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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 4 de junio de 2025

La Sala XI del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     Ocupa esta sala la parte alta del patio principal del Museo y en ella se expone fundamentalmente un conjunto de pinturas sevillanas del siglo XVIII. El recorrido comienza con dos obras de Clemente de Torres que representan a San Dionisio Areopagita y a San Nicolás de Bari, seguidas de dos episodios de la Vida de San Francisco de Paula realizados por Lucas Valdés. Muy importante es la serie de ocho cuadros pintados por Domingo Martínez por encargo de la Real Fábrica de Tabacos para conmemorar la llegada al trono de España del rey don Fernando VI, que representan los carros que desfilaron por Sevilla en 1747. Al propio Domingo Martínez corresponden una Virgen con el Niño y una Apoteosis de la Inmaculada, mientras que a Juan de Espinal pertenecen dos episodios de la Vida de San Jerónimo y un San Miguel Arcángel. De Pedro de Acosta son dos bodegones realizados a la manera de trampantojo.
     Del siglo XIX es un magnífico Retrato del canónigo Duaso, realizado por Goya; mientras que los Retratos de Alfonso XIII, uno de ellos con su madre la reina María Cristina, son de Gonzalo Bilbao y Fernando Tirado, respectivamente [Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia I. Diputación de Sevilla y Fundación José Manuel Lara, 2004].
     La sala XI se extiende por la galería supe­rior que rodea el claustro Grande, mostrando una serie de lienzos de pintores sevillanos del siglo XVIII, aunque hay algunos también del XIX y de foráneos. De los primeros cabe señalar el conjunto de escenas de la vida de san Francisco de Paula que Lucas Valdés pintó para el extinto convento de los Mínimos, como El milagro de la caldera o El milagro de la navegación por el estrecho de Mesina. De Clemente Torres son San Dionisio Areopagita y San Nicolás de Bari. Domingo Martínez ofrece una Apoteosis de la Inmaculada, que antes estuvo en el convento de San Francisco de Sevilla, y, sobre todo, una serie de ocho cuadros apaisados y de gran tamaño que representan el desfile que se realizó en Sevilla en 1747 para celebrar la coronación de Fernando VI y que le fueron encargados al pintor por la antigua Fábrica de Tabacos. De Andrés Pérez, el más interesante es el Juicio Final, procedente del convento de los Capuchinos. La Aparición de la Virgen a San Bertoldo y la Aparición de la Virgen del Carmen a la comunidad de un convento de Bravante, se deben al onubense de nacimiento Andrés Rubira. De Juan de Espinal hay varias obras procedentes del monasterio de San Jerónimo, así San Jerónimo y Santa Paula fundando conventos en Belén, pero también El Arcángel San Miguel, sin duda un boceto del que debía ir destinado a la escalera del Palacio Arzobispal de Sevilla y que el museo adquirió en 1791. Dos de las obras más importantes de esta sala son el Retrato del canónigo don José Duaso y Asalto en un des­campado, ambas de Goya.. (Rafael Arjona, Lola Walls. Guía Total, Sevilla. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).
SALA XI: PINTURA DEL SIGLO XVIII
     El advenimiento de una nueva centuria supone para España el cambio en la dinastía reinante pasando la corona de los Austrias a los Borbones. Esta trae consigo una oleada de artistas extranjeros -franceses e italianos- que fueron los beneficiarios de todos los encargos y los únicos que prosperaban en medio de este clima oficial, en detrimento de los propios artistas españoles. Fue Goya el único pintor con personalidad propia que supo rebelarse ante esta situación.
     Esta invasión de artistas fue un hecho concluyente para las Artes en España siendo en el terreno de la pintura donde ésta se acusa de manera más intensa. En este ambiente cortesano lo que más se solicitaba era el pintor retratista, y en tal sentido, por desgracia, Velázquez no dejó sucesión. Este género destinado, en estos momentos, más a exaltar la monarquía dieciochesca que a plasmar el verdadero ser del retratado, chocaba con el carácter que siempre había imperado en los pintores de la escuela española.
     De esta forma, con la dictadura de franceses primero y de italianos después, las más puras esencias españolas iban desapareciendo.
ESCUELA SEVILLANA
     Se ha venido manteniendo la tesis sobre la Escuela sevillana de que después de la muerte de Murillo ésta desapareció, llegando incluso a darse como inexistente hasta principios del siglo XIX. Sin embargo, es Sevilla la ciudad que más se rebeló ante el nuevo influjo extranjero, permaneciendo fiel a sus tradiciones, y llegando incluso a ser el mejor mercado nacional de pintura.
     El estudio de la pintura sevillana del siglo XVIII nos permite dividir el siglo en dos mitades. Una primera mitad en la que imperó la tradición de Murillo y Valdés Leal y una segunda en la que se suceden cronológicamente el espíritu rococó y el neoclásico, sin dejar el culto a la copia de Murillo, lo que perduró hasta bien entrado el siglo XIX.
     Durante la primera mitad del siglo la impronta murillesca está muy presente en los círculos pictóricos, cosa lógica debido a que la mayoría de sus discípulos y seguidores viven sus mejores años en este siglo.
     Estos pintores nunca superaron al maestro, limitándose sólo a copiarlo de forma rutinaria y sin ninguna creatividad, por lo que el panorama artístico de estos años fue escasamente renovador y pobre, todo ello motivado al parecer, por la situación económica que vivía la ciudad.
     En este ambiente hemos de destacar a Lucas Valdés (Sevilla, 1661 - Cádiz, 1725), hijo de Juan de Valdés Leal. Es una de las personalidades más representativas de esta primera mitad, siendo uno de los pocos artistas no influenciados por la corriente murillesca y sí segui­dor de la técnica de su padre.
     Su labor principal y aquella en que consiguió justo renombre, es la pintura mural, llegando incluso a decorar importantes monumentos sevillanos de su época.
     A Lucas Valdés corresponde en el Museo una serie de doce cuadros que representan Episodios de la vida de San Francisco de Paula y que proceden del convento de los Mínimos de Sevilla. Son obras, algunas de ellas, de descuidada factura y sin embargo presentan un gran interés iconográfico, ya que las descripciones de los milagros se desenvuelven en escenas con gran pormenor de detalles.
     Las dos obras más características del estilo de Lucas Valdés que posee el Museo son Alegoría de la Institución de la Orden Tercera y Santa Isabel de Hungría curando a un enfermo. Ambas son obras de interesante iconografía y ambiciosa composición. En la primera la escena debió tener lugar en la Porciúncula en 1221. En ella aparece San Francisco, sentado, haciendo entrega de la Regla de la Orden Tercera al beato Luquesio de Poggi-Bonci, o a Mateo de Rubeis, los primeros terciarios, que aparece arrodillado delante de él. A este hecho asisten una serie de santos y santas, pertenecientes a la Orden Tercera franciscana, entre los que destacamos la presencia de Santa Isabel de Hungría y San Luis, rey de Francia, venerados como especiales patronos de la Orden.
     En la segunda la escena tiene lugar en la galería de un patio con doble arcada, posiblemente quiera representar el Hospital que fundó la Santa en Marburgo (Alemania). El episodio principal nos muestra a Santa Isabel, con sus criadas, lavando y atendiendo a un enfermo, rodeadas de otra serie de enfermos y menesterosos. Delante, una cesta con panes, símbolo de la caridad. Una escena secundaria, más al fondo a la izquierda, muestra uno de los milagros de la Santa: la transformación, ante la presencia de su marido el rey Luis IV de Turingia, de un leproso que la Santa había acostado en su lecho conyugal en la figura del Crucificado, según el texto de Dietrich d'Apolda. Ambas obras por su iconografía podrían proceder de una capilla de la orden Tercera de algún convento franciscano de Sevilla, de donde pasaron al Museo en 1840 por medio de la Desamortización de los bienes eclesiásticos de 1836.
     Clemente Torres (Cádiz, 1662? - 1730). Se formó en Sevilla, en el taller de Juan de Valdés Leal, donde fue amigo y condiscípulo de Lucas Valdés. Es, junto con este último, uno de los mejores pintores de fres­cos de esta generación.
     En el Museo se encuentran atribuidas a este pintor dos obras: San Nicolás de Bari y San Dionisio Areopagita. La primera demuestra un estilo vigoroso y dinámico, impregnado de una suelta pincelada muy colorista, influencia clara del estilo de su maestro. La segunda, sin embargo no coincide con la anterior, mostrando una actitud hierática, fría y poco vigorosa.
     Andrés Pérez (Sevilla, 1660 - 1727). Pintor de segunda fila, se formó en Sevilla influenciado por el espíritu murillesco. Sin embargo y aun­que bastante alejado de las enseñanzas del maestro, supo crear su estilo propio, en el que empleó un correcto dibujo, dando a sus personajes una amable expresividad.
     Las dos obras más interesantes que de Andrés Pérez conserva el Museo, tienen un gran interés iconográfico y representan Abraham ante Melquisedech y David ante Achimelech (hacia 1720). Ambas tie­nen un marcado sentido eucarístico y muestran amplios escenarios arquitectónicos con gran sentido de la perspectiva. La primera de ellas representa el pasaje del Génesis (18, 17-20), en que Abraham, después de vencer a los elamitas, acude a recibir la bendición de Melquisedech. La segunda describe el pasaje del libro de Samuel (21, 4-5) en que David pidió al Sacerdote Achimelech cinco panes para repartir entre sus soldados hambrientos.
     Juan Ruiz Soriano (Higuera de la Sierra, Huelva, 1701- Sevilla, 1763). Es uno de los pintores más prolíficos de esta primera mitad. Fue discípulo de Alonso Miguel de Tovar. Se dedicó fundamentalmente a la realización de grandes conjuntos pictóricos para decorar claustros conventuales. De este pintor se conservan en el Museo algunas obras pertenecientes a las series realizadas para el convento de San Agustín, entre las que destacan La Virgen de la Correa y para el convento de San Francisco Imposición de la llaga a San Francisco y San Francisco renunciando a las riquezas terrenales. Su estilo se mantiene fiel a los ideales estéticos del siglo XVII, derivando su arte directamente del de Murillo.
     Domingo Martínez (Sevilla, 1688 - 1749). Es el pintor más destacado dentro del panorama artístico de esta primera mitad. Se formó con Lucas Valdés, asimilando al mismo tiempo el espíritu artístico de Murillo. Posteriormente y poco a poco fue adaptando a su estilo la estética francesa  debido a su amistad con el pintor francés Jean Ranc, en los años 1729-1733 en que la Corte de Felipe V se encon­traba en Sevilla.
     El Museo conserva una importante colección de obras de Domingo Martínez. De su etapa murillesca destacamos la Virgen del Rosario de muy cuidada técnica y que está considerada como una copia del original de Murillo que se conserva en la Dulwich Gallery de Londres.
     Pintura de gran interés dentro de su producción es la Apoteosis de la Inmaculada obra de gran tamaño y clara filiación murillesca, en la que la figura de la Virgen aparece en el centro de la composición y a ambos lados dos grandes defensores de este misterio, el Venerable Duns Scotto y Sor María de Ágreda. También se encuentran representados los Papas que han defendido el dogma de la Inmaculada y los reyes españoles Felipe IV, Carlos II y Felipe V, que solicitaron su proclamación a Roma.
     Es de destacar la serie de ocho pinturas que, realizadas para la Fábrica de Tabacos de Sevilla, representan los carros alegóricos que desfilaron por las calles de la ciudad en 1747 con motivo de la exal­tación al trono de España de Fernando VI y Bárbara de Braganza. Estos cuadros llamados de la Máscara de la Real Fábrica de Tabacos, siguiendo el orden en que desfilaron iban precedidos por el Carro del Pregón de la Máscara que anunciaba el cortejo. Al parecer por el fondo de arquitectura que aparece tras el carro éste desfilaba por la antigua calle Génova ante las fachadas de la Catedral y el Sagrario. Le seguía el Carro de la Común Alegría que desfilaba delante de la fachada del Palacio Arzobispal que da a la calle Placentines. En tercer lugar el Carro del Fuego que cruza delante de la Puerta del Perdón de la Catedral. A continuación el Carro del Aire que tiene como fondo el Ayuntamiento, el arco del Convento de San Francisco y el inicio de la calle Génova. En quinto lugar transitaba el Carro del Agua cuya arquitectura de fondo es la esquina de la calle Alemanes con Génova. Continuaba el Cortejo con el Carro de la Tierra que pasa por la Plaza de San Francisco. El séptimo Carro representa el homenaje de Apolo y las Tres Nobles Artes a los nuevos monarcas, cuyo fondo es la fachada del Ayuntamiento.
     La última pintura nos narra la escena de La entrega de los retratos de los Reyes al Ayuntamiento que tiene lugar en la fachada principal de éste.
     Esta serie de clara influencia francesa, realizada con una cuidada técnica, y por su gran exactitud topográfica, representa uno de los ejemplos más importantes dentro del panorama de la pintura profana en España.
     En los años que marcan la mitad de la centuria, comienzan a sentirse en Sevilla los efectos culturales de la Ilustración penetrando el espíritu Neoclásico que se irá imponiendo al del Rococó.
     En este ambiente es de destacar la figura de Juan de Espinal (Sevilla, 1714 - 1783). Es sin duda éste el pintor más representativo del momento. Fue discípulo de su padre Gregorio Espinal y posteriormente de Domingo Martínez.
     Su estilo es un claro testimonio de como la segunda generación de pintores del siglo XVIII superó el espíritu murillesco. Orientó su pintura al estilo dominante en su época, el Rococó, introducido en España a partir de 1750. Espinal configurará un estilo elegante y refi­nado con una pincelada suelta y colorista que le harán recrear la mejor pintura que se realizó en Sevilla en esta segunda mitad.
     A este artista se debe la más importante empresa pictórica realizada en Sevilla en estos momentos. Se trata de la serie de veintiséis pinturas sobre la vida de San Jerónimo, destinados al claustro del con­vento de San Jerónimo de Buenavista de Sevilla. Esta serie fue realizada en un principio en formato de medio punto, sin embargo, en el siglo XIX cuando a causa de la Desamortización ingresó en el Museo, fue adaptada a su actual formato rectangular. De las veintiséis pinturas tan sólo diez se conservan en el Museo, el resto se halla depositado en diferentes Iglesias y Museos de Sevilla y Huelva.
     La serie puede fecharse en torno a 1770-75, y está ejecutada con una técnica bastante desigual en la que se aprecia la intervención del taller. Son mucho más interesantes las escenas realizadas en exteriores donde el artista se recrea en la composición de paisajes en perspectivas.
     De reciente adquisición es la pintura que representa El Arcángel San Miguel que al parecer es un boceto del realizado hacia 1780 para formar parte de la decoración de la escalera principal del Palacio Arzobispal de Sevilla.
     Pedro de Acosta (Sevilla, h. 1690 - 1756). Dentro del estilo de Murillo se mueve la obra de Pedro de Acosta, pintor sevillano del que se desconoce su fecha de nacimiento, constando su presencia en Sevilla desde 1730. Murió en esta ciudad en 1756. Destacó Pedro de Acosta en el "efectismo y perspectiva" que los franceses llaman "trompe l'oeil" y en España trampantojo o "engañifa". Este género, que también cultivó Murillo, tiene larga ascendencia que se remonta a Alonso Vázquez y Marcos Cabrera. El Museo conserva dos obras de Acosta llamadas Trampantojo que corresponden a lo que se ha llamado "rincón del taller". Lo que aparece clavado sobre un fondo de tablas, son grabados de los que habitualmente se utilizaban en los talleres de pintura. En ambas obras aparece impreso el año 1741, dato que nos permite fechar los lienzos.
     Al pintor sevillano Diego Bejarano pertenece una obra de similares características en la que se presenta en uno de los dibujos una vánitas.
FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 - Burdeos, 1828).
     Es sin lugar a dudas la figura más importante de la pintura española de los siglos XVIII-XIX y la de mayor repercusión en el arte europeo, ya que anticipa recursos y técnicas utilizados por la pintura moderna.
     Nacido en Fuendetodos (Zaragoza) en 1746, la vida de Goya va a transcurrir en una de los periodos  más críticos de la historia europea, ya que abarca toda la segunda mitad del siglo XVIII y más del primer tercio del XIX, época de profundos cambios decisivos en la sociedad y en el pensamiento europeo, años de profundas crisis de renovación de las ideas y creencias tradicionales.
     Hasta 1780 se le conocía principalmente por sus obras decorativas: pinturas religiosas ejecutadas en Zaragoza y cartones de tapices para la Fábrica Real de Santa Bárbara. Pero cuando descubre a Velázquez en el Palacio Real entre 1775 y 1778, su campo de actuación se amplía mucho más profundamente. Será el año 1783 el que marque un cambio decisivo en su obra con la aparición de unos ambiciosos retratos de gran tamaño y de claro lenguaje velazqueño.
     La pintura de Goya no rebasó las fronteras de España en su tiempo, por lo que su obra copiosa y su personal genialidad, no pudieron tener expansión hasta bien entrado el siglo XIX. Abrieron el camino a su fama los grabados, que debieron ser ya conocidos por los románticos.
     El Museo expone entre sus fondos este magnífico retrato del canónigo D. José Duaso y Latre (1824) obra que, procedente de la colección Rodríguez Bavé (Madrid), parientes del retratado, ingresó en el Museo adquirido por el Estado en 1969.
     Este retrato realizado en sus últimos años, es una sencilla composición en la que la ausencia de color es casi total, destacando el volumen y la densidad de la pincelada. Hemos de tener en cuenta que está aún muy cercana su serie de las pinturas negras. El artista centra toda su atención en la fuerza expresiva que le imprime al retratado, fiel reflejo de su personalidad. Esta obra la pintó Goya en agradecimiento al canónigo que recoge en su casa a amigos y paisanos comprometidos por liberales. Él fue uno de ellos, y en testimonio de su gratitud le realizó este espléndido lienzo.
     Goya es hoy considerado por todos, como uno de los pintores retra­tistas que más hondamente han sabido captar la personalidad de quienes posaron para él (Ignacio Cano Rivero, María del Valme Muñoz Rubio, Rocío Izquierdo Moreno, y Virginia Marqués Ferrer. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Guía Oficial. Consejería de Cultura. Junta de Andalucía. Sevilla, 2009).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

La Sala XI del Museo de Bellas Artes, al detalle:
Apoteosis de la Inmaculada, de Domingo Martínez
Arquimesa: Escritorio y Bufete, anónimo
Autorretrato, de José Villegas Cordero
Autorretrato, de Antonio Cabral Bejarano
Carro del Aire, de Domingo Martínez
Carro de la Tierra, de Domingo Martínez
Carro del Parnaso, de Domingo Martínez
Carro del Víctor y del Parnaso, de Domingo Martínez
Inmaculada, del círculo de Pedro Duque Cornejo
Retrato Milagroso de San Francisco de Paula, de Lucas Valdés
San Francisco confortado por un ángel, de Domingo Martínez       
San Jerónimo abandonando a su familia, de Espinal
Trampantojo, de Pedro de Acosta

martes, 3 de junio de 2025

La Sala X del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala X del Museo de Bellas Artes, de Sevilla
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     Se dedica esta sala a recoger pinturas de Zurbarán junto con dos conjuntos de esculturas procedentes de la Cartuja de las Cuevas: el primero formado por La templanza y La justicia, obras de Juan de Solís que flanquean una Virgen de las Cuevas de Juan de Mesa; el segundo compuesto por alegorías de La fortaleza y La prudencia, también de Juan de Solís, situadas a los lados de un San Juan Bautista perteneciente a Juan de Mesa.
     De gran interés son las pinturas de San Luis Beltrán y el Beato Enrique Susón, obras de Zurbarán entre las que figura una escultura de Santo Domingo realizada por Juan Martínez Montañés; estas tres obras proceden de la desaparecida iglesia del Convento dominico de Portacoeli. Las tres representaciones pictóricas de Padres de la Iglesia, San Ambrosio, San Gregorio y San Jerónimo, las pintó Zurbarán para la sacristía del Convento de San Pablo de Sevilla; mientras que el gran Cristo crucificado procede de la iglesia de los Capuchinos. Muy importante es el conjunto de tres pinturas realizadas por este artista hacia 1655 para la sacristía del monasterio de la Cartuja de las Cuevas, donde se encontraban dispuestas de la misma manera que aquí se exponen: La Virgen de los Cartujos, en el frente, San Hugo en el refectorio y La visita de San Bruno al Papa Urbano III, en los laterales. [Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia I. Diputación de Sevilla y Fundación José Manuel Lara, 2004].
     La sala X guarda una serie de lienzos que Zurbarán pintó para la cartuja de las Cuevas, así como algunas esculturas procedentes del mismo monasterio. Aquí está la famosísima Virgen de los Cartujos o de las Cuevas, maravillosa de expresividad, de composición y de color. Zurbarán fue el pintor que mejor supo captar el espíritu que guiaba a la Orden de los cartujos, cualidad que se aprecia a la perfección en San Hugo en el refectorio y, sobre todo, en el inolvidable Visita de San Bruno a Urbano II. Entre las esculturas hay que considerar, principalmente, el San Juan Bautista y la Virgen de las Cuevas, ambas de Juan de Mesa. (Rafael Arjona, Lola Walls. Guía Total, Sevilla. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).
LA SEGUNDA GENERACIÓN DE ARTISTAS: EL TRIUNFO DEL NATURALISMO
     Con la segunda generación de pintores del siglo XVII, en la escuela sevillana se supera la tradición manierista y triunfa definitivamente el naturalismo. Herrera "el Viejo" y Zurbarán son sus máximos representantes en el segundo tercio de la centuria. El estilo de sus obras, decidido y expresivo en Herrera, sencillo e intenso en Zurbarán, dominará el panorama pictórico del momento.
FRANCISCO DE ZURBARÁN (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598-Madrid, 1664). (SALAS V, VI, X)
     Fue la personalidad artística dominante en la pintura sevillana del segundo tercio del siglo XVII. Pintor de origen extremeño, se formó en Sevilla y en esta ciudad se estableció en 1626 convirtiéndose en el artista preferido de las instituciones civiles y religiosas. Durante estos años de esplendor pinta sin descanso al frente de un gran taller para cumplir con los abundantes e importantes encargos piadosos. Su éxito se basa en gran parte en el estilo naturalista y sobrio, impregnado de una intensa espiritualidad que traduce el apasiona­miento fervoroso y la cotidianeidad con lo sobrenatural de la vida monástica española.
     El Museo atesora espléndidos testimonios de ciclos monásticos como el que contrató en 1626 con los dominicos del Convento de San Pablo de Sevilla, 21 cuadros de los que se conservan en el museo tres de los cuatro Doctores de la Iglesia, San Ambrosio, San Gregorio y San Jerónimo. Las monumentales figuras ponen de manifiesto una constante de toda su obra, la maestría en el tratamiento de las figuras aisladas, a las que dota de una sorprendente potencia expresiva. Presenta a estas figuras en toda su solemne monumentalidad, ataviadas con ricas ropas litúrgicas de sorprendente carácter descriptivo, emergiendo de un fondo oscuro que las valora en su rotunda inmediatez.
     Tras el gran éxito de la serie dominica recibió en 1628 un nuevo contrato del sevillano Convento de la Merced Calzada. La importante serie constaba de veintidós lienzos sobre la vida de San Pedro Nolasco, fundador de la orden mercedaria y algunos retratos de sus frailes más ilustres. Dos son las pinturas conservadas en el Museo, los mercedarios San Pedro Pascual y San Carmelo, obras realizadas con la colaboración del taller.
     También para los dominicos pintó en 1631 la que probablemente sea su obra más ambiciosa, Apoteosis de Santo Tomás, destinada al Colegio de Santo Tomás de Aquino en Sevilla. La composición, para la que como es habitual utiliza fuentes grabadas, repite el esquema arcaizante de la división en diferentes registros. En el inferior se sitúa, en torno a un bufete con la bula fundacional, a la izquierda, el fundador del colegio Fray Diego Deza al frente de un grupo de frailes dominicos y a la derecha el Emperador Carlos V encabeza otro grupo de figuras orantes. En el registro superior preside la escena Santo Tomás flanqueado por los cuatro Padres de la Iglesia. En un plano más elevado aparece el Espíritu Santo con Cristo y la Virgen a la izquierda y San Pablo y Santo Domingo a la derecha. Es ésta una de las obras más complejas de Zurbarán, con figuras de gran monumentalidad e intensa expresión naturalista y múltiples detalles en los que pone de manifiesto su extraordinaria maestría para la plasmación de las calidades de la materia.
     En torno a estas fechas pintó el lienzo de Cristo Crucificado (hacia 1630-35) para el Convento de Capuchinos de Sevilla que forma parte de los cinco que, de su mano o con colaboración del taller, conserva el Museo. Son pinturas muy tenebristas en las que sobre un fondo oscuro se destacan con enorme fuerza plástica, casi escultórica, las figuras de Cristo crucificado con cuatro clavos, tal como preconiza­ba Pacheco que debía ser representado.
     Continuó los trabajos para la orden dominica con la realización en 1636 de las pinturas que presidían los altares del crucero de la iglesia del Convento de Porta Coeli, El Beato Enrique Susón y San Luis Beltrán. En estas pinturas, realizadas tras su viaje a la Corte madrileña donde se enriqueció con la visión de las colecciones reales, aparecen las figuras de los santos sobre un luminoso fondo de paisaje en el que inserta escenas alusivas a episodios de sus vidas.
     Para otro convento sevillano, el de San José de Mercedarios Descalzos, realizó en fechas muy cercanas, hacia 1640, la monumental representación de El Padre Eterno que debía rematar el retablo de la Iglesia. La majestuosa figura aparece sobre un trono de nubes doradas en el que se funden sus característicos querubines. 
     Con este retablo se ha puesto también en relación la pintura Cristo coronando a San José, composición resuelta con un delicado acorde cromático en la que se pone de manifiesto su gran capacidad para el estudio de los rostros y manos de las figuras.
     Un poco posterior es la Virgen del Rosario, (hacia 1645-50), una de las mejores representaciones que realizó del tema de la Virgen con el Niño. La delicada composición, como era frecuente en el pintor, se basa en una fuente grabada a la que enriquece con la técnica más fluida y la armonía de color propias de estos años de madurez.
     En torno a 1665 se ha datado otro importante conjunto que por sus características técnicas y compositivas era considerado de producción más temprana. Lo constituyen los tres lienzos destinados a  la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, Visita de San Bruno a Urbano II, La Virgen de los cartujos y San Hugo en el refectorio. En ellos interpreta magistralmente los principios espirituales que rigen la vida de los cartujos: el silencio, la devoción a la Virgen María y la mortificación por el ayuno. La simplicidad y defectos de las composiciones se ven transcendidos por la gran fuerza plástica que confiere a cada elemento del cuadro al tratarlo como algo único e indivi­dualizado y su extraordinario dominio de las calidades de la materia. La técnica fluida y ligera, se distancia del tenebrismo inicial, de los contrastes de luces y sombras para mostrarnos unas composiciones luminosas en las que el color aparece sabiamente acordado.
SALAS VI Y X: ESCULTURA BARROCA
     Durante el siglo XVII, en España se cultiva casi exclusivamente la escultura de carácter religioso. El arte se pone al servicio de la piedad contrarreformista que procura conmover la sensibilidad del creyente mediante el verismo del hecho religioso representado. El interés barroco por la naturaleza, por la vida, conduce también a ese deseo de realismo, a la búsqueda del movimiento y los efectos pictóricos que encuentran en la escultura tallada en madera y policromada una de sus máximas expresiones.
     La policromía de las esculturas la realizan grandes artistas que tratan de lograr los efectos de sombras y matizaciones en el intento de dotarlas del mayor naturalismo posible. La exaltación del realismo conduce con frecuencia al uso de elementos postizos como cabe­llos, ojos o lágrimas y a la realización de imágenes de vestir que tienen, durante los siglos XVII y XVIII, su época de máximo desarrollo. Algunas de estas figuras, aisladas o formando escenas, protagonizan auténticas manifestaciones de fe en la calle durante este período de exaltación religiosa.
     La generación de maestros manieristas que desarrollan su labor en el último tercio del siglo XVI durante el reinado de Felipe II, es seguida por nuevos valores que, partiendo de sus principios clasicistas, evolucionan hacia formas de mayor vitalidad y expresión. Paralelamente, los retablos, durante el siglo XVII abandonan de forma progresiva los modelos tardomanieristas hasta convertirse en las monumentales máquinas arquitectónicas del barroco pleno.
ESCUELA SEVILLANA
     En la escultura sevillana la generación de maestros protobarrocos está protagonizada por Gaspar Núñez Delgado, Andrés Ocampo y Juan de Oviedo el Mozo, cuyas obras revelan un interés por el naturalismo que triunfará con la figura más destacada de la escuela, Juan Martínez Montañés.
JUAN MARTÍNEZ MONTAÑÉS (Alcalá la Real, Jaén, 1564 - Sevilla, 1649)
     Se forma en Granada en el taller de Pablo de Rojas, llegando a Sevilla muy joven, donde obtiene el título de "maestro escultor" con diecinueve años. Como artista goza de gran fama entre sus coetáneos que le consideran "el dios de la madera" y el "Lisipo andaluz". En Sevilla recibe las influencias de la última generación de escultores manieristas y su conocimiento de la escultura del siglo XVI se hace patente en la serenidad y severo clasicismo que caracteriza su obra.
     A las primeras realizaciones de estirpe manierista como el San Cristóbal (1597) de la Iglesia del Salvador de Sevilla, le suceden auténticas obras maestras que se definen por su elegancia y severo equilibrio.
     De 1603 es el contrato del magistral Crucificado de la Clemencia y algo posterior la delicada creación del Niño Jesús bendiciendo (1606-1607) de la Hermandad Sacramental del Sagrario, modelos icono­gráficos ambos para las posteriores generaciones de discípulos. Jesús de Pasión es su más famosa escultura procesional conocida y para la Catedral sevillana realiza la bellísima Inmaculada Concepción, conocida popularmente como La Cieguecita (1628).
     Como retablista impuso una manera de concebir estas estructuras basadas en tratadistas italianos a los que adaptó a su personal lenguaje. Son sus obras más destacadas el retablo mayor del monasterio sevillano de San Isidoro del Campo (1609) y el retablo mayor de la Iglesia de San Miguel de Jerez (1641).
     El Museo conserva obras excepcionales de su producción. Tras la Desamortización de 1835 ingresa la escultura que presidía el retablo mayor hispalense de Portaceli, Santo Domingo disciplinándose (hacia 1606 - 1607), cuya policromía fue realizada por Pacheco. Un eco del modelo iconográfico del San Jerónimo de Torrigiano está presente en la figura arrodillada del Santo que sostie­ne en su mano izquierda un crucifijo y en la derecha el flagelo para azotar su espalda. La expresiva cabeza es una espléndida muestra del atemperado naturalismo que preside la realización de sus obras maestras en estas fechas, destacando el logrado naturalismo con el que modela el torso del Santo, en contraste con la sobriedad y los efectos de luces y sombras de los pliegues del hábito.
     Para la Cartuja de Santa María de las Cuevas talla en 1634 la imagen del fundador de la orden Cartuja, San Bruno. La fuerza naturalista se concentra en la magnífica cabeza de este Santo que aparece representado de pie, llevando en su mano derecha el crucifijo y en la izquierda las Constituciones de la Orden.
     Realismo expresivo, elegancia y equilibrio de volúmenes, se dan cita en esta obra que evidencia la evolución hacia el realismo barroco en los años finales de su dilatada vida artística.
     En 1972 fue adquirido para el Museo el retablo de San Juan Bautista del Convento sevillano de Santa María del Socorro (1610-1620). Había sido contratado en 1610 por Montañés y el pintor Juan de Uceda que realiza las trece tablitas que ilustran diferentes pasajes de la vida del Santo. Este retablo portada de fines del renacimiento, arquitectónicamente responde a un modelo de raíces italianas. El conjunto presenta grandes analogías con el que realizara años antes Montañés para la Catedral de Lima, en Perú.
     Los nueve episodios sobre la vida del santo siguen la fórmula montañesina de usar relieves para las escenas secundarias y los altos relieves e imágenes de bulto para las hornacinas centrales. Destaca por su gran plasticidad y belleza la escena central del Bautismo, que anuncia la realización del gran retablo de Santiponce.
JUAN DE MESA (Córdoba, 1583 - Sevilla, 1627)
     Entre los numerosos discípulos de Montañés destaca Juan de Mesa, que partiendo de los modelos serenos y clasicistas de su maestro, introduce en la escuela sevillana la fuerza de un naturalismo de gran potencia expresiva. Su estilo se convierte en perfecto intérprete de la Contrarreforma, tomando elementos de la realidad para expresar la experiencia sobrenatural. Estas características se hacen especialmente patentes en la larga serie de crucificados que realizó para las cofradías penitenciales sevillanas. En este rico conjunto iconográfico destacan las imágenes del Cristo del Amor de la Parroquia del Salvador; el de la Buena Muerte hoy propiedad de la Universidad hispalense; el Cristo de la conversión del Buen Ladrón, de la Iglesia de Montserrat; el Cristo de Vergara y el inolvidable Jesús del Gran Poder.
     El Museo conserva dos obras de Mesa en las que se evidencia la huella de Montañés. Se trata de las imágenes destinadas a los dos retablos del coro de legos de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, La Virgen de las Cuevas y San Juan Bautista (1623). Inicialmente contratadas por Montañés, fue Mesa quien suscribe un nuevo contrato en 1623 ante el incumplimiento de aquél. Las esculturas rinden homenaje a los serenos modelos de su maestro Montañés, con formas de equilibrados volúmenes y sencillo lenguaje naturalista de expresión contenida.
     La personalidad de Mesa aflora en la composición diagonal de la Virgen y la energía expresiva de la cabeza del Bautista, cuya intensa mirada y agitada cabellera acentúan su carácter barroco.
     Otra magnífica obra de Mesa se atesora en el Museo, la imagen de San Ramón Nonato, que contrató en 1626 para la iglesia mercedaria de San José de Sevilla. En su realización Mesa se ajusta a los términos del contrato y representa al santo vestido con el hábito de la merced, muceta y capelo cardenalicio, y llevando en la mano izquierda un libro y en la derecha la custodia.
     Sus labros debían estar cerrados por un candado, atributo del Santo que fue de esta manera atormentado por realizar su labor de predicación. Esta obra evidencia la maestría lograda por Mesa en sus años de madurez artística. Destaca en ella la potente expresión de la cabeza y el dinámico modelado de la muceta y el hábito mercedario.
     Hacia 1627 se fechan tres imágenes de santos Jesuitas que procedentes de la Casa profesa de la compañía de Jesús, ingresaron en el Museo gracias a la donación González Abreu. Se trata de las imágenes de vestir de San Pablo Miki, San Juan Soan de Goto y San Diego Kisai. Aunque las imágenes han sido atribuidas a Montañés y a Mesa, hoy se considera que de no ser todas de Mesa, Montañés habría realizado la de San Diego Kisai.
     Juan de Solís (Jaén, 1580? - Sevilla, 1621?). Es uno de los muchos jóvenes escultores que trabajan en el taller de Montañés adoptando la estética y técnica del maestro. Con Montañés y Mesa contrata la realización de algunas obras para la Cartuja de Santa María de las Cuevas, realizando en 1616 las Virtudes Cardinales que coronaban los dos retablos del coro de legos. Las alegóricas figuras recostadas sobre ménsulas, según el modelo de Miguel Ángel, destacan por su fuerza expresiva y el detallismo y minuciosidad de su realización.
     Desde mediados del siglo XVII se acentúan en nuestra escultura los rasgos de realismo, movimiento y teatralidad, estableciéndose el cambio formal del pleno barroco. Fue José de Arce, escultor flamenco formado en Roma, quién introduce en Sevilla las nuevas formas al concluir el retablo de San Miguel de Jerez iniciado por Montañés.
     La consolidación de este nuevo lenguaje se produce con Pedro Roldán (Sevilla, 1624 - 1699), escultor nacido en Sevilla que se forma en el taller granadino de Alonso de Mena. Sus grandes composiciones como la Piedad de la Capilla de los Vizcaínos ahora en el Sagrario de la Catedral o el retablo del Hospital de la Caridad de Sevilla, suponen la confirmación del nuevo estilo.
     Extraordinario naturalismo, vivacidad de actitudes y gran dinamismo compositivo, caracterizan a estos conjuntos en los que el sentido dramático y teatral resultan muy novedosos.
     El Museo conserva un Busto de Santo atribuido a Roldán por Hernández Díaz, obra muy expresiva que parece estar relacionada con modelos del grupo que preside el retablo mayor del Hospital de la Caridad.
     Dos seguidores de Roldán cierran el panorama de la escultura barro­ca sevillana, Antonio Ruiz Gijón (Utrera, Sevilla 1653 - hacia 1720) y Pedro Duque Cornejo (Sevilla, 1678 - 1757). Este último fue nieto de Roldán y con sus obras dinámicas y expresivas prolonga en el siglo XVIII los últimos recuerdos del estilo barroco sevillano.
ESCUELA GRANADINA
     En esta incipiente escuela destaca la figura de Alonso de Mena (Granada, 1587 - 1646), en cuyo taller se forman su hijo Pedro, Bernardo de Mora y Pedro Roldán.
     Alonso Cano (Granada, 1601 - 1667) es la gran figura de la escuela, en la que produce una gran transformación desde su llegada a Granada en 1652. Los discípulos de Cano, aunque muy personales, utilizan sus modelos y los reinterpretan. Entre ellos, el más estrecha­mente vinculado al maestro y en ocasiones su colaborador, fue Pedro de Mena (Granada, 1628 - Málaga, 1688)
     La vida de Mena estuvo vinculada a dos centros artísticos, Granada y Málaga, donde realiza una de sus obras más destacadas, la Sillería del coro de la Catedral. Aunque en ocasiones sigue prototipos ajenos, crea también tipos originales, prueba de su valía como artista. Entre sus creaciones más personales y repetidas se encuentran las tablas de la Dolorosa y el Ecce Homo, por lo general figuras de busto y tamaño natural y con frecuencia emparejadas. Estas obras confirman el triunfo de la imagen de devoción, hecha para ser contempla­da y sentida de cerca.
     Gracias a la donación González-Abreu pertenece al Museo una Dolorosa (hacia 1658-70) que aunque no está documentada se considera obra original de Mena. En esta versión la imagen es de poco más de medio busto, con las manos cruzadas en el centro y una disposición de marcada frontalidad; la policromía es la usual. con túnica carmín, toca blanca y manto azul. Estos elementos enmarcan el rostro y concentran la mirada del espectador en su contenida expresión de dolor y tristeza.
     También procedente de la colección González-Abreu se conserva una obra de Mena firmada y fechada en Málaga en 1674, San Juan Bautista Niño.
     El tema apenas es tratado por Mena, pese a la gran devoción anda­luza por las imágenes infantiles. Es imagen de vestir, con los rasgos característicos del maestro: frente abultada, ojos rasgados y boca pequeña de labios finos. Lleva en la mano izquierda una cruz y seña­la con la derecha el cordero a sus pies que falta (Ignacio Cano Rivero, María del Valme Muñoz Rubio, Rocío Izquierdo Moreno, y Virginia Marqués Ferrer. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Guía Oficial. Consejería de Cultura. Junta de Andalucía. Sevilla, 2009).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala X del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

La Sala X del Museo de Bellas Artes, al detalle:
          San Hugo en el refectorio, de Zurbarán
          San Jerónimo, de Zurbarán
          San Juan Bautista, de Juan de Mesa        
          Virgen de las Cuevas, de Juan de Mesa          
          La Virgen de las Cuevas, de Zurbarán                
          Visita de San Bruno a Urbano II, de Zurbarán          

lunes, 2 de junio de 2025

El azulejo conmemorativo a la Coronación Canónica de la Virgen de la O, en la fachada del Mercado de Triana, de la plaza del Altozano

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame Explicarte el azulejo conmemorativo a la Coronación Canónica de la Virgen de la O, en la fachada del Mercado de Triana, de la plaza del Altozano, s/n; de Sevilla.
     Hoy, 2 de junio, es el aniversario (2 de junio de 2007) de la colocación del azulejo conmemorativo de la Virgen de la O reseñado, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el retablo cerámico conmemorativo de la Virgen de la O, en la fachada del Mercado de Triana, de la plaza del Altozano, s/n; en Sevilla.
     El Mercado de Triana [nº 84 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 22 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Altozano, s/n (aunque también tiene entrada por las calles San Jorge, y Callao); en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito de Triana.     
     En la fachada del Mercado de Triana de la Plaza del Altozano, s/n; podemos contemplar este azulejo recordando la Coronación Canónica de Virgen de la O.
     Es una obra de 20 piezas (5 x 4), ornamentada por una cenefa vegetal azul añil, firmada por M. Solís, y realizado en Saitma, apareciendo en el ángulo superior izquierdo la corona que recibió sobre sus sienes María Santísima de la O.
     En el centro del azulejo conmemorativo aparece la leyenda:
EN
ESTA PLAZA DEL
ALTOZANO, EL 2 DE
JUNIO DE 2007, FUE
CORONADA CANÓNICAMEN-
TE, NTRA. SRA. DE LA O
POR EL CARDENAL FRAY
CARLOS AMIGO VALLEJO.
ANTE LA PRESENCIA DEL
BARRIO DE TRIANA.
DISTRITO DE TRIANA 2007
        Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame Explicarte el azulejo conmemorativo a la Coronación Canónica de la Virgen de la O, en la fachada del Mercado de Triana, de la plaza del Altozano, s/n; de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la plaza del Altozano, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 1 de junio de 2025

Experiencia Explicarte Sevilla, con los Talleres "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla" de los Distritos Bellavista - La Palmera, y Los Remedios, del Ayuntamiento de Sevilla

     Hoy, domingo 1 de junio, finaliza la vigesimoséptima semana y última de otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para los Talleres Socio-Culturales "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla", de los Distritos Bellavista - La Palmera, y Los Remedios, del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollados de lunes a viernes por las mañanas y tardes, y que se iniciaron el pasado 28 de octubre de 2024, con la presentación de los mismos.

     Gracias a la empresa Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L., por contar con nosotros para mostrarles, mediante los Talleres Socio-Culturales del Ayuntamiento de Sevilla, parte de la ciudad hispalense, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
   Nos pusimos manos a la obra, y fuimos ofreciendo distintas rutas a lo largo y ancho de nuestra ciudad, desde el lunes 26, al viernes 30 de mayo. 
     Los Talleres desarrollados fueron los siguientes:
- Taller 21 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes de 17 a 20 h.)
- Taller 19 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (jueves de 10 a 13 h.)
- Taller 43 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (jueves de 17 a 20 h.)
- Taller 20 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes de 10 a 13 h.)
- Taller 22 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes de 17 a 20 h.)
     En los talleres a lo largo de esta semana pudimos contemplar los siguientes enclaves y localizaciones:
    - Real Alcázar
    - Costurero de la Reina
    - Pabellón de Chile para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Pabellón de Uruguay para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Pabellón del Perú para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Pabellón de Estados Unidos para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Pabellón de Telefónica para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Pabellón de la Prensa para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Pabellón de Domecq para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Plaza de América
    - Glorieta de Cervantes
    - Pabellón de Brasil para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Pabellón de México para la Exposición Iberoamericana de 1929
    - Catedral de Santa María de la Sede   
    - Capilla Real
    - Urna de San Fernando
   
     Gracias a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, a los coordinadores de los talleres de los Distritos de Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, y como no podía ser de otra manera a todos y cada unos de los amigos que estoy conociendo gracias a estos talleres, de los que me estoy llevando una inmejorable impresión, puesto que está siendo una una relación de amistad, más que de monitor-alumno, y de colaboración y aportación mutua, que sin duda está siendo enriquecedora para todas las partes, y que esperamos que sea duradera en el tiempo. 
     Deseando continuar con dichos talleres porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.




















Más Experiencias ExplicArte Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Soy Historiador del Arte y soy el profesional competente para ExplicArte Sevilla y sus monumentos

¡¡SOY HISTORIADOR DEL ARTE Y SOY EL PROFESIONAL COMPETENTE PARA EXPLICARTE SEVILLA, Y SUS MONUMENTOS!!
     Hoy, 1 de junio, es el Día de los Historiadores del Arte en España, y por ello es uno de los días más indicados para reivindicar la injusta situación que padecemos los historiadores/as del arte en relación a la visita cultural y turística, así como para exponer cuál es nuestra principal reivindicación en torno a esta cuestión: el grado de historia del arte (o la anterior licenciatura) es el que capacita para desempeñar profesionalmente la actividad de visita cultural y turística sobre el Patrimonio Histórico-Artístico, por lo que debe ser el principal criterio para habilitar el ejercicio de dicha profesión, sea a través de la figura de interprete del Patrimonio, que es la reconocida internacionalmente, o cualquier otra que se establezca desde la legislación (y no de otra) de Patrimonio Cultural. 
   Hoy más que nunca sigue siendo vigente nuestro lema: ¡SOY HISTORIADOR DEL ARTE Y SOY EL PROFESIONAL COMPETENTE PARA EXPLICARTE SEVILLA, Y SUS MONUMENTOS!
   O si lo prefieres ¡SOY HISTORIADOR DEL ARTE Y NO ME PERMITEN EXPLICARTE LOS MONUMENTOS!
   El 1 de junio es la fecha para la celebración del Día del Historiador del Arte en España en conmemoración de la aprobación el 1 de junio de 1900 del Real Decreto para la formación del Catálogo Monumental y Artístico de la Nación.
   Las razones que han llevado a elegir este acontecimiento han sido las siguientes:
            – En primer lugar, queríamos elegir una fecha que estuviera relacionada no con el Arte (donde hay muchas disciplinas y dimensiones relacionadas, además de celebraciones vinculadas a él como el Día Mundial del Arte, coincidiendo con la fecha de nacimiento de Leonardo da Vinci) sino con la Historia del Arte, para remarcar así nuestra condición profesional.
            – Aunque lo habitual es vincular esa fecha con algún personaje de reconocimiento indiscutible y principal por toda la comunidad científica, en este caso un historiador o historiadora del arte, no consideramos que haya ninguno que cumpla con estos requisitos y pueda considerarse de forma incontestable como el padre (o madre) de la Historia del Arte en España.
            – No obstante, sí creíamos conveniente que esta fecha debiera estar relacionada con aquellas personas que sentaron las bases de la Historia del Arte como disciplina científica en nuestro país, por lo que necesariamente debíamos acudir a la denominada primera generación de historiadores del arte españoles que, según la asentada identificación de Gaya Nuño, serían Elías Tormo y Monzó, Manuel Bartolomé Cossío y Manuel Gómez-Moreno Martínez.
            – Además, y en parte derivado por la dificultad para elegir una figura de entre las tres citadas, queríamos que la fecha elegida estuviera vinculada no sólo con la investigación o la docencia (la fecha de las primera cátedra de Historia del Arte o de la publicación periódica pionera de la Historia del Arte, el Archivo Español de Arte, han sido otras de las opciones barajadas aunque no hemos encontrado fechas concretas que nos sirvan de referencia), sino también con la capacidad de la misma para intervenir en la realidad social y cultural de nuestro país, en este caso a través del reconocimiento de los objetos de arte como Patrimonio Histórico-Artístico, un concepto éste hoy denostado pero que reivindicamos como nuestro legítimo objeto de estudio, de ahí que defendamos su reconocimiento singular dentro de la legislación de Patrimonio Cultural.
   Por todas estas razones la fecha elegida ha sido la del 1 de junio de 1900, que es el día en que se aprueba el Real Decreto para la formación del Catálogo Monumental y Artístico de la Nación (Gaceta de Madrid de 2 de junio). En esta iniciativa concurren una serie de circunstancias especialmente relevantes para la Historia del Arte que justifican, según el razonamiento expuesto anteriormente, su elección:
            – Su conexión con los personajes que están en el origen de la Historia del Arte en España, incluida la figura historiográfica más destacable del siglo XIX, Juan Facundo Riaño, que es quien propone el nombre de Manuel Gómez-Moreno Martínez como artífice del Catálogo Monumental, una vasta empresa que debió acometer en solitario.
            – Su vinculación con el primer instrumento de análisis y registro formal y sistemático del patrimonio histórico-artístico de nuestro país que, aunque identificado con el concepto de Monumento (el cual debemos reivindicar como tipología patrimonial principal de la Historia del Arte), trascendía la simplista identificación de éste con lo arquitectónico para entenderlo desde una perspectiva integral (en concordancia con los postulados científicos de la propia disciplina), de ahí las referencias a la escultura, pintura, armaduras u otras artes hasta entonces poco consideradas como la miniatura, la orfebrería, la azulejería o los textiles.
            – Su relación con la Real Academia de Bellas Artes (de quien dependía el nombramiento de las personas responsables del Catálogo), una de las instituciones más vinculadas con la Historia del Arte y responsable desde su creación tanto del control de la actividad artística contemporánea como (esto a partir de 1854) de las actuaciones sobre las obras de arte del pasado.
            – La presencia fundamental de la familia Gómez-Moreno. Quizás considerada la saga más importante y reconocible de la Historia del Arte en España, la presencia de Manuel Gómez-Moreno Martínez nos permite, a través de su figura (y en la que se aúna de forma inseparable la Historia del Arte con la arqueología, hecho éste también muy relevante para el devenir de la disciplina), hacer un reconocimiento tanto a su padre Manuel Gómez-Moreno González, pionero en la defensa del Patrimonio Histórico-Artístico, como, especialmente, a su hija María Elena Gómez-Moreno, la primera mujer historiadora del arte en España, la cual se merece todo nuestro reconocimiento y consideración.
            – La vinculación de todos ellos con la Institución Libre de Enseñanza y con el Centro de Estudios Históricos (donde habría que hacer mención al apoyo que Francisco Giner de los Ríos presta a Gómez-Moreno para continuar con el Catálogo Monumental a la muerte de Facundo Riaño), el origen de la modernidad científica y cultural de España.
   En definitiva muchas razones que creemos justifican la fecha elegida para ser el Día de los Historiadores/as del Arte en España, tal y como lo refleja el propio texto del Real Decreto: “Desde los comienzos de este siglo se viene reconociendo la alta conveniencia de llevar á cabo Catálogos completos de las riquezas artísticas de la Nación, que á un mismo tiempo sirvan de guía provechosa á los que se dedican al estudio de la Historia del Arte nacional, y de inventario seguro que garantice la conservación de riquezas inestimables expuestas á desaparecer à impulsos de la codicia de los propios ó de los manejos empleados para adquirirlas por los extraños”.
   Por todo ello, si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte sus monumentos, su historia, sus personajes, sus costumbres, sus fiestas,... Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

   ¡Gracias siempre por vuestro apoyo!