Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de la Concepción de San Miguel, de las Concepcionistas Franciscanas, de Sevilla.
Hoy, 29 de septiembre, Fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En el día de la dedicación de la basílica bajo el título de San Miguel, en la vía Salaria, a seis millas de Roma, se celebran juntamente los tres arcángeles, de quienes la Sagrada Escritura revela misiones singulares, y que sirviendo a Dios día y noche, y contemplando su rostro, a Él glorifican sin cesar [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy para Explicarte el desaparecido Convento de la Concepción de San Miguel, de las Concepcionistas Franciscanas, de Sevilla.
El desaparecido Convento de la Concepción de San Miguel, de las Concepcionistas Franciscanas, de Sevilla, se encontraba, aproximadamente en la manzana formada por las calles San Miguel, Amor de Dios, Javier Lasso de la Vega, y Trajano; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
Hoy, 29 de septiembre, Fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En el día de la dedicación de la basílica bajo el título de San Miguel, en la vía Salaria, a seis millas de Roma, se celebran juntamente los tres arcángeles, de quienes la Sagrada Escritura revela misiones singulares, y que sirviendo a Dios día y noche, y contemplando su rostro, a Él glorifican sin cesar [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy para Explicarte el desaparecido Convento de la Concepción de San Miguel, de las Concepcionistas Franciscanas, de Sevilla.
El desaparecido Convento de la Concepción de San Miguel, de las Concepcionistas Franciscanas, de Sevilla, se encontraba, aproximadamente en la manzana formada por las calles San Miguel, Amor de Dios, Javier Lasso de la Vega, y Trajano; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
Fundación e Historia del convento.
De la Concepción de San Miguel se llamaba la calle donde estaba situado este convento concepcionista, perpendicular a Amor de Dios y Palmas -hoy Jesús del Gran Poder-. El apellido, de San Miguel, que tenían calle y convento se le debió dar para distinguirlo del otro de la misma orden y advocación situado junto a la iglesia de San Juan de la Palma. Este lo estaba de la iglesia, también desparecida, de San Miguel. Hoy la calle, perdida ya la memoria del antiguo convento, se llama simplemente de San Miguel.
Apenas tenemos noticias de la fundación y vida de este convento, pues no se guarda un solo papel de su archivo. Arana de Varflora nos dice que se fundó casi al mismo tiempo que el otro del mismo nombre. Se refiere, naturalmente, al de San Juan de la Palma, que como convento concepcionista lo fue en 1511, y, gracias a la relación que existió entre ambos, hemos podido saber algunos datos de este de San Miguel, recogidos en el libro de fundación de la Concepción de San Juan de la Palma.
Siendo tan escasas las noticias sobre este convento, no queremos reducirlas ni un ápice y transcribimos literalmente las páginas que a él se dedican en el inédito libro de fundación.
"Por los años 1514, se había fundado en Sevilla un Convento de la Concepción, cumpliendo el Señor en este siglo de quinientos la palabra que dio a Beatriz de Silva de que habría tiempo en que quantos conventos se fundasen serían de su orden. Moviéronse con el exemplo tan reciente de nuestra fundación" (La Concepción de San Juan) "tres virtuosas hermanas, llamadas Violante y Elvira de Vargas e Ignés Venegas. Tenían estas algunos vienes, con que dotaron y trasaron un combento pequeño y no muy abundante. Dícese en el libro de fundaciones que llevaron por fundadoras monjas de San Clemente y de las Dueñas, si ya no fuese de este por la equibocación que trae la antiguedad, con el nombre de Santa María, vien que no aseguro lo que no me consta''. Hacemos aquí un inciso para aclarar esto último: efectivamente el nombre completo del Convento de las Dueñas era "de Santae Maríae Dominarum", aunque popularmente se conocía por las Dueñas. Puede venir de aquí la confusión de haber un 5º convento concepcionista en Sevilla, llamado de Santa María. Realmente no existió este quinto convento, pero monjas de las Dueñas fueron como fundadoras no sólo a éste sino también, junto con religiosas de la Concepción de San Juan, al del Socorro, único existente de los cuatro que hubo. Por esta circunstancia la relación debió seguir viva entre estos conventos concepcionistas y el cisterciense de las Dueñas. Ya veremos que precisamente en el archivo de este último, actualmente en Santo Domingo el antiguo de Toledo, hemos encontrado algún dato relativo al convento que nos ocupa. Hecha esta aclaración, seguimos el relato de la fundación.
"Situóse la tal fábrica en la calle Linos, collación de San Lorenzo, o Lloriente, como entonces se decía. Sujetáronse a el Arzobispo y dos años después (1516) sacaron bula del señor León décimo, de que también fue la de la fundación y se sujetaron al prior de Santiago de la Espada, de allí a un poco se disgustaron de su govierno y se salieron de él sujetándose a los Padres del Carmen, sin que aya quedado noticia del porqué fueron tan variables".
"También el sitio del convento tuvo mudanza, pues el año de 1539 se pasaron a la parroquia del señor San Miguel volviendo a la jurisdicción ordinaria".
Hasta aquí los datos coinciden con el libro de fundación, de donde se nos dice se han sacado. Sólo se añade en él que las fundadoras tenían "muy buenas posesiones" en Sevilla y Carmona, que el Breve de León X para pasar a la jurisdicción de Santiago de la Espada tenía fecha de 12 de noviembre de 1517 y puntualiza que en 1539, al hacerse el traslado a su definitivo asiento, ya están las religiosas sometidas a la obediencia del Arzobispo.
"Viendo el señor Arzobispo y su visitador que no tenían el arte de Concepcionistas, según la unión de vida a la cabeza de la orden y que habían vuelto a su obediencia con resavios de haber estado en otras tan extrañas, que riendo remediarlo todo, le pareció el mexor advitrio proponerlas por prelada alguna de las muchas exemplares religiosas que avía en esta casa -repetimos, Concepción de San Juan- en donde se vía entonces a la perfección, practicando el espíritu de la regla y era la más antigua y célebre de la ciudad" (se refiere a que el de San Juan fue el primer convento concepcionista de Sevilla).
"Convinieron las buenas y humildes religiosas de la Concepción a San Miguel, que ya se decía así, con el dictamen de sus prelados y se resolvió, propuesto a esta comunidad todo el asunto, que pasase a governarlas, electa por su abadesa, Doña Guiomar de Rivera, religiosa sí de ilustre cuna, más que por esto, conocida por su virtud. Era de edad mediana, pero anciana mucho en su prudencia y espíritu, tal cual devía ser según el fin propuesto. Llevóse por compañera a Doña Elvira Peraza, que aunque menor, también tenía edad proporcionada". La fecha de la venida de Doña Guiomar y Doña Elvira tuvo que ser hacia 1580, pues aunque no se cita, sí se hace con la vuelta, 1586, añadiendo que la estancia duró más de un trienio.
"Salió Doña Guiomar no sin lágrimas de su clausura donde había casi cuarenta años que estaba profesa; llegó a donde la esperaban con gusto para darle la obediencia las no conocidas súbditas. Subsiste en el archivo una scriptura otorgada por esta Señora en el tiempo de estar en dicho convento de San Miguel siendo prelada. Dícese en ella que siendo monja profesa de este y residiendo por abadesa actual en aquel, recivió de sus parientes cien ducados -juzgarían éstos cosa precisa darle materiales ayudas para el cumplimiento de sus espirituales ocupaciones-, los cuales (ducados) entregó a Pedro Cabrera, presvítero, mayordomo de este convento, para que en el se impusiesen y dándole réditos por su vida a su compañera Doña Elvira Peraza, que dándose después de ella libres para que hiciese esta Comunidad de ellos el uso que gustase".
"Pasó a esta (se refiere a la vuelta a su convento) en nueve de febrero de 1586. Creo no estuvo sólo un trienio Doña Guiomar en el convento de San Miguel, según razón que he hallado, pero como tuviese todo el corazón en su casa propia, luego que cumplió con los fines a que la obediencia le conduxo a la extraña, dexando vien instruidas a aquellas religiosas y sentidas de su ausencia, se volvió con su compañera a su amado convento, donde la aguardavan nuevos cargos para honra y servicio de Dios".
Hasta aquí la crónica recogida, que termina con la vuelta a su convento de San Juan de la Palma de Doña Guiomar de Rivera, ocurrida en el año 1586.
Tenemos sin embargo otra noticia del convento de San Miguel en el mencionado libro de fundación. Hablando de una capellanía fundada "en el 1600" dice: "oy -se refiere a 1780 en que se escribe este libro- está muy deteriorada esta capellanía a causa de haberse impuesto el dicho capital sobre los bienes de las monjas de la Concepción de San Miguel, que lo tomaron para salir de uno de sus frequentes ahogos, y por estar concursadas muchos años hace, no pagan tributo". Parece claro que al menos en el siglo XVIII la situación económica del convento no era buena.
Otro dato encontramos en el archivo del convento de las Dueñas, hoy en Toledo. Hablando la cronista de este convento de la gran inundación que asoló Sevilla en el año 1626, que obligó a varias comunidades a abandonar sus conventos para salvar las vidas, dice: "en este -las Dueñas- fue recivido el de la Concepción de Nuestra Señora que está junto a la iglesia de San Miguel, con todas sus seglares y criadas que fueron por todo más de sesenta personas las quales por mandato de Doña Juana Cortés abadesa, fueron hospedadas en santa caridad i buen orden, que a ni una falto en particular i regalo necesario ni en común oficinas, separadas de las nuestras, donde pudieron exercer sus actos regulares, disponiéndose así porque la multitud y diferencia de rezo no hiciese confusión. I estuvieron en esta casa dos meses y volvieron a la suia muy agradecidas y edificadas".
Y ya el siguiente dato encontrado se refiere a su extinción. Es un oficio del Gobernador del arzobispado dirigido al párroco de San Miguel. Con fecha de 20 de abril de 1837 se le ordena que se haga cargo de la iglesia y todos los objetos consagrados al culto que le pertenezcan para lo cual deberán presentarse "al Comisionado de Amortización que concurra al acto de reunión que se ha de verificar el día de mañana" (21 de abril). Esta es la fecha exacta de su extinción.
González de León nos dice que las religiosas fueron llevadas al convento del Socorro, estableciéndose en la iglesia "la cochera de una de las diligencias del reino" y en el convento "varios establecimientos y talleres". Madoz especifica que entre estos varios talleres había una fábrica de estambres.
Hemos visitado el convento del Socorro, también concepcionista y único existente de los cuatro que hubo en Sevilla, por si quedase aquí algún papel procedente de la Concepción de San Miguel. No hay absolutamente nada, incluso es casi nada lo que se conserva de su propio archivo. Pero entre esta casi nada hay una copia de una escritura de transacción y convenio entre "el señor conde viudo de Torres Cabrera" y "la comunidad de religiosas del Monasterio de Nuestra Señora del Socorro de Sevilla", otorgada el 10 de mayo de 1850. En ella se da como presentes en primer lugar a las monjas del Socorro y a continuación a "las religiosas procedentes de la comunidad de la Concepción de San Miguel, reunidas en este del Socorro que lo son: Sor María Francisca Longo de San Lorenzo, Sor María Josefa Portela de los Dolores, Sor Josefa Parody del Espíritu Santo, Sor Francisca Rodríguez del Patrocinio, Sor María del Amparo Prado de San José y Sor María del Amparo Tubilla de la Concepción. ¡Seis nombres! que con los de las tres hermanas fundadoras y los de las dos religiosas que procedentes del convento de San Juan de la Palma, fueron a aleccionarlas en la regla concepcionista, son los únicos que se conservan de un convento con algo más de trescientos años de existencia.
Descripción del edificio.
La iglesia.
González de León la clasifica de "mediana" por su tamaño y la describe así: "de un solo cañón o nave angosta y cortada por un tercio con rejas bajas y altas para los respectivos coros de las monjas". La portada era lateral, pue los coros cortaban la nave única de la iglesia. No la describe, quizás por su sencillez.
"Regular, aunque algo plateresco y en él había una imagen de la Concepción en gracia de Nuestra Señora de muy mala escultura, mas tenía el mismo altar muchas otras buenas". Este retablo fue contratado por Juan de Oviedo el Viejo, el 4 de marzo de 1584. Hará él la parte arquitectónica, y su hijo, Juan de Oviedo el Mozo, las esculturas. La policromía corre a cargo de Agustín de Colmenares. No hay más datos de este retablo perdido que los aportados por la descripción de González de León y los contenidos en el contrato. Por él sabemos que además del banco tenía tres cuerpos y el remate, siguiendo el primer cuerpo el orden jónico "con seis columnas en el primer tercio rebestido de talla", el segundo cuerpo, del orden corintio y el tercero, compuesto. Tenía 43 palmos de alto y 30 de ancho y era de madera de borne y cedro. A los lados del altar llevaba los escudos del Jurado Juan de Olivares, quien lo encarga, por servir la capilla mayor para su enterramiento.
Puesto que el retablo se ha perdido, no sabemos si la Concepción que presidía el retablo, conceptuada como "de muy mala escultura" por González de León, lo era realmente por no pertenecer al conjunto del retablo (pudo haber sido aprovechada de otro anterior o sustituida la original por otra posterior), o bien simplemente no le gustaba a nuestro amigo.
OTROS RETABLOS
Según el mismo autor había dos en cada uno de los muros de la iglesia. Califica de "malos retablos" los colocados en el lado del evangelio. En el lado de la epístola, uno de ellos, hacía de "comulgatorio" y estaba presidido por un "gran lienzo que figuraba la Santísima Trinidad coronando a la Virgen, muy bien dibujado, no tan bien pintado". Del segundo retablo que estaba en este muro y "frente de la puerta del templo" (luego la puerta estaba en el muro del lado del evangelio), dice que duda "se hallase otro mejor en esta ciudad". Atribuye el San Juan Bautista, a quien estaba dedicado el retablo, a Martínez Montañés, añadiendo "son inexplicables las perfecciones en las carnes, ropas y dibujo de esta célebre imagen, honor del autor y de su patria". Hernández Díaz comentando la reproducción de un San Juan Bautista que actualmente se encuentra en el Museo Metropolitano de Nueva York, lo fecha hacia 1608 y dice que posiblemente proceda del convento sevillano de la Concepción junto a San Miguel, calificándolo de "magistral figura, obra indudable de Montañés creada en un momento inmediato a la colosal tarea de Santiponce".
Si magnífica era la escultura que presidía el retablo, ya hemos visto que de este González de León dice dudar haya otro mejor en la ciudad y, al contrario del resto de los retablos de la iglesia, lo describe con bastante detalle: la imagen titular sobre airosa peana colocada sobre el sotobanco estaba "bajo un grande arco moldurado con pilastras que sostenían la cornisa". A sus lados "había una especie de portaditas, con columnas de piedra negra, capiteles corintios y dorados, que sostenían las cornisitas" y en ellas, "había dos pinturas de pasajes de la vida de San Juan". En el ático, sobre las cornisas "descansaban unos angelitos que tenían sostenida una graciosa jarra con un ramo de flores, todo perfectamente ejecutado".
Este retablo debió ser el que contrató Jerónimo Velázquez el 4 de junio de 1620 para el convento de la Concepción "junto a San Andrés" -el autor en una nota dice ser el mismo de San Miguel- en 2.400 reales, obligándose a terminarlo "a fin del mes de diciembre" de este mismo año. El retablo sería "de madera de cedro, borne y jaspes", teniendo que darle para hacerlo "la madera e jaspes que fuera menester".
En cuanto al paradero de este "singular retablo", donde "todo era sencillo, todo de buen gusto", nada se sabe. González de León afirma que pereció con los demás cuando se extinguió el convento, del que al parecer sólo se salvó el San Juan.
El convento.
"Era pequeño y tenía mucha parte ruinosa. Sin embargo había un buen patio con un solo corredor alto y bajo con arcos y columnas y un diáfano y largo dormitorio. Lo demás del edificio, aunque tenía otras viviendas y oficinas, era todo tan irregular y falto de planta que no se puede explicar". Así lo describe González de León y no podemos añadir nada pues ya no queda ni memoria de este convento. Sólo se nos ocurre que su "pequeñez" debía ser relativa, en comparación a otros mucho mayores. Lo deducimos del dato de 60 personas -entre religiosas, seglares y criadas- que se acogen en 1626 en el convento cisterciense de las Dueñas. Si en el convento vivían sesenta personas, no podía ser muy pequeño. Claro que mucho mayor debía serlo el de las Dueñas que las pudo acoger con toda comodidad según nos cuenta su cronista.
En cuanto a que el edificio -salvo iglesia y claustro fuese "irregular y falto de planta", parece indicar que el convento se había ido agrandando poco a poco, añadiéndole casas circundantes.
Nada hemos podido averiguar sobre el paradero de retablos, imágenes o cuadros que hubiese en el convento. No sabemos lo que recogería el párroco de San Miguel al hacerse cargo de la iglesia, y lo que se llevó es hoy imposible de identificar, ya que esta parroquia fue suprimida y bárbaramente destruida en 1868 y apenas queda nada de las obras de arte que poseía, pues inicia entonces un largo éxodo por distintos templos de la ciudad hasta su total extinción, ya en este siglo.
Tampoco sabemos si las religiosas se llevaron algunos objetos -retablos, cuadros o imágenes- al convento del Socorro, donde ya hemos indicado no quedan papeles del archivo, ni apenas del propio convento, habiéndose perdido incluso la tradición oral, ya que su actual comunidad procede de un convento extremeño de donde vino al quedar así extinguida la suya.
Y no sabemos si es "literal" lo que dice González de León cuando al terminar la descripción del retablo de San Juan Bautista añade que "pereció como los demás". Sí está claro que si todos los objetos artísticos que hubo en este convento no perecieron, al menos, el tiempo ha destruido totalmente su memoria.
POST SCRIPTUM
Después de dar por terminado nuestro trabajo relativo a este convento, que por saberse totalmente desaparecido describíamos ciñéndonos exclusivamente a los escasos datos que de él nos proporciona González de León, la casualidad -o el destino- quiso que por circunstancias poco comunes, asistiésemos a una conferencia en el salón de actos del Colegio Notarial, situado en la calle San Miguel número 1.
Mal podría contar la conferencia -tema jurídico- difícil de seguir para un profano en la materia. Pero, además, algo acaparó totalmente nuestra atención: el artesonado de la sala. Conociendo la existencia en aquella calle del convento de la Concepción de San Miguel, intuimos que debió pertenecer a él. Hechas las oportunas investigaciones, para los cual nos han sido dadas todas las facilidades por el actual decano del Colegio Notarial, lo hemos confirmado. Averiguamos la ubicación exacta del convento y casi su perímetro. Estos datos provienen de dos escrituras. La primera con fecha 11 de noviembre de 1922. En ella el entonces decano, D. Félix Sánchez Blanco, debidamente autorizado por la Junta de Gobierno, compra, ante el notario D. Diego Angulo Laguna, la casa nº 9 de la calle Amor de Dios a D. Carlos Lacave y Meyer. Al describirla, se dice textualmente "casa situada en esta capital, calle Amor de Dios, número nueve, novísimo y actual, sin que haya tenido otros antiguos ni modernos por haber sido edificada en parte de terrenos que ocupó el convento de la Concepción de San Miguel". La medida, quinientos noventa y seis metros, noventa y seis centímetros. Los límites que se dan son: "por la izquierda de su entrada con la del nº 7 de la misma vía, por la derecha, con la calle -ya- San Miguel, con la que forma esquina y por el fondo o espalda con la casa nº 1, primero novísimo de la referida calle San Miguel y la del nº 4 duplicado de la calle Trajano".
Esos dos números "novísimos" y el duplicado, nos indican lo que fue convento. Comprendía pues, aproximadamente, la mitad de la manzana situada entre las calles Amor de Dios, Concepción de San Miguel (hoy San Miguel), Trajano y Javier Lasso de la Vega.
Dado que el artesonado creemos que perteneció a la capilla mayor de la iglesia, podemos afirmar que la casa que compra el Colegio Notarial se había edificado sobre la antigua iglesia del convento, mientras que éste ocupaba el resto de la media manzana comprendida entre las calles San Miguel (el nº 1 novísimo) y Trajano (nº 4 duplicado). Hoy se ha remozado esta parte convirtiéndose en apartamentos de lujo y sólo tienen entrada por la calle Trajano.
El Colegio Notarial, al año siguiente de la compra de la casa de Amor de Dios nº 9, siendo decano D. José Gastalver, decide hacer reformas y adaptarla a sus necesidades. El arquitecto encargado de llevarlas a cabo es D. Vicente Traver Tomás, quien conocido el propósito de destinar parte de la finca comprada a Archivo Notarial, presenta un proyecto, del que resulta dividido el primitivo inmueble en dos predios distintos. Por escritura de segregación, firmada el 26 de julio de 1926, se constituyen dos fincas. En cuanto a lo que a nosotros interesa, se hace entrada por la calle San Miguel a la parte destinada a Colegio Notarial.
Al adaptar esta farte a su nuevo destino, tirando un cielo raso, apareció el artesonado que ¡afortunadamente! el arquitecto decide conservar dándole el máximo rango: salón de actos. Incluso repite su dibujo en la parte del salón dedicada a estrado presidencial y separado ¡hoy todavía! por un arco toral del salón cubierto por el artesonado antiguo.
Por la forma -ochavado- y por su apoyo en el arco toral, no cabe duda debió ser la cubierta de la capilla mayor, encajando totalmente su ubicación con los datos que de la iglesia aporta González de León: la entrada era lateral y situada en la nave del evangelio.
Para terminar el relato de este pequeño hallazgo, queremos agradecer también el testimonio de la actual portera del edificio. Ella nos ha contado con todo detalle la aparición del artesonado, que por su edad no pudo presenciar, pero conoce estos hechos a través de su madre, portera entonces y recientemente fallecida [Mª Luisa Fraga Iribarne, Conventos Femeninos Desaparecidos, Sevilla - Siglo XIX. Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Miguel, arcángel;
Los arcángeles individuales
Los arcángeles forman una clase aparte en la jerarquía celeste, porque entre las cohortes innumerables de los ángeles, son los únicos no anónimos.
Por esa razón son los más importantes desde el punto de vista iconográfico. Pero no debe creerse por ello, como el nombre de arcángeles podría sugerir, que ocupen la cima de la jerarquía. En realidad son sólo el penúltimo escalón del Orden Inferior.
Los teólogos cuentan generalmente siete, número sagrado. Miguel y Gabriel son conocidos por el Libro de Daniel, Rafael por el Libro de Tobías, Uriel por el Libro apócrifo de Henoc y por el cuarto Libro de Esdras.
El nombre de los otros tres varía según las fuentes: Baraquiel se convierte a veces en Maltiel, Jehudiel en Jofiel, Sealtiel en Zeadkiel. Se los suma o sustituye en ciertos textos por Peliel y Raziel.
Todos sus nombres terminan en el que significa Dios. Son nombres teofóricos.
a) Funciones y atributos
Los clérigos de la Edad Media ingeniaron distinguirlos por sus acciones y con emblemas apropiados.
Michael victoriosus, princeps militiae caelestis, pugnat cum dracone.
Gabriel nuntius, ad Mariam missus.
Raphael medicus: Tobiae oculos sanavit.
Uriel fortis socius, qui Esdram instituebat.
Barachiel (Malthiel), adjutor, qui Moysem in flamma praecedebat.
Jehudiel remunerator, praeceptor Semis, filii Noachi.
Sealtiel (Zeadkiel), orator, in immolatione Issaci gladium prohibebat.
A esta lista se agregan:
Peliel qui luctabatur cum Jacobo.
Raziel a quo Adam e Paradiso ejectus.
Así, Miguel es el jefe de la milicia celeste, Gabriel el mensajero enviado a la Virgen, Rafael el médico que cura al viejo Tobías, ciego.
Uriel habría sido el preceptor de Esdras y Jehudielel de Sem. Raziel habría expulsado a Adán del Paraíso, Sealtiel fue quien detuvo el sacrificio de Isaac, Peliel quien luchó con Jacob. Maltiel quien precedía a Moisés y a los israelitas en fuga con una columna de fuego.
A este reparto de funciones corresponden atributos característicos. Miguel, victorioso contra el dragón, blande la espada o la lanza; Gabriel, el mensajero, sostiene una linterna encendida y un espejo de jaspe verde sobre el cual se inscriben las órdenes de Dios; Rafael, el sanador, lleva un recipiente de ungüento y da la mano derecha al joven Tobías encargado del pez milagroso.
Uriel, cuyo nombre se interpreta con el significado de luz o llama de Dios (Lux vel Ignis Dei), y que por esta razón se ha identificado con el ángel que empuña una espada llameante en la entrada del Paraíso, se reconoce por la espada y las llamas que brotan bajo sus pies.
Jehudiel, el "remunerator", aquel que recompensa y castiga, lleva una corona de oro y un látigo de tres tiras; Sealtiel, el intercesor, tiene las manos juntas en actitud de plegaria; Baraquiel (Bendición de Dios) descubre rosas blancas en un pliegue de su túnica.
b) Grupos o sinaxis de siete, cuatro o tres arcángeles
l) No es habitual, al menos en el arte de Occidente, encontrar el ciclo completo de los siete arcángeles porque la Iglesia romana, al considerar apócrifo el Libro de Henoc, excluyó a Uriel. En 746 el concilio de Letrán limitó el culto de los arcángeles a los tres primeros: Miguel, Gabriel y Rafael.
No obstante, en un fresco hallado en la iglesia de San Ángel, de la Orden de los Carmelitas (Palermo, 1516) se veía a la Trinidad rodeada por los siete arcángeles. Un grabado de Hieronymus Wierix nos ofrece una copia libre de esta cohorte de arcángeles agrupados de tres en tres alrededor de San Miguel, considerado su jefe. En Roma, la iglesia Santa María de los Ángeles, instalada en el siglo XVI en las Termas de Diocleciano, estaba consagrada a la Virgen y a los siete arcángeles. En Alemania, los siete arcángeles eran los patrones de los siete Electores del Sacro Imperio Romano Germánico.
2) El cuarteto de los cuatro grandes arcángeles es frecuente en el arte bizantino puesto que el Libro de Henoc gozaba en Oriente de una autoridad igual a la de los canónicos, y allí, Uriel está situado en el mismo plano que Miguel, Gabriel y Rafael.
Relacionados con los cuatro puntos cardinales, los cuatro arcángeles se prestan de maravilla para la decoración de las pechinas de las cúpulas donde parecen, como los cuatro evangelistas, montar guardia alrededor del Pantocrátor.
Este tema, específicamente bizantino, está o estaba ilustrado por numerosas manifestaciones pertenecientes al arte copto, eslavo y siciliano.
3) El grupo de los tres primeros arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael es, por el contrario, común al arte de Oriente y al de Occidente.
En la Iglesia ortodoxa el tema se conoce por el nombre de Sinaxis de los Arcángeles (Synaxis tôn Arkhaggelôn). Los tres arcángeles llevan la imagen de Cristo alado en una aureola formada por la intersección de numerosos triángulos. Abundan los ejemplos en la pintura del monte Athos: Monasterio de Dochiariu, mesa del convento de Dionisiu (1547). El nombre de los arcángeles está representado por la primera letra de éste inscrita en lo alto del nimbo. Rafael, vestido de sacerdote, ocupa el lugar de honor: está en el centro, entre Miguel el guerrero y Gabriel el pacífico. Simbolizan los poderes religioso, militar y civil.
Uno de los ejemplos más antiguos en Occidente es el antipendio de oro repujado de la catedral de Basilea. Los arcángeles acompañan a Cristo. El guerrero, San Miguel, tiene una lanza, Gabriel y Rafael, más pacíficos, largos bastones con pomo. En el arte italiano de los siglos XV y XVI, el joven Tobías, en vez de estar acompañado sólo por Rafael, con frecuencia camina bajo la protección de los tres arcángeles.
San Miguel, arcángel
Miguel, el más popular de todos los arcángeles, es también el que tiene una personalidad más definida. Es un guerrero, un caballero, el archiestratega o el condestable de las milicias celestiales (princeps militiae angelorum, prince of the heavenly host). A este título, es él quien dirige el combate contra los ángeles rebeldes que precipita en el abismo, y quien, en el Apocalipsis, salva a la Mujer que acaba de parir, símbolo de la Virgen y de la Iglesia, combatiendo contra el dragón de siete cabezas. La Iglesia romana lo considera su defensor (custos Ecclesiae romanae).
También es el santo psicopompo, el conductor de los muertos cuyas almas pesará el día del Juicio. En inglés se lo llama «The Lord of Souls» (El Señor de las almas).
a) Culto
Su culto reemplazó al de las divinidades paganas, al del dios egipcio Anubis y en particular al de Mercurio, el Hermes psicopompo, que en la mitología tenía una función análoga. Una colina de la Vendée aún se llama Saint-Michel-Mont-Mercure (San Miguel monte Mercurio). En Gottesberg, cerca de Colonia, una capilla de San Miguel reemplaza a un templo de Mercurio. En un cuadro de Signorelli (Museo Metrop., Nueva York), san Miguel Arcángel lleva un caduceo cincelado sobre la pechera de la coraza.
Lugares de culto
1º En Oriente. Sea o no San Miguel el Hermes cristiano, lo cierto es que en todo caso la cuna de su culto se encuentra en el Oriente helenizado, donde se le consagraron los primeros santuarios. El emperador Constantino construyó en Bizancio un Michaelion; a principios del siglo IV, en Alejandría, se fundó una iglesia bajo la advocación de San Miguel. En Constantinopla y en sus arrabales europeos y asiáticos se contaban unos treinta santuarios dedicados al archiestratega. En los Balcanes, su santuario más célebre es la iglesia del monasterio de Lesnovo, en Serbia, dedicada en el siglo XIV «al gran voivoda y archiestratega Miguel».
2° En Occidente, a finales del siglo V, el culto de San Miguel se implantó en el monte Gárgano (o Galgano), en Apulia, en esa Italia meridional que recordaba haber sido la Magna Grecia. El 8 de mayo de 492 el arcángel se manifestó sobre ese promontorio del Adriático que con San Nicolás de Bari se convertiría en el lugar de peregrinación más celebre de Italia meridional. El 8 de mayo quedó como el día de su fiesta.
Es indudable que los primeros santuarios italianos de San Miguel surgieron en la zona de colonización griega y de influencia bizantina. Por ello no pueden tenerse en cuenta las tesis de ciertos arqueólogos alemanes que quieren asimilarlo al dios germánico Wotan, y convertirlo en el santo nacional de los lombardos.
El relato de esta angelofanía aparece en la Leyenda Dorada: un tal Garganus, al ver que uno de los toros de su tropa escapaba y se introducía en una caverna de la montaña, lo persiguió y le disparó una flecha. Pero en vez de golpear al toro ésta se volvió en su contra.
El obispo de Sipontum (Manfredonia), asombrado por el prodigio ordenó tres días de ayuno, a su término, San Miguel apareció en la entrada de la caverna y declaró que ésta sería de allí en adelante su santuario.
Esta leyenda del toro es también la del origen de un santuario rupestre no menos famoso, el del monte Saint Michel, en Normandía. El arcángel se aparece a San Auberto, obispo de Avranches, y le ordena consagrarle una iglesia en el sitio donde encuentre un toro oculto por ladrones. La cripta dedicada en 709 reproducía la gruta del monte Gárgano. La imitación es flagrante. Por otra parte, en la Francia de la Edad Media, ¿acaso no se decía «Michiel de Gargan»?
Desde el monte Gárgano y desde el monte Saint Michel, desde los confines de Pouillé y Normandía, el culto del arcángel, matador del dragón, surgido como San Jorge del Oriente helenizado, brilla en toda la cristiandad occidental. En Italia, Rávena y Roma son las primeras que lo acogen. La iglesia de San Michele in Affricisco de Ravena fue consagrada en 546. En Roma, el papa San Gregorio Magno vio aparecer encima del mausoleo de Adriano al arcángel celeste que secaba su espada sangrante y la volvía a enfundar después de una epidemia de peste. Le dedicó una capilla en el Mausoleo Imperial que tomó el nombre de Castillo de Sant' Angelo.
Los lombardos consagraron a San Miguel basílicas en Pavía y en Monza, siguiendo el ejemplo de Ravena.
Francia llevó aún más lejos la devoción a Monseñor San Miguel a quien convirtió en un santo nacional. En 709, el conde Wulfoald aportó a Saint-Mihiel, en la diócesis de Verdun, reliquias del monte Gárgano. En 792 se le dedicó una capilla aérea en Saint-Michel d'Aiguilhe, en Puy-en-Velay, en la cima de un promontorio de basalto. En Poitou, cerca de Luçon, se levanta la abadía de Saint-Michel-en l'Herm. Los reyes franceses de la dinastía de los Valois pusieron bajo su protección al reino de la flor de lis. Carlos V, Carlos VII y Luis X1 fueron en peregrinación al monte Saint Michel. Luis XI fundó en 1469 la orden de caballería de San Miguel. Borgoña, cuyos duques estaban consagrados a San Andrés, patrón de la orden del Toisón de Oro, acogió en el siglo XVI al patrón de los Valois y en l529 se erigió una iglesia dedicada a San Miguel en Dijon.
San Miguel es el protector de Bruselas donde comparte con Santa Gúdula el título de patrón de la colegiata.
En Alemania -Baviera- era particularmente venerado. La iglesia de los jesuitas de Munich estaba consagrada a él, al igual que la de Berg-am-Laim.
Aunque Inglaterra estuviera consagrada a San Jorge, Comwall (o Comualles inglesa), también posee un monte «San Miguel».
Sin duda se habrá advertido que la mayoría de los santuarios del arcángel, al menos en la época medieval, están situados en las cimas (in summitate): monte Gárgano, monte Saint Michel, Aiguille de Puy. Cuando tiene una capilla dedicada en una iglesia, se trata generalmente de una capilla alta, dispuesta en el nivel del púlpito, preferentemente encima del pórtico o del nártex. San Miguel era considerado, en efecto, el guardián por excelencia de la puerta de los santuarios, encargado de impedir con la espada la entrada al demonio. Tal era el caso anterior de la abacial carolingia de Saint Riquier, en Picardía y el de la abadía de Cluny. Aún pueden verse ejemplos en Saint Philibert de Tournus, en Saint Bénoit sur Loire, en el púlpito de Semur-en-Brionnais. La capilla alta del Castillo de Sant' Angelo se llamaba S. Angelus inter nubes. Una imagen del arcángel coronaba frecuentemente las flechas de los campanarios. Por ello podemos hablar de un culto aéreo de san Miguel, análogo al del profeta Elías, también venerado «in excelsis».
El culto de San Miguel no está localizado sólo en las capillas altas sino también en las de los cementerios. Su intercesión se invocaba allí a causa de la función de pesador de almas que desempeña en el Juicio Final. Casi todos los osarios tenían una capilla dedicada a San Miguel: las del cementerio de los Inocentes y la del Saint Martín des Champs en París han desaparecido; pero entre los santuarios de este género que perduran pueden citarse la iglesia de Saint Michel de Burdeos, edificada sobre una antigua necrópolis cuya tierra tenía la propiedad de momificar los cadáveres. Las cofradías consagradas al amortajamiento lo elegían de buena gana como patrón. El Oriente bizantino ofrece ejemplos análogos. No es por azar que la iglesia funeraria del Kremlin de Moscú, donde están enterrados los zares, estuviera consagrada al arcángel Miguel.
Patronatos.- Numerosas corporaciones estaban bajo el patronato de san Miguel. Todos esos patronazgos de origen iconográfico derivan de sus atributos: la espada o la balanza.
l. Su armadura y espada le valieron la clientela de los esgrimistas, maestros de armas, pulidores y también doradores porque su armadura era dorada;
2. A causa de las balanzas del Juicio, es patrón de todos los oficios que se sirven de la balanza: pasteleros, barquilleros, boticarios, especieros, merceros, pesadores de granos, y maestros bañistas o agüistas, porque en el pesaje de las almas se ven pequeñas figuras que simbolizan las almas sumergidas en los platos de la balanza como en una bañera.
La contrarreforma y la actualización del culto de San Miguel
En el siglo XVII el culto de san Miguel adquiere un nuevo impulso y también un nuevo carácter por influencia de la Contrarreforma. El jefe de la milicia divina que triunfa contra Lucifer y los ángeles rebeldes, para los jesuitas simboliza el triunfo de la Iglesia católica contra el dragón de la herejía protestante: por esa razón se pusieron bajo su advocación magníficas iglesias en Munich y en Viena.
Un grabado de Jan Galle titulado Diaboli Haereticique Lapsus simillimus representa a San Miguel arrojando a Lucifer desde lo alto del cielo y paralelamente a la Iglesia precipitando a Lutero a las llamas del Infierno.
b) Iconografía
La extensión del culto del arcángel San Miguel explica la riqueza de su iconografía.
1. Figuras
Durante la Edad Media varió el tipo iconográfico de san Miguel. En Bizancio lleva clámide purpúrea o el loros de la corte imperial; en el mosaico del arco del triunfo de San Apolinar in Classe, cerca de Ravena, sostiene un asta larga rematada por una tablilla con la triple aclamación: Agios, Agios, Agios. En Occidente viste en principio una larga túnica, y además, cota de malla y casco de caballero. Sus armas son ya una lanza, ya una espada flamígera. En la mano izquierda sostiene a veces un escudo de cristal espejeante. Sobre el escudo se lee esta inscripción: Quis ut deus. En ocasiones presenta la cabeza del dragón como David la del gigante Goliat.
A causa de la peregrinación marítima al monte Saint Michel, lleva conchas como atributos, como el apóstol Santiago. A veces, la pechera de su coraza adopta la forma de una concha.
Generalmente se lo representa de pie, sobre la tierra o en el aire. Entre los escasos ejemplos conocidos de San Miguel a caballo, puede citarse un fresco del siglo XII, de Saint Savin, en Poitou y el fresco de Lesnovo (Serbia ), pintado en el siglo XIV, hacia 1345.
2. Ciclos
3. Escenas
Las escenas de la gesta de San Miguel preferidas por el arte cristiano son: 1º El combate contra el dragón; 2° El pesaje de las almas; 3° Sus tres apariciones en el monte Gárgano, en el monte Saint Michel y en el mausoleo de Adriano o Castillo Sant' Angelo; 4° Sus milagros.
San Miguel vence al dragón
El tema se ha tomado del Apocalipsis 12, 7-9: «Hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles ( ...) Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás ( ...) y fue precipitado en la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados.»
San Miguel hundiendo su lanza en las fauces del dragón podría ser confundido con San Jorge. Pero es un San Jorge alado; el combate de San Miguel es una batalla aérea (praelium in coelo). Además, no es un duelo: los dos jefes, Miguel y Satanás, están rodeados por sus ángeles que toman parte en la lucha.
Este tema iconográfico, creado en el siglo VII en la caverna del monte Gárgano, fue imitado en la cripta del monte Saint Michel y difundido en sellos y miniaturas.
El arte francés del siglo XIII hizo de San Miguel un caballero de la cruzada.
Se deben distinguir dos versiones, según que el arcángel combata a pie o a caballo.
San Miguel pesando las almas
Según Künstle, es por error que se reconoce a San Miguel en el ángel que pesa las almas en el Juicio Final. Se ha confundido conductor de almas (Seelenführer) con pesador de almas (Seelenwager). El error provendría de la representación del ángel anónimo que vigila la balanza, armado con una lanza o una espada para echar al diablo, que reemplazó a la Mano de Dios o al Cristo Juez. Se llegó a la conclusión de que se trataba de san Miguel.
Esta teoría es indefendible. La prueba de que la Edad Media identificaba al pesador de almas del Juicio Final con el arcángel guerrero, vencedor de Satanás, es que San Miguel es el patrón de la corporación de los balanceros. Y por añadidura, es fácil citar un considerable número de obras de arte románicas y góticas en que el pesador de almas es sin lugar a dudas San Miguel. Un frontal o antipendio catalán del siglo XIV, conservado en el Museo de Artes Decorativas de París, nos presenta un santo que sostiene la balanza del Juicio Final y que al mismo tiempo hiere al dragón. No es posible dudar acerca de la identidad de una figura semejante. En el siglo XV, en un grupo de piedra policromada de la iglesia champanesa de Mussy-sur-Seine, el arcángel traspasa con su lanza al dragón al tiempo que pesa las almas con la balanza.
Es cierto que San Miguel fue en principio considerado conductor y guía de las almas (psicopompo) porque había disputado a Satanás el alma de Moisés; pero posteriormente se le atribuyó la función de pesador de almas en el Juicio Final. A veces la balanza está suspendida de la Mano de Dios que aparece en una nube.
San Miguel está allí sólo para vigilar el platillo derecho y recibir las almas de los justos al tiempo que enfrente, el demonio intenta torcer la balanza e inclinarla de su lado.
Pero lo más habitual es que el propio San Miguel sostenga la balanza. Después de Cristo, es el personaje más importante del Juicio Final. Es por ello que los artistas primitivos le otorgaron un tamaño desmesurado (tímpano de Autun, políptico de Beaune).
En alabastros ingleses del siglo XIV, junto al arcángel pesador de almas, aparece la Virgen misericordiosa inclinando la balanza en favor de un alma que implora, apoyando el rosario sobre el extremo del astil.
Las apariciones de San Miguel
I. La aparición al obispo de Siponte en el monte Gárgano y el milagro del toro
Gárgano dispara contra un toro escapado una flecha que invierte el sentido y regresa a su ojo. El obispo de Siponte extrae la flecha, y de acuerdo con las instrucciones del arcángel, le consagra el monte. Este tema está particularmente presente en el arte español de finales de la Edad Media.
II. Aparicicón de San Miguel a San Auberto, obispo de Avranches
III. Aparición del arcángel San Miguel en el mausoleo de Adriano (castillo Sant' Angelo)
Durante una epidemia de peste que diezmaba a la población de Roma, el papa Gregario Magno ordenó una procesión para implorar el fin de la plaga. Él mismo vio aparecer al arcángel San Miguel sobre el mausoleo de Adriano, enjugando la sangre que le enrojecía la espada: era el signo del final de la prueba. A partir de entonces el mausoleo recibió el nombre de Castillo de Sant' Angelo.
Los milagros de San Miguel
Este ciclo fue representado en el siglo XIV sobre los muros de la iglesia de Lesnovo, en Serbia, dedicado a los arcángeles Miguel y Gabriel.
El arcángel San Miguel rechaza a la flota sarracena, cura a siete jóvenes leprosos, exorciza a un monje demoníaco. Josué se prosterna frente a él. Protege a los tres jóvenes hebreos en el horno.
Se le atribuye también un milagro relativo a la peregrinación al monte Saint Michel, en la cual también se profesa el culto de Nuestra Señora.
Una mujer y su hijo fueron sorprendidos por la resaca entre la costa y la isla del monte Saint Michel, parecían condenados a morir ahogados cuando San Miguel intervino para detener las olas que formaron una suerte de cúpula a cuyo abrigo pudieron esperar que el mar se retirase (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de la Concepción de San Miguel, de las Concepcionistas Franciscanas, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.Más sobre la calle San Miguel, en ExplicArte Sevilla.
Más sobre la calle Amor de Dios, en ExplicArte Sevilla.
Más sobre la calle Javier Lasso de la Vega, en ExplicArte Sevilla.
Más sobre la calle Trajano, en ExplicArte Sevilla.






No hay comentarios:
Publicar un comentario