Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 28 de octubre de 2025

El Ferrocarril de Cerro del Hierro, en San Nicolás del Puerto (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Ferrocarril de Cerro del Hierro, en San Nicolás del Puerto (Sevilla).       
     Hoy, 28 de octubre, es el "Día del Tren" en España, una efeméride en la que se conmemora la puesta en marcha de la primera línea férrea peninsular, entre Barcelona y Mataró, un 28 de octubre de 1848, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Ferrocarril de Cerro del Hierro, en San Nicolás del Puerto (Sevilla).
      Con objeto de dar salida al metal de hierro y entrada de productos para la mina y el economato del pueblo, la William Baird Mining and Co. Ltd. solicitó la construcción del ramal de ferrocarril desde Cerro del Hierro hasta la cercana línea Sevilla-Mérida de ancho de vía escocés de 1,423 metros.
     El empalme se realizó en la que se denominó la estación de Los Prados en Cazalla a 1,5 kilómetros de distancia de la mina y a unos 3 kilómetros al norte de la estación de Cazalla-Constantina.
     El trazado de este ferrocarril, transformado en vía verde para su recorrido tanto a pie como en bicicleta, presenta dos tramos bien diferenciados:
     Tramo 1. Los Prados-Túnel de Los Molinos.
      El primer tramo discurre por una zona muy montañosa siguiendo prácticamente el cauce del rio Rivera de Huéznar, con rampas que alcanzan las 25 milésimas, aunque en el sentido de subida de los trenes vacíos, y con numerosas trincheras y terraplenes. Junto al segundo paso a nivel se encuentra el único puente importante de esta línea. Este puente, situado a sólo unos dos kilómetros de la bifurcación, era metálico en su origen y con tres pilares de mampostería. Fue destruido tras el cierre del ramal quedando como testigos de su existencia sólo los pilares. En la actualidad, al ser reconvertida esta línea en la Vía Verde de la Sierra Norte, se ha construido sobre los pilares una pasarela metálica que da continuidad al trazado. El único túnel de este ramal está ubicado en el P.K. 6,649, con una longitud de 114 metros. y conocido como de "Los Molinos". 
     Tramo 2. Túnel de Los Molinos-Cerro del Hierro.
      Una vez atravesado el túnel, la línea discurre por una zona de dehesas con suaves ondulaciones hasta llegar a Cerro del Hierro. La línea lo rodea por el oeste y en su base se sitúan los cargaderos y las  instalaciones ferroviarias, reducidas a algunos edificios funcionales en la zona de cargaderos y viviendas en el final de la línea, que terminaba en la placa giratoria que permitía invertir las locomotoras y, en ángulo de 90º acceder a un pequeño depósito con dos vías.
     De todos estos edificios, construidos en piedra, apenas quedan hoy sus ruinas, pues incluso han sido aprovechadas sus piedras para la reconstrucción de la iglesia, de estilo inglés, en el poblado del Cerro del Hierro. En este segundo tramo se ubica también la única estación intermedia del ramal, San Nicolás del Puerto, en las afueras de la población, muy próxima al nacimiento del rio Rivera de Huéznar, y hoy convertida en vivienda particular.
     La mina de Cerro del Hierro ha sido aprovechada desde tiempos anteriores a la civilización romana, así lo atestiguan piezas halladas como candiles y otros útiles mineros. 
     Su explotación industrializada se inició, principalmente, de la mano de la compañía escocesa "William Baird Mining and Company Limited" en el periodo 1893-1946, y continuó en activo hasta su cierre en los años ochenta del siglo XX. 
     La coyuntura histórica que permitió el inicio de la explotación industrial de la mina fue la liberalización de los recursos mineros provocada por la segunda Revolución Industrial en los países más avanzados. De ahí el interés de las compañías extranjeras, británicas y francesas principalmente, por explotar las riquezas del subsuelo español. 
     En la mina de Cerro del Hierro, la extracción de mineral de hierro se realizaba a través de los denominados "tajos", o galerías, abiertos mediante dispositivos de explosión. Tras ser picado y recogido el mineral por una cuadrilla de mineros, se almacenaba en los denominados depósitos o "winches", desde los cuales se elevaban al exterior mediante vagonetas tiradas por animales y en épocas más recientes por motores de gasoil. 
     El mineral se descargaba a la tolva de la machacadora. En la criba se separaba el mineral grueso y el fino, y se eliminaba la tierra. Luego pasaba a los trómeles que con su roturación y gran cantidad de agua facilitaba el lavado. A continuación, el mineral se depositaba en las cintas transportadoras. La roca de hierro siempre iba mezclada con otros minerales (caliza, barita, pizarra, etc.). En el lugar de limpieza, se encontraban los operarios que limpiaban estas impurezas manualmente. Una vez limpio, el mineral se apilaba, para después ser cargado con los camiones en el tren que esperaba junto al muelle de carga. Desde aquí, ponía rumbo al puerto de Sevilla para su enlace con distintos puntos internacionales. 
     Cronología de la minería industrial en Cerro del Hierro
     Etapa 0: 1838 - 1893. Inactividad de la mina en manos de la Compañía de Minas y Fábrica de Hierros y Aceros de El Pedroso. 
     En 1838, coincidiendo con el inicio de los cien años de mayor importancia de la minería española (1850-1950), la compañía de Minas y Fábrica de Hierro de El Pedroso, solicitó a la Autoridad la concesión de los derechos de explotación de la mina. En este periodo, no se constatan trabajos de explotación, tan solo se tiene conocimiento de la realización de sondeos.
     La falta de infraestructuras para la producción obligó a la Compañía a arrendar sus minas más importantes a otras compañías mineras, entre la que se encontraba la William Baird Mining Co. Ltd., empresa escocesa con domicilio en Glasgow que en 1893 adquirió, mediante arrendamiento, los derechos minero de Cerro del Hierro. 
     Etapa 1: 1893 - 1946. Explotación de las minas por la compañía escocesa William Baird Mining and Co. Ltd. 
     A raíz de la legislación minera de 1868, por la cual se dispuso la concesión de las minas de Rio Tinto, Almadén y San Nicolás del Puerto, en pública subasta a capital extranjero a causa de la angustiosa situación de la Hacienda Pública y con objeto de liberalizar la economía española, se inició el período de explotación de la mina por la empresa extranjera. 
     Fue esta empresa minera la que realizó casi todas las obras de las infraestructuras que hoy se conocen: el ramal de ferrocarril que unía la mina con la línea Mérida-Sevilla, la iglesia, el pueblo minero, las casas de los ingleses, etc. La empresa dejó de trabajar la mina de Cerro del Hierro en el año 1940.
     Etapa 2: 1946 - 1985. Explotación de las minas por las compañías españolas.
     A partir de 1946, el grupo minero pasó a manos de la Sociedad Nueva Montaña Quijano, empresa siderúrgica santanderina, que fundía los minerales extraídos en sus altos hornos de Santander y Corrales de Buelma (Cantabria). 
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La Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla.
     Hoy, 28 de octubre, es el "Día del Tren" en España, una efeméride en la que se conmemora la puesta en marcha de la primera línea férrea peninsular, entre Barcelona y Mataró, un 28 de octubre de 1848, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla.
     La Estación del Ferrocarril Santa Justa, se encuentra en la avenida José Laguillo, s/n; en los Barrios de San José Obrero, y Huerta de Santa Teresa del Distrito San Pablo-Santa Justa.
      El edificio de la estación está construido sobre el haz de vías, cobrando la apariencia de una estación término. El mejor esquema funcional que este tipo de estaciones proporciona justifica esta decisión, a partir de la cual, una cierta metáfora o analogía del movimiento y la llegada, se hace patente.
     Las seis naves bien diferenciadas que albergan los andenes se unen en un sólo espacio transversal desde el que se produce la comunicación con el vestíbulo y la marquesina de entrada. Para reforzar esta secuencia espacial, la luz se hace llegar de formas diversas, apoyándose en un sistema de cubiertas diferenciadas que nunca revelan su solución estructural.
     Se trata, por tanto, de un edificio compuesto de zonas de carácter muy diverso -bóvedas sobre los andenes, cubierta inclinada o el techo plano del vestíbulo, que define un ámbito prismático en el interior de un edificio tan expresivo del movimiento- al que se dota de un carácter unitario por medio del tratamiento de la luz, la elección de materiales o la disposición de los espacios en sentido transversal a los recorridos de los viajeros (Cruz y Ortiz Arquitectos).
     En el más celebrado de los edificios de la Sevilla de finales del XX, sus autores consiguen construir en una sección, aquella que acompaña el movimiento del usuario del transporte ferroviario, todo un cúmulo de aconteceres que dotan al edificio del innegable atractivo de lo cambiante, auxiliado por una maestra utilización de la escala de los espacios y la luz precisa para cada uno de los recintos.
     Desde un exterior marcado de forma definitiva por la más elegante de las marquesinas de la ciudad, en la que el espacio se achica para acoger sin abrumar al visitante, se accede tras un espacio de transición al gran recibidor en el que la actividad se hace obvia por la sencillez y rotundidad del recinto que favorece su inmediata comprensión. 
     Tras él, la sección no deja descanso a la calidad espacial que logra en los lugares de acceso y bajada a las vías y en las cubiertas curvas de las mismas, con un prodigioso juego de niveles, de comunicaciones, escaleras y rampas entre los mismos, de espacios que dominan visiones siempre diferentes de un lugar con voluntad de unidad y que invita a prolongar las vías, mucho más allá de lo perceptible, con la imaginación, hasta la Atocha de Moneo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires
   Eran dos hermanas andaluzas, hijas de un alfarero de Sevilla, que se ganaban la vida vendiendo cacharros de cerámica en el mercado.
   Como se negaban a entregarse a los paganos en la fiesta de Adonis, y tam­bién a  ofrecer sacrificios a Venus, sus mercaderías fueron destruidas. Justa murió en la calle y Rufina fue estrangulada.
   Patronas de Sevilla y también de Burgos, en cuyo monasterio de Las Huelgas se conservaban sus reliquias.
   En Francia fueron elegidas como patronas por los alfareros de Montauban. La iglesia de Prats de Molló, en el Rosellón, está puesta bajo su advocación.
ICONOGRAFÍA
   Están caracterizadas por alcarrazas, cacharros de alfarería que llevan en las manos, trozos de ídolos esparcidos en el suelo, un león que les lame los pies. Las santas enmarcan a la Giralda, antiguo alminar de Sevilla, que ellas habrían protegido del rayo en 1504 (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Santas Justa y Rufina, en la Historia de la Iglesia de Sevilla
   Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires, patronas de la ciudad de Sevilla. Por no querer adorar a los ídolos, por orden del presidente Diogeniano, padecieron martirio. Justa murió en la cárcel y Rufina fue degollada poco después. Ocurrió hacia el 285. La Iglesia de Sevilla celebra su fiesta el 17 de julio.
   Las pintaron Hernando de Esturmio, Miguel de Esquivel, Ignacio de Ríes, Murillo y Goya, entre otros muchos artistas. La Giralda en medio de ellas, como sostenida y abrazada para que no sufriera daño cuando el terremoto de 1504, según cuentan viejas leyendas. Y a sus plantas los cacharros de loza, símbolo del gremio que patrocinan. Las esculpió Duque Cornejo. Les han cantado himnos desde san Isidoro de Sevilla hasta el divino Herrera y Rodrigo Caro. Las celebran por patronas, junto a Sevilla, otras ciudades como Manises, Orihuela, Talavera de la Reina... Toledo conserva una parroquia con su advoca­ción de resonancia histórica medieval. Las veneran no sólo en España, sino también en Portugal, Francia, Italia y Alemania. Y son la primera página histórica, y gloriosa, de la Iglesia de Sevilla.
   Ellas son santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla. Modernamente, un gran poeta sevillano, Antonio Machado, las cantó así:
          Que por mucho que se diga 
          nadie aventajó en el arte 
          cerámico y de alfarería
          cual las Patronas del «barro» 
          las Santas Justa y Rufina.
          Su oficio es noble y bizarro 
          y entre todos el primero,
          pues para gloria del «barro»,
          Dios fue el primer alfarero
          y el hombre el primer cacharro.
   Los albores de la Iglesia de Sevilla están regados por la sangre generosa y joven de dos alfareras hermanas. Su martirio es el primer dato histórico de la Iglesia hispalense recogido en una Passio muy antigua con visos de autenticidad. Su estilo sobrio, la descripción de las adonías, fiesta en honor de la diosa siria Salambó, y la cita del obispo Sabino, que aparece segundo en el catálogo de los obispos de Sevilla del códice emilianense, son indicios suficientes de su autenticidad histórica.
   Así son descritas en el Pasionario hispánico:
   «Justa y Rufina, como mujeres que eran y muy sencillas por su relativa pobreza, llevaban adelante su casa con paciencia, casta y religiosamente, como necesitadas que todo lo poseen.
   Solían vender vasijas de barro. Con la venta ayudaban a los pobres, y guardaban para sí solamente lo suficiente para cubrir sus gastos cotidianos de comida y vestido. Se ocupaban también de hacer oración cada día...
   Un día, cuando estaban vendiendo sus vasijas, se les presenta no sé qué monstruo inmenso, al que la turba de los gentiles llaman Salambó, pidiéndoles que le den un donativo. Ellas resisten y se niegan a dar nada, diciendo: «Nosotras damos culto a Dios, no a este ídolo fabricado, que no tiene ojos, ni manos, ni vida alguna propia. A no ser que necesite una limosna o padezca necesidad, nosotras no le damos».
   El que, vestido de Zábulo, llevaba sobre sus hombros al ídolo, arremetió tan ferozmente, que rompió y destrozó totalmente todos los cacharros que tenían para vender las santísimas mujeres Justa y Rufina. Entonces estas religiosas y nobles mujeres, no por el daño de la pobreza, sino para destruir el mal de tan gran inde­cencia, empujaron el ídolo, y éste cayó por tierra, haciéndose pedazos. Se tomó esto como un sacrilegio, y corría en boca de los gentiles y proclamaban que eran reas de un gran crimen y dignas de muerte.
   En aquel tiempo era presidente Diogeniano, practicante de los ritos y observan­cias gentiles. Llegó enseguida a sus oídos la noticia de lo sucedido; rápidamente mandó que encerrasen a las piadosas mujeres en la oscuridad de la cárcel y que las condujesen a Sevilla bien custodiadas. Una vez llegadas a dicha ciudad, manda que las sometan a suplicios bajo el miedo de las torturas. Comparecen, pues, las devotas mujeres consagradas a Dios ante el crudelísimo juez Diogeniano. Como el leño penal de los reos no había llegado todavía, manda que traigan unos telares para que no se enfriase con la espera la crueldad de aquel gran furor. Enseguida son colgadas, no para pena, sino para gloria; y manda que las desgarren con uñas. Se humedecían sus entrañas con la sangre purpúrea, pero prometían el martirio. El interrogatorio del juez proclamaba el sacrilegio cometido, pero la confesión de las santas mártires no invocaba nada más que a Cristo, Señor de todas las cosas.
   Viéndolas Diogeniano con cara risueña y exultantes, llenas de alegría como si no sintiesen ningún dolor, dice: «Atormentadlas todavía con mayor oscuridad, encierro de cárcel y hambre».
   Después de algunos días, Diogeniano dispuso que se fuese a los montes Marianos y mandó que las santas mujeres les acompañasen a pie y descalzas por aquellos parajes ásperos y pedregosos.
   Se acercaba ya el tiempo de merecer la victoria. No podía demorarse la digna y debida corona de Dios a tantos padecimientos. La santísima Justa, encomendando a Dios su puro espíritu consagrado, entregó su alma en la cárcel. El guardián de la cárcel comunicó la noticia al presidente Diogeniano, y éste ordenó que arrojasen el cuerpo en un profundísimo pozo. Se enteró de esto el que era entonces religioso varón y obispo Sabino, y mandó que se sacase del pozo el cuerpo de santa Justa y se colocase honoríficamente en el cementerio hispalense.
   A la bienaventurada Rufina, que seguía en la cárcel, le cortaron la cabeza por orden del presidente Diogeniano y entregó a Dios su devoto espíritu. Mandó que llevasen el cuerpo al anfiteatro, donde fue entregado a atroces llamas. Pero el cuerpo, aunque quemado, como consagrado a Dios que estaba, fue sepultado con el mismo honor...»
   ¿Cuándo ocurrieron estos martirios? Un antiguo breviario hispalense señala el año 287, lo que supondría un hecho aislado en período de no persecución. Pero tal vez habría que situar estos martirios unos años después, a principios del siglo IV, durante la persecución general dictada por Diocleciano.
   Prudencia, que vivió cercano a estos sucesos, no refiere en su Peristéphanon a las santas Justa y Rufina. Tampoco hace referencias de otros mártires hispanos, comprobados históricamente. Ni Prudencia quiso agotar el tema ni se puede dudar de la existencia de estas santas, confirmadas por una tradición secular y unas actas que, aunque escritas hacia los siglos VI-VII, están inspiradas en documentos contemporáneos al martirio. Además, el obispo Sabino, que dio cristiana sepultura a sus cuerpos, está confirmado históricamente por su presencia en el concilio de Elvira. Sabino firmó segundo en las actas, lo que indica la antigüedad de su pontificado. «Del culto extraordinario a estas santas a partir del siglo VI dan fe las inscripciones con mención de sus reliquias, los numerosos exvotos en oro encontrados recientemente en Torredonjimeno, procedentes de un santuario, y los oficios de los libros litúrgicos y calendarios mozárabes. La Passio de las santas, de un gran valor histórico, se inspira en fuentes contemporáneas» (J. Vives).
   Tal vez su culto tardío puede justificar que no sean conocidas, ni nombradas, por Prudencio. ¿Y por qué su culto tardío? Discuten los autores si ello fue debido al canon 60 del concilio de Elvira: «Si alguno rompiere los ídolos de los gentiles y fuere allí muerto por eso, no sea recibido en el número de los mártires; porque ni hallamos aquello en el Evangelio ni en las Actas de los Apóstoles», en posible alusión a la actitud que tomaron las santas sevillanas. Los padres conciliares debían tener muy presente y vivo por lo reciente de las circunstancias en que murieron estas santas y debieron redactar este canon para moderar imprudencias que podrían provocar la ira de los paganos y la muerte consiguiente a manos de ellos.
   Es posible que esto fuera así y que el martirio de Justa y Rufina pasara durante unos años como en sordina. Tampoco son nombradas, ya pasado el tiempo, por san Isidoro, a quien se atribuye sin embargo el himno «Assunt punicca floscula virginum», a ellas dedicado.­ Pero una cosa es cierta y bien patente: en la época visigoda recibían culto, como se demuestra por las inscripciones y santuarios referidos a estas santas. Han aparecido inscripciones, con deposición de reliquias, en Salpensa (648), Alcalá de los Gazules (662), Vejer de la Miel (674?), y Guadix (652). En Torredonjimeno (antigua Ossaria, junto a Tucci, Martos) hubo en época visigoda un santuario dedicado a ellas. Y en época árabe, Toledo contaba con la iglesia mozárabe de Santas Justa y Rufina, que posiblemente exis­tiera ya en el período visigodo. Sevilla tenía una basílica o santuario a sus afueras, cuando fue invadida por los árabes. Hacia 720, en una mezquita construida junto a este santuario, fue asesinado Abd al-Aziz, según cuenta el historiador árabe Ibn al-Kuthiya.
   El Hieronimiano hace mención el 19 de julio de santa Justa: «In Spanis Iustae». Pero los calendarios hispanos colocan la fiesta de estas santas el 17 de julio, día en que las conmemora la Iglesia de Sevilla. Tampoco hay contradicción en ambas fechas, ya que las Adonías, como ha probado Cumont, se celebraban en Siria del 17 al 19 de julio.
    En el antiguo convento de trinitarios calzados de Sevilla, actual colegio de los salesianos de la Trinidad, se encuentra un calabozo subterráneo, que la piedad secular sevillana­ ha señalado como la cárcel en la que fueron encerradas las Santas Patronas de Sevilla, como así se las llama. Precisamente con este nombre tienen dedicada una calle en el antiguo barrio de la Cestería, junto a la Puerta de Triana, por creer que probablemente vivían en aquella zona. Extramuros de la ciudad, por la parte oriental, se halla el prado de Santa Justa, en el lugar llamado Campo de los Mártires, donde se cree que en la época romana se hallaba el cementerio (Carlos Ros, Sevilla Romana, Visigoda y Musulmana, en Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía de las Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires
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     Santas Justa y Rufina, (¿Sevilla?, s. III – Sevilla, 17 de julio principios del s. IV). Vírgenes, mártires y santas.
     Los datos sobre la vida de estas dos santas (Justa y Rufina) son antiguos, e inscripciones de los siglos vi y vii recuerdan sus reliquias; el Martyriologium Hieronymianum menciona sólo a santa Justa, pero el Acta Sanctorum recoge numerosos documentos relativos a las dos hermanas, tanto de martirologios antiguos cuanto de escritores más recientes, como Ambrosio de Morales, Francisco de Padilla y Antonio de Quintadueñas, entre otros.
     Justa y Rufina, según la tradición, eran hermanas y se ganaban la vida como alfareras en Híspalis (Sevilla).
     En cierta ocasión, en la fiesta pagana de las Adonías, una procesión de gentes que llevaban en andas el ídolo de la diosa de origen babilónico, Salambó, pasó ante su mercado y requirieron de las mujeres algunas vasijas como ofrenda a la diosa; la negativa de éstas condujo a la ruptura de varias piezas y a la destrucción del ídolo. Acusadas de sacrílegas ante el gobernador Diogeniano, fueron encarceladas y sometidas a torturas como la de ir caminando descalzas por Sierra Morena. Justa murió de hambre y tormento en la cárcel y su cuerpo fue arrojado a un pozo, y Rufina, tras amansar a un león que iba a devorarla en el anfiteatro, murió degollada allí y su cuerpo fue quemado. El obispo Sabino unió las reliquias de las dos hermanas y probablemente la hagiografía de las santas ya estaba compuesta en los siglos VI-VII. El culto fue acrecentándose, sobre todo por la Bética, como atestiguan las inscripciones, los oficios de los libros litúrgicos, los calendarios mozárabes; y la cantidad de templos y altares que se les fueron dedicando a lo largo de los tiempos, entre los que destacan el templo mozárabe de santa Justa en Toledo y la iglesia y monasterio levantados sobre las cárceles de su martirio por el rey Fernando III el Santo.
     Iconográficamente se las representa juntas, vistiendo, por lo general, túnica talar al modo de las mujeres romanas, aunque sus vestimentas se han adaptado a los tiempos, como es el caso del magnífico lienzo de Goya, encargado en 1817 por el Cabildo de la catedral de Sevilla, en el que las santas aparecen ataviadas al modo de las mujeres del pueblo de la época; Sus atributos personales son los cacharros de barro rotos, a veces también un ídolo pagano mutilado y, en menos ocasiones, los símbolos de su martirio, la espada y los rastrillos de púas y un león que les lame los pies. Muchas veces, en la representación, aparece la Giralda haciendo alusión a la leyenda según la cual las santas bajaron del cielo y, apoyándose en ella, la salvaron de un violento terremoto que azotó Sevilla en el siglo XVI.
     Las santas Justa y Rufina son patronas de los alfareros y también de Sevilla, Orihuela, Huete y otras muchas localidades, y a ellas están dedicados numerosos templos; su fiesta se celebra el 17 de julio (Elena Sainz Magaña, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la avenida José Laguillo, en ExplicArte Sevilla.

La Estación del Ferrocarril Santa Justa, al detalle:

lunes, 27 de octubre de 2025

El sitio arqueológico Arroyo del Tejar, en La Puebla de la Cazalla (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Arroyo del Tejar, en La Puebla de Cazalla (Sevilla)
     Sobre la ladera oeste del cerro donde se encuentran las canteras del Arroyo del Tejar, próximas al río Corbones se encuentra este sitio arqueológico en el que se localizan en superficie y de forma aislada restos de industria lítica de la prehistoria sin poder afinar mas su cronología, al no observarse otro tipo de materiales ni ningún resto de estructura emergente (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Arroyo del Tejar, en La Puebla de Cazalla (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de La Puebla de Cazalla (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El Hotel Las Casas de la Judería

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Hotel Las Casas de la Judería, de Sevilla.    
     El Hotel Las Casas de la Judería se encuentra en la calle Santa María la Blanca, 5 (aunque también tiene accesos en la barreduela Dos Hermanas, calle Archeros, calle Verde, y calle Sanclemente); en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     Traspasar las puertas de este hotel, implica sumergirse en una Sevilla desconocida para muchos. Sus 134 habitaciones, todas diferentes, se entremezclan entre ellas, a través de más de sus 40 patios, jardines, túneles y laberínticas callejuelas interiores. Pasear por el interior del hotel, es volver a vivir lo que fue esta ciudad siglos atrás: Fuentes, estatuas, pedestales, columnas, solerías y un buen conjunto de muebles de la época, ánforas, botijos, antiguas murallas, etc., dan la sensación de estar en un auténtico museo.
     El Hotel Las Casas de la Judería ocupa 27 casas sevillanas de estilo tradicional comunicadas mediante diversos pasadizos y patios. El establecimiento tiene una decoración de estilo clásico y alberga una piscina en la azotea, un spa y varios patios típicos andaluces.
      El Hotel Las Casas de la Judería está ubicado en uno de los barrios de Sevilla que más fielmente conservan la fisonomía de aquella ciudad que, en palabras de Fray Tomás de Mercado, pasó de ser apéndice de Europa a centro del mundo. A ello ha contribuido decisivamente la labor restauradora llevada a cabo por el Sr. Duque de Segorbe durante los últimos 30 años para adaptar a uso hotelero el caserío que se ha ido progresivamente agregando al núcleo originario del hotel, en un proceso que aún no se ha cerrado y que esperamos no completar nunca. Esta tarea rehabilitadora ha perseguido, sin duda, asemejar el confort de las habitaciones que se iban incorporando, pero sin olvidar que el objetivo último, lo que imprimía al Hotel su carácter, era desvelar la ciudad histórica mediante el respeto escrupuloso de la diversidad arquitectónica preexistente. Así, a través de discretas conexiones que respetan la esencia e intimidad de cada espacio, creemos haber logrado fundir, en seductora armonía, arquitectura aristocrática con arquitectura popular.
     Acostumbrados como estamos a describir la ciudad contemporánea mediante sistemas de correspondencias entre distritos de arquitectura homogénea y categorías socioeconómicas, olvidamos que cualquier conjunto histórico, y este de la antigua judería en el que se inscribe nuestro hotel no es una excepción, es la proyección en el espacio de relaciones sociales complejas y cambiantes en el tiempo. Excepto el barrio de Santa Cruz, reinventado a principios del siglo XX como suma de lo que se suponía era la arquitectura típica andaluza, un tipismo que devolvía el reflejo del espejo que ofrecían los viajeros románticos, la trama urbana de la Judería ha conservado las trazas que fue adquiriendo durante los periodos medieval y moderno, e incluso de épocas anteriores, trazas que nos revelan una sociedad que yuxtaponía, en un mismo espacio, jerarquías socioeconómicas y socio-jurídicas con otros marcos de integración social como podían ser el linaje, las clientelas, o las corporaciones, todo ello inserto en una clara dimensión religiosa en el que la vecindad -hoy diríamos ciudadanía- se reservaba a los cristianos, quedando el resto de religiones sujetas a fueros especiales.
     Uno de estos fueros especiales era el de la comunidad judía. La Judería sevillana se situaba al lado del Alcázar sobre una superficie de unas dieciséis hectáreas, segregada del resto de la ciudad mediante una muralla -algunos de cuyos restos se pueden todavía ver en la actual calle Fabiola- que a través de las actuales calles de Mateos Gago, Fabiola, Madre de Dios, San José, Conde de Ibarra, Plaza de las Mercedarias, Vidrio, y Armenta, unía la muralla almohade -que también tenía función de acueducto- con la del Alcázar. No parece que hubiera judíos en la Sevilla que capituló ante las tropas del rey Fernando III en 1248, pero pronto, bajo la protección real, la aljama sevillana se convirtió en la segunda comunidad hebrea del reino, después de la de Toledo, reuniendo unas cuatrocientas familias. Además, en ella vivieron algunos personajes que desbordan la historia local, como los almojarifes (Contadores Mayores) de los reyes de Castilla, Samuel Leví que lo fue del Rey don Pedro, o su sobrino Yuçaf Leví que lo fue del hermanastro de aquél, Enrique II, y que han dado nombre a la actual calle Levíes. Este esplendor va a durar poco más de un siglo, pues, en 1391, el pueblo de Sevilla, enloquecido por la prédica del arcediano de Écija, Ferrán Martínez, asaltó con violencia la judería robando y matando.
     Nunca más recuperaría su esplendor la antigua judería, en ella sólo quedaron algunas pocas familias dispersas que se fueron progresivamente concentrando cerca del Alcázar o incluso en su interior, en el Corral de Jerez, buscando la protección real, o en la calle Verde, al abrigo del poder de los Zúñiga, hasta que el decreto de expulsión de 1483 para el reino de Sevilla y de 1492 para todo el reino de Castilla, arroje, a todos los que no consintieron convertirse, hacia tierras del Imperio Otomano, fundamentalmente Tesalónica y Constantinopla, donde constituirán comunidades que calcan la estructura jurídico-administrativa de las juderías españolas y que aunque utilizan el hebreo como lengua oficial, el castellano medieval domina sin rival en la enseñanza, la justicia, la prédica e incluso en la literatura. En homenaje a este periodo histórico hemos nombrado a la casa marcada en el plano con la letra M, Casa de Mosé Bahari, por ser la única del complejo hotelero de la que conocemos el nombre del judío que la poseyó.
     Sobre este espacio yermo se establecieron las actuales parroquias de Santa María de las Nieves -vulgarmente conocida como la Blanca- San Bartolomé Nuevo y Santa Cruz con el ánimo de repoblarlo con población cristiana. La iglesia de Santa María la Blanca se consagró, ese mismo año de 1391, sobre el solar de la antigua sinagoga que el rey Alfonso X había donado a los judíos en 1253. Surge así el templo actual, con portada gótica y estructura mudéjar, muy reformado, a lo largo de todo el siglo XVII, gracias a las donaciones realizadas por el canónigo don Justino de Neve, -el mismo benefactor del Hospital de los Venerables- con la construcción de las capillas bautismal y sacramental, la reforma de la capilla mayor y la construcción de las bóvedas de las naves decoradas con el programa iconográfico que hoy podernos ver. La misma suerte corrió otra de las sinagogas, hoy templo de San Bartolomé, cuyas trazas actuales se deben al arquitecto José Echamorro que trabajó en ellas a caballo entre los siglos XVIII y XIX. Entre ambas collaciones de San Bartolomé y Santa María la Blanca se extiende hoy el Hotel Las Casas de la Judería, teniendo como frontera natural que lo separa del Barrio de Santa Cruz, la calle de Santa María la Blanca. Esta calle que fue arteria principal de la judería desemboca en la plaza del mismo nombre, principal centro de sociabilidad de la aljama, por ser su único gran espacio abierto.
     Sevilla, quizás como ninguna otra ciudad española, refleja también en su entramado urbano la Historia de un espacio mucho más vasto al que se incorpora, primero un reino, el de Castilla, que se transforma repentinamente en Imperio a principios del siglo XVI, y, que, a inicios del XIX, apenas puede aspirar a constituirse en nación. Esta ampliación y contracción, de reino a imperio y de imperio a nación, del espacio político en el que Sevilla se insertaba con un papel protagonista va a afectar profundamente, en todos los órdenes, a la sociedad sevillana y, por tanto, a su urbanismo.
     Tras los descubrimientos colombinos, Sevilla se convierte en la metrópoli que une el Viejo y el Nuevo Mundo. Como dato anecdótico, pero significativo de la importancia que tendrá para estas collaciones el nuevo papel de la ciudad, hemos de señalar que los primeros indios que llegan a Europa se albergan en Santa María la Blanca, en alguna de las casas del Duque de Béjar. La ciudad experimenta un doble proceso de crecimiento y de transformación. Crecimiento tanto vertical, mediante la conquista de los antiguos soberados medievales, como horizontal, construyendo arrabales extramuros u ocupando las calles mediante la construcción sobre adarves (barreduelas o callejones sin salida) tan numerosas en la ciudad medieval, - representados y recuperados para el complejo hotelero por los espacios que hemos designado como Patinillos del Adarve, Adarve Perdido y Casa del Pozo Adarve- o atravesándola con soberados "que dicen encubiertas'', en un proceso que ha llevado a considerar a Don Antonio Domínguez Ortiz que este espacio, hoy público, era entonces concebido como una especie de "res nullius" del que todos intentaban apropiarse. Transformación, porque, al abrirse la ciudad al mundo, llegan a ella nuevas formas de concebir los límites que dividen los espacios de sociabilidad pública y privada, lo que conduce a labrar portadas, reformar patios y construir fachadas. Frente a la arquitectura islámica que trata de ocultar a las miradas ajenas la riqueza de la arquitectura interior aparecen ahora -en un ahora que podríamos llevar hasta la actualidad- nuevos modelos que persiguen, muy al contrario, mostrar la condición de su propietario. Es el momento en que el Marqués de Tarifa construye la actual fachada de la Casa de Pilatos, siguiéndole otros muchos, en un proceso en el que la alta nobleza lleva la voz cantante, pero, muchos otros, hacen los coros, lo que hará decir, en 1547, al cronista Pero Mexía "de diez años a esta parte se han hecho más ventanas y rejas que en los treinta años de antes" y a las ordenanzas reiterar, en 1632, una prohibición medieval "No es bien descubrir hombre casa ajena, y por ende, si alguno quisiere fazer en su casa alguna finiestra (ventana) por donde entre la lumbre y cerca de aquellas casas hay otras. [...] debe hacer tamaña finiestra que no saque la cabeza por ella". Todavía en los sobrios muros del Convento Dominico de Madre de Dios, fundado en 1472, y sito en la calle San José, es posible intuir e imaginar el aspecto de la ciudad medieval. Por el contrario, la actual fachada del Palacio de Altamira, superpuesta a la construcción medieval original de los duques de Béjar, aunque reformada, nos permite adivinar el punto de llegada de dicha evolución.
     Este palacio separado de nuestro Hotel por el callejón de Dos Hermanas, tiene su origen en las casas que el rey Enrique III donó al Justicia Mayor de Castilla, Don Diego López de Zúñiga, Señor de Béjar, tras el asalto de la judería en 1391. Sobre dichas casas que podemos imaginar ricas por haber pertenecido a Yuçaf Pichón, uno de los Almojarifes de Enrique II, levantó, Don Diego, una construcción mudéjar, hoy casi oculta por las obras realizadas en los siglos XVII y XVIII, por las reformas introducidas a lo largo del S. XIX para adaptarlo a casa de vecindad y por la desafortunada rehabilitación efectuada por  la Junta de Andalucía para su uso como una de las sedes de la Consejería de Cultura. Este palacio que tuvo un precioso jardín renacentista que sólo conocemos por los planos que se conservan en la sección nobleza del Archivo Nacional, pasó de los Duques de Béjar a una rama segundona de esta Casa, los marqueses de Villamanrique, que a su vez entroncaron en la de Altamira, razón por la cual se conoce bajo este nombre. A este linaje de Zúñiga perteneció también el palacio, marcado en el plano con la letra C y llamado de los Zúñiga en el que hoy se sitúa la recepción del hotel, y el piano bar, denominado, por esta razón, Salón del Marqués de Villamanrique.
     Otro de los linajes cuyo asentamiento en la ciudad se remonta al periodo de la reconquista es el de los Padilla, al que perteneció la zona donde se ubica la Conserjería del Hotel, señalada con la letra L y que, por ello, hemos bautizado respectivamente con los nombres de Palacio, Jardín y Patinillo de los Padilla. Estas grandes Casas, poco numerosas, que se habían enriquecido prestando servicios militares a la Corona, ora en la reconquista, ora en las guerras civiles medievales, van abandonando Sevilla para fijar su residencia en la Corte, ya sea por ser ésta origen de toda merced, en un proceso que el absolutismo monárquico del s. XVII aceleró, o, simplemente, porque su linaje había entroncado, fruto de matrimonios endogámicos, con algún otro superior residente en Madrid. El espacio social e incluso físico que dejan será progresivamente ocupado por una nobleza antigua de inferior rango o por otra de nuevo cuño de origen nacional o extranjero pero, en general, enriquecida en el comercio con Indias. Tal es el caso de la familia Pedrosa que compra a Felipe IV el señorío de Dos Hermanas, elevado, bajo Carlos II, a marquesado. La que hemos llamado Casa Grande del Callejón perteneció a estos marqueses de Dos Hermanas que dieron su último nombre a espacio, otrora denominado Calle del Arquillo, por el arco que une el palacio del Duque de Béjar -hoy de Altamira- con la casa que hemos bautizado como Casa del Jurado por haber pertenecido, a mediados del s. XVI, a un tal Francisco de Medina que ocupaba este cargo del concejo (ayuntamiento) sobre el que recaía fundamentalmente el abasto de la ciudad.
     No era este Francisco de Medina el único cargo del Concejo que habitó en lo que hoy es complejo hotelero, pues, por los padrones del siglo XVIII, sabemos que en la casa rotulada con la letra J vivió un caballero veinticuatro, nombre con el que se denominaba a los regidores del Concejo de Sevilla y que, por ello, hemos convenido en bautizar como Casa del Veinticuatro. Aunque el reino de Sevilla estaba representado en Cortes por dos procuradores electos entre los caballeros veinticuatro y los jurados, no pensemos tampoco en personajes excesivamente poderosos, sino en una especie de mesocracia equiparable con la baja nobleza, pues las necesidades pecuniarias de la monarquía en el siglo XVII condujeron a la compraventa de estos cargos, lo que generó una inflación de los mismos y, por ende, el desinterés por ellos de las grandes familias vinculadas de antiguo al gobierno de la ciudad.
     En los cambios sociales que experimentó Sevilla entre los siglos XVI y XVII tuvo un papel fundamental la atracción que ejerció hacia un considerable número de inmigrantes tanto del resto de España como de Europa. Entre esta heterogénea masa humana cabría distinguir dos grupos: en primer lugar, uno muy numeroso, de entre cuya muy diversa procedencia destacan las zonas más deprimidas de Francia (Cantal, Limousin, etc.), para emplearse en los oficios más humildes (aguador, buhonero, etc.) y que suelen habitar, junto con los sevillanos de similar condición, en corrales de vecinos, espacios representados en el Hotel por el denominado Corral de las Flores, señalado en el plano con el número 6, al que pertenecía la Casa del Corral, marcada con la letra D, y por la Casa de la Dama, posteriormente transformada en populoso corral de vecinos como casi todas las demás casas del conjunto que comentamos; en segundo lugar, otro menos nutrido, también de muy diverso origen, dominando el genovés, entre los que destacan los Mañara y los Bucarelli (uno de cuyos miembros llegó a ser Virrey de México) que vienen a comerciar con Indias y que compran o construyen magníficas casas-palacio.
     Una de estas casas, elegante ejemplo del renacimiento civil sevillano, situada en la Calle Levíes, es el Palacio de Miguel de Mañara comprado, a principios del XVII, por su padre don Tomás de Mañara y Colonna, cargador de Indias. Don Miguel de Mañara es el personaje que simboliza la mentalidad del barroco sevillano o mejor dicho de la Contrarreforma, cuyo principio esencial es la justificación por las obras que se traduce en la práctica de la Caridad. Estos principios que condujeron a don Miguel a destinar toda su fortuna a los pobres y a construir el Hospital de la Santa Caridad para atender a pobres y enfermos, derivaron, en otros muchos casos, en la realización de donaciones testamentarias a la Iglesia. Si ya entonces la presencia en el barrio de las instituciones eclesiásticas como propietarias era notable, por haber sido las principales beneficiarias de la expulsión de los judíos, por esta vía, dicha presencia se incrementará durante los siglos XVII y XVIII hasta alcanzar proporciones extraordinarias. En nuestro complejo hotelero sabemos, por los padrones de los siglos XVII y XVIII, -estudiados, por encargo del Sr. Duque de Segorbe, para una investigación del Hotel y del barrio en que se inscribe- que fueron propietarios de la Casa del Cabildo con su patio y Patinillo, de la Casa de los Cartujos, de la Casa del Convento de Madre de Dios y de la Casa del Convento de Santa Clara y de otras a las que hemos preferido denominar de otra manera, apoyándonos en distintos argumentos.
     Por esos mismos padrones conocemos que a fines del S. XVIII habitaron en la casa marcada por la letra P unos profesores de música, y, por ello, bautizada como Casa de los Músicos y en la señalada con la N un escribano del número, por ello denominada Casa del Escribano.
     Las dificultades de navegación en el Guadalquivir y la presión de los grandes comerciantes extranjeros provocarán el progresivo traslado de la cabecera de la Carrera de Indias de Sevilla a Cádiz. La economía sevillana, muy maltrecha desde mediado el S. XVII por los catastróficos efectos demográficos de la peste de 1649, experimentará con ello un lento proceso de decadencia y "agrarización" que se completará con la pérdida de las colonias americanas en el primer tercio del S. XIX. A través de los padrones podemos ver como los corrales de vecinos, antaño ocupados por gentes de muy diversos oficios y orígenes empiezan a llenarse, a fines del XVIII, fundamentalmente con población jornalera. En el siglo XIX, en estas collaciones que en otros tiempos llegaron a tener una población  artesana muy activa, apenas encontramos pequeños oficios como el que ejercía la persona que habitaba la Casa del Relojero o el que ocupaba a quien vivía en la Casa del Tallista. La Casa de la Vaquería y el Patio de la Vaquería son un símbolo de este proceso, pues esta actividad se practicó, hasta hace no mucho tiempo, en estas casas que otrora habían pertenecido a la Santa Caridad (Hotel Casas de la Judería).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Hotel Las Casas de la Judería, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la calle Santa María la Blanca, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la barreduela Dos Hermanas, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Archeros, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Verde, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Sanclemente, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial del Hotel Las Casas de la Judería: www.lascasasdelajuderiasevilla.com.

El Hotel Las Casas de la Judería, al detalle:
A - Casa del Jurado
B - Casa del Cabildo
C - Palacio de los Zúñiga
D - Casa del Corral
E - Casa del Relojero
F - Casa del Tallista
G - Casa de la Caridad
H - Casa de la Vaquería
I - Casa del Pozo Adarve
J - Casa de la Dama
K - Casa del Veinticuatro
L - Casa de los Cartujos
M - Palacio de los Padilla
N - Casa de Mosé Bahari
O - Casa del Escribano
P - Casa del Convento de Madre de Dios
Q - Casa de los Músicos
R - Casa del Convento de Santa Clara
1 - Desayuno - Piano-Bar

domingo, 26 de octubre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Santiago, Iglesia de Santa María, Iglesia de San Sebastián, Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, Convento de las Carmelitas Descalzas, Museo Etnográfico, y Ermita de Nuestra Señora de las Cruces) de la localidad de Don Benito, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago, Iglesia de Santa María, Iglesia de San Sebastián, Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, Convento de las Carmelitas Descalzas, Museo Etnográfico, y Ermita de Nuestra Señora de las Cruces) de la localidad de Don Benito, en la provincia de Badajoz.
     Se sitúa entre el extremo oriental de La Serena y las Vegas Altas del Guadiana, en una de las zonas más ricas de Extremadura. Junto con Villanueva de la Serena, de la que la separan tan sólo 5 km., forma uno de los focos demográficos y económicos más potentes de la región. Su auge actual hace de Don Benito uno de los enclaves más señalados de la vertebración presente y futura de la región extremeña.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 561,6 Km2
     Altitud: 279 m.
     Distancia Capital: 113 Km.
     Partido Judicial: Don Benito
     Comarca: Vegas Altas
     Otras Entidades: Son poblados de colonización: Conquista del Guadiana, Gargáligas, Hernán Cortés, Ruecas, El Torviscal, Valdehornillos y Vivares.
     Gentilicio: Dombenitense
Ayuntamiento de Don Benito
     Plaza de España, 1
     06400 Don Benito (Badajoz)
     Teléfono: 924811445 - 924811534
     Fax: 924813229
     Web: www.donbenito.es
Historia.-
    La población fue fundada, según la tradición, a mediados del siglo XV, a partir del enclave próximo de Don Llorente. Las razones de su creación fueron establecer un asentamiento en lugar mejor resguardado que el originario de las continuas inundaciones del Guadiana, y de mayor protección frente al vasallaje de los Condes de Medellín, de cuyo Señorío dependía el lugar como aldea.
     La versión legendaria sostiene que, en fecha no determinada, dos hijos de dicho Conde, llamados Don Llorente y Don Benito, fundaron sobre terrenos que su padre les había donado dos aldeas a las que bautizaron con sus mismos nombres. Mas, sufriendo la de Don Llorente continuas inundaciones por encontrarse muy próxima al Guadiana, sus moradores acordaron trasladarse a la de Don Benito, situada en terreno más propicio. Algunas interpretaciones hacen de Don Benito un rico labrador, e incluso un indiano; o de los dos hermanos, vasallos que deseaban eximirse del dominio de Medellín.
     Datos concretos sobre el hecho fundacional no se conoce con precisión, manejándose como fecha de la fundación la segunda mitad del siglo XV, e incluso el XVI, aunque no faltan indicios de que su existencia sea anterior.
     Así lo confirma, por ejemplo, el cronista del XV Alonso de Maldonado, cuando se refiere al paso por este lugar del Maestre alcantarino Alonso de Monroy camino de Magacela, con el detalle anecdótico de la pérdida aquí de su caballo overo, "que se le quedó muerto entre las piernas". Ello sucedió en 1474, señalándose entonces ya a Don Benito como "pueblo viejo". El documento más antiguo que se conoce sobre la población es una ejecutoria real de 1494 ordenando al conde de Medellín que no se entrometiera en las elecciones del Concejo dombenitense.
     En esa época el núcleo presentaba ya un notable desarrollo, prolongándose su eje mayor de S a NE más de un kilómetro, entre el primitivo barrio de San Sebastián y la actual calle Lágrimas, del que en esa época arrancaba la cañada y camino hacia Don Llorente.
     En 1735, y no sin fuerte oposición por parte de Medellín, Don Benito se hizo Villa exenta, independizándose del Condado mediante el pago a Felipe V de 4.500 ducados. En 1856 Isabel II le otorgó el título de Ciudad, en atención a su creciente desarrollo (Diputación Provincial de Badajoz).
     Populosa ciudad de la comarca de las Vegas Altas del Guadiana que debe su pujanza a su condición de foco mercantil e industrial.
Historia
     Pese a su tardía fundación a principios del siglo XV, conoció un rápido desarrollo y llegó a superar incluso a la capital de la provincia en número de habitantes. Felipe V la convirtió en villa en 1735, como premio a su comportamiento durante la Guerra de Sucesión. El carácter de centro mercantil y de servicios sigue siendo la nota predominante en su modernizado aspecto.
Fiestas y ferias
     El lunes de Pascua se mantiene la tradición de salir a comer el hornazo al campo. Muy animadas son las ferias de septiembre (del 8 al 10).
     En la cercana ermita de la Virgen de las Cruces tiene lugar una romería el 12 de octubre.
     A lo largo del año se celebran diversas ferias de muestras de la comarca de las Vegas Altas del Guadiana en las instalaciones de la FEVAL.
Artesanía
     La tradicional elaboración de objetos de cuchillería aún prosigue en algunos talleres situados en la plaza de Extremadura.
VISITA
     Destaca la iglesia de Santiago, de líneas renacentistas (siglos XVI-XVII), con poderosos contrafuertes, esbelta torre prismática de piedra y ladrillo y bóvedas de crucería estrellada al estilo del último gótico. Otros edificios destacados son la neorrománica iglesia de Santa María, la capilla de la Virgen de Guadalupe con una sencilla portada de medio punto, la iglesia de San Sebastián, rodeada por estrechas calles que se empinan hasta culminar en un magnífico mirados sobre la ciudad, y el convento de las Carmelitas Descalzas. Finalmente el museo Etnográfico y la ermita de las Cruces, enclavada en el bello paraje natural de la Sierra de Ortigas (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
Monumentos.-

     En el aspecto morfológico, el centenar de calles de 1850 se ha multiplicado hasta completar una trama urbanística muy desarrollada, en la que proliferan avenidas espaciosas, hermosas plazas, atractivos parques y jardines, modernos tejidos de grandes edificaciones, e instalaciones y equipamientos de todo orden.
     El centro neurálgico de la ciudad continúa siendo su amplia y bien cuidada Plaza de España, en parte porticada, en la que se levantan como hitos más señalados el Ayuntamiento y la iglesia parroquial de Santiago.
     En su centro, sustituyendo a una antigua fuente tradicional, se alza un significativo conjunto escultórico obra de Enrique Pérez Comendador, titulado "Homenaje al Guadiana", en el que se simboliza la conexión de la ciudad con la tierra que, fecundada por el río, constituye la base de su prosperidad y riqueza. Hasta tiempo no muy lejano en esta plaza desembocaba el llamado "Arroyazo", sobre el que se formó la calle de este nombre.
     El Ayuntamiento, hoy situado en las antiguas instalaciones del Banco de España, sobre la zona de soportales, ocupó hasta hace unas décadas parte del viejo convento de monjas agustinas de Ntra. Sra. De Gracia, que fue cedido en 1842 para tal fin. Anejo al edificio municipal, y ocupando el primitivo cuartel de las Milicias Urbanas, se erigió a comienzos de esta centuria el mercado de abastos. Antes de en ese punto, el Ayuntamiento estuvo alojado en las traseras del actual, ocupando la casa del Conde de Granda, en la calle de este nombre; y antes aún, en la de la Cilla, no lejos de la Casa de la tercia o Pósito.
     Hito sobresaliente resulta la iglesia parroquial de Santiago, obra de gran cuerpo originaria del siglo XVII.
     Su fachada es de severo estilo herreriano, ejecutada en sillares, con portada clasicista de elegante diseño, cuya estructura recuerda muy directamente la de la vecina Santa María de Guareña, lo que sugiere la posible participación en ella del maestro Gil de Hontañón.
     También cuenta con somera torre reconstruida en el siglo pasado. Al parecer en otro tiempo lucieron sobre esta fachada las estatuas de los legendarios Don Llorente y Don Benito, fundadores de la población.
     Las portadas laterales, realizadas en 1570 y 1598, son semejantes entre sí, con arcos de medio punto, columnas laterales y frontón, luciendo sobre la de la Epístola el escudo del Cardenal Mendoza.
     El interior del templo es de enorme espacialidad, con tres naves de igual altura con bóvedas de terceletes y otras de más adorno en el sotocoro, sobre esbeltas columnas, en algunas de las cuales se aprecia un intrigante desplome. Por su arquitectura y espacialidad esta iglesia es una de las más suntuosas y meritorias de la región. En cuanto a sus contenidos artísticos, la mayoría quedaron destruidos en 1936, entre ellos el soberbio retablo mayor barroco del XVII. El que hoy lo sustituye es obra moderna de buena factura, evocación del original.
     Más moderna y modesta es la iglesia parroquial de Santa María, obra de sencilla resolución, con fachada de telón escasamente decorada, torre lateral rematada en chapitel e interior de tres naves con planta de cruz latina. Iniciada en 1881 bajo el mecenazgo de Doña Consuelo Torres, fue consagrada en 1896, siendo su artífice principal el cantero villanovense López Madera.
     De modesta apariencia también, pero de notable interés histórico, es la ermita de San Sebastián, de la que se dice fue la primera parroquia dombenitense.
     A las afueras se encuentra el santuario de Nuestra Señora de las Cruces, Patrona de la ciudad, a la que el vecindario acude el Lunes de Pascua. De proporciones muy reducidas y variada composición es la ermita de Guadalupe, capilla que fue del antiguo hospital de San Andrés y San Sebastián. Otras ermitas fueron las de San Gregorio y la Piedad.
     En un apreciable intento de rescatar elementos de las raíces tradicionales, hace unos años se acometió por iniciativa popular la recuperación del monumento del Cristo Redentor, situado en otro tiempo en el ámbito de la ermita de las Cruces y desaparecido también en 1936. El hito era conocido familiarmente como "el Santo Jabero", por estar rodeado de campos de habas.
     En el terreno de las construcciones civiles deben señalarse el Colegio Claret y el anfiteatro llamado de las escuelas del Ave María, en el que llama la atención su poderosa fachada de inspiración clasicista. Algunas muestras, cada vez menos, de las viejas casas solariegas de la hidalguía local, perduran en la plaza y en las calles Arroyazo, Carrera, Consuelo Torres, Donoso Cortés y otras, algunas luciendo los blasones de los Anaya, Campos, Calderón de Robles, Morales, Peraltas, Granda, Quirós y otros linajes. También se mantienen interesantes realizaciones de la arquitectura eclecticista y modernista, como la que perdura en la calle Groizard número 8 (Diputación Provincial de Badajoz).

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Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

Procesiones de hoy, domingo 26 de octubre

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, domingo 26 de octubre en Sevilla.   
      Hoy, domingo 26 de octubre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando las Hermandades de la Virgen de la Sierra, y de la Macarena (Virgen del Rosario)
 
     Hdad. de la Sierra: La Hermandad Filial de Sevilla de la Virgen de la Sierra, Patrona de Cabra (Córdoba); es ésta una corporación fundada en 1952, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Roque, siendo su imagen titular María Santísima de la Sierra, obra de Luis Ortega Bru en 1953.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Sierra: www.hdadvirgendelasierra.blogspot.com
     
 
   Hdad. de La Macarena (Virgen del Rosario): La Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora del Santo Rosario, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena; es ésta una corporación fundada en 1595 y con residencia canónica en la Basílica de Santa María de la Esperanza Macarena, del sevillano barrio de San Gil, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, obra de Felipe de Morales en 1654; María Santísima de la Esperanza, es una obra anónima del siglo XVII;, y Nuestra Señora del Santo Rosario, obra atribuida a Roque de Balduque en 1556 aunque muy reformada en el siglo XVIII.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Macarena: www.hermandaddelamacarena.es

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La Sala VII-B (antigua Sacristía principal) del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala VII-B (antigua Sacristía principal) del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.    
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     La sanidad y la asistencia social en la Sevilla del Antiguo Régimen eran radicalmente diferentes a las actuales. Estaban a cargo de asociaciones y fundaciones religiosas particulares: gremios, parroquias, hermandades o patronatos, primando sus objetivos religiosos y caritativos. Del importante número de los llamados hospitales que existieron en Sevilla  la mayoría actuaban como asilos de necesitados o como refugios para los dolientes. Contaban con pocas camas y bajo presupuesto debido a sus escasas rentas devaluadas por la mala administración y los vaivenes de la economía.
     Su objetivo era acoger más que curar y solo algunos se especializaron en determinadas dolencias o disponían de algún personal facultativo, en realidad, solo uno, el de San Hermenegildo, que curaba fracturas y heridas. Otra característica era su especialización, para hombres o mujeres, para incurables, leprosos, sifilíticos, convalecientes etc. Además, la mentalidad barroca, como la medieval, entendía la salud y la miseria ligadas a la enfermedad del alma y al pecado, por lo cual la cura de almas resultaba igualmente imprescindible y el culto divino era esencial en todos los hospitales, de ahí la importancia del arte religioso en el legado que exponemos ahora por primera vez.
     La Diputación, heredera del sistema sanitario antiguo, pone a la disposición de toda la sociedad, el notable Patrimonio Histórico de estas instituciones asistenciales que pasaron a depender de la Beneficencia Provincial en el siglo XIX. Así se hace visible la cara menos amable del Barroco, con obras que nos hablan de enfermedad, abandono, miseria y muerte que, con su exposición ordenada por instituciones, procura recuperar el sentido original que le dieron los artistas y promotores.
     Se ha intentado hacer una selección representativa de las diferentes instituciones, teniendo en cuenta tanto su valor artístico como el documental.
     Esperamos que con el tiempo se pueda ir ampliando la colección expuesta con nuevas obras restauradas o con diferentes perspectivas.
     No se muestran solo obras maestras de primer nivel, que también existen, sino que se ha procurado hablar de otra realidad, las obras ligadas al culto interno de los hospitales que hablan de devoción, dolor y beneficencia caritativa. Esto no merma el interés histórico o artístico de la muestra, sino que completa la visión espléndida, positiva y optimista del Barroco jesuítico de San Luis. Podremos observar a los titulares de los antiguos hospitales, parte de las series pictóricas que los preservaban y las imágenes de sacrificio, martirio y dolor que los consolaban e incluso los legados o retratos de alguno de los fundadores y benefactores.
     Por otra parte, y al tiempo, comprobaremos la pervivencia de los modelos de los grandes maestros sevillanos en sus discípulos y seguidores. Abundan las obras de discípulos y seguidores y miembros de la Academia de Murillo que permiten contextualizar y entender las magníficas pinturas de las dos capillas de San Luis. Igualmente, podremos observar la dependencia continuada de la pintura sevillana del siglo de oro de las estampas, copias y versiones de la gran pintura europea, especialmente flamenca e italiana.
     Aunque parcial e incompleta, puede constituir una colección esclarecedora de un período de crisis, constituyendo la otra cara complementaria del Barroco triunfal y festivo que nos proporciona el conjunto de San Luis. También podremos recordar el momento de transición que supuso el siglo XIX, donde confluyeron la caída del Antiguo Régimen con su herencia recibida, la incipiente Diputación, los inicios del Estado liberal que deseaba ocupar el protagonismo de la Iglesia en la beneficencia pública.
      La última sala es la Sacristía principal de la iglesia, dedicado a restituir obra original de San Luis. Hay pinturas de Domingo Martínez, y la escultura de un San Juanito del círculo de Francisco Antonio Ruiz Gijón.
     Nos encontramos en la sacristía de la iglesia de San Luis que acoge obras que pertenecieron originalmente al noviciado jesuita y que tras su dispersión a lo largo de los años se devuelven al lugar para el que fueron creadas. Destaca especialmente el caso de la Oración en el Huerto, el Camino del Calvario, San Ignacio y San Francisco Javier de Domingo Martínez, el destacado autor de gran parte de la obra pictórica del conjunto monumental de San Luis, distinguiéndose así como un enclave único donde admirar una rica y extensa colección de pinturas este autor.
     El templo de San Luis cuenta con dos amplias sacristías para el servicio del culto y la liturgia de la iglesia pública del noviciado, estaban diseñadas como dos amplios espacios gemelos, a ambos lados del presbiterio. Esta duplicación de las sacristías, impuesta por el diseño arquitectónico del conjunto, no debe extrañarnos porque se había fomentado en la Contrarreforma a partir del concilio de Trento y de las reflexiones de San Carlos Borromeo que decía "La sacristía debe ser amplia y de tal modo que se extienda un poco más largamente". Este grandioso espacio no se construyó para estar vacío, sino que fue ocupado no solo con el mobiliario correspondiente: mesa calicera, cajoneras, aguamanil y taquillas, sino que también está documentada la presencia de retablos de piedra y otros elementos de culto, relicarios y esculturas de plata, diferentes pinturas y esculturas que han ido desapareciendo, en parte, a raíz de la expulsión de los Jesuitas y de las reformas del templo. Probablemente lo más conocido para el visitante sevillano sería la escultura del Cristo Crucificado atribuido a Andrés de Ocampo, propiedad de la Diputación, que hoy es venerada en la Hermandad del Cerro del Águila, que se hallaba colgada, en origen, a la altura de la cornisa entre las dos cajoneras donde todavía se pueden ver las grandes escarpias de forja que lo soportaban.
     En el inventario que se realizó en 1975 todavía se encontraban bastantes bienes muebles de calidad que ahora se han tratado de reponer. Por tanto, aquí se vuelven a exponer ahora obras que pertenecieron originalmente al noviciado jesuita de San Luis y estaban en la casa de la Provincia. En realidad, constituye una operación de restitución más que de musealización. Se han devuelto a su lugar de procedencia los cuadros de Domingo Martínez de la Oración en el Huerto, el Camino del Calvario, San Ignacio y San Francisco Javier que vienen a enriquecer ahora la ya rica y extensa colección de pinturas de este autor en el conjunto de San Luis.
     Igualmente, se expone parte de la serie de los apóstoles que también proceden de esta casa, con sus ricos marcos originales de centro y esquina ahora restaurados. Esta serie de mediados del siglo XVII se puede considerar un precedente de la que luego hizo Esteban Márquez para la Iglesia del Hospital de las Cinco Llagas, pero en la que todavía impera la influencia de los modelos de Zurbarán, Herrera el Viejo y las estampas flamencas. Igualmente se muestra el San Juanito del último tercio del s. XVII ejecutado por un seguidor de Francisco Antonio Gijón, que antes se situaba sobre las cajoneras (Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses).
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La Sala VII-B (antigua Sacristía principal) del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, al detalle:
- Camino del Calvario, de Domingo Martínez
- Oración en el Huerto, de Domingo Martínez
- San Andrés
- San Felipe
- San Juan Bautista Niño, del círculo de Francisco Antonio Gijón
- San Mateo
- San Matías
- San Pablo
- Santo Tomás