida a las huestes cristianas, quienes pacíficamente en un principio, ocuparon Granada.
     ​Es por ello que la dura polémica que se mantiene desde hace algunos años a esta parte entre ciertos sectores ciudadanos a propósito de la denominación y el carácter de la fiesta, es en cierto modo comprensible, pues los defensores de las corrientes críticas (el Colectivo Manifiesto 2 de enero, Nación Andaluza, parte de la Comunidad Islámica de Granada y algún destacado representante del Partido Andalucista, principalmente) entienden que la fiesta debería denominarse fiesta de la entrega, en respecto a la verdadera historia de los hechos.
     Otros, más puristas o conservadores, acompañado por algunos añorantes de los militarismos dictatoriales que aprovechan cualquier momento para rescatar trasnochados planteamientos de intolerancia, exigen el mantenimiento del nombre de Fiesta de la Toma y el reforzamiento si cabe de la representación militar en los actos conmemorativos de la festividad, algo que no hace sino crispar aún más el ambiente.
     Lo cierto es que ninguna facción parece estar en su sitio justo, pues la fiesta no puede analizarse hoy en términos de intolerancia ni de avasallamiento como algunos hacen ni de conquista como otros tratan de acentuar, dado que su mayor valor actual (por no decir el único) es su celebración ininterrumpida desde hace más de medio milenio.
     Sin duda, dada la dimensión actual de la polémica, lo más oportuno sería un replanteamiento de los actos conmemorativos y la búsqueda de otro significado a la fiesta del 2 de enero sin que esta pierda sus componentes históricos, de modo que pasase a ser una celebración en la que nadie se considere agredido.
     Desde luego, ni las voces y abucheos boicoteadores del acto de la tremolación que auspician unos, ni el reforzamiento de la presencia militar que fomentan otros, conducen a nada, más que a un enfrentamiento absurdo en el que pierde la dimensión histórica de la festividad.
     En el libro Fiestas Populares de Granada de Antonio Joaquín Afán de Rivera, se dedica un capítulo bellísimo a la Fiesta de la Toma, en el que se ofrecen la mayor parte de las claves históricas y rituales de su celebración. De cualquier modo por las fechas en que se celebra la festividad, inserta dentro de los días de Año Nuevo y Reyes, la misma no hace sino acentuar los aires festivos de la ciudad.
     Su ritual es bastante simple, pues los actos conmemorativos no hacen sino girar en torno a la tremolación del pendón dado por Fernando el Católico a la Capilla Real para la conmemoración de la fiesta del 2 de enero.
     El pendón que se tremola no es, a pesar de lo que se piensa vulgarmente, el que portaban los ejércitos cristianos a su entrada en Granada en 1492, pues aunque éste se conserva, está muy deteriorado y permanentemente guardado en el tesoro de la Capilla Real.
     El que se enarbola durante la festividad, realizado en damasco carmesí y en el que figuran las armas de Aragón, Sicilia, León y Castilla, y a pesar de que es muy similar al anterior, es sin embargo del siglo XVII, por lo que aún teniendo un gran valor histórico no es de la importancia y significado de aquel otro más antiguo.
     Los actos conmemorativos de la festividad se inician muy temprano en la Capilla Real con la celebración de una misa a la que asisten las autoridades granadinas, civiles, militares y religiosas en traje de gala, en la que el pendón es entregado por el Capellán Real Mayor, previo acuerdo del Pleno del Ayuntamiento, al edil más joven del consistorio, vestido a la moda del siglo XIX, con frac y chistera de raso.
     En el interior de la capilla delante de los sepulcros de los Reyes Católicos (VÍDEOS) por tres veces se repite la letanía del ritual de la tremolación (que de un modo parecido se repite todos los días 12 de octubre, durante la celebración de la fiesta de la Hispanidad) y tras ello, seguido de una comitiva integrada por todas las autoridades, civiles y militares, acompañadas por la banda municipal de música y fuerzas del acuartelamiento militar de la ciudad que dan escolta al pendón, parten en un recorrido que discurre por las calles Oficios, Gran Vía, Reyes Católicos y Plaza del Carmen, hasta el balcón principal del Ayuntamiento, desde donde tiene lugar la tremolación de la enseña.
     Los actos desarrollados según un acuerdo de la Comisión del Gobierno del Ayuntamiento del año 1982, en que se retocó el ceremonial dando cabida a los vítores a Andalucía y el himno autonómico, es el que a continuación sigue: el edil con el pendón pertrechado y descubierta la cabeza grita:
-¡Granada!
Ante ello el pueblo congregado replica:
-¿Qué?
Nuevamente el edil prosigue gritando:
-¡Granada!
Vuelven a contestar los granadinos:
-¿Qué?
Y de nuevo:
-¡Granada!
Los granadinos otra vez:
-¿Qué?
A continuación el edil, dice:
-Por los ínclitos Reyes Católicos D. Fernando V de Aragón y Dª Isabel I de Castilla, ¡Viva España!
Contestan los granadinos:
-¡Viva!
Vocifera nuevamente el edil:
-¡Viva el rey!
Los granadinos:
-¡Viva!
El edil:
-¡Viva Andalucía!
Los granadinos:
-¡Viva!
El edil:
-¡Viva Granada!
Los granadinos:
-¡Viva!
     A continuación el edil flamea o tremola el pendón a los sones del himno nacional acompañado de un sonoro aplauso del gentío fruto de la emoción y no del ceremonial. Tras los sones de la Marcha Real, se vuelve a repetir por dos veces más todo el ritual, concluyendo el tercero con la interpretación del himno de Andalucía.
     Finalizada la tremolación, las tropas de escolta desfilan bajo el mismo rindiéndole honor, quedando el pendón por el resto del día expuesto en el balcón consistorial custodiado por soldados del destacamento militar de Granada, siendo arriado al final de la jornada.
     Es costumbre arraigada que los granadinos, especialmente las mujeres, tomen el camino de la Alhambra hasta llegar a la Torre de la Vela, donde la tradición obliga a tocar la inmensa campana fundida en 1773 por José Lorenzo Corona (lo que antiguamente se podía hacer desde la tarde del día 1 y durante todo el día 2) por cuanto corre la creencia popular de que aquellas jóvenes que tañen la campana se casarán ese mismo año.
     ​Es precisamente aquí, en la Torre de la Vela, donde tiene su origen toda la festividad de la Toma, pues en ella, la más alta de las Torre de la Alcazaba (aunque algunos testimonios mantienen que pudo ser en la Torre del Homenaje), el día 2 de enero de 1492 las tropas de los Reyes Católicos se posesionaron de Granada, elevando allí el pendón de Santiago y otras dos banderas cristianas insignia del ejército castellano de manos del cardenal González de Mendoza y de D. Gutierre de Cárdenas, tremolando y gritando la ciudad el nombre de los ínclitos Reyes.
     En recuerdo y conmemoración de este hecho histórico en el muro de la espadaña, bajo la Campana de la Vela, hay una lápida en la que dice:
El día 2 de enero del año 1492 de la era Cristiana
a los 777 de la dominación Árabe
declarada la victoria y hecha entrega de esta ciudad.
a los S.S. Reyes Católicos.
Se colocaron en esta torre, como una de las más elevada de esta fortaleza
los tres Estandartes insignia del Ejército Castellano
y enarbolando el cardenal González de Mendoza y D. Gutierre
de Cárdenas
los Santos Pendones
se tremoló el Estandarte R1. por el Conde de Tendilla
diciendo en altas voces los Reyes de armas
Granada, Granada, por los incluido la Reyes de Castilla
D. Fernando y Doña Ysabel.
(Por César Girón, extraído de su libro “Miscelánea de Granada”. Ed. Comares)
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Granada, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Granada, en detalle:

domingo, 1 de enero de 2023

La Iglesia del Convento de Madre de Dios, en Carmona (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia del Convento de Madre de Dios, en Carmona (Sevilla).
       Hoy, 1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad del Señor y en el día de su Circuncisión. Lo Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como Theotokos, porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los hombres de el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Iglesia del Convento de Madre de Dios, en Carmona (Sevilla).
     El Convento de Madre de Dios se encuentra en la calle Madre de Dios, s/n; en Carmona (Sevilla).
     Corresponde al tipo conventual sevillano con una sola nave, cubierta por artesonado, y presbiterio cuadrado, sobre el que aparece una bóveda semiesférica. Los muros interiores del templo presentan una abundante decoración de yeserías, estando además la capilla mayor decorada con pinturas doradas ejecutadas en 1700. El convento se estableció durante 1520 en las casas cedidas por Gonzalo de Andino y Marina de la Barrera, durando su construcción hasta fecha bastante avanzada del siglo XVII. A principios de este siglo deben fecharse la bóveda del presbiterio y algunas de las yeserías de la nave, pues la mayor parte de ellas corresponde al último tercio del citado siglo, pues consta que en 1672 intervenían en ellas el escultor Julián Jiménez y el albañil Gregorio de Molina. Al siglo XVI per­tenece el claustro principal del convento, recientemente reformado.
     El retablo mayor consta de banco, dos cuerpos de tres calles compartimentadas por columnas y ático. Su ejecución corrió a cargo  de Jacinto Pimentel, quien lo contrató en 1630, concluyéndolo al año siguiente. En el banco figuran dos lienzos de la misma fecha que el resto del con­junto que representan a San Vicente Ferrer y a Santa Catalina de Siena. En la parte inferior de la calle central se sitúa un expositor de la segunda mitad del siglo XVIII y en la superior se halla un relieve de la Asunción de la Virgen tallado por el autor del retablo. De ese mismo maestro son las esculturas de Santo Domingo de Guzmán, San Juan Bautista, Santo Tomás y San Juan Evangelista que aparecen en las calles laterales y el relieve de la Trinidad que remata el conjunto. A ambos lados del presbiterio se hallan dos grandes lienzos de la Adoración de los pastores y de los Reyes de finales del siglo XVII. El muro derecho de la nave se encuentra decorado con pinturas de temas dominicos ejecutadas a finales del siglo XVII. Se distribuyen en tres niveles superpuestos y están enmarcadas por yeserías de la misma época que las pinturas. En el nivel superior, situado a la altura de las ventanas, aparecen seis lienzos con santos dominicos; en el central se encuentran cuatro escenas de la vida de Santo Domingo de Guzmán y en el inferior figuran tres santas de la misma orden. Tres retablos completan la ornamentación del muro. El más cercano al presbiterio es de la primera mitad del siglo XVIII, figurando en la hornacina central una imagen de candelero de esa misma antigüedad de Santo Domingo. El siguiente es de mediados del XVIII y el contiguo, de carácter neoclásico, del primer cuarto del XIX. En este último se halla una imagen de candelero de Santo Tomás de Aquino de la misma fecha que el retablo.
     En el muro derecho se repite el mismo esquema decorativo que en el lado contrario. En el nivel superior aparecen siete lienzos de santos dominicos; en el central se disponen cuatro escenas de la vida de Santo Domingo y en el inferior se hallan tres de santas dominicas. Todas estas pinturas están enmarcadas por yeserías similares a las del otro muro. En este lado de la nave se sitúan cuatro retablos. Los dos primeros son de tipo neoclásico, de principios del XIX, y los dos últimos de finales del XVIII, figurando en ellos imágenes de cande­lero de igual cronología que los retablos. Siguiendo el mismo programa decorativo que en el resto de la iglesia, sobre el muro de los pies de la nave se sitúan cuatro lienzos con santos dominicos y uno con el tema de la Anunciación (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     La iglesia corresponde al típico modelo conventual barroco de una sola nave con dos portadas en el muro del Evangelio, una de ellas actualmente se encuentra cegada. La nave se cubre con artesonado y el presbiterio con cúpula. Sus muros están decorados con yeserías que sirven para enmarcar pinturas de santos dominicos y escenas de la orden. En el presbiterio, la decoración se realiza con pintura mural de la misma época. A los pies de la nave aparece el coro, cubierto en su parte baja por un artesonado de principios del siglo XVII, mientras que el que cubre el coro alto es un magnífico ejemplo de artesonado mudéjar.
     En el interior del convento se conservan distintas construcciones de principios del siglo XVII, mientras que el que cubre el coro alto es un magnífico ejemplo de artesonado mudéjar.
     En el interior del convento se conservan distintas construcciones de principios del siglo XVI, y un claustro de doble galería con arcos de medio punto que apean sobre columnas de ladrillos. Dichas construcciones son de caracteres mudéjares (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Parece que la fundación de la comunidad Dominica se sitúa a principios del S. XVI.
     En 1520 comenzó a configurarse el edificio, integrando la trama urbanística del viejo casco medieval. Su construcción se dilató bastante en el tiempo, llegando a su extensión máxima en el s. XVII con la construcción de la capilla mayor, de estilo protobarroco está coronada con un sencillo casquete hemisférico y cuatro óculos decorados con motivos religiosos.
     La parte más interesante del convento es la iglesia, en ella se aúnan con armonía, las dos corrientes estéticas de máximo arraigo de la región: el mudéjar y el barroco.
     Consta de una estrecha nave con piso de barro y cubierta por artesonado de madrera. A los pies de esta, se encuentra el modesto coro bajo y el coro alto, separados por reja y celosía respectivamente.
     El retablo mayor es obra de Jacinto Pimentel de 1.632.
     La iglesia está decorada con pinturas, todas ellas enmarcadas en yeserías barrocas.
     El Convento de Madre de Dios está ubicado en pleno casco histórico. Lo ocupan las religiosas dominicas desde el año 1515.
     La Iglesia responde al tipo conventual mudéjar y se compone de una nave con cubierta de artesa de pino de segura y otra, la nave del presbiterio, con bella cúpula barroca.
     La construcción de la Iglesia se inicia a mediados del S.XVI, correspondiendo todos los elementos al
gusto estético del S.XVII.
     Destaca la cupulita del presbiterio y la ornamentación a base de yeserías ejecutadas en 1671 por Julián Ximénez, que enmarcan las figuras de los Santos Dominicos. 
     El Retablo Mayor está presidido por un relieve con la Anunciación, escoltado por las figuras exentas de los Santos Juanes, Santo Domingo de Guzmán y Santo Tomás de Aquino. En el ático está la Trinidad, y en el banco aparecen las pinturas de San Vicente Ferrer y Santa Catalina de Siena.
     También es de interés la inscripción referente a la fundación del convento que se encuentra en la puerta de la Sacristía. Las primeras muestras de actividad datan de finales del S.XV o comienzos del S.XVI 
     Los cuadros colgados en los muros del presbiterio datan del S.XVII. Entre ellos se encuentran la Adoración de los Pastores y la Epifanía.
     En el Coro Alto quedan únicamente las celosías de carpintería, arregladas en 1611, y la armadura mudéjar. En el Sotocoro, aparte del órgano neoclásico traído de Santa Catalina y de la austera sillería decimonónica, destaca la techumbre de madera, de 1606, y la solería de olambrillas de cuenca de 1609.
     En el Coro Bajo aparecen las esculturas del Arcángel San Miguel y la Dolorosa, dos obras del S. XVIII. Como curiosidad, se encuentra una estatuilla de la Virgen de Gracia (patrona de Carmona).
     1. Retablo Mayor. El retablo principal es una pieza de interés arquitectónico y escultórico, realizado en la primera mitad del S. XVII por Jacinto Pimentel, una figura cumbre en la Sevilla de su época.
    2. Pinturas del S. XVII. En los laterales del presbiterio se encuentran pinturas del S. XVII, ya de 1700 son los motivos dorados que cubren por completo sus paramentos.
    3. Santo Domingo de Guzmán. Una talla del S.XVI, revestida en las ocasiones solemnes con ricos hábitos dieciochescos y buenos atributos de plata: banderola de fundador y libro con azucenas.
    4. Ocho cuadros ubicados en los laterales de la nave. Los cuadros representan escenas de la Orden. Están distribuidas en el cuerpo de la nave.
    5. Retablo Neoclásico. En el retablo neoclásico se veneran la Virgen del Amparo, San Martín de Porres, San Vicente Ferrer y Santo Tomás de Aquino.
    6. Púlpito. Entre los bordados de la Iglesia hay que destacar los adornos del púlpito, donde aparece un escudo de la Orden.
    7. Santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia. Imagen fechada hacia 1800.
    8. Reja del Coro. Esta reja es característica de los conventos de dominicas. Está colocada sobre azulejos de aristas del S.XVI, que marcan el tránsito al coro.
    9. Coro. Es la parte más íntima y recogida de la capilla. Su armadura mudéjar fue realizada por un maestro anónimo en 1574, que la concibió repleta de estrellas y lazos de a ocho.
    10. Virgen de la Encarnación. Esta imagen de la titular de la Orden pertenece al círculo de Jorge Fernández Alemán, en cuyo camarín, por la cara interior, se lee: ’Se acabó de manera, año 1793, y se doró en el año 1788’.
    11. San José. Cuadro del S.XVIII.
    12. San Vicente Ferrer. Imagen de vestir del S.XVIII. 
    13. Patio Central. Está concebido de acuerdo con los cánones de la estética mudéjar, aunque está muy reconstruido (Ayuntamiento de Carmona).
     El convento Madre de Dios de Carmona se encuentra situado en la calle de su mismo nombre, contiguo a las Casas del Cabildo antiguo, en pleno corazón del centro histórico de la ciudad. 
     Parece que la fundación de la comunidad dominica se sitúa a principios del siglo XVI. En 1520 comenzó a configurarse el edificio, integrándose en la trama urbanística del viejo casco medieval. Llega a su extensión máxima en el siglo XVII.
     La parte más interesante del convento es la iglesia. Consta de una sola nave cubierta por un artesonado mudéjar. El retablo mayor es obra de Jacinto Pimentel y fue concluido en 1632. La iglesia está decorada con pinturas, todas ellas enmarcadas en yeserías barrocas.
Horario
(Visita por Hospedería)
Viernes, sábados, domingos y festivos de 10:00 a 13:00 y de 16:00 a 18:00 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
     La primitiva memoria litúrgica de Santa María giraba en torno a su maternidad divina, juntamente con su perpetua virginidad, y en la Iglesia de Roma, antes de la introducción de las cuatro primitivas fiesta marianas orientales (Natividad, Anunciación, Purificación y Asunción), se celebraba el uno de enero, Octava de la Navidad, a mediados del siglo VI, como Natale sanctae Mariae. Posteriormente pasó a centrarse esta jornada en la Circuncisión del Señor, por influencia galicana, en la segunda mitad del siglo VII, lo que justifica la estación en Sancta Maria ad Martyres (Panteón), referida en el Sacramentario Gregoriano, y el tinte mariano de los textos pese al cambio de conmemoración, rastreable ya en el Gelasiano. 
     No podía ser de otra manera: como reacción ante las grandes herejías cristológicas, que ponían en tela de juicio la maternidad divina, se fue desarrollando, a la par que la teología sobre María, la Virgen Madre, una eucología propia derivada de ella.
     En Occidente, con posterioridad, se empezó a celebrar, por lo menos, a partir del siglo XI, una fiesta particular de la maternidad divina y se extendió en los siglos XIII-XIV. El veintiuno de enero de 1751 Benedicto XIV Lambertini la concedió a Portugal, fijándola en el primer domingo de mayo y componiéndole Oficio y Misa. 
     A partir de aquí se extendió a otros lugares, como Nápoles, Perugia, Toscana, Inglaterra… y a institutos religiosos. En 1914 empezó a celebrarse el once de octubre en vez de el segundo domingo de dicho mes. En 1932 fue extendida para toda la Iglesia Latina para esa fecha esta fiesta de la Maternidad de María por Pío XI Ratti, en conmemoración del XV centenario del Concilio de Éfeso (año 431), en que se definió como dogma dicha verdad teológica.  
     En la reforma del calendario de 1969 se reubicó en la Octava de Navidad, rescatando esa fiesta mariana de la primitiva liturgia romana. No podemos olvidar, como nos recuerda el Papa Pablo VI Montini en su Marialis Cultus nº 5, que “el tiempo de Navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal, salvífica de aquélla cuya virginidad intacta dio a este mundo un Salvador […]” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia del Convento de Madre de Dios, en Carmona (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Carmona (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El edificio Madre de Dios - CICUS

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el edificio Madre de Dios - CICUS, de Sevilla.     
     Hoy, 1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como Theotokos, porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los hombres de el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el edificio Madre de Dios - CICUS, de Sevilla
   El edificio Madre de Dios - CICUS, se encuentra en la calle Madre de Dios, 1; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     El Centro de Iniciativas Culturales (CICUS) se aloja en un edificio situado en el centro histórico de Sevilla y tiene su origen en el antiguo Convento de Madre de Dios. En 1868 era la Escuela Libre de Medicina y dependía de la Diputación. En 1917 pasó a ser propiedad de la Universidad de Sevilla sirviendo de Sede al Policlínico de la Facultad de Medicina y a la Escuela de Comercio, que, reconvertida en Escuela Universitaria de Empresariales, en 1968 pasa al campus Jurídico-Empresarial.
     Ha servido como sede a la Facultad de Ciencias del Trabajo hasta 2008, año en que dicha escuela se traslada al campus de Pirotecnia. El edificio de estilo neoclásico data de principios del Siglo XX (1902-1903) y fue diseñado por el arquitecto Arévalo Álvarez Millán. En 1964 fue reformado por Ruíz de Simancas, y posteriormente en 1990, por Francisco Granero Martín. De este modo, la ocupación del edificio por parte del CICUS en 2011 abre un nuevo capítulo en la historia, situando la cultura en un lugar privilegiado dentro de la ciudad (web oficial de Cicus).
     El edificio se sitúa en el centro histórico de Sevilla, en el barrio de San Bartolomé. Se trata de un complejo que originariamente ocupaba la mayor parte de la manzana, aunque el área que actualmente alberga al Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla se localiza en el gran claustro y las dependencias anexas.
     Ofrece su fachada principal hacia la calle Madre de Dios, de tres plantas de altura, aunque su volumen es más notorio por la notable altura de suelo a techo de sus plantas. La fachada es de diseño sobrio, con estriados horizontales en el revoco de planta baja, y el dibujo de falsas dovelas en los dinteles de los huecos. Una cornisa separa del orden de las plantas primera y segunda, que incorpora pilastras en ladrillo visto que sostienen el entablamento y la cornisa final del edificio.
     Los huecos de la planta primera son balcones que quedan enmarcados en un cerco de ladrillo aplantillado y cuentan con rejas de forja, mientras que los de planta segunda, de menor altura, se recortan sin recercar en el paño intermedio de enfoscado estriado, y cuentan con dos pequeñas columnas a modo de parteluces.
     La entrada principal del edificio se significa mediante dos pilastras en ladrillo aplantillado, que sostienen un balcón en la planta primera, que sobresale levemente de la cornisa y se cierra con barandilla de forja. Sobre el orden que continúa a estas dos pilastras, rompiendo la línea de cornisa, se coloca un frontón triangular.
     La intervención para convertir al edificio en sede del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla ha consistido en el rediseño del acceso principal y la provisión de espacios expositivos, así como un auditorio y la nueva pavimentación del claustro. La recepción se abre hacia el zaguán de entrada, de gran altura, que conduce a la galería del patio. El patio constituye el elemento fundamental del edificio, y hacia él se abren galerías en sus cuatro lados. El lado norte se construye como pórtico adintelado, mientras que los otros tres lados se abren mediante arcos de medio punto, ligeramente peraltados, que descansan sobre columnas de mármol. Destaca la presencia, en el lado oriental interior de la galería, de una serie de contrafuertes de sección elíptica, de grandes dimensiones, mientras que el resto de la galería queda expedito y disponible para la realización de actividades culturales.
     Esta galería conecta diversos elementos de especial interés, como son:
            - La escalera principal, de dos tramos y traza triangular, preservada del edificio original, en la que destaca la presencia de una pareja de columnas que comparten entablamento de madera, tanto en la planta baja como en la planta alta. Se sitúa en el ángulo Sureste del patio y de ella destacan, por su riqueza, los revestimientos de azulejo del peldañeado.
            - La galería MDD, sala multiusos y espacio expositivo principal del centro, situado en la planta baja de la crujía de fachada hacia la calle Madre de Dios, de gran altura y longitud, neutro en su apariencia para la mínima interferencia con el contenido expositivo.
            - El auditorio, también de proporciones alargadas y con graderío inclinado, en la planta baja de la crujía hacia la calle Federico Rubio. Se reviste con paneles fenólicos perforados por razones acústicas, y cuenta con un aparato de proyección de cine conservado en buen estado.
            - La sala de reuniones de la intervención de los años 90, desarrollada en dos plantas, como pieza autónoma construida en madera y encajada en la crujía norte del claustro. Es de destacar el efecto visual que se consigue con la exhibición del material, así como la traza liviana de la escalera de metal.
     La superficie del patio se reviste con un damero de piezas blancas y negras de grandes dimensiones realizado en resina epoxy, que se interrumpe para construir los parterres de los cipreses de grandes dimensiones que pueblan el patio.
     Las últimas obras de reforma se han centrado en la reordenación de la planta baja, mientras que la planta primera continúa aún a espera de ser intervenida.
     El Centro de Iniciativas Culturales (CICUS) se aloja en un edificio situado en el centro histórico de Sevilla y tiene su origen en el antiguo Convento de Madre de Dios. En 1868 era la Escuela Libre de Medicina y dependía de la Diputación. En 1917 pasó a ser propiedad de la Universidad de Sevilla sirviendo de Sede al Policlínico de la Facultad de Medicina y a la Escuela de Comercio, que, reconvertida en Escuela Universitaria de Empresariales, en 1968 pasa al campus Jurídico-Empresarial.
     Ha servido como sede a la Facultad de Ciencias del Trabajo hasta 2008, año en que dicha escuela se traslada al campus de Pirotecnia. El edificio de estilo neoclásico data de principios del Siglo XX (1902-1903) y fue diseñado por el arquitecto Arévalo Álvarez Millán. En 1964 fue reformado por Ruíz de Simancas, y posteriormente en 1990, por Francisco Granero Martín. De este modo, la ocupación del edificio por parte del CICUS en 2011 abre un nuevo capítulo en la historia, situando la cultura en un lugar privilegiado dentro de la ciudad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
   La primitiva memoria litúrgica de Santa María giraba en torno a su maternidad divina, juntamente con su perpetua virginidad, y en la Iglesia de Roma, antes de la introducción de las cuatro primitivas fiesta marianas orientales (Natividad, Anunciación, Purificación y Asunción), se celebraba el uno de enero, Octava de la Navidad19, a mediados del siglo VI, como Natale sanctae Mariae. Posteriormente pasó a centrarse esta jornada en la Circuncisión del Señor, por influencia galicana, en la segunda mitad del siglo VII, lo que justifica la estación en Sancta Maria ad Martyres (Panteón), referida en el Sacramentario Gregoriano, y el tinte mariano de los textos pese al cambio de conmemoración, rastreable ya en el Gelasiano. No podía ser de otra manera: como reacción ante las grandes herejías cristológicas, que ponían en tela de juicio la maternidad divina, se fue desarrollando, a la par que la teología sobre María, la Virgen Madre, una eucología propia derivada de ella.
   En Occidente, con posterioridad, se empezó a celebrar, por lo menos, a partir del siglo XI, una fiesta particular de la maternidad divina y se extendió en los siglos XIII-XIV. El veintiuno de enero de 1751 Benedicto XIV Lambertini la concedió a Portugal, fijándola en el primer domingo de mayo y componiéndole Oficio y Misa. A partir de aquí se extendió a otros lugares, como Nápoles, Perugia, Toscana, Inglaterra… y a institutos religiosos. En 1914 empezó a celebrarse el once de octubre en vez de el segundo domingo de dicho mes. En 1932 fue extendida para toda la Iglesia Latina para esa fecha esta fiesta de la Maternidad de María por Pío XI Ratti, en conmemoración del XV centenario del Concilio de Éfeso (año 431), en que se definió como dogma dicha verdad teológica.  En la reforma del calendario de 1969 se reubicó en la Octava de Navidad, rescatando esa fiesta mariana de la primitiva liturgia romana. No podemos olvidar, como nos recuerda el Papa Pablo VI Montini en su Marialis Cultus nº 5, que “el tiempo de Navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal, salvífica de aquélla cuya virginidad intacta dio a este mundo un Salvador […]” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el edificio Madre de Dios - CICUS, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.