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martes, 5 de noviembre de 2024

El Convento de las Hermanas de la Cruz, de Antonio Llanes del Río, en Montellano (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Convento de las Hermanas de la Cruz, de Antonio Llanes del Río, en Montellano (Sevilla). 
   Hoy, 5 de noviembre, aniversario de la beatificación de Santa Ángela de la Cruz (5 de noviembre de 1982), es la Festividad, en Sevilla, en España, de Santa Ángela de la Cruz Guerrero González, virgen, fundadora del Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, que no se reservó derecho ninguno para sí, sino que lo dejó todo para los pobres, a quienes acostumbraba a llamar sus "señores", sirviéndoles de verdad (1932) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Convento de las Hermanas de la Cruz, de Antonio Llanes del Río, en Montellano (Sevilla).
     La Capilla de las Hermanas de la Cruz se encuentra en el centro monumental de Montellano, a pocos metros de la Parroquia de San José y del Ayuntamiento.
     Es uno de los edificios realizados gracias a Doña Rosario Ruiz Ramos, la cual legó su patrimonio para fines benéficos. El proyecto de la capilla se le encarga a D. Antonio Llanes del Río, a finales de la segunda década del S. XX. En arquitectura civil, una de sus obras mas importantes es el edificio del Banco de España de Sevilla.
     Convento y capilla están regentados por las Hermanas de la Cruz desde 1920, año en que fue fundado por la propia Sor Ángela  de la Cruz con el fin de socorrer a los enfermos y a los pobres, albergando además, durante muchos años un colegio de niñas internas y externas pobres.
     La capilla del convento es de una sola nave, construida en estilo Neogótico, cubierta con bóvedas ojivales, sostenida por arcos de crucería, unidos con airosos tercelete rematados en bellas claves; toda la infraestructura se apoya en pilastras nervadas que descansan sobre basas labradas. La puerta de entrada es de piedra caliza, sostenida por un arco conopial con motivos florales.
     La Virgen del Corazón de María se halla en un templete neogótico que toma elementos de la Sagrada Familia de Gaudí.
     De las estancias y diferentes visitas de Sor Ángela de la Cruz a la casa de Montellano, poseen las hermanas un precioso joyero con reliquias de madre. El visitante puede ver en la salita de espera del convento una vitrina donde las hermanas guardan objetos personales de Sor Ángela tales como un sayal y una lezna que uso cuando era zapatera, dos tablillas del cabecero de madre, un tarrito de flores secas que estuvieron “sobre el cuerpo muerto de Sor Ángela”, retazos de cartas, prendas, cubiertos de madera,…; legado de una santa que vivió pobre entre los pobres (Andalucía Rústica).
     Se fundó en 1920 por Sor Ángela de la Cruz. Se construyó con el fin de socorrer a los enfermos y a los pobres, teniendo además, colegio de niñas internas y externas. La capilla fue construida en 1920, es de una sola nave, construida en estilo imitación al gótico florido, cubierta con bóvedas ojivales, sostenida por arcos de crucería, unidos con airosos terceletes rematados en bellas claves; toda la infraestructura se apoya en pilastras nevadas que descansan sobre basas labradas. La puerta de entrada está enmarcada por un arco conopial con motivos florales imitando el gótico isabelino, realizado todo ello en piedra caliza. El campanil en forma de prisma cuadrangular adornado con alargadas ventanas cerradas por arcos ojivales (Ayuntamiento de Montellano).
     Es uno de los edificios realizados gracias a Doña Rosario Ruiz Ramos, que legó su patrimonio para fines benéficos. El proyecto de la capilla se le encarga a Antonio Llanes del Río, a finales de la segunda década del siglo XX. 
     Convento y capilla están regentados por las Hermanas de la Cruz desde 1920, año en que fue fundado por la propia Sor Ángela de la Cruz con el fin de socorrer a los enfermos y a los pobres, albergando además, durante muchos años un colegio de niñas internas y externas pobres.
     La capilla del convento en Montellano es de una sola nave, construida en estilo neogótico, cubierta con bóvedas ojivales, sostenida por arcos de crucería, unidos con airosos tercelete rematados en bellas claves; toda la infraestructura se apoya en pilastras nervadas que descansan sobre basas labradas. La puerta de entrada es de piedra caliza, sostenida por un arco conopial con motivos florales.
     La Virgen del Corazón de María se halla en un templete neogótico que toma elementos de la Sagrada Familia de Gaudí (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la vida y obra de Santa Ángela de la Cruz. virgen;
     "Cuando pregunten quiénes son las Hermanas de la Cruz, se debe contestar, sin que se expongan a equivocarse: esta comunidad es una comunidad de muertas". Contundente frase para una comunidad muy viva, la que el día 2 de agosto de 1875, festividad de Nuestra Señora de los Ángeles, nacía de forma oficial en un cuarto con derecho a cocina de la casa número 13 de la calle San Luis: la Compañía de las Hermanas de la Cruz.
     Ángela Guerrero González, sor Ángela de la Cruz, nació el 30 de enero de 1846 en Sevilla en una familia sencilla. Sus padres, Francisco Guerrero y Josefa González, tuvieron catorce hijos, pero solo seis llegaron a mayores de edad, un ejemplo del alto índice de mortalidad infantil que afectó a la Sevilla del siglo XIX. A los tres días de su nacimiento, fue bautizada en la parroquia de Santa Lucía, iglesia gótica-mudéjar expropiada por la Revolución del 68 y que hoy subsiste como sede de la Agencia Andaluza del Flamenco. Sus padres trabajaban en el cercano monasterio de la Santísima Trinidad como cocinero del convento y la madre lavando y cosiendo las ropas de los frailes. Cuentan que de su madre, a la que llamarían las Hermanas de la Cruz la "Abuelita" por ser la madre de la fundadora, aprendió Angelita Guerrero su religiosidad y el amor exagerado a la limpieza, tan distintivos de la Compañía.            Desde muy pequeña, frecuentaba la parroquia de Santa Lucía y el lugar preferido de sus plegarias era el altar de la Virgen de la Salud, que hoy preside la capilla donde se venera su cuerpo incorrupto. Su formación inicial fue escasa, algo habitual entre las niñas de su tiempo. Sus primeros estudios los realiza en lo que entonces se conocía como una miguilla, pequeña escuela donde aprendería a leer, escribir, y algunas reglas básicas. Pronto empezaría a trabajar, con doce o trece años entró en el taller de calzado Maldonado, en la entonces llamada calle del Huevo, hoy Feijoo. En poco tiempo alcanzaría el nivel de oficiala de primera clase. Junto al aprendizaje en el taller, su infancia y juventud estuvieron marcadas por su intensa vida de oración y sus severas penitencias: desde su descanso en una tabla, a su cilicio como escapulario o sus frecuentes ayunos.
     De 1862 a 1865, Ángela reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita. En 1865 sufrió la epidemia de cólera que afectó a la ciudad, trabajando día y noche para ayudar a hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria en la Sevilla de los corrales de vecinos. Ese mismo año puso en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de "meterse a monja" El padre Torres era conocido como el santero de Sevilla por su fama de santidad y por la altura espiritual de sus dirigidas, entre las que se encontraban sor Bárbara de Santo Domingo, dominica de Madre de Dios, y sor María Florencia Trinidad, Madre Sacramento, monja mercedaria de San José. El padre Torres fue consultor del Concilio Vaticano I y canónigo de la Catedral de Sevilla, siendo conocido por su vida austera y penitente. Ángela quiso entrar en el convento de las Teresas del barrio de Santa Cruz de Sevilla, aunque las carmelitas no la admitieron por temor a que su menuda constitución física no pudiera soportar la dureza de la vida en el convento.
     Después ingresaría  en las Hermanas de la Caridad. Llegó a vestir el hábito, pero hubo de salir del convento al enfermar. Sufrió vómitos continuos que le impedían retener los alimentos y fuertes dolores de estómago. Para su cura la enviaron a Cuenca y a Valencia, pero fue inútil. Volvió a Sevilla, a la Casa Cuna, pero tuvo que abandonar por el resentimiento de su salud.
     En 1871 redacta un escrito, a modo de votos, donde se compromete a vivir según el Evangelio. "Seré monja en el mundo", fue la idea que Ángela llevaría a cabo el resto de su vida. Cada año renueva sus votos y el día de la Inmaculada de 1873, con licencia del padre Torres, formuló sus votos perpetuos. En esas fechas recibe la autorización para usar un nuevo apellido que le acompañará para siempre: de la Cruz. Su idea de comunidad y de vida se plasma en "hacerse pobre con los pobres", recibiendo la indicación del padre Torres de recopilar sus pensamientos por escrito. Comienzan aquí sus primeros textos, cargados de misticismo, de esquemas organizativos para la futura compañía y hasta de faltas de ortografía. Imagina el ajuar, las comidas, horarios, visitas a los enfermos... con un rigor que llegará a suavizar el mismo padre Torres. 
      Tres serán sus primeras compañeras en el origen de la congregación. Josefa de la Peña, una terciaria franciscana con cierto nivel económico, que había decidido dar el paso de dedicar su vida a los pobres; Juana María Castro y Juana Magadán, dos jóvenes de origen más humilde. Con el dinero de Josefa Peña consiguen alquilar su primera casa: un cuartito en la casa número 13 de la calle San Luis, y desde allí organizan su servicio de asistencia a los necesitados a lo largo del día y de la noche. Pronto se corre la voz de que unas monjas de la calle San Luis socorren a la gente y se ven muy solicitadas, tanto que duplican las rondas de petición de limosnas para atender a todos los que llaman a sus puertas. Poco después se trasladan al número 8 de la calle Hombre de Piedra, en las cercanías de la Alameda de Hércules, y comienzan a adquirir fama en los ambientes religiosos de la ciudad. Estrenan hábito y, a pesar de su juventud, las compañeras comienzan a llamar "madre" a Ángela. Compaginan su atención a los pobres con duras penitencias y mortificaciones, y a finales de 1876 consiguen la admisión y bendición del cardenal Spínola. En diciembre el cardenal las autorizó a vestir los hábitos, que el padre Torres bendijo el día de Navidad. De esa fecha es la primera foto de sor Ángela. Tenía 29 años. Acuden las vocaciones a la casa de Hombre de Piedra y pronto son ya doce monjas las que forman la comunidad. Consiguen en esta época las hermanas sus tarimas para dormir. Hubo críticas a la exageración sus penitencias y sus caridades. Sería el padre Torres el que zanjaría la cuestión: "Quiten el rigor a las Hermanas de la Cruz y serán todo menos Hermanas de la Cruz". En el mismo año 1876 se declaró una epidemia de viruela en Sevilla, ello hizo que las Hermanas de la Cruz intensificaron sus esfuerzos de ayuda a pobres y enfermos, causando su labor gran admiración en todos los estamentos de la ciudad. 
     Su método de trabajo es siempre el mismo, acuden por parejas a casa de los enfermos que las necesitan, mientras una atiende al paciente sentada a su lado, la segunda realiza las actividades del hogar.
      En mayo de ese año las hermanas consiguieron tener el oratorio en su casa, una donación del marqués de Casa León en la calle Lerena. El día 1 de junio de 1876 ofició la primera misa en el nuevo oratorio el obispo de Ávila. Ese mismo día, el entonces obispo auxiliar de Sevilla, don Manuel González, celebró un pontifical en San Martín con homilía del padre Torres Padilla. Al finalizar el acto, en procesión bajo palio, la Custodia llegó al convento de las Hermanas de la Cruz. Esta fue la presentación oficial en Sevilla del Instituto, que aún no había cumplido un año de vida y ya realizaba una fecunda labor: piden limosnas, visitan enfermos, dan clase a cincuenta niñas y atienden una escuela nocturna para obreros.
     En 1877, estando en la calle Lerena, realizarán su primera fundación en el exterior, en la localidad de Utrera. Comenzaba también el internado de niñas huérfanas como nueva vía de atención a los necesitados.
      En una casas alquilada de la calle Hiniesta abrieron un colegio de niñas internas y externas. En 1878 murió el padre Torres Padilla y le sustituye al frente de la Compañía el padre José Álvarez. Ese mismo año fundaban en Ayamonte y en 1880 en Carmona. Para unificar internado, el convento y el colegio consiguieron comprar una casa del marqués de Villavelviestre en el número 12 de la calle Cervantes, con ayudas del arzobispo y de diversas aportaciones como las de los marqueses de Casa León, los Ortiz Urruela y el padre Álvarez, que vendió su propio patrimonio. Tras una dirección transitoria por el cardenal Spínola, su último director sería José Rodríguez Soto, capellán real de San Fernando y del Palacio de San Telmo.
     La compañía crecía sin límites, aconsejando la humedad de la casa de la calle Cervantes la búsqueda de una nueva sede. La ocasión se presentó con la venta de la casas del marqués de San Gil, que vendía su casa palaciega de la calle Alcázares. Era grande, espaciosa y de aspecto relativamente modesto, como defendía sor Ángela. El cardenal contribuyó económicamente y también numerosos bienhechores. Será la casa madre que llegue a nuestros días en la calle hoy titulada en honor a la santa. Una casa espaciosa, estructurada en torno a un patio central con columnas y que apenas da signos de suntuosidad, ni al exterior ni al interior. Una casa que, en la actualidad acoge la pequeña capilla con los restos de sor Ángela a los pies de la pequeña Virgen de la Salud, en un discreto retablo barroco con decoración de hojarascas doradas. Apenas unos cuadros  de advocación mariana (La Inmaculada o la Virgen con el Niño) y unas sencillas yeserías completan la decoración. Su visita en la actualidad, junto al tránsito incesante de devotos que suele tener, muestra la vinculación de la casa con las hermandades sevillanas que transitan por la puerta ya que la zona de acceso está poblada de retablos cerámicos como el dedicado  a la Macarena, la Amargura o la hermandad de los gitanos.
     Tras la compra de su casa, la Compañía de las Hermanas de la Cruz continuó su labor a favor de los más necesitados. En 1894 sor Ángela visitó Roma como peregrina acompañada por una religiosa, hermana Adelaida, que sanó por un milagro de fray Diego José de Cádiz. En Roma, sor Ángela se entrevistó con el papa León XIII, que concedió el decreto inicial para la aprobación de la compañía, que firmaría el papa Pío X el 25 de junio de 1904.
   Desde ese momento, la Congregación conocería un reguero de fundaciones que no parece tener límites: 1905, Fundación de la casa filial de Zalamea de la Serena (Badajoz); 1909, Sanlúcar de Barrameda (Cádiz); 1910, Huelva; 1911, Peñaflor (Sevilla); 1913, Escacena del Campo (Huelva); 1920, Fundación de la filial de Montellano (Sevilla); 1923, Torreperogil (Jaén); 1924, Écija (Sevilla); 1925, Ronda (Málaga); 1926, Estepa (Sevilla); 1928, Madrid. Éste último año, a pesar de ser reelegida superiora por la comunidad, sor Ángela debe ceder el puesto, con su habitual humildad a sor Gloria, tras las recomendaciones del propio cardenal por la avanzada edad de la madre. Sus último años, ya relevada de su cargo, los pasó sor Ángela mimada escribiendo cartas a las hermanas de otras fundaciones. El día 7 de junio de 1931 sufrió una embolia cerebral. El día 28 de ese mes perdió el habla definitivamente. Sus últimas palabras insistieron en sus ideas de abandono de las glorias y la vanidad terrena: "No ser, no querer ser, pisotear el yo, enterrarlo si fuera posible...". Falleció en olor de santidad el 2 de marzo de 1932 y a los dos días el Ayuntamiento republicano de la ciudad de Sevilla, presidido por el alcalde don José González Fernández de Labandera, decidió por unanimidad que constase en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte de la religiosa. También decidió que se rotulase con su nombre la entonces llamada calla Alcázares, donde continúa el convento, pasando el nombre de la calle a una perpendicular que se une con la Plaza de la Encarnación. Una decisión llamativa de un ayuntamiento que gobernó en unos años marcadamente anticlericales, en los que fue frecuente la retirada de nombres y símbolos religiosos, cuando no el ataque directo a la Iglesia.
   Desde entonces las hermanas de la Cruz siguen siendo fieles al espíritu de sus Constituciones, aprobadas en 1908, donde se expresa que "El fin especial o distintivo de esta Congregación, es promover con la divina gracia la salvación de las almas entre los pobres, a quienes las Hermanas considerarán y amarán como a sus amos y señores. Por ganar sus almas aplicarán su vida apostólica a la visita diaria de enfermos necesitados a domicilio, asistiéndolos en sus necesidades espirituales y materiales. Y también, a la gratuita y cristiana educación de niñas pobres, en internados de huérfanas y en escuelas diurnas y nocturnas. Y con el lenguaje mudo del ejemplo llevando una vida voluntariamente pobre y austera, en la realización de sus apostolados de caridad".
     El 5 de noviembre de 1982, en una solemne misa pontifical que se celebró en el altar instalado en los terrenos del campo de la Feria, el papa Juan Pablo II beatificó a sor Ángela de la Cruz. El 20 de diciembre de 2002, la Iglesia reconoció oficialmente su santidad, al aprobar el milagro que le había sido atribuido, la curación, científicamente inexplicado, de un niño que sufría una obstrucción de la arteria central de la retina del ojo derecho y que recuperó repentinamente la visión. El día 4 de mayo de 2003 la fundadora de las hermanas de la Cruz sería canonizada por Juan Pablo II en Madrid, con el nombre de Santa Ángela de la Cruz.
     El 7 de mayo de 2003, el cuerpo incorrupto de la santa fue trasladado desde la Casa Madre hasta la Catedral de Sevilla, donde presidió los actos en su honor por la canonización. Una gran multitud se concentró a su paso, adornándose los templos y calles del recorrido para la ocasión, recordando estampas de la ciudad propias de siglos pasados.
     El 17 de enero del año 2009, la que fuera madre general de las hermanas de la Cruz desde 1977 a 1998, madre María de la Purísima (1926-1998), fue declarada venerable por el papa Benedicto XVI, siendo beatificada el 18 de septiembre del año 2010 en el Estadio Olímpico de Sevilla, acto presidido por la imagen de la Esperanza Macarena, por su gran vinculación a la congregación.
     Actualmente, la Compañía de la Cruz tiene más de cincuenta conventos, más de 700 hermanas y numerosas novicias que se forman en Sevilla. Los países donde se encuentra asentada la congregación son España, Italia y Argentina. En España en las comunidades autónomas de Andalucía, Extremadura, Canarias, Madrid, Comunidad Valenciana, Castilla y León, Castilla La Mancha y Galicia. Una presencia que se sigue expandiendo como uno de los fenómenos religiosos más importantes de la Sevilla de último siglo y que mantiene viva las palabras de la fundadora: "Nuestro país es la cruz, en la cruz voluntariamente nos hemos establecido y fuera de la cruz somos forasteras" (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
Santa Ángela de la Cruz, en la Historia de la Iglesia de Sevilla
   Santa Ángela de la Cruz, virgen. Nació y murió en Sevilla (1846-1932). En 1875 fundó la Compañía de Hermanas de la Cruz, de tanto arraigo en Sevilla y Andalucía. El 5 de noviembre de 1982 fue beatificada en Sevilla por el papa Juan Pablo II, día en que la Iglesia de Sevilla celebra su fiesta.
     Bajo la dirección espiritual del P. Torres Padilla quedó fundada la Compañía de las Hermanas de la Cruz el 2 de agosto de 1875. En sus inicios la Compañía contaba con cuatro miembros, Ángeles Guerrero (Santa Ángela de la Cruz) y tres profesas más, ubicadas en una habitación de la calle San Luis. El objeto y fin de la Compañía quedaba consagrado en sus constituciones:
     «Una congregación de almas escogidas o llamadas por especial vocación de Dios a consagrarse como víctimas de la más perfecta caridad hacia Dios y hacia sus hermanos los pobres indigentes, enfermos desvalidos y las niñas ignorantes y abandonadas, llevando a los primeros a sus miserables domicilios los auxilios y socorros espirituales y corporales posibles y a las segundas dándoles instrucción moral y religiosa en las escuelas diarias que las Hermanas tendrán en las casas donde estarán congregadas en perfecta comunidad de vidas. Su fin es aspirar a la mayor perfección de vida cristiana posible, contando con los auxilios de la divina gracia por la práctica de todas las virtudes y especialmente la de un ardiente y constante amor a Dios y al prójimo: poniendo todos los medios conducentes por penosos y difíciles que sean para alcanzarlo en el más alto grado de perfección posible. El modelo y ejemplar que han de imitar y seguir constantemente es Jesucristo Crucificado, víctima de una infinita caridad con los hombres, por eso llevan el honroso y Santo nombre de Hermanas de la Cruz.»
     El nacimiento de esta comunidad hay que situarlo en la confluencia de dos personalidades de talla intelectual muy distinta (el P. Torres Padilla era ya una autoridad en el ámbi­to de la teología, mientras que Santa Ángela había sido una humilde zapatera), dispuestas a unir su religiosidad de sacrificio en defensa de los más necesitados. En 1862, con dieciséis años, Ángeles Guerrero, a la vez que se iniciaba como aprendiz en un taller de zapatería de la ciudad, se puso bajo la dirección espiritual del P. Torres Padilla. Durante tres años repartió su vida «entre su casa, el taller, las iglesias donde reza, los hogares pobres que visita». En 1865 decidió ingresar en un convento como hermana lega por carecer de instrucción, además de atraerle los oficios humildes. Aunque la recomendaron para las carmelitas descalzas de Sevilla no fue admitida por considerar las superioras que no soportaría el trabajo de las legas. Antes de la partida de su director espiritual a las sesiones conciliares, ingresó en las Hijas de la Caridad, donde llegó a tomar el hábito. Una enfermedad aconsejó obligarla a dejar el hábito y casa religiosa, no sin antes haber residido en las casas que esta congregación tenía en Cuenca y Valencia en busca de mejoría. Los años que transcurren desde 1870 a 1875, siempre bajo la dirección de su padre espiritual, le permitieron perfilar cual debía ser, a su juicio, la pauta de comportamiento de su vida: monjas al servicio de los pobres, siendo «pobres con los pobres», penitencia, oración, caridad... algo difícil de observar para sus futuras compañeras y continuadoras de su obra.
     José María Javierre ha detallado cómo durante el verano de 1875 el P. Torres aconse­jó a Ángeles Guerrero que dejase el taller en el que venía trabajando sin interrupción (salvo el breve espacio de tiempo en que estuvo en las Hijas de la Caridad) y preparase el sis­tema de vida, horario y vivienda primera de la nueva congregación. Por compañeras tendría a Josefa de la Peña (sor Josefa, terciaria franciscana, quien vende sus bienes y los pone al servicio de la comunidad); Juana María Castro (sor Sacramento) y Juana Magadán (sor Juana). Su primer convento, alquilado, consistió en un cuartito con derecho a cocina en el número 13 de la calle San Luis. El menaje se reducía a media docena de sillas, un arca como ropero, un crucifijo pequeño y una estampa de la Virgen de los Dolores en la pared; en el suelo, cuatro esterillas les servirían de cama. El día de Nuestra Señora de los Ángeles, 2 de agosto de 1875, inauguraron oficialmente el «convento».
     En 1876 las estrecheces de la vivienda les obligó a buscar una casa de mayores dimensiones; resuelto con donativos el tema económico, pudieron alquilar el número 8 de la calle Hombre de Piedra. Firmado el contrato, el P. Torres Padilla llevó a sor Angela a que presentase sus respetos al párroco, Marcelo Spínola. A la pequeña comunidad se le había unido un miembro más.
     El cardenal de la Lastra quiso que para finales de 1876 las hermanas vistiesen hábito, lo que significaba la confirmación externa de su consagración interior. La vestimenta ideada por Santa Ángela era a la vez sencilla, pobre y austera: túnica de bayeta parda del color natural de la lana, escapulario de la misma tela, cordón franciscano a la cintura, toca blanca, calzada de alpargatas y, como complemento, manto negro que las cubre por completo. La austeridad era la norma en el vestir, en el vivir y en el comer, cuestión esta última que hubo que retocar.
     La comunidad creció por momentos. En la primavera de 1876 se elevaron a doce el número de hermanas. Ese mismo año el cardenal admite y bendice la institución; el gobernador civil, a tenor de lo dispuesto en la ley de asociaciones, dio de alta a la comunidad. El mismo año la Santa Sede autorizaba la misa y sagrario en la capilla del convento de las Hermanas de la Cruz, y en todas las casas que se abrieran en el futuro. En mayo se trasladaron a la calle Lerena, esquina a la plaza de San Martín.
     En 1877 las circunstancias les obligaron a abrir un internado para las niñas que quedaran huérfanas de los enfermos asistidos por las Hermanas. Esta obra asistencial no esta­ba prevista en el proyecto, pero rápidamente se dispusieron a ejecutarla. Por esas fechas comenzaba su expansión. El 16 de julio de 1877, por iniciativa del marqués de Casa Ulloa, se abría la casa de Utrera (José Leonardo Ruiz Sánchez y Leandro Álvarez Rey, Sevilla Contemporánea, en Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Ángela de la Cruz, fundadora de la Orden de las Hermanas de la Cruz;
     Ángeles Guerrero González, Santa Ángela de la Cruz (Sevilla, 30 de enero de 1846 – 2 de marzo de 1932). Fundadora de la Compañía de la Cruz.
     Nació en los arrabales de la Trinidad de Sevilla, el 30 de enero de 1846, siendo el penúltimo miembro de una familia humilde de catorce hermanos. Su padre, Francisco Guerrero, era cardador de lana, y su madre, Josefa González, era costurera; para apuntalar la economía doméstica de esa amplia familia, prestaban algunos servicios en el cercano convento de los trinitarios.
     Poco tiempo pudo asistir a la escuela ya que con doce años fue admitida como aprendiz en el taller de calzado de Antonia Maldonado, llegando a ser destacada oficial de un negocio que contaba con una buena clientela proveniente de la alta burguesía terrateniente y de la nobleza que animaba la ciudad girando en torno a la pequeña corte de los Montpensier-Borbón instalados en el palacio de San Telmo.
     Durante doce años María de los Ángeles —Angelita, como siempre la llamaron los suyos— colaboró con su sueldo al sostenimiento de la familia, no pudiendo adquirir más formación pero desarrollando una gran sensibilidad para los pobres que veía a su alrededor en la periferia de la gran ciudad, encauzando esos sentimientos el padre Torres, canónigo de la catedral y hombre muy apreciado, el cual la ayudó decididamente en sus deseos de hacerse monja.
     Intentó ingresar en el Carmelo y en las Hijas de la Caridad, pero su cuerpo frágil y menudo no inspiró confianza en unas instituciones donde se miraba también la apariencia física como garantía de poder seguir la regla con normalidad. No desistió en su intento religioso al tiempo que maduraba la idea de fundar una congregación donde el objetivo fuera acoger, atender y entregarse a los pobres mediante el testimonio cotidiano que dieran unas mujeres que, por amor a Cristo, sirviesen a los necesitados, haciéndose pobres como ellos, porque sólo siendo como el otro y estando junto a él comprenderían su sufrimiento. Y esa tarea recomendará a las hermanas que la hagan siempre en silencio que es el mejor camino para que hable y actúe Dios. El 8 de agosto de 1875 nació oficialmente la congregación de la Compañía de la Cruz, que aprobó canónicamente Roma en 1908.
     Poco a poco, en Andalucía y Extremadura, empezaron a conocer a las hermanas de la Cruz, a respetarlas y admirarlas, porque en ellas veían el ideal de la caridad evangélica; también llegaron a Madrid y más lejos. Sor Ángela tuvo la dicha de ver crecer su obra y alentarla. Después de una larga agonía, que tuvo en vilo a la ciudad, murió el 2 de marzo de 1932; en sesión extraordinaria el Ayuntamiento republicano y anticlerical aprobó por unanimidad que la calle de Los Alcázares pasase a llamarse de Sor Ángela de la Cruz. Sevilla entera se conmovió como pocas veces demostrando cómo la querían como mujer y cómo la veneraban como santa. Fue beatificada en Sevilla por Juan Pablo II, el 5 de noviembre de 1982, y canonizada por el mismo Pontífice en Madrid, el 4 de mayo de 2003 (Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, OSA, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre la localidad de Montellano (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

La Ópera "Carmen", ambientada en Sevilla, de Axel Strindberg, y Eberhard Eyser

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ópera "Carmen", ambientada en Sevilla, de Axel Strindberg, y Eberhard Eyser.
     Hoy, 5 de noviembre, es el aniversario del estreno (5 de noviembre de 1975) de la ópera "Carmen", en Umea (Suecia), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la ópera "Carmen", ambientada en Sevilla, con libreto de Axel Strindberg, y música de Eberhard Eyser.
      Es una ópera, basada evidentemente en el mito de Carmen, y deudora, sin lugar a dudas de la obra original de la novela de Prosper Mérimée (1845).
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Ruta de los Tres Mitos: Mito de Carmen. 

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lunes, 4 de noviembre de 2024

El sitio arqueológico Cañada Rosal Suroeste, en Cañada Rosal (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Cañada Rosal Suroeste, en Cañada Rosal (Sevilla). 
       Dos zonas arqueológicas donde se localizaron cubiertas de ladrillos romanos y tegulae (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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La pintura "San Carlos Borromeo visitando a los enfermos", anónima, en el Retablo de San Carlos Borromeo, en la Iglesia del Convento de San José del Carmen, vulgo de "Las Teresas"

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Carlos Borromeo visitando a los enfermos", anónima, en el Retablo de San Carlos Borromeo, en la Iglesia del Convento de San José del Carmen, vulgo de "Las Teresas", de Sevilla.     
     Hoy, 4 de noviembre, Memoria de San Carlos Borromeo, obispo, que nombrado cardenal por su tío materno, el papa Pío IV, y elegido obispo de Milán, en Italia, fue en esta sede un verdadero pastor fiel preocupado por las necesidades de la Iglesia de su tiempo. Para la formación del clero convocó sínodos y erigió seminarios, visitó muchas veces toda su diócesis con el fin de fomentar las costumbres cristianas y dio muchas normas para bien de los fieles. Pasó a la patria celeste en la fecha de ayer (1584) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "San Carlos Borromeo visitando a los enfermos", anónima, en el Retablo de San Carlos Borromeo, en la Iglesia del Convento de San José del Carmen, vulgo de "Las Teresas", de Sevilla.
     El Convento de San José del Carmen (Las Teresas), se encuentra en la calle Santa Teresa, 5; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     El Retablo de San Carlos Borromeo se halla situado en el lado de la Epístola, y tiene en su centro una escultura de bulto del Santo, rodeado por doce tablas con escenas de su vida.
     Flanqueando la hornacina de San Carlos, y en el intradós del arco, se encuentran los cuadros en que se representan minuciosamente los principales acontecimientos de su vida, teniendo la mayor parte de ellos una leyenda latina en su parte inferior, que se refiere a la escena descrita en la pintura.
     Los cuatro cuadros de la rosca del arco se refieren a escenas ocurridas durante la terrible peste que asoló Milán en el año 1575, y en la que San Carlos se distinguió por su humanitaria labor, ocupando el sitio del gobernador que había huido. Así, en uno de ellos vemos las procesiones que se organizaron por las calles de la ciudad para implorar el fin de la enfermedad, y en las que el Santo marchaba con los pies descalzos, una cuerda al cuello y un crucifijo en la mano. Otro cuadro nos lo representa de rodillas ante un altar, haciendo penitencia, y en los otros dos se le figura visitando a los enfermos postrados en cama a los que consuela y bendice.
     Este es el momento de su vida que el arte ha representado con mayor preferencia, ya que llegó a convertirse en el patrón más eficaz contra la peste, suplantando incluso a los santos abogados contra dicha epidemia más renombrados de la Edad Media, tales como San Sebastián y San Roque.
     En cuanto a su composición, estos doce cuadros presentan una serie de rasgos comunes: las escenas interiores transcurren en una habitación en la que las arquitecturas y los pesados cortinajes de grandes pliegues forman el escenario donde se desarrolla la acción, y al fondo se abre una ventana o puerta donde puede verse otra escena a escala más reducida. Esta composición espacial llamada por Gállego "escena bipartita" o "composición de pisos" deriva de la pintura italiana renacentista, siendo muy utilizada por los pintores españoles del XVII y no constituyendo sólo un hallazgo meramente estético, sino una clave para leer los acontecimientos de la historia contada. Al mismo tiempo, la abertura del fondo crea una sensación de profundidad a la que contribuyen las líneas de las baldosas, alfombras, altares, etc. En la mayor parte de los cuadros estas perspectivas están muy mal conseguidas, como vemos por ejemplo en la escena en que el Santo niño reza ante un altar, hallándose la figura del niño en un plano completamente diferente al del altar y la alfombra.
     Este y otros detalles de los cuadros parecen indicar que el pintor debía ser un artista de segunda categoría, y probablemente inspirándose en alguna de las numerosas series de grabados sobre la Vida de San Carlos, cometía numerosas imperfecciones técnicas al tratar de reproducir las escenas conocidas.
     En los cuadros cuya acción transcurre en el exterior, los personajes principales se hallen en un primer plano, viéndose al fondo un paisaje o una ciudad amurallada con sus cúpulas y torres, que parece representar alguna ciudad italiana.
     Se trata de una pintura narrativa y descriptiva, en la que todos los detalles de los diferentes acontecimientos están tratados con una gran minuciosidad y detallismo, estando los personajes vestidos a la moda del siglo XVII, dato que junto a las fechas que conocemos relacionadas con este retablo y los rasgos estilísticos de las pinturas y arquitectura del mismo, permiten situar este conjunto en los primeros años del siglo XVII [María Luisa Cano Navas, El Convento de San José del Carmen de Sevilla. Estudio histórico-artístico. Universidad de Sevilla, 1984].
    Es una pintura anónima, realizada en el primer tercio del siglo XVII, con unas medidas de 58 x 54 cms, en la que encontramos a San Carlos que se sitúa en un primer plano con la tiara, la capa y el báculo arzobispal, junto a dos paralíticos a los que bendice, uno de ellos de rodillas se sostiene con unos mangos y el otro con muletas. En el lado izquierdo, otro enfermo postrado en la cama con las manos juntas reza junto al santo. Al fondo, a la derecha se representa un fondo de arquitectura, mientras que en la izquierda aparece un cortinaje verde (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Carlos Borromeo, obispo;
   Nacido en 1538 en Arona, a orillas del lago Mayor, y en la noble familia de los Borromeo, estudió derecho en la universidad de Pavía, luego fue llamado a Roma por su tío, el papa Pío IV que a la edad de 23 años lo nombró ar­zobispo de Milán y lo promovió a la dignidad de cardenal.
   Durante la peste de Milán, en 1575, se ocupó personalmente de curar a los apestados. Descalzo y con la cuerda en el cuello seguía las procesiones penitenciales del Santo Clavo para implorar el final de la plaga. Organizó la­zaretos, y movilizó a los sacerdotes y monjes como enfermeros. La epidemia acabó después de cobrarse, se dice, unas veinte mil víctimas.
   Ch. Lebrun lo representó arrodillado ante un crucifijo. Uno de los sacerdotes que lo acompañan levanta la cola de su manto cardenalicio y muestra sus pies ensangrentados. Murió en Milán en 1584.
CULTO
   Canonizado en 1612 por el papa Pablo V, inmediatamente se convirtió en uno de los santos más populares de la Contrarreforma. Se lo glorificó como el ideal de obispo defensor de la ciudad, y al mismo tiempo, como el patrón más eficaz contra la peste. Ya este título reemplazó a los santos antipesto­sos más afamados de la Edad Media, como san Sebastián y san Roque.
   Patrón de Milán, también fue adoptado por Roma. Al día siguiente de su canonización, en dicha ciudad se levantaron tres iglesias en su honor: San Carlo al Corso, iglesia de los lombardos que conserva su corazón; San Carlo ai Catinari (de los alfareros) y San Carlo alle quatro Fontane (de las cuatro Fuentes).
   En Florencia, los milaneses bautizaron su iglesia San Carlo dei Lombardi. Su culto se implantó también en la ciudad austriaca de Salzburgo, porque el arzobispo Wolf Dietrich estaba emparentado con la familia de los Borromeo (por ello se hizo de san Carlos el protector de la universidad de Salzburgo, fundada en 1625); y en Viena, porque era el patrón del emperador Carlos VI, quien después de la peste de 1713 le dedicó la magnífica iglesia con cimborrio de San Carlos (Karlskirche), obra maestra del arquitecto Fischer von Erlach. Las dos columnas historiadas que enmarcan el pórtico, desarrollan en espiral los principales acontecimientos de su vida. La iglesia de los jesuitas de Amberes, decorada por Rubens en 1620 estaba puesta bajo su advocación (Sint Carolus Borromeus).
ICONOGRAFÍA

   Sus características son una larga nariz aguileña, vestiduras litúrgicas de arzobispo o el capelo cardenalicio. Sus atributos son un crucifijo, una calavera, a veces una cuerda de penitente al cuello (aroperoundhisneck), que el san­to llevaba en las procesiones durante las epidemias de peste.
   El episodio más frecuentemente conmemorado de su vida es su caridad hacia los apestados. De ahí que suela estar representado en las capillas de los hospitales.
   Su iconografía, que pertenece al arte barroco de los siglos XVII y XVIII, es internacional: italiana, austriaca, flamenca y francesa (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).   
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Carlos Borromeo visitando a los enfermos", anónima, en el Retablo de San Carlos Borromeo, en la iglesia del Convento de San José del Carmen, vulgo de "Las Teresas", de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Retablo de San Carlos Borromeo, en la Iglesia del Convento de San José del Carmen "Las Teresas", en ExplicArte Sevilla.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa Catalina, Museo Micológico, y Real Fábrica de Hojalata y Altos Hornos de San Miguel) de la localidad de Júzcar, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Catalina, Museo Micológico, y Real Fábrica de Hojalata y Altos Hornos de San Miguel) de la localidad de Júzcar, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Serranía de Ronda
     Superficie: 34 km2
     Altitud: 623 m
     Latitud: 36º 37'  -  Longitud: -5º 10'
     Distancia a Málaga capital: 123 km
Datos demográficos
     Población: 243
     Gentilicio: Juzcareños
Ayuntamiento
     c/ José Antonio, 1, 29462
     952183500 - 952183644     www.juzcar.es
     Júzcar, en plena Serranía de Ronda, se encuentra en el paraje natural del Valle del Genal. Este enclave hace de Júzcar un destino de fin de semana para los apasionados de actividades deportivas como el senderismo o el barranquismo.
     En Júzcar no puedes perderte sus monumentos;
     A lo largo de su historia, la iglesia de Santa Catalina ha sufrido diversas modificaciones y reformas. Construida en el siglo XVI, el templo lo compone una arquitectura rectangular con techo plano que oculta vestigios de una armadura mudéjar.
     Otra de las paradas obligatorias en Júzcar es en la derruida Fábrica de Hojalata. Esta factoría comenzó su actividad a mediados del año 1731 bajo el nombre de “La nunca vista en España Real Fábrica de Hojalata y sus adherentes, reinando los siempre invictos monarcas y Católicos Reyes Don Felipe V y Doña Isabel Farnesio”, según indica la inscripción de la entrada.
     En el Museo Micológico podrás conocer un poco más sobre la variedad de setas de la región. Se trata además de un centro cultural que organiza jornadas, conferencias y talleres especializados en estos hongos.
     Júzcar forma también parte de la Ruta de Fray Leopoldo, uno de los santos más venerados en toda Andalucía. Se trata de una senda turística de carácter rural que comprende los municipios de Alpandeire, Pujerra, Igualeja, Cartajima y Faraján. En esta ruta encontrarás paisajes de almendros, narcisos y jara blanca (Diputación Provincial de Málaga).
      A pesar de la ausencia de fuentes escritas que lo confirmen y de una fisonomía urbanística más andalu­za que morisca, Júzcar es de origen musulmán y debió tener una gran importancia en todo el valle alto del Genal. Este destacado papel continuó en el siglo XVIII, cuando en sus inmediaciones se construyó, en 1713, la Real Fábrica de Hojalata, la primera de toda España que funcionó hasta que las indus­trias siderúrgicas asturiana y vasca provocaron su quiebra. Todavía hoy se conservan importantes vestigios de esta industria (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     
Iglesia de Santa Catalina
    El templo es inmediatamente posterior a la conquista cristiana, aunque con importantes re­formas posteriores. Consta de una nave rectan­gular, con techo plano que esconde la antigua armadura mudéjar. Al exterior continúa la sen­cillez que caracteriza al templo, con portada con arco de medio punto y torre a los pies de la nave de la Epístola.
     En el altar mayor se encuentra una imagen del siglo XIX de Nuestra Señora de Moclón, patrona de Júzcar. En los altares de la nave del Evan­gelio se sitúan un Niño Jesús y una Virgen Dolo­rosa, de vestir, ambas sevillanas y del siglo XVIII. En la sacristía se custodia otra Dolorosa, también del siglo XVIII (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La Iglesia Parroquial de Santa Catalina es el edificio más singular del pueblo. Su construcción data del siglo XVI, aunque con posteriores reformas y transformaciones, sobre todo después de la guerra civil.
     Construida sobre una planta sencilla, el interior tiene una sola nave cuyo techo, plano, esconde los restos de una armadura mudéjar
(Diputación Provincial de Málaga).

Museo Micológico

     La finalidad de esta actuación financiada por el Plan de Dinamización del Producto Turístico de la Serranía de Ronda con 80.766,07 euros ha sido dotar a la comarca de un punto de información turístico y micológico, así como centro cultural, dado el enorme interés que existe en esta zona por la micología, hasta el punto que en Júzcar se organizan unas jornadas micológicas.
     El visitante o turista tiene un perfil específico, que va desde el profesional-científico hasta el que se quiere iniciar en el mundo de las setas. Con la actuación el visitante dispone de un espacio que le sirve de punto de referencia y puede conocer in situ esta oferta de turismo de naturaleza.
     La dotación de este Punto de Información turísticos y Micológico ha consistido en la adquisición de paneles de vinilo de PVC, expositores de cristal, replicas de las especies de setas, elaboración de contenidos y fotografía (Diputación Provincial de Málaga).

Real Fábrica de Hojalata y Altos hornos de San Miguel
     En la Sierra de las Nieves de la Serranía de Ronda, junto al cauce del río Genal, a 4 km al sur del núcleo urbano de Juzcar se localizan los restos de la Real Fábrica de Hojalata, considerada la primera industria siderúrgica de Andalucía.
     La extensa masa forestal, necesaria para cubrir la demanda energética del alto horno; el curso de agua del río Genal que proveía del movimiento necesario para accionar los elementos mecánicos que laminaban el hierro mediante ruedas hidráulicas; la cercanía a las minas de magnetita que proveían de la materia prima principal de la fabricación de hojalata y la cercanía a Gibraltar, tomada por los ingleses desde 1704 y principal núcleo de demanda, fueron los elementos que determinaron la ubicación de la fábrica. 
     En origen, este conjunto industrial se componía de los siguientes elementos:
    1. Infraestructuras hidráulicas: presa o azud superior, presa principal y presa interior, canal superior, canal interior y puente.
    2. Fábrica: edificio principal, almacenes de hoja negra, hierro y carbón, blanquería, fraguas, caballerizas, horno de fundición, herrería y ofcinas.
    3. Viviendas y equipamientos: dos grupos de casas de obreros, capilla, carnicería, tienda y taberna, horno de pan, lavaderos y letrinas
     En la actualidad se conservan los siguientes restos:
     Entorno a la plaza de San Miguel: los muros de la fábrica de hojalata, los de los almacenes de hoja negra, los del almacén de hierro, algunas viviendas de obreros, la capilla y la blanquería. 
     Restos dispersos de los edificios de lavaderos y letrinas y de viviendas de obreros.
     En el año 1725 se autoriza la construcción de la fábrica bajo el reinado de Felipe V.
     En 1726 se firma un Real Privilegio donde se concede un monopolio para la fabricación de hojalata en España durante 15 años y además se fijan las condiciones para la utilización de los recursos de la zona, como el agua y la madera. 
     En 1730 estaba funcionando el alto horno y en 1731 el proceso de estañado empezaba su producción. 
     A partir de 1750 empiezan a escasear noticias y en la década de 1780 la producción es abandonada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Real Fábrica de Hojalata se sitúa cerca del pueblo de Júzcar. Saliendo desde este municipio a Faraján por la carretera Ma-7301 se toma el desvío hacia una pista no asfaltada llamada camino al cortijo Alcapana. La pista conduce a dos fincas privadas denominadas “La Fábrica” y “Finca Vega Larga”. Una vez pasado el río Genal, llegaremos a la entrada de la Real Fábrica. El acceso es algo complejo y la pista forestal puede encontrarse en mal estado, sobre todo en la temporada de lluvias, por lo que recomendamos preparar la ruta antes de la visita.
     Se encuentra en un camino río arriba desde la cercana población de Júzcar. Para su visita lo más aconsejable es dirigirse hasta el Ayuntamiento  y allí  preguntar por el acceso. Hay que acceder desde dos fincas privadas denominadas “La Fábrica” y “Finca Vega Larga”, mientras la primera es de uso residencial, la segunda está convertida parcialmente en camping, sí se sigue el curso del río se pasa de un núcleo a otro.
     El conjunto contó con:
        - Presa y canal superior
        - Fábrica de Hojalata
        - Almacén de hojanegra
        - Almacén de hierro de martinetes
        - Blanquería
        - Casetas de obreros, capilla, carnicería, tienda y taberna, caballerizas, plaza de San Miguel
        - Presa y canal inferior
        - Lavadero de mina
        - Almacén de carbón
        - Horno de fundición, herrería, casa del fundidor y plaza de Santa Bárbara, plaza de san Eloy
        - Contaduría
        - Horno de pan
     El conjunto está parcialmente reutilizado, reconociéndose aún varios de los edificios de la fábrica original. La parte alta ha sido rehabilitada como viñedo y bodega y puede visitarse
     La primera fábrica de hojalata de España se instaló en Júzcar. Así lo afirma un libro editado por Altos Hornos de Vizcaya. Se encuentra en propiedad privada.
     La elección del lugar obedeció a la riqueza maderera de esta zona de la Serranía, indispensable para el carbón vegetal que se necesita para la fundición. La fábrica comenzó a producir a mediados del año 1727 bajo el llamativo nombre de "La nunca vista en España REAL FÁBRICA DE HOJALATA Y SUS ADHERENTES, reinando los siempre invictos monarcas y Católicos Reyes don Felipe V y doña Isabel Farnesio", según figuraba en la lápida del frontón de entrada, precisa el libro citado.
     La factoría, que estuvo situada junto al río en el lugar que hoy se conoce como "finca La Fábrica", poseía un cuarto secreto donde se realizaba el proceso de estañado. Tuvo una plantilla de 200 obreros. Como en España no se conocía el procedimiento empleado en la elaboración del producto, vinieron de Alemania una treintena de técnicos al mando de dos ingenieros suizos, Pedro Menrón y Emerico Dupasquier.
     Las crónicas cuentan que los técnicos salieron de Alemania clandestinamente, metidos en barriles, al tener prohibida su marcha al extranjero para evitar la competencia. La crónica sigue aportando el dato de que el transporte de la mercancía se hacía a lomos de camellos, más prácticos que los burros y mulos y superiores a su capacidad de carga y que fueron enviados expresamente por el Gobierno de Madrid. La factoría quebró ante la fuerte competencia de la industria asturiana y vasca.
     El proceso de elaboración de la hojalata daba comienzo en el barrio de Abajo. Un alto horno alimentado mediante carbón vegetal, posiblemente el primero construido en España, fundía el mineral de hierro para eliminar las impurezas. Los fuelles que avivaba el horno se accionaban mediante ruedas vitruvianas movidas por la fuerza del agua. Más adelante, en la herrería, la cual contaba con tres fraguas y un martinete hidráulico, se afinaba el hierro colado y se seleccionaba el apto para elaborar la hoja de lata. 
     El hierro afinado, o hierro dulce se transportaba a la otra margen del río, al barrio de Arriba, allí el metal se hacía pasar entre rodillos o estriques para su laminación. Posteriormente, al metal se le aplicaba una capa de estaño, un acabado final que evitaba que el hierro se oxidase. Para todo el proceso se necesitaban alrededor de 200 trabajadores y personal auxiliar.
     Para mover la maquinaria la Real Fábrica de Hojalata se contaba con diversas canalizaciones de agua que se surtían del río Genal y del arroyo Riachuelo.
     El establecimiento de la fábrica de Júzcar merece reconocimiento dentro de la historia industrial española, pues en este lugar se pusieron en práctica por primera vez técnicas que sentaron precedentes en el país, como el afinado del arrabio, el horno de reverbero o la laminación del metal, sin embargo, las ruinas del asentamiento fabril permanecieron en completo abandono y sometidas a  expolios de todo tipo hasta que en el año 2004 se procedió a su restauración y reconversión a bodega de vino.
     La Real Fábrica de San Miguel se construyó en Júzcar em el primer tercio del siglo XVIII con el objetivo de elaborar hojalata, una lámina de hierro que se estaña por sus dos caras para evitar la oxidación.
     El rey Felipe V concedió en el año 1726 autorización a los suizos Pedro Enrique Meurón y Emerico  Dupasquier para construir la fábrica y comercializar durante 15 años la hojalata. Las obras de la fábrica comenzaron en el año 1727, siendo el lugar elegido un paraje próximo a Júzcar llamado Moclón. A pesar de ser un sitio inaccesible y montuoso, ofrecía algunas ventajas para la actividad fabril; el emplazamiento contaba con agua durante buena parte del año; tenía notables reservas de madera; las minas para la extracción del mineral se situaban cerca, y, además, no quedaba a mucha distancia el fondeadero de Estepona para poder distribuir la mercancía manufacturada.
     A pesar de los esfuerzos realizados para instalar la industria en tan peculiar emplazamiento, la iniciativa industrial duraría poco tiempo, pues a mediados del siglo XVIII la producción había decaído de forma notable (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Catalina, Museo Micológico, y Real Fábrica de Hojalata y Altos Hornos de San Miguel) de la localidad de Júzcar, en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

Más sobre la provincia de Málaga, en ExplicArte Sevilla.

Un paseo por la avenida Menéndez Pelayo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida Menéndez Pelayo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 3 de noviembre, es el aniversario del nacimiento (3 de noviembre de 1856) del erudito Marcelino Menéndez Pelayo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la avenida Menéndez Pelayo, de Sevilla, dando un paseo por ella. 
     La avenida Menéndez Pelayo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de San Bartolomé, y Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y en los Barrios de La Florida, y San Bernardo, del Distrito Nervión; y va de la confluencia de la avenida de Carlos V, con la plaza de Don Juan de Austria, y con la calle San Fernando, a la confluencia de la calle Puerta de Carmona, con la plaza de San Agustín, y con la calle Luis Montoto.
     La avenida no posee siempre una adscripción precisa. En términos generales corresponde a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la ciudad; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, de acuerdo con esta definición, no hay razones, más que las convencionales, para considerar a unas vías como avenida y su prolongación, como calle. En otros casos, las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Sevilla la avenida por excelencia es la hoy denominada de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, tanto de sus fiestas religiosas como de la actividad bancaria, y así es es reconocida sólo como la avenida. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.  
     Desde la Edad Media las zonas próximas a las puertas de Carmona y de la Carne eran conocidas por los nombres de éstas; en 1847, cuando se está formando el arrecife, se alude a "la Alamedilla que de la Puerta de la Carne va a la de Carmona"; en 1868 a ese tramo se le denomina Ronda del Acueducto, por el que traía el agua a la ciudad a la altura de la Puerta de Carmona; el nombre no debió consolidarse, pues en 1876 se rotuló con el de Industria, atendiendo al tipo de edificación que se estaba levantando en esta nueva vía, denominación que se extiende hasta la confluencia con San Fernando en la medida en que se urbanizaba ese sector. En 1912 se le dio la denominación que hoy conserva, en memoria de Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912), gran estudioso y erudito español, miembro de la Real Academia Española, de la de Historia, y Director de la Biblioteca Nacional; entre sus obras destacan Historia de los heterodoxos españoles, Historia de las ideas estéticas en España y sus estudios sobre literatura. 
     Contiguo a la Puerta de la Carne existió hasta el s. XV un cementerio judío y, como espacio extramuros, las noticias de este mismo siglo recogen la acumulación de basuras a la salida de las puertas, que con el paso del tiempo darán lugar a la formación de montículos de escombros. En 1489 se construyó en sus inmediaciones el Matadero y en el s. XVI el Rastro (v. Demetrio de los Ríos), que contribuirán a que éste sea un espacio cada vez más frecuentado; con todo, también son habituales las noticias que hacen referencia a los desbordamientos del Tagarete, que inundaba toda esta zona, y a los malos olores como consecuencia de los vertidos de fábricas de tintes, curtidurías o tenerías, situadas intramuros en la zona inmediata a Menéndez Pelayo. 
     Son quizás éstas las causas que explican la tardía urbanización de este sector de la ronda histórica, que todavía en el plano de Olavide (1771) absolutamente vacío, si bien ya en 1730 se habla del arreglo del camino que desde la Puerta de la Carne iba a San Telmo y el río, y en 1742 del del que extramuros unía la Puerta de la Carne con la de Carmona; asimismo en 1780 se aprueba el desmonte y allanamiento del terreno comprendido entre la Puerta de la Carne y la nueva de San Fernando. Con todo, la efectiva urbanización de la vía se llevará a cabo a partir de 1844, cuando se inicia la construcción del arrecife, continuada en 1845 con la apertura de 619 hoyos entre la Puerta de Carmona y el Prado de San Sebastián para plantarlos con pies de árboles, y en 1847 con la dotación de alumbrado de gas; pero inmediatamente después (década de 1850) se suceden noticias sobre los malos olores que siguen emanando los vertidos procedentes de las curtidurías y otras fábricas intramuros, sobre la falta de riego que arruina el arbolado, o el mal estado del pavimento del arrecife.
     El impulso definitivo a la urbanización de esta vía vendrá dado, como en toda la "ronda", por el derribo de la muralla a partir de la década de 1860; entre 1868-69 se prolonga el arrecife hasta la Pasarela, después que la ciudad ha conseguido la concesión de parte de los terrenos de la Huerta del Retiro para formar el actual paseo de Catalina de Ribera (v.); en cambio los Jardines de la Puerta de Carmona, o de la Aldeana, que en el mismo decenio se formaron adosados a un resto de muralla, junto a la Puerta de Carmona, son sustituidos por edificaciones a finales de la centuria; en la década de 1870 se aprueba una alineación general de la calzada de la Puerta de Carmona a la de la Carne, se lotean parcelas en los terrenos ocupados por la antigua muralla, al objeto de proceder a la regularización de los bordes del casco histórico, y se construyen pequeñas manzanas que cierran las plazas de Zurradores y Curtidores; en 1889-90 se abre el pasaje de Zamora y en 1893-96 se construye la manzana de casas situada entre la Puerta de la Carne y el Paseo de Catalina de Ribera, dándose así por finalizada la ordenación de la acera impar de la avenida. 
     La acera opuesta ha sido uno de los sectores de la ronda histórica que más tardíamente se construyó: se inició en 1780 con el Cuartel de Caballería, que durante casi un siglo fue el único edificio existente; a finales de la década de 1860 se formó la manzana triangular situada junto al cuartel, entre las calles General Ríos y Conde de Cifuentes; en el extremo opuesto se construyó hacia 1880 otra manzana triangular, pero de mayores dimensiones, en un espacio anteriormente ajardinado entre Luis Montoto y La Florida, y a continuación se edifica entre ésta y las proximidades del Matadero; de 1898 es la formación de la manzana situada entre Juan de Aviñón y Conde de Cifuentes; todavía en la década de 1920 se lotean unos terrenos entre Demetrio de los Ríos y Juan del Castillo; finalmente la formación del borde de los pares de esta avenida se dará por concluida en la década de 1960 con la construcción de la Audiencia Territorial y el Palacio de Justicia. Confluyen, pues, a esta avenida, por la acera de los pares, plaza Letrados de Sevilla, Manuel Bermudo Barrera, plaza Alcaldesa Soledad Becerril, Juan de Aviñón, Rastro, General Ríos, Demetrio de los Ríos, Juan del Castillo, Alejo Fernández, Alcalde Isacio Contreras, y La Florida, y por la acera de los impares, paseo de Catalina de Ribera, Nicolás Antonio, Puerta de la Carne, Conquista, Juan Hispalense, Juan de la Cueva, González de León, Pasaje Zamora, Irún, y Estella.
     El material obtenido de la demolición de la muralla es utilizado para la construcción del arrecife en 1876: de nuevo se empiedra en 1881; en 1904 se adoquina de la Puerta de Carmona a la de la Carne y en 1907 desde esta a la Pasarela; a partir de entonces y debido al mucho tránsito que registra, son continuas las referencias a arreglos y sustituciones del pavimento; entre 1918 y 1923 se construyen las aceras; se le dota de alumbrado eléctrico en 1910, renovado en 1960. Actualmente posee calzada de asfalto, con tres carriles para la circulación rodada en cada sentido, que se amplia a cuatro en el tramo más ancho; en su parte central, entre la plaza Alcaldesa Soledad Becerril y la Pasarela, una baranda metálica trata de impedir el paso de peatones de una parte a otra de la calle (ya desaparecida); posee amplias aceras de terrazo en tonos blancos y rojizos, con refugios de autobuses, cabinas de teléfonos, quioscos de prensa y golosinas, arbolado en alcorque y bancos de hierro en la acera que comparte con el paseo de Catalina de Ribera. Su iluminación se apoya en farolas de báculo. 
     Hasta la década de los sesenta predominaban las casas de escalera, las antiguas naves industriales convertidas en almacenes, y algunas viviendas unifamiliares tipo chalet, con un pequeño jardín delantero. Actualmente, en la edificación se mezclan alturas y tipologías, al conservarse en algunos casos los patrones originarios de finales de la pasada centuria y comienzos de la presente, y en otros haberse procedido a su sustitución por bloques de edificios en las últimas décadas. En la acera impar, la que bordea el casco histórico, está más generalizada (aunque tampoco faltan ejemplos de sustituciones) la conservación de la edificación original, constituida principalmente por casas de escalera de dos y tres plantas, muchas de ellas en estado de abandono o ruina; o poseen un local comercial en la planta baja y están desocupadas en las altas. Es de destacar la manzana construida entre 1893 y 1896 entre la Puerta de la Carne y el paseo de Catalina de Ribera, conocida como Casa Cobián.
     En la acera opuesta, por el contrario, la tipología edificatoria y funcional está más diversificada: se conserva habitada la manzana de casas de planta triangular y dos pisos construida hacia 1880 entre La Florida y Luis Montoto, y también una casa de escalera de cuatro plantas entre Conde de Cifuentes y General Ríos; entre Alejo Fernández y la Florida toda la manzana ha sido edificada de nueva planta, con bloques de seis pisos; se ha formado una nueva calle, Alcalde Isacio Contreras, y abierto un pasaje comercial techado; también entre la plaza Alcaldesa Soledad Becerril y Conde de Cifuentes se han edificado bloques de seis y siete plantas, si bien allí se ha actuado independientemente en cada parcela y se conserva, en el núm. 16, una vivienda unifamiliar ahogada por los bloques colindantes. En esta acera son de destacar la casa de viviendas esquina a Demetrio de los Ríos, obra regionalista de Juan Talavera y Heredia (1925-26) y en el núm. 4 el edificio Ybarra, obra de Aníbal González (1928-30). Finalmente el Cuartel de Caballería, llamado también de la Puerta de la Carne por su localización, fue construido entre 1780 y 1788, posiblemente por el arquitecto José Chamorro, en lo que entonces se consideraba un espacio no urbano, carente de viario, razón por la que su fachada no se encuentra alineada con la avenida; es el primer edificio construido en la ciudad con la finalidad de dedicarlo a cuartel, y se proyecta en sustitución del que había en la actual plaza del Cristo de Burgos (v.); sufrió ampliaciones en el s. XIX, posee planta rectangular y se organiza en torno a un gran patio central. Más tarde pasó a ser Cuartel de Intendencia y recientemente ha sido adquirido por la Diputación Provincial, que lo está rehabilitando para ubicar en él dependencias administrativas. 
     Su condición de espacio extramuros y la construcción del Madero a finales del s. XV propició la creación de un ambiente de mala fama en sus alrededores; a comienzos del s. XVIII se registra la existencia de prostitución entre las puertas, situación que la construcción del cuartel no contribuiría precisamente a mejorar. Como ha sido explicado, en 1876 se rotula como calle de la Industria en razón al tipo de establecimientos que en ella se estaban instalando y en un documento de 1878 se detallan las industrias allí localizadas: "En él hay ya fábricas de sedas; de planchas y tapones de corcho; de curtidos, correages mecánico y petacas; de hielo; depósitos de los más notable, para aceite, un gran establecimiento hidroterápico, que atiende a una gran necesidad higiénica  y un gran mercado en construcción no menos conveniente" (Obras Públicas, exp. 1506, 1878). Hoy, los establecimientos industriales han sido desplazados y la avenida, como ocurre con toda la ronda histórica en cuanto elemento articulador del crecimiento de la ciudad, se caracteriza por la existencia de una diversificada actividad comercial y de negocios, y por la canalización de un intenso tráfico rodado y un continuo trasiego peatonal, sobre todo en la confluencia con la plaza de Don Juan de Austria, nudo de conexiones de los transportes públicos; acentuado por la proximidad de la estación de autobuses, Audiencia Territorial y Juzgados y hasta su cierre en 1991, la estación de ferrocarril de San Bernardo. Fue éste uno de los primeros puntos en los que se instalaron semáforos para regular la circulación, y al ser aprobada la instalación, se recogía en la prensa "Los semáforos a instalar serán redondos para los conductores y rectangulares para los peatones. El sistema de colores que parece más acertado es el rojo, ámbar y verde" (ABC, 23-V-1960).
     Asimismo la vía se caracteriza por la diversidad de negocios y comercios existentes; cuenta con sala de multicine (desaparecida), bingo, un hotel, restaurantes, y múltiples bares y tabernas, debiéndose hacer mención de la Casa Cobos, ya muy empobrecida, esquina a Santa María la Blanca; entre los negocios de corte tradicional, una cestería, una ferretería, una tienda de bicicletas, o el estanco donde tuvo lugar, a comienzos de la década de 1950, el famoso "crimen de las estanqueras"; y entre los negocios característicos de nuestros días, las entidades bancarias y las casas de seguros, destacando la concentración de estas últimas que se registra en esta avenida. En la década de los sesenta, sobre el solar del que fue obra de José Sáez López (1902), se construyó de nueva planta el Equipo Quirúrgico Municipal, hoy transferido al Servicio Andaluz de Salud (derribado). Finalmente toda la acera impar. colindante con el paseo de Catalina de Ribera, cuenta con varios quioscos y bares y comparte las funciones de ocio que poseen los jardines [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Menéndez Pelayo, personaje que dan nombre a la vía reseñada
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     Marcelino Menéndez Pelayo, (Santander, Cantabria, 3 de noviembre de 1856 – 19 de mayo de 1912). Erudito, polígrafo, historiador, crítico literario, escritor.
     Hijo de Marcelino Menéndez Pintado, catedrático de Matemáticas del instituto de Santander, y de María Jesús Pelayo. Sus biógrafos concuerdan en presentarlo como niño prodigio y dotado de unas facultades intelectuales cuyo recuerdo ha ingresado a veces en el terreno de la leyenda. Obtuvo Premio Extraordinario en todas las asignaturas del bachillerato excepto en Geometría, a cuya mención no optó por estar su padre en el tribunal.
     Atendiendo a las inclinaciones del niño, su padre lo envió a estudiar Letras a la Universidad de Barcelona, porque había allí un profesor que era amigo personal, el doctor Luanco. Cuando éste se trasladó a Madrid en 1873 a la llamada Universidad Central, única facultada para dar títulos de doctorado, Menéndez Pelayo lo siguió, aunque los estudios en Cataluña le habían ido muy bien, pues había obtenido la máxima calificación en todas las asignaturas, excepto en Griego, y su formación se había beneficiado enormemente del magisterio del medievalista Milá i Fontanals, según reconoció en la breve Semblanza que dedicó a este maestro en 1908.
     En la Universidad de Madrid se produjo enseguida un encontronazo con el krausista Salmerón, catedrático de Metafísica, quien había anunciado que suspendería a todos los alumnos. De la correspondencia del joven Menéndez Pelayo a sus padres, se puede deducir un innegable sectarismo por parte de Salmerón, pero también el carácter intransigente que caracterizó a Menéndez Pelayo y que empapó incluso su producción investigadora, sobre todo en los años de juventud. Para evitar examinarse con Salmerón, se presentó en septiembre de 1874 ante un tribunal de la Universidad de Valladolid del que formaba parte Gumersindo Laverde, quien, desde ese momento y hasta su muerte, acaecida en 1890, ejerció una influencia decisiva sobre el antiguo examinando a través de una amistad entretejida de la admiración sin límites que Laverde profesó a Menéndez Pelayo y el reconocimiento y afinidad ideológica que éste guardó para con su examinador.
     Su labor investigadora comenzó de inmediato. En el mencionado curso 1873-1874 se dedicó a acopiar materiales para una Biblioteca de Traductores Españoles y, tras doctorarse en 1875 con una tesis titulada La novela entre los latinos, se empeñó en un proyecto de Estudios sobre escritores montañeses y un plan para la edición de los filósofos españoles, volumen que echaba en falta en la Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra.
     Como no tenía aún la edad para presentarse a oposiciones, solicitó y consiguió diversas pensiones para realizar viajes de estudio al extranjero con fondos del ayuntamiento de Santander (1875), la Diputación montañesa (1876) y el Ministerio de Instrucción Pública (1877). Así, en 1876 recorrió diversas bibliotecas de Portugal e Italia y en 1877 las de Roma, Nápoles, Florencia, Bolonia, Venecia, Milán, París, Bruselas, Amberes y Ámsterdam. Pero Menéndez Pelayo, como Kant y otros genios, no sintió la necesidad de ser viajero. Con excepción de otra visita que realizó a Portugal en 1883, éstas fueron sus únicas salidas al extranjero, aunque durante toda su vida estuvo en contacto con una verdadera pléyade de intelectuales de todo el mundo.
     En 1871 había iniciado Menéndez Pelayo una producción poética de la que se apartó definitivamente a los treinta años. En 1878 publicó su primer libro, Estudios poéticos. El volumen se divide en dos secciones, una de poesía original y otra de traducciones. Se trataba de verter la inspiración grecolatina en los moldes de la poesía de su tiempo. Con la misma distribución publicó en 1883, con prólogo de Valera, un segundo tomo de poesías originales (1876-1883) y traducciones (1874-1875). En éste hay poemas más maduros y de innegable intensidad, aunque no parece que anunciaran el futuro surgimiento de un poeta importante.
     No obstante, algunos críticos le han mostrado su reconocimiento (“Clarín”, 1877; G. Diego, 1931; Eguía Ruiz, 1914) en cuanto paladín del Clasicismo, entre el Romanticismo que desaparecía y el simbolismo que estaba emergiendo. Julián Bravo (1998) ha escrito que su abandono de la poesía “privó al clasicismo de una voz vigorosa y personal”.
     Su producción académica, que habría de ser inmensa, arranca a la par. Antes de su primer viaje había publicado ya en la Revista Europea sus cartas a Laverde en las que defendía la existencia de una ciencia española, en contra de Azcárate, que la negaba y explicaba tal lacra por la influencia de la Inquisición y la Monarquía. La continuación de la polémica permitió mostrar a Menéndez Pelayo una portentosa erudición, dando a conocer autores y obras de los que muy pocos hasta entonces habían tenido noticia. El calor de la polémica y la juventud del polemista explican las evidentes hipérboles que, como él mismo reconoció en su madurez, cabe encontrar en el libro La Ciencia Española, que recoge los diferentes escritos a los que dio lugar esta contienda ideológica y erudita.
     En 1876 entregó el original de un estudio sobre Horacio en España, publicado un año más tarde, que contiene una rica colección de materiales que ilustra la constante presencia del autor latino a través de la historia de la lírica española. Identifica aquí Menéndez Pelayo los conceptos de lírica y lírica culta, que es la que inspira Horacio. Dámaso Alonso señalará la rectificación (una de sus célebres “palinodias”) que con respecto a esta postura suponen los estudios que Menéndez Pelayo realiza posteriormente del cancionero galaico-portugués y de las canciones populares inscritas en el teatro de Lope de Vega.
     Menéndez Pelayo obtuvo en 1878 la Cátedra de Historia de la Literatura en la Universidad Central, en la que sucedió a José Amador de los Ríos. Pudo optar con sólo veintiún años, porque Alejandro Pidal había conseguido de Cánovas del Castillo una ley especial que fijaba en esa edad la mínima que permitía presentarse. A partir de ese momento, su actividad como historiador y crítico de la literatura estuvo dirigida sobre todo hacia la redacción de un manual de cátedra que hubo de ir precedido de una colosal labor de desbroce del inmenso campo que estaba por explorar, ya que Menéndez Pelayo lo concibió como una empresa totalizadora que abarcaba toda la literatura en español y toda la literatura que se había producido en España, en cualquier lengua, empezando por el latín de Hispania e incluyendo las más diversas cuestiones del contexto histórico y cultural.
     A partir de aquí, cargos académicos, reconocimientos, honores y publicaciones se sucedieron sin interrupción.
     En 1880 fue elegido académico de la Real Academia Española; en 1881 publicó los tomos I y II de la Historia de los heterodoxos españoles, donde, como en La Ciencia española, abordó un campo hasta entonces poco cultivado por la investigación, aunque, también aquí, incurrió en evidentes exageraciones y vehemencias que hubo de matizar en el prólogo de la segunda edición. De 1881 son también las conferencias pronunciadas en la Unión Católica que dieron lugar al folleto Calderón y su teatro. En 1882, a propuesta de Cánovas del Castillo, el marqués de Molins y Vicente Barrantes, fue nombrado académico de la Historia y terminó el tercer tomo de los Heterodoxos, volumen polémico por abordar en él a sus contemporáneos.
     Empezando a cumplir con el proyecto totalizador contenido en su programa de cátedra, en 1883 publicó el primer tomo de la Historia de las ideas estéticas en España al que siguieron otros cuatro (1884, 1886, 1888-1889 y 1891). Constituyen en conjunto la primera gran aportación a la historia de la retórica y la poética españolas. Pero no son sólo estas disciplinas directamente relacionadas con la literatura las que se abordan aquí. También el contexto filosófico y cultural tiene lugar en el siguiente ambicioso plan: “1. Las disquisiciones metafísicas de los filósofos españoles acerca de la belleza y su idea. 2. Lo que especularon los místicos acerca de la belleza en Dios, considerándola principalmente como objeto amable, de donde resulta que no podemos separar siempre en ellos la doctrina de la belleza de la doctrina del amor, que llamaremos, siguiendo a León Hebreo, Philografía, y que, rigurosamente hablando, corresponde a la filosofía de la voluntad y no a la del entendimiento ni a la de la sensibilidad, que son las facultades que principalmente intervienen en la contemplación o estimación o juicio de lo bello. 3. Las indicaciones acerca del arte en general, esparcidas en los filósofos y en otros autores de muy desemejante índole. 4. Todo lo que contienen de propiamente estético, y no de mecánico y práctico, los tratados de cada una de las artes, verbigracia, las Poéticas y las Retóricas, los libros de música, de pintura y de arquitectura, etc. 5. Las ideas que los artistas mismos, y principalmente los artistas literarios han profesado acerca de su arte, exponiéndolas en los prólogos o en el cuerpo mismo de sus libros”.
     No consiguió completar el proyecto concebido, que tenía el propósito de llevar en el tiempo hasta sus días, pero sí dejó escrito lo principal y, desde luego, sentadas las vías por la que —al igual que en otros estudios— habría de transitar la investigación posterior.
     En 1887 editó las obras de Milá i Fontanals, que había muerto de 1884, y en 1888 aceptó el encargo de la Real Academia Española de componer la Antología de poetas líricos castellanos, desde la formación del idioma hasta nuestros días, en que abordaba el estudio de la lírica peninsular desde los orígenes, ilustrándolo con los textos más representativos. Fue publicada en trece tomos por la editorial Hernando en los años 1890, 1891, 1892, 1893, 1894, 1896, 1898, 1899, 1900, 1903, 1906 y 1908. En su momento tuvo un especial interés la aportación de textos hasta entonces desconocidos o poco divulgados; hoy, en cambio, se valora más la contribución de los estudios que la parte antológica.
     Tal como quedó, su investigación sólo llegó a los umbrales del Renacimiento. Abarca cuatro grandes temas: poesía castellana de la Edad Media, poesía medieval en Portugal y Cataluña, tratado de los romances viejos y Juan Boscán. Se añade, además, el desarrollo en España de la lírica latino-clásica, latinocristiana, árabe y hebrea, consideradas preámbulo imprescindible. Hay que subrayar que, refiriéndose a Judá Leví, sospechó la existencia de versos romances engarzados en sus poemas hebreos, apuntando así a la existencia de las jarchas, cuyo descubrimiento no se produciría sino cincuenta años después.
      Dámaso Alonso lamentó que no hubiera llegado a tratar de la Edad de Oro. Ciertamente está su discurso de ingreso en la Real Academia Española, que versó sobre poesía mística, y existen referencias eruditas en la Bibliografía Hispanolatina, pero es poco lo que ofrece sobre fray Luis de León o San Juan de la Cruz, es breve —y hoy se tiene por erróneo— el juicio crítico que da de la poesía de Góngora. Casi nada dice de Quevedo. Así, no es infundado el lamento de Dámaso Alonso, ya que, habida cuenta de su capacidad, era mucho más lo que (incluidas las necesarias “palinodias”) hubiera cabido esperar del proyecto.
     Siguió una serie continua de encargos y nombramientos: en 1889 fue nombrado bibliotecario de la Real Academia de la Historia, recibió el encargo de la Real Academia Española de dirigir una edición completa de las obras de Lope de Vega y se le eligió académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; en 1893 se encargó también de la Antología de poetas hispanoamericanos; en 1898, a la muerte de Tamayo y Baus, ocupó la vacante de director de la Biblioteca Nacional y se puso al frente de la Revista de Archivos; en 1901 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, en 1905, comenzó a preparar los Orígenes de la novela y la edición de sus Obras completas.
     Como resultado del encargo de publicar las obras completas del Fénix de los Ingenios, Menéndez Pelayo confeccionó trece volúmenes del Teatro de Lope de Vega. El primer volumen apareció en 1890 con la Nueva Biografía de Cayetano Alberto de la Barrera a la que Menéndez Pelayo puso unas adiciones —fundamentalmente la publicación de un epistolario inédito—.
     Los tomos siguientes incluyen autos y comedias, precedidos de los correspondientes estudios introductorios. En 1906, al no haber sido recompensado con la dirección de la Real Academia Española, abandonó el proyecto y sólo publicó dos tomos más, que ya estaban preparados cuando el incidente, pero ahora sin los prólogos. Entre 1919 y 1927, Bonilla y San Martín y Miguel Artigas editaron todos los prólogos en seis grandes volúmenes que comprenden más de seis mil páginas con el título de Estudios sobre el teatro de Lope de Vega.
     Aunque el proyecto quedó inacabado, publicó cerca de doscientas comedias y medio centenar de autos.
     Los especialistas suelen destacar este trabajo entre lo principal de su obra. La indicación de fuentes y sus transformaciones, la descripción de las estructuras compositivas, la pintura de la dimensión psicológica de los personajes constituyen un conjunto que anticipa implícitamente el estudio de conjunto —la poética— de la comedia española. Su preferencia por Lope frente a Calderón, en contra del juicio de su época, ha quedado sin duda como herencia en la historiografía.
     En cuanto a la Antología de poetas hispanoamericanos, la Real Academia Española publicó entre 1893 y 1895 sus cuatro volúmenes que contienen los textos antologados, precedidos de un estudio preliminar de Menéndez Pelayo. Los prólogos sin antología fueron publicados en 1911 con el título de Historia de la poesía hispanoamericana.
     El director de la Real Academia de la Historia, el marqués de la Vega de Armijo falleció el 12 de junio de 1908 y el día 26 se procedió a la elección de director interino con el siguiente resultado: Eduardo Saavedra, nueve votos; Marcelino Menéndez Pelayo, ocho votos. Sin embargo, en la votación realizada en diciembre de 1909 para cubrir de manera definitiva el cargo en el trienio 1910-1912 y, hallándose ausente Menéndez Pelayo, éste obtuvo veintidós votos por uno que obtuvo Eduardo Saavedra. El 4 de febrero de 1910 se verificó la toma de posesión en la que se leyó la carta de felicitación del rey Alfonso XIII, quien se congratulaba de que se vieran reconocidos “los méritos de los que como usted han dedicado toda su actividad y todo su talento al esplendor de la Ciencia española y a su prestigio ante la Historia”.
     Como casi todas las personas que han conseguido muy jóvenes todos los honores, Menéndez Pelayo se adentró en la cincuentena con una cierta sensación de hastío y pensó en pedir la jubilación y volver definitivamente a Santander para dedicarse a las investigaciones eruditas para las cuales había reunido ingentes cantidades de material en su biblioteca.
     Los sinsabores de la vida académica, entre los que se cuenta la derrota de la candidatura para la Real Academia de la Historia de Ramón Menéndez Pidal, que competía con el general Polavieja, le empujaron también en esa dirección. Se sentía enfermo y tenía pendientes grandes proyectos. Por el momento, fue haciendo más frecuentes sus estancias en la ciudad cántabra y allí murió sin haber cumplido los cincuenta y seis años de edad.
     La obra de su vida era la Bibliografía Hispanolatina clásica, cuyo primer volumen había publicado en 1902. La Edición Nacional de sus obras sacó póstumamente a la luz todos los materiales, también los inéditos, en los diez volúmenes que aparecieron entre 1950 y 1953. En ellos se incluye la ya comentada obra de Horacio en España. El proyecto pretendía hacer “la historia de cada uno de los clásicos en España”, comentar todos los poetas de la Edad de Oro, señalando al margen la fuente griega o latina que presuponían en cuanto traducción, inspiración o simple reminiscencia. Menéndez Pelayo señaló los códices y manuscritos de estas fuentes que se hallaban en las bibliotecas, así como las ediciones, comentarios y antologías hechas en España o por españoles. En suma, una obra ciclópea, que aunque no pudo culminar el ambicioso plan juvenil (como por lo demás, ocurrió en los otros proyectos, igualmente inabarcables), ha dejado un material asombroso, todavía hoy necesitado de explotación.
     La obra Orígenes de la novela está compuesta por los estudios preliminares de los tomos I, VII y XIV de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles, publicados en 1905, 1907 y 1910. Un cuarto tomo que había previsto fue publicado por Bonilla y San Martín en 1915 “con arreglo a las indicaciones del maestro”, pero sin su estudio preliminar.
     El tomo I trata, como introducción, de la novela en Grecia y Roma, el apólogo y el cuento oriental y su influencia en la literatura medieval, los libros de caballería y las novelas sentimental, histórica y pastoril.
     En el prólogo del tomo II se ocupa de los cuentos y las novelas cortas, y en el III, de La Celestina y sus imitaciones. El tomo que no llegó a realizarse debería haber estado dedicado a la picaresca y a los diálogos satíricos.
      Los trabajos recopilados en los volúmenes de Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, publicados en la Edición Nacional de sus Obras Completas, dan cuenta además de sus investigaciones y opiniones sobre multitud de cuestiones de nuestra historia literaria: su apreciación de Cervantes, su visión —por lo general, hoy no compartida— acerca del siglo XVIII y sus constantes y variaciones acerca del vasto panorama de la literatura española, concebida, según se ha recordado, como la literatura de España y Portugal en todas sus lenguas y la literatura en español de otras naciones. La versión en CD-ROM de la Edición Nacional permite actualmente encontrar con facilidad insistencias, relaciones y concordancias latentes hasta ahora. 
   Llegó también Menéndez Pelayo hasta cuestiones candentes en su día. Hoy no resulta discutible su frontal oposición al Naturalismo por razones de “realidad” en la literatura que era maltratada por aquella estética. También es de consignar su elogio de Rubén Darío, a pesar de su poco aprecio para el Modernismo en general. Es verdad que Menéndez Pelayo, según confesó en el discurso de respuesta al ingreso de Pérez Galdós en la Real Academia Española, se “había acostumbrado a conversar preferentemente con los muertos”.
     No es mancha para quien, como él, se dedicó sobre todo a la tarea de historiar.
     Como se ve, esta biografía está dedicada casi exclusivamente a la vida académica de Menéndez Pelayo, porque en él —con un trasfondo ideológico preciso, eso sí—, vida académica y vida tout court tienden a confundirse, de manera que apenas existen referencias fuera de aquélla. Cabe recordar que en 1878, mientras trabajaba en los fondos de la Biblioteca Colombina de Sevilla, entabló noviazgo, que duraría sólo unos meses, con su prima Conchita Pintado, a la que dedicó los mismos versos que había escrito para Isabel, su amor de adolescente en Santander. Algunos lances galantes se registraron también en sus primeros años madrileños de joven triunfador. Y poco más. Incluso en el aspecto político, apenas tuvo algún compromiso real, aunque puso su prestigio al servicio del Partido Conservador que encabezaba Cánovas del Castillo, y fue diputado por Mallorca en 1884 y por Zaragoza en 1891, así como senador por la Universidad de Oviedo en las legislaturas de 1893 y 1895 y, en representación de la Real Academia Española, desde 1899 hasta su muerte.
     Su vida se concreta en una colosal obra cuya valoración objetiva se vio dificultada a lo largo del siglo XX porque la adscripción inequívoca de Marcelino Menéndez Pelayo a una línea que funde lo “nacional-español” y lo “tradicional-católico” hizo que se convirtiera en bandera de confrontación entre facciones integristas y laicistas y que se desatendiera con frecuencia el meollo de su aportación.
     Sin embargo, dejando aparte sus fogosidades juveniles, se puede observar una libertad intelectual que llevó a Menéndez Pelayo a distinguir también los méritos del adversario. La respuesta al discurso de Pérez Galdós en su recepción en la Real Academia Española y, sobre todo, las reacciones registradas en su epistolario ilustran esta afirmación.
       No existe propiamente un manifiesto teórico ni historiográfico de Menéndez Pelayo. Sin embargo, está presupuesto a lo largo y lo ancho de toda su obra. En la Historia de las ideas estéticas reconoce la primacía de la forma en la definición del arte sin descuidar la dimensión histórica y social. No se observa en él el rancio historicismo tan propio de su época. Sus apreciaciones, que tienden a considerar la crítica literaria como crítica “de artista”, deben estar conectadas con su propia experiencia como poeta. Desde luego, es posible hallar aquí y allá diversos aciertos teóricos sueltos: R. Wellek (Wellek, 1968: 94) afirma que Menéndez Pelayo aporta a la periodización el concepto de “barroquismo literario” antes que el propio Wölfflin.
     Sin duda, Menéndez Pelayo es sobre todo historiador.
     En su época no se concebía que fuera posible en humanidades otra “ciencia” que no fuera la historia; y la historia de la literatura española es la máxima beneficiaria de su quehacer.
     Relaciona estrechamente historia de la lengua e historia de la literatura, atribuyendo a aquélla una virtualidad propia, próxima al Volksgeist (“espíritu del pueblo”), que él llamó “estilo”. Menéndez Pelayo, con evidente exageración, buscó rasgos similares entre los escritores hispanolatinos y los castellanos. Ese afán globalizador es seguramente el que lo llevó a no poder roturar nunca enteramente el campo previamente acotado, aunque haya dejado señaladas todas las líneas por las que habría de discurrir el “manual” completo de la historia de la literatura española.
     En la obra historiográfica de Marcelino Menéndez Pelayo se encuentran apreciaciones interesantes sobre muchos temas, unas eran propias del momento, pero otras tienen valor intemporal; unas serán revisables o han sido ya revisadas (por él mismo o por otros), otras se han incorporado al diseño básico de la historia literaria.
     Siempre está presente la polémica presuposición que atribuye a la literatura la virtualidad de convertirse en una vasta interpretación de España. Lo más actual radica en la unión que se da en Menéndez Pelayo entre sensibilidad histórica y reconocimiento de la libertad creadora: se trata de una crítica de la relación entre literatura y sociedad tan lejana de la interpretación de “clase” como de una ingenua estética del “arte por el arte”.
     En resumen, gusten o no los registros de su retórica decimonónica, se ha de reconocer que Menéndez Pelayo ha desbrozado inmensos territorios para la investigación en la historia de la cultura y ha dibujado el itinerario básico por donde ha debido transitar en el siglo XX la investigación de la historia de la literatura española (Miguel Ángel Garrido Gallardo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida Menéndez Pelayo, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La avenida Menéndez Pelayo, al detalle:
Edificio Ybarra
     Azulejo conmemorativo de Cervantes
Placa cerámica conmemorativa de la ópera Carmen
Edificio regionalista de Juan Talavera y Heredia