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domingo, 5 de abril de 2026

La imagen de Jesús Resucitado, de Jerónimo Hernández, en su retablo del antecoro alto del Convento de Madre de Dios

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen del Jesús Resucitado, de Jerónimo Hernández, en su retablo del antecoro alto del Convento de Madre de Dios, de Sevilla.  
     Hoy, 5 de abril, es Domingo de Resurrección. Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: La Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne.
     En este día Dios nos ha abierto las puertas de la eternidad por medio de su Unigénito, vencedor de la muerte, y pedimos ser renovados por el Espíritu Santo para resucitar a la luz de la vida (cf. 1.ª orac.). Hoy es el día en que actuó el Señor. La piedra que desecharon los arquitectos —Cristo en su pasión— es ahora la piedra angular una vez que ha resucitado (cf. sal. resp.). Y creemos en este misterio gracias al testimonio de los apóstoles que comieron y bebieron con él después de su resurrección (1 lect.) y vieron el sepulcro vacío (Ev.). A partir de ahí, una vez que por el bautismo hemos resucitado con Cristo, busquemos los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios (2 lec.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen de Jesús Resucitado, de Jerónimo Hernández, en su retablo del antecoro alto del Convento de Madre de Dios, de Sevilla.
     El Convento de Madre de Dios de la Piedad, se encuentra en la calle San José, 4; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     En el primer antecoro alto, hay un altar de estilo neoclásico en el que se encuentra una talla de madera policromada de Jesús Resucitado. De tamaño natural, mide un metro setenta y tres centímetros, la realizó Gerónimo Hernández entre 1571 y 1573 y constituye junto a las esculturas ya citadas de Santo Domingo y Santa Catalina de este mismo autor, las obras más valiosas desde el punto de vista artístico que hay en los coros y antecoros del monasterio. La imagen fue encargada a este artista para sustituir al Dios Padre que había en el ático del primitivo retablo mayor de la iglesia, siendo reemplazado con posterioridad en este espacio por un Crucificado con la Virgen y San Juan, obra también del tantas veces citado escultor abulense. La imagen es uno de los magníficos Resucitados de rasgos apolíneos que talló este artista, y que presenta una curva típica de las esculturas clásicas, mientras su cuerpo, en posición algo levantada, se apoya sobre el pie derecho y mantiene los brazos separados y los dedos centrales estirados. Es de madera policromada pero actualmente ha perdido bastante del estofado y no se encuentra en buen estado, destacando del conjunto de la imagen el paño de pureza que también es de talla. Si comparamos esta escultura con el Resucitado de la parroquia sevillana de la Magdalena que este artista hizo diez anos después, aún no se nota la blandura en las formas aunque también puede explicarse este hecho, pues se hizo para el ático de un retablo y no para ser colocado en la parte baja de un altar (Carmen Calderón Benjumea, y José Antonio Calderón Benjumea, El Real Monasterio de Madre de Dios de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 2004).
     Se trata de un retablo compuesto por un banco y un sólo cuerpo centrado por un arco sóleo, realizado en estilo neoclásico hacia 1767-1800.
     El banco lo conforma una mesa de altar realizada en madera pero policromada y dorada imitando mármoles policromos, propio del gusto neoclásico. 
     El único cuerpo del retablo está formado por un gran arco sóleo de medio punto y un remate adintelado. Éste arco alberga una figura de Jesús Resucitado, obra de Jerónimo Hernández, en 1571-73, procedente del ático del primitivo retablo mayor de la iglesia conventual. Obra escultórica en la que se representa a Cristo Resucitado centrando el retablo de la misma advocación y conjugando armoniosamente con la decoración pictórica de la obra retablística. Cristo aparece con barba y larga cabellera que deja caer sobre sus hombros y extiende sus brazos hacia ambos lados. Es una figura grandiosa y monumental que aparece desnudo con tan sólo un paño de pureza dispuesto de forma sencilla. Se trata de una representación armoniosa de la figura humana, de cuerpo apolíneo y desnudo atlético. Flexiona sus piernas adoptando una cierta actitud manierista. Junto a éstas características la figura se encuentra animada por una expresión de belleza moral y platónica. Esta obra perteneció al ático del primitivo retablo mayor de la iglesia conventual. Fue el único tema de imaginería que se especifica en el contrato del retablo al precisar el promotor que se sustituyese en el ático el Dios Padre que figuraba en la traza por un Cristo de la Resurrección.
     El interior del retablo se encuentra decorado por una serie de pinturas murales situadas en los laterales, el fondo y el intradós del arco, desarrollándose un programa compositivo que se conjuga perfectamente con la figura escultórica del Resucitado. 
     Así en la parte izquierda del retablo encontramos, en la parte inferior, un tondo con la figura de Santa Catalina. Sobre éste aparece otra escena con la Magdalena acompañada por una serie de santas. La parte central, cubierta en parte por la figura del Resucitado, se ocupa por un paisaje en el que se representan las figuras de dos ángeles junto a una serie de motivos vegetales. 
     En la parte derecha de la obra se representa un tondo con la figura de Santa Inés. Sobre éste aparecen las figuras de una serie de santas portando objetos en sus manos.
     En el intradós encontramos en la parte central la representación del Cordero Místico acompañado por ángeles músicos. Por último en las enjutas de los arcos encontramos dos tondos con las figuras de la Virgen, a la izquierda, y San Juan a la derecha (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor las Tradiciones evangélicas canónicas y apócrifas, explicaciones racionalistas, y la Iconografía de la Fiesta de La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo;
      La Resurrección de Cristo, que garantiza la de los muertos gracias a la ecuación Christianus alter Christus, es el dogma esencial de la religión cristiana. Según san Agustín, si se retira la fe en la resurrección, toda la doctrina cristiana se derrumba. Pero la fe en un dios que muere y resucita no es en absoluto exclusiva y específicamente cristiana. Se trata de una creencia universal que se encuentra en la mayoría de las religiones antiguas: entre los egipcios, en el culto de Osiris; entre los sirios, en el de Adonis. Ha sido inspirada por la alternancia de las estaciones, el renacimiento de la vegetación después de la muerte aparente del invierno. Debe señalarse que, efectivamente, las fiestas de la Resurrección divina: las de Adonis, y la Pascua cristiana, por ejemplo, coinciden con el despertar de la primavera.
Tradiciones evangélicas y explicaciones racionalistas

    Ninguno de los discípulos de Cristo pretende haber presenciado su Resurrección, que ocurrió sin testigos. Los Evangelios narran simplemente que cuando, tres días después de la Crucifixión en el Gólgota, las Santas Mujeres fueron al sepulcro a llevar perfumes, lo encontraron vacío. Un ángel estaba sentado sobre la piedra de la puerta de la tumba, corrida, y les anunció que Cristo había resucitado.
     La primera descripción detallada del milagro se encuentra en los escritos de Efrén el Sirio. De acuerdo con dicho autor, Cristo salió de la tumba para ascender al cielo inmediatamente.
     Para explicar la misteriosa desaparición del cuerpo del Crucificado, los judíos insinuaron que se trataba de una impostura de sus discípulos que habían sacado el cuerpo de su maestro de noche, en secreto, para dar crédito a la Resurrección. Los cristianos habrían inventado la leyenda de la tapa sellada y de la guardia apostada en el Santo Sepulcro.
     Los críticos racionalistas no descartan del todo la acusación judía de fraude, pero además proponen otras dos hipótesis. 
   lª. La muerte de Jesús sólo habría sido, como la de Lázaro, muerte aparente (Scheintod). En la cruz sólo habría perdido el conocimiento después de la lanzada, y lo habría recuperado en la gruta del sepulcro.
     2ª. Las Apariciones invocadas en apoyo del milagro, serían un fenómeno de autosugestión colectiva. Al no poder resignarse a la muerte de su maestro, los discípulos habrían creído verlo con los ojos, cuando en verdad él sólo habitaba en sus corazones.
     ¿Por qué la Resurrección ocurrió el tercer día después de la muerte? Ese triduum mortis se explica por la prefiguración bíblica de Jonás, que pasó el mismo tiempo en el vientre de la ballena, y también por la creencia popular que aseguraba que el alma y el cuerpo del difunto sólo se separaban definitivamente tres días después de la defunción.
El desacuerdo entre los evangelios canónicos y apócrifos
     Los Evangelios no concuerdan acerca del número de Santas Mujeres portadoras de perfumes, o Marías, cuyos testimonios constituyen, sin embargo, el fundamento de la creencia en la Resurrección.
     En el Evangelio de Juan (20: 1), sólo se habla de una Santa Mujer: María de Magdala. Mateo (28: 1 - 7), nombrados: María Magdalena y María Cleofás; Marcos (16: 1) cuenta tres: María Magdalena, María, madre de Santiago, es decir, María Cleofás, y María Salomé. Finalmente Lucas (24: 10), suma a las dos Marías un número indeterminado de Santas Mujeres («Juana y las demás que estaban con ellas»).
     Existen las mismas divergencias acerca del número de ángeles anunciadores. Juan no menciona ninguno, Mateo y Marcos hablan de un solo ángel sentado sobre la piedra del sepulcro. Lucas cree saber, por el contrario, que las Santas Mujeres se encontraron en presencia de «dos hombres vestidos de vestiduras deslumbran­tes».
   A pesar de estas diferencias de detalle, los cuatro evangelistas coinciden en un punto: para ellos, la Resurrección de Cristo es un retorno momentáneo de Jesús a la vida terrestre, porque hizo numerosas apariciones en Judea y en Galilea antes de Ascender al cielo cuarenta días más tarde. En los Evangelios apócrifos, por el contrario, la Resurrección se confunde con la Ascensión. Cristo resucita para ascender al reino de los cielos de inmediato.
Iconografía
     Esas diferencias en los textos evangélicos y en la tradición explican la falta de fijeza de la iconografía.
     En la evolución de este tema pueden distinguirse tres fases:
   1. La Resurrección simbólica .
   2. La Visita de las Santas Mujeres al Sepulcro.
   3. Cristo saliendo del sarcófago.
   4. Cristo planeando encima de su tumba.
1. La Resurrección simbólica
     La Resurrección comenzó por ser representada simbólicamente, igual que la Crucifixión, mediante una cruz desnuda (crux nuda), rematada en el monograma de Cristo. En el sarcófago de la Pasión del Museo de Letrán, el crisma está inscrito en una corona que picotean dos pájaros posados sobre el travesaño de la cruz. Abajo de ésta hay dos guardianes sentados, uno despierto y otro dormido; lo cual prueba muy bien que se trata de un símbolo de la Resurrección y no, como se ha pretendido, de la  Crucifixión.
     Más tarde, el arte prefigurativo inspirado por los teólogos recurrirá a tipos tomados del Antiguo Testamento o de los Bestiarios.
     La Biblia moralizada no enumera menos de cinco prefiguraciones de la Resurrección:
     l. José liberado de la prisión es invitado a comparecer ante el faraón, como Jesús salido de la tumba ante Dios Padre.
     2. Sansón mata mil filisteos con una quijada de asno, así como Cristo resucitado pone en fuga a sus enemigos.
     3. David huye de la casa de Saúl con la complicidad de su mujer, Micol que pone un maniquí en su cama; los soldados sólo encuentran un simulacro. Los guardianes del Santo Sepulcro ven la tumba vacía.
     4. Tobías captura el pez del Tigris que se disponía a devorarlo.
     5. Jeremías es extraído de la cisterna donde había sido sepultado.
     Las dos prefiguraciones bíblicas más usuales son Jonás saliendo tres días después de ser tragado del vientre de la ballena y Sansón arrancando las puertas de Gaza con sus hombros. Esos dos símbolos son los que más armonizan con la Bajada al Infierno de los justos, que en la Iglesia griega es la imagen de la Resurrección propiamente dicha, puesto que el monstruo que vomita a Jonás es asimilado a Leviatán, y las puertas de la ciudad de Gaza prefiguran las puertas del Infierno derribadas por Cristo. El Speculum Humanae Salvationis suma a Sansón y a Jonás numerosos símbolos tomados de los Bestiarios. Los más populares son el león que resucita a sus cachorros mediante su rugido, el fénix que renace de sus cenizas, el pelícano que reanima a sus polluelos con la sangre de su pecho abierto. Pero también allí la asimilación deja mucho que desear, puesto que no es el león o el pelícano quienes se pueden comparar con Cristo resucitado, sino los hijos de éstos.
     Los ejemplos más bellos son el púlpito recubierto de esmaltes champlevé de Klosterneuburg, ejecutado en 1181 por Nicola de Verdun, y una vidriera prefigurativa de la catedral de Bourges.
     Estas representaciones prefigurativas, popularizadas por la Biblia moralizada, la Biblia Pauperum (de los Pobres) y el Speculum Humanae Salvationis, persistieron hasta finales de la Edad Media.
2. Las tres Marías en el Santo Sepulcro
     Hasta el siglo XIII el arte cristiano de Occidente evocó la Resurrección de Cristo en la forma indirecta de Las Santas Mujeres en el Sepulcro. Por otra parte, esta es la única representación que está de acuerdo con el relato de los Evangelios.
     Pero en ciertos ciclos, antes de Las Santas Mujeres en el Sepulcro se sitúa una escena pictórica popularizada por el teatro de los autos sacramentales: La compra de los perfumes.
     1. Las santas mujeres y los vendedores de perfumes
     Antes de dirigirse hacia el Sepulcro, las Santas Mujeres compran perfumes para embalsamar el cuerpo de Jesús y preservarlo de «la mordedura del gusano» .
     La idea de embalsamar un cadáver sepultado dos días antes resulta poco verosímil, pero se necesitaba un motivo que condujese a las mujeres a la tumba. Así se explica la leyenda de las Santas Mujeres.
     Este episodio fue popularizado por los Misterios de Pascua, en los cuales la escena del comerciante de perfumes (unguentarius, apothecarius, mercator) fue desarrollado con complacencia e inspiración cómica. Las compradoras se dirigen sucesivamente a dos comerciantes, uno joven y otro viejo, para quedarse con la mejor oferta, de pie frente al mostrador, las Santas Mujeres hacen pesar los perfumes en una balanza.
     Esta escena mercantil, que divertía a los espectadores del teatro de los Misterios, parece haber sido especialmente  popular en Provenza a causa del culto de la Magdalena del Santo Bálsamo (Madeleine a la Sainte-Baume) y del culto de las Santas Marías en Camargue. En cualquier caso, es allí donde la escultura románica nos ofrece los ejemplos más antiguos y numerosos. Ese tema pasó desde Provenza al norte de Italia, a Cataluña y al sur de Alemania.
     2. La visita de las santas mujeres al sepulcro
     En el arte bizantino, el Santo Sepulcro tiene forma de «tugurium», es decir, de capilla sepulcral con apariencia de cabaña, edificada en la rotonda de la iglesia de la Resurrección de Jerusalén. Los artistas  de Occidente, menos familiarizados con los monumentos de Tierra Santa, la reemplazan con un sarcófago.
     Las Santas Mujeres son ya tres, ya dos, según los artistas se inspiren en el Evangelio de Marcos o en el de Mateo. La primera balancea un incensario.
     Sobre la piedra retirada del sarcófago está sentado «el joven vestido de una túnica blanca», asimilado a un ángel alado. Señala con el dedo la tumba vacía o a veces, como en Orvieto, el cielo a donde ha ascendido Cristo.
     Con frecuencia las Santas Mujeres son acogidas en la entrada del Sepulcro por dos ángeles luminosos.
     Sobre una cara de un capitel de Módena se representa una escena procedente del teatro litúrgico que no se encuentra en otros sitios: María Magdalena se desmaya sobre la tumba de Cristo al tiempo que María «la de Santiago» y María Salomé intentan levantarla.
     A veces el tema de la visita de las Santas Mujeres y el de la Resurrección están asociados en una misma composición. En la arquivolta de la portada de Trogir (Trau), en Dalmacia, que data del siglo XIII, se ve a Cristo de pie ante su sarcófago, que acoge por sí mismo a las Santas Mujeres. En la pintura del siglo XIV pueden citarse numerosos ejemplos de esta amalgama en la escuela de Giotto (Taddeo Gaddi), en la escuela de Bohemia (Maestro de Hohenfurt, miniatura de L. de Klettau (Biblioteca Municipal de Zittau) y en el arte alemán (Miniatura del Perikopenbuch del arzobispo Kuno von Falkenstein (1380, Biblioteca de Tréveris). Las tres Santas Mujeres ya no son advertidas por el ángel, pero se prosternan ante Cristo resucitado que se les aparece in corpore.
3. Cristo saliendo de la tumba
     Fue a partir del siglo XI cuando se vio la Resurrección representada ya no bajo el velo del símbolo, sino como un hecho. El punto de partida sería una miniatura del Evangeliario de Munich procedente del scriptorium de Reichenau.
     Esta representación no se apoya en texto evangélico alguno, pero respondía a una necesidad de la fe popular.
     Se comenzó por representar a Cristo saliendo del sarcófago; fue en el siglo XIV cuando, a consecuencia de una contaminación con el tema de la Ascensión, se lo representó planeando encima de su tumba.
El origen del tema
     Cómo explicar este cambio, de fundamental importancia en la iconografía de la Resurrección, de la representación simbólica por la representación real; es decir, de Las Santas Mujeres en el Sepulcro por la Resurrección.
     Se han invocado influencias de la puesta en escena de los autos sacramentales de la Pasión. Pero en el Auto de Pascua, donde las Santas Mujeres estaban representadas por tres diáconos, sólo se anuncia la Resurrección. Entre los ángeles y las tres Marías se establece un diálogo:
          Quem quaeritis in sepulchro, christicolae? 
          Jesum Nazarenum crucifixum, o coelicolae. 
          Non est hic; surrexit, sicut praedixerat.
          Ite, nuntiate quia surrexit de sepulchre.
     De manera que Cristo resucitado no aparece personalmente en la escena. Por ello no puede atribuirse a la influencia de los autos sacramentales la idea de representar a Cristo saliendo de la tumba.
     Según Efrén el Sirio, que asimila la Resurrección con un segundo Nacimiento de Cristo, éste habría salido sin fractura de su tumba sellada (sepulcro clauso),  de la misma manera que en su nacimiento había salido del vientre intacto (utero clauso) de la Virgen, sin romper el sello de su virginidad.
     Desde el punto de vista iconográfico es muy interesante ver la variedad de soluciones que el arte de la Edad Media ha dado a un problema particularmente difícil de resolver.
     No existen menos de cinco, sin contar las variantes secundarias.
     1. Cristo se incorpora en su sarcófago (Christus in sepulcro).
     2. Apoya un pie sobre el borde.
     3. Pasa la pierna fuera del sarcófago (Christus uno pede extra sepulcrum).
     4. Está de pie ante el sarcófago (Christus extra sepulcrum).
     5. Se mantiene de pie sobre la tapa (Christus supra sepulcrum).
     Sea cual fuere el partido adoptado, Cristo resucitado siempre está caracterizado por una cruz estandarte que es el símbolo de su victoria sobre la muerte.
     A pesar de este emblema, la mayoría de estas actitudes nada tienen de triunfal. El arte de finales de la Edad Media con frecuencia resulta indecoroso, y por amor a lo pictórico, cae en la trivialidad. Así es como un artista primitivo alemán de la escuela hanseática, el Maestro Francke, en un retablo de 1424 (Museo Hamburgo), en lugar de representar a Cristo pasando la pierna por el borde del sarcófago de frente, lo muestra esquivándolo por detrás, como un ladrón furtivo que temiese despertar a los guardianes dormidos. Esta evasión clandestina, de la cual pueden encontrarse otros ejemplos en las miniaturas alemanas, tiene algo que resulta chocante. Con el mismo espíritu, el arte germánico representa a Cristo poniendo cuidadosamente en su sitio la tapa de su sarcófago, para hacer creer que ha salido de él milagrosamente. 
   Otra particularidad del arte alemán consiste en representar a Cristo resucitado saliendo de un sarcófago sellado, sin romper y ni siquiera levantar la tapa. (Das Durchsteigen des geschlossenen Sargs, Der Aufstieg aus dem geschlossenen Grabe).
     Puede imaginarse con facilidad que esta manera un tanto familiar de reprsentar el misterio de la Resurrección no debía contar con universal aprobación. El pie sacado de la tumba no duró mucho en Alemania. En Italia y Francia se prefirió mostrar a Cristo apoyando el pie sobre el borde de su sarcófago, como un vencedor que holla la cerviz de su enemigo; y también erguido sobre la tapa como sobre un pedestal (vidriera de Bourges, miniatura de Jean Colombe en las Muy Ricas Horas de Chantilly, Perugino, Bissolo).
     El Cristo resucitado, sentado sobre su tumba en la actitud de un juez, que se ve en una miniatura alemana del siglo XV, es sólo una curiosidad iconográfica.
4. Cristo planeando encima de su tumba
     Con Cristo de pie sobre la tapa de su sarcófago como sobre un trampolín que lo impulsará hasta el cielo, la iconografía se encamina hacia una cuarta fórmula de la Resurrección: Cristo transfigurado flotando en una mandorla. Esta Resurrección ascensional se confunde con la Transfiguración y la Ascensión.
     Aparece en el arte italiano a principios del siglo XIV. El honor de esta innovación corresponde a Giotto y a su escuela. En la capilla de los Españoles, Andrea da Firenza hace planear a Cristo resucitado encima de tres Santas Mujeres. Con Fra Angélico y Perugino, este tema se independiza de sus vínculos con el motivo arcaico de las Santas Mujeres en la gruta sepulcral, y elimina las otras fórmulas.
     Alcanza su apogeo en la Resurrección pintada en 1580 por Tintoretto, para la Escuela de San Rocco. Unos ángeles hercúleos derriban la piedra que tapa la entrada de la tumba, y Cristo sale de allí como un cohete vivo. Ya no planea, sale literalmente disparado, como un proyectil. Es la más dinámica de todas las Resurrecciones.
     Otra originalidad de la escuela italiana es, a veces, el reemplazo de los vigilantes que montan guardia alrededor de la gruta sepulcral por apóstoles o santos. Por eso, en un grabado de Mantegna, Cristo resucitado está acompañado por san Andrés y san Longinos, patrones de Mantua. El cuadro del Museo de Berlín, atribuido a Leonardo da Vinci, muestra a los pies de Cristo que toma impulso, a san Leonardo, patrón de los presos, y a santa Lucía, que presenta sus ojos sobre una bandeja: esos dos santos en adoración simbolizan el desapego a la vida terrenal.
     Por un singular fenómeno de retraso, el motivo de Cristo planeando fue exclusivamente italiano desde comienzos del siglo XIV hasta finales del siglo XV. A principios del siglo XVI fue adoptado por las escuelas alemanas: por Durero, en un xilografía de la Pasión Grande, y por Mathis Nithart, en un postigo del retablo de Isenheim. Pero este tipo de Resurrección triunfal nunca se adaptó bien al norte de Europa, y contradice el espíritu de la Reforma. En su cuadro de la Pinacoteca de Munich (1639), Rembrandt retorna a una concepción completamente diferente. Un ángel levanta la piedra de la tumba y Cristo, aún envuelto en fajas, se pone de pie penosamente, como un nuevo Lázaro. Es exactamente lo contrario del Cristo bólido de Tintoretto, lanzado hacia el cielo como un proyectil.
Correcciones de la iglesia católica después de la Contrarreforma
     Los teólogos de la Contrarreforma sometieron a severas críticas la iconografía de la Crucifixión, que en 1730 formuló Juan de Ayala en su Pictor Christus eruditus. Según dicho autor, es un grosero error representar a Cristo saliendo de la tumba abierta, con un pie fuera del sarcófago (uno pecte extra sepulcrum, altero autem cum crure jamjam prodeunte). Tampoco aprueba la representación de Cristo planeando (sublevatus in aere), que se parece demasiado a una Ascensión. Lo mejor es representarlo ante o sobre la tumba cerrada (extra vel supra sepulcrum). Su cuerpo resplandeciente, inmaterial (sine mole et pondere), revestido con un lienzo rojo, debe mostrar las llagas.
     Juan de Ayala considera que al representar a los soldados dormidos se injuria la disciplina del ejército romano (sic). Y cree imposible que todo el cuerpo de guardia se haya dormido; por lo menos uno de los guardianes debe permanecer despierto.
     En cuanto a la asistencia, deben ser eliminados todos sin excepción, puesto que según los Evangelios, ninguna criatura mortal asistió al milagro de la Resurrección (a nullo prorsus mortalium visum). La Virgen tampoco debe estar presente. En la escena no caben ni soldados precipitándose sobre sus armas ni un perro que ladre.
Los guardianes
     Como ya hemos señalado, la presencia de guardianes alrededor del Sepulcro es completamente ignorada por Marcos, Lucas y Juan. Fueron introducidos posteriormente en la leyenda y en la iconografía por razones apologéticas, con el objeto de refutar la acusación de los judíos, que insinuaban que el cadáver de Cristo había sido retirado clandestinamente por sus discípulos.
     Acuclillados alrededor de la tumba, parecen dormir, a veces hasta roncan con la boca abierta, pero es sólo falsa apariencia o al menos no todos duermen. El sueño de los guardianes habría provisto argumentos a los judíos y habría parecido dar la razón a sus insinuaciones. Por ello es cierto que la intención de los artistas, y la de los teólogos que los guiaban, era representar a los guardianes no dormidos sino deslumbrados, paralizados y «como muertos», según la expresión de san Mateo (28: 4), al ver al divino resucitado.
     El número de guardianes es variable: a veces son tres o cuatro, pero en ciertas ocasiones se cuentan en tan gran número que rodean el sepulcro por todas partes como para hacer imposible toda tentativa de retirar el cuerpo, o de evasión (Jean Colombe, Muy Ricas Horas).
     En el teatro de los Misterios, Pilato los sitúa en los cuatro ángulos del Santo Sepulcro. Pero su agrupación presentaba grandes dificultades en los capiteles historiados. En Mozat, parecen dormir de pie, con la cabeza inclinada. En un capitel de Issoire, los tres guardianes están superpuestos.
     Lo más habitual es que estén acostados al pie de la tumba, pero a veces observan como vigías en lo alto de la torre sepulcral, detrás de las almenas (Libro de Perícopes de Salzburgo, Biblioteca Munich).
     Su indumentaria y armas son anacrónicos. No están vestidos como legionarios romanos sino como militares del tiempo de las cruzadas, con la cota de malla y el casco cónico provisto de nasal; llevan los escudos sujetos en la coronilla, como si estuvieran al pie de la muralla de un castillo. Sus ropas varían de acuerdo con la moda: en el Renacimiento usan los farsetos de los lansquenetes.
     Sus reacciones son muy expresivas, y a veces, hasta caricaturescas. Deslumbrados por la aparición, intentan taparse los ojos con una mano o el escudo. Los más valientes desenvainan la espada para partir al espectro; los otros consideran más prudente darse a la fuga. A veces uno de ellos se arrodilla en actitud de adoración: Longinos, el lancero, cuyos ojos se habían abierto a causa del milagro (Predela de Mantegna en el Museo de Tours).
     A veces Cristo apoya el pie sobre la cabeza o el pecho de uno de los guardianes que no parece advertirlo.
     No hay más espectadores que los guardianes. Los apóstoles están ausentes, la Virgen también. Sólo en la escuela catalana del siglo XV puede encontrarse excepcionalmente -simples curiosidades iconográficas- a la Virgen asistiendo a la Resurrección de su Hijo (Jaume Serra, Retablo de Huesca, Museo Barcelona). 
   Para explicar la ausencia de la Virgen, algunos comentaristas ingeniosos supusieron que ella pudo asistir al milagro, pero que los evangelistas juzgaron preferible no hacerla intervenir porque el testimonio de una madre habría resultado sospechoso y sin valor probatorio.
Los príncipes de los sacerdotes corrompen a los guardianes
Mateo, 28: 11 - 15.
     Para desacreditar los testimonios de los judíos que pretendían que el cadáver de Jesús había sido robado durante la noche por los discípulos, Mateo agrega que los guardianes informaron a los «príncipes de los sacerdotes" acerca de la desaparición de su prisionero, y que éstos, después de deliberar, les dieron «bastante dinero» a condición de decir que los discípulos de Jesús habían aprovechado que ellos dormían para hacer desaparecer el cuerpo.
     A pesar de su carácter apologético, este episodio ha sido escasamente ilustrado por el arte cristiano (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Jerónimo Hernández, autor de la imagen que preside la obra reseñada;
     Jerónimo Hernández de Estrada, (Ávila, c. 1540 – Sevilla, 27 de julio de 1586). Escultor.
     Nace en Ávila en torno a 1540, probablemente en la calle de la Albardería (hoy San Segundo). Hasta los trece años vivió con sus padres, Juan Hernández y Catalina de Estrada, vinculados al gremio de la carpintería.
     En 1533 se incorporó, como aprendiz, al taller de Juan Bautista Vázquez el Viejo. Cuando contaba con unos veinte años, se trasladó a Sevilla, juntamente con su tutor y maestro.
     El profesor J. M. Palomero Páramo, refiriéndose a la fecha en que comenzó su vida en Sevilla, escribe: “El inicio de la estancia ininterrumpida en Ávila de Juan Bautista Vázquez el Viejo y Jerónimo Hernández arranca de los meses centrales de 1560, tras asistir Jerónimo Hernández el 30 de marzo en Ávila a la partición de bienes de sus padres y cobrar Vázquez el 20 de abril del Cabildo de Toledo, el finiquito de las pinturas que hizo para la puerta del Perdón, de la Catedral Primada, con motivo de la entrada de Felipe II en la Ciudad Imperial” (Gerónimo Hernández, pág. 21).
     A finales de marzo o principios de abril de 1568, contrajo matrimonio con Luisa Ordóñez, hija del arquitecto Hernán Ruiz II. Tuvieron dos hijos, Jerónima de Estrada y Hernando Ordóñez, quien profesó en el monasterio trinitario de Santa Justa y Rufina, de Sevilla. Jerónima se casó con Francisco Arias Orduña en 1590. La familia vivió en la capital andaluza, la mayor parte del tiempo en el barrio de San Juan de la Palma. En Sevilla murió, posiblemente en la madrugada del 27 de julio de 1586, a los cuarenta y seis años de edad.
     “Cabe fijar —escribe Palomero Páramo— la formación escultórica de Gerónimo Hernández en el círculo berruguetesco de Juan Bautista Vázquez el Viejo [...] y la arquitectónica en el taller de su suegro Hernán Ruiz II, viéndose completada esta última con la lectura de los tratadistas italianos del Manierismo, en cuyo obrador poseyó ‘sesenta libros grandes e pequeños de toscano y latín’, y el contacto personal que mantuvo con Pedro Díaz de Palacios, Maestro Mayor del Arzobispado y de la Catedral, que en 1581 introducía la tipología del retablo romanista en la región cancelando el recetario plateresco [...] La influencia que en la composición de sus retablos ejercieron determinadas fórmulas de Serlio y Palladio revelan la consulta que hizo de estos códigos arquitectónicos y la existencia de los mismos en su taller [...] A través de su obra, el relieve de San Jerónimo Penitente, de 1566, se revelan ya dos características esenciales que se hacen permanentes en toda su producción: una formación castellana de raíz berruguetesca de su maestro J. B. Vázquez el Viejo, y unas condiciones singulares para el modelado y el dibujo” (págs. 39-40). En 1573 se sometió a las pruebas requeridas y obtuvo el título de “Maestro en el arte de escultor, entallador de romano y arquitecto”.
     Aprendieron con él, además de Bartolomé Gaspar Adán, Diego de Robles, Juan Martín Nieto, Pedro Gómez, Crisóstomo Mena, Juan Manuel. El maestro manifestó en su testamento que tenía en su taller cuatro aprendices. Uno de los citados, Diego Robles, que pasó a Ecuador donde trabajó y dejó obras, como la Virgen con el niño (santuario de Quinche), datada en 1586, prolongó en América el estilo de Jerónimo Hernández.
     Entre sus discípulos se encuentran Gaspar Núñez Delgado y Juan Bautista el Joven, hijo de su maestro y tutor. Asimismo recibieron enseñanzas suyas Andrés de Ocampo, Juan de Oviedo el Joven, Juan Martínez Montañés y Diego López Bueno, “como se advierte en sus obras y revela el romanismo escultórico de las mismas”.
     Mantuvo relaciones con otros muchos artistas, además de los citados, como el entallador Juan de Oviedo el Viejo, natural de Ávila, los escultores Diego de Velasco y Juan Bautista Vázquez el Joven, el pintor portugués Vasco Pereyra, que policromó casi todas las obras de J. Hernández, el platero Francisco Alfaro, etc.
     El profesor Palomero Páramo ofrece un catálogo documentado de las obras de Jerónimo Hernández.
     Clasifica las mismas en tres apartados: arquitectura; retablos, sagrarios y sillería; relieves e imágenes independientes.
     Son concretamente seis las obras que recoge en el apartado imaginería procesional, entre ellas el Cristo recibiendo el cáliz del ángel (Sevilla, capilla de Montesión, 1578), es uno de los mejores pasos de cuantos procesionan en Sevilla, y el Niño de Jesús (Sevilla, parroquia de Santa María Magdalena, 1581- 1582), imagen titular de la cofradía Dulce Nombre de Jesús, que se considera la contribución más importante de J. Hernández a la iconografía hispalense.
     Jerónimo Hernández, orientó la escuela sevillana de escultura por los cauces de la expresión que madurarían con Martínez Montañés, como lo demuestran sus creaciones iconográficas, la introducción de la tipología posbramentesca en la arquitectura de madera y la incorporación de una tendencia clásica, heroica y monumental en la imaginería, completamente ajena a la corriente estática y goticista que caracterizó a la generación del primer manierismo (Francisco López Hernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Jesús Resucitado, de Jerónimo Hernández, en su retablo del antecoro alto del Convento de Madre de Dios, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Convento de Madre de Dios, en ExplicArte Sevilla.

Procesiones de hoy, Domingo de Resurrección

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, Domingo de Resurrección, de Sevilla.  
     Hoy, 5 de abril, es Domingo de Resurrección. Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: La Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne.
       En este día Dios nos ha abierto las puertas de la eternidad por medio de su Unigénito, vencedor de la muerte, y pedimos ser renovados por el Espíritu Santo para resucitar a la luz de la vida (cf. 1.ª orac.). Hoy es el día en que actuó el Señor. La piedra que desecharon los arquitectos —Cristo en su pasión— es ahora la piedra angular una vez que ha resucitado (cf. sal. resp.). Y creemos en este misterio gracias al testimonio de los apóstoles que comieron y bebieron con él después de su resurrección (1 lect.) y vieron el sepulcro vacío (Ev.). A partir de ahí, una vez que por el bautismo hemos resucitado con Cristo, busquemos los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios (2 lec.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte las procesiones de hoy, Domingo de Resurrección, en Sevilla. Así, en el día de hoy procesionan las siguientes hermandades:

     Hdad. de la Resurrección: La Ilustre y Lasaliana Hermandad Sacramental y Cofradías de Nazarenos de la Santa Cruz, Sagrada Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, Nuestra Señora de la Aurora, María Santísima del Amor, San Juan Bautista de La Salle y Santa Marina; es ésta una corporación fundada en 1969, y con sede canónica en la iglesia parroquial de Santa Marina y San Juan Bautista de La Salle, del sevillano barrio de San Julián, siendo sus imágenes titulares la Sagrada Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, obra de Francisco Buiza en 1973; Nuestra Señora de la Aurora, obra de Antonio Joaquín Dubé de Luque en 1978; María Santísima del Amor, obra de Jesús Santos Calero en 1969; Santa Marina; y San Juan Bautista de la Salle, obras ambas de Miguel Ángel Pérez Fernández y Ricardo Llamas León, en 2007. 
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Resurrección: www.hermandaddelaresurreccion.com

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones del Domingo de Resurrección, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad hispalense.

sábado, 4 de abril de 2026

Procesiones de hoy, Sábado Santo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, Sábado Santo, en Sevilla.
     Hoy, 4 de abril, es Sábado Santo. Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.
       Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la Noche Santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como «la madre de todas las Santas Vigilias» (San Agustín).
       Durante la Vigilia, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana (CO, 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.
       Esta vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, «rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo» (pregón pascual) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte las procesiones de hoy, Sábado Santo, en Sevilla, en el que procesionan las hermandades siguientes:

     Hdad. del Sol: La Fervorosa y Mariana Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos del Triunfo de la Santa Cruz, Santo Cristo Varón de Dolores de la Divina Misericordia, Nuestra Señora del Sol y San Juan Evangelista; es  ésta  una corporación   fundada  en  1995, aunque sus orígenes  se  remontan  a  1932, con sede canónica en la Iglesia parroquial de San Diego de Alcalá, del sevillano barrio del Plantinar, siendo sus imágenes titulares el Santo Cristo Varón de Dolores  de la Divina Misericordia y Nuestra Señora del Sol, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena, obras de José Manuel Bonilla Cornejo en 2003 y 1989, y María Santísima de la Salud.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Sol: www.hermandaddelsol.org

     Hdad. de los Servitas: La Real, Ilustre y Venerable Hermandad de Nazarenos y Primitiva Cofradía Servita de Ntra. Señora de los Dolores, Santísimo Cristo de la Providencia, María Santísima de la Soledad y San Marcos Evangelista; es  ésta  una  corporación  fundada  en  1696, con sede canónica en la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, del barrio de San Julián, siendo sus imágenes titulares son el grupo de la piedad compuesto por Nuestra Señora de  los Dolores  y el  Santísimo  Cristo  de  la Providencia obras de José Montes de Oca en 1740, mientras que María Santísima de la Soledad es obra de Antonio Castillo Lastrucci en 1966 y remodelada por Antonio Joaquín Dubé de Luque en 1967. 
Enlace a la web oficial de la Hermandad de los Servitas: www.realhermandadservita.com

    Hdad. de la Trinidad: La Pontificia, Real, Muy Ilustre y Trinitaria Hermandad Sacramental y Archicofradía de Nazarenos del Sagrado Decreto de la Santísima Trinidad, Santísimo Cristo de las Cinco Llagas, María Santísima de la Concepción, Nuestra Señora de la Esperanza Coronada y San Juan Bosco; es ésta una corporación fundada en 1507, con sede canónica en la Basílica de María Auxiliadora, del sevillano barrio del Fontanal-María Auxiliadora-Carretera de Carmona, siendo sus imágenes titulares el Sagrado Decreto  de  la  Santísima Trinidad  (Dios-Hijo  obra de Emilio Pizarro en 1913, Dios-Padre atribuida al círculo de Juan  de  Mesa  en el primer cuarto del siglo XVII, y la de Dios-Espíritu Santo obra de Juan Mayorga en 1995), el Santísimo  Cristo de las Cinco Llagas obra de Luis Álvarez Duarte en 2002, acompañado por María Santísima de la  Concepción, de Antonio  Bidón  en  1958  y  San  Juan Evangelista de autoría anónima, y finalmente Nuestra Señora de la Esperanza, obra de Juan de Astorga en 1820.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Trinidad: www.hermandaddelatrinidad.es

    Hdad. del Santo Entierro: La Real Hermandad Sacramental del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, Triunfo de la Santa Cruz y María Santísima de Villaviciosa; es ésta una corporación fundada en el siglo XVI, y con sede canónica en la iglesia conventual de San Gregorio Magno, del centro de la ciudad, siendo  sus  imágenes titulares, el Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, obra atribuida con seguridad a la gubia de Juan de Mesa a comienzos del siglo XVII, y María Santísima de Villaviciosa, tallada por Antonio Cardoso de Quirós en 1691, al igual que el Triunfo de la Santa Cruz, también del mismo autor. 
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Santo Entierro: www.santoentierro.org

     Hdad. de la Soledad de San Lorenzo: La Pontificia y Real Hermandad Sacramental, Nuestra Señora de Roca Amador, Ánimas Benditas, Beato Marcelo Spínola y Primitiva Cofradía de Nazarenos de María Santísima en su Soledad; es ésta una corporación fundada en 1557, y con sede canónica en la iglesia parroquial  de  San  Lorenzo, del sevillano barrio de San Lorenzo  siendo  su  imagen  titular,  María  Santísima en su Soledad, una talla anónima de mediados del siglo XVI.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo: www.hermandaddelasoledad.org

    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del Sábado Santo, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

La imagen de María Santísima de la Soledad, obra de Castillo Lastrucci y remodelada por Dubé de Luque, titular de la Hermandad de los Servitas

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de María Santísima de la Soledad, obra de Castillo Lastrucci y remodelada por Dubé de Luque, titular de la Hermandad de los Servitas, de Sevilla.  
     Hoy, sábado 4 de abril, es Sábado Santo. Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.
       Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la Noche Santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como «la madre de todas las Santas Vigilias» (San Agustín).
       Durante la Vigilia, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana (CO, 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.
       Esta vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, «rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo» (pregón pascual) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de María Santísima de la Soledad, obra de Castillo Lastrucci y remodelada por Dubé de Luque, titular de la Hermandad de los Servitas, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Sábado Santo.
     La Hermandad de los Servitas, tiene su sede canónica en la Capilla de los Dolores, que se encuentra, al igual que su Casa de Hermandad, en la calle Siete Dolores de Nuestra Señora, 1; en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
     María Santísima de la Soledad, cotitular de la Hermandad de los Servitas, procesionó por primera vez bajo palio el Sábado Santo del año 1981. Podría considerarse el último legado del escultor Antonio Castillo Lastrucci para la Semana Santa de Sevilla. En efecto, esta imagen mariana fue encargada el 5 de marzo de 1966 al anciano imaginero Castillo Lastrucci por los hermanos Juan y Esteban Pechero Guinea, ascendiendo su coste a 15.000 pesetas (90 euros). Estos la regalan a la Hermandad, pero al no ser del gusto de la Junta de Gobierno esta le encargó al hermano Antonio Dubé de Luque su remodelación. De inmediato, entre el 5 de septiembre y el 15 de octubre del mismo año, la remodelo Dubé de Luque (Hermandad de los Servitas).
     Capilla de los Siete Dolores, junto a la parroquia de San Marcos. Dolorosa de la Semana Santa, cofradía de los Servitas, Sábado Santo. Obra original de Antonio Castillo Lastrucci, remodelada en 1967 por Antonio Dubé de Luque, quien la mejoró notablemente, perfeccionando y afinando de forma ostensible sus bellos rasgos. También le puso otras manos. Mide 1,69 m. De las tres con esta advocación que desfilan penitencialmente, es la única que va bajo palio, el cual ofrece corte rectilíneo, con severo y acertado gusto. La capilla delantera de sus respiraderos lleva cincelada una pequeña Madonna "Addolorata", según modelo italiano, y junto al llamador va otra pequeña figura, ebúrnea, de Nuestra Señora de San Lorenzo, Patrona de Valladolid. Magnífico exorno floral. Igualmente se cuida bastante el acompañamiento de música. Entre los momentos interesantes de la procesión se cuenta el desfile por la plaza del Cristo de Burgos, por la calle doña María Coronel, y la recogida junto a la hermosa plaza de Santa Isabel, todo ello con emotivo e inevitable acento epilogal, lleno de romanticismo (Juan Martínez Alcaide. Sevilla Mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1997).
María Santísima de la Soledad.
Iconografía: Virgen al pie de la Cruz, tras la Crucifixión de Jesucristo.
Autor: Antonio Castillo Lastrucci (1882-1967) y Antonio Joaquín Dubé de Luque (1943).
Cronología: 1959  1966.
Autor de las manos: Antonio Joaquín Dubé de Luque.
Cronología de las manos: 1966.
Intervenciones: Antonio Joaquín Dubé de Luque (1966).
Altura: 169 centímetros.
     La compleja historia de la imagen dolorosa de la hermandad de los Servitas fue despejada por don Jesús Palomero Páramo, tomando como base las aportaciones del mejor conocedor de la producción de Antonio Castillo Lastrucci: nos referimos a Manuel Tobajas Villegas.
     Tras la ejecución de esta imagen en 1959, Antonio Castillo la cede a la hermandad del Gran Poder. Sin embargo, años después, seguía sin recibir culto pues fue colocada en la sala de exposiciones para no levantar sospechas de una posible sustitución de la titular mariana de la corporación, Nuestra Señora del Mayor Dolor y Traspaso.
     Llegados a este punto se dan dos circunstancias que va a converger en un mismo punto: por un lado, la precariedad económica por la que pasaba Castillo en los años finales de su vida supuso la petición de dicha imagen para poder venderla. Esta devolución se producía en el mes de julio de 1966; por otro lado, los hermanos Esteban y Juan de Dios Pechero Guinea encargan a Castillo Lastrucci en marzo del citado año una dolorosa para el futuro palio de la corporación servita, aún sin ser penitencial, entregando éste, cuatro meses después, la talla recuperada por una cuantía de 15.000 pesetas. Tras la entrega por parte del escultor, la familia propietaria realizó la donación de la misma a la hermandad.
     Sin embargo, ni a los promotores ni a la hermandad agradó esta imagen, con lo cual tras una búsqueda infructuosa de un imaginero que retallara el rostro, llega a manos de Antonio Dubé de Luque. Tan profunda fue la intervención que ella ejecutó Dubé que, según la opinión de Palomero, se debe incluir esta talla en la producción de este artista porque en ella plasma sus personales rasgos estilísticos. Como dato anecdótico podemos decir que el imaginero recibió la cantidad de 2.000 pesetas por la intervención. Según Martínez Alcaide "la mejoró notablemente, perfeccionando y afinando de forma ostensible sus bellos rasgos".    
     En la Exposición de Arte Sacro organizada por la hermandad Servita participa esta imagen, la cual meses después, en noviembre de 1967, se bendice en la iglesia del convento de Santa Isabel, incorporándose dicha advocación como titular de la hermandad en 1970 y procesionando bajo palio por primera vez en la Semana Santa de 1981. Como bien dicen los especialistas don Juan Miguel González y don José Roda, esta imagen "podría considerarse el último legado del escultor Antonio Castillo Lasrucci, si no hubiera sido retallada y remodelada tan intensamente por Antonio J. Dubé de Luque".
     Realizada en Pino de Flandes, María Santísima de la Soledad posee una visión frontal en la que su mirada va bajando paulatinamente mientras que con suma timidez se desvía hacia la derecha. De sus ojos de cristal surgen cinco lágrimas de similar materia, tres en la mejilla derecha y dos en la izquierda, dejando un marcado rastro en su doloroso andar. María tiene su boca entreabierta dejándonos ver los dientes superiores. Las mano, como ya comentamos anteriormente, forman parte de la obra de remodelación que llevó a cabo Dubé de Luque en 1966. En la mano derecha porta un pañuelo mientras que en la izquierda, no siempre en su estación de penitencia, lleva una corona de espinas.
     Porta entre sus manos una rosa de pasión y una corona de espinas, ambas realizadas en plata por Manuel de los Ríos en 1999.
     La corona de salida se realiza en el taller de Ríos Navarro, datando del año 1986. Ejecutada en plaza sobredorada fue bendecida el 7 de diciembre del citado año por don Federico María Pérez Estudillo. Canasto y aro poseen una decoración vegetal totalmente aglutinada en el espacio sin dejar, en ningún momento, algo calado entre sus motivos. La hojarasca, emergente y bulbosa, se hace dueña de esta zona, en la cual podemos vislumbrar algunas cabecitas de querubines que bien están camufladas en todo este desarrollo ornamental. Con los imperiales damos un giro de 180 grados en la concepción decorativa antes vista. Ahora lo vegetal se vuelve más plano, más elegante, sin perder su naturaleza volumétrica. Sin embargo, aparecen ya espacio calados, pudiendo verse a través de ellos. Podemos tomarlos como preludio de lo que será la ráfaga. Ésta se estructura de una manera orgánica pues nacen sus elementos desde el mismo aro para ir desarrollándose a medida que va escalando y culminar en su centro con un óvalo, perfilado con engastes de pedrería, en cuyo interior se sitúa el escudo de la corporación. Alternancia de rayos ondulantes y rectilíneos con gran predominancia de los últimos danto a la pieza un perfil externo un tanto estrellado. Una orgánica cruz, con decoración interior de pedrería, culmina la pieza.
     El manto es liso. El 29 de enero de 2004 se aprobó en Cabildo General el proyecto del bordado del manto de salida, habiendo sido diseñado por Antonio Dubé de Luque. Este diseño del manto sigue la tónica estilística del resto del paso de palio. La Dolorosa posee dos sayas que fueron confeccionadas en los Talleres del Convento de Santa Isabel (Álvaro Dávila-Armero del Arenal, José Carlos Pérez Morales y José Fernando Gabardón de la Banda, en Palios de Sevilla III. La virgen dolorosa sevillana. Ediciones Tartessos, Sevilla. 2006). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen Dolorosa; 
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa, representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de San Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
1. La Virgen de la Piedad
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
     Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
     Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos.
2.  La Virgen de las siete Espadas
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius.

   ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B.V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen «la fiesta de las angustias de Nuestra  Señora».
   Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el si­glo XV el número se llevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado,  salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra  Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circuncisión.
1. Profecía de Simeón (o la Circuncisión);
2. Huida a Egipto;
3. Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a Cuestas; 
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así, de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la alta Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por  los Dolores  de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas, quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado  en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad Media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría de los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito.
   A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
   Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reeemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Antonio Castillo Lastrucci, autor de la imagen reseñada
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     Antonio Castillo Lastrucci, (Sevilla, 20 de febrero de 1882 – 29 de noviembre de 1967). Escultor.
     Autor de innumerables imágenes y misterios para las cofradías sevillanas: titulares y sayones de la Hermandad de la Bofetá 1923-1924; todo el misterio de San Benito 1928; grupo de la Sentencia, sin la efigie del Señor 1929; titulares de la Hermandad de la Hiniesta e imagen de la Magdalena 1937-1938 y 1944; grupo de las Tres Caídas de Triana, sin el Señor 1940-1941; misterio completo del Prendimiento y sus andas 1945; apóstoles de la Oración en el Huerto 1950; sayones del grupo de las Penas de Triana 1952; misterio completo del Beso de Judas 1958-1960; sayones en el grupo de Jesús ante Caifás 1961. También realizó distintas restauraciones, destacando las efectuadas a la Virgen de la Esperanza de Triana en 1929, la de Jesús Nazareno (La O) en 1936 y al Señor de la Oración en el Huerto 1942. Su obra es inmensamente prolífica (unas 1.150 esculturas), ya que tuvo que sustituir tras la guerra numerosas imágenes que se perdieron. En mayo de 1961 fue merecedor de un homenaje de las Cofradías sevillanas. Fue nombrado hermano de honor en las Hermandades del Prendimiento 1962 y en la Hiniesta 1965.
     El gobierno de la nación le hizo acreedor de la Medalla al Mérito de Trabajo, que se le puso póstumamente sobre su féretro. Su nombre ha quedado perpetuado desde 1964 en la nomenclatura de la ciudad, Imaginero Castillo Lastrucci, entre las calles San Vicente y Torneo. El 9 de noviembre de 1995, los restos de este imaginero fueron enterrados en la parroquia de San Julián a petición de la Hermandad de la Hiniesta, bajo una imagen de la Piedad que él labró en 1949 (Juan Carrero Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Antonio Dubé de Luque, autor que remodeló la obra reseñada;
Antonio Dubé de Luque. (Sevilla, 23 de diciembre de 1943 – Sevilla, 7 de noviembre de 2019). Cofrade, escultor y pintor.
     Formó parte del grupo de cofrades que convirtió la corporación Servitas de San Marcos en cofradía de penitencia. Restauró y retalló su imagen de la Virgen de la Soledad en 1967; asimismo dirigió la mayor parte de sus enseres procesionales, especialmente el paso de palio, la orfebrería entre los años 1981 y 1983, y los bordados de 1984 a 1994.
     Igualmente labró la Virgen de Consolación, de Nervión en 1969, y la de la Aurora en 1978; restauró la Virgen de la Candelaria en 1969 y la de los Ángeles en 1984. Aportó los diseños del palio de la Virgen del Rocío en 1970-1976, el de Consolación en 1984-1985, y el de la Aurora en 1992. También trazó las andas del Cristo de la Sed en 1990 y las del Señor de la Redención en 2005. Los pergaminos que se entregan anualmente a los pregoneros de la Semana Santa muchos de ellos están pintados por él. El Consejo General de Hermanos y Cofrades le otorgó el Nazareno de Plata en 1988 (Juan Carrero Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de María Santísima de la Soledad, obra de Castillo Lastrucci y remodelada por Dubé de Luque, titular de la Hermandad de los Servitas, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Hermandad de los Servitas, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 3 de abril de 2026

Procesiones de hoy, Viernes Santo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, Viernes Santo, en Sevilla.
     Hoy, 3 de abril, es Viernes Santo. En este día, en que "ha sido inmolada nuestra Víctima Pascual: Cristo (1 Cor 5, 7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas" (cf. san León Magno).
     En efecto, «esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el Misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (SC, 5).
     La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo (CO, 312) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Hoy, Viernes Santo es la tarde-noche de luto por la muerte de Jesucristo, así que mejor día que hoy para Explicarte las procesiones de hoy, Viernes Santo. Así en en la tarde del Viernes Santo de hoy procesionan las hermandades siguientes:

     Hdad. de la Carretería: La Pontificia y Real Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Salud, María Santísima de la Luz en el Sagrado Misterio de sus Tres Necesidades al Pie de la Santa Cruz, San Francisco de Paula, Gloriosa Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad; es ésta una corporación fundada hacia 1550, con sede canónica en la Capilla de la Carretería, del sevillano barrio del Arenal, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Salud, obra de Francisco de Ocampo (comienzos del siglo XVII), María Santísima de la Luz en el Sagrado Misterio de sus Tres Necesidades, obra atribuida a Luis Antonio de los Arcos entre 1677 y 1687; y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, obra de Alonso Álvarez de Albarrán en 1629.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Carretería: www.hermandaddelacarreteria.org 

     Hdad. de La Soledad de San Buenaventura: La Real, Ilustre y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz en el Monte Calvario, Santísimo Cristo de la Salvación y Ntra. Señora de la Soledad; es ésta una corporación fundada en 1649, con sede canónica en la iglesia conventual de San Buenaventura, del sevillano barrio del Arenal, y cuyas imágenes titulares son el Santísimo Cristo de la Salvación, obra de Manuel Cerquera en 1935; y Nuestra Señora de la Soledad, obra de Gabriel de Astorga en 1851.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura: www.soledadsanbuenaventura.com 

     Hdad. del Cachorro: La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio en su Dolor y Gloria; es ésta una corporación fundada en 1689 y  con  sede  canónica  en  la  Basílica  del  Santísimo  Cristo  de  la  Expiración, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Expiración, realizado por Francisco Antonio Gijón en 1682; Nuestra Madre y Señora del Patrocinio Dolorosa, obra de Luis Álvarez Duarte en 1973, y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio Gloriosa, talla anónima del siglo XVII.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Cachorro: www.hermandaddelcachorro.org 

     Hdad. de la O: La Pontificia, Real e Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento, Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la O; es ésta una corporación fundada en 1560, con sede canónica en la Iglesia parroquial de la O, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra de Pedro Roldán en 1685, y María Santísima de la O, obra de Antonio Castillo Lastrucci en 1937, y Santa María de la O Gloriosa, talla anónima de mediados del siglo XVI. 
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la O: www.hermandaddelao.es 

     Hdad. de San Isidoro: La Antigua e Ilustre Hermandad del Santísimo Sacramento, María Santísima de las Nieves y Ánimas Benditas del Purgatorio y Pontificia y Real Archicofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, Nuestra Señora de Loreto y Señor San Isidoro; es ésta una corporación fundada en 1526, con sede canónica en la Iglesia parroquial de San Isidoro, del sevillano barrio de la Alfalfa, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, obra atribuible a Alonso Martínez en 1688; Nuestra Señora de Loreto, obra anónima de 1717; María Santísima de las Nieves, talla anónima del siglo XVI; Niño Jesús sacramental, obra anónima del círculo de Martínez Montañés del siglo XVII; y la Custodia Procesional, obra anónima en madera tallada y dorada de 1803.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de San Isidoro: www.trescaidas.org

     Hdad. de Montserrat: La Pontificia, Real, Ilustre, Antigua y Primitiva Hermandad de Nuestra Señora del Rosario y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat; es ésta una corporación fundada en 1601 con sede canónica en la Capilla de Montserrat, del sevillano barrio del Museo, y cuyas imágenes titulares son el Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, obra de Juan de Mesa en 1619-20; y Nuestra Madre y Señora de Montserrat, obra anónima de comienzos del siglo XVII, atribuida a Gaspar de la Cueva y al propio Juan de Mesa; y Nuestra Señora del Rosario, talla de Cristóbal Ramos, en 1787.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Montserrat: www.hermandaddemontserrat.org 

     Hdad. de La Mortaja: La Antigua, Real e Ilustre Hermandad de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Descendido de la Cruz en el Misterio de su Sagrada Mortaja y María Santísima de la Piedad; es ésta una corporación fundada en el siglo XVI, con sede canónica en la Iglesia del ex-Convento de la Paz, del sevillano barrio de la Encarnación-Regina, y cuyas imágenes titulares son Nuestro Padre Jesús descendido de la Cruz en el Misterio de su Sagrada Mortaja, obra de Cristóbal Pérez en 1667, y María Santísima de la Piedad, talla anónima del siglo XVII.
Enlace a la web oficial de la Hermanad de la Mortaja: www.hermandadsagradamortaja.org 

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     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

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