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viernes, 8 de noviembre de 2024

La pintura de la Inmaculada Concepción con el Beato Juan Duns Escoto, anónima, en el Convento de Santa María de Jesús

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura de la Inmaculada Concepción con el Beato Juan Duns Escoto, anónima, en el Convento de Santa María de Jesús, de Sevilla.   
   Hoy, 8 de noviembre, Memoria, en Colonia, ciudad de Lotaringia, en Germania, Alemania actualmente, del Beato Juan Duns Escoto, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, oriundo de Escocia, enseñó las disciplinas filosóficas y teológicas en Cantorbery, Oxford, París y, finalmente, en Colonia, como maestro preclaro de sutil ingenio y fervor admirable (1308) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura de la Inmaculada Concepción con el Beato Juan Duns Escoto, anónima, en el Convento de Santa María de Jesús, de Sevilla.
     El Convento de Santa María de Jesús, se encuentra en la calle Águilas, 22; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     En una de las dependencias del Convento de Santa María de Jesús, podemos contemplar esta obra. Es una pintura anónima, realizada a finales del siglo XVII, en óleo sobre lienzo, con unas medidas de 0,63 x 0,48 m. Centrando la composición, la Virgen, vestida con túnica blanca y manto azul de amplios vuelos, que se apoya sobre tres cabezas de querubines, apareciendo la media luna con los cuernos hacia abajo. A la izquierda, el beato representado de medio cuerpo y de perfil, vistiendo el hábito franciscano, con amplia tonsura, manos unidas en actitud de oración y mirada hacia la Virgen. La iconografía aquí representada se basa en la defensa que hizo el beato de la Inmaculada Concepción de María, convirtiéndose en el principal teólogo de la defensa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María;
   En el orden de la Creación, la Concepción de la Virgen que existía en el pensamiento de Dios antes del comienzo del  mundo (inmente Dei abinitio conceptionis), es el punto de partida de su existencia. Pero si nos situamos en el punto de vista de la evolución iconográfica, es en último lugar que este tema debería estudiarse puesto que es casi extraño al arte de la Edad Media y aparece mucho tiempo des­pués que las Vírgenes de Majestad y de Piedad.
   Para comprender las representaciones de este tema,  frecuentemente interpretado a contrario sensu, es necesario definir brevemente el dogma de la Inmaculada Concepción y recordar la historia del progreso del culto hasta su consagración oficial por el papado.
El dogma
Definición. La Inmaculada Concepción es el privilegio en virtud del cual la Virgen María es la única que habría sido concebida sin pecado entre todos los descen­dientes de Adán y Eva.
   En principio desechemos el menosprecio, demasiado frecuente. La Inmaculada Concepción no es la concepción de Cristo en el vientre de la Virgen sino la concepción de la Virgen en el vientre de santa Ana o, más bien, en el pensamiento de Dios, que por una gracia única la eximió del pecado original. Para emplear las expresiones de los teólogos de la Edad Media, se trata de una Conceptio passiva y no de una Conceptio activa.
   La Inmaculada es la Virgen elegida antes de su nacimiento. Aquella que fue elegida antes de haber nacido, concebida antes que Eva, en la eternidad. «Ab aeterno ordinata sum. Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram» (Prov. 8: 22). Por esa razón se la representa muy joven. Ella desciende del cielo a la tierra para redimir la fal­ta de Eva. De esa manera se opone a la Virgen de la Asunción, que animada de un movimiento inverso, después de su muerte asciende desde la tierra hacia el cielo. La Inmaculada Concepción es entonces enteramente diferente de la Maternidad virginal y de la Asunción con las cuales se la confunde constantemente.
La elaboración del dogma
A) Las objeciones
   La elaboración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen ha sido lenta y laboriosa. No debería sorprender, puesto que esta creencia no tiene ningún fundamento en las Sagradas Escrituras, a menos que se fuerce el sentido de la salutación angélica: Ave Maria gratia plena, y que se asimile la Virgen, situada fuera del alcance de Satán, a la Mujer del Apocalipsis que escapa al dragón.
   Los argumentos bíblicos o patrísticos que se han invocado en su favor no tienen valor probatorio. Todo cuanto puede decirse de buena fe, es que las Escrituras no se oponen al privilegio de María, pero tampoco lo afirman.
   Los Inmaculistas se vieron forzados a apoyarse en la tradición de la Iglesia. Ahora bien, los Padres de la Iglesia, y especialmente san Agustín, nunca osaron atri­buir a María la exención del pecado original que reservaban sólo a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y no por un hombre. Según ellos, la Virgen, como todas las criaturas humanas, fue concebida en el pecado y redimida por el Redentor. Tal es la doctrina de la Iglesia primitiva; tal es también la de san Bernardo que, no obstante, fue uno de los más fieles «caballeros de Nuestra Señora».
   A pesar de su devoción por la Virgen, san Bernardo admite su «sanctificatio in utero Annae», es decir su santificación en la fase embrionaria de su existencia, después y no antes de su concepción.
   En una carta a los clérigos de Lyon que habían introducido la fiesta de la Concepción de María en su calendario litúrgico, toma partido contra esa innovación, claramente: «¿De dónde tendría María la santidad de su concepción? Ella no ha podido ser santa antes de ser. Ahora bien, antes de su concepción no existía ¿Se dirá que ha sido concebida por el Espíritu Santo y no por un hombre? Es lo que hasta ahora nadie se ha atrevido a afirmar. Si se permite expresar lo que piensa la Iglesia, la gloriosa María ha concebido del Espíritu Santo, pero no ha sido concebida por él. Si ella no ha podido ser santificada antes de ser concebida porque entonces no existía, ni tampoco en el momento de su concepción porque el pecado estaba unido a ese acto, sólo queda que ha sido santificada en el vientre de su madre después de su concepción, y esa santificación ha vuelto santa su natividad, pero no su concepción. 
   «Sólo el Señor Jesús ha sido concebido del Espíritu Santo, porque sólo él era santo antes de su concepción. Excepto él, no hay hijo alguno de Adán a quien no se aplique la palabra del Salmista: Yo he sido concebido en el pecado.
   «En esas condiciones ¿cuál puede ser la razón de la fiesta de la Concepción de María? ¿A qué título llamar santa una concepción que no es la obra del Espíritu Santo (por no decir que es la obra del pecado) y por qué celebrarla si no es santa?» En el siglo XIII, san Buenaventura, el Doctor seráfico, se unió a la opinión de san Bernardo: «Creemos -escribió- como se cree comúnmente, que la Virgen ha sido santificada después de haber contraído el pecado original.»
   Los dominicos compartían la opinión de san Bernardo.
   Según Alberto Magno, la Virgen contrajo el pecado original porque fue concebida por generación sexual, que implica la concupiscencia carnal.
   Un teólogo todavía más ilustre, santo Tomás de Aquino, el Doctor angélico, se sitúa sin rodeos entre los negadores de la Inmaculada Concepción. En su Summa theologica postula que María ha sido necesariamente concebida con el pecado original, puesto que lo fue por la unión de los sexos. Ahora bien, la unión sexual que después del pecado de nuestros primeros padres no puede hacerse sin concupiscencia (sine libidine), transmite el pecado original al niño.
   Además, si María hubiese escapado a la mancha común, no habría tenido necesidad de ser redimida por Cristo. Así, Cristo ya no sería el Redentor universal. Finalmente:¿María no murió como los demás humanos? Entonces, como ellos, había contraído el pecado original, puesto que éste es quien introdujo la muerte en el mundo.
   De ese modo, el postulado de la Concepción Inmaculada de la Virgen aparece en contradicción con dos dogmas fundamentales de la doctrina cristiana: la universalidad del pecado entre los descendientes de Adán y la universalidad de la redención por Cristo. Si se quiere sustraer a María de la ley común del pecado, es necesario al mismo tiempo sustraerla de la redención universal de Cristo.
B) El triunfo de los inmaculistas
   Semejante consenso de los representantes más autorizados del  pensamiento cristiano, todos «maculistas», desde san Agustín hasta san  Bernardo, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino, pudo haber sofocado en germen la cre­encia en la Inmaculada Concepción de la Virgen, pero no ocurrió nada parecido. La creencia en que, desde su concepción, la Virgen estuvo exenta de la mácula del pecado original, fue ganando terreno. A partir del siglo IX, la fiesta de la Conceptio B. M. Virginis, de origen oriental, como todas las fiestas de la Virgen, se in­trodujo en el calendario irlandés.
   El principal argumento que se utilizó fue que el papel de María en la Redención implica su exención del pecado original. «¿Cómo suponer -dijo Denis el Cartujo­que debiendo aplastar un día la cabeza de la serpiente, haya podido nunca ser hija del demonio?» Así, la concepción virginal de Cristo comportaría la concepción in­maculada de su madre.
   Los franciscanos tomaron partido contra las tesis de san Bernardo y de santo Tomás que san Buenaventura, otro franciscano, defendió. Éste y Escoto Eriúgena, el Doctor sutil, proclamaron que la gloriosa Virgen María fue preservada del peca­do original "a primo instanti» y no a partir de su nacimiento o de la Encarnación. Los carmelitas les hicieron coro.
   Pero la adhesión más eficaz a la campaña de los inmaculistas fue la de la Universidad de París, representada por sus cancilleres Pierre d'Ailly y Jean Gerson. La doctrina de la Inmaculada Concepción, nacida, como la mayoría de las creen­cias, de un postulado teológico, de un deseo transformado en afirmación positiva, de un voto sentimental erigido en certeza, aprobada por el papa franciscano Sixto IV en 1477, fue aceptada por la Sorbona en 1496, que la formuló en estos térmi­nos: «Mater Dei a peccato originali semper fuit preservata.»
   La creciente popularidad de la Inmaculada Concepción a finales de la Edad Media está probada por la devoción que le ofrecía la familia de los duques de Borbón. En 1370, Luis II de Borbón fundaba la orden del Caballero de Nuestra Señora de Esperanza, cuya insignia representaba a la Virgen del Apocalipsis, coro­nada por doce estrellas y con los pies reposando sobre la luna creciente. Así la representó el Maestro de Moulins, hacia 1498, en su célebre tríptico de la catedral.
   En el siglo XVI los jesuitas, después de los franciscanos, se convirtieron en sus campeones. El concilio de Trento consagró su triunfo.
   La doctrina ganó a todos los países católicos antes de convertirse en dogma. Desde Ruán, metrópoli de Normandía donde la fiesta de la Concepción era particularmente popular (se la llamaba Fiesta de los normandos), esta devoción se difundió en las otras diócesis de Francia. En 1644, la fiesta de la Inmaculada Concepción se intro­dujo en España en la jerarquía de las grandes y obligatorias (de praecepto). Así se explica la importancia de este tema en la pintura española del siglo XVII.
   Sólo quedaba un paso por dar. En 1708 la creencia, resistida durante largo tiempo, se convirtió en obligatoria para el conjunto de la Iglesia. Y en virtud de la encíclica Ineffabilis Deus, publicada por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, se transformó en un dogma de la Iglesia romana. Los maculistas habían sido derrotados.
Iconografía
   La Inmaculada Concepción ha sido representada de dos maneras completamente diferentes: en primer lugar, simbólica o alusivamente, mediante el Abrazo de Ana y de Joaquín ante la Puerta Dorada; más tarde, en la forma de la Sulamita del Cantar de los Cantares, o de la mujer envuelta en el sol, del Apocalipsis, con la luna debajo de los pies.
1. El abrazo de san Joaquín y de santa Ana ante la puerta dorada
   En la iglesia oriental y en la primera versión del arte de Occidente, la Inmaculada Concepción de la Virgen está asociada con el encuentro de sus padres, Ana y Joaquín, frente a la Puerta Dorada de Jerusalén. La Madre de Dios no habría sido concebida de manera natural (ex coitu), sino por medio de un simple beso en los labtios (ex osculo).
   A veces el ángel que anuncia la buena nueva a cada uno, por separado, planea por encima de los viejos esposos para acercar sus bocas.
   Señalemos una curiosa versión en una vidriera de Saint Ouen, ejecutada a principios del siglo XVI por el pintor vidriero holandés Arnoldo de Nimega. Sobre el vientre de santa Ana, representada de pie y con las manos unidas, aparece la Virgen en forma de niña pequeña desnuda en una mandorla, y recibiendo el ho­menaje de los dos principales profetas de la Encarnación: Isaías y David.
   En los ciclos mariológicos, esta escena precede con frecuencia a la Natividad de la cual se considera el preludio.
2. El descendimiento de la Virgen Inmaculada
   Hacia finales de la Edad Media apareció una representación novedosa del tema.
   La Virgen Inmaculada, enviada desde el cielo por Dios que la había elegido para la obra de Redención, desciende a la tierra. De pie sobre la luna, coronada de estrellas, extiende los brazos como las orantes de las catacumbas, o une las manos so­bre el pecho.
   Para distinguirla de la Virgen ascendente de la Asunción, se la representa con los ojos dirigidos hacia la tierra, al tiempo que aquélla los tiene elevados al cielo donde Cristo la espera.
   Esta diferencia está muy bien señalada en las dos estatuas ejecutadas por Puget en Génova: la Inmaculada Concepción, encargada por los Lomellini, que se encuentra en el oratorio de san Felipe Neri; y la Asunción, encargada por los Brignole para el Hospicio de los Pobres (Albergo dei Poveri).
   Otra característica de la Inmaculada Concepción es que se presenta rodeada por los símbolos de las Letanías, que son su escudo de armas (Arma Virginis), de la misma manera que los instrumentos de la Pasión constituyen el blasón de Cristo (Arma Christi).
Fuentes
   ¿Cuáles son las fuentes de esta representación? Procede del Antiguo, y también del Nuevo Testamento, del Cantar de los Cantares y del Apocalipsis.
   1. La Virgen Inmaculada está asimilada a la novia del Cantar de los Cantares. Es la Sulamita del Seudo Salomón, como lo prueban las palabras inscritas en una filacteria: Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te, y las metáforas bíblicas sembradas alrededor  de ella  como las perlas de un collar.
   Estos símbolos han sido popularizados por las Letanías de la Virgen de Loreto, cuya forma actual data de 1576. La nueva Sulamita es comparada con los astros: con el sol (electa ut sol); con la luna representada por un  creciente de plata (Pulchra ut luna), con la estrella del mar (Stella maris).
   Otros emblemas están tomados de los árboles y las flores. La Inmaculada es un Jardín cerrado o cercado (Hortus conclusus), una Fuente de los jardines (Fons hortorum), un Pozo de agua viva (Puteus aquarum viventium). Se la compara con el cedro del Líbano (Cedrus exaltata), con el olivo (Oliva speciosa) con el lirio que flore­ce entre espinas (Lilium inter spinas), y con un rosal (Plantatio rosae).
   «Eres jardín cercado, hermana mía, esposa; eres jardín cercado, fuente sellada.» (Cant. 4: 12).
   Espejo sin mancha (Speculum sine macula), la Virgen es finalmente saludada con los nombres de Torre de David (Turris Davidica cum propugnaculis), _Ciudad de Dios (Civitas Dei), Puerta del cielo (Porta coeli).
   2. Los otros atributos de la lnmaculada Concepción están tomados del Apocalipsis I 2: "Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas (amicta sole, luna sub pedibus, in capite corona stellarum duodecim)."
   La luna que nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente, evocaba la castidad de Diana.
   Después de la victoria de Lepanto, la cristiandad gustó interpretar el creciente de la luna bajo los pies de la Virgen Inmaculada como un símbolo de la victoria de la Cruz sobre la Media luna turca.
La fechad de aparición del tema
   ¿En qué momento apareció por primera vez este motivo en la iconografía del arte cristiano?
   De acuerdo con E. Mate, que adopta la tesis sostenida por Maxe Werly, este tema apareció a principios del siglo XVI, exactamente en 1505, en forma de xilografía, en las horas de la Virgen para el uso de Roma, publicadas en París por Thielman Kerver, retomadas en 1518 en las Horas de Simon Vostre.
   "Hasta el momento -escribe E. Mâle- no he encontrado una sola miniatura que represente la Inmaculada Concepción que sea anterior a 1505; por otra parte, todas las vidrieras, todos los bajorrelieves consagrados al mismo tema son, o lo parecen, posteriores a 1505. Es necesario admitir por lo tanto, salvo que se pruebe lo contrario, que el grabado de un Libro de Horas ha hecho conocer a Francia entera ese nuevo motivo."
   Sin abandonar los dominios de los Libros de Horas, se puede encontrar una ilustración de ese tema dos años anterior, en las Horas para uso de Ruán, impresas en París en 1503, por Antoine Vérard.
   En realidad es unos veinte años más vieja, y se remonta a finales del siglo XV. Los emblemas de las Letanías ya están representados en la catedral de Cahors, en la capilla de Notre Dame, que fue construida en 1484. Es el primer monumento edificado en Francia para la gloria de la Virgen Inmaculada, rodeada por sus atributos místicos.
   Por otra parte, la pintura italiana del Quattrocento nos ofrece al menos un ejemplo de este tema que data de 1492: es la Inmaculada Concepción del veneciano Carlo Crivelli, que se encuentra en la National Gallery de Londres. Es verdad que la Virgen no planea entre el cielo y la tierra, pero la inscripción de la filacteria que Dios Padre y los ángeles sostienen encima de su cabeza no deja ninguna duda acerca del significado de esta figura de orante, allí se lee: Ut in mente Dei ab initio concepta fui, ita et facta sum.
   Los Países Bajos han conocido ese tema en la misma época. El hecho está probado por un gran retablo de santa Ana que se conserva en el Museo histórico de Frankfurt, encargado a un maestro de Bruselas por el prior del convento de los carmelitas Rumold de Laubach. Puesto que ese personaje, singularmente interesado en el culto de santa Ana, murió en 1496, hay que concluir, forzosamente, que el retablo fue ejecutado antes de finales del siglo XV.
   Sobre uno de los paneles, los carmelitas arrodillados, asistidos por san Agustín y el papa Sixto IV, están representados en oración frente a santa Ana, que se mantiene de pie ante el altar. El homenaje se dirige menos  a ella que a la Virgen Inmaculada, que aparece en transparencia en su vientre, en medio de una aureola de rayos, en forma de niña pequeña y desnuda, sobrevolada por la paloma del Espíritu Santo y flanqueada por dos ángeles.
   La prueba de que se trata de la Inmaculada Concepción es que encima del busto de Dios Padre bendecidor, sobre una filacteria, se lee el canto de amor del Cantar de los Cantares: «Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te», y que alrededor del turbante de Salomón, que está en frente del rey David, se desarrolla en una filacteria este pasaje de los Proverbios, siempre aplicado a María Inmaculada: «Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram.»
   Estos tres ejemplos tomados del arte francés, italiano y flamenco, prueban sin duda que el tema de la Inmaculada Concepción no aparece en el arte cristiano a principios del siglo XVI sino en el último cuarto del XV.
Evolución
   Después de haber precisado las fuentes y la fecha inicial de este tema, veamos como ha evolucionado entre los siglos XVI y XIX, a partir de Francia y de Signorelli, pasando por Puget, y Murillo, hasta llegar a la Virgen de Lourdes.
   En la pintura italiana del Renacimiento, la Inmaculada Concepción se presenta como la contrapartida y la redención del pecado original. La idea que se quiere poner en evidencia es que la gracia de María redime la falta de Eva.
   Quos Evae culpa damnavit,
   Mariae gratia solvit.
   Por ello Signorelli, en su cuadro de la catedral de Cortone, evoca a la Virgen descendiendo del cielo en una lluvia de flores y posándose sobre el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, a cuyo pie Adán y Eva cometen el pecado. Luis de Vargas (catedral de Sevilla) y Ant. Sogliani (Uffizi) subrayan la misma oposición.
   Pero es el arte barroco del siglo XVII el que tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de Inmaculada Concepción. Libre de todos los símbolos de las Letanías con que la habían sobrecargado los teólogos, rodeada sólo por los ángeles, ella pla­nea en una mandorla sobre un creciente de luna. A veces, para recordar su victoria sobre el pecado original, sus pies, que se apoyan sobre el globo, aplastan la ca­beza de la serpiente tentadora.
   La España mística se apoderó de este tema creado en Italia y le imprimió la marca de su genio. Y consiguió hacer su propia versión, tan es así que no puede pen­sarse en la Inmaculada Concepción sin evocar la estatua de Martínez Montañés en la catedral de Toledo, las telas de Zurbarán, de Ribera, y sobre todo las de Murillo, que trató el tema veinte o veinticinco veces.
   La forma más reciente tomada por la Inmaculada Concepción es la Virgen de Lourdes. El historiador de las religiones Salomon Reinach ha sostenido que el origen de las apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous en 1858 no es otro que el cuadro de Murillo adquirido por el Louvre en 1852.  
   Esta tela se hizo inmediatamente popular y había sido vulgarizada por la imaginería y los periódicos ilustrados. Es probable que uno de esos grabados coloreados cayera bajo la mirada de la joven pastora pirenaica y que, como María Alacoque lo hiciera en el siglo XVII con las imágenes del Sagrado Corazón, Bernadette proyectara, más  o menos inconscientemente y en forma de aparición, el recuerdo de la imagen piadosa que la había impresionado. La bella mujer que vio aparecer en una gruta, en medio de una nube de oro, con las manos cruzadas sobre el pecho, cubierta con un vestido blanco ajustado en la cintura por una  cinta azul, se parece como una hermana a la Purísima del Museo del Prado. Así, sería una obra maestra de Murillo la fuente de la peregrinación más popular del siglo XIX. Esta hipótesis reforzaría la teoría que postula la influencia de las imágenes en el nacimiento de los cultos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María; 
   Su fecha obedece al cómputo de nueve meses antes del nacimiento; es la primera fiesta grande del año litúrgico y la presentación de la figura de María en la liturgia. Contrariamente a lo habitual, el fervor popular con su sensus fidei y su plasmación en la liturgia le llevaron la delantera a la reflexión teológica y al magisterio jerárquico.  Originalmente celebraba la concepción prodigiosa de San Joaquín y Santa Ana, siguiendo los apócrifos Protoevangelio de Santiago (siglo II) y Evangelio de la Natividad de María (siglo IV). Por eso los libros litúrgicos orientales la designan todavía hoy con el título de Concepción de Santa Ana, lo cual no quiere decir que no se crea en el misterio de la Inmaculada Concepción, y la señalaban para el nueve de diciembre, sin duda dependiendo de la del ocho de septiembre, de la Natividad, más antigua. La fiesta surge en Oriente en los siglos VII-VIII, en cuya área se desenvuelve la primera fase de ella. Se documenta por primera vez en el canon (himno) de San Andrés de Creta (+720) y en un sermón de Juan Obispo de Eubea (+740)8, que hace una relación de las fiestas marianas existentes, aunque le concede una importancia menor que las de las cuatro fiestas principales: Natividad, Purificación, Anunciación y Asunción.  Poco a poco se va extendiendo y ganando importancia; en el siglo IX aparece en el Nomocanon de Focio (883) y en el calendario marmóreo de Nápoles (850), que como otros lugares de Italia meridional estaba sujeto a influencias bizantinas. El Emperador Manuel Commeno decretó la abstención de trabajo servil en ella en 1166 y el Emperador León VI (+912) el Filósofo la extendió a todo el imperio a principios  del siglo X.
   En el Occidente latino, en donde se desarrolla la segunda fase de la fiesta, se empieza a celebrar, al menos, en el siglo IX, a partir de las ciudades italianas meridionales, sometidas al Imperio Bizantino, como Nápoles, Sicilia y Cerdeña. De aquí pasó a Irlanda, donde se la menciona en el martirologio de Tallaght (ca. 800) y en el calendario de Oengus (ca. 825), con el nombre de Concepción de María Virgen, aunque fijada el tres de mayo, seguramente por influencia de la tradición copto-alejandrina, que celebraba en este día a los Santos Joaquín y Ana.  De Irlanda pasó a Inglaterra, donde fue puesta en relación con la Natividad y señalada el ocho de diciembre; en el siglo IX se documenta ampliamente la celebración allí como Concepción de la Santísima Virgen María. En dos abadías de Winchester es mencionada sobre el 1030, y poco después, en torno al 1050, en el Misal y en el Pontifical de Leofrico, Obispo de Exeter. Pero fue suprimida por los clérigos normandos que llegaron allí con Guillermo el Conquistador en el 1066, por lo que no aparece en los libros litúrgicos de finales del XI y principios del XII.  Pero pronto refloreció, en parte por un milagro legendario. Helsin, Abad de Ramsay, Kent, en un viaje a Dinamarca como embajador de Guillermo el Conquistador, envuelto en una feroz tormenta en el Mar del Norte, fue informado en una visión que se salvaría si hacía voto de celebrar el ocho de diciembre la fiesta de la Inmaculada y de difundir esta devoción en sus sermones9. Igualmente, fue apoyada por la escuela de San Anselmo de Canterbury (+1109), pues Anselmo el Joven (ca. 1125), su sobrino, fue gran promotor de la misma10, junto con su discípulo y biógrafo Eadmero de Canterbury (+1124), que defendió piadosa creencia y fiesta11, y Osberto de Clara, Prior de Westminster (ca. 1119), y adquirió entonces un decidido tinte inmaculista: de celebrar la concepción de la futura Madre de Dios pasa a conmemorarse su santidad original desde el primer momento de su ser natural. Esta nueva oleada concepcionista hizo que la fiesta pasase a Francia por Normandía; la Archidiócesis de Ruán con sus seis sufragáneas fue la primera en acogerla, hasta llegar a otorgarle en los tiempos del Arzobispo Otorico (+1183) igual dignidad que a la de la Anunciación, y los estudiantes normandos de la Universidad de París la tomaron como su fiesta patronal.  El avance siguió, extendiéndose por el resto de Francia, los Países Bajos y Alemania, e, incluso, cruzó los Alpes y penetró en Italia: Ogero de Vercelli (ca. 1160) alude a ella en un sermón, y Sicardo de Cremona (+1215) en un sermón indicó que en su ciudad, pese a cierta polémica, se celebraba desde hacía ya tiempo. Del siglo XII se conservan ya una quincena de Oficios de esta fiesta. Todo ello pese a las objeciones que le habían puesto personajes de la talla de San Bernardo de Claraval, decididamente mariano por otro lado, que desaconsejó su celebración a los canónigos de Lyon, que la habían introducido en su catedral en torno a 1140 por decantarse, siguiendo rigurosamente a San Agustín, por la opinión maculista12. Algunos piensan sin mucho fundamento que el Papa León IX Egisheim-Dagsburg (+1054) celebró la fiesta de la Concepción. Más probable parece que la introdujera Adriano IV Breakspeare (+1159), además de por su origen inglés por haber sido devoto y apologeta de este misterio mariano. Con más peso se puede afirmar, ya a principios del siglo XIII, de Inocencio III dei Conti di Segni (+1216), por testimonios coetáneos, que se celebraba la Inmaculada en la capilla pontificia, lo cual no es de extrañar por haber apoyado la Inmaculada en sus escritos como doctor privado. San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, entre los dominicos, y San Buenaventura, entre los franciscanos secundaron la tesis maculista. Pero este último no prohibió su celebración entre los Menores, en parte porque aceptó la leyenda de Helsin como una revelación privada auténtica, pues en el Capítulo General de Pisa de 1263 se prescribió la fiesta de la Inmaculada para los Menores13. Esto hizo que comenzara la controversia en el campo litúrgico y su celebración pasara por un periodo de declive y fuera suprimida en muchos calendarios, aunque vuelve a resurgir su celebración en el siglo XIV, en que se hizo prácticamente universal.  A partir de las diatribas del Beato franciscano Juan Duns Scoto (+1308)14, en Cambridge, Oxford, París y Colonia, se llegó a una solución teológica aceptable al problema de la redención universal, de la que no podía ser exceptuada María como criatura, con la doctrina preservativa.  La opinión inmaculista ganó entonces rápidamente terreno, y a ella se adhirieron muchas familias religiosas, con los franciscanos a la cabeza: carmelitas, agustinos, cistercienses… así como numerosísimas Iglesias particulares, frente a los irreductibles tomistas, que no aceptaban la fiesta o llamaban a la celebración fiesta de la santificación de María. Incluso, por influencia de los carmelitas, el Papa Juan XXII Duèze llegó a celebrarla con la corte pontificia en Avignon hacia 1330, un año en la iglesia de éstos y después en la propia capilla, con Oficio propio y solemnidad. Aunque sólo se tratara de un gesto de devoción privada, era un paso adelante hacia el reconocimiento oficial de la fiesta por el papado.
   Entretanto, el Reino de Aragón se decantó por la defensa de la Inmaculada y extensión de su fiesta, lo que heredaría la monarquía hispánica y habría de convertirse en casi una cuestión de Estado en la era del barroco, que no podemos desarrollar aquí por cuestión de espacio15. El catorce de marzo de 1374 Juan I de Aragón ordenó que se celebrara esta festividad en sus dominios así como prohibía predicar en contra de esta por entonces opinión piadosa16. La misma prohibición pidieron que sancionara el Rey de Aragón las Cortes Catalanas el nueve de abril de 1456, a la que accedió y promulgó el veintiocho de mayo de 145617. La Inmaculada Concepción planteada por los legados hispanos a petición del Rey Alfonso V de Aragón, fue definida en el Concilio de Basilea el diecisiete de septiembre de 143818. Juan de Segovia, por orden conciliar, compuso Oficio propio. Aunque no se le reconoció valor dogmático porque los legados papales habían ya retirado su participación, sí pesó decisivamente entre los argumentos inmaculistas.  Sin embargo, Roma, que en un principio adoptó una actitud de tolerancia con respecto a las demás Iglesias, a partir de este momento pasó a introducirla oficialmente en su liturgia e, igualmente, en la de toda la Iglesia Latina, por obra de Sixto IV della Rovere, que había sido franciscano conventual, famoso teólogo de la escuela escotista, que aprobó por la Constitución Cum praeexcelsa de veintiocho de febrero de 1476, la misa y Oficio compuestos por Leonardo de Nogaroles, clérigo de Verona y Protonotario Apostólico, indulgenciándolos como los del Corpus, y con el Breve Libenter ea de cuatro de octubre de 1480 los redactados por el franciscano observante Bernardino de’ Bustis (+1513). 
   Por el hecho de estar indulgenciados, obtuvieron una mayor propagación los textos del primero. A estos dos Oficios se añadieron los de los franciscanos el Cardenal Francisco de Quiñones (+1540), aprobado por Clemente VII Médici, y el de Ambrosio Montesino (+1514) para las monjas concepcionistas, sancionado por Inocencio VIII Cybo en la aprobación de la Orden del treinta de abril de 1489. Una segunda Constitución de este papa en 1481, la Grave nimis, en la que condenaba los ataques a la opinión inmaculista del dominico Vicente Bandelli (+1506), ratificaba el asunto, reafirmada por una segunda homónima en 1483. La fiesta, por tanto, quedaba preservada de ulteriores ataques.  En la reforma de San Pío V Ghislieri fueron abolidos los Oficios propios y sustituidos por el Oficio de la Natividad, sustituyendo la palabra nativitas por conceptio. Sin embargo, posteriormente, fue restablecido el Oficio de Nogaroles para la familia franciscana por Gregorio XIII Buoncompagni el nueve de junio de 1583, por Sixto V Peretti el treinta de mayo de 1588 y Paulo V Borghese el veintiuno de enero de 1609. Los dominicos, entretanto, aunque habían aceptado la fiesta, la seguían llamando equívocamente Santificación de María, hasta que un decreto de Gregorio XV Ludovisi por un decreto del veinticuatro de mayo de 1622 Sanctissimus prohibió cualquier pronunciamiento contra la doctrina inmaculista y el uso del término santificación por concepción, que es tanto como añadir inmaculada. Clemente VIII Aldobrandini (+1605) elevó la fiesta a rito de doble mayor. Tras petición regia, por Breve de diez de noviembre de 1644 de Inocencio X Pamphili fue declarada fiesta de precepto en los reinos de España, pues por decreto de Urbano VIII Barberini había dejado de celebrarse con tal rango litúrgico por no ser patrona principal. Francia siguió el ejemplo de su vecina. Finalmente, Alejandro VII Chigi en la constitución Sollicitudo omnium ecclesiarum de ocho de diciembre de 1661 definió exactamente el objeto de la fiesta: la inmunidad del alma de María del pecado original en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo. A partir de aquí prácticamente cesó la polémica concepcionista. El Rey Felipe IV de España, en 1664, según propuesta de su Junta de la Inmaculada de treinta y uno de enero, pidió al mencionado papa, que se le añadiera a la fiesta octava en todos los dominios hispánicos, que tenían ya concedida algunas diócesis, como Málaga, Sevilla y Valencia y algunas familias religiosas, como franciscanos y carmelitas.  El veintiuno de junio entrego el memorial el Embajador al papa. Éste encargó el asunto a la Sagrada Congregación de Ritos, la que nombró una Junta, y finalmente dio un decreto favorable el dos de julio, sancionado por el Breve Quae inter praeclara del siete del mes citado. Impuso bajo precepto a ambos cleros (incluidos los dominicos) de España y de sus Indias el rezo del Oficio de la Inmaculada con octava. Después fue extendido a los demás Estados, a petición del Rey, que no llegó a saberlo por su fallecimiento: Nápoles el dieciocho de septiembre, Sicilia y Cerdeña el veinticuatro de octubre, Flandes y Borgoña el veintiséis de dicho mes.  La Reina Gobernadora Mariana de Austria elevó una petición al papa en 1667 para que extendiera a toda la Iglesia el rezo de la Inmaculada que resultó infructuosa, aunque sí le concedió la Sagrada Congregación de Ritos el Oficio y misa de la Inmaculada para España y sus dominios con rito de segunda clase, como se practicaba en Roma y en los Estados Pontificios. Inocencio XII Pignatelli, a instancias del Rey Carlos II de España, elevó la fiesta en 1693 a doble de segunda clase con octava para la Iglesia Latina. Clemente XI Albani la hizo fiesta de guardar para toda la Iglesia Latina en 1708 por la Bula Commissi nobis. 
   Los últimos coletazos de la oposición maculista surgieron en la primera mitad del XVIII, y fueron definitivamente contestados por el gran San Alfonso de María de Ligorio, que fundamentó su defensa en el sentimiento casi unánime del pueblo de Dios y en la celebración universal de su fiesta. Su doctrina se extendió como reguero de pólvora gracias a su libro Las Glorias de María, publicado en 1750.
   Clemente XIII Rezzonico, el mismo año que declaró, a ruegos del Rey Carlos III, a la Inmaculada Concepción patrona de España y de sus Indias, 1761, concedió para España y sus Indias que se rezase el Oficio Sicut lilium y la misa Egredimini de los franciscanos. A pesar de ello, en muchos sitios siguieron rezando los suyos de siempre, hasta que  se impuso como obligación por Cédula Real de diez de mayo de 1788, a petición de la Junta de la Inmaculada del día anterior. En 1863, el Beato Pío IX Mastai-Ferretti, que había definido en 1854 la Inmaculada Concepción como dogma de fe, promulgó un nuevo Oficio y misa. Éste había sido encargado a Monseñor Luca Pacifici, el redactor de la bula de definición, pero por haberle sobrevenido la muerte de manera inopinada, el papa lo encargó a una comisión presidida por el Cardenal Costantino Patrizi y con Monseñor Domingo Bartolini como secretario, que aprobó tras muchas correcciones el Oficio de Luigi Marchesi. 
   León XIII Pecci, así mismo, elevó la fiesta a doble de primera clase con misa vigiliar, suprimida en la reforma de 1962.  En el calendario de 1969 tiene el máximo rango de solemnidad con precepto. El hecho de que caiga en el Adviento para nada distrae de su carácter contemplativo de gozosa espera navideña, pues en la Inmaculada Concepción Dios se prepara una Madre digna de sí; es por tanto, como dice el Cardenal Gomá, una auténtica fiesta de pureza en un tiempo de purificación (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura de la Inmaculada Concepción con el Beato Juan Duns Escoto, anónima, en el Convento de Santa María de Jesús, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Convento de Santa María de Jesús, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 7 de noviembre de 2024

El sitio arqueológico de la Adelfa, en Carmona (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico de la Adelfa, en Carmona (Sevilla).
     Numerosos restos en superficie: muro de ladrillos reaprovechados provenientes de desechos de hornos, fragmentos de ánforas, y asas con marcas, ladrillos, tegulae, dolia, campaniense A y sigillata sudgallica e hispánica. 
     Tres hornos subsisten aún. Se trata de un pequeño centro de fabricación de ánforas, tegulae y ladrillos romanos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico de la Adelfa, en Carmona (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Carmona (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El Puente de Castilla, en la Plaza de España

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Puente de Castilla, en la Plaza de España, de Sevilla.
    Hoy, 7 de noviembre, es el aniversario de la entrada de Fernando III en la ciudad de León (7 de noviembre de 1230), donde fue proclamado Rey. De este modo volvían a reunirse bajo un único Monarca los dos reinos (Castilla y León) separados setenta y tres años atrás, así que hoy es el mejor día para Explicarte la Puerta de Castilla (Capitanía General), en la Plaza de España, de Sevilla.
     La Plaza de España [nº 62 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 31 en el plano oficial de la Junta de Andalucía; nº 1 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 11 al 21 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla];  en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
     La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
     La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. 
     Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos.  
     La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
     Tanto la balaustrada cerámica que rodeaba la ría, hoy sustituida por otra de mármol rojo, como los puentes que la cruzaban, fueron los primeros elementos en llevarse a cabo en la Plaza de España, de tal forma que se encontraban completa­mente terminadas cuando el resto del edificio estaba aún en sus primeras fases de construcción.
     Los cuatro puentes forman parte también de todo el entramado ideológico que conforma la Plaza, denominándose cada uno de ellos como los cuatro grandes reinos históricos que dieron lugar a la España "unida": Castilla, León, Aragón y Navarra. Por tanto, su valor simbólico se une al de los bancos, y al de las dos Puertas a las que dan acceso desde la plaza, la Puerta de Aragón y la Puerta de Navarra.
     El 5 de diciembre de 1919, don Manuel Vigil-Escalera, pintor de la fábrica Ramos Rejano, presenta un presupuesto para pintar los azulejos de los frentes de los puentes de Castilla y León, ésto es, los que flanquean el Edificio Central, por 1.000 pesetas cada uno. Su oferta incluye la decoración a colores recercada con una guardilla del motivo de calabrote y los escudos en relieve, estos dos elementos tocados con pinceladas de reflejo dorado. Al día siguiente se aprueba este presupuesto. Tres años después, el 10 de enero de 1924, sabemos que se paga a Emilio Mellado por la colocación de "alicatados en los pilares de los puentes". Aunque no se especifica a qué puentes corresponden, es probable que fueran los azulejos suministrados por Vigil-Escalera, aunque los que éste suministra en un principio son únicamente para los frentes de los puentes, y no para los "pilares" como aquí se menciona.
     Esta parte de las obras debieron avanzar a mayor ritmo que la de los bancos, ya que en abril de 1920 "están entregados casi en su totalidad la balaustrada y los faroles, aunque faltan la mayoría de los remates y pilares que se están ejecutando en la fábrica de Laffitte". Sin embargo, el trabajo de los bancos iba mucho más lento, ya que sólo estaba entregado el primero de ellos, correspondiente a la provincia de Córdoba, obra que había realizado a satisfacción de todos la fábrica de Tova Villalva.
     Al ser las primeras obras ejecutadas en el conjunto, fueron también las que antes sufrieron el proceso de deterioro, propio de su ubicación al exterior y de su uso. De esta forma, en septiembre de 1926 ya se están reparando las balaustradas de la ría, cuya ejecución como hemos visto se encargó en marzo de 1920 a la fábrica de Manuel García Montalván. Esto no debió de suponer ningún perjuicio estilístico en los elementos repuestos, ya que si bien debía contarse en los almacenes con remanentes de piezas originales, en caso contrario siempre podían ser encargadas a la misma empresa. 
   Pero el estado de deterioro que debió alcanzar la balaustrada tras casi 30 años de uso, supuso que en 1946 fuese sustituida en su totalidad por otra de mármol rojo, perdiéndose también con ella las hermosas farolas de cerámica que ejecutase Laffitte. Este hecho implicó la "amputación" de uno de los elementos más característicos de la vista que ofrecía la Plaza (La Cerámica en la Plaza de España de Sevilla, Emasesa, Sevilla, 2014).
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miércoles, 6 de noviembre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de San Jacinto, Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Museo de los Gálvez, Pilar de Arriba, Real Fábrica de Naipes, Templete de los Gálvez, y Museo Salvador Rueda - Casa del Poeta) de la localidad de Macharaviaya, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Jacinto, Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Museo de los Gálvez, Pilar de Arriba, Real Fábrica de Naipes, Templete de los Gálvez, y Museo Salvador Rueda - Casa del Poeta) de la localidad de Macharaviaya, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Axarquía Costa del Sol
     Superficie: 7 km2
     Altitud: 50 m
     Latitud: 36º 45'  -  Longitud: -4º 12'
     Distancia a Málaga capital: 27'9 km
Datos demográficos
     Población: 523
     Gentilicio: Macharatungos
Ayuntamiento
     plaza Matías de Gálvez, 2, 29791
     952400042 - 952400026     www.macharaviaya.es
     Macharaviaya es un pueblo blanco de la comarca de la Axarquía a medio camino entre la sierra y el mar. Su historia, estrechamente vinculada a la familia Gálvez, es apasionante, como lo son algunas de sus tradiciones.
     Conocida por haber acogido en su territorio la Real Fábrica de Naipes, Macharaviaya celebra cada 4 de julio las fiestas de la independencia de Estados Unidos. Una celebración con evidente inspiración americana que encuentra su justificación en el propio devenir histórico de la villa.
     En Macharaviaya no puedes perderte sus monumentos: 
     El monumento más antiguo de Macharaviaya es la iglesia de San Jacinto. Se fundó en el siglo XVI, incluso antes de que se constituyera el pueblo, aunque fue reconstruida en 1783. De ahí que su diseño responda a los cánones del estilo barroco clasicista. Las obras de remodelación fueron posibles gracias al mecenazgo de la familia Gálvez. Algunos de sus miembros yacen en el panteón ubicado en el subsuelo del templo, junto a unas esculturas que los representan.
     Macharaviaya debe también a los Gálvez la creación de la Real Fábrica de Naipes. Con ella experimentó un gran auge comercial, debido a su monopolio para vender los mazos de cartas en América. Por su impresionante avance económico, este pueblo llegó a ser conocido como "el pequeño Madrid". La fábrica cesó su actividad en 1815 y el edificio se transformó en viviendas.
     A la familia que propició el desarrollo de Macharaviaya y a la propia historia de este municipio de la Axarquía está dedicado el Museo de los Gálvez. Sus instalaciones acogen además obras de arte contemporáneo y la sede de la Semana Cultural de la villa.
     En agradecimiento a esta misma familia, también se erigió en la entrada de Macharaviaya el Templete de los Gálvez, del siglo XVIII, y una fuente con el busto de Bernardo de Gálvez, por el papel que tuvo en la Guerra de la Independencia de Estados Unidos.
     A tres kilómetros de Macharaviaya, en la pedanía de Benaque, se puede visitar la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. Se trata de un templo de estilo mudéjar edificado en el siglo XVI sobre una antigua mezquita de la que conserva el alminar, convertido en campanario.
     Muy cerca se localiza la Casa Natal de Salvador Rueda, con enseres, libros y objetos personales del poeta que está considerado el precursor español del modernismo (Diputación Provincial de Málaga).
      Se acomoda en un conjunto de suaves colinas, cuya altura máxima es el monte de Capellanía. Esta
privilegiada  disposición le ha permitido, a diferencia de otras poblaciones  de la Axarquía, presentar un urbanismo más organizado, definido por un gran eje curvo que los vecinos denominan Avenida, y a partir de esa vía se abren otras de desigual trazado, pero manteniendo una cierta estructura equili­brada.
     Macharaviaya tiene su origen antes de la dominación árabe, si tenemos en cuenta un crucifijo conservado en la cueva de la Hiedra, según informa Pascual Madoz, pero su historia más reciente se encuentra en la alquería o mashar de Abu Yahya, aunque la fundación de la población data de 1572. Previamente se había edificado su iglesia, bajo la advocación de San Jacinto, aunque se desconoce su evolución histórica.
     Hasta el siglo XVII, esta localidad se desarrolló como otras tantas, al amparo activo del cultivo de la vid. Un siglo más tarde despunta la familia Gálvez, que se ennobleció y ocupó importantes cargos en la Corte, desarrollando un importante mecenazgo en la villa. Esta familia la integraban, entre otros, Matías, vizconde de Galveston; José, ministro universal de Indias, que fue nombrado marqués de la Sonora; Miguel, que fue embajador en Prusia y Rusia, e introdujo el vino de Málaga en las cortes europeas; Antonio, fundó el Departamento de la Marina en Cádiz, y Bernardo, importante militar, hijo de Matías, sucedió a su padre en el virreinato de Nueva España, y recibió el título de conde de Gálvez por la conquista de la plaza de Pensacola.
     En cuanto a las intervenciones en la villa, en el siglo XVIII se mejoró sustancialmente su trazado, y se empedraron las calles. D. José de Gálvez también logró que se construyera la Real Fábrica de Naipes, dotándola de una intensa actividad, debido al monopolio comercial ejercido con las Indias, hasta tal punto que se llegó a conocer a esta población con el sobrenombre de pequeño Madrid. Pero la empresa más importante fue la construcción de la iglesia y panteón para enterramiento del marqués de la Sonora y de su familia.
     La plaga de la filoxera en el siglo XIX, diezmó el cultivo de la vid, con el consiguiente abandono del campo, y en definitiva, de la villa (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Su núcleo se asienta en un promontorio, rodeado por el Arroyo Iberos, al pie de la Sierra de Los Vélez, ocupando sobre todo la ladera orientada al nordeste. Poblamiento asentado "en cresta" o en "línea de cumbre", que se desarrolla entre los 204-220 m. del Barrio de la Luz, y los 260 m. del acceso por carretera, pasando por los 235 m. de la Plaza de la Iglesia.
     Forma alargada del NO hacia el SE, más estrecho en dirección N-S. Ensanche hacia la carretera de Málaga (Oeste) y Barrio de la Luz (NE), en forma de Y.
     Trazado de origen árabe, con calles angostas y de fuerte pendiente, con la fisonomía del Siglo XVIII casi sin alteraciones. 
     Trama viaria basada en dos ejes de penetración, con calles perpendiculares transversales y estrechas; secciones irregulares. Baja ocupación de las manzanas: 30 %-70 %.
     Vivienda popular entre medianeras, de dos otras crujías, con patios laterales o trasero. Generalmente suelen tener dos plantas.
     La familia de los Gálvez realizan una importante transformación urbanística en la primitiva aldea. El edificio más importante de esta intervención es la Fábrica de Naipes que se construyó en 1775. También se hicieron plazas, fuentes públicas, carnicerías lavaderos y la Casa Consistorial y la Casa de Reales Escuelas de Primeras Letras (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Benaque. Es un caserío próximo a Macharaviaya, sobre una loma cuyas casas, dispuestas a lo largo, finalizan detrás del templo. En esta localidad nació en 1857 el poeta Salvador Rueda, iniciador del Modernismo poético, que murió en Málaga el 1 de abril de 1933. Su casa natal, adquirida por la Real Academia de San Telmo de Málaga, se convirtió en un pequeño museo que evoca la memoria de este ilustre personaje, y fue donada al pueblo, en 1996, para su visita pública (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  

Iglesia de San Jacinto
     De dimensiones notables, fue construida en 1783, con proyecto del arquitecto Miguel del Castillo y dirección de José Ortega y Monroy. Tiene planta de cruz latina, con crucero destacado por medio de una cúpula que apoya sobre pechinas, y se remata con un cupulín, dominan­do buena parte del paisaje urbano. La nave cen­tral, la capilla mayor, y los brazos del crucero se cubren con bóveda de medio cañón con lunetos. A los pies se alza el coro, con balaustrada de ma­dera que apea sobre un arco carpanel.
     El exterior presenta volúmenes grandes y puros, que reflejan la magnificencia con la que quiso enterrarse la familia de los Gálvez. La portada de los pies, dispone arco de medio punto, columnas corintias sobre plintos, con traspilastras, y frontón curvo interceptado por el escudo real en el tímpano.
     La cripta, de dimensiones similares a las de la iglesia, utiliza el mismo cierre, a excepción del crucero, que lo hace con bóveda de arista.
     Son significativos los bienes muebles que han llegado de este magnífico templo, sobre todo por la unidad de estilo que poseen la mayoría, al ser fruto de una actuación puntual. En el testero de la capilla mayor se conservan tres interesantes lienzos de forma ovalada, uno de ellos en muy mal estado, que representan a San Gordián con San Epinaco, San Bernardo y San Buenaventura, pintura española de buena factura del siglo XVIII. En el altar mayor, un tabernáculo en alabastro y madera dorada, y una serie de lápidas que conmemoran la construcción del templo y la consagración de los diferentes altares, en mármol negro y letras incisas en dorado, que se dis­tribuyen en los lados de la Epístola, del Evangelio y del crucero.
     En la cripta-panteón, se encuentra la lápida conmemorativa de dicha fundación, en el mismo material que las de la iglesia, un escudo heráldico en piedra, con el apellido Cabrera de Córdo­ba, ascendiente de los Gálvez, y varias esculturas funerarias orantes sobre peana en mármol blan­co de la familia Gálvez. La pieza más interesante es el monumento sepulcral de José de Gálvez, realizado en alabastro y mármol negro (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El inmueble fue construido en 1783 bajo la dirección del arquitecto Miguel del Castillo, en estilo barroco tardío complementado con decoración neoclásica.
     Presenta en su interior planta de cruz latina, de uno sola nave cubierta con bóveda de medio cañón. Destaca el crucero tanto en planta como en altura, éste se cubre con cúpula semiesférica sobre pechina dividida por ocho nervios cajeados que inciden en el anillo central. En lo parte superior, un cupulín formado con pilastras corintias cajeadas, alternan con ventanas y sostienen una bóveda semiesférica con nervaduras que arrancan de un medallón central. La capilla mayor y los brazos del crucero se cubren con bóveda de medio cañón y lunetos.
     A los pies, sobre un arco carpanel, se dispone un coro-tribuna con antepecho de balaustrada de modera.
     En su exterior destacan los volúmenes del crucero cubierto con teja a cuatro aguas y la espadaña, ésta, apoyada sobre el testero de lo cabecera, está formado con dos arcos de medio punto entre pilastras cajeadas que sostienen los extremos de un frontón partido coronado de bolas.
     La portada principal, construida en ladrillo, situada o los pies del templo, está precedida de un pequeño atrio. Consta de un arco de medio punto jalonado de columnas corintias, sobre plintos fondeadas de pilastras, frontón partido y escudo real en el tímpano.
     La cripta se encuentra bajo la iglesia, de cruz latina, está cubierta con bóveda de medio cañón excepto en el crucero que se cubre con bóveda de arista.
     A principios del siglo XVI (1505), mandó erigirla el Arzobispo de Sevilla, Don Diego de Deza, consagrándose en 1510. Se reedificó, concluyéndose en 1785 por orden del Rey Carlos III, ayudando a sufragar los gastos la familia Gálvez principal promotora de la obra. El 16 de Junio de 1887 fue consagrada, según consta en una lápida que se conserva. este es el edificio que actualmente existe y está abierto al culto (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta iglesia fue levantada, por segunda vez, en el siglo dieciocho (año 1875) sobre el solar que ocupó la anterior, monumento construido en 1505 por orden del arzobispo de Sevilla, Diego Leza, y antes de la fundación del pueblo que tuvo lugar en 1572. Dos siglos después, será reconstruida bajo la dirección de José Ortega Monroy y Miguel del Castillo con el mecenazgo de la familia Gálvez y con los beneficios de la Real Fábrica de Naipes.
     El diseño de la iglesia se basa en una planta de cruz latina de una sola nave, destacando el crucero en plata y alzado. En el interior, merece la pena contemplar la portada y la cripta-panteón que se encuentra bajo la iglesia y en la que existen estatuas de miembros de la familia Gálvez, principales mecenas del pueblo durante el siglo dieciocho.
     La iglesia de San Jacinto, que es a su vez la iglesia Parroquial de Macharaviaya, estuvo durante años en un estado lamentable hasta que fue restaurado con motivo de la conmemoración del Quinto Centenario. Actualmente, y gracias a un convenio que tienen el ayuntamiento y el obispado de Málaga, el templo es de uso compartido, tanto para el culto como para actividades culturales. A cambio de ello el Ayuntamiento se encarga del mantenimiento.
     Construido en 1785 por los Gálvez y destinada a lugar de enterramiento de la familia. Se encuentra bajo la iglesia de San Jacinto (cuya construcción financiaron) y es sorprendente su tamaño, igual al de la misma iglesia. En el mausoleo se encuentran los restos de Don José de Gálvez y de su esposa, así como otros miembros de la familia. Se encuentran también varias estatuas anónimas de los miembros de la familia.
     La familia Gálvez forma parte importantísima de la historia de Macharaviaya ya que fueron los mecenas e impulsores del pueblo. Los Gálvez eran una ilustre familia procedente de Córdoba, que se instalaron en el pueblo en en siglo quince, pero no fue hasta el siglo dieciocho cuando sus miembros engrandecieron a la corona de España, dando cinco hombres de Estado de gran importancia.
José de Gálvez (Marqués de la Sonora) fue su miembro más importante y reconocido. Su paso por los Estados Unidos de Norteamérica dejó cuantiosas huellas, como promover que se fundaran las ciudades de San Francisco (1766) y San Diego (1769), además de su labor apostólica evangelizando a los indios o enseñando nuestra lengua y cultura. Su hermano Matías y el hijo de éste, fueron virreyes de México y alcanzaron notable prestigio, aunque no tanto como José de Gálvez.
     Mediante el Plan de Dinamización del Producto Turístico de la Axarquía se han instalado, dentro del mausoleo, tres paneles informativos, haciendo especial reseña a las estatuas que se encuentran en la cripta.
     El presupuesto de los tres paneles ha sido de 4.506,60 € (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación (Benaque)
     Sencilla obra mudéjar del siglo XVI, tiene planta rectangular y una sola nave, con hornacina abierta en el lado del Evangelio, cabecera recta y presbiterio elevado, cubriéndose con una armadura de tradición mudéjar. Recientemente restaurada y abierta al culto, se puede apreciar la decoración mural realizada entre 1594 y 1656, que traza un interesante horizonte popular con diferentes motivos de santos, y la escena de los condenados al fuego eterno, entre otros aspectos. El exterior presenta la fábrica de ladrillo y mampostería, y la portada con un sencillo arco de medio punto. En cambio, el alminar, mudéjar, reaprovechado de la antigua mezquita, es un interesante ejemplar de planta cuadrada con machón central y cuerpo de campanas abierto con arcos con alfiz (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, de Benaque es la iglesia parroquial de este anejo de Macharaviaya. Se trata de una iglesia de estilo mudéjar del siglo dieciséis, con una torre de planta cuadrangular, cuyo último cuerpo de campanas tiene arcos de medio punto. Esta torre fue el alminar de una antigua mezquita.
     Esta iglesia parroquia, de uso tanto religioso como civil, es un edificio monumental muy singular, pues además de estar construida sobre una antigua mezquita como acabamos de citar tiene en los muros interiores unas pinturas únicas en su género. El edificio fue restaurado a finales de diciembre de 2003, pero no contaba con ningún tipo de señalización informativa, a pesar de su gran interés. De ahí que el Plan de Dinamización del Producto Turístico Axarquía aprobase una actuación por unos unos 4.500 euros consistente en la colocación de tres paneles informativos con las características del edificio, su historia y rehabilitación, y sus pinturas y recuperación (Diputación Provincial de Málaga).

Museo de los Gálvez

     El museo de los Gálvez, inaugurado en 2005, es un centro dedicado a dar a conocer la historia de la familia Gálvez y Macharaviaya. Mediante audiovisuales, paneles y objetos, se tendrá una visión de este pueblo desde sus orígenes árabes, su época de máximo esplendor en el siglo XVIII con la familia Gálvez y la situación actual. 
     Don José Gálvez y Gallardo (1720 a 1791), Marqués de Sonora y Ministro de las Indias, nació en el seno de una familia hidalga venida a menos que aprovechó todas sus influencias hasta llegar al rey Carlos III. Éste lo nombró, en 1763, con plenos poderes para establecer las reformas pertinentes en América, donde fundó la ciudad que lleva su nombre, Galveston, en el estado de Tejas.
     Su influencia en el municipio dio pie a que fuera conocido como la pequeña Madrid, allá por el siglo XVIII. Su huella quedó reflejada en la reconstrucción de la iglesia, el impulso de la agricultura y la instalación de la Fábrica de Naipes. Gracias a Miguel Gálvez, embajador en la corte de San Petersburgo, Catalina "La Grande" probó el vino de la zona y por su gusto se levantaron los aranceles para su importación.
     El museo cuenta con dos espacios diferenciados, una sala central dedicada a la historia de la Villa y en particular a la familia Gálvez (dividida a su vez en tres aéreas temáticas sobre Los Gálvez y su influencia en Macharaviaya, Los Gálvez en la ciudad de Málaga y Los Gálvez y su influencia en América), y tres salas de exposiciones de artistas contemporáneos.
     La primera es la Sala de Roberto Harvey, en la que se exponen obras de este gran pintor 'pop' norteamericano que residió más de veinte años en el pueblo. La segunda es la Sala de Rafael Carmona, pintor y escultor, vecino de la localidad, que muestra un amplio recorrido de su creación artística. La tercera es la Sala de Exposiciones temporales, dedicada a artistas actuales (Diputación Provincial de Málaga).

Pilar de Arriba
     Data del siglo dieciocho. Se trata de un pilón de agua que perteneció al Palacio de los Gálvez, Casa Natal de Bernardo de Gálvez, nacido en 1746 e importante político y militar español que tuvo un papel destacado en la guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. La fuente reproduce el busto de este hijo predilecto de la villa que tanto hizo por la prosperidad del pueblo y sus habitantes (Diputación Provincial de Málaga).

Real Fábrica de Naipes
     En los montes de Málaga, en el pueblo de Macharaviaya se instaló en el año 1776 la Real Fábrica de Naipes para la fabricación de barajas de cartas españolas para uso exclusivo d las colonias americanas. Ésta estuvo en funcionamiento durante dos etapas 1776-1791 y 1799-1815 hasta su cierre definitivo.
     Actualmente, el antiguo edificio de la Real Fábrica de Naipes, de dos plantas y de arquitectura popular, está ocupado por viviendas privadas.
     La instalación de la Real Fábrica de Naipes en el año 1772, capacitada para la fabricación de 30000 mazos anuales en régimen de monopolio para las Indias, fue iniciativa de José Bernardo de Gálvez y Gallardo, ministro de Indias. Como localización escogió su ciudad natal, Macharaviaya. 
     El 12 de agosto de 1776, fue aprobado mediante Real Cédula, el establecimiento de la fábrica, nombrando a Félix Solecio como director y recogiendo la necesidad de abrir molinos de papel en lo sitios que hubiera abundante madera.
     El primer contrato que se hizo fue el 21 de agosto de 1776, y que se fue renovando en los años de 1781, 1784 y 1798. 
     Algún tiempo después la mala distribución, problemas de transportes y la competencia desleal de las fábricas piratas, hicieron que la fábrica tuviera que ser clausurada el 6 de octubre de 1791. Entrando en funcionamiento de nuevo ocho años después para clausurar su actividad definitivamente en el año 1815, con la supresión de estanco de los naipes, la liberación de su comercio y la pérdida de las colonias americanas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Los mecenas de la puesta en marcha de la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya fueron los hermanos Gálvez, sobre todo José y Miguel, que intentaron situar en su villa de origen un motor de desarrollo importante. El asentista y responsable de la construcción y puesta en marcha de este gran proyecto de la Ilustración fue el técnico y empresario italiano Félix Solesio.
     La Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya se encuentra en el centro de dicha villa, en la calle Real y junto a la iglesia parroquial de San Jacinto. Se sitúa a lo largo de dicha calle, en la parte de la izquierda, en el mismo lado de la iglesia. El entorno de la fábrica de naipes es de gran belleza al estar integrada en una villa típica de la época de la Ilustración, construida gracias a sus mecenas, la familia de los Gálvez.
     La fábrica de naipes de Macharaviaya no se corresponde con el diseño monumental de otros edificios similares como pueda ser la Fábrica de Tabacos de Málaga. Se trata de una construcción fabril erigida a lo largo de una calle, la calle Real, plenamente integrada en el casco urbano. Una torre, hoy desaparecida la diferenciaba del resto de la población. De todas formas, no es un caso excepcional ya que en el Barroco era normal la tipología de fábrica construida a lo largo de una calle. Un ejemplo puede ser la fábrica de pólvora de Málaga en forma de vía urbana con edificios construidos a un lado y otro de la calle Salitre de aquel tiempo.
     El estado actual de los edificios de la antigua fábrica es poco apreciable por su transformación actual en viviendas y por el mismo hecho de ser construcciones con pocas características “fabriles” dado su propio origen como fábrica de tipo barroco a lo largo de una vía pública. Sus interiores también se encuentran muy transformados.
     No ha quedado nada de sus elementos técnicos, aunque las colecciones de naipes tanto originales como en reproducción abundan en museos y colecciones particulares. Algunas se pueden ven en el Museo de los Gálvez de Macharaviaya.
     La venta de naipes funcionaba en España y sus colonias por el sistema de estanco, que establecía un monopolio por el cual se beneficiaba la Real Hacienda. José y Miguel de Gálvez decidieron situar la real fábrica de naipes que llegarían a América, en su villa natal, Macharaviaya. Con ello se beneficiaba a esta localidad con puestos de trabajo y realización de obras. El asentista contratado, Félix Solesio, debía montar la fábrica en seis meses. Se construyó un edificio capaz para 200 operarios, oficinas, enseres y utensilios fabriles, además de viviendas para los empleados. En 1776 se puso en marcha la producción y exportación.
     La fábrica tuvo muchos problemas para poder arrancar y empezó con problemas y productos defectuosos. Además, la falta de capital endeudó sobremanera al asentista Félix Solesio. Todo se complicó después con la Guerra de la Independencia, que paralizó la producción y trajo como consecuencia el cierre en 1815. Aunque después se pensó en su reapertura, todo terminó a partir de 1820 con la independencia de los países iberoamericanos.
     Aunque el actual edificio no destaca por sus características arquitectónicas sí lo hace por su importancia histórica en el desarrollo del municipio.
     La Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya era propiedad de la familia Gálvez, familia formada por cinco hermanos quienes participaron en la aventura americana. Esto abrió una vía de comunicación entre el Nuevo Continente y el municipio hasta el punto de que se le conociera como el pequeño Madrid.
     De esta manera, la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya ostentó el monopolio de este producto para su venta en América hace dos siglos. Su producción se cifraba en 30.000 mazos anuales, fabricados con un papel especial que se adquiría, inicialmente, en Barcelona y Génova, aunque, algunos años después, el papel pasó a elaborarse en Benalmádena. Sin embargo, respecto a esa producción, algunos expertos aseguran que la mayor parte de ella jamás llegó a su destino, por lo que las barajas se pasaban meses en los puertos de Cádiz y Málaga donde acababan pudriéndose a causa de la humedad. Y que las partidas que desembarcaban en Las Indias tenían tan mala calidad que no compensaba el precio tan caro que se hacía pagar por ellas, ya que se consideraban artículo de lujo.
     Como los costes de almacenaje, transporte, distribución y comercialización corrían a cargo del Estado, éste incrementaba el precio en un 15 por ciento. Por ello se ha dicho que el monopolio de Macharaviaya era relativo pues los naipes de contrabando hacían estragos en Perú, Nueva España (México), Argentina, Puerto Rico y Cuba.
     El desequilibrio entre producción y comercialización acabó sumergiendo a la fábrica en una enorme crisis, la cual llevó a la Real Hacienda española a reducir la producción y el precio, medidas que no sirvieron de nada. La Guerra de la Independencia (1808-1814) y las epidemias dieron la estocada final al negocio. Una Real Orden de 1815 puso fin al mismo, autorizando a fabricar naipes en todo el Reino.
     Poco después se subastó el edificio y las instalaciones, al que corresponden los números actuales del 15 al 23 de la calle Real de Málaga. Con los años el edificio quedó convertido en viviendas, parcelando su interior. Se adjudicó por 60.000 reales y había costado al Estado más de 530.000.
     Las cartas eran elaboradas en papel-cartón presentando diferente grosor, dibujos (estrellas, conchas y dados) y colores en el reverso (azul, rojo o verde) (Diputación Provincial de Málaga).

Templete de los Gálvez
     Templete de ladrillo formado por dos cuerpos cuadrangulares, erigido a finales del siglo diecisiete en memoria de la familia Gálvez y sus donaciones. A este templete o humilladero las gentes del pueblo le llaman "Calvario", porque era donde se hacía el Vía Crucis en Semana Santa.
     El origen del mismo se remonta a finales de 1785 cuando Miguel de Gálvez llega a Macharaviaya buscando reposo y tranquilidad, después de una enfermedad que lo mantuvo apartado de sus ocupaciones en la Corte. Durante los ochenta días que tardó en recuperarse realizó una serie de reformas urgentes, entre las que se encontraba el abastecimiento de agua, para lo que mandó construir tres fuentes públicas, que diseñó el arquitecto Manuel del Castillo, un lavadero cubierto y una carnicería, además de empedrar las calles, pavimento que actualmente se conserva en el Conjunto Histórico.
     Para inmortalizar la importancia de tales obras mando levantar a la entrada de la villa el Humilladero con influencia de los monumentos conmemorativos romanos.
     El Plan de Dinamización del Producto Turístico de la Axarquía ha financiado un panel informativo descriptivo del monumento (Diputación Provincial de Málaga).

Museo Salvador Rueda. Casa del Poeta (Benaque)

     Benaque es un pequeño caserío que dista 2 kilómetros de Macharaviaya. En su entorno podemos visitar la casa en la que nació el poeta Salvador Rueda el 2 de diciembre de 1857 y que él mismo definiría en uno de sus poemas como una «casa pobre».
     Salvador Rueda desempeñó una labor de renovación poética en España parecida a la que realizaba Rubén Darío por esa época en Hispanoamérica. El mismo Rueda, con el tiempo, llegó a emular al gran poeta nicaragüense. Las principales características de su poesía son: el magnífico colorido y la nota de musicalidad, conseguida por medio de nuevos ritmos y originales combinaciones de inusitadas estrofas. Los temas que emplea son muy variados, destacando los que se refieren al mundo de la naturaleza y a la geografía andaluza, que el poeta describe con sorprendente colorido, luz y musicalidad. Por todo ello fue coronado con el titulo de Poeta de la Raza.
     La casa natal del poeta es una vivienda pobre situada en Benaque, donde se conservan sus enseres personales prácticamente igual a como la dejó el poeta. La vivienda cuenta con una puerta de entrada desde la calle y otra de salida al patio, las cuales no reúnen las condiciones mínimas de seguridad. Los objetos; libros y demás, no cuentan con ningún tipo de protección ni de información al visitante. Del mismo modo, la instalación eléctrica no se corresponde con una vivienda de su época.
     A través del Plan de Dinamización del Producto Turístico Axarquía se han llevado a cabo una serie de mejoras en la vivienda que afectan a:
        - la instalación eléctrica, sustituyendo la actual por una nueva consistente en tendido de cable trenzado
        - el techo de madera, pintado a base de betún de judea para su envejecimiento
        - la instalación de alarma, la señalización de seguridad y de incendios
        - la carpintería
        - la protección de elementos singulares, mediante paneles de metacrilato
        - la información al visitante, mediante paneles con los principales detalles de la casa y de la figura de poeta, así como señales y rótulos informativos del resto de elementos de la vivienda
        - la adecuación de la cuadra como sala audiovisual.
     El presupuesto para estas actuaciones ha sido de 57.414,60 € (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Jacinto, Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Museo de los Gálvez, Pilar de Arriba, Real Fábrica de Naipes, Templete de los Gálvez, y Museo Salvador Rueda - Casa del Poeta) de la localidad de Macharaviaya, en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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La antigua Cilla del Cabildo, atribuida a Pedro de Silva (actual sub-sede del Archivo General de Indias)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la antigua Cilla del Cabildo, atribuida a Pedro de Silva (actual sub-sede del Archivo General de Indias).
     La antigua Cilla del Cabildo (actual sub-sede del Archivo General de Indias), se encuentra en la calle Santo Tomás, 5; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
   Edificio de planta rectangular con dos plantas, la fachada reproduce la disposición frontera del Archivo de Indias con zócalo, pilastra y entablamento de piedra sobre ladrillo avitolado.
     El interior se divide en dos naves con bóvedas vaídas sobre pilares cuadrangulares y columnas de mármol. Portada adintelada rematada con escudos eclesiástico. Se atribuye a Pedro de Silva su construcción se inició en 1770. Al ser adaptado el edificio a Museo se añadió un piso con buhardillas y se amplió la zona trasera.
     Se construyó como cilla o graneros para almacenamiento de los diezmo del Cabildo Eclesiástico; distribuidos en dos plantas, aumentando una planta más con la reforma (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       La Cilla del Cabildo actualmente es una de las dos sedes con las que cuenta el Archivo General de Indias para desarrollar sus funciones como Archivo. Se trata de un edificio de amplia historia y que ha tenido varios usos hasta formar parte de nuestra institución cultural.
     Se trata de un edificio que fue construido en 1770 con el objeto de ser el almacén de grano de las rentas de fincas pagadas en especie al Cabildo de la Catedral de Sevilla, ya que las casas que entonces servían como granero en esa zona habían sido muy dañadas por el terremoto de Lisboa de 1755, según lo indicado por el escritor e historiador Justino Matute y Gaviria. Este autor atribuye la obra al arquitecto sevillano Pedro de Silva, maestro mayor de la Archidiócesis de Sevilla en el momento, pero otros la atribuyen a Lucas Cintora, autor de la que sería la reforma para la instalación del Archivo General de Indias, tras su creación, en la Casa Lonja.
     La Cilla se levantó aprovechando uno de los lienzos de la muralla interna de Sevilla y, de hecho, a uno de los lados está adosada una de las torres que formaban parte de esta. Se trata de un edificio de planta rectangular de dos plantas, las cuales cuentan con bóvedas vaídas sobre pilares rectangulares y columnas de mármol. A las plantas originales se le han añadido dos más en sus posteriores reformas: una bajo la cubierta y otra en plano de sótano. Su fachada repite el esquema compositivo de la Casa Lonja, situada justo enfrente, con zócalo, pilastras y entablamento de piedra sobre paramentos de ladrillo avitolado. Además, sobre su portada adintelada encontramos el escudo del Cabildo Catedral de Sevilla: dos jarrones de azucenas a ambos lados de una escultura de la Giralda.
     La Cilla durante algunos años del siglo XX fue sede de la Real Compañía Asturiana de Minas y en 1972 pasó a ser el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, iniciándose en 1974 la intervención por parte del arquitecto Rafael Manzano Martos para que pudiera acoger dicho museo. En 1985 fue catalogada como Bien de Interés Cultural. Entre los años 2000 y 2005 se rehabilitó (junto con la Casa Lonja) y pasó a formar parte del Archivo General de Indias. Su apertura al público fue en 2002, aunque las obras de adaptación continuaran tres años más. En la actualidad es sede del Departamento de Referencias, la Biblioteca del Archivo, una sala de conferencia, la sala de investigación y otros servicios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Consta de dos plantas y en su fachada reproduce la disposición de la frontera del Archivo de Indias, con zócalos, pilastras y entablamentos de piedra sobre paramentos de ladrillo avitolado. El interior está dividido en dos naves por una arquería en las dos plantas. En la actualidad ha sido adaptada para Mu­seo de Arte Contemporáneo, y posteriormente como subsede del Archivo General de Indias [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Pedro de Silva, arquitecto a quien se atribuye la obra reseñada
;
     Pedro de Silva González, (Sevilla, 1712 – 14 de agosto de 1784). Arquitecto, maestro mayor de obras del arzobispado de Sevilla.
     Fueron sus padres el maestro de obras Andrés de Silva y Francisca González. Silva se inició en el oficio con su progenitor; aparecía ya como aprendiz en las obras que su padre llevaba a cabo en 1724 en la iglesia parroquial de la localidad onubense de Chucena. Junto a él trabajó en contratos como maestro asentista de varias obras durante la década de 1740, como en las obras para las iglesias parroquiales de Jabugo o Higuera, en la sierra de Huelva. En 1755 se examinó ante el gremio sevillano, y desde esa fecha a 1757 interviene, titulándose como aparejador, en la gran construcción de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, dirigida por ingenieros militares y que lo puso en contacto con las innovaciones arquitectónicas, de carácter cosmopolita y funcional, existentes en tal proyecto arquitectónico. En 1756 fue nombrado maestro de obras de fábricas del arzobispado, de modo que protagonizó junto a otros arquitectos, como el propio Ambrosio de Figueroa, la reconstrucción edilicia obligada por la coyuntura catastrófica del terremoto de Lisboa de 1755, que asoló buena parte de la Andalucía occidental. Entre sus obras, cabe destacar la construcción, prácticamente en su totalidad, de la iglesia de San Juan Bautista de La Palma del Condado en Huelva (1758-1776), importante ejemplo del Barroco andaluz. Dos años más tarde inicia la reconstrucción del templo parroquial de San Roque de Sevilla (1760-1764). Se le atribuye la edificación del convento de la Merced de Huelva. Otras intervenciones de importancia son las condiciones para levantar la nueva iglesia parroquial de Valdelarco, en Huelva (1761-1768); la obra de la parroquia de Castilleja del Campo, Sevilla (1761); las condiciones para la construcción de las capillas sagrarios de la iglesia de San Vicente, Sevilla (1761) y de la iglesia de Santiago, Écija (1761), y la edificación de campanarios sobresalientes entre los de los templos del arzobispado sevillano, como la torre de la iglesia parroquial de Moguer, Huelva (1758-1760), y la torre del templo de Lebrija en Sevilla, finalizada en 1777.
     La obra de Pedro de Silva marca el desarrollo de la arquitectura sevillana en la segunda mitad del setecientos, y la paulatina eliminación del ornato barroco, que se concentra en portadas y torres, y que según las características regionales se basa en las posibilidades expresivas del ladrillo limpio o enfoscado. El uso de las bóvedas vaídas o de los diseños casi seriados de templos de una o tres naves de perímetro rectangular constata el influjo de la arquitectura industrial y militar del XVIII sobre su arquitectura.
     Pedro de Silva estuvo casado con Agustina Díaz, de la que enviudó en 1775, y con la que tuvo cuatro hijos que murieron en edad temprana. Falleció el 14 de agosto de 1784 y fue enterrado en la iglesia de San Román (Francisco Ollero Lobato, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la antigua Cilla del Cabildo, atribuida a Pedro de Silva (actual sub-sede del Archivo General de Indias), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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