Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

martes, 25 de febrero de 2020

La Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro), de la Catedral de Santa María de la Sede



      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro), de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
      La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro de la cabecera, con acceso desde la capilla del Mariscal (en el muro de la Epístola), encontramos la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro) [nº 093, en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la SedeEsta sala, acabada en 1581, ha sido denominada, sin cambiar de función hasta mediados del siglo XIX, "Casa de Cuentas" y "Contaduría Mayor"; por su uso posterior, desde 1922 al menos, y hasta 1992 se le ha denominado "Sala de Ornamentos". En la actualidad, y desde 1993, es el lugar donde se expone una fracción del "Tesoro" de la Catedral (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).

     La Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro), se sitúa junto a la Capilla del Mariscal, y fue precisamente la construcción de su portada lo que determinó las obras en la Capilla del Mariscal. Aquella se forma por un vano adintelado más ático, reconociéndose en la misma elementos típicos del arte de Hernán Ruiz II. Este es el caso de los temas geométricos que orlan el hueco -parecidos a los empleados en la fachada de la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas- y del friso de espirales del remate, iguales a los existentes en los vanos fingidos del Patio del Cabildo, en el mirador del Palacio de los Villalones en Córdoba y en la portada de la parroquia de Villamartín. Muy interesante es el remate del ático, por lo que tiene de manierista al romper su frontón para intercalar un nuevo coronamiento. La misma solución se repetirá más tarde en las ventanas superiores de la propia Contaduría, si bien Maeda acentuó en ellas el sentido heterodoxo al debilitar el elemento de soporte y potenciar el frontón de remate.
    La Casa de Cuentas es un edificio de dos plantas, prácticamente desornamentado, cuyas salas están enmascaradas por estanterías, muebles y vitrinas hasta el punto de hacerlas irreconocibles. La planta baja se cubre con un artesonado, en el que figuran casetones octogonales inscritos en cuadrados, ofreciendo en sus muros norte y este dos ventanas. En el ángulo sureste se sitúa una puerta que comunica con el corredor de la Sala Capitular y con la escalera de caracol que sube al piso superior. Este lo ocupa una gran sala rectangular cubierta por bóveda esquifada de piedra, con un paño central decorado con temas geométricos. La construcción de la Contaduría obligó a intervenir sobre el muro de cerramiento que corre entre la Puerta del Príncipe y la de Campanillas. De esta operación son prueba la interrupción que se produce en la decoración del friso, la labra de algunos capiteles, el desnivel en la línea de cornisas y el esquematismo de la balaustrada y flameros del remate. Fue la construcción de la bóveda de la planta alta lo que obligó a alterar levemente la línea de cornisas del muro.

     Tal elevación permitió la colocación de unas gárgolas, que son parecidas a las situadas bajo las ventanas abiertas en el muro sur, frente al Alcázar, en 1592. Esta circunstancia y el hecho de que en el mismo año estuviese construyendo el cantero Manuel Fernández la balaustrada que remata el edificio, cuya sequedad he comentado, permiten considerar tal fecha como la de conclusión de la bóveda y asignar a Asensio de Maeda su diseño. A ese mismo arquitecto hay, pues que atribuir los detalles antes citados. Así, debe ser el autor de las ventanas, cuyo trazado debió efectuar basándose en los proyectos de Hernán Ruiz II. De hecho las del piso inferior -similares, aunque menores, a las ha citadas del muro frontero al Alcázar-, son una simplificación de la que ilumina el corredor de acceso a la Sala Capitular, que está fechada en 1561. De igual forma, las de la planta alta cuentan con un remate similar al coronamiento de la portada de la propia Casa de Cuentas, que el arquitecto cordobés debió concluir en el año citado. También debieron hacerse en este momento los capiteles de las pilastras de este sector del muro de cerramiento. Todos ellos intentan copiar los de los módulos precedentes, trazados por Riaño, pero su torpeza y planismo es evidente.
      La portada de la Casa de Cuentas debió finalizarse en 1561, pues en este año se procedía a pavimentar la Capilla del Mariscal con olambrillas y azulejos. En el año anterior se habían comprado guijarros para el asiento de cantería y madera para construir andamios, encargándose el rejero Pedro Delgado diversos hierros para las ventanas de la propia Contaduría.
   Las labores de azulejería se utilizaron en forma de verduguillos y aliceres, enmarcando los poyetes colocados junto a las ventanas, y constituyendo un pequeño plinto. Se trata de azulejos lisos que presentan como elemento ornamental motivos de clavos.
   Por último, las cuatro rejas de ventanas contratadas con Álvaro de Ávila en octubre de 1592 y destinadas a la entonces diputación y más tarde contaduría. Son las que cierran los cuatro vanos de la sala alta de la Casa de Cuentas. Sus elementos son balaustres, dispuestos en dos cuerpos desiguales, siendo más alto el inferior que el superior (Alfredo J. Morales, La Arquitectura en los siglos XVI, XVII y XVIII; y Alfredo J. Morales, Artes Aplicadas e Industriales en la Catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1991).
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La Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro), de la Catedral de Santa María de la Sede, al detalle:

lunes, 24 de febrero de 2020

El Corral del Agua, en el callejón del Agua


      Por Amor al Arte, dééjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Corral del Agua en el callejón del Agua, de Sevilla.   
   La historia de la casa es realmente antigua. Se trata de una casa de arquitectura popular de finales del S.XVII. Esta época vendrá marcada por la decadencia económica de Sevilla, después de haber sido uno de los puertos mas importantes de Europa y centro neurálgico del comercio con el nuevo mundo; así como por la terrible epidemia de peste de 1649, que redujo en un 46% su población pasando de 130.000 hab. a 70.000.
   El hecho de que Sevilla en aquella época se convirtiera en una ciudad-convento, con innumerables monasterios de todas las ordenes eclesiásticas repartidos por toda la ciudad; propició el florecer del Barroco (principalmente eclesiástico). En pintura con nombres como Valdés-Leal, Murillo, Zurbarán, y en escultura Martinez-Montañés, o Juan de Mesa, autores de innumerables tallas de la imaginería de la Semana Santa Sevillana.
   Durante el S. XVIII, lo que ahora es el patio llego a ser posada de animales. Todavía existen las argollas en las paredes para amarrar el ganado, y el pozo se cree que era para abrevarlo.

   También se cuenta que en el S.XIX este edificio junto con las casas colindantes formaban parte de la Hostería del Laurel, precisamente en la que se alojó Zorrilla y la que le inspiró para escribir su “Don Juan Tenorio”. Igualmente, y como podemos comprobar por la placa cerámica de su fachada, en esta taberna, Georges Bizet, sitúa una escena de su ópera "Carmen", en la que Carmen se encuentra con Don José y con Escamillo.
   Durante el S.XX la casa ha sido residencia de numerosos artistas y bohemios. 

   Desde 1987 convertido en un exquisito restaurante, el Corral del Agua toma su nombre de su pasado como corral y de su ubicación en el Callejón del Agua, junto a la muralla Almohade del Alcázar por la que transcurre un viaducto que abastecía de agua el palacio (web oficial del restaurante Corral del Agua).
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domingo, 23 de febrero de 2020

El Puente de Triana, o de Isabel II


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Puente de Triana, o de Isabel II, de Sevilla.
   Hoy, 23 de febrero, se conmemora el aniversario de la inauguración (23 de febrero de 1852) del Puente de Triana o de Isabel II, y que mejor día que hoy para Explicarte el Puente de Triana o de Isabel II, de Sevilla.
     El Puente de Triana, o de Isabel II [nº 83 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 21 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra, salvando el cauce (actual dársena) del río Guadalquivir, entre la confluencia de las calles Arjona, Reyes Católicos y el paseo de Cristóbal Colón; y la plaza del Altozano.
   La luz del puente, incluyendo los estribos, es de ciento treinta y seis metros y medio y de ciento sesenta y dos metros, la anchura entre barandas es de trece metros y cuarenta centímetros y la luz de los arcos de sus tres vanos, de cuarenta y tres metros y cuarenta y seis centímetros.
   La estructura se compone de cuatro bases de piedra, dos pilas centrales y dos estribos laterales, entre las que se abren tres vanos iguales, contando además con un arco marinero también de sillería. Cada vano está constituido por cinco arcos gemelos de hierro colado unidos por cruces interiores, sujetas por tornillos y cada arco está formado por piezas de fundición de sección elíptica rellenas por tablas de madera de pino del norte pegadas con un betún especial. Entre tablero y arcos se situaban cinco arcos resistentes de hierro colado unidos también por tornillería.
   El pavimento previsto para la calzada era de hormigón y el de los andenes, de piedra ó ladrillo. El firme se apoyaba sobre un tablero cruzado de hierro unido a las armaduras. Encima de éste se situaba un relleno compuesto por botijas o ladrillos y pequeñas bóvedas, y sobre ellas el hormigón.

   Los cimientos de los estribos son de hormigón y argamasa, y los de los pilares de argamasa, cal hidráulica y guijarros, protegido con encofrado de hierro y madera. Tras los problemas detectados en esta estructura, debidos al cada vez más pesado y frecuente tráfico que había de soportar, para el que no había sido diseñado, hubo un amplio debate en la ciudad sobre la conveniencia de demoler el puente ó de conservarlo pero sin uso, optando al final por una solución intermedia, que consistió en sustituir el tablero existente apoyado en las pilas, estribos y arcos por otro que sólo se apoyase en pilas y estribos, dejando a los arcos sin función estructural alguna.
   El tablero del actual puente está constituido por una viga continua formada por dos vigas cajón, con un canto constante de un metro y cuarenta y tres centímetros y una anchura de dos metros y medio, separadas nueve metros y veinte centímetros entre sí, pero arriostradas por una losa ortótropa de chapa rigidizada inferior y longitudinalmente con nervios en V, formando una estructura única. La definición de este tablero estuvo condicionada fundamentalmente por el canto que debía tener para no interferir en la percepción y proporciones del puente. Al final, el canto se vio incrementado en sesenta y dos centímetros, aunque esto no perjudicó a la esbeltez del mismo. La solución no es sincera estructuralmente, pero si consigue los objetivos planteados: devolver a su uso normal el puente, conservar su aspecto y mantener los elementos originales. Se conservaban los arcos y anillos y sus arriostramientos, únicos elementos que quedaban del puente original. La cimentación también fue reforzada consolidando las pilas y estribos mediante inyección de lechadas de cemento a baja presión y micropilotando los apoyos hasta la capa de margas. En la línea de conservar cuantos elementos del puente fueran posibles, se repuso la misma barandilla, así como las farolas
fernandinas existentes, que tampoco eran las originales.

   Históricamente las dos orillas del río entre la zona del Arenal y las inmediaciones del Castillo de San Jorge en Triana se habían unido mediante un puente de barcas, debido a las frecuentes avenidas del río que hacían muy difícil la construcción de otro tipo de estructura. Los altos costes de conservación y el elevado riesgo que suponía la existencia de este paso provisional dieron lugar a que
se pensase en una solución de carácter permanente, que no se llevaría a cabo hasta el siglo XIX, bajo el reinado de Isabel II, siendo el primer puente fijo que tuvo la ciudad.
   En Marzo de 1844 los ingenieros franceses Fernando Bernardet y Gustavo Steinacher presentaron al Ayuntamiento los planos correspondientes a tres soluciones distintas para la construcción del puente: de piedra, colgante de alambre y de hierro colado con dos pilastras centrales, inspirado este último en las soluciones adoptadas en los puentes de Austerlitz y Carrousel en París, construidos ambos en el sistema que proponían. Esta sería la opción finalmente adoptada, comenzándose las obras en 1848 e inaugurándose el puente en febrero de 1852.
   En el proyecto de los ingenieros franceses se adoptaba una solución de tres vanos, por seguridad y para que no resultase demasiado elevado el punto central del puente respecto de las márgenes. La distancia prevista entre las pilas aseguraba que el viaducto no sería obstáculo para los troncos que se transportaban flotando desde la Sierra de Segura, ni para otros elementos que arrastraran las aguas en tiempo de crecidas, y la altura libre en pleamar viva se consideraba suficiente para dejar paso a toda clase de barcos de vapor con chimenea abatible.
   El puente de Triana, como obra pública y urbana, se ha visto sometido durante su andadura a reparaciones, renovaciones y modificaciones debidas al paso del tiempo ó a nuevas necesidades.
Primero fueron los cimientos, una construcción defectuosa de éstos provocó que desde que se inauguró en 1852 hasta 1881 se llevaran a cabo trabajos de consolidación de las pilas y estribos. Solventado el problema de los cimientos la segunda época del puente concluiría en 1918 con la sustitución del tablero que se aprovechó además para darle una mayor anchura al puente, construyendo los andenes para peatones en voladizo. Esta sustitución se debió a la necesidad de soportar un tráfico más pesado por el cambio de los medios de transporte (tranvías) durante esa época. Esta obra fue llevada a cabo por el ingeniero Ramírez Doreste y el arquitecto Juan Talavera.
En la tercera etapa, que transcurre hasta finales de los cincuenta, el puente no necesitó más que las habituales tareas de conservación.

   La cuarta etapa, cuando el viaducto tiene ya más de un siglo, viene marcada por la incapacidad de servir a las nuevas características del tráfico urbano, cada vez de mayor intensidad y con mayor número de vehículos pesados. Este periodo comienza en 1958 con el cierre del puente a camiones y autobuses, y concluye con la construcción de un tablero autoportante en 1977, cambiándose así la esencia del puente que ya no será de arcos de hierro salvo en su forma. El proyecto fue encargado por el Ministerio de Obras Públicas a Juan Batanero García Geraldo, catedrático de Estructuras Metálicas de la Escuela de Caminos Canales y Puertos de Madrid. La dirección del proyecto correspondió a la Jefatura Provincial de Obras Públicas que puso al frente de las mismas al ingeniero Manuel Ríos Pérez. La primera tarea emprendida fue la consolidación de la cimentación, procediéndose después a la sustitución del tablero. El nuevo puente fue inaugurado el 13 de Junio de 1977 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 22 de febrero de 2020

La Portada lateral, de Diego de Quesada, de la Iglesia parroquial de San Pedro


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Portada lateral, de Diego de Quesada, de la Iglesia parroquial de San Pedro, de Sevilla. 
      Hoy 22 de febrero, Fiesta de la Cátedra de San Pedro, apóstol, a quien el Señor dijo: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". En el día en que los romanos acostumbraban a recordar a sus difuntos, se celebra la sede de aquel apóstol, cuyo sepulcro se conserva en el campo Vaticano, y que ha sido llamado a presidir en la caridad a toda la Iglesia [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Portada lateral, de Diego de Quesada, de la Iglesia parroquial de San Pedro, de Sevilla.
     La Iglesia de San Pedro [nº 28 en el plano oficial del Ayuntamiento; y nº 52 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Santa Ángela de la Cruz, s/n (aunque la entrada al templo se efectúa por la plaza de San Pedro, 1); en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
   La fachada lateral, de la Iglesia de San Pedro, en la plaza de San Pedro, 1; contiene a su mismo nivel y como englobada una de las caras de la torre. Lo más llamativo es sin duda la bellísima portada lo suficientemente alta como para sobrepasar con mucho el segundo tejado. Obra de Diego de Quesada, cantero de profesión, que también realizó la portada del convento de Santa Clara, está fechada en la piedra con que cierra el arco con una leyenda latina que dice: TV ES PASTOR OVIVM, PRINCEPS APOSTOLORVM, TIBI TRADITAE SVNT CLAVES REGNI COELORVM. 1624. "Tú eres el pastor de las ovejas, príncipe de los Apóstoles; a ti se han entregado las llaves del reino de los cielos. 1624".
   Al contratar se pagaron a Diego de Quesada, un total de setecientos ducados. Era el trece de agosto de 1613. Pasan los años y la obra no se ve terminada. Por ello, en 1622, el día veintitrés de abril todavía se encuentra una nota que dice: "se le restan deviendo catorse mil y seis maravedí". Parece ser y se desprende de la documentación consultada que Diego de Quesada no cumplía con las fechas, abandonaba la obra pidiendo más dinero y hubo que facilitarle materiales para que terminara "i le e de dar el ladrillo que está en la capilla vieja".
   A simple observación, la portada en su conjunto, se presenta como dividida en dos cuerpos. El inferior contiene la puerta de acceso, que está empotrada en un arco de medio punto, sostenido por dos finas columnas y rematada por encima en un círculo, con adorno en espira a los lados.
   Junto a la puerta y a media altura, hay dos hornacinas con su peana, todo de piedra, flanqueadas cada una de ellas por dos columnas. Estos nichos están vacíos y no hay constancia de que hayan alojado nunca figura alguna.
   Por encima de esta unión de elementos, se observa un segundo cuerpo de tanto o mayor envergadura que el descrito anteriormente. En el centro del mismo y dentro de un airoso encuadre, se ve una hornacina grande a modo de camarín. En este lugar, se puso en 1624, la imagen en piedra de un sedente y majestuoso San Pedro, obra de Martín Cardino o Cardeno, que de las dos maneras se le conoce. Dice el libro de fábrica: "A Martín Cardeno, escultor, trescientos y treinta reales por la echura y manifactura de un Sr. Sant Pedro que hiço de escultura de piedra para la portada de cantería que se hiço en esta Yglesia, 1º de Julio de mil y seiscientos veinte y cuatro".
   Parece que al principio esta imagen se pintó, pues consta que una vez instalada se paga: "Se pagó a Blas Martín, pintor diez ducados por el oro, colores y ocupación de su persona y tres oficiales, en pintar, dorar y retocar y dar el olio a la dicha ymagen y la silla y escudo que está a la entrada a puerta de la Iglesia".

   A los lados, cartelas con las llaves cruzadas cruzadas y encima el escudo con los atributos papales.(José María Montaña Ramonet y Josefina Montaña González. La Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Sevilla. Sevilla, 2009).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto, Iconografía y Atributos de San Pedro apóstol:
HISTORIA Y LEYENDA
   Pescador en Cafarnaúm, Galilea, en el lago de Genezaret, él y su hermano Andrés fueron los primeros apóstoles reclutados por Jesús.
   Su verdadero nombre era Simón. Recibió de Cristo el mote arameo Kefás (gr.: Petras), para significar que sería la piedra angular de la Iglesia. Su mote ha suplantado por completo a su nombre.
   Su vida se divide en tres períodos muy claros:
   1. Envida  de Jesús, lo acompañó, con los otros discípulos, desde el co­mienzo del ministerio galileo hasta su Prendimiento en el Huerto de los Olivos, luego, después de la Resurrección, hasta la Ascensión.
   2. Después de la desaparición de su maestro, residió en Jerusalén, donde fue encarcelado por el tetrarca Herodes Agripa.
   3. Luego habría viajado a Roma de la cual fue el primer obispo. Otra vez fue encarcelado y crucificado por orden de Nerón.
   Durante el primer período, la actividad de san Pedro estuvo estrechamente ligada a la de Jesucristo, siguió tras los pasos de éste, por decirlo así. De ahí que hayamos debido remitir a la iconografía del Nuevo Testamento todas las escenas de la Vida de Jesús donde san Pedro tiene algún papel: la Vocación y la Tradición de las llaves, el Lavatorio de los pies y la Santa Cena, el Prendimiento en el Monte de los Olivos, donde corta la oreja de Malco, la Negación, la Transfiguración  y las Apariciones de Galilea. Tampoco volveremos a tratar ciertas escenas posteriores a la Ascensión de Cristo, tales como la Pentecostés y el Tránsito de la Virgen, donde él está, por fuerza. El apostolado y los milagros de san Pedro en Jerusalén y en Roma son los únicos hechos de su leyenda que comportan hagiografía propiamente dicha. Abandonamos por  ello el terreno de los Evangelios para abordar los dominios de los Hechos de los Apóstoles y de la Leyenda Dorada.
   Antes de abordar el estudio del culto y de la iconografía de san Pedro, es menester discernir entre la leyenda y la historia, exponiendo objetivamente las doctrinas contradictorias de los católicos y de los racionalistas, ya protestantes, ya agnósticos.
   Oigamos las dos campanas, porque si debemos creer en un viejo proverbio «Quien oye sólo una campana no oye más que un sonido».
l. La tradición católica
   La actividad de Pedro en Palestina después de la Ascensión de Jesús se ha­bría prolongado hasta el año 44. Fue entonces cuando, después de haber consumado numerosos milagros (Resurrección de Tabita, Curación de los en­fermos con su sombra), habría sido encarcelado por Herodes y liberado por un ángel.
   Según una tradición, venerable por su antigüedad, habría pasado en Roma los veintitrés últimos años de su vida, desde 44 hasta 67. Triunfó contra los sortilegios de Simón el Mago, favorito del emperador Nerón. Preso en la cár­cel Mamertina, se fugó con la complicidad de sus carceleros a quienes había convertido. Dándose a la fuga por temor a las persecuciones, en la Vía Apia se encontró con Cristo con la cruz a cuestas, a quien preguntó: Qua vadis, Domine y éste le respondió: «Voy a Roma para ser crucificado allí otra vez». Pedro, avergonzado por su cobardía, regresó entonces a Roma donde padeció el martirio al mismo tiempo que san Pablo; pero mientras a éste, que era ciudadano romano,lo decapitaron, Pedro, que sólo era un ju­dío, fue crucificado.
 Meta Romuli), y Cestio, en la puerta de San Pablo. Se buscó un sitio intermedio entre estos dos puntos de referencia, y fue así como el martirio se localizó sobre el Janículo, en el lugar donde se levanta la iglesia de San Pietro in Montorio. La disputa entre el Janículo y el Vaticano aún continúa abierta.

 Los Padres de la Iglesia enseñaban que san Pedro, que no quería  morir de la misma manera que Jesucristo, por humildad había pedido que lo crucificasen cabeza abajo. Se contaba que su cruz había sido levantada inter duas metas, es decir, entre los dos hitos del circo de Nerón. A finales de la Edad Media se creyó que se trataba de los dos hitos antiguos de Rómulo, cerca del Vaticano  (
   A falta de testimonios que sirvan de prueba de la llegada de san Pedro a Roma, la fecha de ésta y la duración de su estadía, así como acerca del lugar en que se realizó su crufixión, los defensores de la tradición católica  recurrieron a dos argumentos indirectos: el silencio de las iglesias rivales de Oriente (Palestina o Siria) que nunca reivindicaron las reliquias del Príncipe de los apóstoles y la edificación de la Basílica Constantiniana a orillas del Tíber, sobre la colina del Vaticano.
   1. Si san Pedro estaba muerto y había sido sepultado en Jerusalén, las Iglesias orientales nunca habrían dejado de invocarlo para apoyar sus pretensiones al primado en la Iglesia cristiana. Ahora bien, nunca se produjo ninguna rei­vindicación de ese género.
   2. ¿Se habrían atrevido a construir la Basílica Constantiniana sobre el em­plazamiento de un cementerio, profanando una multitud de tumbas no sólo paganas sino también cristianas si no hubiesen  estado persuadidos de que allí se encontraba la tumba de san Pedro? Esta suposición parece también más inverosímil por cuanto la naturaleza del terreno arcilloso, sobre la ladera de una colina, impuso enormes trabajos de nivelación; se necesitaban poderosas razones para emprenderlos.
   Después de las excavaciones dirigidas por Enrico Josi bajo las grutas del Vaticano, estos argumentos fueron esgrimidos en numerosas oportunidades por G. Carcopino. Según sus propios términos, «las investigaciones de los arqueólogos han confirmado la tradición y puesto fin a las polémicas de los eruditos.  A partir de ahora queda probado que san Pedro fue inhumado  en el Vaticano. Las reliquias del Príncipe de los apóstoles habrían sido trasladadas hacia 258 ad Catacumbas, sobre la Via Apia, pero de vueltas por Constantino al Vaticano en 336».
2. La tesis protestante y racionalista
   La crítica racionalista cuestiona el valor de estos argumentos y la base en que se fundan estas tradiciones.
   Pretende que no se ha probado que san Pedro haya estado en Roma, y que en cualquier caso, la tradición acerca de su cuarto de siglo de episcopado ro­mano no reposa en fundamento histórico alguno.
   El silencio de las Iglesias de Oriente sin duda resulta impresionante, pero el argumentum e silentio del cual se ha abusado con frecuencia, a lo sumo no cons­tituye más que una presunción.
   La verdad es que ningún texto contemporáneo digno de fe menciona   el viaje de san Pedro a Roma. Los Hechos de los Apóstoles (12: 17) nos in­forman, simplemente, que después de haber dejado la prisión de Herodes, Pedro salió, yéndose a otro lugar, sin aclarar cual fuese. Aunque un proverbio
dice que «todos los caminos conducen a Roma» es de desear una información más precisa. Dicho silencio es tanto más sorprendente por cuanto el autor insiste con abundancia (capítulos 27 y 28) en las peripecias del viaje de Pablo a Roma.
   La creencia en que Pedro pasó a orillas del Tíber los últimos años de su vida sólo aparece en los escritos de Ireneo y Tertuliano.

   Y hasta los católicos admiten que las fábulas populares de origen romano no pueden considerarse como pruebas.
   El arqueólogo pontificio Enrico Josi no vacila en calificar él mismo de «leyendas», el encarcelamiento de san Pedro en la cárcel Mamertina, donde habría bautizado a sus carceleros, el duelo con Simón el Mago en presencia del emperador Nerón y el diálogo con Jesucristo con la cruz a cuestas en la Vía Apia (Quo vadis).
   Estos relatos dramáticos o poéticos apuntan a acreditar la apostolicidad de la fundación de la Santa Sede, que no lo está más que la de una multitud de sedes episcopales donde no se vaciló en antidatar la fundación, a veces en muchos siglos, con el objeto de aumentar su prestigio y justificar su primado.
Hasta el mismo hecho de la crucifixión del Príncipe de los apóstoles es dudoso. Se trataría de una falsa interpretación de las palabras: «Extenderás tus manos».
   En cuanto a su localización  en el Janículo, no fue imaginada antes del siglo XV, cuando los franciscanos de Roma quisieron justificar las pretensiones de su iglesia de San Pietro in Montorio, patrocinada por los reyes de España. El teólogo protestante Cullmann consiente en admitir la historicidad de una tardía residencia de san Pedro en Roma. Según dicho autor, el apóstol habría abandonado Jerusalén en 44, dejando al apóstol Santiago como suce­sor y jefe de la comunidad cristiana, para contentarse, como san Pablo, con el papel de misionero. Pero jamás habría ejercido funciones episcopales en la capital de los césares, de manera que los papas no pueden pretenderse sucesores suyos.
   De hecho, san Pedro nunca fue representado con el báculo, atributo episcopal por excelencia.
   Acerca de la duración de su estadía en Roma, reina la misma incertidumbre. En su Dictionnaire d'Archeologie chrétienne, el erudito benedictino Dom Henri Le clerq, admite que si la estadía de san Pedro en Roma es a sus ojos un hecho cierto «suduración no lo es».
   La fecha de su crucifixión sigue siendo problemática, o más bien, puede presumirse que se la hizo coincidir artificialmente con la decapitación de san Pablo, para asociar en la muerte a los dos Príncipes de los apóstoles. Las fechas propuestas son muy variables: 55, 58, 64, 67, tanto como decir que no se sabe nada.
   Si en la Roma del siglo IV se creía que las reliquias de san Pedro habían sido devueltas al Vaticano, sólo se trata de una tradición.
   A falta de textos habría podido esperarse que la arqueología nos deparase la solución del enigma. Desgraciadamente, las excavaciones dirigidas en 1939 y 1949 por Enrico Josi, director del Museo de Letrán y realizadas en el cementerio cristiano sobre el que se edificó la basílica de San Pedro no arrojó los resultados que se esperaban.
   No pusieron a la luz la tumba primitiva del Príncipe de los apóstoles, que se supone destruida por los vándalos. El papa Gregorio Magno la habría reemplazado en el siglo VI por un trofeo cenotafio o memorial: simple monumento conmemorativo que no contiene reliquias.
   Los resultados de las excavaciones vaticanas fueron cuestionados por Charles Delvoye (Latomus, 1954), Amable Audin (Byzantion, 1954), quien concluye que el memorial de san Pedro habría abrigado su púlpito y no su tumba. 

   Si el papa Pío XII hubiera estado convencido que los huesos del Príncipe de los apóstoles habían sido inhumados  efectivamente en las criptas de la basílica vaticana ¿no se habría apresurado a proclamar Urbi et Orbi esta feliz nue­va? ¿Si no lo hizo no fue porque su conciencia escrupulosa se lo prohibió? Para no decepcionar la esperanza de los peregrinos debió contentarse con decretar al fin del Jubileo del Año Santo de 1950, el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, en vez de promover la unión tan deseable de las iglesias cristianas, y aún a riesgo de profundizar las diferencias entre protestantes y católicos.
   En suma, ni las investigaciones arqueológicas ni los textos nos permiten hasta el presente poner fin a un debate que siempre permanece abierto, y agregar así a las afirmaciones de la fe las certezas de la ciencia.
CULTO
   Considerado muy pronto como «el Moisés de la Nueva Ley», san Pedro no es sólo un santo palestino, sino el santo universal por excelencia.
   Además, si en su condición de fundador del papado es el principal personaje de la Iglesia oficial, al mismo tiempo, a título de portero del Paraíso, es un santo eminentemente popular.
Fiestas
   Esta popularidad está probada por el número de sus fiestas que, excepcionalmente, son tres.
   l. Su natalicio, es decir, el aniversario de su muerte, que se celebra el 29 de junio.
  2. La fiesta de San Pedro ad Víncula (Petri Kettenfeier), que conmemora su liberación de la prisión, y se celebra el 1 de agosto.
   3. Finalmente, la fiesta de la Cátedra de san Pedro Apóstol (Cathedra Petri, Petri Stuhlfeier), que conmemora su primado, y que fue fijada el 22 de febrero.
Reliquias
   Roma posee las más preciosas reliquias del Príncipe de los apóstoles: sus llaves (claves), sus cadenas (vincula) y su púlpito (cathedra); pero se trata de reliquias indirectas y no corporales.
   El púlpito que Bernini introdujo en un relicario de suntuosa ejecución barroca se conserva en la basílica de San Pedro, reconstruida en el siglo XVI por Bramante y Miguel Ángel.
   Las cadenas, cuyos eslabones proceden de la cárcel de Jerusalén y de la cárcel Mamertina de Roma y que se habrían soldado milagrosamente, se veneran en la basílica de San Pietro in Vincoli. Una tercera iglesia, San Pietro in Montorio, sobre el Janículo, señalaría el lugar de su martirio.
   Su báculo milagroso, también embutido en una montura (Petrus stabhülle), se conserva en Alemania, en la catedral de Limburg del Lahn. En Venecia, en la iglesia del Redentor, se mostraba el cuchillo que usó el apóstol para cor­tar la oreja de Malco.
Lugares de culto
   En Pavía, Lombardía, debe mencionarse la iglesia romana de San Pietro in Ciel d'Oro, cuyó ábside, como el de la iglesia de la Daurade, en Toulouse, estaba cubierto de mosaicos de esmalte dorado.
   Además de protector de Roma y de Pavía, a san Pedro también se lo consideraba el de Milán, Lucca, Ancona, Orvieto, Nápoles, Calabria y Sicilia. En 1140 el rey Rogerio II de Sicilia, de origen normando, puso bajo su advo­cación la Capilla Palatina de Palermo.

    Francia tiene numerosas iglesias puestas bajo la advocación de san Pedro. Su culto fue difundido por la orden de Cluny, cuya casa matriz, y casi todos los prioratos, comenzando por el de Moissac, estaban consagrados al Príncipe de los apóstoles, primer representante del papado al cual la orden respondía  directamente, por derecho de exención.
   Entre las catedrales góticas que llevan su nombre, basta recordar las de Beauvais, Troyes, Lisieux, Nantes, Poitiers, Angulema y Montpellier. Entre las iglesias abaciales o parroquiales, cabe citar, en París, la antigua capilla de Saint Pierre aux boeufs (Capella Sanct Petri de bobus), cuya  portada decoraba la fachada de la actual Saint Severin; en Sens, la de Saint Pierre le Vif (invko); en Estrasburgo, la de Saint Pierre le Vieux y Saint Pierre le Jeune; en l'ours, la de Saint Pierre le Puellier (Monasterium S.Petri  puellarum) y Saint Pierre des Corps; en Toulouse, la de Saint Pierre des Cuisines; en Normandía, Caen y Jumieges, en las regiones de Poitou, Saintonge, Airvault, Chauvigny y Aulnay. Además, numerosas localidades se bautizaron Dompierre o Dampierre. En España, mencionemos las de San Pedro de las Puellas, en Barcelona y San Pedro el Viejo en Huesca, Aragón.
   En Suiza, la catedral de Ginebra, convertida en el santuario principal  de la Roma protestante, estaba bajo la advocación de San Pierre es Liens (ad Vincula; cast.: encadenado, encarcelado).
   En los Países Bajos, san Pedro era particularmente venerado en Lovaina, Bélgica y Maastricht,  Holanda.
   Antes de la Reforma Inglaterra no era menos devota, a juzgar por la advocación de la abadía de Westminster, y las de las catedrales de Norwich, Exxeter y Peterborough.
   Para acabar con una nomenclatura, muy incompleta ciertamente, mencionemos la célebre abadía de San Pedro de Salzburgo, en Austria, y la Peterkirche de Munich, en Baviera.
Patronazgos de corporaciones
   La popularidad del pescador de Cafarnaúm, convertido en el primero de los papas de Roma, además está probada por el gran número de corporaciones y gremios que reivindican su patronazgo: los pescadores,  pescaderos. co­merciantes de pescado, fabricantes de redes -en conmemoración de la Pesca milagrosa- albañiles -a causa del nombre del primer papa, que es la piedra viviente sobre la cual Cristo ha edificado la Iglesia; los herreros y doradores de metales, a causa de las cadenas de las cuales fue liberado; los cosechadores y cesteros porque se sirven de ligaduras; los cerrajeros, al igual que los re­lojeros quienes formaban parte de la misma corporación, porque san Pedro posee la llave del Paraíso.

   No se lo apreciaba menos como santo curador. Se lo invocaba contra la fiebre, los ataques de locura, las picaduras de serpiente. Para curar la rabia, enfer­medad contra  la cual se lo consideraba idóneo porque pusiera en fuga a los perros que lanzara contra él Simón el Mago, se aplicaba, tanto a hombres como a animales, un hierro calentado que se llamaba «llave de san Pedro».
ICONOGRAFÍA
   La iconografía del Príncipe de los apóstoles (Iconografía petriana) es de tal riqueza  que desafía todo intento de enumeración.
l. Figuras
Tipo iconográfico, vestiduras y atributos
l. Tipo.
   San Pedro se caracteriza no sólo por sus atributos sino por su tipo físico que es fácilmente reconocible.
   El arte oriental le atribuyó una cabellera rizada. En Occidente, por el contrario, se lo representa calvo, con sólo un mechón de pelo sobre la frente. La tonsura recuerda que fue el primero de los sacerdotes cristianos.
   Se contaba que los judíos de Antioquía le habían tonsurado la cabeza para escarnecerlo. Tal sería el origen de la tonsura clerical, convertida en un signo de honor, porque según los simbolistas evoca la corona de espinas de Jesucristo. Esta clase de tonsura se denomina tonsura scotica porque fue pues­ta de moda entre los clérigos por los misioneros irlandeses.
   La barba rizada de san Pedro siempre es corta.

2.Vestiduras
   Su indumentaria es muy diferente, según que esté representado como após­tol o como papa.
   En el arte cristiano primitivo, como todos los apóstoles, lleva la toga anti­gua, la cabeza descubierta y los pies descalzos.
   En la Edad Media su indumentaria era la de los papas, sus sucesores. Viste el palio, y a partir del siglo X, está tocado con la tiara cónica o la triple corona (triregnum). Estos ornamentos pontificios se convirtieron en la regla en el siglo XV: «San Pedro estará vestido de papa», se lee en un contrato acor­dado con un pintor en 1452.
ATRIBUTOS
   Los atributos de san Pedro son excepcionalmente numerosos, y los lleva, ya él mismo, ya los ángeles que lo acompañan; unos le caracterizan como após­tol, otros como papa.
l. El más antiguo y difundido es la llave (clavis), que aparece por primera vez en un mosaico de mediados del siglo V, y que desde entonces se convirtió en su atributo constante. Pedro siempre es clavígero (Petrus claviger coeli).
   A veces la llave es única, pero generalmente hay dos ,una de oro y otra de plata, llaves del cielo y de la tierra que sim­bolizan el poder  de atar y desatar, de absolver y de excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los apóstoles (Tibi daba claves regni coelorum). Dichas llaves están juntas porque el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.
   A causa del pasaje del Evangelio de Mateo acerca de la «Tradición de las llaves», san Pedro, en la creencia popular, se convirtió en el portero del Paraíso (jnnitor Coeli).
   Cuando el número de llaves es tres, simbolizan el triple poder de san Pedro sobre el cielo, la tierra y el infierno.
2. La barca alude a su primer oficio, pescador, y la pequeña barca de remos, es símbolo de la Iglesia.
3. El pez tiene el mismo significado, salvo que caracteriza no sólo al pescador de peces, sino también al pescador de hombres (Menschertfischer).
4. El gallo posado sobre una columna es el emblema de la negación y de su arrepentimiento. Dicho atributo, muy tardío,se difundió con el arte barro­co del siglo XVIII.

5. Las cadenas recuerdan sus «cárceles», su triple encarcelamiento, en Antioquía, Jerusalén y Roma. La cadena partida simboliza su liberación por un ángel.
6. La cruz invertida evoca su crucifixión cabeza abajo.
7. La cruz de triple crucero,uno más que la de los arzobispos, es la insignia de la dignidad papal.
   A  estos numerosos atributos puede sumarse la imagen de Simón el Mago, padre de los simoníacos, quien le ofreciera dinero para adquirir el don del Espíritu Santo, ya quien el apóstol pisotea. A veces, aunque es muy infre­cuente, derriba al emperador Nerón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Portada lateral, de Diego de Quesada, de la Iglesia parroquial de San Pedro, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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viernes, 21 de febrero de 2020

La glorieta de Luca de Tena, en el Parque de María Luisa


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la glorieta de Luca de Tena, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
   Hoy, 21 de febrero, es el aniversario del nacimiento de Torcuato Luca de de Tena y Álvarez-Ossorio (21 de febrero de 1861), a quien está dedicada la glorieta de Luca de Tena, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la glorieta de Luca de Tena, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
   El Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la glorieta de San Diego, s/n (entrada principal, aunque tiene entradas por el paseo de las Delicias y las avenida de María Luisa, y de la Borbolla), en el Barrio del Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.   
   La Glorieta de Luca de Tena [nº 4 en el plano oficial del Parque de María Luisa] se encuentra en el Parque de María Luisa, y se sitúa al inicio de la avenida Rodríguez Caso (en su acera derecha), entre la glorieta de Aníbal González y la avenida Conde de Urbina.
     El busto que decora la glorieta de su nombre es posterior a esta que se resolvió con un surtido de planta mixtilínea tras el que se ubica el busto sobre un pedestal y flanqueado por parterres vegetales. Tras él un pequeño pabellón que se completa con una pérgola. Este pabellón se decora con paneles de azulejos y su interior está actualmente decorado con pinturas murales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
  Consiste en un pequeño pabellón central, donde en un principio se podían leer ejemplares del diario ABC (hoy reconvertido en Punto de Lectura, a modo de pequeña biblioteca) con dos pérgolas a ambos lados formando una glorieta semicircular y una fuente delante. Las pérgolas tienen un emparrado de buganvillas, y se rematan en sus extremos con dos edificaciones cúbicas en las que se abren grandes arcos en sus cuatro frentes.​ Frente al pabellón hay un busto en bronce que representa a Torcuato Luca de Tena, sobre un sencillo pedestal, con la leyenda que dice: "Sevilla a D. Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio (1861-1929)", obra de Emilio Laíz Campos, colocado en la glorieta en 1954. En 1929 falleció el periodista y editor Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio. Este era célebre en la ciudad por su vinculación personal con Sevilla y por haber sido editor del periódico ABC y de la revista Blanco y Negro.

   En 1929 José Pemartín Sanjuan propuso en la prensa la construcción de un monumento a Torcuato Luca de Tena. No obstante, el proyecto no se llevó a cabo en ese momento. El 25 de junio de 1951 una comisión formada por el alcalde José María Piñar y Miura, los tenientes de alcalde Llosent e Ibarrola, el conde de Halcón (presidente del Círculo de Labradores), Emilio Serrano (presidente del Ateneo de Sevilla) y José García Tejada (presidente del Círculo Mercantil), acordó aprobar los proyectos de dos glorietas realizados por el arquitecto Leopoldo Carrera Díaz y por el ingeniero Juan Villagrán Abaurrea.​ Las glorietas estarían dedicadas a Torcuato Luca de Tena y a Luis Montoto respectivamente. La zona donde se construirían se llamaba entonces "El Macetero", porque estaba destinada al cultivo de plantas ornamentales en macetas de cerámica. "El Macetero" ya no era necesario porque se había construido un vivero municipal. Al igual que otras glorietas del parque, ha albergado libros. Si bien el resto de glorietas se limitaban a colocar algunos libros en sus anaqueles, esta convirtió su pequeño pabellón en una modesta biblioteca.
Conozcamos mejor la Biografía de Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio;
   Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, I Marqués de Luca de Tena, nació en Sevilla el 21 de febrero de 1861, falleciendo en Madrid, el 15 de abril de 1929. Fue periodista.

   Hijo primogénito de Torcuato Luca de Tena y Reina (1838-1903) y de Dolores Álvarez-Ossorio y Pizarro. Torcuato Luca de Tena terminó sus estudios de Derecho en la Universidad Central de Madrid. Fue agregado diplomático en la embajada de España en Marruecos entre 1876 y 1878. Posteriormente, se dedicó durante diez años a negocios familiares y alta banca. Su primera creación periodística fue el semanario infantil La Educación, que realizó con doce años, junto con compañeros de estudios. Su rasgo más destacado fue la modernización e innovación en la prensa nacional. Realizó viajes por Suiza, Alemania y Francia, en los que investigó la tipografía, el periodismo y la aplicación de las Artes Gráficas.
   Fue uno de los precursores de la prensa ilustrada. Tras estudiar la organización de la revista alemana Fliengende Blätter, proyectó y editó, el 10 de mayo de 1891, el primer ejemplar de Blanco y Negro, del que se vendieron veinte mil ejemplares. Fue el fundador y primer director del diario ABC. El 1 de enero de 1903 se publicó el primer número de este periódico. A través de ABC, promovió campañas patrióticas, numerosos concursos y suscripciones benéficas. Fundó otras publicaciones como Gedeón (1895- 1907), Gente menuda (1906-1910), Actualidades (1908-1910), El Teatro (1909-1910) y Ecos (1912).
   Fue diputado del partido liberal, por Martos en las legislaturas de 1893, 1898, 1899 y 1901. Senador por Jaén en 1903 y 1905, y por Sevilla en 1907. En 1909 fue nombrado senador vitalicio. Sus intervenciones propiciaron reformas en la libranza de prensa, franqueo concertado y modificaciones en el giro postal. Recibió la Cruz de Alfonso XII, la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Legión de Honor francesa y fue agraciado por el rey Alfonso XIII con la merced de marqués de Luca de Tena. Torcuato Luca de Tena fue uno de los periodistas españoles más importantes entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX (Miguel Ángel Ramírez Carrasco en, Biografias, de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Parque de María Luisa, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 20 de febrero de 2020

La placa conmemorativa al II Marqués de Vega Inclán, en el callejón del Agua, 4


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la placa conmemorativa al II Marqués de Vega Inclán, en el callejón del Agua, 4; de Sevilla.   
    El callejón del Agua se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la plaza de Alfaro, a la calle Vida
   En la fachada de la vivienda situada en el callejón del Agua, esquina con calle Justino de Neve, encontramos una placa conmemorativa, realizada en mármol blanco grabado, y con la única decoración de cuatro clavos metálicos dedicada al impulsor del turismo en Sevilla. El texto de la placa conmemorativa con tipografía en grabada, de ahí la dificultad de su lectura, dice así:
A LA MEMORIA DEL EXCMO. SR. D. BENIGNO DE LA VEGA INCLÁN
Y FLAQUER, MARQÚES DE LA VEGA INCLÁN, COMISARIO REGIO DE TURISMO.
ACADÉMICO DE LA REAL DE LA HISTORIA, DEFENSOR INFATIGABLE
DE LA RIQUEZA ARTÍSTICA DE NUESTRA PATRIA. AL QUE SEVILLA
DEBE LA TRANSFORMACIÓN DEL RETIRO DEL ALCÁZAR
EN BELLÍSIMOS JARDINES A CUYA ENTRADA HIZO COLOCAR
LA MONUMENTAL PUERTA DE MARCHENA. EL DESCUBRIMIENTO
DEL PALACIO DEL YESO Y LA ADMIRABLE URBANIZACIÓN
DEL BARRIO DE SANTA CRUZ, EL EXCMO. AYUNTAMIENTO
HIZO COLOCAR ESTA LÁPIDA A TAN BENEMÉRITO PRÓCER.
AÑO 1968
Conozcamos mejor la Biografía del II Marqués de la Vega Inclán;
     Benigno de la Vega Inclán y Flaquer, II Marqués de la Vega Inclán. (Valladolid, 29 de junio de 1858 – Madrid, 6 de enero de 1942). Mecenas y comisario regio del Turismo.
   Nació en el seno de una familia de militares que por sus hechos de armas lograrían los más altos honores.
   Su abuelo paterno fue Benigno de la Vega Inclán y Enríquez, cuya carrera militar se desarrolló sin altibajos y que llegó a ser mariscal de campo. Fue nombrado ministro suplente del Tribunal de Guerra y Marina, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento.
   Miguel de la Vega-Inclán y Palma siguió los pasos de su padre, ingresando en el arma de caballería. Participó en destacados episodios militares, como la batalla de Belascoain, junto al general Diego de León. Su lealtad a la Corona quedará probada en los constantes enfrentamientos contra los carlistas. Tras la Revolución de 1868 seguirá fiel a la dinastía borbónica y sufrirá persecuciones del ministro de la Guerra, el general Prim, quien le desterró a las islas Canarias hasta que a su muerte (1874) fue nombrado jefe del Estado Mayor de todos los ejércitos del Norte, donde siguió combatiendo a los carlistas. Ascendió a teniente general, siendo nombrado capitán general de las Baleares, donde se encontraba cuando volvió a España el rey Alfonso XII (1875). Para agradecer su participación en el retorno al trono este monarca le concederá el título de marqués de la Vega-Inclán en 1878.
   Poco después fue designado capitán general de Castilla la Nueva (1878), y a continuación gobernador militar de Puerto Rico (1882). Allí falleció (1884), víctima de una epidemia de fiebre amarilla, cuando iba a regresar a España para ser nombrado ministro de la Guerra.
   Su madre fue Elisa Flaquer y Ceriola (1830-1897), nacida en Madrid en el seno de una familia de la burguesía catalana, vinculada al mundo de las finanzas y de los negocios de la Corte. Del matrimonio nacieron cuatro hijos: Jorge, Benigno, Mariano y Fernando, que fallecieron sin descendencia, sobreviviéndoles el II marqués a todos ellos. A la muerte de la madre pasará a ostentar el título (1898), tras algunas fricciones con el primogénito.

   Desde Valladolid, su ciudad natal, se trasladó con su familia a Madrid y luego a Barcelona; estudió en el colegio de los jesuitas de Manresa, para volver luego a Madrid. Intentaría estudiar oficialmente en la escuela de Bellas Artes, donde tan sólo asistirá a algunas clases de paisaje impartidas por Carlos de Haes. La imposibilidad de cursar estudios artísticos le decidirá a seguir la carrera militar más por tradición familiar que por vocación, abandonándola años más tarde. Ingresó en infantería de Marina, y un año más tarde pasó a la Academia de Caballería de Valladolid, alcanzando el grado de alférez (1881). Sus destinos profesionales estuvieron ligados a los de su progenitor, a cuyo lado permanecerá como ayudante de campo en Puerto Rico. Será una experiencia muy enriquecedora que le permitirá conocer de primera mano los acontecimientos políticos, económicos y sociales que caracterizan la relación de España con sus colonias americanas en esos años cruciales. 
   Tras la pérdida del padre, regresa la familia a Madrid, siendo nombrado ayudante del mariscal de campo José Almirante y Torroella (1885). Es un destino relajado que le permitirá viajar por España y el Norte de África, y escribir. Publicará Bocetos de Semana Santa y Guía de Sevilla (1888) y distintas colaboraciones en la Ilustración Española y Americana.
   Fueron años de bohemia en los que frecuenta círculos literarios, artísticos o nobiliarios y traba amistad con relevantes personajes de la sociedad andaluza y madrileña. En compañía de Julio Quesada Cañaveral, conde de Benalúa, viaja a Buenos Aires y abre una planta de aguas azoadas artificiales, de las que se obtienen las bebidas gaseosas, inversión que es respaldada por Benalúa y veinte accionistas más. Viaja a Uruguay con el mismo propósito. En 1891 está de vuelta sin haber conseguido mejorar su escasa fortuna.
   De nuevo en el Ejército formará parte de la embajada del general Martínez Campos, enviada por el Gobierno español a Marrakech para negociar la paz con el sultán Muley Hassan; en la foto oficial aparece a pesar de su baja graduación.
   Los viajes serán muy valorados como fuente de experiencias por este autodidacta, que así se irá forjando. 
 Tras recorrer Europa decide establecerse en París (1900) y viaja a Londres y a Berlín. Regresará definitivamente a España en el verano de 1905 cuando compre el inmueble toledano que, según se creía, fue habitado por el Greco. Con esta compra y su ofrecimiento al Estado (1907) arrancará una nueva etapa en su vida que culminará con su nombramiento como primer comisario regio del Turismo y de la Cultura Artística y Popular (1911). Fue una decisión política tomada por el partido de Canalejas, al aceptar el Estado hacerse cargo de la gestión turística. Capitaneará el marqués un proceso que contaba con el respaldo de la Corona, y con el que se pretendía obtener riqueza y prestigio internacional para el país. La escasez de recursos será suplida por su titular con aportaciones propias derivando hacia una gestión cada vez más personalista que desembocará diecisiete años más tarde en la sustitución de la Comisaría Regia del Turismo por el Patronato Nacional de Turismo, creado por el general Primo de Rivera. Tomará como epicentro de atracción turística el monumento entendido en sentido amplio, y también el paisaje, sentando las bases de la metodología turística actual. Se apoya ésta en la mejora de la red viaria, en la creación de una red de alojamientos de variado espectro —hoteles, hospederías, residencias y paradores—, en una eficaz propaganda de los atractivos turísticos españoles mediante publicaciones, exposiciones, congresos y atención personalizada a grupos especiales y visitantes ilustres, y en la revalorización de la cultura artística, paisajes y tradiciones.
   Son los paradores una de sus obras más celebradas.
   Inicia la red con el de Gredos (1928) y le sigue Mérida (1931). Creador de museos y centros de cultura y, por tanto, restaurador de monumentos, a él se deben la Casa y el Museo del Greco (1910), la Casa de Cervantes en Valladolid (1916) y el Museo Romántico en Madrid (1924). Se integran en un nuevo prototipo museístico que él introduce en España: la casa-museo, donde el ambiente prevalece sobre las obras. Estuvo muy vinculado a otros museos como el del Prado, de cuyo Patronato fue vocal, y el Museo Sorolla, a cuya creación contribuyó. Recuperó e hizo visitable la Sinagoga del Tránsito y gestionó la Casa de los Tiros de Granada durante un corto espacio de tiempo. Sentó doctrina restauradora al inclinar el debate entre los partidarios de restaurar y los que deseaban tan sólo conservar, tras intervenir en el Patio del Yeso del Alcázar de Sevilla, con la intención de frenar los desmanes que se estaban produciendo en la Alhambra. Será el primero en llevar a la práctica en España las teorías en la materia defendidas desde la Institución Libre de Enseñanza, que alcanzarán rango legal con la Ley del Patrimonio de 1933.
   Coleccionista, marchante y mecenas, será la pintura el elemento nuclear de su coleccionismo, que es inseparable de su vertiente mercantil. Vendió numerosas obras del Greco, Velázquez y Goya, a menudo falsas, debido a su excesivo entusiasmo y al escaso avance historiográfico. Obtiene así los recursos necesarios para continuar su trabajo, subyaciendo en estas operaciones el deseo de dar a conocer el arte español fuera del país. Sus preferencias se centran sobre todo en las obras de los siglos XV, XVI y XVII y también en el XIX y principios del XX, siendo la temática de los museos y centros por él fundados la que oriente las nuevas adquisiciones. Toda esta actividad cobrará sentido cuando la proyecte en la colectividad, practicando un mecenazgo atípico en el que combinará los métodos tradicionales con otros específicos acuñados por él. Donó a la nación el Museo del Greco, también la Casa de Cervantes y finalmente el Museo Romántico. Financió las actividades de un organismo público, la Comisaría Regia del Turismo y, como colofón, legará todos sus bienes a sus fundaciones, es decir, al Estado español, convirtiéndose en uno de los mecenas más prolíficos de su tiempo. Pretende así suplir las deficiencias del Estado en materia turística y cultural acuñando fórmulas de gestión de recursos propios y ajenos. Los optimiza, entre otras razones, por el respaldo del Monarca, que tiene en él a un asesor artístico ejecutor de la política regia. El mecenas estadounidense Huntington y el propio Alfonso XIII financiarán algunos de sus proyectos. Recibirá de la Institución Libre de Enseñanza el sustrato ideológico presente en su obra, del que se impregna a través de Manuel B. Cossío, integrándose en ese minoritario grupo de españoles que buscaban la modernización del país por distintas vías.
   Desaparecida la Comisaría Regia, se dedicará a sus fundaciones y a nuevos proyectos. Compra y pone en funcionamiento el Real Balneario de la Isabela hasta su destrucción ocurrida durante la Guerra Civil. Tras el levantamiento militar, y a pesar de su avanzada edad y mala salud, se ofrecerá al Gobierno de Burgos para participar en el seguimiento de la salida de los cuadros del Prado y de otras colecciones españolas hacia Ginebra.

   Benigno Vega-Inclán fue elegido académico numerario de la Real Academia de la Historia el 19 de febrero de 1926, medalla de la que tomó posesión al año siguiente. Falleció en Madrid en enero de 1942, antes de pronunciar el discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Biografías de la Real Academia de la Historia).
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